Wednesday 8 September 2010 | Actualizada : 2010-08-31 
Inicio > Familia > Amor - 1º no tiene calendario; laicos “Sin mí, no podéis hacer nada.”Jn 15,5
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«El amor, cuando es amor, se acrecienta con el tiempo más. Por tanto, si quiere Dios, moriremos de felicidad»: así decía una postal, allá por los años 60, que un marido dedicaba a su mujer, en el día de San Valentín. El autor de este testimonio, doctor Romero Velasco, de Barcelona, explica cómo ha vivido y vive el amor en el eterno matrimonio con su mujer, a pesar de que la distancia entre el cielo y la tierra les separe

 

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ÁMENSE Como yo os he amado.

¿Dónde está la novedad a la que se refiere Jesús? Radica en el hecho de que él no se contenta con repetir lo que ya había exigido el Antiguo Testamento y que leemos también en los otros Evangelios: "Ama a tu prójimo como a ti mismo" (Lv 19, 18; cf. Mt 22, 37-39; Mc 12, 29-31; Lc 10, 27). En el mandamiento antiguo el criterio normativo estaba tomado del hombre ("como a ti mismo"), mientras que, en el mandamiento referido por san Juan, Jesús presenta como motivo y norma de nuestro amor su misma persona: "Como yo os he amado".

Así el amor resul
ta de verdad cristiano, llevando en sí la novedad del cristianismo, tanto en el sentido de que debe dirigirse a todos sin distinciones, como especialmente en el sentido de que debe llegar hasta sus últimas consecuencias, pues no tiene otra medida que el no tener medida.

Las palabras de Jesús "como yo os he amado" nos invitan y a la vez nos inquietan; son una meta cristológica que puede parecer inalcanzable, pero al mismo tiempo son un estímulo que no nos permite contentarnos con lo que ya hemos realizado. No nos permite contentarnos con lo que somos, sino que nos impulsa a seguir caminando hacia esa meta.

Ese áureo texto de espiritualidad que es el librito de la tardía Edad Media titulado La imitación de Cristo escribe al respecto: "El amor noble de Jesús nos anima a hacer grandes cosas, y mueve a desear siempre lo más perfecto. El amor quiere estar en lo más alto, y no ser detenido por ninguna cosa baja. El amor quiere ser libre, y ajeno de toda afición mundana (...), porque el amor nació de Dios, y no puede aquietarse con todo lo criado, sino con el mismo Dios. El que ama, vuela, corre y se alegra, es libre y no embarazado. Todo lo da por todo; y todo lo tiene en todo; porque descansa en un Sumo Bien sobre todas las cosas, del cual mana y procede todo bien" (libro III, cap. 5).

¿Qué mejor comentario del "mandamiento nuevo", del que habla san Juan? Pidamos al Padre que lo vivamos, aunque sea siempre de modo imperfecto, tan intensamente que contagiemos a las personas con quienes nos encontramos en nuestro camino.

 

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El amor no tiene calendario ni cuentakilómetros

 

 «El amor, cuando es amor, se acrecienta con el tiempo más. Por tanto, si quiere Dios, moriremos de felicidad»: así decía una postal, allá por los años 60, que un marido dedicaba a su mujer, en el día de San Valentín. El autor de este testimonio, doctor Romero Velasco, de Barcelona, explica cómo ha vivido y vive el amor en el eterno matrimonio con su mujer, a pesar de que la distancia entre el cielo y la tierra les separe.

 

Lo hemos oído siempre, y mucho insistimos en nuestro matrimonio ante una reunión o encuentro, más o menos religioso (a veces en la querida caseta de feria), que el amor existe y vive fructíferamente con independencia del calendario o el reloj.
Afirmamos claramente que poco del amor que leemos puede decirse que lo es; la pasión amorosa, juvenil o senil, la pareja estable, la sentimental, el rehacer su vida, resolver una situación rota o angustiada, y muchos etc… Si todo ello queda englobado como amor, se nos desdibuja el amor intenso, profundo y eterno, que nadie duda es el vivido en pareja con su común referencia espiritual, que para el cristiano será Dios. Resulta curioso que su ineludible sentido de fidelidad absoluta es aceptado y obvio para toda pareja; sólo tenemos que imaginarnos que, en la ceremonia, nos dijeran: «¿Quiere usted a Fulanito/a en las alegrías y tristezas, etc… durante cuatro años, tres meses y diez días?» ¿Qué responderíamos?
Hoy tenemos que aceptar una línea de moral, conducta o criterio, en especial para irnos dirigiendo hacia nuestros proyecto de vida futura; tenemos que asentar las bases para asumir esa línea que transcurre entre la actividad sexual y el amor, desgraciadamente hoy bien diferenciada. Dios creó hombre y mujer y con sus atributos anatomofisiológicos, pidiéndoles fundamentalmente amarse y repoblar al mundo. Pero hay una segunda parte que debo hacer constar: se trata de que ese amor citado, va unido consustancialmente al respeto a la persona, y así, de forma sencilla, afirmamos y creemos que, si Dios nos manda amarnos, es como añadir: y respetarnos, ya que nadie que ama es capaz de violencias, rencores, violaciones, etc… ¡Qué fácil parece y qué bien viviríamos todos!
La palabra amor, que es el motor de toda nuestra vida, comprende por consiguiente numerosas cosas: amar, sin pretender cambiar al cónyuge, sino tal como es, capacidad de renuncia, atención, comprensión, sinceridad, y muy unido a la tolerancia. Cuidemos, por tanto, siempre el amor, sea conyugal o familiar y de amistad, y con exquisito cuidado. Realmente, en el grado de cuidado, obtendremos el grado de paz y alegría; alta jerarquización, pues el resto puede desvalorizarse sin afectar a la personalidad de cada uno. No son sacrificios grandes, como donar un riñón, sino pequeñas renuncias o complacencias, pero continuas, como peremne actitud ante el ser que se ama. Y en el lenguaje que obremos, así recibiremos.
Hay una vieja anécdota, muy citada y conocida, pero ahí va para el lector joven. Es una simple historia de amor y no en Nueva York, sino en un mísero pueblo hindú; era una pareja ya entradita en años, tan pobres que ella nunca iba a peluquerías, y él andaba siempre con su cachimba en la boca, pero vacía. He aquí que llega la fecha de sus Bodas de Plata, y en su intimidad desean celebrarlo y regalarse un recuerdo. Como no tenían dinero, él vende su cachimba y ella vendió su gran y hermosa cabellera; sacaron así unas rupias con ilusión. Llega el día a celebrar, se abrazan y se dan sus modestos regalos: ella le había comprado un paquete de tabaco, y él, un peine. Nunca leí una historia de amor tan bella y que compendia todo lo que sobre el amor conyugal pudiera decirse.
Resumiendo, el amor conyugal tiene que ser lo más grande que hagamos en la vida. Cuando me fui a casar, pregunté a un viejo amigo un consejo, y me respondió: «El que se casa bien todo lo hace bien, y el que se casa mal todo lo hace mal». ¡Más simple y real no cabe!
Hagamos pues un proyecto de vida de amor y aseguraremos la dicha y la eternidad; en mi caso, ella me precedió hace algo más de un año y no la lloré ni me apené, pues era mayor el gozo de saber que disfrutaba de Dios Padre y que me esperaría. «Guárdame sitio», le decía yo en sus últimos momentos. En esta esperanza debemos vivir y hacer bien.

Enrique Romero Velasco - 2003-10-04

 

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Los laicos, que desempeñan parte activa en toda la vida de la Iglesia, no solamente están obligados a cristianizar el mundo, sino que además su vocación se extiende a ser testigos de Cristo en todo momento en medio de la sociedad humana. Los obispos, que han recibido la misión de gobernar a la Iglesia de Dios, prediquen, juntamente con sus sacerdotes, el mensaje de Cristo, de tal manera que toda la actividad temporal de los fieles quede como inundada por la luz del Evangelio. Con su vida y con sus palabras, demuestren que la Iglesia, aun por su sola presencia, portadora de todos sus dones, es fuente inagotable de las virtudes de que tan necesitado anda el mundo de hoy.
Aunque la Iglesia, por la virtud del Espíritu Santo, se ha mantenido como esposa fiel de su Señor y nunca ha cesado de ser signo de salvación en el mundo, sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, clérigos o laicos, fieles al Espíritu de Dios. Sabe también la Iglesia que aún hoy día es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros a quienes está confiando el Evangelio. Dejando a un lado el juicio de la Historia sobre estas deficiencias, debemos, sin embargo, tener conciencia de ellas y combatirlas con máxima energía para que no dañen a la difusión del Evangelio. De igual manera comprende la Iglesia cuánto le queda aún por madurar, por su experiencia de siglos, en la relación que debe mantener con el mundo.
Dirigida por el Espíritu Santo, la Iglesia, como madre, no cesa de exhortar a sus hijos a la purificación y a la renovación para que brille con mayor claridad la señal de Cristo en el rostro de la Iglesia.
Constitución Gaudium et spes, 43 – VATICANO II

 

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Amar con condiciones

¿Qué se entenderá hoy, por amar con toda la fuerza que significa hacerlo? Tantas guerras, tantos conflictos, tanta corrupción. ¿Es que faltará el suficiente altruismo y magnanimidad para afrontar la vida, o sobrará egoísmo? El ingrediente de la confianza, para amalgamar las relaciones humanas, parece perdido. Y tal vez ni siquiera se busque mucho. Y eso parte desde las células más pequeñas de relaciones, como la familia.

Cada vez más se escuchan comentarios sobre la forma de encarar las relaciones familiares, especialmente sobre la perdurabilidad de ésas relaciones y la predisposición para afrontarlas. Y note que se ha transformado en un clásico el manifestar el miedo al famoso «para toda la vida». Se lo considera una ingenuidad impropia de los tiempos actuales.

Si analizamos un momento, lo que en realidad representa ese miedo es básicamente, un real miedo a vivir, un pánico a los riesgos, a las dificultades, a los sacrificios, ya que implica, solapadamente, una patética desesperación de salvar los propios egoísmos.

El que ama con condiciones, en realidad no ama, sino que busca primero, ser amado.

Es una cosa muy distinta. Es manejarse con una raquítica reciedumbre moral.

No asumir compromisos de durabilidad o condicionarlos a circunstancias, además remotas e impredecibles, significa de antemano, suponer una derrota o frustración.

Notemos bien que ésta actitud, pretende liberarse de límites de acción, para, paradójicamente, auto limitarse a la parálisis de la duda. Y lo grave, diría yo, que no es dudar sólo de agentes externos o circunstancias, sino fundamentalmente dudar del otro o de los demás, incluso dudar de sí mismo. Entonces, se desarrolla esa predisposición de desertar del objetivo de construir algo sólido, anteponiéndolo al esfuerzo de enfocar las soluciones para consolidarlos. Es dejarse arrastrar por las circunstancias, como veletas.

Hay que entender bien que ésa actitud no significa ser víctima. Significa ser cómplice. Es como si estuviera llamando los problemas.

Tome en cuenta, que ése temor a «para toda la vida», o condicionar las acciones o emprendimientos para resguardarse de problemas, es una actitud nefasta para afrontar cualquier cosa en la vida. Es siempre encarar lo que se pretende a la defensiva de las dificultades e ingeniarse para desligarse de sacrificios y obligaciones. Laxos de espíritu,

esos personajes son los que en general quieren que existan leyes y normas, pero asegurándose que exista también un mecanismo para neutralizarlas a su antojo. Así, por supuesto, es más fácil y menos riesgoso no encarar un matrimonio en serio, sino simplemente convivir, «juntarse», sin ataduras de común acuerdo. Y lo triste es que se admita ser amado condicionadamente. ¿Se imagina cómo puede fiarse del otro, alguien quien siempre supone la posibilidad de ruptura?

Imagínese por ejemplo un clavadista, esos deportistas que efectúan saltos enormes lanzándose al agua, incluso desde rocas altísimas «clavándose» literalmente en el mar. Eso conlleva grandes riesgos y disciplina, ya que exige una coordinación entre la fuerza del salto, la distancia de separación a las rocas, el viento, el movimiento de subida y bajada del agua al romper las olas en la costa rocosa. Sobre todo hace falta mucho arrojo y valentía. Una vez en el aire, no hay vuelta atrás.

Ahora le pido que imagine al mismo clavadista ponderando todas ésas cosas, y que quiera reducir o anular los riesgos, emprender la bajada en forma más segura, poniendo entonces «condiciones» para realizar la acción. Entonces comienza a bajar por las rocas mismas, crispándose con las manos y los pies, bajando de a poquito, mirando hacia abajo, y viendo de dónde se sostiene que sea más fuerte y seguro. Como escalando hacia abajo. Como queriendo volar sin alas. Lo gracioso además, es que no sería nada raro que se jacte después, de «haber llegado al agua».

Puedo asegurarle que ése modo de actuar es toda una mentalidad, que poco a poco va conformando a un pusilánime existencial, con una gran cobardía ante el futuro.

Es quedarse en la orilla de la grandeza de los emprendimientos, y «esos de la orilla — como escribe Jesús Urteaga— recibirán las burlas de los hombres de tierra firme, y el mismo mar los salpicará con su desprecio».

Notemos que lo realmente penoso, no es escapar de los miedos haciendo desaparecer los problemas o escondiéndose, engañándose uno mismo, sino la incapacidad de abnegación y coraje, para darse a los demás, para afrontar lo que «se ponga adelante» con confianza en los demás y en si mismo. No en forma temeraria, sino valiente.

En definitiva, esto no es otra cosa que afrontar la vida con confianza en Dios, hoy tan olvidado para saltar a la vida y vivir con trascendencia.

Amar con condiciones es borrar la confianza. Es, en cierta forma, negar a Dios. Significa «nunca» arreglar el mundo.

Nunca olvide que la cobardía es el miedo consentido, y que el valor, es el miedo dominado.

No tenga vergüenza de tener miedo, todos lo tienen. Pero domínelo, sea un clavadista en la vida. . . Dios lo cuida.  IX.2009


Gabriel Mario Castagneto Nacido en Buenos Aires, Argentina, el 7 de diciembre de 1946. Está casado desde 1976 y tiene 7 hijos.

Arquitecto egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1971, con más de 35 años de trayectoria en el ámbito nacional e internacional.

Como docente, se desempeñó en las Cátedras de Diseño y de Historia de la Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Belgrano. También, dictó cursos pre --universitarios en el Colegio Universitario YCUA, en Asunción, Paraguay.

Además, ha dictado cursos en distintas instituciones educativas, entre ellas, la Universidad Austral.

Además de su labor como arquitecto, ha escrito numerosos artículos en distintos medios, como por ejemplo en el diario ABC de Paraguay y en Prensa Argentina.


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Descubrirse asi mismo una experiencia personal

El siglo de las luces nos dejo muy arraigada la idea de que el hombre puede comprenderlo todo a través de la razón. Y efectivamente en la búsqueda del hombre por responder las cuestiones fundamentales de su existencia ha desarrollado a lo largo de la historia un camino intelectual en el que ha tratado de plasmar las respuestas creando así un sinnúmero de saberes y propiciando en el corazón del hombre el sentido de su existencia.

En este largo sendero de búsqueda resulta una paradoja el siguiente hecho: que para descubrir el sentido de la vida misma es necesario descubrirse a sí mismo y para descubrirse a sí mismo es indispensable comprender el sentido de la propia existencia. Y es justo en esta dilucidación donde entran en juego todos los saberes que el hombre ha puesto al servicio de la verdad y que orientarán rectamente el despliegue de toda la estructura personal para situarse frente al mundo y así progresar, realizarse y ser feliz. Y cuando «el ser humano se sorprende al descubrirse inmerso en el mundo este asombro es el que le permitirá vivir una existencia verdaderamente personal» (JP II).

He aquí uno de los problemas de la actualidad. El ser humano está tan inmerso en el mundo que ha dejado de sorprenderse y la consecuencia es el abandonado de su existencia personal. Por ello hoy la masificación, la colectividad y lo impersonal ha tomado tanta fuerza. Las respuestas a las preguntas existenciales que el hombre de todas las épocas se plantea hoy se las responde desde la abrumadora carga informativa que la tecnología le provee y además la posiciona sólo a un nivel de información, no la hace verdaderamente suya y por tanto no afecta su existencia personal, marcando el sentido de su vida lo inmediato y lo fugaz, pensando que conoce muchas cosas pero es incapaz de centrarse en las verdaderamente importantes.

En este contexto podemos claramente situar a la razón en su verdadero lugar. Cuando se le desprecia el hombre se confunde, su voluntad se debilita y la vida sentimental deviene en un movimiento sin dirección fija, pues es propio de los sentimientos que sean conducidos por la luz de la razón y cuando esto no sucede, como el sentimiento necesita una dirección, cae bajo la orientación de la sensibilidad provocando el hundimiento personal en un vacío existencial. Cuando se le exalta y sobrevalora el hombre se enorgullece vanamente y no acepta otro tipo de conocimiento y rechaza como falso e inútil todo aquello que no es racional y su vida se transforma en un idealismo que rompe en meras estructuras dialécticas, se impone su mentalidad positivista destruyendo al paso la metafísica y la moral y la razón de su propia vida es un nihilismo donde lo único valido son las sensaciones, lo efímero, no asume ningún compromiso definitivo y pone como director de la propia vida los sentimientos a pesar de creer en la razón.

Solo por la recta razón y reflexionando críticamente sobre los datos que le arrojan los sentidos puede alcanzar la causa que da lugar a toda realidad sensible (JP II) situándose así frente al mundo para conocerlo, desentrañarlo y descubrirlo, dándose así la oportunidad de descubrirse a sí mismo en él. Pero sólo con su afectividad y todos los sentimientos que allí se encierran el hombre puede enfrentarse interiormente a este mundo, sorprenderse y dialogar con él atreviéndose a traspasar el límite del conocimiento natural y vincularse finamente al conocimiento que sólo puede alcanzar la fe, ya que sólo el conocimiento intelectual iluminado por la fe trasciende la limitación humana. IX.2009 www.conoze.com

Thelma Ocampo Fuentes

 

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Tener conversación

«Había otras causas de esa soledad —escribe Dorothy Parker— que se remontaban muy atrás, a cuando eran novios. Ella trató de recordar de qué hablaban antes de casarse, cuando estaban prometidos, y le pareció que nunca habían tenido gran cosa que decirse. Pero antes, eso no le preocupaba, e incluso experimentaba la satisfacción de que su noviazgo iba bien, pues siempre había oído decir que el verdadero amor no se expresa con palabras. Además, en aquel entonces los besos y tonteos les tenían siempre ocupados. Pero resultó que el verdadero matrimonio parecía ser igualmente silencioso, y al cabo de siete años de vida en común no es posible confiar en los besos y en todo lo demás para llenar los días y las noches.»

Antonio Vázquez ha escrito que el matrimonio es, entre otras cosas, cincuenta años de conversación. Que es preciso cultivar el deseo de conocer y conocerse, de intercambiar impresiones, de comunicarse. Por eso, quienes desde el noviazgo centran sus aspiraciones en el atractivo físico, o en el sexo, y construyen sobre eso una relación sin mucho más cimiento, bien pronto se encuentran con el aburrimiento y la soledad.

En absoluto quiero con todo esto proponer un rechazo puritano al cuerpo, sino simplemente poner la atención en la necesidad de cultivarse, de tener conversación, de formarse opinión sobre las cosas, de tener áreas de interés amplias, de ganar en profundidad interior. Quien no cultiva esa profundidad interior, acaba siendo una persona superficial, frívola, reducida a los primeros estratos de la vida, y que pasa por ella como si estuviera en una apresurada visita. Se convierten poco a poco en gente ficticia, con pocas ilusiones de cierto fuste, guiados casi siempre por los comportamientos de su entorno, encuadrados dócilmente en las costumbres de moda.

Es llamativo comprobar cómo el espíritu de algunos hombres y mujeres envejece prematuramente por esa superficialidad, y en cambio otros permanecen jóvenes y animosos hasta el final de sus días. Por eso debemos hacer lo posible para que no se detenga un día el reloj de nuestra vida, y para que, si alguna vez vemos que se detiene, sepamos ponerlo de nuevo en marcha cuanto antes. Todos tenemos dentro muchos recursos aún sin usar, talento que no hemos aprovechado, fuerzas que nunca hemos puesto a prueba. Por eso, por muy ocupados o cansados que estemos, no podemos dejar de avanzar, de aprender y de ser receptivos a las ideas de otros.

Para tener conversación hay que aprender a escuchar. Y a veces no lo hacemos porque estamos demasiado ocupados recordando algo que tiene que ver con lo que nos cuentan, y lo estamos preparando para soltarlo en cuanto haya una pausa. Y quizá son conversaciones animadas, en las que unos a otros se quitan la palabra, pero en las que apenas se escucha.

La conversación hay que buscarla. No podemos quedarnos ahí, esperando a que llegue. Hay que buscarla con inteligencia. Y para ello, quizá lo primero es no querer presumir de inteligente, no tener la petulancia de querer demostrarlo a cada momento, sino mostrarnos abiertos y receptivos, de modo que ampliemos cada día nuestro abanico de intereses.

No podemos conformarnos con esas conversaciones excesivamente convencionales cuyo principal protagonista es el tópico. No podemos ser de esas personas que, cuando se encuentran contigo, cruzan dos o tres frases de compromiso, pero enseguida tienen que despedirse, pretextando un pequeño quehacer, porque, en realidad, tienen tan poca conversación que casi nada les interesa, se aburren, y no saben qué decir.

Las buenas conversaciones dejan siempre poso, y cuando la conversación ha pasado, vienen de nuevo a la memoria las ideas, los argumentos expuestos por unos y otros, y por uno mismo, y se nos ocurren nuevas ideas, y nace la ilusión de continuar esa conversación, ese encuentro.

IX.2009 www.conoze.com

 

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Recuperar familia y misterio

Me narraban una conversación sostenida con un católico, hijo de madre de su misma religión y padre musulmán. Como conocedor de los dos cultos, le preguntaron por las posibles causas de algunas conversiones de católicos al Islam. No siendo un experto, aducía dos posibles razones: el valor que el islamismo concede a la familia y al misterio. Me ha hecho pensar.

Se ha acusado al catolicismo de resolver cualquier dificultad de comprensión apelando al misterio. Es cierto que, si bien la fe no es abarcable por la inteligencia humana, la teología busca entender hasta donde es posible. Sin embargo, un Dios sin misterio no es Dios: sería a medida del hombre, un pobre dios. El misterio ha de brillar particularmente en la liturgia de la Iglesia. Dios es misterio y, si el hombre necesita a Dios, necesita del misterio, ha de encontrarse con lo inefable, incomprensible, invisible, inalcanzable. La liturgia pobre surgida al socaire de aquel mal llamado espíritu postconciliar, se dedicó frenéticamente a una desmitificación desacralizante, por pérdida de lo mistérico en aras de una mejor comprensión. Más que culto a Dios, la liturgia buscó entretenimiento a los asistentes. Pero todo el arte litúrgico ha de evocar y glorificar, en la fe y la adoración, el Misterio transcendente de Dios. La adoración es el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida, que es el Amor. Ver al sacerdote no es lo principal, sino que todas las miradas —sacerdote y fieles- se dirijan hacia el Dios oculto.

La participación activa aconsejada por el Vaticano II, se interpretó de un modo superficial -como también señaló Ratzinger-, pues con frecuencia se limitó a gestos exteriores para poner en acción a cuantas más personas, mejor. Sin embargo, en el momento principal —la plegaria eucarística-, la acción humana pasa a segundo término dejando paso a la acción divina, cuando el sacerdote habla con el Yo del Señor: esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre, con conciencia de que no habla por sí mismo, sino por el sacramento recibido que lo convierte en la voz del Otro, quien ahora habla y actúa (cfr. El espíritu de la liturgia). Habla el sacerdote en virtud del sacramento del orden, pero la participación es de todos en el sentido de que no la realiza hombre alguno, sino Dios mismo. Otras acciones externas —liturgia de la palabra, canto, ofrendas, etc.- pueden distribuirse adecuadamente, pero distinguiéndolas de la celebración sacramental en sentido estricto.

Resta poco espacio para la familia y no sé si la islámica será un buen modelo, pero las propiedades del matrimonio natural son conculcadas hoy día hasta llegar a adquirir carta de naturaleza, incluso de modernidad, de modo sangrante. Su unidad e indisolubilidad, la apertura a la fecundidad, la ayuda de la gracia sacramental para vivirlo como camino de santidad, como auténtica vocación, son valores desvaídos en nuestras sociedades del gozo pasajero y del bienestar. Esta peculiar comunidad de vida y amor, como fue descrita por Pablo VI, necesita recobrar todo el vigor que leyes y costumbres antinaturales le han robado impunemente con gran coste personal y social.

A través del culto y la liturgia, la fiesta y el rito, el hombre vive su religiosidad. Mediante ellos —escribe Yepes-, se llevan a cabo los actos de veneración y adoración, de ofrendas y sacrificios —la Misa reproducción incruenta de la Cruz, único sacrificio valedero según la fe católica-, se reconoce el carácter majestuoso, omnipotente y misterioso de la divinidad. El matrimonio, siempre relacionado con la Eucaristía, también participa de ese culto y misterio, tanto en su celebración como en la vida cotidiana. Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión. Como nuestro Dios se ha hecho hombre, siempre será más cercano y, sin perder el misterio de la divinidad, dará un toque divino a todo lo humano. Pablo Cabellos Llorente 2009.09

 

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Beata Teresa de Calcuta (l910-1997) fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad “Il n’y a pas de plus grand amour”, Lattès 1997, pag. 77)

 

“Ser luz del mundo” (Mt 5,14) -   Es posible que no sea capaz de fijar mi atención totalmente en Dios durante mi trabajo. Dios no me lo pide de ninguna manera. Con todo, yo puedo desear plenamente y procurar cumplir mi trabajo con Jesús y por Jesús. Hermosa tarea. Ésta es la que Dios quiere. Quiere que nuestra voluntad y nuestro deseo se dirijan a él, a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestros hermanos y a los pobres.
Cada uno de nosotros somos un instrumento pobre. Si observas la composición de un electrodoméstico, encontrarás un ensamblaje de hilos grandes y pequeños, nuevos y gastados, caros y baratos. Si la corriente eléctrica no pasa a través de todo ello, no habrá luz. Estos hilos somos tú y yo. Dios es la corriente. Tenemos poder para dejar pasar la corriente a través de nosotros, dejarnos utilizar por Dios, dejar que se produzca luz en el mundo....o bien rehusar de ser instrumentos y dejar que las tinieblas se extiendan.

  

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Una plaga de amor

 

Pintura en las catacumbas cristianas

 

José María Alimbau
Ronald Laing, psicoanalista, llamado el padre de la antipsiquiatría, que había denunciado los métodos represivos utilizados en muchos manicomios del mundo y que participó en el Congreso de Psicología Humanista, celebrado en Barcelona, manifestó: «Sólo la llegada de una gran plaga, de una gran oleada de amor, puede salvarnos».


   La violencia desaparecería, la sociedad iría a mejor, la convivencia sería un cielo sobre la tierra... si nos llegara una gran oleada de amor que inundara e invadiera nuestras mentes y corazones.


   ¬ Porque cualquier trabajo, profesión o condición, sin amor pueden convertirse en meros actos mecánicos, de opresión sin corazón ni alma.


   ¬ Porque el trato con el más débil, sin amor, puede hacernos duros, inflexibles, unos déspotas causantes de dolor y de lágrimas.


   ¬ Porque el saber, el poder, la riqueza sin amor pueden llegar a ser opresión, despotismo, sufrimiento para los demás.


   ¬ Porque amar es darse, es servir, es hacer vivir en calidad la vida del otro.
   ¬ Porque quien ama se transforma por dentro y por fuera, y transforma a todos cuantos trata...


   Juan Pablo II ha dicho:
«El sentido de la vida está en el amor. Sólo quien sabe amar hasta olvidarse de sí mismo, para darse al hermano, ¬al otro¬ realiza plenamente la vida propia».

2004-05-12

 

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«El poder trata de destruir a la Iglesia porque no la controla»

 

 

 

Monseñor L. ALBACETE, Teólogo

Es teólogo, físico, columnista del «New York Times» y responsable del movimiento Comunión y Liberación en los EE UU. Su libro «Dios en el Ritz» ha sido definido como «teología con buen humor». Hoy explica a LA RAZÓN porqué aún importa la religión.

 

David AMADO
Madrid - Monseñor Lorenzo Albacete es teólogo, físico y columnista del «New York Times». Además, es el responsable de Comunión y Liberación en los EE UU. La semana pasada, en la Universidad Abat Oliba-CEU, de Barcelona, presentó la traducción catalana de «Il senso religioso» de Luigi Giussani. En España tiene publicado el libro «Dios en el Ritz» (Herder 2003).
   ¬ ¿De verdad cree que Dios está en el Ritz?
   ¬ Claro, yo fui su representante. Me tocó inesperadamente. Fui un día representando a una cadena de TV y ¿me tocó defender a Dios! y Él estuvo conmigo. Iba a presentar un programa sobre el 11-S, no a defender a Dios de su responsabilidad sobre las injusticias del mundo, pero la gente empezó a preguntar, porque en el corazón de todo hombre hay un deseo.
   ¬ Pero el sufrimiento impide a muchos hombres tener fe...
   ¬ A veces veo los programas de la televisión sobre animales. Es maravilloso ver como un tigre se lanza sobre un cervatillo. Sin embargo, los animales no preguntan a nadie por su sufrimiento. El hombre, en cambio, sí. Quiere una respuesta y busca. Una actriz me dijo, «yo no sé si Dios existe, pero si existe le odio». Está a un paso de la santidad. Sólo le falta una experiencia de Jesucristo.
   ¬ Y ¿qué pasa con el sentido religioso de los terroristas?
   ¬ El sentido de la vida humana está en todo hombre. Satisfacer los deseos del corazón es expresión de nuestra humanidad. A veces ese sentido puede estar herido o maleducado y entonces se manifiesta en la violencia destructora como pasión religiosa. Hemos de preguntarnos, ¿qué lo ha educado?
   ¬ Usted ha hablado de una reducción del deseo en el hombre contemporáneo. ¿Qué se puede hacer?
   ¬ La gente renuncia continuamente a sus grandes deseos. El ideal de amar a alguien para toda la vida se puede reducir a querer acostarse con alguien. Es una reducción absurda que lleva a ser infeliz. Nosotros hemos de ofrecer a la gente la experiencia de una gran amistad gratuita. Esto es lo que contribuye a la vida de la Iglesia.
   ¬ Cuando escribe en el New York Times ¿qué busca?
   ¬ Crear un interés. Buscar un ángulo distinto de lo que dice todo el mundo. Pero no es un lugar de predicación, no es el Osservatore Romano.
   ¬ ¿Ha sentido la tentación de discrepar de los obispos americanos?
   ¬ Para mí hay un valor que sobrepasa las posibles diferencias y es la unidad de la Iglesia ante el poder. Eso lo aprendí de los obispos cubanos. No todos piensan lo mismo, pero hacen piña. El poder siempre trata de destruir la Iglesia porque intenta acabar con todo lo que no controla.
   ¬ En EE UU la Iglesia católica nunca ha tenido poder y ahora aparece un candidato a presidente católico como John Kerry, ¿qué opinión le merece?
   ¬ Creo que Kerry es un triunfo de la educación católica americana. Dice, «yo sigo a la Iglesia del Vaticano II y de JUAN XXIII». Así de preparado está. Pero es un viejo problema. Cuando el candidato Kennedy fue a ver a los pastores baptistas, les dijo: «no se preocupen, mi catolicismo no tiene nada que ver con mi forma de ser presidente».
   ¬ A qué se debe esta escisión?
   ¬ La Iglesia en los EE UU nunca ha tenido poder a nivel nacional. No hay un poderoso lobby católico. Pero los católicos querían demostrar que eran tan patriotas como los demás y lo que apareció fue una copia del moralismo protestante, no una fe que se manifiesta como fuente de cultura en todos los aspectos de la vida. Católicos en privado, pero en lo público no católicos. Por eso en muchas cosas, como en la guerra de Iraq, los católicos no siguen a los obispos.
   ¬ ¿También habrá causado daño el escándalo de los abusos sexuales?
   ¬ Fue un verdadero escándalo, porque el sacerdote de la parroquia era el punto de referencia de las familias católicas de la vecindad. Era su defensor ante el poder. Era del pueblo, el que encontraba un abogado cuando hacía falta, jugaba al béisbol con los niños... Esa confianza es la que se rompió.
    ¬¿Quizá si los curas pudieran casarse eso no pasaría?
   ¬ La solución no es acabar con el celibato, sino recuperar el valor de la pobreza. Cuando leía las noticias veía que muchos sacerdotes llevaban a los jóvenes a sus casas a la playa. El sueldo de un sacerdote no da para tener casas en la playa. Por eso el celibato no es una posición sobre la vida sexual, sino conciencia de pobreza.
   ¬ ¿Y qué se puede hacer?
   ¬ Yo me tomo en serio las palabras del Papa. Tenemos que volver al principio. Hemos de recuperar el método original.
   ¬ ¿Tiene algún proyecto?
   ¬ Siempre existe la tentación del proyecto. Pero Cristo se resiste a seguir nuestros planes. Lo importante es aprender de María: decir «sí», entregarse y seguir. Jesucristo fundó la Iglesia y es su Señor; no podemos intentar arreglarla sin Él.
   ¬ ¿Habrá otro libro tan divertido?
   ¬ Quiero escribir uno que se titule «Los diez peligros mayores para tener fe». Una vez hablaba con unos jefes del New York Times y uno me dijo: «vamos a dejarlo ya, porque en lo que llevamos de conversación han desaparecido el 70% de mis prejuicios contra la fe».
2004-05-12

 

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El laico desorientado


David AMADO
Desde hace tiempo se habla de «la hora de los laicos». Aunque no falta magisterio al respecto, muchos siguen sin saber en qué consiste exactamente. Para algunos equivaldría a suprimir el sacerdocio aunque, a buen seguro, se conformarían con que desaparecieran los obipos. El caso es que los laicos que quieren seguir las directrices conciliares y pontificias no saben qué hacer, porque entienden que para apagar las velas se bastan los curas. Así que tenemos un problema.
   Un laico comprometido no puede ser como un cura obrero. Como durante un tiempo algunos cambiaron la sotana por el mono ahora podríamos poner un alba a los laicos y problema resuelto. Tampoco parece razonable que las madres de familia se hagan con los hábitos que algunas religiosas llevaron a la casa de empeños. Aunque a muchas les quedarían bien, no ganaríamos nada. El tema es más serio y exige reflexionar con rigor. De momento, ayudaría mucho que los sacerdotes no convirtieran los consejos pastorales en una claca.
   Hacer trabajar a los laicos porque faltan sacerdotes es una tomadura de pelo y reducirlos a empleados de segunda clase. Ponerlos de comparsa del clero, dándoles protagonismo para que se sientan bien, suena a chirigota. Parece que no es ese el camino. Lo mejor, es respetar la santa libertad que Dios les ha dado y que tienen derecho a vivir en la Iglesia.
   Un laico es normal cuando, sea hombre o mujer, no parece un fraile disfrazado. Desde que se inició el proceso de desotanización se hace muy difícil distinguirlos, y no me refiero sólo a los meapilas sino también a los que van de progres y parecen curas rancios. Han sustituido el rosario por las reuniones y la exposición del Santísimo por el panfleto contestatario, pero es lo mismo. Como no creen en lo sagrado se conforman con ser chamán de barrio. Un espectáculo bufo.
   Un laico lo hace bien cuando para dar testimonio en su vida corriente no necesita tocar las campanillas ni andar con la hoja dominical debajo del brazo. No me digan cómo, pero cuando hay un cristiano de verdad los demás lo notan. Les basta con estar porque el bautismo es una cosa muy seria. Cuando un sacerdote se dedica a lo suyo es muy difícil que el laico se desoriente.

2004-05-12

 

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Evangelio según San Mateo 19,23-30. Jesús dijo entonces a sus discípulos: "Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos. Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos". Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?". Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible". Pedro, tomando la palabra, dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?". Jesús les respondió: "Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.(Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios).

San Pedro Damiano (1007-1072), ermitaño, después obispo, doctor de la Iglesia - Sermón 9; PL 144, 549-553

 

«Recibir ahora, en este tiempo, cien veces más» (Mc 10,30)    Es preciso que vivamos desprendidos de nuestras posesiones y de nuestra propia voluntad, si queremos seguir a aquel que no tuvo «donde reclinar la cabeza» (Lc 9,58) y que vino «no a hacer su voluntad sino la de aquel que le ha enviado» (Jn 6,38)... Inmediatamente conoceremos por experiencia lo que la Verdad promete a cualquiera que lo deje todo y le sigue: «Recibirá cien veces más... y en la edad futura, vida eterna» (Mc 10,30). En efecto, el don de “cien veces más” nos reconforta a lo largo del camino, y poseer la vida eterna nos hará felices para siempre en la patria celestial.
         Pero, ¿qué es ese “cien veces más”?  Simplemente, las consolaciones del Espíritu dulce como la miel, sus visitas y sus primeros frutos. Es el testimonio de nuestra conciencia, es la dichosa y gozosa esperanza de los justos, es el recuerdo de la bondad sobreabundante de Dios, es también, en verdad, la inmensidad de su dulzura. Los que han hecho la experiencia de sus dones no tiene necesidad que nadie les hable de ellos, y ¿quién podría, con simples palabras, describirlas a aquellos que no la han hecho?

 

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Evangelio según San Juan 15,1-8. Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :

San Siloán (1886-1938) monje ortodoxo
Sophrony, Staretz Siloán, pag. 445

 

“Sin mí, no podéis hacer nada.” (Jn 15,5) - Los apóstoles vieron al Señor en su gloria cuando fue transfigurado en el monte Tabor. Pero, más tarde, en el momento de la pasión, llenos de miedo, se dieron a la fuga. Esta es la fragilidad humana. En verdad, somos hechos de tierra; más aún: de esta tierra pecadora. Por esto, el Señor dice: “Sin mí, no podéis hacer nada. “ (Jn 15,5) Y es así.
Cuando la gracia está en nosotros somos humildes de verdad. Entonces, nuestra inteligencia es más viva y somos obedientes, amables, agradables a Dios y a los hombres. Pero cuando perdemos la gracia, nos secamos como un sarmiento que ha sido cortado de la vid. Si alguien deja de amar a su hermano por quien el Señor murió en medio de grandes sufrimientos, es que ha sido cortado de la vid. Pero aquel que lucha con el pecado, permanece incorporado al Señor, como el sarmiento en la vid.

 

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San Siloán )1866-1938) monje ortodoxo - Escritos varios

 

“Yo os digo, amad a vuestros enemigos.” (Mt 5,44) -       Dios es amor. (1Jn 4,8) El nos dio el mandamiento de amarnos los unos a los otros y a nuestros enemigos. El Espíritu Santo nos enseña este amor. ¡Guarda la paz de tu espíritu y no la pierdas por futilidades! Si has dado pena a tu hermano, afliges a tu propio corazón, si haces las paces con tu hermano, el Señor te da infinitamente más...
      ¿No es el mismo Señor el que ha dicho: “El reino de Dios está dentro de vosotros”? (Lc 17,21) Es ahora que empezamos la vida eterna, es ahora que sembramos también la semilla de los tormentos eternos. Os ruego, hermanos míos ¡haced la prueba! Si alguien os ofende, os calumnia, os despoja de lo vuestro, e incluso, si es un perseguidor de la Iglesia Santa, orad a Dios y decid: “Señor, todos somos criaturas tuyas, ten piedad de tus siervos y conduce su corazón al arrepentimiento.” Entonces, sentirás la gracia en tu alma. Es verdad que al principio te tendrás que esforzar para amar a tus enemigos; pero el Señor, viendo tu disposición, te ayudará en todas las cosas y la misma experiencia te indicará el camino a seguir. Al contrario, el que  medita malas acciones contra sus enemigos no puede poseer el amor y, por tanto, no puede conocer a Dios.

 

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San Siloán )1866-1938) monje ortodoxo

Reflexiones Bíblicas - San Mateo 18,12-14

Autor: Padre Juan Alarcón Cámara S.J

Comentario del Evangelio por San Siloán : “Vuestro Padre no quiere que ninguno de estos pequeños se pierda." 

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños. 

“Vuestro Padre no quiere que ninguno de estos pequeños se pierda."

El Señor nos llama constantemente y nos busca: “Venid a mí, ovejas de mi rebaño y os haré sestear.” El Señor nos ha dado a nosotros pecadores, su Espíritu sin pedirnos ninguna paga; pero a cada uno nos ha dicho, igual que a Pedro: “¿Me amas?” El Señor no espera otra cosa de nosotros que el amor; y se alegra cuando vamos a él.
Esta es la misericordia del Señor para con la humanidad: tan pronto como el hombre deja de pecar y se humilla ante Dios, el Señor le perdona todo. Le da la gracia del Espíritu Santo y la fuerza de vencer el pecado. Cosa admirable: el hombre desprecia a su hermano, hombre como él, cuando le ve pobre o sucio. Pero el Señor, a su vez, nos perdona todo, como una madre amorosa perdona a su hijo. No rechaza a ningún pecador, antes bien le da el Espíritu Santo...
Señor, concédeme poder llorar por mí mismo y por el mundo entero, para que los pueblos te conozcan y vivan para siempre en tu presencia. Señor, haznos dignos del don del Espíritu Santo para poder comprender tu gloria... Mi alma desea ardientemente que la misericordia del Señor esté con todos los hombres, para que el mundo entero, toda la humanidad sepa con qué ternura el Señor los ama, como a hijos bien amados.
El Señor ama al pecador que se arrepiente. Lo estrecha entre sus brazos y lo acoge sobre su corazón: “¿Dónde estabas, hijo mío? Te espero desde hace mucho tiempo.” Así llama el Señor a todos los hombres a través del evangelio. Su voz resuena en todo el mundo: “¡Venid a mí, ovejas de mi rebaño, enteraos cómo os amo!”

 

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Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo – Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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Marcus Fabius Quintilianus: La murmuración se parece al humo porque se disipa pronto, pero ennegrece todo lo que toca.

 

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"La conciencia vale por mil testigos." Quintiliano, nació en Hispania-30ca.+90ca.d.C.

 

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Señor: parece que tomas por obligación, desde las primeras páginas del evangelio, repetirnos una y otra vez: “No quiero la muerte del pecador sino que se convierta y viva.” (Ez 18,23) O Dios, Padre de misericordia, nos quieres decir que hay esperanza y gracia incluso para los culpables, irremediablemente envilecidos, los más desgraciados, los más manchados por la culpa. Los que a los ojos de los hombres son los más despreciables y hundidos, son para ti nobles y agraciados a tus ojos. Que se arrepienten, que digan como David: “He pecado.” (2S 12,13) Tú abres generosamente los tesoros de tu gracia para estas almas que el mundo da por perdidas y que tú has reencontrado, regenerado, purificado, embellecido. Ningún favor tuyo les es negado, ninguna grandeza les es inaccesible.

 

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Cecilia Böhl de Faber, cuyo seudónimo para sus obras literarias era el de «Fernán Caballero» afirmaba: «La fe en Dios, además de ser la primera de las virtudes teologales, es el mayor de los consuelos».


   Publio Siro (siglo I a.C.), poeta latino, decía acertadamente: «Quien pierde la fe... no puede perder más».


   San Gregorio Magno, uno de los cuatro doctores de la Iglesia de Occidente, decía: «Los que tenemos en el cielo un Testigo de nuestra vida, no tenemos por qué temer el juicio de los hombres».

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La posesión y el poder son las dos grandes tentaciones del hombre, que se hace prisionero de su propiedad y pone en ella su alma. Quien, aun siendo poseedor, no puede permanecer pobre y no reconoce que el mundo está en manos de Dios y no en sus manos, ha perdido una vez más aquella niñez sin la cual no hay acceso al Reino.

 

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Cada día se producen 250 defunciones por aborto en España convirtiéndose en la principal causa de mortalidad en dicho país.

Y es que cuando la principal causa de mortalidad es el aborto, leer escritos de ciudadanos preocupados, exigiendo responsabilidades, por que un perro cachorro ha sido atropellado por un coche, es para ponerse a temblar. ¿Qué está fallando en nuestra sociedad que estamos perdiendo la sensibilidad por la dignidad humana? Estoy en contra del maltrato a los animales, no obstante, no preocuparse por la principal causa de mortalidad humana y si por la muerte de un perro abandonado, demuestra que estamos invirtiendo los valores.  MMVI.

 

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¿Cuántos mosquitos has matado hoy?

¿Cuántos insectos –en las últimas 24 horas- han muerto por utilizar tu automóvil?

¿Cuántos perros, gatos han muerto hoy a causa del ferrocarril?

¿Cuántos pájaros han muerto hoy en las turbinas del avión?

¿Y los animales muertos electrocutados en los cables eléctricos extendidos para  favorecernos con energía y luz?

¡Defendamos la vida humana, respetemos la naturaleza pero no invirtamos los valores! Primero el ‘hombre’ y su libertad para el bien, usando la razón. 

 

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También la transfiguración sucede en la contemplación de la creación. Dios ha escrito dos libros: uno es la Escritura, el otro la creación. Uno está hecho de letras y palabras, el otro de cosas. No todos conocen y pueden leer el libro de la Escritura, pero todos, también los iletrados, pueden leer el libro que es la creación. Está abierto de par en par a los ojos de todos.

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¡Gloria al Jesucristo, base y fundamento de su Iglesia!

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre de mi Maestro!

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por venir a visitarnos; gracias por elegirnos, por sugerirnos ideas y comentarios.


Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8. - Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.


“A cada uno pediré cuentas de la vida de su hermano” (Gn 9, 5)


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