Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Inquisición - 15º 2 Año 1566 protestantes:4 días destruyen 400 iglesias;

 

Existe una infinidad de cosas fascinantes en la Historia España. Y existe asimismo un desconocimiento enorme de nuestra propia cultura, tanto entre españoles como entre extranjeros. Hagamos lo posible por divulgar nuestro pasado y estemos orgullosos de él.

 

 

La herencia que le vino a España a través de Carlos V fue causa de muchas glorias militares, pero también de un desgaste físico y económico gigantescos. La defensa de los territorios así heredados, tanto en Flandes como en Alemania, hubiera carecido de sentido en otra época o en otro lugar. No en la Europa del siglo XVI y no en la mentalidad religiosa del Gobierno y del pueblo español. En el ambiente de la Reforma y la Contrareforma, los intereses públicos dejaron de ser exclusivamente políticos y se revistieron del manto de la Religión. Las guerras, unas civiles, otras internacionales, eran motivadas en gran parte por las ideas religiosas. Muchos, naturalmente, se aprovecharon de esas ideas para conseguir sus fines. Francisco I y otros Reyes de Francia, por ejemplo, no vacilaron en aliarse con el turco en detrimento de la Cristiandad. En Inglaterra, Enrique VIII, bajo el pretexto de sentimientos religiosos, originaba el cisma que aún hoy perdura. Esos sentimientos religiosos no le impidieron ejecutar a tres de sus seis esposas, además de otras notables personalidades, como Tomás Moro. Los príncipes alemanes vieron en la rebeldía de Lutero no un ideal de reforma, sino una oportunidad para enriquecerse a costa de las propiedades de las iglesias, que con frecuencia fueron destruidas.

 

 

Por ejemplo, en 1566 en los Países Bajos en un ambiente de anarquía general, más de 400 iglesias y monasterios fueron saqueados o destruídos en un plazo de cuatro días. Frailes y monjas fueron maltratados o asesinados. Sólo se salvó una pequeña parte de los tesoros y bibliotecas medievales. La gran catedral de Amberes, con sus inmensas riquezas artísticas, quedó sólo con las paredes desnudas, el tejado y las columnas. Hasta los mismos muertos fueron desenterrados y robados. Acontecimientos semejantes tuvieron lugar a través de Europa una y otra vez. Frente a la anarquía general, el Emperador Carlos V y sus ejércitos españoles, y más tarde su hijo Felipe II, lucharon en todos los campos de Europa con la idea y el fin de proteger la Religión. Esto no quiere decir que estuvieran enteramente libres de ambiciones políticas; pero éstas eran subordinadas a la misión que profundamente creían la Divina Providencia les había encomendado. Lo mismo se puede decir de la empresa americana. Naturalmente que el oro, el afán de enriquecerse y el hambre de aventuras, fueron impulsos importantes. Pero la idea motora no cabe duda que fue la evangelización de las tierras descubiertas.

Edad de Oro (Siglos XVI-XVII)

La Edad de Oro duró desde la muerte de Jorge Manrique en 1479 hasta la de Calderón en 1681.

“El matrimonio de Fernando con Isabel, completando así la unidad nacional, puso a su disposición uno de los más importantes Estados de Europa. Su victoria sobre los moros, y la conquista del reino de Granada, los matrimonios políticos de sus hijos, los éxitos de sus ejércitos en Italia, sus afortunadas maniobras diplomáticas, y finalmente el descubrimiento de América y la intoxicación de la ulterior conquista, y el enriquecimiento repentino de la nación española, todos estos triunfos dieron a España un prestigio tal como no se había conocido en Europa desde los mejores días del Imperio Romano.” (Louis Bertrand)

“El siglo de Oro de las artes españolas, con ser tan admirable, es sólo un asomo o un anuncio de lo que hubiera podiiido ser si, terminada la Reconquista, hubiéramos concentrado nuestras fuerzas y las hubiéramos aplicado a dar cuerpo a nuestros propios ideales. La energía acumulada en nuestra lucha contra los árabes no era sólo energía guerrera, como muchos creen; era energía espiritual. Si la fatalidad histórica no nos hubiera puesto en la pendiente en que nos puso, lo mismo que la fuerza nacional se transformó en acción, hubiera podido mantenerse encerrada en nuestro territorio, en una vida más íntima, más intensa, y hacer de nuestra nación una Grecia cristiana.” (Angel Ganivet)

“Tal vez el período más español, más castellano de la cultura de España es el último tercio del siglo XVI, en plena Contrareforma, cuando Santa Teresa escribió su Camino de Perfección, el músico Victoria, también de Avila, compusoo su motete Ascendens Christus in altum y Fray Luis de León su breve Oda a la Ascensión; cuando el castellano Juan de la Cruz escribía sus ardientes poesías, y el Greco, nacido en Creta, pero toledano for espacio de cuarenta años, llenaba sus telas con el llamear del espíritu. El genio castellano voló hacia el cielo en un éxtasis místico, expresándose en inmortales obras maestras del arte y la literatura, en las que se vertieron grandes tesoros de vida y energía, de pensamiento y de dolor, de pasión y de fe. En un país de energías menos abundantes, la luz y la llama, tras esfuerzon tan duraderos y tenaces, hubieran podido apagarse definitivamente, expirando con la vida de Felipe II, a finales del siglo XVI. Pero España avanzó hacia nuevos triunfos. Fueron posibles gracias a la unidad que ofrecía la Religión, expresada en la literatura mística del siglo XVI y en los autos sacramentales del XVII, y gracias a un último intento de incorporar el pueblo al Renacimiento expresado en el arte de Ribera y Velázquez, en el teatro de Lope de Vega y Tirso de Molina, y en las novelas de Cervantes.” (Audrey Bell)

En aquel tiempo “el cuádruple furor de la Musas, de Dionisio, de Apolo y de Venus se había apoderado de toda España y había formado un pueblo de espíritus exaltados y románticos” (Karl Vossler)

“Dios nos concedió la victoria y premió el esfuerzo perseverante dándonos el destino más alto entre todos los destinos de la Historia humana: El de completar el planeta, el de borrar los antiguos linderos del mundo. Un ramal de nuestra raza forzó el Cabo de las Tormentas, interrumpiendo el sueño secular de Adamastor, y reveló los misterios del sagrado Ganges, trayendo por despojos los aromas de Ceylán, y las perlas que adornaban la cuna del Sol y el tálamo de la Aurora. Y el otro ramal fue a prender en tierra intacta aún de caricias humanas, donde los ríos eran como mares y los montes veneros de plata, y en cuyo hemisferio brillaban estrellas nunca imaginadas por Tolomeo ni por Hiparco. Dichosa edad aquella de prestigios y maravillas, edad de juventud y de robusta vida! España era, o se creía, el pueblo de Dios, y cada español, cual otro Josué, sentía en sí fe y aliento bastante para derrocar los muros al son de las trompetas, o para atajar al sol en su carrera. Nada parecía ni resultaba imposible; la fe de aquellos hombres, que parecían guarnecidos de triple lámina de bronce, era la fe que mueve de su lugar las montañas. Por eso en los arcanos de Dios les estaba guardado el hacer sonar la palabra de Cristo en las más bárbaras gentilidades; el hundir en el golfo de Corinto las soberbias naves del tirano de Grecia, y salvar, por ministerio del joven de Austria, la Europa Occidental del segundo y postrer amago del islamismo; el romper las huestes luteranas en las marismas bátavas con la espada en la boca y el agua a la cintura, y el entregar a la iglesia romana cien pueblos por cada uno que le arrebatara la herejía. España, evengelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; es es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra...” (Menéndez y Pelayo)

“La España del Siglo de Oro es aún más grande que sus soberanos. Con todo, son estos muy grandes. La prudencia política de Fernanco, la nobleza de Isabel, la grandeza de alma de Carlos, la abnegación de Felipe para su ideal, la labor enorme y constante de los cuatro al servicio del Estadoo merecen respeto y admiración. Poseen la gloria de haber sido antimaquiavélicos en un tiempo en que imperaba el maquiavelismo. Ellos han sido los primeros soberanos modernos: Gracias a ellos, España, en general tan poco organizada, pudo dar el modelo de la organización del Estado, algo olvidado desde Roma, y desecado entre conceptos de legistas sin escrúpulos, y cuya restauración, aunque con insuficientes medios, habían de comprender aquellos príncipes. Los recursos que el Imperio les procuraba hiciéronles concebir con grandeza: Tuvieron una hacienda, un ejército, una administración, que los demás imitaron poco o mucho, aprovechándose de su experiencia aunque sin dejar de denigrarlos”. (Maurice Legendre)

“El español de la Edad de Oro observa el principio simple y medieval, pero amplísimo, de devoción a Dios, al Rey y a la Patria. La ambición de todos era propagar la fe, engrandecer el Imperio, enriquecerse a sí mismos y enriquecer al Rey”. (Audrey Bell)

Los Reyes Católicos ponen fin a la Edad Media e inauguran la Edad Moderna y el Renacimiento español. Mientras en el resto de Europa reinaba todavía en el siglo XV un sistema político feudal, España es el primer país de Europa que realiza su unidad territorial, inventa la nueva institución del Estado moderno y establece el primer imperio colonial. La historia de España en el siglo XVI es la historia de Europa. Los Reyes Católicos lucharon por la unidad religiosa de España, Carlos V luchó for la unidad religiosa de Europa. Fue una empresa quijotesca, guiada por un idealismo religioso que desangró y empobreció al país. Muchos intelectuales de la época estaban conscientes de la situación, pero no la hubieran cambiado si hubiera dependido de ellos mismos. El español del tiempo se consideraba como un instrumento de Dios, y su lucha era una lucha sagrada por el mantenimiento de una religión amenazada por dentro y por fuera. La economía tomaba segundo lugar. El deber y la gloria prevalecían. Los intereses materiales se entremezclaban con los fines religiosos, pero éstos determinaban el curso de los acontecimientos. Don Quijote, en la búsqueda de un ideal imposible, viviendo en un mundo ya fenecido, refleja la situacíon de la España del siglo XVI.

A pesar del declive del poder español durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, ambos reyes fueron entusiastas protectores de la literatura y de las artes, en las que España definitivamente continuaba siendo la primera potencia del mundo. El teatro español marcó la pauta al resto de Europa, que imitó o copió a Lope de Vega, Tirso de Molina, Calderón, y aún a otros de menos talla.


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1566, el 14 de agosto en Flandes, grupos de protestantes, dirigidos por sus predicadores calvinistas, se dedican a destruir estatuas religiosas de las principales Iglesias, saqueando Bibliotecas, archivos, registros, robano obras de arte y quemando parte de aquel el ‘Patrimonio de la humanidad’.

 

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…casos y cosas de una Inglaterra protestante y anti-católica…

 

 

 

El historiador y jurista Dominic Selwood considera que en la corte isabelina el ambiente había estado menos enrarecido (las ejecuciones de cortesanos eran mucho más frecuentes que en España o Francia) y eso podría haber ayudado a Shakespeare a escribir con más libertad. “Quién sabe qué obras podría habernos dejado…” Selwood no considera imposible que Shakespeare fuera católico a escondidas, y considera probable que su padre lo fue. 

 

“No habría concepto de Eras Oscuras, que existe como idea sólo en el idioma inglés [dark ages], básicamente porque la Reforma destruyó siglos de belleza y color medieval”. Selwood insiste en que hasta Eduardo VI, las catedrales e iglesias aún estaban llenas de imágenes, color y policromía. Luego llegaron las “turbas de iconoclastas y quemadores de libros en diversos regímenes protestantes, vándalos que destruyeron en 90 por ciento de la herencia artística inglesa con la misma convicción que hoy ISIS pulveriza el patrimonio iraquí”. “El gris austero puritano que asociamos con las iglesias medievales ahora eran cascadas de color y brillo”, añade. (Aquí se puede comentar que en España, país católico, se ha perdido la policromía en multitud de iglesias medievales, simplemente porque es cara de mantener). 

 

Selwood cree que habría florecido una intelectualidad creativa en una nueva tradición de humanismo católico, como marcaban Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam. Habría enriquecido a las letras, por ejemplo con la elocuencia de un San Edmund Campion que podría haber llegado a ser cardenal (en la historia real, este jesuita mártir fue detenido predicando a escondidas en una casa en 1581 y ejecutado por el método largo reservado a los traidores ). 

 

Selwood explica que en plena Contrarreforma, los católicos ingleses en el exilio presentaron un Nuevo Testamento oficial traducido al inglés en 1582, “29 años antes de que la Iglesia Anglicana presentase su obra maestra literaria, la versión de la Biblia del Rey Jacobo de 1611”). 

 

El folclore y la cultura popular inglesa tendrían hoy más color, alegría y música, como lo tuvo la Inglaterra católica antes de la Reforma y los cambios sobrios del protestantismo. Pensemos en cómo el dictador puritano Cromwell prohibió la Navidad –incluyendo villancicos, pasteles y adornos- de 1644 a 1658, año en que murió (y le sustituyó un rey educado en Francia de madre católica). Otro ejemplo sería el teatro, los autos y misterios teatrales, con temas religiosos, que se celebraban de forma popular… fue un arte que desapareció con el protestantismo. A Selwood no le gusta comparar con otros países católicos, pero si pensamos en los autos sacramentales de un Calderón de la Barca, las Pasiones que se interpretan en muchos pueblos de España o las actividades en las calles españolas ligadas a cofradías y devociones populares podemos hacernos una idea… 

 

Enrique VIII confiscó 800 monasterios, hospicios, conventos… y acabó con toda una red de asistencia a los necesitados, que hoy podría haber crecido y ser todo un entramado de apoyo social al Estado de bienestar. “Antes de Enrique y Cromwell, Londres tenía 35 hospitales religiosos, incluyendo St Bartholomew y St Thomas, que hoy tienen más de 800 años”, recuerda. Todo el mundo dejaba en su testamento una parte para las órdenes religiosas, en su mayoría con fuerte labor asistencial. Eso desapareció en tan solo un siglo de protestantismo. 

 

Selwood señala que dos cosas que a él le gustan no existirían: un sistema parlamentario muy basado en el individualismo de origen protestante y la música coral religiosa en lengua inglesa de tradición anglicana. 

 

A continuación, pide al lector que no mire a otros países católicos para comparar, ya que, dice, la religión en cada país, “como la comida, el humor, la ropa y la música” se ven adaptadas al estilo de los pueblos. 

 

“Por ejemplo, la Inquisición nunca puso pie en Inglaterra, sobre todo porque nuestra antigua common law se basa en testigos y jurados, no en investigaciones judiciales”, explica, admitiendo como excepción el proceso a los Templarios, “pero eso podemos achacárselo a los franceses”. Esa antigua common law no impidió, por ejemplo, la expulsión de todos los judíos de Inglatera en 1290, sin Inquisición y dos siglos antes de que lo hiciera España. Cabe recordar que los judíos recuperaron derechos religiosos en Inglaterra en 1664… derechos que en esa época le estaban prohibidos a los católicos ingleses y escoceses (en esta misma época Inglaterra enviaba unos 3.000 católicos irlandeses como esclavos cada año a América).  

http://www.religionenlibertad.com/y-si-inglaterra-se-hubiera-mantenido-catolica-en-vez-de-anglicana-42145.htm 

2015.04 

 

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CORRIERI DELLA SERA. SABATO 12 APRILE DEL 2003.-

 

IGLESIA. 1527 – LUTERANOS ATACAN Y SAQUEAN EN ROMA.

 

En mayo del 1527 tocó a Roma. La ciudad eterna fue puesta a sangre y fuego por los «lanzichenecchi», por los españoles y por cerca de 15.000 luteranos en su fanatismo impulsivo anti-papal. Las tropas invadieron el “burgo” matando todas las personas que encontraban. Un sacerdote, se cuenta, fue masacrado por haber rechazado de administrar la santa Comunión a un asno perteneciente a los soldados españoles. El Papa, Clemente VII, logró refugiarse en el castillo Sant’Angelo de Roma.

 

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De hecho, sería el «artículo primero y principal», a la vez, «rector y juez de las demás doctrinas cristianas». La versión de entonces fue sostenida y defendida en particular por su singular apreciación contra la teología y la iglesia católicas romanas de la época que, a su vez, sostenían y defendían una doctrina de la justificación de otra índole. Desde la perspectiva de la Reforma, la justificación era la raíz de todos los conflictos, y tanto en las Confesiones luteranas* como en el Concilio de Trento de la Iglesia Católica Romana hubo condenas de una y otra doctrinas. Estas últimas siguen vigentes, provocando divisiones dentro de la iglesia. 

 2. Para la tradición luterana, la doctrina de la justificación conserva esa condición particular. De ahí que desde un principio, ocupara un lugar preponderante en al diálogo oficial luterano-católico romano.

*Cabe señalar que las confesiones vinculantes de algunas iglesias luteranas solo abarcan la Confesión de Augsburgo y el Catecismo menor de Lutero, textos que no contienen condenas acerca de la justificación en relación con la Iglesia Católica Romana.

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A diferencia de lo que sucede en la situación del cisma de Oriente, en lo que atañe a las comunidades surgidas de la Reforma no sólo nos encontramos con diferencias doctrinales, sino también con una estructura fundamental diversa y con otro tipo de Iglesia. Aunque sea con matices diversos y a menudo notables en sus posiciones, los reformadores conciben la Iglesia como criatura verbi sobre todo a partir de la palabra de Dios (cf. M. Lutero, De captivitate Babylonica ecclesiae praeludium, 1520:  Obras completas 560 s) y no a partir de la Eucaristía.
La diferencia se acentúa cuando se trata de la cuestión de la Eucaristía. Como afirma el Concilio, las comunidades eclesiales surgidas de la Reforma, "por defecto del sacramento del orden, no han conservado la sustancia genuina e íntegra del Misterio eucarístico"

 

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todos los conflictos bélicos dejan traumas. La guerra implica cambios sociales de gran relevancia que ejercen influencia sobre la psicología individual de forma más bien brusca, originando problemas graves, tanto en los militares como en los civiles; generalmente traumas psíquicos graves o trastorno psicopatológicos consecuentes a la pérdida de seres queridos, al padecimiento de situaciones cargadas de violencia, etc. No era raro encontrar en las calles de las aldeas personas delincuentes, más por motivos de orden social o individual y a causa de tantas guerras europeas que por razones patológicas o hereditarias.   

 

La Leyenda Negra nació a partir de la década de 1560

Durante siglos, los reyes, los diplomáticos y los militares españoles ganaron todas las batallas, salvo la de la propaganda. Desde la Reconquista de Granada en 1492 a la guerra de Sucesión, concluida en 1714, las armas del Imperio español vencieron a todos sus enemigos, con muy pocas derrotas. Sólo perdieron, de manera absoluta, la guerra de las mentes. La Leyenda Negra nació a partir de la década de 1560, cuando España combatía contra los ingleses y los rebeldes holandeses. Las primeras traducciones de la Brevísima Relación de la Destrucción de las Yndias, del obispo Bartolomé de las Casas, se publicaron en Amberes. ¿Deseo de ilustrarse o campaña de desprestigio? El historiador norteamericano Philip Powell describe en La Leyenda Negra. Un invento contra España cómo surge esa campaña en el mismo siglo XVI y cómo se extiende por el mundo y perdura hasta hoy. “Dudo de que haya materia extranjera enseñada en nuestras universidades y escuelas tan cargada de prejuicios inhibidores como la cultura hispánica”, escribe el autor. Los intelectuales, periodistas y políticos que no se atreven a decir una palabra sobre el Islam, el colonialismo, los judíos o los negros que no esté aprobada por la corrección política, para no mostrarse como racistas o ignorantes, repiten tópicos centenarios sobre la Inquisición, los conquistadores y los misioneros, las causas del atraso de Iberoamérica y el ser de los hispanos. El autor, nacido en California, conocía ampliamente el mundo anglosajón y el hispano, y con su obra universitaria trató de remover los prejuicios que impedían a los anglosajones relacionarse con españoles e iberoamericanos. Como acicate para sus compatriotas, les recuerda que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos son víctimas del mismo mecanismo propagandístico. El español el único pueblo del mundo que ha asumido las mentiras, las exageraciones y los insultos que sus enemigos han dicho sobre él. El primer paso para liberarnos de este peso es conocer la verdad. Philip Powell (California, 1913-1987) fue doctor en Historia y profesor en la Universidad de California y se dedicó al conocimiento del mundo hispánico. La Administración de Estados Unidos contó con sus conocimientos como experto en el mundo hispánico y el Gobierno español le nombró en febrero de 1976 miembro de la Orden de Isabel la Católica. ‘LA LEYENDA NEGRA. Autor: Philip W. Powell 2008

 

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La Reforma en Polonia Católica, ejemplo de tolerancia frente a la inquisición protestante alemana, sc. XVI…

La Polonia de los siglos XV y XVI era también un país abierto a las nuevas corrientes religiosas. Al contrario de las otras partes de

Europa, aquí no llegaron a estallar guerras religiosas, los disidentes encontraban en Polonia no sólo refugio sino incluso protección por parte de los monarcas y de los magnates. El resultado de esa actitud fue el enriquecimiento de la vida cultural y científica con nuevas ideas y obras literarias, además de crear la imagen de Polonia como un país tolerante. Un destacado ejemplo de esta actitud fue la llamada "Confederación Varsoviana", firmada en 1573, que concedía a los protestantes los mismos derechos que a los católicos. El último rey de la dinastía de los Jaguelones, Zygmunt August (Segismundo Augusto), pronunció en la Dieta la famosa declaración: "No soy rey de vuestras conciencias".
No sin razón, los contemporáneos, y también las generaciones posteriores, denominaron el "Siglo de Oro" a la época de los Jaguelones, y en particular al siglo XVI.

 

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las frustraciones son motivo -frecuentemente- de caer en los lazos de una secta; integrar una secta puede dar la sensación de absorción de una o varias frustraciones evidentes o menos. Pero no soluciona el problema, el vacío o anhelo insaciado, reaparece. 

Los evangélicos (bautistas, mormones, jehovistas,etc.) –es solo cuestión de historia- no existían antes del siglo XVI. - Siglo  XVI - Martín Lutero, fraile de la Iglesia Católica y luego apóstata † 18.II.1546, fue –suele acreditarse- desde el 31.X.1517 reformador protestante que con sus ideas sembró las bases para las futuras divisiones: Metodistas, Anglicanos, Episcopalianos, Presbiterianos.... De allí se derivan los “evangélicos’ actuales: testigos de Jehová, mormones, creciendo en gracia del sr. Miranda, iglesia universal del reino de Dios del sr. Macedo…etc.

Esta es la realidad histórica de muchas doctrinas, asociaciones, grupos e iglesias de las que se ven hoy en día por todos lados.

Algunas de estas otras iglesias, grupos, sectas y agrupaciones son: Asambleas de Dios, Pentecostales, Hombres de negocios del evangelio completo, El’Shadday, Elhim, La Roca, La Puerta del cielo, Aposento alto, Bautistas, Vino Nuevo, Iglesia universal del Reino de Dios, Castillo del Rey, Luz del mundo, Apostólicos de la fe en Cristo Jesús, Vida en abundancia, Adventistas del séptimo día, Iglesia del evangelio cuadrangular, Iglesia del Dios viviente, Compañerismo cristiano, World Vision, Cruzada estudiantil, cristianos, Iglesia de Font, Los Mitas, Solo Jesús salva, La piedra angular, El buen pastor, El Calvario, Nazarenos, Iglesia de Cristo, Iglesia del redentor, Cristo viene, Bible Church, Fuente de agua viva,... y muchas mas de las que se encuentran a tu alrededor.

Esta ausencia de datos históricos donde se hable de ellos cualquiera lo puede comprobar leyendo cualquier libro de historia, donde nunca hablarán de ninguna de ellas durante todos esos 15 siglos. Ni para bien, ni para mal. No existían.

Jesucristo fundó su Iglesia hace dos mil años y después algunos ‘hombres’ fundaron sus ‘iglesias’ al gusto. Aunque para querer tapar el “sol con un dedo” se auto nombraron “cristianos”. Que una persona en una secta, esté errada doctrinalmente no prejuzga nada de su condición moral. «Como hubo falsos profetas en el pueblo, también entre vosotros habrá falsos maestros que promoverán sectas perniciosas. Negarán al Señor que los rescató y atraerán sobre sí una ruina inminente»... 2ª carta de S. Pedro, cap. 2




 

Lutero, hora es ya de decirlo es sinónimo de ¿libertad?. Si será así que inventó el libre examen, que como su mismo nombre indica, revela la libertad de pensamiento. Pero es lo que ocurre con aquellos que se adelantan a su tiempo. Así que el bueno de Lutero decretó el libre examen o libre interpretación de la Biblia, y la cosa se acabó en las cientos de iglesias, grupos y sectas que, en muchos de los casos ya proliferaban antes de que el fraile rebelde se fuera a criar malvas. Y claro, tuvo que darle una respuesta. Porque el campesino, es decir, el tipo de la calle, siempre atento a sus profetas, se dijo: pues si no hay autoridad moral, esto es jauja. Y así, en 1525 surge la revolución campesina. A los príncipes alemanes no les preocupaba el libre examen pero sí les preocupaba, y mucho, la libre disposición de sus bienes que pretendían los labriegos (¡mala gente, los labriegos, muy brutos!). Entonces se cabrearon y le dijeron al profeta que arreglara el desaguisado. La respuesta de Lutero, el liberal, el plural, la reversa, fue la siguiente: “Exterminadlos como a perros” (esto no lo había aprendido en el seminario, se lo prometo).

Y así nace le Estado confesional, bajo el principio “Cuius regio, eius religio” que, traducido al cristiano significa que eres libre para adoptar otro credo que no sea el de tu soberano, pero en ese caso desde practicar el exilio, que es costumbre antigua en la historia de la humanidad. En definitiva, el liberal Lutero había creado el Estado Confesional, MMV.

 

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La doctrina de la Iglesia sobre la transmisión del pecado original fue precisada sobre todo en el siglo V, en particular bajo el impulso de la reflexión de S. Agustín contra el pelagianismo, y en el siglo XVI, en oposición a la Reforma protestante. Pelagio sostenía que el hombre podía, por la fuerza natural de su voluntad libre, sin la ayuda necesaria de la gracia de Dios, llevar una vida moralmente buena: así reducía la influencia de la falta de Adán a la de un mal ejemplo. Los primeros reformadores protestantes, por el contrario, enseñaban que el hombre estaba radicalmente pervertido y su libertad anulada por el pecado de los orígenes; identificaban el pecado heredado por cada hombre con la tendencia al mal ("concupiscentia"), que sería insuperable. La Iglesia se pronunció especialmente sobre el sentido del dato revelado respecto al pecado original en el II Concilio de Orange en el año 529 (cf. DS 371-72) y en el Concilio de Trento, en el año 1546 (cf. DS 1510-1516).

 

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Urge vivir sin miedo. Queremos libertad evangélica para encontrar la verdad. No queremos la libertad de religión, queremos la libertad religiosa.

 

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Históricamente, el papel de la Virgen María ha representado algunas de las divisiones más profundas de las Iglesias. En 1538, la furia iconoclasta del rey Enrique VIII, fundador del anglicanismo, acabó con la famosa virgen de Walsingham, que fue trasladada a Chelsea e inmolada públicamente. Nueve hombres que se negaron a destrozar la estatua fueron ejecutados. Pero es sólo un ejemplo de la ira extendida por Europa durante un siglo: otras imágenes de la Virgen fueron destrozadas y exhibidas en burdeles antes de ser destruidas.
   Lutero, sin embargo, era declarado admirador de María. Pero su generación de reformadores condenaron la «abominable idolatría» de su papel como intercesora del cielo.


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El termino "evangélico" es un termino que adoptaron algunas sectas protestantes [metodistas, bautistas, presbiterianos, etc.] al concluir una propia conferencia, en la ciudad de Panamá en el año de 1906, donde se dieron cuenta del escándalo que producía seguir llamándose cada uno por su nombre, [pentecostales, testigos, adventistas, episcopales, metodistas, bautistas, etc., etc., etc]; complicando con ello a los Latino-Americanos en su proyecto de proselitismo, que veían con sospecha la variedad y la diversidad de doctrinas y creencias entre los protestantes que invadían nuestras tierras desde los USA.

Es como decir "gillette" para denominar una navaja de rasurar; "shampoo" para denominar el liquido con el cual se lava el cabello. ¡Una secta para cada gusto!.

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"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, está en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y –siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

 

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UNO de los testimonios más nobles dados en favor de la Reforma, fue la protesta presentada por los príncipes cristianos de Alemania, ante la dieta de Spira, el año 1529. Esta protesta dio a la iglesia reformada el nombre de protestante; y sus principios son "la verdadera esencia del protestantismo." -D´Aubigné, lib. 13, cap. 6.

 

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Oliver Cromwell era miembro del Parlamento por Cambridge cuando en 1642 estalló la guerra civil entre los realistas de Carlos I y los hombres de Cromwell. En 1645 el ejército rebelde se impuso y el 30 de enero de 1649 ejecutó al Rey y proclamó la República». El vencedor se proclamó Lord Protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda y libró otras dos guerras para someter a los católicos irlandeses y a los monárquicos escoceses. En 1653, Cromwell disolvió el Parlamento y gobernó como dictador hasta su muerte en 1658, con más poderes de los que nunca tuvo el Rey.


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 El calvinismo puede definirse como  la descripción teológica de la relación de Dios con su creación y con la historia humana según la interpretación y la exposición del reformador suizo Juan Calvino (1509-1564). La fuente principal de la teología de Calvino era sagrada Escritura, que él consideraba como la norma non normata de toda la doctrina y la práctica cristiana.

La obra más importante que contiene  Una presentación sistemática del pensamiento de Calvino es la Institución de la religión cristiana.

En el pensamiento calvinista se da  mas importancia a la voluntad divina, sirve de fundamento a la doctrina  reformada de la doble predestinación. Al comienzo de la teología calvinista, sostenía firmemente que decretó desde la eternidad que miembros de la familia humana estuvieran destinados a la felicidad  eterna, mientras que otros serían entregados a la perdición eterna. El resultado final de esta elección y reprobación depende únicamente de la voluntad divina, no de los méritos o de las faltas de unos y de otros. Aunque Calvino reconocía la severidad de su enseñanza, pensaba que esto protegía la soberanía de Dios y ponía en guardia a los cristianos para que no contaran con sus propios esfuerzos para obtener la salvación.


Como resultado de la caída, toda la  familia humana merece la condenación eterna. Pero Calvino enseña, lo mismo que había enseñado antes Lutero, que pueden alcanzar la salvación todos los que confían en el perdón y en la misericordia de Dios. Éstos son dones que se dan a los elegidos que se rinden en la fe ante Cristo, el único mediador entre Dios y los hombres. A pesar de que siguen siendo pecadores, Dios los reconoce como justos en virtud de los méritos de Cristo que se les imputan, Mucho más que Lutero, Calvino subraya la importancia de la santificación y cree que ésta se verifica al mismo tiempo que la justificación. Como escribe en la Institución, " Cristo no justifica a nadie sin santificarlo al mismo tiempo» (Irlst. 3. 16. 1). La santidad de vida es necesaria para los cristianos tanto en la vida privada como en sus relaciones, que constituyen el entramado de su existencia social. Aunque está de acuerdo con el reformador de Wittenberg en que la Iglesia de Cristo está presente donde se predica con pureza la Palabra de Dios Y se celebran con pureza los sacramentos del bautismo y de la Cena del Señor, Calvino opta por una visión de la Iglesia mucho más estructurada. Ésta, sobre la base de la enseñanza del Nuevo Testamento, comprende pastores, ancianos, enseñantes y diáconos. Esta amplia distribución de oficios asignada a los laicos estaba en palpable contraste no sólo con la práctica del primer luteranismo, sino también con la del catolicismo romano. Mientras que los autores están divididos a propósito de la comprensión que tenía Calvino de la presencia real de Cristo en la eucaristía, suelen estar de acuerdo en que lo que él llama «presencia espiritual» es distinto de lo que dicen Lutero y Zwinglio.

K. McMorrow

  

 Bibl.: E. Iserloh, Juan Calvino: personalidad  y obra, en HdI, Y 502-537: J, T McNeill, The History and Character of Calvinism, Michigan 1973.

 

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Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día. Y a las sectas esta evidencia les he insoportable.

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“Qué haríamos con dos millones (si los tuviéramos): Los filántropos se lo darían a los pobres que se lo merecieran, y los cristianos a los pobres que no se lo merecieran: porque si los cristianos fueran verdaderos cristianos, lo primero que pensarían es que ellos mismos constituían un ejemplo de ricos que no merecían serlo”. G.K.Chesterton - Ilustrated London News

 

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Supresión de los Monasterios - Ingleses por Enrique VIII

 

Desde cualquier punto de vista, la destrucción de los monasterios ingleses por Enrique VIII debe ser recordado como uno de los acontecimientos más relevantes del siglo dieciséis. Estos eran vistos en Inglaterra, en el tiempo de la ruptura de Enrique con Roma, como uno de los mayores baluartes del sistema papal. Los monjes habían sido llamados "el gran ejército permanente de Roma". Uno de los primeros resultados prácticos de la asunción de los más altos poderes espirituales por el rey, fue la supervisión por decreto real de las visitas oficiales episcopales, y el nombramiento de un laico – Tomás Cromwell – como el vicario general del rey en asuntos espirituales, con autoridad especial para visitar los monasterios, y de llamarlos al orden con respecto a las nuevas modalidades de las cosas. Esto fue en 1534; y, algún tiempo antes de diciembre de aquel año, fueron hechos los arreglos para un régimen sistemático de visitas. Un documento, fechado el 21 de enero de 1535 permitía a Cromwell liderar las visitas a través de "comisarios" – en lugar de personalmente – dado que el ministro decía estar en dicho tiempo demasiado ocupado con "los asuntos del reino entero". Actualmente está prácticamente admitido que, más aún que la cuestión de estas comisiones de visitas, el proyecto de suprimir algunos, si no fuera posible todos, de los establecimientos monásticos del país, no sólo había sido abordado, sino que se convirtió en parte de las políticas prácticas de Enrique. Es bueno recordar esto, dado que arroja una interesante y en cierta medida inesperada luz sobre las primeras disoluciones: los monasterios estaban condenados con anterioridad a estas visitas, y no como consecuencia de éstas, como estamos acostumbrados a creer de acuerdo con la historia tradicional. El Parlamento había de reunirse temprano en el próximo año, 1536, y, con el doble objeto de revitalizar un agotado Tesoro Público y de anticipar oposiciones de parte de los religiosos debido a los cambios eclesiásticos propuestos, de acuerdo con designios reales, los Comunes fueron movidos a reconocer a Enrique la posesión de al menos los monasterios más pequeños. Sin embargo, esto debió haber sido percibido por el astuto Cromwell, a quien es atribuida la primera concepción del proyecto, que para lograr el éxito, un proyecto de este tipo debía estar sustentando por poderosas aunque simples razones calculadas para atraer a la opinión pública. Algún pretexto decente debía ser encontrado para presentar la medida propuesta de la supresión y confiscación para la nación; difícilmente pueda ser objeto de duda que el recurso de difamar las personalidades de los monjes y monjas fue deliberadamente infundado.

Las visitas comenzaron aparentemente en el verano de 1535, a pesar de que las facultades de visitación de los obispos no fueron suspendidas sino hasta el 18 de septiembre siguiente. Los predicadores fueron asimismo comisionados a recorrer el país en los principios del otoño, a fin de que, por medio de sus invectivas, fuesen educando a la opinión pública en contra de los monjes. Estos oradores fueron de tres clases:


"difamadores", quienes declamaban contra los religiosos como "hipócritas, hechiceros y frívolos, etc.", "predicadores", quienes decían que los monjes "hicieron a la tierra improductiva", y aquellos que decían a la gente que , "si las abadías desaparecen, el rey nunca más querrá cobrar ningún impuesto"


Este último fue un argumento favorito de Cranmer, en sus sermones en La Cruz de San Pablo. Los hombres empleados por Cromwell – los agentes encargados de las tareas de recolectar la evidencia requerida – eran principalmente cuatro, Layton, Leigh, Aprice, y London. Ellos estaban bien capacitados para su trabajo, y los cargos que se imputaron contra el buen nombre de por lo menos algunos de los monasterios, por estos emisarios elegidos por Cromwell, son, debe ser confesado, suficientemente atroces, a pesar de que aún sus reportes no confirman la moderna noción de corrupción masiva.


Las visitas parecen haber sido llevadas adelante sistemáticamente, y haber atravesado tres etapas claramente definidas. Durante el verano las casas del Este de Inglaterra fueron objeto de examen, y esta fracción del trabajo llegó a su término para Septiembre, cuando Layton y Leigh llegaron a Oxford y Cambridge respectivamente. En Octubre y Noviembre los visitadores cambiaron el rumbo de sus tareas hacia los distritos del Este y Sudeste, y en Diciembre encontramos a Layton avanzando a través de los condados centrales hacia Lichfield, donde se topó con Leigh, quien había terminado su trabajo en las casas religiosas de Huntingdon y Lincolnshire.. De allí en más ellos prosiguieron juntos hacia el Norte, y llegaron a la ciudad de York el 11 de enero de 1536. Pero con toda prisa, urgidos para ello por Cromwell, ellos no fueron muy lejos en sus trabajos de inspección en el norte antes de la reunión del Parlamento.


De tanto en tanto, mientras desarrollaban sus tareas de visitación, los visitadores, principalmente London y Leigh, enviaron breves reportes a sus empleadores. Prácticamente todas las acusaciones hechas en contra del buen nombre de los monjes y monjas están contenidas en las cartas enviadas en este contexto por los visitadores, y en el documento, o documentos, conocidos como la "Comperta Monastica", los cuales fueron preparados en dicho momento por los mismos visitadores y reenviados a su jefe, Cromwell. No hay disponible ninguna otra evidencia acerca del estado de los monasterios en dicho momento, y la investigación de la verdad de las acusaciones está fundada, en el fondo, sobre el valor de estas palabras de los visitadores. Es fácil, por supuesto, descartar testigos inconvenientes como carentes de mérito, pero en este caso, un más profundo estudio de estas cartas y documentos es más que suficiente para sembrar la duda sobre estos testimonios como completamente carentes de credibilidad.


Es, por supuesto, imposible penetrar en los detalles de las visitaciones. Debemos, entonces, pasar al segundo escalón de esta disolución. El Parlamento se reunió el 4 de febrero de 1536, y el principal asunto que fue mencionado para tratar fue la consideración y sanción de la ley de supresión de las más pequeñas casas religiosas. Puede resultar bueno puntualizar exactamente qué es conocido acerca de este tema. Sabemos, por cierto, que el propósito del rey de suprimir las pequeñas casas religiosas dio origen a un extenso debate en la Cámara Baja, y que el Parlamento dio paso a la medida con gran renuencia. Es más que destacable, por otra parte, que en el preámbulo de la misma Acta, el Parlamento es cuidadoso en deslindar la entera responsabilidad de la medida en el rey, y en declarar, si las palabras significan algo, que tomaban la verdad de los cargos en contra del buen nombre de los religiosos, exclusivamente sobre la "declaración" del rey, quien debía conocer la veracidad de los cargos. Además debe ser recordado que un simple hecho prueba que las actuales acusaciones o "comperta" -- tanto en los formularios de los visitadores, o en el mítico "Libro Negro"-- nunca habían sido presentadas ante el Parlamento para su consideración en detalle, menos aún para su examen crítico y juicio.. Tenemos los documentos "Comperta" – los hallazgos de los visitadores, cualquiera sea su valor, mientras hacían sus rondas, entre los papeles estatales – y puede verse fácilmente que no se hace ninguna distinción en ellos entre las casas grandes y las pequeñas.


Todas están, para usar una expresión familiar, "cortadas por la misma tijera", esto significa, que todas están igualmente manchadas por las groseras afirmaciones de Layton y Leigh, de London y Aprice. "La idea de que los pequeños monasterios en mayor medida que los grandes estaban particularmente plagados de vicio", escribe el Dr. Gairdner, el editor de los diarios del Estado de este período, "no surge a partir de la ´Comperta´." Más aún, el preámbulo de la misma Acta, que suprimió los pequeños monasterios debido a las viciadas condiciones de vida, declara positivamente que "en los grandes y solemnes Monasterios del reino", la religión era bien observada y Dios era bien servido. ¿Puede ser imaginado por un momento que esta afirmación puede haber encontrado su camino dentro del Acta del Parlamento, han sido los reportes, "o Comperta", de los visitadores puestos sobre la mesa de la Casa de los Comunes para la inspección de sus miembros? Estamos, en consecuencia, conminados por este hecho a aceptar como histórica la consideración dada en el preámbulo de la primer Acta de Disolución: que la medida fue tomada por la presión de la "declaración" del rey acerca de que los cargos contra las casas pequeñas eran verdaderos, y eso es todo solamente.


En su forma final la primer medida de supresión simplemente promulgaba que todas las casas religiosas que no poseyesen un ingreso de más de 200 libras al año debían ser cedidas a la Corona. Los superiores de tales casas habrían de recibir pensiones, y los religiosos, a pesar de que se alegaba que varios de ellos eran depravados, habrían de ser admitidos en los monasterios mayores y más observantes, o si no habrían de ser licenciados para actuar como sacerdotes seculares. La infame medida fijada por el Acta fue , de este modo, una medida pecuniaria. Todos los establecimientos monásticos que cayesen por debajo del promedio de "buena vida" de ingresos de 200 libras al año habrían de ser dados al rey para ser dispuestos según su "agrado, por el honor de Dios y la riqueza del reino".

Este límite de dinero prestó de inmediato lo necesario, como un primer paso en la dirección de la disolución, para averiguar cuales casas estaban al alcance de la acción del Acta.. Tan pronto como en abril de 1536 (menos de un mes desde la vigencia de la medida), podemos encontrar comisiones mixtas de oficiales y caballeros de la ciudad congregados en consecuencia para realizar inspecciones en las casas religiosas, e instrucciones emitidas para su orientación. Los resultados obtenidos por estos comisionados son de la mayor importancia en la determinación del estado moral de las casas religiosas en el momento de su disolución. Actualmente está bajo disputa que las acusaciones de los visitadores de Cromwell fueron hechas con antelación a, y no después (como la mayoría de los escritores han supuesto erróneamente), la constitución de estas comisiones mixtas de nobles y oficiales. El principal propósito por el cual los comisionados fueron nominados fue, por supuesto, para encontrar cuáles casas poseían ingresos menores a 200 libras por año, y apoderarse de ellas en nombre del rey, como legalmente pertenecientes a Su Majestad, en virtud del Acta. Los nobles y los oficiales fueron instruidos, sin embargo, para investigar y reportar sobre el estilo de vida de los religiosos, o en otras palabras estaban dirigidos especialmente a examinar sobre el estado moral de las casas visitadas. Desafortunadamente, actualmente se conoce de la existencia de comparativamente pocos de estos reportes de las comisiones mixtas, a pesar de que algunos habían sido descubiertos, los cuales eran desconocidos para el Dr. Gairdner cuando realizó su "Calendario" de los documentos de 1536. Sin embargo, afortunadamente, los reportes existentes trataban expresamente de algunas de las mismísimas casas contra las cuales Layton y Leigh habían hecho sus pestilenciales insinuaciones. Una vez que la supresión fue resuelta y hecha legal, no les importó a Enrique o Cromwell que los residentes pudieran ser descriptos como "riñones del mal"; y entonces los nuevos comisionados rehabilitaron a los religiosos de las mismas casas como reales observantes de "un virtuoso estilo de vida", y esto, no sólo en el caso de una casa o distrito, sino, como Gairdner dice, "la reputación de los residentes es casi uniformemente buena"


Para prepararse para la recepción del esperado botín, fue establecida la que se conoció con el nombre de Oficina de Aumentos, y el señor Tomás Pope fue nombrado como su primer tesorero, el 24 de abril de 1536. En ese mismo día algunas instrucciones fueron emitidas para la guía de las comisiones mixtas en el trabajo de disolver los monasterios. De acuerdo con dichas directivas, los comisionados, habiendo entrevistado al superior y mostrándole el "Acta de Disolución", debían lograr que todos los oficiales de la casa jurasen contestar con la verdad a cualquier pregunta que se les hiciera. . Ellos debían luego examinar tanto el estado moral y financiero de los establecimientos, y reportar acerca de ellos, así también como acerca del número de religiosos y "el estilo de vida que llevaban". Después de eso, se debía tomar un inventario de todos los bienes, muebles y platería, y un "aprendiz" u homólogo de lo mismo debía ser dejado con el superior, fechando a partir del 1 de marzo de 1536, porque a partir de tal fecha todo había pasado a posesión del rey.. De allí en adelante, el superior habría de ser considerado responsables por la custodia de la propiedad del rey. Al mismo tiempo, los comisionados emitirían sus órdenes hacia las cabezas de las casas tendientes a no recibir ninguna renta en nombre del convento, ni a gastar más dinero, excepto para las expensas más necesarias, hasta que la voluntad del rey fuese conocida. Ellos quedaban, sin embargo, estrictamente ligados a continuar el cuidado de las tierras, y "sembrar y cultivar" como antes, hasta tanto algún granjero del rey fuera citado y los relevaran en dicha tarea. En cuanto a los monjes, al oficial le fue dicho "que mandase a aquellos que permanecerían en el estado religioso a otras casas con cartas a los gobernadores, y a aquellos quienes deseasen volver al mundo al Lord de Canterbury y al Lord canciller" a fin de que recibiesen algunos beneficios o viáticos que pudiesen ser encontrados para ellos.

Un hecho curioso acerca de la disolución de los monasterios más pequeños merece una especial atención. Ni bien el rey hubo obtenido la posesión de estas casas al valor de 200 libras por año, luego comenzó a refundar algunos "a perpetuidad" bajo un nuevo estatuto. En este sentido no menos de cincuenta y dos casas religiosas en varias partes de Inglaterra ganaron un respiro temporario con respecto a la extinción, El costo, sin embargo, era considerable, no sólo para los religiosos, sino también para sus amigos. La propiedad fue nuevamente confiscada y los religiosos fueron finalmente erradicados, antes de que hubieran sido capaces de devolver las sumas prestadas con vistas a adquirir este muy estrecho favor de manos del poder legal y real. Hablando en plata, el tesorero de la Oficina de Aumentos admite haber recibido, como simple "parte de pago de las cuantiosas sumas de dinero debidas al rey por multas o componendas por la tolerancia y continuidad" de parte de sólo treinta y uno de esos monasterios refundados, alrededor de 5948 libras 6s. 8d. o algo menos, probablemente, que 60.000 equivalentes en moneda de 1910. Sir Tomás Pope, el mismo tesorero de la Oficina de Aumentos, ingeniosamente agregó que él no había tenido en cuenta los atrasos adeudados a la oficina bajo su mandato, "ya que todos y cada uno de los citados monasterios, antes del cierre de las cuentas, han ingresado en las manos del rey por rendición, o por la autoridad del Parlamento han sido agregadas al aumento de los ingresos reales." "Por esta razón", agrega él, "el rey ha remitido todas las sumas de dinero aún adeudadas a él, como el residuo (residue) de las multas originadas por su protección real". Las sumas pagadas por las nuevas fundaciones "en perpetuidad", las cuales en realidad, tal como mostraron los hechos, significaron sólo una tregua de un puñado de años aproximadamente, variaron considerablemente. A modo de regla estas representaban acerca de tres veces los ingresos anuales de la casa, pero en ocasiones, como en el caso de Santa María, Winchester, la cual fue multada con 333 libras 6s. 8d., para dejarla continuar, ella fue reestablecida con la pérdida de algunas de sus más valiosas posesiones.


Es en cierta manera difícil de estimar correctamente el número de casas religiosas que pasaron a posesión del rey en virtud del Acta del Parlamento de 1536. La estimación de Stowe es en general apreciada como suficientemente cerca de la cifra, y él afirma: "el número de casa suprimidas entonces fue de 376". Con respecto al valor de las propiedades, la estimación de Stowe también resultaría ser sustancialmente correcta cuando indica unas 30.000 libras, o algo así como 300.000 libras equivalentes en moneda de 1910, como el ingreso anual derivado de las confiscaciones de tierra. No puede ser dudado, empero, que subsecuentemente las promesas de altos ingresos anuales de parte de los viejos estados religiosos resultaron ilusorios, y con todo esto, a pesar de las míseras rentas de las granjas de la Corona, las parcelas produjeron menos dinero para la cartera real que lo que previamente lo habían hecho bajo la frugal administración y supervisión personal de sus dueños anteriores.


Para la valuación de los tesoros provenientes de las arruinadas y desmanteladas casas, donde el derroche era en todas partes tan grande, es naturalmente difícil de estimar la valuación de la platería, y joyas que fueron enviadas en especies hasta la tesorería del reino, y los beneficios derivados de la venta de plomo, campanas, existencias, mueblería, y hasta los edificios conventuales. Es, sin embargo, razonablemente cierto que Lord Herbert, siguiendo a Stowe, haya situado la cantidad realmente recibida en una cifra muy superior. No, por supuesto, que tales bienes no hayan valido bastante más que alrededor de 100.000 libras, tal como él las estimó, pero nada similar a dicha suma fue realmente recibida o reconocida por Sir Tomás Pope, como tesorero de la Oficina de Aumentos. La corrupción, sin lugar a dudas, existía en todas partes, desde el menor de los vigilantes de las comisiones de visitantes hasta el más alto oficial de la Corte. Pero de acuerdo con las innumerables maneras en las cuales las posesiones de los monasterios pudieron ser saqueadas en el proceso de transferencia hacia su nuevo poseedor, no puede estar muy por debajo de la cifra, para valuar esas "Pequeñas migajas de Robin Hood", tal como Stowe los llama, de alrededor de 1.000.000 de libras en moneda de 1910.


Algo debe necesariamente ser dicho acerca del corriente proceso que fue seguido por los agentes de la Corona en la disolución de estos monasterios menores. Fue más de lo mismo en todos los casos, y fue de algún modo un prolongado proceso, dado que el trabajo no fue todo realizado en un día. Las actas, enviadas a la Oficina de Aumentos por los comisionados, mostró que era frecuentemente cuestión de esperar seis o siete semanas antes que cualquiera de las casas fuera finalmente desmantelada y sus ocupantes hubieran sido todos echados fuera.. El jefe de los comisionados asistió en dos visitas oficiales a la escena de las operaciones durante el transcurso del trabajo. En el primer día ellos reunieron al superior y a sus subordinados en la Casa Capitular, anunciaron a la comunidad y a sus dependientes su inminente destino, requirieron y ajaron el sello del convento, el símbolo de la existencia corporativa, sin la cual ningún negocio puede ser realizado; profanaron la iglesia, tomaron posesión de la mejor platería y vestiduras para uso del rey; midieron el plomo sobre el techo y calcularon su valuación posterior a la fundición, contabilizaron las campanas, y estimaron las mercaderías y los bienes muebles de la comunidad. Más tarde ellos pasaron a la escena de sus siguientes operaciones, dejando tras ellos ciertos oficiales subordinados y trabajadores para llevar a cabo la designada destrucción removiendo los techos y demoliendo las canaletas; fundiendo el plomo en cerdos y forraje, tirando abajo las campanas, destruyéndolas con mazas y envasando el metal en barriles listos para la visita de los especuladores y sus ofertas por los tesoros. Esto fue complementado por la tarea de recolección de los muebles y su venta, juntamente con los marcos de las ventanas, postigones, y puertas por subasta pública u ofertas privadas. Cuando todo esto había sido hecho, los comisionados regresaron para auditar las cuentas y para autosatisfacerse en general de que el trabajo de devastación había sido alcanzado de acuerdo con los allegados del rey. – que el nido había sido destruido y los pájaros ahuyentados – que lo que había sido un monumento de belleza arquitectónica en el pasado era ahora un "coro desnudo y sin techo, donde luego las dulces aves cantaron".


Ni bien hubo comenzado el proceso de destrucción simultáneamente por todo el país, la gente comenzó finalmente a darse cuenta de que los beneficios que se esperaban acumular para ellos como resultado de los saqueos eran ampliamente ilusorios. Cuando esto fue entendido, fue primeramente elevada la propuesta de presentar una petición al rey desde los Lords y los Comunes, denunciando el daño evidente que debía ocurrir al país entero si la medida fuese llevada a cabo completamente, y requiriendo que el Acta de Supresión debería ser detenida inmediatamente, y que las casas menores, que no hubieran sido disueltas bajo la autoridad del Acta de 1536, deberían ser conservadas.. Nada, por supuesto, ocurrió con este intento. El apetito de Enrique fue abierto por lo que había ya recibido, y él sólo ambicionaba más de los tesoros de la Iglesia y de los pobres. La acción del Parlamento en 1536 de permitir que la primer medida se convirtiera en ley, hizo en realidad mucho más difícil para Enrique la retractación, y en muchos sentidos no hizo más que preparar el terreno para las disoluciones generales. Aquí y allá, en todo el país, se organizó activa resistencia contra el trabajo de destrucción, y en el caso de Lincolnshire, Yorkshire, y el Norte en general, el levantamiento popular de la "peregrinación de gracia" fue causado mayoritariamente, o al menos en gran medida, por el deseo de la gente de salvar las casas religiosas de la despiadada destrucción. El fracaso de la insurrección de la "Peregrinación de Gracia" fue celebrada a través de la ejecución de doce abades, y, para utilizar las propias palabras de Enrique, a través de un masivo "paro forzoso" de monjes.. Por un nuevo e ingenioso proceso, llamado apropiadamente "Disolución por Proscripción", una abadía era considerada por los consejeros reales de caer en las manos del rey por la supuesta o tácita traición de sus superiores. De este modo, varias de las más grandes abadías, con todas sus rentas y posesiones, cayeron en manos de Enrique como consecuencia de la "Peregrinación de Gracia".


El Parlamento de 1536, debe ser recordado, había reconocido a Enrique la posesión solamente de aquellas casas cuya valuación anual fuera menor a 200 libras. Lo que ocurrió durante los siguientes tres años que sucedieron a la entrada en vigencia del Acta fue sintéticamente esto: el rey estaba insatisfecho con los actuales resultados de lo que él había supuesto se iría a convertir en una verdadera mina de oro. Personalmente, tal vez, él no había ganado tanto como había esperado de las disoluciones que habían tenido lugar. La propiedad de los monjes de algún modo parecían malditas por su origen, ya que pasaron de su control hacia otras mil y una directivas, y él pronto estuvo sediento por un premio mayor, el cual, como quedó en evidencia, fue igualmente incapaz de guardar para sus usos particulares. Por sus instrucciones, los visitadores fueron una vez más puestos en marcha en contra de las grandes abadías, en las cuales, de acuerdo con el Acta de 1536, la religión era "rectamente observada". No habiendo recibido ningún mandato del Parlamento para autorizar la extensión de sus procedimientos, los agentes reales, ansiosos de ganarse un lugar en los favores del rey, estuvieron muy ocupados a lo largo de todo el país, engatusando, coercionando, ordenando y amenazando a los miembros de las casas religiosas de modo de forzarlos a renunciar a sus monasterios y dejarlos a merced de la Majestad del rey. Tal como el Dr Gairdner lo apunta: "a través de varios recursos y medios los superiores de estos establecimientos fueron inducidos a la rendición, y ocasionalmente cuando un abad era encontrado culpable, como en el caso de Woburn, de haber cometido traición en el sentido en que lo estipulaban los recientes estatutos, la casa (por una extensión de las leyes tiránicas) era expropiada en favor del rey por su proscripción. Pero los casos de proscripción eran ciertamente la excepción, las rendiciones eran la regla general".


El otoño de 1537 vio el comienzo de la caída de los frailes en Inglaterra.. Por alguna razón, posiblemente por su poderío, ellos no habían sido alcanzados bajo el Acta de 1536. Por el lapso de un año después de la "Peregrinación de Gracia" pocas disoluciones de casas, aparte de aquellas que pasaron a manos del rey a través de la proscripción de sus superiores, son recordadas. Con la fiesta de San Miguel, en 1537, sin embargo, además de los conventos de frailes, por algunos medios u otros, las rendiciones de las casas más grandes ocurrieron rápidamente. Las instrucciones proporcionadas a los agentes reales son claras. Estos debían, por todos los métodos conocidos para ellos, tener a los religiosos "deseosos de consentir y acordar" su propia extinción. Solamente recién cuando ellos descubrieron "algunos de esos líderes y conventos, tan apenados por ser disueltos, tan testarudos y obstinados que no irían a entrar en razón" para acordar con firma y sello sus propias garantías de muerte, fue que los comisionados fueron autorizados por instrucciones de Enrique a "tomar posesión de la casa" y su propiedad por la fuerza. Y mientras todo esto era pergeñado, los agentes reales fueron ordenados a declarar que el rey no tenía designios de cualquier tipo sobre la propiedad monástica o un sistema similar, o ningún deseo de asegurar la supresión total de las casas religiosas. Ellos fueron instruidos de que a cualquier precio pusieran fin a tales rumores, los cuales eran naturalmente abundantes a lo largo de todo el país en dicho momento. Esto hicieron ellos, y el inescrupuloso Dr. Layton declaró que él le había dicho a la gente de todos los sitios que "en esto ellos calumniaron completamente al Rey, su señor natural". El les ordenó no creer tales reportes, y el "mandó a que los abades y priores les fueran puestos cepos" por haber relatado tales cosas alejadas de la verdad. Era, sin embargo, tal como puede imaginarse, más que difícil de suprimir el rumor mientras la propia situación estaba continuando. En 1538 y 1539 unos 150 monasterios de hombres fueron detectados de haber firmar la cesación su existencia corporativa y su propiedad, y por un acto formal cedido todos sus derechos al rey.


Cuando el trabajo hubo progresado lo suficiente el nuevo Parlamento, que se reunió en Abril de 1539, después de haber observado que diversos abades y otros habían rendido sus casas a manos del rey, "sin apremios, coerción, u compulsión", confirmó esas rendiciones y destinó todas las posesiones de los monasterios así obtenidas en manos de la Corona. Finalmente en el otoño de aquel año, el triunfo de Enrique sobre las órdenes monásticas fue completado por medio de las horribles muertes por traición tácita de los tres grandes abades de Glastonbury, Colchester, y Reading. Y así, tal como ha dicho un escritor, "antes de que el invierno de 1540 se hubiera establecido, la última de las abadías había sido añadida a las ruinas con las cuales la tierra había sido sembrada desde un extremo hasta el otro."

Es difícil, por supuesto, estimar el número exacto de religiosos y casas religiosas suprimidas en aquel tiempo en Inglaterra. Poniendo todas las fuentes de información juntas, pareciera ser que los monjes y canónicos regulares expulsados de los más grandes monasterios fueron unos 3.200 de número, los frailes 1.800, y las monjas, 1.560. Si a esto debe ser sumado el número de aquellos afectados por la primera Acta del Parlamento, sería probablemente no lejano a la verdad decir que el número de religiosos hombres y mujeres expulsados de sus casas por la supresión eran, en números redondos, cerca de 8000. Además de ellos, por supuesto, han habido probablemente más diez veces esa cifra de personas derivadas de su rumbo quienes eran sus dependientes, o contrariamente habían obtenido su pasar en su servicio.


Si ya resulta difícil determinar, con alguna certeza, el número de los religiosos en la Inglaterra monástica para la época de las disoluciones de los monasterios, es aún más difícil brindar alguna estimación precisa de las propiedades involucradas. Velozmente calculada, la valuación anual de la totalidad de las propiedades que pasaron a manos de Enrique fue de unos 171.312 libras. Otras valuaciones la han situado aún más arriba, y así es que un cálculo moderno de la valuación anual en aproximadamente 200.000 libras, o unos 2.000.000 de libras en moneda de 1910, probablemente no es excesivo. Por lo tanto, como una estimación aproximada, puede ser tomado en cuenta que con la caída de los monasterios, un ingreso de cerca de dos millones de libras esterlinas por año, según la valuación monetaria de 1910, fue extraído de la Iglesia y los pobres, y transferido a las arcas reales.

Debe ser, sin embargo, inmediatamente señalado que Enrique evidentemente nunca obtuvo nada equivalente a dicha suma de la transacción. La valuación del capital fue tan disminuida por concesiones gratuitas, ventas de tierras a valor nominal, y por numerosas otras maneras, que en realidad, durante los once años comprendidos entre 1536 to 1547, la contabilidad de la Oficina de Aumentos mostraba que el rey solamente recibió un promedio anual de ingresos de 37.000 libras, o 370.000 libras en moneda equivalente de 1910, por propiedades que, en las manos de los monjes, hubieran probablemente producido cinco veces dicha cifra. Hasta donde puede inferirse a partir de las cuentas aún existentes, el total recibido por el rey debido a las confiscaciones de los monasterios desde abril de 1536, hasta la Sanmiguelada de 1547, era de alrededor de trece millones y medio en moneda de 1910, a lo cual debe ser añadido cerca de un millón de esterlinas, debido al valor de la fundición de la platería de los monasterios. De esta suma, sin contar la vajilla y las joyas, unos tres millones fueron gastados por el rey personalmente, 600.000 libras fueron gastadas en los palacios reales, y cerca de medio millón en los gastos domésticos del Príncipe de Gales. Más de cinco millones en esterlinas son imputadas bajo el rubro de gastos de guerra, y casi 700.000 libras fueron gastadas en la defensa de las costas. Las pensiones concedidas a personas religiosas sumaron unos 330.000 libras, y un curioso ítem de 6.000 libras es imputado como gasto "para asegurar la rendición de la Abadía de Abingdon."

FRANCIS AIDAN GASQUET
Transcrito por Marie Jutras
Traducido por Christian Longarini

 

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I. El evangelismo en Francia

1. Hacia la elaboración de un concepto

 

El proceso de confesionalización fue más bien laborioso. Antes de que los límites entre las dos formaciones fueran definitivos, pasó un largo período de tiempo. Tanto los fieles a la Iglesia de Roma como la comunidad de disidentes, no eran dos galaxias sin comunicación. En el interior de la Iglesia romana había una Theologische Unklarheit, que matizaba las posiciones; en el otro lado había un frente siempre en movimiento.


Imbart de la Tour ha definido con el término de evangelismo un período, el que va desde 1521 a 1538, en el que todo estaba aún en juego[10]. Antes de llegar a una separatio oppositorum se creó una zona intermedia, una especie de tercera vía o tercer partido. Las características salientes del movimiento fueron el cristocentrismo, la acentuación de la sola fides, el recurso muy marcado a la Escritura, el rechazo —o al menos la no consideración— hacia el culto de los santos, hacia las reliquias, hacia las indulgencias... Elemento común de aquéllos que pertenecían a este partido era el no querer romper con la Iglesia, quizás por un apego a la unidad, quizás porque eran favorecedores de una religión interior, personal, simplificada, libre, que no tiene necesidad de reconocimiento y no se realiza en la pertenencia.

2. El Cenáculo de Meaux

El centro de esta tendencia en Francia fue Meaux, en torno al obispo Guillaume Briçonnet (+1534), el cual había querido a Lefèvre d’Etaples como su vicario general. Se había empeñado en proponer una renovación interior basada en el Evangelio, en una vida de fe y de amor. El programa era de retorno al cristianismo primitivo.

En el palacio episcopal, donde se podían leer distintas obras de Lutero, habían sido acogidos F. Vatable, M. Masurier, J. Pavant, M. de Aranda, G. Roussel, P. Caroli y G. Farel —que en 1523 llegaría a Basilea y se haría protestante—.

Los franciscanos, que habían tenido distintos problemas con el obispo[11], acusaron a Lefèvre de herejía. El vicario general huyó con otros compañeros a Estrasburgo desde Capitone, agravando la propia posición. Los huidos pudieron, al cabo del tiempo, retornar con la protección del rey, pero, entretanto, el círculo ya se había disuelto.


3. En torno a Margarita de Navarra

El evangelismo fue protegido por Margarita de Navarra, hermana del rey. Manifestó su originalidad en la producción de libros de piedad. La preocupación de estos humanistas —no olvidemos que eran humanistas— era la de transmitir el Evangelio y ponerlo a disposición de todos.

Cierta historiografía ha acusado a estos autores de nicomedismo[12], de falta de valentía. Pero, en realidad, hay que considerar dos cosas:

-Para ellos era más importante la unidad de la Iglesia que no la pertenencia o distinción confesional.

-Para los miembros del evangelismo era importante actuar una reforma a través de la cultura: consideraban esencial para esto defender la Sagrada Escritura; anhelaban un cristianismo simplificado, adogmático, interior.

De hecho, se encontraron en mala posición entre las luchas de partido. No se reconocían ni en los unos ni en los otros, y desde ambos lugares eran vistos con sospecha.


II. El evangelismo en Italia

En Italia la difusión de la Reforma fue bastante precoz. Muchos estudios se han orientado hacia los “herejes”, es decir, los núcleos antitrinitarios, los espiritualistas y los anabaptistas; sobre la estela de Delio Cantimori y Aldo Stella vinieron a ser estudiadas las diásporas de Polonia, Transilvania, Moravia. El carácter de estos autores, fuera de toda obediencia, ha sido una clara manifestación de personas que estaban contra, más que con. También se han estudiado aquellos autores que, refugiados en el exterior, tuvieron un papel de primer plano en el interior de las varias confesiones, como Mattia Flacio Illirico, Pier Martire Vermigli, Celio Secondo Curione, Pier Paolo Vergerio.

1. La zona franca

Hay también en la península itálica una zona intermedia que merece particular atención. Ha sido definida como evangelismo, un término vago, muy reciente, mas quizás precisamente por esto apropiado. Un exiliado italiano, Francesco Negri, escribía contra quienes pretendían constituir «una nueva escuela de un cristianismo ordenado a su modo, donde ellos no niegan que la justificación del hombre sea por Jesucristo, mas no quieren admitir las consecuencias que necesariamente se siguen; por lo que quieren, así, sustentar el papado, quieren tener las misas, quieren observar miles de supersticiones papistas e impiedades contrarias a la verdadera piedad cristiana; imaginándose, no sé en qué modo, que estas cosas puedan tener conveniencia juntas. Mas, por gracia, decidme qué conveniencia puede tener la luz con las tibieblas. ¿Y Cristo con Belial?»

El coloquio nocturno de San Pablo fuori le mura entre Pole y Carafa reveló que también en la vertiente opuesta se había advertido la presencia de hombres que no querían agruparse, pero que manifestaban simpatías por doctrinas consideradas “luteranas”.

Ya Ranke había intuido agudamente que personajes como Pole, Cortese, Morone, Contarini..., se habían acercado a posiciones protestantes, sin compartirlas totalmente. El evangelismo de estos pesonajes era, por tanto, “de frontera” —mas de hecho—, en el interior del mundo católico, que intentaban renovar.

Más recientemente Jedin ha retomado este concepto. Considerando el evangelismo como un terreno sustancialmente no infectado, se juzgó Pole como un defensor de la ortodoxia, que salvó a Vittoria Colonna y a M.A. Flaminio del valdesianismo, y, asimismo, se juzgó el Beneficio de Cristo como un libro sin abiertas herejías.

El tema mayor de este evangelismo sería el de la justificación por la fe imputada al pecador. La formulación más moderada de la “doble justificación” —por fe imputada, la cual va continuada de la justificación infusa o santificación—, fue defendida por Contarini en Ratisbona y por Seripando en Trento. Era una doctrina presente en el círculo viterbés en torno a Pole, Flaminio, Carnesecchi y, sobre todo, en el Beneficio de Cristo.


2. Valdés y los círculos afines

Para captar el evangelismo es importante entender quién fue Juan de Valdés (1498-1541). En 1529 había publicado El diálogo de doctrina cristiana, en el cual se fundían temas erasmianos, paulinos y principios queridos por los alumbrados. Puesto en el Índice (1531), marchó a Italia, primero a Roma (1531-1534) y después a Nápoles (1534-1541). En torno a él se formó un cenáculo rico en contactos, estímulos, lecturas: Galeazzo Caracciolo —que después se hará calvinista—, Caterina Cybo —sobrina de Inocencio VIII y León X—, Vittoria Colonna, Giulia Gonzaga, Marcantonio Flaminio, Pier Martire Vermigli —uno de los mayores teólogos de la Reforma—.

Valdés, que había leído a Lutero y Bucero, negaba el libre albedrío: «Judas no podía sino vender a Cristo». Sobre la línea de los reformadores, por cuanto concierne a la justificación imputada —aunque en algunos pasajes hablaba, como Melanchthon, de justicia infusa—, daba importancia a la iluminación interior, como los espiritualistas. Sostenía que la Sagrada Escritura es útil a los principiantes, mas a quien ha progresado basta el Espíritu Santo.

Extraordiario es el relieve de Vittoria Colonna (1490-1547), casada (1509) y después viuda (1525) de Ferrante d-Avalos, marqués de Pescara; amiga de Giberti, había tomado contacto con Valdés en Nápoles en 1530. Favorecida por sus ingresos en Roma, apoyó a los capuchinos, en los que había visto una esperanza de reforma; les ayudó a superar la enorme tormenta que se les vino en torno a 1534, cuando fueron forzados a entrar en los observantes y después fueron expulsados de Roma.


La marquesa de Pescara marchó en 1537 a Ferrara, cerca de Ercole II d’Este y su mujer Renata de Francia, que había abrazado la Reforma y acogido el año anterior a Calvino en la ciudad estense. Ferrara formaba parte del ducado estense con Módena, donde era obispo Morone, quien había hecho imprimir el Beneficio de Cristo y había llamado a Vermigli «a predicar para extirpar esta herejía —luterana—». Renata, en un segundo tiempo, fue forzada a la abjuración, pero quedó en contacto con Calvino. En la ciudad estense Vittoria conoció probablemente a Margarita de Navarra, encontró de nuevo a Ochino, que escuchó en Pisa, donde había sido invitado por la hija natural de Carlos V, Margarita de Austria.

Vittoria se acercó después a Lucca, que tenía otro cenáculo de la Reforma. En 1541 Vittoria se establece en Viterbo, cerca del convento de Santa Caterina, donde estaba asociado el cardenal Pole. Viterbo habría sido el lugar de la difusión del valdesianismo. Valdés, convencido de la verdad del principio de la justificación por la sola fe, habría intentado de hacerlo aprobar por el inminente concilio. Y, por tanto, a través de Carnesecchi y Flaminio, habría tratado de llegar a Pole y Morone, y por medio de ellos, a Trento.


3. El Beneficio de Cristo

El estudio del Beneficio de Cristo es, como se ve, central. Escrito por el benedictino Benedetto —Fontanini— de Mantua en 1540 o poco antes, el texto fue revisado por primera vez por Marc’Antonio Flaminio (1540). Circuló manuscrito en los ambientes del evangelismo italiano. Poco después fue revisado y corregido por Flaminio, y en 1543 se dio a la imprenta en Venecia.

¿Está influenciado de luteranismo —Miegge—, valdesianismo —Croce— o calvinismo —Bozza—? La línea interpretativa que han recorrido Prosperi e Ginzburg pasa a través del estudio de las primeras confutaciones. Dos son los elementos que impresionan: la acusación de “pelagianismo” y la ausencia de confutaciones en textos calvinistas. Quiere decir que la primera redacción de Fontanini era profundamente distinta de la revisión de Flaminio, que en los capítulos V y VI introdujo muchos pasajes sacados de Calvino. El Beneficio de Fontanini era, en realidad, una obra “dulce” —es decir, una obra de espiritualidad nacida en ambiente benedictino—, así definida poque parecía facilitar la vía de la salvación.

En un momento de crisis de las instituciones eclesiásticas la obra venía al encuentro de una necesidad concreta de salvación, y lo resolvia en un modo que un dominico austero y atento como Catarino lo juzgaba pelagiano. ¿Fue Flaminio el que introdujo amplios retoques inspirados en Calvino? ¿Mas, qué Calvino era? Flaminio (1498-1550), amigo de Giberti, con él dejó Roma en 1527 y lo siguió a Verona en 1538. Dos años habría sido molestado por tener libros luteranos. En 1540 va a Nápoles, donde conoce a Valdés y Carnesecchi. En la confesión que éste hará ante el tribunal de la Inquisición, estamos en conocimiento de una revisión hecha por Flaminio, que introdujo pasajes sobre la justificación por fe, como si fuera doctrina católica. Murió en Roma asistido por Carafa, en cuyas manos hizo una profesión de fe clara y explícita, mientras Carnesecchi preferirá la muerte a la abjuración.

Podemos decir que nos encontramos en el interior de un debate, dentro del cual se encuentran dos tendencias: una más conservadora, de Carafa, Cervini, Ghislieri; otra más abierta, de Morone, Pole, Cortese, Fregoso, Sadoleto, que, también en la fidelidad a la Iglesia, no parecía desdeñar una apertura a tesis reformadas, como demuestra la propuesta de la doble justificación.


III. La Inquisición Romana

El Santo Oficio nace como respuesta a la difusión del protestantismo en Italia, mas también para poner un freno a la incertidumbre que creaba el evangelismo. Era, en su origen, un procedimiento de emergencia y provisional; pero, de hecho, ha durado hasta nuestros días. Si hablamos de “nacimiento” es porque la Inquisición medieval era ya una máquina fuera de uso. Los obispos, a los que por principio habría debido competir la reprensión de la herejía, a causa de una molicie propagada, no estaban en grado de hacerlo.

Clemente VII había hecho alguna tentativa para despertar la inercia de una aparato pasivo, nombrando a Callisto da Piacenza inquisidor general para Italia en 1532. La situación se presentaba dramática: de muchas partes venían a Roma noticias de infiltraciones reformadas.

El problema del control de la doctrina no era, en realidad, un problema sólo intraeclesial. Implicaba relaciones más amplias. Carlos V, en los Países Bajos, había procedido a emanar, por cuenta propia, algunas normas contra los herejes —los famosos “placards”, emanados de 1521 en adelante—. En 1529 prohibió leer los libros de Lutero y otros herejes; discutir sobre la Sagrada Escritura, excepto para los teólogos; quitar imágenes sagradas; dar hospedaje a los herejes. Se acordaba para los culpables un tiempo de arrepentimiento; si se continuaba en los errores, la pena era la espada, y para los reincidentes, el fuego. De hecho, se daba una distinción importante: el crimen de herejía quedaba en la competencia de la jurisdicción eclesiástica; contravenir los edictos era, sin embargo, competencia de la justicia laica; en la práctica se ponían las bases para un conflicto entre las dos jurisdicciones. La dieta de Spira (1529) y la de Augsburgo (1530) habían tomado medidas contra los anabaptistas.

También en Francia los procedimientos antiheréticos fueron tomados por la justicia real. En 1521 el Parlamento de París había emanado un decreto contra los libros luteranos y en 1529 había condenado a Barquin. En 1540 el crimen de herejía había sido llevado a los juicios reales. El 29 de julio de 1543 el rey promulgó como regla de ortodoxia los 29 artículos de fe de la Sorbona.


En Milán, en junio de 1541, el marqués del Vasto, gobernador de la ciudad por cuenta de Carlos V, había hecho cerrar el convento agustino de Tortona y había protestado ante el papa por la debilidad de la Inquisición. La autoridad eclesiástica era apremiada por la política. ¿Lutero y Zwinglio no habían hecho recurso al poder del príncipe?

En el consistorio del 15 de julio de 1541 se decide concentrar los poderes inquisitoriales en una comisión de dos cardenales, Carafa y Aleandro. El 14 de enero de 1542, con un motu proprio, el papa abolió exenciones e indultos, que habían sustraído eclesiásticos y laicos a la Inquisición. Por fin, el 21 de julio de 1542, fue promulgada la bula Licet ab initio, que daba nueva forma a la Inquisición y creaba una comisión de 6 cardenales. En la introducción, Pablo III afirmaba que se habían demorado estos procedimientos tan graves porque esperaba en un retorno espontáneo de los errantes. Nombró «generales y generalísimos inquisidores» a los cardenales Carafa y Juan Toledo, a quienes venían añadidos Pier Paolo Parisio, Bartolomeo Guidiccioni, Dionisio Laurerio y Tommaso Badia. Carafa estaba tan deseoso de comenzar en seguida, que a sus expensas adquirió una casa para la Inquisición.

La competencia jurisdiccional de la comisión cardenalicia no tenía límites. Se extendía a toda la cristiandad y, aún más importante, también a la Curia Romana. Se hacían precisiones sobre procedimientos y sobre penas. El único límite venía de los arrepentidos, para los que se abogaba el derecho de gracia por el papa.


Dos fueron las novedades: la centralización en Roma del organismo y las amplísimas facultades de proceder dondequiera y contra quienquiera. Extendió gradualmente sus poderes a otros ámbitos, aunque la fase represiva de la herejía viniera a menos[13]. Permitió al papado retomar el definitivo control del colegio cardenalicio. En este momento, todo cardenal podía ser perseguido. Hubo procesos contra cardenales[14]. Fue fácil golpear a cualquier candidato al pontificado con pérfidas acusaciones y sospechas, lo cual favoreció la carrera hacia la tiara de cardenales inquisidores —Ghislieri, Peretti, Cervini, Castagna...—. Así, la Inquisición, además de ser un elemento de control externo, se hacía un órgano de inmenso poder. La congregación del Santo Oficio llegaba a “primera” congregación.

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[1]Sin embargo, no todo era tranquilo en el interior. Matteo da Bascio dejó la orden, mientras Ludovico fue depuesto y alejado en 1536.

[2]Hacia la mitad del siglo XVII ya se fundaron monasterios en México por parte de religiosas provenientes de Toledo.

[3]San Cayetano era protonotario apostólico y tenía beneficios curiales; Carafa acumulaba los episcopados de Chieti y Brindisi.

[4]“Teatino” era un apelativo que se daba a una persona austera, fiel a las reglas.

[5]Un breve de Clemente VII en 1529 concedía a aquéllos que debían predicar, estudiar o dedicarse al servicio de los enfermos, la facultad de conmutar el oficio divino con el rezo de siete salmos.

[6]Sin embargo, para la vocación de muchachas llamadas a ejercitar una irradicación directa en el mundo, sólo la obediencia al “maestro interior” habría podido asegurar autonomía y recta intención.

[7]Normalmente los cardenales no italianos —españoles, franceses, ingleses, imperiales— se habían reducido, de 9 sobre 18 en el cónclave de 1458, a 2 sobre 23 en el de 1492, y a 3 sobre 39 en 1521.

[8]Alejandro VI, por ejemplo, hizo cardenal a un hijo, a tres sobrinos y a un cuñado; es decir, 5 familiares; Julio II elevó a 3 familiares; León X a 12, entre familiares y amigos florentinos; Pablo III a 4; Pablo IV y Julio III a uno respectivamente, los cuales se manifestaron muy indignos —Carlo Caraffa, delincuente que acabó ajusticiado, e Innocenzo del Monte, un libertino—.

[9]Estos grupos tuvieron un largo período movimentista, y no se institucionalizaron sin gran esfuerzo.

[10]En 1521 el parlamento de París había condenado a Lutero. El rey mantenía posiciones titubeantes; tanto que la ejecución de Louis Berquin en 1529 fue posible sólo gracias a su ausencia. Después del asunto de los manifiestos —placards—, escritos anónimos que contenían un ataque violento contra la presencia real en la Eucaristía —recientemente se les ha atribuido a un pastor de Neuchâtel, Antoine Marcourt—, Francisco I tomó posiciones claras contra la Reforma.

[11]Como la prohibición de representar a san Francisco con los estigmas.

[12]Es la actitud de Nicodemo en el Evangelio: simular lo que realmente se piensa; llevar un comportamiento oculto.

[13]Nuevos ámbitos para actuar fueron la superstición, la blasfemia, la poligamia, la invitación a realizar actos torpes, la sodomía, el bestialismo.

[14]Entre los cuales tenemos a Morone y a Carranza.

 

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CARLOS I DE ESPAÑA Y CARLOS V DE ALEMANIA

 

EMPERADOR. HIJO DE REYES Y PADRE DE REYES. CARLOS ES LA IMAGEN DEL PODER EN EL SIGLO XVI. EL HIJO DE JUANA I DE CASTILLA –QUE BESÓ LA MANO DE SU MADRE, CAUTIVA EN TORDESILLAS, CON SU IMPERIAL RODILLA EN TIERRA- ES EL CÉSAR Y EL HOMBRE EN LA ESPLÉNDIDA EXPOSICIÓN QUE HOY  INAUGURAN LOS REYES DE ESPAÑA Y 10 JEFES DE ESTADO.

 

NOS, CARLOS V, EMPERADOR ROMANO POR LA GRACIA DE DIOS, SIEMPRE AUGUSTO, REY DE ESPAÑA, DE SICILIA, DE JERUSALÉN, DE LAS BALEARES, DE LAS ISLAS CANARIAS E INDIAS, ASÍ  COMO DEL CONTINENTE  MÁS ALLÁ DEL OCÉANO, ARCHIDUQUE DE AUSTRIA, DUQUE DE BORGOÑA, DE BRABANTE, DE ESTIRIA, DE CARINTIA, DE CARNIOLA, DE LUXEMBURGO, DE LIMBURGO, DE ATENAS Y NEOPATRIA, CONDE DE HAUSBURGO, DE FLANDES Y DEL TIROL, CONDE PALATINO DE BORGOÑA, DE HENNEGAU Y DEL ROSELLÓN, LANDGRAVE EN ALSACIA, PRÍNCIPE EN SUABIA, SEÑOR EN ASIA Y EN ÁFRICA.

 

ERA UN DEVORADOR DE LIBROS DE CABALLERÍAS; SEÑOR DE EUROPA, BISNIETO DE CARLOS EL TEMERARIO. CÉSAR GERMÁNICO Y ROMÁNICO.  SOÑÓ UN IMPERIO DONDE JAMÁS SE PUSO EL OCASO LA UNIDAD DE EUROPA EN ARMONÍA. HA SIDO EL ÚNICO EMPERADOR DEL VIEJO Y NUEVO CONTINENTE. UN GOBERNANTE QUE TENÍA COMO OBRA DE REFERENCIA LA GUERRA DE LAS GALIAS.-

LA ELECCIÓN IMPERIAL DE 1519, QUE APORTÓ NUEVOS TÍTULOS Y NUEVOS TERRITORIOS A UN JOVEN DESGARBADO DE 19 AÑOS QUE HABÍA RECIBIDO UNA ABUNDANTE HERENCIA; EL ENCUENTRO CON MARTÍN LUTERO EN LA DIETA DE WORMS EN 1521; EL HORROR DEL SAQUEO DE ROMA LLEVADO A CABO POR SU EJÉRCITO EN 1527 Y EL ESPLENDOR DE SU CORONACIÓN A MANOS DEL PAPA EN BOLONIA EN 1530; LA CONQUISTA DE TÚNEZ POR UN EMPERADOR CRUZADO A LA CABEZA DE SU EJÉRCITO EN 1535; EL DESAFÍO AL COMBATE SINGULAR LANZADO EN 1536 CONTRA SU RIVAL, FRANCISCO I DE FRANCIA O LA VICTORIA SOBRE LOS PRÍNCIPES PROTESTANTES ALEMANES EN MUHLBERG EN 1547. LA IMAGEN MÁS PODEROSA DE ESE PODER INCARDINADO AL MONARCA MÁS GRANDE DE LA CRISTIANDAD ES LA RENUNCIA A TODOS SUS TÍTULOS TERRENALES Y SU ETERNO RETORNO A ESPAÑA.  EN YUSTE, ANTE LA MONÁSTICA SOLEDAD, QUEDARÍA EN PAZ CON SU CREADOR.-

 

HIJO VÁSTAGO DE JUANA DE CASTILLA “QUE LOCA NO ESTABA”, DESPRENDIÉNDOSE DE LAS GLORIAS DEL MUNDO, DEMUESTRA CON CLAREZA Y COHERENCIA EL ALTO VUELO DE SU ESPÍRITU.-

 

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Mártires Ingleses – Inquisición protestante

 


Fueron hombres y mujeres, clérigos y laicos que dieron su vida por la fe entre los años 1535 y 1679 en Inglaterra.

Ya habían surgido dificultades entre el trono inglés y la Santa Sede que ponían los fundamentos de una previsible ruptura.-

Luego vinieron los problemas de ruptura con Roma en tiempos de Enrique VIII, con motivo del intento de disolución del matrimonio con Catalina de Aragón y su posterior unión con Ana Bolena, a pesar de que el rey inglés había recibido el título de Defensor de la Fe por sus escritos contra la herejía luterana en el comienzo de la Reforma.-

Pero fue sobre todo en la sucesión al trono, después de la muerte de María, hija legítima de Enrique VIII y Catalina de Aragón, cuando comienza a reinar en Inglaterra Isabel, cuando se desencadenan los hechos persecutorios a cuyo término hay que contar 316 martirios entre laicos hombres, mujeres y clérigos.-

Primero fueron dos leyes: El Decreto de Supremacía, y el Acta de Uniformidad (1559). Por ellas el Trono se arrogaba la primacía en lo político y en lo religioso. Así la Iglesia dejaba de ser «católica» -universal- pasando a ser nacional -inglesa- cuya cabeza, como en lo político era Isabel.-

Fue interpretado como una desvinculación de Roma, una herejía, una cuestión de renuncia a la fe que no podía aceptarse en conciencia. De este modo, quienes se negaban al mencionado juramento o quienes lo rompían quedaban ipso facto considerados como traidores al rey y eran tratados como tales por los que administraban la justicia.-

Vino la excomunión a la reina por el papa Pío V (1570). Se endurecían las presiones hasta el punto de quedar prohibido a los sacerdotes transmitir al pueblo la excomunión de la Reina Isabel I.
En Inglaterra se emanó un Decreto (1585) por el que se prohibía la misa y se expulsaba a los sacerdotes.-

Bastaba con sorprender una reunión clandestina para decir misa, unas ropas para los oficios sagrados descubiertas en cualquier escondite, libros litúrgicos para los oficios, un hábito religioso o la denuncia de los espías y de malintencionados aprovechados de haber dado hospedaje en su casa a un misionero para acabar en la cuerda.-

No se relatan aquí las hagiografías de Juan Fisher, obispo de Rochester y gran defensor de la reina Catalina de Aragón, o del Sir Tomás Moro, Canciller del Reino e íntimo amigo y colaborador de Enrique VIII, -por mencionar un ejemplo de eclesiástico y otro de seglar.-

Ana Line fue condenada por albergar sacerdotes en su casa; antes de ser ahorcada pudo dirigirse a la muchedumbre reunida para la ejecución diciendo: «Me han condenado por recibir en mi casa a sacerdotes. Ojalá donde recibí uno hubiera podido recibir a miles, y no me arrepiento por lo que he hecho». Las palabras que pronunció en el cadalso Margarita Clitheroe fueron: «Este camino al cielo es tan corto como cualquier otro».

Margarita Ward entregó también la vida por haber llevado en una cesta la cuerda con la que pudo escapar de la cárcel el padre Watson. Y así, tantos y tantas... murieron mártires de la misa y del sacerdocio.

En la Inglaterra de hoy tan modélica y proclive a la defensa de los derechos del hombre hubo una época en la que no se respetó la libertad de conciencia de los ciudadanos y, aunque las medidas adoptadas para la represión del culto católico eran las frecuente y lastimosamente usadas en las demás naciones cuando habían de sofocar asuntos políticos, militares o religiosos que supusieran traición, pueden verse aún hoy en los archivos del Estado que las causas de aquellas muertes fue siempre religiosa bajo el disimulo de traición.-

Y, después de la sentencia condenatoria, los llevaban a la horca, siempre acompañados por un pastor protestante en continua perorata para impedirles hablar con los amigos o rezar en paz.-

 


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“San Cesáreo de Arlés decía que los fieles tienen que ser –para con el obispo- lo que el ternero a la vaca: así como el ternero le hociquea la ubre para que descienda la leche, así los fieles deben golpear, hociquear, al obispo para que les dé la leche de la divina sabiduría. Tenía razón el santo obispo. Y a mi humilde entender, la mejor ayuda que un obispo puede tener de sus fieles es que no lo dejen tranquilo. Siempre y cuando también tengan la generosidad y grandeza de alma suficiente, como en su caso...”

Monseñor Jorge Mario Bergoglio - Buenos Aires- Argentina 14.octubre 1992.

 

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Sólo la persona que dispone de un grado avanzado de posesión de la propia lengua puede alcanzar la plenitud como hombre, porque puede conocerse y darse a conocer.

“No sabemos en dónde empieza el mal, si en las palabras o en las cosas, pero cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras también es inseguro”.

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«Maltratar al embrión es una manifestación de prepotencia inadmisible porque es la primera fase de la vida humana», es «perverso» el uso del término «pre-embrión» pues supone «dar el trato de cosa a quien ya es uno de los nuestros, un ser humano necesitado más que nunca de protección, de cuidado y de respeto».

«Todos hemos sido embriones» y, por ello, «tratarlos como si fueran cosas es una injusticia que nadie puede justificar con los argumentos de la ciencia. La ciencia tiene una cita ética ineludible con el misterio de las fases iniciales de la vida humana, tiene que ponerse al servicio de la vida y de sus leyes y, por lo tanto, no puede progresar contra ella».

 

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El amor alienta, el odio abate;
el amor sonríe, el odio gruñe;
el amor atrae, el odio rechaza;
el amor confía, el odio sospecha;
el amor enternece, el odio enardece;
el amor canta, el odio espanta;
el amor tranquiliza, el odio altera;
el amor guarda silencio, el odio vocifera;
el amor edifica, el odio destruye;
el amor siembra, el odio arranca;
el amor espera, el odio desespera;
el amor consuela, el odio exaspera;
el amor suaviza, el odio irrita;
el amor aclara, el odio confunde;
el amor perdona, el odio intriga;
el amor vivifica, el odio mata;
el amor es dulce; el odio es amargo;
el amor es pacífico; el odio es explosivo;
el amor es veraz, el odio es mentiroso;
el amor es luminoso, el odio es tenebroso;
el amor es humilde, el odio es altanero;
el amor es sumiso, el odio es jactancioso;
el amor es manso, el odio es belicoso;
el amor es espiritual, el odio es carnal.
El amor es sublime, el odio es triste.

 

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"La verdadera sabiduría, entonces consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo admira; pues los sabios en la estima del mundo. . . son necedad que hacen nada de la voluntad de Dios, y no saben como controlar sus pasiones" Santa Brígida de Suecia.

 

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la Iglesia fundada por Cristo - la barca de Pedro brega, siempre

 

Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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Sigue vigente el principio de que sólo delinquen y son responsables criminalmente las personas físicas. Ningún delincuente puede manchar otro honor que no sea el propio.

Hay quienes piensan que la democracia entraña el triunfo de la bondad moral y que, en ella, todos los ciudadanos, o la mayoría de ellos, son justos y benéficos. Es falso. La democracia no cancela la brutalidad ni suprime la barbarie. Por el contrario, nace más bien de la constatación de la existencia del mal. Precisamente por ello instaura los principios de la transparencia y de la libertad de expresión, y los mecanismos de limitación del poder, al que sitúa bajo permanente sospecha. Si la barbarie no fuera posible, acaso cupiera prescindir de los gobiernos y de la fuerza legítima del Derecho. Pero no es así. Si no lo es nunca, perfecta ocasión para la extensión del odio y la barbarie. Lo democracia no imposibilita la existencia de Caín; sólo impide, y no siempre, su impunidad. Dr. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA. 2004.05. ESPAÑA.

 

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La guerra del cristiano es incesante, porque en la vida interior se da un perpetuo comenzar y recomenzar, que impide que, con soberbia, nos imaginemos ya perfectos.

 

Es inevitable que haya muchas dificultades en nuestro camino; si no encontrásemos obstáculos, no seríamos criaturas de carne y hueso.

 

Siempre tendremos pasiones que nos tiren para abajo, y siempre tendremos que defendernos contra esos delirios más o menos vehementes.

Advertir en el cuerpo y en el alma el aguijón de la soberbia, de la sensualidad, de la envidia, de la pereza, del deseo de sojuzgar a los demás, no debería significar un descubrimiento.

 

Es un mal antiguo, sistemáticamente confirmado por nuestra personal experiencia; es el punto de partida y el ambiente habitual para ganar en nuestra carrera hacia la casa del Padre, en este íntimo deporte.

 

Por eso enseña San Pablo: yo voy corriendo, no como quien corre a la ventura, no como quien da golpes al aire, sino que castigo mi cuerpo y lo esclavizo, no sea que habiendo predicado a los otros, venga yo a ser reprobado.

El cristiano no debe esperar, para iniciar o sostener esta contienda, manifestaciones exteriores o sentimientos favorables.

 

La vida interior no es cosa de sentimientos, sino de gracia divina y de voluntad, de amor. Todos los discípulos fueron capaces de seguir a Cristo en su día de triunfo en Jerusalén, pero casi todos le abandonaron a la hora del oprobio de la Cruz.

Para amar de verdad es preciso ser fuerte, leal, con el corazón firmemente anclado en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Sólo la ligereza insubstancial cambia caprichosamente el objeto de sus amores, que no son amores sino compensaciones egoístas.

 

Cuando hay amor, hay entereza: capacidad de entrega, de sacrificio. de renuncia. Y, en medio de la entrega, del sacrificio y de la renuncia, con el suplicio de la contradicción, la felicidad y la alegría.

 

Una alegría que nada ni nadie podrá quitarnos.

En este torneo de amor no deben entristecernos las caídas, ni aun las caídas graves, si acudimos a Dios con dolor y buen propósito en el sacramento de la Penitencia.

 

El cristiano no es un maníaco coleccionista de una hoja de servicios inmaculada.

 

Jesucristo Nuestro Señor se conmueve tanto con la inocencia y la fidelidad de Juan y, después de la caída de Pedro, se enternece con su arrepentimiento. Comprende Jesús nuestra debilidad y nos atrae hacia sí, como a través de un plano inclinado, deseando que sepamos insistir en el esfuerzo de subir un poco, día a día.

 

Nos busca, como buscó a los dos discípulos de Emaús, saliéndoles al encuentro; como buscó a Tomás y le enseñó, e hizo que las tocara con sus dedos, las llagas abiertas en las manos y en el costado.

 

Jesucristo siempre está esperando que volvamos a El, precisamente porque conoce nuestra debilidad.

 

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Hay una lema en el que deberían apoyarse todas las parroquias:  en los tres pilares básicos de nuestra fe que son: EL SANTÍSIMO SACRAMENTO, LA SANTÍSIMA VIRGEN, EL SANTO PADRE.  Cuando estuve en el Líbano en el año 1998 dando ejercicios espirituales, conocí providencialmente a un padre monje maronita muy sabio y santo que me dijo: “El pueblo Libanes se ha mantenido fiel, a pesar de las dificultades y vicisitudes históricas gracias a las tres cosas blancas: la Hostia Blanca, la Virgen Blanca y el Papa Blanco”.  Esto fue para mi una enseñanza.   San Juan Bosco habla en sus sueños maravillosamente de estas verdades.  (Fátima). N.N.

 

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OBISPO – MAESTRO DE LA FE - «Como sucesores de los apóstoles, sois "doctores fidei", doctores auténticos que ante todo anuncian al pueblo con la misma autoridad de Cristo, la fe que hay que vivir y creer».

«Tenéis que hacer redescubrir a los fieles confiados a vuestras atenciones pastorales la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios, que entregó a su Hijo Jesús por nuestra salvación», fue el consejo que dejó el obispo de Roma a los nuevos obispos.

«Como bien sabéis --añadió--, creer significa sobre todo fiarse de Dios que nos conoce y nos ama personalmente y acoger la Verdad que ha revelado en Cristo con esa actitud confiada que nos lleva a confiar en él, revelador del Padre».

«A pesar de nuestras debilidades y pecados, él nos ama y su amor da sentido a nuestra vida y a la del mundo», subrayó.

«La respuesta a Dios exige ese camino interior que lleva al creyente a encontrarse con el Señor. Este encuentro sólo es posible si el hombre es capaz de abrir su corazón a Dios, que habla en la profundidad de la conciencia», afirmó el Santo Padre.

«Esto exige interioridad, silencio, vigilancia, actitudes que os invito a vivir en primera persona y a proponer también a vuestros fieles, tratando de disponer oportunas iniciativas que ayuden a descubrir la primacía de la vida espiritual», recalcó S.S. Benedicto XVI – P. P. 2005-09-19 Castelgandolfo – It.

 

Para el Obispo, «la "lex credendi" [ley de la fe] se convierte en "lex orandi"[ley de la oración]».

 

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   Los herreros no dan abasto en la fragua de la calumnia, pero no hay peligro de que se pare el fuelle. Lo dijo Karol Wojtyla cuando aún no era Juan Pablo II, pero entonces ya lo sabía: la antipalabra tiene un programa, que es el de nuestro tiempo. Avanza hacia las tinieblas y lo oscurece todo a su paso: la dignidad del hombre, la naturaleza del matrimonio, el bien de la familia, la libertad en la educación... Pero cuando la noche es más cerrada y parece dominarlo todo, sucede algo que atraganta la risa sardónica del demonio.
   La Iglesia también lo sabe, pero es respetuosa con los plazos. Sábado Santo, tiempo de espera al lado de la Virgen. Aún no es el tercer día; hay que tener paciencia. Mirad a los guardias junto a la tumba. Mañana tendrán que inventar una historia porque la muerte ha sido vencida.
   La vía dolorosa que conduce al Calvario es el camino de la historia. Una mujer lo recorre. Cada día le dan muerte y cada día se la encuentran de nuevo. Sufre persecución y le tienden trampas. No saben qué hacer con ella: es la Iglesia.
2005.03 - David AMADO – Esp.

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   En el libro de los Proverbios (14,30) leemos:
   –«Una mente en paz –un interior alegre– es vida para el cuerpo».

 

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«El más popular de todos los seres es Dios. El pobre lo llama, el moribundo lo invoca, el pecador le teme, el hombre bueno le bendice. No hay lugar, momento, circunstancia, sentimiento, en que Dios no se halle y sea nombrado. La cólera cree no haber alcanzado su expresión suprema, sino después de haber maldecido este Nombre adorable; y la blasfemia es asimismo el homenaje de una fe que se rebela al olvidarse de sí misma. »

Henri Lacordaire - Fraile dominico francés

 

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La Iglesia es santa. En Ella «todos, ya pertenezcan a la Jerarquía, ya pertenezcan a la grey, son llamados a la santidad según aquello del Apóstol: Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación (I Tes 4, 3; cfr Ef 1, 4)» (LG, 39). Esta misma y única santidad de la vocación cristiana es, por tanto, también propia de aquellos fieles que en el Pueblo de Dios reciben el sacramento del matrimonio. « El amor, con que el Esposo ‘amó hasta el extremo’ a la Iglesia, hace que ella se renueve siempre y sea santa en sus santos, aunque no deja de ser una Iglesia de pecadores» (Gratissimam sane -Carta a las Familias-, 19).

 

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"La comunidad cristiana tiene que mostrar la belleza del Amor al mundo"

 

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“El alma sola sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo; antes se irá enfriando que encendiendo” (SAN JUAN DE LA CRUZ, Dichos de luz y de amor)

 

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Algunos piensan, no sin razones que la cultura europea está en decadencia y puede llegar a desaparecer. No es imposible si se toma en el sentido estricto de europeo-occidental, pero en cambio no es posible si se refiere al fondo o núcleo esencial de la misma, el cristianismo, que primero fue judío, luego romano, bárbaro, feudal, europeo, americano y después africano y asiático. El cristianismo no está hecho para lograr una cultura propia, cerrada y perecedera, sino para ser la sal y la luz de cualquiera de las civilizaciones que vayan apareciendo y que quieran llevar en ellas algo de eternidad.

 

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"El hombre prehistórico también tiene un sitio en la Historia de la Salvación"

 

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Chesterton: “Estoy orgulloso de verme atado por dogmas anticuados, como dicen mis amigos periodistas, porque sólo el dogma razonable vive lo bastante para que se le llame anticuado”.

 

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Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8. - Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

Que nos guíe y acompañe siempre con su intercesión, la Santísima Madre de Dios.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen

 

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Recomendamos: “INTRODUCCIÓN AL CRISTIANISMO”*, por Joseph RATZINGER, al día S. S. Benedicto XVI. ¿Qué es el cristianismo? Responder a esta pregunta constituye el objetivo fundamental de este libro. Para ello, nada mejor que centrarse en uno de sus textos fundamentales, el credo, en el que la comunidad cristiana ha sintetizado su fe y a través del cual la proclama cada vez que lo recita. Siendo un texto que se quedó fijado en los albores del cristianismo, se hace necesario, por una parte, entender bien qué se quiso decir y cuáles fueron el contexto y el trasfondo en los que nace. Pero, por otra parte, por ser expresión viva de la fe, ha de ser sometido a una constante reinterpretación, para que sus fórmulas sean inteligibles a los creyentes de cada momento histórico. El equilibrio entre la fidelidad a algo recibido en el seno de la Iglesia y la actualización de su contenido es una exigencia que atañe no sólo a la teología, sino a la vida de la fe de todo creyente. Joseph Ratzinger ha sabido responder a este reto, prestando especial atención a los problemas que la cultura moderna ha planteado a la fe. *Ed. SIGUEME.

Recomendamos: “DIOS Y EL MUNDO Joseph Ratzinger. Ed. Galaxia Gutemberg-

 

‘La verdad sobre El Código Da Vinci’
Autor:
José Antonio ULLATE

Editorial: LibrosLibres. Madrid, 2004.  189 pp.

 

‘Historia de la Inquisición en España y América’

(El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834).

Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales.

Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET.

 

‘La inquisición española’

Autora:(Comella Beatriz.-

Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).