Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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«Creyó en la justicia. Practicó la justicia. Dejó la justicia en herencia. No le tembló el pulso ante los poderosos».

 

 

 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible. En todo caso, será muy difícil, en adelante, hablar de la Reina Católica sin tener en cuenta esto: «Creyó en la justicia. Practicó la justicia. Dejó la justicia en herencia. No le tembló el pulso ante los poderosos». Javierre confiesa estar hasta las narices del descaro y de la hipocresía de quienes hablan de la reina con tópicos y mentiras. «En mi presencia, no voy a consentir desacatos estúpidos a la majestad de la señora. Soy un converso de doña Isabel. He gastado tres años en echarme los documentos a la cara, y soy un converso. Hablo con el fervor de los conversos».

Editorial Sígueme, biografía de Isabel la Católica: El enigma de una reina, José María Javierre. 2004-06-06 España

 

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No solamente las sectas utilizan y auspician, porque necesitan la manipulación histórica. Las instituciones de la Iglesia ‘sin complejos’ están contra la desmemoria impuesta desde el poder de turno; el periodismo independiente cuando no fundamenta lo que escribe o dice, fomentando embustes y falacias. Deseando, con buena voluntad se puede, asombrosamente, resumir complicadísimos pasajes históricos con toda sencillez. Solo se requiere: amor a la verdad y objetividad histórica. Contra la manipulación histórica, el rigor de los que saben.

 

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1492, 17 de Abril - Capitulaciones de Santa Fe, entre Cristóbal Colón y los Reyes Católicos, para financiar el viaje a las Indias, que culminó con el descubrimiento de América.

 

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Adriano.

 

P: ¿A partir de qué fecha considera usted que existe España?

 

R: Como entidad política desde Roma, sin ninguna duda. Como nación con conciencia de tal desde los visigodos. Está en las fuentes.

 

P: Cuando utilizo la expresión Hispanoamérica al hablar con un progre parece que le chirrían los oídos. ¿Podría explicarnos cuales son las diferencias entre Hispanoamérica, Iberoamérica y Latinoamérica?

 

R: Latinoamérica es un término acuñado por los franceses para evitar la referencia a España y que no nos olvidemos de Haití (ejemplo del dominio colonial francés, dicho sea de paso). Tanto Iberoamérica como Hispanoamérica me parecen correctos.

Este diálogo con el Dr.César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 31 de octubre 2006

 

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¿QUÉ HABRÁ EN HISPANOAMÉRICA QUE, CON TAL DE EVITARLA, A TALES CONTRADICCIONES LLEVA? 

¡Es Latinoamérica o Hispanoamérica! 

Santiago Velo de Antelo. Y de nuevo a defender lo de uno mismo. Ya lo dijo Salvador de Madariaga: “¿qué habrá en Hispanoamérica que, con tal de evitarla, a tales contradicciones lleva?..., ¿quién no admitiría cómo las naciones rivales de España se las han arreglado para inventar eso de América Latina so pretexto de que en Haití se habla francés?”.

 

Madariaga tiene razón. El término correcto es el de Hispanoamérica, que incluye a toda la región americana de habla española con diecinueve países y casi cuatrocientos millones de personas. Si queremos ser aún más precisos, podríamos utilizar el de Iberoamérica, con lo que incluimos a Brasil y relacionamos a América con los dos países de la península ibérica que la evangelizaron y le dieron su cultura y su idioma. Técnicamente el único motivo para usar el término Latinoamérica es para incluir algún pequeño territorio del caribe que usa el francés como Haití o la Guayana, y que representan menos del 0,001% de todo el territorio del caribe, sur y centro de América.

 

Pero el motivo real para el uso del término Latinoamérica hay que verlo en dos aspectos. Uno político, ya que fue una expresión introducida por Napoleón III durante el siglo XIX para incluir a Francia entre los países con influencia en América y con posterioridad utilizado inteligentemente por Italia para respaldar su tardía emigración, así como por los anglosajones para debilitar la posición geoestratégica de España. Y otro por complejo. Aún hoy día, son muchos los descendientes de españoles que se llaman así mismos latinoamericanos, ya que creen que esto les hace herederos de algo más importante, olvidando que no ha habido en la historia nada más grande que la conquista y evangelización de América por España. Y que quien olvida su pasado es un indigno. 

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13. 03. 2014

 

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Sectas que dejan espacio a visionarios anunciadores de la fin del mundo ‘errando siempre’…; maníacos puros de la casta de los intocables ‘blanqueados’, sospechosos, oscuros y dudosos charlatanes; propicios al negocio fácil, con la Biblia como zotal.

El tiempo, que suele ser tozudo, inapelable e inmisericorde, sin duda, ya da testimonio de ello. Que una persona en una secta, esté errada doctrinalmente no prejuzga nada de su condición moral.

 

La Leyenda Negra nació a partir de la década de 1560

Durante siglos, los reyes, los diplomáticos y los militares españoles ganaron todas las batallas, salvo la de la propaganda. Desde la Reconquista de Granada en 1492 a la guerra de Sucesión, concluida en 1714, las armas del Imperio español vencieron a todos sus enemigos, con muy pocas derrotas. Sólo perdieron, de manera absoluta, la guerra de las mentes. La Leyenda Negra nació a partir de la década de 1560, cuando España combatía contra los ingleses y los rebeldes holandeses. Las primeras traducciones de la Brevísima Relación de la Destrucción de las Yndias, del obispo Bartolomé de las Casas, se publicaron en Amberes. ¿Deseo de ilustrarse o campaña de desprestigio? El historiador norteamericano Philip Powell describe en La Leyenda Negra. Un invento contra España cómo surge esa campaña en el mismo siglo XVI y cómo se extiende por el mundo y perdura hasta hoy. “Dudo de que haya materia extranjera enseñada en nuestras universidades y escuelas tan cargada de prejuicios inhibidores como la cultura hispánica”, escribe el autor. Los intelectuales, periodistas y políticos que no se atreven a decir una palabra sobre el Islam, el colonialismo, los judíos o los negros que no esté aprobada por la corrección política, para no mostrarse como racistas o ignorantes, repiten tópicos centenarios sobre la Inquisición, los conquistadores y los misioneros, las causas del atraso de Iberoamérica y el ser de los hispanos. El autor, nacido en California, conocía ampliamente el mundo anglosajón y el hispano, y con su obra universitaria trató de remover los prejuicios que impedían a los anglosajones relacionarse con españoles e iberoamericanos. Como acicate para sus compatriotas, les recuerda que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos son víctimas del mismo mecanismo propagandístico. El español el único pueblo del mundo que ha asumido las mentiras, las exageraciones y los insultos que sus enemigos han dicho sobre él. El primer paso para liberarnos de este peso es conocer la verdad. Philip Powell (California, 1913-1987) fue doctor en Historia y profesor en la Universidad de California y se dedicó al conocimiento del mundo hispánico. La Administración de Estados Unidos contó con sus conocimientos como experto en el mundo hispánico y el Gobierno español le nombró en febrero de 1976 miembro de la Orden de Isabel la Católica. ‘LA LEYENDA NEGRA. Autor: Philip W. Powell 2008

 

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Callar ante la injusticia y la mentira es hacerse cómplice de ellas. Puede entenderse tal postura en una situación en que hablar encierra grandes peligros, pero en la democracia no hay excusaLos derechos se defienden ejerciéndolos, y la inhibición, precisamente, socava las libertades y ayuda a los demagogos.

Una voz del exterior de gran fuerza moral, sin embargo, en algunas circunstancias bien precisas, frente a totalitarismos, puede y debe callar (que no es ocultar o mentir), para no engendrar más peligro y posible victimas.

 

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«Isabel la Católica ha sido injustamente tratada»

 

Luis Suárez Fernández fue premiado ayer con el Nacional de Historia por su obra «Isabel I, Reina», donde traza «una idea clara de una época esencialmente española» y de una figura «injustamente tratada». Se premia así más de medio siglo investigando sobre el reinado de los Reyes Católicos, un periodo capital de nuestra historia y del que ha publicado innumerables obras.

Dice Luis Suárez que «Isabel I, Reina» es una obra cuyo único mérito reside en poner a disposición del público los conocimientos que toda una generación de historiadores ha ido acumulando gracias a la abundante documentación recogida: «Me parece que así presto un servicio para que se conociera esta figura tantas veces controvertida y además injustamente tratada, ésta es la realidad. Con sus virtudes y defectos, éxitos, aciertos, equivocaciones, como en todo».

-¿Es obra para el gran público?

-He publicado durante el último medio siglo ensayos y libros sobre este asunto. Lo que pasa es que eran, por así decirlo, para eruditos, para entendidos en la materia. Y en cambio ahora lo que he tratado de hacer es un libro más de carácter general.

ABRIR LOS ARCHIVOS DE FRANCO

-Usted sacó a la luz su primer trabajo, «Aportación castellana a la Guerra de los Cien Años», en 1950. A renglón seguido editó «Matrimonio y derechos sucesorios de Isabel la Católica, «El proceso de la unidad española», «Los judíos españoles y la ciencia española»... La investigación ha sido y es su gran pasión ¿Cómo ve el estado de la cosa?

-Indudablemente yo he tenido la oportunidad de trabajar sin prisas, con la enorme facilidad que daba el Archivo, con la experiencia que tenían los funcionarios, con la capacidad de ayuda que recibíamos; todo eso es impagable. Hemos progresado mucho. Lo que pasa es que no hay que olvidar a las generaciones que trabajaron en los años veinte y treinta a las cuales ya los hombres de mi época debemos mucho y me imagino que los que ahora trabajan pendientes de la mía, también. Creo que ha habido en esto una continuidad que trae consigo el gran desarrollo del conocimiento histórico. No hay que confundir la tarea de los profesionales de la Historia con lo que aparece algunas veces como obra de aficionados.

-Dicen que usted es una de los pocos investigadores que ha tenido acceso a los Archivos de Franco. En 1984 publicó «Francisco Franco y su tiempo» en ocho volúmenes. Ahora aseguran que se van a abrir los «papeles de Franco». ¿Qué le parece?

-Eso es lo que hay que hacer. Se estaba pensando cuál era el procedimiento mejor y parece que se ha optado por informatizar los documentos para que puedan estar al alcance de los especialistas.

«LA MONARQUÍA, LA MEJOR FORMA»

-Isabel I estableció el principio de que las mujeres pueden reinar y asentó la Monarquía.

-La Monarquía es una forma de Estado. Hasta ahora, la mejor forma de Estado que se ha podido descubrir como la experiencia nos va demostrando. Se basa en que entre Rey y reino hay como una especie de contraste y de conocimiento de la Ley. Eso es lo que intentaron hacer los Reyes Católicos. El sentido del deber que lleva consigo la Monarquía es fundamental, esencial. Yo creo que eso es lo que los Reyes Católicos consiguen establecer ya de una manera definitiva. Gracias a ello crean la Unión de Reinos, restauran lo que es la Comunidad española que ya había existido en la época de Roma y crean el concepto de persona, de derechos, etc... No olvidemos que el testamento de Isabel la Católica es el que por primera vez, de una manera oficial, establece los Derechos Humanos.

-¿Qué aclara en su ensayo?

-Siempre habíamos creído que Isabel había planteado a Doña Juana -a quien ella jamás llamó la Beltraneja-: «Te casas o te haces monja». Y no es verdad. Doña Juana fue la que, con una gran dignidad, dijo que ella no se atenía a ninguna condición y que se iba al Monasterio para recobrar su libertad, que perdería de otra manera estando inmersa en una Corte.

-¿Nos aguarda un futuro mejor o peor que el de la época Católica?

-El mundo necesitaría una especie de fuerte reconversión moral para enfrentarse a la amenaza moral que en estos momentos tiene. Y eso es lo que no se ve y lo que verdaderamente me preocupa. No se trata de una cuestión de recursos materiales sino de tener una propuesta para el mundo que sea superior a todo el odio y la destrucción del terrorismo internacional.

Finalistas del premio resultaron don Antonio Domínguez Ortiz por «España. Tres milenios de Historia» y Miguel Ángel Ochoa. El Jurado, presidido por Fernando de Lanzas, lo componían Hugo O´Donnell, Juan Pérez de Tudela, José Manuel Pita, Juan Velarde, Quintín Aldea, Carmen Iglesias y Carlos Seco Serrano.
ABC, Madrid, 14-XI-2001

 

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

 

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. 2005.

 

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Isabel la Católica -En cuanto al tema de la unidad religiosa de España, objetivo primordial para Isabel, ha sido uno de los que más tinta ha hecho correr y, en muchas ocasiones, sin toda la objetividad que hubiera sido de desear. especialmente en lo que concierne a los judíos que, visto con la perspectiva actual, puede ser tomado como un error. Conviene hacer algunas puntualizaciones:

En primer lugar, en la Edad Media y gran parte de la Edad Moderna, la Iglesia y el Estado estaban tan fuertemente imbricados que se afirmaba que el poder real era de origen divino y que cualquier desviación de la doctrina católica era considerada como un delito contra el Estado.

En segundo lugar la Inquisición, creada por el Papa Gregorio IX en 1231, se redacta tomando como modelo la ley imperial promulgada por Federico Barbarroja (poder secular) que imponía la pena de muerte a los herejes (a todos y no solamente a los judíos) y, en esta época, los herejes eran los cátaros y los albigenses. La represión contra estos fue especialmente cruel (hay serias dudas de que realmente fueran herejes) llegando casi a la extinción de los mismos.

Pero en España, aunque existía el Tribunal de la Inquisición en el Reino de Aragón, desde Jaime I el Conquistador (más cercano geográficamente a los cátaros que ningún otro reino de España) no se hizo nada contra ellos porque, en realidad, no empezó a funcionar hasta los tiempos de los Reyes Católicos. En Castilla este Tribunal no se instauró hasta 1483.

La tercera cuestión es que España fue el último de los reinos europeos en instaurar la Inquisición, habiendo sido los reyes castellanos extremadamente tolerantes y generosos con la comunidad judía. Hubo algunos problemas entre estos y la población de las ciudades nunca alentados por la corona.

En Alemania ya había habido persecuciones en el S. IX también por causa de la población civil. Los reyes, no solamente los castellanos, fueron los que más se beneficiaron de la presencia de los judíos en sus tierras ya que, con mucha frecuencia, fueron sus asesores, sus banqueros, sus médicos, (las amantes en muchas ocasiones) etc. El brazo derecho de Fernando fue precisamente un judío converso, Santángel, por lo que eran (los reyes) los menos interesado en que se fueran del país. La población civil soportaba mal la facilidad y capacidad que tenían estos para enriquecerse, no podían casarse con ellos (lo que les hubiera permitido acceder a sus fortunas) porque sus costumbres les hacia casarse siempre con personas de su raza, eran muy inteligentes y desarrollaban trabajos bien remunerados que no estaban al alcance de los cristianos. ¿Era un problema de simple envidia?. Las acusaciones de estos contra los judíos: crucificar niños el Jueves Santo, alimentarse con su sangre, envenenar las aguas, difundir epidemias, profanaciones de la Sagrada Forma,... nunca fueron probadas.

Un dato curioso es que las leyes contra el pueblo judío en Europa tuvieron su origen en un antiguo judío converso, expulsado de su sinagoga acusado de averroísta. Se llamaba Nicolás Domín, dominico, que, en 1236 presentó al Papa Gregorio IX una denuncia contra ellos en la que afirmaba que, en el Talmud (Obra literaria y religiosa escrita que recoge el comentario a la Misná elaborado por los maestros judíos de Palestina entre los siglos III y V. Su nombre en hebreo (Talmud) significa ´estudio´) , había 35 proposiciones que atacaban al cristianismo.

Esto hizo que, los conocidos como “talmudistas” fueran considerados como herejes y que Inocencio IV ordenara la destrucción del Talmud. Sin embargo, en Castilla ni se destruyó ni se cambio la actitud hacia ellos pero, en Europa, durante los siglos XIII y XIV se decidió que la solución a este “problema” era la de hacerles abandonar sus países de residencia. Fue un gran éxodo que llevó a muchos de ellos a países al Este de Europa (Rusia, Polonia, Ucrania, Lituania,...) donde vivieron y se multiplicaron hasta las terribles persecuciones del S. XX.

En España fue Raimundo Lull el que dijo que los judíos, (los rabinos) debían demostrar que las Promesas se habían cumplido y, en caso de no hacerlo, tenían que ser adoctrinados y bautizados. Si esto no se producía debían ser expulsados (solamente los relapsos).

Todo esto no pretende ni alabar, ni justificar la expulsión de los judíos de España, sino situar los hechos en su contexto histórico. No cabe duda de que las consecuencias fueron perjudiciales para la economía del país, cosa que, por otra parte, era sabida y valorada por la Reina Isabel y que para ella era un mal necesario, antes que actuar en contra de los principios, directrices y criterio de la Iglesia Católica. La “vox populi” acabó convirtiendo su odio hacia esta raza en antisemitismo ya que decían que el judío sigue siéndolo aunque se bautice.

En 1432, por iniciativa de Don Álvaro de Luna (que tenía como asesor a un preclaro judío) se celebró una asamblea de las aljamas (sinagogas) que determinó, supervisado por las Cortes, el nombramiento por el rey de un Rabino Mayor que se responsabilizaba del comportamiento de los judíos en sus relaciones con los cristianos lo que se tradujo en un período de relaciones mucho más pacíficas entre las dos comunidades. El último de los nombrados, Abraham Seneor, desapareció al publicarse el Edicto de expulsión.
Este se publica el 31 de marzo de 1492 (Francia, Inglaterra y Austria lo habían hecho el siglo anterior y de los Estados Pontificios nunca fueron expulsados (¿contradicción entre su doctrina y los hechos?). Para asegurar la legalidad de esta expulsión se establecían tres condiciones que debían cumplirse:

• Los delitos tenían que ser los que se habían admitido como tales; simonía, usura y herética pravedad (iniquidad).

• Se otorgaba un plazo de cuatro meses para abandonar el país o para convertirse al cristianismo mediante el bautismo. Los que lo hicieran serían considerados iguales a los cristianos viejos.

• Se les reconocía la plena propiedad de todos sus bienes, tanto muebles como inmuebles, sometiéndose a las leyes que prohibían la salida del reino de oro, plata, caballos y armas pero podían venderlo antes de salir y llevar su importe en letras de cambio o mercancías de libre circulación.

 

No hay documentos precisos de cuántos fueron los que abandonaron España ni de los que se convirtieron y quedaron en ella. Las cifras que se dan normalmente suelen ser exageradas. Se puede afirmar sin temor a equivocarse que fueron más los que salieron que los que se quedaron.

La expulsión de los moriscos ha sido otro hecho controvertido. Según los documentos, antes de la conquista de Granada, había en los reinos de Castilla y León unos 17.000 musulmanes muy repartidos por la península, gente pobre, poco formados intelectualmente y dedicados en su mayoría a la agricultura. En el reino de Granada vivían unos 300.000.

Siguiendo los reyes su política de conseguir la unidad religiosa y, manteniendo las capitulaciones de Santa Fe con las que se cerró la conquista de Granada, quisieron atraer a los musulmanes a la religión católica. Esta misión fue encomendada al Conde de Tendilla y al Arzobispo Talavera que pusieron todo su empeño en ello, hasta el punto de que Tendilla aprendió el árabe para comprender mejor sus problemas y peticiones escribiendo un sencillo catecismo en esa lengua. Unos años antes Isabel había acogido a los moriscos expulsados de Portugal concediéndoles el mismo estatus que el que tenían los que vivían en España por las mencionadas Capitulaciones.

Pero intervino el Cardenal Cisneros diciendo que los derechos de los moriscos así concedidos, competían a la autoridad civil y que el tema religioso que ellos planteaban, correspondía a la Inquisición. Así la evangelización se hizo más dura, con amenazas y con castigos, lo que produjo algunas revueltas y pequeñas guerras de las que la más importante se dio en las Alpujarras, donde tuvo que ir Fernando personalmente para reducirlos.

No cabe duda que fueron muchas las conversiones, una buena parte no sinceras pues se hacían para conseguir los premios económicos y la mejora de su situación jurídica que se les ofrecía. Pero las revueltas armadas, las presiones y las exigencias de Cisneros de que debía considerarse a los moriscos como herejes, hizo que se firmara el edicto de expulsión el 11 de febrero de 1502 teniendo que irse, la mayor parte de ellos, al Norte de África.

2006-02-09-Agradecemos a: Rafael Osset y Manso de Zúñiga - Octubre 2004

 

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Cristianismo, ¿religión europea?

 

Valores para tiempos de crisis. Aceptar el desafío del futuro es el título del último libro de Benedicto XVI, publicado en Alemania en enero de 2005, y en Francia el 23 de junio, por la editorial Parole et silence. Ofrecemos un fragmento del mismo

 

En las discusiones sobre la historia de la misión cristiana, es corriente hoy en día decir que, por medio de la misión, Europa (Occidente) impuso su religión al mundo: habría ejercido un colonialismo religioso, parte del sistema colonial en general. La renuncia al eurocentrismo debería implicar, entonces, renunciar a la actividad misionera.
Esta tesis merece, para empezar, algunas observaciones de orden histórico. Como sabemos, el cristianismo no nació en Europa, sino en Asia, en el Próximo Oriente, punto de contacto de los tres grandes continentes que son Asia, África y Europa. Un contacto que nunca fue exclusivamente geográfico; Asia Menor fue el lugar de encuentro de las corrientes de pensamiento de los tres continentes. En ese sentido, la
interculturalidad forma parte del cristianismo desde sus propios orígenes. Durante varios siglos, la actividad misionera se extendió tanto hacia el Este como hacia el Oeste. El cristianismo, que tenía su cuna en el Próximo Oriente, en seguida penetró en la India; la misión nestoriana llegó hasta China, y en cuanto al número de fieles el cristianismo asiático y el europeo iban más o menos a la par. Fue la expansión del Islam la que, en gran medida, redujo la vitalidad del cristianismo en el Próximo Oriente y aisló a las comunidades cristianas de India y Asia de los centros de Siria, Palestina y Asia Menor, contribuyendo así de forma decisiva a su desaparición.
¿Puede decirse que el cristianismo se hizo europeo a partir de entonces? La respuesta es, a la vez, sí y no. En efecto, la herencia de los orígenes, que se había constituido fuera de Europa, seguía siendo la raíz vital del conjunto, y por ello seguía constituyendo la crisis y la crítica de lo puramente particular, de lo europeo. Lo que llamamos
europeo no es una masa monolítica, sino que forma temporalmente y culturalmente un conjunto muy complejo y heterogéneo.
En primer lugar, hubo un proceso de inculturación en el mundo griego y romano, seguido por la inculturación en el mundo germánico, en el mundo eslavo y en los nuevos pueblos latinos. Todas esas culturas han recorrido un largo camino desde la antigüedad, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna, hasta la Edad contemporánea. En cada etapa de la Historia, el cristianismo tenía que nacer de nuevo; y no era cada vez más que sí mismo. Puede resultar útil observar algunos ejemplos.
Podemos recordar la historia de la conversión de san Agustín: la lectura del libro
Hortensius, de Cicerón, había abierto en él como una brecha de nostalgia de la belleza eterna, nostalgia del encuentro y del contacto con Dios. A causa de la educación que había recibido, estaba claro para él que la respuesta a esa nostalgia despertada por la filosofía había de encontrarse en el cristianismo. Pasó, pues, del Hortensius a la Biblia, y sufrió un choque cultural. Cicerón y la Biblia –dos mundos tan diferentes– entraron en colisión, dos culturas chocaron. «No, no puede ser eso», tal fue la experiencia de san Agustín. La Biblia le pareció pura barbarie que no podía llegar a la altura de las exigencias espirituales derivadas de la filosofía romana. Podemos considerar el choque cultural sufrido por san Agustín como la expresión sintomática de la novedad y de la alteridad del cristianismo: este último no surgió de lo propio del espíritu latino, que no obstante manifestaba una espera latente de Cristo. Para hacerse cristiano, san Agustín –el mundo grecorromano– tuvo que proceder a un éxodo, durante el cual, finalmente, le fue dado de nuevo lo que había perdido.
El éxodo, la ruptura cultural, el
muere y transfórmate que implica, es el esquema fundamental del cristianismo. Su historia comienza con Abraham, que recibe esta llamada de Dios: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre» (Gen 12,1). El éxodo de Israel al salir de Egipto, auténtico acontecimiento fundador del pueblo de Israel, estaba anticipado en el éxodo de Abraham, que fue también una ruptura cultural. En la línea de la fe de Abraham, podemos decir de la fe cristiana que nadie la encuentra sencillamente como se encuentra algo que ya nos pertenecía. Es algo que irrumpe desde fuera. Y siempre será así. La venida al cristianismo no puede ser cada vez sino un nacer de nuevo. 


Romano Guardini ha subrayado un aspecto importante de este esquema fundamental del cristianismo y de la fe cristiana, que no brota de nuestra propia interioridad, sino que nos llega desde fuera. El cristianismo, la fe cristiana –dice–, no son un producto de nuestra experiencia íntima, sino un acontecimiento que, desde fuera, viene a nuestro encuentro. La fe reposa sobre la irrupción de algo –o de alguien– que nuestra experiencia nunca podría alcanzar por sí misma. Tal es el sentido de la noción de Revelación: algo que no es mío, algo que no existe en mí, viene hacia mí y me arranca a mí mismo, me arrastra más allá de mí mismo, crea algo nuevo. Este movimiento implica también la historicidad del cristianismo, que se funda en acontecimientos, no en una percepción de las profundidades de mi propio mundo interior a la que después llamaríamos
iluminación. La Trinidad no es objeto de nuestra experiencia; es algo que se nos dice desde fuera y viene a nosotros como Revelación. De igual forma, la encarnación del Verbo es un acontecimiento cuya noticia no procede de una experiencia íntima. Esta venida desde fuera escandaliza al hombre en busca de autonomía y autosuficiencia; es, para todas las culturas, un escándalo. Cuando san Pablo dice que el cristianismo es un escándalo para los judíos, una locura para las naciones paganas, quiere expresar así la particularidad de la fe cristiana que, a todos, llega desde fuera. Pero precisamente esa irrupción novedosa, al atravesar el ámbito de nuestra experiencia, al sobrepasar nuestra conciencia de la identidad de las cosas, nos hace remar mar adentro, en una realidad dilatada, y nos abre de esa manera la posibilidad de unirnos unos con otros, más allá del pluralismo.

Joseph Cardenal Ratzinger, traducción del francés de Teresa Martín- 2005-10-21

 

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De aquella época: Protestantismo - Si vamos a la raíz de lo que origina estos desacuerdos [con evangélicos diversos protestantes y evangelistas], vemos que ocurren cuando cada persona al estar convencida de que su interpretación de la Biblia es la correcta, simplemente la del otro es una herejía. Para este tipo de Iglesias y personas que no aceptan que lo que la Biblia dice “puede” ser diferente a los que ellos interpretan, nunca será posible reconocer que la otra parte puede tener argumentos bíblicos para pensar lo que piensa, y nunca buscará conciliar diferencias como lo hacían los primeros cristianos en la Iglesia primitiva (Hechos 15) deliberando unidos en Concilio.

Mientras la Iglesia Católica siempre ha seguido el modelo bíblico y ha tomado sus decisiones en conjunto y dichas decisiones han sido acatadas por los fieles, para las iglesias protestantes las decisiones tomadas por la Iglesia en concilio son “palabras de hombre”, les importa “un pepino” y se ven obligadas a reinterpretar todas las Escrituras una y otra vez, generación tras generación, basándose en la interpretación humana de su fundador. Cosa que es mucho peor porque es la interpretación de un individuo versus la interpretación de la Iglesia entera.

Scoth Hann un Ex–pastor presbiteriano ahora convertido al catolicismo resume esto en una frase que dice: “Mientras los protestantes están discutiendo el menú, nosotros estamos disfrutando el banquete”.

Por eso dice la Escritura:

“Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios.” 2 Pedro 1,20-21

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»” Mateo 16,17-18

 

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Sabios no tan sabios.Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Historia - "El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ‘crítica de la cultura puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr. 2000.

 

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Pues bien, no es la Monarquía el garante de la unidad. Ninguna Monarquía ha garantizado la unidad de un país, nunca jamás. Lo que garantiza la unidad de un colectivo humano es la adhesión de la mayoría de sus miembros a los principios que dieron origen a ese país. En el caso de España, fue el Cristianismo el que mantuvo la unidad de la patria, porque fue el Cristianismo, en lucha con el Islam, quien forjó este Estado, plurinacional o no. En consecuencia, el abandono es esos principios cristianos sí que puede romper España. Los Reyes Católicos, tan denostados hoy, no suspiraban por una España unida, sino por una España cristiana. El testamento de Isabel la Católica no habla tampoco de una América unida, ni de un imperio iberoamericano, sino de una hispanidad cristiana, y por eso exige respeto a los indígenas, porque, argumenta la Católica, son hijos de Dios, tan hijos como los españoles (si sería reaccionaria, la individua, que hablaba de filiación divina. No sé donde vamos a parar...). 2004.

 

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P: Ha dicho que los Reyes Católicos han sido los mejores monarcas que ha tenido España. De estas decisiones: ocupación de un continente entero que no nos pertenecía, asesinato de millones de indígenas, esclavización de otros tantos, imposición de nuestra cultura y religión, expulsión de los judíos, ¿cuál es que más le ha gustado?

R: El trato a los indígenas como súbditos y no como esclavos (a diferencia de otras potencias), la prohibición de la esclavitud de aquellos que habían sido reducidos a ese estado por Colón, la unificación de la cultura de casi todo un continente en el que las luchas tribales eran feroces, la inclusión de ese continente en la esfera occidental, la consumación victoriosa de la lucha secular contra el Islam... hay más pero me falta espacio. 2003-03-27 DR. César VIDAL. Esp.

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P: ¿Cree que Expaña debe pedir perdón por la actuación de la Inquisición al pueblo judío, como ya han hecho el Vaticano y países como Francia e Italia por la colaboración de sus gobiernos y parte de su población en el Holocausto? ¿Fue derogada explícitamente la pragmática de los Reyes Católicos de 1492 que expulsaba a los judíos?

 

 

R: He perdido la cuenta de las veces que se ha pedido perdón y se ha derogado explícitamente el decreto de marras pero, como mínimo, mínimo, han sido tres. Ya está bien, ¿no le parece? Porque Inglaterra no ha armado tanto jaleo y expulsó a los judíos antes.

 

 

 

P: Me gustaría saber si las fuentes judías confirman la intervención de los mandatarios judíos en la condena a muerte de Jesucristo. Gracias

 

 

R: Sí, incluso existe alguna fuente talmúdica que les atribuye en exclusiva la condena. El dato no es correcto pero sí significativo.

 

 

2004-01-27 – Dr. César Vidal, historiador antiguo, filósofo, licenciado en derecho.

 

 

 

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Unión de reinos. La monarquía de los Reyes Católicos amplió, en opinión de Luis Suárez, el modelo que la Corona de Aragón había establecido, y creó «una unión de reinos», entre los que se encontraban «todos los españoles, además de dos italianos». La base fundamental estaba en una división del poder en dos niveles, el mas alto, es decir, la soberanía, era único y correspondía a la Corona, con responsabilidades en diplomacia, guerra, justicia y economía. Otro nivel le correspondía a cada reino, porque cada uno de ellos conservaban sus cortes, sus fueros y su propia organización. Este sistema, subrayó Luis Suárez, «fue capaz de crear libertades porque, apoyándose en principios morales del cristianismo llegó a reconocer la existencia de derechos naturales en el hombre». La teoría y la doctrina «no siempre se aplica», dijo, pero fue «el sistema mediante el cual España no creo un imperio colonial sino una Unión de Reinos en donde México y Perú, más tarde Chile o Nueva Granada, aparecían como entidades políticas». 2004-04-13

 

 

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Isabel la Católica –Cristóbal Colón llegó a la Rábida en la primavera de 1483, después de haber pasado bastante tiempo en Portugal, donde había aprendido mucho sobre cartografía y tomado contacto con los marinos portugueses. Viene a España porque el rey de Portugal no quiso “embarcarse” en el sueño de Colón y también, según algunas fuentes, para huir de los que le acusaban de haber robado algún documento importante de la Escuela de Navegación.

En ese momento la conquista de Granada ocupaba todos los esfuerzos de los Reyes Católicos y Colón comprendió que tenía que esperar para poder ofrecer su proyecto que no era otro que el de alcanzar las costas de China (país de las especias) y Japón navegando hacía el oeste en vez de por la ruta normal que era la de dar la vuelta a África hasta alcanzar la India, con lo que se acortaría enormemente la travesía y, por tanto, el coste de las especias.

Cuando finalmente pudo hablar con ellos les presentó unas condiciones para llevar a cabo la empresa que eran realmente exageradas pero que para él, que era un soñador imbuido de su excelencia, le parecieron imprescindibles. Estas eran las siguientes:

• Tener la categoría y el nombramiento de Almirante de la flota.

• Ser nombrado Gobernador y Virrey de todas las tierras descubiertas.

• Percibir el diez por ciento de toda las rentas obtenidas en dichos territorios, incluidas las minas y participar, con un doce y medio por ciento, en el capital necesario para financiar el viaje.

A los reyes les pareció una locura, especialmente a Fernando que, en un momento de las negociaciones, le dijo a Isabel que las rompiera y que Colón hiciera lo que quisiera sin el apoyo de la corona, sin nombramientos, ni títulos, ni rentas.

Quizá lo que menos gustaba a los reyes era, teniendo en cuenta las características de las monarquías de aquella época, tener que conceder títulos tan importantes como el de Gobernador y Virrey a alguien que ni era noble, ni había prestado (todavía) ningún servicio a la corona.

Ya con anterioridad, el Consejo Real se había manifestado en contra del proyecto ya que no había experiencia en travesía tan larga (Colón la estimaba en 2.400 millas) y se pensaba que supondría una muerte segura de los que participaran en ella al no aguantar los barcos. Las negociaciones se retomaron varias veces poniendo a prueba la capacidad dialéctica del futuro Almirante. Finalmente gracias a la intervención de los monjes de La Rábida y de haber ayudado económicamente el asesor de Fernando, Santángel, los reyes aceptaron todas sus condiciones. Isabel aceptó por tres razones:

• la primera y más importante por la oportunidad que se le presentaba de extender el cristianismo a todos los pobladores de las mismas.

• En segundo lugar para competir con los portugueses que ya habían doblado el Cabo de Buena Esperanza en su camino hacia la India por mar, y no por tierra como se había hecho hasta entonces.

• Tercero porque se trataba de una pequeña empresa, rechazada por los portugueses, no muy importante, solamente tres carabelas y dos millones de maravedíes de los que la corona puso un millón cuatrocientos mil (no es cierta la historia de que Isabel tuviera que empeñar sus joyas), Joanato Berardi, un banquero italiano afincado en Sevilla, prestó a Colón doscientos cincuenta mil maravedíes (¿era judío como también parece que lo era Colón según Salvador de Madariaga?) y, finalmente, Luis de Santángel, extraordinario colaborador de los Reyes Católicos, judío converso de origen valenciano, puso los restantes trescientos mil.

El contrato firmando entre los reyes y Cristóbal Colón, conocido como las Capitulaciones de Santa Fe por haberse firmado en esa ciudad (Granada) el 17 de Abril de 1492, contenía todas las condiciones exigidas por el excelso marino, seguramente porque nadie creía que el resultado del viaje iba a se lo que en realidad fue.

Cuando se dieron cuenta de la importancia de lo encontrado (al no llegar a las costas de China, sino a tierras distintas y desconocidas hasta entonces, se trató de un auténtico descubrimiento y como tal se le ha venido llamando desde entonces) la reina no perdió un momento para pedir al Papa, Alejandro VI, que declarase legítima la toma de posesión de los nuevos territorios en nombre de la Corona de Castilla y de ellos mismos como sus Reyes. Esta legitimización tendría efecto si, el motivo principal de la soberanía que sobre ellas ejercerían, fuera el de la evangelización de sus gentes. También se lo comunicaron a Don Joaö, rey de Portugal, haciendo hincapié en que las nuevas tierras pertenecían a Castilla por haber sido descubiertas dentro de los límites establecidos, entre ambos reinos, en el tratado de Alcaçovas. Se pensó en seguida que con estos acontecimientos era necesaria una revisión de este tratado por lo que se firmó el de Tordesillas.

 

En el segundo viaje, la reina escribió a Colón para comunicarle que los objetivos del viaje eran:

a) El adoctrinamiento de los indígenas.
b) Crear asentamientos duraderos para facilitar el comercio.

Además prohibía expresamente la esclavización de la población indígena ya que tenían la condición de súbditos de Castilla. En este viaje ya aparecieron los primeros problemas que empañaron las sucesivas relaciones entre los Reyes Católicos y Colón.

Este se dedicaba solo a los viajes y exploraciones, dejando a sus hermanos, Bartolomé y Diego, el gobierno de la ciudad recién construida de Isabel. Pero ellos con el afán de obtener la mayor cantidad posible de oro, hicieron trabajar a los indios arawks en condiciones muy duras.
Por otra parte, el franciscano Bernardo Boil, encargado de la evangelización, viendo que esta no se llevaba a cabo declinó el encargo que había recibido, se volvió a España informando a los reyes puntualmente. A partir de este momento Colón vio como se demoraba en el tiempo el cumplimiento de las condiciones pactadas en Santa Fe haciéndose nombramientos que chocaban con su condición de Almirante. En realidad este era, no cabe duda, un extraordinario navegante, conocedor de todos los misterios y secretos, tanto del mar como de las técnicas de navegación, de las rutas, de las cartas marinas, experto geógrafo, etc. pero como gobernante se demostró que no tenía las condiciones necesarias. Quizá le perdió su desmedida ambición y su orgullo.
Falleció en Valladolid en 1506, bastante olvidado, sin demasiados medios de fortuna, sin saberse ni la fecha cierta de su nacimiento, ni la de su muerte. Hoy no sabemos con certeza donde esta enterrado.

2006-02-09-Agradecemos a: Rafael Osset y Manso de Zúñiga - Octubre 2004

 

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«Pedro expresó en primer lugar, en nombre de los apóstoles, la profesión de fe: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Esta es la tarea de todos los sucesores de Pedro: ser la guía en la profesión de fe en Cristo, el Hijo del Dios vivo».

S. S. Benedicto XVI reconoció que «esta potestad de enseñanza da miedo a muchos hombres dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no es una amenaza a la libertad de conciencia, si no es una presunción que se opone a la libertad de pensamiento. No es así», aseguró Su Santidad.

«El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato a servir --señaló--. La potestad de enseñar, en la Iglesia, comporta un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Por el contrario, el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra».

«Él no debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente y vincular a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante los intentos de adaptarse y aguarse, así como ante todo oportunismo».

Según el Papa, esta fue la misión de Juan Pablo II, «cuando ante todos los intentos, aparentemente benévolos, ante las erradas interpretaciones de la libertad, subrayó de manera inequívoca la inviolabilidad del ser humano, la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural».

«La libertad de matar no es una verdadera libertad, sino una tiranía que reduce el ser humano a la esclavitud», aclaró S. S. Benedicto XVI

 


«El Papa es consciente de estar, en sus grandes decisiones, ligado a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes desarrolladas a través del camino de peregrinación de la Iglesia» 2005.05 Vat.

 

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¿Cuánto habrá pasado desde que por primera vez un hombre opinó de distinta manera a otro y argumentó? Aunque hoy día más interesante sería ¿cuánto queda hasta que esto deje de suceder? ¿Por qué tantos gobiernos detestan la filosofía?

¿No será para mejor dominar al hombre bajo un neo-totalitarismo? 2005.

 

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“Jamás lo antiguo por antiguo ha sido bueno, como lo nuevo por nuevo, mejor.” S.S. Benedicto XVI.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholastic’s.

 

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“La Iglesia Católica, la Santa Iglesia de los pecadores. La magnifica obra de la mano del Señor, en su misericordioso trabajo por transformar a los pecadores en santos.” (Dr. Sánchez Rojas Prof. de Teología.)

Cuando uno va a un museo y contempla una obra maestra, admira la obra pero más admira al autor. Amo a la Iglesia como la obra magnifica que es, pero más amo al Artista… Dios mismo. Glorifiquemos al Señor con nuestras vidas.

 

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En la Confesión se realiza la misericordia de Dios  - "También recibe el alma de otra manera este bautismo, hablando de un modo figurado, por especial providencia de mi divina caridad. Yo conocía la debilidad y fragilidad del hombre, que le lleva a ofenderme. No que se vea forzado por ella ni por ninguna otra cosa a cometer la culpa, si él no quiere, sino que, como frágil, cae en culpa de pecado mortal, por la que pierde la gracia que recibió en el santo bautismo en virtud de la Sangre. Por esto fue necesario que la divina Caridad proveyese a dejarles un bautismo continuo de la Sangre. Este bautismo se recibe con la contrición del corazón y con la santa confesión, hecha, cuando tienen posibilidad de ello, a los pies de mis ministros, que tienen la llave de la Sangre. Esta Sangre es la que la absolución del sacerdote hace deslizar por el semblante del alma.


Si la confesión es imposible, basta la contrición de! corazón. Entonces es la mano de mi clemencia la que os da el fruto de esta preciosa sangre. Mas, pudiendo confesaros, quiero que lo hagáis. Quien pudiendo no la recibe, se ha privado del precio de la Sangre. Es cierto que en el último momento, si el alma la desea y no la puede haber, también la recibirá; pero no haya nadie tan loco que con esta esperanza aguarde a la hora de la muerte para arreglar su vida, porque no está seguro de que, por su obstinación, yo en mi divina justicia, no le diga: "Tú no te acordaste de mí en vida, mientras tuviste tiempo, tampoco yo me acuerdo de ti en la hora de la muerte". Que nadie, pues, se fíe, y si alguien, por su culpa, lo hizo hasta ahora, no dilate hasta última hora el recibir este bautismo de la esperanza en la Sangre. Puedes ver, pues, cómo este bautismo es continuo, en el que el alma debe ser bautizada hasta el final de su vida.

En este bautismo conoce que mi operación (es decir, el tormento de la cruz) fue finita, pero el fruto del tormento que por mí habéis recibido es infinito en virtud de la naturaleza divina, que es infinita, unida con la naturaleza humana, finita, que fue la que sufrió en mí. Verbo, vestido de vuestra humanidad. Mas porque una naturaleza está unida y amasada con la otra, la Deidad eterna trajo de sí e hizo suya la pena que yo sufrí con tanto fuego de amor. Por esto puede llamarse infinita esta operación, no porque lo sea el sufrimiento actual del cuerpo y el sufrimiento que me proporcionaba el deseo de cumplir vuestra redención (ya que ambas terminaron en la cruz cuando el alma se separó del cuerpo), pero el fruto, que proviene del sufrimiento y del deseo de vuestra salvación, sí es infinito. Por esto lo recibís infinitamente. Si no hubiese sido infinito, no habría sido restaurado todo el género humano: pasados, presentes y venideros. Ni el hombre cuando peca podría levantarse después de su pecado, si no fuera infinito este bautismo de la Sangre que se os ha dado, es decir, si no fuera infinito su fruto.


Esto os manifesté en la apertura de mi costado, donde halláis los secretos del corazón, demostrándoos que os amo mucho más de lo que puedo manifestar con un tormento finito. ¿En qué te he revelado que es infinito? En el bautismo de la Sangre, unido con el fuego de mi caridad, derramada por amor, con el bautismo general, dado a los cristianos y a quienes quieran recibirlo, del agua, unido con la Sangre y con el fuego, en que el alma se amasa con mi Sangre. Para dároslo a entender, quise que del costado saliese sangre y agua. Con esto he querido responder a lo que tú me preguntabas."


Santa Catalina de Siena, Doctor de la Iglesia: El Diálogo 75.

 

Oración: Señor Dios, tú has mostrado a santa Catalina el amor infinito hacia todos los hombres, hechura de tus manos, que arde en tu corazón . Ella compartió generosamente esta revelación y la vivió en todas sus consecuencias hasta el heroísmo. Concédenos que podamos seguir su ejemplo, confiando en tus promesas y aumentando nuestra fe en tu presencia en cada sacramento, especialmente en el sacramento de tu perdón. Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

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La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda, dice Pablo. 

 

El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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«Cuando digo a un joven: mira, allí hay una estrella nueva, una galaxia, una estrella de neutrones, a cien millones de años luz de lejanía. Y, sin embargo, los protones, los electrones, los neutrones, los mesones que hay allí son idénticos a los que están en este micrófono (...). La identidad excluye la probabilidad. Lo que es idéntico no es probable (...). Por tanto, hay una causa, fuera del espacio, fuera del tiempo, dueña del ser, que ha dado al ser, ser así. Y esto es Dios (...). «El ser, hablo científicamente, que ha dado a las cosas la causa de ser idénticas a mil millones de años-luz de distancia, existe. Y partículas idénticas en el universo tenemos 10 elevadas a la 85a potencia... ¿Queremos entonces acoger el canto de las galaxias? Si yo fuera Francisco de Asís proclamaría: ¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!» Por Enrico Medi  2005.

 

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El Sabbat, culminación de la obra de los "seis días". El texto sagrado dice que "Dios concluyó en el séptimo día la obra que había hecho" y que así "el cielo y la tierra fueron acabados"; Dios, en el séptimo día, "descansó", santificó y bendijo este día (Gn 2, 1-3). Estas palabras inspiradas son ricas en enseñanzas salvíficas:

346 En la creación Dios puso un fundamento y unas leyes que permanecen estables (cf Hb 4, 3-4), en los cuales el creyente podrá apoyarse con confianza, y que son para él el signo y garantía de la fidelidad inquebrantable de la Alianza de Dios (cf Jr 31, 35-37, 33, 19-26). Por su parte el hombre deberá permanecer fiel a este fundamento y respetar las leyes que el Creador ha inscrito en la creación.

347 La creación está hecha con miras al Sabbat y, por tanto, al culto y a la adoración de Dios. El culto está inscrito en el orden de la creación (cf Gn 1, 14). "Operi Dei nihil praeponatur" ("Nada se anteponga a la dedicación a Dios"), dice la regla de S. Benito, indicando así el recto orden de las preocupaciones humanas.

348 El Sabbat pertenece al corazón de la ley de Israel. Guardar los mandamientos es corresponder a la sabiduría y a la voluntad de Dios, expresadas en su obra de creación.

349 El octavo día. Pero para nosotros ha surgido un nuevo día: el día de la Resurrección de Cristo. El séptimo día acaba la primera creación. Y el octavo día comienza la nueva creación. Así, la obra de la creación culmina en una obra todavía más grande: la Redención. La primera creación encuentra su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo esplendor sobrepasa el de la primera (cf MR, vigilia pascual 24, oración después de la primera lectura).

 

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Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios "cara a cara" (1 Co 13, 12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat (cf Gn 2, 2) definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra.

 

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La obra maestra de la Creación, el ser humano. Dios le presta una particular atención ya desde su primer momento de vida, cuando le “tejía en el seno materno”, como dice el salmista. Ya entonces, Dios se fija en él con amor para completar su designio en esta obra prodigiosa que es el hombre. De cada uno conoce todo, su pasado y su futuro, sin descuidar nada ni a nadie. Por eso, como decía san Gregorio Magno, por pequeños e informes que sean, no se apartan del amor a Dios y al prójimo según sus posibilidades, contribuyendo a su modo a la edificación de la Iglesia. Este es, pues, un mensaje de esperanza, que se dirige también a los que aún son débiles en la vida espiritual. S. S. Benedicto P.P. XVI – MMV.XII.XXVIII

 

El creyente es animado a ver la gloria de Dios en el mundo creado, una gloria que eleva una naturaleza que ha sido redimida. Además, el cristianismo, tanto en la teología oriental como occidental, anima a la humanidad a encontrar el amor y la bondad de Dios en el orden creado.

Esta visión, no obstante, no lleva a una suerte de optimismo fácil sobre la naturaleza y la economía de la vida y la muerte. El cristiano contemplaría el mundo con ojos imbuidos de amor. Esta visión va más allá de la elaborada máquina de los deístas o de la visión mecanicista de la modernidad. Un cristiano ve el mundo en su belleza y terror, y en su primera y última verdad: no sólo naturaleza, sino creación.

En cuanto al mal y al sufrimiento, que también producen las catástrofes como los sucesos infaustos de la naturaleza, el pensamiento cristiano da otra dimensión a estos acontecimientos. Dios puede hacerlos ocasiones para cumplir sus fines buenos, aunque no sean en sí bienes morales. Además, el Evangelio enseña que Dios no puede ser derrotado y que la victoria sobre el mal y la muerte ya ha sido ganada. Pero es una victoria que no ha alcanzado su cumplimiento, debemos esperar hasta la venida final de Dios.

Para los cristianos que realmente tienen fe en esta promesa, la realidad de la muerte y el sufrimiento no debería presentarse como un obstáculo insuperable. Es, de hecho, mucho más que una piedra de tropiezo para un optimismo superficial o un fatalismo pagano. Los creyentes cristianos, por el contrario, abrazan la esperanza en la victoria final de Dios.

 

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A ti, Padre omnipotente,
origen del cosmos y del hombre,
por Cristo, el que vive,
Señor del tiempo y de la historia,
en el Espíritu que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria
ahora y por los siglos de los siglos. Amén.


 

 

 

 

 

 

Gracias por venir a visitarnos 

 

Las sectas y su invasión del mundo hispánico: una guía  (2003) también por Manuel Guerra Gómez, editada por Eunsa. - Sinopsis. - Para visitar con provecho a una ciudad desconocida, aconsejan el uso de una Guía con su plano, la descripción de sus monumentos, etc. Esta obra pretende prestar un servicio similar con respecto a las sectas implantadas en el mundo hispano. Para no correr el riesgo de extraviarse entre las más de 20.000 sectas inventariadas hasta el momento, para poder recorrer sus nombres que cambian con frecuencia y para ni acumular más inseguridad e inquietud, se presenta esta Guía en el mercado. El autor trata de reflejar la realidad de cada secta con la mayor objetividad posible y de perfilar sus señales de identidad de acuerdo con los datos -no siempre completos- que facilitan su identificación.

 

Recomendamos vivamente:

LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 

Recomendamos vivamente: Cristóbal Colón y el descubrimiento de América

Autores: Florentino Perez-Embid / Charles Verlinden

Esta pequeña obra maestra es uno de los trabajos más certeros sobre la vida y personalidad de Colón, y sobre el descubrimiento de América. Ofrece un enfoque realista, preciso, completo y esclarecedor de todos esos importantes hechos históricos. Ediciones ‘RIALP’

 

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† San Pablo, Obispo de la Iglesia Católica: “No eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz la que sostiene a ti” (Rom 11,18). †

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).