Tenemos una idea muy reductiva y jurídica de persona que genera mucha confusión en el debate sobre el aborto. Parece como si un niño adquiriera la dignidad de persona desde el momento en que ésta le es reconocida por las autoridades humanas. Para la Biblia persona es aquél que es conocido por Dios, aquél a quien Dios llama por su nombre; y Dios, se nos asegura, nos conoce desde el seno materno, sus ojos nos veían cuando éramos aún embriones en el seno de nuestra madre. La ciencia nos dice que en el embrión existe, en desarrollo, todo el hombre, proyectado en cada mínimo detalle; la fe añade que no se trata sólo de un proyecto inconsciente de la naturaleza, sino de un proyecto de amor del Creador. La misión de San Juan Bautista está toda trazada, antes de que nazca: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos...».
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Los humildes obedecen, los obedientes se salvan. En una punta Jesús y en la otra María, la primera mujer perfectamente obediente. La que dijo que sí al Espíritu en su aldea de Belén y luego en el cuarto aquel de Jerusalén en el Pentecostés.
En la primera vez nació Jesús, en la segunda: la Iglesia. La Madre es la misma.
Y Judas se mete en el juego de Dios pensando que puede sacar ventajas como nosotros creemos que podemos arreglar la radio con un destornillador y la terminamos de romper. Pero nosotros no somos mucho menos tarambanas que él. Como siempre: Dios sabe todo lo que está pasando y nunca se le escapa un detalle. Así tienes –ahí- a los charlatanes en las sectas bautistas, jehovistas, mormones, etc. y creen que la Iglesia ha estado equivocada dos mil años hasta que ellos abrieron una Biblia y se pusieron a "interpretar". Hasta esa suprema mentecatez superará Jesús porque no hay quien se le resista en eso de salvar almas.
Es que le ves a Él, y te enamoras de Su gracia y como siempre pasa en el amor: naces de nuevo. Para nacer hace falta una madre y para eso está María.
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Desde su concepción, el niño tiene el derecho a la vida. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame (cf GS 27, 3), gravemente contraria a la ley moral. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.
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«Afirman algunos que los gemelos son los procedentes de un solo óvulo, que luego se divide; mientras que mellizos son los que provienen de dos óvulos distintos. Esto es un error que se repite con cierta frecuencia. En español, gemelos y mellizos son palabras sinónimas. Las dos se aplican a niños nacidos en un mismo parto. Si luego se quieren distinguir científicamente los dos tipos biológicamente distintos, entonces se debe hablar de gemelos (o mellizos) uniovulares o monocoriales o encigóticos (monocigóticos), que son los que provienen de un solo óvulo, y son gemelos idénticos; y gemelos (o mellizos) biovulares o dicoriales (o dicigóticos), son los que provienen de dos óvulos distintos».
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El aborto - 2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. "Donum vitae" 1, 1).
Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1, 5; Jb 10, 8-12; Sal 22, 10-11).
Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139, 15).
2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.
No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).
Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (GS 51, 3).
2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. ‘Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae’ (CIC can. 1398), es decir, ‘de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito’ (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.
2273 El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:
‘Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte’ (CDF, instr. "Donum vitae" 3).
‘Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho... El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos’. (CDF, instr. "Donum vitae" 3).
2274 Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.
El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, ‘si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su protección o hacia su curación... Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 2).
2275 Se deben considerar ‘lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 3).
‘Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como «material biológico» disponible’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 5).
‘Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 6).
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El cristianismo es directo responsable de algunos de los conceptos que hoy nos parecen irrenunciables: la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos, y el derecho a la vida de todos y cada uno de ellos, desde el vientre materno a la muerte natural.
El embrión humano es desde el primer momento persona dotada de una singularidad ya constatada por los biólogos. Por tanto, el embrión es persona desde la concepción. Como persona humana, desde el mismo instante de su concepción el nascituro es sujeto de derecho, y primordialmente del derecho natural a la vida, lo cual debe ser reconocido por el ordenamiento legal mediante un estuto jurídico acorde con la realidad ontológica, regulando el deber de la sociedad de protegerlo adecuadamente. Negar este deber del ordenamiento jurídico es arbitrario. Nuestos Movimientos por la Vida quieren sensibilizar al conjunto de la sociedad sobre el hecho de que el aborto no es una injusticia contra la persona humana entre otras muchas, sino la más grave en cuanto que se ejercita contra la persona humana más inocente y más indefensa: el embrión desde su misma concepción. Ni la propia madre ni los médicos tienen el derecho de disponer de la vida, y menos aun de la vida de una persona distinta de ellos. Cuando de algún modo se legaliza el aborto se abre la puerta a cualquier otra excepción, como la eliminación del discapacitado o del anciano. La permisividad frente al aborto se desliza a considerar que existe un derecho de eliminar la persona que llega. Todo ello contrasta con los principios morales objetivos. Se trata de una verdad que la razón natural puede alcanzar con una meditación serena y desapasionada de los datos de la ciencia contemporánea y de los principios éticos naturales. El cristianismo desde sus comienzos tuvo clara conciencia de esta verdad moral universal sobre la persona humana. Ya en los más antiguos escritos cristianos se dice: "No matarás al niño mediante aborto" (Didaché, 2, 2). "Se casan como todos; como todos engendran hijos, pero no arrojan los fetos" (Ca
rta a Diogneto, 5). Al embrión se extiende el segundo gran precepto del Antiguo Testamento, el del amor al prójimo, y más tarde el mandamiento nuevo de Jesús en la última Cena: amar a los otros hasta el fin como Cristo nos amó (Jn 13, 34). La persona del embrión no solo debe ser respetada, como reconoce la misma razón natural, sino amada como Cristo la ama, en su estado embrional. Dios ha querido protegerla también, como toda persona humana, con el quinto mandamiento, el cual hace sea siempre pecado grave su eliminación y su manipulación.
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Aborto: …[...]... En un aspecto, sin embargo, sí tienen razón los que atribuyen al factor religioso cierta relevancia en este debate, porque la primera voz que proclamó la igual dignidad de todos los miembros de la familia humana fue precisamente la del cristianismo. Ni siquiera Grecia y Roma, con sus impresionantes legados filosófico y jurídico, llegaron a la cima de proclamar la fraternidad universal, que es de inequívoco cuño cristiano. Como en aquel chalet disparatado de Mi tío, de Tati, todo comunica. Esta sociedad occidental que a sí misma se llama postcristiana, y que se alimenta del relativismo multiculturalista, tiene como uno de sus objetivos preferentes la religión en general, los monoteísmos en particular, y, muy concretamente, el cristianismo, y no oculta esa hostilidad. En este sentido, me parece que una sociedad infectada de este virus tiene especialmente difícil comprender el espanto del aborto, y por eso convive con este genocidio silencioso como si tal cosa. Con todo, creo que la sociedad española todavía no ha llegado, ni mucho menos, a un punto de no retorno, y puede recuperar su propia estima rescatando esos principios y valores que han construido nuestra civilización y nuestra historia. Por eso están tan nerviosos los heraldos de la muerte. 2008
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DE LOS DELITOS CONTRA LA VIDA Y LA LIBERTAD DEL HOMBRE (Cann. 1397 – 1399)
1397 Quien comete homicidio, o rapta o retiene a un ser humano con violencia o fraude, o le mutila o hiere gravemente, debe ser castigado, según la gravedad del delito, con las privaciones y prohibiciones del c. 1336; el homicidio de las personas indicadas en el c. 1370 se castiga con las penas allí establecidas.
1398 Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae.
1399 Aparte de los casos establecidos en ésta u otras leyes, la infracción externa de una ley divina o canónica sólo puede ser castigada con una pena ciertamente justa cuando así lo requiere la especial gravedad de la infracción y urge la necesidad de prevenir o de reparar escándalos.
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¿Pero los que constantemente se cacarean de izquierdas no dicen defender a los más débiles y desfavorecidos? ¿Hay alguien más débil y desfavorecido que un ser humano que tiene derecho a nacer, al que han llamado a la vida, y no le dejan? ¿Acaso quieren acallar otros entuertos a costa de los que no pueden gritar? ¿Con quién han dialogado esto, y con qué talante? El titular es de ayer: Los abortos legales en España superan el medio millón en dos años. ¡Toma genocidio y toma holocausto! Y todo eso, con profusión de pretendidos argumentos democráticos. ¿Hay algo más antidemocrático que eliminar, no ya a quien no piensa como yo, sino incluso a quien no puede pensar porque no se le deja nacer? 2004.
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No debemos llamar “aborto” al hecho de matar a un ser humano en gestación. El aborto es espontáneo y sin intervención externa. Matar no es abortar. Hasta que no hablemos claro y sin complejos no podremos erradicar del mundo el peor de los holocaustos. Mientras se permita matar a los seres más indefensos de la sociedad no puede haber justicia ni paz. Los partidarios de la muerte nos engañan para que usemos eufemismos y así acallemos nuestras conciencias, no debemos decir “aborto” ni “eutanasia” para designar a los asesinatos.
María del Carmen Antoja Giralt - 2006-11-08-Hispanidad.com
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La vida humana no es cuestión de tolerancia o intolerancia – El reconocimiento de la sacralidad de la vida humana y de su inviolabilidad sin excepciones, no es un problema menor o una cuestión que se pueda considerar relativa con respeto al pluralismo de opiniones que impera en la sociedad moderna. El texto del Génesis orienta nuestra reflexión en dos sentidos que responden perfectamente a la doble dimensión de las cuestiones que nos presentamos los cristianos:
1) No hay «homicidios pequeños»; el respeto a toda vida humana es condición indispensable para que pueda existir una vida social digna de ese nombre.
2) Cuando el hombre pierde conscientemente el respeto a la vida humana como realidad sagrada, termina inevitablemente por perder hasta su propia identidad personal.
3) La vida humana no es cuestión de tolerancia o intolerancia.
4) El aborto es un asesinato execrable.
5) «Pediré cuentas de vuestra sangre y de vuestra vida; se las pediré a todo ser viviente, y al hombre le pediré cuentas de la vida de su hermano. Si uno derrama la sangre de un hombre, otro derramará la suya, porque Dios hizo al hombre a su imagen» (Gn. 9,5-6). La sangre humana que se derrama es un grito dirigido a Dios (cf. Gn. 4,10), porque el hombre ha sido creado a su imagen. Dios ha instituido la autoridad en la sociedad precisamente para garantir el respeto de ese derecho fundamental que el corazón pervertido del hombre ha puesto en peligro.
6) Nadie por tolerancia o intolerancia puede disponer de la vida de otro ser humano.
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Una ideología confusa de la libertad conduce inexorablemente, a un dogmatismo que cada día se revela más hostil a la propia libertad…. ¡más intolerante!
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Lo que más necesitamos en este momento de la historia son individuos que, a través de una fe iluminada y vivida, presenten a Dios en este mundo como una realidad creíble. Allí es necesario la coherencia evangélica y una sana tolerancia que en nada se confunda con una intolerancia infecciosa o conmiseración atrofiada.
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El «ser» de la familia
Naturaleza, cultura y libertad. Antes que todo, cada uno de nosotros es hijo. La filiación es el entramado de relación más profundo, más radical, el antes del antes de todo.
NATURALEZA, CULTURA, Y LIBERTAD *
Por Pedro Juan Viladrich **
[...] Fijémonos por ejemplo en nuestras identidades más básicas, el primer flash nos hace pensar y quizás entender el sentido de expresiones y tesis que oímos con muchísima frecuencia y que son ciertas, profundamente ciertas; algunas por ejemplo el profesor Lobato las ha ido desarrollando a lo largo de esta mañana cuando decía, por ejemplo: tengan ustedes presente, aunque no lo parezca, que no somos propiamente un sujeto individual y aislado que -una vez se constituye en su propia riqueza- puede o no optar por una de terminada relación, sino que nuestra propia red íntima, la arquitectura de la que estamos hechos en la propia intimidad de nosotros mismos, donde no queda ya nada más al fondo, es un entramado de correlaciones en las que no solamente no somos solos, sino que no podemos serlo, y si lo fuéramos nos deconstruiríamos, nos destruiríamos.
Bueno, eso sería una primera idea a considerar, la idea de que somos «co-biográficos» y de que la «co-biografía» más fundamental es lo que llamamos en cierto sentido familia. Fijémonos en cada uno de nosotros, pensemos en la respuesta a la pregunta ¿Quién soy?, es decir, a la pregunta sobre mí o vosotros, sobre mi identidad más básica, aquella que está dentro de cada uno de nosotros en un nivel, en un sótano mucho más profundo y en todo caso anterior a ser murciano, a nacer bajo un limonero, a ser español, vasco o no vasco, chino o iraní, ingeniero o al bañil, abogado o campesino, ponente o asistente, aprobado o suspendido; antes que todo, cada uno de nosotros es hijo, es decir, es una relación a propósito de su propia existencia, es hermano, es padre o madre, es esposo y hasta abuelo; y aunque no logre tener hermanos, ni acabe de ser padre o madre o esposo o ni siquiera abuelo, en todo caso es hijo y la filiación es el entramado de relación más profundo, más radical, el antes del antes de todo. De todas nuestras identidades más básicas, y de las que podemos ir adquiriendo a lo largo de la vida, como incluso la de un millonario, o por ejemplo, de presidente del Gobierno o de miss universo o de portada de una revista, en fin, todas estas -que ustedes conocen y algunos admiramos y jamás tendremos- nuestra identidad de filiación es la más básica.
Hay millones de europeos y millones de chinos, hay miles de médicos, ganaderos, albañiles, campesinos, etc., estas identidades familiares que somos cada uno de nosotros son muchísimo más concretas [...] No es que sean más concretas; es que son singularmente irrepetibles. Cada una de nuestras identidades familiares es en sí misma una posición relacional irrepetible, singularmente irrepetible; en realidad son tan personales, tan exclusivas, tan irrepetibles porque somos este hijo y no cualquier hijo, sólo éste y no otro, tenemos este padre y esta madre, sólo estos y no otros, somos este hermano de nuestros hermanos o este abuelo o abuela de estos nietos y por esta causa estas relaciones trenzan nuestra singular e irrepetible identidad personal, en su normalidad funcional. Cuando falla esta irrepetibilidad y entramos en una zona de percepción del anonimato o la desexclusividad porque sólo somos no el irrepetible, sino el repetible, sufre nuestra identidad y la identidad de nosotros con nosotros mismos. No se trata sólo de considerar teóricamente el fondo irrepetible y exclusivo de nuestra singularidad cobiográfica, sino de darnos cuenta de que ahí está el camino de nuestra realización normal, funcional y equilibrada o las causas profundas de las realizaciones que nos duelen. Nadie más es el quién que cada uno de nosotros es, por eso no es un quién abstracto; este quién es un quién relacionado, concreto, nos lo dan personas concretas que sólo son esas que conocemos perfectamente, mi madre, mi padre, mi hermano; estas profundas identidades familiares nos acompañan durante toda nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte, para bien o para mal, no son identidades que podamos con la voluntad o con el interés; aunque le demos la espalda sistemática, empecinadamente, nos acompañan toda nuestra vida; nuestra madre es nuestra madre inevitablemente. Por eso mismo podemos llamarlas identidades biográficas; son la red de nuestra identidad como personas, la persona no es un sujeto aislado.
Fijémonos ahora en otro aspecto de estas identidades biográficas que son de naturaleza familiar. El secreto de la familia es que constituye la red de nuestras identidades familiares. ¡Pero ahora fijémonos en otro aspecto. No podemos ser este hijo o este padre o esta madre aislados, en soledad; no puede serlo solo conmigo mismo, nadie puede ser padre sin su hijo y cada uno de nosotros sólo puede ser hijo en tanto en cuanto tiene una relación con esta madre y con este padre en concreto. Mi identidad de hijo como hijo se entrelaza con la identidad de mi padre y de mi madre, y la identidad de mi padre y de mi madre, en cuanto padres, se entrelaza conmigo en cuanto a su hijo, y nadie puede ser desde sí mismo esa identidad cobiográfica, que es biográfica porque nos acompaña toda la vida, y lo mismo ocurre con las otras identidades familiares; lo que somos o lo que no somos en familia lo somos los unos en y por los otros, lo que significa en el terreno de la práctica del obrar que "nos hacen" y "les hacemos" y, por lo tanto, en familia aprendemos o no aprendemos la corresponsabilidad de nuestro vivir.
Somos corresponsables de sus defectos y de sus virtudes porque ellos nos hacen a nosotros, y viceversa. Esta reflexión nos abre el camino a la relación más profunda del vivir: la relación de amor, esto es, aquella en la que libremente constituyo a otro en relación a mí mismo, incluso en predilecto de mí mismo. Otro aspecto muy importante de que somos relaciones, relaciones biográficas: nuestras identidades familiares en realidad son coidentidades, existimos en el modo de "co-ser" y nos desenvolvemos a lo largo de la vida no solamente en forma de identidad biográfica, sino en forma de cobiografías.
Siempre que somos con alguien compartimos, podemos compartir cosas que no somos y que tenemos, por ejemplo, la cuenta corriente. Hay amores muy útiles, que son por ejemplo aquellos que detectan la masa de cuenta corriente que tiene nuestro eventual suegro y producen una enorme motivación en todas las distintas consideraciones que nuestra inteligencia e incluso nuestro modo de mover la melena puede producir; son realmente motivaciones altamente inspiradas. Muchas relaciones de intimidad conyugal tienen ese motor. ¿Por qué se casan los jeques árabes de los petrodólares incluso cuando son bajitos y no muy agraciados y además es difícil identificarles porque van muy tapados? Muy probablemente por la expectativa de la cuenta. Podemos compartir cosas que tenemos, pero que no somos... Efectivamente podemos acabar convenciéndonos y viviéndonos y por lo tanto podemos acabar siendo aquello en lo que nos convertimos; podemos acabar convenciéndonos que somos lo que tenemos, que cuanto más tenemos más somos, y en ese sentido uno puede ir por la vida mostrando lo que tiene, esperando que esa sea la causa de las profundas aceptaciones que suscita y entonces enseña un cierto aspecto del cuerpo en cuanto a Dano Dano Dao o enseña una cuenta corriente, es decir, enseña poder económico, etc., etc., etc.
En la familia, aquello que compartimos es en última instancia nuestro cuerpo desnudo. Nuestro cuerpo desnudo significa no solamente el desnudo físico, tranquilícense, porque no pienso ejemplarizarlo; no solamente el desnudo físico, sino aquello íntimo que nosotros percibimos en el diálogo de uno consigo mismo, en donde uno intuye que lejos y fuera y al margen de ser viejo o joven, guapo o feo, rico o pobre, simpático o antipático, exitoso o fracasado, uno es hijo, hermano, padre o madre; y en ese haz de cobiografías profundas vale en sí mismo siempre más allá de cualquier utilidad. Hay por lo tanto este nuevo aspecto en el carácter cobiográfico de los lazos familiares: la incondicionalidad. La familia sorprendentemente es el único lugar donde debiéramos amarnos simplemente por el valor incondicional de nuestra desnudez humana, donde lo valemos todo desnudos de todo respecto a cualquier otra conexión socialmente relacionada. La interpretación profunda de lo que quiso decir Aristóteles con la expresión de que somos "animal político", es que todo nuestro valor es el que adquirimos culturalmente en una polis, es decir, en un horizonte ciudadano y político; es el valor que nos atribuye el estamento social, ciudadano, vecinal, político, en donde contamos o no contamos como esclavo o como hombre, como gran personaje de esa comunidad o absolutamente como un cero a la izquierda. Esa es la idea de polis que se tiene en Grecia, donde no hay una igualdad fundamental, donde el valor se adquiere socialmente. ¡Ah!, nuestra cultura, en cambio, tiene unas raíces muy profundas, que arrancan de la revelación de nuestro modo de ser en el libro del Génesis, donde se lee que Dios dice "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza".
A imagen y semejanza significa que en la desnudez de nosotros mismos, aquello por lo cual somos hijos, hermanos, padres o esposos, contiene si es verdadera una aceptación recíproca, desnuda, por el valor incondicional siempre valioso en sí, por sí mismo, de cada uno de nosotros por encima de utilidades según los parámetros socioculturales. Quien no se sabe amado incluso en la red familiar por debajo de cualquiera de sus utilidades según los parámetros socioculturales, simplemente por ser él en sí mismo, en la irrepetibilidad desnuda de su propio ser, un valor incondicionalmente amado, en rigor no tiene familia (vive como si no la tuviera), o dicho en términos psicológicos, percibe la soledad profunda, porque no es aprobado en la simple desnudez de ser sólo él mismo.
La seguridad de nuestro desarrollo, la percepción pacífica de que valemos la pena, la capacidad de transferir luego a lo largo de la vida esa misma predilección incondicional a los demás, la capacidad de no estar viendo siempre al prójimo como algo hostil, la paz interior -al tiempo de percibirse lleno de defectos y limitaciones, incapaz de valer para mucho- y sin embargo sorprendentemente en la red última de mis identidades cobiográficas, valer incondicionalmente por debajo incluso de estos fracasos, de estas limitaciones, de la falta de talento, de la enfermedad, de la decrepitud, del no responder demasiado a las expectativas profesionales o a ingresos económicos y, sin embargo, ser incondicionalmente este hijo de esta madre, este hermano de este hermano, este esposo o esta mujer de este marido, este valor incondicional de los lazos familiares es clave para nuestro sentido humano. Los lazos familiares son lazos incondicionales donde aprendemos o no aprendemos la predilección incondicional, donde encontramos o no encontramos la compañía íntima, es decir, la compañía interior en donde uno es a solas, desnudo consigo mismo, y no es las tarjetas o los oropeles o las utilidades, sean ciertas o no.
La familia es una correcta relación de coidentidades biográficas, donde encontramos el amor incondicional y donde encontramos, por lo tanto, las aprobaciones y predilecciones de fondo, aquellas que nos permiten humanizarnos o, por el contrario, aquellas que por carecer de ellas o por estar muy estructuradas nos impulsan hacia ciertos senderos de inseguridad, a la búsqueda desesperada de ser amados, pero con la sensación de que sólo somos aceptados o estimados en tanto en cuanto respondemos a utilidades, de que somos interesantes sólo "para algo" y fuera de ese algo, seríamos vendibles, no interesaríamos a nadie. Este es el fondo, a veces ignorado incluso por parte de los propios sufrientes, de las cuestiones que se presentan cada vez más frecuentemente en nuestras consultas de terapia, las inseguridades no percibidas, no explicadas, la percepción de la hostilidad ajena: la utilización de unos por los otros, el no encontrar finalmente en el submarino de nosotros mismos, es decir, en las preguntas interiores, un fondo donde reposar y que ese fondo en donde reposar no sea justamente el encuentro desnudo e incondicional de amor predilecto con otro ser humano. Estas ausencias, estas soledades, estas faltas de compañía cuando por otra parte hemos sido hechos por amor y para amar y por lo tanto para ser compañía íntima, provocan en esta dicotomía entre poder ser compañía o ser preparado y educado para ser soledad, la pregunta fundamental acerca de si hemos perdido por mil razones el sentido profundo de lo cobiográfico, amoroso e incondicional que es la familia, trastocado y sustituido por una red de intereses.
A propósito de la consanguinidad, en el que determinados modelos socioeconómicos de la Historia nos han hecho vivir, este es un momento para volver a redescubrir lo que en el pensamiento clásico se llamó naturaleza, que es en última instancia la percepción de nosotros mismos en relación con los más próximos a nuestra vida y a nuestro cuerpo, la percepción de que hemos sido hechos para el amor incondicional. Somos cobiografías profundas e irrepetibles con otros seres humanos y en ese nivel tan profundo de compartir la Humanidad, debe ser explicada la familia más que en el campo de su utilidad como parte o pieza de un modelo socioeconómico.
(*) Apuntes extraídos de una conferencia de Pedro Juan Viladrich pronunciada en el Congreso Internacional «La familia: comunidad de vida y educación», organizado por la UCAM, Murcia, 27 y 28 de abril de 2001. Confiamos en que nuestra traslación a la escritura no traicione el pensamiento del autor.
Pedro Juan Viladrich es catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado
Director del Instituto de Ciencias para la Familia
Universidad de Navarra
Arvonet – agradecemos 2007-01-23
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Tres jueces federales bloquean la ley de
Bush para restringir el aborto en EE UU

Nueva York.-
Tres jueces federales de los estados de Nebraska, California y Nueva York se han interpuesto en el camino entre John Ashcroft, fiscal general de Estados Unidos, y su persecución a los médicos que practiquen el aborto parcial (perforación del cráneo del bebe en gestación avanzada para facilitar la extracción). Este bloqueo se produce después de que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, haya firmado hace tres días la prohibición de esta práctica de aborto, aprobada por la Cámara de Representantes y por el Senado.

El bebé a las once semanas
Según informó ayer el diario «The New York Times», la decisión de estos tres jueces federales afecta a 900 clínicas repartidas por todos los estados de toda la nación. Por ello, los médicos que practiquen dichos abortos no se enfrentarán todavía a las penas de dos años que establece la ley recién aprobada por Bush.
Richard Casey, juez del distrito de Nueva York, ha admitido a trámite una demanda de la Federación Nacional del Aborto y varias asociaciones proabortistas de EE UU y Canadá. 2003-11-08
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Según revelan datos de la ONU, en el mundo se realizan más de 60 millones de abortos quirúrgicos al año, sin incluir abortos por píldoras y por el DIU. La suma de los realizados en el siglo XX supera al número de víctimas de todas las guerras y cada año equivale a diez holocaustos como el de los judíos durante la dominación nacional socialista. Estos son algunos de los datos que se han ofrecido en el I Congreso Internacional Provida celebrado el pasado fin de semana, en el que se han dado cita científicos, académicos y representantes de asociaciones de defensa de la vida.
2003-11-13 – LA RAZÓN. ESP.
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La regulación de la natalidad representa uno de los aspectos de la paternidad y la maternidad responsables. La legitimidad de las intenciones de los esposos no justifica el recurso a medios moralmente reprobables (p.e., la esterilización directa o la anticoncepción).
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Para facilitar la difusión del aborto, se han invertido y se siguen invirtiendo ingentes sumas destinadas a la obtención de productos farmacéuticos, que hacen posible la muerte del feto en el seno materno, sin necesidad de recurrir a la ayuda del médico. La misma investigación científica sobre este punto parece preocupada casi exclusivamente por obtener productos cada vez más simples y eficaces contra la vida y, al mismo tiempo, capaces de sustraer el aborto a toda forma de control y responsabilidad social.
Se afirma con frecuencia que la anticoncepción, segura y asequible a todos, es el remedio más eficaz contra el aborto. Se acusa además a la Iglesia católica de favorecer de hecho el aborto al continuar obstinadamente enseñando la ilicitud moral de la anticoncepción. La objeción, mirándolo bien, se revela en realidad falaz. En efecto, puede ser que muchos recurran a los anticonceptivos incluso para evitar después la tentación del aborto. Pero los contravalores inherentes a la « mentalidad anticonceptiva » —bien diversa del ejercicio responsable de la paternidad y maternidad, respetando el significado pleno del acto conyugal— son tales que hacen precisamente más fuerte esta tentación, ante la eventual concepción de una vida no deseada. De hecho, la cultura abortista está particularmente desarrollada justo en los ambientes que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción. Es cierto que anticoncepción y aborto, desde el punto de vista moral, son males específicamente distintos: la primera contradice la verdad plena del acto sexual como expresión propia del amor conyugal, el segundo destruye la vida de un ser humano; la anticoncepción se opone a la virtud de la castidad matrimonial, el aborto se opone a la virtud de la justicia y viola directamente el precepto divino « no matarás ».
A pesar de su diversa naturaleza y peso moral, muy a menudo están íntimamente relacionados, como frutos de una misma planta. Es cierto que no faltan casos en los que se llega a la anticoncepción y al mismo aborto bajo la presión de múltiples dificultades existenciales, que sin embargo nunca pueden eximir del esfuerzo por observar plenamente la Ley de Dios. Pero en muchísimos otros casos estas prácticas tienen sus raíces en una mentalidad hedonista e irresponsable respecto a la sexualidad y presuponen un concepto egoísta de libertad que ve en la procreación un obstáculo al desarrollo de la propia personalidad. Así, la vida que podría brotar del encuentro sexual se convierte en enemigo a evitar absolutamente, y el aborto en la única respuesta posible frente a una anticoncepción frustrada.
Lamentablemente la estrecha conexión que, como mentalidad, existe entre la práctica de la anticoncepción y la del aborto se manifiesta cada vez más y lo demuestra de modo alarmante también la preparación de productos químicos, dispositivos intrauterinos y « vacunas » que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano.
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La verdad de ese acto deriva de que es expresión de la entrega personal recíproca de los esposos, entrega que no puede menos de ser total, pues la persona es una e indivisible. En el acto que expresa su amor, los esposos están llamados a entregarse recíprocamente a sí mismos en la totalidad de su persona: nada de lo que constituye su ser puede quedar excluido de esta entrega. Esta es la razón de la ilicitud intrínseca de la anticoncepción: introduce una limitación sustancial dentro de esta entrega recíproca, rompiendo la «inseparable conexión» que existe entre los dos significados del acto conyugal, el unitivo y el procreativo, que el Papa Pablo VI indicaba como inscrita por Dios mismo en la naturaleza del ser humano (cf. Humanae vitae, 12).
En esta línea de reflexión, el gran Pontífice subrayaba con razón la «diferencia esencial» existente entre la anticoncepción y el recurso a los métodos naturales, para el ejercicio de una «procreación responsable». La diferencia es de orden antropológico, puesto que implica, en resumidas cuentas, dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana, irreconciliables entre sí (cf. Familiaris consortio, 32). En el pensamiento corriente con frecuencia los métodos naturales de regulación de la fertilidad se separan de la dimensión ética que les es propia, y se proponen en su aspecto meramente funcional. No es de extrañar, por tanto, que no se perciba la diferencia profunda que existe entre éstos y los métodos artificiales y, en consecuencia, se llegue a hablar de ellos como de una forma diversa de anticoncepción. Pero ciertamente no se deben considerar ni aplicar en esa perspectiva. Al contrario, la regulación natural de la fertilidad sólo en la lógica de la entrega recíproca entre el hombre y la mujer puede comprenderse rectamente y vivirse auténticamente como expresión cualificada de una real y mutua comunión de amor y de vida. Vale la pena reafirmar aquí que «la persona jamás ha de ser considerada un medio para alcanzar un fin; jamás, sobre todo, un medio de "placer". La persona es y debe ser sólo el fin de todo acto. Solamente entonces la acción corresponde a la verdadera dignidad de la persona» (Carta a las familias, Gratissimam sane, 12).
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Antes de analizar específicamente los puntos más preocupantes del Field Manual, es necesario recordar que se trata de una diferencia de fondo entre la concepción utilitarista de la sexualidad humana, unida al concepto de la salud reproductiva, y la perspectiva que ofrece la Iglesia en su respeto por la dignidad del hombre y de su sexualidad.[8] La antropología sexual, que se basa en la revelación divina, afirma que « el hombre y la mujer son creados, es decir, son queridos por Dios: por una parte, en una perfecta igualdad en tanto que personas humanas, y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer ».[9] Dios « los ha creado para una comunión de personas, en la que cada uno puede ser « ayuda » para el otro porque son a la vez iguales en cuanto personas (« hueso de mis huesos... ») y complementarios en cuanto masculino y femenino ».[10] Su vida conyugal está destinada a ser fecunda y a realizarse en la obra común de la custodia de la creación,[11] de conformidad con la justa generosidad de una paternidad‑maternidad responsable, según los criterios objetivos de la moralidad.[12] Por tanto, es necesario respetar el doble significado de la recíproca donación del hombre y de la mujer, abierta a la vida, en el matrimonio, que es contradicha por la anticoncepción promovida por la llamada « salud reproductiva ».
Los conocimientos científicos actuales permiten afirmar que la vida humana comienza en el momento de la fecundación. La razón está llamada, pues, a acoger bajo el aspecto filosófico y ético, el preeminente valor humano de la vida individual a partir de ese momento, y es una exigencia de la ley natural defenderla y tutelarla. Por esto la Iglesia, teniendo como fundamento la razón, además de la Revelación, confirma la obligación de respetar y tutelar el derecho a la vida de cada embrión humano y rechaza como inmoral toda acción que provoque el aborto o la manipulación.[13]
El Field Manual (en particular en el cap. IV) propone sin reservas, después de relaciones sexuales forzadas, el empleo de la llamada « anticoncepción de emergencia » –precedentemente llamada también « píldora del día después »– y la presenta como « anticonceptiva ». Pero la realidad es que no es sólo anticonceptiva, porque en caso de fecundación en acto se produciría un aborto químico procurado en los primeros días de embarazo. La OMS relativiza el estatuto biológico del embrión en los primeros días, llamándolo « pre-embrión », esto es, un cúmulo de células. Aquí tenemos un sofisma porque dicha denominación no corresponde a una base biológica precisa. La moral natural no puede aceptar el empleo de esta « anticoncepción de emergencia ».[14]
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La regulación de la natalidad
según la Tradición de la doctrina y de la práctica cristiana
1. La Encíclica Humanae vitae, demostrando el mal moral de la anticoncepción, al mismo tiempo, aprueba plenamente la regulación natural de la natalidad y, en este sentido, aprueba la paternidad y maternidad responsables. Hay que excluir aquí que pueda ser calificada de "responsable", desde el punto de vista ético, la procreación en la que se recurre a la anticoncepción para realizar la regulación de la natalidad. El verdadero concepto de "paternidad y maternidad responsables", por el contrario, está unido a la regulación de la natalidad honesta desde el punto de vista ético.
2. Leemos a este propósito: "Una práctica honesta de la regulación de la natalidad exige sobre todo a los esposos adquirir y poseer sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la familia, y también una tendencia a procurarse un perfecto dominio de sí mismos. El dominio del instinto, mediante la razón y la voluntad libre, impone, sin ningún género de duda, una ascética, para que las manifestaciones afectivas de la vida conyugal estén en conformidad con el orden recto y particularmente para observar la continencia periódica. Esta disciplina, propia de la pureza de los esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano más sublime. Exige un esfuerzo continuo, pero, en virtud de su influjo beneficioso, los cónyuges desarrollan íntegramente su personalidad, enriqueciéndose de valores espirituales..." (Humanae vitae, 21).
3. La Encíclica ilustra luego las consecuencias de este comportamiento no sólo para los mismos esposos, sino también para toda la familia, entendida como comunidad de personas. Habrá que volver a tomar en consideración este tema. La Encíclica subraya que la regulación de la natalidad éticamente honesta exige de los cónyuges ante todo un determinado comportamiento familiar y procreador: esto es, exige a los esposos "adquirir y poseer sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la familia" (Humanae vitae, 21). Partiendo de esta premisa, ha sido necesario proceder a una consideración global de la cuestión, como hizo el Sínodo de los Obispos del año 1980 ("De muneribus familiae christianae"). Luego, la doctrina relativa a este problema particular de la moral conyugal y familiar, de que trata la Encíclica Humanae vitae, ha encontrado su justo puesto y la óptica oportuna en el contexto total de la Exhortación Apostólica Familiaris consortio. La teología del cuerpo, sobre todo como pedagogía del cuerpo, hunde sus raíces, en cierto sentido en la teología de la familia y, a la vez, lleva a ella. Esta pedagogía del cuerpo, cuya clave es hay la Encíclica Humanae vitae, sólo se explica en el contexto pleno de una visión correcta de los valores de la vida y de la familia.
4. En el texto antes citado el Papa Pablo VI se remite a la castidad conyugal, al escribir que la observancia de la continencia periódica es la forma de dominio de sí, donde se manifiesta "la pureza de los esposos" (Humanae vitae, 21).
Al emprender ahora un análisis más profundo de este problema, hay que tener presente toda la doctrina sobre la pureza, entendida como vida del espíritu (cf. Gál 5, 25), que ya hemos considerado anteriormente, a fin de comprender así las respectivas indicaciones de la Encíclica sobre el tema de la "continencia periódica". Efectivamente, esa doctrina sigue siendo la verdadera razón, a partir de la cual la enseñanza de Pablo VI define la regulación de la natalidad y la paternidad y maternidad responsables como éticamente honestas.
Aunque la "periodicidad" de la continencia se aplique en este caso a los llamados "ritmos naturales" (Humanae vitae, 16), sin embargo, la continencia misma es una determinada y permanente actitud moral, es virtud, y por esto, todo el modo de comportarse, guiado por ella, adquiere carácter virtuoso. La Encíclica subraya bastante claramente que aquí no se trata sólo de una determinada "técnica", sino de la ética en el sentido estricto de la palabra como moralidad de un comportamiento.
Por tanto, la Encíclica pone de relieve oportunamente, por un lado, la necesidad de respetar en tal comportamiento el orden establecido por el Creador, y, por otro, la necesidad de la motivación inmediata del carácter ético.
5. Respecto al primer aspecto leemos: "Usufructuar (...) el don del amor conyugal respetando las leyes del proceso generador significa reconocerse, no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien administradores del plan establecido por el Creador" (Humanae vitae, 13). "La vida humana es sagrada" —como recordó nuestro predecesor de s. m. Juan XXIII en la Encíclica Mater et Magistra—, "desde su comienzo compromete directamente la acción creadora de Dios" (AAS 53, 1961; cf. Humanae vitae, 13). En cuanto a la motivación inmediata, la Encíclica "Humanae vitae" exige que "para espaciar los nacimientos existan serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges o de circunstancias exteriores..." (Humanae vitae, 16).
6. En el caso de una regulación moralmente recta de la natalidad que se realiza mediante la continencia periódica, se trata claramente de practicar la castidad conyugal, es decir, de una determinada actitud ética. En el lenguaje bíblico diríamos que se trata de vivir del espíritu (cf. Gál 5, 25).
La regulación moralmente recta se denomina también "regulación natural de la natalidad", lo que puede explicarse como conformidad con la "ley natural". Por "ley natural" entendemos aquí el "orden de la naturaleza" en el campo de la procreación, en cuanto es comprendido por la recta razón: este orden es la expresión del plan del Creador sobre el hombre. Y esto precisamente es lo que la Encíclica, juntamente con toda la Tradición de la doctrina y de la práctica cristiana, subraya de modo especial: el carácter virtuoso de la actitud que se manifiesta con la regulación "natural" de la natalidad, está determinado no tanto por la fidelidad a una impersonal "ley natural", cuanto al Creador-persona, fuente y Señor del orden que se manifiesta en esta ley.
Desde este punto de vista, la reducción a la sola regularidad biológica, separada del "orden de la naturaleza", esto es, del "plan del Creador", deforma el auténtico pensamiento de la Encíclica Humanae vitae (cf. Humanae vitae, 14).
El documento presupone ciertamente esa regularidad biológica, más aún, exhorta a las personas competentes a estudiarla y aplicarla de un modo aún más profundo, pero entiende siempre esta regularidad como la expresión del "orden de la naturaleza" esto es, del plan providencial del Creador, en cuya fiel ejecución consiste el verdadero bien de la persona humana.
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Contracepción y contraceptivos abortivos.
Se afirma con frecuencia que la anticoncepción, segura y asequible a todos, es el remedio más eficaz contra el aborto. Pero los contravalores inherentes a la "mentalidad anticonceptiva" son tales que hacen más fuerte esta tentación, ante la eventual concepción de una vida no deseada. De hecho, la cultura abortista está más desarrollada justo en los ambientes que promueven la anticoncepción.
Ciertamente la anticoncepción y el aborto, desde el punto de vista moral, son males
específicamente distintos. Pero en muchísimos casos están íntimamente relacionados, como losfrutos de una misma planta; tienen las mismas raíces. Así, la vida que puede brotar del encuentro sexual se convierte en el enemigo que hay que evitar absolutamente a través de la anticoncepción y si es necesario con el aborto.
La estrecha conexión que, como mentalidad, existe entre la práctica de la anticoncepción y la del aborto se manifiesta cada vez más en la preparación de productos químicos, dispositivos intrauterinos y "vacunas" que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerísimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano.
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En las sociedades actuales de Europa emergen tendencias que no sólo no contribuyen a defender esta fundamental institución humana, como es precisamente la familia, sino que también la atacan, haciendo más frágil su cohesión interior. Difunden una mentalidad favorable al divorcio, a la anticoncepción y al aborto, negando de hecho el auténtico sentimiento del amor y atentando en definitiva contra la vida humana, al no reconocer el pleno derecho a la vida del ser humano.
Ciertamente, son numerosos los ataques contra la familia y la vida humana, pero, gracias a Dios, son muy numerosas las familias que permanecen fieles, a pesar de las dificultades, a su vocación humana y cristiana. Reaccionan a los ataques de cierta cultura contemporánea hedonista y materialista, y se van organizando para dar juntas una respuesta llena de esperanza. La pastoral familiar es hoy una tarea prioritaria, y se registran signos de renovación y de un nuevo despertar de las conciencias en defensa de la familia. Me refiero aquí a algunas intervenciones legislativas, así como a oportunos incentivos para frenar el avance del invierno demográfico, que se nota mucho más en Europa. Aumentan los movimientos en favor de la familia y de la vida; se consolidan y constituyen una nueva conciencia social. Sí, los recursos de la familia son innumerables.
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“¿Cómo es posible imaginar un consejo o una confederación mundial cristiana, en la que cada uno de sus miembros pueda, hasta en materia de fe, conservar su sentir y juicio propio aún estos contradigan al juicio y sentir de los demás?... Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos... De esa diversidad de opiniones es fácil es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o "indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres... Porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual EL mismo la fundó para la salvación de todos... No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia... Vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y al esperanza de que La Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad, abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella...” [“Mortalium Animos”, ¿cómo fomentar la verdadera unidad de los cristianos?, de S.S. Pió XI, 1928]
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Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha colocado como Obispos [“episkopos”]: pastoreen la Iglesia del Señor, que ÉL [Jesucristo] adquirió con su propia sangre. 29Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño [y querrán acabar con La Iglesia]. 30De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas [deformarán la sana doctrina cristiana] e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. 31Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.” [San Pablo - Hechos Cap. 20]
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«La historia no está en manos de potencias oscuras, del azar o de opciones humanas» S. S. Benedicto XVI P.P.
«Ante el desencadenamiento de energías malvadas, ante la irrupción vehemente de Satanás, ante tantos azotes y males, se eleva el Señor, árbitro supremo de las vicisitudes de la historia».
«Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus "caminos", es decir, sus proyectos y sus "obras" eficaces».
«Esta intervención divina tiene un fin preciso: ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Las naciones deben aprender a "leer" en la historia un mensaje de Dios».
Para S. S. Benedicto XVI «la aventura de la humanidad no es confusa y carente de significado, ni está sometida a la prevaricación de los prepotentes y perversos» y, de hecho, «existe la posibilidad de reconocer la acción de Dios en la historia».
El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la constitución pastoral «Gaudium et spes», invita al creyente «a escrutar, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos para ver en ellos la manifestación de la acción misma de Dios».
«Esta actitud de fe lleva al ser humano a reconocer la potencia de Dios que actúa en la historia, y a abrirse así al temor del nombre del Señor», «temor» que no es «miedo», sino «el reconocimiento del misterio de la trascendencia divina».
«Gracias al temor del Señor no se tiene miedo del mal que irrumpe en la historia y se retoma con vigor el camino de la vida», repitiendo las últimas palabras de Jesús sobre la tierra: «¡Ánimo! yo he vencido al mundo».
Papa Juan XXIII, solía repetir: «el que cree no tiembla, pues el que cree no debe tener miedo del mundo ni del futuro».
S. S. Benedicto XVI P.P. 2005-05-11 – Vat. Roma – Italia
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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.
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“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.
2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.
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Lecciones de pobreza en Greccio
"Estando el bienaventurado Francisco en este mismo lugar, vino para celebrar con él la fiesta de la Navidad del Señor un ministro de los hermanos . Estos, con ocasión de la venida de este ministro y para honrarle, preparaban el mismo día de la Navidad una mesa cubierta de hermosos y blancos manteles que habían adquirido, y vasos de cristal para beber.
Cuando baja el bienaventurado Francisco de la celda para comer y ve la mesa elevada y adornada con refinamiento, se aleja sin ser visto y pide a un pobre, que había llegado aquel día al eremitorio, prestados el sombrero y el bastón que había llevado en sus manos. Llama silenciosamente a uno de sus compañeros y sale al exterior del eremitorio sin notarlo los otros hermanos. Estos se sentaron a la mesa sin esperarle; más que nada, porque el santo Padre los tenía habituados - y es lo que quería - a que, si el no llegaba puntualmente a la hora de la refección y los hermanos querían comer, comenzasen la comida. Su compañero cerró la puerta y quedó por dentro junto a ella.
El bienaventurado Francisco llamó, e inmediatamente el hermano le franqueó la entrada. Avanzó - el sombrero echado a la espalda y el bastón en la mano como un peregrino - hasta la puerta de la casa donde estaban comiendo los hermanos y dijo como suelen los mendigos: ´Por el amor de Dios, dad una limosna a este peregrino pobre y enfermo´.
El ministro, como los demás hermanos, lo reconocieron inmediatamente. El ministro respondió: "Hermano, también nosotros somos pobres, y, siendo muchos, nos son necesarias las limosnas que comemos. Pero, por el amor de aquel Señor a quien has invocado, entra y te daremos una porción de las limosnas que el Señor nos ha proporcionado". Entró y se quedó de pie frente a la mesa. El ministro le tendió la escudilla en que estaba comiendo y un trozo de su pan. Recibiólos y se sentó en el suelo junto al fuego y de cara a los hermanos, sentados ya a la mesa, que estaba elevada. Les dijo suspirando: ´Cuando he visto esta mesa suntuosa y refinada, he pensado que no era la mesa de los pobres religiosos que diariamente piden de puerta en puerta. Ciertamente, a nosotros nos toca dar ejemplo en todo de humildad y de pobreza más que los otros religiosos, pues a este género de vida hemos sido llamados y a él nos hemos comprometido delante de Dios y de los hombres. Ahora me parece que estoy sentado como debe estar un hermano´.
Quedaron avergonzados los hermanos, pues consideraban que les había dicho la verdad, y algunos se echaron a llorar amargamente viéndole sentado en el suelo y advirtiendo que les corregía tan santa y cuidadosamente."
Tomás de Celano: Leyenda de Perusa, n. 1579
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La Iglesia, desde el inicio, es católica,
esta es su esencia más profunda, dice Pablo.
El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice: "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005
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Anunciar la novedad liberadora del Evangelio a todos los hombres, unirse a ellos en todo lo que atañe a su existencia y expresa su humanidad, es el desafío permanente de la Iglesia. Esta misión, que la Iglesia ha recibido de su Señor hace 2000 años, va unida a todos los hombres de buena voluntad.
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Filosofía socrática - Tiempos de sofistas: En tiempos de argumentaciones sofísticas y predominio de la retórica y el halago a las masas sobre la verdad (acaso lo sean todos los tiempos), nada tan pertinente como volver al viejo sabio que nada sabía, a Sócrates, a la meditación sobre su vida y muerte. Especialmente, a la imperecedera Defensa que escribió Platón. La filosofía no sólo es necesaria para la vida, sino que es la verdadera vida, la vida correcta. Y puede aprenderse. Ella convierte todo en pregunta, pero niega que los muchos, en cuanto muchos, piensen. Busca ante todo la excelencia. ¿Hay entendidos en la excelencia humana, como los hay en las demás artes? La filosofía es la tensión (no la improbable posesión) hacia la Sabiduría absoluta. Al fin, Sócrates nos revela la existencia de dos morales, dos formas de vida, incluso dos políticas: una busca halagar a los muchos; la otra, obrar siempre bien. Y ya sabemos cuál fue la opción y el destino de Sócrates, magistralmente expuestos por Miguel García-Baró. El pensar es una tarea moral, santa. Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA – 2005.
El camino mas corto y seguro para vivir con honor en este mundo es ser en realidad lo que aparentamos. Todas las virtudes humanas se incrementan y fortalecen. SÓCRATES.
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“El gozo de un hombre sabio es ser humilde ante un idiota que parece ser inteligente”.
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“Lo más grave que ha sucedido en el siglo XX es la aceptación social del aborto provocado” Julián MARÍAS, filósofo + MMV.XII.XV
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καθολικος [kazolikós (pronunciando th como en inglés, o como la z española), que significa universal].
En los tres primeros siglos de la Iglesia, los cristianos decían "cristiano es mi nombre, católico mi sobrenombre". Posteriormente se usó el término "Católica", para distinguirse de quienes se hacían llamar cristianos, pero habían caído en herejías.
La Iglesia es católica porque la Fe de Jesucristo es católica: universal.
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BIBLIA: Admitimos que hubo algunos sacerdotes que sobrepasaron el límite de la prudencia al prohibir la lectura de la Biblia, no con intención de disminuir su importancia, sino para protegerla. Martín Lutero tuvo que admitir que sin la Iglesia católica él no hubiera tenido la Biblia (ver su Comentario sobre San Juan, 16).
Por siglos, el idioma universal de la Iglesia y del mundo occidental fue el latín. En todas las misas el sacerdote leía la Biblia en este idioma. Cuando el latín dejó de ser el idioma universal en el occidente, por tradición, las lecturas de la Biblia quedaron en latín pero los feligreses tenían los misales con la traducción en su propio idioma.
Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia al alemán, la Iglesia tenía ediciones completas o trozos de ella en 26 diferentes lenguas europeas, y en ruso. Por ejemplo, existía la Biblia Héxapla del año 240, la de Jerónimo, La Vulgata, del 390. Había además 30 ediciones de la Biblia completa en alemán antes de la
versión de Lutero en 1534(2), nueve antes de que él naciera. Había 62 ediciones de la Biblia, autorizadas por la Iglesia en Hebreo, 22 en griego, 20 en italiano, 26 en francés, 19 en flamenco, dos en español: la Biblia ALFONSINA (de "Alfonso el Sabio", año 1280) y la Biblia De la Casa de Alba (año 1430, AT)(3), seis en bohemio y una en eslavo, catalán y checo.(4)
La primera Biblia impresa, fue producida bajo los auspicios de la Iglesia católica- impresa por el inventor católico de la imprenta: Johannes (Juan) Gutenberg. La primera Biblia con capítulos y versículos numerados fue producida por la Iglesia católica, gracias al trabajo de Esteban Langton, Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. A pesar de esto acusan a la Iglesia de haber intentando la destrucción de la Biblia; si hubiera deseado hacer esto, tuvo 1500 años para hacerlo.
En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre "Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica.
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Dirigida por el Espíritu Santo, la Iglesia, como madre, no cesa de exhortar a sus hijos a la purificación y a la renovación para que brille con mayor claridad la señal de Cristo en el rostro de la Iglesia.
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Chesterton afirma: "Si alguien me pregunta, desde el punto de vista exclusivamente intelectual, por qué creo en el cristianismo, sólo puedo contestarle que creo en él racionalmente, obligado por la evidencia".
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A la luz de la fe no hay sólo «puros» o sólo «corruptos»: la condición humana y sus contradicciones nos unen a todos. Sólo Cristo está libre de pecado.
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«Señor, Tú lo sabes todo/ conoces mi debilidad, mi poca fe./ Enséñame a confiar,/ a no dudar nunca de Ti./ Y dame la gracia/ de poder consolar a cuantos se acerquen/ necesitados a mí». Claudio de Castro – 2006-02.03 Alfa y omega.
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CATOLICIDAD: La finalidad de la misión es una humanidad transformada en una glorificación viva de Dios, el culto verdadero que Dios espera: este es el sentido más profundo de la catolicidad, una catolicidad que ya nos ha sido donada y hacia la cual, sin embargo, debemos avanzar siempre de nuevo. Catolicidad no sólo expresa una dimensión horizontal, la reunión de muchas personas en la unidad; también entraña una dimensión vertical: sólo dirigiendo nuestra mirada a Dios, sólo abriéndonos a él, podemos llegar a ser realmente uno. Como san Pablo, también san Pedro vino a Roma, a la ciudad a donde confluían todos los pueblos y que, precisamente por eso, podía convertirse, antes que cualquier otra, en manifestación de la universalidad del Evangelio. Al emprender el viaje de Jerusalén a Roma, ciertamente sabía que lo guiaban las palabras de los profetas, la fe y la oración de Israel.
En efecto, la misión hacia todo el mundo también forma parte del anuncio de la antigua alianza: el pueblo de Israel estaba destinado a ser luz de las naciones. El gran salmo de la Pasión, el salmo 21, cuyo primer versículo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" pronunció Jesús en la cruz, terminaba con la visión: "Volverán al Señor de todos los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos" (Sal 21, 28). Cuando san Pedro y san Pablo vinieron a Roma, el Señor, que había iniciado ese salmo en la cruz, había resucitado; ahora se debía anunciar a todos los pueblos esa victoria de Dios, cumpliendo así la promesa con la que concluía el Salmo.
Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se transforma en unidad; unidad que, a pesar de todo, sigue siendo multiplicidad. Las palabras de san Pablo sobre la universalidad de la Iglesia nos han explicado que de esta unidad forma parte la capacidad de los pueblos de superarse a sí mismos para mirar hacia el único Dios.
El fundador de la teología católica, san Ireneo de Lyon, en el siglo II, expresó de un modo muy hermoso este vínculo entre catolicidad y unidad: "la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con esmero la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente, son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la tradición es una y la misma. Las Iglesias de Alemania no creen de manera diversa, ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de España, las de Francia, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco las Iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz de la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad" (Adversus haereses, I, 10, 2).
La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, el único Dios del cielo y de la tierra, se nos manifestó; porque la verdad esencial sobre nuestra vida, sobre nuestro origen y nuestro destino, se hizo visible cuando él se nos manifestó y en Jesucristo nos hizo ver su rostro, se nos reveló a sí mismo. Esta verdad sobre la esencia de nuestro ser, sobre nuestra vida y nuestra muerte, verdad que Dios hizo visible, nos une y nos convierte en hermanos. Catolicidad y unidad van juntas. Y la unidad tiene un contenido: la fe que los Apóstoles nos transmitieron de parte de Cristo.
Hemos dicho que catolicidad de la Iglesia y unidad de la Iglesia van juntas. El hecho de que ambas dimensiones se nos hagan visibles en las figuras de los santos Apóstoles nos indica ya la característica sucesiva de la Iglesia: apostólica. ¿Qué significa?
El Señor instituyó doce Apóstoles, como eran doce los hijos de Jacob, señalándolos de esa manera como iniciadores del pueblo de Dios, el cual, siendo ya universal, en adelante abarca a todos los pueblos. San Marcos nos dice que Jesús llamó a los Apóstoles para que "estuvieran con él y también para enviarlos" (Mc 3, 14). Casi parece una contradicción. Nosotros diríamos: o están con él o son enviados y se ponen en camino.
El Papa san Gregorio Magno tiene un texto acerca de los ángeles que nos puede ayudar a aclarar esa aparente contradicción. Dice que los ángeles son siempre enviados y, al mismo tiempo, están siempre en presencia de Dios, y continúa: "Dondequiera que sean enviados, dondequiera que vayan, caminan siempre en presencia de Dios" (Homilía 34, 13). El Apocalipsis se refiere a los obispos como "ángeles" de su Iglesia; por eso, podemos hacer esta aplicación: los Apóstoles y sus sucesores deberían estar siempre en presencia del Señor y precisamente así, dondequiera que vayan, estarán siempre en comunión con él y vivirán de esa comunión.
La Iglesia es apostólica porque confiesa la fe de los Apóstoles y trata de vivirla. Hay una unicidad que caracteriza a los Doce llamados por el Señor, pero al mismo tiempo existe una continuidad en la misión apostólica. San Pedro, en su primera carta, se refiere a sí mismo como "co-presbítero" con los presbíteros a los que escribe (cf. 1 P 5, 1). Así expresó el principio de la sucesión apostólica: el mismo ministerio que él había recibido del Señor prosigue ahora en la Iglesia gracias a la ordenación sacerdotal. La palabra de Dios no es sólo escrita; gracias a los testigos que el Señor, por el sacramento, insertó en el ministerio apostólico, sigue siendo palabra viva.
Con esto no queremos olvidar que el sentido de todas las funciones y los ministerios es, en el fondo, que "lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud", de modo que crezca el cuerpo de Cristo "para construcción de sí mismo en el amor" (Ef 4, 13. 16).
En este momento de la historia, lleno de escepticismo y de dudas, pero también rico en deseo de Dios, reconocemos de nuevo nuestra misión común de testimoniar juntos a Cristo nuestro Señor y, sobre la base de la unidad que ya se nos ha donado, de ayudar al mundo para que crea. Y pidamos con todo nuestro corazón al Señor que nos guíe a la unidad plena, a fin de que el esplendor de la verdad, la única que puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo.
El evangelio de este día nos habla de la confesión de san Pedro, con la que inició la Iglesia: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). He hablado de la Iglesia una, católica y apostólica, pero no lo he hecho aún de la Iglesia santa; por eso, quisiera recordar en este momento otra confesión de Pedro, pronunciada en nombre de los Doce en la hora del gran abandono: "Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 69). ¿Qué significa? Jesús, en la gran oración sacerdotal, dice que se santifica por los discípulos, aludiendo al sacrificio de su muerte (cf. Jn 17, 19). De esta forma Jesús expresa implícitamente su función de verdadero Sumo Sacerdote que realiza el misterio del "Día de la reconciliación", ya no sólo mediante ritos sustitutivos, sino en la realidad concreta de su cuerpo y su sangre.
En el Antiguo Testamento, las palabras "el Santo de Dios" indicaban a Aarón como sumo sacerdote que tenía la misión de realizar la santificación de Israel (cf. Sal 105, 16; Si 45, 6). La confesión de Pedro en favor de Cristo, a quien llama "el Santo de Dios", está en el contexto del discurso eucarístico, en el cual Jesús anuncia el gran Día de la reconciliación mediante la ofrenda de sí mismo en sacrificio: "El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo" (Jn 6, 51).
Así, sobre el telón de fondo de esa confesión, está el misterio sacerdotal de Jesús, su sacrificio por todos nosotros. La Iglesia no es santa por sí misma, pues está compuesta de pecadores, como sabemos y vemos todos. Más bien, siempre es santificada de nuevo por el Santo de Dios, por el amor purificador de Cristo. Dios no sólo ha hablado; además, nos ha amado de una forma muy realista, nos ha amado hasta la muerte de su propio Hijo. Esto precisamente nos muestra toda la grandeza de la revelación, que en cierto modo ha infligido las heridas al corazón de Dios mismo. Así pues, cada uno de nosotros puede decir personalmente, con san Pablo: "Yo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20).
Pidamos al Señor que la verdad de estas palabras penetre profundamente, con su alegría y con su responsabilidad, en nuestro corazón. Pidámosle que, irradiándose desde la celebración eucarística, sea cada vez más la fuerza que transforme nuestra vida. S. S. BENEDICTO XVI – P.P. 2005-06.29 - ZS05070104
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Jesús, Rey del universo. - Él es el Rey de bondad y donador de gracia que alimenta a su pueblo, y quiere reunirlo en torno a Él como un pastor que vela por su rebaño y recobra sus ovejas de todos los lugares donde estaban dispersas en los días de nubes y brumas (cf. Ez 34, 12).
Dos mil años de evangelización - En el monte de los Olivos, el día de la Ascensión, antes de subir al Padre, Jesús pronunció la profecía de la evangelización: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16, 15).
«En estas palabras está contenida la proclama solemne de la evangelización» Juan Pablo II. Los discípulos del divino Redentor acogieron esta consigna y desde entonces, a lo largo de la historia y en todos los meridianos del orbe, la Iglesia se torna católica catolizando, y no ha hecho otra cosa que ejecutar el mandato de su Señor: evangelizar. «Evangelizare Iesum Christum»: «Anunciar a Jesucristo» (cf. Ga 1, 16), como se expresa san Pablo con frase lapidaria y emblemática.
La Iglesia es en la historia una anticipación del reino de Dios, y lo demuestra también por ser católica, es decir, universal.
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Fe, verdad y tolerancia - Está muy extendida la pretensión de que la convivencia entre culturas exige (al menos, de la europea) la asunción del relativismo, y que la paz entre las religiones requiere el abandono de su pretensión de expresar la verdad. Se va difundiendo cada vez más la convicción de que sólo renunciando la fe cristiana a sus pretensiones de ser la verdad puede el cristianismo reconciliarse con la modernidad. ¿Es posible o deseable seguir manteniendo hoy día la pretensión de ser la verdad absoluta? ¿Cómo puede compaginarse esta pretensión con la búsqueda de la paz entre las religiones y entre las culturas? El libro de Ratzinger, hoy Benedicto XVI, contiene un esclarecedor planteamiento de estas preguntas y una excelente respuesta. La libertad no puede consistir en la destrucción de la verdad, sino que, por el contrario, es la verdad la fuente y la condición de la libertad. Y también de la paz. La aparente paradoja se desvanece si comprendemos que la verdad y el amor son idénticos. Ésta es, según Ratzinger, la suprema garantía de la tolerancia. 2005-08-23 Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA
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Estamos inmersos en un proceso tan vertiginoso, y en el que se mezclan tal cúmulo de intereses, que existe el gran peligro de falta de perspectiva y de reflexión. Nos limitamos a debatir cuestiones muy concretas como, por ejemplo, la clonación, cuando en realidad necesitamos centrarnos en la totalidad del proceso No podemos caer en la tentación de quedarnos en debates periféricos e intrascendentes, cuando lo que está en juego en la propia naturaleza humana La persona en ningún modo puede ser tratada como un “producto” o un objeto, sino como un ser con dignidad propia. La vida humana tiene un valor inconmesurable y sagrado. Y en este punto no cabe debate alguno. MMV.
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No puede haber un diálogo al precio de la verdad.
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Razón de la Encarnación: No dejar que el hombre fuese asediado por el pecado y entregado a la muerte
"Ya que es claro que el Creador del universo es providente hacia sus criaturas, aparece indudable e impugnable la razón de la Encarnación del Salvador. Ya que convenía a quien había diseñado el universo y había dado el ser a las cosas que no eran no dejar perecer la raza de los hombres, por la que había preparado todas las cosas que se ven. La tierra de hecho es el lugar donde viven, y tienen el cielo como techo; el aire, y el mar, los ríos y las fuentes y los fragmentos de las nubes y los rocíos y las auras, y además las plantas – las fructíferas y las infructíferas - y los animales – terrestres y alados y acuáticos y anfibios - y la infinita especie de las hierbas y las minas de los metales están al servicio del género humano; y todavía, el sol y la luna y la multitud de los astros, dividiendo el tiempo, lo distribuyen en partes iguales, y uno ilumina el día y llama al trabajo, y el otro, junto con los astros, tiene en suerte el trabajo de iluminar la noche. El Señor del Universo no considera justo dejar que aquél, por el que todas las cosas han sido hechas, fuese acechado del pecado y entregado como prisionero a la muerte. Y por ello el vistió la forma humana y cubrió la naturaleza invisible con la visible, y la visible la custodió sin pecado y conservó intacta la escondida; de hecho ni ésta participó de las pasiones de la carne, ni la carne participó de las manchas del pecado. [...] Así, cuando quiso dar a todos los hombres un remedio saludable, no se sirvió, como sus ayudantes, de los Ángeles o Arcángeles, ni del cielo emanó una voz sonora e adecuada a todos los hombres, sino que del útero de una virgen se construyó un habitáculo humano y de allí salió fuera, visto como un hombre y adorado como Dios, generado de la sustancia del Padre, antes del principio de los siglos, y tomando de la virgen el elemento visible, siendo al mismo tiempo nuevo y eterno."
Teodoreto, Curación de las enfermedades de los paganos (cfr. VI, 74–78)
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La búsqueda, más allá del alma, de lo inmutable - "Pregunta a la hermosura de la tierra, pregunta a la hermosura del mar, pregunta a la hermosura del aire dilatado y difuso, pregunta a la hermosura del cielo, pregunta al ritmo ordenado de los astros; pregunta al sol, que ilumina el día con fulgor; pregunta a la luna, que mitiga con su resplandor la oscuridad de la noche que sigue al día; pregunta a los animales que se mueven en el agua, que habitan la tierra y vuelan en el aire: a las almas ocultas, a los cuerpos manifiestos; a los seres visibles, que necesitan quien los gobierne, y los invisibles, que lo gobiernan. Pregúntales. Todos te responderán: «Contempla nuestra belleza.» Su hermosura es su confesión. ¿Quién hizo estas cosas bellas, aunque mudables, sino la belleza inmutable? Ya en el hombre mismo, para poder conocer y comprender a Dios, creador del universo entero; en el mismo hombre, repito, se hizo la pregunta a ambos componentes, al cuerpo y al alma. Preguntaban a lo que ellos mismos eran: al cuerpo que veían y al alma que no veían, pero sin la cual no podían ver aquél. Veían, en efecto, mediante el ojo, pero el que ve a través de esas ventanas estaba dentro. De esta manera, cuando se marcha quien la habita, la casa se derrumba; cuando se aleja el principio rector, cae lo regido, y por eso recibe el nombre de cadáver. ¿No están, acaso, intactos los ojos? Aunque estén abiertos, nada ven. Los oídos siguen ahí, pero se ausentó el que oía; la lengua permanece, pero se alejó el músico que la movía. Preguntaron, pues, a estas dos cosas, al cuerpo, que se ve, y al alma, que no se ve, y descubrieron que es mejor lo que no se ve que lo que se ve; que es superior el alma, que queda oculta, e inferior la carne, visible. Vieron ambas cosas, las analizaron, discutieron sobre ellas, y advirtieron que, en el hombre, una y otra eran mudables. Al cuerpo lo hace mudable la edad, la enfermedad, los alimentos; el descanso y el cansancio, la vida y la muerte. A continuación se ocuparon del alma que habían reconocido ser ciertamente superior, y que les causaba admiración a pesar de ser invisible; advirtieron que también ella era mutable, que ahora quiere y luego no, que ahora sabe y luego ignora, que ahora se acuerda y luego se olvida, que ahora tiene miedo y luego es atrevida, que ahora progresa en la sabiduría y luego se hunde en la necedad. Al verla mutable, la trascendieron también a ella y buscaron algo inmutable. De esta manera, por las cosas hechas llegaron a Dios, que las hizo."
San Agustín, Homilía 241: 2 – 3. Pascua, (¿411 A.D.?)
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VERITAS OMNIA VINCIT
LAUS TIBI CHRISTI.
!Salve oh María, la madre de nuestro Redentor y Maestro!
Gracias por venir a visitarnos
Iglesia de Cristo -fundada hace 2000 años, inmutable guardiana en la sucesión apostólica- de la Fe y la Tradición bíblica; anunciadora del Evangelio al orbe todo: por ello ‘Iglesia Católica’ y las puertas del infierno ni los ataques protestantes* podrán contra ella, porque Jesús de Nazareth así nos lo ha prometido. La Iglesia custodia la Palabra-que es manantial de bondad y gloria a todos los hombres de buena voluntad; domiciliada está en la colina vaticana–Roma, Italia, 2000 años ha.
*Protestantes: seguidores de Lutero, Calvino, o miles de nuevos predicadores,
alrededor de unas 35.000 sectas. 2007
Recomendamos vivamente: «Sinceridad y fortaleza» de José Antonio GALERA.
De espiritualidad PATMOS. –Nº 219- Ediciones RIALP S.A. Madrid.España
Recomendamos: ‘Título: Buscando a Dios’
Autor: Esther de Waal
Editorial: Sígueme
Recomendamos: Título: Repensar la ciencia
Autor: Natalia López Moratalla
Editorial: EIUNSA