¿Qué opinión tiene del Corán como libro revelado?
Que, desde luego, no tiene punto de comparación con la Biblia a la que cita bastante mal, como si su autor la conociera de oídas y éstas no exactas. Dr. E historiador C.VIDAL.2005.07.12

"Si por autonomía de la realidad terrena se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar poco a poco, es absolutamente legítima esta exigencia de autonomía. No es sólo que la reclamen imperiosamente los hombres de nuestro tiempo. Es que además responde a la voluntad del Creador. Pues, por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar, con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios.
"Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe.
"Pero si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le escape la falsedad envuelta en tales palabras. La criatura sin el Creador desaparece. Por lo demás, cuantos creen en Dios, sea cual fuere su religión, escucharon siempre la manifestación de la voz de Dios en el lenguaje de la creación. Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida". (Gaudium et spes, 36).
¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»
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Y Dios crea cielo y tierra, cosmos y mundos
Biblia. (Del lat. biblĭa, y este del gr. βιβλία, libros).1. f. Sagrada Escritura, o sea los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento.
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Un famoso exorcista católico considera que la oración del Padre Nuestro estaría mal traducida, y debería decir "y líbranos del maligno" en vez de "y líbranos del mal". ¿Qué opina usted? MMVI.V.
Lingüísticamente son posibles ambas traducciones.
El otro día escuche en un programa de radio que hay unos 80 -100 evangelios apócrifos, ¿es cierto? ¿Tienen alguna validez histórica? ¿Por qué la iglesia sólo acepta los 4 oficiales?
1. No, ni por aproximación. 2. La verdad es que no. 3. Los cuatro Evangelios quedaron establecidos fundamentalmente por tres razones:1. Estaban relacionados con un apóstol o el discípulo de un apóstol, 2. Eran muy primitivos (lo que no sucede con los apócrifos) y 3. Estaban exentos de elementos mágicos.
¿Cuál es la razón y el significado de que en el Génesis se haga uso del nombre Elohim, un plural traducible por "dioses" a la hora de referirse a lo que siempre hemos conocido como Dios? ¿Politeísmo en la Biblia?
La explicación clásica es la doctrina de la Trinidad, un Dios que existe en pluralidad de personas aunque sea uno solo, prueba de ello es el verbo en singular.
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846 d.C. Los mahometanos (musulmanes-sarracenos) llegan a Ostia, remontan el Tiber y – tras cometer crímenes horrendos- saquean los tesoros y Bibliotecas de las basílicas extramuros, incluida San Pedro, profanando uno de los lugares más santos del cristianismo. En el 1009 destruyen la tumba de Cristo.
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P: ¿Qué piensa de los que para defender el Islam afirman que la Biblia es igual o más violenta que el Corán?
R: Que o son unos ignorantes o unos embusteros. Se necesita valor para comparar al que murió diciendo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" con el que enseñó lo de guerrear contra los infieles hasta que se sometan y paguen el tributo.
Dr. en historia antigua don César VIDAL. ESP. 2004.04
Toda persona tiene derecho a la libertad religiosa (...) de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros.
Concilio Vaticano II
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S. S. Juan Pablo II: "Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de un modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la auto-revelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada.
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Jesús Cristo quiso que los hombres participen de su amor para ellos mismos y antes de su asunción al cielo, confió a la Iglesia - representada por los Apóstoles - la tarea particular (misión) de anunciar su palabra (Evangelio) a todos los pueblos, también à través del ejemplo de su propia vida.
Este anuncio es llamado generalmente "evangelización". La misión de la evangelización es la tarea principal de la Iglesia.
Naturalmente, la Iglesia esta profundamente convencida de que el anuncio cristiano debe ser llevado en el pleno respeto de las diferentes culturas y no con prevaricación, como se encuentra indicado en un documento de Propaganda Fide del 1659: "No haced ningún esfuerzo, no usar ningún medio de persuasión para inducir aquellos pueblos a modificar sus ritos, sus costumbres habituales a menos que no sean abiertamente contrarios a la religión y a las buenas costumbres. ¿Que cosa hay en efecto más absurda que transplantar Francia, España, Italia o algún otro país de Europa en China? No es esto lo que Ustedes deben introducir, sino la fe que no rechaza ni ofende los ritos y las costumbres de cada pueblo, siempre que estos no sean malos, solo quiere salvaguardarlos y consolidarlos."
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«El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena»
«Las cosas de Dios nadie las conoce si no es el Espíritu de Dios» (1Co 2,11). Ahora bien, su Espíritu lo revela y nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viviente, pero no él se dice a sí mismo. Aquel que ha hablado «por boca de los profetas» (Credo) nos hace escuchar la Palabra del Padre, pero a él no le oímos. Tan sólo le conocemos en el movimiento en que nos revela al Verbo y nos dispone para que lo acojamos en la fe. El Espíritu de la verdad que nos «desvela» a Cristo «no habla de sí mismo» (Jn 16,13). Un ocultamiento tal, propiamente divino, explica porqué «el mundo no lo puede recibir porque no le ve ni le conoce», mientras que aquellos que creen en Cristo le conocen porque mora en ellos (Jn 14,17)
La Iglesia, comunión viva en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar propio de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:
en las Escrituras que él ha inspirado;
en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son los testimonios siempre actuales;
en el Magisterio de la Iglesia que él asiste;
en la liturgia sacramental, a través de las palabras y los símbolos, en los que el Espíritu Santo nos pone en comunión con Cristo;
en la plegaria en la cual intercede por nosotros;
en los carismas y ministerios a través de los cuales la Iglesia se edifica;
en los signos de la vida apostólica y misionera;
en el testimonio de los santos en los que manifiesta su santidad y continúa la obra de salvación.
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Los cristianos, mientras avanzamos por el camino de la vida hacia nuestro destino celestial, sentimos la compañía de María, la Madre de Jesús; y el islam también honra a María y la saluda como "elegida entre todas las mujeres del mundo" (Corán, III, 42). La Virgen de Nazaret, la Señora de Saydnâya, nos ha enseñado que Dios protege a los humildes y "dispersa a los soberbios de corazón" (Lc 1, 51). Ojalá que los cristianos y los musulmanes se traten con sentimientos de fraternidad y amistad, para que el Todopoderoso nos bendiga con la paz que sólo el cielo puede dar. ¡Al Dios único y misericordioso, alabanza y gloria por siempre! Amén.
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Somos muy dados a juzgar a Dios según nuestras categorías obtenidas de la física, la matemática, la biología, etc., en lugar de intentar situarnos, en la medida de lo posible, en la mente del Creador, sobre todo cuando nos envía algún mensaje con términos inequívocos.
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Arqueólogos alemanes han hallado los restos del palacio de la legendaria reina de Saba en la localidad de Axum, en Etiopía, y desvelado con ello uno de los mayores misterios de la antigüedad, según ha anunciado la Universidad de Hamburgo. "Un grupo de científicos bajo la dirección del profesor Helmut Ziegert ha encontrado durante una investigación de campo llevada a cabo esta primavera el palacio de la reina de Saba, datado en el siglo X antes de nuestra era, en Axum-Dungur", señala el comunicado de la citada universidad. 2008-05-25
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Biblia y Corán: dos mundos diferentes

Autor: Rudolf Voderholzer
Fuente: alfa y omega - 2003.06.23
El Corán como bestseller: así reza un titular de estos días, en la feria del libro de este año. El aumento de interés por los fundamentos religiosos del Islam es una consecuencia de los ataques terroristas del 11 de septiembre y de la consiguiente reacción militar de Estados Unidos.
Al mismo tiempo se multiplican las voces que advierten del peligro de un diálogo interreligioso falto de seriedad, y que recomiendan manifestar más netamente la propia comprensión específica de sí mismo ante los demás interlocutores en el diálogo entre religiones.
Por ello ha dicho el cardenal Lehmann, en la conferencia de prensa de clausura de la asamblea de otoño de la Conferencia Episcopal Alemana, que cada religión debería decirse a sí misma claramente cuál es su postura ante las demás. Una diferencia decisiva entre el cristianismo y el Islam es el modo de comprender la revelación y el consiguiente modo de entender sus respectivas Sagradas Escrituras, es decir, la Biblia por un lado y el Corán por el otro. Según el Islam, el Corán (que deriva de Qur’an: la recitación, lo recitado) es la escritura de aquello que Dios reveló inmediatamente al profeta Mahoma entre los años 610 a 632. Después de su marcha de la Meca hacia Medina en el año 622, el profeta encargó a diversos escribanos fijar por escrito el mensaje revelado que había recibido directamente de Dios. "Para asegurar el origen divino de la revelación coránica y la transmisión inmediata de la misma por el ángel Gabriel remarcan los comentadores islámicos que Mahoma no sabía ni leer ni escribir" (Khoury/Hagemann/Heine, Diccionario del Islam. II, voz Corán). De este modo se descartaba desde un principio toda intervención humana. Basándose en pasajes concretos del Corán existen algunos comentadores del Islam que parten de la idea de que el Corán es copia de un original celestial, la norma primordial del libro. Como el original y su copia están redactados en árabe, no existe la posibilidad de una traducción auténtica.
Con esta concepción de su libro sagrado como revelación inmediata, los islámicos se alinean con los judíos y cristianos, que son nombrados en el Corán numerosas veces como las gentes del libro. La denominación de judíos y cristianos como poseedores de la Escritura, unido al principio protestante de la sola Escritura, pueden haber contribuido a formar el concepto religiones del libro en el ámbito de las ciencias de la religión del siglo XIX. Entre ellas se cuentan el Islam, el cristianismo y el judaísmo, así como otras religiones en las que los libros sagrados son considerados como normas de fe. Pero el paralelismo trazado así respecto del cristianismo se basa en un malentendido fundamental. Porque el cristianismo no es ninguna religión del libro, si con ello se entiende que la Biblia contenga directamente la Palabra de Dios. La Biblia es un libro de la Iglesia, que ha surgido de un amplio proceso de tradición. La Iglesia estableció sus dimensiones y, a la vez, se hace garante de su carácter de testimonio de la revelación. Por consiguiente, el magisterio de la Iglesia vela por la correcta exégesis de la Escritura, que no puede entrar en contradicción con la tradición de la que proviene. En esto consiste probablemente la más relevante toma de conciencia del Concilio Vaticano II, el cual ha formulado con nueva claridad la doctrina de la Iglesia acerca de la Revelación y la Sagrada Escritura. La constitución dogmática sobre la revelación divina Dei Verbum es determinante en este sentido. La revelación de Dios no es la entrega de un libro, sino, más bien, la totalidad de la actuación salvadora de Dios en la historia de su pueblo, Israel, que alcanza su cénit y plenitud en la encarnación de la Palabra divina.
En esta revelación se muestra Dios como Dios del amor, en la unidad y distinción del Padre, Hijo y Espíritu.Las primeras palabras, Dei Verbum, Palabra de Dios, que dan programático título a la constitución de esta revelación, no hacen referencia a la Biblia, sino a la Palabra hecha carne, a la persona del Logos, en quien, tras la preparación de la Antigua Alianza, Dios quiere salir como hombre al encuentro del hombre. Revelación es algo más que comunicación de verdades sobre Dios y sobre su voluntad.
Revelación es la autocomunicación misma de Dios, por medio de la concreta e histórica naturaleza humana de Jesucristo. Los profetas del Antiguo Testamento eran portadores de un mensaje. También Mahoma es sólo un portador, un canal de comunicación. Pero en Jesucristo se aúnan el portavoz y el mensaje. Él es el Reino de Dios en persona. La Revelación es un acontecimiento personal. Y esta participación, como toda manifestación de sí de otra persona, sólo puede ser aceptada y testimoniada en la fe. Apunta a la unión de la Humanidad con la Trinidad divina y a la mutua unión de los hombres entre sí, como se menciona en la introducción de la primera carta de Juan.
LA RELIGIÓN DE JESUCRISTO

Esta Revelación para la salvación de los hombres se transmite por medio de la Tradición y la Escritura; el Vaticano II nombra en primer lugar a la Tradición, ya que significa el proceso de propagación de una realidad viva. Cristo como persona es la fuente única de revelación en el sentido más estricto de la palabra. Ello implica la comprensión de algo esencial para el ser de la Sagrada Escritura: no es revelación en sí, sino, como libro de la Iglesia, testimonio de la revelación. Si hay que emplear el término religión, entonces el cristianismo no es una religión del libro. Tampoco es una religión bíblica, sino la religión de Jesucristo. Esta comprensión teológica fundamental tiene consecuencias para la investigación y la exégesis de la Escritura. La Biblia es Palabra de Dios en palabra humana (1 Tes. 2, 13). Da testimonio de la revelación histórica de Dios, y puede, más aún, debe, ser estudiada con los métodos de las modernas ciencias históricas. Esto incluye entre otros la determinación de los diversos géneros literarios, tener en cuenta las circunstancias de la época, y muchos más aspectos, que se mencionan en el artículo 12 de Dei Verbum como momentos necesarios en el conjunto del proceso exegético. El reconocimiento sin prejuicios de la denominada moderna exégesis histórico-crítica se hizo posible en la Iglesia católica tras superar las estrechas miras del concepto neoescolástico de la Revelación. Pues mientras se viera la Escritura, de modo similar al Corán en el Islam, como fuente de revelación, es decir, como discurso de revelación dictado palabra a palabra por el Espíritu Santo, sólo se podía considerar la dimensión histórica como un elemento perturbador o como fuente de relativización de la verdad supra-temporal de Dios. Pero tan pronto como, de nuevo, quedó claro que la revelación en sí tenía un carácter histórico, no podía ya de entrada tomarse como ilegítima o como fuente de confusión la aplicación de los métodos de las ciencias históricas. El padre oratoriano francés Richard Simón (1638-1712), un genial historiador, filósofo y teólogo, ya reconoció claramente estas relaciones en el siglo XVII. Quería, con ayuda de los resultados de la investigación histórica, demostrar la superioridad del concepto católico de Escritura y Tradición, como había sido formulado por el Concilio de Trento, en contra de la máxima protestante de la sola Scriptura. Pero su tiempo no estaba maduro para estas perspectivas. El renombrado obispo y teólogo de la corte de Luís XIV, J.B. Bossuet, hizo que se destruyera por completo la primera edición de la obra de Simón Historia crítica del Antiguo Testamento. Simón ponía en duda que fuera Moisés el autor de la totalidad del Pentateuco, los cinco primeros libros del Antiguo Testamento.
Después que en la Iglesia católica se oprimiese así una exégesis histórica basada en el credo eclesial, fue la exégesis crítica proveniente de Inglaterra la que tomó la guía, crítica con la revelación y de fuerte impregnación deística. Las reservas de la Iglesia católica contra esta exégesis histórico-crítica estaban más que justificadas. Pero no iban dirigidas propiamente contra la aplicación de los métodos históricos, sino contra prejuicios antidogmáticos presupuestos sin mayor reflexión por los exegetas. Los supuestos resultados científicos de las investigaciones críticas con la revelación y la religión, no provenían del uso de los métodos históricos, sino que estaban presupuestos de modo, por así decir, dogmático: la imposibilidad de una actuación histórica de Dios, la imposibilidad sobre todo de su encarnación, la imposibilidad de la Resurrección. Todos los hechos de fe de los que da testimonio la Escritura fueron eliminados por interpretación abusiva de unos muy aventurados métodos históricos y en contra del testimonio claro de las fuentes.
Basándose en una hermenéutica de la sospecha, que pretendía poder destapar que el anuncio de los testigos de la resurrección era una farsa, consiguió, por ejemplo, H.S Reimarus (1694-1768) volver en contra de sí mismo a la única fuente existente. Pero la autoridad del método histórico no cubría todo esto. Detrás de ello estaba una filosofía antimetafísica, que suponía imposible a priori una revelación divina. Que se pueda distinguir otra vez con claridad todo esto es uno de los logros más importantes de la novísima teología. Y el magisterio de la Iglesia ha hecho suyo este avance en el Concilio.
DIFERENCIA PRINCIPAL
Con esta perspectiva volvamos la vista hacia el libro sagrado del Islam, el Corán. Hartmut Bobzin, redactor de la voz Corán en la tercera edición del Lexicon für Theologie und Kirche, escribe: "Una interpretación histórico-crítica del Corán no parece posible en estos momentos". Esta valoración no es precisa. Porque si el Corán (y ésta es la concepción islámica del mismo) le fue dictado al profeta Mahoma por el ángel Gabriel y aquél contiene la palabra de Dios, entonces no hay estudio histórico-crítico posible del Corán: este estudio sólo se podría referir a la parte humana de la revelación. Los prejuicios del Islam contra el mundo ilustrado occidental no se refieren tanto a las relajadas escala moral y de valores, cuanto al moderno entendimiento de la Historia, ante el que los fundamentos del Islam no podrían sostenerse. Una de las preguntas que más urgentes parecen al cristianismo es el poder aclarar cómo se ha llegado a producir el malentendido de la Trinidad en el Corán, como si según la fe de Iglesia pertenecieran a ella Dios Padre, Jesucristo y María (véanse las suras 5, 116 y ss.) Si, como se supone, estuviéramos ante un reflejo de las sectas cristianas de los filomarianitas y de los coliridianos, cuyas concepciones son identificadas con el credo de la Iglesia, se habría infiltrado un elemento muy humano en el Corán, que supondría una contradicción con la concepción fundamental de su divinidad sin intermediarios.Base y premisa de la concepción católica de la Revelación, y por consiguiente también diferencia principal entre el cristianismo y el Islam, es la creencia en la encarnación de Dios y el reconocimiento a través de ello de la Trinidad de Dios, cuyo rechazo es constitutivo del Islam. La distinción intradivina de Padre, Hijo y Espíritu, del que habla y la palabra, de amante y amado, de pensamiento y pensado, son la premisa para que Dios pueda hacer comunicación plena de sí, sin sacrificar con ello su trascendencia y hacerse totalmente parte del mundo. Solamente sobre la base de la Trinidad de Dios se puede pensar, sin contradicciones, la revelación divina como comunicación de sí. La confesión no trinitaria de Dios en el Islam no sólo se refleja en la concepción de la revelación, sino también en su representación del más allá. En el fondo, la vida eterna no tiene nada que ver con Alá, sino que consiste en la concesión de la plenitud de los placeres terrenales. En la otra vida Alá sigue siendo el totalmente Otro. Pero, según el concepto cristiano, la vida eterna es la definitiva comunión con el Dios trino del amor, por medio del Dios-hombre Jesucristo, y la dichosa contemplación beatificante de Dios tal y como es.
Rudolf Voderholzer - Publicado en Die Tagespost(16-X-2001)
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…aparte el abanico de traducciones diferentes (algunas con dispares profundos) e interpretaciones bíblicas que se enfrentan a diario –entre ellos mismos- los llamados ‘evangélicos’ por carecer de Magisterio, el siguiente artículo tiene su razón frente al Corán…

Corán y Biblia
Cuando un cristiano habla con un musulmán sobre asuntos de fe suele surgir en el curso de la conversación una disparidad sobre la fuente de autoridad última. Naturalmente para el cristiano, especialmente si es evangélico, la autoridad final reside en la Biblia, mientras que para el musulmán dicha fuente es el Corán.
A partir de ese momento es previsible que el musulmán lleve el debate hacia un terreno en el que se repiten invariablemente los argumentos, no importando si el protagonista es sirio, paquistaní, marroquí o egipcio, ni si el debate está teniendo lugar ahora en el siglo XXI o tuvo lugar hace mil años.
El empeño de la parte musulmana contra la parte cristiana tiene que ver con la superioridad del Corán sobre la Biblia, basándose en que hay un texto unificado del primero mientras que no puede decirse lo mismo de la segunda, donde las variantes textuales dependen de qué manuscritos se estén manejando, lo cual, según los musulmanes, arroja una sombra de duda sobre la confiabilidad de la Biblia, algo que está fuera de sospecha sobre el Corán a causa de la ya mencionada uniformidad del texto. Las falsificaciones judaicas y cristianas a través de los siglos, afirman, explicarían esa disparidad en la Biblia, algo de lo cual está exento el Corán, el cual Dios dio precisamente para dejar en claro, de una vez por todas, su Revelación.
Es inútil que el cristiano señale que las variantes textuales no modifican el contenido esencial del mensaje bíblico o que los hallazgos arqueológicos corroboran reiteradamente la fiabilidad de la transmisión del texto de la Biblia que usamos. El musulmán volverá a la carga una y otra vez con el argumento de las falsificaciones en la Biblia y la incorruptibilidad del Corán, incluso aunque nunca haya leído por sí mismo ninguno de ambos libros, cosa bastante corriente si tenemos en cuenta el alto porcentaje de analfabetismo que existe en muchos países musulmanes. Tampoco servirá de mucho aducir que el Corán también tuvo sus variantes textuales hasta que el yerno de Mahoma y tercer califa, Utmán, ordenó la destrucción de todas las versiones salvo una, sancionada como oficial.
Pero en la discusión el musulmán echará mano de otro argumento derivado del anterior, señalando que frente a la multiplicidad de traducciones de la Biblia a tantas lenguas, el Corán mantiene su singularidad original en árabe, lo cual sería una prueba más de su superioridad. Es decir, el Corán, debido a su inimitabilidad y peculiar asociación con la lengua y escritura en la que fue plasmado, el árabe, no puede traducirse y seguir siendo el Corán. Cualquier traducción a otra lengua significa que estamos no ante el Corán en sí sino ante una traducción del Corán. La distinción no es baldía para un musulmán. En el momento que escribo esto tengo delante de mí un ejemplar bilingüe del Corán en árabe y español editado en Arabia Saudita, habiendo tenido los editores el cuidado de especificar en el lomo y tapa del libro el siguiente título: Traducción del Noble Corán. Porque no es lo mismo Traducción del Corán que Corán.
Pero esa invariable asociación entre texto y lengua, que parece asegurar la autoridad, fiabilidad e incorruptibilidad de ese libro, resulta ser precisamente su talón de Aquiles, porque significa que la inmensa mayoría de la humanidad está fuera del alcance de su mensaje, al no ser la lengua árabe su lengua materna. Si el Corán es la revelación de Dios y esa revelación está limitada estrictamente a un solo medio de transmisión, como es el árabe, la deducción es que Dios resulta incomprensible a todos los que no sean arabófonos, lo cual implica que estamos ante un Dios atado por un convencionalismo como es una lengua determinada. Todavía más: Si para llegar a conocer a Dios por el Corán hay que aprender árabe ello significa que Dios nos está obligando a dar un salto que muchos nunca, por falta de capacidad, tiempo y recursos, podrán dar, con lo cual ese Dios se queda remoto e inaccesible para la mayoría. Así es el Dios del Corán.
¡Qué diferencia con el concepto cristiano de revelación! Según el cual aunque Dios usó dos lenguas (tres si tenemos en cuenta las porciones arameas) para plasmar su revelación, no está encapsulado en ellas, ni tampoco considera que su Palabra lo sea mientras esté solo en hebreo o en griego. Tanto si está en swahili, achuar, gogodala o cualquier otra lengua a la que haya sido traducida, ese mensaje es su Palabra. Palabra poderosa, fiel y verdadera. Una Palabra que se pone a nuestra altura, a nuestro alcance, tal como hizo Jesucristo haciéndose hombre, es decir, haciéndose accesible y cercano a nosotros. No exigiendo que demos un salto que para muchos es imposible dar, sino salvando él mismo el abismo que nos separaba de él. Ya teníamos bastante con una sima moral imposible de superar, a causa de nuestro pecado, como para añadir otro inconveniente más, esta vez de tipo lingüístico y cultural, si también tenemos que aprender una lengua ajena para acercarnos a él. Pero la Encarnación y la Expiación nos enseñan que lo que era imposible para nosotros, él lo ha hecho posible. Y la traducción de la Biblia va en la misma dirección, derribando obstáculos y facilitando lo que de otra forma sería inalcanzable.
¡Qué importante es que cada ser humano tenga estas buenas noticias en la lengua que puede entender! Preferiblemente en su lengua materna o al menos en una que les sea comprensible, como fue el caso del etíope en el relato de Hechos 8:26-33, donde aquel hombre de elevada posición iba leyendo el Antiguo Testamento en el crucial capítulo de Isaías 53. Su lengua materna sería la ge´ez, la antigua lengua del reino de Aksum en Etiopía. Pero como el Antiguo Testamento no estaba disponible en ge´ez, solo quedan tres opciones para dilucidar en qué lengua iba él leyendo Isaías 53. O bien en hebreo, o bien un tárgum arameo, o bien en griego, en la traducción denominada Septuaginta. Es dudoso que el etíope supiera hebreo, también es dudoso que conociera arameo, que ya no era la lengua de la diplomacia que fue en el pasado, pero es fácil suponer que conociera griego, la lengua franca de aquel entonces y lengua internacional de amplia difusión y alcance.
Sí, hay que hacer todo lo que esté de nuestra parte para traducir la Biblia a cada lengua franca de la actualidad, entendiéndose por lenguas francas las que en una zona determinada sirven para la intercomunicación entre grupos humanos que hablan diferentes lenguas, tal como hicieron los judíos al verter el Antiguo Testamento al griego. Gracias a esa traducción y a que hubo un intérprete (Felipe) que conocía quién era el personaje aludido en Isaías 53, el etíope recibió el evangelio de la salvación.
protestantedigital.com/ 2009
Wenceslao Calvo es conferenciante, predicador y pastor en una iglesia de Madrid
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Todos estamos de acuerdo en que la religión debe centrarse auténticamente en Dios, y que nuestro primer deber religioso es la adoración, la alabanza y la acción de gracias. La sura inicial del Corán lo afirma claramente: "Alabad a Dios, el Señor del universo" (Corán 1, 1). En los cantos inspirados de la Biblia escuchamos esta llamada universal: "¡Todo ser que alienta alabe al Señor! ¡Aleluya!" (Sal 150, 6). Y en el Evangelio leemos que cuando nació Jesús los ángeles cantaron: "Gloria a Dios en las alturas" (Lc 2, 14). Ahora que muchos sienten la tentación de vivir su vida sin ninguna referencia a Dios, la llamada a reconocer al Creador del universo y Señor de la historia es esencial para asegurar el bienestar de las personas y el correcto desarrollo de la sociedad.
3. Si nuestra devoción a Dios es auténtica, exige necesariamente que prestemos atención a los demás seres humanos. Como miembros de la única familia humana e hijos amados de Dios, tenemos deberes recíprocos que, como creyentes, no podemos ignorar. Uno de los primeros discípulos de Jesús escribió: "Si alguno dice: "Amo a Dios", y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4, 20). El amor a nuestros hermanos y hermanas entraña una actitud de respeto y compasión, gestos de solidaridad y cooperación al servicio del bien común. Así pues, la preocupación por la justicia y la paz no es algo que quede fuera del campo de la religión; al contrario, es realmente uno de sus elementos esenciales.
Desde el punto de vista cristiano, no corresponde a los líderes religiosos proponer fórmulas técnicas para la solución de los problemas sociales, económicos y políticos. Su tarea consiste sobre todo en enseñar las verdades de la fe y la recta conducta, y en ayudar a las personas, incluidas las que tienen responsabilidades en la vida pública, a ser conscientes de sus deberes y a cumplirlos. Como líderes religiosos, ayudamos a las personas a vivir una vida íntegra, y a armonizar la dimensión vertical de su relación con Dios con la dimensión horizontal del servicio al prójimo.
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P: ¿Qué piensa de los que para defender el Islam afirman que la Biblia es igual o más violenta que el Corán?
R: Que o son unos ignorantes o unos embusteros. Se necesita valor para comparar al que murió diciendo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" con el que enseñó lo de guerrear contra los infieles hasta que se sometan y paguen el tributo.
DR. CÉSAR VIDAL. DR. EN HISTORIA ANTIGUA, FILOSOFÍA Y TEOLOGÍA. ESP.
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Edad media y mundo clásico antiguo
Isidoro de Sevilla (560-636): Es considerado uno de los grandes eruditos del período llamado “Temprana Edad Media”. Escribió una verdadera enciclopedia, las Etimologías. Era un maestro en idioma griego y hebreo. Cita innumerables autores antiguos; incluso maneja perfectamente a Aristóteles.
2) Se habla, para referirse al siglo IX, de un renacimiento carolingio: Veamos como Léopold Genicot describe este proceso:
“En primer lugar el cambio más claro e importante ocurre en el terreno intelectual: el Renacimiento se hace franco” (GENICOT, Léopold, El espíritu de la Edad Media, Noguer, Barcelona, España 1990, p. 108).
Y después agrega:
“El Renacimiento se amplifica (...). Llega hasta un número cada vez mayor de capítulos y de abadías del centro y del norte del Imperio. Mientras que las escuelas de Corbie, Fulda, Reichenau o San Gall, ya existen bajo Carlomagno, cobran un nuevo auge, otras que hace nada eran apreciadas o que son de reciente fundación les disputan la palma: Lyon, Auxerre, Corvey, etc. Los copistas de unas y otras (Fleury-sur-Loire, Sant-Germain-des-Prés, Saint-Denis, Saint-Bertin, Saint-Armand) intensifican su actividad y, gracias a su celo, las bibliotecas crecen rápidamente” (Ibid., pp. 108 y 109)
3) Se han contado por docenas las imitaciones de La Eneida en lenguas romances: La Eneida fue un filón, en especial la leyenda de Troya.
4) Ptolomeo (siglo II a. C.) fue leído, publicado y comentado: Esto por lo menos desde el año 1300. Y más en las cortes y universidades francesas que en la Italia “renacentista”. Es falso que en la “Edad Media” no se conociese la redondez de la tierra.
En 1377 Nicolás de Oresme, obispo de Liseaux y consejero del rey Carlos V -autor de tratados sobre mutaciones monetarias, Astronomía y Matemáticas- propuso a sus lectores una especie de juego: suponía que partiendo de un mismo lugar de Europa, Platón había ido hacia el oeste para dar la vuelta a la tierra, mientras que Sócrates se había dirigido hacia el este; la solución era que Platón había vivido un día menos que los habitantes de Europa y Sócrates un día más.
Este ejemplo demuestra que en la “Edad Media” se conocía la redondez de la tierra y que, en general, se conocían los clásicos, como Sócrates y Platón, y gracias al monaquismo cristiano, la filosofía aristotélica.
Escolio: El arte medieval como continuación de su herencia clásica
1. Arte carolingio: Carlomagno hizo transportar mármoles esculpidos desde Bizancio para ornamentar la basílica de Aquisgrán, lugar donde fijó la residencia imperial. En general, toda la arquitectura y escultura carolingias se inspiraron en cánones clásicos.
2. Arte románico: El nombre de este arte lo dice todo. Los pórticos de los santuarios, los capiteles, los arcos, etc., no son sino una continuación de la arquitectura y escultura romanas.
Pero el arte medieval es original: a partir del arte clásico, genera un arte nuevo; el renacentista, en cambio, es imitativo. En otras palabras, la diferencia estriba en que en la “Edad Media” se considera a la antigüedad clásica como un tesoro a explotar; y, en cambio, desde el “Renacimiento” se le considera como un modelo a imitar. La misma palabra trovador significa persona que encuentra algo; o sea, trovador es sinónimo de inventor.
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El hombre "buscado" por Dios y "en busca" de Dios
1. El apóstol san Pablo, en la carta a los Romanos, recoge, con un poco de asombro, un oráculo del libro de Isaías (cf. Is 65, 1), en el que Dios llega a decir por boca del profeta: "Fui hallado por quienes no me buscaban; me manifesté a quienes no preguntaban por mí" (Rm 10, 20). Pues bien, después de haber contemplado, en las catequesis anteriores, la gloria de la Trinidad que se manifiesta en el cosmos y en la historia, ahora queremos iniciar un itinerario interior a lo largo de los caminos misteriosos por los que Dios va al encuentro del hombre, para hacerlo partícipe de su vida y de su gloria. En efecto, Dios ama a la criatura formada a su imagen y, como el pastor diligente de la parábola que acabamos de escuchar (cf. Lc 15, 4-7), no se cansa de buscarla ni siquiera cuando se muestra indiferente o, incluso, molesta por la luz divina, como la oveja que se ha alejado del rebaño y se ha extraviado en lugares inaccesibles y peligrosos.
2. El hombre, seguido por Dios, ya advierte su presencia, ya es iluminado por la luz que está detrás de él y ya es atraído por la voz que lo llama desde lejos. De este modo, comienza a buscar él mismo al Dios que lo busca: buscado, busca; amado, comienza a amar. Hoy empezamos a delinear esta sugestiva trama entre la iniciativa de Dios y la respuesta del hombre, descubriéndola como un elemento fundamental de la experiencia religiosa. En realidad, el eco de esa experiencia se percibe también en la voz de algunas personas que están lejos del cristianismo, signo del deseo de toda la humanidad de conocer a Dios y ser objeto de su benevolencia. Incluso un enemigo del Israel bíblico, el rey babilonio Nabucodonosor, que en los años 587-586 antes de Cristo destruyó la ciudad santa, Jerusalén, se dirigía a la divinidad en estos términos: "Sin ti, Señor, ¿qué sería del rey que amas y que has llamado por su nombre? ¿Cómo podría ser bueno a tus ojos? ¡Tú guías su nombre, lo llevas por el camino recto! (...) Por tu gracia, Señor, que concedes abundantemente a todos, haz que tu excelsa majestad sea misericordiosa y que reine en mi corazón el temor por tu divinidad. ¡Dame lo que es bueno para ti, puesto que has plasmado mi vida! (cf. G. Pettinato, Babilonia, Milán 1994, p. 182).
3. También nuestros hermanos musulmanes testimonian una fe análoga, repitiendo a menudo, durante su jornada, la invocación que abre el libro del Corán y que celebra, precisamente, el camino por el que Dios, "el Señor de la creación, el Clemente, el Misericordioso", guía a aquellos en quienes infunde su gracia.
Sobre todo la gran tradición bíblica impulsa al fiel a dirigirse con frecuencia a Dios, a fin de que le conceda la luz y la fuerza necesarias para hacer el bien. Así reza el salmista en el Salmo 119: "Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu voluntad, y a guardarla de todo corazón; guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo (...). Aparta mis ojos de las vanidades, dame vida con tu palabra" (vv. 33-35. 37).
4. Así pues, en la experiencia religiosa universal, y especialmente en la transmitida por la Biblia, encontramos la conciencia del primado de Dios que va en busca del hombre para guiarlo hacia el horizonte de su luz y de su misterio. En el principio está la Palabra que rompe el silencio de la nada, la "buena voluntad" de Dios (cf. Lc 2, 14), que jamás abandona a la criatura a su propio destino.
Evidentemente, este comienzo absoluto no suprime la necesidad de la acción humana, no elimina el compromiso de una respuesta por parte del hombre, el cual es invitado a dejarse alcanzar por Dios y a abrirle la puerta de su vida, pero que también tiene la posibilidad de rechazar esa invitación. A este respecto, son estupendas las palabras que el Apocalipsis pone en los labios de Cristo: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20). Si Cristo no recorriera los caminos del mundo, permaneceríamos solitarios en nuestro horizonte limitado. Pero es preciso que le abramos nuestra puerta, para que comparta nuestra mesa, en comunión de vida y amor.
5. El itinerario del encuentro entre Dios y el hombre se realizará bajo el signo del amor. Por una parte, el amor divino trinitario nos precede, nos envuelve, nos abre constantemente el camino que lleva a la casa paterna. En ella nos espera el Padre para abrazarnos, como en la parábola evangélica del "hijo pródigo", o mejor, del "Padre misericordioso" (cf. Lc 15, 11-32). Por otra, se nos pide que respondamos con amor fraterno al amor de Dios. En efecto, el apóstol san Juan, en su primera carta, nos exhorta: "Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. (...) Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (Jn 4, 11. 16). De ese abrazo entre el amor divino y el humano florecen la salvación, la vida y la alegría eterna.
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La escucha de la Palabra y del Espíritu
en la revelación cósmica
1. "¡Qué amables son todas sus obras! Y eso que es sólo como una chispa lo que de ellas podemos conocer. (...) Mucho más podríamos decir y no acabaríamos, y el resumen sería: él lo es todo. (...) Él es mucho más grande que todas sus obras" (Si 42, 22; 43, 27-28). Estas estupendas palabras del Sirácida condensan el canto de alabanza elevado en todas las épocas y bajo todos los cielos al Creador, que se revela a través de la inmensidad y el esplendor de sus obras.
Aunque sea en formas aún imperfectas, muchísimas voces han reconocido en la creación la presencia de su Artífice y Señor. Un antiguo rey y poeta egipcio, dirigiéndose a su divinidad solar, exclamaba: "¡Cuán numerosas son tus obras! Están ocultas a nuestro rostro. Tú, Dios único, fuera del cual nadie existe, tú has creado la tierra según tu voluntad, cuando estabas solo" (Himno a Aton, cf. J.B. Pritchard ed., Ancient Near Eastern Texts, Princeton 1969, pp. 369-371).
Algunos siglos después, también un filósofo griego celebraba en un himno admirable la divinidad que se manifiesta en la naturaleza y, de modo particular, en el hombre: "De tu linaje somos, y sólo nosotros, entre todos los seres animados que viven y se mueven sobre la tierra, tenemos la palabra como reflejo de tu mente" (Cleante, Himno a Zeus, vv. 4-5). El apóstol san Pablo recogerá esta elevación, citándola en su discurso ante el Areópago de Atenas (cf. Hch 17, 28).
2. También al fiel musulmán se le pide escuchar la palabra que el Creador transmite mediante las obras de sus manos: "Oh hombres, adorad a vuestro Señor, que os ha creado a vosotros y a los que existieron antes que vosotros, y temed a Dios, el cual ha hecho la tierra como una alfombra para vosotros y el cielo como un castillo, y ha hecho bajar del cielo agua con la cual saca de la tierra los frutos que son vuestro alimento diario" (Corán II, 21-23).
La tradición judía, que floreció en la tierra fértil de la Biblia, descubrirá la presencia personal de Dios en toda la creación: "Dondequiera que yo vaya, allí estás tú. Dondequiera que me detenga, allí estás tú. Sólo tú, aún tú, siempre tú... En el cielo, tú. En la tierra, tú. Arriba, tú. Abajo, tú. A dondequiera que me dirijo y en todas las cosas que admiro, allí estás tú, sólo tú, aún tú, siempre tú" (M. Buber, Los relatos de los Chassidim, Milán 1979, p. 276).
3. La Revelación bíblica se inserta en esta amplia experiencia de sentido religioso y de oración de la humanidad, poniéndole el sello divino. Al comunicarnos el misterio de la Trinidad, nos ayuda a captar en la creación misma no sólo la huella del Padre, fuente de todo ser, sino también la del Hijo y del Espíritu. A la Trinidad entera se dirige ya la mirada del cristiano cuando, con el salmista, contempla el cielo: "La palabra del Señor -es decir, su Verbo eterno- hizo el cielo; el aliento de su boca -es decir, el Espíritu Santo-, sus ejércitos" (Sal 33, 6). Por eso, "el cielo proclama la gloria de Dios; el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. Sin que hablen, sin que se pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje" (Sal 19, 2-5).
Es preciso eliminar de los oídos del alma los ruidos para captar esta voz divina que resuena en el universo. Así pues, junto a la revelación propiamente dicha, contenida en la sagrada Escritura, se da una manifestación divina cuando brilla el sol y cuando cae la noche. En cierto sentido, también la naturaleza es el "libro de Dios".
4. Podemos preguntarnos cómo se puede desarrollar, en la experiencia cristiana, la contemplación de la Trinidad a través de la creación, descubriendo en ella no sólo genéricamente el reflejo del único Dios, sino también la huella de cada una de las Personas divinas. En efecto, aunque es verdad que "el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres principios de la creación, sino un solo principio" (concilio de Florencia: DS 1331), también es verdad que "cada persona divina realiza la obra común según su propiedad personal" (Catecismo de la Iglesia católica, n. 258).
Por consiguiente, cuando contemplamos con admiración el universo en su grandeza y belleza, debemos alabar a toda la Trinidad, pero de modo especial nuestro pensamiento va al Padre, del que todo brota, como plenitud fontal del ser mismo. Cuando reflexionamos en el orden que rige en el cosmos y admiramos la sabiduría con la que el Padre lo ha creado, dotándolo de leyes que gobiernan su existencia, nos resulta espontáneo remontarnos al Hijo eterno, que la Escritura nos presenta como Palabra (cf. Jn 1, 1-3) y Sabiduría divina (cf. 1 Co 1, 24. 30).
En el admirable canto que la Sabiduría entona en el libro de los Proverbios, y que se leyó al principio de este encuentro, se presenta "constituida desde la eternidad, desde el principio" (Pr 8, 24). La Sabiduría está presente en el momento de la creación "como arquitecto", dispuesta a poner sus delicias "entre los hijos de los hombres" (cf. Pr 8, 30-31). Bajo estos aspectos, la tradición cristiana ha visto en ella el rostro de Cristo, "imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación (...) Todo fue creado por él y para él; él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia" (Col 1, 15-17; cf. Jn 1, 3).
5. Asimismo, a la luz de la fe cristiana, la creación evoca de modo particular al Espíritu Santo en el dinamismo que distingue las relaciones entre las cosas, dentro del macrocosmos y del microcosmos, y que se manifiesta sobre todo donde nace y se desarrolla la vida. En virtud de esta experiencia, también en algunas culturas lejanas del cristianismo se ha percibido, de alguna manera, la presencia de Dios como "espíritu" que anima el mundo. En este sentido, es célebre la expresión de Virgilio: "spiritus intus alit", "el espíritu alimenta desde dentro" (Eneida VI, 726).
El cristiano sabe bien que esa evocación del Espíritu sería inaceptable si se refiriera a una especie de "anima mundi", entendida en sentido panteísta. Pero, excluyendo este error, sigue siendo verdad que toda forma de vida, de animación, de amor, remite en definitiva a aquel Espíritu del que el Génesis dice que "aleteaba por encima de las aguas" (Gn 1, 2) en el alba de la creación y en el que los cristianos, a la luz del Nuevo Testamento, reconocen una referencia a la tercera Persona de la santísima Trinidad.
En efecto, la creación, en su concepto bíblico, "conlleva no sólo la llamada del ser mismo del cosmos a la existencia, es decir, el dar la existencia, sino también la presencia del Espíritu de Dios en la creación, o sea, el inicio de la comunicación salvífica de Dios a las cosas que crea. Lo cual es válido ante todo para el hombre, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios" (Dominum et vivificantem, 12).
Al contemplar la revelación cósmica, anunciemos la obra de Dios con las palabras del salmista. "Envías tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra" (Sal 104, 30).
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La historia de Adán y Eva es la de una elección dramática, con consecuencias a lo largo de toda la historia de la Humanidad. El episodio se repite en el Corán, pero se trata de un pequeño error sin mayores consecuencias, sin que hubiera, en cierto sentido, ni elección ni drama ni tragedia. Consecuentemente, Dios enseña a Adán el nombre de todas las cosas (en la Biblia, es Adán quien da los nombres), y siempre interviene en el último momento para evitar lo peor. El infierno –es una opinión personal– es, de hecho, la prueba más extraordinaria del amor de Dios. Significa que respeta la libertad humana de decirle No hasta el final, porque Su amor es absoluto, no egoísta, y por eso –como muestra el Evangelio aún más claramente– propone e indica al hombre el camino de su felicidad, pero nunca obliga ni condena.
En casi todas las sociedades, existe la tendencia a alcanzar la cohesión más perfecta posible entre sus miembros: se establecen unas normas comunes, y quienes no las sigan, se autoexcluyen. La religión, sociológicamente, es un elemento que aúna a todos los demás elementos que forjan lazos comunitarios: moral, costumbres, historia, lengua…, que frecuentemente se expresan como religión. Desde esa perspectiva, el cristianismo no es una religión, ya que no tiene leyes (imagino que Amaos los unos a los otros… no tendrá valor de ley para ningún jurista) ni impone costumbres (como la cuestión del velo entre las musulmanas de algunos países). A nosotros nos parece obvio, pero para la primera comunidad apostólica no era tan evidente. Le dice un joven a Jesús: «Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia». Es una petición de sentido común. Pero Él responde: «¿Quién me ha constituido juez o partidor entre vosotros?» Esto es: Los asuntos jurídicos, sociales, económicos… sois vosotros quienes debéis resolverlos.
Para el cristianismo, la prioridad es la persona, aunque resulte nefasto en algunos casos para el grupo. La libertad de conciencia es el fundamento del sistema. O se encuentra en la base de todo, y entonces prevalece la persona sobre el grupo, o prevalece el grupo, y las libertades se resienten. Estos principios aparecen nítidamente en el Nuevo Testamento, pero fueron necesarios muchos siglos de reflexión, luchas y sangre para llegar, como hizo la civilización cristiana, a esta conclusión. Porque se trata de la civilización cristiana, aunque se secularice o se paganice. Este sistema de libertades, al margen de que se formulara en el Siglo de las Luces, hunde sus raíces en el cristianismo. Es más, no puede encontrarse en las demás tradiciones religiosas.
Khalil Samir
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SOBRE EL UNIVERSO Y DIOS
Pasteur fue siempre un católico practicante; dijo que "un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a él"
HABLAN ATEOS Y CREYENTES
Por Luis Fernández Cuervo (*)
Es frecuente en el mundo actual la gente que lleva su admiración por la Ciencia hasta el punto de creer que sólo allí se encierra toda la sabiduría y certeza posibles. Algunos, además, elevan su admiración hasta la idolatría, pensando que el avance de ella supone siempre un descrédito y derrota de la religión.
Eso equivale a anclar su mentalidad en lo peor de los ilustrados del Siglo XVIII. No hace mucho leí, en un artículo de otro diario, la chocante afirmación de que Pasteur, al demostrar que no existía la generación espontánea de seres vivos a partir de material inerte, había refutado con ello una idea religiosa.
Pero esa idea nunca fue una idea religiosa, sino una idea científica equivocada en la que creyeron los científicos, creyentes y no creyentes, hasta que en el Siglo XIX, el genial Louis Pasteur demostró lo contrario. ¡Pero resulta que Pasteur fue siempre un católico practicante! y, además, dijo que “un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a él”.
Si revisamos la historia, podemos comprobar que muchos de los grandes avances científicos fueron hechos por gente que no tuvo ningún conflicto entre la ciencia que cultivaba y la religión en la que creía.
La lista de ellos es larga. Sin embargo, también es verdad que, hoy día, muchos científicos ilustres son agnósticos —no saben decir si Dios existe o no—, o son ateos que pretenden convencerse y convencernos de que su ciencia demuestra la no existencia de Dios.
Aparte de los que mencioné en mi artículo anterior, Watson y Crick, destacan hoy por su franco ateísmo Steven Weinberg y Peter Atkins.
Asegura Atkins que no es necesaria la existencia de un creador y que, mirado a fondo, “todo es caos” y que “esta es la frialdad que hemos de aceptar cuando escrutamos profunda y desapasionadamente el corazón del universo”. En cuanto a Weinberg, Premio Nóbel de Física, para él todo el universo que conocemos, incluyendo la vida humana, sólo es el resultado accidental, por casualidad, de un cúmulo de coincidencias que pudieron no haberse dado. (¿Alabemos, entonces, a la diosa Casualidad?).
E insiste en que: “Cuanto más comprensible parece el Universo, tanto más sin sentido parece también”. Con eso no están de acuerdo muchos otros físicos, entre ellos Albert Einstein, que, sin practicar nunca ninguna religión, aseguraba que: “Cuanto más estudio la ciencia más creo en Dios”.
El error de esos agnósticos o ateos está en lo limitado de su ciencia y en lo desorbitado de su soberbia intelectual. Cuando hablan de caos habría que decirles que siempre parece sin sentido lo que conocemos mal o sólo en parte y que si acaso creen que ya lo saben todo sobre el Universo. Cuando al descifrar las etapas y estructuras del cosmos y de la vida observan, sin que se vea un agente externo que la produzca, cómo unas cosas son causas de otras y cómo se coordinan entre sí, llegan a la conclusión, como el viejo Laplace, que no hace falta Dios, que aquello se ha hecho solo. ¿Qué supone más sabiduría y más poder humanos? ¿Un reloj antiguo que había que darle cuerda o uno actual que no lo necesita? Escuchar un concierto transmitido en ese mismo momento por la radio supone más inteligencia y poder humanos que estar allí presentes en ese concierto.
La ciencia y el poder humanos han vencido el espacio. Y escuchar años más tarde ese mismo concierto en una casete, supone mayor inteligencia y poder humanos que los de aquella radio, pues ahora se ha vencido no sólo el espacio sino también el tiempo. Si ésa es nuestra experiencia sobre el poder creador del hombre, ¿por qué en cambio se lo niegan a Dios? Precisamente, cuanto más autónomo aparece algo, en su existencia y funcionamiento, más inteligente y poderosa tiene que ser la Causa que pudo producirla. Y también cuanto mayor complejidad y finura de estructuras y funcionamiento tiene. Hay mayor inteligencia y poder creador para hacer un moderno cronómetro que para hacer un reloj de arena.
Por eso, muchos físicos comprueban que los parámetros fundamentales que rigen la fuerza de la gravedad, la carga de los protones y la masa de los neutrones, la distancia de la tierra al sol, etc., parecen haber sido ajustados muy precisa e inteligentemente de modo que permitiesen surgir organismos conscientes.
De hecho, modificar en lo más mismo esos valores habrían hecho perder a los átomos su integridad, que las estrellas no brillasen, que ninguna galaxia hubiera podido albergar vida o que el colapso del universo sucediera segundos después del “Big Bang”. John Polkinghorne, físico de la Universidad de Cambridge, observa que “cuando uno se da cuenta de que las leyes de la naturaleza tienen que estar coordinadas con máxima precisión para que den como resultado el universo visible, es difícil resistirse a la idea de que el universo no es casual, sino que tiene que haber un propósito en él”. Y Jerzy A. Janik, físico nuclear y miembro de la Academia de Ciencias de Polonia y Noruega, concluye: “Tengo respeto al agnosticismo en los físicos. Pero cuando dicen que son agnósticos porque son científicos, hacen una extrapolación. Pueden serlo, pero no partiendo de la física.
Hay que ser ateos honestos. La física no da prueba negativa de Dios o de la realidad trascendente: no es su objeto. (...) Eso no es el resultado de la ciencia, depende de otros factores personales: el sufrimiento, la pobreza de un pueblo...”. Sí, y precisamente el sufrimiento es una piedra de escándalo que a algunos científicos puede apartarles de Dios —tal parece ser el caso de Weinberg— y a otros —como a Max Planck— la ocasión para encontrarle. Espero poder hablarles también de esto último.
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(*) Luis Fernández Cuervo, Dr. en Medicina, columnista de El Diario de Hoy, colaborador de Arvo Net; artículo publicado en El Diario de Hoy, 23.6.2003; en Arvo Net, 23 de noviembre 2003.

Pedro, oyendo el llamado de Cristo, todo lo dejó en Galilea para conducir la Iglesia Católica
S. S. Juan Pablo II: "Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de un modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la autorrevelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada.
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"Mientras el Evangelio nos obliga a los cristianos a amar y a perdonar: no nos obliga a ser ingenuos"
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No hay que temer tanto al islam que nos dejemos impresionar indebidamente por él. En cuanto a su naturaleza intrínseca no se diferencia mucho de las otras sectas postcristianas que han pretendido ser fruto de revelaciones celestes. Una comparación con los mormones nos permite comprender hasta qué punto no es sino una secta de la periferia cristiana más: la secta de Mahoma. Y por ello no puede ser que a unos les tengamos por respetables y a los otros por ridículos
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Teología musulmana: ‘el no musulmán es culpable de no serlo y carece de derechos’.
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Todas las acciones de terroristas islamistas degradan y corrompen el débil tejido en el que se basa la civilización; el que diferencia civiles de militares, iglesias y campos de batalla.
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“Viendo lo que Jesús ha hecho por mí y por tí, ¿qué vamos, en lo adelante, a hacer por Él?” [Ignacio de Loyola (+ 1556)]
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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-
¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!
“Alabamos a Dios por quienes cultivan las ciencia y la tecnología, ofreciendo una inmensa cantidad de bienes y valores culturales…
Sin embargo, la ciencia y la tecnología no tienen respuestas a los grandes interrogantes de la vida humana… estas sólo pueden venir de un razón y ética integrales iluminadas por la revelación de Dios.
El destino universal de los bienes y ecología
Alabamos al Señor, que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos… …La creación es manifestación del amor providente de Dios.
Nos la ha dado para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida para todos. …Vemos que el hombre amenaza y destruye su “hábitat”…
“Nuestra hermana, la madre tierra”, es nuestra casa común, y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación.…
Desatender las mutas relaciones y el equilibrio… es una ofensa al Creador… contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla, y utilizarla, respetando el orden que le dio el Creador.
Además:…el destino universal de los bienes exige la solidaridad con la generación presente y las futuras”
(Documento Conclusivo de Aparecida,Brasil–Nº 123/126) Obispos-V.2007
¡No dejéis, oh Virgen Aparecida, por vuestra misma presencia, de manifestar en esta tierra que el amor es más fuerte que la muerte, más poderoso que el pecado!
No dejéis de mostrarnos a Dios, que amó tanto al mundo hasta el punto de entregarle su Hijo Unigénito, para que ninguno de nosotros perezca, sino que tenga la vida eterna (cf. Jn 3, 16). Amén.
"Respice stellam, voca Mariam!". ¡Mira la estrella, invoca a María!
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Gracias de la visita
Recomendamos un libro fundamental ‘Islam para adultos’ Autor: Antonio López Campillo. Prólogo del doctor César VIDAL -Editorial ‘Adhara publicaciones’ .
«Cien preguntas sobre el Islam» Doctor y Pbro. árabe don Samir Khalil Samir, Sin prejuicios y sin ingenuidad. Editado por ‘encuentro-actualidad’.
Señor doctor Samir Khalil Samir, sacerdote católico jesuita profesor de la Universidad St. Joseph de Beirut y del Pontificio Instituto Oriental de Roma, es hoy en día uno de los mayores especialistas en relaciones entre cristianismo e islam.
«El lenguaje político del islam» Bernard Lewis. Editado por ‘taurus’
«La crisis del islam» Bernard Lewis. Editado por ‘B’ (Argentina, etc.).
«El conflicto del islam» Marc Ferro. Editado por ‘cátedra’.
«España frente al islam» Dr. César Vidal. Editado por ‘la esfera de los libros’.
«El valor distinto de las religiones» José Morales. ‘Editado por Rialp’.
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MANUEL II: DIÁLOGO CON UN MUSULMÁN. Áltera (Barcelona-España), 2006; 154 páginas. Prólogo de JON JUARISTI.
El Papa y el islam
Por Gorka Echevarría Zubeldia
[un libro que recomendamos vivamente]
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