Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Judíos - 7º expulsión en España visigoda; valores judeo-cristianos y judaísmo

Decía nuestro gran clásico Francisco de Quevedo y Villegas: «Los que no se contentan con seguir a los santos, sólo se contentan con perseguirlos; y por no decir lo que dijeron dicen lo que ellos mandaron que no se dijese».

 

 

El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.P. - 2005

 

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La presencia de los judíos en España parte de la época de los profetas hasta el reinado de los Reyes Católicos. La llegada de los judíos a Sefarad se produce siglos antes de que aparecieran los cartagineses y los romanos.


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La casa de las tres religiones monoteístas, esta Jerusalén cada vez menos santa, está pues más revuelta que nunca. Así lo destaca Wadie Abu Nassar, portavoz del Patriarca Latino, el católico Monseñor Sabbah: «Se supone que Jerusalén es una ciudad para el ecumenismo, se supone. Pero cada día son más evidentes las tensiones entre cristianos y judíos, judíos y musulmanes, musulmanes y cristianos, incluso entre los propios cristianos». Así reza, en efecto, en las paredes de iglesias, mezquitas y sinagogas. 2004-10-30

Los poquísimos cristianos que permanecen en la ciudad donde Cristo murió y resucitó ´Jerusalen´, están siendo acosados por grupos influyentes judíos, para ser expulsados de donde el Rey de los Judíos ´Cristo´ salvó a la humanidad. 

 

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Isidoro de Sevilla habla ya de la nación española formada por la herencia romana, cristiana y germánica

A inicios del siglo XXI España, a causa del nacionalismo y socialismo está en un mal momento, sin duda, pero no creamos que sea peor que el de aquella monarquía visigótica enferma de corrupción, antisemitismo y partidismo cuyos súbditos acabaron abriendo las puertas de Europa al Islam.

 

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Tras la expulsión de los judíos de Navarra en 1498, unas ciento ochenta familias prefirieron no marcharse y optaron por quedarse en Tudela aceptando de buen o mal grado el bautismo y constituyendo el grupo de los "cristianos nuevos". Durante el siglo XVI, una época de expansión y riqueza, los descendientes de aquellos judíos convertidos no estuvieron mal considerados e incluso en 1561 algunos vecinos solicitaron de Felipe II que se les consintiera obtener oficios reales y públicos y beneficios en las iglesias.

Sin embargo, la crisis del siglo XVII quebró esta tolerancia. A falta de otra cosa de la que presumir, los cristianos viejos se vanagloriaban de su "limpieza de sangre" por lo que en 1610 se acordó colgar en la Capilla del Cristo del Perdón de la Catedral de Tudela (Navarra) un gran lienzo con los nombres de los convertidos de Tudela "para que con el tiempo no se obscurezca y extinga la memoria de los antepasados y se sepa y pueda distinguir la calidad de los hombres nobles".

En la Sinagoga del Claustro románico de la Catedral de Tudela cuelga actualmente una reproducción de la Manta de 1610 en donde se inscriben en tres columnas los nombres y apellidos de las personas judías que se convirtieron al cristianismo. Figura en el último lugar de la columna central Juan Rodríguez Zapatero.

Lo de la "manta" de las iglesias navarras era bien conocido. Lo de que en la de Tudela figuraba un "Rodríguez Zapatero" es todo un descubrimiento.

 

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En la Edad Media se esgrimía una razón religiosa para alimentar el odio contra los judíos. Sin embargo, para el pueblo judío, el mundo moderno aún fue mucho más cruel que la Edad Media».
Hubo dos antisemitismos clásicos, el más benigno fue el religioso (España), el más terrible, el racial (Francia, Alemania, Ucrania, Rusia, Centro Europa...).
 

Aarón Appelfeld-(judío)  ‘ABC’ 2005-02-08

 

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Con la llegada del guerrero Mahoma e irrupción del mahometismo (islamismo-musulmán) en el siglo VII, no ha cesado el ataque a la civilización, a los fundamentos judeo-cristianos de Europa (Atenas Jerusalén Roma). A una nueva concepción de libertad, deberes y derechos. Del cristianismo, el alzar y valorar la inalienable dignidad de todo ser humano ‘hombre como mujer’. Esos hechos nos brindan una posibilidad de interpretar las Cruzadas como lo que fueron: una lucha por la supervivencia de Occidente, con la Cristiandad a la cabeza, por sus valores y méritos que progresivamente vamos gozando.

 

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No solamente las sectas utilizan y auspician, porque necesitan la manipulación histórica. Las instituciones de la Iglesia ‘sin complejos’ están contra la desmemoria impuesta desde el poder de turno; el periodismo independiente cuando no fundamenta lo que escribe o dice, fomentando embustes y falacias. Deseando, con buena voluntad se puede, asombrosamente, resumir complicadísimos pasajes históricos con toda sencillez. Solo se requiere: amor a la verdad y objetividad histórica. Contra la manipulación histórica, el rigor de los que saben.

 

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1. La Inquisición no se hizo para perseguir ni a moros ni a judíos, sino al cristiano, dado que se trataba de velar por la pureza de la fe.

2. Los judíos beben vino, siempre han bebido vino, y se sienten muy orgullosos de su fermentación (personalmente difiero sobre la calidad del vino israelí, pero dejemos eso), lo que demuestra la inteligencia de este pueblo sin par. Pero no se preocupe don Felipe GONZÁLEZ (ex presidente del Gobierno español): la Inquisición no caía sobre nadie por borracho, y el cerdo es manjar apreciado por los cristianos, especialmente el jamón. Y le aseguro que los inquisidores nos se dedicaban a vigilar si los presuntos conversos se abstenían de cerdo, como no fuera para arrebatarles el embutido, que de todo habría.

3. Isabel la Católica, a quien también cita nuestro héroe, expulsó a los judíos sí, de forma mucho más benevolente que británicos o franceses, por ejemplo, tras haberle mimado durante un siglo y trascender a las presiones europeas. Ahora bien, convertir por eso a la reina católica en una especie de racista es propia de la imbecilidad, en este caso sí, -imbecilidad manifiesta- de la progresía. Que la mujer que marcó la colonización española de América bajo la premisa de que el indio era hijo de Dios y digno de todo respeto, que encausó a los primeros conquistadores cuando abusaron del indígena, y que manifestó un celo evangélico y en ningún caso económico, que marcó la colonización más egregia, humana y cristiana de toda la historia, es una canallada impropia hasta de quien inventó el terrorismo de Estado en la democracia española.   

Y no, no le estoy insultando, le estoy informando.

Eulogio López - 2008-III.03 hispanidad.com

 

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CONTRA LA CONTAMINACIÓN HISTÓRICA - La Inquisición española y americana, -diversamente en forma y medida, a la Inquisición protestante, por ejemplo con respecto a los judíos-*, sí tuvo jurisdicción sobre los ciudadanos cristianos cuyas conductas afectaban los valores básicos de la propia identidad colectiva. La justicia penal ordinaria actuaba bajo conceptos e instrumentos similares. Ambas, derecho civil y derecho religioso, entraban en un comportamiento lógico estructural de la existencia misma del “Tribunal”, que resulta ser en definitiva, formalización en el tiempo de una función sociológica universal y permanente –la función de ‘control social’- ejercida absolutamente por todas las sociedades humanas conocidas para defender los valores que se consideran básicos en el mantenimiento de la propia identidad colectiva.  La justicia siempre necesita una investigación judicial, cuyas estructuras, coyunturas y acontecimientos van modificándose acordes a los tiempos históricos que toca vivir. En cada cabeza departamental, existe hoy un ‘Tribunal’ con un comportamiento lógico estructural a su misma existencia; que podemos mejorar pero nadie atiza fuegos para destruirlo… acontece más bien lo contrario. Caminando se dejan huellas e hilvanan un tejido histórico que suscitará mañosas como hábiles polémicas; con ardid, controversias alimentadas por las deformaciones ideológicas interesadas o, careciendo de conocimientos en las fuentes, muchos faltarán de objetividad. Historiadores artificiosos -contaminados y contaminantes- que confunden en analizar las tensiones, cometen errores de análisis y caen en parcialidades para mostrarlas como un todo. Obvio que todo Tribunal puede caer en excesos, disminuir importancias, descuidar datos y hasta tergiversar la propia investigación con consecuencias desastrosas. Lo esencial contra la contaminación es ubicarse en el contexto histórico, conocer el sistema orgánico del momento y sus reglas sociales; captar la mentalidad de época, sus lenguajes -inexactos a nos como técnicas inapropiadas-. Otrora, el judío converso, es decir, el judío que abandonaba su religión y abrazaba la cristiana, ya fuera por convencimiento, miedo, conveniencia política o por intereses financieros, dejaba de ser judío y a partir de ese momento se le consideraba cristiano.  Si su nuevo credo se deterioraba o practicaba la anterior religión, entonces sí, caía bajo la jurisdicción de la Inquisición. Pero no como judío, sino como ciudadano cristiano. Ahora bien, quien piensa que el judío converso seguía siendo judío por su origen de sangre, entonces ya nos habla de raza. El exclusivismo judío no es una quimera, es una realidad histórica, desde –continuar a finales del segundo milenio- a creerse el pueblo elegido de Dios, «único, exclusivo y excluyente», como si los demás pueblos no fueran hijos de Dios. Y en realidad, la tendencia a no mezclarse con los gentiles por medio de matrimonio, puede denotar –en ciertos casos- una señal con algo de exclusivismo. Conducta esta que también sedujo a ciertos cristianos, pero condenada por el Rey de lo judíos: Cristo Jesús.

*[En la Edad Media se esgrimía una razón religiosa para alimentar el odio contra los judíos. Sin embargo, para el pueblo judío, el mundo moderno Lenin y Hitler –sc.XX- aún fue mucho más cruel que la Edad Media». Hubo dos antisemitismos clásicos, el más benigno fue el religioso (España), el más terrible, el racial (Francia, Alemania bajo Lutero, Ucrania, Rusia, Centro Europa...). Aarón Appelfeld-(judío)  ‘ABC’ 2005-02-08]

CDV. 2006-XI-11

 

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1.      En el año 19 d.C. el emperador Tiberio, a instancias del antisemita Sejano, expulsó a los judíos de Roma (la ciudad) e Italia.
Ésta es la primera expulsión de Roma.
 

2.      En cuanto a la segunda expulsión hay dos opiniones.

1.      Hacia finales del reinado de Claudio (41-54 d.C.), merced a disturbios provocados por algunos instigadores anti-judíos, el emperador prohibió que los judíos se reunieran en las sinagogas, lo que motivó que un gran número de judíos abandonara Roma (la ciudad). Es decir, no fue un edicto de expulsión, sino un éxodo voluntario.
 

2.      Otra opinión, la de Gaio Suetonio, es más drástica, indicando que Claudio, por el motivo recién mencionado, realmente expulsó a los judíos de Roma, hacia el 49 d.C.

Basándonos en el silencio de Josefo al respecto, es la primer opción la más probable.

 

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Cyrus II el grande -  La región de Siria-Palestina, que formaba parte del Imperio Neobabilónico, fue subyugada pacíficamente. Ciro permitió el regreso a Jerusalem de las comunidades judías deportadas en Babilonia (Esdras), así como, según datos arqueológicos, de grupos de deportados arameos a su tierra de origen en Siria. Las ciudades fenicias no ofrecieron resistencia, y se estableció una especie de protectorado persa en ellas.


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La legislación contra los judíos en la España visigoda

A las 8:08 PM, por Luis I. Amorós

Categorías : Historia de las Españas, Fe y Reino

 

Al entrar en el Imperio, los godos hicieron suya la visión romana de la religión como asunto de estado. Mientras permanecieron arrianos, esta se convirtió en una fe nacional que mantenía la segregación entre los gobernantes germánicos y los gobernados romanos, fomentando la conciencia nacional goda. Algunos autores, como E.A. Thomson, consideran que la rebelión del mártir Hermenegildo, escondía una confrontación entre los godos convertidos al catolicismo alzados junto al príncipe, contra la mayoría de la nación, que permaneció fiel al rey. De hecho, la persecución religiosa que Leovigildo llevó a cabo, se dirigió principalmente contra godos convertidos al catolicismo (el obispo Masona, el monje Juan Biclarense, o su propio primogénito), sin molestar apenas a los romanos católicos, lo que lleva a pensar que había al menos tantos condicionantes políticos como religiosos en la lucha entre ortodoxia y herejía: el rey percibía una amenaza contra la unidad de los godos en la conversión de algunos de ellos a la fe de sus súbditos romanos.

Esta situación cambió con la conversión de su segundo hijo Recaredo al catolicismo, de forma privada a principios de 587, y públicamente durante el III Concilio de Toledo de 589, en el que, muy significativamente, el rey anunció la conversión de toda la nación goda al credo Niceano. De este modo, se llevaba a cabo la fusión religiosa entre godos e hispanorromanos, y con justicia se ha venido considerando esta fecha como la del nacimiento del reino español. La nueva monarquía, apoyada ahora sin reservas por la Iglesia y la nobleza hispana, inauguró una política de unidad religiosa, que tendría una importancia capital en la historia de España. Dentro de las fronteras del reino quedaba ya sólo una comunidad no católica, los judíos, una población heterogénea, más urbana que rural y más artesana que campesina, perteneciente a todas las clases sociales. Todavía no se hallaban especializados en la usura (debido a la prohibición del préstamo con interés entre cristianos decretada por la Iglesia) que les caracterizaría en la baja edad media.

 

Durante la época imperial, las leyes toleraban la práctica de su fe pero castigaban el proselitismo hacia los cristianos. La tradicional carencia de vocación misionera, hacía que estas prohibiciones no afectaran a las comunidades judías. El Breviario del rey arriano Alarico II (año 506) suprimió la mayoría de las leyes antijudías del código teodosiano, pero mantuvo la proscripción de los matrimonios mixtos (también prohibida por la ley judía), y la ley romana que vedaba a los judíos el acceso a cargos públicos o a la guardia de prisiones. Al igual que ocurre actualmente en Egipto con los coptos, los judíos podían reparar sus templos, pero no construir nuevos. El hecho de que el incumplimiento estuviese tasado con una multa de 50 libras de oro, sugiere que más bien se trataba de un impuesto encubierto a la construcción de sinagogas. Podían resolver los pleitos entre sus rabinos, y (curiosamente), no se les podía encarcelar en sábado. Sin embargo, Alarico II endureció los castigos al proselitismo: un judío que convirtiera a un cristiano sería condenado a muerte y sus propiedades confiscadas por la corona. El prosélito sufría privación de sus bienes y pérdida de su derecho a testificar en los tribunales (una suerte de inhabilitación legal en la época). Los judíos que desearan convertirse al cristianismo debían permanecer 8 meses como catecúmenos antes de ser bautizados. El recelo hacia los hebraicos se refleja en un canon del concilio de Agde del mismo año, que recordaba la prohibición a los cristianos de comer junto a judíos.

Tras la pérdida de casi todas sus provincial galas y el traspaso del centro de gravedad de los visigodos a la península, no se reflejan cambios importantes en la legislación sobre los judíos durante 80 años. En el III concilio de Toledo (589), antes referido, y a petición de los padres conciliares, Recaredo prohibió a los judíos comprar esclavos cristianos para su propio uso, aunque no traficar con ellos para venderlos a otros cristianos. Si un judío circuncidaba a un esclavo cristiano, perdería todos sus bienes y se convertiría en esclavo del Tesoro. Asimismo, confirmaba la prohibición de ocupar cargos públicos y los matrimonios o concubinatos mixtos, introduciendo la novedad de que los hijos de tales uniones debían ser educados en la fe católica y bautizados. Todas estas leyes confirmaban el esfuerzo del estado por mantener la segregación entre ambas comunidades y evitar que los judíos pudieran tener algún tipo de dominio sobre cristianos, pero no les prohibían practicar su fe. Estas leyes no fueron puestas en práctica estrictamente: en el concilio de Narbona del mismo año, se afirma que la provincia de Septimania cuenta con una floreciente colonia de judíos, en su mayoría mercaderes. Casi 10 años después, en 597, el papa san Gregorio redime 4 esclavos cristianos capturados por los francos y vendidos a los judíos de Narbona; y en 599, escribe una carta a Recaredo felicitándole por haber rechazado una gran suma de dinero que varios judíos pudientes le habían ofrecido para que no se aplicaran las medidas decretadas en el concilio.

Apenas ascendido al trono en febrero de 612, el rey Sisebuto (notable por sus éxitos militares y su inquietud literaria y astronómica) publicó una ley en cuyo preámbulo se mostraba profundamente defraudado por el incumplimiento de las leyes de Recaredo, que ponía al día y endurecía: antes del 1 de julio de ese año, todos los esclavos cristianos que todavía quedasen en poder de los judíos, debían ser vendidos a precio razonable a un comprador cristiano, o manumitidos y dotados con algunas posesiones por sus amos. El incumplimiento o la venta ficticia, suponía que el judío perdería la mitad de sus posesiones y el esclavo sería manumitido sin indemnización. Se volvía a promulgar la sentencia a muerte del judío que convirtiera a un cristiano, aunque ahora el prosélito sería azotado y convertido en esclavo de la corona si se negaba a abjurar del judaísmo. Asimismo, en los matrimonios mixtos, el cónyuge judío era ahora obligado a convertirse al catolicismo, o sufrir destierro. Esta nueva y radical ley fue firmada por el rey delante de los altos funcionarios de su corte (el officium palatinum), pero no ante los obispos, y Sisebuto pronunció una terrible maldición para todo monarca que en el futuro no hiciese cumplir esta ley; no satisfecho con esto, el rey comenzó a impulsar las conversiones forzadas al catolicismo a partir de 616, sin apoyarse en ley alguna. Esta política fue aplicada estrictamente en los primeros años de su reinado, decayendo su cumplimiento más tarde. Y es que, aparte de los sobornos que los funcionarios aceptaban con menor escrúpulo que Recaredo, esta iniciativa desagradó a muchos obispos, especialmente a san Isidoro, obispo de Sevilla, y cabeza de la Iglesia en aquellos años. Pese a que era amigo personal del rey, Isidoro se opuso a tales prácticas de conversión forzada, y en sus Etimologiae manifiesta con firmeza que la conversión al cristianismo se debía llevar a cabo por la persuasión, y no por la imposición. Hubo incluso nobles godos favorables a los judíos en aquellos años: Froga, nada menos que conde y prefecto de Toledo, levantó una sinagoga (contraviniendo la ley), y tuvo un altercado con el metropolitano Aurasius, que había convertido al catolicismo a varios prominentes judíos de la ciudad (conocemos algunos nombres: José, el rabí Isaac, Neftalí y otros). Leví Samuel, archisinagogo o presidente de la sinagoga de Toledo, protestó ante Froga, diciendo que estos habían sido engañados y forzados a bautizarse. El conde ordenó a un hombre que golpeara con un bastón a los catecúmenos cuando salieron por primera vez vestidos de blanco de la Iglesia. Aurasius excomulgó a Froga.

Muerto Sisebuto, en el IV concilio, convocado por su sucesor Sisenando en el 633, los padres conciliares, inspirados por Isidoro de Sevilla, condenaron en el canon 59 la política persecutoria del difunto, ya que “obligó por la fuerza a quienes había de haber convencido por la razón”, dando lugar a muchas recaídas y apostasías. El concilio hubo de tratar un grave problema derivado: muchos de los conversos forzados practicaban en secreto su antigua fe. Pese a condenar el procedimiento, los padre no podían negar la validez de esos sacramentos administrados por sacerdotes y hasta obispos, y ante la disyuntiva tomaron la decisión de prohibir las conversiones forzadas pero aceptar las ya realizadas como válidas. Consecuencia de esto, los conversos que siguieran practicando los ritos mosaicos sufrirían las mismas penas que los católicos que abjurasen. A propuesta del rey Sisenando, vemos decretar leyes dramáticas aplicables a los conversos: si habían circuncidado a sus hijos, estos les serían arrebatados y entregados a familias cristianas para su educación; no podían comunicarse con judíos; si abjuraban eran azotados, entregados como esclavos y perdían su derecho a testificar. La política de conversiones forzadas de Sisebuto provocó un problema social que iba a perpetuarse en el tiempo durante siglos, llegando a la cuasi paranoia durante los siglos XV a XVII: la de los conversos que judaizaban en secreto, cuyo examen se convirtió en la principal actividad del tribunal del Santo Oficio.

El estudio de la legislación visigótica transmite la sensación de ineficacia en su cumplimiento (en este aspecto como en otros). En el canon 62 y subsiguientes, se vuelven a repetir de nuevo las mismas viejas leyes: prohibición de ocupación de cargos públicos, de matrimonios mixtos, de poseer esclavos cristianos, de liberarlos si les han circuncidado… todo hace pensar que a pesar de los sucesivos decretos, tales prácticas seguían existiendo. En el canon 60 los propios padres conciliares reconocen que muchos laicos, sacerdotes y hasta obispos, protegen a los judíos. En el canon 58 sugieren que esta protección provenía del soborno, prescribiendo excomuniones y destierros a los clérigos o funcionarios que dejaran de aplicar la legislación contra los judíos a cambio de dinero.?La muerte en 636 de san Isidoro parece haber puesto fin a la resistencia de los obispos ante la voluntad persecutoria de los reyes godos, particularmente celosos en su estrategia de unidad religiosa. En el VI concilio de Toledo, celebrado en enero de 638, el rey Chintila manifestó públicamente su intención de “acabar en su reino con la superstición judía” y no permitir la presencia de ningún no católico en Hispania. En principio, los padres conciliares se limitaron a confirmar la excomunión para aquel que protegiera a los judíos de las leyes que les concernían, pero conservamos un documento fechado el 1 de diciembre de ese mismo año: se trata de un placitum o conversión probablemente forzada firmada por los judíos bautizados de Toledo, en la iglesia de Santa Leocadia, en la que renunciaban a sus antiguas creencias, ritos y fiestas judías, el sábado, la circuncisión y sus reglas de alimentación. Someterían al control de las autoridades todas sus escrituras, junto con la Misnah, y prometían lapidar hasta la muerte a aquel de ellos que se desviase lo más mínimo de la fe católica. Se sabe que este documento estaba inspirado por el rey en persona, y contradecía la disposición del IV concilio que prohibía la política de conversiones forzadas de Sisebuto. Sin duda, hubo más como este en todo el reino.

En 642 terminaba este primer brote de persecución del judaísmo, con el ascenso al trono del rey Chindasvinto, más preocupado por perseguir a la levantisca nobleza goda y rehacer el código de leyes. Pero en 653 su hijo Recesvinto gobernó en solitario a su muerte, y recrudeció de nuevo la persecución. En la ley XIII, 2 (3 a 11), añadida por él a la Lex visigothorum o código civil del reino (que pasaría al medievo con el nombre de Fuero Juzgo), se lleva a cabo por primera vez la represión directa de la práctica del judaísmo: tanto judíos como conversos tenían vedado atacar la fe católica, criticar las conversiones forzadas, o celebrar las fiestas o ritos judíos. Los trasgresores serían castigados con la muerte y confiscación de sus bienes. El judaísmo se convirtió en una fe clandestina. Se conserva un placitum del 18 de febrero de 654, en el que se cita expresamente el precedente de Chintila, de 15 años atrás, en el que los judíos reconocían que la obstinación de su impiedad les impedía reconocer al Señor Jesucristo y abrazar de corazón la fe católica. Se comprometían a no tener relación alguna con judíos no bautizados, ni casarse con ellos, practicar la circuncisión, celebrar el sábado, la Pascua judía ni otras fiestas hebreas; aunque no les gustara, no se abstendrían de comer cerdo. Serían cristianos en todos los aspectos y si descubrían que uno de ellos violaba alguno de estos compromisos, por insignificante que fuese, le darían muerte en la hoguera o lapidándolo. El IX concilio provincial de Toledo, de 655, obligaba a los judíos conversos a pasar las fiestas cristianas en compañía del obispo, que se cercioraría de que las celebraban adecuadamente, y el X provincial, de 656, condenaban a excomunión a los clérigos que (todavía) vendían escandalosamente esclavos cristianos a los judíos.

Y es que nuevamente vemos que las leyes promulgadas por reyes y concilios parecían no cumplirse en muchos casos. El paroxismo de la persecución contra los judíos se alcanzó durante el reinado de Ervigio. Apenas 3 meses después de su ascenso al trono, en enero de 681, convocó el XII concilio de Toledo, en el que solicitó y obtuvo de los obispos un conjunto de leyes que extirpase “las pestilentes raíz y rama del árbol judío”. No podían poseer libros que atacaran la fe cristiana, sufriendo en tal caso pena de 100 latigazos y decalvación; ponía el enésimo plazo para que los judíos liberaran a todos los esclavos cristianos que poseyeran y dejaran de ocupar cargos públicos. En lo demás confirmó las leyes de Recesvinto, salvo la muerte en hoguera o lapidación de los judaizantes, que abolió por excesiva, suavizando en ese aspecto la persecución. Decretó la conversión forzada de todos los judíos del reino: en el plazo de un año, aquellos que no se hubiesen bautizado serían azotados, decalvados y desterrados, y sus propiedades pasarían a la corona. Si algún judío circuncidaba a un prosélito, ambos serían bárbaramente castrados; tanto el proselitismo como la celebración de ritos o fiestas judías eran castigadas severamente, con la amputación nasal y la confiscación de los bienes. Los judíos conversos podían conservar sus bienes, pero debían pedir permiso para viajar, y tanto en su lugar de residencia como allí donde fuesen debían de presentarse al obispo del lugar. Los obispos quedaban encomendados en la tarea de vigilar y juzgar la buena práctica cristiana de los conversos, y debían leer estas leyes en su presencia para que no pudieran alegar ignorancia. Los obispos y jueces que ignoraran su cumplimiento a cambio de dinero, serían castigados con 72 sueldos.?Los padres conciliares confirmaron las leyes del rey en el canon 9, y no es extraño que lo hicieran, pues a su frente se hallaba san Julián, metropolitano de Toledo, gran teólogo, historiador y polemista, autor de varias obras que refutaban las creencias judías (Responsiones, el Prognosticon y otras, casi todas perdidas) y el mayor apoyo de Ervigio en su política. Como otros célebres perseguidores (Torquemada, por ejemplo), Julián era hijo de judíos conversos, y su ardiente defensa del catolicismo y rechazo al judaísmo nos habla elocuentemente del devastador cisma que las conversiones habían producido en el seno de la propia comunidad hebráica.

En el año 687 Ervigio murió, y fue sucedido por su yerno Egica, un monarca duro e implacable, que procuró por todos los medios a su alcance asegurar para su familia la preeminencia en el trono. A pesar de las persecuciones, algunas comunidades seguían sosteniéndose: conocemos un sepulcro hallado en Narbona, en el que fueron enterrados 3 niños judíos víctimas de la peste que azotaba la Galia. Su padre no temió inscribir en la lápida una frase en hebreo y una palmatoria de 5 brazos. En el XVI concilio de Toledo, celebrado en febrero de 693, el rey, en su escrito dirigido a los padres conciliares, repite el ya ritual y monótono propósito de “destruir definitivamente al judaísmo”, pero sus medidas fueron dirigidas más bien a privarles de sus medios de subsistencia: un converso podía comerciar con un cristiano, pero si este tenía dudas, debía recitar el Padrenuestro y el Credo públicamente y comulgar ante testigos. Los judíos sólo podían comerciar entre ellos y estaban sujetos a un impuesto especial, que es citado como ya existente, pero que no aparece en ninguna ley previa, por lo que es imposible saber desde cuando se aplicaba. Los conversos quedaban exentos de pagar el impuesto judío, y sin duda se trataba de un aliciente para animarles al bautismo. Egica observa que muchas sinagogas estaban abandonadas y en ruinas, signo de que las conversiones o exilios habían hecho desaparecer comunidades judías enteras; lo cierto es que ninguna ley había obligado demoler las sinagogas.

Dadas las circunstancias, no es extraño que Egica abriese el XVII concilio de Toledo (694), con una alarmada preocupación por noticias que había recibido, acerca de rebeliones de judíos contra sus gobernantes cristianos en otras partes del mundo, así como de conspiraciones de los judíos del reino con “sus hermanos de ultramar” para levantarse conjuntamente y “destruir la religión cristiana”. Tales conspiraciones, si realmente fueron algo más que una trama inventada, resultan humanamente comprensibles, teniendo en cuenta las dificultades que sufrían los judíos para vivir en el reino hispanogodo. Los enemigos con los que andarían en tratos, aunque no son citados, serían probablemente los árabes, dado que los bizantinos se hallaban en franca decadencia y a punto de perder sus últimas posesiones africanas. Los obispos, a petición de Egica, aprobaron en el canon 8 la más dura ley jamás promulgada en España contra los judíos, ahora acusados no sólo de infieles, sino de traidores al rey: todos ellos serían convertidos en esclavos de la corona y sus posesiones confiscadas, siendo vendidos en puntos distantes dentro del reino. Curiosamente de tan radical medida fueron excluidos los judíos de la provincia Narbonense, en atención a los daños sufridos por la peste. Esto trasluce que, con seguridad, el celo religioso no pesaba más que la posibilidad de incautarse de propiedades que pasaban al Tesoro de la corona, y a los familiares y partidarios del rey. Como sucedió con las leyes anteriores, probablemente no fue cumplida en muchas áreas de España, pero sin duda supuso un auténtico clímax de sufrimiento para muchas comunidades judías. Alrededor del año 700, y convocado por Vitiza, hijo de Egica, tuvo lugar el XVIII concilio de Toledo, cuyas actas se han perdido; algunos cronistas medievales afirman que en él se revocaron todas las leyes antijudías, pero su testimonio tiene escaso valor.

Tras la muerte de Vitiza en el año 710, y la guerra civil entre los godos, es conocido que los musulmanes invadieron la península, conquistando el reino en el plazo de 3 años.

Su caudillo Tarik obtuvo la ayuda de los judíos para conquistar muchas ciudades, entre ellas destacan Córdoba, Granada, y la capital Toledo, donde abrieron las puertas al ejército bereber. Los emires impusieron a católicos y judíos un impuesto especial y les vedaron el acceso a cargos públicos, pero les permitieron practicar libremente su religión. Los judíos volvieron a florecer en muchas ciudades del califato (podemos destacar al médico y filósofo aristotélico Maimónides), y seguirían haciéndolo cuando estas fueron reconquistadas por los reyes cristianos, que obtenían de ellos muchos beneficios económicos, hasta las persecuciones de finales del siglo XIV.

http://infocatolica.com/blog/matermagistra.php/1004090808-la-legislacion-contra-los-jud

9 IV DEL MMX.  Luis Ignacio AMORÓS (Valencia, ESP.1972). Seglar católico. Doctor en Medicina, catequista de confirmación, voluntario de Cáritas en Atención al inmigrante, ministro extraordinario de la Comunión desde 2005, ha sido editor del portal de la CTC del Reino de Valencia desde 2004 a 2008.

 

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El Santo Sepulcro - En una antigua cantera de piedras, un bloque quedó abandonado: mide once metros de alto y algunos metros de lado. A la vuelta del exilio el fondo de la cantera fue rellenado hasta una altura de seis metros. La parte alta del bloque de piedra aislada aparece sola. En frente de la cantera varias tumbas fueron excavadas al igual que una pequeña necrópolis. Algunos metros separan la entrada de las tumbas de la parte alta de la roca y un jardín ocupa este espacio cerca de las tumbas.
Aquí una síntesis histórica

30/3: Ano de la crucifixión de Jesús
135: Construcción del foro romano y del Templo de Venus sobre el lugar del Calvario
326: Santa Elena llega a Jerusalén. Se destruye el Templo pagano y se inicia la construcción de la basílica
614: Los Persas invaden Palestina e incendian la basílica
634: Modesto reconstruye la basílica
638: Siendo Patriarca Sofronio Jerusalén se rinde al califa Omar
815: El Patriarca Tomas repara los danos causados por un terremoto
841: Incendio de la basílica causado por un aventurero
935: Los Musulmanes intentan construir una mezquita al lado de la basílica
966: Nuevo incendio provocado por los musulmanes
1009: El califa Hakim ordena destruir el temple constantiniano. La tumba de Jesús fue destruida   
1042: Constantino Monomaco realiza un esquema de reconstrucción
1130-49: Los Cruzados construyen una nueva basílica de estilo románico
1808: Nuevo incendio
1927: Un terremoto puso en peligro la basílica
1998: Nueva cúpula

 

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...Del antisemitismo español. Que la expulsión de los judíos en 1492 -instada por el judío converso Torquemada en contra de la opinión original de los Reyes Católicos- fue un drama de enormes dimensiones es innegable. Sin embargo, jamás puede utilizarse como argumento para cargar sobre España el antisemitismo de toda Europa. Las matanzas de judíos acontecidas en Francia y Alemania en 1096 con ocasión de la primera cruzada carecieron de parangón español y no son pocos los casos, como en vísperas de las Navas de Tolosa, en que los caballeros españoles protegieron a sus compatriotas judíos del antisemitismo de los franceses y demás extranjeros que acudían a España a combatir contra el islam. Tampoco comenzaron en España las disputas antitalmúdicas, sino en Francia en 1240, impulsadas por un judío converso llamado Nicolás Donín. Cuando en 1263 el judío Najmánides se vio inmerso en Barcelona en una controversia semejante gozó de una libertad de argumentación absolutamente impensable para un correligionario suyo al norte de los Pirineos. La acusación vergonzosa de crimen ritual contra los judíos tampoco surgió en España, sino en la inglesa Lincoln, con ocasión de un episodio absolutamente bochornoso, y el primer cargo contra los judíos por profanar una hostia consagrada tampoco se dio en nuestro suelo sino en una localidad cercana a Berlín en 1243. Ni siquiera fue España la primera en expulsar a los judíos. En 1290 se decretó su expulsión total de Inglaterra, en 1306 de Francia aunque había sido precedida por otras parciales, durante el siglo XIII de diversas zonas de Alemania y todavía en 1519 se produjo la expulsión de Ratisbona. Sí hubo empero una diferencia entre estos episodios y el español, la de que los judíos -procedentes en no pocos casos de otros países europeos- la sintieron más porque precisamente en Sefarad habían vivido una edad dorada que no tuvo equivalencia en ningún otro lugar del mundo.

Si es cierto que la política de expulsiones fue terrible, no lo es menos que España no fue la única nación que la llevó a cabo, ni la primera ni tampoco la más cruel. Sí es, hasta donde yo sé, la única que públicamente ha pedido perdón a varios siglos de distancia por esos hechos. Algo muy similar puede decirse en relación con sus tratos con el islam. En una Europa que recibe pacífica y anualmente centenares de miles de musulmanes puede parecer políticamente correcto condenar a la España de la Reconquista, pero semejante conducta constituye un error histórico de bulto. Ha sido precisamente Paul Fregosi, un autor no español, el que ha señalado recientemente en su libro Jihad el peligro que el avance musulmán supuso para Occidente durante siglos. Basta leer las fuentes cristianas y musulmanas del periodo de la Reconquista para percatarse de que la supuesta convivencia entre las tres religiones no pasa de ser un mito y que la situación de las poblaciones sometidas al islam fue extraordinariamente dura. Como ha indicado Fregosi muy acertadamente, sin el papel de naciones como España y, en menor medida, Rusia, Occidente se habría visto anegado ante el impulso de las oleadas de los fundamentalistas islámicos de origen norteafricano o de los turcos. Para los que vivieron esos episodios, los españoles que combatieron defendiendo Viena contra los otomanos, que frenaron a los hombres de la Sublime Puerta en Lepanto o que sofocaron la sublevación de los moriscos de las Alpujarras en connivencia con el avance turco en el Mediterráneo y la conquista de Chipre no eran bárbaros racistas e intolerantes, sino protectores de una cultura que se veía a punto de ser aplastada por la violencia de la media luna.

Sin duda, en la lucha contra el islam se cometieron abusos pero, con todo, no se registraron ni las escenas de barbarie que los cruzados franceses, alemanes o ingleses cometieron en Tierra Santa ni se debieron a un racismo supuestamente característico de los hispanos. Este comportamiento español -desde luego no peor que el de otras naciones europeas de la época- quedó también de manifiesto durante la conquista de América. El 27 de diciembre de 1512, por ejemplo, se promulgaron las Leyes de Burgos, también conocidas como Ordenanzas dadas para el buen regimiento y tratamiento de los indios. A estas normas se añadieron otras cuatro leyes más, dictadas el 28 de julio de 1513 en Valladolid. Con ellas, se intentaba defender a los indígenas de los abusos siguiendo la línea de una pléyade de personajes como Fray Bartolomé de las Casas y se disponía el descanso de 40 días después de cinco meses de trabajo; su alimentación con carne; la prohibición del trabajo de las embarazadas; etc. Estas normas -al igual que otras- se cumplieron mejor o peor según las circunstancias, pero la intención de la Corona española no podía resultar más evidente. Por otro lado, una vez más, se trató de una conducta sin paralelo en otras naciones europeas. William Bradford, uno de los ingleses pertenecientes a los Padres Peregrinos de EEUU, describió, por ejemplo, de manera bastante realista los sentimientos de entusiasmo que el exterminio de los indios que los habían ayudado a sobrevivir a su llegada a América despertó en los colonos diciendo: «Fue una terrible visión contemplarlos friéndose en el fuego y los ríos de sangre que apagaban éste, y lo horrible que eran la peste y el olor que salían; pero la victoria pareció un dulce sacrificio, y dieron la alabanza por ello a Dios, que había actuado de una manera tan maravillosa en su favor, encerrando a sus enemigos en sus manos y dándoles una victoria tan rápida sobre un pueblo tan orgulloso e insolente».

En los siglos siguientes, los anglosajones llevarían a cabo una política consciente de exterminio de las etnias indígenas americanas, política defendida por personajes tan diversos como el autor de El mago de Oz o Theodore Roosevelt. En el curso de ese proceso incluso se realizó el primer ensayo de guerra química al entregar a los indios mantas contaminadas con viruela para que murieran con más rapidez. No debería extrañar, por ello, que, según su propia confesión, Hitler encontrara inspiración para parte de la política nazi contra los judíos en el ejemplo de la mantenida por los norteamericanos contra los indios. En ambos casos se perseguía el exterminio de una raza con fines de expansión territorial y económica y se tenía la convicción de obedecer a un destino providencial y racialmente superior.

Podríamos ampliar los ejemplos para dejar de manifiesto el carácter ahistórico, tendencioso y parcial de la leyenda negra recordando, por ejemplo, que Enrique VIII, padre del cisma anglicano, y su hija María ejecutaron a más protestantes que la Inquisición española o haciendo referencia a regímenes totalitarios de este siglo que ni nacieron ni arraigaron en España. Sin embargo, creo que los casos citados bastan para ilustrar lo afirmado ya. No se trata de ocultar dramas del pasado que no deberíamos olvidar jamás ni tampoco de cerrar los ojos a realidades que resultan incipientemente inquietantes en España y más cuando se observa como se desarrollan en otros países de nuestro entorno. Se trata más bien de ser equilibrados y veraces en los juicios históricos, y de no caer en etnicismos condenadores forjados en el pasado. Sólo esa conducta nos permitirá de manera sensata y democrática abordar las tareas del presente y los retos del futuro.
Dr. César Vidal, historiador, escritor y filósofo. –

 

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Los tópicos de la leyenda negra son bien conocidos: exageración de los males de la Inquisición, invento de oscuras intrigas sobre los reyes Austria, descrédito de la presencia de España en América, presunto fanatismo religioso de los españoles, expulsión de los judíos y de los moriscos, etc. No se trata de entrar en estos temas, sino de intentar explicar los porqués de esa campaña de descrédito y de su perdurabilidad como un locus historicus, un lugar común de la historiografía. Pero baste un dato. España no fue, ni mucho menos, la primera en decidir expulsiones de los judíos. Si en España fue en 1492, varios siglos antes ya habían tenido lugar expulsiones en Francia , en 1182, por mandato de Felipe Augusto; en Inglaterra, en 1290, por orden de Eduardo I de Inglaterra, que fue la primera expulsión de grandes proporciones; durante todo el siglo XIV, en Francia, expulsiones en 1306, 1321/22, y sobre todo la de 1394 por decisión de Felipe IV. Es más, durante siglos los judíos expulsados de Francia se refugiaron en España, país por el que tuvieron siempre predilección.

 

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Sobre la expresión "mantenerse en sus trece" (= obstinación), Ignacio Frías proporciona una interpretación estimulante, que no recoge José María Iribarren: "Es bien cierto que son muchos quienes defienden la tesis según la cual la frase hecha «mantenerse en sus trece» tiene origen en la pertinaz obstinación del Papa Luna. Pero hay otra posibilidad muy sugerente y, como mínimo, igual de bien fundada. Interviene la Inquisición. El judaizante se niega a renegar de su fe, compendiada en los trece artículos, dogmas o principios en que, en su Misné Toráh, Maimónides resumía la ley mosaica. Con frialdad asesina, el inquisidor hace constar: «sigue en sus trece». El marrano es declarado contumaz y relapso. 2008-07-23 L.D.ESP.

 

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Aclarando algunos conceptos – 

expulsión de los judíos España

  

 

Pío Moa, escritor historiador

 

 

El señor Alex Baer ha escrito una carta sugiriendo mi exclusión de Libertad Digital por antisemita. Creo que este señor confunde algunas cosas elementales, y no estará de más aclararlas, porque no sólo a él le pasa.

 

– Lo que llama revisionismo es un fundamento del “Discurso del método” cartesiano y una norma elemental en el trabajo científico. Negarlo es tratar de imponer el dogmatismo.

 

– Sobre el Holocausto hay material de sobra. Estoy seguro de que cualquier revisión honrada no hará sino confirmar el horror o añadirle más. 

 

– El hecho de que millones de judíos hayan sido asesinados por los nazis no quiere decir que  los judíos en bloque pasen a ser santos o libres de crítica. Entre ellos, como en cualquier otro pueblo, ha habido también criminales.

 

– Creo que el estado de Israel tiene derecho a existir. Soy consciente de que ha cometido y comete algunas brutalidades, pero también de que no se le puede juzgar desde la comodidad de Europa. Es un país acosado sin piedad, al que cualquier claudicación o error puede conducir a la catástrofe. Si Israel dependiera de la actitud falsamente humanitaria de Europa, habría sufrido ya un segundo holocausto.

 

– Las atrocidades del franquismo no tienen nada en absoluto que ver con el Holocausto. Los judíos, como pueblo, no habían hecho nada contra Alemania, más bien al contrario, y por eso su exterminio tiene un aspecto especialmente siniestro. En España había mediado una guerra civil en la que los dos bandos cometieron atrocidades, y en que hubo las consiguientes venganzas, como las hubo en Alemania o Italia según terminaba la guerra.

 

– Sobre las atrocidades del franquismo, el señor Baer, como judío, podía recordar que su pueblo tiene una importante deuda de gratitud con Franco.

 

– Equiparar la expulsión de los judíos de España en el siglo XV con el Holocausto, como hace Wisenthal, es como igualar un desahucio injusto con un asesinato. Es tan absurdo que habría que pensar en los motivos de semejante comparación.

 

– Decir que con la expulsión de los judíos España perdió  sus mejores elementos humanos, como hacen Américo Castro o Goytisolo, es, aparte de una notable tontería, una idea claramente racista.

 

– La expulsión de los judíos por los Reyes Católicos sí puede compararse a la expulsión de palestinos por los judíos en tiempos recientes. Es cierto que muchos palestinos salieron porque sus líderes se lo pidieron, para volver en tromba y en plan exterminador, pero otros muchos huyeron por el terror. Decir esto no es hacer antisemitismo, sino señalar un hecho cierto. Entre los judíos, como en cualquier otro pueblo, no faltan los fanáticos, y la frase de Wisenthal es propia de un fanático. 

 

– Dice que mis libros  son  antiprogresistas. Está claro que lo que el señor Baer y yo consideramos progresista no coincide. Nunca me parecerá progresista una “democracia” compuesta por comunistas, socialistas marxistas, anarquistas, racistas y republicanos que intentaban golpes de estado al perder las elecciones. El señor Baer tiene, por supuesto, derecho a pensar de otro modo, pero no a querer imponer su punto de vista y sugerir que quien no piensa como él debería ser excluido de Libertad digital.

 

– Dice el señor Baer que yo falseo la realidad histórica al negar la matanza de Badajoz o rebajar sus cifras. También él está en su derecho de creerse panfletos basados en la metodología de la “lucha de clases”, como el del señor Espinosa. Pero no tanto derecho a retorcer mi punto de vista. Que la matanza de la plaza de toros con toda aquella parafernalia de la leyenda fue un invento de la propaganda, no hay la menor duda de ello, y el propio Espinosa se ve obligado a reconocerlo, con sumo pesar. Yo no niego que hubiera otras matanzas, como en tantos otros lugares. ¿Cuánta gente murió? Las cifras de Espinosa deben ser indudablemente revisadas, ya que su metodología marxistoide arroja sobre ellas la mayor sospecha de propaganda. Él simplemente junta todos los nombres de muertos izquierdistas, cayeran en combate, en fusilamientos o por otras causas, en muchos lugares y ocasiones, y deja que el lector, como el señor Baer, se los imagine juntos en la famosa “matanza de Badajoz”. La experiencia de falseamiento de la historia por historiadores tipo “lucha de clases” es tan abrumadora, que nadie medianamente serio puede aceptar sus tesis sin una fuerte dosis de escepticismo. Los mismos nombres ofrecidos por Espinosa tendrían que ser revisados a fondo para creérselos. No sería la primera vez que se ofrecen víctimas con la ideología cambiada.

 

– El revisionismo histórico del que me acusa es, repito, una virtud y una necesidad científica, aunque al dogmático señor Baer le moleste. Y la acusación de antisemitismo que también me hace es sólo una falsedad interesada, para apoyar sus pretensiones dogmáticas y censoras. Utiliza el término en el mismo sentido en que los comunistas el de “antisoviético”. Ya conocemos esas cosas. 2003-12-03 – Esp.

 

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¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

 

R: No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos.

Doctor César VIDAL. 2004.03. España

 

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El medievo español no fue multicultural, dice la RAH

 

Redacción
Madrid- En la España medieval no existió una sociedad multicultural, sino «sociedades con transferencias culturales fragmentadas, como ocurrió en otros países», manifestó ayer Miguel Angel Ladero en la presentación del libro «Las tres culturas» en la Real Academia de la Historia (RAH). El libro, editado por la RAH y el Fórum de Barcelona, contiene –en castellano, catalán e inglés– las conferencias pronunciadas por los académicos sobre «Las tres culturas», y cuyo coordinador es su director, Gonzalo Anes. En el ciclo participaron cinco académicos, entre ellos Luis Suárez, Julio Valdeón, Miguel Angel Ladero, Eloy Benito Ruao y el propio director, Gonzalo Anes, que pronunció la última.
   Coexistencia si, convivencia no, explicó Luis Suárez, cuya conferencia versó sobre la situación jurídica de los judíos españoles, y puntualizó que la relación fue siempre buena entre las comunidades judías y los reyes y miembros de la alta nobleza o el clero, pero no con el pueblo bajo, protagonista de los incidentes contra las juderías. Por su parte, Eloy Benito Ruano, secretario de la RAH, explicó que la figura del converso fue característica de España precisamente porque no se les expulsó por raza sino por religión, y dijo que, a pesar de las conversiones forzosas, «las creencias íntimas son otra cosa». Ladero explicó que, en el caso de los árabes, por ejemplo, no existió la tolerancia a partir de la conquista de Alfonso VI porque, en realidad, se fueron casi todos y únicamente quedaron 150 en una población de 30.000. L.R. ESP. 2004-10-28

 

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Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, congregaos". En esta antífona del IV domingo de Cuaresma me gusta entrever, en las palabras de Isaías que la liturgia aplica a la Iglesia, el misterio de la Virgen Madre, de su gozo y de su dolor maternal. Porque María es la verdadera Hija de Sión, compendio espiritual de la Jerusalén antiguo, comienzo y vértice de la Iglesia de Cristo; más aún, es la Nueva Eva, la Madre verdadera de todos los vivientes.

Hoy se la invita a gozar como Hija de Sión y Nueva Eva. Pues no se puede comprender el dolor humano si no es en el contexto de una felicidad perdida, y el dolor no tiene sentido si no es con la perspectiva de una promesa de felicidad. "¡Festejad a Jerusalén!".

2. El dolor de Jerusalén alabada por los Profetas era consecuencia de la infidelidad de sus hijos que habían provocado el castigo de Dios y el exilio de la patria. El dolor de esta misteriosa nueva Hija de Sión, María, es consecuencia de las culpas innumerables de todos los hijos de Adán, culpas que fueron causa de nuestra expulsión del paraíso.

Por tanto, de modo único se revela en María el misterio salvífico del sufrimiento y el significado y amplitud de la solidaridad humana. Porque la Virgen no sufrió por Sí misma, pues era la Toda Hermosa, la siempre Inmaculada; sufrió por nosotros por ser Madre de todos. Como Cristo "tomó sobre Sí nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores" (Is 53, 4), también Ella fue abrumada como de dolores de parto a causa de una maternidad inmensa que nos regenera para Dios. El sufrimiento de María Nueva Eva al lado del Nuevo Adán Cristo, fue y sigue siendo el camino real de la reconciliación del mundo. "¡Festejad a Jerusalén. Alegraos de su alegría los que por ella llevasteis luto!"

 

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ISABEL LA CATÓLICA... EXPULSIÓN DE JUDÍOS…. ERA EN 1492….
DESPUÉS QUE INGLATERRA, FRANCIA, etc. HUBIERAN  TOMADO SÍMILES MEDIDAS…..

 

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Leyenda negra: Expulsión de los Judíos

 

Vittorio Messori
En conoZe.com

 

«Las presiones de los judíos a través de los medios de comunicación y las protestas de los católicos empeñados en el diálogo con el judaísmo han tenido éxito. La causa de la beatificación de Isabel la Católica, reina de Castilla, recibió en estos días un imprevisto frenazo [...]. La preocupación por no provocar las reacciones de los israelíes, irritados por la beatificación de la judía conversa Edit Stein y por la presencia de un monasterio en Auschwitz, favoreció el que se hiciera una "pausa para reflexionar" sobre la conveniencia de continuar con la causa de la Sierva de Dios, título al que ya tiene derecho Isabel I de Castilla.»

Así dice un artículo publicado en Il Nostro Tempo, Orazio Petrosillo, informador religioso de Il Messaggero. Petrosillo recuerda que el frenazo del Vaticano llegó a pesar del dictamen positivo de los historiadores, basado en un trabajo de veinte años contenido en veintisiete volúmenes. «En estas cantidades ingentes de material -dice el postulador de la causa, Anastasio Gutiérrez- no se encontró un solo acto o manifestación de la reina, ya fuera público o privado, que pueda considerarse contrario a la santidad cristiana.» El padre Gutiérrez no duda en tachar de «cobardes a los eclesiásticos que, atemorizados por las polémicas, renuncian a reconocer la santidad de la reina». Sin embargo, Petrosillo concluye diciendo, «se tiene la impresión de que la causa difícilmente llegue a puerto».


Se trata de una noticia poco reconfortante. Sin embargo, no es la primera vez que ocurre; ciñéndonos a España, recordemos que Pablo VI bloqueó la beatificación de los mártires de la guerra civil, por lo que podemos comprobar que, una vez más, se consideró que las razones de la convivencia pacífica contrastaban con las de la verdad, que en este caso es atacada con una virulencia rayana en la difamación, no sólo por parte de los judíos (a los que en la época de Isabel les fue revocado el derecho a residir en el país), sino también por parte de los musulmanes (expulsados de Granada, su última posesión en tierras españolas), y por todos los protestantes y los anticatólicos en general, que desde siempre montan en cólera cuando se habla de aquella vieja España cuyos soberanos tenían derecho al título oficial de Reyes Católicos. Título que se tomaron tan en serio que una polémica secular identificó hispanismo y catolicismo, Toledo y Madrid con Roma.

En cuanto a la expulsión de los judíos, siempre se olvidan ciertos hechos, como por ejemplo, el que mucho antes de Isabel, los soberanos de Inglaterra, Francia y Portugal habían tomado la misma medida, y muchos otros países iban a tomarla sin las justificaciones políticas que explican el decreto español que, no obstante, constituyó un drama para ambas partes.

Es preciso recordar que la España musulmana no era en absoluto el paraíso de tolerancia que han querido describirnos y que, en aquellas tierras, tanto cristianos como judíos eran víctimas de periódicas matanzas. Sin embargo, está más que probado que si había que elegir entre dos males -Cristo o Mahoma- los judíos tomaron partido por este último, haciendo de quinta columna en perjuicio del elemento católico. De ahí surgió el odio popular que, unido a la sospecha que despertaban quienes formalmente habían abrazado el cristianismo para continuar practicando en secreto el judaísmo (los marranos), condujo a tensiones que con frecuencia degeneraron en sanguinarias matanzas espontáneas y continuas a las que las autoridades intentaban en vano oponerse. El Reino de Castilla y Aragón surgido del matrimonio de los reyes todavía no se había afianzado y no es­taba en condiciones de soportar ni de controlar una situación tan explosiva, amenazado como estaba por una contraofensiva de los árabes que contaban con los musulmanes, a su vez convertidos por compromiso.

Desde el punto de vista jurídico, en España, y en todos los reinos de aquella época, los judíos eran considerados extranjeros y se les daba cobijo temporalmente sin derecho a ciudadanía. Los judíos eran perfectamente conscientes de su situación: su permanencia era posible mientras no pusieran en peligro al Estado. Cosa que, según el parecer no sólo de los soberanos sino también del pueblo y de sus representantes, se produjo con el tiempo a raíz de las violaciones de la legalidad por parte de los judíos no conversos como de los formalmente convertidos, por los cuales Isabel sentía una «ternura especial» tal que puso en sus manos casi toda la administración financiera, militar e incluso eclesiástica. Sin embargo, parece que los casos de «traición» llegaron a ser tantos como para no poder seguir permitiendo semejante situación.


En cualquier caso, como mantiene la postulación de la causa de santidad de Isabel, «el decreto de revocación del permiso de residencia a los judíos fue estrictamente político, de orden público y de seguridad del Estado, no se consultó en absoluto al Papa, ni interesa a la Iglesia el juicio que se quiera emitir en este sentido. Un eventual error político puede ser perfectamente compatible con la santidad. Por lo tanto, si la comunidad judía de hoy quisiera presentar alguna queja, deberá dirigirla a las autoridades políticas, suponiendo que las actuales sean responsables de lo actuado por sus antecesoras de hace cinco siglos».

Añade la postulación (no hay que olvidar que ha trabajado con métodos científicos, con la ayuda de más de una decena de investigadores que dedicaron veinte años a examinar más de cien mil documentos en los archivos de medio mundo): «La alternativa, el aut-aut "o convertirse o abandonar el Reino", que habría sido impuesta por los Reyes Católicos es una fórmula simplista, un eslogan vulgar: ya no se creía en las conversiones. La alternativa propuesta durante los muchos años de violaciones políticas de la estabilidad del Reino fue: "O cesáis en vuestros crímenes o deberéis abandonar el Reino."» Como confirmación ulterior tenemos la actividad anterior de Isabel en defensa de la libertad de culto de los judíos en contra de las autoridades locales, con la promulgación de un seguro real así como con la ayuda para la construcción de muchas sinagogas.

No obstante, resulta significativo que la expulsión fuera particularmente aconsejada por el confesor real, el muy difamado Tomás de Torquemada, primer organizador de la Inquisición, que era de origen judío. También resulta significativo y demostrativo de la complejidad de la historia el hecho de que, alejadas de los Reyes Católicos, aunque fuera por el clamor popular y por motivos políticos de legítima defensa, las familias judías más ricas e influyentes solicitaron y obtuvieron hospitalidad de la única autoridad que se la concedió con gusto y la acogió en sus territorios: el Papa. De esto sólo puede sorprenderse todo aquel que ignore que la Roma pontificia es la única ciudad del Viejo Continente en la que la comunidad judía vivió altibajos según los papas que les tocaron en suerte, pero que nunca fue expulsada ni siquiera por breve tiempo. Habrá que esperar al año 1944 y a que se produzca la ocupación alemana para ver, más de mil seiscientos años después de Constantino, a los judíos de Roma perseguidos y obligados a la clandestinidad; quienes consiguieron escapar lo hicieron en su mayoría gracias a la hospitalidad concedida por instituciones católicas, con el Vaticano a la cabeza.

El camino a los altares le está vedado a Isabel también por quienes terminaron por aceptar sin críticas la leyenda negra de la que hemos hablado y de la que seguiremos ocupándonos, y que abundan incluso entre las filas católicas. No se le perdona a la soberana y a su consorte, Fernando de Aragón, el haber iniciado el patronato, negociado con el Papa, con el que se comprometían a la evangelización de las tierras descubiertas por Cristóbal Colón, cuya expedición habían financiado. En una palabra, serían los dos Reyes Católicos los iniciadores del genocidio de los indios, llevado a cabo con la cruz en una mano y la espada en la otra. Y los que se salvaron de la matanza habrían sido sometidos a la esclavitud. Sin embargo, sobre este aspecto, la historia verdadera ofrece otra versión que difiere de la leyenda.

Veamos, por ejemplo, lo que dice Jean Dumont: «La esclavitud de los indios existió, pero por iniciativa personal de Colón, cuando tuvo los poderes efectivos de virrey de las tierras descubiertas; por lo tanto, esto fue así sólo en los primeros asentamientos que tuvieron lugar en las Antillas antes de 1500. Isabel la Católica reaccionó contra esta esclavitud de los indígenas (en 1496 Colón había enviado muchos a España) mandando liberar, desde 1478, a los esclavos de los colonos en las Canarias. Mandó que se devolviera a las Antillas a los indios y ordenó a su enviado especial, Francisco de Bobadilla, que los liberara, y éste a su vez, destituyó a Colón y lo devolvió a España en calidad de prisionero por sus abusos. A partir de entonces la política adoptada fue bien clara: los indios son hombres libres, sometidos como los demás a la Corona y deben ser respetados como tales, en sus bienes y en sus personas».

 

Quienes consideren este cuadro como demasiado idílico, les convendría leer el codicilo que Isabel añadió a su testamento tres días antes de morir, en noviembre de 1504, y que dice así:

 

«Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen».

 

Se trata de un documento extraordinario que no tiene igual en la historia colonial de ningún país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan difamada como la que se inicia con Isabel la Católica.

 

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Por los valores judeo-cristianos I

 

Por Dennis Prager

 

Ahora es el momento de abogar por los valores judeo-cristianos, específicamente los valores bíblicos. Creo que son el mejor grupo de valores para guiar la vida de personas y sociedades”.

 

Con esta primera columna, inauguro una serie de artículos dedicados a explicar y defender el caso por los llamados valores judeo-cristianos.

 

Hay una batalla épica desarrollándose ahora en el mundo acerca de qué sistema de valores debe adoptar la Humanidad. Hay básicamente 3 competidores: El laicismo europeo, los valores judeo-cristianos estilo EEUU y el Islam.

 

Ahora es el momento de abogar por los valores judeo-cristianos, específicamente los valores bíblicos. Creo que son el mejor grupo de valores para guiar la vida de personas y sociedades. Lamentablemente, suelen ser explicados sin racionalidad, hasta por creyentes judíos y cristianos, ahora, imagínenlo por los no creyentes y los miembros de otras creencias.

 

Así es que éste es el principio de un proyecto definitivamente ambicioso. Muchísima gente está profundamente desorientada entre lo que es el bien y el mal. Para poner un ejemplo: Miremos la confusión moral entre el valor de la vida humana y la vida de los animales.

 

Vengo preguntando desde 1970 a estudiantes americanos si ellos preferirían salvar la vida de su perro o la de una persona no conocida, ganando hasta ahora el perro...

 

A finales de 2004, una mujer de Tucson, Arizona mandó a los bomberos a su casa en llamas diciéndoles que sus tres bebés estaban dentro. Los bebés de los que la mujer hablaba y por los que los bomberos arriesgaron sus vidas eran sus tres gatos.

 

La organización más conocida en defensa de los animales, PETA,  patrocinada por los mejor educados de nuestra sociedad, ha lanzado una campaña internacional titulada "Holocausto en su plato" en la cual iguala freir millones de pollos con la cremación de millones de judíos en el Holocausto. Para PETA y sus partidarios, no hay diferencia entre la vida de un pollo y la vida humana.

 

Sólo una época tan moralmente confundida como ésta podría producir tanta gente que no distingue la distancia inconmensurable del valor entre la vida humana y la vida animal. Estamos viviendo esa época.

 

En gran medida, los valores fundados en Dios y la Biblia han sido reemplazados por valores laicos. El resultado es, como bien predijo el pensador británico G.K. Chesterton  al principio del siglo XX: "Cuando la gente deja de creer en Dios, no es que no crean en nada, es que pasan a creer en cualquier cosa."

 

Sí, el registro moral de la Europa cristiana es una mezcla, especialmente la relación con su única minoría religiosa continua: los judíos. Y uno tiene que ser muy inocentón para pensar que creer en Dios y en la Biblia garantiza la perfección moral y ni mucho menos comportamiento decente.

 

Así es que Chesterton tenía razón. El colapso del Cristianismo en Europa la llevó a los horrores del nazismo y del comunismo. Y a las confusiones morales de estos tiempos, como la comparación moral de un país libre como los Estados Unidos con la totalitaria Unión Soviética, o de un país amante de la vida como Israel con sus enemigos, amantes de la muerte.

 

La muy citada frase "La religión nos ha llevado a más guerras y maldad que ninguna otra causa" es una mentira popularmente aceptada. Los sucesores laicos del Cristianismo han asesinado y esclavizado más gente que todas las religiones de la Historia (a pesar que elementos significativos dentro del Islam, religión no judeo-cristiana, hoy asesinan y esclavizan por igual y si no se detiene ya mismo en Sudán y en otros sitios podrían emparejar las cifras con el nazismo o el comunismo).

 

En realidad, fue un judío laico, el gran poeta alemán Heinrich Heine quien comprendió que a pesar del antisemitismo y otros errores morales, el cristianismo en Europa fue lo que previno la masacre al por mayor de seres humanos, algo que ya era rutinario con el colapso del Cristianismo. En 1834, 99 años antes de que Hitler y los nazis se llegaran al poder, Heine advirtió:

 

En Alemania se producirá un drama que hará que la  Revolución Francesa parezca algo inofensivo y banal. El cristianismo ha frenado el ardor militar por un tiempo pero no lo destruyó; una vez que el talismán moderador (la cruz) se haga añicos, el salvajismo se levantará otra vez...

 

Lo que tenemos que hacer hoy es abogar de manera racional y persuasiva sobre la necesidad de abrazar los valores que vienen de la Biblia. Nuestro caso debe ser más convincente que el que hacen los que representan los valores antibíblicos y que nos regalan a través de las instituciones educativas laicas del mundo occidental y de los medios informativos (noticias, cine y televisión)

 

Esto es lo que pretendo hacer. Los acontecimientos en las noticias me obligarán a escribir artículos sobre esos acontecimientos, pero no creo que nada de lo que haga en mi vida pueda compararse con la importancia de persuadir sobre los valores de la Biblia para que guíen nuestra vida y nuestra sociedad. Como judío que soy, me refiero al Antiguo Testamento como "bíblico", pero esto no debería ser ningún problema para mis lectores cristianos, ya que también es la primera parte de su Biblia. En realidad, como bien dijo el gran pensador judío Maimónides hace ya más de 800 años, son primordialmente los cristianos los que han difundido el conocimiento sobre la Biblia de los judíos a la Humanidad.

 

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Por los valores judeo-cristianos II

 

“Tener una sociedad laica es la razón principal para que una abrumadora cantidad de personas crea que, por ejemplo: "Lo que usted considera “terrorista” es considerado por otro “luchador por la libertad”

 

Para los que creen en los valores judeo-cristianos, lo correcto e incorrecto, el bien y el mal, vienen de Dios, no del raciocinio ni del corazón, ni del Estado, ni por mayoría absoluta.

 

A pesar que la mayoría de universitarios occidentales nunca han oído el caso sobre la necesidad de la moralidad basada en Dios, ya que el punto de vista laico domina la educación moderna y los medios informativos, el caso es tan claro como concluyente: Si no hay una fuente trascendente de moralidad (Moralidad es la palabra que uso como norma para describir el bien y el mal) entonces el bien y el mal se convierten en opiniones subjetivas y no en realidades objetivas.

 

En otras palabras, si no hay un Dios que diga: "No matarás" entonces matar no es malo. Mucha gente piensa que está mal pero que ésa es su opinión, no un hecho moral objetivo. No hay "hechos" morales si no hay Dios, sólo hay opiniones morales.

 

Hace algunos años debatí este tema en Oxford con Jonathan Glover, el actual catedrático de Ética en King´s College, Universidad de Londres y uno de los principales ateos moralistas de nuestro tiempo. Y como es un hombre de rara honestidad intelectual, me ha reconocido que sin Dios la moralidad es subjetiva. Él es uno de los pocos laicos que lo hace.

 

Esta es la razón para el relativismo moral: "Lo que yo piense que está bien para mí, está bien; lo que usted piense que está bien para usted, está bien". Esta idea impregna la sociedad moderna. Tener una sociedad laica es la razón principal para que una abrumadora cantidad de personas crea que, por ejemplo: "Lo que usted considera “terrorista” es considerado por otro “luchador por la libertad”; ¿por qué los mejor educados no han sido capaces de ver que, por ejemplo, un Estados Unidos libre es una sociedad más moral que una sociedad totalitaria como la Unión Soviética; ¿por qué? En pocas palabras: Una profunda confusión moral aquejó al siglo XX y continúa en este siglo.

 

Por eso, el New York Times, la voz del relativismo moral laico, estaba tan asqueado con la afirmación del Presidente Ronald Reagan que la Unión Soviética era "un imperio del mal". El mundo laico, especialmente su izquierda, teme y rechaza el lenguaje del bien y el mal porque sabe a valores religiosos y viola su relativismo moral. Es quizás la mayor diferencia entre Estados Unidos y Europa. Como bien decía el año pasado un artículo del New York Times sobre las diferencias entre europeos y americanos: "Se sabe que los americanos se sienten más cómodos que los europeos con las ideas del bien y el mal, de correcto e incorrecto..." No es sorpresa. Estados Unidos es una sociedad judeo-cristiana; Europa es, en gran medida, laica (y el Partido Demócrata americano, también).

 

A finales de los años 70, en una entrevista pública en Los Ángeles, pregunté a Arthur Schlesinger Jr., uno de los principales pensadores progresistas laicos de la generación anterior, ganador del Premio Pulitzer e historiador, si podría afirmar que Estados Unidos era una sociedad moralmente superior a la Unión Soviética. Aun cuando repetí la pregunta y aclaré que aceptaría encantado la existencia de buenas personas en la URSS y malas personas en Estados Unidos, él se negó a decirlo.

 

Una de las razones principales por la que la izquierda aborrece a George W. Bush es su uso del lenguaje moral, como por ejemplo su ampliamente criticada descripción de los regímenes de Corea del Norte, Irán e Irak como "el eje del mal". Esa gente rechaza el pivotal valor judeo-cristiano de la existencia objetiva del bien y del mal; nuestra obligación de hacer semejantes juicios. El laicismo nos ha llevado a la confusión moral lo que finalmente ha desembocado en parálisis moral.

 

Si usted no puede llamar a la Unión Soviética "imperio del mal" o al régimen iraní, norcoreano o iraquí "eje del mal" usted ha terminado por convertir el término "mal" en innecesario. Por eso, el término no se utiliza en presencia de sofisticada compañía laica, excepto en referencia a aquellos que lo usan (generalmente cristianos creyentes y judíos).

 

¿El aborto es moralmente malo? Para el mundo laico, la respuesta es: "Eso es algo entre la mujer y su médico". No hay una expresión más clara de relativismo moral: Cada mujer determina si el aborto es moral. Por otro lado, para la persona con valores judeo-cristianos, esto no es entre alguien y alguien más. Es entre la sociedad y Dios. Hasta entre gente creyente que difiere en la interpretación de la voluntad de Dios, nunca es eso de: "entre la mujer y su médico".

 

Y aquellos que contraatacan estos argumentos de la moralidad basada en Dios con la preguntita "¿El Dios de quién?", la respuesta es: El Dios que reveló Su moral en el Antiguo Testamento, el que judíos y cristianos (y nadie más) consideran como revelación divina.

 

El más conocido versículo de la Biblia es : "Ama a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18). Es una reflexión de la era secular en la que vivimos que poca gente se da cuenta que ese versículo termina con las palabras: "Yo soy Dios". Aunque totalmente convertido en frase laica para el común de la gente, el más grande de los principios éticos viene de Dios. Sino sería una frase más, sugerida por el ser humano, no más sugerente que decir: "No cruces la calle cuando esté en rojo!"

 

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Por los valores judeo-cristianos III

 

el creer sólo en la razón está basado en la irracional premisa de que la gente es básicamente buena. Usted tiene que creer que la gente es básicamente buena para poder creer que la razón humana llevará necesariamente a conclusiones morales”

 

Aquellos que no creen que los valores morales deben venir de la Biblia o que su base sea la enseñanza moral de Dios, argumentan que tienen una mejor fuente de valores: la razón humana.

 

En realidad, la era que comienza el asalto del Occidente moderno contra los valores judeo-cristianos se conoce como “La Edad de la Razón”. Esta “edad” nos trajo en la era moderna una etapa en la que los artífices de la Ilustración soñaron con ser liberados de los grilletes supersticiosos de la fe religiosa y depender sólo de la razón. Sin Dios y sin Biblia la razón los guiaría a una época de grandeza moral sin precedentes.

 

Y lo que vino fue una era que vio el declive de la religión en Europa y que no llevó a la época de grandeza moral sin precedentes, sino a crueldad sin precedentes, superstición, asesinatos en masa y genocidio. Pero los creyentes de la razón sin Dios se quedaron impertérritos. Los laicos han ignorado la vasta evidencia que muestra que el mal en gran escala es lo que sigue al declive de la religión judeo-cristiana.

 

Hay 4 problemas básicos con la razón divorciada de Dios como guía a la moralidad.

 

El primero es que la razón es amoral. La razón es sólo una herramienta, por consiguiente, puede fácilmente usarse para argumentar a favor del mal o del bien. Si usted quiere lograr el bien, la razón es inmensamente útil; si quiere hacer el mal, la razón es inmensamente útil. Pero la razón por sí misma no puede determinar cuál escoger. Es a veces razonable hacer lo que está mal o lo que está bien.

 

Es un disparate afirmar que la razón siempre nos indica el bien. La Madre Teresa dedicó su vida a alimentar y vestir a los moribundos de Calcuta. ¿Fue tomada esta decisión basándose en la razón? Para defender que fue basada sólo en la razón tendríamos que decir que cada persona cuyas obras son guiadas por la razón llegaría al mismo nivel de altruismo y que cualquiera que no viva como la Madre Teresa está actuando irracionalmente.

 

Esos europeos no judíos que arriesgaron sus vidas para salvar judíos durante el Holocausto ¿actuaron basándose en la razón? En una vida dedicada al estudio de los motivos de esos salvadores, jamás me he cruzado con ninguna persona que lo haya hecho por la razón. En realidad, era contrario a la razón para cualquier no judío arriesgar la vida para salvar judíos.

 

Otro ejemplo de la incapacidad de la razón para llevarnos a conclusiones morales. Virtualmente en cada pregunta controversial sobre la moral, no existe algo como un puramente racional punto de vista (ausente).  ¿Cuál es el puramente racional punto de vista de la moralidad del aborto, o de la desnudez pública, o del valor de un animal versus la vida humana, o de la guerra en Irak, o de la pena de muerte por asesinato? En cualquiera de estos temas, la razón por sí misma puede defender con efectividad cualquier posición. Por lo tanto, lo que determina las opiniones morales de cualquier persona, entre otras cosas, son sus valores y valores que van más allá de solamente la razón. (Aunque debemos poder explicar y defender esos valores con racionalidad). Si usted valora el feto humano, la mayoría de abortos son inmorales; si usted sólo valora el punto de vista de la mujer sobre el valor del feto, ningún aborto es inmoral.

 

El segundo problema con la razón como única guía moral es que no somos capaces de funcionar moralmente sólo con la razón como base. Nuestras pasiones, psicología, valores, creencias, emociones y experiencias influyen todas en la manera que hasta el ser más racional determina lo que es moral y si debe hacerlo.

 

Tercero, el creer sólo en la razón está basado en la irracional premisa de que la gente es básicamente buena. Usted tiene que creer que la gente es básicamente buena para poder creer que la razón humana llevará necesariamente a conclusiones morales.

 

Cuarto, aun cuando la razón lleve a una conclusión moral, ésta no obliga a seguirla de manera alguna. Regresemos al ejemplo del no judío en la Europa ocupada por los nazis. Imaginemos que una familia judía llama a la puerta, pidiendo ser escondidos. Imaginemos más allá, que basándose en fundamentos racionales (aunque no puedo imaginar ninguno) el no-judío decide que lo moral es esconder a los judíos. ¿Tomará esta decisión arriesgando su vida? Nunca si la razón lo guía. La gente no arriesga la vida por extraños basándose en la razón. Lo hacen por fe, fe en algo que trasciende más allá de la razón.

 

¿Todo esto significa que la razón es inservible? ¡Dios no lo quiera! La razón y el pensamiento racional están entre los hitos de la grandeza potencial de la Humanidad. Pero por sí sola, la razón no tiene mayor valor en la búsqueda más grande de todas: lograr seres humanos bondadosos y más decentes. Para lograr eso necesitamos a Dios, un manual divinamente revelado y la razón. Y aun así, no hay garantías de lograrlo.

 

Pero si quiere una evaluación rápida de dónde nos lleva la razón sin Dios, vaya directo donde la irracionalidad y la confusión moral está infiltrada de razón sin Dios: visite la universidad de su localidad.

 

©2005 Creators Syndicate, Inc.

©2005 Traducción por Miryam Lindberg

 

Dennis Prager es uno de los periodistas y comentarista radiofónicos más respetados de Estados Unidos, su programa se transmite desde Los Ángeles diariamente desde 1982. Sus artículos aparecen en grandes publicaciones americanas como Wall Street Journal, Los Angeles Times, Townhall y el Weekly Standard.

 

Libertad Digital agradece a Dennis Prager y a la Fundación Heritage el permiso para publicar este artículo.

 

“Conocereis de verdad”: 2005.02.28 Agradece la fuente: ‘Libertad digital’ Esp.

 

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El historiador judío Pinchas Lapide escribió en 1967: «La Santa Sede, los nuncios y la Iglesia católica salvaron de la muerte de 740.000 a 850.000 judíos».

 

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Velázquez

 

S. S. Juan Pablo II: "Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de un modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la auto-revelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada.

 

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"Mientras el Evangelio nos obliga a los cristianos a amar y a perdonar. No nos obliga a ser ingenuos"

 

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Encuentros marcados por el miedo. Una pesadilla que anida en el ánimo y la mente de quienes nacieron bajo el signo de Alá y su profeta Mahoma pero han decidido seguir a Cristo. Son conscientes de que la apostasía en el Islam no es un simple sustantivo, sino la posibilidad de una condena a muerte, pero hay quien está decidido a desafiar al terror. Son fieles cristianos y ciudadanos europeos que se sienten discriminados y temen por su vida. Hasta hoy han sobrevivido huyendo de cualquier manifestación pública de su fe. Ahora reivindican su derecho a vivirla abiertamente. Magdi Allam (mahometano) Mar Velasco - Roma.- 2003-10-29

 

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Como escribe el Papa Juan Pablo II a los obispos de Asia. “Aunque la Iglesia reconoce con gusto cuanto hay de verdadero y de santo en las tradiciones religiosas del Budismo, del Hinduismo y del Islam -reflejos de aquella verdad que ilumina a todos los hombres-, sigue en pie su deber y su determinación de proclamar sin titubeos a Jesucristo, que es “el camino, la verdad y la vida”... El hecho de que los seguidores de otras religiones puedan recibir la gracia de Dios y ser salvados por Cristo independientemente de los medios ordinarios que Él ha establecido, no quita la llamada a la fe y al bautismo que Dios quiere para todos los pueblos.” La Virgen nos asista en esta misión a nosotros encomendada. S. S. JUAN PABLO II – MAGNO  -  2003.

 

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El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER

 

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En contra de lo establecido por mitos como el de la convivencia pacífica de las tres religiones, la relación entre España y el islam ha venido caracterizada históricamente por una enorme tensión salpicada de guerras y violencia. En el siglo VIII, la invasión islámica de España aniquiló la cultura más floreciente de Occidente y sometió a la mayor parte de la población española a una ciudadanía de segunda clase, a la esclavitud o al exilio. Durante los siglos siguientes, la península Ibérica fue escenario de una enconada lucha de liberación nacional que enfrentó a un norte deseoso de reconstruir la unidad perdida con unos ocupantes musulmanes incapaces de crear un orden político estable y sostenidos por sucesivas invasiones norteafricanas.

El final de la Reconquista en 1492 no supuso la paz, sino una continuación de la lucha entre el islam y España en la que esta nación se convirtió en verdadero escudo de Occidente contra los ataques del imperio turco y de los piratas berberiscos. Ni siquiera la descolonización llevada a cabo por España en los años cincuenta del siglo XX detuvo las agresiones islámicas hasta el punto de que todos los conflictos armados de las últimas décadas han tenido como antagonistas a naciones islámicas (guerra de Ifni, Marcha Verde, guerra del Golfo, liberación de Perejil…).

En la actualidad, el islam implica un enorme desafío para España relacionado con temas como la inmigración, el terrorismo o las reivindicaciones marroquíes sobre ciudades españolas. Resulta, por lo tanto, aconsejable la lectura de este libro que permite conocer, sin los corsés de lo políticamente correcto, la esencia del islam, su relación histórica real con nuestro país y los retos que hoy plantea.
Dr. César VIDAL, historiador, filósofo y teólogo-España frente al islam. 2004.

 

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Don César Vidal es dr. historiador, novelista, tertuliano y mil cosas más, pero en este ámbito sus conocimientos vienen avalados por su Enciclopedia de las religiones.

Responde: Dr. CÉSAR VIDAL MANZANARES. ESP.filósofo y teólogo Autor de más de 100 libros.

 

P.¿Cree usted que el Islam tiene más dificultades que el cristianismo para sostener sociedades abiertas y tolerantes?

 

R.Sin ningún género de dudas. Conceptos como derechos humanos o democracia resultan absolutamente ajenos al Islam, a diferencia de lo que sucede con el cristianismo.

 

P.¿No cree, sin embargo, que en épocas pasadas hubo países islámicos notablemente más tolerantes que sus coetáneos europeos?

 

R.No, eso es una leyenda. En la misma Al Andalus, los periodos de cierta tolerancia se alternaron con matanzas y persecuciones. Piense que a partir del s. XI los judíos empiezan a emigrar hacia los reinos cristianos. A fin de cuentas, ellos y los cristianos sólo pueden ser dhimmíes.

 

P.¿Es de recibo que se siga recurriendo a la Inquisición para "demostrar" que el Islam y el Catolicismo son religiones equivalentes y que los europeos, simplemente, hemos llegado antes a la civilización de la libertad individual?

 

R.El Islam y el Catolicismo –a pesar de la Inquisición y de las cruzadas– no son religiones equivalentes. Por ejemplo, el catolicismo siempre ha conservado una veta pacifista (aunque fuera minoritaria) y no cree en la guerra santa por sistema, pero además afirma la individualidad frente al concepto de ummah islámico.

 

P.Perdone mi ignorancia islámica, pero... ¿cual es el concepto de ummah?

 

R.Frente a la idea de persona individual propia del cristianismo –en mucha menor medida del judaísmo– el Islam preconiza sobre todo la inserción en la comunidad de los creyentes o ummah. Ésta es verdaderamente la sujeto de deberes y obligaciones.

 

P.Entonces, ¿cabría pensar en el Islam como en un colectivismo, con todo lo que han conllevado los colectivismos en la historia (especialmente la del siglo pasado: comunismo, fascismo, nazismo...)?

 

R.En buena medida, sí; de ahí el desafío que supone para las sociedades democráticas. Por ejemplo, las dictaduras en el este de Europa o en la América hispana han podido ser seguidas por un proceso de transición, pero semejante proceso es implanteable en el mundo islámico... aún tenemos a Sadam Hussein  miércoles 26 – 2002 César Vidal – historiador, filósofo, teólogo, dr. en derecho, escritor

 

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P: ¿Cómo se explica que la "Granada de las 3 culturas" (árabe, judía y cristiana) no se repita en ninguna comunidad islámica? ¿O es que nunca existió tal tolerancia religiosa en Al-Andalus?

R: Jamás existió esa tolerancia. Para ser sinceros ni siquiera entre los musulmanes, porque la historia de Al-Andalus es prácticamente la de una guerra civil continuada entre los distintos grupos musulmanes. Imagínese la suerte de los judíos y no digamos ya la de los mozárabes.

 

P: No le parece hipócrita llamar "antisemita" a la izquierda cuando el Holocausto lo provocó la extrema derecha, y el actual gobierno está formado por los descendientes de los que temían "al sionismo y la masonería"?

 

R: No, es una realidad histórica como se vio, por ejemplo, durante el affaire Dreyfus en que había un antisemitismo de izquierdas y otro de extrema derecha. Al final, una y otra están más cerca de lo que parece y son antiamericanas, antisemitas, antiliberales, estatalistas... 2003-10-08 –Dr. César VIDAL- historiador, filósofo, teólogo, abogado, escritor de mas de 100 libros, comentarista, articulista.

 

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España año 1609 – y mahometanos

 

P: ¿Fue la expulsión de los moriscos nuestro Kosovo? ¿Se empleó el ejército contra la población civil? ¿No constituyó un desastre económico para algunas regiones?

R: 1. No, la expulsión fue necesaria y dadas las circunstancias de la época incluso se produjo con clemencia. En ese sentido apuntan hoy, desde luego, la mayoría de los historiadores. 2. Tampoco es cierto que se empleara al ejército contra la población civil ni que fuera un desastre económico porque a esas alturas los moriscos significaban ya bien poco. ESP. 2003-09-25 – DR. CÉSAR VIDAL.

 

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P: ¿Cree que no se valora suficientemente el papel de los mozárabes en la reconquista, que fueron determinantes en la superioridad de los reinos cristianos del norte, y también deja sin documentos a muchos musulmanofilos ensoñados con el Al-Andalus?

 

R: No tengo la menor duda de que los mozárabes fueron un fenómeno de una importancia verdaderamente excepcional. A dos siglos de la invasión islámica seguían conservando el romance y una cultura que los musulmanes se empeñaron en exterminar adoptando medidas verdaderamente genocidas. ¡Como para creer en la estupidez esa de la convivencia de las tres religiones! CÉSAR VIDAL. 2003-10-21  

 

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Desde el más escrupuloso respeto a las creencias de todos los hombres de buena voluntad, hay que concluir que diálogo, sí; mano tendida, siempre. Pero para entendernos, para colaborar, tenemos que empezar por tener claras nuestras diferencias. - Tomás Salas Fernández. 2003.06.27

¡Y con los mahometanos!

 

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Suele suceder que los musulmanes se sientan despreciados en occidente lo que no es verdad. Simplemente tienen que vivir en una sociedad abierta y pluralista que no está dispuesta a dejarles ser ciudadanos de primera mientras que los demás son de segunda. ¿Conoce usted algún país islámico donde podría tener estos Diálogos en libertad? DR. en historia antigua don CÉSAR VIDAL - 2003-06-24

 

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P: Tras leerle semanalmente he deducido que no ve en la ocupación de España por los árabes los beneficios que afirmaban mis libros en EGB, ¿es así?, ¿se puede afirmar que nos habría ido mejor sin esa ocupación?

R: Sin ningún género de dudas. Nos cercenaron de la Europa a la que pertenecíamos durante siglos obligándonos a una lucha por la supervivencia verdaderamente salvaje. Va a ser el tema de mi próximo libro, Dios mediante.

 

P: ¿Por qué dicen que los musulmanes descienden de Ismael, hijo de Abraham, del mismo modo que los judíos lo hacen de Isaac?

R: No los musulmanes sino los árabes. 2003-07-17 dr. CÉSAR VIDAL. ESP.

 

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MAHOMA: ‘Y Juro que hallarás que los peores enemigos de los creyentes son los judíos’

 

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Hay un capítulo que produce especial hipo: el dedicado al programa islámico de penetración en Occidente, que nos recuerda las palabras de monseñor Giuseppe Bernardini, arzobispo de Esmirna (Turquía), en el Sínodo del 99: «Durante un encuentro oficial sobre diálogo islámico-cristiano, un autorizado personaje musulmán, dirigiéndose a los participantes cristianos, dijo: Gracias a vuestras leyes democráticas os invadiremos; gracias a nuestras leyes religiosas os dominaremos». Título: Los nuevos perseguidos. Autor: Antonio Socci. Editorial: Ediciones Encuentro. 2003-07-11 Esp.

 

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“Es curioso que este también llamado progresismo laicista, no quiera saber nada con el cristianismo, aunque luego sean los más entusiastas defensores de la tolerancia, integración y entendimiento con los musulmanes”. 2004

 

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“Estemos alerta, no renunciemos a nuestros derechos fundamentales y, en todo momento, demos con serenidad y confianza razones de nuestra esperanza en Cristo, sabiendo que todo lo podemos en Aquel que nos conforta".

 

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«El mayor error de los cristianos del siglo XXI será dejar que el mundo se haga sin ellos, y, por tanto, sin Dios o contra Él. Y, el renunciar, abdicar o inhibirse ante una realidad presente, significa dejar el campo libre al mal, pero, además, no permite colaborar con el bien.»

 

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 Ruinas de una sinagoga judía

 

 

 

P: ¿Cree que Expaña debe pedir perdón por la actuación de la Inquisición al pueblo judío, como ya han hecho el Vaticano y países como Francia e Italia por la colaboración de sus gobiernos y parte de su población en el Holocausto? ¿Fue derogada explícitamente la pragmática de los Reyes Católicos de 1492 que expulsaba a los judíos?

 

 

R: He perdido la cuenta de las veces que se ha pedido perdón y se ha derogado explícitamente el decreto de marras pero, como mínimo, mínimo, han sido tres. Ya está bien, ¿no le parece? Porque Inglaterra no ha armado tanto jaleo y expulsó a los judíos antes.

 

 

 

P: Me gustaría saber si las fuentes judías confirman la intervención de los mandatarios judíos en la condena a muerte de Jesucristo. Gracias

 

 

R: Sí, incluso existe alguna fuente talmúdica que les atribuye en exclusiva la condena. El dato no es correcto pero sí significativo. 2004-01-27 – Dr. César Vidal, historiador antiguo, filósofo,  


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P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

 

 

R: … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. César VIDAL. Esp.


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P: Acabo de leer el libro de D. Flusser "El cristianismo, una religión judía". No acabo de entender cuándo, cómo y por qué se desarrolló la imagen de pueblo deicida sobre los judíos en el cristianismo. ¿Cómo hay que entender correctamente Mt 27, 25: "y respondiendo todo el pueblo dijo: su sangre sea sobre nosotros y nuestros hijos"

 

R: 1. La imagen del deicidio es una creación patrística ya en las inmediaciones del siglo IV; 2. El texto de Mateo 27, 25 reproduce las palabras de una parte de los acusadores de Jesús muy posiblemente porque estaban convencidos de que no se produciría semejante eventualidad. En el Antiguo Testamento y en el Talmud existe una enseñanza común en el sentido de que las injusticias cometidas por inocentes son castigadas en los pueblos que las ocasionaron sin excepción. Al respecto, episodios como el destierro en Babilonia, las guerras perdidas o la destrucción del Templo en el siglo I d. de C. se interpretaron teológicamente como castigos por la infidelidad de Israel. Naturalmente, no creo que los profetas de Israel lo afirmaran por antisemitismo sino porque creían en esa cosmovisión de la Historia, la misma que aparece en Mateo 27, 25 aunque, como ya digo, temo en sentido irónico y sin pensar que trajera consecuencias reales.

 

R: Finalmente –y dado que el tema me temo que va a salir mucho en los próximos meses– debe tener en cuenta que el Nuevo Testamento es un libro judío sobre un mesías judío de familia y seguidores judíos; y que los personajes que aparecen bajo una luz negativa en sus páginas como algunos fariseos o saduceos, aparecen aún peor retratados en el Talmud o los documentos de Qumrán.

 

 

 

 

 

P: ¿Qué opina de una posible ilegalización de partidos comunistas así como de partidos nazis?

 

R: Ésa ha sido durante décadas la posición sostenida en la legislación alemana. La verdad es que puestos a asesinar millones de personas los partidos comunistas han causado no menos del doble de muertos de los nazis. Quizá no sea una razón para ilegalizarlos pero, desde luego, no lo es para estimarlos. Dicho sea de paso, fueron comunistas los que crearon algunos medios de asesinato masivo popularizados por los nazis como los ametrallamientos masivos, el tiro en la nuca, el uso del gas con civiles o las camionetas con gas. Dr. César VIDAL. ESP. 2004-03-02. L.D.

 

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En el siglo VII los musulmanes invadieron a griegos, romanos, godos, judíos, iranios, indios. Los consideraban decadentes, como ahora a nosotros. Traían una cultura cerrada y dogmática, una teocracia de guerreros que, si morían, iban al paraíso. 2004.

 

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Justicia sin misericordia, es crueldad. San Tomás de Aquino.

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La honestidad histórica debe ser recíproca y los mahometanos saben que la invasión a la península ibérica, no fue ajena a las mayores barbaridades, incluyendo el martirio a cristianos. Hans T.Z.W.Esp.

 

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¿Por qué gran parte de la autoridad religiosa mahometana casi nunca denuncia las posibles – y muchas veces tan evidentes - actividades de terrorismo en las mezquitas europeas, etc.? 

¿Por qué hay tantos imanes al servicio del terrorismo islamista?

 

¿Qué tiene el islamismo tan atrayente al homicidio, terrorismo y crimen?

 

¿Qué hay en el trasfondo del islam tan fértil para atraer al desprecio de la propia vida y obsesionarse para matar la ajena en nombre de Dios?   

 

¿Qué nutre – detrás de las apariencias e intenciones – el islam para tener dificultades en condenar siempre y abiertamente el islamismo terrorista?

 

¿Por qué la clerecía islámica condena ‘a pena de muerte’ sin tapujos ni disfraces, a quien blasfema contra Dios o minimiza al señor Mahoma, o cuestiona al ambiguo Corán como libro iluminado, y no emana ‘fatwas’ contra quienes indiscriminada y bestialmente matan a seres humanos?

 

¡Buenos, caritativos y sinceros musulmanes – amantes de la vida, la paz y de la libertad – a menudo se muestran reticentes en denunciar y limpiar las mezquitas de las actividades terroríficas, tráficos no siempre lícitos y personas implicadas en obras impropias a un lugar de culto!

 

«Y quien calla consiente - o quien consiente, suele callar»

 

«Hay silencios que matan» 

“Hoy no es aceptable para quien quiere participar verdaderamente en la sociedad de las Naciones en sentido pleno, y no sólo fingir que reconoce principios para después pensarse si éstos no son conformes al Corán.”

2004.05.

 

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El judaísmo ante la ciencia

 


La Providencia, el Génesis y la vida moderna

Por Cyril Domb

La compatibilidad entre la fe y la ciencia es un tema de discusión siempre vivo. Los judíos observantes, como el autor de este artículo, también tratan de resolver este conflicto. Los enfoques no cristianos aportan una perspectiva distinta y, en ocasiones, coincidente con el cristianismo. El milagro, por ejemplo, no tiene por qué ir en contra de las leyes de la naturaleza; más bien se debe producir dentro de ellas. La evolución y la creación pueden defender ambas sus derechos, sin colisión, dentro del ámbito de la ciencia.


1. Introducción: Creencia

La ciencia no sería posible sin una creencia básica en la regularidad de la naturaleza, es decir, que al realizar un experimento en un tiempo y lugar dados, y ese mismo experimento, bajo las mismas condiciones, en otro tiempo y lugar diferentes, los resultados serán idénticos. No hay razón alguna para esta creencia, y de hecho, ni siquiera es cierta. Si medimos varias veces el número de partículas alfa emitidas en un segundo por un espécimen de material radiactivo bajo las mismas condiciones, se obtiene unas veces cero, otras uno, otras dos, etc. Pero es tan importante mantener la hipótesis básica a que nos estamos refiriendo, que para definirla se ha tomado un concepto prestado de la matemática: incluso si los números no son idénticos, las distribuciones probables sí lo son.
Con ayuda de esta hipótesis básica resulta posible construir sistemáticamente un cuerpo de doctrina conocido como hecho experimental y formular hipótesis que, con ayuda de las matemáticas y el razonamiento lógico, puedan abonar dicho cuerpo de doctrina. Los avanzados en astronomía y física se sintieron grandemente impresionados por la sencillez de las hipótesis que resultaban suficientes para satisfacer esta necesidad, que no precisa de formalidades lógicas. Entre los que pensaban que las leyes de la Naturaleza revelaban la obra admirable del Creador se encontraban (1) Copérnico, Kepler, Boyle, Newton y Maxwell. En nuestros días el más destacado exponente de este punto de vista fue Albert Einstein; su pensamiento queda resumido en el prólogo a la biografía definitiva escrita por Pais (2).

«. . .vivió una fe profunda —una fe sin fundamento racional— en que las leyes de la Naturaleza deben ser descubiertas. Toda su vida persiguió este intento. Su realismo y su optimismo quedan bien patentes en una frase suya: “Dios es sutil, pero no malicioso”. Cuando un colega le preguntó qué quería decir con ello, Einstein respondió: “La naturaleza esconde sus secretos por su excelsitud esencial, pero no por medio de artimañas”.»

Desde los días de Einstein toda una serie de nuevos descubrimientos ha reforzado su actitud: sirvan como ejemplos el papel de la simetría en la teoría de las partículas elementales, los pasos sustantivos hacia la unificación de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, y el descubrimiento de la radiación cósmica lejana interpretada como un residuo de la creación original del universo.

Los biólogos de estos dos últimos siglos se han mostrado, en general, escépticos en este punto. Para muchos de ellos, el punto dominante en la evolución y selección natural ha sido más el azar que la determinación; incluso aunque el mundo físico pudiese manifestar evidencias de determinación o planificación, el hombre no sería más que un accidente. No obstante, el hecho es que en las últimas décadas este punto de vista ha experimentado serias críticas; se han ido acumulando experiencias suficientes como para poner de relieve que muchas manifestaciones de la naturaleza, que habían venido siendo consideradas como arbitrarias, eran en realidad muy específicas (3), como, por ejemplo, que pequeños cambios en determinadas constantes fundamentales de la naturaleza habrían hecho imposible la vida. Esta situación ha sido descrita expresivamente por Dyson (4).

«Es verdad que hemos aparecido en el Universo por azar, pero la idea de azar no es más que una cobertura o tapadera de nuestra ignorancia. Yo no me siento como un extraño en este Universo. Cuanto más examino y estudio los detalles de su arquitectura mayor evidencia encuentro de que el Universo, en algún sentido, debe haber sabido que nosotros íbamos a aparecer en él.»

Así, nosotros, en 1992, encontramos que la existencia de un Creador es ampliamente aceptada por los científicos. Las notables exposiciones divulgadoras del progreso científico debidas a Paul Davies (5) dedican capítulos específicos a discutir el papel de Dios en la naturaleza. Con lo que resulta que ahora es el ateo el que tiene problemas para reconciliar sus creencias con el saber científico.

Sin embargo, la existencia de un Creador no es más que un primer dogma de la creencia religiosa. Todas las religiones dan por supuesto que es posible influir en la conducta humana por la educación y el ejemplo, lo que viene a significar que tal conducta no puede estar predeterminada; es decir, debe admitirse un elemento de voluntad libre en el hombre. Asimismo, una religión en la que la oración para pedir la ayuda de Dios ocupa un papel importante, implica que Dios interviene en el quehacer humano de cada día.

El judaísmo, al que yo voy a referirme en este artículo, contiene un determinado número de dogmas o principios de creencia, entre los cuales se encuentra el que el Pentateuco es de origen mosaico y posee validez eterna, y que el Antiguo Testamento representa un conjunto verdadero de hechos escrito bajo inspiración profética. Los principales puntos de creencia de la fe judaica fueron formulados primero por Maimónides, notable médico y filósofo judeo-español del siglo XII, que es uno de los más profundos doctores de la Torah(6) en la historia judía.

Esta formulación ha constituido desde entonces tema de estudio y discusión, pero sus principios básicos han sido universalmente aceptados por los judíos observantes. Hoy, sin embargo, han de ser presentados en términos modernos y sencillos y pueden dar origen a conflictos aparentes o reales con algunas expresiones o manifestaciones del pensamiento científico común. La mayor parte de este artículo tratará de explicar cómo los científicos judíos observantes tratan de resolver los conflictos que pueden surgir en esta esfera. A lo largo de la historia y como consecuencia del planteamiento de tales conflictos, se ha ido almacenando toda una reserva de experiencia considerable, que puede servirnos de guía en este intento. Un notable precedente son los ya citados escritos de Maimónides, en los que se relatan sus controversias con la filosofía aristotélica dominante en su tiempo.

2. Providencia divina

Cuando Dios se muestra ante Israel en el Monte Sinaí no se presenta como «Creador del Universo». El primer mandamiento (Exodo, 20, 2) dice: «Yo soy Yahveh, tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto», lo cual subraya su preocupación directa por los asuntos humanos. El Antiguo Testamento contiene descripciones acerca de cómo, en ocasiones importantes, Dios satisface las necesidades humanas. Es Él quien separa las aguas en el mar Rojo, quien envía grandes bandadas de codornices a los israelitas en el desierto para saciar su hambre, quien responde a las peticiones de Ana, que era estéril y que concibe un hijo varón. Cuando las hordas asirias de Senaquerib ponen sitio a Jerusalén y el rey Ezequías pide ayuda al Altísimo, Dios manda una peste que diezma a los sitiadores, obligándoles a levantar el cerco. Digamos, en fin, que el Antiguo Testamento está lleno de manifestaciones de la obra de Dios en beneficio de su pueblo.

Muchos de estos hechos aparecen como milagros. ¿Significan los milagros contravenciones de las leyes de la naturaleza? ¿Pueden ser contravenidas las leyes naturales?

El punto de vista tradicional judío es que Dios, creador de las leyes de la naturaleza, tiene el poder de revocarlas, pero que sólo lo hace en contadísimas ocasiones. En el lenguaje del Midrash (7): «El Todopoderoso llegó a un acuerdo con todo lo que fue creado en los seis días de la creación... que las aguas se separasen ante los hijos de Israel, que el pez vomitara a Jonás, que el fuego no abrasara a Ananías, Azarías y Misael.» Se puede interpretar este pasaje como una indicación de que tales milagros son muy raros, y muy aislados los casos en que la contravención de las leyes de la naturaleza son el resultado de una mención o aviso anterior; en circunstancias normales, las leyes de la naturaleza son prioritarias.

¿Qué carácter tienen otros muchos acontecimientos «milagrosos» recogidos en las páginas del Antiguo Testamento? Éste ha sido el tema de un amplio ensayo, muy reciente, de Radkowsky (8), quien subraya que el término «milagro», que aparece de vez en cuando en la literatura científica moderna, tiene una connotación muy diferente. Nachmanides, el notable estudioso de la Torah del siglo XIII, señala que un hecho sorprendente e inusual no constituye por ello mismo un milagro digno de ser recogido en la Biblia. Cualquier lector del Libro de los Records de Guinnes no puede sentirse impresionado por los hechos inusuales que han sido recogidos en él como sucesos naturales. Nachmanides afirma que en el Antiguo Testamento un milagro es un hecho inusual que acontece después de haber sido predicho. La emigración de las codornices es un fenómeno natural bien conocido; el milagro surge si vienen a las manos de un pueblo exactamente cuando se les ordena, tal como Dios había dicho a Moisés. Las epidemias son un hecho en la vida diaria, pero una epidemia que diezma el ejército asirio hasta tal punto que le obliga a levantar el sitio de Jerusalén, según lo que Isaías había profetizado, es un milagro.

Los hechos ordinarios están dentro del marco de las leyes naturales. De hecho, el judaísmo en la era post-bíblica encarece la oración sólo para lograr objetivos que pueden ser obtenidos en un contexto natural (9). Pero no consulta a la opinión científica común para decidir lo que es y lo que no es posible: tiene sus propias tradiciones ya establecidas. Por ejemplo, las plegarias para implorar la lluvia constituyen una parte de las oraciones diarias judías; existe una fórmula especial para pedir la salud de un enfermo, y desde el tiempo de los Patriarcas las parejas sin hijos han orado para pedir descendencia. La creencia de que estas súplicas pueden ser oídas y atendidas chocan con el concepto determinista del Universo imperante en el siglo XIX. Cuando un dogma de fe choca con una teoría científica ordinaria, el creyente no abandona la fe, sino que se reafirma en ella, sabiendo que las teorías científicas pasan, y espera la aparición de una nueva teoría que se concilie con su fe.

En el tiempo presente, el determinismo está ya completamente abandonado. A nivel básico, la teoría cuántica está encerrada en el lenguaje de la probabilidad, y la teoría del caos ha mostrado que por muchos sistemas semejantes que la teoría de los cuantos no diferencie, pequeños cambios verificados en condiciones iniciales, imperceptibles para el hombre, pueden tener consecuencias incalculables. El azar y la indeterminación están presentes en el análisis moderno de los sistemas complejos; pueden parecer indeterminados para los seres humanos, pero el judío observante cree que son conocidos por Dios, poseedor de todo saber y poder.

El ejemplo de la lluvia proporciona una ilustración particularmente interesante, más aún cuando se ha aceptado recientemente que los fenómenos meteorológicos son determinísticos, pero tan complicados, que aún no sabemos cómo descifrarlos. El punto de vista común (10) acepta la prevalencia del «efecto mariposa» según el cual, un sistema meteorológico puede ser tan sensible que el simple aletear de las alas de una mariposa puede originar un huracán. No hay, pues, mucha dificultad en encontrar aceptable la existencia de incidentes concretos por los que las codornices bíblicas pudieran haber sido desviadas de su camino migratorio normal, o por los que unas bacterias o virus pudieran haber desencadenado una epidemia en el ejército asirio, sitiador de Jerusalén. Un judío religioso no confía únicamente en la plegaria, sino que conoce bien que debe tomar las medidas precisas para conseguir de manera natural los objetivos que pretende. Y así, en el caso de una enfermedad deben buscarse los mejores remedios posibles; el progreso de la medicina actual ha dado cabida a la esperanza de que no haya enfermedad realmente incurable si se consiguen los conocimientos suficientes acerca de ella. En los casos de infertilidad deben hacerse todos los esfuerzos que sean posibles para hacer avanzar los procedimientos destinados a remediarla. Dios responde a las oraciones de muchas maneras, y el médico y el científico pueden ser los «instrumentos» a través de los cuales se canaliza la respuesta.

A la luz de todo lo anterior, consideremos uno de los acontecimientos históricos del presente siglo, la supervivencia del Reino Unido en 1940 y su influencia en el resultado de la II Guerra Mundial. Todos los antecedentes de la historia militar hacían pensar que los ingleses habrían debido ser derrotados sin remedio a principios de los años 40. Los alemanes habían conquistado la mayor parte de Europa y habían logrado una impresionante superioridad militar por tierra y aire; habían organizado una potente flota de submarinos, con lo que también parecían dominar los mares. Cualquiera que lea un libro como el de R.V. Jones, Most Secret War (11), en el que se describe la situación interna de la época, no puede dejar de advertir notables «coincidencias», por ejemplo, el desarrollo de los Spitfire, del radar, el desciframiento del código secreto alemán por la máquina Enigma, etc. Pero con todo ello, aún era muy estrecho el margen de posibilidades.

Entonces, sucedió algo que parece increíble. Frustrado por no poder acabar con los británicos según los planes que había trazado, Hitler desafió la práctica militar normal y abrió un segundo frente contra la Unión Soviética. El ejército alemán era tan poderoso y estaba tan bien preparado, que la aventura de Hitler estuvo a punto de triunfar: en noviembre de 1941, los alemanes habían llegado a los suburbios de Moscú. Pero entonces se encontraron con uno de los inviernos más crudos de los últimos tiempos. La temperatura en Moscú descendió hasta 52° bajo cero y la gente moría de frío en las calles (12). Los planes militares de Alemania quedaron totalmente desbaratados: éste fue el principio del cambio de dirección de la campaña y de la guerra.

Para el creyente esto no fue una coincidencia: parece que este hecho es un buen candidato a presentarse como un milagro del siglo XX.

3. El Génesis y la vida moderna

Al principio de este trabajo hemos señalado que para un judío observante el Pentateuco tiene validez eterna, es decir, que contiene un mensaje para todas las generaciones. Ahora bien, no todo lo que se relata en el Pentateuco debe ser tomado al pie de la letra. Así, interpretar literalmente el versículo «Circuncidad, pues, el prepucio de vuestros corazones» (Deut 10, 16), es, evidentemente, absurdo. Maimónides incluye la incorporeidad de Dios en su relación de dogmas de la fe judaica, e insiste por ello (13) en que cualquier referencia al «dedo de Dios» (Ex 8, 15), «el brazo extendido de Dios» (Ex 6, 6) y la «faz de Dios» (Ex 33, 20) debe ser interpretada simbólicamente (14).

En la época de Maimónides y durante varios siglos después, el mundo intelectual estaba dominado por la doctrina de Aristóteles acerca de la eternidad de la materia. Si hubiera estado convencido de que esta descripción era válida, habría estado también preparado para interpretar los primeros versículos del Génesis simbólicamente y de manera coherente con aquella hipótesis. Esto no hubiera creado más dificultad que las interpretaciones simbólicas de las referencias corporales a Dios. Sin embargo, dado que no encontró razones poderosas para asentir en este punto de vista, se adhirió a la interpretación tradicional. En conjunto, sentó las líneas de que los textos debían ser tomados literalmente a menos que hubiese razones convincentes en contra, en cuyo caso deberían ser considerados simbólicamente (15).

En abierta oposición a las doctrinas aristotélicas, Maimónides adoptó una postura personal contraria a la mayoría de sus contemporáneos. Yo creo que las convicciones religiosas nos obligan a examinar las ideas contemporáneas desde los primeros principios, y si es preciso, pronunciarse contra la corriente.

El primer reto científico ante la interpretación correcta del primer capítulo del Génesis surgió a mediados del siglo XIX. La Geología y la Paleontología habían adquirido un gran desarrollo y estimaban la edad de la Tierra en centenares o millares de millones de años. Las teorías más antiguas podían ser consideradas como especulativas y aparecían notables diferencias entre las estimaciones del físico Lord Kelvin y las de los biólogos. Pero el descubrimiento de la radiactividad llevó a nuevas conclusiones, y gradualmente se fue produciendo un acercamiento entre varios métodos alternativos de estimación, dando la cifra de cuatro billones y medio de años.

Hoy parece que estos datos deben ser aceptados plenamente. Entonces, ¿cómo puede resolverse el conflicto entre el Génesis y la biología? En este campo existe una muestra muy representativa de los puntos de vista de los estudiosos de la Torah (16). Una solución sencilla propugnada por algunos de ellos es la de que la palabra «día», referida a los seis días de la creación, debe ser interpretada como un período de tiempo. Y no faltan precedentes para esta interpretación, por ejemplo el comentario del rabino Bachya ben Rabbi Asher, del siglo XIV, acerca del Génesis 1, 1.

«Estos días no son días humanos, sino los días de los cuales formó los años insondables, en un sentido semejante al versículo “Sí, Dios es grande y no lo comprendemos: el número de sus años es insondable” (Job 36, 26) y también: “Son como días de hombre tus días?”Ib 10, 5), y en los Salmos: “Tus días no tienen fin” (Sal 102, 28).»

La interpretación es coherente con el nuevo concepto de la naturaleza del tiempo expresada por la teoría general de la relatividad. Es la conocida «paradoja de los hermanos gemelos»: mientras uno de ellos, viajando por el espacio, cumplía solamente un día en su edad, su hermano gemelo, viviendo en la tierra habría cumplido centenares de miles de años. Pues para los seres humanos las escalas temporales son relativas y podría entenderse, así, que el tiempo absoluto señalado al principio del Génesis habría que referirlo a la escala temporal de Dios.

¿Qué otros aspectos importantes del relato de la creación se dan en el Génesis en relación con lo que estamos tratando? En este punto quiero llamar la atención acerca de una investigación reciente llevada a cabo por un colega de mi Universidad de Bar-Ilan, el profesor Natan Aviezer. Judío observante, el profesor Aviezer entendió que era su deber ponerse al día en los últimos avances de las disciplinas relacionadas con el relato de la creación: cosmología, astronomía, geología, meteorología, biología, antropología y arqueología. Y encontró en cada una de ellas cambios muy significativos a lo largo de los últimos años, y que los planteamientos actuales encajaban notablemente con una interpretación más o menos literal del Génesis. Además ha podido encontrar interpretaciones precisas en términos científicos actuales de una serie de frases del Génesis que hasta ahora parecían oscuras e indefinidas. Sus conclusiones se hallan en curso de publicación (17), y muestran cuánto puede ser aún descifrado y aceptado de la sencilla y tersa prosa del primer capítulo del Génesis.

4. El reto de la evolución

Una de las más graves oposiciones frontales al relato del Génesis fue planteada por la teoría de la evolución de Darwin. Las bases científicas de esta teoría pueden ser resumidas en pocas palabras. Charles Darwin afirmó que no había que buscar el origen de las especies en los bruscos y dilatados procesos de la creación, sino en los cambios graduales acumulados en larguísimos períodos de tiempo. Los cambios se habrían producido por un proceso de selección natural, en el que habrían sobrevivido las especies que mejor se adaptasen al medio. Por consiguiente, se da una cadena continua de las diferentes especies, entre el ser vivo más simple y el más complejo, y entre los animales superiores y el hombre.

Desgraciadamente, en el período que siguió a la publicación de El origen de las especies de Darwin, los defensores de la teoría de la evolución fueron más allá de la ciencia estricta y la utilizaron como la base de una nueva religión o como contraria a la religión. Insistieron en que el proceso de selección natural no fue planificado, sino que se debió al azar; que el hombre no es otra cosa que un tipo superior de animal; que la historia de la creación referida en el Génesis no es otra cosa que folklore primitivo, y, en fin, que la ética debería basarse, no en normas absolutas, sino en el lugar que ocupa el hombre en el proceso evolucionista.

Es probable que por esto una gran parte del mundo judío de la Torah rechazase la teoría de la evolución in toto. Sin embargo, algunos la aceptaron, e incluso encontraron base para ella en el progreso general desde los animales inferiores a los superiores descrito en el Génesis (18). De otra parte, se ha dicho también que no hay conflicto real entre lo que dice el relato de la Torah y el contenido científico de la teoría de la evolución.

Como todos los innovadores científicos, Darwin formuló una serie de predicciones por las que podía ser contrastada su teoría, respecto a la cual y durante muchos años no hubo evidencias decisivas ni en pro ni en contra. Pero en las últimas décadas, muchos investigadores han llegado a la conclusión de que la teoría en su forma original es insostenible. Consideran que la hipótesis de un cambio gradual, como base para el origen de las especies, está hoy totalmente desacreditada (19). Las especies nuevas aparecen de repente, existen durante períodos de tiempo sin cambios significativos y desaparecen también repentinamente, sin que haya evidencia de selección natural.

No obstante, y como ya se ha dicho, la evolución se ha convertido en algo más que una teoría científica. Cuando aparecieron las teorías de Darwin, encontraron abierta oposición por parte de la Iglesia católica y la lucha contra la evolución fue llevada con torpeza e incompetencia. En un famoso debate público celebrado en 1860, el obispo Wilberforce fue completamente derrotado por T. H. Huxley. El proceso contra John T. Scopes, maestro de una escuela pública de Tennessee, en 1925, por incluir la teoría de la evolución en el currículum de su centro, contrastó claramente con el naciente espíritu liberal y tuvo un «efecto boomerang». Durante este siglo XX la teoría de la evolución ha avanzado hacia una posición institucional, llegando a ser tenida como artículo de fe más que como una hipótesis aproximativa, hasta el punto de que para un biólogo profesional resultaba socialmente inaceptable aparecer como antidarwinista. De aquí que los críticos de la teoría de Darwin empezaran por proclamar su darwinismo, y que los legos en la materia pensasen que la teoría darwiniana sólo precisa de pequeños retoques.

Curiosamente, la reacción del establishment biológico actual en relación con el nuevo modo de entender el desarrollo tiene mucho que ver con el establishment religioso del siglo XIX en relación con la teoría darwinista. Y así, un intento, científicamente serio, de demostrar, por rayos infrarrojos, que un arqueópterix fósil, tenido como clave en la teoría evolucionista, no era auténtico, fue rechazado por todas las revistas biológicas y únicamente halló cabida en una publicación de temas fotográficos (20). Hay que resaltar que la autenticidad de dicho fósil constituye uno de los soportes de la teoría darwiniana.

Sin duda alguna, Darwin fue un notable pensador e innovador. Pero la honestidad intelectual reclama el reconocimiento de que las investigaciones modernas están en directa oposición con su tesis central del cambio gradual en las especies.

En la publicación de Aviezer a que me he referido anteriormente (21), se pasa revista a los últimos avances en biología y se llega a una favorable comparación de estos avances y sus resultados con el relato que de la creación se hace en el Génesis.

5. Algunas conclusiones

El judaísmo empieza con un compromiso, y en lo anterior he tratado de recoger algunas de las más importantes contribuciones a este compromiso. Pero una vez que se ha aceptado, hay que afrontar también las preguntas que surjan de él. Si la respuesta a una pregunta determinada no es alentadora, no hay que abandonar el compromiso, sino asumir implícitamente que puede aparecer más adelante una respuesta satisfactoria, ya sea a lo largo de la vida de quien pregunta o en las generaciones posteriores. Y hay muchos ejemplos en nuestra generación que pueden justificar una expectativa de este tipo. Muchos científicos han experimentado en su trabajo un rayo de inspiración proyectado repentinamente sobre un fenómeno que hasta entonces aparecía como insoluble. Esto ocurre también en el ámbito de la reconciliación entre ciencia y religión.

La experiencia siguiente, recogida en el Talmud, es típica (22):

«El rabino Yossi dijo: Durante toda mi vida había tratado de entender este versículo: “Andarás a tientas en pleno mediodía como a tientas anda el ciego en las tinieblas” (Deut 28, 29). ¿Qué diferencia habría para un ciego entre andar en las tinieblas y caminar a plena luz? Hasta que una experiencia práctica me ofreció la respuesta. Caminaba yo una noche en plena oscuridad por un sendero y me crucé con un ciego que marchaba con una antorcha en la mano. Y le dije: “¿Para qué necesita una antorcha?” El me respondió: “Cuando la gente me ve con una antorcha se da cuenta de mi necesidad y me ayuda para que no caiga en las zanjas o me lastimen las espinas y los cardos”.»

El acuerdo se basa en la fe; la razón, pues se utiliza para analizar con detalle su naturaleza y examinar su conveniencia. Pero si una persona no puede justificar el acuerdo, la alianza, debe tener la suficiente humildad como para atribuirlo a sus propias limitaciones y no a una intrínseca falta de justificación.

En conclusión, resulta razonable decir que la fe judía ha obtenido inspiración y sostén de los avances científicos logrados en el siglo XX, y que las tensiones que existían entre ciencia y judaísmo en el pasado siglo han desaparecido en gran medida.

Quede aquí constancia de mi gratitud al rabino Aryeh Carmell por su asesoramiento y acertadas indicaciones.

(Traducción: Joaquín Campillo.)

NOTAS
1. S.L. Jaki, TheRelevance of Physics (University of Chicago Press, 1966), Ch. 10.
2. A. Pais, Subtle is Lord: The Science and Life of Albert Einstein (Oxford 1982).
3. J.D. Barrow and F. J. Tipler, The Anthropie Cosmological Principie (Oxford, 1986).
4. EJ. Dyson, Disturbing the Universe (Harper & Row, 1979), p. 250.
5. Paul Davies, Space and Time in the Modern Universe (Cambridge, 1977); Other Worlds (J.M. Dent, 1980); The Accidental Universe (Cambridge, 1982); The Edge of Infinite (Oxford, 1983); God and the New Physics (J.M. Dent, 1983).
6. El corpus de la enseñanza judía viene descrito generalmente con el término Torah.
7. Bereshit Rabbah, Ch. 5. (Una colección de sentencias de la sabiduría talmúdica relativas al Pentateuco, editadas en el siglo V). Traducción inglesa de Sancino, 1939.
8. Alvin Radkowsky en Encounter, eds. H. Chaim Schimmel and Aryeh Carmeil (Feldheim, 1989), p. 42.
9. Misnah, Berachod 9:3, Shenot Elihayu. Comentarios de destacados estudiosos del siglo XVIII sobre un texto rabínico del siglo II.
10.
Ian Stewart, Does God Play Dice? (Blackwell, 1989).
11. R.V. Jones, Most Secret War (Hamish Hamilton, 1979).
12. Estos datos me fueron facilitados por Yithak Silber, antiguo profesor de matemáticas soviético emigrado a Israel en 1972. Silber examinó los datos meteorológicos rusos personalmente.
13. Moses Maimónides, «The Guide of the Perplexed». («Guía de descarriados») II, 25. (Traducción Shlomo Pines, University of Chicago Press, 1963), pp. 327-30.
14. Ibid.
15. Moses Maimónides The resurrection of the Dead. («La resurrección de los muertos»). Traducción F. Rosner, Ktav: New York, 1982), pp. 44-5.
16. Ref. 12, pp. 142-86.
17. Natan Aviezer, In the Beginning (Ktav: New York, 1990).
18. J.H. Hertz; «The Pentateuch and Haftorahs»; Soncino, «Additional notes to Genesis».
19. Vid., p. ej., N. Eldredge,Time Frames (Simon & Schuster: New York, 1985); S.M. Stanley, The Evolutionary Time Table (Basic Books Inc.: New York, 1981); S.J. Gould en «Conceptual Issues in Evolutionary Biology» ed. E. Sober (MIT Press: Cambridge, Mass., 1984). Para una versión popular vid. Francis Hitching, The Neck of the Giraffe (Pan Books, 1982); G.R. Taylor, The Great Evolution Mystery (Secker & Warburg, 1983).
20. RS. Watkins, F. Hoyle, N.C. Wickramasinghe, J. Watkins, R. Rabilizirov, and L.M. Spetner, British Journal of Photography, 8 March 1985; 29 March 1985; 26 April 1985.
21. Vid. Nota 17.
22. Talmud Megillah 24b.

Publicado en el nº 12 de la revista Atlántida. 2003

 

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Todas las acciones de terroristas islamistas degradan y corrompen el débil tejido en el que se basa la civilización; el que diferencia civiles de militares, iglesias y campos de batalla.

 

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Algunos comentaristas hablan del Islam calificándolo de religión pacifista, cuando en realidad su extensión por el mundo no se efectuó mediante un proselitismo misionero pacífico, sino con guerras sangrientas; y su intransigencia hacia otras creencias, o la falta de ellas, es una realidad histórica que continúa en nuestros días, como puede comprobarse con sólo visitar cualquier país musulmán.

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Que María, "mujer eucarística" y Madre de la Sabiduría, os ayude en vuestro caminar, ilumine vuestras decisiones y os enseñe a amar lo que es verdadero, bueno y bello. Que Ella os conduzca a su Hijo, el único que puede satisfacer las esperanzas más íntimas de la inteligencia y del corazón del hombre. ¡Con mi bendición!  S. S. Juan Pablo II – 2004.10. Vat. 

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Es necesario «reforzar la alianza entre el ser humano y el medio ambiente, que debe ser espejo del amor creador de Dios, del cual provenimos y hacia el cual estamos en camino». Benedicto PP. XVI – 2007.XII

 

Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.


Anno Domini 2010 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20). - Ad maiorem Dei gloriam.

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«Come, be my light»; Ven, sé mi luz en el mundo. Es una palabra que Jesús dirige a cada uno de nosotros y que, con la ayuda de la Virgen Santísima y la intercesión de la beata Teresa de Calcuta, queremos recibir con amor y procurar poner en práctica.


Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

‘Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

Contigo, Señor Jesús, todos seremos compasivos y disfrutaremos de tu Amor.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).