Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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¿Se podría considerar "La Biblia " como un libro histórico?¿Cual de los evangelios estaría más en esa línea?. 2005-06-07- L.D.ESP.

 

1. Es un libro con amplias secciones que son históricas. 2. Los Evangelios son fuentes históricas sin ningún género de dudas. Ahora bien, posiblemente Lucas sería lo más cercano a la historiografía clásica. Su obra es magnífica y le coloca a la cabeza de los historiadores helenísticos.

Dr. César VIDAL-historiador, filósofo, escritor, teólogo, abogado. L.D.

 

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P:1¿Ha sufrido la Biblia cambios a lo largo de los siglos? 2¿Podemos estar seguros de que el mensaje no ha sido tergiversado por el hombre? 3¿Cuáles son las copias más antiguas que se conservan?

 

R;1. No. 2. Sí. 3. En el caso del Nuevo Testamento estamos hablando de manuscritos redactados en el propio siglo I, a los que hay que añadir otros de los primeros siglos. En el caso del Antiguo Testamento, lo más antiguo que tenemos procede de Qumrán y, de manera significativa, coincide con el texto masorético.

 

P:¿En qué lenguas fueron escritos los textos del Antiguo y Nuevo Testamento? Si fue el griego (en dialecto koiné) la lengua escrita del Nuevo, ¿quiere decir eso que, por ejemplo, San Marcos escribió en griego? ¿No fue en su lengua materna: hebrea o aramea?

 

R:1. El Antiguo Testamento en hebreo con algunos pasajes –muy pocos– en arameo. 2. El Nuevo Testamento en griego. En contra de lo que piensa la gente, el griego era lengua de Palestina al menos desde el s. IV a. de C. Para un muchacho como Jesús, Pedro o Marcos era una lengua más que conocida ya que, como mínimo, eran bilingues... como en la Cataluña* anterior a Pujol.

Este diálogo con el Dr.César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 31 de octubre 2006

*Zona de España nord-oriental.

 

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Atlas histórico de la Biblia

La Historia, raíz de la fe

 

Los santos Pedro y Pablo. Bajorrelieve conservado en el Museo Paleocristiano de Aquilea (Italia)

 

Pocas cosas fascinan más al hombre que el contacto con el pasado, sobre todo cuando éste toma forma tangible en ruinas y monumentos que han resistido al paso del tiempo; ellos nos recuerdan que no procedemos de la nada, sino que pertenecemos a una historia y descendemos, no ya de otras culturas o civilizaciones, sino de otros hombres y mujeres que nos han precedido en la gran aventura de la vida. Visitar las huellas que han sobrevivido hasta nuestros días al olvido de la memoria enriquece y asienta el edificio sobre el que construimos el hoy. Supone constatar que el árbol del presente tiene raíces vigorosas y profundas. Todo ello se hace más patente si aquello que se evoca está íntimamente relacionado con la profunda experiencia de la fe, siempre asentada en la Historia. Entonces, los acontecimientos, lugares y personas a los que se llega viajando al pasado no sólo se conocen, sino que se reconocen; se hacen más cercanos, porque el tiempo que nos separa queda salvado por la cercanía de una compartida experiencia de Dios. La fe se convierte así en un puente que supera geografías y siglos. Todo esto es lo que ocurre al abrir las páginas del Atlas histórico de la Biblia que, editado por San Pablo, acaban de publicar Enrico Galbiati y Filippo Serafín, exegetas y expertos en geografía bíblica

 

Gruta del dios Pan y columnas del templo de Júpiter, en Banias (Galilea), lugar donde nace el río Jordán

 

Precedido por una breve Introducción histórica, que sirve de marco a todo el libro, las 270 páginas a todo color del Atlas histórico de la Biblia son un recorrido fascinante por el pasado de un área geográfica -la llamada media luna fértil- en la que se desarrollaron todos los acontecimientos que narra la Sagrada Escritura. En torno a ellos, el Atlas nos acerca a civilizaciones como Egipto, Asiria, Babilonia, la Grecia antigua, el Imperio romano…, a su nacimiento y decadencia, a su esplendor y su caída, mientras, en medio de todas ellas -y sometido por todas ellas-, pervive un pueblo que aprende a ver la mano salvadora y providente de Dios en los acontecimientos históricos que vive, goza y sufre.

El hilo conductor del libro es la misma Escritura. Página a página, van pasando ante nuestros ojos fotografías de los lugares donde sucedieron los acontecimientos que narra la Biblia; mapas que muestran el recorrido del pueblo de Israel por aquellas tierras -desde las peregrinaciones de Abrahán, hasta la salida de los israelitas de Egipto y el recorrido por el desierto; desde el reparto de la Tierra Prometida entre las distintas tribus, hasta el camino de la deportación a Asiria y Babilonia-; imágenes de pinturas, esculturas y relieves que han plasmado los hechos bíblicos. La vida de Jesús es también recogida en profundidad en este Atlas, siguiendo sus huellas por Galilea y Judea, siempre al hilo de los evangelios; así, los lugares que aparecen en la imaginación al escuchar y leer la Palabra de Dios cobran forma delante de nosotros, haciendo justicia al dicho que afirma que Tierra Santa es el quinto evangelio. Como afirma Gianfranco Ravasi en el Prólogo, «la Biblia se desarrolla en la Historia, se interesa por la ciencia, refleja usos y costumbres, adopta lenguas y estilos diferentes. Sin embargo, no es un manual de Historiografía, ni una crónica, ni un texto científico o puramente literario. En sus páginas se entrelazan, de manera compacta, lo histórico y lo eterno, lo espacial y lo infinito, lo carnal y lo espiritual, lo físico y lo místico, la inmanencia y la trascendencia, el hombre y Dios».

Para quien no haya podido visitar los Santos Lugares, o para los que desean traerlos de nuevo a la memoria, este libro supone un instrumento idóneo, como también lo es para quien desee conocer de cerca el mundo antiguo y el contexto en el que vivió el pueblo de Israel y se desarrolló la Iglesia primitiva.

Juan Luis Vázquez

http://www.alfayomega.es/Revista/2005/439/10_raices8.php  IV. MMXII

 

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Fuentes antiguas lo confirman


Ilaria Ramelli

Los Evangelios son ciertos. O, esto al menos, es lo que los testimonios antiguos sobre la composición de los Evangelios prueban. Las fuentes de los primeros siglos muestran que éstos han sido escritos poco después de la muerte de Jesús, cuando estaban vivos los testigos oculares de los eventos narrados. Éstos podrían haberlos desmentido si hubieran sido falsos. Pero, no lo hicieron...

Las fuentes más antiguas sobre el origen de los Evangelios son a menudo juzgadas como rechazables en la investigación científica. Pero recientemente B. Gerdharsson ha mantenido que los Evangelios son fiables históricamente y que "vuelve a resonar en ellos la verdadera voz" de Cristo. Para R. Bauckham los Evangelios fueron transmitidos bajo la escolta de testigos oculares bien identificables. Por lo tanto hay que volver a la tradición sobre la composición de los Evangelios, que debe ser analizada de manera crítica: por eso analizo los testimonios ofreciendo nuevos relieves y añadiendo uno nuevo.

Eusebio de Cesarea refiere una noticia de Clemente Alejandrino (confirmada por Papia), que sitúa la redacción del Evangelio de Marcos en el tiempo del emperador Claudio, después de la primera visita de Pedro a Roma, en el 42: "Bajo el reinado de Claudio, la Providencia (...)condujo a Pedro a Roma", que "predicó
la Buena Nueva". Al partir Pedro, Marcos puso por escrito la predicación y Pedro, lejos de allí, aprobó lo escrito; fuentes es esto, añade Eusebio, son Clemente y Papia, los cuales, además "dicen que Marcos fue enviado en primer lugar a Egipto y predicó allí el Evangelio que había escrito".

Además, la fechación del fragmento del Evangelio de Marcos, llamado 7Q5, coloca la redacción de este Evangelio no más allá de los años 60 del primer siglo, y ya en el tiempo de Claudio, confirmando lo que dice Clemente.

También Ireneo atestigua "Mateo, entre los hebreos, en su propia lengua, produjo una versión escrita del Evangelio, cuando Pedro y Pablo predicaban y fundaban iglesias en Roma. Después de sus respectivas marchas, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, nos transmite también él de forma escrita lo que era anunciado por Pedro, y Lucas, que acompañaba a Pablo, desplegó en un libro el Evangelio que había sido anunciado por él. Después Juan, el discípulo del Señor [...] publicó el Evangelio mientras permanecía en Éfeso, en Asia.

Mateo escribió en el tiempo de la predicación de Pedro y Pablo en Roma. Se sabe que Pablo predicó durante la detención en el 56/7 y que Pedro había venido por primera vez a Roma en el 42. Por lo tanto, como explica Ireneo, Marco escribió lo que había predicado Pedro: esto confirma que Marcos se basa en la predicación petrina en Roma bajo Claudio, cuando Pablo todavía no había llegado. Y Lucas escribió mientras el Evangelio "era anunciado" por Pablo: tanto Lucas como Marcos escribieron cuando Pablo Y Pedro estaban vivos, antes del 64; primero escribió Marcos, en base a la predicación de Pedro, y después Lucas, en base a
la de Pablo.

Juan
escribió después de Lucas, de los años 60 en adelante. Lucas escribió teniendo conocimiento de los Evangelios de Mateo y Marcos: de hecho, en su Evangelio (en Lc 1, 1-4) habla de muchos resúmenes precedentes.
Es fundamental este testimonio de Ireneo, que conoció tanto a Policarpo, instruido por los apóstoles, como a Papia. Papia, dice Ireneo, fue compañero de Policarpo y conoció a Juan y a los discípulos de los apóstoles, y se fundaba sobre "la viva voz" de los compañeros de los apóstoles.

También Clemente, basándose sobre la "tradición de los presbíteros desde los orígenes", confirma que Marcos escribió después de la partida de Pedro de Roma: "De los Evangelios se han escrito primero las partes que incluyen las genealogías, mientras que el Evangelio según san Marcos ha tenido los siguientes orígenes: cuando Pedro pronunció públicamente la Palabra en Roma, [...] los presentes, que eran muchos, exhortaron a Marcos , que lo había acompañado durante mucho tiempo [...] a poner por escrito sus palabras. Cuando Pedro los supo [...] no lo prohibió". Clemente confirma aquí que Marcos escribió el Evangelio cuando Pedro estaba vivo; en otra cita dice que los oyentes de Pedro "le pidieron a Marcos, del cual está en circulación el Evangelio, y que acompañaba a Pedro, dejar por escrito un resumen de la enseñanza transmitida oralmente, Ese resumen se llamó "evangelio según Marcos" y "Pedro aprobó aquel escrito".

Que Marcos escribió tras la partida de Pedro coincide con la fechación de la edad de Claudio y confirma mi lectura de lo que dice Ireneo.

Papia conoció también a Juan el Presbítero que atestaba: "Marcos [...] había acompañado a Pedro, el cual exponía sus enseñanzas según la necesidad, y no como para hacer una exposición ordenada de los dichos del Señor. Por eso, Marcos no se equivocó en nada, escribiendo algunas cosas tal y como las recordaba. De hecho, se preocupaba sólo de no nada de cuanto había oído o de exponer algo falso".

También aquí solamente se menciona la predicación de Pedro como base del Evangelio de Marcos, lo que confirma las noticias de Clemente y la lectura que he propuesto de Ireneo.

Orígenes, a su vez, concuerda con Clemente, su maestro, sobre el nacimiento de los Evangelios, reconociendo solamente como creíbles a los cuatro Evangelios canónicos y poniéndolos en orden: " Como he aprendido por tradición sobre los cuatro Evangelios, los únicos no controvertidos en la Iglesia, [...] en primer lugar fue escrito el de Mateo, el cual [...] fue apóstol de Jesucristo y ha publicado este Evangelio, compuesto en cartas hebreas, para los conversos del Judaísmo; en segundo lugar el de Marcos, el cual lo produjo en base a las enseñanzas de Pedro [...]; en tercer lugar el de Lucas, el Evangelio alabado por Pablo, compuesto para cuantos venían de las gentes paganas; después de muchos años, el de Juan". En definitiva, los testimonios concuerda. Juan escribió el último.

También Teodoro de Mopsuestia (428) confirma que los Evangelios fueron publicados cuando Pedro fue a Roma y Juan a Éfeso; la venida de Pedro a Roma de la que habla Teodoro es la prima y en cuando que es la primera predicación de los apóstoles fuera de Palestina: esto corresponde al testimonio de Clemente, que pone la redacción del Evangelio de Marcos en tiempos del emperador Claudio. Teodoro confirma este dato importante, que los testimonios más antiguos no desmienten nunca: "En este período tiene lugar la publicación de parte de los otros evangelistas: Mateo, Marcos, y también Lucas escribieron sus Evangelios, que fueron difundidos en un abrir y cerrar de ojos por todo el mundo conocido".

Juan, continúa Teodoro, escribió poco después, por la solicitud de los habitantes de Asia: "los fieles de Asia, juzgando que S. Juan fue más fidedigno que los demás en su testimonio del Evangelio, por haber estado junto al Señor mucho antes, incluso antes que Mateo [...] le trajeron los libros", es decir los otros Evangelios. Y Juan "aprobó aquellos escritos en cuanto que decían la verdad, observando que habían dejado algunas cosas, especialmente entre los milagros [...] mientras que de las enseñanzas de Jesús lo habían escrito todo, omitiendo poco". Juan, testimonio independiente, aprobó los otros Evangelios, garantizando su historicidad y, cuando escribió, los tenía presentes.

En definitiva, como ya he demostrado incluso con el acompañamiento de otros datos, los Evangelios han sido escritos poco después de la muerte de Jesús, por lo tanto, mientras estaban vivos los testigos oculares de los eventos acontecidos, los cuales habrían podido desmentir eventuales falsificaciones, si las hubiera habido.
Y esto favorece la veracidad de los Evangelios mismos.

http://www.elsentidobuscaalhombre.com/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=404&te=26&idage=685&vap=0

 

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El Siglo XX ha sido un andar -para el cristiano- de sangre y fuego.

 

HISTORIA SIGLO XX - …[…]… Se nos escapa la memoria directa del horror pero también de actos y «momentos estelares de la humanidad» -parafraseando a Stefan Zweig- que han hecho de la civilización cristiana, ilustrada y democrática occidental el mundo más libre, más compasivo y generoso jamás habido, el más capaz de generar la promesa y la esperanza de felicidad a los seres humanos.

 

RELATIVISMO - El rigor y la verdad pierden todos los días batalla frente a la ofensiva de nuevas supersticiones predicadas por todo el arsenal mediático, ante la terrible levedad de la adquisición de ideas fáciles, el pensamiento débil, la mediocridad impuesta y los valores intercambiables de un relativismo en el que sólo tienen solvencia el poder, la comodidad y la supervivencia.

 

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"Una fe que no puede chocar con la historia tampoco tiene nada que decir a la historia" en el siglo: Joseph Ratzinger – S.S. Benedicto XVI. Pont.Max.

 

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1885. Óleo sobre lienzo. 65. x 78 cm. Fundación Vincent van Gogh. Rijksmuseum Vincent van Gogh. Amsterdam. Holanda.

Cuadro realizado en Nuenen, donde vivió Van Gogh con sus padres desde 1883 hasta 1885. A su padre, pastor protestante, se le encomendó la parroquia de la localidad. El artista tuvo una época de intenso fervor religioso, que, en 1876, lo había llevado a despedirse de la casa de arte Goupil.

"Naturaleza muerta con Biblia y candelabro" deja ver el estado de ánimo del pintor, fue pintada un mes después de la repentina muerte de su padre, hecho que provocó una profunda conmoción en el artista.

El texto sagrado sobresale gigantesco sobre el plano de una mesa. Junto a él se ve una vela apagada, símbolo de meditación, que en la pintura de los siglos pasados aludía al tema del "memento mori". En primer plano se ha colocado una novela moderna: "La joie de vivre" de Victor Hugo, uno de los autores preferidos de Van Gogh. El cuadro, aparentemente sencillo, reúne una serie de temas de reflexión fundamentales para su autor: la meditación sobre la muerte, ligada a la desaparición de su padre, y la importancia de la religión en la vida de los dos, pero, al mismo tiempo, su encuentro con la vida moderna, que era objeto de discusión, descripción y representación por parte de los exponentes más progresistas del arte y de la cultura contemporáneos. 

 

¿Por qué crees que la Biblia es la Palabra de Dios?

 

A las 1:27 AM, por Pato Acevedo INFOCATOLICA.COM

  

Pregunta el escéptico: ¿Por qué crees que la Biblia es la Palabra de Dios? Después de todo, otros libros, como el Libro de Mormón o el Corán, también dicen haber sido revelados por Dios.

 

Responde el católico: Ante esta pregunta, los cristianos de tradición protestante suelen citar la segunda carta de San Pablo a Timoteo, “16 Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien", pero ese argumento es inválido porque es circular.

 

En cambio, los católicos respondemos, junto con San Agustín “Por mi parte, no creería el evangelio, a menos que me moviera la autoridad de la Iglesia Católica” (Réplica a la carta de Manés, llamada “del Fundamento”, Cap 5). Más aún, no solo el anuncio de la Buena Nueva de NSJC (el evangelio), sino que la autoridad de toda la Escritura, Antiguo y Nuevo Testamento, surge de la autoridad de la Iglesia.

 

E: ¿Y por qué le crees a la Iglesia? 

 

C: Porque la historia muestra que Jesús de Nazaret, el fundador del cristianismo, escogió a doce entre sus discípulos para que fueran el fundamento del grupo de sus seguidores, con Pedro a su cabeza, y que dicha comunidad continúa o subsiste ininterrumpida en la actual Iglesia Católica, con el Papa Francisco como signo visible de su unidad.

 

Por eso, la Iglesia Católica es la fuente más confiable sobre la auténtica doctrina cristiana. 

 

E: ¿Y por qué la Iglesia cree que la Biblia es la Palabra de Dios? 

 

C: La Iglesia ha discernido cuáles libros son inspirados, es decir la Palabra de Dios, a partir de la Tradición recibida de los Apóstoles (Dei Verbum 8), y el conjunto de ellos forma la Biblia. Para ello ha ejercido la autoridad que recibió de su fundador, según se indica en los evangelios, cuando dijo a los apóstoles “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».” (Lc 10, 16) y “Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió» (Jn 13, 20). 

 

E: Pero ahí estás usando los mismos evangelios, es decir parte de la Biblia para demostrar tu punto ¿No volvemos entonces a un argumento circular, que has reconocido como inválido? 

 

C: No, porque en este punto no estoy considerando los evangelios como una fuente inerrante de revelación divina, sino como un documento histórico.

Habitualmente se dice “puesto que Dios no existe, luego los milagros no pueden ocurrir, y por lo tanto los evangelios son completamente falsos, porque contienen milagros", como si con ello se pudiera descartar todo su contenido. Al contrario –incluso sin entrar en polémica con el prejuicio naturalista que revela esta forma de razonar–, los evangelios han demostrado ser una rica fuente de información históricamente confiable y relevante, en materias tan diversas como la situación política y religiosa en su época, las costumbre judías, las expresiones lingüísticas, etc.

 

Con esta credibilidad básica de los evangelios en cuestiones no sobrenaturales, podemos decir que son una fuente confiable cuando se trata de una simple atribución de autoridad que hiciera Jesús de Nazaret a sus seguidores, cuestión perfectamente normal y esperable en un líder religioso.

 

 

E: ¿Y por qué debería admitir la autoridad de Jesús de Nazaret, que supuestamente habría transmitido a la Iglesia Católica? 

 

C: NSJC dijo ser el Hijo de Dios y Dios mismo, y ejecutó milagros y profetizó acerca de su propia muerte y resurrección, como prueba de ello. Luego, la pregunta es si cada uno le cree o no cuando dice quién es Él.

 

Puede parecer que volvemos al argumento circular cuando hablamos de milagros que están consignados en los evangelios pero incluso si no hubiera sido así, si NSJC no hubiera dado ninguna prueba de sus palabras, es un hecho histórico que Él se puso a sí mismo como autoridad máxima en materias religiosas (así lo admite el Rabino Neusner en Un Rabino Habla Con Jesús, según lo refirió J. Ratzinger en su Jesús de Nazaret), y la cuestión sigue siendo la misma: Le crees o no.

 

19. VIII. 2013 

Comentarios: 

Pues yo pienso que para escapar de la circularidad y al fideísmo a la vez, hay que recurrir a los milagros como hechos históricos atestiguados por los Evangelios, tomados éstos como documentos históricos y no todavía como Palabra de Dios. 

 

La secuencia es: Evangelios como documentos históricos - Milagros como hechos históricos - Autoridad divina de Jesús y por tanto de su Iglesia - Los Evangelios y toda la Escritura como Palabra de Dios, porque así lo enseña la Iglesia.

 

Lo contrario de "sobrenatural" no es "histórico", sino "natural". A ver, desde nuestra fe: ¿la intervención sobrenatural de Dios en la historia, cambia o no cambia algo en la historia, que pueda luego ser apreciado por la sola razón? 

 

Si no fuese así ¿en qué queda la Encarnación del Verbo? 

 

Por ejemplo, la multiplicación de los panes. Sin duda que es sobrenatural, pero si ocurre, así sobrenaturalmente, entonces tiene consecuencias naturalmente apreciables (el hecho de que cinco mil personas coman con cinco panes y dos peces). Lo mismo la curación del ciego de nacimiento, o del leproso, etc. 

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Sin duda, la Palabra de Dios es viva, eficaz y tajante como espada de dos filos. Pero el asunto que se plantea aquí es si podemos "dar razón de nuestra esperanza" al que todavía no cree. Si podemos hacerlo, eso no puede ser basándonos en la fe, porque es a él al que le tenemos que dar razón, y él todavía no tiene fe, por hipótesis. 

 

Puedo, sin duda, invitarlo a leer sin prejuicios y con el corazón abierto la Biblia, a ver si deja que el Espíritu Santo obre en él, pero eso no es "dar razón" de nuestra esperanza. Jesús dice muchas veces en los Evangelios que los milagros deberían llevar a la fe, lo cual supone que bajo este aspecto, se dirigen a los que todavía no tienen fe. 

 

De hecho, la Samaritana le dice: "Señor, veo que eres un profeta", después que él le revela que conoce su pasado. No le dice "creo", sino "veo" que eres un profeta, como Nicodemo tampoco dice "creemos", sino "sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las cosas que tú haces, si Dios no está con él". 

 

Claro, eso todavía no es la fe que salva, por eso Jesús le responde que el que no nace de lo alto, no puede entrar en el Reino de Dios. Pero ayuda, conduce a la fe, y por eso Jesús dijo: "las obras que he realizado, son las que dan testimonio de mí" y "si no creen en mí, crean al menos por las obras". 

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Porque la Palabra es VIVA y EFICAZ(Hebreos;4;12) y todo lo que dice se hace realidad en todo aquella persona que recibe el Espiritu de Cristo,y puede dar Fe con su nueva vida de que asi es,tal y como EL dijo que pasaria."Recibireis poder....Sereis mis testigos"(Hechos;1;8)

 

Por la vida sobreantural de la Gracia; el hombre natural con su cuerpo de pecado es crucificado y sepultado con Cristo(Romanos;6;4 y 6),y en ese camino,se encuentra la Verdad de la Vida eterna;se abren los cielos y resplandece la Luz en la Faz del Señor,que nos ilumina el sendero de ascenso por la santidad(Isaias;35;1-8),donde fluye el Amor por la Comunion y la Paz. 

No hay Verdad sin Cruz ni Cristo sin muerte; No hay Palabra viva sin SU Espiritu ni Dios sin Santidad. 

"Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces."(Jeremias;33;3).Damos Fe.

 

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«El poder teme a los hombres que dialogan con Dios, porque los vuelve libres y no asimilables» S.S. FRANCISCO.

 

MENSAJE DEL PAPA A LOS PARTICIPANTES EN EL MEETING DE RIMINI, Italia – 18 agosto MMXIII

  

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"La historia ha sido el campo de la imperfección humana, lo es aún y nada indica que dejará de serlo". (Víctor Massuh)

 

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La historia de la Biblia

 

 

Esta rápida ojeada a la historia de la elaboración de los libros bíblicos nos facilita descubir el "misterio" de su origen y nos lleva a concluir que las Escrituras santas no fueran redactadas "de un tirón", sino elaboradas durante centenas de años.

 

 

 

La elaboración de la Biblia ha tenido una larga historia, cuya reconstrucción está llena de dificultades; no es, ni mucho menos, un libro caído del cielo como pretende serlo el Corán. Hay que hacer notar que antes de que existieran los libros sagrados, es decir la palabra de Dios puesta por escrito, la tradición hablada (oral) está presente con anterioridad. Esta comunicación hablada se mantiene en las escrituras y afecta a los mismos textos.


Un ejemplo que nos dará luz es el libro de Nehemías, uno de esos libros del AT que cuando uno los ve en el índice no tiene ni la menor idea de qué tratan o para qué pueden estar en la Biblia o por qué son Palabra de Dios. Pues bien, este libro trata en su capítulo 8 de un momento tremendo para el pueblo de Israel, la tragedia nacional del destierro. En este momento histórico el pueblo sufre por esta herida terrible y necesita "hacer memoria", reencontrar las raíces de su propia historia. Y lo hace escuchando el libro de la ley de Moisés que el Señor le había dado a Israel (Neh 8,1). Podemos concluir, por tanto, que el "libro de Moisés" es la memoria de Israel puesta por escrito.


Estamos ante un recorrido que va de las palabras guardadas en la memoria a la puesta por escrito en el libro. El pueblo de Israel necesita orientarse hacia el futuro, pero requiere recordar su pasado, y esa memoria ahora escrita es considerada un tesoro de la comunidad. El libro, lo escrito cobra un nuevo y especial significado para la comunidad. En realidad los libros sagrados surgen de la comunidad y van dirigidos a la comunidad y las Sagradas Escrituras comienzan a tomar un nuevo papel en la familia, los santuarios y el Templo.


En el Nuevo Testamento ocurre algo muy parecido, pues como podemos recordar nuestro Señor Jesucristo no dejó nada escrito, pero los discípulos guardan en su memoria todo lo dicho por Jesús -recordemos que en la época antigua se usaba y ejercitaba mucho más la memoria que hoy en día-. En el Nuevo Pueblo de Dios se da una transición espontánea de la palabra hablada a la escrita.


Un primer ejemplo nos lo proporciona un comentario de San Pablo al final de su vida: «Pues dice la Escritura: "No pondrás bozal al buey que trilla" y "el que trabaje merece su salario"» (1 Tim 5,18; Dt 25,4 y Lc 10,7), donde se citan a la vez como escritura un texto del AT y una frase de Jesús. Otros ejemplos se pueden leer en los escritos de San Pedro, cuando pone en el mismo plano las cartas de Pablo y los escritos del AT (Cfr 2 Pet 3, 14-16); y de San Juan, cuando amenaza a quien se atrae a añadir o a quitar algo de las palabras de su libro profético (Apc 22, 18-19). Es sabido que Cristo cita muchas veces el AT, reconoce su autoridad, pero se sitúa por encima de Moisés, de Salomón y del Templo (Mt 12, 1-6; 41-42); y por eso, la primitiva Iglesia tiene conciencia de tener en los Evangelios la definitiva Palabra de Dios..

Principales etapas de formación del AT


Se han identificado algunas etapas en la formación del AT, sin embargo esto pertenece al ámbito de la investigación histórica, no son un acto de fe de la Iglesia. Por lo tanto estas etapas corresponden a hipótesis y están abiertas a nuevos descubrimientos y conclusiones.


1. La etapa patriarcal. Se desarrolla en el siglo XX a.C. Sobresalen los relatos del Génesis, Abrán, Isaac y Jacob, los primeros personajes históricos de la Biblia y se comienzan a mencionar los santurios de Siquem, Beer-Seba, BetÉl, Mamré y Hebrón.

2. La etapa mosaica. 1250-1200 a.C. Libros del Éxodo, Levítico y Números donde se narran las vicisitudes de los descendientes de Jacob-Israel.


3. Etapa de la monarquía. 100 hasta 587 a.C. Después de 200 años (más o menos) de lucha por la ocupación de la tierra prometida, sigue la larga experiencia de la monarquía. En este periodo se fusionan las tribus en un único pueblo; se separan las tribus del norte y del sur; muere Salomón; cae el reino de Samaria y el reino de Jerusalén. Acontecimientos y profecía se convertirán en libros, escritos, espiritualidad y culto.

En el año 612 se "descubre" en el Templo de Jerusalén el rollo de la Ley. El libro del Deuteronomio se plantea como el lugar en el que confluyen la Tradición mosaica, el Profetismo y la Sabiduría.


4. Etapa del Exilio o cautividad babilónica. El año 587 cae Jerusalén en poder de los babilonios. Cae la dinastía davídica, se pierde la "tierra prometida" y el Templo de Jerusalén. Los 50 años del exilio serán la "época dorada" del libro escrito. El pueblo de Dios vuelve a estar errante y en pos de la Tierra prometida.


5. Etapa del judaísmo. Suele llamarse así porque del destierro solo vuelven algunos descendientes de Judá (Reino del Sur) gracias al decreto liberador del rey persa Ciro. Durante este tiempo se da el periodo persa, el helenístico y el macabeo.

Los libros del NT y su aparición histórica


El tiempo de elaboración de los libros del NT es de solo 50 años (del 51 al 100 d.C.), antes de ser puesto por escrito el mensaje de Jesús de Nazaret hay dos etapas de tradición oral. La primera corresponde a las enseñanzas con palabras y hechos del mismo Jesús; la segunda es la tradición oral acerca de Jesús, vivida, testimoniada, celebrada y defendida por la Iglesia.


Jesucristo no solo anuncia que el Reino de Dios ha llegado, sino que ha venido a través de Él. El AT se ilumina con Jesús de Nazaret, porque en Él se concentra y realizan de manera nueva las profecías veterotestamentarias. Sus parábolas, milagros, e incluso las controversias que suscita, son signos o señales de que Dios ha inaugurado una nueva etapa en la historia. La muchedumbre al escucharle reconoce también su autoridad excepcional.


Después, loas Apóstoles anuncia el Evangelio, conscientes de ser los mediadores humanos de la definitiva Palabra de Dios, revelada y realizada en Jesucristo. La historia de Jesús da lugar a la tradición acerca de Jesús, fijada primeramente en forma oral y luego por escrito. Los primeros escritos cristianos se los debemos a San Pablo.


El Magisterio de la Iglesia Católica se pronunció en defensa de la verdad histórica de los Evangelios, el 21-IV-1964, con la Instrucción Santa Mater Ecclesia; en el n. 2 de este documento expone los tres momentos básicos de la redacción escrita de los Evangelios, recogidos por el Catecismo de la Iglesia Católica así: vida y enseñanzas de Jesús, tradición oral y evangelios escritos.


El tema de los libros del NT y su aparición histórica es larga pero apasionante, sin embargo merece la pena tratarse con más profundidad en otro artículo.

Conclusiones

Esta rápida ojeada a la historia de la elaboración de los libros bíblicos nos facilita descubrir el "misterio" de su origen y nos lleva a concluir que las Escrituras santas no fueran redactadas "de un tirón", sino elaboradas durante centenas de años. Además, recordemos que la Biblia no es precisamente un libro, sino más bien una pequeña biblioteca de 73 libros, redactada por autores muy distintos y a través de los más variados géneros literarios. La Palabra de Dios, dirigida sin excepción a todos los hombres de todos los tiempos y sin despojarse del sello de esta dimensión universal, toma formas literaria propias de los autores humanos (inspirados) y de su medio histórico y cultural.

Finalmente, la Sagrada Escritura es un libro "popular", surgido de un pueblo y destinado a un pueblo (el antiguo y nuevo Israel): es, por tanto, el libro que está vivo en una comunidad creyente que camina por la historia.

 

 

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Actualizado 8 julio 2014 

La Biblia: su historia 

 

 Etimología 

La palabra Biblia se origina, a través del latín, en la expresión griega ta biblia ta haguia; (los libros sagrados), acuñada por vez primera en 1º. Macabeos 12:9. Biblion es el plural y significa papiro o rollo, usado también para libro. Se cree que este nombre nació como diminutivo del nombre de la ciudad de Biblos, importante mercado de papiros de la antigüedad. Este término fue empleado por los hebreos helenizados (aquellos que habitaban en ciudades de habla griega) mucho tiempo antes del nacimiento de Jesús de Nazaret, para referirse al Tanaj o Antiguo Testamento. Muchos años después empezó a ser utilizado por los cristianos para referirse al conjunto de libros que forman el Antiguo Testamento, así como a los Evangelios y a las cartas apostólicas, es decir, el Nuevo Testamento. Ya como un título, se empezó a utilizar en latín biblia sacra (los libros sagrados) sin artículo, dado que éste no existía en latín. Sin embargo, al ser Biblia un cultismo en latín, acabó pasando de considerarse un plural neutro a un femenino singular (la sagrada Biblia), entendiendo ya Biblia como el nombre propio de todo el conjunto. A través del latín se derivó a la gran mayoría de las lenguas modernas.

 

Historia

 

La Biblia, es el conjunto de libros canónicos del judaísmo y del cristianismo. La canonicidad de cada libro varía dependiendo de la tradición adoptada. Según la religión judía y la cristiana, la Biblia transmite la palabra de Dios. La Biblia, o al menos parte de ella, se encuentra traducida a 2.303 idiomas.

 

La Biblia es considerada un libro sagrado por varias de las religiones de occidente, pero no todo el material que contiene es de carácter religioso (incluye genealogías, censos, leyes civiles, actos administrativos, etc.), sino que tiene valor histórico y literario. Es un conjunto de libros cuyo número varía según el canon.

 

La Biblia es una compilación de textos que en un principio eran documentos separados, llamados libros, escritos primero en hebreo, arameo y griego durante un dilatado período de tiempo y después reunidos para formar el Tanaj, que es el Antiguo Testamento de los cristianos, y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. En sí la Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (900 a. C. - 100 d. C.). Los textos más antiguos se encuentran en el Libro de los Jueces (Canto de Deborah) y en las denominadas fuentes "E" y "J" de la Tora o Pentateuco, que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII a. C.). El libro completo más antiguo, el de Oseas, es también de la misma época. El pueblo judío identifica la Biblia con el Tanaj, no consintiéndose bajo ningún concepto el término Antiguo Testamento, y no aceptan la validez del llamado Nuevo Testamento, reconociéndose como texto sagrado únicamente al Tanaj.

 

El canon católico romano de la Biblia que conocemos hoy fue sancionado definitivamente en el Concilio de Hipona en el año 393 de nuestra era, ratificado en el Concilio de Cartago en el año 397 y luego nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546.

 

Ninguna de estas decisiones fue reconocida ni asumida entre los protestantes, surgidos a partir del Siglo XVI, ni por distintas denominaciones para-protestantes, surgidas a partir del Siglo XIX. El Canon de las Biblias Cristianas Ortodoxas es aun más amplio que el Canon de las Biblias Católicas Romanas, e incluye el Salmo 151, la Oración de Manasés, el Libro III de Esdras y el Libro III de los Macabeos.

 

El canon católico incluye 73 Libros, de los cuales 46 pertenecen al Antiguo Testamento y 27 al Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento están incluidos los llamados Libros Deuterocanónicos, que no son aceptados ni por el judaísmo ni por el protestantismo. Son los Libros de Tobías, Judit, 1º. Macabeos, 2º. Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc.

 

El Antiguo Testamento narra principalmente la historia de los hebreos; el Nuevo Testamento la vida, muerte y resurrección de Jesus, su mensaje y la historia de los primeros cristianos.

 

El Nuevo Testamento fue escrito en lengua griega koiné. En él se cita con frecuencia al Antiguo Testamento de la versión de los Setenta (o Septuaginta), traducción al griego del Antiguo Testamento realizada en Alejandría en el siglo III a. C.

 

La Biblia es para los creyentes la Palabra de Dios, por ser indudable para éstos su inspiración divina. Es un libro eminentemente espiritual y habla sobre la historia de la humanidad, su creación, su caída en el pecado y su salvación, y expone cómo el Dios creador se ha relacionado, se relaciona y se relacionará con el ser humano. De igual forma, la Biblia expone los atributos y el carácter de Dios.

 

Para los creyentes, la Biblia es la principal fuente de fe y doctrina en Cristo. En el Siglo XVI los diferentes movimientos de la Reforma Protestante comenzaron a experimentar un alto desgaste en discusiones filosóficas y a separarse unos de otros. Para menguar este problema se definió el principio llamado sola escritura, que significa que solamente la Biblia puede ser considerada fuente de doctrina cristiana. Para la Iglesia Católica Romana, además de la Biblia, también son fuente doctrinal la tradición, las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y decisiones emanadas de Concilios. Esta divergencia entre cristianos se intensificó al asumir la Iglesia Católica Romana la idea de que el Papa, como único sucesor de Pedro y, consecuentemente, custodio y depositario de las llaves del Reino de los Cielos, debía ser infalible en asuntos de fe, moral y doctrina cristiana (Dogma de la Infalibilidad Papal). Los cristianos protestantes rechazan esta aseveración y consideran como cabeza única de la iglesia a Jesus de Nazaret. Para ambas partes esta gran diferencia ya no es considerada tan solo en términos filosóficos o religiosos, sino como designios divinos plasmados y asentados en la Biblia misma.

 

Para los Judíos Ortodoxos el Nuevo Testamento, por supuesto, no tiene validez. El rabínico considera como fuente de doctrina el Talmud, mientras los Caraítas defienden desde el siglo VIII el Tanaj como única fuente de fe.

 

Estructura

 

Un libro de la Biblia es un grupo establecido de escrituras. Por ejemplo, el libro de Salmos (en hebreo Tehilim o Canciones de alabanza) tiene 150 canciones (151 en la versión de los Setenta), mientras que la Epístola de Judas es una carta de media página.

 

La Biblia hebrea o Tanaj está dividida en tres secciones: los cinco libros de Moisés (la Ley o Torá), los libros escritos por los profetas hebreos (los Profetas o Nevi’m) y unos libros que no entran en ninguna de las dos categorías anteriores (las Escrituras o Ketuvim); éstos son conocidos como hagiógrafas o simplemente ‘las Escrituras’.

 

La Biblia judía fue escrita predominantemente en hebreo, pero tiene algunas pequeñas partes que fueron escritas en arameo. En la Biblia cristiana, la Biblia hebrea es llamada Antiguo Testamento, para distinguirla del Nuevo Testamento, que es la parte que narra la vida de Jesús y su predicación, entre otras cosas. El Nuevo Testamento está dividido en los cuatro Evangelios, Historia (Hechos de los Apóstoles), las Cartas a iglesias cristianas por Pablo y otros apóstoles, y el Apocalipsis.

 

Las Biblias cristianas contienen la totalidad del Tanaj o Antiguo Testamento, junto con un grupo de Escrituras posteriores conocidas como el Nuevo Testamento. Dentro del cristianismo no hay acuerdo completo sobre el número exacto de libros que debe tener (con igual reconocimiento) el Antiguo Testamento, es decir, sobre su canon.

 

Hasta el siglo XVI se mantuvo en Occidente la traducción latina de San Jerónimo conocida como la Vulgata (proveniente del latín vulgar), que incorporaba tanto el canon judío como escritos de la Septuaginta griega. Con la Reforma protestante, Martin Lutero cuestionó la necesidad de mantener los libros apócrifos junto a los del canon judío y los agrupó como un apéndice edificante al final de su traducción al alemán de la Biblia. La Iglesia Católica Romana confirmó, sin embargo, el canon de la Biblia de los Setenta y de la Vulgata en el Concilio de Trento (1545-1563), reconociendo y confirmando la canonicidad de algunas escrituras cuestionadas por Lutero, que desde ese mismo siglo comenzaron a ser llamados Deuterocanónicos, concepto introducido por Sixto de Siena, que significa literalmente segundo canon, a los cuales las iglesias orientales también reconocen plena canonicidad, agregando también otros libros que se encuentran en códices antiguos, como III y IV Macabeos y la Oración de Manasés. La Iglesia Ortodoxa Etíope acepta asimismo el Libro de Enoc como canónico. En cuanto al resto de los libros, no hay disputa alguna y todos los grupos cristianos tienen los mismos libros en el Nuevo Testamento de la Biblia.

 

Canon bíblico

 

Un canon es el conjunto de libros que integran la Biblia según una tradición religiosa concreta, que los considera así divinamente inspirados y los distingue de otros textos que no se consideran revelados. Estas diferencias entre las distintas ramas del cristianismo se dan únicamente para el Antiguo Testamento, ya que todas las Biblias tienen el mismo número de libros en el Nuevo Testamento.

 

La Biblia Cristiana Ortodoxa consta de 1347 capítulos, la Católica Romana de 1329, y la Protestante de 1189; 260 de los cuales constituyen el Nuevo Testamento.

 

El primer canon es el Pentateuco, el cual se compone de los libros del Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio y contiene la Ley de Dios, que es el conjunto de los 613 preceptos del Judaísmo.

 

Dentro del Judaísmo surge disputa sobre el canon correcto. Un grupo religioso, los saduceos, sostiene que solamente conforma el canon de las Escrituras la Toráh o Pentateuco (la Ley), mientras que otros grupos también consideran las Escrituras de los Nevi’m (Profetas) y los Ketuvim (los Escritos). Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., el grupo judío predominante fue el de los fariseos, que sí considera al canon como conformado por la Ley, los Profetas y los Escritos (Toráh, Nevi’m y Ketuvim).

 

Así, a finales del siglo I el Judaísmo estableció en Yamnia (Yavne) como canon de sus libros sagrados aquellos que cumplieran tres requisitos: que hubiera una copia del libro en cuestión que se supiera que fue escrito antes del año 300 a. C. (cuando la helenización llego a Judea, con los problemas culturales y religiosos subsecuentes, y que pueden leerse en libros como los de los Macabeos o el de Daniel), que dicha copia estuviera escrita en hebreo o cuando menos arameo (no griego, la lengua y cultura invasora) y que tuviera un mensaje considerado como inspirado o dirigido al pueblo de Dios (con lo que también algunos libros que cumplían las dos características anteriores tuvieron que salir del canon).

 

En tiempos de Jesús de Nazaret era predominante la segunda opinión, la cual fue sostenida y transmitida por muchos cristianos hasta tiempos de la Reforma Protestante con la controversia de los libros Deuterocanónicos. Esta controversia probablemente se originó precisamente por el hecho de que el Judaísmo había establecido su canon a fines del siglo I, con lo que para ellos ya no estaban presentes aquellos textos que sólo se encontrarían en griego (en la versión de la Biblia judía de los Setenta). Estos libros fueron precisamente los que se considerarían, posteriormente, como Deuterocanónicos y que fueron aceptados tanto por cristianos como por ortodoxos.

 

La versión judía de la Biblia consta de 24 libros, con ciertas diferencias respecto a las Biblias cristianas. Algunas de ellas son:

 

• Los nombres de varios libros: Éxodo para el original Shemot; Levítico para Vaikra.

 

• La subdivisión en tres secciones: Tora (la Ley, el Pentateuco); Nevi’m, los Profetas Anteriores (Josué, Jueces, Samuel y Reyes) y Posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los 12 profetas menores); y Ketuvim, los Escritos (Salmos, Proverbios, Daniel y los demás libros).

 

Actualmente, los libros que no son considerados canónicos por católicos y ortodoxos, reciben el nombre de libros apócrifos. A su vez esos mismos libros suelen ser denominados pseudoepígrafos por los protestantes, que, habitualmente, respetan también el nombre de Deuterocanónicos (literalmente, ‘del segundo canon’) para aquellos que han recibido reconocimiento canónico de católicos y ortodoxos (en general, son libros escritos originalmente en griego, incluidos en la traducción al griego de la Biblia judía conocida como Septuaginta o de los LXX). No obstante algunas corrientes protestantes fundamentalistas insisten en conservar el nombre de apócrifos para los libros deuterocanónicos. Con todo, hay que señalar, que los primeros cristianos no usaban la Biblia hebrea, sino que usaban la Septuaginta o de los LXX por cuanto varios de los nuevos cristianos fueron judíos de cultura griega, como por ejemplo, Pablo de Tarso, San Esteban, y los evangelistas San Lucas y San Marcos.

 

Así pues, las versiones católicas de la Biblia constan de 73 escritos, en tanto que las versiones protestantes sólo contienen 66, debido a que ellos consideran que siete libros impresos en las versiones católicas (los Deuterocanónicos) solo son ‘lectura edificante’, pero no canoníca. Las versiones ortodoxas, por su parte, incluyen 76 libros en total. Además, la Iglesia Ortodoxa Etíope incluye como canónico en el Antiguo Testamento el Libro de Enoc, que no incluye ninguna de las otras corrientes cristianas ni el judaísmo.

 

Biblia Cristiana

 

La Biblia es un libro usado por todos los cristianos, aún cuando no todos los grupos de cristianos la lean asiduamente. Las Biblias Cristianas están constituidas por escritos hebreos, arameos y griegos, que han sido retomados de la Biblia griega, llamada Septuaginta, y del Tanaj hebreo-arameo, y luego reagrupados bajo el nombre de Antiguo Testamento. A estos se ha sumado una tercera serie de escritos griegos cristianos agrupados bajo el nombre de Nuevo Testamento. Distintos grupos cristianos han debatido largamente sobre la inclusión o exclusión de algunos de los libros de ambos Testamentos, surgiendo los conceptos de apócrifos y deuterocanónicos para hacer referencia a algunos de estos textos.

 

La comunidad judía actual reserva la expresión ‘Biblia Cristiana’ para identificar sólo a los libros que han sido añadidos al Tanaj hebreo-arameo por el judaísmo tardío helenizante alejandrino, y luego por el cristianismo, y evita referirse a su Tanaj en términos de ‘Biblia’, o de ‘Antiguo Testamento’. Varias denominaciones cristianas incorporan otros libros en el Canon.

 

Arqueología y coincidencias bíblicas

 

Las investigaciones arqueológicas en la zona donde se desarrollaron los hechos narrados en la Biblia tienen como un resultado añadido la comprobación de los hechos, lugares y personajes que aparecen citados en los diferentes libros que componen la Biblia. Incluso se ha llegado a crear el término arqueología bíblica para denominar la parte de la arqueología que se encarga de estudiar los lugares indicados en la Biblia.

 

Hay varios casos en que los descubrimientos arqueológicos han confirmado los hechos o personajes bíblicos. Entre esos descubrimientos se encuentran los siguientes:

 

• Destrucción de Jerusalén en el año 70. En 1970 un equipo de arqueólogos a las órdenes de Nahman Avigad descubrió en Jerusalén las ruinas de una casa quemada en la cual se hallaron unas monedas que situaban el escenario alrededor del año 70. La disposición de los objetos hallados, así como el hallazgo de los restos de un cuerpo en disposición de huída, dieron pie a la hipótesis que se debía a la destrucción de Jerusalén por las tropas romanas en el año 70, destrucción que figura como profecía realizada por Jesus en Lucas 19:43-44. Otra posible interpretación, dada por los partidarios de la datación tardía de este evangelio, sostiene que el mismo fue escrito con posterioridad a la destrucción y por tanto relata hechos ya sucedidos.

 

• El Rey Sargón II de Asiria. Este personaje que aparece en Isaías 20:1 no pudo ser confirmado hasta que en 1843 se descubrieron las ruinas de su palacio. Se hallaron escritos en los que se relatan las conquistas de las ciudades de Samaria y Asdod que aparecen también relatados en el libro de Isaías.

 

• Joaquín, rey de Judá. El descubrimiento de las tablillas de Babilonia permitió la confirmación de la existencia del rey Joaquín de Judá y sus cinco hijos, que aparecían nombrados en los libros de 2a de Reyes y 1a de Crónicas.

 

• El sello de Yehujal. En 2005 la arqueóloga Eilat Mazar descubrió un sello de arcilla en el cual se nombraba Yehujal (Jehucal o Jucal) que fue un funcionario judío que es nombrado en el libro de Jeremías.

 

• Hallazgos en Nínive. En las excavaciones realizadas en la antigua ciudad de Nínive, capital de Asiria, se han hallado varias piezas que confirman relatos bíblicos. En el palacio de Sanaquerib hay un bajorrelieve que muestra a las tropas asirias llevando cautivos a los israelitas tras la caída de Lakis, hecho relatado en el Segundo Libro de los Reyes. En las piezas conocidas como Anales de Sanaquerib se relatan los hechos realizados durante el reinado de Ezequías. También es curioso cómo en el listado de ciudades conquistadas por los asirios no aparece Jerusalén, lo cual concuerda con el relato bíblico de que fueron derrotados a sus puertas, al igual que se relata el asesinato de Sanaquerib, que están incluidos en el Libro de Isaías.

 

• El Cilindro de Ciro. Se encontró en Sippar cerca de Bagdad, Iraq. Narra la conquista de Babilonia por Ciro el Grande. Algunos ven en los relatos de Isaías la profecía de la destrucción de Babilonia por Ciro. También en el cilindro se expone la política de Ciro de dejar volver a los pueblos deportados a su tierra de origen, tal y como sucedió con los israelitas.

 

• Recientemente se encontró al sur de Siria una piedra con la Estrella de David grabada, en la zona que la Biblia indica que estuvo la ciudad hebrea de Dan antes de la conquista asiria, lo que puede indicar que fue territorio hebreo o tenía algún contacto con Israel.

 

Conservación e integridad de la Biblia

 

A pesar de las objeciones de algunos críticos, existen pruebas que avalan la afirmación de que gran parte de la Biblia se ha conservado sin cambios importantes hasta nuestros días. Quienes no están de acuerdo con estas afirmaciones apelan a circunstancias tales como traducciones de un idioma a otro, copiado de manuscritos, opiniones divergentes en dogmas y/o destrucción deliberada, por lo que según ellos la Biblia no ha llegado como un volumen completo. Hallazgos tales como los manuscritos del Mar Muerto han mostrado que, en gran parte, esto sucedió antes del Siglo I de nuestra era, aunque los textos encontrados allí y los conocidos hasta entonces, parecen presentar cambios menores.

 

Ha habido otros textos relevantes relacionados con la Biblia original, los escritos apócrifos hallados en Egipto (Nag Hammadi) y en Cisjordania (Qumrán, cerca del Mar Muerto), e incluso en países muy lejanos hacia el Sur y el Oriente. Estos han supuesto una nueva interrogante acerca de si ya estaría completo el canon bíblico, o habría que revisarlo de forma detallada.

 

Los defensores de la idea de que las escrituras bíblicas son fieles y están completas, se basan en la cantidad de copias idénticas que, desde tiempos remotos, se ha realizado de las mismas. Los copistas hebreos de las Escrituras fueron muy instruidos. Los masoretas, que copiaron las Escrituras Hebreas entre los siglos VI y X, solían contar las letras para evitar errores. El erudito en la materia W. H. Green dice sobre las comparaciones entre textos antiguos y modernos que ninguna otra obra de la antigüedad se ha transmitido con tanta exactitud.

 

Fuentes teológicas

 

Fuente teológica es el término usado en teología para nombrar las fuentes de la argumentación en que se fundamenta este tipo de saber.

 

Para cada religión tales fuentes son distintas, de modo que en teología no hay nada parecido al consenso científico que suele haber en las ciencias que se someten al método científico. En el caso más extremo (no compartido por todas las religiones ni dentro de estas por todos los creyentes), el argumento de autoridad de la Iglesia tendría preferencia sobre la lógica o la experiencia. Considerar sagrados los textos o fuentes documentales de su saber, convierte en problemático el estudio crítico de las mismas fuentes, que en algunas religiones se consideran verdad revelada.

 

Algunas religiones, y desde luego todas las religiones primitivas, son fundamentalmente ritos y creencias apoyadas en la tradición oral y la costumbre, y sólo los mitos cumplirían propiamente el papel de fuente teológica. La comunicación de los hombres con el mundo sobrenatural imaginado adquiere a veces formas de lo que se denomina profecía, que en algunas ocasiones da lugar a relatos que guían la actividad humana: es el caso de los oráculos del mundo griego clásico y de los libros sibilinos que la Sibila de Cumas vendió a los romanos. Muchas religiones (correspondientes a las zonas del mundo donde se alcanzó el desarrollo histórico ligado a la invención de la escritura) disponen de textos sagrados: el Libro de los muertos del Antiguo Egipto, la Epopeya de Gilgamesh en Sumeria (ambos precedentes de distintos relatos bíblicos), los Vedas del Hinduismo, o el Popol Vuh de los mayas, por ejemplo.

 

No obstante, existe una diferencia esencial entre las religiones monoteístas y las demás: consideran sus textos como revelación directa del único Dios y mecanismo para la salvación espiritual del hombre (aunque en grado diferente según la interpretación de cada variante). La expresión islámica gentes del libro, para denominar a cristianos y judíos, es suficientemente elocuente: Toráh, Biblia y Corán son literalmente Palabra de Dios para judíos, cristianos y musulmanes.

 

Fuentes teológicas en el cristianismo

 

El principio protestante es el Sola Scriptura de Lutero: la Biblia es la única fuente teológica; no hay otra verdad revelada fuera de la que se contiene en la Biblia. El Sola Fides que pone la salvación del creyente únicamente en su fe en Jesucristo, le obliga a acercarse sin intermediarios a la Biblia, única regla de fe, y resolver sólo a través de ella todos los problemas de fe. Tampoco hay una autoridad que le obligue: existe un sacerdocio universal.

 

En el otro extremo los católicos sostienen que hay algunas verdades reveladas aparte de aquellas que aparecen en la Biblia: la Sagrada Tradición. Jesucristo estableció una institución para, a través de su Magisterio, interpretar la verdad revelada (Sagradas Escritura y Tradición), ponerla al alcance de todos y en todas partes, que es la Iglesia Universal (católica, en griego). El acceso de los fieles no orientados a versiones que no sean la oficial y convenientemente anotada de la Biblia está desaconsejada. El Concilio de Trento fijó la Vulgata (traducción al latín de San Jerónimo) como la versión canónica, y se restringieron las traducciones a lenguas modernas, como la de Lutero al alemán. Fray Luis de León (que además de religioso era profesor universitario) fue procesado por traducir y comentar el Cantar de los Cantares. Hasta el siglo XX no se relajaron esas prevenciones.

 

Esos son los dos puntos principales de controversia entre los católicos y los protestantes tradicionales (los protestantes liberales se permiten cuestionar críticamente las fuentes teológicas, lo que para los otros es cuestionar la revelación). Las otras diferencias se conectan con esos dos puntos o se siguen de ellos, de modo diferente en las diferentes ramas del protestantismo (luteranismo, calvinismo, anglicanismo, etc.)

 

No existen diferencias tan radicales entre los católicos y el cristianismo oriental u ortodoxo, ya que ambas partes admiten la institución de la Iglesia por Jesucristo, su Magisterio, su autoridad, su infalibilidad e indefectibilidad (en mayor o menor grado). Las diferencias tocantes a las fuentes teológicas y su tratamiento son respecto a los sujetos de la autoridad (el Papa es Vicario de Cristo e infalible para los católicos, y sólo obispo de Roma para los ortodoxos) y la unidad orgánica del cuerpo docente, aparte de cuestiones dogmáticas.

 

Fuentes teológicas en el catolicismo

 

En la constitución del saber teológico pueden indicarse su objeto, sus fuentes y su lugar. El objeto de la teología es Dios -de manera directa-, y el mundo y el hombre a la luz de Dios. Las fuentes del conocimiento teológico y sus criterios de verdad son la razón humana y la revelación divina, de manera privilegiada. El lugar de la teología es la Iglesia como comunidad de fe.

 

De aquí se deriva que la Iglesia tiene que poder establecer de forma autorizada criterios para la reflexión teológica. Según la Iglesia Católica, la investigación y el trabajo teológico se inscriben dentro de un saber racional (y por eso reclaman para la teología el status de ciencia), cuyo objeto es dado por la revelación, es decir, la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia bajo la autoridad del Magisterio.

 

Fuentes teológicas en el anglicanismo y el episcopalismo

 

El Libro de Oración Común es la principal fuente teológica de los episcopales, la más tradicional de las iglesias protestantes de Estados Unidos. Deriva del ‘Book of Common Prayer’ anglicano que tuvo distintas redacciones desde mediados del siglo XVI. En Estados Unidos hubo un intento fallido de actualizarlo en 1786, y otros en vigor sucesivamente fueron publicados en 1789, 1892 y 1928. Fue actualizado por última vez en 1979. Aunque es de dominio público, las nuevas revisiones del mismo son controladas por el Custodio para la Normalización del Libro de Oración Común. Contiene los distintos servicios de adoración o servicios litúrgicos que usan los episcopales. 

‘Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia…’ 

(2ª. Timoteo 3:16)

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=36590 

 

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´Los orígenes históricos del Cristianismo´, de José Miguel García

 

Fuentes paganas, judías y una posible versión aramea anterior a los evangelios que conocemos refuerzan la historicidad de Jesús.

 

El cristianismo parte de un hecho: Dios se ha hecho hombre. Se puede decir de muchas maneras pero el núcleo irrenunciable lo constituye el misterio de la Encarnación. Alguien que paseaba por Palestina, hacía milagros, hablaba de con autoridad y acabó muriendo y resucitando, no sólo era verdaderamente hombre sino también verdadero Dios.
Frente a esa verdad, desde el mundo cristiano, que es la única religión que genera anticuerpos, se han alado voces discrepantes. Algunas se apoyaban en el racionalismo, que es un abandono de la racionalidad por exceso, y otros en el prejuicio. De hecho las posturas no son tan fácilmente disociables.


Así, se negaba la historicidad de los Evangelios simplemente porque narraban milagros y alguien había decidido que éstos no cabían en el mundo. Un personaje central e influyente ha sido Bultmann, de nombre Rudolf.
José Miguel García, en la escuela de Mariano Herranz, muestra en este trabajo como no se puede renunciar a la certeza sobre la existencia histórica de Jesús. Para ello estudia los textos revelados, que son los más importantes, pero
no deja de lado ni las fuentes paganas ni las judías que aluden también a Jesucristo. Pero, además, en la estela de su Maestro, emprende la difícil tarea de interpretar textos habitualmente empleados en contra de la divinidad de Jesús.
Así, por ejemplo, explica el silencio que, en el evangelio de Marcos, Jesús impone sobre su divinidad. Lo hace partiendo de
la hipótesis de que los textos griegos, que son los recibidos por la Iglesia, responden a traducciones de una versión aramea anterior. De esa manera muchos textos que son de difícil comprensión y que han conducido a los traductores a hacer verdaderos equilibrios, alcanzan una mejor explicación y resultan más coherentes con el conjunto de los evangelios.

Aunque ese hecho ya se había estudiado en algunas monografías y artículos científicos el autor logra hacerlo bastante comprensible al lector medio sin necesidad de ser un especialista en
la materia. El estudio conjuga el rigor científico con la claridad expositiva.
Dados los continuos ataques que recibe la persona de Jesucristo, y que tienden a negar la historicidad de los evangelios,
es importante hacer un esfuerzo para leer este libro, que ayuda a ver como el cristianismo tiene una racionalidad. Ciertamente exige la fe en Jesucristo, pero es un asentimiento que se presta a alguien que verdaderamente ha existido y se da a conocer.
En una segunda parte se aborda el tema de la primera expansión del cristianismo. En este lugar se atiende de forma especial a la figura de san Pablo a quien los modernistas pretendieron hacer el verdadero fundador del cristianismo relegando a la figura de Jesús.
Libro verdaderamente interesante que nos ayuda a ver como se puede conocer a Jesús, lo que dijo y lo esencial de su vida y como sobre esa base se asienta la fe que después alcanza una verdadera expansión porque Jesucristo no sólo ocupa un lugar en la historia sino que es la respuesta al deseo más profundo del corazón del hombre.

LOS ORÍGENES HISTÓRICOS DEL CRISTIANISMO

José Miguel García
Editorial ‘Encuentro’ 345 páginas - 2007-04-

Vea también:

La vida cotidiana de los primeros cristianos, por Adalbert G. Hamman
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=4691

 

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Diluvio universal - arca de Noé

 

 

BIBLIA - El manuscrito más antiguo que se conserva de los poemas de Homero procede del siglo XIII. El texto de las tragedias de Sófocles se basa en un único manuscrito del siglo VIII o IX. Para el Nuevo Testamento la distancia es mucho más corta, los manuscritos conservados mucho más numerosos, su concordancia mucho mayor que en cualquier otro libro de la Antigüedad. Manuscritos muy cuidados de los evangelios datan ya de los siglos III y IV. Y recientemente se han descubierto, sobre todo en el desierto de Egipto, papiros mucho más antiguos: el fragmento más antiguo del Evangelio de Juan, el último de los cuatro evangelistas, cuyo original se conserva en la biblioteca John Ryland de Manchester, data de principios del siglo II y no difiere en absoluto de nuestro texto griego impreso. Lo cual quiere decir que los evangelios existían ya hacia el año 100; las ampliaciones y reinterpretaciones míticas (en los evangelios apócrifos, etc.) solo se encuentran a partir del siglo II. Evidentemente, pues, el camino condujo de la historia al mito y no del mito a la historia.

Jesús de Nazaret no es un mito: su historia se puede localizar. No es una leyenda errática... La historia de Jesús se desarrolló, es verdad, en un zona políticamente insignificante, en una provincia extrema del Imperio romano. Pero esta región, Palestina, representaba también a todo un antiquísimo imperio cultural, en el centro del "creciente fértil"... La ciudad de Jericó, mencionada en la parábola del buen samaritano y excavada recientemente, puede considerarse como el asentamiento urbano más antiguo del mundo (entre 7.000 y 5.000 años antes de Cristo).

Jesús de Nazaret no es un mito: su historia se puede datar. No es un mito intemporal como los que han creado las primeras culturas superiores de la humanidad. No es un mito de la vida eterna, como el de Egipto. No es un mito del orden cósmico, como el de Mesopotamia. No es un mito del mundo cambiante, como el de la India. No es el mito del hombre perfecto, como en Grecia. Se trata de la historia de un hombre que nació en Palestina a comienzos de nuestra era bajo el reinado de César Augusto, actuó públicamente bajo el reinado de su sucesor Tiberio, y fue ajusticiado por el procurador imperial Poncio Pilato.

Es sorprendente que este hombre haya modificado el curso de la historia hasta el punto de comenzarse a computar desde él los años de la historia del mundo.

-Hans Küng, en ´El Cristo real´, Ser cristiano, págs. 152,153. Trotta 1996

 

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«El fundamento de nuestro conocimiento es de dos clases: el que se conforma con la percepción directa y presente de las cosas y el que proviene del testimonio que prestan otras fuentes. La mayor parte de lo que sabemos procede del segundo origen. Natural. La vida es breve, y conocer significa ante todo aprender de otros, y discernir, discriminar y seleccionar de entre el piélago de hechos que hay. Ah, y no perder el tiempo en lo baladí.»

 

 

 

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JESÚS EL REY DE LOS JUDÍOS, Fe de los cristianos

Se debe tener en cuenta que el Nuevo Testamento es un libro judío sobre un mesías judío de familia y seguidores judíos; y que los personajes que aparecen bajo una luz negativa en sus páginas como algunos fariseos o saduceos, aparecen aún peor retratados en el Talmud o los documentos de Qumrán.

 


En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio. Porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. (Flavio Josefo)


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Toda la Biblia es histórica, Historia de la Salvación. Cuando se narran hechos, acontecimientos, etc. no hay ningún motivo para dudar de su historicidad, salvo que el Magisterio de la Iglesia nos indique lo contrario. Nadie puede negar sin peligro de tergiversar las Sagradas Escrituras que Adán, Caín, Job, David, Isaías, Sansón, Jonás, etc. fueron personajes históricos. Pensando de ese modo no sólo se perjudica la misma fe sino que se corre el grave peligro de poder llegar a negar la veracidad histórica de algunos dogmas de fe.

 

León XIII, Providentissimus Deus:

 

Como antiguamente hubo que habérselas con los que, apoyándose en su juicio particular y recurriendo a las divinas tradiciones y al magisterio de la Iglesia, afirmaban que la Escritura era la única fuente de revelación y el juez supremo de la fe; así ahora nuestros principales adversarios son los racionalistas, que, hijos y herederos, por decirlo así, de aquéllos y fundándose igualmente en su propia opinión, rechazan abiertamente aun aquellos restos de fe cristiana recibidos de sus padres. Ellos niegan, en efecto, toda divina revelación o inspiración; niegan la Sagrada Escritura; proclaman que todas estas cosas no son sino invenciones y artificios de los hombres; miran a los libros santos, no como el relato fiel de acontecimientos reales, sino como fábulas ineptas y falsas historias. A sus ojos no han existido profecías, sino predicciones forjadas después de haber ocurrido los hechos, o presentimientos explicables por causas naturales; para ellos no existen milagros verdaderamente dignos de este nombre, manifestaciones de la omnipotencia divina, sino hechos asombrosos, en ningún modo superiores a las fuerzas de la naturaleza, o bien ilusiones y mitos; los evangelios y los escritos de los apóstoles han de ser atribuidos a otros autores.

 

Benedicto XV, Spiritus Paraclitus:

 

Y no discrepan menos de la doctrina de la Iglesia —comprobada por el testimonio de San Jerónimo y de los demás Santos Padres— los que piensan que las partes históricas de la Escritura no se fundan en la verdad absoluta de los hechos, sino en la que llaman verdad relativa o conforme a la opinión vulgar...

 

Benedicto XVI, Verbum Domini:

 

La consideración de la realidad como obra de la santísima Trinidad a través del Verbo divino, nos permite comprender las palabras del autor de la Carta a los Hebreos: «En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo» (1,1-2). Es muy hermoso ver cómo todo el Antiguo Testamento se nos presenta ya como historia en la que Dios comunica su Palabra. En efecto, «hizo primero una alianza con Abrahán (cf. Gn 15,18); después, por medio de Moisés (cf. Ex 24,8), la hizo con el pueblo de Israel, y así se fue revelando a su pueblo, con obras y palabras, como Dios vivo y verdadero. De este modo, Israel fue experimentando la manera de obrar de Dios con los hombres, la fue comprendiendo cada vez mejor al hablar Dios por medio de los profetas, y fue difundiendo este conocimiento entre las naciones (cf. Sal 21,28-29; 95,1-3; Is 2,1-4; Jr 3,17)».

 

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El gran poeta calagurritano Prudencio compone a caballo de los siglos IV y V, una obra de extraño nombre, Dicchotaeum, "doble alimento", que es en realidad una breve ilustración de pasajes históricos de toda la Biblia.

 

HISTORIA DE LA BIBLIA EN ESPAÑA…  

A mediados del s. III ya hay una compleja organización eclesiástica en Hispania y unos años después encontramos el primer testimonio directo de lectura de la Biblia en España. Aparece en las actas auténticas del martirio del obispo de Tarragona, Fructoso, y sus diáconos Augurio y Eulogio, que mueren mártires en la hoguera el año 259. En este documento, escrito probablemente por un militar de la Legio VII Gemina, testigo presencial de los hechos, se nos dice que ya existe el oficio eclesiástico de "lector" de la Escritura en las celebraciones litúrgicas ... Nuestros cristianos del siglo III, al menos los pertenecientes al clero, leían la Biblia, lo hacían en los actos litúrgicos y el texto que usaban era el conocido como Vetus Latina versio, una de las antiguas traducciones latinas hechas desde el griego..
Siglo IV. 


El poeta y escritor cristiano Juvenco elabora un poema entre la armonía evangélica y el relato de la vida de Jesús. ·   El gran poeta calagurritano Prudencio compone a caballo de los siglos IV y V, una obra de extraño nombre, Dicchotaeum, "doble alimento", que es en realidad una breve ilustración de pasajes históricos de toda la Biblia, ·   Prisciliano fue un laico intelectual y bien preparado, ordenado luego en circunstancias no claras obispo de Ávila. Reivindicaba la libertad de leer e interpretar la Biblia sin atenerse a las estrecheces del canon comúnmente recibido y sin aceptar que el libro santo fuese leído e interpretado sólo por los obispos y el clero.      Lucinio Bético y su mujer Teodora habían oído que la mejor traducción latina del momento era la que estaba realizando Jerónimo, conocido presbítero sabio y políglota, residente por aquellos tiempos en Belén. Lucinio puso en marcha todos sus recursos para conseguir el objetivo. "Con qué afán —dice el mismo San Jerónimo— solicitó mis propias obras, hasta el punto de mandarme aquí seis amanuenses ... que trasladaran todo lo que he dictado desde mi mocedad hasta el día de hoy". Así fue como llegó a España por primera vez la versión latina de la Biblia, que, con el correr del tiempo, sería la más conocida y divulgada, la Vulgata.
Todos estos casos nos hablan siempre de personas cultas y, en general, pertenecientes a lo que hoy llamaríamos clase más que acomodada. Los demás no leían la Biblia, no podían leerla. Mejor dicho, no podían leerla al modo como nosotros entendemos hoy la lectura, en voz baja y como para sí mismos. Su leer era casi siempre un oír, y el modo de conocer la Escritura, casi exclusivamente el de escucharla en la celebración litúrgica, cuando se proclamaban los textos sagrados, comentándose después. Nada tenía esto de extraño, pues formaba parte de la cultura general. De hecho, el latín legere significa con frecuencia y en la mayoría de los casos "leer en voz alta, proclamar", tanto en época clásica, como en tiempos del latín cristiano.

 

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Pablo y los demás autores de los escritos después llamados neotestamentarios citan las Escrituras hebreas en griego. Sabemos que éstas fueron traducidas sobre todo en Egipto a partir del siglo III antes de la era cristiana. La importancia de este conjunto de traducciones (aunque por razones prácticas se ha hablado hasta ahora y se hablará más delante de ‘traducción’) obliga a dar un paso atrás para delinear brevemente su historia. Según una afortunadísima leyenda narrada por un texto judeo-helenístico el siglo II antes e la era cristiana, la llamada ‘Carta e Aristeas a Filócrates’, esta traducción habría sido obra, casi un siglo antes, de setenta y dos expertos judíos, seis por cada una de las doce tribus de Israel, invitados a tal fin a Alejandría de Egipto por Ptolomeo II Filadelfo.

 

Por ello, la traducción fue llamada ‘de los Setenta’, con un número redondeado que aparece por primera vez en Flavio Josefo a finales del siglo I de la era cristiana, o simplemente, empleando el término latino ‘la Septuaginta’. 

 

El esfuerzo llevado a cabo por los muchos traductores de la versión de los Setenta – y, también en este aspecto, el número simbólico de la leyenda corresponde muy bien a la realidad histórica- fue de una importancia capital, porque traducir este conjunto de Escrituras religiosas, significó la transposición de un universo cultural a categorías de pensamiento totalmente diferentes. En este sentido, traducir la legislación mosaica, las imágenes de Isaías o de Ezequiel y la oración de los Salmos a la lengua de Homero, de Safo y de Platón (aunque evolucionada a la forma de la ‘koine dialektos’ del helenismo) fue la primera gran operación de este tipo en la historia cultural e la humanidad. Tiene una importancia que perdura hasta hoy el hecho de que la lengua de partida fuera la de un restringido grupo con escasas posibilidades de la influencia cultural y la de llegada la lengua de intercambio de toda la comunidad helenística, extendida enormemente gracias a la extraordinaria epopeya de Alejandro. Pero esto sólo porque el cristianismo leyó a Moisés en la lengua e Platón. 

Ref. pág. 54 

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El libro cristiano

 

Ningún texto de la antigüedad ha sido leído, transcrito, citado y traducido como la Biblia. Esto explica por qué su tradición manuscrita (los testimonios que la transmiten) es muy antigua y abundante, sobre todo por lo que se refiere a la Biblia griega y, en particular, al Nuevo Testamento. Por lo contrario, la tradición de los textos griegos y latinos está confiada en general a pocos testimonios manuscritos. Atestiguan la versión de los Setenta diversos papiros, fragmentarios pero de gran importancia por su antigüedad (entre finales del s. III antes de la era cristiana y el siglo III de la era cristiana, algunos de éstos descubiertos en Qumran); una treintena de códices en pergamino y escritura minúscula (entre los siglos IV y X; y casi mil seiscientos en escritura minúscula (entre los siglos IX y XVI. Los manuscritos del Nuevo Testamento griego se acercan, sin embargo, a los seis mil: un centenar de papiros (sobre todo entre los siglos II y IV), más de trescientos códices en pergamino y mayúscula, casi tres mil en minúscula y cerca de dos mil quinientos leccionarios, es decir, manuscritos bizantinos que contienen los textos bíblicos adaptados para el uso litúrgico. A estas estadísticas verdaderamente impresionantes (y sujetas a frecuentes revisiones a causa de estudios más esmerados y nuevos descubrimientos) hay que añadir decenas de miles de citas por parte de los autores cristianos de los primeros siglos( la llamada tradición indirecta) y las antiguas traducciones a las lenguas orientales.

 

Dos hechos se muestran particularmente importantes en este riquísimo cuadro: la cercanía entre la época de composición de los textos y sus más antiguos manuscritos, y la edad de las traducciones, que son anteriores a la tradición directa original. Así sucede con la versión de los Setenta frente al más antiguo ejemplar hebreo conservado y con las traducciones latinas, que se remontan al siglo III, frente a los códice del texto bíblico y de su tradición manuscrita es netamente mejor en los escritos del Nuevo Testamento –que presentan relativamente pocas variantes sustanciales- respecto a la de los libros vetero-testamentarios, cuya situación textual es generalmente bastante complicada. 

Los papiros del Nuevo Testamento, todos provenientes de Egipto, donde se han conservado por las favorables condicione climáticas, llegan a atestiguar casi el cuarenta por ciento de todo el texto neotestamentario. 

…[…]… 

pág.61 

Los manuscritos bíblicos más famosos son los grandes códices mayúsculos de los siglos IV y V, los testimonios más antiguos de toda la biblia griega. 

…[…]… 

pág. 62 

Hasta el s. I de la era cristiana, la forma normal del libro en el mundo semítico y en el griego y romano, era la del rollo (en latín ‘volumen’, de la raíz del verbo que significa ‘desenrollar’, volvere), de piel en ámbito semítico (como el rollo de Isaías encontrado en Qumran) y de papiro en ámbito griego y romano. Entre los siglos II y IV e pasó progresivamente del rollo al códice, o sea, a la forma del libro nunca más abandonada y todavía hoy efuso. Mucho más práctico y manejable, el códice derivó de la difundida utilización de cuadernos constituidos por tablillas de manera encerradas o no y unidas como soporte de escritura ideal para cartas, transcripciones de apuntes, actas, primeras redacciones (no llevadas a cabo por el autor sino por taquígrafos) de obras más tarde transcriptas por copistas. De esta rudimentaria forma del códice se pasó a la que sería definitiva, realizada con folios superpuestos y doblados en dos para formar fascículos, de papiro o pergamino. En Roma, hacia finales de la República, ya se usaban estos cuadernillos de pergamino (membranae) de cuyo uso literario será testigo algún decenio más tarde el poeta Marcial..

 

En este importante cambio de épocas, los cristianos desempeñaron un papel fundamental en la gran difusión del uso del códice. Aunque no está demostrado con certeza que fueran ellos los que inventasen esta innovadora forma de libro, no cabe duda de que la potenciaron para la transcripción de los textos, como lo demuestran fuera de toda dudas, las estadísticas sobre los productos librescos más antiguos, tanto paganos como cristianos. No parece suficiente la motivación práctica, de cara a explicar esta preferencia de los cristianos, aunque no se deben infravalorar la mayor libertad con respecto a los usos librescos no considerados propios, la importancia ajena a los textos sagrados y la necesidad de transportarlos, consultarlos y citarlos con facilidad. Se discute desde hace decenios qué factor haya podido influir en su elección. Entre los diversos motivos se ha subrayado la plausible influencia ejercida por la forma el códice usada para la publicación de un texto determinado y con autoridad, como, por ejemplo, el evangelio de Marcos (que la tradición considera eco de la predicación de Pedro y sitúa en Roma, donde parece que a forma del códice se haya adaptado antes que en otros lugares), o la colección de cartas de Pablo. Éste es seguramente, el más antiguo núcleo de Escrituras cristianas que fue recopilado, quizás ya en los años ochenta del siglo I, aunque se trata sólo de probabilidades, sobre las que faltan noticias precisas. Más allá de estas sugestivas hipótesis está el hecho de que entre los siglos II y IV la forma adoptada por los cristianos para sus libros se difundió enormemente, ejerciendo al mismo tiempo un influjo decisivo y perdurable. 

…[…]… 

pág. 63 y 64 – Ediciones cristiandad-Giovani Mª Vian. Filología e historia de los textos cristianos 

 

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La fe que ha transformado al mundo


Cardenal Ricardo Mª CARLES, Barcelona - ESPAÑA

De nuevo he visitado una de mis montañas favoritas. Contemplando sus paredes tan verticales, largas y esbeltas, y las paredes de la montaña vecina, «el León dormido», pensaba lo que alguna vez se ha dicho: que el universo, antes de la creación del hombre, era un grandioso concierto sin auditorio. No había quien lo admirara, agradeciera y, con fe, adorara, es decir, llegara al autor. Lo contrario es quedarse en el equilibrio inestable de admirar la creación sin alcanzar el horizonte de admirar a quien la hizo. Sería tanto como aplaudir las vibraciones musicales en un concierto, prescindiendo de quienes las han realizado y de quien compuso aquellos bellísimos sonidos.
   Nunca me pareció acertado hablar de la «sabia naturaleza», porque no es sino reflejo del «Sabio-Dios» que la creó. Esa contemplación de la naturaleza me convierte a mí en creyente, no sólo en admirador.
   Puedo ser contemplativo en mi contacto con cuanto me rodea, pero también en la contemplación de mi propia alma, de mi vida interior, en la que contemplo mi alma en su acción de vivir. Así la vida no es pura exterioridad, sino enriquecimiento interior. Pues, en la vida humana, no basta el mero transcurrir del tiempo, si no hay conciencia de cómo se vive en el hondón del alma: si adelantando o retrocediendo, y no arriesgando matar la vida interior. Esa atención conduce a saber que el mundo no llega a su plenitud, en tanto no es tal como Dios lo ha querido, sentido y amado. Es decir, el mundo me concierne, porque la fe conduce al último perfeccionamiento del mundo, tal como el Creador lo ha concebido. Así, por la libertad sagrada de la voluntad divina, mi pobre existencia humana está indisolublemente unida a Él. Por un acto de fe yo lo reconozco como a Aquél que me ha creado, rescatado y santificado. Y creo ser amado por Dios en mayor medida con que yo mismo le amo. Así, pues, creer no es un sentimiento pasivo, estático, sino de acción hacia el interior y hacia el mundo, que no está acabado, sino en continuo devenir, en continua realización, que confiere a la vida esfuerzo y grandeza. MMV. XII.VII. L.R.ESP.

 

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LOS ESCRIBAS

 

El término "escriba" no es del todo claro y parece referirse, inicialmente, a una labor relacionada fundamentalmente con la capacidad para leer y poder poner por escrito. Dado el grado de analfabetismo de la sociedad antigua no es de extrañar que constituyeran un grupo específico, aunque no puede decirse que tuvieran una visión tan estrictamente delimitada como la de los fariseos o los saduceos.

Su estratificación debió ser muy variada yendo desde puestos del alto funcionariado a simples escribas de aldeas que, quizá, se limitaban a desarrollar tareas sencillas como las de consignar contratos por escrito

Hubo escribas seguramente en la mayoría de los distintos grupos religiosos judíos. Los intérpretes de la Ley que había entre los fariseos seguramente fueron escribas; los esenios contaron con escribas y lo mismo podíamos decir en relación al servicio del Templo o de la corte.
Esto obliga a pensar que debieron distar de mantener un punto de vista uniforme.

En las fuentes judías, los escribas aparecen relacionados por regla general con la Torah y resulta lógico que así sea por cuanto ellos eran los encargados de escribir, preservar y transmitir el depósito escrito de la fe judía. Esdras, que vivió en el s. IV a. de C. y que tuvo un papel de enorme relevancia en la recuperación espiritual de Israel tras el destierro en Babilonia, aparece descrito en el libro que lleva su nombre precisamente como escriba (Esdras 7, 6).

Con todo, la literatura rabínica dista mucho de presentarnos una imagen homogénea de ellos.
En ocasiones resultan copistas y en otras aparecen como expertos en cuestiones legales.

Esta misma sensación de que eran un grupo diverso que se extendía por buen número de las capas sociales es la que se desprende de los escritos del historiador judío del s. I d. de C., Flavio Josefo.
Este autor nos habla tanto de un cuerpo de escribas del Templo que, práctica­mente, equivalía a un funcionariado (Ant, 11, 5, 1; 12, 3, 3) como de algún escriba que pertenecía a la clase alta (Guerra 5, 13, 1).

El retrato contenido en los Evangelios armoniza con estas fuentes por cuanto se refleja la misma diversidad. En algún caso, los escribas están ligados al servicio del Templo (como nos informa Josefo), en otros aparecen como intérpretes de la Ley (como en las fuentes rabínicas) e incluso, aunque en general parecen haberse opuesto a Jesús, conocemos por lo menos un caso en que un escriba coincidió con él en lo relativo a cuáles eran los mandamientos más importantes (Marcos 12, 28-34).
DR. César Vidal Manzanares es un conocido escritor protestante, historiador y teólogo.

 

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Historia del NT

 

La Sagrada Escritura es un libro "popular", surgido de un pueblo y destinado a un pueblo (el antiguo y nuevo Israel): es, por tanto, el libro que está vivo en una comunidad creyente que camina por la historia.

 

 

 

Después,
los Apóstoles anuncian el
evangelio de la salvación,
concientes de ser los mediadiores humanos de la definitiva Palabra
de Dios, revelada y realizada en Jesucristo. La historia de Jesús
da lugar a la gran tradición
acerca de Jesús,
fijada primeramente en forma oral y luego por escrito. Los primeros
escritos cristianos se los debemos a
San Pablo.
Si entar
ahora en detalles,

 

-entre los
años 51-52 escribe las dos cartas de los Tesalonicenses;

-entre el 54-58 las llamadas "Grandes epístolas":
dos cartas a laos Corinitos; a los Gálatas y a los Romanos;

-en torno al año 62 las llamadas "Cartas de la cautividad":
Filipenses, Colosenses, Efesios y Filemón;

-entre los años 65-66, las "Cartas Pastorales":
las dos de Timoteo y la de Tito.

-Para la carta a los Hebreos la datación más probable
es del año 65;

- La redacción definitiva de los tres primeros Evangelios,
Mateo, Marcos y LUcas, llamados
Sinópticos, hay
que situarla en el período 65 al 80, aunque prevalece la
opinión de que han sido redactados antes del 70;

-Las "Cartas católicas" tienen una datación
muy variada: la de
Santiago entre los años 50-60
y la de Judas en torno al 70; la primera de Pedro en el 64, mientras
que la segunda es posible que fuera cerca del 80.

-El libro de los
Hechos de los Apóstoles unos lo
situán en el 63 y otros en el 80.

-Y el grupo de
escritos joánicos cierra la colección
de los escritos del NT con el Apocalipsis, tres Cartas y el Cuarto
Evangelio entre los años 85-100.

 

El Magisterio
de la Iglesia se pronunció en defensa de la verdad histórica
de los Evangelios el 21-IV-1964, con la Instrucción
Santa
Mater Ecclesia
; en el n.2 de este documento expone los tres
momentos básicos de la redacción escrita de los
Evangelios, recogidos por el Catecismo de la Iglesia Católica
así:
vida y enseñanzas de Jesús, tradición
oral y evangelios escritos
(Catecismo n. 126).


 

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¿Cómo se sabe que la Biblia es Palabra de Dios?

 

La Biblia, como la conocemos hoy, fue escrita durante un período de casi 1500 años, por diferentes personas, en diferentes momentos de la historia de la humanidad, desde el tiempo de Moisés (unos 1400 años antes de Cristo) hasta la muerte del último Apóstol de Jesucristo, San Juan Evangelista, (unos 100 años después de Cristo).

La Biblia nos presenta el mensaje de salvación que Dios ha querido comunicarnos. En ella encontramos verdades de fe, acontecimientos históricos relacionados con la salvación, promesas de Dios, exigencias morales, todo esto dentro de una perspectiva eminentemente religiosa, que nos muestra las obras realizadas por Dios para llevar a los seres humanos a la intimidad con El y a la salvación eterna.

Es sabido que Dios inspiró a los escritores de la Biblia para que escribieran lo que contienen esos escritos. Esto significa que, sin quitarles la libertad, Dios movió de tal forma a estos autores que ellos escribían lo que El quería que escribieran. No significa esto que Dios “dictó” a cada autor su parte. En efecto, cada autor tiene su propia manera de expresarse, sus características especiales de pensamiento y de lenguaje, además de su idioma específico.

En ese sentido, entonces, el Autor principal de la Biblia es Dios mismo, y los escritores actuaron como instrumentos de Dios. Veremos, entonces, por qué la Iglesia puede enseñar como verdad que la Biblia es Palabra de Dios.

Sabemos que Jesucristo existió como personaje histórico, no sólo porque El es el personaje central de los Evangelios, sino porque la existencia de Jesús de Nazaret también se encuentra en documentos históricos no-cristianos, los cuales hablan de El, de su nacimiento en Belén, de la fundación del cristianismo por parte de Jesús, de su crucifixión a los 33 años de edad bajo Poncio Pilatos, y de la rápida difusión del cristianismo y los intentos del Emperador Nerón de liquidarlo (cf. Tácito, historiador romano; Flavio Josefo, historiador judío).

La Biblia y algunos libros no-cristianos, nos dicen que Jesucristo realizó grandes milagros, el mayor de los cuales fue haber resucitado, tal como El mismo había predicho. Y con sus milagros y su resurrección demostró que El es Dios. (Ver Preguntas de la Semana: ¿Cómo se sabe que Jesucristo es Dios?y La Resurrección de Cristo ¿hecho histórico o verdad de fe?)

Cristo, adicionalmente, instituyó su Iglesia (ver Pregunta de la Semana: ¿Por qué la religión Católica es la verdadera?) y a ésta le prometió la asistencia del Espíritu Santo hasta el fin del mundo y la proveyó de autoridad para tomar decisiones en la tierra que El ratificaría en el Cielo:

“Tú eres Pedro (o sea, Roca-Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes del Infierno jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo” (Mt. 16, 18-19).

De tal forma que la Iglesia que Cristo fundó, guiada por Pedro (primer Papa de la Iglesia, seguido por 264 Papas posteriores que llegan hasta Juan Pablo II en nuestros días) tiene el poder de decidir cuestiones que afectan a los miembros de la Iglesia en cuanto a la fe y la moral, las cuales están de antemano ratificadas por Dios. Lo que esto significa, podrá ser imponente -y lo es, ciertamente- pero por más impresionante que sea, no puede ser ni descartado, ni disminuido, pues es promesa de Dios que no puede ser negada.

Es así, entonces, como la Iglesia de Cristo ha tomado decisiones importantísimas a lo largo de sus casi dos mil años de existencia. Una de estas muy importantes decisiones fue haber escogido los escritos que formarían parte de la Biblia y declarar que la Biblia era Palabra de Dios.

Los libros del Antiguo Testamento, 45 en total, fueron coleccionados y preservados por las más altas autoridades religiosas de los Judíos. Jesucristo y los Apóstoles confirmaron la creencia general de los Judíos de que estos libros eran de origen divino.

 

 

 

DESARROLLO DEL CANON DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

Durante el transcurso de los siglos se desarrollaron varios cánones o listas de libros sagrados. Veamos las razones.

Por el año 605 a.C., el Pueblo de Israel sufrió una dispersión o, como se le conoce Bíblicamente, una "diáspora". El rey Nabucodonosor conquistó a Jerusalén y llevó a los israelitas cautivos a Babilonia, comenzando la "Cautividad de Babilónica" (cf. 2 Reyes 24,12 y 2 Reyes 25,1).

Pero no todos los israelitas fueron llevado cautivos, un "resto" quedó en Israel: (2 Reyes 25,12; 2 Reyes 25,22; Jeremías 40,11; Ezequiel 33,27). También un número de Israelitas no fueron cautivos a Babilonia sino que fueron a Egipto: (2 Reyes 25,26; Jeremías 42,14; Jeremías 43,7.

El rey Ciro de Persia conquistó a Babilonia (2 Crónicas 36,20; 2 Crónicas 36,23) y dio la libertad a los israelitas de regresar a Israel, terminando así su esclavitud. Algunos regresaron a Palestina (Esdras 1,5; 7,28 y Nehemías 2,11) pero otros se fueron en vez a Egipto, estableciéndose, en su mayoría, en la ciudad de Alejandría (fundada por Alejandro Magno en el 322 a.C, contaba con la biblioteca mas importante del mundo en esa época). En esta gran ciudad convivían griegos, judíos y egipcios. Así que los judíos estaban disgregados aun después del fin del cautiverio, unos en Palestina y otros en la diáspora, sobre todo en Alejandría. En el tiempo de Jesús habían mas judíos en Alejandría que en la misma Palestina (1 Macabeos 1,1).

Mientras la primera semejanza de un canon hebreo se empieza a formar, la lengua hebrea comienza a morir y desapareció completamente para el año 135 a.C. Por esta razón Jesús y sus contemporáneos en Palestina hablaban arameo, un dialecto del hebreo.

 

La Traducción de los Setenta (Septuagésima)

Como en la mayor parte del mundo civilizado, la lengua principal de Alejandría en el siglo III a.C. era el griego. Había por eso gran necesidad de una traducción griega de las Sagradas Escrituras.

La historia relata que Demetrio de Faleron, el bibliotecario de Plotomeo II (285-246 a.C.), quería unas copias de la Ley Judía para la Biblioteca de Alejandría.
La traducción se realizó a inicios del siglo tercero a.C. y se llamó la Traducción de los Setenta (por el número de traductores que trabajaron en la obra).

Comenzando con el Torá, tradujeron todas las Sagradas Escrituras, es decir todo lo que es hoy conocido por los cristianos como el Antiguo Testamento. Introdujeron también una nueva organización e incluyeron Libros Sagrados que, por ser mas recientes, no estaban en los antiguos cánones pero eran generalmente reconocidos como sagrados por los judíos.

Se trata de siete libros, escritos en griego, que son llamados hoy deuterocanónicos. Vemos entonces que no hay un "silencio bíblico" (una ausencia de Revelación) en los siglos precedentes al nacimiento de Jesús.

La mayoría de los judíos de aquel tiempo sabían que Dios continuaba revelándose. Aquella era la última etapa de revelación antes de la venida del Mesías.

La Traducción de los Setenta contiene los textos originales de algunos de los deuterocanónicos (Sabiduría y 2 Macabeos) y la base canónica de otros, ya sea en parte (Ester, Daniel y Sirácides o Eclesiástico) o completamente (Tobías, Judit, Baruc y 1 Macabeos).

La Traducción de los Setenta es la que se usaba en tiempo de Jesucristo y los Apóstoles.

La versión alejandrina o de los setenta, con los siete libros deuterocanónicos, se propagó mucho y era la generalmente usada por los judíos en la era Apostólica.

Por esta razón no es sorprendente que esta fuera la traducción utilizada por Cristo y los escritores del Nuevo Testamento: 300 de las 350 referencias al Antiguo Testamento que se hacen en el Nuevo Testamento son tomadas de la versión alejandrina.

Por eso no hay duda de que la Iglesia apostólica del primer siglo aceptó los libros deuterocanónicos como parte de su canon (libros reconocidos como Palabra de Dios).

Por ejemplo, Orígenes, Padre de la Iglesia (+254), afirmó que los cristianos usaban estos libros aunque algunos líderes judíos no los aceptaban oficialmente.

Al final del primer siglo de la era cristiana, una escuela judía, quizás de rabinos, hicieron un canon hebreo en la ciudad de Jamnia, en Palestina. Cerraron el canon con los profetas Esdras (458 a.C.), Nehemías (445 a.C.), y Malaquías (433 a.C.). Este canon comprendía de 22 a 24 libros.

No rechazaron los libros deuterocanónicos definitivamente, pero no los incluyeron entre los canónicos. El canon reconocido por los judíos no se fijó hasta más de cien años después. Aun entonces, los libros "deuterocanónicos" siguieron siendo leídos y respetados por los judíos. Mientras tanto los cristianos siguieron reconociendo la versión alejandrina que sí contenía los “deuterocanónicos”.

 

 

 

Es así que surgieron los dos cánones del Antíguo Testamento.

Los dos cánones del Antiguo Testamento:

  • El canon de Alejandría (la traducción de los Setenta al griego, hecha antes de Cristo y aceptada por todos los cristianos y muchos judíos, que contiene los libros deuterocanónicos)
  • El canon de Palestina (Jamnia, traducción hebrea hecha después de Cristo).

Los historiadores ponen como fecha en que se fijaron los cánones de las traducciones de Alejandría y de Palestina para el siglo segundo de nuestra era.

El Obispo Melito de Sardis registró la primera lista conocida del canon alejandrino en el año 170 A.D. Contenía 45/46 libros (el libro de Lamentaciones se consideraba como parte de Jeremías). El canon Palestino contenía solo 39 libros pues no tenía los 7 libros Deuterocanónicos.

La Vulgata de San Jerónimo

La primera traducción de la Biblia del griego al latín fue hecha por San Jerónimo y se llamó la "Vulgata" (año 383 AD). El latín era entonces el idioma común en el mundo Mediterráneo. San Jerónimo basó su traducción en el texto hebreo del canon de Palestina, pero tradujo del canon alejandrino los libros que no se encontraban en el canon Palestino. Por eso la Vulgata tiene todos los 46 libros.


La Iglesia establece el canon

La controversia sobre que libros son canónicos fue larga, extendiéndose hasta el siglo IV y aún más tarde. Las polémicas con los herejes, particularmente los seguidores de Marción, que rechazaban libros generalmente reconocidos por los Padres, hizo que la Iglesia definiera con autoridad la lista de los libros sagrados (el canon).

Los concilios de la Iglesia -el Concilio de Hipona, en el año 393 A.D. y el Concilio de Cartago, en el año 397 y 419 A.D.- ambos en el norte de África, confirmaron el canon Alejandrino o de los Setenta (con 46 libros para el Antiguo Testamento) y también fijaron el canon del Nuevo Testamento con 27 libros.

La carta del Papa S. Inocencio I en el 405, también oficialmente lista estos libros. Finalmente, el concilio de Florencia (1442) definitivamente estableció la lista oficial de 46 libros del A.T. y los 27 del N.T.

El canon del Nuevo Testamento se definió en el siglo IV tras un largo y difícil proceso de discernimiento. El mismo nombre de "Nuevo Testamento" no se usó hasta el siglo II.

Entre los criterios para aceptar o no los libros fue que tuviese como autor a un Apóstol; su uso, especialmente en la liturgia en las Iglesias Apostólicas y la conformidad con la fe de la Iglesia.

Fue bajo estos criterios que algunos evangelios atribuidos a los Apóstoles (ej. Ev de Tomás, Ev. de Pedro) fueron rechazados.

El evangelio de San Juan y el Apocalipsis se consideraron por largo tiempo como dudosos por el atractivo que tenían con grupos sectarios y milenaristas.

 

Así fueron reunidos y preservados por la Iglesia los libros que conforman la Biblia: 72/73 en total.

Todos los católicos aceptaron el canon de la Biblia fijado por los Concilios mencionados y, como este canon no fue causa de seria controversia hasta el siglo XVI, no se necesitó definir el canon de la Biblia como una verdad infalible.

 

A la Biblia Protestante le faltan libros

En el 1534, Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán y agrupó los siete libros deuterocanónicos bajo el título de "apócrifos", señalando: "estos son libros que no se tienen por iguales a las Sagradas Escrituras y sin embargo son útiles y buenos para leer."

Sucede que esto libros contenían demasiadas verdades que entraban en conflicto con sus tesis equivocadas. Por ejemplo: “Es bueno y santo orar por los muertos, para que puedan quedar libres de sus pecados” (2 Mac. 12, 46).

Es así como los protestantes llegaron a considerar a los deuterocanónicos como libros no aceptados en el canon, o sea como libros apócrifos.
La historia demuestra que no es verdad lo que dijo Lutero:

Siempre los cristianos habían reconocido esos libros como parte de la Biblia. Los concilios del siglo IV y posteriores habían confirmado la creencia cristiana. La opinión de Lutero era más bien la de los judíos que seguían la traducción de Jamnia.

Lamentablemente Lutero propagó sus errores junto con su rebelión. Es por eso que sus seguidores, los protestantes, carecen de los libros deuterocanónicos de la Biblia.

Todas las Biblias de cualquier denominación protestantes, siguiendo a Lutero, carecen de estos libros del Antiguo Testamento (si los tienen los colocan como Apéndice):

 Tobías

  • Judit
  • Ester (protocanónico con partes deuterocanónicas)
  • Daniel (protocanónico con partes deuterocanónicas)
  • I Macabeos
  • II Macabeos
  • Sabiduría
  • Eclesiástico (también llamado "Sirac")
  • Baruc

 

Lutero no sólo eliminó libros del Antiguo Testamento sino que hizo cambios en el Nuevo Testamento.

"Él [Martín Lutero] había declarado que la persona no se justifica por la fe obrando en el amor, sino sólo por la fe. Llegó incluso a añadir la palabra "solamente" después de la palabra "justificado" en su traducción alemana de Romanos 3, 28, y llamó a la Carta de Santiago "epístola falsificada" porque Santiago dice explícitamente: "Veis que por las obras se justifica el hombre y no sólo por la fe". -Scott y Kimberly HAHN, "Roma dulce hogar", ed. Rialp, Madrid, 2000, página 57. (Scott Hahn fue ministro protestante, presbiteriano antes de su conversión)

Además, se tomó la libertad de separar los libros del Nuevo Testamento de la siguiente manera: 

  • Libros sobre la obra de Dios para la salvación:
    Juan, Romanos, Gálatas, Efesios, I Pedro y I Juan.
  • Otros libros canónicos:
    Mateo, Marcos, Lucas, Hechos,
    el resto de las cartas de Pablo, II Pedro y II de Juan.
  • Los libros no canónicos:
    Hebreos, Santiago, Judas, Apocalipsis
    y libros del Antiguo Testamento
    .

 

Gracias a Dios, los protestantes tienen los mismos libros que los católicos en el Nuevo Testamento porque no aceptaron los cambios de Lutero para esta parte del canon.

Los protestantes y evangélicos se encuentran en una posición contradictoria: Reconocen el canon establecido por los Concilios del siglo IV para el Nuevo Testamento (los 27 libros que ellos tienen) pero no reconocen esa misma autoridad para el canon del AT.

Es interesante notar que la Biblia Gutenberg, la primera Biblia impresa, es la Biblia latina (Vulgata), por lo tanto, contenía los 46 libros del canon alejandrino. (Esta fue impresa en 1455, 62 años antes de que Martín Lutero cambiara el canon. Esta es otra postura contradictoria por parte de protestantes y evangélicos con relación a la Biblia). 

 

PLa reina de Inglaterra es el capo de la iglesia anglicana-2004

 

Posición de la Iglesia Anglicana

Según los 39 Artículos de Religión (1563) de la Iglesia de Inglaterra, los libros deuterocanónicos pueden ser leídos para "ejemplo de vida e instrucción de costumbres", pero no deben ser usados para "establecer ninguna doctrina" (Artículo VI).

Consecuentemente, la Biblia, versión King James (1611) imprimió estos libros entre el N.T. y el A.T. Pero Juan Lightfoot (1643) criticó este orden alegando que los "malditos apócrifos" pudiesen ser así vistos como un puente entre el A.T. y el N.T.

La Confesión de Westminster (1647) decidió que estos libros, "al no ser de inspiración divina, no son parte del canon de las Escrituras y, por lo tanto, no son de ninguna autoridad de la Iglesia de Dios ni deben ser en ninguna forma aprobados o utilizados mas que otros escritos humanos."

Clarificación Católica del Canon

La Iglesia Católica, fiel a la encomienda del Señor de enseñar la verdad y refutar los errores, definió solemnemente, en el Concilio de Trento, en el año 1563, el canon del Antiguo Testamento con 46 libros siguiendo la traducción griega que siempre habían utilizado los cristianos desde el tiempo apostólico.

Confirmó así la fe cristiana de siempre y dijo que los libros deuterocanónicos deben ser tratados "con igual devoción y reverencia".

El Catecismo de la Iglesia Católica reafirma la lista completa de los Libros Sagrados, incluyendo los deuterocanónicos.

Esta enseñanza del Concilio de Trento fue ratificada por el Concilio Vaticano I y por el Concilio Vaticano II (Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Sagrada Escritura).

La Biblia es un regalo del Señor presentado como obra terminada a través de un largo proceso culminado por el Espíritu Santo en la Iglesia Católica por cuya autoridad se establece el canon definitivo.

DESARROLLO DEL CANON ha sido tomado de corazones.org Copyright © 1999 SCTJM


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La imagen del deicidio es una creación patrística ya en las inmediaciones del siglo IV; 2. El texto de Mateo 27, 25 reproduce las palabras de una parte de los acusadores de Jesús muy posiblemente porque estaban convencidos de que no se produciría semejante eventualidad. En el Antiguo Testamento y en el Talmud existe una enseñanza común en el sentido de que las injusticias cometidas por inocentes son castigadas en los pueblos que las ocasionaron sin excepción. Al respecto, episodios como el destierro en Babilonia, las guerras perdidas o la destrucción del Templo en el siglo I d. de C. se interpretaron teológicamente como castigos por la infidelidad de Israel. Naturalmente, no creo que los profetas de Israel lo afirmaran por antisemitismo sino porque creían en esa cosmovisión de la Historia, la misma que aparece en Mateo 27, 25 aunque, como ya digo, temo en sentido irónico y sin pensar que trajera consecuencias reales. 

Dr. César VIDAL, historiador y filósofo. ESP. 2004.III.02 - L.D.

 

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Enseñanzas de los evangelios apócrifos en árabe

 

 

Entrevista a Juan Pedro Monferrer, profesor de literatura en este idioma

CÓRDOBA, 10 noviembre 2003 - Juan Pedro Monferrer, profesor de lengua y literatura árabes de la Universidad de Córdoba, aclara en esta entrevista qué son los apócrifos árabes, y explica porqué este tipo de escritos no forman parte de los llamados «escritos canónicos», aceptados por la Iglesia.

El escritor acaba de publicar «Apócrifos árabes cristianos» (
http://www.trotta.es/), textos apocalípticos, hagiográficos, legendarios y epistolares que dan una idea del contexto en que se movía el cristianismo primitivo. Estos textos, añade, demuestran que el árabe no es una lengua exclusiva del Islam.

--¿Qué son los apócrifos cristianos?

--Monferrer: La palabra «apócrifo» procede del griego «apócryphos», que significa «escondido», «secreto». El término identifica a una vasta gama de escritos de procedencia judía y cristiana que, salvo algún caso (como sucede con el Libro de Enoc en la Iglesia copta), no entraron a formar parte del canon de los libros sagrados de la Biblia. Estas obras, compuestas al modo de los libros bíblicos acostumbran a ser clasificadas por la crítica como «Apócrifos del Antiguo Testamento» y «Apócrifos del Nuevo Testamento».

--¿Existen también en árabe?

--Monferrer: Y no sólo. Las lenguas en las que nos han llegado estos libros son muy variadas: hebreo, arameo, griego, latín, siríaco, georgiano, armenio, copto, etc. Y también en árabe, que es la lengua de los cristianos de Oriente Medio desde el siglo VI, cuando el Islam ocupa los territorios antaño pertenecientes a comunidades cristianas que vivieron bajo los imperios bizantino y el persa sasánida.

--¿Por qué no han sido incluidos en el canon oficial de la Iglesia?

--Monferrer: Canon es, también, palabra griega que acaba significando «regla» o «norma». El canon es la lista, el catálogo de libros, que es reconocido por la autoridad de la Iglesia como libros que han sido inspirados y que constituyen la norma de la fe para los creyentes. Para que un libro sea canónico debe ser reconocido como libro inspirado.

La marginación de tal o cual obra es producto de factores diversos. Un elemento esencial que no debe ser olvidado es que una de las peculiaridades de la mayoría de estos libros es su carácter «fantasioso» o «hiperbólico».

--¿Qué aspectos de Jesucristo subyacen en estos escritos?

--Monferrer: El elemento fundamental aportado por los «apócrifos del Nuevo Testamento» es la información que ofrecen que no aparece en el Nuevo Testamento. Todo aquello de lo que no sabemos nada, o en ocasiones muy poco, por los Evangelios (por ejemplo: nacimiento de Jesús; viaje y estancia de la sagrada familia en Egipto; los dieciocho años «oscuros» de Jesús, es decir desde los doce hasta los treinta, antes de la vida pública...) va a ser el material que desarrollen los apócrifos, con la intención de facilitar a las comunidades cristianas todo aquella información que demandaban sobre Jesús. En este sentido, la figura de Jesús, con rasgos cambiantes según la obra a la que nos refiramos, adquiere la doble dimensionalidad de Dios y hombre a la vez, con una actividad dinámica elaborada de acuerdo con el molde del Nuevo Testamento, pero eso sí, yendo más allá, en un intento de acercar su figura al auditorio al que estaba destinado el texto.

--¿Por qué es tan difícil hacer llegar este tipo de textos al lector medio?

--Monferrer: Realmente no es difícil hacer llegar este tipo de textos al lector medio. Lo que sí que exige es una labor, ardua en ocasiones, de búsqueda de manuscritos, estudio, edición y traducción, que lleva un tiempo considerable.

--Haberse dedicado a estudiar el cristianismo oriental lo aleja de los arabistas españoles?

--Monferrer: Sí, porqué de hecho, con ello renuncié, obviamente, a todas las posibilidades que me ofrecía «lo oficial». Empecé a dedicarme al estudio del cristianismo oriental y, con ello, a quedar a un lado, fuera de los intereses propios de estos estudios en España.

Ciertamente puedo haber perdido, tal vez, «fama» y hasta «dinero», pero cada día estoy más contento de haber iniciado este camino de los «estudios del cristianismo oriental» en España, camino que espero que muy pronto sigan otras personas, para de este modo poder avanzar con mayor rapidez en este ámbito de estudios.

La lengua árabe no pertenece al Islam, es la lengua de las diversas comunidades que vivieron en Oriente y ésta, en el caso concreto cristiano, ha servido para conservar valiosísimas joyas de la antigua tradición cristiana. Asombra poder constatar cómo Jesús se nos hace tan cercano en árabe, que al fin y al cabo es una lengua hermana del dialecto arameo que habló Jesús. ZS03111001

 

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Es el primer testigo de la existencia de una Biblia Latina, a pesar de que frecuentemente traducía, de una Biblia en griego, mientras escribía. Zahn niega que Tertuliano haya poseído una traducción latina de la Biblia, sin embargo, su opinión ha sido comúnmente rechazada, ya que Santa Perpetua tenía una en Cartago en 203.

 

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P: ¿Hay indicios de que la Biblia pueda estar mutilada en cuanto a testimonios contrarios a ciertas posiciones inamovibles de la Iglesia Católica en la actualidad?

 

R: No, el Antiguo Testamento ha sido conservado también por los judíos y en cuanto al Nuevo Testamento, es el texto de la Antigüedad que cuenta con más copias y más antiguas superando de manera escandalosa verdaderamente a las obras de Platón, Aristóteles, Virgilio o César.

 

 

P: ¿Tienen credibilidad histórica el Evangelio de Tomás y otros escritos de Nag Hammadi?

 

R: Son fuentes históricas pero no de la vida de Jesús sino del desarrollo histórico de la gnosis. Desde luego, el que algunos consideren que el Evangelio de Tomás –que, por cierto, traduje al castellano hace años– es una fuente a la altura de los de Mateo o Marcos es, a mi juicio, un verdadero dislate.

 

 

P: ¿Cuál es la diferencia etimológica y semántica entre YHVH y Elohim, los dos nombres de Dios más repetidos en el Antiguo Testamento?

 

R: 1. Elohim es literalmente "dioses" lo que, dado que el verbo se conjuga en singular, ha sido interpretado por el cristianismo como una referencia clara a la pluralidad de personas en la Divinidad, es decir, una mención primera de la Trinidad. 2. YHVH (Yahveh o Jehová) tiene una etimología menos clara. Algunos creen que se trata de una forma causativa de "Havah" y por lo tanto significaría "el que hace que las cosas sean o lleguen a ser" y otros que puede ser una manera de leer "Ya hu", es decir, "ahí (está) Él", como forma de referirse al carácter indescriptible e inefable de Dios. 

 

2004-01-20 – César Vidal. Dr. en historia antigua, filosofía, teología, licenciado en derecho.  Esp.

 

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Crucificado San Pedro en cruz invertida cabeza abajo. Roma año 64ca.

Autoría portuguesa mes Mayo año 2012; propiedad privada -Roma, Italia.

 

Y la Biblia tenía razón

 

16 JUN 2012 | FERNANDO PAZ 

Teniendo en cuenta que por entonces hacían furor las explicaciones alegóricas y simbólicas de la Biblia, el empeño de Keller resultaba, más que osado, casi iconoclasta. Sin embargo, contra toda probabilidad, obtuvo un notable éxito. En …Y la Biblia tenía razón se recogía una gran cantidad de datos que obligaban al más pintado a plantearse la cuestión de la historicidad de los textos sagrados. Desde el punto de vista del rigor intelectual, no podía ignorarse.

 

El panorama hoy es aún más halagüeño que el de entonces. Pues en los últimos años han aparecido nuevos datos que avalan de forma creciente el carácter histórico de lo que todavía muchos insisten en considerar pura metáfora. Lo último ha sido el hallazgo de un sello de arcilla -de carácter administrativo y de funciones impositivas- en el que se menciona la ciudad de Belén casi a comienzos del primer milenio antes de Cristo. De tiempos, por tanto, del Primer Templo. Se trata de la más temprana alusión a Belén de esta época fuera de la Biblia.

 

Una invención. La otra ciudad relacionada con Jesús, Nazaret, también ha sido objeto de disputa durante largo tiempo. Y con mucha más saña. La ausencia de alusiones a su existencia, con anterioridad al siglo III después de Cristo, fue utilizada por muchos para apuntalar las hipótesis de una elaboración tardía de los textos evangélicos como producto de una comunidad cristiana muy posterior al siglo I. Según algunos, los evangelistas -a los que incluso pretendían bien inexistentes, bien inventados- habían creado una ciudad que permitiera determinadas licencias a los textos neotestamentarios.

 

En 1962, un año después de que apareciese una inscripción en Cesarea del Mar referida al no menos ‘mítico’ Poncio Pilatos, un equipo hebreo de arqueólogos comandado por Avi Jonah halló una lápida marmórea de color negro en la que se hacía referencia a la ciudad de Nazaret. Pertenecería al siglo II, casi con toda seguridad, y sería posterior a la expulsión de los judíos por parte del emperador Adriano en el año 135.

 

Además, el franciscano Bellarmino Bagatti efectuó excavaciones debajo de la iglesia de la Anunciación, encontrando niveles de ocupación muy antiguos, algunos pertenecientes a la Edad del Bronce, así como no pocos restos cerámicos y habitacionales de segura procedencia judía e influencia helenística.

 

Pero la cuestión no se ha aclarado hasta que hace apenas tres años la arqueóloga Yardenna Alexandre encontró los restos de una casa de modestas proporciones que fechó, sin margen de error, en el siglo I. El hallazgo ha puesto el punto final a décadas de polémica durante las cuales los enemigos de la historicidad de los textos bíblicos habían levantado buena parte de su edificio teórico sobre la suposición -que creían inexpugnable- de que la población de Nazaret era una invención. Tenían a su favor que el nombre de Nazaret no se menciona ni en el Antiguo Testamento ni en el Talmud, y tampoco aparece citado en los escritos de Flavio Josefo. Sin embargo, el descubrimiento de 2009 ha zanjado la cuestión.

 

Dei Verbum. Pero, al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene lo que la arqueología pueda aportar desde el punto de vista de la fe? Para el cristiano, sin duda, mucha. Aunque el protestantismo ha tratado de explicar la fe prescindiendo de referentes históricos, lo cierto es que la Iglesia siempre se ha comprometido con el carácter histórico de la fe en términos inequívocos.

 

Lo dice la constitución dogmática Dei Verbum: “La santa madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima constancia, que los cuatro Evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la ascensión”. De modo que no es asunto baladí la aportación que la historia, la filología o la arqueología puedan efectuar.

 

Desde el punto de vista de la ciencia, sir Henry Rawlinson, un gran orientalista inglés que conoció bien las distintas religiones de Oriente, enfatizó precisamente el carácter histórico del cristianismo como la especificidad que lo diferencia del resto: “El cristianismo se distingue de las demás religiones precisamente por su carácter histórico. Las religiones de Grecia y Roma, Egipto, India, Persia -del Oriente en general- fueron sistemas especulativos que no trataron siquiera de dotarse de una base histórica. Exactamente lo contrario del cristianismo”.

 

La casa de Pedro, el Litóstrotos...

Uno de los hallazgos más significativos es el de la conocida como Casa de san Pedro, en Cafarnaúm, realizado en 1968 bajo el enlosado de una iglesia paleocristiana del siglo V. Dicha edificación ha querido determinarse como la casa del apóstol por un detalle muy significativo: el habitáculo es idéntico en su pobre construcción al de las demás viviendas que le rodean, excepto por el hecho de que sus paredes están cubiertas de pinturas y de inscripciones (en latín, griego, arameo y siríaco) en las que se invoca la protección del santo. Seguramente estamos ante el templo cristiano más antiguo que se conserva, pues consta que se utilizaba para el culto en ese siglo I, y que testimonia la veneración por los santos de las primerísimas comunidades cristianas, que los consideraban instrumentos de intercesión.

 

Muchos otros descubrimientos materiales se han producido en el último siglo, entre los que cabe señalar el de la originaria piscina de Siloé, donde desembocaba el sistema de conducción de aguas de la ciudad de Jerusalén, según el diseño del rey Ezequías para resistir el asedio de los asirios. De la piscina había referencias veterotestamentarias, como se recoge en el capítulo 8 de Isaías, pero solo en el año 2005 pudo comprobarse su existencia.

 

Mucho antes, en 1927, se había sacado a la luz el Litóstrotos (Gabbata en hebreo), el patio empedrado, al estilo romano, de la Torre Antonia, lugar desde el que Poncio Pilatos pronunció su condena de Jesús. El descubrimiento lo llevó a cabo el padre francés L. H. Vincent, quien confió de modo exclusivo en las escasas indicaciones del Evangelio de san Juan. No cabe mayor homenaje a la historicidad del Nuevo Testamento.

 

Aunque el de la corroboración de las Escrituras mediante las evidencias proporcionadas por las excavaciones sigue siendo un tema fuertemente polémico, frente a las lucubraciones de las ciencias especulativas, la arqueología pone de manifiesto de forma crecientemente evidente que lo que se relata en los textos evangélicos no es otra cosa que la verdad. La pura Verdad.

http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/iglesia/y-biblia-tenia-razon-20120615

 

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P: Quiénes y cuándo compusieron el Nuevo Testamento? ¿Cuánto se piensa hoy que es cierto en los Evangelios y cuánto falso? ¿Cuánto se piensa hoy que es cierto en los Evangelios "no admitidos" y cuánto falso?

 

R: 1. En mi opinión el NT estaba concluido para el año 70 d. de C. pero hay especialistas que retrasarían esa fecha hasta el 90. Los autores son los que figuran en cada uno de sus 27 libros, es decir, apóstoles y discípulos de apóstoles.

 

 

2. En mi opinión los Evangelios son documentos históricos total y absolutamente fiables. Si, por ejemplo, uno compara Lucas con Tácito o Suetonio es mucho más exacto y, de hecho, desde las excavaciones de William Ramsay parece obvio que cuando Lucas discrepa con algún historiador clásico siempre tiene razón.

 

3. Los Evangelios apócrifos son muy tardíos y, en general, su contenido es delirantemente legendario. Puede admitirse que algún dato contenido en los mismos tenga valor histórico pero per se son obras que carecen de él y que tienen más utilidad para analizar la evolución histórica del cristianismo que para proporcionarnos datos fidedignos sobre la vida de Jesús. Dr. CÉSAR VIDAL. L.D.2004-05-18

 

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La sencillez es el sello de la verdad. No hay mayor verdad que esta. La verdad es uno de los valores fundamentales de la vida y de la convivencia entre los hombres. Para ser auténtico hay que irradiar la luz de la verdad.

 

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En el campo del cristianismo la autenticidad tiene otros ribetes. En su libro ‘‘Camino de mi Fe’’, Louis Evely señala, que hemos entrado en la era de la interrogación. Vivimos en una época en que toda doctrina queda relativizada al ser comparada con las que compiten con ella. Por esto, ser discípulo de Cristo es atreverse a inventar lo adecuado para nuestro tiempo como él se atrevió a inventar lo adecuado para el suyo.

De modo, que el compromiso con la verdad nos libera de la hipocresía. Cuando se silencia la verdad nos hacemos cómplices de lo mal hecho, y ese encubrimiento atenta contra nuestra capacidad de llenarnos del amor de Dios.
Hoy día, si algo se valora más que ninguna otra cosa es la sinceridad de las personas, porque el mundo está lleno de simuladores, que no hacen nada que no sea con la atención puesta en la propia persona. La falta de autenticidad que pulula por doquier, que se traduce en insinceridad, demuestra lo poco que interesan los problemas del prójimo. La sinceridad es un imperativo moral; pero es también una manifestación real del verdadero amor. Es un gran error, traicionar la propia verdad, es el gran problema que enfrenta la humanidad en estos momentos.

 

 

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Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.

 

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“No somos el producto casual y sin sentido de la evolución: cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios” S.S. Benedicto XVI

 

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“No es el poder que redime, sí el amor; éste es el signo de Dios. ¡Cuántas veces quisiéramos que Él golpeara duramente, venciera el mal y crease un mundo mejor. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios” S.S. Benedicto XVI

 

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“Los tesoros de la tierra no están más al servicio de la edificación del jardín de Dios, en el cual todos pudiéramos vivir, más están aprovechados por las potencias de la explotación y de la destrucción” S.S. Benedicto XVI.

 

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“La familia es un don recíproco total entre hombre y mujer, que exige fidelidad y exclusividad”.

 

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“Ahora parece que cualquier modelo de unión puede llegar a ser una familia, como si fuera un club”

 

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Pedro oye a Cristo, deja su lago de Tiberíades y sigue al Señor en su Iglesia 


“Que vuestro corazón se abra a las tiernas emociones de la más profunda gratitud y que vuestra vida sea un continuo agradecimiento, por la gracia que Dios os ha hecho: la voluntad de consagrarse a El”[1] .

“Que vuestra gratitud no se quede sólo en palabras, sino háganla notar con vuestro celo de consagrarse todos los días a vuestro Dios, dedicándose a cuanto El os pide”.

“Recuerden que las almas ya convertidas como las que se convertirán deben aprender de las religiosas a amar cada vez más Jesucristo. Se esfuercen a ayudar a los infieles al conocimiento de Cristo y de su Iglesia con la predicación elocuente del buen ejemplo”.

“Cuíden, por la mayor gloria de Dios, de hacer resplandecer a fuera lo que tienen en su corazón, el Crucificado, de tal modo que las personas, que las traten, queden edificadas, puedan decirles verdaderas hijas del Crucificado Padre nuestro, y sentirse inspiradas  a la virtud”.

“Recuerden bien: que vuestra alegría sea una alegría de fidelidad a las gracias que ustedes reciben y sobre todo al gozo ardiente de celo por vuestra salvación y la de los otros”.

“(La religiosa) tenga la mirada dulce , la cara alegre, abierta, tranquila sin verguenza, sin esfuerzo, una actitud bondadosa, de dulzura y de piedad capaz de ganar los corazones. Está en la modestia de una religiosa de evitar una conducta altanera, que acentùa la superficialidad o la poca mortificación”.

Es necesario comprender de cual importancia  sea para una religiosa, llamada en especial a reproducir la santidad, tener una cara modesta, una conducta sobria, un andar sencillo. La Regla de San Francisco es la más rígida, y también favorable porque los rigores están prescritos para el tiempo de salud y no para el tiempo de enfermedad”.

“Aumente en nosotras el celo para la salud de las almas preocupándonos de hacer conocer, amar  y servir a Dios”.

Lo que constituye el mérito frente a Dios no es la magnitud de la acción, sino el fervor del alma y la grandeza del motivo: es la pureza de intención”.

“La bondad de vuestras acciones no depende del brillo a los ojos de los hombres, sino de la voluntad que las produce”.

Siervo de Dios, P. Gregorio Fioravanti, OFM 

 

Oración

¡Señor! haz brillar tu luz
y glorifica a tu humilde Siervo, el Padre Gregorio.
Su alimento fue tu voluntad,
su sostén tu Cruz,
su guía tu dulce Madre.
Hazme capaz de ser como él,
testigo del Evangelio,
y dame por su intercesión,
la gracia... que imploro por tu misericordia.

Amén

 

Biografía  - El siervo de Dios, Padre Gregorio (Lodovico) Fioravanti, fundador de las Hermanas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón,  nació el 24 de abril del 1822, a Grotte de Castro (Viterbo), un pueblito cerca del lago Bolsena. Ultimo de nueve hermanos, pertenecía a una familia sencilla y modesta, en la cual, a pesar de quedar huérfano de madre a los seis años, creció en el temor de Dios, en la oración frecuente y en la laboriosidad.

En su adolescencia, manifestó una personalidad caracterizada por la prudencia y por las determinaciones, inteligencia clara y reflexiva. A los 16 años, en el 1838, entró entre los Frailes Menores de Orvieto donde, vestido el hábito de San Fancisco asumió el nombre de Fray Gregorio, el año siguiente emitió la profesión solemne. A Viterbo, en el 1845, fue consagrado sacertote. Enseñó primero filosofía a Roma, después lo enviaron a Venecia como profesor del Estudio teológico en San Francisco de la Viña.

Se distinguió por su humildad y por su serenidad, hizo de la “cátedra” el altar de su continuo ofrecimiento, fue por doce años el sabio y respectuoso profesor de la vida de tantos jóvenes. En el 1856, a 34 años, fue llamado al gobierno de la vasta Provincia veneta “San Antonio” de los Frailes Menores Observantes.

Al término del trienio como Ministro provincial, la Providencia, por caminos e instrumentos considerados sólo por su plan amoroso, dispuso para él  un encuentro que dió otra dirección a su vida.

Una joven mujer, francesa, la señora Laura Leroux, esposa del duque de Bauffremont, deseosa de fundar un manasterio femenino, se diriguió a él para iniciar un nuevo Instituto de religiosas franciscanas que, por su consejo fue orientado para las misiones apostólicas. En radical obediencia al plano de Dios, con gran sacrificio y humildad, empujado por el ardor apostólico, aceptó la onerosa misión de guiar la obra de las Terciarias Franciscanas para las Misiones, que  a Gemona del Friuli, siguiendo el deseo de la duquesa, el 21 de abril del 1861 venía erigida canónicamente.

Del Instituto, si bien iniciado en las más róseas esperanzas, el siervo de Dios pronto se encontró como único responsable, con dificultades y penas inenarables por la partida de la duquesa (1863). La dolorosa y heroica historia de las origenes del Instituto, señalada fuertemente por la cruz, celebra la invencible fortaleza, la heroica paciencia, la sabiduría y la laboriosidad de este humilde franciscano, que sólo para la gloria de Dios asumió la misión más desagradable, fue al encuentro de mortificantes protestas y amenazas, en la fidelidad a la voluntad de Dios para tantas jóvenes vidas consagradas con el fin de llevar su Palabra de salvación a los hermanos más lejanos y necesitados.

Para el “neo-Istituto” escribió y más de una vez modificó las Reglas, haciéndose ejemplar protector y sabia guía para que todas las hermanas las observaran en la comunión de vida de testimonio y de ardor apostólico. En el 1865 pudo enviar el primer grupo de misioneras en América del Norte, a servicio de los emigrantes, de los huérfanos, de los pobres. En el 1872 empezó otra misión en el Medio Oriente donde las hermanas se dedicaron a la educación de la juventud más pobre y abandonada. Por este motivo el siervo de Dios , sin salir de Italia, fue reconocido Misionero apostólico. Más tarde, en el 1885, abrió una misión también en Italia, para colaborar a la obra de la Iglesia, herida gravemente del anticlericalismo y de la difundida ignorancia.

Continuó a permanecer cerca de su Instituto con asiduo amor también cuando fue reelegido por dos veces Superior provincial de los frailes venetos, en tiempos muy difíciles para los religiosos, afligidos por la supresión itálica del 1866. Atento a edificar y guíar sobre todo con el ejemplo, sirvió a Dios en silencio, sin reivindicaciones sin defensas personales, también cuando fue conducido a través de la prueba de la soledad y del abandono. Pasó los últimos años en plena ocultación, pasando su tiempo en oración y en el ofrecimiento, por el Instituto que ya veía florecer y extenderse. Sorprendido por un dolor improviso al término de la celebración eucarística, murió el 23 de enero del 1894, a Gemona, en el manasterio de Santa María de los Angeles de sus hijas, sostenidas y dirigidas por 34 años.

Su última y conmovedora bendición para todas las hermanas presentes y futuras, mantiene todavía toda la eficia de su solicitud de Padre.Hoy sus Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón prestan  servicio apostólico en 20 Países de “misión” del Europa, de las Américas, del Asia y del Africa.

La causa de canonización, fue introducida a Udine en el 1990, en el 1995 llegó a Roma a la Congregación para las Causas de los Santos, donde continuó felizmente “l’iter” pedido; en enero del 1997, obtuvo éxito positivo del examen de la consulta histórica.

 

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¡Gloria al Jesucristo, base y fundamento de su Iglesia!

 

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre de mi Maestro!

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad! 

 

«Tenemos que defender la creación no sólo pensando en su utilidad para nosotros, sino por sí misma, como mensaje del Creador, como don de belleza, que es promesa y esperanza».  «El hombre tiene necesidad de la trascendencia»- Decía Sta. Teresa de Ávila: «Sólo Dios basta».  «Si Él falta, entonces el hombre tiene que tratar de superar con sus propias fuerzas los confines del mundo, de abrirse camino ante si en el espacio sin fronteras para el que ha sido creado».  En este contexto, «la droga se convierte casi en una necesidad», pero «muy pronto descubre que es una liberación ilusoria, podría decirse una burla que le hace el diablo al hombre».

 

 

 

 

Gracias por venir a visitarnos

Las sectas y su invasión del mundo hispánico: una guía  (2003) también por Manuel Guerra Gómez, editada por Eunsa. - Sinopsis. - Para visitar con provecho a una ciudad desconocida, aconsejan el uso de una Guía con su plano, la descripción de sus monumentos, etc. Esta obra pretende prestar un servicio similar con respecto a las sectas implantadas en el mundo hispano. Para no correr el riesgo de extraviarse entre las más de 20.000 sectas inventariadas hasta el momento, para poder recorrer sus nombres que cambian con frecuencia y para ni acumular más inseguridad e inquietud, se presenta esta Guía en el mercado. El autor trata de reflejar la realidad de cada secta con la mayor objetividad posible y de perfilar sus señales de identidad de acuerdo con los datos -no siempre completos- que facilitan su identificación

 

Recomendamos vivamente:

LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 

Recomendamos vivamente: Cristóbal Colón y el descubrimiento de América

Autores: Florentino Perez-Embid / Charles Verlinden

Esta pequeña obra maestra es uno de los trabajos más certeros sobre la vida y personalidad de Colón, y sobre el descubrimiento de América. Ofrece un enfoque realista, preciso, completo y esclarecedor de todos esos importantes hechos históricos. Ediciones ‘RIALP’

 

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Al Jesús histórico, Pablo lo conoció a través de la primera comunidad cristiana, es decir, por la mediación de la Iglesia Católica.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).