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Gnosticismo.  (De gnóstico e -ismo).1. m. Doctrina filosófica y religiosa de los primeros siglos de la Iglesia, mezcla de la cristiana con creencias judaicas y orientales, que se dividió en varias sectas y pretendía tener un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas.

 

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En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre "Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica. No es cuestión de fe, de historia es materia.-

 

Dijo Jesús: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (San Juan, 8, 32). Hace veinticinco años (04/03/1979) lo recordaba Juan Pablo II: “Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: Conoceréis la verdad y la verdad os librará. Estas palabras encierran una exigencia y una advertencia: la exigencia de una relación honesta con la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundice en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo”. (Redemptor hominis, 12.3). “Veritatis Splendor”: (06/08/1993): “en algunas corrientes ateas del pensamiento moderno se ha llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla como la fuente de los valores”.

 

Si la Iglesia Católica no es "la fe entregada una vez a los santos" entonces, ¿cual de todas las sectas, grupos e iglesias protestantes, es depositaria de esa fe? La respuesta pública de un predicador bautista porteño fue “todas” (así respondió en Catholic. net). Al dicho bautista se le preguntó: ¿como que todas? Por ejemplo, me quiero bautizar con mi familia en la fe de Cristo, tengo un bebe de seis meses ¿lo puedo bautizar?. Veamos: doctrina según ‘luteranos’ si; ‘calvinistas’ no; ‘bautistas’ en Nueva York, no en Birmingham Alabama, etc. etc. Conclusión: mejor me hago zoroástrico, puesto que vosotros los cristianos, no sabéis ni lo que dijo Cristo; o sea, cada secta bajo ‘sola scriptura’ enseña cualquier cosa.

 

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Gnoseología. (Del gr. γνσις, -εως, conocimiento, y  -logía).1. f. Fil. Teoría del conocimiento.2. f. epistemología.

 

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La verdad es que los evangelios gnósticos son de una lucidez extraordinaria pero ¿no le parece que les falta el "alma", es decir son un tanto fríos en relación con los canónicos de la Iglesia Católica?

 

A decir verdad ni me parecen lúcidos ni interesantes salvo para especialistas. Y sí, comparados con los incluidos en el Nuevo Testamento... es que no tienen punto de comparación.

 

¿Qué le respondería a aquella persona que declara inventadas las Sagradas Escrituras, fruto de la necesidad angustiosa del hombre de querer conocer su origen y su fin?

 

Yo creo que no son un fruto sino la solución a esa necesidad angustiosa. Por otro lado, habría que ser tonto de remate –además de genial– para ir inventando durante siglos una mentira que sumar a la angustia ya sentida.

 

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suicidio de Judas.

 

«Interesante, pero no esencial» - El especialista germano Thomas Soeding, integrante de la comisión bíblica papal, señaló que desde el punto de vista histórico-religioso el texto era interesante, pero no sensacional. «El texto no nos entrega nuevas evidencias sobre el apóstol Judas o la muerte de Jesús en la cruz», aseguró Soeding a Dpa. Según el investigador, el texto muestra «una faceta de la devoción en los siglos III y IV al interior del Movimiento Gnosis». El punto débil es la historia del hallazgo, según Soeding. No está claro de dónde procede originalmente el texto, traducción al copto del original griego, dijo. Sobre este texto ya habló el obispo de Lyon Ireneo en el año 180. «Lo especial es que por primera vez el texto está presente». 2006-04-07 ´ABC´-ESP.

 

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De un supuesto evangelio apócrifo de Judas, habló en torno a 180 después de Cristo Ireneo de Lyón («Contra los Herejes» l, 31,1). Más tarde, también Epifanio y un pseudo Tertuliano hablaron de ello. Según estas fuentes, el evangelio apócrifo de Judas debía ser un texto griego de origen gnóstico, escrito por la secta de los cainitas, a mediados del siglo II.

 

 

Fotografía parte del texto del apócrifo de Judas. 

 

La secta gnóstica de los cainitas daba un valor positivo a todas las figuras negativas de las escrituras judías y cristianas, como la serpiente tentadora, Caín (de ahí su nombre), Esaú y Judas. El descubrimiento de este manuscrito es de todos modos muy interesante, desde el punto de vista del conocimiento de la literatura paleocristiana.

 

 

El «Evangelio de Judas» Gnóstico


Entrevista al padre Thomas Williams, decano de Teología

ROMA, jueves, 6 abril 2006.- «National Geographic» ha anunciado su intención de publicar una traducción en varios idiomas de un antiguo texto llamado «El Evangelio de Judas» a finales de este mes.

El manuscrito de 31 páginas, escrito en copto, hallado en Ginebra en 1983, no aparece hasta ahora traducido en las lenguas modernas.

Zenit ha pedido al padre Thomas D. Williams L.C., decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina «Apostolorum de Roma», que comente la importancia de este descubrimiento.

--¿Qué es el Evangelio de Judas?

--Padre Williams: Aunque el manuscrito todavía debe ser autentificado, probablemente es un texto del IV o V siglo, una copia de un documento anterior, redactado por la secta gnóstica de los Cainitas.

El documento presenta a Judas Iscariote de manera positiva y le describe obedeciendo a la orden divina de entregar a Jesús a las autoridades para la salvación del mundo.

Puede ser una copia del «Evangelio de Judas» citado por san Ireneo de Lyón en su obra «Contra las herejías», escrita en torno al año 180.

--Si es auténtico, ¿supone algún desafío a la fe de la Iglesia católica? ¿Sacudirá los cimientos del cristianismo, como sugieren algunas notas de prensa?

--Padre Williams: Ciertamente no. Los evangelios gnósticos, hay muchos más, no son documentos cristianos en sí, ya que proceden de una secta sincretista que incorporó elementos de diferentes religiones, incluyendo el cristianismo.

Desde el momento de su aparición, la comunidad cristiana rechazó estos documentos por su incompatibilidad con la fe cristiana.

El «Evangelio de Judas» sería un documento de este tipo, que tendría gran valor histórico, ya que contribuye a nuestro conocimiento del movimiento gnóstico, pero no supone ningún desafío para el cristianismo.

--¿Es verdad que la Iglesia ha tratado de encubrir este texto y otros documentos apócrifos?

--Padre Williams: Estos son inventos hechos circular por Dan Brown, el autor de «El Código Da Vinci» y otros autores que apoyan la teoría de la conspiración.

Usted puede ir a cualquier librería católica y obtener una copia de los evangelios gnósticos. Los cristianos no creen que sean verdaderos pero no hay ningún intento de esconderlos.

--Pero, ¿no cree que un documento así pone en tela de juicio las fuentes cristianas, en particular los cuatro evangelios canónicos?

--Padre Williams: Recuerde que el gnosticismo surgió a mediados del siglo II, y el «Evangelio de Judas», si es auténtico, probablemente se remonta a finales del siglo II.

Sería como si yo me pusiera a escribir ahora un texto sobre la Guerra Civil de los Estados Unidos y los presentara como una fuente histórica primaria de esa Guerra. El texto podría no haber sido escrito por un testigo presencial, como en cambio lo son al menos dos de los evangelios canónicos.

--¿Por qué estaban tan interesados en Judas los militantes en el movimiento gnóstico?

--Padre Williams: Una de las mayores diferencias entre las creencias gnósticas y el cristianismo se refiere a los orígenes del mal en el universo.

Los cristianos creen que un Dios bueno creó un mundo bueno, y que por el abuso del libre albedrío, el pecado y la corrupción entraron en el mundo y produjeron desorden y sufrimiento.

Los gnósticos atribuyen a Dios el mal en el mundo y afirman que creó el mundo de un modo desordenado. Por esto, son partidarios de la rehabilitación de figuras del Antiguo Testamento como Caín, que mató a su hermano Abel, y Esaú, el hermano mayor de Jacob, que vendió sus derechos de primogenitura por un plato de lentejas.

Judas entra perfectamente en la visión gnóstica que muestra que Dios quiere el mal del mundo.

 

Una fotografía del texto del apócrifo de Judas. 



--Pero ¿no cree que la traición de Judas fue un elemento necesario del plan de Dios, como sugiere el texto, para que Cristo diera su vida por los hombres?

--Padre Williams: Siendo ominisciente, Dios conoce perfectamente nuestras elecciones tiene en cuenta incluso nuestras decisiones equivocadas en su plan providencial para el mundo.

En su último libro «Memoria e identidad», Juan Pablo II reflexionaba elocuentemente sobre cómo Dios sigue obteniendo bien incluso del peor mal que el hombre pueda producir.

Esto no significa, sin embargo, que Dios desee que hagamos el mal, o que buscaba que Judas traicionara a Jesús. Si no hubiera sido Judas, hubiera sido otro cualquiera. Las autoridades habían decidido que Jesús debía morir y era ya sólo cuestión de tiempo.

--¿Cuál es la posición de la Iglesia respecto a Judas? ¿Es posible «rehabilitarlo»?

--Padre Williams: Si bien la Iglesia católica cuenta con un proceso de canonización por el que declara que algunas personas están en el cielo, como los santos, no prevé un proceso de este tipo para declarar que una persona está condenada.

Históricamente, muchos pensaron que Judas está probablemente en el infierno, debido al severo juicio de Jesús: «Hubiera sido mejor para ese hombre no haber nacido», se puede leer en el Evangelio de Mateo (26, 24). Pero incluso estas palabras no son una evidencia concluyente respecto a su suerte.

En su libro de 1994, «Cruzando el umbral de la esperanza», Juan Pablo II escribió que estas palabras de Jesús «no aluden a la certeza de la condena eterna».

--Pero si hay alguien que merece el infierno, ¿no sería Judas?

--Padre Williams: Seguramente mucha gente merece el infierno, pero debemos recordar que la gracia de Dios es infinitamente más grande que nuestra debilidad.

Pedro y Judas cometieron faltas parecidas: Pedro negó a Jesús tres veces, y Judas lo entregó. Y ahora Pedro es recordado como un santo y Judas simplemente como el traidor.

La principal diferencia entre los dos no es la naturaleza o gravedad de su pecado sino más bien la voluntad de aceptar la gracia de Dios. Pedro lloró sus pecados, volvió con Jesús, y fue perdonado. El Evangelio describe a Judas ahorcándose desesperado.

--¿Por qué está despertando tanto interés el «Evangelio de Judas»?

--Padre Williams: Estas teorías sobre Judas no son ciertamente nuevas. Baste recordar la ópera rock de 1973, «Jesucristo Superstar», en la que Judas canta «Realmente no he venido aquí por mi propia voluntad», o la novela de Taylor Caldwell, de 1977, «Yo, Judas».

El enorme éxito económico de «El Código da Vinci» ha abierto sin duda la caja de Pandora y ha dado incentivos monetarios a teorías de este tipo.

Michael Baigent, autor de «Sangre Santa, Santo Grial», ahora ha escrito el libro «The Jesus Papers» (Los documentos de Jesús) en el que recicla la vieja historia de que Jesús sobrevivió a la crucifixión.

Y un nuevo estudio «científico» recién publicado afirma que las condiciones meteorológicas podrían haber hecho que Jesús caminara sobre un pedazo de hielo flotante en el Mar de Galilea, cuando el Evangelio dice que caminaba sobre el agua.

Básicamente, para quienes rechazan tajantemente la posibilidad de los milagros, cualquier teoría, por extraña que pueda ser, es mejor que las afirmaciones cristianas. ZS06040608- zenit

 

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La gnosis no es cristianismo, sino doctrinas secretas, simbólicas o esotéricas, para iniciados y élites.

 

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El evangelio de Judas y las «nuevas» revelaciones sobre Jesús

El 9 de abril del 2006, National Geographic estrenó un documental sobre «El Evangelio prohibido de Judas», preguntándose si esta nueva revelación no pondría en tela de juicio las creencias cristianas en general y a la Iglesia católica en particular.

Este manuscrito, formado por 13 planchas de papiro antiquísimo (26 páginas), fue encontrado en el año 1978 en Egipto, a orillas del río Nilo en la zona de Al-Minya, pero fue pasando por varias manos, hasta que se hizo público el pasado 6 de abril en Washington.

El manuscrito fue sacado ilegalmente de Egipto y permaneció durante casi 20 años guardado en un banco de Long Island, en Nueva York, sin que se advirtiera la importancia del hallazgo, hasta que en el 2002, una fundación suiza lo compró y financió la restauración del mismo. La organización quiso venderlo a varios museos, pero por su salida ilegal no pudo hacerlo y decidió hacer un acuerdo con la National Geographic para su divulgación internacional, y así llega hasta nosotros.

 

¿Cuál es su origen?

Hay importantes datos que pasan inadvertidos para muchos «especialistas» que nos hablan de la «nueva revelación». Y es que, este hallazgo es una traducción copta del siglo IV d.C., de un original anterior escrito en griego entre el 180 y el 190 d.C. O sea que el original es de finales del siglo II y también sabemos que no es cristiano, sino un escrito de sectas gnósticas, cuyas doctrinas saltan a la vista en el texto.

 

El mismo Ireneo de Lyon lo menciona en su obra Adversus Haereses (s. II), atribuyendo este «evangelio de Judas» a la secta gnóstica de los cainitas (A.H. 1,31,1). En el siglo II en esas zonas rendían culto a Caín (el primer asesino) y también a la Serpiente (Ofitas).

Stephen Emmel, profesor de paleografía copta de la Universidad de Münster y estudioso del manuscrito, afirmó que una vez analizado, será enviado al museo de El Cairo en Egipto en forma permanente.

Este manuscrito es muy importante para la historia de las religiones, como fue el resto de los escritos gnósticos hallados en Nag Hammadi en 1945 y probablemente sea uno de los tantos que se extravió en aquel primer hallazgo de textos gnósticos en Egipto. Vale mucho más para la historia de la teología y para conocer el gnosticismo del siglo II que para revelar algún secreto sobre el cristianismo primitivo o sobre Jesús de Nazareth.

Entenderlo como un documento sobre verdades cristianas, es tan ingenuo como si dentro de 2000 años encontraran el Código Da Vinci o un libro de la delirante «Metafísica Cristiana New Age» de Conny Méndez y se dijera que eran textos cristianos porque hablan de Jesús y buscaran encontrar en ellos lo que creían los católicos del año 2006. Estarían muy lejos de la realidad.

Además el género literario parece que no lo tienen en cuenta, lo quieren leer como si estuviera escrito al estilo de la historia moderna y el texto tiene casi 1800 años. ¿Ingenuidad o rentabilidad?

 

El «boom» de los Evangelios Apócrifos

En los últimos años ha resurgido un gran interés por documentos antiguos y por la literatura apócrifa, y mucho de ello se debe a una búsqueda ingenua de querer encontrar en estos escritos algunas verdades misteriosas que las iglesias habrían ocultado por miedo a que alguien descubriera «la verdad sobre Jesús» o que «la Iglesia se derrumbe en sus creencias». Muchos piensan que porque se llamen «evangelios» y aparezca el nombre de un «apóstol» ya eso acreditaría su autenticidad. Pero esto es por falta de información histórica al respecto.

A todo el mundo le gusta que le cuenten la versión «no oficial» o «no autorizada» de los hechos. Lo «no dicho», lo oculto, aunque sea inexistente, suena interesante y atractivo. Lo misterioso y extraño tiene mayor público que los buenos libros de historia, como sucede con los divagues de Dan Brown y sus novelas pseudohistóricas.

Muchos han afirmado que el estreno mundial del documental sobre «Judas» en el comienzo de la Semana Santa y a un mes del estreno del Código Da Vinci, sea una estrategia sensacionalista de marketing. Y es probable.

 

Distinguiendo un poco

Los cuatro evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son los aceptados por el cristianismo (no solo por católicos, sino por todas las iglesias cristianas) como fuente cierta y segura de revelación desde comienzos del siglo II hasta hoy y se les llama canónicos.

En cambio se llaman apócrifos — a veces peyorativamente- a los considerados como ajenos a la tradición cristiana. Sin embargo el término apócrifo ( <!— /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman";} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} —> apokrypto: oculto) fue usado por los mismos autores de estos textos «ocultos», dando a entender su perfil esotérico, reservado a una elite de iniciados en sus misteriosas doctrinas. No se les llamó ocultos por estar escondidos, sino por su origen esotérico y luego se hizo costumbre identificar apócrifo con no canónico, no inspirado, etc.

 

Los cuatro evangelios canónicos (que son regla de fe para los cristianos, y son considerados como inspirados) de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, fueron escritos entre el año 50 y el 95 según los estudios más recientes. Estos escritos pertenecen a las comunidades cristianas de los primeros testigos y tienen un origen apostólico y eran de uso generalizado (católico=universal) en los primeros siglos de la era cristiana. No fueron cambiados ni corregidos, y esto lo sabemos porque se dispone de gran cantidad de copias y traducciones hechas en la antigüedad. También se poseen escritos de autores de los primeros siglos que citan y comentan estos textos, lo cual nos permite comparar y ver la fidelidad en la trasmisión hasta nuestros días. No sería posible ocultar algo que fue dado a conocer desde el principio. Además, el criterio de canonicidad tiene que ver con el serio conocimiento del origen de tal o cual evangelio como vinculado directa y realmente a un Apóstol o discípulo del mismo, acreditado a su vez por las otras comunidades cristianas que servían de referentes por estar conectadas también con un origen apostólico.

En el Concilio de Trento (s. XVI) se define dogmáticamente el canon actual de la Biblia, pero ya desde el siglo IV hay elencos completos de los libros canónicos (Concilio de Cartago, 397), y el decreto Gelasiano del Sínodo de Roma, 383, es el primer documento romano autorizado con la lista completa del canon. Ya a finales del siglo II, Ireneo de Lyon defiende la canonicidad de los cuatro evangelios canónicos frente a las sectas gnósticas. Por lo tanto, ya en los comienzos de la Iglesia, los cuatro evangelios canónicos y las cartas de san Pablo ya eran considerados como auténticamente inspirados y de autoridad apostólica.

 

En la época del Canon Muratoriano-1- que data aproximadamente del 190 DC- el reconocimiento de los cuatro evangelios como canónicos y la exclusión de textos gnósticos era un proceso que se encontraba ya sustancialmente completo.

En torno al Antiguo Testamento, en el siglo XVI la «reforma protestante» en una deseada vueltas a las fuentes acepta el canon de la Biblia hebrea, que no contiene algunos libros que si tiene la traducción griega (LXX), que era la que se usaba en la primitiva comunidad apostólica. Si bien la Biblia católica incluye 7 libros más del Antiguo Testamento en comparación con las protestantes, en torno al Nuevo Testamento todas las tradiciones cristianas siempre se mantuvieron los 27 libros canónicos que hoy conocemos.

 

Obviamente que los textos gnósticos, por no ser cristianos nunca formaron parte de la lista de libros revelados y auténticos entre los cristianos de todos los tiempos.

 

No hay nada oculto

Por otra parte, existen otros escritos posteriores, escritos entre el s. II y el IV, los cuales tienen por autores a miembros de distintas sectas gnósticas de la antigüedad y de otros grupos pseudocristianos, cuyos textos fueron llamados también «evangelios» y bajo pseudoepígrafes de Apóstoles —sin conexión histórica con los mismos-, como: «Tomás», «Pedro, «María Magdalena», «Santiago», «Felipe», «Andrés», «Judas», etc. ¿Qué quiere decir esto? Que usaban el nombre de un apóstol para darle mayor autoridad a esos textos tardíos, y no tenían ninguna relación con las comunidades apostólicas. Y obviamente no fueron escritos por los apóstoles que murieron en el siglo I.

 

Estos textos fueron rechazados por las comunidades cristianas desde sus comienzos, ya que sus contenidos además de ser bastante fantasiosos sobre la vida de Jesús (acomodados a las doctrinas gnósticas y esotéricas con un Jesús lejano al histórico) eran irreconciliables con lo transmitido oralmente y por escrito en las primeras comunidades cristianas. Sólo unos pocos escritos apócrifos judeocristianos —algunos contaminados de gnosticismo— influyeron en la liturgia, en historias populares, y en el arte, pero nunca entraron en el canon. Aunque se los llame ocultos (apócrifos), no están escondidos en ninguna parte, ya que se pueden adquirir, hace ya varios años, en cualquier librería que tenga textos religiosos.

 

Y los originales tampoco están en algún lugar secreto del Vaticano —como afirma la película Estigma-, sino en diferentes museos, como el evangelio apócrifo «de Tomás», que está en el Museo de El Cairo (Egipto) desde su hallazgo en 1945. Cualquiera los puede leer, pero la Iglesia nunca los aceptará como regla de fe, ya que estos no fueron aceptados desde el principio y no son fuente de revelación para el cristianismo, sencillamente porque no transmiten la fe de los Apóstoles, sino un Jesús reinventado por las sectas gnósticas y esotéricas que mezclaban doctrinas de religiones orientales con la fe de la Iglesia primitiva y elementos de la literatura apocalíptica judía (apócrifa).

Sencillamente no son evangelios cristianos, aunque se llamen «evangelios», ni tienen por autor a ningún apóstol o sucesor directo del mismo. No es como muchos creen que en la época postapostólica andaban cientos de evangelios circulando entre las comunidades. Porque todos estos textos apòcrifos son muy posteriores.

 

Los Primeros Cristianos y los Evangelios

En la tradición cristiana existen también textos primitivos, de autores de gran importancia, que no fueron rechazados y se usaron para la enseñanza. Sin embargo no entraron en el canon y son poco conocidos. Muchos de ellos nos muestran interesantes datos sobre el cristianismo primitivo, sus celebraciones, sus creencias y enseñanzas, y no por ello se los integró al canon de la Biblia, ni tampoco se los escondió en ningún lado (Didakhé o Enseñanza de los Apóstoles, Pastor de Hermas, Carta de Bernabé, 1ª Clemente (96 d.C), etc.)

Si leemos a un gran escritor sirio de la antigüedad como Taciano (110 -?), quien en el siglo II escribió el Diatessaron -2-(una vida de Jesús que mezcla los evangelios que conocía), constataremos al leerlo, que sus únicas fuentes son los cuatro evangelios que hoy llamamos canónicos y algunos escritos no canónicos de origen judeocristiano. En sus escritos, la humanidad y divinidad de Cristo, así como su mensaje, están tal cual los conocemos por la tradición cristiana. Y eso que Taciano fue excomulgado por hereje por pasarse al gnosticismo de los marcionitas, llegando a liderar una secta conocida como encratitas.

 

Siendo el Diatessaron la historia más antigua que se conoce sobre Jesús y de un autor no ortodoxo, está apoyada fundamentalmente en los Evangelios auténticamente apostólicos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Es importante resaltar, contra nuestra curiosidad por el género biográfico, que los evangelistas no quisieron escribir una biografía de Jesús, no fue ésta su intención. Ellos entregaban a sus comunidades la verdad del acontecimiento Jesucristo como fundamento de su fe, el testimonio de lo vivido y la enseñanza concerniente a la salvación. Su objetivo no fue hacer un documental, sino testimoniar y transmitir lo recibido fielmente. Como acertadamente escribe Jesús Álvarez M: «La fe de los evangelistas no inventa los hechos. Les busca el sentido y los interpreta. La misma fe les obligaba a la más estricta fidelidad a los hechos. Incluso llegaron a morir por ella».

 

Con razón decía Pascal: «Creo de buen grado las historias de cuyos testigos se dejan degollar».

Conclusión: La iglesia no ocultó ningún evangelio, simplemente descartó desde sus orígenes aquellos escritos que no tenían origen apostólico y cuyas historias fantásticas contrastaban con los textos más antiguos. Los verdaderos evangelios para el cristianismo son los que encontramos en la Biblia (Marcos, Mateo, Lucas y Juan), son los más antiguos y no fueron modificados.

 

Quiénes eran los gnósticos y qué creían

Para comprender el origen y la doctrina de estos textos tardíos conocidos como «evangelios gnósticos» encontrados en Nag Hammadi (Egipto), es necesario introducirnos brevemente en el movimiento que les dio origen, y así comprender el rechazo cristiano por estos textos, como su no vinculación con el Jesús histórico.

 

El gnosticismo (gnosis: conocimiento) es un movimiento espiritual pre-cristiano fruto del sincretismo de elementos iranios con otros mesopotámicos, de escuelas filosóficas griegas como el platonismo y el pitagorismo, y de la tradición apocalíptica judía. «Estalla públicamente a mediados del siglo II como una tendencia poderosa e identificable con numerosos maestros, diversidad de escuelas y amplia expansión (Palestina, Siria, Arabia, Egipto, Italia y la Galia)» (García Bazán). Se caracterizan por buscar la salvación a través del conocimiento reservado a unos pocos y por un marcado dualismo cosmológico y antropológico. No buscaban un conocimiento de tipo intelectual, sino espiritual e intuitivo, a saber: el descubrimiento de la propia naturaleza divina, eterna, escondida y encerrada en la cárcel del cuerpo y la psique. Un conocimiento reservado a una élite de hombres «espirituales».

 

Con el nacimiento del cristianismo, tomará contacto con éste y dará lugar a una larga lista de sectas que mezclaban elementos gnósticos y cristianos, confundiendo a las mismas comunidades cristianas (como hoy pasa con la literatura New Age).

Los llamados «Evangelios Gnósticos» encontrados en Nag Hammadi y el de Judas son producto de estas sectas, que son posteriores a la época apostólica y no tienen un origen verdaderamente cristiano, de ahí que no se los reconozca como auténticos evangelios. Sin embargo son un importante hallazgo para conocer el gnosticismo de esa época.

 

El gnosticismo antiguo, aunque no era homogéneo en sus doctrinas, tenía un importante desprecio por el mundo material y por el cuerpo.

 

Los gnósticos creían que el mundo material en el que vivimos es una catástrofe cósmica y que de alguna manera, chispas de la divinidad han caído, quedando atrapadas en la materia y necesitan escapar y volver a su origen. El escape de la materia lo logran cuando adquieren conciencia cabal de su situación y de su origen divino, este conocimiento es la «gnosis». Por lo tanto la única forma de salvación no es por obra de Dios, sino por la adquisición de la propia conciencia de tener en sí la «chispa divina». Muchas de estas doctrinas como una «autosalvación», «autodivinización», reencarnación, cierto panteísmo, y la diferenciación entre Jesús y Cristo como realidades separadas, vuelven a aparecer en los movimientos new agers como la Metafísica Cristiana de Conny Mendez, Los Ishayas, y las modernas sectas gnósticas y esotéricas. Una realidad que a muchos cristianos les pasa desapercibido, debido al uso de un confuso lenguaje esotérico con barniz cristiano, por parte de estos grupos.

 

Es preciso resaltar que las creencias gnósticas son fuertemente anticristianas y niegan la encarnación del Verbo, la muerte y resurrección de Jesús, además de tener una pesimista visión del mundo. Es gracias al testimonio de muchos escritos cristianos contra los gnósticos que conocemos muchas de sus creencias. Los dogmas proclamados por el cristianismo primitivo se fijaron para salvar la fe original de la contaminación de ideas gnósticas que comenzaron a proliferar en el mundo helenístico y dentro del imperio romano entre los siglos II al V d.C. Estas sectas y creencias gnósticas son los autores de los llamados «evangelios gnósticos» con los que algunos se ilusionan en encontrar algo más original que lo que sabemos de Jesús, pero para su decepción estos textos no son cristianos, y son muy posteriores a los cuatro que la Iglesia aceptó como auténticos. Eso sí, muchos gnósticos —al igual que algunas sectas de hoy- se autoproclamaban los «verdaderos cristianos», de ahí la confusión de muchos ante el estratégico uso de la terminología cristiana con contenidos y sentidos ajenos a la revelación bíblica.

 

Tampoco es cierto que el gnosticismo fuera un cristianismo marginal, sino que existía una mutua desacreditación como dos religiones enemigas. No solo los cristianos rechazaban a los gnósticos por tergiversar el mensaje y la vida de Jesús con doctrinas orientales y filosofías extrañas, sino que los gnósticos también rechazaban y atacaban a los cristianos ortodoxos por considerarlos seres inferiores espiritualmente. El ataque era mutuo, solo que el gnosticismo por su naturaleza sincretista de mezclar elementos de cualquier religión, asimilaba lo cristiano a su manera y da impresión de tolerante. Alcanza con leer los mutuos ataques doctrinales de aquella época. El mismo historiador Paul Johnson escribe: «Los grupos gnósticos se apoderaron de fragmentos del cristianismo, pero tendieron a desprenderlos de sus orígenes históricos. Estaban helenizándolo, del mismo modo que helenizaron otros cultos orientales (a menudo amalgamando los resultados)...» Pablo luchó esforzadamente contra el gnosticismo pues advirtió que podía devorar al cristianismo y destruirlo. En Corinto conoció a cristianos cultos que había reducido a Jesús a un mito. Entre los colosenses halló a cristianos que adoraban a espíritus y ángeles intermedios. Era difícil combatir al gnosticismo porque, a semejanza de la hidra, tenía muchas cabezas y siempre estaba cambiando. Por supuesto, todas las sectas tenían sus propios códigos y en general se odiaban unas a otras. En algunas confluían la cosmogonía de Platón con la historia de Adán y Eva, y se la interpretaba de diferentes modos: así, los ofitas veneraban a las serpientes... y maldecían a Jesús en su liturgia...» (Historia del cristianismo).

 

Es un anacronismo imaginar que los gnósticos eran tolerantes y pluralistas por ser sincretistas, sino que eran dogmáticos en su propia doctrina.

 

Una mirada al manuscrito gnóstico de «Judas»

En el evangelio gnóstico de Judas, Jesús le dice que será el encargado de liberarlo de su cuerpo, con un claro desprecio del mismo y marcando la identidad de Jesús como un ser puramente espiritual, revestido provisoriamente de materia. En estas referencias se hace explícita la mentalidad gnóstica contra el cuerpo y la consecuente negación de la salvación en el sentido cristiano original.

En los versículos se observa claramente la tendencia al elitismo del conocimiento gnóstico por parte del protagonista (Judas) y el pesimismo en la visión del mundo.

Judas no habría sido el traidor que vendió a Jesús por 30 monedas de plata, sino el discípulo privilegiado al que encarga la misión más difícil, sacrificarlo, para ayudar a su esencia divina a escapar de la prisión del cuerpo y elevarse al espacio celestial (cosmovisión gnóstica). Esos conceptos de «esencia divina» y la visión del cuerpo como un simple «traje» no es bíblica, y por lo tanto tampoco cristiana, más bien nos recuerda al neoplatonismo. La misma doctrina gnóstica al leerse parece muy confusa.

 

«Cuando apareció Jesús en la tierra hizo milagros y grandes maravillas... A menudo no se le aparecía a sus discípulos como él mismo, sino como un niño».

...Cuando se acercó a ellos y los vio dando gracias por el pan y se rió... No están haciendo esto por propia voluntad sino porque es a través de esto que su dios será alabado...

...Dejen que cualquiera de ustedes sea lo suficientemente fuerte entre los humanos manifieste al hombre perfecto y se pare frente a mi cara. Ellos dijeron: «Tenemos la fuerza» pero sus espíritus no se atrevieron a pararse frente a él, excepto Judas Iscariote. El se puso delante de Jesús, pero no pudo mirarlo a los ojos y dio vuelta su cara. Le dijo «yo sé quién eres y de donde vienes. Tu vienes del reino inmortal de Barbelo. Y yo no soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado».

 

Jesús le dijo: «Apártate de los demás y te contaré los misterios del reino. Es posible que lo alcances, pero deberás asumir un gran trato».

 

«Judas levantó sus ojos y vio la nube luminosa y entró en ella. Los que estaban en el suelo escucharon una voz desde la nube...»

«Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones, y vendrás para reinar sobre ellos. En los últimos días maldecirán tu ascensión a la [generación] bendita».

 

«Por ti se sacrificará el hombre que me reviste»

«Y fueron a Judas y le dijeron: "¿Qué haces aquí? Tú eres discípulo de Jesús». Judas les respondió como ellos deseaban. Y recibió algo de dinero y les entregó a Jesús.

 

Si leemos los «evangelios» gnósticos de María, de Felipe y de Judas, veremos que esos textos siempre posicionan a su apóstol de cabecera como el receptor privilegiado de las revelaciones gnósticas que traería Jesús. En el caso de Judas es clara una preferencia de Jesús por contarle cosas en secreto y le advierte de la oposición de los otros apóstoles.

 

Cuestiones de sentido común

La Iglesia tuvo que fijar algunas de las creencias fundamentales de la fe primitiva (dogmas) debido a la confusión que armaron los escritos gnósticos en muchos cristianos. Los dogmas no modifican lo que se cree antes, sino que formula la fe de modo claro y explícito en un lenguaje que todos entiendan y no en afirmaciones ambiguas que dan lugar a cualquier interpretación que aleje de la fe original de los apóstoles. Servían para aclarar al pueblo creyente cuál es la verdadera fe cristiana, en que creyeron siempre los discípulos de Jesús y para no dejarse confundir por nuevas doctrinas extrañas al Evangelio que quieran acomodar a Jesús a sus caprichos. Como sucede ahora con el movimiento New Age, el libro de Urantia, Sixto Paz con sus telenovelas cósmicas, J.J. Benitez con su caballo de Troya, los seguidores del Da Vinci Code y las supuestas nuevas revelaciones extraterrestres sobre Jesús como las del estigmatizado Giorgio Bongiovanni, donde la fantasía que llena curiosidades siempre quiere ser la versión oculta —esotérica- de la historia. A la hora del delirio las nuevas versiones de la gnosis se ponen de moda y tienen bastante público entre aquellos que están ávidos de cosas misteriosas y extrañas.

 

Hace falta que los cristianos se formen mejor en lo concerniente a su fe y de manera especial en las Sagradas Escrituras. Lo ideal es no quedarse con la catequesis de niños como si fuera un tratado de teología y seguir leyendo la Biblia como si fuera un cuentito o en forma literal y fundamentalista como algunas sectas. Si alguien quiere saber sobre la fe cristiana no debería apelar a lo que aprendió de niño como un cuento, sino ahondar madura y profundamente en su fe, ya sea porque su propia fe se lo exige, ya sea para conocer seriamente una religión que no es un cuento de hadas, que se caerá con un hallazgo arqueológico.

La Biblia no cayó del cielo, es la Palabra de Dios en palabras humanas, producto de un pueblo y de comunidades creyentes. Y sin la fe y el conocimiento que sólo esa comunidad tiene, ¿puede interpretar bien alguien que desconozca la tradición interpretativa de esos textos?

 

La misma Biblia advierte: «Ante todo tengan presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios» (2 Pe 1,20).

 

¿Puedo leer de cualquier manera algo que no conozco ni su historia, ni su contexto, ni su origen, ni su sentido original, pretendiendo que sea más legítima mi interpretación subjetiva que quien de verdad conoce todas las puntas del tema?

 

Como dijera un antiguo proverbio: «La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia».

 

¡No hay nada que esconder!

La mayoría de las sectas esotéricas y los autores e intelectuales vinculados al ocultismo están convencidos de que el cristianismo tiene «secretos» de contenido religioso que no revela, como si existiese un esoterismo cristiano y les fascina el tema de los evangelios apócrifos y mejor si esta mal manejado y lleno de fantasías insostenibles. Y la verdad es que nunca existió, ni existe tal realidad, en cuanto verdades doctrinales ocultas que solo una élite cristiana conoce. Eso es una ilusión de algunos, pero que no pocos alimentan.

 

El punto de partida de la fe cristiana es la aceptación de lo que Dios ha revelado y no de lo que oculta. El cristiano cree que en Cristo, Dios ha revelado todo lo necesario para la salvación de la humanidad. El cristianismo es una religión exotérica, hacia fuera, universal y no esotérica, porque no oculta nada. Jesucristo mismo envía a todos sus apóstoles a dar a conocer todo lo que él les ha enseñado (Mateo 28,20ss).

La Biblia no es un libro de literatura fantástica, pero tampoco un libro de Historia Universal con biografías de la historiografía moderna, ni tampoco un libro de ciencia. Lo único que les importaba a los autores de los textos sagrados es lo concerniente a la revelación de Dios y la salvación, pero no les interesaba hacer una enciclopedia.

Debido a la crisis cultural en la que estamos viviendo, está aconteciendo una nueva emergencia gnóstica y esotérica, de ahí el éxito de toda literatura que se vincule a estas temáticas y el sensacionalismo que se genera con hallazgos con el de este texto gnóstico. Es una pena que pocos conozcan la verdadera historia, tal vez no quieran saberla porque sus mágicas fantasías caerían al suelo demasiado rápido.

 

El Gran Complot: ¿conspiración de 2000 años?

A raíz de la literatura esotérica, los apócrifos y novelas como el Código Da Vinci, no son pocos los que se unen al cultural prejuicio anticatólico y afirman que la Iglesia conspiró para ocultar estos textos a lo largo de la historia. Pero, con un poco de sentido común vemos que todos los cristianos (un quinto de la humanidad), tanto católicos, como ortodoxos, el protestantismo histórico, anglicanos, bautistas, metodistas, evangélicos y pentecostales, coinciden en los 4 evangelios canónicos del Nuevo Testamento como fuentes fieles de revelación, en la divinidad de Cristo, en la resurrección, y en la mayoría de las verdades fundamentales de la fe cristiana, transmitida por los Apóstoles y sus sucesores.

Sería tonto pensar que la Iglesia católica oculta cosas, y que el resto del cristianismo permanece ingenuo y acrítico ante la verdad sobre Jesucristo y los Evangelios. Esto obligaría a pensar en una conspiración de todo el cristianismo mundial a lo largo de 2000 años —no solo de católicos- por ocultar tantas cosas sobre Jesús. Es insostenible algo así. ¿Nadie se dio cuenta antes de un engaño tan grande?

 

Y si Judas no hubiese existido, o su historia fuera otra, nada hubiera cambiado para el cristianismo, porque es algo muy secundario. El problema es que la información cultural sobre el catolicismo en la opinión pública es demasiado superflua y pobre.

 

¿Ignorancia religiosa?

A nadie le es ajeno el dato de la extendida y creciente ignorancia en materia de cultura religiosa en nuestro país. No tenemos mucha idea de la historia de las religiones, de los símbolos religiosos, del arte religioso, de las distintas mitologías, de los libros sagrados, etc. La existencia o no de Dios es un tema aparte, pero la religión es un hecho humano específico e innegable, que debe ser estudiado desde las diversas disciplinas académicas. Y Uruguay, en comparación con otros países del mundo renguea en lo que a cultura religiosa se refiere. Esto nos deja vulnerables frente a cualquier discurso o interpretación sobre temas religiosos descontextualizados, donde hoy proliferan cientos de libros y revistas, sectas, cursos y conferencias, sobre temas que uno no sabe si se trata de religiosidad o ciencia ficción, y no siempre se tiene herramientas académicas para discernir adecuadamente. Si la gran masa de lectores que se acercan a novelas como «El Código Da Vinci» tuvieran un acceso posible y serio a la historia del cristianismo, no hubiera tenido tanta trascendencia, porque su pretensión de veracidad es insostenible.

Creemos que la enseñanza seria, objetiva, laica, de las distintas religiones en la historia de la humanidad y del presente, tarde o temprano tendrán que incluirse en los programas curriculares de enseñanza, de lo contrario seguiremos siendo incapaces de discernir entre lo real y lo fantástico, incapaces de reconocer una tontería con halo de sabiduría de una verdad histórica.

 

Las sensacionalistas interpretaciones sobre el tema de los textos apócrifos está siempre pronta para los ávidos clientes de novedades sin mucho fundamento.

 

Conclusión

Finalmente, lo que se puede encontrar en el Evangelio de Judas y en los textos gnósticos de Nag Hammadi son cuestiones de mayor interés para los eruditos de la investigación histórica y arqueológica sobre el gnosticismo antiguo, que para el público en general, que apenas comprende la cosmovisión gnóstica como para poder interpretar esos textos, y menos aún si se dieran cuenta que no aporta nada sobre el Jesús histórico y su mensaje.

El hallazgo es un valioso aporte a la investigación histórica y al conocimiento del gnosticismo antiguo, pero ni sobre Jesús, ni sobre Judas encontraremos algo nuevo, porque obviamente se trata de un texto gnóstico tardío.

-1- Este documento, una lista canónica de origen romano, nos ha llegado en un manuscrito latino del s. VIII, ha recibido el nombre "de Muratori" por el bibliotecario milanés que lo descubrió en el siglo XVIII.

-2-TACIANO, La más antigua vida de Jesús: Diatessaron (siglo II), Edibesa, Madrid, 1999. El original fue descubierto en Dura-Europos en 1933, pero lo conocíamos por citas de Eusebio de Cesarea, San Jerónimo y San Efrén, entre otros.

Pbro. Miguel Angel Pastorino Pereira. Es docente de Teología y Ciencias de la Religión en la Arquidiócesis de Montevideo y miembro de la Comisión Nacional de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Conferencia Episcopal Uruguaya desde el año 2004.

Se ha especializado en el fenómeno de las sectas y nuevas formas de religiosidad, siendo actualmente miembro de la Red Iberoamericana de Estudiosos del Sectarismo (RIES) y director del Servicio para el Estudio y Asesoramiento sobre sectas del Uruguay (SEAS).

Participó como asesor de la Consulta Internacional sobre New Age en la Santa Sede (2004), y como ponente en el Congreso Internacional sobre Sectarismo en la Universidad Autónoma de Madrid (2005). 2009-01-15 www.conoze.com

 

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El timo del Evangelio de Judas

 

 

Así estaba el códice con el texto de Judas, el apocalipsis de Jaime,

la carta de Pedro a Felipe y el libro de Allogenes

 

Pablo J. Ginés

Ni es un evangelio ni lo escribió Judas, aunque el manuscrito tiene cierto interés para especialistas en gnosis.

Hacia el siglo II después de Cristo, época de paz y prosperidad en el Imperio Romano, el cristianismo se extendía por el Mediterráneo, y con él, enganchado como un parásito, la gnosis. Los gnósticos escribían sus propios textos y tenían sus propias sectas.

Uno de esos grupos gnósticos escribió el (mal llamado) "evangelio de Judas"... que ni es evangelio, ni lo escribió Judas, ni es de la época de Jesús, sino al menos unos 100 años posterior a los textos de San Pablo, por ejemplo. National Geographic acaba de publicar un manuscrito de este texto, hasta ahora perdido, armando cierto revuelo entre quienes -equivocadamente- piensan que tiene algo que ver con el cristianismo, Jesús o el Iscariote.

La gnosis: una "new age" de la vieja época

El gnosticismo o la gnosis es el nombre que se da a un conjunto de sectas y grupos elitistas que ofrecen conocimientos ocultos, que se van enseñando por grados, al contrario que las religiones abiertas a todo el mundo, como la fe cristiana, donde cualquiera puede acceder a sus contenidos leyendo el catecismo, asistiendo a catequesis o usando otra herramienta para formarse, sin secretos. Además, en el cristianismo, lo que importa es lo que se vive (que se viva en santidad, o al menos se desee y se intente), mientras que en la gnosis se valoran sólo los conocimientos (cuanto más ocultos y elitistas mejor) que se han adquirido.

Había gnosis antes del cristianismo, la hubo aprovechándose de él y la hay ahora, por lo general en la sección de libros "nueva era" de los grandes almacenes. 

La gnosis puede usar cualquier símbolo, imagen o estilo que tenga éxito. Antes de Cristo había gnosis del judaísmo, de los cultos egipcios, del pitagorismo... y cuando la Iglesia fue extendiendo la buena nueva y Jesús fue siendo conocido y amado por muchos, los gnósticos empezaron a llenar sus propios textos de imágenes exitosas en el mercado "pseudoreligioso": aludir a Jesús, a sus apóstoles, a otras figuras prestigiosas de los cristianos, etc...

Una idea básica de la gnosis es "la gente vulgar sigue a la Iglesia, pero el conocimiento auténtico y secreto lo hemos recibido nosotros de Jesús a través de Judas... o María Magdalena, o Tomás...". Otras ideas gnósticas eran relacionadas con la existencia de muchos niveles de criaturas sobre naturales (eones, arcones, ángeles).

También pensaban los gnósticos -como herencia pitagórica y neoplatónica- que el cuerpo y el sexo eran algo malo y fastidioso, y que el mundo era básicamente una ilusión. Por el contrario, el cristianismo enseña que el cuerpo y el sexo son realidades buenas queridas por Dios y que el mundo es real y un lugar de lucha muy seria y muy concreta entre el bien y el mal.

San Ireneo ya lo conocía

Hacia el año 180 d.C, el obispo de Lyon, san Ireneo -que de niño conoció a San Policarpo, discípulo de San Juan-, hacía en su libro "Contra los herejes" una lista de grupos gnósticos y sectas que difundían doctrinas extrañas, apropiándose de los nombres de Cristo y los apóstoles. Y habla del evangelio de Judas:

Y dicen [los gnósticos de la escuela cainita] que Judas el traidor fue el único que conoció todas estas cosas exactamente, porque sólo él entre todos conoció la verdad para llevar a cabo el misterio de la traición, por la cual quedaron destruidos todos los seres terrenos y celestiales. Para ello muestran un libro de su invención, que llaman el Evangelio de Judas.

Un viejo manuscrito

Este libro, del que no teníamos manuscritos ni copias, es lo que ha aparecido ahora. En concreto, un manuscrito del siglo III ó IV en copto, la lengua semita hablada en Egipto antes de la invasión árabe musulmana. Este manuscrito en copto sería una traducción de la versión griega que circulaba entre las sectas de la época de Ireneo. Probablemente, los gnósticos lo escribieron hacia el año 150 o después, mientras que las cartas de San Pablo son de los años 50 y 60, y los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan van del año 60 al 90 (el de Juan, el más tardío).

El manuscrito es un códice de 66 páginas, que además del Evangelio de Judas, contiene otros textos gnósticos ya conocidos como "el Primer Apocalipsis de Jaime", una "Carta de Pedro a Felipe" y un fragmento de un documento desconocido que por ahora los expertos llaman "El Libro de Allogenes".

Fue hallado en los años 70 en una cueva en la ciudad de Al-Minya, en la ribera del Nilo, una zona rural de las más cristianizadas de Egipto. Pasó de mano en mano en el mundo de los anticuarios, luego 16 años en una caja fuerte en Nueva York, y finalmente una Fundación Suiza lo adquirió, lo tradujo y llegó a un acuerdo con National Geographic para anunciarlo a bombo y platillo sensacionalista, aprovechando el rumor de fondo de la película de El Código da Vinci y la Semana Santa.

El timo del evangelio de Judas

La primera parte del "timo" consiste en llamar la atención de la gente, haciéndole pensar que es un "evangelio" de "Judas", como si Judas, testigo de los hechos de Jesús, contase su versión. Todos los conocedores del mundo gnóstico saben que esta es la forma sensacionalista de llamar la atención de la gente, cuando el verdadero Judas llevaba unos 120 años muerto antes de que unos gnósticos griegos escribieran "El Evangelio de Judas".

La segunda parte del timo consiste en hablar de "diversos tipos de cristianismo", como si las sectas gnósticas fuesen "un tipo de cristianismo". Algunos autores hablan así para dar la sensación de que tanto valen unas sectas con ideas más o menos raras del s.II o III que los cristianos, seguidores de las doctrinas de los apóstoles que trataron y vivieron con Jesús.

Los gnósticos y sus textos no eran cristianos, como no son cristianos los libros de new age que se venden hoy en librerías de esoterismo, por mucho que se titulen "La sabiduría aunténtica de Cristo" o "El Cristo universal que te abre la mente", etc...  Siempre que triunfa un producto, salen imitadores de gama baja, y al cristianismo le salieron muchos "piratas".  

La tercera parte del timo es hablar de "descubrimiento dramático", de "uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos años", como insiste Terry Garcia, vicepresidente de National Geographic.  La realidad es que el descubrimiento tiene su interés para los historiadores e interesados en las sectas gnósticas, pero poco más. "Tiene un gran valor histórico porque contribuye a nuestro conocimiento del movimiento gnóstico, pero no supone ningún desafío para el cristianismo", explicaba el decano de Teología de la Universidad Regina Apostolorum de Roma, Thomas D. Williams, a la agencia Zenit.

El papel de Judas

Mucha prensa está publicando que Judas no sería el traidor que conocemos por los canónicos, sino que sería un héroe. Efectivamente, para el pensamiento gnóstico, Jesús no es verdadero Dios ni verdadero hombre  (la Divinidad gnóstica no se mezclaría con algo tan repugnante como un cuerpo de hombre), y Jesús es una criatura celestial que va "vestida" con un cuerpo. "Tú Judas serás superior a todos; a través de ti sacrificaré al hombre de que me visto", dice el Jesús gnóstico de estos textos.

Luego hace listas de demonios y criaturas angelicales, eones, arcones y demás parafernalias gnósticas. Por ejemplo, habla de cinco ángeles que gobiernan el caos y el inframundo (es decir, demonios), el primero llamado "Seth, también llamado el Cristo", el último "Adonaios" (una corrupción de Adonai, en hebreo "Señor", la palabra común para referirse a Dios entre los judíos). Es la forma gnóstica de decir: "nosotros tenemos conocimientos secretos verdaderos, válidos; los cristianos que hablan de Cristo y los judíos, de Adonai, sirven a criaturas del inframundo; ellos sí están equivocados".

Mientras tanto, para terminar de confundir a los incautos, un "experto" consultado por EL PAÍS hoy 7 de abril dispara una última teoría: Judas y sus 30 monedas de plata son un invento; jamás existió Judas; es un personaje ficticio inventado por los cristianos a partir de Judá y las 20 monedas de oro que cobró al entregar a su hermano José a los comerciantes de esclavos (en el relato del Génesis de José y sus 11 hermanos).

Y es que hoy, como en el siglo II, todo vale para seducir excepto lo que digan los cristianos, aunque estuvieran presentes en los hechos y lleven 2.000 años dando testimonio de ellos. 2006-04-07

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Las enseñanzas de los evangelios

apócrifos en árabe

 

Entrevista a Juan Pedro Monferrer, profesor de literatura en este idioma

CÓRDOBA-ESPAÑA, 10 noviembre 2003 - Juan Pedro Monferrer, profesor de lengua y literatura árabes de la Universidad de Córdoba, aclara en esta entrevista qué son los apócrifos árabes, y explica porqué este tipo de escritos no forman parte de los llamados «escritos canónicos», aceptados por la Iglesia.

El escritor acaba de publicar «Apócrifos árabes cristianos» (
http://www.trotta.es/), textos apocalípticos, hagiográficos, legendarios y epistolares que dan una idea del contexto en que se movía el cristianismo primitivo. Estos textos, añade, demuestran que el árabe no es una lengua exclusiva del Islam.

--¿Qué son los apócrifos cristianos?

--Monferrer: La palabra «apócrifo» procede del griego «apócryphos», que significa «escondido», «secreto». El término identifica a una vasta gama de escritos de procedencia judía y cristiana que, salvo algún caso (como sucede con el Libro de Enoc en la Iglesia copta), no entraron a formar parte del canon de los libros sagrados de la Biblia. Estas obras, compuestas al modo de los libros bíblicos acostumbran a ser clasificadas por la crítica como «Apócrifos del Antiguo Testamento» y «Apócrifos del Nuevo Testamento».

--¿Existen también en árabe?

--Monferrer: Y no sólo. Las lenguas en las que nos han llegado estos libros son muy variadas: hebreo, arameo, griego, latín, siríaco, georgiano, armenio, copto, etc. Y también en árabe, que es la lengua de los cristianos de Oriente Medio desde el siglo VI, cuando el Islam ocupa los territorios antaño pertenecientes a comunidades cristianas que vivieron bajo los imperios bizantino y el persa sasánida.

--¿Por qué no han sido incluidos en el canon oficial de la Iglesia?

--Monferrer: Canon es, también, palabra griega que acaba significando «regla» o «norma». El canon es la lista, el catálogo de libros, que es reconocido por la autoridad de la Iglesia como libros que han sido inspirados y que constituyen la norma de la fe para los creyentes. Para que un libro sea canónico debe ser reconocido como libro inspirado.

La marginación de tal o cual obra es producto de factores diversos. Un elemento esencial que no debe ser olvidado es que una de las peculiaridades de la mayoría de estos libros es su carácter «fantasioso» o «hiperbólico».

--¿Qué aspectos de Jesucristo subyacen en estos escritos?

--Monferrer: El elemento fundamental aportado por los «apócrifos del Nuevo Testamento» es la información que ofrecen que no aparece en el Nuevo Testamento. Todo aquello de lo que no sabemos nada, o en ocasiones muy poco, por los Evangelios (por ejemplo: nacimiento de Jesús; viaje y estancia de la sagrada familia en Egipto; los dieciocho años «oscuros» de Jesús, es decir desde los doce hasta los treinta, antes de la vida pública...) va a ser el material que desarrollen los apócrifos, con la intención de facilitar a las comunidades cristianas todo aquella información que demandaban sobre Jesús. En este sentido, la figura de Jesús, con rasgos cambiantes según la obra a la que nos refiramos, adquiere la doble dimensionalidad de Dios y hombre a la vez, con una actividad dinámica elaborada de acuerdo con el molde del Nuevo Testamento, pero eso sí, yendo más allá, en un intento de acercar su figura al auditorio al que estaba destinado el texto.

--¿Por qué es tan difícil hacer llegar este tipo de textos al lector medio?

--Monferrer: Realmente no es difícil hacer llegar este tipo de textos al lector medio. Lo que sí que exige es una labor, ardua en ocasiones, de búsqueda de manuscritos, estudio, edición y traducción, que lleva un tiempo considerable.

--Haberse dedicado a estudiar el cristianismo oriental lo aleja de los arabistas españoles?

--Monferrer: Sí, porqué de hecho, con ello renuncié, obviamente, a todas las posibilidades que me ofrecía «lo oficial». Empecé a dedicarme al estudio del cristianismo oriental y, con ello, a quedar a un lado, fuera de los intereses propios de estos estudios en España.

Ciertamente puedo haber perdido, tal vez, «fama» y hasta «dinero», pero cada día estoy más contento de haber iniciado este camino de los «estudios del cristianismo oriental» en España, camino que espero que muy pronto sigan otras personas, para de este modo poder avanzar con mayor rapidez en este ámbito de estudios.

La lengua árabe no pertenece al Islam, es la lengua de las diversas comunidades que vivieron en Oriente y ésta, en el caso concreto cristiano, ha servido para conservar valiosísimas joyas de la antigua tradición cristiana. Asombra poder constatar cómo Jesús se nos hace tan cercano en árabe, que al fin y al cabo es una lengua hermana del dialecto arameo que habló Jesús. ZS03111001

 

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P: Quiénes y cuándo compusieron el Nuevo Testamento? ¿Cuánto se piensa hoy que es cierto en los Evangelios y cuánto falso? ¿Cuánto se piensa hoy que es cierto en los Evangelios "no admitidos" y cuánto falso?

 

R: 1. En mi opinión el NT estaba concluido para el año 70 d. de C. pero hay especialistas que retrasarían esa fecha hasta el 90. Los autores son los que figuran en cada uno de sus 27 libros, es decir, apóstoles y discípulos de apóstoles.

 

 

2. En mi opinión los Evangelios son documentos históricos total y absolutamente fiables. Si, por ejemplo, uno compara Lucas con Tácito o Suetonio es mucho más exacto y, de hecho, desde las excavaciones de William Ramsay parece obvio que cuando Lucas discrepa con algún historiador clásico siempre tiene razón.

 

3. Los Evangelios apócrifos son muy tardíos y, en general, su contenido es delirantemente legendario. Puede admitirse que algún dato contenido en los mismos tenga valor histórico pero per se son obras que carecen de él y que tienen más utilidad para analizar la evolución histórica del cristianismo que para proporcionarnos datos fidedignos sobre la vida de Jesús.

Dr. en historia CÉSAR VIDAL. L.D. ESPAÑA 2004-05-18

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No hace mucho leí a cierto historiador (García Carcel) decir que las loas a España de Alfonso X el Sabio no se puede determinar rasgo alguno de nacionalidad o algo relacionado con lo que sería la "nación española", ya que, según él, son meras alabanzas a la propia tierra, no a España como comunidad nacional o concepto unitario. ¿Qué opina?

 

Que anda muy, pero que muy equivocado. Basta leer el libro para ver hasta qué punto Alfonso X sí que creía en esa nación y hasta qué punto la identificaba con la totalidad de la Península Ibérica. Por cierto, que no era original. Isidoro de Sevilla pensaba lo mismo.

César VIDAL-Dr.historia antigua, filosofía, teología; es abogado,escritor-2005.01.18

 

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‘La vida cotidiana de los primeros cristianos’

 

por Adalbert G. Hamman

 

En estos días de códigos-da-vinci se dicen tantas tonterías de los primeros cristianos que es necesario viajar en el tiempo para conocerlos de verdad


Hay al menos dos aspectos que diferencian radicalmente nuestra época de la que vivieron los cristianos de los siglos II y III. Por un lado, que casi todos los paganos de la época, incluso los que perseguían o despreciaban a los cristianos, creían en los dioses y lo sagrado.
 
Por otro, que esos mismos paganos creían en el pecado, la culpa, la virtud (o su ausencia) y la necesidad de redención. La sociedad actual no cree ni en lo sagrado ni en la necesidad de redención, y eso dificulta la propuesta cristiana de forma distinta a la de las primeras comunidades.
 
Pero en muchas otras cosas, el siglo II y III se parecían mucho al nuestro y los cristianos se engrentaban a retos parecidos. El reto de la familia, el papel de la mujer, el aborto y el infanticidio, la atención a los enfermos y huérfanos, la evangelización en la vida cotidiana y en ambiente hostil, el desprecio de las clases cultas, un sociedad global en torno al Mediterráneo, la aparición de sectas, iluminados y cismas de todo tipo, la potente corriente gnóstica que era el new-age de la época... son temas que nos resultan muy cercanos a los cristianos del siglo XXI pero que apenas enfrentaron los del s.XVIII o incluso XIX y XX.
 
El libro de Adalbert G. Hamman es un clásico de ágil lectura que deja para el final las 1.250 notas y citas de textos históricos que sustentan todo su discurso, lleno de anécdotas sabrosas y representativas de la época.
 
En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos.
 
Con Hamman, y de la mano de los textos de la época, aprendemos como mercaderes sirios y marineros extendieron el cristianismo; cómo se viajaba y como los cristianos acogían en sus casas a los misioneros y predicadores itinerantes porque los hostales y posadas eran peligrosas e incómodas. Había también gorrones y abusones, y las comunidades tenían formas de detectarlos y desalentarlos.
 
El libro repasa la procedencia social de aquellos hombres y mujeres: esclavos y siervos, mayoría de mujeres, pero también algunos señores, viudas con dinero, profesionales que no podían ejercer oficios que implicasen sacrificios a los dioses paganos como el circo, la escultura, el ejército, parte del funcionariado.
 
Se analiza la relación con las comunidades judías y el judeocristianismo; también con la urbe romana y sus valores cívicos. Muchos ataques venían del populacho inculto; otros, de sofisticados intelectuales y filósofos.
 
Aquella iglesia combinaba carismas, lenguas, milagros, visiones y profecías con organización, jerarquía y sentido común. Obispos organizadores como Ireneo tenían visiones y profecías y dones carismáticos. También los tenían las sectas montanistas, pentecostales descontrolados que avivaban el fuego anti-cristiano con imprudentes provocaciones entre los paganos, y también con abusos y engaños.
 
En la comunidad cristiana se acogían viudas y huérfanos, fuesen de mártires o de enfermedades. Esta atención al débil era cosa infrecuente en la Antigüedad pagana. Justino el filósofo, Blandina la esclava; Ireneo el obispo misionero; Perpetua, la joven madre de Cartago... son algunos de los rostros que pasan por estas páginas.
 
Y junto al trabajo, la vida y la muerte; vemos la oración; el día del Señor en el domingo (nada que ver con el culto al sol pagano, sino con la Resurrección de Cristo anunciada desde el principio). Vemos cómo se perdonaba a los pecadores, como se vivía en la persecución, cómo y quién construía la iglesia.
 
Este libro, que Palabra re-edita desde 1985, merece ser leído y releído porque habla casi de nuestra época. Nuestros hijos ya no ven películas de romanos y cristianos en la TV, y menos en el cine. Sin una relación con la vida cotidiana de los cristianos perseguidos de entonces, no podremos poner en contexto nuestra vida y persecuciones cotidianas hoy.


Recomendamos vivamente: La vida cotidiana de los primeros cristianos
Adalbert G. Hamman

Trad. Manuel Morera - Ediciones Palabra, 1999 - Colección Arcaduz - 294 pág.

 

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BIBLIA - “Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

La Tradición engendra la Escritura: “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta”.
-II Tesalonicenses 2,15

 

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Biblia - Datos sabidos, pero sorprendentes, para quien esté abierto a una comprensión correcta del hecho cristiano en la Historia: «Considerando la Ilíada, conservada en su integridad por códices copiados alrededor de quince siglos después del su composición, el Nuevo Testamento se lee íntegramente en manuscritos copiados unos tres siglos después de su realización. Además, el número de los ejemplares respectivos, íntegros y fragmentarios, se acerca a los trescientos para la Ilíada, y a casi seis mil para los escritos neotestamentarios».

 

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BIBLIA - La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. La Santa Madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia. En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería. Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra. Por tanto, toda la Escritura, inspirada por Dios, es útil para enseñar, reprender, corregir, instruir en la justicia; para que el hombre de Dios esté en forma, equipado para toda obra buena.
Dios es el autor que inspira los libros de ambos Testamentos, de modo que el Antiguo encubriera el Nuevo, y el Nuevo descubriera el Antiguo. Pues, aunque Cristo estableció con su sangre la Nueva Alianza, los libros íntegros del Antiguo Testamento, incorporados a la predicación evangélica, alcanzan y muestran su plenitud de sentido en el Nuevo Testamento y, a su vez, lo iluminan y lo explican.

Constitución Dei Verbum, 11.16 – Concilio VATICANO II

 

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Los Evangelios fueron escritos por hombres que pertenecieron al grupo de los primeros que tuvieron fe (cf. Mc 1, 1; Jn 21, 24) y quisieron compartirla con otros. Habiendo conocido por la fe quién es Jesús, pudieron ver y hacer ver los rasgos de su Misterio durante toda su vida terrena. Desde los pañales de su natividad (Lc 2, 7) hasta el vinagre de su Pasión (cf. Mt 27, 48) y el sudario de su resurrección (cf. Jn 20, 7), todo en la vida de Jesús es signo de su Misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que "en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente" (Col 2, 9). Su humanidad aparece así como el "sacramento", es decir, el signo y el instrumento de su divinidad y de la salvación que trae consigo: lo que había de visible en su vida terrena conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora.

 

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El Espíritu Santo, intérprete de la Escritura

109 En la Sagrada Escritura, Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por tanto, para interpretar bien la Escritura, es preciso estar atento a lo que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras (cf. DV 12,1).

110 Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros literarios" usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. "Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios" (DV 12,2).

111 Pero, dado que la Sagrada Escritura es inspirada, hay otro principio de la recta interpretación , no menos importante que el precedente, y sin el cual la Escritura sería letra muerta: "La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita" (DV 12,3).

El Concilio Vaticano II señala tres criterios para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró (cf. DV 12,3):

112 1. Prestar una gran atención "al contenido y a la unidad de toda la Escritura". En efecto, por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad del designio de Dios , del que Cristo Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua (cf. Lc 24,25-27. 44-46).

El corazón (cf. Sal 22,15) de Cristo designa la sagrada Escritura que hace conocer el corazón de Cristo. Este corazón estaba cerrado antes de la Pasión porque la Escritura era oscura. Pero la Escritura fue abierta después de la Pasión, porque los que en adelante tienen inteligencia de ella consideran y disciernen de qué manera deben ser interpretadas las profecías (S. Tomás de A. Expos. in Ps 21,11).

113 2. Leer la Escritura en "la Tradición viva de toda la Iglesia". Según un adagio de los Padres, "sacra Scriptura pincipalius est in corde Ecclesiae quam in materialibus instrumentis scripta" ("La Sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos"). En efecto, la Iglesia encierra en su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo le da la interpretación espiritual de la Escritura ("...secundum spiritualem sensum quem Spiritus donat Ecclesiae": Orígenes, hom. in Lev. 5,5).

114 3. Estar atento "a la analogía de la fe" (cf. Rom 12,6). Por "analogía de la fe" entendemos la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación.

El sentido de la Escritura

115 Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico, moral y anagógico. La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia.

116 El sentido literal. Es el sentido significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que sigue las reglas de la justa interpretación. "Omnes sensus (sc. sacrae Scripturae) fundentur super litteralem" (S. Tomás de Aquino., s.th. 1,1,10, ad 1) Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el sentido literal.

117 El sentido espiritual. Gracias a la unidad del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las realidades y los acontecimientos de que habla pueden ser signos.

1.      El sentido alegórico. Podemos adquirir una comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación en Cristo; así, el paso del Mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por ello del Bautismo (cf. 1 Cor 10,2).

2.      El sentido moral. Los acontecimientos narrados en la Escritura pueden conducirnos a un obrar justo. Fueron escritos "para nuestra instrucción" (1 Cor 10,11; cf. Hb 3-4,11).

3.      El sentido anagógico. Podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en griego: "anagoge") hacia nuestra Patria. Así, la Iglesia en la tierra es signo de la Jerusalén celeste (cf. Ap 21,1-22,5).

118 Un dístico medieval resume la significación de los cuatro sentidos:

"Littera gesta docet, quid credas allegoria,
Moralis quid agas, quo tendas anagogia"

(Agustín de Dacia, Rotulus pugillaris, I: ed. A. Walz: Angelicum 6 (1929), 256)

119 "A los exegetas toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia. Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios" (DV 12,3):

Ego vero Evangelio non credere, nisi me catholicae Ecclesiae commoveret auctoritas (S. Agustín, fund. 5,6).

 

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En memoria de los mártires cristianos, quienes perseverando en las doctrinas bíblicas enseñadas por la Iglesia católica [inclusive antes de estar finalizada la Biblia] no dudaron en ofrendar sus vidas, exaltando el nombre de Cristo y confesando ser ‘hijos de la Iglesia católica’ venerando a la sucesión apostólica. Jesucristo nos envió el Espíritu Santo para que santifique y asista con su Amor a la Iglesia. Las sectas son inventos desequilibrados y perversos. En la Iglesia, el Espíritu Santo santifica también nuestras almas, las llena de su Amor, de su Sabiduría, nos infunde la fe, nos da la verdad, nos llena de fortaleza para permanecer firmes en la fe en medio de las persecuciones que tengamos que sufrir, nos comunica el santo temor de Dios. Si estamos en gracia somos templos del Espíritu Santo y habita en nuestras almas. Procuremos vivir con toda pureza y santidad y amor para que viva dignamente en nosotros el Espíritu Santo. Jesús nos dice: «El Espíritu de Verdad os guiará hacia la Verdad completa».

 

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“Dar razón de nuestra esperanza” (1Pe 3, 15)

  

II – LA ESPERANZA EN EL NUEVO TESTAMENTO:

JESUCRISTO NUESTRA ESPERANZA

   

120-   Los escritos del Nuevo Testamento han retomado las líneas que se venían trazando desde el Antiguo para mostrar que la esperanza ha encontrado su cumplimiento en Jesucristo, pero que la vida de los creyentes también sigue siendo una vida que se caracteriza por la esperanza.

 

Vocabulario y campo semántico

 

121-   Los términos usados en el Nuevo Testamento han aparecido antes en LXX. Se debe tener precaución, contra una costumbre muy generalizada, de asumirlos en el Nuevo Testamento con el mismo sentido que estos términos tenían en la versión griega del Antiguo Testamento. Existe siempre la posibilidad de que el uso y la influencia de las culturas hayan modificado su significado.

 

122-   Los términos más usados en el Nuevo Testamento son:

 

el verbo èlpizein (esperar) con el correspondiente sustantivo èlpís (esperanza). El verbo, en LXX traduce principalmente los verbos hebreos baţah*, h*as*ah y yah*al. El sustantivo, en LXX, traduce los nombres baţah* y tiqwah.

 

El verbo prosdéjomai (recibir - esperar). En LXX se usa preferentemente con el sentido de “recibir”. En algunos casos excepcionales tiene el sentido profano de “esperar”, en lugares donde no traduce el hebreo.

 

El verbo prosdokáō (esperar). Este verbo, en LXX, es muy poco usado y traduce los verbos qwh (una vez) y śabar (dos veces).

   

La esperanza en la  obra de Lucas

 

123-   Entre los evangelios, el de Lucas es el que contiene mayor cantidad de referencias a la esperanza. En los otros dos sinópticos y en Juan, se podría decir que el vocabulario referente a la esperanza es excepcional, porque está representado en muy pocas ocasiones.[1] Se habría esperado que este tema estuviera más desarrollado en Mateo, que es el que desarrolla más ampliamente el tema del Reino, pero desde el momento que este evangelista da mayor relieve a la venida gloriosa de Cristo en su resurrección, el tema de la esperanza ha quedado opacado. Por esa razón, aquí se tratará solamente de la obra de Lucas.

 

124-   En su primera parte (“Evangelio de la infancia”, caps. 1-2), cuando presenta a los personajes que representan al antiguo Israel, los caracteriza con la nota de la esperanza: “Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba (prosdejómenos) el consuelo de Israel” (2, 25); “(Ana) hablaba... a todos los que esperaban (prosdejómenois) la redención de Jerusalén” (2, 38). De la misma forma presenta a José de Arimatea, “un hombre bueno y justo... que esperaba (prosdéjeto) el Reino de Dios” (23, 50-51).

 

125-   De esta forma muestra la continuidad del Antiguo Testamento con el Nuevo a través de la esperanza. Se ve el interés por variar los conceptos que indican el objeto de la esperanza: el consuelo de Israel (2, 25), la redención de Jerusalén (2, 38), el Reino de Dios (23, 51).

 

126-   El consuelo de Israel que espera Simeón es un eco del Déutero-Isaías (“Libro de la consolación de Israel”: Is 40, 1; 49, 13; 51, 3; ver 57, 18; 61, 2; 66, 13). Los pobres esperan este consuelo (Is 49, 13; ver 41, 17) que consiste en la liberación de los opresores. El Espíritu del Señor estaba sobre Simeón (2, 25), así como sobre el Mensajero de la Buena Noticia dirigida a los pobres (Is 61, 1), que vendría a consolar a los que lloran (v. 2). Simeón se identifica con el Servidor del libro de Isaías (“Ahora, Señor dejas ir a tu servidor...”: 2, 29) y ve cumplida su esperanza con la visión del Mesías: “Mis ojos han visto la salvación (ver Is 40, 5) que preparaste delante de todos los pueblos (ver Is 52, 10): luz para iluminar a las naciones paganas (ver Is 42, 6; 49, 6) y gloria de tu pueblo Israel (ver Is 45, 25; 46, 13)” (Lc 2, 30-32).

 

127-   Con esta palabra profética, anunciada por inspiración del Espíritu Santo, Simeón anuncia que ha llegado la salvación esperada. En la línea del Déutero-Isaías, esta salvación está dirigida a todas las naciones pero teniendo como centro a Israel que se glorifica al irradiarla a todos los paganos. La continuación de la obra de Lucas, evangelio y libro de los Hechos, mostrará progresivamente cuál es el sentido de esta salvación.

 

128-   Ana habló a los que esperaban la redención (lýtrōsis) de Jerusalén (Lc 2, 38). Ella “servía a Dios  noche y día con ayunos y oraciones” (v. 37). Se entiende que ella también era una persona que esperaba esta redención, y la pedía constantemente de esta forma. El término ‘redención’ alude también al Déutero-Isaías: “¡Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor consuela a su pueblo, Él redime a Jerusalén!” (Is 52, 9). Junto al tema del consuelo, aparece en paralelo la redención. El término ‘redención’ es característico del lenguaje del Déutero-Isaías, y traduce la palabra hebrea derivada de la raíz ga’al que indica la acción de liberar a un preso o a un esclavo en razón de una obligación que se origina en un parentesco cercano (Lev 25, 25. 47-49).[2] De ahí que YHWH es llamado “Redentor de Israel” cuando libera a su pueblo de la esclavitud babilónica (Is 41, 14; 43,14; 44, 6.24; 47, 4; 48, 17; 49, 7.26; 54, 5).

 

129-   No se reproducen aquí, como se hizo en el caso de Simeón, las palabras de la profetisa, de modo que éstas quedan sobreentendidas: Jesús es el que viene a redimir a Jerusalén. La ‘redención’ alude más directamente a la condición de esclavitud en que se encuentra Jerusalén bajo los opresores romanos. La profetisa que habla en el recinto del Templo tiene como auditorio a los pobres oprimidos que esperan una intervención de Dios que los redima de su condición de esclavos. En el canto de Zacarías, de marcado tono nacionalista, se alaba al Dios de Israel porque ha obrado la redención (lýtrōsis) para su pueblo (1, 68), que consiste en la liberación de la mano de todos los enemigos (v. 71).

  

130-   Separada de este contexto de la presentación de Jesús en el templo se encuentra la actuación de José de Arimatea. Él interviene solamente en el momento de la sepultura de Jesús. El evangelista lo presenta diciendo que “era un hombre bueno y justo... que esperaba el Reino de Dios” (23, 50-51).

 

131-   El anuncio del Reino de Dios, que esperaba José de Arimatea, constituye la misión para la que Jesús ha sido enviado: “También a otras ciudades debo anunciar la Buena noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado” (Lc 4, 43). El anuncio del Reino de Dios es la proclamación de la inminente manifestación del amor de Dios en este mundo. Responde a una expectativa que se fue abriendo paso lentamente en el Antiguo Testamento. A partir de la convicción de que YHWH reinaba sobre el territorio de Israel de una manera semejante a la de los reyes humanos, los profetas purificaron esta concepción y mostraron que YHWH era un Rey justo y santo, que juzgaba el cumplimiento de la justicia entre los hombres y aplicaba el castigo a los que la violaban. De esa forma era el Rey que garantizaba la justicia al pobre, al huérfano y a la viuda: “Él mantiene su fidelidad para siempre, hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. YHWH libera a los cautivos, abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. YHWH protege a los extranjeros y sustenta al huérfano y a la viuda; YHWH ama a los justos y entorpece el camino de los malvados. ¡YHWH reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones!” (Sal 146, 6-10).

 

132-   El monoteísmo exigió que se viera a YHWH como el único Rey sobre todo el mundo. En textos como Am 1-2 se anuncia el juicio de Dios no sólo sobre Judá e Israel sino también sobre todos los demás pueblos. En el Déutero-Isaías YHWH se muestra como un Rey absoluto que puede poner a su servicio tanto a la naturaleza como a todos los demás pueblos y reyes para cumplir las promesas que ha hecho a su pueblo Israel. Pero los mismos profetas constatan que el reinado de Dios todavía no se manifiesta en este mundo. Ellos anuncian la llegada de  un “Día de YHWH” en el que se hará el juicio, se eliminarán los pecadores y Dios hará plenamente su voluntad (Is 2, 1-4; Miq 4, 6-8; Sof 3, 9ss; etc.). Este tema fue posteriormente desarrollado en la apocalíptica, sobre todo en la extra-bíblica. En el Antiguo Testamento tiene especial interés el libro de Daniel, en el que el Reino futuro está representado por una figura “como de un hijo de hombre” (Dan 7, 13-14. 27). El judaísmo esperó ansiosamente la instauración del Reino de Dios en este mundo, en el que esperaba que fueran reprimidos todos los opresores de Israel y se hicieran realidad todas las promesas de Dios para su pueblo. Debido a las circunstancias históricas que se vivía en Judea en la época de la predicación de Jesús, estaba muy generalizada la idea de que con la llegada del Reino serían eliminados los paganos y los pecadores.[3]

 

133-   El Reino tiene un lugar central en la predicación de Jesús, y siempre será objeto de esperanza para los discípulos, que continuamente deben rezar para que se produzca su venida: “Que venga tu Reino” (Lc 11, 2). Con sus gestos y palabras Jesús hace presente el Reino de Dios. Los milagros, el perdón de los pecados y los exorcismos muestran el triunfo sobre el mal y la muerte: “Si expulso a los demonios con el dedo de Dios, es porque el Reino de Dios ya ha llegado a ustedes” (Lc 11, 20). De una manera inquietante para sus contemporáneos, Jesús no excluye a los pecadores y tiene, además, gestos de salvación para los paganos.

 

134-   Los temas de la esperanza y de la redención reaparecen en la escena de los discípulos que van hacia Emaús. Cuando Jesús les pregunta por la causa de su pesadumbre, uno de ellos responde: “Lo referente a Jesús nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo [...] Nosotros esperábamos (ēlpízomen) que fuera Él quien redimiera (lytrousthai) a Israel...” (Lc 24, 19. 21). Lucas que en el evangelio ha utilizado el verbo prosdéjomai para expresar la esperanza, tanto de los justos que estaban en el templo de Jerusalén como de José de Arimatea, en esta escena recurre al verbo ‘elpizein, que en este evangelio aparece dos veces más (6, 34 y 23, 8), y ambas veces con sentido profano.[4]

 

135-   Las palabras con las que el discípulo describe a Jesús tienen muy poco alcance: lo presenta nada más que como un profeta, y el término elegido para hablar de su esperanza parece aludir a una esperanza que no va más allá de sus inquietudes terrenales. La ‘redención de Israel’ que él espera parece referirse a una liberación de carácter político,[5] como la que inquieta a los apóstoles en Hech 1, 6. Será necesaria la explicación de Jesús, “a partir de Moisés y los profetas” (v. 27) y la experiencia eucarística (vv. 30-31) para que comprendieran quién era Jesús y cuál era la verdadera naturaleza de la esperanza.

 

136-   En una parábola la vida cristiana es presentada con los rasgos de una espera. “Sean como hombres que esperan (prosdéjontai) el regreso de su señor...” (Lc 12, 36). De esta forma se adelanta en el libro del evangelio el anuncio de que la primera venida de Jesucristo abre un nuevo período de espera. Cuando se produzcan los signos precursores del regreso glorioso del Señor, entonces estará cerca la redención (21, 26-28).

 

137-   Finalmente se advierte que en el evangelio de Lucas se conserva un texto ‘Q’ donde ‘esperar’ se expresa por medio del verbo prosdokáō. Este verbo que Lucas usa generalmente con sentido profano, se encuentra en boca de los discípulos de Juan Bautista, que preguntan: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar (prosdokōmen) a otro?” (7, 19-20). En este caso se refleja indudablemente la espera mesiánica de algunos grupos del judaísmo contemporáneo de Jesús. No se puede decidir si Lucas ha conservado este verbo por fidelidad a su fuente (Q) (ver Mt 11, 3),[6] o si lo ha hecho para distanciarse de esas esperanzas. Esta última opción parece preferible, porque Lucas utiliza el mismo verbo para describir la errónea actitud[7] del pueblo ante Juan Bautista: “Como el pueblo estaba esperando y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías...” (Lc 3, 15).

 

138-   En la segunda parte de su obra, san Lucas menciona cuatro veces la esperanza de Israel durante los juicios a que fue sometido san Pablo. Se nota un especial interés en relacionar la fe cristiana con la esperanza del pueblo judío. En el primer caso, Pablo es llevado ante el Sanhedrín y confiesa que comparte la esperanza (èlpís) de la resurrección que caracteriza al grupo de los fariseos (Hech 23, 6). Más adelante, cuando se encuentra ante el gobernador romano Félix, Pablo explica: “Tengo la misma esperanza (‘elpís) en Dios que ellos (sus compatriotas) esperan (prosdéjontai), que habrá una resurrección de justos y pecadores. Por eso trato de conservar siempre una conciencia irreprochable delante de Dios y de los hombres” (Hech 24, 15-16). El tercer texto está incluido en el relato del juicio ante Festo y Agripa. Pablo dice a sus jueces: “Si ahora soy sometido a juicio, es por mi esperanza (èlpís) en la promesa hecha por Dios a nuestros padres, la promesa que nuestras doce tribus esperan (èlpizei) ver cumplida, sirviendo a Dios fervientemente día y noche. A causa de esta esperanza (èlpís), rey Agripa, soy acusado por los judíos. ¿Por qué les parece increíble que Dios resucite a los muertos?” (Hech 26, 6-8). Finalmente, cuando llega a Roma, sin mencionar la resurrección, les dice a los judíos que él está encadenado por causa de la esperanza (‘elpís) de Israel (Hech 28, 20).

 

139-   Según el primer texto (24, 15-16), la esperanza de Pablo se identifica con la de los judíos fariseos y se expresa de acuerdo con Dan 12, 1-2. El hecho de que haya una suerte desigual para justos y pecadores implica que Pablo lleve una vida irreprochable para poder participar de la resurrección de los justos. En el segundo texto (26, 6-8), Pablo propone su esperanza en la resurrección de los muertos como causa de la persecución que se promueve contra él. Afirma que esta esperanza se apoya en una promesa de Dios. En los libros del Antiguo Testamento no se encuentra esta promesa sino sólo una afirmación (Dan 12, 1-2), pero Pablo interpreta que la sola mención en la Escritura ya es una promesa de Dios a todo el pueblo de Israel. Como en el caso precedente (24, 16), dice que con la esperanza de ver cumplida la resurrección el pueblo de Israel “sirve fielmente a Dios día y noche” (26, 7). Nuevamente aparece el aspecto ético de la esperanza.

 

140-   Es digno de ser notado que Lucas, en la primera parte de su obra resume la esperanza de Israel en los términos consolación – redención – Reino de Dios. Tres términos que pueden recibir una interpretación limitada a lo político. Como aparece en la escena de Emaús, Jesús debió intervenir para corregir la concreción que los discípulos habían dado a estos términos. En la segunda parte de su obra, la esperanza de Israel aparece expresada en boca de Pablo, quien se identifica con los autores de los últimos libros del Antiguo Testamento y precisa que esa esperanza se refiere al triunfo definitivo sobre la muerte y todas sus consecuencias. En este contexto, Lucas no deja de señalar que esa esperanza exige también actitudes éticas (Hech 24, 16; 26, 7).

 

141-   El Libro de los Hechos puntualiza que la resurrección de los muertos esperada en el Antiguo Testamento se ha cumplido en la persona de Jesús. Lucas pone en boca de Pablo: “La promesa que Dios hizo a nuestros padres fue cumplida por Él a favor de sus hijos, que somos nosotros, resucitando a Jesús...” (Hech 13, 32-33). Pero la promesa aludida en este caso es la que Pablo mencionó antes en su discurso, y que se refiere al Salvador de Israel que Dios iba a suscitar en la descendencia de David (Hech 13, 23; ver 2, 30-32). Dios había prometido a David que su descendencia permanecería para siempre en el trono de Jerusalén (2Sam 7, 12. 16). En la lectura de Salmo 16, 9 que se hace en Hech 2, 25-31 se muestra que ya David había previsto la resurrección de su descendiente: “habló de la resurrección de Cristo” (2, 31). El cumplimiento de esta promesa le fue anunciado a María (Lc 1, 32-33), pero la forma en que se realizó es muy diferente a la expectativa mesiánica de corte político que podía existir en esos momentos en algunos círculos del judaísmo y entre los mismos discípulos de Jesús, o por lo menos entre algunos de ellos. No se cumplió por el acceso de un descendiente de David al trono de Jerusalén, sino por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, así como estaba prometido en las Escrituras (ver 2, 31). La salvación que Él ha traído no se refiere sólo al pueblo de Israel, sino a todas las naciones (13, 46-47).

 

142-   En la obra de Lucas, la salvación traída por Jesucristo se refiere en primer lugar al perdón de los pecados. Se anuncia desde el comienzo del evangelio (Lc 1, 77; 3,  3), el Señor manda a sus discípulos que la prediquen a todas las naciones (Lc 24, 47), y ellos lo ponen en práctica por medio del bautismo (Hech 2, 38). La Buena Noticia anunciada a judíos y gentiles es la del perdón de los pecados (Hech 10, 43; 13, 38; 26, 18). Este perdón, que era esperanza de los orantes de los salmos, se hace realidad en la comunidad que comienza a formarse a partir de la resurrección de Jesucristo.

 

143-   Pero la resurrección de los muertos, ya cumplida en Jesucristo, sigue siendo una esperanza para los creyentes. En los discursos ante las autoridades romanas Pablo dice que espera la resurrección de los justos y pecadores (Hech 24, 15).

   

La esperanza en los escritos de san Pablo

 

144-   En los escritos auténticos de san Pablo no se encuentra el verbo prosdéjomai con sentido teológico.[8] Igualmente, está totalmente ausente el verbo prosdokaō. En los textos referentes a la esperanza se expresa con los verbos àpekdéjomai 9] y èlpízein (y el sustantivo correspondiente èlpís), y con el sustantivo àpokaradokía.

 

145-   En las palabras iniciales de su primera carta aparece la tríada Fe – Caridad – Esperanza, las virtudes con las que “el cristiano muestra que lo es”[10] (1Tes 1, 3; ver 5, 8), y se indica que lo que caracteriza a la esperanza es la ýpomonē, que significa “perseverancia paciente” (ver Rom 8, 25). La esperanza se muestra entonces como una tendencia hacia un bien futuro en medio de ambiente hostil que hace necesaria la perseverancia paciente.[11] Lejos de ser una espera pasiva, la esperanza exige el esfuerzo constante para perseverar en medio de la dificultad. La ýpomonē se asocia a veces con thlipsis (tribulación) (Rom 5, 3-4; 2Cor 6, 4) y con paráklēsis (consuelo) (Rom 15, 4. 5; 2Cor 1, 6). La vida cristiana se caracteriza por la fe viva, la caridad fructífera y por una espera paciente y perseverante. En el transcurso de esta vida, el cristiano se debe enfrentar con las tribulaciones al mismo tiempo que recibe el consuelo de Dios.  

 

146-   El objeto de esta esperanza es la venida futura del Señor: “esperar (ànamenō)[12] a su Hijo Jesús que ha de venir de los cielos, a quien resucitó de entre los muertos y que nos salva de la cólera venidera” (1Tes 1, 10; ver 1Cor 1, 7; Fil 3, 20). La “ira venidera” es el juicio condenatorio sobre los pecadores en el “Día del Señor”, pero los cristianos no miran ese día con temor sino, por el contrario, lo esperan pacientemente porque en él se hará presente nuevamente Jesús Resucitado como salvador. “Cuando venga el Señor... primero resucitarán los que murieron en Cristo. Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre” (1Tes 4, 15-17). Hasta que llegue ese día, los cristianos deben “consolarse con estas palabras” (v. 18), mientras que “los que no tienen esperanza” (v. 13) viven en la tristeza. La esperanza se refiere a la resurrección final, a la salvación del juicio condenatorio y a la vida eterna bienaventurada en compañía del Señor, “porque Dios no nos destinó para la ira, sino para adquirir la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, a fin de que, velando o durmiendo, vivamos unidos a Él” (1Tes 5, 9-10).

 

147-   En medio de sus pruebas, san Pablo se alegra porque sabe que por la oración de los cristianos y por la acción del Espíritu Santo todas ellas servirán para su salvación. Él tiene una gran esperanza (katà tēn àpokaradokían kaì èlpída mou), y no se verá avergonzado... de que Cristo será glorificado en su cuerpo (Fil 1, 18-20). Cuando se encontró frente a la muerte, aprendió a no poner su seguridad en sí mismo sino en Dios que resucita los muertos. Así como experimentó que Dios lo libró y lo libra de la muerte, tiene firme esperanza (‘ēlpíkamen) de que lo librará en el futuro (2Cor 1, 9-10).

 

148-   San Pablo propone a Abraham como ejemplo de esperanza, porque vivió su fe esperando (“creyó con esperanza contra toda esperanza” Rom 4, 18), convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete, no dudó de la promesa de Dios a pesar de su realidad presente. Su cuerpo estaba “muerto” y creyó en Dios que le prometió descendencia (Rom 4, 18-21), por eso es modelo de los que creen en la resurrección (vv. 23-24). En este ejemplo que propone san Pablo parecen fundirse las fronteras entre la fe y la esperanza: la fe de Abraham se vivió esperando.

 

149-   La Carta a los Romanos presenta en otra perspectiva lo que se afirmó en la Primera carta a los Tesalonicenses. Después de haber afirmado que por la filiación adoptiva los creyentes quedan unidos a Cristo hasta el punto de que padecen con Él para ser glorificados con Él (Rom 8, 17), Pablo se detiene a explicar cómo se llegará a la plena manifestación de esa condición de “hijos de Dios”. Esta gloria es algo que todavía no se ve, y por lo tanto es objeto de esperanza (èlpízomen), se lo espera con paciente perseverancia (di´ ýpomonēs àpekdejómetha) (vv. 24-25). Mientras no se realice, se “gime esperando (àpekdejómenoi) la redención del cuerpo” (v. 23). En su venida, Cristo transformará el cuerpo mortal de los cristianos haciéndolos semejante a su cuerpo glorioso (Fil 3, 21). La condición mortal es lo que provoca los “gemidos”, semejantes a los de la creación que “gime y sufre dolores de parto” porque ha sido sometida a la corrupción (Rom 8, 21-22). La esperanza en Cristo que tienen los cristianos no se refiere solamente a esta vida, sino a que todos resucitarán en Cristo (1Cor 15, 19).

 

150-   Los creyentes no pueden tener idea de lo que será la gloria de los hijos de Dios, lo que “Dios ha preparado para nuestra gloria antes que existiera el mundo” (1Cor 2, 7), “lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar” (1Cor 2, 9 =  Is 64, 3). Las promesas de Dios superan lo que los hombres pueden imaginar, por eso no saben pedirla como conviene (Rom 8, 26). Pero el Espíritu se ha hecho cargo de la debilidad humana, e intercede “gimiendo” (v. 26). Por tratarse de la oración del Espíritu, queda garantizado que esta oración será escuchada (v. 27), y los cristianos alcanzarán el objeto de su esperanza. Llegará la hora de en que los hijos de Dios participen en la resurrección de Jesucristo (Rom 8, 11) y se manifiesten en gloria.  

 

151-   La gloria de los hijos de Dios no es sólo una esperanza para los hombres. Pablo dice audazmente que “la expectación (àpokaradokía) de la creación espera (‘apekdéjetai) la manifestación de los hijos de Dios. La creación fue sometida a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero con una esperanza (èph èlpídi) de que la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8, 19-21). De esta forma deja planteado varios interrogantes: ¿qué significa que “la creación espera”? ¿cómo será su participación en la gloria esperada?

 

152-   El ministerio de la Nueva Alianza es glorioso, y no se trata de una gloria transitoria como la que tenía el ministerio de la Antigua: “Lo que fue glorioso en cierta parte, no lo es comparado con esta gloria extraordinaria” (2Cor 3, 10). Aquella fue una gloria transitoria, pero ésta es permanente (v. 11). Pablo espera alcanzar esta gloria, y esta esperanza ya lo capacita para hablar con libertad (v. 12).

 

153-   San Pablo se gloría de la esperanza de esa gloria de Dios inimaginable, y encuentra motivos para gloriarse aun en medio de las tribulaciones, porque tiene certeza de que “la esperanza no quedará defraudada” (Rom 5, 2-5). La razón de esa certeza está en que un elemento de esa gloria futura ya se ha adelantado al presente: “la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (v. 5). Y el mismo Espíritu es el que produce la esperanza (Gal 5, 5). Queda planteada de esta forma una nueva situación: el objeto de la esperanza ya se ha hecho parcialmente presente, y es la garantía de su realización total. Por esa razón puede hablar de la salvación futura como de un bien ya recibido: “En la esperanza hemos sido salvados (èsōthēmen)” (Rom 8, 24).

   

La esperanza en las cartas de la tradición paulina

 

a) Efesios – Colosenses

 

154-   En el desarrollo del pensamiento paulino se aprecia una tendencia a identificar la esperanza con el objeto de la misma, y no con la actitud del creyente que espera.[13] De esta forma se puede hablar de “la esperanza a la que fueron llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos” (Ef 1, 18), de “una es la esperanza a las que ustedes han sido llamados” (Ef 4, 4), de “la esperanza que está reservada en el cielo” (Col 1, 5), de “Cristo, la esperanza de la gloria” (Col 1, 27). La esperanza de los cristianos se encuentra en continuidad con la del pueblo judío, que ya antes esperaba (proelpízein) en Cristo (Ef 1, 12)

 

155-   De esta forma se enfatiza y absolutiza el aspecto trascendente de la esperanza. El ser humano no puede llegar a conocerla si no es mediante una revelación, como ya se ha expuesto en la Introducción de este trabajo. Los paganos no podían alcanzarla, y por eso son definidos como aquellos que “no tenían esperanza” (Ef 2, 12). Los creyentes la poseen porque es “la esperanza de la Buena Noticia” (Col 1, 23), es decir, la Buena Noticia de que la verdadera vida de los cristianos está “reservada en el cielo” (Col 1, 5), oculta con Cristo, y cuando Cristo se revele glorioso, también los cristianos aparecerán llenos de gloria (Col 3, 3-4).

 

156-   Resumiendo estas ideas, se puede decir que la vocación cristiana consiste en vivir en la gloria. Por esa razón los autores de estas cartas ponen especial empeño en exhortar a los creyentes “para que vivan de una manera digna de la vocación que han recibido” (Ef 4, 1). Tanto en la vida personal, como en las relaciones familiares y comunitarias se debe manifestar la nueva condición cristiana, en un constante crecimiento hasta llegar a la unidad con Cristo glorioso (Ef 4, 13).

   

b) Las cartas pastorales

 

157-   De la misma manera que en la Carta a los Colosenses, la Primera Carta a Timoteo llama a Cristo “nuestra esperanza” (1Tim 1, 1). Los cristianos esperan la bienaventurada esperanza que consiste en “la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tit 2, 13). Los que hayan amado (ēgapēkosi) esta manifestación recibirán una corona de justicia (2Tim 4, 8). Por esa razón se debe poner la esperanza (ēlpikénai) sólo en Dios y no en el dinero (1Tim 6, 17).

 

158-   El objeto de la esperanza es la vida eterna, prometida por Dios antes de todos los siglos (Tit 1, 2), de la que los cristianos fueron constituidos herederos por la justificación que les otorgó el Espíritu Santo recibido en el bautismo (Tit 3, 4-7).  

 

159-   En continuidad con la línea comenzada en las otras cartas de la tradición paulina, también en estas se pone la esperanza en relación con el actual comportamiento de los cristianos. El Autor de la Primera Carta a Timoteo trabaja intensamente en el apostolado, se fatiga y lucha, porque ha puesto su esperanza en Dios (1Tim 4, 10). Si la esperanza es el objeto a alcanzar, en los creyentes la esperanza lleva el nombre de ýpomonē (“perseverancia paciente, constancia”). En estas Cartas la tríada Fe – Amor – Esperanza, se enuncia Fe – Amor – ýpomonē  (1Tim 6, 11; 2Tim 3, 10; Tit 2, 2).

   

La esperanza en la Primera carta de Pedro

 

160-   En este escrito que tiene sorprendentes puntos en común con la teología paulina, se da un lugar prominente a la esperanza de los cristianos. El Autor se propone animar a los cristianos que se encuentran ante el comienzo de una persecución (4, 12-16). Por medio de este texto en el que resuenan los temas bautismales, les propone lo que Dios ha prometido y tiene reservado en el cielo para aquellos que perseveran hasta el fin.

 

161-   En el mismo comienzo de la obra, da gracias a Dios porque en su gran misericordia, por la fuerza de la resurrección de Cristo, ha reengendrado (ànagennaō)[14] a los creyentes en orden a una “esperanza viva” (1, 3). El Autor establece ciertas precisiones que es importante tener en cuenta: cuando el lector esperaría que por la resurrección de Cristo los creyentes alcanzan la participación en la resurrección, él dice que por la resurrección han sido reengendrados. Igualmente, cuando dice esto último, el lector esperaría encontrar que han sido reengendrados para la vida, pero él dice que ha sido para una esperanza. De esta forma pone cierta distancia entre la situación actual de los cristianos y la resurrección futura.[15]

 

162-   Más adelante dirá que fueron reengendrados por el semen (spora) incorruptible que es la Palabra del Dios viviente (1, 23). Los seres humanos son engendrados para que participen de esta vida terrenal, pero los que nacen de nuevo por la fuerza del misterio pascual de Cristo ingresan en una vida que está en esperanza. La esperanza se explica con otras palabras: “es una herencia incorruptible, inmaculada y que no se marchita, que está custodiada en el cielo”  (1, 4), está en Dios (1, 21). Los adjetivos que le aplica el Autor pertenecen al vocabulario del libro de la Sabiduría,[16] que los aplica a las cosas divinas. Al proponer una promesa de tanto valor para los hombres, concluye diciendo que está “custodiada en el cielo”, indicando de esta manera que se trata de un depósito seguro que no se puede perder porque su custodio es el mismo Dios, y la reserva para los que han tenido el nuevo nacimiento.

 

163-   Finalmente el Autor dice que lo que se espera para el futuro es participar de la vida gloriosa de Cristo (5, 10). En consonancia con la tradición paulina dice que los creyentes “han sido llamados” a esa gloria (ibid.).

 

164-   Los creyentes tienen seguridad de alcanzar esta herencia porque el poder de Dios los protege para que puedan llegar a la salvación que se revelará en el último día (1, 5). Teniendo una esperanza tan firmemente asentada, los cristianos están llenos de alegría aun en medio de las dificultades y tribulaciones propias del tiempo de persecución (1, 6; 4, 13; ver 3, 14). Para mantener esta alegría, el Autor les trae a la memoria el ejemplo de Cristo, que padeció para entrar luego en la gloria (1, 11).

 

165-   La esperanza se alcanzará plenamente en el futuro, pero los cristianos adoptan desde el presente una nueva forma de vivir. No deben adoptar las formas de vida que caracterizan a este mundo, sino deben sentirse como “gente de paso y extranjeros” (2, 11) que van orientados hacia la vida gloriosa.

 

166-   Los que fueron reengendrados para una esperanza viva (1, 3), han quedado “purificados para un sincero amor fraternal” (1, 22). El que los llamó a la gloria “es Santo”, por esa razón ellos también deben ser santos en toda la conducta (1, 15-16). Al ser ‘reengendrados’, los cristianos tienen ahora a Dios como Padre (1, 17), por eso deben ‘honrar a este Padre’ conduciéndose de una manera digna (ibid.).

 

167-   La vida futura esperada configura ya la vida presente. Tiene su consumación en el cielo, pero comienza en la tierra. La moral cristiana llamaba la atención de los paganos (2, 12; 3, 1), que se admiraban porque los creyentes ya no participaban en la vida corrupta y disipada que caracterizaba la moral decadente de esa época del imperio (4, 3-4; ver 1, 14). Por eso se preguntaban cuál era la razón de ese cambio. También las autoridades interrogaban a los cristianos en los tribunales sobre la razón por la que introducían nuevas formas de vida en la sociedad. Este era el momento en el que los creyentes debían dar “razón de su esperanza” (3, 15).[17] Los paganos preguntarían por la forma de vida de los cristianos, pero el Autor va a la raíz de la cuestión: esa forma de vida se explica por la esperanza que ellos tienen. Es necesario que los cristianos expliquen cuál era la motivación que tienen para obrar de una manera diferente a los que sólo tienen motivaciones terrenales. Son dos formas de existencia que sólo se explican por la esperanza que tienen como perspectiva.

   

La Segunda Carta de Pedro

 

168-   Este texto, muy posterior a la Primera Carta y completamente independiente de esta, refleja una situación de crisis de la esperanza en ciertos sectores de la comunidad cristiana. El Autor se encuentra ante un grupo que se sentía defraudado por la tardanza de la parusía y optaba por negarla: “... hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán «¿Dónde está la promesa de su venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación»” (2Pe 3, 3-4).

 

169-   A la euforia del pensamiento de un próximo retorno del Señor que caracterizó a los primeros días de las jóvenes comunidades cristianas[18] le sigue ahora un total rechazo de tal expectativa. Estos negadores de la parusía se distinguen también por la inmoralidad. El Autor dice de ellos que “viven de acuerdo con sus pasiones” (3, 3). Desde el momento que no habrá parusía, el juicio los tiene sin cuidado.

 

170-   Ante esta situación de crisis, el Autor reafirma la esperanza cristiana. Para expresarla, utiliza el verbo prosdokaō, que aparece tres veces en la exhortación de la última parte de la carta. Después de reiterar la enseñanza tradicional, en la que describe con lenguaje apocalíptico el final de todas las cosas, se dirige a los lectores para hacerles tomar conciencia de la vida santa y piadosa con la que se debe vivir esta esperanza: “¡Que santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor!” (2Pe 3, 11-12). La tardanza de la parusía no se debe a que Dios ha faltado a sus promesas, como dirían los falsos maestros aludidos por el Autor, sino a la paciencia de Dios, que prolonga el tiempo para dar oportunidad a los pecadores para que hagan penitencia. Si la vida de los hombres es tal que ya no sea necesario un tiempo para la penitencia, sin duda que llegará inmediatamente el Día del Señor.[19]

 

171-   El objeto de la esperanza será un mundo nuevo que se caracterizará por la justicia: “De acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia” (v. 13). Los que negaban la parusía pensaban, como los que no tienen esperanza, que el mundo terminará en una destrucción total. El Autor de la Carta muestra un panorama diferente: los cielos nuevos y la tierra nueva de los que habló Isaías (65, 17; 66, 22). Termina diciendo que en la nueva creación “habitará la justicia”. La justicia era lo que Dios exigía de Israel, “observar y poner en práctica todos los mandamientos” (Dt 6, 25). En la futura situación ya no habrá lugar para el pecado porque allí “todos serán justos” (Is 60, 21), por eso insiste: “Mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que Él los encuentre en paz, sin manchas ni reproches” (v. 14). Los negadores de la esperanza, acusados de vivir disolutamente porque negaban el juicio futuro, quedaban descalificados.

 

172-   La Segunda Carta de Pedro destaca el aspecto ético que acompaña la esperanza. La situación planteada por los que negaban la esperanza cristiana exigía que se acentuaran los aspectos del juicio y de la renovación cósmica. Una palabra usada por el Autor merece ser tenida en cuenta: los cristianos deben esperar y “acelerar” la venida del Día del Señor (3, 12). Si la venida del Señor parece retardarse, los cristianos deben mostrar de alguna forma la presencia de los signos que anuncian los cielos nuevos y la tierra nueva.

 

El Apocalipsis

 

173-   En el Apocalipsis no aparece ninguno de los términos asociados con la palabra “esperanza”. Pero se repite frecuentemente ýpomonē (perseverancia paciente, constancia),[20] un término que - como ya se ha visto – reemplaza a la “esperanza” en las cartas pastorales (1Tim 6, 11; 2Tim 3, 10; Tit 2, 2).

 

174-   El autor de la obra se presenta como hermano de los lectores, con quienes comparte “las tribulaciones, el Reino y la ýpomonē en Jesús” (1, 9). Las tribulaciones y el Reino parecen indicar los dos momentos entre los cuales el cristiano se encuentra en tensión: el sufrimiento presente y la bienaventuranza futura. La ýpomonē se ejercita hacia el mundo agresor, soportando hasta la muerte y manteniendo la fe que es puesta a prueba. Pero también se ejercita hacia el Reino cuando no se desfallece en la espera de Jesús a pesar de las contrariedades presentes.

 

175-   Colocada ante la persecución, la comunidad debe vivir la esperanza de la venida de Cristo ejercitando la paciencia en el sufrimiento y la constancia en la fe. A esta actitud aluden las cartas a las iglesias de Éfeso (2, 2-3), Tiatira (2, 19) y Filadelfia (3, 10). En la lucha que se desarrolla en el último período de la historia, se exige a los cristianos que vivan en la ýpomonē: “El que tenga que ir a la cárcel, irá a la cárcel; y el que tenga que morir por la espada, morirá por la espada. En esto se pondrá a prueba la ýpomonē y la fe de los santos” (13, 10; ver 14, 12). La salvación futura sólo es asegurada a los que hayan permanecido en esta actitud de “perseverancia paciente”. Los que no perseveran de esta forma son caracterizados como “cobardes” (deilós), y quedarán excluidos de la Jerusalén celestial (21, 8).

   

Conclusión

 

176-   Esta recorrida por los libros de las dos Alianzas muestra con suficiente claridad que el concepto de esperanza es uno de los puntos fundamentales en el pensamiento bíblico. Desde este examen restringido casi exclusivamente al uso del vocabulario se puede concluir que aun cuando éste no esté presente, toda la dinámica de la Biblia está orientada hacia una esperanza.

 

177-   Para los pensadores griegos la vida del hombre se desarrollaba entre recuerdos del pasado, contemplación del presente y esperanzas del futuro. Pero estas esperanzas siempre eran inciertas, y podían ser buenas o malas. Para los trágicos, la esperanza era algo propio de los dioses que no debía ser comunicado a los hombres. Prometeo, en su tormento, se lamenta: “Tuve piedad de los hombres, y ahora no soy tenido por digno de ella. Por el contrario, soy tratado sin misericordia... Por mí los mortales han dejado de mirar con terror a la muerte”. El coro le pregunta: “¿Qué remedio encontraste contra ese mal?”, y Prometeo responde: “Hice habitar entre ellos las ciegas esperanzas”. El coro responde con admiración: “¡Qué bien tan grande has otorgado a los mortales!” [21]

 

178-   En las más antiguas formulaciones se ve que el hombre de Israel esperaba de Dios los bienes terrenales más inmediatos, porque tenía conciencia de que se encontraba ante una promesa de YHWH que se refería a su futuro. En vista de ese futuro Israel había sido separado y había recibido una identidad: YHWH era su Dios y él era el pueblo de YHWH. Ante las incertidumbres de la vida o las contrariedades de los acontecimientos siempre encontraba su seguridad en Dios y a Él se dirigía para pedirle su intervención en la historia. En esos momentos invocaba a YHWH como a “su” Dios, y con la confianza que le otorgaba su identidad como pueblo de YHWH. La fe en la Palabra del Señor implicaba una esperanza, y vivir en esta esperanza era la forma de vivir la fe. Y era tan grande la unión entre ambas, que quien carecía de una de ellas, estaba privado de las dos.

 

179-   La actuación de Dios cuando salvaba a su pueblo ponía ante la luz la inutilidad de la fuerza humana, de los príncipes o de los ídolos que no podían salvar. Los profetas debían proclamar una y otra vez que no se debía poner la esperanza en los dioses ni en las fuerzas de las naciones. Esas falsas esperanzas llevaron a Israel al desastre. A pesar de todo, Israel no desapareció porque los profetas le hicieron mantener la esperanza en la promesa de YHWH. Era la esperanza que se refería a una posibilidad de vivir: la promesa apuntaba a un futuro.

 

180-   La promesa de Dios siempre ha quedado más allá de lo que los hombres podían imaginar o desear. Por eso fueron necesarias las crisis en las que la esperanza se purificaba de aquellas limitaciones erróneas que le imponía la óptica humana. Si las generaciones más antiguas podían circunscribir su esperanza a una descendencia o a la posesión de una tierra, se debió comprender más tarde que la gran descendencia no se limitaba a los hijos de Abraham nacidos según la naturaleza, y que la tierra no era la limitada por las fronteras terrenales del territorio de Israel. De la misma forma sirvieron los desencantos de la monarquía y del reino terrenal de David para comprender que el Reino prometido se encontraba en otro nivel. Las súplicas muestran con claridad cómo se esperaba de YHWH la liberación de los males de cada día, pero los Salmos dejan vislumbrar que finalmente se esperaba la liberación de todos los males, y principalmente la liberación de la muerte, que es el mal que los contiene a todos.

 

181-   Las adquisiciones terrenales, aunque provisorias, no carecían de valor, porque a través de ellas se descubría la permanente fidelidad de YHWH a las promesas e iban conduciendo al pueblo, con una admirable pedagogía, hacia lo que era definitivo y permanecía siempre más allá de lo que él podía comprender.

 

182-   Hay una constante a lo largo del desarrollo de la idea de la esperanza en el Antiguo Testamento, y que luego se continuará en el Nuevo: la confianza en YHWH debe ir acompañada de una sumisión a su Ley. Los que se orientan hacia el mundo nuevo que les promete el Señor, reconocen su condición de pecadores y se esfuerzan por purificarse.

 

183-   En la época más cercana a la manifestación del Nuevo Testamento se fue abriendo paso lentamente la revelación de que el fin prometido estaba más allá de las fronteras de esta vida y que había que pensar en otros términos, que en esos momentos se expresaron como ‘inmortalidad’ y ‘resurrección’, aunque entrevistos todavía de manera muy oscura. Esto no impidió que durante la época de la predicación de Jesús, y aun después, en muchas ocasiones los discípulos manifestaran esperanzas de carácter terrenal.[22] Siempre ha existido el peligro de confundir la esperanza con las realizaciones temporales. Éstas están marcadas siempre con el rasgo de lo provisorio e imperfecto, deben ser sometidas a una constante purificación. Están en el camino hacia la esperanza, pero no la realizan plenamente. Como en la etapa del Antiguo Testamento, también ahora es necesario reconocer que el objeto de la esperanza no se limita a las realizaciones temporales, pero tampoco está desligado de éstas.

 

184-   La predicación de Jesús, centrada en el anuncio de la llegada del Reino, mostró mediante hechos del presente que estaban a punto de realizarse todas las promesas de Dios: “los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres” (Mt 11, 5-6). “Si expulso a los demonios con el dedo de Dios, es porque el Reino de Dios ya ha llegado a ustedes” (Lc 11, 20). La salvación esperada comienza a cumplirse principalmente en el perdón de los pecados, y esa es la Buena Noticia que los discípulos deben llevar a todas las naciones. Dios es fiel a sus promesas, y las realizaciones presentes muestran que se avanza hacia la consumación.

 

185-   Pero Jesús abrió una nueva perspectiva: antes de la llegada del fin último debía haber un espacio para la misión, porque la salvación estaba destinada a todas las naciones. La esperanza ha visto el comienzo de su cumplimiento, pero todavía hay un espacio de tiempo para aguardar el final. Todavía queda por esperar una segunda venida del Señor. Mientras tanto, ya se debe vivir el comienzo del Reino. Las enseñanzas morales de Jesús proponen una forma de vida que sólo puede ser comprendida y vivida por quienes viven en la esperanza de que el Reino ya ha comenzado y está encaminado hacia su consumación final.

 

186-   La predicación apostólica ha mostrado que la salvación esperada – el Reino – ya se da en Jesucristo resucitado, y que todos los hombres están llamados a participar de esa resurrección gloriosa. La Primera Carta de Juan dice que esta participación implica un llegar a “ser como Él es” y “verlo tal cual es” (1Jn 3, 2). Por esa razón, la esperanza es el mismo Jesucristo glorioso.

 

187-   Se acentúa el aspecto trascendente de la esperanza, y por eso mismo se destaca el hecho de que sólo puede ser conocida por una intervención especial del Espíritu Santo. Por eso se produce un desplazamiento: se habla de esperanza para referirse a lo que se espera, mucho más que al hecho de esperar. Simultáneamente se destaca que vivir en la esperanza no significa una actitud meramente pasiva, un cruzarse de brazos hasta que llegue lo esperado, sino que implica una forma de comportarse en la comunidad y en la sociedad: ya se está viviendo en aquello que se espera.

 

188-   Desde el comienzo, pero sobre todo en los escritos más tardíos, que se publican cuando comienzan las crisis de esperanza en la comunidad cristiana, el acento se pone sobre el hecho de que los cristianos deben vivir de tal forma que hagan evidentes los rasgos del Reino en su etapa ya presente mientras aguardan su consumación definitiva. Se los exhorta a vivir como “extranjeros y gente de paso” en este mundo (1Pe 2, 11) que tienen su mirada en el término del viaje y no se quedan con lo que encuentran en el camino.

 

189-   Cuando se habla de cielos nuevos y tierra nueva,[23] se quiere decir que la renovación esperada no afectará solamente al individuo. Se espera una sociedad diferente en la que habitará la justicia. Esta perspectiva ilumina todo el proceder de los cristianos en el camino hacia esa nueva Jerusalén. La santidad futura tiene exigencias para el presente, y la vida glorificada ya se adelanta en la forma en que se organizan las comunidades cristianas. Así lo deja entrever san Lucas en la descripción paradigmática de la vida de la primera comunidad de Jerusalén (Hech 2, 42-47; 4, 32-35; 5, 12-16). La esperanza de lo trascendente no hace olvidar las realidades temporales, sino que exige que se las tome en cuenta y se las oriente hacia la consumación definitiva. Finalmente, se amplía el campo de la mirada cuando se dice que esa transformación que se espera no afectará sólo al individuo y a la sociedad, sino también a todo el universo. Vivir en la esperanza exige mirar de una manera nueva todo lo existente.

 

190-   La esperanza se debe vivir en medio de contrariedades que la ponen a prueba. Por esa razón algunos libros del Nuevo Testamento (Cartas pastorales, Apocalipsis) prefieren hablar de la “perseverancia paciente, constancia”, como de un nuevo nombre de la esperanza ejercitada en los tiempos difíciles. En estos casos la esperanza no desfallece ni aun en los casos en que se deba derramar la sangre.

 

191-   Esta forma de vivir suscitará la curiosidad de los no-creyentes, que querrán saber la razón de este comportamiento tan diferente al del resto de la sociedad. En este momento los cristianos deberán “dar razón de la esperanza” (1Pe 3, 15). Deberán explicar a los demás cuáles son esos cielos nuevos y tierra nueva hacia la que se dirigen y que de alguna manera ya están mostrando presentes en este mundo.

 

[1] En Mt aparece una sola vez èlpízein (12, 21, en una cita de Isaías), y dos veces prosdokáo (11, 3 y 24, 50, en dos textos Q.). En Mc aparece una sola vez prosdéjomai (15, 43). En Jn, el verbo èlpízein aparece una vez en el Evangelio (5, 45). En las Cartas aparece dos veces (2Jn 1, 12 y 3Jn v. 14), con sentido vulgar.

[2] El que debe liberar al pariente cercano es el “go´el”: H. Ringgren, s.v. Go´el; en: Theological Dictionary of the Old Testament (Botterweck-Ringgren, edits.) ; Eerdmans - Grand Rapids, Mi. - 1988; II, 350-355.

[3] “Señor, tú eres nuestro Rey por siempre jamás... Nosotros esperamos en Dios nuestro Salvador... Tú, Señor, escogiste a David como rey sobre Israel; Tú le hiciste juramento sobre su posteridad, de que nunca dejaría de existir ante Ti su casa real... Mira, Señor, y suscítales un rey, un hijo de David... para que reine en Israel tu siervo. Rodéale de fuerza, para quebrantar a los príncipes injustos, para purificar a Jerusalén de los gentiles que la pisotean, destruyéndola, para expulsar con tu justa sabiduría a los pecadores de tu heredad, para quebrar el orgullo del pecador como vaso de alfarero, para machacar con vara de hierro todo su ser, para aniquilar a las naciones impías con la palabra de su boca, para que ante su amenaza huyan los gentiles de su presencia...” (Salmos de Salomón, XVII, 1. 3-4. 21-25).

[4] En el libro de los Hechos aparece una vez con sentido profano (24, 26) y otra vez con sentido teológico (26, 7).

[5] La ‘redención de Israel’ es mencionada con sentido militar y nacionalista en 1Mac 4, 11.

[6] Las únicas veces que Mt utiliza el verbo prosdokaō es en textos dependientes de Q: 11, 3 y 24, 50 (corresp. Lc 7, 19 y 12, 46).

[7] “Hope is present but ill defined” (J.B. Green, The Gospel of Luke, The New International Commentary on the New Testament, Eerdmans – Grand Rapids, Mi. – 1997; 180.

[8] Se encuentra dos veces con el sentido de ‘recibir a una persona’ (Fil 2, 29 y Rom 16, 2).

[9] El verbo àpekdéjomai no aparece en LXX.

[10] H. Schlier, El Apóstol y su comunidad – I Tesalonicenses. Fax – Madrid – 1974; 25.

[11] “En la comunidad hay también, por último perseverancia paciente en la esperanza, confianza plena en medio de las múltiples amenazas y asechanzas que el cristiano ha de soportar continuamente. Lo que nos capacita para tener paciencia y aguantar es la esperanza viva en la venida del Señor.” (H. Schürmann, Primera Carta a los Tesalonicenses, Herder – Barcelona- España 1975; 31.

[12] Este verbo es un ápax en el Nuevo Testamento, pero en LXX es uno de los verbos que traducen el hebreo qwh. Su presencia en este texto paulino indicaría que aquí Pablo está repitiendo una fórmula recibida del kérygma primitivo.

[13] Con una sola excepción en Ef  1, 12, en el resto de estas cartas están ausente los verbos que indican ‘esperar’.

[14]El verbo ànagennao no aparece en LXX ni en el resto del NT. Está sólo en 1Pe 1, 3. 23.

[15] En esto muestra menos audacia que otros textos de la tradición paulina: “Nos resucitó y no hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús” (Ef 2, 6); “Si han resucitado con Cristo...” (Col 3, 1).

[16] Ver Sab 3, 13; 4, 2; 6, 12; 8, 20; 12, 1; 18, 4.

[17] El texto de 1Pe no explicita si esta “razón” se debe dar en el ambiente de los tribunales durante los interrogatorios judiciales, o si se exigía en medio de las polémicas de carácter privado con los paganos. Los comentaristas disienten en este punto. La solución de este problema no es de importancia para este trabajo. Ver: N. Brox, La Primera Carta de Pedro, Sígueme – Salamanca – 1994; 214-216.

[18]“...los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor” (1Tes 4, 15); “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense... El Señor está cerca” (Fil 4, 4-5); etc.

[19] Esta es una enseñanza común en el judaísmo: “Respondí y dije: «Oh, Soberano Señor, ¡pero también todos nosotros estamos llenos de impiedad! Seguramente por nuestra resistencia y a causa de los pecados de los habitantes de la tierra, la cosecha de los justos será impedida»” (IV Esdras, 4, 38-39; trad. G. Nápole). “Si Israel hubiera cumplido dos sábados de acuerdo con la Ley, habría sido inmediatamente redimido” (TB. Shab 118b). “El Hijo de David, dijo Rabí Iohanan, sólo vendrá cuando haya una generación totalmente virtuosa o totalmente perversa” (TB, Sanh 98a). “El Hijo de David vendrá cuando Israel cumpla un solo sábado como está mandado” (TJ, Ta’an 64a).

[20] Sorprendentemente, el libro del Apocalipsis no tiene ninguna de las palabras que se traducen por ‘esperar – esperanza’, pero tiene siete veces el término ýpomone (1, 9; 2, 2. 3. 19; 3, 10; 13, 10; 14, 12).

[21] Esquilo, Prometheus Vinctus, Ep. I, Antist. II.

[22] Ver la aclamación de la multitud durante la entrada de Jesús en Jerusalén según la redacción de Marcos: “¡Bendito el Reino de nuestro padre David que viene!” (Mc 11, 10); “Nosotros esperábamos que Él redimiera a Israel...” (Lc 24, 21); “Señor ¿ahora vas a restablecer el reino de Israel?” (Hech 1, 6).

[23] 2Pe 3, 13;  Apc 21, 1;  ver Rom 8, 18-23.

 

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 La Iglesia no se edifica sobre comités, juntas o asambleas. La palabra y la acción de sus miembros salvarán al mundo en la medida en que estén conectados con el sacrificio redentor de Cristo, actualizado en el misterio eucarístico, que aplica toda su fuerza salvífica. Toda palabra que se oye en la Iglesia, sea docente, exhortativa, autoritativa o sacramental, sólo tiene sentido salvífico, y edifica la Iglesia, en la medida en que es preparación, resonancia, aplicación o interpretación de la "protopalabra" [48]: la palabra de la “anamnesis” ("hoc est enim corpus meum...") que hace sacramentalmente presente al mismo Cristo y su acción redentora eternamente actual, al actualizar el sacrificio del Calvario para que se realice la obra de la salvación con la cooperación de la Iglesia, su esposa.

 

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La Iglesia es santa. En Ella «todos, ya pertenezcan a la Jerarquía, ya pertenezcan a la grey, son llamados a la santidad según aquello del Apóstol: Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación (I Tes 4, 3; cfr Ef 1, 4)» (LG, 39). Esta misma y única santidad de la vocación cristiana es, por tanto, también propia de aquellos fieles que en el Pueblo de Dios reciben el sacramento del matrimonio. « El amor, con que el Esposo ‘amó hasta el extremo’ a la Iglesia, hace que ella se renueve siempre y sea santa en sus santos, aunque no deja de ser una Iglesia de pecadores» (Gratissimam sane -Carta a las Familias-, 19).

 

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"La comunidad cristiana tiene que mostrar la belleza del Amor al mundo"

 

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“El alma sola sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo; antes se irá enfriando que encendiendo” (SAN JUAN DE LA CRUZ, Dichos de luz y de amor)

 

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13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».

Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.

Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.

19 Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Evangelio según San Mateo Cap. 16 v.13 al 19.

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

Algunos piensan, no sin razones que la cultura europea está en decadencia y puede llegar a desaparecer. No es imposible si se toma en el sentido estricto de europeo-occidental, pero en cambio no es posible si se refiere al fondo o núcleo esencial de la misma, el cristianismo, que primero fue judío, luego romano, bárbaro, feudal, europeo, americano y después africano y asiático. El cristianismo no está hecho para lograr una cultura propia, cerrada y perecedera, sino para ser la sal y la luz de cualquiera de las civilizaciones que vayan apareciendo y que quieran llevar en ellas algo de eternidad.

 

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"El hombre prehistórico también tiene un sitio en la Historia de la Salvación"

 

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Chesterton: “Estoy orgulloso de verme atado por dogmas anticuados, como dicen mis amigos periodistas, porque sólo el dogma razonable vive lo bastante para que se le llame anticuado”.

 

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«Sin fe, no nos engañemos, ni hay cultura, ni hay unidad».

 

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‘La seguridad no es más que dejar que Dios vaya aclarando mis certezas’.

‘En realidad no importa cómo sirvamos a Dios, importa querer e intentar escucharle’.

Hermana ROSARIO, Novicia de las Siervas de María-2003

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario, construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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En la creación del mundo y del hombre, Dios ofreció el primero y universal testimonio de su amor todopoderoso y de su sabiduría, el primer anuncio de su "designio benevolente" que encuentra su fin en la nueva creación en Cristo.

316 Aunque la obra de la creación se atribuya particularmente al Padre, es igualmente verdad de fe que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son el principio único e indivisible de la creación.

317 Sólo Dios ha creado el universo, libremente, sin ninguna ayuda.

318 Ninguna criatura tiene el poder Infinito que es necesario para "crear" en el sentido propio de la palabra, es decir, de producir y de dar el ser a lo que no lo tenía en modo alguno (llamar a la existencia de la nada) (cf DS 3624).

319 Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

320 Dios, que ha creado el universo, lo mantiene en la existencia por su Verbo, "el Hijo que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hb 1, 3) y por su Espirita Creador que da la vida.

321 La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último.

322 Cristo nos invita al abandono filial en la providencia de nuestro Padre celestial (cf Mt 6, 26-34) y el apóstol S. Pedro insiste: "Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros" (I P 5, 7; cf Sal 55, 23).

323 La providencia divina actúa también por la acción de las criaturas. A los seres humanos Dios les concede cooperar libremente en sus designios.

324 La permisión divina del mal físico y del mal moral es misterio que Dios esclarece por su Hijo, Jesucristo, muerto y resucitado para vencer el mal. La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que nosotros sólo coneceremos plenamente en la vida eterna.

 

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“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

 

“Dios no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es inútil luchar”.

 

Dios se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».

«El primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».


El Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora --esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad».
S. S. Benedicto XVI. P.M. MMV.XI.X.

 

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¡Laudetur Iesus Christus!

 

 

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† Benedicto XVI: «Hay quien habiendo decidido que ‘Dios ha muerto’, se declara él mismo ‘dios’». 2008-X.05


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