Wednesday 8 September 2010 | Actualizada : 2010-08-31 
Inicio > Familia > Arte - 1º hombre-artista y su hacer; verdad la belleza que salva al mundo;
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El artista no tiene como fin final su obra hecha, sino que su fin está más allá de la obra misma. Si el fin del arte fuera la obra hecha, el hombre-artista tendría un fin subjetivo, ¡cosa absurda!

 

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El hombre es el único animal que dibuja, el único que crea arte, el único que busca la belleza, porque desde la creación artística atisba la verdad y con la luz de la belleza logra iluminar su esencia.

 

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Para algunos, la experiencia interior de la Belleza de Dios es la otra faceta de la experiencia del Amor que, en la vida interior, abre las profundidades del Misterio y hace saborear la Belleza sin ocaso en la belleza del tiempo presente. Parafraseando a Bruno Forte [renombrado teólogo], diría que la interioridad conduce a la contemplación de la belleza, y ello es posible por el amor que nos brinda la gracia y que, en el breve hoy, revela la presencia, que hace saborear de antemano la Patria. Al intuir, por imperfectamente que fuere, al Enmanuel, al Dios con nosotros, que ha entrado en nuestra biografía, que se convierte por ello en historia de salvación, ¿cómo podría la vida interior no ser también bella y estar llena de alegría? Sin olvidarse nunca del dolor del mundo.
   Y no nos olvidamos, en la vida interior, del dolor del mundo, porque la Belleza se ha hecho presente, por así decirlo, en el signo contrario.
   Porque la apertura a la contemplación nos descubre que «la Belleza de Dios se ha revelado en la oscuridad y en la ignominia de la cruz del Resucitado. Es la belleza del amor que salva al mundo y que, precisamente por eso, siente predilección por todo lo que tiene necesidad de perdón y de salvación, y es vergonzoso para los hombres como lugar de su manifestación». 2006-04-27

 

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El hombre-artista y su hacer

 

 

Por Pedro Antonio Urbina

 

Se lee en algunas traducciones de la Biblia que «el hombre ha nacido para trabajar» (Job 5,7). De pronto me ha llamado la atención este para. Sin duda alguna este trabajar del hombre, al que el Creador le destina, no es un trabajar irreflexivo ni caótico o desordenado, sino con un fin. Qué fin. Sin duda un fin natural al hombre, criatura del Creador. Él mismo lo ejemplifica: «como el ave para volar». Es un fin natural al hombre, criatura del Creador. Si es hombre, es libre. Ha sido destinado a trabajar libremente: puede, en uso de su libertad de decisión, no trabajar. Si trabaja es porque quiere a su naturaleza y el fin de ella. Y su trabajar así es meritorio, perfeccionador, reconocedor de que es criatura del Creador.

Luego este para trabajar no tiene como fin la obra, sino lo que ella dice. El fin está más allá que su obra.

El artista no tiene como fin final su obra hecha, sino que su fin está más allá de la obra misma. Si el fin del arte fuera la obra hecha, el hombre-artista tendría un fin subjetivo, ¡cosa absurda! Y, además, la Belleza no es mía, es Suya, es Ella misma en sí misma. E igual respecto a la belleza de las cosas. La belleza está fuera de mí, y la en mí no es belleza decidida por mí, sino objetiva también. (Al decir yo de ella la subjetivizo un tanto, pero no tanto que no sea ella.)

Si el filósofo es sólo filósofo, es incompleto, tanto, que ni siquiera es hombre. No le basta no le debe bastar con el goce especulativo o, si se quiere decir así, contemplativo. El hombre filósofo, pues es hombre, debe obrar el bien. Y, pues es hombre, aunque no sea un profesional del arte, hará, sin duda, algo bello en su vida: es imposible que la verdad que dice o escribe no sea dicha en belleza. Es sólo un ejemplo.

Nadie ha nacido para sólo conocer la verdad. Esto sería una aberración.

El Creador dice: «el hombre el filósofo, el artista, todo hombre ha nacido para trabajar, como el ave para volar». Lo natural del hombre, lo suyo, lo justo y esta justicia se refiere al Creador , es que trabaje.

 

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Pedro Antonio Urbina, colaborador de Arvo Net, es filósofo y crítico de arte, escritor de relatos, biografía, teatro, poesía. Entre sus obras se cuenta Filocalía o Amor a la belleza (con prólogo de Antonio Millán-Puelles, ed.
Rialp, Madrid 1988)

 

 

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"La razón no es una fuente de conocimiento y de verdad, sino que meramente nos permite acercamos a la verdad. La única fuente de conocimiento y de verdad es la fe, según lo prueba el hecho de que, para quienes examinan las cosas divinas por medio de los razonamientos humanos y naturales, las cuestiones de fe son estupideces, ya que todo lo que trata de Dios está más allá de la naturaleza, de la razón y de los razonamientos."

 

"Dios, que es la base y seguridad de todo conocimiento y la causalidad universal, es incomprensible e inefable, y sólo nos es dado por la fe y no por la búsqueda racional. Así como no nos ha comunicado su esencia, tampoco nos ha comunicado el conocimiento de tal esencia, por lo que no es ésta lo que captamos, sino lo que está en torno de ella, o sea, ciertos atributos de su sustancia, negativos casi todos. Dios no es ninguno de los seres, y no porque no exista, sino porque está más allá de todos los seres, llenándolo todo."

 

"El nombre que mejor le corresponde a Dios es, simplemente, EL SER, o a la vez EL BUENO, pues a Dios no se le puede aplicar primero la calificación de "ser" y después la de "bueno". La bondad se da en Dios a la vez que la esencia, por lo que ser y ser bueno son en El datos idénticos."

 

"Dios puede todo lo que quiere, pero no quiere todo lo que puede."

"Dios es el único ser cuya esencia es existir."

 

"Aunque inconcebible, Dios es visible para cualquiera que desee verlo, pues está en todas partes y en todo lo creado; y dado que toda criatura depende del ser, su existencia no es posible si no tiene su fuente en Dios, que es el ser."

 

"Por ser Dios el ser único, de ello se sigue necesariamente que todas las criaturas que poseen el ser son sus efectos."

 

"Los seres son o creados o increados; los primeros están sujetos a cambios, los segundos no; por tanto, los seres cambiantes han sido creados por algún ser increado y no cambiante, y ese ser es Dios."

  

"Dios es necesariamente uno, pues quien admitiera varios, admitiría dioses imperfectos, ya que la perfección implica un solo Dios."

  

"El acto creador es en Dios totalmente libre. Dios va creando mientras piensa y lo que piensa queda como obra suya, la que fue completada por el Verbo y acabada por el Espíritu Santo. Si bien el Dios de los cristianos es uno, la verdad es que no está solitario, pues la soledad es cosa triste; por eso, el acto creador queda consumado con las tres hipóstasis de la Trinidad."

  

"El amor de Dios por el hombre conduce necesariamente al amor del hombre por sí mismo y al deber de no permitir a los herejes que le priven de su salvación."

 

"El hombre es el producto de la unión de las dos naturalezas, la corporal y la anímica, en una sola hipóstasis, que es la persona o individuo. Esta unión presenta los tres caracteres siguientes: la unidad de la hipóstasis, la persistencia de las naturalezas unidas y de sus propiedades naturales, sin cambio, mezcla ni confusión, y la indestructibilidad de tal unión, manteniéndose siempre la misma esa hipóstasis única para las naturalezas unidas. Alma y cuerpo fueron creados al mismo tiempo; a todo el cuerpo (y no a una parte) está unida toda el alma (y no una parte de ella), la cual contiene al cuerpo más bien que es contenida por él."

  

"La emanación o energía divina es una, simple e indivisible; aunque se diversifica en los seres divisibles, para bien de ellos, acordando a cada uno los elementos constitutivos de su naturaleza, siempre se mantiene simple, pues se multiplica en los divisibles indivisiblemente, denominándolos y reuniéndoles en su propia simplicidad."

 

"La energía divina se manifiesta en cada ser bajo la forma apropiada a la naturaleza de tal ser, y bajo esa forma constituye un llamamiento a la perfección indicada para la naturaleza de dicho ser. Cada ser debe buscar la forma de emanación divina que lleva en sí, para apropiársela y hacerse simple como ella, dejando atrás la divisibilidad que comporta como criatura que es. El hombre, pues, resultará deificado a su manera, de acuerdo con la forma bajo la cual se presenta en él la energía divina."

  

"Verdadero microcosmo es el hombre y, por tener alma y cuerpo, ocupa el punto medio entre la inteligencia y la materia; es el lazo que une lo visible con lo invisible, o sea: lo sensible con lo inteligible. Lo que une al hombre con las potencias incorpóreas e inteligibles es, naturalmente, su espíritu, que es la parte más pura del alma, y no distinto de ella, y el apetito racional del espíritu, que es la voluntad, el primer movimiento del espíritu. El hombre razona impulsado por un apetito racional, y juzga razonando. Se entiende que este apetito racional es libre. El espíritu es la esencia del hombre, la forma que la ener­gía o emanación divina toma en él. Por eso, cuando Dios es captado por el espíritu, ese solo hecho basta para que se efectúe la deificación de este animal racional que es el hombre."

 

"El deseo le fue dado al hombre para de­sear a Dios, y su voluntad, así como la cólera, le fue dada para servirse de ella contra el diablo y el pecado."

  

"La verdad es conocer a los seres; es un habitus y, por tanto, un ser; el error, por el contrario, es ignorar a los seres, es decir: una privación, un no-ser. El bien es un ser, mientras que el mal, que es un error (o sea, una privación), es un no-ser. Por tanto, el mal en sí no existe."

 

"Poner dos principios equivale a no poner ninguno y a cometer una locura. Sólo puede haber un principio, el único que por naturaleza es sin principio desde todos los puntos de vista, ya se considere su causa, tiempo, lugar, dominio, etc. Toda cosa existe precisamente en el momento en que Aquel que manda quiere que ella se mueva. Tal creación no ha causado alteración alguna en el principio creador, pues éste crea de la nada, ex nihilo, y ya había decidido desde la eternidad que lo creado apareciera en el momento prefijado."

 

"El mal es un no-ser, una privación, un relativo, que supone siempre un bien y que, finalmente se encuentra siempre con el bien. Dado que el bien es idéntico al ser y que el mal es un no-ser, se dice que éste es mal justamente por su privación del ser. El no-ser es un mal consumado."

  

"Fuente y causa del mal es el libre albedrío; el mal moral es una desviación voluntaria de lo que es concorde con la naturaleza, para dirigirse a lo que es contrario a ella. Si se sigue a la naturaleza, no hay mal alguno."

  

"Si bien se le permitió al diablo tentar al hombre con sus sugerencias no le es dado arrastrarle por la fuerza, sino que depende siempre del hombre el aceptar o rechazar las incitaciones del diablo. La creación del diablo la realizó Dios llevado por su bondad extrema, pues con ello quería mostrar que no tenía nada que temer de la rebeldía de su servidor, a la vez que nos enseñaba que había que ser bienhechor incluso con los malos."

  

"Si alguien pregunta además por qué Dios no se limitó a crear exclusivamente a los que habían de ser buenos, que piense que sólo Dios es la perfección del bien. Comparados con  El, todos los seres son imperfectos; pero cuanto más participan de El, más avanzan en la perfección. El mayor castigo del diablo es estar incesantemente devorado por el fuego del deseo del mal y del pecado y consumido por el incendio del deseo insatisfecho. El suplicio eterno del diablo consiste en desear y jamás conseguir el objeto de sus ansias; y esto le ocurre porque desea no-seres. En cambio, quienes desean el bien (o sea: sólo a Dios, que es el ser), se ven llenos de gozo cuando logran alcanzar el objeto deseado."

 

"Si Dios se hubiera abstenido de crear al hombre por saber (según su divina presciencia) que tal criatura, haciendo mal uso de su libre albedrío, había de cometer el mal, resultaría que el mal había vencido a la bondad de Dios, además de que el Creador sabe sacar del mal el bien. Tampoco Dios es la causa de nuestro castigo, sino que lo somos nosotros mismos. Dios es el juez y, por serlo, es la causa de la justicia. En tanto que juez, no nos juzga según su voluntad antecedente, que quiere que todos los hombres se salven, sino según su voluntad consecuente, que tiene su fuente en nuestros actos y quiere que se nos castigue sólo para lograr nuestro bien."

  

"Todo ser está dotado de propiedades naturales, sin las cuales no puede existir. Las facultades propias del alma racional son: la vida, el pensamiento, el apetito racional, el hecho de vivir en un cuerpo y de trasmitirle la vida y el movimiento, el hecho de dirigir voluntariamente al cuerpo y al apetito irracional y, finalmente el hecho de ser dueño, ya por naturaleza, del cuerpo, que es su servidor natural. Esta última facultad hace que el hombre se asemeje más a la imagen de Dios que el ángel, pues éste no es dueño, ya que no tiene ningún servidor natural. La voluntad, por ser racional, es naturalmente libre y no es mandada por ninguna necesidad, sino que es una propiedad natural de la vida racional e inteligente, como para la vida vegetativa lo son la nutrición y el movimiento. Por ser natural, la voluntad no es objeto de enseñanza, como tampoco lo son el hambre ni la sed. Por eso, cuando decimos que la virtud consiste en el cumplimiento de la ley de Dios, hay que entender que su papel consiste en hallar el modo de emplear justamente nuestras facultades naturales."

  

"La predestinación es la sentencia eterna que Dios ha dictado acerca de cada uno de nosotros después de haber consultado su presciencia. Pero esta predestinación antecedente es condicional, por consideración a la libre voluntad del hombre. Dios lo prevé todo, pero no lo predetermina todo; conoce por anticipado todos los actos cuya ejecución depende de nosotros y que, en efecto, vamos a hacer; pero no los predetermina, sino que solamente los prevé, pues no quiere ni que el mal sea cometido, ni que se haga a la fuerza el acto virtuoso."

 

"Nosotros no somos la causa del hecho de que Dios prevea lo posible, sino que somos la causa del hecho de que Él prevea lo que vamos a hacer. Precisamente porque vamos a hacer tal cosa es por lo que Dios la prevé. Por eso, la presciencia divina, aun siendo indispensable, como lo es, no es la causa de lo que sucederá; la causa de aquello es nuestro libre albedrío. La naturaleza humana padece de impotencia radical para salvarse. Aunque por la libre elección de nuestra voluntad seamos los artífices de nuestro destino eterno, absteniéndonos de la colaboración y de la ayuda divina, nos es imposible querer el bien ni realizarlo."

 

"Dios lo ha visto todo antes de que exista, más allá del tiempo, y ha visto a cada ser de acuerdo con su noción intemporal."

 

“El cuerpo de aquella cuya virginidad permaneció sin mancha al parir fue conservado incorruptible y fue tomado a un mejor lugar. Así como el sol glorioso pude ser ocultado momentáneamente por la opaca luna, sus rayos iluminan la oscuridad, puesto que la luz le pertenece a su esencia. Tiene en sí mismo una fuente perpetua de luz, o mejor aún es la fuente de luz como Dios lo ha creado. Así que no llamaré a la sagrada transformación muerte, sino descanso o regreso a casa”.

 

"El silencio es la expresión adecuada de la relación del hombre con Dios, a causa de la trascendencia Divina. El silencio, por lo tanto, no debe ser pretexto para dejar de hacer teología, sino más bien una ruta para arrimarnos al conocimiento."

 

“No adoro la materia, adoro

al Creador de la materia, quien se hizo materia por mi

causa, que quiso tener su morada en la materia y que a

través de la materia forjó mi salvación.”

“No adoro la materia, adoro

al Creador de la materia, quien se hizo materia por mi

causa, que quiso tener su morada en la materia y que a

través de la materia forjó mi salvación.”

“No adoro la materia, adoro

al Creador de la materia, quien se hizo materia por mi

causa, que quiso tener su morada en la materia y que a

través de la materia forjó mi salvación.”

“No adoro la materia, adoro

al Creador de la materia, quien se hizo materia por mi

causa, que quiso tener su morada en la materia y que a

través de la materia forjó mi salvación.”

“No adoro la materia, adoro

al Creador de la materia, quien se hizo materia por mi

causa, que quiso tener su morada en la materia y que a

través de la materia forjó mi salvación.”

“No adoro la materia, adoro

al Creador de la materia, quien se hizo materia por mi

causa, que quiso tener su morada en la materia y que a

través de la materia forjó mi salvación.”

“No adoro la materia, adoro al Creador de la materia, quien se hizo materia por mi causa, que quiso tener su morada en la materia y que a través de la materia forjó mi salvación.”

  

"Malo es aquello que, no teniendo su causa en Dios, se debe a nuestra propia invención, a saber: el pecado.” 

 

"El día de la natividad de la Madre de Dios es festividad de alegría universal, pues a través de Ella se renovó todo el género humano, y la aflicción de la madre Eva se convirtió en alegría." San Juan Damasceno (Yahia ibn Sargun ibn Mansur) (Damasco, 675 - 749), Crisorroas, el Orador de Oro.

 

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Vaso griego Atenas del 480 a.C.

 

la belleza que salva al mundo

 

V CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA

Fundación Universitaria San Pablo-CEU. 15 de noviembre de 2003. Madrid

 

INTERVENCIÓN DE  KIKO ARGÜELLO

Índice
1.- “Algunas pinceladas  de mi propia experiencia”
2.- ”En la estética hay un profundo secreto que es el amor”
3.- La “belleza” de la nueva evangelización
4.- La “belleza” del pueblo de Israel

5.- La “belleza” de la Iglesia, la nueva Jerusalén

6.- La “belleza” del amor de Cristo
7.- “En el umbral de una nueva era”

 

1.- “Algunas pinceladas  de mi propia experiencia”

 

“¿Me permitís que hable de pie? Primero tengo que deciros que yo no soy ningún conferenciante. Al principio dije que no a esta invitación precisamente porque no me siento conferenciante, pero después el obispo me llamó y estoy aquí, me siento un poco violentado. De todas maneras, estoy aquí confiando en que el Señor me ayude, que Él venga, me preceda su espíritu y que a algún hermano hoy de los que estáis aquí presentes le pueda servir mi palabra a través de lo que el Señor me pueda inspirar.

 

He elegido este tema, la belleza que salva al mundo, estamos en una Universidad… Vosotros sabéis que fue Dostovieski el que dijo la frase “la belleza salvará al mundo” en la obra El idiota. El príncipe pregunta qué belleza salvará al mundo y Dostoyevski mismo responde: “Cristo, no hay otra belleza en el mundo que pueda salvarlo, sino nuestro Señor Jesucristo”.

 

Yo, como sabéis, soy pintor, he estudiado Bellas Artes en Madrid. Dios me permitió que tuviera una crisis profunda, existencial, de fe. Tuve un premio extraordinario nacional que me llevó a hacer exposiciones. En aquel momento estaba completamente en una situación de absurdo, a través de un grupo de teatro que teníamos en Bellas Artes. Conocí allí todo el teatro de Sartre y encontré en Sartre una respuesta a toda la problemática que yo tenía entonces como joven que se encuentra con los problemas fundamentales de ser persona, en relación al mundo, en relación con la injusticia. Yo decía “cómo tengo un sentido de justicia si me encuentro en un mundo lleno de injusticias”. El ambiente que había entonces en Bellas Artes era un ambiente de izquierdas, casi todos mis amigos eran comunistas. Yo no me hice comunista porque quizás Dios me ayudó. Yo les decía “no comprendo cómo podéis pensar en un paraíso comunista, sin injusticias, si no sabéis dar respuesta a la injusticia de la Historia. Porque yo siento dentro un sentimiento de justicia total, no para algunos. Es más, me gustaría que cuando hayáis creado un paraíso donde no haya injusticia, me gustaría entonces poner una bomba porque no tenéis derecho a vivir en un paraíso de ese tipo si no dais una respuesta a todas las injusticias de la Historia, a los negros que fueron cogidos de África y llevados en barcos y muertos en las bodegas…”

 

Sobre la belleza que salva al mundo, bueno… después digo unas cosas brevísimas de mi propia historia… En aquel momento yo tuve una crisis, cuando me di cuenta de que salí en la televisión y los periódicos hablaban de mí... me di cuenta de que realmente todo esto me dejaba absolutamente vacío… yo no tenía sentido. Mi ser persona no tenía sentido. Quién soy yo, quién me ha creado, por qué existo, dónde estoy. Me di cuenta rápidamente de que tenía que aceptar, como decía el existencialismo de entonces, que yo no había existido, que hoy existía y que mañana tendría que dejar de existir, sin tener que inventarme ningún cielo, ningún opio… sino vivirlo realmente, con valentía. Y así intenté vivir. El cielo se me hizo de cemento. Me encontré como una cloaca debajo y las cosas perdieron todo el sentido. Encontré el sentido en lo que decía Sartre: la verdad es el absurdo. Todo es absurdo. Intenté vivir coherentemente con esto, dándome cuenta… porque yo me levantaba y decía “vivir ¿para qué?…¿para pintar…? ¿y pintar para qué…? ¿para qué? ¿para ganar dinero? ¿y ganar dinero para qué…?”

 

Y así comprendí… lo siento, vine anoche de Italia y me tengo que marchar rápidamente para allá y se me escaparán algunas palabras en italiano. El lunes comienza la Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana y hemos sido invitados como Camino Neocatecumenal porque se va a hablar de la parroquia, qué tipo de parroquia para el tercer milenio y hemos sido invitadas las realidades eclesiales, los responsables, y estamos preparando esto porque hace unos días que nos lo han comunicado...

 

No sé qué estaba diciendo… Ah! Entonces estaba diciendo que yo me di cuenta rápidamente que no sabía hasta qué punto resistiría, si matarme cuando no aceptas más la vida, cuando la vida no tiene más sentido… Yo estaba sorprendido viendo cómo la gente era capaz de vivir sin dar respuesta, sin preguntarse, sin responder a esta pregunta: “¿estamos solos en el Universo o no estamos? ¿existe Dios o no existe?”. Para mí era una pregunta fundamental. Pensaba que quizás soy demasiado narcisista, no soy capaz de vivir... la gente a lo mejor vive normalmente sin que esto sea algo tan  profundo, sin que le incomode, viven y basta. Quizás habría que vivir así pero yo no era capaz. Dándome cuenta que quizás un día cuando no resistiera más la existencia, me quitaría la vida, fui ayudado… algo me ayudó. Leyendo a un filósofo que se llama Bergson… Bergson dice una cosa que me ayudó como un rayo de pequeña luz, en una situación… Si uno intenta vivir existencialmente con coherencia, en un ateísmo total de la existencia, el no sentido… Y de Pascal, que hay el cincuenta y el cincuenta por ciento, Dios existe y Dios no existe… Pero en sea situación, decía Bergson, que “la intuición es un medio de conocimiento de la verdad superior a la razón”. Supongamos que Bergson tiene razón. Y que la intuición es un medio de conocimiento de la verdad superior a la razón… De pronto descubrí… Yo soy bastante racionalista, mi segundo apellido es Wirtz, posiblemente de origen alemán, aunque mi abuelo era inglés… De pronto descubro que algo dentro de mí no estaba de acuerdo con el absurdo de la existencia.

 

Entonces, si hay una intuición dentro de mí que viene sofocada por mi razón quiere decir que Dios aparece en mi horizonte como una posibilidad. De ahí pasé a intentar llamar a este Dios… Yo estaba dispuesto… Bueno yo soy pintor… yo hablo un poco como los impresionistas, con pinceladas, no soy demasiado sistemático… Quizás es más eficaz para muchos de vosotros como voy a hablar… ¿Se oye bien…? Es que estáis tan calladitos, chicos… Es un poco impresionante… No sé que estaba diciendo… Eso, la intuición… Estaba hablando de Bergson, de la intuición… Al mismo tiempo me acuerdo que en Bellas Artes había un sacerdote que pintaba en mi clase. Yo me acerqué a él e intenté… Me di cuenta que intenté creer… Otra sorpresa que tuve: no podía creer. Porque hablaba con este cura, que era un chico inteligente, un sacerdote, y todo lo que me decía lo consideraba… No me convencía para nada… Pamplinas. Me parecía todo una construcción absurda, me di cuenta de que no era fácil creer auque yo quisiera creer… Percibía que mi vida se podía acabar… Había cogido mi vida en peso, la vida real y me encontraba en una angustia existencial profunda. Tenía que responder a mi ser persona, a mi ser en el mundo.

 

Después de esta pequeña luz que aparece con la intuición me di cuenta que descubro dentro de mi que en el fondo yo sofocaba mi intuición. Había una parte de mi que no aceptaba que toda la realidad del Universo fuera absurda. Hay una belleza en la naturaleza y un eco, el universo, el ser… Hay algo. Entonces, si Dios existe...Yo estaba dispuesto a aceptar cualquier Dios, a hacerme protestante, budista. Pero el problema era mucho más profundo. Entonces, después de este proceso de descendimiento llegué hasta un momento límite. Quizá Dios había hecho este recorrido conmigo para hacerme lo suficientemente humilde para aceptar llamarlo, convocarlo. Tuve ahí una experiencia muy seria, porque me acuerdo que llamando a Dios, llamándole y diciéndole: si estás, si existes...

 

Una vez entré en una Iglesia y me sorprendió. Tengo que decir que mis padres eran católicos. Mi madre tenía muchísima fe, mi padre iba a misa el domingo y basta. Sin embargo, me di cuenta rápidamente de que lo que me habían enseñado en la escuela, en la primera comunión, no me servía cuando entré en la Universidad. Yo tenía como formación un trajecito de la primera comunión que rápidamente me lo quité cuando me hice adulto, porque no me respondía. No había tenido una real formación, no sabía responderme, no podía. Entonces en esta circunstancia llamé al Señor, llamé a Dios. Decía también, como otra pincelada, que una vez entré en una Iglesia y me sorprendió  (la Iglesia del Carmen, me parece, allí cerca de Sol); entré y me sorprendió que la Iglesia estaba llena de mujeres ancianas, llena de viejos, como si hubieran abandonado la Iglesia los artistas, los jóvenes, y quedaran unos viejos. Aquello me tocó; entonces, decía, convocando al Señor de pronto sentí dentro de mí que Dios existía. Me acuerdo que lloraba, que empecé a llorar y me salían lágrimas a chorros y jamás había yo llorado así, que me salían lágrimas en abundancia, no sabía qué era eso. Me pregunté: ¿por qué lloro? Comprendí rápidamente por qué lloraba; es como un condenado a muerte que lo van a matar y está aterrorizado porque lo van a matar y cuando lo van a matar le dicen de pronto “estás libre”.

 

Porque mi problema era uno sólo, si Dios es, yo soy. Pero ¿cómo puedo yo saber que Dios es? No me bastaba la razón, no me bastaban los libros, necesitaba algo más. ¿Cómo se puede conocer realmente a Dios? Ahora lo sé: mediante la fe. Y ¿qué es la fe? Dice San Pablo que el espíritu de Cristo da testimonio a nuestro espíritu. Yo tuve este encuentro, un encuentro… O sea, yo creía. Dios estaba ¿no? Pero no lo decía mi razón, no lo decía mi intuición. Yo lo sentía dentro como algo real, existencial. ¿Quién me afirmaba que Dios existía? El espíritu de Cristo da testimonio a nuestro espíritu que Dios es y que me ama. Y no solamente dice San Pablo eso, sino que somos hijos de Dios. Me bastaba que Dios existiera. Y, curiosamente, el Dios que encontraba dentro de mi, que me sentía amado, reconocí en él a Cristo, a Jesucristo. A ese Cristo al que habían abandonado los artistas y los intelectuales y le quedaban unos cuantos viejos, ancianos, las viejas, le quedaban gente pobre.

 

Después de esto, del encuentro... entonces Dios existía, entonces yo nacía de nuevo, todo cambiaba para mí. Me acuerdo que me acerqué a un sacerdote y le pregunté, le dije que quería ser cristiano. Y me dijo: “¿usted no está bautizado?” Digo sí, sí, estoy bautizado. ¿Cómo? ¿Y ha hecho la primera comunión? Entonces.. qué, quiere usted que le confiese. Pero yo me daba cuenta que necesitaba una formación cristiana que no tenía. Yo le preguntaba a este cura que quería ser cristiano, y no me entendía; creía que se es cristiano confesándote. Entonces, este señor, este cura, entendió ya un poquito y me invitó a hacer cursillos de cristiandad, hice cursillos de cristiandad, me invitaron a la escuela de profesores de cursillos. Había un sacerdote entonces en Madrid muy bueno, que me puso en contacto con la Escritura. Empecé a dar cursillos y di el primer cursillo en Ceuta. Di cursillos en Cáceres. Empecé a dar cursillos de cristiandad, como profesor de cursillos. Me ayudaron los cursillos porque me quitaron muchos prejuicios que tiene uno contra la Iglesia; yo estaba lleno de prejuicios contra el Vaticano, contra la Iglesia, participaba en toda la cultura de entonces de la Universidad.

 

Entonces, cambió mi vida. Rápidamente cambió la pintura, empecé a hacer pintura religiosa, fundé un grupo de arte sacro que se llamó Gremio 62. Hicimos una gran exposición en la Biblioteca Nacional, pagada por el Ministerio de Cultura. Después fui invitado a representar a España en una exposición internacional de arte sacro en Francia. Intentamos hacer un grupo de artistas para renovar un poco el templo, la Iglesia, porque nos dimos cuenta que entonces se hacía una arquitectura desarticulada. Y en esta situación.. Bueno me estoy metiendo con mi experiencia, que puede ser interesante, pero yo quería hablar de la belleza. Después paso a la belleza, termino esto rápidamente...

 

En esta situación, tuve... O sea, Dios me ha llevado a través de una serie de encuentros Tuve un acontecimiento que me marcó. Yo tenía un estudio con una serie de artistas, escultores, pintores, etc., intentábamos integrar, hacer un arte integral, poniendo para ello en comunicación a arquitectos, escultores, pintores, etc., Era un estudio cerca de la Plaza de España. Cuando una vez en Navidad fui a mi casa, con mis padres, a pasar la Navidad con ellos, me encontré que la cocinera, la mujer del servicio que tenía mi casa (mis padres estaban bien situados), me la encontré llorando en la cocina en la noche de Nochebuena. Era una mujer casada, mayor ya, y yo le dije: “¿qué le sucede?”. Una tragedia, su casa, su marido era un borracho alcoholizado, quería matar a su hijo. La policía le iba a meter en la cárcel. Una tragedia terrible. Y me dijo: “por favor si...” Entonces yo intenté ayudarle. Fui a donde vivía. Y vivía en una barraca horrible, una casa espantosa llena de niños pequeños. Conocí a su marido que era cojo. Entonces yo me lo llevé a cursillos de cristiandad a este señor, a este alcoholizado, a un cursillo que daba yo de profesor. El hombre se quedó impresionado oyéndome hablar de Cristo, etc. Pero como sabéis un alcoholizado... Después de 15 días empezó a beber y volvieron los follones en casa. Total que esta pobre mujer me llamaba por teléfono porque el único que podía resolverlo era yo, porque al único que escuchaba este hombre, después de que me hubiera visto en cursillos, era a mí. Iba yo allí a pacificar la cosa y me pregunté “no será que Dios quiere que me venga a vivir con esta familia para que este hombre pueda rehacer su vida y deje de beber, etc”.

 

Así que dicho y hecho. Dejé mi estudio, dejé todo y me fui a vivir allí con esa familia. Me acuerdo que vivían allí en un cuchitril. En la cocina había cuatro gatos. Pero en aquel lugar tuve un encuentro sorprendente. Me encontré con el sufrimiento de los inocentes. Yo, como existencialista, discípulo de Sartre, había leído mucho. Allí me encontré con una mujer enferma de Parkinson, que pedía limosna por la calle y que fue abandonada por su marido; otra persona que había sido violentado a los no sé cuanto… O sea, una cantidad de gente, un sustrato social profundo, lleno de gente que estaba en la miseria más terrible y marcada por lo pecados de otros, que llevaban una cruz. Allí, entre este sufrimiento, entre esta gente marcada por pecados de otros, encontré a Cristo crucificado. Y fue para mí una cosa tan grande que después me tocó irme a África para hacer el servicio militar como alférez provisional en la prácticas. Y cuando volví dije: “si mañana viene Cristo en la segunda venida me gustaría que me encontrara a los pies de Cristo crucificado hoy en el mundo”. Entonces me di cuenta de que Dios me estaba llamando a esto, y no me dejaba vivir, me estaba llamando a esto. Al final una asistente social me dijo que en Palomeras Altas había una barraca que acababan de abandonar: “dale una patada a la puerta y métete allí”. Era un lugar lleno de quinquis, de gitanos… Acababa de hacer Franco las UVAS, Unidades Vecinales de Absorción. Habían tirado muchísimas barracas. Estaba la UVA de Vallecas, la UVA de Canillejas, tantas UVAS. Estos eran lugares que quedaban como bolsas de miseria donde había gitanos y gente de todo tipo. Entonces decidí meterme allí. Yo me fui para las barracas no para enseñar a leer, aunque eran todos analfabetos, no para hacer ninguna obra social, sino para ponerme a los pies de Cristo crucificado.

 

Hay una presencia de Cristo en la Eucaristía, pero también hay una presencia de Cristo enorme en el sufrimiento humano. Por eso fui con una actitud completamente distinta. Yo no iba allí patenalísticamente a enseñar nada, ni a dar nada. Iba a recibir, iba a ponerme en contemplación. Quizá parecerá absurdo esto. Quizá alguno pueda decir “buah”. Pero para mí fue muy importante ir con esta actitud. Así que me metí en aquella barraca con la Biblia, una guitarra. Había allí un catre en el suelo, un colchón, una mesa, estaba lleno de ratas, hacía muchísimo frío. Era una barraca llena de agujeros y hacía muchísimo frío, venían muchos perros que vivían conmigo y me daban calor.

 

Después allí conocí a Carmen. Ella iba a Bolivia, a Oruro, a una misión entre los mineros de Oruro. Ella había hablado con el arzobispo Manrique al que conoció en Israel. Entonces ella buscaba un equipo para esta misión y a través de su hermana, la hermana de Carmen, me conoció a mi, y entonces pensó que yo podía ser un buen colaborador para este grupo de Oruro. Entonces ella se cogió otra barraca a un kilómetro, en una zona llena de quinquis y allí se hizo ella una barraca con una amiga, pensando en convencerme para irme a Oruro.

 

Esto ha sido cómo Dios me llevó un poco, si queréis, a las barracas. Yo pensaba esto de ponerme a los pies de Cristo... Después allí, por ejemplo, rápidamente, en las barracas, un gitano que había al lado llamó a la puerta y entró. Entonces se preguntaban quién era yo. Yo llevaba barba. Unos decían que había hecho una promesa, otros que era un protestante porque llevaba siempre la Biblia. Mi hablar era distinto del de ellos. No sabían responder qué hacía yo allí y quién era yo. Pero poco a poco comenzaron a venir los gitanos con la guitarra y a cantar allí. Pronto me pidieron (porque yo tenía la cruz), me obligaron a hablar de Jesucristo. Pero yo les decía que no sabía hablar de Jesucristo. Me di cuenta rápidamente que todos los rollos de cursillos no servían para gente que era completamente analfabeta, como los gitanos, y que tienen una forma de aproximación a la realidad completamente distinta de nosotros. En cuanto hablas tres conceptos... no te escuchan.

 

Dios me llevó a un lugar dónde, como en un laboratorio, había que encontrar una síntesis teológico-catequética, que serán los orígenes del Camino Neocatecumenal. Pero yo no vengo hoy a hablar del Camino Neocatecumenal, aunque sí que es muy importante. Os he dicho algunas pinceladas de mi propia experiencia.

 

 

2.- ”En la estética hay un profundo secreto que es el amor”

 

Volviendo a la frase de Dostoyevski, “La belleza salvará al mundo”. La belleza, como sabéis, es un trascendental del ser, junto al bien y a la verdad. Porque, como dice Santo Tomás, toda la realidad es una, es verdadera, es auténtica. Pero a mí me gusta relacionar la belleza con el placer. La emoción estética, la belleza, nos produce placer, nos hace una emoción. Entonces Dios, de alguna manera, ha creado la naturaleza. Quien ha creado la naturaleza, la ha hecho bella para darnos un placer. Cuando uno se enamora de una chica, se embellece, una chica se embellece para su novio y quiere provocarle un placer. El placer está en relación con el amor. Y es interesante, para mí como pintor, que he estudiado las leyes de la armonía (es curioso que tenemos muy poca formación estética), que todo en la naturaleza está relacionado y está en función de la belleza. No todo es belleza, en un cierto sentido, sino que las leyes de la armonía están en una relación de materia, forma… Es curioso, la ciencia que estudia las relaciones es la matemática, por eso en la armonía hay toda una serie de ecuaciones que son de tipo matemático. Ya en el arte Platón hablaba de la geometría de lo creado y de la matemática. En el arte, sea en la pintura, sea en la escultura, sea en la música, sea en la poesía, todo está en relación, relaciones que son armónicas.

 

Es muy importante porque las normas... ¿Me permites ponerte de pie? (a Consolación Isart, Decana de la Facultad de Humanidades). Dios establece... ¿Veis este pómulo de esta chica? Aquí hay como una colina, hay unos claro-oscuros, hay después una cosa muy dibujada que es el ojo, después hay una cosa tersa que es la frente, después hay un cambio de materia que es el pelo… Estas relaciones, que son matemáticas, si yo las desarticulo de este rostro y las pongo en un cuadro abstracto y hago un difuminado, después hago un dibujo a punta seca, este difuminado, este claroscuro, van a valorar un dibujo que voy a hacer en punta seca, una grafía. Pensad en un cuadro de Kandinsky. Después hago una tersura con otro material como es la frente y detrás hago con otro material una cosa rugosa. Bien, este material rugoso estaba dorando otra tersura, esta tersura estaba dorando este dibujo del ojo, este dibujo del ojo estaba dorando este claroscuro... Es toda una función de relaciones. Es como si las leyes armónicas de la belleza dijeran que lo que existe, lo que relaciona profundamente la belleza es el amor, el amor de una materia con la otra.

 

Vamos a un paisaje, la tersura del cielo azul y una montaña rocosa; la dureza de la roca estaba dorada por... Debajo de la roca hay una materia, un bosque, todo igual, que esta materia es lo mismo que el pelo; después aparecen, lo mismo que el ojo, algunas casas muy dibujadas, después una llanura… ¿Entendéis, percibís?. Yo os presento un cuadro abstracto, y como tenemos mucha deformación para saber ver el arte preguntamos: “¿qué significa eso?” Pero no significa nada, sino que he intentado hacer una relación armónica de colores, estética y basta, sin ninguna significación. No todas las relaciones en arte son arte. No si hago una masa y después hago unos garabatos es arte, sino las relaciones matemáticas perfectas en una superficie.

 

Yo cuando era profesor, en un colegio, hacía una clase con los chicos. Daba a cada uno una superficie. ¿Conocéis el pop-art? Y les daba una serie de objetos, un lápiz, una pintura… Sabéis que el pop-art colocaba objetos así sobre las pinturas. Y les dije a los chicos: “colocad estos objetos de una forma estética”. Es una cosa interesante que podía hacer con todos vosotros para que aprendierais a ver el arte y a conocer el arte. Entonces si hay un artista, el artista intuye estas ecuaciones que son dificilísimas y muy complicadas. Las intuye y las aplica. Luego ¿existe una relación matemática entre los objetos y la belleza y la disposición? Sí, existe un plus, un máximo, existe. No sé si me explico, he hablado con pinceladas y a ver si lo entendéis.

 

Esta relación matemática que existe entre la armonía, existe también en el tiempo, existe en la música. Es muy importante la música porque nos enseña la belleza en el tiempo. Cada nota valora a la siguiente en el tiempo, en la pintura cada materia valora, cada tersura, cada material, cada diseño, valora al otro. Por ejemplo, la cuarta de Beethooven, comienza con una disonancia, conocéis la cuarta de Beethoveen. Esto es estupendo. En el tiempo, valorar el tiempo, digamos así que hay… No digamos la poesía, la palabra, la escultura. Por ejemplo Henry Moore, escultor inglés ¿Habéis oído hablar de él? Muy importante... Tenéis que conocer un poco de cultura. Henry Moore ha estudiado los huesos humanos, ha visto que los huesos del hombre... La cavidad del fémur es perfecta. Esa cavidad es perfecta para una función de articulación y al mismo tiempo es estética, al máximo. Hacer una curva estética, bella, es dificilísimo. La curva del cuello de un foca es maravillosa. Como están relacionados los animales, no cualquier curva es estética. Moore coge esas cavidades, las estudia y hace una escultura de curvas, porque a una curva de un cierto tipo le corresponde otra protuberancia de otro tipo para que sea estética, porque todo está en relación.

 

Digamos así que en la estética hay un profundo secreto, que es el amor. Decía de la pintura, la tersura del cielo estaba dorando la dureza de las rocas, la dureza de la roca estaba dorando la belleza del bosque, el bosque estaba dorando la belleza de las casas del pueblo, estas relaciones son muy importantes. Podía dar una conferencia sobre esto, pero necesitaría diapositivas.

 

También los colores, un color canta al otro, los complementarios: el rojo es el complementario del verde, el violeta es el complementario del amarillo… Por ejemplo, Van Gogh en “Los Girasoles” utiliza todas las sombras violetas. Hay un canto, algo sagrado, siempre que hayamos superado los preconceptos que teníamos antes de que la pintura quiere copiar la naturaleza. Al contrario, como decía Oscar Wilde, es la naturaleza la que imita al arte. ¿Cómo que la naturaleza imita al arte? Sí, porque el artista te enseña a ver la naturaleza, y cada mañana cuando en una casa veas unos girasoles en un florero, vas a decir “me recuerdan los girasoles de Van Gohg”. Ves, la naturaleza copia el arte, el arte te ha enseñado a mirar la naturaleza. Así, ves un paisaje maravilloso y dices: “fíjate en ese paisaje, me recuerda un paisaje de Torner”; o ves una tormenta y así son algunos paisajes de Rembrant.

 

“La belleza que salva al mundo” y el arte están en relación, porque podemos ver que es como un lenguaje de amor entre materias y colores, cada color canta al otro. Yo cojo, por ejemplo, un óxido rojo en pintura, que es un color marrón, y fijaros si es importante que se dé la belleza en la naturaleza que si yo le pongo al lado un amarillo, como el complementario del amarillo es el violeta, este mismo color se cambia en violeta, sin que yo haga nada. Yo te pongo aquí un amarillo y tú dices eso un carmín tirando a violeta. Cojo este mismo color y le pongo un verde al lado y dices: eso es un marrón. En los mismos colores es como si hubiera en la naturaleza un lenguaje que quisiera que todo fuera bello. ¿Por qué tiene que ser bello? Porque la belleza nos produce una emoción estética.

 

También la ciencia. Cuando Arquímedes gritó “eureka”, recibió una emoción estética. La emoción estética, el placer, hay una emoción que es estética, que nos emociona, que nos produce placer, un gran placer. No solamente Dios muestra que nos ama haciendo todo lo que nos rodea bello para darnos placer; la gente, aunque sea hoy atea, va a la naturaleza. Yo he estado en las cataratas de Iguazú y es precioso. Además, me perdí una vez en la montaña, iba a rezar a Gredos, y me perdí en la montaña. Hay en la naturaleza algo amable, no te aterroriza aunque te pierdas en el desierto. La belleza: hay un eco en la naturaleza de que alguien te ama. ¿Cómo es posible que seamos ateos? ¿Quien nos está “cambiando el agua”?.

 

3.- La “belleza” de la nueva evangelización

 

Esto es muy importante. ¿Qué significa “cambiar el agua”? Que hay un ambiente de ateísmo. ¿Debemos cambiar el agua nosotros? ¿Vamos a ocupar las Universidades, vamos a coger la televisión, vamos a coger los medios de comunicación? ¿Verdad que sí? Vamos a cambiar el agua y todos cristianos ¿Eso es lo que hay que hacer?. Pero nos han cambiado el agua, y sin darnos cuenta está todo el mundo haciendo lo de todos, todos hacemos footing, todos vamos a los gimnasios, todos estamos preocupados por nuestro cuerpo...

 

Reflexionemos un momento. Dice  McLuhan que “el medio es el mensaje”. ¿Conocéis a Mc Luhan? Por eso nosotros en el Camino usamos poco los medios, porque confiamos en el “medio”. Sí, Hitler cogió la radio, la prensa, la televisión y engañó al pueblo- El pueblo alemán estaba convencido de que Hitler era un santo, todos, bombardeando. Pero es curioso, si “el medio es el mensaje”, Jesucristo ha hecho sólo un mensaje: ha querido salvar el mundo a través de “la necedad de la predicación” y ha enviado a sus apóstoles de dos en dos, sin bolsa, sin alforja y sin nada. Sin nada, es tan terrible esto. Iban sin nada, descalzos, como los últimos de la tierra. Con este “medio” salvará el mundo. Tan importante es esto que dice San Mateo, “porque tuve hambre y me distéis de comer, estaba sediento y me distéis de beber, estaba desnudo y me vestisteis”. Esto que se ha aplicado después con la cristiandad a los pobres y a lo social, no es esa la razón. Y no lo digo yo, lo dicen grandes teólogos. Si hacemos un análisis serio de este texto dice: “cuando lo habéis hecho con uno de mis hermanos más pequeños”. Aquí se refiere a los apóstoles que va  a enviar sin bolsa, sin alforja y sin bastón. En definitiva, San Mateo quiere decir que al final de los tiempos las naciones serán juzgadas si han aceptado o rechazado la Iglesia, presente en los más pobres. El “medio” que va a elegir para salvar el mundo será estos “pequeños”. ¿Dónde están hoy esos “pequeños”? Si queremos verdaderamente evangelizar Europa, ¿dónde están? ¿O tenemos que volver a coger la cultura y “cambiar el agua”? Perdonad, no pensaba aquí escandalizar a nadie, estoy en una Universidad, pero la culpa es vuestra porque me habéis invitado. Con esto no quiero decir -yo no soy exagerado- que no tenemos que ser cristianos y no tenemos que usar la televisión. Me   sabéis entender ¿verdad? Me sabéis comprender. Pero es una cosa muy importante, porque nos podemos desviar de dónde está el quid  real de la nueva evangelización de Europa.

 

Volviendo a la belleza, volviendo a la frase de Dostoyevski “la belleza salvará el mundo”, que ha sido comentada por el Papa. Juan Pablo II cuando ha hablado de los artistas ha dicho una frase profundísima: “la belleza es necesaria porque los pueblos, los hombres, sin la belleza llegan a la desesperanza”. El Papa ha relacionado la belleza con la esperanza, con el amor. O sea,  que los hombres sin belleza, llegan a la desesperanza, al suicidio. Esto es importante, porque nosotros, precisamente ahora, el Camino Neocatecumenal está haciendo una nueva evangelización en toda Europa, sobre todo en los países poscomunistas. Yo vengo ahora de Kiev. Hemos tenido una relación, ante el Consejo para los Laicos, de las naciones que salen del comunismo. Se ha hecho un testimonio de todos los mártires, ha sido importantísimo. Nosotros estamos llevando familias en misión, implantando la Iglesia en todos estos países. Los Estados de estos países se están dando cuenta, después del comunismo, que hay una relación con la belleza. Han hecho grandes edificaciones de tipo socialista, donde los barrios están llenos de casas idénticas, como cajas de cerillas, sin ninguna belleza. Han descubierto rápidamente que hay una relación entre esto y la cantidad de suicidios. Por eso les interesa que hagamos cosas bellas en la ciudad. Nos han ofrecido la posibilidad de hacer iglesias, a nosotros y al Islam. Curiosamente, el Islam tiene una estética, y sabe hacer una mezquita todo dorada. Sin embargo, la Iglesia hoy no tiene ninguna estética.

 

Hace dos años hicimos un encuentro en Nueva York de obispos sobre este tema: “¿Con qué estética piensa la Iglesia Católica evangelizar el tercer milenio?” Se apuntaron 250 obispos durante cinco días, sobre este tema: la estética. Los párrocos quieren hacer una iglesia y llaman a un amigo suyo arquitecto, y uno le hace un monito, otro le hace un garaje, otro le hace una cosa con un buñuelo así para arriba, otro le hace otra cosa. Estamos dando una batalla al Islam, en cierto sentido. La Iglesia debe replantearse la estética, la belleza. Por eso nosotros estamos con un grupo de arquitectos y artistas trabajando en este punto. Acabamos de hacer una Iglesia ahora en Madrid (Santa Catalina Labouré) ¿Verdad? Una parroquia, con un Catecumenium, con un nuevo tipo de estética, todo de cristal azul y piedra blanca, con todo dorado, un nuevo tipo de asamblea, porque esto es muy importante. La estética, la belleza, es un reflejo del espíritu, profundo.

 

4.- La “belleza” del pueblo de Israel

 

Volviendo a “la belleza que salva al mundo”. Ya los hebreos.. dice el Talmud que Dios juzgará a los hombres en el mundo futuro, en la otra vida, de aquellas cosas que Dios ha hecho para que el hombre goce en esta vida y no ha gozado de ellas, tendrá que dar cuentas. Porque no solamente está en relación la belleza con el placer (lo que demuestra que el que ha creado este universo nos ama) sino que también ha puesto el placer en otras cosas, como en el comer, también en el amor: hacer el acto sexual nos da placer. Alguien que nos creó nos ama, profundamente, porque quien te ama... Si tu tienes un huésped en tu casa al que quieres muchísimo, te encanta poner la casa bella, darle placer, darle bien de comer: está en relación el placer y el amor. Por el contrario, el que te odia te hace sufrir.

 

Bien, sigo hablando por pinceladas. Nosotros, atacamos a los protestantes que conocen la Escritura pero sin la tradición. Pero cuando nos acercamos al Antiguo Testamento, somos más protestantes que los propios protestantes, porque usamos el Antiguo Testamento sin conocer la tradición. Es muy importante la tradición oral. Pero hay una cosa fundamental. Mirad, en la Escritura, cuando habla el Génesis, dice que Dios creó a Adán y Eva. Dios designa a Adán la misión de dar nombre a todas las cosas creadas en el jardín del paraíso y no encontró una ayuda semejante a él. Entonces Dios le hizo entrar en un profundo sueño y con una costilla fabricó, construyó una mujer. Los hebreos dicen que esta palabra -“fabricar”- significa lo mismo que hacer arte, que un artista, lo mismo que construir una escultura, lo mismo que hacer en peluquería las trenzas de una mujer bella. La creó bellísima, tanto es así que cuando la vio Adán quedó sorprendidísimo de la belleza de Eva. Es proverbial en toda la tradición de los hebreos la belleza de Eva: “He aquí carne de mi carne, huesos de mis huesos...”.

 

Bien, cuando Israel habla del éxodo, sabéis que Dios envía a Moisés que salvará al pueblo de Egipto y lo llevará al Monte Sinaí. Ya la tradición oral rabínica dice que el encuentro en el Monte Sinaí con la Alianza... Sabéis que Dios aparece en el Monte diciendo: “Escucha Israel: yo soy el único Dios, y amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. Así, comparan la primera creación (el Jardín, Adán y Eva) con la Alianza en el Monte Sinaí, como si el encuentro, la alianza en el Monte Sinaí cuando Israel recibe la Torá fuese una nueva creación. La primera expresión de Dios aparece como amor, como un esposo. Después Oseas lo desarrollará: el esposo, la esposa. Entonces Israel, dice Moisés, es como un paraninfo que lleva (lo mismo que Dios “fabricó” a Eva y la llevó a Adán) ante el esposo a su esposa, Israel. Y comparan los rabinos el Monte Sinaí con el árbol de la ciencia del Bien y del Mal, un árbol que da un fruto: la Torá. Todo esto es la tradición más antigua.

 

Pero aquí hay un punto muy importante que es la belleza. Hablaban los rabinos de que en la primera creación Eva era bellísima y ahora, cuando Moisés lleva a su pueblo hasta el monte Sinaí, ¿qué sucede? Que Israel no es bello, porque viene de la idolatría y el pueblo está lleno de ciegos, porque los ídolos nos ciegan. Cuando un hombre se hace una idolatría y se hace un ídolo (una ideología) y le pide a es ídolo o a esa imagen la felicidad, a ese ídolo que es una falsedad, que es una mentira, que es un demonio, éste le hace ciego a la voluntad de Dios. De manera que el hombre no ve el amor de Dios porque le está pidiendo el amor a ese ídolo. Así los ídolos nos transforman en ciegos, en sordos, no escuchamos, no sabemos escuchar a Dios. El plan que Dios nos quiere hacer en la historia no nos interesa. Por ejemplo, un hombre está a punto de matarse, o se está condenando, o está lleno de soberbia y Dios permite un cáncer que le va a salvar, le va a llevar a una reflexión profunda sobre lo que está haciendo. Pero este hombre, como tiene el ídolo de la salud, por ejemplo, no acepta, no soporta, no escucha, está ciego, no soporta esta enfermedad. Esto es lo que tiene la idolatría, los ídolos. Dicen los rabinos que cuando vino Israel de Egipto eran idólatras, habían estado bajo los ídolos. Este pueblo estaba lleno de ciegos, de paralíticos, de cojos, de sordos, y Dios hizo un milagro a quien va a ser su esposa. Habló, y todos escucharon, ya no hay sordos. Todos vieron la palabra con las llamas de fuego que bajaban sobre ellos: ya no hay ciegos, ya no hay sordos, todos se hicieron uno.

 

5.- La “belleza” de la Iglesia, la nueva Jerusalén

 

De forma que, como sabéis, después de los profetas y después del Exilio, ya los profetas hablan de que el Mesías que vendrá hará los milagros del Éxodo centuplicados. Por eso el Mesías que vendrá, ¿qué hará el Mesías?. Pues lo sabéis. San Juan Bautista, después de que ha dicho “cordero de Dios que quitas el pecado del mundo”, al pobrecillo lo meten en la cárcel y está en una crisis negra. Manda a sus discípulos a preguntarle a Jesucristo: pero ¿eres tú?. Ahora duda de que sea este el Mesías. Porque todas las crisis son muy importantes en nuestra vida ¿verdad? Así, le preguntan a Jesucristo: “¿eres tú el que tiene que venir o tenemos que esperar a otro?”. Y les dice Jesucristo: “decidle a Juan: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen”. Esto es muy importante, porque cuando aparece Jesucristo los ciegos ven. ¿Qué es lo que ven los ciegos? ¿Qué es lo que ve un cristiano? El amor de Dios en su historia. ¿Qué es lo que escuchan? La Palabra de Dios, que no solamente es la que escuchamos en la Iglesia, sino que es la Palabra que ilumina la historia, porque nosotros realizamos el ser cristianos en la historia.

 

Hemos superado la religiosidad natural, los religiosos naturales tienen el lugar sagrado que es el templo y el mundo que es profano. Entonces existe una división entre vida y liturgia, entre religión y vida. No así nosotros “porque ya llegan los verdaderos adoradores que mi Padre busca, los que adoran a Dios en espíritu y en verdad”. ¿Qué es adorar a Dios “en espíritu y en verdad”? Lo dice el mismo encuentro con la samaritana: “ya no se adorará más a Dios en el templo de Jerusalén ni el Monte Galicín”. Todos los pueblos están buscando un axis mundi: aquel lugar donde Dios realmente, si tú vas de peregrinación a ese sitio, Dios te escucha y todo lo que le pidas te lo da. Es el lugar donde suben y bajan los ángeles, esto significa que el hombre pide a Dios una cosa y un ángel lleva hasta arriba la petición y luego desciende con la respuesta.

 

Por eso ya Jacob, en la escala de Jacob, veía que aquel lugar era el lugar santo por excelencia porque subían y bajaban los ángeles. Jesucristo dirá que es Él ese lugar, porque toda la Escritura tiene una unidad perfecta, toda. Espero que Dios os dé esta unidad a los cristianos que nos hace conocer profundamente la Escritura y la unidad que existe en ella. Jesucristo le dice: “mujer, llega la hora en que llegan los verdaderos adoradores que mi Padre busca, los que adoran a Dios en espíritu y en verdad”, porque Dios es espíritu. A Dios se le adora en espíritu, la respuesta a esto la da después el mismo texto. Porque le dicen a Cristo, “Maestro come, come”, y dirá Cristo: “yo tengo un alimento que vosotros no conocéis, mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado”, de hacer la voluntad de Dios. Se preguntan los padres de la Iglesia cuál es la ciencia de los Santos. ¿Cuál es la ciencia de los Santos? La humildad, no. La obediencia, la santidad, la caridad, no. Es hacer la voluntad de Dios. Y ¿cómo te marca Dios su voluntad? En la historia, con los acontecimientos. Y ¿cuál es esta voluntad de Dios? Pues dice Cristo: “mirad los campos, ya están preparados para la siega, yo os mando a segar lo que vosotros no habéis trabajado, otros han trabajado y vosotros os aprovecháis de su trabajo, porque en vosotros se cumple aquel refrán que se decía en los pueblos, qué duro es sembrar en el frío y luego resulta que otro, que no ha trabajado y que no se ha levantado a las cuatro de la mañana y que no ha pasado el frío, llega tranquilamente sin haber trabajado y recoge el fruto, qué duro es esto”. ¿Quienes han sembrado? Cristo ha sembrado con su sangre, ha preparado a los pueblos a recibir la salvación. Todos los hombres, todos, están preparados y por eso no hay que tener miedo. Europa espera de nosotros una nueva evangelización, de los cristianos. El problema es ¿dónde están los cristianos? Ese es el punto.

 

Entonces hay una belleza. Ya en Israel se espera el Mesías que venga a producir esta belleza. ¿Cuál es esta belleza? Los ciegos ven... los cristianos. Entonces ¿qué es la Iglesia? El cuerpo de Cristo resucitado donde los cristianos escuchan, ven a Dios en su historia, escuchan su Palabra que ilumina su historia, caminan a salvar el mundo. Eran muertos y han sido resucitados a la vida. Entonces, tiene que aparecer la comunidad cristiana. Esto es lo que intenta el Camino: hacer comunidades cristianas donde se exprese la belleza de Cristo, que es Cristo quien salva al mundo. ¿Por qué? Porque estos cristianos van a mostrar al mundo que Dios es amor, haciendo que su voluntad transforme al mundo, porque todo lo que nos rodea de la belleza de Dios es amor para nosotros. Mirad, en el monte Sinaí Dios dice: “Amarás a Dios con todo tu corazón”. En el Cantar de los Cantares: “Qué bella eres, amada mía, amiga mía qué bella eres. Eres bellísima como Jerusalén Qué bellos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe. Las curvas de tus caderas obras de mano de un artista..”. Fíjate ya lo que dice la Escritura, lo mismo que decía yo de esta chica. Dios ha hecho a una mujer como una obra de arte; la curva, solamente un artista sabe hacer una curva perfecta, bella.

 

Hay como una progresión. El hombre ha sido creado para ser amado como una esposa. Dios la embellece. Y aquí voy a decir otra pincelada. Hoy se habla de mundo global, de globalización, de aldea global, que ha acuñado también McLuhan, que hay una única cultura. Hay una cosa en el Apocalipsis que es muy importante y os la leo. Espero sugerir algunas cosas, daros llaves en este encuentro. Dice el Apocalipsis: “entonces vino uno de los siete ángeles que llevaban las siete copas y me habló. Ven, te voy a mostrar el juicio de la célebre ramera que se sienta sobre grandes aguas. Con ella fornicaron los reyes de la tierra y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de sus prostituciones. Me trasladó el espíritu al desierto y vi a una mujer sentada sobre una bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos. La bestia tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata. Resplandecía de oro y piedras preciosas y perlas. Llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones y también de las impurezas de su prostitución y en su frente un nombre escrito, un misterio, la gran Babilonia, la madre de todas las rameras y de todas las abominaciones de la tierra”. Más adelante le pide que le explique qué son esas visiones y le dice: “las aguas que has visto donde está sentada la ramera son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas; y la mujer que has visto es la gran ciudad, la que tiene la soberanía sobre los reyes de la tierra”. O sea, llama la gran ciudad y la llama en otro sitio Babilonia, Egipto, Roma, New York. New York, hoy el espíritu de la gran ciudad, la gran ciudad que domina las naciones de la tierra, el mundo, la gran ciudad. El Islam se siente amenazado de esta potencia de la gran ciudad y derriba las torres de Nueva York. Yo he tenido un encuentro en Nueva York, con los obispos, sobre este tema. Pero frente a la gran ciudad que está dominando todas las naciones y que dice en el Apocalipsis “salid de ella pueblo mío, no os hagáis cómplices de sus abominaciones que están llegando hasta el cielo”. Cuántos abortos en el mundo, 300 millones en China. Abortos, eutanasia en Holanda, bueno, en todas partes, cuántas abominaciones. A veces se está tocando el árbol de la vida con la clonación, con la genética. ¿Qué está pasando? La gran ciudad, que nos han “cambiado el agua”. Hay una monocultura.

 

Me acuerdo que he hecho un viaje por Asia, para visitar las comunidades. El Camino Neocatecumenal está extendido por todo el mundo. Nos han pedido que visitemos las comunidades de Corea, de Japón, de Tailandia. Y la primera vez me quedé impresionado de ver que, en el fondo, uno estaba en Tokio, después estaba en Seúl, después estaba en Cotaquinabalo... y la misma arquitectura, un único arquitecto. Todas las ciudades, todo era igual. Las chicas todas vestían lo mismo, con blue jean, las mismas películas, en todas partes... ¿Qué pasa? ¿Han renunciado a sus culturas? ¿Hay una sola cultura aquí? Todo es igual. Es impresionante. Haz un viaje de ciudad en ciudad por toda Asia y te quedas sobrecogido. ¿Qué está pasando? Hay que saber reflexionar.

 

Frente a esta gran ciudad, en el Apocalipsis se habla de otra gran ciudad, la Jerusalén celeste, que desciende del cielo ataviada como una esposa, esplendorosa de belleza, como una piedra refulgente. Esta Jerusalén celeste..., “eres bellísima como Jerusalén”, dice el Cantar de los cantares. ¿En qué consiste esta belleza? ¿Y qué es la Iglesia? Es Cristo, Cristo… yo soy Cristo. Dice San Pablo “no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. Los cristianos han recibido la naturaleza de Cristo. Cristo habita en nosotros. Dice San Pablo: “caritas christi urget nos”… “El amor de Cristo nos urge, nos empuja, al pensar que si uno murió por todos, todos han muerto…” Dice: “murió por todos”. ¿Para qué murió Cristo por todos? “Para que los que viven, no vivan más para sí mismos…” O sea, fijaros en la antropología de San Pablo. 

 

 

6.- La “belleza” del amor de Cristo

 

Para San Pablo los hombres están como condenados a vivir todo para sí mismos. Y esto de vivirlo todo “para sí”, según San Pablo es una condena. Digamos que el hombre que se separa de Dios se hace el dios de sí mismo y el pecado de haberse separado de Dios le lleva a vivir la realidad desde una cosmogonía en que su yo, él, es dios. Entonces, todo lo vive, la realidad la vive en función de satisfacer este yo, de lo que él piensa que es el bien, que es la verdad, desde sí mismo. Está como condenado a sí mismo. ¿Y qué le sucede al hombre? ¿Por qué San Pablo considera esto una condena, que el hombre está condenado a ofrecerse todo a sí mismo, a vivirlo todo en función de sí mismo? Un chico joven de quince años, de dieciséis, que ha dejado la Iglesia, vive la realidad ¿Cómo? Pues, todo es él, juzgando a su padre que lo considera un fascista, su madre… que si sus amigos son… Todo lo vive desde su yo. Y va a la Universidad y vive todo en función de su yo: ese profesor me gusta, ese profesor no me gusta… eso me interesa, eso no… En fin, todo lo vive en función de una cosmogonía en la que él es centro de todo.

 

Pero esto de que habiéndose separado de Dios él es dios de sí mismo, esto... Sabéis que el pecado original ha provocado una cosa profundísima, algo que Kierkegaard llama “la muerte del ser, la muerte óntica”. El hombre, habiéndose separado de Dios, habiendo obedecido al demonio que te dice que Dios no existe porque te castra, porque te impide hacer esto y esto otro… “Es cierto que morirás”. Le dice el demonio a Eva: “es que Dios sabe muy bien que el día que comas serás como Dios, conocerás el bien y el mal” y Dios es celoso, no quiere que te realices. Entonces, Eva se dice “es verdad, si yo como de esto, pruebo, tengo una experiencia y ya no necesito que me enseñen los curas, que me enseñe nadie… Yo mismo tengo experiencia del bien del mal, yo mismo puedo hacerme una cosmogonía, yo decido, soy libre, soy dios”. “Romper las tablas”, decía Nietzsche. Todos lo hemos hecho, hemos roto las tablas, yo lo hice. Nos hemos afirmado… Pero, atención, después nosotros sabemos que existe una cosa muy profunda. El hombre, habiéndose separado de Dios, experimenta la muerte de su propio ser porque la palabra “persona”,  nuestro ser persona, viene del griego, la raíz de persona es la misma raíz que la de personaje de una obra teatral. O sea que en el teatro, verdad, tú vas a hacer de príncipe, tú vas a ser la reina… Tienes un rol, una misión, un sitio, un lugar. Bien, y si el demonio te dice que no hay obra teatral, no hay rol, ¿quién soy yo, qué tengo que hacer en la vida? Pierdo la dimensión,  mi ser persona no tiene referencia ninguna. Ahora quiero ser… quiero ser para mi novia, ser para mis padres, quiero ser… ser como artista, ser como literato, ser como poeta, quiero ser… Pero el ser persona está siempre en relación con el amor y a alguien. Y cuando ese joven descubre que en el fondo sus padres le tienen sin cuidado, porque su madre se ha divorciado tres veces, su padre cada vez que lo ve es para que le dé cien euros… que no es para nadie… pues se pega un tiro. Cada sesenta segundos se está matando un hombre en el mundo. La cantidad de jóvenes que se suicidan…

 

Un chico, verdad… me acuerdo que contaba una experiencia en Suecia…. Venían  de los Juegos Olímpicos de Helsinki… había una chica monísima, sueca, que estaba sentada en la barandilla del barco, así de espaldas. Y estaban estos dos españoles hablando y de pronto, esta chica, a un cierto momento, se suelta y se la lleva el mar… Se quedaron impresionadísimos… estaban comentando lo guapa que era. Van corriendo al capitán y le dicen que pare el barco, que la chica se ha caído al mar… ¿Cómo? ¿Parar el barco? Uy… Si tenemos que parar el barco por cada joven que se suicida, pues no llegamos nunca a Estocolmo. El agua está a menos de cinco grados,  así que en cinco minutos se muere y ya está… Se matan. El ser del hombre, el ser más profundo del hombre, está muerto. Entonces el hombre quiere ser, ser… Pero aquí está el problema. Por más  que quiera ser artista, triunfar, y ser para los demás y ser para su mujer y ser para sus padres, hay algo que no puede hacer y es salir de sí mismo, darse… Darse, amar, amar… ¿Por qué no puede amar? Y ahí está el punto, el “Kerigma”. No puede amar porque ha experimentado la muerte.

 

Amar al otro significa matar mi yo, crucificar mi yo para que aparezca un tú. Yo se escribe con la “y”griega, y la “t” de tú es una cruz. Matar mi yo, crucificar mi yo. ¿Cómo voy a crucificar mi yo por este hombre si yo tengo miedo a la muerte? ¿Cómo puedo matar mi yo si yo no he vencido a la muerte?. Entonces, nuestra relación tiene siempre un punto de confluencia: la muerte. Cuando aparece “la muerte”, no puedo pasar. Entonces, me tengo que separar, se casan y se separan. Pero si se separan no es porque sean malos, sino es porque no pueden más, porque la muerte que tienen dentro, la muerte del ser, lo que llamaba Kierkegaard “muerte óntica”, les hace ver cuando aparece el sufrimiento, el conflicto en el matrimonio, les hace ver que es como un reflejo, como un espejo de la muerte más profunda. Y esto no lo pueden soportar. La muerte del ser más profundo del hombre hace así que el sufrimiento no tenga sentido. El sufrimiento humano no tiene sentido porque no tiene sentido el hombre. Y no tiene sentido el hombre porque no ha resuelto el problema existencial de la muerte. Por eso, en las ciudades modernas a los ancianos hay que matarlos, llevan los hospitales lejos. Hay un terror total a sufrir. Porque hay una enfermedad del hombre profunda que está en el ser más profundo del hombre.

 

Por eso dice en la Epístola a los Hebreos: “Hermanos, Cristo participó de la carne y de la sangre…” ¿Para qué? Hay una síntesis, que habla San Cirilo de Alejandría y los Padres de la Iglesia, profundísima… Los que están en el Camino lo saben muy bien, pero otros, quizás es la primera vez que la oís. Y aquí hay una síntesis. Hay que conocer a los Padres de la Iglesia. Nosotros, como tenemos que abrir un Catecumenado en la Iglesia, hemos tenido que ser técnicos, estudiar la iniciación cristiana, en los Padres, en la Iglesia primitiva, profundamente. Mirad lo que dice la Epístola a los Hebreos. Dice en el capítulo segundo, en el versículo catorce, dice: “así como los hijos participan de la sangre  y de la carne, así también participó Él, Cristo, de las mismas para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo. Y liberar a cuantos por el temor que tienen a la muerte, estaban sometidos de por vida a esclavitud”. Según este texto los hombres están sometidos a la esclavitud del demonio por el terror que le tienen a sufrir, a morir. Aunque no lo hayan conceptualizado. El terror que tienen dentro, la muerte que tienen dentro, el no-ser más profundo, hace que no tengan respuesta al sufrimiento, al cáncer, a un conflicto con la mujer, a un problema con un hijo, cuando a uno le han echado del trabajo… Cuando aparece el sufrimiento, por el temor que le tienen los  hombres a la muerte, están sometidos al demonio, obedecen al demonio. ¿Cómo…? Pues, divorciándose, echándose un amante, bebiendo, tomando drogas, escapando del sufrimiento.

 

Entonces, ¿qué hace Jesucristo, cómo libera al hombre…? Entonces, habría que curar al hombre dentro, habría que quitarle la muerte óntica. ¿Cómo hace Cristo para quitarle el terror a la muerte? “Cristo ha resucitado”, grita la Iglesia rusa, “Cristo ha resucitado”. “Verdaderamente ha resucitado”, grita todo el pueblo… Entonces, Cristo vence a la muerte, quita al demonio el poder que tiene sobre la muerte. Estoy hablando de cosas existenciales, reales. No son moralismos ni son cosas piadosas. Bueno, yo digo: “Cristo ha resucitado”… “Aleluya”, grita la Iglesia. Y a mí que me importa que Cristo haya resucitado. No es inmanente esto… No, no, no absolutamente… La teología que ha intentado quitar el pecado original y hacer una inmanencia del cristianismo es falsa y herética. Es muy profundo. ¿Cómo me llega a mí esta victoria de Cristo sobre la muerte? Él ha muerto por mí, ha resucitado de la muerte por mí, ha subido al cielo e intercede por mí delante del Padre. ¿Por qué intercede por mí? ¿Para qué intercede por mí? Para que yo pueda recibir desde el cielo un nuevo espíritu. He aquí la fe, la fe… La fe salva al mundo.

 

¿Y cómo llega este espíritu a mí? A través de la necedad de la predicación. Por eso he dejado yo la pintura. Ay de mí si no evangelizase, porque Dios ha querido salvar al mundo, no cambiando las estructuras, sino a través de la necedad de la predicación. Dice la Epístola a los Corintios: “los griegos buscan sabiduría, los judíos, señales, pero nosotros anunciamos a Cristo y a Cristo crucificado”. Mirad, Cristo… esta es la imagen de la libertad, esto es la imagen de la libertad (mostrando el crucifijo que porta en la mano). Cristo crucificado. Porque si seguís el argumento que estaba diciendo, los hombres sufren… sufren por una sola razón, porque no pueden amar así. Porque decimos nosotros que el pecado original no ha destruido la naturaleza, no somos protestantes. Dice San Pablo que el hombre conoce realmente el bien, sabemos todos que amar es la verdad. Dice San Pablo en la Epístola a los Romanos, en el capítulo siete, “me encuentro con el mal que no quisiera hacer”. Si no soy yo, ¿quién lo hace?. El pecado que habita en mí, el haberme separado de Dios y haberme hecho dios de mí mismo. Este pecado  que habita en mí, en mi carne. “¿Y quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias sean dadas a Jesucristo que nos ha liberado...” . Entonces, Jesucristo nos envía desde el cielo… Como he dicho antes, el espíritu de Cristo da testimonio. ¿Y cómo puedo yo recibir este espíritu? ¿Cómo lo puedo recibir? Mediante la necedad de la predicación.

 

Yo estoy ahora predicando, ¿verdad? Ahora mismo estoy predicando el “Kerigma”… Este señor aquí con gafas… este hermano… y este cura… a lo mejor necesita una palabra… porque es un pecador bastante gordo… Bueno, dice otra cosa la Epístola a los Hebreos profundísima: “Cristo es la imagen, impronta de la sustancia divina”. Aquí hay una palabra filosófica “sustancia”, difícil de comprender. A Dios nadie lo ha visto. Sustancia, sustancia divina… “Cristo es imagen, impronta de la sustancia divina”… Impronta, ¿qué es la impronta? Es como una cosa de cera y con un sello de un anillo, hacemos… dejamos una impronta en la cera. Cristo crucificado es la impronta de la sustancia divina. Mirad esta cruz. Si yo te digo que esta es la impronta de Dios, ¿tú que ves? Yo, nada, aquí veo un muñequito aquí de bronce… ¿Qué es esto? Impronta de la sustancia divina. Quiere decir que la sustancia… ¿qué es esto? Es una reproducción de un hecho… de que Cristo ha dado la vida por ti. Y ahora repito a  este chico y a este cura… Cristo ha dado la vida por ti. No cuando tú eras bueno, sino cuando eras un malvado, un pecador, cuando éramos enemigos de Dios… entonces es cuando ha dado la vida por ti. La gente cree que a ti Dios no te quiere porque eres un malvado… Si dejas el pecado, Dios te quiere, si no, no… Eso es falso. Completamente falso. Fíjate, exactamente al contrario. Cristo ha dado la vida por nosotros cuando éramos enemigos de Dios, pecadores. O sea, que la sustancia divina es que nos ama, con un amor total… Total cuando somos pecadores, malvados… de forma que nuestra maldad no nos puede separar de Dios nunca, nunca el pecado nos podrá separar de Dios. Porque dio su vida cuando éramos pecadores… De forma que esto es algo profundísimo… Entonces, la naturaleza de Dios es amarnos, nos creó para ser amados, para ser amados de Él. 

 

Entonces, digamos así: que mientras yo estoy hablando ahora, la misma esencia divina es estar en este hombre… y no está, no está ahora mismo, por ejemplo. No está… ¿está en este? ¿está en esta chica? ¿Está…? ¿Está Dios? Si Dios descendió con su gloria, con su espíritu…. Pero, ¿creéis que esto es tan fácil? ¿Qué descienda el espíritu Santo sobre este hombre (señalando a un asistente de la conferencia), y que lo habite la Santa Trinidad, como un templo? Demuéstralo si tienes la vida eterna dentro… Porque cuando fuimos bautizados se nos preguntó: “¿Qué pides a la Iglesia de Dios?”. Y dijo el padrino: “la fe”. “¿Y qué te da la fe? La vida eterna”. Ah! Entonces Cristo, enviándonos el Espíritu Santo nos da vida eterna, vida que ha vencido la muerte, no muere nunca más. Tenemos vida eterna… No vida eterna esperando el futuro, no… Ahora, ahora…. Dice San Juan “que el que odia a un hermano es un asesino y ningún asesino tiene vida eterna dentro”. Ahora… ¿este hermano tiene vida eterna? Que lo demuestre… Esto es el catecumenado de la Iglesia primitiva. Porque en la Iglesia tienen que estar los que tienen fe… y la fe es un don, la da Dios. No es cuestión moral, no estamos hablando de que tú eres bueno o malo… no, absolutamente. Si este hermano viene al catecumenado, por ejemplo, y resulta… sí… el viene a las catequesis y viene a nuestra comunidad, pero Dios no le ha dado la fe, no tiene dentro la naturaleza divina. ¿Y yo que culpa tengo? Dios no le encontró digno de darle la fe “porque la fe no es de todos”, dice San Pablo. Esto no tiene nada que ver con la salvación eterna, ni con la condena eterna. Eso es una estupidez…. eso es una estupidez. Lo importante realmente es que este hermano tenga la naturaleza divina. Porque si Dios le ha dado de su naturaleza, eso se muestra rápidamente ¿Y cómo? En las obras. ¿Qué obras? Obras de vida eterna. ¿Y cuáles son las obras de vida eterna? Ah…! Muy interesante. ¿Es rezar? Rezan más los hebreos que nosotros y los musulmanes… ¿Es ser honesto…? Un comunista puede ser honesto. ¿Qué son las obras de vida eterna? Sería interesante preguntarlo. Porque sobre eso nos vamos a enterar de lo que significa ser cristiano. Sobre eso vamos a entender qué significa salvar al mundo, significa cómo se evangeliza Europa, significa cómo se hace una Universidad cristiana, con cristianos, no etiquetemos las cosas… O sea, sobre esto… ¿Qué son las obras cristianas? “Amaos como yo os he amado. En este amor conocerá el mundo que sois mis discípulos…”. “Padre, como tú estás en mí y yo en Ti, uno, seamos uno en ellos, sean uno en nosotros… para que el mundo crea”.

 

Jesucristo ha hecho una cosa enorme, ha conducido la humanidad, la ha salvado de la muerte y la ha introducido en la Santa Trinidad… Digamos así, es como si ahora mismo, todas las bombillas de esta casa se funden porque hay unos plomos centrales y está todo a oscuras y alguien sube hasta los plomos, los cambia y se encienden todas las bombillas. Cristo hizo algo parecido. Introdujo la naturaleza del hombre en la Santa Trinidad y esto, para que lo entendáis bien, mirad lo que dice San Pablo: “no solamente existe el jardín del Edén”, no solamente existe el Monte Sinaí como un jardín donde aparece un árbol, un esposo, una esposa, que es la asamblea de Israel. No, hay otro jardín, dice San Juan. Es el Gólgota… Hay un jardín, hay una tumba, hay un jardinero, jardinero que es Cristo. Y hay una mujer que está llorando, ahí hay una indicación profunda de San Juan, que es muy profundo San Juan en toda la tradición hebrea. Y este jardinero también da nombre a esta mujer. María Magdalena está llorando, era una antigua prostituta, una mujer pecadora pública… Y llora y dice: “han robado el cuerpo. Si lo has cogido tú, dime dónde lo has puesto”. “Por qué lloras, María”… Ella creía que era el hortelano, el jardinero… Entonces Jesús la nombra, da nombre a María.

 

Hay que anunciar la Buena Noticia. Cristo va a subir al Padre… “No me toques”. ¿Por qué dice “no me toques”? ¿Por qué? ¿Lo sabéis? No, porque si veis a  Mateo, Mateo cuando el ángel le dice a las dos mujeres que vayan a Galilea que allí le verán, saliendo corriendo, Cristo mismo aparece y les dice que vayan a Galilea y le abrazan… Cristo Resucitado  no les dice que no le abracen, le tocan, le abrazan y se deja tocar… ¿Por qué aquí dice  “no me toques”? Porque va a decir San Juan una cosa muy importante. Quiero decir… vámonos a San Pablo y veréis lo que dice. San Pablo dice que “el amor de Cristo nos apremia al pensar que si uno murió por todos, todos por tanto murieron y murió por todos  para que ya no vivan para sí los que viven para sí mismos, sino que vivan para aquél que murió y resucitó por ellos”. Esto es fantástico. Si te ha encontrado Cristo, ya no estás solo. Te ha encontrado Cristo. Ya no soy yo quien vive, Cristo conmigo, ha aparecido el amor. Porque todo el Cantar de los cantares San Juan de la Cruz también lo aplica al alma, el alma (que hoy la quieren deshacer al alma, no existe ya). Atención, eh, que en la traducción griega está el alma. Dice “murió por todos para que ya no vivan para sí los que viven sino para aquél que murió y resucitó por ellos”. Así que en adelante ya no conocemos a Crsito según la carne y si conocimos a Cristo según la carne, ya no lo conocemos así. ¿Por qué pongo en relación este texto con “no me toques” en la carne. Dice: “por tanto el que está en Cristo es una nueva creación, pasó lo viejo, han aparecido cosas nuevas”. ¿Qué cosas nuevas han aparecido? ¿Qué cosas han aparecido ahora? La gracia del Espíritu Santo en nosotros. Ahora conocemos a Cristo de una manera mucho más profunda que en la carne… “no me toques… exteriormente”… Ahora habitamos en la Santa Trinidad en Cristo. Cristo habita en nosotros en una unidad perfecta. Somos uno en Cristo. Y esto la muerte física no lo puede separar. Ya puedo morir en un accidente. Ni la vejez. Somos uno en Cristo, de una forma profundísima. Esto San Pablo lo tiene clarísimo. Si conocimos a Cristo en la carne… Pero, ¿el problema cuál es?

 

7.- “En el umbral de una nueva era”

 

Entonces, termino diciendo una cosa importantísima: nuevos tiempos. Mirad, yo tengo una frase de Juan XXIII que he puesto en la introducción de los Estatutos del Camino Neocatecumenal. Juan XXIII que fue un gran Papa… Los Papas tienen el grado profético, todos los bautizados somos profetas, somos reyes y somos sacerdotes. Bueno, el Papa lo tiene en grado más sumo… El Papa Juan XXIII en la Constitución Apostólica Humanis Salutis en 1961, que inauguraba el Concilio, anunciaba a toda la Iglesia el Concilio Vaticano II, dice así: “la Iglesia hoy asiste a una crisis en acto de toda la sociedad. Mientras la humanidad se encuentra en el umbral de una era nueva”, (nos encontramos en el umbral de una nueva era). Fijaros, en el año 61, es profético esto. Juan XXIII dice: “mientras que la humanidad se encuentra al umbral de una nueva era, tareas de una gravedad inmensa esperan a la Iglesia, como en las épocas más trágicas de su historia. Se trata de poner en contacto con la energía viviente, vivificadora del Evangelio, la modernidad, el mundo moderno”. Dice “vamos a atravesar la época más trágica…”. Por eso se ha preparado un Concilio. El Espíritu Santo sabía que iba a haber un cambio total, que iba a aparecer la secularización, y que la Iglesia va a reformarse. Por eso, llevar el Concilio a las parroquias es de vida o de muerte. De vida o de muerte… No está el Concilio en las parroquias. Seguimos diciendo misas, misas, misas… Hay que evangelizar a nuestros hermanos. Es de vida o de muerte.

 

Mirad, en Holanda nosotros hemos abierto un seminario en Ámsterdam y otro seminario en… Es muy importante lo que está pasando en Holanda porque Holanda es una nación católica... Una cosa es Escandinavia, Suecia, Noruega y otra cosa es Holanda, que eran católicos. Sabéis que los holandeses tienen un carácter especial porque es un país debajo del mar y está lleno de misioneros, lleno de piratas… Cogieron el Concilio a lo bestia y entonces se polarizó Holanda, se hizo un polo que entendieron el Concilio… pues nada, como que las parroquias hay que darlas a los laicos, las mujeres en las iglesias, que Roma ni hablar, se separaron de Roma… casi un cisma. Hoy mismo no se reconocen estas parroquias, no se distinguen bien una protestante, una católica, en todo este sector del norte de la Holanda. El sur, por ejemplo, se dieron cuenta de esta descomposición total, porque desapareció el “Kerigma”, solamente lo social, se transforma la iglesia en una especie de asistencia social, que es un horror… Solamente el tercer mundo y los pobres… ¿Pero esto qué es? Como si el hombre no tuviera espíritu, como si estuviera muerto por dentro, no tiene nada, sólo hay que darle una casa, hay que darle un trabajo… Todo este horror en esta antropología mezquina, chata… Entonces, la parte del sur, ¿sabéis lo que hace? Niegan el Concilio. Entonces, continúan las misas de espalda al pueblo, todo en silencio, los curas con las sotanas… Bien, viene el obispo de Rutmon a hablar conmigo a pedirnos un seminario. Yo le dije que para abrir un seminario “Redemptoris Mater”, que es un seminario diocesano misionero (nosotros no somos un movimiento, por lo tanto, no tenemos curas, ni seminarios…) hace falta primero abrir el Camino. ¿Y cómo se abre el Camino? Bueno, yo te envío un equipo y tú convocas a los párrocos. Vinieron cuarenta párrocos, con el obispo presente, y diez párrocos, después de explicar qué es el Camino, empezaron el Camino Neocatecumenal. El Vicario episcopal nos dijo: “vosotros sois la última oportunidad de esta Iglesia, si fracasamos con ustedes tenemos que cerrar porque no viene nadie”. ¡Ah! Atención… Ya no viene nadie. Los que creen que hay que volver a la Iglesia  de antes del Concilio y todo eso… Hay que entender lo que dice Juan XXIII aquí: “tareas de una gravedad inmensa”. Nos encontramos en una época de masacres… Es la sociedad holandesa, tan fuerte… ¿Sabéis que han aprobado por ley la eutanasia a los 16 años? Esta madre tiene un hijo con 16 años con cáncer y lo puede matar. Está aprobado por la ley. Homosexualidad… llenos de homosexuales, todo lleno… Matrimonios de hecho… Es decir, hay una sociedad tan fuerte que no queda nadie.

 

Es una cuestión de vida o muerte llevar el Concilio a las parroquias. El Concilio ha hecho una nueva fraseología, ha hablado del cuerpo, de la Iglesia como un cuerpo. Hay que hacer comunidades cristianas donde realmente se dé el cristiano adulto. Porque si aparece un cristiano, aparece la luz. Un cristiano es la luz. La belleza de un cristiano muestra con su vida el amor que tiene Dios a todos los hombres. Porque escucha, hace la voluntad de Dios, ¿entendéis? Por eso no se trata aquí de conquistar nada, se trata de que se dé verdaderamente el milagro, que aparezca la “nueva Jerusalén” en la Iglesia. Nosotros somos una realidad que el Concilio ha suscitado, una realidad que Dios ha suscitado para llevar adelante el Concilio. Ahora han venido ciento veinte párrocos de Estados Unidos a visitar todos los Catecumenium que estamos haciendo en las parroquias de España. Estamos renovando las parroquias, preparándolas a la nueva realidad, para dar una respuesta a la sociedad secularizada. El Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, el cardenal Stafford, ha dicho, que el Papa estaba al cien por cien detrás del Camino. Porque el Papa ha visitado en Roma todas las parroquias del Camino. En algunas hay veinte comunidades, todas llenas, llenas, con los niños, porque la comunidad recupera la familia, salva la familia. Entonces, hemos abierto cincuenta y tres seminarios, miles de vocaciones, ¿De dónde? De las familias… La comunidad cristiana salva la familia… salva la familia. Tenemos familias con diez hijos, con doce hijos, con catorce hijos, familias cristianas. ¿Cómo podemos nosotros dudar de dar un hijo a Dios si un ser humano vivirá para la eternidad? Un cristiano, un ser humano que vivirá  eternamente… Yo tengo tres hijos y nada más… Que algunos curas creen que esta es la paternidad responsable: que yo decido tener dos niños… y niego a Dios un ser humano, un hijo de Dios que vivirá en la eternidad. Esto demuestra exactamente... (hombre... en las circunstancias en las que la Iglesia te dice que tienes que ser responsable...). No. Paternidad responsable significa exactamente lo contrario: darte, qué significa dar la vida a un ser humano...

Rezad por mí.  KIKO ARGÜELLO

 

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"La verdad de la belleza y la belleza de la verdad"

 

Joseph Ratzinger Cardenal - Zenit, 21.VIII.2002

 

RÍMINI, 21 agosto 2002 (ZENIT.org).- Los hombres y mujeres de hoy creerán si redescubren la auténtica belleza, afirma el cardenal Joseph Ratzinger en un mensaje hecho público este miércoles.

En el texto, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe afirma: «Para que hoy la fe pueda crecer tenemos que llevar nosotros mismos a los hombres y mujeres con que nos cruzamos a entrar en contacto con la belleza».

La misiva del purpurado alemán ha sido leída en el Meeting por la Amistad entre los Pueblos, que del 18 al 24 de agosto reúne en Rimini (Italia) a cientos de miles de personas por iniciativa del movimiento Comunión y Liberación.

Comentando el lema del encuentro --«El sentimiento de las cosas. La contemplación de la belleza»-- el cardenal Ratzinger constata que «hoy día el mensaje de la belleza es puesto en duda por el poder de la mentira, que se sirve de varios estratagemas».

«Uno de estos es el de promover una belleza que no despierta la nostalgia de lo inefable, sino que más bien promueve la voluntad de posesión». «¿Quién no reconocería, por ejemplo, en la publicidad esas imágenes que con extraordinaria habilidad están pensadas para tentar irresistiblemente al hombre a apropiarse de algo y a buscar la satisfacción del momento?». De este modo, el arte cristiano se encuentra hoy entre dos fuegos: «debe oponerse al culto de lo feo, según el cual toda belleza es un engaño, y tiene que enfrentarse a la belleza mendaz que hace al hombre más pequeño».

El cardenal citó entonces la frase de Fiódor M. Dostoievski (1821-1881) «La belleza nos salvará», en la que el escritor ruso se refiere a la belleza redentora de Jesucristo.

«Quien cree en el Dios que se manifestó precisamente en las semblanzas de Cristo crucificado como "amor hasta el final" sabe que la belleza es verdad y que la verdad es belleza, pero en el Cristo que sufre aprende también que la belleza de la verdad comprende la ofensa, el dolor, y el oscuro misterio de la muerte».

De este modo, sabe que la belleza «sólo puede ser encontrada en la aceptación del dolor y no en ignorarlo». «En todas las atrocidades de la historia, un concepto meramente armonioso de la belleza no es suficiente». «De hecho, en la pasión de Cristo la estética griega -tan digna de admiración- es superada. Desde entonces, la experiencia de la belleza ha recibido una nueva profundidad y un nuevo realismo». «Quien es la belleza misma se ha dejado golpear el rostro, escupir a la cara, coronar de espinas --la Sábana Santa de Turín puede hacernos imaginar todo esto de manera impactante--». «Pero precisamente en este rostro tan desfigurado aparece la auténtica belleza: la belleza del amor que llega "hasta el final" y que se revela más fuerte que la mentira y la violencia».«Tenemos que aprender a verlo, si somos golpeados por el dardo de su paradójica belleza, entonces le conoceremos verdaderamente».

 

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¿DIOS O EL ARTE?

 

¿Dios o el arte? ¿O Dios y el arte? He aquí una vez más el dilema definitivo con el que se enfrentarán, antes o después, el artista, el intérprete y, por supuesto, el público. Con Dios o a espaldas de Dios, una vez más.

 

Por Pablo Blanco*


La cuestión de siempre se plantea de nuevo: ¿arte solidario o solitario?, ¿Yavé o los ídolos?, ¿Dios o los dioses? Nos encontramos ante una de las ultimísimas cuestiones sobre el arte y la belleza, que no podemos obviar pues, de esta elección, depende todo, en definitiva. Sin embargo, advertimos ya de antemano que el cristianismo no propone soluciones extremas, sino que pretende unir y conciliar. Acepta todo lo bueno, bello y noble como venido de la mano de Dios. Su lógica no será la del aut aut, sino la del et et: decididamente, Dios y el arte (al igual que hemos propuesto antes arte y vida, ética y estética o arte y naturaleza).

Arte y cristianismo

Pero se podría objetar ahora: ¿por qué un Dios cristiano?, ¿no sería mejor acudir a lo que se dice sobre el arte y la belleza en otras religiones: el islamismo o el budismo, por poner un ejemplo? Podría hacerse también de este modo. Sin embargo, el motivo por el que acudimos a la religión cristiana es de orden práctico: es en este ámbito religioso donde se ha dado un mayor desarrollo del arte y un mejor aprecio hacia la belleza. Basta mirar el románico o el gótico; escuchar la música de Palestrina, Bach o Mozart; contemplar los cuadros de El Bosco, Van Dyck o Caravaggio; o leer a Cervantes, Manzoni o Dostoievski, por poner algún ejemplo. En definitiva, basta con apreciar el arte hecho por tantos cristianos en todas las artes y en casi todas las épocas.

La historia del arte ha tenido numerosos encuentros con el cristianismo, gran parte de ellos realizados con notable acierto. La fe ha sabido aliarse con el arte y encarnarse en la materia. La Iglesia primitiva acudió a las palabras y símbolos de aquel entonces para transmitir el Evangelio, creó la belleza de los himnos y decoró con profusión catacumbas y basílicas. Alguien intentó afirmar que no era bueno representar con materia a un Dios espiritual, y fue declarado hereje e iconoclasta. La Iglesia prefería seguir sirviéndose de los sonidos y las imágenes, de las palabras y la materia para transmitir la verdad que Dios había dado a conocer al mundo.

En la Edad Media, la oración se hace también música y surge entonces el canto gregoriano. La fe, el arte y la geometría construirán juntas una larga serie de catedrales por toda Europa, cuya perfección podemos admirar todavía ahora. Dante escribe en verso toda la doctrina cristiana en su Divina Comedia, y el arte sirve entre otras cosas para la gloria y el honor de Dios. En el Renacimiento y al menos en parte del Barroco este proceso alcanzará sus más altas cumbres, considerando la belleza física como un buen medio para alabar a Dios y difundir la doctrina cristiana. Praga, Roma, Toledo, Budapest, Venecia, Cracovia y tantas otras ciudades europeas y americanas están llenas de buenos ejemplos. La Iglesia seguía colaborando con el arte.

Sin embargo, según dicen los entendidos, esta santa alianza entre arte y cristianismo se irá debilitando poco a poco, sobre todo en dos frentes. El primero y más evidente será el arte sacro, que poco a poco irá perdiendo la calidad y el esplendor que se apreciaba en otras épocas. Después, los mismos artistas irán dejando por lo menos en algunos casos de ser cristianos, y esto influirá en todos los ámbitos de la actividad artística. El arte, como tantas otras realidades humanas, se ha descristianizado en gran parte.

Pero esto no debe llevar a los cristianos a la desesperanza. El mismo Juan Pablo II, avalado por su experiencia de poeta, actor y escritor de teatro, lanza un reto en su Carta a los artistas (1999) de cara al tercer milenio: «os toca a vosotros, hombres y mujeres que habéis entregado vuestra vida al arte, decir con la riqueza de vuestra genialidad que, en Cristo, el mundo ha sido redimido, redimido el cuerpo humano, redimida la creación entera». El artista puede colaborar con toda la Trinidad: continúa la Creación del Padre, redime a través de su arte con el Hijo, recibe y transmite las inspiraciones del Espíritu Santo. «La belleza salvará el mundo», concluye el Papa citando a Dostoievski. Es un buen reto para el futuro [Puede consultarse la mencionada Carta a los artistas (4 4 1999) de JUAN PABLO II, especialmente los nn. 6 12 y 14; la cita es de este último número. La novela citada de F. DOSTOIEVSKI es El idiota (III, 5). También es muy interesante la monumental obra de J. PLAZAOLA, Historia y sentido del arte cristiano, BAC, Madrid 1996].

Dios, arte, belleza

Pero «¿qué belleza salvará el mundo?», se preguntaba después un personaje ateo de esta novela. Antes de responder a esta pregunta, nos plantearemos otras más básicas: ¿qué verdades propone el cristianismo al arte?, ¿qué nos dice sobre la belleza? El mensaje cristiano contiene una información confidencial sobre todas esas realidades que sería imposible de alcanzar de otro modo, es decir, contando únicamente con las luces de la inteligencia o de la imaginación. Esta información confidencial la fe- nos habla de esos secretos de Dios desvelados a los hombres que, sin embargo, no irán en contra en ningún momento de lo que dicta el sentido común. Por tanto, la fe nos podrá dar también alguna luz acerca de lo que suponen el arte y la belleza en la vida de las personas. Será, pues, esta una estética con doble luz la de la inteligencia y la de la fe- una estética «mundana», humana y cristiana a la vez.

Por ejemplo, hemos hablado ya algo sobre la idea de Creación en el cristianismo, pero también podemos ver cuál será el influjo del concepto de Encarnación en los conceptos de arte y belleza. El hecho de que el Hijo de Dios asuma la carne humana, trabaje con unas manos como las nuestras y hable con nuestras palabras, revolucionará toda la vida humana y, por supuesto, también el arte. Es algo que nunca podría haber imaginado ningún artista o filósofo. En primer lugar, porque la materia creada por el mismo Dios será redimida y elevada también por Jesucristo, al asumirla en su persona. Por eso, un autor contemporáneo ha hablado del «materialismo cristiano» [J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Conversaciones (1968), decimosexta edición, Rialp, Madrid 1988, n. 115.]. Jesús dignifica además el trabajo manual al hacerse artesano, y no estaría de más pensar que haría bien su trabajo, que lo acabaría con perfección y belleza. Bene omnia fecit: «todo lo hizo bien», resume Marcos hablando de su vida (7,37); ¿no sería lógico pensar que también hizo todo con belleza: pulchriter omnia fecit?

Por ejemplo, se ha discutido sobre cómo sería la presencia física de Jesucristo. Algunos, para subrayar la belleza y sublimidad de la doctrina que predicó, afirmaban que «su rostro no era hermoso». Otros, por el contrario, sostienen que Él es el más perfecto entre los hombres y que, por tanto, poseería también belleza física; de hecho, los salmos lo definen como «el más hermoso entre los hijos de los hombres» (44, 3). Las multitudes y los niños se sentían atraídos por el Maestro. Podemos verle caminar por los campos y ciudades de Judea y Galilea con elegancia y buen porte. Jesús tampoco dudó en hacer uso de la poesía y las palabras de los hebreos de aquella época. No despreció nada humano y noble.

Sin embargo, también Jesucristo nos da a entender que no es esta la belleza más importante y duradera. Por eso, en la Pasión pierde toda esa belleza externa hasta el punto de que «no hay en Él parecer ni hermosura que atraiga las miradas ni belleza que agrade» (Is 53, 2). Según Lucas, Jesús habla de su Pasión antes de la Transfiguración: la manifestación de la belleza divina de Cristo viene precedida del anuncio de que va a perder toda su belleza física (9, 22 ss.).

Cuando los griegos tenaces buscadores de la belleza- van a escuchar a Cristo, Él les habla de cómo el grano de trigo ha de morir para ser fecundo, para poder tener una hermosa descendencia (Jn 21, 12 ss.). Nos está hablando, pues, de una belleza que nunca se marchita. El cristianismo habla de la dignidad de la materia y, sobre todo, de nuestro cuerpo, pues con él resucitaremos. Sin embargo, no nos podemos quedar en las bellezas de este mundo, sino que hemos de aspirar a otras mejores y más duraderas. En algunos países latinoamericanos dicen «hermoso como un cristo»: han entendido esta profunda realidad. Es esta la belleza que salvará el mundo.

También un cuento popular nos habla de la belleza de la cruz (que nada tiene que ver con el masoquismo: no es esta repetimos un placer o una belleza física que se pueda captar por los sentidos). Dice algo así: el petirrojo era un pájaro gris y vulgar, tan solo adornado con unas plumas descoloridas en sus alas y en su pecho. Un día, Papá Petirrojo se dirigía de vuelta al nido, con una miga de pan en el pico cuando, de repente, oyó un gran tumulto. Se volvió y vio a unos hombres enloquecidos que gritaban a un pobre reo de muerte. Se acercó a observar por curiosidad, y pudo apreciar en la mirada del preso perdón y súplica. A pesar de ser un pájaro, se quedó conmovido.

Ahora clavaban a ese hombre, entre las babas y los insultos de la concurrencia. El condenado a muerte dejaba hacer, mientras seguía con esa extraña mirada de perdón. Lo alzan en la cruz y comienza una lenta agonía por asfixia. El petirrojo se acercó más al reo sin saber qué hacer exactamente.

Sácame una espina escuchó de repente.

El pájaro no salía de su asombro, pues podía entender a aquel humano.

Sácame una espina repitió.

No sabía qué hacer. Se quedó quieto, miró alrededor y, al final, se decidió: soltó la miga de pan que llevaba en el pico, agarró una de las espinas con todas sus fuerzas y, con gran peligro de su vida, se la arrancó. Salió despedido por los aires y perdió el control; hizo lo que pudo: un picado y un tirabuzón y, por fin, remontó el vuelo. Soltó la espina y llegó al nido sin comida. Esto le contrarió en gran manera a Mamá Petirrojo.

Además, mira cómo te has puesto: ¡vas todo lleno de sangre!

Era verdad: en el pecho llevaba una inmensa mancha de sangre de reo. Fue volando al arroyo y allí intentó quitársela. Nada; no se iba. Volvió a intentarlo una y otra vez hasta quedar totalmente empapado. Imposible: aquella hermosa mancha roja persistía. Y así quedó el petirrojo, y con esa mancha nacieron sus hijos. Desde entonces, según cuenta la leyenda, todos los petirrojos lucen un bonito pecho colorado.

Gloria

Como se ve, en la presente teoría caben el placer, el dolor y la gloria. Estética, ascética y mística pueden darse juntas, y no será difícil pasar de la experiencia estética a la mística y a la oración, o descubrir la belleza en el dolor: en ese dolor resucitado y convertido en belleza. Es esta la belleza que salvará el mundo, decíamos, en la que cabe tanto el placer como el dolor. Pero no olvidemos que, después de la cruz, viene la resurrección, y la belleza conquistada a partir de entonces será eterna.

Jesucristo es la belleza muerta y resucitada. La luz del domingo por la mañana ilumina el terrible misterio de la cruz. El ángel que se apareció a los guardias tenía aspecto de «relámpago», «sus vestidos eran blancos como la nieve» (Mt 28, 2). Cristo emanará una luz todavía mayor: «Y la ciudad no necesitaba sol ni luna, pues la iluminaba la claridad de Dios, y su lumbrera era el Cordero» (Ap 21, 23). Es la belleza de la resurrección, la luz y el esplendor de la gloria.

También el Espíritu Santo tendrá que ver con la belleza, y no sólo porque las tres Personas de la Trinidad sean la Belleza suma. La tradición cristiana siempre ha afirmado que su presencia en nuestras almas las embellece de un modo inefable, indecible, como si de una transfiguración se tratara. La gracia es una luz que traspasa el alma y la transfigura, dándole una hermosura que jamás podría haber tenido por sí misma: una belleza que sólo puede dar Dios. Es la belleza de los santos y de sus vidas. Por el contrario, el pecado presentaría todo un mundo de fealdad y caos: «más feo que un pecado», decía mi abuela con su alta teología del pueblo.

Así, por ejemplo, la Virgen María ha sido definida de igual modo como la tota pulchra, la totalmente hermosa. Esta criatura humana tan especial ha sido también propuesta como modelo de belleza, no sólo física como se puede advertir en tantas representaciones artísticas de todas las épocas , sino sobre todo espiritual. Es un modelo de belleza femenina mucho mayor que la de todas las dianas y venus posibles. María es la obra maestra de la Creación.

«Hermoso como un ángel», dice el sentir popular. Es cierto que Lucifer era el más bello, y que después abandonó a Dios. La belleza luciferina puede ser arrebatadora. Pero también es indudable que ángeles y arcángeles, querubines y serafines, tronos y dominaciones con su belleza inmaterial constituirán en el cielo todo un espectáculo de luz y música (en la Escritura se habla también de ángeles músicos y cantores), que superarán en belleza al ex principal de los ángeles.

También las vidas de los santos nos atraen igualmente por la belleza que desprenden, y por la luz que Dios ha puesto en sus vidas. Los coros celestiales integrados por ángeles y santos cantarán «divinamente», «como los ángeles», todos a una. Aquello será la gloria, en todo su esplendor.

El cielo cristiano constituirá de este modo todo un espectáculo de belleza; y habrá en aquel momento «un nuevo cielo y una tierra nueva» infinitamente más hermosos que los de este mundo (Ap 21, 1). Nuestros cuerpos gloriosos y resucitados tras la muerte alcanzarán entonces una belleza muy superior a la que hemos tenido en vida. Por si fuera poco y a pesar de ser inimaginable, contemplaremos la mayor beldad posible: veremos a Dios, la Suma Belleza, cara a cara, por toda la eternidad. Por eso, los cristianos estamos llamados a la belleza, a la Belleza más total y absoluta.

Un enamorado de la vida que entendió esto hasta sus últimas consecuencias fue Agustín de Hipona. Artista y poeta convertido al cristianismo, se remontó de las palabras a la Palabra, y de las bellezas efímeras a la Belleza eterna. Este hallazgo le hizo escribir al final de su vida: «¡Tarde te he amado, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te he amado!». Por fin encontró esa anhelada belleza total. Más vale tarde que nunca. Nunca es tarde si la dicha es buena.

[La cita de AGUSTÍN DE HIPONA es de Las Confesiones, 10, 27, 38. También se puede ver: JUAN PABLO II, Carta a los artistas, nn, 1, 5, 10 y 14-15; H. U. VON BALTHASAR, Gloria: una estética teológica, siete tomos, Encuentro, Madrid 1985-1998; R. HARRIES, El arte y la belleza de Dios (1993), PPC, Madrid 1995; A. Ruiz RETEGUI, Pulchrum. Reflexiones sobre la belleza desde la antropología cristiana, Rialp, Madrid 1998, pp. 73-99; C. M. MARTINI, ¿Qué belleza salvará el mundo?, Verbo Divino, Estella 2000.]

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*En Pablo Blanco, Estética de bolsillo
Ediciones Palabra - Colección Albatros - Madrid 2001

 

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CRISTO, SEÑOR DEL COSMOS Y DE LA HISTORIA

 

Cristo, Señor del cosmos y de la historia Meditación sobre el cántico Colosenses 1, 3.12-20 de Juan Pablo II

 

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 5 mayo 2004 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Juan Pablo II en la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar el himno a Cristo del primer capítulo de la Carta de san Pablo a los Colosenses (versículos 3, 12-20).

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

 

1. Hemos escuchado el admirable himno cristológico de la Carta a los Colosenses. La Liturgia de las Vísperas lo presenta a los fieles en las cuatro semanas en la que se articula como un cántico, carácter que quizá tenía desde sus orígenes. De hecho, muchos estudiosos consideran que el himno podría ser la cita de un canto de las Iglesias de Asia menor, incluido por Pablo en la carta dirigida a la comunidad cristianas de Colosas, que entonces era una ciudad floreciente y populosa.

El apóstol, sin embargo, nunca viajó a este centro de la Frigia, región de la actual Turquía. La Iglesia local había sido fundada por un discípulo suyo, originario de aquellas tierras, Epafras. Éste aparece al final de la carta junto al evangelista Lucas, «el médico querido», como lo llama san Pablo (4, 14), y junto a otro personaje, Marcos, «primo de Bernabé» (4, 10), en referencia quizá al compañero de Pablo (Cf. Hechos 12, 25; 13, 5.13), que después se convertiría en evangelista.

2. Dado que tendremos la oportunidad de volver en varias ocasiones a comentar este cántico, nos contentamos ahora con ofrecer una mirada de conjunto y evocar un comentario espiritual, escrito por un famoso Padre de la Iglesia, san Juan Crisóstomo (IV sec. d.C.), famoso orador y obispo de Constantinopla. En el himno emerge la grandiosa figura de Cristo, Señor del cosmos. Al igual que la divina Sabiduría creadora exaltada por el Antiguo Testamento (Cf. por ejemplo Proverbios 8, 22-31), «él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia»; es más «todo fue creado por él y para él» (Colosenses 1, 16-17).

Por tanto, en el universo, se despliega un designio trascendente que Dios actúa a través de la obra de su Hijo. Lo proclama también el «Prólogo» del Evangelio de Juan, cuando afirma que «todo se hizo por la Palabra y sin ella no se hizo nada de cuanto existe» (Juan 1, 3). También la materia con su energía, la vida y la luz llevan la huella del Verbo de Dios, «su Hijo amado». La revelación del Nuevo Testamento ofrece una nueva luz sobre las palabras del sabio del Antiguo Testamento, quien declaraba que «de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor» (Sabiduría 13, 5).

3. El Cántico de la Carta a los Colosenses presenta otra función de Cristo: él es también el Señor de la historia de la salvación, que se manifiesta en la Iglesia (Cf. Colosenses 1, 18) y se realiza en «la sangre de su cruz» (versículo 20), manantial de paz y de armonía para toda historia humana.

Por tanto, no sólo el horizonte exterior a nuestra existencia está marcado por la presencia eficaz de Cristo, sino también la realidad más específica de la criatura humana, es decir, la historia. Ésta no está a la merced de fuerzas ciegas e irracionales, sino que, a pesar del pecado y el mal, se rige y está orientada --por obra de Cristo-- hacia la plenitud. Por medio de la Cruz de Cristo, toda la realidad está «reconciliada» con el Padre (Cf. versículo 20).

El himno traza, de este modo, un estupendo cuadro del universo y de la historia, invitándonos a la confianza. No somos una mota de polvo inútil, perdida en un espacio y en un tiempo sin sentido, sino que formamos parte de un proyecto surgido del amor del Padre.

4. Como habíamos anunciado, damos ahora la palabra a san Juan Crisóstomo para que sea él quien culmine esta reflexión. En su «Comentario a la Carta a los Colosenses» se detiene ampliamente en este cántico. Al inicio, subraya el carácter gratuito de Dios, al «compartir la suerte del pueblo santo en la luz» (v. 12). «¿Por qué la llama "suerte"?», se pregunta Crisóstomo, y responde: «Para demostrar que nadie puede conseguir el Reino con sus propias obras. También en este caso, como en la mayoría de las veces, la "suerte" tiene el sentido de "fortuna". Nadie puede tener un comportamiento capaz de merecer el Reino, sino que todo es don del Señor. Por eso dice: "Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer"» (Patrología Griega 62, 312).

Esta gratuidad benévola y poderosa vuelve a emerger más adelante, cuando leemos que por medio de Cristo se han creado todas las cosas (Cf. Colosenses 1, 16). «De él depende la sustancia de todas las cosas --explica el obispo--. No sólo las hizo pasar del no ser al ser, sino que las sigue sosteniendo de manera que si quedaran sustraídas a su providencia, perecerían y se disolverían... Dependen de él. De hecho, sólo el hecho de inclinarse hacia él es suficiente para sostenerlas y reforzarlas» (Patrología Griega 62, 319).

Con mayor motivo es signo de amor gratuito lo que Dios realiza por la Iglesia, de la que es Cabeza. En este sentido (Cf. versículo 18), Juan Crisóstomo explica: «después de haber hablado de la dignidad de Cristo, el apóstol habla también de su amor por los hombres: "Él es la cabeza de su cuerpo, que es la Iglesia", para mostrar su íntima comunión con nosotros. Quien está tan alto se unió a quienes están abajo» (Patrología Griega, 62, 320).

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, uno de los colaboradores del Papa hizo una síntesis de su intervención en castellano. Estas fueron sus palabras:]

La liturgia de Vísperas nos presenta el admirable himno cristológico de la Carta a los Colosenses, del que en esta catequesis damos una visión de conjunto. En este himno se destaca la grandiosa imagen de Cristo como Señor del cosmos, «porque por medio de él fueron creadas todas las cosas ... todo fue creado por él y para él» (v. 16-17), de lo cual se deduce que el plan de Dios se lleva a cabo por medio del Verbo.

Este himno nos presenta también otra misión de Cristo: Él es también el Señor de la historia de la salvación, que se manifiesta en la Iglesia, y que se realiza en la sangre de la cruz, fuente de paz y armonía para la humanidad. Este texto traza, pues, un cuadro estupendo del universo y de la historia, invitándonos a la confianza: no somos una mota de polvo insignificante, perdida en un espacio y en un tiempo sin sentido, sino que somos parte de un proyecto que brota del amor del Padre.

 

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El Misterio eucarístico -sacrificio, presencia, banquete- no consiente reducciones ni instrumentalizaciones; debe ser vivido en su integridad, sea durante la celebración, sea en el íntimo coloquio con Jesús apenas recibido en la comunión, sea durante la adoración eucarística fuera de la Misa. Entonces es cuando se construye firmemente la Iglesia y se expresa realmente lo que es: una, santa, católica y apostólica; pueblo, templo y familia de Dios; cuerpo y esposa de Cristo, animada por el Espíritu Santo; sacramento universal de salvación y comunión jerárquicamente estructurada.
Ecclesia de Eucharistia, n. 61

 

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El Pastor de Hermas

Mandamiento segundo
La sencillez   

27, 1. "Me dice: «Sé sencillo e inocente, y serás como los niños, que no conocen la maldad que destruye la vida de los hombres. 2. Ante todo, no murmures de nadie ni escuches al que murmura. De lo contrario, tú, al escucharle, serás reo del pecado del murmurador si te crees la murmuración que oyes. Pues, al creerla, tú mismo to enfrentas a tu hermano. De esta manera serás reo del pecado del murmurador. 3. La murmuración es perversa; es un demonio inquieto que nunca vive en paz, sino que habita siempre entre discordias. Por tanto, apártate de ella y vivirás siempre en paz con todos. 4. Revístete de santidad, en la que no hay ningún obstáculo malo, sino que todo es llano y alegre. Obra el bien, y del fruto de los trabajos que Dios te ofrece, da con sencillez a todos los necesitados, sin dudar a quién darás o a quién no. Da a todos. Pues Dios quiere que se dé a todos de sus propios dones. 5. Por tanto, los que reciban darán cuenta a Dios de por qué y para qué recibieron. Pues los que recibieron porque estaban en apuros no serán juzgados, pero los que recibieron con engaño serán castigados.6. Así pues, el que da es inocente pues, tal como había aprendido del Señor a realizar ese servicio, lo realizó con sencillez, sin analizar a quién daba o a quién no. Así pues, ese servicio realizado con sencillez fue glorioso en la presencia de Dios. Por tanto, el que sirve con sencillez vivirá para Dios. 7. Así pues, guarda este mandamiento tal como te lo he expuesto, para que tu penitencia y la de tu casa sea hallada en sencillez, y tu corazón, puro y sin mancha»."  

Mandamiento tercero
La veracidad  

28, 1. "Me dice de nuevo: «Ama la verdad, y que de tu boca salga toda verdad para que el espíritu, que Dios hizo habitar en esa carne, sea hallado verdadero delante de todos los hombres, y de esa forma sea glorificado el Señor que habita en ti.Porque el Señor es verdadero en todas sus palabras, y en Él no hay engaño ninguno. 2. Así pues, los mentirosos reniegan del Señor y defraudan al Señor pues no le devuelven el depósito que recibieron. Pues de Él recibieron un espíritu que no engaña.Si le devuelven uno embustero, violaron el mandamiento del Señor y se hicieron estafadores». 3. Cuando escuché esto, rompí a llorar con fuerza. Al ver que lloraba, me dice: «¿Por qué lloras?». Contesto: «Señor, porque no sé si podré salvarme». Dice: «¿Por qué?». Respondo: «Señor, porque en mi vida todavía no he dicho una palabra verdadera, sino que siempre conviví con todos de una manera astuta y a todos les presenté mi mentira como verdad. Y nadie me contradijo jamás, sino que se dio fe a mi palabra. Así pues, señor, ¿cómo podré vivir después de haberme comportado así?».4. Dice: «Piensas bien y con verdad. Convenía que, como siervo de Dios, hubieses caminado en la verdad, y que una conciencia mala no habitase con el espíritu de la verdad, y que no hubieses llevado la tristeza al espíritu santo y verdadero».Digo: «Señor, nunca escuché palabras tan acertadas».5. Me dice: «Así pues, ahora las escuchas. Guárdalas para que las mentiras, que dijiste antes en tus negocios, sean dignas de fe al ver que estas palabras de ahora son verdaderas.Si las guardas y desde este momento hablas toda verdad, podrás procurarte la vida. También el que escuche este mandamiento y se aparte de la perversísima mentira, vivirá para Dios."

  El Pastor de Hermas, Mand.II, 27 – Mand. III, 28.   

 

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Es evidente que una conciencia recta pide una formación constante. Por esto hay que acercarse a la palabra de Dios y a los contenidos de la moral cristiana en orden a un mayor conocimiento. La firmeza de la Iglesia en la defensa de las normas universales e inmutables está al servicio de la verdadera libertad humana, ya que Jesús dijo que "la verdad os hará libres".

 

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La Iglesia, desde el inicio, es católica,

esta es su esencia más profunda, dice Pablo.

 

El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

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