Saturday 1 November 2014 | Actualizada : 2014-10-13
 
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Creación. (Del lat. creatĭo, -ōnis).1. f. Acción y efecto de crear (ǁ establecer).2. f. Acción y efecto de crear (ǁ instituir).3. f. Acción de crear (ǁ hacer a alguien lo que antes no era).4. f. Acto de criar o sacar Dios algo de la nada.ORTOGR. Escr. con may. inicial.5. f. mundo (ǁ conjunto de todas las cosas creadas).6. f. Obra de ingenio, de arte o artesanía muy laboriosa, o que revela una gran inventiva. Su discurso nos sorprendió porque fue toda una creación.7. f. ant. crianza (ǁ acción y efecto de criar)

 

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Universo, sa.(Del lat. universus).1. adj. universal.2. m. mundo (ǁ conjunto de todas las cosas creadas).3. m. Conjunto de individuos o elementos cualesquiera en los cuales se consideran una o más características que se someten a estudio estadístico.

 

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« Gloria a Dios Padre y al Hijo,
Rey del universo.
Gloria al Espíritu,
digno de alabanza y santísimo.
La Trinidad es un solo Dios
que creó y llenó cada cosa:
el cielo de seres celestes
y la tierra de seres terrestres.
Llenó el mar, los ríos y las fuentes
de seres acuáticos,
vivificando cada cosa con su Espíritu,
para que cada criatura honre
a su sabio Creador,
causa única del vivir y del permanecer.
Que lo celebre siempre más que cualquier otra
la criatura racional
como gran Rey y Padre bueno ».(9)

(9) Poemas dogmáticos, XXXI, Hymnus alias: PG 37, 510-511

 

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Cosmos. (Del lat. cosmos, y este del gr. κσμος).1. m. mundo (ǁ conjunto de todas las cosas creadas).2. m. Espacio exterior a la Tierra.

 

 

 

¿Por qué el Todo y no la Nada?

P. Manuel Mª Carreira

El origen del Universo suscita preguntas metafísicas. La física no sólo no cierra una puerta a la trascendencia, sino que abre el ¿por qué? de todo esto. Que unas leyes milimétricas hayan causado todo lo que conocemos ahora nos lleva a la pregunta del significado de las cosas. Así lo explica el científico P. Manuel Carreira.

 

IDEAS SOBRE EL ORIGEN DEL UNIVERSO

Los sistemas filosóficos más antiguos, sin datos científicos en que apoyarse, admitían una existencia eterna para la materia, al menos en un estado caótico. La acción de dioses (nacidos de esa misma materia) produciría por etapas diversas las estructuras hoy existentes, tal vez en forma ya tan definitiva que una evolución futura parecía impensable. El relato bíblico del Génesis utiliza una descripción semejante, aunque afirmando claramente la total independencia de Dios con respecto a la materia y su control completo sobre ella.
Contrapuesta a la infinitud temporal (eternidad) se aceptaba la finitud espacial y se intentaba resolver el problema de sus límites con alguna esfera imaginaria que encerraba todo lo observable, tal vez con un espacio vacío sin límite a su alrededor. Sin una idea clara de fuerzas y estructuras cósmicas, parecía aceptable un Universo finito, limitado y estático. Pero ya Newton se vio obligado a admitir que una masa finita, sometida a fuerzas gravitatorias en un Universo estático, llevaría a una contracción catastrófica hacia el centro de masa. Esto le llevó a suponer una masa infinita, sin centro ni bordes, evitando así el colapso hacia un punto concreto.
Por otra parte, según la Ley de Gravitación propuesta por el mismo Newton, una masa infinita daría lugar a un potencial infinito en cada punto, con lo cual no podría haber las diferencias de potencial necesarias para que existan fuerzas gravitatorias netas. Tampoco sería estable la distribución de masas: aun con infinitas masas en todas direcciones, las concentraciones locales o desequilibrios transitorios llevarían al colapso por lo menos en ámbitos parciales. No es posible afirmar la validez de las leyes físicas y admitir un Universo estático simultáneamente.
La consideración física de las estrellas como sistemas finitos productores de energía también presentaba una doble paradoja: un número infinito de estrellas, homogéneamente distribuidas por el espacio, y de duración ilimitada debía producir una bóveda celeste tan brillante de noche como la misma superficie del Sol (paradoja de Olbers). Y no se podía admitir que un sistema finito -una estrella- mantuviese la producción de energía indefinidamente, algo sólo posible con una infinita cantidad de combustible.
En 1916 Einstein propuso en su Teoría General de la Relatividad un modelo de Universo finito pero ilimitado, y en expansión o contracción, no estático. En términos geométricos se describe el espacio observable tri dimensional como la cuasi superficie de una hiperesfera de 4 dimensiones, que tiene volumen finito pero no presenta bordes, cumpliendo el principio de homogeneidad espacial, aunque evoluciona en el tiempo. Es, en una dimensión más, un modelo análogo al de la Tierra esférica, con superficie finita, pero sin límites o bordes, por tratarse de una superficie curva cerrada. El sacerdote cosmólogo belga Lemaître aplicó el raciocinio para proponer un comienzo explosivo en el pasado de un universo evolutivo.
El refrendo experimental a las ideas originales de Einstein lo aportó el descubrimiento de Hubble, a fines de la década de 1920 30, de que todas las galaxias fuera del "Grupo Local" muestran un efecto Doppler en su espectro que tiene una interpretación obvia como indicativo de una velocidad de alejamiento proporcional a su distancia del observador.
Esta interpretación lleva consigo, claramente, el afirmar que las etapas anteriores del Universo eran de mayor densidad y temperatura, con volumen cada vez menor según vamos hacia el pasado. Cuando toda la masa se encontrase arbitrariamente próxima a volumen cero, y a temperatura y densidad también elevada en proporción inversa, tendríamos un comienzo explosivo de la expansión. Esto es lo que se indica con el nombre de ", o "Big Bang", con el nombre inglés que ya se ha hecho común.
Es posible, determinando numéricamente la relación velocidad distancia (constante de Hubble), el asignar una edad al Universo desde ese comienzo explosivo. Medidas recientes, sobre todo con observaciones realizadas desde órbita terrestre (telescopio Hubble) han establecido un valor aproximado de 70 km por segundo por millón de parsecs (un parsec es 3.26 años-luz) y una edad desde el Big Bang de 14 mil millones de años aproximadamente.
Con diversas formulaciones matemáticas y diversos "modelos" de evolución, esta hipótesis se ha ido afianzando cada vez más, a pesar de que muchos cosmólogos se resistían a aceptar un "comienzo" total del Universo, que implica preguntas meta físicas acerca de la razón de su existencia. Tanto desde el punto de vista físico como filosófico, el universo evolutivo exige un comienzo de materia (creación), bien en un solo acto en el pasado, bien en multitud de actos en forma continua a través del tiempo.

DATOS EXPERIMENTALES

La comprobación experimental que permite establecer el modelo evolutivo se concreta en tres predicciones:
- Hubo una fase primitiva de alta temperatura y densidad; el espacio debe contener radiación atribuible a esa "Hoguera" y no a las estrellas.
- Hubo una etapa de síntesis nuclear previa a las estrellas. La abundancia relativa de los elementos H, He y Deuterio no puede explicarse solamente en términos de evolución estelar.
- Se encuentran objetos astronómicos en el pasado lejano (visible a gran distancia) que no se encuentran igualmente en el presente (visible en nuestro entorno cercano).
Ya en 1948 George Gamow calculó los valores que deberían encontrarse de temperatura y abundancia de He, aunque pensaba en la posibilidad de de explicar todos los elementos como resultado de la Gran Explosión. En 1965 Penzias y Wilson detectaron una radiación de fondo, en forma de ondas de radio, que llena todo el espacio con ondas correspondientes a una temperatura de 3 Kelvin (grados medidos a partir del cero absoluto), tal como se esperaba del Big Bang. La abundancia de Helio en estrellas jóvenes y muy antiguas resultó ser casi idéntica, demostrando así que ese Helio no era producto de la evolución estelar, sino de una fase de alta temperatura previa a la formación de estrellas. La misma proporción de Helio se encontró igualmente en nubes intergalácticas, donde no ha habido estrellas. Y el Deuterio (hidrógeno pesado), que no se forma sino que se destruye en las estrellas, existe también en la proporción esperada según la física de la Gran Explosión. Finalmente, el descubrimiento de cuásares a gran distancia, pero no en las zonas relativamente cercanas del espacio, indicó claramente una evolución del Universo, pasando por diversas fases con procesos distintos en cada etapa.
Por estas pruebas experimentales, corroboradas más y más en años recientes, puede decirse, en palabras de Yakov Zeldovich, que la Teoría de la Gran Explosión "es parte tan firme de la ciencia moderna como puede serlo la Mecánica de Newton": no hay una alternativa científica. Es ineludible admitir que el Universo ha tenido un comienzo de alta densidad y temperatura, y que evoluciona. Otros detalles son cuestionables físicamente, pero no tienen importancia filosófica.

CONDICIONES INICIALES

Todavía se han dado intentos, más o menos elaborados, de negar un comienzo postulando una fase previa, de contracción, de duración ilimitada ("infinita"). Al darse las condiciones de altísima temperatura y densidad del Big Bang, toda huella de esa hipotética fase anterior quedaría destruida, y nos sería siempre imposible el saber nada de ella. En un "Universo cíclico" se afirma su eternidad por fases alternas de contracción y expansión, sin un verdadero comienzo ni final.
Estas teorías deben juzgarse por su valor dentro de la metodología científica, pues se proponen como tales. Con este criterio, debe decirse que no tiene valor alguno una hipótesis no verificable, como la de la contracción previa en un tiempo infinito. Ni es físicamente aceptable tal proceso: en un tiempo infinito en el pasado la densidad sería cero, y a partir de cero no puede darse contracción. Se hace necesario afirmar valor no cero en un tiempo finito, con lo que llegamos una vez más a un comienzo.
Físicamente puede evitarse tal situación si se acepta la aplicabilidad del espacio mínimo y el tiempo mínimo de Planck: nunca habría un radio cero para la materia, ni un tiempo cero. Debemos también hacer notar que todo proceso físico exige algún tiempo para ocurrir: en un tiempo estrictamente cero no ocurre nada, ni es posible, por tanto, hablar de evolución.
Gran parte de los intentos de conseguir una descripción del comienzo físico del Universo se origina en el deseo de evitar la indicación exacta de su estado en el primer momento: las "condiciones iniciales". Se quiere que toda posible condición inicial sea igualmente válida para llegar, por evolución calculable, al estado actual. De esta manera no habría nada especificado más o menos arbitrariamente para justificar lo que hoy se observa, y no sería este Universo algo "especial" dentro del infinito abanico de posibilidades.
Es claro, sin embargo, que este proceder es ilusorio: ningún sistema físico puede describirse en su evolución sino a partir de condiciones iniciales concretas, y por la aplicación de leyes existentes como resultado de propiedades también concretas de la materia. Aun en los esfuerzos de dar una descripción completamente general del comienzo, es preciso aceptar una materia regida por las cuatro interacciones, con relaciones determinadas entre sus diversas intensidades y radio de acción, con valores de densidad y temperatura que condicionan su unidad o diversificación. Si se afirma la NADA como punto de partida, no puede deducirse nada.

CONSIDERACIONES FILOSÓFICAS

Así llegamos, con estas consideraciones previas, a la pregunta más estrictamente filosófica, expresada por J.A. Wheeler con la frase: "¿Por qué existe algo, en lugar de nada?" ¿Cuál es la razón última de que exista la materia, y de que exista así, con las propiedades que tiene? No puede dar una respuesta ningún tipo de ecuación o cálculo cuantitativo: no se trata de una pregunta "científica" en el sentido restringido del término.
El primer paso hacia la respuesta puede tomar como punto de partida el comienzo temporal del Universo: se afirma un paso de NADA a su existencia. En el modo de hablar de la Relatividad, con Espacio y Tiempo como atributos de la materia, no es posible ni siquiera postular un espacio vacío que existiese previamente para que en él apareciese la materia más primitiva (partículas o energía). Este paso, de la NADA más absoluta a la existencia de la materia en todas sus formas, solamente nos es posible describirlo con la palabra "Creación": un concepto que sobrepasa por completo los esquemas físicos, y que ni siquiera aparece, con certeza, en los filósofos más eminentes de
la antigüedad.
Los
cambios más o menos profundos, en la estructura de la materia ya existente, se producen por la aplicación de energías cada vez más elevadas al acercarnos más y más a su esencia íntima, hasta el punto que ningún acelerador de partículas pensable nos permitiría, por ejemplo, demostrar directamente " de las Teorías de Gran Unificación. En un sentido analógico, casi metafórico, podríamos concluir que para que la materia comience a existir totalmente se requiere una energía estrictamente infinita. Pero no de orden físico, porque éste presupone la materia; necesitamos un agente no material, de infinito Poder: un Creador.
Sólo así hay razón suficiente de que ALGO material comience a existir, no como transformación de una realidad ya existente, sino como totalmente nuevo, sin origen físico. Esto es verdad tanto si se trata de la creación de toda la realidad material en un solo acto, o si hablamos de la creación de un solo átomo de hidrógeno. No se evita el comienzo radical de la materia por esparcir tal comienzo a través del espacio tiempo. Pero el concepto de creación no depende de un comienzo en el tiempo, aunque tal comienzo lo implique. Todo lo que no tiene en sí mismo la razón suficiente de existir debe recibir de otro la existencia, aunque esta existencia no estuviese ligada a un tiempo determinado. En términos filosóficos, lo que es contingente exige una causa que, finalmente, tiene que ser necesaria por su misma esencia, para no caer en una cadena infinita de causas intermedias, todas las cuales son insuficientes para explicar lo que se busca mientras sean aún contingentes.
¿Qué significa la contingencia, y cómo se percibe? El ser contingente podría no existir, porque su esencia no exige la existencia ni un modo único de existir. Y esta falta de necesidad lógica se muestra en el hecho de la mutabilidad: lo que cambia, puede ser de diversas maneras, con lo cual muestra claramente que su modo de existir no está determinado por la esencia. Pero si no puede existir sino con un modo concreto de hacerlo, y éste no fluye de su mismo SER, debe determinarse por algo extrínseco el que exista de tal modo, y que EXISTA simplemente. Brevemente: lo que es mudable es contingente, y todo ser contingente exige como causa suficiente última un ser necesario.

Que la materia es esencialmente mudable no es discutible: toda actividad, interacción, por la cual solamente podemos definir a la materia, implica y produce cambio. Así llegamos a la afirmación del Universo como contingente, y, por tanto, creado, porque tiene que recibir su existencia de un Ser no material. Tal afirmación es independiente del tiempo, y es igualmente aplicable aun en el caso hipotético de un Universo eterno. Por eso es poco profunda, y falta de contenido filosófico, la afirmación de Hawking al decir que si el Universo no tuvo comienzo, no es necesario exigir un Creador.
Todavía es posible ahondar más en el concepto de contingencia desde el punto de vista de las condiciones iniciales. El acto de creación, porque determina a un ser que puede tener toda una variedad de modos de existir, ha de determinar todas las propiedades con las cuales de hecho comienza. No es posible decir "Hágase el Universo" y que éste comience a existir con tal cantidad de materia y no otra, con tal temperatura y no otra, con tales fuerzas y características y no otras: no hay razón suficiente para ello en un acto creativo "en general".
Como dice Wheeler: "mutabilidad implica ajustabilidad"; el Universo tuvo que ser ajustado en su primer momento para comenzar con las propiedades correctas para dar lugar a la vida inteligente. Aun sin incluir esta última afirmación como parte del raciocinio, la necesidad de una elección de propiedades entre el abanico ilimitado de posibilidades se sigue lógicamente de lo que es el acto creativo de algo que por sí mismo es NADA.

CREACIÓN - ¿AZAR?

También es posible argüir que la elección de parámetros iniciales a partir de un número ilimitado de posibilidades exige un conocimiento de todas esas posibilidades, y una razón para elegir una concreta para realizarla. Así se llega a la afirmación de una inteligencia infinita, que actúa libremente (un ser personal) con un fin para crear: todo el que actúa inteligentemente lo hace con alguna finalidad. No tiene sentido hablar de un Creador no-personal ni de una naturaleza personificada en sentido metafórico, que termina siendo el mismo universo material cuyo origen se busca. Ni puede ser la creación el resultado de un "azar" sin contenido real, ni en el hecho mismo de comenzar a existir ni en la determinación de condiciones y parámetros iniciales. El azar no es una forma de la materia, ni una fuerza, ni un agente al que pueda atribuirse un fenómeno: no tiene otro contenido que el negar relaciones reales de influjo mutuo entre hechos que se quieren considerar conjuntamente.
Autores que quieren evitar las consecuencias filosófico teológicas acuden a hipótesis de una "creación" equívoca, sin Creador, en que el Universo aparece espontáneamente por una fluctuación cuántica del espacio vacío, como se acepta que aparecen pares de partículas y antipartículas, al menos "virtuales". A esto se añade frecuentemente la afirmación de que en un tiempo indefinidamente amplio todas las posibilidades se realizan de hecho, y así no es necesario explicar el que este Universo tenga tales características concretas: es uno de una multitud infinita en que se dan todas las variaciones de parámetros posibles.
Este razonamiento se basa en una afirmación implícita equivocada, pues da por aceptada la existencia (sin explicación alguna) de un vacío físico que ya ES materia, y que tiene determinadas propiedades y leyes que se invocan para afirmar la aparición de los pares de partículas. El equiparar la NADA a ese vacío, para decir luego que el Universo aparece espontáneamente de la nada, es un juego de palabras totalmente equívoco. Tan difícil es explicar la existencia de ese vacío físico con sus energías y sus modos concretos de actuar como puede serlo el explicar que las partículas se produzcan independientemente de él.
Tampoco es metodológicamente correcto el afirmar, sin prueba ni posible comprobación, que se dan infinitos universos con todas las propiedades posibles. Es un subterfugio comparable al de pedir que se den realmente todos los valores posibles en una tirada de dados, para que las probabilidades que indica el cálculo matemático se realicen, cada una en un universo distinto. Ni se explica por qué existe cada uno de esos supuestos universos. Sigue en pie la pregunta ineludible de Wheeler: ¿Por qué hay Algo en lugar de NADA?

http://www.elsentidobuscaalhombre.com/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=457&te=40&idage=774&vap=0

 

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“El mayor testimonio del diálogo fe-ciencia es nuestra propia existencia”

Entrevista al director del Observatorio Astronómico Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 4 de diciembre de 2008.- El año 2009 ha sido declarado por la UNESCO como “Año Internacional de la Astronomía”, en conmemoración del 400 aniversario de las primeras observaciones de Galileo Galilei.

El Observatorio Astronómico Vaticano, más conocido como Specola Vaticana, participará también en estas celebraciones. Por el momento, está previsto un Congreso Internacional de relectura histórico-filosófica y teológica sobre el “Caso Galilei”, una “Study Week on Astrobiology” organizada por la Academia Pontificia de las Ciencias, así como una exposición sobre el patrimonio astronómico italiano y vaticano, organizada en colaboración con el Instituto italiano de Astrofísica.

La Specola Vaticana, uno de los observatorios astronómicos más antiguos del mundo, fue fundado por el papa Gregorio XIII en 1578 y desde el principio trabajaron en él astrónomos y matemáticos jesuitas, aunque posteriormente han participado otras órdenes religiosas. Actualmente, la sede está en la residencia papal de Castel Gandolfo.

En 1981, la Specola fundó un segundo centro de investigación, el “Vatican Observatory Research Group” (VORG), en Tucson (Arizona, EE.UU.), en colaboración con la universidad local. En los programas divulgativos de la “Specola” participan astrónomos de todo el mundo.

En 1993 ambas instituciones construyeron el Telescopio Vaticano de Tecnología Avanzada (VATT), en el Monte Graham (Arizona), y en los próximos años el proyecto se completará con la construcción de los telescopios más grandes y sofisticados del mundo, que permitirán llevar adelante una serie de investigaciones astronómicas punteras.

Con este motivo, el director de la Specola, el astrónomo y sacerdote jesuita argentino José Funes, concedió una entrevista a Zenit en la que explica que el diálogo entre la fe y la ciencia “tiene lugar esencialmente en la vida del propio científico”.

 

-La UNESCO ha declarado el 2009 como Año de la Astronomía, en recuerdo de Galileo Galilei. Ante los enormes logros en los últimos años de la ciencia en biología, medicina o física, ¿en qué ha avanzado la astronomía?

 

José Funes: Ciertamente, la astronomía, desde las primeras observaciones de Galileo, ha conocido un desarrollo tremendo. Galileo, con su pequeño telescopio, ya pudo observar los cráteres de la luna, algunas estrellas de la Vía Láctea, los satélites de Júpiter y las fases de Venus.

Hemos avanzado mucho desde entonces. Basta citar algunos de los descubrimientos más recientes: actualmente, con los modernos telescopios como el Hubble, podemos observar las galaxias más lejanas, a unos 2.000 millones de años luz. Dado que la velocidad de la luz es limitada, lo que en realidad estamos observando es el pasado del universo en estas galaxias, cómo se formaron y desarrollaron.

Esta es una de las fronteras de la astronomía actual. Otra frontera es el estudio de la formación de estrellas y planetas. Sabemos en la actualidad que existen cerca de trescientas estrellas con sistemas planetarios orbitando alrededor. El desafío en este campo es la búsqueda de planetas extrasolares similares a la tierra, porque eso implicaría la posible existencia de vida extraterrestre. Hasta ahora no se ha encontrado.

 

-¿Es el universo, para los astrónomos en general, "un cosmos" y un libro en el que se puede descubrir a su autor, como dijo recientemente Benedicto XVI a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, o más bien entre los científicos se concede crédito a la teoría del "caos"?

José Funes: No, el universo es un cosmos. Hay una cierta racionalidad en el Universo, y esto es lo que los científicos buscan, encontrar esas leyes del universo físico que permitan una explicación de lo que observamos. Esa premisa de que existe una cierta “racionalidad” es compartida por la mayor parte de los astrónomos.

En cualquier caso, esta consideración es propia de los filósofos más que de los científicos. La reflexión sobre el origen de esta racionalidad se sale del campo de la astronomía, aunque haya astrónomos que tengan intereses filosóficos. Pero son campos distintos.

 

-De alguna manera, el estudio de la evolución del universo forma parte de la “teoría de la evolución” que se aplica también a las especies, en el sentido de entender que en lugar de haber sido creado en un momento concreto y definitivo, la materia ha ido evolucionando hasta su estado actual. En cuanto al universo, se estableció hace décadas como más probable la teoría del “Big Bang”, de la “gran explosión” original. Esa teoría ¿sigue siendo aceptada mayoritariamente? ¿Contradice a la fe?

 

José Funes: No, no la contradice en absoluto. Hablando como astrónomo, puedo decir que la evolución del Universo es un hecho probado. Aunque hay muchas cosas que aún no comprendemos, es notable que podamos reproducir la historia del Universo hasta cuando éste tenía 10-43 segundos de vida, es decir, en el instante después de haberse creado la materia.

Desde ese momento hasta el presente, podemos explicar cómo se han formado las galaxias, las estrellas y planetas, aunque no sabemos todo y aún quede mucho por investigar Esto muestra también el grado de avance al que ha llegado la humanidad en su comprensión del Universo.

Por tanto, la teoría del “Big Bang” siguen siendo el marco adecuado para entender lo que observamos, y esta teoría no está en contradicción con los relatos que conocemos de la creación, tanto lo que la Biblia dice como la reflexión teológica que la Iglesia ha hecho posteriormente. La intención del autor sagrado no es dar una explicación científica del origen del Universo, sino religiosa.

 

-El caso Galileo ha sido puesto siempre como ejemplo de intransigencia de la Iglesia y de incompatibilidad entre ciencia y fe. Hoy, después de cuatro siglos, ese caso ¿sigue siendo paradigmático de esa confrontación o habría que revisarlo?

José Funes: Yo diría que es imposible cerrar el caso en un sentido o en otro, de forma que satisfaga completamente a los distintos autores que han estudiado el caso. Verdaderamente creo que es dificilísimo encontrar una solución que contente a todos.

Habiendo dicho esto, creo que la Iglesia ha tratado de hacerlo lo mejor que podía. El Papa Juan Pablo II formó una Comisión para estudiar con sinceridad los textos y los datos de lo que ocurrió. Las conclusiones se presentaron al Papa en 1998 , este concluyó con mucho acierto que había habido dos problemas en el caso Galileo, un problema de interpretación bíblica y un problema pastoral.

Sobre la primera cuestión, se admite que los descubrimientos de Galileo nos ayudan a entender mejor el texto bíblico, cosa que como dice el Papa, los teólogos de su tiempo no supieron comprender.

Respecto al aspecto pastoral, sí es paradigmático, sobre todo de cara al futuro. La Iglesia se encontró frente a una situación nueva, culturalmente hablando, que le imponía revisar su propio modo de leer la Biblia.

Lo que dijo al respecto Juan Pablo II me pareció muy interesante, pues dio una “regla de oro” pastoral: por un lado, un pastor debe ser prudente ante las novedades, y por otra, debe tener cierta audacia a la hora de enfrentar problemas nuevos y darles respuesta desde la fe. Porque la tradición teológica es lo suficientemente rica para poder dar respuestas nuevas a situaciones nuevas..

 

-Por último, ¿qué puede aportar la astronomía al diálogo entre la ciencia y la fe? Y, concretamente, ¿por qué la Iglesia mantiene un observatorio astronómico?

José Funes: La “Specola vaticana” tiene una función importante en el diálogo entre ciencia y fe. Creo que en estos momentos hay una frontera entre la ciencia y la religión, y en esa frontera, la Iglesia debe estar presente.

El gran desafío para los creyentes es saber integrar lo que sabemos del mundo científico con los conocimientos que nos vienen de la fe. Y nuestro papel es éste, tenemos que ayudar al pueblo cristiano a dar una respuesta madura e inteligente que permita integrar ambos conocimientos.

El segundo gran papel que nos toca es el de puente entre la Iglesia y el mundo científico: por un lado, mostrar a los astrónomos lo que la Iglesia piensa, y al mismo tiempo, informar a ésta de los últimos descubrimientos astronómicos. La astronomía es una ciencia que nos ayuda a poner en perspectiva nuestra realidad, lo que somos, en este pequeño planeta, en este universo inmenso.

Para mí, científico y creyente, no existe contradicción entre la fe y la ciencia. Más que hacer muchos discursos o escribir muchas cosas, mi propia vida y la de mis colaboradores testifica que este diálogo es posible.

El hecho de que nosotros publiquemos trabajos científicos en revistas especializadas y que nuestro trabajo se someta al juicio de nuestros mismos colegas, como cualquier científico, en congresos, conferencias, revistas, etc. significa que somos capaces de hacer ciencia, como el resto de astrónomos. Y por otro lado, somos hombres de fe que seguimos al Santo Padre. Nuestra vida es el mejor argumento.

[Por Inma Álvarez]

 

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Solemnidad de Cristo, Rey del universo - Domingo 21 de noviembre

1. Hoy, último domingo del Año litúrgico, se celebra la solemnidad de Cristo, Rey del universo.
En él pensaban los padres del concilio Vaticano II cuando, el 21 de noviembre de hace cuarenta años, promulgaron la constitución dogmática que comienza con las palabras Lumen gentium cum sit Christus, "Cristo es la luz de los pueblos".

La Lumen gentium ha marcado una etapa fundamental en el camino de la Iglesia por las sendas del mundo contemporáneo y ha estimulado al pueblo de Dios a asumir con mayor decisión sus responsabilidades en la edificación del reino de Cristo, que sólo llegará a su plenitud más allá de la historia.

2. En efecto, la animación evangélica del orden temporal es un deber de todos los bautizados, especialmente de los fieles laicos (cf.
Lumen gentium, 31, 35, 36, 38, etc.). Para el cumplimiento de su misión pueden contar también con la ayuda del Compendio de la doctrina social de la Iglesia, publicado precisamente este año por el Consejo pontificio Justicia y paz, al que renuevo la expresión de mi gratitud.

3. Sin embargo, todo compromiso humano, para lograr su objetivo, debe apoyarse en la oración. Hoy se celebra la Jornada "pro orantibus". A María santísima encomiendo las comunidades de vida contemplativa, a las que saludo con afecto. Que nunca les falte a estos hermanos y hermanas nuestros el apoyo espiritual y material de todos los fieles. MMIV

 

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La teoria del Big Bang y el origen del Universo

El Big Bang, literalmente gran estallido, constituye el momento en que de la "nada" emerge toda la materia, es decir, el origen del Universo. La materia, hasta ese momento, es un punto de densidad infinita, que en un momento dado "explota" generando la expansión de la materia en todas las direcciones y creando lo que conocemos como nuestro Universo.

Inmediatamente después del momento de la "explosión", cada partícula de materia comenzó a alejarse muy rápidamente una de otra, de la misma manera que al inflar un globo éste va ocupando más espacio expandiendo su superficie. Los físicos teóricos han logrado reconstruir esta cronología de los hechos a partir de un 1/100 de segundo después del Big Bang. La materia lanzada en todas las direcciones por la explosión primordial está constituida exclusivamente por partículas elementales: Electrones, Positrones, Mesones, Bariones, Neutrinos, Fotones y un largo etcétera hasta más de 89 partículas conocidas hoy en día.

En 1948 el físico ruso nacionalizado estadounidense George Gamow modificó la teoría de Lemaître del núcleo primordial. Gamow planteó que el Universo se creó en una explosión gigantesca y que los diversos elementos que hoy se observan se produjeron durante los primeros minutos después de la Gran Explosión o Big Bang, cuando la temperatura extremadamente alta y la densidad del Universo fusionaron partículas subatómicas en los elementos químicos.

Cálculos más recientes indican que el hidrógeno y el helio habrían sido los productos primarios del Big Bang, y los elementos más pesados se produjeron más tarde, dentro de las estrellas. Sin embargo, la teoría de Gamow proporciona una base para la comprensión de los primeros estadios del Universo y su posterior evolución. A causa de su elevadísima densidad, la materia existente en los primeros momentos del Universo se expandió con rapidez. Al expandirse, el helio y el hidrógeno se enfriaron y se condensaron en estrellas y en galaxias. Esto explica la expansión del Universo y la base física de la ley de Hubble.

Según se expandía el Universo, la radiación residual del Big Bang continuó enfriándose, hasta llegar a una temperatura de unos 3 K (-270 °C). Estos vestigios de radiación de fondo de microondas fueron detectados por los radioastrónomos en 1965, proporcionando así lo que la mayoría de los astrónomos consideran la confirmación de la teoría del Big Bang.

Uno de los problemas sin resolver en el modelo del Universo en expansión es si el Universo es abierto o cerrado (esto es, si se expandirá indefinidamente o se volverá a contraer).

Un intento de resolver este problema es determinar si la densidad media de la materia en el Universo es mayor que el valor crítico en el modelo de Friedmann. La masa de una galaxia se puede medir observando el movimiento de sus estrellas; multiplicando la masa de cada galaxia por el número de galaxias se ve que la densidad es sólo del 5 al 10% del valor crítico. La masa de un cúmulo de galaxias se puede determinar de forma análoga, midiendo el movimiento de las galaxias que contiene. Al multiplicar esta masa por el número de cúmulos de galaxias se obtiene una densidad mucho mayor, que se aproxima al límite crítico que indicaría que el Universo está cerrado.

La diferencia entre estos dos métodos sugiere la presencia de materia invisible, la llamada materia oscura, dentro de cada cúmulo pero fuera de las galaxias visibles. Hasta que se comprenda el fenómeno de la masa oculta, este método de determinar el destino del Universo será poco convincente.

Muchos de los trabajos habituales en cosmología teórica se centran en desarrollar una mejor comprensión de los procesos que deben haber dado lugar al Big Bang. La teoría inflacionaria, formulada en la década de 1980, resuelve dificultades importantes en el planteamiento original de Gamow al incorporar avances recientes en la física de las partículas elementales. Estas teorías también han conducido a especulaciones tan osadas como la posibilidad de una infinidad de universos producidos de acuerdo con el modelo inflacionario.

Sin embargo, la mayoría de los cosmólogos se preocupa más de localizar el paradero de la materia oscura, mientras que una minoría, encabezada por el sueco Hannes Alfvén, premio Nobel de Física, mantienen la idea de que no sólo la gravedad sino también los fenómenos del plasma, tienen la clave para comprender la estructura y la evolución del Universo.

http://www.astromia.com/astronomia/teoriabigbang.htm

 

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La teoría inflacionaria

De acuerdo con la teoría de la Gran Explosión o del Big Bang, generalmente aceptada, el Universo surgió de una explosión inicial que ocasionó la expansión de la materia desde un estado de condensación extrema. Sin embargo, en la formulación original de la teoría del Big Bang quedaban varios problemas sin resolver. El estado de la materia en la época de la explosión era tal que no se podían aplicar las leyes físicas normales. El grado de uniformidad observado en el Universo también era difícil de explicar porque, de acuerdo con esta teoría, el Universo se habría expandido con demasiada rapidez para desarrollar esta uniformidad.

Según la teoría del Big Bang, la expansión del universo pierde velocidad, mientras que la teoría inflacionaria lo acelera e induce el distanciamiento, cada vez más rápido, de unos objetos de otros. Esta velocidad de separación llega a ser superior a la velocidad de la luz, sin violar la teoría de la relatividad, que prohíbe que cualquier cuerpo de masa finita se mueva más rápido que la luz. Lo que sucede es que el espacio alrededor de los objetos se expande más rápido que la luz, mientras los cuerpos permanecen en reposo en relación con él.

A esta extraordinaria velocidad de expansión inicial se le atribuye la uniformidad del universo visible, las partes que lo constituían estaban tan cerca unas de otras, que tenían una densidad y temperatura comunes.

Alan H Guth del Instituto Tecnológico de Massachussets (M.I.T.) sugirió en 1981 que el universo caliente, en un estadio intermedio, podría expandirse exponencialmente. La idea de Guth postulaba que este proceso de inflación se desarrollaba mientras el universo primordial se encontraba en el estado de superenfriamiento inestable. Este estado superenfriado es común en las transiciones de fase; por ejemplo en condiciones adecuadas el agua se mantiene líquida por debajo de cero grados. Por supuesto, el agua superenfriada termina congelándose; este suceso ocurre al final del período inflacionario.

En 1982 el cosmólogo ruso Andrei Linde introdujo lo que se llamó "nueva hipótesis del universo inflacionario". Linde se dió cuenta de que la inflación es algo que surge de forma natural en muchas teorías de partículas elementales, incluidos los modelos más simples de los campos escalares. Si la mayoría de los físicos han asumido que el universo nació de una sola vez; que en un comienzo éste era muy caliente, y que el campo escalar en el principio contaba con una energía potencial mínima, entonces la inflación aparece como natural y necesaria, lejos de un fenómeno exótico apelado por los teóricos para salir de sus problemas. Se trata de una variante que no requiere de efectos gravitatorios cuánticos, de transiciones de fase, de un superenfriamiento o también de un supercalentamiento inicial.

Considerando todos los posibles tipos y valores de campos escalares en el universo primordial y tratando de comprobar si alguno de ellos conduce a la inflación, se encuentra que en los lugares donde no se produce ésta, se mantienen pequeños, y en los dominios donde acontece terminan siendo exponencialmente grandes y dominan el volumen total del universo. Considerando que los campos escalares pueden tomar valores arbitrarios en el universo primordial, Andrei Linde llamó a esta hipótesis "inflación caótica".

La teoría inflacionaria, predice que el universo debe ser esencialmente plano, lo cual puede comprobarse experimentalmente, ya que la densidad de materia de un universo plano guarda relación directa con su velocidad de expansión.

La otra predicción comprobable de esta teoría tiene que ver con las perturbaciones de densidad producidas durante la inflación. Se trata de perturbaciones de la distribución de materia en el universo, que incluso podrían venir acompañadas de ondas gravitacionales. Las perturbaciones dejan su huella en el fondo cósmico de microondas, que llena el cosmos desde hace casi 15 mil millones de años.

 

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La Paradoja de Olbers

La paradoja de Olbers es la contradicción aparente que existe entre que el cielo nocturno sea negro y que el Universo sea infinito. Si lo es, cada línea de visión desde la Tierra debería terminar en una estrella. Por tanto, el cielo debería ser completamente brillante.

Pero los astrónomos saben que durante la noche el cielo que hay entre las estrellas es negro. Una paradoja ocurre cuando se llega a dos resultados opuestos utilizando dos métodos de razonamiento en apariencia válidos. La paradoja de Olbers recibe el nombre del físico y astrónomo alemán Wilhelm Olbers, que escribió sobre la paradoja en la década de 1820.

La paradoja existente entre una noche oscura y un universo infinito se conocía antes de que fuera discutida por Olbers. A principios del siglo XVII, el astrónomo alemán Johannes Kepler utilizó la paradoja para respaldar la idea de que el Universo es infinito. En 1715, el astrónomo británico Edmund Halley identificó en el cielo algunas zonas brillantes y propuso que el cielo no brilla uniformemente durante la noche porque, aunque el Universo es infinito, las estrellas no están distribuidas de manera uniforme.

El astrónomo suizo Jean-Philippe Loys de Chéseaux comenzó a estudiar la paradoja basándose en el trabajo de Halley. Al final de un libro que trataba del brillante cometa que estudió en 1743, Chéseaux discutió la paradoja de forma explícita. Sugirió que o bien la esfera de las estrellas no era infinita o bien la intensidad de la luz disminuía rápidamente con la distancia, quizás debido a cierto material absorbente presente en el espacio.

En 1823 Olbers planteó la solución de que el cielo era oscuro de noche porque algo en el espacio bloqueaba la mayor parte de la luz estelar que debía llegar a la Tierra. Los científicos actuales se han dado cuenta de que la solución de Olbers no funcionaría, ya que la materia en el espacio que bloqueara la luz se calentaría con el tiempo y, finalmente, radiaría con tanto brillo como las estrellas. Las traducciones de los artículos de Olbers al inglés y al francés hicieron que su trabajo fuera bastante conocido. Durante los cien años siguientes la paradoja no fue discutida.

En 1948, el astrónomo británico Hermann Bondi se refirió a la paradoja de Olbers como una parte de la teoría del estado estacionario. La solución de Bondi era que la expansión del Universo provocaba que la luz percibida desde la lejanía fuera rojiza y, por tanto, con menor energía en cada fotón o partícula de luz. Esta solución es igualmente válida para la teoría del Big Bang.

En la década de 1960, el astrónomo estadounidense Edward Harrison llegó al entendimiento y solución actuales de la paradoja de Olbers. Harrison mostró que el cielo es oscuro de noche porque nosotros no vemos las estrellas que están infinitamente lejos. La solución de Harrison depende de que el Universo tenga una edad infinita. Dado que la luz tarda cierto tiempo en alcanzar la Tierra, mirar lejos en el espacio es como mirar en el pasado. Cada línea de visión desde la Tierra no termina en una estrella porque la luz de las estrellas más lejanas que se necesitan para crear la paradoja de Olbers todavía no ha alcanzado la Tierra.

Durante el tiempo de existencia del Universo, las estrellas no han emitido energía suficiente para hacer que el cielo nocturno brille. El efecto del desplazamiento hacia el rojo, por el que la energía de las estrellas más lejanas disminuye, es un efecto menor en este modelo.

 

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Una monja dominica participa en el experimento que quiere recrear el Big Bang - 2008-09-29

 

Katarina Pajchel encuentra respuestas a sus preguntas en la física y en la fe

Entre los mil científicos de 27 países que están colaborando en el experimento que trata de recrear el Big Bang en Suiza mediante el llamado Gran Colisionador de Hadrones (LHC) se encuentra una monja: la religiosa dominica de origen polaco Katarina Pajchel.

Tanto sus investigaciones como sus oraciones provienen de su sed de Dios, y en las dos encuentra respuestas a sus preguntas, tal y como explica la joven física en una entrevista publicada en el "International Dominican Information", de la que se hace eco en su último número la revista “Vida Nueva”.

“No diría que en la Física he encontrado la prueba de la existencia de Dios, pero la organización que uno encuentra en la naturaleza y su belleza vienen a reforzar la idea que yo tengo de Dios y mi relación con él, que es la de una criatura con su Creador –señala-. Esta relación fue vital para la mística Santa Catalina de Siena; la naturaleza es fascinante, y a mí, como creyente, me habla del Creador; enriquece mi profesión de fe y mi oración”.

Concretamente, Pajchel afirma encontrar especialmente la huella de Dios en la razón y el orden que reinan en la naturaleza. “La fe en un orden racional fue una motivación importante cuando empecé a preguntarme a mí misma por la naturaleza”, revela.

“El cristianismo ha heredado del judaísmo la percepción laica del mundo –añade-. La naturaleza no es divina, pero fue creada por Dios; Dios es trascendente, es el autor de la creación, y ésta refleja algo de la esencia divina”.

Katarina Pajchel sintió primero la atracción por la ciencia y más adelante, cuando decidió el área de sus estudios universitarios en Noruega, la de la vida religiosa. “Me pregunté a mí misma si mis estudios en Física podrían, de alguna manera, ser de utilidad a mi servicio a la Iglesia y a los seres humanos”, indica.

Ahora participa en el mayor acelerador de partículas del mundo, que el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear puso en marcha el pasado 10 de septiembre en las afueras de la ciudad de Ginebra con el objetivo de conocer lo que ocurrió durante o inmediatamente después del Big Bang y que, a causa de una avería, permanecerá parado hasta abril del año 2009.

 

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A inicios del siglo VIII, España era un crisol de las culturas clásica, cristiana y germánica, y se hallaba situada a la cabeza de Occidente.
La invasión islámica aniquiló totalmente esa cultura e implicó un trastorno social sin precedentes.

 

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GIOVANNI DE PAOLO (1395/1400 - 1482)
TEMPLE SOBRE TABLA - PINACOTECA MUSEOS VATICANOS

 

Jesús, hermano nuestro,
que para abrir a todos los hombres el camino de la Pascua
has querido experimentar la tentación y el miedo,
enséñanos a refugiarnos en ti,
y a repetir tus palabras de abandono y entrega a la voluntad del Padre,
que en Getsemaní han alcanzado la
salvación del universo.
Haz que el mundo conozca
a través de tus discípulos el poder de tu amor sin límites (cf. Jn 13,1),
del amor que consiste en dar la vida por los amigos (cf. Jn 15,13).

Jesús,
en el Huerto de los Olivos, solo, ante el Padre,
has renovado la entrega a su voluntad.

 

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Jesucristo, nuestra esperanza

 

5. El Espíritu Santo, al otorgarnos el don de abrirnos conjuntamente a las realidades actuales de la vida de las Iglesias y del mundo, ha glorificado en nuestros corazones a Cristo resucitado, tomando lo que es de Él para anunciarlo (cf. Jn 16, 14). En efecto, bajo la luz de la Pascua de Cristo, de su Pasión, Muerte y Resurrección hemos releído tanto las tragedias como las maravillas de las que hoy somos testigos en el universo. Para decirlo con las palabras de San Pablo, nos hemos situado frente al "misterio de la iniquidad" y al "misterio de la piedad" (cf. 2 Ts 2, 7 y 1 Tm 3, 16).

6. Si bien, desde un punto de vista humano, la potencia del mal muy frecuentemente parece estar por encima de la del bien, la tierna misericordia de Dios la supera infinitamente a los ojos de la fe: "Allí donde abundó el pecado sobreabundó la gracia" (Rm 5, 20). Hemos experimentado la fuerza y la verdad de esta enseñanza del Apóstol en la mirada misma que hemos dirigido sobre el presente. "Porque hemos sido salvados en la esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve? Pero esperar lo que no vemos es aguardar con paciencia" (Rm 8, 24-25).

7. El rechazo inicial de obedecer a Dios, que según la revelación de la Sagrada Escritura es la raíz del pecado, ha sido fuente de división entre el hombre y su Creador, el varón y la mujer, el hombre y la tierra, el hombre y su hermano. De donde surge este interrogante, que no deja de cuestionar nuestras conciencias: "¿Qué has hecho de tu hermano?" (Gn 4, 9-10). Pero jamás se debe olvidar que el relato del pecado es seguido inmediatamente por una promesa de salvación y que ésta precede a la historia del asesinato de Abel, el inocente, figura de Jesús. El Evangelio, buena noticia para toda la humanidad, es proclamado en la aurora de su historia (cf. Gn 3, 15).

8. Todavía hoy este Evangelio es pregonado por toda la tierra. No podríamos dejarnos intimidar por las diversas formas de negación del Dios viviente que, con mayor o menor autosuficiencia, buscan minar la esperanza cristiana, parodiarla o ridiculizarla. Lo confesamos en el gozo del Espíritu: "Cristo ha resucitado verdaderamente". En su humanidad glorificada ha abierto el horizonte de la Vida eterna para todos los hombres que aceptan convertirse. MMI. X.

 

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Bendito seas, Padre,
que en tu infinito amor
nos has dado a tu Hijo unigénito,
hecho carne por obra del Espíritu Santo
en el seno purísimo de la Virgen María
y nacido en Belén hace dos mil años.
Él se hizo nuestro compañero de viaje
y dio nuevo significado a la historia,
que es un camino recorrido juntos
en las penas y los sufrimientos,
en la fidelidad y el amor,
hacia los cielos nuevos y la tierra nueva
en los cuales Tú,
vencida la muerte, serás todo en todos.

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad,
único y eterno Dios!

2. Que por tu gracia, Padre, el Año jubilar
sea un tiempo de conversión profunda
y de gozoso retorno a ti;
que sea un tiempo de reconciliación entre los hombres
y de nueva concordia entre las naciones;
un tiempo en que las espadas se cambien por arados
y al ruido de las armas le sigan los cantos de la paz.
Concédenos, Padre, poder vivir el Año jubilar
dóciles a la voz del Espíritu,
fieles en el seguimiento de Cristo,
asiduos en la escucha de la Palabra
y en el acercarnos a las fuentes de la gracia.

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad,
único y eterno Dios!

3. Sostén, Padre, con la fuerza del Espíritu,
los esfuerzos de la Iglesia en la nueva evangelización
y guía nuestros pasos por los caminos del mundo,
para anunciar a Cristo con la propia vida
orientando nuestra peregrinación terrena
hacia la Ciudad de la luz.
Que los discípulos de Jesús brillen por su amor
hacia los pobres y oprimidos;
que sean solidarios con los necesitados
y generosos en las obras de misericordia;
que sean indulgentes con los hermanos
para alcanzar de ti ellos mismos indulgencia y perdón.

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad,
único y eterno Dios!

4. Concede, Padre, que los discípulos de tu Hijo,
purificada la memoria y reconocidas las propias culpas,
sean una sola cosa para que el mundo crea.
Se extienda el diálogo
entre los seguidores de las grandes religiones
y todos los hombres descubran la alegría
de ser hijos tuyos.
A la voz suplicante de María,
Madre de todos los hombres,
se unan las voces orantes
de los apóstoles y de los mártires cristianos,
de los justos de todos los pueblos
y de todos los tiempos,
para que el Año santo sea para cada uno
y para la Iglesia
causa de renovada esperanza y de gozo en el Espíritu.

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad,
único y eterno Dios!

5. A ti, Padre omnipotente,
origen del cosmos y del hombre,
por Cristo, el que vive,
Señor del tiempo y de la historia,
en el
Espíritu que santifica el universo,

alabanza, honor y gloria
ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

MM. S.S. Juan Pablo II – Magno – Pont. Max.

 

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Sobre el Universo y Dios

 

 

 

HABLAN ATEOS Y CREYENTES
Luis Fernández Cuervo (*)

 

Pasteur fue siempre un católico practicante; dijo que “un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a él”


Es frecuente en el mundo actual la gente que lleva su admiración por la Ciencia hasta el punto de creer que sólo allí se encierra toda la sabiduría y certeza posibles. Algunos, además, elevan su admiración hasta la idolatría, pensando que el avance de ella supone siempre un descrédito y derrota de la religión.

Eso equivale a anclar su mentalidad en lo peor de los ilustrados del Siglo XVIII. No hace mucho leí, en un artículo de otro diario, la chocante afirmación de que Pasteur, al demostrar que no existía la generación espontánea de seres vivos a partir de material inerte, había refutado con ello una idea religiosa.

Pero esa idea nunca fue una idea religiosa, sino una idea científica equivocada en la que creyeron los científicos, creyentes y no creyentes, hasta que en el Siglo XIX, el genial Louis Pasteur demostró lo contrario. ¡Pero resulta que Pasteur fue siempre un católico practicante! y, además, dijo que “un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a él”.

Si revisamos la historia, podemos comprobar que muchos de los grandes avances científicos fueron hechos por gente que no tuvo ningún conflicto entre la ciencia que cultivaba y la religión en la que creía.

La lista de ellos es larga. Sin embargo, también es verdad que, hoy día, muchos científicos ilustres son agnósticos —no saben decir si Dios existe o no—, o son ateos que pretenden convencerse y convencernos de que su ciencia demuestra la no existencia de Dios.

Aparte de los que mencioné en mi artículo anterior, Watson y Crick, destacan hoy por su franco ateísmo Steven Weinberg y Peter Atkins.

Asegura Atkins que no es necesaria la existencia de un creador y que, mirado a fondo, “todo es caos” y que “esta es la frialdad que hemos de aceptar cuando escrutamos profunda y desapasionadamente el corazón del universo”. En cuanto a Weinberg, Premio Nóbel de Física, para él todo el universo que conocemos, incluyendo la vida humana, sólo es el resultado accidental, por casualidad, de un cúmulo de coincidencias que pudieron no haberse dado. (¿Alabemos, entonces, a la diosa Casualidad?).

E insiste en que: “Cuanto más comprensible parece el Universo, tanto más sin sentido parece también”. Con eso no están de acuerdo muchos otros físicos, entre ellos Albert Einstein, que, sin practicar nunca ninguna religión, aseguraba que: “Cuanto más estudio la ciencia más creo en Dios”.

El error de esos agnósticos o ateos está en lo limitado de su ciencia y en lo desorbitado de su soberbia intelectual. Cuando hablan de caos habría que decirles que siempre parece sin sentido lo que conocemos mal o sólo en parte y que si acaso creen que ya lo saben todo sobre el Universo. Cuando al descifrar las etapas y estructuras del cosmos y de la vida observan, sin que se vea un agente externo que la produzca, cómo unas cosas son causas de otras y cómo se coordinan entre sí, llegan a la conclusión, como el viejo Laplace, que no hace falta Dios, que aquello se ha hecho solo. ¿Qué supone más sabiduría y más poder humanos? ¿Un reloj antiguo que había que darle cuerda o uno actual que no lo necesita? Escuchar un concierto transmitido en ese mismo momento por la radio supone más inteligencia y poder humanos que estar allí presentes en ese concierto.

La ciencia y el poder humanos han vencido el espacio. Y escuchar años más tarde ese mismo concierto en una casete, supone mayor inteligencia y poder humanos que los de aquella radio, pues ahora se ha vencido no sólo el espacio sino también el tiempo. Si ésa es nuestra experiencia sobre el poder creador del hombre, ¿por qué en cambio se lo niegan a Dios? Precisamente, cuanto más autónomo aparece algo, en su existencia y funcionamiento, más inteligente y poderosa tiene que ser la Causa que pudo producirla. Y también cuanto mayor complejidad y finura de estructuras y funcionamiento tiene. Hay mayor inteligencia y poder creador para hacer un moderno cronómetro que para hacer un reloj de arena.

Por eso, muchos físicos comprueban que los parámetros fundamentales que rigen la fuerza de la gravedad, la carga de los protones y la masa de los neutrones, la distancia de la tierra al sol, etc., parecen haber sido ajustados muy precisa e inteligentemente de modo que permitiesen surgir organismos conscientes.

De hecho, modificar en lo más mismo esos valores habrían hecho perder a los átomos su integridad, que las estrellas no brillasen, que ninguna galaxia hubiera podido albergar vida o que el colapso del universo sucediera segundos después del “Big Bang”. John Polkinghorne, físico de la Universidad de Cambridge, observa que “cuando uno se da cuenta de que las leyes de la naturaleza tienen que estar coordinadas con máxima precisión para que den como resultado el universo visible, es difícil resistirse a la idea de que el universo no es casual, sino que tiene que haber un propósito en él”. Y Jerzy A. Janik, físico nuclear y miembro de la Academia de Ciencias de Polonia y Noruega, concluye: “Tengo respeto al agnosticismo en los físicos. Pero cuando dicen que son agnósticos porque son científicos, hacen una extrapolación. Pueden serlo, pero no partiendo de la física.

Hay que ser ateos honestos. La física no da prueba negativa de Dios o de la realidad trascendente: no es su objeto. (...) Eso no es el resultado de la ciencia, depende de otros factores personales: el sufrimiento, la pobreza de un pueblo...”. Sí, y precisamente el sufrimiento es una piedra de escándalo que a algunos científicos puede apartarles de Dios —tal parece ser el caso de Weinberg— y a otros —como a Max Planck— la ocasión para encontrarle. Espero poder hablarles también de esto último.

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(*) Luis Fernández Cuervo, Dr. en Medicina, columnista de El Diario de Hoy, colaborador de Arvo Net; artículo publicado en El Diario de Hoy, 23.6.2003; en Arvo Net, 23 de noviembre 2003.

 Fuente: www.arvo.net 

 

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La teoría del universo inflacionario

 

Por Mariano Artigas

 

 Si una hipótesis evolucionista es materialista y atea, se opone a la doctrina de la creación divina, pero no por ser evolucionista, sino por su materialismo ateo. Y ese materialismo no es ni nunca podrá ser una conclusión verdadera de la ciencia experimental, que sólo puede estudiar lo que sucede con los seres que ya existen: su método no le permite hablar ni estudiar la creación desde la nada.

A veces se dan confusiones al respecto, incluso entre científicos serios. Por ejemplo, Alan Guth, uno de los astrofísicos más conocidos en nuestra época, ha expuesto su teoría del universo inflacionario sobre los primeros momentos de nuestro universo, mezclando la Física con la Metafísica de modo incorrecto (Ami. GUTH - P.J. STEINHARDT, El universo inflacionario, en «Investigación y Ciencia», VII-1984., págs. 66-79). En efecto, después de exponer sus hipótesis científicas, dice: "se ha especulado, desde planteamientos rigurosos, sobre si la creación real del universo podrían o no describirla las leyes físicas. La idea es que el universo habría surgido como una fluctuación cuántica a partir de la nada absoluta»... «la idea del modelo inflacionario que quizá haya resultado más revolucionaria es aquélla según la cual toda la materia y la energía del universo observable puedan haber aparecido de casi la nada. Esta afirmación se enfrenta a la tradición científica multisecular para la que la nada no produce nada». Además resultaría que «los físicos, salvo contadas excepciones, reputan insostenible la idea de creación a partir de la nada». Por fin, el modelo inflacionario ofrecería la primera explicación científica plausible de la creación, compatible con «la evolución del universo a partir de la nada»: desde el mecanismo que proporciona para explicar los primeros orígenes del universo, «nada nos impide ceder a la tentación especulativa y dar un paso más: el universo ha evolucionado desde exactamente nada».

Estas ideas de Guth carecen del rigor más elemental (además de que, desde luego, hay muchos físicos que no tienen ningún inconveniente en admitir la creación divina del universo). El caso es tan llamativo que ha provocado una reacción insólita: en la edición francesa de la misma revista, que es una de las más prestigiosas en el ámbito de la divulgación científica, se ha añadido un comentario en el que se aclara que a las especulaciones filosóficas del final del artículo son puntos de vista personales», añadiendo que «son contradictorias y están fundadas sobre una ambigüedad del lenguaje». Es falso, en efecto, que una teoría física pueda hablar de la creación de la nada: «los autores mismos explican que la materia proviene de la energía del "falso vacío"; hay una simple transferencia de un estado de materia a otro, y no creación a partir de la nada». Se añade que, en el lenguaje corriente, el «vacío» se asimila a la «nada», pero que no es así en la física, donde el «vacío» es un medio material susceptible de todo tipo de fenómenos, y no es la «nada» de donde sería creada la materia.

Efectivamente, la creación original del universo puede ser conocida por la razón y viene además avalada por la revelación divina, pero cae fuera de los temas posibles de la ciencia experimental.

Por otra parte, al decir que todas las cosas fueron creadas por Dios al inicio del tiempo, no se excluye que de unas criaturas hayan podido surgir por evolución otras diversas, si así lo decidió Dios en los planes de su infinita sabiduría. De hecho, los vivientes proceden de otros que los han engendrado, y son criaturas de Dios, porque Dios es causa de su ser y los conserva en la existencia. Si se ha dado evolución en los vivientes, pasando de unas especies biológicas a otras, todas serían igualmente criaturas de Dios, que da el ser y lo conserva a cada criatura individual: las causas creadas sólo pueden actuar sobre el ser de lo que ya existe, pero no dar el ser a secas ni conservarlo como tal. Si ha habido evolución, se ha de aceptar necesariamente que ha habido creación previa, y que además Dios sustenta en el ser y en la actividad a todos los seres que existen.

Gentileza de http://www.arvo.net/
para la BIBLIOTECA CATÓLICA DIGITAL

 

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1. ¿Para qué creó Dios al hombre?  Dios creó al hombre para comunicarle su bondad y su amor. Así el hombre puede conocer y  amar a Dios, servirle libremente y luego gozar de Él para siempre en el Cielo.

2. ¿Tiene el hombre deseo de felicidad?  Dios puso en el corazón de todo hombre el deseo del bien y de la felicidad.

3. ¿Cuál es el mayor bien? El mayor bien sin ninguna duda es el mismo. Dios: quien tiene a Dios nada le falta.

4. ¿Cómo el hombre puede alcanzar a Dios?  El hombre puede alcanzar a Dios a través de Jesucristo, su Hijo, quien dijo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".

5. ¿Quién enseña la verdad de Dios y de Jesucristo? La verdad completa sobre Dios y Jesucristo la enseña la Iglesia Católica. De ella dijo el Señor: "Quién a ustedes oye, a Mí me oye"

6. ¿Quiénes son los cristianos? Los cristianos son los discípulos de Jesucristo Maestro y Salvador.

7. ¿Qué es la doctrina cristiana? La doctrina cristiana es la que nos enseñó Jesucristo para que fuéramos felices y llegáramos al Cielo.

8. ¿Quién nos enseña la doctrina cristiana? La doctrina cristiana nos la enseña la Iglesia Católica, que es quien tiene confiada por Cristo la tarea de enseñarla.

9. ¿Cuáles son las partes de la doctrina cristiana? Las partes de la doctrina cristiana son cuatro: el Credo o lo que se debe creer; los sacramentos o la fe que se debe celebrar; los mandamientos o la fe que se debe vivir; y la oración.

EL ENCUENTRO DE DIOS CON EL HOMBRE: LA REVELACIÓN

10. ¿Puede el hombre conocer a Dios? El hombre al contemplar la naturaleza y el universo puede llegar a Dios por su inteligencia.

11. ¿Se puede conocer a Dios de otro modo?  Sí. Se puede conocer a Dios de un modo mucho más perfecto a través de la Revelación hecha por Dios al hombre.

12. ¿Dónde encontramos esa Revelación?  La Iglesia Católica nos enseña que esa Revelación está en la Sagrada Escritura y en la Tradición.

13. ¿Qué es la Sagrada Escritura? La Sagrada Escritura son los libros escritos por inspiración de Dios, que se contienen en la Biblia.

14. ¿Qué es la Tradición? La Tradición es la doctrina de Jesucristo que enseñaron sus Apóstoles, y que por la acción del Espíritu Santo se ha transmitido a través de la Iglesia.

LA RESPUESTA DEL HOMBRE: LA FE

15. ¿Qué es la fe? La fe es un don de Dios por el que creemos firmemente todo lo que Dios nos revela.

16. ¿Por qué creemos a Dios? Creemos a Dios porque El no puede engañarse ni engañarnos

17. ¿Cuándo recibimos la fe? La fe la recibimos en el Bautismo.

18. ¿Puede crecer la fe?  La fe puede y debe crecer cuando el hombre, ayudado por Dios, estudia las enseñanzas de la Iglesia y procura ponerlas en práctica a lo largo de su vida.

 

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El envío del Espíritu Santo 

"El Señor dijo a los discípulos: Id y sed los maestros de todas las naciones; bautizadlas en el nombre del Padre v del Hijo y del Espíritu Santo. Con este mandato les daba el poder de regenerar a los hombres en Dios. Dios había prometido por boca de sus profetas que en los últimos días derramaría su Espíritu sobre sus siervos y siervas, y que éstos profetizarían; por esto descendió el Espíritu Santo sobre el Hijo de Dios, que se había hecho Hijo del hombre, para así, permaneciendo en él, habitar en el género humano, reposar sobre los hombres y residir en la obra plasmada por las manos de Dios, realizando así en el hombre la voluntad del Padre y renovándolo de la antigua condición a la nueva, creada en Cristo. 

Y Lucas nos narra cómo este Espíritu, después de la ascensión del Señor, descendió sobre los discípulos el día de Pentecostés, con el poder de dar a todos los hombres entrada en la vida y para dar su plenitud a la nueva alianza; por esto, todos a una, los discípulos alababan a Dios en todas las lenguas al reducir el Espíritu a la unidad los pueblos distantes y ofrecer al Padre las primicias de todas las naciones. 

Por esto el Señor prometió que nos enviaría aquel Abogado que nos haría capaces de Dios. Pues, del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan, si antes no es humedecido, así también nosotros, que somos muchos, no podíamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo. Y, así como la tierra árida no da fruto, si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como un leño árido, nunca hubiéramos dado el fruto de vida, sin esta gratuita lluvia de lo alto. Nuestros cuerpos, en efecto, recibieron por el baño bautismal la unidad destinada a la incorrupción, pero nuestras almas la recibieron por el Espíritu. 

El Espíritu de Dios descendió sobre el Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fortaleza, Espíritu de ciencia y de temor del Señor, y el Señor, a su vez, lo dio a la Iglesia, enviando al Abogado sobre toda la tierra desde el cielo, que fue de donde dijo el Señor que había sido arrojado Satanás como un rayo; por esto necesitamos de este rocío divino, para que demos fruto y no seamos lanzados al fuego; y, ya que tenemos quién nos acusa, tengamos también un Abogado, pues que el Señor encomienda al Espíritu Santo el cuidado del hombre, posesión suya, que había caído en manos de ladrones, del cual se compadeció y vendó sus heridas, entregando después los dos denarios regios para que nosotros, recibiendo por el Espíritu la imagen y la inscripción del Padre y del Hijo, hagamos fructificar el denario que se nos ha confiado, retornándolo al Señor con intereses."  

Del Tratado de San Ireneo, obispo, Contra las herejías (Libro 3, 17,1-3; SC 34, 302-306)  

 

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“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

 

“Dios no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es inútil luchar”.

 

Dios se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».

«El primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».


El Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora --esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad».
S. S. Benedicto XVI. P.M. MMV.XI.X.

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

 

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La Iglesia testimonia el Evangelio por los caminos del mundo, ¡por eso es católica!; desde que Cristo la fundara, hace dos milenios.

El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

Si la presencia de Cristo es la que hace sentirse de veras en casa, es precisamente porque impulsa la libertad del cristiano más allá de los muros de la casa, pues es consciente de que el horizonte de su casa es el mundo-global-universalidad-catolicidad. 

La Iglesia Católica está donde la medicina no es negocio. †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).