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Y estamos en el 2014

India: una madre quema vivo a su bebé instigada por un brujo



 

04. enero 2014-01-04

Una madre quemó vivo en un sacrificio ritual a unos de sus gemelos de cinco meses en la India, con la intención de salvar al otro, después de revelársele en un sueño que si no mataba a uno morirían los dos, según reveló una fuente policial de la que se hizo eco el medio chileno El Dínamo. El sacrificio tuvo lugar el pasado 23 de diciembre en el área de Sonari, en el estado nororiental de Assam, según afirmaron fuentes policiales no identificadas a la agencia india IANS.

La Policía encontró el cadáver del bebé enterrado en una zona boscosa después de conseguir la confesión de la mujer. Ésta, Ranju Devi, natural del vecino estado de Bihar, reconoció que acudió a un brujo para comunicarle el sueño, quien le recomendó realizar una serie de plegarias y quemar al gemelo en un ritual para “apaciguar” a Dios, afirmó la Policía.

Según datos oficiales, en 2009 -último año del que hay recuento- se registraron en la India 186 muertes violentas relacionadas con la “brujería”, término que en muchos casos engloba este tipo de rituales mortíferos.

En las áreas tribales de la India no son infrecuentes los sacrificios humanos y también los linchamientos de mujeres acusadas de practicar magia negra o brujería, pese a que varios gobiernos regionales han emprendido campañas de sensibilización.

 

Algunas corrientes de la tradición hindú, como el tantrismo, han tenido en el pasado una larga tradición -hoy casi erradicada- de rituales con sacrificios humanos, aunque siguen existiendo casos denunciados de asesinatos infantiles.

http://infocatolica.com/blog/infories.php/1401041115-india-una-madre-quema-vivo-a#more22610

 

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augur. (Del lat. augur, -?ris). 

 

1. m. Oficiante, que en la antigua Roma practicaba oficialmente la adivinación por el canto, el vuelo y la manera de comer de las aves y por otros signos. 

2. m. Persona que vaticina. 

 

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Cuando los hombres no creen en Dios, no es que no creen en nada, es que se lo creen todo - (Chesterton)

 

 

Jade. (Del fr. jade, tomado del esp. [piedra de la] ijada, porque el jade se aplicó por los conquistadores de América como remedio a aquella parte del cuerpo).1. m. Piedra muy dura, tenaz, de aspecto jabonoso, blanquecina o verdosa con manchas rojizas o moradas, que suele hallarse formando nódulos entre las rocas estratificadas cristalinas. Es un silicato de magnesia y cal con escasas porciones de alúmina y óxidos de hierro y de manganeso, resultando con una composición semejante a la del feldespato. Muchas de las herramientas prehistóricas están hechas de este mineral, y aún se emplea en China para fabricar amuletos muy apreciados contra el mal de piedra.

 

 

«A los que van a ser iluminados, acerca de las mujeres que se adornan con trenzas y oro, y sobre aquellos que se sirven de agüeros, de amuletos o de hechizos, todo lo cual es completamente ajeno al Cristianismo». S. Juan Crisóstomo – año 344 + 407 – Doctor de la Iglesia Católica

 

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«Toda forma de adivinación debe ser rechazada. Consultar horóscopos, astrólogos, lectura de la mano, recurrir a los mediums, son prácticas que esconden el deseo de poder sobre el tiempo, la historia y, por último, sobre los seres humanos. Un comportamiento correcto cristiano consiste, en cambio, en ponerse en las manos de la Providencia».

 

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Amuleto. (Del lat. amul?tum).1. m. Objeto pequeño que se lleva encima, al que se atribuye la virtud de alejar el mal o propiciar el bien.

 

Hechizar. (De hechizo).1. tr. Ejercer un maleficio sobre alguien por medio de prácticas supersticiosas.

 

Superstición. (Del lat. superstit?o, -?nis).1. f. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón.2. f. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo. Superstición de la ciencia.

 

 

 

AMULETOS / HECHIZOS  
¿Y qué podría decirse de los que se sirven de hechizos y amuletos, y de los que se atan en torno a la cabeza y los pies monedas de bronce de Alejandro el Macedonio? ¿Son éstas, dime, nuestras 
esperanzas: que después de la cruz y de la muerte del Señor, tengamos en la imagen de un rey griego la esperanza de la salvación ? 
¿No sabes cuántas cosas llevó felizmente a cabo la cruz? 
Abolió la muerte, extinguió el pecado, hizo inútil el infierno, destruyó el poder del diablo, ¿y no es de fiar para la salud del cuerpo? Hizo revivir a toda la tierra habitada, ¿y tú no confías en ella? Entonces, ¿de qué serías digno tú? -dime. Te rodeas no sólo de amuletos, sino también de hechizos, cuando 
introduces en tu casa a viejas borrachas y alocadas, ¿y no te avergüenzas ni te sonrojas de perder el seso por esto, después de tan gran sabiduría? Y lo que es más grave que el mismo error: cuando nosotros amonestamos sobre esto y tratamos de persuadirles, ellos creen disculparse diciendo: «La mujer que hace el hechizo es cristiana y no pronuncia otra cosa que el nombre de Dios». 
Pues precisamente por eso la odio y aborrezco tanto, porque se vale del nombre de Dios para la insolencia, porque dice ser cristiana, pero ostenta las obras de los gentiles. 
Por lo demás, también los demonios pronunciaban el nombre de Dios, pero seguían siendo demonios, y así decían a Cristo: Sabemos quién eres, el Santo de Dios 40, y sin embargo, Él los increpó y los expulsó. 
Por todo ello os exhortó a purificaros de este engaño y a tener como báculo 41 esta palabra; y así como ninguno de vosotros querría bajar a la plaza sin sandalias o sin vestido, así tampoco bajes nunca a la plaza sin esta palabra, antes bien, cuando estés a punto de cruzar el portón del atrio, pronuncia 
primero esta palabra: «¡Renuncio a ti, Satanás, y a tu pompa y a tu culto, y me junto contigo, oh Cristo!». Y nunca salgas sin esta palabra: ella será para ti báculo, armadura y torre inexpugnable. 
Y junto con esta palabra, traza también la cruz en tu frente, porque de esa manera, no sólo un hombre que te sale al encuentro no podrá dañarte en nada, pero es que ni el mismo diablo siquiera, pues por todas partes te ve aparecer con estas armas. 
Y en esto edúcate a ti mismo ya desde ahora, para que, cuando recibas el sello, seas un soldado bien preparado y, después de erigir un trofeo 42 contra el diablo, recibas la corona de la justicia, la que ojalá todos nosotros podamos alcanzar, por la gracia y la bondad de nuestro Señor Jesucristo, 
con el cual se dé la gloria al Padre, junto con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén. 

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http://www.autorescatolicos.org/jordiriverobrujeria.htm 

El Imperio Romano, en el siglo III, castigaba con la pena de la hoguera a los que causaran la muerte de alguien con sus encantamientos. En el siglo IV, la legislación eclesiástica quiso atenuar la severidad del estado. El Concilio de Elvira (306), Canon 6, rehusó el Viáticum a aquellos que matasen con una encantación (per maleficium) y añade que la razón por tal crimen no podía efectuarse "sin idolatría"; ya que el culto al demonio es idolatría. El canon XXIV del Concilio de Ancyra (314) impone cinco años de penitencia a los que consulten magos. Penas similares fueron establecidas por el concilio oriental en Trullo (692).

 

En los primeros trece siglos de la era cristiana no se dieron por lo general las crueles persecuciones y cazas de hechiceros que aparecieron mas tarde. Mientras el estado permitía la tortura contra los hechiceros, el Papa Nicolás I (d.C. 866) la prohibió. Una ordenanza similar aparece en los Decretos Pseudo-Isidoros. Pero la Iglesia no pudo eliminar la tortura y otros abusos que están arraigados en el corazón del hombre. Llevar el nombre de cristiano no es suficiente para comportarse como tal.

 

En muchas ocasiones el clero habló con autoridad para evitar las acusaciones fanáticas y abusivas. Entre ellos San Agobardo, arzobispo de Lyon (m. 841) quien escribió "Contra insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruis" (contra las necias creencias de la gente sobre el granizo y el rayo). El Papa Gregorio VII en 1080 escribió al Rey Harold de Denmark prohibiendo que las brujas sean sentenciadas a muerte.

http://www.encuentra.com/articulos.php? ... d_art=3141 

Incluso algo tan específico como es el dejar en la cama un cuerpo fingido, en lugar del propio, mientras la bruja acude al aquelarre, lo encontramos tanto en Asia, como en África y Europa. Son especialmente asombrosas las similitudes entre las creencias en brujas de Europa y la India, las cuales, en ambos casos, se remontan a la temprana Antigüedad (Henningsen 1997).

 

Para una mente teológica, la brujería, tal como lo concebía el pueblo, resultaba absolutamente inaceptable. Por eso la Iglesia desechó desde un principio estas creencias como supersticiones paganas. De ello tenemos ejemplo en Dinamarca.

 

En el año 1080 escribió el papa Gregorio VII al rey Harald de Dinamarca quejándose de que los daneses tuviesen la costumbre de hacer a ciertas mujeres responsables de las tempestades, epidemias y toda clase de males, y de matarlas luego del modo más bárbaro.

 

El Papa conminaba al rey dano para que enseñase a su pueblo, que aquellas desgracias eran voluntad de Dios, la cual deberían complacer con penitencias y no castigando a presuntas autoras.

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(La Naturaleza no tiene una moral intrínseca, cuando la Tierra ruge, cuando se producen sequías o inundaciones se deben a fenómenos que las diferentes ramas de la ciencia estudian por comprender como funciona nuestro planeta. Que estos fenómenos naturales incidan en los grupos humanos es inevitable y por supuesto ajeno a las interpretaciones religiosas que se daban en Europa a finales del siglo XI.).

 

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Onicofagia. (Del gr. ?νυξ, -υχος, uña, y  -fagia).1. f. Costumbre de comerse las uñas; no sólo entre los niños y jóvenes, sino también hasta entre personas ancianas.

 

El utilizo de uñas es frecuente entre algunas personas para la magia llamada negra o blanca.

 

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Onicomancia u onicomancía. (Del gr. ?νυξ, -υχος, uña, y  -mancia).1. f. Práctica supersticiosa de adivinar el porvenir, particularmente de los niños, por medio del examen de los trazos o formas que les quedan señalados en las uñas, untadas previamente con aceite y hollín.

 

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«Toda forma de adivinación debe ser rechazada. Consultar horóscopos, astrólogos, lectura de la mano, recurrir a los mediums, son prácticas que esconden el deseo de poder sobre el tiempo, la historia y, por último, sobre los seres humanos. Un comportamiento correcto cristiano consiste, en cambio, en ponerse en las manos de la Providencia».

 

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Los adivinos: ¿un negocio... o algo peor?"

 

La existencia de adivinos es algo que se remonta a los albores de la historia, y posiblemente es aún anterior. La novedad, hoy en día, es la proliferación generalizada, que adopta incluso formas y técnicas comerciales, hasta poderse decir que la adivinación constituye un sector económico, que mueve cada año cantidades sustanciosas de dinero. La "normalización" de esta actividad hace que sea contemplada por muchos como algo más o menos trivial, o como una manifestación -entre tantas otras- de búsqueda de seguridad, sin que tenga una particular relevancia moral. Ahora bien, ¿es así? Escasean los escritos críticos sobre esta actividad, mientras que una sencilla reflexión plantea cuestiones interesantes, por lo menos para quienes gastan tiempo y dinero como clientes, y carecen de respuestas claras. ¿Tiene algún fundamento? ¿Es simplemente un timo? ¿Hay que distinguir entre unos y otros para contestar lo anterior? ¿Es de verdad algo trivial? ¿Hay un mal en ello? Y si lo hay, ¿en qué consiste y por qué está mal? Intentaremos aquí contestar a todo ello.

Una panorámica del mercado

Comencemos por examinar brevemente lo que ofrece el mercado. A riesgo de simplificar un poco una realidad bastante compleja, podemos clasificar la oferta en cuatro categorías.

a) Adivinación sin contacto con el cliente: la forman fundamentalmente los horóscopos incluidos en los medios de comunicación. Al faltar el contacto con el receptor, se deben conformar con ofrecer predicciones generalizadas agrupadas por signos del zodiaco. Salta a la vista lo endeble de este planteamiento, cuya fiabilidad se diluye rápidamente cuando, por ejemplo, se comparan horóscopos de dos fuentes distintas, o se compara uno con otra persona nacida por las mismas fechas. Enseguida se concluye que responden a una combinatoria del azar. Pero, sin embargo, los sondeos indican que son secciones muy populares, y por ello tienden a ampliarse con horóscopos especializados para sectores concretos de personas.

b) Adivinación con contacto lejano con el cliente: se realiza a través de consultas por e-mail, y, sobre todo, por teléfono. Han proliferado mucho en estos últimos años, principalmente porque la apertura de las líneas "609" abre grandes posibilidades de negocio. Se trata de líneas muy caras, en las que el beneficio se reparte por mitades entre el operador telefónico y el negocio que se trate. Esto permite entender su funcionamiento. Se trata de poner como reclamo una figura conocida o publicitada, cuando en realidad atienden el teléfono personas contratadas por éste, bien preparadas para entretener un buen rato al cliente -con la excusa de que necesitan datos para adivinar-, engrosando así una ganancia fácil; cuando no se dispone de esa figura, la tendencia es presentarse con un ropaje de empresa especializada ("Videncia Universal", por ejemplo). La figura más conocida aquí es Rappel (pseudónimo formado con su nombre: RAfael Payá Pinilla, añadiendo el "EL" final), que está al frente de un montaje donde trabajan más de doscientas personas, entre atención al cliente y "merchandising" de todo tipo de objetos de adivinación y ocultismo. Buena parte de su éxito se debe, por una parte, a una cuidada imagen que mezcla exotismo y simpatía; y, por otra, a un exquisito cuidado por evitar tanto las predicciones arriesgadas como todo lo que suene a magias o "artes" negras.

c) Adivinación con contacto directo basado en supuestas "técnicas": éstas son las llamadas "mancias" (p.ej., "quiromancia": por la lectura de la palma de la mano). La realiza una gran variedad de personas: desde puestos ambulantes con una mesa de tijera y dos sillas, hasta locales más "serios" y sofisticados, pasando por adivinos que quieren dar la imagen de santones cristianos, con altarcillo e imágenes sagradas incluidas. También hay variedad en cuanto a la publicidad: unos se anuncian, otros simplemente ponen el puesto; y en cuanto al aparato: desde barajas -"tarot"- hasta ordenadores.

d) Adivinación con recurso a espíritus, aunque esta característica no tiene por qué ser conocida por el cliente. Por eso la apariencia puede ser semejante a la categoría anterior, pero aquí lo más frecuente es la sobriedad -hay poco aparato- y la discreción: no se ejerce al aire libre ni se anuncia, de forma que se transmite por el boca a boca. Sin embargo, no suele faltar clientela, ya que sus resultados son bastante sorprendentes.

 

máscara utilizada supuestamente para apartar maldiciones


¿Qué hay de verdad en todo esto?

La respuesta es que poco. Pero conviene entender cómo funcionan en líneas generales, para comprender la apariencia de auténtica adivinación que pueden presentar. De los cuatro grupos catalogados, no merece la pena detenerse en el primero. Para los dos siguientes, hay que saber que los adivinos suelen generar confianza "adivinando" algo de los clientes -rasgos personales, hechos del pasado- como paso previo a las predicciones de futuro. Y aquí hay algunos trucos. La sala de espera -si la hay-, la capacidad de observación y la experiencia en tratar con personas son determinantes. Así, pongamos por caso, a un hombre que hojea nerviosamente y sin fijación una revista mientras espera su turno se le puede decir que "usted está pasando por una honda preocupación que le hace sufrir" sin asumir riesgos; o, a una mujer con una alianza en el dedo y que habla atropelladamente, se le puede afirmar que "usted discute mucho con su marido" con bastante seguridad. El caso es que pocas personas tienen preparación y hábito para deducir de este modo, y por eso muchos suelen quedar impresionados.

En la segunda fase, lo importante es conocer cómo es la vida, para poder formular unas predicciones que parecen muy concretas y en realidad son generalizaciones que cualquiera puede asumir. Así, se pueden decir cosas como que "alguien cercano a usted va a buscar hacerle daño" (a los no cercanos uno les suele ser indiferente), "veo un éxito en el trabajo dentro de su familia" (estadísticamente muy probable sobre todo si "familia" se toma en sentido amplio, como también si se sustituye el éxito profesional por una enfermedad), o "se va a llevar próximamente una decepción de alguien muy cercano" (es algo seguro: en un sentido u otro, nadie colma las expectativas que se tienen sobre él o ella).

El cuarto grupo de adivinos también utiliza esta doble fase, pero, de entrada, hay afirmaciones precisadas que sí que se corresponden con hechos concretos. Hay alguien que sabe demasiado. Y surge así la pregunta: ¿si intervienen de verdad espíritus, de quién se trata? No es difícil entender que Dios, y quienes con Él están, no están dispuestos a prestarse a un juego de este tipo. Queda por tanto el demonio. ¿Significa esto que estamos ante un poseído? En los Hechos de los Apóstoles (16, 16-18) aparece un caso de pitonisa poseída: la esclava de Éfeso, de la que San Pablo expulsó el demonio. No debe por tanto descartarse, pero no es lo más frecuente. Al diablo le interesa más actuar con discreción; puede incluso que el adivino que le invoca no sepa a ciencia cierta con quién está tratando.

Ahora bien, saber es una cosa y adivinar otra distinta. En realidad, no se puede predecir a ciencia cierta el futuro en la medida en que éste depende de decisiones libres. Lo contrario implicaría la negación de la libertad, ya que la conducta estaría determinada de antemano por fuerzas ocultas o cualesquiera otras causas. En rigor, podría decirse que Dios no adivina el futuro: lo ve, ya que está por encima del tiempo, y todo lo conoce en presente, también lo que es futuro para nosotros. El demonio no posee esta característica, y el resultado de nuestras decisiones le es desconocido. Pero también es verdad que no todo depende de decisiones libres, y ahí sí que hay un espacio ventajoso para una inteligencia superior a la humana y que conoce mejor la realidad. Además, en la conducta humana influyen factores que, si bien no permiten un conocimiento cierto de las decisiones futuras, sí que permiten, más o menos dependiendo de los casos, establecer de antemano probabilidades. Hay ahí, por tanto, un espacio de ventaja para alguien más inteligente y mejor informado, y lo aprovecha. Así, puede "predecir" cosas como una enfermedad ya incoada pero aún no advertida, o un despido ya decidido pero aún no comunicado; junto a ello, no faltará nunca alguna otra predicción con la correspondiente ración de sutil cizaña o de mentira.

¿Dónde está el mal?

Lo que no debe presentar dudas es, en primer lugar, el rechazo de la adivinación por parte de la moral católica. Viene de antiguo. Ya en uno de los primeros libros del Antiguo Testamento, el Levítico, se puede leer lo siguiente: "Y si alguien acude a hechiceros o adivinos y se prostituye con ellos, volveré contra él mi rostro y lo extirparé de en medio de mi pueblo" (20, 6). Es cierto que en la predicación de Jesucristo recogida en los Evangelios no hay alusiones al tema, pero hay que buscar el motivo de ello en el hecho de que los judíos de la época habían cuidado de que apenas hubiera adivinos en Israel. El contacto del cristianismo primitivo con la sociedad pagana cambió las cosas. Sirva como botón de muestra el siguiente texto, del siglo III y referido al catecumenado: "El encantador, el astrólogo, el adivino, el intérprete de sueños, el charlatán, el falsario, el fabricante de amuletos, desistan o sean despedidos" (Tradición Apostólica, 16). Desde entonces se ha mantenido el criterio, hasta el reciente Catecismo de la Iglesia Católica, al señalar que "todas las formas de adivinación deben rechazarse" (n. 2116).

¿Cuál es el motivo? A primera vista, la inmoralidad parece estar del lado del adivino, bien sea por el recurso al diablo, o bien por ser consciente de que lo que hace es un montaje fraudulento. Pero, ¿qué hace de malo el cliente, que no suele ser consciente de lo uno ni de lo otro, y que acude de buena fe (si no, no pagaría)?

Hay que responder que, objetivamente, la misma pretensión de adivinación es inmoral; atenta contra Dios, de una manera u otra. Si, explícitamente o no, se sostiene que el destino depende de fuerzas ocultas, se está negando con ello nada menos que la providencia de Dios. Si lo que se busca es alguien con especiales poderes para ver el futuro, se está usurpando algo que a Dios sólo corresponde (y a quienes, derivadamente, hablan de su parte, lo que no sucede aquí). Y, si lo que se busca es una especie de santón con don de profecía, hay que recordar que el único mediador válido entre Dios y los hombres es Jesucristo, y participan de su mediación los sacerdotes; el cristiano no debe acudir a otra mediación, y menos aún cuando puede conllevar riesgos de intervenciones diabólicas. En resumidas cuentas, como señala el Catecismo de la Iglesia Católica, todas estas prácticas "encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios" (n. 2116).

Subjetivamente, lo que suele haber entre la clientela de los adivinos es un temor a la incertidumbre del futuro, y un desmedido afán de seguridad. Es, aunque no lo parezca a primera vista, una consecuencia de la mentalidad materialista. Por una parte, cuando todo el horizonte vital no va más allá de este mundo, y por tanto todo el corazón está puesto en él, surge un miedo visceral de perderlo y un temor ante un futuro que se presenta como incierto. Por otra parte, si desaparece del alma la consideración de la providencia divina, queda el puro azar, y nadie se siente tranquilo con la consideración de que su futuro y su vida entera están sujetos a los vaivenes de una pura casualidad, por lo que crece el ansia de subsanar ese conocimiento como sea.

Lo que enseña el Evangelio es algo muy distinto. Aquí se perfila la voluntad de Dios que quiere, en primer lugar, que los hombres vivan con una cierta incertidumbre para que tengan siempre presente su destino eterno; se manifiesta, por ejemplo, en el imperativo "velad, ya que no sabéis el día ni la hora" (Mt 24, 42). Y, junto con ello, el Señor hace repetidos llamamientos a que los hijos de Dios deben confiar en la providencia divina, que es una providencia amorosa de un Padre que cuida a sus hijos mucho más que a los lirios de campo y las aves del cielo (cfr., p.ej., Mt 6, 25-34).
Julio de la Vega-Hazas, ARVO, 20.II.2002

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PROTESTANTISMO Y BRUJAS

 

La Reforma Protestante ante la caza de brujas
        Sin lugar a duda, Lutero y Calvino y sus seguidores aumentaron grandemente la creencia popular en el poder del demonio en la brujería y otras prácticas mágicas. Lutero, basado en su interpretación del mandamiento Bíblico, abogó por la exterminación de las brujas. "La Historia del Pueblo Alemán" de Janssen argumenta con muchas pruebas (capítulos IV y V, del último volumen: vol. XVI de la edición inglesa) que una gran responsabilidad por la caza de brujas recae en los Reformadores.

        El código penal conocido como Carolina (1532) decretó que la hechicería debe ser tratada como una ofensa criminal en el imperio Alemán y si causó daño a alguna persona, la bruja debía ser quemada. En general, la mayor actividad de cacería de brujas ocurrió en los distritos Protestantes de Alemania que en las provincias católicas. Ejemplos de ello son Osnabruck y Wolfenbuttenl. En Osnabruck, en 1583, 121 personas fueron quemadas en tres meses. En Wolfenbuttenl, en 1593 hasta diez brujas fueron quemadas en un día. No fue hasta el 1563 que se le hizo una resistencia eficaz a la persecución por medio de un protestante de Cleues, Juan Weyer. Se le unieron las protestas de Ewich y Witekind.

        En el debate sobre las brujas había católicos y protestantes en ambos lados. Quizás la protesta mas efectiva contra la caza de brujas fue la del jesuita Friedrich von Spee, quién en 1631 publicó "Cautio criminalis".


La persecución ocurrió en muchos países
        La persecución de brujas se extendió por muchos países. En el siglo XVI había enjuiciamientos por tribunales seculares en Roma. En Inglaterra y Escocia también hubo persecuciones pero no hay cifras precisas sobre las ejecuciones. Howell, escribiendo en 1648, dice que en el período de dos años hubieron casi 300 brujas procesadas y la mayoría ejecutadas en Essex y Suffolk solamente.

        El Papa Gregorio XV, en su constitución "omnipotentis" (1623), recomendó un procedimiento más clemente y en 1657 una Instrucción de la Inquisición amonestó con eficacia la crueldad de las persecuciones. Al final del siglo XVII la persecución comenzó a reducirse en casi en todo el mundo y al principio de XVIII prácticamente cesaron. El último juicio por brujería en Alemania fue en 1749 en Wurzburg, pero en Suiza una niña fue ejecutada como bruja en el Cantón Protestante de Glarus en 1783.

        En los Estados Unidos, Cotton Mather, en su "Maravillas del Mundo Invisible" (1693), cuenta que 19 ejecuciones de brujas ocurrieron en Nueva Inglaterra.

        No hay pruebas para las alegaciones de que algunas mujeres fueron enjuiciadas formalmente en México a finales del siglo XIX (ver Stimmen aus Maria-Laach, XXXII, 1887, p. 378).

        En un gran número de enjuiciamientos, las confesiones de haber participado en toda clase de horrores satánicos, fueron hechas espontáneamente y aparentemente sin amenaza o miedo de tortura. Además el pleno reconocimiento de culpa parece constantemente haber sido confirmado justo antes de la ejecución, cuando el acusado no tenía nada que ganar o perder con la confesión. Esto puede atribuirse en muchos casos a razones psicológicas.


Conclusión
        Los males que sufre la humanidad son fruto de su apertura al demonio por el pecado. Una forma extrema de esa relación es la brujería. Se llega a pactar con él y buscar su intervención. La enseñanza de la Biblia, los Padres de la Iglesia y la tradición concuerdan en que la brujería es real y digna de condenación. Jesucristo vino para vencer y atar al demonio. Con frecuencia se enfrentó directamente con Él para reprimir su actividad sobre sus víctimas. El tiempo entre la primera y segunda venida del Señor son de gran batalla espiritual que envuelve a todos.

        Por muchos siglos y en muchas naciones la ignorancia, la crueldad y falta de justos procesos judiciales llevaron a terribles persecuciones, falsas acusaciones y la matanza de muchos acusados de brujería. Hechos injustificados y deplorables.

        En la actualidad hemos caído en el extremo opuesto: se niega la realidad de la actividad satánica y por ende la brujería.

        Como católicos jamás debemos recurrir a un medio espiritual fuera de Dios. Cuando pedimos la intercesión de los santos, por ejemplo, no buscamos una vía alterna sino que buscamos su ayuda tan sólo y precisamente para mantenernos fieles al Señor como ellos lo hicieron. Hay dos familias: la de Dios y la del demonio. Cada uno recurre a los miembros de la suya.

        Como cristianos debemos seguir el camino de Jesucristo quién rechaza el pecado pero ama al pecador. La enseñanza de Jesús en el caso de la mujer sorprendida en adulterio se aplica también a la brujería como a cualquier pecado. El camino de Jesús no es la condenación al estilo de los que se proponían apedrearla. Tampoco es el la actitud de los que hoy pretenden que no existe el pecado. Eso sería abandonarla sumida en su desgracia. El camino de Jesús es el amor que defiende de la crueldad y llama a una vida nueva, libre de pecado. El mal no se vence matando sino ayudando con amor y verdad a salir del pecado. El Señor nos enseña a amar a nuestros enemigos. El amor de Dios es mas fuerte que la maldición de todos los brujos del mundo. Una gota de su Preciosa Sangre tiene poder para disipar el mas enfurecido ataque diabólico.

        Pidamos a Dios que prefiramos morir antes de buscar algo del demonio.  2004-08-29

 

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Confiar en Dios o en los brujos

 

Por Alex Rosal

Cuando los hombres no creen en Dios, no es que no creen en nada, es que se lo creen todo - (Chesterton)

 

Todos buscamos la seguridad. La prueba de ello es el pujante negocio de las aseguradoras. No queremos que nada se nos escape. Seguro contra incendios, por la rotura de una pierna, por los cuadros de casa. Planificación total y no sólo en lo material. Queremos tener el control absoluto de nuestra vida, y eso es imposible. Somos frágiles y pequeños. Dependemos de Dios. Lo sabemos, pero no acabamos de creérnoslo. La fe en sí misma es oscuridad e incertidumbre. Cuando llega el sufrimiento y la cruz pedimos a Dios ayuda. Imploramos su poder. A veces Dios calla. Igual que con la peregrinación del pueblo elegido a Israel. Entonces tenemos dos caminos: Dejar nuestras seguridades y sus muletas para andar, y abandonarnos así a las manos del Señor; o bien, poner nuestra confianza en los magos, mediums y quiromantes. Es la tentación de los hombres en todas las épocas. Caer en los cantos de sirena de las promesas de "otros dioses". Poner nuestra felicidad en los nuevos "becerros de oro", abandonando la confianza en Dios.

Se sustituye a Dios por una baraja de cartas, una bola de cristal o una sesión de espiritismo. No es tema baladí. Ya lo dice la Biblia: "No acudiréis a nigromantes ni consultaréis a adivinos, para no mancharos. Yo soy el Señor, vuestro Dios". La ansiedad por un futuro incierto, nos arrastra a confiar en las artes del adivino de turno, dejando de lado al Dios vivo, Señor también de nuestro futuro. Exactamente igual que las amenazas que acechaban a los judíos en su peregrinación por en desierto: ante los desalientos y dudas por los aparentes "eclipses" de la presencia de Dios, la mayoría, se lanzaba a adorar a los nuevos dioses, y a practicar las artes esotéricas que les prometían "seguridad en esta vida". Poco hemos cambiado los hombres del siglo XXI. Son las mismas tentaciones e idénticas "teóricas" soluciones. Ya lo decía Chesterton, el famoso escritor inglés de principios de siglo: "cuando dejamos de creer en Dios, no es que no creamos en nada, sino que podemos creer en todo".

Es triste, pero los hay que creen que ser feliz es algo que deciden los astros o algún adivino. Consideran que deben "esperar" algo, más que "hacer" algo. Y esa inoperancia es una camino sin retorno. Delegan en el "destino" y en el brujo, echador de cartas o en el astrólogo de turno la posibilidad de ser felices. Y, claro, no avanzan. No consiguen la ansiada dicha, y frenéticamente siguen buscando más brujos o adivinos. Creen que con pagar una sesión de tarot, ya tienen acceso a lo que buscaban. No se dan cuenta que la felicidad se encuentra en Dios. En poner nuestra confianza en Él, que quiere lo mejor de nosotros. Debemos aprender a descifrar el designio de Dios en nuestra vida. Saber lo que Él quiere de nosotros. Para ello sólo hay un camino: orar. Orar mucho. Tener un profundo diálogo con Dios para interpretar su voluntad..

Alex Rosal - 2003. ARBIL. Nº 75

 

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¿QUIÉN INVENTÓ LOS AÑOS BISIESTOS?

 

La Tierra necesita 365,2422 días para completar una órbita alrededor del sol, produciendo un desfase de 0,2422 días por año en el calendario. El primero que intentó solventar este desajuste, introduciendo los años bisiestos, fue Julio César, que encargó al astrónomo griego Socígenes de Alejandría lo que se conocería como el calendario juliano. Sin embargo, su primera versión tenía un año bisiesto cada tres: 0,0911 días o dos horas y 11 minutos de más.

Fue el emperador Augusto quien lo elevó a cuatro, rebajando el error a 11 minutos por año.

 

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“Nuestra pertenencia a la Iglesia no nos hace socios de un club selecto con acceso restringido, sino que nos pone a la intemperie como testigos incómodos”.

 

Monseñor + Jesús Sanz Montes. 2014.V.31

 

 

 

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La Inquisición


        En la segunda mitad del siglo XIII, la recién instituida Inquisición Papal, comenzó a ocuparse con cargos de hechicería. Alejandro IV, ordenó (1258) que los inquisidores deberían limitar su intervenciones a casos con alguna clara presunción de creencias heréticas (manifeste haeresim saparent). Pero como la brujería, con sus prácticas diabólicas, está muy ligada a la herejía, la persecución de brujas no se evitó.

        En Toulouse, sede de la herejía de los Cátaros, fue donde en 1275 se dio el primer caso conocido de una bruja llevada a la hoguera por la sentencia jurídica de un inquisitor, Hugues de Baniol (Cauzons, "La Magic", II, 217). La mujer, "confesó" haber dado a luz un monstruo, resultado de su relación carnal con espíritus malignos y haberlo alimentado con carne de infantes la cual procuraba en expediciones nocturnas. La posibilidad de relaciones carnales entre seres humanos y demonios era aceptada por algunos grandes teólogos como Santo Tomas y San Buenaventura, sin embargo, en la Iglesia prevalecía el sentir contrario. Un testigo poco amistoso a la Iglesia, Riezler (Hexenprozesse en Bayern, p. 32) reconoce que "entre los representantes oficiales de la Iglesia, esta tendencia mas saludable prevaleció hasta los umbrales de la epidemia del juicio de brujas, o sea, hasta avanzado el siglo XVI". En el Sínodo Provincial de Salzburg de 1569 (Dalham, "Concillia Salisburgensia", p. 372), hay una fuerte tendencia a prevenir la imposición de la pena de muerte en acusaciones de brujería, insistiendo que estas son ilusiones diabólicas.

        Pero no hay duda de que en el siglo XIV algunas constituciones papales de Juan XXII y Benedicto XII (cf. Hansen, "Quellen und Untersuchungen", pp. 2-15) estimularon mucho el enjuiciamiento por brujería y otras prácticas mágicas por parte de los inquisitores, especialmente en el sur de Francia. En un juicio a gran escala en Toulouse en 1334, de 63 personas acusadas de ofensas de este tipo, 8 fueron entregadas al poder secular para ser quemadas. El resto fueron a prisión de por vida o con largas sentencias. Dos de las condenadas, ambas mujeres mayores, después de ser torturadas, confesaron haber asistido a un aquelarre de brujas, haber allí adorado al demonio y ser culpables de indecencias con él y otras personas presentes y haber comido carne de infantes. (Hansen, "Zauberwahn", 315; y "Quellen und Untersuchungen", 451). En 1324 Petronilla de Midia fue quemada en Irlanda por recomendación de Richard, Obispo de Ossory. Durante este período, las cortes seculares acusaban y enjuiciaban por brujería con igual o mayor severidad que los tribunales eclesiásticos. Se usaba la tortura y la hoguera.

        No se conoce qué enjuiciamientos de este tipo se llevaron a cabo en Alemania por inquisitores papales durante los siglos XIII y XIV. Alrededor del año 1400 encontramos muchos enjuiciamientos de brujas en Berne, Suiza por manos de Pedro de Gruyères, que, a pesar de lo que dice Riezler, era sin lugar a dudas un juez secular (Hansen, "Quellen, etc.", 91 n.). También jueces seculares en Valais (1428-1434) mataron 200 brujas y en Briancon en 1437 mas de 150. Las víctimas de los inquisitores, ej. en Heidelberg en 1447; o Savoya en 1462, parecen no haber sido tan numerosas.

        Algunos escritores han pensado que la Bula, "Summis desiderantes affectibus", del Papa Inocencio VIII (1484) fue responsable de la fiebre contra las brujas. Esto no es cierto ya que las campañas anti-brujas preceden a esta Bula la cual no contiene nada nuevo. Su efecto fue mas bien el de ratificar el poder ya conferido a los inquisitores Enrique Institoris y Santiago Sprenger para tratar con crímenes de brujería y herejía y pedir al Obispo de Strasburg que apoye a los inquisitores. Esta Bula Papal, sin embargo, no pronuncia ninguna decisión dogmática. Quizás el libro "Malleus Maleficarum" (el martillo de las brujas), publicado unos dos años después por los mismos inquisitores, fue el que mas incitó al enjuiciamiento de brujas. Pero los enjuiciamientos de brujas en los siglos XVI y XVII fueron en su mayoría hechos por el poder secular.

 

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¿CUÁNTAS CONSTELACIONES HAY? ZODIACO

 

Las constelaciones son, en realidad, creaciones pergeñadas por la imaginación de civilizaciones antiguas, que dibujan en el firmamento siluetas de objetos, animales y personajes con las estrellas. Hay evidencias en vasijas y tableros de juego de que los sumerios ya las señalaban hace unos 6.000 años. De hecho, dieron el nombre a la constelación Acuario, en honor a su deidad An, que derrama el agua de la inmortalidad sobre la Tierra. Homero, Hesíodo y el poeta griego Arato de Soli mencionan estos dibujos estelares en sus obras, pero fue Tolomeo, astrónomo y matemático griego, el que dio nombre a los 12 signos del Zodiaco. Durante siglos, los astrónomos fueron incapaces de acordar la cifra de constelaciones, hasta que en 1930 la Unión Astronómica Internacional fijó su número en 88. Para designar las aproximadamente 1.300 estrellas brillantes quie se distinguen en el firmamento, se emplea el genitivo del nombre de las constelaciones, precedido por una letra griega. Este sistema de clasificación fue introducido por Johann Bayer.

Antonia Escudero – Madrid. 2004.

 

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Hallan 50 cadáveres en Nigeria víctimas

de rituales de brujas y magias

 

Daniel Balint-Kurti - 2004-08-06
Lagos, Nigeria- La Policía nigeriana ha descubierto el cuerpo de al menos 50 cadáveres en 20 santuarios ubicados en los bosques cercanos a la ciudad de Okija, al este del estado de Anambra, en Nigeria, en donde tenían lugar los tradicionales rituales de magia negra, según informó el portavoz de la Policía de Anambra, Kolapo Shofoluwe.
   Dos líderes religiosos y 28 miembros de Alusi Okija –que es como se conoce localmente a esta comunidad de magia negra– fueron arrestados tras el hallazgo el pasado miércoles de los cráneos y esqueletos de más de 50 personas. Sin embargo, el sacerdote mayor de la ceremonia, quien se encargó de preparar las pociones –el veneno–, no ha sido arrestado por la Policía debido a su avanzada edad, tal y como explicó Kolapo Shofoluwe.
   Según la Policía, muchas de las víctimas debieron ser envenenadas como parte del ritual judicial u ordalía, a través del cual tras una disputa (a menudo de negocios) eran obligados a beber una poción que según el grupo sólo acababa con la vida de la parte culpable. La Policía nigeriana continúa la búsqueda (antes del cierre de esta edición) de más cadáveres en los alrededores. La población local teme a este grupo religioso, que se piensa que ha practicado el ritual basado en dar de beber las pócimas para probar la inocencia o culpabilidad de las partes afectadas durante cien años, manifestó el portavoz de la Policía.
   El cuerpo, el dinero y las propiedades de las víctimas se piensa que eran dadas al sacerdote como ofrenda por parte de los miembros de la comunidad.
Ap.

 

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¿Carta astral de año nuevo?

 

 

¿Qué dice la Iglesia y la moral sobre la consulta y la creencia en los horóscopos? En general, ¿qué juicio merece la astrología? 

P. Dr. MIGUEL ÁNGEL FUENTES

Es patente la extensión que este fenómeno tiene en nuestros días. No hay casi diario o revista que no incluya entre sus columnas, aquélla dedicada al horóscopo; en algunos países hay canales de televisión dedicados exclusivamente a temas astrológicos y esotéricos con programas al respecto, y lo mismo se diga de la radio. La literatura sobre el tema es muy abultada. Es más, hoy en día los horoscoperos se presentan como «profesores», «licenciados en ciencias ocultas», «especialistas en ciencias parapsicológicas». La experiencia nos muestra que gran parte de nuestros contemporáneos si no consultan sus respectivos horóscopos convencidos de su exactitud, lo hacen al menos concediéndoles el privilegio de la duda: «no es que yo crea en el horóscopo, pero algo de verdad debe tener». Al menos muchos, guiados por cierto fatalismo supersticioso, piensan que permanecer totalmente incrédulos ante las predicciones horoscopales puede traerles mala suerte. Y de hecho un dejo de consuelo les queda cuando leen allí pronosticado: se está por iniciar para usted una nueva etapa; pronto hallará anheladas respuestas; diez puntos en salud; los rosados influjos del amor no han logrado atemperar su fuego combativo; como todo felino tiene siete vidas y luchará valerosamente; aproveche el momento, sobre todo el financiero; la relación con los socios y con la pareja es muy buena; etc.

Los hombres, para vivir, necesitan la esperanza, y cuando pierden la que nace de la fe verdadera, están dispuestos a creerle al primero que les prometa un venturoso porvenir: Mundus vult decipi, el mundo quiere ser engañado, dice un antiguo proverbio.

¿Qué podemos decir de esto? El horóscopo es un desprendimiento de la antigua astrología, no de la astrología natural, que es madre de la actual astronomía, sino de la astrología judiciaria, que se empeñaba en descubrir la influencia de los astros sobre el destino de los hombres y de las cosas. En tal sentido, hay que colocarlo dentro del fenómeno más amplio de las «artes adivinatorias», puesto que, como su nombre mismo lo indica (oros-scopeo, examinar las horas), el horóscopo designaba originariamente la observación que los astrólogos hacían del estado del cielo en el momento del nacimiento de un hombre pretendiendo con ello adivinar los sucesos futuros de su vida. Para mayor exactitud, el horóscopo designa el mapa con la posición de los planetas en un instante dado por su relación con el Sol y la Tierra. Por derivación se llama también horóscopo a las predicciones que pretenden sacarse de tal observación.

La astrología judiciaria se divide, a su vez, en varias clases. Tenemos así la astrología mundial, que intenta fijar la evolución de la historia y de la política; la astrología genetlíaca o individual que, levantando el horóscopo del momento del nacimiento, pretende precedir los eventos futuros del sujeto implicado; la astrología horaria, destinada a contestar preguntas concretas, para lo cual se estudia el horóscopo del momento en que se formula la pregunta al astrólogo.

En todos los tiempos el hombre ha sentido el interés por conocer el porvenir, y en los tiempos de decadencia religiosa, tal interés se ha transformado en obsesión. El hombre moderno se parece mucho al «supersticioso» que decribe Teofrasto en sus Caracteres, corriendo febrilmente de un augur a un adivino, y de éste a un intérprete de sueños. El recurso de los hombres a la astrología tiene una larga historia, desde su origen babilónico; tuvo influencia en algunos filósofos de Grecia (presocráticos, epicúreos y estóicos), y sobre todo en el mundo islámico (donde adquirió un desenvolvimiento singular); en el mundo cristiano estas creencias se desarrollaron poco mientras la fe era más profunda y arraigada (aunque no faltaron monarcas que tenían astrólogos en su corte), pero ya en el siglo XVI no había soberano que no consultara a su astrólogo particular, y sobre todo ganó terreno con el positivismo y el racionalismo del siglo XIX. Incluso, durante la segunda guerra mundial, después que el suizo Krafft predijo el atentado que Hitler sufrió en Munich el 8 de noviembre de 1939, la guerra psicológica añadió un departamento más, el astrológico.

Es verdad, y nadie podrá negarlo, que los astros ejercen algún tipo de influencia sobre las realidades del mundo, incluido el hombre: ¿quién no nota los efectos que producen los cambios de estaciones y condiciones meteorológicas, no sólo sobre las realidades materiales (como las mareas) sino sobre el humor, los estados anímicos y la misma salud humana? Por eso, Santo Tomás admite cierto influjo de los astros sobre la parte corpórea del hombre (en cuanto todo el universo se influye mutuamente), y, consecuente e indirectamente, sobre sus sentidos corporales (imaginación, memoria, instintos). Pero de ningún modo pueden servir para predecir los actos futuros libres de los hombres, puesto que sólo puede predecirse el futuro a partir de un hecho concreto, siempre y cuando el evento futuro se encuentre en este hecho o realidad presente como el efecto en su causa; y los hechos futuros de los hombres no son efecto de los movimientos o posiciones astrales. A lo sumo, como indica agudamente el mismo Santo Tomás, podría conjeturarse aquello que con mayor probabilidad harán algunos hombres basándonos en la experien cia que nos dice que la mayoría de los mortales se deja llevar de sus estados anímicos y de sus disposiciones corporales; en tal sentido, si conociéramos la influencia que algún astro o estación climática ejercerá sobre los cuerpos en tal fecha, podríamos también conjeturar cómo obrarían aquellos que se dejen llevar por tales estados.

Afirmar otro tipo de influencia y, peor aún, pretender determinar los hechos futuros a partir de los astros, plantea necesariamente la negación de la libertad humana, de la Providencia Divina, y afirma, por el contrario, el fatalismo y el predestinacionismo absoluto. Por ello, la astrología puede constituir herejía (si presupone la negación de la libertad y la Providencia), superstición e idolatría (si conlleva la adoración de los astros), o simplemente vana observancia, es decir, el recurso a medios desproporcionados para obtener un efecto en sí mismo natural (como en el caso de las consultas a los modernos horóscopos).

 

 

En cuanto a los horoscoperos, adivinos y astrólogos (licenciados o no en ciencias ocultas y parapsicológicas), hay que decir que la gran mayoría son vividores que se aprovechan de la credulidad de mucha gente (¿No dice el libro del Eclesiástico 1,15: el número de los necios es infinito?). Otros, forman parte convencida de la moderna seducción por el ocultismo, de la fascinación por lo misterioso y de la búsqueda de lo asombroso como alternativa a su fe superfi cial o vacía. Algunos, por último, practican la astrología como parte del culto a los demonios, y es por la intervención de éstos últimos que algunos «astrólogos» son capaces a veces de «predecir» algunos hechos futuros, por cuanto los demonios a quienes recurren, siendo ángeles caídos, conocen mejor que los hombres la relación entre las causas y los efectos naturales, así como tienen una gran experiencia del obrar humano, con sus debilidades y miserias. Pero todas sus «predicciones» sobre los actos futuros libres de los hombres no son más que conjeturas.

Por eso decía ya el Profeta Jeremías (10,2): No temáis por los pronós ticos celestes, pues son los paganos los que temen de ellos; e Isaías (47,13): Estás cansada de tanto consultar. Que se presenten, pues; que te salven los que dividen los cielos, y observan las estrellas, y hacen la cuenta de los meses, de lo que ha de venir sobre ti; y el Levítico (19,31): No acudáis a los que evocan a los muertos ni a los adivinos, ni los consultéis, para no mancharos con su trato.

La Iglesia ha hablado sobre este tema desde antiguo condenando la creencia en la astrología, por ejemplo el Concilio de Toledo del año 400, o el Concilio de Braga del 561. El juicio del Magisterio de la Iglesia puede resumirse en lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica.

«Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evoca ción de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “develan” el porvenir. La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios».

Todo género de adivinación, en definitiva, nace de la falta de fe en el Dios verdadero; y es el castigo del abandono de la auténtica fe. Por eso, en uno de sus cuentos escribía Chesterton:

«La gente no vacila en tragarse cualquier opinión no comprobada sobre cualquier cosa... Y esto lleva el nombre de superstición... Es el primer paso con que se tropieza cuando no se cree en Dios: se pierde el sentido común y se dejan de ver las cosas como son en realidad. Cualquier cosa que opine el menos autorizado afirmando que se trata de algo profundo, basta para que se propague indefinidamente como una pesadilla. Un perro resulta entonces una predicción; un gato negro un misterio, un cerdo una cábala, un insecto una insignia, resucitando con ello el politeísmo del viejo Egipto y de la antigua India... y todo ello por temor a tres palabras: SE HIZO HOMBRE».

En conclusión, si uno recurre a las prácticas astrológicas o consulta los horóscopos, creyendo seriamente en ello, comete un pecado de superstición propiamente dicho (pudiendo, incluso, llegar a la idolatría); si lo hace sólo por curiosidad y diversión, no hace otra cosa que recurrir a un pasatiempo fútil, que va poco a poco desgastando peligrosamente su fe verdadera. Si lo hace para granjearse la «protección» de los demonios, comete un pecado de idolatría diabólica, y tal vez tenga que decir alguna vez con el poeta Goëthe: «No puedo librarme de los espíritus que invoqué». 2004-01-08

 

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El fenómeno de la brujería es muy sofisticado y en realidad

-otrora como hoy- sólo tiene fines de tipo económico.

 

Un congreso desmiente la leyenda negra

de la inquisición en España

 

Marta Borcha - Madrid.-
«La inquisición se ha visto afectada históricamente por esa visión simplista de que la España de finales del siglo XV era un país de convivencia idílica entre judíos, moros y cristianos, y en el que la Inquisición se impuso de repente», señaló el profesor José Antonio Escudero, que ha coordinado el III Congreso Internacional sobre la Inquisición, «Los problemas de la intolerancia: Orígenes y etapa fundacional», en el que han participado 60 historiadores de universidades de todo el mundo, y que se ha celebrado este fin de semana en Madrid y Segovia. «Con independencia del rechazo de la sociedad hacia lo herético, o los graves problemas entre los judíos y cristianos», mantiene Escudero, la inquisición no irrumpió como una fenómeno nuevo en la época de los Reyes Católicos: «La Inquisición española hay que inscribirla dentro de un proceso histórico que ya tenía sus antecedentes». Escudero insiste en defender que «es necesario entender la inquisición española dentro del contexto en que existió» y añade como datos de interés
y a modo de ejemplo que frente a las 600 personas que murieron en la hoguera en España durante los siglos XVI y XVII, «en Alemania fueron quemadas más de 70.000 mujeres acusadas de brujería». 

2004-02-23 – LA RAZÓN. ESP.

 

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Las condenadas por brujería en Alemania fue mayoritariamente en zona protestante.

  

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…como Pedro y Pablo, afrontar mares y romper confines anunciando a Cristo…

La Iglesia, llena de admiración y simpatía hacia las conquistas del ingenio humano, pretende además salvar al mundo, sediento de vida y de amor, de los peligros que le acechan. El Evangelio llama a todos sus hijos a poner las propias fuerzas, y la misma vida, al servicio de los hermanos, en nombre de la caridad de Cristo: «Nadie tiene amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos» (Jn 15,13).  La Iglesia en el Sumo Pontífice es consciente del encargo que Cristo mismo nos ha confiado: «Confirma a tus hermanos» (Lc 22, 32).

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

 

“¿Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe?   Guerras de religión, tribunales de la Inquisición y otras formas de violación de los derechos de las personas…

Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia, valorándolos a la luz de los principio del Evangelio” S. S. Juan Pablo II a los Cardenales, 1994. VAT.

 

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“Estemos alerta, no renunciemos a nuestros derechos fundamentales y, en todo momento, demos con serenidad y confianza razones de nuestra esperanza en Cristo, sabiendo que todo lo podemos en Aquel que nos conforta".

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’

12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II – Magno

 

 

Gracias por elegirnos. Gracias por seguirnos. Gracias por leernos y por sugerirnos ideas y comentarios. Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.

 

† El apoyo mayoritario, momentáneo, a opciones políticas que apoyan el asesinato por aborto, la manipulación genética, el reconocimiento y la potenciación de las aberraciones sexuales, la ruptura familiar y la explotación laboral, que cercena la libertad educativa y favorece la desintegración social y nacional, dentro de un marco de totalitarismo legal con ilimitación jurídica, no legitima sus acciones, aunque éstas sigan cauces legales. †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).