Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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El Papa Pío XII indicó una vez que no era apropiado referirse a nuestra religión con el término “cristianismo”:

Para alcanzar estos fines, la Iglesia no obra sólo como un sistema ideológico. Sin duda se le define también como tal sistema, cuando se utiliza la expresión “catolicismo”, que no le es habitual ni plenamente adecuada. La Iglesia es mucho más que un sistema ideológico; es una realidad, como la naturaleza visible, como el pueblo o el Estado. Es un organismo plenamente vivo con su finalidad y su vida propios [Pío XII, Discurso al X Congreso Internacional de Ciencias históricas, 1955].-  

Efectivamente, y sin censurar el uso vulgar, lo cierto es que el sufijo ‑ismo remite, en castellano, bien a unos estudios especializados, bien a algún género de ideología. Y el empleo de un solo sustantivo (cristianismo) y de un solo adjetivo (cristiano) puede conducir a la confusión, ciertamente grave, de que cristiano es el que participa de las ideas del cristianismo, y no el seguidor de Cristo, como es su verdadero sentido.

 

 

Compárese esto con los mahometanos, cuya religión recibe el nombre de islam, y lo a ella referente de islámico, en tanto que el término “islamistas” se aplica sólo a los convictos de “islamismo” (o a los expertos occidentales en la religión mahometana) [Y se da el caso de que en el islam esa riqueza terminólogica es menos necesaria que en la Religión Cristiana, por cuanto el “islamismo”, en cuanto ideología extremista, está contenido expresamente en el propio Corán, en tanto que los musulmanes ‘moderados’ poco pueden argumentar en favor de su postura además de una cómoda e incongruente -aunque sin duda más que razonable- inaplicación de parte de las aleyas coránicas].

 

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Bulos, historia y sectas - Lanzan acusaciones infundadas, sin la mínima ética intelectual que encuentran un eco importante en los medios y que, de esta manera, terminan haciéndose pasar por “evidencias”. El ataque gratuito a la religión se está difundiendo en toda la sociedad europea. Atacar al cristianismo se ha convertido en una especie de deporte sin riesgos. Quizá los veros intelectuales deberían reaccionar y rechazar la violencia con la que se está tratando a la fe cristiana. Las sectas, la masonería divulgan calumnias y se fundan en una confusión de conceptos, ficciones, reducciones y postulados falsos. Son libres de expresar sus convicciones, pero nos encontramos con panfletos que contienen controversias estúpidas o peor ‘anti-históricas’. En el odio a la Iglesia fundada por Jesús hace dos mil años, muestran soberbia e intolerancia, y no una voluntad científica. Buscan un desprecio contra la fe de nuestros contemporáneos y contra ellos mismos. Están los que presentan a todos los cristianos como débiles mentales; otros acometen en dependencia y obsesiones tozudas, con odio obcecado a la Iglesia Católica. Difícil de explicar tanto rencor inverosímil por parte de personas que se llaman demócratas y respetuosas de las convicciones ajenas. ¡Y nos pintan que con ellos vamos a un mundo mejor! MMVI

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Católico, no propagues, por el contrario, desmiente siempre rotundamente el aburridísimo caso Galileo, que ni fue torturado, ni encarcelado, ni se le prohibió trabajar»

 

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Historia, calumnia e ignorancia - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI

 

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Es importante señalar que a principios del siglo IV, el emperador Diocleciano (284-305) mandó que destruyeran todas las documentaciones escritas que hicieran referencia a los mártires cristianos. Esta circunstancia posiblemente sea la causa que no hallan llegado a nuestros días muchos datos biográficos de miles y miles de mártires cristianos, que con la ofrenda de sus vidas en aras del martirio, sellaron y testimoniaron su amor a Cristo y la fidelidad a su Santa Iglesia Católica. 

 

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Los conversos a la Iglesia Católica

 

 

por Luis Fernando Pérez Bustamante

 

Crónica del tercero de los congresos "Camino a Roma" de conversos al catolicismo celebrados en España, organizado por la Asociación Católica Internacional "Miles Jesu", narrada por uno de sus protagonistas

En España es un fenómeno apenas conocido. En Francia, apenas empieza a despuntar. En Gran Bretaña y Estados Unidos, aquí en el sector anglosajón de la población, alcanza cada año a decenas de miles de personas. Pero es sobre todo en los países que estuvieron bajo el imperio del comunismo soviético donde la realidad invita al optimismo. Me refiero al fenómeno de los conversos al catolicismo. Aunque hablando con propiedad cabría distinguir entre conversos y "reversos". Los primeros nunca fueron católicos y ahora lo son. Los segundos nacieron como católicos, abandonaron la Iglesia y al cabo del tiempo han regresado a ella. Pero todos, unos y otros, tienen algo en común que más adelante explicaré: el celo del converso.

 

El 11 y 12 de octubre pasados se celebró en Ávila el tercero de los congresos "Camino a Roma" de conversos al catolicismo celebrados en España, organizado por la Asociación Católica Internacional "Miles Jesu", Instituto de Perfección, fundada por el sacerdote Padre Alfonso María Durán. Tras un primer congreso celebrado en Madrid, esta ha sido la segunda vez que Ávila ha sido elegida como sede de este acontecimiento eclesial con la particularidad de que en esta ocasión el congreso era de carácter nacional y no internacional como los dos años pasados. Este año el congreso internacional "Camino a Roma" se celebrará en Viena durante el mes de noviembre.

 

El número de asistentes al congreso, sin llegar a alcanzar el número de los que acudieron en el 2002, puede ser considerado como muy aceptable ya que rondaron las 300 personas a lo largo de los dos días. El grupo más numeroso, excepción hecha de los abulenses, fue el de los gallegos que vinieron sobre todo de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Vigo, pero prácticamente no hubo una sola región española sin representación entre los allá presentes.

 

La ponencia inaugural corrió a cargo del Canciller Secretario de la diócesis de Ávila, el Padre Miguel García Yuste. Se preguntó si en España, país que se dice católico, es necesario un congreso así. Y la respuesta es afirmativa ya que, quien más quien menos, conoce a varios familiares o amigos que se han alejado de la Iglesia y apartado de la fe. Hizo hincapié en la necesidad de afirmar y fortalecer nuestra fe, defendiéndola de los ataques de nuestro entorno. Y al hablar de los que somos conversos, vino a comparar nuestras experiencias con las de la conversión de Pablo en el camino a Damasco, nada más que ahora nuestro camino era en dirección a Roma. Evocando la parábola de los obreros de la viña (Mt 20,1-16) nos recordó que el Señor nos llama a todos a la conversión pero a cada cual a su hora, diferente de la de los demás. Y para finalizar su intervención, el padre García Yuste, hizo mención de nuestro deber de estar siempre dispuestos a dar testimonio de Dios a quienes nos rodean pero recordando que si nos encontramos con dificultades para compartir del Señor con los demás debemos tener en cuenta la máxima que dice "cuando no puedas hablar de Dios a otros, habla a Dios de esos otros". En definitiva, testimonio y oración.

 

 

El siguiente ponente fue don Antonio Carrera. Católico de nacimiento, dejó la Iglesia para convertirse en Testigo de Jehová (TJ), llegando a ocupar puestos de responsabilidad dentro de la secta en España. Estuvo con ellos 13 años y su testimonio fue muy interesante porque no en vano, los TJs fueron la secta de mayor crecimiento en la España de la Transición democrática, de tal manera que su número casi igualaba al total de los miembros de todas las denominaciones protestantes en este país. Actualmente la realidad empieza a ser otra y todo apunta a que aunque dicho número se ha estancado, en un futuro cercano disminuirá progresivamente. Don Antonio dio varias claves para que comprendamos porqué un católico sincero puede verse atraído por los TJs. Comparó la doctrina de la secta a un diamante falso, cuya no autenticidad puede ser fácilmente apreciado por un joyero pero no por un profano en la materia. Pues bien, un católico no formado e instruído en su fe, no sabe discernir la falsedad de las doctrinas de los Testigos, o de cualquier otra secta o grupo no católico, y por tanto puede ser embaucado con relativa facilidad. El señor Carrera compartió con los presentes la interesante teoría de que hace 40 ó 50 años no era muy necesario que los católicos españoles estuvieran muy formados en su fe porque apenas había "lobos" que buscaran ovejas despistadas pero poco a poco el país se fue llenando de lobos que hicieron presa en miles y miles de católicos que no estaban preparados para el fenómeno que se les venía encima. Hoy, por tanto, es absolutamente necesario que el católico practicante procure documentarse, catequizarse y conocer los fundamentos bíblicos y magisteriales de su fe. De lo contrario, don Antonio recomienda que nunca cometamos el error de dejar entrar en nuestra casa a un TJ, porque ellos sí se conocen bien su lección. La formación de los laicos, afirmó Carrera, es la vacuna perfecta contra las sectas y el proselitismo de otras religiones. Las razones por las que abandonó la secta son muy simples. Debido a que ocupaba ya altos cargos dentro de la Organización, tuvo acceso a literatura antigua de la misma. Entonces comprobó cómo la secta había errado en varias ocasiones a la hora de profetizar el fin del mundo y cómo también algunas doctrinas habían sido cambiadas o retocadas de tal manera que era imposible que Dios estuviera detrás de algo así. Rompió con el grupo donde había entregado todo su tiempo y sus energías durante más de 10 años y se embarcó en la aventura de estudiar otras religiones para calmar su sed de Dios. No obstante, don Antonio hizo bien en hacer la anotación de que muchos TJs que abandonan la secta quedan tan desencantados con el fenómeno religioso que se abandonan por completo y pierden cualquier atisbo de fe en Dios. Una vez eliminadas las religiones no cristianas, Carrera estudió las pretensiones de las iglesias cristianas. Participó en algunos cultos protestantes pero no le acabaron de convencer. Él buscaba la Iglesia de Cristo. Y estudiando a los Padres de la Iglesia, se la encontró. Era la Iglesia Católica. Desde entonces ha permanecido fiel a Cristo como hijo pródigo que ha vuelto a la casa de Dios. Ha escrito varios libros sobre los TJs y ha fundado la "Asociación de afectados por sectas" con sede en Bilbao.

 

Llegó el turno de la Sra Kathleen Clark. Nacida en Salt Lake City (Utah, EEUU) en el seno de una familia mormona, sus ancestros más lejanos fueron los primeros de la secta. Lo primero que la Sra Clark hizo fue explicarnos en qué consiste la religión mormona, lo cual es de agradecer porque gran parte de los españoles, aparte de que aceptan la poligamia, no conocemos bien muchos detalles realmente peculiares de esa creencia. Resumiendo, nos dijo que el mormonismo es esencialmente una fe politeísta que no es otra cosa que la renovación de la mentira de Satanás a Eva "seréis como Dios". El mormonismo afirma que todo hombre es un dios y el propio Dios Padre de la Biblia no es otro sino Adán, que luego fue evolucionando hasta ser perfecto. Otra de las teorías mormonas que no son muy conocidas por los españoles es su enseñanza de que la raza negra es fruto de una maldición por la cual Dios hizo que la piel de hombres blancos se convirtiera en negra. No en vano, hasta hace no mucho tiempo no era posible para personas de raza negra el ser sacerdotes mormones. La moral mormona no deja de ser contradictoria porque aunque no permite el consumo de té, café y bebidas alcohólicas, es muy liberal en la aceptación del divorcio, la contracepción y el aborto.

Kathleen pasó toda su infancia sin conocer personalmente a ninguna persona católica. Es lógico ya que en el estado Utah hay muy pocos católicos y el entorno social en el que viven favorece muy poco su integración en esa sociedad donde el mormonismo prácticamente lo llena todo. El primer paso fuera de la iglesia mormona no lo dio ella sino su padre, que tras estudiar las escrituras sagradas de los mormones encontró muchas contradicciones. Debatió con denuedo con su obispo mormón el cual no logró convencerle y eso le causó graves problemas. Finalmente ocurrió lo inesperado y Kathleen se hizo novia de un muchacho católico. Cuando éste le llevó a una misa tridentina ella quedó impactada por la liturgia a pesar de que no entendía nada. La relación prosperó y decidieron casarse a pesar de que ella no tenía todavía la más mínima intención de hacerse católica. Pero pronto surgieron los problemas. Ella desconocía por completo el calendario litúrgico católico y las primeras navidades fueron algo cómicas porque no lograba entender porqué su marido tenía que ir a misa en un día que no era domingo. A pesar de que su marido intentaba animarla a abrazar el catolicismo ella rehusaba totalmente esa posibilidad. Sin embargo, un año fueron invitados a ir a Francia de peregrinación. Ella fue no por interés religioso sino turístico, pero el Señor le tenía preparada una sorpresa. Durante la peregrinación por Francia fueron acompañados por un padre jesuita, que había sido capellán de la Beata Teresa de Calcuta, y que tuvo a bien guiarles en la realización de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Aquella experiencia impactó tanto a Kathleen que al volver a su país empezó a interesarse de verdad en conocer la fe católica. Cuando le tocó estudiar la doctrina del pecado original, se dio cuenta de que el mormonismo era realmente la mentira de Satanás rediviva. Vio que, a diferencia de lo que decían los protestantes, ninguna de las doctrinas católicas contradice la Biblia, la cual, se encargó de recalcar, había sido declarada como Palabra de Dios por la propia Iglesia, que también definió su canon. Su estudio de la Eucaristía le llevó al convencimiento de que no podía retrasar por más tiempo el ingreso en el Rebaño de Cristo y un 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, fue bautizada, y recibió también el sacramento de la confirmación y la Eucaristía. Y renovó las promesas de su matrimonio esta vez ya como católica. A día de hoy, tanto ella como su madre son las únicas católicas en esa familia que una vez fue toda mormona.

El siguiente ponente fue el Padre Paul Vota, Miles Jesu, nacido en California (EEUU). Comenzó su intervención dando la receta perfecta para perder la fe. El primer paso sería vivir fuera de la gracia, es decir, no confesar los pecados graves y no comulgar con frecuencia. El segundo paso consistiría en no preocuparse por conocer bien la fe que profesamos. Sin mencionar a ninguno en particular, señaló la grave responsabilidad de aquellos colegios católicos que no se preocupan por dar una buena formación religiosa a sus alumnos.

 

Nacido en el seno de una familia católica, tuvo una infancia y adolescencia en las que vivió como cualquier católico normal, asistiendo a misa cada domingo y sin apartarse de la fe de sus padre. Tenía talento y capacidad para tocar instrumentos musicales y tras entrar en la Universidad de Berkeley, allá por los años 60, se unió a un grupo que acostumbraba a actuar en pequeños clubs locales y sociales. Fue precisamente en un club de tenis donde conoció a una pareja de seguidores de un gurú hindú que le impactaron profundamente por su forma de comportarse, orando públicamente y manifestando una amabilidad poco común. Fue invitado por ellos a visitar su grupo y allá vio que vivían en comunidad, compartiendo el dinero, promovían la castidad y predicaban puerta a puerta. Es decir, se tomaban su religión en serio a diferencia de lo que él había visto en muchos católicos. Se unió a la secta y se empapó de sus doctrinas. En un primer momento les enseñaban que el gurú no era Dios sino alquien que ayuda a los demás a encontrarle. Cuando se fue a vivir a un ashram sus padres se dieron cuenta que estaban perdiendo a su hijo y pidieron a todos sus conocidos que oraran por él. Pero el joven Paul había encontrado una paz, que aunque después entendió que era falsa, en esos momentos le llenaba por completo. Con el paso de las semanas fue instruído en ciertas doctrinas secretas de la secta que eran desconocidas para los primerizos. Aprendió una técnica de meditación muy particular que servía para vaciar la mente y fue advertido que si algún día dejaba de practicar esa meditación, perdiría su mente, lo cual no estaba lejos de ser mentira ya que Paul conoció el caso de una adepta de la secta que acabó loca en un psiquiátrico tras abandonar esas prácticas. Los dirigentes de la secta comenzaron a cambiar algunas de las enseñanzas fundamentales. Por ejemplo, aunque antes habían negado que el gurú fuera Dios, ahora afirmaban sin recato que era Dios Padre en cuerpo humano. Fue antes de la llegada a los Estados Unidos en 1974 del gurú fundador de la secta. Llegaba a hacerles partícipes del darsham, que sería recibido con solo tocar al gurú. Cientos de adeptos rompían en un gozo cuasi místico tras tocar o besar los pies de su maestro, pero Paul no experimentó ninguna sensación especial, lo cual él atribuye a la eficacia de las oraciones de sus padres, familiares y amigos. Coincidió también que por aquel entonces él había decidido estudiar la Biblia. En la secta enseñaban que de la misma manera que los judíos se equivocaban al aceptar a Moisés pero no a Jesús, los cristianos erraban al aceptar a Cristo y rechazar al gurú. La Providencia quiso que contactara con un miembro de Miles Jesu al que intentó predicar la fe de su secta. Éste hermano se hizo el interesado y tras hablar con el Padre Durán, mantuvieron una entrevista con Paul en la que le invitaron a cenar. Tras cenar los tres invitaron a Paul a pasar a la capilla que tenían dentro de la casa de Miles Jesu y allá fue donde el actual Padre Vota tuvo su primer reencuentro con la espiritualidad católica. Conoció a más gente de Miles Jesu y quedó impresionado por el compromiso de los jóvenes de la organización católica. Todos oraron por él y, finalmente, decidió visitar a sus padres y acudir a ir a misa con asiduidad. Pero seguía teniendo dudas, que acabaron provocándole una gran crisis, acompañada de una enorme confusión mental. Un día acudió el templo portando un escapulario de nuestra Señora del Carmen y una mujer allá presente, al verle, le dijo que su hijo fue ciego pero recuperó la vista gracias a la intercesión de la Madre de Dios. Aquel testimonio impactó a Paul que entendió que Dios sigue obrando milagros hoy en día y podía obrar en él el milagro de la conversión total. Al poco tiempo se unió a Miles Jesu y recibió la vocación sacerdotal que acabó con su ordenación como sacerdote por el Papa Juan Pablo II en 1985.

 

 

 

La última intervención del sábado día 11 corrió a cargo del Padre Alfonso María Durán, fundador de Miles Jesu y de los congresos "Camino a Roma". Explicó a todos los presentes cómo había surgido la idea de los congresos y cuáles habían sido las dificultades por las que pasaron antes de que lo que era un proyecto ilusionante se convirtiera en una realidad gozosa. También nos hizo partícipes de las buenas noticias de conversos al catolicismo en muchos países del mundo. Por ejemplo, nos dijo que en Ucrania, cuarenta parroquias ortodoxas habían pedido su pase a la comunión con Roma y él mismo, en este último año, había recibido a tres sacerdotes ortodoxos rusos que ansiaban entrar en la Iglesia Católica. En Finlandia se está dando un fenómeno muy interesante que no es otro que la conversión al catolicismo en sectores muy importantes de la juventud universitaria, lo cual era impensable hace unos años dado la cerrazón al catolicismo en las sociedades de los países bálticos. El Padre Durán nos animó a luchar contra el pesimismo por las malas noticias sobre la Iglesia. Nos exhortó a luchar contra "el chismorreo y la crítica destructiva" y a proclamar la buena salud del catolicismo en todos los países donde su crecimiento lleva un ritmo considerable. En definitiva, somos portadores de buenas nuevas, no altavoces de los pecados y errores de los demás.

 

Javier Leal fue el encargado de abir la tanda de testimonios del domingo día 12, festividad de Nuestra Señora la Virgen del Pilar. Nacido en tierras burgalesas en el seno de una familia católica, sus padres eran tibios en las cosas de Dios. A los 13 años pierde la fe y tras un adolescencia exenta de los excesos típicos de los adolescentes de hoy en día (él lo atribuye a que en tiempos de Franco no había tanto libertinaje) al llegar a la edad juvenil se interesa en la filosofía, la política y establece relaciones con la intelectualidad de la época. Estudia los clásicos y la filosofía moderna, es decir, se empapa de pura especulación humana. Acaba por interesarse por las religiones orientales, especialmente el hinduísmo y el budismo tibetano. Javier nos explicó que el hinduísmo es politeísmo puro y duro mientras que el budismo, aun negando la existencia de un Dios único y trascendente, también es politeísta. Estudió los yogas conceptuales y al mismo tiempo que se convirtió en maestro de otros, su vanidad y orgullo fueron creciendo. Pero tras una crisis sentimental, un día decidió orar un padrenuestro a conciencia. Fue entonces cuando empezaron a cambiar cosas. Leyó más filosofía y algo de material cristiano que estaba incluído en libros no propiamente católicos. Se interesa en el fenómeno de las apariciones marianas y es en ese momento de su vida cuando tiene un encuentro con un persona que habría de ser como un enviado de la Providencia destinado a ayudarle a entrar en el camino de la conversión definitiva. Era un mendigo sabio llamado Rafael. Ya mayor, recio, fuerte, vestido como si estuviera sacado de la novela "El Señor de los Anillos", aquel mendigo era una caja de sorpresas. Parece ser que había viajado por todo el mundo y su conocimiento de todas las religiones y filosofías mundanas era sorprendente. Javier se asombró de lo mucho que aquel hombre sabía sobre cualquier tema que trataban. Pero lo que le dejó impactado es que al finalizar la conversación, el anciano le dijo que el verdadero conocimiento sólo se encontraba en la Iglesia Católica. Tras despedirse nunca más le volvió a ver pero aquel encuentro fue un hito que marcó un antes y un después en la vida de Javier Leal. Al poco tiempo un amigo le invitó a visitar a un hombre que hace vida de ermitaño en uno de los pocos lugares escondidos que deben quedar en la isla de Ibiza. Vive en una pequeña laura que no es sino una especie de cueva natural apenas modificada para que pueda vivir una persona en ella. Hablaron largo y tendido de muchas cosas y el ermitaño demostró tener también un amplio conocimiento de todo lo relacionado con las religiones orientales, el esoterismo, etc. Se despidieron pero otra vez la Providencia quiso hacer de las suyas. Javier se dejó en la laura unas gafas de sol que apreciaba bastante y volvió a por ellas el día siguiente. Fue entonces cuando, ya a solas, el ermitaño le recomendó que abandonara la vida espiritual que había llevado hasta entonces y abrazara el catolicismo. Le dejó varios libros de espiritualidad católica y le recomendó que empezara a rezar el Rosario. Y Dios, en su misericordia, quiso que el Rosario fuera instrumento de conversión para Javier. La oración y el estudio de la Biblia, los padres de la Iglesia y la teología católica pasan a ser el pan nuestro de cada día en la vida del nuevo converso. Se produce su definitivo regreso a la Iglesia, y lo vive con tal intensidad que acude a Misa y Rosario diarios. Desde entonces no ha hecho sino crecer espiritualmente en la verdad católica, camino de salvación en Cristo Jesús.

 

Inmediatamente después del testimonio de Javier Leal, tomó la palabra Don Francisco Javier Casale Sánchez, de Barcelona. De padres católicos, no obstante le tocó vivir su infancia en un ambiente tibio, ateo y anticlerical. Trasladado a los cuatro años a Argentina, pasó allá toda su infancia, adolescencia y primera juventud tras la cual volvió a España . Sus padres le llevaron a un colegio salesiano donde experimentó un fervor cristiano poco común que, por ejemplo, le llevaba a jugar a celebrar misas en las que él hacía el papel del sacerdote. Pero eso mismo provocó que sus padres le sacaran del colegio pues tenían temor de que acabara queriendo ser cura, cosa que ellos no estaban dispuestos a aceptar. En el nuevo colegio laico acaba perdiendo la fe y con el tiempo acaba en lo que él denomina la "secta de la modernidad". Conoció a la que habría de ser su esposa, la cual sí tenía fe y era católica practicante y aunque cuando se casaron Francisco Javier no tenía fe alguna, al menos aceptaba que su mujer fuera a misa todos los domingos y días de precepto. Pero también ella acabó abandonando la práctica religiosa. Se convierten en un matrimonio convencional, ajeno a la religiosidad y con cierto éxito en el área económica. Adquirieron un velero con el que navegar por el Mediterráneo. Una noche de navegación se toparon con una gran tormenta. Francisco Javier temió por su vida y, casi instintivamente, rezó un avemaría. Cuando pasó la noche sin que nada ocurriera, él se avergonzó de esa oración, pero seguramente ya se había puesto en funcionamiento el fruto de la semilla que había arraigado en su corazón siendo un niño salesiano. Los negocios empiezan a ir de mal en peor y un día se encuentra a sí mismo clamando a Dios y pidiéndole ayuda. Aquella oración íntima le causó un estremecimiento interior pero todavía no fue suficiente como para que se convirtiera de verdad. Entró en una fase de desastre vital que le sirvió para desengañarse totalmente del mundo y el sistema que nos rodea. Descubrió que tenía hipertensión y el médico le recomendó que buscara una vida menos estresante. Empezó a practicar el Hata Yoga y a escuchar música hindú, árabe y del cristianismo barroco. Mientras que las dos primeras no le causaban ninguna sensación especial la música barroca cautivó su alma. Fue por entonces cuando decidió que cada vez que tuviera un mal pensamiento como castigo rezaría un padrenuestro y un avemaría. Tras haber puesto los medios para sanar tanto física como mentalmente un día se preguntó a sí mismo, ¿porqué ahora no te curas el alma? Empieza entonces la lectura ávida de todo tipo de cosas. Desecha la astrología por sus absurdos planteamientos. Todo lo que lee que no es espiritualidad cristiana no le convence. Empieza a tener dificultades en la relación con sus amistades habituales ya que su interés por lo religioso choca con el absoluto rechazo de sus amigos por esos asuntos. Pero sin embargo, uno de ellos, Quique, le dio un consejo que impactó el alma de Francisco Javier. Le dijo "lo que buscas, búscalo con humildad". En ese espíritu de humildad Francisco siguió buscando a Dios y finalmente el Señor le salió al encuentro. Tuvo lo que él considera como una moción del alma y el 8 de febrero de 1988, a las 8 de la noche, se planta en el despacho parroquial de su parroquia y le dice al sacerdote allá presente que tras 40 años fuera de la Iglesia, quiere volver. El padre le pide que vuelva al día siguiente para tratar pastoralmente la cuestión y mientras le recomienda la lectura de Lucas 15, donde está la parábola del hijo pródigo. Esa misma noche, Francisco Javier se arrodilló en su casa y rezó un padrenuestro, esta vez ya como auténtico creyente. Experimentó el amor de Dios Padre que recibe al hijo que un día había abandonado el hogar y que ahora volvía a casa. Es el milagro de la conversión. Su primera misa fue a escondidas y un tanto confusa ya que él no conocía prácticamente nada del rito. Su primera confesión duró dos horas tras la cual comulgó por primera vez en 40 años. Comparte su nueva realidad con su esposa, la cual también acabó animándose a volver a la Iglesia. Peregrino a Santiago, hoy Francisco Javier es testimonio vivo de cómo nunca es tarde para volver a la senda de Dios.

 

 

 

Tras maravillarnos de la obra de Dios en la vida de Francisco Javier, nos dispusimos todos a asisitir a la Misa en la Catedral del Salvador Ávila, presidida por el Excelentísmo Sr. D. Jesús García Burillo, Obispo de Ávila. Siempre es un privilegio asistir a una celebración litúrgica presidida por un sucesor de los apóstoles y tanto más si es en una Catedral como la de Ávila, tierra de santos, tierra de Santa Teresa.

 

De vuelta al salón del congreso, llegó mi turno de compartir mi testimonio de conversión y regreso a la Iglesia Católica. Yo también nací en una familia católica como mis predecesores, pero tuve el privilegio de que mis padres eran verdaderamente católicos practicantes. Aunque mi padre tuvo bastantes dificultades en aceptar los cambios producidos en la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, lo cierto es que no abandonó la práctica religiosa y todos los domingos asistía a la primera misa dominical, cuando yo todavía dormía placidamente en mi cama. Mi madre fue catequista durante varios años y la verdad es que tenía capacidad de transmitir bastante bien los fundamentos de nuestra fe a los niños. Yo me aproveché de eso y, sobre todo, del hecho de que fui educado por los padres Escolapios en el colegio que éstos tienen en Getafe, provincia de Madrid. Transmití a los presentes mi agradecimiento público a los padres y profesores que supieron inculcarme unos valores que estoy seguro que tienen poco que ver con los que se transmiten hoy a nuestros hijos, sobre todo en la escuela pública. A los diez años recuerdo claramente haber tenido una vocación temprana al sacerdocio, gracias al testimonio que unos seminaristas compartieron con los chicos que quisimos escucharles después de las clases. A mi abuelo paterno, que había sido anarquista antes y durante la Guerra Civil, casi le dio un pasmo cuando su único nieto le dijo que quería ser cura. Aunque estoy convencido de que fue una experiencia genuina aquello no duró mucho pues tampoco tuve un seguimiento especial por parte de mis padres, supongo que en parte debido a mi condición de hijo único. El resto de mi infancia transcurrió sin mayores sobresaltos pero a los dieciséis años me quedé sin padre de la noche a la mañana. Aquello supuso el inicio de un calvario que casi me lleva a la tumba. La relación con mi madre, en vez de fortalecerse a través de un mutuo apoyo del uno al otro para superar la pérdida de mi progenitor, empeoró a pasos agigantados. Yo estaba en una edad muy difícil y ella empezó a visitar a curanderos y videntes para que le ayudaran a superar los dolores que le causaba una afectación del nervio ciático sufrida tras una operación de implante de prótesis de cadera y los dolores que tenía en el alma por la pérdida de su marido y por su relación conmigo. Desgraciadamente no hubo entonces ningún sacerdote que la explicara que eso que hacía era incompatible con la fe católica. Al final acabé con una depresión profunda que me llevó incluso a intentar quitarme la vida consumiendo pastillas pero Dios tenía otros planes y no dejó que acabara mis días de esa manera. La relación con mi madre siguió por muy mal camino pero poco a poco salí del bache, gracias sobre todo a un primo hermano que me ayudó mucho y a la que después habría de convertirse en mi esposa. Pero aunque mi salud mental fue mejorando, la espiritual empeoró más si cabe. Me había apartado totalmente de la Iglesia y me acerqué al mundo del esoterismo, la Nueva Era y esa nueva versión del espiritismo de toda la vida que es el mundo de los contactados con supuestos extraterrestres. Lo peor de todo es que la persona que me dio un curso de control mental que no era otra cosa que el disfraz de una técnica para contactar con supuestos seres superiores, era un sacerdote franciscano. Mi madre no veía nada malo en todas estas nuevas actividades de mi vida pues al fin y al cabo no hay gran diferencia entre ese mundillo y el de los curanderos y videntes. Fue entonces cuando me casé, sólo por lo civil, con Lidia, mi esposa. Realmente éramos unos críos inmaduros, sobre todo yo, pero el Señor ha querido que nuestro matrimonio haya sobrevivido a muchos momentos de extrema dificultad.

 

Cuando nuestro primer hijo contaba con dos años de vida, algo cambió nuestras vidas. Mi esposa no me había seguido en mis andanzas por la Nueva Era pero sí respetaba todo lo que yo hacía sin entrometerse demasiado. Pero un matrimonio amigo que llevaban muchos años en el esoterismo se convirtió al cristianismo evangélico leyendo la Biblia. A los pocos meses nos invitaron a pasar un fin de semana en su casa y fue allá donde yo empecé el camino de vuelta a la fe de mis antepasados. Me reconcilié primero con el Dios de la Biblia, con el Salvador del mundo. Mi esposa siguió mis pasos pocos días después y ambos nos integramos en una comunidad eclesial evangélica pentecostal, Amistad Cristiana. Durante los años que fuimos miembros de esa congregación puedo decir que crecimos y maduramos como cristianos, aunque siempre limitados por nuestra condición de pecadores que no están en plena comunión con aquella en quien subsiste plenamente la Iglesia de Cristo y en quien se hallan todos los tesoros de la gracia divina. Al año de mi conversión al protestantismo evangélico me bauticé como tal en las Lagunas de Ruidera, Ciudad Real. Por una parte eso suponía una afirmación de pertenencia a la fe que profesaba pero por otra era, paradójicamente, una ruptura de facto con la fe católica de la cual negaba la validez de su bautismo. Mi esposa hizo lo mismo un año después. Dado que mi madre se enfadó bastante con el camino que yo había adoptado, mis enfrentamientos con ella subieron de tono. Para mí, el catolicismo era el culpable de que una mujer teóricamente preparada como mi madre hubiera acabado entregándose a curanderos y videntes sin que nadie la dijera que eso estaba en contra de Dios. Dado que yo mismo había recibido conocimientos esotéricos por boca de un sacerdote católico, estaba convencido de que la degeneración de la Iglesia Católica era un hecho innegable. Además, la propia naturaleza de las doctrinas protestantes que se oponen a la verdad católica, me llevó a afirmar delante de mi madre que las apariciones marianas eran obra de Satanás, cosa que a ella le sacaba de quicio dado que era una habitual peregrina al santuario Lourdes. La sima que nos separaba se agrandó y parecía que no habría ninguna posibilidad de que alguna vez pudiéramos hablar de las cosas de Dios sin pelearnos.

Por razones laborales tuvimos que dejar la congregación a la que pertenecíamos y aquello coincidió con mi primer contacto con el mundo de Internet. En poco tiempo me convertí en un asiduo a los foros de debate religioso, especialmente evangélicos, donde desarrollé una labor de ataque continuo y sistemático a la fe católica. Dado mi interés por autoformarme teológicamente en la apologética evangélica, en poco tiempo adquirí bastante habilidad para ganar batallas teológicas con católicos de escasa preparación. Sirva esto como aviso para navegantes. Es absolutamente imprescindible que los católicos que no tengan un mínimo de preparación teológica se abstengan de participar en foros de discusión donde haya miembros de otras confesiones cristianas o de otras religiones que pueden engatusarles con facilidad. Al mismo tiempo desarrollé un interés cada vez mayor en el estudio de la Historia de la Iglesia, aunque al principio lo hacía bajo el prisma protestante que ve en el emperador Constantino la fuente de corrupción del cristianismo. Pero lo cierto es que, como dice el Cardenal John Henry Newman, "quien estudia la historia de la Iglesia, deja de ser protestante". Efectivamente, la Iglesia de los primeros siglos anteriores a Constantino quizás no era calcada a la Iglesia Católica o la Ortodoxa, pero sin duda no era protestante. Entendí que el protestantismo no era sino el mismo grupo de sectas y grupos heréticos que abundó en esos siglos y que a veces sólo tenían en común su oposición a la verdadera Iglesia de Cristo. El pecado de la división, para los cristianos de entonces, era el más grave de los posibles y el protestantismo no era otra cosa que la encarnación de la división eclesial. Únase a ese descubrimiento de la realidad del protestantismo el que yo, gracias a lo que me dijo en un foro un cristiano ortodoxo descubriera en la Biblia quién es la Iglesia de Cristo, columna y baluarte de la verdad, Cuerpo de Cristo y su plenitud, y tendremos que los cimientos del "Luis Fernando apologeta evangélico" se tambalearon como un castillo de naipes sobre el que se sopla con fuerza. Cuando constaté que la doctrina de la justificación por la sola fe, base fundamental de la Reforma, no sólo no tenía asidero en las Escrituras sino que era contradicha expresamente en Santiago 2:24, entendí que no podía seguir siendo protestante por más tiempo.

 

 

 Tras ocho años y medio como cristiano evangélico, el panorama que se me presentaba por delante no era precisamente fácil. Por una parte, no podía regresar sin más a la Iglesia Católica, la cual había sido objeto durante años de mis ataques en los foros de Internet y mis conversaciones con mi madre. La Iglesia Ortodoxa era una opción mucho más aceptable para mí aunque ciertamente temeraria por mi desconocimiento de la realidad eclesial ortodoxa. Pero mis dudas desaparecieron cuando asistí por vez primera a una liturgia bizantina en la parroquia ortodoxa griega que hay en Madrid. Aquella liturgia enamoró mi alma. Me sentí trasladado al cielo y supe desde entonces que había puesto mis pies en el cristianismo auténtico. Cuando poco después me uní a los cultos de la comunidad ortodoxa rumana que había en Madrid, dirigida por el Padre ortodoxo Teófilo Moldován, creí que mi destino final era convertirme en ortodoxo para el resto de mis días. Pero Dios tenía otros planes. Mi mujer, aunque entendía las razones para dejar de ser evangélico, no estaba dispuesta a seguirme camino de la Iglesia Ortodoxa. Eso era un problema no pequeño pero yo estaba dispuesto a enfrentarme a ello. Distinto fue el caso de mi madre. Cuando le dije que quería hacerme ortodoxo, una sonrisa de oreja a oreja apareció en su rostro. Me preguntó porqué no me hacía católico pero en el fondo ella pensaba, como muchos católicos, que la Iglesia Ortodoxa era como la Católica pero sin Papa. Fue precisamente entonces cuando enfermó de cáncer de hígado. Yo sabía que apenas la quedaban un par de meses de vida y cuando me manifestó su intención de visitar Lourdes a la vuelta del verano, supe que a menos que yo la llevara, ella no podría ver satisfecho su propósito. Cuando le propuse ir en coche un fin de semana, aceptó de inmediato. Para mí aquel viaje era cualquier cosa menos fácil. Durante años había debatido con católicos sobre el dogma de la Inmaculada Concepción. Especialmente duros fueron los que mantuve con un fraile dominico colombiano, el Padre Nelson Medina, que tuvo la paciencia y el amor de soportarme durante año y medio tratando la cuestión. Claro que al cabo de ese año y medio, él siguió donde estaba y yo había emprendido el camino hacia su Iglesia. Dios sabe cuánto debo a Fray Nelson por sus palabras, por sus oraciones, por su amistad. El caso es que aquel joven que había dicho años atrás a su madre que la aparición de Lourdes era de origen satánico, viajaba con su madre enferma terminal al santuario de la Inmaculada Concepción. Es difícil explicar con palabras lo que aquel viaje supuso para mí. A Lourdes llegué con una madre. Volví con dos. Si Cristo había entregado su Madre al apóstol Juan en la cruz, a mí me la entregó en Lourdes. Fue allá donde el proceso de conversión a la fe entregada una vez a los santos arraigó en mi corazón. Lo poco de protestante que me quedaba murió en la gruta donde la Virgen se apareció a una pequeñuela francesa que luego se convirtió en santa. Regresé a Lourdes y mi madre murió poco después, tras haber recibido por expreso deseo mío todos los sacramentos. Y se ve que en cuanto ella llegó a lugar donde nos purificamos antes de entrar en la presencia de Dios, empezó a orar por nosotros para que completáramos el regreso a la Iglesia Católica. Sus oraciones fueron escuchadas y al mes siguiente, después de recoger a nuestros hijos en el colegio le pregunté a mi esposa "Lidia, si regreso a la Iglesia Católica ¿vendrás conmigo". Un sí acompañado de una sonrisa fue su respuesta. Poco después nos casamos por la Iglesia, bautizamos a nuestro segundo hijo y desde entonces intentamos vivir sirviendo a Dios en la Iglesia que Cristo fundó sobre la roca, sobre Pedro y su confesión de fe.

La última intervención del congreso fue la del testimonio de David John Rey. Nacido en Chicago su padre era musulmán y su madre protestante. En realidad en su familia no se practicaba casi ninguna de las dos religiones. Si acaso alguno de los preceptos y costumbres musulmanas. Cuando la madre quiso celebrar un año la Navidad, el padre la amenazó de muerte lo cual es una demostración papable del ambiente en el que David tuvo que vivir durante buena parte de su infancia. Otro año, a pesar de las amenazas, su madre decidió poner un árbol de Navidad antes del 24 de diciembre. Su padre no hizo nada pero al poco tiempo desapareció del hogar para no volver más. A pesar de las dificultades, la familia ya fue más libre para poder asistir a la congregación bautista a la cual pertenecía la madre de David. Él no entendía mucho de lo que allá se predicaba pero el ambiente le gustaba y durante un tiempo fue un chaval más que acudía al culto dominical con su madre y su hermana. Pero cuando se convirtió en adolescente abandonó la comunidad religiosa bautista y se hizo miembro de un grupo de música rap. Durante cuatro años estuvo viviendo como rapero lejos de Dios y de toda religión. Pero su alma estaba vacía. Un día sintonizó por casualidad un canal de televisión donde un telepredicador estaba hablando palabras que parecían dirigidas al corazón de David. Cristo estaba llamado a la puerta y David decidió abrir. Se convirtió al Señor y decidió volver a la congregación bautista de su madre. Pero no era allí donde Dios le quería. Viendo otro canal de televisión, apareció un monje católico vestido de hábito hablando de temas espirituales. David estaba sorprendidísimo porque apenas había visto nunca un monje católico vestido como tal y mucho menos en televisión. Pero lo que aquel hombre de Dios decía tocaba su corazón. Empezó a interesarse en lo que la Iglesia Católica enseñaba y pronto entendió cuáles eran los fallos del protestantismo y cuáles los tesoros que aguardan en la Iglesia Católica a los que entran en ella. Un año después, se hizo católico y al poco tiempo se hizo miembro consagrado de Miles Jesu. Hoy vive en España donde desarrolla la misión que sus superiores católicos le han encomendado.

 

Todos estos testimonios no son sino una breve muestra de lo que Dios está haciendo en miles y miles de personas a lo largo del mundo. Ahora que parece que las iglesias se vacían y que gran parte de la juventud no quiere saber nada del Señor y de su Iglesia, el testimonio de los conversos es como un grito de esperanza y de reafirmación de que la fe en Dios y la pertenencia a la Iglesia de Cristo son la respuesta a la necesidad de cualquier hombre y mujer, vengan de donde vengan, hayan vivido lo que hayan vivido. La "enfermedad" del converso es contagiosa. Su celo por la fidelidad a Dios y la Iglesia es semilla para nuevas conversiones. Entre los más activos apologetas católicos anglosajones que abundan en Internet, un gran número de ellos son conversos al catolicismo. Tanto si fueron previamente católicos como si vienen de otro tipo de cristianismo, los que entran de adultos en la Iglesia Católica a veces entienden mejor que los que llevan dentro toda la vida lo que significa ser católico y la gracia que se deriva de ese hechos. Por supuesto eso no significa que lo ideal sea el que todo el mundo abandone la Iglesia para darse luego cuenta de lo que se han perdido dentro. No, ni mucho menos. De hecho, desgraciadamente muchos de los que salen no vuelven jamás y gran parte de los que están fuera no se plantean siquiera dirigir su mirada hacia el catolicismo. Por otra parte, una de las características más comunes a todos los conversos a la Iglesia es que han aprendido a amarla a pesar del pecado de algunos de sus miembros. Cuántas veces los católicos se empeñan en dar pábulo a las informaciones y críticas que se expresan contra su Iglesia en los medios de comunicación y en círculos anticlericales y anticatólicos, pero quien encuentra a una madre tras años de pérdida no permite que sus arrugas y sus canas le impidan amarla con amor filial. Es también típico en los conversos su fervor por la pureza doctrinal. No se ve en ellos un espíritu de dejadez y displicencia ante aquellos que desde dentro de la Iglesia quieren cambiar su esencia y sus doctrinas y moral. A veces su celo puede ser un poco exagerado, como el de los zelotes, pero eso sirve como contrabalanza contra tanta tibieza presente en algunos ámbitos católicos. Y para terminar, debe quedar constancia de que la figura del converso es un elemento clave para entender cuál es el verdadero ecumenismo, que no consiste en otra cosa que el que todos los cristianos alcancen la plena comunión con Cristo a través de su Vicario en la tierra, a través de su única Iglesia. Dios nos ayude y nos bendiga..

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Luis Fernando Pérez Bustamante
2003-11-24 - Agradecemos sinceramente al autor

 

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"Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo" (Jn 15, 26-27).

 

Hoy, V domingo de Pascua, retornamos a estas palabras de Cristo. Y volvemos al Cenáculo de Jerusalén, donde fueron pronunciadas. La promesa que estas palabras contienen debe realizarse en el mismo Cenáculo, el día de Pentecostés. Las palabras de Cristo nos hacen pasar del acontecimiento de la Pascua a Pentecostés. Son como un puente.

2. El Espíritu Santo viene constantemente a los discípulos de Cristo como el Consolador, enviado por el Padre. Viene como Espíritu de Verdad para dar testimonio de Cristo, que lo envía desde el Padre.

La misión del Espíritu se vincula con la del Hijo. Por una parte, prepara toda la misión mesiánica de Cristo, y al mismo tiempo, toma de ella un comienzo nuevo; por la cruz y la resurrección viene de nuevo a nosotros el Espíritu Santo. Su testimonio nos introduce en el misterio trinitario de Dios. Nos introduce también en la economía salvífica de Dios. Gracias a este testimonio sabemos que Dios es Amor; sabemos que actúa como primero y definitivo Amor en la historia del hombre y del mundo: "Mi Padre sigue actuando y yo también actúo" (Jn 5, 17).

3. Esta actuación del Padre, que fue llevada a cabo por medio del Hijo, se realizó al mismo tiempo ante los ojos de los hombres. Se ha convertido en parte de su historia. También estos hombres ―ante todo los Apóstoles― son testigos de Cristo. Su testimonio es un testimonio humano, basado en el oír, ver, tocar (cf. 1 Jn 1, 1), basado en la experiencia.

Este testimonio humano edifica a la Iglesia desde el principio como comunidad de los discípulos de Cristo; como comunidad de fe, que fija su mirada en el misterio escondido desde los siglos en Dios (cf. Ef 3. 9), misterio que fue revelado en el Hijo nacido de María Virgen. Por tanto, este testimonio humano, apostólico, está orgánicamente vinculado al que da de Cristo el Consolador, el Espíritu de Verdad. En él está enraizado. De él saca la fuerza transformadora. La fe en Cristo transforma al hombre.

4. Hoy rezamos reunidos en torno a la Madre de Dios, a la que la Iglesia no cesa de manifestar su alegría pascual. Es ante todo su alegría. Es la alegría de la Madre del Resucitado: "Alégrate", Reina de los cielos.

A Ella le encomendamos, para que interceda ante el Espíritu Consolador, todo el testimonio de la Iglesia contemporánea.

A Ella confiamos la vigilia de oración que tendrá lugar en la plaza de San Pedro la noche de Pentecostés, en la que se reunirá la Iglesia de Roma: las varias asociaciones de apostolado, los movimientos y las parroquias.

En esta celebración, que culminará con la Santa Misa, se implorará la asistencia especial del Espíritu Santo, a fin de que resulten ricos de frutos la preparación y la realización del próximo Sínodo de los Obispos sobre "la vocación y la misión de los laicos en la Iglesia y en la sociedad".

Alégrate, Reina de los cielos. Prepara los caminos del testimonio de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Acerca a nuestros corazones el Consolador, que es el Espíritu de Verdad. Domingo 27 de abril de 1986

 

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LOS MÁRTIRES - A los sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron sus vidas por Dios el pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna implicación política ni hicieron la guerra contra nadie. Por ello, no se les puede considerar caídos en acciones bélicas, ni víctimas de la represión ideológica, sino mártires de la fe.

 

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La necesidad de custodiar la memoria de los mártires. Su testimonio no debe ser olvidado. Ellos son la prueba más elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano incluso a la muerte más violenta y manifiesta su belleza aun en medio de atroces padecimientos. Es preciso que las Iglesias particulares hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio.
Al inicio del tercer milenio, la Iglesia que camina en España está llamada a vivir una nueva primavera de cristianismo, pues ha sido bañada y fecundada con la sangre de
tantos mártires. Sanguis martyrum, semen christianorum! ¡La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos! (TERTULIANO, Apol., 50,13: CCL 1,171). Esta expresión, acuñada durante las persecuciones de los primeros siglos, debe hoy llenar de esperanza vuestras iniciativas apostólicas y esfuerzos pastorales en la tarea, no siempre fácil, de la nueva evangelización. Contáis para ello con la ayuda inigualable de vuestros mártires. Acordaos de su valor, "fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre" (Hb 13,7-8).

Que María, Reina de los mártires, nos ayude a escuchar e imitar a su Hijo. A Ella, que acompañó a su divino Hijo durante su existencia terrena y permaneció fiel a los pies de la Cruz, le pedimos que nos enseñe a ser fieles a Cristo en todo momento, sin decaer ante las dificultades; nos conceda la misma fuerza con que los mártires confesaron su fe - S.S. Juan Pablo II – Magno, 11.III. MMI

 

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La secularización contemporánea va acompañada de una fragmentación y de un empobrecimiento de la vida interior espiritual del hombre. Así la secularización debilita aún más la comunión espiritual entre los cristianos. Por eso, juntos debemos unir hoy la búsqueda de la santidad de la vida cristiana con la realización de la unidad cristiana. Bajo esta luz y desde esta perspectiva del ecumenismo de la santidad, que nos han demostrado los mártires y los confesores de la fe del siglo XX, es preciso que nosotros, como pastores de la Iglesia, primeros responsables de la unidad de la fe y de la vida cristiana, guiemos ahora, en el siglo XXI, al clero y a nuestros fieles, y sobre todo a los jóvenes de las escuelas de teología que forman a los sacerdotes y misioneros.

 

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"El Señor Jesucristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa" (Flp 3,21). Estas palabras de San Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura de la liturgia de hoy, nos recuerdan que nuestra verdadera patria está en el cielo y que Jesús transfigurará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso como el suyo. El Apóstol comenta así el misterio de la Transfiguración del Señor que la Iglesia proclama en este segundo domingo de Cuaresma. En efecto, Jesús quiso dar un signo y una profecía de su Resurrección gloriosa, en la cual nosotros estamos llamados también a participar. Lo que se ha realizado en Jesús, nuestra Cabeza, tiene que completarse también en nosotros, que somos su Cuerpo.
Éste es un gran misterio para la vida de la Iglesia, pues no se ha de pensar que la transfiguración se producirá sólo en el más allá, después de la muerte. La vida de los santos y el
testimonio de los mártires
nos enseñan que, si la transfiguración del cuerpo ocurrirá al final de los tiempos con la resurrección de la carne, la del corazón tiene lugar ya ahora en esta tierra, con la ayuda de la gracia.
Podemos preguntarnos: ¿Cómo son los hombres y mujeres "transfigurados"? La respuesta es muy hermosa: Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en Él y se dejan inundar por la gracia que Él nos da; son aquéllos cuyo alimento es cumplir la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando.

 

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Debe observarse la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos, según las normas litúrgicas.

 

Las almas de los mártires, bajo el altar, invocan al Señor con grandes gritos: ´¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?´ (Ap 6, 10). En efecto, los mártires deben alcanzar la justicia al fin de los tiempos. Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino! (Tertuliano, or. 5).

 

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Roma - moneda del 383

 

El testimonio de la fe en la Iglesia, comunidad profética

 

(Lectura: Hechos de los Apóstoles, capítulo 1, versículos 6-8)

 

1. En las catequesis anteriores hemos hablado de la Iglesia como de una «comunidad sacerdotal» de «carácter sagrado y orgánicamente estructurado» que «se actualiza por los sacramentos y por las virtudes» (Lumen gentium, 11). Era un comentario al texto de la constitución conciliar Lumen gentium, dedicado ala identidad de la Iglesia. Pero, en la misma constitución leemos que «el pueblo santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza, que es fruto de los labios que confiesan su nombre (cf. Hb 13, 15)» (Lumen gentium, 12). Según el Concilio, por tanto, la Iglesia tiene un carácter profético como partícipe del mismo oficio profético de Cristo. De este carácter trataremos en esta catequesis y en las siguientes, siempre en la línea de la citada constitución dogmática, donde el Concilio expone más expresamente esta doctrina (Lumen gentium, 12).

Hoy nos detendremos en los presupuestos que fundan el testimonio de fe de la Iglesia.

2. El texto conciliar, presentando a la Iglesia como «comunidad profética», pone este carácter en relación con la función de «testimonio» para el que fue querida y fundada por Jesús. En efecto, dice el Concilio, que la Iglesia «difunde el vivo testimonio de Cristo». Es evidente la referencia a las palabras de Cristo, que se encuentran en el Nuevo Testamento. Ante todo a las que dirige el Señor resucitado a los Apóstoles, y que recogen los Hechos: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hch 1, 8). Con estas palabras Jesucristo subraya que la actuación de la función de testimonio, que es la tarea particular de los Apóstoles, depende del envío del Espíritu Santo prometido por él y que tuvo lugar el día de Pentecostés. En virtud del Paráclito, que es espíritu de verdad, el testimonio acerca de Cristo crucificado y resucitado se transforma en compromiso y tarea también de los demás discípulos, y en particular de las mujeres, que junto con la Madre de Cristo se hallan presentes en el cenáculo de Jerusalén, como parte de la primitiva comunidad eclesial. Más aún, las mujeres ya han sido privilegiadas, pues fueron las primeras en llevar el anuncio y ser testigos de la resurrección de Cristo (cf. Mt 28, 1-10).

3. Cuando Jesús dice a los Apóstoles: «Seréis mis testigos» (Hch 1, 8), habla del testimonio de la fe en un sentido que encuentra en ellos una actuación bastante peculiar. En efecto, ellos fueron testigos oculares de las obras de Cristo, oyeron con sus propios oídos las palabras pronunciadas por él, y recogieron directamente de él las verdades de la revelación divina. Ellos fueron los primeros en responder con la fe a lo que habían visto y oído. Eso hace Simón Pedro cuando, en nombre de los Doce, confiesa que Jesús es «el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16). En otra ocasión, cerca de Cafarnaún, cuando algunos comenzaron a abandonar a Jesús tras el anuncio del misterio eucarístico, el mismo Simón Pedro no dudó en aclarar: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6, 68-69).

4. Este particular testimonio de fe de los Apóstoles era un «don que viene de lo Alto» (cf. St 1, 17). Y no sólo lo era para los mismos Apóstoles, sino también para aquellos a quienes entonces y más adelante transmitirían su testimonio. Jesús les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios» (Mc 4, 11). Y a Pedro, con vistas a un momento crítico, le garantiza: «yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos» (Lc 22, 32).

Podemos, por consiguiente, decir, a la luz de estas páginas significativas del Nuevo Testamento, que, si la Iglesia, como pueblo de Dios, participa en el oficio profético de Cristo, difundiendo el vivo testimonio de él, como leemos en el Concilio (cf. Lumen gentium, 12), ese testimonio de la fe de la Iglesia encuentra su fundamento y apoyo en el testimonio de los Apóstoles. Ese testimonio es primordial y fundamental para el oficio profético de todo el pueblo de Dios.

5. En otra constitución conciliar, la Dei Verbum, leemos que los Apóstoles, «con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo le enseñó». Pero también otros, junto con los Doce, cumplieron el mandato de Cristo acerca del testimonio de fe en el Evangelio, a saber: «los mismos Apóstoles (como Pablo) y otros de su generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo» (n. 7). «Lo que los Apóstoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del pueblo de Dios; así la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree» (Dei Verbum, 8).

Como se ve, según el Concilio existe una íntima relación entre la Iglesia, los Apóstoles, Jesucristo y el Espíritu Santo. Es la línea de la continuidad entre el misterio cristológico y la institución apostólica y eclesial: misterio que incluye la presencia y la acción continua del Espíritu Santo.

6. Precisamente en la constitución sobre la divina revelación, el Concilio formula la verdad acerca de la Tradición, mediante la cual el testimonio apostólico perdura en la Iglesia como testimonio de fe de todo el pueblo de Dios. «Esta Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2, 19. 51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios» (Dei Verbum, 8).

Según el Concilio, por tanto, este tender a la plenitud de la verdad divina, bajo la tutela del Espíritu de verdad, se actualiza mediante la comprensión, la experiencia (o sea, la inteligencia vivida de las cosas espirituales) y la enseñanza (cf. Dei Verbum, 10).

También en este campo, María es modelo para la Iglesia, por cuanto fue la primera que «guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19 y 51).

7. Bajo el influjo del Espíritu Santo, la comunidad profesa su fe y aplica la verdad de fe a la vida. Por una parte, está el esfuerzo de toda la Iglesia para comprender mejor la revelación, objeto de la fe: un estudio sistemático de la Escritura y una reflexión o meditación continua sobre el significado profundo y sobre el valor de la palabra de Dios. Por otra, la Iglesia da testimonio de la fe con su propia vida, mostrando las consecuencias y aplicaciones de la doctrina revelada y el valor superior que de ella deriva para el comportamiento humano. Enseñando los mandamientos promulgados por Cristo, sigue el camino que él abrió y manifiesta la excelencia del mensaje evangélico.

Todo cristiano debe «reconocer a Cristo ante los hombres» (cf. Mt 10, 32) en unión con toda la Iglesia y tener entre los no creyentes «una conducta irreprensible» a fin de que alcancen la fe (cf. 1 P 2, 12).

8. Por estos caminos, señalados por el Concilio, se desarrolla y se transmite, con el testimonio «comunitario» de la Iglesia, aquel «sentido de la fe» mediante el cual el pueblo de Dios participa en el oficio profético de Cristo. «Con este sentido de la fe ―leemos en la Lumen gentium― que el Espíritu de verdad suscita y mantiene, el pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente a la fe confiada de una vez para siempre a los santos (Judas 3), penetra más profundamente en ella con juicio certero y le da más plena aplicación en la vida, guiado en todo por el sagrado Magisterio, sometiéndose al cual no acepta ya una palabra de hombres, sino la verdadera palabra de Dios (cf. 1 Ts 2, 13)» (Lumen gentium, 12).

El texto conciliar pone de relieve el hecho de que «el Espíritu de verdad suscita y mantiene el sentido de la fe». Gracias a ese «sentido» en el que da frutos «la unción» divina, «el pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente a la fe... guiado en todo por el sagrado Magisterio» (Lumen gentium, 12). «La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2, 20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando "desde los obispos hasta los últimos fieles laicos" presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres» (Lumen gentium, 12).

Adviértase que este texto conciliar muestra muy bien que ese «consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres» no deriva de un referéndum o un plebiscito. Puede entenderse correctamente sólo si se tienen en cuenta las palabras de Cristo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños» (Mt 11, 25).

Miércoles 13 de mayo de 1992

 

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Dos mil años de evangelización - En el monte de los Olivos, el día de la Ascensión, antes de subir al Padre, Jesús pronunció la profecía de la evangelización: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16, 15).

«En estas palabras está contenida la proclama solemne de la evangelización» Juan Pablo II. Los discípulos del divino Redentor acogieron esta consigna y desde entonces, a lo largo de la historia y en todos los meridianos del orbe, la Iglesia se torna católica catolizando, y no ha hecho otra cosa que ejecutar el mandato de su Señor: evangelizar. «Evangelizare Iesum Christum»: «Anunciar a Jesucristo» (cf. Ga 1, 16), como se expresa san Pablo con frase lapidaria y emblemática.

 

La Iglesia es en la historia una anticipación del reino de Dios, y lo demuestra también por ser católica, es decir, universal.

La Iglesia es tan bíblica como "eclesiástica" es la Biblia: universal-católica como la Iglesia. La Iglesia es notablemente lógica y notablemente bíblica: En tanto que su razón de existir, su composición, sus funciones y su papel son enseñados y defendidos por la Escritura.
Es bíblica en tanto que ENSEÑA la doctrina cristiana basándose en la Escritura.
La Biblia es "eclesiástica": En tanto que (el N.T.) fue escrito por Apóstoles y maestros de la Primitiva Iglesia Cristiana. Es "eclesiástica" en tanto que es compilada, ordenada, traducida, preservada y difundida por la Iglesia Cristiana. Y es "eclesiástica" en tanto que reconoce y somete la interpretación de sus textos a la Iglesia, el instrumento de Dios para enseñar la fe, en la naciente y para siempre ‘Iglesia católica’, hoy peregrina en un valle de lágrimas, mañana triunfante en Cristo.

No impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido.

 

Entre el Hijo de Dios encarnado y su Iglesia existe una profunda, inseparable y misteriosa continuidad, en virtud de la cual Cristo está presente hoy en su pueblo. Es siempre contemporáneo nuestro, es siempre contemporáneo en la Iglesia construida sobre el fundamento de los Apóstoles, está vivo en la sucesión de los Apóstoles. Y esta presencia suya en la comunidad, en la que él mismo se da siempre a nosotros, es motivo de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene. S.S.Benedicto PP XVI-2006.03.15, en San Pedro-Vat.

 

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Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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"Non nobis Domine, non nobis

sed nomini tuo da gloriam"

 

(No para nosotros Señor, no para nosotros,

sino para gloria de tu nombre)

 

«No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira» Solzhenitsyn – 1973

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Poco más tarde, en un artículo titulado «¡Rechacemos la mentira», difundido contemporáneamente a su detención, febrero de 1974, advertía Solzhenitsyn:

«No cada día, ni en cada hombro, posa la violencia su pesada zarpa: sólo exige de nosotros sumisión a la mentira [...] Aquí yace precisamente la clave que despreciamos. La más sencilla, la más asequible para nuestra liberación: ¡la no participación personal en la mentira! [...] Cuando las gentes se apartan de la mentira, ésta sencillamente, deja de existir»

Comentando estos párrafos el argentino Luis María Sandoval apostilla:
«es de recordar que Cristo Nuestro Señor no llamó al Demonio «padre de la violencia», sino padre de la mentira (Jn 8, 44)» ("Cuando se rasga el telón", Speiro, 1992, pág. 220)

 

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"No nos van a callar ni vamos a callar: Cristo es el Mesías, el Redentor"

 

“Omnia instaurare in Christo”

 Predicación y fidelidad de la Iglesia Católica a la revelación de Cristo:

“No podemos callar lo que hemos visto y oído” (He 4, 20)

 

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Iglesia - El Espíritu, que infunde el amor de Dios en nuestros corazones, es fuente de comunión de los discípulos entre sí y con Dios. “Donde está la Iglesia, está el Espíritu de Dios”, “y donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia” , dice san Ireneo, aunque no falten debilidades humanas ni tensiones que ponen a prueba la comunión.

 

Una comunión nacida de la fe, suscitada por la predicación apostólica, alimentada con la Eucaristía y la oración, y expresada en el servicio y la caridad fraterna. Por tanto, los Apóstoles y sus sucesores son, testigos y custodios autorizados del depósito de la verdad entregado a la Iglesia y, a la vez, ministros de la caridad revelada y donada por el Señor. Es un servicio de amor y caridad, inseparable de la verdad que custodian y transmiten. La verdad y el amor son, pues, dos caras del mismo don de Dios y que, por el ministerio apostólico se custodia en la Iglesia y llega hasta nosotros.

 

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Razones para escuchar

Saber escuchar es hablar menos y atender más. Escuchar con sabiduría es aceptar al otro con sus virtudes y defectos.
   2. Saber escuchar es poner en marcha los audios del corazón, la sensibilidad interior, que todos y cada uno poseemos.
   3. Escuchar con sabiduría es dar respuesta a la demanda de afecto, de ternura y de amistad a quién está triste y necesita del calor y del consuelo humano y nadie se lo da.
   4. Saber escuchar es ir construyendo la «ciudad nueva» en la que todos los hombres aprendemos a escucharnos –respetarnos mutuamente– un poco más.
   5. Escuchar con sabiduría es tender puentes de humanidad a quién padece aislamiento, abandono y soledad.
   6. Saber escuchar «pacientemente»puede ser una obra de misericordia, de caridad. Ello nos hará mucho mejores, más humanos, más cristianos, y nos acercará a la Verdad.

2005-09-07 - Agradecemos Al autor: J. Mª ALIMBAU - L.R.ESP.

 

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“La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en el sentido de tremenda responsabilidad.” (Gabriela Mistral) Hoy no; hoy es una profesión

 

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De la obediencia del súbdito humilde a ejemplo de Jesucristo.

Jesucristo:
1. Hijo, el que procura sustraerse de la obediencia, él mismo se aparta de la gracia; y el que quiere tener cosas propias, pierde las comunes. El que no se sujeta de buena gana a su superior, señal es que su carne aún no le obedece perfectamente, sino que muchas veces se resiste y murmura. Aprende, pues, a sujetarte prontamente a tu superior, si deseas tener tu carne sujeta. Porque tanto más presto se vence el enemigo exterior, cuanto no estuviere debilitado el hombre interior. No hay enemigo peor ni más dañoso para el alma que tú mismo, si no estás bien avenido con el espíritu. Necesario es que tengas verdadero desprecio de ti mismo, si quieres vencer la carne y la sangre. Porque aún te amas muy desordenadamente, por eso temes sujetarte del todo a la voluntad de otros.

2. Pero ¿qué mucho es que tú, polvo y nada, te sujetes al hombre por Dios, cuando Yo, Omnipotente y Altísimo, que crié todas las cosas de la nada, me sujeté al hombre humildemente por ti? Me hice el más humilde y abatido de todos, para que vencieses tu soberbia con mi humildad. Aprende, polvo, a obedecer; aprende, tierra y lodo, a humillarte y postrarte a los pies de todos. Aprende a quebrantar tus inclinaciones, y rendirte a toda sujeción.

3. Enójate contra ti; y no sufras que viva en ti el orgullo; sino hazte tan sumiso y pequeño, que puedan todos ponerse sobre ti, y pisarte como el lodo de las calles. ¿Qué tienes, hombre despreciable, de qué quejarte? ¿Qué puedes contradecir, sórdido pecador, a los que te maltratan, pues tantas veces ofendiste a tu Criador, y muchas mereciste el infierno? Pero te perdonaron mis ojos, porque tu alma fue preciosa delante de Mí, para que conocieses mi amor, y fueses siempre agradable a mis beneficios. Y para que te dieses continuamente a la verdadera humildad y sujeción, y sufrieses con paciencia tu propio menosprecio.

 

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“La gente se asombra de que seamos capaces de hacer lo que hacemos, pero lo asombroso es que, al hacerlo, somos felices” santa Luisa de Marillac [mujer de continua oración].

 

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La pobreza es una forma de tortura que viola los derechos del hombre. El alimento es un derecho natural del ser humano. No es caridad, como muchos creen, pero sí es justicia. Desde el punto de vista sociológico, cultura es un sistema bien ordenado de intuiciones, leyes y valores. Cultura es el equilibrio psíquico del individuo y del grupo, es el humanismo integral del que nos hablaba Maritain.
Todos los seres humanos son iguales y dignos del mayor respeto; por ello [los veros cristianos], con sus vidas han intentado construir un mundo nuevo, entregando su vida de servicio a Cristo a través de los pobres.
Reflexionando en voz alta, pienso que todos y cada uno de nosotros puede ayudar a las Hijas de la Caridad y a los sacerdotes de san Vicente de Paúl. Como ellos, veamos en cada pobre al ser humano, que tiene derecho al afecto, al cariño, a ser tratado dignamente, y al enfermo que reclama el primero de sus derechos, un trato digno y humano. La vida, como afirmaba la Beata Madre Teresa de Calcuta, es una oportunidad única: aprovechémosla. Soledad Porras Castro – 2005.11.11

 

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“Lo que necesita La Iglesia hoy no son panegiristas de lo existente, sino hombres y mujeres en quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por La Verdad; hombres y mujeres que den testimonio a desprecio de todo desconocimiento y ataque; hombres y mujeres –en una palabra- que amen a La Iglesia más que a la comodidad e intangibilidad de su propio destino.” [S.S. Benedicto XVI] 2005

 

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En ella se encuentra un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, ágil, móvil, penetrante, puro, límpido, no puede corromperse, orientado al bien y eficaz. Es un espíritu irresistible, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, apacible, que lo puede todo y que vela por todo, impregna a todos los otros espíritus por inteligentes, puros y sutiles que sean. La sabiduría es más movible que cualquier cosa, gracias a su fuerza atraviesa y lo penetra todo. Se desprende, como un vapor, del poder de Dios, es una emanación muy pura de su Gloria; por eso, nada de sucio se introduce en ella. Es la irradiación de la luz eterna, el espejo sin tacha de la actividad de Dios y la imagen de su perfección. Es una, pero lo puede todo; sin salir de sí misma, lo renueva todo. De generación en generación pasa a las almas santas de las cuales hace amigos de Dios y profetas. Porque Dios sólo ama al que vive con la Sabiduría. Es más bella que el sol y supera a cualquier constelación; comparada con la luz, le gana, porque la noche sucede al día, mientras que el mal jamás vencerá a la sabiduría. Sí, la sabiduría se extiende de un extremo al otro de la tierra, y en todas partes pone orden.” [Sabiduría VII, 22- VIII, 1]

 

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La esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva

1042 Al fin de los tiempos el Reino de Dios llegará a su plenitud. Después del juicio final, los justos reinarán para siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma, y el mismo universo será renovado:

La Iglesia ... sólo llegará a su perfección en la gloria del cielo...cuando llegue el tiempo de la restauración universal y cuando, con la humanidad, también el universo entero, que está íntimamente unido al hombre y que alcanza su meta a través del hombre, quede perfectamente renovado en Cristo (LG 48).

1043 La Sagrada Escritura llama "cielos nuevos y tierra nueva" a esta renovación misteriosa que trasformará la humanidad y el mundo (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1). Esta será la realización definitiva del designio de Dios de "hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef 1, 10).

1044 En este "universo nuevo" (Ap 21, 5), la Jerusalén celestial, Dios tendrá su morada entre los hombres. "Y enjugará toda lágrima de su ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Ap 21, 4;cf. 21, 27).

1045 Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano, querida por Dios desde la creación y de la que la Iglesia peregrina era "como el sacramento" (LG 1). Los que estén unidos a Cristo formarán la comunidad de los rescatados, la Ciudad Santa de Dios (Ap 21, 2), "la Esposa del Cordero" (Ap 21, 9). Ya no será herida por el pecado, las manchas (cf. Ap 21, 27), el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica, en la que Dios se manifestará de modo inagotable a los elegidos, será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua.

1046 En cuanto al cosmos, la Revelación afirma la profunda comunidad de destino del mundo material y del hombre:

Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios ... en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción ... Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo (Rm 8, 19-23).

1047 Así pues, el universo visible también está destinado a ser transformado, "a fin de que el mundo mismo restaurado a su primitivo estado, ya sin ningún obstáculo esté al servicio de los justos", participando en su glorificación en Jesucristo resucitado (San Ireneo, haer. 5, 32, 1).

1048 "Ignoramos el momento de la consumación de la tierra y de la humanidad, y no sabemos cómo se transformará el universo. Ciertamente, la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa, pero se nos enseña que Dios ha preparado una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y superará todos los deseos de paz que se levantan en los corazones de los hombres"(GS 39, 1).

1049 "No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios" (GS 39, 2).

1050 "Todos estos frutos buenos de nuestra naturaleza y de nuestra diligencia, tras haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y según su mandato, los encontramos después de nuevo, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal" (GS 39, 3; cf. LG 2). Dios será entonces "todo en todos" (1 Co 15, 22), en la vida eterna:

La vida subsistente y verdadera es el Padre que, por el Hijo y en el Espíritu Santo, derrama sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la vida eterna (San Cirilo de Jerusalén, catech. ill. 18, 29).

 

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«Decálogo católico» sobre ética y ambiente

 

Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz- ROMA, 08.11.2005  expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
 
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.

2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.

3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.

4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.

6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.

7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.

8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.

9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.

10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.

 

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¡Que tu conducta nunca dé motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por visitarnos

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

Recomendamos vivamente: Título: ¿Sabes leer la Biblia? Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado-Autor: Francisco Varo-Editorial: Planeta Testimonio-

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).