Wednesday 16 April 2014 | Actualizada : 2014-04-12
 
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La revelación del misterio escondido desde antes de la creación del mundo - 
     Pongamos atención en las palabras que Jesús dirige a su Padre hablando de nosotros: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos.(Lc 10,21) En efecto, Dios Padre nos ha revelado el misterio, escondido desde antes de la creación en el silencio de Dios, el misterio del Hijo único, hecho hombre, el misterio conocido desde antes de la creación del mundo y revelado en la plenitud del tiempo. San Pablo dice, en efecto: “A mí, el más insignificante de todos los creyentes, se me ha concedido este don de anunciar a las naciones la insondable riqueza de Cristo, y de mostrar a todos cómo se cumple este misterioso plan, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todas las cosas.” (Ef 3, 8-9)

 


      Este gran e insondable misterio de Nuestro Señor quedaba escondido en la mente del Padre desde antes de la creación del mundo. Con todo, nosotros hemos sido conocidos desde antes de la creación y predestinados a ser hijos adoptivos en el Hijo. San Pablo nos lo enseña cuando escribe: “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que desde lo alto del cielo nos ha bendecido por medio de Cristo con toda clase de bienes espirituales. El nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos su pueblo y nos mantuviéramos sin mancha en su presencia. Llevado de su amor, él nos destinó de antemano, conforme al beneplácito de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo.” (Ef 1,3-5) El Padre nos ha revelado, pues, a nosotros los pequeños, el misterio callado y escondido de todos los tiempos....”A vosotros, os es dado conocer los misterios del reino de los cielos,” (Lc 8,10), a vosotros que habéis creído, que habéis conocido la revelación de Cristo, que entendéis la Ley en su sentido espiritual, que sois aptos para comprender las profecías, que confesáis que Cristo es Dios e Hijo de Dios, vosotros a quien Dios en su beneplácito ha revelado el misterio de su Hijo.

San Cirilo de Alejandría (380-444) obispo y doctor de la Iglesia Católica
Homilía 65 sobre el evangelio de Lucas

 

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Adán y Eva, de Alberto Durero

 

Edén. (Del hebr. ‘?den, delicia).1. m. Paraíso terrenal, morada del primer hombre antes de su desobediencia.

 

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Concordancia del Génesis con la ciencia moderna

 

 

Adán Eva y el hombre prehistórico

 

Por Mariano Delgado
Doctor en Biología y en Teología.

INDICE:

Introducción

1. Las bases del Magisterio
2. El Universo en la narración Bíblica
3. Parecidos y diferencias del relato del Génesis con los mitos de los pueblos vecinos
4. El significado de los primeros capítulos del Génesis
5. Adán y Eva y sus hijos
6. Historia y prehistoria.. Los datos fósiles
7. Los datos de la biología molecular
8. Cuándo apareció Adán

INTRODUCCIÓN

He podido comprobar, en los años que llevo en la docencia, que los alumnos adolescentes se plantean muchas dudas sobre cómo compaginar lo que aprenden en las clases de Religión sobre la Creación, y lo que les explican en Ciencias Naturales, sobre todo en lo que se refiere al origen y prehistoria del hombre.

A pesar de que la solución a estos problemas ha sido clarificada hace ya mucho tiempo por el Magisterio de la Iglesia, que es quien interpreta auténticamente las Sagradas Escrituras, sus enseñanzas no han llegado al gran público, y los alumnos no encuentran respuestas claras de sus padres o profesores.

Por mi condición de biólogo y por haber estudiado en mi doctorado en Teología las relaciones entre ciencia y fe, con frecuencia me preguntan sobre estos temas profesores y alumnos. Son habituales preguntas como las siguientes: "Es verdad lo que dice el Génesis?", "De dónde salieron nuestros Primeros Padres?", "Cómo es posible que Caín fuera agricultor y Abel ganadero, si durante mucho tiempo el hombre prehistórico no conoció ni la agricultura ni la ganadería?"...

Muchas veces me han pedido también bibliografía pero, aunque hay mucha, no conozco ninguna publicación donde se encuentren respuestas a todas éstas preguntas reunidas y explicadas al alcance de todos.
Por eso me he decidido a escribir este folleto, dirigido principalmente a padres y educadores, que intenta aclarar lo esencial y, después, un libro para los que quieran profundizar más en aspectos propiamente científicos y filosóficos, y en algunas consecuencias teológicas.

 

 

1. LAS BASES DEL MAGISTERIO

Los últimos papas han hablado con frecuencia sobre el significado de los primeros capítulos del Génesis, pero el documento fundamental, donde se resuelve la cuestión que nos ocupa -el origen del hombre-, es la Carta Encíclica de Pío XII Humani Géneris (12 de agosto de 1950). En ella hay dos proposiciones fundamentales en los números 29 y 30.

En el número 29 se lee: "(...) El magisterio de la Iglesia no prohíbe que -según el estado actual de las ciencias y de la teología- en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes en ambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente -pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios (...)".

El número 30 aborda la doctrina cristiana del monogenismo: "(...) los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un sólo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio".

En resumen:

1. En el origen del hombre, el cuerpo humano no tiene que haber sido creado inmediatamente por Dios pero sí su alma -al igual que ocurre en el momento de la concepción de cualquier hombre-.

2. Toda la humanidad procede de un sólo hombre -"protoparente"-, que en la Sagrada Escritura se llama Adán, y esta verdad se desprende directamente de la doctrina de la Iglesia sobre el Pecado Original, cometido personalmente por un hombre y heredado por todos sus descendientes.

Salta, pues, a la vista que la Iglesia no interpreta la narración del Génesis en sentido literal, sino que, basándose en el conjunto de la Revelación y en la autoridad dada por Dios al Magisterio, extrae las verdades que Dios nos ha querido dar a conocer a través de la narración del autor sagrado.

Llegados a este punto, es interesante detenerse a considerar en su conjunto el relato de la Creación, para clarificar el significado perenne que subyace en su primitivo género literario.





2. EL UNIVERSO EN LA NARRACION BIBLICA

El autor sagrado nos narra la Creación de un mundo tal como se concebía en aquella época: de acuerdo con la "ciencia" del momento.

Su concepción se puede resumir del siguiente modo: el universo está formado por una cúpula resistente y firme -firmamento-, apoyado en grandes montañas que se encuentran en los confines de la tierra -los "fundamentos"-. Toda la tierra está rodeada por "las aguas", el firmamento hace que haya tierra seca, separa las "aguas superiores" de las "aguas inferiores"; éstas últimas afloran a la tierra en los mares y ríos.

El sol, la luna y las estrellas son seres móviles -más perfectos, para su mentalidad, que las plantas que carecen de movimiento-. La lluvia caía cuando se abrían unas compuertas situadas en el firmamento, dando así entrada a las aguas superiores.

Esta visión, por supuesto, no era sólo la del Pueblo de Israel, sino la de todas las culturas relacionadas con él: ejipcios, babilonios, cananeos, fenicios, etc.

Hoy en día, aunque el avance de la ciencia nos haya dado otra visión del universo, podemos entender, conociendo la mentalidad del escritor, las verdades esenciales que se nos enseñan en el relato del Génesis; narradas en un estilo literario y con una visión del mundo necesarios para que también las comprendieran los hombres de aquellas épocas.

Hay que tener en cuenta que esta forma de interpretación es ya muy antigua, si bien sólo se ha generalizado en los dos últimos siglos. Al fin y al cabo, para la salvación del hombre, es accidental que el firmamento esté constituido por una rígida cúpula o por millones de estrellas y galaxias.

Para ver, pues, qué es lo esencial nos fijaremos primero en las diferencias existentes entre la concepción del Pueblo Elegido, inspirada por Dios, y las de sus pueblos vecinos.

 


3. PARECIDOS Y DIFERENCIAS DEL RELATO DEL GENESIS CON LOS MITOS DE LOS PUEBLOS VECINOS.

Hay una cuestión que sorprende a los historiadores: la concepción del mundo y de la creación es similar en todos los mitos pertenecientes a las culturas que rodeaban al Pueblo de Israel. Sus relatos tienen muchas coincidencias, en la forma, con el del Génesis; podemos decir que convienen en la "materialidad del relato", pero se diferencian en las cuestiones religiosas fundamentales. La concepción de Israel es mucho más profunda y original a pesar de ser culturalmente menos avanzado, por ser un pueblo más reciente.

En los otros relatos se habla siempre de un caos preexistente a todo, donde va formándose el primer dios, del cual derivan los otros dioses o semidioses (el sol, la luna, la tierra, los elementos, las estrellas, etc.), dioses que tienen limitaciones, no son todopoderosos, tienen que luchar para vencer. En cambio en el Antiguo Testamento se nos muestra un Dios que existe antes que todo, un Dios personal, que crea libremente el mundo, un mundo distinto de El y que antes no existía, que no es una emanación suya.

El verbo "crear" -en hebreo "bará"- es utilizado en la Biblia como una acción exclusivamente divina: "sacar algo de la nada", noción que no existe en las culturas vecinas: "A esta noción -creación de la nada-, no había llegado nadie, ni siquiera la sabiduría griega precristiana. Y continúa siendo un misterio incluso para la cultura de nuestros días".

Una vez creado por Dios, el mundo comienza siendo un caos, pero el orden no va saliendo del propio caos, como en los mitos vecinos, sino que es el mismo Dios, personal y transcendente, el que lo va ordenando con la fuerza de su palabra.

En los relatos míticos va apareciendo un inestable orden, como resultado de las victorias de unos dioses sobre otros. El Dios del pueblo hebreo es Todopoderoso, nada se le puede enfrentar porque todo ha sido hecho por El: no existe ninguna fuerza que se oponga a Dios, o que Dios tenga que vencer.

Llegados a este punto, estamos ya en condiciones de abordar el mensaje esencial y permanente que se nos transmite en el relato del Génesis.

4. EL SIGNIFICADO DE LOS PRIMEROS CAPITULOS DEL GENESIS.

Como ya hemos visto, lo primero que se nos enseña es la existencia de un Dios personal y transcendente, por el que han sido creadas todas las cosas distintas de El. Después se van desmantelando, una a una, las ideas de las culturas paganas, que siempre han tendido a divinizar o "sobrenaturalizar" lo que no pueden entender o dominar.

Como dice el Cardenal J. Ratzinger: "De manera que la Escritura no pretende contarnos cómo progresivamente se fueron originando las diferentes plantas, ni cómo se formaron el sol, la luna y las estrellas, sino que en último extremo quiere decirnos sólo una cosa: Dios ha creado el Universo. El mundo no es, como creían los hombres de aquel tiempo, un laberinto de fuerzas contrapuestas ni la morada de poderes demoníacos, de los que el hombre debe protegerse. El sol y la luna no son divinidades que lo dominan, ni el cielo, superior a nosotros, está habitado por misteriosas y contrapuestas divinidades, sino que todo esto procede únicamente de una fuerza, de la Razón eterna de Dios que en la palabra se ha transformado en fuerza creadora"; es decir, en pocas palabras se desarticula toda creencia en la divinidad de las criaturas y de la creación.

Desde esta perspectiva, repetidamente propuesta por el Magisterio -y que incluso se encuentra en la misma Sagrada Escritura-, lo que nos enseña el Génesis es que Dios ha hecho la creación según un plan ordenado, que se va desarrollando a lo largo del tiempo. Este sucederse ordenado de las cosas, previsto y sostenido por Dios, es lo que se llama en Teología "Providencia ordinaria".

El "primer día" comienza después de la aparición de la luz: "Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas, y llamó a la luz día y a las tinieblas noche. Hubo así tarde y mañana: Día primero". En los sucesivos "días", o períodos de tiempo, van apareciendo ordenadamente los diversos seres, de menor a mayor perfección. Llama la atención que este orden de aparición concuerda, esencialmente, con lo que sabemos hoy por las observaciones científicas -a diferencia de otros relatos de la época que son en este punto bastante aleatorios-, salvo en el caso de las plantas, que aparecen antes que el sol, la luna y las estrellas,lo que se explica, como ya habíamos apuntado, por la idea de que las plantas debían de ser más imperfectas ya que carecían de movimiento.

Esta coincidencia es una muestra de la capacidad de conocimiento sapiencial del autor sagrado, que intuye el orden real de la creación contemplándola, sin necesidad de tener datos científicos, algo que, quizá, el hombre moderno ha perdido la costumbre de hacer.

En el "día" quinto aparecen los seres vivos en el agua, y en el "día" sexto aparecen los animales terrestres y, con una especial solemnidad, el hombre; mostrándose así también como obra de Dios, tales como son, con la diferenciación de sexos y la fecundidad, que eran objeto de adoración en muchos pueblos.

 


5. ADAN, EVA Y SUS HIJOS.

Hay que tener en cuenta que "en la Biblia se ofrece una visión de conjunto de la historia del Universo y del hombre desde su origen hasta su final, en una perspectiva religiosa y transcendente. Dentro de esta visión de conjunto, la parte histórica de la Biblia que podemos relacionar con la historia de los pueblos, y de la que los autores sagrados tuvieron noticia de una u otra forma, abarca desde la época patriarcal (hacia 1800 a.C.) hasta las primeras comunidades cristianas (finales del s.I d.C.). En la Biblia queda recogida desde el capítulo 11 del libro del Génesis hasta el 3 del Apocalipsis. Lo anterior y lo posterior a estos capítulos, aún conteniendo verdades fundamentales de orden histórico, como la creación y el final del mundo, escapa a la comprobación científica, histórica o arqueológica. Se trata de acontecimientos cuya explicación no puede desvincularse de una actitud religiosa: aceptación de fe o rechazo gratuito".

 


El hombre es creado por Dios para ser su representante en la tierra, y para llevarla a la perfección mediante su trabajo.

Adán y Eva son puestos por Dios en el Paraíso, en una situación de dicha sobrenatural que no se merecen. Dios no crea al hombre para servirse de él, sino para hacerle partícipe de su propia felicidad por pura Gracia. Esto se manifiesta, entre otras cosas, en la posesión de algunos dones no pertenecientes a la naturaleza material, como el de la inmortalidad. Existe aquí una clara diferencia con los relatos míticos. Dos ejemplos: en la "Leyenda de Asciela" -Mesopotamia (Mito de Atraharis)- un dios vencedor forma al hombre con arcilla amasada con sangre de un dios vencido, para que le sirva; y en el poema de Gilgamés es el propio hombre el que intenta conseguir la inmortalidad pero, cuando está a punto de conseguirla, le es robada por "la serpiente".

Para que el hombre se merezca esos dones Dios le somete a una prueba mediante un mandato, lo cual se nos transmite en el Génesis con la imagen de la prohibición de comer del "árbol de la ciencia del bien y del mal". Pero el hombre, engañado por el demonio, lo incumple y comete el primer pecado; se nos enseña así el hecho histórico del pecado original. Aquí está el origen del mal en el mundo: el mal no tiene entidad en sí mismo, es una falta de un bien debido; el mal existe, pero no viene de Dios.

El relato de Caín y Abel (Gen. 4,1-15), y los que le siguen, nos quieren mostrar cómo el mal se va extendiendo en el mundo, consecuencia de la herencia del pecado de nuestros primeros Padres; sus descendientes no consiguen dirigirse hacia el bien sin la ayuda de Dios. En este sentido, Caín y Abel son una imagen de todos los descendientes de la primera pareja.

Que Caín sea agricultor -sedentario- y Abel ganadero recoge, según muchos estudiosos, una advertencia al pueblo de Israel, que era nómada -ganadero- hasta que se asentó en la tierra prometida; trata de subrayar la necesidad de no dejarse influir por la superior cultura de los pueblos cananeos, para no caer en su politeísmo. Era éste un peligro constante para el pueblo hebreo, en el que, de hecho, cayó en numerosas ocasiones.

Vemos pues que no existe el problema del vacío histórico entre la época en que vivieron Adán y Eva -hace, al menos, 100.000 años- y la aparición de la agricultura y la ganadería en épocas muy posteriores.

 


6. HISTORIA Y PREHISTORIA. LOS DATOS FOSILES.

Como todo el mundo sabe, los animales actuales que están más próximos al hombre son el chimpancé y el gorila; su parecido biológico, como veremos en el siguiente capítulo es realmente sorprendente.

Sin embargo, sabemos por la paleontología que hubo en otros tiempos seres aún más parecidos. Sus fósiles, después de muchos años de estudios y comparaciones, han sido agrupados por los expertos en cuatro grupos: Australopitecos, Homo habilis, Homo erectus y Homo sapiens. Aunque durante muchos años se especuló sobre si habrían ido adoptando la postura erguida paulatinamente -por eso sólo al tercero de ellos se le denominó erectus-, hoy se sabe que ya los primeros australopitecos estaban exclusivamente adaptados al andar bípedo.

Los australopitecos aparecieron hace unos cinco millones de años, y sus restos más recientes son de hace algo más de un millón de años. Todos los fósiles que pertenecen con seguridad a australopitecos se han encontrado en un sólo continente: Africa.

Los australopitecos son unos homínidos de pequeña estatura, su talla media era de 1 m. 20 cm.

Su capacidad craneal era superior a la de cualquier animal de la actualidad, excepto el hombre. Su cerebro tenía un volumen de unos 500 cc., similar a la del actual gorila, pero éste es cinco veces más corpulento. El tamaño del cerebro de los australopitecos no sufrió variaciones apreciables en sus casi cuatro millones de años de existencia.

Hace más de dos millones y medio de años aparece, también en Africa, el H. hábilis. Sus últimos restos datan de algo más de un millón de años.

Según parece se extendió por parte del continente asiático, ya que hay restos en la isla de Java que se atribuyen a esta especie. En aquella época, y hasta tiempo después de la aparición del H. sapiens, esta isla, junto con otras cercanas como Borneo y Sumatra, se encontraban unidas al continente.

Desde hace poco más de dos millones de años el H. hábilis consigue desarrollar una industria lítica -"Olduvaiense"-, gracias a la adquisición de una capacidad a la que ningún ser vivo había llegado hasta ese momento: la habilidad de utilizar instrumentos secundarios. Sus instrumentos son toscos y van mejorando lentamente a lo largo de cientos de miles de años sin sufrir ningún salto cualitativo.

Su capacidad craneal va creciendo con el tiempo desde 500 hasta una media de 700 cc.

El H. erectus aparece en Africa hace más de un millón y medio de años. Después se extiende por algunos lugares de Asia -se encuentran restos en Java y China- y de Europa. Vivió hasta hace unos cien mil años.

Hereda la industria lítica de H. hábilis. Esta permanece en algunos lugares hasta hace 350.000 años. En otros aparecen la industria "abebillense" (700.000-390.000) y la "achelense" (400.000-120.000). Todas éstas se van perfeccionando con el tiempo pero, según parece, sólo con la industria "achelense" se produce un salto cualitativo. Vemos, pues, que durante casi un millón de años, la mayor parte de su existencia, no consiguió mejorar la industria lítica heredada del H. hábilis.

Su capacidad craneal crece, también, desde 700 a unos 1400 cc.

El H. sapiens es nuestra propia especie. Según los recientes estudios moleculares tiene una antigüedad de algo más de 100.000 años. Hay acuerdo en esto entre genetistas y biólogos moleculares. Los paleontólogos se han ido adhiriendo poco a poco a los datos de la biología molecular, pero aún hay bastantes que mantienen un origen más alejado en el tiempo. La capacidad craneal media es de 1450 cc. y no ha sufrido variaciones apreciables con el tiempo. El hombre de Neandertal, que según la mayoría de los expertos actuales era simplemente una raza de H. sapiens, parece que tenía una media algo superior: unos 1500 cc.

Desde su aparición mejora las industrias líticas anteriores, dando lugar a saltos cualitativos de forma cada vez más rápida: "Musteriense" -desde hace algo más de 100.000 años hasta unos 45.000-, "Chatelperroniense" -45.000-, "Auriñaciense" -35.000-, "Gravetiense" -28.000-, "Solutrense" -22.000-, "Magdaleniense" -13.000-; después vienen la "Mesolítica" y la "Neolítica", la "Edad del bronce", la "Edad del hierro", etc.

Es el primero que entierra a los muertos, los más antiguos enterramientos encontrados son de hace 80.000 años. También es el primero que hace arte; los primeros objetos u obras de este tipo que poseemos datan de hace unos 35.000 años. Hace más de 8.000 años inventó la agricultura y, antes, había aprendido a domesticar animales.

De estos cuatro grupos, se considera que el de los australopitecos constituye un género del que existieron varias especies; de la primera de ellas procedería el H. hábilis, que sería la primera especie de un nuevo género: el género Homo; por tanto esta especie y las dos siguientes se encuadran como tres especies distintas pertenecientes a un mismo género.

Aunque esta diferenciación específica no se puede basar más que en la morfología de los fósiles, los expertos, después de los primeros años de estudios se han mostrado unánimes, y sus conclusiones han sido apoyadas posteriormente por datos genéticos, como veremos más adelante.

Lo que diferencia al ser humano de los demás animales es el pensamiento, algo que los filósofos denominan con frecuencia "capacidad de abstracción" o inteligencia, y los científicos "inteligencia reflexiva". Se habla, a veces, de la inteligencia de los animales, pero es evidente que hay una diferencia cualitativa entre las dos.

Hoy todo el mundo está de acuerdo en que los australopitecos no poseían esta capacidad, es decir, no eran seres humanos. Sobre las tres especies de Homo aún no hay unanimidad sobre cual fue la primera que poseyó inteligencia reflexiva, pero, según van apareciendo nuevos datos, cada vez hay más científicos que se inclinan a pensar que "ser humano" se identifica con "H. sapiens". Aunque para nuestro propósito esto no es fundamental, profundizaremos algo más en este aspecto, porque es interesante y puede clarificar algunas ideas.

La mayoría de las civilizaciones y de los hombres han considerado que nos diferenciamos de los animales en algo inmaterial o, más concretamente, espiritual; es lo que llamamos alma. La fe nos ratifica esta verdad, a la que han llegado la mayoría de los filósofos.

Sólo con contemplar la realidad podemos llegar a la conclusión de que nuestra inteligencia no es consecuencia del gran tamaño de nuestro cerebro, sino una capacidad espiritual, pero el hombre es una unidad de alma y cuerpo, y necesitamos ese órgano tan complejo para poder manifestar esa inteligencia, análogamente a como el cerebro, por sí sólo tampoco puede hacer nada, necesita, entre otras muchas cosas, las imágenes que le vienen a través de los sentidos.

La mayor o menor capacidad cerebral, en los animales, lo que aporta es una mayor o menor capacidad de aprendizaje, una mejor adaptación a la realidad circundante, pero no su contemplación. Un chimpancé, por ejemplo, necesita mucho tiempo para aprender, mediante el mecanismo ensayo-error, a dar la forma más adecuada a una rama para "pescar" termitas; el hombre puede prediseñar, idear, una herramienta sin necesidad de haberla usado nunca e, incluso, si él mismo no la va a usar, porque puede abstraer de la realidad: puede tener la realidad en su mente. El hombre también usa el método ensayo-error, por ejemplo, para perfeccionar un avión, pero para hacer un avión ha tenido que pensar, y ha necesitado una cultura, que es la herencia de lo que otros hombres han pensado antes. En efecto, el hombre no sólo produce técnicas, sino, además, cultura; sólo el hombre tiene cultura, que es un fruto del pensamiento.

El hombre supera la evolución material gracias a su evolución cultural, que le permite adaptarse a todos los medios sin necesidad de cambios materiales en su cuerpo.

La mayor o menor capacidad cerebral sólo produce, en los animales, una mayor capacidad de aprendizaje, que les permite añadir sus experiencias a las pautas de comportamiento meramente instintivas; estas últimas están ya "programadas" en sus genes antes de nacer. Sin embargo el pensamiento es una capacidad que no puede ser producto de la materia, ya que es inmaterial: nos capacita para poseer inmaterialmente, en nuestra mente, objetos que captan nuestros sentidos y que son procesados en nuestro cerebro, y para llegar, por abstracción, a cosas inmateriales como, por ejemplo, el concepto de número, relacionado con la multiplicidad de seres materiales, pero desvinculado -abstraído- de su propia materialidad.

En el transcurso de su evolución, H. hábilis y H. erectus no muestran capacidades artísticas. El hecho de el progresivo crecimiento de su tamaño cerebral se puede explicar por su necesidad de adaptarse a medios distintos, sobre todo mediante una mayor capacidad de aprendizaje. No consiguen dar más que un salto en cada una de sus industrias líticas, lo que podría significar que son capacidades del ser material de esa especie, que no cambia sustancialmente mientras no hay cambio de especie. En cambio, en el ser humano, las capacidades culturales no son tanto de la especie como de la persona, del individuo: una obra humana, la más simple, no se atribuye al hombre en general, lleva la firma de un hombre concreto, que se puede identificar, lo que no ocurre con los demás animales. Esto es así porque el ser humano está por encima de su materia, cada ser humano es como un universo, no un simple componente del universo o de su especie.

En conclusión, podemos pensar que el primer ser humano es el H. sapiens, ya que a pesar de mantener su tamaño cerebral estable, produce continuos saltos en sus industrias, como ya hemos visto, quizá estas industrias correspondan, por primera vez, a unas culturas, que muy pronto forman sociedades en las que se da culto a los muertos, después producen la ganadería y la agricultura, y el arte. Esto sólo se puede explicar por la aparición de una inteligencia inmaterial, que ya no necesita un aumento del tamaño cerebral, porque con el pensamiento se puede adaptar a cualquier medio, superando la capacidad de un mero aprendizaje psíquico. De hecho el H. sapiens es la única especie que se ha adaptado a todos los medios, y los ha conseguido dominar, y en mucho menos tiempo del que sus predecesores necesitaron para adaptarse a unos pocos medios, separados geográficamente pero bastante similares entre sí.

Algunos piensan que H. hábilis y H. erectus ya eran inteligentes por esa capacidad nueva de usar instrumentos secundarios, pero lo mismo se pensaba de los australopitecos hasta el descubrimiento de que los chimpancés tienen unas capacidades similares a ellos; la posibilidad de usar instrumentos secundarios se podría atribuir simplemente a un tamaño cerebral que nunca antes se había alcanzado, y que proporciona una mayor capacidad de aprendizaje. Además, en los últimos años, ha habido investigadores que han conseguido enseñar a chimpancés a usar este tipo de instrumentos, aunque parece claro que no pueden aprender por sí sólos. También se ha especulado mucho sobre la complejidad de las técnicas necesarias para hacer, por ejemplo, hachas de piedra como las que hacía el H. erectus, pero en actuales fabricantes de hachas de piedra se ha visto que lo hacen con asombrosa facilidad: las consiguen con unos pocos golpes dados con precisión a unas determinadas piedras, extrayendo así su núcleo, que es similar a los instrumentos paleolíticos más avanzados, después siguen un proceso, ya complejo, para conseguir mejorarlos hasta obtener un resultado que sólo fue conseguido tardíamente por el H. sapiens. De hecho, los partidarios de que el H. erectus o el H. hábilis poseían inteligencia reflexiva, han buscado en ellos manifestaciones artísticas y enterramientos -que sí son pruebas definitivas-, pero no se han encontrado.

 


7. LOS DATOS DE LA BIOLOGIA MOLECULAR.

Todo lo que esencialmente es un ser vivo está contenido en sus genes y en la forma en que están ordenados en la cadena de ADN y en los cromosomas. Estos tres conceptos son muy importantes para entender éste capítulo, los explicaremos mediante un ejemplo. El ADN es una larga molécula que podemos comparar con una cinta magnetofónica. Esta cinta tiene algunas partes grabadas, con cierta información, y otras que no lo están. Las partes grabadas son los genes, que entre todos dirigen el conjunto de las funciones materiales necesarias en un ser vivo de una determinada especie.

A su vez, las distintas cadenas de ADN, cuando la célula se va a dividir, se condensan en estructuras más manejables, los cromosomas, que equivalen, en nuestro ejemplo, al cassette que contiene la cinta. Toda la información está en la cinta, pero es totalmente distinto tener la cinta desparramada que ordenada dentro del cassette; sin un determinado orden no podemos extraer la información aunque de hecho esté ahí.

Hay una regla de la citogenética que supone que a cada especie corresponde un número fijo de cromosomas -tiene muy pocas excepciones-. Por ejemplo, el número cromosómico de la especie humana es de 46, y de 48 en el chimpancé, gorila y orangután, aunque existen algunas diferencias intracromosómicas.

Las cadenas de ADN se duplican para dar lugar a nuevas células, algunas de las cuales producirán la descendencia. En esta duplicación puede haber errores en la copia de un gen, como puede haber fallos en una grabación, es lo que se llama mutación génica. Estas mutaciones pueden no suponer ningún cambio, pero otras veces se produce una variación en el funcionamiento de ese gen. Esta es la causa de muchas enfermedades de origen genético, como la diabetes, la hemofilia, el cáncer, etc.

Cuantas más veces se divide una célula o más generaciones pasan, más mutaciones se van acumulando.

Debido a esto se sabe, desde hace ya más de dos lustros, que comparando ADN de especies distintas podemos saber cuánto tiempo hace que se separaron. Este tipo de experimentos ha dejado clara la realidad de que ha existido una evolución de los seres vivos, apoyando así lo que parecía manifestar el registro fósil y otros datos científicos, lo que no quiere decir que haya una teoría que explique bien el hecho, es más, se han ido por tierra muchas suposiciones de las teorías que intentaban dar una explicación global, como el "neodarwinismo".

El chimpancé y el hombre difieren tan sólo en un 1% de su ADN y de su estructura cromosómica, y sus líneas evolutivas se separaron hace unos cinco millones de años -antes se hablaba de, al menos, quince-, precisamente la época en la que apareció el primer australopiteco. El parecido con el gorila es ligerísimamente inferior, y su separación dataría de hace unos ocho millones de años. Antes de conocer estos datos moleculares no estaba claro si éramos más parecidos al gorila o al chimpancé, pero hoy sabemos que el chimpancé está, biológicamente, mucho más próximo al hombre que al gorila. Sin embargo, por sus capacidades vitales, el chimpancé y el gorila son mucho más parecidos, y el hombre se les escapa por completo. Que el hombre sea biológicamente tan próximo al chimpancé y vitalmente tan superior, debería bastar a cualquier científico para descubrir la evidencia de que semejante diferencia existencial no puede radicar en su materialidad, sino en nuestro ser espiritual.

Comparando el ADN de las razas humanas actuales se desprende que todas confluyen hace alrededor de 100.000 años, lo que significaría que todos los hombres actuales proceden, muy probablemente, exclusivamente de H. sapiens. Parece ser también que todas las lenguas confluyen hacia una lengua ancestral que existió hace unos 100.000 años, según recientes estudios de Johanna Nicols, de la Universidad de California en Berkeley; lo que indicaría que, probablemente, todos los H. sapiens y sólo ellos pueden hablar.

Los resultados de comparación de proteínas, de inmunología, etc., confluyen con los anteriores.

Otro tema distinto es el del mecanismo de formación de especies nuevas -"especiación"-. Antes se pensaba que la forma habitual de especiación tenía lugar debido a barreras geográficas, que impiden el cruce de dos poblaciones de la misma especie durante largos períodos de tiempo, no pudiendo transmitirse sus cambios genéticos, lo que acabaría dando lugar a dos especies distintas. Sin duda ha habido especiaciones de este tipo, pero muchas son difícilmente explicables de esta manera.

Hoy se sabe que también existen "barreras" genéticas. Las más frecuentes son las que producen las mutaciones cromosómicas: una mutación cromosómica puede no significar ningún cambio en los genes, pero, por ejemplo, si en un individuo un cromosoma se ha dividido en dos -mutación cromosómica denominada "disociación"-, sus cromosomas no se pueden aparear con los de los otros animales de la especie de partida y se producirán espermatozoides y óvulos inviables, dando lugar a infertilidad. Ese individuo no se perpetuará en la especie a no ser que se cruce con una pareja que posea la misma mutación, entonces podrían dar lugar a una nueva especie. Es lo que se llama "especiación instantánea".

Puede parecer muy poco probable que esto suceda, pero a lo largo de decenas de miles de años es muy probable que ocurra alguna vez, y de hecho ocurre. Así se pueden producir nuevas especies a partir de una o pocas parejas, y ya hay autores que piensan que éste es el mecanismo más frecuente de especiación.

Un dato a tener en cuenta es que, desde el antecesor común al hombre y al chimpancé, que como hemos visto existió hace unos cinco millones de años, ha habido, en la línea evolutiva que conduce al hombre, cuatro mutaciones cromosómicas, dato que coincide con las cuatro especies que se han identificado en esta línea: una de australopiteco, H. hábilis, H. erectus y H. sapiens. Esto podría significar que son, efectivamente, especies biológicamente distintas y que todas se originaron por especiación instantánea debido a una mutación cromosómica, aunque todavía es pronto para decirlo.

 

 

 

8. ¿COMO APARECIO ADAN?

Teniendo en cuenta lo que hemos visto en los últimos capítulos, nos inclinamos a pensar que Adán tuvo que ser el primer individuo de la especie H. sapiens aunque, para la cuestión que nos ocupa, daría lo mismo que fuera anterior. En todo caso sería el primer individuo de la primera especie con inteligencia reflexiva, es decir, con alma.

Sabemos por la fe que el alma de cada hombre es inmediatamente creada e infundida por Dios en cada nuevo individuo de la especie humana y, por tanto, en el momento de su concepción.

No es muy lógico pensar, como se ve con frecuencia en un intento de comprensión popular, que Dios infundiera el alma a un "mono". Ya hay muchos teólogos, sin especiales conocimientos científicos, que piensan que Adán tuvo que ser concebido y nacer como tal o, en otras palabras, que fue creado por Dios en estado embrionario. Lo más natural es que haya aparecido como los individuos de muchas nuevas especies: engendrado, con una nueva mutación cromosómica, por un homínido exteriormente parecido a él, pero de una especie distinta. Sus progenitores biológicos no serían propiamente sus padres, ya que este concepto se reserva, en filosofía, para quien engendra algo según su propia especie.

Ese individuo sería el primero con una dotación cromosómica y genética correspondiente a la especie humana y, por tanto, Dios crearía y le infundiría su alma, como hace siempre, aunque con la particularidad de que ésa fue la primera vez, y debió haber una providencia especial de Dios, entre otras cosas, para que también ocurriera con una hembra, la primera mujer: Eva.

Al fin y al cabo, cómo aparecen todos los hombres?: por la unión de dos células sin importancia, que en la mayoría de los casos se pierden antes de unirse sin que esto sea ningún problema, pero su unión produce una nueva célula con dotación genética y cromosómica humana, que aún siendo una sola célula es totipotente -sus genes están programados para desarrollar un organismo completo-, y que es, en consecuencia, un nuevo individuo de nuestra especie al que Dios infunde un alma creada en ese mismo instante.

Aunque esto pudo ocurrir de diversas maneras, vamos a exponer la más sencilla. En un homínido macho existen algunos espermatozoides con una mutación cromosómica que implica que ya no son los propios de su especie, sino que han llegado a tener las características de un espermatozoide humano; en un homínido hembra puede ocurrir lo mismo con algunos de sus óvulos. Si estos dos homínidos se cruzan y se produce la fecundación de un óvulo mutado con un espermatozoide mutado, entonces aparece el primer ser humano, y el primer hecho sobrenatural en el universo material desde su misma Creación: una nueva creación, la del alma del primer hombre.

Esto es lo máximo que podemos decir por ahora pero, aunque lleguen nuevos datos científicos, nunca podremos saber exactamente cómo ocurrió -necesitaríamos una máquina del tiempo-, pero sabemos que ocurrió, a esta conclusión podemos acercarnos por la ciencia; y sabemos por la fe algo que nunca podríamos saber por la ciencia: por qué ocurrió, quién lo planeó y llevó a término, por qué lo hizo, por qué existe el mal y como podemos vencerlo con la ayuda del Creador.

La fe nos enseña lo necesario y lo conveniente para nuestra felicidad y salvación. Por la ciencia sabemos cada vez más cosas que no son necesarias para ese fin, pero que bien entendidas y empleadas nos pueden ayudar a conseguirlo.

 


NOTAS
Ya en 1909, la Pontificia Comisión Bíblica, respondiendo a varias preguntas sobre el carácter histórico de los tres primeros Capítulos del Génesis, distingue entre la forma y el fondo, y dice lo básico que hay de histórico en estos tres primeros capítulos:
a. La Creación de todas las cosas, hechas por Dios en el principio del tiempo.
b. La unidad del género humano.
c. La felicidad original de nuestros primeros Padres en el estado de gracia.
d. La integridad e inmortalidad de su situación originaria.
f. El mandato dado por Dios al hombre.
g. La transgresión del precepto divino por instigación del demonio.
h. La caída de nuestros primeros Padres de aquél estado de inocencia.
i. La promesa del futuro Redentor.
Hay que tener en cuenta que la Biblia no es un libro científico: su finalidad es, exclusivamente, mostrarnos el camino de la salvación; para tal fin usa las imágenes que mejor se pueden entender en cada época.
"E hizo Dios el firmamento, separando por medio de él las aguas que hay debajo de las aguas que hay sobre él" (Gen.1,7).
San Agustín -s. IV- ya hacía una interpretación alegórica de este relato, refiriéndose, por ejemplo, a que no había que tomar al pie de la letra la Creación en seis días, cada uno de ellos podrían significar grandes períodos de tiempo.
"La superioridad de esta doctrina sobre los sabios de los pueblos antiguos, mucho más avanzados que el pueblo hebreo en las artes y en las ciencias, no se explica únicamente por la genialidad de Israel; sólo puede explicarse por la especial asistencia que Dios otorgó al pueblo elegido" (J. M. Casciaro y J. M. Monforte, Dios, el mundo y el hombre en el mensaje de la Biblia, EUNSA, Pamplona 1992).
"Al principio creó Dios el cielo y la tierra" (Gen.1,1).
J.M. Casciaro, cit., p.342.
"La tierra era soledad y caos (...)" (Gen.1,2). Aquí, como en otros muchos lugares, hay un paralelismo con los otros relatos; pero, mientras en los otros el caos es preexistente, en este caso es sólo la situación inicial del universo después de haber sido creado por Dios.
"Entonces dijo Dios: <>, y fue hecha la luz" (Gen.1,3).
"En los mitos babilónicos el origen del mundo es el resultado de las luchas entre dioses. El hombre admira y mitifica las grandes fuerzas de la naturaleza" (J.M. Casciaro, cit., p.341). Lo que hacen los autores del Antiguo Testamento es desmitificar las antiguas cosmogonías -mitos sobre los misteriosos orígenes del mundo-, que también eran teogonías: los dioses también tenían su origen en el tiempo, a diferencia del Dios que se da a conocer a Israel (Cfr. Ibidem).
Cfr. G. Aranda, El comienzo del mundo y del hombre, Folletos MC, n? 548, p.17.
J. Ratzinger, Creación y pecado, EUNSA, Pamplona 1992. Es éste un pequeño libro, de muy fácil lectura; editado ya en 1986 en Italia, pero sólo recientemente traducido al castellano, que puede ser de interés para quien quiera profundizar un poco más en este aspecto.
El Papa Juan Pablo II ha explicado todo el relato de la creación, en sucesivas audiencias generales de los miércoles, en 1986.
Se puede ver, según la época de redacción de los distintos libros que componen la Biblia, cómo se narran los mismos hechos con diferente forma literaria, en función de las personas a las que van inmediatamente dirigidos por el momento histórico-cultural en que han sido escritos (Cfr. J. Ratzinger, cit.).
Gen.1,4-5.
"Produzca la tierra hierbas, plantas seminíferas según su especie y árboles frutales (...), día tercero" (Gen.1,11-13).
"Haya luminares en el firmamento que separen el día de la noche (...), día cuarto" (Gen.1,14-19).
"Pulule en las aguas un hormigueo de seres vivientes(...)" (Gen.1,20).
G. Aranda, cit., pp.9-10.
Cfr. Idem., p.27. Cfr. J.M. Casciaro, cit., p.456.
Cfr. J.M. Casciaro, cit., p.447.
Cfr. G. Aranda, cit., p.36.
"Y dio al hombre este mandato: <>" (Gen. 2,17).
Cfr. G. Aranda, cit., p.19. El misterio de la existencia del mal es un problema que el hombre, por sí sólo, nunca ha podido resolver. Con frecuencia se ha explicado admitiendo la existencia de dos principios contrapuestos, por ejemplo, un dios malo y otro bueno; la lucha entre ellos se refleja en la existencia de los hombres.
"Sobre el transfondo de Gen. 3, se describe en los siguientes capítulos del libro del Génesis -y en los demás libros del Antiguo Testamento- una auténtica <> del pecado entre los hombres, que inunda también el mundo, como consecuencia del pecado de Adán, es una especie de contagio o infección general" (J.M. Casciaro, cit., p.489).
Cfr. C.O. Lovejoy, Evolución de la marcha humana, Investigación y Ciencia, I-98.
Siempre hablaremos de capacidad craneana relativa, pues la potencia del cerebro depende de la relación del tamaño de éste con el peso total del animal (Cfr. J.L. Pinillos, Principios de psicología, Alianza Editorial, Madrid 1982, pp.38-42).
Cfr. T.D. White, Los australopitecinos, Mundo Científico, I-83.
Se denominan instrumentos secundarios a aquéllos realizados con otros instrumentos. El chimpancé, por ejemplo, usa instrumentos, como ramas, piedras, etc., y puede dar a una rama la forma requerida para "pescar" termitas, pero para esto utiliza sólo sus extremidades, nunca otros instrumentos (Cfr. C. Boesch y H. Boesch-Achermann, Los chimpancés y la herramienta, Mundo Científico, IX-91).
Hay restos entre hace cien mil y doscientos mil años que no encajan bien en la morfología del H. erectus, y algunos científicos los denominan arcaicos H. sapiens. Pero otros de esa época, y más recientes, sí pertenecen claramente a H. erectus. Así, según Coon (1978), el cráneo de Saldanha (Suráfrica) con una antigüedad de unos 55.000 años, el de Broken Hill (Zambia) entre 40.000 y 180.000, y varios en Ngandong (Java) entre 40.000 y 100.000.
Cfr. A. Broglio y J. Kozlowski, Il Paleolitico, uomo, ambiente e culture, Jaca Book, Milán 1986, pp. 127 y ss.
Cfr. R. Lewin, El nacimiento de la antropología molecular, Mundo Científico, XII-91.
Cfr. E. Trinkaus, Los neardentales, Mundo Científico, XI-86.
Cfr. R. White, El pensamiento visual en la edad del hielo, Investigación y Ciencia, IX-89.
Hay científicos que piensan que todo en el hombre es material y, por tanto la capacidad de ser humano se iría perfeccionando con el tiempo. Es evidente que éstos no se plantean nuestro problema o, más exactamente, no se lo quieren plantear. La mayoría, sin adentrarse en sus estudios en problemas filosóficos, suponen claramente algo nuevo y distinto en el ser humano.
Cfr. N. Toth, D. Clark y J. Libague, Los últimos fabricantes de hachas de piedra, Investigación y Ciencia, IX-92.
Cfr. R. Lewin, cit.
Cfr. L. Cavalli-Sforza, Genes, pueblos y lenguas, Investigación y Ciencia, I-92.
Cfr. J. Egozcue, Evolución cromosómica de los primates, Investigación y Ciencia, VI-77. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, entre el caballo y el burro, que si se cruzan tienen descendencia porque genéticamente están muy próximos, pero ésta es estéril por tener una distinta distribución cromosómica. Son, por tanto, especies distintas; con el tiempo sus diferencias se irán acentuando y cada vez será menos frecuente un cruce con éxito.
Cfr. B. Dutrillaux, Los cromosomas de los primates, Mundo Científico, I-82.
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Este artículo se encuentra completo en la Colección Folletos Mundo Cristiano

 

 

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El hombre en búsqueda de la definición de sí mismo

 

1. En la última reflexión del presente ciclo hemos llegado a una conclusión introductoria, sacada de las palabras del libro del Génesis sobre la creación del hombre como varón y mujer. A estas palabras, o sea, al "principio", se refirió el Señor Jesús en su conversación sobre la indisolubilidad del matrimonio (cf. Mt 19,39; Mc 10,112). Pero la conclusión a que hemos llegado no pone fin todavía a la serie de nuestros análisis. Efectivamente, debemos leer de nuevo las narraciones del capítulo primero y segundo del libro del Génesis en un contexto más amplio, que nos permitirá establecer una serie de significados del texto antiguo, al que se refirió Cristo. Por tanto, hoy reflexionamos sobre el significado de la soledad originaria del hombre.

2. El punto de partida de esta reflexión nos lo dan directamente las siguientes palabras del libro del Génesis: «No es bueno que el hombre (varón) esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él» (Gen 2, 18). Es Dios-Yahvéh quien dice estas palabras. Forman parte del segundo relato de la creación del hombre y provienen, por lo tanto, de la tradición yahvista, el relato de la creación del hombre (varón) es un paisaje aislado (cf. Gen 2, 7), que precede al relato de la primera mujer (cf. Gen 2, 21-22). Además es significativo que el primer hombre (´adam), creado del ´polvo de la tierra´, sólo después de la creación de la primera mujer es definido como varón (´is). Así, pues, cuando Dios-Yahvéh pronuncia las palabras sobre la soledad, las refiere a la soledad del ´hombre´ en cuanto tal, y no sólo del varón.

Pero es difícil, basándose sólo en este hecho, ir demasiado lejos al sacar conclusiones. Sin embargo, el contexto completo de esa soledad de la que nos habla el Génesis 2, 18, puede convencernos de que se trata de la soledad del ´hombre´ (varón y mujer), y no sólo de la soledad del hombre-varón, producida por la ausencia de la mujer. Parece, pues, basándonos en todo el contexto, que esta soledad tiene dos significados: uno, que se deriva de la naturaleza misma del hombre, es decir, de su humanidad (y esto es evidente en el relato de Gen 2), y otro, que se deriva de la relación varón-mujer, y esto es evidente, en cierto modo, en base al primer significado. Un análisis detallado de la descripción parece confirmarlo.

3. El problema de la soledad se manifiesta únicamente en el contexto del segundo relato de la creación del hombre. En el primer relato no existe este problema. Allí el hombre es creado en un solo acto como ´varón y mujer´ (´Dios creó al hombre a imagen suya... varón y mujer los creó´: Gen 1, 27). El segundo relato que, como ya hemos mencionado, habla primero de la creación del hombre y sólo después de la creación de la mujer de la ´costilla´ del varón, concentra nuestra atención sobre el hecho de que ´el hombre está solo´, y esto se presenta como un problema antropológico fundamental, anterior, en cierto sentido, al propuesto por el hecho de que este hombre sea varón y mujer. Este problema es anterior no tanto en el sentido existencial: es anterior ´por su naturaleza´. Así se revelará también el problema de la soledad del hombre desde el punto de vista de la teología del cuerpo, si llegamos a hacer un análisis profundo del segundo relato de la creación en Génesis 2.

4. La afirmación de Dios-Yahvéh ´no es bueno que el hombre esté solo´, aparece no sólo en el contexto inmediato de la decisión de crear a la mujer (´voy a hacerle una ayuda semejante a él´), sino también en el contexto más amplio de motivos y circunstancias, que explican más profundamente el sentido de la soledad originaria del hombre. El texto yahvista vincula ante todo la creación del hombre con la necesidad de ´trabajar la tierra´ (Gen 2, 5), y esto correspondería, en el primer relato, a la vocación de someter y dominar la tierra (cf. Gen 1, 28). Después, el segundo relato de la creación habla de poner al hombre en el ´jardín en Edén´, y de este modo nos introduce en el estado de su felicidad original. Hasta este momento el hombre es objeto de la acción creadora de Dios-Yahvéh, quien al mismo tiempo, como legislador, establece las condiciones de la primera alianza con el hombre. Ya a través de esto, se subraya la subjetividad del hombre, que encuentra una expresión ulterior cuando el Señor Dios ´trajo ante el hombre (varón) todos cuantos animales del campo y cuantas aves del cielo formó de la tierra, para que viese cómo las llamaría´ (Gen 2, 19). Así pues, el significado primitivo de la soledad originaria del hombre está definido a base de un ´test´ específico, o de un examen que el hombre sostiene frente a Dios (y en cierto modo también frente a sí mismo). Mediante este ´test´, el hombre toma conciencia de la propia superioridad, es decir, no puede ponerse al nivel de ninguna otra especie de seres vivientes sobre la tierra.

En efecto, como dice el texto, ´y fuese el nombre de todos los vivientes el que él les diera´ (Gen 2, 19). ´Y dio el hombre nombre a todos los ganados, y a todas las aves del cielo, y a todas las bestias del campo; pero -termina el autor- entre todos ellos no había para el hombre (varón) ayuda semejante a él´(Gen 2, 19-20).

5. Toda esta parte del texto es sin duda una preparación para el relato de la creación de la mujer. Sin embargo, posee un significado profundo, aún independientemente de esta creación. He aquí que el hombre creado se encuentra, desde el primer momento de su existencia, frente a Dios como en búsqueda de la propia entidad; se podría decir: en búsqueda de la definición de sí mismo. Un contemporáneo diría: en búsqueda de la propia ´identidad´. La constatación de que el hombre ´está solo´ en medio de mundo visible y, en especial, entre los seres vivientes, tiene un significado negativo en este estudio, en cuanto expresa lo que él ´no es´. No obstante, la constatación de no poderse identificar esencialmente con el mundo visible de los otros seres vivientes (animalia) tiene, al mismo tiempo, un aspecto positivo para este estudio primario: aún cuando esta constatación no es una definición completa, constituye, sin embargo, uno de sus elementos. Si aceptamos la tradición aristotélica en la lógica y en la antropología, sería necesario definir este elemento como ´género próximo´ (genus proximum).

6. El texto yahvista nos permite, sin embargo, descubrir incluso elementos ulteriores en ese maravilloso pasaje, en el que el hombre se encuentra solo frente a Dios, sobre todo para expresar, a través de una primera autodefinición, el propio autoconocimiento, como manifestación primitiva y fundamental de humanidad. El autoconocimiento va a la par del conocimiento del mundo, de todas las criaturas visibles, de todos los seres vivientes a los que el hombre ha dado nombre para afirmar frente a ellos la propia diversidad.

 

Así, pues, la conciencia revela al hombre como el que posee la facultad cognoscitiva respecto al mundo visible. Con este conocimiento que lo hace salir, en cierto modo, fuera del propio ser, al mismo tiempo el hombre se revela a sí mismo en toda su peculiaridad de su ser. No está solamente esencial y subjetivamente solo. En efecto, soledad significa también subjetividad del hombre, la cual se constituye a través del autoconocimiento. El hombre está solo porque es ´diferente´ del mundo visible, del mundo de los seres vivientes. Analizando el texto del libro del Génesis, somos testigos, en cierto sentido, de cómo el hombre ´se distingue´ frente a Dios-Yahvéh de todo el mundo de los seres vivientes (animalia) con el primer acto de autoconciencia, y de cómo, por tanto, se revela a sí mismo y, a la vez, se afirma en el mundo visible como ´persona´. Ese proceso delineado de modo tan incisivo en el Génesis 2, 19-20, proceso de búsqueda de una definición de sí, no lleva sólo a indicar empalmando con la tradición aristotélica el genus proximum, que en el capítulo 2 del Génesis se expresa con las palabras: "ha puesto nombre", al que corresponde la "diferencia específica" que, según la definición de Aristóteles, es “noû, zoón noetikón”. Este proceso lleva también al primer bosquejo del ser humano como persona humana con la subjetividad propia que la caracteriza.

10 de octubre de 1979 - Juan Pablo II, Obispo de Roma.

 

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Un libro histórico —como son los evangelios por ejemplo— merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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P: ¿Hay indicios de que la Biblia pueda estar mutilada en cuanto a testimonios contrarios a ciertas posiciones inamovibles de la Iglesia Católica en la actualidad?

 

R: No, el Antiguo Testamento ha sido conservado también por los judíos y en cuanto al Nuevo Testamento, es el texto de la Antigüedad que cuenta con más copias y más antiguas superando de manera escandalosa verdaderamente a las obras de Platón, Aristóteles, Virgilio o César.

 

2004-01-20. libertad digital. Dr. CESAR VIDAL. Dr. en historia antigua, filosofía, teología. Licenciado en derecho.

 

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«Cada día nacen nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

Al comentar la segunda lectura, de la carta a los Efesios, el Cardenal Ratzinger se ha referido a los ataques que ha recibido el cristianismo en los últimos años. «Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas –dijo el cardenal alemán–, cuantas corrientes ideológicas, cuantas modas de pensamiento. La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido agitada con frecuencia por estas ondas, llevada de un extremo al otro, del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo. Cada día nacen nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error. Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, se etiqueta a menudo como fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir, el dejarse llevar» aquí y allá por cualquier viento de doctrina parece la única actitud a la altura de los tiempos que corren. Toma forma una dictadura del relativismo que no reconoce nada que sea definitivo y que deja como última medida solo al propio yo y a sus deseos. Nada más real que la descripción hecha por Ratzinger, y nada más acorde con lo que hubiera dicho Juan Pablo II.
El cardenal alemán se ha limitado a decirles a los electores del nuevo Papa lo que, posiblemente, les habría dicho Juan Pablo II Magno: que no caigan en la tentación de poner en la Sede de Pedro a alguien que no tenga la fortaleza suficiente para resistir a la «dictadura del relativismo»; que elijan a alguien –y éstas son las palabras con que concluyó la homilía– «que nos guíe al conocimiento de Cristo, a su amor, a la verdadera alegría».
2005-04-18 Inicio del Conclave – Vaticano, Roma, Italia.

 

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Cristo es –piedra angular- origen y principio de donde dimana la luz y santidad que le sirve de base, alimento y razón, a su Iglesia Católica. La Iglesia, madre y maestra, respetuosa con la verdad que Cristo le depositara hace 2.000 años, expone con detalles y datos históricos su trayectoria evangélica. Ininterrumpidamente predica a Jesucristo y las virtudes cristianas. Estas sectas (adventistas, álamos, bautistas, jehovistas, etc.)  inexistiendo durante no menos de 1.600 años, y, sin dicha trayectoria histórica, no pasan de tener algunos aviesos parlanchines. Estos, podrán ser menos honrados y veraces, pero han resultado siempre más hábiles en la manipulación y la maniobra inescrupulosa. Ricos en lisonjear, motes y requiebros, como de dividirse inventando por arte de magia, sectas y más sectas día a día.  Porque tanto da para todos: sola gracia, sola fe, sola escritura, solo Cristo, solo gloria a Dios… solo secta; ¡mala combinación la protesta con el resentimiento! ¡extraña y agria hermandad vomita quien es más etéreo que hombre cabal! Lobos rapaces que hacen -cada día- nacer nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

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La misión de la Iglesia tiene como fin la salvación de los hombres, la cual hay que conseguir con la fe en Cristo y con su gracia. Por tanto, el apostolado de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena en primer lugar a manifestar al mundo, con palabras y obras, el mensaje de Cristo y a comunicar su gracia. Todo esto se lleva a cabo principalmente por el ministerio de la palabra y de los sacramentos, encomendando de forma especial al clero, y en el que los seglares tienen que desempeñar también un papel de gran importancia. Son innumerables las ocasiones que tienen los seglares para ejercitar el apostolado de la evangelización y de la santificación. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios. Lo avisa el Señor: «Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos». Este apostolado, sin embargo, no consiste sólo en el testimonio de vida. El verdadero apóstol busca ocasiones para anunciar a Cristo con la palabra, ya a los no creyentes, para llevarlos a la fe; ya a los fieles, para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a mayor fervor de vida: «Porque la caridad de Cristo nos constriñe». En el corazón de todos deben resonar aquellas palabra del Apóstol: «¡Ay de mí si no evangelizare!» Mas, como en nuestra época se plantean nuevos problemas y se multiplican errores gravísimos que pretenden destruir desde sus cimientos la religión, el orden moral e incluso la sociedad humana, este santo Concilio exhorta de corazón a los seglares a que cada uno, según las cualidades personales y la formación recibida, cumpla con suma diligencia la parte que le corresponde, según la mente de la Iglesia, en aclarar los principios cristianos, difundirlos y aplicarlos certeramente a los problemas de hoy.
Decreto Apostolicam actuositatem, 6

 

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En la homilía de San Juan de Letrán, S. S. Benedicto XVI - P. P. explicó de manera insuperable el ministerio del Papa y de los obispos como garantía de que esa red de testigos que es la Iglesia, extendida en el espacio y en el tiempo, permanece fiel a su origen y fuente que es Cristo. Ninguna comunidad (tampoco la Iglesia), ningún hombre (tampoco el Papa) “posee la Verdad”, ni puede imponerla a persona alguna. Y sin embargo los cristianos sabemos que la Verdad no es una idea, sino el Misterio de Dios que se ha revelado en la carne y ha montado su tienda entre nosotros, para ser accesible a todos los hombres. Para la Iglesia, Cristo no es una posesión que se defiende, sino la presencia viva de Dios que continuamente le da forma, le mueve a cambiar, le saca de la tentación de fosilizarse, le llama a una conversión muchas veces dolorosa, y le urge a comunicar su tesoro a los hombres de todo tiempo y lugar. 2005-04

 

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“El Papa no es un soberano absoluto que lo que piensa y quiere es ley. Al contrario, su ministerio es garantía de la obediencia hacia Cristo y a su Palabra. Él no debe proclamar sus propias ideas, mas debe vincularse constantemente él propio y la Iglesia a la obediencia hacia la Palabra de Dios, en frente a todos los tentativos de acomodamientos y diluentes, como así también afrontar cualquier oportunismo”. 

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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¡La Iglesia fundada por Jesucristo, lleva 2.000 años siendo Madre y Maestra!“. Desde el Gólgota en Jerusalem y desde la crucifixión en cruz invertida de San Pedro en el gólgota vaticano, esa admirable colina romana, somos trayectoria evangélica y evangelizante.

 

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El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.P. - 2005

 

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Recomendamos vivamente:  

 

SEÑOR Y CRISTO

Cristo y la nueva Humanidad

 

 

Título: Señor y Cristo. Curso de Cristología
Autor: José Antonio Sayés
Editorial: Palabra

 

El teólogo José Antonio Sayés nos tiene acostumbrados a una prolífica producción teológica, que combina, de forma hoy sorprendente, la claridad de pensamiento y de expresión, alejada de vetustos barroquismos, y la firmeza doctrinal que, en ningún caso, es tautología del Magisterio. Nuestro autor tiene una especial preocupación por la temática que se engloba dentro de la Teología fundamental, otrora apologética, y responde a una necesidad bien sentida en el pueblo cristiano, y en los hombres inquietos de corazón y de razón, por ofrecer las claves de la racionalidad de la fe cristiana al mundo contemporáneo. Una racionalidad que no sólo se muestra en la vida de los creyentes, sino que configura la pretensión de generar una cultura, y una sociedad, con la realidad del Evangelio de Cristo. Sorprende gratamente que a este libro, ensayo, manual, tratado del Espíritu, sobre Cristo, que aparece en la colección Pelícano bajo el subtítulo Curso de Cristología, le preceda un breve pero enjundioso prólogo de Vittorio Messori, en el que leemos: «Ambos –el autor y el prologuista– estamos también convencidos de que no es posible un humanismo neutro que pretenda dejar a Cristo entre paréntesis en la vida social, cultural o ética, pues Cristo no es solamente la plenitud última del hombre como criatura, sino redentor del mismo. Aunque el hombre puede hacer cosas buenas sin la Gracia, no puede cumplir todas las exigencias morales sin ella. Por ello necesitamos más que nunca a Cristo en este momento de posmodernidad, en que al hombre de hoy se le han caído todas las ideologías. Urge volver a Cristo, para que el hombre pueda recobrar la esperanza con las posibilidades que la Gracia le da». La fe en Cristo es lo que más inquieta a la Historia y a nuestra historia.
Cuantas veces nos hemos preguntado por la identidad cristiana, hemos estado inquiriendo acerca de la naturaleza y de la inmersión cristológica de nuestro pensamiento y de nuestra vida. La identidad cristiana, en un contexto de neutralidad social, tiene un referente: la confesión de fe en Jesús como el Señor de la Historia. No se trata de anular, de ensombrecer, de desdibujar cualesquiera teorías sobre los fundamentos y los derechos humanos. De lo que se trata es de asumir y proyectar una necesaria salvación en Cristo, que se nos ha dado como gracia y como don. Esta Cristología, anclada en la más fecunda tradición de la Iglesia y en permanente diálogo con el pensamiento de nuestro tiempo, se divide en tres partes: Jesús y la Historia; la fe de la Iglesia; y la Redención. No omite, ni escamotea, la necesaria valentía para adentrarse en la explicación de algunos de los aspectos de la Cristología más debatidos, no tanto del presente como de los años anteriores: conciencia de Cristo, doctrina del mérito, salvación universal... En este sentido, debemos resaltar la capacidad que tiene José Antonio Sayés de escribir un libro dentro de otro. El aparato crítico y, sobre todo, las abundantes notas a pie de página representan una auténtica vía paralela de ciencia y de reflexión, máxime cuando están dedicadas a dialogar con algunos de los más destacados teólogos contemporáneos. Un lector atento no se debe perder las glosas que de la teología de, por ejemplo, Olegario González de Cardedal (424 y 440, entre otras), E. Bueno (258), G. Pérez, B. Forte, M. González Gil, entre otros muchos, hace nuestro autor. Estos diálogos aportan un plus de novedad, de frescura y de progreso en la teología y en su avance como fuerza siempre vital de la Iglesia, de las comunidades eclesiales y de la vida de los cristianos. 2005-09-30

 

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La lenteja, una pieza esencial de

nuestra dieta de gran prestigio culinario

  

 

Algunos científicos sitúan el inicio del cultivo de las lentejas nada menos que siete mil años atrás. A lo largo de una historia tan dilatada, han ejercido un protagonismo tanto en los grandes fastos gastronómicos como en la alimentación cotidiana de los hogares más humildes. Hoy en día constituyen un elemento esencial, e incluso diferenciador, de nuestra dieta.


   El Antiguo Testamento relata como Esaú vendió a su hermano Jacob el derecho a la primogenitura por un plato de lentejas, lo que, sin duda, debía constituir entonces un alto precio. Serían, no obstante, las civilizaciones egipcias las que propagaran la expansión de este cultivo por territorios vecinos. Ya en la época greco-romana el navío que transportó a Roma el obelisco de Calígula llevaba 800 toneladas de lentejas, mientras que en la Grecia de Aristóteles servían de base para la alimentación de las clases populares. Muchos siglos más tarde, los españoles las llevaron a América, puesto que por aquel entonces ya eran un elemento fundamental en nuestros hábitos alimenticios. Durante la Edad Media era uno de los alimentos más socorridos junto al mijo, los guisantes y las habas secas.

   Hay muchas muestras de su prestigio culinario. Por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial, el potaje de lentejas era uno de los platos estrella en el restaurante parisino «La Tour d´Argent», sensación culinaria de la época.

   Asistimos, por lo tanto, a la reivindicación definitiva de un producto cuyo origen se remonta a las civilizaciones más remotas y que alcanza el siglo XXI como uno de los grandes descubrimientos para quienes apuestan por fórmulas renovadoras de la cocina.

*Presidente de la Academia de Gastronomía

LA RAZÓN. ESP. 2003-02-27

 

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«Estaba Diógenes comiendo lentejas, cuando le vio el filósofo Aristipo, quien le dijo:


-- "Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer lentejas".


A lo que Diógenes replicó:


-- "Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey"»

 

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Dios es alegría infinita" Santa Teresa de los Andes

 

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Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.

 

«Obras todas del Señor, bendecid al Señor» «Y vio Dios que era bueno».

El ser humano debe estar siempre en el centro de lo creado. El hombre es la cumbre de la creación de Dios y por eso ve necesario ‘cuidar el medio ambiente humano’.

Es el hombre que, utilizando mal o abusando de los bienes creados, se autodestruye. Es el hombre que se ve herido y hasta aniquilado por el abuso de alcohol y de drogas, por la exaltación de la violencia y la degradación sexual, por la pobreza, por la injusticia social, por el aborto y los demás atentados contra la vida.

« Abortus necnon infanticidium nefanda sunt crimina ».

 

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Compendio del Catecismo de la Iglesia católica: ¿por qué no lo sabemos?
La fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005. ¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!

Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía.

 

Recomendamos vivamente: Título: ¿Sabes leer la Biblia?

Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado - Autor: Francisco Varo – MMVI. Marzo - Editorial: Planeta Testimonio

Grüss Gott. Salve, oh Dios.

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).