Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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New Age: el retorno del gnosticismo.

Occidente -es decir, el ámbito de las naciones avanzadas resultantes de Grecia, Roma y Jerusalén- está sumido en una profunda decadencia autodestructiva. Las fuerzas que crearon Occidente están siendo combatidas desde el interior del propio Occidente, por otras fuerzas que nacieron en el marco de la propia tradición occidental. Entendida la postmodernidad como la mentalidad inerte y desencantada en que ha desembocado la Ilustración, ha quedado ahora en abierta franquía, absuelta de todo freno, en la pura desnudez de su poder, y aparece con toda claridad lo que ella es: una ausencia completa de horizontes unida a una pacífica conformidad con esa ausencia. La Nueva Era es digna hija de estos tiempos y ya ha conquistado muchos ambientes.

 

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"La Nueva Era, respuesta equivocada

a la búsqueda de sentido"

 

 

>> Entrevista al especialista en nuevos movimientos religiosos Massimo Introvigne.

 

TURÍN, 17 marzo 2003-El especialista en nuevos movimientos religiosos Massimo Introvigne analiza en esta entrevista el documento vaticano sobre Nueva Era(Nueva Era), recientemente publicado, indicando su incompatibilidad con la doctrina cristiana.

Introvigne, director del Centro de Estudios para las Nuevas Religiones (CESNUR) afirma que «la Nueva Era implica una espiritualidad alternativa a las religiones tradicionales» y advierte que el influjo de la Nueva Era es frecuente entre algunos católicos, a veces sin percatarse de ello.

--¿Qué es la Nueva Era?

--Introvigne: Los sociólogos y los historiadores de la religión que se han ocupado de este tema responden que no se trata de un movimiento religioso, de una religión o de una secta --término que el documento vaticano también utiliza con cautela, explicando que lo usa en sentido «sociológico» y no en el uso peyorativo corriente, (Cf. nota 9)--, sino del resultado de una red global, que conecta centros y grupos que entre ellos tienen algunos temas de referencia en común, pero sin que esta vinculación sea estable, permanente o jerárquica para crear un movimiento.

La red de la Nueva Era se escabulle de las definiciones precisas, pero es posible describirla en clave psicológica, histórica, sociológica o doctrinal. Los diferentes componentes de la red pueden ser inventariados siguiendo sus intereses respectivos psicoterapéuticos, religiosos o políticos. Éstos preceden al fenómeno de la Nueva Era pero en cierto sentido son modificados por su participación a la red.

Lo que une a la red del Nueva Era es un espíritu «alternativo» a la tradición religiosa dominante en Occidente, que es la cristiana, y la esperanza de una nueva era, o sea, la «New Age» o la Era de Acuario, que tomará el lugar de la Era de Piscis.

Desde este punto de vista, un estudio histórico-sociológico tiene en cuenta el elemento doctrinal, aunque constata que la Nueva Era declara no tener una doctrina, como mucho propone una «vaga espiritualidad», dejando así el esfuerzo de reconstrucción doctrinal a cargo del intérprete.

Otra perspectiva contrapuesta deriva del movimiento «contra las sectas» protestante-evangélico, que ve en la Nueva Era la «secta» (o más bien «cult», en inglés) última, o mejor aún, la secta de las sectas.

Rebatiendo a los mismos apologéticos de la Nueva Era, que hablan --en sentido positivo-- de «conspiración de Acuario», algunos autores evangélicos y fundamentalistas (en ocasiones seguidos por algún católico) ven detrás de la Nueva Era un gran complot y una organización potente, dotada de estructuras en parte secretas, destinada a acabar con la cristiandad.

Se da una versión laica de esta tesis del complot, cuyo principal exponente es el politólogo francés Michel Lacroix, según el cual, la Nueva Era sería una conspiración de carácter político dotada de vínculos inquietantes con el nacionalsocialismo (una tesis que considero del todo errónea).

Entre las dos perspectivas de descripción del fenómeno, el documento del Vaticano se adentra en el camino trazado por la investigación histórico-sociológica, afirmando que «la Nueva Era no es un movimiento en el sentido que normalmente se atribuye a la expresión "Nuevo Movimiento Religioso" ni es lo que se entiende habitualmente con los términos de «culto» o «secta». (n. 2).

Es más bien el resultado de una «red global», que el documento describe con un esquema parecido al que usé en mi libro «New Age & Next Age» (Piemme, Casale Monferrato 2000), libro que el documento cita reiteradamente así como los estudios de Wouter Hanegraaff, J. Gordon Melton y Paul Heelas, que definen el campo de la investigación académica sobre la Nueva Era.

Tratándose de un documento del magisterio católico, se insiste justamente en la posibilidad de hacer emerger --aunque con las dificultades que esto implica-- un cuadro doctrinal coherente, reconstruido a partir de la base de los autores precedentemente citados, así como con los estudios de Christoph Bochinger.

Se hace referencia (tal vez por su influencia en Francia) también a las posiciones de Michel Lacroix, del cual el documento toma algunos puntos, pero su aproximación puede ser considerada, según el documento «exagerada» (n. 2.3).

--¿Es tan importante la Nueva Era como para captar que dos organismos vaticanos se hayan puesto a redactar un documento sobre el tema?

--Introvigne: Lo que hoy manifiesta la Nueva Era es lo que el documento llama una involución narcisista: de las grandes utopías sociales pasa a proponer la entrada en la «Nueva Era» puramente individual, privada.

Pero atención: el paso de la fase utópica a la fase narcisista no significa que haya menos personas implicadas, ni que el carácter «alternativo» de la trama de fondo respeto a la fe cristiana no permanezca en su irreducible radicalidad.

Dado que la Nueva Era no es un movimiento o un «cult» («secta»), no tiene inscritos, líderes reconocidos o bautizados. Es difícil decir cuantas personas pertenecen a él; más aún, la misma categoría de pertenencia es del todo inadecuada en este caso: la Nueva Era es una influencia, no una pertenencia, no pide conversiones sino que insinúa sensaciones. Precisamente por su naturaleza etérea y escurridiza la Iglesia la considera particularmente peligrosa.

Mientras uno no puede convertirse en raeliano sin saberlo, sí que puede absorber ideas de la Nueva Era sin darse cuenta.

--¿Se ha infiltrado la Nueva Era en el catolicismo? ¿Cómo?

--Introvigne: Lo dice el documento y lo dijo el Papa hace años ante obispos estadounidenses en su visita «ad limina» en mayo del 1993. En esa ocasión, el Papa afirmó que «las ideas de la Nueva Era penetran a veces en la predicación, en la catequesis, en los seminarios de estudio y en los retiros, e influencian a los católicos practicantes, que tal vez no son conscientes de la incompatibilidad de estas ideas con la fe de la Iglesia». Es importante constatar que el Papa habla de penetración de ideas, no de infiltraciones de un movimiento.

Personalmente me pregunto si «infiltración» es la palabra justa, pues da la idea de algo organizado o programado por alguien. En realidad, nadie organiza la penetración de ideas de la Nueva Era en un ambiente. Dado que el Nueva Era existe en estado gaseoso, penetra allí donde no encuentra barreras u obstáculos.

Pensar que existen «conspiraciones» o «complots» organizados significa no conocer la naturaleza de este «no-movimiento», y considerarlo más como un «culto» (secta), según la definición de ambientes protestantes fundamentalistas y de algunos ambientes laicistas franceses. Es una descripción que el documento vaticano rechaza.

--¿Es posible acercarse a prácticas de la Nueva Era sin dañar la fe católica?

--Introvigne: Tal y como he explicado, el Nueva Era es difícil de describir o delimitar en una definición. En términos sociológicos es un «metanetwork», es decir, una «super-red», un lugar de encuentro de distintas redes que ya existían antes del Nueva Era y que se encuentran en torno a la Nueva Era que tiene que llegar.

Participar en una de estas redes preexistentes no significa ser un «new-ager», significa sólo tener la ocasión de entrar en la «super-red», atravesar una puerta en la que se puede entrar.

Algunas de estas redes originarias, por ejemplo, las que unen a los apasionados de algunas medicinas alternativas, no son necesariamente alternativas a la fe católica, pero otras lo son, como por ejemplo el espiritismo y el ocultismo.

La gran red de la Nueva Era, como explica el documento, comporta al menos una opción epistemológica relativista que no puede ser aceptada por un católico que se tome en serio la fe.

--La Nueva Era es definida como una respuesta equivocada, pero ¿no cree que implica una pregunta lícita de sentido en un mundo caótico?

--Introvigne: Sí, y es otro punto muy importante del documento. La Nueva Era es, en este sentido, un fenómeno postmoderno: después del fin de las ideologías secularistas vuelve a emerger un interés por lo sobrenatural y por lo sagrado.

Las preguntas que llevan a los seguidores del Nueva Era a interesarse por el fenómeno están ampliamente difundidas en el mundo postmoderno, y este fenómeno representa en cierto modo una sana reacción a las ideologías secularistas del siglo XX.

De todos modos, a estas preguntas pueden darse distintas respuestas, y la que ofrece la Nueva Era es, desde el punto de vista de la fe católica, equivocada.

El documento invita a no quedarse en una condena fácil y rápida: denuncia ciertamente el error de la respuesta pero pide a los católicos que afronten una estrategia pastoral que se haga cargo de las preguntas.

Esta tarea forma parte también de la «nueva evangelización», elemento central del pontificado de Juan Pablo II. Tomado de Zenit,ZS03031708- 2003-12-04

 

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La ideología New Age, utópica

y contraria a la doctrina católica

 

Por Pbro. Roberto Dorantes.

Fecha de Publicación:2005-10-17 - «tiempo»

  

La palabra New Age (Nueva Era) tan comúnmente escuchada hoy en día, parece indicarnos que ha llegado una etapa de la humanidad, donde no hay sufrimiento, donde el hombre hace conciencia de su existir, por la cual busca una identidad, esto no es más que un sueño realmente.

 

Nueva Era se define como aquella corriente cultural, filosófica, religiosa que pretende reaccionar contra el mundo y el estado presente de la humanidad y empujarla hacia una nueva conciencia, hacia una forma de ser espiritual.

 

Podemos decir que es una mezcla de religiones orientales, espiritismo, terapias alternativas, psicología transpersonal, ecología profunda, astrología, gnosticismo que se comercializa de mil formas, proclamando el inicio de una nueva época.

 

Aunque, en realidad no es más que otro intento vano del hombre alejado de Dios, de salvarse a sí mismo haciendo promesas que no puede cumplir y atribuyéndose poderes que no posee.

 

Investigando encontramos mucha información que hablan sobre la Nueva Era, ya sea a favor ya sea en contra.

 

En este pequeño artículo damos una orientación sobre que es la Nueva Era y su falsedad, para que los católicos y personas en general no se confundan o engañen.

 

Obviamente que la Nueva Era no es una secta, ni una iglesia, ni una religión.

 

Es una forma de ser, pensar y actuar de muchas personas y organizaciones que han decidido cambiar el mundo con ciertas creencias que tienen en común.

 

Los líderes de este pensamiento suelen ser gente de la revolución contracultural de los años 60 y 70 que rechazan los valores y caminos religiosos tradicionales, a favor del libertinaje, de la cultura de la droga, del amor libre y de los experimentos de comunidades utópicas.

 

Las ideas más comunes que comparten estas personas son: El mundo está a punto de entrar en un período de paz y armonía mundial señalado por la astrología como la Era del Acuario.

 

Dicha era será fruto de una nueva conciencia en los hombres, así el hombre se dará cuenta de sus poderes sobrenaturales y sabrá que no hay ningún dios fuera de sí mismo (Panteísmo) Entonces cada hombre creará su propia verdad, no hay bien y mal (relativismo filosófico y moral), toda experiencia es un paso hacia la conciencia de su divinidad.

 

Afirmará que todas las religiones son iguales, y en el fondo, dicen lo mismo (ecumenismo falso que profesan los modernistas del Concilio Vaticano II), todos los hombres viven muchas vidas, se van reencarnando una y otra vez hasta lograr la nueva conciencia y disolverse en la fuerza divina del cosmos, es decir el Nirvana y la metempsicosis vulgar del budismo.

 

Claro que todas estas doctrinas e ideas que llegan a ser hasta ridículas, son contraria a Jesucristo y su doctrina absoluta, custodiada por la Iglesia Católica en el depósito de la Fe.

 

Dios es un solo ser, en cambio el “dios” de la Nueva Era es una fuerza impersonal y anónima.

 

Dios es creador de todo, pero no se identifica con nada de lo creado, en cambio el “dios” de la Nueva Era es la creación que poco a poco se va dando cuenta de sí mismo.

 

Dios es infinitamente superior al hombre, pero se inclina hacia él para entrar en amistad con él.

 

Dios juzgará a cada hombre según su respuesta a ese amor, pero el “dios” de la Nueva Era es el mismo hombre que está más allá del bien y del mal, en la Nueva Era el amor más alto es el amor a sí mismo, que al fin de cuentas no es más que un individualismo egoísta y soberbio.

 

Estas doctrinas no podemos aceptarlas, otro ejemplo de estas ideas es la reencarnación, que es la creencia en una cadena de regresos a esta vida bajo diverso aspecto corporal.

 

Si esto fuera cierto de que nos sirve nuestra libertad, nuestras decisiones, luchas, esfuerzos, sacrificios y sufrimientos en la vida, todo sería inútil, no tendría valor alguno.

 

Pues al fin y al cabo tendríamos que hacerlo todo de nuevo y otra vez.

 

Otro aspecto de la Nueva Era es el ecologismo, que es un movimiento para defender, conservar y respetar el ecosistema.

 

Pretendiendo alcanzar una familia planetaria, como lo expresa la Nueva Era: la familia entera es un país sin fronteras.

 

Tiende a sacralizar a la tierra llamándola Madre Tierra, considerada como ser vivo y que es la diosa de la Era del Acuario, llamada Gaia por los antiguos griegos.

 

Debido a que su adoración es el centro de su “teología”, gran número de brujos se adhieren y promueven el movimiento ecologista.

 

Sus iniciativas son entre otras: plantar árboles sagrados, impulsar campañas para concienciar a la población de realizar prácticas ecológicas y hacer ver el planeta como la “madre que está siendo violada” y se presiona para lograr de los gobiernos una legislación que disminuya la población humana y limite el desarrollo tecnológico para salvar al planeta.

 

Todo esto que hemos enunciado hasta aquí nos da evidencia sobre lo que es la Nueva Era, que propugna la divinización del hombre, la sacralización de la naturaleza, el relativismo moral que lleva a la vida licenciosa de los individuos, el relativismo filosófico que no acepta la ideas universales ni absolutas, el relativismo religioso que no acepta la divinidad de Jesucristo y por ende la religión por Él fundada, que es inerrante, es decir que no se puede equivocar debido por la asistencia del Espíritu Santo y única verdadera.

 

Que promueve campañas ecológicas para salvar al planeta, pero que a su vez promueve también la ley del aborto, que alaba toda conducta contra natura del hombre, con todo este tipo de ideas se nota de nuevo un resurgimiento de un neopaganismo en la sociedad.

 

Este tema realmente es largo y son muchas las doctrinas erróneas que profesan pero baste esto para darnos cuenta de la falsedad de la Nueva Era.

 

Roberto Dorantes es presbítero.

Publicada Por:Tiempo

Comentarios: tiempo@buzon.tiempo.com.mx

 

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Pensamiento políticamente correcto”,

 New Age y grupos de poder

 

Existe un hilo conductor que une al “pensamiento políticamente correcto”, la llamada New Age, y restringidos grupos de presión y poder. Unas reflexiones enunciadas en Pamplona con ocasión de una nueva actividad de la Fundación Socio Cultural Leyre

 

En el marco de las actividades trimestrales programadas por la Fundación Socio Cultural Leyre, tuvo lugar en Pamplona, el viernes 25 del pasado mes, una nueva sesión dirigida a jóvenes, de los llamados “Seminarios de realidad”.

En esta ocasión, el redactor de “Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica” y presidente de la Junta Directiva de la Fundación, New Age, y el rol jugado por exclusivos y pequeños grupos de poder íntimamente relacionados entre sí.

El ponente partió de una aproximación conceptual del “pensamiento políticamente correcto”, un producto de las reflexiones y prácticas sociales destiladas en las factorías intelectuales de los herederos norteamericanos y europeos del “mayo del 68”. Expresión de una ética cívica minimalista y relativista, este movimiento pseudopolítico se viene imponiendo, incluso en los ámbitos más cotidianos e íntimos de la convivencia humana, con vocación de predominio mundial; siendo impulsado desde poderosísimos grupos mediáticos y diversas instancias internacionales. En este sentido, determinados centros de poder (el Bilderberg Group, la Comisión Trilateral, etc.) desarrollan un papel muy activo con especial incidencia en los ámbitos de decisión macroeconómica a nivel internacional; mientras que otras entidades lo jugarían en los medios nacionales (un supuesto particularmente llamativo es el de la orden Skull and Bones, elitista asociación secreta de graduados de Yale en la que encontramos a numerosos expresidentes y altos cargos de la Administración USA).

New Age.


La New Age, un fenómeno pseudoespiritual que viene imponiéndose como “religión de supermercado” acorde al consumismo y otras tendencias sociológicas, fue descrita por el ponente como un río en el que confluyen numerosos afluentes: teosofía, antroposofía, templarismo, rosacruces, masonería, nuevas religiones, simbolismo, esoterismo, hermetismo y ocultismo,filosofías orientales de referencia de la medicinas alternativas… Esta poderosa corriente, en buena medida nueva versión del gnosticismo de siempre, cuenta con variadísimas expresiones: obras musicales, prácticas de meditación, métodos de autoayuda, medicinas alternativas, dietas alimenticias… Y su incidencia se filtra capilarmente en todos los ámbitos de la vida social y cotidiana; lo que explica, por ejemplo, la creencia tan extendida en la reencarnación, la comunicación con los espíritus, el poder mágico de cristales y pirámides, el recurso a horóscopos y videntes, etc. Incluso determinados medios de la Iglesia católica se han dejado influir, en ocasiones inconscientemente, por algunas de tales expresiones. Por ejemplo, mencionó el ponente que el objetivo de la meditación oriental es –en última instancia- la anulación del yo, mientras que el de la oración cristiana es la comunicación con el único Dios personal, negado por la inmensa mayoría de tendencias de la New Age.

Para ilustrar convenientemente las implicaciones filosóficas, vitales y políticas de esta escasamente definida corriente, mencionó algunos aspectos de la compleja obra, de pretensiones metafísicas, del francés René Guenon, quien ha influido, especialmente con sus estudios sobre simbolismo, en ámbitos tan dispares como la masonería regular, medios ecologistas, grupos radicales neofascistas…

La “Hipótesis Gaia”, por la que el planeta Tierra constituiría un ser vivo del que también formaría parte una humanidad cuya nocividad le provoca reacciones defensivas (en forma de cambio climático, por ejemplo) según sus seguidores, es asimismo otra corriente radical de la New Age, directamente emparentada en esta ocasión con expresiones del moderno y contracultural ecologismo. En definitiva, el alcance y las conexiones -internas y externas- de estos movimientos son múltiples y transversales, lo que redunda en su sorprendente incidencia social y su rápida extensión.

La dinámica voluntad proselitista de estos grupos es fácilmente identificable. Desde alguna actividad concreta (técnicas de relajación, modalidades “sanas” de alimentación, cursillos filosóficos o de desarrollo personal, terapias curativas alternativas, etc.), se ofertan otras disciplinas emparentadas con la misma, presuntamente benéficas; pudiendo aportar el valor añadido de una comunidad humana que vive en su entorno, en ocasiones en conexión con una escuela esotérica tradicional, un carismático gurú, un nuevo movimiento religioso, un grupo meramente utilitarista o libertario, e incluso entidades de carácter excéntrico y difícilmente clasificable… Así, la red pluriforme de la New Age intenta colmar, de modo parcial y desfigurado, las universales necesidades humanas de sentido, pertenencia comunitaria, afecto, sacralidad, etc.

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El hilo conductor de esta compleja –y en ocasiones sutil- realidad lo constituiría una filosofía relativista, una concepción individualista de la vida, una religiosidad sincretista y naturalista de presupuestos panteístas o monistas; las cuáles, arrancando de la Ilustración y de su enfrentamiento con toda expresión de la Iglesia católica, enlazan con el moderno laicismo en cuya configuración han destacado concretas organizaciones “secretas” o, cuanto menos, “discretas”. Su fruto: un sujeto atomizado, sin raíces auténticas, frágil ante el poder, manejable por las modas…

Como conclusión final, coincidieron los asistentes en la necesidad de conocer las raíces filosóficas del mundo globalizado actual. Para actuar individual y socialmente es imprescindible comprender una realidad, social, cultural y política, que ha llevado al hombre de hoy a la pérdida de protagonismo y sentido; lo que ha abierto espacio a las pluriformes modalidades de la New Age, proyección pseudoespiritual del “pensamiento políticamente correcto” y de su ética cívica de los “valores comunes”.

2004.08.23 – REVISTA ARBIL 83-84 - José Basaburua

 

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El nombre y los hombres de la Nueva Era - Comencemos por el nombre. Quién haya creado la expresión «Nueva Era», o «New Age», es cosa insegura. Por un lado, «el término ya aparece en el título de The New Age Magazine, publicado por el Antiguo Rito Masónico Escocés Aceptado en la jurisdicción meridional de los Estados Unidos de América, remontándose a 1900». Por otro lado, puede encontrarse esta expresión también en fechas anteriores, al menos a comienzos del siglo XIX, en W. Blake, un seguidor de las doctrinas ocultistas de E. Swedenborg. También parece que este nombre circulaba con normalidad en ambientes francmasónicos y rosacrucianos de los tiempos de la revolución francesa.

De todos modos, casi todos los autores remiten a Alice Bailey, ocultista y fundadora de la Escuela Arcana, como la autora que pone esta expresión de moda.

En realidad, la locución inglesa New Age debería traducirse al español más bien como «Nueva Edad», pero lo popularizado y generalmente admitido es «Nueva Era». Como es lógico, esta nueva era a la que se alude consiste -más tarde hablaremos de ello con algún detalle- a un futuro inminente para la humanidad en el que tendrá lugar la máxima felicidad.

Como se suele decir, la «biblia» de la Nueva Era es la obra ya mencionada de Marilyn Ferguson. Su título, La conspiración de Acuario, se toma también como denominación de toda la Nueva Era, aunque pudiera decirse, en más de un caso, que el concepto que Ferguson tiene de la Nueva Era es sólo una versión posible entre otras muchas. «Edad de Acuario», «Conspiración Acuariana», etc., son denominaciones que refieren a lo mismo.

Quienes se sitúan en el centro de la Nueva Era tal como es dibujada por Ferguson mencionan como fecha de nacimiento de este fenómeno la fundación, en 1961, del Instituto Esalen. No deja de ser un punto de referencia curioso. El Instituto Esalen fue creado por Michael Murphy y Richard Price en Big Sur (California). Desde este Instituto se mantiene y promueve el Movimiento del potencial humano. Michael Murphy pretendía «que en "esta tierra hay una Tierra Mayor", a la que solamente accede "un Hombre Mayor", en el que puede convertirse todo hombre si desarrolla sus megacapacidades». Se relacionan con Esalen muy diversos personajes y en un grado muy variado: Abraham Maslow, Gregory Bateson, Gerald Heard, B. F. Skinner, Fritjof Capra, Arnold Toynbee, Fritz Perls, Will Schutz, Carl Rogers, Alan Watts, Margaret Mead, Linus Pauling, Paul Tillich, Carlos Castaneda, Aldous Huxley, S. I. Hayakawa, Norman O. Brown, Rollo May. Precisamente fue Aldous Huxley uno de quienes «animaron a Michael Murphy y a Richard Price a tomar la decisión de abrir Esalen en 1961».

M. Ferguson recoge unas palabras de George Leonard, uno de los primeros activistas de Esalen, que dan cuenta de lo que se pretendía: «En el espíritu de aquella época, resultaba natural pensar en términos de “movimientos”. Así como el movimiento de los derechos civiles iba a derribar las barreras entre las razas, y con ello también otros tipos de barreras, el movimiento del potencial humano ayudaría a derribar las barreras entre la mente y el cuerpo, entre la sabiduría oriental y la actividad occidental, entre el individuo y la sociedad, y de esa forma también entre la limitación y la potencialidad del propio ser». La actividad de Esalen acaba girando alrededor de actividades en que se ejercitan psicotécnicas variadas (incluído el consumo de drogas) cuyo objetivo es potenciar la propia conciencia para que alcance estados especiales, supuestamente superiores a los ordinarios.

Al socaire de Esalen han brotado multitud de centros, más o menos relacionados formalmente con el instituto californiano, en los que se difunden las terapias naturistas, las técnicas psicológicas de control, la psicología humanista, etc. Uno muy frecuentemente mencionado es la Fundación Findhorn, en Escocia, creada por Peter y Eileen Caddy. Es interesante tomar nota, a este respecto, que la conocida escuela humanista de psicología, que se suele mencionar en los manuales de historia de la psicología, cuyos fundadores son Maslow y Rogers, creció precisamente en Esalen. Con ello la Nueva Era conseguía tener una fachada científica respetable.

Porque también es amplio el contagio de la Nueva Era en ambientes científicos. Es necesario mencionar en este punto a un físico, Fritjof Capra, uno de los ejes de la Nueva Era, quien ha dedicado sus esfuerzos a elaborar una visión físico-psíquica del cosmos. Es una tesis relevante de este movimiento el subrayado de la unidad fundamental de materia y espíritu. Pues bien, Capra ha procurado presentar esta idea con base en las doctrinas físicas modernas y con interpretaciones y añadidos de su propia cosecha. Le acompañan en este propósito otros científicos, como Ken Wilber, Karl Pribram, David Bohm, Rupert Sheldrake y otros. En este orden de cosas, el libro de referencia fundamental es El paradigma holográfico. Una exploración en las fronteras de la ciencia.

La Nueva Era abarca ideas religiosas, morales, psicológicas, antropológicas, físicas, política, educativas… Es toda una concepción global del mundo y del hombre.

Pero aunque puedan señalarse, como es lógico y necesario, nombres y fechas que delimitan espaciotemporalmente la Nueva Era, su ámbito real es más amplio, y ello por varias razones. Es innegable, en cualquier caso, que la Nueva Era constituye una manera de pensar cuyos rasgos básicos han sido presentados por Ferguson y otros autores. Pero es también asimismo innegable que se llama «Nueva Era» a muchas otras posiciones y mentalidades que desbordan los marcos diseñados por esos autores. Por ello, creo conveniente distinguir entre Nueva Era en ese sentido (circunscrita a Ferguson y otros) y Nueva Era en sentido amplio. Hasta tal punto se toma a veces en acepción amplia la expresión Nueva Era que hay quienes prefieren denominarla «espiritualidad alternativa» e incluso «nueva religiosidad» o, mejor, «nueva espiritualidad».

Es tópico en la literatura sobre la Nueva Era poner en primera línea a Marilyn Ferguson y su libro de 1980. Es tópico también señalar como iniciación de la Nueva Era la obra de Alice Bailey. Y es tópico, en fin, mencionar siempre los aspectos ocultistas y esotéricos de las ideas sostenidas por Bailey. Es en este punto en donde es necesario un esfuerzo de comprensión. Nuestra época de cientificismo se ha presentado ordinariamente como una cultura de lo positivo, de lo empírico, de lo práctico, seria y sólida, aséptica y pulcra, reacia a cualquier veleidad espiritualista o visionaria. Esta es, justamente, una de las señas principales de identidad de una cultura laica, secular, racionalista, madura y crítica. Una cultura, por eso mismo, liberal, indiferente en religión y que utiliza su laicidad y su empirismo como ariete anticristiano. Que la Nueva Era, cuyo éxito está siendo tan grande, haga pie en misticismos y espiritualidades, resulta paradójico. Por otro lado, quienes no compartimos los postulados del positivismo ni del pragmatismo y nos acogemos a las grandes tradiciones filosóficas europeas estamos acostumbrados a mirar con poco o nulo aprecio todo lo que aparenta ser extravagante.

Es necesario tomarse en serio el esoterismo que vuelve, y que realmente nunca se había ido del todo. Es verdad que en ese ámbito es fácil encontrar inconsistencias, charlatanería, palabrería, ridiculez y mercantilismo. Es verdad que a veces se ha abusado del espantajo de las masonerías, los ocultismos o el satanismo. Pero también es verdad que no todos estos movimientos y grupos se reducen a simples puerilidades ni se explican simplemente porque sus fundadores sean enfermos mentales. Pongamos un ejemplo. Muchas sectas de las llamadas satánicas son inconsistentes; pero ello no debería ser argumento suficiente para la negación de la realidad de Satanás. Ciertamente, es difícil encontrar un criterio eficiente para detectar cuándo la realidad de Satán está presente y cuándo no, pero es incuestionable que, si Satanás existe, y si es posible comunicarse con él, es posible que, si se le llama, acuda, aunque uno no crea en él. La dificultad, pues, está principalmente en la posibilidad de discernir entre lo auténtico y lo ficticio en este terreno. «No siempre es fácil -reconoce la propia Ferguson- definir la línea que divide el nuevo paradigma, por loco que parezca, de lo que sólo es pura charlatanería».

El libro de Ferguson es escueto en sus referencias a lo esotérico (en realidad, lo que hace es presentarlo como perfectamente normal y corriente). Pero otra es la fachada de la obra de Bailey. No es posible entender la Nueva Era sin referencia a los esoterismos, como tampoco es posible describir sus orígenes pasando por alto sus referencias científicas, filosóficas, ideológicas, etc.

Alice Bailey (1880-1949), inglesa de nacimiento, fue la tercera presidenta de la Sociedad Teosófica (fundada en 1875 por Helena Blavatsky en Nueva York) y creó la Escuela Arcana y el Lucis Trust (Trust de Lucifer). Sus numerosas obras son presentadas por su autora como el resultado de tomar en escritura automática los mensajes que le eran transmitidos por un espíritu diabólico tibetano. Bailey espera la llegada de una nueva era, una nueva encarnación del Cristo cósmico, en la que habrá un solo gobierno mundial y una sola religión mundial; las religiones se reconciliarán, en ese tiempo, al reconocer que todas se originan en la verdad eterna.

La maestra de Bailey fue la mencionada Helena Blavatsky. También ella se remite como fuente de sus ideas -la teosofía- a espíritus infernales y maestros ultramundanos. Veamos con algún detenimiento la sustancia de esas ideas, que resultan muy ilustrativas de lo que tenemos entre manos con la Nueva Era. La teosofía (que significa «sabiduría divina») es, propiamente, la poseída por Dios y por algunos hombres. Su verdad está repartida con diversa intensidad entre las diversas filosofías, religiones y mentalidades.

El Prof. M. Guerra señala que «la Sociedad Teosófica ha sido pionera en el conocimiento de lo oriental (lo hindú, budista, etc.) y en su difusión por Occidente». Este detalle tiene mucha importancia. Tiene más importancia aún esto otro: «Sus adeptos creen que hay una única doctrina verdadera: la teosófica, pero con doble presentación, a saber, la exotérica o pública, abierta a todos y la esotérica u oculta, reservada a un grupo selecto y transmitida de generación en generación por medio de la cadena ininterrumpida de sus eslabones, los teósofos. A la esotérica solo puede accederse a través de la adecuada iniciación». En términos, pues, de la auténtica verdad, las diversas religiones son parciales e insuficientes. «Lo importante y salvífico no es lo exterior, institucional, sino lo esotérico, la iluminación interior, fruto de la búsqueda personal y de la iniciación en los distintos grados teosóficos. La materia es divina y eterna como lo divino mismo, sometida a la evolución. Cada universo solar es la expresión de un Poderoso Ser, llamado logos, la Palabra de Dios, Divinidad Solar. Es el Logos el que se manifiesta en lo material de manera trina, es decir, en cuanto hacer de lo físico, de la vida y de la conciencia».

Las posiciones de Blavatsky no quedan suficientemente perfiladas si no se alude a su concepto de Cristo. Para Blavatsky y sus seguidores, «Jesús de Nazaret no es Dios, sino uno de los Grandes Maestros o Instructores. […] «Jesús de Nazaret habría sido avatâra desde el descenso de “Cristo” sobre él en su bautismo en el Jordán. Los teósofos enseñan que los Evangelios canónicos han sido modificados para recoger los intereses de los eclesiásticos; sus parábolas y doctrina iban dirigidas solo a los iniciados, no a todos. Con el tiempo la capacidad fabuladora de los cristianos fue elaborando el dogma cristiano tal como ahora es creído. A partir de su muerte, Cristo subsistió con “un cuerpo sutil, espiritual (inmaterial)”, durante 50 años, en los cuales inició a sus discípulos en las ciencias esotéricas. La teosofía conectaría con esta revelación posmortal de Cristo».

Luego viene su concepción del hombre: «El hombre se compone de la “naturaleza material”, integrada por cuatro principios (cuerpo físico, la vida, los deseos, cuerpo etérico, astral) y de la “naturaleza superior, espiritual” (espíritu, conciencia, mente)». Pues bien, con la muerte visible «el cuerpo etérico permanece durante algún tiempo junto al cuerpo físico (dando lugar a los fantasmas, fuego de san Telmo, etc.), y el físico se desintegra en su momento. Cuando el astral y mental pierden sus tendencias inferiores y el ser pasa al Devachán, acaece la “segunda muerte”. Ya nadie, ningún médium, será capaz de hacerla intervenir en sesiones espiritistas ni fuera de ellas. Estará en el Devachán o “Mundo Mental, celestial” hasta que sienta deseos de reencarnarse. Cuando concluya el ciclo de las reencarnaciones pasa al Nirvana, el estado definitivo de reposo y gozo inimaginables».

Hay aquí numerosos elementos que la Nueva Era mantiene y amplía: unidad esencial de la realidad, de la sociedad, de las religiones y unidad de destino histórico para el género humano. ¿No trae esto a la mente del lector el nombre de movimientos de unificación mundial, como pueda serlo el Parlamento de las religiones, o la elaboración de una Ética mundial propiciada por las mismísimas Naciones Unidas? Quizás los mensajes de Blavatsky puedan sonar arcaicos o extraños, pero expresados de la manera adecuada quizás hayan llegado a ser el gran proyecto de la humanidad contemporánea.

 

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Cultural background - When one examines many New Age traditions, it soon becomes clear that there is, in fact, little in the New Age that is new. The name seems to have gained currency through Rosicrucianism and Freemasonry, at the time of the French and American Revolutions, but the reality it denotes is a contemporary variant of Western esotericism. This dates back to Gnostic groups which grew up in the early days of Christianity, and gained momentum at the time of the Reformation in Europe. It has grown in parallel with scientific world-views, and acquired a rational justification through the eighteenth and nineteenth centuries. It has involved a progressive rejection of a personal God and a focus on other entities which would often figure as intermediaries between God and humanity in traditional Christianity, with more and more original adaptations of these or additional ones. A powerful trend in modern Western culture which has given space to New Age ideas is the general acceptance of Darwinist evolutionary theory; this, alongside a focus on hidden spiritual powers or forces in nature, has been the backbone of much of what is now recognised as New Age theory.

Basically, New Age has found a remarkable level of acceptance because the world-view on which it was based was already widely accepted. The ground was well prepared by the growth and spread of relativism, along with an antipathy or indifference towards the Christian faith.

Furthermore, there has been a lively discussion about whether and in what sense New Age can be described as a postmodern phenomenon. The existence and fervor of New Age thinking and practice bear witness to the unquenchable longing of the human spirit for transcendence and religious meaning, which is not only a contemporary cultural phenomenon, but was evident in the ancient world, both Christian and pagan.

 

1.4. The New Age and Catholic Faith

Even if it can be admitted that New Age religiosity in some way responds to the legitimate spiritual longing of human nature, it must be acknowledged that its attempts to do so run counter to Christian revelation. In Western culture in particular, the appeal of “alternative” approaches to spirituality is very strong. On the one hand, new forms of psychological affirmation of the individual have be

come very popular among Catholics, even in retreat-houses, seminaries and institutes of formation for religious. At the same time there is increasing nostalgia and curiosity for the wisdom and ritual of long ago, which is one of the reasons for the remarkable growth in the popularity of esotericism and gnosticism. Many people are particularly attracted to what is known – correctly or otherwise – as “Celtic” spirituality,(5) or to the religions of ancient peoples. Books and courses on spirituality and ancient or Eastern religions are a booming business, and they are frequently labelled “New Age” for commercial purposes. But the links with those religions are not always clear. In fact, they are often denied.

An adequate Christian discernment of New Age thought and practice cannot fail to recognize that, like second and third century gnosticism, it represents something of a compendium of positions that the Church has identified as heterodox. John Paul II warns with regard to the “return of ancient gnostic ideas under the guise of the so-called New Age: We cannot delude ourselves that this will lead toward a renewal of religion. It is only a new way of practising gnosticism – that attitude of the spirit that, in the name of a profound knowledge of God, results in distorting His Word and replacing it with purely human words. Gnosticism never completely abandoned the realm of Christianity. Instead, it has always existed side by side with Christianity, sometimes taking the shape of a philosophical movement, but more often assuming the characteristics of a religion or a para-religion in distinct, if not declared, conflict with all that is essentially Christian”.(6) An example of this can be seen in the enneagram, the nine-type tool for character analysis, which when used as a means of spiritual growth introduces an ambiguity in the doctrine and the life of the Christian faith.

Ref.: 

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/interelg

/documents /rc_pc_interelg_doc_20030203_new-age_en.html#

1.4.%20The%20New%20Age%20and%20Catholic%20Faith

 

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«No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira» Solzhenitsyn – 1973

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Poco más tarde, en un artículo titulado «¡Rechacemos la mentira», difundido contemporáneamente a su detención, febrero de 1974, advertía Solzhenitsyn:
«No cada día, ni en cada hombro, posa la violencia su pesada zarpa: sólo exige de nosotros sumisión a la mentira [...] Aquí yace precisamente la clave que despreciamos. La más sencilla, la más asequible para nuestra liberación: ¡la no participación personal en la mentira! [...] Cuando las gentes se apartan de la mentira, ésta sencillamente, deja de existir
»
Comentando estos párrafos el argentino Luis María Sandoval apostilla: «es de recordar que Cristo Nuestro Señor no llamó al Demonio «padre de la violencia», sino padre de la mentira (Jn 8, 44)» ("Cuando se rasga el telón", Speiro, 1992, pág. 220)

 

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“CREO EN LA SANTA IGLESIA QUE ES UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA, COMO EL CRISTO LA FUNDÓ SEGÚN CONSTATAMOS EN LA SANTA BIBLIA” (Cristo funda su Iglesia ‘una’; Cristo es la cabeza por tanto es ‘santa’; Cristo la envía a predicar a todos los confines del orbe, por tanto es ‘católica’; Cristo ordena el pregón del anuncio evangélico a los apóstoles, por tanto es ‘apostólica’. La Iglesia es cristiana porque proclama a Cristo; es evangélica y evangelizadora porque revela a Cristo... y un largo etc. de adjetivos le son propios.

¡2000 años sobre la tumba del apóstol Pedro y protegida por la promesa del Señor!  

 

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La Iglesia católica –que también es de este mundo– puede y debe muchas veces  proclamar su punto de vista a un asunto que no es dogmático, ni tampoco afecta al Depósito de la Fe; pero a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, considera que puede ofrecer un juicio sobre una cuestión que afecta para bien o para mal a millones de personas. En tales casos, no emite la Iglesia una declaración dogmática, ni tan siquiera un magisterio vinculante para el pueblo católico –en el que legítimamente se puede discrepar–, pero argumenta los bienes que resultan de una convivencia conjunta ante ciertas leyes discriminatorias, injustas, amorales y éticamente perversas, o impregnadas de fanatismo sea este religioso, político o militar. Leyes que son capaces de tener a las personas, las sociedades o al mundo en estado de ansiedad e inseguridad; leyes tejidas de un nihilismo que corrompe las costumbres buenas, sobornan el orden, la paz y sano estado habitual de las cosas

 

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Lo dijo claramente Benedicto XVI a la comunidad musulmana en Colonia: «El creyente –y todos nosotros, como cristianos y musulmanes, somos creyentes– sabe que puede contar, no obstante su propia fragilidad, con la fuerza espiritual de la oración». Quienes no reconocen esta fuerza, quienes la reducen a la intimidad de la conciencia, quienes, en definitiva, desconfían del poder infinito de Dios, necesariamente tienen que acudir a las solas fuerzas de sus propias manos. Cuando se trata de imponer la fe por la fuerza –o la no fe, como hace el laicismo imperante en la Europa empeñada en romper con sus raíces cristianas– es que ya se ha dejado de tener verdadera fe en Dios, única fuente de la auténtica libertad y del verdadero progreso. Benedicto XVI se lo dijo también a los jóvenes, durante la Vigilia de oración de la Jornada Mundial de Colonia, recordando las revoluciones del pasado siglo XX, «cuyo programa común fue no esperar nada de Dios, sino tomar totalmente en las propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones». De este modo, «la absolutización de lo que no es absoluto se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza». El problema de nuestro mundo, evidentemente, no sólo está en Turquía. Desgajados de la Raíz, ¿qué clase de futuro puede esperar a Europa, y al resto del mundo? Las raíces cristianas, ciertamente, no son un hecho menor. 2005.

 

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Anunciar la novedad liberadora del Evangelio a todos los hombres, unirse a ellos en todo lo que atañe a su existencia y expresa su humanidad, es el desafío permanente de la Iglesia. Esta misión, que la Iglesia ha recibido de su Señor hace 2000 años, va unida a todos los hombres de buena voluntad.

 

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Las filosofías liberales, hijas del protestantismo, desprecian la dignidad intrínseca del hombre, como demuestra su negación del libre albedrío y por tanto sólo lo valoran en función de su éxito social.

 

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«El valor de las opiniones se ha de computar por el peso, no por el número de las almas. Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes».

 

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AFIRMABA Chesterton, refutando a quienes sostienen que la religión católica abruma y aflige a los hombres, que los únicos países de Europa en los que todavía se canta y se baila son aquellos donde aún es fuerte la influencia de la Iglesia de Roma. «La doctrina y la disciplina católicas son muros, si se quiere -escribía en Ortodoxia-; pero son muros de un teatro de regocijos». Y, a continuación, esbozaba una alegoría de plena vigencia: «Imaginémonos que un corro de niños juega sobre la florida cumbre de una isla eminente: mientras haya un muro que cerque la cumbre, pueden entregarse a sus locos juegos y poblar el sitio de rumores. Supongamos ahora que el muro se derrumba, dejando a la vista los precipicios: los niños no caen necesariamente; pero cuando, poco después, venimos a buscarlos, los hallamos amontonados en el vértice de la isla cónica, mudos de horror. Ya no se les oye cantar». Esa imagen de unos niños asomados a un abismo de angustias que nos proponía Chesterton representa como ninguna al hombre contemporáneo, más concretamente al hombre occidental. Ha derribado los muros que cimentaban su existencia, creyendo que así accedería a una forma de vida más libre; pero, en su lugar, se ha topado con ese indescifrable malestar que nos corroe cuando nos hallamos a la intemperie, sin vínculos ni asideros que nos ayuden a combatir ese hastío metafísico que empieza a ser el principal signo de identidad de los países prósperos, ensimismados en su bienestar.

Hay quienes sostienen que el cristianismo encarna una mentalidad premoderna, atrasada, que nos devuelve a las eras de oscuridad. Si la gente, en lugar de leer las majaderías que escriben los «modernos», se dedicara a leer un poco a los maestros, descubriría que el cristianismo fue la luz que impidió que Europa se extinguiese, como antes se extinguieron Asiria o Babilonia. En una época de decadencia y acabamiento como la nuestra, el pensamiento cristiano vuelve a erigirse en muro de salvación que nos abriga de la intemperie. Frente al inventario caótico de dulces incertidumbres con que nos anestesia el relativismo, frente a esa convicción cada día más extendida según la cual el hombre se convierte en un ser desvinculado (de Dios, de la moral, de la Historia), el cristianismo nos enseña que no estamos necesariamente condenados a vivir en un mundo fragmentario, ininteligible, sin vínculos con el pasado. El humanismo cristiano muestra una forma diversa y más exigente de ser moderno, una nueva «vinculación» con la realidad -revitalizada por el encuentro con Cristo- que restituye al hombre su genealogía espiritual.

Intentar comprender la realidad sin contar con la trascendencia, como pretende el relativismo, es un despropósito. La historia humana, a la postre, se resume en la búsqueda afanosa de Dios; todo lo demás es cronología y tedio. Una época como la nuestra, que se pavonea de haber desterrado la trascendencia, es como una casa sin ventilación: quizá vista desde fuera, su fachada resulte muy lustrosa e incitante; pero en su interior se retuercen las serpientes de la asfixia. Los muros del cristianismo quizá parezcan ásperos, inexpugnables en su grosor milenario; pero son muros, como nos enseñaba Chesterton, de un teatro de regocijos. La aventura de la ortodoxia cristiana es una magnífica alternativa al hastío metafísico que el relativismo nos vende como marchamo de modernidad (cuando en realidad es síntoma de rigor mortis); y se trata, además, de la única aventura moderna que aún podemos vivir en una Europa marchita, vetusta, podrida, decrépita, fiambre.

Por Juan Manuel de Prada - ABC, 19 de agosto 2005

 

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La unión de la familia humana se fortalece mucho y se completa con la unidad, fundada en Cristo, de la familia de los hijos de Dios. Ciertamente, la misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social, pues el fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa fluyen tareas, luz y fuerzas que pueden servir para constituir y fortalecer la comunidad de los hombres según la ley divina.
Además, en virtud de su misión y su naturaleza, no está ligada a ninguna forma particular de cultura humana o sistema político, económico o social. Por ello, la Iglesia, desde esta su universalidad, puede ser un vínculo muy estrecho entre las diferentes comunidades humanas y naciones, a condición de que éstas confíen en ella y reconozcan realmente su verdadera libertad para cumplir esta misión suya. Por esta razón, la Iglesia aconseja a sus hijos, pero también a todos los hombres, que, en este espíritu familiar de hijos de Dios, superen todas las desavenencias entre naciones y razas, y den firmeza interior a las asociaciones humanas justas. El Concilio considera con gran respeto todo lo verdadero, bueno y justo que se encuentra en las variadísimas instituciones que el género humano ha fundado para sí y continúa fundando sin cesar. Declara, además, que la Iglesia quiere ayudar y promover todas estas instituciones, en la medida que esto dependa de ella y pueda conciliarse con su misión. Nada desea más ardientemente que poder desarrollarse libremente al servicio del bien de todos bajo cualquier régimen que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común.

Constitución Gaudium et spes, 42 – VATICANO II

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

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San Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: "Son grandes las obras del Señor". Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder, es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:”Son grandes las obras de Dios"; y en otro pasaje añade:”Su misericordia es superior a todas sus obras". La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  "Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad" (Sal 50, 3)" (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).
Así decimos también nosotros al Señor:  "Misericordia, Dios mío, por tu bondad".

 

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«Decálogo católico» sobre ética y ambiente

 

Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz- ROMA, 08.11.2005  expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
 
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.

2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.

3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.

4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.

6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.

7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.

8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.

9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.

10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.

 

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En la creación del mundo y del hombre, Dios ofreció el primero y universal testimonio de su amor todopoderoso y de su sabiduría, el primer anuncio de su "designio benevolente" que encuentra su fin en la nueva creación en Cristo.

316 Aunque la obra de la creación se atribuya particularmente al Padre, es igualmente verdad de fe que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son el principio único e indivisible de la creación.

317 Sólo Dios ha creado el universo, libremente, sin ninguna ayuda.

318 Ninguna criatura tiene el poder Infinito que es necesario para "crear" en el sentido propio de la palabra, es decir, de producir y de dar el ser a lo que no lo tenía en modo alguno (llamar a la existencia de la nada) (cf DS 3624).

319 Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

320 Dios, que ha creado el universo, lo mantiene en la existencia por su Verbo, "el Hijo que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hb 1, 3) y por su Espirita Creador que da la vida.

321 La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último.

322 Cristo nos invita al abandono filial en la providencia de nuestro Padre celestial (cf Mt 6, 26-34) y el apóstol S. Pedro insiste: "Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros" (I P 5, 7; cf Sal 55, 23).

323 La providencia divina actúa también por la acción de las criaturas. A los seres humanos Dios les concede cooperar libremente en sus designios.

324 La permisión divina del mal físico y del mal moral es misterio que Dios esclarece por su Hijo, Jesucristo, muerto y resucitado para vencer el mal. La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que nosotros sólo coneceremos plenamente en la vida eterna.

 

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“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

 

“Dios no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es inútil luchar”.

 

Dios se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».

«El primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».


El Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora --esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad».
S. S. Benedicto XVI. P.M. MMV.XI.X.

 

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Alabemos con las poéticas palabras del teólogo san Gregorio Nacianceno, doctor de la Iglesia Católica, año 330+390:

 

« Gloria a Dios Padre y al Hijo,
Rey del universo.
Gloria al Espíritu,
digno de alabanza y santísimo.
La Trinidad es un solo Dios
que creó y llenó cada cosa:
el cielo de seres celestes
y la tierra de seres terrestres.
Llenó el mar, los ríos y las fuentes
de seres acuáticos,
vivificando cada cosa con su Espíritu,
para que cada criatura honre
a su sabio Creador,
causa única del vivir y del permanecer.
Que lo celebre siempre más que cualquier otra
la criatura racional
como gran Rey y Padre bueno ».

(9) Poemas dogmáticos, XXXI, Hymnus alias: PG 37, 510-511

 

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«Cuando digo a un joven: mira, allí hay una estrella nueva, una galaxia, una estrella de neutrones, a cien millones de años luz de lejanía. Y, sin embargo, los protones, los electrones, los neutrones, los mesones que hay allí son idénticos a los que están en este micrófono (...). La identidad excluye la probabilidad. Lo que es idéntico no es probable (...). Por tanto, hay una causa, fuera del espacio, fuera del tiempo, dueña del ser, que ha dado al ser, ser así. Y esto es Dios (...). «El ser, hablo científicamente, que ha dado a las cosas la causa de ser idénticas a mil millones de años-luz de distancia, existe. Y partículas idénticas en el universo tenemos 10 elevadas a la 85a potencia... ¿Queremos entonces acoger el canto de las galaxias? Si yo fuera Francisco de Asís proclamaría: ¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!» Por Enrico Medi  2005.

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
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Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).