Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Inquisición - 14 º triste sombra; Congregación la Doctrina de la Fe 2005

Inquisición significaba en la época medieval: búsqueda, pregunta, investigación...

 

 

«La Iglesia busca la verdad histórica para pedir perdón por los pecados de sus hijos». -Juan Pablo PP II, 15 de Junio 2004, al presentarse las «Actas del Simposio Internacional "La Inquisición".

 

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La leyenda negra de la Inquisición se nutre de una larga serie de historias que a menudo se encuentran al borde de la realidad.

 

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--Usted es prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo que antes se llamaba la Inquisición. Mucha gente desconoce los dicasterios vaticanos. Creen que es un lugar de condena. ¿En qué consiste su trabajo?

--Cardenal Ratzinger: Es difícil responder a esto en dos palabras. Tenemos dos secciones principales: una disciplinar y otra doctrina.

La disciplinar tiene que ocuparse de problemas de delitos de sacerdotes, que por desgracia existen en la Iglesia. Ahora tenemos el gran problema de la pederastia, como sabéis. En este caso, debemos sobre todo ayudar a los obispos a encontrar los procedimientos adecuados y somos una especie de tribunal de apelación: si uno se siente tratado injustamente por el obispo, puede recurrir a nosotros.

La otra sección, más conocida, es doctrinal. En este sentido, Pablo VI definió nuestra tarea como «promover» y «defender» la fe. Promover, es decir, ayudar el diálogo en la familia de los teólogos del mundo, seguir este diálogo, y alentar las corrientes positivas, así como ayudar a las tendencias menos positivas a conformarse con las tendencias más positivas. La otra dimensión es defender: en el contexto del mondo de hoy, con su relativismo, con una oposición profunda a la fe de la Iglesia en muchas partes del mundo, con ideología agnóstica, atea, etc., la pérdida de la identidad de la fe tiene lugar con facilidad. Tenemos que ayudar a distinguir auténticas novedades, auténticos progresos, de otros pasos que implican una pérdida de identidad de la fe.

Tenemos a disposición dos instrumentos muy importantes para este trabajo, la Comisión Teológica Internacional, con 30 teólogos propuestos por cinco años a propuesta de los obispos; y la Comisión Bíblica, con 30 exegetas, también ellos propuestos por los obispos. Son foros de discusión para los teólogos para encontrar por así decir un entendimiento internacional incluso entre las diferentes escuelas de teología, y un diálogo con el Magisterio.

Para nosotros es fundamental la colaboración con los obispos. Si es posible, deben resolver los problemas los obispos. Pero con frecuencia se trata de teólogos que tienen fama internacional y, por tanto, el problema supera las posibilidades de un obispo, de modo que es llevado a la Congregación. Aquí promovemos el diálogo con estos teólogos para llegar, si es posible, a una solución pacífica. Sólo en poquísimos casos se da una solución negativa. Roma 2002.11.30

 

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Inquisición’  historia crítica - Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.
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...y la inquisición protestante en Alemania... etc.

 

Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales.

Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX.

 

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«Homo sum, humani nihil a me alienum puto».
Terencio, Heautontimorúmenos, 77

‘Hombre soy, creo que nada de lo que es propio del hombre me es ajeno’.

 

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Los que manejan el poder para crear víctimas necesitan envolver su lenguaje con metáforas de disimulo, con mentiras encubridoras. Los antiguos griegos y romanos decían que sus esclavos eran cosas. Los esclavistas decían que los hombres de raza blanca eran superiores. Algunos conquistadores genocidas hacían propaganda de que los indígenas a los que exterminaban carecían de alma. Las ideologías machistas consideran que la mujer es inferior al varón que se beneficia de la sumisión.

 

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La Congregación para la Doctrina de la Fe fue fundada por Pablo III en 1542 con la Constitución «Licet ab initio», para defender a la Iglesia de las herejías. Es la más antigua de las nueve Congregaciones de la Curia romana. En 1908, el Papa San Pío X cambió su nombre por el de Sagrada Congregación del Santo Oficio. Finalmente, en 1965, recibió el nombre actual. De acuerdo con sus diversas competencias, la Congregación cuenta con tres secciones distintas: la sección doctrinal, la disciplinar y la matrimonial; en ellas presta servicio un equipo de 33 personas. El Papa se reúne todas las semanas, generalmente los viernes, con el Prefecto de la Congregación. 2005-V-13

 

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Roma - "Roma tiene un influjo importante en la concepción y desarrollo del Pontificado, la Roma martirial e imperial". Por eso varios títulos la califican: "Roma mártir", "Roma artista", "Roma pecadora", “Roma cristiana”, “Roma santa”, “Roma docta” “Roma petrina”, “Roma crucificada”, “Roma victoriosa”, “Roma evangélica”, “Roma evangelizante”, “Roma depositaria de la fe cristiana”, “Roma católica”, “Roma apostólica”, “Roma universal”, “Roma materna”, “Roma bondadosa”, “Roma protectora”, “Roma clemente”, “Roma donde guarecerse”, “Roma casa común”, “Roma, princeps urbium” (decía Horacio- Odas, 3,29),  “Roma locuta est, causa finita est” San Agustín, Sermo 131-Roma habló, la causa terminó-, “Roma communis patria clericorum” clérigos sometidos al Derecho canónico, eximidos del civil del estado, “Roma caput mundi, regit orbis frena rotundi (Lucano, Farsalia, 2, 655), Roma una ciudad llamada a ser, también en el tercer milenio [III], ‘faro de civilización’, «discípula de la verdad» (san León Magno, Tract. septem et nonaginta), y «madre acogedora de pueblos»

(Prudencio, Peristephanon, carmen 11, 191); ¡“Roma eterna”! etc.   Roma, al revés, significa: amor-Roma

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Desgraciadamente, lo que el ‘protestantismo’ ha hecho es exaltar y tratar como algo sagrado al rebelde y disidente juicio privado considerándolo como un dogma de fe, y las consecuencias de esto se han hecho manifiestas. ¡No funciona! La Enciclopedia Cristiana Mundial (Publicación de la Universidad de Oxford, 1983) estima que hay mas de 20,000 denominaciones en existencia, y la aplastante mayoría de ellas – todas excepto por un puñado de ellas – han sido creadas en los últimos 500 años y son denominaciones Protestantes. Ese es el fruto de la doctrina de juicio privado.
Podemos ver, desde nuestro punto de observación 500 años después de la Reforma, las consecuencias devastadoras de esta doctrina, como actúa como un martillo para machacar y hacer trizas a las iglesias haciéndolas más y más pequeñas con el pasar del tiempo. Sin embargo, las gentes de aquel tiempo debieron haber podido prever estas consecuencias, y de hecho así lo hicieron. Los Católicos de aquel periodo abiertamente predijeron el caos; mismo que ahora ha florecido en el mundo Cristiano, y los Reformistas mismos vieron lo que pasaría. Los Reformistas por eso tomaron medidas para mitigar esta situación y desacelerar el número de denominaciones que estaban siendo creadas.

 

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Dios no abandona a su Iglesia y se cumple la promesa de Nuestro Señor:

"Estaré con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt. 28,20); esto fastidia tanto a las sectas jehovistas, bautistas, mormones y otras miles que aparecen y desaparecen.

 

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El inquisidor se mete conmigo -dice Unamuno- y el mercader no se mete conmigo. El inquisidor es intolerante y el mercader es conmigo de la más exquisita tolerancia. Pero el inquisidor me toma en serio, me toma por algo importante, mi alma por algo inmortal y mi camino por un descamino; en tanto que el mercader no ve más que mi dinero. Los dos me son odiosos; pero prefiero la violencia amante del inquisidor a la cortesía interesada del comerciante.”

 

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Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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Chesterton afirma: "Si alguien me pregunta, desde el punto de vista exclusivamente intelectual, por qué creo en el cristianismo, sólo puedo contestarle que creo en él racionalmente, obligado por la evidencia".

 

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La Iglesia Católica es SANTA en su doctrina, en su moral, en sus medios de santificación -los sacramentos- y en sus frutos. No quiere esto decir que todos los católicos sean santos. Esto es imposible dado la libertad humana.

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo», S. S. Benedicto XVI – 29 Junio 2005 Festividad de San Pedro y Pablo; ambos mártires de la Iglesia católica, 64/7ca. en Roma. ITALIA.

 

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La Iglesia una, santa, católica y apostólica». «Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que sin embargo sigue siendo multiplicidad».Que Dios nos guíe hacia la plena unidad de modo que el esplendor de la verdad, que sólo puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo». S. S. BENEDICTO XVI - 2005-06-29.

 

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Iglesia: Es la comunidad, la comunión (koinonia), al mismo tiempo espiritual y visible, de aquellos que acogen con fe la evangelización; comparten la misma esperanza en el Reino y participan a la misma  caridad. Se entra a formar parte de la Iglesia a través del Bautismo, que sella la conversión. Principio de la comunión íntima con Dios - conocido y amado como Padre - es el Espíritu Santo: Espíritu filial de Jesucristo. El principio visible de unidad de los fieles de una Iglesia particular es el Obispo; en cambio, sobre el plano universal de la comunión de todos los fieles, el fundamento de unidad es el Romano Pontífice. Éste es el sucesor de Pedro y cabeza de la comunidad cristiana de Roma que "preside en la caridad" (San Ignacio de Antioquía). El principio sacramental de la unidad de la Iglesia es la Eucaristía: celebración memorial del misterio pascual, en donde los bautizados, unidos a sus legítimos pastores, se unen a Cristo y entre ellos, mediante los signos del pan y del vino consagrados. El Credo profesa la Iglesia una, santa, católica y apostólica. El Espíritu de Amor, donado por Cristo a su Iglesia, la transforma necesariamente en una (cf. UR 4,3) y santa (cf. LG 39,1). Así el Espíritu de Verdad la hace católica y apostólica, manteniéndola fiel a la tradición (Parádosis) de los apóstoles y a su misión de difundir, a todos los hombres y en todos los tiempos, toda la plenitud (Plêrôma) de verdad y santidad que se encuentra en Jesucristo. Esta prerrogativa de indefectibilidad se concede a la Iglesia concreta guiada por el Papa y por los Obispos en comunión con Él, en donde subsiste la única Iglesia de Cristo (cf. LG 8,2). No obstante, ésta debe purificarse y convertirse constantemente para hacer brillar, siempre mejor, la gloria de su Señor, para recuperar la plena unidad con los hermanos separados y para adquirir mayor credibilidad en su misión ad gentes (cf. AG 6;  EN 77; RM 50; UUS 23; 98).

 

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La triste sombra de la Inquisición

 

Fundamentalismos enmascarados. José Manuel Otero Novas.

Ed. Ariel 2001. pp. 336-347.

 

El discurso anterior, acreditativo del esencial antifundamentalismo de la filosofía cristiana, siempre se ve lastrado por el recuerdo de tantas y tantas actuaciones de los cristianos en sentido contrario, y concretamente, dado lo mucho que ha calado en la cono ciencia universal, por la memoria de la Inquisición, y singularmente de la Inquisición española, que parece ser la más conocida y en todo caso la más vituperada.

Nadie, y menos que nadie un cristiano, podrá justificar nunca el fundamentalismo de la Inquisición. Me es igual que el número de ajusticiados haya sido más alto o más bajo. Incluso, a estos efectos del necesario repudio, me sería indiferente que nunca hubiera llegado a promover la muerte de nadie. Me bastaría con que hubieran obligado a comparecer en su presencia a un solo hombre, para hurgar en sus creencias religiosas y censurar coactivamente sus ideas, para reputarla incompatible con los principios cristianos.

Razón por la cual el cristiano debe pedir sinceramente perdón por esos comportamientos de la Inquisición, "fanáticos" y "terribles" en expresiones del escritor católico Joseph Lortz.

Aunque una vez señalada con toda nitidez esa posición condenatoria, no es preciso dar necesariamente por buenas y correctas todas las acusaciones que se hacen a la Inquisición. Por pura higiene mental debe aceptarse todo lo que sea verdad, pero sólo lo que sea verdad. El sistema de aplastar a los culpables, haciéndoles reconocer, junto con sus delitos, otros muchos no cometidos, para provocar su aislamiento y rechazo social, es propio de etapas negras de la historia del hombre.

Se hace necesario entonces, en relación con la Inquisición o con otros temas similares, depurar lo que hay de verdad y de mentira; o exageración, o minusvaloración, en las imputaciones que flotan en el ambiente. Y, asimismo, determinar en qué medida esos comportamientos censurables son propios o consecuencia de las características de las personas que los tienen, o son más bien un modo de actuar típico del pensamiento de la época o de un determinado ambiente, afectante a todo tipo de personas existentes en aquel momento o lugar. Sólo después de hacer esos dos juicios cabe concretar las acusaciones contra personas o grupos singulares.

EL CARÁCTER NO HISTÓRICO DE LA NOVELA EL HEREJE, DE DELIBES

Yo me he formulado los anteriores interrogantes cuando leía la novela de Miguel Delibes El hereje." Siempre es un placer leer las novelas de Delibes.

En este caso, escuché decir al propio Delibes, al presentar su obra, que no es una novela histórica. Expresamente ha querido salir de la polémica sobre la historicidad de los hechos que presenta.

Pero pese a ello, no puede evitarse que sea una novela que informa sobre la historia del reinado de Carlos V y Felipe II en Castilla y Europa. No sólo no puede evitarse, sino que el autor, dentro del libro, no lo evita y narra hechos históricos, datos reales, y emite opiniones sobre el entorno y circunstancias de aquellos hechos y datos. Y luego el editor, en la contraportada, nos la presenta, en primer lugar, precisamente como novela histórica, en segundo lugar como novela de tipo "psicológico", y en tercero, como canto a la libertad y a la tolerancia.

Es por ello que los juicios y datos históricos de esta novela cobran una gran relevancia. Porque están en una novela de Delibes, que habrá tenido la tirada típica de los grandes novelistas, que multiplicará al menos por veinticinco cualquier otra obra que se escriba para precisar los hechos históricos correspondientes.

Tanto más, cuanto que la novela de Delibes se escribe en el contexto intelectual del pensamiento "correcto" e incide sobre otras muchas lecturas que los españoles hemos podido hacer con una presentación similar de los hechos.

Yo ignoro, y carezco de curiosidad especifica por conocer, cuál sea la posición religiosa o filosófica de Delibes. Ni si ha cambiado o no con el paso del tiempo. Lo que sí constato es que cuando yo conocí su persona y su obra en los años 60, Delibes, además de gran novelista, era en España un escritor ilustre y abierto, definidamente "católico", y dentro de lo católico, sintonizando con el Vaticano II, y que hoy, consagrado por un gran prestigio, nos lo encontramos con tesis publicadas críticas hacia lo católico y lo español clásico. Quizá una y otra situación deriven de una misma realidad profunda que haya permanecido inmutable, pero sus manifestaciones externas presentan ciertos desplazamientos. En aquellos tiempos anteriores nadie iba a la cárcel por acatólico, ni hoy tampoco se entra en prisión por ser miembro de la Iglesia; pero entonces, las posiciones de Delibes encajaban muy bien en lo socialmente correcto, y hoy también; cada una de las diferentes manifestaciones, en un tiempo y en otro, son acordes con el ambiente intelectual predominante del respectivo momento. Lo cual es legítimo, no tengo absolutamente ningún motivo para dudar que sea sincero, y hasta puede ocurrir que sean expresiones diferenciadas de un mismo planteamiento interior. Mas, al margen del respeto y admiración hacia la persona de Delibes y a sus muy elevadas cualidades literarias, algo reduce su autoridad cuando, como es prácticamente inevitable en casos como éste, formula y transmite valoraciones sobre la realidad que describe.

Delibes distorsiona el entorno

En cuanto al entorno de tiempo y lugar, el autor describe una España atrasada frente a las novedades intelectuales y religiosas de Europa. No sólo es ése su continuado telón de fondo; no sólo presenta lo avanzado que se incuba en Valladolid como proveniente de más allá de los Pirineos y necesitando vitalmente de la ida a Europa para subsistir, sino que en algún momento dice expresamente que en aquellos tiempos España se "moderniza" merced a las influencias que está recibiendo de Francia.

El complejo de inferioridad español ante Europa, justificado en la realidad de los dos o tres últimos siglos, lo extrapola el novelista a. la España del siglo XVI. El pensamiento correcto, según el cual hoy nos modernizamos gracias a Europa, se convierte en un absoluto intemporal.

Es verdad que la España de Carlos V, como la de Felipe II, recibió magníficas influencias de Francia, de Alemania, muy especialmente de los Países Bajos, de Italia, etc. Pero en el balance de entonces no era España la que se modernizaba gracias a Europa, sino Europa la que se modernizaba gracias a España. Uno de los muchos signos característicos de la superioridad de España en aquellos momentos era precisamente que podía absorber y asumir cuanto de bueno veía en el mundo. Y España veía mucho en el mundo, porque el mundo era en buena medida hispánico. El juicio de Delibes es tan inadecuado, como si ahora, porque vemos que los americanos van a París a aprender a servir la mesa y a estudiar sus modas en Saint Honoré, dijéramos que Estados Unidos recibe de Francia la modernización. Estados Unidos es hoy el imperio que admite gentes e influencias de todo el mundo, precisamente porque es el Imperio, y es Estados Unidos quien moderniza a Europa, aunque aprenda muchas cosas de Europa, o de Asia, o de Latinoamérica... En la propia ciudad de residencia de Delibes, Valladolid, hay un espléndido Museo Nacional de Escultura, y allí se pueden encontrar los ejemplos de personajes como Juan de Juni (francés) o Pompeyo Leoni (italiano), que a mitad del siglo XVI, es decir, justamente en la época en que se desarrollan los hechos de la novela de Delibes, se vienen a España, porque aquí hay un gran movimiento artístico en el que pueden desarrollar su talento. Cuando en el siglo XX nuestro Severo Ochoa decide marchar a América para poder desarrollar los trabajos que le valieron el Nobel, no es porque América reciba la modernización de España, sino porque es el lugar moderno adonde han de ir los españoles que quieran tener más facilidades para descollar.

En el historiador Domínguez Ortiz leemos el siguiente párrafo, que es suficientemente expresivo y no necesita más apostillas: "... el prestigio de España y de todo lo español siguió siendo muy grande hasta mediados del siglo XVII. España seduce e inquieta a los franceses, ha escrito Joseph Pérez: "Nunca ha estado tan presente en Francia como en el reinado de Luis XIII,- se aprendía entonces el español, como hoy el inglés; se leían y traducían los grandes autores de la literatura española, empezando por El Quijote; se admiraba el teatro español; se hacen llegar de Madrid los guantes, los perfumes, los artículos de lujo que imponía la moda. Y al mismo tiempo se criticaban las baladronadas de los españoles, su orgullo y su hipocresía"."

Dentro de esa línea de pensamiento "correcto", la novela de Delibes nos dibuja un ambiente católico integrista, reaccionario, formalista, ridículo, intolerante, en contraste con el pensamiento protestante, y especialmente luterano, libre, avanzado, tolerante, fraterno espiritual. Destaca un talante español persecutorio de las ideas, que se plasma en las frecuentes quemas de libros, lo cual señala que ocurre incluso en ciudades universitarias del prestigio de Salamanca ofreciendo como contrapunto la descripción de una espléndida Primavera intelectual en Europa, con la multiplicación de más y más libros, por ejemplo, en la ciudad de Wittemberg; y como concesión a la objetividad, advierte que las quemas de libros no eran exclusivas de España, sino que también se produjeron en Amberes, ciudad casualmente estaba entonces bajo control español, con lo cual, lejos de matizar, confirma el contraste. Incluso se hacen exposiciones de simpática presentación de los principios de la reforma protestante y de sus "dogmas", mientras que ninguna explicación se hace de las tesis católicas adversas, como si las adversas fueran irracionales, supersticiosas y sólo mantenidas por la fuerza.

Y, naturalmente, el elemento católico aparece en la obra aplastando, hasta el exterminio y la hoguera, al protestante. El autor centra su novela en el episodio histórico probablemente más duro de represión española contra los protestantes, pero, seguramente, porque no pretende que sea una novela histórica, no dice que está contando algo de lo más llamativo que aquí ocurrió; ni tampoco da trascendencia ni significado al hecho de que esos protestantes que en España son víctimas y esos Estados europeos que al parecer significan la libertad y la tolerancia y el progreso, están en esas épocas protagonizando en sentido inverso unas persecuciones y derramamientos de sangre mucho más intensos que los españoles.

Los españoles que hicimos el bachillerato en las décadas de los 40 y 50 del siglo XX, hemos estudiado en nuestros libros de texto la biografía y significado de Miguel Servet. Un navarro aragonés, heterodoxo respecto del catolicismo, que además de su afición por la teología fue una autoridad de las ciencias geográfica y médica, habiendo sido el descubridor de la circulación pulmonar. En la etapa madura de su vida vivió fuera de España, y como era un prolífico escritor, a pesar de ser un "heresiarca", según Menéndez Pelayo, polemizó con Zuinglio, Ecolampadio y Calvino (no estaba muy convencido del carácter "trino" de la Divinidad), por lo que en la Europa supuestamente tolerante de entonces (según Delibes) tuvo que huir, primero a Basilea, y después de Basilea a Francia, donde vivió bajo nombre supuesto, lo cual no impidió que Calvino le denunciara al inquisidor de Lyon, quien le tomó preso; evadido de Francia, huyó a Ginebra, donde Calvino le reconoció y llevó al Tribunal de la ciudad, conocido como el Pequeño Consejo, Tribunal que hostigado por Calvino acabó condenando a muerte a Servet, sentencia que fue ejecutada haciéndole morir en la hoguera en la colina de Champel, junto al lago Leman, donde hoy existe un monumento en honor del ajusticiado. Era el año 1553, es decir, 6 y 7 años antes de los autos de fe que refleja Delibes en su novela.

Y Miguel Servet era conocido de Sebastien Castellion, un teólogo calvinista que también tuvo algunas diferencias de criterio teológico con Calvino, como consecuencia de las cuales hubo de abandonar Ginebra e ir a refugiarse a Basilea, en cuya Universidad consiguió empleo de profesor de griego. Castellion, cuando conoció el trágico final de Servet causado por su líder religioso, se consideró obligado en conciencia a publicar un libro sobre la tolerancia, como exigencia derivada de la fe cristiana, pero en aquel ambiente europeo pretendidamente (por Delibes) "liberal", tuvo la "precaución" de publicar su tratado sobre la tolerancia bajo el seudónimo de Martín Bellus, lo cual no impidió que fuera llevado a prisión por sus correligionarios calvinistas, prisión en la que murió.

Servet fue condenado por las opiniones vertidas en sus libros, y por ello fue quemado junto con sus libros. Castellion murió en prisión por libros que tuvo que publicar con seudónimo. Décadas después, la Universidad de París quema oficialmente los libros de Suárez, y el Parlamento de Inglaterra los del mismo Suárez más los de Mariana. Sin que tampoco las quemas de libros "molestos" al poder fuera "propio" de los movimientos cristianos (católicos o protestantes); ya antes lo practicaron en España los musulmanes, y no sólo respecto de publicaciones cristianas, sino de su propia fe; así se hizo, por ejemplo, con Averroes cuando el califa le destierra a Lucena, momento en el que se prohíbe la difusión de sus ideas y se queman sus obras... (véase Apéndice II de este capítulo).

Desgraciadamente, los autos de fe de Valladolid, los episodios de Servet o Castellion, o los de los libros de Suárez y Mariana, son simples botones de muestra de unas conductas que fueron abundantes y normales en la Europa de los siglos XVI y XVII, en España, en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en Suiza, en Italia, en Holanda y Flandes..., y protagonizadas tanto por católicos como por protestantes.

En la Dieta de Augsburgo de 1555, que adoptó una "paz", se reconoció a instancia de los poderes protestantes el derecho de cada príncipe para decidir la religión que pudiera practicarse en su territorio, sin más requisito que el de permitir emigrar a quienes no quisieran aceptar el cambio forzoso de creencias. Con base a ello se provocaron expulsiones o emigraciones en masa de quienes no aceptaban la fe oficial del país. Por parte protestante, además de las alemanas, son famosas las inglesas contra los católicos, y especialmente contra los puritanos que fueron elemento decisivo en la colonización de las zonas anglófilas de Estados Unidos y las promovidas por el calvinismo en Ginebra. Por parte católica, fueron muy notables las practicadas en Francia respecto de los hugonotes hasta el edicto de Nantes, y desde que Luis XIV suspendió dicho edicto en 1685 hasta mediados del siglo XVIII, como también dentro de Alemania, y ya en el siglo XVIII (1731-1732), las de Baviera.

Conocemos bastante bien los ajusticiamientos de católicos que no quisieron dejar de serlo a manos de príncipes protestantes. Es muy famoso el del político y escritor santo Tomás Moro en la Inglaterra de Enrique VIII, que naturalmente fue acompañado en las Islas Británicas de muchísimos más, sin que se libraran de esas furias los fríos países nórdicos; en el área escandinava, los católicos que se negaban a aceptar la reforma protestante eran declarados proscritos por el poder civil, y así podemos encontrarnos en las crónicas con el obispo católico de Hólar en Islandia, que fue declarado fuera de la ley por Christian III por rechazar la "conversión" al protestantismo, y como se rebeló ante ello, fue ajusticiado, junto con sus hijos en 1550.

Pero no pensemos que las persecuciones "europeas" sólo se dieron recíprocamente entre católicos y protestantes. La reforma protestante, precisamente por su base en el "libre examen", generó inmediatamente numerosos heterodoxos y sectas infractoras de la línea fundacional dentro de cada una de sus ramas. Y la posición protestante respecto de sus hermanos desviados fue todo lo intolerante que podamos suponer. No se libró de ese duro espíritu persecutorio el mismo Lutero, que aprobó los intentos de aniquilación y matanzas de sus "hijos" anabaptistas en Alemania (que alcanzaron cifras enormes). Tampoco Calvino, para quien los episodios ya relatados de Servet y Castellion no fueron una excepción, sino más bien la regla, exigió expresamente, caso de que fuere necesaria, la represión por la violencia de toda doctrina no calvinista, y contando sólo el período 1541-1546, intervino personalmente en 58 condenas a muerte por razones de ideas religiosas, amén de promover la expulsión de Ginebra de los disidentes religiosos.

Y no deja de ser sintomático que uno de los luteranos juzgados en los autos de fe de Sevilla del siglo XVI, el "jerónimo" Antonio del Corro, habiéndose exiliado después Pirineos arriba en busca de respeto para su libertad de conciencia, volvió a sufrir persecución por parte de los protestantes en su país de exilio.

Sin que esta violencia religiosa europea transpirenaica fuera sólo producto de unos difíciles momentos iniciales de la "Reforma" o "Contrarreforma". Porque cuando el siglo XVII está ya en su crepúsculo, el protestantismo calvinista inglés, a través de Cromwell, genera "el reinado de los santos", que produce unas feroces y brutales persecuciones religiosas en las islas, especialmente contra los católicos, y más aún en Irlanda. Y ya hemos visto que en el siglo XVIII se sigue practicando la expulsión de disidentes religiosos en Francia y en Baviera.

¿Cómo esta realidad puede ser marginada por Delibes, cuando bastantes de sus hitos más significativos ocurren en Europa antes y en los mismos años de los hechos que narra? Y si no la ignora, ¿cómo puede construir un relato en el que se atribuya la intolerancia al catolicismo español de la. época, como característica singular suya, y en contraste con un supuesto espíritu amplio y de coexistencia religiosa de allende nuestras fronteras?

Von Ranke, precisamente luterano, y uno de las más destacados historiadores de la Edad Contemporánea sostiene las tesis que aquí voy exponiendo: España factor de modernidad de Europa; represión protestante muy dura en Europa; ligazón entre trono y altar como consecuencia de la Reforma protestante...

Y J. H. Elliot tampoco duda en destacar la superioridad de la España de los primeros Austrias respecto del resto de Europa. Dice que "cualquiera que haya dedicado algún tiempo al gran Archivo Nacional de Simancas (tan próximo al Valladolid de Delibes), no puede por menos que quedar impresionado por la aplastante masa de documentación generada por la máquina administrativa española en los siglos XVI .y XVII. La España de los Habsburgo fue pionera del moderno Estado burocrático... La medida que España aplicaba un año (en aquellos siglos), se convertía con frecuencia en las de Europa al siguiente".

Delibes no ignora lo que yo aquí digo; lo conoce por su formación anterior y por la investigación que es evidente que realizó para acometer su novela; y como es hombre de fina sensibilidad, muy posiblemente comprendió que la imagen que su novela daba sobre el catolicismo español era injusta; acaso fue por ello por lo que salió a televisión a proclamar que no tenía pretensiones históricas; quizá se sintió obligado a encabezar su trabajo con una cita de Juan Pablo II sobre la necesidad de reconocer los atropellos perpetrados por la Inquisición.

También es probable que, por lo mismo, ya en el preludio de la novela hay unos personajes protestantes que, dialogando entre sí, anotan aspectos negativos y violentos de Lutero, coacciones de Calvino y las matanzas alemanas relacionadas con Müntzer (más de 100.000 muertos dice Delibes). Pero si con ello la buscaba, en modo alguno restableció la equidad; porque toda su novela se recrea en la descripción del catolicismo español de la época como intolerante y violento (de lo que es prueba la carta de Carlos V desde Yuste: no la reproduce en conjunto, ni siquiera en párrafos completos, sino que la va desmenuzando por frases sueltas, por goteo, con lo cual magnifica y "normaliza" aquella postura); mientras que, tras las pocas frases dedicadas por sus personajes a reconocer puntos negros del protestantismo europeo, los equilibra a continuación; en cuanto a Lutero, puntualizando su amor a la música y a la imprenta así como su condición de fiel esposo y padre amantísimo; en lo que toca a Calvino, destacando que, pese a todo, el pueblo aceptó de grado su autoridad, y la ciudad parecía un templo. Y por lo que respecta a los problemas con los anabaptistas, se dicen frases como que "en toda revolución hay excesos... No debe juzgarse la Reforma por ellos... Para los campesinos, un cambio religioso sin dinero carece de interés... Eran humanos, aspiraban a que la religión les redimiera; luchaban por una religión práctica... Lutero pudo más y los derrotó..."; con ello, salda con balanceada neutralidad algunos de los puntos negros del comportamiento europeo protestante del tiempo, y describe a continuación la Europa protestante, detalladamente y sin cortapisas ni reservas, como un supuesto paraíso de libertad y humanismo, del que dependían para subsistir espiritualmente, los pocos españoles esforzados que querían una vida humana, moderna y cristiana; españoles que se presentan masacrados por el catolicismo español del siglo, un catolicismo del que sólo se reflejan los elementos execrables.

Leyendo a Delibes en esta novela, se recuerda que la doctrina esencial que motiva la Reforma protestante junto a otras cuestiones realmente nimias, como la comunión bajo las dos especies- es el tema de la justificación luterana por la fe. La encarnación y pasión de Cristo para redimir a los hombres es tan importante que por sí misma justifica la salvación de los humanos. No importan las "obras" de los hombres, sino que la "gracia" obtenida por Cristo es "superabundante". Y según los Evangelios, el "que creyere en Mí se salvará", lo único decisivo es la fe en Cristo, y no las obras humanas.

Importa poco -para el negocio de la salvación- que el hombre se esfuerce por sacrificarse, por ser generoso...

Desde un punto de vista religioso y evangélico, cabe pensar en otros pasajes de las Escrituras marginados por Lutero, como el del juicio universal, donde la salvación se vincula a las obras, y concretamente a las obras de caridad. Pero no nos importa ahora el estudio religioso del asunto, sino el humano-sociológico.

Porque muy posiblemente, ese planteamiento protestante ha inducido al abandono de la preocupación moral por el actuar humano, al no ser condicionante de la salvación. No es que los protestantes declaren la indiferencia del obrar; pero al desconectarlo del negocio de la salvación, contribuyen a eliminar la moral heterónoma. Por ello, poco después de la Reforma, surgen en Europa las filosofías que buscan una moral autónoma, como la de Kant. Moral autónoma que, en teoría, puede ser suficiente para la vida social, pero no en la práctica, ya que las masas necesitan moral heterónoma, bien religiosa, o bien de otro tipo.

Es muy posible que la doctrina luterana de la justificación haya contribuido a la "desmoralización" de Occidente. Pues si bien Occidente no es hoy un mundo protestante, sin embargo, nuestra cultura, en buena medida es cristiana, pero con gran dosis de protestantismo, por el predominio anglosajón de las últimas centurias.

En algún momento se ha pensado que la sociedad puede perfectamente vivir sólo con las reglas del Derecho, sin necesidad de una moral. Pero esa idea se ha ido abandonando a lo largo del siglo XX. Y al constatar que la moral, al menos la moral con trascendencia "social", estaba en crisis en una sociedad secularizada, hemos montado ese espectáculo pintoresco en el que las autoridades de los Estados presionan o semicoaccionan a los grupos sociales para que aprueben códigos deontológicos (no son sólo los colegios profesionales; últimamente el mundo de las sociedades anónimas vive sometido a esa fiebre); en teoría, lo que se monta es una moral heterónama laica; en la práctica, es Derecho vergonzante y carente de la nota de "seguridad", porque los poderes públicos de este tiempo dicen no querer interferir en el campo de lo privado.

Hay quien piensa que es "pesimismo" creer que cuando el hombre ha de buscar una moral autónoma, llegará a la inmoralidad, en su conjunto. Otros creen que es realismo, pues la autonomía moral sólo es alcanzable por minorías. Y no faltan quienes son optimistas

precisamente por ello, porque tienen una concepción " fundamentalista", y creen que el vacío social que esa situación crea, será llenado por otras culturas -por ejemplo, ahora, la musulmana, u otras que puedan resucitar, como la marxista- que aprovecharán la situación para dominar a Occidente e imponer su concepción de moral heterónoma, más exigente, como en otros tiempos ocurrió con Roma, o Grecia, o Egipto...

2003-11-22

 

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Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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La Iglesia católica –que también es de este mundo– puede y debe muchas veces  proclamar su punto de vista a un asunto que no es dogmático, ni tampoco afecta al Depósito de la Fe; pero a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, considera que puede ofrecer un juicio sobre una cuestión que afecta para bien o para mal a millones de personas. En tales casos, no emite la Iglesia una declaración dogmática, ni tan siquiera un magisterio vinculante para el pueblo católico –en el que legítimamente se puede discrepar–, pero argumenta los bienes que resultan de una convivencia conjunta ante ciertas leyes discriminatorias, injustas, amorales y éticamente perversas, o impregnadas de fanatismo sea este religioso, político o militar. Leyes que son capaces de tener a las personas, las sociedades o al mundo en estado de ansiedad e inseguridad; leyes tejidas de un nihilismo que corrompe las costumbres buenas, sobornan el orden, la paz y sano estado habitual de las cosas

 

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Cristo es –piedra angular- origen y principio de donde dimana la luz y santidad que le sirve de base, alimento y razón, a su Iglesia Católica. La Iglesia, madre y maestra, respetuosa con la verdad que Cristo le depositara hace 2.000 años, expone con detalles y datos históricos su trayectoria evangélica. Ininterrumpidamente predica a Jesucristo y las virtudes cristianas. Estas sectas (adventistas, álamos, bautistas, jehovistas, etc.)  inexistiendo durante no menos de 1.600 años, y, sin dicha trayectoria histórica, no pasan de tener algunos aviesos parlanchines. Estos, podrán ser menos honrados y veraces, pero han resultado siempre más hábiles en la manipulación y la maniobra inescrupulosa. Ricos en lisonjear, motes y requiebros, como de dividirse inventando por arte de magia, sectas y más sectas día a día.  Porque tanto da para todos: sola gracia, sola fe, sola escritura, solo Cristo, solo gloria a Dios… solo sectas y más sectas; ¡mala combinación la protesta con el resentimiento! ¡extraña y agria hermandad vomita quien es más etéreo que hombre cabal! Lobos rapaces que hacen -cada día- nacer nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

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«La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla": ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible: ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza?.

 

Lo que nadie nos ha podido explicar es: ¿que tiene que ver los pecados de un pontífice con su acierto o no en la doctrina?
O lo que es lo mismo ¿qué tiene que ver el tocino con la velocidad?

Seguimos sin comprender, o más bien: siguen sin comprender y siguen dividiéndose entre ellos los protestantes engendrando sectas.
Porque carecen de ‘autoridad’ echan de menos al ‘Magisterio’ y cada uno interpreta la doctrina según ha dormido la noche anterior. [bautistas no hay menos de 19 y los jehovistas, mormones, baptistas, etc.]

 

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación. Surge una objeción ante la conexión indispensable entre el compromiso por la verdad y la paz: las diferentes convicciones sobre la verdad dan lugar a tensiones, a incomprensiones, a debates, tanto más fuertes cuanto más profundas, son las convicciones mismas. A lo largo de la historia, éstas también han dado lugar a violentas contraposiciones, a conflictos sociales y políticos, e incluso a guerras de religión. Esto es verdad, y no se puede negar; pero esto ha ocurrido siempre por una serie de causas concomitantes, que poco o nada tenían que ver con la verdad y la religión, y siempre porque se quiere sacar provecho de medios realmente irreconciliables con el puro compromiso por la verdad y con el respeto de la libertad requerido por la verdad. Por lo que concierne específicamente a la Iglesia católica, ella condena los graves errores cometidos en el pasado, tanto por parte de sus miembros como de sus instituciones, y no ha dudado en pedir perdón. Lo exige el compromiso por la verdad.

La petición de perdón y el don del perdón, igualmente debido - porque para todos vale la advertencia de Nuestro Señor: “¡el que esté sin pecado, que tire la primera piedra!” (cf. Jn 8,7) - son elementos indispensables para la paz. La memoria queda purificada, el corazón apaciguado, y se vuelve pura la mirada sobre lo que la verdad exige para desarrollar pensamientos de paz. No puedo dejar de recordar las iluminadoras palabras de Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” (01 enero 2002).

El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas. Es como una conclusión lógica de lo que he tratado de ilustrar hasta ahora. ¡Porque el hombre es capaz de verdad! Lo es tanto sobre los grandes problemas del ser, como sobre los grandes problemas del obrar: en la esfera individual y en las relaciones sociales, en el ámbito de un pueblo como de la humanidad entera. La paz, hacia la que debe y puede llevarla su compromiso, no es sólo el silencio de las armas; es, más bien, una paz que favorece la formación de nuevos dinamismos en las relaciones internacionales, dinamismos que a su vez se transforman en factores de conservación de la paz misma. Y sólo lo son si responden a la verdad del hombre y a su dignidad. Y por esto no se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad. Pienso ahora en las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre. Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra. Vienen también espontáneamente a mi mente las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados –en muchas partes del mundo– acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás? Mi pensamiento se dirige también a todos los que, por condiciones de vida indigna, se ven impulsados a emigrar lejos de su País y de sus seres queridos, con la esperanza de una vida más humana. Ni podemos olvidar tampoco la plaga del tráfico de personas, que es una vergüenza para nuestro tiempo. Lunes 9 de enero de 2006 – S.S. Benedicto P.P. XVI

 

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Entre las religiones cristianas, originadas en la Reforma Protestante están: la Luterana (fundada por Lutero), la Reformada (por Calvino), la Presbiteriana (por John Knox). Luego fueron fundadas la Anglicana (por Enrique VIII), la Bautista (por John Smith), de donde se derivan las Evangélicas. Existen muchas, tantas más sectas y asociaciones, todas fundadas por hombres, y en gran parte de origen americano. Ninguna fundada por Cristo, siendo sólo la Iglesia Católica a la que Cristo le prometió –hace 2000 años- asistencia hasta el final de los tiempos.

 

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“Al fin y al cabo, desde que el hombre habitaba en cavernas, hasta que se asomó al espacio, los historiadores y antropólogos han censado más de de 100.000 religiones. Se afirma, incluso, que existe un gen que predispone a los humanos a buscar a Dios”
Carlos Alberto MONTANER.
‘ABC’ III.XII.MMV – ESP.

 

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Bienaventuranzas desde la Torre

... desde la Torre de Londres,

preso a la espera de su ejecución:

 

Por Santo Tomás Moro*

 

Bienaventurados los que saben reírse de sí mismos, porque tendrán diversión para rato.
Bienaventurados los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se evitarán muchos inconvenientes.
Bienaventurados los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas, llegarán a ser sabios.
Bienaventurados los que saben escuchar y callar, aprenderán cosas nuevas.
Bienaventurados los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio, serán apreciados por quienes los rodean.
Bienaventurados los que están atentos a las necesidades de los demás sin sentirse indispensables, serán fuente de alegría.
Bienaventurados los que saben mirar sabiamente a las cosas pequeñas y tranquilamente a las importantes, llegarán lejos en la vida.
Bienaventurados los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desaire, su camino estará lleno de luz.
Bienaventurados los que saben interpretar benévolamente a los demás, aun en contra de las apariencias, serán tomados por ingenuos, pero éste es el precio de la caridad.
Bienaventurados los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, evitarán muchas tonterías.
Bienaventurados los que saben reconocer a Dios en todos los hombres, habrán encontrado la verdadera luz y la auténtica sabiduría.

*

Ya en el andamio para la ejecución, Santo Tomás le dijo a la gente allí congregada que el moría como "El buen servidor del rey, pero primero Dios" ("the King´s good servant-but God´s first"). Nos recuerda las palabras de Jesús: "Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios."  Fue decapitado el 6 de julio de 1535, por el poder [inquisición] protestante.

 

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Un congreso desmiente la leyenda negra

de la inquisición en España

 

Marta Borcha - Madrid.-
«La inquisición se ha visto afectada históricamente por esa visión simplista de que la España de finales del siglo XV era un país de convivencia idílica entre judíos, moros y cristianos, y en el que la Inquisición se impuso de repente», señaló el profesor José Antonio Escudero, que ha coordinado el III Congreso Internacional sobre la Inquisición, «Los problemas de la intolerancia: Orígenes y etapa fundacional», en el que han participado 60 historiadores de universidades de todo el mundo, y que se ha celebrado este fin de semana en Madrid y Segovia. «Con independencia del rechazo de la sociedad hacia lo herético, o los graves problemas entre los judíos y cristianos», mantiene Escudero, la inquisición no irrumpió como una fenómeno nuevo en la época de los Reyes Católicos: «La Inquisición española hay que inscribirla dentro de un proceso histórico que ya tenía sus antecedentes». Escudero insiste en defender que «es necesario entender la inquisición española dentro del contexto en que existió» y añade como datos de interés
y a modo de ejemplo que frente a las 600 personas que murieron en la hoguera en España durante los siglos XVI y XVII, «en Alemania fueron quemadas más de 70.000 mujeres acusadas de brujería».

2004-02-23 – LA RAZÓN. ESP.

 

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Las condenadas por brujería en Alemania fue en la zona practicamente toda protestante.

 

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P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

 

R:  … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. César VIDAL. Esp.

 

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“La misericordia de Dios no supone la banalidad del mal” S.S. Benedicto XVI

 

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Perdón, amor, misericordia fue el gesto último terreno del Cristo con el buen ladrón.

 

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Cada día nacen nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error.

Al comentar la segunda lectura, de la carta a los Efesios, el Cardenal Ratzinger se ha referido a los ataques que ha recibido el cristianismo en los últimos años. «Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas –dijo el cardenal alemán–, cuantas corrientes ideológicas, cuantas modas de pensamiento. La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido agitada con frecuencia por estas ondas, llevada de un extremo al otro, del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo. Cada día nacen nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error. Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, se etiqueta a menudo como fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir, el dejarse llevar» aquí y allá por cualquier viento de doctrina parece la única actitud a la altura de los tiempos que corren. Toma forma una dictadura del relativismo que no reconoce nada que sea definitivo y que deja como última medida solo al propio yo y a sus deseos. Nada más real que la descripción hecha por Ratzinger, y nada más acorde con lo que hubiera dicho Juan Pablo II.
El cardenal alemán se ha limitado a decirles a los electores del nuevo Papa lo que, posiblemente, les habría dicho Juan Pablo II Magno: que no caigan en la tentación de poner en la Sede de Pedro a alguien que no tenga la fortaleza suficiente para resistir a la «dictadura del relativismo»; que elijan a alguien –y éstas son las palabras con que concluyó la homilía– «que nos guíe al conocimiento de Cristo, a su amor, a la verdadera alegría». 2005-04-18 Inicio del Conclave – Vaticano, Roma, Italia.

 

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Dónde comienza y dónde termina el conocimiento de Dios - "Dios siempre ha sido, siempre es y siempre será o más exactamente, siempre es. Porque «fue» y «será» significan fragmentos de tiempo, propios sólo de nuestra naturaleza fluyente, en tanto que Dios siempre es y, precisamente, El mismo se otorga este nombre cuando contesta a Moisés en el monte (Cf Ex. 3, 14). 

Pues todo cuanto existe lo abarca El, que no tuvo principio ni tendrá final, como un mar ilimitado e infinito que excede todo pensamiento sobre el tiempo y la naturaleza, por grande que sea. En nuestro entendimiento nos representamos a Dios, bastante oscura y limitadamente, no concibiendo los atributos que le son propios, sino valiéndonos de los seres que hacen referencia a El. Mas si la imagen de algo se alcanza a partir de otra cosa, se llega solamente a una figura de la verdades que escapa antes de poder retenerla, huye antes de que la comprendamos. Tal figura de Dios ilumina lo mejor de nosotros mismos —con tal de que lo hayamos purificado—, al modo como un fugaz relámpago da luz a los ojos.

Sucede esto, según mi parecer para que, por una parte, por aquello por lo cual El puede ser comprendido por nosotros, nos atraiga a Si, pues nadie espera ni pretende conseguir lo que no le es dado conocer en modo alguno. Por otra, por cuanto nos es inasequible, se constituye en objeto de nuestra admiración, para que siendo admirado, sea deseado; deseándolo, nos purifique y purificados, nos haga divinos a fin de tener relación con quienes han sido hechos semejantes a El". San Gregorio Nacianceno, Homilía 38, 7

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

Que nos guíe y acompañe siempre con su intercesión, la Santísima Madre de Dios.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen

 

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Gracias por venir a visitarnos

 

‘La verdad sobre El Código Da Vinci’
Autor:
José Antonio ULLATE

Editorial: LibrosLibres. Madrid, 2004.  189 pp.

 

‘Historia de la Inquisición en España y América’

(El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834).

Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales.

Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET.

 

‘La inquisición española’

Autora:(Comella Beatriz.-

Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España.

 

† A ti, Jesús,
con la cabeza inclinada sobre la cruz y el rostro ya apagado,
la alabanza adorante y perenne,
en el día que no tiene ocaso
y en el día de la luz inextinguible. †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).