Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Sectas - 5º un opio; panorama religioso; evangelización y jehovismo biblistas

Dice el Antiguo Testamento que el profeta que se equivoca en una profecía es reo de muerte. Si se aplicara al pie de la letra, pronto nos quedábamos sin astrólogos... y tantos jehovistas sin negocios.

Buen enseñamiento para indicarnos que, antes de usar con insensatez la lengua, pensemos durante toda una vida.

 

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Cuando no hay formación y falta la fe, aparecen los «sucedáneos patológicos».

 

Armados de mala voluntad, prejuicio, mentiras y difamaciones las sectas no descansan en sus ataques contra la Iglesia. Su principal objetivo es desviar a quienes los escuchan y leen. El motor de la realidad sectaria es la distorsión intencionada de la Historia y de las verdades de la Sagrada Escritura, el desprecio de la razón y el rechazo del sentido común. Tanto Juan Pablo II como nuestro flamante Benedicto XVI han llamado a esta generación de católicos a ser portadores de la llama del Evangelio de Cristo. El triunfo esta garantizado. La oscuridad no puede apagar la luz eterna que hemos sido llamados a hacer brillar.

 

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Danos, Señor, la inquietud del corazón que busca tu rostro. Protégenos de la oscuridad del corazón que ve solamente la superficie de las cosas. Danos la sencillez y la pureza que nos permiten ver tu presencia en el mundo. Cuando no seamos capaces de cumplir grandes cosas, danos la fuerza de una bondad humilde. Graba tu rostro en nuestros corazones, para que así podamos encontrarte y mostrar al mundo tu imagen.

 

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La Enciclopedia Cristiana Mundial ‘protestante’ (1982) estimaba que a principios del siglo XX había 1.900 denominaciones de iglesia, y se estima que hoy son 22.000. Estas cifras ¿no refutan rotundamente la afirmación teológica de que la Iglesia es una? La respuesta debe ser No. 1982.

 

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¿Por qué el Protestantismo Nunca Sobrevivirá?
1. Simplemente porque la Sagrada Escritura a nadie le otorgó la autoridad de fundar otra iglesia que no sea ‘la única’ fundada por Jesucristo:
2. Existen actualmente mas de 33,800* diferentes denominaciones -protestantes- en el mundo. Quisiéramos ver el versículo en la ‘Sagrada Escritura’ que autorice a cualquier individuo a fundar alguna de esas miles existentes. Cualquier secta que exista sin autoridad de Dios, es una falsedad creada por el hombre.
*Enciclopedia Mundial Cristiana,
Abril 2001, publicación Protestante.

 

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Siempre que Jesús utilizó la palabra “hipócrita” fue para dirigirse a los fariseos, hombres profundamente reli­giosos y practicantes. En labios de Cristo, la hipocresía es vicio de gente de iglesia, defecto típico de los piadosos de todos los tiempos. Gentes que aparentan austeridad, rigor, y que exigen el cumplimiento de unas leyes  que ellos se saltan.

En el campo político el farisaísmo y la hipocresía son de una tan extrema gravedad, que por la amplitud de sus efectos merecerían un artículo aparte.

El fariseo es una planta que florece en todas las generaciones desde hace dos mil años. Se extiende fácilmente en el terreno religioso, pero no menos en el político, en el económico y en cualquier otra actividad. Fingir nuestros sentimientos, aparentar lo que no se tiene, intentar pasar por virtuosos o devoto sin serlo,…son formas de mentir, de engañar como otra cualquiera.

 

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...El Señor aborrece los labios mentirosos, y se complace en los que dicen la verdad Prov.12-,22.

 

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Con asechanza: ‘engaño o artificio para hacer daño a alguien’

Si hay algo que une a la mayoría de las sectas y grupos religiosos presentes en Iberoamérica es el odio y el ataque a la Iglesia católica. Es todavía, y con mucho, la religión mayoritaria del continente y, por tanto, el enemigo a batir. Este odio provoca situaciones de tensión entre partidarios de diversos credos e incluso entre miembros de la misma familia. Sectas que dejan espacio a visionarios, maníacos, místicos, sospechosos, oscuros y dudosos charlatanes como ambiguos sectarios. La secta es un ‘sector-división’; divide el demonio, separando las partes, siembra discordias, odio. ¿Qué es lo que más odian las sectas?: la Iglesia fundada por Jesucristo hace dos mil años ‘Una, Santa, Católica y Apostólica’.

 

A partir del sc. XVI, algunos grupos evangélicos, asociaciones evangélicas, sectas evangelistas, ateneos biblistas y ciertas comunidades protestantes, -para desacreditar a la Iglesia fundada por Cristo-, prefieren distorsionar, mentir y calumniar, sabiendo de utilizar criterios falsos que les empuja a mutilar o malinterpretar los hechos históricos, echando a perder esfuerzos o talentos. No hay razón alguna que pueda justificar tal pérfida deshonestidad. ¡En modo alguno podemos admitir eso!.

Como nadie ignora, un libro de historia no consiste en una simple acumulación de datos, sino en un ordenamiento de los mismos conforme a un enfoque o teoría general. Una teoría buena permite exponer la lógica interna de los datos y sucesos, sin forzarlos ni mutilarlos; con una mala ocurre lo contrario. La investigación sobre los datos desafía de modo constante a las teorías, las cuales quedan confirmadas o bien han de modificarse o desecharse.

Sin embargo nuestra necesidad psicológica de orden y comprensión nos hace aferrarnos muchas veces a teorías aparentemente omni-explicativas, a pesar de su incapacidad para integrar los datos: se prefiere mutilar estos, o prescindir de ellos antes que abandonar el orden aparente ofrecido por la teoría. Así sucede en relación a tantas fábulas que el protestantismo acarrea con su la ‘leyenda negra’ contra la Iglesia. Y sigue pasando de modo muy destacado con el marxismo. Muchos intelectuales persisten en aplicar las categorías y concepciones de Marx, Engels y sus sucesores, de forma explícita o –más frecuentemente hoy día– implícita, incluso disimulada.

Fest apuntó en su momento que, volver sobre la historia, suele ser visto como investigación si lo hace la izquierda, pero como revisionismo si lo hace la derecha.

Los cristianos debemos reconocer las faltas, negligencias, errores y culpas de nuestras acciones, y no sólo seleccionar los argumentos que nos sirvan a nuestra justificación.

Es flaqueza humana querer interpretar hechos históricos sin hacer un esfuerzo leal a fin de llegar a la mayor objetividad alcanzable con soluciones inteligentes y razonables. Aún haciéndolo con rigor, ánimo y vigor, nuestra percepción estará siempre condicionada en el marco de los actuales conocimientos y experiencias. Este condicionamiento propio de la aventura humana no nos exime de ser fidedignos, verídicos y fieles en el trato o en el desempeño con el estudio de hechos puntuales que la historia nos muestra. Comprender que otras culturas –en otras épocas, con otros lenguajes, delante de otras cuestiones de otros hombres- han hecho también sus propias afirmaciones.

El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

Entonces, el buen cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia –en todas sus fuentes- para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que, conociendo mejor la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación, -en la Escritura enseñada por la Iglesia-, desde que Cristo la fundara.

Mueren, como hijos de la mentira, los fantasmas que nos ha poblado la ‘leyenda negra’; atrapados en la misma telaraña demoníaca… Trampa viscosa, inodora e incolora como saliva de calumnia. Desorden ponderado por los aduladores de una visión sesgada de la realidad, poco atinente a la verdad, sean biblistas de intelectualidad inane o disgregadores de la unidad evangélica. Cuando no hay formación y falta la fe, aparecen los «sucedáneos patológicos».

 

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"Obligaremos al hombre a ser feliz", gritaban los bolcheviques de octubre 1917

"Obligaremos al hombre a ser justo", parece repetir aún el nacional- socialismo “Obligaremos al hombre a ser mahometano”, imponen a espada los islamistas

Obligaremos al hombre a ser puro, exento de maldad” braman las sectas

Obligaremos al hombre obedecer a nuestro orden” vocean los relativistas

Obligaremos al hombre someterse a la mujer”, argumentan las feministas.2007

 

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Las sectas en el panorama religioso de hoy

 

Palabra, IX.2001

>> Cuando no hay formación y falta la fe, aparecen los «sucedáneos patológicos».

El Card. Ratzinger ha señalado el peligro de que el despertar religioso, si se carece de la necesaria orientación y la necesaria formación, pueda cristalizar en formas patológicas de religión. Esa patología no está monopolizada por las denominadas "sectas"; pero, cuando cristaliza en un grupo autónomo fundado por una especie de visionario, da lugar a lo que hoy en día1 se conoce como secta: un subproducto religioso, un sucedáneo, especialmente cuando se trata de un grupo compacto, y más aún cuando se le ve como fanatizado.

No hay una definición de secta comúnmente aceptada. Cada autor propone la suya, y ninguna de ellas acaba siendo plenamente satisfactoria, ya que siempre hay alguna, dentro del elenco, que no cumple todos los rasgos requeridos, mientras que pueden quedar fuera otros grupos que sí los cumplen.

Sin pretender incluir a todas, hay una clasificación sencilla, que agrupa las sectas en cuatro grupos: de origen cristiano, de origen oriental, neopaganas y satánicas. No se trata de compartimentos estancos, ya que hay sectas que incluyen elementos de distintas procedencias. En el breve panorama que sigue se dedica mayor espacio a las de origen cristiano, tanto por su mayor cercanía con el catolicismo, como por el hecho de que en Occidente son con diferencia las más numerosas.

Sectas de origen cristiano

En su última definición de secta, Manuel Guerra incluye entre los elementos definitorios el de no ser cristiana2. A la vez, incluye a grupos como "Restauración de los Diez Mandamientos", reciente protagonista de la masacre acontecida en 2000, en Uganda; o, en el ámbito español, al grupo conocido como "El Palmar de Troya". ¿No son –o eran– cristianos? ¿Qué hay que entender como "cristiano"?

Como señala el mismo Prof. Guerra, pueden aceptarse, como requisitos mínimos para que un grupo sea considerado cristiano, los que señaló en 1961 el Consejo Mundial de las Iglesias: creer en la Santísima Trinidad y en la divinidad de Jesucristo, y tener un bautismo válido. Aplicando este criterio, las principales sectas de origen cristiano –testigos de Jehová, mormones y la "Iglesia de la Unificación", más conocida como "secta Moon"–, no son cristianas. Pero algunas sí cumplen los requisitos, por lo que conviene replantear el criterio.

Cabe proponer una noción para las sectas de este apartado. Se trataría de un grupo autónomo nacido de las doctrinas de un visionario que, a partir de elementos cristianos, se centran en uno o varios de los siguientes rasgos:

— apocalíptico: el anuncio de un inminente fin del mundo, con cataclismo universal;

— gnóstico: se descubre o recupera una sabiduría reservada para una élite de iniciados o iluminados (el Evangelio queda para el vulgo);

— profético de una nueva era: el fundador trae la revelación de una nueva etapa que "supera" a la que trajo Jesucristo consigo.


 

Brooklyn (Nueva York). centro financiero de la secta jehovista

 

Testigos de Jehová - jehovismo - jehovistas

Con unos cinco millones de integrantes, son la segunda secta más numerosa del mundo y la primera en España. La creó Charles Taze Russell cuando, en 1913, anunció el fin del mundo para el año siguiente, fecha que después se retrasó a 1918, 1925, 1941 y 1975. Ahora, escarmentados por el cataclismo interno que produjo el fracaso de la última predicción, aseguran que será "en un futuro cercano" sin precisar. Su doctrina se centra en el Apocalipsis. De los pasajes de los "ciento cuarenta y cuatro mil sellados" (7, 4-17; 14, 1-6), y "el cielo nuevo y la tierra nueva" (21, 1), deducen que hay una lista cerrada de 144.000 que van al cielo (la tienen casi completa). Los demás que se salvan –sólo ellos– irán a una tierra nueva (o a ésta renovada), para reinar con Cristo mil años. Esto es el núcleo de lo que predican.

El resto es, sobre todo, un código de conducta con base en la Biblia, forjado sobre todo por el sucesor de Russell, Joseph Franklin Rutherford, y vigilado rígidamente por la cúpula de la organización, con sede en Brooklyn (Nueva York). La parte «dogmática» es muy simple: no hay una Trinidad en Dios, no hay gracia, ni sacramentos (hay un bautismo ritual, pero no sacramental). Fuera de algunos ritos simples –bautismo, matrimonio, funeral– sólo tienen sesiones de explicación de la Biblia.

Rutherford organizó la secta con estructura piramidal y una gran burocracia. En la sede central trabajan más de dos mil personas, con un Presidente asistido por un "Consejo de Ancianos". Ellos interpretan la Biblia –se les considera inspirados–, y transmiten sus directrices por medio de varios escritos, entre los que destaca la revista Atalaya. Se les debe seguir ciegamente, aunque cambien doctrinas o preceptos; aunque den una explicación tan peregrina al fracaso de la última fecha del fin del mundo, como que no se había calculado bien el tiempo que medió entre la creación de Adán y la de Eva; aunque estén retirados de circulación incluso los escritos de Russell, su fundador. Por lo demás, viven en un ambiente de autosegregación, a la vez que dedican todo el tiempo posible a propagar la secta, sobre todo con visitas domiciliarias.

Mormones

La secta más numerosa, con más de seis millones de adeptos, la constituyen los mormones. Aunque el nombre oficial, "Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días", hace referencia a un origen de signo apocalíptico, desde hace tiempo el énfasis está puesto en el «profetismo» de una nueva era. El mormonismo está centrado en un supuesto "tercer testamento" bíblico que traslada el centro de gravedad de la redención obrada por Jesucristo a Norteamérica: el "Libro de Mormón". Joseph Smith (1805-1844) aseguró haberlo recibido en planchas de oro de un ángel, que se lo llevó tras haberlo traducido. Subdividido en varios libros, narra los avatares de un nuevo pueblo –los "nefitas"– que Dios quiso hacerse a partir de un judío emigrado a la nueva tierra prometida –Norteamérica– poco antes de la cautividad babilónica. Ellos eran las "otras ovejas que no son de este redil" a que hace referencia el Evangelio de San Juan (cfr. 10, 16); y fueron visitados por Jesucristo resucitado. Al final, en el siglo V acabó desapareciendo a manos de sus enemigos sempiternos, los "lamanitas". Con la Iglesia que iniciaron los Doce desfigurada y corrompida –siempre según la visión de Smith–, y el final de los nefitas, se llegó a un punto muerto, del cual les sacaría él. Smith aseguraba que todos sus movimientos y palabras estaban inspirados por Dios: incluso las esposas que tomaba estaban señaladas por las alturas. Tomó más de treinta, hasta que fue linchado por una multitud en Carthage (Illinois).

A pesar de que Smith profetizó que la "nueva Sión" estaría en Missouri, su sucesor, el inglés Brigham Young, emigró en 1844 hacia el Oeste con todos sus seguidores. Al llegar a un valle con un lago salado, decidió que allí se quedarían. Así nació el embrión del Territorio –luego Estado– de Utah. El desarrollo de los mormones fue posible por disponer de un territorio amplio donde poder consolidarse sin ser molestados.

Young organizó el mormonismo y, a la vez despejó cualquier ambigüedad sobre el carácter cristiano del grupo. Para él, Jesucristo es un profeta, pero no el Hijo de Dios. El mor monismo sostiene la existencia de un doble sacerdocio: el de Aarón y el de Melquisedec, que se adquieren gradualmente; y un bautismo, no considerado sacramental. En el terreno moral, han abandonado –con la excepción de algunos disidentes– la poligamia, y son fervientes defensores de la institución familiar. Su moral es austera, e incluye un servicio misionero de dos años para todos los jóvenes varones. Se financian con los diezmos de los miembros y las inversiones que hacen con ellos; así pueden costearse magníficos edificios como el reciente de Moratalaz (Madrid), una especie de catedral para la Península Ibérica que incluye estudios genealógicos que permitan "rescatar" difuntos

Gnósticos

Se trata de grupos con carácter esotérico, dirigidos sobre todo a la élite capaz de conectar con la "gnosis", la sabiduría oculta al vulgo.

En los países de habla hispana, la secta de este tipo más extendida, aunque con escisiones internas, es el llamado Movimiento Gnóstico Cristiano Universal (se presenta también con otros nombres). Pretende continuar los gnosticismos del siglo II (Marción o Basílides), cuyo supuesto cristianismo no era más que un aglutinante de elementos tomados de casi todas las religiones conocidas, integradas en una cosmovisión fantástica, pre sentada como la sabiduría superior. Sus pretendidos continuadores no van a la zaga en cuanto a la fantasía: cuentan hoy con más elementos de los que echar mano. Así, en un manifiesto suyo se lee: "Recordad, hermanos Gnósticos, que en la Gnosis del Cristo Cósmico está la Síntesis práctica de todas las Yogas, Logias, Órdenes, Religiones, Escuelas, Sistemas, etc., etc., etc." Los Evangelios serían así la síntesis de toda la sabiduría superior, ... siempre que se lean en clave gnóstica. El Movimiento lo creó en 1954 el colombiano Víctor Manuel Gómez Rodríguez, que, asegurando ser la última reencarnación de sabios que se remontan al "arcángel Samael", se hizo llamar "Venerable Maestro Samael Aun Weor". A punto de morir, en 1977, declaró que su alma pasaba a su seguidor Joaquín Enrique Amórtegui Valbuena, el "Venerable Maestro Rabolú".

Donde realmente reside su doctrina es en los escritos de Gómez. Según él, Cristo era un esenio, estudió en la pirámide de Kefrén y viajó al Tibet. En cuanto a sus esoterismos, cabe destacar que la gnosis pretende cambiar el "cuerpo molecular" que corresponde al "Cuerpo Lunar" –el nuestro- por un "cuerpo astral" o "Cuerpo Solar". Para conseguirlo cuenta con la "Liturgia Solar", uno de cuyos componentes centrales es el llamado "Maithuna", definida como una "magia sexual". No se trata de algo accidental: "Los Cuatro Evangelios –se lee en el citado manifiesto- son Gnósticos y no se podrían entender sin el Maithuna". Huelga decir el cariz en el que desemboca semejante "liturgia".

 


Sectas de origen oriental

Cuando en las religiones orientales surgen grupos alrededor de un líder «iluminado» y se "exportan" al mundo occidental, suelen ser catalogados como secta. A menudo incorporan algún elemento cristiano, pues son religiones muy sincretistas.

Aunque últimamente estén cobrando mayor importancia los grupos budistas, son los de raíz hinduista los que más se han introducido en Occidente. En los años 50, con la independencia de la India, el fervor nacionalista se tradujo en un revival religioso. A finales de los 60, algunos gurús se trasladaron a Occidente –en particular, a Estados Unidos–. Coincidió con la contracultura de la "generación del 68", con el mundo hippy y el gusto por lo exótico, y tuvieron por ello bastante aceptación. Actualmente este fervor hinduista se ha apagado mucho: apenas vienen nuevos gurús y las organizaciones ya creadas sufren un fuerte eclipse. Cuando desaparece el fundador, no hay nadie capaz de sucederle con éxito. Muchas han desaparecido; aquí mencionaremos las dos principales que permanecen.

Hare Krishna

A pesar de la imagen popular que los asocia a una charanga callejera, se trata de uno de los grupos más evolucionados dentro del hinduismo, tanto por rechazar las castas por nacimiento como, sobre todo, por defender un claro monoteísmo que cree en un Dios único y personal, cuya denominación más apropiada es la de Krishna. Por lo demás, presenta los ingredientes habituales de esta tradición religiosa: karma, reencarnación, dieta vegetariana, monaquismo hinduista (en comunidades llamadas ashram), etc.

El grupo lo creó el gurú Srila Bhaktivedanta Prabhupada, que a los sesenta y nueve años se presentó en Nueva York y empezó a cantar su mantra –su letanía, que empezaba con las palabras Hare Krishna3–: era el año 1965. Cobró fuerza, pero entre sus miembros abundaban drogadictos y gente con otras lacras, en muchos casos con el sincero deseo de redimirse con la meditación del gurú. Esta circunstancia ha sido fuente de problemas casi desde el principio. Llegó a haber casos de verdadero gangsterismo y tráfico de drogas, sin que Prabhupada, un asceta con pocas dotes de gobierno, pudiera evitarlo. A su muerte, en 1977, le sucedió un órgano colegiado, que a duras penas pudo conseguir que la organización sobreviviera. Pero no ha vuelto a ser lo que era, y han tenido que sufrir disgustos continuamente.

Meditación Trascendental

Su creador, Maharishi Mahesh Yogui, aún vive. Antiguo monje en el Himalaya, en 1957 funda un grupo llamado Movimiento de Regeneración Espiritual, y aparece en Estados Unidos. Tiene poco éxito; pero Maharishi empieza a demostrar sus dotes de personaje hábil y relanza la organización con un ropaje secular, pseudocientífico. Nacía así Meditación Trascendental, como una técnica (supuestamente compatible con cualquier religión) dirigida, sobre todo, a conseguir un "burbujeante bienestar" y liberar del stress. En realidad se trata de una serie interminable de cursos que introducen progresivamente en la religión hindú, sin que en los primeros pasos el iniciado sea consciente de ello (repite, por ejemplo, unas palabras en sánscrito sin saber que son invocaciones a deidades hindúes), Maharishi justifica este modo de proceder diciendo que "Occidente no está todavía preparado para la verdad".

A pesar del complejo entramado (incluso con "universidades védicas") que ha montado Maharishi –con el centro religioso en la India; el administrativo, en Estados Unidos; y el financiero, en Suiza; sin que aparezca oficialmente Maharishi en ninguna parte–, su credo, panteísta, es bastante sencillo: el mundo se rige por una fuerza cósmica impersonal, con la que se trata de fundirse. De momento la organización sigue en activo; pero, para asegurar la continuidad, necesita un hábil sucesor que no aparece por ninguna parte.

 


Sectas neopaganas

Este apartado incluye un mosaico de grupos, casi todos de tamaño reducido, y la mayoría con pretensiones de restaurar cultos de antiguas civilizaciones paganas. En otros casos, se trata de resucitar antiguos gnosticismos paganos. Bastantes son sectas "de fin de semana": grupos que se reúnen para sus celebraciones, sin que tenga mayor trascendencia su pertenencia a la secta.

Suelen catalogarse como "sectas del New Age", lo cual sólo parcialmente es verdad. En varios casos existe esa coincidencia, de modo particular en las llamadas "sectas druídicas", con unos ritos que vienen a manifestar, en su versión moderna, un culto a la "diosa naturaleza", y un folklore celta. Son grupos pequeños, que a veces se juntan en una especie de federación. Los grupos mayores tienen muy poco que ver con la "New Age".

Movimiento Humanista

El argentino Mario Rodríguez Cobos (n. 1938), conocido como "Silo", había sido Presidente de las juventudes de Acción Católica en Argentina. Apostató en los años 60, adhiriéndose a la ideología del comunitarismo autogestionario, con una sociedad fraternal utópica mezcla de socialismo y anarquía como horizonte. Este naturalismo ateo no crea una secta. Pero Silo añadió elementos ocultistas y teosóficos, proponiendo unas "técnicas", individuales y de grupo, para conseguir una especie de superhombre. Se pretende que el "movimiento" sea compatible con cualquier religión. En realidad, la única "religión" que cabe es el pensamiento de Silo, elaborado en buena parte por el chileno Bruno von Ehremberg (alias H. van Doren). Su moral es muy laxa, con un hedonismo mal disfrazado de principios altruistas.

Silo lanzó el grupo en 1969, con un discurso que sus partidarios califican de "nuevo sermón de la montaña" del "mesías de los Andes". Buen organizador, ha creado una estructura piramidal en cuya base están células poco numerosas. Ha cambiado el nombre del grupo varias veces. Cuenta con unos veinte o veinticinco mil adeptos en el mundo.

Iglesia de la Cienciología

Este singular grupo nació a raíz de un libro, Dianética, que su fundador, el estadounidense Lafayette Ronald Hubbard (1911-1986), escritor de novelas de ciencia-ficción, publicó en 1950. Se trataba de un curanderismo revestido de modernidad: anunciaba la curación de todos los males –físicos o psíquicos– por medio de un revolucionario método de control mental sobre el cuerpo. El libro tuvo éxito, y Hubbard empezó a practicar su método. No tardó en ser acusado de intrusismo por los profesionales de la psiquiatría. Para evitar una condena, convirtió (1954) esa práctica en religión: la "Iglesia de la Cienciología".

Es una "iglesia" sin Dios. El grupo se dedica a vender el método de Hubbard: una serie de masajes, vitaminas en cantidad, y una larga serie de entrevistas con un "auditor" equipado con una especie de detector de mentiras. En el fondo, laten algunos conceptos adquiridos por Hubbard en sus viajes a oriente: se trataría de liberar los "espíritus puros" (thetanes) que hay en el hombre, de los principios de corrupción o engramas.

La cosmovisión de Hubbard refleja su anterior profesión. Es una fantasía de imperios galácticos, donde este mundo, en franca decadencia, está abocado a la destrucción, si no fuera por la cienciología. Con estas ideas, Hubbard creó una compleja organización, donde se intercalan entidades de supuesta finalidad religiosa con otras civiles5, bajo la vigilancia de una élite de tono paramilitar, con uniformes al estilo de la marina.

 

 

Sectas satánicas

El satanismo moderno comenzó en la corte de Luis XIV. Entre sus ritos destaca la llamada "misa negra". Es una antirreligión, y de modo particular un anticatolicismo, que rinde veneración al demonio. El segundo componente básico del satanismo, los conjuros de magia negra, tiene hoy como principal referencia las obras del brujo inglés Aleister Crowley (1875-1947).

Una pléyade de grupos, la mayoría pequeños y cerrados, siguen unos patrones comunes, pero sin uniformidad. Los más conoci -

dos y numerosos son los menos radicales, con ambigüedad en sus creencia: se trataría de actuar como si el demonio existiera en los ritos y conjuros, y como si no existiera en el resto. Aparte de su atractivo para mentes psicópatas, lo que atrae a sus miembros es el gusto por lo aberrante, el afán de poder y el resentimiento. Su figura más representativa es Anton Szandor LaVey (1930-1977), un antiguo organista y domador de circo que fundó en 1966 la llamada "Iglesia de Satán" y escribió la Biblia satánica. Se trataba de una especie de "secta por correspondencia" que, a cambio de una suscripción pagada, proporcionaba el material y el asesoramiento necesarios para que el afiliado pudiera organizar ritos satánicos. Llegó a contar con más de diez mil miembros, aunque no salió de Estados Unidos.

Más discretos y radicales son otros grupos, como los satánicos "paládicos", que tienen clara conciencia de adorar al demonio y son los responsables de lo peor del satanismo (incluido, en ocasiones, algún sacrificio humano).

 

Iluministas, biblistas, Jehová ‘jehovistas’, mormones, bautistas,

asambleas americanistas, brasileros, etc. = Varios miles de sectas con

tanta engañifa, o sea, engaño artificioso con apariencia de utilidad.

Todas sin excepción, fueron fundadas por extraños personajes. Sectas que dejan espacio a visionarios, maníacos, místicos, sospechosos, oscuros y dudosos charlatanes como ambiguos sectarios, o hábiles comerciantes.

 

LAS SECTAS EN ESPAÑA

Como no hay estadísticas al día y teniendo en cuenta el cambio continuo, los datos son sólo aproximados.

Hay en España actividad de algo más de doscientas sectas, que suman unos ciento cin-

cuenta mil adeptos. Es una cifra que apenas ha sufrido alteraciones en bastantes años; pero eso no significa que sean las mismas personas que hace, por ejemplo, quince años; en muy buena proporción, son distintos.

Las de origen cristiano son las más numerosas. Una de ellas agrupa a casi dos tercios de los integrantes de sectas: los testigos de Jehová. Llegaron a superar los 100.000; pero desde hace menos de un lustro su número experimenta un lento pero continuo declive, a razón de un 3% anual aproximadamente. Actualmente su número debe estar entre 90.000 y 95.000 miembros.

Siguen en importancia los mormones, con una cifra de unos 20.000 prácticamente estancada, no obstante los esfuerzos del grupo por implantarse, como muestra el gran edificio que inauguraron hace un año en Moratalaz (Madrid). El resto de los grupos son mucho más reducidos. Sólo el Movimiento Humanista de "Silo" supera los mil integrantes.

La Iglesia de la Unificación del "reverendo Moon" y la Iglesia de la Cienciología, a pesar de haber protagonizado fuertes inversiones en España, no llegan al millar de adeptos, salvo que se considere tales a quienes reciben algún cursillo. Recientemente, el primero de estos grupos ha conseguido figurar en el Registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia; el segundo lleva varios años intentándolo.

Las sectas de origen oriental están actualmente muy apagadas en España. Los Hare Kris-hna mantienen todavía su ashram –comunidad monástica– en Brihuega (Guadalajara), llamado Nueva Vrajamandala, sin el vigor de hace veinte años. Meditación Trascendental, el grupo más activo dentro de este tipo, mantiene algunos establecimientos, pero sin un crecimiento significativo.

En cuanto a sectas neopaganas y gnósticas, sólo el Movimiento Gnóstico Cristiano se acerca al millar de adeptos.

Las sectas satánicas son bastantes, todas ellas poco numerosas. Hay unas cincuenta identificadas, pero posiblemente funcionen el doble, sin que superen los tres mil integrantes en total.

Estas cifras suponen que el número de integrantes de sectas en España no llega al 0,5% de la población. Es una cifra alejada del 1,5% que constituye la media europea. Y, en la actualidad, su dinamismo es menor que hace veinticinco años. El dilema en España en el terreno religioso se da entre la fe y la increencia, sin que influya mucho el atractivo de grupos religiosos exóticos o novedosos. J.V.-H.

SECTAS Y MANIPULACIÓN

Está bastante difundida la teoría según la cual la eficacia de las sectas estriba en el empleo de "técnicas de manipulación mental", con las que controlan la voluntad y la conducta del adepto.

El argumento es viejo. Ante fenómenos incomprensibles, siempre se ha recurrido a poderes ocultos como explicación. En el siglo XIX, ante las evidentes dotes de seducción de Joseph Smith, creador de los mormones, ya se hablaba de "brujería". Ya en la segunda mitad del siglo XX, se empezó a utilizar una expresión acuñada por el periodista británico Edward Hunter para referirse al tratamiento recibido por los prisioneros norteamericanos de la guerra de Corea: "lavado de cerebro". En los 80 emerge la era de los ordenadores, y se empieza a hablar de "programación". Tras algunos reveses sufridos cuando se intentaba contrastar científicamente esas teorías, ahora se tiende a utilizar una terminología algo menos comprometida: "técnicas de control mental".

El principal de esos reveses tuvo como escenario los Estados Unidos. Cuando el organismo profesional de psiquiatras y psicólogos, la American Psychological Association (APA), se interesó por el tema y estudió el informe de un equipo dirigido por la principal defensora del empleo de esas técnicas, Margaret Singer. El dictamen, que vio la luz en 1987, es contundente: el APA "no puede aceptar el informe del equipo. En general, el informe carece del rigor científico y del aparato crítico contrastado necesarios para el imprimatur del APA". Por si fuera poco, el dictamen "solicita que los miembros del equipo de estudio no distribuyan ni publiquen el informe sin indicar que éste es inaceptable para el Consejo".

¿Por qué entonces sigue habiendo quien se aferra a estas teorías? Hay dos factores principales que confluyen.

Algunos padres y familiares de jóvenes que se han ido tras un grupo sectario, están predispuestos a aceptar cualquier teoría que les exonere de culpa, y no les lleve al "descubrimiento" de que quizás han dado una educación en la que los valores religiosos y el sentido trascendente de la vida estaba ausente, y el joven ha ido a buscarlos a otra parte.

Junto a ellos está un grupo de psicólogos conductistas, para quienes cualquier verdad no empíricamente comprobable carece de sentido, y tienden a ver una manipulación en cualquier educación seria en valores. (Para quienes no existe una verdad religiosa, tratar de difundirla supone una imposición que califican de sectarismo). Suelen autopresentarse como los únicos expertos en la materia, y a menudo parece que su enemigo es la religión entendida como una fe; las sectas son sólo su eslabón más débil.

Pero, ¿cómo consiguen abrirse paso ideas tan poco razonables como las que suelen predicar las sectas? Dejando aparte algunos grupos esotéricos -una constante minoritaria en todas las épocas-, lo que sucede es que vienen a rellenar un vacío: el que se crea cuando falta fe o falta convicción en lo que se cree. El sucedáneo aparece cuando el producto auténtico está ausente; cuando vuelve, el sucedáneo desaparece con la misma rapidez con la que entró en escena. J.V.-H.
Julio de la Vega-Hazas, Revista Palabra, nº 447-448, VIII-IX.01 - 2003-12-04

 

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El opio de las sectas

 

Por Hervé Pasqua

 

LA hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la virtud; de modo semejante las sectas lo han rendido a la verdadera religión. A la superstición, a la beatería, a la idolatría, caricaturas del espíritu religioso, las sectas añaden el fanatismo, que es su perversión. Surgen, en realidad, como indicio de una carencia espiritual, sanción de un fracaso. Las sectas proliferan cuando las sociedades se disgregan y se multiplican al ritmo que el tejido social se descompone. ¿No es la crisis de la familia la que ha engendrado la búsqueda de comunidades sustitutivas? Nadie duda que asistimos al replanteamiento de una sociedad cerrada a los valores morales.

La aparición de las sectas nos invita a reflexionar sobre las condiciones de renacimiento de una espiritualidad auténtica. Quien dice espiritualidad dice unidad: unidad de vida, coherencia personal, cohesión social. La unidad debe, sin ponerse en peligro, respetar la diversidad de los seres. No puede tratarse más que de una unidad que repose sobre un fundamento trascendente, universal y permanente; una unidad que no sea totalidad. Ahora bien, el espíritu sectario divide, opone, aísla. Se interesa por todo lo que particulariza, singulariza, atomiza. Llevando al extremo cuanto separa, las sectas cierran al individuo en la subjetividad y sacralizan el yo, al que rinden un culto exclusivo y totalitario: todo se convierte en yo.

ESPIRITUALIDAD FALSA

El gusto por lo sensacional, extraordinario, esotérico viene de ahí. Porque el individuo, que busca el Absoluto en el nivel de lo relativo, se lanza a cuerpo descubierto al sueño, la locura o el lodo. Trata desesperadamente de combatir el aburrimiento con el exotismo, la melancolía con la nostalgia, la angustia con la negación del mundo. Desposeído por esta huida violenta, lo espiritual se le muestra como la última escapatoria; pero aún demasiado carnal, busca la satisfacción de los sentidos; de ahí esta espiritualidad adulterada, este elemento sobrenatural desnaturalizado, esta falsa mística que se desahoga en un sentimentalismo exaltado y en unas pasiones exacerbadas. Ello entraña manifestaciones extrañas, prácticas inquietantes, cercanas al delirio dionisíaco, cuyo secreto resorte es Eros y cuyo término fatal es la muerte.

Así, lo espiritual y lo sensual acaban por unirse. Para el tantrismo, por ejemplo, el abrazo de la pareja divina Siva y Saki ofrece el modelo de una voluptuosidad sin fin. Esta unidad dual adquiere la figura de un andrógino en el que la moda cree ampararse como en una novedad. El hombre mujer o la mujer hombre son la expresión de esta unidad indisoluble de la pareja divina. El amor reducido a un gesto físico reproduce el acto cósmico. Provoca el despliegue fuera de sí y la fusión en el otro. La vida comunitaria, las participaciones colectivas expresan el ritual por el que el individuo celebra su inmersión en el gran todo: cada uno debe ser digerido, disuelto en eso que el budismo llama la matriz de la realidad.

El hermoso ponerse de rodillas del hombre en oración se sustituye así con la actitud encogida de los fetos antes de nacer; porque se trata no de adorar a Dios, sino al devenir (es decir, adorarse a sí mismo), uniéndose al origen, donde el comienzo se identifica con el fin, el camino con la meta. De ahí las invitaciones al viaje, las salidas para Katmandú, hacia la frontera más allá de las fronteras, hacia lo que no es este mundo en via de desaparición. El rechazo de lo real, la repulsa de la creación, tales son los rasgos comunes de las doctrinas transmitidas por los gurús de toda índole: la multiplicidad de los seres no es más que un reino de sombras, de apariencias, una telaraña tejida por un dios antropólogo.

EL DESLUMBRAMIENTO

Las sectas atomizan el universo y el hombre; los dividen hasta la extenuación, hasta la aniquilación. Es la consecuencia del egocentrismo. Concentrándose sobre sí como en un punto donde debe reunirse todo el universo, el iniciado acaba por desaparecer en un resplandor final, en un deslumbramiento de luz. Es éste el precio para efectuar su retorno al origen. ¿Qué oponer a este peligro de atomización sino un espíritu verdaderamente universal? La universalidad es lo que permite a todos ir hacia la unidad dejando a cada uno ser él mismo. A este respecto, la fe católica, que afirma la filiación divina de la criatura humana, está siempre por redescubrir. Religión revelada y no sabiduría humana ofrece la garantía de una espiritualidad auténtica cuya señal es el desarrollo de la personalidad y no su destrucción. La gracia no destruye la naturaleza, la perfecciona.

Un renacimiento espiritual capaz de acabar con la degeneración de las sectas no será posible más que apoyándose sobre este axioma de la fe que salva.

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Hervé Pascua es doctor en Filosofía por la Universidad de Lovaina. 2004-05-31

 

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Crucifixión de San Pedro en cruz invertida. -64/ ca. Roma

 

Iglesia - ¡La Iglesia fundada por Jesucristo, lleva 2.000 años siendo Madre y Maestra!“. Desde el Gólgota en Jerusalem como desde la crucifixión en cruz invertida de San Pedro en el gólgota vaticano -esa admirable colina romana-, somos trayectoria evangélica y evangelizante.

 

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Iglesia - No dominio, sino servicio «gratuito» es la jerarquía en la santa Iglesia Católica, apostólica y con sede romana desde Pedro muerto mártir bajo Nerón, crucificado cabeza abajo y Pablo decapitado, ambos en Roma.

 

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Iglesia - El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005

 

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Pontífice - En la homilía de San Juan de Letrán, S. S. Benedicto XVI - P. P. explicó de manera insuperable el ministerio del Papa y de los obispos como garantía de que esa red de testigos que es la Iglesia, extendida en el espacio y en el tiempo, permanece fiel a su origen y fuente que es Cristo. Ninguna comunidad (tampoco la Iglesia), ningún hombre (tampoco el Papa) “posee la Verdad”, ni puede imponerla a persona alguna. Y sin embargo los cristianos sabemos que la Verdad no es una idea, sino el Misterio de Dios que se ha revelado en la carne y ha montado su tienda entre nosotros, para ser accesible a todos los hombres. Para la Iglesia, Cristo no es una posesión que se defiende, sino la presencia viva de Dios que continuamente le da forma, le mueve a cambiar, le saca de la tentación de fosilizarse, le llama a una conversión muchas veces dolorosa, y le urge a comunicar su tesoro a los hombres de todo tiempo y lugar. 2005-04

 

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El Papa no es un soberano absoluto que lo que piensa y quiere es ley. Al contrario, su ministerio es garantía de la obediencia hacia Cristo y a su Palabra. Él no debe proclamar sus propias ideas, mas debe vincularse constantemente él propio y la Iglesia a la obediencia hacia la Palabra de Dios, en frente a todos los tentativos de acomodamientos y diluentes, como así también afrontar cualquier oportunismo”. 

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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IGLESIA… La Apostolicidad de la Iglesia – Obispo de Roma.

Para poder poner de relieve la relación de apostolicidad y Eucaristía, se debe colocar al inicio una reflexión sobre la apostolicidad de la Iglesia. A causa de la mediación histórica de la revelación es la Iglesia en su doctrina, en su vida sacramental y en su constitución como realidad social a lo largo del tiempo y en el cambio de generaciones, idéntica, realmente con la Iglesia de todos los tiempos y de todos los lugares ; pero en especial con su origen histórico en la Iglesia primitiva de los apóstoles, es decir, del grupo prepascual y postpascual de los doce junto con los otros testigos de la resurrección y los más importantes misioneros de la Iglesia primitiva.

El origen del episcopado de los apóstoles pertenece también, según la interpretación católica, a la apostolicidad de la enseñanza y de la vida sacramental. Los obispos son, en el servicio de la dirección de la Iglesia confiada a ellos y en su testimonio autoritativo de la resurrección, sucesores de los apóstoles.

El ministerio apostólico de la Iglesia primitiva se prolonga, mediante la sucesión apostólica en el sacramento del orden, en continuidad del colegio apostólico en el colegio de los obispos, en una unidad histórica; y así la Iglesia posee un signo efectivo de su realidad apostólica.

En este sentido la constitución de la Iglesia descansa, especialmente el ministerio eclesial, en la “institución divina” (DH 101; 1318; LG 20).

El obispo de Roma es, como sucesor del apóstol Pedro, cabeza del colegio de los obispos y principio y fundamento de su unidad en la doctrina y la comunión (LG 18).

“Ustedes han sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles” (Ef 2,20).

Bajo estas premisas y presupuestos eclesiológicos hay que considerar la relación entre Eucaristía y Apostolicidad. La Iglesia se edifica de la celebración de la Eucaristía y la Iglesia realiza la Eucaristía. Por lo cual es muy estrecha la relación entre la una y la otra (ver, EE 26).

Esta interacción permite hablar también de la Eucaristía como “una, santa, católica y apostólica”.

El Catecismo de la Iglesia Católica aclara –como la Encíclica lo retoma- en qué medida la Iglesia puede ser llamada apostólica en un triple sentido. En primer lugar la Iglesia está apoyada sobre el fundamento de los Apóstoles. Ella descansa sobre los apóstoles, a los que Cristo mismo ha elegido y enviado como sus testigos para anunciar la fe en la buena nueva que realiza la salvación.

Del mismo modo se encuentra la Eucaristía en sus manos protectoras, porque Cristo mismo les ha confiado a ellos el santísimo sacramento y estos, por su parte, han entregado con responsabilidad a sus sucesores. Así resulta una continuidad entre el obrar de los primeros apóstoles - nombrados por Cristo-y los portadores de la autoridad apostólica, los obispos, hasta hoy. A través de todos los siglos obedecieron ellos el encargo de Cristo: “Hagan esto en mi memoria ».

La Encíclica recuerda también el segundo sentido de la apostolicidad de la Iglesia fijado por el Catecismo: “Ella guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles » (Catecismo de la Iglesia Católica, 857). Decisiva, a este respecto es la profunda conexión con el origen apostólico, que está más allá de tiempos y lugares.

Lo que hicieron los Apóstoles, como ellos han celebrado la Eucaristía, de acuerdo a su contenido, fue conservado a lo largo de la historia de la Iglesia. “Según la fe de los Apóstoles” (EE 27) se celebra también hoy la Eucaristía. Inclusive fue el magisterio eclesial el que ha profundizado en los dos mil años de historia, cada vez más a fondo en el misterio de la Eucaristía, y ha precisado con estos conocimientos la doctrina sobre la Eucaristía.

Terminologías e interpretaciones teológicas fueron en cierto modo apoyadas como resultado de una intensa meditación, por el magisterio, por los concilios y escritos doctrinales y encíclicas pontificias, como resultado que permite comprender, cada vez más profundamente el sublime misterio de la Eucaristía.

De singular significado es también el tercer sentido de la apostolicidad de la Iglesia y de la Eucaristía, como la presenta la Encíclica en el número 28. A semejanza de la conexión con los orígenes, que es al mismo tiempo fundamente de la Iglesia, la presencia de los primeros apóstoles aparece como presencia perdurable en la Iglesia. Ella sigue siendo instruida, santificada y dirigida por los apóstoles, por aquellos mismos que en su ministerio pastoral les suceden : el colegio de los obispos en unidad con el sucesor de Pedro, el pastor supremo de la Iglesia.

La misión pastoral de los obispos se funda sobre el colegio apostólico instituido por Cristo. Esto implica necesariamente el sacramento del orden, es decir, la serie interrumpida que se remonta hasta los orígenes, de ordenaciones episcopales válidas. “La sucesión es esencial, para que haya Iglesia en sentido propio y pleno” (EE 28).

La sucesión apostólica sirve como prueba de identidad para la auténtica transmisión de la fe. Ella es el garante para la autenticidad de la doctrina autoritativamente presentada. Con ello se menciona el criterio esencial de una transmisión autorizada de la fe, porque la interna identificación con la fe de los Padres, con la doctrina de la Iglesia y con el Papa como pastor supremo de la Iglesia, sin la sucesión sería solo un mecanismo vacío. La esencia de la sucesión (la única dotada de todo poder), se fundamenta en la aceptación íntima de la fe que cada uno ha recibido de la Iglesia y que está dotada de todo poder….

Conferencia de Mons. Gerhard Ludwig Müller
Obispo de Regensburg, Alemania
Guadalajara, México - Jueves 7 de octubre de 2004

 

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Una vez que el dicho de Nietzsche Dios ha muerto fuese aceptado y vivido existencialmente en el primer mundo, se produjo en la cultura un cambio de paradigma. Gaudium et Spes hizo notar este cambio esencial: "Cuando se ha olvidado a Dios, sin embargo, la criatura en si misma se vuelve ininteligible" (número 36). El primer mundo experimentó una hemorragia de sentido de la vida misma. La comunión de la civilización basada en estructuras cristianas se fragmentó. La Torre de Babel se vuelve a vivir. Esto lo experimentan con gran fuerza los jóvenes. La cultura cristiana de la vida es reemplazada por la mórbida cultura de la realización personal. Esta cultura da lugar a la incapacidad de darse a si mismo a los demás y por eso la persona se siente sola, y por ello, alienada. Sin embargo, sigue siendo verdad que somos criaturas y por lo tanto tenemos una orientación natural hacia el Creador. "La naturaleza abomina el vacío" y así el primer mundo, especialmente entre los jóvenes, busca un sentido de la vida para la comunión con los demás y con lo Divino.

Es en este desasosiego, el mismo desasosiego que llevó a San Agustín a buscar el sentido de su vida, en el que surgen las sectas. La cultura post cristiana del primer mundo ha provocado una sospecha, por no decir hostilidad, contra la Iglesia. Las sectas ofrecen una experiencia de los numinoso o de ‘pertenencia’ pero sin contar con estructuras u organizaciones establecidas, sin «Iglesia».

Si el Creador y el mundo no son distintos entonces se permiten todos los medios para alcanzar la experiencia de lo numinoso para la propia realización individual. Por lo tanto, como indica el documento Jesucristo, quien da el Agua de la Vida, las sectas puesto que están bajo la égida de la Nueva Era se nutren de muchas tradiciones, desde las prácticas ocultistas del antiguo Egipto hasta la práctica contemporánea del budismo zen y el yoga (cf. 2.1).

Las sectas se prestan a responder a los deseos más básicos y primordiales del hombre y la mujer post cristiano. Ofrecen el retorno la paganismo. El agua viva y clara de Jesucristo se vuelve sospechosa y la gente bebe despreocupada de las pantanosas aguas de las sectas.
2004-03-19..

 

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Sectas, evangelización y tolerancia

 

Por Juan Luis Lorda

 

·         1. Una triple incomodidad

·         2. Características del anuncio cristiano

·         3. Cristianismo y violencia

·         4. Las causas accidentales de la violencia

·         5. Puntos de reflexión




1. Una triple incomodidad

Esta intervención se sitúa en un programa que trata de acercarse desde una perspectiva multidisciplinar al fenómeno de las sectas, que tiene un creciente impacto cultural y de opinión. La perspectiva que se ha pedido para esta intervención es la de la Iglesia católica, y se ha escogido este tema tratando de establecer algunas diferencias entre el ejercicio de la evangelización que la Iglesia desarrolla y el proselitismo sectario que produce, en muchos ámbitos, una preocupación creciente.

En el contexto de una nueva evangelización donde se quiere renovar el anuncio cristiano, especialmente en aquellos países donde la fe se ha enfriado, la Iglesia católica se encuentra actualmente con el fenómeno de la proliferación de sectas y nuevos movimientos religiosos. Esto produce, al menos, tres motivos de incomodidad que invitan a la reflexión.

El primero es cómo distinguirse y cómo evitar que la variada oferta devalúe y confunda el concepto de lo religioso, que es el espacio donde se realiza y se comprende el anuncio cristiano. Pues, en esta creciente oferta religiosa, se puede encontrar desde sectas satánicas hasta maniobras comerciales, desde fórmulas orientales de relajación hasta prácticas mágicas, y también -porque la palabra secta tiene un sentido muy amplio- confesiones religiosas ya establecidas y desarrolladas, que se han demostrado dignas de respeto en el ámbito social y cultural, como sucede, por ejemplo, con algunas confesiones de origen protestante. Y entre los evangelizadores, se mezclan visionarios, neuróticos, embaucadores, parlanchines, y, por otro lado, filántropos y hombres de buena voluntad y de sentido religioso. Sólo un cuidadoso análisis permite establecer el campo de trabajo.

El segundo es que, en muchos casos, en los países de mayoría cristiana, el crecimiento se ha de hacer en detrimento de la Iglesia. Y, a veces, se hace con una polémica, abierta o soterrada e incluso con medios fraudulentos. Así, en ocasiones, se deforman sus doctrinas o se difunden materiales escandalosos, que tratan de minar su prestigio. Frecuentemente, los nuevos misioneros de las nuevas sectas son preparados con argumentos especiales que tratan de confundir al católico poco informado de los contenidos de su fe, con objeto de hacerle dudar y ganárselo. Con todo hay que reconocer, que, otras veces, la evangelización de las sectas y nuevos movimientos religiosos se limita a ocupar el espacio que ha quedado vacío por el proceso de secularización occidental, y por los defectos de la evangelización católica.

El tercer motivo es la preocupación causada en la opinión pública y en los responsables de la sociedad ante la proliferación de abusos y efectos negativos. Preocupación que ha dado lugar a una reflexión jurídica y al crecimiento de los medios institucionales de los Estados para combatirlos. Hay que añadir que esta reacción no siempre es "aséptica", pues especialmente los medios con una ideología de tipo ilustrado son beligerantes en este punto y tienden a usar estos acontecimientos para discutir la validez del hecho religioso en sí y desprestigiarlo; lo que con frecuencia apunta indirectamente, como se puede observar tantas veces, a la propia Iglesia católica, al menos en los países donde está extendida. Por eso, el remedio tiende a ser más amplio de lo que requiere la enfermedad. Y esto confunde el panorama.

Sin perjuicio de la importancia de intentar un detallado análisis del fenómeno de las sectas que permita obtener criterios para discernir su peligrosidad desde el punto de vista social, interesa rápidamente hacer dos observaciones para defender la legitimidad del hecho religioso.

En primer lugar, hay que decir que no hay actividad humana que no tenga efectos negativos o que no pueda sufrir desviaciones. La vida misma es lucha, supone un desgaste y se realiza en condiciones que nunca son ideales. Todo lo que mueve anhelos, suscita entusiasmos y exige concentración de fuerzas es arriesgado. Caben espejismos y se pueden producir daños para la salud. Intentar sacar adelante una empresa puede ser una quimera y es peligroso para la salud, sobre todo psíquica, y también lo es enamorarse, también tener un hijo y en general querer mucho a otra persona; es peligroso esforzarse en los exámenes y en el deporte y en cualquier trabajo. Todo lo que sea poner ilusión y esfuerzo es una potencial fuente de excesos, frustraciones y desgastes, también de malentendidos y de luchas. En ese sentido, la misma realización humana, con todos sus afanes y anhelos, es un riesgo, pero un riesgo inevitable.

En toda actividad humana legítima, tanto a nivel personal como social, hay que admitir una "campana de Gauss", con efectos indeseables, por lo menos en un extremo. Mientras se mantengan dentro de unos límites razonables y no afecten gravemente al bien común, hay que tolerarlos como una exigencia que procede del ejercicio de la libertad. También sucede esto con el hecho religioso, que es un componente habitual y muy importante de la realización humana. El hecho de que pueda sufrir desviaciones o tener efectos negativos no lo deslegitima, como tampoco se deslegitima el amor por los muchos inconvenientes que suele traer consigo.

En segundo lugar es preciso contrastar algunos tópicos que algunos medios ilustrados repiten constantemente. Por ejemplo, que toda verdad es potencialmente peligrosa, porque es fuente probable de dogmatismo e intolerancia. Esta tesis, que ni está probada ni se puede probar, caracteriza el clima de lo que se ha dado en llamar , con palabras, ya tópicas, de Giovanni Vattimo, “il pensiero debole”. Se justifica en parte por la crisis de los grandes discursos y, más exactamente, si queremos superar eufemismos heredados, por el hundimiento del sistema marxista, que probablemente ha sido el discurso más totalitario que ha conocido jamás la historia.

Pero es difícil evitar la sensación de que esta crítica tiene algo de mala conciencia. Los medios ilustrados siguen recurriendo ad nauseam a la actividad de la Inquisición, las guerras de religión, la conquista de América y el proceso de Galileo como demostración palmaria de la intolerancia católica. Lo hacen desde una cómoda distancia y sin interés real por los matices de la verdad histórica, que no les preocupa aclarar. Aceptando lo que puede haber de verdad en esto, lo que requeriría un análisis mucho más desapasionado y riguroso, no se puede olvidar que ningún siglo ha sido tan pródigo en violencia como el nuestro. Y, como es evidente también, aunque todavía puede ser considerado de mal gusto mencionarlo, una gran parte de esa violencia se ha realizado contando con el silencio más o menos comprometido de la clase intelectual de Occidente.

Ni Lenin ni Stalin, ni tampoco Hitler, se han distinguido por su sensibilidad cristiana ni por sus principios evangélicos; más bien estaban absolutamente distanciados de lo que consideraban prejuicios religiosos y operaban con un absoluto cinismo. No hay duda de que una mayor sensibilidad cristiana en ellos, o en los que les rodeaban, hubiera impedido las atrocidades que todavía no estamos acostumbrados a reconocer como parte de nuestra historia. Hay que constatar que las mayores violencias padecidas por la humanidad no la han causado hombres religiosos sino precisamente hombres cínicos y sin escrúpulos religiosos; y desde sistemas declaradamente anticristianos, que se han entregado a enormes y quiméricas operaciones de lo que Paul Johnson ha llamado “ingeniería social”.

Sin olvidar esto, y sin olvidar que, de una manera u otra, la violencia está siempre desgraciadamente presente en la historia de la humanidad, es justo también reconocer los momentos de violencia que contiene la historia del cristianismo. Con todo, es evidente que esta selección interesada, incesantemente recordada durante más de doscientos años, no refleja lo que ha sido la historia de la Iglesia, ni lo que hoy es su realidad: bastaría mencionar los cientos de miles de religiosos y religiosas que han entregado su vida cuidando enfermos o educando niños o realizando, en general, tareas que nadie más haría -ni hacía de hecho- si no fuera por amor de Dios. Esa caridad que lleva a la entrega personal ha sido siempre la principal señal de autenticidad del cristianismo. Lo justo es reconocer en la historia tanto los defectos como las realizaciones auténticas. Pero no se trata ahora de proceder a una justificación histórica. El pasado necesita ser juzgado con los criterios del pasado, que siempre son difíciles. Se trata de ir al núcleo de la cuestión: ¿hay algo en el anuncio cristiano que lo haga violento o intolerante?

2. Características del anuncio cristiano

El mensaje cristiano se inició con la predicación del propio Cristo, y consistió en una invitación a la conversión personal: “Convertios y creed en el Evangelio" (Mc 1,15). Se dirigía sencillamente a los que le oían y trataba de remover los corazones. Como se puede ver en los consejos que Cristo dio a sus discípulos cuando los envió a predicar delante de él, toda la fuerza de la predicación se limitó al anuncio, aunque a veces también se corroborase con milagros (Mt 10,5-15; Lc 10,1-12). Se basaba en la propia belleza del mensaje y en el testimonio personal.

Cristo desautorizó expresamente la violencia en la expansión del Reino, como se muestra, por ejemplo, en la escena que cuenta San Lucas (9,51-56); al pasar por una aldea samaritana, no los recibieron. "al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: "Señor, quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma". Pero volviéndose, les reprendió".

La evangelización busca la adhesión libre y consciente al mensaje, sin ninguna violencia. Y no puede ser de otro modo si se tiene en cuenta la idea que el propio mensaje transmite acerca de cómo es Dios y lo que quiere del hombre. La fe consiste en aceptar la revelación y la vida de un Dios que es reconocido como Padre, a través del testimonio de Cristo, continuado por la Iglesia. Tiene que surgir del fondo del corazón, del lugar más íntimo de la persona humana, del espacio y núcleo de su libertad. Dios, que es creador y Padre, ve "en lo secreto" (Mt 6,4), y “quiere ser adorado en espíritu y en verdad” (Jn 4,23). La relación con Dios, dentro del mensaje cristiano, es íntima y personal, y no se reduce a ninguna práctica externa. Por eso, el anuncio cristiano quiere provocar el asentimiento personal y libre; no busca la aceptación externa de ritos y prácticas, sino la conversión del corazón (Mc 4,20).

No se puede agradar a Dios más que con la propia libertad. Desde muy antiguo es conocido, por ejemplo, que un bautismo hecho contra la voluntad del que lo recibe no es válido. La libertad es esencial para la recepción de los sacramentos, para la vida de la gracia, para el trato con Dios. La privación de libertad o la coacción grave (por ejemplo, en el caso del matrimonio) hace inválidos los sacramentos.

Según la doctrina cristiana en la difusión del Evangelio colaboran tres elementos:


a) la belleza del mensaje transmitido, que interpela los anhelos humanos más profundos

b) el testimonio del amor en la vida de los discípulos, que es el mayor y casi único motivo de credibilidad; o, por usar el título de un importante teólogo del siglo XX, Sólo el amor es digno de fe (Hans Urs von Balthasar).

c) la acción interior e invisible de la gracia de Dios, que mueve los corazones.

No caben otras motivaciones y ninguna de éstas es violenta. Por otra parte el anuncio no contiene ningún germen de violencia. En medio de una sociedad políticamente crispada, Cristo rehuyó la violencia e impuso como mandamiento nuevo el de la caridad (Jn 13,34-35; 15,12-17). No se puede olvidar el papel absolutamente primordial que la caridad ocupa en la forma de vida cristiana. Es el mandamiento principal y el instrumento cristiano para la transformación del mundo. El Concilio Vaticano II recuerda que "La ley fundamental de la perfección humana y, por tanto, de la transformación del mundo es el mandamiento nuevo del amor" (GS n.38). Y el amor es el mejor marco y la mejor garantía de la libertad.

3. Cristianismo y violencia

El cristianismo es, por naturaleza, contrario a la violencia y asume perfectamente el dicho socrático es mejor padecer la injusticia que ejercerla. No hay más que recorrer el mensaje de las bienaventuranzas, recordar la recomendación de poner la otra mejilla, y de amar y perdonar a los enemigos e, incluso, de rezar por ellos. Y, sobre todo, contemplar la figura de Cristo muerto en la Cruz, después de haber renunciado tanto a la violencia de los ángeles, como a la que Pedro quiso ejercer con su espada en el huerto de los olivos. Cristo no quiere la espada para difundir su Evangelio.

La exigencia cristiana de amar y perdonar a los enemigos es tan fuerte y tan paradójica que se sitúa realmente en un nivel heroico. Es admirable comprobar que muchos lo han vivido así, con mucho heroísmo, aunque también hay que reconocer que muchos otros no; probablemente por las mismas razones por las que no se han vivido otras muchas consecuencias del mensaje cristiano: porque contradicen las tendencias espontáneas y torcidas de la naturaleza humana: la inclinación a la venganza, a la depredación, a la ambición, al egoísmo y la soberbia. Si en algún momento se ha desatado la violencia, no es por haber considerado las cosas desde el punto de vista cristiano, donde está prohibida, sino por haberse dejado llevar de otros puntos de vista quizá más razonables y, desde luego, mucho menos elevados. El cristianismo nunca ha legitimado la violencia excepto en los casos de defensa propia[i], aunque también aquí caben abusos de interpretación.

Esto llega a impregnar profundamente la mentalidad cristiana. Como muestra, puede servir una escena de la película de Aquino Kurosawa, Los siete samuráis. En ella se basó un popular Western, Los siete magníficos. Cuenta la historia de una aldea maltratada por los continuos asaltos de un grupo de bandidos. Deciden contratar profesionales para que los defienda. Consiguen reclutar 7 samurais y, con ellos, comienzan a defenderse. En un intento de asalto, uno de los bandidos queda acorralado por los aldeanos. Y entonces, con gran solemnidad, el alcalde del pueblo llama a una anciana, a quien habían asesinado a su marido y quemado la casa, y le ofrece una espada para que se vengue, delante de todos. Y la anciana en una escena llena de dignidad atraviesa al bandido con la espada. Se trata de un acto de legítima venganza y, en ese sentido, de justicia. Sin embargo, esta escena es imposible para la sensibilidad cristiana, y no tiene paralelo en el Western. Una anciana cristiana podría matar a su enemigo en un acceso de rabia o de debilidad, pero la escena no podría presentar ese asesinato en frío como ejemplar y noble. La sensibilidad cristiana espera de una anciana noble la renuncia a la venganza personal.

4. Las causas de la violencia

Es evidente que aquí se podrían situar todas las causas normales de la agresividad humana tanto a nivel personal como social. Ya que tanto las personas como las sociedades más o menos cristianizadas están afectadas por las mismas causas que otras, aunque los principios cristianos puedan obrar en favor de una mayor indulgencia. Pero nos interesa centrarnos ahora en las causas de violencia en la propia evangelización, en el modo de evangelizar. Me parece que pueden ser cuatro. Siempre señalan un error o un defecto. En las dos primeras, se trata errores teóricos graves; en las dos posteriores, de defectos prácticos.

1) La confusión sobre la naturaleza y fines del Reino. El peligro más grave, que ya se apreció en el momento de la declaración del cristianismo como religión oficial del imperio romano, es la identificación del Reino de Cristo o de la comunidad de los cristianos con una forma histórica concreta: en resumen, la identificación del orden religioso con un orden político o social concreto. Pero el Reino de Dios es trascendente; como ilustran las parábolas del Señor, crece en el mundo como una semilla o un fermento, sin realizarse nunca en la historia. Nunca alcanza aquí una etapa definitiva y, por tanto, nunca se puede identificar con las formas concretas de una cultura. Por naturaleza, está abierto a todo lo humanamente válido, como significa la propia palabra "catolicismo"[ii].

En la historia cristiana ha sido, en ocasiones, fuente de violencia la confusión o la fusión de la fe con una cultura, una nación o un grupo. Es una cuestión delicada y muy difícil porque la fe tiende a crear cultura, y las culturas tienden a configurarse por la aceptación común de grandes convicciones, también religiosas. En esos casos, las cuestiones de fe tienden a ser planteadas como cuestiones de identidad, que afectan directamente a la supervivencia de esa cultura, con toda la gravedad que esto lleva consigo. Se necesita mucho discernimiento para resolver los problemas, y sólo en un nivel cultural avanzado, y en un clima de paz social, son posibles los delicados matices que el respeto al pluralismo y la libertad de las conciencias, es decir, la tolerancia. En cualquier caso, la fe cristiana, por encima de consideraciones estratégicas, invita a la comprensión y a la caridad.

2. La confusión sobre los medios. Cuando o no se conoce [1]o no se confía en los medios propios de la difusión que son la belleza de la palabra, el testimonio del amor, y la acción invisible de la gracia, se puede caer de un modo u otro en la violencia. Bien porque se prefiere usar técnicas de propaganda o adoctrinamiento, llegando a la coacción moral, o porque se cae en la coacción física. Esto resulta tan ajeno al mensaje cristiano que no se puede hacer sin deformarlo, es decir sin trastocar el orden de sus valores. Se necesita recurrir a elementos extraños como catalizadores de la motivación y la adhesión que se pretende.

Las otras dos son menos importantes, operan a un nivel más personal y pueden presentarse en el curso de una evangelización normal, como defectos que deforman el proceso que lleva personalmente a la fe. Pueden darse en cualquier empresa humana y también en las tareas de evangelización.

3) La contabilización del éxito. La ilusión por evangelizar y, sobre todo, las expectativas de un éxito medible, como motivo de prestigio o de orgullo personal o colectivo, pueden provocar accidentalmente una cierta presión directa o indirecta en los evangelizadores, que induzca a comportamientos más o menos manipuladores. Supone una falta de confianza en la gracia de Dios, pero puede producirse. La ambición del éxito puede provocar también rivalidades y competencias entre personas o grupos, y originar violencia.

4) La tentación de la prisa. Como enseña Rof Carballo, la prisa está unida a la violencia, porque induce a la precipitación y facilita la disculpa para omitir las debidas garantías. Se trata de algo vago pero es una tentación que afecta a muchas sectas y también puede afectar a la evangelización católica. La predicación es urgente, pero debe hacerse en un clima de serenidad que es el único que garantiza el debido respeto a las personas y al delicado proceso personal de respuesta a la fe.

 

 

 

5. Puntos de reflexión

1) El protagonista de la Evangelización es Dios, que es Señor de la historia. Es Él quien da el crecimiento (1 Cor 3,6-7). Es necesario respetar el sentido misterioso de la historia de la salvación, que no está en nuestras manos ni juzgar ni conocer del todo. La enseñanza sobre el fruto de la evangelizacion, sobre el desarrollo de su Reino, se encuentra en las parábolas del Señor, que recoge el Evangelio de San Mateo. En la parábola del grano de mostaza o del fermento (Mt 13,31-35), se nos advierte de su ritmo lento de crecimiento. En la parábola del sembrador (Mt 13,1-23), se nos indica que la siembra de la palabra va a ser aceptada en distintos grados y formas. La parábola del trigo y la cizaña (Mt 13,24-30) nos enseña que es imposible pretender que sólo crezca el trigo, hay que tolerar la presencia de cizaña, es decir de efectos no cristianos, que aparecen en cualquier situación. Ningún campo puede llegar a cuajar como en el cielo. Y el Señor advierte a sus siervos que no intenten arrancar del campo del mundo la cizaña, no sea que se arranque tambien el trigo. En la historia, no se puede realizar el Reino de Dios. No se puede llegar a la plenitud, ni siquiera parcial. Hay que dejar la realización de la historia en manos de Dios, sin pretender hacer más de lo que está a nuestro alcance y Él exige.

2) Hay que tomar conciencia, sin embargo, de que la Iglesia es el fermento del Reino en este mundo. Y que, por eso, está destinada a reunir en sí misma, de algún modo, todas las realidades humanas. La teología católica de este siglo, principalmente por obra de Blondel y de Lubac, ha reconsiderado las relaciones entre naturaleza y gracia, y superando el extrinsecismo de una división demasiado neta, comprende hoy mejor que los contenidos cristianos responden a los anhelos más íntimos del ser humano y, aunque trascienden sus aspiraciones, lo llevan a su perfección. De esta manera, hoy, en el ámbito cristiano, se tiene una conciencia mucho mas clara de que Cristo es la forma verdadera de la plenitud humana, y en Él se realiza la esencia de la religión; que la Iglesia es sacramento universal de salvación, signo e instrumento de unión con Dios y entre los hombres (GS 24), principio de la comunión de los santos; llamada a reunir a todos los hombres, aunque sea en tiempo escatológico y, en ese sentido, la promoción de la unidad humana “concuerda con la misión íntima de la Iglesia”.

3) En ese sentido también, las señas de la propia identidad no se ponen de manifiesto en el debate con otras formas de religiosidad, sino precisamente en la profundizacion en lo propio. La Iglesia no quiere distinguirse marcando distancias y estableciendo polémicas, sino profundizando en el núcleo de su mensaje. Porque desde allí, donde está la fuente más alta de la verdad, debe atraer a las otras formas religiosas en las que reconoce una realización más o menos parcial de lo que ella posee en plenitud. Esto representa una verdadera toma de conciencia que supone un cambio de estrategia en el planteamiento apologético de la Iglesia.

4) Así ha cambiado completamente la conciencia de la situación de la Iglesia en el mundo y también de su relación con otras confesiones religiosas. Se entiende que el anhelo que otras confesiones suscitan e intentan colmar es auténtico y que su respuesta más plena está en la Iglesia. Por eso, es capaz de valorar positivamente e integrar lo que hay en ellas de auténticamente religioso. Al mismo tiempo, al considerar la parábola del trigo y la cizaña no se puede dejar de extraer la conclusión de que el enemigo siembra también la cizaña en este campo y que, como sucedía en la antigüedad, algunas de las formas religiosas con las que la Iglesia se tropieza pueden llevar su huella, a veces explícita. aunque esto requeriría también sus análisis, pues no cualquier utilización de los símbolos satánicos hay que suponerla directamente inspirada en él.

5) Junto con esto, la Iglesia en la medida en que cree en la encarnación, reconoce también todas las consecuencias, a veces desconcertantes, que se derivan de una predicación que tiene que someterse a los ritmos humanos, biológicos, históricos y culturales; que se realiza en la historia por la conjunción entre la gracia de Dios y la concreta libertad del hombre con procesos llenos de defectos y de errores, entre los que también brilla la gracia de Dios, de manera especial en la vida de los santos, que son para la Iglesia, los grandes evangelizadores. Dentro de esa concreta visión histórica, la Iglesia no puede dejar de lamentar que las muchas limitaciones de la evangelización de años pasados, han contribuído también a crear el vacío religioso que es la ocasión de que florezcan tantos nuevos movimientos religiosos. Sin embargo, la evangelización no se puede plantear ni en contra ni en competencia con ellos. La Iglesia no ha sido llamada a arrancar la cizaña sino a plantar el trigo.

6) Otra cosa es la defensa necesaria ante las deformaciones sobre el mensaje de la propia Iglesia que, en ocasiones, pueden difundir algunas sectas. La Iglesia está obligada a aclarar las cosas, a prevenir a sus fieles de las deformaciones y a defenderse de lo que pueda haber de calumnioso, incluso utilizando los medios legales que la sociedad civil prevea.

7) Por ultimo, conviene recordar de nuevo los auténticos resortes de la evangelización. La palabra de Dios expuesta directamente y en su verdad; el testimonio personal y eclesial de la caridad, que ha de unir a los cristianos entre sí y con Dios, abierto a todos los hombres; y la misteriosa eficacia de la gracia. Las nuevas circunstancias exigen no nuevas técnicas, sino, como siempre, nueva autenticidad: una mayor profundidad y transparencia de los testigos, para que en ellos se manifieste la verdad de lo que predican.
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[I]En este sentido, son particularmente difíciles de tratar aquellos casos donde se produce una reacción de defensa del propio patrimonio cultural y religioso, como sucedió, por ejemplo, en la Guerra de los Cristeros en México, o también, al menos en parte, la Guerra Civil Española.
[II]Aunque no puede olvidarse que el cristianismo lleva consigo formas que inciden directamente en los ideales para configuración de la sociedad, especialmente en el ámbito educativo y familiar. Esto necesita delicados matices, que afectan a la actuación de los cristianos en la vida pública, en los distintos regímenes que pueden existir. La historia proporciona una abundante experiencia y existe también amplia doctrina

 

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Salmo 25,4-9. - Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador, y yo espero en ti todo el día.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos.
No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres.

 

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Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo – Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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En la Iglesia toda tarea es importante, cuando se coopera a la realización del reino de Dios. La barca de Pedro, para que pueda avanzar con seguridad, necesita numerosas tareas escondidas que, junto con otras más visibles, contribuyen al desarrollo regular de la navegación. Es indispensable no perder jamás de vista el objetivo común, es decir, la entrega a Cristo y a su obra de salvación. Dos mil años navega la barca de Pedro, como Cristo ordena: ‘pescadora de hombres’.

 

Juan Taulero (hacia 1300-1361) monje católico, dominico- de Estrasburgo
Sermón 9

 

“Mujer ¡qué grande es tu fe! (Mt 15,28) -       “Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David!” (Mt 15,22) Es un grito, una llamada de una fuerza inmensa... Es un gemido que viene como de un abismo sin fondo. Supera en mucho la naturaleza, es el Espíritu Santo mismo que profiere en nosotros este gemido (Rm 8,26)... Pero Jesús dice: “Dios me ha enviado sóo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.” (Mt 15,24) y “No está bien tomar e pan de los hijos para echárselo a los perrillos.” (Mt 15,26)... No podía poner a prueba a la mujer con más fuerza, ni ahuyentarla con más vehemencia.
         Ahora bien ¿qué hizo la mujer rechazada de esta manera? Se dejó decir y se humilló ella misma hasta lo más hondo. Llegó hasta el extremo de la humildad, del abismo. Con todo, mantuvo la confianza y dijo: “Esto es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.” (Mt 15,27).
        ¡Oh, si vosotros también supierais penetrar realmente hasta el fondo de la verdad, no por comentarios muy sabios ni por palabras muy altisonantes, ni con los sentidos, sino yendo al fondo de vosotros mismos! Ni Dios, ni otra criatura alguna podría  anihilaros si permanecéis en la verdad, en la confianza humilde. Podríais padecer afrentas, menosprecios y burlas, resistiríais en la perseverancia, os humillaríais más todavía, animados por una confianza ilimitada, y aumentaría más y más vuestro celo. Todo depende de esta actitud y el que llega aquí ha vencido. Sólo estos caminos llevan de verdad, sin obstáculo alguno, hasta Dios. Pero, permanecer así en esta gran humildad, con perseverancia, con una seguridad entera y verdadera, como esta mujer pobre, no es de muchos.

 

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"Yo creo en el testimonio  de un hombre que se deja degollar  por la verdad de lo que atestigua". PASCAL, sacerdote y científico.

 

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“La verdadera sabiduría, entonces consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo admira; pues los sabios en la estima del mundo… son necedad que hacen nada de la voluntad de Dios, y no saben como controlar sus pasiones" Sta. Brígida.

 

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«La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». JUAN PABLO MAGNO. 2004.

 

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Decía con razón el filósofo Xavier Zubiri que Europa se construye sobre la base de cuatro fundamentos: la filosofía griega, el Derecho romano, la religión cristiana y la ciencia moderna.

 

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Periandro de Corinto, (hijo de) Cípselo, dijo:

La tenacidad (lo es) todo. 2. Bella (es) la tranquilidad. 3. Insegura (es) la precipitación. 4. La ganancia (es) vergonzosa. 5. La democracia (es) mejor que la tiranía. 6. Los placeres (son) mortales, pero las virtudes inmortales. 7. Habiendo obtenido fortuna sé comedido, pero habiendo fracasado, sensato. 8. Mejor morir no teniendo medios que, viviendo, pasar necesidad. 9. Hazte a ti mismo tan digno como tus padres. 10. Mientras viva sé alabado, pero al morir sé tenido por feliz. 11. Sé el mismo con los amigos afortunados y con los infortunados. 12. Lo que reconozcas de buen grado, manténlo, pues (es) pesado transgredirlo. 13. No practiques la revelación de palabras secretas. 14. Insulta en la idea de que serás pronto amigo. 15. Sírvete de las leyes antiguas, pero de los alimentos frescos. 15. No castigues sólo a los que se equivocan, sino impídeselo también a los que tienen la intención.16. Oculta que eres desgraciado, para que no alegres a tus rivales.

 

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«Vencerse a sí mismo un hombre es tan gran hazaña que sólo el que es grande puede atreverse a ejecutarla» Calderón de la Barca "La hija del aire"

 

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"No sigas a la muchedumbre para obrar mal, ni el juicio acomodes al parecer del mayor número, si con ello te desvías de la verdad" SAN ATANASIO + año 373

 

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“La Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2,19-51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios” (Dei Verbum 8). Estas palabras preparan la afirmación del número siguiente. “...Por eso la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción” (ibid. 9). Concilio Vaticano II

 

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‘Donde no hay Dios, despunta el infierno, y el infierno persiste sencillamente a través de la ausencia de Dios’. Cardenal  Ratzinger.

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre de mi Maestro!

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).

 

 

Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

Anno Domini 2007 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20). - Ad maiorem Dei gloriam.

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«Cristo es, en todas las cosas, el Todo de todas las partes» Malebranche.

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«Dios es el Señor de todas las almas y, para cada uno, Señor de todos los días». Marta ROBIN. Châteauneuf-de-Galaure. 1930.

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¡¡¡ Paz y bien !!! Paix et bien!!! frieden und guten! Pace e bene! Peace and godness!

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Las ilustraciones que adornan un expuesto, no son obligatoriamente alusivas al texto. Estando ya públicas en la red virtual, las miramos con todo respeto y sin menoscabo debido al ‘honor y buena reputación de las personas’. De allí, hayamos acatado el derecho a la intimidad, al honor, a la propia imagen y a la protección de datos. Tomadas de Internet, las estampas, grabados o dibujos que adornan o documentan este sitio web ‘CDV’, no corresponden ‘necesaria e ineludiblemente’ al tema presentado; sino que tienen por finalidad –a través del arte- hacer agradable la presentación. Tributamos homenaje de sumisión y respeto a todas las personas, particularmente cuyas imágenes aparecen publicadas, gracias.-

Si de manera involuntaria se ha incluido algún material protegido por derechos de autor, rogamos que se pongan en contacto con nosotros a la dirección electrónica, indicándonos el lugar exacto- categoría y URL- para subsanar cuanto antes tal error. Gracias. ‘CDV’.-

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“Conocereisdeverdad.org = CDV” no necesariamente se identifica con todas las opiniones y matices vertidos por autores y colaboradores en los artículos publicados; sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto. ‘CDV’ Gracias.-

CDV” intenta presentar la fe cristiana para la gente más sencilla (catequistas, etc.), en especial para los estratos aparentemente más bajos. ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».-

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde ‘CDV’ es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz. ‘CDV’ Gracias.-

In Obsequio Jesu Christi.

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Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo Joseph Cardenal Ratzinger ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).