Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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En 40 de los 44 discursos que hizo el cardenal Eugenio Pacelli (después Pío XII) siendo Nuncio en Alemania había críticas «al totalismo y al racismo.

 

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Lutero afirmaba en referencia a los judios: "préndanle fuego a sus sinagogas y escuelas, que a sus rabinos se les prohíba enseñar bajo perdida de vida...

 

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En 40 de los 44 discursos que hizo el cardenal Eugenio Pacelli (después Pío XII) siendo Nuncio en Alemania había críticas «al totalismo y al racismo.

 

Los católicos resistieron al nazismo

Conferencia en Barcelona de Martin Kugler

BARCELONA, martes, 28 agosto 2007 -Los católicos resistieron al nazismo, y si no lo hicieron más contundentemente fue por «un cierto complejo de inferioridad».
Es la idea central que ha comunicado este martes en Barcelona el historiador austríaco Martin Kugler, invitado a la Muestra Internacional de Cine sobre la Familia organizado por CinemaNet.

Martin Kugler es el fundador de Europe4Christ.net, un movimiento multiconfesional y socio-político contra el relativismo moral.
Kugler, que es uno de los mayores expertos en las relaciones entre la Iglesia católica y el nazismo, ha añadido que este «complejo católico de inferioridad» y el «miedo» guarda ciertas «analogías» con la situación actual de los católicos.

Por otra parte, el historiador ha esclarecido que Pío XII «tenía amor por el pueblo alemán», pero esto «no significa connivencia con los nazis».

Kugler ha explicado que «
en 40 de los 44 discursos que hizo el cardenal Eugenio Pacelli (después Pío XII) siendo Nuncio en Alemania había críticas «al totalismo y al racismo».

«Y si no fue más contundente siendo Papa era por su preocupación por no desatar una persecución mayor contra los católicos, ya que hubo experiencias en este sentido», ha expresado Kugler.

Así, «decir que era antisemita y pro Hitler es una tontería», ha manifestado Kugler,
revelando que la diplomacia de la Santa Sede salvó del Holocausto al menos a 700.000 judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Kugl
er ha explicado que «en los años de la posguerra mundial se reconocía como muy positiva la actividad de la Iglesia y del Papa en favor de los judíos».
Uno de los filmes proyectados en esta muestra de cine familiar en la que ha participado Kugler ha sido «Sophie Scholl», película que muestra los valores éticos de unos jóvenes y unas familias que lucharon contra la dictadura nazi por principios éticos y religiosos más que por consideraciones políticas.

 

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Jan Karski  

El agente polaco que cambió su cápsula de cianuro por el Santísimo

Lothar Kreyssig, el único juez que se enfrentó a los nazis por oponerse a la «cultura de muerte 

Realizó el viaje desde Varsovia hasta Londres portando sobre su pecho un escapulario con el Santísimo, que cambió por la cápsula de cianuro que entonces llevaban los miembros de la resistencia por si eran capturados.

 

Hombre de una profunda fe católica, Karski se hizo mundialmente conocido cuando reveló a los gobiernos aliados la existencia del Holocausto, tras haberlo comprobado con sus propios ojos infiltrándose disfrazado en el Guetto de Varsovia y en un campo de exterminio que él tomó equivocadamente por el campo de Belzek. El resto de la guerra, Jan Karski mantuvo una incesante actividad en Londres y Washington intentando obtener de los aliados alguna acción para detener el exterminio, acción que nunca llegó.

Diplomático de carrera, Karski se unió desde la invasión de Polonia a la resistencia encarnada en el Gobierno provisional polaco en el exilio, ubicado en Londres, siendo desde entonces el enlace más destacado entre los miembros del mismo y la resistencia interna en Polonia. Capturado primero por las tropas soviéticas y después por la Gestapo, estuvo a punto de morir no sin antes ser terriblemente torturado.

En sus diversas misiones de enlace, pudo hacerse una idea completa del entramado de la resitencia polaca, que dió lugar en 1944 a la publicación de un libro en el que recoge con toda fidelidad la historia de ese “Estado clandestino”, como lo llama en el título de su obra, Estado que fue abortado una vez finalizada la guerra por la ocupación de Polonia por las tropas soviéticas y el visto bueno de las potencias occidentales.

 

Justo antes de iniciar su último viaje como enlace desde la Polonia ocupada hasta la sede del Gobierno provisional polaco en Londres, viaje en el que llevaba ya las pruebas y evidencias del terrible secreto del Holocausto, un grupo de amigos y miembros de la resistencia organizaron una ceremonia de despedida para él, en la que uno de los sacerdotes presentes le dió un escapulario con el Santísimo Cuerpo de Cristo. Karski dejó escrito aquél momento en primera persona:

“El padre Edmund colgó el escapulario en torno a mi cuello, tras haber hablado así: “Aquellos a quienes ha sido conferida la autoridad de la Iglesia me han autorizado para que te obsequie a tí, soldado de Polonia, con el Cuerpo de Cristo, a fin de que lo lleves contigo en tu viaje. Úsalo durante tu periplo. Si se avecina el peligro, puedes tragar este presente. Te protegerá de todo daño y mal”

Karski entendió desde el primer momento que era imposible llevar el Cuerpo de Cristo junto a una cápsula de cianuro para suicidarse en caso de ser capturado por la Gestapo, y desechó por completo el veneno desde antes de su partida. Y jamás lo necesitó, como cuenta él mismo:

“Su regalo me trajo no sólo seguridad, sino también tranquilidad a lo largo de mi viaje. El tesoro que usaba contra mi pecho pareció desprender calidez desde el momento en que partí de Varsovia hasta el día en que me apresuraba por las ruidosas calles de Londres... Durante este viaje, mi vida no estuvo realmente en peligro. Ya en Londres, tan pronto como se me autorizó a salir, fui a la Iglesia polaca próxima a Devonia Road. El padre Ladislas, con quién me confesé, no se mostró encantado con el hecho de que se otorgase permiso a un laico para llevar sobre sí una hostia, pero no criticó abiertamente a los sacerdotes de Varsovia. Abrió el escapulario, tomó la hostia, me dió la comunión y declaró: “Guardaré el escapulario, que colgará junto a la imagen de Nuestra Señora de Czestochowa, como exvoto”.

De este modo, el terrible secreto del Holocausto nazi sobre el pueblo judío viajó hacia Occidente bajo la protección del Santísimo Cuerpo de Cristo. La obra de Karski, con el título “Historia de un estado clandestino”, está disponible por primera vez para el público de lengua española desde el pasado mes de febrero, publicada por la editorial Acantilado.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=14480

CDV. 22. III. MMXI

 

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Así también una parte muy considerable de la izquierda política e intelectual europea en el verano de 1939, cuando después de que se hiciera público el pacto de no agresión entre Hitler y Stalin, encontró razones para justificar la alianza de los soviéticos con quienes parecían sus peores enemigos, es más, con quienes habían establecido la filial del infierno en la tierra.

Digámoslo sin ambages: las palabras pueden ser retorcidas de modo que expliquen cualquier cosa y el partidario de una ideología puede vivir inmune a los desmentidos de la realidad, censurando en el adversario aquello que aprueba en los suyos sin ver en ello doble fondo ni contradicción alguna ni hipocresía de ningún tipo.

 

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El principal mandamiento de Jesús: se encuentra en el libro de san Marcos --capítulo 12, versículos 28 y 29--: "Escucha Israel Adonai nuestro Dios, Adonai es único". Este es el dogma de fe del judaísmo y es el primer mandamiento de Jesús.

 

«El cristiano debe tomar conciencia de que es parte de Israel como decía aquel gran judío que fue Saúl de Tarso o como se lo llama habitualmente San Pablo: “los gentiles son coherederos de la Promesa de Abraham”»

 

«El judío debe también tomar conciencia de que el mensaje de Jesús es un mensaje judío y debe admitir “los Evangelios como parte de la historia hebrea”».

 

«La influencia judía en la formación de la Iglesia es muy superior a la que nosotros pensamos {Cristo es judío, su madre es judía}. Lamentablemente el cristianismo y el judaísmo se han separado a veces dolorosamente pero es hora de que nuestras diferencias nos enriquezcan mutuamente».  

 

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El gran historiador judío Pinchas Lapide escribió en 1967: «La Santa Sede, los nuncios y la Iglesia católica salvaron de la muerte de 740.000 a 850.000 judíos».

 

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Reconocimiento israelí  «Justo entre las Naciones» a una monja católica de clausura

 



ROMA, jueves, 2 febrero
2006.- La Iglesia Católica en Italia salvó a miles de vidas de judíos durante la Segunda Guerra Mundial [en Italia], revela una investigación que será publicada a partir de este 7 de febrero.

Los resultados del estudio, que aparecen en el libro «Los Justos de Italia. Los no judíos que salvaron a los judíos, 1943-1945» (Mondadori). Fue presentada el viernes pasado en la Sala de Conferencias Internacionales del Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia.

La presentación fue organizada por la Embajada de Italia en Israel y el Instituto Italiano de Cultura de Tel Aviv, con apoyo del Departamento de Publicaciones de la Presidencia del Consejo de Ministros.

La obra es fruto de una investigación del Instituto para la Memoria de la Shoah («Yad Vashem») de Jerusalén, que concede el título de «Justo entre las Naciones» a los no judíos que salvaron a judíos de la deportación y la muerte, arriesgando la propia vida.

Los «Justos entre las Naciones», reconocidos por Yad Vashem hoy, son más de veinte mil. De ellos, 400 son italianos.

De las historias de estos italianos, 387 están recogidas en el volumen, que quiere rendir homenaje a aquellos italianos que no permanecieron pasivos ante la tragedia del Holocausto, poniendo en práctica la máxima talmúdica «quien salva una vida, salva a toda la humanidad».

En el encuentro, el historiador Andrea Riccardi, presidente de la Comunidad de San Egidio e historiador, subrayó que aunque el mundo hebreo y el católico no se frecuentaban, muchísimos obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas intervinieron para salvar a los judíos.

Liliana Picciotto, historiadora de la Fundación CDEC (Centro de Documentación Hebrea Contemporánea de Milán) y responsable de la edición italiana del volumen, proporcionó las cifras del periodo: en 1943, había 43 millones de italianos, y unos 32.000 judíos. De estos, 8.000 fueron deportados y 24.000 se salvaron.

Con más del 65%, Italia ostenta una de las cifras más altas en Europa de judíos salvados del holocausto, y esta obra impresionante Picciotto la atribuyó a «la Resistencia civil que se produjo en toda Europa y también en nuestro país, empezando por el clero católico que no dirigió su caridad sólo hacia los judíos, aunque sí de modo especial».

El papel desempeñado por la Iglesia Católica emerge claramente en las historias de los Justos contenidas en el libro: de 387 justos reconocidos, 58 son obispos, sacerdotes, religiosos o religiosas, el 15%. Sin contar que son muchísimas las historias de laicos que salvaron a los judíos gracias al apoyo y ayuda de las nunciaturas, obispos, párrocos, conventos, etc.

Giovanni Palatucci contaba con el apoyo de su tío, obispo de Campagna; Giorgio Perlasca tenía el apoyo del nuncio de Budapest, en Hungría; por no hablar de los directores de hospitales como Giovanni Borromeo (Hospital de San Juan de Dios de Roma), entre otros.

Picciotto concluyó su presentación mostrando que habría sido imposible para los judíos salvarse sin disponer de una red de estructuras en las que poderse esconder y sin la capacidad de poder disponer de documentos falsos, exigencias en las que la red de los católicos suplió con eficiencia y caridad. Zenit-ZS06020202

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Giovanni Palatucci se jugó la vida para salvarles

Salvó del Holocausto a cinco mil judíos, nuestros hermanos

"Capuozzo, Indulge this Child: The Life of Giovanni Palatucci" es el título del libro que el pasado 1 de abril fue presentado en Roma por Mons. Rino Fisichella. Escrito por Angelo Picariello relata la vida de Giovanni Palatucci, policía italiano que logró salvar la vida a cinco mil hijos de Abraham durante la Segunda Guerra Mundial. Apresado y ejecutado por los alemanes, está en proceso de beatificación desde el año 2002.

(ACI/ReL) El pasado 1 de abril en la Pontificia Universidad Lateranense se presentó el libro "Capuozzo, Indulge this Child: The Life of Giovanni Palatucci" editado por Saint Paul Editions, que narra la vida de este heroico policía italiano que salvó de la muerte a cinco mil judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

 

El libro, escrito Angelo Picariello, fue presentado por Mons. Rino Fisichella, Rector de la Pontificia Universidad Lateranense, quien expresó su alegría por haber conocido y presentar a otros "no solo a un hombre que, si Dios quiere, está en camino a la santidad, sino a un hombre que tuvo un increíble sentido del deber hacia su país", informa la agencia vaticana Fides.

Por su parte, el Dr. Manganelli, jefe de policía, compartió su experiencia de haberse encontrado con el testimonio de Palatucci hace casi 20 años, gracias al autor de su primera biografía, Goffredo Raimo, por quien conoció la vida de este joven que ayudó a miles de judíos.

Normalmente, esperamos que los actos de un héroe sean "un momento que sale del contexto de la vida ordinaria", sin embargo, en el caso de Palatucci, el heroísmo duró seis años, dejando un mensaje para compartir con otros, dijo Manganelli.

De otro lado, el senador Giulio Andreotti, también en la presentación, expresó su deseo de que las historias de Palatucci, de las que poco se sabe, sean pronto conocidas y seguidas.

Su vida -  Giovanni Palatucci era un joven de la provincia de Avellino, Italia, que dejó su carrera médica para convertirse en policía, por vocación. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras estaba a cargo de la Oficina de Asuntos Exteriores en Fiume (Italia), salvó la vida de miles de judíos, gitanos y perseguidos. Se estima que falsificó unos cinco mil pasaportes antes del armisticio. Luego de la firma de éste, durante la ocupación alemana, se convirtió en jefe de policía de Fiume.

Un plan de acción que había escrito para los aliados cayó en manos de los alemanes, lo que le valió ser arrestado y condenado a muerte.

El título del libro que ahora cuenta su vida fue tomado de una sentencia de uno de sus últimos juicios, en la que fue deportado a Dachau, donde murió a los 36 años. Antes de partir, Palatucci dijo a uno de sus subordinados que avisara de la deportación a la madre de unos de los jóvenes a bordo del vehículo, cumpliendo así los deseos del muchacho. La causa de beatificación de Giovanni Palatucci avanza en su fase diocesana desde 2002. Actualmente espera las declaraciones de la Congregación para la Causa de los Santos. 2008.IV.08

 

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Reconocimiento israelí «Justo entre las Naciones» a una monja católica de clausura

 

 

 

Salvó de la deportación a mujeres y niñas judías

 

ROMA, 31 octubre 2003 Avvenire-It.Una religiosa, la madre Giuseppina Lavizzari, ha sido distinguida con el más alto reconocimiento que confiere el pueblo de Israel a quienes ayudaron a salvar la vida de judíos durante el Holocausto.

 

El reconocimiento «Justo entre las Naciones» a la benedictina del Santísimo Sacramento del Monasterio de Ghiffa, en la provincia italiana de Verbania, será entregado por la Embajada de Israel.

 

El origen de la distinción está en «haber alojado, con gran riesgo para sí misma y para la comunidad monástica, desde septiembre de 1943 a junio de 1944, a cuatro mujeres judía y dos niñas que pudieron así salvarse de la deportación», confirman las religiosas benedictinas.

 

Será el próximo 11 de noviembre en el monasterio de Ghiffa cuando Shai Cohen, asesor de la Embajada de Israel en Roma, haga entrega del reconocimiento a la actual priora de la Comunidad, la madre Maria Pia Tei, en presencia de dos de las supervivientes, que en aquella época eran niñas.

 

La madre Giuseppina Lavizzari nació el 7 de septiembre de 1881 en Sondrio (Valtellina). Ingresó en el monasterio de Ghiffa en mayo de 1908.

 

Vivió junto a la comunidad la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, un período en el que acogió entre los muros del monasterio –donde ya habían encontrado refugio otros desplazados— a cuatro mujeres y dos niñas judías, miembros de una misma familia que habían llegado a Ghiffa huyendo de las persecuciones raciales.

 

Tres de ellas viven aún. Se trata de la señora Maria Luisa Minerbi y sus sobrinas Adriana y Renata Torre, que entonces tenían respectivamente 9 y 7 años.

 

La religiosa les proporcionó un refugio seguro hasta junio de 1944, cuando fue informada de que al día siguiente los soldados alemanes registrarían el monasterio.

 

Profundamente angustiada, y muy a su pesar, tuvo que dejarlas huir en plena noche, intentando borrar toda huella de su estancia. ZS03103104

 

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P: Inquisición, expulsión de los judíos de casi toda Europa, conversión forzosa o asesinato de millones de indígenas en América, negros en África o aborígenes en Australia, alianza con las monarquías absolutas primero, y con las dictaduras militares y fascistas después... realmente el cristianismo es una religión de paz y amor, ¿no cree?

 

R: La abolición de la esclavitud –herencia clásica– fue realizada por cristianos siglos antes de la revolución francesa; los judíos que huían del islam se refugiaron en países cristianos durante siglos y durante el Holocausto recibieron el apoyo y ayuda de muchos cristianos; el exterminio de indígenas fue condenado por cristianos de distintas confesiones desde De Las Casas a Penn... ¿no le parece a usted que peca de ignorancia y parcialidad? ¿No cree?

Don César VIDAL. Dr. en historia, en filosofía, en teología y es abogado. Esp.2004.06

 

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Inaugurada la estatua del franciscano italiano

que salvó a los perseguidos del nazismo

 

«la Gestapo sacó los ojos al religioso, le cortó la lengua y lo sepultó vivo».

 

En la Basílica de San Antonio de Padua

PADUA, viernes, 22 octubre 2004
- El 5 de octubre fue inaugurado, en la Basílica de San Antonio de Padua, un busto del padre Placido Cortese, un franciscano menor conventual que fue director de la revista «Mensajero de San Antonio», que salvó un número indeterminado de personas de la persecución nazi antes de ser encarcelado, torturado y asesinado por la Gestapo.

En un libro titulado «Padre Placido Cortese. Víctima del nazismo», recién publicado en italiano por Ediciones Mensajero de Padua, el padre Apollonio Tottoli relata que Nicolò Cortese di Cherso, llamado padre Placido por los franciscanos, «no tenía aspecto de héroe. Era pequeño y delgado. Pero sorprendentemente tenía un valor y una determinación tales como para hacerle arrostrar en la oración el martirio».

En medio de la guerra, estando la ciudad de Padua ocupada por los nazis, el padre Cortese organizó una red que sacaba prisioneros de los campos de concentración nazis. Salvó la vida a refugiados, presos, perseguidos políticos judíos, eslovenos y otros.

El director de una imprenta, Carlo Bolzonella, relata: «El padre Cortese era un ángel, tenía una caridad impresionante, un fraile verdaderamente todo corazón».

«Una vez le vi llorar porque no podía ayudar a todos los que se lo pedían. Ayudaba a los judíos y con este fin me pedía a menudo dos trabajadores que luego se trasladaban hacia Como y Suiza», añadió.

Cuando la Gestapo empezó a buscarle, el padre Placido decidió no salir del convento, que gozaba de la extraterritorialidad pontificia.

Posteriormente, el 8 de octubre de 1944, con el pretexto de ayudar a una persona con problemas, fue atraído fuera de los muros del convento y detenido por los nazis.

Algunos testigos oculares dicen que durante los interrogatorios, a pesar de las inauditas torturas, asumió toda responsabilidad y no reveló ningún nombre de sus colaboradores de la red de la caridad.

Vladimiro Vauhnih, coronel esloveno, jefe de la red informativa pro-aliados, relata que «la Gestapo sacó los ojos al religioso, le cortó la lengua y lo sepultó vivo».

Cuando murió, el padre Placido tenía 37 años. En enero de 2002, fue iniciada la causa de beatificación en Trieste, lugar donde fue torturado este mártir de la caridad que la gente llama ya el «Padre Kolbe paduano». ZS04102201

 

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El mito del Papa de Hitler.
Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis.

 

*Por David G. Dalin, intelectual y rabino judío.

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     Según el historiador judío y rabino, David G. Dalin, Pío XII salvó más vidas de judíos que cualquier otra persona y pide que se  le otorgue el título «Justo entre las Naciones» , en reconocimiento por lo que hizo en defensa de los judíos durante la segunda guerra mundial, título que atribuye el Instituto «Yad Vashem» de Jerusalén.    

        La obra demuestra que muchos papas, a lo largo de la historia, defendieron y protegieron a los judíos de acusaciones y persecuciones, relata además muchas historias sobre cómo el Papa Eugenio Pacelli salvó a los judíos de la persecución nazi.

 

Hoy existe una fortísima corriente que se empeña en desacreditar a Pio XII ocultando los grandes esfuerzos que realizó para salvar judíos durante la II Guerra Mundial, esta injusta persecución comienza con la obra de teatro «El Vicario», de Rolf Hochhuth, que carece de cualquier valor histórico y lanza polémicas acusaciones.Luego, en 1999 el católico John Cornwell publicó "El Papa de Hitler"  y Daniel Goldhagen, en 2002, presentó su libro "A Moral Reckoning", ambos con enfoques críticos sobre el papel desempeñado por el Papa.

 

        Los detractores del Papa Pacelli, ignoran o eliminan el estudio iluminador, "Roma y los judíos" de Pinchas Lapide, cónsul general de Israel en Milán, que se había encontrado con muchos judíos italianos que sobrevivieron al Holocausto. Lapide documenta cómo Pío XII favoreció la salvación de al menos 700 mil judíos de manos de los nazis. Otro cálculo eleva la cifra a 860 mil.

        Aporta también Dalin otros autorizadísimos estudios de autores judíos:

        "Pio XII y los judíos», escrito en 1963 por Joseph Lichten, miembro de la Liga Antidifamación.

        "Judaísmo húngaro y papado" de Jenö Levai, el historiador húngaro que, ante las acusaciones de silencio contra el Papa, escribió este trabajo en su defensa. .

        "Informes, documentos y archivos de la Iglesia y el Estado», publicado en inglés en 1968, con una introducción de Robert M.W. Kempner, vicefiscal jefe estadounidense en el proceso de Nüremberg.

        Los más recientes, los trabajos de sir Martin Gilbert, entre los más autorizados historiadores judíos en vida, biógrafo oficial de Wiston Churchill y autor de más de setenta libros sobre la segunda guerra mundial y la Shoá.

        Gilbert relata todo lo que la Iglesia católica hizo en defensa de los judíos, oponiéndose al racismo y al nazismo, y afirma que «Pío XII debería ser elogiado y no censurado».

        Además, los actuales "revisionistas críticos" de Pio XII, manipulan el juicio histórico, es decir, el reconocimiento dado a Pío XII por sus contemporáneos, entre los que se encuentra el Premio Nobel Einstein, el rabino jefe de Israel Isaac Herzog, los primeros ministros Golda Meir y Moshe Sharett, y en Italia personas como Raffaele Cantoni, que en aquella época era presidente de la Unión de las comunidades judías italianas. Pero se pueden hojear también muchos artículos publicados en el «Jewish Advocate» de Boston, en el «London Times» y, en varias ocasiones, en el «New York Times».

        Señala Dalin que se tiene mucha documentación que demuestra que no se quedó ni mucho menos en silencio, es más, habló en voz alta contra Hitler y casi todos vieron en él a un opositor del régimen nazi. Durante la ocupación alemana de Roma, Pío XII dio secretamente instrucción al clero católico para que salvara a todas las vidas humanas posibles, con todos los medios. De este modo, salvó a miles de judíos italianos de la deportación. Mientras el 80% de los judíos europeos murieron en aquellos años, el 80% de los judíos italianos fueron salvados. Sólo en Roma, 155 conventos y monasterios ofrecieron refugio a unos 5 mil judíos. En un cierto momento, al menos tres mil se salvaron en la residencia papal de Castelgandolfo, librándose así de la deportación en los campos de concentración alemanes. Sesenta judíos vivieron durante nueve meses con los jesuitas de la Universidad Pontificia Gregoriana, y muchos otros fueron escondidos en los sótanos del Instituto Bíblico. Siguiendo las directas instrucciones de Pío XII, muchos sacerdotes y monjes favorecieron la salvación de centenares de vidas de judíos, poniendo en peligro su misma vida.

        Según el rabino Dalin, el Papa nunca denunció en público las leyes antisemitas y la persecución de los judíos, pues su silencio fue una eficaz estrategia orientada a proteger al mayor número posible de judíos de la deportación. Una denuncia explícita y dura contra los nazis por parte del Papa hubiera sido una invitación a la represalia, y hubiera empeorado las disposiciones hacia los judíos en toda Europa. Ciertamente podría preguntarse: ¿qué podía ser peor que el exterminio de seis millones de judíos? La respuesta es sencilla y terriblemente honesta: el asesinato de otros centenares de miles de judíos.

        Los "críticos revisionistas" de Pío XII saben que tanto líderes judíos como los obispos católicos que procedían de los países ocupados aconsejaron a Pacelli que no protestara públicamente contra las atrocidades cometidas por los nazis. Tenemos pruebas de que, cuando el obispo de Münster quiso pronunciarse en contra de la persecución de los judíos en Alemania, los responsables de las comunidades judías de su diócesis le suplicaron que no lo hiciera, pues hubiera provocado una represión más dura contra ellos».

        Además, continúa Dalin, los documentos sugieren que una excomunión de Hitler y el nazismo se hubieran quedado en un gesto meramente simbólico, es más, la historia enseña que una excomunión formal hubiera podido alcanzar el resultado opuesto. El padre Luigi Sturzo y el ex rabino jefe de Dinamarca, por ejemplo, tenían miedo precisamente de esto. Los mismo nazis interpretaron el famoso discurso de Pío XII de la Navidad de 1942 como una clara condena de su régimen y una instancia a favor de los judíos de Europa. La rabia entre los nazis hubiera podido suscitar reaciones catastróficas para la seguridad y el destino del mismo papado en los años sucesivos a la guerra. Una condena papal contra los nazis comportaba la sospecha fundada, difundida en aquella época, de que Hitler se hubiera vengado en la persona del mismo Papa, atacando el Vaticano. El embajador nazi en Roma, Rudolf Rahn, confirmó la existencia de estos proyectos, que él mismo contribuyó a prevenir.

        Afirma Dalin, que ha llegado la hora, por parte judía, de echar mano a una nueva reconstrucción de la relación entre Pío XII y el Holocausto. Esta reconstrucción, más cercana a los hechos, es decir, de lo que hizo realmente Pío XII por los judíos, llegaría a conclusiones diametralmente opuestas a las gratuitas del libro de John Cornwell, «El Papa de Hitler».

 

"Pío XII no fue el Papa de Hitler, sino el defensor más grande que nunca hemos tenido los judíos, y precisamente en el momento en el que lo necesitábamos". Esta nueva obra de historiografía debería basarse en el juicio que sus contemporáneos ofrecieron de los esfuerzos de Pío XII, de sus éxitos y fracasos; así como en la manera en que los judíos que sobrevivieron al Holocausto evaluaron (o reevaluaron) su vida e influencia en las décadas sucesivas. El Papa Pacelli fue un justo entre las naciones a quien hay que reconocer el haber protegido y salvado a centenares de miles de judíos. Es difícil imaginar que tantos líderes mundiales del judaísmo, en continentes tan diferentes, se hayan equivocado o confundido a la hora de alabar la conducta del Papa durante la guerra.

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  Es de sumo interés el capítulo del libro en el que Dalin analiza el comportamiento de varios pontífices con los judíos. La tradición de los papas que tuvieron gran consideración y estima a los hebreos se inicia, según el rabino norteamericano, con Gregorio I, más conocido como Gregorio Magno (590-604), que emitió el histórico decreto «Sicut Judaeis», en defensa de los judíos.

        Calixto II garantizó también su protección a los judíos y reafirmó el contenido de «Sicut Judaeis».

        Durante el siglo XIV, cuando los judíos fueron inculpados de la epidemia de peste ("la muerte negra"), el Papa Clemente VI (1342-1352) fue el único líder europeo que salió en su ayuda.

        Bonifacio IX (1389-1403) amplió la protección papal a los judíos, reconociéndoles la ciudadanía romana en 1402, y fue el primer Papa que dio empleo a judíos en El Vaticano.

        Los papas Martín V (1417-1431) y Eugenio IV (1431-1437) tuvieron como médico personal al judío Elijah ben Shabbetai Be’er que, gracias a la ayuda de los pontífices, fue el primer judío que enseñó en una Universidad europea, la de Pavía.

        Sixto IV (1471-1484), fue el primer Papa que contrató a copistas judíos en la Biblioteca Vaticana y creó la primera cátedra de Hebreo en la Universidad de Roma. Durante su pontificado, la población judía se duplicó.

        Dalin habla también de los pontífices Nicolás V, Julio II, León X, Clemente VII, Paolo III, Benedicto XIV, Clemente XIII y XIV, León XIII y Pío IX, todos los cuales intervinieron en favor de los judíos.

        Del siglo XX, el rabino estadounidense recuerda a Benedicto XV, que publicó una condena del antisemitismo preparada por el joven Eugenio Pacelli, futuro Pío XII.

        Pío XI, cuyo profesor de hebreo era un rabino, es conocido por afirmar: «Espiritualmente todos somos semitas».

        Juan XXIII y Pablo VI fueron cercanos colaboradores de Pío XII en la obra de rescate de los judíos durante la segunda guerra mundial.

        Juan Pablo II, fue el primer Papa que visitó la sinagoga de Roma y que rezó ante el Muro de las Lamentaciones

        Benedicto XVI ha realizado ya una histórica visita a la sinagoga de Colonia, en su Alemania natal, el pasado mes de agosto.

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El gran muftí de Jerusalén colaborador de Hitler


Finaliza el libro con la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, visitó a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío. 

          Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio de la Iglesia católica.

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  * David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado en la Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

        Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América.

 

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Israel declara al cardenal alemán Joseph Höffner «Justo entre las Naciones»

Por salvar la vida de judíos durante la segunda guerra mundial


COLONIA, 3 noviembre 2003 - Joseph Höffner, uno de los cardenales más significativos de la historia reciente de Alemania, ha recibido el reconocimiento de «Justo entre las naciones» que ofrece Israel por haber salvado la vida de judíos durante la segunda guerra mundial.
El anuncio del más alto reconocimiento estatal a una persona que no es judía, hecho este viernes, ha sido confirmado por la arquidiócesis de la que era arzobispo, Colonia.

El reconocimiento del Yad Vashem ha sido otorgado al cardenal y a su hermana Helene Hesseler-Höffner, por haber salvado la vida a una niña judía de la persecución nazi.
Hoffner, entonces sacerdote, y su hermana, a partir de marzo 1943, escondieron y acogieron a una niña de siete años, Esther Sara Meyerowitz, procedente de Berlín, en la ciudad de Kail, donde vivían.

En primer lugar, la niña fue acogida en la parroquia bajo el nombre de Christa Koch. Después de ser nombrado párroco en abril de 1943 de Tréveris, el sacerdote confió la niña a la familia del agricultor Wilhelm Hechler. Encontró la manera para que nadie supera la auténtica identidad de la niña, evitando que quienes la acogieron pusieran en peligro su propia seguridad o la seguridad de la misma niña.
El cardenal y su hermana más tarde, también en 1943, acogieron a la señora judía Edith Nowak junto a su marido, que era evangélico, durante seis meses.

El cardenal Joseph Höffner (1906-1987) ha pasado a la historia como uno de los mayores expertos de doctrina social de la Iglesia de su época. Fue fundador, director y miembro del Instituto de Ciencias de la Doctrina Social Cristiana de Munich entre 1951 y 1961. Por este motivo, fue consejero científico de tres ministros de la República Federal Alemana.
Elegido obispo de Munster, en 1962, participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965). Fue nombrado obispo coadjutor de Colonia en enero de 1969 y promovido a arzobispo un mes más tarde.
Fue creado cardenal por Pablo VI en 1969. Tras haber sido presidente de la Conferencia Episcopal Alemana de 1976 a 1987, en ese mismo año presentó su renuncia al Papa por razones de edad. ZS03110308

 

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La beata Hesselblad es declarada por Israel «justa entre las naciones»



 


La ceremonia tendrá lugar el próximo 3 de junio

ROMA, jueves, 5 mayo 2005 - La beata sueca María Elisabetta Hesselblad, fundadora de la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida, ha sido proclamada «Justa entre las Naciones» por la ayuda concedida a los judíos en Roma durante la Segunda Guerra Mundial.

La medalla que testimonia este reconocimiento será entregada a su sucesora como abadesa general de la Orden, la madre Maria Tekla Famiglietti, el 3 de junio por el consejero de la embajada de Israel, Shai Cohen.
En la ceremonia, que tendrá lugar en el Palacio de la Cancillería, estarán presentes el arzobispo Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, Walter Veltroni, alcalde de Roma, embajadores de Suecia y familiares de la beata.

La madre Hesselblad, convertida del luteranismo a la Iglesia católica, fundó en 1911 la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida, difundida hoy en 16 países. Juan Pablo II la beatificó el 9 de abril de 2000.
Durante la ocupación alemana en Italia, la beata residió en Roma, en la casa de Santa Brígida, en la Plaza Farnese, como abadesa general de la Orden.

Las familias judías romanas Piperno y Sed, después de haber tenido que desplazarse por diferentes lugares a causa de la ocupación nazi, a partir del 8 de septiembre de 1943, decidieron volver a la ciudad eterna y encontraron refugio en el Convento de Santa Brígida.
La madre les enseñó cuáles eran los lugares en los que podían esconderse, en caso de que hubiera una irrupción de la policía, y prestó atención para que no se les obligara a participar en las oraciones cristianas. ZS05050504

 

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En marcha la causa de canonización de toda una familia polaca -

Asesinada por los nazis por proteger a ocho judíos




 

 


PRZEMYSL, miércoles, 14 enero 2004.- La archidiócesis de Przemysl, en Polonia, está promoviendo estos meses la causa de canonización de una familia católica cuyos miembros fueron asesinados por los nazis por haber refugiado, durante la Segunda Guerra Mundial, a ocho judíos.
Jozef y Wiktoria Ulma fueron asesinados en su pueblo de Markowa el 24 de marzo de 1944 por esconder a ocho judíos que habían escapado del internamiento por parte de las fuerzas de ocupación alemanas.

También se dio muerte a sus hijos, cuatro niños y dos niñas de 18 meses a 7 años de edad. La señora Ulma estaba embarazada cuando perdió la vida.
La noticia del proceso de canonización, desde la archidiócesis de Przemyls, ha sido difundida por el postulador de la causa, el padre Stanislaw Jamrozek, entrevistado por la agencia polaca de información católica «Kai».

«Por este sencillo impulso de amor cristiano, los padres y sus siete retoños pagaron con sus vidas», constató el sacerdote.
«La petición de canonización --explicó— ha partido de los propios habitantes del pueblo de Markowa, que de esta manera han querido mostrar su amistad y afecto a la memoria de estas personas».
El asesinato de la familia Ulma tuvo lugar en el huerto de su propiedad. ZS04011421 zenit

  

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Revelaciones sobre el policía en vías de

 

 

 

Por el fundador de la Fundación Raoul Wallenberg, Baruj Tenembaum


BUENOS AIRES, lunes, 31 mayo 2004 - El fundador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg ha revelado detalles sobre la vida de Giovanni Palatucci, policía italiano que
dio la vida para salvar a unos cinco mil judíos durante la segunda guerra mundial, actualmente en camino de beatificación.

En una conferencia sobre «Los salvadores del Holocausto», Baruj Tenembaum ha aportado nuevos datos sobre la figura del antiguo comisario de la ciudad de Rijeka (hoy en Croacia), en esos años de jurisdicción italiana con el nombre de Fiume, quien entre 1937 y 1944 desempeñó su labor procurando documentos y salvoconductos falsos a los perseguidos del nazismo.
Giovanni Palatucci, nacido en 1909 en Montella, provincia de Avellino, en la región de Campania, Italia, desempeñó esta labor con la ayuda de su tío, monseñor Giuseppe Maria Palatucci, O.F.M. Conv., obispo de Campania (Campagna).

Cuando Benito Mussolini promulgó en 1938 las leyes antijudías, que incluían el confinamiento de judíos extranjeros refugiados en campos de internados. Uno de los más grandes estaba ubicado precisamente en Campania.
«Quieren hacernos creer que el corazón es sólo un músculo, para impedirnos hacer lo que nuestros corazones y religión nos dictan», dijo Palatucci refiriéndose a estas leyes, según datos de la investigación realizada por Tenembaum.

«El trabajo de Palatucci consistía en editar los papeles de residencia necesarios requeridos por la ley para refugiados. Silenciosamente comenzó a falsificar documentos y visas. Cuando Palatucci "deportó oficialmente" judíos, se las arregló para que fueran enviados a Campania, instruyendo a "sus" refugiados que contactaran a su tío, quien les ofrecería la máxima asistencia posible», revela el fundador de la Fundación.
Tras el encarcelamiento de Mussolini en 1943, las fuerzas alemanas ocuparon el norte de Italia, convirtiendo la situación en Fiume de creciente peligro para Palatucci, y mortal para los 3.500 judíos que allí se encontraban.

«En febrero de 1943, Palatucci se convirtió en el jefe de policía de Fiume y así pudo continuar su labor secreta. En vez de darle a los alemanes información sobre "extranjeros" para ser deportados, destruyó los expedientes. Cuando conoció los planes de los nazis, advirtió a la gente a tiempo, con frecuencia proveyéndola de documentos falsos y dinero para huir», revela Tenembaum.
«En junio de 1943, altos oficiales alemanes inspeccionaron el apartamento de Giovanni. Buscando información sobre residentes judíos, los únicos listados que encontraron correspondían a personas que hacía mucho tiempo habían dejado Italia. A partir de ese momento, la relación de Palatucci con sus superiores se tornó muy peligrosa», añade el conferencista.

«Un amigo cercano, el embajador suizo en Trieste, le ofreció a Palatucci un pasaje seguro a Suiza. Aceptó la generosa oferta de su amigo, pero en lugar de utilizarlo él, envió a su prometida, una joven judía. Allí pasó la guerra y hoy vive en Israel», revela.
«El 13 de septiembre de 1944 Giovanni Palatucci fue arrestado por la Gestapo, acusado de conspiración y enviado a prisión en Trieste, donde fue condenado a muerte --añade el fundador--. Empero, su sentencia fue conmutada y el 22 de octubre fue trasladado al campo de exterminio de Dachau. Su número de prisionero era el 117.826».

«Murió el 10 de febrero de 1945, pocas semanas antes de que el campo fuera liberado por los aliados, el 29 de abril de 1945 --añade--. Algunos dicen que murió de desnutrición. Otros testigos declararon que recibió un disparo. Tenía sólo 36 años».
En octubre de 2002, el cardenal Camillo Ruini, obispo vicario de la diócesis de Roma, abrió su causa de beatificación.

«En 1953, la ciudad de Ramat Gan, cerca de Tel Aviv, honró a Palatucci poniéndole su nombre a una calle. En la ocasión se plantaron 36 árboles --uno por cada año de la vida de Giovanni--», recuerda Tenembaum.
«El 17 de abril de 1955, la Unión de Comunidades Judías Italianas premió póstumamente a Palatucci con una medalla de oro», añade.

«En numerosas ciudades italianas, entre ellas Milán, Torino, Salerno, Trieste, Avellino y Roma, plazas y paseos públicos llevan el nombre de Giovanni Palatucci», recuerda.
La Fundación Internacional Raoul Wallenberg (FIRW) es una organización privada, no gubernamental, dedicada a mantener vivo el recuerdo de Raoul Wallenberg, diplomático sueco que desapareció en enero de 1945 después de haber salvado la vida de decenas de miles de judíos condenados a una muerte segura por los nazis en la Segunda Guerra Mundial.
La Fundación recuerda asimismo las acciones de los «salvadores» que arriesgaron --y algunas veces perdieron-- sus vidas para salvar a personas perseguidas durante la Segunda Guerra Mundial, como Raoul Wallenberg, el nuncio apostólico Angelo Roncalli (futuro Juan XXIII), Aristides de Sousa Mendes, Jan Karski y otros. zenit-ZS04060101

 

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ANNA FRANK - segunda a izquierda


Suecia galardona a un arzobispo católico por salvar a judíos de la persecución nazi

 

El 1 de octubre recibirá en Roma el premio sueco «Per Anger»

ROMA, miércoles, 29 septiembre 2004 - El arzobispo italiano Gennaro Verolino será la primera persona que reciba el Premio «Per Anger», instituido este año por Suecia en recuerdo del embajador Per Anger, secretario de legación en la embajada sueca en Budapest en los años en que la ciudad estuvo ocupada por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

El galardón, destinado a personalidades que promueven los valores humanos y democráticos, será entregado el próximo 1 de octubre en el Instituto Sueco de Estudios Clásicos de Roma en presencia del primer ministro sueco, Göran Persson, quien viajará a la capital italiana para premiar al arzobispo Verolino dada su avanzada edad --está a punto de cumplir 98 años--.
El reconocimiento está dedicado al embajador sueco por la labor que llevó a cabo durante la ocupación nazi de Hungría, un período durante el que logró salvar a muchísimos judíos de Budapest emitiéndoles pasaportes suecos.

Como Anger, el arzobispo Verolino --que en 1944 era secretario en la Nunciatura Apostólica de Budapest-- se dedicó a salvar la vida de los judíos húngaros amenazados por el nazismo.

El prelado se distinguió, según apunta la motivación del premio, por el «compromiso desinteresado, el ingenio y el espíritu heroico que le permitieron salvar a muchos judíos durante la ocupación alemana de Hungría».
Originario de Nápoles, donde nació en 1906, Gennaro Verolino fue ordenado sacerdote con 22 años. Durante la segunda guerra mundial, como secretario de la Nunciatura Apostólica en Budapest, otorgó documentos falsos para intentar salvar a los judíos húngaros del destino al que los nazis les habían condenado.

Pasada la guerra, comenzó una larga carrera diplomática al servicio del Vaticano. Se retiró en 1986 a la edad de 79 años. Actualmente vive en Roma y es nuncio apostólico emérito.
El Premio «Per Anger» le ha sido conferido en su primera edición al arzobispo Verolino por expreso deseo de la familia Anger.

El reconocimiento se otorga a un «héroe viviente» por su actividad humanitaria a fin de presentarla a la sociedad actual, y sobre todo a los jóvenes, como un ejemplo a seguir. El galardonado recibe un diploma, una placa conmemorativa en plata y 200 mil coronas suecas (unos 22 mil euros).
Una solemne ceremonia será el marco de entrega del premio. Acudirán 300 invitados, entre ellos personalidades de Suecia y del Vaticano.

Per Johan Valentin Anger nació en Göteborg (Suecia) en 1913. Licenciado en Derecho, en 1940 fue destinado a la embajada sueca en Berlín y dos años después a la de Budapest.
Cuando el ejército alemán invadió Hungría en 1944, Anger fue testigo del profundo cambio de la situación del país, que contempló el comienzo de las deportaciones de ciudadanos judíos al campo de concentración de Auschwitz.

Intentado detener la tragedia, Anger empezó a emitir pasaportes suecos sin ninguna legalidad formal, que hacían las veces de documentos de identidad ante las autoridades.
Tras el final de la guerra, Per Anger colaboró igualmente en la búsqueda de Raoul Wallenberg --diplomático sueco desaparecido en enero de 1945, después de haber salvado la vida de decenas de miles de judíos condenados a una muerte segura por los nazis en la Segunda Guerra Mundial--, convencido de que había sido hecho prisionero por los rusos.
Per Anger, embajador en numerosos países --entre ellos Canadá y Australia--, murió en Estocolmo el 25 de agosto de 2002 a la edad de 88 años. ZS04092907 zenit

 

 

 

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  Prelado italiano recibe premio por ayudar

a salvar judíos durante la II Guerra

 

ROMA, 03 Oct. 2004 (ACI).-Monseñor Gennaro Verolino, un anciano sacerdote italiano, recibió este sábado el  Premio “Per Anger” establecido por el gobierno sueco,  debido a su labor a favor de la población judía perseguida por los Nazis durante la II Guerra Mundial.Mons. Verolino  tenía 38 años y  trabajaba en la Nunciatura Apostólica en Hungría, cuando salvó en 1944 a alrededor de 25.000 judíos al darles refugio seguro y documentos de protección diplomática en Budapest,  entonces ocupada por las tropas nazis.El Premier sueco, Goran Persson, de visita en Roma, entregó a Mons. Verolino el primer “Premio Per Anger”, un reconocimiento instituido por el gobierno de Estocolmo en memoria de uno de sus más famosos diplomáticos; y que se entrega a quienes se destacan por el trabajo humanitario y  la defensa de la democracia.

 

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P: ¿Cree que Expaña debe pedir perdón por la actuación de la Inquisición al pueblo judío, como ya han hecho el Vaticano y países como Francia e Italia por la colaboración de sus gobiernos y parte de su población en el Holocausto? ¿Fue derogada explícitamente la pragmática de los Reyes Católicos de 1492 que expulsaba a los judíos?

 

R: He perdido la cuenta de las veces que se ha pedido perdón y se ha derogado explícitamente el decreto de marras pero, como mínimo, mínimo, han sido tres. Ya está bien, ¿no le parece? Porque Inglaterra no ha armado tanto jaleo y expulsó a los judíos antes.

 

P: Me gustaría saber si las fuentes judías confirman la intervención de los mandatarios judíos en la condena a muerte de Jesucristo. Gracias

 

R: Sí, incluso existe alguna fuente talmúdica que les atribuye en exclusiva la condena. El dato no es correcto pero sí significativo.

2004-01-27 – Dr. César Vidal, historiador antiguo, filósofo, licenciado en derecho.

 

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Cristo Jesús, el judío salvador del mundo

 

 

Emanuele Pacifici, el testimonio de un judío salvado por la Iglesia - 
Hoy es presidente de la asociación «Amigos de Yad Veshem»


Hoy es presidente de la asociación «Amigos de Yad Veshem»

ROMA, martes, 25 enero 2005 (ZENIT.org).- Las congregaciones religiosas e instituciones católicas que salvaron a judíos de la persecución nazi en Roma e Italia trataron de respetar su fe, como testimonia un protagonista, Emanuele Pacifici
Pacifici, quien hoy es presidente italiano de la asociación «Amigos de Yad Veshem», vivió de niño el horror del Holocausto. Su padre Riccardo, rabino de Génova y su madre Wanda Abenaim fueron asesinados en Auschwitz.

Emanuele, junto a su hermano Raffaele, fue salvado por las religiosas del Instituto de Santa Marta de Settignano, cerca de Florencia. Enfermo de tuberculosis, pasó algunos años en el sanatorio. Tras su curación, encontró trabajo y formó una familia, pero el 9 de octubre de 1982, se encontró de nuevo en peligro de muerte, alcanzado en pleno por la bomba terrorista que estalló frente a la Sinagoga de Roma.

Los recuerdos más alegres de Emanuele Pacifici coinciden con los de tres personajes: sor Cornelia Cordini, sor Ester Busnelli y el padre Gaetano Tantalo. Todos ellos reconocidos como «Justos entre las naciones» por Israel.

En una entrevista concedida a Zenit, Pacifici relata: «En 1943, yo tenía doce años, mi padre fue capturado por los nazis. Entonces, junto a mi madre y mi hermano Raffaele, de seis años, buscamos refugio en Florencia. Nos ayudó el cardenal de Florencia, Elia della Costa, que nos proporcionó una lista de conventos en los que podíamos escondernos».
«La búsqueda no fue fácil, porque todos los conventos con los que nos pusimos en contacto estaban llenos. Después de mucho peregrinar, y cuando ya estábamos desesperados, nos acogió sor Ester Busnelli, que nos abrió el portón del convento de las franciscanas misioneras de plaza del Carmen, en Florencia. Pero en el convento podían acoger sólo a mujeres. De manera que a mi hermano y a mí nos llevaron al monasterio de Santa Marta en Settignano», recuerda Emanuele.

«A los pocos días, los nazis irrumpieron en el convento de sor Ester y se llevaron a mi madre, junto a otras 80 mujeres judías. Deportadas a Auschwitz, ninguna de ellas regresó».
«Como pajitas en una tempestad, y ya huérfanos sin saberlo, hallamos hospitalidad, comprensión y afecto en el convento de Santa Marta», añade Pacifici.

«Recuerdo que, cada tarde, antes de ir a la cama, era costumbre que cada niño [eran católicos] besara el crucifijo que las religiosas llevan sobre el pecho. Pero cuando me tocaba el turno, sor Cornelia, teniendo cuidado que nadie se diese cuenta, ponía los dedos sobre el crucifijo, de modo que yo besase sus dedos y no el crucifijo».
Pacifici explica que con este gesto la religiosa buscaba respetar la identidad religiosa del niño, sin que se dieran cuenta los demás.

«Luego me decía al oído: "Ahora vete a la cama y, debajo de las mantas, ¡no te olvides de rezar tus oraciones!". Y esto todos los días, durante casi un año. Por esto estoy muy agradecido a sor Cornelia, a la que siempre he llamado "mamá Cornelia´"», comenta Pacifici.
«En 1939, durante las vacaciones, mis tíos y yo hicimos amistad con el padre Gaetano Tantalo, párroco de Tagliacozzo. Don Gaetano sabía leer y escribir muy bien hebreo. En 1943, mis tíos, acosados por los nazis, pidieron hospitalidad al sacerdote Gaetano, quien, con la ayuda de su hermana, encontró un refugio seguro para la numerosa familia Pacifici y la familia Orvieto».

«Durante nueve meses, permanecieron encerrados sin salir», relata, subrayando que «don Gaetano proveía a todas las necesidades».
«Al acercarse la "Pesach" (la fiesta judía de Pascua), mi tío Enrico se dio cuenta de que no sabía la fecha exacta. Don Gaetano hizo el cálculo y descubrió que el 14 de Nissan (marzo-abril en el calendario judío) caía el 8 de abril de 1944. Además procuró la harina para hacer el pan ácimo y algunos cacharros nuevos para poder cocinar», añade Emanuele.

«De manera que, con los alemanes a dos pasos de nosotros, mi tío Enrico y su familia pudieron iniciar el "Seder", la ceremonia de celebración de la Pascua judía. En la misma participó también don Gaetano».
Y añade: «Tras la muerte del sacerdote, los familiares encontraron entre sus cosas, una cajita que contenía un pedacito del pan ácimo con el que había celebrado la Pascua judía con mis tíos».
La causa de beatificación del sacerdote Gaetano Tantalo sigue su curso y el 6 de abril de 1995 fue publicado el decreto sobre sus virtudes. ZS05012504

 

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«No presto juramento a Hitler»

 

Josef Mayr Nusser, testigo de la Cruz

Las siguientes líneas, publicadas en el diario Avvenire, recogen el testimonio de fe de Josef Mayr Nusser, casado y padre de un niño de corta edad, en los últimos estertores de la segunda guerra mundial. En la línea de los primeros mártires, que se negaban a hacer sacrificios al emperador, Josef se negó a prestar juramento a Hitler y, por ello, fue deportado al campo de concentración de Dachau. La diócesis de Bolzano-Bressanone, en Italia, acaba de abrir su proceso de canonización

 

«No presto juramento a Hitler»: con estas palabras, Josef Mayr Nusser, de 34 años, firmó su propia condena. Murió pocos meses después en un vagón de mercancías que lo llevaba al campo de concentración de Dachau. Un gesto, el suyo, realizado en nombre de la fe. Por ello, la diócesis de Bolzano-Bressanone ha abierto la fase diocesana del proceso de beatificación.

  

Estamos en 1944. Josef es enrolado a la fuerza en las SS, en contra de los tratados internacionales, que impiden a un país invasor reclutar ciudadanos del país ocupado para su propio ejército. Este acontecimiento obligó a Josef a abandonar a su esposa Hildegard y al pequeño Albert, nacido hacía pocos meses, para seguir un período de instrucción en Prusia. A su término, estaba previsto el juramento, cuya fórmula concluía con la frase: «Que Dios me asista». Jurar a Hitler y pedir la ayuda de Dios en este contexto sonaba como una blasfemia en los oídos del joven Josef, que alzó la mano y dijo que, por motivos de fe, no podía pronunciar esas palabras.
«El mariscal se quedó de piedra y mandó llamar al comandante –cuenta Franz Treibenreif, compañero y amigo de Josef–; éste preguntó a Josef el motivo por el que no podía hacer el juramento, y él respondió que era por motivos religiosos. El comandante sólo le pidió ponerlo por escrito en una declaración firmada, cosa que Josef se apresuró a hacer».
Sus compañeros intentaron disuadirle de su intento, pero Josef estaba seguro de lo que hacía. Y estaba seguro de que su elección la compartía su esposa Hildegard: «No serías mi mujer si esperases de mí algo distinto», le escribe desde la prisión.
El gesto de Josef Mayr Nusser no fue fruto de un arrebato emocional, sino que fue madurado en los años precedentes, cuando, en compañía de sus amigos de Acción Católica, se preguntaba sobre el significado de ser cristiano, y buscaba vivir a la luz del Evangelio los acontecimientos que le rodeaban. Fue fuerte también en su empeño a favor de los últimos: Presidente de la Conferencia de San Vicente, visitaba a los pobres y les llevaba ayuda material y espiritual. Fue un cristiano en el sentido pleno de la palabra, casi anticipándose a aquel saber leer los signos de los tiempos, que tanto demandaba el Papa Juan XXIII. «Dar testimonio hoy es nuestra única arma eficaz», escribía Josef en la revista de la Juventud Católica. Fue coherente con sus palabras.

Cornelia Dell´Eva- en Avvenire -
2004-02-20

 

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El martirio de una familia - La archidiócesis de Przemysl, en Polonia, está promoviendo en estos meses la causa de canonización de una familia católica, cuyos miembros fueron asesinados por los nazis, por haber dado refugio, durante la segunda guerra mundial, a ocho judíos que habían escapado del internamiento al que estaban sometidos por parte de las fuerzas de ocupación alemanas. Jozef y Wiktoria Ulma fueron asesinados en su pueblo de Markowa el 24 de marzo de 1944; junto al matrimonio, también murieron sus seis hijos, el mayor de los cuales tenía siete años. Ulma estaba embarazada cuando perdió la vida.
La noticia del proceso de canonización ha sido difundida por el postulador de la Causa, el padre Stanislaw Jamrozek. Entrevistado por la agencia polaca de información católica Kai, ha dicho: «La petición de canonización ha partido de los propios habitantes del pueblo de Markowa, que, de esta manera, han querido mostrar su amistad y afecto a la memoria de estas personas».
2004-02-20 – Fuente: www.alfayomega.es    

 

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Roma recuerda al diplomático portugués que salvó a miles de personas del Holocaustoentre ellas a diez mil judíos.  Eucaristía presidida por el cardenal Renato Martino 

 

 

 

ROMA, viernes, 18 junio 2004 (ZENIT.org).- El cardenal Renato R. Martino presidió este jueves en Roma una eucaristía en memoria de un cónsul portugués que en la segunda guerra mundial salvó a miles de personas, entre ellas a diez mil judíos.

Durante la homilía, el presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz evocó el testimonio cristiano de Aristides de Sousa Mendes, considerando que en aquellos años oscuros hombres como éste contribuyeron a salvar «el honor de la humanidad».
«Por esto queremos dar las gracias al Señor, que sabe suscitar el bien incluso en contextos marcados por el horror y por el demoníaco misterio de iniquidad que contamina continuamente las relaciones entre las personas y los pueblos», añadió el purpurado italiano.

La eucaristía se celebró en la Basílica de Santa María en Trastevere a propuesta de la
Fundación Internacional Raoul Wallenberg,

Aristides de Sousa Mendes, siendo cónsul de Portugal en Burdeos, salvó a perseguidos por el régimen nazi entregándoles visados portugueses a pesar de que estaba estrictamente prohibido por su gobierno, que mantenía una política de neutralidad en el conflicto.
El 16 de junio de 1940, al ver a una multitud perseguida que pedía refugió en el consulado, desafío abiertamente las normas de su gobierno, entregando durante tres días sin parar visados. Salvó así incluso a miembros de la familia imperial austríaca, los Habsburgo. Tres días después Alemania bombardeaba Burdeos.

Al recibir estas noticias, António de Oliveira Salazar ordenó su detención. El dictador portugués recogió la gratitud de los refugiados, mantuvo las fronteras abiertas --por la ruta trazada por Sousa Mendes a través de España escaparon un millón de personas--, pero ordenó juzgarlo.
A las convicciones católicas del cónsul, el consejo disciplinario opuso las violaciones a las normas. Sousa Mendes fue destituido. Sus hijos se quedaron sin trabajo. La familia tuvo que comer con los refugiados en la Sociedad de Ayuda al Inmigrante Hebreo (HIAS). Aristides de Sousa Mendes murió en la pobreza y la enfermedad.

En la misa participó el rabino Mario E. Ablin, vicepresidente de la Fundación Raoul Wallenberg y del Comité Internacional Angelo Roncalli, quien pronunció ante la asamblea un saludo traído desde Jerusalén.
Ablin explicó que para celebrar los cincuenta años del diplomático portugués esta fundación ha promovido la celebración de servicios religiosos en 30 iglesias y en 28 sinagogas de 28 países, incluidos Portugal, Israel, Estados Unidos, España, Suiza, Bélgica, Brasil, Francia, Alemania, Timor Oriental, Argentina, Venezuela, y Sudáfrica.

La Fundación Internacional Raoul Wallenberg y el Comité Internacional Angelo Roncalli tienen como objetivo difundir el mensaje y recordar las acciones de los salvadores que arriesgaron sus vidas para salvar a personas perseguidas durante el Holocausto, como Raoul Wallenberg, y el nuncio apostólico Angelo Roncalli, que llegaría a ser Papa con el nombre de Juan XXIII.
Al concluir la eucaristía, la Fundación y el Comité Internacional Angelo Roncalli anunciaron la decisión de entregar el Premio «Sousa Mendes-50 aniversario» al cardenal Martino.

El premio se otorga a personalidades cuya convicción personal y actuación pública refleje los principios éticos, valores de solidaridad humana y conducta ejemplar que caracterizaron a hombres como Wallenberg, De Sousa Mendes, o Juan XXIII.
En la celebración, en la que participaron numerosos embajadores ante la Santa Sede (entre ellos los de Portugal e Israel), se rezó por la convivencia armoniosa entre personas y comunidades de credos, razas y etnias diferentes, rechazándose explícitamente el antisemitismo y la discriminación racial. ZS04061806

 

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judía, monja católica carmelita mártir del nazismo.

 

 

EL CÓNSUL PERLASCA

 

 

Unos hechos incómodos para la Historia oficial

Por Juan Orellana

 

Esta conmovedora historia muestra, a través de Perlasca y de otros personajes, como el del jefe de una de las casas de refugiados, la realidad de tantos católicos que lucharon para frenar el holocausto en la medida de sus posibilidades. Además, el film confirma la labor que España realizó a favor de los judíos, mediante la concesión de salvoconductos, con la excusa de la ley de 1924 de Primo de Rivera, por la que se concedía a los judíos sefardíes el derecho de ciudadanía española.

 

Con atraso y discreción se estrenó el pasado 14 de enero una película políticamente incorrecta. El cónsul Perlasca es una producción italiana de la Rai que cuenta un suceso real, recogido en la novela La banalidad del bien, de Enrico DeAglio (Editorial Herder). El título del libro se inspira en una obra de Hannah Arendt, La banalidad del mal, escrito con motivo del juicio, en Jerusalén, del ex nazi Eichmann. Giorgio Perlasca fue un empresario católico italiano, seguidor en su juventud del fascismo de D´Annunzio, al que la Guerra Mundial sorprendió en Budapest. Antes había luchado en España como voluntario en el bando de Franco al enterarse de que el Frente Popular quemaba las Iglesias. Ahora, en Budapest quería defender también el derecho de los judíos a existir y dar culto a Dios libremente en las sinagogas. Por ello, al saber que España escondía judíos en las legaciones diplomáticas, se empleará a fondo en salvar hebreos colaborando con el embajador franquista, Sanz Briz. Cuando este se ve obligado a irse por razones políticas, Perlasca se autoproclamó Cónsul de España y llegó a salvar más de cinco mil judíos, jugándose la vida varias veces. Perlasca colocó banderas españolas en muchas casas y hospitales para proteger a los judíos que había dentro. El embajador, emplazado en Suiza, siguió comprometiendo la neutralidad de España para apoyar la innumerable cadena de ilegalidades burocráticas que Perlasca tenía que hacer para salvar vidas. “Viendo a miles de personas a punto de ser exterminadas por odio racial y religioso, y teniendo la posibilidad de hacer algo por ellos, confié en que el gobierno español no me delataría ya que ellos también eran contrarios a la actuación abominable de los nazis”, declaró el propio Perlasca años después.

 

Esta conmovedora historia muestra, a través de Perlasca y de otros personajes, como el del jefe de una de las casas de refugiados, la realidad de tantos católicos que lucharon para frenar el holocausto en la medida de sus posibilidades. Además, el film confirma la labor que España realizó a favor de los judíos, mediante la concesión de salvoconductos, con la excusa de la ley de 1924 de Primo de Rivera, por la que se concedía a los judíos sefardíes el derecho de ciudadanía española. No había más que unos 200 sefardíes en Hungría... pero Perlasca salvó a más de cinco mil. Según los historiadores unos veintiocho mil judíos cruzaron los Pirineos durante la guerra, acogidos por las autoridades españolas. Según los documentos, España salvó en total entre treinta mil y sesenta mil víctimas del Holocausto.

Al acabar la guerra Perlasca pasó al anonimato absoluto hasta que algunos judíos dieron con él y sacaron a la luz sus hazañas. Este Oskar Schlinder mediterráneo obtuvo en España la Gran Cruz de Isabel la Católica, y en Hungría, Estados Unidos e Italia también recibió importantes honores y reconocimientos. Los judíos le dieron el título de Hombre Justo, y le hicieron plantar un árbol junto al de Oskar Schlinder en la Avenida de los Hombres Justos de Jerusalén. Murió en 1992.

 

La película, dirigida por el realizador televisivo Alberto Negrín y asesorada por la viuda e hijo de Perlasca, no es una obra maestra, pero es tan interesante y tiene tantos momentos brillantes y emotivos que se puede considerar una película más que notable. El trabajo de Luca Zingaretti, que interpreta a Perlasca, está lleno de contención y representa las antípodas de un héroe solemne y sobrehumano. Película muy recomendable.  2005.01. L.D. Revista

 

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deja el lago de Galilea Pedro para andar con Jesús 


Lutero afirmaba en referencia a los judios: "préndanle fuego a sus sinagogas y escuelas, que a sus rabinos se les prohíba enseñar bajo perdida de vida...

 

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P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

 

R:  … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. Dr. historiador don César VIDAL. Esp.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

…Pero constatamos que el hombre, en la red de los pecados, con frecuencia abusa de la creación y no ejerce una verdadera realeza. Por eso, para desempeñar una verdadera responsabilidad con respecto a las criaturas, tiene que ser penetrado por Dios y vivir en su luz. En efecto, el hombre es un reflejo de la belleza original que es Dios:  "Todo lo que creó Dios era óptimo", escribe el santo obispo san Gregorio de Nisa 335 † 394. Y añade:  "Lo testimonia el relato de la creación (cf. Gn 1, 31). Entre las cosas óptimas también se encontraba el hombre, dotado de una belleza muy superior a la de todas las cosas bellas. ¿Qué otra cosa podía ser tan bella como quien era semejante a la belleza pura e incorruptible? (...) Al ser reflejo e imagen de la vida eterna, era realmente bello, es más, bellísimo, con el signo radiante de la vida en su rostro" (Homilia in Canticum 12:  PG 44, 1020 C). (29 de agosto de 2007-Benedicto PP. XVI comentado a san Gregorio de Nisa 335ca † 394).

 

 


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Laus Deo +


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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).