Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Hoy, la lógica es la de analizar la realidad con medidas diferentes, lamentablemente los medios informativos nos imponen sus interesados puntos de vistas por medio de medias verdades, sin verificar las fuentes o llegando a programar la peor difamación. MMIV

 

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Hay una palabra poco usual, "camastrón", cuyo primer significado es algo así como persona astuta, taimada, traicionera. Comportamiento típico de los injuriadores, vilipendiadores, vituperadores, difamatores.

 

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Preservar la inocencia y buena reputación de todas las personas. Respetar la presunción de inocencia, mientras no se produzca sentencia firme condenatoria. Guardar la más rigurosa severidad frente al calumniador. Asimismo, se debe rechazar toda arrogancia y soberbia, mismo en prueba contraria al acusado. Evitar la compañía y el consejo de quienes actúan siempre con engaño y mentiras…

 

Contra la calumnia y la difamación (pública o secreta) vale recordar como  escribe San Basilio, gran  Padre de la Iglesia de Oriente, en su obra El bautismo, "ni siquiera el placer de un instante que contamina el pensamiento debe turbar a quien se ha configurado con Cristo en una muerte semejante a la suya" (Opere ascetiche, Turín 1980, p. 548). Los cristianos debemos rechazar el mal con rigor y firmeza.

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La calumnia puede aparecer al inicio como algo claro, certero, pertinente y con tintas de cierto. Poco después se descubre la mentira trabajada con malévola verborrea.

La mentira difamatoria es una maldad camuflada hasta bajo una posible luminosa escaramuza del estilo. En realidad nunca tuvo nada que decir, solo bajeza deshonrada; revelando una superficialidad entreverada al picoteo de los necios.

 

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como conejos en la madriguera se esconden los calumniadores 

 

Internet es el reino de la cobardía, la calumnia y el anonimato.

 

El estiércol

 

No vivo en mis tiempos y huyo de Internet. Si algo tengo que consultar, me cobijo en mi biblioteca, que me ha costado más de cincuenta años de dedicación, esfuerzo y trabajo. Me preguntan si leo los comentarios que generan mis artículos, y los de otros foros, que creo los llaman así. Mi respuesta es contundente. No. No los leo porque, según me dicen, Internet es el reino de la cobardía, la calumnia y el anonimato. Puedo mantener una correspondencia –lo he hecho en centenares de ocasiones–, con mis críticos más feroces, siempre que sepa quiénes son. Las opiniones se firman, que ya somos mayores para insultar o elogiar desde los escondites miserables de lo incógnito. De ahí que me haya interesado el inteligente artículo, publicado en LA RAZÓN de Pedro A. Cruz Sánchez titulado «Las cloacas de Internet». En «las cartas al Director» que se publican en los periódicos, se exige la identificación del comunicante. Pero en Internet, de acuerdo con lo que me cuentan, el insulto, la calumnia e incluso la amenaza, salen gratis. Ignoro si técnicamente es posible establecer un control de acuerdo con las leyes vigentes. Ignoro si en otros países sucede lo mismo. Ignoro si los parlamentos tienen mimbres y músculos parta legislar al respecto. Claro, que el origen de ese campo abierto al anonimato, no es otro que los «Confidenciales», donde todo puede decirse, e incluso inventarse, desde el amparo de las nubes. No quiero decir con esto que todos los confidenciales sean iguales. Los hay serios, y los hay chungos. Pero en un periódico, en una radio o en una televisión, las opiniones que se vierten tienen firma, voz o imagen. 

El anónimo más tonto que he recibido en mi ya larga vida de opiniones firmadas, y que guardo como un tesoro de la cobardía, lo recibí cuando escribía en ABC. Se trata de la carta de un batasuno indignado. Me adelantaba su intención de hacerme picadillo cuando me viera, amenazaba a mi familia, y me dedicaba una interminable cadena de insultos barriobajeros. Como buen cobarde, no firmaba. Y como buen cretino, no fue cuidadoso con su secreta y abominable identidad. Metió el escrito en un sobre timbrado, con su nombre, apellidos y dirección impresos. Con ayuda de la Telefónica di con su número de teléfono y llamé al cobarde. Se estercoló. –¿Cómo ha dado con mi teléfono?–; –porque usted es tan imbécil que envía un escrito sin firmar en un sobre timbrado–. Colgó como una nena asustada. Un valiente «gudari» de la «Lucha Armada».

La libertad, como todo bien democrático, se ejerce con nombre y apellidos, como bien resalta Cruz Sánchez. «Si no es así –prosigue–, se transforma en vandalismo, una variante del fascismo más virulento, que evita la posibilidad de la disensión en convivencia, para optar por la agresión o por la calumnia diseñada en laboratorio para favorecer el linchamiento moral y físico. ¿Quién está dispuesto a amparar por más tiempo toda esa red de cloacas, encargada de canalizar el detritus más hediondo de nuestra sociedad?».

Así finaliza Cruz Sánchez su inteligente y valiente comentario. Los legisladores tienen que actuar, entre otras razones para que este humilde servidor se divierta con los comentarios acerca de sus artículos. Mientras se oculten en el podrido anonimato, no merecen la pena. Y me dicen que también los hay inteligentes, educados y discrepantes desde la medida y la sabiduría. También me informan que resultan desconsoladoras las faltas de ortografía. Legislen, por favor, que estoy deseando conocerlos. Siempre que firmen, claro.

-LA RAZÓN. Es. 31. III. MMXI  - Alfonso USSÍA

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NESCIT VOX MISSA REVERTI (Horacio, Ars poét., 390). “La palabra, una vez pronunciada, no sabe volver”.

 

NESCIRE MALUM NON SEMPER EST MALUM (San Agustín, Contra Julianum Pelag, 4, 14). “Desconocer el mal no siempre es un mal”.

 

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Señor, Dios de todos los hombres, en algunas épocas de la historia los cristianos a veces han transigido con métodos de intolerancia y no han seguido el gran mandamiento del amor, desfigurando así el rostro de la Iglesia, tu Esposa. 
Ten misericordia de tus hijos pecadores y acepta nuestro propósito de buscar y
promover la verdad en la dulzura de la caridad, conscientes de que la verdad 
sólo se impone con la fuerza de la verdad misma. 
Por Cristo nuestro Señor. 
R. Amén. 
R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. 

 

No podemos eludirnos, debemos edificar un mundo de paz y amor en el silencio de Jesús, orando y suplicando al Padre. Como Él, cuando iba a ser entregado por un beso traidor. No se puede ser cristiano y vivir de la acusación y la mentira. Oremos para que el reconocimiento de los pecados que han lastimado la unidad del Cuerpo de Cristo y herido la caridad fraterna, allane el camino hacia la reconciliación y la comunión de todos los cristianos. El que no junta con Cristo, no es sal, levadura; podría tratarse de leño seco, apto al fuego porque desprecia el perdón. Sin perdón no hay reconciliación valedera ni inicio de un auténtico amor cristiano. Lo demás, es abundancia de palabras vanas y ociosas.

 

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Difamar. (Del lat. diffamāre).1. tr. Desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama.2. tr. Poner algo en bajo concepto y estima.

 

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Ofender. (Del lat. offendĕre).1. tr. Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos.2. tr. Ir en contra de lo que se tiene comúnmente por bueno, correcto o agradable. Ofender el olfato, el buen gusto, el sentido común.3. tr. desus. Hacer daño a alguien físicamente, hiriéndolo o maltratándolo.4. prnl. Sentirse humillado o herido en el amor propio o la dignidad.

 

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Humildad. (Del lat. humilĭtas, -ātis).1. f. Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.2. f. Bajeza de nacimiento o de otra cualquier especie.3. f. Sumisión, rendimiento.~ de garabato.1. f. coloq. La falsa y afectada.

 

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Degradar. (Del lat. degradāre).1. tr. Privar a alguien de las dignidades, honores, empleos y privilegios que tiene.2. tr. Reducir o desgastar las cualidades inherentes a alguien o algo.3. tr. Humillar, rebajar, envilecer.

 

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Deshumanización

 

Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA
En ABC, 19.08.2002


ALLÍ donde se niega la realidad personal del hombre sabemos que se ha instalado la inmoralidad. Y niega la dignidad de la persona todo aquel que la trata como medio y no como un fin en sí. Aunque quien lo haga sea uno mismo. También es posible negarse a sí mismo la condición de persona y tratarse como medio y no como fin. Lo vemos todos los días en los medios de comunicación. El periodista que vulnera la intimidad para realizar un reportaje atenta contra el derecho ajeno. Trata al otro como pieza que se cobra, como medio para sus fines. Quien vende su intimidad a cambio de dinero trata a su propia persona como medio y, por lo tanto, se deshumaniza. En este caso, el periodista es cómplice, incluso coautor, de la abyección.

El escritor que busca el éxito y la risa halagadora mediante la reducción de una persona a la condición de objeto de escarnio, por más que ésta pueda dar motivos para ello, incurre en la misma inmoralidad. Toda burla incluye la deshumanización del burlado, su cosificación. Estos comportamientos entrañan la vulneración de la moral y, en muchos casos, también del Derecho.

Existe un caso en el que la degradación, por ser consentida, alcanza quizá el mayor nivel de envilecimiento. En este supuesto, el consentimiento no atenúa la responsabilidad. Es aquél en el que una persona acepta ser insultada y sometida a la violación de su intimidad a cambio de dinero. La deshumanización se produce por partida triple. Se deshumanizan tanto el infamado voluntario, como el periodista coautor, más que testigo, como el espectador. Quien piense que el consentimiento atenúa o borra la culpa se equivoca. Por el contrario, la aumenta. El caso corrobora la falsedad de la tesis que pretende que todo lo que realizan adultos mediante el uso de su libertad es legítimo moralmente. Otra cosa es que haya que tolerarlo jurídicamente. Pero esto no tiene nada que ver con la legitimidad del juicio moral adverso. Mas nada de esto existiría si no fuera por la culpable complicidad de los espectadores. Constituye por eso un deber no leer a escritores ni contemplar u oír programas en los que el asunto no es otro que la deshumanización y la reducción de la persona a mera cosa. Y, por supuesto, en los medios de comunicación públicos estos programas deben ser excluidos, por mayoritaria que sea la audiencia. Por cierto, esto desmiente también la falsa tesis de la soberanía moral de la mayoría.

Los productores de basura no pueden diluir su responsabilidad apelando al ilegítimo tribunal de la audiencia. Ésta no hace sino incrementar las proporciones de su indignidad. Pero el espectador nunca es inocente, pues sin su anuencia no sería posible perpetrar el mal.

 

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Humildad - Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

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Sed siempre humildes y amables; sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. Dios acepta y recibe con agrado a la Iglesia como sacrificio cuando la Iglesia conserva la caridad que derramó ella el Espíritu Santo: así, si la Iglesia conserva la caridad del Espíritu, puede presentarse ante el Señor como una hostia viva, santa y agradable a Dios. 

 

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Los humildes obedecen, los obedientes se salvan. En una punta Jesús y en la otra María, la primera mujer perfectamente obediente. La que dijo que al Espíritu en su aldea de Belén y luego en el cuarto aquel de Jerusalén en el Pentecostés.

En la primera vez nació Jesús, en la segunda: la Iglesia. La Madre es la misma.

 

Y Judas se mete en el juego de Dios pensando que puede sacar ventajas como nosotros creemos que podemos arreglar la radio con un destornillador y la terminamos de romper. Pero nosotros no somos mucho menos tarambanas que él. Como siempre: Dios sabe todo lo que está pasando y nunca se le escapa un detalle. Así tienes –ahí- a los charlatanes en las sectas bautistas, jehovistas, mormones, etc. y creen que la Iglesia ha estado equivocada dos mil años hasta que ellos abrieron una Biblia y se pusieron a "interpretar". Hasta esa suprema mentecatez superará Jesús porque no hay quien se le resista en eso de salvar almas.

Es que le ves a Él, y te enamoras de Su gracia y como siempre pasa en el amor: naces de nuevo. Para nacer hace falta una madre y para eso está María.

 

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Difamar


Entre los derechos que cada persona puede reivindicar
está el de la buena fama.

Por Ferran Blasi i Birbe

Todo el mundo sabe que un aspecto de la justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde. Y que la injusticia es quitárselo, o no restituírselo, cuando se le ha privado de ello. Entre los derechos que cada persona puede reivindicar está el de la buena fama. Esto quiere decir que no se puede difamar a nadie.

Lo que acabamos de recordar se traduce en la práctica en el deber que todo hombre y toda mujer tienen de no decir nada que sea falso y perjudique el buen nombre del prójimo -sería lo que lleva el nombre de calumnia-, y también de no divulgar, sin necesidad, cosas que le hagan quedar mal, aunque fueran verdad: lo que podríamos llamar detracción o simplemente difamación.

Merece, ciertamente, especial atención, el caso de los políticos y de otros hombres públicos, a los cuales los ciudadanos pueden razonablemente exigir una conducta ejemplar, sobre todo en todo aquello relacionado con la justicia y, en particular, en su tarea al servicio de la sociedad, en sus relaciones con las personas físicas y las morales. Se explica que los políticos, los periodistas y otros investiguen la vida y milagros de los responsables de la cosa pública, con vistas a encontrar si tienen algún punto débil. Saber que se exponen a esto les puede infundir un saludable temor y ayudarles a ser irreprochables. Y en algunas circunstancias, y dentro de ciertos límites, descubrirlo puede ser un bien para la sociedad.

Ahora bien, está claro que siempre es cosa intrínsecamente mala atribuirle faltas que no ha cometido, aunque se trate de una persona a la que se considere malvada y se haga con una finalidad supuestamente buena. Se ha de reconocer que esta manera de actuar es una transgresión ética en la que incurren a menudo algunos políticos y los que colaboran con ellos, que se creen capaces de liberar al país de sus males. Lanzan la piedra y esconden la mano y, digámoslo también utilizando la conocida imagen, a la manera de una piedra lanzada en un estanque, que forma unos círculos que llegan cada vez más lejos.

El afectado no sabe cómo detener el fenómeno de expansión de estas noticias, la narración de las cuales se enriquece progresivamente con la descripción de nuevos detalles con que se intenta hacerlas más verosímiles. Si no dice nada parece que «quien calla, otorga», y si las niega, algunos piensan maliciosamente en aquello de que «las noticias no se confirman hasta que se desmienten». Con todo, quien está libre de culpa, y más si ostenta la representación de una nación, de una entidad, de una familia y ha de defender el prestigio de éstas, hace bien en rechazar las falsedades y contradecirlas, de manera clara y rotunda y, según los casos, con contundencia o con buen humor.

Tenemos ejemplos de ello, recientes y convincentes. No raramente estas informaciones aparecen en tiempo de elecciones políticas y proceden de ambientes en que, al menos teóricamente, se hace profesión de una cierta moral, pero ya se ve que en ésta falta un principio: el que dice que el fin no justifica los medios o, lo que es lo mismo, que no se puede hacer un mal para obtener un bien o un supuesto bien.

Y el principio al que acabamos de aludir nos sugiere todavía otro: que en este juego no todo vale. La verdad se ha de investigar por medios lícitos y no conculcando los derechos de los demás, como el que uno tiene a la intimidad, ejercitando la curiosidad con ciertos procedimientos técnicos o a través de lo que deberían ser verdaderamente sólo servicios públicos.

 

Copiado el: 2003-11-15 – Festividad de San Alberto Magno- Arvo.net

Oración: nTú has querido, Señor, que el obispo San Alberto mereciera el título de Grande por su extraordinaria capacidad para conciliar la fe con la sabiduría humana; concédenos que, siguiendo sus enseñanzas, à través del progreso de las ciencias, lleguemos à conocerte y amarte más profundamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.-

  

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«Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas» Miembro de las Iglesia Católica, Pablo escribe a: (2 Tm 4,3-4)

 

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Capítulo 2 de la Segunda Epístola Católica de San Pedro:
”Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; desde hace tiempo su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida”. ¡De allí las sectas mienten! No oyen la Biblia.

 

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"El Código Da Vinci" - Diversos libros que han analizado hasta qué punto "El Código Da Vinci" es fiable respecto a la historia del cristianismo, abordan lo que dice sobre María Magdalena. En "Descodificando a Da Vinci" (Ed. Palabra, 2004), Amy Welborn (1) escribe: 

Hagamos un rápido repaso de lo que nos dice Dan Brown sobre María Magdalena.

Según Brown, era una mujer judía de la tribu de Benjamín, que se casó con Jesús y dio a luz a su hijo. Jesús trató de dejar a la Iglesia en sus manos, esa Iglesia iba a devolver la "deidad femenina" a la vida humana y al conocimiento general. Después de la crucifixión de Jesús, María Magdalena huyó a la comunidad judía de Provenza, donde ella y su hija Sarh hallaron refugio. Su vientre es el "Santo Grial". Sus huesos descansan bajo la pirámide de cristal a la entrada del Louvre. El Priorato de Sión y los Caballeros Templarios se dedicaron a proteger su historia y sus reliquias. El Priorato le da culto "como Diosa... y como Madre Divina".

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(1) De esta misma autora es "Descodificando a María Magdalena. Verdad, leyendas y mentiras", publicado en Ediciones Palabra. Agradecemos a Arvo net. 2006-04-21

 

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Difamación y anticatolicismo en la red con

sectas gnósticas ¿Es una apostasía creer en el

Evangelio de Judas y las demás noticias que

salen últimamente sobre Jesucristo?

 

Responde: P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

Pregunta:
Estimado Padre:

¿Es una apostasía menor todo este asunto del Evangelio de Judas? ¿Y qué hay de las otras noticias que han salido últimamente en los diarios sobre que Jesucristo dejó cartas diciendo que él no era Dios u otras cosas que he leído?
Respuesta:

Estimado:

En parte sí, tiene algo de apostasía. Pero también el dar fe a estas cosas es un castigo para todos los que en lugar de estudiar mejor nuestra fe y leer al menos algunos de los libros serios que se han escrito sobre Jesucristo, se dejan embromar por las noticias contra Cristo y la Iglesia que divulgan por los medios de comunicación personas que no tienen escrúpulos en mentir o difundir teorías peregrinas sin dar ningún argumento. Si uno quiere creer o acepta tomar en serio a quien les vende un buzón sin darle argumentos demostrativos, ya con esto está manifestando que merece que lo engañen.

Le aconsejo estudiar un magnífico libro sobre el tema de Jesucristo: ´Jesucristo´, de Leoncio de Grandmaison; reeditado por Arcabuz, Madrid, año 2000.
En Cristo y María

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2006-04-21 - Agradecemos e invitamos a visitar:

http://www.teologoresponde.com.ar/respuesta.asp?id=468

 

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¿Qué debemos pensar del Evangelio de Judas?

 

Responde: P. Miguel A. Fuentes, I.V.E.

Pregunta: Padre Miguel Ángel, mucho agradeceré su comentario al tema que ha salido ahora a la luz con lo del ´Evangelio de Judas´, pues las personas que saben que estamos estudiando la Biblia (yo pertenezco a un grupo de Biblia) nos hacen preguntas y yo pues realmente de esto no sé absolutamente nada. Necesito su comentario para tener armar para seguir defendiendo mi fe en Jesús verdadero Dios y verdadero Hombre. Gracias de antemano y Dios lo bendiga. Respuesta:

Estimada:

Le respondo con la ‘Declaración del presidente de la Conferencia Episcopal de Chile’
sobre el Evangelio de Judas´ (aparecida en Zenit, 13 de abril de 2006).

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Acerca del Evangelio de Judas

 

(Monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo de Rancagua por encargo del Comité Permanente de Chile)

Los medios de comunicación social han dado a conocer en estos días la publicación de un antiguo texto manuscrito encontrado en Suiza en 1983, en idioma copto y que correspondería a un supuesto «Evangelio de Judas». Con la intención de aclarar dudas y responder a muchas interrogantes, resulta interesante y oportuno entregar algunas orientaciones. Nos ayudará una reciente entrevista al P. Thomas D. Williams, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina Apostolorum de Roma (
Zenit, 6 de abril de 2006 ) y un artículo de opinión del sacerdote chileno P. Samuel Fernández, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile ( http://www.iglesia.cl ).

I. Evangelios Apócrifos

• El texto pareciera estar fechado entre el siglo IV y el siglo V, es decir, unos 300 ó 400 años después de la vida de Jesús. Es imposible, por lo tanto, que sea Judas su autor directo, sino que puede tratarse de una copia del «Evangelio de Judas», citado por San Ireneo de Lyon hacia el año 180.

• Fue redactado por la secta gnóstica de los Cainitas y presenta a Judas Iscariote de una manera positiva, como un personaje que sólo obedeció una supuesta orden divina de entregar a Jesús para que pudiera cumplirse la obra de salvación.

• Siempre se supo de la existencia de Evangelios Apócrifos, es decir, no inspirados porque no contienen la verdad acerca de la Revelación de Dios y su deseo de salvación para la humanidad y desde siempre fueron rechazados por el conjunto de la comunidad cristiana porque son incompatibles con la fe.

• La Iglesia nunca ha ocultado o negado la existencia de estos documentos. Al contrario, estos textos han sido publicados y están editados en muchas editoriales a través del mundo entero, como la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) o la Editorial Ciudad Nueva, entre otras.

• Los Evangelios Apócrifos no son reconocidos como inspirados por Dios porque simplemente buscaban satisfacer la curiosidad de algunos, o contenían leyendas fantasiosas respecto a Jesús, o explicaban opiniones particulares de algunos grupos religiosos acerca de Cristo. No buscaban la verdad más profunda sobre Dios y su obra salvadora.

• Algunos de estos Evangelios Apócrifos pertenecen a sectas gnósticas, como la de los Cainitas, cuyo propósito principal era reivindicar figuras del Antiguo y del Nuevo Testamento que cayeron en la maldad, como Caín (que mató a su hermano Abel) y como Judas (que traicionó a Jesús). Los gnósticos pretendían que la salvación se logra sólo por el conocimiento que tengamos de Dios, no por obra del amor y de la misericordia de Dios, que envió a su Hijo Jesús al mundo.

II. Diferencias entre cristianos y gnósticos

• La principal diferencia entre los gnósticos y los cristianos radica en su concepción acerca del origen del mal en el mundo. Los cristianos creemos en un Dios bueno que ha creado un mundo bueno. Los gnósticos creen en un Dios que ha creado el mal y ha creado al mundo de manera desordenada.

• Los cristianos creemos que la maldad nace a partir del mal ejercicio de la libertad con la que Dios nos ha creado, porque Dios siempre respeta nuestra libertad. Los gnósticos afirman que Dios quiere el mal en el mundo y por eso se explica la acción de los hombres malos, como Caín o Judas.

• Dios conoce todas nuestras intenciones, incluso los errores, pecados y decisiones equivocadas. A veces se vale de ellas para obtener un bien en su plan providencial para el hombre.

Asumiendo estas orientaciones y aclaraciones, podemos entender de mejor manera lo que puede representar un texto como el que comentamos y cómo ello no afecta en nada la fe y la doctrina católica. Así, podemos responder algunas otras interrogantes.

III. El drama de Judas

• ¿Cómo podemos entender el papel y la persona de Judas Iscariote? Judas fue, como todos los demás seres humanos, un hombre creado con el atributo de la libertad. No se puede decir que Dios buscó que Judas cayera en el mal y se viera obligado a cumplir un rol histórico ya determinado, como una opción fatalista a la que no podía sustraerse de ninguna manera. No nació con el sello de una condena fatal. Judas usó su libertad para hacer el mal.

• ¿Podemos saber si Judas se salvó o se condenó? La Iglesia, a través de los procesos de beatificación y de canonización de una persona, puede tener la absoluta certeza de la santidad de alguien y de que esa persona goza de la presencia eterna ante Dios, que ha practicado las virtudes cristianas y merece la gloria de Dios y la salvación eterna. Pero no puede tener la certeza absoluta de una condena eterna y de que alguna persona esté en esa condición. Ni siquiera respecto a Judas. Lo que la fe siempre ha manifestado es la inmensa bondad y misericordia de Dios. Sólo Dios conoce el destino de las personas. Cualquier ser humano puede arrepentirse de sus pecados y errores en el último momento de su existencia terrenal. El drama de Judas, más que la gravedad de su pecado en sí, fue su falta de esperanza, el hecho de cerrarse en sí mismo, en vez de reconocer su falta, llorar su pecado y volver al amor de Dios, como lo hizo, por ejemplo, el Apóstol Pedro.

• ¿Por qué despiertan tanto interés temas o libros como el «Evangelio de Judas» u otros similares? La obra musical «Jesucristo Superestrella» y algunos ejemplos de la literatura reciente nos muestran una figura de Judas que podríamos llamar «simpática» o «benevolente» respecto a este personaje. Ello llama la atención y es una invitación a que ese tratamiento de la persona redunde en éxitos mediáticos y comerciales, en una perspectiva sociológica, comunicacional o de la propia psicología humana.

IV. Jesús, Único Salvador de la Historia

• ¿Cuál es la única fuente segura para conocer la obra, las acciones y la enseñanza de Jesús? Sólo los Evangelios son considerados como obras inspiradas por Dios y se les reconoce una autoridad especial. Nos referimos a los textos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Son libros canónicos, reconocidos por el mismo pueblo fiel desde los inicios del cristianismo y luego por la autoridad de la Iglesia. Su mérito consiste en su antigüedad, en la autoridad de quienes los redactaron y que sus escritos se basan en el testimonio de testigos directos de su obra; testigos de su enseñanza, sus milagros, la condena, la muerte, la sepultura y la misma resurrección de Jesús. Mientras más tardíos sean algunos escritos, más dudosa se vuelve la autenticidad y fidelidad de la transmisión de estos hechos hasta nuestros días. El Nuevo Testamento en su conjunto refleja la plena seguridad en esta autenticidad y fidelidad.

• ¿Por qué la Obra y la Persona de Jesús resultan tan atrayentes, incluso para los que no creen en El? El sensacionalismo y la supuesta revelación de datos que contradicen lo esencial de la fe en Jesucristo ha sido un tema de todos los tiempos, no sólo de ahora. Hoy se habla del «Evangelio de Judas». Después se hablará de otro texto, de otro descubrimiento o de otras fantasías u opiniones particulares de grupos sectarios. Pero resulta muy significativo y hasta emocionante que la Persona de Jesús, el Redentor y Salvador de la humanidad, sea motivo de una «profunda fascinación», incluso para aquellos que no creen en Él, lo rechazan o tratan de desprestigiar su figura y su mensaje. Jesús a nadie deja indiferente. Para los que tenemos el don de la fe, es el Único - no hay otro - Salvador de la Historia.

• ¿Qué hemos de hacer los discípulos de Cristo? Renovar nuestra fe y nuestro amor a Jesús Redentor de la humanidad. Profundizar el fundamento histórico de nuestra fe cristiana, para no dejarnos sorprender por falsificadores de todo tipo como ya nos advierte la Santa Escritura: «Tengan cuidado de los falsos profetas» (Mt. 7, 15)

+ Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua -Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile
(Por encargo del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile)  - ZS06041320zernit

 

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Jesús, moda, historia y fe

 

En los últimos años estamos asistiendo a un importante resurgir de trabajos científicos y divulgativos en torno a Jesús y los orígenes del cristianismo. 

 

Nuevos estudios sobre la historicidad de los Evangelios

Por Santiago Ausín y Juan Chapa *

 

En los últimos años estamos asistiendo a un importante resurgir de trabajos científicos y divulgativos en torno a Jesús y los orígenes del cristianismo.  Algunos resucitan la crítica racionalista del siglo pasado; otros toman los datos históricos sin excluir la fe; los hay también que se aproximan al fideísmo.  En cualquier caso, libros recientes sobre Jesús han alcanzado amplia difusión en muchos países.  Con ocasión de la pasado Pascua, varios revistas internacionales (Time, Newsweek, U.S. News & World Report) han llevado a sus portadas la persona de Jesús. Es verdad que en parte esos reportajes recogen temas o libros sensacionalistas; pero no deja de ser sintomático que la figura de Jesús siga teniendo tanto atractivo.

 

Hay razones que explican esta floración de trabajos sobre Jesús en una sociedad, por otra parte, tan materialista y secularizada:

 

- Una es la proliferación de sectas fundamentalistas y la abundancia, sobre todo en América, de telepredicadores que con escaso rigor científico presentan los Evangelios como dictados letra a letra por Dios, menospreciando con malos modales la labor científica de la exégesis: "Si lees el Evangelio de Mateo --decía uno de estos predicadores--, puedes emplear dos tardes, y sacarás algún provecho y claridad.  Pero si escuchas a un estudioso del mismo Evangelio, necesitarás meses y terminarás cada día más confuso".  Irónico, pero lamentable.

 

- Otra razón, quizá la más relevante, es la novedad que han aportado los recientes descubrimientos de textos antiguos, tanto de la época inmediatamente anterior y contemporánea a Jesús (Qumrán: ver servicios 99 y 102/94), como de los primeros siglos de la Iglesia (apócrifos del Nuevo Testamento, textos gnósticos de Nag Hammadi, etc.). A partir de estos textos se conoce mejor la Palestina del siglo I y el ambiente del Imperio Romano en que se implantó la Iglesia.  Además, hoy más que nunca, las universidades y centros de estudio tienen a su alcance medios técnicos que agilizan el uso de textos hebreos, arameos, griegos o coptos.

 

- Un dato más es que la investigación de primera línea se ha trasladado en los últimos veinte años del área germana (Schweitzer, Bultmann, Käsemann, etc.) al ámbito anglo-norteamericano.  Quizá esto explica la difusión entre el gran público de hipótesis que en otro tiempo no traspasaban los límites de los especialistas.

 

Temas en discusión

 

Muchos de los autores contemporáneos son deudores de los planteamientos de principios de siglo.  Desde entonces está sobre el tapete la relación entre ciencia y fe, a veces planteada en términos de cultura y fe.  Aplicando ese binomio a la figura de Jesús, surgen varias preguntas. ¿El Cristo de la fe, es decir, el que creemos a partir de lo que sus discípulos nos trasmitieron tras su muerte y a la luz de la fe en su resurrección, es el mismo que el Jesús de la historia, el Jesús de Nazaret que predicó, se hizo seguir por unos discípulos y murió en la cruz? ¿Se puede demostrar científicamente la historicidad de lo que narran los Evangelios y de lo que confesamos en el Credo?

 

Otro tema que subyace en las cuestiones actuales es la relación entre la figura de Jesús y el cristianismo.  Cuanto más profundo parezca el foso de separación entre Jesús y el "movimiento religioso" que promovieron sus discípulos, más parecería tambalearse el cristianismo que profesan los bautizados.  De ahí las preguntas: ¿Tenía Jesús conciencia de ser el Mesías y el Hijo de Dios?; ¿era Jesús un personaje con especiales dotes de curación o era de verdad el Salvador y el Redentor de todos los hombres?

 

Testimonios acerca de Jesús

 

Para mostrar científicamente la historicidad de un acontecimiento de la antigüedad hay que tener en cuenta tres tipos de testimonios: los arqueológicos, los literarios externos y los literarios internos.

 

Los testimonios arqueológicos sobre Jesús son muy escasos, pues los cristianos tuvieron que abandonar precipitadamente Jerusalén y Palestina en el año 70.  No pudieron conservar ni lugares ni objetos pertenecientes a Jesús.  Es prácticamente imposible encontrar la casa de Nazaret, o la tumba en Jerusalén. Únicamente hay vestigios (piedra del Gólgota, templo herodiano de Jerusalén, disposición de casas o calles, etc.) que concuerdan con los datos geográficos de los Evangelios, y con antiguas tradiciones culturales en tomo a esos lugares.

 

Los testimonios literarios son, por tanto, prácticamente los únicos de que disponemos sobre Jesús. Éstos son muy importantes y variados.  Los más relevantes son los considerados como canónicos, es decir, Evangelios, Hechos de los Apóstoles y Epístolas.  Pero también hay que tener en cuenta la literatura extra-canónica, a saber, las alusiones que hacen el historiador judío Flavio Josefo y otros historiadores romanos.  Estos datos se comparan con fuentes literarias judías (apócrifos del Antiguo Testamento, manuscritos del Qumrán, los targumim o traducciones arameas de la Biblia, la literatura rabínica), con fuentes helenísticas (papiros mágicos, textos retóricos greco-romanos, escuelas filosóficas griegas) y con fuentes cristianas no canónicas (como apócrifos del Nuevo Testamento o textos gnósticos de Nag Hammadi, entre los que hoy muchos autores destacan el Evangelio de Tomás).

 

Cuatro búsquedas

  

La búsqueda (quest en inglés) del Jesús histórico se puede dividir en cuatro periodos:

 

1)    Old quest.  En 1778, con la publicación de la obra póstuma de Reimarus se inicia una etapa en la presentación de un Jesús distinto del que hasta entonces ofrecían el Nuevo Testamento y la tradición de la Iglesia.  Esta obra de carácter antidogmático, marca el comienzo de una búsqueda caracterizada por la subjetividad de las investigaciones sobre Jesús y cuyo ejemplo clásico es la Vida de Jesús de D.F. Strauss (1835).

 

2)    No quest.  A partir de 1921 se abre con Rudolf Bultmann una segunda etapa.  La distinción entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe que él propugnaba disocia el uno del otro al afirmar que lo que conocemos de Jesús es la imagen de un Jesús mitificado por sus discípulos.  Esta postura llevó a pensar que la búsqueda del Jesús histórico era prácticamente imposible.

 

3)    New quest.  En 1953, E. Kásemann reacciona contra su maestro Bultmann.  Se da comienzo así a una nueva etapa en la que se subraya la continuidad entre el Cristo de la fe y el Jesús histórico.  Aunque su postura supuso una reacción a la negación anterior, durante la década de los 60 y 70 hay todavía un cierto predominio de una actitud escéptica.  Se sigue manteniendo que es poco lo que podemos saber sobre Jesús.

 

4)    Third quest.  Más recientemente, en tomo a los años ´finales de los 70 y en la década de los 80, se ha producido una revitalización de la búsqueda del Jesús histórico.  Como ya se ha señalado, esto se ha debido en parte a la aparición de nuevas fuentes y a los nuevos métodos de interpretación aplicados a la Biblia.  Como consecuencia, se ha llegado a un consenso generalizado de que no sólo Jesús realmente existió, sino que ciertamente sabernos bastante o mucho de lo que Él hizo y dijo.  Ahora bien, no hay ni mucho menos un acuerdo sobre el cuánto y el cómo de lo que hizo y dijo.

 

Sin embargo, todavía en muchos ambientes sigue abierta la zanja entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe.  En consecuencia, predomina el interés por "depurar" los Evangelios canónicos de cualquier afirmación que contenga un mensaje de fe, mientras que se acepta con menor exigencia crítica el testimonio de escritos extrabíblicos, judíos o profanos, que se toman como fuente fiable de conocimiento sobre Jesús y sobre las primeras generaciones cristianas.  Con todo, hoy en día, en el campo de los estudios bíblicos se acepta que el Jesús histórico no tiene que ser necesariamente distinto del Cristo de la fe.

 

Es destacable el consenso en el carácter judío de Jesús -en parte por los estudios de Geza VerTnes (1), ex sacerdote católico de origen judío y en la actualidad profesor en Oxford, para quien Jesús es simplemente un judío más- y en el papel que jugó en la sociedad de su tiempo.  En este sentido se ha generalizado una perspectiva sociológica -iniciada principalmente por Gerd Theissen (2) a finales de los 70-, que presta una especial atención a la "identidad social" o al "tipo social" de Jesús, es decir, a la categoría en que los contemporáneos de Jesús le habrían colocado.

 

Sensacionalismo

 

Aprovechando el valor y la novedad de la investigación de los últimos años se entiende que aparezcan obras de carácter sensacionalista, divulgando lo más llamativo de algunas hipótesis todavía no demostradas.  Entre ellas destaca el libro "Los cinco Evangelios", editado por el Jesus seminar.  Este seminario, llamado así por los que lo fundaron en 1985, Robert W. Funk y John Dominic Crossan (3), está constituido por algunos estudiosos (incluido Paul Verhoeven, más conocido por ser director de películas como Instinto básico o Showgirls), que pretenden una nueva búsqueda del Jesús histórico.

 

Después de examinar más de 1.500 dichos atribuidos a Jesús en los cuatro Evangelios y en el Evangelio de Tomás, decidieron por votación qué palabras fueron realmente dichas por Jesús (en cuyo caso se presentan en rojo), cuáles puede dudarse si se originaron en Jesús (en rosa), aquellas que no son de Jesús pero contienen algunas ideas que son cercanas a él (en gris), y las que han sido embellecidas o creadas por sus seguidores, o tomadas de la sabiduría popular común (en negro).  El resultado fue que en "Los cinco evangelios" sólo un 18% del texto aparece en color rojo.  En un futuro próximo publicarán los "Hechos de Jesús" conforme al mismo procedimiento y, al parecer, con los mismos resultados.

 

Funk es un ex predicador evangélico preocupado por hacer llegar al gran público lo que se discutía en el mundo de la investigación.  Figura aún más destacada del seminario es Crossan, irlandés afincado en EE.UU., que fue religioso servita durante bastantes años y, gracias a su buena pluma y a una retórica formidable, ha conseguido vender miles de ejemplares de sus obras (4).  La figura de Jesús que presentan no tiene nada en común con la imagen que nos ofrecen los Evangelios.  Para Crossan, por ejemplo, Jesús era un campesino que siguió el modelo de los maestros itinerantes cínicos, predicando un programa de renovación social.  No hay espacio aquí para una crítica de su obra, pero en realidad el producto no difiere mucho de las subjetividades de la Old quest.  Investigadores más serenos han formulado severas recriminaciones al método y al resultado del Jesus seminar.

 

Invenciones y fantasías

 

En una línea también revolucionaria se encuentra Marcus Borg (5), que comenzó siendo luterano, pero, tras pasar por el budismo y el ateísmo, ha vuelto a un nuevo y personal cristianismo.  Borg propugna que Jesús fue una persona muy espiritual, un sabio subversivo, un profeta social fundador de un movimiento, una especie de curandero o un santón, un místico judío.

 

Hay otros libros basados en imaginaciones de los autores, a pesar de sus pretensiones académicas, como la obra de Barbara Thiering (6), que a partir de los manuscritos del Mar Muerto mezclados con datos de otras fuentes describe cómo Jesús no sólo no murió en la cruz, sino que se casó con María Magdalena, tuvo dos hijos, y después se divorció para casarse con Lidia, y morir quizá en Roma.

 

Merece una mención especial un libro que, si bien no puede calificarse de sensacionalista, está causando, sobre todo en Estados Unidos, cierto revuelo.  Tal es la obra de John Meier, sacerdote católico, profesor de la Universidad Católica de América en Washington (7).  En ella afirma que sólo hay datos suficientes para dibujar un boceto de lo que Jesús hizo y dijo.  Sin embargo, a pesar de su aparente erudición y cuidado en el manejo de los datos recogidos en un libro de 1.600 páginas, llega sin demostración convincente a conclusiones tan llamativas como que Jesús nació en Nazaret, no en Belén, y tuvo al menos cuatro hermanos y dos hermanas.  Otras muchas de sus afirmaciones son también muy discutibles.

 

Reacciones peligrosas

 

Ante semejantes posturas surgen reacciones, igualmente sensacionalistas, de personas que se presentan como defensoras de la verdad del Evangelio.  Tratan de refutar los argumentos de autores como los arriba mencionados con igual apasionamiento y sirviéndose también del mismo estilo divulgativo.  Este es el caso de Luke Timothy Johnson, que ha arremetido sin piedad contra los "nuevos descubrimientos" sobre Jesús (8).  Johnson, que dejó el sacerdocio para casarse con una divorciada y a quien se le había prohibido enseñar en escuelas católicas, a la vez que muestra certeramente muchos de los puntos débiles de la investigación sobre Jesús, deja entrever una actitud antihistoricista que favorece posturas acientíficas y fideístas.  Defiende ciertamente que los Evangelios y las cartas de Pablo y otros pocos textos no canónicos proporcionan una historia creíble de Jesús; pero también asegura que eso no tiene especial interés, pues lo que importa es el mensaje de Jesús y lo que significa para la vida de cada persona.

 

Otra reacción igualmente peligrosa es presentar como incontestables algunos testimonios que no están suficientemente probados.  Así, Carsten Peter Thiede viene divulgando la existencia de un texto de Marcos en Qumrán, o que unos fragmentos de un papiro del Evangelio de Mateo hasta ahora datado en el siglo II, son realmente del año 70 d.C. (9).  Sus afirmaciones, no obstante, se apoyan en argumentos muy débiles y en un método inadecuado.

 

Para saber enjuiciar

 

Ante esta situación, cabe alegrarse por el auge de los trabajos en torno a la figura de Jesús.  Ahora bien, para no caer en actitudes simplistas y saber enjuiciar obras como las que han aparecido recientemente y otras que probablemente se publicarán, puede ser conveniente recordar algunos criterios que sirvan como referencia.

 

a)    La separación entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe induce a error.  La fe de la Iglesia cree en un solo Jesucristo, el Hijo de Dios, nacido de María Virgen, que murió y resucitó.

 

b)    Los estudios científicos sobre la vida de Jesús proporcionan nuevos detalles que ayudan a una mejor comprensión de lo que Jesús hizo y dijo, o de quién o cómo era Jesús a los ojos de sus contemporáneos.  Pero el carácter científico de un libro que presente como novedad datos que contradigan a los Evangelios cae bajo sospecha.  Los testimonios de los Evangelios y las cartas de San Pablo son fiables para un cristiano no sólo por la fe en la Iglesia, sino porque están avalados históricamente como más fiables que los otros.

 

e)    A la hora de leer los Evangelios se ha de tener en cuenta que hay dos posibles lecturas compatibles entre sí. La lectio divina o lectura que se hace de los Evangelios como palabra de Dios, que tiene por objeto central a Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas, su pasión y su glorificación; y una lectura científica, que no se opone ni contradice a la primera, sino que la completa al estudiar los Evangelios como documentos de la antigüedad, en orden a una mejor comprensión e interpretación.  Para ello se aplican los métodos histórico-críticos, que permiten una mayor profundización y conocimiento de las Escrituras.

Ambas lecturas compaginan la realidad de lo que son los Evangelios: relatos procedentes de discípulos testigos de la resurrección de Jesús, escritos con una ayuda especial del Espíritu Santo, y destinados a proclamar el mensaje cristiano a unas comunidades concretas.  Por tanto, los cristianos no van a rechazar los estudios que traten de exponer de manera científica lo que se contiene en los escritos canónicos, ni van a tener miedo de que su lectura desde la fe de la Iglesia vaya a ser una lectura fundamentalista que entienda el texto al pie de la letra en todos sus detalles.  Al contrario, con la ventaja que proporciona la seguridad de que no hay oposición entre fe y razón, los cristianos acogerán todo lo que la ciencia aporte como una ayuda para un mayor conocimiento del Jesús terreno, el Hijo de Dios hecho hombre.

*Santiago Ausín y Juan Chapa
son profesores de Sagrada Escritura de la Universidad de Navarra.

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(1)       G. Vermes, Jesus the Jew, Nueva York, 1973 (Jesús el judío, Barcelona, 1977); Jesus and the World of Judaism, Londres, 1983; The Religion of Jesus the Jew, Londres, 1993 (La religión de Jesús el judío, Madrid, 1996). (2) G. Theissen, Studien zur Soziologie des Urchristentums, Tubinga, 1979 (Sociología del movimiento de Jesús, Santander, 1985); La sombra del Galileo.  Las investigaciones históricas sobre Jesús traducidas a un relato, Salamanca, 1988.

(3)     R.W. Funk, R.W. Hoover and the Jesus Seminar, The Five Gospels.  The Searchfor the Authentic Words of Jesus, Sonoma, 1993.

(4)     J.-D. Crossan, Historical Jesus.  The Life of a Mediterranean Jewish Peasant, San Francisco, 1991 (Jesús: vida de un campesino

judío, Barcelona, 1994); Jesus.  A Revolutionary Biography, San Francisco, 1994; Who killed Jesus?, San Francisco, 1996.

(5)     M.J. Borg, Meeting Jesus Again for the First Time, San Francisco, 1994.

(6)     B. Thiering, Jesus and the Riddle of the Dead Sea Scrolls.  Unlocking the Secrets of His Life Story, San Francisco, 1992.  Para una crítica de este libro, cfr. 0. Betz-R.  Riesner, Jesús, Qumrán y el Vaticano, Barcelona, 1994, especialmente pp. 139-156 (ver servicio 53/95).

(7)     J.P. Meier, A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus (2 vols.), Nueva York, 1991-1995.

(8)     L.T. Johnson, The Real Jesus: The Misguided Quest for the Historical Jesus and the Truth of the Traditional Gospels, San Francisco, 1996.

(9)     C.P. Thiede, Rekindling the Word: In Search of Gospel Truth, Leominster (U.K.)-Valley Forge, PA (USA)-Alexandria (Australia),

1995; C.P. Thiede-M.  D´Ancona, The Jesus Papyrus, 1996.

 

Sugerencias de lecturas

 

René Latourelle, A Jesús el Cristo por los Evangelios. Hístoria y hermenéutica, Sígueme, Salamanca, 3ª ed., 1992; t.o.: L´accés á Jésus par les Évangiles.  Histoire et herméneutique. Escrito desde la perspectiva de la teología fundamental, con carácter histórico y hermenéutica, busca la posibilidad de alcanzar un conocimiento sólido de Jesús a través de los Evangelios.  Tienen especial interés las páginas 9-126.

José Caba, De los Evangelios al Jesús Histórico, BAC,

Madrid, 2ª  ed., 1980. Introducción a la cristología desde el punto de vista bíblico (de 1970; bibliografía actualizada en la 2.ª edición).

José María Casciaro, Jesús de Nazaret, Alga Editores, Murcia, 1994.

Obra de carácter divulgativo dirigida a toda clase de públicos (ver ACEPRENSA, servicio 169/94).

 

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¿Vuelven las sectas gnósticas?

 

Llucià Pou Sabaté

Explicamos qué es el gnosticismo y por qué vuelve en novelas, películas y evangelios de Judas, por la incultura religiosa de la gente

 

Las sectas “gnósticas” (gnosis: conocimiento) tienen elementos variados: iranios, mesopotámicos, griegos (platonismo, pitagorismo), de tradición apocalíptica judía... y se extendieron por occidente hasta constituir el peligro más grande que ha tenido la fe cristiana, cuando ésta aún era incipiente.

Buscaban la salvación por
un “conocimiento” reservado a algunos, los “espirituales”, y requerían un rito de “iniciación”.

 

Su doctrina resumida es: el mundo material es una catástrofe cósmica, donde hay chispas de la divinidad atrapadas en la materia, que desean liberarse, a través de una toma de conciencia (conocimiento) de la esclavitud y del origen divino: es la “gnosis”.

Se trata de
una “autosalvación”, “autodivinización”, o reencarnación, o panteísmo, con lenguaje esotérico y barniz cristiano, pero sin ninguna idea de Cristo.

Es como un amalgama de mitos, y difícil de aclarar, pues a semejanza de la hidra, tienen muchas cabezas y siempre van cambiando.

Hoy día
influye en la literatura New Age, y ahora como entonces atacan la Iglesia. Se presenta como una revisión histórica, y aquí se ve la poca altura científica de los divulgadores de esas noticias, o quizá la ideología que está detrás de esas “promociones”, para vender de paso la película que recientemente se estrenará, con argumento parecido.

El título del reportaje,
“El Evangelio prohibido de Judas”, ya indica que se aprovecha el sensacionalismo sobre el tema de Jesús (que siempre despierta interés), pero estamos en un mundo de la banalidad, donde interesa lo exótico, más que la verdad.

Al igual que hicieron estos divulgadores con una falsa prueba de carbono 14 sobre la Sábana Santa, hace una docena de años, tienen como armas la mentira (a base de verdades a medias), y algunos ingredientes que tienen éxito, como son lo misterioso y esotérico, ya que eso tiene más acogida que la verdadera historia.

El evangelio “de Judas”, es de la secta “caínica”, seguidores de los asesinos bíblicos, y de aquí las expresiones del papiro:


“Apártate de los demás y te contaré los misterios del reino. Es posible que lo alcances, pero será para ti motivo de gran aflicción”.

“Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones, y vendrás para reinar sobre ellos. En los últimos días maldecirán tu ascensión a la [generación] sagrada”.

“Tú serás el apóstol maldito por todos los demás. Tú, Judas, ofrecerás el sacrificio de este cuerpo de hombre del que estoy revestido”.

“Y fueron a Judas y le dijeron: Aunque en este lugar no hagas el bien, eres un auténtico discípulo de Jesús. Y él les dijo lo que querían oír. Y lo entregó.
Éste es el fin del evangelio de Judas”.


Ante un Dios bueno (cristiano)
los gnósticos tienen un dios que ha creado el mal y un mundo caótico. Pero para los cristianos Dios nunca quiere el mal, su voluntad en todo caso lo permite (deja que las cosas pasen, aunque al saberlo todo, porque está fuera del tiempo, sabe qué pasará), y lo que "permite", pues ya dijo Jesús sobre el traidor que "más le valdría no haber nacido", pues aunque estuviera "previsto" (en el sentido de que Dios sabe lo que pasará) no significa esto que todo sea bueno por igual.

Gracias a san Ireneo de Lyon conocemos mucho de estas sectas, su análisis es sereno y honrado; cuenta que para ellos Judas sería "el único de los discípulos que ha poseído el ´conocimiento´ (gnosis) de la verdad". De ahí que él "ha llevado a término el ´misterio´ de la traición" y por eso han "fabricado un escrito a quien llaman Evangelio de Judas". En síntesis, la idea sería que sólo Judas es el iluminado por la "nube luminosa", el modelo, el elegido, etc., por llevar a cabo su misión.

"Tú excederás a todos los demás, pues tú sacrificarás al hombre que encarno", dicen algunos en la traducción, pero
mejor sería traducir "el hombre que me reviste", como señala Armand Puig, pues esta secta no cree en que Jesús se encarne, en realidad no es Jesús sino una apariencia (para ellos Dios no puede hacerse hombre), aquel cuerpo es sólo un envoltorio.

Recordemos la visión platónica de que el cuerpo es la cárcel del alma, y así Judas al quitar el cuerpo de Jesús lo ha liberado. La cruz es -dicen ellos- un teatro sin realidad, como también ocurre en la fábula del Código Da Vinci: pintan un Jesús inventado, que no muere en la Cruz.

Vemos ahí dos elementos comunes a otros textos similares:
decir que el iniciado es “el elegido”, y la sospecha de la iglesia oficial, como si hubiera una conspiración, y una vía secreta auténtica.

Pero ya nos advierte la Biblia: “
ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo han hablado de parte de Dios” (2 Pe 1,20). Recordemos lo que cuenta también el Nuevo Testamento de Simón el Mago, que pregunta a San Pedro sus “secretos”, en lugar de reconocer con humildad la fe; sería el prototipo de “gnosis”.

Lo penoso es que la ignorancia en materia de cultura religiosa es cada vez más grande, eso hace a la gente vulnerable frente a noticias descontextualizadas (libros, revistas, sectas, conferencias, películas) donde la religión se pone al mismo nivel que la ficción (la película de hace pocos años “
Los otros” es un ejemplo, o ahora “El Código Da Vinci”).

El padre Raniero Cantalamessa recordó estos días en su predicación en el Vaticano aquello de San Pablo: «Vendrá un tiempo en que
los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas», y se refería a los que llevan con “hábiles retocadores de antiguas leyendas a creer que Jesús de Nazaret nunca fue, en realidad, crucificado... Personas que jamás se molestarían en leer un análisis serio de las tradiciones históricas sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús, son fascinadas por cada nueva teoría según la cual Él no fue crucificado y no murió, especialmente si la continuación de la historia incluye su fuga con María Magdalena hacia La India... [o hacia Francia, según la versión más actualizada]…»

Y aprovechó para “actualizar” el mensaje: «Se habla mucho de la traición de Judas, y no se percibe que se está repitiendo: Cristo sigue siendo vendido, ya no a los jefes del Sanedrín por treinta denarios, sino a editores y libreros por miles de millones de denarios». Además, es una «ola especulativa... Estamos en la era de los medios de comunicación, y a los medios más que la verdad les interesa la novedad». 2006-04-21

Agradecemos la fonte: http://www.forumlibertas.com/

 

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Tertuliano – ‘Diatriba antignóstica’.

 

No voy a omitir la descripción, incluso, de la conducta misma de los herejes: qué fútil, qué terrena, qué humana es, sin seriedad, sin autoridad, sin disciplina, como congruente con su fe.

Ante todo resulta incierto quién es catecúmeno, quién es fiel: todos igualmente entran, igualmente oyen, igualmente oran; aun cuando lleguen inesperadamente unos paganos, ellos echarán lo santo a los perros y las perlas -aunque falsas- a los puercos.

Sostienen que la simplicidad consiste en la subversión de la disciplina, a cuyo cuidado por parte nuestra llaman afectación. Incluso la paz, la comparten con todos sin distinción; pues nada les importa, aun cuando enseñen cosas contrarias, con tal de que se coaliguen para atacar la única verdad.

Todos están hinchados de orgullo, todos prometen la ciencia. Los catecúmenos son perfectos antes de ser instruidos. Las mujeres heréticas mismas, ¡qué procaces!, pues se atreven a enseñar, disputar, realizar exorcismos, prometer curaciones, acaso hasta a bautizar.

Sus ordenaciones son temerarias, frívolas, inconstantes: ahora promueven a neófitos, ahora a hombres atrapados por el siglo, ahora a nuestros apóstatas, para tenerlos cogidos con la vanagloria, ya que no pueden con la verdad. En ninguna parte se hace carrera más fácilmente que en el campamento de los rebeldes, donde el mismo estar allí es ya un mérito. Y así, hoy es obispo uno, mañana otro; hoy es diácono el que mañana será lector; hoy es presbítero el que mañana será laico. Porque también a los laicos encargan funciones sacerdotales.


Por otro lado, ¿qué diré sobre la administración de la palabra, cuando su ocupación no es la de convertir a los paganos, sino la de abatir a los nuestros? Esta es la gloria que, más bien, tratan de conseguir: ver si causan la caída a los que se mantienen firmes, no la elevación a los que están caídos.

Porque incluso su obra misma no proviene de sus propios materiales sino de la destrucción de la verdad, minan nuestra casa para edificar la suya. Quítales la Ley de Moisés y los Profetas y al Dios creador: ya no son capaces de proferir acusación alguna. Así ocurre que más fácilmente causan la ruina de los edificios que están en pie que la reconstrucción de las ruinas que yacen en tierra.

Sólo para estas tareas se muestran humildes, mansos y sumisos. Por lo demás, ni siquiera para con sus presidentes conocen la reverencia.

Y éste es el motivo por el que casi no hay cismas entre los herejes, pues, aun cuando los haya, no aparecen: en realidad, el cisma es la unidad para ellos.

Miento si no es verdad que, entre ellos, se apartan incluso de sus propias reglas, por cuanto cada uno, precisamente, modula a su arbitrio las cosas que ha recibido, así como las ha compuesto a su arbitrio quien las ha transmitido. El desarrollo de una cosa confirma la naturaleza y la índole de su origen. Los valentinianos se han permitido lo mismo que Valentín, los marcionitas lo mismo que Marción: innovar a su arbitrio la fe. En consecuencia, todas las herejías, examinadas a fondo, se presentan discordantes en muchos puntos con sus fundadores.

La mayoría de los herejes no tienen ni iglesias: sin madre, sin sede, sin credibilidad, andan errantes como desterrados silbados por todos.

Han sido señaladas, además, las relaciones de los herejes con numerosísimos magos, con charlatanes, con astrólogos, con filósofos, o sea, con individuos entregados también a la curiosidad. En todas partes se acuerdan del "buscad y encontraréis".

Por tanto, también por el tipo de vida se puede reconocer la calidad de la fe: la disciplina es un índice de la doctrina. Niegan que se deba temer a Dios: por tanto, todo es libre y permitido para ellos. Pero ¿dónde no es temido Dios sino donde no existe? Donde Dios no existe, tampoco existe verdad alguna; donde no existe verdad alguna, con razón existe también una semejante disciplina.

Por el contrario, donde existe Dios, allí existe el temor de Dios, que es el comienzo de la sabiduría. Donde existe el temor de Dios, allí existe una gravedad digna, y una diligencia atenta, y un cuidado solícito, y una elección probada, y una comunión deliberada, y una promoción merecida, y una sumisión religiosa, y un servicio fiel, y un andar modesto, y una iglesia unida, y todas las cosas de Dios.
Tertuliano. Prescripciones contra todas las herejías.

                                            

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San Ireneo. Contra el dualismo

gnóstico y marcionita.

 

Porque el Señor, dándose a conocer a sus discípulos -cómo es la persona del Verbo que produce la agnición del Padre- y echando en rostro a los Judíos su pretensión de poseer a Dios con menoscabo de su Verbo, por cuyo medio es conocido Dios, decía (Mt 11,27; Lc 10,22): "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni conoce nadie al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiera revelar". Así escribió Mateo, y parecidamente Lucas, y lo mismo Marcos (sic); pues Juan pasa el lugar por alto. Estos, empero, que quieren ser más entendidos que los Apóstoles, escriben así: ´Nadie conoció al Padre sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre y aquel a quien el Hijo quisiera revelar´. Y lo interpretan como si ninguno hubiera conocido al verdadero Dios antes de la venida de nuestro Señor. El Dios anunciado por los profetas, dicen, no es el Padre de Cristo.

2. Pero si Cristo comenzó a existir cuando su venida como hombre, y (solamente) desde los tiempos de Tiberio César se acordó el Padre de mirar por los hombres, y no siempre mostraba haber asistido el Verbo suyo al plasma: ni siquiera entonces era menester inventar otro Dios, sino inquirir las razones de tanta incuria y descuido. Porque no ha de haber tal interrogante ni que tanto valga que reclame cambiar de Dios y aniquile nuestra fe en el Demiurgo que nos alimenta mediante su creación. Pues así como dirigimos nuestra fe al Hijo, así también debemos tener amor firme e inmóvil al Padre. Dice muy bien Justino en su libro "Contra Marción": ´Al propio Señor (Jesús) no le habría yo creído, si anunciara otro Dios fuera del Demiurgo y Autor y Nutricio nuestro. Mas como a partir del Dios único, que hizo este mundo y nos plasmó y todo lo contiene y administra, vino el Hijo Unigénito a nosotros recapitulando en Sí su plasma, es firme mi fe en él e inmutable el amor (mío) al Padre, dones ambos del Señor a nosotros´.

3. En efecto, ni al Padre puede uno conocer sin el Verbo de Dios, esto es sin revelación del Hijo (Mt 11,27; Lc 10,22), ni al Hijo sin el beneplácito del Padre (Mt 11,26; Lc 10,21). El Hijo da cumplimiento al beneplácito del Padre: envía el Padre, es enviado y viene el Hijo. Al Padre, invisible e infinito para nosotros, le conoce su Verbo; inenarrable como es, él (= el Verbo) nos le declara (cf. Io 1,18). A su vez, al Verbo suyo le conoce solo el Padre: que ambas cosas tienen así lugar lo manifestó el Señor. Y por eso, el Hijo, mediante la propia manifestación, revela el conocimiento del Padre. Pues el conocimiento del Padre es lo que el Hijo manifiesta: ya que todas las cosas se manifiestan por medio del Verbo. A fin, pues, de que conociéramos que el Hijo venido (a nosotros) es el mismo que otorga el conocimiento del Padre a quienes creen en él, decía a los discípulos: "Nadie conoce al Padre sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre y aquellos a quienes revelare el Hijo". Dábase a conocer a sí mismo y al Padre, tal como es, no fuéramos a admitir otro Padre fuera del revelado por el Hijo.

4. Este (= el Padre) es el Creador "del cielo y de la tierra" (Mt 11,25; Lc 10,21), como lo muestran sus palabras; y no el falso Padre inventado por Marción, o por Valentín, Basílides, Carpócrates, Simón o los demás falsamente apellidados Gnósticos. Poque ninguno de ellos fue Hijo de Dios, sino Cristo Jesús nuestro Señor, contra el cual adoctrinan, osando anunciar un Dios ignoto. Oigan en contra suya: ¿Cómo (es Dios) incógnito, si le conocen ellos? Lo conocido aun de pocos, no es incógnito. Por lo demás, nunca dijo el Señor que el Padre y el Hijo no podían en modo alguno ser conocidos. Si así fuera, estaría de sobra su venida. ¿A qué venía aquí? ¿Acaso a decirnos: ´No queráis buscar a Dios; porque, incógnito como es, no daréis con él´; tal afirman con mentira los valentinianos haber dicho el Cristo a los eones. Esto es necio. Enseñó empero el Señor que nadie puede conocer a Dios sin que le enseñe Dios, esto es, sin Dios no hay conocer a Dios; empero esto mismo -el ser conocido Él- es voluntad del Padre. Porque le conocen aquellos a quenes se lo revelare el Hijo.

5. A tal fin reveló el Padre al Hijo para manifestarse por su medio, y acoger en la incorruptela y refrigerio eterno a los que creen en él -creer empero en él es hacer su voluntad-, y recluir justamente en las tinieblas por ellos elegidas a quienes no creen y huyen por lo mismo de su luz. A todos, pues, se reveló a Sí el Padre, haciendo para todos visible a su Verbo; a su vez el Verbo, hecho visible a todos, manifestaba a todos al Padre y al Hijo. Habrá por ende justo juicio de Dios para todos los que, viendo por igual, no han creído por igual.

6. En efecto, el Verbo revela mediante la Creación al Dios Creador, y mediante al mundo al Señor Autor del mundo, y mediante el plasma al artífice Plasmador, y mediante el Hijo al Padre engendrador del Hijo. Estas cosas las profesan todos por igual, mas no las creen por igual. También mediante la Ley y los profetas anunciaba el Verbo por igual a Sí mismo y al Padre; y todo el pueblo oyó por igual, mas no todos creyeron por igual. Mediante el propio Verbo hecho visible y palpable manifestábase el Padre; y aunque no todos creían por igual en él, todos vieron en el Hijo al Padre (cf. Io 14,9): pues el Padre es lo invisible del Hijo, como el Hijo es lo visible del Padre. Por eso todos invocaban en su presencia a Cristo y le llamaban Dios. Los mismos demonios, a la vista del Hijo, decían (Mc 1,24; Lc 4,34): "Sabemos quién eres, el Santo de Dios". El diablo, a vista de él, (le) decía tentando (Mt 4,3; Lc 4,3): "Si tú eres el Hijo de Dios". Todos, por cierto, veían e invocaban al Hijo y al Padre, mas no todos creían.

7. Convenía que la verdad fuera atestiguada por todos; y que haya un Juicio para salud de los creyentes; de suerte que sean todos juzgados con justicia; y todos comprueben la fe en el Padre y el Hijo, esto es, que todos la confirmen, con testimonio de todos: los de casa, porque amigos, y los extraños, porque enemigos. Pues aquélla es verdadera e incontrastada prueba que aduce testificaciones sigiladas de los propios adversarios, convictos en el presente negocio ante su manifiesta visión, que testifican y sellan, aunque luego pasen al campo enemigo y acusen y pretendan no ser verdadero su (anterior) testimonio. No era, pues, uno el conocido, y otro el que decía "Nadie conoce al Padre", sino uno solo y mismo, a quien el Padre somete todas las cosas (cf. 1 Cor 15,27), y a quien todas testifican ser en verdad hombre y también Dios: el Padre, el Espíritu, los ángeles, la propia creación, los hombres, los espíritus apóstatas, los demonios, el enemigo, y últimamente la muerte misma (1 Cor 15,25-26). Todas las cosas las lleva a perfección el Hijo desde el principio hasta el fin, en su servicio al Padre, y nadie sin él puede conocer a Dios. Conocimiento del Padre es el Hijo, y conocimiento del Hijo hay en el Padre, y revelado mediante el Hijo. Por eso decía el Señor (Mt 11,27; Lc 10,22): "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes revelare el Hijo". "Revelare" no solamente se dijo en futuro, como si el Verbo hubiera comenzado a manifestar al Padre, a partir del nacimiento de María, sino en general por todo el tiempo. Porque estando el Hijo desde el principio presente a su plasma, revela (siempre) a todos al Padre: a quienes quiere y cuando quiere y como quiere el Padre. En todas las cosas, pues, y a través de todas hay un solo Dios Padre y un solo Verbo Hijo y un solo Espíritu y una sola salud para todos los que en Él creen.
San Ireneo. Contra las herejías, Libro IV, Cap. VI.                                            

 

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El crecimiento constante de la Iglesia naciente durante los primeros tres siglos hasta el Edicto de Milán a comienzos del cuarto siglo, se produjo por medio del testimonio y la influencia personal de miles de cristianos y sus familias. Al correr de más siglos, los ideales cristianos puestos en práctica por las personas y las familias, fue gradualmente transformando Occidente en una forma de cultura cristiana que conocemos como la Edad Media. En nuestros tiempos, luego de la disolución gradual de dicha cultura, en parte a través de eventos históricos tales como la Reforma, la era de la Ilustración y los conflictos titánicos de ideas e ideologías de los últimos dos siglos (Darwinismo, Marxismo, Freudianismo y otros), nos toca a nosotros hacer lo mismo. El éxito parcial de estas diversas herejías e ideologías en la escena mundial se ha debido en parte al hecho que un porcentaje grande de laicos católicos durante los últimos siglos, han estado ausentes del combate en el sentido apostólico, contentos en su ignorancia y dejando que el clero y los religiosos hicieran el trabajo pesado. Padre John McCloskey – 2005.

 

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Si vamos a la raíz de lo que origina estos desacuerdos [con evangélicos-diversas sectas protestantes], vemos que ocurren cuando cada persona al estar convencida de que su interpretación de la Biblia es la correcta, simplemente la del otro es una herejía. Para este tipo de Iglesias y personas que no aceptan que lo que la Biblia dice “puede” ser diferente a los que ellos interpretan, nunca será posible reconocer que la otra parte puede tener argumentos bíblicos para pensar lo que piensa, y nunca buscará conciliar diferencias como lo hacían los primeros cristianos en la Iglesia primitiva (Hechos 15) deliberando unidos en Concilio.

Mientras la Iglesia Católica siempre ha seguido el modelo bíblico y ha tomado sus decisiones en conjunto y dichas decisiones han sido acatadas por los fieles, para las iglesias protestantes las decisiones tomadas por la Iglesia en concilio son “palabras de hombre”, les importa “un pepino” y se ven obligadas a reinterpretar todas las Escrituras una y otra vez, generación tras generación, basándose en la interpretación humana de su fundador. Cosa que es mucho peor porque es la interpretación de un individuo versus la interpretación de la Iglesia entera.

Scoth Hann un Ex–pastor presbiteriano ahora convertido al catolicismo resume esto en una frase que dice: “Mientras los protestantes están discutiendo el menú, nosotros estamos disfrutando el banquete”.

Por eso dice la Escritura:

“Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios.” 2 Pedro 1,20-21

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»” Mateo 16,17-18

 

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Nuestras divisiones contrastan con la voluntad de Jesús y nos desautorizan ante los hombres. Creo que deberíamos esforzarnos con renovada energía y gran empeño por dar un testimonio común en el ámbito de estos grandes desafíos éticos de nuestro tiempo.

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«LUTERO»

 

Apuntes sobre Lutero y el Protestantismo. A propósito de la película "Lutero".

Escrito por Jesús de las Heras Muela - Director de Ecclesia
ECCLESIA DIGITAL


Los cines españoles exhiben estos días el filme "Lutero", dirigido en 2003 por Eric Tiill y protagonizado por Joseph Fiennes, conocido por su actuación en la laureada película "Shakespeare in love", y con el papel también estelar del gran Peter Ustinov, ya fallecido.

"Lutero" es una reconstrucción histórica y militante de los veinte años cruciales -entre 1510 y 1530- que marcaron la vida y la obra de Martín Lutero, uno de los personajes más decisivos en la historia moderna y contemporánea. Sin entrar en una valoración estrictamente cinematográfica -vaya por delante el reconocimiento a su buena puesta escena y ambientación, magnífica interpretación y espléndida banda sonora-, estas líneas, desde una perspectiva confesionalmente católica, buscan situar en su texto y en su contexto al personaje objeto del filme, a su obra y a su tan destacado influjo.

¿Quién fue Martín Lutero?

Nacido en Eisleben, en la Alemania profunda de Sajonia, el 10 de noviembre de 1483, Martín Lutero creció en un ambiente familiar espartano y agrio. Estudió Teología con los Hermanos de la Vida Común en Eisenach y Filosofía con los Agustinos en Erfurt, en una cátedra saturada del llamado pensamiento nominalista, que estaba cargado de relativismo.

En 1505 se hace fraile agustino y recibe poco después –el 2 de mayo de aquel mismo año-.la ordenación sacerdotal. Aquí comienza la película tras una escena previa de la pavorosa tormenta del día de Santa Marta, que casi ocasiona la muerte de Lutero y que marcará su vida.

Su carácter, reflejado desigualmente en la película, ofrecía inequívocos rasgos de melancolía y tristeza y una fuerte y, a veces, contradictoria personalidad. De sincera y voluntarista religiosidad, vivía obsesionado por los escrúpulos, se estremecía sobremanera por la cruz, percibía a veces a Jesucristo como verdugo y le obsesionaba la idea de la predestinación y de la salvación eternas.

Entre 1510 y 1511 marcha a Roma comisionado por su Orden Religiosa para la reforma de la misma. Sus primeras impresiones -reales, pero demasiado exageradas en el filme- no fueron muy distintas a las de cualquier otro peregrino y será con el paso de los años y también en aras a la leyenda cuando el propio Lutero y sus seguidores las extremen.

En 1511 regresa a Alemania y es enviado como profesor a la Universidad de Wittemberg, que era la Universidad del Príncipe de Sajonia. Pronto se hace popular por su radicalismo y por sus ansias de autenticidad. Llega entonces a esta ciudad el fraile dominico Juan Tetzel a predicar las indulgencias y las ideas y los sentimientos de Lutero se exacerban.

El 31 de octubre de 1517 publicaba sus célebres 95 tesis de protesta en la puerta de la Universidad de Wittermberg –los historiadores dudan de la veracidad concreta de esta escena, no de su contenido- y comienza, ya de modo irreversible, el proceso que desembocará no sólo en la llamada comúnmente reforma luterana o protestante, sino una verdadera revolución o ruptura con la Iglesia Romana.

Las causas de la reforma protestante

La historiografía moderna más contrastada ha abandonado ya las tesis o soluciones monistas de la reforma protestante o luterana para hablar de una multiplicad o conjunto de causas. La película "Lutero" parece, no obstante, abonarse más a las primeras tesis.

Entre estas soluciones monistas o aisladas los historiadores habla de seis: su viaje a Roma de 1510, la construcción de la nueva Basílica de San Pedro de Roma y la consiguiente predicación de las indulgencias para sufragar sus gastos, el abusivo culto a las reliquias, una toma de conciencia por parte de las masas populares de la opresión religiosa -es la tesis de Karl Marx- con consecuencias económicas de pobreza para el pueblo, la necesaria renovación del cristianismo y el efecto de unas sucesivas crisis personales de Lutero, acentuadas por su compleja personalidad.

En el filme que nos ocupa abunda en las dos primeras razones, refleja la tercera y apunta ligeramente hacia la cuarta, sin un desarrollo fílmico y argumental al respecto convincente.

Sin descartar como "sumandos" ninguna de estas causas menores, los historiadores convergen hoy día en presentar el luteranismo como un complejo conjunto y entramado de factores. Unos son de carácter religioso como la debilitación progresiva de la autoridad moral papal y la mundanización de la jerarquía -excesivamente mostrada en la película-, los fallidos intentos de reforma desde el interior de la Iglesia y la decadencia de la Filosofía y de la Teología.

Más importantes todavía fueron las razones políticas y sociales, que la película no ignora, pero que, al mostrarlas sin argumento fílmico propio, impide al espectador no versado en estos temas captar su verdadero alcance. Estas razones políticas eran el nacionalismo alemán antiromano y antipontificio, el rechazo en Alemania a la dinastía de los Ausburgos, encarnada entonces por un jovencísimo Carlos V de Alemania y I de España, la estructura social feudal alemana que acentuaba la división clasista en la sociedad y ahogaba las justas reivindicaciones del proletariado agrario y de la pequeña burguesía y unos años de malas cosechas que hicieron cundir el hambre, lo cual fue hábilmente instrumentalizado por los Príncipes alemanes en su intento de robustecer su poder autónomo y nacionalista.

La imprenta y la equidistancia

Al desarrollo del Luteranismo contribuyó de manera decisiva la imprenta, descubierta, en lares alemanes precisamente, setenta años antes. La imprenta otorgó a las tesis y a los escritos de Lutero una difusión hasta entonces inaudita. La película refleja correctamente esta realidad.

Por último y lejos de planteamientos maniqueos acerca de Lutero como mito de excelencia y de libertad o mito de perversión e inmoralidad, su compleja personalidad y psicología, sus "filias" y sus célebres "fobias" -el demonio, los judíos, los turcos y el Papa-, el factor humano de Martín Lutero, añadió a todo este cúmulo de causas la gota que colmó el vaso, la chispa que prendió el cañaveral.

Principios y consecuencias de Lutero

La Teología luterana se hizo fuerte -escribimos esquemáticamente en aras a la sencillez y a la mejor compresión de las cosas- en cuatro grandes ideas o principios excluyentes: Su sí a “solo” Cristo conllevaba la negación de la Iglesia como sacramento de mediación, del ministerio del primado petrino así como la supresión práctica del culto a María y a los santos; su sí a la “sola“ fe -la llamada fe fiducial- negaba en la práctica el valor de las obras o de los méritos, escudándose en que sólo salvan los méritos de Cristo; su sí a la “sola” Escritura sola suponía un rechazo a la Tradición y al ministerio de la Iglesia para interpretarlo válida y universalmente; su sí a la “sola” gracia rechazaba en el fondo la libertad y se sumergía en la predestinación.

Lutero quiso una Iglesia más libre y cayó en las manos del poder civil de los Príncipes. Su "libre examen" abría inexorablemente las puertas del subjetivismo y del relativismo. Lutero quería una Iglesia más pura y más auténtica y la hizo puritana, gélida y desangelada. Lutero pretendía una religiosidad más verdadera y cundió el indiferentismo religioso. Lutero rehúsa el culto a los santos y él mismo fue y es tomado después por santo y héroe. El Luteranismo fragmentó la Iglesia, se fragmentó a sí mismo en varios cientos de confesiones actuales que siguen "por libre" y "por separado" el credo de Lutero y fragmentó el pensamiento.

La verdadera reforma de la Iglesia

Roma no estuvo lo suficientemente atenta y provista de reflejos para captar lo que con los años vendría. Quizás estaba demasiado mundanizada y ensimismada. Cuando a partir de 1546 comenzaba azaroso el Concilio de Trento, era ya demasiado tarde para evitar la ruptura.

Sin embargo, cuando Trento concluía su quehacer en 1564, la Iglesia aprendió la lección y surgió un extraordinario "corpus" doctrinal, quizás, eso sí, un tanto herido y condolido y, por ello, defensivo y apologético.

Y de Trento y de su entorno anterior y posterior brotaría una extraordinaria pléyade de santos - Juan de Dios, Camilo de Lelis, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Juan de Avila, Francisco Javier, Francisco de Borja, Carlos Borromeo, Felipe Neri, Pedro Canisio, José de Calasanz, Vicente de Paúl, Francisco de Sales María Ward, Juana María Lestonac, Angela de Merici, Roberto Berlamino...- que sanaron heridas y, sobre todo, fortalecieron a la Iglesia y la reformaron desde dentro y como la Iglesia debía ser reformada.

Y ahora, casi cinco siglos después, los cristianos protestantes y los cristianos católicos, lejos ya de discusiones y conflictos, están llamados a caminar fraternalmente en pos de una reconciliación y de una unidad que entonces no fue posible, pero que sigue siendo un mandato categórico y inexcusable de fidelidad a Jesucristo, el único Señor de la Iglesia. 2006-04-21

 

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En la encíclica Deus Caritas est, Benedicto XVI ha señalado que la caridad es un rasgo esencial de la Iglesia: “El amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres” (n. 19). MMVI.

 

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El hombre necesita a Cristo porque

tiene deseo del infinito

 

Entrevista con el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe  -  Cardenal + Ratzinger*

 

ROMA, 16 diciembre 2003- En su último libro «Fe, verdad, tolerancia - El cristianismo y las religiones del mundo» («Fede, verità, tolleranza - Il cristianesimo e le religioni del mondo», editorial Cantagalli), publicado recientemente en italiano, el cardenal Joseph Ratzinger interviene en los principales temas del momento: la relación entre las religiones, los riesgos del relativismo y el papel que el cristianismo puede jugar.

Son cuestiones que el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe abordó también en una entrevista concedida a Antonio Socci, publicada íntegramente en «Il Giornale» el pasado 26 de noviembre. Por su interés, reproducimos el texto difundido por el diario milanés.

--Eminencia, hay una idea que se ha afirmado en la alta cultura y en el pensamiento común según la cual las religiones son todas vías que llevan hacia el mismo Dios, de forma que lo mismo vale una que otra. ¿Qué piensa, desde el punto de vista teológico?

--Cardenal Joseph Ratzinger: Diría que incluso en el plano empírico, histórico, no es cierta esta concepción, muy cómoda para el pensamiento de hoy. Es un reflejo del relativismo difundido, pero la realidad no es ésta porque las religiones no están de una forma estática, una junto a otra, sino que se encuentran en un dinamismo histórico en el que se convierten también en desafíos la una para la otra. Al final, la Verdad es una, Dios es uno, por ello todas estas expresiones tan diferentes, nacidas en diversos momentos históricos, no son equivalentes, sino que son un camino en el que se plantea la cuestión: ¿dónde ir? No se puede decir que son caminos equivalentes porque están en un diálogo interior, y naturalmente me parece evidente que no pueden ser medios de salvación cosas contradictorias: la verdad y la mentira no pueden ser de la misma forma vías de salvación. Por ello, esta idea sencillamente no responde a la realidad de las religiones y no responde a la necesidad del hombre de encontrar una respuesta coherente a sus grandes interrogantes.

--En varias religiones se reconoce el carácter extraordinario de la figura de Jesús. Parece que no es necesario ser cristiano para venerarlo. ¿Entonces no hay necesidad de la Iglesia?

--Cardenal Joseph Ratzinger: Ya en el Evangelio encontramos dos posturas posibles referentes a Cristo. El Señor mismo distingue: qué dice la gente y qué decís vosotros. Pregunta qué dicen aquellos que Le conocen de segunda mano, o de manera histórica, literaria, y después qué dicen aquellos que Le conocen de cerca y han entrado realmente en un encuentro verdadero, tienen experiencia de Su verdadera identidad. Esta distinción permanece presente en toda la historia: existe una impresión desde fuera que tiene elementos de verdad. En el Evangelio se ve que algunos dicen: «es un profeta». Así como hoy se dice que Jesús es una gran personalidad religiosa o que hay que contarlo entre los «avataras» --las múltiples manifestaciones de lo divino--. Pero los que han entrado en comunión con Jesús reconocen que existe otra realidad, es Dios presente en un hombre.

--¿No es comparable con las otras grandes personalidades de las religiones?

--Cardenal Joseph Ratzinger: Son muy distintas unas de otras. Buda, en sustancia, dice: «Olvidadme, id sólo sobre el camino que he mostrado». Mahoma afirma: «El señor Dios me ha dado estas palabras que verbalmente os transmito en el Corán». Y así. Pero Jesús no entra en esta categoría de personalidades ya visible e históricamente diferentes. Menos aún es uno de los «avataras», en el sentido de los mitos de la religión hinduista.

--¿Por qué?

--Cardenal Joseph Ratzinger: Es una realidad del todo distinta. Pertenece a una historia, que comienza desde Abraham, en la cual Dios muestra su rostro, Dios se revela como una persona que sabe hablar y responder. Y este rostro de Dios, de un Dios que es persona y actúa en la historia, encuentra su cumplimiento en el instante en que Dios mismo, haciéndose hombre Él mismo, entra en el templo. Por lo tanto, incluso históricamente, no se puede asimilar a Jesucristo con las diversas personalidades religiosas o con las visiones mitológicas orientales.

--Para la mentalidad común, esta «pretensión» de la Iglesia –que proclama a «Cristo, única salvación»-- es arrogancia doctrinal.

--Cardenal Joseph Ratzinger: Puedo entender los motivos de esta moderna visión que se opone a la unicidad de Cristo, y comprendo también una cierta modestia de algunos católicos para los cuales «nosotros no podemos decir que tenemos una cosa mejor que los demás». Además, existe también la herida del colonialismo, período durante el cual algunos poderes europeos, en función de su poder mundial, instrumentalizaron el cristianismo. Estas heridas han permanecido en la conciencia cristiana, pero no deben impedirnos ver lo esencial. Porque el abuso del pasado no debe impedir la comprensión recta. El colonialismo –y el cristianismo como instrumento de poder— es un abuso. Pero el hecho de que se haya abusado de ello no debe cerrar nuestros ojos frente a la realidad de la unicidad de Cristo. Sobre todo debemos reconocer que el Cristianismo no es una invención nuestra europea, no es un producto nuestro. Es siempre un desafío que viene de fuera de Europa: al principio, vino de Asia, como bien sabemos. Y se encontró inmediatamente en contraste con la sensibilidad dominante. Aunque después Europa fue cristianizada, siempre quedó esta lucha entre las propias pretensiones particulares, entre las tendencias europeas, y la novedad siempre nueva de la Palabra de Dios que se opone a estos exclusivismos y abre a la verdadera universalidad. En este sentido, me parece que debemos redescubrir que el cristianismo no es una propiedad europea.

--¿El cristianismo contrasta también hoy con la tendencia al cerramiento que hay en Europa?

--Cardenal Joseph Ratzinger: El cristianismo es siempre algo que viene realmente de fuera, de un acontecimiento divino que nos transforma y se opone incluso a nuestras pretensiones y a nuestros valores. El Señor cambia siempre nuestras pretensiones y abre nuestros corazones a Su universalidad. Me parece muy significativo que en este momento el Occidente europeo sea la parte del mundo más opuesta al cristianismo, precisamente porque el espíritu europeo se ha autonomizado y no quiere aceptar que haya una Palabra divina que le muestre un camino que no siempre es cómodo.

--Evocando a Dostoevskij, me pregunto si un hombre moderno puede creer, creer verdaderamente que Jesús de Nazaret es Dios hecho hombre. Se percibe como un absurdo.

--Cardenal Joseph Ratzinger: Cierto; para un hombre moderno es una cosa casi impensable, un poco absurda y fácilmente se atribuye a un pensamiento mitológico de un tiempo pasado que ya no es aceptable. La distancia histórica hace más difícil pensar que un individuo que vivió en un tiempo lejano pueda estar ahora presente, para mí, y que sea la repuesta a mis preguntas.

Me parece importante observar que Cristo no es un individuo del pasado lejano a mí, sino que ha creado un camino de luz que invade la historia empezando por los primeros mártires, con estos testigos que transforman el pensamiento humano, ven la dignidad humana del esclavo, se ocupan de los pobres, de los que sufren y llevan así una novedad en el mundo también con el propio sufrimiento. Con esos grandes doctores que transforman la sabiduría de los griegos, de los latinos, en una nueva visión del mundo inspirada justamente por Cristo, que encuentra en Cristo la luz para interpretar el mundo, con figuras como San Francisco de Asís, que ha creado el nuevo humanismo. O figuras también de nuestro tiempo: pensemos en Madre Teresa, Maximiliano Kolbe...

Es un ininterrumpido camino de luz que hace camino en la historia y una ininterrumpida presencia de Cristo, y me parece que este hecho –que Cristo no se ha quedado en el pasado, sino que ha sido siempre contemporáneo con todas las generaciones y ha creado una nueva historia, una nueva luz en la historia, en la cual está presente y siempre contemporáneo— hace entender que no se trata de cualquiera grande en la historia, sino de una realidad verdaderamente Otra, que lleva siempre luz. Así, asociándose a esta historia, uno entra en un contexto de luz, no se pone en relación con una persona lejana, sino con una realidad presente.

--¿Por qué, en su opinión, un hombre del 2003 necesita a Cristo?

--Cardenal Joseph Ratzinger: Es fácil advertir que las cosas que proporciona sólo un mundo material o incluso intelectual no responden a la necesidad más profunda, más radical que existe en todo hombre: porque el hombre tiene el deseo –como dicen los Padres— del infinito. Me parece que precisamente nuestro tiempo, con sus contradicciones, sus desesperaciones, su masivo refugiarse en callejones como la droga, manifiesta visiblemente esta sed del infinito, y sólo un amor infinito que sin embargo entra en la finitud, y se convierte directamente en un hombre como yo, es la respuesta.

Es ciertamente una paradoja que Dios, el inmenso, haya entrado en el mundo finito como una persona humana. Pero es precisamente la respuesta de la que tenemos necesidad: una respuesta infinita que, sin embargo, se hace aceptable y accesible, para mí, «acabando» en una persona humana que, con todo, es el infinito. Es la respuesta de la cual se tiene necesidad: casi se debería inventar si no existiera...
Zenit-ZS03121611

*en el siglo S.S. Benedicto PP XVI. MMV 

 

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Cristo es la Luz

 

Cristo es la Luz ¿Qué significa la luz? La luz ilumina el mundo para que el hombre pueda ver y orientarse. Ilumina los caminos de la vida y pueden por eso ser recorridos. Esla claridad en la que el hombre puede orientarse. Pero toda luz terrestre es amenazada por las tinieblas y termina por ser ahogada en ellas. Por muy radiante que amanezca el sol sobre la tierra y por mucho que bañe en su luz todas las cosas, siempre se pone y el mundo se hunde en sombras y oscuridad. El sol terrenal sólo vence a las sombras por unas horas; incluso en esas horas no del todo. Su claridad, por más brillante que sea, siempre es una mezcla de luz y sombras. Pero lo que ninguna luz terrestre puede iluminar es la tiniebla del espíritu y del corazón humanos. La luz que el hombre ansía en lo más íntimo, no se encuentra en este mundo. El hombre anhela el esclarecimiento de la existencia, la interpretación de la vida, la solución de todos los enigmas, la respuesta a esas preguntas que siempre le queman: "¿Por qué? ¿Para qué?..." Anhela, en fin, una existencia clarificada. La claridad le podría llevar a liberarse de la opresión y la angustia, sobre todo de la angustia de que se le haya perdido el sentido de la existencia, de que quizá no le tenga. Sólo la vida iluminada y clara sería verdadera vida: vida en la alegría y felicidad, en la paz y en la salud. Quien pudiera darle la luz le daría la vida verdadera.


Sin luz que ilumine la existencia, la vida es insegura y angustiosa, abandonada y paralítica. n la tiniebla humana, Cristo grita: "Yo soy la luz del mundo." El es la verdadera y auténtica luz de la que no son más que símbolos todas las luces humanas. La luz terrenal sólo logra imperfectamente lo que Cristo hace. El es la luz, a cuyo brillo se esclarece la gloria de Dios y el sentido del mundo y que brilla desde el principio de la creación. Los hombres habrían podido verse a esta luz siempre auténticamente, es decir, como criaturas; habrían estado siempre iluminados por la luz de Dios y habrían tenido la posibilidad de entenderse a sí mismos correctamente. El mundo era para ellos revelación de Dios. Pero se cerraron a esa revelación y por eso perdieron la visión auténtica del mundo y de sí mismos. Cayeron en la locura de la autonomía, en la tiniebla, y ya no volvieron a entenderse, porque no se veían ni querían verse como criaturas de Dios; perdieron el camino y no lo volvieron a encontrar; por eso andaban errabundos y a tientas. En esa obcecación se robaron a sí mismos la verdadera vida libre y alegre. Las tinieblas y la muerte se hicieron sus vecinas. Representante y señor de la humanidad caída en las tinieblas es Satán. Matando el verdadero saber sobre sí mismos, mata en ellos la vida verdadera; es, por tanto, criminal y engañador.


CIEGO: Desde la Encarnación, la Luz brilla en las tinieblas. Cristo es quien trae la luz a las tinieblas de la historia humana. La curación del ciego de nacimiento es un símbolo de esto; en ese milagro no debemos ver sólo una ayuda momentánea que Cristo presta misericordiosamente a un hombre; si sólo tuviera ese sentido, sería un episodio insignificante en un mundo en que viven miles y millones de ciegos sin encontrar quien les cure; pero tiene gran importancia; en ese milagro se hace patente la función de Cristo ante la Historia y ante los mismos individuos. Cristo ilumina la vida humana de forma que sentimos que somos nosotros mismos; porque en Cristo logra el hombre la verdadera y clara mirada sobre sí mismo. En El se reconoce como criatura, como abandonado y, a la vez, como redimido. En El se ve como debe ser visto desde Dios, y logra así la verdadera medida y norma de su vida; pues Cristo le enseña a medirse y valorarse conforme a Dios, Cristo le lleva, pues, a la verdadera conciencia de sí mismo; toda otra conciencia es una ilusión. Sólo los iluminados por Cristo ven de veras: todo lo demás son pasiones y fantasías. Fantasean de superhombres, de hombres divinos, de paraíso terrestre. Sólo Cristo da un saber verdadero sobre la vida y el mundo. Quien ve el mundo a la luz de Cristo no se hace de los hombres ilusiones y esperanzas que no puedan ser cumplidas en la Historia; no cuenta con el progreso eterno, con una curva siempre ascendente de bienestar y armonía. Ve al mundo y al hombre con claridad y sin ilusiones, y sin embargo no es escéptico. 


Al ver los pecados y escombros de la tierra no cae en la desilusión o se resigna o desespera de forma que sólo pueda librarse por la diversión y distracción; para él ilumina Cristo con sus palabras de amor una nueva realidad, en la que el hombre puede poner su esperanza última e incondicional: esa realidad es el amor de Dios, que el hombre a la luz de Cristo ve destacarse en todas las sombras y tinieblas terrestres, en los peligros y amenazas de esta vida, en todas las traiciones y bajezas humanas, en las ruinas y catástrofes de la Historia. Sabe por eso hacia dónde debe volverse para transformarse amando a los hombres y a las cosas del mundo.


La iluminación de Cristo no es un fenómeno natural como la del sol, sino que es espiritual. Cristo es la Luz y el portador de la Luz por ser el Revelador. El hombre es, pues, responsable de oír y aceptar la Revelación. Puede cerrarse a ella con orgullo; el orgullo prefiere las tinieblas a la luz. No quiere reconocerse como criatura y se obceca en su orgullo, al precio de dejar sin resolver los enigmas de la vida y sin contestar las eternas cuestiones del por qué y para qué, al precio, pues, de una vida inauténtica, triste y esclava. El orgulloso y autónomo prefiere vivir en la noche y desesperación a vivir en la luz y la alegría, porque esto sólo puede alcanzarlo sometiéndose al Revelador. El desesperado, sea clara o confusa su desesperación, es responsable de ella: es culpable (Cfr. Eranos-Jahrbuch, 10, 1943. Tema general: "Cultos antiguos al sol y simbolismo de la luz en la Gnosis y en el Cristianismo antiguo"). El que se deja iluminar por Cristo, Revelador, logra la verdadera 
Vida.TEOLOGIA DOGMATICA III
DIOS REDENTOR - RIALP. MADRID 1959.Pág. 270-280

 

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Clemente de Alejandría. Si la religión es más

antigua que la filosofía, y cuál prevalece.

 

Hablaremos un poco más tarde acerca de las ideas que fueron sustraídas por los filósofos a los hebreos, pero antes, para proceder con orden, es necesario hablar de la cronología de Moisés, a fin de probar de manera irrefutable que la filosofía hebrea es la más antigua de toda sabiduría. Ahora bien, acerca de esa cronología habló críticamente Taciano en el Discurso contra los griegos, y también fue tratada por [Julio] Casiano en el libro primero de las Exegéticas. La mención igualmente exige que nosotros difundamos lo que ya se ha recordado al respecto. Apión, el gramático, apodado el Plistónico, en el libro cuarto de la Historia de los egipcios, y mal predispuesto respecto a los hebreos, como egipcio que era, por lo que también escribió un libro Contra los judíos, hace mención de Amosis, rey de los egipcios y de sus gestas, basándose en el testimonio de Ptolomeo Mendesio. Sus palabras dicen así: "Amosis, contemporáneo de Ínaco el argeo, construyó el lago Avaris, como escribió Ptolomeo Mendesio en su Cronología". Ptolomeo mismo, que era sacerdote, expuso las gestas de los reyes de Egipto en tres libros completos, y afirma que fue en tiempos de Amosis, rey de Egipto, cuando los judíos salieron de Egipto conducidos por Moisés; de ahí se deduce que Moisés estaba en plena actividad bajo el mandato de Ínaco.

No obstante, afirmo que las tradiciones de Argos son las más antiguas de Grecia, que comienzan con Ínaco, como enseña Dionisio de Halicarnaso en su Cronología. Pero la historia Ática desde Cécrope, el hombre de dos naturalezas y autóctono, es anterior en todo aquello en cuatro generaciones, como expresa claramente Taciano; y nueve generaciones anterior a la historia de la Arcadia a partir de Pelasgo; también se dice que éste era autóctono. La historia de Ftiótida, a partir de Deucalión, es dos generaciones más reciente. Desde Ínaco hasta la época de los troyanos se cuentan veinte o veintiuna generaciones completas, lo cual hace, por así decirlo, más de cuatrocientos años. Y si la historia de Asiria, como en verdad afirma Ctesias, es bastantes años anterior a la de Egipto, resultará entonces que la salida de Moisés de Egipto, contemporánea al egipcio Amosis y al argeo Ínaco, tuvo lugar en el año cuatrocientos dos del reinado asirio y el el treinta y dos de la dinastía de Belucos VII. En Grecia, bajo el dominio de Foroneo, sucesor de Ínaco, tuvo lugar el cataclismo de Ógigo y el reinado de Sición, con Egialeo I, luego Europe, más tarde Telquines, y el de Cres en Creta. Además, Acusilao afirma que Foroneo fue el primer hombre que nació; de ahí que el poeta de la Foronides diga que él es el padre de los hombres mortales.

Por ello, Platón, en el Timeo, siguiendo a Acusilao, escribe: "Y una vez, habiendo decidido hablar sobre los viejos tiempos, comenzó a narrar los acontecimientos más antiguos de aquella ciudad de Foroneo, llamado el primer hombre, de Niobe, y del cataclismo que tuvo lugar después. En tiempos de Forbas vivió Acteón, de ahí que el Ática fuera llamada Actea. En tiempos de Triopas Prometeo vivieron Atlas, Epimeteo, el biforme Cécrope e Io. Bajo Crótopo tuvo lugar el incendio de Fetón y el diluvio de Deucalión. En tiempos de Stenelo tuvo lugar el reinado de Anfictión, la venida de Dánao al Peloponeso, y la fundación de Dardania por obra de Dárdano, quien, -como afirma Homero- es el primero que engendró Zeus, el amontonador de nubes, y el rapto de Europa desde Fenicia a Creta. Bajo Linceo tuvo lugar el saqueo de Core, el establecimiento del santuario consagrado a Eleusis, la institución de la agricultura por Triptolemo, la venida de Cadmo a Tebas y el reinado de Minos. En tiempos de Preto tuvo lugar la guerra de Eumolpo contra los atenienses. En la época de Acrisio aconteció la travesía de Pélope desde Frigia, la llegada de Ión a Atenas, el dominio de Cécrope II, y las gestas de Perseo, Dionisio, Orfeo y Museo".

Troya fue conquistada en el año dieciocho del reinado de Agamenón, en el año primero del reinado de Demofonte, hijo de Teseo, en Atenas, que tuvo lugar el doce del mes Thargélion, como dice Dionisio de Argos. Pero conforme a Agias y Dercilo, en el tercero de sus libros, tuvo lugar el día octavo antes de acabarse el mes de Panemo; según Helánico, el doce del mes Thargélion; y algunos recopiladores del Ática afirman que tuvo lugar el día octavo antes de acabar el mismo mes, en el último año del reinado de Menesteo, con la luna llena.

"La obscuridad ciertamente disminuyó",

dice el poeta de la pequeña Ilíada,

"y salió la luna resplandeciente".

Otros afirman que tuvo lugar el mismo día veintitrés del mes Scirophorión. Teseo, admirador de Heracles, es anterior en una generación a la guerra de Troya. En todo caso, Homero recuerda que Tlepólemo, hijo de Heracles, formó parte del ejército contra Troya.

Está, pues, demostrado que Moisés es anterior en seicientos cuatro años a la apoteosis de Dioniso, si ésta tuvo lugar en el año trigésimo segundo del reinado de Penteo, como afirma Apolodoro en las Crónicas. Desde Dioniso hasta Heracles y los héroes que acompañaron a Jasón en la nave de Argos se cuentan sesenta y tres años completos. Asclepio y los Dioscuros estaban con ellos, como testifica Apolonio de Rodas en las Argonáuticas. Desde el reinado de Heracles en Argos hasta la apoteosis del mismo Heracles y de Asclepio se contabilizan treinta y ocho años, según el cronista Apolodoro. De ahí hasta la apoteosis de Cástor y Pólux, otros cincuenta y tres años. Allí está muy próxima también la conquista de Troya. Pero si se puede confiar en el poeta Hesíodo, escuchémosle:

"Entonces Maya, hija de Atlante, dio a luz al ilustre Hermes,
heraldo de los inmortales, habiéndose subido al sagrado lecho.
Y Sémele, hija de Cadmo, dada al amor carnal,
engendró un magnífico hijo, el muy alegre Dioniso".

(...)

Ésas son las épocas de los filósofos y de los sabios más antiguos de Grecia. ¿Es necesario añadir que la mayoría de ellos fueron de origen bárbaro y fueron educados por bárbaros, si Pitágoras era de Tirrene o de Tiro, Antístenes de Frigia y Orfeo de Odrisa o de Tracia? También la mayoría afirma que Homero era egipcio. Tales tenía origen fenicio, como se dice, y estuvo relacionado con los profetas egipcios; lo mismo que Pitágoras, quien se hizo circuncidar por ellos para poder acceder a los santuarios secretos y aprender la filosofía mística de los egipcios; y frecuentó igualmente a los Caldeos y a los Magos más distinguidos, y su vocablo homakoeîon [asamblea común] significa obscuramente lo que nosotros llamamos hoy iglesia. Tampoco Platón niega haber importado de los bárbaros lo mejor de su filosofía, y confiesa públicamente haber ido a Egipto. En el Fedón afirma que el filósofo puede sacar provecho de todo, al escribir: "Grecia es grande, oh Cebes, responde aquel; en ella hay hombres buenos por doquier. Pero también es abundante la estirpe de los bárbaros".

Así, Platón presiente también que algunos filósofos son bárbaros, aunque Epicuro sostiene que sólo los griegos son capaces de filosofar. Y en El Banquete, elogiando a los bárbaros como los únicos que de verdad practicaron las leyes de forma eminente, Platón afirma: "También hay otros muchos filósofos en otras partes, tanto entre los griegos como entre los bárbaros, en honor de los cuales son muchos los templos que se han edificado por sus muchos hijos espirituales". Es evidente que los bárbaros estimaron de manera extraordinaria a sus legisladores y maestros, llamándoles dioses. Sostienen que las almas buenas, abandonando la región supraceleste, como piensa Platón, sufren el descenso a este nuestro infierno y asumen un cuerpo, y se hacen partícipes de toda clase de males y heridas de la raza humana; éstas almas establecieron las leyes y pregonaron la filosofía, "que es el mejor de todos los bienes que los dioses han enviado y jamás enviarán a la raza humana" (Platón, Timeo).

Me parece que también comprenden el gran beneficio que les llega a través de los sabios, cuya filosofía es oficialmente estudiada por los Brahamanes todos, por los Odrisos y los Getos, y el pueblo egipcio hace teología precisamente de sus opiniones, y también los Caldeos y los Árabes, denominados prósperos, al igual que la región Palestina, y la mayoría del pueblo Persa, y otros muchos miles de gentes. Es evidente que Platón admira continuamente a los bárbaros; recuerda cómo él mismo y Pitágoras han aprendido de los bárbaros las más numerosas y nobles de sus opiniones. Por ello, al afirmar "pueblo bárbaro" quiere decir raza de filósofos bárbaros; y así en el Fedro nos muestra que el rey egipcio es más sabio que el dios Theuth, al que identifica con Hermes. Más aún, en el Cármides indica que él conoce a determinados tracios, quienes afirman la inmortalidad del alma.

Se dice que Pitágoras fue discípulo de Sonchidis, el primero de los profetas; Platón fue discípulo de Sechnufis de Heliópolis, y Eudoxo de Cnido [lo fue] de Jenófanes el egipcio. En el Diálogo sobre el alma, Platón señala de nuevo que conoce la profecía, ya que admite un profeta que da a conocer el dicho de Laques sobre la suerte de las almas y la predicción del futuro. También en el Timeo introduce al muy sabio Solón, que aprende de la mano de un bárbaro. He aquí lo que dice: "Oh Solón, Solón, vosotros, griegos, permanecéis siempre niños; no existe ningún griego anciano. No poséeis una doctrina canosa por la edad". Se dice que Demócrito se apropío de las enseñanzas morales de los mismos babilonios, porque en sus propios escritos se ha encontrado una descripción de la estela de Ahikar y que manifestó por sus mismas palabras, al escribir: "De entre mis contemporáneos, yo he sido el que ha recorrido más tierra, el que ha investigado las cosas más remotas, el que ha conocido más climas y continentes, el que ha escuchado a los hombres más elocuentes, y nadie me ha superado en la composición de figuras geométricas acompañadas de demostraciones, ni los llamados ´arpedonáptos´ de Egipto, con quienes yo he vivido en total cinco años como vecino en tierra extranjera". Efectivamente, visitó Babilonia, Persia, Egipto y fue discípulo de los Magos y de los sacerdotes. Pitágoras mismo emuló a Zoroastro, el mago persa, y los defensores de la secta de Pródico se glorían de poseer libros secretos de aquel hombre. Clemente de Alejandría. Strómata

I.

 

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sus atardeceres y su faena abandonó Pedro para seguir a Cristo en Tiberíades 


San Cirilo de Alejandría (380-444) obispo, doctor de la Iglesia Católica.
Comentario sobre San Juan, IV 

 

“cogió a la niña de la mano y le dijo: levántate!” (Mc 5,41) -     Incluso para resucitar a los muertos, el Señor no se contenta con actuar con su palabra que contiene el poder de Dios. Como cooperadora, por decirlo de alguna manera, toma a su propia carne para demostrar que tiene el poder de dar la vida y para manifestar la divinidad en la carne. Esto sucedió cuando curó a la hija del jefe de la sinagoga. Diciéndole: -Niña, levántate!- la tomó de la mano. Como Dios, le dio la vida por una orden todopoderosa, y también le dio la vida por el contacto con su propia carne, testimoniando así que en su cuerpo y en su palabra reside un mismo poder divino que obra en el mundo. También, cuando llegó a una ciudad que se llamaba Naïm donde se llevaba a enterrar a un joven, hijo único de una viuda, tocó el ataúd diciendo: “Joven, a ti te lo digo: levántate!” (Lc 7,13-17).
        Así que no sólo confiere a su palabra el poder de resucitar a los muertos sino que, para mostrar que su cuerpo es fuente de vida, toca a los muertos y por su carne les infunde nueva vida a los cadáveres. Si el sólo contacto con su carne sagrada vuelve la vida a los cuerpos en descomposición ¡cuánto provecho no encontraremos en la eucaristía, fuente de vida, cuando nos alimentamos de ella! El transformará en si misma, en su inmortalidad, a los que participan en ella.

 

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"El relativismo, es decir, el dejarse llevar de aquí para allá por cualquier viento de doctrina, aparece como la única actitud a la altura de los tiempos modernos" . (S.S. Benedicto XVI) 2005.05

 

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La Iglesia proclama el perdón - El perdón es la exigencia suprema de Jesús en el Sermón del Monte, pero, sobre todo, responde y nace de la experiencia de Dios como amor, que nos introduce en la lógica del amor gratuito y desinteresado, que nos saca de la reciprocidad interesada, que rompe el círculo de la violencia, que inaugura algo realmente nuevo.

El perdón es un ofrecimiento que parte de la víctima, que toma la iniciativa, que va más allá de las exigencias de la justicia y, por tanto, no es comportamiento exigible estrictamente, pero sí es un comportamiento humanizador y sanante.

Pero el perdón requiere ser aceptado, exige el arrepentimiento. El perdón ofrecido puede caer en el vacío y no lograr su objetivo, que es, en última instancia, la reconciliación, el reencuentro entre personas. Y no sé que es más difícil: perdonar o aceptar el perdón.

  

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El peor de los silencios es el que se guarda ante la mentira, pues tiene un enorme poder de disolver la estructura social. Un cristiano no puede callar ante manipulaciones manifiestas. La cesión permanente ante la mentira comporta la deformación progresiva de las conciencias.

 

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PERFECCIÓN ES ALABAR A DIOS Y SERVIR AL PRÓJIMO

 

 

El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto». Envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, y a amarse mutuamente como Cristo les amó. Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos, y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el Bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. El Apóstol les amonesta a vivir «como conviene a los santos», y que, como «elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia, y produzcan los frutos del Espíritu para la santificación». Pero como todos caemos en muchas faltas, continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar: «Perdónanos nuestras deudas».


Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfección empeñen los fieles las fuerzas recibidas según la medida de la donación de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Así, la santidad del pueblo de Dios producirá abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.

Constitución Lumen gentium, 40-VATICANO II- Doctrina dela Iglesia católica predicada hace 2000 años.

 

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¿Es necesario hablar de teología moral, hoy?


No solamente es necesario, es urgente. La moral es el actuar del hombre nuevo, del hombre en verdad, del hombre conforme a la dignidad con la que Dios le ha creado y redimido en Jesucristo. Solamente desde la moral habrá un mundo nuevo. Por eso es urgente y apremiante, sobre todo en un mundo tan deshumanizado donde el hombre vive de espaldas a Dios, como si Dios no existiera.


¿Cómo puede la Iglesia ser luz para el mundo en el campo de la moral, después de haber padecido tantos casos de error moral en su seno?


El que haya pecado en los hombres que formamos la Iglesia no quita para nada el testimonio de los mártires. Sólo en el siglo XX hemos tenido 36 millones de mártires. Son los que expresan el grado más alto de la humanidad y la verdad del hombre, que es sencillamente decir que Dios es el que llena el corazón del hombre. Más allá de los escándalos, está ese testimonio martirial, hombres y mujeres que viven desde Jesucristo el amor de Dios. 2003-12-14 MURCIA. ESP. Alfa y Omega nº280

  

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¿Son necesarios los dogmas?

¿Y es necesario que la Iglesia tenga dogmas, una autoridad y un Magisterio? ¿No bastaría que cada uno procurara vivir lo que dijo Jesucristo y lo que viene recogido en la Biblia?

 

Esa es, en síntesis, la tesis protestante de la sola Scriptura. Sin embargo, si se trata de vivir lo que dice la Sagrada Escritura, habría que decir que en ella se lee con claridad que Jesucristo fundó la Iglesia (por ejemplo, en Mt 16, 16-19; Mt 18, 18; etc.). Y puestos a dar algunas otras razones de orden práctico, cabe añadir que ese planteamiento ha hecho que desde tiempos de Lutero hayan surgido más de 25.000 denominaciones protestantes diferentes, y actualmente surgen una media de cinco nuevas cada semana, en un proceso progresivo de desconcierto y atomización. Una Sagrada Escritura sin Iglesia sería parecido —salvando de nuevo las limitaciones de la comparación— a un país que promulgara una Constitución, pero sin prever un gobierno, un congreso legislativo y un sistema judicial, necesarios para aplicar e interpretar la Constitución. Y si hacer eso es imprescindible para gobernar un país, también lo es para gobernar una Iglesia que abarca el mundo entero. Por eso es de lo más lógico que Jesucristo nos haya dejado su Iglesia, dotada de una jerarquía, con el Papa, los obispos, los Concilios, etc., todo ello necesario para aplicar e interpretar la Escritura..‘La exigencia de la fe católica’ Publicado en Arvo Net, 2003-04-29

 

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Evangelio según San Mateo 11,16-19. - ¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: ´¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!´. Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: ´¡Ha perdido la cabeza!´. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ´Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores´. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras".

 

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“La Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2,19-51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios” (Dei Verbum 8). Estas palabras preparan la afirmación del número siguiente. “...Por eso la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción” (ibid. 9). Concilio Vaticano II

 

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"El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ´crítica de la cultura´ puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr.

 

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Parecen, éstas, palabras «inocentes» - «María es mucho más bienaventurada porque ha creído en Cristo que por haberlo engendrado físicamente»- y, sin embargo, llevan dentro un carga inmensa de fe, de razón, de vida y de siglos, que bien podría causar un encendimiento de amor en un corazón abierto. S.S. Juan Pablo II – Magno – Vat. 2003-12-08

 

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“No podemos callar lo que hemos visto y oído” (He 4, 20)

 

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‘Donde no hay Dios, despunta el infierno, y el infierno persiste sencillamente a través de la ausencia de Dios’. Cardenal  Ratzinger.

 

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El Señor no es indiferente, como un emperador impasible y aislado, a las vicisitudes humanas”.

“Es más, su mirada es fuente de acción, porque interviene y derriba los imperios arrogantes y opresivos, abate a los orgullosos que le desafían, juzga a los que perpetran el mal”.

Dios se hace presente en la historia, poniéndose de la parte de los justos y de las víctimas. S. S. JUAN PABLO II – Magno - 2003-12-10

 

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«Hermanita, no te preocupes, lo que le agrada a Jesús es verte, amar tu pequeñez y tu pobreza, es la esperanza ciega que tienes en su misericordia…; es la confianza, y nada más que la confianza, que debe conducirnos al Amor; y recuerda siempre que el más pequeño movimiento de puro amor, es más útil a la Iglesia que todas las demás obras juntas».
Mitsue Takahara – Carmelita descalza – Sevilla-Dic. 2003–Alfa y Omega. Nº 280

 

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La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión: la Iglesia Católica fundada por Jesucristo.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

Comentando la creación del hombre, ‘Gregorio De Nisa’ subraya que Dios, «el mejor de los artistas, forja nuestra naturaleza de manera que sea capaz del ejercicio de la realeza. A causa de la superioridad del alma, y gracias a la misma conformación del cuerpo, hace que el hombre sea realmente idóneo para desempeñar el poder regio» («De hominis opificio» 4: PG 44,136B).

Pero vemos cómo el hombre, en la red de los pecados, con frecuencia abusa de la creación y no ejerce la verdadera realeza. Por este motivo, para desempeñar una verdadera responsabilidad ante las criaturas, tiene que ser penetrado por Dios y vivir en su luz. El hombre, de hecho, es un reflejo de esa belleza original que es Dios: «Todo lo que creó Dios era óptimo», escribe el santo obispo. Y añade: «Lo testimonia la narración de la creación (Cf. Génesis 1, 31). Entre las cosas óptimas también se encontraba el hombre, dotado de una belleza muy superior a la de todas las cosas bellas. ¿Qué otra cosa podía ser tan bella como la que era semejante a la belleza pura e incorruptible?... Reflejo e imagen de la vida eterna, él era realmente bello, es más, bellísimo, con el signo radiante de la vida en su rostro» («Homilia in Canticum» 12: PG 44,1020C).

El hombre fue honrado por Dios y colocado por encima de toda criatura: «El cielo no fue hecho a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni nada de lo que aparece en la creación. Sólo tú (alma humana) has sido hecha a imagen de la naturaleza que supera toda inteligencia, semejante a la belleza incorruptible, huella de la verdadera divinidad, espacio de vida bienaventurada, imagen de la verdadera luz, y al contemplarte te conviertes en lo que Él es, pues por medio del rayo reflejado que proviene de tu pureza tú imitas a quien brilla en ti. Nada de lo que existe es tan grande que pueda ser comparado a tu grandeza» («Homilia in Canticum 2»: PG 44,805D).  San Gregorio de Nisa - Dos grandes doctores de la Iglesia del siglo IV, Basilio y Gregorio Nacianceno, obispo en Capadocia, en la actual Turquía. El hermano de Basilio, san Gregorio de Nisa, hombre de carácter meditativo, con gran capacidad de reflexión y una inteligencia despierta, abierta a la cultura de su tiempo. Se convirtió así en un pensador original y profundo de la historia del cristianismo.

La fe indefectible de Santa María Virgen –madre de nuestro Salvador-, que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!

 

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Recomendamos vivamente: Título: ¿Sabes leer la Biblia?

Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado - Autor: Francisco Varo – MMVI. Marzo - Editorial: Planeta Testimonio

 

Recomendamos vivamente: ‘La verdad sobre El Código Da Vinci’.
José Antonio Ullate. LibrosLibres. Madrid, 2004.  189 pp. €13,95

 

Recomendamos vivamente: La vida cotidiana de los primeros cristianos
Adalbert G. Hamman - Trad. Manuel Morera - Ediciones Palabra, 1999 - Colección Arcaduz - 294 pág.
Iglesia católica, sus casi 300 antes de Constantino - En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos. 2006

Recomendamos vivamente: ‘Filología e historia de los textos cristianos’.

Giovanni Maria Vian-Ediciones Cristiandad – MMVI.

 

Recomendamos vivamente:

Título: ‘Históricamente incorrecto. Para acabar con el pasado único’.
Autor: Jean Sévilla - Editorial: Ciudadela

 

Recomendamos: Título: ‘Buscando a Dios’
Autor: Esther de Waal - Editorial: Sígueme
 

NESCIT VOX MISSA REVERTI (Horacio, Ars poét., 390). “La palabra, una vez pronunciada, no sabe volver”.

 

NESCIRE MALUM NON SEMPER EST MALUM (San Agustín, Contra Julianum Pelag, 4, 14). “Desconocer el mal no siempre es un mal”. +






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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).