Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Leyendas - 23º Qué hay de verdad? tramposos, panfletos diatribas e injurias


La perversión del lenguaje consiste en llevar al ánimo del que nos escucha la convicción íntima de una idea cuando se está afirmando justamente la contraria.

  

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Desde Lutero, nacieron más 30.000 denominaciones protestantes y/o sectas

que se auto-declaran la ‘verdadera iglesia de Cristo basada en la Biblia’.

La secta es un ‘sector-división’; divide el demonio, separando las partes, siembra discordias, disgrega con calumnias, desliza odio y aversión con propósito deleznable. ¿Qué es lo que más desprecian las sectas?: la Iglesia fundada por Jesucristo hace dos mil años ‘Una, Santa, Católica y Apostólica’.

 

Diálogo - Como escribió J. Lacroix, «toda auténtica actividad humana es diálogo: diálogo con el mundo, que es poesía, diálogo con los demás, que es amor; diálogo con Dios, que es plegaria. La tentación peculiar del pensamiento es el monólogo: basta encerrarse en el propio sistema y negar otro para aniquilarse a sí mismo. El pensamiento verdadero, en cambio, es diálogo; es, como Platón dice, el diálogo del alma consigo misma».

 

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El logos es astuto, pero no malvado. La malicia reside en la decisión de hacer prevalecer el supuesto bien personal pese al efectivo mal ajeno. La razón sólo es necesariamente moral cuando se le encomienda la genérica determinación del bien de la especie humana, tarea minoritaria y severa.

 

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La leyenda negra constituye uno de los fenómenos propagandísticos que ha contado con un mayor éxito a lo largo de los siglos. La misma -en sus diversas versiones- consiste en pintar en tonos siniestros el pasado español como una cadena inacabable de muestras de intolerancia y oscurantismo, algunos de cuyos eslabones más destacados serían la expulsión de los judíos y de los musulmanes, la persecución de los disidentes o la opresión de los indígenas americanos. Para no pocos autores -generalmente de origen anglosajón- tales baldones definen supuestamente una manera de ser muy española y apuntan incluso a una vena racista que nos caracteriza de manera lúgubre como pueblo.

Comprensible políticamente en una época en que los piratas ingleses y holandeses asaltaban los galeones españoles que venían de las Indias o en que Gran Bretaña y EE.UU. deseaban acabar con el imperio español de ultramar, hoy en día la leyenda negra resulta inaceptable no sólo porque determinadas rivalidades nacionales deberían ser cosa del pasado sino, fundamentalmente, porque se asienta sobre una acumulación interesada de tergiversaciones históricas. Permítaseme detenerme al respecto en algunos aspectos concretos.

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¿Qué hay de verdad en tantas

leyendas negras de la Iglesia?

 

El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia (Alexander Kuprin).

 

Las historia de las misiones


—Hay bastantes movimientos críticos contra el modo en que se desarrollaron las misiones. Parece que la Iglesia lleva con esto un lastre importante.


Ha habido con esto muchos juicios sumarios y apresurados que no responden a la verdad de la historia. No pretendo disculpar los fallos, grandes o pequeños, que seguro que habrá habido a lo largo de todos estos siglos de trabajo en las misiones de tantísimas personas en tantísimos lugares del mundo. Pero hay cada vez más estudios históricos serios sobre este tema, y las nuevas investigaciones dejan al descubierto que la fe, y la propia Iglesia, realizaron una gran tarea de servicio y de protección de las personas y de la cultura frente al impulso de aplastamiento que muchas veces tuvieron los conquistadores o las potencias coloniales.


En el caso concreto de América Latina, el papa Pablo III y sus sucesores intercedieron con firmeza a favor de los derechos de los indígenas, y dictaron disposiciones jurídicas bien claras. La corona española también promulgó leyes que protegían los derechos de los nativos, y fue en aquel siglo de oro español cuando los teólogos y canonistas católicos dieron origen a la idea de los derechos humanos. Todo aquello constituyó un auténtico valladar contra el exterminio de las poblaciones indígenas, tristemente habitual en otro tipo de colonizaciones.


Esa ingente actividad misionera se transformó en un gran movimiento defensor de la dignidad y los derechos del hombre. Y si los indígenas acogieron enseguida el cristianismo fue en gran parte porque comprendieron su enorme fuerza protectora y su valor liberador (liberador también del culto que muchos de ellos habían tenido hasta entonces). Los obispos, sacerdotes y misioneros se convirtieron en los principales defensores con que podían contar los débiles y los oprimidos. Y de modo semejante a como había sucedido en la Edad Media en la vieja Europa, actuaron también como educadores, como fundadores de universidades, como desbrozadores de terrenos baldíos, como estudiosos de aquellas culturas indígenas, como promotores de formas de vida que no concluyeran con el exterminio de una raza por otra, sino con el mestizaje. Si las etnias y las culturas indígenas no desaparecieron fue debido a esa fecunda labor que hizo prevalecer los principios cristianos sobre la codicia de los conquistadores.


La abolición de la esclavitud


—Pero así como la defensa de los indígenas americanos tuvo desde el principio sus principales valedores en el cristianismo, no puede decirse lo mismo de la esclavitud.


Es un asunto más complejo, y habría que analizar su evolución a lo largo de la historia. En el mundo antiguo se consolidó la idea aristotélica de que algunos hombres habían nacido para ser esclavos. Esto, unido a la piedad con los prisioneros de guerra, para los que ser esclavo era mejor que la muerte, hizo que el fenómeno de la esclavitud estuviera presente en todas las civilizaciones de la antigüedad. Entre las sociedades esclavistas estaban la griega y la romana. El derecho romano, por ejemplo, consideraba al esclavo una cosa –res–, sin ningún derecho, a disposición total de su amo.


Con la llegada del cristianismo se proclama la igualdad absoluta de todos los hombres ante Dios. Sin embargo, tardará siglos en llegarse a la abolición de la esclavitud, pero el punto de partida estaba puesto ya. La Iglesia desde el principio consideró a los esclavos como personas, los admitió a los sacramentos, se preocupó de su instrucción e impulsó a los amos a tratarlos con la mayor consideración. Pese a eso, el fenómeno de la esclavitud vino a ser en todo el mundo una de las más grandes lacras sociales y una ofuscación que pervivió durante siglos y ensombreció verdades que estaban contenidas en el mensaje cristiano.


Pero la lucha contra la esclavitud
surgió poco a poco
en el seno del cristianismo,
y sólo bastante después
recibió el respaldo de otras culturas
y otros modos de pensar.


—¿No fue algo que impulsó más bien la Ilustración?


Coincidió en el tiempo, pero no siempre en las ideas. Si examinamos las páginas de la Enciclopedia –el máximo exponente de la Ilustración–, puede verse que los ilustrados no sólo no eran contrarios a la esclavitud, sino que veían como natural considerar que unas razas eran superiores y otras inferiores, y que las primeras dominaran a las segundas “por su bien, pues –afirmaba la Enciclopedia– los negros se encontrarán mejor bajo el dominio de un amo blanco en América que en libertad en África”.


No resulta difícil imaginar lo que hubiera sido de esos hombres si, frente a la visión de los conquistadores, frente al pensamiento ilustrado y frente a las concepciones islámica y pagana de la esclavitud, no se hubiera alzado una recuperación del concepto cristiano acerca de la dignidad de todo hombre.

 

“A cada uno pediré cuentas de la vida de su hermano” (Gn 9, 5) †

 

—¿Y cuál fue el proceso de la abolición?


El inicio de la trata de esclavos a gran escala comenzó en el siglo XV en diferentes puntos de la costa africana. Durante más de un siglo, Portugal casi monopolizó ese tráfico gracias a la colaboración de los comerciantes árabes del norte de África, que ya enviaban esclavos de África central a los mercados de Arabia, Irán y la India. El descubrimiento de América llevó a otras naciones a sumarse a esa práctica tan denigrante. Ni siquiera la Revolución americana de 1776 cambió la situación, y la Constitución norteamericana admitió también la esclavitud.


La idea de abolir la esclavitud surgió en el seno del cristianismo, a medida que se fue tomando mayor conciencia de que se oponía a los principios del Evangelio. No fue una tarea fácil, ya que chocaba con intereses económicos obvios, pero finalmente, y gracias sobre todo al empeño de William Wilberforce, Inglaterra prohibió en 1807 el comercio de esclavos, y en 1833 declaró la abolición de la esclavitud en la totalidad de los territorios británicos. El único país que se adelantó fue Dinamarca, en 1792, y lo hizo también apelando directamente a valores cristianos. A lo largo del siglo XIX la esclavitud fue abolida sucesivamente en el resto de los países de tradición cristiana.


Hoy día, a pesar de las normas antiesclavistas de la legislación internacional, la esclavitud sigue siendo una triste realidad fuera de Occidente y afecta a no menos de cien millones de personas. En algunos países islámicos y budistas cuenta incluso con una cobertura legal. De no haber sido por la influencia del cristianismo, tal vez tendríamos ese mismo panorama en las sociedades occidentales.

Preocupación por los que sufren


Por otra parte, hay que decir que la influencia de la fe cristiana en la lucha por aliviar el sufrimiento humano ha sido decisiva a lo largo de la historia. Ya en el imperio romano, el cristianismo se preocupó por los débiles, los marginados, los abandonados, es decir, por aquellos por los que el imperio no sentía apenas preocupación. También dio una acogida extraordinaria a la mujer, y contribuyó a suavizar las barreras étnicas entonces tan marcadas. El cristianismo predicaba a un Dios ante el cual no cabía mantener la discriminación que oprimía a las mujeres, el culto a la violencia que se manifestaba en los combates de gladiadores, la práctica del aborto o el infanticidio, la justificación de la infidelidad masculina, el abandono de los desamparados, etc., y su influencia fue enorme.


En los siglos siguientes, el cristianismo fue también decisivo para preservar la cultura y extender la educación. Impulsó la defensa y la asistencia de los débiles y se preocupó por quienes nadie parecía tener interés. Baste citar, por poner un ejemplo, la aportación de San Juan de Dios, que fundó una orden dedicada a la atención de los enfermos mentales (verdaderos olvidados de la sociedad durante siglos); o el esfuerzo de innumerables instituciones católicas dedicadas durante siglos a atender leproserías, dispensarios, personas pobres o abandonadas, niños huérfanos, etc.


“Ahora –ha escrito Tomás Alfaro–, o en cualquier otro momento de la historia de los últimos veinte siglos, si buscamos un grupo de personas miserables, abandonadas por todos, marginadas por la sociedad, con los que nadie querría pasar una hora, es casi seguro que a su lado encontremos a alguien que se considera hijo de la Iglesia, y que hace lo que hace precisamente por ser seguidor de Cristo”.

Miguel Servet


—¿Y esa otra vieja historia sobre Miguel Servet, que por su descubrimiento de la circulación de la sangre fue quemado en la hoguera?

Esa vieja leyenda puede rebatirse, sin necesidad de grandes despliegues de erudición. Para empezar, Miguel Servet no descubrió la circulación de la sangre, sino sólo lo que se conoce como la “circulación menor”, es decir el paso de la sangre de un lado a otro del corazón, a través de los pulmones, donde se purifica la sangre en contacto con el aire que se respira.


Curiosamente, además, esa aportación mundial y motivo del lugar preeminente de este médico aragonés en la historia de los grandes descubrimientos, la escribió intercalada entre los párrafos de un libro de Teología dedicado a la Santísima Trinidad. Las cosas en aquellos tiempos eran así –explica Pascual Falces de Binéfar–, pues todavía dominaba la idea de que “el médico que sólo sabe medicina, ni medicina sabe”. Ese libro de Miguel Server titulado “Christianismi restitutio”, cayó en manos de Juan Calvino, justo con su Reforma recién implantada en la ciudad de Ginebra. Calvino discrepó de tales teorías, hasta el punto de declarar públicamente que si Miguel Servet aparecía por esa ciudad, sería quemado, tal y como se arreglaban entonces muchas de las diferencias personales o políticas. Miguel Servet hizo caso omiso de esa advertencia, se plantó desafiante en la aburrida ciudad y le ocurrió lo previsible: terminó en la hoguera y sus cenizas esparcidas por el viento sobre el lago Lemán. Por eso fue ajusticiado, y no por descubrir la circulación de la sangre. Fue algo evidentemente injusto, pero ni lo hizo la Iglesia católica ni fue por descubrir la circulación de la sangre.


¿No hacer nada para no equivocarse?


—Hay gente que piensa que la Iglesia debería recortar su actuación, para evitar el peligro de cometer todos esos errores reales o supuestos que ha habido a lo largo de la historia.


Es bastante fácil atacar a la Iglesia, y burlarse de las páginas más difíciles de su historia. No intento en estas líneas justificar los errores que realmente han cometido muchos cristianos a lo largo de los siglos. Pero a veces pienso que si a esas personas les parece que la Iglesia tiene las manos sucias, habría que decirles que quizá ellos no tienen las manos sucias porque no tienen manos o porque no las utilizan.


La Iglesia procura realizar su tarea, y vive inmersa en una sociedad cambiante que se desarrolla a su vez en una época determinada, y trata de insertar en ella la levadura sobrenatural del Evangelio. La grandeza de la Iglesia está en afrontar las variaciones del hombre en el transcurso de los siglos y tratar de introducir en su vida lo sobrenatural. Si para evitar el riesgo de contaminar su pureza, la Iglesia renunciara a intentar hacerse presente en la sociedad de cada momento, se volatilizaría en un curioso empeño abstracto.


Hay mucho purista que se escandaliza de las actuaciones de la Iglesia o de los católicos, pero que no aporta ninguna solución a todos esos problemas que a cualquier persona deben interpelar seriamente. Buscan una seguridad en las actuaciones, un no asumir riesgos que no lleva a otra paz que la del cementerio.


La Iglesia afronta con serenidad todos esos sarcasmos, porque desea cumplir su misión entre los hombres. Sabe que roza sin cesar el peligro de empañar la pureza de su mensaje, al menos según las apariencias, al tratar de encarnarlo en una historia que se vuelve incesantemente contra ella, contra quien quiere salvarla. La Iglesia prefiere este riesgo al estéril replegamiento sobre sí misma. Lo prefiere, y afronta ese riesgo desde hace veinte siglos porque en su amor al hombre, acude a los puntos de más necesidad, más amenazados.


Siempre habrá personas que se obstinen en no ver en el cristianismo otra cosa que las deformaciones de las que ha sido objeto a lo largo de la historia. Siempre habrá quien relacione la fe cristiana con el oscurantismo, con la "sombría Edad Media", con la intolerancia, con la presión sobre las conciencias, con el subdesarrollo intelectual, con el retraso y la falta de libertad. Es una imagen que se ha creado unas veces con mala intención, y otras simplemente por desconocimiento, y que quizá procede de esa vieja impresión ilustrada por la que tantos pensaban que la racionalista falta de fe había obtenido un imponente "triunfo mental" sobre la fe.


La historia de la Iglesia es una confusión de triunfos y aparentes fracasos del cristianismo. Es una serie siempre repetida de intentos de construir el reino de Dios en la tierra. Esto no es sorprendente, ni es algo que Jesucristo no previera. La parábola de la cizaña sembrada entre el trigo muestra con claridad que Él lo sabía y que esto está de acuerdo con el plan de Dios.


La vida de la Iglesia en la historia así como la vida del cristiano individual –afirma Thomas Merton– es un acto constantemente repetido que empieza siempre de nuevo, una historia de buenas intenciones que acaba en éxitos y en equivocaciones; de errores que han de ser corregidos, de defectos que tienen que ser utilizados, de lecciones que se aprenden mal y deben aprenderse una y otra vez. Ha habido vacilaciones y falsos comienzos en la historia cristiana. Ha habido incluso errores graves, pero estos son imputables a las sociedades seculares cristianas más que a la Iglesia. Ahora bien, la Iglesia no ha perdido nunca su camino. Pero lo que la mantiene en el camino recto no es el poder, no es la sabiduría humana, la habilidad política ni la previsión diplomática. Hay épocas en la historia de la Iglesia en que estas cosas llegaron a ser, para los líderes cristianos, obstáculos y fuente de errores. Lo que mantiene a la Iglesia y al cristiano en el buen camino es el amor. Y esto es necesario, porque el amor es la más alta expresión de la personalidad y la libertad. Construir el reino de Dios es construir una sociedad que esté enteramente basada en la libertad y el amor. Es construir una sociedad que se fundamente en el respeto por la persona individual, puesto que sólo las personas son capaces de amor.

 

http://www.interrogantes.net/includes/documento.php?IdDoc=1188&IdSec=149 

 

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Se puede tejer una insidiosa red de mentiras para convencer a los demás de que ciertos grupos no merecen respeto. Y, sin embargo, por más que se esfuerce, nunca se puede quitar el nombre de otro ser humano. Sus nombres, en particular y sobre todo, están grabados para siempre en la memoria de Dios Omnipotente.

 

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«Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. [...] Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre». Evangelio según S. Marcos7, 1-8. 14-15. 21-23

 

 

relativismos, feminismos-machistas,

islamo-fascismos... injurias, fraudes...

 

IDEOLOGÍAS - PARTÍCULAS ELEMENTALES.

 

Aunque me resulta muy difícil creer en Dios, no dejo de constatar que la expansión de la increencia y la conversión del ateísmo en ideología han ido de la mano con la expansión del crimen y el genocidio. Ningún ateo que se pretenda serio puede dejar de analizar el fenómeno.

En rigor, el ateísmo ideológico conduce a borrar la noción misma de crimen. Como animal moral, si así queremos llamarlo, el hombre carga con el misterioso peso de la culpa, y la moral viene a ser su digestión. La religión sostiene que el mal, y por tanto la culpa, reside en nosotros mismos, y que puede transformarse en bien; pero que proyectar la culpa sobre los otros constituye una mala "digestión" de ella, falsamente liberadora.

Las ideologías, por el contrario, cultivan y sistematizan la proyección de la culpa, una tendencia muy fuerte en todos nosotros. Ellas han descubierto que el mal no es un fantasma inaprehensible, sino que encarna en cuerpos sociales reconocibles, tales como la burguesía, los judíos, la Iglesia, las razas inferiores, el varón, el estado y sus servidores, la gente mayor de tal o cual edad, los imperialistas... Cada ideología tiene su preferencia. Eliminando a los culpables, el hombre recobraría la feliz inocencia animal del paraíso, aspiración de todos los utopismos. Por lo tanto, exterminar a los portadores del mal, si osan resistir o incluso si no resisten, deja de ser un crimen para convertirse en un acto necesario, incluso en una virtud, si la noción de virtud no se vaciase también al desaparecer la de crimen.

Se entiende fácilmente la fascinación ejercida por las ideologías y por qué renacen una y otra vez, con nuevas formas. En Las partículas elementales Houellebecq ha propuesto, y me parece que no como ironía, la penúltima salida utópica y en cierto modo más audaz, desarrollando de forma positiva la utopía huxleyana de Un mundo feliz. El mal residiría, efectivamente, en el propio ser humano, especialmente en su parte masculina, y consistiría, en fin, en la reproducción sexual, la individuación y la muerte. Pero hoy, el mal dejaría de ser un problema moral sin salida para transformarse en problema genético. La ciencia nos permitiría atisbar una superación de la miseria humana mediante la extensión de la sexualidad como fuente de placer y de "bien", completamente al margen de la reproducción. Ésta se efectuaría por otros medios, la clonación o algo así, asegurando una virtual inmortalidad y una pérdida acusada de la dañina individualidad. Los hombres –más bien las mujeres– serían como dioses, según la promesa de Satán, y volverían al paraíso, aunque ya no serían propiamente humanos. La humanidad actual aceptaría su propia extinción con alivio, cosa bastante lógica, vistas así las cosas.

¿Una tontería? Probablemente. Todos los utopismos tienen un fondo de estupidez. Pero prueben a desmontarla y verán que no es tan fácil.

1 de Septiembre de 2006 - 11:09:39 - Pío Moa

 

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Ya lo dijo G. K. Chesterton: «El que deja de creer en Dios acaba creyendo en cualquier cosa». Extrapolando, algo similar ocurre en nuestra sociedad: ha dejado de creer en Dios para seguir a pies juntillas las tonterías que se le pasen por la cabeza a magos, quiromantes, brujas, adivinos y personajes de similar pelaje.
   Menos mal que Dios no se cansa de nosotros. Aunque dejes de creer en Él, Él nunca dejará de creer en ti.

 

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Pío XII y los judíos: frente a los panfletos,

los datos de la Historia.

Y Hitler dijo: «Parad a los católicos»

 

Reproducimos, por su interés y actualidad, este lúcido artículo publicado en el diario italiano Avvenire

 

Llega de Alemania la respuesta a los recientes panfletos contra la Iglesia católica –y sobre todo contra Pío XII– publicados, por ejemplo, por John Cornwell y Daniel Goldhagen. De hecho, recientemente, ha sido publicado un libro –Die Schuld (La culpa)– con un subtítulo elocuente: Cristianos y hebreos en el juicio de los nazis y en los tiempos presentes, en el que el autor, el historiador y ensayista Konrad Löw, antes docente en la Universidad de Bayreuth, aporta una gran cantidad de documentación sobre el odio nazi contra la Iglesia católica, y sobre la protección de los hebreos por parte de los católicos.
En la cubierta del libro, editado por la casa Resch, aparece escrito: «Una respuesta a Amén y al Vicario», las dos obras cinematográficas y teatrales en las que se acusa al Papa Pacelli de haber estado atemorizado y sometido por el nazismo. Se trata de un volumen muy documentado, de 356 páginas con 1.063 notas y una bibliografía de 331 libros. Pensado sobre todo como una respuesta al libro de Daniel J. Goldhagen Los gustosos verdugos de Hitler, en el que los alemanes son acusados de haber sido cómplices del nazismo, Löw profundiza con gran lujo de detalles y competencia muchos puntos, hasta ahora poco conocidos, de la política nazi, y en particular de la persecución sistemática y continua a los católicos.
El autor bávaro explica, con amplia documentación, que en Alemania, aún en tiempos del imperio, no hubo persecución de los hebreos, es más, la discriminación disminuyó y el proceso de asimilación y de integración avanzó. De tal modo que el antijudaísmo de origen religioso no encontró crédito entre los sacerdotes de la Iglesia católica, y el Zentrum, el partido católico, encontró apoyo, partidarios y votos precisamente entre los hebreos. Un fenómeno que se explica con el hecho de que la Iglesia católica condenó el naciente racismo y el nacionalsocialismo con toda la debida claridad, mientras los evangélicos quedaron en gran parte fascinados por las teorías racistas.
El nombramiento de Hitler como Canciller fue aplaudido, de hecho, por los evangélicos, mientras los obispos católicos condenaron las teorías nazis. Por este motivo los nazis persiguieron en primera instancia a comunistas y hebreos, pero también a los católicos. Según los nazis, teniendo el cristianismo las raíces en el Antiguo Testamento, quien está contra los hebreos debe estar a la fuerza en contra de la Iglesia católica. De la documentación recogida por Löw aparece, además, la amplia obra de ayuda a los hebreos realizada por los católicos, y esto suscitó posteriormente la ira de los nazis.
El autor bávaro cuenta cómo los nazis invocaban «la indispensable arma del espíritu de la sangre y de la tierra contra la peste hebrea y el cristianismo». En la parte central del libro Löw recoge, de manera detallada, todo lo que Hitler, Rosenberg, Goebbels, Himmler y Bormann dijeron y escribieron sobre hebreos y católicos. Hitler en particular pensaba aplastar a la Iglesia católica «como se hace con un sapo».
En el libro se recogen los artículos y las viñetas publicadas por los periódicos Das Schwarze Korps (órgano oficial de las SS) y Der Stürmer (periódico racista). Löw muestra cómo los nazis señalaban a hebreos y católicos siempre juntos contra el régimen.
En una viñeta publicada en 1938, un hebreo, un sacerdote católico y un empresario capitalista intentan parar la esvástica nazi, que gira como las manecillas del reloj de la Historia. En otra viñeta, publicada en Der Stürmer en 1934, un hebreo frente a la imagen de Cristo en la cruz dice: «… lo hemos hecho matar, lo hemos escarnecido, pero somos todavía hoy defendidos por su Iglesia…» En otra viñeta publicada por el mismo periódico en 1939, un sacerdote católico es dibujado mientras aprieta dos grandes manos, una con la cruz hebrea y la otra con la hoz y el martillo.
Para tener una idea de lo que los nazis pensaban de los católicos, Löw reproduce un informe de las SS que dice: «Es indiscutible que la Iglesia católica en Alemania se opone de forma decidida a la política gubernamental de oposición al poder hebreo. Como consecuencia desarrolla un trabajo de apoyo a los judíos, les ayuda a huir, emplea cualquier medio para ayudarles en la vida cotidiana, y facilita su estancia ilegítima en el imperio del Reich. Las personas encargadas de esta tarea gozan del pleno apoyo del episcopado y no vacilan en quitarle a los alemanes, e incluso a los niños alemanes, el escaso alimento para dárselo a los hebreos».
Löw concluye el libro contando un diálogo con su hermana, del que surge una historia, confirmada por diversos testimonios, según la cual un amigo de familia, al que su padre llevaba siempre a casa, era en realidad un hebreo que fue escondido y protegido por sus padres. Esto confirma lo amplia y difundida que estaba la alianza entre católicos y hebreos que intentaron protegerse de la furia del nazismo.
Agradecemos a:
Antonio Gaspari - ‘ALFA Y OMEGA’ ESP. 2003.01.25.-

 

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Tramposos

 

Las 48 leyes del tramposo

Por Carlos DÍAZ. 11.06.2003.

 

Con frecuencia los valores son un dulce muy apetitoso para los tramposos, que no devuelven los préstamos, manipulan, engañan, y muerden la mano que les alimenta.

Poblada por gentes tales, la Tierra sería el infierno de Sartre («el infierno son los otros»). Y, aunque el tramposo no lo crea, siempre llega al saloon del far west algún forastero más tramposo que él, y el final resulta fatal: por «crisis cíclicas», cayendo de menor a mayor, pugnan los supertramposos hasta la derrota final.

Robert Greene ha elaborado las 48 leyes del poder, que son las 48 leyes del tramposo: 1. No eclipsar a nuestros superiores. 2. No confiar demasiado en los amigos y saber utilizar a los enemigos. 3. Ocultar las intenciones. 4. Decir menos de lo necesario. 5. Defender la reputación a toda costa. 6. Llamar la atención siempre. 7. Conseguir que otros hagan el trabajo y llevarse uno el mérito. 8. Hacer que los demás vengan a uno, poniendo un cebo si es necesario. 9. Ganar a través de la acción, nunca del diálogo. 10. Evitar el contacto con los infelices y desafortunados. 11. Aprender a hacer que la gente dependa de nosotros. 12. Utilizar la honestidad y la generosidad de forma selectiva para desarmar a nuestras víctimas. 13. Al pedir ayuda, apelar al provecho que el otro puede obtener prestándola, no a la misericordia o agradecimiento. 14. Actuar como un amigo, trabajar como un espía. 15. Machacar contundentemente al enemigo. 16. Permanecer distante para aumentar el respeto y el honor. 17. Mantener a los demás en estado de terror y suspense, alimentar la imagen de impredecible. 18. Encontrar aliados, no aislarse. 19. Saber con quien se está tratando. 20. No comprometerse con nadie. Hacerse el ingenuo, parecer más tonto que la víctima. 21. Utilizar la táctica de la rendición: convertir la debilidad en poder. 22. Halagar y denigrar alternativamente. 23. Concentrar la fuerza. 24. Saberse el manual del perfecto cortesano. 25. Crearse imagen. 26. Mantener las manos limpias, aunque sólo sean las manos. 27. Aprovechar la necesidad de creer ajena para conseguir adeptos. 28. Entrar en acción con audacia. 29. Planear todo el camino hasta el final. 30. Hacer que los logros propios parezcan realizados sin esfuerzo. 31. Controlar las opciones, conseguir que los demás jueguen con nuestras cartas. 32. Jugar con las fantasías de la gente. 33. Descubrir el talón de Aquiles de cada persona. 34. Ser regio en el comportamiento: actuar como un rey para ser tratado como tal. 35. Dominar el arte de calcular el tiempo. 36. Desdeñar las cosas que no se puedan tener: ignorarlas es la mejor victoria. 37. Crear espectáculos atractivos. 38. Pensar como se quiera, pero comportarse como los demás. 39. Remover las aguas para pescar peces. 40. Desdeñar la comida gratuita. 41. Evita seguir los pasos de un gran hombre. 42. Golpear al pastor para que se dispersen las ovejas. 43. Manipular los corazones y las mentes de los demás. 44. Desarmar y enfurecer a los demás reflejando sus actitudes. 45. Predicar la necesidad de cambio, pero nunca reformar demasiado de una sola vez. 46. Nunca parecer demasiado perfecto. 47. No sobrepasar la meta que uno se ha marcado. 48. Adoptar una apariencia acomodaticia.
Desengáñese: no merece la pena. Ni siquiera a usted.

Agradecemos al autor - www.periodismocatolico.com 

 

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Historia - "El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ‘crítica de la cultura puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr. 2000.

 

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Iglesia - El crecimiento constante de la Iglesia naciente durante los primeros tres siglos hasta el Edicto de Milán a comienzos del cuarto siglo, se produjo por medio del testimonio y la influencia personal de miles de cristianos y sus familias. Al correr de más siglos, los ideales cristianos puestos en práctica por las personas y las familias, fue gradualmente transformando Occidente en una forma de cultura cristiana que conocemos como la Edad Media. En nuestros tiempos, luego de la disolución gradual de dicha cultura, en parte a través de eventos históricos tales como la Reforma, la era de la Ilustración y los conflictos titánicos de ideas e ideologías de los últimos dos siglos (Darwinismo, Marxismo, Freudianismo y otros), nos toca a nosotros hacer lo mismo. El éxito parcial de estas diversas herejías e ideologías en la escena mundial se ha debido en parte al hecho que un porcentaje grande de laicos católicos durante los últimos siglos, han estado ausentes del combate en el sentido apostólico, contentos en su ignorancia y dejando que el clero y los religiosos hicieran el trabajo pesado. Padre John McCloskey – 2005.

 

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“¿Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe?

Guerras de religión, tribunales de la Inquisición y otras formas de violación de los derechos de las personas…

Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia, valorándolos a la luz de los principio del Evangelio” S. S. Juan Pablo II a los Cardenales, 1994. VAT.

 

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La Iglesia ha pedido perdón y continúa haciéndolo como también perdonando; no siempre actúan así los que acusan a la Iglesia por las faltas humanas de sus miembros que deshonran y ofenden, no sólo a la Iglesia sino a la dignidad humana.

 

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Cristo es –piedra angular- origen y principio de donde dimana la luz y santidad que le sirve de base, alimento y razón, a su Iglesia Católica. La Iglesia, madre y maestra, respetuosa con la verdad que Cristo le depositara hace 2.000 años, expone con detalles y datos históricos su trayectoria evangélica. Ininterrumpidamente predica a Jesucristo y las virtudes cristianas. Estas sectas (adventistas, álamos, bautistas, jehovistas, etc.)  inexistiendo durante no menos de 1.600 años, y, sin dicha trayectoria histórica, no pasan de tener algunos aviesos parlanchines. Estos, podrán ser menos honrados y veraces, pero han resultado siempre más hábiles en la manipulación y la maniobra inescrupulosa. Ricos en lisonjear, motes y requiebros, como de dividirse inventando por arte de magia, sectas y más sectas día a día.  Porque tanto da para todos: sola gracia, sola fe, sola escritura, solo Cristo, solo gloria a Dios… solo secta; ¡mala combinación la protesta con el resentimiento! ¡extraña y agria hermandad vomita quien es más etéreo que hombre cabal! Lobos rapaces que hacen -cada día- nacer nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo». Además, Benedicto XVI dijo estar «contento» por la presentación ayer del «Compendio» del Catecismo de la Iglesia Católica, «una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayude a conocer mejor e incluso a vivir mejor la fe que nos une». «No se puede leer este libro como se lee una novela», advirtió el Pontífice, subrayando que «requiere meditarlo con calma en sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma». «Espero que sea acogido de este modo y pueda convertirse en una buena guía para la transmisión de la fe», aseveró. El volumen, presentado ayer, de doscientas páginas, recoge en 598 preguntas y respuestas la síntesis de ese «Catecismo» que fue promulgado en 1992 por el Papa Juan Pablo II. El «Compendio» no ofrece añadidos ni cambios al contenido de aquel volumen de unas 700 páginas. 2005-06-29.

 

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Más de 130 millones de mujeres islámicas en

el mundo sufren el drama de la mutilación genital

 

Países como Egipto, Etiopía, Kenia, Nigeria, Somalia y Sudán concentran el 75 por ciento de las ablaciones de este tipo que se realizan en el mundo, todos casi al 100% musulmanes.

 

2006 - MADRID. Cinco niñas cada minuto, seis mil al día y casi tres millones al año. Son los estremecedores datos del número de menores que sufren la mutilación de sus genitales, la mayoría de ellas en África. Cifras de una dramática estadística que Unicef puso ayer encima de la mesa, en la celebración del bautizado como Día Mundial de la Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital, y que revelan que un total de entre 100 y 130 millones de mujeres han sido sometidas en su infancia a algún tipo de ablación, total o parcial.

A pesar de que esta práctica está penada por la comunidad internacional, Unicef calcula que la mutilación femenina es habitual en 28 países africanos; y asegura que, en concreto, Egipto, Etiopía, Kenia, Nigeria, Somalia y Sudán concentran el 75 por ciento de los casos. De hecho, estiman que en lugares como
Djibuti y Somalia, el 98 por ciento de las niñas padecen esta práctica [en su totalidad mahometanas]. El alto organismo de Naciones Unidas alerta también de problemas de esta índole en varias zonas de Asia oriental y meridional y pide a los países occidentales que extremen la vigilancia ante posibles amputaciones de este tipo entre emigrantes procedentes de algunas de estas zonas del planeta.

Práctica sin garantías sanitarias

El trabajo para erradicar esta peligrosa costumbre, muy arraigada culturalmente a la defensa del honor familiar, se basa en el peligro que corren las personas. La mutilación genital se realiza en niñas y adolescentes de entre 4 y 14 años y su daño es irreparable. Su práctica, privada y casi siempre sin garantías sanitarias, deriva en consecuencias que van desde la formación de quistes o abcesos hasta un aumento considerable en las posibilidades de contraer enfermedades como el sida, la hepatitis y otras infecciones. Debido al secretismo con que se realizan, Unicef se ve incapaz de establecer una cifra anual de defunciones por estos casos, aunque estiman que es alta.

La ONU cree, sin embargo, que «es posible poner fin a esta práctica en una sola generación» si se cuenta con el apoyo firme de todo el mundo. De hecho, existen programas de sensibilización en varios países de África, en los que se trabaja a todos los niveles para explicar las graves consecuencias de la mutilación femenina.

De hecho, el Comité Español de Unicef trabaja en sendos proyectos en Níger y Etiopía desde el pasado 2003. Parte de su labor se pudo conocer ayer durante la celebración de unas jornadas con motivo de este día mundial. Entre otros, se escuchó a un representante guineano del Comité Interafricano. Morissanda Kouyaté pidió «implicar a todos los sectores de la sociedad africana, incluidos los propios ejecutores de estas mutilaciones», debido a la enorme dificultad de erradicar las ablaciones. «En muchos casos es una lucha contra nuestra propia cultura», señaló. 2006-02-07 ABC. ESP. J. SÁINZ

 

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Una escasa aportación islámica - El islam español aguantó tanto tiempo en la península, en opinión de Vidal, por las sucesivas invasiones de oleadas integristas procedentes del Norte de África como almoravides, almohades y benimerines y, cuando surgieron los reinos de taifas, los dirigentes fueron no sólo árabes, sino andalusíes, bereberes y eslabones.

La aportación de los árabes a la cultura española fue escasa, según el autor, pues los baños, las casas y los regadíos son de origen romano y también los elementos arquitectónicos como el arco de herradura.

Dr. César VIDAL. DR. EN HISTORIA ANTIGUA, FILOSOFÍA, TEOLOGÍA. 2004-04-09

 

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«La enseñanza del islam no garantiza

el respeto a los derechos humanos» 2006

 

Serafín Fanjul,  Arabista

 

Con «Al-Andalus contra España» contribuyó a desmitificar la idealización de la feliz convivencia de religiones en la España islámica. Sus conocimientos del islam y su libertad le convierte en una de las voces más juiciosas para comprender esta religión.

por José R. Navarro Pareja


Madrid-Dice Serafín Fanjul que, desde que decidió desmitificar el mundo islámico, se encontró con «una muralla de gente atemorizada» y la recomendación de muchos colegas de que no siguiera por esa línea. Es catedrático de Literatura Árabe de la Universidad Autónoma de Madrid y ha publicado recientemente su ensayo «La quimera de al-Andalus».
   –¿Qué le parece la iniciativa de impartir clases de religión islámica en los colegios españoles?
   –No veo ninguna garantía de que los profesores que vayan a impartir esa asignatura estén imbuidos del espíritu constitucional y del respeto a los derechos humanos. Digo que no hay garantía, no digo que no lo sean. Van a designar a quienes les parezca y en los términos que les parezca. No sé cómo se va a garantizar que esas personas tenga unos mínimos de convivencia, respecto a la mujer o a nuestra historia, nuestras costumbres, nuestra organización social.
   –¿Enseñar el Corán en las escuelas puede suponer que algunos de sus planteamientos choquen con nuestra Constitución, como en el caso de la situación de la mujer en la cultura islámica?


   
–En efecto. Es indiscutible que, en el islam, la mujer tiene una posición de inferioridad muy notoria. El Gobierno actual intenta proponer una ley de discriminación positiva y, por otro lado, favorece las enseñanzas del islam. Pues en el Corán, explícitamente, se dice: «Cuando tu mujer no te obedezca, o se manifieste levantisca, apartate de ella en el lecho y golpéala». No sé cómo se justifica esto.
   –Algunos dicen que ya no se puede interpretar el Corán al pie de la letra.
   –Están argumentando desde la imagen que ellos tienen de la Biblia, como, más o menos, papel mojado. Pero para un musulmán sincero, el Corán es literal, y usted no le va a discutir la veracidad y la justicia de lo que en él está contenido. El Corán es la palabra de Dios eterna e increada.
   –Otro problema que se plantea es la dificultad de separar la religión y Estado.
   –Los islamistas pretenden volver a una edad de oro del islam primigenio, u
na época que de hecho no existió nunca, aquella sociedad perfecta regida por el profeta en Medina. Pero este modelo implica aplastar a las minorías no musulmanas. Y eso es lo que se está tratando de vender como un modelo multicultural perfecto. A mí la confrontación religiosa me parece la más dura. Sobre todo cuando la religión, como es el caso de islam, es el todo, y no hay separación entre Iglesia y Estado, no hay separación de vida cotidiana y de vida religiosa. Según el Corán la Uma es un grupo humano, aparte de la gente, aparte del resto del género humano. Es la idea de grupo elegido no por nacimiento pero sí por adhesión. Lo que pretenden los islamistas es establecer un régimen islámico a escala mundial.
   –¿Por qué cree que se no se afronta esta realidad?
   –Porque asumirla obliga tomar posturas y actuar. Los europeos poco, y los españoles menos, estamos dispuestos a definirnos y actuar en consecuencia.
   –Hemos visto como la semana pasada Zapatero y Aznar presentaban dos modelos bien distintos de relación con el mundo islámico. ¿Cómo cree que debería ser la política institucional en este aspecto?
   –La política española debe ser de respeto, de intentar mantener buenas relaciones, pero no a cualquier precio. Y ser muy conscientes que la recuperación de Al-Andalus que hace 20 años la podríamos contemplar como algo utópico, hoy en día ya lo están viendo como una realidad posible. Aznar exageró al decir que nuestro problema con Al-qaeda comenzó en el 711. Pero, efectivamente, nuestro conflicto es el de un país fronterizo entre dos concepciones de la vida muy diferentes, a veces diametralmente opuestas. Eso provoca choques y fricciones, y lo que hay que tratar es que sean lo más pacíficas posibles pero no a cualquier a precio, no a base de ceder en todo.
   –¿Ve viable la propuesta que Zapatero presentó en la ONU?
   –La alianza de civilizaciones de Zapatero, aparte de una frase bastante cursi, no tiene ni pies ni cabeza.


¿Qué vamos a aliar? ¿El aceptar que se pueda decapitar a los apóstatas o lapidar adúlteras? ¿O es que realmente piensa que, a base de poner la otra mejilla, va a convencerles para que sean de otra forma? España debe tener una política firme, saber que es un país occidental, de cultura latina, de base social histórica y cristiana sin la más mínima discusión. Y debemos reafirmarnos en esas cosas.
   –En sus libros presenta argumentos que demuestran que al-Andalus no fue precisamente un modelo de convivencia de las culturas. ¿De dónde viene ese mito?
   –Ha sido una reacción bastante acomplejada y bastante estúpida, no tanto de historiadores como de divulgadores y como de fabricantes de libros de textos y de las intervenciones de los políticos autonómicos, que para reaccionar con la historiografía nacional católica, reaccionan inventándose una realidad de convivencia, de armonía de maravillas que no fue así. Le pondré un ejemplo: el judío de Córdoba que pone el ministro Moratinos como modelo de convivencia de las tres culturas.
A Maimónides le obligaron a hacerse musulmán. Tuvo que salir exiliado de al-Andalus y, en El Cairo, le procesaron por que había vuelto al judaísmo. Salvó la vida gracias a que le juzgó el cadi al-Fadil, un amigo suyo. No volvió nunca a España.
   –Hemos oído hablar del voto de los inmigrantes. ¿Qué ocurriría en este caso con los de origen musulmán?
   –Me pongo a temblar pensando, sobre todo, en los lugares donde los inmigrantes musulmanes son una minoría significativa. La izquierda está cometiendo un error gordísimo al creerse que estos son el proletariado que ya no tienen. Los inmigrantes musulmanes lo que van a hacer es promover su propio partido religioso como ocurre en Ceuta y Melilla. Esto me parece demencial. ¿Qué dirían si la Iglesia católica promoviera una opción política determinada y hubiera un partido católico al que votar? La Edad Media, la vuelta a la locura. Pues eso exactamente es lo que están haciendo los musulmanes.
   –¿Sería posible la reciprocidad de los países musulmanes en relación a los derechos reconocidos aquí a sus ciudadanos?
   –Se tropieza con un problema de base, y es que en los estados musulmanes de donde provienen los inmigrantes, les importa un comino lo que ocurra con estas personas. Su bienestar, sus beneficios... Lo único que les importa…

 

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San Pedro, obispo de Roma al salir de la cárcel

 

Roma – ¡HAVE ROMA MATER – HAVE DOMINA MUNDI! eran loas del pueblo llano.

"Roma tiene un influjo importante en la concepción y desarrollo del Pontificado, la Roma martirial e imperial". Por eso varios títulos la califican: "Roma mártir", "Roma artista", "Roma pecadora", “Roma cristiana”, “Roma santa”, “Roma docta” “Roma petrina”, “Roma paulina”, “Roma crucificada”, “Roma victoriosa”, “Roma evangélica”, “Roma evangelizante”, “Roma depositaria de la fe cristiana”, “Roma católica”, “Roma apostólica”, “Roma universal”, “Roma materna”, “Roma bondadosa”, “Roma protectora”, “Roma clemente”, “Roma donde guarecerse”, “Roma casa común”, “Roma, princeps urbium” (decía Horacio- Odas, 3,29),  “Roma locuta est, causa finita est” San Agustín, Sermo 131-Roma habló, la causa terminó-, “Roma communis patria clericorum” clérigos sometidos al Derecho canónico, eximidos del civil del estado, “Roma caput mundi, regit orbis frena rotundi (Lucano, Farsalia, 2, 655), Roma una ciudad llamada a ser, también en el tercer milenio [III], ‘faro de civilización’, «discípula de la verdad» (san León Magno, Tract. septem et nonaginta), y «madre acogedora de pueblos»(Prudencio, Peristephanon, carmen 11, 191); ¡“Roma eterna”! etc. Roma, al revés, significa: amor-Roma

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Sabios no tan sabios. Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Historia - Es preciosa la homilía de Benedicto XVI en la apertura del Sínodo sobre la Eucaristía, con su diagnóstico certero sobre el mundo moderno: “queremos poseer el mundo de manera ilimitada, Dios nos estorba y hacemos de Él una simple frase devota, o lo desterramos de la vida pública… Pero donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo, no puede haber justicia”. Varios medios han tildado esta afirmación, tan evangélica y tan realista, de apocalíptica, cuando se trata de una lectura inteligente de la historia del mundo, y especialmente del siglo que acabamos de dejar atrás. Es una advertencia especialmente adecuada para esta hora que nos toca vivir, aunque provoque sarpullido a los bienpensantes de turno. 2005-10-10

 

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Historia - "En el siglo que acabamos de dejar atrás hemos visto revoluciones, cuyo programa era de no esperar más la intervención de Dios y tomar en sus manos el destino del mundo (...) La verdadera revolución consiste en acercase sin reservas a Dios que es la medida de lo justo y al mismo tiempo del amor eterno. ¿Qué nos puede salvar si no es el amor?", S. S. Benedicto XVI – P.M. - 2005.08

 

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La promesa que Jesús hace a Simón Pedro, de constituirlo piedra fundamental de su Iglesia, queda confirmada con el mandato que Cristo le confía después de su resurrección: "Apacienta mis corderos", "Apacienta mis ovejas" (Jn 21, 15-17). Existe una relación objetiva entre el encargo de la misión, atestiguado por el relato de Juan, y la promesa referida por Mateo (cf. Mt 16, 18-19). En el texto de Mateo se ofrecía un anuncio. En el de Juan se encuentra su cumplimiento. Las palabras: "Apacienta mis ovejas" manifiestan la intención de Jesús de asegurar el futuro de la Iglesia fundada por Él, bajo la guía de un pastor universal, o sea Pedro, al que dijo que, por su gracia, sería "piedra" y tendría las "llaves del reino de los cielos", con el poder de "atar y desatar". Jesús, después de su resurrección, da una forma concreta al anuncio y a la promesa de Cesarea de Filipo, instituyendo la autoridad de Pedro como ministerio pastoral de la Iglesia, con una dimensión universal.

 

Ministerio del obispo de Roma, símbolo de unidad para la Iglesia universal.
«Con la unidad, así como con la apostolicidad, está unido el servicio petrino, que reúne visiblemente a la Iglesia en todas las partes y en todos los tiempos, defendiendo de esta manera a cada uno de nosotros para que no resbalemos en falsas autonomías, que demasiado fácilmente se transforman en internos particularismos de la Iglesia y pueden comprometer de esta forma su interna independencia». S. S. Benedicto XVI – P.P.

 

El palio es el signo de la particular unión con la sede de Roma.

«Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que permanece en multiplicidad», afirmó Benedicto XVI. 2005-06.29

 

«La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, este único Dios del cielo y de la tierra, se nos ha mostrado», «se ha hecho visible cuando Él se ha mostrado a nosotros y en Jesucristo nos ha hecho ver su rostro, a sí mismo».

«En esta hora del mundo llena de escepticismo y de dudas, paro también rica de deseo de Dios, reconozcamos nuevamente nuestra misión de testimoniar juntos a Cristo Señor y, sobre la base de esta unidad que ya se nos ha dado, de ayudar al mundo para que crea».
 

«Y suplicamos al Señor con todo el corazón para nos guíe a la unidad plena de manera que el esplendor de la verdad, que solamente puede crear la unidad, se convierta de nuevo visible en el mundo». S. S. Benedicto XVI – PP. 2005.06.29

 

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Iglesia - No hay duda de que también la Iglesia pueda y deba ser más democrática, esto es, que los laicos deban tener más voz en la elección de los pastores y en el modo en que ejercen su función. Pero no podemos reducir, en todo, la Iglesia a una sociedad regida democráticamente. Ella no es decidida desde abajo, no es algo que los hombres ponen en pié por iniciativa propia, para su bien. ¡Si sólo fuera eso, ya no habría necesidad de la Iglesia, bastaría el Estado o una sociedad filantrópica! La Iglesia es institución de Cristo. Su autoridad no viene del consenso de los hombres; es don de lo alto. Por ello, incluso en la forma más democrática que podamos desear para la Iglesia, permanecerá siempre la autoridad y el servicio apostólico, que no es, o no debería ser jamás, superioridad, dominio, sino servicio «gratuito», dar la vida por el rebaño, como dice Jesús hablando del buen pastor.

Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo-Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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BIBLIA E IGLESIA: La Iglesia es una comunidad que escucha y anuncia la Palabra de Dios. La Iglesia no vive de sí misma sino del Evangelio y encuentra siempre y de nuevo su orientación en él para su camino. Es algo que tiene que tener en cuenta cada cristiano y aplicarse a sí mismo: sólo quien escucha la Palabra puede convertirse después en su anunciador. No debe enseñar su propia sabiduría, sino la sabiduría de Dios, que con frecuencia parece necedad a los ojos del mundo (Cf. 1 Corintios 1, 23).

La Iglesia sabe bien que Cristo vive en las Sagradas Escrituras. Precisamente por este motivo, como subraya la Constitución dogmática «Dei Verbum»,, siempre ha tributado a las Escrituras divinas una veneración parecida a la dedicada al mismo Cuerpo del Señor (Cf. «Dei Verbum», 21). Por esta razón, san Jerónimo decía con razón algo que cita el documento conciliar: la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo (Cf. «Dei Verbum», 25).

Iglesia y Palabra de Dios están inseparablemente unidas entre sí. La Iglesia vive de la Palabra de Dios y la Palabra de Dios resuena en la Iglesia, en su enseñanza y en toda su vida (Cf. «Dei Verbum», 8). Por este motivo, el apóstol Pedro nos recuerda que «ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios» (2 Pt 1, 20).

Damos gracias a Dios porque en estos últimos tiempos, gracias también al impulso dado por la constitución dogmática «Dei Verbum», se ha reevaluado más profundamente la importancia fundamental de la Palabra de Dios. De esto se ha derivado una renovación en la vida de la Iglesia, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología, en la espiritualidad y en el mismo camino ecuménico. La Iglesia debe renovarse siempre y rejuvenecer y la Palabra de Dios, que no envejece nunca ni se agota, es el medio privilegiado para este objetivo. De hecho, la Palabra de Dios, a través del Espíritu Santo, nos guía siempre de nuevo hacia la verdad plena (Cf. Juan 16, 13).

En este contexto, querría evocar particularmente
y recomendar la antigua tradición de la «Lectio divina»: la lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón (Cf. «Dei Verbum», 25). Si se promueve esta práctica con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia. Como punto firme de la pastoral bíblica, la «Lectio divina» tiene que ser ulteriormente impulsada, incluso mediante nuevos métodos, atentamente ponderados, adaptados a los tiempos. No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino (Cf. Salmo 118/119, 105).

…«que la Palabra del Señor siga propagándose» (Cf. 2 Tesalonicenses 3, 1) hasta los confines de la tierra para que, a través del anuncio de la salvación, el mundo entero, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame (Cf.
«Dei Verbum»1). De todo corazón, ¡gracias! S. S. Benedicto XVI – P.M. 2005-09-16-
ZS05091620

 

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Biblia – “La palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento. Cuando llegó la plenitud de los tiempos, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros llena de gracia y de verdad. Cristo estableció en la tierra el reino de Dios, se manifestó a sí mismo y a su Padre con obras y palabras, llevó a cabo su obra muriendo, resucitando y enviando al Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos hacia Sí, pues es el único que posee palabras de vida eterna. A otras edades no fue revelado este misterio, como lo ha revelado ahora el Espíritu Santo a los apóstoles y profetas para que prediquen el Evangelio, susciten la fe en Jesús Mesías y Señor y congreguen la Iglesia. De esto dan testimonio divino y perenne los escritos del Nuevo Testamento.
Todos saben que entre los escritos del Nuevo Testamento sobresalen los evangelios, por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador. La Iglesia, siempre y en todas partes, ha mantenido y mantiene que los cuatro evangelios son de origen apostólico. Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Jesucristo, después ellos mismos con otros de su generación lo escribieron por inspiración del Espíritu Santo y nos lo entregaron como fundamento de la fe: el Evangelio cuádruple, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan”.

Constitución Dei Verbum, 17-18 –  CONCILIO Vaticano II

 

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Miniatura del 1200 ca. esplendor del medioevo.

 

La libertad es algo que brota de uno mismo, complace, produce placer, y a la vez cuesta trabajo, exige esfuerzo, lleva consigo responsabilidad.

El único remedio eficaz es la apelación a la libertad de cada uno de nosotros, recordar el inolvidable verso de Cervantes: "tú mismo te has forjado tu ventura".

 

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«El derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, sancionado por la Declaración de los Derechos del Hombre, no puede implicar el derecho a ofender el sentimiento religioso de los creyentes. Este principio vale, obviamente, para cualquier religión».
«La convivencia exige, además, un clima de respeto mutuo para favorecer la paz entre los hombres y las naciones. Además, estas formas de crítica exasperada o de escarnio de los demás manifiestan una falta de sensibilidad humana y pueden constituir, en algunos casos, una provocación inadmisible. La lectura de la Historia enseña que, por este camino, no se curan las heridas que existen en la vida de los pueblos». «Las ofensas causadas por un individuo, o por un órgano de prensa, no pueden ser imputadas a las instituciones públicas del país correspondiente, cuyas autoridades podrán y deberán, eventualmente, intervenir según los principios de la legislación nacional. Por lo tanto, son igualmente deplorables las acciones violentas de protesta. La reacción ante una ofensa no puede faltar al verdadero espíritu de toda religión. La intolerancia real o verbal, venga de donde venga, como acción o como reacción, constituye siempre una seria amenaza a la paz». Nota de la Santa Sede Vaticana 2006-02-10

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Moyen Age - Nos ancêtres n´étaient pas nécessairement meilleurs que nous au point de vue moral. Ils pouvaient même manifester des faiblesses qui nous laissent croire que nous serions meilleurs. Mais ils vivaient assurément le mystère du Christ avec plus de profondeur et d´intensité que nous ne le faisons. Surtout, leur univers intérieur était tout baigné de la lumière de la foi. Le monde de la foi, pour eux, était aussi réel que le monde matériel qui les entourait. D´où une joie et une espérance, nourries par la contemplation des vérités de la foi, qui se traduisaient naturellement dans l´expression de la beauté.

 

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La barca de Pedro, para que pueda avanzar con seguridad, necesita numerosas tareas escondidas que, junto con otras más visibles, contribuyen al desarrollo regular de la navegación. Ahí se nos recuerda (9) que «El tiempo de la actividad misional discurre entre la primera y la segunda venida del Señor, en que la Iglesia, como la mies, será recogida de los cuatro vientos en el Reino de Dios». Por tanto, es ahora mismo cuando nos toca, a cada uno de nosotros, y cada cual en la medida de sus posibilidades, en su vida ordinaria, el hacer ese apostolado básico y transmisor de la Palabra de Dios. Sin embargo, no vaya a creerse que esto es labor, sólo, de la Iglesia en cuanto institución sino que la Esposa de Cristo, formada por todos los hijos de Dios, piedras vivas de la misma, ha de encontrar respuesta en todos esos mismos hijos. Así se nos recuerda, para aquellos que entiendan que su función en la Iglesia es de mero asistente sacramental, que «Los laicos cooperan a la obra de evangelización de la Iglesia y participan de su misión salvífica a la vez como testigos y como instrumentos vivos, sobre todo si, llamados por Dios, son destinados por los Obispos a esta obra» (41): Decreto Ad Gentes (Sobre la actividad misionera de la Iglesia) firmado por Pablo VI el 7 de diciembre de 1965 en el marco del Concilio Vaticano II.

  

Reforma protestante - Entre las religiones cristianas, originadas en la Reforma Protestante están: la Luterana (fundada por Lutero), la Reformada (por Calvino), la Presbiteriana (por John Knox). Luego fueron fundadas la Anglicana (por Enrique VIII), la Bautista (por John Smith), de donde se derivan las Evangélicas. Existen muchas, tantas más sectas y asociaciones, todas fundadas por hombres, y en gran parte de origen americano. Ninguna fundada por Cristo, siendo sólo la Iglesia Católica a la que Cristo le prometió –hace 2000 años- asistencia hasta el final de los tiempos.

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El lunes [2005-08-08] en EWTN en el programa de Marcus Grodi [USA.] se mencionó la cifra: 30.000 denominaciones protestantes y se dijo que surgen cinco nuevas denominaciones por semana. Pero la verdad es que nadie sabe ya cuantas hay... la estimación cauta de las Naciones Unidas hace ya un tiempo era de mas de 20.000 (hace ya casi veinte años). Los protestantes no se ponen de acuerdo o mejor dicho, no logran controlar las apariciones de nuevos sectas para saber exactamente cuántas  hay actualmente [2006], dando lugar a un panorama variadísimo de denominaciones y tendencias. ¿Es que existe algún registro protestante mundial indicando cuántas sectas aparecen y desaparecen anualmente?. Pero, por ahora, baste lo dicho para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo… y lo tenemos ya bajo un relativismo y su parafernalia de sectas que impregna todas las capas de la sociedad.

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De acuerdo a los datos vistos 2006.01 al sitio protestante en Internet «sectas» www.christianitytoday.com; la lista “crece vertiginosamente” para incluir hoy a más de doce mil denominaciones distintas de grupos protestantes en los Estados Unidos, desde donde vienen todas ellas a granel.

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“Al fin y al cabo, desde que el hombre habitaba en cavernas, hasta que se asomó al espacio, los historiadores y antropólogos han censado más de de 100.000 religiones. Se afirma, incluso, que existe un gen que predispone a los humanos a buscar a Dios” .
Carlos Alberto MONTANER. ‘ABC’ III.XII.MMV – ESP.

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Todas las religiones buscan a partir del hombre hacia Dios; en Cristo, es Dios quien se rebaja a la nturaleza humana y va al encuentro del hombre. Cristo acoge al hombre en su Iglesia.

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla"; ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible; ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza.

 

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El Renacimiento y la Reforma han configurado el individuo occidental moderno, que no se siente agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extrínseca y la tradición. Hay muchos que sienten cada vez menos la necesidad de «pertenecer» a las instituciones (pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones «oficiales» mayor valor que a las suyas propias. Con este culto a la humanidad, la religión se interioriza, de manera que se va preparando el terreno para una celebración de la sacralidad del yo; en el plano del análisis histórico, se cultiva el caldo del relativismo atenuando las responsabilidades importantes. Lo que importa señalar aquí y ahora es que, en ciertas prácticas de algunos grupos protestantes y la masonería en general, gustan recurrir constantemente a la mentira, a la desfiguración de los hechos quitándoles del contexto, o insisten recurrir llana y repetitivamente «sin vergüenza alguna» a las conocidas ‘leyendas negras’.

 

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San Pascual Radberto (hacia 849) monje benedictino
Comentario sobre el evangelio según San Mateo 5,8

 

“¡Quiero, queda limpio!” (Mc 1,41) -   Cada día el Señor purifica el alma de quien se lo suplica, lo adora i proclama con fe estas palabras: “Señor, si quieres, me puedes purificar.” (Mc 1,40ss), sin mirar la cantidad de sus faltas. “Porque él que cree con todo corazón queda justificado.” (cf Rm 10,10) Debemos dirigir a Dios nuestras peticiones con toda confianza, sin dudar para nada de su poder... Esta es la razón porque el Señor responde al instante a la petición del leproso que le suplica y le dice: “Quiero, queda limpio.” (Mc 1,41) Porque, a poco que el pecador se ponga a orar con fe, la mano del Señor se pone a cuidar la lepra de su alma...
       Este leproso nos da un buen consejo acerca de la manera de orar. No pone en duda la voluntad del Señor, como si rehusara creer en su bondad. Sino que, consciente de la gravedad de sus faltas, no quiere presumir de esta voluntad. Diciendo que si el Señor quiere purificarlo, afirma que este poder pertenece al Señor, al mismo tiempo que confiesa su fe... Si la fe es débil se tiene que fortalecer primero. Sólo entonces revelará todo su poder para obtener de Dios la curación del alma y del cuerpo.
        El apóstol Pedro habla de esta fe, sin duda alguna, cuando dice: “Purificó sus corazones por medio de la fe.” (Hch 15,9)... La fe pura, vivida en el amor, mantenida por la perseverancia, paciente en la espera, humilde en la confesión, firme en la confianza, respetuosa en la oración, llena de sabiduría en lo que pide, escuchará con certeza en toda circunstancia esta palabra del Señor: “Quiero.”

 

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¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca.

Recomendamos - Las sectas y su invasión del mundo hispánico: una guía  (2003) también por Manuel Guerra Gómez, editada por Eunsa. - Sinopsis. - Para visitar con provecho a una ciudad desconocida, aconsejan el uso de una Guía con su plano, la descripción de sus monumentos, etc. Esta obra pretende prestar un servicio similar con respecto a las sectas implantadas en el mundo hispano. Para no correr el riesgo de extraviarse entre las más de 35.500 sectas inventariadas hasta el momento, para poder recorrer sus nombres que cambian con frecuencia y para ni acumular más inseguridad e inquietud, se presenta esta Guía en el mercado. El autor trata de reflejar la realidad de cada secta con la mayor objetividad posible y de perfilar sus señales de identidad de acuerdo con los datos -no siempre completos- que facilitan su identificación.

 

Recomendamos vivamente:

LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Es necesario «reforzar la alianza entre el ser humano y el medio ambiente, que debe ser espejo del amor creador de Dios, del cual provenimos y hacia el cual estamos en camino». Benedicto PP. XVI – 2007.XII

 

Gracias por venir a visitarnos


Compendio del Catecismo de la Iglesia católica: ¿por qué no lo sabemos?
La fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005. ¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!

Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía.

 

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Recomendamos vivamente: Título: ¿Sabes leer la Biblia?

Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado - Autor: Francisco Varo – Editorial: Planeta Testimonio

 

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Recomendamos: El amor que da vida – Autora: Kimberly Hahn,

De un modo luminoso y positivo, la autora muestra un camino de amor que ayuda a crear familias unidas y felices: el maravilloso plan de Dios para el matrimonio, revelado en la Sagrada Escritura y desarrollado en el magisterio de la Iglesia Católica. Ofrece una descripción del verdadero significado del amor conyugal, y aborda también cuestiones como planificación familiar natural, infertilidad, aborto, anticoncepción o esterilización. Además de contar su experiencia, aporta los testimonios de numerosas familias. Ediciones RIALP.

 

"No creería en los evangelios si así no me lo enseñase la Iglesia Católica" (S. Agustín, siglo IV) †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).