Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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«Es justo que la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio»

 

Históricamente sí ha habido cristianismo sin inquisición y además la existencia de la inquisición lejos de derivar del cristianismo lo contradice esencialmente.

 

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ESPAÑA – VALENCIA: La ciudad de Valencia fue fundada en el año 138 a.c. Ante la invasión de los pueblos bárbaros a partir del siglo V, la ciudad de Valencia mantuvo su actividad bajo el reino visigodo y durante la ocupación musulmana de Hispania, que comenzó en el año 711. En el año 1238, el rey de Aragón, Jaime I, el Conquistador, creó el reino cristiano de Valencia, dotándolo de leyes propias.

El siglo XV, fue un verdadero “siglo de oro” para Valencia, especialmente bajo los reinados de Alfonso V el Magnánimo, y de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Se concluyeron la catedral gótica de Valencia y la torre del micalet; se edificaron iglesias y monasterios. Este “siglo de oro” culminó con la creación de la universidad de Valencia por el Papa Alejandro VI (1501).

 

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La leyenda negra de la Inquisición se nutre de una larga serie de historias que a menudo se encuentran al borde de la realidad.

 

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P: ¿Cuáles fueron las inquisiciones más duras y letales por países?

 

R: Si se refiere a instituciones de carácter religioso, posiblemente la inquisición en Francia no ha sido superada ni por la española en la época de hegemonía europea. Si utiliza el término en un sentido figurado, cualquier inquisición fue una excursión de jesuitinas comparada con los aparatos creados por Lenin y Hitler. Y seguimos viendo las consecuencias nefastas en el castrismo, chavismo, etc. 2007, que no es el siglo XV o XVI.

 

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En casa estamos leyendo "Luces y sombras de la España imperial", de M. Fernández Álvarez, y nos hemos sorprendido de lo tarde que entró en España la Inquisición (cuando todo indicaba que era un invento castellano). Entonces, ¿quién, cómo, cuándo, dónde y por qué se inventa la Inquisición?

 

La primera ejecución por razones religiosas se dio ya muy avanzado el siglo IV, pero el sistema inquisitorial no surge hasta la plena Edad Media como una manera de combatir nuevas herejías en Francia. En España es tardía y no castellana, desde luego.

Don César VIDAL dr.en historia, y filosofía y teología, es abogado;2005-01-11 L.D.

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{… y todos los mártires de la Iglesia católica durante las persecuciones romanas…}

 

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Valga pues esta excelente reflexión hecha por don Ángel Santos Ruiz, Catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid: “Ningún hecho científico, plenamente confirmado, ha tenido que rechazarse por estar enfrentado con la doctrina revelada... De hecho, ningún físico, químico, biólogo, etc., ha tenido que renunciar nunca a sus convicciones sobre Dios, el alma, la Ley Moral y lo sobrenatural, porque fueran incompatibles con su ciencia”. 2007

 

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Cuando la religiosidad abandona la senda de la razón, y se deja llevar por un miedo incontrolado, se convierte en superstición, fanatismo, profetismo... y violencia.  En favor de la razón, los tribunales de la Inquisición investigaron a los charlatanes-brujos, fantasmagóricos adivinos…

 

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A propósito de universidad (y de  inquisición o de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

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Así como la Virgen nunca estuvo ausente de lo que era realmente importante para la salvación del hombre, no puede tampoco ahora estar ausente de la vida de la Iglesia y de la vida de cada uno de los cristianos, pues sin ella nada de lo que nuestra fe celebra hubiera sido posible.

 

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Toulouse- Francia: 2005-11-05 - Al final de la tarde una turba de jóvenes mahometanos ´extremistas islamistas´ incendian una biblioteca pública.

 

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1480 - Los Reyes Católicos promulgan la primera ley reguladora del libro impreso. Por ella queda libre del pago de todo tipo de tributos la introducción en España de libros extranjeros.

 

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S. S. Benedicto XVI nos ha recordado varias veces que, si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo; si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, generaremos así nuevos horizontes.
La dignidad humana es un concepto que engloba no pocas de las características definitorias de lo humano. Pero la dignidad humana también es una pregunta que nos remite a un presupuesto anterior; la pregunta por la dignidad humana, y las consecuencias que se derivan de su respuesta, es hoy una exigencia cultural del catolicismo. Si la acción humana, como nos recordaba el profesor David L. Schindler, «sólo llega a ser dramática penetrando a fondo en la vida hasta llegar al encuentro de la Fuente divina del ser, el eco del fiat mariano y del canto del Magnificat que brota del centro de la criatura humana es un encuentro que debe desarrollarse como completo modo de vida». 2007

 

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Siendo algunos como eran y a pesar de todo:

‘la Inquisición prefería preservar a destruir’

 

 

INQUISICIÓN

 

En vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, los cristianos en ocasiones han ofrecido «el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de anti-testimonio y de escándalo». S. S. Juan Pablo II – 2004.06

 

La Jornada del Perdón del año santo, el 12 de marzo de 2000, el Santo Padre pidió perdón por los errores cometidos en el servicio a la verdad recurriendo a métodos no evangélicos. Con ello, todos esperamos que perdonen y pidan perdón tantos cristianos de otras iglesias y comunidades políticas cuyas historias están marcadas de faltas gravísimas, sea hacia la Iglesia católica como a otras instituciones.

 

«La verdad sólo se impone por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas», afirma el pontífice S. S. Juan Pablo II, citando una frase emblemática de la declaración del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa

 

El Papa Gregorio XI (127-1241) fue el primero en instituir comisarios («inquisitores»), «delegados de la Sede Apostólica con la tarea de combatir la herejía en determinadas regiones». Con el tiempo, añadió, el papado creó una organización estable hasta que se abolió el último tribunal de estas características, el español, en 1834. Según la alta comisión de expertos integrada por no católicos y otros, de los 44.000 procesos de la inquisición española, el 1% finalizó con la sentencia capital.

En la zona protestante y alemana, el acosamiento a las brujas y la condena capital fue ampliamente superior que a la zona no protestante.

 

El cardenal Cottier explicó que este estudio histórico sirve para que los teólogos puedan tener elementos de respuesta a preguntas como «¿Qué significa la paradoja: la Iglesia santa comprende en su seno a los pecadores? ¿Cuál es el sentido del testimonio evangélico como dimensión de la existencia cristiana y de los comportamientos antitéticos de anti-testimonio y de escándalo?».

Una distinción debe guiar la reflexión crítica de los teólogos: la distinción entre el auténtico «sensus fidei» y la mentalidad dominante en una determinada época, que puede haber influido en su opinión.

 

«Es obvio que una petición de perdón sólo puede afectar a hechos verdaderos y reconocidos objetivamente. No se pide perdón por algunas imágenes difundidas a la opinión pública, que forman parte más del mito que de la realidad».

 

Ante la opinión pública la imagen de la Inquisición representa de alguna forma el símbolo di este anti-testimonio y escándalo. ¿En qué medida esta imagen es fiel a la realidad? Antes de pedir perdón es necesario conocer exactamente los hechos y reconocer las carencias ante las exigencias evangélicas en los casos en que sea así. Este es el motivo por el que el Comité pidió la consulta de historiadores, cuya competencia científica es universalmente reconocida.

 

La insustituible contribución de los historiadores constituye, para los teólogos, una invitación a reflexionar sobre las condiciones de vida del Pueblo de Dios en su camino histórico.

«La Iglesia, aun siendo santa por su incorporación a Cristo, no se cansa de hacer penitencia: reconoce siempre como suyos, delante de Dios y delante de los hombres, a los hijos pecadores. Afirma al respecto la "Lumen gentium": "La Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesita de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación"».

 

¿Qué significa la paradoja: la Iglesia santa comprende en su seno a los pecadores? ¿Cuál es el sentido del testimonio evangélico como dimensión de la existencia cristiana y de los comportamientos antitéticos de anti-testimonio y de escándalo?

Para responder a estas preguntas, parece oportuno por tanto preguntarse qué es lo que constituye un verdadero escándalo y dónde está. El campo de investigación que se propuso a los investigadores (sobre inquisición) es amplio, y forma parte de ese marco que el Santo Padre ha llamado la purificación de la memoria, pues la memoria histórica, es decir la imagen que nos hacemos del pasado, no carece de deformaciones y prejuicios. 2004.06.

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«Así es justo que, mientras el segundo Milenio del cristianismo llega a su fin, la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de anti-testimonio y de escándalo».


«La Iglesia, aun siendo santa por su incorporación a Cristo, no se cansa de hacer penitencia: reconoce siempre como suyos, delante de Dios y delante de los hombres, a los hijos pecadores. Afirma al respecto la "Lumen gentium": "La Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesita de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación"».

 

Hay que recurrir al «sensus fidei» para encontrar los criterios de un juicio justo sobre el pasado de la vida de la Iglesia.


3. Este discernimiento es posible precisamente porque con el paso del tiempo la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, percibe con conciencia cada vez más viva cuáles son las exigencias de su conformación con el Esposo. De este modo, el Concilio Vaticano II ha querido expresar la «regla de oro» que orienta la defensa de la verdad, tarea que corresponde a la misión del Magisterio: «la verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas» (Dignitatis humanae, 1. Se cita esta afirmación en «Tertio millennio adveniente», n. 35).

 

 La institución de la Inquisición ha sido abolida. Como dije a los participantes en el Simposio, los hijos de la Iglesia deben revisar con espíritu arrepentido «la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad» («Tertio millennio adveniente», n. 35).


Este espíritu de arrepentimiento comporta el firme propósito de buscar en el futuro caminos de testimonio evangélico de la verdad.


El 12 de marzo de 2000, con motivo de la celebración litúrgica que caracterizó la Jornada del Perdón, se pidió perdón por los errores cometidos en el servicio a la verdad recurriendo a métodos no evangélicos. La Iglesia debe realizar este servicio imitando a su Señor, manso y humilde de corazón. La oración que dirigí entonces a Dios contiene los motivos de una petición de perdón, que es válida tanto para los dramas ligados a la Inquisición como para las heridas en la memoria que han provocado: «Señor, Dios de todos los hombres, en algunas épocas de la historia los cristianos a veces han transigido con métodos de intolerancia y no han seguido el gran mandamiento del amor, desfigurando así el rostro de la Iglesia, tu Esposa. Ten misericordia de tus hijos pecadores y acepta nuestro propósito de buscar y promover la verdad en la dulzura de la caridad, conscientes de que la verdad sólo se impone con la fuerza de la verdad misma. Por Cristo nuestro Señor». S. S. Juan Pablo II.
2004-06-15

 

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En la Sajonia protestante, la blasfemia tenía pena de muerte, la Inquisición española te sometía a una pequeña penitencia por el mismo delito. Calvino mandó quemar a Servet (médico católico que descubrió la circulación de la sangre, y a quien eliminaron por “contradecir” a la Biblia con dicho descubrimiento) entre otros motivos.

Lutero también escribía: “Los herejes deben ser condenados sin oírlos”… fue el cuerpo y la disposición a la terrible e intolerante inquisición protestante.

 

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P: ¿Cuáles fueron las inquisiciones más duras y letales por países?

 

R: Si se refiere a instituciones de carácter religioso, posiblemente la inquisición en Francia no ha sido superada ni por la española en la época de hegemonía europea. Si utiliza el término en un sentido figurado, cualquier inquisición fue una excursión de jesuitinas comparada con los aparatos creados por Lenin y Hitler.

 

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Comunistas y socialistas destruyendo el patrimonio cultural... bibliotecas, museos, etc.…

Les recordaremos que "memoria histórica" es el brutal cerco al que fue sometido Oviedo en la Revolución del 1934 y en la Guerra del 1936; Los comunistas y socialistas no escapen a la "memoria histórica": son los bombardeos que durante un año asolaron Oviedo; la voladura de la Cámara Santa y la torre de la Catedral; la quema de la Universidad y de su biblioteca, de la Audiencia y de su archivo.

Millares de libros y antiquísimos códices –conservados por la Iglesia Católica-  fueron desvastados por el fuego y algunos robados…. Innumerables obras de arte fueron destruidas con los saqueos de iglesias, además de los asesinatos de sacerdotes, religiosos y fieles católicos por el simple hecho de serlo, dentro de la mayor persecución religiosa de la historia; y un largo etcétera que todavía muchos ovetenses, con muy buena "memoria histórica" recuerdan. 2008.V.

 

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La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.


Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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¿Qué sucedió realmente con la Inquisición?

 

 Si poseyeseis cien bellas cualidades, la gente os miraría por el lado menos favorable (Molière).

 

Un concepto errado de libertad religiosa


El origen de la Inquisición se remonta al siglo XIII. El primer tribunal para juzgar delitos contra la fe nació en Sicilia en el año 1223. Por aquella época surgieron en Europa diversas herejías que pronto alcanzaron bastante difusión. Inicialmente se intentó que cambiaran de postura mediante la predicación pacífica, pero después se les combatió formalmente. En esas circunstancias nacieron los primeros tribunales de la Inquisición.


—¿Y no es un contrasentido perseguir la herejía de esa manera?


Lo es. Pero no debe olvidarse la estrecha vinculación que hubo a lo largo de la Edad Media entre el poder civil y el eclesiástico. Si se perseguía con esa contundencia la herejía era sobre todo por la fuerte perturbación de la paz social que causaba.


—¿Y cómo pudo durar tanto tiempo un error así?


Cada época se caracteriza tanto por sus intuiciones como por sus ofuscaciones. La historia muestra cómo pueblos enteros han permanecido durante periodos muy largos sumidos en errores sorprendentes. Basta recordar, por ejemplo, que se ha considerado normal durante siglos la esclavitud, la segregación racial o la tortura (que, por desgracia, en algunas zonas del planeta se siguen aún hoy practicando y defendiendo).


La historia tiene sus tiempos
y hay que acercarse a ella
teniendo en cuenta
la mentalidad de cada época.


La Inquisición utilizó los sistemas habituales de la sociedad de entonces, aunque ordinariamente de un modo más benigno. Con el tiempo, los cristianos fueron profundizando en las exigencias de su fe, hasta que comprendieron que tales métodos no eran compatibles con el Evangelio.


Hay que reconocer todos esos tristes errores de aquellas personas en aquella época. Sin embargo, la defensa de la libertad religiosa estuvo bien patente en los orígenes del cristianismo. Para los primeros cristianos, la convicción de estar en la verdad no les hacía pensar en imponerla coactivamente. Como sabían que el acto de fe es libre, eran tolerantes, y eso no por simple conveniencia social, sino por coherencia con la raíz misma de su fe. Los primeros Padres de la Iglesia acuñaron el principio de que “no hay dificultad en rechazar el error y, al tiempo, tratar benignamente al que yerra”.


—Sin embargo, parece que con el paso de los siglos fueron los católicos quienes más olvidaron la libertad religiosa.


No fue así. El empleo de la fuerza para combatir a los disidentes religiosos ha sido algo corriente en todas las culturas y confesiones hasta bien entrado nuestro tiempo. Basta pensar en la intolerancia de Lutero contra los campesinos alemanes, que produjo decenas de miles de víctimas; o en las leyes inglesas contra los católicos, cuyo número era aún muy elevado al comienzo de la Iglesia Anglicana; o en la suerte de Miguel Servet y sus compañeros quemados en la hoguera por los calvinistas en Ginebra.


Hay que decir, para ser justos, que ése era el trato normal que se daba en aquella época a casi todos los delitos, y el de herejía era considerado como el más grave, sobre todo por la alteración social que provocaba. En esto coincidían tanto Lutero como Calvino, Enrique VIII y Carlos V o Felipe II. Y fuera de Occidente ocurría algo muy parecido.


En una época en la que todo el mundo occidental se sentía y confesaba cristiano, y en la que la unidad de la fe constituía el elemento integrador de la sociedad civil, fraguó la mentalidad de que la herejía, al ser un grave atentado contra la fe era también un grave atentado de lesa majestad. De esta manera, la herejía pasó a considerarse un delito comparable al de quien atenta contra la vida del rey. Y era un crimen castigado entonces con la muerte en la hoguera.


No puede olvidarse que, para bien o para mal –probablemente, para mal– los campos propios de la política y la religión no estuvieron debidamente delimitados durante bastantes siglos. Además, las autoridades civiles temían el indudable peligro social que entrañaban las disidencias religiosas, que solían ser origen de guerras y desórdenes sociales, pues las posturas heréticas buscaban habitualmente la conquista del poder. Así sucedió, por ejemplo, con el luteranismo, cuyo rápido avance se debió en buena parte a la habilidad con que Lutero logró el apoyo de algunos príncipes alemanes que, de ese modo, mantenían distancias respecto al emperador Carlos V.


En los primeros siglos, los cristianos fueron muy tolerantes en materia religiosa. Más adelante, hubo épocas de bastante confusión en este punto, pero teológicamente nunca estuvo cerrado el camino de la tolerancia. Y desde hace ya más de dos siglos son raras las manifestaciones de intolerancia religiosa en países de mayoría cristiana.

Es más, echando un vistazo a la situación mundial de los últimos cien años, puede decirse que la tolerancia religiosa se ha desarrollado fundamentalmente en los países de mayor tradición cristiana.


Por el contrario, la intolerancia religiosa se ha mostrado con gran crudeza en los países gobernados por ideologías ateas sistemáticas (Tercer Reich nazi, la URSS y todos los países que estuvieron bajo su dominio, la revolución China de Mao, el régimen de Pol Pot en Camboya, etc.). También ha crecido la violencia del integrismo islámico en los países donde su religión aún no ha alcanzado el poder político (Senegal, Níger, Mauritania, Chad, Egipto, Tanzania, Argelia, etc.); y donde ya lo ha alcanzado (Arabia, Irán, Afganistán, etc.), la tolerancia religiosa es casi inexistente. Y otros países asiáticos no islámicos (India, China, Vietnam, etc.), no parecen mejorar mucho la situación. Sin embargo, curiosamente, se sigue hablando mucho más de la Inquisición, desaparecida hace ya mucho tiempo, que de otras persecuciones religiosas dolorosamente actuales.

Reconocer los errores


En la actualidad hay, por fortuna, una comprensión muy extendida –aunque aún no en todo el mundo–, de que no es justo aplicar penas civiles por motivos religiosos, y que la libertad religiosa es un derecho fundamental, y por tanto todos los hombres deben estar inmunes de coacción en materia religiosa. Esta es la doctrina del Concilio Vaticano II, y por esa razón la Iglesia católica ha subrayado recientemente la necesidad de revisar algunos pasajes de su historia, para reconocer ante el mundo los errores de algunos de sus miembros a lo largo de los siglos, y pedir disculpas en nombre de la unión espiritual que nos vincula con los miembros de la Iglesia de todos los tiempos.


Reconocer los fracasos de ayer es siempre un acto de lealtad y de valentía, que además refuerza la fe y facilita hacer frente a las dificultades de hoy. La Iglesia lamenta que sus hijos hayan empleado en ocasiones métodos de intolerancia e incluso de violencia en servicio de la verdad, y es ese mismo servicio a la verdad lo que lleva ahora a reconocerlo y lamentarlo.


—¿Y no es extraño que en esas épocas hubiera tan poca reacción contra esos errores de los católicos?


Es probable que muchos de ellos estuvieran en su fuero interno en contra de esa aplicación de la violencia en defensa de la fe. De hecho, hubo reacción contra esos errores, y si no fue mayor quizá es porque muchas de esas personas no tenían más opción que el silencio. Y luego, cuando esos fenómenos desaparecieron, muchos católicos los defendían porque pensaban que lo contrario era contribuir a difundir las leyendas negras de la Iglesia.

Como señaló Juan Pablo II, fueron muy diversos los motivos que confluyeron en la creación de actitudes de intolerancia, alimentando un ambiente pasional del que sólo los grandes espíritus verdaderamente libres y llenos de Dios lograban de algún modo sustraerse. Pero la consideración de todos esos atenuantes no dispensa a la Iglesia del deber de lamentar profundamente las debilidades de tantos hijos suyos, que han desfigurado con frecuencia su rostro. De estos trazos dolorosos del pasado emerge una lección para el futuro, que debe llevar a todo cristiano a tener bien en cuenta el principio de oro señalado por el Concilio: la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra con suavidad y firmeza en las almas.


Juan Pablo II no teme reconocer esos errores, porque el amor a la verdad es fundamental (no hay una verdad buena y otra mala: la que conviene a la Iglesia y la que puede molestarla), y también porque esas violencias no pueden atribuirse a la fe católica, sino a la intolerancia religiosa de personas que no asumieron correctamente esa fe.

Distinguir entre tópicos y verdades


—¿Entonces, la Iglesia reconoce que es cierta la leyenda negra de la Inquisición?


Habría que matizar esto, ya que, como ha señalado Beatriz Comella, la polémica sobre la Inquisición se nutre en buena parte de ignorancia histórica, desconocimiento de las mentalidades de épocas pasadas, falta de contextualización de los hechos y de estudio comparativo entre la justicia civil y la inquisitorial. Esas carencias han hecho que se magnifique una injusta leyenda negra en torno a la Inquisición.


La Inquisición es una institución controvertida. Lo fue entonces y lo sigue siendo ahora. Sin embargo, la perplejidad disminuye en cierta medida al conocer su historia y las circunstancias que determinaron su existencia.


—¿Y qué hay entonces de cierto sobre la Inquisición, por ejemplo en España, que fue bastante famosa?


En España se formaron los primeros tribunales en 1242. Como en otros países europeos, esos tribunales dependían de los obispos diocesanos y por regla general fueron bastante benévolos.


Sin embargo, en la época de los Reyes Católicos el Santo Oficio español se convirtió en un tribunal eclesiástico supeditado a la monarquía y en un instrumento represivo de la disidencia religiosa influido con frecuencia por lo político. Los Reyes católicos impulsaron a lo largo de su reinado medidas religiosas muy acertadas, que la historia les reconoce, pero quedaron un tanto ensombrecidas por la actuación de esos tribunales. Consideraban que la unidad religiosa debía ser un factor clave en la unidad territorial de sus reinos, y juzgaron imprescindible la conversión de los hebreos (unos 110.000) y los moriscos (unos 350.000). Algunos de ellos se bautizaron por convencimiento, pero otros no, y al regresar a sus antiguas prácticas fueron perseguidos por la Inquisición.


—¿Y cómo se explica esa decisión en unos reyes que han pasado a la historia como católicos?


Cuando se juzgan actuaciones del pasado, hay que tener presente que son diversos los tiempos históricos, sociológicos y culturales.


En aquella época, la fe
era el valor central de la sociedad,
tanto como puede serlo ahora,
por ejemplo, la libertad.


Igual que en nuestra época se lucha y se muere, y a veces también se mata, por defender la libertad personal o colectiva, entonces se hacía lo mismo por defender la fe.


La fe era entonces la base y la garantía de la convivencia, y el que atentaba contra la fe era considerado de manera semejante a como ahora se vería a un terrorista, a una persona que contaminara el agua de una ciudad o a quien vendiera droga a unos niños. Esa es la razón por la que la mayoría de la gente aplaudía la actuación de aquellos guardianes de la ortodoxia.


No quiero con esto decir que eso estuviera bien, ni que la historia lo justifique todo, sino simplemente que deben considerarse con atención los condicionamientos de entonces. Era una sociedad con una gran preocupación por la salvación eterna, en la que la muerte era una realidad con enorme presencia (la esperanza media de vida no llegaba a los treinta años, y la mortalidad infantil era muy alta, de modo que casi todo el mundo había visto morir muy jóvenes a varios de sus familiares más cercanos), y el común de la gente veía al hereje como un grave peligro social, de modo semejante a como veríamos hoy a quien se dedicara a propagar enfermedades contagiosas, corromper niños o dañar el medio ambiente.


—¿Y era muy frecuente la tortura, o la muerte en la hoguera?


La pena de muerte en la hoguera se aplicaba al hereje contumaz no arrepentido. El resto de los delitos se pagaban con excomunión, confiscación de bienes, multas, cárcel, oraciones y limosnas penitenciales. Las sentencias eran leídas y ejecutadas en público en los denominados autos de fe.


En cuanto a la tortura, la Inquisición admitió su uso, aunque con algunas restricciones: no podía llegar al extremo de la mutilación, ni poner en peligro la vida del imputado. No hay que olvidar que el tormento era utilizado entonces con toda normalidad en los tribunales civiles. La diferencia era que en los tribunales de la Inquisición, el acusado confeso arrepentido tras la tortura se libraba de la muerte, algo que no ocurría en la justicia civil.


Otro rasgo característico de la Inquisición era que el imputado tenía mejor garantizados sus derechos que en el sistema judicial civil. Además, la Inquisición no hacía distinciones a la hora de acusar a prelados, cortesanos, nobles o ministros. Prueba de ello fue el juicio de Carranza, que era arzobispo de Toledo y Primado de España y fue acusado de luteranismo y condenado por la inquisición española. O el de Antonio Pérez, que era secretario del rey. Este último, junto con otros políticos españoles exiliados, difundieron por Francia, Alemania e Inglaterra el germen de la leyenda negra de la Inquisición española, que fue acogida de buen grado en un ambiente de gran rivalidad por el dominio político del imperio español en numerosos puntos de Europa.

La verdad sobre las cifras


La Inquisición se instauró en España en 1242 y no fue abolida formalmente hasta 1834. Su actuación más intensa se registra entre 1478 y 1700, durante el gobierno de los Reyes Católicos y los Austrias. En cuanto al número de ajusticiados, los estudios realizados por Heningsen y Contreras sobre las 44.674 causas abiertas entre los años 1540 y 1700, concluyeron que fueron quemadas en la hoguera 1346 personas (algo menos de 9 personas al año en todo el imperio).


El británico Henry Kamen, conocido estudioso no católico de la Inquisición española, ha calculado un total de unas 3.000 víctimas a lo largo de sus seis siglos de existencia. Kamen añade que “resulta interesante comparar las estadísticas sobre condenas a muerte de los tribunales civiles e inquisitoriales entre los siglos XV y XVIII en Europa: por cada cien penas de muerte dictadas por tribunales ordinarios, la Inquisición emitió una”.


Con más de cinco mil estudios ya publicados, los expertos dan por zanjada la polémica sobre los datos históricos de la Inquisición, y centran sus esfuerzos en el análisis de la sociología, la hacienda y la jurisprudencia del Santo Oficio. La leyenda negra ha muerto para los historiadores, pero los mitos todavía siguen circulando. Afortunadamente, la fe cristiana guarda siempre una doctrina que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: la doctrina del Evangelio.

Agradecemos al autor - 2003 - ALFONSO AGUILÓ

 

http://www.interrogantes.net/includes/documento.php?IdDoc=

1191&IdSec=149

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

San Alonso Rodríguez

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!

 

San Alonso nació en Segovia (España) en 1533. Al quedarse viudo, el santo solicitó a los padres jesuitas que lo aceptaran en su comunidad, pero no fue admitido debido a que ya bordeaba los 40 años de edad, y tampoco tenía estudios en las ciencias y las humanidades. Sin embargo, el superior cambió de parecer, y lo aceptó como hermano lego, y sería ésta la profesión que lo llevaría a la santidad.-

Los superiores lo enviaron a la isla de Mallorca como portero del colegio de los jesuitas de Montesión, y de todos los amigos que San Alonso tuvo mientras fue portero, el más santo e importante de todos fue San Pedro Claver. Este gran apóstol vivió tres años con San Alonso en aquella casa, y una noche, por revelación divina, San Alonso supo que su amigo estaría destinado a la evangelización en Sudamérica.
Al poco tiempo, San Pedro Claver viajó a Colombia, donde bautizó a más de 300,000 esclavos negros en Cartagena, además de protegerlos y velar por ellos.

El santo portero también sufrió terribles ataques en su cuerpo; de vez en cuando, por ejemplo, sufría de sequedades tan espantosas en la oración; pero San Alonso poseyó el don de la curación.
El 29 de octubre de 1617 sintiéndose sumamente lleno de dolores y de angustias, al recibir la Sagrada Comunión, inmediatamente se llenó de paz y de alegría, y quedó como en éxtasis. Dos días estuvo casi sin sentido y el 31 de octubre despertó, besó con toda emoción su crucifijo y diciendo en alta voz: "Jesús, Jesús, Jesús", expiró.

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

Entre tantas escuelas y orfanatos educacionales fundados en el nuevo continente, la Iglesia católica funda –al mismo tiempo- en Madrid el famoso colegio de San Idelfonso nacido en el año de 1543, con la finalidad de educar a los más desfavorecidos y corregir las desigualdades sociales.

En principio, el colegio era un internado que acogía exclusivamente a niños huérfanos. Los fines, con el paso del tiempo, permanecen vivos: ayudar a los más desfavorecidos. Hoy 2004, el colegio funciona como internado y cómo escuela pública.

 

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P: Inquisición, expulsión de los judíos de casi toda Europa, conversión forzosa o asesinato de millones de indígenas en América, negros en África o aborígenes en Australia, alianza con las monarquías absolutas primero, y con las dictaduras militares y fascistas después... realmente el cristianismo es una religión de paz y amor, ¿no cree?

 

R: La abolición de la esclavitud –herencia clásica– fue realizada por cristianos siglos antes de la revolución francesa; los judíos que huían del islam se refugiaron en países cristianos durante siglos y durante el Holocausto recibieron el apoyo y ayuda de muchos cristianos; el exterminio de indígenas fue condenado por cristianos de distintas confesiones desde De Las Casas a Penn... ¿no le parece a usted que peca de ignorancia y parcialidad? ¿No cree?

Dr. César VIDAL. Historiador, teólogo y filósofo - 2004.06, España

 

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--Una de las cuestiones que me parece crucial hoy es la que de modo bastante lacónico se expresa con el eslogan «Dios sí, Iglesia no». Usted en el libro responde con una preocupación ulterior sobre este aspecto. ¿Desea aclararla?

--Cardenal Ratzinger: Sí, porque diciendo «Dios sí, o tal vez incluso Cristo sí, Iglesia no» se crea un Dios, un Cristo según las propias necesidades y según la propia imagen. Dios ya no es realmente una instancia que está frente a mi, sino que se convierte en una visión mía, que yo tengo, y por lo tanto responde también a mis ideas. Dios se convierte en una verdadera instancia, un verdadero juez de mi ser, por lo tanto también en la verdadera luz de mi vida, si no es sólo una idea mía, sino si vive en una realidad concreta, si verdaderamente se sitúa ante mí y no es manipulable según mis ideas o deseos. Por eso separar a Dios de la realidad en la que Dios está presente y habla a la Tierra quiere decir no tomar en serio a este Dios, que se hace por lo tanto manipulable según mis necesidades y deseos. Considero por esto un poco ficticia esta distinción. 2001.

--Usted habla en su texto también del hecho de que tal vez se tiende a estar de acuerdo hoy con el eslogan «Dios no, religión sí».

--Cardenal Ratzinger: Éste es otro aspecto del problema actual: se busca algo religioso, algo religioso que dé cierta satisfacción, porque el hombre tiene este deseo de encontrarse con el infinito, de tener esta respuesta de otra dimensión, de un más allá que además le dé también una dulzura, una esperanza que las cosas materiales no pueden dar. Pienso que ésta es realmente una gran tendencia de hoy: separarse de la necesidad de fe, de un sí concreto y pleno de contenidos, por un sentimiento satisfactorio, por una especie de mística anónima que me da un poco de respiro, pero que por otro lado no exige mi compromiso. Por un momento puede ser algo muy bello encontrarse con esta dimensión mística, tener esta especie de ensanchamiento de mi yo, pero sin un compromiso mío, sin una respuesta mía, se transforma también en algo vacío, una auto-satisfacción en la que al final el yo permanece en la cárcel del yo. 2001


--Su libro apareció en las librerías de Italia dos días después de los atentados en los EE. UU. Si hubiera salido un poco más tarde, ¿qué habría querido añadir a la luz de aquellos sucesos?

--Cardenal Ratzinger: Mencionaría probablemente este problema del abuso del nombre de Dios; porque estos atentados se llevan a cabo también en nombre de Dios, en nombre por lo tanto de una religión de la que se abusa por los propios objetivos, una religión politizada y sometida así al poder, que se convierte en un factor del poder. Por otra parte tal vez habría hablado más de la necesidad de conocer a Dios con su cara y su rostro humano. Si vemos a Cristo, el rostro de Cristo, de un Dios que sufre por nosotros y no usa la omnipotencia para regular con un golpe de poder la realidad del mundo, sino que va a nuestro corazón y tiene un amor que incluso se hace matar por nosotros, tenemos una visión de un Dios que excluye todo tipo de violencia; así, el rostro de Cristo me parece la respuesta más adecuada al abuso de un Dios que sería instrumento de nuestro poder.

--«Me atrevería a decir que nadie puede matar a otro hombre sin saber que esto está mal»: así se expresa usted en el libro respondiendo a la pregunta «¿Hay personas sin conciencia?». Me pregunto: los fundamentalistas, de cualquier naturaleza, se expresan en nombre del bien, invocando el nombre de Dios. Entonces, ¿qué podemos decir?

--Cardenal Ratzinger: Sí, naturalmente los fundamentalistas son muy diferentes entre sí. Diría que, por ejemplo, entre los evangélicos en los Estados Unidos hay personas que se identifican hasta el final con las palabras de la Sagrada Escritura, y pueden así, si son realmente fieles a la palabra de la Escritura, superar el peligro del fanatismo y de una religión que se hace violencia. Pero en todo caso es importante que la religión no sea definida por nosotros mismos, sino que es un don que nos viene del Señor, y que sea vivido en una realidad viva como la Iglesia, que excluye la manipulación por mi parte y que por otro lado está ligada, vinculada a la palabra de Dios; de esta forma diría que tenemos este equilibrio entre una realidad no manipulable, la Palabra de Dios, y la libertad que vive esta palabra y que la interpreta en la vida.

--¿Pero en su opinión existe una guerra justa?

--Cardenal Ratzinger: Esto es un gran problema. En la preparación del Catecismo había dos problemas: la pena de muerte y la guerra justa eran los temas más debatidos. Es un discurso que ahora se hace concreto en el caso de las respuestas de los americanos.
O bien podemos hacer referencia a otro ejemplo, el de Polonia, que se defendió contra Hitler. Diría, no se puede excluir según toda la gran tradición cristiana, en un mundo marcado por el pecado, que existe una agresión del mal que amenaza con destruir no sólo muchos valores, muchas personas, sino la imagen del hombre como tal. En ese caso, defenderse, defenderse también para defender al otro, puede ser un deber. Digamos, por ejemplo, que un padre de familia que ve agredidos a los suyos tiene el deber de hacer lo posible para defender a la familia, la vida de las personas a él confiadas, incluso eventualmente con una violencia proporcionada. Por lo tanto el problema de la guerra justa se define en base a estos parámetros: 1. Si se trata realmente de la única posibilidad de defender vidas humanas, defender valores humanos. Todo ponderado realmente en la conciencia y ponderando todas las otras alternativas. 2. Que se apliquen sólo los medios inmediatos aptos a esta defensa y que se respete siempre el derecho; en una guerra tal el enemigo debe ser respetado como hombre y todos los derechos fundamentales deben ser respetados. Pienso que la tradición cristiana sobre este punto ha elaborado respuestas que deben ser actualizadas sobre la base de las nuevas posibilidades de destrucción, de los nuevos peligros. Provocar, por ejemplo, con una bomba atómica la destrucción de la humanidad puede tal vez incluso excluir toda defensa. Por lo tanto hay que actualizarlas, pero diría que no se puede excluir totalmente a priori toda necesidad, incluso moral, de una defensa de personas y valores con los medios adecuados, contra agresores injustos. 2001.

--Hablaba del respeto de la dignidad de la persona. Se me ocurre pensar también en la necesidad y en la dificultad del perdón. ¿A usted le resulta siempre tan fácil perdonar?

--Cardenal Ratzinger: Naturalmente si uno está herido íntimamente debe superar también esta amargura dada por la herida, y no puede ser algo fácil, porque el hombre está atacado en lo íntimo de su ser, debe purificarse, debe superar las agresiones innatas, y sólo en un camino de purificación interior, que puede ser también difícil, se llega al verdadero perdón; pero en este sentido la necesidad del perdón es también una gracia para el hombre, porque así él mismo es purificado y renovado y se hace más auténtico hombre en el proceso de purificación y de perdón.

--¿Qué es el castigo en la lógica de Dios?

--Cardenal Ratzinger: Dios no nos hace el mal; ello iría contra la esencia de Dios, que no quiere el mal. Pero la consecuencia interior del pecado es que sentiré un día las consecuencias inherentes al mal mismo. No es Dios quien nos impone algún mal para curarnos, pero Dios me deja, por así decirlo, a la lógica de mi acción y, dejado a esta lógica de mi acción, soy ya castigado por la esencia de mi mal. En mi mal está implicado también el castigo mismo; no viene del corazón, viene de la lógica de mi acción, y así puedo entender que he estado en oposición con mi verdad, y estando en oposición con mi verdad estoy en oposición con Dios, y debo ver que la oposición con Dios es siempre autodestructiva, no porque Dios me destruya, sino porque el pecado destruye.

2001
--Eminencia, usted ocupa el cargo de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde hace 20 años. Su tarea es defender la verdad de Cristo en la fidelidad absoluta a las Escrituras, pero en la encarnación del tiempo presente. Es una tarea extremadamente delicada y difícil, tal vez también por que no todos quieren saber la verdad...

--Cardenal Ratzinger: Es ciertamente un encargo difícil, también porque el concepto de autoridad ya casi no existe. Que una autoridad pueda decir algo parece ya incompatible con la libertad de todos a hacer lo que quieren y sienten. Es difícil también porque muchas tendencias generales de nuestra época se oponen a la fe católica, se busca una simplificación de la visión del mundo en el sentido de que Cristo no podría ser Hijo de Dios, sino que se le considera como mito, como gran personalidad humana, que Dios no puede haber aceptado el sacrificio de Cristo, que Dios sería un Dios cruel... En fin, hay muchas ideas que se oponen al cristianismo y muchas verdades de la fe que realmente deben ser reflexionadas nuevamente para ser expresadas adecuadamente al hombre de hoy. Así, uno que está encargado de defender la identidad de la fe católica en estas corrientes que se oponen a nuestra visión del mundo necesariamente se ve en oposición con muchas tesis dominantes de nuestro tiempo, y por lo tanto puede parecer como una especie de oposición a la libertad del pensamiento, como una opresión del pensamiento libre; por lo tanto necesariamente este trabajo crea oposición y reacciones negativas. Pero debo decir que también muchos están agradecidos porque en la Iglesia católica persiste una fuerza que expresa la fe católica y da un fundamento sobre el que poder vivir y morir. Y esto es para mí lo consolador, satisfactorio, y que veo muchas personas que están agradecidas porque esta voz existe, porque la Iglesia sin violencia, sólo con los medios de convicción, busca responder a los grandes desafíos de nuestro tiempo.

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Congregación para la Doctrina de la Fe

La Congregación para la Doctrina de la Fe, originalmente llamada Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, fue fundada por Pablo III en 1542 con la Constitución "Licet ab initio", para defender a la Iglesia de las herejías. Es la más antigua de las nueve Congregaciones de la Curia.

En 1908, el Papa San Pío X cambió su nombre por el de Sagrada Congregación del Santo Oficio. Finalmente, en 1965, recibió el nombre actual bajo el Pontificado de Pablo VI. Hoy, según el Artículo 48 de la Constitución Apostólica sobre la Curia Romana "Pastor bonus", promulgada por el Santo Padre Juan Pablo II el 28 de junio de 1988, "la tarea propia de la Congregación para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la doctrina de la fe y la moral en todo el mundo católico. Por esta razón, todo aquello que, de alguna manera toca este tema, cae bajo su competencia".

La Congregación está formada actualmente por 18 Miembros -Cardenales y Arzobispos- y está presidida por el Cardenal alemán Joseph Ratzinger. Cada dos años la Congregación celebra su Asamblea Plenaria.

El Secretario del Dicasterio es el Arzobispo italiano Tarcisio Bertone, S.D.B. y el Subsecretario el P. Joseph Augustine Di Noia, O.P. De acuerdo con sus diversas competencias, la Congregación tiene tres secciones distintas: la sección doctrinal, la disciplinar y la matrimonial; en ellas presta servicio un equipo de 33 personas, según los datos del Anuario Pontificio 2002. El Dicasterio dispone además de un Colegio de 29 Consultores. Todas las semanas -normalmente los viernes- se celebran reuniones en las que participan sus Oficiales y Consultores.

La Congregación, en conformidad con su razón de ser, promueve colegialmente encuentros e iniciativas para "difundir la sólida doctrina y defender aquellos puntos de la tradición cristiana que parecen estar en peligro, como consecuencia de doctrinas nuevas no aceptables".

Cuando los Obispos vienen a Roma para realizar su visita "ad limina" cada cinco años, pasan por la Congregación para la Doctrina de la Fe, y también por otros dicasterios de la Curia Romana, "para intercambiar información y preocupaciones recíprocas".

Se da también una amplia colaboración con la Pontificia Comisión Bíblica y la Comisión Teológica Internacional, ambas presididas por el Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En las oficinas del Dicasterio tiene su sede también la Secretaría de la Comisión Interdicasterial para el Catecismo de la Iglesia Católica, cuyo Presidente es el Cardenal Prefecto de la misma Congregación. Desde hace unos años, la Congregación, en colaboración con la Librería Editora Vaticana, publica sus documentos en la Colección "Documenti e Studi".

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

  

Ana Bolena, la amante decapitada.

 

Ana Bolena es una de esas mujeres que convulsionó su época y la sociedad de su tiempo. Su relación adúltera con el rey Enrique VIII provocó uno de los mayores escándalos de su tiempo y lo que fue más importante, la ruptura de Inglaterra respecto a la Iglesia Católica y la creación de una religión nacional, el anglicanismo.

Ana Bolena provenía de una familia de la nobleza media inglesa, la cual estaba acostumbrada a medrar gracias a sus influencias con personajes importantes. Así, gracias a estos, consiguieron que Ana entrara a formar parte del séquito de la reina de Inglaterra, Catalina de Aragón.

La boda de Enrique VIII y Catalina de Aragón (hija de los reyes católicos), había sellado la alianza entre ambas naciones, tradicionalmente enfrentadas a Francia.

 

Su boda había sido un gran éxito, y durante 15 años fueron felices, sin embargo de su unión no había nacido un hijo varón, objetivo primordial de cualquier boda real para así asegurar la dinastía. Solo había nacido una niña: la futura María Tudor.

Con el tiempo, Enrique, más joven que Catalina, había empezado a dar rienda suelta a sus ardores, por medio de numerosas amantes, entre las cuales quiso incluir a Ana Bolena.

Sin embargo, Ana, mujer de gran ambición, no quiso entregarse inmediatamente, sino que dejaba pasar el tiempo hasta extremos insoportables para el rey. Ana exigió que decidiera entre ella o la vieja y seca reina Catalina, incapaz de darle ya un hijo varón.

Enrique eligió a Ana, pero había un inconveniente: ¿cómo romper su matrimonio con Catalina?. Con gran crueldad, siguiendo tan solo sus más oscuros intereses planteo la nulidad del matrimonio en un hecho que sucedió antes de su matrimonio, absolutamente falso y que ponía en entredicho el honor de la reina. Ante tamaña farsa, Roma se negó a dar la dispensa, lo que provocó las iras del rey, el cual rompiendo todos los lazos con la iglesia romana, creó una nueva iglesia nacional a su medida en la que él era la cabeza y podía hacer y deshacer a su antojo. Una vez hecho esto, repudió a Catalina, la encarceló y desheredó a la pequeña María. Felices, Ana y Enrique se casaron en 1533, con honores reales y con Ana esperando un hijo. Era su triunfo absoluto. Sin embargo, el pueblo no era tan estúpido y se mostró frio con Ana, considerando a Catalina como legítima soberana.

Para su desgracia, tuvo a luz a una niña, lo que provocó el rechazo y una profunda decepción en el rey (sería cargo de conciencia). En los meses siguientes, Ana se apoyó febrilmente en la nueva religión, su única fuente de legitimidad.

Pero el destino quiso que una vez muerta Catalina (con la dignidad de la reina que era), la Bolena dio a luz un niño muerto. Esta nueva desgracia para ella fue la definitiva. El rey ya tenía otra amante y ahora solo pensaba en como deshacerse de ella.

Para hacerlo usó la misma táctica que tan bien habían practicado con Catalina, la acusó de relaciones incestuosas y de infidelidad al rey, lo que provocó su condena a muerte.

Ana Bolena era decapitada en 1536, su hija (la futura Isabel I) considerada bastarda y Enrique VIII tomó nueva esposa 48 horas después.

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

Pedro Cieza de León (1518?1560)

 

 

Extremeño de Llerena, en las Indias desde 1535, Cieza luchó en las guerras civiles del Perú, y fue cronista de La Gasca. También este soldado escritor, la mejor fuente de la historia de los incas y de la conquista del Perú, se nos muestra en la Crónica de la conquista del Perú y en El señorío de los incas como hombre cristiano empeñado en una empresa evangelizadora. Así expresa en el Proemio de su Crónica su inesperada vocación de escritor:

«Como notase tan grandes y peregrinas cosas como en este Nuevo Mundo de Indias hay, vínome gran deseo de escribir algunas de ellas, de lo que yo por mis propios ojos había visto... Más como mirase mi poco saber, desechaba de mí este deseo, teniéndolo por vano... Hasta que el todopoderoso Dios, que lo puede todo, favoreciéndome con su divina gracia, tornó a despertar en mí lo que ya yo tenía olvidado. Y cobrando ánimo, con mayor confianza determiné de gastar algún tiempo de mi vida en escribir esta historia. Y para ello me movieron las causas siguientes:

«La primera, ver que en todas las partes por donde yo andaba ninguno se ocupaba en escribir nada de lo que pasaba. Y que el tiempo consume la memoria de las cosas de tal manera, que si no es por rastros y vías exquisitas, en lo venidero no se sabe con verdadera noticia lo que pasó.

«La segunda, considerando que, pues nosotros y estos indios todos, todos traemos origen de nuestros antiguos padres Adán y Eva, y que por todos los hombres el Hijo de Dios descendió de los cielos a la tierra, y vestido de nuestra humanidad recibió cruel muerte de cruz para nos redimir y hacer libres del poder del demonio, el cual demonio tenía estas gentes, por la permisión de Dios, opresas y cautivas tantos tiempos había, era justo que por el mundo se supiese en qué manera tanta multitud de gentes como de estos indios había fue reducida al gremio de la santa madre Iglesia con trabajo de españoles; que fue tanto, que otra nación alguna de todo el universo no lo pudiera sufrir. Y así, los eligió Dios para una cosa tan grande más que a otra nación alguna».

Cieza de León reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

«hasta que la luz de la palabra del sacro Evangelio entre en los corazones de ellos; y los cristianos que en estas Indias anduvieren procuren siempre de aprovechar con doctrina a estas gentes, porque haciéndolo de otra manera no sé como les irá cuando los indios y ellos aparezcan en el juicio universal ante el acatamiento divino» (Crónica cp.23).

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

Perú debe parte de su identidad a cuatro

siglos y medio de presencia franciscana

 


El cardenal Cipriani alienta a los religiosos a tender a la santidad
LIMA, 29 julio 2003.- El trabajo y el testimonio de santidad de numerosos franciscanos y franciscanas a lo largo de 450 años ha ayudado a conformar la identidad de la patria peruana.


Por ello, el cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima y primado de Perú, expresó su agradecimiento a la Orden Franciscana al presidir la Eucaristía de celebración de este aniversario en la Basílica de San Francisco, en el centro de la capital, el pasado 14 de julio.

La misa fue concelebrada por monseñor Miguel Cabrejos, arzobispo de Trujillo, monseñor Federico Ritcher Prada, arzobispo emérito de Ayacucho, Fray Anselmo Díaz Rodríguez, ministro provincial de los Franciscanos, además de los obispos auxiliares de Lima, monseñor José Antonio Eguren y monseñor Adriano Tomasi.

En 1542 llegó a Perú una expedición de franciscanos formada por doce frailes, lo cual dio origen al nombre de la provincia peruana de los Doce Apóstoles, fundada en 1553. A partir de este momento, se extendió la labor de la Orden Franciscana en todo el continente americano.

El primer franciscano que pisó tierras peruanas fue Fray Marcos de Niza, y poco después llegaron los padres Jacobo Ricke, Pedro Gosseal y Pedro Rodeñas, quienes dedicaron grandes esfuerzos a la evangelización de los indígenas.

«Los franciscanos fundaron pueblos, abrieron caminos, crearon colegios y transmitieron cultura, forjando el espíritu cristiano de nuestra república peruana», constató el purpurado.

«Queridos frailes --dijo el cardenal Cipriani dirigiéndose a los religiosos--, conservad vuestro estilo basado en la pobreza, la entrega a los demás, la docilidad y la obediencia, teniendo fija vuestra mirada en Cristo, como lo hacía San Francisco de Asís, vuestro padre y maestro».

Igualmente les recordó que «aquel que predica debe calentar su alma en la oración, para no proferir palabras vacías, y también debe buscar la santidad, como una urgente tarea pastoral de nuestro tiempo».

Según recientes sondeos de opinión, el arzobispo de Lima manifestó que la identidad cristiana en Perú identifica de forma mayoritaria a los franciscanos como un símbolo de los que es la fe católica en las sociedades.

«Por ello, les recuerdo a sus religiosos las tradiciones de servicio, de entrega, de afecto, de cercanía, que siempre los han caracterizado», concluyó. ZS03072911

 

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Cardenal Roger Etchegaray,
durante el acto de presentación del libro
La inquisición, en el Vaticano, el pasado 15 de junio 2004.

  

La Inquisición, de mito a realidad

 

Juan Pablo II ha alentado, en una Carta reciente, la investigación histórica sobre los tribunales de la Inquisición, para que la Iglesia pueda hacer un maduro examen de conciencia, alejado de prejuicios o de apologética propagandista

 

«La petición de perdón que debe hacer la Iglesia por los pecados de sus hijos a través de la Historia, en particular en el caso la Inquisición, exige conocer con rigor científico los hechos tal y como fueron», considera Juan Pablo II. En respuesta a esta convicción profunda del Santo Padre, lanzada para preparar el gran Jubileo del año 2000, la Santa Sede convocó, a finales de 1998, a historiadores universalmente reconocidos de todos los credos en un Simposio Internacional acerca de esos tribunales eclesiásticos. El pasado 15 de junio fueron presentadas, en la Sala de Prensa de la Santa Sede, las Actas de aquel Congreso.
Para el Papa se trata de un acontecimiento tan importante que, con este motivo, escribió una Carta especial, leída ante los periodistas por el cardenal Roger Etchegaray, ex-Presidente del Comité para el gran Jubileo del año 2000, en la que presenta la actitud con la que la Iglesia debe repasar las páginas de Historia del cristianismo, desde la institución de los primeros inquisidores, por parte del Papa Gregorio IX (1227-1241), hasta la abolición del último de estos tribunales eclesiásticos, el español, en 1834.

 

«Ante la opinión pública, la imagen de la Inquisición representa de alguna forma un símbolo de antitestimonio y escándalo. ¿En qué medida esta imagen es fiel a la realidad?», se pregunta el Papa; y advierte después: «Antes de pedir perdón es necesario conocer exactamente los hechos, y reconocer las carencias ante las exigencias evangélicas en los casos en que sea así». Por este motivo, el obispo de Roma instituyó, para preparar a la Iglesia al cambio de milenio, una Comisión histórico-teológica del Comité para el gran Jubileo del año 2000, a la que le encomendó esta tarea, y en la que puso al frente a su teólogo de confianza, el actual cardenal Georges Cottier, dominico, teólogo de la Casa Pontificia. «La verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas. Los hijos de la Iglesia deben revisar con espíritu arrepentido la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad. Este espíritu de arrepentimiento comporta el firme propósito de buscar en el futuro caminos de testimonio evangélico de la verdad».
Las Actas del Simposio Internacional La Inquisición, volumen de 783 páginas, editadas por la Biblioteca Apostólica Vaticana –según aclaró el cardenal Cottier, en su presentación–, sirven para que los teólogos puedan tener elementos de respuesta a preguntas como: ¿Qué significa la paradoja: la Iglesia santa comprende en su seno a los pecadores? «Es obvio –aclaró el purpurado suizo– que una petición de perdón sólo puede afectar a hechos verdaderos y reconocidos objetivamente. No se pide perdón por algunas imágenes difundidas a la opinión pública, que forman parte más del mito que de la realidad».
El libro ha sido coordinado por Agostino Borromeo, experto en Inquisición y Presidente del Instituto Italiano de Estudios Ibéricos, quien, en la rueda de prensa, constató que, «hoy por hoy, los historiadores ya no utilizan el tema de la Inquisición como instrumento para defender o atacar a la Iglesia. A diferencia de lo que antes sucedía, el debate se ha trasladado a nivel histórico, con estadísticas serias. Esto se debe al gran paso adelante que supuso la apertura de los archivos secretos de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio), ordenada por Juan Pablo II en 1998, en donde se encuentra una base documental amplísima».


La Inquisición en España –explicó Borromeo recogiendo datos publicados por las Actas– celebró, entre 1540 y 1700, 44.674 juicios. Los acusados condenados a muerte constituyeron el 1,8%; de ellos, el 1,7% fueron condenados en contumacia, es decir, no pudieron ser ajusticiados por estar en paradero desconocido, y en su lugar se quemaba o ahorcaba a muñecos.


La cacería de brujas fue mucho más salvaje en el centro y norte de Europa, muchas veces en zonas que acogieron la Reforma. De los 125.000 procesos de su historia, la Inquisición española condenó a la muerte a 59 brujas. En Italia, fueron 36; y en Portugal, 4. «Si sumamos estos datos –reveló el historiador, citando fuentes ofrecidas por las Actas–, no se llega ni siquiera a un centenar de casos, contra las 50.000 personas condenadas a la hoguera, en su mayoría por los tribunales civiles, durante la Edad Moderna. Proporcionalmente, las matanzas de brujas más numerosas tuvieron lugar en Suiza (se quemaron a 4.000, en una población aproximada de un millón de habitantes); Polonia-Lituania (unas 10.000, en una población de 3.400.000); Alemania (25.000, en una población de 16.000.000); y Dinamarca-Noruega (unas 1.350, en una población de 970.000).
Borromeo alentó a los investigadores a profundizar en la gran masa de fuentes históricas que ahora son consultables, para superar definitivamente, por una parte, la leyenda negra creada contra la Inquisición en países protestantes, y, por otra, la apologética católica propagandista que surgió como reacción.
Jesús Colina. Roma –

2004. 06. 24 ‘ALFA Y OMEGA. Nº 408 - Semanario de la diócesis de Madrid – España

 

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Vale recordar que en Francia la pena capital continúo siendo ejercida hasta el año 1976; en algunos países africanos la desaparación de brujas persiste hoy por métodos que van del asesinato, envenenamiento, ahorcamiento, o por el fuego a través de armas o fogeras. 2004-06-25

 

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La ponencia del eminente profesor Gustav Heningsen sobre la quema de brujas revela que la Inquisición quemó a 4 mujeres en Portugal, 59 en España y 36 en Italia. En esa época de locura, los tribunales civiles de Europa procesaron por brujería a más de 100.000 mujeres, de las que dieron muerte a más de 50.000. El cardenal Georges Cottier no excluyó que la Iglesia tenga que pedir perdón en el futuro por escándalos más recientes, y recordó que «la pena de muerte sólo fue abolida en Francia en 1976». Roger Etchegaray añadió que el Papa pone en práctica la declaración «Dignitatis humanae» del Vaticano II: «La verdad sólo puede imponerse por la fuerza misma de la verdad». 2004-06-15 Roma – Italia

 

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Mientras que Francia aplica la pena de muerte hasta el año 1976 y los EE.UU. Arabia Saudita, Sudán, Irán, Pakistán, Irak,  etc. la siguen aplicando en el 2004…

 

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En Zimbabwe como en algunos países africanos, la persecución a las brujas por haber fracasado en sus pronósticos, maléficos consejos, falsas medicinas, etc. etc. sucede que se las condena -sin juicio previo- a la desaparición, sea por homicidio, envenenamiento, fuego, u otras formas.  2004.  

 

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Al estudiar la historia, se suele hacer desde los prejuicios de la mentalidad actual, cosa que esteriliza la  labor principal del historiador. No podemos dar a conocer unos hechos del pasado sin antes reflejar el imaginario colectivo de la época donde tuvieron lugar.

 

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“Un Islam hecho de crucifixiones, decapitaciones, de esclavitud, mutilaciones, de conversiones forzadas y de engaño”. Mons. Cesare Mazzolari, Misionero Comboniano y Obispo de Rumbek, en el Sudán – Y estamos en el 2004-06-03

 

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Lectura indiscriminada ¿o volver a la censura?

  

Perdamos el miedo a hablar de una ética de la lectura. Debemos asumir una actitud responsable ante el material impreso. Existen libros malos de la misma manera que existen ideologías malas (el nazismo, el racismo). Leer sin ponderación alguna es un acto de vanidad; presuntuosamente se minusvalora el poder de un libro. Un lector maduro es un lector que se aconsejará, que tomará en cuenta sus circunstancias (disponibilidad de tiempo, estudios) para saber si debe o no debe leer un determinado libro. Se trata de sustituir la censura por una ética de la lectura. Un lector maduro pondera la conveniencia de las lecturas. Un lector inmaduro es un lector que lee indiscriminadamente.

 

Por Héctor Zagal Arreguín

Fulguraciones

 

Jack Smith es uno de los mejores novelistas del presente siglo. Su libro Fulguraciones es considerado por la crítica como "la" novela de finales del XX. Factura impecable, trama sólida, personajes vivos: Fulguraciones es una obra maestra de la literatura anglosajona.

 

El asunto es sencillo. El personaje central, Calvin Truman, impulsa el resurgimiento del Ku Klux Klan en el sur de California. Calvin es un defensor de los valores tradicionales de la cultura WASP amenazados, en su opinión, por los mexicanos, las feministas, los judíos, los negros y los gays. A lo largo del libro, Smith va argumentando por boca de Calvin las razones por las que homosexuales, mujeres y minorías raciales deben ser despojados de la ciudadanía norteamericana. El autor recoge con crudeza y pinceladas de trazos finos, los defectos e inconvenientes que se han generado en la sociedad yanqui en torno a los barrios de inmigrantes, los movimientos gays y las actitudes feministas. Al mismo tiempo, resalta las virtudes y simpatía de Calvin: un tipo agradable y afable, que captura la benevolencia del lector desde el primer momento. Finalmente, Calvin es brutalmente masacrado junto con su familia sin que se encuentre a los asesinos. Todo hace suponer que fue venganza de una minoría.

 

En tan sólo un año, las ventas de Fulguraciones en Estados Unidos reportan 15 millones de ejemplares, y ocupa el primer lugar de ventas en Inglaterra, Alemania y Australia. Actualmente se prepara la traducción castellana y pronto se venderá en España.

 

¿Le gustaría a usted que su hijo de nueve años leyera Fulguraciones? Si la respuesta es negativa, tiene usted suerte. Fulguraciones no existe.

 

La Cabaña del Tío Tom 

 

La opinión norteamericana del siglo XIX estaba poco sensibilizada sobre la esclavitud. A la mayoría de los americanos, la venta y compra de negros —como si fuesen cosas— le parecía un hecho normal. La novela La cabaña del tío Tom removió los corazones y las inteligencias de muchos estadounidenses; sin ese libro muchos hubieran continuado indiferentes ante la brutalidad e inmoralidad de la esclavitud. La emancipación de los afroamericanos fue suscitada en buena medida por la novela de Harriet Elizabeth Sowe.

 

Nadie puede dudar de que hay libros que promueven valores positivos, libros que animan a la solidaridad, al respeto de los derechos humanos, a la compasión. Un colega —poeta escéptico dedicado a la televisión— lo dice de manera curiosa: "después de leer las novelas de Luis de Wohl se me antoja ser bueno". Por supuesto que en mi opinión los gustos literarios de mi amigo son muy cuestionables. Después de leer al cursilísimo de Wohl, lo único que me queda es una fuerte migraña. Al margen de sus decadentes gustos, mi colega acierta al señalar un hecho: "hay libros que animan a ser mejor".

 

Pero así como hay libros que animan a ser mejores, también existen libros que propician "contravalores". Mein Kampf (Mi lucha) de Hitler es un texto poco aconsejable para promover la solidaridad y el pluralismo en la sociedad multicultural. A nadie nos gustaría que Mein Kampf se convirtiera en un nuevo best seller en Alemania.

 

Un libro es un conjunto de imágenes e ideas. Los libros son tramas y argumentos que mueven la sensibilidad y la inteligencia. Los norteamericanos que leyeron La cabaña del tío Tom fueron removidos por el sufrimiento del pobre esclavo Tom y su familia. Los jóvenes guardias de Auschwitz alimentaron su odio contra los judíos con las páginas de Mi lucha. Las ideas y las imágenes escritas por Hitler contribuyeron a inmunizar a los SS contra el sufrimiento humano: la tortura de niños y ancianos judíos les parecía algo razonable, tal vez, hasta moralmente bueno.

 

¿Leer o no leer? 

 

La conclusión salta a la vista. Existen libros que en ocasiones conviene leer y existen libros que en ocasiones conviene no leer. Platón —quien ha sido catalogado como fascista y totalitario por algunos— se percató del poder de la palabra escrita. En La República —donde describe su ciudad ideal— el filósofo griego pone especial atención en lo que los poetas enseñan a los niños. Platón propone desterrar de su ciudad ideal la poesía heroica, pues las traiciones e infidelidades de los dioses deforman la religiosidad de los niños. El cristianismo romano también tempranamente advirtió el riesgo de algunas lecturas. San Basilio el grande —autor del pequeño tratado Cómo leer la literatura pagana— recomienda leer algunos clásicos que fomentan valores como la justicia y la valentía, a través de las hazañas de héroes de la antigüedad, pero también pone en guardia contra las lecturas paganas que fomentan el vicio.

 

Los neoilustrados se escandalizan —como sus abuelos— cuando escuchan hablar de libros buenos y libros malos, libros recomendables y libros inconvenientes. Clasificar éticamente los libros es —afirman mientras se tiran de los pelos— una actitud inquisidora, pueril, intolerante, cerril, totalitaria, mojigata: clasificar libros en "buenos" o "malos" es un renacimiento del Santo Oficio y del fundamentalismo islámico.

 

¡Cuidado! Palabras como "intolerancia" y "censura" se han convertido en armas arrojadizas que se lanzan contra el enemigo y lo descalifican de inmediato. Tan sólo estoy señalando un hecho: los libros promueven una actitud ante la vida. Como hay actitudes buenas y actitudes malas, luego, habrá libros buenos y libros malos. A nadie en sus cinco sentidos se le ocurriría afirmar que violar y asesinar niños es una actitud positiva. En consecuencia, un libro que promoviera tácitamente tal actitud no sería un libro bueno. Incluso un liberal furibundo tendría que reconocer su carácter nocivo.

 

Lo diré de otra manera. Se afirma que los libros son alimentos de la inteligencia. (La metáfora es cursi y azucarada, pero verdadera: continuemos con ella). Un pastel de chocolate es un alimento y, en ese sentido, es bueno. Sin embargo, el pastel puede resultarle perjudicial a un diabético, a un ulceroso, a un bebé, a un individuo que padece migraña. Sólo a un imbécil se le ocurriría afirmar que el médico es un "fascista", "totalitario" o "mojigato" porque precave contra los riesgos del pastel en cada caso. Al diabético se lo prohíbe taxativamente, al bebé se lo permite en pequeñas raciones, y al enfermo de migraña se lo permite únicamente en determinadas circunstancias. El paciente es libre de comer el pastel que le apetezca, pero le subirá el azúcar o le sangrará la úlcera. Ciertamente, también él conoce su propio cuerpo y percibe en cierta medida qué le hace o no daño, pero si es sensato, aceptará que el médico conoce mucho mejor los mecanismos fisiológicos y la acción del azúcar sobre ellos. La prescripción del médico es un criterio insoslayable.

 

Con los libros sucede algo muy similar.

 

Hay libros convenientes o libros inconvenientes; sólo los hipócritas y los analfabetos niegan el vértigo que ocasionan algunas lecturas.

 

Quien, en la adolescencia, haya leído Herman Hesse, sabe a lo que me refiero. Un libro influye: yo nunca recomendaría Una temporada en el infierno de Rimbaud, a un enfermo de depresión, le vendría mejor una novela de Agatha Christie o algún ensayo de Alfonso Reyes.

 

Perdamos el miedo a hablar de una ética de la lectura. Debemos asumir una actitud responsable ante el material impreso. Existen libros malos de la misma manera existen ideologías malas (el nazismo, el racismo).

 

Libros prohibidos 

 

La expresión "libro prohibido" evoca calabozos, oscurantismo, cacería de brujas y quema de herejes; encapuchados dogmáticos, verdugos de la intelligentzia y de los bourgois bien-pensant. Trataré de exorcizar el término.

 

Tradición es un conjunto de creencias, de convicciones, de mentalidades, de costumbres aceptadas, habitualmente de una manera tácita, por una comunidad dada. Dos filósofos —Gadamer y McIntyre— han reivindicado el concepto de tradición. Un prejuicio típicamente ilustrado es afirmar que la pertenencia a una tradición es algo malo y, que por el contrario, no pertenecer a una tradición es bueno. Para los liberales ilustrados el ideal cultural es la asepsia ideológica, carecer de presupuestos tradicionales para estar abiertos a otras tradiciones. Atacan a los comprometidos con una tradición esgrimiendo contra ellos calificativos como "dogmáticos", "intolerantes", "fanáticos". Por el contrario, los liberales se vanaglorian de pluralistas, open mindness y tolerantes. El "burgués bien pensante" pretende reducir al mínimo las repercusiones comunitarias de las tradiciones, de suerte que cada quien pueda vivir y pensar de acuerdo a su propia tradición en la intimidad de su casa, sin el "obstáculo" de otra tradición ajena. Propugna las "tradiciones privadas", mientras que sus oponentes (yo entre ellos), proponen una tradición pública.

 

Varios filósofos han demostrado que la asespsia ideológica, la neutralidad, la objetividad, la ausencia de compromisos con una tradición es un mito. Cualquier individuo racional pertenece a una tradición. Todos vivimos comprometidos con determinadas creencias y pautas de comportamiento. La racionalidad humana requiere necesariamente de una tradición. No hay diálogo multicultural si no hay tradición previa. El pluralismo y la tolerancia dentro de este diálogo multicultural, sólo son posibles en la medida en que los interlocutores comparten algunos valores tradicionales. Pongo un ejemplo muy sencillo. Un fan de la selección de fútbol brasileña sólo puede "pelearse" con un seguidor de la selección francesa porque tienen algo en común. Las trifulcas entre los seguidores de Brasil y los de Francia son posibles gracias a que ambos entienden las reglas de fútbol y aceptan la autoridad de la FIFA. Un aficionado al criquet no se pelea con un fan del Real Madrid. El diálogo —incluso en términos duros, de lucha— exige un punto común en el terreno de las creencias. El simple hecho de discutir supone reconocer el valor de la palabra: ya estamos inmersos en una tradición de reverencia al logos.

 

Por supuesto, hay de tradiciones a tradiciones. Algunas son muy particulares; se circunscriben a una comunidad pequeña (las tradiciones de una fraternidad estudiantil en Harvard), otras son más generales (los albures mexicanos) y otras tradiciones son más universales (reconocer del valor de la vida humana, del diálogo, de la tolerancia).

 

Las tradiciones posibilitan el sentido de una serie de acciones y pensamientos. Por ejemplo, el guarismo "10010" sólo tiene sentido en la tradición de los números arábigos. Julio César no hubiera podido leerlo, pues sus signos numéricos eran letras. Incluso este número cambia su significado dependiendo del sistema que usemos, decimal o binario. Otro ejemplo más pedestre: muchos chistes pierden su gracia fuera de un grupo de amigos. Cuando un extraño los escucha no los entiende. Un último ejemplo: el testimonio de los Evangelios sólo tiene sentido pleno para los cristianos. Por eso santo Tomás escribió la Summa Contra Gentiles —una obra para convertir musulmanes— procurando no recurrir a la autoridad bíblica.

 

A toda tradición corresponde una antitradición: la negación de las creencias, principios y costumbres vertebrales de la tradición en que se vive. Y así como una tradición cultural suele reconocer un libro canónico, un resumen o exposición de los principios madre (e.gr. el reglamento de fútbol para los futbolistas), así suele reconocer libros prohibidos. Un libro anticatólico rechaza o cuestiona principios fundamentales del canon.

 

Es ingenuo suponer el desarrollo de comunidades culturales sin libros prohibidos. Toda comunidad posee un antilibro. Algunas reconocen abiertamente el "anticanon", mientras que otras o esconden la lista negra, o no lo explicitan. La revolución cultural en tiempo de Mao Tse Tung prohibió las obras de Shakespeare; la Inquisición, las de Voltaire; y el poder judicial norteamericano, el filme antiabortista El grito silencioso.

 

En la sociedad neoliberal lo más frecuente es negar la existencia del anticanon. Esta negación parte del supuesto que el anticanon debe ser un listado oficialmente promulgado. No hace falta, sin embargo, dicha promulgación. El libro Sobre el cielo de Aristóteles es un antilibro de la astronomía contemporánea. Los estudiantes de astronomía no estudian directamente dicha obra, pues la tradición contemporánea niega la astronomía aristotélica. Un recetario de hechizos y embrujos es un libro prohibido en una Facultad de Medicina, el chamanismo y la brujería están expulsados de la comunidad médica. Quizá algunos pocos médicos estudien los rituales, pero lo hacen para rescatar elementos como la herbolaria, porque es compatible con la medicina moderna tradicional, o bien porque consideran que es un antecedente de la propia tradición. En cualquier caso, los estudiantes se forman con libros de texto, libros canonizados por la comunidad de expertos, y no con libros de sortilegios.

 

La atracción de lo prohibido 

 

Hablando acerca del atractivo de los llamados libros prohibidos y de quienes tengan acceso a ellos estén bien formados académicamente, Jaime Torres Bodet escribió: El mal escritor lleva, en su ineficacia, un precioso antídoto. Los peligros principian con el talento. ¿Cuántos caramelos de miel de abeja o cuántos relatos de Ohnet sería preciso absorber para intoxicarse? No es fácil averiguarlo. Bastan, en cambio, algunos centígramos de heroína, dos o tres capítulos de Nietzsche o una página de Spinoza para empezar a sentirse exento de algunas obediencias tradicionales. Sin método y sin maestros, el parroquiano de ciertas salas de lectura podría compararse con un enfermo que se aplicara todos los días—y solamente por fe en los prospectos— las inyecciones de acción menos previsible: hoy un centímetro cúbico de los Vedas; mañana, cinco gramos de Byron o de Gógol... 

 

Somos hijos de la Ilustración: individualistas e idólatras del progreso. La burguesía adora las innovaciones y abomina de la violación de su intimidad: tiene desplantes de adolescente: no a la tradición, no a la autoridad.

 

A diferencia de otras culturas donde la tradición es respetada (piénsese en la veneración oriental a los ancianos y a la autoridad), la cultura burguesa es celosa de su individualidad y amante del futuro. Mientras que las culturas orientales veneran la tradición, el bourgois semeja un adolescente renuente a aceptar otra autoridad que su conciencia y otra incardinación en el mundo que sus intereses y caprichos. Los ilustrados burgueses rinden reverencia el libre mercado y a la intimidad de la conciencia.

 

En coordenadas culturales de la burguesía es lógico que los "libros prohibidos" resulten atractivos. Los adolescentes gustan de ir contra corriente, de utilizar pelo corto cuando se usa largo, y largo cuando se usa corto. Los adolescentes desprecian los consejos, son intromisiones: "yo sé lo que hago con mi vida". No es de extrañar que los grandes consumidores de "libros subversivos" —Nietzsche, Sade, Sartre— sean los adolescentes. Usualmente tampoco los entienden, pero "se sienten" mayores, como cuando fuman y beben; quien quebranta la ley experimenta un fino placer. Tampoco es de extrañar —mantengo el paralelismo— que la cultura burguesa sea atraída por los libros prohibidos. Tanto para los adolescentes como para los burgueses, estas lecturas ejercen la fascinación de la novedad. El pensamiento burgués venera el futuro: avanzar es anular la tradición. He aquí la razón por la cual la mejor manera de lograr un best seller es presentarse como antitradicional. He aquí la razón por la cual tantos y tantos lectores devoran ataques contra su propia tradición. Los libros sobre ángeles sólo tuvieron éxito cuando el materialismo imperaba; los "valores" se pusieron de moda cuando lo habitual fue el pragmatismo cínico.

 

¿Por qué leer lo prohibido? 

 

¿Qué de bueno hay en leer un libro contra la propia tradición? La respuesta es compleja. Se me ocurren tres motivos. Primero, para defender la propia tradición: no podemos defendernos de un enemigo que no conocemos. Segundo, para cambiar de tradición. Tercero, para enriquecer la propia tradición.

 

Un libro prohibido es un ataque radical a los principios de la propia tradición, cuestiona mi horizonte de comprehensión, dicho en terminología gadameriana. Un libro de texto, un handbook, es la sistematización de tal tradición, la antítesis del libro prohibido. Quien lee un libro prohibido debe saber lo que está haciendo, debe saber que ninguna tradición es inmune a los ataques de tradiciones rivales. Los libros, especialmente los libros bien escritos, influyen y pueden llegar a modificar mis creencias y costumbres. Recuérdese a Torres Bodet, hay un encanto, un embrujo en los textos perfectamente bien escritos, ese es el riesgo.

 

Un lector maduro pondera la conveniencia de las lecturas. Un lector inmaduro es un lector que lee indiscriminadamente.

 

No estoy afirmado que el lector ponderado no lea libros prohibidos; afirmo que reconoce en un libro prohibido un ataque contra sus convicciones y si lo lee, tiene un motivo proporcionado y procura adquirir la herramienta intelectual adecuada para digerir el texto prohibido.

 

El problema verdadero radica en que el lector inmaduro no está dispuesto a reconocer nunca sus limitaciones y carencias intelectuales. El bourgois antes está dispuesto a reconocer que es gordo y feo que aceptar la necesidad de estudiar más.

 

Antítesis del lector maduro es el individuo que ni siquiera sabe que pertenece a una tradición. Proclama una "apertura" total, signo de su estulticia: nadie está exento de juicios previos (pre-juicios). El lector frívolo no se considera perteneciente a ninguna tradición y se vanagloria de "leer de todo". Se autoengaña y su falta de compromiso intelectual le obliga a ir de un lugar a otro según soplen los vientos culturales. La conciencia de pertenencia a una tradición no es un handicap, es una ventaja, pues conocer los propios límites es, de alguna manera, superarlos.

 

Todo individuo racional parte de unos presupuestos que no son negociados ni discutidos, son presupuestos a partir de los cuales se negocia o se discute. Así, un comprador y un vendedor de bienes raíces no discuten sobre la licitud de la propiedad privada de la tierra, sencillamente la presuponen. Con base en esta suposición negocian. Todos partimos de algún punto.

 

No pago para que me peguen 

 

Un expresidente mexicano cortó el subsidio a una revista política que lo atacaba. Su argumento: "no pago para que me peguen". La idea es interesante. ¿Tiene sentido leer sin motivo proporcionado un libro que ataca mi propia tradición? Pongo otro ejemplo. Ariel Gómez lee la Anti Oda a la madre de Ariel Gómez. El poeta, llamémosle Cornelio Saucedo, es magistral. Ritmo, metáfora, brillantez, se dan cita en la Anti Oda. En ella, Cornelio afirma que la madre de Ariel es una ramera pendenciera, frívola y voluble que se prostituye para financiar un grupo terrorista. El poeta ataca a la madre de Ariel. ¿Qué sentido tiene que Ariel lea la Oda? ¿Por qué leería un insulto poético —artísticamente bello— a su madre? Mutatis mutandi algo similar ocurre con los libros prohibidos. Que un católico romano lea la Letanía de Satán de Baudelaire sin justificación es una actitud inmadura. El católico cree en la existencia de Dios y del demonio. Leer una serie de versos blasfemos es inmaduro. Que un librepensador lea tal poema es comprensible; para el librepensador, Satán es un mito. Los versos de Baudelaire carecen de cariz blasfemo, no ofenden sus creencias; no así para un católico. Otro caso, ¿tiene sentido que un judío lea "por gusto" un libro antisemita? Podrá leerlo por motivos específicos: conocer la naturaleza de las calumnias, detectar al infame escritor o prever un ataque con la comunidad judía, pero leerlo simple y llanamente por curiosidad, por "gusto", denotaría una falta de sensibilidad. Sólo los tontos pagan para que se les pegue. Sólo los ingratos festejan las ofensas poéticas contra sus padres.

 

Un malentendido y falso pluralismo nos hace pensar que es conveniente leer sin ponderación, sin consejo. No es raro que quienes presumen de leer de todo, suelen ser tipos que con crasas dificultades leen un libro al año. Quienes están habituados a leer saben que hay más libros que tiempo. Son individuos que disciernen y que no echan en saco roto los consejos de los demás. Si yo pretendo hornear una lasagna "comible" y no cocino frecuentemente, lo sensato es revisar un recetario o pedir consejo a una persona con experiencia, no a un profesor de filosofía.

 

Censura y lectura 

 

Los censores me aterran. A lo largo del tiempo la censura no sólo se ha mostrado cruel e injusta, sino también ineficaz. Es imposible detener con prohibiciones las ideas. La experiencia lo demuestra.

 

Ningún hombre, ninguna institución humana puede consagrarse como intérprete único, absoluto y exclusivo de la verdad. Ni siquiera para nosotros los católicos, el Magisterio es el poseedor absoluto de la verdad. El Magisterio se pronuncia sobre muy pocos asuntos y pocas veces lo hace invocando su infalibilidad. Por otra parte, el ámbito de la Iglesia es espiritual y religioso; lo que no tiene que no esta ligado a la fe, moral y costumbres no es de su incumbencia directa. Por tanto, los listados de textos prohibidos son algo sujeto a revisión. No olvidemos, por ejemplo, que santo Tomás fue prohibido durante un tiempo por el obispo de París, y que la condena inquisitorial contra Galileo ha sido revocada por Juan Pablo II. Ni siquiera la Iglesia católica, a la que los ilustrados consideran como la prohibidora par excellence, elabora listados definitivos de libros prohibidos.

 

Como es sabido, después del Vaticano II, se abolió la pena canónica contra quienes leen libros del Index sin autorización. Ya no hay excomunión por leer a Voltaire. Lo que pocos saben es que no se abolió la prohibición moral. Esto quiere decir que cada católico ha de cuidar con sentido de responsabilidad su propia fe y que la Iglesia apela más al afán de sus hijos para preservar su fe, que a la amenaza de la excomunión. Se trata de sustituir la censura, por una ética de la lectura. Un lector maduro es un lector que se aconsejará, que tomará en cuenta sus circunstancias (disponibilidad de tiempo, estudios) para saber si debe o no debe leer un determinado libro. Es absurdo que un católico que jamás ha leído el Evangelio, lea De servo arbitrio de Lutero.

 

Leer sin ponderación alguna es un acto de vanidad; presuntuosamente se minusvalora el poder de un libro. Cuando yo empeño mi inteligencia en leer un texto que ataca mi tradición debo hacerlo conscientemente, sabiendo que su lectura puede hacer tambalear mis convicciones. A veces valdrá la pena hacerlo. Ojalá los nazis hubieran leído textos subversivos antinazis.

 

Pero no deben olvidarse dos puntos. Primero, que así como hay venenos corporales, también hay venenos intelectuales. Un libro que propicia el machismo, el racismo, el asesinato de homosexuales, la paidofilia, es venenoso. En contadas ocasiones será razonable probar un veneno, quizá como tratamiento contra el cáncer, tal vez para hallar un antídoto. Pero un veneno se prueba de manera controlada. Hay tradiciones inhumanas, impregnadas de veneno. Segundo, leer un "libro prohibido" es una aventura. No toda aventura es buena (el narcotráfico), ni toda aventura es mala (irse de backpack a la Tarahumara). Pero lo razonable es cuestionarse si estamos preparados para afrontar dicha aventura. Si tenemos salud, tiempo y dinero; será provechosa. Una aventura fuera de nuestra propia tradición exige un previo conocimiento de nuestras convicciones, habilidad argumentativa y humildad intelectual. Me causan risa los estudiantes mexicanos que hablan inglés perfectamente, pero no saben escribir en español. ¿Nos entendemos? La mayoría de los lectores de los libros "negros" no llega a dialogar con el autor, ni siquiera digiere intelectualmente sus argumentos.

 

En conclusión, más que una cultura de la censura deseo promover una ética de la lectura. No pocas ocasiones la censura se ha mostrado contraproducente e injusta.

 

Es muy fácil que el censor se convierta en un instrumento del poder político (por ejemplo, la Inquisición española se convirtió en un mano de la corona de España que llegó, incluso, a desafiar la autoridad del Papa). Además, el censor puede equivocarse, recuérdese la cantidad de ataques que llovieron sobre Blondel, acusado falsamente de modernismo, y es preferible liberar al culpable que encarcelar al inocente.

 

Es mejor hacer consciente a los lectores de la importancia de discernir, de procurarse lecturas que amplíen su horizonte de comprehensión, no que lo destruyan. Cuando observo la historia del pensamiento cristiano desde la ilustración, me surge la duda de si la intelligentzia cristiana no habrá asumido una postura excesivamente defensiva, que la lleva a descuidar la construcción y comprehensión del nuevo mundo. Desde la Ilustración, los intelectuales cristianos han estado más a la defensiva y pocas veces ha ido un paso adelante. Se ha dedicado demasiado a prohibir y refutar, en lugar de construir y asimilar.

 

Cuando las obras de Aristóteles llegaron a la cristiandad medieval hubo dos actitudes. Las de quienes prohibieron a Aristóteles, pues el filósofo pagano atacaba puntos cruciales de la fe (la inmortalidad del alma, la providencia divina, la creación) y la de quienes estudiaron al Filósofo para incorporar elementos rescatables a la tradición cristiana. Tal fue el caso de Tomás de Aquino. El resultado fue un monumento teológico fundamental para los católicos. El Aquinate fue un lector maduro de Aristóteles.

 

Frente a una civilización que se autodenomina poscristiana, me preguntó si no harán falta lectores maduros que superen la estrechez de mente del conservadurismo arqueológico y la frivolidad escéptica y acomodaticia de los burgueses de la cultura. En cualquier caso sé que mi posición es escandalosa, por "retrógrada" para los burgueses y por "escéptica" para los conservadores. Como siempre, quedo mal con todo mundo. Mi esperanza es que este artículo caiga en las manos de un lector maduro. 


(*)Ensayista y articulista. Doctor en Filosofía. Profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana. Consejero editorial de ISTMO. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Autor, entre otras publicaciones, de Ética para adolescentes posmodernos y de Ética de los negocios: hacia las organizaciones del tercer tipo.

Fuente: Revista Istmo, Año 41 - Número 241 - Marzo/abril 1999

2004-07-10

 

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Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

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La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

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PASADO HISTORIA - La inscripción del templo de Delfos, que inspiró a Sócrates: conócete a ti mismo. Se trata de una verdad fundamental: conocerse a sí mismo es típico del hombre. En efecto, el hombre se distingue de los demás seres creados sobre la tierra por su capacidad de plantearse la cuestión del sentido de su propia existencia. Gracias a lo que conoce del mundo y de sí mismo, el hombre puede responder a otro imperativo que nos ha transmitido también el pensamiento griego: llega a ser lo que eres.

Por tanto, el conocimiento tiene una importancia vital en el camino que el hombre recorre hacia la realización plena de su humanidad: esto es verdad de modo singular por lo que atañe al conocimiento histórico. En efecto, las personas, como también las sociedades, llegan a ser plenamente conscientes de sí mismas cuando saben integrar su pasado.

 

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Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999).
S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

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Historia - Iglesia y la libertad - ¿O de los mártires de la persecución religiosa en España de 1936 a 1939; o del totalitarismo nazi? No está de más recordar lo que de éste escribió el judío Albert Einstein, en el Time Magazine de diciembre de 1940: «Por ser un amante de la libertad, cuando tuvo lugar la revolución en Alemania (la llegada de Hitler) miré con confianza hacia las universidades, sabiendo que siempre se habían enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades permanecieron en silencio. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, se redujeron al silencio, sofocados en el curso de pocas semanas. Solamente la Iglesia se opuso plenamente a la campaña de Hitler que pretendía suprimir la verdad. Nunca había tenido un interés especial por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran amor y admiración, porque solamente la Iglesia tuvo el coraje y la perseverancia de defender la libertad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que aquello que antes había despreciado, ahora lo admiro incondicionalmente». Albert Einstein

 

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HISTORIA: -SEGÚN una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados.

Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas.

Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: «La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto».

Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante.

Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- los acontecimientos históricos.

La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia.

En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro.

Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que alguien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia.

Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos.

Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento.

Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva.

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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EN LOS 450 AÑOS DE LA MUERTE

DE MARTIN LUTERO

 

 

LUCAS F. MATEO-SECO

El 18 de febrero de 1546 hace ahora exactamente cuatro siglos y medio, a las tres menos cuarto de una madrugada frigidísima, fallecía en Eisleben uno de los personajes centrales en la crisis del siglo XVI que tanto influye en el decurrir de estos ya casi cinco siglos: el doctor Martín Lutero, monje agustino, profesor universitario, gran predicador y, por encima de todo, reformador de la Iglesia

Lutero no era un político, aunque su actividad y su doctrina tuvieron unas irreversibles consecuencias políticas. Estrictamente hablando, tampoco era un filósofo; más bien despreciaba la razón humana, y al realizar su labor de expositor de la Escritura, de predicador o de teólogo, no le preocupaba en absoluto que sus palabras estuviesen en contradicción con algunas afirmaciones que parecían evidentes al sentido común; sin embargo, su influencia en la filosofía europea puede considerarse de primer orden.

Un Kant, un Hegel, un Feuerbach, el mismo Marx, le deben más de lo que muchas voces se supone a este hombre, cuyas palabras hacia la razón humana no es que fuesen precisamente halagadoras. Con frecuencia la llama "ciega, sorda, estúpida, impía y sacrílega en todas las palabras y obras de Dios" ("Sobre la libertad esclava", en Luther Werke (ed. de Weimar), XVIII, 707). Y en el último sermón pronunciado en Wittenberg el 17 de enero de 1546, es decir, un mes antes de morir, dice: "La prostitución, los grandes crímenes, la embriaguez, el adulterio, ésos son pecados que se notan. Pero cuando llega la razón, la novia del diablo, la bella ramera, y quiere ser prudente y piensa que todo cuanto dice es del Espíritu Santo, ¿quién le pondrá remedio? Ni el jurista, ni el médico, ni el rey, ni el emperador, porque es la más alta ramera que tiene el diablo" (Ed. de Weimar, LI, 123).

Lutero era, ante todo, un teólogo. Por encima de eso, se consideraba el reformador de la Iglesia. Más aún: pensaba y afirmaba de sí mismo que era el hombre elegido para descubrir a los mortales el verdadero sentido del cristianismo, oscurecido por los sofistas —así llamaba a los teólogos— y por los papas.

"Por lo tanto, yo te digo —escribe él en De servo arbitrio dirigiéndose a Erasmo —que yo en esta lucha intento una cosa que para mí es seria, necesaria y eterna, que es de tal calibre que es necesario que sea afirmada y defendida incluso por medio de la muerte, también aunque el mundo entero debiera arder en tumultos y guerras, más aún, aunque el mundo se precipitase en el caos y fuese reducido a cenizas" (Ed. de Weimar, XVIII, 625). Es claro que no está presentado su posición como un profesor que intenta la aprobación de la comunidad científica, sino como quien se siente portador de una misión.

En Lutero, su itinerario interior y su quehacer intelectual están indisolublemente unidos. Era un magnífico orador, precisamente porque a su dominio del idioma y a su apasionada imaginación unía la elocuencia de quien hace brotar sus palabras desde el hondón del alma, desde la propia experiencia. El era un hombre preocupado primordialmente por su propia salvación y asediado por insoportables terrores interiores. El Lutero joven estaba aterrorizado por sus pecados y por el juicio divino. Y para salir de ese terror quiere estar cierto de su propia salvación. Esta es la clave: quiere estar cierto.

Analizando su extensa obra, se llega a pensar que es muy posible que la raíz última de su tremendo drama interior estribe en haber desconocido —o en no haber valorado en todas sus consecuencias— el hecho de que Dios se ha manifestado a los hombres como un padre, es decir, el hecho de que estamos llamados a ser hijos de Dios en Cristo. Y que Dios es siempre fiel a su paternidad. Jesús de Nazaret describió a ese Padre como poseído

por una ternura inmensa en una de sus parábolas más poéticas: la parábola del hijo pródigo (Lucas 15, 11-30).

Lutero no se aplica todas las consecuencias que se siguen de pasajes como este y, en consecuencia, no logra superar su terror ante el destino y ante la posibilidad de condenarse, en definitiva, no logra superar su terror de Dios. "La majestad del Dios desconocido —escribe J. Lortz— es, desde su juventud, para Lutero la del juez airado. Por obra de las doctrinas ockamistas, este juez se convertirá más tarde en Dios del capricho. Pues esto es lo definitivo en el concepto de Dios del ockamismo: que Dios tiene que ser libre, libre hasta el capricho, de cualquier determinación o norma que nosotros podamos pensar o decir".

Es esta una vieja cuestión sobre la que se suele bromear, pues se trata de un problema tan conocido como el sofisma de Aquiles y la tortuga. Si Dios es omnipotente —se argumenta ante el desconcertado interlocutor—, lo puede hacer todo; en consecuencia, puede hacer el mal, porque si no pudiera hacerlo todo, no sería infinitamente libre. Lo que falta en ese argumento no es el concepto de omnipotencia de Dios, sino el concepto de libertad con que se juega, pues se considera a la libertad encapsulada en sí misma, aislada de las demás cualidades del ser que la posee, como son, por ejemplo, su sabiduría o su bondad.

Si siguiendo la célebre definición del apóstol San Juan se dice que Dios es Amor (1 Jn 3, 8), no se puede añadir a continuación que, por ser omnipotente, es un ser arbitrario. Habrá que decir que, por muy poderoso y libre que sea ese Dios, su libertad es una libertad que procede del Amor y está normada por el Amor. Es, por lo tanto, una libertad que no puede elegir la injusticia, ni el mal, ya que hunde sus raíces en el Bien.

En un libro clave para conocer el pensamiento de Lutero —el De servo arbitrio, redactado para refutar a Erasmo de Rotterdam en 1525—, encontramos una definición de libertad en estrecha dependencia de Ockam, y que es buena muestra de la identificación entre libertad y poder a secas, es decir, entre arbitrariedad y libertad, que hace Lutero. En efecto, tras negar que se pueda decir seriamente que existe libertad en el hombre, prosigue: "Y si

este vocablo— cosa que sería lo más seguro y religiosísimo—, al menos, enseñemos a usarlo de buena fe de modo que se le conceda al hombre el libre albedrío sólo de la cosa que le sea inferior, no respecto de la cosa que le sea superior, esto es: que sepa que en sus facultades y posesiones tiene derecho de usar, hacer, omitir conforme a su capricho (pro libere arbitrio), aunque esto mismo esté regido por el libre arbitrio de Dios, hacia donde a El le plazca. Por lo demás, respecto a Dios, o en las cosas que atañen a la salvación o condenación, no tiene libre albedrío, sino que está cautivo, sometido y esclavo o de la voluntad de Dios o de la voluntad de Satanás".

Si el texto se lee en latín, que es su lengua original, resulta aún más fuerte: la libertad ha quedado reducida a ius utendi, faciendi, omittendi pro libero arbitrio. La libertad así descrita aparece confundida con el dominio absoluto y despótico sobre las cosas que son inferiores a uno, con ese ins utendi, fruendi et abutendi que algunas veces llegó a constituir la definición del derecho de propiedad sobre las cosas. Se comprende que con semejante concepto de la naturaleza de la libertad, un ser infinitamente libre y omnipotente pueda aterrorizar hasta la locura a un hombre, quizás demasiado sensible y obsesivamente religioso.

El final de una vida

Cuando le llega la hora de la muerte, Lutero ha recorrido un largo camino. Había nacido el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben, y había batallado duramente durante toda su vida. La muerte le encuentra tal vez cansado, pero en plenitud de facultades. Desde el 29 de enero de 1546, Lutero se encuentra en Eisleben para solucionar un conflicto surgido entre los condes de Mansfeld. E1 15 de febrero, tres días antes de morir, predica en la iglesia de San Andrés con su elocuencia habitual, comentando el Evangelio (Mateo 11, 25): "Yo te alabo, Padre (...), porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los sencillos". Como era de esperar los "sabios" y "prudentes", que desconocen las cosas de Dios, son el Papa y los obispos: También en estos días, Lutero se vuelve a sentir perseguido por el demonio. He aquí lo que escribe Ratzerberger: "Dícese que el doctor Martín Lutero, cuando en Eisleben rezaba su oración a Dios ante la ventana abierta según tenía costumbre, una noche, antes de acostarse, vio a Satanás junto a la fuente que había delante de su albergue, y el demonio le mostró el trasero (Die Posteriora gezeiget), burlándose de él porque no lograba nada".

Las últimas horas de Lutero, según cuentan los testigos presenciales, transcurrieron en un ambiente de paz. En la noche del miércoles 17 de febrero, ya antes de la cena, estando en su habitación, comenzó a sentir una opresión en el pecho. A pesar de esto baja a cenar. Tras le cena vuelve a sentir la opresión en el pecho. Le rodean y cuidan sus amigos, logra dormir serenamente unos minutos y a medianoche, puesto que se teme por su vida, se llama a dos médicos y a las autoridades de la ciudad. Está empapado en sudor. Según transmiten dos de los presentes, reza esta oración: "´Oh Padre mío celestial, Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Dios de toda consolación! Yo te agradezco el haberme revelado a tu amado Hijo Jesucristo´ en quien creo, a quien he predicado y confesado, a quien he amado y alabado, a quien deshonran, persiguen y blasfeman el miserable papa y todos los impíos. Te ruego, señor mío Jesucristo, que mi alma te sea encomendada. Ah Padre celestial! Tengo que dejar ya este cuerpo y partir de esta vida, pero sé cierto que contigo permaneceré eternamente y nadie me arrebatará de tus manos". Poco después su vida se extinguió suavemente.

Su herencia

La personalidad de Martín Lutero, desde cualquier ángulo que se la considere, resulta inabarcable y no es posible presentar en tan pocas páginas una aceptable visión de conjunto de su pensamiento. Limitémonos, por tanto, a señalar dos cuestiones, que, sea cual sea la perspectiva desde la que se aborde la figura de Lutero, resultan siempre imprescindibles puntos de referencia. Me refiero al especial lugar que la subjetividad ocupa en todo su planteamiento y a lo que él llama teología de la cruz.

Como es sabido, Lutero eleva la experiencia de la debilidad que el hombre experimenta en sí mismo en la lucha contra las pasiones al nivel de una proposición teológica y universal: el hombre se encuentra intrínsecamente corrompido. Ahora bien, si el hombre se encuentra irreversiblemente corrompido, síguese que es extraño al plan salvador de Dios, es decir, es incapaz de cooperar con sus buenas obras a la propia salvación. Sólo puede contar su seguridad de que está salvado gratuitamente por Dios, es decir, sólo puede contar su fe fiducial.

En este sentido hay que entender las conocidas afirmaciones de esta carta a Melanchton: "Sé pecador y peca fuertemente, pero confíate y gózate con mayor fuerza en Cristo, que es vencedor del pecado, de la muerte y del mundo. Mientras estemos aquí abajo, será necesario pecar; esta vida no es la morada de la justicia, pero esperamos, como dice Pedro, unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habita la justicia" (Carta del 1 de agosto de 1521, Ed. de Weimar, Brief t. II, 372). Las frases latinas destacan aún más la radicalidad con que se pone la clave precisamente en la confianza: Esto peccator, et perca fortiter, sed fortins fide et gaude in Christo... No es que Lutero niegue la necesidad de luchar contra las reliquias del pecado, sino que insiste con la elocuencia que le caracteriza en que lo único que cuenta es la fe fiducial.

Esta corrupción, que afecta a todo el hombre, le hace incapaz de conocer la verdad y de amar el bien. "La razón, que es ciega—escribe en su De servo arbitrio—, ¿qué dictará de recto? La voluntad, que es mala e inútil, ¿qué elegirá de bueno? Más aún, ¿qué seguirá una voluntad a la que la razón sólo le dicta las tinieblas de su ceguera y de su ignorancia? Así pues, errando la razón y corrompida la voluntad, ¿cuál es el bien que puede hacer o intentar el hombre?" (Ed. de Weimar, t. XVIII, 762).

Esto lleva consigo —y Lutero es consecuente— el encapsulamiento del hombre en la propia corrupción: el hombre, dada la corrupción de su razón, no puede estar cierto de haber alcanzado la verdad; de lo único que puede estar seguro es de su propia seguridad, es decir, de lo único que puede estar seguro es de la experiencia de la propia subjetividad.

Por una de esas paradojas frecuentes en el psiquismo humano, el radical pesimismo que ha llevado a Lutero a encerrar al hombre en su propia corrupción da origen al pensamiento de que el hombre se salva sin las obras —ahora imposibles—, apoyado en la fe fiducial, es decir, apoyado en la confianza que tiene de que Dios la otorga una salvación absolutamente pasiva y extrínseca. Todo se resuelve por la certeza subjetiva de haber sido justificado gracias a la imputación de los méritos de Cristo. La subjetividad se convierte así en el punto de partida para interpretar toda la revelación cristiana. El giro hacia la subjetividad característica de grandes corrientes de pensamiento de estos últimos siglos encuentra en Lutero uno de sus más radicales inspiradores.

La expresión "teología de la cruz" fue acuñada por Lutero y con ella expresa lo más característico de su forma de hacer teología. Al decir de sus mejores conocedores, esta expresión plasma también el núcleo fundamental de su pensamiento religioso. Ambas expresiones —teología de la cruz y teología de la gloría— entrañan en la pluma del profesor de Wittenberg un sentido que va más allá de la estricta significación de los términos usados. Lutero llama teología de la cruz a su forma de hacer teología, mientras que llama teología de la gloria —teología que se gloría en las fuerzas de la razón humana— a la teología escolástica.

La teología de la cruz está marcada antes que nada y esencialmente por la oposición e incompatibilidad entre inteligencia natural y revelación, como el mismo Lutero hace notar ya programáticamente en la Disputa de Heidelberg. Afloran en ella los desgarramientos tan característicos de la posición luterana: para él son incompatibles Dios y mundo, Escritura y Tradición, Cristo y jerarquía eclesiástica, fe y obras. Normalmente, donde Lutero pone una "o", la teología católica coloca una "y": Escritura y Tradición, Dios y mundo, Cristo e Iglesia, Fe y obras, libertad y gracia, razón y fe.

Los cuatro siglos de una herencia

Al hablar de la herencia de Lutero, nos hemos centrado en su pensamiento, sin entrar en la historia del movimiento religioso que él suscitó y que llega hasta nuestros días. No era posible hacer esto en tan breve espacio. Sin embargo, ya los dos temas que hemos mencionado muestran hasta qué punto la gravedad de los planteamientos y el mismo respeto a la figura del Reformador exigen estudiar a fondo las cuestiones que propone, con serenidad y cariño, sin soslayar las dificultades, y con el ánimo abierto hacia la captación de la verdad en toda su universalidad.

En sus escritos y en su predicación, Lutero intenta poner de relieve la absoluta soberanía de Dios y la gratuidad de la gracia. El problema surge cuando se entiende que la gratuidad de la gracia conlleva el que el hombre no puede colaborar con ella. Un más hondo sentido de la soberanía de Dios, de su omnipotencia, muestra que la solución es otra: la gracia es gratuita y, al mismo tiempo, eficaz, es decir, capaz de regenerar al hombre hasta hacerlo verdaderamente bueno y, en consecuencia, capaz de colaborar con la gracia de Dios en la propia salvación.

Algo similar acontece con la teología de la cruz. En efecto, la cruz pone de manifiesto la gravedad del pecado humano. Pero al mismo tiempo y antes que nada, ella es signo del amor de Dios a esta tierra, de la fidelidad de Dios a su paternidad sobre el hombre. De hecho el Evangelio es Buena Noticia precisamente porque es predicación del amor de Dios al hombre y, ciertamente, al hombre después del pecado.

A los 450 años de su muerte, Lutero continúa atrayendo por su enorme fuerza personal, por el drama interior que es la clave de toda su vida, por la radicalidad y gravedad de las cuestiones que supo plantear y formular. Estos ya casi cincos siglos muestran también las graves consecuencias que se siguieron de su postura y son una llamada al sentido de responsabilidad y a la esperanza de que con una comprensión cada vez más honda del misterio de la cruz en el que se revela también la íntima naturaleza de Dios, resplandezca la verdad completa sobre Dios y sobre el destino humano con toda su fuerza de unir a los hombres.

LUCAS F. MATEO SECO
En NUESTRO TIEMPO, enero/febrero, Pamplona 1995, pp. 60-68

PARA SABER MÁS

R. GARCIA-VILLOSLADA, Martin Lutero II, BAC, Madrid 1973. Esta biografía de Lutero es una de las más extensas y solventes de las publicadas en España. Redactada con simpatía hacia la figura del Reformador y en un agradable estilo literario, consigue presentar unidos los datos de la historia y las características de su pensamiento.

J. LORTZ, Historia de la Reforma, Madrid 1964.

L. F. MATEO-SECO, Martín Lutero: Sobre la libertad esclava, Madrid 1978.

© ARVO.NET 2000

 

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Las maravillas de la creación - "Quisiera más bien que contemplaras la primavera, reteniendo la variedad de sus flores que todas son iguales y a la vez distintas: el púrpura de la rosa y la excelsa blancura del lirio. Pues, aunque ambos proceden de la misma lluvia y del mismo suelo, ¿quién es el que las hace distintas y las construye? Quisiera también que consideraras qué habilidad del único artífice es la que hace que árboles de la misma clase sirvan a veces para dar sombra y a veces para desparramarse en frutos diversos. Una parte de la vid se destina a la quema, otra a convertirse en renuevos, otra en follaje, otra en horquillas y, por fin, una última en uvas. Asómbrate también, en una caña, de la amplitud del espacio que su autor puso entre sus nudos. En un mismo terreno salen serpientes, jumentos, árboles, alimentos, oro, plata, cobre, hierro, piedra. Una es la sustancia de las aguas, y salen de ellas las especies de los peces y de las aves, de manera que unos nadan en el agua mientras las aves vuelan en el aire.

 «Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él, el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños» (Sal 104, 25). ¿Quién podrá exponer la hermosura de los peces que ahí viven? ¿Quién la magnitud de los cetáceos o la naturaleza de los animales anfibios que viven tanto en la tierra árida como en el agua? ¿Quién puede exponer la profundidad y la hondura del mar o el inmenso ímpetu de las olas? Se mantiene, sin embargo, dentro de los límites que le ha fijado quien le dijo: «Llegarás hasta aquí, no más allá..., aquí se romperá el orgullo de tus olas» (Job 38,11). Explica claramente el mandato que se le ha impuesto el hecho de que las olas, al retirarse, dejan una línea visible en las orillas. A los que la ven se les indica así que el mar no habrá de pasar de los límites establecidos.

¿Quién puede captar la naturaleza de las aves del cielo? ¿Cómo es que unas poseen una lengua experta en el canto, mientras otras poseen una gran variedad de colores en sus plumas y algunas, como las aves de presa, se mantienen, en medio del vuelo, inmóviles en el aire? Pues es por mandato de Dios por lo que «el halcón emprende el vuelo, despliega sus alas hacia el sur» (Job 39,26). ¿Qué hombre percibe cómo «se remonta el águila» a «las alturas» (cf Job 39,27). Pues si con toda tu capacidad de pensar no puedes darte cuenta de cómo las aves se elevan a lo alto, ¿cómo podrás entonces abarcar con tu mente al autor de todas las cosas?

¿Quién ha llegado a saber simplemente los nombres de todas las fieras? ¿Y quién se ha dado cuenta de la naturaleza de cada una de ellas y de su fuerza? Pero si ni siquiera conocemos sus nombres, ¿cómo podremos abarcar a su autor?

Uno fue el precepto de Dios, por el que dijo: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie» (Gén 1,24). Por un único mandato brotaron, como de una única fuente, las diversas clases de animales: la mansísima oveja, el león carnicero. Por su parte, movimientos diversos de animales irracionales reflejan una variedad de inclinaciones humanas: la zorra, por ejemplo, expresa la perfidia humana; la serpiente, a los que hieren a sus amigos con dardos venenosos; el caballo que relincha, a jóvenes voluptuosos (cf Jr 5,8). Sin embargo, la hormiga diligente sirve para estimular al negligente y al perezoso. Pues cuando alguien, en su juventud, vive en la desidia y el ocio, los mismos animales irracionales le estimulan según el mismo reproche que recoge la Escritura: «Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio» (Prov 6,6). Pues cuando veas que guarda alimentos para el tiempo oportuno, imítala y recoge para ti mismo como tesoros, para la vida futura, los frutos de las buenas obras. Por otra parte: «Ponte a la obra y aprende qué trabajadora es» (Prov 6,8). Observa cómo, recorriendo toda clase de flores, produce miel para tu servicio, para que también tú, haciendo el recorrido por las Sagradas Escrituras, consigas tu salvación eterna y, saciado por ellas, digas: «¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!» (Sal 119,103).

¿Acaso, pues, no es el Creador digno de toda alabanza? ¿O es que, porque tú no conozcas la naturaleza de todas las cosas, han de ser por ello inútiles los seres creados? ¿Puedes, quizá, llegar a conocer las cualidades de todas las hierbas? ¿O eres capaz de aprender qué utilidad tiene lo que proviene de cualquier animal? Pues es cierto que incluso de las víboras venenosas proceden ciertos antídotos para la salud de los mortales. Pero me dirás: las serpientes son cosa horrenda. Teme al Señor y no podrá hacerte daño. El escorpión cobra fuerza al picar: teme al Señor y no te picará. El león está sediento de sangre: teme al Señor—como en cierta ocasión Daniel (Dan 6,23)— y (el león) permanecerá tranquilo junto a ti. Realmente son de admirar las fuerzas de los mismos animales: unos clavan con el aguijón, mientras la fuerza de otros reside en sus dientes; los hay que luchan con sus garras; la fuerza, por último, del basilisco reside en su mirada.

Por las diversas cualidades de su obra puedes, pues, comprender la capacidad del Creador".

Cirilo de Jerusalén, Catequesis bautismal, 9,10-15

 

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El Evangelio de Cristo del siglo I al XXI la Iglesia Católica fielmente proclama.

 

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Et vitam impéndere vero. Dar incluso la vida por la verdad.

 

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla": ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible: ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza?.

 

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"El relativismo es una auténtica dictadura que no conoce nada como definitivo, y deja como última medida ´el falso yo´ y sus pasiones"

 

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San Beda el Venerable (hacia 673) monje, doctor de la Iglesia
Homilías sobre los evangelios, I, 21; CCL 122, 149-151

 

“Sígueme!” (Mt 8,22) -  “Jesús vio a un hombre sentado al mostrador de los impuestos...” Su nombre era Mateo. “Sígueme” le dice. Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: “Sígueme, que quiere decir: “Imítame”. Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él. (cf Jn 2,6)...
      Mateo “se levantó y lo siguió”. No hay  que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaban a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible.

 

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“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por venir a visitarnos

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo Joseph Cardenal Ratzinger ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007

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: ‘Inquisición’  historia crítica - Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.

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5º: ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).