Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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A inicios del siglo XXI estamos en una fase de pensamiento, tal vez sin ilusiones, pero también sin otro horizonte posible que aferrarse a la complejidad. Quizás sea la hora más indicada para pensar amalgamando la osadía y la sensatez, los valores y el realismo. Al límite de la coherencia consigo mismo y su fe, Tomás Moro es interrogado ante el Parlamento, encarcelado en la Torre de Londres y decapitado de un solo tajo. Según era usanza habitual, la cabeza fue puesta en agua hirviendo e hincada en un poste. Siglos más tarde, Chesterton dijo que la cabeza de Moro era como un diamante que un tirano arrojó a una zanja porque no pudo romperla». 2004-06-24 José Francisco Serrano ‘Alfa y Omega’ nº 408 - Esp. 2004.06.24  Festividad de San Juan Bautista, decapitado por dar testimonio de la verdad.

 

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Giordano Bruno (1548-1600) no sólo fue condenado por la Iglesia católica, sino también por la luterana y la protestante.

Con dureza fue excomulgado por el Concilio Calvinista debido a su actitud irrespetuosa hacia los líderes de esa iglesia y fue obligado a abandonar la ciudad. De ahí fue a Toulouse, Lyon y -en 1581- a París.

 


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En Durham, ciudad de Inglaterra, beato Tomás Plumtree, presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I fue condenado a muerte por su fidelidad a la Iglesia católica y, llevado ante el patíbulo, prefirió ser colgado antes que vivir en la apostasía (año 1570).

 

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P: ¿Cuáles fueron las inquisiciones más duras y letales por países?


R: Si se refiere a instituciones de carácter religioso, posiblemente la inquisición en Francia no ha sido superada ni por la española en la época de hegemonía europea. Si utiliza el término en un sentido figurado, cualquier inquisición fue una excursión de jesuitinas comparada con los aparatos creados por Lenin y Hitler.

 

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Mártires

Fueron hombres y mujeres, clérigos y laicos que dieron su vida por la fe entre los años 1535 y 1679 en Inglaterra.

 

Ya habían surgido dificultades entre el trono inglés y la Santa Sede que ponían los fundamentos de una previsible ruptura; el motivo fue doble: el trono se reservó unilateralmente el nombramiento de obispos para las diferentes sedes -lo que suponía una merma de libertad de Roma para el desempeño de su misión espiritual-, al tiempo que ponía impuestos y gravámenes tanto a clérigos como a bienes eclesiásticos -lo que suponía una injusticia y merma en los presupuestos económicos de la Santa Sede-. Luego vinieron los problemas de ruptura con Roma en tiempos de Enrique VIII, con motivo del intento de disolución del matrimonio con Catalina de Aragón y su posterior unión con Ana Bolena, a pesar de que el rey inglés había recibido el título de Defensor de la Fe por sus escritos contra la herejía luterana en el comienzo de la Reforma. Pero fue sobre todo en la sucesión al trono, después de la muerte de María, hija legítima de Enrique VIII y Catalina de Aragón, cuando comienza a reinar en Inglaterra Isabel, cuando se desencadenan los hechos persecutorios a cuyo término hay que contar 316 martirios entre laicos hombres y mujeres y clérigos altos y bajos.

 

Primero fueron dos leyes -bien pudo ser la gestión del primer ministro de Isabel, Guillermo Cecil- principalmente las que dieron el presupuesto político necesario que justificase tal persecución: El Decreto de Supremacía, y el Acta de Uniformidad (1559). Por ellas el Trono se arrogaba la primacía en lo político y en lo religioso. Así la Iglesia dejaba de ser «católica» -universal- pasando a ser nacional -inglesa- cuya cabeza, como en lo político era Isabel. Y el juramento de fidelidad necesario supuso para muchos la inteligencia de que con él renunciaban a su condición de católicos sometidos a la autoridad del papa y por tanto era interpretado como una desvinculación de Roma, una herejía, una cuestión de renuncia a la fe que no podía aceptarse en conciencia. De este modo, quienes se negaban al mencionado juramento -necesario por otra parte para el desempeño de cualquier cargo público- o quienes lo rompían quedaban ipso facto considerados como traidores al rey y eran tratados como tales por los que administraban la justicia.

 

Vino la excomunión a la reina por el papa Pío V (1570). Se endurecían las presiones hasta el punto de quedar prohibido a los sacerdotes transmitir al pueblo la excomunión de la Reina Isabel I.

 

En Inglaterra se emanó un Decreto (1585) por el que se prohibía la misa y se expulsaba a los sacerdotes. Dispusieron de cuarenta días los sacerdotes para salir del reino. La culpa por ser sacerdote era traición y la pena capital. En esos años, quienes dieran o cobijo, o comida, o dinero, o cualquier clase de ayuda a sacerdotes ingleses rebeldes escondidos por fidelidad y preocupación por mantener la fe de los fieles o a los sacerdotes que llegaran desde fuera por mar camuflados como comerciantes, obreros o intelectuales eran tratados como traidores y se les juzgaba para llevarlos a la horca. Bastaba con sorprender una reunión clandestina para decir misa, unas ropas para los oficios sagrados descubiertas en cualquier escondite, libros litúrgicos para los oficios, un hábito religioso o la denuncia de los espías y de malintencionados aprovechados de haber dado hospedaje en su casa a un misionero para acabar en la cuerda o con la cabeza separada del cuerpo por traición.

 

No se relatan aquí las hagiografías de Juan Fisher, obispo de Rochester y gran defensor de la reina Catalina de Aragón, o del Sir Tomás Moro, Canciller del Reino e íntimo amigo y colaborador de Enrique VIII, -por mencionar un ejemplo de eclesiástico y otro de seglar- que tienen su día y lugar propio en nuestro santoral. Sí quiero hacer mención bajo un título general de todos aquellos que -hombres o mujeres, eclesiásticos tanto religiosos como sacerdotes seculares- dieron su vida con total generosidad por su fidelidad a la fe católica, resistiéndose hasta la muerte a doblegarse a la arbitraria y despótica imposición que suponía claudicar a lo más profundo de su conciencia. Ana Line fue condenada por albergar sacerdotes en su casa; antes de ser ahorcada pudo dirigirse a la muchedumbre reunida para la ejecución diciendo: «Me han condenado por recibir en mi casa a sacerdotes. Ojalá donde recibí uno hubiera podido recibir a miles, y no me arrepiento por lo que he hecho». Las palabras que pronunció en el cadalso Margarita Clitheroe fueron: «Este camino al cielo es tan corto como cualquier otro». Margarita Ward entregó también la vida por haber llevado en una cesta la cuerda con la que pudo escapar de la cárcel el padre Watson. Y así, tantos y tantas... murieron mártires de la misa y del sacerdocio.

 

En la Inglaterra de hoy tan modélica y proclive a la defensa de los derechos del hombre hubo una época en la que no se respetó la libertad de conciencia de los ciudadanos y, aunque las medidas adoptadas para la represión del culto católico eran las frecuente y lastimosamente usadas en las demás naciones cuando habían de sofocar asuntos políticos, militares o religiosos que supusieran traición, pueden verse aún hoy en los archivos del Estado que las causas de aquellas muertes fue siempre religiosa bajo el disimulo de traición. Y, después de la sentencia condenatoria, los llevaban a la horca, siempre acompañados por un pastor protestante en continua perorata para impedirles hablar con los amigos o rezar en paz. Así son las cosas.

 

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El protestantismo alemán e inglés con sus diversas inquisiciones, tiene un lugar raquítico y sangriento en la Historia de Europa…. Lutero, Enrique VIII… Calvino, etc.

  

El Sr. Arzobispo Willigis (975-1011), enriqueció de arte y cultura en general la Biblioteca catedralicia de Maguncia-Alemania, que aún hoy gozamos. Gracias a él innumerables obras de arte fueron salvadas de ser perdidas para siempre. También el Sr. Cardenal don Albrecht von Brandenburg (1514-1545), enriqueció el tesoro de la catedral con más de 300 relicarios valiosamente adornados, él trajo de Halle a Maguncia la famosa colección "Halle´sche Heiltum" salvándola así de los tiempos revueltos de la Reforma que con incendios indiscriminados de bibliotecas monacales, archivos eclesiásticos, destrucción de obras de arte religiosas en las sedes catedralicias católicas, etc. fueron incendiando y destruyendo en Alemania.

El esfuerzo de aquellos Obispos llena de saber la cuna de la cultura europea esparcida en nuestros museos.

 

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«El puritanismo es temer que alguien en algún lugar del mundo esté siendo feliz». Salman RUSHDIE, escritor. 2009.II.

(La felicidad es el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien).

 

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El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

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El 11 de diciembre de 1576 recae sentencia absolutoria en la causa seguida por la Inquisición contra Fray Luis de León, tras casi cinco años de encarcelamiento o prisión preventiva [la que sufre el procesado durante la sustanciación del juicio].

 

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El pensamiento griego medieval o “bizantino” fue el resultado de la fusión de varias tradiciones intelectuales, culturales y religiosas de la antigüedad, como la griega, la romana, la hebrea, la iraní y la cristiana. Pero fueron el pensamiento humanístico de la antigua Hélade y la fe cristiana quienes contribuyeron en mayor medida a la génesis, formación y evolución del pensamiento bizantino. El pensamiento de los antiguos griegos gozó de una gran vitalidad durante la época bizantina ya que los clásicos griegos – literatura, filosofía, historia, arte, educación e incluso mitología – constituyeron el plan de estudios durante todo el milenio bizantino. Dado que la época bizantina fue profundamente religiosa, el futuro del patrimonio cultural de los antiguos griegos – en particular la literatura y la filosofía – en el Imperio Bizantino estuvo marcado ante todo por la actitud de la Iglesia hacia la enseñanza laica.

 

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forma que sangró al ser profanada

 

MADRID, 25 septiembre 2003 -VERITAS).- La Sagrada Forma de Gorkum, que comenzó a sangrar al ser pisoteada por un soldado en Holanda, será expuesta este domingo de 10.30 a 14 horas en el Real Monasterio del Escorial (Madrid), por única vez este año. Después de cinco siglos, Patrimonio Nacional expondrá la hostia consagrada que se oculta detrás del cuadro de Claudio Coello que está en la sacristía.


Los que se acerquen a presenciar este milagro podrán observar en la hostia consagrada las tres perforaciones de los clavos de las botas que llevaba el soldado que la pisó, quien, al ver la sangre que comenzó a brotar, se convirtió al catolicismo y entró en la orden de los franciscanos.
Era uno de los zvinglianos, «protestantes armados», de Gorkum -según ha explicado el viceprior del monasterio, el padre agustino José Rodríguez Díez- que se dedicaban a profanar templos en el siglo XVI. Esta conversión se ve reflejada en los medallones que rodean la sagrada forma.

 



La Sagrada Forma de Gorkum fue trasladada hasta llegar a Madrid. El párroco de la iglesia de la localidad holandesa donde sucedió el milagro, el padre Juan Van der Delft, decidió su traslado en 1572 ante el peligro de una nueva profanación. La sagrada forma fue primeramente llevada a Malinas, Bélgica. En 1579 fue llevada a Amberes. Apenas permanece allí unos meses, ya que a finales de ese año pasa a Viena, y después a Praga.


Su llegada a España se produce por deseo de Felipe II. El embajador español en Austria, el barón Maximiliano II, estaba casado con doña Margarita de Cardona quien, al enviudar, envía la sagrada forma a su hija casada con el Marqués de Navárrez y así llega a Madrid en 1594, veintidós años después de su salida de Gorkum.

Esta reliquia viva está acompañada con dos documentos acreditativos de los testigos de estos traslados, incluidos el padre holandés Juan Van der Delft. Están firmados en 1572 en Amberes y en Praga en 1592. Estos dos documentos inéditos, que están en latín, se publicarán el año que viene en el compendio de las 300 reliquias del Escorial.
Durante el año, la Sagrada Forma de Gorkum se encuentra en la sacristía, tras el cuadro de Claudio Coello, que representa a Carlos II adorando la Sagrada . Zenit-S03092513

 

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En la Sajonia protestante, la blasfemia tenía pena de muerte, la Inquisición española te sometía a una pequeña penitencia por el mismo delito. Calvino mandó quemar a Servet (médico católico que descubrió la circulación de la sangre, y a quien eliminaron por “contradecir” a la Biblia con dicho descubrimiento) entre otros motivos.



Lutero también escribía: “Los herejes deben ser condenados sin oírlos”… fue el cuerpo y la disposición a la terrible e intolerante inquisición protestante.

 

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Giordano Bruno (1548 †1600) no sólo fue condenado por la Iglesia católica, sino también por la luterana y la protestante. 

Con dureza fue excomulgado por el Concilio Calvinista protestante debido a su actitud irrespetuosa hacia los líderes de esa nueva iglesia, y fue obligado a abandonar la ciudad. De ahí fue a Toulouse, Lyon y -en 1581- a París.

 

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San Fidel de Sigmaringa
Presbítero y mártir de la Inquisición protestante (1578†1622)

El martirio es una gracia permanente en
la Iglesia. La sangre cristiana corrió con abundancia a lo largo de los primeros siglos como testimonio de la nueva fe, y más tarde seria derramada, en tiempos modernos, por las Iglesias jóvenes de Extremo Oriente y del Nuevo Mundo.
Pero, durante la Reforma protestante y el Anglicanismo el martirio cobró una forma nueva, la más dolorosa:
en nombre de la fidelidad al Evangelio, unos cristianos llevaban al martirio a otros. Así fue como entregó Fidel su vida por la fe católica.
Marcos Rey, nacido en Sigmaringen (Alemania) en 1578, hijo del burgomaestre de Sigmaringa, era un joven muy inteligente que ya cursando sus estudios de Leyes en Friburgo de Brisgovia llamaba la atención de todos por sus dotes intelectuales.
Recibe el sacerdocio a los treinta y cinco años, el 4 de octubre de 1612. Al imponerle el nombre, el P. Guardián, como queriendo jugar con el significado del nombre, le recordó la frase del Apocalipsis: "Sé fiel - Fidel - hasta la muerte y te daré la corona de
la vida".
Se
entregó de lleno a su formación teológica pero, sobre todo, a su formación ascética y piadosa: Pasaba horas en la oración y castigaba su cuerpo con rigurosas penitencias. Como superior sucesivamente de varios conventos, se señaló por un amor abrasador y puso sus dotes de orador al Servicio del Evangelio en numerosas misiones populares.
Se le encomendaron misiones de predicación en tierras de protestantes - Suiza, Austria, sur de Alemania -, fue elegido guardián de los conventos de Feldkirch y Friburgo, tuvo rasgos de abnegado heroísmo durante una epidemia de peste, y convirtió a muchos calvinistas con una caridad que desarmaba a sus adversarios.
El Papa Gregorio XV había fundado aquellos días - 1622 -
la Sagrada Congregación de Propaganda Fide para extender el conocimiento de la doctrina de Jesús por todos los países del mundo.
El domingo 24 de Abril de 1622 , los herejes Grisones mientras estaba predicando la palabra de Dios, descargaron una espada contra él, pudo ponerse de rodillas y exclamó: "Jesús, María, valedme" y expiró.
Es el Protomártir de
la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

San Nicolás Pieck

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica



San Nicolas Pieck y Compañeros, Mártires de la masacre calvinista

 

En 1572 los calvinistas ahorcaron en Gorkum , Suiza, a 19 sacerdotes y religiosos a causa de su fe católica.
Once mártires eran frailes menores de la Observancia, entre ellos se contaban San Nicolás Pieck, guardián del convento de Gorkum y San Jerónimo Weerden, su vicario.
Junto con ellos fueron ejecutados Juan Van Oosterwyk, canónigo regular de San Agustín, los sacerdotes diocesanos Leonardo Vechel, Nicolás Janssen y Godofredo Van Fuynen.
Luego que el destacamento calvinista conocido con el nombre de la "armada de los piratas" se apoderara de la ciudad de Gorkum, el grupo estuvo a merced de los soldados y sometidos a sus crueles tratos como consecuencia del odio a la de los calvinistas y a la negativa del grupo de revelar dónde habían ocultado sus implementos eucarísticos.
Pese a que les ofrecieron la libertad a cambio de que abjuraran de la Eucaristía y rechazaran la supremacía pontificia, los mártires no cedieron y fueron ejecutados en un granero aledaño a Gorkum.
Fueron canonizados en 1867

 

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en Ámsterdam desde 1578



Habían sido prohibidas por gobernantes protestantes


ÁMSTERDAM, lunes, 31 mayo 2004.- Por primera vez desde 1578, el próximo 13 de junio tendrá lugar en las calles de Ámsterdam una procesión con el sacramento de la Eucaristía con motivo del Corpus Christi, según anuncia el periódico holandés «Katholiek Nieuwsblad».
El acto eucarístico tiene lugar por iniciativa de la Iglesia de Nuestra Señora, confiada a sacerdotes del Opus Dei, y será presidido por el obispo de Haarlem, monseñor Joseph Maria Punt.
«Desde 1578, el año en que los gobernantes holandeses se pasaron a la causa de la Reforma, estaba prohibida la procesión del Milagro», en recuerdo de un famoso prodigio eucarístico que tuvo lugar en la ciudad el 15 de marzo de 1345, narra uno de los sacerdotes de la parroquia al órgano informativo.
«Pero tras la modificación de la legislación en 1989 se permiten manifestaciones religiosas en público», añade. La procesión, aclara, no es una «provocación», ni un «signo de triunfalismo», «sino una continuación de la tradición eucarística de Ámsterdam».
El lema de la procesión, a la que se han invitado a todas las parroquias de la ciudad, será «Ámsterdam, ciudad de la Eucaristía». ZS04053106

 

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Santos Nicolás Pick, Willaldo y compañeros mártires, franciscanos -

LOS SANTOS MÁRTIRES DE GORKUM

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

 Mártires del odio calvinista (inquisición protestante) († 1572)

 

La primera página de la historia de la nacionalidad holandesa está manchada de sangre. Hoy quisieran borrarla todos los holandeses, aun los protestantes más reaccionarios. Fueron jornadas inexplicables en un pueblo que pasa como prototipo de cordura y de sentido de tolerancia.

 

 Para comprender lo que entonces sucedió precisa trasladarse al clima político y religioso, también social, de los Países Bajos de la segunda mitad del siglo XVI, ricos y superpoblados, invadidos por los predicantes calvinistas y alzados en guerra sin cuartel contra el dominio español.

 El año 1566, con la aparición en escena del partido de los gueux o "mendigos", señala el comienzo de una serie de devastaciones iconoclastas en todo el Flandes español, no sin connivencia de la nobleza. Felipe II envía al duque de Alba. La sola presencia del gran estratega, alma recta y mano dura, impone el orden y el silencio. Silencio rencoroso, precursor de las grandes catástrofes. Guillermo de Nassau saca partido de la situación para levantar la bandera de la independencia. El de Alba le derrota en todos los frentes. Pero allí queda la pesadilla de los "mendigos del mar", guarecidos en las islas que ciñen la costa. Gente desgarrada, rebotada de todos los países, sin otro vínculo que el odio a los papistas y la sed de pillaje.

 Desde 1571 los manda el conde de la Marck, que ha jurado no raparse la barba ni cortarse las uñas hasta el día en que haya vengado, en los sacerdotes y religiosos, la muerte de los condes de Egmont y de Hornes, ajusticiados por los españoles. Un golpe audaz le ha puesto en posesión de la importante plaza fuerte de Brielle, en la desembocadura del Mosa. Iglesias y conventos son saqueados, quemadas las imágenes, asesinados con crueldad refinada los eclesiásticos que no logran ponerse a salvo.

 El 25 de junio de 1572 una flotilla, mandada por el capitán Marino Brant, atacaba la pequeña ciudad de Gorkum. Las fuerzas fieles al rey hubieron de hacerse fuertes en la ciudadela, donde fueron a refugiarse todos los sacerdotes y religiosos. Pertenecían al clero secular el párroco Leonardo Vechel, su coadjutor Nicolás Jarissen y un anciano de setenta años, por nombre Godofredo van Duynen. Los dos primeros en la plenitud de sus fuerzas y de su celo pastoral, intrépidos defensores de su grey y llenos de caridad con los pobres. El anciano vivía retirado en su casa de Gorkum, debido al trastorno de sus facultades mentales, que no le impedía ejercer las funciones sacerdotales ni llevar una intensa vida interior.

 El grupo más importante de los refugiados estaba formado por trece franciscanos de la Observancia, que componían, con algunos más, la comunidad existente en la ciudad. Gobernábala como guardián un religioso de dotes excepcionales, el padre Nicolás Pieck, joven de treinta y ocho años, en cuyo semblante se espejaban a la par la penetración de la mente y la limpidez serena del espíritu. Era su vicario el padre Jerónimo de Weert, de trato agradable y ejemplar en la guarda de sus obligaciones religiosas. Venían después los padres Nicasio de Heeze, eximio director de almas; Teodoro van der Eem, anciano de setenta años que desempeñaba la capellanía del monasterio de religiosas de la Tercera Orden; Willehald de Dinamarca, venerable y austero nonagenario, expulsado de su patria por la persecución protestante; Antonio de Weer, Antonio de Hoornaaxt, el recién ordenado Francisco van Rooy, y un padre Guillermo, que constituía la nota discordante del cuadro, pues tenía contristada a la comunidad con su conducta poco regulada. Completaban la comunidad los hermanos legos fray Pedro de Assche, fray Cornelio de Wyk-by-Duurnstende y el novicio de dieciocho años fray Enrique.

 Había también un religioso agustino, el padre Juan de Oosterwyk, capellán del segundo monasterio de religiosas de Gorkum. Las dos comunidades femeninas habían sido Puestas a salvo con anterioridad.

 Asimismo habían dejado la ciudad a tiempo los canónigos del Cabildo; a excepción del doctor Pontus van Huyter, administrador de los bienes capitulares. Se hallaba con los demás en el castillo.

 En la noche del 27 de junio la guarnición tuvo que capitular. Brant juró respetar la vida y la libertad de todos los defensores y refugiados. Pero ¿podía confiarse en la palabra de aquella gente? Como primera precaución todos se confesaron y se aprestaron con el Pan de los fuertes para la inmolación.

 Las escenas que siguieron vinieron a confirmar plenamente los presentimientos. Primero el saqueo general. Después el despojo de los detenidos uno a uno. Los gueux querían dinero, y como los franciscanos, fieles cumplidores de su regla, no lo llevaban, fueron maltratados sin piedad. El hallazgo de los cálices y demás vasos sagrados, ocultados en la torre, dio pie para una orgía sacrílega. Durante ocho días tuvieron que soportar cuantas burlas y crueldades es capaz de inventar una soldadesca ebria: parodias litúrgicas, simulacros de ejecución, torturas inauditas. Al padre Pieck le suspendieron con su propio cordón; éste se rompió, y el guardián cayó al suelo sin sentido. Los verdugos, para comprobar si había muerto, aplicáronle una llama a los oídos, a la nariz y en el interior de la boca.

 Para curarle fue preciso llamar un cirujano, que resultó ser su propio cuñado, ardid de que se sirvieron los familiares para ver de libertarlo, como ya se había conseguido con otros dos sacerdotes. El padre Pieck, en efecto, era natural de Gorkum, donde tenía parientes y amigos de influencia. Merced a ellos tuvo desde el primer momento la libertad en su mano. Su respuesta, sin embargo, lo mismo ante el cirujano que ante sus dos hermanos, ladeados ya hacia la herejía y empeñados hasta el trance final en doblegarle con ruegos, persuasiones y amenazas, fue invariablemente la del superior fiel a su puesto:

 —No aceptaré la libertad si no es juntamente con mis religiosos.

 El 7 de julio eran conducidos a Brielle. Los reclamaba el conde de la Marck desde su cuartel general. Y el emisario de confianza fue el canónigo apóstata Juan de Omal, auténtica estampa de renegado. Las befas y malos tratos se multiplicaron durante el trayecto y a la llegada al puerto de Brielle. Medio desnudos y atados de dos en dos fueron conducidos a la ciudad, entre los insultos soeces del populacho, y obligados a parodiar una procesión. El canto escogido por los confesores de la fe fue el Te Deum.

 En la inmunda cárcel donde fueron hacinados hallaron a los párrocos Andrés Wouters y Andrés Bonders. Aquel mismo día se les unieron dos religiosos premonstratenses: Jacobo Lacops, que seis años antes había dado el escándalo de hacerse pastor protestante, pero lo había reparado con una vida ejemplar, y Adrián de Hilvarenbeek. Sumaban en total veintitrés los prisioneros.

 Era demasiado hermoso. El conde de la Marck y su satélite Juan de Omal buscaban la apostasía. Y se iniciaron taimados interrogatorios, proposiciones, disputas sobre puntos de fe. Fue conmovedora la respuesta en que se cerró el lego fray Cornelio, ante las capciosas argumentaciones:

 —Yo creo todo lo que cree mi superior.

 Hubo defecciones dolorosas. Pontus van Huyter y Andrés Bonders lograron la libertad claudicando. El guardián hubo de sufrir el ataque supremo de los suyos: ¡qué le costaba lograr que sus religiosos, sin negar ningún artículo de la fe, retiraran la obediencia al Papa, al menos fingidamente!

 A la una de la mañana del día 9 fue la ejecución. Pieck subió el primero a la horca, sin dejar de animar a los demás. Ante el patíbulo hubo aún otras dos deserciones: la del padre Guillermo, tibio hasta el final, y la del novicio imberbe fray Enrique. Los demás afrontaron la muerte con serenidad, resistiendo hasta el final las insinuaciones de los ministros calvinistas,

 Los diecinueve fueron canonizados por Pío IX el 29 de junio de 1867.

 LÁZARO DE ASPURZ, O. F. M. CAP.

 

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Leyenda negra – España, víctima de la propaganda, porque los protestantes y el nacionalismo holandés, que en el siglo XVI y XVII quisieron afianzar su nación, crearon un estereotipo maléfico. Ahora los historiadores holandeses empiezan a revisar al Duque de Alba y a ponerle en su sitio. Fue un hombre humano con sus soldados y en sus gestos no había crueldad

 

«Es un milagro que la Casa de Alba mantenga su patrimonio y viva igual que hace 500 años».

 

Retirado en el campo, dirige su nueva editorial, en la que publica la biografía del Gran Duque de Alba, para limpiar su Leyenda Negra - «Siempre he ido a mi aire»

 

Manuel Calderón
MADRID- Jacobo Martínez de Irujo Fitz-James Stuart, conde de Siruela, o Jacobo Siruela, como él mismo decidió llamarse, es la marca de un editor exigente y culto que ha sabido destacar individualmente en una saga aristocrática, que no es poco, con quinientos años de historia. El tercer hijo de la Duquesa de Alba vendió hace dos años su editorial, quemó sus naves, como él dice, y se instaló en una masía del Ampurdán gerundense junto a su segunda mujer, la periodista Inka Martí. Desde allí dirige, o casi fabrica artesanalmente los libros de su nuevo proyecto editorial, Atalanta: tan exquisito como la vieja Siruela. Le auguraron lo peor, pero acabó haciendo de aquella editorial un sello de referencia. Acaba de publicar «El Gran Duque de Alba», de William S. Maltby, la mejor biografía sobre su antepasado, uno de los hombres más poderosos de su tiempo y sobre el que se acuñó la Leyenda Negra. Coincidiendo con su quinientos aniversario, aspira a situar al tercer Duque de Alba en la historia desponseyéndolo de su temible mito: «Pensé que era necesario resucitar esta obra que el tiempo había hecho olvidar injustamente».
   -Usted sigue la tradición más culta de los Alba, ¿herencia de su abuelo materno, Jacobo Fitz James Stuart?
   -Debo decir que mi madre ha hecho una labor extraordinaria que la gente no conoce: ha conservado el patrimonio histórico y artístico de la Casa de Alba. Es cierto que desde la época de mi abuelo no se había hecho ningún tipo de publicación sobre la historia de la familia, absolutamente ninguna, ni mi padre, ni Jesús Aguirre publicaron nada, salvo sus discursos académicos, lo que sucede en la mayoría de las familias, tampoco es una cosa tan extraña. Entonces, a tenor del quinto centenario del Gran Duque pensé que sería oportuno volver a publicar la que, sin lugar a dudas, es la mejor biografía,
la de William S. Maltby.
   la historia se revisa
   -En el prólogo, señala que, a pesar de toda
la Leyenda Negra creada en torno a su figura, no fue un hombre cruel.
   -Fue un hombre muy duro, como eran los guerreros de esa época, porque ellos estaban en el fragor de la batalla, pero no fue un hombre cruel. Todo lo que él hizo fue cumplir las órdenes de Felipe II y su error fue ejecutarlas con demasiado celo. Maltby incluso dice que gracias a su virtud la historia le recuerda de una manera tan negra, porque se lo tomó como un deber religioso.
Lo que pasa es que ha sido víctima de la propaganda, porque los protestantes y el nacionalismo holandés, que en el siglo XVI y XVII quisieron afianzar su nación, crearon un estereotipo maléfico. Ahora los historiadores holandeses empiezan a revisar al Duque de Alba y a ponerle en su sitio. Fue un hombre humano con sus soldados y en sus gestos no había crueldad, porque la crueldad en el fondo es algo espantosamente gratuito. No es su caso: todo lo que él hizo fue por algo.
   -Incluso se ha llegado a hablar de él como el instigador del primer holocausto.
   -En esa época hay varias matanzas importantes. Una la lleva a cabo la reina de Inglaterra y otra los franceses y, sin embargo, de eso no se habla. Digamos que eso ha sucedido en todas las épocas y holocausto también fue la bomba atómica en Hirohsima y las matanzas del siglo XX han sido infinitamente peores que las del siglo XVI. No se trata de enaltecer lo que el Gran Duque hizo en Flandes, sino ponerle en su sitio. Por eso creo que en este libro Maltby lo retrata con todas sus luces y sus sombras, restituyendo la figura a la historia y sacándolo del mito.
   -¿También entra el revisionismo histórico en la Casa de Alba?
   -Yo creo que la revisión histórica es importante porque la historia se construye a través de mitos. Todo son mitos, la Reconquista, incluso la República es un mito. Pero lo que pasa es que las revisiones hacen nuevos mitos, de los que no me fío. Leo libros de historia reciente y veo un planteamiento tan maniqueo... Enjuiciar un suceso histórico es complejo y hay que hacerlo con objetividad, pero las ideologías siempre crean estereotipos.
   sin tiempo ni espacio
   -El mismo incendio del Palacio de Liria de Madrid durante
la Guerra Civil sigue siendo una incógnita.
   -No se sabe al cien por cien. Yo pienso que es una metáfora de lo que son las guerras y cómo la propaganda de uno y otro bando utilizan el mismo suceso. Hubo unos bombardeos de las tropas nacionales y cayeron unas bombas incendiarias, aunque otras personas cuentan que, en ese desorden, los propios republicanos quemaron el palacio. Yo me inclino a pensar que fueron los dos. No es la primera vez que sucede. El castillo de Alba de Tormes también lo destruyeron, no los franceses, sino los españoles.
   -¿Cuál es su vínculo con el pasado familiar?
   -El pasado me interesa mucho, y sobre mi familia hace tiempo que leo y me fascina además porque se trata de una familia muy vital. Es un milagro que la Casa de Alba siga manteniendo su patrimonio y viviendo igual que hace quinientos años, cuando ahora hay muchas personas que ganan dinero y en una segunda generación se pierde todo. Cuando estudié esto, ya no sólo por la familia, porque nosotros descendemos más directamente de los Berwick que de los Alba, comprendí cuál era mi procedencia.
   -¿Cuándo fue consciente de que formaba parte de una familia con una vieja historia que valía la pena conocer?
   -Hace tiempo. Aunque como editor nunca he tenido nada que ver con mi familia y he sido muy independiente, económica e intelectualmente, quizá de mis hermanos he sido el más consciente de nuestro patrimonio, evidentemente otros hermanos míos también lo son, pero digamos que lo soy de una manera más intelectual. De niño te preguntas ¿qué es este espacio mágico donde vivo, estos salones, estos cuadros? Es algo que en el fondo penetra en tu inconsciente muy profundamente.
   -Como editor, tanto en Siruela como ahora en Atalanta, insiste en estar lejos de
la actualidad. Eso sí que es un privilegio.
   -Mi experiencia real con la actualidad fue con la revista «El Paseante». Ahí tenía libertad total y además era una revista absolutamente vanguardista. Lo he visto ahora en los últimos números y luego lo he confirmado en las cosas que han ocurrido diez años después, porque era una revista muy de su tiempo que se anticipó a muchas cuestiones. Es cierto que como editor he querido publicar autores que nadie publicaba. Siempre he ido a mi aire.
   -¿Se ha planteado una nueva etapa de «El Paseante»?
   -Eso es imposible. Pero curiosamente hace poco vino a verme una chica que estaba haciendo una tesis sobre «El Paseante», que me hizo mucha gracia, y reviví toda esa historia. Fue una de las experiencias más interesantes de mi vida, viajé a muchos países y conocí a gente muy diversa. Lo que sí he pensado alguna vez es volver a hacer una nueva revista, incluso tengo la idea conceptual de lo que sería hacer una publicación en el siglo XXI, pero de todas formas... ¡uf!... mi entusiasmo juvenil solamente se queda ya para los libros. Es un momento difícil para hacer revistas. En los años ochenta había muchas y un público potencial; ahora son los periódicos los que ocupan ese espacio, además tienes que desplegar un gran dinamismo y yo lo que quiero ahora es llevar una vida reposada. Pero no he descartado hacer una revista anual con lo que creo que serían los temas importantes de este tiempo.
   -¿Por qué vendió Siruela?
   -Hay una razón económica: necesitaba dinero, no voy a dar más detalles. Por otro lado, estaba un poco insatisfecho porque había construido una empresa grande, pero ya sólo leía para editar. Un día me miré en el espejo y me dije: «Tú no eres un empresario». Vendamos, me dije, y me retiro a leer, que es lo que me gusta. Y fue así como, más tarde, viviendo en el campo, pensé abrir otra editorial fuera del tiempo y fuera del espacio y llevar a cabo esa utopía de las élites californianas que decían que puedes hacer lo que te dé la gana desde tu casa.
   -Todos sus proyectos editoriales siempre se han visto como un capricho exquisito.
   -Hay de todo. Hay gente que sí, que lo ve como un capricho, pero no gusta que rompas los tópicos y no gusta que uno lleve una editorial desde el campo, pero también he trabajado mucho para poder hacerlo
   -Se ha retirado al campo y representa ese nuevo modelo social de vida retirada pero conectado tecnológicamente.
   -Sí, pero trabajamos bastante, porque en la editorial somos Inka, yo y una secretaria y hacemos doce libros al año y con lo complicado que son estos libros... Por ejemplo, ahora editamos «La fuga de Atalanta», del alquimista Michael Maier, del siglo XVII, un libro que además es multimedia. Quería editarlo con los grabados originales, los busqué en la Biblioteca de Oxford, en
la Biblioteca Nacional de Madrid, donde tampoco estaban, y al final los tenía un amigo, curiosamente.
   
   
Cayetana, el último mito de la familia
   -¿Hay errores históricos en torno a la Casa de Alba que cree que se deben corregir?
   -Por un lado sí, porque es una historia poco investigada, aunque parezca lo contrario. Además disponemos de archivos que están al alcance de los especialistas. El primer error es sobre el tercer Duque de Alba, aunque esa tendencia ha variado, y por eso creo que es importante que salga también una biografía escrita por un español,
la de Manuel Fernández Álvarez, porque resulta extraño que el siglo XVI, que fue el momento de más auge del imperio español, haya llamado tan poco la atención a nuestros historiadores. Otro caso es el de Cayetana, la decimotercera Duquesa de Alba, de la que conservamos el célebre cuadro de Goya. Por un lado, está teñida por el romanticismo por ser amante de Goya, aunque hay otros historiadores que dicen que no hubo nada.
   
   
«Oye, chico, eso no vende nada»
   Nació en Madrid en 1954. Estudió Filosofía y Letras y pronto empezó a moldear una tímida imagen de diletante, frágil y educado, con una inclinación a la pintura y el diseño, de la que dejó clara constancia en la revista «El Paseante». Hizo añicos la urna y el diletantismo cuando fundó una extraña editorial, Siruela, por la que nadie daba un duro. «Me decían -recuerda-: oye, chico, esto de la época medieval no vende nada. El caso es que ahora todos buscan historias antiguas, novelas históricas, tramas extrañas. Yo lo hice en serio y académicamente, no como un subproducto, pero resulta que ahora sí vende
la Edad Media. A mí lo que me interesa es editar libros elitistas que sean para todos». ¿Para una inmensa minoría? «Eso es lo que decía Juan Ramón citando a Goethe, ¿no? Ésa es la clave: hacer libros muy elaborados pero que puedan interesar a públicos muy heterogéneos». 2007-11-18-L..R.ESP.

 

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Sobre el relativismo cultural

en las ciencias del espíritu

 

Hans E. Gombrich (1)
"Todos han sido humanos"


Lo que convierte a un historiador de la cultura en un relativista cultural es tan sólo la conclusión de que las culturas o las formas de vida no sólo son distintas, sino que son incomparables, sencillamente porque falta un denominador común. Hans E. Gombrich denuncia la absolutización del llamado "espíritu de la época" en este texto tomado de una de sus conferencias. (2)


No se cómo agradecer suficientemente la invitación, absolutamente inesperada y totalmente inmerecida, de dictar la primera conferencia en este congreso, yo, una persona no experta en filología. Ni siquiera voy a intentarlo, pues nos ha traído aquí el afán de debatir, en controversias viejas y nuevas (1).

En la cuarta parte de los "Zahme Xenien" de Goethe aparece una poesía de cuatro versos, de la que he tomado el tema de una de esas controversias viejas y nuevas, una controversia que -al menos eso espero- afecta tanto a la Filología Alemana como a otras ciencias del espíritu. Dice así Goethe:


""¿Qué te ha apartado de nosotros?" He leído siempre a Plutarco.
"Y, ¿qué has aprendido?"
Que, en el fondo, todos han sido humanos" (2).


En la misma década en que Goethe escribía estos versos, en los años veinte del XIX, Georg Friedrich Hegel impartía sus "Clases sobre la Filosofía de la Historia". Ya al principio de ellas, Hegel resume la opinión contraria, que -simplificando- yo quisiera denominar
"relativismo cultural": "Cada época -dice- está marcada por circunstancias tan peculiares que hay que decidir en ella y desde dentro de ella, y sólo así se puede juzgar... En este sentido, nada es más fatuo que el tan repetido recurso a modelos griegos y romanos, como lo han hecho con tanta profusión los franceses de la época de la Revolución. Nada más diferente que la naturaleza de aquellos pueblos y la naturaleza de nuestro tiempo" (3).

Lo que aquí me interesa no es la afirmación de Hegel de que las épocas y los pueblos se diferencian entre sí. Eso lo sabemos todos, y también Goethe, atento lector y viajero, sabía que, por ejemplo, el Carnaval en Roma tiene un carácter muy distinto a las diversiones en las fiestas de San Roque en Bingen, dos acontecimientos que describió con tanta capacidad de recreación.

Lo que convierte a un historiador de la cultura en un relativista cultural es tan sólo la conclusión que hemos leído en Hegel, la conclusión de que las culturas o las formas de vida no sólo son distintas, sino que son absolutamente incomparables, es decir, que es un sinsentido poner en relación personas de un país o de una época con personas de otros países o épocas, sencillamente porque falta un denominador común.

Friedrich Meinecke, el estudioso de las raíces de estas ideas y el autor de la obra fundamental sobre los orígenes del historicismo (4), sabía perfectamente que Goethe, en realidad, mantuvo una postura ambigua frente a esta corriente, aunque Heinecke no cita ni esos versos sobre Plutarco ni el dístico semihumorístico que les sigue en los "Xenien":

" Catón quiso castigar a otros; aunque él mismo prefirió seguir durmiendo."

Y del contexto se deduce que el viejo señor de Weimar estaba convencido de entender muy bien al bueno de Catón, porque de
Plutarco había aprendido precisamente eso: que todos han sido seres humanos, de carne y hueso, lo mismo que nosotros. Esta convicción, tan ingenua, es la que cree haber superado el relativismo cultural, que no quiere reconocer constante alguna que nos permita encontrar la misma naturaleza humana en medio de todos los cambios de los fenómenos externos (5).

Hegel probablemente hubiera argumentado que Catón, un romano, estaba situado en un nivel más temprano de la autorrealización del espíritu que Goethe; Marx hubiera dicho que a las condiciones de producción de una economía con esclavos corresponde una supraestructura ideológica diferente a la del capitalismo temprano en Weimar; el superrelativista Oswald Spengler hubiera negado que un autor perteneciente a la cultura fáustica pudiera tener acceso a un personaje de la Antigüedad y un teórico de la raza hubiera anotado que la vida intelectual de las razas mediterráneas se diferencia radicalmente de la del hombre nórdico, aun en el caso de que por las venas de Catón no fluyera (lo que es muy de temer) también sangre de menos valor, concretamente etrusca, lo que explicaría sus tendencias sensuales.

Espero sepan perdonarme que no me detenga a rebatir estas teorías y pseudoteorías. Lo único que me interesa ahora es la consecuencia que se deduce para las ciencias del espíritu, y es el afán por desterrar de nuestro vocabulario la palabra "persona", con el argumento de que -a diferencia de los conceptos de las ciencias exactas, bien determinables- describe nada concreto, delimitado (6).

Nadie debatió interiormente este problema tanto como Wilhelm Dilthey, que tantos caminos abrió a las ciencias humanas, sobre todo en Alemania. Por mucho que Dilthey subrayara que la psicología es la ciencia de la vida del espíritu humano, también para él era cuestionable que la naturaleza del hombre pudiera ser la base para sus investigaciones. "El individuo -así escribió- es sólo una encrucijada de los sistemas culturales, de las organizaciones, en que está englobada su existencia; ¿cómo, pues, podrían entenderse éstas partiendo de aquél? (7). A diferencia del científico de la naturaleza, quien se dedica a las ciencias humanas tiene que prescindir de explicaciones causales, no puede encontrar reglas. A él no le interesa la explicación; sino la comprensión; quiere una ciencia de la hermenéutica, que está aún por fundar y que a nosotros -sometidos a constantes cambios- nos permitiría interpretar las realidades cambiantes en las formas de vida ajenas (8).

Por supuesto que es muy de agradecer que Dilthey y sus sucesores sacaran del historicismo la consecuencia de que el interés de las ciencias del espíritu se centra siempre en lo particular, lo irrepetible. Y aún así me parece que nosotros, los científicos del espíritu, no deberíamos privarnos de alzar de vez en cuando la vista de nuestro trabajo sobre detalles, de darnos la vuelta y preguntarnos en qué contexto más amplio puede verse el problema que nos ocupa. Cuántas veces lo hagamos y con qué intensidad, eso dependerá del carácter de cada uno, pero -si somos sinceros con nosotros mismos- nos daremos cuenta de que incluso la elección de nuestros temas supone una teoría científica previa, explícita o implícita. No es necesario destacar que esta cuestión es de gran actualidad en muchos campos de nuestra actividad, puesto que, por una parte, las ideologías han ido ganando cada vez más influencia y, de otro lado, el prescindir de toda hipótesis general ha conducido a las ciencias del espíritu a un callejón sin salida. Estoy pensando sobre todo en la exigencia, planteada con fuerza en las últimas décadas, de tirar por la borda no sólo el esfuerzo por explicar, sino también por comprender. Se quiere que el hombre desaparezca del todo de nuestro horizonte: ahora ya sólo nos ocupamos del texto, y el sentido que saquemos de él siempre será nuestro sentido, no el del autor (9).

Lo que Goethe encontró en el texto de Plutarco, lo que nosotros encontramos en el de Goethe, eso es cosa nuestra. El relativismo cultural ha llevado a prescindir de la herencia más valiosa en cualquier actividad científica, del empeño por buscar la verdad. Como los testimonios del pasado no pueden ser testimonios, si nos dedicamos a estudiarlos, eso como mucho será un juego lleno de agudeza, que no sirve para obtener conocimientos sino como testimonio de acrobacia intelectual.

No quiero enumerar todas las tendencias que colaboran hoy a las tareas de deconstrucción. La lista de los estrategas universitarios que intentan derruir la ciudadela de nuestra ciencia no es precisamente divertida. Por eso quiero presentarles tan sólo uno de sus secuaces, cuyo grito de batalla me viene como anillo al dedo. Estoy pensando en la voz clamarte en la batalla, Norbert Bolz, cuyo artículo " Odds and ends. Vom Menschen zum Mythos" -tras cumplir el deber de nombrar a los "héroes": a Heidegger y Lacan, LéviStrauss, Adorno y Richard Wagner- culmina en la frase: "No existe el hombre" (10). ¿No será que el autor ha confundido al homo sapiens con el Nasobem de Christian Morgenstern? Pero basta de bromas. Sé que también puede ser cosa de mi edad el que no consiga simpatizar con los "escritos canónicos" de esa corriente; aunque -como no soy relativista- no creo que cada generación tenga sus verdades. Prefiero ir de la mano de un coetáneo mío, del importante estudioso de teoría de la literatura Meier Abrams, que ha dedicado sus buenos esfuerzos a conocer a fondo esa escuela, llegando a la conclusión de que se trata de una moda efímera (11), cuya fuerza de atracción sobre la juventud resulta probablemente del hecho de que permite a sus simpatizantes mirar de arriba abajo -llenos de compasión- a los no iniciados, que siguen creyendo no sólo en Papá Noel y en la cigüeña sino también en el hombre y quizá incluso en la razón.

¿No es verdad que uno se cree algo cuando se ha dado cuenta de que todo eso es cuento, cosas de niños, "sarampiones" que ya hemos pasado? El mensaje suena tópico, porque al leer textos realmente estamos expuestos -y de continuo- al riesgo del malentendido. Y así, a quien le da miedo ese riesgo le queda el recurso de retirarse cómodamente a la actitud del escepticismo y considerar que todo intento por comprender es algo ingenuo, superado.

Ahora bien, la idea de que errar es humano no es nueva y, en mi opinión, tampoco está hecha para que nos desesperemos ante el problema del progreso de los conocimientos. La desesperación sólo llega cuando somos demasiado exigentes. A la exigencia del "o todo o nada" propia quizá de la juventud, el adulto debe contraponer -también en las ciencias del espíritu- la convicción de que tenemos que aprender a ser modestos. Quizá resuene para ustedes en estas palabras la voz de mi amigo Karl Popper -con razón (12)-. El fue quien me convenció de que ni en las ciencias naturales ni en las del espíritu debemos buscar soluciones totales, pero de que -a pesar de ello tenemos derecho a seguir preguntando y a seguir investigando, porque también de nuestros errores podemos aprender.

Creo que lo mismo se puede decir de nuestros afanes por comprender a otras personas, otras culturas y otras épocas. Qué duda cabe de que es una conclusión errónea el creer que, como todos han sido seres humanos, todos han pensado y sentido como nosotros. La etnología ha demostrado que algunas instituciones e ideas de tribus lejanas son más difíciles de comprender que otras. En este terreno no hay duda de que la influencia del relativismo cultural es muy saludable, porque nos impide medir formas de vida ajenas con nuestros propios raseros culturales. Pero también aquí hay que estar prevenidos ante las exageraciones, porque la negación de toda medida se lleva a sí misma ad absurdum.

Estoy pensando en la tan conocida discusión sobre si podemos negar o no que las prácticas mágicas -tan extendidas en toda la tierra- ejercen una influencia sobre la realidad, dado que nuestro concepto de realidad está anclado en nuestro lenguaje y cultura y no es aplicable fuera de este campo tan estrecho (13). Uno se pregunta si argumentos de este tipo son algo más que juegos de moda. En cualquier caso- en la etnología hay ciertos aspectos que han servido para que el relativismo no haya conquistado el poder absoluto. Los viajeros han visto que hombres extraños reían y lloraban, jugaban y se peleaban; y quienes ha tenido la suerte de ver las fotos que el profesor Eibl-Eibesfeldt ha hecho de la vida de tribus totalmente aisladas -lo ha documentado profusamente en su reciente libro sobre la biología del comportamiento humano (14)-, quien ha tenido esa suerte ya no puede dudar de que hay reacciones humanas universales.

Al historiador a menudo le faltan esas posibilidades. El, en buena medida, depende de los testimonios del pasado, conservados por la tradición y la casualidad, los monumentos del derecho, de la literatura, del arte y
del culto. ¿Cómo sorprenderse de que el encuentro con esos testimonios de una forma de vida pasada haya contribuido a centrar la atención en la capacidad de transformación, de cambio, del hombre? Natura abhorret vacuum, la naturaleza huye del vacío, y también lo hace el espíritu del hombre. Donde faltan testimonios, la fantasía se pone a tra bajar y va rellenando huecos; es así como nos creamos la imagen del hombre de tiempos pasados -por la impresión que nos causa su arte-. Cuando hablamos del hombre griego, del hombre gótico... aparece ante nosotros una figura típica, que hemos sacado del arte de aquella época.

Destacados representantes de las ciencias del espíritu, como Jan Huizinga o Ernst Robert Curtius, nos han puesto en guardia frente a esta fuente de malentendidos, que yo alguna vez he llamado el sofisma fisionómico (15). Debo confesar que mi propio campo de trabajo, la historia del arte, ha sido el responsable de muchos de esos malentendidos, y lo ha sido siempre que se presentaba con la pretensión de que el estilo de una época se puede y se debe interpretar como un síntoma o -así se solía decir- como expresión de una época y de un pueblo.

Así, el pionero del expresionismo en la historia del arte, Wilhelm Worringer, escribía con toda coherencia hace 75 años en su libro sobre el espíritu del gótico: "Para la historia del arte, el hombre sin más es tan inexistente como el arte sin más. Estos son prejuicios ideológicos, con los que la psicología de la humanidad está condenada a la esterilidad". El, en cambio, de los ornamentos y de los pliegues en obras de arte medievales sacó la sorprendente conclusión de que " el hombre nórdico no conoce nada tranquilo, toda su fuerza de configuración se concentra en la representación del movimiento desenfrenado, sin medida" (16). Parece que no se preguntó si la imagen de un pueblo formado por "chisgarabís" no se da también en otras partes y si su diagnóstico no queda rebatido por el arte de Van Eyck, Vermeer o Caspar David Friedrich, que al fin y al cabo también eran hombres nórdicos.

Lo que se ha llamado el "circuito hermenéutico", la búsqueda de la confirmación de la intuición primera, se convierte en un vulgar círculo vicioso allí donde sólo son válidas las -al menos supuestas- confirmaciones de la propia intuición. Un ejemplo: la forma de representar el espacio en un estilo concreto se explica por la forma de ver de una época, que a su vez explicará los medios de representación; y nadie, ante la pregunta de si los pueblos no conocen la perspectiva en el sentido que nosotros le damos, responde que es porque no podían esconderse detrás de una columna (como irónicamente se preguntó una vez un psicólogo (17), o si los chinos, que en su pintura no necesitan el contraste entre luz y sombra, realmente no están en condiciones de cobijarse bajo un árbol en un día caluroso del verano.

Creo que el fallo que llevó a la historia del arte al relativismo también se da en otros campos de las ciencias del espíritu; me refiero al sofisma ex silentio, a la idea de que en la vida y el pensamiento del pasado sólo encontró sitio aquello que nosotros hemos llegado a conocer, por medio de sus manifestaciones artísticas. Fue un filólogo clásico el que en cierta ocasión planteó la tesis de que los griegos tendrían que ser ciegos para los colores porque tenían pocas denominaciones para ellos. Si eso fuera así habría que concluir que a nosotros nos sucede lo mismo, porque también nuestros idiomas tienen infinitamente menos denominaciones de color que los matices que existen y que podemos percibir.

Una conclusión así olvida la naturaleza del lenguaje, que tiene que ser selectivo para poder cumplir su función comunicativa. Es sabido que las diferencias en la selectividad de los diferentes idiomas plantean graves problemas a los traductores. Pero también aquí he de dar la razón a Karl Popper, que ha destacado que no se debe confundir la dificultad con la imposibilidad. Por muy difícil que sea -y lo es a menudo- reproducir en otro idioma el sentido de una frase, al final éste nos resultará accesible, aun perdiendo belleza y elegancia (18).
También las obras literarias de otras épocas o de otras culturas presentan problemas similares. Esto entre ustedes no hace falta destacarlo. Los conceptos, las relaciones humanas, las instituciones de las que tratan precisan una y otra vez de complejas explicaciones. Pero los esfuerzos que nos causa esa tarea no deben llevarnos a identificar el mundo con que nos encontramos en la poesía y prosa de otras culturas con la realidad que se vivía entonces. Pues lo que rige para el lenguaje rige en mucha mayor medida para los medios de las formas artísticas. Las expresiones, los topo¡ de la representación literaria no reflejan la variedad infinita de lo que se puede sentir y vivir, sino las tradiciones de la creación literaria, en buena parte autónomas.

Un libro como Mimesis de Erich Auerbach nos ha mostrado qué los nuevos medios del arte son sensibles a vivencias nuevas, pero que allí donde éstas no son perceptibles literariamente no quiere decir que hayan sido desconocidas en la vida cotidiana (19). No podemos saberlo. También el texto de Plutarco le debe algo a la tradición y a los medios de las biografías antiguas y no responde a ciertas preguntas que interesarían hoy a un psicoanalista. La expresión de Goethe de que "todos fueron humanos" expresa no tanto un conocimiento como una hipótesis, que podríamos denominar una hipótesis de trabajo o también un principio heurístico (20), pues creo que en principio siempre compensa suponer que también en países extraños y en épocas extrañas tenemos que ver con hombres que no se diferencian sustancialmente de nosotros..., aunque esta suposición no siempre supere un examen crítico.

Quizá me permitan incluir aquí una pequeña anécdota que puede ilustrar mis ideas más fácilmente que largas reflexiones metódicas. Esoy pensando en una discusión sobre la historia intelectual del Renacimiento en la que yo me atreví a decir que no se debía considerar al hombre renacentista como una "especie especial" de hombre; y de pasada comenté que estaba convencido de que también a aquellos hombres les gustaba quedarse en la cama por la mañana. Fue una declaración atrevida, pero -sin merecerla- tuve suerte, pues más adelante pude explicar a mis colegas que Leonardo da Vinci describe representaciones simbólicas que en la Toscana se suelen colgar de las camas para advertir a los perezosos y dormilones que no se queden mucho tiempo en ellas, "especialmente por la mañana, cuando, descansado y sobrio, se debe estar dispuesto a acometer nuevos esfuerzos" (21).

Lo que quiero decir es algo tan sencillo como lo siguiente: cuando se habla del hombre, hay que tener siempre en cuenta al viejo Adán, aquel viejo Adán que se empeña en satisfacer sus instintos, comunes a todos los humanos. No hay duda de que el modo en que las diversas culturas intentan dominar la naturaleza indomada está sometido a innumerables transformaciones (22), pero en cualquier solución, no se dará una forma de vida humana en la que no se exprese de algún modo la tensión entre ese ansia de satisfacción y el movimiento contrario, la adaptación cultural.

Es precisamente la literatura la que tantas veces ha incorporado esa tensión a sus creaciones; piensen en las figuras de Don Quijote y Sancho Panza: al primero, los ideales culturales le han sorbido el seso; el segundo sigue siendo lo suficientemente campesino como para saber a dónde se dirigen sus apetitos: lo mismo les sucede a Tamino y Papageno. Incluso el drama de la India antigua conoce esta contraposición entre el héroe noble, que habla sánscrito, y una figura cómica, Vidushaka, que a pesar de pertenecer a la casta de los brahamanes habla el popular "prakrit" y siempre está pensando en dar a su barriga lo que es suyo.

Quien hable de las dificultades que supone el comprender culturas extrañas y sus valores no debería descuidar el hecho de que también en este punto hay diferencias sustanciales. El ser creaturas: esto es algo que nos une a todos -y nos une más que cualquier acercamiento en el nivel de máximo refinamiento-. Por algo dice Mefistófeles a Fausto: "La peor compañía te hace sentir que eres un hombre entre hombres"; y como es el diablo el que habla, te lo hace sentir precisamente -así podemos completar su afirmación- la peor compañía. Así sigue en el Fausto la escena en la taberna de Auerbach: "Presta atención, magníficamente se revelará la bestialidad"; bajo lo excesivamente humano se encuentra la capa de lo animal: "estamos bestialmente a gusto, como quinientas cerdas" -por seguir con palabras del Fausto.

Pero no olvidemos que la posibilidad de llegar a esta forma de regresión también es específica de la cultura; y en algunas culturas está prohibido el goce del alcohol; no hay allí reuniones para beber en sociedad. Para Goethe y sus contemporáneos había vías más nobles para liberarles de las opresiones de la cultura:

"En gran contento se regocija aquí el grande y el pequeño, aquí soy persona, aquí puedo serlo."

Ese "aquí" es la naturaleza, fuera de la ciudad, y también este sentimiento de liberación es específico de la cultura; quizá fuera Rousseau el que abriera el camino hacia ella, aunque la tradición de la literatura idílica nos
recuerda que la vida del pastor, tan cerca de la naturaleza, ya mucho tiempo antes era un sueño para los habitantes de la ciudad, el sueño de una vida lejos de la opresión y las preocupaciones de la civilización. Los demás, nosotros -si es que podemos creer a Schiller-, sólo en momentos especialmente agraciados podremos deshacernos de ese yugo. Y estoy pensando, naturalmente, en la "Oda a la alegría":

"Tus encantos vuelven a unir lo que la moda había separado; todos los hombres vuelven a ser hermanos, allí donde aletea tu suave ala."

La "moda" es lo convencional, lo que los griegos llamaban "thesis", por contraposición a la "physis", la naturaleza. Liberados de la opresión de las convenciones -eso dice Schiller-, todos los hombres son iguales. Quizá se haya reprochado con razón al Siglo de las Luces el haber visto esta contraposición con excesivo simplismo. Aunque a tan noble simplificación le debemos el concepto de derechos humanos y humanidad. Pero esa simplificación explica también la reacción del historicismo, que no empezó con Hegel, ni mucho menos. Hoy, doscientos años después, debería estar claro que la polarización entre convención y naturaleza no basta para hacer justicia a toda la variedad de formas existente. Nuestra masa hereditaria consta no tanto de características y capacidades como de disposiciones que en la vida social pueden desarrollarse o atrofiarse. En el animal como en el hombre no todos los desarrollos son reversibles. Algunos se convierten en segunda naturaleza y van formando un tipo determinado de personas, con su mentalidad, sus posibilidades y sus limitaciones.

Quien se dedica a las ciencias del espíritu y se interesa por tan complejos procesos deberá dirigir su mirada a la psicología. Pues por muchas escuelas y tendencias que tenga esa ciencia, todas ellas tienen por divisa las palabras de Alexander Pope: "The proper study of mankind is man". Ahora bien, como la psicología quiere ser una ciencia, no puede aceptar dogma alguno, ni siquiera el de la unidad de la humanidad. Y aun afirmando esto, estoy de parte de aquellos que, contra el relativismo, parten de la hipótesis de que la psique del hombre muestra determinadas constantes, con las que el científico puede contar (23).

Por supuesto que no debemos esperar demasiado de ellas. Quizá sea una perogrullada si decimos que la disposición a moverse de forma rítmica nace con el hombre; pero sin esta disposición no habría ni las diferentes formas de baile ni aquellos perfeccionamientos del ritmo que han florecido de forma tan sorprendente en la música occidental o en la India y que han originado maravillas siempre nuevas en la poesía de todos los países (24).

Estoy convencido de que también las artes plásticas se basan en un fundamento biológico. Y si todos compartimos la tendencia al ritmo, que se expresa en los ornamentos de todos los pueblos, también tenemos en común la alegría por la luz y el brillo. El hombre es un ser fototrópico; si fuéramos fotofóbicos como las termitas, nos hubiéramos apartado de la luz. El poder y lo santo siempre se han servido de lo brillante, lo luminoso. Pero puesto este ejemplo, hay que añadir que sería equivocado explicar el arte del hombre partiendo exclusivamente de reacciones de ese tipo. Sólo el juego entre cumplimiento y ascesis, entre un retardar la satisfacción y una esperanza superada, sólo eso crea lo que llamamos arte, y para ello hace falta sobre todo una tradición, formada con el tiempo, y un prestigio generalizado de la maestría en el manejo de los efectos psicológicos de ese tipo.

Ahora bien, por muy diversos que puedan ser esos efectos, esas estructuras y la sucesión de niveles, no podemos dejar de lado que siempre se trata de tensiones, que surgen de la polaridad primera de toda reacción humana. En cualquier comunidad, un color, un tono musical y también una palabra tienen un tono sensorialsentimental que determina su valor dentro de un sistema. Por supuesto que dicho sistema no se abre al extraño sin que éste se esfuerce por comprenderlo. Pero hay argumentos suficientes para afirmar que hay puntos en común que justifican el esfuerzo. Pues se ve que -por decirlo en términos generales - un tono sensorial encuentra resonancias en otro ámbito sensorial, facilitando la comprensión. En esta convergencia e intercambiabilidad de tonos sentimentales equivalentes se basa la metáfora lingüística (25).

En alemán hablamos de una "helle Freude" (alegría clara), los ingleses dicen "a bright hope", y Eibl-Eibesfeldt nos cuenta que la expresión de alegría entre los eipos de Nueva Guinea es: "El sol luce en mi pecho". Si las termitas tuvieran un lenguaje y fueran consecuentes, tendrían que hablar de una "alegría oscura" y de una "esperanza sombría", puesto que se esconden de la luz. También las personas que viven en el trópico prefieren el fresco al calor y los indios quizá prefieran un recibimiento frío a uno cálido. Pero su Gita compara lo divino con la luz de mil soles.

Nada más lejos de mi intención que el lanzar a los filólogos a la búsqueda de literatura psicológica sobre la metáfora, una literatura que quizá primero tendría que ser escrita (26). Pues -según he aprendido con gran sorpresa- estas ideas ya quedaron expuestas en un libro fundamental para la investigación filológica en lengua alemana, al que puedo hacer referencia: estoy hablando del Deutsches Wörterbuch (Diccionario alemán), fundado por Jacob y Wilhelm Grimm. Fue una feliz casualidad la que me llevó a buscar en ese libro ejemplos de metáforas sinestéticas en que apoyar mis tesis sobre la validez general de ciertas reacciones psicológicas. No hubiera esperado encontrar allí tantos tesoros, también para el psicólogo de la expresión.

Debo recomendarles que busquen la palabra "süb", "dulce", en el libro de los Grimm. Aunque para ello tengan que dedicar todo un día, pues la entrada, con todos sus derivados, ocupa 78 columnas. Pero ya al comienzo se desvela una idea importante: parece que la palabra "dulce" al principio no designaba un sabor, que además después se aplicó a otros campos sensoriales, por ejemplo a "sonidos dulces", una "dulce sonrisa" o una "dulce quietud", sino que parece que la palabra al principio era sinónimo de "agradable", "blando" y "suave", es decir, hacía referencia a un polo positivo del mundo vivencial del que he hablado antes; por eso designa también aquel sabor que biológicamente es agradable.

La palabra queda fijada en este significado fundamentalmente como contraposición a otras percepciones sensoriales, como "amargo" o "ácido", que a su vez hacen referencia a otros mundos vivenciales, a otros mundos sensoriales. También un efecto tan importante en psicología y estética como la saturación lo aclara el Diccionario de los Grimm; tenemos el derivado "süblich", "dulzón", que adquiere un sentido peyorativo, sobre todo desde el siglo XVIII, en que sirve para despertar rechazo, adelantándose al significado de "cursi", que a su vez tanto ha influido en el valor de la palabra "dulce", que hoy no solemos utilizar en un juicio estético, puesto que vivimos en un época en la que el miedo a lo cursi ha llegado a ser algo casi endémico, una época a la que le gusta que una obra de arte "le vaya a contrapelo".

Sería muy de desear que, poco a poco, en pos de la Literatura Comparada se fuera desarrollando una ciencia comparada de la expresión; quizá el estudio de la metáfora fuera el puente hacia el amplio y fascinante campo de la sinestesia, del que es responsable la psicología. Pero todo esto son visiones de futuro. Y prefiero no perderme en ellas, sino resumir con un ejemplo -o al menos intentarlo- lo que en realidad quería decir. Las dos primeras estrofas de una poesía de Simon Dach, del año 1638, quizá les resulten gratas en este contexto, puesto que nos conducen hacia su campo de trabajo, hacia la Filología Alemana. Lleva por título: "El novio a su queridísima novia, cuando ésta le visitó por primera vez en su casa":

"Sedme mil veces bienvenida, mi consuelo y mi sol.
Ay, qué bendición, salud y salvación vienen con vos, mi luz, a mí.
Qué brillo se desata en mi casa ahora con dorados rayos.
Todo os lo ofrecen mis manos, nada hay en mí tan frío
que no pudiera sonreír; hasta las paredes se percatan de vuestra presencia,
vos, que en breve la queréis convertir en oro" (27).

Un hábil filólogo podrá explicarnos qué relación tiene esta poesía con la tradición del epitalamio y qué lugar ocupa dentro de la obra de Simon Dach. También nos dirá que el poeta pone sus palabras en boca de un contemporáneo rico, por encargo de quien compuso el poema. Tenemos, pues, que darla razón a quienes afirman que lo importante es el texto y no los -supuestos- sentimientos del
autor, a los que en este caso ni siquiera tenemos acceso. Pero que lo importante sea el texto no quiere decir que el texto sea absolutamente libre y que podamos permitir a los deconstructores que nos digan que el verso "Qué brillo se desata en mi casa" se refiere a un incendio, lo que para un freudiano fanático a su vez sería síntoma de un miedo inconsciente a que la novia destruya el acogedor y ya acostumbrado carácter de la casa... y un marxista convencido encontraría en la poesía indicios de que ella lo que quiere es vender la casa, puesto que se dice "que en breve la queréis convertir en oro".

En serio: no tenemos por qué permitir que nos vuelvan locos y nos desbaraten nuestra sensación de que podemos entender esos bellos versos -y disfrutar de ellos- tal como estaban pensados, independientemente de que la cultura burguesa del barroco se diferenciara en tantas cosas de la forma de vida actual. Pero, ¿de qué nos serviría la fantasía si no consiguiéramos superar ese abismo? (28). Que a los relativistas de la cultura les quede el gozo de recordarnos que la situación en la que surgió la poesía sería mucho menos comprensible en zonas en que es usual el raptar o comprar la novia o en lugares donde no se vive en casas. Si estas barreras fueran realmente insuperables, por principio, el sueño de Goethe de una literatura mundial sería un sueño vano.

Ese bello término sólo pudo acuñarlo porque de su lectura de Homero y de Shakespeare, de Hafis, de Klidasa y hasta de Plutarco había aprendido que, en el fondo, "todos han sido humanos".

(c) Max Niemeyer Verlag.
(Traducción. Enrique Banús)

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(1) ERNST HANS GOMBRICH O EL ARTE CON MINÚSCULA

Tras el notorio prestigio de Sir Ernst Hans Gombrich se encuentran ochenta años de intensa labor investigadora y docente en materia de historia e interpretación del arte, más de una docena de ya clásicos libros sobre el terna -amén de abundantísimos artículos y notas críticas- y !una larga serie de méritos de autoridad, títulos, nombramientos y reconocimientos internacionales. A todas luces, Gombrich encarna idealmente la figura dei maestro: en su sentido radical y en su acepción más amplia. En él se funden el rigor académico del profesor erudito, la proverbial tenacidad germánica, la elocuencia del orador brillante, la elegancia literaria, el fino escepticismo y el humor británicos, y el talante abierta, la amplitud de intereses, la confianza en la razón y la defensa de los derechos del espíritu característicos del humanismo renacentista.
Traducida a dieciocho idiomas, su Historia del arte ha vendido más de dos millones de ejemplares. Este fenómeno, absolutamente insólito, revela en Gombrich un planteamiento verdaderamente original y una habilidad de divulgador muy poco común, si no realmente única.

Nacido en Viena en 1909, estudió -en las universidades de Viena, Berlín y Basilea- con los grandes hombres de la historiografía del arte de comienzos de siglo. Se sintió vivamente impresionado par la llamada Geistesgeschichte neohegeliana entonces en pleno auge: una corriente de interpretación del arte y de la historia en claves idealistas y totalizadoras que enseguida empezó a ver con recelo y desconfianza. Pronto decidió entregarse al empeño de mostrar sus deficiencias y peligros. Precisamente en relación con sus esfuerzos por desenmascararla, una de las influencias más decisivas para su pensamiento está en la figura de Karl Popper.

Emigrado a Londres en 1986 a causa de la complicada situación política de su país, el joven Gombrich se incorpora al Instituto Warburg, dedicado al estudio de las huellas históricas de la cultura clásica y trasladado también por esas fechas a la capital británica. Desde entonces, su trabajo está íntimamente relacionado con esta institución. Tras un breve paréntesis en su dedicación a ella debido a la guerra, es nombrado sucesivamente Research Fellow (19481954), Reader (1954-1959) y Director (1959-1976).

Su prestigio crece sin interrupción a partir de los años 50; desde entonces es también Professor en las universidades de Londres, Oxford y Cambridge, y dicta cursos en numerosas universidades norteamericanas. Nombrado Sir en 1972, ha recibido a lo largo de su vida numerosos premios y galardones, entre los cuales cabe destacar el W. H. Smith Literary Award (1962), el Premium Erasmianum (1975), el Hegel Prize (1977), y el Premio Balzan (1985) por su contribución al estudio de la historia del arte occidental.

Aparte de su gran éxito editorial, The Story oí Art (1950), entre sus títulos más conocidos se encuentran Art and Illusion. A Study in the Psichology oí Pictorial Representatron (1959), que aborda las relaciones entre psicología y arte, y The Sense oí Order. A Study in the Psychology oí Decorative Art(1979), dedicado al análisis de la ornamentación. Ha publicado además cuatro volúmenes dedicados al arte del Renacimiento: Norm and Form (1966), Symbolic Images (1972), The Heritage oí Apenes (1976) y New Light on Old Masters (1986). Publicado en 1963, Meditations on a Hobby Horse and 0ther Essays recoge diversos artículos suyos dedicados a la teoría del arte; en Ideals and Idols. Essays on Values in History and in Art (1979) se refiere a diferentes aspectos metodológicos y críticos, enmarcándolos con una serie de observaciones generales acerca de los valores en nuestra cultura; y Tributes, Interpreters oí our Cultural Tradition (1984) reúne distintos ensayos dedicados a una serie de autores entre los que se encuentran tanto aquellos de los que se considera a sí mismo más deudor en su formación intelectual, como aquellos -Lessing, Hegel, Freud, etc- a los cuales ha debido enfrentarse más directamente en su trabajo.

JUAN M. OTXOTORENA - En revista Atlántida, Ed. Rialp, 3/1990, pp. 4-15

Agradecemos al autor – Arvo.net 2006-06-22

 

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Junio 2004 - La obra recoge el pensamiento de más de 50 eminentes intelectuales del mundo –algunos ni siquiera ligados directamente al mundo del catolicismo - que, tras reunirse a debatir sobre la Inquisición en un simposio llevado a cabo en 1998 en la Ciudad del Vaticano, llegaron a la conclusión de que la historia oficial nos muestra unos tribunales eclesiásticos mucho más despiadados y agresivos de lo que en realidad fueron. «Durante el siglo XVI, a causa de rumores arrojados desde los círculos protestantes, se difundió en toda Europa la falsa creencia de que los tribunales de la Inquisición fueron despiadados». 

La documentación apodíctica aportada refleja que, de un total de 100.000 procesos, más de la mitad de los acusados fueron absueltos y perdonados, quedando en libertad. Muchos de ellos, sin embargo, fueron posteriormente condenados por tribunales civiles. En España, uno de los países donde más activamente trabajó la Inquisición, de las cerca de 125.000 acusadas de brujería, un total de 59 fueron ajusticiadas. En Italia, país notablemente más poblado, el número baja hasta 36; mientras que en Portugal se reduce hasta cuatro.   

   El libro hace añicos algunos de los grandes tópicos que pesan sobre la historia de la Inquisición. Así, los autores sostienen que no es cierto que la mayoría de los acusados acabasen en la hoguera, como tampoco lo es el que la mayoría de las acusaciones estuviesen basadas en declaraciones obtenidas sometiendo a los prisioneros a la tortura. Los autores de «Inquisición» coinciden en señalar que, en contra de lo que se suele pensar, la mayor parte de las condenas consistían en peregrinaciones, rezos, plegarias u otras penitencias espirituales. Otra de las grandes novedades historiográficas es el intento de explicar el fenómeno inquisitorial contextualizándolo en su época. Así, aclaran, antes de emitir un juicio moral hay que entender cosas como que durante toda la Edad Media la tortura y la pena de muerte eran prácticas habituales. 2004-06-15 Roma – Italia

 

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San Fidel de Sigmaringa - mártir

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica


SAN FIDEL de SIGMARINGA Presbítero y mártir (1578†1622)

El martirio es una gracia permanente en la Iglesia. La sangre cristiana corrió con abundancia a lo largo de los primeros siglos como testimonio de la nueva fe, y más tarde seria derramada, en tiempos modernos, por las Iglesias jóvenes de Extremo Oriente y del Nuevo Mundo.-

Pero, durante la Reforma protestante y el Anglicanismo el martirio cobró una forma nueva, la más dolorosa: en nombre de la fidelidad al Evangelio, unos cristianos llevaban al martirio a otros. Así fue como entregó Fidel su vida por la fe católica.-
Marcos Rey, nacido en Sigmaringen (Alemania) en 1578, hijo del burgomaestre de Sigmaringa, era un joven muy inteligente que ya cursando sus estudios de Leyes en Friburgo de Brisgovia llamaba la atención de todos por sus dotes intelectuales.-

Recibe el sacerdocio a los treinta y cinco años, el 4 de octubre de 1612. Al imponerle el nombre, el P. Guardián, como queriendo jugar con el significado del nombre, le recordó la frase del Apocalipsis: "Sé fiel - Fidel - hasta la muerte y te daré la corona de la vida". –
Se entregó de lleno a su formación teológica pero, sobre todo, a su formación ascética y piadosa: Pasaba horas en la oración y castigaba su cuerpo con rigurosas penitencias. Como superior sucesivamente de varios conventos, se señaló por un amor abrasador y puso sus dotes de orador al Servicio del Evangelio en numerosas misiones populares.-

Se le encomendaron misiones de predicación en tierras de protestantes - Suiza, Austria, sur de Alemania -, fue elegido guardián de los conventos de Feldkirch y Friburgo, tuvo rasgos de abnegado heroísmo durante una epidemia de peste, y convirtió a muchos calvinistas con una caridad que desarmaba a sus adversarios.-
El Papa Gregorio XV había fundado aquellos días - 1622 - la Sagrada Congregación de Propaganda Fide para extender el conocimiento de la doctrina de Jesús por todos los países del mundo.-

El domingo 24 de Abril de 1622 , los herejes protestantes Grisones mientras estaba predicando la palabra de Dios, descargaron una espada contra él, pudo ponerse de rodillas y exclamó: "Jesús, María, valedme" y expiró.
Es el Protomártir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

 

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Cardenal Roger Etchegaray,
durante el acto de presentación del libro
La inquisición, en el Vaticano, el pasado 15 de junio 2004.

 

La Inquisición, de mito a realidad

 

Juan Pablo II ha alentado, en una Carta reciente, la investigación histórica sobre los tribunales de la Inquisición, para que la Iglesia pueda hacer un maduro examen de conciencia, alejado de prejuicios o de apologética propagandista.

 

«La petición de perdón que debe hacer la Iglesia por los pecados de sus hijos a través de la Historia, en particular en el caso la Inquisición, exige conocer con rigor científico los hechos tal y como fueron», considera Juan Pablo II. En respuesta a esta convicción profunda del Santo Padre, lanzada para preparar el gran Jubileo del año 2000, la Santa Sede convocó, a finales de 1998, a historiadores universalmente reconocidos de todos los credos en un Simposio Internacional acerca de esos tribunales eclesiásticos. El pasado 15 de junio fueron presentadas, en la Sala de Prensa de la Santa Sede, las Actas de aquel Congreso.
Para el Papa se trata de un acontecimiento tan importante que, con este motivo, escribió una Carta especial, leída ante los periodistas por el cardenal Roger Etchegaray, ex-Presidente del Comité para el gran Jubileo del año 2000, en la que presenta la actitud con la que la Iglesia debe repasar las páginas de Historia del cristianismo, desde la institución de los primeros inquisidores, por parte del Papa Gregorio IX (1227-1241), hasta la abolición del último de estos tribunales eclesiásticos, el español, en 1834.

«Ante la opinión pública, la imagen de la Inquisición representa de alguna forma un símbolo de antitestimonio y escándalo. ¿En qué medida esta imagen es fiel a la realidad?», se pregunta el Papa; y advierte después: «Antes de pedir perdón es necesario conocer exactamente los hechos, y reconocer las carencias ante las exigencias evangélicas en los casos en que sea así». Por este motivo, el obispo de Roma instituyó, para preparar a la Iglesia al cambio de milenio, una Comisión histórico-teológica del Comité para el gran Jubileo del año 2000, a la que le encomendó esta tarea, y en la que puso al frente a su teólogo de confianza, el actual cardenal Georges Cottier, dominico, teólogo de la Casa Pontificia. «La verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas. Los hijos de la Iglesia deben revisar con espíritu arrepentido la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad. Este espíritu de arrepentimiento comporta el firme propósito de buscar en el futuro caminos de testimonio evangélico de la verdad».
Las Actas del Simposio Internacional
La Inquisición, volumen de 783 páginas, editadas por la Biblioteca Apostólica Vaticana –según aclaró el cardenal Cottier, en su presentación–, sirven para que los teólogos puedan tener elementos de respuesta a preguntas como: ¿Qué significa la paradoja: la Iglesia santa comprende en su seno a los pecadores? «Es obvio –aclaró el purpurado suizo– que una petición de perdón sólo puede afectar a hechos verdaderos y reconocidos objetivamente. No se pide perdón por algunas imágenes difundidas a la opinión pública, que forman parte más del mito que de la realidad».
El libro ha sido coordinado por Agostino Borromeo, experto en Inquisición y Presidente del Instituto Italiano de Estudios Ibéricos, quien, en la rueda de prensa, constató que, «hoy por hoy, los historiadores ya no utilizan el tema de la Inquisición como instrumento para defender o atacar a la Iglesia. A diferencia de lo que antes sucedía, el debate se ha trasladado a nivel histórico, con estadísticas serias. Esto se debe al gran paso adelante que supuso la apertura de los archivos secretos de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio), ordenada por Juan Pablo II en 1998, en donde se encuentra una base documental amplísima».
La Inquisición en España –explicó Borromeo recogiendo datos publicados por las Actas– celebró, entre 1540 y 1700, 44.674 juicios. Los acusados condenados a muerte constituyeron el 1,8%; de ellos, el 1,7% fueron condenados en
contumacia, es decir, no pudieron ser ajusticiados por estar en paradero desconocido, y en su lugar se quemaba o ahorcaba a muñecos.
La cacería de brujas fue mucho más salvaje en el centro y norte de Europa, muchas veces en zonas que acogieron la Reforma.
De los 125.000 procesos de su historia, la Inquisición española condenó a la muerte a 59 brujas. En Italia, fueron 36; y en Portugal, 4.
«Si sumamos estos datos –reveló el historiador, citando fuentes ofrecidas por las Actas–, no se llega ni siquiera a un centenar de casos, contra las 50.000 personas condenadas a la hoguera, en su mayoría por los tribunales civiles, durante la Edad Moderna. Proporcionalmente, las matanzas de brujas más numerosas tuvieron lugar en Suiza (se quemaron a 4.000, en una población aproximada de un millón de habitantes); Polonia-Lituania (unas 10.000, en una población de 3.400.000); Alemania (25.000, en una población de 16.000.000); y Dinamarca-Noruega (unas 1.350, en una población de 970.000).
Borromeo alentó a los investigadores a profundizar en la gran masa de fuentes históricas que ahora son consultables, para superar definitivamente, por una parte, la leyenda negra creada contra la Inquisición en países protestantes, y, por otra, la apologética católica propagandista que surgió como reacción.
Jesús Colina. Roma –

2004. 06. 24 ‘ALFA Y OMEGA. Nº 408 - Semanario de la diócesis de Madrid – España

 

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Vale recordar que en Francia la pena capital continúo siendo ejercida hasta el año 1976; en algunos países africanos la desaparación de brujas persiste hoy por métodos que van del asesinato, envenenamiento, ahorcamiento, o por el fuego a través de armas o fogeras. 2004-06-25

 

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360 mártires entre 1535 al 1631

85 martiri dal 1535 al 1681

† Inghilterra, Galles, Scozia

 

La storia delle persecuzioni anticattoliche in Inghilterra, Scozia, Galles, parte dal 1535 e arriva al 1681; il primo a scatenarla fu come è noto il re Enrico VIII, che provocò lo Scisma d’Inghilterra con il distacco della Chiesa Anglicana da Roma.
Artefici più o meno cruenti furono oltre Enrico VIII, i suoi successori Edoardo VI (1547-1553), la terribile Elisabetta I, la “regina vergine” († 1603), Giacomo I Stuart, Carlo I, Oliviero Cromwell, Carlo II Stuart.
Morirono in 150 anni di persecuzione, migliaia di cattolici inglesi appartenenti ad ogni ramo sociale, testimoniando il loro attaccamento alla fede cattolica e al papa e rifiutando i giuramenti di fedeltà al re, nuovo capo della religione di Stato.
Primi a morire come gloriosi martiri, il 4 maggio e il 15 giugno 1535, furono 19 monaci Certosini, impiccati nel tristemente famoso Tyburn di Londra, l’ultima vittima fu l’arcivescovo di Armagh e primate d’Irlanda Oliviero Plunkett, giustiziato a Londra l’11 luglio 1681.
L’odio dei vari nemici del cattolicesimo, dai re ai puritani, dagli avventurieri agli spregevoli ecclesiastici eretici e scismatici, ai calvinisti, portò ad inventare efferati sistemi di tortura e sofferenze per i cattolici arrestati.
In particolare per tutti quei sacerdoti e gesuiti, che dalla Francia e da Roma, arrivavano clandestinamente come missionari in Inghilterra per cercare di riconvertire gli scismatici, per lo più essi erano considerati traditori dello Stato, in quanto inglesi rifugiatosi all’estero e preparati in opportuni Seminari per il loro ritorno.
Tranne rarissime eccezioni, come i funzionari di alto rango (Tommaso Moro, Giovanni Fisher, Margherita Pole) decapitati o uccisi velocemente, tutti gli altri subirono prima della morte, indicibili sofferenze, con interrogatori estenuanti, carcere duro, torture raffinate come “l’eculeo”, la “figlia dello Scavinger”, i “guanti di ferro” e dove alla fine li attendeva una morte orribile; infatti essi venivano tutti impiccati, ma qualche attimo prima del soffocamento venivano liberati dal cappio e ancora semicoscienti venivano sventrati.
Dopo di ciò con una bestialità che superava ogni limite umano, i loro corpi venivano squartati ed i poveri tronconi cosparsi di pece, erano appesi alle porte e nelle zone principali della città.
Solo nel 1850 con la restaurazione della Gerarchia Cattolica in Inghilterra e Galles, si poté affrontare la possibilità di una beatificazione dei martiri, perlomeno di quelli il cui martirio era comprovato, nonostante i due - tre secoli trascorsi.
Nel 1874 l’arcivescovo di Westminster inviò a Roma un elenco di
360 nomi con le prove per ognuno di loro.
A partire dal 1886, i martiri a gruppi più o meno numerosi, furono beatificati dai Sommi Pontefici, una quarantina sono stati anche canonizzati nel 1970.
Per altri 85 nel 1987, si sono conclusi gli adempimenti necessari e così il 22 novembre 1987 papa Giovanni Polo II li ha beatificati a Roma, con il capofila Giorgio Haydock, confermando il giorno della loro celebrazione al 4 maggio.
Di essi 63 sono sacerdoti, di cui 2 gesuiti, 1 domenicano, 5 francescani e 55 diocesani; gli altri 22 sono laici, fra cui il tipografo William Carter.

 

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La Inquisición española es sinónimo, a ojos del gran público y de la historiografía habitual, de denuncias infundadas, encarnizamiento en convencer del crimen, ausencia de abogados defensores, sentencias emitidas por adelantado, oprobio del condenado y de los suyos, abominable ejecución en las llamas purificadoras sin réplica posible: mencionando la Inquisición se condensa el oscurantismo y la crueldad mayores que puedan concebirse. Jean Dumont, el gran hispanista especializado en los siglos XV a XVIII, se propone en Juicio a la Inquisición española dar una oportunidad de defensa a la acusada. Para ello, no acude principalmente a la bibliografía histórica, sino a los documentos, los archivos, y las obras de pensamiento y literatura de la época. El resultado es sorprendente y polémico, pero del máximo interés para quien no se conforme con una historia construida sobre tópicos. Jean Dumont nació en Lyon en 1923. Licenciado en Historia y Filosofía en Lyon y en Derecho en París, prefirió desarrollar su trabajo como historiador fuera del ámbito académico, en contacto directo con los archivos. Infatigable autor, editor y director de más de mil obras de historia, descubrió importantes archivos españoles inéditos y es considerado en España y América como uno de los maestros de la historia hispánica de los siglos XV-XVI. Sus obras han merecido grandes elogios de los especialistas más autorizados de todo el mundo. Entre sus libros traducidos al castellano, entre otros, se encuentran, además deJuicio a la Inquisición española, La Iglesia ante el reto de la HistoriaEl amanecer de los derechos del hombreLa «incomparable» Isabel la Católica,Lepanto, la historia oculta y La hora de Dios en el Nuevo Mundo, todos ellospublicados en Encuentro.

 

Un congreso desmiente la leyenda negra de la inquisición en España

 

Marta Borcha - Madrid.-
«La inquisición se ha visto afectada históricamente por esa visión simplista de que la España de finales del siglo XV era un país de convivencia idílica entre judíos, moros y cristianos, y en el que la Inquisición se impuso de repente», señaló el profesor José Antonio Escudero, que ha coordinado el III Congreso Internacional sobre la Inquisición, «Los problemas de la intolerancia: Orígenes y etapa fundacional», en el que han participado 60 historiadores de universidades de todo el mundo, y que se ha celebrado este fin de semana en Madrid y Segovia. «Con independencia del rechazo de la sociedad hacia lo herético, o los graves problemas entre los judíos y cristianos», mantiene Escudero, la inquisición no irrumpió como una fenómeno nuevo en la época de los Reyes Católicos: «La Inquisición española hay que inscribirla dentro de un proceso histórico que ya tenía sus antecedentes». Escudero insiste en defender que «es necesario entender la inquisición española dentro del contexto en que existió»... 
 

2004-02-23 – LA RAZÓN. ESP.

 

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 -PURITANISMO -  El puritanismo aparece en el contexto de la historia religiosa de Inglaterra después de la reforma. En el «Acta de supremacía» ( 1534), Enrique VIII (1491-1547) separó la Iglesia de Inglaterra de Roma, no va por los motivos teológicos que aducían los luteranos, los calvinistas y los otros movimientos de la Reforma continental, sino más bien para obtener en su reino la supremacía sobre la Iglesia. Sin embargo, ya desde el principio, las ideas teológicas de la Reforma continental conquistaban en Inglaterra a un número cada vez mayor de personas en el clero y en el laicado. Se advertía, por otra parte, que el nuevo orden religioso, establecido por la hija de Enrique VIII, Isabel 1 (1533-1603), mantenía aún demasiadas cosas de la doctrina, de la estructura episcopal y de la liturgia de la Iglesia romana. Surgieron entonces individuos que querían "purificar» a la Iglesia de Inglaterra de todos los vestigios del papismo (de ahí el nombre de puritanos) y adoptar una reforma más radical, especialmente según el modelo de la Ginebra de Calvino, adonde habían huido cierto número de exponentes puritanos durante el breve restablecimiento del catolicismo bajo la reina María (1553-1558).

Los puritanos resistieron a los intentos de Isabel 1 en 1564 de imponer la uniformidad en la práctica litúrgica según el Libro de la oración común.

Preferían un servicio cultual más simplificado, que se desembarazase del boato tradicional heredado de la tradición romana. Muy pronto algunos de sus exponentes- como Thomas Cartwright ( 1535- 1603), defendieron la forma presbiteriana de la estructura eclesial de Calvino, basada en los consejos locales del clero y de los laicos más bien que en la- estructura episcopal de la Iglesia establecida. Algunos puritanos partieron a América, recién descubierta, con la esperanza de crear en la Nueva Inglaterra aquel santo Commonwealth que pudiera servir de ejemplo para la «vieja» Inglaterra. El espíritu puritano era característico de los primeros colonos ingleses de América.

Los puritanos creían que la Iglesia era una comunidad voluntaria de individuos, unidos mutuamente por un pacto con Dios y entre ellos mismos.

Esta visión de la Iglesia les llevó a dar importancia y prioridad a la comunidad local. Posteriormente se unieron a otros disidentes de la Iglesia anglicana y se les conoció como "congregacionalistas ». Los puritanos subrayaban la necesidad de la conversión para redimirse del pecado y exigían una rigurosa vida moral, estimulada por la predicación que amenazaba a los cristianos rebeldes con los castigos de Dios. Heredaron de la teología calvinista un fuerte sentido de la predestinación y de la elección, llegando a considerar el éxito material como un signo del favor de Dios. Recientemente, aquellos descendientes de los puritanos conocidos como congregacionalistas han sido muy activos en el movimiento ecuménico y han buscado frecuentemente la fusión con otras Iglesias cristianas.

W Henn

Bibl.: Puritanismo, en ERC, VI, 390-391 : E Iserloh, El cisma inglés y la reforma protestante en Inglaterra, en H. Jedin (ed,), Manual de historia de la Iglesia, V, Herder, Barcelona 1972, 460-475,

http://www.mercaba.org/DicT/profecia.htm

 

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Cuando se comete un pecado, individual o colectivo, sólo aquel individuo o los miembros de esa comunidad deben ser considerados responsables y no otros. Santa Sede 2004-03-08.

 

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El Señor domina desde las  alturas":  "camina  sobre el mar y aplaca las olas" (Esposizioni sui salmi, III, Roma 1976, p. 231).


 

Sin amor no se puede comprender la Iglesia; en ella tiene lugar una nueva relación entre Dios y el ser humano. 



Tras la muerte y resurrección de Cristo, en la Iglesia tiene lugar una nueva relación entre Dios y cada hombre y mujer.


El don de la participación en la vida de la Trinidad se expresa en una nueva relación entre Dios y el hombre; el elemento principal de esta relación es la Iglesia.

 

La Iglesia, que Jesús vino a fundar sobre la Tierra, es la comunidad de los hijos que son tales en el Hijo, amados en el Amado. Es la Iglesia del amor.


Todo en la Iglesia viene del amor de la Trinidad. El corazón de la Iglesia es el «ágape», el amor que viene de lo alto y regresa a lo alto, convirtiéndose en la regla de vida de los discípulos de Jesús.


La Iglesia procede de Dios, de la Trinidad; Dios ha tenido tiempo para el hombre y los días del hombre se han convertido en el tiempo penúltimo, ese mientras, que tiene lugar entre la primera venida y su regreso.

En la escuela de María aprendemos a actuar siguiendo a Aquel que nos ha revelado al Dios Trinidad Amor, es decir, en la caridad.

Monseñor Forte – teólogo. Vat. 2004-03-03.

 

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islam – ideología-religión peligrosa para la pazEl peligro que supone para Occidente la expansión de una ideología- religión completamente reñida con lo que son la paz, los derechos humanos y la democracia. Don César VIDAL - Dr. en historia antigua, dr. en filosofía, dr. en teología, licenciado en derecho. Autor de más de 100 libros, articulista, comentarista, catedrático. 2004.

 

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‘Pasarán las cosas, oh Dios, pasarán las cosas y pasaré también yo; ¡Tú nunca pasarás, Tú, amor eterno!’

 

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Recristianizar una sociedad cada vez más pagana no será fácil.

Y las sectas escondidas detrás de máscaras ‘pesudo-cristianas’,

progresan en el carnaval de la ignorancia materialista y hedonista.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

«La crisis medioambiental es un desafío moral». Sobre «El desarrollo sostenible, la crisis medioambiental nos llama a examinar cómo usamos y compartimos los bienes de la tierra y qué pasaremos a las generaciones futuras». «Los poderes cada vez más amplios del ser humano sobre la naturaleza deben estar acompañados por una así mismo amplia responsabilidad respecto al ambiente», observó. Según la delegación vaticana, «proteger el medio ambiente significa más que defenderlo». Implica «una visión más positiva del ser humano, en el sentido de que a la persona no se la considera un problema o una amenaza para el medio ambiente, sino un responsable del cuidado y la gestión del mismo». Arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas. 2007.X.31

 


 

Gracias por venir a visitarnos 

 


Predicación y fidelidad de la Iglesia Católica a la revelación de Cristo:

“No podemos callar lo que hemos visto y oído” (He 4, 20).

 

Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

Recomendamos vivamente: ‘La verdad sobre El Código Da Vinci’.
José Antonio Ullate. LibrosLibres. Madrid, 2004.  189 pp. €13,95

 

Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX.

 

"En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios" (Juan 1,1); aquí está la novedad inaudita y humanamente inconcebible: "Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros" (Juan 1,14a). ¡No es una imagen retórica, sino una experiencia vivida! La refiere Juan, testigo ocular: "hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad" (Juan 1,14b). No es la palabra erudita de un rabino o de un doctor de la ley, sino el testimonio apasionado de un humilde pescador que, atraído cuando era joven por Jesús de Nazaret, en los tres años de vida común con Él y con los demás apóstoles, experimentó el amor --hasta el punto de definirse a sí mismo "el discípulo al que Jesús amaba"--, le vio morir en la cruz y aparecerse resucitado, y recibió junto a los demás su Espíritu.

 




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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).