P: ¿Porqué el actual progresismo (o liberalismo sin límites 2010) no acepta el brillante bagaje cultural filosófico jurídico que nos viene del saber de la Europa cristiana (Platón, Aristóteles, etc.), gracias al monaquismo?
R: Porque no acepta la facultad de razonar hacia una meta superiror, tal nos lo enseñaron los griegos y desenvolvió –luego- el pensamiento cristiano, por ejemplo.
Ante el cristianismo
«La verdad nos precede, funda y alimenta mientras que la libertad es el camino para ir hacia la verdad y hacia la creatividad que Dios nos ha encargado. Sin verdad abierta para todos en igualdad no hay libertad para todos sino solo para quienes tienen en cada caso el poder»
POR OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL
Día 14/08/2010 ‘ABC’ Es
¿Qué pasa por las hondonadas de la conciencia de aquellos españoles que de pronto se sienten extraños a lo que ha sido su religión y atraídos por las nuevas corrientes religiosas, como si ellas fueran la aurora de un sol que alumbra más y mejor que el cristianismo en el que han vivido? Nos equivocaríamos si pensásemos que ese sentimiento afecta a una mayoría de españoles. Se trata sólo de quienes se inclinan a lo políticamente correcto, a lo que sugieren la política y la cultura de medios en el poder para los que ser cristiano resulta anticuado y extraño, mientras que ser musulmán o budista lo consideran el colmo de la modernidad y de la excelencia personal. En unos casos se trata de moda; en otras, de exigencia de partido político y en otras, del beneficio resultante en el orden económico. Quienes no viven de convicciones propias y de serios criterios morales no responden como «personas», hacen lo que «se» hace. Es bien conocida la respuesta de Pío Baroja cuando se reconstituye la Real Academia de la Lengua y le pregunta el oficial de turno: «Usted Don Pío, va a jurar o a prometer?». «Yo, lo que se lleve».
Dejando de lado esa actitud por irresponsable y trivial, nos preguntamos por las formas y razones de aquellas minorías que se sienten lejos del cristianismo. Comencemos diciendo que no hay cristianismo sin iglesia, pero que hay que distinguirlos, clarificando cuándo se trata de objeciones ocasionales frente a la iglesia y cuándo de objeciones fundamentales contra el cristianismo. Se pueden distinguir cuatro formas, implícitas en algunos comportamientos y explícitas en ciertas declaraciones. De ellas resulta el alejamiento del cristianismo, pero no siempre el paso a otras formas de fe. Es, más bien, indiferencia religiosa por pereza, desinterés, falta de preparación intelectual para pensar o de valor moral para enfrentarse con el sentido de la existencia, sin atreverse a responder a aquellas interrogaciones que el hecho de ser hombre plantea a todo el que pretende vivir con dignidad y morir con esperanza.
La primera actitud, que podríamos designar como retorno al precristianismo, considera que una razón humana, que contraviene y se convierte en criterio para nuestros primitivos instintos animales, y una revelación que piensa el mundo y el hombre a la luz de su origen y meta, refiriéndolos a un Dios creador, han de ser superadas. Se hace a Grecia y a Jerusalén culpables de estas dos hiendas que escinden dolorosamente la naturaleza a humana: la conciencia moral y la conciencia religiosa, haciendo imposible el aposentamiento plácido en la finitud. Sócrates es el símbolo de la conciencia moral ante un deber sobrehumano que le lleva a permanecer fiel hasta la muerte. Antígona considera ese deber como divino y por él arrostra la muerte oponiéndose al tirano Creonte que le prohíbe dar tierra a su hermano, ya que hay que obedecer antes a los dioses que a los hombres. Platón considera nuestra suprema posibilidad abrirnos al Logos, a lo Eterno y Divino, que está en nuestra raíz. El cristianismo ha heredado esos ideales y los ha integrado en su acervo. Es significativo que el odio de Nietzsche incluye con igual intensidad a Sócrates y a Jesucristo. Ciertas propuestas de la modernidad, exigiendo establecer lo que es el bien y el mal, ser soberanos de realidades sagradas, derivan de esta actitud prometeica. Pero mientras seamos libres y limpios no podremos olvidar los Diálogos de Platón ni los Evangelios. No es posible retroceder en la historia.
La segunda actitud es menos incisiva teóricamente pero más pragmática: la podríamos designar acristianismo. Mientras que la anterior reclama un nuevo comienzo frente a la moral y religión que han existido en Occidente hasta hoy, ésta se instala en el presente y propone un proyecto de vida como si el cristianismo no hubiera existido ni hubiera aportado algo a la conciencia humana que fuera irrenunciable. Se parte de que el hombre es una realidad absolutamente abierta, sin dinamismos que le orienten hacia unas metas; se le considera construible del todo y de nuevo. Se repite que hasta ahora se le ha pensado en una línea, pero que hoy se le debe pensar en otra bien distinta. La comprensión del cuerpo, de la sexualidad, del matrimonio y de la familia y de la persona misma, que hoy se propone desde el poder, deriva de este presupuesto: todo está en manos del hombre, nada hay absolutamente normativo; no hay ningún límite. Si en la actitud anterior se daba un salto al pasado sobre nuestra historia, aquí se la deja de lado. La tradición no es considerada como una fuente de vida y de verdad; el presente lo es todo.
La tercera actitud no se contenta con poner el cristianismo entre paréntesis, dejándolo de lado, sino que se dirige frontalmente contra él, negándole verdad teórica, ejemplaridad moral, eficacia social y fuerza para ser fermento de la sociedad. Es el anticristianismo. En unos casos se lo acusa de ser incompatible con la democracia y el pluralismo, al ofrecer una verdad a la que se le reconoce origen divino y verdad definitiva. Se contrapone el monoteísmo, como fuente de opresión, al politeísmo como fuente de libertad. Se contraponen la verdad y la libertad. Mientras que el Evangelio, refiriéndose a la revelación de Dios en Cristo, dice que la verdad nos hará libres, ahora como propuesta alternativa y excluyente se repite que la libertad nos hará verdaderos. ¿Por qué enfrentar órdenes que son complementarias? La verdad nos precede, funda y alimenta mientras que la libertad es el camino para ir hacia la verdad y hacia la creatividad que Dios nos ha encargado. Sin verdad abierta para todos en igualdad no hay libertad para todos sino solo para quienes tienen en cada caso el poder. Sin libertad la verdad se convierte en la tiranía de quienes en un momento se apoderaron de ella.
La cuarta forma no es agria y agresiva como la anterior, al considerar el mensaje cristiano como un ultraje para la vida humana y una fuente de esclavitudes. Ésta le reconoce su capacidad de creación cultural, de proyectos morales, de motivación de la vida humana para ponerla al servicio de los demás, en trabajo de vida y en riesgo de muerte. Pero considera que todo esto no deriva de una revelación divina de Dios en Cristo, de la potencia sobrenatural de quien predicó el reino de Dios y resucitó enviando el Espíritu Santo a su iglesia para que la ilumine y guíe por los siglos, sino que es fruto de una fase cultural de la historia de la humanidad. Todo esto se podría vivir igual o incluso mejor sin fe. Se trata aquí de una secularización como transmutación de los valores religiosos en valores mundanales, de la sustitución de la fe en Dios por la fe en el hombre. Es el poscristianismo; otros lo llaman cristianismo cultural. Es negación pura y dura de Dios.
Estas reacciones actuales ante el cristianismo no son solo negativas. Debajo de su corteza, hay en muchos casos el interés por sus contenidos, la crítica de las acciones de la Iglesia contrarias a los ideales del Evangelio, la reclamación de que colabore con las ilusiones que animan a la sociedad prestándole sus recursos y la admiración ante sus logros, hasta el punto de que, como hiciera Juliano el Apóstata, se quieren reduplicar con formaciones humanas las instituciones cristianas, una vez negadas o asfixiadas éstas.
Desde dentro del cristianismo hay que saber discernir esos comportamientos con las motivaciones que los animan, responder generosamente a sus preguntas u objeciones con razones teóricas y con propuestas históricas, desde el gozoso convencimiento del valor inmanente de la fe en Cristo como don de Dios que agradecemos y como decisión de libertad, con la que la vivimos y la ofrecemos a los demás.
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EL CAPITÁN RODRÍGUEZ LOZANO
El abuelo de Zapatero era masón del Grande Oriente Español, y se hacía llamar «Rosseau»

El run-run de la posible pertenencia del abuelo de Zapatero a la masonería no se había logrado demostrar. Ahora sí, ya hay pruebas.
Ya hay pruebas que certifican la pertenencia a la masonería del abuelo paterno de Zapatero: el capitán Juan Rodríguez Lozano, nacido en Alange (Badajoz).
Rodríguez Lozano, militar de carrera, ingresó en la logia Emilio Menéndez Pallarés, de León, el 27 de agosto de 1933, obteniendo un diploma de aprendiz y adoptando como nombre simbólico en el funcionamiento interno de la masonería de «Rouseau». Así se desprende de una información firmada por el historiador Fernando Sígler Silvera en el diario El Mundo.
Grande Oriente Español
La logia del abuelo de Zapatero estaba encuadrada en una federación de talleres de Galicia, Asturias y León, llamada Gran Logia Regional del Nordeste, que a su vez pertenecía al Grande Oriente Español, la gran obediencia masónica fundada en nuestro país en 1889.
Segundo rito de iniciación
«Dos años permaneció el capitán Rodríguez en el primer grado del escalafón masónico -dice el historiador Fernando Sígler Silvera-. Al cabo de ese tiempo, emprendió su segundo rito de iniciación: se colocó también un delantal, pero con el borde sin levantar, pues ya no necesitaba protegerse al haber aprendido a trabajar la piedra, y empleó como útil distintivo la escuadra, símbolo de la rectitud moral, además del nivel, evocador de igualdad, y la plomada, cuyo valor es el de la verticalidad jerárquica propia de la masonería».
Diploma de compañero-masón
«La segunda ceremonia protagonizada por el militar extremeño -escribe Sígler- en el templo leonés tenía una nueva finalidad: adquirir la condición de compañero, realizando un viaje simbólico para buscar el saber y descubrir el mundo».
«Se le exigió caminar por la senda de la prudencia y armarse de valor para acercarse a la verdadera luz, que arranca de la estrella flamígera».
Al capitán Rodríguez Lozano se le entregó el diploma de compañero el 4 de diciembre de 1935.
Tenidas en la biblioteca
Las «tenidas» (reuniones) de la logia del abuelo de Zapatero tenían lugar en la biblioteca Azcárate, cuyo bibliotecario era, a su vez, maestro local de la logia. Ese taller masónico es hoy sede del Museo de la Fundación Sierra-Pambley, que fue inagurado el 25 de julio de 2006 por Rodríguez Zapatero.
26.VII.MMX
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=10073
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Joseph Bernardin: la historia de un cardenal acusado falsamente de abuso sexual

Joseph Cardenal Bernardin
FUE ARZOBISPO DE CHICAGO DE 1982 A 1996
Jorge Enrique Mújica/ReL
Era el mes de noviembre de 1993 cuando comenzó a correr el rumor de que un cardenal estadounidense sería acusado ante la justicia civil de abuso sexual. El 11 de noviembre el nombre fue público: se trataba del cardenal Joseph Bernardin, entonces arzobispo de Chicago, de 65 años. «La acusación me dejó perplejo y anonadado. Traté de pasar por alto los rumores no confirmados y volví a mi trabajo, pero tan extravagante acusación contra mis ideales y compromisos más profundos siguió acaparando mi atención», relató después el purpurado en su célebre libro-memorias, El don de la paz.
El nombre del acusador también se hizo público: se trataba Steven Cook, entonces contaba 35 años y estaba enfermo de SIDA (contraído en su juventud como consecuencia de una vida sexual activa con diferentes parejas). Afirmaba haber sido conducido al dormitorio del entonces padre Bernardin, en 1975, cuando era estudiante universitario del seminario de Saint Gregory, en Cincinnati, y haber sido sometido.
Inmediatamente los medios comenzaron a dar por cierto el hecho y a dar amplios entradas en noticieros, programas de tertulias e incluso dedicaron programas especiales. La CNN, por ejemplo y como de costumbre, aprovechó la ocasión para transmitir un programa titulado «La caída de la gracia». Sólo un periodista de un canal local afiliado a CBS, Bill Kurtis, sugirió la posibilidad de que aquella historia ocultara otra.
Años después el mismo cardenal dejaba constancia de esta misma intuición: «No disponía yo de hechos que avalaran mi sensación de que se trataba de un simple peón –refiriéndose al acusador, ndr– en este juego terrible, pero tenía la viva convicción de ello».
Simplemente la verdad El equipo del cardenal Bernardin armó una estrategia para tratar a la prensa, pero el arzobispo de Chicago decidió mejor cuál sería su estrategia: «Diré simplemente la verdad».
A la primera rueda de prensa acudieron casi setenta periodistas. Refiriéndose a ese hecho, el cardenal Bernardin diría: «Aquel momento de acusación pública e indagación era también un momento de gracia […] Por encima de todo era un momento de crecimiento espiritual».
Casi al final de la rueda de prensa un periodista socarrón interpeló al cardenal: «¿Es usted sexualmente activo?». Joseph Bernardin sintió el abismo que separaba el mundo de ese periodista del suyo. Y le respondió: «Siempre he llevado una vida casta de celibato». Momentos después, no pocos periodistas se acercarían para decirle: «Ahora sabemos que usted dice la verdad, cardenal, pero debemos hacer estas preguntas. De eso depende nuestro empleo». Al día siguiente el Chicago Tribune ponía como titular: «He llevado una vida casta».
Después de 100 días el caso se resolvió a favor del cardenal Bernardin. Ya era 1994. Las «pruebas» aducidas se limitaban a una fotografía de grupo y un libro que ni siquiera tenía la firma del cardenal. Paradójicamente, el arzobispo de origen italiano no quiso contrademandar a Steven Cook: «Hice saber a mis abogados que no quería contrademandar».
Pero no todo terminó ahí. «Pensaba a menudo en Steven y su soledad, en su exilio, abrumado por la enfermedad, tanto de la casa de los padres como de la Iglesia». Bernardin estableció contacto con Mary, la madre de Steven. El 30 de diciembre de 1994 volaba a Filadelfia, acompañado de un grupo de sacerdotes, para encontrarse con su acusador.
«Nos dimos la mano y me senté con Steven en un sofá […] Le expliqué que la única razón para solicitar el encuentro era poner fin a los acontecimientos traumáticos del último invierno haciéndole saber que personalmente no albergaba ningún resentimiento hacia él. Le dije que deseaba orar por él por su bienestar físico y espiritual. Y Steven respondió que había decidido encontrarse conmigo para poder disculparse por la molestia y el daño que me había causado. En otras palabras, ambos buscábamos la reconciliación».
Steven refirió al cardenal Bernardin que cuando él era joven seminarista había sido objeto de un abuso por parte de un sacerdote a quien él consideraba amigo. Inicialmente Steven aspiraba sólo a un juicio contra esa persona, pero le aconsejaron ir a por la cabeza del cardenal Bernardin. Y los «consejos» venían de otro sacerdote y del abogado que le instruyó para hacer y proseguir en la acusación. De hecho, el cardenal Bernardin escribió al menos una carta a Steven, durante el proceso, pero la carta jamás le fue entregada por su abogado.
«Miré directamente a Steven, que estaba sentado a pocos metros de mí.
–Tú sabes –dije–, que yo nunca abusé de ti.
– Lo sé –respondió suavemente– ¿Puede repetírmelo?
– Nunca abusé de ti. Tú lo sabes, ¿verdad? –dije mirándolo directamente a los ojos.
Steven asintió con la cabeza y contestó:
– Sí. Lo sé y deseo disculparme por haber dicho que lo hizo.
[…] Le dije que había rezado por él todos los días y que continuaría haciéndolo por su salud y su paz espiritual».
El cardenal Bernardin le obsequió una Biblia a Steven y él la abrazó mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. Sacó un cáliz antiguo le dijo que un hombre desconocido le había hecho ese regalo para que celebrara la misa por él. Y Steven le pidió que celebrara la misa en ese momento. En el abrazo de la paz, el cardenal le dio un sentido signo de perdón y caridad a Steven y luego le ungió con el óleo para los enfermos.
Steven murió el 22 de septiembre de 1995 completamente reconciliado con la Iglesia. Seis meses después del encuentro entre el cardenal y su acusador, al arzobispo de Chicago le diagnosticaron cáncer de páncreas. El cardenal Bernardin moría en olor de santidad en noviembre de 1996.
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=9317
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Pederastia: mirando hacia otro lado
De manera regular, cotidiana, los casos de pederastia siguen fluyendo en nuestra sociedad. El último fue un policía, un mozo de escuadra; antes, un reconocido entrenador de Karate, cuyo club deportivo servía también para practicar relaciones sexuales con adolescentes. De manera exponencial, y seguramente en razón de una mayor capacidad para investigar, los escándalos de pornografía infantil son noticia. Parece como si al hilo de lo sucedido con algunos sacerdotes se hubiera despertado una sensibilidad generalizada hacia el problema. No es así. Solo cuando el caso afecta a un sacerdote atrae la atención masiva y la petición de medidas a la Iglesia, que precisamente es la única institución que hasta ahora ha cogido este toro por los cuernos: atención a las victimas, compensación del daño inflingido, castigo para los culpables y capacidad de perdón.
Nadie se ha escapado de esta enérgica acción, empezando por el fundador de una obra tan importante como la de la Legion de Cristo y Regnum Christi. Pero en las instituciones civiles se sigue mirando hacia otro lado. Se sigue viendo como una suma, inacabable, eso sí, de casos aislados, y no como lo que es: la consecuencia de una determinada concepción cultural y moral, donde el sexo sin responsabilidad ocupa un lugar central.
También se quiere ignorar la prevalencia de la pederastia efébica y homosexual, porque es políticamente incorrecta, o el hecho que sea en la propia familia, y en especial en las segundas uniones, donde se den mayores situaciones de riesgo.
La mejor constatación de todo ello es que la edad legal de emancipación sexual en España sigue siendo una de las más bajas de Europa. Situarla en los 16 años como en tantos otros países hubiera significado lo lógico, habría aportado un nivel de protección mayor y otorgaría a los padres una capacidad para intervenir que ahora termina a los 14 años.
La Iglesia Católica, con el conjunto de normas aprobadas a lo largo de estos años, es un buen ejemplo de como una comunidad puede responder al ataque pederasta. Sería oportuno que el Gobierno español asumiera de una vez por todas la dimensión del problema y tuviera una actuación coherente y consecuente.
ForumLibertas 07.V.MMX.
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Sobre la raíz del mal en la Iglesia y la actitud de los cristianos
El Papa en su viaje a Portugal se ha pronunciado con claridad sobre una realidad que no debería extrañarnos. El principal daño no procede del exterior, sino del seno de la Iglesia. Es la falta de autenticidad de la vida cristiana lo que genera el escándalo y el gran deterioro. Quienes siendo iconos de Jesucristo caen en manos del deseo en perjuicio de los más pequeños, quienes sabiéndolo lo ocultan o miran hacia otro lado, en ellos se encuentra la raíz del mal, y no en quienes desde fuera nos acusan. Esta es la evidencia que aparece una y otra vez en la historia, porque el carácter pecador de quienes formamos la Iglesia constituye una tentación permanente. Y esto no se resuelve afirmando, a modo de excusa, que aún encontramos una mayor maldad en el mundo. En todo caso esta afirmación sirve para evitar que la realidad quede deformada, pero no sirve para sanarnos.
Sólo la purificación, la reconciliación con Dios, el reconocimiento de que en nuestra debilidad es donde brilla la fuerza de Dios, se encuentra el remedio. Lo único que debemos salvar es la capacidad para ser cristianos y trasmitir la palabra de Dios, como dice San Pablo “Te basta con mi gracia. En tu debilidad actúa mi poder” (2Co12,8).
Esa es la actitud fundamental, la que debería guiarnos. Fundamental pero no única. Aquella está ligada a nuestra vida espiritual y a la dimensión evangélica, pero la presencia en el mundo nos exige acompañarla de otras actitudes, eso sí de naturaleza subsidiaria.
Una es la fidelidad a la Iglesia, la existencia de un verdadero sentido de pertenencia que no admite un ´ellos´, los malos católicos, y ´yo´.
En segundo lugar la capacidad de dar razón de esta Iglesia. Un católico es un seguidor de Cristo en la Iglesia, la real, la de todos, no la de los ´míos´. Dando razón solo de lo mío no la ayudo. Y esto exige, tercer punto, la búsqueda y presentación de la verdad. Una frase ha hecho fortuna, “primero las victimas”. Yo digo no: primero la verdad que lo incluye todo. También, como no puede ser de otra manera, a las victimas, pero en los términos que se ajusten en cada caso a la realidad de los hechos. Porque si no servimos a las víctimas desde la verdad incurriremos en uno de los pecados del mundo de hoy, el emotivismo, capaz de sacrificar la verdad a los sentimientos, destruyendo así la realidad de los hechos.
En cuarto lugar presentar la realidad de la Iglesia en todas sus dimensiones. No se sirve a la verdad relacionándola con un tema de pederastia. La Iglesia ni es principalmente eso, ni puede ser valorada en nombre de ello. La justicia debe castigar al culpable, la Iglesia debe señalar el pecado, pero eso no confiere al mundo ningún derecho a juzgarla colectivamente, porque carece de toda razón y de autoridad moral para hacerlo.
El mal que contamina la Iglesia no nace de su santidad, sino de la naturaleza del mundo. También, en este caso, la Iglesia muestra una pequeña porción de pederastia y homosexualidad efébica, porque ambas azotan en una medida escandalosa a la sociedad y sus instituciones sin que mueva a una especial reacción y escándalo. Y esto debe significar, así mismo, que nuestra voluntad de purificarnos debe trasladarse en exigencia a la propia sociedad para luchar contra aquel mal que escandaliza al propio Dios, y también porque es ingenuo pensar que la Iglesia quedará a salvo si sigue siendo hipócritamente juzgada por un mundo donde tal pecado prospera e incluso, y en según que casos, es ensalzado.
Josep Miró i Ardèvol 14.V.MMX
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=17023
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Pedofilia - παῖς, παιδός, paidofilia - pedofilia (pedofila en el caso de mujeres ó paidofila).
f. PSIQUIATRÍA. Trastorno sexual del que se siente atraído físicamente hacia los niños, de igual o distinto sexo: ha logrado superar la pedofilia que padecía. u También se escribe paidofilia.
-.-
paidofilia. (Del gr. παῖς, παιδός, niño, y -filia).1. f. Atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes.
¿Cuándo las NACIONES UNIDAS darán a conocer los abusos sexuales sobre menores, sea por parte del personal administrativo y dirigente ´ONU´ (y sus asociaciones UNICEF, FAO, etc.), como por parte de las fuerzas armadas ONU?
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Pederastia e Iglesia: la exigencia de justicia
La ofensiva desencadenada contra la Iglesia y el papado con motivo de los casos de pederastia es radicalmente injusta, no porque no existan tales casos, ni porque no se hayan producido casos de encubrimiento, sino por la forma desmesurada con que son presentados, y, para ello, se recurre a la manipulación de los datos cuando no a la mentira pura y dura, y también a la falta de reconocimiento de todo lo que viene haciendo la Iglesia desde hace más de 15 años.
Los periódicos como El País o El Periódico, y televisiones como TV3, la Cuatro o la Sexta, siguen repitiendo en sus editoriales argumentos que sólo tendrían sentido si la Iglesia se hubiera estado mirando el ombligo durante todo este tiempo, cosa que es radicalmente falsa. Las primeras dimisiones de obispos se produjeron en el año 95, y antes que ello se ha dado todo un continuado proceso de medidas de carácter legal en el seno de la Iglesia. Tan o más importantes que ellas han sido las declaraciones y compromisos del Papa. La última y más contundente, en su carta a los católicos de Irlanda.
La cosa es clara, la posición de la Iglesia es esta: Nadie que haya cometido un daño puede encontrar refugio en ella si previamente no se somete a la justicia, se arrepiente y repara en lo posible el mal causado.
Hay omisiones clamorosas. En el caso de EEUU, el país donde la agresión es más dura y persistente puesto que comenzó hace una quincena de años, se omite cuidadosamente lo que la evidencia de los datos muestran. Primero, la inmensa mayoría son hechos antiguos que se remontan a los años 50 y sobre todo 60 y 70. Afectan a sacerdotes ancianos. Segundo, en la inmensa mayoría de casos no se trata de pedofilia sino de relaciones homosexuales que mantuvieron sacerdotes de esta condición con jóvenes y adolescentes, porque, recordémoslo, a diferencia de España, en EEUU la edad de emancipación sexual se sitúa en los 18 años y en algunos casos los 16. Si tienen por debajo de esta edad la denuncia es tratada como un caso de agresión pederasta.
Los datos concretos siempre ayudan a enmarcar las cosas. Desde 1940 hasta ahora, las denuncias, que no delitos, de pederastia que afectan a sacerdotes y religiosos significan como mucho el 0,2% de los chicos y chicas que guardan relación con ellos. El grupo más numeroso, el que se encuentra en escuelas y hospitales, más de 3 millones, y luego los que participan en actividades parroquiales, deportivas, los que son objeto de asistencia social. Para situar el marco de referencia, digamos que el estudio de 2004 del Departamento de educación de EEUU señaló que entre el 3,5% y el 6% de los alumnos habían sufrido algún tipo de abuso sexual. En otras palabras, un chico o una chica en una escuela laica estadounidense tiene entre 17 y 30 veces más posibilidades de sufrir algún intento de abuso. Esta es la realidad.
En la Iglesia existe el pecado, pero la evidencia muestra que, como era lógico esperar, su proporción es extraordinariamente menor que en el conjunto de la sociedad. Esto no puede significar justificar el daño cometido, ni repararlo, pero sí justifica afirmar que el bastión contra la pederastia no es la sociedad sino la Iglesia.
Y algo parecido se puede decir de las acusaciones de ocultación. El número de obispos que hasta ahora han sido considerados como responsables de algún tipo de encubrimiento, y nos remontamos a todos los casos habidos desde 1955, por hechos ocurridos desde los años 40 del siglo pasado, representan entre un 0,08% y un 0,11% de los obispos que ha tenido la Iglesia a lo largo de este periodo. Supongamos que salen más casos de encubrimiento; vayamos a máximos y doblemos las cifras. ¿Qué resultado tendremos? La misma insignificancia. Respetar y explicar todo esto también es hacer justicia.
26.IV.MMX www.forumlibertas.com/
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¿Iglesia pecadora? Una leyenda que desmentir por completo
La fórmula está cada vez más de moda, pero es ajena a la tradición cristiana. San Ambrosio llamó a la Iglesia "meretriz" precisamente para exaltar su santidad. Más fuerte que los pecados de sus hijos
por Sandro Magister
ROMA, 26 de abril de 2010 – Al referirse al encuentro entre Benedicto XVI con los cardenales en el quinto aniversario de su elección, "L´Osservatore Romano" ha escrito que "el pontífice ha hecho referencia a los pecados de la Iglesia, recordando que ella, herida y pecadora, experimenta más el consuelo de Dios".
Pero es dudoso que Benedicto XVI se haya expresado de esa manera. La fórmula "Iglesia pecadora" nunca ha sido suya. Y siempre la ha considerado equivocada.
Por citar sólo un ejemplo entre tantos, en la homilía de la Epifanía del 2008 definió la Iglesia de un modo totalmente distinto: "santa y compuesta por pecadores".
Y si examinamos bien encontramos que siempre la ha definido de ese modo. Al termino de los ejercicios de Cuaresma del 2007, Benedicto XVI agradeció al predicador – que ese año fue el cardenal Giacomo Biffi – "por habernos ayudado a amar más a la Iglesia, la ´immaculata ex maculatis´, como usted nos ha enseñado con san Ambrosio".
Efectivamente, la expresión "immaculata ex maculatis" está en un pasaje del comentario de san Ambrosio al Evangelio de Lucas. La expresión significa que la Iglesia es santa y sin mancha, aún cuando acoge en ella a hombres manchados de pecado.
El cardenal Biffi, estudioso de san Ambrosio – el gran obispo de Milán del siglo IV que fue también el que bautizó a san Agustín – , publicó en 1996 un ensayo dedicado precisamente a este tema, que contenía en el título una expresión más osada aún, aplicada a la Iglesia: "Casta meretrix", meretriz casta.
Esta última fórmula es desde hace décadas un lugar común del catolicismo progresista. Para decir que la Iglesia es santa "pero también pecadora" y debe siempre pedir perdón por los "propios" pecados.
Para darle valor a la fórmula, se suele atribuir a los Padres de la Iglesia en bloque. Por ejemplo, Hans Küng en su ensayo "La Iglesia" de 1969 – es decir, en lo que es quizá su último libro de verdadera teología – escribió que la Iglesia "es una ´casta meretrix´ como se le ha llamado frecuentemente desde la época patrística".
¿Frecuentemente? Por lo que se sabe, en todas las obras de los Padres, la fórmula aparece una sola vez: en el comentario de san Ambrosio al Evangelio de Lucas. Ningún otro Padre latino o griego la ha usado jamás, ni antes ni después.
Lo que ha favorecido la fortuna reciente de la fórmula ha sido quizá un ensayo de eclesiología de 1948 del teólogo Hans Urs von Balthasar, titulado precisamente "Casta meretrix". En el cual de hecho no se hace la aplicación directa a la Iglesia de la naturaleza de "pecadora".
¿Pero en qué sentido san Ambrosio habló de la Iglesia como de una "casta meretrix"?
Simplemente, san Ambrosio quiso aplicar a la Iglesia la simbología de Rajab, la prostituta de Jericó que, en el libro de Josué, hospedó y salvó en su propia casa a unos israelitas fugitivos (arriba, Rahab en una incisión de Maarten de Vos de finales del siglo XVI).
Ya antes de Ambrosio Rajab había sido vista como "prototipo" de la Iglesia. Así en el Nuevo Testamento, y luego en Clemente Romano, Justino, Ireneo, Orígenes, Cipriano. La fórmula "fuera de la Iglesia no hay salvación", nació precisamente del símbolo de la casa salvadora de Rajab.
Aquí el pasaje en el que san Ambrosio aplicó a la Iglesia la expresión "casta meretrix":
"Rajab – que en el tipo era una meretriz pero en el misterio es la Iglesia – indicó en su sangre el signo futuro de la salvación universal en medio al asedio del mundo. Ella no rechaza la unión con los numerosos fugitivos, tanto más casta cuanto más estrechamente unida al mayor número de ellos; ella que es virgen inmaculada, sin pliegue, incontaminada en el pudor, amante pública, meretriz casta, viuda estéril, virgen fecunda… Meretriz casta, porque muchos amantes la frecuentan por lo atractivo del amor, pero sin la contaminación de la culpa" (In Lucam III, 23).
El paso es muy denso y ameritaría un análisis de cerca actualizado. Pero para limitarnos a la expresión "casta meretrix", he aquí como el cardenal Biffi la explica:
"La expresión ´casta meretrix´ lejos de aludir a algo pecaminoso y reprobable, quiere indicar – no sólo en el adjetivo sino también en el sustantivo – la santidad de la Iglesia. Santidad que consiste tanto en la adhesión sin titubeos y sin incoherencias a Cristo su esposo (´casta´) como en la voluntad de la Iglesia de alcanzar a todos para llevar a todos a la salvación (´meretrix´).
Que luego a los ojos del mundo la Iglesia pueda aparecer ella misma manchada de pecados y golpeada por el público desprecio, es una suerte que remite a la de su fundador Jesús, que también fue considerado un pecador por las potencias terrenas de su tiempo.
Y es lo que dice también san Ambrosio en otro pasaje de su comentario al Evangelio de Lucas: "La Iglesia justamente toma figura de la pecadora, porque también Cristo asumió el aspecto de pecador" (in Lucam VI, 21).
Pero precisamente porque es santa – de la santidad indefectible que le viene de Cristo – la Iglesia puede acoger en ella a los pecadores y sufrir con ellos por los males que padecen y curarlos.
En días calamitosos como los actuales, llenos de acusaciones que quieren invadir precisamente la santidad de la Iglesia, esta es una verdad que no se debe olvidar.
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Traducción en español de Juan Diego Muro, Lima, Perú.
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Que el Santo Padre sea la personificación de hoy de esta cita "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos", no es más que la consecuencia de mostrar a Cristo hoy presente en nosotros, el que hace justicia, mostrandonos con su luz la verdad, y por otro lado mostrando su misericordia con quien sufre y fue dañado y lastimado en estas penosas circunstancias, gracias Santo Padre por mostrar al Cristo de Pascua, El Resucitado, que con su luz hace ver el error y nos muestra con mayor claridad su misericordia, gracias.
Publicado por: ALEJANDRO SÁEZ LLOMPARTE
CHILE 26/04/2010 11:18 AM EST
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La crítica desaprobación a Benedicto XVI se convierte en un "implícita aprobación" de su liderazgo espiritual mundial. Si no, ¿por qué lo critican?
Oremos porque todos seamos receptivos al amor de Dios.
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Linchamiento mediático "sólo favorece" al Papa Benedicto XVI, dice filósofo francés
ROMA, 26 Abr. 2010 / 06:42 am
El filósofo francés de origen tunesino e hijo de padres judíos, Fabrice Hadjadj, explica en un interesante artículo que el "linchamiento mediático" que sufre el Papa Benedicto XVI no hace sino favorecerlo, pues reconoce así su importancia moral en medio del mundo, incluso para los no creyentes, y permite que los católicos puedan admirarlo cada vez más por su solidez espiritual a la cabeza de la Iglesia Católica.
En el artículo titulado "La última bienaventuranza", publicado en L’Osservatore Romano, este filósofo que en su juventud viviera en medio del anarquismo y el nihilismo, comenta que el Santo Padre es un valiente testigo de aquello que dijo Jesús en el Sermón de la Montaña: "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos".
El ahora profesor de literatura en Toulon, Francia, tras recordar la tolerancia cero de Benedicto XVI ante los casos de abuso sexual, se refiera a su carta a los católicos de Irlanda y comenta que los católicos "pueden alegrarse por el linchamiento mediático" del que actualmente es objeto.
"Los medios más antipapistas –explica Hadjadj– se convierten sin querer en apologistas de la fe. Que sea vean obligados a deformar los hechos, a poner y falsificar información para atacar al Papa y enlodar a todo el clero, es la prueba de que en realidad no tienen mucho que desaprobarles".
"Si fuese en realidad una controversia lúcida y racional, los ataques podrían firmarse. Pero la irracionalidad de sus reacciones no juega a su favor y le da a la mente racional razones para creer en la verdad del magisterio pontificio. Después de todo, cuando el Papa habla, el no creyente no debería preocuparse".
El no creyente, prosigue el filósofo, "debería decir que la cosa solo tiene que ver con los católicos, inmersos en el oscurantismo y la rigidez. Ahora, por el contrario, lo tenemos temblando, nervioso, inquieto, como si la voz del Santo Padre lo tocase personalmente".
Con una reacción similar, continúa Fabrice Hadjadj, "un observador externo puede fácilmente deducir esto: este no creyente no lo es en realidad, entonces podría decirse que tiene el instinto del magisterio, de la paternidad espiritual del Sumo Pontífice, de su rol de testimonio universal".
Si los no creyentes, "se escandalizan especialmente por el hecho de que los abusos sean cometidos por sacerdotes es porque tienen el instinto de la dignidad especial del sacerdocio. Sus ataques son así una contribución involuntaria al Año Sacerdotal y un homenaje a la altísima vocación de pureza del sacerdote".
El profesor universitario explica luego la necesidad de recomponer la paternidad de quienes están a cargo de menores, especialmente de los sacerdotes, considerando siempre que "la verdadera justicia no puede sino ordenarse a la esperanza". Junto a esta tarea queda siempre el esfuerzo pendiente de atender espiritualmente a los pequeños que han sufrido los abusos pues sobre eso "también se nos habrá de juzgar".
Al concluir su artículo, el filósofo francés explica que la vulnerabilidad del Papado "es necesaria para mostrar que el cristianismo no se reduce a la inteligencia anónima de un sistema moral, sino que nace de un encuentro libre y dramático con una Persona. Así entonces, los ataques que Benedicto XVI está sufriendo no hacen sino conformarlo mejor a Cristo y permiten al creyente admirarlo todavía más como su inesperado Vicario".
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Hollywood alaba al sinvergüenza" Polanski y ataca al arrepentido Papa Benedicto XVI
LONDRES, 26 Abr.2010 (ACI).-Dominic Lawson es un periodista inglés que ha trabajado para la BBC, la revista El Espectador, The Sunday Telegraph, el diario Independent, entre otros. Escribe un artículo en el Daily Mail en el que cuestiona a los medios de comunicación y a Hollywood por alabar al "sinvergüenza" Roman Polanski –quien cumple arresto domiciliario por abusar de una menor– y criticar duramente al Papa Benedicto XVI quien más de una vez ha expresado su arrepentimiento y dolor por los abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero que nunca ha encubierto.
Al inicio del artículo Lawson explica que Polanski no puede dar entrevistas porque "se encuentra bajo arresto domiciliario en su chalet suizo, luchando contra los esfuerzos de una corte de California que quiere extraditarlo por abusar sexualmente de una muchacha cuando ella tenía 13 años de edad, Samantha Geimer, en 1977".
"El mundo del cine, del arte en general, considera esto (el arresto de Polanski, no el abuso contra la adolescente de 13 años) un escándalo. Esto se hizo más evidente cuando la actriz de Hollywood Whoopi Goldberg lo defendió el año pasado con una observación: ´Sé que no fue una violación-violación´".
"Con este interesante neologismo, Goldberg le dio una nueva forma a la antigua frase (usualmente usada por hombres) que dice ´ella dijo no, pero quería decir sí´", denuncia el periodista inglés.
Seguidamente Lawson explica las acusaciones de la misma Samantha Geimer contra Polanski y cómo efectivamente abusó de ella. Relata a continuación el "buen trabajo" de los "excelentes abogados" para librar al director de cine de la cárcel para convertirse luego en fugitivo.
Señala además que el mismo Presidente de Francia Sarkozy, "tal vez influenciado por Carla Bruni", le dio a Barack Obama una carta de Polanski.
En oposición, prosigue el periodista, el Papa Benedicto XVI, que "ha pedido perdón por la inconducta de algunos miembros de su Iglesia, no disfruta de la misma indulgencia", citando los vanos esfuerzos del ateo Richard Dawkins, acompañado de Christopher Hitchckens, para arrestar al Santo Padre.
Tras comentar lo escrito por Dawkins en el Washington Post sobre la Iglesia que es, en su opinión, "una institución que viola a niños", el periodista Lawson recuerda que "siempre supe que era gente la que violaba a los niños, no las organizaciones, pero tal vez el profesor Dawkins no está muy interesado en contar a los niños que sufren abuso, sino en la Iglesia Católica y las opiniones que difunde".
Luego de citar algunos pasajes de la carta del Papa Benedicto XVI a los católicos de Irlanda en la que el Santo Padre pide nuevamente perdón por los abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero, Dominic Lawson comenta: "no recuerdo a Roman Polanski ofreciendo ningún tipo de disculpa a la persona de la que sí abusó, aunque sí estuvo de acuerdo en pagar, en 1993, 500 mil dólares a Geimer, probablemente bajo el entendido de que dejaría de ser una testigo hostil".
"El punto es, creo, que mientras el Papa sí entiende la tragedia que ha sido perpetrada sistemáticamente por individuos en el sacerdocio católico, Polanski genuinamente ve su conducta como inocente. Se ve a sí mismo, no a la pequeña de 13 años que sodomizó, como víctima".
"El director de cine famoso mundialmente entendía claramente el poder que tenía sobre una chica de 13 años que podía convertirse en estrella y cuyas fotos le había prometido llevar a una edición futura de la revista francesa Vogue", continúa Lawson.
"Es casi la más vieja historia de Hollywood, pero no por ello la menos desagradable".
La defensa de, prosigue, "´ella lo quiso en realidad´ no impresionaría al mundo cultural si el que la propusiera fuera un hombre sin pedigrí artístico".
Así como fue "indignante para la Iglesia Católica poner la reputación de sacerdotes antes que el sufrimiento de los niños, así también quienes ponen su fe en los artistas deberían darse cuenta que no tienen razón en ir más allá del bien y del mal", concluye Lawson.
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De los 210.000 casos de abusos sexuales denunciados en Alemania, 94 afectan a la Iglesia, el 0,004%
SON DENUNCIAS REALIZADAS DESDE 1995
En los últimos días se ha producido una avalancha de acusaciones desde buena parte de la prensa internacional contra la Iglesia católica. ¿La excusa? El asunto de los abusos sexuales. Una de las polémicas más virulentas se está produciendo en Alemania, cuna de Benedicto XVI, y las críticas se centran casi exclusivamente en la esfera de lo católico.
Luis del Real Espanyol/ReL
El vaticanólogo Luigi Accattoli, veterano periodista que ha trabajado en diarios laicos como Repubblica y Corriere Della Sera, ha señalado en un artículo en el periódico Liberal, un dato incontestable: «Desde 1995 se han denunciado en Alemania 210.000 casos de abusos sexuales de algún tipo. De ellos, 94 afectan a personas o instituciones de la Iglesia católica».
Un 0,004 por ciento
El corresponsal de Aceprensa en Roma, Diego Contreras, calcula que «eso supone el 0,044 por ciento. Antes de seguir adelante, subrayo –para evitar equívocos– lo que ya he dicho aquí varias veces: un solo caso ya es demasiado. No se trata, por tanto, de hacer un ranking ni de ver quien se ha comportado peor. Pero al mismo tiempo, es preciso reconocer que –a juzgar por los titulares de prensa de estos días–, se diría que la gran bestia negra es la Iglesia católica y sus depravados ministros».
Periodistas por la revolución sexual
«Es fácil explicar el ensañamiento de los medios sobre el clero católico –dice Accattoli, el mundo de los periodistas apoya espontáneamente la ´revolución sexual´ e individua fácilmente en el clero católico la mayor resistencia a tal orientación, de aquí el ímpetu con el que da resalto –si puede– a las contradicciones».
Sin objetividad hacia la Iglesia
El diario La Razón considera que «la Prensa internacional presenta los casos de abusos sexuales en el clero de forma distinta que en cualquier otro colectivo. Cada año hay un ramillete de profesores seglares condenados por abusos con menores y nadie pide al Ministro de Educación que comparezca ante los medios y prometa erradicar un problema que según un estudio muy citado por las asociaciones especializadas (del doctor Félix López , encargado por el Ministerio de Asuntos Sociales en 1994) afecta a un 23 por ciento de las niñas y un 10 por ciento de los niños».
Tergiversaciones
Asimismo, continúa La Razón «el informe Ryan de Irlanda, sobre antiguos correccionales, hablaba de miles de ‘abusos’, palabra que en inglés incluye los golpes y los insultos, no necesariamente la vejación sexual».
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=7721
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"Le sea puesta al cuello una piedra de molino..."
"... y sea arrojado al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños" (Lucas 17, 2). Imputados, procesos y condenas de diez años de pedofilia en el clero. Entrevista con Charles J. Scicluna, promotor de justicia en la congregación para la doctrina de la fe. En "Avvenire" del 13 de marzo de 2010
por Gianni Cardinale
ROMA – Monseñor Charles J. Scicluna es el “promotor de justicia” de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Prácticamente se trata del fiscal del tribunal del antiguo Santo Oficio, cuya tarea es investigar los llamados delicta graviora, los delitos que la Iglesia Católica considera en absoluto los más graves, es decir: contra la Eucaristía, contra la santidad del sacramento de la penitencia y el delito contra el sexto mandamiento (No cometerás actos impuros), por parte de un clérigo con un menor de 18 años. Delitos que con un motu proprio del 2001, "Sacramentorum sanctitatis tutela", ha reservado como competencia a la Congregación para la Doctrina de la Fe. De hecho el “promotor de justicia” es el encargado, entre otros cosas, de la terrible cuestión de los sacerdotes acusados de pedofilia que salta periódicamente a las páginas de los medios de comunicación. Y monseñor Scicluna, un maltés afable y cordial, tiene fama de cumplir la tarea encomendada con absoluta escrupulosidad y sin distingos de algún tipo.
P. – Monseñor, usted tiene fama de “duro”, y sin embargo se acusa sistemáticamente a la Iglesia católica de ser tolerante con los llamados “curas pedofilos”.
R. – Puede ser que en pasado, quizás también por un malentendido sentido de defensa del buen nombre de la institución, algunos obispos, en la praxis, hayan sido demasiado indulgentes con este tristísimo fenómeno. En la praxis, digo, porque en el ámbito de los principios la condena por esta tipología de delitos ha sido siempre firma e inequívoca. Por lo que respecta solamente al siglo pasado, basta recordar la famosa instrucción "Crimen Sollecitationes" de 1922.
P. – ¿Pero no era de 1962?
R. – No, la primera edición se remonta al pontificado de Pío XI. Más tarde con el beato Juan XXIII el Santo Oficio se ocupó de una nueva edición para los padres conciliares, pero la tirada fue solo de dos mil copias que no bastaron para la distribución, aplazada "sine die". De todas formas, se trataba de normas de procedimiento en los casos de solicitudes durante la confesión y de otros delitos más graves de tipo sexual como el abuso sexual de menores.
P. – Sin embargo, eran normas en las que se recomendaba el secreto...
R. – Una mala traducción en inglés de ese texto dio pábulo a que se pensara que la Santa Sede imponía el secreto para ocultar los hechos. Pero no era así. El secreto de instrucción servía para proteger la buena fama de todas las personas involucradas, en primer lugar las víctimas, y después los clérigos acusados, que tienen derecho –como cualquier persona- a la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario. A la Iglesia no le gusta la justicia concebida como un espectáculo. La normativa sobre los abusos sexuales no se ha interpretado nunca como prohibición de denuncia a las autoridades civiles.
P. – No obstante, ese documento sale siempre a relucir para acusar al pontífice actual de haber sido – como prefecto del antiguo Santo Oficio – el responsable objetivo de una política de encubrimiento de los hechos por parte de la Santa Sede
R. – Es una acusación falsa y una calumnia. En propósito me permito señalar algunos datos. Entre 1975 y 1985 no resulta que se haya sometido a la atención de nuestra congregación ningún aviso de casos de pedofilia por parte de clérigos. De todas formas, tras la promulgación del Código de Derecho Canónico de 1983 hubo un período de incertidumbre acerca del elenco de "delicta graviora" reservados a la competencia de este dicasterio. Sólo con el motu proprio de 2001 el delito de pedofilia volvió a ser de nuestra exclusiva competencia. Desde aquel momento el cardenal Ratzinger demostró sabiduría y firmeza a la hora de tratar esos casos. Más aún. Dio prueba de gran valor afrontando algunos casos muy difíciles y espinosos, "sine acceptione personarum". Por lo tanto, acusar al pontífice de ocultación es, lo repito, falso y calumnioso.
P. – ¿Qué pasa si un sacerdote es acusado de un "delictum gravius"?
R. – Si la acusa es verosímil el obispo tiene la obligación de investigar tanto la credibilidad de la denuncia como el objeto de la misma. Y si el resultado de la investigación previa es atendible, no tiene ya la facultad de disponer en materia y debe referir el caso a nuestra congregación, donde será tratado por la oficina disciplinaria.
P. – ¿Quienes forman parte de esa oficina?
R. – Junto a mí, que por ser uno de los superiores del dicasterio debo ocuparme de otras cuestiones, hay también un jefe de oficina, el padre Pedro Miguel Funes Díaz, siete eclesiásticos y un penalista laico que siguen esos procedimientos. Otros oficiales de la congregación dan su valiosa aportación según sus diversos idiomas y competencias.
P. – Se dice que esa oficina trabaja poco y con lentitud...
R. – Es una observación injusta. En 2003 y 2004 una avalancha de casos cubrió nuestras mesas. Muchos procedían de Estados Unidos y se referían al pasado. En los últimos años, gracias a Dios, el fenómeno se ha reducido mucho. Y, por tanto, intentamos tratar los casos nuevos en tiempo real.
P. – ¿Cuántos han tratado hasta ahora?
R. – En los últimos nueve años (2001-2010) hemos analizado las acusaciones relativas a unos 3000 casos de sacerdotes diocesanos y religiosos concernientes a delitos cometidos en los últimos cincuenta años.
P. – Es decir, ¿tres mil casos de sacerdotes pedofilos?
R. – No es correcto definirlo así. Podemos decir que “grosso modo” en el 60% de esos casos se trata más que nada de actos de “efebofilia”, o sea debidos a la atracción sexual por adolescentes del mismo sexo, en el otro 30% de relaciones heterosexuales y en el 10% de actos de pedofilia verdadera y propia, esto es, determinados por la atracción sexual hacia niños impúberes. Los casos de sacerdotes acusados de pedofilia verdadera y propia son, entonces, unos trescientos en nueve años. Son siempre demasiados, es indudable, pero hay que reconocer que el fenómeno no está tan difundido como se pretende.
P. – De los tres mil acusados, ¿cuántos han sido procesados y condenados?
R. – Podemos decir que en el 20% de los casos se ha celebrado un proceso penal o administrativo, verdadero y propio que normalmente ha tenido lugar en las diócesis de procedencia –siempre bajo nuestra supervisión- y, sólo raramente, aquí en Roma. Haciendo así se agiliza el procedimiento. En el 60% de los casos, sobre todo debido a la edad avanzada de los acusados, no hubo proceso, pero, se emanaron contra ellos normas administrativas y disciplinarias, como la obligación de no celebrar misa con los fieles, de no confesar, de llevar una vida retirada y de oración. Hay que reafirmar que en estos casos, entre los cuales hubo algunos de gran impacto, de los que se han ocupado los medios de comunicación, no se trata de absoluciones. Ciertamente no ha habido una condena formal, pero si a una persona la obligan al silencio y a la oración, será por algo.
P. – Nos queda por analizar el 20% de los casos...
R. – En un 10% de los casos, particularmente graves y con pruebas abrumadoras, el Santo Padre asumió la dolorosa responsabilidad de autorizar un decreto de dimisión del estado clerical. Se trata de un procedimiento gravísimo, emprendido administrativamente, pero inevitable. En el restante 10% de los casos los mismos clérigos acusados pidieron la dispensa de las obligaciones derivadas del sacerdocio que fue aceptada con prontitud. Los sacerdotes implicados en estos últimos casos tenían en su poder material de pornografía pedófila y por eso fueron condenados por las autoridades civiles.
P. – ¿Cuál es la procedencia de estos tres mil casos?
R. – Sobre todo de Estados Unidos que entre 2003-2004 representaban alrededor del 80% de la totalidad de los casos. Hacia 2009 el porcentaje estadounidense disminuyó pasando a ser el 25% de los 223 nuevos casos señalados en todo el mundo. En los últimos años (2007-2009), efectivamente, la media anual de los casos señalados a la Congregación en todo el mundo ha sido de 250 casos. Muchos países señalan sólo uno o dos casos. Aumenta, por lo tanto, la diversidad y el número de los países de procedencia de los casos, pero el fenómeno es muy limitado. Hay que tener en cuenta que son 400.000 en total los sacerdotes diocesanos y religiosos en el mundo. Esa estadística no se corresponde con la percepción creada cuando casos tan tristes ocupan las primeras planas de los periódicos.
P. – ¿Y en Italia?
R. – Hasta ahora no parece que el fenómeno tenga dimensiones dramáticas, aunque lo que me preocupa es un tipo de “cultura del silencio” que veo todavía muy difundida en la península. La Conferencia Episcopal Italiana (CEI) ofrece un óptimo servicio de asesoría técnico-jurídica para los obispos que deban tratar esos casos. Observo con gran satisfacción el compromiso de los obispos italianos por afrontar cada vez mejor los casos que les señalan.
P. – Decía hace poco que los procesos, propios y verdaderos, atañen al 20% de los tres mil casos examinados en los últimos años. ¿Se han resuelto todos con la condena de los acusados?
R. – Muchos procesos ya celebrados se resolvieron con la condena del acusado. Pero tampoco han faltado otros en que el sacerdote fue declarado inocente o en que las acusaciones no fueron consideradas lo suficientemente probadas. De cualquier modo, en todos los casos, se analiza siempre no solo la culpabilidad o no culpabilidad del clérigo acusado sino también el discernimiento sobre su idoneidad al ministerio público.
P. – Una acusación recurrente a las jerarquías eclesiásticas es que no denuncian también a las autoridades civiles los delitos de pedofilia que les señalan.
R. – En algunos países de cultura jurídica anglosajona, pero también en Francia, los obispos que saben que sus sacerdotes han cometido delitos fuera del secreto sacramental de la confesión, están obligados a denunciarlos a las autoridades judiciales. Se trata de un deber pesado porque estos obispos están obligados a realizar un gesto como el de un padre que denuncia a su hijo. A pesar de todo, nuestra indicación en estos casos es la de respetar la ley.
P. – ¿En los casos en que los obispos no están obligados por ley?
R. – En estos casos no imponemos a los obispos que denuncien a los propios sacerdotes, sino que les alentamos a dirigirse a las víctimas para invitarlas a denunciar a estos sacerdotes de los que han sido víctimas. Además, les invitamos a proporcionar toda la asistencia espiritual, pero no solo espiritual, a estas víctimas. En un reciente caso concerniente a un sacerdote condenado por un tribunal civil italiano, esta Congregación sugirió precisamente a los denunciantes, que se habían dirigido a nosotros para un proceso canónico, que lo comunicaran también a las autoridades civiles en interés de las víctimas y para evitar otros crímenes”.
P. – Una última pregunta: ¿está prevista la prescripción por los “delicta graviora”?
R. – Ha tocado un punto crítico. En el pasado, es decir antes de 1898, la prescripción de la acción penal era una norma ajena al derecho canónico. Para los delitos más graves, solo con el motu proprio del 2001 se introdujo una prescripción de diez años. Sobre la base de estas normas, en los casos de abuso sexual el decenio comienza el día en que el menor cumple dieciocho años.
P. – ¿Es suficiente?
R. – La praxis indica que el término de diez años no es adecuado a este tipo de casos y sería deseable volver al sistema precedente en el que no prescribían los "delicta graviora". El 7 de noviembre de 2002, el Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II concedió a este dicasterio la facultad de derogar la prescripción caso por caso ante una petición motivada por parte del obispo, y la derogación normalmente se concede.
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El diario de la conferencia episcopal italiana, que el 13 de marzo de 2010 ha publicado la entrevista:
> Avvenire
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La pedofilia entre hombres o mujeres es consecuente de una conducta afectivamente inmadura con sus frustraciones, conflictos, traumas, complejos.

...también hay mujeres pedofilas ó paidofilas...
Los interesantes números de Mons. Charles Scicluna acerca de los sacerdotes pederastas
Datos numéricos interesantes para desbaratar el mito tan proliferado por la prensa de que "hay millones de sacerdotes pederastas"
Autor: Lucrecia Rego de Planas | Fuente: Catholic.net MMX.III.15
El pasado 13 de marzo fue entrevistado Mons. Charles J. Scicluna, promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien está encargado de investigar los delitos que la Iglesia considera como más graves delicta graviora.
Estos delitos gravísimos, reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe, son de tres tipos:
• Contra la Eucaristía (celebraciones prohibidas, sacrílegas, simuladas, etc.)
• Contra la santidad del Sacramento de la Penitencia (absoluciones ilícitas, ruptura del sigilo sacramental, uso de la confesión para fines turbios, etc)
• Contra el sexto mandamiento por parte de un clérigo con un menor de 18 años. (pederastia)
Pueden consultarse estos delitos en toda su extensión en la carta: Normas de los Delitos más graves
La entrevista completa a Mons. Scicluna pueden verla en: ZENIT
Me parecieron muy interesantes los datos numéricos que nos compartió Mons. Scicluna y por eso quise analizarlos en este artículo, pues los considero muy útiles y muy claros para desbaratar el mito tan proliferado por la prensa de que “hay millones de sacerdotes pederastas”
Mons. Scicluna nos ha dicho que en el periodo de 2001-2010 han recibido y analizado 3000 casos concernientes a delitos cometidos en los últimos 50 años.
Tres mil sacerdotes acusados de pederastia en los últimos cincuenta años... no son millones, como pregona la prensa, pero son muchos.
Tres mil casos en 50 años significan, en promedio, 60 casos cada año, 5 cada mes.
Cinco sacerdotes acusados de pederastia cada mes es una cifra escandalosa, pero... analicemos los demás datos que nos dio el obispo fiscal.
Mons. Scicluna nos dice que en el 60% de los casos que les reportaron, pudieron comprobar que no se trató de actos de pederastia, sino que fueron actos de “efebofilia” realizados con muchachos mayores de 18 años, que (esto es mío) se supone ya son plenamente conscientes y están de acuerdo con lo que está sucediendo. No es que sea algo lindo. No, es ciertamente algo horrible (abominable), pero queda claro que estos 1800 sacerdotes cometieron actos homosexuales, pero no eran curas pederastas.
También nos dice Mons. Scicluna, que en el 30% de los 3000 casos reportados pudieron comprobar que se había tratado de relaciones heterosexuales realizadas con mujeres mayores de 18 años, que... pienso yo... comparten la culpa con el sacerdote por lo menos en la mitad (si no es que más, por la manera abiertamente seductora con que muchas mujeres se comportan ante los sacerdotes). Estos 900 sacerdotes ciertamente cayeron en las garras de estas mujeres “ligeras” y faltaron gravemente contra su voto de castidad, pero no eran curas pederastas.
Quitando esos 60% + 30% de los 3000, nos quedan solamente 300 casos de “sacerdotes acusados de pederastia” en 50 años, 6 cada año, 1 cada dos meses.
Que aparezca un cura pederasta cada dos meses sigue siendo una cifra terriblemente grande para la santidad que todos los católicos esperamos del 100% de nuestros sacerdotes, pero... es un porcentaje bien chiquito en comparación al porcentaje de los pederastas que no son sacerdotes.
Simplemente el 16 de marzo del 2005, en 20minutos.es, vemos la noticia de la detención de 500 implicados en una red de pederastia. En el estudio histórico que hacen y que puede consultarse aquí hablan de más de 9,700 implicados en la pederastia de 1997 al 2005. Vemos entonces claramente que los casos de pederastia son mucho más comunes entre los "no-sacerdotes" que entre los sacerdotes.
Pero continuemos con los números de Mons. Scicluna. Hasta ahora nos quedaban 300 casos de sacerdotes acusados de pederastia en los últimos 50 años. ¿Todos ellos, los 300, resultaron ser realmente y comprobadamente culpables del delito del que los acusaron?
Mons. Scicluna nos dice que, de los 300 sacerdotes acusados de pederastia:
60 sacerdotes (el 20%) pasaron por un proceso penal o administrativo (ver cánones 1717-1728 del CIC) en las diócesis de procedencia, bajo la supervisión de la CDF
180 sacerdotes (el 60%) no fueron sometidos a ningún proceso penal o administrativo por su edad avanzada (se trataba de sacerdotes muy ancianos). Simplemente se decidió eximirlos del proceso (que hubiera implicado audiencias, careos, pruebas, coartadas, testigos, abogados, etc.) e imponerles directamente (sin haber sido procesados) algunas normas disciplinarias, como la obligación de no celebrar misa con los fieles, de no confesar y de llevar una vida retirada y de oración. No hubo para ellos ni absolución ni condena formal
30 sacerdotes (el 10%) fueron casos particularmente graves, con pruebas abrumadoras, en los que el Santo Padre autorizó un decreto de dimisión del estado clerical
30 sacerdotes (el 10%) pidieron ellos mismos la dispensa de las obligaciones derivadas del sacerdocio que fue aceptada con prontitud. Estos 30 tenían en su poder material de pornografía pederasta y fueron condenados por las autoridades civiles.
Así que, al final, de los 300 acusados de pederastia en los últimos 50 años, nos quedamos con 60 que se comprobaron culpables, 60 que están siendo procesados en sus diócesis y 180 ancianos, que nunca sabremos si fueron culpables o no, pues no fueron sometidos al proceso penal.
¿En qué consiste dicho proceso? Copio debajo de mi firma los cánones correspondientes (1717-1728) del Código de Derecho Canónico, para todos aquellos que quieran conocer el proceso que se llevó a cabo con los 120 sacerdotes que fueron (o están siendo) procesados y lo que no se llevó a cabo con los 180 sacerdotes que no fueron procesados por su edad avanzada.
Confío en que muchos periodistas leerán esta nota y podrán quitar de su corazón (y de sus notas periodísticas) el convencimiento de que ”hay millones de sacerdotes pederastas”
Dios les bendiga
Lucrecia Rego de Planas.
Dirección
Catholic.net
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Cuando atacan a la Iglesia siempre aparece ¡él!
No es un pájaro, no es un avión, no es superman. Es ¡Hans Küng!
Se está reproduciendo estos días una nueva ofensiva contra la Iglesia que intenta involucrar al propio Papa. Se trata de unos posibles o presuntos abusos sexuales que se habrían registrado por parte de sacerdotes y miembros de algunas congregaciones en Alemania y Austria hace muchos años. La mayoría de casos datan de 50 a 60 años atrás.
No se trata de disminuir la importancia que puedan tener estos hechos, sino de todo lo contrario, de enmarcarlos en su justa medida. La primera cuestión, como ante toda acusación, es preservar el principio de la presunción de inocencia, acentuada en este caso por el hecho de que se trata de hechos acaecidos, la mayoría de ellos, hace medio siglo. La pregunta que surge automáticamente es ¿por qué aparecen ahora, después de tantísimos años?
Hay otra, pero esta segunda es fácil de contestar. ¿Por qué alcanza tanto relieve algo que de ser cierto es lamentable pero que lleva tanto tiempo a sus espaldas? La respuesta es doble, por una parte porque sirve para atacar a la Iglesia, pero esto no es ninguna novedad. Y, también, porque la Iglesia que es un espejo de moralidad en sus sacerdotes y hombres y mujeres consagrados. Resalta más la posible mancha de algunos de sus miembros.
Es una paradoja que los mismos que exalzan el que se mantenga relaciones sexuales en adolescentes de 13 años y se les eduque en la masturbación y en el despertar de sus instintos sexuales, se escandalicen, porque hace medio siglo algún jesuita, algún sacerdote, realizó tocamientos a un menor. Los que sí que nos tenemos que escandalizar somos nosotros, los cristianos, pero no los que propagan la cultura del sexo sin más limitación que el consentimiento.
Pero, al mismo tiempo, hay que decir que como colectivo, los hombres y mujeres consagrados mantienen un nivel altísimo de virtudes. No son, obviamente, todos sus miembros impenetrables a las deformaciones de nuestra sociedad; algunos pueden incurrir en ellas pero son pocos comparados con el conjunto, En ésta y en cualquier otra vulneración que pueda cometerse.
En el conjunto de las informaciones que aparecen se mezcla, de una forma incoherente hechos muy distintos. Junto con estos posibles actos de pedofilia aparecen la existencia de duros castigos hacia alumnos que no tienen nada que ver con lo anterior, a menos que no sea forzando el argumento. Hace medio siglo era normal meter a un chico o una chica cara a la pared de rodillas y con los brazos en cruz. Eso hoy sería considerado una tortura, y no hablemos ya de palmetazos y bofetones, collejas y múltiples prácticas de corrección física. ¿Qué no se podría contar de las escuelas laicas o religiosas en este sentido? Pero esto no significa que la Iglesia sea culpable de nada, porque se pensaba que la pedagogía exigía una corrección enérgica. En esta mezcolanza de cuestiones se utiliza como argumento (“la maldad de la Iglesia”), el que el hermano del Papa fuera un hombre que se enojara con facilidad y en ocasiones mucho, hasta el extremo -han escrito con estilo escandalizado- de que una vez se le cayó la dentadura. ¡Demoledor argumento! Pero no de sobre las acusaciones que ahora se formulan sino sobre el uso inadecuado de un pegamento para su dentadura postiza.
Y en este contexto aparece Hans Küng. En El País, naturalmente. Argumenta que la culpa la tiene el celibato. Es un curioso razonamiento si se considera que las acusaciones sobre los presuntos abusos sexuales son siempre (en Alemania, antes en Irlanda, antes en EEUU) de hombres sobre muchachos. Nunca sobre chicas o niñas. Porque no se trata solo de pedofilia sino también de homosexualidad. Pero esto es cuando se da la información sobre los hechos lo que se oculta, lo que se deja al margen, cuando de existir los mismos estaría en la raíz del problema. Küng esquiva porque resulta políticamente incorrecta la raíz del problema.
Al mismo tiempo que se mantiene esta ofensiva, se celebra, y el mismo periódico El País da muestra de ello, el Islam. En él, Juan José Tamayo, un mamporrero religioso del régimen, escribe un artículo digno de Dalí donde establece que “el Islam es inseparable del pasado, presente y futuro de España”. “Y que es un actor religioso, político y cultural, tanto en la esfera internacional como en el escenario Europeo y español”. Pero omite decir que, en gran medida, su importancia es debida al terrorismo, y no a sus aportaciones concretas a la convivencia universal, a la ciencia y a la libertad. No se trata de demonizar el Islam, pero tampoco se trata de caer en el extremo contrario, como hace Juan José Tamayo, de ensalzarla sin señalar sus defectos, como, por otra parte, muchos musulmanes sí hacen.
Todos estos trazos que hemos dibujado en este editorial con punta un tanto gruesa son expresivos de la esquizofrenia que vive una parte de esta sociedad, de su cultura y de su política que es capaz de deformar la realidad hasta llegar a convertirla en un camino hacia el suicidio colectivo. 2010.III.15
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=16496
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