Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Vaticano - 1º no apoyó elección Hitler, judíos; Archivos privados secretos

El espacio más bello del mundo dedicado a la exposición de libros

...más de 150.000 manuscritos (papiros, pergaminos, etc.) y más de 1.000.000 de estampados o impresos, conservados por la Iglesia en la inigualable y famosísima ´Biblioteca vaticana´...

 

El Salone Sistino /1587-1589), con su alegre decoración, es sin duda el espacio más bello del mundo dedicado a la exposición de libros. Se lo debemos al Papa Sixto V que murió el 27 de agosto de 1590, a los 69 años de edad. Fue sepultado provisoriamente en el Vaticano, pero poco después fue trasladado a la basílica de Santa María la Mayor y depositado en un magnífico sepulcro de la regia capilla del Pesebre.

 

+++ 

 

Transcribiendo y almacenando manuscritos, acumulando libros, creando las Universidades y protegiendo el arte, las instituciones de la Iglesia asientan bases contra la ignorancia ciudadana... y la burla de la inteligencia. Papa Nicolás V* (1397 † 1455), indicaba tal finalidad con las palabras: "Pro communi doctorum virorum commodo", "Para la utilidad y el interés común de los hombres de ciencia". Análogamente subrayada por el Papa Sixto IV** al nacer el Renacimiento: "Ad decorem militantis Ecclesiae et fidei augmentum", "Para decoro de la Iglesia militante y para la difusión de la fe".

*Al siglo Tommaso Parentucelli, nacido en Sarzana-It. el 15 de noviembre de 1397 y † Roma el 24 de marzo de 1455 (PP. entre 1447 y 1455).

**Al siglo Francesco Della Rovere, nacido en Albisola-Savona-It. el 21 de Julio de 1414 y † Roma, 12 de Agosto de 1484 (PP. Entre 1471 y 1484).

 


 

Tengo una disputa con una persona, yo digo que Hitler y Stalin eran ateos, y él dice que Hitler era católico y Stalin ortodoxo. ¿Quién se equivoca más?

 

Stalin fue bautizado ortodoxo e incluso estudió en un seminario. Aunque impulsó el denominado ateismo científico hay fuentes que parecen indicar que creía en la existencia de algún dios. Por lo que se refiere a Hitler, fue bautizado católico, pero, desde muy joven, se decantó por un neo-paganismo que mantuvo hasta el final de sus días.

Dr. César VIDAL, historiador, filósofo, escritor.2004.12.07

 

+++

 

El líder de los árabes palestinos, Hajj Amin Al-Husseini, participó del golpe pronazi en Irak en 1941 y residió por el resto de la guerra en Alemania, donde reclutó voluntarios musulmanes para Hitler y convocó al Reich a extender la "solución final a Palestina".

 

+++ 

 

La Embajada de España ante la Santa Sede, la más antigua de todas las embajadas permanentes del mundo.

 

+++


El Archivo Secreto Vaticano debe mucho de su fama a aquel ‘secretum’ secreto (se llama de hecho Archivium Secretum Vaticanum) que en realidad en latín medieval significa ‘personal’. Nace por tan tanto, como ‘archivo personal del papa’. Hoy contiene dentro de sus más de mil años de documentos, todos depositados en un archivo de ochenta kilómetros de estanterías.

 

+++

 

Aquellos que niegan las raíces cristianas de Europa no pecan contra la Iglesia, sino contra la Historia.

 

+++

 

Roma, Vía della Conciliazione, Italia. Al fondo San Pedro basílica - Vat


“La verdad os hará libres”, dice el Evangelio. El Vaticano no es la Iglesia. El Vaticano es una estructura administrativa cuya única función –ciertamente primordial– es servir al mantenimiento de la Iglesia, y por tanto a esta debe hallarse subordinada.

 

Es obvio que la Santa Sede no es TODA la Iglesia. Pero hoy mismo el Papa ha dicho lo siguiente de la curia romana:

 

…me gustaría daros las gracias a todos, y no sólo por esta semana, sino por estos ocho años, en que habéis llevado conmigo, con gran competencia, afecto, amor y fe, el peso del ministerio petrino.

 

El papado es de derecho divino. La existencia de la curia no. Pero si el Papa dice que la curia le ayuda a desarrollar su ministerio, hay que ser especialmente cuidadoso en cualquier información que se dé sobre la misma. No porque no haya nada criticable en ella. Que seguramente lo hay. Pero una cosa es la crítica razonable y moderada y otra lo que estamos viendo. ¿Se puede servir a la Iglesia dando crédito a manipulaciones periodísticas sobre el Vaticano?, ¿en qué manera se sirve a la verdad siendo instrumento de difusión de la mentira?, ¿cómo encaja eso con un ideario cuyo cuarto punto es la identificación “con las raíces cristianas de la civilización"?

23 –II. 2013

 

+++


 

«INTRÍNSECAMENTE CRUEL»

 

Pío XII consideraba a Hitler como un canalla indigno incapaz de moderarse

 

Según ha revelado The American Catholic, Alfred W. Klieforth, consul general de Estados Unidos -en el Vaticano no se abrió embajada hasta 1984-, mantuvo una conversación con el papa Pío XII sobre la figura de Hitler. En el informe posterior a la charla, Klieforth aseguró que Pío XII consideraba a Hitler «no sólo como una canalla indigno de confianza, sino como una persona intrínsecamente cruel. No cree que Hitler sea capaz de moderación»

 

29/01/2014 9:12 AM 

(InfoCatólica) El informe del cónsul Klieforth del país norteamericano fue enviado a la Secretaría de Estado. En el texto aparece también la negativa del papa Pío XII a llegar a cualquier tipo de compromiso con el nacionalsocialismo.

 

El encuentro entre el diplomático estadounidense y el Santo Padre tuvo lugar en 1939, poco después de que Pío XII accediera al papado. 

 

+++ 

 

  

Un archivo secreto con mucha historia - El moderno archivo de la Santa Sede nace por iniciativa de Pablo V Borghese aproximadamente en 1610, aunque las raíces de su historia se remontan a tiempos mucho más lejanos. Desde los tiempos de los Apóstoles, los Papas conservaban cuidadosamente los escritos relativos al ejercicio de su actividad, que se conservaban en el «Scrinium Sanctae Romanae Ecclesiae» que normalmente siguió a los Papas hasta sus distintas residencias; sin embargo, la fragilidad del papiro, utilizado habitualmente en la cancillería pontificia hasta el siglo XI, los traslados y los cambios políticos provocaron la pérdida de casi todo el material archivístico anterior a Inocencio III. El saqueo, robo, incendio y profanación por parte de los mahometanos en el año 846, causó una gran pérdida a los archivos vaticanos, la Basílica de San Pedro como al patrimonio histórico de la humanidad. Desde el siglo XVII el Archivo conoció considerables ampliaciones. En 1810 fueron desastrosamente trasladados por orden de Napoleón a París, ciudad de la que volvieron con numerosas pérdidas, a causa de los robos, inaptitud de los militares, confusión de los depredadores, osadías incendiarias de las autoridades napoleónicas e irreflexividad de las turbas. En el siglo XIX se abrió para que los estudiosos lo pudieran consultar libremente y convertirse así en uno de los centros de investigaciones históricas más importantes del mundo. Finalmente, en el año 2000 se derogó el límite establecido para la consulta de documentos del archivo. X.MMVI.

 

+++

 

La Librería Editora Vaticana: sus orígenes se remontan a 1587, fecha en la que Sixto V fundo la Tipografía vaticana; pero, en 1926, la Librería Editora se constituyó como organización autónoma. Hoy la dirige el padre salesiano Claudio Rossini 2006-10-30

 

+++

 

La Comisión de expertos encargada de analizar un boceto de Miguel Ángel Buonarrotti para la construcción de la cúpula de la basílica de San Pedro, que fue hallado la semana pasada en el Vaticano, ha emitido su opinión positiva unánime sobre la autenticidad del manuscrito. Data de 1563, cuando Miguel Ángel, cercano a los 90 años, seguía tomando decisiones sobre la construcción de la cúpula. Es el último diseño conocido del artista. 2007-12-28

 

+++

 

 

La barca de Pedro, para que pueda avanzar con seguridad, necesita numerosas tareas escondidas que, junto con otras más visibles, contribuyen al desarrollo regular de la navegación. Ahí se nos recuerda (9) que «El tiempo de la actividad misional discurre entre la primera y la segunda venida del Señor, en que la Iglesia, como la mies, será recogida de los cuatro vientos en el Reino de Dios». Por tanto, es ahora mismo cuando nos toca, a cada uno de nosotros, y cada cual en la medida de sus posibilidades, en su vida ordinaria, el hacer ese apostolado básico y transmisor de la Palabra de Dios. Sin embargo, no vaya a creerse que esto es labor, sólo, de la Iglesia en cuanto institución sino que la Esposa de Cristo, formada por todos los hijos de Dios, piedras vivas de la misma, ha de encontrar respuesta en todos esos mismos hijos. Así se nos recuerda, para aquellos que entiendan que su función en la Iglesia es de mero asistente sacramental, que «Los laicos cooperan a la obra de evangelización de la Iglesia y participan de su misión salvífica a la vez como testigos y como instrumentos vivos, sobre todo si, llamados por Dios, son destinados por los Obispos a esta obra» (41): Decreto Ad Gentes (Sobre la actividad misionera de la Iglesia) firmado por Pablo VI el 7 de diciembre de 1965 en el marco del Concilio Vaticano II.

 

 

«El Vaticano no es un conjunto de monumentos, por más preciosos que sean, ni una sede de instituciones, por más prestigiosas e influyentes que sean».
«Es ante todo el lugar histórico y espiritual del martirio y de la tumba de Pedro: donde testimonió con su sangre esa fe sobre la que se sigue basando la nuestra, uniéndose a través del tiempo con una cadena ininterrumpida de testimonios de fe».
Al Vaticano hay que venir para volver a pronunciar «con Pedro y con su sucesor la profesión de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”».

 

«Sobre este fundamento, la Iglesia se mantiene unida. Por este motivo, cada año, los nuevos arzobispos, responsables de las diferentes provincias de la Iglesia católica, vienen a pronunciar en este día su juramento de fidelidad al sucesor de Pedro y a recibir de sus manos el signo del palio, que llevarán sobre los hombros para manifestar su unión con él, aunque estén lejos».
«Por este motivo, todos los años, los representantes del patriarcado ecuménico ortodoxo de Constantinopla vienen a Roma para participar en la celebraciones (29.VI San Pedro y San Pablo), sabiendo que en ningún lugar como en éste, hay que rezar para mantener la unión y pedir a Dios que la haga cada vez más plena. Occidente y Oriente creen y esperan juntos».

«Pero uno no sólo viene a Roma: desde Roma hay partir. Pablo vino a morir a Roma, el centro del mundo, para que el Evangelio se difundiera hacia todos los confines de la tierra. El Papa ha convocado un “año paulino” [junio 2008-junio 2009] dos mil años después del nacimiento del apóstol».
«La Iglesia vive para la misión, para anunciar a ese Cristo en el que cree, para dar a conocer el amor de Dios por todo el mundo. Sólo por esto. Es lo más importante de todo».

 

+++

 

El Portón de Bronce completamente restaurado después de dos años de paciente y esmerado trabajo. Se trata de un acontecimiento que de por sí no tiene gran relieve, pero es significativo por la función que desempeña este singular Portón y por los siglos de historia eclesial que ha visto transcurrir. Por tanto, os agradezco vuestra presencia y os dirijo a cada uno mi cordial saludo.

Este Portón fue realizado por Giovanni Battista Soria y Orazio Censore durante el pontificado de Pablo V, que entre los años 1617 y 1619 quiso renovar completamente toda la estructura de la Porta Palatii. En el año 1663, después de la imponente intervención arquitectónica debida al genio de Gian Lorenzo Bernini, fue desplazado hasta su posición actual, es decir, en el umbral entre la columnata de la plaza de San Pedro y el brazo de Constantino. X.2007

 

+++

 

 

 

Bula «Humanae salutis» de Juan XXIII para la convocación del

Concilio Ecuménico Vaticano II (25 de diciembre de 1961)
ASV, Instr. Misc. 7934, ff. 1v-2r

 

 

500 años de cultura - Los Museos Vaticanos surgieron hace quinientos años en los jardines vaticanos, cuando el Papa Julio II colocó el grupo de mármol del Laocoonte, descubierto el 14 de enero de 1506, en un viñedo cerca al Coliseo. «Se trata de un aniversario que quiere recordar la historia de siglos de cultura y de arte que los pontífices romanos promovieron con constancia y competencia, recogiendo las obras del pasado para preservarlas del olvido y de la destrucción, destinándolas a las generaciones sucesivas».
«En momentos en que se habla de los museos como lugares de encuentro, de contacto y diálogo, de madurez y de reflexión entre religiones, culturas, experiencias y distintas concepciones del mundo, los Museos Vaticanos interpretan hoy, más que nunca y de manera ejemplar, este papel»

Por este motivo, recordó, Juan Pablo II los definía «una de las más significativas puertas de la Santa Sede abiertas al mundo». MMVI.II

 

+++

 

Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia expone los documentos de época para estudiar y así averiguar, por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.

Las fábulas como las leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de ciencias, letras y noticias.  

 

+++


¿Cuál es el gran secreto del Archivo Secreto?


Importancia de la apologética, la verdad sobre Pio XII, el Concilio Vaticano II y sobre todo la dimensión sacra de estos documentos: Jesucristo.

Autor: Dr. José María Montiu de Nuix | Fuente: Catholic.net

 

RELIGIOSA ARCHIVORUM CUSTODIA

 

El Archivum Secretum Vaticanum, Archivo Secreto Vaticano, Archivo del Papa, cumple su cuarto centenario de existencia. Son cuatro siglos de servicio a la Santa Sede. Con tal motivo, durante los días 17 y 18 de abril de 2012, en Roma, ha tenido lugar la Reunión de Estudio "Religiosa Archivorum Custodia", destinada a estudiosos de los archivos. Ha sido un acontecimiento que ha revestido gran interés. El mismo ha sido presentado por el cardenal Raffaele Farina, Archivista y Bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, siendo clausurado por el obispo Monseñor Sergio Pagano, Prefecto del Archivo Secreto Vaticano. Durante el desarrollo de dicha reunión diversos importantes archivistas han indicado algunas de las innumerables, y generalmente desconocidas, riquezas culturales contenidas en el Archivo Secreto Vaticano.

 

El Archivo Secreto Vaticano inició su andadura durante el Pontificado de Paulo V. Desarrollándose a través de una historia centenaria que pasa por contingencias tan importantes como el robo, por parte del gobierno napoleónico, de documentos del archivo. Llegando en la actualidad a contener millones de documentos, dispuestos en un total de ochenta y cinco kilómetros. La documentación contenida en el archivo abarca un amplio repertorio cultural, resultando interesante no sólo para la religión y la historia eclesiástica, sino también, por ejemplo, para la historia general, pues nada verdaderamente humano es ajeno al cristianismo. Siendo dicho archivo, en virtud de la cantidad y de la cualidad de los documentos, uno de los archivos más importantes del mundo.

 

En un mundo que es noticia si un hombre muerde a un perro, pero no lo es si un perro muerde a un hombre; mundo de la comunicación en el que no está de moda la investigación, lo académico, lo científico, lo metódico, lo sistemático y lo profundo; se repara poco, especialmente por parte de algunas mentalidades escépticas, indiferentistas y laicistas, sobre la inmensa cantidad de documentación de que dispone la fe católica. Existencia de una mole mastodóntica de documentación que, incluso a nivel puramente humano, da una respetabilidad al fenómeno religioso. Actitud de respeto y de apertura que con su honestidad por la gracia de Dios puede llevar a las almas al encuentro con la belleza infinita de Jesucristo.

 

En el Archivo Secreto Vaticano se contienen, por ejemplo, documentos de los Sumos Pontífices, noticias relativas al Santo Padre, documentos de las nunciaturas de muchísimos países del mundo, etc. Ilustraremos esto con algunos ejemplos.

 

Relativamente al pontificado del Santo Padre Pío XII, se contiene una cantidad innumerable de documentos, inmensa montaña de escritos, en los que resplandece la actitud caritativa de Su Santidad con respecto a las víctimas de la guerra mundial, particularmente para con los judíos. En la documentación se puede contemplar, en los mismísimos escritos de los protagonistas, como se dirigían al Romano Pontífice en petición de ayuda, como recibían una respuesta solidaria y como expresaban su agradecimiento al Santo Padre. Tantas personas judías, cuyos nombres ha olvidado la historia, rostros olvidados, que expresan en la voz del sentimiento y de la vivencia más existencial su situación antes y después de la ayuda del Romano Pontífice. ¡Cuánto mejor habrían hablado de Su Santidad Pío XII algunas personas que han escrito sin fundamento si hubiesen leído esta información, si se hubiesen documentado seriamente! ¡Ciertamente, una historia seria es la que respeta el contenido que se encuentra en las fuentes!

 

Reiteradamente, algunos teólogos, en nombre del Concilio Vaticano II, han negado el verdadero contenido doctrinal del Concilio. Actitud verdaderamente paradójica y absurda. Ha sido una verdadera negación del Concilio, sustituida por una mera ideología incompatible con la verdadera fe católica. Por lo mismo, los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI han pedido que se conociera el verdadero contenido del Concilio Vaticano II y que hubiese fidelidad al mismo, señalando además el Concilio como uno de los eventos eclesiales más importantes del siglo XX. En el Archivo Secreto Vaticano se contiene también el archivo del Concilio Vaticano II, creado éste por voluntad de Su Santidad Pablo VI. De este modo se ofrece al estudioso la posibilidad de profundizar en la inteligencia de los textos del Concilio, en fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Ayudando así al equilibrio en el que se conjugan la fidelidad a la doctrina perenne con la necesidad de que la misma sea llevada al hombre de hoy, de modo que la misma luz del Sol ilumine el tiempo sucesivo y todos los ambientes actuales.

 

El estudio documentado de la historia permite, por ejemplo, constatar como en el conflicto entre el emperador Napoleón Bonaparte y el Romano Pontífice, estando de parte de aquel la fuerza agresiva y de parte de éste el sufrimiento, el Pontificado resultó triunfante. Napoleón terminó hundiéndose, mientras que el Pontificado resplandece.

 

Pero, la pregunta que estará naciendo en la mente de tantos es, sin duda, la siguiente: ¿Cuál es el gran secreto del Archivo Secreto? O, en otras palabras, ¿cuál es el gran contenido de este archivo? La respuesta se puede encontrar en una persona que es digna de crédito porque fue un verdadero testimonio, que escribió no con una pluma o con tinta sino con su misma sangre, devorado por las fieras, San Ignacio de Antioquía. Dice al respecto: "Para mí el archivo es Jesucristo, mis archivos inamovibles son su cruz, su muerte y su resurrección y la fe que procede de Él, en ésta quiero por vuestra oración ser santificado". En otras palabras: La gran noticia, la Buena Noticia, es Jesucristo. O, en palabras de San Juan de la Cruz: Dios Padre nos lo ha comunicado todo en Jesucristo, Verbo encarnado, Palabra de Dios. En Jesucristo lo tenemos todo, de modo tal que Dios Padre después de comunicárnoslo todo en Jesucristo se ha quedado como mudo. O como decía San Pablo: Para mí la vida es Jesucristo. Pablo de Tarso, hombre de fuego, sólo quería conocer a Jesucristo. Teresa del Niño Jesús hace eco a estas palabras al decir: Para mí la alegría es amar a Jesucristo. Y, Juan de la Cruz, sólo quería amar. Es desde esta perspectiva que se entiende la dimensión religiosa, la clave sacra, del Archivo del Papa. Y desde esta óptica se entiende la entraña del título elegido para estas sesiones de estudio: "Religiosa Archivorum Custodia". Título que aúna la academicidad científica de los clásicos con la dimensión religiosa, a la vez que nos da la llave que abre en su mayor profundidad la puerta del Archivo Secreto, permitiéndonos explorarlo en su más grande panorámica desplegada ya ante nuestros ojos.

 

Dr. José María Montiu de Nuix

 

+++


El Vaticano no apoyó la elección de Hitler,

según sus Archivos Secretos



 

 Artículo de la «Civiltà Cattolica»


CIUDAD DEL VATICANO, 19 diciembre 2003 - La apertura de documentos ligados a las primeras décadas de la historia alemana, conservados en el Archivo Secreto Vaticano, permite excluir todo apoyo de la Santa Sede al nombramiento de Adolf Hitler como canciller del Reich.

Lo constata la revista quincenal «Civiltà Cattolica», dirigida por la Compañía de Jesús, que en su última edición ha reconstruido las relaciones entre el nacionalsocialismo y la Iglesia católica. El artículo está firmado por el padre Giovanni Sale.

El Archivo secreto, abierto a inicios de este año por indicación de Juan Pablo II, afirma el experto, ha permitido «deshacer algunos lugares comunes, según los cuales, la Santa Sede habría hecho posible, a través del partido católico Zentrum, la llegada al poder del nazismo en Alemania».
«De las fuentes de archivo resulta, por el contrario, que el Vaticano no fue informado previamente sobre las negociaciones que tuvieron lugar entre Hitler y los líderes del Zentrum sobre la cuestión de la ley de plenos poderes», añade.

«Estos, de hecho --concluye el artículo--, actuaron de manera autónoma con la intención de preservar la paz social y política y salvar la Constitución». ZS03121905 -  2003-12-20

 

 

+++

 

Apertura de los Archivos Vaticanos - Benedicto XVI ha dado indicaciones –informa Zenit– para que los Archivos Vaticanos, incluido el Archivo Secreto, abran toda su documentación sobre el pontificado de Pío XI, que abarca desde 1922 a 1939. Los investigadores acreditados podrán consultar toda la documentación en el Archivo Secreto Vaticano referida a esas fechas, lo que hará que se comprenda mejor la relación de la Iglesia con los dramáticos totalitarismos del siglo XX: comunismo, nazismo y fascismo, así como nuevos documentos de la relación de la Santa Sede con España, antes y durante la Guerra Civil española. MMVI.VII

 

+++

 

 

HITLER - «Pese a los intentos del clero protestante y católico de auto-engañarse, Hitler no era cristiano y la mayoría de los miembros de su movimiento era explícitamente anticristiana. Por supuesto, a veces Hitler adoptaba una actitud engañosa. (...) En la década de 1920 dijo a Ludendorf que tenía que disimular su odio al catolicismo porque necesitaba el voto de los católicos bávaros tanto como el de los protestantes prusianos: "el resto puede llegar más tarde". (...) En realidad, odiaba al cristianismo y demostró un justificado desprecio por sus fieles alemanes. Poco después de asumir el poder dijo a Hermann Rauschnig que se proponía arrancar "de raíz" el cristianismo alemán. "Uno es cristiano o alemán. No es posible ser ambas cosas". Creía que el método podía ser "permitir que se pudra como un miembro gangrenado". También decía: "¿Usted cree realmente que las masas volverán a ser cristianas?. Tonterías. Nunca más. La historia ha terminado... pero podemos apurar las cosas. Obligaremos a los párrocos a cavar sus propias tumbas. Traicionarán a su Dios por nosotros. Traicionarán lo que sea en beneficio de sus miserables empleítos y sus rentas"».
(Paul JOHNSON [historiador británico que no ahorra críticas a la Iglesia], Historia del Cristianismo, Javier Vergara Editor, Barcelona – ESPAÑA 1999)

+++

 

Vivir en consonancia con la propia verdad: siempre. Juan Pablo II – Magno

 

+++

 

P: Cuando Hitler convierte un país en la depresión con alto paro, alta inflación, etcétera, en una gran potencia industrial y militar ¿Como financió todo eso?

 

R: Fundamentalmente el despegue económico del nazismo se sustentó en una implantación absoluta de la paz social –aunque desde luego en ello tuvo un papel esencial la creación de una red de campos de concentración siguiendo el modelo leninista– la obligatoriedad del trabajo y el establecimiento de una industria armamentística y de un impulso considerable a las obras públicas. Parece una perogrullada pero con millones de trabajadores más y con mayores beneficios empresariales las arcas del Estado se llenaron.


+++

 


 

 

Entrevista con el historiador Giovanni Sale, s.j.

ROMA, miércoles, 9 junio 2004 .- Sesenta años después de la ofensiva aliada que derrotó al nazismo, ha salido en las librerías italianas un libro del historiador de la Universidad Pontificia Gregoriana, Giovanni Sale, s.j., en el que recoge documentación inédita.

El libro «Hitler, la Santa Sede y los judíos» --(«Hitler, la Santa Sede e gli Ebrei» - Editorial Jaka Book, 556 páginas)-- analiza las relaciones entre el Tercer Reich y la Santa Sede en los años 1933 y 1945, basándose en documentos hasta ahora desconocidos del Archivo Secreto Vaticano relativo a las nunciaturas de Munich y Berlín --recientemente abierto por el Papa--.

Según esta investigación, la Santa Sede con los papas Pío XI y Pío XII comprendió ya desde el inicio de los años veinte los peligros propios del nazismo.

Para conocer con más detalle las revelaciones de este libro, Zenit ha entrevistado al profesor Sale.

--La historiografía no habla de la posición del clero católico a la llegada al poder de Hitler y del nacionalsocialismo en Alemania. ¿Cómo se comportó la Iglesia católica en esa situación?

--Giovanni Sale: Con la reciente apertura de los archivos vaticanos relativa a las nunciaturas de Munich y Berlín (1922-39) ahora tenemos la posibilidad de evaluar mejor la manera en que aquel «fatídico giro político» del 30 de enero de 1933 fue comentado y juzgado por los máximos responsables de la Iglesia católica.

Una serie de «Informes», redactados por el nuncio apostólico en Berlín, el arzobispo Cesare Orsenigo, nos da la posibilidad de evaluar mejor aquellos acontecimientos. El primer obispo que tomó medidas contra el nacionalsocialismo fue el arzobispo de Maguncia, quien en septiembre de 1930 publicó algunas normas que tenían como objetivo impedir el que los católicos quedaran contagiados por la epidemia nacionalsocialista; sin embargo, no todos los obispos las aprobaron, por considerar que eran demasiado duras. En todo caso, consideraban que el documento episcopal era prematuro, dado que el movimiento hitleriano se encontraba todavía en evolución.
Algunos obispos, además, pensaban que no había que creer demasiado a las teorías de algunos intelectuales del movimiento hitleriano, como el ideólogo anticristiano Alfred Rosenberg, mientras que había que tener en cuenta que el partido nacionalsocialista era el único que se oponía con determinación al avance de los bolcheviques en Europa.

Con el paso del tiempo, a la línea de conducta adoptada por el obispo de Maguncia, se asoció poco a poco todo el episcopado alemán, «apoyado --escribía el nuncio Orsenigo-- por la actitud irreligiosa persistente de algunos jefes del nacionalsocialismo». En la conferencia episcopal de los obispos prusianos reunidos en Fulda del 17 al 19 de agosto de 1932 se acordó, «dado el presente peligro que el movimiento nacionalsocialista podría constituir para las almas», publicar disposiciones que prohibieran a los católicos la participación en el partido hitleriano. El documento fue aprobado por unanimidad.

En la campaña electoral para las elecciones políticas del 5 de marzo de 1933, por primera vez salió a la luz la oposición entre nacionalsocialismo y mundo católico. En un despacho del 16 de febrero de 1933, enviado a la Secretaría de Estado del Vaticano, monseñor Orsenigo afrontaba la gravedad de la situación y la dureza del enfrentamiento político que tenía lugar entre los partidos, así como la orientación política de los católicos y la manipulación de la religión con fines partidistas: «La lucha electoral en Alemania --escribía el nuncio-- ha entrado ya en su clímax [...]. Por desgracia, también la religión católica es utilizada con frecuencia por unos y por otros con objetivos electorales. El Zentrum [Centro] cuenta naturalmente con el apoyo de casi la totalidad del clero y de los católicos y, con tal de lograr la victoria, actúa sin preocuparse de las penosas consecuencias que podrían derivarse para el catolicismo en caso de plena victoria adversaria».

De hecho, durante la campaña electoral, el elemento religioso fue sumamente aprovechado con motivos de propaganda política tanto por los partidos gubernamentales como por el Zentrum. Éste, considerado por muchos como un «partido confesional», se inspiraba en los valores cristianos para condenar y combatir los principios del nacionalsocialismo. Este último, por su parte, recurría a la lucha contra el comunismo para movilizar a las fuerzas católicas contra el enemigo común. Y sabemos también que muchos hombres de Iglesia no eran para nada insensibles a este argumento.

En general, la actitud de la jerarquía católica alemana durante toda la campaña electoral estuvo caracterizada por una gran prudencia y sentido de responsabilidad. En general, hizo todo lo posible para no alimentar, con declaraciones partidistas o improvisadas, el conflicto existente entre el nacionalsocialismo y el Zentrum.

Lo mismo hizo la Santa Sede. De la documentación que hemos consultado, resulta de hecho que ni la Santa Sede ni el nuncio en Berlín intervinieron de ninguna manera para influenciar a los obispos o a los jefes del partido Zentrum en una determinada dirección.

La Secretaría de Estado en aquellos meses se limitó a observar lo que estaba sucediendo en Alemania y trató con todos los medios de no involucrarse en las complicadas cuestiones políticas alemanas. Esto no significa, sin embargo, que no estuviera preocupada por lo que sucedía en aquellos meses en una nación tan importante para Europa.

Si bien compartía el punto de vista de los obispos alemanes sobre la condena de la ideología nacionalsocialista y sentía profunda preocupación por el destino de la Iglesia católica en aquel país, en el Vaticano eran también conscientes del peligro de que Alemania abrazara a los bolcheviques, empujando a toda la Europa continental en el caos y poniéndola en manos del comunismo. Esto explica el motivo por el cual en el Vaticano, en aquel período, no se juzgaba con excesivo rigor la llegada al poder de Hitler, ni su proyecto político de crear en Alemania un gobierno fuerte, autoritario, siguiendo el modelo de Benito Mussolini.

El punto más debatido por los historiadores es, sin embargo, el del apoyo determinante dado por el Zentrum a la consolidación de la dictadura hitleriana, con la votación de la ley sobre los plenos poderes del 23 de marzo de 1933. Hay que recordar que el paso de plenos poderes legislativos del Reichstag al canciller era un procedimiento excepcional pero previsto por la Constitución y, por tanto, legítimo.

La responsabilidad del Zentrum en la consolidación del poder del nacionalsocialismo se limita, desde mi punto de vista, al hecho de que a través de su voto se hizo posible la ampliación de los poderes del canciller; esto no significa sin embargo la toma del poder absoluto (que quedaba en manos del ejército y del presidente de la República) por parte de Hitler, del que sin embargo fue investido sucesivamente, con un simple decreto firmado por él mismo, después de la muerte del presidente Hindenburg.

Por tanto, responsabilizar al Zentrum de la llegada de la dictadura hitleriana, como sucede con frecuencia entre algunos escritos, me parece no sólo injusto sino también erróneo desde el punto de vista de la verdad histórica.

Las fuerzas reaccionarias y conservadoras del Estado permitieron que el nacionalsocialismo llegara al poder en Alemania y estas fuerzas permitieron que Hitler --a pesar de que conocían sus ideas y su proyecto político-- fuera investido de plenos poderes, creyendo que podrían dominarlo y manejarlo según sus intereses. Tampoco hay que olvidar que fueron los electores, en las elecciones del 5 de marzo de 1933 quienes confirmaron esta opción, concediendo al partido hitleriano un elevado porcentaje de votos.

Si el partido Zentrum el 23 de marzo se hubiera negado a votar los plenos poderes a los nacionalsocialistas --quienes para amedrentar a los diputados habían rodeado el edificio en el que se celebraba la sesión--, los nacionalsocialistas hubieran utilizado la fuerza para alcanzar este mismo resultado, derramando sangre inocente.

Desde mi punto de vista, los diputados del Zentrum que votaron en marzo de 1933 la ley de delegación de poderes actuaron en buena fe, pensando que de este modo estaban ofreciendo un buen servicio a la Patria, preservando la paz social y política y salvando la Constitución. Ciertamente no tenían ante sus ojos todos los efectos negativos, muchos de los cuales entonces no podían preverse, y que tendrían lugar con la toma de poderes.

--La ideología nacionalsocialista se demostró pagana y claramente anticristiana. Pero el enfrentamiento más duro entre los nazis y la Iglesia católica tuvo lugar con motivo de la ley sobre la esterilización obligatoria de 1933. Con esta ley, los nazis comenzaron a aplicar de manera criminal la selección de la raza. ¿Cómo reaccionó la Iglesia católica?

--Giovanni Sale: En realidad, los desacuerdos entre la Santa Sede y el nacionalsocialismo habían comenzado ya tras la estipulación del Concordato de julio de 1933, cuando Hitler comenzó sin demasiados reparos a violar no sólo su espíritu sino también su letra, limitando según le daba la gana los derechos de la Iglesia en materia de asociación, formación, etc.

Ya en abril de 1933, la Santa Sede había comunicado a Hitler, tanto a través de los canales de la diplomacia pontificia como a través de la mediación de Mussolini, que se oponía a la legislación antisemita adoptada por el nuevo Gobierno, pues violaba el derecho natural e hizo todo lo posible para atenuar su rigor.

Hay que decir, de todos modos, que la ley sobre la esterilización obligatoria, que entró en vigor a inicios de 1934, se convirtió en el primer motivo de enfrentamiento entre las autoridades vaticanas y las del nuevo Reich germánico, decidido a aplicar sus teorías eugenésicas en materia de selección racial: teorías que Pío XI había condenado abiertamente en la encíclica «Casti Connubii» de 1931.

A petición de la Santa Sede, el episcopado alemán hizo todo lo posible (incluidas cartas pastorales, contactos personales con dirigentes del régimen, etc.) para lograr la modificación de la ley sobre la esterilización. Esta movilización del mundo católico alemán llevó, de hecho, a modificar el reglamento de aplicación de la ley, que fue publicado el 5 de diciembre de 1933.

Éste contenía dos cláusulas importantes, incluidas en el texto definitivo por los representantes de los obispos después de extenuantes encuentros con las autoridades gubernamentales y contra la oposición del ala radical del partido nacionalsocialista: la primera permitía a las personas con enfermedades hereditarias que no querían ser esterilizadas ser internadas en una clínica; la segunda, garantizaba al personal sanitario no efectuar o a asistir a operaciones de esterilización por motivos de conciencia.

Tuvo más éxito, en 1941, la valiente denuncia de algunos obispos alemanes contra el programa (secreto) de eutanasia de personas con enfermedades hereditarias, en particular los enfermos de mente --los mismos que habían sido esterilizados en virtud de la ley de 1933-- cuya manutención era considerada como demasiado cara para el Estado.

El obispo de Münster, monseñor Clemens August Graf von Galen, en una homilía del 3 de agosto de 1941, reveló detalles sobre la manera en que eran asesinados los enfermos en casas especialmente preparadas para ello y la manera en que se comunicaban noticias falsas a sus seres queridos sobre su fallecimiento.

El obispo condenó con fuerza estos hechos, definiéndoles auténticos delitos, y pidiendo que se castigara a sus responsables. La falta de respeto de la vida humana, denunció, llevaría a la eliminación física de todas las personas consideradas discapacitadas para el trabajo, como los enfermos graves, los ancianos, los soldados heridos que regresaban del frente.

La homilía causó una profunda conmoción entre la población civil y entre los soldados alemanes que combatían en el frente. Los jefes nazis reaccionaron con violencia: algunos pidieron incluso que von Galen fuera ahorcado, acusado de alta traición.

Sin embargo, Hitler, a regañadientes, decidió --para no crear malestar entre la población civil de esa importante región ni entre los numerosos soldados católicos--, aplazar el ajuste de cuentas con la Iglesia hasta que acabara la guerra.

Lo ciertos es que una orden del Führer del mismo 3 de agosto de 1941 bloqueó oficialmente la ejecución del programa de eutanasia. En los años sucesivos, a pesar de la orden de Hitler, se siguió aplicando en algunas situaciones particulares; pero el programa oficial no se reanudó.
La segunda parte de esta entrevista se publicará en el servicio de Zenit del jueves, 10 de junio. ZS04060901

 

 

+++ 

 

Respecto a otros archivos, en materia de apertura el Archivo Vaticano está en un «punto óptimo --aclaró su prefecto--, porque en las distintas legislaciones se procede a diversos períodos de apertura, según el tipo de documento. Generalmente se va de un mínimo de 50 años, yendo marcha atrás, hasta un máximo de 100 años para los documentos más delicados o reservados».

Por ejemplo, «Italia abre sus archivos relativos a política exterior o interior 50 años después de su fecha, pero los reservados relativos a situaciones privadas de personas, o los documentos de los procesos penales, después de 70 años». 2005.01

 

+++

La difamación es un incendio provocado consecuente del odio por el prójimo.

-.-

Hitler, la Santa Sede y los judíos: la palabra a los archivos (II)

 

Entrevista con el historiador Giovanni Sale, s.j.


ROMA, jueves, 10 junio 2004 .- Una vez aclarada la posición de la Santa Sede y de los católicos alemanes ante la llegada al poder del movimiento político de Hitler, en esta segunda parte de la entrevista el historiador Giovanni Sale sj., analiza la posición de Pío XI y de Pío XII ante el nazismo y en particular ante la persecución de los judíos.

La teoría de que Pío XII se «calló», constata Sale, profesor de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana, autor del libro recién publicado «Hitler, la Santa Sede y los judíos» --(«Hitler, la Santa Sede e gli Ebrei» - Editorial Jaka Book, 556 páginas)-- está infundada.

--La encíclica «Mit brennender Sorge» y el hecho de que Hitler no pudiera visitar el Vaticano muestran la hostilidad de la Santa Sede al régimen nazi. ¿Qué opina usted sobre la conducta de Pío XI ante el régimen nazi?

--Giovanni Sale: La reciente apertura de los archivos vaticanos relativos a las nunciaturas de Munich y Berlín (1922-1939) arroja nueva luz tanto sobre la truncada visita de Hitler al Vaticano --durante la visita de Estado que hizo a Roma en 1938-- como sobre la redacción y divulgación en Alemania de la encíclica «Mit brennender Sorge» (1937), es decir, la encíclica de Pío XI contra el nazismo.

La nueva documentación vaticana disponible nos informa de manera sorprendentemente detallada sobre las vicisitudes ligadas a la recepción de esta encíclica por parte de los Estados y de los ambientes de la diplomacia internacional. Las fuentes muestran que la encíclica fue interpretada en aquel tiempo, por la mayor parte de los países occidentales no ligados a Alemania, como un valiente acto de denuncia del nazismo, de las doctrinas racistas y de idolatría del Estado que profesaba, así como de sus métodos violentos de disciplina social.

La «Mit brennender Sorge» fue una de las primeras encíclicas papales y tuvo una resonancia realmente mundial. Por motivos sobre todo políticos fue uno de los primeros actos pontificios que superó las fronteras del mundo católico: fue leída por creyentes y no creyentes, por católicos y protestantes, es más, por primera vez estos últimos tributaron a un documento papal reconocimientos públicos que eran impensables poco antes.

Según un prestigioso periódico protestante holandés, la encíclica «sería valida» también para los cristianos de la Reforma, «pues en ella el Papa no se limita a defender los derechos de los católicos, sino también los de la libertad religiosa en general». Ciertamente la «Mit brennender Sorge» fue acogida de manera diferente según la sensibilidad y la cultura política de las muchas personas que la leyeron.

El hecho es que, como hemos constatado, fue interpretada generalmente no sólo como un acto de protesta de la Santa Sede por las continuas violaciones del Concordato por parte del gobierno alemán, o como una desautorización doctrinal de los errores del nacionalsocialismo, sino sobre todo como un acto de denuncia del nazismo mismo y de su Führer, y esto lo comprendieron inmediatamente los jerarcas del Reich.

Es verdad, como han subrayado los que han comentado la encíclica, que no menciona nunca ni al nacionalsocialismo ni a Hitler, pero si se va más allá de la «letra» del documento, es fácil percibir detrás de cada página, de cada frase, una auténtica acusación contra el sistema hitleriano y contra sus teorías racistas y neopaganas.

Esto lo comprendieron la gran mayoría de los lectores del documento papal. Por eso, se convirtió en una de las mayores y más valientes denuncias de la barbarie nazi, pronunciada de manera autorizada por el obispo de Roma, cuando todavía la gran parte del mundo político europeo veía a Hitler con una mezcla de admiración, sorpresa y miedo.

--Otros de los grandes debates es el de el Papa Pío XII y el holocausto. ¿A dónde ha llegado tras sus investigaciones históricas? ¿Qué hizo el Papa Pacelli ante la persecución de los judíos?

--Giovanni Sale: Por lo que se refiere a los judíos deportados en los territorios ocupados por el Reich, la acción desarrollada a su favor por la diplomacia de la Santa Sede se orientó en dirección de los gobiernos de los países aliados de Alemania, donde existía una mayoría católica y un episcopado «combativo».

Una nota de la Secretaría de Estado del 1 de abril de 1943 decía: «Para evitar la deportación de masa de los judíos, que se verifica actualmente en muchos países de Europa, la Santa Sede ha solicitado la atención del nuncio de Italia, del encargado de asuntos en Eslovaquia, y del encargado de la Santa Sede en Croacia».

Utilizando los canales diplomáticos vaticanos, hizo todo lo que pudo para obtener algo --con frecuencia, por desgracia, muy poco-- a favor de los judíos por parte de aquellos gobiernos (en ocasiones amigos). Se sabe, además, que exhortaba al episcopado local, en particular al alemán, a denunciar con fuerza los horrores cometidos por los nazis contra católicos y judíos.

Hay que recordar que la mayor parte de las intervenciones pontificias tenían como objetivo principal defender a los judíos católicos y garantizar la indisolubilidad de los matrimonios entre judíos y católicos, basándose en los Concordatos estipulados con estos Estados. Realmente la Santa Sede no podía pedir o hacer más a través de los canales diplomáticos oficiales.

Alemania, tras la ocupación de Polonia, había replicado a la Santa Sede que pedía la aplicación del Concordato alemán a los territorios polacos «englobados» en el Reich. En realidad no era aplicado ni siquiera en el territorio alemán.

Los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores del Reich están llenos de periódicas intervenciones del nuncio apostólico, el arzobispo Cesare Orsenigo, sobre los judíos. Pero los despachos que envió a la Secretaría de Estado muestran lo difícil que era su situación.

Uno, del 19 de octubre de 1942, dice: «A pesar de las previsiones, he tratado de hablar con el ministro de Asuntos Exteriores, pero como siempre, especialmente cuando se trata de personas que no son arias, me respondió "no hay nada que hacer". Todo asunto sobre los judíos es sistemáticamente rechazado o desviado».

En las palabras de los diplomáticos vaticano se percibe con frecuencia un sentido de impotencia y de desaliento en este sentido. La actividad diplomática de la Santa Sede a favor de los judíos no fue, sin embargo, como algunos dicen, totalmente inútil o ineficaz. A veces logró «ralentizar» las operaciones de deportación o, cuando no podía hacer otra cosa, excluir de ella a algunas categorías de personas.

Una parte de la historiografía reciente, en especial la estadounidense, ignora esta actividad realizada por la Santa Sede a favor de los judíos. Denuncia los «silencios» de Pío XII, por considerarlos «culpables». Según ellos, el Papa tenía el deber de denunciar lo que estaba sucediendo en Europa, aunque tuviera que poner en peligro la propia vida.

La verdad es que esto no sólo hubiera expuesto a la represalia nazi la vida del Papa --que en varias ocasiones dijo que estaba dispuesto a entregar-- sino la de todos los obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, que vivían en los territorios ocupados, así como la seguridad de millones de católicos.

Sobre la así llamada «solución final» [exterminio del pueblo judío, ndr.], por las fuentes que he consultado, algunas de ellas conservadas en nuestro archivo de la «Civiltà Cattolica» [revista quincenal de los jesuitas en Italia, ndr.], se constata que el Papa no tenía información: basándose en noticias algo nebulosas y a veces contradictorias, sabía que muchísimos judíos, sin culpa ninguna y sólo por motivo de su estirpe, eran asesinados por los nazis de diferentes maneras. De hecho, poco antes, había sucedido lo mismo a muchos católicos polacos, por el único motivo de su nacionalidad.

Pero no sabía nada de la «solución final». Hasta 1944, en el Vaticano se ignoraba incluso la existencia de Auschwitz. La misma propaganda aliada, a pesar de que describía las atrocidades alemanas, las represalias salvajes, y otras cosas, no decía nada sobre los campos de exterminio.

Las primeras noticias ceritas se tuvieron con el famoso Protocolo de Auschwitz, en el que dos jóvenes judíos, huidos del campo de concentración de Auschwitz, en la primavera de 1944, denunciaron al mundo el exterminio de sus hermanos en las cámaras de gas. El texto, conocido en parte ya en junio del mismo año, no fue publicado integralmente hasta el mes de noviembre.

¿Qué sabían los aliados de la «solución final»? Ciertamente más que el Papa. Según el historiador Richard Breitman, tanto Roosevelt como Churchill sabían mucho sobre el exterminio sistemático de los judíos, pues sus servicios secretos descifraban las comunicaciones codificadas de las SS.

Una fuerte denuncia de los crímenes por parte de los aliados, según Breitman, habría constituido un serio obstáculo a la aplicación de la «solución final», pero no tuvo lugar (Cf. «Il silenzio degli alleati: La responsabilità morale di inglesi e americani nell´Olocausto ebraico», Mondadori, 1999).

--En su libro, usted dedica dos capítulos al radiomensaje de Pío XII en 1942. ¿Podría explicarnos por qué es tan importante ese radiomensaje?

--Giovanni Sale: El radiomensaje navideño de Pío XII de 1942, dedicado a la pacificación de los Estados, presentando la ley moral y natural como criterio para la refundación de un nuevo orden entre las nacionales, es uno de los actos más significativos y al mismo tiempo más controvertidos del pontificado del Papa Eugenio Pacelli.

En el momento en que fue pronunciado, tuvo un eco enorme en todos los continentes y fue escuchado y apreciado incluso fuera del mundo católicos. Periódicos y revistas de diferente orientación cultural y política publicaron amplios pasajes y comentarios, en la mayoría de los casos benévolos.

Fue diferente la acogida que depararon al mensaje papal los gobiernos y el mundo de la diplomacia: fue acogido con abierta hostilidad por las potencias del Eje, en particular por Alemania, y con abierta frialdad por las aliadas, en particular por los ingleses.

En él, el Papa no sólo repudiaba el nuevo «orden europeo» que el nacionalsocialismo pretendía realizar, sino que condenaba explícitamente las atrocidades de la guerra, ya sea los bombardeos en alfombra efectuados por los aliados sobre las ciudades alemanas, ya sea las atrocidades realizadas por los alemanes contra civiles inocentes. En particular, el Papa denunciaba el exterminio de los judíos europeos: «Este deseo de paz --decía el Papa-- la humanidad lo debe a los centenares de miles de personas que, sin culpa alguna, en ocasiones sólo por razones de nacionalidad o estirpe, son destinados a la muerte o que son dejados morir progresivamente».

Si este pasaje del radiomensaje pasó prácticamente ignorado en la prensa internacional, no sucedió así en el caso de la atenta censura nacionalsocialista. El ministro de Asuntos Exteriores del Reich, Joachim von Ribbentrop, encargó inmediatamente al embajador alemán ante la Santa Sede que informara al Papa sobre la posición del gobierno alemán: «Por algunos síntomas da la impresión que el Vaticano está dispuesto a abandonar su actitud normal de neutralidad y a tomar posiciones contra Alemania --dice el comunicado--. A usted le corresponde informarle que en tal caso Alemania no carece de medios de represalia».

--¿Qué pensaba el propio Papa sobre el contenido del mensaje navideño de ese año? ¿Estaba convencido de haber denunciado al mundo los horrores de la guerra, de la deportación y de la masacre de poblaciones inocentes, como los judíos?

--Giovanni Sale: Por las relaciones de los embajadores de los países aliados, parece que sí: el Papa estaba totalmente convencido de haber cumplido hasta el final con su deber ante Dios y ante el tribunal de la historia.

En una carta del 30 de abril, dirigida al arzobispo de Berlín, monseñor K. von Preysing, escribe con tono sereno que «ha dicho una palabra sobre lo que se está haciendo actualmente contra los que no son arios en los territorios sometidos a la autoridad alemana. Fue una breve mención pero fue bien comprendida».

También con el director de «Civiltà Cattolica» Pío XII hizo referencia al mensaje navideño, en el que evidentemente descargó su corazón y su conciencia de pastor: «El Santo Padre --refiere el padre Martegani-- habló ante todo de su reciente mensaje navideño, que parece haber sido bien acogido en general, a pesar de que fuera ciertamente más bien fuerte».

El Papa, por tanto, estaba «subjetivamente» convencido de haber denunciado ante el mundo lo que estaba sucediendo a los que no eran arios en los territorios sometidos a la autoridad alemana, de haber hablado «fuerte» contra los horrores de la guerra y, en particular, contra los crímenes nazis.

Algunos historiadores consideran, sin embargo, que esta denuncia fue insuficiente, dictada por razones de prudencia político-diplomática y no tanto por sentimientos de humanidad. En todo caso, según estos intérpretes, era «objetivamente» inadecuada a la gran tragedia que estaba teniendo lugar en el corazón de Europa.

La actitud de «prudencia» por la que había optado la Santa Sede durante la guerra ante los beligerantes se reveló sobre todo en ese momento, comentan estos historiadores, inadecuada, insuficiente para responder a las graves exigencias del momento.

El mundo civil, según ellos, se esperaba del Papa, suprema instancia moral y espiritual del Occidente cristiano, no tanto palabras «prudentes», «equilibradas», incluso justas, sino más bien «palabras de fuego» a la hora de denunciar las violaciones de los derechos humanos, a pesar de que esto pusiera en peligro la vida de innumerables católicos, tanto clérigos como laicos, que vivían en los territorios del Reich. De este modo, el Papa hubiera realizado su elevada misión profética.

Desde mi punto de vista, este juicio histórico sobre la acción de Pío XII es excesivamente simplista a nivel de los hechos históricos, e injusto desde el punto de vista subjetivo. No tiene en cuenta las reales dificultades del momento histórico en el que se desarrolló la labor del pontífice y, al mismo tiempo, prescinde totalmente de la sensibilidad y cultura del Papa Pacelli.

Algunos historiadores hablan del Papa y del papado de manera abstracta, ideológica, sin considerar el hecho de que el «ministerio petrino» se concreta a nivel histórico en la persona de individuos particulares, con sus virtudes y sus límites humanos, y que la Iglesia en su acción concreta, al igual que todas las instituciones que tienen una larga tradición, mira al pasado y al mismo tiempo al futuro, así como a las necesidades y urgencias de presente.

He tratado de demostrar que Pío XII estaba «subjetivamente» convencido de haber hablado «fuerte». Pensaba que la manera en que había expresado su denuncia era la más adecuada, la más justa para aquel momento particular. Estaba convencido de haber dicho «todo» y «claramente» y de haberlo hecho de una manera que no expusiera a las represalias nazis a los fieles católicos que vivían en los territorios del Reich y a los judíos.

Para él, este era un punto de máxima importancia al que hubiera sacrificado cualquier otra cosa, como dijo con claridad tanto durante la guerra como inmediatamente después. En definitiva, se puede discutir hasta el infinito sobre el hecho de que la denuncia del Papa fuera adecuada o no a la gravedad del momento, y sobre esto se pueden tener legítimamente a nivel histórico posiciones diferentes. Ahora bien, no se puede decir, como hacen algunos «propagandistas», que el Papa se «calló» conscientemente ante lo que estaba sucediendo a los judíos, por ser filonazi o simplemente por falta de sensibilidad a causa del antijudaísmo o antisemitismo. ZS04061010

 

 

+++

 

TANTOS GRITAN PARA ENTRAR EN ESTA FORTALEZA SECRETA,

Y DESPUÉS, CUANDO ESTÁ ABIERTA, DESAPARECEN..

 

EL ARCHIVO SECRETO VATICANO ha abierto a los estudiosos una nueva y riquísima fuente histórica. El archivo privado del Papa: mil años de documentos patrimonio de la humanidad en ochenta (80) kilómetros de estanterías. Desde el 18 de septiembre 2006 pueden ser consultados treinta mil (30.000) volúmenes de cartas-escritos, para los años que van desde el 1922 al 1939, correspondientes al pontificado de S.S. Pío XI. Incluidos los diarios inéditos del entonces cardenal Eugenio Pacelli.

(Las nuevas cartas ahora disponibles suman millones. Los estudiosos que desde el primer día de abertura de la consultación, tantísimos han frecuentado el archivo, se han encontrado nada menos que de frente a 59 volúmenes únicamente de ‘títulos’. Y solo para el inmenso fondo de la primera sección de la secretaría de estado vaticana).

 

Por Sandro MAGISTER

ROMA, 30 settembre 2006 – Da due settimane il Vaticano ha aperto agli studiosi il suo archivio segreto per un nuovo blocco di anni: quelli che coprono il pontificato di Pio XI, dal 1922 al 1939.

Le nuove carte ora disponibili assommano a milioni. Gli studiosi che fin dal primo giorno di apertura della consultazione hanno affollato l´archivio si sono trovati di fronte a ben 59 nuovi volumi di soli indici. E solo per l´immenso fondo della prima sezione della segreteria di stato vaticana.

Sono documenti indispensabili per lo studio della storia del Novecento. La figura dominante è quella di papa Pio XI. Ma grande rilievo ha anche l´allora segretario di stato Eugenio Pacelli, il futuro Pio XII.

Tra le carte vaticane di quel periodo restano escluse dalla consultazione quelle relative al conclave da cui il 6 febbraio 1922 uscì eletto il cardinale arcivescovo di Milano Achille Ratti. Il divieto di rendere pubblici gli atti dei conclavi è stato stabilito dalla nuova legislazione vaticana sugli archivi, promulgata da Giovanni Paolo II poco prima della morte, il 21 marzo 2005.

Tra le nuove carte messe a disposizione degli studiosi c´è però una grossa sorpresa in più. Sono gli appunti che l´allora segretario di stato Pacelli annotava personalmente dopo ogni udienza con Pio XI e con i diplomatici accreditati presso la Santa Sede. Il cardinale Pacelli iniziò a compilare questo suo diario – di cui non si aveva fino a ieri notizia – nell’agosto del 1930, cioè sei mesi dopo avere assunto il ruolo di segretario di stato, e continuò fino alla morte di Pio XI, il 10 febbraio 1939.

“Sono migliaia di fogli autografi, scritti con la tipica grafia di Pacelli, per nulla facile”, spiega il prefetto dell’Archivio Segreto Vaticano, il barnabita Sergio Pagano. Di questa fonte preziosa, lo stesso Pagano sta curando l´edizione integrale. Questa comprenderà almeno quindici volumi e il primo – relativo al 1930 – uscirà nella prossima primavera del 2007.

Padre Sergio Pagano, nato a Genova 58 anni fa, è prefetto dell’Archivio Segreto Vaticano dal 1997. È membro dei “Monumenta Germaniae Historica” ed è autore di oltre 130 pubblicazioni scientifiche. Nella sua ultima opera, “Le carte del ´sacro tavolo´”, in due volumi curati assieme ad Alejandro Dieguez, ha pubblicato i documenti dell’archivio privato di Pio X, che gettano nuova luce su un pontificato controverso ma decisivo per la storia del cattolicesimo contemporaneo.

Sull´apertura dei documenti del pontificato di Pio XI, ecco qui di seguito l’intervista esclusiva data da padre Pagano al quotidiano della conferenza episcopale italiana, “Avvenire”. È stata raccolta da Gian Maria Vian, storico della Chiesa e professore ordinario di filologia patristica all’Università “La Sapienza” di Roma:

”Gli studiosi seri sanno che la storia si scrive con fatica e che gli archivi esigono anni di ricerca...”

Intervista con Sergio Pagano, prefetto dell’Archivio Segreto Vaticano

D. – Solo per riordinare i fondi che si aprono, venti archivisti hanno lavorato per quasi vent’anni: quanti e quali sono questi documenti?

R. – Questa massa di documenti – numerati, inventariati, rilegati o contenuti in apposite scatole – comprende più di trentamila grandi unità (tra faldoni, buste e fascicoli). Entrare nel dettaglio è impossibile, ma sono quattro le serie che costituiranno l’ossatura della futura ricerca: gli archivi delle rappresentanze pontificie, quelli della curia romana, il grande archivio della segreteria di stato e quello della congregazione degli affari ecclesiastici straordinari. Va ricordato che la prima guerra mondiale, la disgregazione dei tre grandi imperi (austroungarico, russo e ottomano), il risveglio delle nazionalità e la nuova politica di relazioni internazionali della Santa Sede, avviata dopo il 1870 e sviluppata da Benedetto XV e Pio XI, portarono alla nascita di molte rappresentanze pontificie, con ben ventisette archivi ora resi per la prima volta disponibili ai ricercatori. Migliaia di unità archivistiche hanno imposto un lungo lavoro di sistemazione, condizionamento, foliazione e inventariazione; lavoro tanto più gravoso se si considera che di alcuni archivi non si avevano neppure indici sommari e che altri giunsero in Vaticano sconvolti e disordinati. Un rilievo del tutto particolare merita il vastissimo fondo della prima sezione della segreteria di stato, che ha comportato la digitalizzazione di oltre centomila schede, confluite in ben 59 volumi di soli indici. C’è infine il prezioso archivio della congregazione degli affari ecclesiastici straordinari, le cui competenze sono passate all’attuale sezione dei rapporti con gli stati della segreteria di stato.

D. – Questa enorme documentazione riguarda uno dei periodi più difficili e densi di avvenimenti del Novecento: un passato che sembra non passare. Nel 2003 l’apertura è stata anticipata per alcuni fondi tedeschi, e superata per quello dell’ufficio vaticano per i prigionieri di guerra, che dal 1939 arriva al 1947: rispetto ad altri archivi nazionali è un’apertura che arriva tardi?

R. – In confronto con le aperture praticate da molti archivi di stato senza dubbio gli archivi della Santa Sede sono cronologicamente arretrati, forse di quindici o vent’anni. Ma le legislazioni archivistiche degli stati si basano di solito su scadenze cronologiche fissate secondo le diverse classi di documenti; per la Santa Sede, invece, si usa aprire per interi pontificati, per necessità di coerenza archivistica. Questo comporta uno sforzo notevole di studio, ordinamento, riordinamento e inventariazione, a cui si aggiunge quello per l’identificazione dei documenti riservati a norma della vigente legislazione vaticana, come avviene per altri grandi archivi pubblici; un lavoro che dura decenni e che le forze dell’archivio vaticano, limitate benché negli ultimi anni molto accresciute, devono affrontare compatibilmente con il lavoro ordinario. L’archivio infatti – è bene ribadirlo – non è frequentato solo da ricercatori dell’età contemporanea, che sembrano presi da una speciale febbre di conoscere i documenti dell’altro ieri, ma soprattutto da studiosi del medioevo e dell’età moderna, le cui esigenze vanno ugualmente accolte.

D. – Bufere giornalistiche – poi risultate fondate su errori e manipolazioni – hanno accompagnato l’apertura dei fondi delle nunziature di Monaco e Berlino per il periodo dal 1922 al 1939 e poi l’anticipazione di altri documenti conservati in Francia. La storia a colpi di scoop ha ricadute sul formarsi delle interpretazioni storiografiche e lei stesso ha dichiarato ad “Avvenire” il 14 gennaio 2005 che gli archivi di cui si reclamava l’apertura, una volta accessibili, non interessano quasi più e non modificano tesi già precostituite. L’ultimo caso riguarda le carte private di Pio X, da lei stesso studiate e pubblicate con rigore insieme ad Alejandro Dieguez: com’è andata?

R. – Ribadisco quanto dissi nel 2005 e sono convinto che lo stesso fenomeno si ripeterà con questa apertura. Vi sarà chi andrà subito a cercare “inediti” sull’ultima malattia di Pio XI, sui presunti “dissensi” sulla politica tedesca fra il papa e il cardinale segretario di stato Eugenio Pacelli, sulla redazione della “misteriosa” enciclica di condanna del nazismo, e così via. Del resto la spasmodica attesa dei documenti del nunzio Pacelli a Monaco e a Berlino, che sembravano dovessero rivelare chissà quali retroscena, produsse sulle prime curiosità da parte di taluni ricercatori, ma poi, visto che carte eclatanti e sconvolgenti non apparivano, la curiosità lasciò il posto se non al disinteresse, almeno alla disattenzione. Vi sono infatti studiosi – per chiamarli così – che alle indagini lunghe e minuziose e all’attenzione per le sfumature dei documenti, preferiscono giudizi generali, che nel caso dei papi e della Chiesa cattolica divengono subito estremi: nero o bianco, assoluzione o condanna. Ma l’attività dei pontefici, della Santa Sede e la realtà della Chiesa non sono realtà monolitiche, o soltanto piramidali. Occorre una concezione diversa e un più maturo giudizio storico anche su Pio XI, lontano tanto dalla vuota e inutile apologia, quanto dal preconcetto o dalla parzialità. Gli studiosi seri sanno che la storia si scrive con fatica, che gli archivi non si indagano in un giorno e neppure in un mese, ma esigono anni di ricerca, ben consapevoli che le carte non si leggono avulse dal loro contesto (anche archivistico), e che lo studio del contesto impone lunghe ricerche in diverse direzioni. Questi studiosi non spingevano per una apertura non ancora pronta, e quando le porte si sono aperte hanno avviato indagini serie. Ricordo, fra altre, l’edizione a cui si lavora dal 2003 – da parte della Kommission für Zeitgeschichte di Bonn e dell’Istituto Storico Germanico in Roma, sotto la guida di Karl-Joseph Hummel e Thomas Brechenmacher in collaborazione con l’archivio vaticano – dei dispacci del nunzio in Germania Cesare Orsenigo tra il 1930 e il 1939: sarà senza dubbio un’opera scientifica, di cui si avverte la necessità anche per la perdita dell’archivio del nunzio in Germania. Quanto ai volumi appena pubblicati da Alejandro Dieguez e da me sulle carte della “Segreteriola” di Pio X, pressoché ignorate fino a oggi, non spetta a me giudicare. Certo, qualche recente segnalazione dell’opera sulla stampa ci lascia perplessi perché vi abbiamo letto giudizi mai da noi espressi e neppure rispondenti, nei fatti, ai documenti pubblicati.

D. – Tornando a Pio XI, cosa si troverà nei fondi che si aprono, e quanto tempo ci vorrà per avere risultati storiografici fondati su analisi attendibili dei documenti?

R. – Le ricerche potranno indagare molti temi: Achille Ratti diplomatico della Santa Sede e poi fautore di iniziative diplomatiche; il conclave del 1922; l’opera missionaria (l´enciclica “Rerum Ecclesiae” è del 1926); i rapporti con l’Oriente (la “Rerum Orientalium” del 1928 e molto altro); il tema delle scienze (con la rifondazione nel 1936 della pontificia accademia delle scienze); la cultura teologica e biblica; la questione sociale; l’Azione Cattolica; Pio XI e il Partito Popolare in Italia; la “Questione romana” e i Patti Lateranensi tra la Santa Sede e l’Italia; la politica internazionale della Santa Sede, a partire dalla celebre relazione sui vari stati presentata al nuovo papa nel 1922, ripresa di recente dagli storici; Pio XI e il fascismo, specie dopo i Patti Lateranensi; la questione razziale; Pio XI e gli ebrei (a questo riguardo si ribalteranno forse gli ingiusti giudizi espressi di recente); il nazionalsocialismo; il comunismo; la guerra di Spagna e l’atteggiamento del pontefice verso il franchismo; le relazioni diplomatiche con la Francia; la situazione della Chiesa in Messico; papa Achille Ratti e la democrazia; la vita religiosa; i giubilei del 1925 e del 1933-1934. Sullo sfondo di così ampia e profonda attività pastorale e politica si muove la grande figura del cardinale Eugenio Pacelli, fedelissimo interprete ed esecutore dei desideri di Pio XI e poi suo successore, forse velatamente indicato come tale al sacro collegio dal papa quando nel 1936 lo esortò a intraprendere un viaggio negli Stati Uniti sulla “scena del mondo”, viaggio su cui vi è documentazione. E gli storici interessati alla figura di Pio XII potranno studiare la personalità e l’opera dell’allora segretario di stato.


Ovviamente la documentazione vaticana sarà comparata e integrata dagli storici con altre fonti già note o ancora da esplorare. Come non pensare, per esempio, per la Germania, alle pubblicazioni della Kommission für Zeitgeschichte, quasi quaranta volumi di corrispondenze, note private, rapporti di polizia e altro; ma anche agli Akten Deutscher Bischöfe über die Lage der Kirche, la cui documentazione chiarisce bene le scelte della Santa Sede e dell’episcopato tedesco di fronte al nazismo. Per il fascismo in Italia, alle fonti vaticane (pur rilevanti) bisognerà affiancare quelle non meno interessanti di archivi privati dei gerarchi – le carte Bottai, per esempio, hanno già dato i loro frutti – e dei fondi dei ministeri italiani (all’archivio centrale dello stato) e degli archivi statali. Non escluderei poi gli archivi diocesani, perché è ancora da indagare, fra l’altro, il rapporto fra Pio XI e i vescovi inclini al fascismo o a esso contrari. Ma una tale vastissima indagine, prima di giungere a fondate valutazioni sul pontificato di Pio XI, avrà bisogno di anni, se non di decenni.

http://www.chiesa.espressonline.it/dettaglio.jsp?id=87082

 

+++

 

STORIA DELL´ARCHIVIO SEGRETO VATICANO

 

1. Dalle origini della Chiesa al VI secolo.

La Chiesa ha avuto cura fin dai tempi apostolici delle scritture che ne attestavano la presenza e l´attività nel mondo. Era, questa, una necessità essenziale della sua organizzazione, oltre che un bisogno inerente alla sua stessa natura e missione: conservare le memorie non solo per tramandarle ai posteri, ma anche per mantenere vivo un legame con le origini e soprattutto con il fondatore.
Non ci sono giunte tuttavia testimonianze dirette sull´esistenza di un archivio della Chiesa romana durante i primi tre secoli. Quelle che solitamente si adducono sono tutte indirette, desunte da alcuni testi di Tertulliano, di Eusebio di Cesarea, dal Liber Pontificalis, da san Girolamo ed altri, testimonianze che riportano notizie relative anche all´organizzazione della comunità cristiana di Roma nei primi tempi. Sono notizie e dati che si riferiscono per esempio alla pratica delle offerte spontanee e alle loro destinazioni, al vescovo, al clero, ai benefattori, ai martiri, al numero e alle liste (matriculae) dei poveri e degli assistiti, agli elenchi delle Chiese con le quali erano state scambiate lettere di comunione; informazioni preziose, provenienti ovviamente da fonti documentarie preesistenti, conservate e custodite dalle comunità ecclesiali. 


Ma possiamo fare anche altre considerazioni.

 

Il cristianesimo, ormai liberato dai legami del mondo giudaico, quando si affaccia sulla scena del mondo romano s´incarna, più o meno consapevolmente, nelle realtà sociali e culturali che incontra nel suo cammino di evangelizzazione. Così poco a poco l´organizzazione ecclesiastica si modella sulla divisione dell´impero in «province» e «diocesi». Punto di riferimento per tutti i vescovi è la Chiesa di Roma il cui vescovo è riconosciuto primate della Chiesa cattolica «a motivo della sua alta autorità», derivatagli dall´essere il successore di Pietro. Lo stesso diritto romano, la prassi di vita e, per quanto riguarda il nostro tema, l´uso e la conservazione dei documenti pubblici e privati, degli atti, delle scritture, delle memorie, s´inseriscono nell´assetto dottrinale, giuridico, pastorale che la Chiesa stava per darsi. È nota inoltre l´importanza che si attribuiva all´archivio o «tabularium» nell´ambito del mondo romano e in genere delle antiche civiltà.
In un contesto simile la Chiesa non poté che dedicarsi alla conservazione delle testimonianze della sua opera evangelizzatrice, caritativa e amministrativa, custodendo le Sacre Scritture, i testi dottrinali, le testimonianze epistolari, gli atti dei sinodi, le memorie dei martiri ed in genere tutta la documentazione relativa al suo governo spirituale e temporale. È indubbio quindi che la Chiesa di Roma possedesse un suo «archivio-biblioteca», come era nella tradizione di quei tempi. Ma di questa documentazione conservata dalla Chiesa fino agli inizi del IV secolo non è rimasto quasi nulla - se si eccettuano pochi residui da biblioteche non romane e ciò principalmente a motivo della persecuzione dell´imperatore Diocleziano (284-305), il quale nel 303 ordinava di distruggere le scritture della Chiesa. Ce ne informa anche Eusebio di Cesarea: «Con gli occhi nostri abbiamo visto le case della preghiera rase al suolo e distrutte sin dalle fondamenta, bruciati in mezzo alle piazze i sacri libri delle divine Scritture, i pastori delle Chiese alcuni occultati qua e là, altri ignominiosamente catturati ed esposti al ludibrio dei nemici». È risaputa infatti la violenza con la quale Diocleziano, dal 303 al 305, cercò di annientare la religione cristiana; e la testimonianza di Eusebio solo in parte documenta il fatto, in quanto essa si riferisce unicamente al primo dei quattro editti emanati dall´imperatore contro i cristiani. Così, in questo clima di persecuzione, le Chiese dell´impero, ad esclusione di quelle della Gallia, persero purtroppo moltissimo del loro patrimonio documentario.

 

Più consistenti si fanno, dal secolo IV in poi, le testimonianze sulla conservazione del patrimonio archivistico, che presuppongono quindi l´esistenza di un archivio. D´altronde ci troviamo in un periodo più favorevole al cristianesimo. Con la pace concessa alla Chiesa nell´anno 313 da Costantino (307-337), dopo che l´impero occidentale ebbe ritrovato la sua unità, il cristianesimo uscì dalla clandestinità; alla Chiesa fu riconosciuto uno stato giuridico privilegiato, riservato.

 

+++

Tutti i segreti dell’Archivio Segreto Vaticano

 

 


È l’archivio privato del papa: mille anni di documenti in ottanta chilometri di scaffali. Nel 2006 sarà tutto aperto fino al 1939. Anche di Pio XII si possono già leggere molte carte. Un’intervista del prefetto dell’archivio

di Sandro Magíster

 

ROMA, 18 gennaio 2005 – Ha fatto molto rumore, in Italia e in altri paesi, un documento del 1946 della nunziatura vaticana a Parigi, all’epoca retta da Angelo Giuseppe Roncalli, il futuro Giovanni XXIII.

Il documento – anticipato monco e mal interpretato dallo storico Alberto Melloni sul “Corriere della Sera” del 28 dicembre 2004, e poi scoperto e pubblicato nella sua integrità da Andrea Tornielli e Matteo Luigi Napolitano su “il Giornale” dell’11 gennaio – riprende un’istruzione del Vaticano approvata da Pio XII e trasmessa da Roncalli ai vescovi francesi. Esso mette in guardia la Chiesa dal riconsegnare i bambini ebrei da essa ospitati durante la guerra alle istituzioni ebraiche che in quel 1946 operavano a Parigi e in tutta Europa per trasferire quei piccoli in Palestina in vista della fondazione del nuovo stato d´Israele. Ma “altra cosa” – precisa – “sarebbe se i bambini fossero richiesti dai parenti”.

Il documento ha dato spunto a un’ennesima grandinata di accuse contro Pio XII. Daniel Jonah Goldhagen, professore a Harvard, l’ha accusato di “aver dato l’ordine di portar via i bambini [ebrei] ai loro genitori", e ha invocato una giuria internazionale che lo processi e condanni.

Altre voci si sono levate contro la beatificazione di Pio XII, di cui è in corso il processo.

E altri ancora hanno reclamato dal Vaticano il “coraggio” di fare il “gran gesto” di aprire i suoi archivi.

A quest’ultima contestazione ha replicato il prefetto dell’Archivio Segreto Vaticano, Sergio Pagano, in un’intervista esclusiva al quotidiano della conferenza episcopale italiana, “Avvenire”, il 14 gennaio.

Ecco qui di seguito l’intervista integrale. È stata raccolta da Gian Maria Vian, storico della Chiesa e professore ordinario di filologia patristica all’Università “La Sapienza” di Roma.

”Tanti gridano per entrare in questa fortezza segreta, e poi, quando è aperta, spariscono”

Intervista con Sergio Pagano, prefetto dell’Archivio Segreto Vaticano

D. – Ha sentito delle ultime richieste di apertura degli archivi vaticani? Che ne pensa?

R. – “Ho letto sulla stampa le ultime invocazioni di una lunga litania che dura da decenni: il Vaticano deve aprire i suoi archivi, bisogna conoscere la verità su Pio XII (come se non siano esistiti altri papi) e sulla sua posizione nell’ultima guerra. Gli studiosi, anzi, l’intera Europa – si è scritto – hanno grande ‘sete’ di conoscere questo recente tragico passato, come se la pacificazione di una bruciante coscienza dei popoli d’Europa, almeno quanto al secondo conflitto mondiale, possa aver luogo in sede storiografica soltanto con l’apertura degli archivi vaticani, mentre tanta poca parte si riserva al cristianesimo – non dico al papato – nella costituzione europea. È un fenomeno ben strano. E mi chiedo se la richiesta continua di aprire gli archivi della Santa Sede sia mossa davvero da genuine e pacate valutazioni storiografiche oppure da altre cause”.

D. – Ma le aperture?

R. – “C’è il problema di preparare il materiale archivistico, come sanno bene gli studiosi più seri, aggravato nel nostro caso dal fatto che, per consuetudine e per necessità di coerenza scientifica, quando si procede a un’apertura non si agisce, come altrove, secondo periodi stabiliti per legge, ma per interi pontificati. E nel caso di Pio XI e Pio XII – ma c’è già chi chiede l’apertura di Giovanni XXIII e Paolo VI – siamo di fronte a pontificati quasi ventennali. Preparare, inventariare, numerare e timbrare un così grande numero di carte per disporle alla consultazione comporta, come capiscono tutti, un lavoro di anni e un numero di forze umane, serie e qualificate, ragguardevole.
Negli archivi vaticani poi vige la regola del controllo della documentazione prima dell’apertura. Si verificano le posizioni e i protocolli, si accerta la completezza o meno di una busta o di una serie di scritture, si seguono le pratiche. Insomma, si predispone la documentazione, per quanto è possibile, nella sua genuina e originaria natura e coesione, anche per evitare la nascita di ‘gialli’, sparizioni o sottrazioni misteriose – misteriose, s’intende, solo per chi non sappia fare ricerca seria d’archivio – di cui ogni tanto si legge. È un lavoro minuzioso, non facile, lungo. Qui, e solo qui, sta il motivo dell’attesa nelle aperture della documentazione vaticana”.

D. – E tutte le pressioni per le aperture?

R. – “Non è vero che tutti gli storici premano per aperture sempre più ravvicinate degli archivi. Qualcuno dovrebbe pur ricordare quel che scrisse Jacques Freymond nel 1981: i governi vagliano i documenti da porre a disposizione degli storici, separando quelli che per varie ragioni non saranno consultabili, mentre la pressione per aperture rapide rischierebbe di minare queste equilibrate operazioni. E il perché lo ha spiegato un grande archivista italiano, Elio Lodolini: ‘Noi siamo contrari ad una consultabilità a data troppo ravvicinata, in quanto essa provoca la volontaria distruzione dei documenti od il loro inquinamento. Ove manchi la più assoluta e tassativa garanzia della segretezza per un ragionevole periodo di tempo, vengono meno le caratteristiche della veridicità e della imparzialità delle carte’”.

D. – Chi stabilisce l’apertura progressiva dei documenti dell’archivio?

R. – “L’Archivio Segreto Vaticano si chiama così perché è l’archivio privato del pontefice. A lui solo appartiene e risponde. Ne consegue che solo il papa ha il governo dell’archivio, ne stabilisce regolamento e norme, decidendo anche le sue progressive aperture”.

D. – Nel 1880 Leone XIII aprì gli archivi agli studiosi. Con quale portata?

R. – “Il gesto compiuto da Leone XIII nei primi mesi del 1881 (e nel 1880 annunciato) fu certamente un gesto di lungimiranza politica e scientifica; su questo argomento molto si è scritto e si scriverà. Tuttavia va tenuto presente che l’apertura riguardava soltanto i fondi allora presenti nel vecchio archivio di Paolo V (1605-1621), cioè un numero limitato di ‘armaria’ e di ‘miscellanee’, per quanto preziose e importanti. Non c’erano poi strumenti aggiornati di ricerca ma soltanto gli indici del Seicento – i grandi schedari e inventari verranno dopo – sicché molti restarono delusi. Da Leone XIII a oggi l’Archivio Segreto Vaticano è aumentato a dismisura, almeno di quindici volte. Per fare un esempio, c’erano allora gli archivi soltanto di quattro nunziature (tre in antichi stati italiani e a Varsavia), mentre oggi ne abbiamo più di 75. Dai circa 5 chilometri lineari di documentazione del 1881 siamo passati ai più di 80 attuali. Senza tener conto che l’archivio non è morto, ma vivo, perché periodicamente riceve documenti dagli organismi curiali e dalle rappresentanze pontificie nel mondo. Tralasciando schedari e indici, l’archivio si è ampliato negli ultimi sei anni di oltre 10.000 unità archivistiche. E ciascuna unità ha in media 500 fogli: un totale di 5 milioni di fogli, cioè 10 milioni di pagine da scorrere e ordinare”.

D. – E gli altri papi?

R. – “I successori di Leone XIII – che poi aprì l’archivio vaticano fino al 1815, anno del congresso di Vienna – ne seguirono la strada. Pio XI nel 1924 aprì i documenti fino al 1846 (morte di Gregorio XVI); Pio XII preparò l’apertura di Pio IX (1846-1878), effettuata nel 1966 sotto Paolo VI. E Giovanni Paolo II ha sorpassato tutti nell’apertura dell’archivio: nel 1978 aprì il pontificato di Leone XIII (1878-1903) e nel 1985 quelli di Pio X (1903-1914) e Benedetto XV (1914-1922). E nei primi mesi del 2006 sarà aperto il pontificato di Pio XI (1922-1939)”.

D. – Nell’apertura come si trova oggi l’Archivio Segreto Vaticano rispetto ad altri archivi?

R. – “Direi a un ottimo punto, perché nelle varie legislazioni si procede a diversi periodi di apertura, a seconda della tipologia dei documenti. Generalmente si va da un minimo di 50 anni, andando a ritroso, fino a un massimo di 100 anni per i documenti più delicati o riservati. L’Italia apre i suoi archivi relativi alla politica estera o interna 50 anni dopo la loro data, ma quelli riservati relativi a situazioni private di persone, o i documenti dei processi penali, dopo 70 anni.
Fra un anno gli archivi vaticani saranno aperti fino al 1939. La successiva apertura, quella del pontificato di Pio XII, ci porterà al 1958. Il personale limitato e il lungo lavoro non consentono di pensare come vicina l’apertura dei documenti di Pio XII, per i quali, come per tutti gli altri già aperti, non si ha alcun timore di rovesciamenti storiografici, assoluzioni o condanne (che poi non spettano agli storici). Aggiungo che per rendere possibile tra un anno l’apertura del pontificato di Pio XI un gruppo di venti persone, fra addetti e archivisti, sta lavorando da circa quattro anni e la Santa Sede per questo ha aumentato l’organico dell’archivio di ben undici unità. Una volta aperto il pontificato di Pio XI, si passerà a preparare quello di Pio XII”.

D. – Ci sono state aperture parziali per il pontificato di Pio XII?

R. – “Da diversi mesi è aperto il fondo ‘Ufficio Informazioni Vaticano per i prigionieri di guerra’, che comprende documenti dal 1939 al 1947.
Ben oltre, dunque, il limite del 1922. Si tratta infatti di un fondo omogeneo e in certo modo slegato da altri. Per ordinare le oltre 2.500 scatole che compongono il fondo e per trasferire su dvd il suo schedario (circa 3 milioni di schede) sette persone hanno lavorato per tre anni. Così, dal maggio 2004 questo fondo è aperto, ma fino a oggi soltanto dieci ricercatori in tutta Europa ne hanno approfittato. A volte si ha l’impressione che certi studiosi, le cui voci sono forse troppo amplificate dalla stampa, gridino all’apertura degli archivi vaticani quasi per entrare in una fortezza segreta vincendo immaginarie resistenze; ma quando la porta si apre e i documenti sono consultabili, quelli che sembravano andare all’arrembaggio non si presentano o fanno una visita quasi turistica. Da più di un anno poi sono aperti gli archivi delle nunziature di Monaco e di Berlino fino al 1939; dopo un primo afflusso da parte di un discreto numero di ricercatori, sono rimasti sul campo i più seri e metodici, ben pochi. La maggioranza dei curiosi si è dileguata. Strano. Come se, non potendo trovare conferma a tesi precostituite ma non documentabili, gli archivi potessero essere dimenticati. John Cornwell, per esempio, che tanto acremente ha giudicato Pio XII, non ha mai messo piede nell’Archivio Segreto Vaticano (se non altro per studiare il periodo del nunzio Pacelli); lo stesso potrei dire di storici anche italiani”.

D. – Perché occorre tanto tempo per procedere all’apertura dei documenti di un papa?

R. – “Per sistemare, verificare, inventariare e numerare le carte. L’archivio vaticano, infatti, riceve i versamenti dai vari dicasteri della curia romana nell’ordine e nella sistemazione materiale che i documenti hanno all’origine. Ma in archivio va poi fatto, in vista dell’apertura, il riscontro fra la documentazione – contenuta in buste, faldoni, fascicoli, volumi, raccoglitori vari – e i relativi schedari o indici contestualmente versati. Quindi il materiale va preparato, qualche volta spolverato, e diviso in fascicoli maneggevoli; in questa fase si verificano le sequenze delle pratiche e la corrispondenza dei titoli e dei protocolli.
Si passa poi alla legatura, o alla sistemazione in buste, delle carte e quindi alla loro numerazione. Tutte queste operazioni, compiute su migliaia e migliaia di unità, spiegano il protrarsi del lavoro negli anni. A ciò si aggiunga che diversi archivi di rappresentanze pontificie, per vicissitudini storiche, giungono in completo disordine. È il caso, per esempio, delle rappresentanze nei paesi occupati in guerra (Polonia, Lettonia, Lituania, Estonia) o di quelle sedi dell’Europa orientale e centrale che durante la guerra fredda non ebbero certo vita facile: i rappresentanti del papa vennero cacciati dai governi comunisti da un giorno all’altro e costretti a scappare, portando con sé, stipate alla meglio in valigie, le carte dei loro archivi (come in Bulgaria, Cecoslovacchia, Iugoslavia, Romania, e in altri paesi). Tutto questo materiale va pazientemente rivisto, ordinato e inventariato. Nessuno studioso, infatti, senza questo lavoro preliminare, potrebbe poi compiervi ricerche”.

D. – Ma quanto è grande l’Archivio Segreto Vaticano?

R. – “Abbiamo più di 80 chilometri lineari di documentazione – proprio di recente si è provveduto a misurare i singoli palchetti e gli scaffali – che va dall’XI secolo (rari sono i documenti precedenti) fino al brevissimo pontificato di Giovanni Paolo I nel 1978. Insomma, circa 40.000 pergamene, una cospicua documentazione dei secoli XII-XIV, una assai più consistente tra Quattrocento e Settecento, e poi la smisurata mole di documentazione dell’Ottocento e del Novecento.
Un totale di oltre due milioni di unità”.

D. – Quali documenti sono più studiati oggi?

R. – “Con buona pace degli storici contemporanei, la maggioranza degli studiosi che frequentano l’archivio si occupa di storia medievale e moderna.
E lo testimoniano importanti collane di pubblicazioni di vari paesi europei (Germania, Francia, Austria, Italia, Spagna, Polonia, Belgio, Svizzera, Portogallo, Olanda, Norvegia, Finlandia, Svezia, Irlanda, Danimarca, Croazia, Ungheria, Repubblica Ceca, Slovacchia e altri). Anche questi studiosi hanno tutto il diritto di godere di strumenti adatti alle loro ricerche, e ciò impone che un certo numero di officiali dell’archivio lavori per anni su documenti medievali e moderni. Si pensi che alcuni fondi diplomatici dei secoli XIV-XVI non hanno ancora un inventario”.

D. – Quanti studiosi frequentano l’archivio?

R. – “Dai 27 studiosi ammessi nel 1882, subito dopo l’apertura voluta da Leone XIII, si è passati ai 400-500 studiosi annui nel periodo 1958-1967; nei tre ultimi decenni del Novecento si è giunti a una media di 1300 studiosi all’anno, con 40-50 presenze al giorno e picchi di 60-80 in alcuni mesi. La punta massima si ebbe nel 1999, quando si raggiuse il numero di 1444 ricercatori”.

D. – Vi sono accessi privilegiati?

R. – “Bisogna di nuovo chiarire questo punto. Posso attestare in coscienza, da quando sono prefetto, cioè dal 1997 – ma questo valeva naturalmente anche prima – che nessun privilegio, riguardo o favoritismo viene riservato ad alcuno studioso, ecclesiastico o laico: tutti sono soggetti alle medesime regole. Nessuno potrà mai dire di avere avuto da me alcun permesso speciale (del resto questo spetterebbe alla Segreteria di Stato).
Soltanto i postulatori per le cause dei santi, com’è ovvio, hanno il permesso di consultare documenti del periodo chiuso, previo consenso della Segreteria di Stato, e devono mantenere il segreto sui documenti loro concessi, sia durante i processi canonici sia dopo”.

D. – Cosa porterà di nuovo la prossima apertura del pontificato di Pio XI?

R. – “L’intero pontificato di Pio XI (1922-1939) si aprirà nei primi mesi del 2006 e con questo un vasto campo d’indagine storica. Fra le rovine del primo conflitto mondiale e le minacce del secondo, papa Ratti dovette assistere all’avvento al potere di quattro dittatori (Mussolini, Hitler, Stalin e Franco), alla grande crisi del 1929, alle guerre coloniali, a quelle del Messico e della Spagna, alla promulgazione delle terribili leggi razziali tedesche e italiane e ai prodromi della seconda guerra mondiale.
Pio XI risolse la questione romana con i Patti Lateranensi (1929), protesse e incrementò l’Azione Cattolica, celebrò il giubileo del 1925 e quello straordinario nel 1933-1934, disegnò un vasto progetto missionario che giunse fino alla Cina, volse la sua azione verso l’Oriente (con speciale attenzione alla Russia), guardò con occhio nuovo alla scienza, stabilì relazioni diplomatiche fra la Santa Sede e diversi paesi del mondo. Tutto questo e molto altro riflettono i documenti del suo pontificato che saranno posti al libero vaglio degli storici”.

D. – E Pio XII?

R. – “Già nel 2002 è stato ufficialmente comunicato che dopo l’apertura del pontificato di Pio XI si lavorerà per rendere accessibili, con precedenza, le fonti documentarie vaticano-tedesche relative al pontificato di Pio XII (1939-1958), in parte già pubblicate per volontà di Paolo VI nei 12 volumi (1965-1981) degli ‘Actes et documents du Saint-Siège relatifs à la seconde guerre mondiale’. Ma è già aperto, come ho detto, tutto il fondo ‘Ufficio Informazioni Vaticano per i prigionieri di guerra’, che ha documenti dal 1939 al 1947”.
__________

Il link al quotidiano della conferenza episcopale italiana (con un dossier on line su “Papa Pacelli e il caso francese”): 

Il link all’Archivio Segreto, nella home page della Biblioteca Vaticana: 

Lo “speciale” del Corriere della Sera” con l’ultima polemica su Pio XII e gli ebrei, dal 28 dicembre 2004 in poi:

> Pio XII, la Chiesa, la Shoah

 

http://www.chiesa.espressonline.it/dettaglio.jsp?id=21754 2005-01-21

 

+++

  

All the Secrets of the Vatican Secret Archives

 

 

It is the pope´s private archive: a thousand years of documents in eighty kilometers of shelves. In 2006, it will be opened up to 1939. Many papers relating to Pius XII´s can already be read. An interview with the prefect of the archive

by Sandro Magister

 

ROMA, January 18, 2005 – A stir has been created in Italy and other countries by a document dating from 1946, from the Vatican nunciature in Paris, headed at that time by Angelo Giuseppe Roncalli, the future John XXIII.

The document – anticipated in an incomplete and poorly interpreted version by historian Alberto Melloni in the December 28, 2004 edition of "Corriere della Sera," and then discovered and published in its entirety by Andrea Tornielli and Matteo Luigi Napolitano in the January 11 edition of "Il Giornale" – carries an instruction from the Vatican approved by Pius XII and transmitted by Roncalli to the French bishops. It warns the Church against returning the Jewish children it sheltered during the war to the Jewish institutions that in 1946 were working in Paris and throughout Europe to transfer these little ones to Palestine in view of the foundation of the new state of Israel. But "it would be another matter," the document clarifies, "if the parents were asking for their children."

The document provided the impetus for the umpteenth firestorm of accusations against Pius XII. Daniel Jonah Goldhagen, a professor at Harvard, accused him of "having given the order to take the [Jewish] children away from their parents," and called for an international jury to try and condemn him.

Other voices were raised in opposition to the beatification of Pius XII, which is now underway.

And others demanded of the Vatican the "courage" to make the "grand gesture" of opening its archives.

The prefect of the Vatican Secret Archives, Sergio Pagano, replied to the latter of these contentions in an exclusive interview with the newspaper of the Italian bishops´ conference, "Avvenire," on January 14.

The interview in its entirety follows. It was conducted by Gian Maria Vian, a Church historian and tenured professor of patristic philology at the "La Sapienza" university in Rome.


”Many clamor to enter this secret fortress, and then, when it´s open, they disappear”

An interview with Sergio Pagano, prefect of the Vatican Secret Archives


Q: Have you heard about the latest requests for opening the Vatican archives? What do you think?

A: "I have read in the papers the latest invocations in a long litany that has lasted for decades: the Vatican must open its archives, the truth about Pius XII (as if there had never been any other popes) and his position in the last war must be known. The scholars; indeed, all of Europe – it has been written – have a great ´thirst´ to understand this tragedy of the recent past, as if the pacification of the burning conscience of Europe´s peoples, at least in terms of the second world war, can take place in an historiographical setting by virtue of the mere opening of the Vatican archives, while so small a place is reserved for Christianity – I do not say for the papacy – in the European constitution. This is a rather strange phenomenon. And I ask myself whether the continual request to open the archives of the Holy See is really motivated by genuine and tranquil historiographical considerations, or by other causes."

Q: But what about the openings themselves?

A: "There is the problem of preparing the archive material, as the most serious scholars know, which in our case is aggravated by the fact that, because of habit and the need for scientific consistency, in carrying out an opening this is not done, as elsewhere, according to periods determined by law, but for the whole pontificate. And in the case of Pius XI and Pius XII – some are already asking for the opening of the pontificates of John XXIII and Paul VI – we are looking at pontificates lasting almost twenty years. To prepare, inventory, number, and label such a great quantity of papers to make them available for consultation involves, as everyone understands, years of work and a significant amount of serious and qualified human effort. Also, the rule of checking documents before releasing them applies to the Vatican archives. The documents´ position and classification are verified, the completeness or incompleteness of an envelope or series of writings is confirmed, and procedures are followed. As much as possible, the documentation is made available in its genuine and original nature and cohesion, partly to avoid the emergence of "whodunnits," disappearances, or mysterious withdrawals – mysterious, of course, only for someone who doesn´t know how to do serious archive research – of which one reads occasionally.

Q: And all the pressure for openings?

A: "It isn´t true that all the historians are pressing for ever more frequent openings of the archives. But some should nonetheless keep in mind what Jacques Freymond wrote in 1981: governments should evaluate the documents to be made available to historians, separating those which for various reasons will not be consultable, while pressing for rapid openings would risk undermining these delicate operations. And the reason for this was given by a great Italian archivist, Elio Lodolini: ´We are against overhasty releases, insofar as these provoke the willful destruction of documents, or their distortion. Where the most absolute and demanding guarantee of secrecy for a reasonable period of time is lacking, the papers´ veracity and impartiality are diminished."

Q: Who determines the progressive release of the archive´s documents?

A: "The Vatican Secret Archives are called that because they are the private archive of the pontiff. They belong and answer only to him. It follows that only the pope has command of the archives, establishing norms and regulations, and deciding also the progressive openings."

Q: In 1880, Leo XIII opened the archives to scholars. What did this accomplish?

A: "What Leo XIII did during the first months of 1881 (and announced in 1880) was certainly an act of political and scientific foresight; much has been written, and will be written, on this subject. Nevertheless, it must be remembered that this opening concerned only the records then present in the old archive of Paul V (1605-1621), that is, a limited number of ´catchalls´ and ´miscellanies,´ as valuable and important as these are. There were no updated research tools, only the indices of the 1600´s – the great card catalogues and inventories would come later – so many were disappointed. From Leo XIII to today, the Vatican Secret Archives have grown by leaps and bounds, to at least fourteen times their original size. To give an example, initially there were the archives of only four nunciatures (three in old Italian states and one in Warsaw), while today we have more than 75. From about 5 linear kilometers of documentation in 1881, we have passed to more than 80 currently. This is without considering that the archive is not dead, but alive, because we periodically receive documents from curial bodies and the pontifical representatives around the world. Leaving aside the card catalogues and indices, the archive has increased in the last six years by more than 10,000 archive units. And each unit contains 500 pages on average: a total of 5 million sheets; that is, 10 million pages to look through and put in order."

Q: And the other popes?

A: "The successors of Leo XIII – who opened the Vatican archive up to 1815, the year of the congress of Vienna – followed his path. In 1924, Pius XI opened the documents up until 1846 (the year of Gregory XVI´s death); Pius XII prepared the opening of Pius IX (1846-1878), carried out in 1966 under Paul VI. And John Paul II has surpassed all in opening the archive: in 1978, he opened the pontificate of Leo XIII (1878-1903) and in 1985, that of Pius X (1903-1914) and Benedict XV (1914-1922). And in the first months of 2006, the pontificate of Pius XI (1922-1939) will be opened."

Q: How do you see the Vatican Secret Archives in comparison with other archives?

A: "I would say they are at an excellent point, because according to various laws one proceeds by different periods of opening, according to the type of document. Generally, one begins from a minimum of 50 years, moving backward, up to a maximum of 100 years for the most delicate or reserved documents. Italy opens its archives relating to external or internal politics 50 years after their date, but those reserved relative to private or personal situations, or the documents from criminal trials, after 70 years. Within a year the Vatican archives will be open up to 1939. The next opening, that of the pontificate of Pius XII, will bring us to 1958. Limited personnel and the length of the work do not permit one to think Pius XII´s documents will be opened soon. There is no fear that these documents, nor any of the others already open, will bring about historiographical reversals, exonerations, or condemnations (the historians do not expect this either). I add that, in order to make possible the opening of the pontificate of Pius XI within one year, a group of twenty archivists and collaborators has been working for about four years, and the Holy See has for this reason added eleven positions to the archive´s staff. Once the pontificate of Pius XI has been opened, the next step will be to prepare that of Pius XII."

Q: Have there been partial openings for the pontificate of Pius XII?

A: "For several months, the records of the ´Vatican Information Office for prisoners of war,’ which included documents from 1939 to 1947, has been open. So it goes well beyond the limit of 1922. This is in fact a bank of records that is homogeneous and in a certain way disconnected from the others. Seven persons worked for three years to put in order the more than 2,500 boxes that contain the records, and to transfer the card catalogue (about 3 million entries) onto DVD. So these records have been open since May 2004, but up until today only ten researchers in all of Europe have taken advantage of it. Sometimes there is an impression that certain scholars, whose voices are perhaps amplified too much by the press, clamor for the opening of the Vatican archives almost as though to enter into a secret fortress by overcoming imaginary resistance; but when the door is open and the documents are available, those who seemed to be at the gates don´t show up, or make almost a touristic visit. Also, for more than a year the archives of the nunciatures of Monaco and Berlin have been opened up to 1939; after some initial traffic from a modest number of researchers, just a few of the most serious and methodical have remained. Most of the curiosity seekers have dispersed. This is strange. It is as if, unable to provide confirmation for preformulated but undocumentable theories, the archives could be forgotten. John Cornwell, for example, who has judged Pius XII very harshly, has never set foot in the Vatican Secret Archives (if for nothing else than to study the period of nuncio Pacelli); I could say the same about Italian historians as well."

Q: Why does it take so much time to move forward to the opening of a pope´s documents?

A: "To organize, verify, inventory, and number the papers. The Vatican archive, in fact, receives documents from the various dicasteries of the Roman curia, in the order and material organization they had originally. But in the archive, in view of the documents´ release, a comparison must be made between the documentation – contained in envelopes, folders, bundles, volumes, and other bindings – and the related card catalogues or contextually compiled indices. Thus the material must be prepared, sometimes cleaned, and divided into manageable bundles; in this phase, verification is obtained that procedures are being followed and that the titles correspond with the records. The next phase is the collation, or organization into envelopes, of the papers, and this entails numbering them. All these operations, carried out for thousands and thousands of items, explains why the work goes on for years. To this it must be added that some archives of pontifical representatives, because of historical vicissitudes, arrive in complete disorder. This is the case, for example, of the representatives in countries occupied during wartime (Poland, Latvia, Lithuania, Estonia) or of those areas of central and eastern Europe which certainly did not have an easy life during the cold war: the pope´s representatives were harried by the communist governments from one day to the next and forced to flee, carrying the papers from their archives heaped together as well as possible in their luggage (as in Bulgaria, Czechoslovakia, Yugoslavia, Romania, and other countries). All this material must be patiently reviewed, ordered, and inventoried. No scholar, in fact, could carry out studies on these documents without this preliminary work."

Q: But how big are the Vatican Secret Archives?

A: "We have more than 80 linear kilometers of documentation – just recently provisions were made for measuring the individual shelves – which goes from the 11th century (documents before this are rare) until the extremely brief pontificate of John Paul I in 1978. In all, there are about 40,000 parchments, noteworthy documentation from the 12th-14th century, more consistent records from the 15th-18th century, and then the immense heap of documentation from the 19th and 20th centuries. The total is over two million items."

Q: Which documents are studied most today?

A: "With no offense to contemporary historians, the majority of the scholars who visit the archive are concerned with medieval and modern history. And this is verified by important series of publications from various European countries (Germany, France, Austria, Italy, Spain, Poland, Belgium, Switzerland, Portugal, Holland, Norway, Finland, Sweden, Ireland, Denmark, Croatia, Hungary, the Czech Republic, Slovakia, and others). These scholars also have the right to enjoy instruments adapted to their research, which makes it necessary that a certain number of officials work for years on medieval and modern documents. Consider that some diplomatic records from the 14th-16th centuries still do not have an inventory."

Q: How many scholars frequent the archive?

A: "From the 27 scholars admitted in 1882, immediately after the opening Leo XIII had wanted, the number grew to 400-500 scholars yearly in the period 1958-1967; in the last three decades of the 1900´s this reached an average of 1300 scholars per year, with 40-50 daily visits and peaks of 60-80 during some months. The highest point came in 1999, when the number of researchers reached 1444."

Q: Is there privileged access?

A: "We must clarify this point again. I can attest in good conscience that since I have been prefect, that is, since 1997 – but this naturally held true even before – no privilege, regard, or favoritism has been reserved to any scholar, whether ecclesiastic or lay: all are subject to the same rules. No one can ever say he had any special permission from me (besides, this would have to come from the Secretariat of State). Only the postulators for the causes of saints, as is obvious, have permission to consult documents from the sealed period, having obtained permission from the Secretariat of State, and must maintain secrecy on the documents granted to them, both during the canonical process and after."

Q: What news will the opening of the pontificate of Pius XI bring?

A: "The entire pontificate of Pius XI (1922-1939) will be opened during the first months of 2006, and with it a vast field of historical inquiry. Among the ruins of the first world war and the threat of the second, pope Ratti had to witness the coming to power of four dictators (Mussolini, Hitler, Stalin, and Franco), the great crisis of 1929, the colonial wars, the wars of Mexico and Spain, the promulgation of terrible racial laws in Germany and Italy, and the harbingers of the second world war. Pius XI resolved the Roman question with the Lateran Pacts (1929), protected and expanded Catholic Action, celebrated the jubilee of 1925 and the extraordinary one of 1933-1934, designed a vast missionary project that reached all the way to China, turned his attention to the East (with special regard for Russia), looked at science from a new perspective, and established diplomatic relations between the Holy See and various countries of the world. All this, and much more, is reflected in the documents of his pontificate, which will be submitted openly to the scrutiny of scholars."

Q: And Pius XII?

A: "Already in 2002 it was officially communicated that after the opening of the pontificate of Pius XI work will begin to make available, as the first priority, the Vatican-German documentation sources relative to the pontificate of Pius XII (1939-1958), which were published in part at the behest of Pius VI in the 12 volumes (1965-1981) of the ´Actes et documents du Saint-Siège relatifs à la seconde guerre mondiale.´ But as I said before, all of the records of the ´Vatican Information Office for prisoners of war,´ which has documents from 1939 to 1947, are already open."
________
A link to the newspaper of the Italian bishops´ conference (with an online dossier on "Pope Pacelli and the French affair"):
> Avvenire
 
A link to the Secret Archives, on the home page of the Vatican Library:
> Vatican Secret Archives
 
The "special" in "Corriere della Sera," with the latest polemics on Pius XII and the Jews, from December 28, 2004 and after:
> Pio XII, la Chiesa, la Shoah 
2005-01-21

 

+++

 

 

 

Las moralejas de Auschwitz

 

 

Por Gustavo D. Perednik

 

 

Entre pestilentes pantanos del río Vístula, en 1940 se estableció la más enorme maquinaria de muerte. El mundo que la semana pasada conmemoró su desmantelamiento, hace seis décadas, debería imponerse que, de entre las brumas del Zyklon-B y los experimentos quirúrgicos con niños, se evoquen de Auschwitz también sus enseñanzas. La más universal de ellas fue planteada en 1750 por Rousseau, quien casi a los cuarenta años de edad sufrió una metamorfosis que lo llevó de libretista musical a pensador máximo.

 

Rousseau leyó que la Academia de Dijon premiaría una respuesta original a la cuestión de si el progreso de las artes y las ciencias contribuye a la moral. Su elaborada negativa le valió el premio, y permanece vigente desde Auschwitz.

 

Una nación entera fue brazo ejecutor de sadismo y brutalidad: la más civilizada, pletórica de grandes filósofos, músicos y poetas. Ni siquiera la caterva que secuestró a Alemania fue ineducada: más de la mitad de los catorce jerarcas que decidieron en Wansee (20/1/42) el exterminio físico del pueblo hebreo ostentaban doctorados de las principales universidades europeas. La primera lección es, pues, tan lacerante como inevitable: el odio no se desvanece por medio de la mera cultura.

 

La segunda moraleja se refiere a los judíos: para removerlos de la sociedad humana, la "ideología" nazi procedió a etiquetarlos de peligrosos parásitos, y así renovó la antigua mitología judeofóbica: ya no éramos leprosos y deicidas, confabuladores y vengativos, sino además un virus infeccioso. Seis millones de israelitas (un tercio del total) fueron eliminados en medio de inenarrables suplicios, sin que pudieran protegerlos la democracia ni el liberalismo, porque el encono contra ellos estaba demasiado enraizado como para evaporarse por ley.

 

Tanto la conferencia internacional de Evian (1938) como la de Bermuda (1943) fueron impotentes para proveer refugio, ya que en ellas estaban ausentes la voz y el voto del judío mismo. La segunda conclusión de Auschwitz es que se trató de un flagelo contra el pueblo judío, y por ello la indispensabilidad de reconstruir el Estado judío en su tierra ancestral, permitiendo al hebreo un pequeño territorio al que, después de milenios de persecuciones, pudiera denominar "patria".

 

Los pensadores sionistas habían advertido durante un siglo de la inminente erupción del volcán judeofóbico en Europa, pero se desoyeron las alarmas de Smolenskin, Schapira, Pinsker, Nordau y Jabotinsky, y la lava de Auschwitz lo cubrió todo.

 

La Shoá no puede entenderse en el marco de explicaciones sobre la humillación alemana en la Gran Guerra, la depresión económica o la hiperinflación. Fue la eclosión final de una milenaria judeofobia que había saturado casi toda ideología y nacionalidad europeas.

 

Por lo que antecede, cabían nuestras esperanzas de que Europa comprendiera fraternalmente al Estado de Israel y su autodefensa. Sin embargo, la arraigada obsesión pudo más, y el pequeño Estado hebreo es presentado en los medios europeos como una aventura imperial. El curioso imperio cabe quinientas veces en los territorios árabes, ricos en petróleo, ignorancia y opresión. Pero sólo Israel es percibido en Europa como "el judío", una amenaza, una teocracia depredadora financiada por poderes ocultos. Así, las matanzas de Arafat durante medio siglo cosecharon una popularidad de la que no gozó ninguna otra nación, y desproporcionada a la urgencia de sus objetivos y a la virulencia de sus medios.  

 

La desjudaización

 

La incomprensión generalizada de la experiencia judía abarca al propio Auschwitz. Cuando hace unos años me tocó visitarlo tuve la impresión bien resumida en un artículo de la pluma de un cristiano que había estado prisionero allí. Sigmund Sobolewski exhortaba a Polonia para que no "continuara ocultando el martirio de los judíos".

 

En el campo había plaquetas que honraban la memoria de 20.000 gitanos asesinados allí, de monjas y de prisioneros rusos a granel. Ni una para el millón y medio de judíos martirizados. Las mujeres judías traídas a Auschwitz desde Grecia para experimentos médicos eran definidas como "eslavas", y nada indicaba que el campo había sido base de la llamada "solución final", según la orden de Himmler de junio de 1941.

 

El historiador Iehuda Bauer muestra que la singularidad del Holocausto radica en que, a diferencia de cualquier otro genocidio, fue el resultado de una ideología general que presentaba la victoria de la nación como el exterminio total de un grupo humano, hasta el último de sus niños. Pero precisamente a ese grupo se ha intentado desvincular de la tragedia.

 

Cuando las atrocidades nazis fueron reveladas la difunta Unión Soviética perpetró una sistemática ocultación del padecimiento judío, "para no crear tensiones étnicas". En una película de casi una hora que se exhibía a quienes visitaban Auschwitz-Birkenau, la palabra judíos no era pronunciada ni una sola vez. Al régimen comunista (y a una parte de la izquierda de hoy) no le bastó negar el Holocausto por omisión, sino que además llevó esa política hasta el ultraje al usar el Holocausto para incrementar la judeofobia por medio de vincular el nazismo con el sionismo.

 

Hoy la conciencia acerca de la dimensión de la Shoá está creciendo, y la desjudaización y la calumnia retroceden. Pero una buena parte de la opinión pública europea prosigue presa de la distorsión. Por ello no es de sorprender que, cuando pocos y valientes medios europeos se resisten a caer en el embate generalizado contra Israel y el sionismo (léase, verbigracia, diarios y televisión españoles), terminan siendo incriminados por ser… cómplices de los judíos.

 

En efecto, a lo largo de la historia la judeofobia ha "acusado de judíos" a quienes se opusieron al exterminio de este pueblo, exactamente como hoy la izquierda "descalifica por sionista" a quien no se adhiere al impulso "políticamente correcto" de destruir Israel.

 

Durante el Holocausto la tierra alemana destruía a millones de judíos indefensos, el mar británico hundía sus barcos de refugiados, bancos suizos despojaban, el silencio europeo desahuciaba, y las fuerzas aliadas se negaron a bombardear los hornos crematorios de Auschwitz o las vías férreas que allí conducían. Los aliados temían que sus ciudadanos aflojaran el esfuerzo bélico al verse “arrastrados a una "guerra judía".

 

Otra forma de desjudaizar la Shoá es llamar racismo a la "ideología" nazi. Sólo en lo que concernía a los judíos fueron los nazis consistentemente “racistas”. Sus principales aliados fueron pueblos supuestamente inferiores, por ser respectivamente latinos (Italia) y orientales (Japón), y encontraron cofrades en otro pueblo supuestamente "semita". El líder de los árabes palestinos, Hajj Amin Al-Husseini, participó del golpe pronazi en Irak en 1941 y residió por el resto de la guerra en Alemania, donde reclutó voluntarios musulmanes para Hitler y convocó al Reich a extender la "solución final a Palestina".

 

Que, después de décadas de negarse a condenar la judeofobia, por primera vez las Naciones Unidas hayan recordado el Holocausto significa un paso adelante. También lo es el Memorial de la Shoá que el 27 de enero abrió sus puertas en París, el mayor centro europeo de documentación y museo sobre el tema. Allí declaró el presidente Jacques Chirac que la judeofobia "no es una opinión, sino una perversión que mata". Para justipreciar sus palabras, recordemos que hasta hace unos meses Chirac negaba la existencia de odio antijudío en su país.

 

Ojalá embargara contrición parecida a Javier Solana, quien el 26 de junio de 2003 desconcertó al Comité de Relaciones Exteriores del Congreso norteamericano al declarar que en Europa la judeofobia no existe.

 

A modo de compensación de su ceguera, el nuevo embajador europeo en Israel, Ramiro Cibrian Uzal, propuso el 25 de enero "restaurar la imagen de la Unión Europea a los ojos israelíes". Sugiero que la restauración comience por corregir la miopía europea acerca del pueblo y del Estado judíos. Esta campaña será el mejor homenaje a las víctimas de Auschwitz, y auguraría una demorada era de reconciliación.

 

Gustavo D. Perednik es autor, entre otras obras, de La Judeofobia (Flor del Viento) y España descarrilada (Inédita). 2005-02-01

 

+++

 

Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

-.-

…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

+++

 

Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

+++


 

 

 

Publicamos el comentario que ha escrito monseñor Vincent Landel s.c.j, arzobispo de Rabat, ante la publicación de viñetas sobre Mahoma en la prensa occidental 2006. con el título: «¡Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano!».


¡Y si el otro se convirtiera realmente en mi hermano!

¿No es esta la cuestión que hay que plantearse ante el debate que circula en los medios?
Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¿podría yo poner en cuestión la fe que le hace vivir?

¿Podría yo burlarme de una manera u otra de sus creencias?

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¿podría yo hablar de libertad sin vivir el respeto?

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¿podría yo rechazarle con actos de violencia contra su persona o sus bienes?

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¿podría yo permitirme hablar de él negativamente a sus espaldas? ¿Podría yo permitirme destruir incluso hasta su intimidad?
Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, le podría encontrar en verdad, podríamos hablar simplemente, incluso sin estar de acuerdo en todo.

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, su encuentro me haría crecer; y estoy seguro que él también crecería.

Si el otro se convirtiera en mi hermano, nuestras miradas podrían cruzarse y una sonrisa verdadera iluminaría nuestros rostros.

Si el otro se convirtiera realmente en mi hermano, ¡qué mundo tan apasionante podríamos construir!

 

+++

 

... Toda indignación, toda impaciencia, toda grandeza contraria a la suavidad del Dios de la paciencia y de la consolación, es un rigor fariseo. No temáis al punto de caer en el relajamiento imitando a Dios, en quien “la misericordia se eleva por encima del juicio” (Jc3, 13). Fenelón (1651- 1715), arzobispo de Cambrai

 

+++

 

Chesterton afirma: "Si alguien me pregunta, desde el punto de vista exclusivamente intelectual, por qué creo en el cristianismo, sólo puedo contestarle que creo en él racionalmente, obligado por la evidencia".

 

+++

 

El que no ama no puede evangelizar; el que por imprudencia miente, no sabe amar.

 

+++

 

No puede haber un diálogo al precio de la verdad.

 

+++

 

Quien recorre el camino sembrando solo dudas no es capaz de hablar una certeza.

 

+++

 

La verdad no acepta de vivir concordemente con la mentira, su esencia es proclamar ante todos los hombres a quien es la Verdad: Cristo Jesús.

 

+++

 

Gregorio de Narek (hacia 944- 1010) monje y poeta armenio
Libro de la oraciones 12,1; SC 78, pag 102

 

“Si no veis signos y prodigios sois incapaces de creer.” (Jn 4,48)


El que invoca el nombre del Señor / éste se salvará. (Jl 3,5;Rm 10,13).
Yo no sólo lo invoco / sino que ante todo creo en su grandeza.

No por sus dones / persevero en mis súplicas,
Sino porque es la vida verdadera / y en él respiro;
Sin él no hay movimiento ni progreso.

No es tanto por los lazos de la esperanza / como por los lazos del amor que me atraen.
No son los dones / sino el Dador a quien anhelo.
No aspiro a la gloria / sino al abrazo del Señor glorioso.
No es la sed de vida que de continuo me abrasa
Sino el recuerdo de Aquel que me da la vida.

No suspiro por el deseo de la felicidad / ni sollozo desde el fondo del alma
Sino por Aquel que los prepara.
No busco el descanso / sino el rostro de Aquel que apaciguará mi corazón suplicante.
No aspiro al banquete nupcial / sino a tener al Esposo.

En la espera cierta de su poder / a pesar del peso de mis pecados
Creo con una esperanza indefectible / y me abandono en las manos del Todopoderoso.
Así me será concedido el perdón / y le veré en persona
Gracias a su misericordia y su piedad
Y, aunque merecería ser proscrito / heredaré el cielo.

 

+++

 

Perdamos el miedo a hablar de una ética de la lectura. Debemos asumir una actitud responsable ante el material impreso. Existen libros malos de la misma manera que existen ideologías malas (el comunismo, el nazismo, el conservadurismo, el progresismo, el racismo, el terrorismo sea islámico y tantos otros…).

 

+++

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea. Jesús, después de haber hablado a la muchedumbre desde la barca de Simón, invitó al Apóstol a remar mar adentro para pescar: Duc in altum (Lc 5, 4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes. Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces (Lc 5, 6). ¡Duc in altum! Esta palabra resuena también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro: Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre (Hb 13, 8). 


El cristianismo no es un sistema intelectual, un conjunto de dogmas o un moralismo, sino que se trata de un encuentro, de una historia de amor, de un acontecimiento: ‘Cristo manifestado en su Iglesia desde hace 2.000 años. Y a su Iglesia, Cristo dio la catolicidad, universalidad.’

 

+++

 

Liturgia romana - Antífonas del Magníficat de los días 17 al 23 de diciembre

 

“Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a Él, y dijo: “....A éste me refería yo cuando dije: -Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo.-“ (Jn 1, 29-30)


      -Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.
      -Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a liberarnos con el poder de tu brazo.
      -Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más.
      -Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
      -Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
      -Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra.
      -Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.
Ref. bíblicas: Dt 8,5; Prov 8,22s; Hb 1,4; Ex 20; Is 11,10; 52,15; 22,22; 42,7; Lc 1,78; Mal 3,20; Ag 2,7Vulg; Is 28,16; Ef 2,14; Gn 2,5; Is 7,14

 

 

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).

 

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Iglesia de Cristo -fundada hace 2000 años, inmutable guardiana en la sucesión apostólica- de la Fe y la Tradición bíblica; anunciadora del Evangelio al orbe todo: por ello ‘Iglesia Católica’ y las puertas del infierno ni los ataques protestantes* podrán contra ella, porque Jesús de Nazareth así nos lo ha prometido. La Iglesia custodia la Palabra-que es manantial de bondad y gloria a todos los hombres de buena voluntad; domiciliada está en la colina vaticana–Roma, Italia, 2000 años ha.

*Protestantes: seguidores de Lutero, Calvino, o miles de nuevos silvestres blablá en alrededor de unas 47.000 sectas...año 2013

 

Recomendamos El libro: FE, VERDAD Y TOLERANCIA [el cristianismo y las religiones del mundo] por Joseph RATZINGER, al día: S.S. Benedicto XVI; ed. SÍGUEME

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

+

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).