Friday 30 July 2010 | Actualizada : 2010-07-26 
Inicio > Ciencia y Fe > Células - 1º madre verdades y mentiras; vida Ética y progreso; qué son?
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Es preciosa la homilía de Benedicto XVI en la apertura del Sínodo sobre la Eucaristía, con su diagnóstico certero sobre el mundo moderno: “queremos poseer el mundo de manera ilimitada, Dios nos estorba y hacemos de Él una simple frase devota, o lo desterramos de la vida pública… Pero donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo, no puede haber justicia”. Varios medios han tildado esta afirmación, tan evangélica y tan realista, de apocalíptica, cuando se trata de una lectura inteligente de la historia del mundo, y especialmente del siglo que acabamos de dejar atrás. Es una advertencia especialmente adecuada para esta hora que nos toca vivir, aunque provoque sarpullido a los bienpensantes de turno. 2005-10-10

 

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Células llenas de información; ¿quién las programó?

Acabo de leer que el catedrático de Informática Werner Gitt, en uno de sus enfoques sobre la cuestión de cómo se producen informaciones y de dónde proceden, afirma que en las células humanas se encuentra la mayor densidad de información que existe.

En tan sólo el volumen correspondiente a una cabeza de alfiler de nuestra masa hereditaria se encontraría tal cantidad de información que –
de traducirse en el sistema usual, el libro- podrían éstos apilarse uno encima de otro hasta alcanzar una altura quinientas veces superior a la distancia entre la Tierra y la Luna.

Y
se preguntaba, el catedrático, ¿quién es responsable de esa información? De una información que, además, posee una magnitud no material.

Sólo la inteligencia puede implantarla.

Un ordenador se podría dejar en pie millones de años, nunca se daría un programa a sí mismo. Pero, si nuestras células son mucho más complicadas que el ordenador más complicado ¿quién las ha programado?
Gracias, Sr. Director, por dejarme reflexionar “en voz alta”. ¿Puede esto ayudar a alguien? ANNA SOLANS SERRA. 22007

http://www.forumlibertas.com

 

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Pelotas de células

 

Por JUAN MANUEL DE PRADA

EL otro día leía en un periódico que los embriones utilizados en investigaciones científicas son «pelotas de células que ni sienten ni padecen». Siempre que me tropiezo con afirmaciones tan sumarias me acuerdo de una de las secuencias más célebres de «El tercer hombre». Holly Martins, el escritor de noveluchas ínfimas interpretado por Joseph Cotten, ha logrado al fin reunirse con su amigo Harry Lime (Orson Welles), un cínico asesino que se ha enriquecido vendiendo fármacos adulterados. El encuentro entre los dos protagonistas acontece en el Prater vienés; montan juntos en la noria y, cuando se hallan en lo más alto, Martins pregunta, horrorizado: «¿Has visto a alguna de tus víctimas?». Harry Lime esboza una sonrisa cínica y dirige con desapego la mirada a la gente que pasea por el descampado, allá a lo lejos: «¿Víctimas? -se mofa-. No seas melodramático. Mira ahí abajo. ¿Sentirías compasión por alguno de esos puntitos negros si dejara de moverse? Si te ofreciera veinte mil dólares por cada puntito que se parara, ¿me dirías que me guardase mi dinero o empezarías a calcular los puntitos que serías capaz de parar? ¡Y libre de impuestos, amigo, libre de impuestos! Hoy es la única manera de ganar dinero».

Basta subirse a una noria para que los hombres se conviertan en puntitos negros; basta encaramarse en la atalaya progre para que los embriones se conviertan en pelotas de células que ni sienten ni padecen. Siempre me ha provocado estupor que una época como la nuestra, que se declara compasiva y ha querido extender los frutos de esa compasión hacia ámbitos más allá de lo puramente humano (pensemos, por ejemplo, en la defensa de los animales), se muestre en cambio tan impiadosa cuando se trata de proteger la vida embrionaria. Lo cual me hace pensar que tales muestras de pretendida humanidad no son sino aspavientos de una época que ha dejado de ser humana. No una época de hombres malvados, sino una época en que los hombres han dejado de serlo; y que, para fingir que lo siguen siendo, urden coartadas, cuanto más rimbombantes mejor, que anestesien lo que antaño llamábamos conciencia.

Y cuando los hombres dejan de serlo, la vida deja de tener una dignidad intrínseca; se puede seguir defendiendo con argumentos meramente utilitarios, pero ya nunca más como una verdad indestructible que nos interpela y demanda una defensa obstinada. Se entroniza así una concepción puramente «funcional» de la vida: su dignidad ya no es algo inscrito en su propia naturaleza, sino un reconocimiento que se le otorga o se le deniega a discreción, por razones de pura conveniencia, según la perspectiva desde la que la miremos (y ya se sabe que, contemplada desde una noria o atalaya progre, toda vida se convierte en un puntito negro). Incluso se maquinan coartadas de apariencia humanitaria que maquillen esta consideración puramente funcional de la vida: y así, por ejemplo, se justifica la destrucción de esas pelotas de células que ni sienten ni padecen porque de este modo se puede ayudar a sanar otras vidas. Por supuesto, cualquiera que se atreva a poner en cuestión tal aserto se convierte ipso facto en fundamentalista; título honrosísimo, pues, en efecto, la vida es el fundamento de quienes aún queremos ser humanos. Pero, puesto que estas coartadas pretendidamente humanitarias no pueden en realidad serlo, por haberlas urdido quienes ya han dejado de ser hombres, hemos de esforzarnos por penetrar la verdad que se esconde detrás de la cortina de las justificaciones. Y la verdad, descarnada y pestilente, la formulaba Harry Lime en el parlamento que iniciaba este artículo: se llama dinero, dinero obtenido disparando sobre diminutos puntitos negros.

Los últimos avances científicos nos revelan que se pueden sanar vidas sin destruir embriones. Pero, mientras consideremos a esos embriones pelotas de células que ni sienten ni padecen, seguiremos encontrando coartadas que justifiquen su destrucción. Y es que, cuando la vida es despojada de su dignidad intrínseca, deja de ser vida: será respetada mientras nos resulte útil o rentable; cuando sea más útil o rentable destruirla, lo haremos sin vacilación. No sin antes urdir, por supuesto, una coartada humanitaria. ‘ABC’ Esp. 2007-11-26

 

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"La investigación (con células madre embrionarias) no ha obtenido ninguna cura. Ni una sola. La otra cuestión es por qué el dinero de tus impuestos se va dedicar a algo en lo que no quieren invertir ni Wall Street ni los laboratorios farmacéuticos. Piénsalo". Parece que votantes, ciudadanos de Nueva Jersey, lo pensaron y junto con el rechazo a la pena de muerte se muestran coherentes. 01.I.2008

 

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Èl cordón umbilical, fuente de células madre para usos terapéuticos

 

Portazo a las células madre embrionarias: Las adultas ya tienen sus propiedades regenerativas

 

La investigación realizada por científicos de Harvard “es un avance extraordinario”, admite el pro-clonación Juan Carlos Izpisúa - 2008-09-29

 

Un equipo de científicos de la Escuela de Medicina de Harvard (EE. UU.) acaban de presentar en la revista Science una nueva técnica que permite, a partir de células adultas, obtener células madre con las mismas propiedades regenerativas que las embrionarias.

 

El gran avance logrado por los investigadores de Harvard resuelve uno de los mayores obstáculos que quedaban para poder utilizar células madre con fines terapéuticos.

 

Dado que las células de los embriones tienen la capacidad de convertirse en cualquier tejido del organismo, pero plantean problemas éticos y técnicos en su posible aplicación terapéutica, los investigadores creen que con esta técnica las células obtenidas pueden llegar a ser una fuente de tejidos para regenerar órganos dañados, sin tener esos problemas.

 

Las nuevas células madre obtenidas en los laboratorios de la Escuela de Medicina de Harvard podrían convertirse en una fuente de células de páncreas para personas con diabetes o en células del corazón para personas con insuficiencia cardiaca.

 

“Avance extraordinario”

 

Tras la publicación del estudio en la revista Science el pasado viernes, 26 de septiembre, la noticia ha saltado a los medios de comunicación e incluso ha sido recogida por el Ministerio de Ciencia e Innovación, a través de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), de cuyo patronato es presidenta la ministra Cristina Garmendia.

 

Cabe recordar que el Gobierno español no se ha distinguido precisamente por apoyar la investigación con células madre, sino más bien todo lo contrario. Dos de los más destacados defensores de la investigación con células madre embrionarias en España son el actual ministro de Sanidad, Bernat Soria, y el director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB), Juan Carlos Izpisúa.

 

Sin embargo, el constante fracaso de las investigaciones con embriones, que suponen su destrucción, y los avances obtenidos desde hace años en el campo de la investigación con células madre adultas, obtenidas incluso del propio paciente, les han obligado a reconocer los éxitos de estas últimas.

 

Es un avance extraordinario”, declaró Izpisúa tras conocer el estudio de los científicos de Harvard. “Pero hay que advertir que los experimentos que funcionan en ratones no siempre tienen éxito después en las personas”, añadió a continuación.

 

Con todo, Izpisúa considera que “estamos mucho más cerca que hace dos años de poder aplicar las células madre para tratar enfermedades”.

 

Giro en la investigación

 

Los investigadores de Harvard, ante los problemas éticos y técnicos que presentan las células arrancadas a los embriones (pueden provocar rechazo e incluso cáncer) orientaron sus trabajos hacia las células adultas para tratar de convertirlas en células equivalentes embrionarias.

 

El primer avance llegó hace un año cuando, manipulando células de piel humana, se obtuvieron células con propiedades equivalentes a las de los embriones. Pero tenían un gran inconveniente: era preciso insertarles cuatro genes para que adquirieran propiedades embrionarias. Para ello, se empleaban virus que introducían sus genes en el ADN de la célula, y estos genes quedaban para siempre en las células, lo que originaba cánceres.

 

El gran avance que han conseguido ahora se ha basado en cambiar el tipo de virus con el que se introducen los genes en las células (si antes se empleaban retrovirus y lentivirus, ahora se han empleado adenovirus.).

 

En experimentos con ratones, han conseguido que los cuatro genes clave estén activos durante el tiempo necesario para que las células vuelvan a un estado embrionario, pero que después desaparezcan ya que no se integran en el ADN de las células.

 

Últimos logros

 

Por otra parte, recientes noticias constatan el éxito obtenido en algunas investigaciones con células madre adultas. Veamos algunas de ellas:

 

El primer banco de sangre de cordón umbilical privado de Europa, el Vita 34, recibió hace un par de semanas autorización para utilizar estas células en el marco de un estudio clínico con niños diagnosticados con diabetes tipo 1.

 

Un mes antes, la noticia era un grupo de científicos italianos del Hospital San Martino, en Génova, por sus trabajos con células también de cordón umbilical para tratar a pacientes con leucemia. Creen que se podrá lograr más éxito inyectando estas células en el interior de los huesos a los pacientes que con el método tradicional a través de las venas.

 

Por esas fechas, la médico adjunto y coordinadora de Hematología del Hospital de La Plana de Vila-real, Silvia Bernat, confirmaba la eficacia de las células madre de cordón umbilical en el tratamiento contra el cáncer, concretamente en su aplicación en leucemias y linfomas.

 

El turno de estas células madre en el tratamiento de la enfermedad llega cuando la quimioterapia o radioterapia han acabado tanto con “las células malas como con las buenas del paciente”, explicaba entonces la doctora.

 

También en la segunda quincena de agosto, un equipo de científicos del Instituto Nacional de Ciencia Industrial Avanzada de Japón aseguraban haber conseguido crear, a partir de un diente arrancado, células madre similares a las embrionarias.

 

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=11893

 

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Teniendo en cuenta la realización técnica, por clonación se entiende, en sentido más estricto, según la perspectiva del procedimiento usado, la reproducción obtenida mediante la así llamada "transferencia nuclear"(4). Cuando los científicos aluden a la clonación en sentido estricto, suelen identificarla sin más con la transferencia nuclear:  "La fecundación propiamente dicha es sustituida por la fusión bien de un núcleo tomado de una célula somática del individuo que se quiere clonar o bien de la célula somática misma, con un ovocito desnucleado, es decir, privado del genoma de origen materno. Dado que el núcleo de la célula somática contiene todo el patrimonio genético, el individuo que se obtiene posee -salvo posibles alteraciones- la misma identidad genética del donante del núcleo. Esta correspondencia genética fundamental con el donante es la que convierte al nuevo individuo en réplica somática o copia del donante"(5).
También suelen llamarse "clonación" (o "semi-clonación", u otros términos semejantes), aunque en sentido amplio y menos apropiado, otras técnicas de reproducción asexual y ágama que se asemejan, en ciertos aspectos, a la transferencia nuclear, sobre todo por lo que atañe a los resultados obtenidos, es decir, una descendencia genéticamente idéntica. Se trata de técnicas como la partenogénesis artificial(6) o la fisión embrionaria(7), entre otras.

 

Recomendamos vivamente: Título: Repensar la ciencia
Autor: Natalia López Moratalla
Editorial: EIUNSA- MMVI.

 

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«No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia».

 

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macro fotográfico interior de una violeta alpina.

 

de organismos microscópicos unicelulares y pluricelulares

Mucho más que insectos

 

JESÚS ALONSO. Director del Museo de Ciencias Naturales de Álava

Las resinas secretadas por árboles antiguos atraparon, dada su viscosidad, numerosos organismos vivos, fundamentalmente pequeños invertebrados, y diversos artefactos presentes en su entorno, tales como telarañas, mudas de insectos, fragmentos de corteza y tierra, plumones de aves, hojas, etc.

También quedaron atrapados en su interior todo un conjunto de pequeños objetos, orgánicos o no, que se encontraban suspendidos en el aire, lo que denominamos plancton aéreo. La composición de este plancton puede ser variadísima según las circunstancias, y podemos encontrar en él diversos corpúsculos, tales como organismos unicelulares, virus, bacterias, esporas, hongos, cenizas, polvo, agua...

Sin embargo, la descripción de los contenidos del ámbar se ha centrado tradicionalmente en los insectos y otros artrópodos, y en menor medida, en diversos elementos vegetales, al amparo de las tradicionales técnicas de microscopía óptica.

El notable avance tecnológico de los últimos años ha producido un espectacular crecimiento de la capacidad analítica de cuantos nos dedicamos a las ciencias de la observación. El Museo de Ciencias Naturales de Álava no ha querido ser ajeno a esta realidad e inició, en la última década del siglo XX, nuevas líneas de investigación en la prospección de los contenidos del ámbar, creando nuevos protocolos de actuación al amparo de los más modernos equipos de microscopía electrónica.

Así, se ha podido poner de manifiesto la presencia en el ámbar alavés de numerosísimas comunidades, hasta ahora inadvertidas, de organismos microscópicos unicelulares y pluricelulares. Todo ello abre un nuevo campo de observación en el ámbito de las ciencias de la vida que, sin duda alguna, producirá en las próximas décadas un significativo incremento de conocimiento en el ámbito de la historia de la vida en nuestro planeta. ‘ABC’ 2007-10-28. Esp.

 

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LEY NATURAL –. El término Ley natural es combatido, pero la realidad es esa, hay un núcleo duro de la naturaleza humana común a todo el mundo, si se llama Ley natural, bien llamado sea. Ese es el núcleo duro de deberes, de derechos, que tendría que crear una especie de tierra firme común para todos.

El problema que se plantea es que a la velocidad del rayo de las ciencias responde la lentitud de la posición moral y sobre todo de la jurídica.

Incluso
las Constituciones, que establecen los grandes principios generales, de libertad, de intimidad, integridad, etc. pero por ejemplo las cuestiones bioéticas no aparecen en las Constituciones, quizá aparezcan más adelante, pero inicialmente no aparecían. Han tenido que ser aplicados los grandes principios constitucionales para sacar de ahí las consecuencias.

A partir de ahí se podría hablar de la famosa distinción, que ya es común en la sociedad, entre la moral de mínimos y la moral de máximos. La moral de mínimos es el umbral en el que tendría de estar de acuerdo toda la sociedad. Los grandes pensadores cristianos, y éticos como Adela Cortina, han insistido en crear una moral de mínimos en la que estemos todos de acuerdo; y luego, a partir de ahí, cada uno según sus convicciones y creencias, irá elevando el nivel de exigencia, pero a partir de una zona común en que pueda crearse la convivencia entre todas las gentes.

La permisión de todo tipo de investigaciones y prácticas libres, es expresión de un desprecio y una banalización de la vida humana impresionante; si se permiten hacer estas cosas con la finalidad de la investigación, se parte de que la vida humana es absolutamente banal.

Libertad, en el campo concreto de la bioética, llevándolo al campo llamado del testamento vital, instrucciones previas, últimas voluntades, etc., en el sentido de que el hombre es quien decide, de acuerdo con sus convicciones y su conciencia, su destino. Frente a la medicina «paternalista» y frente a un principio reconocido en la Ley que es el de la autonomía de la voluntad, el médico le propone las soluciones que la ciencia propicia y el paciente decide, pero es el paciente quien decide y el médico quién propone, en ese sentido yo hablo de la libertad.

El estudio de la vida en una doble versión: vida emergente, la vida que nace; y la vida que decae al final de la existencia; el respeto a la vida. La vida germinal, inicial, el tratamiento a esta vida (y se tratan aquí los temas de aborto, de manipulación del feto, de lesiones del feto, la reproducción asistida, etc.).

Para mucha gente el suicidio es un acto lícito, y además un acto que responde a un derecho fundamental porque el hombre es dueño de su vida.

Para los cristianos esto, evidentemente, no es así, nosotros no somos dueños de la vida, según el Magisterio, el dueño de la vida es Dios y Dios da la vida como un don, con lo cual el hombre es administrador. Este planteamiento es válido para un creyente, pero un no creyente tendría que tener otro tipo de argumentos para decirlo.

De hecho,
el Catecismo de la Iglesia Católica recoge una doctrina propuesta por santo Tomás, que a su vez la coge de Aristóteles, y son los tres grandes argumentos contra el suicidio: el suicidio es una deserción individual, porque es un ataque a la propia vida, al instinto de conservación, etc.; es un ataque social, porque somos miembros de una comunidad, y dentro de ella tenemos derechos y deberes, estamos inmersos en una red de relaciones; y es un atentado religioso contra Dios, porque supone hacer uso de una manera dominical, señorial, de algo que no es tuyo.

La Iglesia ha manifestado con una rotundidad tremenda que el hombre no puede atentar contra ningún tipo de vida, porque no es dueño de la vida, ni es el quien gobierna la vida.

Por cierto, convendría insistir en que el Magisterio de la Iglesia es muy lúcido, porque de vez en cuando se nos presenta como si fuéramos un hatajo de tribus al son del «tan-tan», y es mentira,
las argumentaciones son muy sólidas, con un gran conocimiento de tipo antropológico, biológico, y por supuesto teológico.

Incluso hay leyes que intentan ser «más avanzadas» que otras muchas leyes de nuestro entorno. No las aplaudiría, porque aquellas leyes que degradan la vida humana (porque la manipula o utiliza la vida humana) no son en absoluto progresistas, digan lo que quieran.

Hay que decir a la gente, sobre todo a los creyentes, que hay que estudiar, que hay que formarse, no vale con aquello de «aquí me dejó mi abuela, aquí me encontrará cuando vuelva».

Hay que trabajar, hay que estudiar, hay que leer los documentos de la
Iglesia, hay que leer las leyes del Estado, hay que reflexionar sobre los temas, porque sino, estamos dando respuestas a preguntas que nadie nos hace ya; y a las preguntas que nos hacen, no damos respuesta.

El Magisterio, que es muy sólido y muy serio, debe ser contemplado con los elementos de tipo científico, humano, et
c.

…[…]… 2007.IX

 

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Célula. Del cellŭla, dim. de cella, hueco).1. f. Biol. Unidad fundamental de los organismos vivos, generalmente de tamaño microscópico, capaz de reproducción independiente y formada por un citoplasma y un núcleo rodeados por una membrana.2. f. Grupo reducido de personas que funciona de modo independiente dentro de una organización política, religiosa, etc.3. f. Pequeña celda, cavidad o seno.~ fotoeléctrica.1. f. Dispositivo que transforma energía luminosa en energía eléctrica.~ hija.1. f. Biol. célula respecto a otra de la que procede por división.~ huevo.1. f. cigoto.~ madre.1. f. Biol. La que se reproduce dando lugar a dos o más células hijas.2. f. Biol. célula troncal.3. f. Biol. célula totipotente.~ totipotente.1. f. Biol. célula embrionaria con capacidad para generar un organismo completo.~ troncal.1. f. Biol. célula indiferenciada que puede dar lugar a distintos tipos de tejidos, como los constituidos por células hepáticas, nerviosas, epiteliales o a las diversas estirpes de células sanguíneas.□ V. anemia de ~s falciformes. MMVI.

 

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Células madre embrionarias, ¿qué son?

 

A veces pienso que alguien engaña y sabe que engaña. Y a veces nos dejamos engañar. En las noticias que recoge la prensa sobre la ley de reproducción asistida, o de la biomedicina, nos encontramos con silencios y medias palabras.

 

Por Esteban Santiago *
 

A veces pienso que alguien engaña y sabe que engaña. Y a veces nos dejamos engañar. En las noticias que recoge la prensa sobre la ley de reproducción asistida, o de la biomedicina, nos encontramos con silencios y medias palabras. Leemos lo que nos dicen de las células madre. Escuchamos cantos, promesas, aplausos. Y en letra pequeña, casi como a escondidas, nos enteramos de que los cantos van dirigidos a unas células madre a las que apellidan “embrionarias”. ¿Sabemos qué son las células madre embrionarias? Me parecía que para opinar, aplaudir o criticar nos podrían venir bien unas pocas ideas.

 

Si digo que la inmensa mayoría de las células que forman nuestro organismo poseen un cargamento informativo duplicado tal vez sorprenda a algunos. Me explico. En el núcleo de una célula del cerebro, del corazón o de la piel podemos hacer visibles los “paquetitos de información” donde se guarda nuestro DNA. Son los cromosomas. Hasta 22 pares, y otro par más que en la mujer es el XX. En el hombre el XY. Tanto en el hombre como en la mujer, las células sexuales, espermatozoide y óvulo, se quedan con “información sencilla”, un cromosoma de cada uno de esos 22 pares, y también uno de cada pareja de cromosomas sexuales. En el óvulo de la mujer siempre un cromosoma X y en el espermatozoide que aporta el hombre, según el azar, un X o un Y. Cuando estas dos células se fusionan dentro de una membrana común pueden verse durante unas horas los núcleos de una y otra, los pronúcleos. El proceso de fecundación culmina con la formación de una célula nueva, hasta entonces inexistente, con “información duplicada”. Y uno de los pares de cromosomas será XX, y en otros casos XY. Ahí arranca el embrión.

 

A mí me gusta llamar a esa célula embrión unicelular. Una célula extraordinaria. Indeterminada y abierta. Una investigadora polaca afincada ahora en Inglaterra, Magdalena Zernicka-Goetz, nos ha dado una pista que a algunos ha sorprendido. La primera división celular da dos células desiguales. De una se formarán las cubiertas del embrión, y de la otra el embrión propiamente dicho. Un camino de divisiones cada vez más preciso consigue que se formen hasta las 210 variantes celulares presentes en nuestro organismo. Una maravilla. Cada célula en su sitio preciso. El desarrollo embrionario es una obra de arte. El embrión dista, y mucho, de lo que algunos, con juego de palabras, llaman “acúmulo impreciso de células”.

 

A los cuatro o cinco días del arranque, algunos desalmados rompen el embrión. En ese momento tiene forma de un pequeño balón y en su interior un grupo de células que llaman masa interna. La acción agresiva del investigador rompe las relaciones precisas de estas células, algo que mantenía su unidad dirigida. Y esas son las células madre embrionarias. La vida de un hombre o de una mujer se queda en el camino.

 

Algunos pretenden aprovechar la potencia de estas células para arreglar “desarreglos” en un organismo adulto. El resultado, hasta el momento, desolador. Se forman tumores que llaman teratomas, en los que encontramos células de la piel, pulmones, o corazón. Cuando en 1998 James Thompson, de la Universidad de Wisconsin, anunció que había conseguido aislar y multiplicar estas células, muchos vieron en ellas promesas para regenerar tejidos dañados, y también un fructífero negocio. Para muy poco van a servir las células madre embrionarias.

 

Afortunadamente hay otras células madre, las que están en los tejidos de un adulto, que persisten allí desde que era un embrión. Estas sí que mantienen viva la esperanza, y nos ofrecen ya realidades de curación en la medicina regenerativa. Y además, sin destruir vidas embrionarias para usar sus células como “material”.

 

La pregunta es clara: ¿por qué ese empecinamiento en un camino destructor, engañoso, carísimo e inútil, sin ninguna razón científica que avale sus promesas?

 

El Confidencial Digital, 17.04.2006
(*) Esteban Santiago (en la fotografía),es catedrático de Bioquímica,Miembro correspondiente de la Real Academia de Farmacia,colaborador de Arvo.

 

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La mejor fuente de células madre:

el cordón umbilical

 

El doctor De la Vega, especialista en Pediatría, explica en este artículo cómo pueden extraerse células madre del cordón umbilical, de modo que se evite así el uso de embriones atentando contra la vida y la dignidad de la persona. El autor propone la creación de Bancos de sangre de cordón umbilical, para que sus células madre puedan ser solidariamente compartidas.

Las células madre pluripotenciales son parte de la maquinaria biológica que hace posible que, de lo mínimo, surja la totalidad, de tal forma que pueda desarrollarse un organismo inmensamente complejo a partir de la sencillez de una única célula. Y es que tienen la capacidad de dar lugar (en las condiciones idóneas para cada caso) a todas y cada una de las líneas celulares del organismo. Es decir: son células únicas que pueden diferenciarse en una célula del corazón, del cerebro o del intestino, o en cualquiera de las otras células que, unidas entre sí, forman los tejidos del ser humano.
La cantidad disponible de estas células en un organismo dado es tanto mayor cuanto más precoz es el momento del desarrollo en que se extraen de él: son virtualmente el 100% de las células del primordio que forma la unión del espermatozoide y el óvulo; supone una proporción importante del embrión; y, aunque en él también existen, son una mínima parte de las células del organismo adulto.
Dado que es teórica y técnicamente posible llegar a formar el tejido que deseemos a partir de estas células, la ciencia se ha propuesto conseguir la manipulación dirigida de estas células para poder así utilizar el resultado en la reparación de tejidos dañados por diversas enfermedades. Cuando esto se consiga, el infarto de miocardio, la enfermedad de Alzheimer, la Diabetes Mellitus, las inmunodeficiencias congénitas y otras muchas dolencias desaparecerán del ámbito del sufrimiento humano para siempre. El proyecto es, no puede dudarse, magnífico. Casi cualquier esfuerzo para conseguir tal fin parece poco.

Una técnica sencilla

El método de obtención de estas células es, sin embargo, motivo de controversia. Por la cantidad y la facilidad técnica, los investigadores han apuntado hacia la reserva de embriones que puedan obtenerse como deshecho de otras técnicas de fertilización asistida: hay muchos disponibles, no existe un marco legal completamente desarrollado para su protección y, por otra parte, son fuente segura y sencilla de células madre. Por otra parte, muchos defienden el criterio de algo habrá que hacer con ellos. Otros proponen extraerlas del ser humano adulto; si bien esta posibilidad es cara, poco eficiente y dificultosa, los resultados clínicos más esperanzadores están obteniéndose de estas células, aunque en los quehaceres de la investigación son las embrionarias las que más posibilidades futuras ofrecen. Así pues, para muchos es prioritario que se desista de poner obstáculos a la utilización de embriones con este fin, pues el futuro de la ciencia médica aplicada al hombre es más importante que ciertas discusiones bizantinas sobre si la vida humana comienza en el momento de la concepción o posteriormente.
Nada más lejos de lo bizantino. Esta discusión es el centro de todo el problema ético que existe alrededor de la utilización de embriones para usos diversos. ¿Pueden manipularse los embriones humanos para lograr determinados fines, ya que no poseen la dignidad de un ser humano al no haber nacido todavía; o bien la dignidad que les pertenece procede de que son seres humanos completos a los que debemos respeto por iniciarse la esencia de la dignidad humana en el momento de la concepción? Creo que la respuesta que cada uno dé a esta pregunta debería tomar en consideración un hecho irrebatible: no puede existir ninguna prueba científica que determinara el momento exacto en que la dignidad humana se inicia. Eso no es cosa de la ciencia. Desde la ciencia, pues, no se puede afirmar si la dignidad de la vida humana de un embrión es semejante a la de un niño recién nacido, o de dos años, o a la de un adulto. Y si no hay seguridad respecto de la cronología del inicio de la dignidad humana, el derecho inviolable a la vida (que todos defendemos como indispensable) habrá de preservarse, de forma que la única pauta que puede seguirse en la manipulación de los embriones tiene, forzosamente, que tender al beneficio del embrión, porque la duda es demasiado grande. Si la dignidad del ser humano se quisiera establecer a las siete horas de nacer (pongamos por caso), el embrión tiene que ser protegido porque, si esa suposición es falsa, las técnicas que dividen, desmenuzan, trocean y trituran a los embriones humanos constituirían, al descubrir el error, un genocidio de dimensiones hasta hoy desconocidas.
Cuando los expertos hablan de las células madre, suelen acusar a la Iglesia de negarse a la investigación con ellas, lo cual es –digámoslo sin rodeos– radicalmente falso: lo que la Iglesia niega, como no puede ser de otro modo, es la manipulación de la vida humana que se contiene en el embrión, porque no es nuestro derecho disponer de la vida de otros, ya que la vida es don de Dios, proyectada incluso antes de la existencia del mismo individuo. Ni uno solo de los responsables eclesiásticos o de los científicos cristianos, hasta la fecha, se ha pronunciado en contra de la investigación con estas células. Antes bien, desde el punto de vista de la fe, todo bien para el hombre se considera bueno en sí mismo, aunque no a cualquier precio. Y es que, para la Iglesia, el hombre es, fue y será siempre lo primero; es en su defensa y en la de su dignidad por lo que trabaja incansablemente. El problema no es a dónde llegar, sino a costa de qué.
Claro que, aceptar la imposibilidad de manipular embriones humanos comportaría renunciar a la investigación con células madre, y eso no parece que sea posible o recomendable en el momento actual. A no ser que se encontrase otra fuente de estas células. Lamentablemente, y por lo que se difunde en los medios, no hay otra fuente: sólo el embrión puede prestarnos tan alto servicio. ¿Es así?
Pues no, no es así. Existe una fuente de estas células que actualmente se deposita, literalmente, en el cubo de la basura de las maternidades de nuestro país y de muchos otros Estados en Europa y en el resto del mundo: la sangre contenida en el cordón umbilical. Este residuo biológico ha mantenido unido al embrión-feto con la placenta durante todo el embarazo y contiene sangre que puede ser recogida mediante una técnica sencilla. Tras su recolección, es posible su congelación en dispositivos preparados para el uso durante un tiempo prácticamente ilimitado. Cuando es preciso, puede descongelarse y utilizarse, pues las células que contiene permanecen viables a pesar del frío y del tiempo.

Cuando se busca el auténtico bien

Entre las células de la sangre de cordón umbilical hay una gran cantidad de células madre, en un punto de desarrollo casi comparable, por lo precoz, con las células del propio embrión. Conocemos los marcadores que definen a una célula como del tipo que nos interesa, y existen técnicas no sólo para aislarlas, sino también para aumentar su número y promover su diferenciación, las llamadas técnicas de expansión ex vivo. Una vez seguidos estos pasos, es técnicamente posible hoy día –como se ha demostrado ampliamente– conseguir un volumen importante de células madre disponibles para su manipulación. La investigación de este tipo de tejidos ha sido avalada en el informe Opinion of the European group on ethics in science and new technologies to the European Commission, de 16 de marzo de 2004, en respuesta al Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, además de por multitud de revistas científicas de reconocido prestigio.
La creación de Bancos de sangre de cordón umbilical ha prosperado en los últimos años en todo el mundo. En la mayoría de los casos, las muestras de sangre de cordón se conservan como fondo de tratamiento de ciertas enfermedades que pueden requerir un transplante de médula ósea para su mejoría. En aquellos casos en los que no sea posible encontrar un donante relacionado o familiar con médula ósea compatible con la del enfermo, el cordón umbilical puede suponer la diferencia entre la posibilidad de tratamiento y la muerte. A día de hoy, en efecto, se han publicado resultados de curación o mejoría con el trasplante de cordón umbilical en diversas inmunodeficiencias graves, en anemias severas, en algunas enfermedades de la hemoglobina, en alteraciones de la coagulación, en enfermedades degenerativas neuromusculares y en procesos hematológicos malignos como la leucemia. También se han comunicado resultados muy prometedores en la regeneración de tejidos cutáneo, muscular, hepático, renal, pancreático y cerebral.
Los Bancos de carácter público proponen compartir todas las muestras en un sistema de red global que permita la localización de la sangre del tipo adecuado vía Internet, con lo que este recurso terapéutico resulta de una disponibilidad pasmosa. Otros Bancos, de carácter privado casi siempre, dan a los padres la posibilidad de guardar el cordón umbilical de su hijo, que quedará así reservado para su autotransplante en el poco frecuente caso de que ese niño sufra en algún momento una enfermedad susceptible de mejoría con este tratamiento. Esta modalidad de Banco no sólo excluye la generosa donación solidaria a otros pacientes que lo necesiten, sino que también elimina la posibilidad de obtener células madre.
Por lo tanto, todos aquellos interesados en el desarrollo de la ciencia médica basada en las células madre deberían conocer y tener en cuenta la necesidad de organizar Bancos de sangre de cordón umbilical, pues han demostrado no sólo su utilidad en el tratamiento de diversas enfermedades, sino que serían la solución más avanzada al problema ético que se establece al procurar obtener el bien de la salud, mientras se mira hacia otro lado al enfrentarse al problema, manteniendo que el embrión no debe ser un ser humano completo, sino otra cosa. Para llegar a la verdad, conviene mirar de frente, pues sólo la verdad nos hará libres y, en este caso, puede hacernos, además, sanos.
Fernando de la Vega Jiménez-2005.07.08- España-Madrid.

 

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Células madre: Verdades y mentiras

 

 

EL uso terapéutico de las células madre ha surgido, en los últimos años, como un nuevo modo de la medicina: sustituir o regenerar aquellas células destruidas por la enfermedad degenerativa (diabetes juvenil, Parkinson, esclerosis múltiple, etc.) o a causa de un accidente, como el infarto de miocardio o la lesión de la médula espinal. Esta investigación surge y da sus primeros pasos en un contexto muy complejo: el hecho de usar inicialmente como fuente de células madre, las que forman la masa interna del embrión humano de cinco días. En principio, aquellos embriones que son calificados como “sobrantes” de la práctica de las técnicas de reproducción humana asistida. Y por ello, este campo biomédico de una excepcional importancia, ha estado envuelto en el debate sobre la investigación destructiva de embriones humanos y sobre el destino de los que están crioconservados. Con frecuencia, se reduce y desvirtúa la problemática científica y ética en un simple “embriones humanos para ! curar de enfermedades regenerativas: sí o no”. Pero la cuestión no es esa.

 

Una investigación para estudiar enfermedades y buscarles soluciones no puede, ni ética ni técnicamente, tener como material de partida el que conlleve destrucción de vidas humanas. La ciencia está a otro nivel mucho más avanzado. Un ser humano, de menos o de más de 14 días, implantado en el útero materno o congelado, deseado para procreación o abandonado, es un ser humano que nadie puede arrogarse el poder de matarlo para usarlo como medio, por muchos beneficios para la humanidad que se derivasen de ello. Esta no es una cuestión de prejuicios religiosos. Ni la investigación biomédica debe dejarse manipular de opciones o presiones políticas, o intereses meramente económicos. Ha pasado el tiempo de los discursos demagógicos que usan la sensibilidad de todo buen nacido hacia el dolor ajeno. Si hace unos pocos años podría caber alguna duda de la necesidad de estas preciadas y polémicas células hoy sabemos, con rigor científico, que no hay enfermos cuyas vidas es! tén dependientes de que se permita legalmente descuartizar embriones para que les sean suministradas, injertadas o inyectadas estas células.

 

Las cuestiones que se han ido planteando están resueltas afortunadamente y son de hecho una esperanza fundada de curar esas enfermedades graves; en este campo se ha traspasado ya el ámbito de la mera promesa o aspiración utópica. En primer lugar, contamos con la presencia en la sangre y en la médula ósea, en la grasa y en todos los órganos y tejidos de nuestro organismo, con células madre capaces porque esa es su función propia y natural de regenerar o sustituir aquellas células destruidas o dañadas. En los tres últimos años, y con una frecuencia casi semanal, ha ido conociéndose cómo son y cómo funcionan estas células propias y en muchos casos qué tenemos que hacer para que se sitúen en su lugar propio y cumplan su función. Pacientes con infarto o con la enfermedad de Parkinson están siendo ya curados con éxito gracias a sus propias células madre. Ciertamente queda mucho por saber de ellas y de su eficacia a largo plazo, pero hoy por hoy su uso no ha presentado aún ningún p! roblema.

 

También es bien cierto que los trabajos pioneros con las células madre procedentes de embriones han sido muy útiles para poner en el tapete estas nuevas terapias. Tras varios años de trabajo quedan muy claras las tres conclusiones siguientes.

 

En primer lugar, los experimentos con embriones de ratones han puesto de manifiesto que estas células madre embrionarias no pueden ser transferidas a ningún paciente: son tan poco “domesticables” que producen tumores en el organismo en que se introducen y actúan en él demasiado por libre. No vale la pena, ni tiene sentido, seguir por esa vía de convertir célula embrionarias en células del tipo diferenciada e inmadura que ya de por sí tiene el cuerpo y las tiene además situadas en su sitio.

 

En segundo lugar, sí merece la pena continuar investigando con ellas y sacándoles sus valiosos secretos. Pero esa investigación puede hacerse en células animales y en último caso de los cadáveres de los embriones “sobrantes”, que la reforma actual de la ley permitirá para llevar a cabo los proyectos para los que sean imprescindibles. Y por último, aquellas investigaciones que exijan que las células sean del tipo embrionario y además humanas (y además sin el riesgo de que tengan defectos genéticos por proceder de embriones de progenitores con problemas de esterilidad), hoy podemos ya ir a ellas con paz: somos capaces de conseguirlas sin producir ni destruir embriones. Años de fuerte esfuerzo han dado sus resultados: el 30 de septiembre pasado la prestigiosa revista PNAS publica las impresionantes fotos de células de diversos tejidos derivadas de las del tipo madre embrionarias de una partenogénesis; sin tocar un embrión humano.

 

Aun sigue sumida en la demagogia la necesidad de llevar a cabo el eufemismo acientífico de la “clonación terapéutica”. No existe hoy por hoy ninguna posibilidad de clonar un mono y menos aún un ser humano. Va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre; y pasar el núcleo de una célula a otra, sin más reprogramación del material genético, no es clonar es simplemente hacer una transferencia nuclear. Los científicos trabajamos a fondo para producir células del tipo deseado manipulando células y no manipulando seres humanos. Los primeros descubrimientos en esta línea están ya conseguidos. De esta forma, para aquellas enfermedades degenerativas, pienso por ejemplo en la ceguera de la retinosis pigmentaria, que no pueden ser curadas con las células propias del paciente empezamos a contar con material celular sano híbrido: mitad suyo y mitad ajeno.—Por la Catedrática de Bioquímica y Biología molecular. Universidad de Navarra    Natalia López Moratalla.

 

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www.PiensaunPoco.com  2003-11-15 Festividad San Alberto Magno.

San Alberto Magno supo «conciliar sabiduría humana y fe divina», tanto en la investigación como en la enseñanza. Por eso sigue siendo un maestro para cuantos quieran aprender «por medio del progreso de las ciencias» a «conocer mejor al Señor y amarle más».-

 

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CÉLULAS MADRE

Ética y progreso

Por Dr. Eduardo Rodríguez Yunta

 

 

Cabe preguntarse si, en los últimos tiempos, la reflexión ética se está desposeyendo de su sentido primigenio de pureza filosófica para seguir un camino pragmático en el que su principal aliado es el progreso, tanto científico como social. Es evidente que la ética no debe divorciarse de lo social ni actuar poniendo únicamente cortapisas al progreso como si representara inevitablemente el camino del mal. La reflexión ética debe cumplir un papel corrector del progreso si no quiere perder su esencia.

 

En los últimos tiempos, la bioética ha sido el tipo de reflexión que ha causado mayor influencia. Por una parte porque se trata de un discurso nuevo que obliga a una reflexión interdisciplinaria en un mundo en que, cada vez más, la resolución de los problemas no pueden ser abordados por una o dos disciplinas, sino que deben ser examinados en conjunto por diversas profesiones para poder ver todas las aristas implicadas. Por otra parte por su procedimiento dialógico en la búsqueda de un consenso entre posiciones contrapuestas, donde se analizan las posturas desde los principios y valores que se quieren preservar y defender.

Precisamente, la mayor reflexión bioética se da en relación con los avances tecnológicos que implican progreso pero ponen en entredicho valores que la sociedad ha mantenido durante mucho tiempo. La clave está en qué peso le estamos dando a esos valores. Un ejemplo lo tenemos en la reciente aprobación en varios países europeos, entre ellos España, de la utilización de embriones sobrantes de la fertilización in vitro para investigar la posibilidad de crear líneas celulares que puedan utilizarse en transplantes en alas del progreso en las ciencias de la salud. Por una parte tenemos la promesa de poder crear estas líneas y utilizarlas, por ejemplo, para reemplazar células en el caso de enfermedades neurodegenerativas como el parkinson y el alzheimer, que en este momento no tienen curación, para reemplazar células musculares no funcionales por infarto cardiaco o para reemplazar células pancreáticas que produzcan insulina en diabéticos. Las promesas son ilimitadas; hasta se piensa en la posibilidad del rejuvenecimiento sustituyendo células que han dejado de funcionar por otras jóvenes con plena potencialidad. Si la ética sirviese simplemente para asociarse al progreso, estaría claro que se está abriendo un nuevo camino de gran importancia para la humanidad y, por tanto, no hay que perder la oportunidad.

Sin embargo, no hay que olvidarse que hay un valor importantísimo para la sociedad que se perdería, que es el valor de la vida del embrión humano. Ya se ha perdido parte de su valor al haberse permitido congelar embriones. La vida humana es el valor que fundamenta todos los demás valores, que permite que estos sean posibles. Está claro que, si queremos una convivencia pacífica, se ha de respetar la vida en todos sus ámbitos. La vida del embrión se constituye en un signo del respeto a la vida humana.

Se dice que el embrión no posee la dignidad de persona porque no puede actuar autónomamente y, por ello, se le puede manipular pero, si nos fijamos un poco más allá, nos damos cuenta de que el embrión nos habla a través de la misma ciencia y nos hace saber de su existencia humana y nos denuncia que estamos usándolo como instrumento para otros fines distintos de para los que ha sido creado: para desarrollarse como vida humana. Ninguno de nosotros estaríamos aquí si antes no se hubiera unido un óvulo y un espermatozoide para formar la primera célula, el cigoto, de la que parte nuestra existencia.

La bioética se caracteriza por buscar caminos intermedios cuando hay conflictos entre distintas visiones y valores. Y es que hay un camino intermedio en la regeneración de órganos y tejidos por transplante. Se han descubierto células madre adultas capaces también de regenerar que constituyen un amplio camino de investigación apenas iniciado y podrían usarse en alas del progreso científico sin necesidad de recurrir a las células embrionarias, cuyo uso significa la destrucción del embrión y, por tanto, la imposibilidad de su desarrollo humano.

El problema es que, en este caso, no parece que haya habido un auténtico diálogo social bioético antes de la aprobación de la investigación con células embrionarias, como tampoco lo hubo para permitir que se congelaran. No se han presentado los valores y principios en juego lo suficiente. Parece más bien que las decisiones se toman a nivel político o por intereses de determinados grupos por razones pragmáticas o económicas, cuando las bases sociales tienen derecho a intervenir y reflexionar sobre hechos veraces y expresar sus posturas cuando están en juego valores que afectan a todos. ¿De qué sirve la bioética si no se ponderan los valores en juego y no se es capaz de defender valores intrínsecos fundamentales como es la vida? 2005-10-10 L.D.Esp.

 

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Cristo vive en su Iglesia

 

"No hay duda, amadísimos hermanos, que el Hijo de Dios, habiendo tomado la naturaleza humana, se unió a ella tan íntimamente, que no sólo en aquel hombre que es el primogénito de toda creatura, sino también en todos sus santos, no hay más que un solo y único Cristo; y, del mismo modo que no puede separarse la cabeza de los miembros, así tampoco los miembros pueden separarse de la cabeza.

Aunque no pertenece a la vida presente, sino a la eterna, el que Dios sea todo en todos, sin embargo, ya ahora, él habita de manera inseparable en su templo, que es la Iglesia, tal como prometió él mismo con estas palabras: Mirad, yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. Por tanto, todo lo que el Hijo de Dios hizo y enseñó con miras a la reconciliación del mundo no sólo lo conocernos por el relato de sus hechos pretéritos, sino que también lo experimentamos por la eficacia de sus obras presentes.

Él mismo, nacido de la Virgen Madre por obra del Espíritu Santo, es quien fecunda con el mismo Espíritu a su Iglesia incontaminada, para que, mediante la regeneración bautismal, una multitud innumerable de hijos sea engendrada para Dios, de los cuales se afirma que traen su origen no de la sangre, ni del deseo carnal, ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Es en él mismo en quien es bendecida la posteridad de Abrahán por la adopción del mundo entero, y en quien el patriarca se convierte en padre de las naciones, cuando los hijos de la promesa nacen no de la carne, sino de la fe. Él mismo es quien, sin exceptuar pueblo alguno, constituye, de cuantas naciones hay bajo el cielo, un solo rebaño de ovejas santas, cumpliendo así día tras día lo que antes había prometido: Tengo otras ovejas que no son de este redil; es necesario que las recoja, y oirán mi voz, para que se forme un solo rebaño y un solo pastor.

Aunque dijo a Pedro, en su calidad de jefe: Apacienta mis ovejas, en realidad es él solo, el Señor, quien dirige a todos los pastores en su ministerio; y a los que se acercan a la piedra espiritual él los alimenta con un pasto tan abundante y jugoso, que un número incontable de ovejas, fortalecidas por la abundancia de su amor, están dispuestas a morir por el nombre de su pastor, como él, el buen Pastor, se dignó dar la propia vida por sus ovejas.

Y no sólo la gloriosa fortaleza de los mártires, sino también la fe de todos los que renacen en el bautismo, por el hecho mismo de su regeneración, participan en sus sufrimientos. Así es como celebramos de manera adecuada la Pascua del Señor, con ázimos de pureza y de verdad: cuando, rechazando la antigua levadura de maldad, la nueva creatura se embriaga y se alimenta del Señor en persona. La participación del cuerpo y de la sangre del Señor, en efecto, nos convierte en lo mismo que tomamos y hace que llevemos siempre en nosotros, en el espíritu y en la carne, a aquel junto con el cual hemos muerto, bajado al sepulcro y resucitado."

De los Sermones de San León Magno, papa (Sermón 12, Sobre la pasión del Señor, 3, 6-7; PL 54, 355-357)

 

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La comunicación de la fe se dirige “no sólo a los que escuchan al mensajero, sino también a los que lo ignoran o rechazan”.

 

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“Cada vez que nos hacemos la señal de la Cruz tenemos que acordarnos de no responder a la injusticia con injusticia, a la violencia con otra violencia; sino vencer al mal con el bien”. No es extraño que, tras atribuir estas cualidades a la Cruz de Cristo, el mismo Benedicto XVI afirme que ésta es “la nueva arma que Jesús pone en nuestras manos”. 2006-04-09

 

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Señor, Dios de todos los hombres, 
en algunas épocas de la historia 
los cristianos a veces 
han transigido con métodos de intolerancia 
y no han seguido el gran mandamiento del amor, 
desfigurando así el rostro de la Iglesia, tu Esposa. 
Ten misericordia de tus hijos pecadores 
y acepta nuestro propósito 
de buscar y promover la verdad en la dulzura de la caridad, 
conscientes de que la verdad 
sólo se impone con la fuerza de la verdad misma. 
Por Cristo nuestro Señor. Amén. 
Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. 

 

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La cruz es signo de tolerancia y denuncia; la verdad crucificada es el triunfo de la tolerancia –denuncia de amor y por el amor es el signo de la cruz-.

 

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Jesús es vendido de nuevo por treinta monedas, escarnecido y revestido con un atuendo de burla como en el pretorio. (En un espectáculo emitido el pasado mes de enero por una televisión estatal europea, Cristo aparecía en la cruz cubierto con pañales de bebé). Y luego hay quien se escandaliza y considera intolerancia y censura si los creyentes reaccionan enviando cartas y haciendo llamadas telefónicas de protesta a los responsables. Desde hace tiempo, la intolerancia ha cambiado de campo en Occidente:  de intolerancia religiosa se ha convertido en intolerancia de la religión. MMV.

 

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Sin una conversión individual y colectiva de los corazones y de las actitudes, las raíces del odio, la intolerancia y la exclusión no serán extirpadas, y el racismo seguirá difundiéndose cada vez más en el nuevo siglo como lo ha hecho en el siglo que acaba de concluir. 2001.

 

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El sensus fidei es el que debe proporcionar los criterios para un juicio equilibrado sobre el pasado de la vida de la Iglesia.

3. Este discernimiento es posible precisamente porque con el paso del tiempo la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, percibe con una conciencia cada vez más viva cuáles son las exigencias de su conformidad con el Esposo. Así, el concilio Vaticano II pudo expresar la "regla de oro" que orienta la defensa de la verdad, tarea que corresponde a la misión del Magisterio:  "La verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas" (Dignitatis humanae, 1. Esta afirmación está citada en la
Tertio millennio adveniente, 35).
La institución de la Inquisición fue abolida. Como dije a los participantes en el Congreso, los hijos de la Iglesia no pueden dejar de considerar, con espíritu de arrepentimiento, la "aceptación, manifestada especialmente en algunos siglos, de métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad" (n. 4:  L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de noviembre de 1998, p. 2; cf.
Tertio millennio adveniente, 35).

Es evidente que este espíritu de arrepentimiento conlleva el firme propósito de buscar en el futuro los caminos del testimonio evangélico que es preciso dar a la verdad.

4. El 12 de marzo de 2000, con ocasión de la celebración litúrgica que marcó la Jornada del perdón, se pidió perdón por los errores cometidos en el servicio a la verdad a través del recurso a métodos no evangélicos. La Iglesia debe desempeñar este servicio imitando a su Señor, manso y humilde de corazón. La oración que dirigí en esa ocasión a Dios contiene los motivos de una petición de perdón que vale tanto para los dramas vinculados a la Inquisición como para las heridas de la memoria, que son su consecuencia.

"Señor, Dios de todos los hombres, en algunas épocas de la historia los cristianos a veces han transigido con
métodos de intolerancia y no han seguido el gran mandamiento del amor, desfigurando así el rostro de la Iglesia, tu Esposa. Ten misericordia de tus hijos pecadores y acepta nuestro propósito de buscar y promover la verdad en la dulzura de la caridad, conscientes de que la verdad sólo se impone con la fuerza de la verdad misma. Por Cristo nuestro Señor". 15.06.2004

S.S. Juan Pablo PP. II –

 

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La Iglesia no pide privilegios ni quiere ocupar ámbitos que no le son propios, sino que desea cumplir su misión en favor del bien espiritual y humano del pueblo mexicano sin trabas ni impedimentos. Para ello es preciso que las instituciones del Estado garanticen el derecho a la libertad religiosa de las personas y los grupos, evitando toda forma de intolerancia o discriminación. En este sentido, es de desear también que en un futuro no lejano y al amparo de un desarrollo legislativo acorde con los nuevos tiempos, se den pasos adelante en aspectos, entre otros, como la educación religiosa en diversos ambientes, la asistencia espiritual en los centros de salud, de readaptación social y asistenciales del sector público, así como una presencia en los medios de comunicación social. No se debe ceder a las pretensiones de quienes, amparándose en una errónea concepción del principio de separación Iglesia-Estado y del carácter laico del Estado, intentan reducir la religión a la esfera meramente privada del individuo, no reconociendo a la Iglesia el derecho a enseñar su doctrina y a emitir juicios morales sobre asuntos que afectan al orden social, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o el bien espiritual de los fieles.

 

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Sin desarrollo social, político y económico los mismos instrumentos que deberían garantizar el buen funcionamiento del sistema democrático - como ser el derecho al voto, el sistema de partidos, la propaganda electoral, etc. -, pueden convertirse fácilmente en objetos de manipulación y clientelismo.

La solución de tantos otros problemas sociales como la discriminación, el racismo, la intolerancia y la falta de respeto de los derechos humanos, son objetivos fijos y primordiales para todo cristiano.

 

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Nadie tiene derecho a presentar o utilizar las religiones como instrumento de intolerancia, como medio de agresión, de violencia y de muerte. Al contrario, su amistad y estima recíproca, si está sostenida también por el compromiso de los gobernantes en favor de la tolerancia, constituye un importante recurso de progreso auténtico y de paz.

Judíos y cristianos y musulmanes, queremos dirigir juntos, en nombre de Dios y de la civilización, un llamamiento a la humanidad para que cese la violencia homicida y se recorra el camino del amor y de la justicia para todos. Este es el camino de las religiones. Que Dios nos ayude a recorrer este camino con perseverancia y paciencia.

 

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Colaboración de todos en la vida pública

75. Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común. La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio.

Para que la cooperación ciudadana responsable pueda lograr resultados felices en el curso diario de la vida pública, es necesario un orden jurídico positivo que establezca la adecuada división de las funciones institucionales de la autoridad política, así como también la protección eficaz e independiente de los derechos. Reconózcanse, respétense y promuévanse los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio, no menos que los deberes cívicos de cada uno. Entre estos últimos es necesario mencionar el deber de aportar a la vida pública el concurso material y personal requerido por el bien común. Cuiden los gobernantes de no entorpecer las asociaciones familiares, sociales o culturales, los cuerpos o las instituciones intermedias, y de no privarlos de su legítima y constructiva acción, que más bien deben promover con libertad y de manera ordenada. Los ciudadanos por su parte, individual o colectivamente, eviten atribuir a la autoridad política todo poder excesivo y no pidan al Estado de manera inoportuna ventajas o favores excesivos, con riesgo de disminuir la responsabilidad de las personas, de las familias y de las agrupaciones sociales.

A consecuencia de la complejidad de nuestra época, los poderes públicos se ven obligados a intervenir con más frecuencia en materia social, económica y cultural para crear condiciones más favorables, que ayuden con mayor eficacia a los ciudadanos y a los grupos en la búsqueda libre del bien completo del hombre. Según las diversas regiones y la evolución de los pueblos, pueden entenderse de diverso modo las relaciones entre la socialización y la autonomía y el desarrollo de la persona. Esto no obstante, allí donde por razones de bien común se restrinja temporalmente el ejercicio de los derechos, restablézcase la libertad cuanto antes una vez que hayan cambiado las circunstancias. De todos modos, es inhumano que la autoridad política caiga en formas totalitarias o en formas dictatoriales que lesionen los derechos de la persona o de los grupos sociales.

Cultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la patria, pero sin estrechez de espíritu, de suerte que miren siempre al mismo tiempo por el bien de toda la familia humana, unida por toda clase de vínculos entre las razas, pueblos y naciones.

Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, así demostrarán también con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad. El cristiano debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver. Los partidos políticos deben promover todo lo que a su juicio exige el bien común; nunca, sin embargo, está permitido anteponer intereses propios al bien común.

Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y, sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer este arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal. Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos.

La comunidad política y la Iglesia

76. Es de suma importancia, sobre todo allí donde existe una sociedad pluralística, tener un recto concepto de las relaciones entre la comunidad política y la Iglesia y distinguir netamente entre la acción que los cristianos, aislada o asociadamente, llevan a cabo a título personal, como ciudadanos de acuerdo con su conciencia cristiana, y la acción que realizan, en nombre de la Iglesia, en comunión con sus pastores.

La Iglesia, que por razón de su misión y de su competencia no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno, es a la vez signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana.

La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas, habida cuesta de las circunstancias de lugar y tiempo. El hombre, en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna. La Iglesia, por su parte, fundada en el amor del Redentor, contribuye a difundir cada vez más el reino de la justicia y de la caridad en el seno de cada nación y entre las naciones. Predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la acción humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad políticas del ciudadano.

Cuando los apóstoles y sus sucesores y los cooperadores de éstos son enviados para anunciar a los hombres a Cristo, Salvador del mundo, en el ejercicio de su apostolado se apoyan sobre el poder de Dios, el cual muchas veces manifiesta la fuerza del Evangelio en la debilidad de sus testigos. Es preciso que cuantos se consagran al ministerio de la palabra de Dios utilicen los caminos y medios propios del Evangelio, los cuales se diferencian en muchas cosas de los medios que la ciudad terrena utiliza.

Ciertamente, las realidades temporales y las realidades sobrenaturales están estrechamente unidas entre sí, y la misma Iglesia se sirve de medios temporales en cuanto su propia misión lo exige. No pone, sin embargo, su esperanza en privilegios dados por el poder civil; más aún, renunciará al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio o las nuevas condiciones de vida exijan otra disposición. Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solos aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones.

Con su fiel adhesión al Evangelio y el ejercicio de su misión en el mundo, la Iglesia, cuya misión es fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana, consolida la paz en la humanidad para gloria de Dios

 

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Intolerancia, propaganda y guerra - El aparato propagandístico

10. Se impone una reflexión ulterior. Durante la Segunda Guerra mundial, además de las armas convencionales y químicas, biológicas y nucleares, se recurrió ampliamente a otro instrumento bélico fatal: la propaganda. Antes de atacar al adversario con medios de destrucción física, se buscó aniquilarlo moralmente con la denigración, las falsas acusaciones y la orientación de la opinión pública hacia la más irracional intolerancia, mediante todas las formas de adoctrinamiento, especialmente con los jóvenes. De hecho, es típico de todos los regímenes totalitarios organizar un colosal aparato propagandístico para justificar los propios delitos e incitar a una intolerancia ideológica y a la violencia racista contra los que no merecen -se dice- ser considerados parte integrante de la comunidad. ¡Qué lejos está todo eso de la auténtica cultura de la paz! Esta supone el reconocimiento del vínculo intrínseco entre la verdad y la caridad. La cultura de la paz se construye rechazando desde el comienzo toda forma de racismo y de intolerancia, no cediendo de ningún modo a la propaganda racial, controlando las ambiciones económicas y políticas y rechazando con decisión la violencia y todo tipo de explotación.

Los perversos mecanismos propagandísticos no se limitan a contradecir los datos de la realidad, sino que contaminan incluso la información sobre las responsabilidades, haciendo bastante difícil el juicio moral y político. La guerra origina una propaganda que no deja lugar al pluralismo interpretativo, al análisis crítico de las causas y a la búsqueda de las verdaderas responsabilidades. Es lo que se deduce del examen de los datos disponibles sobre el período 1939-45, como también de la documentación relativa a otras guerras estalladas en los años sucesivos. En toda sociedad la guerra impone un uso totalitario de los medios de información y propaganda, que no educa al respeto del otro y al diálogo, sino que más bien incita a la sospecha y a la represalia.

 

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San Bernardo (1091-1153) monje cisterciense, doctor de la Iglesia Católica
Sermón 10 sobre el Cantar de los Cantares 4-6

 

“La casa se llenó de la fragancia del perfume.”


    “La fragancia de los perfumes es exquisita” se lee en el Cantar de los Cantares (1-3). Distingo varias especias... Hay el perfume de la contrición y el de la piedad; hay el perfume de la compasión... Hay un primer perfume que el alma compone para su propio uso cuando, presa en la red de sus muchos pecados, comienza a reflexionar sobre su pasado. Reúne entonces el mortero de su conciencia, para aglomerar y mezclar, los muchos pecados que había cometido; y en la perola de su corazón ardiendo, los cuece en el fuego de la penitencia y de la contrición... Este es el perfume con el que el alma pecadora cubre los inicios de su conversión y unge sus llagas recientes; porque el primer sacrificio que hay que ofrecer a Dios es un corazón arrepentido. Mientras el alma, pobre y miserable, no tiene con qué componer un ungüento más precioso, no debe descuidar de preparar éste, incluso si lo hace con materias primas muy ordinarias. Dios no desprecia un corazón quebrantado y humillado. (cf Sal 50,19)...

      Este perfume invisible no podrá, desde luego, parecernos vulgar si comprendemos que está simbolizado por el perfume que, según el evangelio, derramó la pecadora sobre los pies del Señor. Leemos, en efecto, que “toda la casa se llenó de la fragancia de este perfume”... Recordemos el perfume que llena la Iglesia por la conversión de un solo pecador; cada penitente que se arrepiente se convierte para otros muchos en perfume de vida que los despierta a la vida. El aroma de la penitencia sube hasta las moradas celestiales, ya que, según las Escrituras, “el arrepentimiento de un solo pecador es una gran alegría para los ángeles de Dios.” (cf Lc 15,10)

 

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Atardecer primaveral 2006.04.18 Alda, en el Nebraska - USA.

 

Las maravillas de la creación (313-386)

"Quisiera más bien que contemplaras la primavera, reteniendo la variedad de sus flores que todas son iguales y a la vez distintas: el púrpura de la rosa y la excelsa blancura del lirio. Pues, aunque ambos proceden de la misma lluvia y del mismo suelo, ¿quién es el que las hace distintas y las construye? Quisiera también que consideraras qué habilidad del único artífice es la que hace que árboles de la misma clase sirvan a veces para dar sombra y a veces para desparramarse en frutos diversos. Una parte de la vid se destina a la quema, otra a convertirse en renuevos, otra en follaje, otra en horquillas y, por fin, una última en uvas. Asómbrate también, en una caña, de la amplitud del espacio que su autor puso entre sus nudos. En un mismo terreno salen serpientes, jumentos, árboles, alimentos, oro, plata, cobre, hierro, piedra. Una es la sustancia de las aguas, y salen de ellas las especies de los peces y de las aves, de manera que unos nadan en el agua mientras las aves vuelan en el aire.

 «Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él, el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños» (Sal 104, 25). ¿Quién podrá exponer la hermosura de los peces que ahí viven? ¿Quién la magnitud de los cetáceos o la naturaleza de los animales anfibios que viven tanto en la tierra árida como en el agua? ¿Quién puede exponer la profundidad y la hondura del mar o el inmenso ímpetu de las olas? Se mantiene, sin embargo, dentro de los límites que le ha fijado quien le dijo: «Llegarás hasta aquí, no más allá..., aquí se romperá el orgullo de tus olas» (Job 38,11). Explica claramente el mandato que se le ha impuesto el hecho de que las olas, al retirarse, dejan una línea visible en las orillas. A los que la ven se les indica así que el mar no habrá de pasar de los límites establecidos.

¿Quién puede captar la naturaleza de las aves del cielo? ¿Cómo es que unas poseen una lengua experta en el canto, mientras otras poseen una gran variedad de colores en sus plumas y algunas, como las aves de presa, se mantienen, en medio del vuelo, inmóviles en el aire? Pues es por mandato de Dios por lo que «el halcón emprende el vuelo, despliega sus alas hacia el sur» (Job 39,26). ¿Qué hombre percibe cómo «se remonta el águila» a «las alturas» (cf Job 39,27). Pues si con toda tu capacidad de pensar no puedes darte cuenta de cómo las aves se elevan a lo alto, ¿cómo podrás entonces abarcar con tu mente al autor de todas las cosas?

¿Quién ha llegado a saber simplemente los nombres de todas las fieras? ¿Y quién se ha dado cuenta de la naturaleza de cada una de ellas y de su fuerza? Pero si ni siquiera conocemos sus nombres, ¿cómo podremos abarcar a su autor?

Uno fue el precepto de Dios, por el que dijo: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie» (Gén 1,24). Por un único mandato brotaron, como de una única fuente, las diversas clases de animales: la mansísima oveja, el león carnicero. Por su parte, movimientos diversos de animales irracionales reflejan una variedad de inclinaciones humanas: la zorra, por ejemplo, expresa la perfidia humana; la serpiente, a los que hieren a sus amigos con dardos venenosos; el caballo que relincha, a jóvenes voluptuosos(cf Jr 5,8). Sin embargo, la hormiga diligente sirve para estimular al negligente y al perezoso. Pues cuando alguien, en su juventud, vive en la desidia y el ocio, los mismos animales irracionales le estimulan según el mismo reproche que recoge la Escritura: «Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio» (Prov 6,6). Pues cuando veas que guarda alimentos para el tiempo oportuno, imítala y recoge para ti mismo como tesoros, para la vida futura, los frutos de las buenas obras. Por otra parte: «Ponte a la obra y aprende qué trabajadora es» (Prov 6,8). Observa cómo, recorriendo toda clase de flores, produce miel para tu servicio, para que también tú, haciendo el recorrido por las Sagradas Escrituras, consigas tu salvación eterna y, saciado por ellas, digas: «¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!» (Sal 119,103).

¿Acaso, pues, no es el Creador digno de toda alabanza? ¿O es que, porque tú no conozcas la naturaleza de todas las cosas, han de ser por ello inútiles los seres creados? ¿Puedes, quizá, llegar a conocer las cualidades de todas las hierbas? ¿O eres capaz de aprender qué utilidad tiene lo que proviene de cualquier animal? Pues es cierto que incluso de las víboras venenosas proceden ciertos antídotos para la salud de los mortales. Pero me dirás: las serpientes son cosa horrenda. Teme al Señor y no podrá hacerte daño. El escorpión cobra fuerza al picar: teme al Señor y no te picará. El león está sediento de sangre: teme al Señor—como en cierta ocasión Daniel (Dan 6,23)— y (el león) permanecerá tranquilo junto a ti. Realmente son de admirar las fuerzas de los mismos animales: unos clavan con el aguijón, mientras la fuerza de otros reside en sus dientes; los hay que luchan con sus garras; la fuerza, por último, del basilisco reside en su mirada.

Por las diversas cualidades de su obra puedes, pues, comprender la capacidad del Creador".

Cirilo de Jerusalén, 313 + 386 ca. - Catequesis bautismal, 9,10-15

 

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Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

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“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

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Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

Por la gracia de Dios, en el año del Señor 2007: Anno Domini

"In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

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La Iglesia testimonia el Evangelio por los caminos del mundo, ¡por eso es católica!; desde que Cristo la fundara, hace dos milenios.

“El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).

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In Obsequio Jesu Christi.

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Recomendamos: Título: ‘Repensar la ciencia’
Autor: Natalia López Moratalla - Editorial: EIUNSA

 

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In Obsequio Jesu Christi.


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