Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Las palabras de Benedicto XVI en Auschwitz: «El pasado no es nunca sólo el pasado. Siempre tiene algo que decirnos a nosotros; nos indica los caminos que no debemos tomar y los que tomar». 29/05/2006

 

 

 

29/05/2006

 

 

«La crisis de la verdad, origen de la crisis de occidente» Benedicto PP. XVI.

Solo Jesús es el puente que pone en contacto inmediato a Dios con el hombre.
«Ahora bien, si nosotros le consideramos como el único Mediador de la salvación válido para todos, que afecta a todos y del cual, en definitiva, todos tienen necesidad, esto no significa de ninguna manera que despreciemos a las otras religiones ni que seamos soberbios de pensamiento.
Proclamar la fe cristiana significa ‘únicamente que hemos sido conquistados por quien interiormente nos ha tocado y nos ha colmado de dones para que a la vez podamos entregarlos a los demás’.
De hecho, nuestra fe se opone decididamente a la resignación que considera al hombre incapaz de la verdad, como si ésta fuera demasiado grande para él». Austria Benedicto PP. XVI - MARIAZELL, domingo, 09 septiembre 2007

 

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Mientras el socialismo- marxismo- leninismo, descartó a Dios de raíz en la cultura comunista, el Fhuhrer (Führer) hizo escribir en los cinturones de sus soldados: «Gott mit uns» ‘Dios está con nosotros’. Los totalitarismos intentaron ocupar el lugar de Dios, mientras el nazismo (Hitler) lo enroló en su ejército… afortunadamente Dios les desertó.

 

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"La práctica generalizada del aborto es tan mala o peor que el holocausto nazi. Lo que ocurre es que se difunden pocas imágenes de los miles de fetos muertos, y el mismo aborto produce en las mujeres que abortaron una reserva absoluta a hablar de ello".

 

 

«Los vasos comunicantes entre el totalitarismo nazi y el comunismo totalitario son una de las inquietudes más maléficas del final del siglo XX. El paralelismo entre ambos fue tabú durante largo tiempo porque del comunismo se decía que había sido una idea mal llevada a la práctica, del mismo modo que se disculpaba a Lenin y se tenía al stalinismo como una aberración. Sabemos hoy que las conexiones y complicidades fueron constantes a partir de que Lenin precede a Mussolini y a Hitler. Luego Stalin y Hitler pactarían. Fue de alto voltaje el epistolario François Furet-Ernst Molte sobre fascismo y comunismo. Furet reconoció cómo después de la Segunda Guerra Mundial, la derrota de Hitler parece dar un aval democrático a Stalin, hasta el punto de que la obsesión antifascista -manipulada por el movimiento comunista- hizo impracticable el análisis de los regímenes comunistas. Para los intelectuales de Occidente, consumidores de marxismo como sustancia opiácea, la revolución bolchevique -incluso a pesar de las purgas y del Gulag- procedía de unos ideales humanistas mientras que el fascismo era una ideología hostil a la humanidad. Soljenitsin se encargó de arrancar definitivamente esa máscara. Entre Mengele e Ivanov, la hipótesis del mal ilimitado era la misma»….[…]… VALENTÍ PUIG – ‘ABC’ESP. 2008.II.01

 

 

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Sobre la Iglesia y el nazismo 

 

A poco de terminar la Segunda Guerra Mundial, Golda Meir fue a visitar a Pío XII para expresarle su agradecimiento, y cuando el Papa murió en 1958, ella, entonces ministro de Asuntos Exteriores de Israel, dijo en la ONU: "Durante los diez años del terror nazi, cuando nuestro pueblo sufrió un espantoso martirio, la voz del Papa se elevó para condenar a los verdugos y para expresar su compasión hacia las víctimas". 

 

Pedro Trevijano - 7 julio 2015

Cuando era seminarista, me contaron que el cardenal de Milán tuvo que enfrentarse en un juicio contra quince testigos de la parte contraria. El juez preguntó al cardenal si no le daba reparo enfrentarse contra quince testigos. El cardenal respondió: “Los testigos no hay que medirlos, sino pesarlos”. El cardenal ganó el pleito. 

 

Cuando pienso en las acusaciones contra Pío XII de no ayudar a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, hay un testimonio irrebatible en contra, una mujer, Golda Meir, la mujer judía más importante de su país en el siglo XX y que ocupó cargos muy importantes en el Gobierno judío, siendo nombrada primera ministro de Israel para que enderezase la situación cuando en la guerra del Yon Kippur, las cosas no iban bien para los judíos. Ésta, a poco de terminar la Segunda Guerra Mundial, fue a visitar a Pío XII para expresarle su agradecimiento, y cuando el Papa murió en 1958, ella, entonces ministro de Asuntos Exteriores de Israel, dijo en la ONU: “Durante los diez años del terror nazi, cuando nuestro pueblo sufrió un espantoso martirio, la voz del Papa se elevó para condenar a los verdugos y para expresar su compasión hacia las víctimas. ¡Hemos perdido a un gran Servidor de la Paz!”. Ante este testimonio, los demás presuntos historiadores ya pueden decir lo que quieran. 

 

Se me puede objetar, seguramente con razón, que se pudo hacer más. Por supuesto, pero yo aquí quiero rendir homenaje a los bastantes o muchos que hicieron mucho y de modo muy especial a mi obispo de aquella época, don Fidel García Martínez, obispo de la diócesis de Calahorra. Éste publicó el 18 de febrero de 1942 una Carta Pastoral titulada “Instrucción Pastoral sobre algunos errores modernos”, que podéis encontrar en Google y de la que voy a recoger los párrafos más significativos: 

 

“Extraño fuera que el espíritu del mal y del error, en su lucha eterna contra el bien y la verdad, no hubiese aprovechado, para sus fines de siempre, las circunstancias de unos momentos tan apasionados, tan turbulentos, tan confusos, tan hondamente agitados por partidismos y odios de pueblos y de razas, como los que actualmente vivimos. 

 

"Porque es algo que causa pena y vergüenza ver hasta qué extremo han logrado oscurecer y pervertir esos apasionamientos y rivalidades partidistas, en la inteligencia de esta pobre humanidad, los más elementales principios de bien, de justicia y de verdad. La violación de los pactos más solemnes y la falta a la palabra dada, cuando lo hacen los del propio bando siempre encuentra excusas. Los adversarios no tienen derecho a nada; lo que hacen los adversarios siempre está mal; los adversarios no tienen nunca razón. Los del propio bando tienen derecho a todo; lo que ellos hacen, siempre está bien; ellos en todo tienen razón. Aquella nobilísima facultad de la palabra, imagen de la Palabra Eterna de Dios, encarnación en el signo material del espíritu del hombre, dada por el Creador a éste para poder revelar su pensamiento, pero siempre bajo la ley indeclinable y por nada ni por nadie transgresible de la veracidad, se ha prostituido en tal forma, que la mentira consciente, sistemática, organizada es hoy, en la radio, en la prensa y en las demás manifestaciones públicas de la palabra, la aplicación corriente de ésta, para oprimir la dignidad humana con la peor de las tiranías, que es la tiranía de las inteligencias por la imposición calculada y sistemática de la mentira” (pág. 4 de la edición de 1963). 

 

Mi obispo cita a continuación algunos textos nazis y entre ellos esta afirmación: “Pero la profesión de fe de una religión –la única por lo demás que debe existir-, será: Creo en el Dios fuerte y en su Alemania eterna” (pág. 8), lo que le hace comentar: “Queremos hacer una observación, para prevenir alguna mala inteligencia. Aunque en los párrafos transcritos se nombre a veces a Dios, fácilmente se entiende que ese Dios nada tiene que ver con el verdadero Dios del Cristianismo. Es el Dios del panteísmo; es decir, el absurdo y la monstruosidad; o es, simplemente, una palabra vacía de sentido, una fórmula impuesta por las conveniencias o por la rutina” (pág. 9). 

 

Don Fidel hace referencia a las dos Cartas en las que se ha inspirado para su Carta Pastoral. Una es la Carta Pastoral Colectiva de los Obispos alemanes reunidos en Fulda y publicada para ser leída en todas la Iglesias del Reich el 6 de julio de 1941, y la otra es la Carta Pastoral Colectiva de los obispos holandeses del 25 de julio de 1941, en que decían: “Por largo tiempo hemos guardado silencio -claro está que sólo públicamente- acerca de las muchas injusticias a que los católicos holandeses hemos sido sometidos durante los últimos meses". Van, luego, enumerando esas injusticias, tales como: la prohibición de hacer colectas entre los fieles para sus obras de caridad y culturales; la supresión de la radio y de la prensa católicas; la prohibición a los sacerdotes y religiosos, aun legalmente habilitados, para dirigir centros de enseñanza; las exhorbitantes gabelas impuestas a algunas instituciones, como la destinada a sostener la Universidad Católica de Nimega; la disolución de las asociaciones católicas de jóvenes. 

 

Y continúan: "Pero ahora ha sucedido algo que no nos permite callar sin hacer traición a nuestro oficio pastoral. Non possumus non loqui". Se refieren a la suspensión e incorporación al partido nacional-socialista, decretadas por el Comisario del Reich, de la Unión de Obreros Católico-Romanos, integrada por unos doscientos mil socios y que el Episcopado Holandés miraba con especial cariño” (pág. 11) . Por cierto la reacción de los nazis ante esta Carta fue tremenda. Todos los judíos católicos que había en Holanda, unos diez mil, entre ellos Edit Stein, fueron enviados a los campos de exterminio. 

 

Un último detalle curioso. Un día le pregunté a mi padre cuándo se dio cuenta que Alemania perdía la guerra. Me contestó. “En el verano del 42, porque tuvimos la visita de un socio alemán de un producto que fabricábamos bajo su licencia y el alemán me dijo: ´La guerra está perdida porque el Führer está loco’”. Es decir los alemanes inteligentes se daban cuenta que iban al desastre, pero no pudieron hacer nada. 

http://www.religionenlibertad.com/sobre-la-iglesia-y-el-nazismo-43618.htm 

 

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«Indudablemente -afirma-, como indicó Platón, la democracia, por su esencia, está ligada a la eunomía, a la validez del buen Derecho, y sólo en tal relación puede permanecer democracia. La democracia, pues, no es nunca mero dominio de la mayoría, y el mecanismo de la creación de la mayoría debe estar subordinado a la medida de la supremacía, válida para todos, del nomos, de lo que es justo por su íntima esencia, o sea, a la condición de dar valor a aquellos valores que son directrices vinculantes también para la mayoría». La experiencia no deja de ratificarlo: sin el bien y la justicia auténticos, en definitiva, sin la Luz que viene de lo Alto, ¿dónde ha quedado la democracia?. 2008

 

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Andrzej Wajda: «La primera meta de los crímenes soviéticos y nazis fue la clase intelectual». 2009.X


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El horror nacionalsocialista

3. “En este lugar, hay que recordar también la noche del pogromo, del 9 al 10 de noviembre de 1938. Solamente unos pocos percibieron en su totalidad la dimensión de dicho acto de desprecio humano, como lo hizo el Deán de la Catedral de Berlín, Bernhard Lichtenberg, que desde el púlpito de esa Santa Iglesia de Santa Eduvigis, gritó: "Fuera, el Templo está en llamas; también éste es casa de Dios". El régimen de terror del nacionalsocialismo se fundaba sobre un mito racista, del que formaba parte el rechazo del Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, del Dios de Jesucristo y de las personas que creen en Él. (...) El mensaje de esperanza, transmitido por los libros de la Biblia hebrea y del Antiguo Testamento cristiano, ha sido asimilado y desarrollado por los judíos y los cristianos de modo distinto. "Después de siglos de contraposición, reconozcamos como tarea nuestra el esfuerzo para que estos dos modos de la nueva lectura de los escritos bíblicos –la cristiana y la judía– entren en diálogo entre sí, para comprender rectamente la voluntad y la Palabra de Dios" (Jesús de Nazaret. Segunda parte: Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, pp. 47-48). En una sociedad cada vez más secularizada, este diálogo debe reforzar la común esperanza en Dios. Sin esa esperanza la sociedad pierde su humanidad”.

Papa Benedicto XVI durante su viaje a Alemania, IX. MMXI  Berlín, 22 de septiembre de 2011.

 

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Aborto = Nazismo prenatal.

 

 

 

Totalitarismo y religión - En el fondo, el paganismo nazi así como el dogma marxista tienen en común el ser ideologías totalitarias, con tendencia a trasformarse en religiones substitutivas.

Ya mucho antes de 1939, en algunos sectores de la cultura europea, aparecía una voluntad de borrar a Dios y su imagen del horizonte del hombre. Se empezaba a adoctrinar en este sentido a los niños, desde su más tierna edad.

La experiencia ha demostrado desgraciadamente que el hombre dejado al solo poder del hombre, mutilado de sus aspiraciones religiosas, se transforma rápidamente en un número o en un objeto. Por otra parte, ninguna época de la humanidad ha escapado al riesgo de que el hombre se encerrara en sí mismo, con una actitud de orgullosa suficiencia. Pero este riesgo se ha acentuado en este siglo en la medida en que la fuerza armada, la ciencia y la técnica han podido dar al hombre contemporáneo la ilusión de ser el único señor de la naturaleza y de la historia. Esta es la presunción que encontramos en la base de los excesos que deploramos.

El abismo moral en el que el desprecio de Dios, y también del hombre, ha precipitado al mundo hace cincuenta años nos ha llevado a experimentar el poder del «Príncipe de este mundo» (Jn 14, 30) que puede seducir las conciencias con la mentira, con el desprecio del hombre y del derecho, con el culto del poder y del dominio.

Hoy nos acordamos de todo esto y meditamos sobre los límites a los que puede llevar el abandono de toda referencia a Dios y de toda ley moral trascendente....[…]…

 

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Ya no podemos pensar que la democracia basada exclusivamente en el número de votos sustituye a la sabiduría.

 

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…como que los nazis “rechazaron muchos elementos del cristianismo pero conservaron otros”. Difícil papeleta la de delimitar las influencias. Imaginemos el hijo de un hombre de fuertes convicciones políticas que es asesinado por su hijo que ha abrazado la postura ideológica contraria. Es lícito considerar que el acto del hijo es culpa del padre porque ha tomado algunos elementos que le enseñó éste, como por ejemplo acercarse al lugar del crimen andando (se lo enseñó su padre) hablando con su misma lengua, y usando pantalones como él en lugar de vestir un Sari, por ejemplo. ¿Convierte al cristianismo culpable de los crímenes de Hitler el hecho que Hitler hablase bien de la persona de Jesús?

Una vez más nos encontramos frente al uso de la Historia como una arma para la guerra, en este caso, para la guerra contra el cristianismo una vez más. En todo caso, puede haber dolor pero no sorpresa.

 

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Un aviso: “El nazismo ganó adeptos apelando a su identidad racial (los arios); el comunismo lo hizo apelando a su identidad social (el proletariado); y el islamismo apela a su identidad religiosa”. (...)  la escasa libertad que existe en la mayor parte del mundo musulmán tiene un alto coste. - Según un debatido informe de la ONU de 2002, tres grandes déficit de las sociedades árabes obstaculizan el desarrollo económico: déficit de libertad, déficit de conocimientos y déficit de igualdad. De hecho, los dos últimos déficit surgen de la falta de libertad: la libertad de adquirir e intercambiar conocimientos, la libertad de pensar críticamente y la libertad de la mujer para decidir sobre su propia vida. MMVIII

 

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IDEOLOGÍAS Y CIRCUNSTANCIAS: El hombre es un ser imperfecto, por lo que pensar que puede organizar una sociedad perfecta es un sueño. Ortega y Gasset selló la expresión "el hombre y sus circunstancias", que es de decisiva validez para la acción política y social. El permanente impulso humano para alcanzar sus ideales, choca siempre con las limitaciones circunstanciales.

 

La sociedad progresa por su constante esfuerzo por lograr su ideal de superación material y espiritual, en lucha contra los factores que se lo impiden.

Las ideologías han fracasado o tienen una importancia residual.

Algunas fueron elucubradas por estudiosos teóricos de la organización social, que se quemaron las pestañas, como Don Quijote leyendo libros de caballería.

Los que pretenden organizar la sociedad perfecta, están subyugados por su pensamiento, ignorando las imperfecciones humanas.

Los individuos en libertad, crean, construyen, deforman, y destruyen en un permanente experimento de prueba y error, que responde a sus circunstancias. El progreso social es el resultado de esos ensayos y de la obligada colaboración entre sus miembros, a pesar del torbellino en que viven.

02/11/2005 - Dr. Marcelo J. Castro Corbat – Argentina

 

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«No ignoramos las terribles consecuencias de la conquista de gran parte de Alemania por parte del Ejército rojo para las poblaciones locales --puntualizan--. Animados por sus jefes para vengarse por los terribles crímenes de los alemanes contra la población rusa, los soldados soviéticos no se empeñaban sólo en una lucha justa contra Hitler, sino que estaban también al servicio del criminal Stalin». 2005.01.27 – 60 años ha.

>> Haz lo que sea justo. Lo demás vendrá por sí solo (Goethe).

 

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El líder de los árabes palestinos, Hajj Amin Al-Husseini, participó del golpe pronazi en Irak en 1941 y residió por el resto de la guerra en Alemania, donde reclutó voluntarios musulmanes para Hitler y convocó al Reich a extender la "solución final a Palestina".

 

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¿Cómo actuó la Iglesia ante el nazismo?

 

 

 

 

 

>> Haz lo que sea justo. Lo demás vendrá por sí solo (Goethe).

 

La Santa Sede y el Holocausto nazi


De vez en cuando se repite la acusación de que la Iglesia católica mantuvo una actitud un tanto confusa ante el exterminio de millones de judíos durante la II Guerra Mundial.


Estas críticas no comenzaron hasta 1963, cuando se estrenó una obra teatral del dramaturgo alemán Rolf Hochhuth, y desde entonces han venido repitiéndose con una notable falta de documentación histórica.


La realidad es que las más contundentes y tempranas condenas del nazismo en aquellos años provinieron precisamente de la jerarquía católica. Y si no fueron más contundentes aún fue por los difíciles equilibrios que hubieron de hacer para denunciar los abusos de Hitler sin poner en peligro la vida de millones de personas en los diversos países ocupados. Nunca dejaron de combatir y condenar los atropellos nazis durante la guerra. Pero tenían las manos atadas: pronto comprobaron que cuando arreciaban sus denuncias, las represalias nazis eran mucho mayores.

Un breve repaso histórico


Adolf Hitler fue nombrado Canciller alemán el 28 de enero de 1933. Su partido, el nacionalsocialista, estaba en minoría, pero Hitler tardó sólo tres días en convocar nuevas elecciones. Con una mayoría absoluta por escaso margen, los nazis aprobaron una ley de plenos poderes. Un año después, el 2 de agosto de 1934, fallecía el presidente alemán, mariscal Hindenburg. Tan sólo una hora después, se anunció que se unificaban los puestos de presidente y canciller en la persona de Hitler. Se convocó un plebiscito para ratificar la medida, y gracias a la poderosa maquinaria de propaganda nazi en manos de Goebbels, el 19 de ese mismo mes el pueblo alemán votó afirmativamente por abrumadora mayoría y Adolf Hitler se convirtió en amo absoluto de Alemania.


Desde 1930, tanto Pío XII como la jerarquía católica alemana mostraron su preocupación por las consecuencias del pensamiento nazi. Los obispos redactaron cartas pastorales con ocasión de las elecciones, recordando los criterios morales sobre el voto y las ideas que resultaban inaceptables para un católico. No puede decirse que los católicos recibieran con indiferencia esas declaraciones, pues el gran ascenso nacionalsocialista se registró sobre todo en las zonas de mayoría protestante.


Poco después del triunfo nazi de 1933, los obispos alemanes publicaron otra carta colectiva del episcopado que hablaba con enorme claridad sobre cómo los principios nazis de la sangre y de la raza conducían a injusticias gravemente contrapuestas a la conciencia cristiana. También enviaron un mensaje al gobierno, manifestando la repulsa unánime del episcopado católico ante esos atropellos.


Ante esto, Hitler vio pensó que sería más práctico intentar abrir una brecha entre los obispos alemanes y la Santa Sede. Esta fue una de las razones por las que vio con buenos ojos la posibilidad de firmar con la Santa Sede un concordato.


En la Santa Sede acogieron bien la idea del concordato, pues pensaban que era mejor intentar entenderse con los regímenes hostiles a la Iglesia, como se había demostrado, por ejemplo, con ocasión de la reciente república española. La Iglesia no se hacía muchas ilusiones con ello, pero consideraba que al menos serviría de referencia para denunciar previsibles abusos que cometieran las autoridades alemanas, y quizás así mitigarlas. Es difícil calibrar hasta que punto sirvió para lograr ese objetivo, pero no parece que fuera muy desacertado si se tiene en cuenta que aquel concordato de 1933 sigue hoy todavía vigente.


El gobierno nazi incumplió el concordato desde el primer momento y hostigó a la Iglesia de diversos modos. Organizó, por ejemplo, una campaña de desprestigio con varios procesos amañados contra personalidades eclesiásticas.


En enero de 1937 se desplazaron a Roma, con la mayor discreción posible, los principales representantes del episcopado alemán (los cardenales Bertram, Faulhaber y Schulte, y los obispos Preysing y von Galen), para solicitar una nueva intervención pontificia que condenara formalmente el nazismo. De ahí nacería la encíclica Mit brennender sorge (Con ardiente preocupación), que hubo de ser introducida en el país de modo clandestino y fue leída el domingo 21 de marzo de 1937 en los 11.000 templos católicos alemanes. Fue un aldabonazo enorme. La denuncia de la ideología y la conducta nazis era clarísima: racismo, divinización del sistema, etc. No faltaban referencias a lo que hoy se denominaría “culto a la personalidad”.


Nunca el régimen nazi
recibió en Alemania
una contestación semejante
a la que se produjo con la
Mit brennender sorge.


Al día siguiente, el órgano oficial nazi, Volskischer Beobachter, publicó una primera réplica a la encíclica que, sorprendentemente, fue también la última. El ministro alemán de propaganda, Joseph Goebbels, advirtió enseguida la fuerza que había tenido esa declaración y, con el control total de prensa y radio que ya tenía por esas fechas, decidió que lo mejor era ignorarla completamente.


—Pero en Austria me parece que las cosas no estuvieron tan claras...


Efectivamente. Cuando Hitler invade Austria en marzo de 1938, aquella anexión –el anschluss–, fue en general bastante bien recibida, por la inestabilidad que sufría Austria y por la imagen que el régimen alemán había logrado adquirir con la activa propaganda nazi.

En ese ambiente de euforia, Hitler, que era austríaco de nacimiento, llegó a Viena y se entrevistó con el cardenal Innitzer, del que logró con engaño una desafortunada declaración del episcopado austríaco en que se le daba la bienvenida y se ensalzaba el nacionalsocialismo alemán.


Enseguida vio lnnitzer que había cometido un grave error, y añadió una nota aclaratoria. Como era de suponer, la propaganda nazi aireó la declaración, pero omitiendo toda referencia a esa nota aclaratoria. Innitzer fue llamado a Roma y a los pocos días publicó una rectificación mucho más contundente. Sólo después fue recibido por Pío XI, pues hasta entonces no había querido hacerlo. La respuesta nazi fue ignorar la rectificación, suprimir las organizaciones juveniles católicas, la enseñanza de la religión y hasta la Facultad de Teología de lnnsbruck. El palacio arzobispal de lnnitzer fue asaltado y arrasado por las juventudes hitlerianas.

La acción más prudente y eficaz


—¿Y no debían haber formulado condenas aún más públicas y explícitas de lo que fueron?


Con el estallido de la guerra, el régimen nazi se radicalizó. Las grandes deportaciones y el exterminio programado de los judíos comenzó en la segunda mitad de 1942. Están apareciendo ahora numerosos documentos que prueban que los gobiernos aliados estaban bastante bien informados de esas atrocidades, y que la Santa Sede hizo tenaces y continuos esfuerzos para oponerse a todos esos terribles atropellos.


El aparente silencio de la Santa Sede
durante una etapa de la guerra
escondía una acción cauta y eficaz
para evitar en lo posible esos crímenes.

Las razones de tal discreción están explicadas claramente por el propio Papa en diversos discursos, cartas al episcopado alemán y deliberaciones de la Secretaría de Estado. Las declaraciones públicas sólo habrían agravado la suerte de las víctimas y habrían multiplicado su número. No puede perderse de vista que las declaraciones podían ser contraproducentes y hacer que los nazis radicalizaran más aún sus posturas, como pronto se comprobó. Por ejemplo, cuando la jerarquía católica de Amsterdam se quejó públicamente en 1942 del trato que se daba a los judíos, los nazis multiplicaron las redadas y las deportaciones, de modo que al final de la guerra habían sido exterminados el 90% de los judíos de la capital holandesa.


Por ese motivo se prefirió la protesta por vía diplomática, que fue muy intensa. Los esfuerzos se encaminaron a procurar salvar vidas e influir ante los países satélites de Hitler para que impidieran a las SS alemanas actuar impunemente en su territorio. Se consideraba lo mas práctico, y una visión retrospectiva parece confirmarlo, pues así se salvaron cientos de miles de vidas.


En Italia, y en menor medida en Francia, muchos judíos se salvaron gracias a la protección de eclesiásticos católicos, y en Roma, Pío XII participó personalmente en esa labor. También en Rumania, los estragos podrían haber sido mucho mayores si no fuera por las gestiones que realizó, entre otros, Mons. Roncalli, futuro Juan XXIII y entonces delegado apostólico en Turquía. En otros países la Iglesia no pudo conseguir demasiado, pero lo intentó con todos los medios a su alcance. De hecho, cuando terminó la guerra, entre los pocos a quienes las organizaciones judías podían manifestar su agradecimiento figuraba la Santa Sede y unas cuantas personalidades e instituciones de la Iglesia católica, empezando por el propio Papa Pío XII.

Fueron muchos los cristianos que arriesgaron su vida para salvar personas de raza judía. El hecho de que algunos no lo hicieran pudo ser una muestra de poco espíritu cristiano, pero también es verdad que no es fácil hacer un juicio moral retrospectivo sobre lo que los demás debían haber hecho bajo las condiciones extremas de un Estado totalitario como el nazi.


Las actuaciones diplomáticas del Papa o la jerarquía católica pudieron ser más o menos afortunadas en aquella coyuntura política concreta. La Iglesia, al acercarse a éste u otros momentos de su historia, no tiene inconveniente en reconocer ante el mundo los errores que hayan podido cometer algunos de sus miembros, pero junto a la petición de perdón hay que poner empeño por conocer lo que realmente sucedió.

 

2003 - ALFONSO AGUILÓ.

http://www.interrogantes.net/includes/documento.php?IdDoc=1193&IdSec=149

 

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´Diario de 1945´, de Joseph Goebbels

 

El diario del jerarca nazi, ministro de propaganda, nos ha llegado sin retoques: una ventana abierta al mal, que hay que leer con protección.

Aunque habitualmente usemos el adjetivo para calificar positivamente, no hay ninguna duda que determinados grandes personajes históricos lo son por la inmensidad de sus males. Hay grandes malvados en la historia que, precisamente por su grandeza y no por su maldad, merecen nuestra atención.

El frecuente bajo nivel intelectual y personal de muchos de los jerarcas nazis, incluso la mediocridad de sus maldades (con todo el torrente de excusas, justificaciones y motivaciones espúreas) reduce su interés al meramente sociológico, y recluye los aspectos concretos de sus vidas a las fichas de los historiadores profesionales. Son ellos los encargados de elaborar las conclusiones y extraer la información genérica que interese a los no especialistas.

Pero en determinados casos, la magnitud personal les hace interesantes incluso para el gran público. La dimensión de las capacidades que personajes como, por ejemplo, Hitler o Stalin ponen al servicio del lado oscuro les convierte en auténticos paradigmas cuyo estudio permite conocer mejor la naturaleza –caída, en su caso– humana.

Mucha gente se debe preguntar qué pasó por la cabeza de Hitler cuando declaró la guerra a los Estados Unidos o por qué se casó con Eva Brown veinticuatro horas antes de suicidarse. Pocas veces podemos acceder a fuentes que nos suministren este tipo de información. Incluso cuando lo hacemos suelen ser textos mediatizados, pensados para ser publicados y por lo tanto, embellecidos.  Pero en ocasiones se produce el milagro y podemos acceder a documentos conservados en estado sorprendentemente puro.

Éste es el caso del diario del ínclito y perverso ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels. Goebbels, cuyo famoso final de suicida y asesino familiar le infunde una dimensión especialmente vertiginosa, es un personaje especialmente interesante por su cultura e inteligencia, ciertamente excepcionales en el círculo nazi.
Su obsesión casi enfermiza por llevar un diario de sus actividades y sus impresiones se convierte desde nuestra perspectiva en un auténtico regalo de la Historia. 

El texto  se salvó de la vorágine de la caída de Berlín aunque se dio durante mucho tiempo por perdido. Felizmente, al cabo de unos años salió a la luz pública con la publicación en la lengua original. Su naturaleza provisional –Goebbels lo dictaba sin corregirlo, a menudo, sin leerlo siquiera– le confiere un altísimo valor documental, las reflexiones y observaciones del hombre encargado de explicar y justificar para la masa las ideas del Führer tienen un interés enorme, insistimos, incluso para un lector poco familiarizado con el contexto histórico.

Con buen criterio, La Esfera de los Libros, nos ofrece la traducción de los diarios correspondientes al año 45, el más intenso, y el que nos lleva al terrible final de la perversa quimera –y de la todavía más pervesa realidad– nacionalsolcialista.

Una obra, por lo tanto, de gran interés pero que, naturalmente, hay que abordar con un cierto grado de protección psicológica. Su lectura no deja de ser, en el fondo, una exposición al mal que hay que dosificar. Jordi Cabanes .
2007.I.02
Diario de 1945: ‘Los últimos escritos del jerarca nazi’
Joseph Goebbels - La esfera de los libros - 469 páginas – 2008

 

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Entre 1915 y 1921, es decir, durante la Gran Guerra, terminada en 1918 con la derrota de Turquía, entre otras naciones aliadas de Alemania, y en los años que siguieron, los turcos decidieron y llevaron a cabo el asesinato de entre un millón y un millón y medio de armenios, aproximadamente la mitad de la población de Armenia. Ni siquiera tuvieron el prurito de declarar que mujeres y niños no estaban incluidos en el programa. Por el contrario, el líder turco otomano Talaat Pashá ordenó con la mayor claridad: "Maten a cada mujer, niño y hombre armenio sin ninguna contemplación". A lo largo de seis años, pues, y con veintiséis campos de concentración en actividad, se desarrolló el ensayo general técnico de la Shoá, un tanto artesanal pero ya con un proyecto de muerte sistemática.

 

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NAZISMO - En su libro autobiográfico "Mi vida", el Papa Benedicto XVI  describe de qué manera se fue imponiendo el nazismo en el sistema educativo, en el pueblo y, en definitiva, en toda Alemania.   Siendo niño, observó que "había un profesor joven  que estaba entusiasmado con las nuevas ideas. Intentó abrir una brecha en la estable unión de la vida de la aldea, toda ella   impregnada por los tiempos litúrgicos de la Iglesia. Con gran pompa hizo que se levantara un "árbol de mayo" y compuso una especie de plegaria como símbolo de la fuerza vital que constantemente se renueva. Aquel árbol debía representar el inicio de la restauración de la religión germánica (antiguo paganismo), contribuyendo a reprimir el cristianismo y a denunciarlo como elemento de alineación de la gran cultura germánica. Con la misma intención, organizó además las fiestas del solsticio de verano, siempre como retorno a la santa naturaleza y a los orígenes propios y en polémica con las ideas   de pecado y redención que, como sabíamos, habían sido introducidas e impuestas por las creencias extranjeras de judíos y romanos".2007.

 

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«Mit Brennender Sorge», un llamamiento profético


ROMA, miércoles, 04 abril 2007-  El 21 de marzo de 1927, Domingo de Ramos, en todas las iglesias de Alemania se leyó la encíclica del Papa Pío XI «Mit Brennender Sorge» (Con ardiente preocupación). Es la más dura crítica que la Santa Sede haya expresado jamás respecto a un régimen político
A la distancia de setenta años, aquella encíclica confirma todo lo que la Santa Sede pensaba sobre la naturaleza y peligros del nazismo. Es también profético el pasaje en el que explica que la separación de la fe y la moral lleva a la decadencia y
la guerra.
Para profundizar la historia, naturaleza y enseñanzas que se sacan de la «Mit Brennender Sorge», Zenit ha entrevistado al jesuita Peter Gumpel, cuyo conocimiento histórico de las relaciones entre Alemania y la Santa Sede es decisiva.
El padre Gumpel ha explicado a Zenit que, tras la Primera Guerra Mundial, la Santa Sede realizó esfuerzos para realizar un concordato con Alemania, pero todos los intentos fracasaron. Hubo concordatos con algunos estados alemanes como Baviera, Prusia y Baden pero no con Alemania como tal.

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler tomó el poder, y ya en abril ofreció por iniciativa suya un Concordato a la Santa sede, cuyas cláusulas eran muy favorables a
la Iglesia.
En Roma, la Santa Sede no creía ni se fiaba de Hitler, pero se encontraba en la difícil situación de no poder rechazar, porque se trataba de un Concordato muy favorable.
Por tanto, la Santa Sede, aún no fiándose para nada de Hitler, firmó el Concordato. En la Curia romana sin embargo todos sabían que Hitler no observaría ni respetaría el concordato. A pocas semanas de la conclusión del concordato, el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, secretario de Estado, a la pregunta del diplomático británico: «¿Respetará Hitler el concordato?», respondió: «Absolutamente no, podemos sólo esperar que no viole todas las cláusulas a la vez».

Y en efecto, inmediatamente después de la firma, empezó la persecución de los católicos. Para defender a los católicos, la Santa Sede envió al Gobierno más de 50 protestas (cuyos textos se encuentran en el libro «Der Notenwechsel Zwischen Dem hailigen Stuhl Und Der Deitchen Reichsregierung» («El intercambio de notas diplomáticas entre la Santa Sede y el Gobierno del Reichstag – de la Ratificación de Concordato del Reich hasta la encíclica “Mit Brennender Sorge”»). (Matthias- Grunewald- Verlag – Mainz 1965).
A pesar de las protestas oficiales de la Santa Sede, los atropellos nazis se hicieron cada vez más incesantes en la educación, en la prensa, con la prisión de sacerdotes, etc., hasta el punto de que en 1936 la Conferencia Episcopal Alemana pidió una intervención pública.

Se esperaba a los obispos alemanes para la visita ‘ad limina’ en 1938, pero la fecha fue anticipada un año y fueron convocados a Roma en 1937. En aquella ocasión, todos los prelados estaban de acuerdo en pedir que la Santa Sede publicara un documento público de condena del nazismo.
El padre Gumpel ha revelado a Zenit que «el cardenal de Munich, Michael von Faulhaber escribió con todo secreto el texto de la encíclica, lo escribió todo a mano para no dictarlo a nadie y mantener el secreto».

«A este texto, que sirvió de base para la encíclica, se añadieron las intervenciones del secretario de Estado, Eugenio Pacelli, y durante siete semanas se preparó un texto con pasajes todavía más fuertes y explícitos de los indicados por Von Faulhaber» añadió el sacerdote jesuita.
El texto definitivo de la encíclica fue firmado por el Papa Pío XI el 14 de marzo de 1937. Mediante valija diplomática, algunos ejemplares impresos fueron enviados al nuncio en Berlín, quien a su vez los pasó al obispo de Berlín y desde allí correos secretos los entregaron a todos los obispos alemanes.

Sin saberlo la Gestapo, el texto fue impreso en doce imprentas. Muchos obispos hicieron imprimir algunos centenares de miles de ejemplares
Con todo secreto, los textos fueron distribuidos a todos los párrocos, a los capellanes, a los conventos y la encíclica fue leída en todas las iglesias alemanas el día 21 de marzo de 1937.
«Yo tenía 14 años y estaba en la catedral de Berlín cuando en la homilía fue leído el texto de la encíclica --recuerda el padre Gumpel a Zenit como si fuera hoy--. La iglesia estaba repleta y la reacción general fue de convencida aprobación».
El lenguaje era claro y explícito. Hitler estaba engañando a los alemanes y a la comunidad internacional. La encíclica afirmaba que el jefe nazi era pérfido, no fiable, peligroso, alguien que quería sustituir a Dios.

Relata el padre jesuita que «la reacción de los católicos fue entusiasta», mientras que «la reacción de Hitler fue furibunda». Se cuenta que Hitler durante tres días estaba tan fuera de sí que no quiso ver ni recibir a nadie.
La Gestapo fue informada el sábado por la tarde por un empleado de una imprenta que la encíclica había sido impresa, pero ya era demasiado tarde detener parar el asunto, y no se atrevieron a entrar en las iglesias porque esto habría suscitado una revuelta.
Aunque el domingo por la mañana ante las iglesias había guardias de la Gestapo, para ver si la gente tenía un texto impreso en la mano, y si alguien era sorprendido en posesión de un texto impreso era denunciado y arrestado. Las doce imprentas fueron confiscadas sin ningún reembolso y algunas personas acabaron en prisión

La comunidad internacional reaccionó de manera entusiasta. Las comunidades judías estaban contentísimas porque aquella encíclica era la más dura condena del racismo. Todos los periódicos judíos del mundo manifestaron entusiasmo por todo lo que había hecho la Santa Sede.
«Sin embargo --recuerda Gumpel con amargura--, en 1938, a pesar de que el pontífice había declarado que Hitler no era de fiar, en la conferencia de Munich, Inglaterra, Francia e Italia hicieron un acuerdo con el régimen nazi».

¿Cuáles son las partes más significativas de la encíclica?, ha preguntado Zenit al padre Gumpel. Responde que «se trata de un documento cuyo valor va más allá de la contingencia histórica, hay partes que asumen un significado profético y de gran actualidad».
«La Mit Brennendere Sorge --añade-- tiene un valor no sólo simbólico, está basada en principios de la ley natural y de la fe, es profética también para la situación de hoy y tiene un valor permanente. Si uno no se atiene a la ley natural, ni a la fe, cae en la decadencia y la historia ha probado ampliamente que esto crea disturbios continuos en el orden internacional».
En la primera parte de la encíclica se hace una historia del Concordato y se subrayan las continuas violaciones respecto a la Iglesia Católica y su fieles.
Hay una parte de la «Mit Brenneder Sorge» que denuncia el neopaganismo nazi. «Quien con indeterminación panteísta identifica a Dios con el universo, materializando a Dios en el mundo y deificando el mundo en Dios, no pertenece a los verdaderos creyentes».

La encíclica condena la concepción racial del nazismo, que «diviniza con culto idolátrico» la tierra y la sangre y «pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios»
El documento pontificio subraya «el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional y el intento de aprisionar en los límites de un solo pueblo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios creador del mundo ante cuya grandeza las naciones son pequeñas como gotas de un cuenco de agua».
Es muy fuerte la denuncia de la encíclica respecto al intento de Hitler de erguirse como Dios de Alemania.

La encíclica recuerda a quien para defender la religión católica «está sufriendo violencia tan ilegal como inhumana», y habla claramente de «tentaciones satánicas para hacer salir de la iglesia a los fieles». Explicita también la condena de quien intenta construir «una iglesia alemana nacional».
El padre Gumpel subraya que «las fórmulas más duras contra el nazismo son de Pacelli y Hitler lo sabía».

De aquí la furia contra Eugenio Pacelli. Hitler consideraba a Pacelli su enemigo número uno y temía su poder moral.
Para terminar, Zenit ha preguntado al padre Gumpel: ¿Que piensa de las revelaciones publicadas por el diario italiano «La Repubblica» del 29 de marzo, según el cual los documentos de archivo de la antigua Alemania del Este sostienen que Pacelli era el peor enemigo de los nazis y que quien montó la campaña de calumnias contra Pío XII fue la Unión Soviética».
Gumpel responde que «estas revelaciones no añaden nada a lo que la Santa Sede sabe ya, pero es útil para quienes han pensado y escrito que Pacelli fue nada más y nada menos que el “papa de Hitler”. Ahora hay otros documentos que prueban cuántas falsedades se han dicho sobre Pío XII. Es evidente también la responsabilidad de los soviéticos en la campaña de calumnias contra el Papa Pacelli».
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UNA IZQUIERDA EUROPEA, COMPLICIDAD

 

Con Grass guardan silencio

 

 

Cuando el entonces cardenal, Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, fue elegido como sucesor de Juan Pablo II -de origen polaco-, algunos medios de comunicación y partidos políticos escorados a la izquierda indagaron, descarnadamente en su pasado, buscando alguna posible relación entre el joven Ratzinger y el nazismo. De aquellos hechos se llegó a la conclusión de que muchos alemanes, de toda suerte y condición, se vieron arrastrados por las circunstancias excepcionales de un país gobernado por una elite enloquecida, capaz de cualquier desvarío contra la más elemental dignidad humana. Por tanto, no sería correcto dedicarse a la caza de brujas.

En estos días, Günter Grass, uno de los iconos intelectuales de la izquierda europea, ha confesado su pertenencia juvenil a las SS, es decir, a la organización vinculada con el sector más duro y sanguinario del régimen nacional-socialista. Tal vez esta confesión tardía ayude a comprender que la historia no es un juego de buenos y malos. Esto lo deberían tener presente todos los que, en el «caso Ratzinger», buscaban y no encontraron. Ahora callan. ¿Se imaginan qué pasaría si un premio Nobel, con otro aire político, se confesara colaboracionista de los nazis? Más aún, ¿miembro de las SS? Con Grass, callan. En este caso, como con la «memoria histórica» en España, reabrir el pasado puede conducir a sorpresas para todos los gustos.

J. D. Martínez Madrid

Girona,ESPAÑA: 2006-08-16 ‘ABC’

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De modo que pertenecer a la élite Waffen-SS,

para muchos ‘progress’ es poco relevante.

Pero sí acusaron falsamente a Benedicto P. XVI

 

Los documentos que prueban la pertenencia del novelista Günter Grass, Premio Príncipe de Asturias de Las Letras 1999, a las Waffen-SS habían permanecido en los archivos militares y podían ser consultados, pero nadie lo solicitó nunca, informan hoy los periódicos alemanes.
Un documento del Ejército norteamericano en el que Grass está registrado como prisionero de guerra perteneciente a las Waffen-SS se conserva en en el Archivo militar alemán de Berlín.
El subdirector del archivo, Peter Gerhardt, dijo al ´Berliner Zeitung´ que nadie había solicitado ver el documento. En su expediente se indica que Grass fue detenido el 8 de mayo de 1945 en Marienbad, su edad y su división.
Grass, que ganó en 1999 el Premio Príncipe de Asturias de Las Letras y el Premio Nobel de Literatura, es una autoridad moral en su país y ha sido muy duramente criticado por no haber confesado antes haber formado parte de las Waffen-SS, un grupo paramilitar hitleriano.
Las Waffen-SS luchaban con divisiones normales del Ejército y tenían fama por su brutalidad contra los civiles enemigos y los prisioneros de guerra. Se conocía que Grass había sido herido y detenido por las tropas estadounidenses, pero no como miembro de las Waffen-SS.
Grass dijo que confesó porque no podía con la carga de la culpa, en una entrevista publicada el sábado para el ´Frankfurter Allgemeine Zeitung´. En la entrevista dice que bajo el adoctrinamiento nazi no se veía a las Waffen-SS como algo repugnante, sino como un servicio de elite. El ´Frankfurter Allgemeine Zeitung´ aseguró que Grass no disparó un tiro antes de su detención.
Tanto la Fundación Príncipe Felipe como la Fundación Nobel han descartado la posibilidad de retirar los premios concedidos en 1999 a Grass, a pesar de su pasado. 2006.08.16

 

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De cómo actúan los falsos intelectuales...

 

A propósito de Günter Grass

 

... El común de los mortales no estamos ya compelidos a otorgar a este «referente ético» de Occidente ni mayor ni menor credibilidad que a cualquier otro personaje de dudosa encarnadura moral...

HA tenido razón Charlotte Knobloch, presidenta del Consejo Judío de Alemania, cuando suponía que la revelación de su pertenencia a las SS de Hitler ha sido una estratagema comercial de Günter Grass para promocionar su último libro, una autobiografía titulada «Pelando la cebolla». La obra, que iba a ser distribuida en septiembre, ha llegado a las librerías alemanas el pasado miércoles, de modo que, en medio de la polémica, ya se pueden leer las justificaciones del autor alemán, no tanto por su incorporación adolescente a la organización criminal dirigida por Himmler, sino por la tardanza -nada menos que de sesenta años- en asumir su propio pasado. Una amnesia defensiva que tampoco sería relevante si no se tratase de un autor galardonado con el Nobel y, entre otros premios, con el Príncipe de Asturias de las Letras (ambos en 1999), y sobre todo, cuya personalidad intelectual se ha cincelado en la categoría de las llamadas «referencias morales».

Grass ha sido la conciencia crítica alemana a cuya sociedad ha reprochado de manera constante su benevolencia con el nazismo. No ha habido causa progresista a la que el autor de «El tambor de hojalata» no se haya adherido, desde el régimen castrista hasta cualquier iniciativa pacifista crítica con los Estados Unidos, pasando por las tesis palestinas. Obtendrá Grass buenos réditos de su postrera obra en la que ha encontrado «el contexto adecuado» para relatar su reclutamiento en las SS, y nada impide, por tanto, considerar que esta confesión sea en realidad un mercantilismo del autor. Porque si ha sido capaz de simular tan largamente -y de hacerlo con tanta convicción-, ¿qué escrúpulo obstaculizaría ahora suponer que lo que pretende el literato es hacer caja a sus setenta y ocho años? El común de los mortales no estamos ya compelidos a otorgar a este «referente ético» de Occidente ni mayor ni menor credibilidad que a cualquier otro personaje de dudosa encarnadura moral.

Günter Grass -más allá de los méritos que atesoren sus obras en lo literario-no dejaría de ser una anécdota si no fuese porque se alza, tras desvelar su pasado con una tardanza insuperable, en eso que hace sólo poco más de una semana denunciaba en las páginas de ABC Miquel Porta Perales, esto es, que determinados intelectuales de la izquierda perpetran la trampa de aparecer comprometidos con valores sociales de carácter ético, cuando, en realidad, sus biografías no soportan un contraste de coherencia con ellos. Porque el rasgo distintivo del intelectual respecto del mero prosista o del poeta sin más pretensiones que las estéticas, consiste en la correspondencia entre aquello que dice y aquello que hace, de tal manera que, si entre su discurso y sus propios actos media una distancia llamativa, el intelectual se convierte en un impostor.

Viene a cuento la referencia a nuestro ensayista catalán por el acaecimiento el pasado día 14 del cincuentenario del fallecimiento de Bertolt Brecht, que él glosaba en las páginas de este periódico advirtiendo del modo servil con el que Brecht hizo apología -y apología poética para mayor escarnio- de catalogados criminales como Lenin y Stalin, como lo hizo igualmente Sartre, que tampoco se privó de la elegía al dictador cubano ni de reclamar silencio general ante el «gulag» soviético. Escribe Porta Perales -y a estos efectos internos, españoles, importa mucho la impostura de Grass- que «en la España de hoy -la reserva progresista de Occidente- el intelectual comprometido a la manera de Brecht y Sartre, inasequible al desaliento, continúa existiendo en versión más o menos moderada. ¿Quizá no hay intelectuales comprometidos con una izquierda a la que nunca critican y siempre ríen las gracias? ¿Quizá no hay intelectuales que criminalizan a la derecha y el liberalismo al tiempo que loan las hazañas de dictadores y populistas hispanoamericanos?».

Las respuestas a las preguntas de Porta Perales son todas positivas y los acontecimientos, nacionales e internacionales, desde los incendios en Galicia hasta la misteriosa enfermedad de Fidel Castro, nos ayudan a comprender que a muchos de los «abajo firmantes» -sospechosamente empeñados en eso que denominan «memoria histórica»- hay que desafiarles desde posiciones intelectuales y éticas opuestas a las suyas y que no por serlo resultan de peor condición o de más difícil defensa. Claro que si desde la derecha se repite -como se ha venido haciendo- que la cultura, para serlo en toda la extensión de su concepto, ha de ser de izquierdas, la batalla de las ideas está perdida antes de comenzar a plantearla, de lo que se ha valido la izquierda para escribir unos relatos de la historia reciente y mantener unas tesis de presente que han buscado siempre la culpabilización de sus oponentes. Günter Grass ha creado escuela en esta forma artera de proceder.

A propósito del simulador alemán que nos ocupa se podría, y se debería, extraer algunas lecciones de gran importancia. Y de entre ellas, no sólo la del escepticismo con el que tienen que ser acogidos determinados discursos bien empaquetados en la semántica maniquea del progresismo, sino también la de reparar en la benignidad con la que, desde el auditorio ideológicamente más bronquista, está siendo tratado el autor de «Pelando la cebolla». Después de la indulgencia, tratarán de que llegue la rehabilitación y, finalmente, la coartada argumental para no perder ni uno sólo de los efectivos de la «intelectualidad comprometida» frente a la derecha, la reacción y la regresión que representan los discursos alternativos a los progresistas de Grass y compañeros mártires. En España ha comenzado innecesariamente la labor de maquillaje Graciano García, director de la Fundación Príncipe de Asturias, cuya «admiración» por el galardonado Grass no ha disminuido «como intelectual, grandísimo escritor, y en lo que le he conocido, como ser humano». Acabado ejemplo estas palabras de inanidad crítica, que es una forma sutil de intolerancia.

No se trata de que al literato alemán le priven ahora del Nobel ni del Príncipe de Asturias ni de ningún otro premio, galardón o reconocimiento concedidos, pero sí de asumir que se da una suerte de papanatismo cultural e ideológico cuya expresión última es lo políticamente correcto y que, a veces, conduce a fiascos históricos como éste que nos han proporcionado Günter Grass al que «la doble runa en el cuello del uniforme» de las SS no le «repugnaba». Es posible que la aquiescencia del autor con esa simbología infernal tuviera que ver con la pirueta de la historia que confabuló a Hitler y Stalin para que el primero se pudiera hacer con Europa y perpetrar un genocidio mientras el otro desplegaba una dictadura a cuyo jaez criminal le quedan por escribir muchos capítulos de «memoria histórica» a los que Günter Grass no ha contribuido con su literatura denunciadora. Estaba pelando la cebolla, una tarea tan laboriosa que le ha ocupado seis interminables décadas. Ahora ya es tarde. Demasiado e irremisiblemente tarde.

JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS. Director de ABC – 2006.VIII.20

 

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 15 julio 2004 - Los dos volúmenes publicados por el Archivo Secreto Vaticano con el título «Inter Arma Caritas» han permitido descubrir cómo estaba organizada la red de asistencia a las víctimas de la segunda guerra mundial creada por la Santa Sede

Francesca di Giovanni y Giuseppina Roselli, historiadoras y oficiales del Archivo Secreto Vaticano, explican en la introducción de esta obra editorial la historia de la Oficina de Informaciones Vaticana (1939-1947), organismo creado por el Papa Pío XII para responder a las numerosas peticiones de personas que no sabían nada de sus seres queridos.

Con la ayuda de este documento, y de la reciente publicación de sus registros en los dos volúmenes, Zenit reconstruye la historia de esta red asistencial.

La sede de la Oficina se encontraba en un primer momento dentro de la Secretaría de Estado, en la Sección de Asuntos Ordinarios, en el Patio de San Dámaso. Era dirigida por el obispo ruso monseñor Alexander Evreinoff, asistido por un secretario, el sacerdote Emilio Rossi. Al inicio contaba con dos empleados y las peticiones de noticias sobre personas desaparecidas no superaban las sesenta al día.

Los principales interlocutores, en contacto continuo con la Oficina, eran los representantes pontificios en los diferentes países --nuncios, delegados apostólicos, vicarios-- que en sus sedes habían organizado oficinas de información, siguiendo el modelo a la creada en el Vaticano.

Estas oficinas recibían los módulos enviados por la Santa Sede y enviaban diariamente, a través de un mensajero, las respuestas y peticiones en formularios impresos con el escudo de la representación pontificia.

Además, durante las periódicas visitas pastorales a campos de concentración, hospitales, etc., los mismos representantes del Papa, a demás de responder a las necesidades espirituales y de ofrecer consuelo, distribuían entre los prisioneros correo y ayudas --libros, medicinas, alimentos, vestidos, tabaco, instrumentos musicales, etc--.

La actividad de la Oficina de Informaciones Vaticana experimentó un cambio importante con el avance alemán en los Países Bajos, Bélgica y Francia, a partir de la primavera de 1940, y con la entrada de Italia en la guerra, el 10 de junio.

El número de peticiones de información se elevó a centenares al día, de modo que la oficina tuvo que aumentar el personal, pasando de dos a dieciséis personas.

Dadas las dificultades para comunicar con las poblaciones de los países ocupados, surgió la idea de utilizar la colaboración de «Radio Vaticano». Los llamamientos radiofónicos para pedir u ofrecer informaciones o respuestas de refugiados o personas desaparecidas comenzaron el 20 de junio de 1940.

En 1944, «Radio Vaticano» llegó a transmitir 63 programas semanales dedicados exclusivamente a ofrecer este tipo de informaciones, lanzando 27.000 mensajes al mes.

La radio pontificia transmitía, en días y horarios establecidos, listas con los nombres de los prisioneros --civiles o militares-- y de los desaparecidos o refugiados, con noticias y mensajes captados por las nunciaturas, las delegaciones pontificias, y las curias diocesanas, que trataban después de transmitir a las familias.

Para agilizar y aumentar los mensajes se pronunciaban números convencionales en sustitución de frases. Por ejemplo, el número 3 significaba «estoy bien», el número 11 quería decir «espero vuestras noticias», el número 13 «mi dirección es la siguiente».

A inicios de 1941, al extenderse la guerra, aumentaron las peticiones dirigidas a la Oficina de Informaciones Vaticana (unas dos mil al día). Los empleados aumentaron hasta cien, ogligando a cambiar de lugar a las oficinas. El 1 de abril de 1941 la Oficina se transfirió al Palacio de San Carlos dentro del territorio vaticano.

La nueva sede se dividió en dos partes. Una se destinó al trabajo interno y la otra a la acogida de centenares de personas que acudían a estos locales para pedir informaciones de sus seres queridos y rellenar los formularios.

Eran, sin embargo, mucho más numerosas las peticiones que llegaban por correo. Por cada carta, se rellenaba una ficha a la que se le deba un número de protocolo. La oficina acogía estas peticiones sin distinción de raza, religión, nacionalidad, o estado social.

Los registros creados por las diferentes secciones de la Oficina de Informaciones, divididos por miles, se depositaban al final del día en cajas de madera. Este fichero de la Oficina se actualizaba cotidianamente. Para poder realizar este inmenso trabajo se pidió ayuda a voluntarios de la Acción Católica y a numerosas religiosas presentes en Roma pertenecientes a decenas de congregaciones religiosas.

Transmitidas estas peticiones a las diferentes representaciones pontificias en el mundo, los formularios respondidos eran recogidos por la sección de respuestas, encargada de la actualización de cada una de las fichas y de la transmisión de las noticias a las familias.

Cada semana, el sustituto de la Secretaría de Estado, monseñor Giovanni Battista Montini --futuro Pablo VI-- convocaba una reunión en la que participaban el obispo Evreinoff, el padre Rossi, monseñor Angelo Baragel en representación de «Radio Vaticano», junto a otros obispos y monseñores de la Curia romana.

Los verbales de estas reuniones eran después presentados al Papa Pío XII para su aprobación.

La sección alemana de la Oficina tenía entre sus funciones atender a los ciudadanos judíos residentes en los territorios ocupados y controlados por Alemania. La correspondencia dirigida a alemanes y eslavos de religión judía era con frecuencia bloqueada o rechazada por la censura alemana.

De los judíos de Eslovaquia a Croacia se ocupaba la Obra de San Rafael, dirigida por el padre Anton Weber en la iglesia de los Padres Pallottinos en Roma.

En la segunda mitad de 1942, para promover la divulgación de estas noticias, la Oficina de Informaciones creó la revista mensual «Ecclesia», cuyo creador y director fue monseñor Montini. Se convirtió en el órgano informativo impreso de la Oficina vaticana de septiembre de 1942 hasta diciembre de 1945.

En 1943, la Oficina alcanzó el momento de su máxima actividad, con decenas de miles de peticiones cotidianas. En ese período, llegaron a trabajar seiscientas personas.

La Oficina de Informaciones Vaticana cerró sus actividades el 31 de octubre de 1947.
ZS04071503

 

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60 años de Auschwitz: Aún queda un largo camino de purificación, según los obispos alemanes

MAGUNCIA, jueves, 27 enero 2005
- Cuando se cumplen 60 años de la liberación de los campos de concentración, la Conferencia Episcopal alemana reconoce que aún queda por delante «un largo camino de purificación», y, recordando a las víctimas de la furia homicida nazi, alerta sobre la aparición de nuevas tendencias antisemitas.

En una
Declaración difundida el pasado lunes, los prelados alemanes hacen memoria del 27 de enero de 1945, cuando las tropas soviéticas liberaron los campos de concentración de Auschwitz I y Auschwitz-Birkenau.

«Como ningún otro lugar, Auschwitz representa el símbolo de la aniquilación del judaísmo europeo», escriben los obispos recordando también a los «cientos de miles de nómadas y gitanos», todos víctimas del «homicidio de masa en el signo de la locura racial nacional-socialista» o de «experimentos pseudocientíficos».

A ello añaden la mención a muchos miles de soldados del Ejército rojo, obligados a trabajar en el campo de Auschwitz-Bierkenau y después sistemáticamente asesinados: «A todas estas víctimas, también a los testigos de la fe cristiana, se dirige nuestro recuerdo», expresan.

La Declaración constata como el campo se imprimió de forma particular en el «calvario» de una Polonia ocupada donde «fue asesinada toda la población judía y gran parte de los intelectuales polacos».

Pero la fecha es también ocasión para recordar a «los innumerables soldados aliados que dieron la vida para la liberación de Europa del sistema criminal del nacional-socialismo» y en particular al «Ejército rojo, que liberó a las víctimas aún vivas en el campo de Auschwitz».

«No ignoramos las terribles consecuencias de la conquista de gran parte de Alemania por parte del Ejército rojo para las poblaciones locales --puntualizan--. Animados por sus jefes para vengarse por los terribles crímenes de los alemanes contra la población rusa, los soldados soviéticos no se empeñaban sólo en una lucha justa contra Hitler, sino que estaban también al servicio del criminal Stalin».

«El sufrimiento padecido, que repercutió sobre la población alemana bajo forma de venganza por los crímenes alemanes no nos puede hacer ignorar sin embargo que sin el terrible tributo de sangre derramada sobre todo por los soldados rusos, bielorrusos y ucranianos, los asesinos de Auschwitz no se habrían detenido», subrayan.

«Nuestro pueblo ha empleado mucho tiempo para confrontarse con la responsabilidad por el monstruoso crimen cometido por los alemanes y en nombre de los alemanes. Aún hoy se usan mecanismos de alejamiento», y si bien es cierto que «es justo rechazar la idea de una culpa colectiva», también es «igualmente verdad que el número de alemanes personalmente culpables es superior al de las personas dispuestas a confesar su corresponsabilidad», advierten los obispos.

Y es que «la culpa no es sólo de los protagonistas en los lugares y de los jefes políticos --observan--. A distintos niveles son responsables también los simpatizantes y todos aquellos que fingieron no ver».

Los prelados alemanes son conscientes «de la presión a la que fue sometida entonces la población», «el grado de desinformación pública y la eficacia de los métodos intimidatorios».

«No obstante --añaden--, de nuestro pueblo se espera la admisión de que Auschwitz fue posible porque muy pocos tuvieron el valor de oponer resistencia».

Los obispos alemanes afirman que también la Iglesia católica se debe plantear un interrogante sobre su presunta o no corresponsabilidad en los sucesos acontecidos: «Nosotros tenemos que dar cuenta de una larga tradición de antijudaísmo entre los cristianos y en nuestra Iglesia», escriben.

Al respecto la Declaración recuerda que el documento vaticano
«Nosotros recordamos: una reflexión sobre la Shoah», del 16 de marzo de 1998, suscitó la conveniencia de preguntarse «si la persecución del nazismo con respecto a los judíos no fue facilitada por los prejuicios antijudíos presentes en la mente y en el corazón de algunos cristianos».

Asimismo señalan la admisión de culpa de la Iglesia católica ante todo el mundo el 12 de marzo de 2000, pronunciada por Juan Pablo II: «Oremos por que, en el recuerdo de los sufrimientos padecidos por el pueblo de Israel en la historia, los cristianos sepan reconocer los pecados cometidos por no pocos de ellos contra el pueblo de la alianza y de las bendiciones, y así purificar su corazón».

Los prelados evocan además el gesto del Santo Padre en su visita a Tierra Santa en 2000, cuando se detuvo largo tiempo en el memorial de Yad Vashem: «Este acto del Papa se ha convertido en fuente de renovación. El Papa procede con decisión en los esfuerzos por mejorar las relaciones con el judaísmo y alienta a toda la Iglesia a encontrar caminos comunes con nuestros “hermanos mayores en la fe”».

«Por ello damos las gracias a todos aquellos que, frecuentemente con gran compromiso, se esfuerzan por el diálogo entre judaísmo y cristianismo», prosiguen.

«El recuerdo de Auschwitz nos lleva a interrogarnos por cuánto tiempo Alemania y Europa han aprendido de esta catástrofe que traspasa toda medida», escriben los prelados, poniendo en guardia sobre las tendencias antisemitas que siguen aún apareciendo.

Expresando su gratitud por el hecho de que «en los últimos años muchos judíos hayan tenido el valor de venir a Alemania», los prelados reconocen que «tenemos aún un largo camino de purificación» ante nosotros, pero «guiados por la esperanza de que el encuentro en la fe nos enriquezca a todos y nos acerque al Dios común de Abraham, de Isaac y de Jacob». ZS05012706

 

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¿Pueden equivocarse las mayorías?


Cuando la policía peruana atrapó al creador del grupo terrorista Sendero Luminoso, Vargas-Llosa se apresuró a declarar su oposición a la pena de muerte. Y, cuando el periodista le recordó que la mayoría de los peruanos aprobaban esa condena, el escritor respondió tajante: «La mayoría está equivocada. La minoría lúcida debe dar una batalla explicándole que la pena de muerte es una aberración».


José Antonio Marina, al final de su Ética para náufragos, explica que los hombres han estado mayoritariamente de acuerdo en colosales disparates. Y así, conocemos consensos tan absolutos como injustos, que han durado milenios: el antiguo consenso sobre la esclavitud, sobre la movilidad del Sol y la inmovilidad de la Tierra, sobre la carencia de derechos del niño y de la mujer. Por eso, el simple acuerdo no garantiza la validez de lo acordado. El problema no es nuevo. Hace siglos que Francisco de Vitoria lo planteó al hablar de los sacrificios humanos en México: «No es obstáculo el que todos los indios consientan en esto, y que no quieran en esto ser defendidos por los españoles. Pues no son en esto dueños de sí mismos ni tienen derecho a entregarse a sí mismos y a sus hijos a la muerte». Y concluye Marina: «Los consensos puramente fácticos no bastan para legitimar nada». 2004.

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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Simbiosis de violencia y mentira,

denuncia de Solzhenitsyn

 

 

 

 

Antonio Orozco-Delclós


La simbiosis entre violencia y mentira es una de las ideas más vigorosas de Alexander Solzhenitsyn (1). En su discurso preparado para la recepción del Premio Nobel de Literatura, nunca leído oficialmente y publicado en agosto de 1972, Solzhenitsyn, escribía unas palabras llenas de actualidad:

«No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira»

Poco más tarde, en un artículo titulado «¡Rechacemos la mentira», difundido contemporáneamente a su detención, febrero de 1974, advertía:

«No cada día, ni en cada hombro, posa la violencia su pesada zarpa: sólo exige de nosotros sumisión a la mentira [...] Aquí yace precisamente la clave que despreciamos. La más sencilla, la más asequible para nuestra liberación: ¡la no participación personal en la mentira! [...] Cuando las gentes se apartan de la mentira, ésta sencillamente, deja de existir»

Comentando estos párrafos el argentino Luis María Sandoval apostilla:
«es de recordar que Cristo Nuestro Señor no llamó al Demonio «padre de la violencia», sino padre de la mentira (Jn 8, 44)» ("Cuando se rasga el telón", Speiro, 1992, pág. 220)


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(1) Alexander Solzhenitsyn nació en 1918 en el pueblo de Kislovodsk, en el sur del país. En su juventud fue un apasionado leninista que incluso participó en el Ejército Rojo, hasta que sus comentarios críticos sobre Stalin lo llevaron a prisión en 1945. La vida del escritor fue un exilio perpetuo. Oficial del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, fue castigado y enviado a los campos de trabajo forzado por criticar el sistema stalinista. Con el deshielo de Kruschov vino su rehabilitación. Su novela "Un día en la vida de Ivan Denisovish", publicada a principios de los años setenta, en la que relataba las penalidades de un preso político, tuvo un impacto impresionante. Solzenitsin fue propuesto para el Premio Lenin de Literatura, máximo galardón para un escritor. Sin embargo, cuando poco después comenzaron los intentos de rehabilitar a Stalin y su época, la censura prohibió la publicación y mera posesión de su obra literaria. Sus novelas fueron retiradas de todas las bibliotecas y la posesión de las mismas se convirtió en delito contra el Estado. El escritor respondió con numerosas cartas abiertas.
En 1969, es expulsado de la Asociación de Escritores. En 1974, poco después de la publicación en Occidente de la novela "Archipiélago Gulag", fue enviado al exilio. Estableció su residencia en Vermont, EE.UU. En 1975, con 52 años de edad le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. Sin embargo, temeroso de que se le impidiese ingresar de nuevo a la Unión Soviética, se negó a asistir a Estocolmo a recibir el galardón.
Con la llegada de Gorbachov al poder a mediados de la década de 1980 y la implementación de la glasnost, la censura que pesaba sobre el trabajo literario de Solzhenitsyn fue eliminada y sus obras nuevamente publicadas.

Regresó a Rusia en el verano de 1994, tras veinte años de exilio. Llamado a proponer alternativas al régimen soviético, rechazó el énfasis Occidental sobre la democracia y la libertad individual, pugnando, en cambio, por la formación de un régimen benévolo si bien autoritario, que perfilara sobre los recursos los tradicionales valores cristianos de Rusia.

 

 

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P: ¿Cuál es la principal diferencia entre Marxismo-revolucionario y Marxismo-leninismo?

 

R: El marxismo por definición es revolucionario como sabe cualquiera que haya leído el Manifiesto comunista. Lenin es uno de los grandes referentes de cómo llevar a cabo esa revolución pero, obviamente, no es el único. Por ejemplo, el PSOE’español’ compartió desde su fundación esa misma tesis –y lo demostró en varias ocasiones: 1917, 1930, 1931, 1934, 1936... – sin referencia, al menos en sus primeras décadas, a Lenin.

 

 

Dr. César VIDAL. Filósofo, teólogo, dr. en historia antigua, licenciado en derecho.

 

 

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Recomendamos vivamente:

‘La expulsión de Cristo’, publicado por Cristiandad. ¿Por qué el marxismo y el nazismo eran anticristianos? ¿Se puede suprimir la necesidad de lo sagrado? ¿Qué deben hacer los creyentes ante las amenazas del Tercer Milenio? ¿Se puede expulsar a Cristo de la mente de los cristianos y del escenario de la Historia? A estas y otras preguntas responde Rosa Alberoni, profesora de Sociología General, periodista y ensayista, en este libro, La expulsión de Cristo, publicado por Cristiandad. Es un ensayo riguroso que se inserta plenamente en el debate actual sobre el relativismo y una lección de Filosofía de la Historia y de la Religión. Ignacio Sánchez Cámara, en un precioso prólogo, constata que «se trata, más que de un texto filosófico, de un persuasivo escrito de combate. La única verdadera revolución, incruenta y derivada de un lento y pacífico reformismo, es la que procede del Evangelio, aunque no hayan sido siempre los cristianos los únicos protagonistas. Incluso quienes actuaban sin el apoyo de la fe lo hacían desde unas convicciones ininteligibles e imposibles sin la raíz cristiana. El ateísmo es una traición a la cultura europea, evidencia el intento de expulsar a Cristo de las raíces de Europa». 2008

 

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Las moralejas de Auschwitz

 

 

Por Gustavo D. Perednik

 

Entre pestilentes pantanos del río Vístula, en 1940 se estableció la más enorme maquinaria de muerte. El mundo que la semana pasada conmemoró su desmantelamiento, hace seis décadas, debería imponerse que, de entre las brumas del Zyklon-B y los experimentos quirúrgicos con niños, se evoquen de Auschwitz también sus enseñanzas. La más universal de ellas fue planteada en 1750 por Rousseau, quien casi a los cuarenta años de edad sufrió una metamorfosis que lo llevó de libretista musical a pensador máximo.

 

Rousseau leyó que la Academia de Dijon premiaría una respuesta original a la cuestión de si el progreso de las artes y las ciencias contribuye a la moral. Su elaborada negativa le valió el premio, y permanece vigente desde Auschwitz.

 

Una nación entera fue brazo ejecutor de sadismo y brutalidad: la más civilizada, pletórica de grandes filósofos, músicos y poetas. Ni siquiera la caterva que secuestró a Alemania fue ineducada: más de la mitad de los catorce jerarcas que decidieron en Wansee (20/1/42) el exterminio físico del pueblo hebreo ostentaban doctorados de las principales universidades europeas. La primera lección es, pues, tan lacerante como inevitable: el odio no se desvanece por medio de la mera cultura.

 

La segunda moraleja se refiere a los judíos: para removerlos de la sociedad humana, la "ideología" nazi procedió a etiquetarlos de peligrosos parásitos, y así renovó la antigua mitología judeofóbica: ya no éramos leprosos y deicidas, confabuladores y vengativos, sino además un virus infeccioso. Seis millones de israelitas (un tercio del total) fueron eliminados en medio de inenarrables suplicios, sin que pudieran protegerlos la democracia ni el liberalismo, porque el encono contra ellos estaba demasiado enraizado como para evaporarse por ley.

 

Tanto la conferencia internacional de Evian (1938) como la de Bermuda (1943) fueron impotentes para proveer refugio, ya que en ellas estaban ausentes la voz y el voto del judío mismo. La segunda conclusión de Auschwitz es que se trató de un flagelo contra el pueblo judío, y por ello la indispensabilidad de reconstruir el Estado judío en su tierra ancestral, permitiendo al hebreo un pequeño territorio al que, después de milenios de persecuciones, pudiera denominar "patria".

 

Los pensadores sionistas habían advertido durante un siglo de la inminente erupción del volcán judeofóbico en Europa, pero se desoyeron las alarmas de Smolenskin, Schapira, Pinsker, Nordau y Jabotinsky, y la lava de Auschwitz lo cubrió todo.

 

La Shoá no puede entenderse en el marco de explicaciones sobre la humillación alemana en la Gran Guerra, la depresión económica o la hiperinflación. Fue la eclosión final de una milenaria judeofobia que había saturado casi toda ideología y nacionalidad europeas.

 

Por lo que antecede, cabían nuestras esperanzas de que Europa comprendiera fraternalmente al Estado de Israel y su autodefensa. Sin embargo, la arraigada obsesión pudo más, y el pequeño Estado hebreo es presentado en los medios europeos como una aventura imperial. El curioso imperio cabe quinientas veces en los territorios árabes, ricos en petróleo, ignorancia y opresión. Pero sólo Israel es percibido en Europa como "el judío", una amenaza, una teocracia depredadora financiada por poderes ocultos. Así, las matanzas de Arafat durante medio siglo cosecharon una popularidad de la que no gozó ninguna otra nación, y desproporcionada a la urgencia de sus objetivos y a la virulencia de sus medios.  

 

La desjudaización

 

La incomprensión generalizada de la experiencia judía abarca al propio Auschwitz. Cuando hace unos años me tocó visitarlo tuve la impresión bien resumida en un artículo de la pluma de un cristiano que había estado prisionero allí. Sigmund Sobolewski exhortaba a Polonia para que no "continuara ocultando el martirio de los judíos".

 

En el campo había plaquetas que honraban la memoria de 20.000 gitanos asesinados allí, de monjas y de prisioneros rusos a granel. Ni una para el millón y medio de judíos martirizados. Las mujeres judías traídas a Auschwitz desde Grecia para experimentos médicos eran definidas como "eslavas", y nada indicaba que el campo había sido base de la llamada "solución final", según la orden de Himmler de junio de 1941.

 

El historiador Iehuda Bauer muestra que la singularidad del Holocausto radica en que, a diferencia de cualquier otro genocidio, fue el resultado de una ideología general que presentaba la victoria de la nación como el exterminio total de un grupo humano, hasta el último de sus niños. Pero precisamente a ese grupo se ha intentado desvincular de la tragedia.

 

Cuando las atrocidades nazis fueron reveladas la difunta Unión Soviética perpetró una sistemática ocultación del padecimiento judío, "para no crear tensiones étnicas". En una película de casi una hora que se exhibía a quienes visitaban Auschwitz-Birkenau, la palabra judíos no era pronunciada ni una sola vez. Al régimen comunista (y a una parte de la izquierda de hoy) no le bastó negar el Holocausto por omisión, sino que además llevó esa política hasta el ultraje al usar el Holocausto para incrementar la judeofobia por medio de vincular el nazismo con el sionismo.

 

Hoy la conciencia acerca de la dimensión de la Shoá está creciendo, y la desjudaización y la calumnia retroceden. Pero una buena parte de la opinión pública europea prosigue presa de la distorsión. Por ello no es de sorprender que, cuando pocos y valientes medios europeos se resisten a caer en el embate generalizado contra Israel y el sionismo (léase, verbigracia, diarios y televisión españoles), terminan siendo incriminados por ser… cómplices de los judíos.

 

En efecto, a lo largo de la historia la judeofobia ha "acusado de judíos" a quienes se opusieron al exterminio de este pueblo, exactamente como hoy la izquierda "descalifica por sionista" a quien no se adhiere al impulso "políticamente correcto" de destruir Israel.

 

Durante el Holocausto la tierra alemana destruía a millones de judíos indefensos, el mar británico hundía sus barcos de refugiados, bancos suizos despojaban, el silencio europeo desahuciaba, y las fuerzas aliadas se negaron a bombardear los hornos crematorios de Auschwitz o las vías férreas que allí conducían. Los aliados temían que sus ciudadanos aflojaran el esfuerzo bélico al verse “arrastrados a una "guerra judía".

 

Otra forma de desjudaizar la Shoá es llamar racismo a la "ideología" nazi. Sólo en lo que concernía a los judíos fueron los nazis consistentemente “racistas”. Sus principales aliados fueron pueblos supuestamente inferiores, por ser respectivamente latinos (Italia) y orientales (Japón), y encontraron cofrades en otro pueblo supuestamente "semita". El líder de los árabes palestinos, Hajj Amin Al-Husseini, participó del golpe pronazi en Irak en 1941 y residió por el resto de la guerra en Alemania, donde reclutó voluntarios musulmanes para Hitler y convocó al Reich a extender la "solución final a Palestina".

 

Que, después de décadas de negarse a condenar la judeofobia, por primera vez las Naciones Unidas hayan recordado el Holocausto significa un paso adelante. También lo es el Memorial de la Shoá que el 27 de enero abrió sus puertas en París, el mayor centro europeo de documentación y museo sobre el tema. Allí declaró el presidente Jacques Chirac que la judeofobia "no es una opinión, sino una perversión que mata". Para justipreciar sus palabras, recordemos que hasta hace unos meses Chirac negaba la existencia de odio antijudío en su país.

 

Ojalá embargara contrición parecida a Javier Solana, quien el 26 de junio de 2003 desconcertó al Comité de Relaciones Exteriores del Congreso norteamericano al declarar que en Europa la judeofobia no existe.

 

A modo de compensación de su ceguera, el nuevo embajador europeo en Israel, Ramiro Cibrian Uzal, propuso el 25 de enero "restaurar la imagen de la Unión Europea a los ojos israelíes". Sugiero que la restauración comience por corregir la miopía europea acerca del pueblo y del Estado judíos. Esta campaña será el mejor homenaje a las víctimas de Auschwitz, y auguraría una demorada era de reconciliación.

 

Gustavo D. Perednik es autor, entre otras obras, de La Judeofobia (Flor del Viento) y España descarrilada (Inédita). 2005-02-01

 

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!Salve oh María, la madre de nuestro Maestro!

 

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Filosofía socrática - Tiempos de sofistas: En tiempos de argumentaciones sofísticas y predominio de la retórica y el halago a las masas sobre la verdad (acaso lo sean todos los tiempos), nada tan pertinente como volver al viejo sabio que nada sabía, a Sócrates, a la meditación sobre su vida y muerte. Especialmente, a la imperecedera Defensa que escribió Platón. La filosofía no sólo es necesaria para la vida, sino que es la verdadera vida, la vida correcta. Y puede aprenderse. Ella convierte todo en pregunta, pero niega que los muchos, en cuanto muchos, piensen. Busca ante todo la excelencia. ¿Hay entendidos en la excelencia humana, como los hay en las demás artes? La filosofía es la tensión (no la improbable posesión) hacia la Sabiduría absoluta. Al fin, Sócrates nos revela la existencia de dos morales, dos formas de vida, incluso dos políticas: una busca halagar a los muchos; la otra, obrar siempre bien. Y ya sabemos cuál fue la opción y el destino de Sócrates, magistralmente expuestos por Miguel García-Baró. El pensar es una tarea moral, santa. Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA – 2005.

 

El camino mas corto y seguro para vivir con honor en este mundo es ser en realidad lo que aparentamos. Todas las virtudes humanas se incrementan y fortalecen. SÓCRATES.

 

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Isaac de Santa Estela (hacia 1171) monje cisterciense de la Iglesia Católica - Sermón 35; SC 207, pag. 259

 

“Alegraos conmigo porque he encontrado la oveja que se me había perdido.” (Lc 15,6) -         Cuando llegó el tiempo de la misericordia (cf Sal 101,15) el Buen Pastor ha bajado de junto al Padre....según había predicho desde antiguo. Ha venido a buscar la única oveja que se había perdido. Por ella, prometido desde siempre, fue enviado en el tiempo. Por ella nació y fue entregado. Ella es la única, sacada de entre los judíos y de entre las naciones... presente en todos los pueblos,...es única en su misterio, múltiple en las personas, múltiple por la carne según la naturaleza, única por el Espíritu según la gracia...en resumen: una sola oveja en la muchedumbre innumerable...
       Ahora bien, aquellos que este pastor reconoce como suyos, “nadie los puede arrebatar de su mano” (Jn 10,28) No se puede vencer al poder auténtico, no se puede engañar a la sabiduría ni destruir la caridad. El habla con seguridad cuando dice: “...De los que me has dado, no he perdido ni uno solo...” (Jn 18,9).
       Ha sido enviado como verdad para los abatidos, camino para los descarriados, vida para los que habían muerto, sabiduría para los insensatos, remedio para los enfermos, rescate para los cautivos, alimento para los hambrientos. Para todos ha sido enviado, a “las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 15,24) para que no se pierdan ya nunca jamás. Ha sido enviado como alma en un cuerpo inerte, para que, a su llegada, los miembros entren de nuevo en calor y nazcan a una vida nueva, sobrenatural y divina: es la primera resurrección (Ap 20,5) El mismo declara: “Llega la hora y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y todos los que la oigan, vivirán.” (cf Jn 5,25) Y él puede decir de sus ovejas: “Ellas escucharán mi voz y me seguirán.” (Jn 10,4-5)

 

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La Iglesia es tan bíblica como "eclesiástica" es la Biblia.

La Iglesia es notablemente lógica y notablemente bíblica: en tanto que su razón de existir, su composición, sus funciones y su papel son enseñados y defendidos por la Escritura. La Iglesia es bíblica en tanto que enseña la doctrina cristiana basándose en la Biblia. La Biblia es "eclesiástica": En tanto que (el N.T.) fue escrito por Apóstoles y maestros de la Primitiva Iglesia Cristiana. Es "eclesiástica" en tanto que es compilada, ordenada, traducida, preservada y difundida por la Iglesia Cristiana universal ‘católica’. Y es "eclesiástica" en tanto que reconoce y somete la interpretación de sus textos a la Iglesia, el instrumento de Dios para enseñar la fe.

 

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Salmo 15,2-5.

El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino, el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor. El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado; el que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará.

 

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Salmo 34,2-3.4-7.

Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios.

Mi alma se gloría en el Señor; que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor, alabemos su Nombre todos juntos.

Busqué al Señor: él me respondió y me libró de todos mis temores.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán.

Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

 

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Catecismo de la Iglesia Católica  - 153-155

 

“¡Creo, Señor, ayuda mi fe!” (Mc 9,24) -     La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Dios... Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Cuando San Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, Jesús le declara que esta revelación no le ha venido “de la carne y de la sangre, sino de mi Padre que está en los cienos.” (Mt 16,179) Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede a todos gusto en aceptar y creer la verdad. (cf DV 5)
       Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores de Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por El reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas /como, p.e. cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad “presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que se revela y entrar así en comunión íntima con él.
      En la fe, la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina: “Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia.”
(S. Tomás de Aquino)

 

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La familia es la verdadera ecología humana

Benedicto P.P. XVI situó la llamada a «salvar el planeta» dentro de un contexto: el de la salvación de la familia. Y esto, la defensa de la familia que hizo el Papa Benedicto XVI, ha pasado desapercibido y no creo que haya sido una omisión casual.
   Este Papa, como su predecesor, ha hecho de la defensa de la familia uno de sus principales objetivos. Y lo hace porque la familia es la verdadera ecología humana, es el «nicho ecológico» en el que nace, se desarrolla y vive el ser humano. No se trata, pues, de «salvar las focas» o «salvar las ballenas», con todo el respeto que me merecen unas y otras, sino de «salvar al hombre», que hoy está más amenazado que las focas y las ballenas, tanto en lo que respecta al creciente número de abortos como a la ingente cifra de muertos por el hambre o las guerras.
   Y para eso, para salvar al hombre y al planeta -incluidas las queridas focas y las ballenas-, hay que empezar por salvar la familia. Eso es lo que ha pedido el Papa en Loreto. 01.IX.2007 Loreto-Italia.

 

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Recomendamos:

‘Arquitectos de la Cultura de la Muerte’
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Pocos libros pueden ser más oportunos que éste en el momento actual. Repasa algunos de los personajes que han sido significativos en la creación de la llamada por Juan Pablo II cultura de la muerte. Los arquitectos de esa cultura son, los adoradores de la voluntad: Schopenhauer, Nietzsche y Ayn Rand; los evolucionistas de la eugenesia: Darwin, Galton, y Haeckel; los utópicos seculares: Marx, Comte, y Thomson; los existencialistas ateos: Sartre y Simone de Beauvoir; los buscadores del placer: Freud y Reich; los planificadores del sexo: Margaret Mead, Kinsey, Margaret Sanger y Gamble; los traficantes de muerte: Humphry, Kevorkian y Singer. Las páginas finales concluyen con reflexiones sobre el personalismo y la cultura de la vida. 2007

Autor: Donald de Marco y Benjamín D. Wilker
Páginas: 344 - ISBN: 978-84-96836-04-4

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"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).

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Recomendamos vivamente:

 

CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’

Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -  Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos vivamente: ‘Vida y destino’ de Vasili Grossman - Galaxia Guttenberg Círculo de Lectores publica Vida y destino, de Vasili Grossman, que en este impresionante millar de páginas consigue conmover y emocionar al lector. Es un friso de vida, mezcla de novela y ensayo sobre la fe, la ciencia, la amistad, el amor, el bien y el mal. Las páginas sobre la Navidad en el sitio de Stalingrado, o la descripción de las cámaras de gas de los campos de exterminio nazis, son inolvidables. En el sectario ejercicio de memoria histórica al que nos vemos sometidos, este libro ha pasado como de tapadillo. Spielberg tiene, si quiere, en estas páginas un peliculón tan admirable como el de su famosa Lista de Schindler. Esta gran novela ha sido comparada con obras maestras como Doctor Zhivago, o Guerra y paz. Este libro es un insuperable homenaje a los millones de víctimas de la Revolución bolchevique y del comunismo soviético, cuya autocrítica y obligada petición de perdón brilla por su ausencia. Tal vez este escritor y periodista ruso, que cubrió con sus crónicas la batalla de Stalingrado y que fue el primero en dar la noticia al mundo de la existencia de los tenebrosos campos nazis de exterminio, hubiera hecho mejor escribiendo menos páginas, pero lo que hubiera ganado en aceptación lo hubiera perdido en justicia. En todo caso, impresiona, como destilado final de estas páginas, la fortaleza del alma humana ante el terror más desatado y ante la innoble e inhumana ofensiva del desmoronamiento moral e ideológico. 2007- 

 

In Obsequio Jesu Christi.+

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).