Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Hitler - 1º no era cristiano, enfrenta un obispo católico; nazismo Auschwitz

Apertura de los Archivos Vaticanos - Benedicto XVI ha dado indicaciones –informa Zenit– para que los Archivos Vaticanos, incluido el Archivo Secreto, abran toda su documentación sobre el pontificado de Pío XI, que abarca desde 1922 a 1939. Los investigadores acreditados podrán consultar toda la documentación en el Archivo Secreto Vaticano referida a esas fechas, lo que hará que se comprenda mejor la relación de la Iglesia con los dramáticos totalitarismos del siglo XX: comunismo, nazismo y fascismo, así como nuevos documentos de la relación de la Santa Sede con España, antes y durante la Guerra Civil española. MMVI.VII

 

 

En tiempos de Hitler se profanó un crucifijo, al cual le mutilaron los brazos y las manos. Después de esto un párroco devoto recogió y colgó el torso de Cristo en su Iglesia, escribiendo al pie del mismo: “ahora no tengo más manos que las vuestras”.

 

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P: ¿Quién cree que fue el creador de la solución final: Hilter, Himmler o Heydrich?

 

R: Creo que la idea es de Hitler y de mucho antes de dar inicio la guerra. Himmler y Heydrich son sólo instrumentos aunque, desde luego, muy cualificados.

Este diálogo con el Dr.César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 31 de octubre 2006

 

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En 1933, cuando Hitler llegó al poder, no habrían podido mandar seis millones de judíos a las cámaras de gas pero en 1941 sí podían hacerlo porque ocho años de propaganda insistiendo continuamente en que eran subhumanos cambió a la opinión pública. Stalin hizo un trabajo similar con los kulaks antes de la colectivización: "¡Muerte a los kulaks! No son seres humanos sino chupones que viven a costa del pueblo, etc..." y así-como cuenta Vasily Grossman en su novela "Todo fluye"-los soviéticos pudieron verlos morir de hambre sin parpadear.

 

Los seres humanos somos capaces de pensar y hacer cosas que las moscas, por no pensar, jamás harían. 2015

 

 

 

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Quisiera saber más de la relación entre nazis y musulmanes. Creo que usted habla de ello en La revisión del Holocausto. ¿Es eso cierto? ¿Tiene previsto reeditarlo? ¿Algún otro libro sobre el tema?

 

Existió esa relación y no sólo porque el gran mufti de Jerusalén fuera condecorado por Hitler, sino porque hubo tropas de las SS de esa religión. 2. He estado pensando en reeditarlo, pero tendría que actualizarlo y ando muy mal de tiempo.

Este diálogo con el Dr. César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 12 de diciembre 2006.

 

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¡Cómo Europa! ¿No hace falta más cultura para una democracia como la nuestra?

 

Sin duda, hace falta más cultura, pero no se trata sólo de cultura. Alemania era la nación más culta de la Europa de los años 20 y 30 y ya sabe usted a quién votó. 2007

 

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Quisiera saber más sobre el cristianismo oriental hasta la invasión de los árabes. ¿Sabe de algún libro al respecto? ¿Y otro sobre los cristianos árabes bajo la opresión islámica?

 

Cualquier historia de la Patrística le incluirá secciones históricas al respecto. Sobre los cristianos bajo la opresión islámica está Christians and Jews under Islam de Courbage y Fargues.

 

 

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"Al inicio de la Segunda Guerra, la primera encíclica del Papa Pío XII era tan anti-Hitler que la Fuera Aérea Real de Francia dejó caer sobre Alemania 88 mil copias".

 

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En la vida no solo es importante actuar en conciencia, sino también conformar nuestra conciencia a lo que las cosas son. Si no, terminamos por utilizar el apelativo "en conciencia" para avalar cualquier cosa, aun lo más ilegítimo. Esto es evidente. ¿Que pasa si le digo que en todo el obrar de Hitler, este actuó plenamente "en conciencia"? Entonces la solución no está en que dejemos hacer a cada sacerdote o religioso según le plazca, sino en que conociendo la verdad del asunto obremos conforme a ella. Y la verdad se nos manifiesta en la palabra de Pedro, ‘la sucesión apostólica: el Papa. Así de sencillo.

 

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"Dios está con nosotros", es decir, de parte del hombre, su amigo y aliado contra las fuerzas del mal. Es el único que personifica todo y sólo el frente del bien contra el frente del mal. Esto daba a Dietrich Bonhöffer, mientras esperaba en la cárcel la sentencia de muerte de parte del "poder malvado" de Hitler, la fuerza para afirmar la victoria del poder bueno: 

"De fuerzas amigas
admirablemente rodeados
vamos, con calma,
al encuentro del futuro.
Dios está con nosotros
de noche y de día;
estará con nosotros cada nuevo día". 

 

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18. XI. MMXIII

Gramsci y Hitler ante Jesús

 

A las 1:16 PM, por Germán Mazuelo-Leytón http://infocatolica.com

El Año de la Fe «una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo» (Porta fidei, 13) proclamado por el Papa Benedicto XVI, está por llegar a su término.

A pesar de esta gracia y de este gravitante impulso que el Papa quiso imprimir en la Iglesia militante, parecería que en muchas de las iglesias diocesanas, esteo, pasará sin pena ni gloria.

El Padre Flaviano Amatulli, fundador del movimiento eclesial Apóstoles de la Palabra describe muy bien lo que pasa en muchas de las iglesias particulares: hay quienes viven en un «quinto piso», es decir, ajenos a lo que pasa en el diario acontecer del católico de la calle, que tiene que lidiar con un abanico de ideologías, sectas y pseudo doctrinas, incluso dentro de los mismos cuadros eclesiales.

Benedicto XVI ha destacado que la  fe «no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesión de fe, de hecho, sigue la explicación de la vida sacramental en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia» (Porta fidei, 11).

Es curioso que aquellos mismos que niegan la divinidad de Jesucristo, se sirven de su misteriosa fisonomía para explicar los avances de doctrinas y realizaciones completamente diversas de las de Jesús. Chesterton refiriéndose a las verdades cristianas de las que se apropian las ideologías afirmaba que éstas«fuera de la Iglesia andan como locas».

Pongamos al frente de todos al comunista italiano Gramsci, uno de los ideólogos más eficaces de las nuevas generaciones marxistas.

Confundiendo su doctrina marxista, plenamente atea con la raigambre espiritual de Jesús escribía:

Es la roja túnica de Jesús la que ondea hoy más luminosa, más roja, más bolchevique que nunca. Hay un trozo de la túnica de Cristo en las innumerables banderas rojas de los comunistas que caminan en el mundo entero a la conquista de las fortalezas burguesas, para restaurar el reinado del espíritu sobre la materia, para asegurar la paz en la tierra a todos los hombres de buena voluntad.

Tenía razón Gramsci, pero no porque llevaran sus banderas el mismo ideal de sangre que Jesús, sino porque iban manchadas con la sangre de los millones de mártires que en los últimos 100 años el marxismo ha provocado allí donde ha dominado y tiranizado.

Y de Gramsci vamos a otra figura completamente diversa. Hay un libro fundamental que explica la mística del nazismo, su autor es el mismo Hitler: «Mi lucha». Logró que millones -entre ellos católicos, sacerdotes y laicos- murieran en sus campos de concentración, simplemente porque eran cristianos. Sin embargo escribe en ese su libro:

Mi verdadera inspiración, viene de aquel varón que una vez en plena soledad reconoció a los judíos por lo que eran en verdad. E incitó a los hombres para que los combatieran, y vive Dios, que era un gran hombre, no porque supo sufrir, sino porque supo combatir.

Jesús fue malinterpretado por Gramsci y por Hitler. Ambos vieron a Jesús como una persona excepcional, cuya doctrina cambió el mundo, y que ellos mismos querían respetarlo, aunque le interpretaban de un modo contrario y tan diverso entre los dos.

Y viene el fenómeno más excepcional, el sonado filósofo inglés, John Allegro, uno de los traductores y editores de «Los manuscritos del Mar Muerto», dice:

Jesús es el nombre de una planta alucinógena que empleaban en Israel los esenios en sus banquetes. Del hongo Jesús, se pasó al mito Jesús, más tarde surgiría el hombre-Dios Jesús.

¿Se puede dar una idea más disparatada? Imposible. Sin embargo, Allegro gozó de gran autoridad en Inglaterra, donde las academias le abrían sus puertas misteriosas y sus libros se vendieron como papas.

Es todo un mundo que no quiere admitir la verdad, tan bien explicada en cientos de miles de libros y que colocan la narración evangélica en su ambiente humano social y político.

Todo menos aceptar son sencillez -como lo hacen millones de sabios y analfabetos- la clarísima narración de los Evangelios.

Todas esas interpretaciones mitológicas y racionalistas han pretendido y pretenden aniquilar la verdadera figura de Jesucristo.

Nos encontramos en un mundo que ha recaído en el paganismo.

 

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[La Iglesia] "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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P: En mi libro de historia del año pasado se apuntaba que antes de que el partido de Hitler pasara a llamarse Partido Nazi se llamaba Partido Obrero Nacionalsocialista alemán. ¿Significa esto que Hitler en algún momento fue de izquierdas o que sus ideas eran enfrentadas? ¿ O es quizá sólo otra mentira histórica de la Logse?

 

R: Hitler –como el fascismo, en general– era un socialista nacionalista. Mussolini decía que durante la I guerra mundial, él –que había sido del ala izquierda del socialismo toda su vida– dejó de ser internacionalista y pasó a ser nacionalista y así, de la suma de socialismo y nacionalismo nació el fascismo. Creo que la definición difícilmente puede ser más exacta. Dr.C.VIDAL,historiador, filósofo: 2004-10-26-L.D.España

 

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"Recordemos que en el juicio de Nüremberg fueron juzgados y castigados magistrados alemanes que habían aplicado leyes nazis inicuas y fueron castigados, no por haberlas aplicado mal, sino precisamente por haberlas aplicado".

 

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El Holocausto fue la persecución y el asesinato sistemático burocráticamente organizado de aproximadamente seis millones de judíos por el gobierno nazi y sus colaboradores. “Holocausto” es una palabra de origen griega, que significa “sacrificio por fuego.” Los nazis, que tomaron el poder en Alemania en enero de 1933, creían que los alemanes eran una “raza superior” y que los judíos, considerados “inferiores”, no merecían vivir. Durante el Holocausto, los nazis también tuvieron en su mira a otros grupos por razón de su percibida “inferioridad racial”: los romas (gitanos), los discapacitados, y algunos grupos eslavos (polacos, rusos, y otros). Otros grupos fueron perseguidos por razones políticas, religiosas o de orientación sexual: sacerdotes (inclusive Obispos), monjes y religiosos católicos como protestantes; comunistas, socialistas, testigos de Jehová y homosexuales.

 

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Genocidio - La primera matanza programada sistemáticamente ‘genocidio’, fue de los musulmanes turcos contra los cristianos armenios – 1915: llevaron a la muerte a no menos de 1.500.000 de cristianos armenios.

 

El término "genocidio", que no existía antes de 1944, es un término muy específico que hace referencia a los crímenes masivos cometidos contra grupos. Los derechos humanos, tal y como se indica en la Constitución de los Estados Unidos de América o en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 de las Naciones Unidas, se refieren a los derechos de los individuos.

En 1944, intentando describir la política nazi de cometer asesinatos en forma sistemática, incluyendo el objetivo de eliminar a la comunidad judía europea, un abogado polaco judío llamado Rafael LEMKIN (1900-1959), creó la palabra "genocidio" combinando geno-, término griego que significa raza o tribu, con -cidio, del término latín que significa matar.. Al proponer este nuevo término, Lemkin se refería a "un plan coordinado compuesto por diferentes acciones que apuntan a la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales, con el objetivo de aniquilar dichos grupos". El año siguiente, el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg acusó a los principales nazis de "crímenes contra la humanidad". La palabra "genocidio" se incluyó en el acta, pero como un término descriptivo y no legal.

El 9 de diciembre de 1948, a la sombra del Holocausto y en gran parte gracias a los inagotables esfuerzos del propio Lemkin, las Naciones Unidas aprobaron la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio. Esta Convención establece que el "genocidio" es un crimen internacional que las naciones firmantes deben "evitar y sancionar". Define el genocidio como:

 

Se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:
(a) Matanza de los integrantes del grupo;
(b) Lesión grave a la integridad física o mental de los integrantes del grupo;
(c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
(d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
(e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

 

A pesar de que a lo largo de la historia han tenido lugar muchos casos de violencia dirigida a grupos determinados, incluso después de que la Convención entrara en vigor, el desarrollo legal e internacional del término se concentra en dos períodos históricos diferentes: el período que abarca desde la acuñación del término hasta su aceptación por la ley internacional (1944-1948) y el período de su activación con la creación de tribunales de guerra internacionales para perseguir los crímenes de genocidio (1991-1998). Otra de las principales obligaciones que surgen de la Convención, evitar el genocidio, sigue siendo un desafío al que las naciones y los individuos todavía se enfrentan.

 

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Armenia, pueblo cristiano desde finales del sc. II

¿Qué es el Genocidio Armenio?

Las atrocidades cometidas contra el pueblo Armenio por el Imperio Otomano y el Estado de Turquía durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial y años anteriores y posteriores a ésta, son llamadas en su conjunto el Genocidio Armenio. El Genocidio es una forma organizada de matanza de un conjunto de personas con el objetivo explicito de ponerle fin a su existencia colectiva. Esto requiere un planeamiento central y una maquinaria organizada para implementarlo haciendo que el genocidio sea un prototipo de crimen de estado, ya que solo un estado cuenta con los recursos necesarios para llevar a cabo tal destrucción. El Genocidio Armenio fue planeado y administrado centralmente por el Estado de Turquía contra toda la población Armenia del Imperio Otomano. Fue llevado a cabo durante la Primera Guerra Mundial entre los años 1915 y 1918. El pueblo Armenio fue sujeto a deportaciones, expropiaciones, secuestros, tortura, masacre e inanición. La gran mayoría de la población Armenia fue forzosamente removida desde Armenia y Anatolia a Siria, donde una gran parte de la población fue enviada al desierto para morir de hambre y sed. Gran número de Armenios fueron masacrados metódicamente a lo ancho y largo del Imperio Otomano. Mujeres y niños fueron raptados y brutalmente abusados. Toda la riqueza del pueblo Armenio fue expropiada. Después de menos de un año de calma al final de la Primera Guerra Mundial, las atrocidades contra el pueblo Armenio fueron reanudadas entre 1920 y 1923, donde los restantes armenios fueron victimas de más masacres y expulsiones. En 1915, treinta años antes de que la Organización de las Naciones Unidas adoptase la Convención sobre la Prevención y Castigo de los Crímenes de Genocidio, la comunidad internacional condenaba el Genocidio Armenio como un crimen contra la humanidad.

 

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Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 

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El cristianismo se transmite a través del entusiasmo. Se transmite sólo a través del contacto humano, en la Iglesia. Si se vive como una prohibición, es mejor desistir.

 

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Sucedió en el siglo pasado; Hitler dijo en cierta ocasión: "La Providencia me ha llamado a mí, un católico, para acabar con el catolicismo. Sólo un católico puede destruir el catolicismo". Estaba seguro de contar con todos los medios para destruir por fin al catolicismo. Igualmente la gran corriente marxista estaba segura de realizar la revisión científica del mundo y de abrir las puertas al futuro: "la Iglesia está llegando a su fin, está acabada". Pero la Iglesia es más fuerte, según las palabras de Cristo. Es la vida de Cristo la que vence en su Iglesia.

 

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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
 CON OCASIÓN DEL 60° ANIVERSARIO DE LA
LIBERACIÓN DE LOS PRISIONEROS DE AUSCHWITZ

 

 

 

Se cumplen sesenta años de la liberación de los prisioneros del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. En esta circunstancia, no se puede por menos de volver con la memoria al drama que tuvo lugar allí, fruto trágico de un odio programado. Durante estos días es preciso recordar a los varios millones de personas que sin ninguna culpa soportaron sufrimientos inhumanos y fueron aniquiladas en las cámaras de gas y en los crematorios. Me inclino ante todos los que experimentaron aquella manifestación del mysterium iniquitatis.

Cuando, ya siendo Papa, visité como peregrino el campo de Auschwitz-Birkenau en el año 1979, me detuve ante las lápidas dedicadas a las víctimas. Había inscripciones en varias lenguas:  polaca, inglesa, búlgara, gitana, checa, danesa, francesa, griega, hebrea, yiddish, española, flamenca, serbo-croata, alemana, noruega, rusa, rumana, húngara e italiana. En todas estas lenguas estaba escrito el recuerdo de las víctimas de Auschwitz, de personas concretas, aunque a menudo totalmente desconocidas:  hombres, mujeres y niños. Me detuve entonces un buen rato junto a la lápida con la inscripción en hebreo. Dije:  "Esta inscripción suscita el recuerdo del pueblo, cuyos hijos e hijas estaban destinados al exterminio total. Este pueblo tiene su origen en Abraham, que es también padre de nuestra fe (cf. Rm 4, 11-12), como dijo Pablo de Tarso. Precisamente este pueblo, que recibió de Dios el mandamiento de "no matar", ha experimentado en sí mismo, en medida particular, lo que significa matar. A nadie le es lícito pasar delante de esta lápida con indiferencia" (Homilía del 7 de junio de 1979, n. 2:  L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 17 de junio de 1979, p. 13).

Hoy repito esas palabras. Ante la tragedia de la Shoah a nadie le es lícito pasar de largo. Aquel intento de destruir de modo programado a todo un pueblo se extiende como una sombra sobre Europa y sobre el mundo entero; es un crimen que mancha para siempre la historia de la humanidad. Que esto sirva, al menos hoy y en el futuro, como una advertencia:  no se debe ceder ante las ideologías que justifican la posibilidad de pisotear la dignidad humana a causa de la diversidad de raza, de color de la piel, de lengua o de religión. Dirijo este llamamiento a todos y, particularmente, a los que en nombre de la religión recurren al atropello y al terrorismo.

Estas reflexiones me acompañaron especialmente cuando, durante el gran jubileo del año 2000, la Iglesia celebró la solemne liturgia penitencial en la basílica de San Pedro, y también cuando fui como peregrino a los Santos Lugares y subí a Jerusalén. En el Yad Vashem, el memorial de la Shoah, y al pie del muro occidental del Templo, oré en silencio, pidiendo perdón y la conversión de los corazones.

Recuerdo que en 1979 reflexioné intensamente también delante de otras dos lápidas, escritas en ruso y en la lengua gitana. La historia de la participación de la Unión Soviética en aquella guerra fue compleja, pero no se puede por menos de recordar que durante la misma ningún pueblo sufrió tantas pérdidas humanas como el ruso. También los gitanos, en la
intención de Hitler, estaban destinados al exterminio total. No se puede subestimar el sacrificio de la vida impuesto a estos hermanos nuestros en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Por eso, exhorto de nuevo a no pasar con indiferencia ante esas lápidas.

Por último, me detuve ante la lápida escrita en lengua polaca. Dije entonces que la experiencia de Auschwitz constituía una "etapa más de las luchas seculares de esta nación, de mi nación, en defensa de sus derechos fundamentales entre los pueblos de Europa. Un nuevo fuerte grito por el derecho a un puesto propio en el mapa de Europa. Una dolorosa cuenta con la conciencia de la humanidad" (ib.).

La afirmación de esta verdad era sólo una invocación de la justicia histórica para esta nación, que había afrontado tantos sacrificios en la liberación del continente europeo de la nefasta ideología nazi, y que había sido vendida como esclava a otra ideología destructiva:  el comunismo soviético.
Hoy repito aquellas palabras, sin renegarlas, para dar gracias a Dios, porque, con el esfuerzo perseverante de mis compatriotas, Polonia ha encontrado el lugar que le corresponde en el mapa de Europa. Deseo que este dato histórico dé frutos de enriquecimiento espiritual recíproco para todos los europeos.

Durante la visita a Auschwitz-Birkenau dije también que sería necesario detenerse ante todas las lápidas. Yo mismo lo hice, pasando en meditación orante de una lápida a otra y encomendando a la Misericordia divina a todas las víctimas pertenecientes a las naciones afectadas por las atrocidades de la guerra. Oré también para obtener, a través de su intercesión, el don de la paz para el mundo.
Sigo orando sin cesar, con la confianza de  que, en toda circunstancia, al final vencerá el respeto a la dignidad de la persona humana, a los derechos de todo hombre  a una búsqueda libre de la verdad, a la observancia de las normas de la moral  y al cumplimiento de la justicia y del derecho de cada uno a condiciones de vida dignas del hombre (cf. Juan XXIII, Pacem in terris:  AAS 55 [1963] 295-296).

Hablando de las víctimas de Auschwitz, no puedo por menos de recordar que, en medio de ese indescriptible cúmulo de mal, hubo también expresiones heroicas de adhesión al bien. Ciertamente, numerosas personas aceptaron con libertad de espíritu someterse al sufrimiento y demostraron amor no sólo a sus compañeros prisioneros, sino también a sus verdugos. Muchos lo hicieron por amor a Dios y al hombre; otros, en nombre de los valores espirituales más elevados. Gracias a su actitud se ha hecho patente una verdad que a menudo aparece en la Biblia:  aunque el hombre es capaz de hacer el mal, a veces un mal enorme, el mal no tendrá la última palabra. Incluso en el abismo del sufrimiento puede triunfar el amor. El testimonio de este amor, dado en Auschwitz, no puede caer en el olvido. Debe despertar incesantemente las conciencias, extinguir los conflictos y exhortar a la paz.

Este es sin duda el sentido más profundo de la celebración de este aniversario. En efecto, si estamos recordando el drama de las víctimas, no lo hacemos para volver a abrir heridas dolorosas, ni para suscitar sentimientos de odio y deseos de venganza, sino para rendir homenaje a aquellas personas, para mostrar la verdad histórica y, sobre todo, para que todos se den cuenta de que aquellos hechos tenebrosos deben ser para los hombres de hoy una llamada a la responsabilidad en la construcción de nuestra historia. ¡Que jamás se repita, en ningún rincón de la tierra, lo que sufrieron hombres y mujeres a quienes lloramos desde hace sesenta años!

Envío mi saludo a cuantos participan en las celebraciones del aniversario y pido a Dios para todos el don de su bendición.
Vaticano, 15 de enero de 2005 - IOANNES PAULUS PP. II

 

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SUIZA. -… En 1942 la Alemania nazi, que había conquistado Europa sin apenas resistencia, que había visto todas las banderas de los vencidos tiradas a los pies de Hitler, amenazó a Suiza con bombardeos masivos si seguía acogiendo a refugiados judíos. El Gobierno suizo, claro, se asustó, como se asustaron todos los Gobiernos europeos, y, efectivamente, durante un periodo cerró sus fronteras. Las cerró oficialmente, lo cual, desde luego, causó tragedias, pero nunca las cerró del todo: de manera discreta, siguió acogiendo a perseguidos por los nazis.

 Yo hablo de lo que sé, de los testimonios que a lo largo de mi larga vida he podido recoger sobre las peripecias y los dramas acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial (y algunos más). Suiza no retó a la Europa nazi, tampoco podía, pero siguió ayudando discretamente a los antinazis y acogiendo a víctimas del nazismo. Cuando, en 1943, Soutou y su mujer llegan a Ginebra, inmediatamente pasan a colaborar con la delegación del Gobierno provisional del general De Gaulle, recién instalado en Argel. Esa delegación, jurídicamente dudosa, actuó con plena liberad en Suiza, supuestamente sometida al chantaje nazi.

Por su parte, Allan Dulles, el jefe de los servicios secretos norteamericanos, dirigió a sus agentes y colaboradores antinazis desde el país helvético durante todo el tiempo en que los USA estuvieron en guerra; incluso desde bastante antes. …[…]…

Arenas movedizas - Por Carlos Semprún Maura 2007-II-07. L.D.ESP.

 

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¿Qué es lo que hay que decir del Holocausto? Que fue el mal, naturalmente, que lo fue en una de sus versiones máximas y más puras. Pero no basta. Si se habla de ello en una ocasión oficial, es necesario corresponder a las expectativas que el discurso público acreditado ha venido alimentando, según un esquema de juicios y de atribuciones de culpas, de evocaciones y deprecaciones, al cual es obligado atenerse.

Benedicto XVI no lo ha hecho, no se ha atenido al esquema. Al igual que un político o un ministro cualquiera, habría podido hacerlo perfectamente, con poco gasto de ingenio, y con un previsible consenso universal. Ha preferido, en cambio, otro camino. Por un lado, ha elegido volar más bajo, pero, a la vez, por otro, moverse a alturas inusitadas para el discurso público oficial. La autenticidad humana, la originalidad intelectual y la inspiración de hombre de Dios se han entrelazado y confundido así, ante los tétricos edificios de Auschwitz, en una meditación amplia y repleta de nervio, de andadura casi parcelada. Su acento humilde ha resonado al presentarse sencillamente como hijo del pueblo alemán (expresión repetida hasta tres veces en pocas líneas), pero justamente esto ha dado un sentido extremo a la inevitable cuestión de la culpa colectiva. Muchos han hecho notar que el análisis de Ratzinger sobre la marea del nazismo ha sido demasiado indulgente con sus compatriotas, casi absueltos frente a la responsabilidad de un grupo de criminales que, en un determinado momento, se convirtieron en jefes y se abandonaron, como el Papa ha dicho, a un «ansia de destrucción y de dominio». Sí, no hay duda de que las cosas sucedieron de una manera más complicada y ambigua, como, por lo demás, sucede siempre, y por ello la observación es hasta demasiado fácil, pero el sentido del reclamo del Pontífice al papel del liderazgo nazi está en el querer poner el acento sobre un elemento, demasiado a menudo cancelado cuando se habla del nacional-socialismo, es decir, su nihilismo radical, su antihumana desmesura; en una palabra, lo diabólico que se perfilaba tras la cruz gamada y que hacía de ella el símbolo de un verdadero y propio paganismo resurgente, a menudo, en las formas, todavía más sobrecogedoras, de una disciplinada burocracia.

En resumidas cuentas, se dio en el nazismo como el florecimiento de un mal primigenio que, para salir a la luz, no se confió, ciertamente, al pueblo, a los alemanes, sino que necesitó precisamente de la mediación de jefes, de sombrías figuras de déspotas, de las que Hitler representó un paradigma ejemplar.

Benedicto XVI ha hablado con la mente dirigida a esta realidad demoníaca, en cierto sentido pre-política, si bien concretada letalmente en la Historia; ha hablado, pues, olvidando evocar (¿se les puede decir a tantos críticos suyos que, en cambio, hubieran querido precisamente eso?) los concretos excursus fácticos, la responsabilidad de las Iglesias cristianas (la de Roma fue sólo una entre tantas), las especificidades ideológicas (empezando por el antisemitismo, no nombrado, de acuerdo, pero si se dice hebreos y Shoah, ¿de qué se está hablando?) Un discurso, quizás, demasiado inspirado teológicamente y demasiado poco político, demasiado alejado de las conveniencias del sentido común, quizás, pero sólo evocando el mal absoluto, sólo adivinando, entre los humos infernales de las chimeneas de Auschwitz, el rostro de Satanás. Sólo así, tiene sentido el grito supremo de la desesperación humana que Joseph Ratzinger dirigió al cielo.

Ernesto Galli della Logia artículo que el prestigioso profesor laico Ernesto Galli della Loggia publicó en la portada del diario italiano Corriere della Sera, el pasado 30 de mayo 2006-

Sigue el mencionado discurso:

 

DISCURSO DEL SANTO PADRE S.S. Benedicto XVI

VISITA AL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE AUSCHWITZ

Auschwitz-Birkenau, domingo 28 de mayo de 2006

 

Tomar la palabra en este lugar de horror, de acumulación de crímenes contra Dios y contra el hombre que no tiene parangón en la historia, es casi imposible; y es particularmente difícil y deprimente para un cristiano, para un Papa que proviene de Alemania. En un lugar como este se queda uno sin palabras; en el fondo sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios:  ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto?
Con esta actitud de silencio nos inclinamos profundamente en nuestro interior ante las innumerables personas que aquí sufrieron y murieron. Sin embargo, este silencio se transforma en petición de perdón y reconciliación, hecha en voz alta, un grito al Dios vivo para que no vuelva a permitir jamás algo semejante.

Hace veintisiete años, el 7 de junio de 1979, se encontraba aquí el Papa Juan Pablo II; y en esa ocasión dijo:  "Vengo aquí hoy como peregrino. Se sabe que he estado aquí muchas veces... ¡Cuántas veces! Y muchas veces he bajado a la celda de la muerte de Maximiliano Kolbe y me he parado ante el muro del exterminio y he pasado entre las escorias de los hornos crematorios de Birkenau. No podía menos de venir aquí como Papa" (Homilía en el campo de concentración de Auschwitz, n. 2:  L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 17 de junio de 1979, p. 13).

El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo que, juntamente con el pueblo judío, tuvo que sufrir más en este lugar y, en general, a lo largo de la guerra:  "Son seis millones de polacos los que perdieron la vida durante la segunda guerra mundial:  la quinta parte de la nación", recordó entonces el Papa (ib.). Luego aquí hizo el solemne llamamiento al respeto de los derechos del hombre y de las naciones, que anteriormente habían hecho al mundo sus predecesores Juan XXIII y Pablo VI, y añadió:  "Pronuncia estas palabras (...) el hijo de la nación que en su historia remota y más reciente ha sufrido de parte de los demás múltiples tribulaciones. Y no lo dice para acusar, sino para recordar. Habla en nombre de todas las naciones, cuyos derechos son violados y olvidados" (ib., n. 3).

El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo polaco. Yo estoy hoy aquí como hijo del pueblo alemán, y precisamente por esto debo y puedo decir como él:  No podía por menos de venir aquí. Debía venir. Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la intimidación; así, usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción y dominio.

Sí, no podía por menos de venir aquí. El 7 de junio de 1979 yo me encontraba aquí, como arzobispo de Munich-Freising, entre los numerosos obispos que acompañaban al Papa, que lo escuchaban y oraban juntamente con él. En 1980 volví una vez más a este lugar de horror con una delegación de obispos alemanes, turbado a causa del mal y agradecido por el hecho de que sobre estas tinieblas había surgido la estrella de la reconciliación.

Esta es también la finalidad por la que me encuentro hoy aquí:  para implorar la gracia de la reconciliación; ante todo, a Dios, el único que puede abrir y purificar nuestro corazón; luego, a los hombres que aquí sufrieron; y, por último, la gracia de la reconciliación para todos los que, en este momento de nuestra historia, sufren de modo nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio.

¡Cuántas preguntas se nos imponen en este lugar! Siempre surge de nuevo la pregunta:  ¿Dónde estaba Dios en esos días? ¿Por qué permaneció callado? ¿Cómo pudo tolerar este exceso de destrucción, este triunfo del mal?

Nos vienen a la mente las palabras del salmo 44, la lamentación del Israel doliente:  "Tú nos arrojaste a un lugar de chacales y nos cubriste de tinieblas. (...) Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y nuestra opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo, nuestro vientre está pegado al suelo. Levántate a socorrernos, redímenos por tu misericordia" (Sal 44, 20. 23-27). Este grito de angustia que el Israel doliente eleva a Dios en tiempos de suma angustia es a la vez el grito de ayuda de todos los que a lo largo de la historia —ayer, hoy y mañana— han sufrido por amor a Dios, por amor a la verdad y al bien; y hay muchos también hoy.

Nosotros no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia. En ese caso, no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos sólo a su destrucción. No; en definitiva, debemos seguir elevando, con humildad pero con perseverancia, ese grito a Dios:  "Levántate. No te olvides de tu criatura, el hombre". Y el grito que elevamos a Dios debe ser, a la vez, un grito que penetre nuestro mismo corazón, para que se despierte en nosotros la presencia escondida de Dios, para que el poder que Dios ha depositado en nuestro corazón no quede cubierto y ahogado en nosotros por el fango del egoísmo, del miedo a los hombres, de la indiferencia y del oportunismo.

Elevemos este grito a Dios; dirijámoslo también a nuestro corazón, precisamente en este momento de la historia, en el que se ciernen nuevas desventuras, en el que parecen resurgir de nuevo en el corazón de los hombres todas las fuerzas oscuras:  por una parte, el abuso del nombre de Dios para justificar una violencia ciega contra personas inocentes; y, por otra, el cinismo que ignora a Dios y que se burla de la fe en él.

Nosotros elevamos nuestro grito a Dios para que impulse a los hombres a arrepentirse, a fin de que reconozcan que la violencia no crea la paz, sino que sólo suscita otra violencia, una espiral de destrucciones en la que, en último término, todos sólo pueden ser perdedores. El Dios en el que creemos es un Dios de la razón, pero de una razón que ciertamente no es una matemática neutral del universo, sino que es una sola cosa con el amor, con el bien. Nosotros oramos a Dios y gritamos a los hombres, para que esta razón, la razón del amor y del reconocimiento de la fuerza de la reconciliación y de la paz, prevalezca sobre las actuales amenazas de la irracionalidad o de una razón falsa, alejada de Dios.

El lugar en donde nos encontramos es un lugar de la memoria, el lugar de la Shoah. El pasado no es sólo pasado. Nos atañe también a nosotros y nos señala qué caminos no debemos tomar y qué caminos debemos tomar.

Como hizo Juan Pablo II, he recorrido el camino de las lápidas que, en diversas lenguas, recuerdan a las víctimas de este lugar:  son lápidas en bielorruso, checo, alemán, francés, griego, hebreo, croata, italiano, yiddish, húngaro, holandés, noruego, polaco, ruso, rom, rumano, eslovaco, serbio, ucraniano, judeo-hispánico e inglés. Todas estas lápidas conmemorativas hablan de dolor humano; nos permiten intuir el cinismo de aquel poder que trataba a los hombres como material, sin reconocerlos como personas, en las que resplandece la imagen de Dios. Algunas lápidas invitan a una conmemoración particular.

Está la lápida en lengua hebrea. Los potentados del Tercer Reich querían aplastar al pueblo judío en su totalidad, borrarlo de la lista de los pueblos de la tierra. Entonces se verificaron de modo terrible las palabras del Salmo:  "Nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza". En el fondo, con la aniquilación de este pueblo, esos criminales violentos querían matar a aquel Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre. Si este pueblo, simplemente con su existencia, constituye un testimonio de ese Dios que ha hablado al hombre y cuida de él, entonces ese Dios finalmente debía morir, para que el dominio perteneciera sólo al hombre, a ellos mismos, que se consideraban los fuertes que habían sabido apoderarse del mundo. En realidad,  con la destrucción de Israel, con la Shoah, querían en último término arrancar  también la raíz en la que se basa la fe cristiana, sustituyéndola definitivamente con la fe hecha por sí misma, la fe en el dominio del hombre, del fuerte.

Luego está la lápida en lengua polaca:  en una primera fase, y ante todo, se quería eliminar la élite cultural y borrar así al pueblo como sujeto histórico autónomo, para reducirlo, en la medida en que seguía existiendo, a un pueblo de esclavos.

Otra lápida que invita particularmente a reflexionar es la que está escrita en la lengua de los sinti y de los rom. También aquí se quería hacer desaparecer a un pueblo entero, que vive emigrando en medio de otros pueblos. Era considerado como un elemento inútil de la historia universal, en una ideología en la que ya sólo debía contar lo útil mensurable; todo lo demás, según sus conceptos, se clasificaba como lebensunwertes Leben, una vida indigna de ser vivida.

Después está la lápida en ruso, que evoca el inmenso número de vidas sacrificadas entre los soldados rusos en el enfrentamiento con el régimen del terror nacionalsocialista; sin embargo, al mismo tiempo, nos hace reflexionar sobre el trágico doble significado de su misión:  libraron a los pueblos de una dictadura, pero sometiendo también a los mismos pueblos a una nueva dictadura, la de Stalin y la ideología comunista.

También todas las demás lápidas, en muchas otras lenguas de Europa, nos hablan del sufrimiento de hombres de todo el continente. Si no nos limitáramos a hacer memoria de las víctimas de modo global, sino que, además, viéramos los rostros de cada una de las personas que murieron aquí, en lo más lóbrego del terror, nuestro corazón se sentiría profundamente afectado.

He sentido en mi interior el deber de detenerme en particular ante la lápida en lengua alemana. Allí emerge ante nosotros el rostro de Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, judía y alemana, que juntamente con su hermana murió en el horror de la noche del campo de concentración nazi alemán; como cristiana y judía, aceptó morir junto con su pueblo y por él.

Los alemanes que entonces fueron traídos a Auschwitz-Birkenau y que murieron aquí eran considerados Abaschaum der Nation, la basura de la nación. Sin embargo, ahora nosotros los reconocemos con gratitud como testigos de la verdad y del bien, que en nuestro pueblo tampoco habían desaparecido. Damos gracias a estas personas porque no se sometieron al poder del mal y ahora están ante nosotros como luces en una noche oscura. Con profundo respeto y gratitud nos inclinamos ante todos  los que, como los tres jóvenes frente  a  la amenaza del horno de Babilonia, supieron responder:  "Sólo nuestro Dios puede librarnos; pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has erigido" (Dn 3, 17-18).

Sí; detrás de estas lápidas se oculta el destino de innumerables seres humanos. Sacuden nuestra memoria, sacuden nuestro corazón. No quieren provocar en nosotros el odio; más bien, nos demuestran cuán terrible es la obra del odio. Quieren hacer que la razón reconozca el mal como mal y lo rechace; quieren suscitar en nosotros la valentía del bien, de la resistencia contra el mal.
Quieren despertar en nosotros los sentimientos que se expresan en las palabras que Sófocles pone en labios de Antígona ante el horror que la rodea:  "Están aquí no para odiar juntos, sino para amar juntos".

Gracias a Dios, con la purificación de la memoria, a la que nos impulsa este lugar de horror, crecen en torno a él múltiples iniciativas que quieren poner un límite al mal y dar fuerza al bien. Hace poco he bendecido el Centro para el diálogo y la oración. En las cercanías se desarrolla la vida oculta de las religiosas carmelitas, conscientes de estar particularmente unidas al misterio de la cruz de Cristo; nos recuerdan la fe de los cristianos, que afirma que Dios mismo ha descendido al infierno del sufrimiento y sufre juntamente con nosotros. En Oswiecim existe el Centro de San Maximiliano y el Centro internacional de formación sobre Auschwitz y el Holocausto. Además, está la Casa internacional para los encuentros de la juventud. En una de las antiguas Casas de oración existe el Centro judío. Por último, se está constituyendo la Academia para los derechos humanos. Así podemos esperar que del lugar del horror surja y crezca una reflexión constructiva, y que recordar ayude a resistir al mal y a hacer que triunfe el amor.

En Auschwitz-Birkenau la humanidad atravesó por "un valle oscuro". Por eso, precisamente en este lugar, quisiera concluir con una oración de confianza, con un Salmo de Israel que, a la vez, es una plegaria de la cristiandad:  "El Señor es mi pastor, nada me falta:  en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo:  tu vara y tu cayado me sosiegan. (...) Habitaré en la casa del Señor por años sin término" (Sal 23, 1-4. 6).

 

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«La fe está abierta a todo aquello que en la cultura es grande, verdadero y puro... Pero, desde siempre, el cristianismo ha estado amenazado por elementos anticristianos y hoy estamos ante una cultura que se aleja de manera siempre creciente del cristianismo. Prueba de ello son las amenazas a la vida, los ataques a la familia basada en el matrimonio, la reducción de la fe a una realidad subjetiva, la secularización, la fragmentación y la relativización de la ética».    El cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha subrayado que la evangelización no es una simple asimilación a la cultura dominante. 2004

 

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Pablo VI, Pont. Papa (1897-1978) Evangelii Nuntiandi, 70 

 

Ser una lámpara sobre el candelero -       Los laicos a quienes su vocación específica coloca en medio del mundo y al frente de las tareas materiales más variadas, deben ejercer, en virtud de esta vocación, una forma singular de evangelización. Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial,—esto es el papel específico de los pastores--, sino la puesta en marcha de todas las posibilidades  cristianas y evangélicas escondidas, pero ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora es el vasto mundo complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y del arte, de las relaciones internacionales, de los medios de comunicación, así como ciertas realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional, el sufrimiento.

Cuanto más laicos estén impregnados del espíritu evangélico, responsables de estas realidades y comprometidos claramente en ellos, competentes para promoverlos y conscientes que hace falta desarrollar su plena capacidad cristiana a menudo sofocada y arrinconada, tanto más estas realidades serán caminos al servicio de la edificación del reino de Dios y, por lo tanto, de la salvación en Jesucristo, sin perder o sacrificar nada de su potencial humano sino manifestando la dimensión trascendente a menudo desconocida.

 

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En la obra cumbre del antisemitismo, "El judío y sus mentiras", Martín Lutero explica que éstos "envenenan, son asesinos rituales, usureros, son parásitos de la sociedad cristiana; son peor que demonios. Sus sinagogas debieran ser destruidas y sus libros decomisados (...) más aun, debieran ser expulsados por los príncipes de sus territorios” ¿Se puede considerar que Hitler no hizo más que seguir a Lutero?

 

No, Hitler no seguía a Lutero, probablemente. Tenía su visión propia. El texto de Lutero fue no sólo objeto de reproches por parte de Melanchthon sino del propio príncipe de Sajonia y por eso nunca se tradujo en medidas prácticas a diferencia de lo que había sucedido en España, por ejemplo, en 1391 y 1492. Sin embargo, el odio sembrado se multiplicaba y cuyos resultados hemos visto...

 

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Inquisiciones - Los historiadores distinguen tres inquisiciones: la medieval, ejercida por los obispos locales, o por la Santa Sede con carácter puntual y esporádico (por ejemplo, la Cruzada contra los Albigenses); la española (y más tarde, por imitación, la portuguesa), creada a finales de 1400 por los Reyes Católicos con el beneplácito y bulas papales, con actuación restringida al territorio de la Corona española (y Portuguesa), o sea, también en América y en los territorios europeos (en particular italianos) dependientes de ella; y una tercera inquisición, la romana, la más moderna, fundada por el Papa Pablo III en 1542 e inspirada en el modelo centralista español, pero con ámbito teóricamente universal.

Y permanecen todas las otras ‘inquisiciones’ ejercidas por poderes – político, regio o  religioso - a ejemplo, la protestante, tan cruel en algunas zonas de Europa, el caso de Alemania., a ejemplo

 

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El Papa reconoce las virtudes heroicas de

 un obispo que se enfrentó a Hitler

 

 

El cardenal von Galen denunció tanto

sus ideas como sus medidas


CIUDAD DEL VATICANO, 21 diciembre 2003- La Iglesia católica ha reconocido las virtudes heroicas, último escalón antes de la beatificación, del cardenal Clemens August Graf von Galen, uno de los mayores opositores en Alemania al nazismo.
Nacido el 16 de marzo de 1878 en Dinklage (Alemania), tras haber desempeñado durante años el ministerio parroquial, monseñor von Galen fue nombrado obispo de Munster en 1933, año en el que
Hitler llegó al poder.
Desde el inicio de su ministerio episcopal denunció la política contra la Iglesia del régimen, así como la introducción de ritos neogapanos.
Sus enérgicas predicaciones le valieron el sobrenombre de «León de Munster».
En 1934 confutó las tesis del ideólogo nazi Alfred Rosenberg y en 1937 se dedicó con todas sus energías a difundir la encíclica del Papa Pío XI contra el nazismo («Mit brenneder Sorge», «Con viva preocupación»).
A partir de 1941 se pronunció en varias ocasiones contra la eutanasia de personas con enfermedades mentales así como contra la política racial del régimen nazi.
Falleció el 22 de marzo de 1946, un mes después de que el Papa Pío XII le hubiera creado cardenal, en el reconocimiento de sus méritos.
Este sábado, en presencia de Juan Pablo II, tuvo lugar en el Vaticano la ceremonia de reconocimiento de sus «virtudes heroicas». La comprobación de un milagro atribuido a la intercesión del cardenal von Galen permitiría su beatificación.   ZS03122106 – Zenit

 

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El obispo que desafió a Hitler, nuevo beato

Era conocido como el «León de Münster», a pesar de que su nombre era Clemens August von Galen. Y no recibió este mote por nada, sino porque habló con una rotundidad valiente e incluso feroz contra el régimen nazi y contra las ideas –y hechos– que Adolf Hitler tenía sobre la eutanasia y la persecución de los judíos. Cerca de cincuenta años después, el próximo domingo, el obispo Von Galen será beatificado en la basílica de San Pedro del Vaticano, por el cardenal José Saraiva Martins. Y después de la ceremonia, el Papa Benedicto XVI se acercará a la Basílica para venerar las reliquias del nuevo beato. «Con la beatificación de este generoso pastor, la Iglesia nos invita a imitar su testimonio valiente y fiel en las visicitudes de nuestra época», afirma un comunicado de la Santa Sede.
   Y es que siendo obispo de Münster durante el periodo nazi, monseñor Von Galen alcanzó una gran popularidad por su defensa de los pobres y enfermos, y protestó con fuerza contra la eutanasia, el secuestro de monasterios y contra la persecución de judíos o la expulsión de religiosos. Para no crear sublevaciones a causa de las denuncias del prelado contra la eutanasia, Hitler dictó en 1941 una orden para bloquear oficialmente la ejecución del programa de exterminio de enfermos, indigentes e impedidos. Éste ya no se reanudó a gran escala, aunque se siguió con la práctica minoritaria y oculta. El propio Papa Pío XII, según se ha sabido posteriormente, leía sus homilías y le presentó como un «héroe» a sacerdotes alemanes de Westfalia. «Defendió al pueblo de las agresiones nazis, y se arriesgó a ser detenido y morir», relató el cardenal Saraiva el pasado 20 de diciembre. El milagro que abrió las puertas a esta beatificación es el de un joven enfermo indio que en 1995 quedó curado, de forma inexplicable para la ciencia, después recurrir a la intercesión del futuro beato.

2005-10-08

 

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El obispo que desafió a Hitler debería ser beatificado en Roma el 9 de octubre -- El cardenal August von Galen

ROMA, domingo, 17 julio 2005 - El cardenal August von Galen, entre quienes se atrevieron a desafiar a Hitler, debería ser beatificado el 9 de octubre, según afirma la página web de la diócesis de Münster (www.bistumsjubilaeum2005.de). Sería el primer alemán beatificado en el pontificado de Benedicto XVI.

La página web de la Santa Sede anuncia como «próximas beatificaciones las de los siervos de Dios que debería haber beatificado Juan Pablo II el 24 de abril pasado: María de los Ángeles Ginard Martí (1894-1936), Léon Dehon (1843-1925), Rita Amada De Jesús (1848-1913), Maria Crocifissa Curcio (1877-1957), Eurosia Fabris (1866-1932)».

A estos nombres hay que añadir los de Charles de Foucauld (que podría ser beatificado el 13 de noviembre ) y el de August von Galen.

Benedicto XVI anunciaba el 29 de junio para «este año» esta última beatificación, en una carta dirigida al obispo de Münster, monseñor Reinhard Lettmann, con motivo del jubileo de la diócesis, que celebra los mil doscientos años de su fundación.

La diócesis anuncia esta beatificación en Roma, en la basílica de San Pedro del Vaticano, el 9 de octubre próximo, con un decreto del Papa que será leído durante la celebración, presidida por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

La beatificación tiene lugar gracias al reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión, en diciembre 2004.

Clemens August von Galen (1878-1946), siendo obispo de Münster durante el período nazi, alzó su voz en defensa de los derechos de los pobres, de los enfermos, protestando con fuerza contra la eutanasia, contra el secuestro de monasterios y conventos y contra la persecución de judíos o la expulsión de religiosos.

Para no crear sublevaciones a causa de las denuncias contra la eutanasia pronunciadas por el obispo, Hitler dictó el 3 de agosto de 1941 una orden para bloquear oficialmente la ejecución del programa de eutanasia. Éste ya no se reanudó a gran escala, aunque se siguió practicando la eutanasia en situaciones particulares y más bien ocultas.

Pío XII, según se ha sabido por el proceso de beatificación, leía sus homilías y le presentó como un «héroe» a sacerdotes alemanes de Westfalia. ZS05071705 zenit

 

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HITLER - «Pese a los intentos del clero protestante y católico de auto-engañarse, Hitler no era cristiano y la mayoría de los miembros de su movimiento era explícitamente anticristiana. Por supuesto, a veces Hitler adoptaba una actitud engañosa. (...) En la década de 1920 dijo a Ludendorf que tenía que disimular su odio al catolicismo porque necesitaba el voto de los católicos bávaros tanto como el de los protestantes prusianos: "el resto puede llegar más tarde". (...) En realidad, odiaba al cristianismo y demostró un justificado desprecio por sus fieles alemanes. Poco después de asumir el poder dijo a Hermann Rauschnig que se proponía arrancar "de raíz" el cristianismo alemán. "Uno es cristiano o alemán. No es posible ser ambas cosas". Creía que el método podía ser "permitir que se pudra como un miembro gangrenado". También decía: "¿Usted cree realmente que las masas volverán a ser cristianas?. Tonterías. Nunca más. La historia ha terminado... pero podemos apurar las cosas. Obligaremos a los párrocos a cavar sus propias tumbas. Traicionarán a su Dios por nosotros. Traicionarán lo que sea en beneficio de sus miserables empleítos y sus rentas"».


(Paul JOHNSON [historiador británico que no ahorra críticas a la Iglesia], Historia del Cristianismo, Javier Vergara Editor, Barcelona, España- 1999)

 

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Hitler fue un profeta - 

David AMADO
Las celebraciones con motivo del sesenta aniversario de la liberación de Auschwitz han vuelto a traer a la palestra a Adolfo Hitler, aunque su sombra nunca dejó de revolotear por Europa. Los rostros de los antiguos prisioneros de los campos de concentración nos devolvieron a la memoria de los antiguos terrores. No sólo de los que se realizaron en los terribles campos de exterminio, sino también todos los otros que, en palabras de Joseph Roth, hicieron de la Alemania nazi «la filial del infierno en la tierra». Es fácil decir que todo aquello no fue más que la fantasmagoría de una mente enferma y depravada. Mirado en la perspectiva de la historia parece, sin embargo, que el Führer tenía algo de precursor. Fue él quien inició los experimentos eugenésicos aunque, claro, sin contar con la complicidad de los modernos laboratorios en los que la vida, por ser sorprendida en embriones y no en niños ya nacidos, parece de menor valor. Y a él se debe el asesinato de los ancianos inútiles, los enanos, los deformes, considerados indignos de pertenecer a la raza aria por ser lisiados, paralíticos o retrasados. Algunas leyes actuales, ocultas entre los doseles de declaraciones filantrópicas, no son menos lesivas para los inocentes. Porque, seamos serios, no podemos reducir la injusticia a una cuestión de estética.
   En un ensayo más o menos reciente, Sofsky, intenta indagar por los orígenes de esa violencia irracional de la que muchos fueron cómplices o espectadores impasibles. Su respuesta no convence porque, aunque analiza bien los mecanismos de su desarrollo, no es capaz de entrar en el meollo del asunto. Se le escapa la causa. El mal tiene raíces muy profundas y sólo el Hijo ha descendido a los infiernos. Hace más de sesenta años el mal tuvo un exabrupto y se desbordó porque nadie calculó la fuerza de su onda expansiva. Los hay que aprenden de los errores y para algunos no deja de ser un signo de progreso que sean los mismos ancianitos abandonados, o los tetrapléjicos sin esperanza, los que pidan que se acabe con su vida. Para muchos el Holocausto es una ciénaga profunda a la que nunca se podrá encontrar explicación. Yo, sé, sin embargo que en el cielo hay muchos judíos, gitanos y personas de toda clase a los que la ideología infame consideró indignos.
Que ellos intercedan por nosotros. 2005.02.02

 

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Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe?

Guerras de religión, tribunales de la Inquisición y otras formas de violación de los derechos de las personas…

Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia, valorándolos a la luz de los principio del Evangelio” S. S. Juan Pablo II a los Cardenales, 1994. VAT.

 

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La Iglesia ha pedido perdón y continúa haciéndolo como también perdonando; no siempre actúan así los que acusan a la Iglesia por las faltas humanas de sus miembros que deshonran y ofenden, no sólo a la Iglesia sino a la dignidad humana.

 

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60 años del abrazo entre Hitler y Stalin

 

Por Pedro Fernández Barbadillo

El pacto germano-soviético es uno de los episodios diplomáticos más vergonzosos del siglo XX. Los dos dictadores que amenazaban a Europa, Adolf Hitler y Josif Stalin, se repartieron la Europa Oriental en secreto. La colaboración de la URSS y de los comunistas de todo el mundo con el expansionismo nazi duró casi dos años. Después de la guerra, los comunistas hicieron todo lo posible por atenuar su importancia.

 

 

Después de consumar el desmembramiento del Estado artificial de Checoslovaquia y de fundar el protectorado de Bohemia y Moravia, el siguiente objetivo de Hitler a fin de remover las cláusulas del Tratado de Versalles era la unión del III Reich con la ciudad alemana de Danzig, declarada ciudad libre por las potencias aliadas. La excusa era la presentación a Polonia de una serie de exigencias inaceptables que supondrían una negativa. El plan del führer contaba que Francia y Gran Bretaña reconocerían el hecho consumado.  

Mientras el Gobierno nacionalsocialista aumentaba la tensión con Polonia y preparaba a su Ejército, Hitler tramaba un golpe maestro. La derrota de los Imperios Centrales en la Gran Guerra se debió a que tuvieron que repartir sus fuerzas en dos grandes frentes: el occidental y el oriental. Hitler estaba dispuesto a entrar en guerra contra sus enemigos en 1944, cuando concluía su plan de rearme. Hasta ese momento, Alemania estaría en inferioridad de condiciones y le convenía retrasar el estallido de las hostilidades. Por eso, Hitler empezó a tantear a Stalin.

 

 

El 23 de agosto de 1939, con una orden de ataque ya abortada, Berlín y Moscú comunicaron al mundo que los dos regímenes políticos en apariencia más opuestos de Europa habían acordado un tratado de amistad. La sorpresa fue tal que parte de la prensa comunista se negó a creerlo hasta que no tuvo la confirmación. De un día para otro, los bien entrenados propagandistas del comunismo borraron de su vocabulario las diatribas dirigidas con el III Reich y su caudillo; a cambio, las guardaron enteras para las democracias. Stalin recibió de sus fieles un nuevo pedestal para su genio. El día 24, el Papa Pío XII emitió un impresionante mensaje radiofónico en el que suplicaba por la paz. 

Como hacían los monarcas absolutos, Hitler y Stalin se repartieron en secreto territorios entre el mar Negro y el Báltico. Cada dictador reconocía al otro una zona de influencia. Polonia fue repartida por cuarta vez (en el siglo XVIII sufrió tres repartos). La URSS recuperó zonas que habían pertenecido al imperio multinacional de los zares y cuya independencia admitió Lenin porque lo importante era la construcción del comunismo al precio que fuese. Hitler reconocía a Stalin el derecho a expandirse hacia Estonia, Letonia, Finlandia, Besarabia y Bucovina; Alemania obtenía Lituania.

 

 

Con las espaldas guardadas por este Pacto de Amistad, el III Reich saltó sobre Polonia el 1 de septiembre de 1939 con parte de sus ejércitos, mientras que el resto vigilaba las fronteras occidentales. El día 3, Francia y Gran Bretaña declaraban la guerra a Alemania. Stalin tuvo más suerte, pues el 17 atacó a la vencida Polonia, con la excusa de defender a las minorías bielorrusa y ucraniana, sin que su agresión causara en Londres y París una reacción similar.  

Ya ocupada Polonia, Moscú y Berlín fijaron el reparto definitivo y en éste Stalin recibió Lituania. Unas semanas después, el dictador soviético exigió bases militares a los países bálticos y a Finlandia. Ésta se negó y el 30 de noviembre el Ejército Rojo la atacó. Pese a la superioridad numérica de la URSS, Finlandia resistió en la llamada "guerra de invierno". Sin embargo, aislada, tuvo que rendirse y entregar varios territorios por la Paz de Moscú de marzo de 1940. Lo único que hizo la Europa democrática por Finlandia fue expulsar a la URSS de la Sociedad de Naciones. 

Los dos regímenes totalitarios prosiguieron sus buenas relaciones. Por medio del acuerdo comercial del 11 de febrero de 1940, la URSS se comprometió a suministrar a Alemania petróleo, hierro, cromo y manganeso, minerales de los que carecía por el bloqueo naval. A cambio, Alemania le entregaría equipo militar, industrial, ferroviario y farmacéutico. También intercambiaron prisioneros y exiliados. 

La ayuda de la URSS a su nuevo aliado llegó al punto de que los comunistas franceses sabotearon el esfuerzo militar de su país cuando éste fue atacado por Alemania el 10 de mayo de 1940. Los comunistas sólo organizaron grupos de resistentes cuando Alemania invadió la URSS en 1941; hasta entonces, la resistencia fue un asunto de la derecha francesa. Las consignas de Moscú de defender a Alemania alcanzaron lugares tan lejanos como Argentina. El PC de este país se opuso al boicot de los productos alemanes que proponía el Gobierno nacional y aprobó el asilo concedido a la tripulación del acorazado Graf Spee, hundido frente a Montevideo.

 

 

Como recuerda Martin Amis en su recién traducido libro Koba, Stalin se negó a creer a su embajador en Berlín cuando le anunció que Alemania estaba atacándoles hasta que no recibió las llamadas de confirmación de las ciudades bombardeadas.  

La explicación de los comunistas al abrazo de Stalin con Hitler es que gracias al Pacto se ganaron dos años para prepararse frente a una agresión alemana. Ciertamente, el régimen soviético no aprovechó ese tiempo, porque sólo el invierno y los suministros enviados por Estados Unidos a través del océano Ártico pararon a las fuerzas invasoras. Lo cierto es que tanto los nazis como los soviéticos compartían el desprecio por la democracia burguesa. Más olvidado que este Pacto son las votaciones de nazis y comunistas unidos en el Parlamento alemán de la República de Weimar para derribar Gobiernos. Hitler y Stalin se admiraban mutuamente y el georgiano llegó a brindar con el ministro Ribbentrop por la salud del führer. 

Pese a sus traiciones y su oportunismo, el mayor vencedor de la Segunda Guerra Mundial fue Stalin. Los Aliados no sólo le reconocieron las mismas conquistas territoriales que obtuvo de Hitler, sino que se las ampliaron. Polonia, por cuya libertad Francia y el Imperio británico fueron a la guerra, quedó sometida al comunismo, al igual que medio continente. Estos errores tardaron casi cincuenta años en rectificarse. 2004.08.

 

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Ratzinger: Las «patologías de la religión

y de la razón», «peligros mortales para la paz»

 

El purpurado alemán constata las amenazas de los fanatismos y del relativismo

ROMA, domingo, 7 noviembre 2004 - «Existen patologías de la religión y de la razón» y «ambas constituyen peligros mortales para la paz y, me atrevería a decir, para la entera humanidad», afirma el cardenal Joseph Ratzinger en una intervención recién publicada en Italia.

«Si la imagen de Dios se convierte en algo parcial hasta identificar el absoluto de Dios con una comunidad concreta o con ciertos intereses de la misma, destruye el derecho y la moral», indica el cardenal en un artículo publicado por la revista «Vita e Pensiero».

«El bien, en este contexto, es lo que está al servicio de mi potencia y se desvanece la diferencia entre el bien y el mal. La moral y el derecho se hacen partidarios», añade.

El texto publica por primera vez la intervención del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe con motivo del sexagésimo aniversario del desembarco de Normandía, del pasado 4 de junio, en cuyas celebraciones participó en representación de Juan Pablo II.

«Pero existe también la patología de la razón totalmente separada de Dios», subraya Ratzinger en el artículo que lleva por título «Occidente, Islam y los fundamentos de la paz». «La hemos visto en las ideologías totalitarias que negaban toda relación con Dios e intentaban así construir el hombre nuevo, el mundo nuevo».

En este sentido, el cardenal cita los ejemplos de Adolf Hitler, «de los realizadores del marxismo» y de Pol Pot, «quizá la expresión más dramática de esta patología de la razón».

«Sólo una razón que se mantenga abierta a Dios, una razón que no exilia la moral a la esfera subjetiva y no la reduce a puro cálculo, puede evitar la manipulación de la noción de Dios y las enfermedades de la religión y puede ofrecer alguna terapia», escribe.

El cardenal considera que en este sentido los cristianos deben afrontar un «gran desafío».

«Su tarea, nuestra tarea --afirma--, consiste en llevar a la razón a funcionar integralmente, no sólo en el campo de la técnica y del desarrollo material del mundo sino también y, antes que nada, en cuanto facultad de verdad, promoviendo su capacidad de reconocer el bien, que es condición del derecho y, por ello, presupuesto de la paz en el mundo».

Por ello, añade, «Es tarea específica nuestra, de cristianos del tiempo presente, la de integrar la noción de Dios en la lucha por la defensa de la persona humana».

Ratzinger recuerda que «la fe cristiana ha suprimido, siguiendo el camino de Cristo, la idea de la teocracia política».

«Para decirlo en términos actuales, ha fundamentado la laicidad del Estado en el que los cristianos conviven, en libertad, con los exponentes de otras convicciones».

«Una convivencia fundada por otra parte en la común responsabilidad moral, propia de la naturaleza humana y de la naturaleza de la justicia».

«La fe cristiana distingue entre esta forma secular y el Reino de Dios que, como realidad política no existe y no puede existir en esta tierra, pero que vive en la fe, en la esperanza y en la caridad y debe transformar el mundo desde dentro».

Ratzinger cita las palabras del filósofo de la República Checa, el profesor de Filosofía en la Universidad de Kiel, Kurt Hübner: «Sólo podremos evitar el conflicto con las culturas que hoy nos son hostiles si logramos desmentir el vehemente reproche de haber olvidado a Dios, volviendo a ser plenamente conscientes del arraigo profundo de nuestra cultura en el cristianismo».

«Ciertamente esto no bastará para cancelar el resentimiento producido por la superioridad occidental que, en muchos campos, caracteriza la vida de nuestro tiempo pero podrá contribuir, en medida significativa, a apagar el fuego religioso que, como se puede observar, se alimenta naturalmente», añade.

El cardenal concluye afirmando que «si no somos fieles a la memoria del Dios de la Biblia, del Dios que se ha hecho cercano en Jesucristo, no encontraremos el camino de la paz». ZS04110707

 

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Evangelio según San Mateo 22,34-40. - Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?". Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

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San Basilio el Grande (hacia 330-379) monje, obispo de Cesarea en Capadocia, doctor de la Iglesia Católica - Grandes Reglas, 3

“Este es el primer mandamiento y el más importante.” (Mt 22,38)

Hemos recibido el precepto de amar al prójimo como a nosotros mismos. Pero Dios ¿no nos ha dado también una disposición natural para cumplirlo?... No hay nada más conforme a nuestra naturaleza que vivir unidos, buscarnos mutuamente y amar a nuestros semejantes. El Señor pide, pues, los frutos de la semilla que ya había puesto en nuestro interior, cuando dice: “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros.” (Jn 13,34).
Con el fin de animar nuestro corazón a cumplir este precepto, no ha querido que se viera el distintivo de sus discípulos en prodigios u obras extraordinarias, aunque ellos recibieran el poder de realizarlos por el don del Espíritu Santo. Al contrario, dice: “Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos.” (Jn 13,35) Une los dos mandamientos de tal manera que considera que la buena obra que se hace al prójimo es como si se la hiciera a él. “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber...Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.” (cf Mt 25,35-40).
La observancia del primer mandamiento encierra también la observancia del segundo y por el segundo vuelve al primero. Aquel que ama a Dios amará, por consiguiente, a su prójimo: “El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabras.” (Jn 14,23) “Mi mandamiento es éste: Amaos los unos a los otros, como yo os he amado.” (Jn 15,12) Os lo repito: quien ama a su prójimo cumple con su deber de amar a Dios, porque Dios considera este amor como referido a él.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!».

 

 

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Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.

 3ª) AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑA – LA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular.

Vivir amando... para encontrar el Tesoro.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).