Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Tras el descubrimiento del nuevo mundo, la gran cuestión que surgió y que los entendidos discutieron fue:  "Dime qué es un hombre. ¿Los indios tienen alma?". Hoy, recorriendo el mundo entero, ¿quién podría pretender que no se formule aún con tanta urgencia, con tanta extrañeza? Frente a los puntos de referencia que se desplazan o se esfuman, el hombre moderno titubea, duda de sí mismo, y el combate antirracista llega a un punto muerto. Este combate es como una guerra de desgaste; es, sin duda alguna, el más duro de todos los combates por los derechos del hombre.
Tiene por objeto la igualdad fundamental de todos los hombres, y constituye una especie de desafío del espíritu contra la naturaleza, puesto que en los hombres se acentúa más la diversidad que la igualdad. Reconocer que el otro, en su diversidad, es verdaderamente igual a mí, resulta difícil y entraña innumerables consecuencias. Nada más natural que decir "todo hombre es mi hermano", y vivir esta fraternidad, sobre todo cuando la Biblia, en el relato de Caín y Abel, revela nuestro origen:  todos somos descendientes de un criminal fratricida.

 

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El oro de América /¿De verdad robaron los españoles el oro de América?

 www.piomoa.es

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EL ORO DE AMÉRICA

Lo que extrajo España de América fue sobre todo plata, pero valga la expresión. Las ideologías indigenistas y similares sostienen que España “robó” ingentes cantidades de oro, empobreciendo así a los indios. Oro que sirvió para que España guerrease en Europa y que, según algunos –los indigenistas suelen preferir la “pacha mama” al cristianismo—se almacenó culposamente en el Vaticano.

 La cosa es, por lo menos tan ridícula como si acusáramos a los romanos de “habernos” robado el oro del noroeste peninsular. España no existía entonces, es un producto de Roma, tal como no existían los países hispanoamericanos, que son una creación de España. Pero además el oro no tenía un valor económico para los galaico-astures ni para los indios, que lo trataban sobre todo por su valor ornamental y de prestigio para los elementos dominantes de sus sociedades, o para el culto. Por lo tanto, no pudieron empobrecerse por la pérdida del oro. Algunos creen que el cambio de oro por cuentas de colores en América fue una estafa, pero si pudo hacerse se debía a que los indios descubrieron de pronto unos objetos nuevos, que les parecieron más ornamentales que el ya conocido oro.

 

 Para los españoles, mucho más civilizados que los indígenas, sí tenía el oro un valor económico. Según un tópico repetido, el poder de España descansó en el oro americano, pero en realidad su base principal fue la economía y los impuestos españoles, es decir, de la llamada Castilla en sentido muy amplio, excepto un Aragón poco poblado y empobrecido por unas oligarquías harto brutales.

 

 ¿Y qué aportó España a América a cambio de aquel oro? “Insignificancias” como la imprenta, el alfabeto, universidades y escuelas; ciudades que siguen siendo –las no arrasadas por una urbanización “moderna”-- las más bellas de América; grandes obras públicas y comunicaciones por gran parte del contiente; el fin de las guerras constantes y muy crueles entre los propios indios (el Imperio español fue durante tres siglos extraordinariamente pacífico, un caso muy infrecuente en la historia); la eliminación de costumbres como el canibalismo o los sacrificios humanos; un idioma que permitió romper la extraordinaria fragmentación de las lenguas indígenas; una religión incomparablemente más evolucionada que las a menudo terroríficas de aquellos pueblos. Además, se produjo un intercambio de plantas y animales domésticos muy beneficioso tanto para América como para Europa,  y una economía monetaria y una técnica  mucho más avanzada que la anterior. Podríamos enumerar por largo tiempo lo que los españoles dieron a cambio de aquel famoso otro.

En cuanto al no menos famoso genocidio, no pasa de leyenda malévola. Por supuesto, se produjeron matanzas, como en todas las guerras, en Europa y en cualquier otro lugar. Pero nada parecido a un genocidio estaba en la intención de los conquistadores. Ni en sus posibilidades, pues se trataba de grupos muy pequeños, generalmente de solo unos cientos de soldados. El origen de la leyenda está en las calumnias de Las Casas, pero basta leer con un mínimo de espíritu crítico su panfletaria diatriba para comprender hasta qué extremos de absurdo mentía el fraile. La preocupación esencial de los españoles no fue exterminar a los indios, sino cristianizarlos, cosa que hicieron con un esfuerzo y empeño sin paralelo en otros imperios. Y posiblemente el atraso de la población indígena provenga de que el estado español le garantizó la conservación de sus modos de vida y costumbres–excepto algunas como el canibalismo, la venta de las hijas, la entrega de mujeres, y similares--, que mantuvieron en gran medida a la población al margen de muchos avances.

 

Todo esto lo he tratado en Nueva historia de España y en España contra España. El origen de estos ataques a la obra hispana se encuentra en la desgraciada historia posterior a la independencia, tan llena de violencias, corrupción y retórica tan exaltada como inepta, en contraste con la época anterior. No cabe duda de que la independencia, necesaria, se hizo con graves defectos que aún perduran. Uno de los recursos de la frustración consiguiente consiste en atribuir a algún adversario exterior unos males que son esencialmente internos. Durante un tiempo fue España el objeto de todos los odios, luego Usa se convirtió en el enemigo principal, a quien se achacaban todas las desgracias al sur del Río Grande, para volver a ser España, desde hace algún tiempo. Y, por cierto, en esta renovada hispanofobia no tiene poca incidencia la propaganda useña. La cual se realiza por muchos medios, desde la universidad a la exitosa propagación del protestantismo gracias al vacío espiritual dejado por las derivas a veces demenciales de sectores de la Iglesia católica. El argumento común es que el atraso y las violencias absurdas de Latinoamérica tienen su origen en la colonización española. Un falso argumento que solo puede ayudar a perpetuar los males.

http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/oro-america-luisa-hedonismo-y-suicidio-20130104

 

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…del primer oro llegado desde las Américas…

2016 – Toledo - Los españoles una vez más patinamos en la custodia de Arfe. Como tantas otras veces. La custodia maravillosa no es de Arfe. Ese orfebre genial, sin duda alguna, hizo un baldaquino, o si se quiere una catedral gótica, para realzar la custodia isabelina y a Cristo Sacramentado. Y muy bien hecho. Pero lo verdaderamente hermoso, grandioso, divino, está bajo la catedral flamígera de Arfe. Dios estaba allí y él le levantó un templo hermosísimo De plata dorada. Dios estaba en el oro y las piedras de Isabel. De Isabel la Católica. Que quiso el primer oro que llegaba de América para su Divina Majestad.

 

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Del autor de la primera gramática del quechua, Fray Domingo de Santo Tomás

 

Domingo, conocido luego como Domingo de Santo Tomás, nace en Sevilla en el año 1499, en una familia de origen modesto. En 1520 con veintiún años de edad, ingresa en el Convento San Pablo el Real de Sevilla para vestir el hábito de la Orden de los Predicadores, los dominicos, y el 8 de diciembre de ese mismo año toma las órdenes.

 

            En 1540, con 41 años de edad por lo tanto, se embarca hacia América, donde trabaja en la evangelización del valle de Trujillo y Huaylas, mientras funda conventos en Chicama, Yungay y Chincha, y predica en Chancay, Auqallama y Conchucos, y entra en contacto con la lengua de los indígenas.

 

            En la provincia dominicana del Perú ocupa importantes puestos. En 1545 es electo prior del Convento del Santísimo Rosario de Lima. Después predicador general y lector de teología del Convento de Lima, y colabora con Fray Tomás de San Martín, a quien el lector de esta columna conoce ya (y si no, puede conocer pinchando aquí) en la fundación de la Universidad de San Marcos de Lima, la segunda de todo América. En 1549, como miembro de la comisión formada por el gobernador Pedro de Lagasca, participa en la tasación de los tributos dirigidos a limitar la sobreexplotación de los indígenas. En 1551 es nombrado visitador general de la provincia, en 1552 vicario general, y en 1553 prior provincial de la Provincia San Juan Bautista del Perú, estableciendo la Real Universidad en el Convento de Lima.

 

            En 1556 vuelve a España donde permanece cinco años. Se entrevista en hasta dos ocasiones con Felipe II para abogar por la situación de los nativos y combatir la declaración a perpetuidad de las encomiendas, mientras hace imprimir sus obras. Visita también al Papa y al Maestro General de la Orden.

 

            En 1560 publica en Valladolid “Arte de la lengua general de los indios de los reinos del Perú”, primera gramática del quechua, y el “Vocabulario de la lengua general del Perú”. Precisamente “quechua” es el nombre genérico que Fray Domingo dará a la lengua indígena, y se convierte en valiosa fuente de la “Apologética historia sumaria” del cronista americano Pedro Cieza de León para su obra.

 

            A principios de 1561 vuelve a Lima, donde como procurador legal de los indios continúa luchando contra la pretensión de los encomenderos de perpetuar la encomienda, y recorre todo el territorio desde Lima hasta La Plata.

 

            En el consistorio que celebra el 6 de julio de 1562, el Papa Pío IV lo nombra Obispo de La Plata, honor que aunque a disgusto termina por aceptar, siendo consagrado el 26 de diciembre de 1563. Se dirige inmediatamente a su sede provincial de las Charcas, la cual reorganiza, y donde concluye su catedral y funda una casa de recogimiento. Como obispo participa en el II Concilio Provincial Limense para aplicar los mandatos del Concilio de Trento.

 

            Tras más de seis años de fecundo episcopado, y a la edad de 70 años, Fray Domingo fallece el 28 de febrero de 1570, ante el dolor indisimulado de todo el pueblo y sobre todo de los indígenas. Es enterrado en la iglesia Catedral de La Plata. El estudioso peruano Raúl Porras Barrenechea le dará el apelativo del “Nebrija indiano”, en clara alusión a Antonio de Nebrija, redactor de la primera gramática de la lengua española, escrita en 1492.

 

            Amén de los títulos que ya hemos relacionado, deja una vasta obra literaria que incluye obras como la “Relación a S. M. acerca de los vejámenes que sufren los indios”, la “Plática para todos los Indios”, el “Memorial que junto a Fray Bartolomé de Las Casas, obispo Chiapas, es presentado al Consejo de Indias”, la “Relación del P. Fray Domingo de Sancto Thomas al Reverendo Obispo Don Fray Bartholomé de Las Casas, de lo que conviene proveer para el mejor aumento y conservación de los naturales en los reynos del Perú”, o la “Carta a S.M. sobre diversos asuntos muy importantes al gobierno temporal y espiritual”, así como un amplio epistolario que incluye más de cuarenta cartas. ©L.A.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=36985&mes=&ano=

Actualizado 2 agosto 2014

 

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Leer  bien conviene el codicilo que Isabel añadió a su testamento tres días antes de morir, en noviembre de 1504, y que dice así:

 

«Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen».

 

Se trata de un documento extraordinario que no tiene igual en la historia colonial de ningún país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan difamada como la que se inicia con Isabel la Católica.

 

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Pbro. ARENAS (PEDRO DE), natural de Villatobas, España. Fue el primer sacerdote que celebró Misa en el Nuevo Mundo, acompañando á Colón – año 1492

 

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22de mayo en 1485, los cristianos re-conquistan la ciudad de Ronda (Málaga) invadida y ocupada por siglos bajo los mahometanos;el más importante punto de resistencia nazarí de la frontera occidental.

 

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1492 el 30 de abril en España, los Reyes Católicos ordenan que las naves de Palos de la Frontera (Huelva) se pongan al servicio de Cristóbal Colón y expiden a favor de Colón los títulos de almirante, virrey y gobernador de las tierras que descubriere.

 

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23 de mayo en 1482: los abencerrajes entran por el Albaicín (España) y proclaman rey de Granada a Boabdil, tras una reñida batalla con los adeptos de Muley Hacén.

 

23 de mayo en 1493: en España, los Reyes Católicos ordenan el envío al nuevo continente de 25 caballos del antiguo Reino nazarí de Granada.

 

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«La Iglesia hubo de asumir la tarea de introducir la ley del Evangelio y la ética del sermón de la montaña entre gentes para quienes el homicidio era la más honrosa de las ocupaciones y la venganza era sinónimo de justicia... (Los bárbaros eran pueblos guerreros que asombraban a los romanos por sus costumbres y conductas salvajes)» …[…]… C. Dawson

También lo mismo sucedió con el descubrimiento del ‘nuevo mundo’ frente a las prácticas sanguinarias y antropófagas autóctonas.

 

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A partir del año 1492, en el continente americano se produce la fusión de elementos nativos y otros?foráneos, procedentes de la Europa bajomedieval y renacentista, que van a ir configurando a lo largo?de cerca de tres siglos la identidad de lo que hoy son las naciones americanas. En esa fusión que origina un continente mestizo, le cabe un papel protagonista a la Iglesia Católica,?configuradora de la identidad española y por tanto, de todo lo que España construye más allá de los?límites reducidos de la Península Ibérica.?La evangelización de la América Española deja una profunda huella en el Nuevo Mundo. Y esa?huella no es solo fruto del trabajo de unos miles de misioneros, sino que es consecuencia de la acción?total de España, puesto que la Monarquía Hispánica asumió, como señal de identidad, como razón?de Estado, precisamente la catolicidad de sus pobladores.?Las manifestaciones de la profunda religiosidad que heredaron los “españoles de América”?y que se manifestaron en múltiples campos de la cultura, el arte y el pensamiento americanos, son dignas del mejor elogio.

 

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No es vano llamar a Isabel madre de América. Con ella se inició esa difícil andadura de desvivencia de España para que, al otro lado del mar, surgieran nuevas naciones, en simbiosis de dos culturas, pero conservando siempre esa nuclear afirmación. Los maestros españoles siguieron trabajando en esta línea para elaborar toda una doctrina del Derecho de gentes. En esa línea deberíamos trabajar también nosotros en ese alborear de un nuevo milenio: sin olvidar que los derechos del hombre son parte de su naturaleza y nunca una dependencia de consensos o compromisos alcanzados. Muchas veces nuestro siglo XX, que ahora se despide con una pirueta trágica, lo olvidó; tal vez por ello merezca ser llamado el más cruel de la Historia. 

 

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El Señor no es indiferente, como un emperador impasible y aislado, a las vicisitudes humanas”.

Es más, su mirada es fuente de acción, porque interviene y derriba los imperios arrogantes y opresivos, abate a los orgullosos que le desafían, juzga a los que perpetran el mal”.

 

Dios se hace presente en la historia, poniéndose de la parte de los justos y de las víctimas. S. S. JUAN PABLO II – Magno - 2003-12-10

 

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La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión {la Iglesia Católica fundada por Jesucristo-Dios nuestro}

 

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«La Historia ¬afirmaba Voltaire¬ está con frecuencia desfigurada por la fábula, hasta que alguna vez son derribados los monumentos erigidos para perpetuar la mentira».

 

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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

 

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

 

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Hay toda la diferencia del mundo entre que pongamos la verdad en primer lugar o en el segundo.  Whateley

 

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«Así dice el Señor: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por los senderos antiguos, cuál es el camino bueno y andad por él, y encontraréis sosiego para vuestras almas» (Jr 6,16).

... ¿ de que los indios fueron esclavizados ?...

"¿Hubo encomenderos brutales? Sí, y esto nos lleva al segundo punto de la Leyenda Negra, a la segunda acusación, que es la de la esclavitud: los españoles esclavizaron a los indios. Que también es falsa. ¿Por qué los españoles no podían esclavizar a los indios? Lo dijo la reina Isabel en su testamento: a los indios había que llevarlos a la fe y tratarlos como a cristianos. Eso sí, pongámonos en la piel de cualquier español del siglo XVI que pasa a América: ha arriesgado su vida, ha conquistado tierras y se encuentra con que no puede tener esclavos. ¿Cómo que no? Todos tienen esclavos: los portugueses, los árabes; pronto los ingleses, los holandeses, los franceses. No valoramos suficientemente el enorme impacto psicológico que debió de ser aquella prohibición en una época donde la esclavitud seguía siendo una institución social vigente. Pero Carlos I lo subrayó con toda claridad en las Leyes de Indias: "Es conformidad de lo que está dispuesto sobre la libertad de los indios, es nuestra voluntad, y mandamos, que ningún Adelantado, Governador, Capitán, Alcaide, ni otra persona de cualquier calidad, en tiempo de paz o de guerra, sea osado de cautivar indios naturales de nuestras Indias y Tierra Firme del Mar Océano, descubiertas o por descubrir..."

Esto no era papel mojado. La crónica está plagada de casos en los que no solo encomenderos, sino también funcionarios reales de alto nivel fueron investigados por la justicia, apresados, conducidos a España, juzgados, encarcelados e incluso ejecutados por los abusos cometidos (...)

Los indios fueron sometidos a un régimen de servidumbre semejante al que se aplicaba en Europa (...) Hoy nos parecería insoportable y seguramente lo era en muchos casos: es difícil saber cuántos indios –seguramente miles– murieron exhaustos en las encomiendas o, después, en las minas. Pero no eran esclavos (...) Precisamente por eso comenzó la importación de esclavos negros, vendidos por los mercaderes árabes y por las tribus africanas. ¿Por qué podía esclavizarse a los negros y no a los indios? De eso hablaremos otro día...

(José Javier Esparza, La gesta española, p. 217-8) 

 

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¿Cómo hay que decir: Sudamérica o Suramérica

 

En castellano es mejor “Suramérica” o “Suráfrica”. Las versiones Sudamérica o Sudáfrica proceden seguramente del alemán, pero no hay por qué seguir esa tradición. Ahora bien, Suráfrica es un Estado y sus límites están muy claros. Pero ¿dónde empieza y termina Suramérica? ¿Incluye Panamá y las Antillas? ¿México sería Norteamérica? Un lío… ¿ y América central?...

 

 

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La distinción entre antropófago y caníbal. La palabra clásica es antropófago, literalmente en griego, “que come carne humana”. Luego, los españoles descubrieron en las Antillas una tribu los caríbales o caníbales que eran antropófagos. Quedó lo de caníbal como sinónimo. Por otra parte, en contra de la leyenda, no hay evidencia de sociedades en las que se coma carne humana de forma usual, rutinaria, como cualquier otro alimento. La antropofagia es bastante común en los pueblos primitivos, pero siempre como un acto ritual, sagrado incluso.

 

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«No se descubrirá nunca nada, si se considera satisfecho de lo ya descubierto». Séneca.

 

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Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid, Julio Valdeón; Según Valdeón, la política de los Reyes Católicos con respecto a los judíos se distinguió por su "equidad y justicia". Recordó que desde 1290, en que fueron expulsados de Inglaterra, hasta marzo de 1492, cuando son echados de España, lo fueron también de Francia, Alemania e Italia, y que incluso Erasmo de Rotterdam, invitado a trasladarse a España a finales del siglo XV, lo rehúsa por ser en este país mucha la presencia e influencia hebrea.

Como elemento adicional, Valdeón destacó la creciente presión popular en contra de los judíos y el argumento definitivo que sirvió para su expulsión, su contacto con los conversos, al que achacaban en la época que muchas conversiones al cristianismo no fueran verdaderas.

El historiador calificó de "absurdo" el argumento de que la expulsión se debió a que la Corona ambicionaba las posesiones de los judíos, a quienes, recordó, se les dieron cuatro meses "para preparar su salida y llevar sus cosas" y se dictaron normas para que no se les hostigara mientras tanto.

Valdeón recordó que la expulsión era sólo para quienes no aceptaran la conversión al cristianismo, y señaló que investigaciones recientes señalan que salieron entre 80 mil y  100 mil judíos -algunos de los cuales retornaron años más tarde-, en un tiempo en el que en Castilla, León y Aragón había entre 200 mil y 250 mil.

Asimismo, Valdeón destacó que entre las normas salidas de la mano de Isabel en favor de los judíos está una anulación del Concejo de Bilbao que les prohibía la entrada en la ciudad, que en 1478 diera protección regia a la aljama -gueto o barrio judío- de Sevilla, y que un año más tarde dictara que se respetara la autonomía judicial de la aljama de Ávila.

Por último, el historiador destacó que la reina decretó que los judíos expulsados de Balmaseda volvieran a la localidad, que prohibiera las prédicas anti judías a un dominico de Segovia y otras medidas favorables a los judíos de León, Vitoria y Orense. 2005.05.24

 

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La grandeza impresionante de Isabel

 

Isabel de Castilla (1451-1504).


Francesco Pappalardo y otros-Arbil, 25.V.02

 

Isabel, cuyo proceso de beatificación está en camino, es modelo de vida para los regidores de los Estados, a los que muestra el camino de la caridad política; para los laicos, a los que enseña cómo perseguir el reino de Dios tratando las cosas temporales; para las familias y para las mujeres, como hija, hermana, esposa, madre cuidadosa y atenta de cinco hijos, en los que se volcó sin descuidar los asuntos de gobierno.?Los primeros años de reinado??Isabel de Castilla nace en Madrigal de las Altas Torres, en las cercanías de Ávila, el 22 de abril de 1451, hija del rey Juan II (1405-1454) y de Isabel de Portugal (m. 1496), su segunda mujer. Desde los tres hasta los diez años de edad vive en Arévalo, también en las cercanías de Ávila, educada con amor por su madre y guiada espiritualmente por los franciscanos. Llamada a la corte de Segovia por su hermano, el nuevo soberano Enrique IV (1425-1474), da pruebas de madurez solicitando y consiguiendo el permiso de vivir en casa propia para escapar de la vida licenciosa de la Corte. A la edad de diecisiete años demuestra tener un carácter enérgico y decidido, rechazando las propuestas de los partidarios de su hermano menor Alfonso (1453-1468), fallecido prematuramente, para ser proclamada reina en lugar del rey Enrique, cuya política había suscitado la oposición armada de una parte de la nobleza y del país.

El 19 de octubre de 1469, tras haber rechazado numerosos pretendientes propuestos por el soberano, se casa con don Fernando (1452-1516), príncipe heredero de Aragón y rey de Sicilia, que se compromete a llevar a su fin junto con su consorte, apenas fuera posible, la Reconquista. Finalmente, a la muerte de su hermano Enrique, es coronada reina de Castilla y León el 13 de diciembre de 1474, en Segovia, donde consagra el reino a Dios, jura fidelidad a las leyes de la Iglesia y se compromete a respetar la libertad y los privilegios del Reino y a que reine la justicia.??La joven reina se encuentra a la cabeza de una sociedad rica en vitalidad y energía, pero debilitada por conflictos internos y por la administración poco diligente de sus predecesores. Desde el principio de su reinado convoca a toda la nación a asambleas generales para la elaboración del programa de gobierno y varias veces reúne las Cortes de Castilla, formadas por los representantes de la nobleza y del clero y por los delegados de las ciudades, a las que pide auxilium y consilium antes de tomar las decisiones más importantes.

 

Gracias a la participación de la nación en la actividad reformadora y al respeto por las libertades regionales y por los fueros, Isabel goza de un amplio consenso, que le permite alcanzar en un tiempo breve la pacificación del país. Además ordena la redacción de un código válido para todo el Reino, que es publicado en 1484 con el título de Ordenanzas Reales de Castilla; preside casi semanalmente las sesiones de los tribunales y otorga pública audiencia a quienquiera que lo solicite. Su sentido de la justicia y su clemencia conquistan rápidamente el país.??Isabel contribuye también de manera importante a la reforma de la Iglesia en Castilla, merced al apoyo del Papa Alejandro VI (1492-1503), que le concede amplios poderes, y a la ayuda del franciscano Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), su confesor y luego arzobispo de Toledo. La reforma del clero y de las órdenes religiosas favorece la formación de un episcopado muy preparado y a la altura de los servicios universales a los que la Iglesia española será muy pronto llamada, como también la aparición de una legión de santos -entre ellos san Ignacio de Loyola (1491-1556) y santa Teresa de Ávila (1515-1582)- y de misioneros, que alcanzarán notoriedad especialmente en la evangelización de las Canarias, del emirato musulmán de Granada, de las Américas y de las Filipinas.??Isabel promociona también los estudios eclesiásticos, fundando numerosas universidades -primero la de Alcalá de Henares, que se convierte en el centro más importante de estudios bíblicos y teológicos del Reino-, y creando colegios y academias para laicos de ambos sexos, que dan a España una clase dirigente bien preparada y una nómina de hombres de vasta cultura y de profunda religiosidad que en los años venideros ofrecerán contribuciones importantes al Renacimiento español, que será ampliamente cristiano, a la Reforma católica y al Concilio de Trento (1545-1563).??La Inquisición y la expulsión de los judíos??La defensa y la difusión de la fe constituyen la preocupación principal de Isabel, que para conseguirlo solicita y obtiene del Pontífice la creación de un tribunal de la Inquisición, considerada necesaria para encarar la amenaza representada por las falsas conversiones de judíos y de musulmanes.

En los reinos de la península ibérica los judíos, muy numerosos, tenían desde siglos un estatuto no escrito de tolerancia y gozaban de una protección particular por parte de los soberanos. En cambio, las relaciones a nivel popular entre judíos y cristianos eran muy difíciles, sobre todo porque a los primeros no sólo se les consentía tener abiertas las tiendas en ocasión de las numerosas festividades religiosas, sino también efectuar préstamos con intereses, en una época en la que el dinero no era considerado como un medio para conseguir la riqueza. La situación se complicaba aún más por la presencia de numerosos conversos, o sea, de judíos convertidos al catolicismo, que dominaban la economía y la cultura, pero que a veces mostraban una adhesión puramente formal a la fe católica y celebraban en público ritos inequívocamente judaicos. Cuando Isabel asciende al trono la convivencia entre judíos y cristianos está muy deteriorada y el problema de los falsos conversos -según el autorizado historiador de la Iglesia Ludwig von Pastor (1854-1928)- era de una dimensión tal que incluso llegaba a cuestionar la existencia o no de la España cristiana.??Solicitado por Isabel y por su marido Fernando de Aragón -que inútilmente habían impulsado una campaña pacífica de persuasión para con los judaizantes- el 1 de noviembre de 1478 el Papa Sixto IV (1471-1484) crea la Inquisición en Castilla, con jurisdicción solamente para los cristianos bautizados. Por lo tanto, ningún judío fue jamás condenado como tal, mientras que fueron condenados los que se fingían católicos para conseguir ventajas. La Inquisición, arremetiendo sobre un porcentaje reducido de conversos y moriscos, acredita que todos los demás eran verdaderos conversos y que nadie tenía el derecho de discriminarlos o de atacarles con la violencia.??En los años posteriores a la creación de la Inquisición es de todas formas necesario proceder al alejamiento de los judíos de Castilla y de Aragón. Preocupados por la creciente infiltración de los falsos conversos en los altos cargos civiles y eclesiásticos y por las graves tensiones que debilitan la unidad del país, el 31 de marzo de 1492 Isabel y Fernando se ven obligados a revocar el derecho de residencia a los judíos no conversos. Los dos soberanos, esperando la conversión de la gran mayoría de los judíos y la permanencia en sus lugares, hacen preceder la medida por una gran campaña de evangelización.??De Granada a San Salvador??La tensión hacia la unidad religiosa, mucho más comprensible en una época en la que la adhesión de los ciudadanos a la misma fe era el elemento fundante de los Estados, alienta también la lucha plurisecular por la liberación del territorio ibérico de la dominación musulmana.

 La definitiva conquista de los últimos baluartes andaluces es gloria de todos los españoles, pero en particular de Isabel, que por llevar a buen término la Reconquista entrega todas sus energías y su dinero, manda construir carreteras y ciudades, recluta tropas de élite, atiende a la asistencia de heridos y de enfermos.??La victoria sobre los musulmanes, sancionada por la capitulación de Granada el 2 de enero de 1492, tras diez años de combates, es el acontecimiento más importante de la política europea de su tiempo y provoca gran júbilo en todo el mundo cristiano. El entusiasmo religioso y nacional que sostiene la empresa explica también el hecho de que los soberanos acojan el proyecto, aparentemente irrealizable, de Cristóbal Colón (1451-1506): las Capitulaciones de Santa Fe, el documento en el que se ponía en marcha su expedición, son, justamente, firmadas en el cuartel general de Granada, dos meses después de la reconquista de la ciudad.??La esperanza de Isabel es la de conducir a otros pueblos a la verdadera fe y no repara ni en gastos ni en dificultades para honrar los compromisos con Alejandro VI, que había concedido a los soberanos el derecho de patronazgo sobre las nuevas tierras a cambio de precisas obligaciones de evangelización.

La reina, que ya en 1478 había hecho liberar a los esclavos de los colonos en las Canarias, prohíbe enseguida la esclavitud de los indígenas en el Nuevo Mundo y la decisión es respetada por todos sus sucesores. Merced al compromiso de Isabel y de sus sucesores el encuentro entre pueblos tan distintos, como los ibéricos y los indios americanos, es muy fecundo, alienta una auténtica integración racial -que se realiza bajo el signo del catolicismo, sin encontrar las dificultades típicas de la colonización de tipo protestante- y establece el nacimiento de una nueva y original civilización cristiana.??A finales de 1494 el Papa Alejandro VI concede a Fernando y a Isabel el título de Reyes Católicos como recompensa por sus virtudes, por el celo en defensa de la fe y de la Sede Apostólica, por las reformas aportadas en la disciplina del clero y de las órdenes religiosas, y por el sometimiento de los moros.??La reina, no obstante las graves desventuras familiares que afligen los últimos años de su vida -el fallecimiento de su único hijo varón, Juan (1478-1497), de su joven hija Isabel (1470-1498), de su nieto Miguel, además de la ofuscación mental de su hija Juana (1479-1555)-, jamás falta a sus obligaciones. Combativa hasta el final y animada por una fe heroica, muere en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504.

La causa de beatificación??A pesar de que entre sus contemporáneos fuera casi unánime la aprobación de las virtudes de Isabel y la admiración por su vida ejemplar, la difusión de una "leyenda negra" sobre la España católica, las guerras de religión y la dificultad de consultar los documentos retrasan abundantemente la apertura de la causa de beatificación. Pero la fama de santidad de la reina crece con el paso de los siglos y con el proceder de la investigación histórica, hasta que en 1958 se abre en la diócesis de Valladolid la fase preliminar del proceso de canonización, con la constitución de una comisión de expertos llamada a examinar más de cien mil documentos conservados en los archivos de España y del Vaticano. El 26 de noviembre de 1971 se instruye el proceso ordinario diocesano, que concluye tras la celebración de ochenta sesiones; el proceso apostólico en Roma se abre el 18 de noviembre de 1972 y, tras catorce años de trabajos, se lleva a cabo la composición de la Positio historica super vita, virtutibus et fama sanctitatis de la sierva de Dios, de la cual seis consultores de la Congregación de las Causas de los Santos, en la reunión del 6 de noviembre de 1990, expresan un juicio positivo. Los actos son trasladados a una comisión teológica para que se pronuncie sobre el mérito de la causa, pero el íter recibe un frenazo con ocasión del quinto centenario del descubrimiento y evangelización de América, que asistió al desencadenamiento de polémicas instrumentales por parte de cuantos consideran que la beatificación de la reina perjudicaría al espíritu ecuménico y que la creación del tribunal de la Inquisición y la "conquista" de América son obstáculos insuperables para el reconocimiento de la santidad de Isabel.

Un Comité Promotor de la Causa ha sido creado por alrededor de cincuenta cardenales, arzobispos y obispos de varias nacionalidades y por personajes ilustres del mundo católico para solicitar la beatificación de la sierva de Dios que -como afirma el canonista claretiano argentino Anastasio Gutiérrez Poza (1911-1998), postulador de la causa- es modelo de vida para los regidores de los Estados, a los que muestra el camino de la caridad política; para los laicos, a los que enseña cómo perseguir el reino de Dios tratando las cosas temporales; para las familias y para las mujeres, como hija, hermana, esposa, madre cuidadosa y atenta de cinco hijos, en los que se volcó sin descuidar los asuntos de gobierno. No obstante, su principal enseñanza consiste en el cuidado por el empeño misionero, que anima todas sus grandes empresas y que insta a proponerla como modelo de la primera y de la nueva evangelización del mundo en general y de Europa en particular.??Por Francesco Pappalardo, T. Angel Expósito y Jorge Soley Climent??Para profundizar: Joseph Pérez, Isabella e Ferdinando, trad. It., SEI, Turín 1991; A. Gutiérrez Poza C.M.F., La serva di Dio Isabella la Cattolica, modello per la nuova evangelizzazione, entrevista realizada por el que suscribe, en Cristianità, año XX, n. 204, abril 1992, págs. 11-16; y Jean Dumont, Il Vangelo nelle Americhe. Dalla barbarie alla civiltà. Con un´appendice sul processo di beatificazione della regina Isabella la Cattolica, trad. It., con un prefacio de Marco Tangheroni, Effedieffe, Milán 1992.

 

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ESPAÑA 1492 - Comprendiendo la cultura en que se gestó, llegaremos a una visión más equilibrada para cualificar la gesta hispánica ¡el descubrimiento de América!  

HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

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Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

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Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Isabel de Castilla, mujer que reinó

 

Luis Suárez - Alfa y Omega, 4.IV.2002

 

En torno a la propuesta de la Conferencia Episcopal Española, que mantiene estrecha comunicación con Hispanoamérica, para que se aceleren los trámites del proceso iniciado en 1958 en torno a las virtudes de Isabel la Católica, ha surgido una apasionada polémica, en que, curiosamente, la parte principal y más sonora corresponde a quienes están fuera de la Iglesia o, incluso, de toda religión. Esto obliga a preguntarse por las razones profundas de tal irritación. No se despiertan polémicas de esta especie en torno a otros personajes, magnificados en sus respectivos ámbitos. Para un católico la cuestión no puede ser más simple: la Iglesia cuenta con medios más que suficientes para examinar la muy copiosa documentación recogida, los argumentos a favor y en contra, tomando finalmente una decisión. No voy a cometer aquí el error de prejuzgar cuál pueda ser ésta. A mí me basta con decir que mi confianza en la Iglesia es tan completa que no me abriga la menor duda: ella sabrá bien, al final, lo que conviene hacer. Pues la cuestión no depende de nosotros, los historiadores, a quienes corresponde indagar cómo las cosas fueron en realidad.

No caigamos en dislates. Anda por ahí una página web en que se pretende decir que los judíos eran amenazados de muerte si no se bautizaban. Seriedad. Todo el mundo es libre de formular opiniones, pero la mentira es como una serpiente que devora a quien la produce. Otros pretenden decir que para ello tenía que conculcar derechos de ciudadanía. En el siglo XV, en todos los países, la ciudadanía estaba ligada al principio religioso, de modo que el no fiel podía ser un huésped tolerado y sufrido –ésta es la frase exacta que utilizan los documentos– pero no un súbdito. Al huésped, al que se le cobra una determinada cantidad por cabeza a cambio del derecho de estancia, se le podía suspender ese permiso. Lo habían hecho Inglaterra, Francia y todos los países europeos conforme llegaban a su madurez política. De modo que España fue el último. Se trata, en todo caso, de un error colectivo, general y no de una decisión personal. ¿Saben ustedes que el claustro de la Universidad de París se reunió para felicitar a los reyes por la medida que, al fin, habían tomado?

Isabel fue, ante todo, una mujer. Tuvo la suerte de ser educada fuera de la Corte, librándose así de influencias perniciosas. Cuando fue mayor, ella se ocupó de los bastardos de su marido, de los del cardenal Mendoza y de los de la reina Juana, esposa de Enrique IV, justificando su conducta con el propósito de que no se perdieran. Por vez primera impuso a su marido la norma jurídica de que en Castilla las mujeres no sólo no transmiten derechos sino que pueden reinar. Y esta norma estaría vigente hasta principios del siglo XVIII en que, por razones de progreso ilustrado, se impuso la ley Sálica que nos produjo algunas hermosas guerras civiles en el siglo XIX. Firmó una ley que suprimía cualquier resto de servidumbre entre sus súbditos, después de que su marido hubiera resuelto, con admirable maestría, el problema de los remensas de Cataluña. Las tres personas que más influyeron, Teresa Enríquez, Beatriz de Silva, Hernando de Talavera compartieron el mismo grado de santidad... Si fray Hernando no está hoy en los altares, es porque –razones de humildad– los Jerónimos se prohibían a sí mismos promover procesos canónicos.

Una mujer que reinó. Es muy difícil, para nosotros, los historiadores, distinguir el papel que ella o su marido desempeñaron en los acontecimientos, ya que cuidaban mucho de aparecer juntos. Para ambos, el amor –y fue grande el que se profesaron– no era consecuencia de la atracción mutua sino del deber que conduce a una entrega. Así lo reconocieron en el momento final de su existencia. Reinar era llevar a nivel alto las obligaciones que significa la monarquía, que es aquella forma de Estado que se apoya, exquisitamente, en el cumplimiento de la ley. Tal vez lo que muchas mentalidades actuales encuentran intolerable es que afirmara, como todos los grandes pensadores de su tiempo, que la ley divina está por encima de todo: las leyes humanas positivas tienen que someterse a aquélla. En consecuencia, muchos aspectos que, hoy, resultan simplemente opinables, para las gentes de su generación, y para ella de un modo particular, estaban axiomáticamente establecidas y fuera de su control. Aborto u homosexualidad escapaban al ámbito de sus decisiones, pues estaban fuera de la ley natural.

Probablemente es aquí en donde encontramos la clave de otras muchas cosas. Los reyes, que fueron oficialmente llamados Católicos, entendían que el Estado, naciente a la sazón, se encuentra supeditado a la noción del orden moral objetivo. Por eso, continuando una línea que el Papa Clemente VI iniciara a mediados del siglo XIV, reconocieron en los habitantes de las islas recién descubiertas a seres humanos dotados de los derechos esenciales inherentes a la persona humana, que no dependen de un acuerdo entre los hombres, sino de que son criaturas divinas. Ciertamente en esta línea de conducta –puede decirse que estamos en el primer tramo hacia la construcción de tal doctrina– ella se vio defraudada. Los encargados de ejecutar la empresa, buscando beneficios particulares, conculcaron y destruyeron muchas veces esos principios. Ésta es otra de las realidades que es preciso tener en cuenta.

Cuando, en 1958, se inició el proceso y se pidió a algunos historiadores que aportaran su ayuda y su consejo, recuerdo muy bien que una de las condiciones fundamentales que entonces se manejó consistía precisamente en esto: había muchos puntos oscuros; lo importante era descubrir la verdad, sin juicios previos, sin metas prefabricadas. Es mucho lo que se ha avanzado. Hoy estamos bastante seguros de las coordenadas personales y políticas que enmarcan este reinado excepcional. Pero los prejuicios, entre los que no saben Historia y por eso es fácil valerse de ella, siguen subsistiendo. Sólo la verdad puede otorgar la libertad de juicio. Confieso que cuanto más penetro en el conocimiento de aquel tiempo, de sus errores, de sus virtudes, de sus avances y de sus defectos, más crece la admiración por esta figura singular a quien Dios encomendó en este mundo los oficios más difíciles y más fecundos: el de mujer y el de reina. Pues allí nació España. Allí se afirmó esa veta de la modernidad que conduce, por la vía de la racionalidad y el libre albedrío, al derecho de gentes. Y ese amor recíproco hacia la Universidad, casa del saber, como aún puede leerse, en griego, en el frontis de la de Salamanca.

 

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Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón

 

Cita y recoge un manual escolar de Vicens Vives un texto de Andrés Bernáldez de su «Historia de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isabel» escrita por el bachiller en el que se afirma que «Reinó esta muy noble y muy bienaventurada reina con el rey don Fernando su marido en Castilla veintinueve años y diez meses. En el cual tiempo fue en España la mayor empinación, triunfo y honra y prosperidad que nunca España tuvo después de convertida a la fe católica. La cual prosperidad alcanzó por el precioso matrimonio del rey don Fernando y de la reina doña Isabel, por el cual se juntaron tanta multitud de reinos y de señoríos, como dice el dicho título, los que trajeron al matrimonio y los que ellos ganaron, mediante Dios que siempre los ayudó. Y así fueron infinitamente poderosos y floreció por ellos España infinitamente en su tiempo, y fue en mucha paz y concordia y justicia. Y ellos fueron los más altos y más poderosos que nunca en ellos fueron reyes».
   Afirmando seguidamente junto a dicho texto el mismo manual de Vicens Vives que «Los Reyes Católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón formaban, por la apariencia, una pareja desigual; el era más bien bajo y robusto; ella era muy religiosa, tenaz y decidida.
   El título de Reyes Católicos se lo concedió el Papa Alejandro VI, cuando les encomendó la evangelización de las nuevas tierras que acababa de descubrir Cristóbal Colón».
   Un manual de SM incluye dos textos de Hernando del Pulgar en el que se asevera que «D. Fernando tenía una gracia tan singular, que cualquiera que con él hablase, luego lo amaba y lo deseaba y lo deseaba servir, porque tenía la comunicación amigable. Era asimismo inclinado al consejo, en especial de su mujer, porque conocía su gran suficiencia. Era hombre de fiar en sus tratos, aunque las necesidades grandes en que lo pusieran las circunstancias, lo hacían algunas veces variar» y que «Isabel amaba mucho a su marido, y cuidábale fuera de toda medida.
   Era muy aguda y discreta, se dio al trabajo de aprender las letras latinas, y alcanzó en tiempo de un año saber de ellas tanto, que entendía cualquier habla y escritura latina. Era muy inclinada a tener justicia, tanto que le era imputado seguir más la línea de rigor que de la piedad. Era católica, devota y mujer de gran corazón».
   Un manual de H.S.R. asevera que «reunidos en los Reyes Católicos los reinos de Castilla y Aragón, podía surgir la discordia al pretender Fernando gobernar sólo en Castilla alegando la legislación aragonesa que excluía del trono a las mujeres.
   Por eso, la participación que en el gobierno había de corresponder a cada uno de los esposos, fue regulada en la Concordia de Segovia, por la que se convino que:
   ¬la justicia se administraría en común por Doña Isabel y Don Fernando cuando estuviesen juntos, e idependientemente cuando se hallaran separados.
   ¬las cartas y reales provisionales habían de llevar las firmas de ambos, y las monedas, sus bustos.
   ¬se pondrían unidas las armas de Castilla y las de Aragón.
   Símbolo del pacto fue el lema Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando, unido al yugo y al haz de flechas, que significan: la unión hace la fuerza.
   Con eso no se produjo ninguna alteración sustancial en el estado político particular de Castilla y de Aragón.

Los Reyes Católicos: organización del Estado

Un manual de Anaya afirma que «Dentro de cada Corona (que permanecen separadas), los Reyes Católicos se procurarán de la unidad de todas las fuerzas políticas, sociales, religiosas y económicas al servicio del Estado y la monarquía. Es el nuevo concepto renacentista del Estado nacional.
   La unidad social. Se conseguirá sometiendo a la nobleza al servicio de la corona. Estableciendo funcionarios reales en cada Ayuntamiento (los corregidores) y dando libertad a los siervos y campesinos que, arrancados del dominio jurídico de la nobleza, se unirán a los reyes. Al propio tiempo, una serie de guerras y conquistas dan un contenido nacional a la Corona española.
   La unidad política. Será forjada sometiendo a las poderosas Órdenes Militares; creando la Santa Hermandad, milicia voluntaria que vigila pueblos y caminos, y creando los Consejos (el de Hacienda, el de Indias, el de Castilla, el de Aragón) base de la organización del Estado, con una poderosa burocracia. Desde el punto de vista jurídico, se establecen unos Tribunales Supremos (las Chancillerías) para impartir justicia, además de diversas Audiencias.
   La unidad económica. Se logrará protegiendo a la industria, sobre todo la textil, a la Mesta, poderosa asociación de ganaderos, base de la exportación de lana, y favoreciendo las ferias, la construcción de barcos y el mercado exterior.
   La Iglesia. Se verá igualmente protegida con la creación del Tribunal de la Santa Inquisición que persigue a los falsos católicos, y con la expulsión de los judíos (en 1492) para lograr la unificación religiosa. Hay también una protección clara a la cultura (se imprime en Valencia el primer libro español) y el arte.
   La unidad del Estado. Junto a ello, los reyes finalizan la reconquista de la corona con la toma de Granada en 1492, con la posesión de las Canarias, a finales de siglo, y con la anexión de Navarra, en 1512. Aragón y Castilla, por otro lado, viven una época de hermandad y de unión social en torno a Isabel y Fernando.

Muerte de la Reina Isabel

Afirma un manual de Sánchez Rodrigo que «cuando Isabel la católica murió en el castillo de la Mota (Medina del Campo), en el año 1504, dejó un testamento lleno de sabiduría política y de amor y respeto hacia sus vasallos. Como herdera de la corona de Castilla dejó a su hija doña Juana, llamada la Loca debido a su incapacidad mental, y encargaba como regente a su marido, don Fernando, hasta que su nieto Carlos, hijo de Juana y de Felipe el Hermoso, cumpliera los veinte años.
   Así han reflejado los manuales de Ciencias Sociales la figura de «la muy noble y muy buenaventurada» reina doña Isabel de Castilla y del reinado de los Reyes Católicos durante 27 años. Ahora sólo cabe preguntarnos: ¿cuántos alumnos y alumnas de la época se acuerdan hoy de lo estudiado o han profundizado personalmente o en posteriores estudios sobre la figura de tan singular reina?
   En todo caso, hemos de aplaudir el Cielo de Conferencias sobre la figura de Isabel la Católica y su época, organizado por la Fundación Marcelino Botín en los próximos meses de abril y mayo de 2004 con motivo del citado V Centenario, en la que se analizarán diversos temas de gran interés como son «Los Reyes Católicos y la leyenda de la Edad de Oro en España», «Judíos y judeoconversos en la época de los Reyes Católicos»; «Napoles y Sicilia en la época del Renacimiento»; «Cultura del Renacimiento en España»; «Los Reyes Católicos, América y el dominio del mundo» y «El gobierno de la doble Monarquía».
   Una manera más de revisar nuestra historia, de la que un gran número de españoles tienen conocimiento a partir del primer sustrato histórico de lo aprendido en la Enseñanza General Básica.

 

Juan Carlos Corniera Lera es presidente de la Asociación de Becarias de la Fundación Marcelino Botín

2004-01-23 – LA RAZÓN ESP.

 

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Tres lugares comunes de las leyendas negras.

 

Antonio Caponnetto

Introducción  

La conmemoración del Quinto Centenario ha vuelto a reavivar, como era previsible, el empecinado odio anticatólico y antihispanista de vieja y conocida data. Y tanto odio alimenta la injuria, ciega a la justicia y obnubila el orden de la razón, según bien lo explicara Santo Tomás en olvidada enseñanza. De resultas, la verdad queda adulterada y oculta, y se expanden con fuerza el resentimiento y la mentira. No es sólo, pues, una insuficiencia histórica o científica la que explica la cantidad de imposturas lanzadas al ruedo. Es un odium fidei alimentado en el rencor ideológico. Un desamor fatal contra todo lo que lleve el signo de la Cruz y de la Espada.

Bastaría aceptar y comprender este oculto móvil para desechar, sin más, las falacias que se propagan nuevamente, aquí y allá. Pero un poder inmenso e interesado les ha dado difusión y cabida, y hoy se presentan como argumentos serios de corte académico. No hay nada de eso. Y a poco que se analizan los lugares comunes más repetidos contra la acción de España en América, quedan a la vista su inconsistencia y su debilidad. Veámoslo brevemente en las tres imputaciones infaltables enrostradas por las izquierdas.
Introducción
La conmemoración del Quinto Centenario ha vuelto a reavivar, como era previsible, el empecinado odio anticatólico y antihispanista de vieja y conocida data. Y tanto odio alimenta la injuria, ciega a la justicia y obnubila el orden de la razón, según bien lo explicara Santo Tomás en olvidada enseñanza. De resultas, la verdad queda adulterada y oculta, y se expanden con fuerza el resentimiento y la mentira. No es sólo, pues, una insuficiencia histórica o científica la que explica la cantidad de imposturas lanzadas al ruedo. Es un odium fidei alimentado en el rencor ideológico. Un desamor fatal contra todo lo que lleve el signo de la Cruz y de la Espada.

Bastaría aceptar y comprender este oculto móvil para desechar, sin más, las falacias que se propagan nuevamente, aquí y allá. Pero un poder inmenso e interesado les ha dado difusión y cabida, y hoy se presentan como argumentos serios de corte académico. No hay nada de eso. Y a poco que se analizan los lugares comunes más repetidos contra la acción de España en América, quedan a la vista su inconsistencia y su debilidad. Veámoslo brevemente en las tres imputaciones infaltables enrostradas por las izquierdas. *

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El despojo de la tierra

Se dice en primer lugar, que España se apropió de las tierras indígenas en un acto típico de rapacidad imperialista.

Llama la atención que, contraviniendo las tesis leninistas, se haga surgir al Imperialismo a fines del siglo XV. Y sorprende asimismo el celo manifestado en la defensa de la propiedad privada individual. Pero el marxismo nos tiene acostumbrados a estas contradicciones y sobre todo, a su apelación a la conciencia cristiana para obtener solidaridades. Porque, en efecto, sin la apelación a la conciencia cristiana —que entiende la propiedad privada como un derecho inherente de las criaturas, y sólo ante el cual el presunto despojo sería reprobable— ¿a qué viene tanto afán privatista y posesionista? No hay respuesta.

La verdad es que antes de la llegada de los españoles, los indios concretos y singulares no eran dueños de ninguna tierra, sino empleados gratuitos y castigados de un Estado idolatrizado y de unos caciques despóticos tenidos por divinidades supremas. Carentes de cualquier legislación que regulase sus derechos laborales, el abuso y la explotación eran la norma, y el saqueo y el despojo las prácticas habituales. Impuestos, cargas, retribuciones forzadas, exacciones virulentas y pesados tributos, fueron moneda corriente en las relaciones indígenas previas a la llegada de los españoles. El más fuerte sometía al más débil y lo atenazaba con escarmientos y represalias. Ni los más indigentes quedaban exceptuados, y solían llevar como estigmas de su triste condición, mutilaciones evidentes y distintivos oprobiosos. Una "justicia" claramente discriminatoria, distinguía entre pudientes y esclavos en desmedro de los últimos y no son éstos, datos entresacados de las crónicas hispanas, sino de las protestas del mismo Carlos Marx en sus estudios sobre "Formaciones Económicas Precapitalistas y Acumulación Originaria del Capital". Y de comentaristas insospechados de hispanofilia como Eric Hobsbawn, Roberto Oliveros Maqueo o Pierre Chaunu.

La verdad es también, que los principales dueños de la tierra que encontraron los españoles —mayas, incas y aztecas— lo eran a expensas de otros dueños a quienes habían invadido y desplazado. Y que fue ésta la razón por la que una parte considerable de tribus aborígenes —carios, tlaxaltecas, cempoaltecas, zapotecas, otomíes, cañarís, huancas, etcétera— se aliaron naturalmente con los conquistadores, procurando su protección y el consecuente resarcimiento.

Y la verdad, al fin, es que sólo a partir de la Conquista, los indios conocieron el sentido personal de la propiedad privada y la defensa jurídica de sus obligaciones y derechos. Es España la que se plantea la cuestión de los justos títulos, con autoexigencias tan sólidas que ponen en tela de juicio la misma autoridad del Monarca y del Pontífice. Es España -con ese maestro admirable del Derecho de Gentes que se llamó Francisco de Vitoria— la que funda la posesión territorial en las más altos razones de bien común y de concordia social, la que insiste una y otra vez en la protección que se le debe a los nativos en tanto súbditos, la que garantiza y promueve un reparto equitativo de precios, la que atiende sobre abusos y querellas, la que no dudó en sancionar duramente a sus mismos funcionarios descarriados, y la que distinguió entre posesión como hecho y propiedad como derecho, porque sabía que era cosa muy distinta fundar una ciudad en el desierto y hacerla propia, que entrar a saco a un granero particular. Por eso, sólo hubo repartimientos en tierras despobladas y encomiendas "en las heredades de los indios". Porque pese a tantas fábulas indoctas, la encomienda fue la gran institución para la custodia de la propiedad y de los derechos de los nativos. Bien lo ha demostrado hace ya tiempo Silvio Zavala, en un estudio exhaustivo, que no encargó ninguna "internacional reaccionaria", sino la Fundación Judía Guggenheim, con sede en Nueva York. Y bien queda probado en infinidad de documentos que sólo son desconocidos para los artífices de las leyendas negras.

Por la encomienda, el indio poseía tierras particulares y colectivas sin que pudieran arrebatárselas impunemente. Por la encomienda organizaba su propio gobierno local y regional, bajo un régimen de tributos que distinguía ingresos y condiciones, y que no llegaban al Rey —que renunciaba a ellos— sino a los Conquistadores. A quienes no les significó ningún enriquecimiento descontrolado y si en cambio, bastantes dolores de cabeza, como surgen de los testimonios de Antonio de Mendoza o de Cristóbal Alvarez de Carvajal y de innumerables jueces de audiencias. Como bien ha notado el mismo Ramón Carande en "Carlos V y sus banqueros", eran tan férrea la protección a los indios y tan grande la incertidumbre económica para los encomenderos, que América no fue una colonia de repoblación para que todos vinieran a enriquecerse fácilmente. Pues una empresa difícil y esforzada, con luces y sombras, con probos y pícaros, pero con un testimonio que hasta hoy no han podido tumbar las monsergas indigenistas: el de la gratitud de los naturales. Gratitud que quien tenga la honestidad de constatar y de seguir en sus expresiones artísticas, religiosas y culturales, no podrá dejar de reconocer objetivamente

No es España la que despoja a los indios de sus tierras. Es España la que les inculca el derecho de propiedad, la que les restituye sus heredades asaltadas por los poderosos y sanguinarios estados tribales, la que los guarda bajo una justicia humana y divina, la que Ios pone en paridad de condiciones con sus propios hijos, e incluso en mejores condiciones que muchos campesinos y proletarios europeos Y esto también ha sido reconocido por historiógrafos no hispanistas. Es España, en definitiva, la que rehabilita la potestad India a sus dominios, y si se estudia el cómo y el cuándo esta potestad se debilita y vulnera, no se encontrará detrás a la conquista ni a la evangelización ni al descubrimiento, sino a las administraciones liberales y masónicas que traicionaron el sentido misional de aquella gesta gloriosa. No se encontrará a los Reyes Católicos, ni a Carlos V, ni a Felipe II. Ni a los conquistadores, ni a los encomenderos, ni a los adelantados, ni a los frailes. Sino a Ios enmandilados Borbones iluministas y a sus epígonos, que vienen desarraigando a América y reduciéndola a la colonia que no fue nunca en tiempos del Imperio Hispánico. *

 

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La sed de Oro

Se dice, en segundo lugar, que la llegada y la presencia hispánica no tuvo otro fin superior al fin económico; concretamente, al propósito de quedarse con Ios metales preciosos americanos.

Y aquí el marxismo vuelve a brindarnos otra aporía Porque sí nosotros plantamos la existencia de móviles superiores, somos acusados de angelistas, pero si ellos ven sólo ángeles caídos adoradores de Mammon se escandalizan con rubor de querubines. Si la economía determina a la historia y la lucha de clases y de intereses es su motor interno ; si los hombres no son más que elaboraciones químicas transmutadas, puestos para el disfrute terreno, sin premios ni castigos ulteriores, ¿a qué viene esta nueva apelación a la filantropía y a la caridad entre naciones. Unicamente la conciencia cristiana puede reprobar coherentemente —y reprueba semejantes tropelías. Pero la queja no cabe en nombre del materialismo dialéctico. La admitimos con fuerza mirando el tiempo sub specie aeternitatis. Carece de sentido en eI historicismo sub lumine oppresiones. Es reproche y protesta si sabemos al hombre "portador de valores eternos", como decía José Antonio, u homo viator, como decían Ioos Padres. Es fría e irreprochable lógica si no cesamos de concebirlo como homo acconomicus.

Pero aclaremos un poco mejor las cosas.

Digamos ante todo que no hay razón para ocultar los propósitos económicos de la conquista española. No solo porque existieron sino porque fueron lícitos. El fin de la ganancia en una empresa en la que se ha invertido y arriesgado y trabajado incansablemente, no está reñido con la moral cristiana ni con el orden natural de las operaciones. Lo malo es, justamente, cuando apartadas del sentido cristiano, las personas y las naciones anteponen las razones finaneieras a cualquier otra, las exacerban en desmedro de los bienes honestos y proceden con métodos viles para obtener riquezas materiales. Pero éstas son, nada menos, las enseñanzas y las prevenciones continuas de la Iglesia Católica en España. Por eso se repudiaban y se amonestaban las prácticas agiotistas y usureras, el préstamo a interés, la "cría del dinero", las ganancias malhabidas. Por eso, se instaba a compensaciones y reparaciones postreras —que tuvieron lugar en infinidad de casos—; y por eso, sobre todo, se discriminaban las actividades bursátiles y financieras como sospechosas de anticatolicismo. No somos nosotros quienes lo notamos. Son los historiógrafos materialistas quienes han lanzado esta formidable y certera "acusación" ni España ni los países católicos fueron capaces de fomentar el capitalismo por sus prejuicios antiprotestantes y antirabínicos. La ética calvinista y judaica, en cambio, habría conducido como en tantas partes, a la prosperidad y al desarrollo, si Austrias y Ausburgos hubiesen dejado de lado sus hábitos medievales y ultramontanos.

De lo que viene a resultar una nueva contradicción. España sería muy mala porque llamándose católica buscaba el oro y la plata. Pero seria después más mala por causa de su catolicismo que la inhabilitó para volverse próspera y la condujo a una decadencia irremisible.

Tal es, en síntesis, lo que vino a decirnos Hamilton —pese a sí mismo hacia 1926, con su tesis sobre "Tesoro Americano y el florecimiento del Capitalismo". Y después de él, corroborándolo o rectificándolo parcialmente, autores como Vilar, Simiand, Braudel, Nef, Hobsbawn, Mouesnier o el citado Carande. El oro y la plata salidos de América (nunca se dice que en pago a mercancías, productos y estructuras que llegaban de la Península) no sirvieron para enriquecer a España, sino para integrar el circuito capitalista europeo, usufructuado principalmente por Gran Bretaña.

Los fabricantes de leyendas negras, que vuelven y revuelven constantemente sobre la sed de oro como fin determinante de la Conquista, deberían explicar, también, por que España llega, permanece y se instala no solo en zonas de explotación minera, sino en territorios inhóspitos y agrestes. Porque no se abandonó rápidamente la empresa si recién en la segunda mitad del siglo XVI se descubren las minas más ricas, como las de Potosí, Zacatecas o Guanajuato. Por qué la condición de los indígenas americanos era notablemente superior a la del proletariado europeo esclavizado por el capitalismo, como lo han reconocido observadores nada hispanistas como Humboldt o Dobb, o Chaunu, o el mercader inglés Nehry Hawks, condenado al destierro por la Inquisición en 1751 y reacio por cierto a las loas españolistas. Por qué pudo decir Bravo Duarte que toda América fue beneficiada por la Minería, y no así la Corona Española. Por qué, en síntesis —y no vemos argumento de mayor sentido común y por ende de mayor robustez metafísica—, si sólo contaba el oro, no es únicamente un mercado negrero o una enorme plaza financiera lo que ha quedado como testimonio de la acción de España en América, sino un conglomerado de naciones ricas en Fe y en Espíritu. El efecto contiene y muestra la causa: éste es el argumento decisivo. Por eso, no escribimos estas líneas desde una Cartago sudamericana amparada en Moloch y Baal, sino desde la Ciudad nombrada de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, por las voces egregias de sus héroes

fundadores.*

 

 

 

 El genocidio indigena

Se dice, finalmente, en consonancia con lo anterior, que la Conquista —caracterizada por el saqueo y el robo— produjo un genocidio aborigen, condenable en nombre de las sempiternas leyes de la humanidad que rigen los destinos de las naciones civilizadas.

Pero tales leyes, al parecer, no cuentan en dos casos a la hora de evaluar los crímenes masivos cometidos por los indios dominantes sobre los dominados, antes de la llegada de los españoles; ni a la hora de evaluar las purgas stalinistas o las iniciativas multhussianas de las potencias liberales. De ambos casos, el primero es realmente curioso. Porque es tan inocultable la evidencia, que los mismos autores indigenistas no pueden callarla. Sólo en un día del año 1487 se sacrificaron 2.000 jóvenes inaugurando el gran templo azteca del que da cuenta el códice indio Telleriano-Remensis. 250.000 víctimas anuales es el número que trae para el siglo XV Jan Gehorsam en su articulo "Hambre divina de los aztecas". Veinte mil, en sólo dos años de construcción de la gran pirámide de Huitzilopochtli, apunta Von Hagen, incontables los tragados por las llamadas guerras floridas y el canibalismo, según cuenta Halcro Ferguson, y hasta el mismísimo Jacques Soustelle reconoce que la hecatombe demográfica era tal que si no hubiesen llegado los españoles el holocausto hubiese sido inevitable. Pero, ¿qué dicen estos constatadores inevitables de estadísticas mortuorias prehispánicas? Algo muy sencillo: se trataba de espíritus trascendentes que cumplían así con sus liturgias y ritos arcaicos. Son sacrificios de "una belleza bárbara" nos consolará Vaillant. "No debemos tratar de explicar esta actitud en términos morales", nos tranquiliza Von Hagen y el teólogo Enrique Dussel hará su lectura liberacionista y cósmica para que todos nos aggiornemos. Está claro: si matan los españoles son verdugos insaciables cebados en las Cruzadas y en la lucha contra el moro, si matan los indios, son dulces y sencillas ovejas lascasianas que expresaban la belleza bárbara de sus ritos telúricos. Si mata España es genocidio; si matan los indios se llama "amenaza de desequilibrio demográfico".

La verdad es que España no planeó ni ejecutó ningún plan genocida; el derrumbe de la población indígena —y que nadie niega— no está ligado a los enfrentamientos bélicos con los conquistadores, sino a una variedad de causas, entre las que sobresale la del contagio microbiano. La verdad es que la acusación homicidica como causal de despoblación, no resiste las investigaciones serias de autores como Nicolás Sánchez Albornoz, José Luis Moreno, Angel Rosemblat o Rolando Mellafé, que no pertenecen precisamente a escuelas hispanófilas. La verdad es que "los indios de América", dice Pierre Chaunu, "no sucumbieron bajo los golpes de las espadas de acero de Toledo, sino bajo el choque microbiano y viral",. la verdad —¡cuántas veces habrá que reiterarlo en estos tiempos!— es que se manejan cifras con una ligereza frívola, sin los análisis cualitativos básicos, ni los recaudos elementales de las disciplinas estadísticas ligadas a la historia. La verdad incluso —para decirlo todo— es que hasta las mitas, los repartimientos y las encomiendas, lejos de ser causa de despoblación, son antídotos que se aplican para evitarla. Porque aquí no estamos negando que la demografía indígena padeció circunstancialmente una baja. Estamos negando, sí, y enfáticamente, que tal merma haya sido producida por un plan genocida.

Es más si se compara con la América anglosajona, donde los pocos indios que quedan no proceden de las zonas por ellos colonizados -¿donde están los índios de Nueva Inglaterra?- sino los habitantes de los territorios comprados a España o usurpados a Méjico.

Ni despojo de territorios, ni sed de oro, ni matanzas en masa. Un encuentro providencial de dos mudos. Encuentro en el que, al margen de todos los aspectos traumáticos que gusten recalcarse, uno de esos mundos, el Viejo, gloriosamente encarnado por la Hispanidad, tuvo el enorme mérito de traerle al otro nociones que no conocía sobre la dignidad de la criatura hecha a imagen y semejanza del Creador. Esas nociones, patrimonio de la Cristiandad difundidas por sabios eminentes, no fueron letra muerta ni objeto de violación constante.

Fueron el verdadero programa de vida, el genuino plan salvífico por el que la Hispanidad luchó en tres siglos largos de descubrimiento, evangelización y civilización abnegados.

Y si la espada, como quería Peguy, tuvo que ser muchas veces la que midió con sangre el espacio sobre el cual el arado pudiese después abrir el surco; y si la guerra justa tuvo que ser el preludio del canto de la paz, y el paso implacable de los guerreros de Cristo el doloroso medio necesario para esparcir el Agua del Bautismo, no se hacia otra cosa más que ratificar lo que anunciaba el apóstol: sin efusión de sangre no hay redención ninguna.

La Hispanidad de Isabel y de Fernando, la del yugo y la flechas prefiguradas desde entonces para ser emblema de Cruzada, no llegó a estas tierras con el morbo del crimen y el sadismo del atropello. No se llegó para hacer víctimas, sino para ofrecernos, en medio de las peores idolatrías, a la Víctima Inmolada, que desde el trono de la Cruz reina sobre los pueblos de este lado y del otro del oceano temible.
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La teoría del origen genovés (italiano) del descubridor se va desmoronando poco a poco y cobra más fuerza la de su ascendencia catalana-española. Basándose en estudios lingüísticos de sus cartas y otros manuscritos, el profesor Yzaguirre, titular de Paleografía en la Universidad de Gerona-España, explica en el documental que «sus vacilaciones ortográficas podrían deberse a que el catalán fuera su lengua materna». Asimismo, Colón «nunca en su vida escribió algo en italiano, ni siquiera una carta a su familia, todo lo hizo en castellano (español)». Los datos potencian la asociación del navegante con una familia aristocrática catalana-española de apellido Colom. Sábado 2004-10-02. España

 

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

 

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. 2005.

 

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ISABEL LA CATÓLICA«E RUEGO e mando a la dicha prinçesa, mi hija, e al dicho prínçipe, su marido, que como católicos prínçipes tengan mucho cuidado de las cosas de la honrra de Dios e de su sancta fe, selando e procurando la guarda e defensión e enxalçamiento della, pues por ella somos obligados a poner las personas e vidas e lo que touiéremos, cada que fuere menester, e que sean muy obedientes a los mandamientos de la santa madre iglesia e protectores e defensores della, como son obligados, e que no çesen de la conquista de África e de pugnar por la fe contra los ynfieles, e que sienpre fauorezcan mucho las cosas de la Sancta Ynquisición contra la herética prauidad, e que guarden e manden e fagan guardar a las iglesias e monasterios e prelados e maestres e Órdenes e hidalgos, e a todas las çibdades e villas e lugares de los dichos mis reynos, todos sus preuillegios e franquezas e merçedes e libertades e fueros e buenos vsos e buenas costunbres que tienen de los reyes passados e de nos, segund que mejor e más cumplidamente les fueron guardados en los tienpos pasados fasta aquí.» .

[Lo que deben hacer los gobernantes de España según
Isabel la Católica indica en su testamento]

 

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Cuando se cumplen los quinientos años del tránsito de Isabel la Católica a la Casa del Padre, sus consejos testamentarios a los herederos a la Corona siguen tan vigentes como entonces para el buen gobierno de España.

 

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ISABEL - Vivió como si cada día fuera el último de su vida. Gran pensamiento de la Reina Católica. «Los Reyes hemos de morir», dijo a su antiguo confesor, fray Hernando de Talavera.
Y al dirigir a su esposo el último recuerdo, «memoria del singular amor que siempre tuve a su señoría», le insiste que «renueve la conciencia de que ha de morir, y que le espera en el otro siglo».
La historia de la Reina Isabel la Católica parece un cuento sublime y fantástico que no necesita embellecerse. No es un sueño imaginativo. Hasta el material existente para construir su monumento biográfico es tan abundante, profundo y real, que impacta al investigador y no tiene necesidad de otros cimientos, ni de adornos ni florituras. Los hechos cantan por sí mismos y parece que resucitan su carne a la vida.

 

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Isabel I, sin miedos ni prejuicios,

feminista y católica

 

Juan Carlos Rodríguez
Madrid- Isabel la Católica da aún para muchas sorpresas a cinco días de la celebración del V Centenario de su nacimiento, el próximo viernes. Ese día la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) inaugurará la exposición «Los Reyes Católicos y Granada» en el Hospital Real de la ciudad de la Alhambra, en donde los monarcas pusieron el punto final a la reconquista el 3 de enero de 1492.

 

Será el broche de oro a una programación que la SECC cierra tras un año de actos, que van desde la gran muestra de Valencia hasta el Congreso Internacional que concluyó el pasado sábado, evidentemente, en la ciudad granadina, tras su paso por Barcelona y Valladolid. Un congreso que ha reunido a los máximos especialistas en la figura de Isabel I y que ha dado para mucho. Primero, por la reivindicación de la talla política y de estadista de Isabel la Católica (1451-1504). Sí, reivindicación. Luis Ribot, uno de los dos comisarios de la cita, junto a Julio Valdeón, afirma que el congreso «ha sido una puesta al día, una revisión de todo el legado de Isabel la Católica, que incluye aspectos económicos, sociales, culturales, políticos y hasta religiosos». El legado lo resume Ribot:

«Un personaje de una enorme valía personal, pura energía, que reivindica su protagonismo, su derecho a reinar, algo excepcional para su época; de grandes valores éticos, que construyó un poder determinante en el conjunto de España. La España moderna aún vive de su herencia cultural, social, económica y hasta monetaria. Y añado algo que no entiendo: ¿por qué el feminismo no la ha elegido como un símbolo? Pocas mujeres tuvieron históricamente el carácter y la personalidad para imponerse en una época construida sin tenerla en cuenta». Pero la figura de la Reina Católica –ni Ribot ni los historiadores juzgan el intento de canonización de la monarca– choca, sin embargo, con un miedo político y popular al reconocimiento (no entre los historiadores) de su talla debido a capítulos oscuros: expulsión de los judíos y musulmanes o la fundación de la inquisición. Otro reconocido historiador, Luis Suárez Fernández, resumió lo que denunció Ribot, es decir, el «apasionamiento» de determinadas tesis, carentes de rigor documental, que a lo largo de los años han contribuido a desvirtuar la imagen de Isabel la Católica, una reina que marchó «muy por delante de su tiempo». «Fue una reina con claros y oscuros, como todo el mundo. Nadie está diciendo que todo lo hizo bien. Pero no podemos valorar con ojos de nuestro tiempo hechos de cinco siglos atrás. Es un anacronismo», señala Ribot, que continúa: «Lo que ahora nos parece inaceptable, entonces no lo era. Todos los reinados de Europa fundaban su concepto de nación en la unidad religiosa. Francia, Inglaterra o lo que era Alemania expulsaron mucho antes a los judíos. Todos eran intolerantes. Y lo siguieron siendo. Luis XIV expulsa dos siglos después a los protestantes, y nadie en Francia usa ese argumento para tirar por tierra su reinado».

Pero España es diferente. «A los españoles nos gusta –critica Ribot—plantear polémicamente nuestra historia, cuando lo que hay que hacer es entenderla, comprenderla y exaltarla de una manera desapasionada y sin dramatismo. Debemos analizar a sus protagonistas en toda su dimensión, como hacen otros países. Inglaterra por ejemplo. Pero en España estamos constantemente flagelándonos». 2004. NOV. 22 ‘L.R. ESP.

 

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Yo creo que Isabel fue mujer antes que reina. Y aplicó el sentido de la feminidad, la intuición, el afecto, la capacidad comprensiva, a todas sus empresas. Es verdad que tuvo la suerte de contar a su lado con un rey como Fernando, que en algunos aspectos la superaba, en otros no, y que hubo entre ambos un entendimiento tan completo que no se puede hablar de una política de uno y de una política de otro, pero lo que establece de una manera clara Isabel es el derecho de la mujer a reinar.

En España no se había producido como en Francia una negativa tan rotunda al reconocimiento de los derechos de las mujeres, pero estos derechos eran más para ser transmitidos a los hijos o a los maridos que para ser ejercidos por ellas mismas. Isabel establece el principio contrario: no hay diferencia en cuanto a la capacidad de gobierno entre hombre y mujer, y así educa a sus hijas, y así procede ella misma también.

Luego, Isabel fue muy consciente de una doctrina heredada de la Edad Media, según la cual todos los poderes del Estado y toda la legislación tienen que someterse al orden moral; éste está por encima de cualquier otra consideración, es lo que ella está procurando mostrar en todo momento; por ejemplo, hablábamos antes de cuando se toma la decisión de prohibir el judaísmo, pues hay una preocupación que no había habido en los otros reinos de Europa, hay una preocupación de que los judíos dispongan de un plazo para decidir, y además, tengan disponibilidad de todos sus bienes para que nadie pudiera decir que había un perjuicio material en lo que entonces se consideraba como un beneficio moral, que es la unidad religiosa.

Aparte de esto, ella mostraba en su actitud diaria una enorme comprensión ante las debilidades de los demás. En el testamento aparece constantemente esta preocupación: rectificar los daños que hayamos podido causar, reparar todo. Una mujer y un marido, porque yo aquí no veo diferencia entre uno y otro, que al término de una guerra civil son capaces de eliminar toda clase de represalias y de pactar con aquellos que estuvieron sublevados en su contra y les negaban, para garantizarles que no van a sufrir perjuicio ninguno, sino que van a seguir desempeñando las funciones sociales y el nivel que hasta entonces ocupaban, eso es un ejemplo de primera categoría, y eso lo logran; por eso es una guerra civil que se cierra sin resentimientos, cosa muy difícil, porque lo normal en las guerras civiles es que se creen resquemores que afloran incluso a veces después de décadas muy largas; ella lo evita.

Ella tiene por ejemplo la intuición, a pesar de todos los informes en contra, y los informes tenían razón (Colón estaba diciendo que iba a llegar a China, y era imposible llegar a China), que le permite patrocinar la empresa pensando «algo se podrá encontrar»; esa intuición es uno de los rasgos verdaderamente importantes.

Luego yo veo otro rasgo también: la confianza que tenía en algunas personas no fue desmentida en ningún momento, es decir, los colaboradores duran hasta el final de su vida; es capaz además de mostrarles un enorme afecto.

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Valdeón: «Fue gran defensora de los judíos» - El Congreso sobre Isabel la Católica, que ha concluido este fin de semana en Granada, ha alumbrado nuevas hipótesis sobre el reinado de los Reyes Católicos. Por ejemplo. La inquisición y expulsión practicada por los monarcas fueron medidas políticas y no religiosas, como tradicionalmente se ha difundido, para dar respuesta al clamor popular de oposición racial al converso, que el pueblo seguía equiparando al judío, según el catedrático de Literatura Española e historiador Ángel Alcalá.
   El medievalista Julio Valdeón, Premio Nacional de Historia 2004, recordó en este sentido que la reina Isabel fue una «gran defensora de la comunidad hebrea» frente a la exacerbada «hostilidad antisemita» de la época, emanada principalmente de las clases populares y de parte del clero. En la inauguración del Congreso en Valladolid afirmó: «Parece ser que a alguien le molesta que hiciera la unidad de España y que fuera una mujer profundamente católica». 2004. NOV. 22 ‘L.R. ESP.

 

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Isabel la Católica recupera el «esplendor»

de su reinado quinientos años después

 

ANA BELÉN HERNÁNDEZ

VALLADOLID. Compleja, dinámica y con contradicciones, la grandeza de Isabel la Católica va unida al reinado que hace quinientos años cambió para siempre España y el mundo entero y que la conmemoración del V Centenario de su muerte revisará desde una nueva perspectiva en «Isabel la Católica. La magnificencia de un reinado». La representación estética del poder de la corte castellana a través de la virtud renacentista y el «esplendor» de la época es el hilo conductor de esta muestra -organizada por la la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y el gobierno regional- que ayer inauguraron en el Monasterio de Prado el presidente del Gobierno, José María Aznar, y el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera.

La exposición, comisariada por Fernando Checa, reúne más de 150 piezas, testigos de los lenguajes del triunfo con una mezcla de lo profano y lo sagrado en la producción artística que se cierra con el testamento, otorgado en Medina del Campo, y en el que con renglones de oro reflejó la reina su religiosidad, su interés por los temas internacionales, el justo trato a los indios y la cuestión sucesoria. En este punto final, el Tratado de Gramática de Antonio de Nebrija, señal de la integración a través del castellano.

Pero el relato de «Isabel la Católica. La magnificencia de un reinado», comienza mucho antes. La Ética aristotélica revitalizada en el final de la Edad Media da la bienvenida a una primera sección dedicada al despertar de las humanidades, con Cisneros fundando la nueva Universidad de Alcalá y Antonio de Nebrija fijando las reglas de la lengua modernizada. Por eso, junto a obras como «Institutionum latinarum secunda editio explicita», de Nebrija, y «Opus Aristotelis de moribus a Leonardo Aretino traductum», de Aristóteles, se encuentran las primeras influencias flamencas en los tapices de la colección real de la serie de «Las Moralidades», ejemplo de las bases renacentistas del reinado de Isabel.

Una personalidad admirada

El arte suntuario de nobles y prelados está representado a través de los patrocinios artísticos de los grandes linajes de los Mendoza, los Fonseca o los Condestables de Castilla, con especial mención para el Cardenal Cisneros. La imagen regia de Isabel en el retrato de Juan de Flandes muestra una personalidad admirada en la época y preside la muestra junto a la documentación sobre el matrimonio de los Reyes, como el testimonio del desposorio de los Reyes Católicos y la Concordia de Segovia; las Ordenanzas reales de Castilla o el Escudo de los Reyes Católicos previo a la conquista de Granada. También están presentes la política y el matrimonio. La conquista de Granada se convierte en un acercamiento a la «magnificencia» del reino nazarí. Los ropajes de Boabdil, una muestra de sus espadas y la Capitulación se suman a los testimonios recogidos en la época.

De las colecciones y fundaciones de la Reina, se recuperan tapices de Pierre Van Aelst, una corona de taller siciliano y un brocamantón de la primera mitad del XIII, aunque el papel protagonista lo desempeña Juan de Flandes. Entre las secciones más ricas, la de la Piedad Regia, con obras como el «Políptico de Isabel la Católica» o la «Resurrección de Lázaro». Y, sin embargo, la sorpresa es el redescubrimiento de Canarias como la puerta de América y la reunión de objetos indígenas, entre los que destaca la Pila verde que bautizara a los últimos reyes guanches, bastones de mando del Mencey, vasijas, collares.... Un paso más, el contacto con la cultura Taína y «los hombres que vinieron del cielo». El primer contacto, las Capitulaciones de Santa Fe, junto a «La Historia general y natural de las Indias» de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, y en contraste con los ídolos taínos que Colón encontró en su desembarco americano, dagas ceremoniales y hachas de Puerto Rico y Santo Domingo. Tampoco podía faltar el Tratado de Tordesillas que acordó el reparto del nuevo mundo.

Agradecemos al autor - ABC. 2004-02-27. ESP

 

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«Isabel la Católica reconoció a los indígenas

como súbditos, no como esclavos»

 

VALLADOLID. Historiadores y profesores universitarios de España, Portugal y Brasil participan en el tercer simposio sobre Isabel I de Castilla, que se celebra en Medina del Campo (Valladolid), organizado por la universidades de Burgos y Valladolid, y donde se analiza, entre otros asuntos, la protección jurídica que la Corona dio a los indios americanos. La profesora de la UNED Celia Parcero Torre recordó ayer en declaraciones a Efe que la propia Isabel I reconoció el carácter de súbditos de las Indias y no de esclavos de los pobladores de las tierras recién descubiertas en el momento en que Colón se los mostró a la vuelta de uno de sus viajes.

Sin embargo, la profesora Parcero Torre habló de la existencia de dos realidades distintas en el continente americano, por una parte la legislación sobre los indígenas dictada por la Corona de España, y por la otra, el comportamiento de los españoles en las tierras conquistadas. «La distancia permite tergiversar la situación y alimentar la leyenda negra», afirmó la profesora Parcero, quien explicó que los españoles que viajaban a América lo hacían a la búsqueda de una vida mejor, plena de riqueza, y que tras descubrir la realidad, optaban por la explotación de la tierra y las minas, y de ahí, el reparto de los indígenas como mano de obra.

No obstante, Parcero destacó la inmediatez con que la Corona reaccionó ante las denuncias presentadas por la Iglesia ante el trato vejatorio que sufrían los indios, lo que contribuyó a mitigarlo, junto con la rapidez con que se dotó a las tierras conquistadas de una organización estatal, donde regía la autoridad del Rey.

ABC. ESP. 2003-07-09

 

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“Isabel La Católica reconquistó la vida

comunitaria”, destaca un historiador franciscano

 

Segovia - José García Oro ofrece hoy una conferencia en Segovia

 

En el marco del ciclo de conferencias sobre Isabel La Católica organizado por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce de Segovia con motivo del quinto centenario del fallecimiento de la reina de Castilla, el historiador franciscano José García Oro destacará la importancia de esta figura de la historia en la renovación de la Iglesia, en una ponencia esta tarde, en el Colegio Domingo de Soto de Segovia. “Su figura fue determinante”, destacó a la agencia Veritas García Oro, catedrático de historia de la universidad de Santiago de Compostela.
     
     “Por una parte, Isabel La Católica promocionó grupos de personas que ya trabajaban por la renovación de la Iglesia y les proporcionó libertad de movimientos y un estatuto para organizarse que les permitió consolidarse –destacó García Oro-. Por otra, la reina puso en camino la reforma de los grandes monasterios, el punto más difícil por las implicaciones económicas que conllevaba”.
     
     Respecto al carácter de la reforma impulsada por la reina de Castilla, el historiador destacó su aspecto comunitario, que permitió que las comunidades religiosas mantuvieran su esencia y no se convirtieran en una comunidad de bienes o de cualquier otro tipo. “Isabel La Católica reconquistó la vida comunitaria -señaló- y luchó contra la relajación del espíritu de muchas comunidades benedictinas y cistercienses, entre otras, que gozaban de un régimen de privilegio”.
     
     “La reforma también incidió en el pueblo, mediante la predicación, escritos espirituales, la obra sacramental de la Iglesia y un proyecto de enseñanza para escuelas y universidades –continuó-. En el aspecto de la salud, la reina reorganizó además la asistencia hospitalaria para atender a la población desarraigada y nuevas enfermedades”.
     
     El historiador, especializado en el periodo del reinado de los Reyes Católicos y el Cardenal Cisneros, destacó también que la reina Isabel precedió, en su impulso reformista, una renovación que se llevó a cabo posteriormente a nivel internacional.
     
     “Se trata de una preparación intensa al Concilio de Trento, aunque el proceso de reforma, tiene, a diferencia del Concilio, su parte política o su vertiente disciplinar, y se desarrolla con un flujo más fuerte, especialmente en lo que se refiere a la vida religiosa”, explicó el historiador.2004-01-31

 

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"LA CARGA DEL HOMBRE BLANCO"

Sartre y la culpa colonial

 

 

 

Por Horacio Vázquez-Rial

 

En el siglo XIX las potencias europeas se repartieron, de forma poco amistosa, África, Asia y Oceanía. Como los españoles y los portugueses en el siglo XVI, una parte importante de los británicos, alemanes, holandeses, belgas y franceses que irrumpieron en esos territorios se proponían evangelizar, civilizar, llevar el progreso a pueblos que se habían quedado al margen del proceso de construcción de Occidente: lo que Kipling llamó “la carga del hombre blanco”.

 

A ese afán se sumaba el deseo de saber: cuenta Henry Morton Stanley que Livingston "difirió continuamente su regreso a la patria a causa de una demasiado escrupulosa fidelidad a una promesa [...] él se encargaría de descifrar el misterio de la cuenca norte del Tanganyika". Aquellos hombres se sentían responsables de una misión, y no experimentaban la menor culpa respecto de ella. Bien al contrario, se sentían orgullosos de abrir rutas al comercio y, con él, a la cultura.

 

Ese ideal fue traicionado en gran medida por los encargados de realizarlo, validando en parte la célebre aseveración de Benjamin: "No existe documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie".

 

Robert Louis Stevenson, quien distaba mucho de ser un partidario del colonialismo y se asombraba de que el protagonista de uno de sus cuentos de los mares del Sur detestara a los franceses y amara a los americanos y a los ingleses ("Puedo, en parte, explicarme su antipatía por los franceses, pero no su tolerancia con los anglosajones"), narra para ilustrar la superación del canibalismo la historia de Kekela, un nativo, primitivo evangelizador de la isla caníbal de Hiva-oa, que salvó la vida del contramaestre de un barco americano, un tal Mr. Whalon, que había sido capturado e iba a ser comido por los naturales del lugar.

 

Tras su aventura de feliz término, Whalon regresó a los Estados Unidos y contó lo que le había sucedido. Para recompensar a Kekela, el Gobierno de los Estados Unidos le entregó una suma de dinero y el presidente Lincoln le obsequió con un reloj de oro. Kekela envió a Lincoln una carta de agradecimiento, generosamente extractada por Stevenson en el capítulo X de Islas del Sur, tras anunciar, con toda razón: "No envidio al hombre que pueda leerla sin emocionarse". Escribe Kekela a Lincoln:

 

"[...] la buena acción que realicé [...] es fruto de una simiente venida de vuestro gran país, traída por algunos de vuestros compatriotas que poseían el amor de Dios. Fue plantada en Hawaii y yo la trasplanté [...] la fuente de cuanto es bueno y verdadero, es decir: el amor [...] es una gran cosa y de la cual vuestra nación puede glorificarse ante todas las naciones del mundo [...] la simiente más preciosa ha sido traída al país de las tinieblas. Ha sido implantada en él no con los fusiles, por hombres de guerra o por amenazas, sino plantada allí por mediación de los ignorantes, de los negligentes, de los desconocidos".

 

El trader, el ignorante civilizador, tampoco sentía culpa.

 

La culpa colonial es un sentimiento que se extiende en Europa después de la Segunda Guerra Mundial y en los Estados Unidos al hilo de la guerra de Vietnam, que llega a despertar incluso los demonios interiores de la conquista del Oeste. La Larga Marcha de Mao Zedong no es otra cosa que una prolongada campaña de descolonización. El Reino Unido ganó la guerra, pero inició en el mismo proceso su retirada de las colonias, empezando por la India, que había hallado en Gandhi un líder a su medida. Pero tanto China como India eran países antiguos con una civilización propia, en los que la colonización representó a la vez atraso y progreso.

 

Otra cosa, muy diferente, sucedía en África y en Oriente Medio, donde la decadencia de los árabes y el atraso de los africanos sólo podía engendrar nuevos países, candidatos al rango de naciones, con gran dificultad. Gran Bretaña estaba agotada tras una guerra en incontables frentes, en la que ni siquiera los aliados eran constantes. Ben Gurión decía que había que combatir en Europa junto a los ingleses como si no existiera la cuestión palestina, y en Palestina contra los ingleses como si no existiera Alemania. Francia, el país europeo menos maltratado por la guerra gracias a su colaboracionismo, consiguió retener Argelia durante más de una década, pero ese empeño pudrió a la sociedad francesa desde el interior.

 

El proceso de creación del África actual se inició en el Congo belga, donde tuvo lugar el acontecimiento más sonado de la Primera Guerra Fría en la región: el asesinato del dirigente comunista Patrice Lumumba, pero el Frente de Liberación Nacional argelino venía combatiendo desde 1954. La de la revolución argelina fue una historia terrible, generalmente escamoteada y que no podía terminar de una manera diferente: en integrismo islámico, asesinatos, tortura, desapariciones y barbarie. Gilio Pontecorvo concentró su relato de La batalla de Argel en la represión de la OAS y se detuvo exactamente un instante antes de verse obligado a contar lo de la otra parte.

 

Camus, que era argelino y sabía lo que iba a pasar, se negó a poner su prestigio al servicio de esa revolución, respaldada por los soviéticos, dirigida por el musulmán Ben Bella y financiada en parte mediante la explotación de prostíbulos. Sartre, convencido anticolonialista, al que no le preocupaba preservar, por ejemplo, la escuela pública francesa y la universidad francesa en Argelia que habían permitido que de allí surgiera un Camus, se situó exactamente enfrente.

 

Franz Fanon era un psiquiatra martiniqués, negro, descendiente de esclavos, según él mismo destacó siempre, formado profesionalmente en la universidad francesa, en París, que odiaba profundamente a Francia y que se sumó a la lucha argelina desde el comienzo. Habló en nombre de África en unos cuantos libros, entre ellos Escucha, blanco y Los condenados de la tierra. Este último se convirtió en referente de los intelectuales populistas de todo el planeta en los años 60 y 70 gracias a un prólogo de Jean-Paul Sartre. Lo leyeron los castristas y los peronistas, y no lo leen ahora los chavistas porque leen menos que los castristas y los peronistas.

 

Fanon escribió, para admiración de Sartre: "Abandonemos a esa Europa que no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que lo asesina dondequiera que lo encuentra [...] que en nombre de una pretendida ´aventura espiritual´ ahoga a casi toda la humanidad". Sartre glosa en su prólogo "la increíble paciencia" con que Fanon y otros escritores de las colonias "trataron de explicarnos que nuestros valores no se ajustaban a la verdad de su vida [...] quería decir, más o menos: ustedes nos han convertido en monstruos, su humanismo pretende que somos universales y sus prácticas racistas nos particularizan".

 

De resultas de lo cual había que poner manos a la obra y derribar no el racismo, sino la noción de universalidad. Esto es lo que se viene repitiendo desde entonces, en diversos tonos: habéis querido que nos pareciéramos a vosotros, pero no nos parecemos ni queremos parecernos. Y vamos a demostrarlo con sangre: "El colono no tiene más que un recurso: la fuerza cuando todavía le queda", anota Sartre.

 

El prólogo fue escrito en septiembre de 1961, Fanon murió de leucemia en diciembre de ese año y, poco después, Sartre mostró cierta comprensión hacia Israel. Entonces la familia de Fanon obligó a retirar el prólogo de ediciones sucesivas. Con el tiempo Sartre se reformó y el prólogo, que ha sido más influyente que el libro, recuperó su lugar. Ahora se puede leer en español publicado por Txalaparta, en Tafalla, con la página de créditos en euskera.

 

Una nota para el cierre: cuando Francia llegó a Argelia, en aquel territorio se hablaban 29 variantes del árabe, mutuamente ininteligibles. La independencia de Argelia tuvo, pues, que hacerse en francés, lengua franca del país, en la que fueron alfabetizados por la potencia opresora todos sus dirigentes. 2005-07-06 L.D. ESP. 

 

vazquez-rial@telefonica.net

 

“Conocereisdeverdad.org” no se identifica necesariamente con todas las opiniones y matices vertidos por los autores en los artículos aquí publicados, sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto.

 

 

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Catolicismo y unidad - Isabel fue, en verdad, una reina que profesó, a lo largo de toda su vida, con obras y palabras, la fe católica, hasta ese punto de la entrega de su persona a los suyos –su familia y sus reinos: su pueblo– que merece la calificación de heroica. Son conmovedoras las disposiciones últimas de su Testamento, legando todos sus bienes personales a los pobres y mandando que lo que fuese a gastarse en boato en sus exequias, que se diese a los pobres. Su conducta como reina estuvo inspirada en los ideales de justicia y de solidaridad, llevados a la práctica insobornable pero también misericordiosa y pacientemente: defendiendo siempre y con todo vigor a los más humildes. Lo atestiguan elocuentemente sus desvelos por la liberación de las gentes del campo en toda España.
La unidad de los reinos de España la aceptó y cuidó Isabel la Católica como un gran bien para todos: para su presente y su futuro. Un bien no solamente de naturaleza pragmática y utilitarista, a disposición de cualquiera, sino, sobre todo, de valor moral, humano y espiritual de la máxima importancia. ¿Cómo no van a ser los cristianos, máxime los situados en puestos de responsabilidad pública, los primeros en defender y promover el bien de la unidad de los pueblos y de las naciones, con el respeto exquisito a todas las legítimas diversidades, si los guía el mandamiento del amor mutuo que incluye los deberes de la justicia y de la solidaridad privada y pública, y aun los supera? Así lo enseñábamos los obispos en la Conferencia Episcopal Española no hace mucho tiempo.
Lo católico ha brillado en ella, como reina, cuando promueve la evangelización de la América recién descubierta, con un fino sentido cristiano del valor inalienable de todo ser humano: persona, creatura e hijo de Dios siempre. Así mandaba en su Codicilo, que adjuntó a su Testamento, a su hija, la heredera, doña Juana, y a su marido don Felipe: «Que no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra firme, ganadas o por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien y prevean por manera que no se exceda en cosa alguna».

+ Antonio Mª Rouco Varela - En la Misa del V Centenario de Isabel la Católica (10-XII-04)

 

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Tres lugares comunes de las leyendas negras

Frente a la Leyenda negra de la conquista, propalada por los enemigos de la Fe Católica, eh aquí un documento donde no había ni esclavos, todos eran iguales y súbditos.
Los Reyes Católicos ordenaron el mismo trato para las Nuevas Españas que para las del Viejo Mundo. Doc. Archivo de Indias – Sevilla España.

 

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P: ¿Cree que Expaña debe pedir perdón por la actuación de la Inquisición al pueblo judío, como ya han hecho el Vaticano y países como Francia e Italia por la colaboración de sus gobiernos y parte de su población en el Holocausto? ¿Fue derogada explícitamente la pragmática de los Reyes Católicos de 1492 que expulsaba a los judíos?

 

R: He perdido la cuenta de las veces que se ha pedido perdón y se ha derogado explícitamente el decreto de marras pero, como mínimo, mínimo, han sido tres. Ya está bien, ¿no le parece? Porque Inglaterra no ha armado tanto jaleo y expulsó a los judíos antes. 

 

 

P: Me gustaría saber si las fuentes judías confirman la intervención de los mandatarios judíos en la condena a muerte de Jesucristo. Gracias

 

 

R: Sí, incluso existe alguna fuente talmúdica que les atribuye en exclusiva la condena. El dato no es correcto pero sí significativo.

 

2004-01-27 – César Vidal - dr. en historia antigua, filósofo, teólogo - licenciado en derecho.

 

 

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Esos hombres, sin esperarlo, se toparon con un mundo desconocido, primero unas islas en el Caribe, pobladas por seminómadas, después, un continente habitado por hombres de cultura muy variada: altas culturas: aztecas, en México; mayas, en América Central y Yucatán; incas, en el área andina; ciudades-estados: muiscas en la Gran Colombia; seminómadas aguerridos: chichimecos del Norte y araucanos del Sur; y muchos más que sería difícil de enumerar.

Descubrieron sus modos de vivir, grandiosos monumentos y ciudades con alto desarrollo y población: Tenochtitlán (México, con unos 80.000 habitantes) y Cusco, con sus calles y edificios de piedra sillar, capital de un Imperio de unos ocho millones de súbditos. Hallaron restos de otras ciudades ya desaparecidas de alto nivel: Teotihuacán, la ciudad de los templos de piedra, con unos 50.000 habitantes, Tikal (Guatemala), Copán (Honduras), Palenque (México). Encontraron pueblos de cultura cazadora y recolectora, seminómadas, en las zonas periféricas de los grandes imperios, en la selva y en los llanos y páramos.

Su asombro creció al constatar que ninguno de ellos conocía el Evangelio, la Buena Nueva de la Redención del hombre por el sacrificio del Hijo de Dios que nos ha restituido la amistad con Dios, haciéndonos partícipes de su gracia. Los hombres americanos tenían en general un profundo sentido religioso; se sabían inmersos en un mundo movido por fuerzas desconocidas que podían proporcionales la abundancia y la carencia, serles propicio. Descubrieron modos de tener de su parte a esas divinidades desconocidas: rendirles tributo y sacrificios, también de vidas humanas. Los aztecas tras sacar el corazón del vencido, víctima propiciatoria, los arrojaban desde lo alto de sus pirámides sagradas. En la zona andina, se usó arrojarlos al fondo de los lagos donde habitaban los dioses. Los hombres americanos que habían alcanzado un elevado desarrollo económico, social, político y cultural, no sabían que Jesucristo había asumido en la Cruz el único sacrificio propiciatorio del pecado. Que en el Calvario "había hecho nuevas todas las cosas.

 

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Pedro Cieza de León (1518?-1560)

 

Tratamiento con los indios - Extremeño de Llerena, en las Indias desde 1535, Cieza luchó en las guerras civiles del Perú, y fue cronista de La Gasca. También este soldado escritor, la mejor fuente de la historia de los incas y de la conquista del Perú, se nos muestra en la Crónica de la conquista del Perú y en El señorío de los incas como hombre cristiano empeñado en una empresa evangelizadora. Así expresa en el Proemio de su Crónica su inesperada vocación de escritor:

«Como notase tan grandes y peregrinas cosas como en este Nuevo Mundo de Indias hay, vínome gran deseo de escribir algunas de ellas, de lo que yo por mis propios ojos había visto... Más como mirase mi poco saber, desechaba de mí este deseo, teniéndolo por vano... Hasta que el todopoderoso Dios, que lo puede todo, favoreciéndome con su divina gracia, tornó a despertar en mí lo que ya yo tenía olvidado. Y cobrando ánimo, con mayor confianza determiné de gastar algún tiempo de mi vida en escribir esta historia. Y para ello me movieron las causas siguientes:

«La primera, ver que en todas las partes por donde yo andaba ninguno se ocupaba en escribir nada de lo que pasaba. Y que el tiempo consume la memoria de las cosas de tal manera, que si no es por rastros y vías exquisitas, en lo venidero no se sabe con verdadera noticia lo que pasó.

«La segunda, considerando que, pues nosotros y estos indios todos, todos traemos origen de nuestros antiguos padres Adán y Eva, y que por todos los hombres el Hijo de Dios descendió de los cielos a la tierra, y vestido de nuestra humanidad recibió cruel muerte de cruz para nos redimir y hacer libres del poder del demonio, el cual demonio tenía estas gentes, por la permisión de Dios, opresas y cautivas tantos tiempos había, era justo que por el mundo se supiese en qué manera tanta multitud de gentes como de estos indios había fue reducida al gremio de la santa madre Iglesia con trabajo de españoles; que fue tanto, que otra nación alguna de todo el universo no lo pudiera sufrir. Y así, los eligió Dios para una cosa tan grande más que a otra nación alguna».

Cieza de León reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

«hasta que la luz de la palabra del sacro Evangelio entre en los corazones de ellos; y los cristianos que en estas Indias anduvieren procuren siempre de aprovechar con doctrina a estas gentes, porque haciéndolo de otra manera no sé como les irá cuando los indios y ellos aparezcan en el juicio universal ante el acatamiento divino» (Crónica cp.23)

 

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Antica mappa delle Americhe in mostra a FanoUna delle prime carte geografiche a registrare la costa americana dopo i viaggi di Colombo e di Vespucci è conservata nella Biblioteca Comunale Federiciana di Fano. Datata 1504, la mappa si deve alla mano della più importante bottega di cartografia nautica di Genova fra XV e XVI secolo: i Maggiolo. Sarà esposta da oggi e fino al 12 febbraio nella Biblioteca fanese in una piccola mostra intitolata «Ritorno al mondo nuovo. Il planisfero di Vesconte Maggiolo e il suo tempo». La mostra racconta, attraverso altri documenti storico-geografici delle collezioni della biblioteca, il livello delle informazioni geografiche disponibili negli anni in cui la carta fu disegnata. Di grande formato (cm 920x1390), in pergamena, con numerosi disegni che raffigurano le caratteristiche delle diverse regioni geografiche, la mappa era forse nata per essere utilizzata a terra piuttosto che in mare. Avvenire 2005.01.23 Italia. 

 

Patrimonio: 250.000 volumi; 117 periodici correnti; 1.500 audiovisivi; alcune migliaia di manoscritti (codici, autografi, 22806 carteggi, 676 manoscritti musicali); 84 incunaboli; circa 4.000 edizioni del ´500; numerose non quantificate edizioni del ´600, del ´700 e dell´800; 1.052 stampati musicali; 406 libri Braille; circa 2.000 periodici

Patrimonio iconografico: 1104 disegni; 709 incisioni; alcune migliaia di fotografie; mappe e carte

 - Risalente al 1504 questa preziosa carta nautica (mm.920 x 1390, inchiostro acquerellato), oggi conservata nella Sala dei Globi presso questa biblioteca, raffigura il mondo come era conosciuto agli inizi del Cinquecento, cioè immediatamente dopo la scoperta del Nuovo Mondo:

"L´autore fu appunto il genovese Vesconte Maggiolo, capostipite di una nota famiglia di cartografi, presente nella prima metà del sec. XVI a Napoli e a Genova, attivo come produttore di carte, atlanti e mappamondi, in proprio e per lo stampatore-editore Lorenzo Lomellino. Nella ´carta da navigare´ in questione manca la rete dei meridiani e dei paralleli, ma sono presenti 12 rose di compasso a 32 raggi […]. I continenti e le isole oceaniche sono rappresentati nei loro limiti costieri, mentre le indicazioni di carattere fluviale od orografico sono parziali e spesso riportate con prospettive di fantasia. I nomi presenti sono scritti in latino, in italiano, in spagnolo e in maniera promiscua in nero o in rosso e con caratteri differenti".[Daniele Diotallevi, Scheda nel catalogo I documenti e l´immaginario, Biblioteca Federiciana, 1996]

Tra le miniature presenti (figure di sovrani, uomini e animali, città, blasoni) vanno segnalate quelle raffiguranti Sant´Antonio, Adamo ed Eva, il re di Francia.

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Una biblioteca gracias a la obra de grandes hombres de la Iglesia. 

 

 

 

De algunas intervenciones doctrinales.- No puede dejar de presentarse al espíritu una dificultad. Algunas decisiones de la autoridad eclesiástica, por cuanto exigen asentimiento y obediencia, han retrasado la propagación de ciertas verdades científicas o históricas. La cosa es indiscutible y el caso de Galileo es un ejemplo espectacular. Los hay menos conocidos del gran público. Aunque tales medidas no sean infalibles -como es el caso en el asunto de Galileo-, algunos permanecen inquietos y hostiles. ¿Cómo iban a conservar la estima a la autoridad de la Iglesia en presencia de estos hechos? Si nos detenemos en esta dificultad que no es nueva, es porque es una ocasión de volver a tratar del papel de la autoridad de la Iglesia.
Se lamentará -y hay que lamentarlo- que en tal o cual época unos hombres de Iglesia no hayan sido bastante clarividentes para anticiparse a su tiempo y comprender que la explicación científica de las revoluciones astrales, por ejemplo, no tenían una relación esencial con las verdades de la Revelación, que ciertos descubrimientos no eran contrarios a la doctrina católica, y que, por ejemplo, era posible en ciertas condiciones entender en un sentido cristiano la hipótesis de la evolución. Pueden lamentarse también los retrasos así aportados a la divulgación de alguna verdad, a causa del mal que se ha hecho la Iglesia a si misma en el espíritu de los hombres competentes. Se podrá además y se deberá, si se procura ser realista, atenuar la propia amargura distinguiendo lo posible de lo imposible en tal época considerada. Todo esto es legítimo, pero por encima de toda otra consideración hay que volver a lo esencial, es decir al sentido de la autoridad en la Iglesia. Ésta no tiene por misión esencial hacer avanzar la ciencia, ni siquiera entre los teólogos. No tiene tampoco por misión dar la interpretación técnica y adecuada de tal o cual autor, cuando se rechaza o condena su pensamiento, sino que tiene por misión preservar la integridad de la fe y el fervor de la caridad en el pueblo cristiano, en presencia de ciertas doctrinas. Así pues, rechaza los conceptos heterodoxos, no haciendo su exégesis, sino tal como son comprendidos por el pueblo cristiano en las circunstancias presentes, tal como corren el riesgo de ser comprendidos por gentes que no son aptas para clasificar las cosas. Así procedió el concilio de Trento en el caso de Lutero. Obrando así, la Iglesia es fiel a su misión, obedece a las invitaciones de la prudencia cristiana, aun cuando las prohibiciones formales tengan por resultado retrasar la difusión de tal o cual hipótesis que el futuro revelará haber sido exacta -a menos que revele lo contrario-. La Iglesia, repitámoslo, no tiene la misión de estar en la vanguardia del progreso en materia de saber, sino de dirigir la fe del pueblo cristiano en su conjunto hacia la Verdad. Si ciertas afirmaciones de Loisy sobre la revelación no pueden ser comprendidas y asimiladas sin peligro para la fe en la época en que Loisy escribe, deben esperar. El futuro y la reflexión dirán si hay que tener o no por verdad definitiva tal novedad científica. Imponiendo demoras a la enseñanza de estos descubrimientos, aun cuando sean de orden religioso, la Iglesia no falta a su misión esencial. Se limita a adoptar una conducta prudencial. Tal vez en esta conducta prudencial los hombres de Iglesia han sido a veces demasiado prudentes o no bastante inteligentes. Es más que verosímil. Que haya habido a veces en las intervenciones demoradoras, motivos menos honorables y consideraciones demasiado humanas, es también cierto, puesto que el hombre sigue siendo siempre hombre. Que estas intervenciones hayan creado en aquellos que alcanzaban situaciones extremadamente dolorosas, ya lo sabemos, puesto que las ha habido en cada época de la Iglesia.


Pero reconocido y deplorado esto, hay que comprender por qué la Iglesia no puede ni debe mostrar una manía prematura por los descubrimientos humanos, aun cuando se arriesgue a ser tachada de espíritu reaccionario u oscurantismo. En efecto, lo que está en juego es mucho más serio. Se trata de no dejar corromper la Verdad que Dios mismo confió a las manos de la Iglesia. La prudencia es aquí más valiente y más sobrenatural que las osadías intempestivas. La Eternidad es superior al tiempo, la Verdad total a las claridades parciales.

Las directrices prácticas.- Las palabras del papa y de los obispos no versan únicamente sobre las afirmaciones de la fe o de la moral. Precisamente en virtud de la misión sobrenatural que el Señor le ha confiado, la Iglesia no puede dispensarse de querer que el orden temporal se establezca según la justicia, según una justicia cada vez más próxima a la caridad, ley suprema de la existencia humana. 
La Iglesia desea, pues, se esfuerza por insertar en la ciudad terrestre las virtudes cristianas, por encarnarlas en ella. La Iglesia quiere con esto elevar las realidades temporales a convertirse en condiciones favorables para la fe de los cristianos y para la conversión de los no cristianos. La Iglesia no puede olvidar que la Voluntad de Dios debe cumplirse «así en la tierra como en el cielo», y no puede permitir a sus hijos que descuiden los medios de este cumplimiento.


Con este fin, la Iglesia propone y a veces impone directrices para la acción. A veces, vitupera y prohíbe. A veces, estimula o exhorta con instancia. A veces, prescribe. Así, desde el siglo XIX, a medida que la invasión industrial modificaba las relaciones entre los hombres, la Iglesia multiplicaba sus intervenciones en materia temporal, por medio de los papas o de los obispos. Recordemos, a título de ejemplos, las protestas contra la violencia internacional, la aprobación de las aspiraciones a la independencia entre los pueblos colonizados, la puesta en guardia contra unas nacionalizaciones intempestivas, la afirmación del derecho de propiedad en ciertas condiciones, la prohibición de pertenecer al partido comunista, la condenación del nacional-socialismo alemán... Se citarían otros muchos, en los terrenos político, económico, social, internacional.
Cualquiera que fuese la forma de estas intervenciones, la jerarquía no las da sino en la medida en que se hallan afectados los principios de la fe y de la moral cristianas. La única razón de las directrices eclesiásticas no puede ser sino ordenar hacia el Señor la marcha del pueblo cristiano -y con él de la humanidad entera-, más segura y eficazmente. Pero esta marcha se halla comprometida cada vez que se instaura un orden temporal que se opone directamente a los valores sobrenaturales o que rechaza un valor simplemente natural, aun sin atacar directamente los valores cristianos. En efecto, los valores naturales y los valores sobrenaturales o que rechaza un valor simplemente natural, aun sin atacar directamente los valores cristianos. En efecto, los valores naturales y los valores sobrenaturales no son absolutamente

independientes unos de otros. Rechazar la indisolubilidad del matrimonio, negar la igualdad de las razas humanas, es cerrar el acceso a las realidades sobrenaturales. La sumisión al orden natural es una condición necesaria para que el hombre entienda las invitaciones del Espíritu Santo y les sea dócil. Ahora bien, es cierto que las estructuras de un orden temporal pueden anestesiar las conciencias, ahogarlas, deformarlas, sea por el miedo, sea por el bienestar. Hay ejemplos históricos de ello. Ante tales peligros, ante el desprecio o la ignorancia de la voluntad de Dios, la Iglesia no puede callarse. Debe hablar, así que piense poder dar un consejo útil en la dirección de los asuntos humanos. ¿Quién podría, además, hacerlo mejor que ella? Es la única que tiene un conocimiento completo y desinteresado del hombre y de su destino real.
En todo caso, estas intervenciones en el orden temporal no constituyen directamente el ejercicio del magisterio. Como directrices para la acción concreta, no pueden ser, pues, infalibles. Reclaman sin embargo un consentimiento respetuoso. Exigen también la obediencia, si el cristiano está en condiciones de obrar, y la exigen con más o menos urgencia según la gravedad de lo que está en juego.

Matices necesarios. - Conviene sin embargo, en esta materia, evitar una suerte de «inflación» de la autoridad de gobierno. El pensamiento cristiano, hemos dicho, reconoce en los jefes eclesiásticos los representantes de Cristo. No hay que deducir de ello: la decisión de la autoridad sobre un punto particular es idéntica a la revelación inmediata de un designio de Dios, como fue el caso de Abraham, al oír que Dios le mandaba: «Sal de tu tierra ... ». No se puede ni se debe pretender que las decisiones de la jerarquía sean idénticas a las que tomaría Cristo en circunstancias semejantes. Los miembros de la jerarquía son causas segundas. Y siguen siéndolo irremediablemente, ya que no obran con la inteligencia, la competencia, la habilidad que Dios les ha dado o negado, y el Señor no transforma milagrosamente en cualidades sus defectos o sus imperfecciones. Los compensa -¡cosa muy diferente!- por caminos y medios que nosotros distinguimos mal o no distinguimos. A pesar de sus insuficiencias, secretas o flagrantes, por estos intermediarios gobierna Cristo su Iglesia. Por ellos aplica el designio de la Redención; por ellos transmite a los subordinados orientación y movimiento hacia la realización del Reino de Dios.

 

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Citar continuamente la Biblia, allí es donde está el triunfo de la fe en Jesucristo, enseñada por su ‘única y católica Iglesia’ hace dos mil años ininterrumpidos.

 

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Desde hace 2000 años. -y a pesar de tanta calumnia, mentira y desprecio- hacia la Iglesia de Jesucristo, vemos que: “El cariño de Dios nos sostiene en el desierto de la historia” S.S. Juan Pablo II – Magno – Pontifex Max.

 

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ERROR - Pan nuestro de cada día es el error. Errar es humano, han repetido los clásicos hasta hoy. Sería complicado intentar rebatirlo. Perseverar en el error es diabólico, se añade a veces. Porque igualmente es cierto que nadie quiere el error por el error y menos aún que le engañen. Por eso los sabios se han preguntado siempre por las causas del error, ese «parto monstruoso» de la mente, que decía Tomás de Aquino. El error y la injerencia del no-ser en el discurso es una temática abordada por los principales filósofos desde Platón, pasando por Aristóteles, Tomás, hasta Kano y los analistas del lenguaje.

 

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PEREZA - «El conocimiento verdadero, conocido en cuanto verdadero, gracias o mediante la reflexión crítica, requiere de una diligente y sutil investigación. Ésta es la que falta en el pensamiento perezoso. Bien vista, la pereza no es causa del error, sino la ausencia de la causa de la verdad. Para que tenga lugar de hecho la verdad de nuestro conocimiento hemos de limitarnos a dejarnos llevar por el objeto. Este dejarse llevar no es en modo alguno una actitud pasiva. Por el contrario, como venimos diciendo, la preponderancia del objeto en su relación con nuestro conocimiento requiere de la reflexión crítica, esto es, de seguir la atenta marcha del conocimiento del objeto para detectar toda aquella influencia no cognoscitiva, que inhiera, perturbándola, en esta relación. La reflexión crítica, al detectar intenciones extrañas al objeto, incita a la voluntad para que las deseche, a veces con violencia, protegiendo la fuerza objetiva, conditio sine qua non del conocimiento verdadero. Esta limpieza de la inteligencia se realiza con denuedo, especialmente cuando se trata de desechar la información y la memoria, desviándonos a otros conocimientos análogos pero diferentes, y las pretensiones subjetivas del propio yo, que pretende engañarse a sí mismo pensando que sus circunstancias reales no son como son, sino como quiere que sean.

«En la pereza falta este denuedo, es decir, la lucha caracterológica para que las otras potentes fuerzas del alma no opaquen a la del objeto. La pereza es la causa más peligrosa del error, precisamente porque para que se dé no hay que hacer nada. Basta dejar que todas las demás fuerzas anímicas campeen libremente en el limpio espacio que se da que ha de darse entre el conocimiento y el objeto. Falta el dominio caracterológico que coloca en su lugar y en su función a cada uno de los movimientos del espíritu. Al dejarlas al desgaire, las desordenadas influencias que inhieren en nuestros naturales procesos, perturban la función que a cada uno de ellos le corresponde dentro del orgánico conjunto de la vida espiritual humana.

«Las consecuencias de ello en el conocimiento son graves. Siendo el conocimiento la tarea suprema del alma, todas las demás, dependientes de ella, se descomponen sin remedio hasta tanto no se logre que el proceso noético se someta dócilmente a las manifestaciones de la realidad objetiva. De ahí que el hombre afectado de pereza no es un individuo de fiar, pues le falta la primera cualidad que pedimos al ser humano como nota mínima en que se fundamenta toda personalidad. El perezoso es veleta movida por el viento de las circunstancias, es decir, carente del dominio de sí.»

 

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Capítulo 2 de la Segunda Epístola Católica de San Pedro
Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; desde hace tiempo su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida.

 

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LA CALIDAD de las personas, como la de las sociedades, se disimula bien en la opulencia, pero se desnuda en la desgracia. Cuando las cosas van bien, es fácil sonreír y parecer alegre. Cuando sobra, es fácil dar y queda bien. Lo verdaderamente difícil es sonreír cuando las cosas van mal, pensando en los otros en vez de en uno mismo. O compartir cuando andamos con lo justo. Se ve que la supuesta civilización, la cultura que muchos ostentan, se queda en mera cáscara, incapaz de soportar la adversidad. No ha sido invadida por los bárbaros, sino por sí misma, esa realidad nuestra –tambaleante- que carece de calidad.

 

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-Usted es prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo que antes se llamaba la Inquisición. Mucha gente desconoce los dicasterios vaticanos. Creen que es un lugar de condena. ¿En qué consiste su trabajo?

--Cardenal Ratzinger: Es difícil responder a esto en dos palabras. Tenemos dos secciones principales: una disciplinar y otra doctrina.

La disciplinar tiene que ocuparse de problemas de delitos de sacerdotes, que por desgracia existen en la Iglesia. Ahora tenemos el gran problema de la pederastia, como sabéis. En este caso, debemos sobre todo ayudar a los obispos a encontrar los procedimientos adecuados y somos una especie de tribunal de apelación: si uno se siente tratado injustamente por el obispo, puede recurrir a nosotros.

La otra sección, más conocida, es doctrinal. En este sentido, Pablo VI definió nuestra tarea como «promover» y «defender» la fe. Promover, es decir, ayudar el diálogo en la familia de los teólogos del mundo, seguir este diálogo, y alentar las corrientes positivas, así como ayudar a las tendencias menos positivas a conformarse con las tendencias más positivas. La otra dimensión es defender: en el contexto del mondo de hoy, con su relativismo, con una oposición profunda a la fe de la Iglesia en muchas partes del mundo, con ideología agnóstica, atea, etc., la pérdida de la identidad de la fe tiene lugar con facilidad. Tenemos que ayudar a distinguir auténticas novedades, auténticos progresos, de otros pasos que implican una pérdida de identidad de la fe.

Tenemos a disposición dos instrumentos muy importantes para este trabajo, la Comisión Teológica Internacional, con 30 teólogos propuestos por cinco años a propuesta de los obispos; y la Comisión Bíblica, con 30 exegetas, también ellos propuestos por los obispos. Son foros de discusión para los teólogos para encontrar por así decir un entendimiento internacional incluso entre las diferentes escuelas de teología, y un diálogo con el Magisterio.

Para nosotros es fundamental la colaboración con los obispos. Si es posible, deben resolver los problemas los obispos. Pero con frecuencia se trata de teólogos que tienen fama internacional y, por tanto, el problema supera las posibilidades de un obispo, de modo que es llevado a la Congregación. Aquí promovemos el diálogo con estos teólogos para llegar, si es posible, a una solución pacífica. Sólo en poquísimos casos se da una solución negativa. Roma 2002.11.30

 

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Busto del Cardinal John Henry Newman, conservado al Birmingham Museum (Milestone Media) 2010, IX.

Beatificación del Venerable cardenal John Henry Newman en el Cofton Park de Rednal (Birmingham, 19 de septiembre de 2010) Inglaterra  - John Henry Newman - Que sea Benedicto XVI quien beatifique al cardenal Newman no es baladí. Ambos están hechos de la misma fibra

 

Cardenal John Henry Newman (1801-1890) sacerdote, fundador del Oratorio de S. Felipe Neri en Inglaterra, teólogo de la Iglesia católica

 

“Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?..Lo que Dios espera...es que creáis...! (Jn 6,28ss)  Cristo no da testimonio de sí mismo ni dice quién es ni de dónde viene. Él está entre sus contemporáneos como el que sirve (cf Lc 22,27) Aparentemente, sólo después de la resurrección, y sobre todo, después de su ascensión, cuando el Espíritu ya había venido, los apóstoles comprendieron quién era aquel que había estado con ellos. Cuando todo lo demás había acabado, no antes, ellos lo supieron. De manera que aquí vemos, creo yo, la manifestación de un principio general que se presenta ante nosotros a menudo, tanto en la Escritura como en la vida del mundo: No reconocemos la presencia de Dios en el instante que está con nosotros, sino después, cuando volvemos la mirada sobre los acontecimientos pasados. 
       Acontecimientos agradables o dolorosos: no sabemos en el momento su significado. No vemos en ellos la mano de Dios. Si tenemos fe, confesamos lo que no vemos y acogemos todo lo que nos acontece como venido de su mano. Con todo, tanto si lo aceptamos con espíritu de fe como no, no hay otro medio de aceptarlo que la fe. No vemos nada. No comprendemos cómo puede suceder tal cosa o a qué sirve tal otra. Un día, Jacob exclama: “Todo se vuelve contra mí.” (Gn 42,36) Realmente parece que fuera así... Y no obstante, todas sus desventuras se habían de trocar en bienes. Considerad su hijo José, vendido por sus hermanos, llevado a Egipto, encarcelado de cuerpo y de espíritu, esperando que el Señor se compadeciera de él. Repetidamente dice el texto sagrado: “El Señor estaba con José.” ... Una vez pasada la calamidad, comprendió lo que en su momento resultaba tan incomprensible y dijo a sus hermanos: “Dios me envió delante de vosotros para salvar vuestras vidas...No fuisteis vosotros quienes me enviasteis a este lugar sino Dios.” (Gn 45,7).
      ¡Prodigiosa providencia, silenciosa y no obstante tan eficaz, constante e infalible! Ella destruye las maquinaciones del diablo. Satanás no puede conocer la mano de Dios que obra en el curso de los acontecimientos.

Cardenal John Henry Newman (1801+1890)

 

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Pedro, dejándolo todo en el mar de Galilea, sigue a Cristo en la Iglesia Católica

 

No hay vida humana sin libertad, se entiende no sin una absoluta sino sin cierta dosis, mayor o menor, de ella. Sí cabe vida humana sin libertad política. Defender la libertad, amarla, tomársela no es sólo un asunto político. Pero existe otra forma de corromper la libertad aún más peligrosa y consiste, cosa bastante usual, en entenderla como ausencia de normas o ideales, e incluso como pura insumisión. En una de sus versiones, se pretende que sólo la inexistencia de la verdad en sentido religioso o moral permitiría la libertad. Según esta paradójica pretensión, y en contra de la idea cristiana, sería la verdad lo que nos haría siervos. En suma, que la libertad vendría a ser el ilimitado derecho a hacer nuestra real gana, por utilizar la hispánica expresión.

 

Solo la verdad puede hacernos libres, como lo enseña Jesucristo.

 

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Sobre la libertad, a la cual nos llama la gracia del Salvador, no debe hablarse de paso y negligentemente, dice San Agustín. Consejo de hombre de tanta autoridad intelectual no es bueno que caiga en saco roto.

 

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“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por venir a visitarnos

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

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Aspiramos a superarnos, a corregirnos, a hacer bien lo que todavía hacemos mal, a dejar de hacer mal lo que ya deberíamos hacer mejor que nadie. Tenemos aún muchos defectos, y por ello pedimos públicamente disculpas a nuestros lectores.

 

Compendio del Catecismo de la Iglesia católica
La fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005.
¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!

Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía. +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).