Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Pero decir que «la libertad es lo que nos hace verdaderos», mire usted, al margen del cuento, depende. Porque la libertad puede hacernos responsables de quemar un bosque de millares de hectáreas con vida humanas dentro. La libertad puede hacernos verdaderos si somos verdaderos, si partimos de la verdad o al menos si estamos abiertos a la verdad, porque si no, la libertad nos hace más falsos que Judas, nos hace verdaderos mentirosos, verdaderos cínicos, verdaderos irresponsables, verdaderos criminales, verdaderos estúpidos, verdaderos soberbios, y otras muchas cosas, que el cuento sería interminable.

 

Moraleja, que para esto hemos estado contando cuentos –mentiras, según algunos-: para ser libres, para vivir la libertad y crecer en ella, hay que partir de la verdad, hay que estar informado sobre unas cuantas verdades, hay que conocer, mediante la experiencia propia o ajena, las consecuencias más relevantes de nuestros actos. Porque si no, al primer acto de libertad se seguirá la frustración de la libertad, la abolición del hombre, o comoquiera decirse. O sea, que diga lo que diga el genio del cuento, la verdad es que la verdad nos hará libres y no al revés. La información sobre la verdad es imprescindible - condición sine qua non - para la libertad de las personas y para la libertad de los pueblos.

 

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Sin información –sin verdad- no hay libertad real.

La manipulación de la información, sesga la verdad, anula la libertad. 2005.

 

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«Las raíces de la libertad residen en la singular dignidad del hombre».

«La libertad, no debe «convertirse en tan sagrada que ignore la dignidad de la persona».

«Cuando la libertad de expresión no está limitada por la norma del respeto de la dignidad de la persona, la justicia parece a menudo el único recurso. Y la justicia sin libertad es una justicia formal, la de los totalitarismos y las dictaduras de todo tipo».

Por este motivo, es esencial «actuar en favor de la libertad y de la justicia, con el fin de garantizar ambas a todos».

«El hombre que no es libre, el hombre al que se le priva de la justicia» es «un hombre mutilado que el hombre reduce a la realidad biológica de su cuerpo –Una vez más, toda dimensión de su ser, a la que haríamos bien en llamar espiritual, es negada».

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Esa concepción laicista e inquisitorial surgida de la Revolución francesa, en Europa prepotentemente exige imponerse. Nadie ha pretendido imponer una religión o una Europa confesional ni enfrentar esa idea de Europa a los turcos musulmanes o a los musulmanes que viven en Europa. No olvidemos que de lo que se trata, además de tener una Europa económicamente próspera y con peso en el mundo, es de que se fortalezcan y extiendan por todo el orbe esos principios de libertad, igualdad y amor al prójimo o fraternidad, que no son el lema de los revolucionarios franceses surgidos de la Ilustración, sino los principios milenarios de los libros sagrados que fueron ordenados, como si de un puzle se tratara, por la palabra de Cristo y que se ofrecen no sólo al pueblo elegido, sino también a toda la humanidad. 2004.

 

 

 

P: ¿Cuál es la diferencia que establece usted entre Napoleón y los conquistadores españoles de América para considerar asesino al primero y libertadores a los segundos?

 

R: Yo no considero libertadores a los segundos ni se me pasaría por la cabeza. Eran conquistadores y punto. Lo grave de Napoleón ("un millón de muertos ¿qué es para mi?", dixit) es que no pasaba de ser un tirano que durante más de década y media sembró la destrucción y la sangre en Europa y encima tenía la desvergüenza de decir que la liberaba.  Dr. César VIDAL - historiador, filósofo. 2004.06

 

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P: Talleyrand y Napoleón siempre se echaron la culpa uno al otro de haber invadido España, el primero achacaba a Napoleón el querer formar un estado títere en todo el norte del valle del Ebro. ¿De cuál de los dos fue la decisión?. Talleyrand asimismo parece que comentaba asimismo "es preciso acabar con el hombrecito de Elba" ¿Tuvo algo que ver en la muerte de Napoleón?

 

R: 1. La decisión fue de Napoleón que confundió a los gobernantes españoles con el pueblo y así le fue. 2. No, no creo que Talleyrand tuviera nada que ver con el asesinato de Napoleón.

 

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P: ¿Por qué nos "han vendido" siempre La Revolución Francesa como un acontecimiento vital para alcanzar la democracia en Occidente?

 

R: Hay varias razones: el chovinismo francés, la propaganda de la masonería, el influjo sobre los progres (Lenin y Trotsky sin ir más lejos). Personalmente creo que históricamente ha habido pocos acontecimientos tan nefastos y cruentos. Dr. César VIDAL. historiador, filósofo, Esp. 2004.06.22

 

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«El terrorismo religioso no conoce la autocontención del primigenio terrorismo político del XIX, cuyos supuestos mártires no querían pasar a la Historia como carniceros. Ahora se impone la barbarie sin límites. Y, traspasado el umbral donde la cólera anula la razón, parece cándido pretender que hay una camino de vuelta que debemos asfaltar sólo con buenas intenciones».

 

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1622 – El 16 de abril el cardenal Richelieu es nombrado primer ministro de Francia, cargo que ejerció en los reinados de Luis XIII y Luis XIV

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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500 años de cultura - Los Museos Vaticanos surgieron hace quinientos años en los jardines vaticanos, cuando el Papa Julio II colocó el grupo de mármol del Laocoonte, descubierto el 14 de enero de 1506, en un viñedo cerca al Coliseo. «Se trata de un aniversario que quiere recordar la historia de siglos de cultura y de arte que los pontífices romanos promovieron con constancia y competencia, recogiendo las obras del pasado para preservarlas del olvido y de la destrucción, destinándolas a las generaciones sucesivas».
«En momentos en que se habla de los museos como lugares de encuentro, de contacto y diálogo, de madurez y de reflexión entre religiones, culturas, experiencias y distintas concepciones del mundo, los Museos Vaticanos interpretan hoy, más que nunca y de manera ejemplar, este papel»

Por este motivo, recordó, S. S. Juan Pablo II los definía «una de las más significativas puertas de la Santa Sede abiertas al mundo». MMVI.II

 

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Moyen Age - Nos ancêtres n´étaient pas nécessairement meilleurs que nous au point de vue moral. Ils pouvaient même manifester des faiblesses qui nous laissent croire que nous serions meilleurs. Mais ils vivaient assurément le mystère du Christ avec plus de profondeur et d´intensité que nous ne le faisons. Surtout, leur univers intérieur était tout baigné de la lumière de la foi. Le monde de la foi, pour eux, était aussi réel que le monde matériel qui les entourait. D´où une joie et une espérance, nourries par la contemplation des vérités de la foi, qui se traduisaient naturellement dans l´expression de la beauté.

 

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«Las denominadas conquistas democráticas, las mismas liberté, egalité et fraternité, se fundamentan, en última instancia, en un solo hecho: la vida de un hombre no es en modo alguno, ni por ningún motivo, medible, mensurable, cuantificable. El terrorismo surge como la extrema consecuencia de una manera de entender al hombre como juez último de todas las cosas, que se arroga la potestad de pesar, de contabilizar a su favor la vida de los humildes, los miserables, los hombres sin rostro. Ningún palestino sin tierra, ninguna mujer chechena, ningún iraquí invadido puede arrogarse el derecho, con motivo de la injusticia sufrida, de disponer de la vida de otro: ninguna causa puede relativizar la vida de un hombre.
Ésta es la razón que puede romper la espiral de violencia, pero que, por desgracia, falla un poco en todos, si bien en modos diferentes. Así se inició la primera y la segunda guerra del Golfo, con el juicio contrario de la Iglesia y del Papa, provocando destrucción y muertos inocentes; se recorre el camino de una represión indiscriminada, sabiendo que muchos no culpables se verán golpeados y que se desencadenará una reacción aún más violenta.
La civilización occidental nace de la superación del ojo por ojo, nace de un perdón que no significa debilidad, sino participación en la experiencia de un Dios que perdonó a quien lo acusaba y mataba injustamente y que ha vencido al mal. Un perdón que es positividad, reconstrucción, civilización, paz, trabajo, ciencia, progreso, democracia, tolerancia, posibilidad de ser siempre más grande que las circunstancias que nos oprimen. Desgraciadamente, no son suficientes los encuentros entre religiones, si permanecen en un nivel abstracto. (…)
La mujer chechena y el palestino en lucha, a los que ninguna reivindicación conseguida les devolverá el hijo o el amigo asesinado, deben encontrar hombres diferentes que, teniendo la experiencia del perdón, testimonien un modo más humano de tratar a la mujer, las cosas, el trabajo. Deben encontrar cristianos que dejen de hacer el juego a las ideologías y vivan auténticamente sus comunidades precursoras de paz; laicos que reconozcan y defiendan la inviolabilidad del hombre individual; hombres de Estado que amen a los pueblos como los padres de Europa; musulmanes profundamente movidos por su sentido religioso, que defiendan la sacralidad de la vida. Así lo han hecho los firmantes de la llamada de los musulmanes moderados italianos comentada en estos días por el ministro Pisanu y Magdi Allam (subdirector del Corriere della Sera)». José Francisco Serrano 2004. 09

 

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La libertad, esto es, la inmunidad de coacción en materia religiosa, que compete a los individuos particulares, debe reconocerse también a estos mismos cuando actúan en común. Pues la naturaleza social, tanto del hombre como de la propia religión, exige comunidades religiosas. Por consiguiente, a estas comunidades, siempre que no se violenten las justas exigencias del orden público, debe reconocérseles el derecho de inmunidad para regirse según sus propias normas, para honrar con culto público a la divinidad, y para promover aquellas instituciones en las que los miembros cooperen con el fin de ordenar su propia vida según sus principios religiosos. Igualmente, corresponde a las comunidades religiosas el derecho a no ser obstaculizadas por medios legales o por la acción administrativa del poder civil, en la selección, educación, nombramiento y traslado de sus propios ministros, en la comunicación con las autoridades y comunidades religiosas que tienen su sede en otros lugares de la tierra, en la construcción de edificios religiosos y en la adquisición y disfrute de los bienes convenientes. Pertenece también a la libertad religiosa el que no se prohíba a las comunidades religiosas manifestar libremente el valor singular de su doctrina para la ordenación de la sociedad y la vitalización de toda la actividad humana. Finalmente, en la naturaleza social del hombre y en el carácter mismo de la religión se funda el derecho por el que los hombres, movidos por su sentimiento religioso, pueden libremente reunirse o constituir asociaciones educativas, culturales, caritativas, sociales.

Declaración Dignitatis humanae, 4 – Concilio VATICANO II.

 

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No existe la libertad absoluta; además, la libertad no es un instrumento para usarlo contra los demás, sino para favorecer a los demás y para crecer.
La prensa necesita comprender que el espacio disponible para ejercitar la libertad está limitado por el respeto a los demás, no sólo como personas, sino también a sus creencias y a su fe. El derecho a la libertad de pensamiento y expresión «no puede implicar el derecho a ofender el sentimiento religioso de los creyentes». Pero igualmente deplorables, son las reacciones violentas de protesta: «La intolerancia real o verbal, no importa de donde venga, sea como acción o como reacción, siempre es una grave amenaza a la paz».

 

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Luis XVI

 

El protagonista del día es Luis XVI, que fue guillotinado en la mañana del 21 de enero de 1793. Veamos con detalle todo lo que sucedió.

A las diez y cuarto el condenado llegó a la Plaza de la Revolución. Al bajar de la carroza se quitó la chaqueta, se desabrochó la camisa de lino y se apartó el pañuelo del cuello. Algunos soldados trataron de atarle las manos pero Luis se negó con indignación: «Haréis lo que se os haya mandado hacer, pero no me ataréis nunca».

Edgeworth –sacerdote que le asistió- le ayudó a subir los empinados peldaños del cadalso y alcanzado el palco, el verdugo Sanson le cortó la coleta y el rey accedió finalmente a que le ataran las manos, después de que Edgeworth le dijera que ese era "el sacrificio final”. Tras esto, Luis XVI preguntó si los tambores redoblarían durante su ejecución.

El condenado, logrando apartarse del verdugo, hizo ademán de volverse hacia el pueblo de Francia pero no lo dejaron, llegando a exclamar: «¡Pueblo, muero inocente de los delitos de los que se me acusa! Perdono a los que me matan. ¡Que mi sangre no recaiga jamás sobre Francia!». El verdugo refirió que el rey soportó todo eso con una compostura y una firmeza que nos asombró a todos nosotros. Estoy convencido de que sacó su fortaleza de los principios de la religión, de los que nadie parecía más convencido y afectado que él. Uno o dos minutos después de las diez y veinte, la cuchilla de la guillotina cayó sin piedad sobre el cuello de Luis XVI.

Entonces, un joven miembro de la Guardia Nacional cogió la sangrante cabeza y la enseñó al pueblo paseándose por el cadalso. La muchedumbre estalló gritando ¡Viva la República! Se empezó a cantar La Marsellesa y algunos espectadores se echaron a bailar en círculo alrededor del cadalso. Otros se entretuvieron en recoger la sangre que se había filtrado a través de los maderos del cadalso, otros la probaron. Un ayudante del verdugo subastó las prendas y el pelo del fallecido. Los guardias civiles, mientras tanto pusieron el cadáver y la cabeza en un cesto de mimbre que colocaron en un carro. El carro se dirigió al cementerio de la Magdalena, donde fue enterrado.

Y al día de hoy en las aulas de nuestros colegios se sigue explicando lo de la libertad, la igualdad y la fraternidad… La ignorancia es así de atrevida.

 

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 Libertad, Igualdad Y Fraternidad - algunas notas

 

 

 

por Alejo Fernández Pérez

 

Tres palabras puestas de moda y utilizadas como bandera por la Revolución Francesa

 

Son una mala copia de la doctrina de Jesús, con la diferencia de que mientras Cristo las utilizaba como producto del amor, para los revolucionarios franceses, especialmente los jacobinos, fue el manto con que encubrían, al principio, su odio y rencor hacia los defensores de los valores hasta entonces dominantes, continuando después con todos aquellos que se oponían a sus propósitos revolucionarios. Frossard nos dice que "Los valores revolucionarios de Libertad, igualdad y Fraternidad son de origen cristiano, y la Iglesia, sin duda, se hubiera identificado con ellos si el primero no hubiera sido contradicho tan pronto con la persecución, el segundo con la arbitrariedad y el tercero con la guillotina".

En la actualidad, entre nuestros políticos y sociedades esas tres palabras se quedan, la mayor parte de las veces, en gestos para la galería, con llamativas resonancias provocadoras y vanas. No es la misma libertad la que sueña un obrero que la que exige un empresario; la que sufre el dominado, que la exige el dominante; la del preso que la del libre; la del enfermo que la del sano. Como hay que partir de algunos condicionantes e ideas previas , en este escrito adoptaremos el sentido que subyace para las tres palabras en la doctrina de Cristo

Libertad.

Su significado está muy condicionada por la familia, el ambiente, la formación, la educación, el dinero, la política, el trabajo,... En el curso de una conversación alguien preguntó: ¿Y, cuánto cobra un obrero? 60 ptas respondieron. Era 1963. Entonces, observó: Cuando se le acaben las 60 ptas se le acabó la libertad.

Los cristianos murieron en el circo romano por la libertad de "las conciencias", que es la primera de todas las libertades. Eligieron libremente servir a Cristo. Nadie debe imponer a otro la práctica de una fe, igualmente nadie tiene derecho a hacer daño al que la ha recibido. Una de las libertad más básica de cualquier persona es la libertad para elegir y expresar su religión.

La libertad es como el dinero o la salud, no tiene sentido, es estéril o produce frutos ridículos si no se utiliza. Hay que escoger ¡con plena libertad! una norma de conducta, de fe, de moral o decidirse por un trabajo honesto. ¿Para qué sirve la libertad sin un compromiso serio, que oriente toda la existencia?. Stalin respondió a un político español :Libertad ¿ para qué?. En realidad, para qué queremos la libertad si no la utilizamos con honestidad. Si no elegimos, otros lo harán por nosotros. Nos convertimos así en . "…nubes sin agua, llevadas de aquí para allá por los vientos, árboles otoñales, infructuosos, dos veces muertos, sin raíces".

Por otra parte, todos sufrimos algún tipo de servidumbre: unos se postran ante el dinero, otros ante el poder, aquel por la sensualidad y el de mas allá por la escepticismo o la vagancia. Incluso los grandes hombres son esclavos de su obra. El que se entrega apasionadamente a la ciencia, al arte, a la literatura,…vive "dichosamente" esclavo de su obra. Si queramos o no estamos condenados a servir , los cristianos hemos decidido que nada hay mejor que saberse, por amor, esclavos de Cristo. Del Nuevo Testamento entresacamos algunos párrafos sobre el concepto de libertad cristina:

"La verdad os hará libres" dijo Jesús. Frase de una exactitud conmovedora. Las más pequeñas verdades poseen una fuerza explosiva, liberadora, inimaginables

"Obrad como hombres libres, y no como quienes hacen de la LIBERTAD un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios." La libertad no se puede utilizar como pretexto para emborracharse, impedir el sueño de miles de personas por motivos del botellón, para jugarse el sueldo del mes, grafitear paredes, ni para abusar del sexo sin querer saber nada de sus consecuencias

"Les prometen LIBERTAD, mientras que ellos son esclavos de la corrupción -drogas, sexo, dinero , soberbia,…- pues uno queda esclavo de aquel que le vence".

"Pero, a causa de los intrusos, los falsos hermanos que solapadamente se infiltraron para espiar la LIBERTAD que tenemos en Cristo Jesús, con el fin de reducirnos a esclavitud." No hay más que ver como funcionan muchas sectas, algunos políticos y más de un "amigo"

¡Pero nadie me coacciona!, repiten obstinadamente. ¿Nadie? Donde no hay amor, se produce un vacío de individual y responsable ejercicio de la propia libertad: allí -no obstante las apariencias- todo es coacción. (¡Odio servir! Pinta un grafitero por las paredes. ¿Quién le comió el coco a este pobre jovencito? )

En toda guerra los dos bandos en lucha, inexorablemente, luchan y mueren por la libertad de vivir de una u otra forma. Muchas veces el pueblo vencedor se convierte con la victoria en esclavo de la soberbia de sus propios líderes.

La pretendida libertad que proponen algunas ideologías, como la marxista, solo dió lugar a la aparición de millones de esclavos. La libertad que se obtiene a través de ciertas sectas y gobernantes es la libertad del siervo. La libertad de los que no creen en nada y no se comprometen con nadie es la libertad de los inútiles y de los cobardes. La única libertad que salva al hombre es la libertad que nos trajo Cristo. Pero ¿Quién es este Cristo, sobre el cual muchas personas "libres" se sienten coaccionadas de hablar por la "presión social" hoy tan de moda ? Su libertad es exigente y comprometida. Exige comprometerse con Dios y con todos los hombres, amigos y enemigos, a través de trabajos y esfuerzos, "cuya carga es ligera y su yugo suave." Y exige algo más que mera justicia, exige un desbordarse del amor.

Igualdad.

Antes de nada habría que preguntar: ¿ Igualdad ante qué? ¿Ante la justicia, ante Dios, económicamente, ante el trabajo, ante el amor, la salud, …? Cuando los ácratas han conseguido gobernar en algún territorio y han aplicado su concepto de igualdad aquello se convirtió en una casa de locos: todos a vestir iguales, como en China; a comer lo mismo, a cobrar lo mismo. Recuérdese el caso del artista de teatro de Barcelona, obligado a cobrar igual que las limpiadora durante la guerra civil española. El igualitarismo utópico es fuente de las más grandes injusticias.

Cristo afirmó que "ante Dios todos los hombre son iguales". La "igualdad ante Dios" no soporta excepción alguna de hecho o de derecho. Ni siquiera los emperadores escaparon a esta evidencia, antes que adorarlos, los cristianos prefirieron morir.

"Ante la justicia" todos los hombres "deberían" ser iguales, pero nunca lo han sido para el gobernante que hace las leyes como para el hombre de la calle; para el rico que se puede pagar buenos abogados como para el pobre, para el sano o el enfermo, para el inteligente como para el deficiente mental. Las leyes no son más que una aproximación a la justicia. No exijamos a la ley, lo que la ley no puede dar

El respeto y el amor a los hombres consisten en dar a cada uno lo suyo que no es igual que dar a todos lo mismo. Las madres no tratan igual a todos sus hijos. Se comportan de forma diferente con el sano que con el enfermo, con el inteligente que con el torpe, con el pequeño que con el mayor, y así todo va bien

Resulta que todo esto que en abstracto parece de sentido común, y todos estamos de acuerdo. Pero, a la hora de enfrentarse a realidades concretas, puede dar origen a conflictos insospechados. Especialmente sucede cuando interviene el orgullo, la soberbia, los intereses económicos, el amor, el odio o cualquier sentimiento de los que nublan la vista, el oído, la cabeza y el corazón.

La "igualdad en la enseñanza", tal y como la entienden algunas ideologías progres, ha dado lugar a que dos o tres generaciones de estudiantes europeos hayan cosechado el fracaso más absoluto ¿Quién paga las consecuencias? Se da el caso de que hay Profesores de Universidad que no saben ni escribir medianamente. Alumnos que pasan de curso sin saber; y autoridades que apenas ejercen de tales para que no se las tome por "autoritarias"

El comercio, que algo entiende de personas, ofrece multitud de mercancías diferentes porque sabe que los hombres no son iguales ante el mercado. La supervivencia les va en ello.

Antes de hablar de igualdad, concretemos: ¿Igualdad ante qué? ¿Igualdad ante quién? Desconfiemos de los que nos hablan de igualdad para todos , en todo y en toda ocasión. Casi siempre encubren mercancías averiadas.

Fraternidad, hermandad, caridad.

La razón de considerarnos hermanos está basada, para los cristianos, en que el Señor nos reveló ser "Padre nuestro", de todos los humanos, y por tanto, si tenemos el mismo padre, todos somos hermanos. Nadie que en su familia ame a sus padres se atrevería a hacer daño a ninguno de sus hijos

Tertuliano, en el siglo I, escribía "La fraternidad es práctica corriente entre nosotros los cristianos porque lo tenemos todo en común... excepto nuestras mujeres, precisamente lo único que los paganos comparten con gusto".

Dios es amor, la caridad es amor. Los españoles tenemos una sóla palabra para definir el amor, los griegos tenían cuatro: una para el amor sexual, otra para el familiar, otra para el amor de los amigos y una cuarta para reflejar el amor de caridad como sería el de exponer la vida por salvar a un desconocido que se esta ahogando. Algo indefinible que está en el fondo de nuestros corazones nos impele a actuar en estas ocasiones.

Entre los cristianos la caridad sólo tiene sentido por el amor a Dios, y por Dios a nuestros semejantes. La falta de este amor suele ser la causa última de todas las luchas habidas y por haber. El gigante de los apóstoles, el mayor de los "propagandistas" que hayan existido en este mundo, San Pablo, definió de forma insuperable y certeramente la caridad como el amor a Dios, y a los hombres por amor a Dios. En su 1ª Carta a los corintios, capítulo 13, nos dice, lo que nunca nos cansamos de repetir desde hace dos mil años:

"1. Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.

2. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.

3. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.

4. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;

5. es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
6. no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.

7. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.

8. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.

9. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.

10. Cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo parcial.

11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.

12. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.

13. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad. "

Poco más se puede decir tras estas palabras. Algunos ejemplos podrían servir para actualizarlas: El amor de las madres por sus hijos pequeños es el reflejo más fiel en la tierra de este amor sobrenatural. Una madre no piensa en nadie más que en los hijos: todo lo da, incluyendo su vida misma; nada pide, todo lo perdona, todo lo excusa, y con su amor termina convirtiéndose en el corazón de la familia. Un regalo de poco valor entregado con amor se agradece mil veces mal que otro valioso sin mirarnos a la cara. Un reproche hecho con buena cara es más efectivo que otro con cara avinagrada y el palo levantado.

Las palabras bíblicas tienen un serio inconveniente, y es que de tanto repetirlas terminamos por olvidar o devaluar sus enseñanzas. Sin embargo, ahí están, como están las palabras de Cristo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".

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Alejo Fernández Pérez  http://www.iespana.es/revista-arbil/(74)alej.htm 2003-11-24

 

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Caridad, fraternidad y solidaridad



Ya el Código de Hammurabi, 2.000 años antes de Cristo, ordenaba a los habitantes de Babilonia ayudar a las viudas, huérfanos y pobres. También en Egipto se dio esta costumbre. Y en el pueblo de Israel se instituyó la devolución, cada cincuenta años, de las tierras a sus dueños originarios, para que ninguna familia resultase empobrecida por una poco afortunada transacción comercial, o por las malas cosechas; además de ello, también se ordenaba no pasar dos veces al hacer la recolección, para que los pobres tuvieran algo que llevarse a la boca. Con la llegada del cristianismo se extendió aún más la importancia de la asistencia a los más necesitados; además de lo que cada particular pudiera hacer en este sentido, con el tiempo surgieron Órdenes religiosas formadas por personas consagradas a labores de este tipo. ¿Cómo no recordar todo el bien que dieron, por ejemplo, los Mercedarios, que se ofrecían a sí mismos para ocupar el lugar de presos y esclavos, a cambio de su liberación; o la labor educativa de san Juan Bosco y sus seguidores entre los niños más desfavorecidos de todo el mundo? Hoy en día, quedan como un faro en el camino las huellas de los misioneros que, en las zonas más conflictivas del mundo, permanecen al lado de aquellos a quienes han entregado su vida, aun cuando todos los trabajadores y voluntarios de las ONG´s, ante un peligro próximo, abandonan el lugar alegando –sin duda, con razón– que pueden hacer mucho más por los pobres si conservan la vida.
Hoy, son muchas las Órdenes religiosas que tienen proyectos de formación de laicos en voluntariado, destinados a acompañar la labor de los misioneros en distintas partes del mundo. Sin embargo, desde hace algún tiempo, se ha venido empobreciendo el ideal de caridad cristiana, de modo que se identifica con el mero obrar a favor de los otros, en lo que se ha dado en llamar espiritualidad horizontal. Esto supondría reducir la vida cristiana a la mera obligación de cumplir un deber moral, dejando de lado su mismo origen: el encuentro con Jesucristo.
Monseñor Javier Martínez, arzobispo de Granada, en un comentario al evangelio de las Bienaventuranzas publicado en estas mismas páginas –y titulado Kant, disfrazado de cristiano–, escribía: «Siempre me he rebelado contra quienes ven en las Bienaventuranzas ante todo un código moral, y que luego, además, hacen consistir ese código en una serie de exigencias. La reducción moralista de las Bienaventuranzas refleja e induce un empobrecimiento mucho más grande del Evangelio mismo, del cristianismo. Evangelio significa buena noticia, y ahora resulta que se trata fundamentalmente de exigencias y de compromisos que hay que hacer. Eso es Kant mal disfrazado de cristiano, pero, por desgracia para la Iglesia y para el mundo, ésa es la ideología que ha sustituido a la fe. Las Bienaventuranzas son, antes que nada, un grito: en medio de las miserias de este mundo, aquí hay algo nuevo, que suscita esa dicha que el hombre no puede darse a sí mismo. Ese algo nuevo es Jesucristo, y el primer fruto de su venida es la dicha para los que lloran. El bien y la dicha vienen primero, y sólo después, y sólo en función de ellos, la renuncia. El campo sólo se vende para comprar el tesoro que hay en él».
La originalidad del encuentro con Dios, a través de Jesucristo, se ha visto reemplazada por la exigencia del comprometerse, y este moralismo ha penetrado con fuerza en la conciencia de muchos cristianos. Sólo basta comprobar cómo tantas homilías, y a veces hasta en la misma Misa del Gallo, pasan enseguida del acontecimiento de la presencia de Dios entre nosotros, para perderse en reflexiones sobre el compromiso y una invitación a ser solidarios. Todo ello, junto con sus causas más hondas que se remontan más atrás, tiene su momento de expansión en el éxito de los postulados de la Revolución Francesa, cuyos artífices pretendieron sustituir el Credo católico por el lema –curiosamente, ¿de dónde lo sacaron, sino del cristianismo?– Libertad, igualdad, fraternidad, que pervive hasta hoy como paradigma del progreso de la civilización occidental. Una vez quitado Dios –en la catedral de Notre Dame decapitaron las cabezas de las imágenes de los santos y colocaron una estatua a la diosa razón–, sólo queda el hombre solo..., es decir, sin la esencia de sí mismo. Y una vez la libertad se ve amenazada por el deber y la exigencia moral, sólo queda la solidaridad por la fuerza. Históricamente, este último fenómeno se llevó al extremo a gran escala en la revolución de Octubre y el comunismo. En este sistema, la colectivización de la economía pasó por encima de la libertad personal.
Sin llegar a este extremo, hoy se vive la solidaridad como un valor absoluto, y la tan traída y llevada educación en valores pretende imbuir en los niños un espíritu de solidaridad. Este clima social ha afectado también a la labor de una institución históricamente tan definida como el Ejército. Don José María Grande Urquijo, Coronel Jefe de la Agrupación Española en Bosnia, declaraba a La Razón: «La sociedad española tiene una imagen de las Fuerzas Armadas de que somos una ONG que vamos haciendo misiones humanitarias por ahí. Efectivamente, vamos haciéndolas, pero las Fuerzas Armadas no se han inventado para eso. Nuestra misión es otra. En Iraq, en Bosnia, en Afganistán, lo primero que tenemos que hacer es imponer la paz, y eso lo hacen Fuerzas Armadas. Una vez impuesta la paz, ya se pueden hacer misiones humanitarias, pero si no hay paz, las misiones humanitarias no se pueden hacer».

 


Religión civil, ética social

Junto al fenómeno de la fraternidad, hemos heredado en nuestros días otro término también nacido de la Revolución Francesa: ciudadano. Parece que el fin de la educación hoy sea el conseguir hacer de los hijos buenos ciudadanos. Todo ello lleva asociado el concepto de religión civil. Lo explica el sociólogo don Salvador Giner, en una entrevista a la revista Teína: «Desde el siglo XX ha habido una transformación de lo religioso. Han aparecido religiones mundanas, civiles. La trascendencia se define de muchas maneras, y si no se cree en lo sobrenatural, entonces la trascendencia es mundana, como en el caso del nacionalismo exacerbado, que es una religión política. La religión civil atribuye a la sociedad una cualidad sagrada; cuando hay un culto a la sociedad, hay una religión civil. Hay religiones tenues, ligeras, livianas, que se sustentan en la virtud pública, la solidaridad, la fraternidad entre los hombres; y otras religiones civiles que pueden llegar hasta el fascismo o nazismo. La intensidad del sentimiento de religiosidad civil varía: puede ser muy suave o no, puede confundirse con el nacionalismo, o puede convertirse en una suerte de piedad pública mínima que fomenta la convivencia y los buenos modales».
A continuación, el profesor Giner alude al contexto histórico en el que nace la religión civil: «La noción de religión civil viene ya desde Rousseau; se dio cuenta de que, si no compartimos creencias públicas –no contractuales, sino de dogmas, algo sagrado que nos una–, no podemos convivir. El lugar que ocupa la religión civil es de contraste: está ahí delante de lo que está proponiendo la sociedad contemporánea con la lucha individualista y egoísta de cada uno por sus intereses. Pide unos mínimos de solidaridad y fraternidad, esto es, esencialmente, el ejercicio del altruismo. La religión civil propone una sociedad fraterna en la cual el altruismo sea el cemento de la vida social. Hay que ver la cantidad de movimientos cívicos de solidaridad, la indignación moral que causa la explotación de lo que antes se llamaba el tercer mundo, la preocupación por la mortandad infantil; una especie de indignación moral que sentimos todos ante la injusticia del universo. Lo malo es que hemos construido esta sociedad absurda, dedicada a la prosperidad, pero que no es próspera; a la libertad, pero que no es libre; a la solidaridad, pero que no es solidaria. Hay una tensión entre lo que hemos proclamado como virtudes públicas y lo que ocurre en la práctica». 2005-03-18

 

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«El terrorismo, el fundamentalismo y el nihilismo son los enemigos de la paz»

S. S. Benedicto XVI – P.P. MMVI. I. I. ‘En la verdad, la paz’ Día de la paz.

 

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Libertad es esa facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.2. f. Estado o condición de quien no es esclavo; condición que le permite entregarse a la adoración a Dios y alegremente servir en libertad al prójimo.

 

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ADORAR LA VERDAD

 

Imposible neutralidad. Metamorfosis kafkiana. La hora de la verdad. La luz, tema esencial. Luz para todos. El principio maquiavélico. Humildad y amor a la Verdad.

 

Por Antonio Orozco Delclós

  

«La noche será luminosa como el día» [cf. Sal 139]. Paradojas del mundo interior. Es de noche, pero estamos ante un misterio de luz. La luz resplandece en las tinieblas y las tinieblas a su paso se disipan, se rinden a la patencia del fulgor. En la Noche Buena se enciende de nuevo para el mundo la Luminaria que nació en Belén hace veinte siglos, de María Virgen.


Nos hallábamos a oscuras, y de pronto surcó la noche un relámpago de Amor. Éramos gente somnolienta y una dulce sacudida estremeció nuestros corazones. «Vino a los suyos». Pero surgió un pero: «los suyos no le recibieron» [Jn 1, 11]. Las tinieblas –en la inteligencia de muchos– se adensaron y petrificaron. Sólo unos pocos, gente sencilla, pastores pobres, y sabios ricos comprendieron el significado de la luz en la Noche, del canto de los Ángeles y del resplandor de la estrella. Los demás se dieron la vuelta y aprovecharon la interrupción de su letargo para arrebujarse mejor entre los pliegues de sus vanos sueños.


Imposible neutralidad

Pero «sabemos –decía Juan Pablo II– que en aquel ser humano frágil, incapaz todavía de hablar, nos sale al encuentro la palabra eterna de Dios, la sabiduría increada que rige el Universo». Y recordando a San Juan, añadía que «luz y tinieblas se enfrentan en torno al pesebre donde yace el Niño: la luz de la verdad y las tinieblas del error. Es un enfrentamiento que no admite neutralidad: hay que elegir de qué parte se quiere estar. Es una opción en la que cada ser humano se juega el propio futuro».
 

Es preciso ahondar en el misterio: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». «Para esto nací, para dar testimonio de la verdad». En el corazón del Niño Dios, late la Verdad. Y es cuando se va desvelando que comienzan las deserciones. Porque la verdad compromete no sólo el entendimiento, sino todo el vivir. No se deja seccionar. Entera se abraza o entera se rechaza, sin medias tintas. Se puede amar más o menos, pero no se puede afirmar a medias la verdad. El falso irenismo, el relativismo, el neutralismo son excluidos de la verdad, como del círculo la cuadratura.

En el siglo XIV, el Infante Juan Manuel decía que «los engaños con la verdad son los peores, ya que nada existe más sutil que la verdad engañosa». Las medias verdades, las verdades a medias, no son verdad. Intentar siempre posiciones intermedias, limar extremos, quedarse en un cómodo centro [no estamos hablando en términos de política partidista sino pensando en la verdad de las cosas], conduce a puentes sin extremos, a círculos sin centro, a poderes sin autoridad, a gentes sin ideal, sin ilusión y sin sentido. ¿Qué sería de una mesa a la que se limaran sin cesar los extremos de las patas? ¿Y de una cifra cualquiera, si se le priva de los dígitos extremos? ¿Y de un silogismo, si se ponen las premisas y se bloquea la conclusión?

Pues a muchos les sucede que no quieren, según dicen, extremismos: ponen el relativismo en las premisas y se irritan ante el caos que aparece en las conclusiones. Es como no darse cuenta de que no es posible mantener en el aire un piedra con la sola fuerza del deseo.


Metamorfosis kafkiana

Ante el misterio de Belén «la pérdida, aunque sea sólo de una parte de la verdad que late en el corazón de aquel Niño "envuelto en pañales" en el pesebre, significaría para el hombre comprometer en mayor medida la gran y plena realización de sí mismo».

Hay pánico a la verdad. A veces huimos de la verdad como las cucarachas de la luz. Están todas en la cocina, campeando a sus anchas en la oscuridad. Se enciende la luz y todas se lanzan a las sombras, se meten debajo de las patas de los muebles o van al negro interior de las rendijas de los zócalos. Nacidos para la luz, parecemos haber sufrido o procurado una kafkiana metamorfosis.

 

La hora de la verdad

 

Sin embargo es lo cierto que todo hombre en el mundo está en camino hacia la verdad. La última hora es «la hora de la verdad», en la que nadie podrá decir «yo paso de la verdad», porque ya nada pasará, todo quedará, será el momento de la eternidad, de rendir cuenta de los talentos recibidos, el mayor de los cuales es el de la capacidad para conocer la verdad y hacerla.

No hay nadie que no vaya «a ninguna parte». Todos, de grado o por fuerza, nos encaminamos hacia la verdad. El más allá no es la nada, sino el lugar donde se verifica la verdad, donde se valora todo con la medida de la verdad absoluta.

El tema de la verdad es ciertamente el tema de la vida: es un asunto de vida o muerte, algo sumamente vital. Por eso se lee en un gran libro: «no temas a la verdad, aunque la verdad te acarree la muerte». Porque la muerte por la Verdad es vida, mientras que la vida sin la verdad es la incoación de la muerte eterna, o más exactamente, la incoación de una angustia irreversible [Ver Necesidad de la verdad].

En Navidad la Verdad eterna y alumbrada por la Madre Virgen nos nace de nuevo, llama: la luz de una mirada divina y humana nos pregunta: ¿quieres librarte de las tinieblas de la ignorancia, del error, de la mentira? Mírame a los ojos, arroja el miedo que oscurece al mundo, abrázame, estúdiame, da vueltas en torno a Mí, cuídame como a la niña de tus ojos, defiéndeme. La Verdad te hará libre, te hará fuerte por dentro, te hará cristiano de una pieza.

Adorar a Jesús Niño –en el propio corazón y  en la Eucaristía- es adorar la Verdad, o si no, no es más que sentimentalismo estéril. Y adorar la Verdad cantando su gloria es entrar en el Reino de la Luz, del Amor y de la Paz. Es disponerse a participar en la tarea esencial: la Redención del mundo, la recapitulación de todas las cosas en Cristo Jesús, la instauración de la civilización del Amor.

 

La luz, tema esencial

 

La luz es un tema esencial en la Sagrada Escritura: «Yo soy la Luz del mundo» [Jn 8, 12] dice Jesús, el mismo que dice con fuerza singular e inusitada: «¡Yo soy!» [Jn 13, 19]. Aquel cuyo nombre es «Yo soy», es Luz. «Y este es el mensaje que hemos oído de él y que os anunciamos: Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna»  [ 1 lo 1, 5].

 

Obviamente, la luz natural es luz por analogía de la Luz que es Dios [no viceversa]. La luz natural no ve, pero permite ver. La Luz divina ve; y quienes de algún modo la ven, o ven «a su luz» pueden ver mucho más y mejor la realidad. El ojo ve, pero no es luz, ni ve que ve; sin luz no ve nada. El que ve que ve soy yo, por mi entendimiento. El entendimiento humano [nous, en griego; intellectus, en latín] ve y a la vez ve que ve: es también luz, en esto se parece a Dios, pero la luz que posee es escasa comparada con la de Dios; necesita de la luz de la realidad extramental para conocer el mundo y necesita también de la luz de Dios, sobre todo para comprender satisfactoriamente el sentido de la realidad [propia y ajena]. Comparada con la luz que da la fe, la luz de la razón es como una cerilla al lado de la luz del sol.

 

La fe y la razón lejos de oponerse se reclaman una  a la otra: entender para creer, creer para entender. Son como dos alas con que cuenta la criatura para volar hacia las cumbres más altas de la verdad [cf. Juan Pablo II, Fides et ratio]. Sin la fe la razón es valiosa, pero insuficiente. Puede conocer verdades pero no se librará de errores en algunas cosas relevantes. Porque su luz es escasa. Aunque basta para advertir que hay otra luz a su alcance. Lo letal para la razón es oponerse, resistirse a esa otra luz. Entonces errará hasta en lo elemental. Lo comprobamos todos los días en las incoherencias en las que incurre el laicismo ilustrado o pseudoilustrado.

 

Dios es Sabiduría inifnita, infinitamente inteligible en sí mismo [no así por nosotros]. Cristo es la Luz hecha carne –hombre de carne y hueso-, y sólo en Él se comprende a fondo el misterio que es el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios [cf. Vaticano II].

 

La luz del rostro de Dios resplandece con toda su belleza en el rostro de Jesucristo, «imagen de Dios invisible» [Col 1, 15], «resplandor de su gloria» [Heb 1, 3], «lleno de gracia y de verdad» [Jn 1, 14]. Cristo Jesús es «el Rostro de Dios» [S. Clemente de Alej, Paed, 1, 7, 52, 2]. Verle a El es ver al Padre [Cfr Jn 14, 9],  Por cierto, «Hay en él algo verdaderamente impresionante: una belleza viril, recia, verdaderamente divina», decia Pio Xll del rostro de la Sabana santa. Pedro, Juan y Andrés quedaron maravillados al ver un anticipo de su gloria en el monte Tabor [Mc 11, 15]. El resplandor de la Verdad es una belleza arrebatadora.

 

Luz para todos

 

«Es la luz verdadera –no cualquier luz-, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo» [ Jn 1, 9]. El mensaje que ha traido al mundo es para todos sin excepción. Y «Este es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz ya que sus obras eran malas» [Jn 3, 19]. «Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas» [Jn 3, 20]. «Pero [no todos, porque] el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios [Jn 3, 21].

 

Y la Luz se hizo hombre y muchos la reciben, al extremo de poder decir: «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte» [Mt 5, 14]. Estos son los incorporados a Cristo por el Bautismo, que ya tienen luz en el alma. Han de velar para que no se apague y crezca, para que se vea bien la realidad como es, para que todos podamos descubrir ese algo santo, divino, que en los detalles se encierra [nt 1], así como las grandes obras de Dios [nt 2].

 

«En la verdad, la paz» - ha dicho bien claro el papa Benedicto XVI-: «es el lema que presento a la reflexión de toda persona de buena voluntad. Cuando el hombre se deja iluminar por el esplendor de la verdad, se convierte interiormente en valiente artífice de la paz. El tiempo litúrgico que estamos viviendo nos deja una gran lección: para acoger el don de la paz tenemos que abrirnos a la verdad que se ha revelado en la persona de Jesús, quien nos enseñó el «contenido» y al mismo tiempo el «método» de la paz, es decir, el amor. Dios, de hecho, que es el Amor perfecto y subsistente, se reveló en Jesús asumiendo nuestra condición humana. De esta manera nos ha indicado también el camino de la paz: el diálogo, el perdón, la solidaridad. Este es el único camino que lleva a la auténtica paz» [En el Angelus, 1 enero 2006]

  

El principio maquiavélico

 

No cabe verdadera paz, ni verdadera libertad fuera de la verdad. Tampoco hay verdad fuera de la verdad. ¿Una perogrullada? Sí, pero muchos caen de patas en las trampas del padre de la mentira, como las moscas en la miel. El falso principio maquiavélico "el fin bueno justifica los medios de cualquier índole que sean" se encuentra instalado sin discusión en casi todas partes, es la mentira habitual que mueve a las masas desinformadas; es el principal anestésico de las conciencias que se bloquean el acceso a la verdad de las cosas y, por consiguiente a la verdad Suprema, a la Luz que es el principio primero de inteligibilidad de lo real; y así se lanzan a crímenes sin cuento.

 

«¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!» [Sal 4, 7]. Adorar la Verdad es renunciar a ese principio diabólico, creer que la verdad es más fuerte que la mentira, que el bien acaba triunfando sobre el mal; que para alcanzar  el bien, el mal – la mentira- no es buen camino, aunque parezca más fácil. Adorar la Verdad es el camino de la paz interior y de la paz en la familia y en la sociedad.

 

Humildad y amor

 

No siempre es fácil descubrir las tretas del padre de la mentira, pero tenemos la afirmación rotunda de la Luz: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» [Jn 14, 6]. El Camino se inicia en la humildad de una gruta. En Belén acuden a adorar los Magos, hombres sabios, poderosos, que se postran ante la Verdad [Mt 2, 11].  El diablo no puede postrarse ante la verdad, por la sencilla razón de que «no tiene rodillas». Así se representaba antiguamente al diablo, sin rodillas, según he leído en un artículo del entonces cardenal Ratzinger. El padre de la mentira no tiene rodillas, no es capaz de arrodillarse ante la Verdad. La soberbia es impermeable, finge diálogo, pero no logra más que un monólogo ególatra.

 

Las verdades parciales, fragmentarias, pueden parecer duras, difíciles de entender, comprender o asimilar, pero la Verdad es siempre luminosa: es la Luz, y la Luz es Vida y la vida es Sabiduría y la Sabiduría es Amor. Desde ella se comprende que toda verdad es un bien que conduce a la vida plena. Juan Pablo II solía utilizar con insistencia la expresión «verdad del hombre», «verdad del mundo», «verdad de Dios», verdad, en fin, de lo que fuera tema de su discurso. Toda verdad conduce a la Verdad Primera, y desde la Verdad Primera se puede volver a contemplar las verdades segundas y entonces se ven con una nueva dimensión, con una nueva belleza, en plenitud de sentido. Conocer y amar no son actividades independientes. El amor a la verdad es, en muchos casos el único recurso para discernir, e identificar –con la mano en el corazón- al padre de la mentira y a la Palabra de la Verdad. Humildad y amor se confabulan en el encuentro luminoso de la Verdad fascinante.

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[1] Cfr. San Josemaría Escrivá, Conversaciones, 114.
[2] Cfr. Id. Es Cristo que pasa, 13.

www.arvo.net 


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CONCILIO VATICANO II

 

La igualdad fundamental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. Porque todos ellos, dotados de alma racional y creados a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mismo origen. Y porque, redimidos por Cristo, disfrutan de la misma vocación y de idéntico destino. Es evidente que no todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad física y a las cualidades intelectuales y morales. Sin embargo, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino. En verdad, es lamentable que los derechos fundamentales de la persona no estén todavía protegidos en la forma debida por todas partes. Más aún, aunque existen desigualdades justas entre los hombres, sin embargo la igual dignidad de la persona exige que se llegue a una situación social más humana y más justa. Resulta escandaloso el hecho de las excesivas desigualdades económicas y sociales que se dan entre los miembros y los pueblos de una misma familia humana. Son contrarias a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la persona humana y a la paz social e internacional. Las instituciones humanas, privadas o públicas, esfuércense por ponerse al servicio de la dignidad y del fin del hombre. Luchen con energía contra cualquier esclavitud social o política y respeten, bajo cualquier régimen político, los derechos fundamentales del hombre. Más aún, estas instituciones deben ir respondiendo cada vez más a las realidades espirituales, que son las más profundas de todas, aunque es necesario todavía largo plazo de tiempo para llegar al final deseado. Constitución Gaudium et spes, 29

 

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S. S. Juan Pablo II Magno se ha convertido en el líder espiritual y en el punto de referencia ético más importante de nuestro tiempo. Y es que el hombre, aunque esté en la oscuridad, no puede sino anhelar, alegrarse y entusiasmarse cuando, con valentía y coherencia, alguien le muestra la Luz, el Bien, el Amor y la Belleza a que está destinado. 2005.

 

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Simbiosis de violencia y mentira,

denuncia de Solzhenitsyn

 


Antonio Orozco-Delclós


La simbiosis entre violencia y mentira es una de las ideas más vigorosas de Alexander Solzhenitsyn (1). En su discurso preparado para la recepción del Premio Nobel de Literatura, nunca leído oficialmente y publicado en agosto de 1972, Solzhenitsyn, escribía unas palabras llenas de actualidad:

«No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira»

Poco más tarde, en un artículo titulado «¡Rechacemos la mentira», difundido contemporáneamente a su detención, febrero de 1974, advertía:

«No cada día, ni en cada hombro, posa la violencia su pesada zarpa: sólo exige de nosotros sumisión a la mentira [...] Aquí yace precisamente la clave que despreciamos. La más sencilla, la más asequible para nuestra liberación: ¡la no participación personal en la mentira! [...] Cuando las gentes se apartan de la mentira, ésta sencillamente, deja de existir»

Comentando estos párrafos el argentino Luis María Sandoval apostilla: «es de recordar que Cristo Nuestro Señor no llamó al Demonio «padre de la violencia», sino padre de la mentira (Jn 8, 44)» ("Cuando se rasga el telón", Speiro, 1992, pág. 220)


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(1) Alexander Solzhenitsyn nació en 1918 en el pueblo de Kislovodsk, en el sur del país. En su juventud fue un apasionado leninista que incluso participó en el Ejército Rojo, hasta que sus comentarios críticos sobre Stalin lo llevaron a prisión en 1945. La vida del escritor fue un exilio perpetuo. Oficial del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, fue castigado y enviado a los campos de trabajo forzado por criticar el sistema stalinista. Con el deshielo de Kruschov vino su rehabilitación. Su novela "Un día en la vida de Ivan Denisovish", publicada a principios de los años setenta, en la que relataba las penalidades de un preso político, tuvo un impacto impresionante. Solzenitsin fue propuesto para el Premio Lenin de Literatura, máximo galardón para un escritor. Sin embargo, cuando poco después comenzaron los intentos de rehabilitar a Stalin y su época, la censura prohibió la publicación y mera posesión de su obra literaria. Sus novelas fueron retiradas de todas las bibliotecas y la posesión de las mismas se convirtió en delito contra el Estado. El escritor respondió con numerosas cartas abiertas.
En 1969, es expulsado de la Asociación de Escritores. En 1974, poco después de la publicación en Occidente de la novela "Archipiélago Gulag", fue enviado al exilio. Estableció su residencia en Vermont, EE.UU. En 1975, con 52 años de edad le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. Sin embargo, temeroso de que se le impidiese ingresar de nuevo a la Unión Soviética, se negó a asistir a Estocolmo a recibir el galardón.
Con la llegada de Gorbachov al poder a mediados de la década de 1980 y la implementación de la glasnost, la censura que pesaba sobre el trabajo literario de Solzhenitsyn fue eliminada y sus obras nuevamente publicadas.

Regresó a Rusia en el verano de 1994, tras veinte años de exilio. Llamado a proponer alternativas al régimen soviético, rechazó el énfasis Occidental sobre la democracia y la libertad individual, pugnando, en cambio, por la formación de un régimen benévolo si bien autoritario, que perfilara sobre los recursos los tradicionales valores cristianos de Rusia.

 

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P: ¿Cuál es la principal diferencia entre Marxismo-revolucionario y Marxismo-leninismo?

 

R: El marxismo por definición es revolucionario como sabe cualquiera que haya leído el Manifiesto comunista. Lenin es uno de los grandes referentes de cómo llevar a cabo esa revolución pero, obviamente, no es el único. Por ejemplo, el PSOE’español’ compartió desde su fundación esa misma tesis –y lo demostró en varias ocasiones: 1917, 1930, 1931, 1934, 1936... – sin referencia, al menos en sus primeras décadas, a Lenin.

Dr. César VIDAL. Filósofo, teólogo, dr. en historia antigua, licenciado en derecho.

 

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P: En una ocasión dijo que no se debía elogiar a Napoleón porque conquistó un continente entero que no le pertenecía y ordenó diversas matanzas. ¿Por qué no se aplica usted el mismo cuento al hablar de las conquistas españolas en América?

 

R: Pues porque a pesar de la diferencia de siglos la conquista española no fue racista –sí lo fue Napoleón– no pretendió el exterminio de poblaciones –sí Napoleón– implicó leyes humanitarias – todo lo contrario de Napoleón– y, sobre todo, no se adornó con plumas ajenas como Napoleón que, por ejemplo, tuvo el descaro de atribuirse un código anterior a él y en cuya redacción no tuvo nada que ver. Francamente, era tan indeseable que no me extraña que millares de europeos lo tomaran por el Anticristo. La verdad es que la deuda que el género humano tiene con españoles, rusos y británicos por haber vencido a ese monstruo no será saldará nunca.

 

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P: Sadam es un asesino por lanzar bombas químicas pero EEUU es todo un ejemplo de moralidad según usted. ¿Le suenan de algo unas bombitas cargadas con gas naranja lanzadas sobre Vietnam que provocaron un número de víctimas civiles imposible de determinar?

 

R: Me suenan pero lo peor de Vietnam fue que la guerra la perdiera Estados Unidos. El triunfo comunista costó en apenas unos meses cuatro millones de muertos, muchos más que las décadas de guerra. Ahora eso sí, de esos vietnamitas la progresía todavía no ha dicho ni pío.

 

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P: Ahora resulta que según Torquemada (perdón, el portavoz de la Conferencia episcopal), la violencia doméstica se debe a la "revolución sexual". ¿No son ellos los que satanizan el divorcio lo que obliga a una mujer a seguir viviendo bajo el mismo techo que un hombre aunque este la trate como basura? ¿No cree que es una soberana estupidez lo de la revolución sexual?

 

R: 1. No comparto la interpretación católica del divorcio pero debo corregirle en el sentido de que el derecho canónico no obliga a nadie a seguir conviviendo con su cónyuge y existen causas de separación canónica. 2. No me parece una soberana estupidez lo de la revolución sexual. No creo que sea la única causa pero sí una de ellas. 3. Lamentablemente la violencia doméstica incluye a los niños (75 % maltratados por mujeres) y a otros miembros de la familia. Me gustaría que también se hablara de esa violencia.

Dr. César VIDAL. Dr. en filosofía, teología, historia antigua, licenciado en derecho, comentarista, articulista, escritor con más de 100 libros. 2004-02-17. España.

 

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“¿Cómo es posible imaginar un consejo o una confederación mundial cristiana, en la que cada uno de sus miembros pueda, hasta en materia de fe, conservar su sentir y juicio propio aún estos contradigan al juicio y sentir de los demás?... Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos... De esa diversidad de opiniones es fácil es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o "indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres... Porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual EL mismo la fundó para la salvación de todos... No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia... Vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y al esperanza de que La Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad, abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella...” [“Mortalium Animos”, ¿cómo fomentar la verdadera unidad de los cristianos?, de S.S. Pió XI, 1928]

 

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Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha colocado como Obispos [“episkopos”]: pastoreen la Iglesia del Señor, que ÉL [Jesucristo] adquirió con su propia sangre. 29Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño [y querrán acabar con La Iglesia]. 30De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas [deformarán la sana doctrina cristiana] e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. 31Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.” [San Pablo - Hechos Cap. 20]

 

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«La historia no está en manos de potencias oscuras, del azar o de opciones humanas» S. S. Benedicto XVI P.P.


«Ante el desencadenamiento de energías malvadas, ante la irrupción vehemente de Satanás, ante tantos azotes y males, se eleva el Señor, árbitro supremo de las vicisitudes de la historia».

«Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus "caminos", es decir, sus proyectos y sus "obras" eficaces».


«Esta intervención divina tiene un fin preciso: ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Las naciones deben aprender a "leer" en la historia un mensaje de Dios».

Para S. S. Benedicto XVI «la aventura de la humanidad no es confusa y carente de significado, ni está sometida a la prevaricación de los prepotentes y perversos» y, de hecho, «existe la posibilidad de reconocer la acción de Dios en la historia».

El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la constitución pastoral «Gaudium et spes», invita al creyente «a escrutar, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos para ver en ellos la manifestación de la acción misma de Dios».

«Esta actitud de fe lleva al ser humano a reconocer la potencia de Dios que actúa en la historia, y a abrirse así al temor del nombre del Señor», «temor» que no es «miedo», sino «el reconocimiento del misterio de la trascendencia divina».

«Gracias al temor del Señor no se tiene miedo del mal que irrumpe en la historia y se retoma con vigor el camino de la vida», repitiendo las últimas palabras de Jesús sobre la tierra: «¡Ánimo! yo he vencido al mundo».

Papa Juan XXIII, solía repetir: «el que cree no tiembla, pues el que cree no debe tener miedo del mundo ni del futuro».

S. S. Benedicto XVI P.P. 2005-05-11 – Vat. Roma – Italia

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo – Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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La cultura de lo efímero, del hombre light y del vacío tiene también su versión religiosa: la “Nueva Era”. De ella podríamos decir lo de Machado: “La Nueva Era ha venido y nadie sabe cómo ha sido”. Este nadie hay que entenderlo referido al ´´vulgo´´, eufemísticamente entendido conocido como el hombre de la calle. Porque los masones, los enemigos del cristianismo y los proxenetas de las ideas sí que lo saben.

 

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La condición del pueblo mesiánico, que tiene por cabeza a Cristo, es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo. Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó a nosotros. Y tiene como fin el dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que, al final de los tiempos, Él mismo también lo consume, cuando se manifieste Cristo, vida nuestra, y la misma criatura sea libertada de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de los hijos de Dios. Este pueblo mesiánico, por consiguiente, aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación. Así como al pueblo de Israel según la carne, peregrinando por el desierto, se le designa ya como Iglesia, así el nuevo Israel, que caminando en el tiempo presente busca la ciudad futura y perenne, también es designado como Iglesia de Cristo. Debiendo difundirse en todo el mundo, entra, por consiguiente, en la historia de la Humanidad, si bien trasciende los tiempos y las fronteras de los pueblos. Caminando, pues, la Iglesia en medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia de Dios, que le ha sido prometida para que no desfallezca de la fidelidad perfecta por la debilidad de la carne, antes, al contrario, persevere como esposa digna de su Señor y, bajo la acción del Espíritu Santo, no cese de renovarse hasta que, por la cruz, llegue a aquella luz que no conoce ocaso.
Constitución Lumen gentium, 9 – VATICANO II

 

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Lo primero que hay que decir sobre la humildad es que no se trata de apocamiento, o, como diría Clive Lewis, no se tata de hombres inteligentes intentando creer que son tontos y mujeres bellas haciendo ímprobos esfuerzos por creerse feas. La humildad -Santa Teresa dixit- es la verdad. Un hombre no es soberbio por el hecho de considerarse el mejor de su círculo social (si en verdad lo es). Es más, puede ser un gran humilde si está convencido de su superioridad y, a renglón seguido, deja de pensar en ello.

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!». Ad maiorem Dei gloriam.

 

 

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Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo Joseph Cardenal Ratzinger ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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3º Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007

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4º: ‘Inquisición’  historia crítica - Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.

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5º: ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi.  +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).