Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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El mercado del crédito - Las normas tradicionales sobre los créditos contribuyen a producir los efectos arriba mencionados. El pequeño agricultor se enfrenta a muchas dificultades para acceder a los créditos necesarios para mejorar las tecnologías de producción, para incrementar sus propiedades, para hacer frente a las adversidades, a causa del papel que tiene la tierra, considerada como un instrumento de garantía y a causa de los costes elevados que las financiaciones de importes limitados conllevan a los bancos de crédito.(11)

En las zonas rurales el mercado legal del crédito a menudo no existe. El pequeño agricultor se ve obligado a recurrir a la usura para conseguir los préstamos que necesita, exponiéndose a riesgos que le pueden llevar a la pérdida parcial o incluso total de sus tierras. En efecto, el usurero tiene generalmente el objetivo de especular con las tierras. Se rastrean así las pequeñas propiedades, aumentando el número de personas sin tierra y, al mismo tiempo se incrementa el patrimonio de los latifundistas, de los agricultores más ricos o de los comerciantes locales.

En los países pobres, en resumen, el acceso al crédito a largo plazo tiende a ser proporcional a la propiedad de los medios de producción y sobre todo de la tierra y por lo tanto se convierte en una prerrogativa de los grandes latifundistas.

 

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«Europa ha vivido y sufrido también terribles caminos equivocados. Forman parte de ellos: restricciones ideológicas de la filosofía, de la ciencia e incluso de la fe, el abuso de religión y razón con fines imperialistas, la degradación del hombre mediante un materialismo teórico y práctico y, en fin, la degradación de la tolerancia en una indiferencia privada de referencias y valores permanentes».


Ahora bien, aunque los mismos cristianos en la Historia hayan cometido abusos, esos abusos no son el cristianismo. Se llega a ser cristiano cuando se descubre en Dios la fuente de la vida y a Cristo como el único Salvador. «Esto no significa de ninguna manera que despreciemos a las otras religiones ni que seamos soberbios de pensamiento». Y no duda el Papa en afirmar: «Necesitamos la verdad... Pero tenemos miedo de que la fe en la verdad comporte intolerancia». Por eso, «si este miedo, que tiene sus buenas razones históricas, nos asalta, es tiempo de contemplar a Jesús» hecho niño.
Y al contemplarle -dijo-, se puede descubrir que «la verdad no se afirma mediante un poder externo, sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera». Viena. 07/09-IX.2007- Benedicto PP. XVI. Obispo de Roma

 

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Los bancos, el Corán y la gran

hipocresía de los intereses

 

En teoría, según el Corán, está prohibido prestar dinero recibiendo a cambio un interés. Sin embargo, los países musulmanes están llenos de grandes bancos que se basan por definición en el crecimiento del capital. ¿Cómo se explica esta contradicción que no crea problemas de conciencia entre los islámicos?

 

Vittorio MESSORI


De las lecturas cotidianas de libros y periódicos extraigo apuntes y fichas que voy metiendo en alguna carpeta. De vez en cuando (aunque no me ocurría desde hacía bastante tiempo), aprovecho ese material para un artículo con una serie de apuntes rápidos sobre diversos temas, que resulta menos aburrido, quizá, para el lector. 


   Encuentro, por ejemplo, algún recorte sobre el islam. O aquel que tomé de un periódico económico sobre el país que nosotros, lectores de Salgari, llamamos Malasia, y que ahora tiene el nombre de Malaysia. Por aquellos lugares aún está vigente la sharia, la ley civil basada en el Corán, y así, el sistema económico debe rendir cuentas con el hecho de que por aquel sagrado texto se puede prestar dinero, pero no se puede recibir un interés. Como buena parte de las prescripciones coránicas, también ésta reflexiona sobre las condiciones de una antigua sociedad de nómadas, donde la rudimentaria economía no preveía la circulación del dinero, o la registraba de una manera reducidísima.

 

 

Una gigantesca hipocresía

De este modo, en los países islámicos que quieren conformarse con la palabra de Alá, transmitida por Mahoma, no deberían existir los bancos, basados por definición en el crédito y el débito, y por tanto en el crecimiento del capital. Todos saben, en cambio, que el mundo musulmán es una gran potencia financiera, con bancos y aseguradoras entre las más poderosas y ricas del mundo. A esto se ha llegado por un sistema basado en una gigantesca hipocresía. La palabra puede sonar desagradable, pero corresponde a la realidad. 


   Muchos son los sistemas para fingir que se respeta el Corán y al mismo tiempo respetar las leyes del provecho. Hay bancos árabes, por ejemplo, en los que se invierten millones de dólares y cuyos propietarios no reciben, oficialmente, ningún interés. Cada año, en cambio, la institución otorga, curiosamente, una serie de «regalos» a sus clientes: es decir, los intereses se entregan bajo la apariencia de regalos. Naturalmente, para evitar sorpresas por parte de los bancos, la entidad de aquellos «regalos» está establecida por contrato. Así, la ganancia es la misma que obtendrían los «infieles» como los cristianos o los hebreos, pero la letra de la ley musulmana es respetada. Leo ahora en el mismo diario económico que el Gobierno malasio ha bajado directamente al campo y con la ayuda de expertos financieros americanos ha creado un nuevo sistema. Un ingenio mercantil bastante complejo, a través del cual, en síntesis, el Gobierno cede terrenos y bienes inmuebles a sociedades que él mismo ha creado, y en las cuales invierten capitalistas internacionales o islámicos. Al final, todos recibirán intereses, pero formalmente, son «alquileres», reconocidos como no pecaminosos por los teólogos.


   Todo esto no crea ningún problema de conciencia entre los musulmanes. En efecto ¬con todo el respeto ecuménico, obviamente¬ quien conoce aunque solo sea un poco el islamismo sabe que la suya es, sustancialmente, una legalidad donde lo que importa es que ciertas acciones se cumplan y que otras sean evitadas, sin hacerse preguntas acerca de la actitud interior. Aquella que no- sotros llamamos «vida interior» se encuentra abatida, como demuestra la persecución al sufismo. Así, entre otras cosas, cada musulmán observante rechazará con desdén beber vino, pero beberá cerveza a discreción, aunque ésta tenga una mayor tasa de alcohol que el vino. En efecto, una antigua fatwa, es decir, una sentencia teológica, ha establecido que, de una vez por todas, la cerveza no esté entre las «bebidas que emborrachan» que el Corán condena, y por tanto el fiel puede consumirla a placer.

 

 

La Europa anticlerical

Siguiendo con el tema, hay un filósofo marxista, (o postmarxista, que lo mismo da) que tiene un nombre curioso: Giacomo Marramao. Entrevistado por el periódico italiano «Il Manifesto» sobre la actual agresividad musulmana, ha dicho textualmente: «No olvidemos que la ferocidad del islam ha nacido como reacción a las cruzadas».


   Siempre es peligroso, para quien no es historiador, aventurarse en campos que no son el suyo. Si este filósofo le hubiera echado un vistazo, por ejemplo, a las múltiples obras de un católico, quizá no muy filoislámico, pero si histórico, auténtico y propio de aquel periodo, como es Franco Cardini, se habría enterado de que las cruzadas fueron recibidas por el mundo musulmán de la época como poco más que un pinchazo de aguja. Un conflicto local, considerado por los islámicos como legítimo, y en absoluto «escandaloso»: escandaloso, acaso, sería que los cristianos no intentasen recuperar el sepulcro de su profeta.


   El «descubrimiento» de las cruzadas, olvidadas desde hacía tiempo, ocurre cuando el mundo árabe entre 1800 y 1900 entra en contacto con la Europa intelectual, secularizada y anticlerical, que ha construido con fines propagandísticos antieclesiales el mito del cruzado como fanático y sanguinario invasor. Fueron los «comecuras» franceses, ingleses y alemanes los que «enseñaron» a los musulmanes que debían indignarse por todo lo que les habían hecho unos cuantos siglos antes aquellos malvados católicos. A atizar el odio contribuyeron también los colonizadores y misioneros protestantes, siempre buscando motivos para demonizar aquella «nueva Babilonia» que para ellos era la Roma de los papas.


   El rencor por las cruzadas, nacido artificialmente, explotó después de manera irrefrenable con la creación del Estado de Israel: los hebreos europeos en Palestina fueron definidos enseguida como «nuevos cruzados» que había que echar a los leones. Así, paradójicamente, el odio antihebreo revigorizó el odio anticristiano.


   Además, al profesor entrevistado le recordamos que el Papa Urbano II ordenó la primera cruzada en 1095. Entre otros muchos datos anteriores, se podría mencionar el año 846, cuando un cuerpo de expedicionarios musulmanes desembarca en las hoces del Tíber y lo remonta, masacrando todo y a todos, y saquea después la basílica de San Pedro y otras importantes iglesias romanas. O también, podemos recordar la fecha del 883 año en el que otra serie de bandas con la bandera verde del Profeta atacaron y destruyeron el monasterio de Montecassino, donde descansan los restos de quien sería proclamado patrón de Europa. Solo dos fechas, entre otras muchas que se podrían añadir, empezando obviamente por la expansión violenta que siguió a la muerte de Mahoma.

 

El odio a Occidente

Por decirlo muy claro, aunque sea «políticamente incorrecto»: el Occidente moderno no solo ha dado al mundo islámico elementos de su propaganda anticatólica que han terminado por transformarse en odio al propio Occidente, sino también buenos motivos para el desprecio moral.


   Vale la pena, ya que estamos, retormar estas líneas aparecidas en el diario «Avvenire» el año pasado. Titular del periódico: «En camino hacia la Meca, peregrinos enfurecidos por el retraso matan al ministro afgano de Transportes. Tras el linchamiento en el aeropuerto, finalmente despegaron hacia la Ciudad Santa». Lo lees, y por momentos intentas imaginar algo así: «Peregrinos en camino hacia Lourdes matan al piloto porque se retrasaba la salida del vuelo. Después cambian de avión y siguien con la peregrinación». ¿Es posible lo segundo que ha leído?
Pues lo primero, en cualquier caso, es real.

 

2004-01-07

 

 

 

 

No se aplaca el debate sobre el significado de las Cruzadas. También porque la distancia de final de milenio entre el Occidente y el Islam evoca escenarios sugestivos.

 

Según el conocido escritor católico Vittorio Messori, sobre las Cruzadas ha sido contruida por los iluministas una «leyenda negra» «como arma de la guerra psicológica contra la Iglesia romana». Messori ha escrito en el «Corriere della Sera», el principal diario italiano, que «es, en efecto, en el siglo XVIII europeo cuando, completando la obra de la Reforma, se establece el rosario de las "infamias romanas", convertido en canónico».

 

«Por lo que se refiere a las Cruzadas, la propaganda anticatólica inventó incluso el nombre: igual que el término Edad Media, elegido por la historiografía "iluminada" para indicar el paréntesis de oscuridad y fanatismo entre los esplendores de la Antigüedad y los del Renacimiento. Por descontado que quienes, hace novecientos años, asaltaron Jerusalén, se habrían sorprendido bastante si alguno les hubiera dicho que estaban realizando lo que se llamaría "primera Cruzada". Aquello para ellos era itinerario, "peregrinación", recorrido, pasaje. Aquellos mismos «peregrinos armados» se habrían sorprendio aún más si hubieran previsto que les sería atribuida la intención de convertir a los "infieles" o de asegurar vías comerciales a Occidente o de crear "colonias" europeas en Medio Oriente...».

 

Messori revela que, lamentablemente, «en Occidente, la oscura invención "cruzada" ha acabado por apresar en el sentimiento de culpa a algunos hombres de la misma Iglesia, que no conocen como sucedieron de verdad las cosas». Además, explica Messori, «en Oriente, la leyenda se ha vuelto contra el entero Occidente: pagamos todos --y pagaremos todavía más-- las consecuencias, con el deseo de revancha de las multitudes musulmanas que piden venganza contra el «Gran Satanás». Que no es sólo Estados Unidos, sino la entera cristiandad; aquella, justo, de las "Cruzadas": ¿No son quizá los occidentales mismos quienes insisten en decir que ha sido una terrible, imperdonable agresión contra los píos, devotos, mansos seguidores del Corán?».

 

«Y sin embargo --revela el conocido escritor-- hay una pregunta que deberemos hacernos: en el marco más que milenario de las relaciones entre Cristiandad e Islam, ¿quién fue el agredido y quién el agresor? Cuando, en el 638, el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era ya desde hacía más de tres siglos cristiana. Poco después, los seguidores del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias primero de Egipto y luego del norte de Africa, llevando a la extinción del cristianismo en los lugares que habían tenido obispos como San Agustín. Toca luego a España, a Sicilia, a Grecia, a la que luego se llamará Turquía y donde las comunidades fundadas por San Pablo mismo se convierten en cúmulos de ruinas. En 1453, tras siete siglos de asedio, capitula y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El rodillo islámico alcanza los Balcanes, y como por milagro es detenido y obligado a retroceder ante los muros de Viena. Si se execra justamente la masacre de Jerusalén en el 1099, no se debe olvidar a Mahoma II en 1480 en Otranto, simple ejemplo de un cortejo sangriento de sufrimientos».

 

Messori concluye su reflexión haciendo algunas preguntas: «Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está dividido en "territorio del Islam" y "territorio de la guerra", esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».

 

«Un simple repaso a la historia --escribe Messori-- incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en Africa, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo). Admitido --y probablemnte no concedido-- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo de las Cruzadas?».

 

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"Obligaremos al hombre a ser feliz", gritaban los bolcheviques de octubre 1917

"Obligaremos al hombre a ser justo", parece repetir aún el nacional- socialismo “Obligaremos al hombre a ser mahometano”, imponen a espada los islamistas

Obligaremos al hombre a ser puro, exento de maldad” braman las sectas

Obligaremos al hombre obedecer a nuestro orden” vocean los relativistas 2007

 

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El fundador y primer ideólogo de Al Qaida, Abdalá Azzan, muerto durante el conflicto afgano (2004), estableció el principio de que, cuando un país musulmán está ocupado, la ley islámica impone a todos los creyentes en el mundo la obligación de trabajar para liberarlo. Para el integrismo islámico, Chechenia, como Iraq, (España incluida), se considera territorio ocupado por los infieles y, por lo tanto, no pueden ser objeto de negociación política o pacto alguno. Donde están los mahometanos no hay espacio para los demás seres humanos; una forma patética de la más rancia xenofobia comunista-nazista. El odio, la repugnancia y la hostilidad hacia las otras creencias es en el islam, norma. 2007.

 

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«Cristo sigue resucitando:
Cada vez que nos queremos,
cada vez que abrimos y ofrecemos nuestras manos,
cada vez que compartimos con el otro,
cada vez que nos superamos,
cada vez que cargamos con el prójimo,
cada vez que perdonamos,
cada vez que damos lo que tenemos,
cada vez que ofrecemos lo que somos,
cada vez que creamos y engendramos,
cada vez que rompemos ataduras,
cada vez que sembramos alegría,
cada vez que cultivamos esperanza,
cada vez que hacemos comunión, familia,
cada vez que nos hacemos como niños,
cada vez que en amor
florecen nuestras manos,
cada vez que oramos en Espíritu
y en Espíritu gritamos.


Dios nos trae la Pascua, no nos hace la pascua. En estas horas luminosas y alegres, tanto como oscuras y tristes, cuando Occidente parece que ha renunciado a sus raíces cristianas, sintiéndose orgulloso de su progreso material y creyéndose autosuficiente, da la espalda a la Vida y a la Salvación. Pero sin Él, sin nuestro Padre-Dios, Creador, la criatura se diluye. Por eso, en esta Pascua, tan llena de significado para el pueblo español, se nos pide, más que en otros momentos, perseguir ideales altos, muy altos, humanizadores y humanizantes. ¡Cuántos más, mejor! Y es tarea del cristiano intentarlo, ser la sal y fermento en el silencio, y compromiso en la vida diaria; así hacemos patente y presente la Pascua, así nos parecemos más a Cristo.

 

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‘Donde no hay Dios, despunta el infierno, y el infierno persiste sencillamente a través de la ausencia de Dios’. Cardenal de la Iglesia Católica + J. Ratzinger.

 

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Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

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POR QUÉ SOY CATÓLICO – 4ª

 

La Única Iglesia de Jesucristo

 

Que Jesucristo haya fundado una Iglesia, y solamente una, es una verdad que se encuentra clarísimamente expresada en los Santos Evangelios. Todas las veces que Jesús se refirió a su Iglesia, usó el singular. "Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia " (Mt. 16,18; "quien no oye a la Iglesia, tenle como por gentil y publicano " (Mt. 18,17), o sea, pecador público.

También los otros libros del Nuevo Testamento usan solamente el singular. Así, San Pablo habla varias veces del "Cuerpo de Cristo que es la Iglesia " (Col. 1,24; 1, 18; de la Iglesia como siendo "La Iglesia del Dios Vivo " (I Tim. 3,15); y de que "La Iglesia es amada por Cristo " como Esposa (Ef 5,25 y 29). El uso del plural se encuentra únicamente en las Epístolas, y designa "las iglesias" como comunidades locales.

Además, al decir la Biblia que "hay un solo Señor una sola fe, y un solo bautismo" (Ef. 4,5), pone de manifiesto que una sola es la religión y una sola la Iglesia fundada por este único Dios y Señor. Y el que se niegue a reconocerla y a adherirse a ella ciertamente no se salvará, porque la Iglesia de Cristo es necesaria para la salvación, como lo veremos más detenidamente en otra oportunidad.

Que esta única Iglesia de Cristo sea la Iglesia Católica, es un hecho bíblica e históricamente comprobado:

porque Jesús mismo garantizó que su Iglesia duraría siempre "todos los días hasta el fin de los siglos " (Mt. 28,20) y que las fuerzas infernales del demonio con sus seguidores y sus errores no podrían jamás vencerla: "Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella " (Mt. 16,18.

Que es históricamente la única Iglesia que viene de los Apóstoles, los cuales, como san Pedro, fueron constituidos sus ´fundamentos visibles " (Ef. 2,20), mientras Cristo es y será para siempre su ´fundamento principal e invisible " en la gloria.

La Iglesia Católica es por lo tanto "Apostólica". Son los Apóstoles quienes la establecieron por todas partes, conforme a la orden y misión que habían recibido de Nuestro Señor: "Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura; ... a todas las naciones " (Mc. 16,15; Mt. 28,18) .

De modo que la Iglesia es la continuadora de la obra salvífica de Cristo en el mundo, para todos los tiempos hasta el fin de los siglos (Mt. 28,20). Y esta misión divina, la Iglesia la ha cumplido fielmente a pesar de la guerra sin cuartel que le hace el demonio y sus aliados, promoviendo constantemente herejías, sectas y falsas religiones que se oponen a la Iglesia.

De hecho desde el siglo XVI (152l), por medio de Martín Lutero y de otros herejes,(*) empezó la fundación y acción nefasta de innumerables falsas religiones y sectas. Sus miembros suelen presentarse como "cristianos reformados", "creyentes" o "evangélicos". Y con estas etiquetas han conseguido desviar a muchos desprevenidos de la verdadera fe y de la verdadera Iglesia de Jesucristo, para lanzarlos por los caminos oscuros de los errores y herejías. Y así confunden a numerosísimas almas, privándolas de la verdadera doctrina del Evangelio de Jesucristo.

Ahora bien, cuando comenzó esta manía de inventar nuevas iglesias, la Iglesia Católica tenía ya quince siglos de existencia, durante los cuales cumplió siempre fielmente la misión a ella encomendada por Nuestro Señor. Ya había vencido las crueles persecuciones de los emperadores paganos durante los tres primeros siglos de la era cristiana. Ya había convertido a los pueblos del inmenso imperio romano durante los siglos III‑V Ya había evangelizado y civilizado a los pueblos bárbaros que invadieron Europa en los siglos IV - VI. Ya había por fin superado los múltiples ataques de los herejes, y conservado intacto el "depósito de la fe" que recibiera de su Divino Fundador, y cuya guardia y transmisión se le había encomendado (I Tim. 6,20; 2Tim. 1, 14; Mt. 20,28) .

Por lo tanto, solamente la Iglesia Católica es verdaderamente Apostólica y Evangélica, es decir tiene su origen en el Evangelio de Jesucristo y en los escritos de los Apóstoles. Fue llamada "católica" desde fines del siglo I (termino que significa universal), porque se esparció rápidamente por todos los pueblos; y también porque está destinada a la salvación de todos los pueblos en el mundo entero. Se la llama también "romana" por haberse establecido en Roma la sede de la Iglesia desde el mismo san Pedro, el cual fue martirizado en esta ciudad en el año 67, durante la persecución de Nerón. Este título es por lo tanto histórico y secundario.

Solamente ella posee la "sucesión apostólica", o sea la transmisión nunca interrumpida de la misión y poderes que Cristo comunicó a sus apóstoles, y estos a sus sucesores: a Matías (Hechos 1,20‑26), a Pablo y Bernabé (Hechos 13,2‑3). San Pablo a su vez los transmitió a Timoteo (2 Tim. 1,6), y a Tito (Tit. 1,5), y ellos a otros (I Tim. 5,22 ; Tit. 1,5). Y así se realizó y se sigue realizando la perpetuidad garantizada y prometida por Jesucristo a su Iglesia hasta la consumación de los siglos (Mt. 28,20). Y esta realidad sobrenatural permanece siempre en la Iglesia Católica a través de la sagrada jerarquía, a pesar de las flaquezas humanas de sus representantes.

Esta verdad irrefutable brilla por lo tanto con plena luz: solo la Iglesia Católica es la "Iglesia del Dios vivo, columna "fundamento de la verdad" (I Tim.3,15); solo ella es la esposa mística de Cristo, "santa e inmaculada en sí misma (Ef 5,27); santa en su constitución divina; santa en su doctrina (fe y moral); santa en sus sacramentos que son los canales de la gracia; santa sobre todo porque Cristo mismo es su cabeza y el Espíritu Santo el alma que la vivifica; y santa también porque siempre produjo santos, a pesar de la presencia de malos cristianos entre sus miembros (cf. la parábola de la cizaña y del trigo, Mt. 13,25).

Solo en el Cielo la Iglesia de Cristo está compuesta únicamente de santos (Mt. 25, 31‑34).

Pero la Iglesia Católica no es solamente única, sino que es también una en su constitución interna: solamente ella posee la unidad de fe y de moral, así como la unidad de culto y de disciplina. Y lo que hace posible esta admirable unidad y conservación de la Iglesia a través de tantos siglos es la gracia de Dios, fruto de la redención de Cristo, comunicada cada día a los miembros de la Iglesia por medio de los sacramentos.

De modo que después de haberlo considerado todo con atención, deberemos rendirnos ante esta evidencia: solamente en la Iglesia Católica se verifican las notas características de la verdadera Iglesia: unidad, santidad, catolicidad, apostolicidad, y también esta quinta nota histórica y accidental: romanidad. Por lo tanto, solamente la Iglesia Católica es la verdadera Iglesia de Cristo. Todas las otras son sectas cismáticas o heréticas, es decir en realidad horribles caricaturas de ella, cualquiera sea el nombre que se atribuyan: protestantes, evangélicos, testigos de Jehová, mormones, iglesia de Jesucristo, adventistas, pentecostales, bautistas, luz del mundo, etc. En las próximas ediciones de esta revista, responderemos con claridad, con la ayuda de Dios, a las principales objeciones y acusaciones que todos ellos suelen lanzar contra la Iglesia.


¿Qué Piensan los Santos?

"No tendrá parte en las recompensas de Cristo, aquel que abandona la Iglesia de Cristo. No puede tener a Dios como Padre, aquel que no tiene a la Iglesia como Madre" (San Cipriano, sigloIII) "De la Unidad de la Iglesia", Migne Pl. 4, col. 518-520

"Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios" (San Ireneo, años 180-190)

"Lo que me conserva en la Iglesia Católica, dice San Agustín,es la sucesión de los Obispos, desde San Pedro hasta el que ocupa su trono. ¿Qué otra sociedad puede presentar una sucesión tan clara y tan admirable" (San Agustín, hacia el año 400)

 

Si Quieres Conocer la Verdad, eh aquí un escrito!

 

Un texto de San Ireneo (siglo II)

 

"Si quieres conocer la verdad, considera en toda la Iglesia la Tradición de los apóstoles que se han manifestado en el mundo entero. Y nosotros podemos enumerar a aquellos que los apóstoles han instituido como obispos en las Iglesias, y a sus sucesores hasta nuestros días...

 

"Es en esta jerarquía y en esta sucesión (episcopal) que la Tradición apostólica y la predicación de la verdad han llegado hasta nosotros. Y esto nos demuestra de modo terminante que la fe verdadera por la cual se llega a la vida eterna es una solamente y permanece siempre la misma. Ella se ha conservado hasta nuestros días y se ha transmitido en la verdad...

 

"SI los apóstoles no nos hubieran dejado ninguna escritura, ¿acaso no deberíamos seguir la doctrina de la Tradición que transmitieron a sus sucesores? es justamente lo que hicieron muchos pueblos bárbaros que ahora creen en Cristo. Poseen la ciencia de la salvación escrita sin tinta ni papel por el Espíritu Santo en sus corazones (2 Cor. 3,3), y guardan con cuidado la tradición antigua... Los que se han convertido así a la verdadera fe, aunque sean bárbaros con respecto al lenguaje (porque no saben leer ni escribir), en realidad por su pensamiento, por sus costumbres y por su manera de vivir alcanzaron mediante la luz de la fe la más alta sabiduría".

 

En el mismo sentido se expresaba Lactancio: "Sólo la Iglesia católica es la que conserva el culto verdadero. Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios; quienquiera que en él no entre o de él salga, perdido ha la esperanza de vida y de salvación. Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones. Lo que aquí se ventila es la vida y la salvación; la cual se perderá y se extinguirá si no se obra con diligente cautela".

 

(Citado por el Papa Pío XI en su encíclica "Mortalium Animos" acerca de cómo se ha de fomentar la verdad de la unidad religiosa, 6 de enero de 1928 .

Fuente: PATRIARCA - 2003-07.07

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

“En la grandeza y hermosura de las criaturas, proporcionalmente se puede contemplar a su Hacedor original… Y si se admiraron del poder y de la fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su plasmador...; si fueron seducidos por su hermosura, ... debieron conocer cuánto mejor es el Señor de ellos, pues es el autor de la belleza quien hizo todas estas cosas”.

 

La fe es como una noche, una noche oscura, diseminada de estrellas. En efecto, San Juan de la Cruz - aquél gran místico de la cristiandad - justamente hablaba de la noche oscura de la fe en la vida espiritual. ¿No es verdad, sin embargo, que durante la noche se ve mucho más? Durante el día, es verdad, vemos con claridad, con más precisión (hasta podemos tocar las cosas, medirlas), a pesar de esto, vemos poco porque vemos lo que nos circunda ya que nuestro campo visivo es muy limitado. Durante la noche, también es verdad que vemos con menos claridad, sin precisión, sin embargo, podemos ver más plenamente, vemos más lejos y podemos ver las lejanas estrellas que están a miles de años luz, así podemos ver nuestra pequeña vida en el contexto del inmenso universo, en el contexto de la totalidad de la creación.

 

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Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

Por la gracia de Dios, en el año del Señor 2007: Anno Domini

"In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

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La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo - «Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicara los otros la amistad con Él» (Benedicto XVI,).

Dar razón de la belleza de Cristo en los escenarios del mundo contemporáneo.

2000 años en que la Iglesia-cuna de Cristo, muestra su belleza al mundo.

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 “El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).