Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Jan Hus - 1369 - 1415 cruel muerte del teólogo checo; Constanza

 

Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

 

Iglesia - "Erit enim tempus cum sanam doctrinam non sustinebunt sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent ad fabulas autem convertentur" (2 ad Thimoteum 4, 3-4).

"Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que de acuerdo con sus pasiones se rodearán de maestros que halaguen sus oídos, y apartarán, por una parte, el oído de la verdad, mientras que, por otra, se volverán a los mitos". San Pablo que, con otros apóstoles siendo Iglesia Católica, también escribieron la Biblia.

 

Iglesia - En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla": ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible: ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza?.

 

Lo que nadie nos ha podido explicar es: ¿que tiene que ver los pecados de un pontífice con su acierto o no en la doctrina?
O lo que es lo mismo ¿qué tiene que ver el tocino con la velocidad?

Seguimos sin comprender, o más bien: siguen sin comprender y siguen dividiéndose entre ellos los protestantes engendrando sectas.
Porque carecen de ‘autoridad’ echan de menos al ‘Magisterio’ y cada uno interpreta la doctrina según ha dormido la noche anterior. [bautistas no hay menos de 19 y los jehovistas, mormones, baptistas, etc.]

 

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JAN HUS – 1369 – 1415

 

 

S. S. Juan Pablo II lamenta «la cruel muerte del teólogo checo en la hoguera»
Jan Hus podría ser rehabilitado.


El famoso teólogo de Bohemia Jan Hus, que fue quemado en la hoguera en 1415, condenado por el Concilio de Constanza por apoyar las herejías de Wycleff, recibió un castigo excesivo, según el Papa, y podría ser rehabilitado, aunque persistiría la condena de sus ideas.

 

Hus ha sido siempre considerado por los checos como un héroe nacional, a pesar de su excomunión. Su caso está siendo analizado por un congreso histórico-teológico, similar al que examinó el antisemitismo y la Inquisición.

 

La posibilidad de rehabilitar a Hus fue planteada ya durante las sesiones del Concilio Vaticano II por el entonces cardenal de Praga Josef Beran. Ha sido ahora de nuevo Juan Pablo II, personalmente, quien ha propuesto dar este paso, al considerar que la condena a la hoguera supuso un castigo excesivo, dado el contexto en el que se produjo el proceso, en el que se mezclaron cuestiones políticas. Esto no es aceptar ahora sus errores teológicos, ha afirmado al respecto en ABC el padre Juan Antonio Martínez Camino, Secretario de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, sino reconocer que el ser humano nunca es más fuerte que cuando sirve con honestidad y en conciencia a la verdad.

 

Jan Hus nació en Husinec en 1369 y murió en Constanza en 1415. Brillante teólogo, y ardiente nacionalista, fue ordenado sacerdote en 1400, y nombrado Rector de la Universidad de Praga en 1401. Bohemia, entonces parte del Sacro Imperio alemán, tenía sin embargo una identidad nacional bien definida, y el rey Wenceslao, aunque alemán, alentaba las aspiraciones checas, para lo que apoyó a Hus en sus maniobras para acabar con la preponderancia alemana en la Universidad. Lo nombró también predicador en la capilla de Belén, donde se predicaba exclusivamente en checo; y allí aprovechaba Hus para fustigar la relajación moral del clero, que, por supuesto, era mayoritariamente alemán.

 

Fueron los años difíciles del Cisma de Occidente, en el que el escándalo de los tres Papas convulsionó profundamente la Europa bajomedieval, ya que estuvieron involucrados en él también los poderes temporales. Por reacción, empezó a cuestionarse la autoridad del Pontífice frente al Concilio, como única autoridad que podía poner fin al conflicto. En este contexto, junto a las voces que pedían una reforma eclesiástica, surgieron también herejías y muchas veces las fronteras entre ambas eran difícilmente deducibles.

 

Uno de los teólogos que clamaban por la reforma eclesiástica fue el inglés Wycleff, que además ponía en duda la infalibilidad del Papa, rechazaba la Iglesia sacramental y jerárquica, consideraba la Escritura como única fuente de la fe, y, lo que produjo mayor escándalo, negaba la transubstanciación y la Presencia real de Cristo en la Eucaristía, lo que anticipaba, casi un siglo antes, la reforma luterana. Hus fue el difusor de las ideas de Wycleff en Bohemia, aunque de forma bastante más moderada que su maestro. Pero a causa de sus diatribas contra el clero, Hus empezó a tener demasiados enemigos, y cuando se pronunció contra las indulgencias, atacando duramente al Papa y negando su infalibilidad, se produjeron tales disturbios en las calles que tanto la Universidad como el rey le retiraron su apoyo. El Concilio de Constanza, reunido en 1414, además de acabar con el cisma condenó las teorías de Wycleff. Hus acudió al Concilio provisto de un salvoconducto imperial para explicar sus tesis, pero a pesar de ello, fue encarcelado. Durante el proceso, se proclamó discípulo de Wycleff, aunque le separaba de su maestro la cuestión de la transubstanciación.

 

Según afirma Walter Brandmüller, presidente del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, en una entrevista para el diario italiano Avvenire, el Concilio fue conducido con mucha seriedad, con la abierta voluntad de salvarlo, y le conminó varias veces a que se retractase de sus tesis, pero Hus se negó porque no quería defraudar a sus seguidores, y finalmente fue relajado al brazo secular y quemado en la hoguera. Murió con gran entereza, pronunciando el nombre de Jesús. Según Brandmüller, su grandeza está en haberse sacrificado por su patriotismo, y aunque la investigación reconoce que fue condenado por el Derecho entonces en uso, eso no equivale a un juicio sobre su conciencia, ni impide reconocer su actitud heroica ante la muerte. Fue una gran figura religiosa, pero el Concilio de Constanza no podía dejar de condenarle.

 

Fue considerado por sus compatriotas un héroe nacional, y su muerte marcó el inicio de las sangrientas guerras husitas, que acabaron cuando el Concilio de Basilea permitió que los sacerdotes de Bohemia diesen la comunión bajo las dos especies, pero nunca hubo una vuelta real a la Iglesia católica. Después, los hermanos de Moravia cayeron en la órbita protestante, y Hus se convirtió en bandera anti-Habsburgo, utilizada incluso por la masonería. A principios de este siglo, esta especie de Iglesia nacional checa pidió ser reconocida por la Santa Sede, pero fue de nuevo condenada y tuvo pocos seguidores.

 

La actual Comisión ecuménica que estudia el caso no pretende discutir acerca de la validez de las doctrinas de Hus, sino rehabilitarlo personalmente, en un intento de cerrar las heridas que alejaron al pueblo checo de Roma. Inma Álvarez - 13 ENERO 2000.

 

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Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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Reforma protestante - Entre las religiones cristianas, originadas en la Reforma Protestante están: la Luterana (fundada por Lutero), la Reformada (por Calvino), la Presbiteriana (por John Knox). Luego fueron fundadas la Anglicana (por Enrique VIII), la Bautista (por John Smith), de donde se derivan las Evangélicas. Existen muchas, tantas más sectas y asociaciones, todas fundadas por hombres, y en gran parte de origen americano. Ninguna fundada por Cristo, siendo sólo la Iglesia Católica a la que Cristo le prometió –hace 2000 años- asistencia hasta el final de los tiempos.

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El lunes [2005-08-08] en EWTN en el programa de Marcus Grodi [USA.] se mencionó la cifra: 30.000 denominaciones protestantes y se dijo que surgen cinco nuevas denominaciones por semana. Pero la verdad es que nadie sabe ya cuantas hay... la estimación cauta de las Naciones Unidas hace ya un tiempo era de mas de 20.000 (hace ya casi veinte años). Los protestantes no se ponen de acuerdo o mejor dicho, no logran controlar las apariciones de nuevos sectas para saber exactamente cuántas  hay actualmente [2006], dando lugar a un panorama variadísimo de denominaciones y tendencias. ¿Es que existe algún registro protestante mundial indicando cuántas sectas aparecen y desaparecen anualmente?. Pero, por ahora, baste lo dicho para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo… y lo tenemos ya bajo un relativismo y su parafernalia de sectas que impregna todas las capas de la sociedad.

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De acuerdo a los datos vistos 2006.01 al sitio protestante en Internet «sectas» www.christianitytoday.com; la lista “crece vertiginosamente” para incluir hoy a más de doce mil denominaciones distintas de grupos protestantes en los Estados Unidos, desde donde vienen todas ellas a granel.

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“Al fin y al cabo, desde que el hombre habitaba en cavernas, hasta que se asomó al espacio, los historiadores y antropólogos han censado más de de 100.000 religiones. Se afirma, incluso, que existe un gen que predispone a los humanos a buscar a Dios”
Carlos Alberto MONTANER. ‘ABC’ III.XII.MMV – ESP.

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Todas las religiones buscan a partir del hombre hacia Dios; en Cristo, es Dios quien se rebaja a la nturaleza humana y va al encuentro del hombre. Cristo acoge al hombre en su Iglesia.

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla"; ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible; ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza.

 

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HECHOS HISTÓRICOS - Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

 

La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época» 

 

La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico‑crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

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La Inquisición española - EDICIONES RIALP, MADRID, Beatriz Comella, La Inquisición española, 1998. Con este libro la autora sintetiza la historia y el funcionamiento de la Inquisición española con rasgos esenciales del contexto religioso, social y económico.

 

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CONSTANZA

  

La ciudad de Constanza es célebre en la historia de la Iglesia por el concilio que se celebró allí (1414-1418), mientras se agitaban en la Iglesia profundos conflictos, especialmente en relación con la reforma que todos anhelaban, pero que nunca acababa de emprenderse con seriedad. En el trasfondo del cisma de Occidente habían ido madurando algunas discusiones de notable importancia eclesial y dogmática.

Las cuestiones de Wiclef y de Hus habían agitado fuertemente a Europa, especialmente a Bohemia, y su solución o compromiso alcanzó también en Constanza un eco tan profundo que el mismo concilio se convirtió en la piedra fundamental para la comprensión y determinación de la actitud de la Iglesia y de la actitud de los husitas.

Hoy se sigue discutiendo sobre el valor del concilio de Constanza y sobre su ecumenicidad. Se puede afirmar que en el concilio de Constanza triunfaron el parlamentarismo y el nacionalismo, que deben considerarse como unos momentos de grave disgregación y desarticulación en el ámbito de la Iglesia. En efecto, los decretos Sacrosancta y Frequens chocan con la verdad de la suprema autoridad del sumo pontífice, mientras que el sistema de votación por naciones lesionaba la naturaleza universal de la Iglesia.

Fueron notables los esfuerzos del concilio de Constanza y sus resultados, que, a pesar de algunas graves negligencias, aportaron grandes beneficios a la Iglesia universal. Se construyó una fuerte unidad eclesiológica en torno a la figura del papa, capaz de resistir a los intentos secesionistas de Basilea (1437-1449), que no pueden compararse ni mucho menos con el cisma de Occidente.

En este concilio hay que recordar la apelación a los Padres de la Iglesia para subrayar la concepción teológica, bastante - difusa, del Cuerpo místico de Cristo; pero prevaleció la preocupación por la unidad de la Iglesia. De todas formas, en Constanza, en la cuestión de Wiclef y de Hus, así como en las mismas tensiones conciliaristas, se escondía todo el resquebrajamiento del mundo medieval. Con el concilio de Constanza, la misma vida de las órdenes mendicantes fue objeto de diversa valoración, y las Observancias empezaron a tener un papel predominante en una Iglesia que, a pesar de querer una reforma "in capite et in membris» no lograba despegar. El concilio de Constanza representó en aquel laborioso período un momento de compromiso entre la incapacidad de los que constituían el vértice de la Iglesia para la reforma de la misma y la reforma espontánea que se verificaba en la base,

G. Bove

 

Bibl.: J Wohlmuth, Los concilios de Constanza y Basilea, en G, Alberigo (ed.), Historia de- los concilios ecuménicos. Sígueme, Salamanca 1993. 185-236; K. A. Fink. El concilio de Constanza, en HdI, 1V, 700-752

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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Historia - «Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (S. S. Juan Pablo II – P.P.)

 

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Historia - Al estudiar la historia, se suele hacer desde los prejuicios de la mentalidad actual, cosa que esteriliza la  labor principal del historiador. No podemos dar a conocer unos hechos del pasado sin antes reflejar el imaginario colectivo de la época donde tuvieron lugar.

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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Europa e Iglesia - ¿Subsistirán la libertad, la igualdad, los derechos, la democracia, sin los supuestos cristianos en que descansan y a los que debe la civilización europea el ser la única liberal y universalista que ha existido?. El declive del cristianismo europeo, ¿forma parte de la crisis o decadencia intelectual, moral y política de Europa o se trata de fenómenos independientes? ¿Puede ser la crisis del cristianismo una causa principal de la descivilización europea o es la descivilización de Europa la causa del marasmo a aquel? ¿Qué influencia tiene el estatismo neutral y agnóstico y en buena medida nihilista, acosado por poderes indirectos de toda laya, en la situación del cristianismo? MMVI

 

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16. De Constanza. 1414-1418. (Alemania).

 

Papa Gregorio XII Contra el cisma de Martín V Occidente, Wiclef, Juan Huss y Jerónimo de Praga.

Fin del Cisma Occidental. Condénanse los errores de Wickleff sobre los Sacramentos y la constitución de la Iglesia, y también los errores de Juan Huss sobre la Iglesia invisible de los predestinados.

Magisterio del C.E de Constanza 

 

XVI ecuménico (contra Wicleff, Hus, etc)

SESION VII (4 de mayo de 1415)

Errores de Juan Wicleff

[Condenados en el Concilio y por las Bulas Inter cunctas e In eminentis de 22 de febrero de 1418

1. La sustancia del pan material e igualmente la sustancia del vino material permanecen en el sacramento del altar.

2. Los accidentes del pan no permanecen sin sujeto en el mismo sacramento.

3. Cristo no está en el mismo sacramento idéntica y realmente por su propia presencia corporal.

4. Si el obispo o el sacerdote está en pecado mortal, no ordena no consagra, no realiza, no bautiza.

5. No está fundado en el Evangelio que Cristo ordenara la misa.

6. Dios debe obedecer al diablo.

7. Si el hombre estuviere debidamente contrito, toda confesión exterior es para él superflua e inútil.

8. Si el Papa es un precito y malo y, por consiguiente, miembro del diablo, no tiene potestad sobre los fieles que le haya sido dada por nadie, sino es acaso por el César.

9. Después de Urbano VI, no ha de ser nadie recibido por Papa, sino que se ha de vivir, a modo de los griegos, bajo leyes propias.

10. Es contra la Sagrada Escritura que los hombres eclesiásticos tengan posesiones.

11. Ningún prelado puede excomulgar a nadie, si no sabe antes que está excomulgado por Dios. Y quien así excomulga, se hace por ello hereje o excomulgado.

12. El prelado que excomulga al clérigo que apeló al rey o al consejo del reino, es por eso mismo traidor al rey y al reino.

13. Aquellos que dejan de predicar o de oír la palabra de Dios por motivo de la excomunión de los hombres, están excomulgados y en el juicio de Dios serán tenidos por traidores a Cristo.

14. Lícito es a un diácono o presbítero predicar la palabra de Dios sin autorización de la Sede Apostólica o de un obispo católico.

15. Nadie es señor civil, nadie es prelado, nadie es obispo, mientras está en pecado mortal.

16. Los señores temporales pueden a su arbitrio quitar los bienes temporales de la Iglesia, cuando los que los poseen delinquen habitualmente, es decir, por hábito, no sólo por acto.

17. El pueblo puede a su arbitrio corregir a los señores que delinquen.

18. Los diezmos son meras limosnas, y los feligreses pueden a su arbitrio suprimirlas por los pecados de sus prelados.

19. Las oraciones especiales, aplicadas a una persona por los prelados o religiosos, no le aprovechan más que las generales, caeteris paribus (en igualdad de las demás circunstancias).

20. El que da limosna a los frailes está ipso facto excomulgado.

21. Si uno entra en una religión privada cualquiera, tanto de los que poseen, como de los mendicantes, se vuelve más inepto e inhábil para la observancia de los mandamientos de Dios.

22. Los santos, que instituyeron religiones privadas, pecaron instituyéndolas así.

23. Los religiosos que viven en las religiones privadas, no son de la religión cristiana.

24. Los frailes están obligados a procurarse el sustento por medio del trabajo de sus manos, y no por la mendicidad.

25. Son simoníacos todos los que se obligan a orar por quienes les socorren en lo temporal.

26. La oración del precito no aprovecha a nadie.

27. Todo sucede por necesidad absoluta.

28. La confirmación de los jóvenes, la ordenación de los clérigos, la consagración de los lugares, se reservan al Papa y a los obispos por codicia de lucro temporal y de honor.

29. Las universidades, estudios, colegios, graduaciones y magisterios en las mismas, han sido introducidas por vana gentilidad, y aprovechan a la Iglesia tanto como el diablo.

30. La excomunión del Papa o de cualquier otro prelado no ha de ser temida por ser censura del anticristo.

31. Pecan los que fundan claustros, y los que entran en ellos son hombres diabólicos.

32. Enriquecer al clero es contra la regla de Cristo.

33. El Papa Silvestre y Constantino erraron al dotar a la Iglesia.

34. Todos los de la orden de mendicantes son herejes, y los que les dan limosna están excomulgados.

35. Los que entran en religión o en alguna orden, son por eso mismo inhábiles para observar los divinos mandamientos y, por consiguiente, para llegar al reino de los cielos, si no se apartaren de las mismas.

36. El Papa con todos sus clérigos que poseen bienes, son herejes por el hecho de poseerlos, y asimismo quienes se lo consienten, es decir, todos los señores seculares y demás laicos.

37. La Iglesia de Roma es la sinagoga de Satanás, y el Papa no es el próximo e inmediato vicario de Cristo y de los Apóstoles.

38. Las Epístolas decretales son apócrifas y apartan de la fe de Cristo, y son necios los clérigos que las estudian.

39. El emperador y los señores seculares fueron seducidos por el diablo para que dotaran a la Iglesia de Cristo con bienes temporales.

40. La elección del Papa por los cardenales fue introducida por el diablo.

41. No es de necesidad de salvación creer que la Iglesia Romana es la suprema entre las otras iglesias.

42. Es fatuo creer en las indulgencias del Papa y de los obispos.

43. Son ilícitos los juramentos que se hacen para corroborar los contratos humanos y los comercios civiles.

44. Agustín, Benito y Bernardo están condenados, si es que no se arrepintieron de haber poseído bienes, de haber instituído religiones y entrado en ellas; y así, desde el Papa hasta el último religioso, todos son herejes.

45. Todas las religiones sin distinción han sido introducidas por el diablo

Las censuras teológicas de estos 45 artículos, v. entre las preguntas que han de proponerse a los wicleffitas y hussitas n. 11 [infra, 661].

SESION XIII (15 de junio de 1415)

Definición sobre la comunión bajo una sola especie

Como quiera que en algunas partes del mundo hay quienes temerariamente osan afirmar que el pueblo cristiano debe recibir el sacramento de la Eucaristía bajo las dos especies de pan v de vino, y comulgan corrientemente al pueblo laico no sólo bajo la especie de pan, sino también bajo la especie de vino, aun después de la cena o en otros casos que no se está en ayunas, y como pertinazmente pretenden que ha de comulgarse contra la laudable costumbre de la Iglesia, racionalmente aprobada, que se empeñan en reprobar como sacrílega; de ahí es que este presente Concilio declara, decreta y define que, si bien Cristo instituyó después de la cena y administró a sus discípulos bajo las dos especies de pan y vino este venerable sacramento; sin embargo, no obstante esto, la laudable autoridad de los sagrados cánones y la costumbre aprobada de la Iglesia observó y observa que este sacramento no debe consagrarse después de la cena ni recibirse por los fieles sin estar en ayunas, a no ser en caso de enfermedad o de otra necesidad, concedido o admitido por el derecho o por la Iglesia. Y como se introdujo razonablemente, para evitar algunos peligros y escándalos, la costumbre de que, si bien en la primitiva Iglesia este sacramento era recibido por los fieles bajo las dos especies; sin embargo, luego se recibió sólo por los consagrantes bajo las dos especies y por los laicos sólo bajo la especie de pan [v. 1.: E igualmente, aunque en la primitiva Iglesia este sacramento se recibía bajo las dos especies; sin embargo, para evitar algunos escándalos y peligros se introdujo razonablemente la costumbre de que por los consagrantes se recibiera bajo las dos especies, y por los laicos solamente bajo la especie de pan], como quiera que ha de creerse firmísimamente y en modo alguno ha de dudarse que lo mismo bajo la especie de pan que bajo la especie de vino se contiene verdaderamente el cuerpo entero y la sangre de Cristo... Por tanto, decir que guardar esta costumbre o ley es sacrílego o ilícito, debe tenerse por erróneo, y los que pertinazmente afirmen lo contrario de lo antedicho, han de ser rechazados como herejes y gravemente castigados por medio de los diocesanos u ordinarios de los lugares o por sus oficiales o por los inquisidores de la herética maldad.

SESION XV (6 de julio de 1415)

Errores de Juan Hus

[Condenados en el Concilio y en las Bulas antedichas, 1418]

1. Unica es la Santa Iglesia universal, que es la universidad de los predestinados.

2. Pablo no fue nunca miembro del diablo, aunque realizó algunos actos semejantes a la Iglesia de los malignos.

8. Los precitos no son partes de la Iglesia, como quiera que, al final, ninguna parte suya ha de caer de ella, pues la caridad de predestinación que la liga, nunca caerá.

4. Las dos naturalezas, la divinidad y la humanidad, son un soIo Cristo.

5. El precito, aun cuando alguna vez esté en gracia según la presente justicia, nunca, sin embargo, es parte de la Santa Iglesia, y el predestinado siempre permanece miembro de la Iglesia, aun cuando alguna vez caiga de la gracia adventicia, pero no de la gracia de predestinación.

6. Tomando a la Iglesia por la congregación de los predestinados, estuvieren o no en gracia, según la presente justicia, de este modo la Iglesia es artículo de fe.

7. Pedro no es ni fue cabeza de la Santa Iglesia Católica.

8. Los sacerdotes que de cualquier modo viven culpablemente, manchan la potestad del sacerdocio y, como hijos infieles, sienten infielmente sobre los siete sacramentos de la Iglesia, sobre las llaves, los oficios, las censuras, las costumbres, las ceremonias, y las cosas sagradas de la Iglesia, la veneración de las reliquias, las indulgencias y las órdenes.

9. La dignidad papal se derivó del César y la perfección e institución del Papa emanó del poder del César.

10. Nadie, sin una revelación, podría razonablemente afirmar de si o de otro que es cabeza de una Iglesia particular, ni el Romano Pontífice es cabeza de la Iglesia particular de Roma.

11. No es menester creer que éste, quienquiera sea el Romano Pontífice, es cabeza de cualquiera Iglesia Santa particular, si Dios no le hubiere predestinado.

12. Nadie hace las veces de Cristo o de Pedro, si no le sigue en las costumbres; como quiera que ninguna otra obediencia sea más oportuna y de otro modo no reciba de Dios la potestad de procurador, pues para el oficio de vicariato se requiere tanto la conformidad de costumbres, como la autoridad del instituyente.

13. El Papa no es verdadero y claro sucesor de Pedro, principe de los Apóstoles, si vive con costumbres contrarias a Pedro; y si busca la avaricia, entonces es vicario de Judas Iscariote. Y con igual evidencia, los cardenales no son verdaderos y claros sucesores del colegio de los otros Apóstoles de Cristo, si no vivieren al modo de los apóstoles, guardando los mandamientos y consejos de nuestro Señor Jesucristo.

14. Los doctores que asientan que quien ha de ser corregido por censura eclesiástica, si no quisiere corregirse, ha de ser entregado al juicio secular, en esto siguen ciertamente a los pontífices, escribas y fariseos, quienes al no quererlos Cristo obedecer en todo, lo entregaron al juicio secular, diciendo: A nosotros no nos es lícito matar a nadie [Ioh. 18, 81]; y los tales son más graves homicidas que Pilatos.

15. La obediencia eclesiástica es obediencia según invención de los sacerdotes de la Iglesia fuera de la expresada autoridad de la Escritura.

16. La división inmediata de las obras humanas es que son o virtuosas o viciosas; porque si el hombre es vicioso y hace algo, entonces obra viciosamente; y si es virtuoso y hace algo, entonces obra virtuosamente. Porque, al modo que el vicio que se llama culpa o pecado mortal inficiona de modo universal los actos de hombre, así la virtud vivifica todos los actos del hombre virtuoso.

17. Los sacerdotes de Cristo que viven según su ley y tienen conocimiento de la Escritura y afecto para edificar al pueblo, deben predicar, no obstante la pretendida excomunión; y si el Papa u otro prelado manda a un sacerdote, así dispuesto, no predicar, el súbdito no debe obedecer.

18. Quienquiera se acerca al sacerdocio, recibe de mandato el oficio de predicador; y ese mandato ha de cumplirlo, no obstante la pretendida excomunión.

19. Por medio de las censuras de excomunión, suspensión y entredicho, el clero se supedita, para su propia exaltación, al pueblo laico, multiplica la avaricia, protege la malicia, y prepara el camino al anticristo. Y es señal evidente que del anticristo proceden tales censuras que llaman en sus procesos fulminaciones, por las que el clero procede principalísimamente contra los que ponen al desnudo la malicia del anticristo, el cual ganará para sí sobre todo al clero.

20. Si el Papa es malo y, sobre todo, si es precito, entonces, como Judas, es apóstol del diablo, ladrón e hijo de perdición, y no es cabeza de la Santa Iglesia militante, como quiera que no es miembro suyo.

21. La gracia de la predestinación es el vinculo con que el cuerpo de la Iglesia y cualquiera de sus miembros se une indisolublemente con Cristo, su cabeza.

22. El Papa y el prelado malo y precito es equivocadamente pastor y realmente ladrón y salteador.

23. El Papa no debe llamarse "santísimo", ni aun según su oficio; pues en otro caso, también el rey había de llamarse santísimo según su oficio, y los verdugos y pregoneros se llamarían santos, y hasta al mismo diablo habría que llamarle santo, porque es oficial de Dios.

24. Si el Papa vive de modo contrario a Cristo, aun cuando subiera por la debida y legítima elección según la vulgar constitución humana; subiría, sin embargo, por otra parte que por Cristo, aun dado que entrara por una elección hecha principalmente por Dios. Porque Judas Iscariote, debida y legítimamente fue elegido para el episcopado por Cristo Jesús Dios, y sin embargo, subió por otra parte al redil de las ovejas.

25. La condenación de los 45 artículos de Juan Wicleff, hecha por los doctores, es irracional, inicua y mal hecha. La causa por ellos alegada es falsa, a saber, que "ninguno de aquéllos es católico, sino cualquiera de ellos herético o erróneo o escandaloso".

26. No por el mero hecho de que los electores o la mayor parte de ellos consintieren de viva voz según el rito de los hombres sobre una persona, ya por ello solo es persona legítimamente elegida, o por ello solo es verdadero y patente sucesor o vicario de Pedro Apóstol o de otro Apóstol en el oficio eclesiástico; de ahí que, eligieren bien o mal los electores, debemos remitirnos a las obras del elegido. Porque por el hecho mismo de que uno obra con más abundancia meritoriamente en provecho de la Iglesia, con más abundancia tiene de Dios facultad para ello.

27. No tiene una chispa de evidencia la necesidad de que haya una sola cabeza que rija a la Iglesia en lo espiritual, que haya de hallarse y conservarse siempre con la Iglesia militante.

28. Sin tales monstruosas cabezas, Cristo gobernaría mejor a su Iglesia por medio de sus verdaderos discípulos esparcidos por toda la redondez de la tierra.

29. Los Apóstoles y los fieles sacerdotes del Señor gobernaron valerosamente a la Iglesia en las cosas necesarias para la salvación, antes de que fuera introducido el oficio de Papa: así lo harían si, por caso sumamente posible, faltara el Papa, hasta el día del juicio.

30. Nadie es señor civil, nadie es prelado, nadie es obispo, mientras está en pecado mortal [v. 595].

Las censuras teológicas de estos 30 artículos, véanse entre las interrogaciones que han de proponerse a los wicleffitas y hussitas, n. 11 [Infra, 661].

Interrogaciones que han de proponerse a los wicleffitas y hussitas

[De la Bula antedicha Inter cunctas, de 22 de febrero de 1418]

[Los artículos 1-4, 9 y 10 tratan de la comunión con dichos herejes.]

5. Asimismo, si cree, mantiene y afirma que cualquier Concilio universal, y también el de Constanza representa la Iglesia universal.

6. Asimismo, si cree que lo que el sagrado Concilio de Constanza, que representa a la Iglesia universal, aprobó y aprueba en favor de la fe y para la salud de las almas, ha de ser aprobado y mantenido por todos los fieles de Cristo; y lo que condenó y condena como contrario a la fe o a las buenas costumbres, ha de ser tenido, creído y afirmado por los mismos fieles como condenado.

7. Asimismo, si cree que las condenaciones de Juan Wicleff, Juan Hus y Jerónimo de Praga, hechas sobre sus personas, libros y documentos por el sagrado Concilio general de Constanza, fueron debida y justamente hechas y como tales han de ser tenidas y firmemente afirmadas por cualquier católico.

8. Asimismo, si cree, mantiene y afirma que Juan Wicleff de lnglaterra, Juan Hus de Bohemia y Jerónimo de Praga fueron herejes y herejes han de ser llamados y considerados, y que sus libros y doctrinas fueron y son perversas, por los cuales y por las cuales y por sus pertinacias, como herejes fueron condenados por el sagrado Concilio de Constanza.

11. Asimismo, pregúntese especialmente al letrado, si cree que la sentencia del sagrado Concilio de Constanza, dada contra los cuarenta y cinco artículos de Juan Wicleff y los treinta de Juan Hus, arriba transcritos, fue verdadera y católica; es decir, que los sobredichos cuarenta y cinco artículos de Juan Wicleff y los treinta de Juan Hus, no son católicos, sino que algunos de ellos son notoriamente heréticos, algunos erróneos, otros temerarios y sediciosos, otros ofensivos de los piadosos oídos.

12. Asimismo, si cree y afirma que en ningún caso es lícito jurar.

13. Asimismo, si el juramento, por mandato del juez, de decir la verdad, o cualquier otro por causa oportuna, aun el que ha de hacerse para justificarse de una infamia, es lícito.

14. Asimismo, si cree que el perjurio cometido a sabiendas, por cualquier causa u ocasión, por la conservación de la vida, propia o ajena, y hasta en favor de la fe, es pecado mortal.

15. Asimismo, si cree que quien con ánimo deliberado desprecia un rito de la Iglesia, las ceremonias del exorcismo y del catecismo, del agua consagrada del bautismo, peca mortalmente.

16. Asimismo, si cree que después de la consagración por el sacerdote en el sacramento del altar, bajo el velo de pan y vino, no hay pan material y vino material, sino, por todo, el mismo Cristo, que padeció en la cruz y está sentado a la diestra del Padre.

17. Asimismo, si cree y afirma que, hecha por el sacerdote la consagración, bajo la sola especie de pan exclusivamente, y aparte la especie de vino, está la verdadera carne de Cristo, y su sangre, alma y divinidad y todo Cristo, y el mismo cuerpo absolutamente y bajo una cualquiera de aquellas especies en particular.

18. Asimismo, si cree que ha de ser conservada la costumbre de dar la comunión a los laicos bajo la sola especie de pan; costumbre observada por la Iglesia universal, y aprobada por el sagrado Concilio de Constanza, de tal modo que no es lícito reprobarla o cambiarla arbitrariamente sin autorización de la Iglesia. Y que los que pertinazmente dicen lo contrario, han de ser rechazados y castigados como herejes o que saben a herejía.

19. Asimismo, si cree que el cristiano que desprecia la recepción de los sacramentos de la confirmación, de la extremaunción, o la solemnización del matrimonio, peca mortalmente.

20. Asimismo, si cree que el cristiano, aparte la contrición del corazón, si tiene facilidad de sacerdote idóneo, está obligado por necesidad de salvación a confesarse con el solo sacerdote y no con un laico o laicos, por buenos y devotos que fueren.

21. Asimismo, si cree que el sacerdote, en los casos que le están permitidos, puede absolver de sus pecados al confesado y contrito y ponerle la penitencia.

22. Asimismo, si cree que un mal sacerdote, con la debida materia y forma, y con intención de hacer lo que hace la Iglesia, verdaderamente consagra, verdaderamente absuelve, verdaderamente bautiza, verdaderamente confiere los demás sacramentos.

28. Asimismo, si cree que el bienaventurado Pedro fue vicario de Cristo, que tenía poder de atar y desatar sobre la tierra.

24. Asimismo, si cree que el Papa, canónicamente elegido, que en cada tiempo fuere, expresado su propio nombre, es sucesor del bienaventurado Pedro y tiene autoridad suprema sobre la Iglesia de Dios.

25. Asimismo, si cree que la autoridad de jurisdicción del Papa, del arzobispo y del obispo en atar y desatar es mayor que la autoridad del simple sacerdote, aunque tenga cura de almas.

26. Asimismo, si cree que el Papa puede, por causa piadosa y justa, conceder indulgencias para la remisión de los pecados a todos los cristianos verdaderamente contritos y confesados, señaladamente a los que visitan los piadosos lugares y Ies tienden sus manos ayudadoras.

27. Asimismo, si cree que los que visitan las iglesias mismas y les tienden sus manos ayudadoras pueden, por tal concesión, ganar tales indulgencias.

28. Asimismo, si cree que cada obispo, dentro de los límites de los sagrados cánones, puede conceder a sus súbditos tales indulgencias.

29. Asimismo, si cree y afirma que es lícito que los fieles de Cristo veneren las reliquias y las imágenes de los Santos.

30. Asimismo, si cree que las religiones aprobadas por la Iglesia, fueron debida y razonablemente introducidas por los santos Padres.

31. Asimismo, si cree que el Papa u otro prelado, expresados los nombres propios del Papa según el tiempo, o sus vicarios, pueden excomulgar a su súbdito eclesiástico o seglar por desobediencia o contumacia, de suerte que ese tal ha de ser tenido por excomulgado.

32. Asimismo, si cree que, caso de crecer la desobediencia o contumacia de los excomulgados, los prelados o sus vicarios en lo espiritual, tienen potestad de agravar y reagravar las penas, de poner entredicho y de invocar el brazo secular; y que los inferiores han de obedecer a aquellas censuras.

33. Asimismo, si cree que el Papa y los otros prelados o sus vicarios en lo espiritual, tienen poder de excomulgar a los sacerdotes y laicos desobedientes y contumaces y de suspenderlos de su oficio, beneficio, entrada en la Iglesia y administración de los sacramentos.

34. Asimismo, si cree que pueden las personas eclesiásticas tener sin pecado posesiones de este mundo y bienes temporales.

35. Asimismo, si cree que no es lícito a los laicos quitárselos por propia autoridad; más aún, que al quitárselos así, llevárselos o invadir los mismos bienes eclesiásticos, han de ser castigados como sacrílegos, aun cuando las personas eclesiásticas que poseen tales bienes, llevaran mala vida.

36. Asimismo, si cree que tal robo e invasión, temeraria o violentamente hecha a cualquier sacerdote, aun cuando viviera mal, lleva consigo sacrilegio.

37. Asimismo, si cree que es licito a los laicos de uno y otro sexo, es decir, a hombres y mujeres, predicar libremente la palabra de Dios.

38. Asimismo, si cree que cada sacerdote puede lícitamente predicar la palabra de Dios, dondequiera, cuando quiera y a quienesquiera le pareciere bien, aun sin tener misión para ello.

39. Asimismo, si cree que todos los pecados mortales, y especialmente los manifiestos, han de ser públicamente corregidos y extirpados.

Es condenada la proposición sobre el tiranicidio

El sagrado Concilio, el 6 de julio de 1415, declaró y definió que la siguiente proposición: "Cualquier tirano puede y debe ser muerto licita y meritoriamente por cualquier vasallo o súbdito suyo, aun por medio de ocultas asechanzas y por sutiles halagos y adulaciones, no obstante cualquier juramento prestado o confederación hecha con él, sin esperar sentencia ni mandato de juez alguno"... es errónea en la fe y costumbres, y la reprueba y condena como herética, escandalosa y que abre el camino a fraudes, engaños, mentiras, traiciones y perjurios. Declara además, decreta y define que quienes pertinazmente afirmen esta doctrina perniciosísima son herejes.

 

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HUSITAS – Neo-movimiento evangélico medieval. Los husitas surgieron de la reforma promovida en el país checo, en el siglo XV, por el teólogo Juan Hus (1373-1415), bajo la influencia de John Wyclif de Inglaterra. Hus predicó la justificación por la fe, la reforma de la Iglesia, y se enfrentó al control de Bohemia por el Imperio Alemán.
Después de la ejecución de Hus, por decisión del Concilio de Constanza, el reformador se convirtió para el pueblo checo en héroe nacional. Entonces se produjeron las llamadas "guerras husitas". Una parte de sus partidarios decidió mantenerse dentro de la iglesia fundada por Cristo, 1400 años antes con sede histórica sobre la tumba de San Pedro en la colina vaticana de Roma-Italia, a condición de recibir el la sagrada comunión bajo las dos especies y otras concesiones menores. Se conocen históricamente como "utraquistas".
Otro sector prefirió crear comunidades independientes que sufrieron persecución. Y ya en el siglo XVI se unieron a la Reforma Protestante.
Después de la derrota evangélica de la batalla de la Montaña Blanca (1620), regresó el período de persecución. Muchos se expatriaron, entre ellos el obispo J.A. Comenius, gran figura de la intelectualidad europea de su tiempo, y se reorganizaron en el extranjero. Sin embargo, con el tiempo se volvieron a organizar en la misma Checoslovaquia. Una de sus ramas, muy influyente, es la Iglesia Evangélica de los Hermanos Checos, de teología reformada. También existe allí un grupo conocido como Iglesia Checoslovaca, cuya teología no es muy diferente a la ortodoxa, pero cuyo seminario lleva el nombre de Hus.
Entre los protestantes "husitas" contemporáneos se encuentra Tomás Masaryk, fundador de la República de Checoslovaquia, y el teólogo Josep Hromadka.

 

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Utraquismo - calixtinos o husitas


EnciCato

El principal dogma y uno de cuatro artículos de los calixtinos o husitas. Fue promulgado por primera vez en 1414 por Jacobo de Mies, profesor de filosofía de la Universidad de Praga. John Hus no fue su autor ni su exponente. Él era profesor de la universidad arriba mencionada que requería que sus bachilleres dictaran cátedra sobre las obras de un doctor de Paris, Praga, u Oxford; y, en cumplimiento de esta ley, aparentemente Hus basó sus enseñanzas en los escritos de John Wyclif, un egresado de Oxford. Las opiniones de Wyclif, que fueron la causa del utraquismo, fueron absorbidas por los estudiantes de Praga y, después de que Hus fue confinado a prisión, la influencia wyclifiana se manifestó en las exigencias de los husitas de que la Comunión se administrara bajo las dos formas como requisito para la salvación. Esta herejía fue condenada en los Concilios de Constanza, Basilea y Trento (Denzinger-Bannwart, 626, 930 sqq.).

El utraquismo, explicado en pocas palabras, significa lo siguiente: el hombre, para ser salvado, debe recibir, la Sagrada Comunión cuándo y dónde desee, bajo las especies de pan y vino (sub utraque specie). Esto, según el líder de los husitas, es precepto divino. Porque, “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros” (Juan, vi, 54). Recibir sólo la Sagrada Hostia no es “beber” sino “comer” la Sangre de Cristo. Según el husita, el hecho de que se trata de un precepto Divino es aún más evidente con base e la tradición, ya que, hasta los siglos XI o XII, se ofrecían el Cáliz y la Hostia a los fieles cuando comulgaban. Si a esto se agrega que se confiere más gracia por la recepción de la Eucaristía bajo las dos especies, según sostenía Jacobo de Mies, es evidente que la Comunión sub uraque specie es obligatoria. Esta conclusión fue rechazada por el Concilio de Constanza (Denzinger-Bannwart, 626). Vinieron luego las guerras de los husitas. Para lograr la paz, el Concilio de Basilea (1431) permitió la Comunión bajo ambas especies a aquellos que habían llegado al uso de razón y se encontraban en estado de gracia, con las siguientes condiciones: que los husitas confesaran que el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo estaban presentes en su totalidad y completamente tanto bajo la especie del pan como bajo la especie del vino; y que se retractaran de su declaración de que era necesaria la Comunión bajo ambas especies para la salvación (Mansi, XXX). Algunos husitas estuvieron de acuerdo con esto y se les dio el nombre de calixtinos, por su uso del Cáliz. Los otros, bajo la dirección de Ziska, llamados taboritas, por habitar en la cima de una montaña, se negaron y fueron derrotados por George Podiebrad en 1453, fecha a partir de la cual el utraquismo en Praga se convirtió prácticamente en un símbolo vacío. Sin embargo, todavía es una de las afirmaciones del anglicanismo y se enumera entre “Las razones evidentes en contra de la unión con la Iglesia de Roma” (Londres, 1880). La Iglesia Católica nunca ha dicho que la Comunión bajo ambas especies sea de por sí pecaminosa o herética. La Iglesia no ha ofrecido libremente el Cáliz a los laicos por reverencia hacia la Preciosa Sangre y condenó a los husitas por sostener que era esencial para la salvación, amenazando revivir así una herejía.

Los nestorianos fueron condenados en el período patrístico, y los heréticos en el Concilio de Trento, porque negaban la Presencia Real, total y completa bajo cada una de las dos especies (Denzinger Bannwart, 930 sqq.; Mansi, XXX). Los nestorianos habían negado que la Presencia Real se encontrara total y completa bajo cada especie. Según ellos, el pan contenía solamente el Cuerpo de Cristo y el vino únicamente Su Sangre. Esto es una herejía; porque, según lo anota la Iglesia (y el texto está en griego auténtico), “De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del cuerpo y de la sangre del Señor” (I Cor., xi, 27). Sabiendo que “Cristo resucitado de entre los muertos no muere ya otra vez” (Rom., vi, 9). La separación de la carne y la sangre es la muerte, y, por consiguiente, la presencia de Cristo total y completa bajo cada una de las especies es dogma de la fe católica. La teología católica ofrece esta explicación: por las palabras de la consagración, el Cuerpo de Cristo se encuentra bajo la apariencia del pan, y Su Sangre, bajo la apariencia del vino. El Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo forman una Persona indivisible y tienen que encontrarse unidas. Esa virtud de fuerza que une el cuerpo con la sangre y viceversa, en la Eucaristía, es lo que se conoce en teología católica como concomitancia. El utraquismo tendía a deshacer este dogma porque declaraba esencial para la salvación la comunión bajo las dos especies. Esto equivalía virtualmente a negar que Cristo estuviera total y completamente presente bajo cada especie. Iba más allá, al declarar que la Comunión, la recepción de la Eucaristía, era absolutamente necesaria para la salvación.

Los teólogos distinguen entre dos tipos de necesidad: la de medio y la de precepto. Necesidad de medio es el uso absolutamente obligatorio de aquellas cosas necesarias para alcanzar un propósito. Es una “necesidad imperativa” que surge de la misma naturaleza de las cosas. La necesidad de precepto es una obligación impuesta por una orden, y por una buena razón, aquella que se prescribe y que puede dispensarse. Los husitas sostenían que la Eucaristía era un medio necesario para la salvación, de tal forma que quienes morían sin haber recibido la Eucaristía, por ejemplo, los dementes, o los jóvenes, según los husitas, no podían salvarse. Todo esto lo deducían de las palabras de Cristo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros” (Juan, vi, 54). Ahora la Iglesia católica, niega que la Eucaristía sea necesaria como medio de salvación. Ordena que los fieles reciban la Eucaristía, enfatiza su importancia, y declara que es prácticamente imposible permanecer por mucho tiempo en estado de gracia sin la recepción de este sacramento. Esto es un precepto; es posible una dispensa del mismo. Por consiguiente, si alguno muriere sin este sacramento, su condenación eterna no sería una consecuencia necesaria, sólo por esta razón. Esto queda claro a partir de la práctica de la Iglesia Primitiva. Aún cuando prevalecía la comunión bajo ambas especies, algunos recibían sólo una de las dos especies. Así solía administrarse a los enfermos, y la Iglesia nunca los ha considerado perdidos. En cuanto al texto que aparentemente obliga a comulgar bajo ambas especies, es cuestión de interpretación. La Iglesia Católica es la única intérprete autorizada de la doctrina de Cristo; a ninguna otra se le ha conferido este poder. Omitiendo aquí los muchos significados que los teólogos católicos atribuyen a este versículo. “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y no bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros” (Juan, vi, 54), debe anotarse que la Iglesia Católica ha declarado oficialmente que éstas palabras no hacen obligatoria la comunión bajo las dos especies (Denzinger-Bannwart, 930). Esta conclusión se basa en la Escritura: “Quien comiere de este pan, vivirá eternamente; y el pan que yo daré, es mi misma carne, la cual daré yo para la vida o salvación del mundo” (Juan, vi, 52). Es cierto que algunos teólogos creen que se confiere más gracia con la Comunión bajo las dos especies. Sin embargo, este es un aspecto especulativo, no práctico. No afecta el dogma de la Iglesia ni es una opinión común, ni mucho menos, de todos los teólogos católicos.
B. HUGHES
Transcrito por Tomas Hancil y Joseph P. Thomas
Traducido por Rosario Camacho-Koppel – catholicmedia.net

2006-II-09 - Agradecemos a mercaba.org

 

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Historia – Inquisición - En efecto, la imposibilidad de acceder a la totalidad de la verdad partiendo de una disciplina particular es una convicción hoy ampliamente compartida. Por consiguiente, es necesaria la colaboración entre representantes de las diversas ciencias. Además, en cuanto se afronta un asunto complejo, los investigadores sienten la necesidad de aclaraciones recíprocas, respetando obviamente las competencias de cada uno. Por este motivo, la Comisión histórico-teológica para la preparación del gran jubileo con razón ha considerado que no podía reflexionar de modo adecuado sobre el fenómeno de la Inquisición sin escuchar antes a expertos en las ciencias históricas, cuya competencia fuera reconocida universalmente.

 

La cuestión, que guarda relación con el ámbito cultural y las concepciones políticas del tiempo es, en su raíz, exquisitamente teológica y supone una mirada de fe a la esencia de la Iglesia y a las exigencias evangélicas, que regulan su vida. Ciertamente, el Magisterio de la Iglesia no puede proponerse realizar un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin antes informarse exactamente sobre la situación de ese tiempo. Pero tampoco puede apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, ya que a menudo tienen una sobrecarga de emotividad pasional que impide un diagnóstico sereno y objetivo. Si no tuviera en cuenta esto, el Magisterio faltaría a su deber fundamental de respetar la verdad. Por eso, el primer paso consiste en interrogar a los historiadores, a los que no se les pide un juicio de naturaleza ética, que sobrepasaría el ámbito de sus competencias, sino que contribuyan a la reconstrucción lo más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres y de la mentalidad de entonces, a la luz del marco histórico de la época.

Sólo cuando la ciencia histórica haya podido reconstruir la verdad de los hechos, los teólogos y el mismo Magisterio de la Iglesia estarán en condiciones de dar un juicio objetivamente fundado.

En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto.

Confío este deseo mío a vuestra consideración y a vuestra oración. Y, al tiempo que invoco sobre cada uno la constante protección divina, os aseguro mi recuerdo en la oración y de buen grado os imparto a vosotros y a vuestros seres queridos una especial bendición apostólica. 31.10.1998 S. S. Juan Pablo II . Magno

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Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

Recomendamos vivamente: EDICIONES RIALP, MADRID, Beatriz Comella,

La Inquisición española, 1998. Con este libro la autora sintetiza la historia y el funcionamiento de la Inquisición española con rasgos esenciales del contexto religioso, social y económico.

 

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“Una caridad fría no es cristiana

 

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De hechos, personas y acontecimientos para comprender el contexto histórico:

 

Antonino de Florencia 1389 + 1459

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!

 

Antonio Pierozzi —a quien familiarmente se llamó después Antonino debido su pequeña estatura—, hijo de Niccolò Prierozzi, notario florentino, y Tomaza di Cenni di Nuncio, acomodada familia burguesa de Florencia, nació en 1389, y siendo aún adolescente, fue conquistado por la predicación austera del del beato Juan Domínici († 1419), que promovía la reforma impulsada por el beato Raimundo de Capua († 1399), entonces maestro de la Orden. El año de 1405, contando con apenas dieciséis años de edad, Antonino fue recibido en la Orden por el beato Juan, para el convento de Fiésole, que estaba en vías de fundación, vistiendo el hábito en el convento de Santa María Novella de Florencia. Concluido su noviciado en Cortona —donde según la tradición tuvo como director espiritual al beato Lorenzo de Ripafratta—, fue enviado de inmediato al nuevo convento de Fiésole, centro de irradiación la reforma raimundiana, convirtiéndose en el primer hijo de este convento, donde su formación estuvo a cargo del beato Juan Dominici, quien le alertó contra los peligros del intelectualismo y le impidió continuar sus estudios en algún centro universitario. Sin embargo, poseedor de una sólida cultura jurídica desde el ambiente familiar, brilló en los estudios siendo ordenado presbítero en 1413, al parecer en la ciudad de Cortona, donde la comunidad de Fiésole se encontraba alojada, desde 1408, por razón de los conflictos del Cisma de Occidente, volviéndose a su sede en 1418.

Vicario, primero, del convento de Foligno (1414), fue elegido prior de Cortona en 1418, donde se mostró con gran pacificador y reconciliador de los ánimos de los frailes antes divididos. Antonino volvió a su convento de Fiésole en 1421 para ocuparse de la conducción de aquella comunidad, distinguiéndose por la austeridad de su vida, su prudencia y doctrina; por ello fue llamado a ocupar cargos de gobierno también de los conventos de San Pedro de Nápoles (1424-1430) —donde tuvo la delicada la misión de introducir la reforma en el convento—, y de Santa María sopra Minerva en Roma (1430), donde el papa Eugenio IV lo nombra auditor de la Rota, y destaca como maestro de derecho canónico.

Fundador del célebre convento de San Marcos de Florencia en 1435, y lo edificó en el antiguo convento de los Silvestrinos gracias a la ayuda de Cosme de Médici, convirtiéndose el propio Antonino en el primer prior (1436-1444) desde donde dirigió, como vicario general, a toda la congregación italiana reformada desde 1437 hasta 1446.

Insertado dentro del más puro renacimiento italiano, con una visión eminentemente cristiana y ánimo de predicación, con la colaboración del beato Juan de Fiésole (el beato Angélico), decoró las diversas dependencias del convento de San Marcos, organizó en él la primera biblioteca pública de Europa (1443) con la donación de la biblioteca de Niccolò Niccoli, encargando a algunos de los frailes el cuidado de los códices y el miniado de los textos litúrgicos, abriendo también el convento a importantes estudios humanísticos.

En su calidad de vicario general de la congregación reformada de Italia, y de prior del convento de San Marcos, asistió a las sesiones del Concilio de Florencia (1438-1445), donde parece haber tenido una activa participación. El 9 de enero de 1446, el papa Eugenio IV lo nombró arzobispo de Florencia, reconociendo en él su sabiduría y prudencia, por lo que fue llamado “Antonino de los consejos”. Consagrado obispo en Fiésole, el 12 de marzo de 1446, hubo de cumplir una serie de misiones: Eugenio IV quiso tenerlo junto a sí en los últimos momentos de su vida; su sucesor Nicolás V, le pidió consejo para el gobierno general de la Iglesia, y lo nombró comisario apostólico contra los usureros para toda la Toscana; Calixto III le encomendó la predicación de la Cruzada. Diplomático nato, fue enviado como embajador de los florentinos ante los papas Nicolás V, Calixto III y Pío II.

El arzobispado no fue capaz de hacer que Antonino cambiase su austero tenor de vida en la estricta observancia religiosa, y en su ministerio puso su empeño, de manera especial, en la ortodoxia y la coherencia religiosa y la reforma del clero, oponiéndose férreamente a toda forma de injusticia y relajación moral. Preocupado siempre por los más pobres, para ellos instituyó la Società di buonomini di San Martino ("Sociedad de hombres buenos de San Martín"), siendo él mismo el primero de sus benefactores, incluso a cosa de lo necesario para sí mismo.

“Celebrado por los poderosos, pero más venerado aún por los pobres de su ciudad”, murió el 2 de mayo de 1459 en Montughi, junto a Florencia. El papa Pío II presidió sus funerales. Su cuerpo incorrupto se venera en San Marcos de Florencia. Fue canonizado por Adriano VI el 31 de mayo de 1523.

Los escritos de san Antonino

Antonino compone obras enciclopédicas a la manera de la tradición medieval. La primera de ellas, el
— Confessionale redactado hacia 1430, está dividido en tres opúsculos: Defecerunt, tratado sobre la Confesión sacramental; Curam illius habe, manual para confesores; y Omnium mortalium cura o Specchio di coscienza, conocido también en su versión latina como Speculum conscientiae (“Espejo de la conciencia”), destinado a los fieles, en la que se plantea el modo de confesarse y enmendarse de los pecados. Es, pues, un pequeño tratado ascético-moral, en la cual se examinan la clase, gravedad y remedios del pecado, y se explican las virtudes contrarias. Es notable por la claridad y serenidad con que está escrita, y la seguridad que se da al penitente. Concede mucha importancia al elemento humano: la flaqueza, el apasionamiento, la inconstancia del hombre. Poco después, a este opúsculo el propio san Antonino añadió otros dos, para formar el Confessionale.

- Summa Theologiae Moralis (“Suma de Teología Moral”), es la primera obra de su género, que trata los temas morales de manera extensa y autónoma. Antonino comenzó su redacción hacia 1440 y la concluyó en 1454. En ella, san Antonino busca dar una guía a los problemas de moral práctica; es notable también por la atención que concede a las cuestiones sociales y económicas.

Dividida en cuatro partes, la Summa Theologiae Moralis, conjunto de dogmática, espiritualidad y moral, muestra el primer intento de hacer una Teología moral completa, con los principios dogmáticos y filosóficos y con las aplicaciones al hombre y a la sociedad, con un carácter antropocéntrico inusitado en su época.

La primera parte, donde trata sobre el alma, sus facultades, las pasiones, el pecado y la ley, Antonino hace una amplia exposición de los aspectos jurídicos de la ética cristiana.

La segunda parte examina los pecados capitales, los votos, la infidelidad, los contratos y la restitución. A partir de su amplia exposición, en la que se incluye el opúsculo De ornato mulierum, donde presenta la vanidad femenina y sus ardides, puede contemplarse un colorido cuadro de las costumbres de la sociedad florentina de su tiempo. Son particularmente interesantes sus exposiciones sobre los problemas de ética económica.

La tercera parte trata de los diferentes estados religiosos y eclesiásticos, de la excomunión y las censuras —recoge el opúsculo De excomunicationibus (“De las excomuniones”)—. Dios, Cristo, los santos y el purgatorio, son tratados también en el contexto del premio de los justos.

La cuarta parte trata de las virtudes morales y cardinales, la gracia y los dones del Espíritu Santo.

- Responsiones Antonini (Venecia 1474): consultas jurídico-morales, que en muchas ediciones son añadidas al Confessionale.

- Chronicon, pensado como la parte ilustrativade la Summa Theologiae Morales, fue, al fin, separada de aquélla. Fue compuesto, como la Summa, entre 1440 y 1459. Se trata de una compilación de los sucesos principales desde el origen del mundo hasta 1458. Está concebida al estilo de las crónicas generales de la Edad Media: compilación de extractos o resúmenes de las mejores obras que el autor tenía a su disposición en la riquísima biblioteca de San Marcos. Sus juicios fueron considerados como de gran autoridad en su época.

- Opera a ben vivere, conocida también como De viduitate, fue escrita en 1455. Es la obra ascética principal de san Antonino. Dirigida a Diana Tornabuoni y a su hermana Lucrecia, que se convertirá en la madre de Lorenzo de Médicis, como una guía para evitar el pecado y hacer crecer la virtud. La oración, la Eucaristía y la meditación de la Pasión, son medios que aseguran la observancia de la fe y el poder contribuir al sabio gobierno de la ciudad y la convivencia entre los buenos cristianos.

- Trialogus de duobus discipulis euntibus in Emaus (Florencia 1480): se trata de una explicación dialogada de las profecías mesiánicas.

- 24 cartas espirituales (Florencia 1859).

- Además, en la Biblioteca nacional de Florencia se conservan una serie de Predicaciones de Cuaresma y otros esquemas y esbozos de predicación.
Fr. Carlos Amado Luarca
Historia de la Espiritualidad en la Orden de Predicadores

 

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S. S. GREGORIO P.P. XII - 1406-1415 - Papa Gregorio XII Contra el cisma de Martín V Occidente, Wiclef, Juan Huss y Jerónimo de Praga.

Fin del Cisma Occidental. Condénanse los errores de Wickleff sobre los Sacramentos y la constitución de la Iglesia, y también los errores de Juan Huss sobre la Iglesia invisible de los predestinados.

 

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San Pedro Regalado  1390+ 1456

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!

 

Nació Pedro en Valladolid, en el año 1390. A los trece años entró en el convento de los franciscanos de la ciudad que entonces era Corte.

Las consecuencias del Cisma de Occidente se hicieron notar en la clerecía alta y baja. Fray Pedro Regalado fue recorriendo en once años todos los cargos propios de un convento pobre: limosnero, sacristán, cocinero y encargado de dar limosna a los pobres que llaman a la puerta.

Villacreces va de nuevo a Valladolid, funda en El Abrojo, y ahora es Pedro Regalado el maestro de novicios. Madura en todas las virtudes: tiempo de oración y mucha penitencia, cumplimiento estricto, por amor, de toda la Regla; predica en los pueblos de alrededor con sencillez y persuasión propiciando conversiones numerosas, la gente ya habla de su ejemplar presencia, y hasta de milagros.

En el 1422 los religiosos de La Aguilera y El Abrojo eligen a Regalado prelado o vicario, cuando muere Villacreces. La reforma se va extendiendo con nuevas fundaciones hasta llegar a ser conocidas como «las siete de la fama» donde se respetan doce horas de oración diarias repartidas entre el día y la noche, trabajos en el campo para ayudar a los agricultores y obtener limosnas, prohibición absoluta de almacenar provisiones, celdas pobres para dormir, silencio casi continuo y nada de dinero por misas o celebraciones litúrgicas.

Tres pilares donde basa con toda intensidad su fuerza: amor a la Eucaristía, devoción a la Santísima Virgen y recuerdo de la Pasión.

También se conoce un hecho milagroso de su vida recogido en el proceso de canonización y que ofrece los elementos iconográficos de Pedro Regalado. En la madrugada del 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, está el fraile Pedro rezando maitines en el convento de El Abrojo; siente añoranza por honrar a María en el convento de La Aguilera consagrado por él a la Virgen bajo esa advocación; los ángeles lo transportan por los aires en los ochenta kilómetros que separan las casas y lo devuelven de nuevo a El Abrojo, cumplido su deseo.

El sencillo y santo patrono de Valladolid, el Poverello de Castilla, murió con fama de taumaturgo en 1456.

 

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La figura más representativa y que  ejerció el influjo más vasto es Tomás de Kempis (1380-1471). Su producción literaria es considerable y comprende libros devotos, sermones y tratados sobre la vida religiosa. Pero su fama va ligada hasta hoy a una obra que, después de la Biblia, es el libro más difundido en todo el mundo: De imitatione Christi, aunque se sigue discutiendo sobre su verdadero autor. Al hombre de todos los tiempos la Imitación de Cristo le recuerda la pobreza y la inferioridad de la materia frente al espíritu, y cómo su desprecio es una auténtica gloria: «Grande honor y  gloria es servirte a ti, y por ti despreciar todas las cosas" (IIÍ, 10).

Jan Mombaer (Mauburnus, 1460 1501) presenta en su Rosetum exercitiorum spiritualium et sacrarum meditatiol.Zum una especie de suma de las doctrinas y prácticas de la devotio moderna, y cOn esta obra marca el fin del desarrOllo del movimiento. Entre los autores más destacados hay que citar también a Gerard Zerbolt de Zutphen (t 1398), Gerlach Peters (t 141 1), Hendrik Mande (~ l 1441), Dirk (Teodorico) van Herxen (t 1457) y Wessel Gansfort (t 1489).

 

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San Juan de Kety, presbítero-

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 1390-1473 Polonia


Nació en Kety, diócesis de Cracovia, el año 1390; se ordenó sacerdote y supo hacer compatibles la docencia en la universidad de Cracovia con las tareas pastorales.
A la fe, que exponía con sabiduría en su cátedra, unió la piedad y la caridad con el prójimo, llegando a ser modelo para sus colegas y discípulos. Murió el año 1473.

 

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Concilio Vaticano II - Declaración sobre la Iglesia y las religiones no cristianas, “Nostra Aetate” 1-2 

 

“La mujer era pagana.” (Mc 7,26) -       En nuestra época, en la que le género humano se une cada vez más estrechamente y las relaciones entre los diferentes pueblos aumenta, la Iglesia considera más atentamente cuál ha de ser su relación con las religiones no cristianas. En su misión de fomentar la unidad y la caridad entre los hombres y también entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello que tiene en común y les conduce a la mutua solidaridad.
       Todos los pueblos forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra; tienen también un único fin último, Dios, cuya providencia, testimonio de bondad y designios de salvación se extienden a todos hasta que los elegidos se unan en la Ciudad Santa, que el resplandor de Dios iluminará y en la que los pueblos caminarán a su luz.
       Los hombres esperan de las diferentes religiones una respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que, hoy como ayer, conmueven íntimamente sus corazones... Las religiones, en contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a estas cuestiones con nociones más precisas y un lenguaje más elaborado...proponiendo caminos, es decir, doctrinas y normas de vida y ritos sagrados. 
       La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones es verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepen mucho de los que ella mantiene y propone, no pocas veces reflejan, sin embargo, un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia, y tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo, que es camino, verdad y vida (Jn 14,5) en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa, en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas.

 

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DISCURSO DEL SANTO PADRE
A LOS PARTICIPANTES EN UN SIMPOSIO
SOBRE JAN HUS

Distinguidas autoridades de Gobierno;
señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado;
ilustres estudiosos;
señoras y señores: 

1. Es para mí motivo de gran alegría dirigiros mi saludo cordial con ocasión de vuestro Simposio sobre Jan Hus, que constituye una ulterior e importante etapa para una comprensión más profunda de la vida y la obra del conocido predicador bohemo, uno de los más famosos entre los muchos ilustres maestros que salieron de la universidad de Praga. Hus es una figura memorable por muchas razones. Pero sobre todo su valentía moral ante las adversidades y la muerte lo ha convertido en figura de especial importancia para el pueblo checo, también él duramente probado a lo largo de los siglos. Os doy gracias particularmente a todos vosotros por haber contribuido al trabajo de la Comisión ecuménica "Husovská", constituida hace algunos años por el señor cardenal Miloslav Vlk con el objetivo de identificar de modo más preciso el lugar que Jan Hus ocupa entre quienes aspiraban a la reforma de la Iglesia.

2. Es significativo que hayan participado en este simposio estudiosos procedentes no sólo de la República Checa, sino también de los países vecinos. Y no es menos relevante el hecho de que, a pesar de las tensiones que deterioraron las relaciones entre los cristianos checos en el pasado, se hayan reunido expertos de diferentes confesiones para compartir sus conocimientos. Después de haber recogido la mejor y más actualizada reflexión académica sobre Jan Hus y sobre los acontecimientos en los que se vio envuelto, el próximo paso será publicar los resultados del simposio, a fin de que el mayor número posible de personas pueda conocer mejor no sólo la extraordinaria figura de hombre que fue, sino también el importante y complejo período de la historia cristiana y europea en el que vivió.

Hoy, en vísperas del gran jubileo, siento el deber de expresar mi profunda pena por la cruel muerte infligida a Jan Hus y por la consiguiente herida, fuente de conflictos y divisiones, que se abrió de ese modo en la mente y en el corazón del pueblo bohemo. Ya durante mi primera visita a Praga expresé la esperanza de que se dieran pasos decisivos en el camino de la reconciliación y de la verdadera unidad en Cristo. Las heridas de los siglos pasados deben curarse con una nueva mirada en perspectiva y con el establecimiento de relaciones completamente renovadas. Nuestro Señor Jesucristo, que es "nuestra paz" y ha derribado "el muro que nos separaba" (Ef 2, 14), guíe el camino de la historia de vuestro pueblo hacia la unidad recuperada de todos los cristianos, que todos nosotros anhelamos ardientemente para el milenio que estamos a punto de comenzar.

3. Desde esta perspectiva, es de vital importancia el esfuerzo que los estudiosos puedan realizar para llegar a una comprensión más profunda y completa de la verdad histórica. La fe no tiene nada que temer con respecto al esfuerzo de la investigación histórica, dado que también la investigación tiende, en definitiva, a la verdad, que tiene su fuente en Dios. Por tanto, doy gracias ahora a nuestro Padre celestial por vuestro trabajo, que llega a su término, de la misma manera que os alenté cuando lo empezasteis.

La historiografía se ve entorpecida a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; como consecuencia de ello, la verdad se oscurece y la historia misma termina por convertirse en prisionera de los poderosos. El estudio auténticamente científico es nuestra mejor defensa contra esas presiones y contra las distorsiones que pueden producir. Es verdad que es muy difícil llegar a un análisis de la historia absolutamente objetivo, dado que las convicciones, los valores y las experiencias personales influyen inevitablemente en su estudio y exposición. Sin embargo, esto no significa que no se pueda llegar a una revisión de los eventos históricos que sea realmente imparcial y, como tal, verdadera y liberadora. Vuestro mismo trabajo es la prueba de que esto es posible.

4. Incluso la verdad puede resultar incómoda cuando nos exige que abandonemos nuestros prejuicios y tópicos arraigados. Esto vale tanto para las Iglesias, las comunidades eclesiales y las religiones, como para las naciones y las personas. Sin embargo, la verdad que nos hace libres del error es también la verdad que nos hace libres para amar; y el amor cristiano ha sido el horizonte de cuanto vuestra Comisión ha tratado de realizar. Vuestro trabajo significa que una figura como la de Jan Hus, que fue objeto de gran controversia en el pasado, puede convertirse ahora en tema de diálogo, de confrontación y de profundización común.

En esta hora en que muchos se están esforzando por crear un nuevo tipo de unidad en Europa, las investigaciones históricas como la vuestra pueden ser útiles para impulsar a las personas a rebasar los confines étnicos y nacionales, demasiado estrechos, hacia nuevas formas de apertura auténtica y solidaridad. Estoy seguro de que esto ayudará a los europeos a comprender que el continente sólo podrá avanzar de manera segura hacia una unidad nueva y estable si sabe unirse de modos nuevos y creativos a las raíces cristianas comunes y a la identidad específica que ha derivado de ellas.

5. Por tanto, es evidente que vuestro trabajo es un servicio importante no sólo para la figura histórica de Jan Hus, sino también, más en general, para los cristianos y la sociedad europea en su conjunto. Es así porque, en definitiva, es un servicio a la verdad sobre el hombre, verdad que la familia humana necesita recuperar, antes que cualquier otra cosa, en el alba del tercer milenio de la era cristiana.

Al contemplar la verdad sobre el hombre, no podemos por menos de dirigirnos a la figura de Cristo resucitado. Sólo él encarna perfectamente la verdad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26). Pido ardientemente a Cristo, "el mismo ayer, hoy y siempre" (Hb 13, 8), que envíe su luz a vuestro corazón. Como prenda de gracia y paz en él, invoco sobre vosotros, sobre vuestros seres queridos y sobre toda la nación checa las abundantes bendiciones del Altísimo, al que corresponde la alabanza, la gloria, la sabiduría y la acción de gracias por los siglos de los siglos. Amén (cf. Ap 7, 12). S.S. Juan Pablo II – Magno; Viernes 17 de diciembre 2003

 

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«Cristo ayer y hoy / Principio y fin / alfa y omega / suyo es el tiempo / y la eternidad / a Él la gloria y el poder / por los siglos de los siglos» (Cirio en Vigilia Pascual).

 

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Si la Iglesia mirara para otro lado y no dijera nada en cuestiones como el aborto, la eutanasia, la manipulación genética, la equiparación de las parejas de hecho con las familias o la adopción de niños por homosexuales, se libraría de una parte considerable de los ataques que sufre. Pero hay que preguntarse si, en caso de obrar así, estaría siendo fiel a Jesucristo y aportando algo valioso a la sociedad.
   Muchas veces se nos ha reprochado, algunas con razón, no haber sido más tajantes en la condena de la esclavitud o en el rechazo de la violencia en situaciones como las Cruzadas o la Inquisición. Pues bien, hoy hay nuevas esclavitudes y nuevas torturas, que son, curiosamente, aplaudidas y defendidas por los que condenan las de antaño. La Iglesia, precisamente para no cometer los errores del pasado, tiene el deber de defender la familia y la vida. Si no lo hiciera, estoy seguro de que dentro de unos años sería acusada de no haber hablado proféticamente contra la ideología mayoritaria imperante en este momento. Y hasta es posible que se lo echaran en cara los sucesores ideológicos de los que hoy la acusan de no estar al día. Por eso tiene que actuar como lo está haciendo. Aunque se quede sola en la defensa del más débil. Aunque le cueste la persecución. Esa será su gloria y la historia terminará por reconocerlo.

 

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La persona, fin en sí misma, no de sí misma

 

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"El viento de la soberbia arrastra toda virtud. La humildad es la base de las buenas obras". (S. Agustín).

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«La historia es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la vida de la memoria, la maestra de la vida y nuncio de la antigüedad». Cicerón

 

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Vocación: Dios es quien llama, y el hombre es el convocado. La llamada es siempre a amar, es decir, a servir, y también a hacer rendir los talentos. Está en la naturaleza del hombre este deseo de conocer y responder a la vocación, deseo que tiene implicaciones también sociales: una sociedad en la que los hombres no pueden ejercer aquello a lo que se sienten llamados será muy defectuosa, como detectaba ya Platón en La República.

 

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"Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto" - Albert Einstein.

 

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Un libro histórico -como son los evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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San Pablo afirma en diversas ocasiones que “el fruto del Espíritu es alegría” (Ga 5,

22), como lo son el amor y la paz. Está claro que el Apóstol habla de la alegría verdadera, esa que colma el corazón humano, no de una alegría superficial y transitoria, como es a menudo la alegría mundana.

 

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Benedicto XVI ha tenido la valentía, con esta encíclica SPE SALVI, de abrir la caja de los truenos de la historia del hombre, de la historia del cristianismo, para recuperar el auténtico principio de la esperanza. Balthasar afirmó que "la filosofía del tiempo y de la historia, del hombre y de su fin natural, de la finalidad del cosmos en general, son hoy otros tantos campos llenos de problemas sin resolver, que están aguardando a los trabajadores". No debemos olvidar nunca que Joseph Ratzinger se presentó en el Vaticano, nada más ser elegido Papa, como un humilde trabajador en la viña del Señor. Y eso ya se está notando. 2007.XI.30

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Frente al Creador omnipotente y misericordioso aceptamos, entonces, la invitación de san Agustín a alabarlo, ensalzarlo y celebrarlo a través de sus obras:  "Cuando tú observas estas criaturas y disfrutas con ellas y te elevas al Artífice de todo, y de las cosas creadas, gracias a la inteligencia, contemplas sus atributos invisibles, entonces se eleva su confesión sobre la tierra y en el cielo... Si las criaturas son hermosas, ¡cuánto más hermoso será el Creador!" (Exposiciones sobre los Salmos, IV, Roma 1977, pp. 887-889).

 

 

Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

Anno Domini 2007 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20). - Ad maiorem Dei gloriam.

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«Cristo es, en todas las cosas, el Todo de todas las partes» Malebranche.

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«Dios es el Señor de todas las almas y, para cada uno, Señor de todos los días». Marta ROBIN. Châteauneuf-de-Galaure. 1930.

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¡¡¡ Paz y bien !!! Paix et bien!!! frieden und guten! Pace e bene! Peace and godness!

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Las ilustraciones que adornan un expuesto, no son obligatoriamente alusivas al texto. Estando ya públicas en la red virtual, las miramos con todo respeto y sin menoscabo debido al ‘honor y buena reputación de las personas’. De allí, hayamos acatado el derecho a la intimidad, al honor, a la propia imagen y a la protección de datos. Tomadas de Internet, las estampas, grabados o dibujos que adornan o documentan este sitio web ‘CDV’, no corresponden ‘necesaria e ineludiblemente’ al tema presentado; sino que tienen por finalidad –a través del arte- hacer agradable la presentación. Tributamos homenaje de sumisión y respeto a todas las personas, particularmente cuyas imágenes aparecen publicadas, gracias.-

Si de manera involuntaria se ha incluido algún material protegido por derechos de autor, rogamos que se pongan en contacto con nosotros a la dirección electrónica, indicándonos el lugar exacto- categoría y URL- para subsanar cuanto antes tal error. Gracias. ‘CDV’.-

"En caso de hallar un enlace o sub-enlace en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica, notifíquenos por e-mail, suministrándonos categoría y URL, para eliminarlo. Queremos proveer sólo sitios fieles al Magisterio". Gracias.-

“Conocereisdeverdad.org = CDV” no necesariamente se identifica con todas las opiniones y matices vertidos por autores y colaboradores en los artículos publicados; sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto. ‘CDV’ Gracias.-

CDV” intenta presentar la fe cristiana para la gente más sencilla (catequistas, etc.), en especial para los estratos aparentemente más bajos. ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».-

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde ‘CDV’ es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz. ‘CDV’ Gracias.-

In Obsequio Jesu Christi.

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Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007

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: ‘Inquisición’  historia crítica - Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.

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5º: ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).