Saturday 1 November 2014 | Actualizada : 2014-10-13
 
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Oración: “Oh beatísima y Santísima Virgen, que fuiste la primera entre todas las mujeres en consagrar con voto perpetuo tu virginidad a Dios, y por esto te concedió ser Madre  de su unigénito Hijo. Pido a tu inefable piedad que no teniendo en cuenta mis pecados y defectos te dignes concederme gracia tan grande”. (Santa Catalina de Siena)

 

Lourdes: 6.800 curaciones extraordinarias y

67 milagros reconocidos por la Iglesia

 

 

Todos los casos han pasado por un largo proceso de fiscalización médica y oficial Una curación se convierte en extraordinaria cuando es inexplicable para la ciencia

 

Desde que la Virgen se apareciera en Lourdes a Bernardette Soubirous en el invierno de 1858, las curaciones milagrosas no han dejado de sucederse en el santuario de Lourdes. Erigido en honor de la Señora que se reveló ante la sencilla campesina como «la Inmaculada Concepción», al santuario acuden cada año millones de peregrinos y enfermos con la intención de orar y ser curados por la Virgen. Hasta la fecha, casi 7000 personas han sido sanadas de modo extraordinario, y de esos 7000 casos, 66 han sido reconocidos como milagros por la Iglesia tras un largo proceso.

 

David Amado/Mar Velasco - Madrid.-
Al santuario de Lourdes peregrinan cada año millones de personas. Desde hace 120 años se recogen en el «despacho médico» del santuario los testimonios de curaciones extraordinarias que tienen lugar allí o que de alguna manera se deben a la intercesión de la Virgen de Lourdes. Hasta la fecha, casi 7000 curaciones extraordinarias en Lourdes y 66 milagros han sido reconocidos por la Iglesia. Estos son los datos que recoge, en un informe especial, el último número de la revista «Lourdes-Magazin», boletín del santuario francés.
   El primer caso data del 1 de marzo de 1858. Se trata de Catherine Latapie, quien tenía la mano derecha paralizada a causa de la caída de un árbol. Movida por una inspiración divina, se levanta a las tres de la mañana y se dirige a la gruta. Llega, se arrodilla y reza. Después, baña su mano en el pequeño hilillo de agua todavía fangosa que sale de la fuente que Bernardette ha excavado tres días antes siguiendo indicaciones de la Virgen. Inmediatamente sus dedos se enderezan y recobran la flexibilidad. Esa misma tarde da a luz a su tercer hijo, Jean-Baptiste, que en 1882 será ordenado sacerdote.

 

Un largo proceso médico

El caso más reciente es el de Jean-Pierre Bély. Aquejado de una esclerosis en placas desde 1972, queda totalmente inválido. En 1987, en un estado deplorable va a Lourdes con una peregrinación del Rosario. Después de recibir la Unción de enfermos, al tercer día, siente una profunda paz interior. Empieza a sentir que recupera la sensibilidad pero no se atreve a nada. Por la noche oye una voz interior que le repite «levántate y anda». Jean-Pierre obedece y, desde entonces goza de perfecta salud.
   Entre estos dos casos, otros 64 han sido reconocidos como milagrosos, aunque, como señala el Dr. Patrick Theillier, «estas curaciones reconocidas como milagrosas son solo una muestra, un espécimen, prototipos de todas las demás no reconocidas». En la oficina que él dirige esperan otras 6.800 curaciones extraordinarias. La Iglesia no lo pone fácil. Se trata de una verdadera carrera de obstáculos. Cuando un caso llega a la oficina, se parte del testimonio de la persona curada que reconoce un significado espiritual a la transformación física que ha sufrido y lo atribuye a la Virgen de Lourdes. Después se inicia un largo proceso médico, en el que participan también especialistas no creyentes. Para que un caso sea considerado milagroso es necesario que la persona padeciera una patología establecida médicamente y grave y que, el retorno a un estado de salud completo y duradero sea repentino e inexplicable. Entre las personas curadas se encuentran de todas las edades y estratos sociales. El más joven es un niño de dos años, Justin Bouhort. Enfermo desde su nacimiento, está inválido y presenta un grave retraso en su crecimiento. Su madre, confiando en la promesa de la Virgen lo lleva a la gruta y lo baña en las aguas heladas de la fuente. La gente que la rodea le grita diciendo que va a matar a su hijo. La madre lo retira y vuelve a su casa. El niño respira con dificultad. Cuando todos esperan lo peor, el niño se duerme plácidamente y, durante los días siguientes, se repone y anda. Justin asistirá a la canonización de Bernardette el 8 de diciembre de 1933 en Roma.
   Muchas de las curaciones milagrosas van acompañadas de transformaciones interiores. De hecho, el gran milagro de Nuestra Señora de Lourdes para muchos, aunque la ciencia no pueda dar cuenta de ellos, es la recuperación de la fe.
2003-12-03 – LA RAZÓN-Esp.

 

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«Plegaria», «Penitencia», «Perseverancia»: en estas tres «pes» las condiciones para llevar a cabo provechosamente una peregrinación.

 

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Proclamado el milagro número 67 oficialmente reconocido en Lourdes.


Experimentado por una italiana que padecía una malformación cardiaca

ROMA, lunes, 14 de noviembre de 2005 - El arzobispo de Salerno, sur de Italia, monseñor Gerardo Pierro proclamó oficialmente el 11 de noviembre la «curación milagrosa» de una mujer, que hoy tiene 90 años, acaecida en Lourdes en 1952.

Se trata del «milagro» número 67 oficialmente reconocido por la Iglesia católica acaecido en la ciudad francesa de las apariciones de la Virgen María.

La enferma, Anna Santaniello, sufría desde su infancia una malformación cardiaca, declarada incurable por los médicos. Al cumplir los cuarenta años, su estado de salud empeoró gravemente y, a pesar del parecer contrario de los médicos y de su familia, decidió viajar a Lourdes.

Esta malformación le impedía caminar y hablar claramente. Asimismo, le causaba cianosis en la cara y edemas en las extremidades inferiores.

Según ha explicado al diario de «La Città» de Salerno, «ya casi no lograba respirar y le dije a mi hermano que mi último deseo era ir a Lourdes», a donde llegó «viva aunque en camilla».

Las religiosas la introdujeron en la piscina y «el agua estaba helada --cuenta--, pero sentí inmediatamente algo que hervía en el pecho, como si me hubieran restituido la vida. Después de pocos segundos, me levanté con mis propias fuerzas y comencé a caminar, rechazando la ayuda de los camilleros, que me veían con incredulidad».

Al regresar a casa, pidió consulta a un ilustre cardiólogo de aquella época, quien «me dijo que no tenía nada, que estaba sanísima y que no podía explicarse todo los certificados y exámenes hechos precedentemente».

Anna Santaniello ha vuelto en otras ocasiones a Lourdes para ofrecer su servicio como voluntaria en la ayuda a los enfermos.

En la ceremonia de proclamación del milagro, en el seminario metropolitano «Juan Pablo II» en Pontecagnano, participó Anna Santaniello, acompañada por sus familiares y amigos. ZS05111408

 

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67 milagros reconocidos por la Iglesia - LOURDES

 

Desde que tuvieron lugar en 1858 las apariciones de la Virgen de Lourdes, 63 curaciones han sido reconocidas por expertos (de diferentes convicciones religiosas) como científicamente inexplicables, y por la Iglesia católica como auténticos milagros.
El dato fue confirmado a Alfa y Omega por el doctor Patrick Theillier, médico responsable de la Oficina Médica de Lourdes. En virtud de este cargo, encomendado por el obispo de Tarbes-Lourdes, debe examinar a las personas que consideran haber experimentado un milagro atribuido a la intercesión de la Virgen de Lourdes.
«Lourdes es el único lugar, fuera del Vaticano, con una Oficina Médica (creada en 1883) en la que se examinan curaciones inexplicables», afirma. Y revela que «el Comité Médico Internacional de Lourdes (CMIL), comité de consulta compuesto por unos veinte miembros permanentes, médicos de hospitales procedentes de toda Europa, se reúne una vez al año para examinar los dossieres más serios».
«Hay que distinguir el aspecto científico del espiritual –añade–. La curación debe superar las leyes conocidas de la evolución de la enfermedad, y la persona que ha experimentado el milagro debe reconocer, además, el significado espiritual del acontecimiento».
«Para que pueda ser reconocida como milagrosa –continúa–, la curación debe responder a siete criterios. Es necesario comprobar la enfermedad, que debe ser grave, con un pronóstico fatal. La enfermedad debe ser orgánica, o producida por lesiones. Ningún tratamiento puede estar en el origen de la curación. Ésta debe ser repentina, instantánea. Por último, la reanudación de las funciones debe ser completa, sin convalecencia, y debe ser duradera».
«Por este motivo, el reconocimiento de los milagros lleva varios años –concluye–. Una vez que lo hemos reconocido, la curación es publicada por el obispo de la diócesis en la que reside la persona que ha experimentado el milagro». 2004-08.15 France

 

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¿Para qué sirven los milagros?

 

2 Reyes 5,14-17; 2 Timoteo 2, 8-15; Lucas 17, 11-19 - Mientras Jesús estaba de camino a Jerusalén, a la entrada de un pueblo le salieron al encuentro diez leprosos. Parándose a distancia, le dijeron en voz alta: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Jesús se apiadó de ellos y les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes». Durante el trayecto, los diez leprosos se descubrieron milagrosamente curados. También la primera lectura refiere una curación milagrosa de la lepra: la de Naamán el sirio por obra del profeta Eliseo. Es clara, por lo tanto, la intención de la liturgia de invitarnos a reflexionar sobre el sentido del milagro y en particular del milagro que consiste en la sanación de la enfermedad.

Digamos
ante todo que la prerrogativa de hacer milagros se cuenta entre las más atestiguadas en la vida de Jesús. Probablemente la idea dominante que la gente se había hecho de Jesús, durante su vida, más aún que la de que fuera un profeta, era la de ser uno que hacía milagros. Jesús mismo presenta este hecho como prueba de la autenticidad mesiánica de su misión: «Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan» (Mateo 11, 5). No se puede eliminar el milagro de la vida de Jesús sin deshacer toda la trama del Evangelio.

Junto a los relatos de milagros, la Escritura nos ofrece también los criterios para juzgar su autenticidad y su objetivo. El milagro nunca es, en la Biblia, un fin en sí mismo; menos aún debe servir para ensalzar a quien lo realiza y poner al descubierto sus poderes extraordinarios, como casi siempre sucede en el caso de sanadores y taumaturgos que hacen publicidad de sí mismos. Es incentivo y premio de la fe. Es un signo y debe servir para elevar a un significado. Por esto Jesús se muestra tan entristecido cuando, después de haber multiplicado los panes, se da cuenta de que no han entendido de qué era «signo» (v. Marcos 6, 51).

El milagro aparece, en el propio Evangelio, como ambiguo. Se ve en unas ocasiones positivamente, en otras negativamente. Positivamente cuando es acogido con gratitud y alegría, suscita fe en Cristo y abre a la esperanza en un mundo futuro ya sin enfermedad ni muerte; negativamente cuando es solicitado, o incluso exigido, para creer. «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti?» (Juan 6, 30). «Si no veis señales y prodigios no creéis», decía con tristeza Jesús a quienes le escuchaban (Juan 4, 48). La ambigüedad continúa, bajo otra forma, en el mundo de hoy. Por un lado hay quien busca el milagro a toda costa; está siempre a la caza de hechos extraordinarios, se detiene en ellos y en su utilidad inmediata. En el lado opuesto, hay quienes no dejan espacio alguno al milagro; lo contemplan hasta con cierta molestia, como si se tratara de una manifestación inferior de religiosidad, sin darse cuenta de que, de tal manera, se pretende enseñar a Dios mismo qué es o no la verdadera religiosidad.

Algunos debates recientes suscitados por el «fenómeno padre Pío» han evidenciado cuánta confusión existe aún acerca del milagro. No es verdad, por ejemplo, que la Iglesia considere milagro todo hecho inexplicable (¡de estos, se sabe, está lleno el mundo y también la medicina!). Considera milagro sólo aquel hecho inexplicable que, por las circunstancias en las que ocurre (rigurosamente comprobadas), reviste el carácter de señal divina, esto es, de confirmación dada a una persona o de respuesta a una oración. Si una mujer, de nacimiento sin pupilas, en cierto momento empieza a ver, aún sin pupilas, esto puede ser catalogado como hecho inexplicable, pero si sucede precisamente mientras se confiesa con el padre Pío, como de hecho ocurrió, entonces ya no basta hablar sencillamente de «hecho inexplicable».

Nuestros amigos «laicos», con sus actitud crítica ante los milagros, ofrecen una contribución preciosa a la fe misma, porque se muestran atentos a las falsificaciones fáciles en este terreno. Sin embargo también aquellos deben contemplarse desde una aproximación acrítica. Es igual de equivocado creer a priori en todo lo que circula como milagroso como rechazar a priori todo, sin tomarse siquiera la molestia de examinar sus pruebas. Se puede ser crédulos, pero también... incrédulos, que no es [una actitud] tan distinta.

 

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19.09.2005, como ocurre regularmente en el día

de San Genaro.It. licuación de su sangre.

 

¿Qué es un santo en la tradición de la Iglesia?

 

 Los protestantes (y musulmanes a veces) acusan a los católicos y ortodoxos de "adorar a los santos".

 

Los católicos y ortodoxos responden que sólo rinden adoración (latría, en griego) a Dios.

A los santos, sin embargo, se les venera. La veneración (dulía, en griego) es honrar, recordar e imitar. Eso es lo que la Iglesia católica y la ortodoxa hacen desde los tiempos de los mártires romanos: honrar a sus muertos, celebrar sus vidas y ponerlos como ejemplo. También se puede hacer -sin motivación religiosa- con héroes nacionales, antepasados respetados en tu familia... y no por eso se considerará que les rindes culto como a Dios. Un ateo puede honrar, venerar y poner como ejemplo a Pasteur, a Ramón y Cajal...

 

Un añadido especial es que los cristianos creen que los muertos "no están muertos", sino que al menos algunos están vivos junto a Dios. Cuando la Iglesia católica "beatifica" a alguien está proclamando de forma infalible que esa persona está con Dios. Y a alguien que está vivo (aunque sea en el Cielo... ¡más aún si está en el Cielo, de hecho!), le puedes pedir que rece por ti. Esto se llama intercesión.

 

Los protestantes ven bien que le digas a tu pastor, probablemente un hombre bueno y justo, reza por mí. Lo que no ven bien es que se lo pidas después de muerto. Es decir; cuando precisamente el católico considera que "vive ya en presencia de Dios".

En la Biblia muchas veces se pide a "gente especial" (los profetas, por ejemplo) que intercedan por el pueblo, por los pecadores. El rey Sedequías se lo pide a Jeremías (Jer 37,3) y todo el pueblo implora que interceda (Jer 42,1-6). Los ángeles son intercesores e intermediarios entre Dios y los hombres continuamente como vemos en la Biblia.

 

En Baruc 3,4 el profeta pide a Dios: "escucha las oraciones de los muertos de Israel". Es decir, que los muertos rezan, o sea, hablan con Dios y le piden por los vivos. En 2 Macabeos 15, 12-16, Onías y Jeremías, que llevan siglos muertos, rezan por el pueblo de Israel. Lo que pasa es que los protestantes no aceptan como palabra de Dios el segundo libro de Macabeos.

 

Que hay que honrar a los hombres sabios, virtuosos, que nos precedieron en la fe, lo pide el Antiguo y Nuevo Testamento en infinidad de ocasiones. Pide también que al recordarlos y celebrarlos (la idea "haced memoria, conmemorad" no pide sólo un recuerdo intelectual, sino celebrativo) copiemos su ejemplo, los imitemos.

Así se puede ver en 1 Cor 4,16, en 1 Cor 11,1 ("imitadme como yo imito a Cristo"; Pablo ya murió, pero sigue siendo bueno imitarle), en Fil 3,17; en 1 Tes 1,6; en Hebreos 13,7; en Santiago 5,10-11 (imitar a los profetas, a Job...)

 

Desde muy antiguo los cristianos asumieron que las reliquias corporales de hermanos que eran asesinados por su fe ayudaban a celebrar su aniversario, inspirar su ejemplo y participar de su presencia ante Dios. Así, en el "Martirio de Policarpo" 17,18 (del año 157 d.C., Policarpo fue discípulo de San Juan, y maestro de San Ireneo) dice:

"Tomamos sus huesos, como si fuesen más preciosos que las joyas más exquisitas, y más purificados que el oro, y los depositamos en un sitio adecuado en el que reunidos nosotros cuando la oportunidad lo permite, con gozo y alegría, el Señor nos permitirá celebrar el aniversario de su martirio, tanto en memoria de aquellos que ya han acabado su carrera, como para ejercitarnos y prepararnos los que aún seguimos sus pasos".

 

Pedir a los santos ayuda es común en los primeros cristianos. Hipólito de Roma, escribiendo sobre el profeta Daniel (Sobre Daniel, 11,30), dirige en el año 204 una oración a los jóvenes que caminaban por el fuego, que murieron siglos antes: "Acordaos de mí, os lo suplico, para que pueda alcanzar con vosotros el mismo destino del martirio".

 

San Agustín recuerda (en el año 400, en Contra Fausto, 20,21) que rendir culto de adoración es hacer ofrendas a un dios, y que los cristianos solo llevan las ofrendas a Dios, aunque el altar esté construido recordando a un santo:

 

"Es cierto que los cristianos rinden honor a la memoria de los mártires, tanto para animarnos a imitarlos como para participar en sus méritos y pedir que nos ayuden con sus oraciones. Pero no construimos altares a los mártires sino al Dios de los mártires, aunque sea en la memoria de los mártires. Nadie que oficie en el altar de un lugar con santos enterrados dice "te traemos una ofrenda, oh Pablo, oh Pedro, oh Cipriano..." La ofrenda se hace a Dios, que dio la corona del martirio, aunque sea en memoria de los así coronados. La emoción aumenta por las asociaciones que despierta el lugar, el amor se excita hacia los que son ejemplo para nosotros, y hacia Aquel por Quien podremos seguir estos ejemplos. Sentimos por los mártires el mismo afecto íntimo que hacia los hombres santos de Dios en esta vida cuando sabemos que sus corazones están preparados para resistir el mismo sufrimiento por la verdad del evangelio. Hay más devoción en nuestro sentgimiento hacia los mártires porque sabemosq ue su lucha acabó, y que podemos hablar con mayor confianza en alabanza de aquellos que ya están victoriosos en el cielo que de aquellos que aún combaten aquí".

 

Por lo tanto, la veneración a los santos, imitarlos y pedir su intercesión es algo que nace de la Biblia y de los primeros cristianos. Este es el sentido que tiene recordar, venerar, imitar y pedir al intercesión de los 498 mártires españoles del siglo XX, hoy, como en tiempos de San Agustín, hace 16 siglos.

 

Respecto a la otra protesta de César Vidal y otros protestantes, la de "ir a lugares" a pedir milagros, curaciones, etc... o acudir a personas concretas... ¿va en contra de lo que Jesús pedía, "una adoración en Espíritu y en verdad -Juan 4, 21-24"?

 

Que hay gente que rezando provocan más milagros (al menos del tipo que se pueden ver) no contradice nada en la doctrina cristiana. En el ámbito católico son famosos el padre Emiliano Tardiff (que ya murió), Sor Bridget McKenna, el padre DeGrandis, el salesiano indio James Manjackal... En el Reino Unido la comunidad católica Cor et Lumen Christi está "especializada" en organizar "rallies de milagros".

 

Dios hace los milagros, y perfectamente puede usar a algunos cristianos (ya muertos o aún  vivos) para hacer más a través de ellos. Recuerda San Pablo -en 1 Cor 28-, que en la Iglesia los hay que son profetas, apóstoles, maestros... y "otros con poder para hacer milagros, otros para sanar, otros para hablar en lenguas o interpretarlas... "¿Acaso todos son maestros? ¿O todos hacen milagros? ¿O todos tienen el don de sanar?", pregunta.

 

Por lo tanto, ir a un hermano con fama de hacer milagros a pedir su oración no es bíblicamente más absurdo que ir a un hermano con fama de explicar bien la doctrina a pedirle formación o que resuelva dudas. (Otro tema es si la fama corresponde a la realidad de esa persona y es verdad que pueden darse abusos, pero no sólo con los milagros, sino con todos los otros carismas, incluyendo los de enseñanza, predicación, apostolado, etc...).

 

En cuanto a "ir a lugares" especiales, "doctores" tendrán los evangélicos para discernirlo (si lo permite "Sola Scriptura"), pero hoy por hoy incluso los pentecostales más "milagreros" acuden a donde esté el "pastor con don de sanación", y no a lugares con fuentes o piscinas o piedras donde invocar el poder de Dios (como sí se hace en los santuarios católicos y ortodoxos... lo cual no es incoherente si se reza a Dios, y no "al lugar"). 

 

Cabe recordar que hay muchos lugares religiosos (incluso no cristianos) donde se habla de milagros. Pero sólo en Lourdes hay una oficina médica permanente, independiente, con médicos no creyentes o claramente ateos, llevando desde hace más de un siglo un control sistemático de curaciones inexplicables. En este caso al menos, concentrarse en un "lugar" ayuda a verificar los milagros.

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=8662

 

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“Omnia instaurare in Christo”

 

Predicación y fidelidad de la Iglesia Católica a la revelación de Cristo: “No podemos callar lo que hemos visto y oído” (He 4, 20)

 

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"No nos van a callar ni vamos a callar: Cristo es el Mesías, el Redentor"

 

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“La Iglesia Católica, la Santa Iglesia de los pecadores. La magnifica obra de la mano del Señor, en su misericordioso trabajo por transformar a los pecadores en santos.” (Dr. Sánchez Rojas Prof. de Teología.)

Cuando uno va a un museo y contempla una obra maestra, admira la obra pero más admira al autor. Amo a la Iglesia como la obra magnifica que es, pero más amo al Artista… Dios mismo. Glorifiquemos al Señor con nuestras vidas.

 

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El valor de una sociedad se define por el de sus instituciones, sobre todo las educativas. Y la Iglesia desde los albores de la edad media, instituye escuelas y universidades, después.

 

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“La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en el sentido de tremenda responsabilidad.” (Gabriela Mistral) Hoy no; hoy es una profesión

 

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La ley del amor divino es la regla de todos los actos humanos 

"Es claro que no todos pueden dedicarse a la cien­cia con esfuerzo y por eso Cristo ha dado una ley sencilla que todos la puedan conocer y nadie pueda excusarse por ignorancia de su cumplimiento. Esta es la ley del amor divino: Porque pronta y perfecta­mente cumplirá el Señor su palabra sobre la tierra (Rm 9, 28; Is 10, 23) 

Esta ley debe ser la regla de todos los actos hu­manos. Del mismo modo que sucede en las cosas arti­ficiales, donde una cosa se dice buena y recta cuando se adecua a la regla, de la misma manera, pues, cualquier acción del hombre se llama recta y virtuosa cuando concuerda con la regla divina del amor, mien­tras que cuando está en desacuerdo con ella no es ni recta, ni buena, ni perfecta. 

Esta ley, la del amor divino, realiza en el hombre cuatro cosas muy deseables. En primer lugar es causa en él de la vida espiritual; es claro que ya en el orden natural el que ama está en el amado, y del mismo modo, también el que ama a Dios lo tiene al mismo dentro de sí: Quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4, 16) Es propio también naturalmente en el amor que, el que ama, se transforme en el amado; así, si amamos a Dios nos hacemos divinos: El que se une al Señor es un espíritu con él (1 Co 6, 15) Y como afirma san Agustín: «Como el alma es la vida del cuerpo, así Dios es la vida del alma.» Paralelamente el alma obrará virtuosamente y perfectamente sólo cuando actúe por la caridad, mediante la cual Dios habita en ella; en cambio, sin caridad, no podrá actuar: El que no ama permanece en la muerte. (1 Jn 3, 14) Si alguien tuviera todos los dones del Espíritu Santo, pero sin la caridad, no tiene la vida. Sea el don de lenguas, sea la gracia de la fe, o cualquier otro, como el don de profecía, si no hay caridad, no dan la vida. (1 Co 3) Aunque al cuerpo muerto se lo revista de oro y piedras preciosas, no obstante siempre estará muerto. En segundo lugar, es causa del cumplimiento de los mandamientos divinos. Dice san Gregorio que la caridad no es ociosa: si se da, actuará cosas grandes; pero si no se actúa es que no hay allí caridad. Comprobamos cómo el que ama es capaz de hacer cosas grandes y difíciles por el amado, por ello dice el señor: El que me ama guardará mi palabra. (Jn 4, 23) El que guarda el mandamiento y ley del amor divino, cumple toda la ley. 

Lo que hace la caridad en tercer lugar es ser una defensa en la adversidad. Al que posee la caridad ninguna cosa adversa lo dañará, es más, se convertirá en utilidad: A los que aman a Dios todo les sirve para el bien (Rm 8, 28); aún más, incluso al que ama le parecen suaves las cosas adversas y difíciles, como entre nosotros mismos vemos tan manifiestamente. En cuarto lugar la caridad lleva a la felicidad; únicamente a los que tienen caridad se les promete efectivamente la bienaventuranza. Todas las demás cosas, si no van acompañadas de la caridad, son in­suficientes. Además es de saber que la diferencia de bienaventuranza se deberá únicamente a la diferencia le caridad y no en comparación con otras virtudes."  

De los Opúsculos teológicos de santo Tomás de Aquino, presbítero (In duo praecenta... Ed. J.P. Torrel, en Revue des Sc. Phil. et Théol. 69 [1985] pp. 26-29)   
 

Oración: ¡Oh Padre!, que en la encarnación de tu Hijo nos has abierto los tesoros de tu corazón, haz que nuestra vida sea un canto de alabanza a Ti, permaneciendo siempre en tu amor y en el ejercicio de la caridad hacia los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que es Dios y vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.  

 

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Catecismo de la Iglesia Católica 101-105, 108

“En fin, la semilla que cayó en tierra buena es como el que oye el mensaje y lo entiende; éste da fruto, sea ciento, sesenta o treinta.” (Mt 13,23)

       En la condescendencia de su bondad, Dios, para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas. “La palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres.” (DV 13).
        A través de todas las palabras de la Sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quien él se dice en plenitud. (cf Hb 1,1-3) Por esta razón la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf DV 32).
        En la Sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesarse alimento y su fuerza (cf DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios (cf 1Ts 2,13). “En  los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos.” (DV 21).
      Dios es el autor de la Sagrada Escritura. “Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo.... Sin embargo, la fe cristiana no es una “religión del Libro”. El cristianismo es la religión de la “Palabra” de Dios, “no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo” (S. Bernardo, hom. miss. 4,11). Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas. (cf Lc 24,45).

 

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“La gente se asombra de que seamos capaces de hacer lo que hacemos, pero lo asombroso es que, al hacerlo, somos felices” santa Luisa de Marillac [mujer de continua oración].

 

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Cuando por Cristo se trabaja, la felicidad es total porque el trabajo en nos lo hace Cristo.  

 

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La pobreza es una forma de tortura que viola los derechos del hombre. El alimento es un derecho natural del ser humano. No es caridad, como muchos creen, pero sí es justicia. Desde el punto de vista sociológico, cultura es un sistema bien ordenado de intuiciones, leyes y valores. Cultura es el equilibrio psíquico del individuo y del grupo, es el humanismo integral del que nos hablaba Maritain.
Todos los seres humanos son iguales y dignos del mayor respeto; por ello [los veros cristianos], con sus vidas han intentado construir un mundo nuevo, entregando su vida de servicio a Cristo a través de los pobres.
Reflexionando en voz alta, pienso que todos y cada uno de nosotros puede ayudar a las Hijas de la Caridad y a los sacerdotes de san Vicente de Paúl. Como ellos, veamos en cada pobre al ser humano, que tiene derecho al afecto, al cariño, a ser tratado dignamente, y al enfermo que reclama el primero de sus derechos, un trato digno y humano. La vida, como afirmaba la Beata Madre Teresa de Calcuta, es una oportunidad única: aprovechémosla. Soledad Porras Castro – 2005.11.11

 

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“Lo que necesita La Iglesia hoy no son panegiristas de lo existente, sino hombres y mujeres en quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por La Verdad; hombres y mujeres que den testimonio a desprecio de todo desconocimiento y ataque; hombres y mujeres –en una palabra- que amen a La Iglesia más que a la comodidad e intangibilidad de su propio destino.” [S.S. Benedicto XVI] 2005

 

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En ella se encuentra un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, ágil, móvil, penetrante, puro, límpido, no puede corromperse, orientado al bien y eficaz. Es un espíritu irresistible, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, apacible, que lo puede todo y que vela por todo, impregna a todos los otros espíritus por inteligentes, puros y sutiles que sean. La sabiduría es más movible que cualquier cosa, gracias a su fuerza atraviesa y lo penetra todo. Se desprende, como un vapor, del poder de Dios, es una emanación muy pura de su Gloria; por eso, nada de sucio se introduce en ella. Es la irradiación de la luz eterna, el espejo sin tacha de la actividad de Dios y la imagen de su perfección. Es una, pero lo puede todo; sin salir de sí misma, lo renueva todo. De generación en generación pasa a las almas santas de las cuales hace amigos de Dios y profetas. Porque Dios sólo ama al que vive con la Sabiduría. Es más bella que el sol y supera a cualquier constelación; comparada con la luz, le gana, porque la noche sucede al día, mientras que el mal jamás vencerá a la sabiduría. Sí, la sabiduría se extiende de un extremo al otro de la tierra, y en todas partes pone orden.” [Sabiduría VII, 22- VIII, 1]

 

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“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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¡Que tu conducta nunca dé motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

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VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

P: Sobre Shakespeare, ¿era católico como algunos afirman?

R:De hecho, si fuera criptocatólico se explicaría, por ejemplo, porque nunca se quiso divorciar de su mujer a pesar de que era consciente de que le era infiel.

 

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In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).