Tuesday 29 July 2014 | Actualizada : 2014-06-23
 
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La ciencia tiene una cita ética ineludible con la dignidad del ser humano en las fases iniciales de su desarrollo, con el misterio de la vida humana. La ciencia tiene que ponerse al servicio de la vida y de sus leyes. Es un principio de ecología que hoy aparece como una exigencia ética universal. La ciencia no puede progresar contra la vida y menos contra la vida humana.

 

 

N.N. detecta un desliz muy común en la parla de los medios: el abuso de climatología. Por ejemplo, cuando un encuentro deportivo se suspende “por razones climatológicas”. Razona don Miguel: “En su lugar debería decirse, con propiedad, que la suspensión se debe a las condiciones meteorológicas, que sí hacen referencia a un meteoro o fenómeno atmosférico concreto, independientemente del clima del lugar”. Tiene razón. Añado que lo peor es decir “condiciones metereológicas”. La palabra es meteoro (= más allá del cielo, de las nubes), no metéreo, que no existe. Sería conveniente distinguir lo que los diccionarios no precisan muy bien:

 

meteoro: Alteración ocasional de la atmósfera (lluvia, viento, nieve, etc.)

atmósfera: (= esfera de aire). Capa de aire y de vapor de agua que rodea la Tierra.

clima: (=inclinación). Conjunto de condiciones atmosféricas de una región, determinadas por la distancia al Polo y la inclinación de la Tierra (invierno o verano), entre otras circunstancias (altitud, corrientes marinas, masa de agua, etc.).

 

En cuanto añadimos el sufijo –logía, estamos ante una ciencia: Meteorología, Climatología. Así pues, lo normal es que los encuentros deportivos se suspendan por las condiciones climáticas, atmosféricas o meteóricas, no climatológicas ni meteorológicas. Pero que si quieres arroz, Catalina.

 

Aun así, cabe aceptar alguna vez lo de “climatología”, en lugar de clima o meteoro, como una figura retórica que tiene su gracia. Sería una especie de sinécdoque o de hipérbole, no sé. Es algo así como describir a una mujer despampanante como “una perfecta anatomía”. Ese tipo de tropos se pueden deslizar alguna vez, pero cansa que se utilicen siempre, por pereza o impericia. 2005-09-08 L.D.ESP.

  

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«La razón sin Dios y la ciencia sin ética no redimen al hombre». Benedicto PP. XVI. - 2007.XI.

 

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Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar nuestra actividad de decisión. Incluso, cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir.” [Don José Ortega y Gasset].

 

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…del fingimiento entre ecologistas, grupos homosexuales y lésbicos, hipocresías, alianzas y colaboración entre negociantes y feministas…

 

Matan niños, les da por igual, tengan semanas o siete, ocho, nueve meses, imitando a Stalin y Hitler, Pol-Pot o Saddam Hussein, entre otros…

 

Quienes se encogen de hombros ante esta nueva forma de muerte industrial suelen ser los mismos que se erigen en paladines de los derechos de los animales, los mismos que se muestran atribulados ante las consecuencias del cambio climático, los mismos que se rasgan las vestiduras cuando se enteran de que en Guantánamo se dispensa a los reclusos un trato vejatorio.

Luego recuerdan a las víctimas de tal o cual guerra pretérita, organizaban telemaratones solidarios, participaban muy orgullosamente en manifestaciones contra el cambio climático: simulacros de fingida humanidad en una época que había dejado de ser humana. 2007

 

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Ecología Humana

 

Por Andrés Ollero Tassara.
En ABC, 21.12.2003
Catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos


LA ecología se ha convertido en ingrediente inexcusable de lo políticamente correcto, lo que la lleva a navegar en la cresta de tópicos que, puestos a tomársela en serio, merecerían alguna somera reflexión. Fácil sería identificar a cuatro de ellos.

 

Lo ecológico es recibido, en el amplio ámbito de lo cultural, como el último grito; el no va más de la modernidad y la más joven y prometedora de las utopías.

Si pasamos al escenario político, se pretende con toda «naturalidad» vincularla a una nueva izquierda crítica, que se situaría a salvo de los efectos demoledores del marxismo, incluida la provocación de una palpable catástrofe ecológica, sea amplio o estricto el sentido que a tal adjetivo se le acabe atribuyendo. Recuerdo que mi buen amigo Wolf Paul, catedrático de la Universidad de Fráncfort, explicó a petición mía en un trabajo titulado «Del rojo al verde» esa evolución ideológica que tantos han compartido con él.

Detrás de todo ello se adivina una sustitución de más calado: la de un antropocentrismo, no exento de querencias insolidarias y consecuencias depredadoras, por una defensa numantina de la naturaleza física, apelando al argumento más radical: la pertenencia a ella del hombre, como un ser vivo más aunque peligrosamente dado a creerse y actuar como si fuera superior.

No deja, por último, de presentirse un abandono de la idea de creación, con su irrefrenable alcance teológico, por un culto cosmológico al que, si no fuera por su liturgia pagana, cabría considerar panteísta.

No viene mal revisar estos difuminados tópicos, y a ello invitaba una de las sesiones del Congreso «Católicos y vida pública». Lo primero que salta a la vista es que la ecología, lejos de ser el último grito de lo moderno, nos sitúa en plena posmodernidad. Si algo nos pone de relieve son las excesivas esperanzas depositadas en ese «homo faber», que dejó de contemplar la realidad para descubrir en ella los secretos de verdad y bien que escondía. Optó decididamente por manipularla del modo más productivo posible: intentando obtener de ello el beneficio más rentable. O sea, que la ecología suspende al «homo economicus» de la modernidad sin importarle que hubiera superado el «master». Denuncia su agresividad individualista condenada a un efecto autodestructor, localizado -en el mejor de los casos- en su insolidario desinterés por las generaciones posteriores, o quizá sólo en la profanación de una naturaleza canonizada por lo civil.

La vinculación del ecologismo con la izquierda nos sitúa ante un episodio más de apropiación indebida, fruto a medias de la propaganda y del escaso espíritu crítico. No le viene mal ese simplismo a todo un Heidegger, cuya crítica de la manipuladora razón calculante sería imposible eliminar de cualquier historia del pensar ecologista mínimamente rigurosa, al ofrecerle la oportunidad de hacerse perdonar devaneos políticos poco disculpables. La prueba del nueve de esa pretendida identidad entre ecologismo e izquierda radicará en la existencia o no de una respuesta antropológica. La revolución aparcada disponía de ella: prometía que de la nueva sociedad sin clases surgiría un hombre nuevo. ¿Se nos promete ahora algo para el hombre o simplemente se le somete a los dictados una nueva deidad de rasgos anónimos? La filosofía de la historia marxista creía saber a dónde iba y ofrecía razones fundadas para embarcar en una ardua y obligada colaboración en la empresa. ¿Se sabe ahora adónde ir?; más allá de la inercia de lo políticamente correcto ¿cuál sería hoy el fundamento para la colaboración requerida?

La revisión del antropocentrismo no puede implicar un olvido de lo humano. Bienvenidos sin duda los llamados «derechos de la tercera generación», si se los plantea como crítica del individualismo. Expresarían la sociabilidad inseparable de todo derecho, sólo que ampliada diacrónicamente con todo acierto, invitándonos a co-existir no sólo con nuestros coetáneos sino también con los que recibirán nuestra herencia.

Tampoco viene mal sustituir la obsesión por la competencia por una ética del «cuidado», que enseñe a andarse con contemplaciones. Pero si hablamos de «derechos» de los animales no parece ocioso preguntarse si a lo que se aspira es a tratar a los animales como personas, o incluso como su sustitutivo erigiéndolos en nuestros privilegiados interlocutores (?). Por esa vía es de temer que se devuelva a las personas drásticamente a su condición animal, que sólo habrían superado a sus propios ojos llevadas de una arraigada petulancia. Un ecologismo sin el hombre no sólo carece de sentido sino que acaba por volverse cruentamente contra el hombre mismo.

Con ello no apuntamos novedades radicales. Bastaría con recuperar, y en parte enriquecer, el sentido propio de la palabra, acudiendo a la siempre saludable visita al Diccionario. Ecología: 1. Ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con su entorno; 2. Parte de la sociología que estudia la relación entre los grupos humanos y su ambiente, tanto físico como social. Las preguntas implícitas siguen exigiendo una respuesta que mantenga al hombre como punto de referencia de esa relación entre los seres vivos y no lo convierta en una anónima parte más de un entorno sin centro conocido. Los derechos de los animales solo cobrarán así sentido si los vinculamos al fundamental deber de ser más humano, que es privilegio exclusivo del hombre.

Pero, si de relación de seres con su entorno hablamos, situar al hombre en el lugar que merece llevará a convertir la familia en pieza decisiva de la ecología humana. Como señala el catedrático valenciano Jesús Ballesteros, de ello derivarían consecuencias nada tópicas. Valgan algunas. El matrimonio no sería previo a la familia sino su consecuencia; al fin y al cabo en una familia nacemos y para continuarla surge el matrimonio. Habría en consecuencia un derecho a tener familia, mientras no lo habría a tener un hijo, sino a no encontrar obstáculos para que puedan nacer. Admitir que hay seres humanos que no son personas rompería todo marco de referencia, mientras crioconservarlos constituiría el máximo atentado a la ecología humana.

El relato de la creación sigue, por último, mostrándose indispensable a la hora de custodiar ese sentido de lo humano.

El primer encuentro del hombre con su entorno natural aparece en el texto bíblico orientado en una doble dirección. Debe en primer lugar trabajarlo; o sea, modificarlo para perfeccionar su originario inacabamiento. Pero ha de hacerlo siempre de un modo mesuradamente limitado por las exigencias de la ciencia del bien y del mal. No todo lo que de hecho se llega a poder hacer debe sólo por ello hacerse. Desde ese primer instante el imperativo categórico de una ecología con rostro humano será dar paso a un trabajo ennoblecido por su fin, que descarte drásticamente la posibilidad de una ciencia sin conciencia.

 

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«Acciones concretas» y «diálogos intensos» son necesarios para que los «conflictos ecológicos sobre el acceso a los recursos» naturales en el mundo no se trasladen al plano religioso. «El diálogo interreligioso es necesario para la responsabilidad ecológica».

  

«La responsabilidad por la creación es un desafío central para el futuro de la tierra, para la defensa de la paz y también para el testimonio cristiano en la sociedad contemporánea: sobre esta valoración del problema ecológico las Iglesias cristianas están de acuerdo». 2004.06 Namur (Bélgica).

 

«Para evitar toda posible ambivalencia de las religiones monoteístas frente a la violencia, el diálogo interreligioso y el ecumenismo se convierten en los presupuestos determinantes para la paz».

  

«Globales son los problemas que amenazan el equilibrio del ambiente, las soluciones deben por ello ser globales, pero al mismo tiempo aplicables a nivel local, según el principio de subsidiariedad».

 

«Las Iglesias y las religiones tienen en esto (ecología-ambiente) una especial responsabilidad y potencialidad, porque están presentes en todos los niveles de la sociedad».

 

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San Francisco, guía para una ecología «sabia»

 

Entrevista con Roberto Leoni, presidente de la Fundación Hemana Naturaleza

ROMA, miércoles, 18 agosto 2004 - En medio de visiones ecológicas catastrofistas y a veces contradictorias, san Francisco de Asís se convierte hoy en un auténtico guía para una ecología «sabia».

Por este motivo, la Fundación Hermana Naturaleza ha impreso por primera vez después de ocho siglos el facsímil del Códice 338, en el que se recogen las fuentes franciscanas más antiguas, los escritos del «poverello» de Asís, y la primera redacción de su «Cántico de las criaturas».

Para comprender mejor qué puede decir hoy san Francisco a quienes luchan por preservar y respetar la naturaleza, Zenit ha entrevistado al presidente de la Fundación, Roberto Leoni.

--¿Qué le dice san Francisco a un ecologista?

--Roberto Leoni: La Fundación Hermana Naturaleza surgió como asociación en 1991, recibiendo el 12 de septiembre de ese año el aliento de Juan Pablo II. El objetivo era el de contribuir al desarrollo de una correcta cultura del ambiente, fundada en la enseñanza cristiana de san Francisco de Asís.
Por un lado, se buscaba responder al hecho de que los cristianos estaban poco presentes en este campo; por otro lado, habíamos constatado que la cuestión ambiental estaba monopolizada por planteamientos ideológicos y emotivos catastrofistas, científicamente incorrectos, y éticamente desorientados. ¿Cómo es posible defender el ambiente, y por tanto la vida, y ser favorable al aborto? ¿Cómo se puede tutelar la biodiversidad y las especies autóctonas y favorecer la fecundación artificial externa a la pareja?

En 2001, después de una década en la que publicamos documentos como el «Decálogo de la ecología sabia» o la «Carta deontológica del desarrollo sostenible», nos convertimos en una fundación. Desde entonces hemos profundizado en la relación entre economía y desarrollo, descubriendo como «síntesis a priori» la economía solidaria.

Este recorrido lo hemos realizado con importantes encuentros, en los que han participado, entre otros, el cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos, y por el director del Banco Central de Italia, Antonio Fazio.

--Ahora publican en facsímil el Cántico de las Criaturas. ¿Qué tiene que ver esto con una fundación de ecología?

--Roberto Leoni: Consideramos que es un texto de orientación para toda la humanidad. Siempre nos hemos comprometido a difundirlo y a darlo a conocer. La primera redacción del Cántico está en el Códice 338, en el que se recogen las fuentes franciscanas más antiguas.

En ocho siglos, este códice sólo ha podido ser visto, leído y estudiado por pocos estudiosos. Por este motivo, la Fundación Hermana Naturaleza ha realizado por primera vez en la historia la impresión en facsímil de todo el Códice 338. Se han tirado 950 copias, enumeradas, que ahora están a la disposición de todos.

El Códice 338 no es sólo la raíz del franciscanismo, sino también de una sabia ecología, de la que el mundo tiene una necesidad urgente. No estallará la tierra, como dice un conocido catastrofista, sino que estallarán los hombres, pues olvidan de dónde vienen y adónde van.

--Y sin embargo, algunas corrientes radicales dicen inspirarse en san Francisco. ¿Cuáles son las lecciones de vida del santo?

--Roberto Leoni: Los méritos de san Francisco de Asís son inmensos. Los sintetizo metafóricamente en la narración de la institución del Nacimiento de Greccio que nos ha llegado por la leyenda «Major», en la que se dice que, antes de hacer la representación del Nacimiento, el fraile pidió permiso al Papa para que el gesto no apareciera como un «deseo de novedad».

En esta expresión se encuentra toda la inmensidad de Francisco: innovador, en la profundidad y no en la superficialidad; totalmente fiel a Cristo y a su Iglesia.

Sus enseñanzas siempre han corrido el riesgo de ser tergiversadas, desde la Edad Medial con el pauperismo de algunos frailes hasta la confusión que más recientemente se ha creado entre la enseñanza de Francisco y la política.

La única bandera que siguió san Francisco fue la Cruz de Cristo. San Francisco nos guía incluso en uno de los desafíos modernos más complicados: el de la relación con las demás religiones, en particular con el Islam. No lanzó una cruzada, sino que se fue a dialogar con el sultán; dialoga porque tiene una fuerte e inquebrantable identidad cristiana. Se fue a ver al sultán para comprender y para llevar la buena nueva...

--¿Cuáles son, según usted, los conceptos que caracterizan a la visión cristiana del ambiente?

--Roberto Leoni: Por desgracia, parte del las corrientes ideológicas tienen un carácter ideológico y político; otras tienen un origen emotivo, una especie de inocencia superficial y contradictoria.

La contraposición entre la naturaleza buena y el hombre que todo lo arruina no corresponde a la realidad. La naturaleza, descrita siempre al borde de la catástrofe, es una exageración.

San Francisco nos enseña que la naturaleza ha sido creada, que el hombre debe ser un cariñoso y atento custodio de las criaturas, pues son su hermano y su hermana, en la alabanza al Señor.

El cristiano sabe que el pecado original ha trastocado al hombre y que por este motivo debe prestar particular para custodiar la naturaleza, con atención cariñosa, tutelando y corrigiendo para transmitirla a sus hijos.

En este sentido, el cristiano se funda en la sabiduría más antigua y más moderna, en la ética, en la ciencia, y en la tecnología, sin rechazar nada a priori, sino haciendo siempre atentas evaluaciones de compatibilidad.

El cristiano está comprometido desde siempre, pero hoy más que nunca, en la construcción de una economía solidaria, la única que puede garantizar un desarrollo sostenible. Tenemos que superar el capitalismo y el colectivismo, el catastrofismo y el ciego abuso de los recursos.

Podemos hacerlo recuperando los valores de la templanza, de la capacidad para compartir, del sacrificio y de la mortificación. No estoy proponiendo que volvamos al cilicio y a pasar hambre, pero si bajáramos dos grados los radiadores y subiéramos dos grados el aire acondicionado, resolveríamos con ese ahorro muchos problemas.

Si en las finanzas se adoptaran las obligaciones éticas que proponemos, al igual que instrumentos de finanza ética concreta, se emprendería una economía solidaria.

Lo que estoy diciendo no es utopía. En todo caso locura franciscana: la locura de todos los cristianos que, convirtiéndose día a día, quieren aplicar las enseñanzas de Jesús, cada uno en lo que puede y en lo que sabe. ZS04081807

 

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Miniatura flaminga del 1260ca.

 

"El hombre es el único ser que manifiesta su libertad a la hora de elegir sus esclavitudes"

 

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"Sed maestros de la verdad, de la verdad que el Señor quiso confiarnos no para ocultarla o enterrarla, sino para proclamarla con humildad y coraje, para potenciarla, para defenderla cuando está amenazada." [S.S. Juan Pablo II]

 

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De la carta de san Clemente I - Pont. Papa [ año 88-97ca.Roma], a los Corintios - (Caps. 19, 2-20, 12: Funk 1, 87-89)

 

Dios ha creado el mundo con orden y sabiduría
y con sus dones lo enriquece

 

No perdamos de vista al que es Padre y Creador de todo el mundo, y tengamos puesta nuestra esperanza en la munificencia y exuberancia del don de la paz que nos ofrece. Contemplémoslo con nuestra mente y pongamos los ojos de nuestra alma en la magnitud de sus designios, sopesando cuán bueno se muestra él para con todas sus criaturas.

Los astros del firmamento obedecen en sus movimientos, con exactitud y orden, las reglas que de él han recibido; el día y la noche van haciendo su camino, tal como él lo ha determinado, sin que jamás un día irrumpa sobre otro. El sol, la luna y el coro de los astros siguen las órbitas que él les ha señalado en armonía y sin transgresión alguna. La tierra fecunda, sometiéndose a sus decretos, ofrece, según el orden de las estaciones, la subsistencia tanto a los hombres como a los animales y a todos los seres vivientes que la habitan, sin que jamás desobedezca el orden que Dios le ha fijado.

Los abismos profundos e insondables y las regiones más inescrutables obedecen también a sus leyes. La inmensidad del mar, colocada en la concavidad donde Dios la puso, nunca traspasa los límites que le fueron impuestos, sino que en todo se atiene a lo que él le ha mandado. Pues al mar dijo el Señor: Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas. Los océanos, que el hombre no puede penetrar, y aquellos otros mundos que están por encima de nosotros obedecen también a las ordenaciones del Señor.

Las diversas estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno, van sucediéndose en orden, una tras otra. El ímpetu de los vientos irrumpe en su propio momento y realiza así su finalidad sin desobedecer nunca; las fuentes, que nunca se olvidan de manar y que Dios creó para el bienestar y la salud de los hombres, hacen brotar siempre de sus pechos el agua necesaria para la vida de los hombres; y aún los más pequeños de los animales, uniéndose en paz y concordia, van reproduciéndose y multiplicando su prole.

Así, en toda la creación, el Dueño y soberano Creador del universo ha querido que reinara la paz y la concordia, pues él desea el bien de todas sus criaturas y se muestra siempre magnánimo y generoso con todos los que recurrimos a su misericordia, por nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y la majestad por los siglos de los siglos. Amén.

 

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De los sermones de san Atanasio, obispo de la Iglesia Católica [295-373], contra los arrianos - (Sermón 2, 78. 79: PG 26, 311. 314)

 

Las obras de la creación, reflejo de la Sabiduría eterna

 

En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría eterna. Por ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo procede, contemplando en las criaturas como una imagen de su propio ser, exclama: El Señor me estableció al comienzo de sus obras. En efecto, el Señor considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como algo que pertenece a su propio ser.

Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino porque él contempla en sus criaturas como una imagen creada de su propio ser. Ésta es la razón por la que afirmó también el Señor: El que os recibe a vosotros me recibe a mí, pues, aunque él no forma parte de la creación, sin embargo, en las obras de sus rnanos hay como una impronta y una imagen de su mismo ser, y por ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras.

Por esta razón precisamente, la impronta de la sabiduría divina ha quedado impresa en las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta sabiduría al Verbo, su Creador, llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto lo que enseña el apóstol san Pablo: Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles son visibles para la mente que penetra en sus obras. Por esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es criatura, sino el arquetipo de aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en nosotros.

Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta: ¿existe o no alguna clase de sabiduría en las criaturas? Si nos dicen que no existe, ¿por qué arguye san Pablo diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría? Y, si no existe ninguna sabiduría en las criaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran número de sabios? Pues en ella se afirma: El sabio es cauto y se aparta del mal y con sabiduría se construye una casa.

Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría serena el rostro del hombre; y el mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No preguntes: «,,Por qué los, tiempos pasados eran mejores que los de ahora?» Eso no lo pregunta un sabio.

Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras del hijo de Sira: La derramó sobre todas sus obras, la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen; pero esta efusión de sabiduría no se refiere, en manera alguna, al que es la misma Sabiduría por naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el Unigénito, sino más bien a aquella sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la creación. ¿Por qué, pues, vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora, cuyos reflejos constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en, la creación, diga de sí misma: El Señor me estableció al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo, que la sabiduría que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido creada, según aquello del salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Decálogo católico» sobre ética y ambiente

 

Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz- ROMA, 08.11.2005  expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
 
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.

2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.

3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.

4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.

6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.

7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.

8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.

9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.

10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.

 

 

“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

 

“Dios no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es inútil luchar”.

 

Dios se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».

«El primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».


El Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora --esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad».
S. S. Benedicto XVI. P.M. MMV.XI.X.

 

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Recomendamos vivamente:

Título: ‘Históricamente incorrecto. Para acabar con el pasado único’.
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Autor: Natalia López Moratalla - Editorial: EIUNSA

 

Recomendamos vivamente: “Sinceridad y Fortaleza” por José Antonio GALERA. Patmos Libros espirituales-Ediciones RIALP S.A. Madrid-España

 

Recomendamos vivamente: ‘La verdad sobre El Código Da Vinci’.
José Antonio Ullate. LibrosLibres. Madrid, 2004.  189 pp.

 

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In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).