Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Desde los primeros siglos, la Iglesia ha tenido experiencia de la importancia de la pastoral del pensamiento —baste evocar a San Justino [griego, año 120  160/5 ca.] y a San Agustín— y han sido innumerables sus iniciativas en este sector.

 

1410 - témpera- Italia

 

 

La escritura es sin duda la invención más importante de la historia humana, porque gracias a ella han podido acumularse y diversificarse los conocimientos, el arte, etc. En los milenios y decenas de milenios anteriores los hombres apenas si podían mantener los conocimientos, relatos y tradiciones adquiridas, estrechamente limitados por la memoria oral y expuestos por ello a continuas desvirtuaciones o variaciones puramente azarosas, incluso en pueblos cuyos sacerdotes cultivaron la memoria con especial asiduidad, como los celtas. ¡Cuántos relatos, creencias, sucesos, reflexiones y observaciones valiosas se habrán perdido a lo largo de ese largo tiempo!

Probablemente la escritura nació en los templos de las primeras civilizaciones, inventada por las castas sacerdotales, en un principio con propósitos conservadores: asegurar la permanencia y fidelidad de los ritos. Los documentos escritos más antiguos suelen tener carácter religioso. Y su aplicación al comercio pudo muy bien haber tenido el mismo origen, pues los templos solían ser también centros de comercio –a veces incluso sexual–. Asimismo encontraremos en ellos las primeras observaciones más o menos científicas sobre el cosmos, la naturaleza con fines económicos o medicinales, y unos principios de geometría necesarios para la construcción de grandes edificios.

En definitiva, los sacerdotes eran el único grupo social no excesivamente presionado por la necesidad de ganarse el pan o por las exigencias de la guerra o del poder, y podían dedicar tiempo a otras actividades, según el frado de su curiosidad espiritual. Todavía en tiempos tan recientes como nuestra alta Edad Media, la lectura era ignorada por las capas bajas de la población y a menudo desdeñada por las, digamos, clases políticas. La conservación de gran parte de la cultura clásica se debió a los clérigos, y asimismo las primeras escuelas.

15 de Diciembre de 2007 - 17:44:18 - Pío Moa –‘L.D.ESP.’

 

 

 La Edad Media guarda numerosas sorpresas a todo el que desea correr la aventura de adentrarse por sus intimidades. Siglo oscuro y ruidos de armas. Señores feudales con sus mesnadas guerreras. Castillos defensores con puentes levadizas y celadas astutas por las encrucijadas de los caminos. Invasión de los bárbaros, en una palabra, que ha preparado este precario estado de cosas y ha liquidado una cultura decadente y cansada. Brilla ahora mucho más el ejercicio de las armas que el conocer la cultura clásica. Y entre los nobles llega a ser un timbre de gloria el ser analfabeto: "El señor no firma porque es noble", terminan algunos documentos del tiempo.

 Pero la ciencia no ha desaparecido. Se ha refugiado en los monasterios. La Iglesia, por los monjes sobre todo, es la gran y única educadora de los pueblos. Clérigo y letrado, son ahora palabras sinónimas. Para penetrar, pues, bien la Edad Media es preciso conocer también la vida apretada y fecunda de los monasterios. Entrar en ellas con el ánimo purificado y sereno, dócil y abierto a toda sugerencia. Descalzarse, previamente, de toda predisposición a lo complicado y vertiginoso, a las velocidades supersónicas y a las carreras contra reloj. Para sorprender mejor a aquellos hombres, enjambres de Dios elaborando, en, sus celdas, la miel dulcísima de las ciencias del espíritu para el bien de las almas, progreso de la humanidad y búsqueda de una felicidad radicada en el diálogo entre el alma y Dios.

 

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"El mundo está sostenido por cuatro pilares: el conocimiento de los doctos, la justicia de los mejores, las oraciones de los virtuosos y el valor de los valientes". Esta inscripción se encontraba sobre la entrada de las Universidades españolas desde el Medioevo.

 

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La Universidad de Bolonia Italia es la institución universitaria, la más antigua del mundo en funcionamiento interrumpido. 2011-02-17

 

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Algunas fechas de fundaciones de Universidades entre tantas, gracias a las ‘Bulas pontificias’ en pro-del estudio de todas las ciencias:


Bolonia (1088), Oxford (1096), París (1150), Módena (1175), Cambridge (1208), Palencia (1208), Salamanca (1218), Nápoles (1224), Coimbra (1290), Praga (1347), Viena (1365), Heidelberg (1386), Colonia (1388), Erfurt (1389), Leipzig (1409). Las fechas pueden contener breves diferencias entre la data de la Bula, la aprobación local o el inicio de la obra, o al finalizar la obra civil.

 

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El cardenal Nicolás de Cusa, matemático y astrónomo

que se adelantó 150 años a Galileo…

 

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Universidad: un lugar dedicado a los estudios a la ciencia, donde los jóvenes deben aprender a cuestionar todo, a poner todo en duda para así profundizar y saber escoger lo mejor, disciplinándose en el conocimiento y aplicarlo debidamente. Por ello la Iglesia católica –segura de la armonía entre fe y razón- ya en luminoso medioevo exalta las ciencias y funda la Universidad

 

 

 

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En la época de la Reforma, 81 universidades habían recibido el ‘reconocimiento papal’.

 

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1997 - La primera ‘Universidad católica’ fundada por un fiel laico, que no pertenece a la Iglesia pero que la Iglesia le permitió crear, en la historia de las Universidades...

 

Roma locuta, causa finita. El Vaticano ha hablado. José Luis Mendoza, presidente de la Fundación San Antonio, sostén de la Universidad Católica (UCAM) España 2008., rompe ahora su silencio desde que estalló el conflicto con el Obispado de Cartagena sobre la titularidad y propiedad de esta universidad. Lo hace después de el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Bertone, le haya dado a la Fundación la razón en este litigio eclesiástico. Mendoza es el primer fiel laico a quien Roma permitió crear una universidad católica. Padre de 14 hijos, responde a todas las cuestiones sobre su fortuna. Tacha de «barbaridad» los dossieres anónimos que critican su labor y recalca que se ha jugado su patrimonio personal y familiar para poner en marcha la UCAM. «No he recibido ninguna ayuda de nadie», dice. Apuntala sus respuestas con una montaña de documentos e informes. Es uno de los laicos con mejores relaciones en el Vaticano. Con Mendoza en el disparadero de algunos sectores, el conflicto de la UCAM ha tenido además una gran repercusión en la Iglesia Católica, donde se ha librado una batalla soterrada. 2008.V.05

 

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¿Qué es una Universidad? - Institución de enseñanza superior que comprende diversas facultades, y que confiere los grados académicos correspondientes.

Eso es la que comprendemos como Universidad desde la Edad Media en que las fundara generalmente la Iglesia Católica. Se suele aceptar que, según las épocas y países, puede comprender colegios, institutos, departamentos, centros de investigación, escuelas profesionales, etc. En tal caso, no es propiamente ‘Universidad’ como lo entendemos hoy y desde las primeras fundadas por los científicos europeos medievales, ya que, cualquier colegio, sociedad científica, asociación cultural, grupo investigador o academia, podría etiquetarse de ‘universidad’ erradamente, al carecer de diversas facultades. Para otros también es ‘universidad’: Instituto público de enseñanza donde se hacían los estudios mayores de ciencias y letras, y con autoridad para la colación de grados en las facultades correspondientes.).-

(¿O es acaso que cualquier agrupación de lectores, o corporación de músicos o colectividad de pintores, componen cada uno un ente etiquetado ‘universidad’?, No.).-

 

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La Historia es testigo de lo dicho: auténticas joyas históricas y artísticas del patrimonio mundial de la humanidad, –sobre todo cristianas-, han sido destruidos por los invasores guerreros musulmanes, y en Europa, con particular perfidia.

 

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La Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos.

 

 

 

 

Curiosamente, el primer movimiento de liberación de la mujer que se produce en Roma es precisamente el de las cristianas que deciden no casarse y vivir la castidad, cosa incomprensible para las familias romanas; o bien optan por defender su derecho a autodeterminarse en cuanto a la fe, llegando hasta el martirio. Este clima social-intelectual que preconiza el cristianismo reconvierte por primera vez a la mujer en ser autónomo, digno de decidir por sí mismo sobre su futuro. Los padres de la Iglesia son clarísimos al respecto. Por eso los primeros canonizados son mujeres como Inés, Ágata o Cecilia. Fue la recepción del Derecho Romano a partir de la Edad Moderna la que volvió a dar un tratamiento de inferioridad a la mujer, que culminó el Código Civil de Napoleón, producto de la revolución francesa.

El feminismo radical tiene pendiente un ajuste de cuentas con el catolicismo. Una portavoz cualificada como Shere Hite requería hace poco (2006) al nuevo Papa para que en adelante se refiera a Dios en masculino y en femenino, y fuera consciente de que en materia de sexo y de mujeres la Iglesia debía de cambiar radicalmente. Todavía no se han enterado que el verdadero cambio empezó hace 2.000 años, como sucedió con la vida de María Magdalena.

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Casiodoro Magno Aurelio, fue un filósofo, pensador, monje y escritor latino, consultado por los reyes y gobernantes de su época. Nació en el año 468 D.C., en Squillace y murió después de 562. Fue ministro de Teodorico el Grande. En el año 538 se retiró y fundó una orden monacal, precursora de la de San Benito (benedictinos), consagrada sobre todo a la conservación y copia de manuscritos antiguos.

 

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El español vivió su Edad Media poniéndose frente a Dios en la actitud del caballero ante su señor, actitud que conservaría de cara a la hazaña de la conquista de América. Sánchez Albornoz pone en boca del hombre hispano la plegaría del vasallo feudal:

«Soy tu espada, Señor, estoy combatiendo a tus enemigos y llevando tu nombre a nuevas tierras. Llevo tu cruz en mis banderas, a Ti consagro mis conquistas. Tu madre es la mía, y ella es también mi Dama, Nuestra Señora. Soy tu siervo, Señor, te rindo pleitesía; ayúdame a extender tu santo nombre ya honrar a Nuestra Señora, a los ángeles ya los santos varones que te sirvieron ayer...»

(P. Alfredo Sáenz)

 

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La biblioteca del monasterio de Montserrat (1050ca.)  - Desde la fundación del monasterio, en el siglo XI, hay constancia de la existencia de obras manuscritas y, desde el siglo XII, Montserrat pasa a tener su propio «scriptorium», muy activo en los siglos XIV y XV.
La inauguración de un taller tipográfico en Montserrat, promovido por el Abad Cisneros en el año 1499, favoreció la difusión cultural del monasterio.
Durante los siglos XVII y XVIII, La Biblioteca creció y diversificó sus fondos hasta llegar a reunir miles de obras en sus estanterías. El momento más trágico de su historia se produjo durante las guerras napoleónicas, en 1811. El monasterio fue destruido y se perdió la mayor parte de su tesoro bibliográfico.
El fondo de la Biblioteca de Montserrat consta en total de 300.000 libros.

2007-I.

 

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"El mundo está sostenido por cuatro pilares: el conocimiento de los doctos, la justicia de los mejores, las oraciones de los virtuosos y el valor de los valientes". Esta inscripción se encontraba sobre la entrada de las Universidades españolas desde el Medioevo. 

 

 

 

 

Abadía de POMPOSA – Italia. - Construida junto a una antiquísima iglesia del sc. VI, la abadía de Pomposa en el siglo X pasó de la Santa Sede a bajo la jurisdicción de la Iglesia de Ravenna, que efectuó en tal periodo, numerosos interventos de arreglos y bonificación de la zona paludícola circundante, efectuada por los monjes benedictinos.

Pomposa fue, entonces, elevada por Ottón III, Rey de Alemania y Emperador, a Abadía real, y su abad ejercitó además del poder eclesiástico también aquel de civil, con el título de príncipe del Impero. La Abadía alcanzó, así, gran potencia y llegó a ser un renombrado centro de cultura por la gran Biblioteca compuesta en el silgo XI: allí estuvieron deleitándose en el placer del saber hombre célebres como San Pedro Damiano, Federico I Barbarrosa [1122-1190], Dante, Giotto y Guido ARETINO*, que compaginó la célebre reforma musical, introduciendo el uso de las líneas en las notas y adaptando un sistema mnemonico para la exacta entonación de los grados de la escala (hexacordo).

*Escala para canto llano compuesta de las seis primeras notas usuales, inventada en el siglo XI por Guido Aretino.

 

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Casiodoro Magno Aurelio, fue un filósofo, pensador, monje y escritor latino, consultado por los reyes y gobernantes de su época. Nació en el año 468 D.C., en Squillace y murió después de 562. Fue ministro de Teodorico el Grande. En el año 538 se retiró y fundó una orden monacal, precursora de la de San Benito (benedictinos), consagrada sobre todo a la conservación y copia de manuscritos antiguos.

 

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ESPAÑA – VALENCIA:La ciudad de Valencia fue fundada en el año 138 a.c. Ante la invasión de los pueblos bárbaros a partir del siglo V, la ciudad de Valencia mantuvo su actividad bajo el reino visigodo y durante la ocupación musulmana de Hispania, que comenzó en el año 711. En el año 1238, el rey de Aragón, Jaime I, el Conquistador, creó el reino cristiano de Valencia, dotándolo de leyes propias.

El siglo XV, fue un verdadero “siglo de oro” para Valencia, especialmente bajo los reinados de Alfonso V el Magnánimo, y de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Se concluyeron la catedral gótica de Valencia y la torre del micalet; se edificaron iglesias y monasterios. Este “siglo de oro” culminó con la creación de la universidad de Valencia por el Papa Alejandro VI (1501).

 

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Escribió el historiador de la cultura Christopher Dawson, en su libro Historia de la cultura cristiana, sobre el cristianismo en la historia de Occidente, que «la religión que ha gobernado la vida de un pueblo por mil años entra en su propio ser y modela toda su forma de sentir y de pensar. Cuando los filósofos del siglo XVIII intentaron poner sus nuevas doctrinas racionalistas en lugar de la antigua fe cristiana, en realidad abstraían de ésta aquellos elementos que habían penetrado tan profundamente en su propio pensamiento que ellos mismos ya no lograban reconocer su origen».

 

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¿Cómo realizan los monjes hoy esta aportación? - Sirviendo a Dios, los monjes sirven al hombre y a la sociedad; así es como los monjes han hecho su aportación a la construcción de Europa a lo largo de los siglos. La fe, la cultura, la civilización, el espíritu europeos se han cimentado mucho más en la contemplación que en la acción. Son los santos y los místicos los que han dado a Europa su grandeza. La cultura humana necesita, para ser auténtica, conocer el misterio del hombre en su propia fuente: en Dios. Por consiguiente, sólo quien conoce a Dios conoce al hombre; quien está más cerca de Dios es el que más sabe del hombre. En este sentido, una cultura que desconoce este misterio sólo es creadora de ficciones. Los santos son en todo tiempo los conocedores de la vieja senda del hombre; su aportación consiste en señalarle la dirección y recorrerla con él.2004

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios, universidades y archivos, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

Ala Iglesia Católica es la comunidad religiosa más organizada del mundo; cuenta, además, con más de seiscientos [600] Universidades o Institutos superiores de investigación.

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--¿Por qué los benedictinos han tenido esta influencia tan fuerte en la arquitectura, el arte y la cultura europea?

--López-Tello: Los benedictinos, nacidos en el ocaso de la cultura romana (siglo VI), recibieron la herencia espiritual de ese mundo que sucumbía y supieron conservarla y recrearla para hacer de ella un vehículo de expresión de cómo el hombre puede hablar del Dios infinito a través de una variedad y pluralidad siempre limitada de lenguajes artísticos.

Dado que los monjes tuvieron un papel fundamental en la evangelización de Europa (por ello san Benito es el patrón principal de todo el continente), su presencia llevó a numerosas áreas del viejo mundo la posibilidad de usar las artes figurativas de un modo creativo para transmitir el Evangelio.

--Es fácil asociar benedictinos con abadías medievales, pero no con el arte moderno. ¿Es un prejuicio?
--López-Tello: Esa posibilidad expresiva no se encuentra limitada al medioevo, como muchos pueden creer, sino que, sobrepasando el barroco y los historicismos del siglo XIX, usa las posibilidades expresivas de la arquitectura, pintura, escultura o, incluso, fotografía, del siglo XX. Es un reflejo de cómo el hombre de todos los tiempos puede hablar de Dios con el lenguaje del arte. 09.I.2008

 

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Los cabildos, localizados en las catedrales, daban formación académica a los sacerdotes y a quien no tenía medios económicos, y enviaban al extranjero a estudiantes para ampliar conocimientos e idiomas. De los cabildos nacieron las universidades, entre las que destaca la de Bolonia, una de las primeras universidades del mundo, fundada hace más de 900 años por la Iglesia. Precisamente el Colegio de San Clemente, en la misma ciudad, fue fundado en 1364 por el cardenal Gil de Albornoz, para que jóvenes españoles se formasen allí. 2007.VII.

 

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La Universidad de Barcelona-ESPAÑA, (UB) fue fundada por Alfonso el Magnánimo en 1450. Su composición fue compleja hasta su consolidación -en parte- en 1559. Se atribuye a la Universidad de Barcelona una oferta cultural en el siglo XVI no de tanto relieve ciertamente como la augusta de Salamanca, Alcalá o Valencia, pero en ningún caso irrelevante. [El diccionario de Lebrija fue utilizado como manual en varias universidades españolas, entre ellas, la de Barcelona, España.-

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La fundación de la Universidad de Valencia-España, se remonta al 30 de abril de 1499 en que aparecían las Constituciones, redactadas a instancias del Consejo de la ciudad de Valencia-España. La bula pontificia del Papa Alejandro VI, del año 1501, junto con el privilegio real de Fernando II, fechado en el año 1502, llevaron a la inauguración oficial del Estudio General de Valencia-España, equiparado en prerrogativas y distinciones a las universidades de Roma, Bolonia, Salamanca y Lérida-España, el 13 de octubre de 1502.

 

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En el contexto de época : Papa nº 208 -Nicolas V (Tommaso Parentucelli): Sarzana; Marzo 6 (19), 1447 - Marzo 24, 1455.
Nació en Sarzana. Elegido el 19.III.1447, murió el 24.III.1455. Inició la construcción de la actual Basílica de S. Pedro. Reorganizó políticamente Francia e Inglaterra. Ayudó a España a expulsar definitivamente a los Sarracenos. Fundó la Biblioteca Vaticana. Celebró el 6º Año Santo (1450).


Papa nº 209 -Calixto III (Alfonso Borgia): España (Valencia); Abril 8 (20), 1455 - Agosto 6, 1458.
Nació en Jativa (España). Elegido el 20.VIII.1455, murió el 6.VIII.1458. Ordenó tocar las campanas a las 12 de todos los días. Hizo florecer el cristianismo en Suecia, Noruega y Dinamarca. Instituyó la fiesta de la "Transformación".

 

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Clemente V (1305-1314) (primero de los papas de Avignon.) nació en Villandraut (Francia). Elegido el 14.XI.1305, murió el 20.IV.1314. Se consagró en Lión; durante algún tiempo, sin saber dónde fijar su residencia, viajó por Francia, de un sitio a otro; se fue a vivir en un convento de la Orden dominica, a la que él mismo pertenecía; hasta que en la primavera de 1309, dejándose aconsejar por Felipe el Bello, fijó la residencia de la Santa Sede en Aviñón: duró 70 años. Proclamó el 15º Concilio Ecuménico, fundó la Universidad de Perusa; reconoce la universidad y el Colegio universitario de Orleans -Lyon, 27 de enero de 1306.

 

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Con todas las trabas históricas, sin embargo el cristianismo fue, para la sociedad de estos tiempos difíciles que siguen a la caída del Imperio romano, un principio de progreso, de desarrollo espiritual y de cultura humana. Posiblemente la civilización escrita no hubiera pervivido sin la actuación benéfica de la Iglesia, la cual desarrolla toda una red de escuelas religiosas: primeramente la escuela monástica —a la cual los aristócratas llevarán también a sus hijos, abriéndose así los muros monacales al mundo exterior—, poco después la escuela episcopal —nace de la inquietud de los obispos por la formación de un clero culto, y será el embrión de la futura Universidad de los siglos XII y XIII— y, finalmente, la escuela parroquial —con la extensión del cristianismo por el mundo rural, los clérigos van formando a quienes serán sus sucesores en estas iglesias—. Gracias a la Iglesia, partiendo de la ruina en la que estaba sumida Occidente, atendemos a un nuevo comienzo, no sólo en el campo de las letras.

 

 

 

 

 

 

La Iglesia católica erige universidades para la cultura de los pueblos.  

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO – UASD

Primada de América - Fundada el 28 de Octubre de 1538

La Universidad de Santo Tomás de Aquino, hoy Universidad Autónoma de Santo Domingo, fue fundada bajo el reinado de Carlos I de España y V de Alemania por la Bula in Apostolatus Culmine. Su escudo, en el cuarto superior izquierdo simboliza el aguila imperial bicéfala de la familia Habsburgo. En el cuarto superior derecho se encuentra la Cátedra de Santo Tomás de Aquino, discípulo de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Dominicos. En los dos cuartos inferiores aparece un galgo sosteniendo una tea entre sus dientes que incendia el globo terráqueo, con lo que simboliza la fogosa oratoria de la Orden de los Predicadores.

Señala la tradición que cuando la madre de Santo Domingo de Guzmán lo llevaba en sus entrañas, tuvo una visión en la que apareció un perro incendiando la tierra. Es por ello, que cuando Santo Domingo fundó la Orden de los Predicadores para combatir las herejías de los albicenses, se le llamó a sus miembros "Dominicanis", que quiere decir "Perro del Señor". Sobre el galgo hay dos ramos de laurel y de palma entrecruzados que representan el triunfo de la Orden de los Predicadores. Sobre éstos, una estrella simbolizando una marca de nacimiento que tenía Santo Domingo en la frente. Todos estos símbolos están enmarcados por la inscripción: "Academia de Santo Tomás de Aquino en el Imperial Convento de la Isla Hispaniola".

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En Macao-CHINA, con la creación del prestigioso Colegio universitario San Pablo, se erigió la primera universidad de estudios del Extremo Oriente ya en 1594, es decir, apenas treinta y nueve años después de que los navegantes portugueses desembarcaran por primera vez en Macao.

[La primera universidad en la historia de la educación moderna de China

Fundada el 2 de octubre de 1895, la Universidad de Tianjin fue denominada originalmente "Escuela de Beiyang". En 1951, se renombró como la Universidad de Tianjin. Exactamente 300 años después que los católicos fundaran en Macao-China].

 

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LA IMPRENTA, A TRAVÉS DE UN OBISPO EN España

Varias ciudades se disputan el haber sido la cuna del primer libro impreso español, pero se acepta generalizadamente que el primer impresor español fue Juan Párix de Heidelberg en un pueblo de Segovia, Aguilafuente. Juan Párix fue llamado por el Obispo Juan Arian Dávila. El impresor se estableció en Segovia hacia 1472, donde imprimió al menos ocho libros hasta 1474 ó 1475 Podemos, por tanto, afirmar que el primer libro impreso en España fueron las actas de un Sínodo celebrado en Agulilafuente y que es conocido como El sinodal de Aguilafuente. Fue impreso hacia 1472.

En Barcelona y Zaragoza se establecieron otros impresores.

Los incunables: Los libros incunables son aquellos que se imprimen desde la invención de la imprenta, en 1450 hasta el año 1500. Están por tanto en los primeros años de la imprenta, en la cuna de la imprenta incunabulum. Los incunables tratan de imitar los manuscritos, por ejemplo se dejan huecos para las ilustraciones, para las orlas y para las iniciales.

 

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«Frente a frecuentes e injustas acusaciones de insensibilidad dirigidas a la Iglesia, es constante el apoyo que ésta ha dado a lo largo de su bimilenaria historia a la investigación para la curación de enfermedades y para el bien de la humanidad». El Pontífice Benedicto XVI especificó que, «si ha habido resistencia -y aún la hay- era y es en razón de aquellas formas de investigación que prevén la programada supresión de seres humanos ya existentes, aunque no hayan nacido» . «La historia misma ha condenado en el pasado y condenará en el futuro una Ciencia de tal tipo, no solo en cuanto privada de la luz de Dios, sino también en cuanto privada de humanidad» 2006-09-

 

«Cuando la Ciencia se aplica al alivio del sufrimiento y cuando, en este camino, descubre nuevos recursos, se demuestra dos veces rica de humanidad: por el esfuerzo del ingenio invertido en la investigación y por el beneficio anunciado a cuantos son afligidos por la enfermedad»2006-09-

El Papa no perdió la oportunidad de advertir que «frente a la directa supresión del ser humano no pueden existir compromisos ni tergiversaciones; no se puede pensar que una sociedad pueda combatir eficazmente el crimen, cuando ella misma legaliza el delito en el ámbito de la vida naciente» 2006-09.

Por último, el Pontífice aprovechó para apoyar la investigación con células madre adultas, que con sus demostrados resultados terapéuticos son «una confirmación de la validez de la constante invitación de la Iglesia al pleno respeto del ser humano desde su concepción». 2006-09- S.S. Benedicto XVI.

 

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La palabra educación posee dos etimologías interesantes: educare y educere. Educar es acompañar y sacar lo mejor que alguien lleva dentro.
Una de las grandes educaciones por hacer es la educación sentimental. ¿Quién la hace, dónde se explica, en qué universidades se habla de esto? Nos encontramos muchísima gente preparada en el terreno profesional, con grandes fracasos sentimentales porque no conoce la gramática de la vida conyugal y afectiva.

 

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Una cultura del hombre sólo es auténtica cultura humana y humanista si esta abierta a los valores absolutos, los cuales no tienen en el hombre su más radical fundamento. Y una civilización sólo será humana y positiva si logra una situación jurídica y una cultura donde el hombre se afirme, porque ancla en las exigencias más profundas de su propia naturaleza, y por la cual el hombre puede acceder a la Verdad, al Bien y a la Belleza, que son los tres ordenes de la verdadera cultura y fuente de toda verdadera felicidad.
!El Cristianismo ha aportado los elementos esenciales de la cultura!

 

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En el cumplimiento de su función educadora, la Iglesia se preocupa de todos los medios aptos, sobre todo de los que le son propios, el primero de los cuales es la instrucción catequética, que ilumina y robustece la fe, nutre la vida con el espíritu de Cristo, conduce a una consciente y activa participación del misterio litúrgico y excita a la acción apostólica. La Iglesia estima en mucho y busca penetrar con su espíritu y dignificar también a los demás medios que pertenecen al común patrimonio de la Humanidad y contribuyen grandemente a cultivar las almas y a formar los hombres, como son los medios de comunicación social, los múltiples grupos culturales y deportivos, las asociaciones de jóvenes y, principalmente, las escuelas.
Entre todos los medios de educación, tiene peculiar importancia la escuela, la cual, en virtud de su misión, a la vez que cultiva con asiduo cuidado las facultades intelectuales, desarrolla la capacidad del recto juicio, introduce en el patrimonio de la cultura conquistado por las generaciones pasadas, promueve el sentido de los valores, prepara para la vida profesional, fomenta el trato amistoso entre los alumnos de diversa índole y condición, contribuyendo a la comprensión mutua; constituye además como un centro de cuya laboriosidad y de cuyos beneficios deben participar juntamente las familias, los maestros, las diversas asociaciones que promueven la vida cultural, cívica y religiosa, así como la sociedad civil y toda la comunidad humana. Hermosa es, por tanto, y de suma trascendencia la vocación de todos los que, ayudando a los padres en el cumplimiento de su deber y en nombre de la comunidad humana, desempeñan la función de educar en las escuelas. Esta vocación requiere dotes especiales de alma y de corazón, una preparación diligentísima y una continua prontitud para renovarse y adaptarse.
Declaración Gravissimum educationis, 4-5 – VATICANO II-

 


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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender, alumbrar e ilustrar el contexto:

 

 

SAN JULIÁN -  OBISPO DE CUENCA († 1208)

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!

 

En el año 1128, y en Burgos, entonces capital de Castilla, nace para la vida y la santidad el futuro obispo conquense. Fue linajuda su cuna, plus honestis parentibus, sus progenitores, y entre prodigios y misterios envuelto su nacimiento. Era este niño la realidad hecha vida de aquel sueño que tuvieron los padres del Santo unos meses antes de nacer él, que fue una verdadera revelación. Leyenda o realidad, pero la tradición asegura que, apenas nacido San Julián, con su manecita derecha trazó la bendición episcopal sobre padres, familiares y amigos, testigos de su nacimiento.

 

Al atardecer el día en que naciera, fue bautizado en la entonces parroquia de San Pedro, según se cree, y apenas comenzado el rito sacramental, una bandada de ángeles batían sus alas en las alturas del templo, dejándose oír - nos refiere la tradición - una voz angélica, que decía: "Hoy ha nacido un niño que en gracia, no tiene igual".

 

Fue el hogar paterno la primera escuela de aprendizaje para su espíritu y su inteligencia, cultivadas con esmero, en aquellas escuelas catedralicias en las que, junto al clérigo de los monasterios, se había refugiado la ciencia por aquel entonces: siglo XII.

 

Aquél varón singular, que se concibió, nació, vivió y murió entre prodigios y misterios, terminados sus estudios primarios en Burgos, aconsejado por sus padres y maestros, marchó a Palencia, para hacer los estudios superiores en la escuela de esa ciudad, que el obispo Poncio convirtió en Estudio, y Alfonso VIII elevó a la categoría de Universidad, y el papa Urbano VI enriqueció con todos los privilegios de la Universidad de París. El joven estudiante burgalés causó bien pronto la admiración de estudiantes y profesores, terminando sus estudios con el brillante título de Doctor. Reunido el claustro de profesores, bien ponderadas las extraordinarias cualidades del nuevo doctor y su esmerada y completa preparación científica, acuerda nombrarle profesor de filosofía y teología en la célebre universidad palentina, de la que sólo unos meses antes era alumno. Sucedió esto en el 1153 y tenía entonces San Julián veinticuatro años. Durante los veintiún años que estuvo en Palencia - once de estudiante y diez de profesor - su habitación no era sólo salón de estudio y oratorio, sino, además, obrador de menestral, pues por aquel su espíritu de caridad, ejercido todo a lo largo de su vida, trenzaba unas cestillas con mimbre y sarga, que luego repartía como limosna, jueves y sábados, a los pobres, que se alimentaban con el producto de su venta.

 

En su cátedra enseñó San Julián con claridad, sencillez y aprovechamiento tal, que Paulo V le coloca en la categoría de los grandes teólogos de su siglo.

 

Su fama crecía de día en día y la admiración por el joven profesor no tenía límites. Gallardo y apuesto joven, de los de calzas de raso y plumilla en el sombrero, al estilo de la época, a pesar de su modestia y recogimiento, no podía evitar que todas las miradas se clavaran en él. Se adentra más y más en sí mismo y, para alejar la tormenta que rebramaba en su alma, decide abandonar Palencia para retirarse "lejos del mundanal ruido".

 

Treinta y cinco años tenía San Julián cuando, pisoteando la fama y la gloria, abandona Palencia para vivir en Burgos en una humilde casa, que construye fuera de la ciudad, una vida de retiro, preparación para el sacerdocio y el apostolado.

 

Ya han muerto los padres de nuestro Santo. Su madre, antes de venir de Palencia, y su padre, apenas llegado a Burgos: es el año 1163. Esta situación, lastimosa y triste, favorece su inquietante idea de retiro. Recibe la tonsura y las órdenes menores, y acompañado del más joven criado de su casa paterna, el fiel Lesmes, marchan los dos a vivir a una casita en la vega de "La Semella", junto a Burgos y a orillas del Arlanzón. La oración, la mortificación y el estudio son sus ocupaciones constantes: bajo la sabia y experta dirección espiritual de un religioso agustino del cercano convento, llega a la altísima dignidad del sacerdocio, que recibe en 1166. Permanece aún algún tiempo en aquel retiro de "La Semella" antes de comenzar su intensa vida de apostolado.

 

Los primeros ensayos del novel misionero los hizo por los alrededores de la capital burgalesa, penetrando después de lleno en la ciudad de Burgos: las rivalidades, envidias, egoísmos y odios de los Castro y los Lara hicieron estéril su predicación allí y se decidió por hacerse misionero por España.

 

Un buen día, San Julián llamó a su criado Lesmes, a quien dijo:

 

- ¿Quieres acompañarme, Lesmes?...

 

- ¿A dónde, señor?

 

- A recorrer España, dijo San Julián.

 

- Con vos, hasta la muerte, respondió Lesmes.

 

Y sin más bagaje que el breviario, un crucifijo, una estampa de la Virgen y una muda, salió San Julián, transformado en caballero andante a lo divino, sobre el brioso corcel de su celo, por toda la geografía de España.

 

Grande fue el fruto de su predicación y muchos los convertidos por el santo misionero San Julián. Hasta la Córdoba averroísta, donde tantas veces fuera de estudiante, conoció el trallazo de su silogismo y la fuerza de su argumentación. Hacia 1190 llegó predicando por tierras de Toledo, después de veinte años de excursión evangelizadora. En 1191 predicaba y misionaba junto a la capital toledana, y aquel mismo año muere su arzobispo González Pérez.

 

El mismo año de 1191 es nombrado arzobispo de Toledo don Martín López, quien en los primeros meses de su pontificado, conocida la santidad, sabiduría y celo por la gloria de Dios del misionero burgalés. le nombra arcediano de la catedral toledana, que tuvo que desistir en su negativa ante la insistencia del señor arzobispo y porque le aseguró que el arcedianato no sería obstáculo para su vida apostólica y misionera. Ya en su nuevo cargo, alternaba las tareas del gobierno de la archidiócesis, que pesaba sobre él, con la intensa vida de apostolado en predicación y administración de sacramentos, quedándole tiempo para la confección de sus célebres cestillas, que daba en limosna a sus pobres. Cada año se retiraba unos días, para dedicarse más íntimamente a sí mismo en una especie de práctica de ejercicios espirituales en la finca que en La Sagra compró al abad de Santa María de Usillos, cuyos beneficios, a la vez que los del arcedianato, entregaba en limosna a sus pobres.

 

Cinco años lleva San Julián de arcediano en Toledo, cinco años que han servido para que todos le admiren y quieran. El 14 de diciembre de 1195 muere "e1 noble y prudente" primer obispo de Cuenca, don Juan Yáñez, sede episcopal fundada por Alfonso VIII en 1182, después de la reconquista de la ciudad del cáliz y la estrella. Conocía Alfonso VIII las virtudes y celo del arcediano de Toledo y creyó, ciertamente, que ninguno mejor que él podrá ser el segundo obispo de la recién creada diócesis conquense. De nada valieron las negativas y oposición de San Julián: en el mes de junio de 1196, a la edad de sesenta y ocho años, fue consagrado obispo entre la alegría y tristeza de los toledanos, que si veían hecho obispo a su santo arcediano, les dolía el perderle. Apenas consagrado obispo, acompañado de su fiel Lesmes, sale para Cuenca, cuya distancia con Toledo la salvan caminando a pie por sendas y vericuetos. En el camino se entera del gran recibimiento que preparan los conquenses, y ya, a corta distancia de la ciudad, espera que llegue la noche y hace su entrada cuando todos duermen: todos menos un rapazuelo del hoy Barrio de San Antón que les guía hasta el Palacio Episcopal y a quien el Santo protege, muriendo, según la tradición, de arcediano de Cuenca.

 

Sobre su labor como obispo de Cuenca, diremos lo que apunta uno de sus biógrafos: "Sólo un espíritu de dinamismo multiplicado como el de San Julián podía llegar a una actuación tan compleja y ordenada. Cuenca y su obispado estaban en aquella época ocupados por tres clases de moradores: musulmanes, judíos y cristianos: a todos visita y catequiza; a todos instruye y forma: grande es su trabajo, mayor su celo, y el fruto no se hace esperar, haciendo una ciudad cristiana: hasta en los repliegues bravíos de la serranía, en los altozanos ondulantes de la Alcarria y en las llanuras sin fin de la Mancha, dejó prendido San Julián el encendido eco de su voz apostólica y misionera.

 

Tuvo una gran preocupación y predilección por sus sacerdotes, que los quería santos y apóstoles. En sus célebres visitas pastorales ponía especial cuidado en corregir el deplorable estado de muchos de sus sacerdotes, y los insolentes e incorregibles de siempre le proporcionaron serios disgustos: por ser antes el deber que la amistad para San Julián, hubo de enfrentarse con su metropolitano y gran amigo don Martín López. a quién acudían, engañándole, esos desgraciados sacerdotes descarriados. Preocupóse grandemente por el Cónclave Levítico, especie de Seminario, que recogía los niños donados a la Iglesia. En definitiva: su labor episcopal en Cuenca fue tan abrumadora como de felices resultados, haciendo una dudad y diócesis eminentemente cristiana.

 

De todas las virtudes de San Julián, la que más sobresale es su caridad: caridad ardiente por las almas de sus diocesanos, a quienes instruye y forma; caridad por los cuerpos, que socorre abundantemente, en sus necesidades matrimoniales. No sólo durante la peste que asoló a Cuenca y provincia en el primer año de su pontificado. sino siempre; caridad para con todos: cristianos, judíos, mahometanos; su corazón y su caridad no distinguían credos ni sectas. Para todos era su pan, muchas veces milagroso. y para todos la delicadeza y exquisitez de sus cuidados. Solía el Santo anualmente retirarse unos días a una gruta abierta sobre el Cerro de Ja Majestad, para practicar esa especie de ejercicios espirituales que tanto le fortalecían: días de ayunos y asperezas, de oración intensa y mortificación constante. Llamaba el Santo este sitio "el lugar de mi tranquilo día": junto a la gruta. que hoy se conserva, se levanta una sencilla ermita en honor del Santo, y ese lugar lo llaman los conquenses "San Julián el tranquilo". En esos días de retiro fabricaba sus célebres cestillas, que. repartía en limosna a los necesitados y que todos procuraban tener, pues a su contacto se veían libres de enfermedad, rubricando con esta costumbre su apodo de obispo limosnero.

 

El ídolo conquense, el hombre de santidad colmado y alma rota por el dolor ajeno, el obispo sabio y santo, predicador, apóstol y limosnero, llama a su capellán y fiel criado, a quién dice: "Lesmes, mi buen Lesmes: voy a morir y debo prepararme." Habrá que resignarse ante lo inevitable, y Lesmes, con el corazón deshecho por el dolor, prepara la llegada del capitán Cristo Jesús. hecho Eucaristía, que visita a su fiel soldado San Julián. Sobre su cuerpo quemado por la fiebre, tiembla la llorosa amatista de los hábitos episcopales: San Julián recibió el Viático revestido de Pontifical. Arrobado y extasiado por la gracia de la Eucaristía, muere San Julián: era el anochecer del 28 de enero de 1208; los ángeles, con manos invisibles, hicieron hablar, con ronco sonido, todas las campanas de la ciudad, que decían: "Ha muerto el siervo fiel y prudente San Julián: Cuenca está de luto."

 

El papa Clemente VIII, por el Breve de 18 de octubre de 1594, recibido en Cuenca el 1 de febrero de 1595, conocidos los portentos obrados por intercesión de San Julián, le canonizó y concedió para Cuenca oficio y misa propia. Sus restos se conservaron en una arqueta, puesta en el altar del ábside dedicado al Santo, donde hoy se conservan los fragmentos óseos que el actual obispo don Inocencio Rodríguez Díez mandó autentizar, y donde el Santo recibe la oración plural de los conquenses. que aman de verdad al santo burgalés, que es y será San Julián de Cuenca.

ARISTEO DEL REY PALOMERO

 

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No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia.

 

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"No se oye a ningún musulmán que pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos". En el Islam no hay una figura que se pueda asimilar a la del sucesor de Pedro, pero no se conoce en ninguno de los más sobresalientes teólogos islamistas ningún pensamiento que se pueda parecer al examen de conciencia, la petición del perdón por los errores propios y el propósito de enmienda. 2006-09-24

 

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El valor de una sociedad se define por el de sus instituciones, sobre todo las educativas. Y la Iglesia desde los albores de la edad media, instituye escuelas y universidades, después.

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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1526 - Destrucción de la mayor parte de la biblioteca de Matías Corvino, rey de Hungría, en la conquista de Buda por los turcos musulmanes.

 

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Toulouse- Francia: 2005-11-05 - Al final de la tarde una turba de jóvenes  mahometanos incendian una biblioteca pública.

 

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1480 - Los Reyes Católicos promulgan la primera ley reguladora del libro impreso. Por ella queda libre del pago de todo tipo de tributos la introducción en España de libros extranjeros. Tal medida ayudó a propagar la cultura en las tierras luego descubiertas.

 

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¿Quién destruyó los escritos de Epicuro de la Biblioteca de Alejandría? Siempre había escuchado que fueron algunos cristianos, pero creo que usted no piensa lo mismo. ¿Quién los quemó?

 

La biblioteca de Alejandría sufrió dos incendios terribles. El primero fue casual y se produjo durante la guerra alejandrina que mantuvo César aliado con Cleopatra, el segundo fue absolutamente voluntario y se debió al califa Omar que alegaba que si lo que había en la biblioteca no estaba en el Corán era prescindible y si lo estaba, también resultaba prescindible.

 

César VIDAL-Dr.en historia antigua, filosofía, teología, licenciado en derecho – Esp. 2005.05.03 

 

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P: El otro día tuve una discusión histórica sobre el Islam y la biblioteca de Alejandría. Según un conocido mío, la Biblioteca no fue destruida por los mahometanos, sino por los cristianos, y que fueron los musulmanes los que conservaron lo poco que quedó. Yo tenía entendido que la quemaron los que acompañaban a Alí. ¿Podría aclararme este punto, por favor?

 

R: Qué amigos tan ignorantes tiene usted, perdone que se lo diga. Fue un califa el responsable del incendio totalmente querido de la biblioteca alegando como razón que si lo que contenía no estaba en el Corán no hacía falta y que si estaba, no hacía falta.

 

P: ¿Por qué llama al sátrapa de Marruecos Sultán? ¿Se le puede aplicar al de Arabia? Si nuestro rey se convirtiera al Islam, se le podría llamar Sultán?

 

R: Lo que no se le puede llamar es sátrapa. Los sátrapas eran unos respetabilísimos funcionarios del rey de Persia.

Don César VIDAL 2004-10-19; dr. en historia antigua, filósofo y teólogo. España

 

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[Las ideas que han fecundado el sentido de esos acontecimientos y de esas acciones]

Europa tiene un sentido; la historia de Europa nos ayuda a entender lo que ha supuesto que la semilla de la razón, del pensamiento griego –que es curiosidad científica, pasión por la belleza, búsqueda de las últimas causas, reflexión ética–, la naturaleza del orden, de la administración, de la ley romana, y la feliz propuesta del cristianismo –que centró la persona y a la persona–, se desarrolle a lo largo del tiempo y genere una cultura y un pensamiento que nos ha hecho capaces a las personas de vivir en la búsqueda y el encuentro de la felicidad. Una historia cultural de Europa lo es siempre de los grandes conceptos que la han fundado y fundamentado: Dios, el hombre, la verdad, la libertad, el bien, la felicidad... Habría otra forma de leer esta historia de la cultura europea: la que se fijara en las rupturas, en los procesos de revolución y de cambio, en sus causas y en sus consecuencias. Es, si cabe, el anverso de una realidad, de un pasado, que no lo es tanto, y que nos introduce en un futuro para el que no se hará la luz sin la claridad de lo pretérito. MMV. XII. XII.

 

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Usted afirma que de no ser por el cristianismo no habría ni democracia, ni universidades, ni revolución científica... Japón o Israel, son dos países no cristianos, y no les va nada mal en ese sentido, ¿no cree?

 

Sí, pero Japón fue vencido por los Estados Unidos, contaba con una minoría cristiana nada desdeñable y además McArthur tenía claro la importancia que la Biblia podía tener para su desarrollo democrático. En el caso de Israel, la herencia era en buena medida común: un sistema copiado del británico y una escala de valores surgida de la Biblia. Subieron ya muy avanzada la Historia al carro del legado cristiano.

Dr.César VIDAL, historiador, filósofo, teólogo, escritor. MMV.XI.XV. [LD.ESP.].

 

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Repensar la Universidad  Universidad y Cristianismo en Europa

 

 

 

 

La Universidad actual en el filo de la navaja.
La universidad ante lo nuevo.

Por Alejandro Llano
Catedrático de Metafísica

PRÓLOGO

La Universidad actual se encuentra en el filo de la navaja. Su posición es más notoria y brillante que nunca, porque estamos cruzando el dintel de la sociedad del conocimiento, en la cual las demandas de generación y transmisión del conocimiento son cada vez más perentorias. Y no ha surgido ninguna otra corporación que sea capaz de realizar estas tareas mejor que la Universidad. Mas, de otra parte, las propias instituciones académicas están sufriendo un proceso de vaciamiento interno, ya que en ellas decaen los ideales que las vienen alentando desde hace ocho siglos. De ahí que sea imprescindible y urgente
repensar la Universidad.

La propia dinámica de la nueva sociedad exige continuas innovaciones, hallazgos permanentes de lo nuevo. De lo contrario, se estanca y suscita problemas de saturación y sobrecarga que generalizan el riesgo como forma de vida. Porque las actuales formas de convivencia tienden a concentrar toda la densidad de las relaciones sociales en esos sectores de la tecnoestructura que son el Estado, el mercado y los medios de comunicación social. Para que no se produzcan cortocircuitos y acumulaciones, es preciso descubrir una y otra vez caminos aún no hollados que ofrezcan salidas a problemas que parecen habernos conducido a callejones sin salida.

Ahora bien, el impulso para innovar resulta muy débil si procede sólo de la curiosidad intelectual o de exigencias pragmáticas. Lo que en el fondo siempre ha impulsado hacia el descubrimiento de lo inédito es el amor a la verdad, pasión central de los universitarios. Y resulta que, desde hace más de un siglo, la idea misma de verdad se ha visto sometida una implacable sospecha. Ya no se considera como la clave de la perfección de la persona humana, sino como una peligrosa ilusión que fomenta las actitudes dogmáticas y el fundamentalismo. La verdad sólo es aceptable si se relativiza, es decir, si se disuelve.

Hace ya algún tiempo, tuve la oportunidad de hablar acerca de este tema en un encuentro internacional que se celebraba en París. Tras mi intervención, un profesor anglocanadiense, destacado cultivador de historia del pensamiento antiguo, me dijo que la exposición había resultado
both exciting and depressing. Encontraba excitante el panorama de una Universidad situada en la rompiente del conocimiento nuevo, que no se dejara ganar en capacidad de impulsar y dirigir el progreso científico y cultural. Pero, al mismo tiempo, consideraba deprimente que este aparente protagonismo social se lograra a costa de la pérdida de la inspiración clásica del saber, del generalizado olvido de los grandes hitos de nuestra cultura, fenómeno que él podría certificar lo mismo que yo.

En cierto modo, este libro es un intento de contestar a la pregunta que el desasosiego de mi colega canadiense llevaba implícita. Desde entonces he reflexionado frecuentemente sobre el tema y he llegado a la convicción de que los dos costados del problema se hallan íntimamente conectados. Porque el surgimiento de lo nuevo encuentra su raíz en una visión antropológica superadora del materialismo pragmático que hoy parece imperar. Se trata, por lo tanto, de que la Universidad reencuentre su alma, sin caer en la esquizofrenia de enfrentar su contribución al progreso con el respeto a la tradición humanista. Porque la raíz del avance tecnocientífico y de la maduración cultural es una y la misma. Si tal radicación se debilita hasta desvanecerse, la Universidad perderá tanto el liderazgo social que aún parece conservar como su vocación de universalidad y rigor.

He de confesar que lo que más me preocupa, y me ha llevado a escribir lo que pienso, es la comprobación crecientemente aguda de que semejante inquietud se halla casi ausente de la propia Universidad. Los universitarios mismos nos estamos dejando llevar por la falacia de que la solución al problema de la Universidad depende de una feliz regulación legislativa y de una mayor afluencia de recursos económicos provenientes de los presupuestos públicos y de las empresas privadas. N o nos percatamos de que burócratas y tecnócratas, salvo honrosas excepciones, no entienden en qué pueda consistir lo específicamente universitario, y además no les inquieta en absoluto. La salida del atolladero nunca vendrá desde fuera de la Universidad. Son los propios universitarios -profesores, gestores y alumnos- quienes han de renovar desde dentro la institución que les acoge y que ha de ser, ella misma, sujeto y objeto de continua innovación. Nadie lo va a hacer por ellos, mejor que ellos, si ellos no lo hacen.

Tal es el motivo de que en este ensayo no entre en la discusión de regulaciones concretas, ni juzgue la bondad o insuficiencia de la más reciente legislación universitaria. Considero que el núcleo de la cuestión no se encuentra en disponer pormenorizadamente las cosas de una forma u otra. Ésta es una cuestión derivada que depende de convicciones más hondas, las cuales en definitiva han de ser discutidas en la propia institución universitaria. Se objetará que no todos los profesores y alumnos están de acuerdo en esas ideas básicas. Pero tampoco es necesario, ni siquiera conveniente. Lo único imprescindible es que accedan a ellas, que se pongan de acuerdo acerca de la naturaleza de sus desacuerdos, y que emprendan un camino de diálogo no basado en un prejuicio de neutralidad que, además de ficticio, es empobrecedor.

En consecuencia, yo no pido a mis posibles lectores que estén de acuerdo con mis posturas, que en algunos casos son conscientemente radicales. Lo que trato de provocar es que se planteen ellos mismos problemas semejantes y que el plano de la discusión no se pierda en cuestiones reglamentarias o financieras, que suelen responder a intereses de corto alcance.

Vaya por delante que no me pongo contra nadie..Aunque desde hace años tengo posturas políticas muy definidas, que se mueven en torno a una socialdemocracia no estatista sino solidaria, me abstengo aquí de adoptar posiciones que pudieran vincularse a las defendidas por algún partido político, ya que no apoyo a ninguno en concreto ni pienso que sus discursos convencionales tengan incidencia en las inquietudes propiamente universitarias. Tampoco entro en la artificial polémica entre universidades públicas y privadas, porque me considero vinculado a ambos modelos, y no creo que esa diferencia sea sustancial. Una de mis convicciones más queridas consiste en el pensamiento de que todas las universidades forman una sola comunidad de investigación, de docencia y de diálogo interdisciplinar. Siempre he visto que los auténticos maestros se mueven en cualquier Universidad en la que estén como si fuera la suya, porque en cierto modo lo es.

Me parece que ha llegado la hora de pensar en serio acerca de la Universidad. Será entonces posible demandar un apoyo social que actualmente es mínimo en casi todos los países europeos. La investigación -tanto en ciencias experimentales y en tecnología como en humanidades y ciencias sociales constituye hoy día la clave de un progreso que es preciso considerar en términos internacionales. Los nuevos canales de información y comunicación han taladrado todas las posibles fronteras administrativas, pero su uso sólo será fecundo y justo si se refuerza la preparación intelectual y la formación ética de los actuales y los futuros investigadores. Sería penoso que la propia Universidad comenzara a participar en las incoherencias e injusticias del proceso de globalización tal como se está desarrollando en el plano financiero y comercial.

Diré, para concluir, que a medida que transcurren los años me voy percatando de que dejar escrito lo que uno piensa es la única vía adecuada para que se establezca un diálogo eficaz. Esto es válido, sobre todo, cuando lo que se piensa no implica riesgo para nadie, con excepción quizá del propio autor. Si lo último fuera cierto, sería un bello riesgo, derivado inmediatamente de la libertad intelectual. Para quien esto escribe, la Universidad es desde la juventud la gran pasión de su vida. Por eso no sería extraño que a lo largo de estas páginas aflore ocasionalmente alguna manifestación de apasionamiento. Y es que, a lo largo de cuarenta años, mi oficio universitario ha representado una aventura siempre nueva, en la que el compromiso con los problemas académicos siempre ha sido más fuerte que el posible atractivo de una fría objetividad. Nunca ha sido fácil la inserción de la búsqueda de la verdad en la vida ciudadana, porque -desde la antigua Greciase ha sospechado de esas personas que, pudiendo dedicarse a menesteres más rentables, se gastan en el oficio de descubrir y transmitir saberes nuevos. Esto es válido, en especial, para los que consagran su trabajo intelectual a las humanidades Y -muy particularmente- a la filosofía. Pero lo cierto es que el futuro de nuestra civilización depende en buena parte de que la Universidad no pierda su esencial vinculación con el tipo de conocimientos que afectan más profundamente a la persona humana. La Universidad -y con ella la sociedad entera- se juega su destino en el tratamiento que conceda a los saberes humanísticos.

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Edicioners Internacionales Universitarias, S.A., Pamplona, enero 2003-02-27
e-mail: eiunsa@ibernet.com

 

 

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‘Biblioteca divina’

‘Filología e historia de los textos cristianos’.

Giovanni Maria Vian-Ediciones Cristiandad

 

Por JUAN MANUEL DE PRADA. Escritor

LEO en estos días un libro que fervorosamente les recomiendo, recién publicado en España por Ediciones Cristiandad bajo el título de Filología e historia de los textos cristianos. Su autor, Giovanni Maria Vian, con quien compartí semanas inolvidables en el último abril romano, traza la vertiginosa historia de los textos cristianos, desde sus orígenes a nuestra época; lo hace, además, con una vocación de amenidad que no se riñe con la erudición y permite al lector pasearse por sus páginas como si estuviera presenciando episodios de una fulgurante epopeya. Y como epopeya, en verdad, debe calificarse el esfuerzo de tantos hombres sabios que, alumbrados por el quod divinum horaciano, acometieron la empresa de fijar por escrito las enseñanzas del Mesías; empresa que, a la postre, amén de fundar una colección de libros de Dios -bibliotheca divina-, salvaría la cultura occidental. Frente al furor biblioclasta de otras religiones, que apenas hubieron alcanzado cierto grado de hegemonía se dedicaron a destruir el patrimonio que las precedía, el cristianismo nació con el muy diverso propósito de resguardar, asimilar y enriquecer el pensamiento y la literatura grecolatinos, pese a proceder de una cultura «enemiga» que lo había perseguido con ferocidad. ¿Por qué el cristianismo, en lugar de arrasar ese legado, se encargó de su protección y estudio? El libro de Vian, al dilucidar este enigma, explica la genealogía misma de la cultura occidental (que es tanto como decir cristiana), preservada por la fe en la Palabra que ha caracterizado a los discípulos de Jesús.

Esta misión providencial del cristianismo ya se nos anticipa en el prólogo del Evangelio de Juan, donde se identifica a Jesús con el logos, término que generalmente se ha traducido como Verbo, pero que alude a un ser divino preexistente, creador del mundo, que sin embargo se hace carne y acampa entre nosotros. La identificación de ese Dios cristiano con el logos establece, ya desde sus inicios, la especial vinculación del cristianismo con la palabra. Saulo de Tarso, que con el renovado nombre de Pablo se convertiría en el gran propagandista de la religión naciente, sentó con su predicación a los gentiles los cimientos de esta fecunda epopeya de difusión cultural. San Pablo escribió además en griego una serie de epístolas que formarían el primer corpus textual cristiano. Sus seguidores, imitando este ejemplo de ecumenismo, adoptarían como propia la llamada Biblia de los Setenta; de este modo, al releer la ley mosaica en la lengua de Platón, el cristianismo multiplicó ad infinitum sus posibilidades de influencia cultural.

El siguiente paso en este prodigioso proceso de salvamento cultural consistiría en injertar las ramas de la cultura pagana en el tronco cristiano. San Justino aseguró que las semillas del logos (el Verbo cristiano) eran innatas al género humano y, por lo tanto, ya habían alumbrado con sus destellos a los filósofos y poetas paganos. Una vez integrada en el patrimonio cultural cristiano, la teoría de Justino decretaría la absolución de unos textos que, de lo contrario, habrían corrido una suerte aciaga y propiciaría, por ejemplo, que la cuarta égloga de Virgilio fuese leída como un anuncio de la llegada del Mesías. Muchos siglos después, Dante elegiría a Virgilio como guía en su viaje de ultratumba, completando de este modo la «canonización» del paganismo.

La vivacidad cultural de las comunidades cristianas, entre las que circulaban y se traducían los códices con rapidez, sería favorecida por la actividad de Orígenes, quien fundó en Cesarea una biblioteca que competía con las famosas y nutridas de la Antigüedad y en la que se alternaban los textos cristianos y paganos; biblioteca que, por desgracia,
sería vituperada y quemada por los invasores árabes en 638. El gran heredero espiritual de aquella biblioteca de Cesarea fue San Jerónimo, símbolo por excelencia de la síntesis entre el amor a las letras y el deseo de Dios. En una de sus cartas, al defenderse de quienes lo acusan de citar a autores profanos en sus obras, Jerónimo nos recuerda que el apóstol Pablo también incorporó en sus epístolas a diversos poetas griegos. Jerónimo nos demuestra que los autores cristianos estaban ya en condiciones de enfrentarse de igual a igual con un universo cultural ajeno a la Iglesia cristiana, pero del que ésta no podía (ni quería) prescindir, si en verdad deseaba asumir un destino cultural imperecedero. A esta decisiva mediación cultural añadirá Jerónimo la titánica empresa de una traducción al latín de la Biblia, llamada desde el siglo XVI Vulgata, que acabará por erigirse en el texto canónico de todo Occidente.

San Jerónimo, por cierto, tuvo ocasión de conocer una nueva forma de vida cristiana venida de Oriente. Nos estamos refiriendo, claro está, al monaquismo, uno de los fenómenos más importantes, duraderos y característicos del cristianismo desde comienzos del siglo IV. La opción monástica, que se configuró como un intento radical de imitatio Christi, fue también la principal vía de conservación y propagación de la palabra escrita. Quizá el más hermoso y perdurable emblema de la significación del cristianismo como argamasa que favoreció la transmisión de la cultura nos lo brinde aquel famoso pasaje de las Confesiones donde San Agustín nos narra, con estupefacta y reverencial perplejidad, el efecto que le causó descubrir que su mentor, San Ambrosio, era capaz de leer en silencio, sin bisbisear ni mover los labios, algo completamente insólito en la Antigüedad. La figura titánica de San Agustín (quien, antes de su conversión, había sido maestro de retórica) revela, por cierto, un espíritu curioso, capaz de acoger la cultura clásica con generosidad, pero también de juzgarla y superarla, inventando ideas y formas de las que se nutrirían los cristianos venideros.

De nuestro San Isidoro, autor de unas Etymologiae que sintetizan y ordenan todo el saber antiguo, rescata Vian unos versos que condensan el espíritu de coexistencia pacífica del cristianismo y la cultura clásica: «He aquí muchos escritos sagrados, he aquí muchos escritos profanos. De ellos, si amas la poesía, toma, lee. Verás prados llenos de espinas y muchas flores. Si no quieres las espinas, coge las rosas». Si el cristianismo no se hubiera preocupado de cuidar ese prado florido, hoy contemplaríamos un yermo invadido por la niebla. Esta misión providencial se hará todavía más patente en los siglos posteriores, injustamente tachados de oscuros. En los scriptoria de los monasterios medievales («alegres fábricas del saber», en luminosa acuñación de Umberto Eco), miles de monjes amanuenses se quemarían las pestañas para transcribir un legado que, a la postre, vencería las asechanzas del fuego y la vesania de los hombres. Luego, los humanistas del Renacimiento recogerían esa gran herencia medieval, propiciando un nuevo e inagotable diálogo con la Antigüedad pagana.

Giovanni Maria Vian nos ofrece una historia cultural del cristianismo, concebido como biblioteca divina -«libros que se buscaron y se encontraron, se leyeron y se tradujeron, se copiaron y se transmitieron»- que ampara, estimula y enriquece la incesante biblioteca humana. El invento de Gutenberg aguardaba, fragante de tinta fresca, el momento de multiplicar aquel inabarcable legado que el cristianismo había librado de la incuria o la mera disgregación en el olvido. La luz del Verbo había alumbrado la singladura de las palabras a través de océanos procelosos y arrecifes de sombra, hasta dejarlas, quince siglos después, en la orilla segura y benéfica de la imprenta. Nuestra genealogía cultural no se puede explicar (ni siquiera se puede concebir) sin esta epopeya emocionante; una epopeya que algunos falsificadores con mando en plaza pretenden negar y -lo que aún resulta más oprobioso- hurtar a nuestros hijos. 2006-03-17’ABC’ESP.

 

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Ofrecer cursos en las universidades sobre la ética en sus perspectivas de civilidad en el pluralismo y la globalidad, para que los valores cristianos obtengan el lugar que les corresponde en nuestra cultura. Urge revisar seriamente la imagen o idea del hombre que se ofrece en los programas de estudios de los seminarios, enfocándolos más expresamente en la línea de los derechos humanos en toda su extensión y profundidad, individual, familiar y cívica. Cultivar el bien común y la solidaridad en la caridad de Cristo.

 

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Recomendamos vivamente:‘Filología e historia de los textos cristianos’.

Giovanni Maria Vian-Ediciones Cristiandad – MMVI.

 

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LA IGLESIA ‘MADRE NUTRICIA’ DE LA UNIVERSIDAD

 

La Universidad, nacida de la ex corde Ecclesiae, pode toda referencia al valor religioso, cuestión vital para crecer ante la vida y uno mismo, desde el altar de la conciencia y el retablo del tiempo, sapiencia singular para comprendernos y comprenderse. Para no pocos, los signos religiosos nada le dicen. Piensan que, con un patrimonio económico aceptable, está demás el patrimonio espiritual. Dios queda lejos de ese mundo de mercado, marcado por vivir al día.

 

Antaño la Universidad representaba la universalidad y pluralidad; hoy, -por desgracia- , suele representar la voz del político de turno y el cortijo de un determinado pensamiento, amparándose más de un docente (trepa) en una falsa (indecente) libertad de cátedra. Ya no sólo se han eclipsado los signos religiosos de los centros docentes, también escasea la figura del intelectual cristiano. Parece haber desaparecido (o permanece adormecido), incluso los que en otro tiempo escalaron puestos por la gracia divina, de los espacios de cultura y docencia.- 2005

 

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La Facultad de Teología de París, dependiente de  la Sorbona fundada por Bula pontificia en beneficio de la cultura popular, eligió a Santa Catalina como patrona; esta protección se hace extensiva a todos los filósofos.

 

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La Universidad, configuradora de Europa

 

por José Luis Orella

 

Un recorrido por los orígenes y el desarrollo de la Universidad, así como sus promotores y fines

 

Contexto histórico y social

En el siglo XI, Europa inicia una fase de fuerte desarrollo económico, y en consecuencia, demográfico. El aumento del comercio internacional, la expansión hacia el este alemán, la presencia en Sicilia y en Tierra Santa y el incremento de la roturación de los campos producen el renacimiento de los centro urbanos. Regiones, como el norte de Italia (Lombardía), Flandes y Renania, a causa del avance comercial inician un paulatino movimiento creador de ciudades. Pero principalmente, la costa italiana, el sur de Francia y la costa oriental de España; a los que habría que sumar las rutas fluviales del Rin y del Danubio, serán los ejes centrales de ese desarrollo urbano europeo. El comercio y las peregrinaciones a Santiago, Roma y Jerusalén serán causa del desarrollo de una Europa que no ha dejado de avanzar.

El gran comercio con Oriente desarrolló la industria textil, se acuñó oro y plata como monedas, se utilizó la numeración árabe para facilitar la contabilidad y se creó toda una red de establecimientos comerciales; barrios residenciales y almacenes de mercancías en Tierra Santa, cuya población, italiana, principalmente, necesitará la protección de un servicio de consulados, que iniciará la aparición de la diplomacia y del servicio de inteligencia. La ruta de la seda, que venía de la lejana China, por el Asia central, y la ruta de las especias, que venía por Persia y el Mar Rojo, desembocaban sus productos exóticos en los puertos del levante del próximo oriente, donde los comerciantes venecianos, pisanos y genoveses, rivalizaban por monopolizar el intercambio comercial con nuevo mundo europeo. Aparte, los miles de peregrinos que partían para ganar las gracias espirituales que se ganaban, si se conseguía culminar las difíciles rutas hacia la ciudad de La Pasión. Por barco, principalmente, miles de personas surcaron el Mediterráneo, pagando pasajes, y demandando hospitales, albergues y un mínimo de infraestructura, que los reinos latinos tendrán que proporcionar.

Pero este desarrollo comercial promovido por la dinamización de las rutas comerciales y la amplia movilidad social causada por las peregrinaciones van a generar nuevas sociedades en las ciudades. En los centros urbanos, el comercio produce nuevos sectores sociales, que tienden a emanciparse de los señores laicos y eclesiásticos. Además, estos núcleos sociales, son más abiertos por el comercio y la competencia, que propicia el sentido crítico. La burguesía naciente, por la necesidad de llevar la contabilidad, aprende, aunque sea en lengua romance, a leer y escribir. Aparte, la aparición de las herejías, desde un inicio del cristianismo, había fomentado la dialéctica entre los primeros cristianos y el afán de superación intelectual. En este momento, el nuevo grupo social, muestra unas cualidades cultas y un interés por las ideas, que le llevará también a ser protagonista en las nuevas disputas teológicas. La mayor complejidad de la vida urbana, demanda notarios y juristas que ayuden a validar los documentos de las propiedades y las diferentes transacciones comerciales que se realizan. Incluso, los gobiernos de las ciudades necesitan para su mejor manejo, escribientes y funcionarios que ayuden al gobierno de la ciudad. La sociedad, en definitiva, se va haciendo más compleja y especializada.

Las ciudades tendrán personalidad propia, los comerciantes y artesanos, fortalecidos por su importancia económica y al representar al sector social más importante del casco urbano, irán, de manera progresiva independizándose de los señores. Agrupados en gremios o ghildas, obtendrán fueros que remarcarán su autogobierno y libertades, con respecto a los antiguos señores. La nueva elite patricia, surgida del comercio y las finanzas, será la clase dirigente, que vivirá en lujosas mansiones, fomentará el arte y tendrá tiempo de mejorar el arte de la política. Por encima de ellos sólo estará la autoridad del Papa y del emperador.

Por tanto, aunque en el siglo XI, la cultura es algo de clérigos, únicos preocupados por la preservación de la cultura grecolatina. Para el siglo XIII, la demanda de la sociedad muestra una fuerte presión porque la cultura sea patrimonio de muchos seglares, necesarios para la administración y el comercio.

Antecedentes del renacer cultural europeo

La renovatio imperii producida con la consagración por el Papa León III de Carlomagno como emperador en el 800, es el inicio de Europa, como Cristiandad o Romanidad, la convergencia del mundo romano y germánico, bajo el crisol nutriente del cristianismo. Bajo el nuevo molde carolingio, se experimentará el renacer cultural, que había estado recogido y guardado por la Iglesia. La necesidad de alimentar la administración del nuevo imperio con personas de un alto nivel cultural, llevó al emperador a apoyar la labor del moje anglosajón, Alcuino, quien se dedicó a fundar escuelas palatinas en los monasterios dedicadas al canto, la aritmética y la gramática. Estas escuelas monásticas se adaptaron al trivium (gramática, retórica y dialéctica) y al quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). El alumno estudiaba en latín, aprendía a recitar y las necesarias técnicas de debatir, ya que desde el siglo IV, habían aparecido herejías que hacían cada vez más necesaria una alta preparación de los eclesiásticos. Durante el siglo XII renació el interés por la teología por la aparición de herejías, como las de los valdenses y dualistas, surgidas por la necesaria reforma de la Iglesia. Aparte, de las escuelas monásticas existentes, surgen en este período con fuerza, las escuelas episcopales y las urbanas, donde aparecerá el goliardo (alumno errante) que elegía a su maestro según gusto.

Todos estos hechos desembocan en un siglo XIII dominado por el ambiente urbano, una sociedad más secularizada y la necesidad de reformar el espíritu a través de nuevas experiencias, como serán el nacimiento de los franciscanos de San Francisco de Asís y de los dominicos de Santo Domingo de Guzmán. Las escuelas urbanas y episcopales se habían mostrado incompetentes para luchar contra las herejías modernas. Había que perfeccionar la teología, como se había hecho con la jurisprudencia.

El nacimiento de la Universidad y del universitario

La necesidad de renovar el saber llevará a maestros y alumnos de la escuela episcopal de París a organizarse de manera independiente del obispo. Para ello, en 1200 consiguieron independizarse de la jurisdicción civil, por gracia del rey Felipe II y de la del obispo en 1215, por el Papa Inocencio III. Esta primera universidad empezó a reunir estudiantes de distintas partes de Europa y estaba protegida por la autoridad del Papa y del monarca francés. La protección del Papa daba independencia a la universidad de la jurisdicción real y de la eclesiástica del lugar. La importancia del alumnado, venía por formar parte del gobierno administrativo de la universidad, que no del académico.

A nivel organizativo, la universidad se dividía en cuatro facultades: Artes, derecho, medicina y teología. Cada facultad tenía un decano, elegido por profesores y alumnos, aunque el decano de Arte, era rector, regía a los decanos de las otras facultades. En la primera facultad se enseñaba el trivium, el quadrivium y la filosofía, sin las cuales no podían ingresar en las otras facultades. Los alumnos estaban agrupados en cuatro naciones (franceses, normandos, ingleses y picardos). La universidad llegaría a tener casi centenar y medio de profesores y más de mil doscientos estudiantes. Aunque un siglo después habría que multiplicar estas cifras por diez. Las lecciones se impartían de manera oral, por lectura y comentario posterior (disputatio), ya que los libros eran carísimos de obtener, por su difícil elaboración y copia posterior. La enseñanza universitaria medieval consistía ante todo en comentarios de textos (llamada lectio) de autores canónicos en su materia tutelados por profesores ayudantes unidos a clases magistrales reservadas al maestro regente.

Además, dos veces al año se organizaban en la Universidad debates llamados disputas quodlibetales en los que un profesor desafiaba a todo el claustro de profesores y estudiantes a plantearle cualquier tema sobre el que disertar, teniendo que hacer frente a continuación a las preguntas de todos aquel que quisiera tomar la palabra. Estos debates duraban a veces más de siete horas y aquél que decidía afrontarlo debía tener una presencia de espíritu poco común y una sabiduría casi universal.

Los exámenes como tales no existían. Bien, en realidad sí existían pero solo había uno al final de los seis años de estudio en Artes al igual que en las tres titulaciones superiores. Era éste un doble examen. Primeramente se realizaba un examen privado (examen privatum). Pero una semana antes de realizarlo, el estudiante era presentado al rector de la Facultad y juraba en su presencia cumplir los estatutos de la Universidad y no tratar de corromper a sus examinadores. Similar ceremonia se realizaba ante el arcediano de la catedral. Cuando finalmente llegaba la mañana del examen, tras oír la misa del Espíritu Santo, el estudiante comparecía ante el claustro de maestros regentes de la Facultad y uno de ellos le daba dos pasajes de un texto para que los comentara, dándole unas horas en privado para que preparara su comentario.

Llegada la tarde el candidato a la licenciatura o doctorado defendía oralmente su comentario ante el claustro de maestros regentes y ante un público numeroso que se solía congregar para la ocasión, ya que esta exposición se celebraba normalmente a las puertas de la catedral, al aire libre. Tras su exposición y tras responder el candidato a las preguntas formuladas por el tribunal, el claustro votaba si era digno del título de licenciado.

Pero el candidato sólo adquiría el título de doctor tras un segundo examen, el examen publicus o doctoratus. Este examen público consistía en la exposición de una lección magistral en un lugar solemne y público. Tras impartir la lección magistral el doctorando debía hacer frente a las críticas a sus tesis de cualquier estudiante allí presente. Si pasaba con éxito esa prueba, el arcediano de la catedral le hacía entrega de las insignias del doctor: la licentia ubique docendi (un documento que le permitiría enseñar en cualquier universidad de la Cristiandad), una cátedra, un anillo de oro, un libro abierto y el birrete doctoral.

Este sistema de doble examen expuesto era el que regía en casi todas las universidades europeas pero en París se le añadía una tercera prueba previa al doble examen: la llamada determinatio baccalariandorum. La determinatio era un debate entre el candidato y un profesor previo al examen privatus que se realizaba en el mes de Diciembre. Si se pasaba con éxito el estudiante se convertía en bachiller, por lo que en París había tres grados: bachiller, licenciado y doctor. La obtención del título de doctor iba siempre acompañada de una fiesta que costeaba el recién doctorado, fiesta que tenía algo de iniciación del antiguo estudiante en el gremio de los profesores y que seguía unos ritos cuidadosamente establecidos.

Universidades y protagonistas

Las universidades se convirtieron en centros del saber, motores de la economía de la ciudad y depositarios de la cultura. El estudio de miles de estudiantes demandó la fundación de bibliotecas universitarias. La copia de las pecias (lecciones del profesor escritas en cuatro pergaminos de piel de ternero) solicitaba una cantidad increíble de escribientes con sus talleres de copitas.

Siguiendo este modelo, aparte de París (Teología) y Bolonia (jurisprudencia), surgirían de la conversión de las antiguas escuelas Oxford (1200), Cambridge (1209), Montepellier (1220), Tolosa (1217), Padua (1222), Orleáns (1229), Salerno (1231), Palencia (1208), Salamanca (1220), Nápoles (1224), Roma (1244), Siena (1247), Plasencia (1248), Perusa (1308), Lisboa (1290), Coimbra (1308), Praga (1348), Cracovia (1364), Viena (1365), Heidelberg (1386), Colonia (1388), Tubingen y Erfurt (1392), Leipzig (1409), Wittenberg (1502), Lovaina (1425) etc...

En torno a las universidades, los miles de estudiantes que estudiaban, se mantenían dando clases a los hijos de familias pudientes o copiaban libros a mano. Para poder vivir, de manera digna, algunos mecenas decidieron fundar colegios que sirviesen de albergue a aquellos jóvenes que vivían a salto de mata. Sería la fundación de los colegios mayores, como el surgido para estudiantes de teología de la universidad de París, La Sorbona (1250), que daría nombre finalmente a toda la universidad. La necesidad de vivir convertirá a los estudiantes en una especie humana comparada con Babilonia, mientras, ellos gastarán su agresividad en cínicos y agresivos sonetos contra las autoridades civiles y religiosas.

En el París universitario surgirán diversos protagonistas, uno de los principales será Pedro Abelardo. Pedro Abelardo fue el primer gran escolástico de París y también el primer gran profesor universitario europeo. Nacido en Bretaña en el año 1079 en el seno de una familia de la pequeña nobleza, Pedro Abelardo se dedicó desde muy joven al estudio. Para Abelardo el debate intelectual era una suerte de justa caballeresca del que siempre había que salir vencedor. Por ello se convirtió en el maestro de la Dialéctica, un talento invencible en los debates filosóficos y teológicos.

Seguro de sí mismo, desafió nada más llegar a París, donde la Universidad aún no existía, al más grande los maestros que allí enseñaban entonces: Guillermo de Champeaux. Tras ser su alumno durante unos meses y estudiarle, lo provoca a un debate público sobre una compleja cuestión de la Lógica aristotélica y lo humilla. Abelardo protagonizará una triste experiencia amorosa y su soberbia será lo único que le llenará durante su vida. No obstante, será el autor del Manuel de Lógica para principiantes (el primer manual universitario de la historia) y la Historia calamitatum mearum (“historia de mis desgracias”).

Otro de los más brillantes vendrá en plena época moderna. Francisco Javier se convertirá en uno de los profesores de mayor arraigo humano, tanto por su inteligencia, como sus demostraciones físicas en los distintos deportes. Un águila que acabará sirviendo fielmente las directrices de un hábil halconero, Ignacio de Loyola.

Forja de saberes

Los monjes benedictinos habían salvado buena parte de la cultura, desde los tiempos de Carlomagno, pero se habían concentrado en las obras literarias antes que en las científicas o filosóficas. Por el contrario, los árabes habían concentrado sus esfuerzos en estas últimas desde que el califa abasí Al Mamun fundara en el siglo IX la Bayt al Hikma (“Casa de la Sabiduría”) en Basora, una escuela de traductores que tradujo al árabe el corpus científico y filosófico grecorromano. En la ciudad de Toledo, el arzobispo franco Raimundo (1125-1151) decidió fundar una Escuela de Traductores cristiana y que bajo su protección recuperó las obras de Aristóteles, que a finales del siglo XII comenzó a desplazar a Platón como el príncipe de los filósofos para los escolásticos.

Pero durante el siglo XIII, las nuevas órdenes regulares habían ingresado en las universidades, aumentando su vitalidad y dando frutos de incomparable calidad. Los franciscanos crearon su propia escuela filosófica, continuadora de la corriente platónico-agustiniana. Dando maestros como San Buenaventura, Ramón Llull, Juan Peckham, Guillermo de la Mare, Juan Duns Scoto y Guillermo de Ockham. Por otro lado, la escuela dominica, defendería el aristotelismo a través de maestros como San Ramón de Peñafort, San Alberto Magno y especialmente Santo Tomás de Aquino, con la Summa theologica. Las divergencias entre ambas corrientes finalizarían con la victoria final del tomismo. No obstante, en Oxford, baluarte del franciscanismo, Rogerio Bacon, utilizaría el método inductivo, y a través de la experiencia directa, creaba la ciencia experimental. Había comenzado el método que se aplicaría a la física y las ciencias naturales. En el siglo XVI, un eclesiástico, Nicolás Copérnico demostraría la teoría heliocéntrica, antiguo estudiante de Bolonia y Ferrara.

Durante el siglo XIV y XV, las universidades se enriquecieron con la fundación de grandes bibliotecas: Oxford (1337), Venecia (1362, Louvre (1364), Londrés (1387), Heidelberg (1386), Vaticano (1450). El avance mercantil y el interés por la cultura permitieron a Juan Gutenberg inventar la imprenta en Maguncia, en 1454. Además, las lenguas vernáculas alcanzan su mayoría de edad. Desde Dante Aligueri, pasando por Francesco Petrarca, hasta Boccaccio, se desarrolla el toscano. Pero en 1321, se confirma el polaco en Cracovia, el inglés es oficial en 1366, y el español ya era oficial en los distintos reinos hispánicos.

En el plan intelectual, Petrarca critica el pensamiento escolástico que domina la cultura filosófica de su tiempo. Es notoria su aversión para el integralismo aristotélico de los filósofos de la Universidad de Padua acerca de la primacía de las verdades racionales y virtudes naturales, a la cual él oponía la doctrina auténticamente tradicional y humanista de la razón iluminada y guiada por la fe. Para el poeta, erudito admirador de Antigüedad clásica latina y griega, la cultura de las universidades de su tiempo tiene una limitación en el logicismo exagerado de la filosofía escolástica, alimentada por un pensamiento aristotélico asociado a unas traducciones latinas que inducían a sospechar una deformación semántica del sentido original del filósofo griego.

En polémica con el interés cientificista y naturalista el aristotelismo, él sostiene que el objetivo central de la reflexión humana debe abarcar la realidad existencial y la problemática espiritual del hombre mismo, su praxis moral y su sentido religioso. Y aquí radica el humanismo de Francesco Petrarca; quien reivindica el magisterio de Platón con el apoyo de la sapientia agustiniana por la cual las enseñanzas de cultura clásica pagana sobre el hombre y la vida se integran en la suprema novedad del cristianismo, reconstituyendo así el ideario unitario del saber, fracturado anteriormente por el aristotelismo, especialmente por la teología escolástica que se había apartado del contacto directo con las Escrituras y la Patrística. Por eso el humanista Petrarca se suma a quien formula la exigencia de un retorno al magisterio de los Padres de Iglesia universal y de las sagradas Escrituras. El agustino Petrarca acepta el platonismo por su mayor cercanía a la suprema verdad del cristianismo, considerando el platonismo como una preparación a Cristo, y en el mismo sentido con el cual los obispos alejandrinos y los demás teólogos de la patrística aceptaban el patrimonio cultural de la antigüedad griego-cristiana.

La clara opción filosófica de Petrarca entonces desarma la tesis de quienes sostienen que su modernidad consistiría en un alejamiento de la Edad Media para aproximarse a una visión laica, urbana e civil, símil a aquella que expresará el humanismo renacentista florentino del siglo XV, cuando distintos intelectuales de entonces pondrán su saber a disposición de la aristocracia económica en el poder porque propiciaba, con la forma republicana de gobierno, la dignidad del hombre y el desarrollo de la cultura

Desde la Revolución hasta la actualidad

La revolución francesa significó el fin de la Iglesia como institución fuerte e independiente. Su persecución y eliminación, supuso la desaparición de todas las instituciones educativas y sociales dependientes de órdenes religiosas, pasando su responsabilidad al Estado. La educación tendría, a partir de ahora, sólo una voz, la del gobierno y existiría una universidad, la napoleónica, de la cual proceden todas las europeas.

En el ambiente hostil del liberalismo, el sobreviviría creando de nuevo instituciones educativas que generasen los cuadros selectos necesarios para reconquistar la sociedad para Dios. La labor importante de la Compañía de Jesús, sería importante en poblar los claustros de universidades de nueva creación como Comillas o Deusto, en España, o la católica de Milán. La Rerum Novarum de León XIII, significó una nueva evangelización de Europa, desde todos los campos, pero con un papel protagonista de las elites católicas surgidas de los nuevos centros educativos. En un mundo tan difícil, todavía la Iglesia mostrará su interés por el campo científico, como el descubrimiento de las leyes genéticas realizadas por el monje agustino Mendel. El catolicismo seguirá teniendo protagonistas en el mundo de la investigación, como el premio Nobel de medicina, Alexis Carrel. No sólo en el mundo de las Humanidades, sino también, en el científico, la mente del cristiano demostraba que era la más apropiada para discernir los avances de la ciencia e impulsarla a nuevas cotas de complejidad

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José Luis Orella – 2004.12. ARBIL Nº 87.ESPAÑA

http://www.revistaarbil.tk/  

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender, alumbrar e ilustrar el contexto:

 

 

 

 

 

CRISTIANISMO, ELEMENTO CENTRAL

EN LA HISTORIA EUROPEA

 

 

 

CIUDAD DEL VATICANO, 20 JUL 2003 (VIS).-Esta mañana en su residencia veraniega, el Santo Padre rezó el Angelus con los peregrinos llegados a Castelgandolfo y dedicó unas palabras a la futura constitución europea y a los fuertes lazos del continente con el cristianismo.

El Papa recordó que los últimos meses habían estado dedicados a elaborar la nueva constitución, "cuya versión definitiva será aprobada por la Conferencia intergubernamental a partir del próximo mes de octubre. A esta tarea tan importante, que interesa a todos los elementos de la sociedad europea, también la Iglesia quiere ofrecer su aportación propia".

La Iglesia, prosiguió Juan Pablo II, "recuerda entre otras cosas, como observé en la exhortación apostólica post-sinodal "Ecclesia in Europa", que "Europa ha sido impregnada amplia y profundamente por el cristianismo", que constituye, en la compleja historia del continente, un elemento central y calificador, que se ha consolidado sobre la base de la herencia clásica y de las diversas aportaciones ofrecidas por los flujos étnicos-culturales que se han sucedido a lo largo de los siglos".

"Podríamos decir que la fe cristiana ha plasmado la cultura europea y se ha entrelazado con su historia, y a pesar de la dolorosa separación entre Oriente y Occidente, el cristianismo se ha afirmado como "la religión de los europeos". Su influjo ha sido notable también en la época moderna y contemporánea, no obstante el fenómeno, fuerte y difundido, de la secularización".

El Santo Padre concluyó sus palabras subrayando que "la Iglesia sabe que su interés por Europa brota de su misma misión. En cuanto depositaria del Evangelio, ha fomentado los valores que han hecho universalmente apreciada la cultura europea. Este patrimonio no puede disiparse. Al contrario, hay que ayudar a la nueva Europa a "construirse a sí misma, revitalizando las raíces cristianas que le han dado origen"".
VIS 030721 (320) 2003-10-31

 

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Pedro deja todo en el mar de Galilea para ir en pos de Jesús

 

Durante la misa de inicio del curso académico en las universidades eclesiásticas, viernes 24 de octubre 2003.

 

 

El estudio debe ir acompañado por la oración y

la búsqueda constante de la voluntad de Dios

 

La tarde del viernes 24 de octubre, las universidades eclesiásticas pontificias y ateneos de la Urbe inauguraron oficialmente el curso académico con una misa en la basílica de San Pedro, que presidió, en nombre del Santo Padre, el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la educación católica (de los seminarios y de los institutos de estudio).
Al comienzo de la celebración, el cardenal pronunció unas palabras en las que manifestó la alegría de la comunidad académica y estudiantil por inaugurar el curso académico en el marco del XXV aniversario del pontificado de Juan Pablo II; al mismo tiempo, dio las gracias a Su Santidad por los tres documentos que ha entregado a la Iglesia en el curso de este año:  la carta encíclica "Ecclesia de Eucharistia", y las exhortaciones postsinodales "Ecclesia in Europa" y "Pastores gregis".
Concelebraron con él, entre otros el cardenal Camillo Ruini, vicario general de Su Santidad para la diócesis de Roma y gran canciller de la Pontificia Universidad Lateranense; el arzobispo Giuseppe Pittau, s.j., secretario de la Congregación para la educación católica; el obispo Salvatore Fisichella, rector magnífico de la Pontificia Universidad Lateranense; mons. Angelo Vincenzo Zani, subsecretario de la Congregación para la educación católica; y ochocientos sacerdotes, entre los que se hallaban los rectores, decanos, profesores y estudiantes de las universidades eclesiásticas pontificias de Roma:  Gregoriana, Lateranense, Urbaniana, Santo Tomás de Aquino, Salesiana y Santa Cruz, y de los Ateneos pontificios San Anselmo, "Antonianum" y "Regina Apostolorum", y rectores de los Colegios pontificios. La plegaria de los fieles se hizo en portugués, francés, inglés, polaco, alemán y español.
El cardenal Grocholewski leyó, en nombre de Juan Pablo II, la homilía que ofrecemos traducida del italiano. Asistió también a la misa el cardenal Ignace Moussa I Daoud, prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales, y gran canciller del Pontificio Instituto Oriental. Al final de la misa se entonó el "Oremus pro Pontifice". Los cantos corrieron a cargo del coro de la capilla Sixtina, dirigida por el maestro mons. Giuseppe Liberto. En el servicio litúrgico colaboraron estudiantes del Pontificio Colegio Norteamericano, de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, de la Pontificia Universidad Lateranense, del Pontificio Seminario Francés, del Pontificio Seminario Lombardo de San Ambrosio y San Carlos, del Colegio San Antonio de Padua, del Pontificio Ateneo "Regina Apostolorum", del Pontificio Instituto Bíblico, de la Pontificia Universidad Urbaniana y del Colegio "Angelicum".
1. "El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos los signos de los tiempos nuevos" (Aleluya; cf. Ef 1, 17; Lc 21, 29-31). La liturgia de hoy nos invita a pedir a Dios que ilumine nuestro corazón con la luz de su gracia. ¡La luz y la sabiduría del corazón! Este es el camino real por el cual podemos llegar al descubrimiento de la verdad. Se trata de un bien precioso que debemos pedir para todos los hijos de la Iglesia, para que sepan afrontar con valentía los desafíos de nuestro tiempo.
La invocación de la luz para nuestro corazón adquiere un significado totalmente singular en nuestra asamblea litúrgica, pues esta tarde se halla reunida en torno al altar la comunidad de las universidades eclesiásticas romanas, al inicio del año académico. Se abre ante vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, un nuevo año de estudio e investigación, que dedicaréis con esmero a profundizar en la teología y en las demás disciplinas, para prepararos a asumir en el futuro tareas y responsabilidades pastorales al servicio del pueblo cristiano. Acompañad el esfuerzo del estudio con la oración, la meditación y la búsqueda constante de la voluntad del Señor. Así, podréis comprender más fácilmente "los signos de los tiempos nuevos". El gran doctor san Agustín expresaba esta misma exigencia con una fórmula de singular eficacia:  "Orent ut intelligant", "oren para comprender" (De doctrina christiana, III, 56:  PL 34, 89).
2. Con estos sentimientos, me alegra daros mi cordial bienvenida a todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas que participáis en esta solemne celebración. Saludo ante todo al señor cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para la educación católica. Saludo, asimismo, a los grandes cancilleres, a los rectores de las universidades, a los miembros del cuerpo académico y a los rectores de los seminarios y colegios.
Os saludo con afecto a cada uno de vosotros, amadísimos jóvenes que estáis realizando vuestros estudios en Roma, con una palabra especial de aliento para los que inician este año su itinerario universitario. Tomad conciencia del gran don que habéis recibido:  poder realizar vuestra formación cultural, humana y espiritual en la ciudad y en la diócesis de Roma, que tiene el privilegio de conservar las tumbas de los apóstoles san Pedro y san Pablo, "columnas" de la Iglesia. Esto os da la oportunidad de profundizar y percibir más de cerca la dimensión universal de la misión de la Iglesia y sintonizar más perfectamente con su magisterio.
3. "El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago" (Rm 7, 19). En la primera lectura, tomada de la carta a los Romanos (cf. Rm 7, 18-25), san Pablo, en un cuadro con tono fuerte y dramático, pone de relieve la incapacidad del ser humano de hacer el bien y evitar el mal. Pero existe una salida:  la victoria sobre el mal nos viene de la bondad de Dios misericordioso, que se manifestó plenamente en Cristo. Y, con un ímpetu de alegría, el Apóstol exclama:  "Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor" (Rm 7, 25).
Como san Pablo, la Iglesia no deja de anunciar esta gran "buena nueva", que es para todos:  Cristo, muerto y resucitado, ha vencido el mal y nos ha librado del pecado. Él es nuestra salvación.
Este anuncio salvífico resuena incesantemente también en nuestro tiempo y constituye el centro de la misión de la comunidad eclesial. Hoy, como en el pasado, el hombre busca respuestas satisfactorias a los interrogantes sobre el sentido de su vida y de su muerte. Durante el período de formación teológica, queridos jóvenes, os preparáis para ser capaces de dar las respuestas de la fe de modo adecuado al lenguaje y a la mentalidad de nuestro tiempo. Por tanto, procurad que todo se oriente a una misión tan elevada:  anunciar a Cristo y la fuerza liberadora de su Evangelio.
4. "Si sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?" (Lc 12, 56). También con estas palabras Jesús nos exhorta a confrontarnos con las realidades de nuestra época. Si, por una parte, vuestro corazón no se debe separar jamás de la contemplación del misterio de Dios, por otra, es preciso que mantengáis la mirada fija en los acontecimientos del mundo y de la historia. A este respecto, el concilio Vaticano II afirmó que es deber permanente de la Iglesia "escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, de manera acomodada a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de  los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relación mutua entre ambas" (Gaudium et spes, 4).
Que este sea el espíritu con el que os dediquéis al estudio durante estos años de vuestra formación teológica y pastoral.
La Virgen María, Sede de la sabiduría, vele sobre vuestro trabajo diario en las Universidades pontificias romanas. Ella, la primera evangelizadora, os acompañe y obtenga que os preparéis para ser auténticos apóstoles del Evangelio de Cristo. Amén.
(©L´Osservatore Romano - 31 de octubre de 2003)

 

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dos de cada tres universidades católicas están situadas en el Tercer Mundo

 

 

 

 

Según un censo realizado por la Congregación para la Educación Católica


CIUDAD DEL VATICANO, martes, 06 enero 2004 - De acuerdo con el censo llevado a cabo por la Congregación vaticana para la Educación Católica, dos de cada tres universidades católicas están situadas en el Tercer Mundo, prueba de que la Iglesia apunta a la educación como clave para el desarrollo.

Concretamente, de las 1.358 universidades católicas del mundo --dirigidas por religiosos o laicos--, 802 están en países en vías de desarrollo, y además un importante porcentaje de éstas desenvuelven su actividad en realidades no cristianas, especialmente en Asia: 291 en la India, 48 en Indonesia, 8 en Corea y 3 en Pakistán, por citar algunos ejemplos.

Y es que «la presencia de las universidades católicas está en la línea de la evangelización. No sólo llevan el Evangelio al campo de las profesiones, a la sociedad; a veces, las escuelas son también la única presencia oficial de la Iglesia», reconoció el domingo pasado a Avvenire el subsecretario del dicasterio, monseñor Vincenzo Zani.

Como ejemplo cita los casos de Marruecos y Túnez, «donde la actividad religiosa no está permitida» y «la escuela católica es muy apreciada por la formación que garantiza, por el servicio a la sociedad».

La evangelización favorece el desarrollo en diferentes formas, admite monseñor Zani: «Ante todo, en nuestras universidades existe una promoción cultural, de la ciencia y de la técnica capaz de conjugar la disponibilidad de instrumentos tecnológicamente avanzados con una aproximación original a la ciencia, con una concepción clara del hombre».

«Basta pensar en el papel que puede desempeñar una facultad nuestra de ciencias antropológicas y sociales en un país donde se violan los derechos humanos --observa--. Ciertamente los procesos de formación y por lo tanto la incidencia en la sociedad son largos, pero ésta es la única vía posible».

Además «las propias universidades son lugares de desarrollo social y económico, capaces de crear mecanismos para poner en marcha el “auto-desarrollo”», como ocurre con la Facultad Agraria de Entebbe (Uganda), constata.

«En el corazón de la selva, esta presencia está cambiando el rostro del territorio: se enseñan y se experimentan con los estudiantes métodos de agricultura más racionales, por ejemplo para el café», y la universidad «se ha convertido en el punto de referencia para toda la población, que acude, aprende, intercambia informaciones», subraya monseñor Zani.

Pero las universidades católicas son también lugares «donde se aprende concretamente un modo más humano de relacionarse, donde se encuentra acogida, seriedad, respeto de la identidad, espacios para la religiosidad», aspectos «importantes considerando nuestra gran presencia en realidades no cristianas y de subdesarrollo», apunta.

La cooperación se presenta como otro rasgo específico entre las universidades católicas del mundo: «no queremos crear islas felices, sino unir el arraigo en las diversas realidades locales con la apertura internacional», afirma monseñor Zani.

«Esta solidaridad permite, entre otras cosas, que también los países pobres tengan instrumentos formativos de vanguardia, con posibilidad de intercambio para estudiantes y profesores», recalca.

De hecho, «es una solidaridad que funciona incluso en un mismo país, como ocurrió en Argentina a causa del reciente desplome económico: las 24 universidades católicas del país se han sostenido unas a otras y así han podido superar la emergencia, garantizando la regularidad de los cursos», concluye monseñor Zani. ZS04010602

 

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La Eucaristía, signo eficaz de la paciencia de Cristo.

 

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Dios ha puesto a los musulmanes en nuestro camino. No se debe generalizar acerca de la agresividad en el Islam. También hay musulmanes amantes de la paz, personas de una exquisita y auténtica vida espiritual, muy capaces para el diálogo. Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares – 2004.

 

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MADRE TERESA DE CALCUTA:  "PERTENEZCO ENTERAMENTE AL CORAZÓN DE JESÚS Y SOY HIJA DE LA IGLESIA CATÓLICA"

 

 

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Somos capaces, los humanos, de los gestos más bellos de amor y de magnanimidad, pero también somos capaces de las envidias más vulgares y de los resentimientos más injustos, que paralizan la acción de la gracia de Cristo en nosotros.

 

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Marco Aurelio: «Lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja»

 

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“Con razón sostiene Santo Tomás que la verdad de la naturaleza humana encuentra su plenitud de realización mediante la gracia santificante, en cuanto ésa es perfección de la naturaleza racional creada (Quodlib., 4,6). Qué iluminadora es esta verdad para el hombre del tercer milenio, en continua búsqueda de su propia autorealización”. S. S. JUAN PABLO II

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

Ad maiorem Dei gloriam.

 

 

 

 

gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos vivamente: Título:

¿Sabes leer la Biblia? Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado - Autor: Francisco Varo – MMVI. Marzo - Editorial: Planeta Testimonio

 

Recomendamos vivamente:‘La verdad sobre El Código Da Vinci’.
José Antonio Ullate. LibrosLibres. Madrid, 2004.  189 pp. €13,95

 

Recomendamos vivamente: La vida cotidiana de los primeros cristianos
Adalbert G. Hamman
Trad. Manuel Morera - Ediciones Palabra, 1999 - Colección Arcaduz - 294 pág.

Iglesia católica, sus casi 300 antes de Constantino - En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos. 2006

Recomendamos vivamente:‘Filología e historia de los textos cristianos’.

Giovanni Maria Vian-Ediciones Cristiandad – MMVI.

 

Recomendamos vivamente:

Título: ‘Históricamente incorrecto. Para acabar con el pasado único’.
Autor: Jean Sévilla - Editorial: Ciudadela

 

Recomendamos: Título: ‘Buscando a Dios’
Autor: Esther de Waal - Editorial: Sígueme

 

Recomendamos: ‘El legado del cristianismo en la cultura occidental’

Dr.César VIDAL, Editorial: Espasa-bolsillo.

 

Recomendamos: Título: ‘Repensar la ciencia’
Autor: Natalia López Moratalla - Editorial: EIUNSA

 

«Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca». Pablo, apóstol de la Iglesia Católica a los romanos. Cap.12 vers.14

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).