Friday 30 July 2010 | Actualizada : 2010-07-26 
Inicio > Temas Católicos > Nueva era - 1º Ángeles demonio, Iglesia y doctrina católica; Paulo Coelho.
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Acabo de leerme su libro "Los incubadores de la serpiente" y, a raíz de su lectura, tengo varias dudas. ¿Hasta qué punto influyó el gnosticismo en la evolución del nazismo?, ¿podemos decir que la Nueva Era tiene similitudes con nazismo?

 

1. Muchísimo, el nazismo es incomprensible sin el componente esotérico. 2. No siempre, pero sí en muchos casos y si no repásese los autores de New Age en las dos últimas décadas en España.

Dr. César VIDAL – historiador, filósofo, teólogo, abogado, escritor.2004.12.14 Esp. L.D.

 

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Las inconfesables conexiones de Paulo Coelho.


Dadas las ventas millonarias de sus libros, la aparente apuesta por lo espiritual de su contenidos, su constante aparición en los medios de comuniciación, y por todo ello su influencia social, es importante conocer realmente de que fuentes bebe el autor, para actuar con prevención ante su obra.


Paulo Coelho brilla en el firmamento literario contemporáneo. Desde la publicación de "El Alquimista" sus libros se han mantenido durante semanas en las listas de los superventas en Italia, Francia y España. "El Alquimista" le granjeó la fama mundial. El argumento de la novela se inspira en una antigua leyenda del acervo hebraico: la del rabino de Praga. La virtuosidad de su arte literario, basado en la sencillez, y la oferta de una espiritualidad descafeinada hace el resto para captar, a las mil maravillas, el público lector más vasto. En el mes de octubre de 2001, Samuel Gutiérrez publicaba en las páginas de "Iglesia en Andalucía", un artículo bajo el título "Bajo la amenaza de una espiritualidad sin Dios" alertando contra el movimiento New Age (Nueva Era), una amenaza que pesa, cual espada de Damocles, sobre las almas de nuestros contemporáneos. Al incluir al prolífico escritor brasileño que tratamos, Paulo Coelho, en los anaqueles de las bibliotecas nuevaeristas, creemos que el articulista Samuel Gutiérrez, aunque atinado, ignoraba hasta qué punto había dado en el blanco. Pero andaba escaso al decir de Coehlo tan solo lo que sigue: "(Paulo Coelho)...también transpira esta nueva conciencia". ¿Transpira? Veamos si lo que hace es sólo transpirar.


La cara amable de Paulo Coelho.


"Brida", "A orillas del río Piedra me senté y lloré", "La Quinta Montaña", "El peregrino de Compostela (Diario de un mago)"... son títulos que forman parte de la biblioteca que ha dado al mundo este escritor brasileño, nacido en 1947 en Río de Janeiro. En las solapas de sus libros se nos viene presentando como el inadaptado hijo de una familia acomodada que tiró por la borda los estudios universitarios de Derecho, para dedicarse a otras tareas -y cito de la carta de presentación que obra en las solapas de sus libros: dirigió un periódico "alternativo" (suponemos que quiere decírsenos que "contracultural"), hizo teatro (no se nos dice si como actor o como dramaturgo, o como tramoyista, vaya usted a saber)... Incluso desempeñó, hasta su revelación vocacional como escritor, cargos ejecutivos en una compañía multinacional de discos.


Lo cierto es que, aunque sin hacer muchos alardes de ello, es manifiesta su presencia en el meollo del hippismo de la época que le tocó vivir, así como tampoco ha negado nunca sus incursiones en el ámbito de la magia. Como muchos de aquellos jóvenes melenudos que vivieron a tope los 60, Coelho descubrió el "misticismo" oriental y tampoco quedó al margen de las experiencias psicodélicas inducidas por sustancias psicotrópicas. Pero, no obstante, esos años son años oscuros en la biografía de Coelho y poco podemos decir de ellos. Su pertenencia a sociedades ocultistas sí que ha sido reconocida por él mismo en muchas ocasiones.


En "Las confesiones de un peregrino", entrevista de Juan Arias publicada recientemente, Coehlo reconoce su militancia en sectas satánicas, cuyo nombre silencia por circunspección, refiriéndose a la sociedad secreta por la que pasó con el nombre convencional de "sociedad de la apertura del Apocalipsis", inspirada como no podía ser menos en las prácticas de Crowley. Durante muchos años, lo confiesa, buscó en la magick crowleyana las respuestas a sus interrogantes vitales, y su inquisición personal caminó por las vías de lo que el hermetismo denomina "hermanos de la mano izquierda" (o "hermanos de la sombra"): o sea, si la magia tiene colores, pensemos en la más negra de las magias.


Coelho en la actualidad se nos presenta como convertido al catolicismo, preocupado por el ecosistema y filántropo a carta cabal: cosa que celebramos. Pero, no obstante, es preciso y oportuno "apurar la verdad", como decían nuestros clásicos. No nos arrogamos el derecho de erigirnos en jueces de la vida de Paulo Coelho, eso será algo que el escritor tendrá que averiguar con Dios, pero sí que tenemos no sólo el derecho, sino el deber, de examinar sus frutos, pues "por sus frutos los conoceréis". Los frutos de un escritor son sus libros. Pues vayamos a de ellos.


Brida y Wicca.


Aunque converso, la magia sigue jugando un papel predominante en la trabazón de su producción literaria. Son muchos los guiños que en sus renglones hace Coelho al lector más avisado. Tal vez no sea su intención guiñar el ojo. Tomemos un cabo, y tiremos del hilo.


Uno de sus libros que han pasado como de puntillas ha sido "Brida". Brida es el nombre de la protagonista de la novela, una joven irlandesa que se siente llamada a cumplir su vocación de hechicera, por ello inicia la búsqueda que la conduce al mundo de la magia. En su itinerario, encuentra a un hombre solitario, anónimo, a quien el autor simplemente denomina el "Mago". El Mago inicia a la inquieta veinteañera gaélica en la "Tradición del Sol", pero para que el aprendizaje de la novicia hechiceril sea completo se requiere la colaboración y el magisterio de una hechicera, que Coelho llama Wicca. Así como el Mago ayuda a Brida en la Tradición del Sol, Wicca hará lo propio con la neófita por los derroteros de la "Tradición de la Luna". Toda la novela transcurre entre escenarios boscosos de la antigua Irlanda que prestan una atmósfera feérica (propia de hadas) al relato, este ambiente silvestre alterna con la vida cotidiana de los diversos personajes: la inquieta Brida, su comprensivo novio que es científico de profesión pero respeta la búsqueda de su compañera, el Mago algo misántropo y taciturno y la vital y resuelta Wicca, una bruja de nuestros días. Otros personajes quedan más desdibujados, en penumbra, como es el caso del misterioso librero que regenta su negocio sirviendo a su selecta clientela los grimorios y libros esotéricos más recónditos.


La novela es un documento prototípico de lo que Ernesto Milá ha explicitado en su artículo "Feminismo, telurismo y satanismo" publicada en Disidencias. La novela, se la mire por donde se la mire, es un cóctel letífero de telurismo y brujería nuevaerista, donde no se prescinde de una alta dosis de erotismo orgiástico: ceremonias rituales de iniciación en bosques, donde los participantes entran en trance. O sea, llamemos las cosas por su nombre: una noche de Walpurga. Eso sí: noche de Brujas muy liberadas y emancipadas, que para eso estamos en el siglo más feminista.


Wicca: Su iglesia y su escuela.


Pero ahí es nada. Examinemos el nombre de la ficticia maga. Su nombre es Wicca. Que sepamos sólo existe algo en la realidad que tenga ese nombre y pueda haber apadrinado el ente de ficción de Coelho. Nos referimos a la Iglesia y Escuela de Wicca, fundada en Estados Unidos, en el año 1973, por Gavin e Yvonne Frost. Inspirados en las teorías del británico Gerald Brosseau Gardner (1884-1964), Wicca -la sedicente iglesia y turbia escuela- postula que la supresión de cualquier deseo corporal es antinatural y estúpida -en sintonía ideológica con la apología pansexualista contracultural de los 60 liderada por Norman O. Brawn, Paul Goodman o Abraham H. Maslow en tres de sus vertientes principales-, pero Wicca va más allá de los postulados de estos ideólogos revolucionarios. La secta Wicca llega a propugnar, una vez desarrollados ciertos poderes psíquicos a través de la brujería, la relación sexual de sus adeptos con súcubos e íncubos. Esta es la conclusión extrema de principios tan errados, Wicca muestra de este modo la maligna radicalidad de todo sistema defensor de la supresión de frenos a los apetitos carnales y sostenedor de la promiscuidad sexual. En ello, Wicca supera con creces los dictados de otras sectas surgidas al calor del hippismo de los 60, con sus peregrinajes a la India tántrica y sus querencias al ocultimo orientalista, como es el caso de la secta del ex-luterano Franklin Jones, nos referimos al grupúsculo sectario denominado Iglesia Primitiva Libre (fundada en 1960).


Gerald Brosseau Gardner: el abuelo de Wicca.


Gavin e Yvonne Frost, los padres de Wicca, fueron discípulos del enigmático Gerald Brosseau Gardner, que aunque no fundó directamente la secta, pasa por ser el principal referente de Wicca. Gardner se inició en la secta satanista Ordo Templi Orientis.


También conocida con las siglas O.T.O., la Ordo Templi Orientis fue fundada por el masón alemán Karl Kellner, a principios del siglo XX. En la secta, abiertamente satanista y cuyos tentáculos llegaran a EE.UU. a través de Parsons, el discípulo más avezado de Crowley en Norteamérica, y amigo de L. Ronald Hubbard, padre de la Cienciología, se contemplaba la práctica de la magia sexual en los grados más elevados de sus adeptos, continuando el legado de Aleister Crowley. Crowley es algo más célebre que Gardner, entre otras cosas, por firmar como "The Beast" (La Bestia).


Gardner, neófito de O.T.O., no sólo bebió en las emponzoñadas aguas del satanismo de Crowley, sino que llegó a ser amigo personal del mismo. Gardner también conoció a la hija de Annie Besant, la sucesora de Madame Blavatsky en los cuadros lógicos de la Sociedad Teosófica, por lo que tampoco es ajeno a la herencia teosófica. El "pensamiento" de Gardner, que es traslación fiel de las aberrantes ideas de Aleister Crowley con leves aportaciones, se contiene en el libro "Witchcraft Today" (Magia hoy), desde cuyas páginas lanza la aberrante invitación a mantener relaciones sexuales con los demonios súcubos e íncubos. Invitación que no tardaron en acoger Gavin e Ivonne Frost y que comunicaron a los secuaces de Wicca. Gardner también ha ejercido su nefasto influjo en el movimiento New Age (Nueva Era), como no podía ser menos. Los Frost también ejercen su influjo en el mismo movimiento a través de sus best-sellers sobre la temática de los viajes astrales.


La novela "Brida", cuyo subtítulo es "Una novela sobre el don que cada uno lleva dentro", data del año 1990. En 1974, Coelho confiesa haber tenido una experiencia desagradable con el "otro mundo", suceso que le motiva a abandonar los entornos satanistas que frecuentaba, y el escritor fija su conversión al catolicismo en 1979. ¿Qué pinta, pues, Wicca y sus siniestras connotaciones, convenientemente acicaladas, en una novela publicada en 1990? Coelho refiere que la historia de Brida fue la confesión que en las inmediaciones del Santuario católico de Lourdes le hizo una mujer de su peripecia vital, muy paralela a la suya. Tras su presunta conversión al catolicismo, Coelho dice ingresar a una sociedad secreta católica (recordemos que la Iglesia católica sólo reconoce sociedades discretas, pero no "secretas"), llamada R.A.M. (Rigor-Amor-Misericordia), cuyo anticipo de sus enseñanzas nos lo brinda el autor en "El Peregrino de Santiago (Diario de un mago)", cuando el periodista español Juan Arias le pregunta si dicha sociedad está reconocida por la Iglesia, Coelho sólo dice: "Es una tradición muy antigua."


Después de tirar de este hilo quedamos pasmados al detectar, en los libros de Paulo Coelho, condimentos que suponen un serio peligro para todo ese público lector, afanoso de espiritualidad, pero expugnable en su condición lega, indefenso ante lo que so capa de vindicar el mundo mágico y el amor sentimental no encuentra otra cosa que una mixtura de mensajes diabólicos, implícitos y sibilinamente colados de matute en la literatura; servidos en una intolerable mezcolanza de sentimentalismo y brujería.


Paulo Coelho ha renunciado públicamente a su pasado satanista, y ahora se exhibe como católico comprometido con el catolicismo más "liberacionista" y anti-tradicional (el encarnado por Helder Cámara y la sedicente "teología de la liberación".) Un hombre de izquierda moderada reconciliado con su pasado. Los títulos honoríficos concedidos por el Estado de Israel, y las múltiples relaciones que actualmente mantiene con muchos círculos mundialistas, dígase la UNESCO, hacen del escritor ex-drogadicto y ex-satanista un personaje muy políticamente correcto. Paulo Coelho brilla en el actual firmamento literario, deseamos que su estrella se oscurezca o, mejor todavía, deje a un lado estas mixtificaciones, y brille con una luz más pura.

Alejandro Valdivieso

http://www.arbil.org/(54)vald.htm

http://mrsavinon.blogspot.com/2009/07/la-falsa-doctrina-de-paulo-coelho.html


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Ante la Iglesia fundada por Cristo dentro de la sucesión gloriosa y apostólica, las sectas tumban tal como la sentencia del salmista. Salm 20,9: ‘Ellos se doblegan y caen, y nosotros en pie nos mantenemos’. «Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros». Primera epístola del Apóstol San Juan - Capítulo 2: 1 Juan 2. Y así se cumple el dicho evangélico de: "Por sus frutos los conoceréis". ‘Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.


 

Iglesia Católica y Ángeles

 


¿Cuál es la enseñanza de la Iglesia Católica sobre los Ángeles?

 

La doctrina definida solemnemente por la Iglesia en torno a los seres angélicos abarca cinco afirmaciones principales (1):

texto1. Los ángeles existen;
texto2. Son seres de naturaleza espiritual;
texto3. Fueron creados por Dios;
texto4. Fueron creados al comienzo del tiempo;
texto5. Los ángeles malos o demonios fueron creados buenos, pero se pervirtieron por su propia acción.


a) Los ángeles existen


La existencia de los ángeles se recoge expresamente en las fórmulas de fe o Credos de la Iglesia, a partir del Símbolo Niceno-constantinopolitano (381), en el que confesamos creer «en un solo Dios... Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles»(2) .

Lo mismo se dice en las profesiones de fe católica elaboradas por los concilios de Letrán IV en 1215 (3) , Lyon 11 en 1274 (4), Florencia en 1441 (5) y Trento en 1564 (6). El Concilio Vaticano I (1869-70) habla de la criatura angélica como parte de la obra creadora producida por Dios (7). Los negadores de la existencia y realidad de los ángeles han tenido representantes en casi todas las épocas de la historia. Los Hechos de los Apóstoles nos informan -como hace también el historiador judío Flavio Josefo- que los saduceos negaban «la resurrección y la existencia de ángeles y espíritus» (8).

Desde presupuestos religiosos y culturales muy diferentes, el racionalismo (9) iluminista que se desarrolla a partir del siglo XVIII tampoco admite la existencia de los ángeles. La cosmovisión propia del materialismo en sus distintas variantes constituye otra tajante opinión negativa frente a la realidad de cualquier mundo espiritual. Numerosos contemporáneos hablan de ángeles, pero los consideran productos de la imaginación literaria, y proyecciones de la conciencia estética del hombre, que se apoya en la idea de esos seres misteriosos para expresar reflexiones y fantasías del espíritu humano. La existencia de ángeles es negada finalmente por algunos autores protestantes, que los consideran un mito bíblico necesitado de nueva interpretación (10) . Y con frecuencia este modo de pensar, busca difundirse, actualmente, en los medios de comunicación. A estas, y parecidas opiniones derivadas de ellas, se refería la Encíclica Humani Generis (1950) al afirmar que «algunos se plantean la cuestión de si los ángeles son criaturas personales» (11). La profesión de fe de Pablo VI, llamada también Credo del pueblo de Dios, fue promulgada en junio de 1968, con motivo del año de la fe. La profesión incluye en su inicio una importante referencia a los ángeles. Dice así:

«Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles -como es este mundo en que pasamos nuestra breve vida y de las cosas invisibles -como son los espíritus puros, que llamamos también ángeles» (n. 8). El texto menciona de nuevo a los santos ángeles más adelante, para atribuirles una participación «en el gobierno divino de las cosas» (n. 29) (12).

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (13) .


b) Son seres de naturaleza espiritual.


Que los ángeles son seres puramente espirituales y desprovistos de toda corporeidad es doctrina claramente formulada por el concilio IV de Letrán (1215), en cuyo decreto Firmiter leemos que Dios «creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, es decir, la angélica y la mundana, y después la humana, compuesta de espíritu y de cuerpo» (14) .

El hecho de que los ángeles aparezcan corpóreos en la Biblia y puedan ser representados en imágenes como enseña el Concilio II de Nicea en el año 787, no debe hacer pensar en la existencia de un cierto cuerpo angélico. Algunos autores cristianos mantuvieron por un tiempo esta idea como opinión privada. Pero la legitimidad de la representación iconográfica de los ángeles, afirmada por la Iglesia frente a los iconoclastas, no exige atribuirles «cuerpos espirituales». El Catecismo de la Iglesia Católica precisa que «En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales (cf Pío XII: DS 3891) e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf Dn 10, 9-12)» (15) .

c) Fueron creados por Dios


Los ángeles han sido creados por Dios a partir de la nada. Son criaturas. No son aspectos de Dios ni emanaciones del ser divino. Tampoco son seres divinos intermedios entre el Altísimo y el mundo visible. Pertenecen al conjunto de la creación, que es visible e invisible.

Esta doctrina de fe se encuentra afirmada en los Credos y subrayada particularmente por el Concilio IV de Letrán (vide supra).

La Sagrada Escritura no describe la creación de los ángeles «pero al presentarlos como dependiendo completamente de Dios enseña implícitamente esta verdad»(16) . La enseñanza bíblica sobre los seres angélicos se desarrolla por entero en el marco del más estricto monoteísmo.

d) Fueron creados al comienzo del tiempo



El Concilio IV de Letrán define asimismo que los ángeles, igual que el mundo material, fueron creados en el comienzo del tiempo: simul ab initio temporis (17) . Dios no los creó desde toda la eternidad.Si los ángeles fueron creados antes del mundo material o a la vez que éste, es una cuestión secundaria desde el punto de vista dogmático, y no se dice en el texto conciliar. El «simul» usado por el decreto indicaría simplemente que Dios ha querido de igual manera la existencia de los espíritus y de la criatura humana. Parece ser una partícula más bien incidental que no contiene ninguna afirmación sobre el momento de la creación de los ángeles.


e) Los ángeles malos o demonios fueron creados buenos, pero se pervirtieron por su propia acción.


La doctrina de que todos los ángeles fueron creados buenos por Dios y que los demonios se pervirtieron por su propia voluntad se define por vez primera en el Concilio de Braga, celebrado en el año 561. Dice el Concilio que el diablo fue primero un ángel bueno hecho por Dios, y que su naturaleza fue obra de Dios. No emergió, por tanto, de las tinieblas como principio y sustancia del mal (18) .

Esta enseñanza se encuentra ya expuesta con gran precisión en escritos patrísticos del siglo IV, especialmente en la Vida de Antonio escrita por San Atanasio de Alejandría, donde leemos: «Hay que saber que los demonios no se llaman así porque hayan sido siempre demonios. Dios, en efecto, no ha creado ninguna cosa mala. También los demonios fueron creados buenos, pero caídos de su celestial sabiduría y dedicados a vagar por la tierra engañaron a los paganos con sus fantásticas invenciones y, envidiosos luego de nosotros los cristianos, hacen todo lo posible para impedirnos llegar al cielo; porque no quieren que lleguemos al lugar del que ellos han caído»(19) .

El Catecismo de la Iglesia Católica precisa que « ...el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios.

El «diablo» [«dia-bolos»] es aquel que «se atraviesa» en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo(20) . Refiriéndose al «Padre nuestro» añade el Catecismo que «En la última petición, «y líbranos del mal», el cristiano pide a Dios con la Iglesia que manifieste la victoria, ya conquistada por Cristo, sobre el «príncipe de este mundo», sobre Satanás, el ángel que se opone personalmente a Dios y a su plan de salvación»(21) . La enseñanza de la Iglesia sobre los ángeles malos puede consiguientemente articularse en las siguientes afirmaciones:

1) Los demonios fueron creados por Dios como todos los ángeles (22) .


2) «El diablo y los demás demonios fueron creados por Dios buenos por naturaleza, pero ellos se hicieron malos por sí mismos». Son palabras del Concilio IV de Letrán, que condenan el error de los cátaros, para quienes los diablos procedían de un principio absoluto del mal (23) .


3) Los demonios han llevado al hombre al pecado: «el hombre pecó por sugestión del diablo» (24) .


4) A partir del pecado, los demonios ejercen un cierto dominio sobre la humanidad: el hombre pecador queda de algún modo «bajo el poder de aquel que tiene el imperio de la muerte, es decir, del diablo»(25) . Este dominio es relativo y no implica derecho ninguno del diablo sobre el hombre. Deriva simplemente de una situación que de momento favorece al enemigo de Cristo.


5) La reprobación de los demonios es eterna, es decir, no tendrá lugar, debido a una imposibilidad intrínseca de reforma o cambio, ningún tipo de amnistía divina que pudiera eliminar la condición réproba de Satanás y sus ángeles. El castigo de los demonios no es por tanto un castigo temporal.


La existencia de ángeles caídos nos obliga a hablar de un pecado angélico, cuya naturaleza y circunstancias resultan muy difíciles de determinar. Pero la posibilidad de semejante pecado entra fácilmente en el horizonte teológico, porque sólo Dios es impecable (26).


Una intervención de Pablo VI recordaba en noviembre de 1972 que «se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer la realidad del demonio; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una seudo-realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias» (27) .


El documento publicado por la Congregación para la Doctrina de la Fe en junio de 1975, acerca de la enseñanza de la Iglesia sobre los demonios, se expresa en términos semejantes, a la vez que llama la atención sobre las dificultades interpretativas de la Sagrada Escritura en este punto, y da a entender que la afirmación cristiana acerca de la existencia de Satanás no está situada en el centro de la doctrina revelada sino en su periferia. «La actitud de la Iglesia en todo lo referente a la demonología -leemos- es clara y firme. Es verdad que a lo largo de los siglos, la existencia de Satanás y de los demonios nunca ha sido hecha objeto de una afirmación explícita de su magisterio. La razón está en que la cuestión no se planteó jamás en estos términos: tanto los herejes como los fieles, fundándose en la Sagrada Escritura, estaban de acuerdo en reconocer su existencia y sus actividades perversas. Por eso hoy, cuando se pone en duda la realidad demoníaca, es necesario hacer referencia a la fe constante y universal de la Iglesia y a su fuente más importante: la enseñanza de Cristo.


En efecto, la existencia del mundo demoníaco se revela como un dato dogmático en la doctrina del Evangelio y en el corazón de la fe vivida» (28) . El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: «Tras la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios (cfr. Gen 3, 1-5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cf. Sap 2, 24). La Escritura y la tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cfr. Ioh 8, 44; Apc 12, 9). La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios» (29) .


El testimonio de la Biblia sobre la actividad de los ángeles malos y su papel negativo y turbador respecto a la salvación del hombre se expresa generalmente con un lenguaje simbólico, que designa una realidad difícil de reflejar y comprender con puros conceptos. Las afirmaciones bíblicas sugieren que los hombres tienen que combatir en el plano espiritual no sólo contra seres de carne y hueso (30) , sino contra «principados y potestades»(31) malos, que representan la rebelión y la resistencia de lo mundano contra el orden divino, y son enemigos del hombre en todo lo referente a su vocación y destino eternos. Son seres que «pervierten la creación de Dios y tratan de dañar a los humanos incluso en lo corporal, hasta conseguir en ocasiones posesionarse de sus fuerzas físicas y psíquicas, y enajenarles profundamente de sí mismos (posesión diabólica). Como príncipe de este mundo (32) y dios de este siglo (33) , el Maligno frustra las esperanzas y deseos del hombre mortal, o lo entusiasma con engaños que llegan hasta lo infinito, como hizo la serpiente en el Paraíso: «Seréis como Dios»(34) . En este sentido, el diablo es el padre de la mentira (35) , que invierte la verdad sobre el hombre, oscurece la diferencia, clara en sí misma, entre el sí y el no, y trastoca el orden que Dios ha dado al mundo. De este modo es el tentador de la criatura humana, que , sin embargo, sólo tiene poder sobre el hombre si éste lo consiente»(36)

. «La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama «homicida desde el principio» (Ioh 8, 44) y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (Cfr. Mt 4, 1-11)»(37) . Funciones de los seres angélicos Los ángeles de la Revelación judeo-cristiana: a) adoran a Dios en el cielo. b) desempeñan determinados ministerios de salvación en favor de los hombres.a) Adoran a Dios en el cielo. Los ángeles contemplan siempre el rostro de Dios, le adoran y le dan gloria en el cielo. Esta alabanza de Dios constituye la perfección y felicidad de los ángeles. Es precisamente el estado o situación sobrenatural que llamamos cielo, que consiste en ver, amar y adorar a Dios. Puede decirse que la esencia del ser angélico es la adoración.


Los ángeles realizan en este sentido el fin más importante y profundo de la entera creación, que es la gloria de Dios. «Bendecid a Yahvéh vosotros sus ángeles todos, alabadle todos sus ejércitos»(38) . El «Sanctus» de la liturgia eucarística no es otra cosa que el eco de lo que, según el profeta Isaías, repiten los ángeles en el cielo. Dice Isaías: «Había ante El serafines... y los unos y los otros se gritaban y se respondían: Santo, Santo, Santo, Yahvéh de los ejércitos. La tierra está llena de tu gloria»(39) . La liturgia de la Iglesia, cuyo primer fin es doxológico o laudatorio, es como un reflejo de la liturgia del cielo, a la que trata de parecerse. En la Carta a los Hebreos leemos: «Vosotros os habéis aproximado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, a la Jerusalén celestial, y a las miríadas de ángeles, a la asamblea y congregación de los primogénitos, que están inscritos en los cielos»(40) .


El Catecismo de la Iglesia Católica recoge esta enseñanza: «S. Agustín dice respecto a ellos: «El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel» (Psal. 103, 1, 15).


Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan «constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos» (Mt 18, 10), son «agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra» (Sal 103, 20)» (41) . Además, Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles...» (Mt 35, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para El: «Por que en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él» (Col 1, 16)»(42) .


d) Desempeñan determinados ministerios de salvación en favor de los hombres.



Sin abandonar la contemplación y la alabanza divinas, los ángeles intervienen en la historia de la salvación como mensajeros de Dios en su solicitud hacia los hombres. «Son espíritus servidores, enviados para ayudar a aquellos que han de heredar la salvación»(43) . Es tarea de los ángeles, por lo tanto, expresar y llevar a cabo la protección que Dios dispensa a la Creación humana y a cada uno de los que la componen. «El te encomendará a sus ángeles, para que te guarden en todos tus caminos»(44) .«Desde la creación (cf Jb 38,7, donde los ángeles son llamados «hijos de Dios») y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf Gn 3, 24), protegen a Lot (cf gn 19), salvan a Agar y a su hijo (cf Gn 21, 17), detienen la mano de Abraham (cf Gn 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7, 53), conducen al pueblo de Dios (cf Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos (cf Jc 13) y vocaciones (cf Jc 6, 11-24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús (cf Lc 1, 11.26)»(45) .


«De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce «a su Primogénito en el mundo, dice: "adórenle todos los ángeles de Dios" (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: «Gloria a Dios...» (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús (cf Mt 1, 20; 2, 13.19), sirven a Jesús en el desierto (cf Mc 1, 12; Mt 4, 11), lo reconfortan en la agonía (cf Lc 22, 43), cuando El habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (cf Mt 26, 53) como en otro tiempo Israel (cf 2 M 10, 29-30; 11,8). Son también los ángeles quienes «evangelizan» (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación (cf Lc 2, 8-14), y de la Resurrección (cf Mc 16, 5-7) de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles (cf Hb 1, 10-11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor (cf Mt 13, 41; 25, 31; Lc 12, 8-9)»(46) . «De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles (cf Hc 5, 18-20; 8, 26-29; 10, 3-8; 6-11; 27, 23-25)»(47) . «En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo (cf MR, «Sanctus»); invoca su asistencia así en el "supplices te rogamus..." («Te pedimos humildemente...») del Canon romano o el «In Paradisum deducant te angeli...» («Al Paraíso te lleven los ángeles...») de la liturgia de difuntos, o también en el «Himno querubínico» de la liturgia bizantina) y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (S. Miguel, S. Gabriel, S. Rafael, los ángeles custodios)»(48) .

La tradición de la Iglesia ha desarrollado la doctrina de que Dios asigna a todo hombre un ángel de la guarda o ángel custodio. Hablando de los niños, dice el Señor que «sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial»(49) . Y el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que «Desde la infancia (cf Mt 18, 10) a la muerte (cf Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de su custodia (cf Sal 34,8; 91, 10-13) y de su intercesión (cf Jb 33, 23-24; Za 1, 12; Tb 12, 12). «Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida» (S. Basilio, Eun. 3, 1). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios. Los santos ángeles garantizan y apoyan nuestra esperanza en Dios, asisten nuestros esfuerzos contra adversarios que son más fuertes y sutiles que la carne y la sangre, y nos encaminan hacia nuestro destino último.

Instrumentos divinos «en el gobierno divino de las cosas»(50) , los seres angélicos sirven a los caminos e iniciativas de la Providencia»(51) . El testimonio de la teología y piedad cristianas en relación con los ángeles custodios y su actuación es abundante y significativo. Orígenes afirma que «el ángel particular de cada cual, aun de los más insignificantes dentro de la Iglesia... une su oración a la nuestra y colabora, según su poder, a favor de lo que pedimos»(52) . El ángel guardián es mencionado en los escritos de Hermas(53) , Clemente de Alejandría(54) , Eusebio de Cesarea(55) , San Basilio(56) , San Hilario(57) , San Gregorio de Nisa(58) , etc.Santo Tomás de Aquino se hace eco de esta doctrina y dedica un largo artículo de la Suma Teológica a establecer la existencia y funciones del ángel custodio(59) . El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que Cristo «los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?"» (Hb 1, 14)»(60) .

La literatura espiritual habla asimismo del ángel de la guarda y del papel que desempeña en la vida del cristiano. En Camino, obra compuesta por el Beato Josemaría Escrivá en 1933, leemos: «Ten confianza con tu Angel Custodio. Trátalo como un entrañable amigo -lo es- y sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día»(61) . «Te pasmas porque tu ángel custodio te ha hecho servicios patentes. Y no debías pasmarte: para eso le colocó el Señor junto a ti»(62) . «Acude a tu Custodio a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones»(63) .Y hablando de apostolado: «Gánate al Angel Custodio de aquel a quien quieras traer atu apostolado. -Es siempre un gran «cómplice»(64) . «Si tuvieras presentes a tu Angel y a los Custodios de tus prójimos evitarías muchas tonterías que se deslizan en la conversación»(65) . El Catecismo Romano explica que «no se opone al culto debido únicamente a Dios la veneración e invocación de los ángeles...

El mismo Espíritu Santo nos manda honrar a los padres, ancianos, gobernantes, etc. Con mucha más razón deberán ser honrados los ángeles, ministros de Dios en el gobierno de la Iglesia y de toda la Creación. Hemos, por tanto, de invocar a los ángeles, porque están perpetuamente, delante de Dios y porque asumen gozosos el patrocinio de salvación de quienes les han sido encomendados»(66) . Y en Piura hemos de invocar a S. Miguel, presente en el nombre y escudo de la ciudad y en el de la Universidad. Universidad de Piura. Capellanía

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Ángel - en la tradición mahometana

 

Notas
(1)Cfr. José Morales, «El Misterio de la creación», Palabra, Madrid.
(2)Denzinger-Schönmetzer. Enchiridium Symbolorum Definitionum et Declarationum, Herder, n.86. (3)Ibidem, n. 428. (4)Ibidem, n. 461. (5)Ibidem, n. 706. (6)Ibidem, n. 994. (7)Ibidem, n. 1783. (8)Hechos 23,8. (9)Racionalismo: En un sentido general, de signo positivo, el Racionalismo es una actitud filosófica que, basándose en la analogía entre la razón humana y la divina, considera que el mundo es explicable de un modo racional (así Santo Tomás y los mejores escolásticos). En sentido más estricto, el Racionalismo es una corriente filosófica que admite como fuente de verdad únicamente la razón humana, excluyendo la revelación, la fe y la autoridad. Aunque esta tendencia se manifiesta intermitentemente dentro del cristianismo (Nestorianos, Pelagianos y Humanismo), el móvil propulsor de este error fue el principio del libre examen de la Sagrada Escritura proclamado por el Protestantismo. Consecuencia del Racionalismo fueron la indiferencia, la incredulidad, la hostilidad manifiesta contra la religión. La Iglesia ha luchado siempre contra el Racionalismo, principalmente en el siglo XIX bajo Pío IX con el Syllabus y las definiciones del Concilio Vaticano I. (10)Cfr. Sistematic Theology I, Chicago 1953, p. 260. (11)Denzinger-Schönmetzer. Enchiridium Symbolorum Definitionum et Declarationum, Herder, n. 2318. (12)Cfr. C. Pozo, El Credo del pueblo de Dios. Comentario teológico, Madrid, 1968, pp. 67-68. (13) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 328. (14)Denzinger-Schönmetzer. Enchiridium Symbolorum Definitionum et Declarationum, Herder, n. 428. (15)Catecismo de la Iglesia Católica, n. 330. (16)M. FLiCK-Z. ALSZFGHY, Los comienzos de la Salvación, Salamanca, 1965, 618-619. (17) Denzinger-Schönmetzer. Enchiridium Symbolorum Definitionum et Declarationum, Herder, n. 428. (18)Ibidem, n. 237. (19)C. 22. (20)Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2851. (21)Ibidem, n. 2864. (22) Denzinger-Schönmetzer. Enchiridium Symbolorum Definitionum et Declarationum, Herder, n. 428. (23)Cfr. P.M. QUAY, Angels and Demons: The Teaching of IV Lateran, Tleological Studies 42 (1981), pp. 20-45. (24)Denzinger-Schönmetzer. Enchiridium Symbolorum Definitionum et Declarationum, Herder, n. 428. (25)Ibidem, n. 788. (26)Cfr. Suma contra Gentiles, 3, 109. (27)Cfr. Osservatore Romano 16-11-1972. (28)Ecclesia 1975, 1065. (29)Catecismo de la Iglesia Católica, n 391. (30)cfr. Eph 6, 12. (31)Col 2. 15. (32)cfr. Juan 12, 31. (33)cfr. 2 Cor 4, 4. (34)Gen 3, 5. (35)cfr. Juan 8, 44. (36)Catecismo alemán para adultos, Madrid, 1989, p. 117. (37)Catecismo de la Iglesia Católica, n. 394. (38)Ps 148,2. (39)Is 6, 3. Cfr. Apoc 4, 8. (40)Heb 12, 22-23. (41)Catecismo de la Iglesia Católica, n. 329. (42)Ibidem, n. 331. (43)Heb 12, 22-23. (44)Ps 91, 11. (45)Catecismo de la Iglesia Católica, n. 332. (46)Ibidem, n. 333. (47)Ibidem, n. 334. (48)Ibidem, n. 335. (49)Mt 18, 10. (50)Cfr. Profesión de Fe de Pablo VI, n. 29. (51)Catecismo de la Iglesia Católica, n. 336. (52)De Oratione XI, 1-5. (53)Vis, 5, 1-4. (54)Strom. 6, 17, 161. (55)Dem. EV. 4, 6. (56)Adv. Eunomium 3, l. (57)Tract. Sal 65. (58)Com. in Cant. 14. (59)S. Th, 1 113. (60)Catecismo de la Iglesia Católica, n. 331. (61)Camino, n. 562. (62)Ibidem, n. 565. (63)Ibidem, n. 567. (64)Ibidem , n.. 563. (65)Ibidem , n. 564. (66)Catecismo Romano, III, 1,

 

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Finalidad de la Nueva Era

 

1. Llevar al hombre a considerarse capaz de desarrollar poderes que no tiene y que no vienen de Dios.

2. Glorificar al hombre hasta hacerle creer que puede llegar a ser como Dios.

3. Por escritos de la Sociedad Teosófica, entre los cuales está "La Doctrina Secreta" de H. Blavatsky y el "Plan del New Age", comunicado a Alice Bailey por el espíritu demoníaco, sabemos que se propone llevar a la humanidad a:

  • una sola religión mundial
  • un solo sistema económico mundial
  • una sola cultura mundial
  • un solo gobierno mundial

para así lograr el control de todos los habitantes de la tierra

4. Por los escritos de la Blavatsky y de Alice Bailey, y por escritos y presentaciones de teósofos actuales, entre los cuales está el espiritista Benjamin Creme, se sabe que se está preparando a la humanidad para aceptar un seudo "mesías"; para ellos denominado "Maitreya", según sus escritos y doctrinas ocultistas y satánicas; para los cristianos, un "mesías" falso, el anti-cristo.

Al respecto dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica (#675): "Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc.18,8; Mt.24,12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc. 21,12; Jn.15,19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2a Tes.2,4-12; 1a Tes.5,2-3; 2a Jn 7; 1a Jn.18,22).

Metas aparentes de la Nueva Era

1. Buscar el bien, la salud, la paz, la hermandad.

2. Nuevo orden mundial: utópica sociedad mundial sin tensiones.

Metas reales de la Nueva Era

1. Ir preparando, mediante un gobierno único para el mundo, el control de éste por parte de Lucifer.

2. La meta última es la adoración de Lucifer.

Agradecemos este aporte a don Mario SAVIGNON- Rep.Dominicana 2005-09-15

 

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Cristo cambia la vida. El encuentro con Cristo cambia radicalmente la vida de una persona, la lleva a la «metánoia» o conversión profunda de la mente y del corazón y establece una comunión de vida que se convierte en seguimiento. En los Evangelios, el seguimiento se expresa con dos actitudes: la primera consiste en «hacer camino» con Cristo; la segunda, en «caminar detrás» de Él, auténtico guía.

 

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Dios que es la Sabiduría misma supo fabricarse muy sabiamente en la tierra a la que había de ser morada de su Hijo. Y si el profeta anunció: "La sabiduría no morará con gusto en cuerpo manchado por el pecado" (Sap. 1, 4) ¿cómo podríamos imaginar que el Hijo de Dios, Sabiduría Infinita, hubiera escogido habitar en su encarnación, a una mujer que no estuviera absolutamente libre de toda mancha de pecado?

Un autor sagrado decía: Dios no encontró otro palacio más bello ni más puro que la Virgen María, para que su Hijo Santísimo viniera a habitar y nacer.

San Cirilo afirma: ¿Qué tal que uno construyera una hermosa morada para sí mismo y después se la diera a un enemigo suyo para que la habitara? ¿Y qué diríamos de Dios, que habiendo formado a la Virgen Santísima para orada y nacimiento de su Hijo, le dejara luego esa santa morada al pecado para que la habitase?

 

Ningún hijo amó ni amará jamás a su propia madre con un amor tan grande como el de Jesús a María. ¿Y podríamos decir que la amaba verdaderamente si la dejaba esclava del pecado? ¿Si la honra como ningún otro hijo ha honrado a la propia madre, podría permitir que quedara deshonrada con la mancha del pecado? Pregunta Gerson.

 

San Agustín dice que hay dos modos de redimir: uno, levantando a quien ya cayó en pecado, y otro, evitando que la persona caiga en pecado. Pues a María la redimió de este modo, superior al otro: la libró de toda mancha de pecado, y de caer en pecado.

 

San Buenaventura en un sermón decía que el Espíritu Santo en vez de tener que liberar después a María Santísima del pecado original, la preservó de este pecado desde el momento mismo de su Inmaculada Concepción.

 

Y el Cardenal Cussano dice algo muy parecido: "A María, la gracia de Dios la preservó de toda mancha de pecado, mientras que a las demás creaturas lo que hace la gracia es liberarlas de las manchas del pecado que ya tienen. A Ella el Redentor la preservó de mancharse el alma con el pecado, mientras que a los demás el Redentor los libera de esa mancha de pecado cuando ya la han contraído".

 

Hugo de San Víctor exclama: "El fruto declara qué tal es el árbol que lo produjo. Si el fruto del vientre de la Virgen María fue Jesús, el totalmente puro, el Inmaculado y Santísimo, así la Madre que lo engendró debió ser totalmente pura, inmaculada y santísima. Sólo María fue digna de ser Madre de tal Hijo, y sólo Jesús fue digno de ser hijo de tal Madre".

 

San Ildefonso le dice: "porque eres perfecta y totalmente pura, por eso fuiste elegida para ser Madre del Creador".

 

PUNTO III: Convenía al Espíritu Santo que María fuera totalmente libre de toda mancha de pecado.

 

Santo Tomás llama a María: "Sagrario del Espíritu Santo". Varios santos la llaman "Templo del Espíritu Santo". Pues bien, el Espíritu Santo estaría más contento y más satisfecho si el Sagrario o el templo donde iba a habitar era totalmente libre de toda mancha de pecado. Por eso Dios libró a María de toda mancha pecaminosa.

 

En el Cantar de los Cantares se dice algo que le corresponde muy bien a María Santísima: "Eres totalmente hermosa y en ti no hay mancha alguna ni defecto" (Cant. 4, 7) y también: Tu eres como un huerto cerrado a donde no han llegado los enemigos a hacer mal, y eres como una fuente sellada que nadie ha podido contaminar (Cant. 4, 12). San Bernardo dice que el Espíritu Santo que es el autor principal de la Sagrada Biblia, afirmó esto de la Santísima Virgen. Y en el Libro Sagrado sigue diciendo: "Las jóvenes son muchas, pero una sola es mi paloma, la perfectamente pura" (Cant. 6, 7).

 

Por eso el Ángel le dijo al saludarla "Salve, llena de gracia". San Sofronio dice que a las demás creaturas les concede Dios mucha gracia y bendición, pero que a María la llenó totalmente de su gracia. Y si estaba llena de gracia de Dios no podía tener mancha de pecado en su alma.

 

San Pedro Damián afirma: "La que Dios eligió para ser Madre de su Hijo debía tener su alma totalmente llena del Espíritu Santo". Y por lo tanto sin sitio para la mancha del pecado.

 

Los Santos afirman: "María estuvo siempre llena de luz espiritual en el alma, y nunca tuvo tinieblas de pecado en su espíritu". – "Dios que creó pura a la Madre carnal de los seres humanos, también podía crear totalmente pura a María, la Madre espiritual de todos los creyentes" – .

 

San Bernardino afirma: "No es aceptable que Jesús quisiera nacer de una madre manchada por el pecado, pudiendo nacer de una madre totalmente pura y santa".

 

Si el ángel le dice: "Has hallado gracia delante de Dios" puede significar que en su alma no había ninguna mancha de pecado que la hiciera antipática ante Nuestro Señor.

 

Ya en el año 1661 solamente entre los Padre Dominicos (que eran los más reacios) se habían contabilizado 136 escritores de esa Orden religiosa que proclamaban que María no tuvo ni la más mínima mancha de pecado en su alma. Y las Universidades más famosas de entonces: la de La Sorbona en París, las de Colonia y Nápoles en Italia, las de Salamanca y Alcalá en España y la de Maguncia en Alemania, declararon solemnemente estar totalmente de acuerdo con la idea de que María Santísima fue preservada de toda mancha de pecado. Si tan altos intelectuales lo han proclamado, ¿por qué no proclamar esto mismo todos los fieles sencillos de la Iglesia Católica?

 

La Iglesia Católica ha celebrado desde muy antiguo la fiesta de la Inmaculada Concepción, en recuerdo de que María fue concebida sin pecado original, y esta fiesta la han aprobado los Sumos Pontífices y los obispos de todo el mundo.

 

La Iglesia celebra también el 8 de septiembre la fiesta del nacimiento de la Virgen María. Santo Tomás enseña que la Iglesia católica no acostumbra celebrar el nacimiento de sus santos, pero que a María sí le celebra el nacimiento porque Ella fue totalmente santa ya desde antes de nacer (Summa. T. 3, q. 27 a 1).

 

ORACIÓN: Inmaculada Madre Mía, me alegro contigo al verte enriquecida con tanta pureza por parte de Dios y quiero dar gracias al Creador por haberte preservado de toda mancha de pecado, como lo creo firmemente. Y estoy siempre dispuesto a defender la gran verdad de que has sido concebida sin mancha de pecado original.

 

Quisiera que todo el mundo te admirara y te alabara, como la Aurora que anuncia la llegada del Sol, que es Jesucristo; como el Arca de la Nueva Alianza, que se salvó del naufragio de la mancha del pecado original, como la Paloma sin mancha y blanquísima, como el Huerto cerrado al cual no han logrado llegar los enemigos del alma, como la Fuente Sellada que no ha sido contaminada, como el blanco lirio que floreció entre las espinas, pues en medio de tantas gentes manchadas con el pecado, tu naciste y te conservaste siempre blanca, pura y completamente amiga del Divino Creador.

 

Permíteme que te alabe con las palabras pronunciadas por el mismo Dios: "Toda hermosa eres tú, y en ti no hay mancha alguna". Oh amabilísima e Inmaculada María: tu que eres tan bella ante los ojos de Dios, no dejes de mirar con compasión a las asquerosas llagas de mi pobre alma. Mírame con compasión y ayúdame a curarme de las llagas de mis pecados. Tú que eres un imán que atrae los corazones, atráeme también a mí hacia tu corazón maternal. Tú que desde el primer momento de la vida apareciste tan completamente pura y tan agradable a Dios, ruega por mi que no sólo nací con la mancha del pecado original sino que durante toda mi vida he venido manchando mi alma con tantas culpas y pecados. Dios que te eligió como Hija predilecta del Padre, y Madre Santísima del Hijo y Sagrario del Espíritu Santo, y por eso te libró de toda mancha de pecado y te demostró más amor que a toda otra creatura, ¿qué favor o gracia que pidas para nosotros te podrá negar? Virgen Inmaculada: ¡tienes que ayudarme a salvarme! Por eso te digo con San Felipe Neri: haz que yo siempre me acuerde de Ti, y Tú nunca te olvides de mi. Me parece que faltaran mil años todavía para poder contemplar tu hermoso rostro maternal en el cielo, para empezar a amarte y alabarte en el Paraíso como a la más buena de las madres, mi madrecita, mi Reina, mi gran benefactora, la más bella, la más amable, la más pura, la siempre Inmaculada Virgen María. Amén.


 

La Concepción de la Sacratísima Virgen María

Sermón de Fray Luis de Granada (siglo XVI)

 

Dos casas tuvo Dios en este mundo señaladas entre todas las otras. La Una fue la humanidad de Jesucristo, en la cual mora la divinidad de Dios corporalmente, como dice el Apóstol  (Col 2, 9) y la otra, las entrañas virginales de Nuestra Señora, en las cuales moró por espacio de nueve meses. Estas dos casas fueron figuradas en aquellos dos templos que hubo en el Viejo Testamento, uno de ellos que hizo Salomón (1R 7,1) y el otro que se edificó en tiempo de Zorobabel, después del cautiverio de Babilonia (Esd 6,17).
Estos dos templos concuerdan en una cosa y difieren en dos. Concuerdan en ser ambos templos de un mismo Dios, y difieren, lo primero, en la riqueza y primor de las labores, porque mucho más rico fue el primero que el segundo, y lo segundo, en la fiesta de la dedicación de ellos (1R 8,1). Porque en la dedicación del primero todos cantaban y otros lloraban: cantaban los que veían ya acabada aquella obra que tanto deseaban y lloraban los que se acordaban de la riqueza y hermosura del templo pasado, viendo cuán baja obra era ésta en comparación de aquélla.

Pues esto mismo nos acontece ahora en el día de la dedicación de estos dos templos místicos de que hablamos. Y por el día de la dedicación entendemos el día de la concepción; porque este día fueron estos dos templos dedicados y consagrados. Pues en el día de la concepción del Hijo, todos cantan, todos alaban a Dios, todos dicen que fue concebido del Espíritu Santo, y por eso su concepción fue santa y limpia de todo pecado, y donde no hay pecado, no hay materia de lágrimas, sino de alegría y de alabanza. Mas en la concepción de la madre, unos cantan, otros lloran; unos cantan y dicen: Toda eres hermosa, amiga mía y en ti no hay mancha (Ct 4, 7). Otros lloran y dicen: Todos pecaron en Adán (Rm 3, 23)[1] y tienen necesidad de la gracia de Dios. Mas todos concuerdan en que la sacratísima Virgen, antes que naciese, fue llena de todas las gracias y dones del Espíritu Santo, porque así convenía que fuese que ab eterno era escogida para ser madre del Salvador del mundo.


Cuán grande  fuese esta gracia y estas virtudes, no hay lengua humana que lo pueda declarar. La razón es porque Dios hace todas las cosas conformes a los fines para que las escoge, y así las provee perfectísimamente de lo que para ellas es necesario. Escogió a Dios Oliab para maestro de su arca (Ex 36,1), escogió a San Pablo y a todos los otros apóstoles para maestros de su Iglesia. Pues, conforme a esto, los proveyó perfectísimamente de todas aquellas habilidades y facultades que para eso se requerían.
Y porque a esta sacratísima Virgen escogió para la mayor dignidad que se puede conceder a pura criatura, de aquí viene que la adornó y engrandeció con mayor gracia, con mayores dones y virtudes que jamás se concedieron a ninguna pura criatura.

 

 

La hermosura de Dios, reflejada en María -   Y así, una de las cosas en que Dios tiene más declarado la grandeza de su bondad y sabiduría de su omnipotencia es en la santidad y perfección de esta Virgen. Por la cual, si tuviésemos ojos para saber mirar y penetrar la alteza de sus virtudes, en ninguna cosa de cuantas hay creadas se nos presentaría tan claro el artificio y sabiduría de Dios como en ésta. De manera que ni el sol, ni la luna, ni las estrellas, ni la tierra con todas sus flores, ni el mar con todos sus peces, ni aún el cielo con todos sus ángeles, nos declararían tanto las perfecciones y hermosura del Creador como la alteza y perfección de esta Virgen. Por que si el Profeta  dice que es Dios admirable en sus santos (Sal 67, 36), ¿cuánto más lo será en aquélla que es madre del Santo de los santos, en la cual sola están juntas todas las prerrogativas de todos los santos?
Y  hay en esto dos cosas de grande admiración. La una es compadecerse toda perfección en una criatura de carne y sangre como nosotros. No es maravilla que un oficial haga  más delicadas obras de oro y plata que de una masa  de barro, porque la masa sufre toda esa ventaja y primor. No se espantan los hombres de ver un águila volar por cima de las nubes, más espantase de ver trepar un hombre con dos arrobas de hierro por cima de una cuerda. Quiero decir: no es maravilla que un ángel vuele alto y sea más adornado de todo género de virtudes y perfecciones, pues es sustancia espiritual, que un alma, que está cercada y vestida de carne; mas que un alma, encerrada en un cuerpo sujeto a tantas miserias y cercado de tantos sentidos, pase de vuelo sobre todos los ángeles en perfección y sea más pura que las estrellas del cielo, es cosa de grande de admiración.

No es maravilla que ande limpia una dama que no tiene otro oficio más que andar alrededor del estrado de la reina; mas aquella que toda su vida anduviese sirviendo en una cocina entre los tizones y ollas, y que, con todo eso, al cabo de cincuenta o sesenta años de servicio, salieses de allí más limpia que aquella que está en el palacio real, esto sería de mayor admiración.


Pues según esto, ¿no es cosa admirable ver el alma de esta Virgen encerrada en un cuerpo cercado de tantos sentidos y que en tantos años de vida ninguno se le desmandase en un cabello; que nunca sus ojos se desmandasen en ver, nunca sus oídos en oír nunca su paladar en gustar; que siendo tantas veces necesario comer, y beber, y dormir y hablar, y negociar, y salir de casa, y conversar con las criaturas, que llevase las cosas con tanto compás, que jamás se desmandase en una palabra, ni en un pensamiento, ni en un  movimiento, ni en un afecto, ni en un bocado demasiado? ¿A quien no pone en admiración este tan grande compás, esta tan perfecta igualdad y orden y este concierto tan perpetuo como es el de los mismos cielos y de sus movimientos?

Lo segundo de que nos debemos espantar es de ver con cuán pocos ejercicios llegó esta Virgen a tan alta perfección. El apóstol San Pablo discurriría por el mundo, predicaba a los gentiles, disputaba con los judíos, escribía epístolas, hacía milagros y otras cosas semejantes.


Mas la sacratísima Virgen no entendía en estas obras, porque la condición y estado de mujer no lo consentía. Sus principales ejercicios, después del servicio y crianza de su Hijo, eran espirituales, eran obras de vida contemplativa, aunque no faltaban, cuando eran necesarias, las de la vida activa.

Pues ¿no es cosa de admiración que con tan poco estruendo de obras exteriores, con los que pasaba en silencio dentro de aquel sagrado pecho, dentro de aquel corazón virginal, mereciese tanto a Dios y ganase tanta tierra o, por mejor decir, tanto cielo que pasase de vuelo sobre todos los ángeles y sobre todos los querubines? Pues ¿qué sería esto? ¿Qué pasaría en aquel corazón virginal de noche y de día? ¿Qué maitines, y qué laudes, y qué Magnificat allí se cantarían? ¡Quién tuviera ojos para poder penetrar los movimientos, los arrebatamientos, los ardores, los resplandores y los excesos de amor y todo lo que pasaba en aquel sagrado templo! Teníalos el Espíritu Santo cuando, enamorado de tan grande perfección y hermosura decía: Hermosa eres, amiga mía, hermosa eres. Tus ojos son de paloma, allende de lo que dentro está escondido (Ct 4,1); porque esto solamente podían ver los ojos de Dios, mas no los ojos de los hombres.


¿No sería cosa maravillosa si hiciésemos a un tañedor que en una vihuela de una o dos cuerdas, o en manicordio de una o dos teclas, tañese tantas obras e hiciese tanta armonía como otro con un instrumento perfecto? Pues ¿no es maravilla que con sólo aquel corazón tañase e hiciese esta Virgen tantas obras, obrase tantas maravillas y diese tantas y tan suaves músicas a Dios?

Injustamente os quejáis los que decís que sois pobres y enfermos diciendo que no tenéis de qué hacer bien ni con qué padecer trabajos por amor de Dios. Basta que tengáis corazón para poder amar a Dios y vacar a Dios, porque si de ése os sabéis aprovechar, con él alcanzaréis grandes virtudes y con él haréis innumerables servicios a Dios. ¿En qué entendías aquellos Padres antiguos, aquellos monjes que vivían en los desiertos, sino en contemplación noche y día? Aquel ocio es el mayor de los negocios, aquel no hacer nada es sobre todo lo que se puede hacer. Porque allí el alma religiosa, dentro de su retraimiento, alaba a Dios; allí ora, allí adora, allí ama, allí teme, allí cree, allí espera, allí reverencia, allí llora, allí se humilla delante de la majestad de Dios, allí canta y pregona sus loores, allí hace todas las cosas tanto más puramente cuanto más ocultamente y sin testigos humanos.
 

Para ser digna Madre de Dios 

Pues, volviendo ahora a nuestro propósito, tal convenía que fuese y de tal manera convenía que naciese aquella que ab aeterno era escogida para ser madre de Dios; porque costumbre es de Dios, como está ya dicho, proporcionar los medios con los fines, que es hacer tales los medios cuales competen para la excelencia del fin para que los instituyó.
Pues como Dios escogiese a esta benditísima Virgen para la mayor dignidad de cuantas hay debajo de Dios, que es para ser madre del mismo Dios, así convenía para la excelencia de esta dignidad. De donde así como aquel templo material de Salomón fue una de las más famosas obras que hubo en el mundo, porque era casa que se edificaba no para hombres, sino para Dios, así convenía que este templo espiritual donde Dios había de morar fuese una perfectísima obra, pues para tal huésped se aparejaba. Porque ¿cuál convenía que fuese el alma que el Hijo de Dios había tomado por especial morada, sino llena de toda santidad y pureza? Y ¿cuál convenía que fuese la carne de donde había de tomar carne el Hijo de Dios, sino libre de todo pecado y corrupción? Porque así como el cuerpo de aquel primer Adán fue hecho de tierra virgen antes que la maldición de Dios cayese sobre ella, como cayó después del pecado (Gn 2, 7) es como así convenía que fuese formado el cuerpo del segundo de otra carne virginal, libre y exenta de toda maldición y pecado.
 

Figuras de la Pureza de María 

Por esto, convenientemente es figurada esta Virgen por aquella arca del testamento hecha de madera de Setín (Ex 25, 10), que es madera incorruptible, para significar la incorrupción y pureza de esta sacratísima Virgen, que es el arca mística donde estuvo el maná de los cielos y pan de ángeles y donde estuvo aquella vara de la raíz de Jesé, sobre cuya flor se asentó el Espíritu Santo (Is 11,1).
Es también figurada por el hermosísimo trono de Salomón, de que dice la Escritura que era hecho de marfil, y que estaba dorado de un oro muy resplandeciente, y que tal obra como aquélla no fuera nunca hecha en todos los reinos del mundo (1R 10,20). Las cuales cosas, todas perfectísimamente convienen a esta sacratísima Virgen como a trono espiritual de aquel verdadero Salomón, pacificador del cielo y de la tierra.

Es también figurada por aquel huerto cerrado y fuente sellada de los Cantares (4,12) y por aquella puerta oriental que vio el profeta Ezequiel (43,2): porque ninguno comió de la fruta de aquel vergel, ni bebió del agua de aquella fuente, ni entró por aquella puerta, sino sólo el Hijo de Dios, porque sólo él era su amor, su pensamiento, su deseo, sus cuidados, su memoria continua.

 

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Líbranos Señor de ideologías perversas y demoníacas

 

Nueva Era o New Age.

 

Raúl Berzosa Martínez, vicario de Burgos y profesor de la Facultad de Teología del Norte de España, participará en las XV Jornadas de Delegados Diocesanos de Relaciones Interconfesionales, con una ponencia sobre las corrientes espirituales actuales conocidas como Nueva Era o New Age.
     
      Con este motivo, concedió una larga entrevista a Veritas sobre el tema, que ofrecemos en dos partes para facilitar su lectura:
     
      -¿Qué es la nueva Era y cuáles son algunos de sus rasgos?
     
      Raúl Berzosa: La Nueva Era no es una simple moda, ni una secta, ni una religión milenarista para el tercer milenio: es una nueva sensibilidad cultural, una cosmovisión, un nuevo paradigma. A la modernidad le ha sucedido la postmodernidad y la ultramodernidad: el naufrago se hace navegante de sí mismo ("el cielo soy yo") y de un nuevo panvitalismo (el cosmocentrismo sucede al antropocentrismo).
     
      Si hace unas décadas (1960-1970) se hablaba de transformación social, compromiso social, cambio de estructuras (marxismo)... hoy se habla de conciencia superior, de calidad de vida, de armonía profunda, de meditación transcendental, de energía y buen rollo positivo, de actuar en planetario, de nuevo orden mundial y globalización... "Expanded vuestra conciencia", "Realizad vuestro yo", "pensad en positivo", "Usad vuestro potencial creativo", son frases que están en la calle y en los mass media.
     
      Aparece como un gran pulpo con muchos tentáculos en diversos campos (medicina, arte, pensamiento, literatura, cine, etc) y al que es muy difícil ver los ojos (es el llamado next-work o trabajo de red...)
     
      Además, suele arraigar entre gente del primer mundo, de clase media-alta, entre 25-50 años (que tienen el estómago lleno pero la cabeza y el corazón vacíos; y que son los grandes ausentes de nuestras comunidades cristianas)
     
      Por otro lado, hay que tener en cuenta que la Nueva Era no va en contra de las religiones, trata de superarlas desde dentro: se incrusta en ellas como una bomba-lapa, para hacerlas explotar desde dentro... Estábamos acostumbrados a convivir creyentes con no creyentes, agnósticos y practicantes. Habíamos oído hablar de las grandes religiones como algo familiar; pero ha nacido algo nuevo: una nueva sensibilidad espiritual. Lo delatan palabras como "channeling", "metaphysic center", terapias renovadas y alternativas, meditación transcendental, cienciología y nueva gnosis... Es como si se pasara página a las religiones y formas religiosas más tradicionales y seculares.
     
      Para la nueva religiosidad, el menos valorado entre las religiones vivas es el cristianismo: se le tilda de infantil y antropocéntrico, por hacer de un hombre un Dios. Al menos en el judaísmo y en el Islam Dios es el totalmente otro... Ha habido en esto un proceso: en los años 60, se decía Cristo sí, Iglesia no; en los años 70 se pasó a Dios sí, Cristo no. En la década siguiente, el mensaje era religión sí, Dios no, para pasar en los 90 a espiritualidad si, religión no.
     
      Hay que recordar lo expresado por ciertos autores: decía Eric Fromm que "hoy no se discute religión sí o religión no, sino qué tipo de religión". Según Malroux, "el siglo XXI o será religioso o no será nada". El mismo cardenal Ratzinger decía que "el enemigo de la religión es la propia religión en forma de gnosis". Y Gabriel Marcel sostenía que "no caminamos hacia el ateísmo o la indiferencia, sino hacia una forma de humanismo gnóstico, difuso, ecléctico, ambiguo".
     
      En cualquier caso, algo es cierto: lo religioso-espiritual no ha muerto; estaba eclipsado. Me atrevo a señalar, en coincidencia parcial con otros autores, el siguiente panorama de la pervivencia de lo religioso en la cultura y sociedad de hoy occidental-moderna: pervivencia de lo sagrado-cristiano; formas de religión civil-nacionalista y movimientos fundamentalistas; religiosidad neopagana o de humanismo-vitalismo, y las nuevas formas de espiritualidad: nueva era o religiosidad sincretista, movimientos de matriz oriental, y movimientos religiosos varios al hilo de los flujos migratorios.
     
      La Nueva Era se presenta como una nueva gnosis donde se mezcla "lo esotérico-mágico" y "el potencial humano" (sustituyendo en el cristianismo a lo que denominamos don-tarea); donde prima el proceso y desarrollo "personalizado", a la carta; en definitiva, donde se cumplen las tres palabras mágicas de los países libres de hoy: bee Free (sé libre), puenting (consume experiencias), connenting (estate siempre conectado...)
     
      -¿Se puede entablar un diálogo entre la New Age y el cristianismo?
     
      Raúl Berzosa: El diálogo siempre es necesario, pero en el caso presente inevitablemente llega un momento de ruptura. La Nueva Era choca con la visión cristiana en una serie de puntos primordiales, que podríamos resumir de la siguiente forma:
     
      En primer lugar, frente a la enseñanza bíblica en la Trinidad, que contempla el papel único de Cristo, la Nueva Era lo convierte en un simple maestro de la humanidad, no en el Salvador.
     
      Frente a la enseñanza bíblica de que el hombre es pecador y morirá una sola vez debiendo comparecer ante el Dios de la justicia, la Nueva Era insiste en que el pecado no existe, sino que es ignorancia o imperfección por estar a un nivel inferior de conciencia personal. Igualmente se admite la reencarnación.
     
      Frente a la enseñanza bíblica que insiste en que la salvación nos viene dada por la gracia de Dios a través del misterio pascual de Cristo, la Nueva Era propugna una especie de pelagianismo, o visión optimista de la persona humana, en cuanto la persona humana se salva por sí misma, y alcanza por sí misma la perfección, mediante diversas técnicas.
     
      Frente a la enseñanza bíblica en un Dios personal, distinto de la creación, la Nueva Era no admite un Dios personal y cae en una especie de panteísmo emergente, en el que la tierra es la diosa por excelencia.
     
      Frente a la enseñanza bíblica que insiste en la necesidad de orar, la Nueva Era centra toda su atención en una especie de meditación que no deja de ser un diálogo con uno mismo, sin abrirse a la trascendencia ni a la relación con un Dios personal.
     
      Frente a la revelación bíblica de una consumación final (escatología) relacionada con la definitiva venida de Cristo, la Nueva Era se debate entre una transformación de lo existente, o la llegada de seres de otros planetas.
     
      De otra manera, C. Santos, subraya como aspectos más divergentes con el cristianismo: que para la Nueva Era, en lugar de Dios creador del mundo, éste emana de Dios y no es diferente de la gran energía. Dios desaparece. El mundo es divino. Desparece también la dualidad Dios-hombre. Dios y el hombre se mezclan en una conjunción inmanentista.
     
      Para la New Age, Dios no se revela a través de su Palabra. Basta escuchar el mensaje del cosmos y sus vibraciones... La unión mística con Dios la cambia por la fusión holística con el Todo.
     
      En esta concepción religiosa, la Iniciación no es sacramental, sino gnóstica y por niveles de conciencia. En lugar de Cristo, Hijo de Dios, personal y redentor, el Cristo Cósmico, avatar, instructor mundial En lugar de gracia y pecado, superación de la ignorancia y niveles de autoconciencia y autodesarrollo. En lugar del reino de Dios, autoorganización holística del Universo. En lugar de oración relacional, que supone alteridad, hay instrospección profunda. En fin, en lugar de comunidad de redimidos y convocados (Ekklesia), comunidad cósmica y de fraternidad universal.
     
      -¿Cómo responde el cristianismo a los retos planteados?
     
      Raúl Berzosa: En primer lugar, es imprescindible resituar el acontecimiento crístico-encarnado, redescubrir el Dios personal y la verdadera oración, así como a Cristo como único mediador y salvador universal.
     
      Además, es necesario recuperar la noción de “pecado” en sentido teológico, y no sólo como ignorancia o imperfección humanas, y por lo mismo, la salvación como don y tarea (no como gnosis ni autorrealización), y valorar la persona como tal: criatura, única e irrepetible, responsable de su vida.
     
      El cristianismo dice que el mundo no es eterno, porque ha tenido un comienzo y tendrá un fin, y que el futuro es escatológico, pero comienza aquí.
     
      Asimismo, es necesario revalorizar lo comunitario y planetario, recordar que la muerte es también resurrección. Y sería necesario sacar a la luz la doctrina cristiana sobre los ángeles y demonios, para terminar con muchas confusiones.
     
      La nueva espiritualidad es un verdadero desafío para el cristianismo. Este no puede confundir lo bueno con lo "nuevo" sino con lo "verdadero" y habrá que insistir con J. A. Pagola en que la fe cristiana no es una iniciación esotérica, ni un camino de iluminación de la conciencia. Ni la salvación consiste en una experiencia de plenitud cósmica a través de un proceso de reencarnación. El cristianismo cree en el Jesucristo, tal y como lo transmiten los Evangelios, y en "su sabiduría", que no es ninguna ciencia oculta o teosofía esotérica, sino la Buena Nueva de un Dios Padre capaz de salvar al hombre.
     
      J.Sudbrack, escritor de envidiable lucidez, ha vuelto a subrayar que, frente a la gnosis antigua y contemporánea la visión cristiana de la vida no puede renunciar a sus puntos neurálgicos: tomar en serio, desde el misterio de Jesucristo, todo lo humano y la dignidad de cada persona; la Iglesia y los sacramentos no son sólo signos espirituales sino portadoras de vida espiritual; la historia como lugar de revelación del Dios Vivo; y la centralidad de Jesucristo para nuestra fe. 2005-02-26

 

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Formar" la conciencia propia es tarea fundamental. La razón es muy sencilla: nuestra conciencia puede errar. Y cuando sobre ella prevalece el error, ocasiona el daño más grave para la persona humana, que es el de impedir que el hombre se realice a sí mismo subordinando el ejercicio de la libertad a la verdad.

Sin embargo, el camino hacia una conciencia moral madura ni iniciarse puede si el espíritu no está libre de una enfermedad mortal hoy muy difundida: la indiferencia respecto de la verdad. Porque, ¿cómo podremos preocuparnos de que la verdad habite en nuestra conciencia si entendemos que estar en la verdad no es un valor de importancia decisiva para el hombre? En efecto, la Iglesia es "columna y fundamento de la verdad" (1 Tim 3, 15). De modo que la fidelidad al Magisterio de la Iglesia impide que la conciencia moral se desvíe de la verdad sobre el bien del hombre.

 

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Todo aquello que te gustaría cambiar de un mundo demasiado cruel, empieza por cambiarlo en tu propia casa, en tu corazón, ahora.

 

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Benedicto PP. XVI: «La verdad se demuestra a sí misma en el amor».

 

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.la barca de la Iglesia que Cristo fundó, triunfará…, portae inferi non praevalehunt) (Matth. 16,18) las puertas del infierno no prevalecerán, le dijo Cristo a su Iglesia Católica

 

«El amor a Dios genera mártires, no violencia».

 

Humilde y reconciliadora actitud
El que ama con Cristo ve al hombre, al otro joven, de un modo radicalmente nuevo, que el mundo no conoce, ni enseña, ni es capaz de vivenciar ni de comunicar.
Se dice, y se pretende mostrar, con un acercamiento superficial y supuestamente neutral y objetivo al fenómeno de las religiones, que la fe en Dios y que el amor a Dios genera violencia. Lo que es verdad y ha sido verdad a lo largo de toda la Historia, muy especialmente la del siglo XX, es todo lo contrario: el amor a Dios, presentado, encarnado y entregado en Jesucristo, lo que produce es amor misericordioso, ofrecido en total gratuidad al hombre. ¡Produce mártires! No es extraño, por tanto, que los detentadores del poder humano pretendan, y traten por todos los medios, de hacer comprender a las jóvenes generaciones lo contrario. ¿Es posible que nos hayamos olvidado tan pronto de las más horrendas tragedias de la Humanidad, las del siglo pasado, con sus dos Guerras Mundiales y con dos regímenes políticos que, negando explícita y militantemente a Dios, despreciaron al hombre y lo humillaron hasta los extremos más inconcebibles del genocidio y de su eliminación por millones? Al que no era de su raza , se le calificaba de Untermensch -de infrahombre-, indigno de vivir; y, al que no pertenecía a su clase, se le declaraba enemigo del pueblo y destinado al gulag y al exterminio. Y ciertamente los actuales fanatismos religiosos no se curarán negando la verdad y el amor de Dios, a través de fórmulas criptorreligiosas de un laicismo radical y autosuficiente, sino buscándola y encarnándola lo más auténticamente posible. ...[…]… 2007-IX.
+Antonio Mª Rouco Varela – Esp.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!

San Juan Crisóstomo (†14 de septiembre de 407) meditando el libro del Génesis, guía a los fieles de la creación al Creador, que es el Dios de la condescendencia, y por eso llamado también «padre tierno», médico de las almas, madre y amigo afectuoso. Une a Dios Creador y Dios Salvador, ya que Dios deseó tanto la salvación del hombre que no se reservó a su único Hijo. Comentando los Hechos de los Apóstoles propone el modelo de la Iglesia primitiva, desarrollando una utopía social, casi una «ciudad ideal». Trataba de dar un rostro cristiano a la ciudad, afrontando los principales problemas, especialmente las relaciones entre ricos y pobres, a través de una inédita solidaridad.

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Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

Anno Domini 2007 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

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La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo - «Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicara los otros la amistad con Él» (Benedicto XVI,).

Dar razón de la belleza de Cristo en los escenarios del mundo contemporáneo.

2000 años en que la Iglesia-cuna de Cristo, muestra su belleza al mundo.

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 “El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).


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Recomendamos: ‘Un Ángel a mi lado

Ángeles - Todos tenemos un ángel a nuestro lado que nos cuida y protege. En ‘Un Ángel a mi lado’ (Palabra), Alejandro Fernández Cotta argumenta su existencia y actividad, deduciéndolas de noticias y acontecimientos fidedignos. Quiere fomentar la confianza en los ángeles, en amistad y cuidado.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

Cristianos: ¡no nos dejemos engañar por algunos grupos, veamos este ejemplo!

Recomendamos:ROMA, DULCE HOGAR, Scott Hahn y su esposa Kimberly cuentan el largo viaje que les llevó de protestantes-evangélicos calvinistas, hasta la casa paterna en la Iglesia Católica. Un camino erizado de dificultades, pero recorrido con gran coherencia y docilidad a la gracia, y cuyo motor era el amor a Jesucristo y a su Palabra en la Sagrada Escritura.

 

Recomendamos: “LO PRIMERO ES EL AMOR”, Scott Hahn muestra de nuevo una de sus mejores cualidades como autor: su gran capacidad para explicar las verdades esenciales de la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, de un modo accesible y atrayente. En esta obra el incentivo es esta pregunta: ¿Qué clase de amor y qué clase de familia satisfacen nuestros más íntimos anhelos?. Con su clara prosa desarrolla una idea central de la fe cristiana: Dios, la Trinidad de Personas Divinas, es una familia que vive en una comunión de amor. Expone también Hahn la íntima conexión entre la familia divina, la familia de la fe, que es la Iglesia, y las familias de la tierra formadas por un hombre y una mujer. Ed. Patmos – Libros de espiritualidad-225.-


Cito uno, entre tantos otros, de la historia reciente de Europa: hace veinte años, cuando cayó el muro de Berlín y se derrumbaron los regímenes materialistas y ateos que habían dominado durante varios decenios una parte de este continente, ¿acaso no fue posible calcular el alcance de las profundas heridas que un sistema económico carente de referencias fundadas en la verdad del hombre había infligido, no sólo a la dignidad y a la libertad de las personas y de los pueblos, sino también a la naturaleza, con la contaminación de la tierra, las aguas y el aire? La negación de Dios desfigura la libertad de la persona humana, y devasta también la creación. Por consiguiente, la salvaguardia de la creación no responde primariamente a una exigencia estética, sino más bien a una exigencia moral, puesto que la naturaleza manifiesta un designio de amor y de verdad que nos precede y que viene de Dios.

Benedicto PP XVI.   MMX.I.


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