Escribió C.S. Lewis: «No hay caridad cristiana, sino mera justicia, al disculpar lo excusable. Para ser cristianos, debemos perdonar lo inexcusable, porque así procede Dios con nosotros». Sólo quien de verdad ama es capaz de perdonar. Hoy, en un mundo sensibilizado por los nuevos pobres, que son las víctimas, el ejercicio del perdón forma parte del complejo proceso de la felicidad personal y social. Es bueno y útil que nos sumerjamos en la dinámica del perdón, acabando con las grietas que el resentimiento produce en nuestra alma frente a las ofensas, las incomprensiones y los juicios injustos.
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La lengua de la predicación y de la liturgia en Roma era el griego. Sólo al desaparecer la mayoría griega se sintió la necesidad de traducir al latín las Escrituras Sagradas, de predicar en latín y emplear finalmente el latín como lengua de la liturgia. La primera Biblia latina en Roma se remonta a la segunda mitad del siglo II.
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La historia de la salvación consignada en los libros del Antiguo Testamento.
14. Dios amantísimo, buscando y preparando solícitamente la salvación de todo el género humano, con singular favor se eligió un pueblo, a quien confió sus promesas. Hecho, pues, el pacto con Abraham y con el pueblo de Israel por medio de Moisés, de tal forma se reveló con palabras y con obras a su pueblo elegido como el único Dios verdadero y vivo, que Israel experimentó cuáles eran los caminos de Dios con los hombres, y, hablando el mismo Dios por los Profetas, los entendió más hondamente y con más claridad de día en día, y los difundió ampliamente entre las gentes.
La economía, pues, de la salvación preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, se conserva como verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por lo cual estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: "Pues todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza, fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras estemos firmes en la esperanza" (Rom. 15,4).
Importancia del Antiguo Testamento para los cristianos
15. La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. Más, los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación.
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En el monasterio de Santa Catalina, junto al Monte Sinaí, se ha descubierto un fragmento del Codex Sinaiticus, Biblia manuscrita de entre los años 330 y 350, que está considerada el segundo texto más antiguo del mundo, después del Codex Vaticanus. 2009
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El Códice de Petersburgo de los Últimos Profetas es un manuscrito del año 916 d. C. y está catalogado como una de las copias de las Escrituras Hebreas o Antiguo Testamento más antiguas que existen. Lo descubrió el estudioso caraíta Abraham Fírkovich, en una cueva de los acantilados de Chufut-Kale (Crimea). En el año 1859 Fírkovich decide ofrecer el códice a la Biblioteca Imperial de Rusia. En 1862 el zar Alejandro II compró el códice por la suma de 125.000 rublos.

CARIDAD - Citas de la Sagrada Escritura
1. Excelencia de la caridad Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. .El que no ama permanece en la muerte. Jn- 3, 14
Si, hablando lenguas de hombres y de ángeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. I Cor 13, 1.
Pero por encima de todo esto, vestíos de la caridad, que es vínculo de perfección. Col 4, 14.
Porque toda la ley se resume en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Gal 5, 14.
Ante todo, tened los unos para los otros, ferviente caridad, porque la caridad cubre la muchedumbre de los pecados. I Pdr 4, 8.
Ahora permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad: pero de las tres, la caridad es la mas excelente de todas. I Cor 13, 13.
2. El amor al prójimo
Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; como yo os he amado, así también amaos mutuamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos: Si tenéis caridad unos para con otros. Jn 13, 34-35.
Amaras a tu prójimo como a ti mismo. Mc 12, 31.
En esto se conocen los hijos de Dios y los hijos del diablo. El que no practica la justicia no es de Dios, y tampoco el que no ama a su hermano. I Jn 3, 10.
Amar al prójimo como a si mismo, es mucho mejor que todos los holocaustos y sacrificios. Mc 12, 33.
Si alguno dijere: Amo a Dios, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano a quien ve, no es posible que ame a Dios a quien no ve. Y nosotros tenemos de El este precepto: que quien ama a Dios, ame también a su hermano. I Jn 4, 20-21.
Nadie tiene amor mayor que este de dar uno la vida por sus amigos. Jn 15, 13.
No estéis en deuda con nadie, a no ser en el amaros unos a otros, porque quien ama al prójimo ha cumplido la ley, pues el amor es la plenitud de la ley. Rom 13, 8-10.
3. Cualidades de la caridad
La caridad es paciente, es benigna; no es envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha; no es descortés, no es interesada, no se irrita, no piensa mal, no se alegra de la injusticia, se complace de la verdad; todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera. I Cor 13, 4.
Dios ama al que da con alegría. 2 Cor 9, 7.
4. Corrección fraterna
Hermanos, si alguno fuere hallado en falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, cuidando de ti mismo no seas también tentado. Gal 6, 1.
Si tu hermano pecare contra ti, ve y corrígele, estando a solas con el. Si te escucha habrás ganado a tu hermano. Mt 18, 15.
Si alguno no obedeciere lo que ordenamos [...] no le miréis como enemigo sino corregidle como hermano. 2 Tes 3, 14-15.
5. Caridad con los enemigos
Bendecid a los que os maldigan y orad por los que os calumnien. Lc 6, 28.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre, que esta en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos. Mt 5, 44.
Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre dale de comer y si tiene sed dale de beber, que haciendo así amontonáis carbones encendidos sobre su cabeza. No te dejes vencer del mal, antes vence al mal con el bien. Rom 12, 20-21.
Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os persiguen y calumnian. Mt 5, 44; Lc 6, 27-28.
Si no amáis sino a los que os aman, ¿que premio habéis de tener? Mt 5, 46.
Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar allí te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano. Mt 5, 2324.
6. La limosna
Dad limosna de lo vuestro que os sobra, y con eso todas las cosas estarán limpias en orden a vosotros. Lc 11, 41.
Vended lo que poseáis y dad limosna. Lc 12, 33.
Si un hermano [...] esta desnudo y necesita alimento diario, ¿de que le servirá que alguno de vosotros le diga: Vete en paz [...], si no le da lo necesario para reparo de su cuerpo? Sant 2, 15-16.
Apartaos de mi, malditos, al fuego eterno [...], porque tuve hambre y no me disteis de comer [...]. Os digo en verdad: siempre que dejasteis de hacerlo con alguno de estos pequeños, dejasteis de hacerlo conmigo. Mt 25, 41-45.
7. Otras manifestaciones de esta virtud
Así pues, os exhorto yo, preso en el Señor, a andar de una manera digna de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad, mansedumbre y longanimidad, soportándoos los unos a los otros con caridad. Ef 4, 1.
En esto hemos conocido la caridad, en que El dio su vida por nosotros, y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos. I Jn 3, 16.
Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo. Gal 6, 2.
Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacedlo vosotros a ellos, porque esta es la ley y los Profetas.-Mt 7, 12.
Da de tu pan al hambriento, y tus vestiduras al desnudo. Tob 4, 16.
No hagáis nada por espíritu de competencia, nada por vanagloria; antes, llevados de la humildad, teneos unos a otros por superiores, no atendiendo cada uno a su propio interés sino al de los otros. Flp 2, 3.
Ved cuan bueno y alegre es convivir ,untos los hermanos. Sal 132, 1.
Con tres cosas me adorno y me presento, hermosas ante el Señor y ante los hombres: la concordia entre hermanos, la amistad entre los prójimos y la armonía entre mujer y marido. Eclo 25, 1.
Con la medida con que midiereis se os medirá y se os añadirá. Mc 4, 24.
No seas perezoso en visitar a los enfermos. Eclo 7, 39.
No vuelvas a tu prójimo mal por mal, cualquiera que sea el que el te haga. Eclo 10, 6.
8. Pecados contra la caridad: el escándalo
jAy del mundo por los escándalos! [...]; ;ay de aquel hombre que causa el escándalo! Mt 18, 7.
Al que escandalizare a alguno de estos pequeñitos que creen en mi mucho mejor le fuera que le ataran al cuello una de esas ruedas de molino que mueve un asno y le echaran al mar. Mc 9, 41.
Si tu mano te es ocasión de escándalo, cortara: mas te vale entrar manco en la vida, que tener dos manos e ir al infierno. Mc 9, 42.
Si lo que yo como escandaliza a mi hermano, no comeré en mi vida carne, por no escandalizar a mi hermano. I Cor 8, 13.
Pon cuidado en no causar tropiezo o escóndalo al hermano. Rom 14, 13.
9. Pecados contra la caridad: la maledicencia
Temo [...] que por desgracia haya quizás entre vosotros [...] discordias, detracciones, chismes [...], y tenga que llorar a muchos. 2 Cor 12, 20-21.
Depuesta toda malicia y todo engaño, y los fingimientos [...] y todas las murmuraciones [...]. 1 Pdr 2, 1-2.
Dad ya de mano [...] a la maledicencia [...]. No mintáis los unos a los otros. Col 3, 8-9.
El que llamare a su hermano raca, merecerá que le condene el concilio; mas quien le llamare fatuo será reo del fuego del infierno. Mt 5, 22.
Los chismosos, los infamadores, enemigos de Dios, ultrajadores [...] son dignos de muerte. Rom 1, 29-30, 32.
10. Otros pecados y faltas contra esta virtud
El que se venga será victima de la venganza del Señor, que le pedirá cuenta de sus pecados. Eclo 28, 1.
Quien aborrece a su hermano es homicida, y ya sabéis que todo homicida no tiene en si la vida eterna. I Jn 3, 15.
Pues el que tuviere bienes del mundo y, viendo a su hermano tener necesidad, le cierra sus entrañas, ¿como permanece en el la caridad de Dios? I Jn 3, 17.
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El carbono devuelve sus minas al rey Salomón
La Biblia y la alta tecnología se dan la mano en una nueva aproximación arqueológica que le da la vuelta a décadas de «desmentidos» de la existencia de las míticas minas de cobre del rey Salomón. Desde los años 70 del siglo XX se consideraba que la metalurgia no llegó a las tierras de Edom, el reino bíblico vecino de Israel fundado por Esaú al suroeste de Jordania, hasta el siglo VII antes de Cristo, lo que dejaría fuera de juego a Salomón, que vivió tres centurias antes. Los nuevos descubrimientos apuntan lo contrario, proyectan una nueva mirada sobre las guerras de poder de la Antigüedad y abren un debate apasionante: ¿puede la ciencia acabar dando la razón a algunas partes de los textos sagrados no sólo cristianos, sino también al Mahabharata indio, las sagas islandesas y los secretos de los mayas?
Abogan los autores de este estudio por una aproximación analítica que recupere una arqueología histórica bíblica pero de absoluta base científica, avalada por la más moderna tecnología digital. Hasta ahora parecía que las opciones eran muy pocas y además muy drásticas: entre 1925 y 1948, lo que se llamó la «edad de oro» de la arqueología bíblica, cuando el prototipo del arqueólogo se confundía con el del explorador aristocrático inglés -como el marido de Agatha Christie-, la «moda» era tomar la Biblia como un mapa de campo literal. Se buscaba la confirmación sobre el terreno de las Sagradas Escrituras.
Esto cambió a partir de 1968. Estallan las ciencias sociales y sobre todo laicas, cuya idea de rigor científico excluye toda connivencia con los mitos del pasado y sobre todo con la religión. De tomar la Biblia al pie de la letra se pasa a tirarla literalmente a la basura.
La figura del rey Salomón y de su mismo imperio son de los primeros en caer aparatosamente de su pedestal. Hay quien discute que heredara de su padre «el inmenso imperio que se extendía desde el Nilo hasta el Éufrates» que la Biblia le atribuye. Hasta se le cuestiona la paternidad del templo de Jerusalén y, por supuesto, de las minas de cobre cuya leyenda da pie a la novela de H. Rider Haggard, fundador del género victoriano de aventuras. Se imponen en cambio otras aproximaciones que dicen que ese poder existió pero que no lo detentaba Salomón, sino algún otro monarca, por ejemplo el faraón egipcio de la XVIII dinastía Amenhotep III.
Datación por carbono
Sin embargo, un estudio coordinado por Thomas Levy, de la Universidad de La Jolla en San Diego, California, permite datar las minas de cobre y los trabajos de fundición hallados en Khirbat en-Nahas (hoy territorio en el sur jordano, cerca de la frontera de Israel, Egipto y Arabia Saudí), donde se alzó la bíblica Edom, en el siglo X antes de Cristo y no en el VII. Nuevas dataciones por radiocarbono de muestras de carbón y de amuletos dejados a su paso por incursiones egipcias posteriores a la muerte de Salomón han sido clave para rehabilitar la versión bíblica, o por lo menos volver a hacerla verosímil.
¿Significa eso que al oscurantismo religioso siguió una especie de oscurantismo opuesto, falsamente científico, que es el que decae ahora? El profesor de Oxford y coautor del estudio Thomas Higham reivindica en declaraciones a ABC que toda prudencia es poca a la hora de calibrar estas cuestiones. El objetivo de su trabajo, dice, no es echar más leña al fuego de la polémica sino precisamente dejar atrás todo prejuicio y toda confusión. Buscan apoyarse en «datos sólidos y empíricos, generados por un cuidadoso trabajo de campo».
La aportación de Higham al estudio ha sido hacerse responsable de la parte técnica de la datación por radiocarbono, es decir, utilizar el isótopo carbono-14 para determinar la edad de los restos. Es la técnica de medición considerada absoluta por la arqueología moderna, que hasta ahora se ha enfrentado a interpretaciones muy polémicas y contrapuestas de las dataciones disponibles.
ANNA GRAU I NUEVA YORK. Martes, 28-X-2008
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Relaciones entre el Antiguo y Nuevo Testamento
Código: ZS05051709 - Fecha publicación: 2005-05-17
Por el cardenal Joseph Ratzinger
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 17 mayo 2005 .- Publicamos la presentación que escribió el cardenal Joseph Ratzinger del documento «El pueblo judío y sus Escrituras sagradas en la Biblia cristiana», publicado el 24 de mayo de 2001 por la Comisión Pontificia Bíblica, de la que era presidente, en calidad de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
* * *
En la teología de los Padres de la Iglesia la pregunta sobre la unidad interna de la única Biblia de la Iglesia, compuesta de Antiguo y Nuevo Testamento, era un tema central. Que eso no era ni de lejos un problema sólo teórico, se puede percibir palpablemente en el camino espiritual de uno de los más grandes maestros de la cristiandad, San Agustín de Hipona. Agustín había tenido a los 19 años, el año 373, una primera experiencia profunda de conversión. La lectura de un libro de Cicerón —el Hortensius, actualmente perdido— le había provocado un cambio profundo, que él mismo describe retrospectivamente: « A Ti, Señor, se dirigían mis plegarias. Empecé a levantarme, a volver hacia Ti. Cómo ardía, Dios mío, cómo ardía por levantarme de la tierra hacia Ti » (Conf. III 4,81). Para el joven africano, que cuando niño había recibido la sal que le convertía en catecúmeno, estaba claro que un retorno a Dios tenía que ser un retorno a Cristo, que él sin Cristo no podía verdaderamente encontrar a Dios. Por eso pasó de Cicerón a la Biblia. Pero allí experimentó una terrible decepción: en las difíciles prescripciones de la Ley del Antiguo Testamento, en sus complicadas y a veces también crueles historias no podía reconocer la Sabiduría a la que él se quería abrir. En su búsqueda dio con personas que le anunciaban un nuevo cristianismo espiritual, un cristianismo que despreciaba el Antiguo Testamento como no espiritual y repugnante, un cristianismo con un Cristo que no necesitaba el testimonio de los profetas hebreos. Aquella gente prometía un cristianismo de la razón pura y sencilla, un cristianismo en el cual Cristo era el gran Iluminador, que llevaba a los hombres al verdadero conocimiento de sí mismos. Eran los maniqueos [1].
La gran promesa de los maniqueos se demostró engañosa, pero con eso el problema no quedaba resuelto. Agustín sólo se pudo convertir al cristianismo de la iglesia católica después de haber conocido, a través de Ambrosio, una interpretación del Antiguo Testamento que hacía transparente la Biblia de Israel a la luz de Cristo y así hacía visible la Sabiduría que él buscaba. Con ello Agustín superó no sólo el desagrado externo por la forma literaria no satisfactoria de la antigua traducción latina de la Biblia, sino sobre todo el rechazo interior hacia un libro que más parecía un documento de la historia de la fe de un pueblo determinado, con todas sus peripecias y errores, que la voz de una Sabiduría venida de Dios y dirigida a todos. Esa lectura de la Biblia de Israel, que por sus caminos históricos descubre el camino hacia Cristo y con ella la transparencia hacia el mismo Logos, la Sabiduría eterna, no sólo fue fundamental para la decisión de fe de Agustín: fue y es fundamental para la decisión de fe de toda la Iglesia.
Pero esa lectura ¿es verdadera? ¿Puede ser fundamentada y asumida aún hoy día? Desde la perspectiva de la exégesis histórico-crítica parece, por lo menos a primera vista, que todo habla en contra de ello. Así el año 1920 el eminente teólogo liberal Adolf von Harnack formuló la tesis siguiente: « rechazar el Antiguo Testamento en el siglo segundo (alude a Marción), fue un error que la gran Iglesia condenó con razón; mantenerlo en el siglo dieciséis fue un destino al que la Reforma todavía no se podía sustraer; pero, desde el siglo diecinueve, conservarlo todavía en el protestantismo como documento canónico, de igual valor que el Nuevo Testamento, es consecuencia de una parálisis religiosa y eclesiástica » [2].
¿Tiene razón Harnack? A primera vista, parece que muchas cosas hablan a favor de él. Si la exégesis de Ambrosio abrió para Agustín el camino hacia la Iglesia y, en su orientación fundamental —naturalmente muy variable en los detalles—, se convirtió en fundamento de la fe en la Biblia como palabra de Dios en dos partes y sin embargo una, se podrá objetar inmediatamente: Ambrosio había aprendido esta exégesis en la escuela de Orígenes, el primero que la aplicó de modo consecuente. Pero Orígenes en eso —según se dice— sólo había trasladado a la Biblia el método de interpretación alegórica que el mundo griego aplicaba a los escritos religiosos de la antigüedad, especialmente a Homero. Por tanto, no realizaría sólo una helenización de la palabra bíblica extraña a su íntima esencia, sino que se habría servido de un método que en sí mismo no era creíble, porque en último término estaba destinado a conservar como sagrado lo que en realidad no era más que testimonio de una cultura incapaz de ser adaptada al presente. Pero la cosa no es tan sencilla. Orígenes, más que en la exégesis homérica de los griegos, podía apoyarse en la interpretación del Antiguo Testamento que había surgido en ambiente judío, sobre todo en Alejandría con Filón como adalid, la cual procuraba de modo bien original hacer accesible la Biblia de Israel a los griegos que desde hacía tiempo preguntaban, más allá de sus dioses, por un Dios que podían encontrar en la Biblia. Además, Orígenes aprendió de los rabinos. Finalmente, elaboró principios cristianos totalmente propios: la unidad interna de la Biblia como norma de interpretación, Cristo como punto de referencia de todos los caminos del Antiguo Testamento [3].
Pero sea cual sea el juicio sobre la exégesis de Orígenes y de Ambrosio en sus detalles, su fundamento último no era ni la alegoría griega, ni Filón, ni tampoco los métodos rabínicos. Su auténtico fundamento, aparte de los detalles de su interpretación, era el mismo Nuevo Testamento. Jesús de Nazaret tuvo la pretensión de ser el auténtico heredero del Antiguo Testamento (de la «Escritura») y de darle la interpretación válida, interpretación ciertamente no a la manera de los maestros de la Ley, sino por la autoridad de su mismo Autor: «Enseñaba como quien tiene autoridad (divina), no como los maestros de la Ley» (Mc 1,22). El relato de Emaús resume otra vez esta pretensión: «Empezando por Moisés y por todos los Profetas, les explicó lo que en todas las Escrituras se refiere a él» (Lc 24,27). Los autores del Nuevo Testamento intentaron fundamentar en concreto esta pretensión: muy subrayadamente Mateo, pero no menos Pablo, utilizaron los métodos rabínicos de interpretación e intentaron mostrar que precisamente esta forma de interpretación desarrollada por los maestros de la Ley conducía a Cristo como clave de las «Escrituras». Para los autores y fundadores del Nuevo Testamento, el Antiguo Testamento es simplemente la «Escritura»; sólo al cabo de algún tiempo la Iglesia pudo formar poco a poco un canon del Nuevo Testamento, que también constituía Sagrada Escritura, pero siempre de modo que como tal presuponía y tenía como clave de interpretación la Biblia de Israel, la Biblia de los Apóstoles y sus discípulos, que sólo entonces recibió el nombre de Antiguo Testamento.
En este sentido, los Padres de la Iglesia no crearon nada nuevo con su interpretación cristológica del Antiguo Testamento: sólo desarrollaron y sistematizaron lo que habían encontrado en el mismo Nuevo Testamento. Esta síntesis, fundamental para la fe cristiana, tenía que resultar cuestionable en el momento en que la conciencia histórica desarrolló unos criterios de interpretación para los cuales la exégesis de los Padres tenía que aparecer como no histórica y por tanto objetivamente insostenible. Lutero, en el contexto del humanismo y de su nueva conciencia histórica, pero sobre todo en el contexto de su doctrina de la justificación, desarrolló una nueva fórmula sobre las mutuas relaciones de las dos partes de la Biblia cristiana, no partiendo de la armonía interna de Antiguo y Nuevo Testamento, sino de la antítesis esencialmente dialéctica entre Ley y Evangelio, tanto desde el punto de vista de la historia de la salvación como desde el punto de vista existencial. Bultmann ha expresado de forma moderna esta posición de principio con la fórmula de que el Antiguo Testamento se ha cumplido en Cristo en su fracaso. Más radical es la propuesta citada de Harnack, que ciertamente, por lo que puedo saber, apenas ha sido acogida por alguien, pero que era perfectamente lógica partiendo de una exégesis para la que los textos del pasado sólo pueden tener el sentido que cada autor les haya querido dar en aquel momento histórico. Que los autores de siglos antes de Cristo que hablan en los libros del Antiguo Testamento se hayan querido referir a Cristo y a la fe del Nuevo Testamento aparece a la moderna conciencia histórica como muy inverosímil. Por eso con la victoria de la exégesis histórico-crítica, pareció que la interpretación cristológica del Antiguo Testamento, iniciada por el mismo Nuevo Testamento, había fracasado. Esto, como hemos visto, no es una cuestión histórica de detalle, sino que con ello se debaten los mismos fundamentos del cristianismo. Por eso queda también claro por qué nadie ha querido seguir la propuesta de Harnack de proceder finalmente a la renuncia al Antiguo Testamento, que Marción había emprendido demasiado pronto. Lo que quedaría, nuestro Nuevo Testamento, sería algo sin sentido. El Documento de la Pontificia Comisión Bíblica que aquí presentamos dice sobre ello: «Sin el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento sería un libro indescifrable, una planta privada de sus raíces y destinada a secarse» (Núm. 84).
Bajo este aspecto, se ve la magnitud de la empresa que asumió la Pontificia Comisión Bíblica, cuando se propuso afrontar el tema de las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Si tiene que haber una salida a la aporía descrita por Harnack, tiene que ser el concepto de una interpretación de los textos históricos, sostenible hoy día, que parta del texto de la Biblia aceptado como Palabra de Dios, pero amplíe y profundice el punto de vista de los estudiosos liberales. En los últimos decenios han ocurrido cosas importantes en esta dirección. La Pontificia Comisión Bíblica presentó los resultados esenciales de estos conocimientos en su documento publicado en 1993, «La interpretación de la Biblia en la Iglesia». La comprensión de la pluridimensionalidad del discurso humano, que no está atado a un momento histórico, sino que abarca el futuro, fue de gran ayuda para entender cómo la palabra de Dios se puede servir de la palabra humana para dar a la historia en progreso un sentido que va más allá del momento presente y obtiene precisamente así la unidad de todo el conjunto. La Comisión Bíblica, identificándose con este documento suyo anterior y sobre la base de minuciosas reflexiones metódicas, ha examinado las grandes líneas de pensamiento de ambos Testamentos en sus mutuas relaciones y ha podido decir en resumen que la hermenéutica cristiana del Antiguo Testamento, que sin duda se aparta profundamente de la del Judaísmo, «corresponde sin embargo a una potencialidad de sentido efectivamente presente en los textos» (Núm. 64). Este es un resultado, que me parece muy significativo para el progreso del diálogo, pero también sobre todo para la fundamentación de la fe cristiana.
Sin embargo la Comisión Bíblica no podía en su labor prescindir del contexto de nuestro presente, en el cual el impacto del Holocausto (la «Shoah») ha inmergido toda la cuestión en otra luz. Se plantean dos cuestiones principales: ¿Pueden los cristianos, después de todo lo que ha ocurrido, mantener aún tranquilamente la pretensión de ser los herederos legítimos de la Biblia de Israel? ¿Pueden continuar con la interpretación cristiana de esta Biblia, o tendrían que renunciar con respeto y humildad a una pretensión que, a la luz de lo que ha ocurrido, tiene que aparecer como una intromisión? De eso depende la segunda pregunta: La presentación de los judíos y del pueblo judío que hace el mismo Nuevo Testamento, ¿no ha contribuido a crear una enemistad hacia el pueblo judío, que ha preparado la ideología de aquellos que querían eliminar a Israel? La Comisión se ha planteado las dos cuestiones. Está claro que la renuncia de los cristianos al Antiguo Testamento no sólo acabaría, como hemos indicado, con el cristianismo como tal, sino que tampoco prestaría ningún servicio a una relación positiva entre cristianos y judíos, precisamente porque les sustraería el fundamento común. Lo que hay que deducir de los hechos ocurridos es un nuevo respeto por la interpretación judía del Antiguo Testamento. El documento dice dos cosas sobre el tema. En primer lugar, constata que la lectura judía de la Biblia es «una lectura posible que está en continuidad con las sagradas Escrituras de los judíos del tiempo del segundo Templo y es análoga a la lectura cristiana, que se ha desarrollado en paralelismo con ella» (Núm. 22). Añade que los cristianos pueden aprender mucho de la exégesis judía practicada durante 2000 años; viceversa los cristianos pueden confiar en que los judíos podrán sacar provecho de las investigaciones de la exégesis cristiana (ibid.). Creo que los análisis presentes ayudarán al progreso del diálogo judeocristiano, así como a la formación interior de la conciencia cristiana.
La última parte del documento responde a la cuestión de la presentación de los judíos en el Nuevo Testamento. En ella se examinan minuciosamente los textos considerados «antijudíos». Aquí quisiera subrayar sólo un punto de vista que me ha parecido especialmente importante. El documento muestra cómo los reproches que el Nuevo Testamento dirige a los judíos no son ni más frecuentes ni más duros que las quejas contra Israel que encontramos en la Ley y los Profetas, es decir dentro del mismo Antiguo Testamento (Núm. 87). Pertenecen al lenguaje profético del Antiguo Testamento y, por tanto, se han de interpretar como las palabras de los Profetas: denuncian los fallos del presente, pero son siempre temporales por esencia y presuponen también siempre nuevas posibilidades de salvación.
A los miembros de la Comisión Bíblica quisiera expresarles agradecimiento y reconocimiento por su labor. De sus discusiones, mantenidas pacientemente durante varios años, ha surgido este documento que, estoy convencido, puede ofrecer una ayuda importante en una cuestión central de la fe cristiana y en la tan importante búsqueda de una nueva comprensión entre cristianos y judíos.
Roma, en la fiesta de la Ascensión de Cristo, 2001
Joseph Cardenal Ratzinger
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Notas
(1) Véase la presentación de esta fase del camino espiritual de Agustín en P. Brown, «Augustinus von Hippo», Leipzig 1972, 34-38 (tr. del inglés).
(2) A. von Harnack, Marcion. 1920. Reimpresión, Darmstadt 1985, pp. XII y 217.
(3) El cambio decisivo en la valoración de la exégesis de Orígenes fue debido a H. de Lubac con su libro: «Histoire et Esprit. L´intelligence de l´Existence d´après Origène», Paris 1950. Posteriormente, son dignos de atención los trabajos de H. Crouzel (p.ej. «Origène» 1985). Un buen resumen del estado de la investigación lo ofrece H.-J. Sieben en su «Einleitung zu Origenes. In Lucam homiliae», Freiburg 1991, 7-53. Una síntesis de cada trabajo de H. de Lubac sobre la cuestión de la interpretación bíblica lo da la obra editada por J. Voderholzer: «H. de Lubac, Typologie-Allegorese-Geistiger Sinn». Studien zur Geschichte der christlichen Schriftauslegung, Freiburg 1999).
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III. LA BIBLIA EN LA HISTORIA UNIVERSAL
Ningún otro libro religioso en la historia de la humanidad, es tan antiguo y completo como las Sagradas Escrituras, así por ejemplo:
a. Hinduismo: Texto sagrado Vedas (la Sabiduría), colección de himnos, siglo X A.C.
b. Budismo: Texto sagrado Mantras (Herramienta para la meditación), 2500 años atrás.
c. Confusionismo: Colección de Clásicos, siglo V al III A.C.
d. Taoísmo: Dos libros importantes escritos entre los siglos IV al III A.C.
e. Sintoísmo: Escritos sagrados compuestos hace 1200 años
f. Islamismo: Libro sagrado El Corán (Recitación), elaborado por Mahoma entre los años 610 al 632 D.C.
Los libros apócrifos son textos escritos posteriormente a los libros bíblicos, que tienen temas relacionados con la historia sagrada; pero su procedencia es de dudosa aceptación.
Hacía el año 170 D.C. , se realizó el primer catálogo de los libros del Nuevo Testamento; llamado el canon (o lista) de Moratori. Este contenía los cuatro Evangelios y las 13 cartas de San Pablo.
La totalidad de los libros aceptados como de inspiración divina, se reconocieron en los concilios de Hipo y el tercero de Cartago en el siglo IV.
Entre los años 150 al 170, Taciano, discípulo de San Justino Mártir; escribió su obra “El Diatessarom”, un relato de la vida de N. S. Jesucristo compuesto a partir de los cuatro evangelios.
En la actualidad se conservan más de 3000 códices o manuscritos en pergaminos que contienen copias de los libros de la Biblia; entre los más importantes tenemos:
a. El Códice Vaticano del siglo IV, y se conserva en la biblioteca del Vaticano.
b. El Códice Sinaítico del siglo V, en el monasterio ortodoxo de Santa Catalina en el monte Sinaí.
c. El Códice Alejandrino del mismo siglo, en el museo británico de Londres.
d. El Códice de Efrén también del siglo V, y se exhibe en la biblioteca de París.
En el museo del “Templo de Libro” en Jerusalén, se conservan gran parte de los rollos de la comunidad esenia del Mar Muerto.
En Antioquía el sacerdote Luciano (+312), hizo una revisión crítica del Antiguo Testamento de la versión de los “setenta”. Igualmente, los Santos Padres de la Iglesia (siglos III al V), elaboraron comentarios de los libros sagrados.
La Vulgata ( o divulgada) fue la primera versión autorizada de la Biblia de los textos originales del hebreo, arameo y griego al latín; fue hecha por San Jerónimo en el siglo IV, en la misma cueva de Belén donde nació el Salvador del mundo.
En el siglo IV el obispo Ulfilas, tradujo la Biblia en lengua gótica.
La obra “De Doctrina Christiana”, terminada en el año 426, por el obispo de Hipona, San Agustín; donde el estudio de las Sagradas Escrituras se constituye en el fundamento de una verdadera cultura cristiana.
En este mismo siglo, se incorporaron los mosaicos con pasajes bíblicos en las iglesias, para educar a los feligreses. Siglos después, ocurrió lo mismo con los vitrales de las grandes catedrales medievales.
A partir del siglo VI, los monjes benedictinos en sus monasterios, empezaron a transcribir en pergaminos y libros los textos bíblicos.
En el siglo VIII, el historiador católico inglés San Beda, tradujo al sajón las Sagradas Escrituras.
En el año 863, los santos hermanos Cirilo y Metodio en su viaje misionero a Moravia (República Checa), comenzaron a traducir la Biblia al eslavo antiguo.
En Zorno en el año 900, apareció un diccionario bíblico francés; su objetivo era ayudar a los fieles laicos a entender la Biblia en latín.
En el siglo XII, el monje cartujo, el abad Guigunes, apodado el Angel; escribió en latín su obra “la Escala de los Claustros”, donde expuso un método para la lectura de la Biblia.
La Biblia en lengua española más antigua es la “Alfonsina”, compuesta por el rey Alfonso X el sabio (1221- 1284).
En el siglo XIII en Europa se hacen famosas las representaciones teatrales en las plazas públicas, de escenas sacadas de las Sagradas escrituras.
En La Edad Media en las puertas de las iglesias, se colgaba de una cadena una Biblia para ser leída por los feligreses.
En el siglo XVI, Santo Tomás Moro afirmaba que antes de los tiempos del reformador Wiclef, existía en Inglaterra una versión de la Palabra de Dios que “era leída con devoción por la gente del común”.
Antes de Martín Lutero con la reforma protestante, existían 56 ediciones de la Biblia en diferentes idiomas en todo el continente europeo.
La propia Biblia traducida por el reformador alemán, fue declarada como “incompleta, trueca e infiel”, por los sínodos de su iglesia evangélica en Monster(1836), de Hamburgo(1839) y en de Groninga (1840).
Cuando Lutero hizo su traducción, otro de los incitadores de la reforma en Suiza, el sacerdote secular Ulrico Zwinglio; declaró que el primero había alterado y corrompido la Palabra Divina, y él mismo publicó una versión suya.
El francés, Juan Calvino, fundador de la iglesia calvinista; preparó otra traducción, pero un seguidor suyo de nombre Domovlin, confesó que Calvino “había cambiado el orden de la palabra de Dios; añadiendo cosas por su cuenta”.
Ecolompadio y los doctores protestantes de Basilea (Suiza) confeccionaron su elaboración de las Sagradas Escrituras, pero Teodoro Beza, discípulo y sucesor de Calvino, y jefe de los protestantes en Ginebra (Suiza); declaró que “dicha Biblia era impía en varios pasajes”; y para contra restar tal ofensa, elaboró su propia traducción, que también fue atacada por los doctores de Basilea.
Los predicadores de Ginebra condenaron como falsas todas las publicaciones protestantes de los Libros Sagrados, y se pusieron a la tarea de hacer la verdadera; pero Jacobo I de Inglaterra, cabeza del anglicanismo, expresó solemnemente en la asamblea religiosa de Hamptoncourt, que “la traducción de Ginebra era la más infiel y la peor de todas”; y por eso, sacó su propia versión de la Palabra Divina.
Ante toda esta “Torre de Babel”, la Iglesia Católica a través del concilio de Trento en 1545, decretó que los fieles laicos sólo utilizaran traducciones aprobadas por la sede apostólica, provistas de explicaciones y notas con referencia de los textos bíblicos. Este mismo mandato fue también confirmado por el papa Benedicto XIV en 1757.
La división de la Biblia en capítulos y versículos del Nuevo Testamento, fue elaborada por el teólogo Esteban Langton; arzobispo católico de Canterbury en el año 1214; mientras que la del Antiguo Testamento, fue impuesta por el fraile dominico Santos Pagnini, en el año 1517. Estas dos modalidades han sido aceptadas oficialmente por las demás Biblias cristianas.
La primera Biblia impresa en la historia fue la Vulgata Latina, por el alemán Johannes Gutenberg en el año 1455. Este ejemplar se encuentra hoy en la biblioteca de Moscú (Rusia).
El religioso agustino alemán Leonardo Coffine, publicó en el año 1687 un libro que contenía la explicación de los evangelios dominicales.
En el año 1517, el cardenal español Jiménez de Cisneros, publicó en seis volúmenes la Biblia “Políglota Complutense”, con el texto en hebreo, arameo y griego acompañada de una versión interlinear de la Vulgata latina; además de un diccionario para el estudio de la escritura y la gramática de los tres idiomas originales.
En 1830, José Smit, escribió el “libro del mormón”, que había recibido supuestamente por inspiración divina por el ángel Morón en el monte de la ciudad de Palmyra, cerca de Nueva York. Este texto fue agregado a la Sagrada Biblia por esta secta cristiana.
En el año 1892 el papa León XIII creó la escuela bíblica de Jerusalén, bajo la dirección de la orden de los dominicos; quienes se encargan de las excavaciones arqueológicas en Tierra Santa.
En el año 1907, el papa San Pío X dio origen al instituto pontificio bíblico, a cargo de los jesuitas.
Según cifras publicadas por Las Sociedades Bíblicas Unidas, las Sagradas Escrituras están disponibles completa o en partes en 2287 idiomas, frente a las 6500 lenguas que se hablan en el planeta.
Actualmente, más del 90% de la humanidad tiene acceso a como mínimo, una porción de la Biblia en su idioma nativo.
Cada año se vende en todo el mundo más de 14 millones de Biblias, y más de 25 millones del Nuevo Testamento.
Se calcula que hasta el momento se han distribuido unos cinco mil millones de ejemplares.
Es la colección de Libros que más ha influido en la historia de la humanidad, de Ella se han hecho obras artísticas, literarias y musicales.
Una reciente encuesta ha demostrado que de cada cien personas que dicen valorar este Libro Sagrado, solamente 12 lo leen cada día.
En octubre de 2003, se realizó la Feria Internacional del Libro Cristiano, en Madras (India); allí se exhibió la Biblia mas extensa del mundo y el ejemplar más grande (siete kilos), impresa en Filadelfia (EEUU) en el año 1884
IV. FRASES CELEBRES EN HONOR A LA BIBLIA
Repite siempre lo que dice el libro de la ley de Dios, y medita en el día y noche, para que hagas siempre lo que éste ordena. Así todo lo que hagas te saldrá bien. (Josué 1,8)
Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino. (Salmo 119,105)
Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica. (Lucas 11,28)
Toda Escritura inspirada por Dios es útil para enseñar, reprender, corregir, instruir en la justicia, para que el hombre de Dios viva santamente, y lleno de buenas obras. San Pablo (2Timoteo 3,16)
La Palabra de Dios es viva y eficaz, y penetra hasta lo más profundo del alma. (Hebreos 4,12)
La Sagrada Biblia es la carta de Dios Omnipotente a sus criaturas. (Papa San Gregorio Magno)
El estudio de la Biblia debe ser como el alma de la sagrada teología. (Papa León XIII)
Fuera de los Evangelios no hay otro libro que pueda hablar al alma humana con tanta luz y verdad. (Papa San Pío XI)
Desconocer la importancia de las Sagradas escrituras, es como desconocer al mismo Cristo Jesús. (San Jerónimo)
La Sagrada Escritura es el camino de la salvación eterna. (San Alfonso)
Todo el mal que vive el mundo, es de no conocer las verdades de las Sagradas Escrituras. (Santa Teresa de Avila)
Ninguna ciencia está mejor autentificada que la Biblia. (Isaac Newton)
La Biblia es un libro que supera a todos los demás, y contiene todo lo que atañe al deber del hombre para con Dios y el prójimo. (Pedro el Grande)
La Biblia es el mejor don que Dios jamás haya dado a los hombres. Si no fuera por Ella, no podríamos distinguir entro lo correcto y lo incorrecto. (Abraham Lincoln)
Siempre he dicho, y diré que el estudio de la Sagrada Biblia, hará mejores ciudadanos, mejores padres y mejores esposos. (Tomás Jefferson)
La Biblia ayuda a realizar las aspiraciones más grandes del alma humana. (Roosvelt)
La Palabra de Dios, es la clave para resolver todos los problemas. (Carothers)
Tres favores producen la lectura de los Libros Sagrados: provecho intelectual, provecho moral y provecho espiritual. (José Flores)
La Biblia es fuente de Paz. (Garay)
Inventa tus propias doctrinas, las apoyas en la Biblia, y las tienes por divinas. (Weremfelds)
Si yo tuviera muchos Generales que leyeran cada día la Santa Biblia estaría seguro del éxito de mi nación. (Napoleón)
Hay muchas personas muy letradas en las ciencias, pero analfabetas en el Libro de Dios. (Evely)
La Palabra de Dios nos parece luz para dirigirnos en el camino. Alimento para fortalecernos, y consuelo para animarnos. (Bossuet)
La Biblia es el documento más preciosos de toda la historia de la raza humana. (General Smuts)
La Biblia debe ser el alma de toda evangelización. (Documento de Puebla)
Estoy convencido de que la Biblia nos resultará más bella cuanto mejor la comprendamos. (Johann Wolfgang)
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Gregorio de Palamós (1296-1359) monje, obispo y teólogo ortodoxo
Homilía 27; PG 151, 345-353
“Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre.” (Mt 13,43) -
Los siervos del Maestro, esto es, los ángeles de Dios, se dieron cuenta de que había cizaña en el campo, es decir, que los impíos y los malvados estaban mezclados con los buenos y vivían con ellos, aun dentro de la Iglesia de Cristo. Y dijeron al Señor: “¿Quieres que vayamos a arrancar la cizaña?” En otros términos: “Quitemos esta gente de en medio y la matamos”...(cf Mt 13,28)
Con el tiempo, mucha gente impía y malvada, viviendo con los buenos y los piadosos llegan a convertirse. Se disponen a aprender en la escuela de la piedad y de la virtud y dejan de ser cizaña para llegar a ser trigo. Así, los ángeles se exponían al querer anihilar estos hombres antes de su conversión, arrancar el trigo en ellos quitando la cizaña. Además, muchas veces se encuentra gente de buena voluntad entre los hijos y los descendientes de los malvados. Por esto, el que conoce todo antes que llegue a existir no dio permiso para arrancar la cizaña antes del tiempo fijado...
Así que los que quieren salvarse del castigo final y quieren heredar el reino de Dios no deben ser cizaña sino trigo. Que se abstengan de toda palabra vana o maliciosa, que ejerzan las virtudes contrarias a sus vicios y produzcan frutos de penitencia! Así se harán dignos de entrar en el granero celestial, serán llamados hijos de Dios Padre, y que, alegres y radiantes de la gloria divina, entrarán como herederos en su reino.
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«Ahuyenta, Señor, con la luz diurna de tu sabiduría, las tinieblas nocturnas de nuestra mente, para que, iluminados por ti, te sirvamos con espíritu renovado y puro. La salida del sol representa para los mortales el comienzo de su trabajo; adereza, Señor, en nuestras almas una mansión en que pueda continuar aquel día que no conoce el ocaso. Haz que sepamos contemplar en nosotros mismos la vida de la resurrección, y que nada pueda apartar nuestras mentes de tus deleites. Imprime en nosotros, Señor, por nuestra constante adhesión a ti, el sello de aquel día que no depende del movimiento solar». De los Sermones de San Efrén, diácono (Sermo 3, De fine et admonitione 2. 4-5: Opera, edición Lamy 3, 216-222).
Los humildes obedecen, los obedientes se salvan. En una punta Jesús y en la otra María, la primera mujer perfectamente obediente. La que dijo que sí al Espíritu en su aldea de Belén y luego en el cuarto aquel de Jerusalén en el Pentecostés.
En la primera vez nació Jesús, en la segunda: la Iglesia. La Madre es la misma.
Y Judas se mete en el juego de Dios pensando que puede sacar ventajas como nosotros creemos que podemos arreglar la radio con un destornillador y la terminamos de romper. Pero nosotros no somos mucho menos tarambanas que él. Como siempre: Dios sabe todo lo que está pasando y nunca se le escapa un detalle. Así tienes –ahí- a los charlatanes en las sectas bautistas, jehovistas, mormones, etc. y creen que la Iglesia ha estado equivocada dos mil años hasta que ellos abrieron una Biblia y se pusieron a "interpretar". Hasta esa suprema mentecatez superará Jesús porque no hay quien se le resista en eso de salvar almas.
Es que le ves a Él, y te enamoras de Su gracia y como siempre pasa en el amor: naces de nuevo. Para nacer hace falta una madre y para eso está María.
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…sectas que suenan música al oído según sus preferencias…
sectas que con las Escrituras se engañan y crean telarañas a sus ojos…
…sectas que aprovechan la pedantería cazurra de los medios de comunicación y su incorrección disparatada, para anunciar expectativas apocalípticas… sectas de aparente gran novedad, como si todos estuviéramos esperando que las ranas críen pelos… Finalmente, aficionados a ladinos con Biblia bajo el brazo dejando al descubierto: ‘Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.
El amor de Dios es luz, es felicidad, es plenitud de vida. Es el torrente que Ezequiel vio salir del templo y que, donde llega, sana y suscita vida; es el agua, prometida a la samaritana, que sacia toda sed. Jesús también nos repite a nosotros, como a ella: "¡Si conocieras el don de Dios!". Yo viví mi infancia en una casa de campo a pocos metros de un tendido eléctrico de alta tensión, pero nosotros vivíamos a oscuras o a la luz de las velas. Entre nosotros y el tendido estaba el ferrocarril, y, con la guerra en marcha, nadie pensaba en superar ese pequeño obstáculo. Así ocurre con el amor de Dios: está ahí, al alcance de la mano, capaz de iluminar y calentar todo en nuestra vida, pero nosotros pasamos la existencia en la oscuridad y el frío. Es el único motivo verdadero de tristeza de la vida.
Dios es amor, y la cruz de Cristo es la prueba suprema de ello, la demostración histórica. Hay dos modos de manifestar el amor hacia alguien, decía un autor del Oriente bizantino, Nicolás Cabasilas. El primero consiste en hacer el bien a la persona amada, en hacerle regalos; el segundo, mucho más comprometido, consiste en sufrir por ella. Dios nos amó del primer modo, o sea, con amor de generosidad, en la creación, cuando nos colmó de dones, dentro y fuera de nosotros; y nos amó con amor de sufrimiento en la redención, cuando inventó su propio anonadamiento, sufriendo por nosotros los más terribles padecimientos, a fin de convencernos de su amor . Por ello, es en la cruz donde se debe contemplar ya la verdad de que "Dios es amor".
La palabra "pasión" tiene dos significados: puede indicar un amor vehemente, "pasional", o bien un sufrimiento mortal. Existe una continuidad entre las dos cosas, y la experiencia diaria muestra cuán fácilmente de una se pasa a la otra. Así fue también, y antes que nada, en Dios. Hay una pasión —escribió Orígenes— que precede a la encarnación. Es "la pasión de amor" que Dios desde siempre alimenta hacia el género humano y que, en la plenitud de los tiempos, lo llevó a venir a la tierra y padecer por nosotros.
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"He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20).
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Respetar la creación, pero no endiosarla. Es el ecologismo cristiano. La creación, el medio ambiente y la ecología son temas a los que la Iglesia mira con especial afecto y compromiso. Ver en la creación el rastro y el rostro del Creador. No somos producto del azar o de la materia, sino de la voluntad amorosa y creadora de Dios, del Dios de los cristianos. Se sigue ignorando la perversión intrínseca y las terribles consecuencias de la "cultura de la muerte"; promueve la ecología, pero ignora que las raíces profundas de todo atentado a la naturaleza son el desorden moral y el desprecio del hombre por el hombre. El aborto es un asesinato de una vida y vida humana. « Abortus necnon infanticidium nefanda sunt crimina ».

Gracias por venir a visitarnos
Recomendamos vivamente: «Sinceridad y fortaleza» de José Antonio GALERA.
De espiritualidad PATMOS. –Nº 219- Ediciones RIALP S.A. Madrid.España
Recomendamos - Autor: Joseph Ratzinger – S.S. BENEDICTO XVI
“La fraternidad de los cristianos” Joseph Ratzinger Ediciones ‘sígueme’
“Verdad, valores, poder” Joseph Ratzinger. Editorial Rialp
“Principios de moral cristiana” 98 p.p. 6,00 € editorial EDICEP
“Evangelio, catequesis, catecismo” 80 p.p. 4,75 € “
“La eucaristía, centro de vida” 170 p.p. 10,00 € “
“En el principio creó Dios” 128 p.p. 7,25 € “
“La provocación del discurso sobre Dios” - Editorial TROTTA
“Dios y el mundo” Editorial Galaxia Gutenberg
† Al Jesús histórico, Pablo lo conoció a través de la primera comunidad cristiana, es decir, por la mediación de la Iglesia Católica. †