Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Dos muestras, en su momento muy importantes, de la pintura mural de Andrea Mantegna se han perdido, por diversos avatares históricos. En 1780, fue destruida la capilla privada del Papa Inocencio VIII en el Belvedere, en Roma, que había pintado en 1488. Ya en este siglo XX, en 1944, los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial redujeron a escombros la capilla Ovetari, en la iglesia de los agustinos, de Padua. En la actualidad, se está intentando, con un programa informático y los 8.000 fragmentos recogidos, hacer una reconstrucción virtual y, posteriormente, reinsertar los fragmentos en sus muros.

 

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Caravaggio no murió asesinado

por los sicarios del cardenal Borghese



El lenguaje del cuerpo no es universal, pues depende estrechamente de las culturas -

Caravaggio fue un genio en describir tal lenguaje


ROMA. Juan Vicente Boo, corresponsal

La vida aventurera y corta de Michelangelo Merisi, conocido universalmente como «Il Caravaggio» por su pueblo natal, no terminó bajo la espada de los sicarios, sino de muerte natural en un hospital de la costa de Toscana. Caravaggio molestó a mucha gente, se batió en duelo algunas veces e incluso tuvo que huir para escapar de la condena a muerte en los Estados Pontificios. El certificado de defunción, uno de los documentos más buscados por los investigadores durante el último medio siglo, ha sido descubierto en el archivo parroquial de Porto Ercole, donde Caravaggio falleció en 1610, a los 37 años de edad.

El texto del registro señala escuetamente: «El 18 de julio de 1609, en el Hospital de S. María Auxiliadora, murió Michelangelo Merisi, de Caravaggio, pintor, por enfermedad». El documento fue descubierto por el arquitecto Giuseppe La Fauci, que está realizando un monumento a Caravaggio en Porto Ercole e indaga desde hace un año en los archivos bajo la guía de Maurizio Marini, biógrafo del pintor. Estaba sepultado entre los registros del año 1654.

Según Marini, «el documento demuestra que el pintor fugitivo murió de enfermedad en el hospital de Porto Ercole, y no fue asesinado por los sicarios del cardenal Scipione Borghese, como han sugerido algunos especialistas». Condenado a muerte por homicidio en Roma, donde había pintado sus mejores cuadros, el gran predecesor del Barroco huyó por mar a Nápoles, Malta, Messina y Palermo, hasta dar finalmente con sus huesos en Porto Ercole, al pie del Monte Argentario, en la costa de Toscana. Como allí estaba vigente el calendario de Siena, que era bizantino, figura como año de defunción 1609, mientras que en Roma, a donde se dirigía para suplicar clemencia al Papa, era 1610.

 

ABC. XXI.XII.MMI.OTRA LEYENDA NEGRA DESCUBIERTA.

 

 

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Descubren un valioso Caravaggio entre la

colección de arte de la reina Isabel II

 

Un cuadro de Caravaggio, valorado en decenas de millones de euros, ha sido descubierto entre la colección de arte de la reina Isabel II de Inglaterra, tras ser considerado durante siglos como una obra anónima de escasa importancia.

 

L D (EFE) "La convocatoria de los santos Pedro y Andrés" se colgó durante mucho tiempo en una sala secundaria del palacio de Hampton Court (suroeste de Londres), una popular atracción turística que alberga una parte considerable de la Colección Real. Pero ni estudiosos ni visitantes habían prestado mucha atención al cuadro hasta que sir Denis Mahon, uno de los más reputados expertos británicos en grandes maestros del siglo XVII, reconoció el estilo de Caravaggio tras una ligera limpieza de la obra.

El autor, quien en realidad se llamaba Michelangelo da Merisi (1571-1610), pasó a la historia como uno de los pintores italianos más brillantes de su época, admirado por sus fuertes contrastes de luz y sombra en sus naturalezas muertas y escenas religiosas. Mahon aseguró al diario
The Times que la suciedad y un viejo barniz habían ocultado una obra de Caravaggio "muy importante", cuyo valor se puede disparar de 150.000 euros a decenas de millones tras revelarse el nombre del pintor.

Gracias al buen ojo de Mahon, el cuadro se ha convertido en el primer
caravaggio que se cataloga en la colección de arte de Isabel II, una de las más fabulosas del mundo con sus pinturas, dibujos, manuscritos, joyas y esculturas, entre otros tesoros. Fue el rey Carlos I de Inglaterra (1600-1649) quien compró a un marchante el lienzo, meramente descrito desde siglo XVII como un trabajo hecho "según el estilo de Caravaggio".

En Londres, la National Gallery posee entre sus fondos tres obras del artista: "Cena de Emmaus" (1601), "Salomé recibe la cabeza de San Juan bautista" (1607-1610) y "Niño mordido por un lagarto" (1595-1600).

2004-02-15 – L.D. ESPAÑA

 

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Pintura atribuida a Caravaggio - Julio 2012 - Alcaldía de Milán - Italia

 

CARAVAGGIO - Michelangelo Merisi, llamado.
(Milán 1571 - Porto Ercole 1610).
Descendimiento de la cruz, 1600-1604, aprox.
Lienzo al óleo. 300 x 203 cm
Inv. 40386 – Museo Vaticano

El Descendimiento, considerada una de las obras maestras de Caravaggio, fue encargada por Girolamo Vittrice para la capilla de familia en Santa María en Vallicella (Iglesia Nueva) en Roma. En 1797 fue incluida en el grupo de obras trasladadas a París según el Tratado de Tolentino y entró a formar parte de la Pinacoteca de Pío VII tras ser devuelta en 1817.
Caravaggio no representa en realidad la Sepultura ni el Descendimiento de la manera tradicional, ya que el Cristo no está descrito al ser bajado a la tumba, sino cuando, en presencia de mujeres devotas, es colocado por Nicodemo y Juan sobre la Piedra de la Unción, es decir, la piedra tumbal con la que se cerrará el sepulcro. Alrededor del cuerpo de Cristo se colocan la Virgen, María Magdalena, Juan, Nicodemo y María de Cleofa, quien alza los brazos y los ojos al cielo en un gesto de altísima tensión dramática.
Caravaggio, que llegó a Roma hacia el año 1592-93, fue el protagonista de una verdadera revolución artística en lo que se refiere a la manera de tratar temas, al uso del color y de la luz, y sin duda alguna, fue la personalidad más importante de la corriente "realista" de la pintura del s. XV.

 

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El Evangelio según Caravaggio


¿Quién es Mateo en el célebre cuadro? Es el joven que cuenta el dinero con la cabeza inclinada. La televisión de los obispos italianos revoluciona la interpretación corriente, conforme a una homilía del papa

de Sandro Magister



ROMA, 19 de julio de 2012 – La obra reproducida aquí arriba es una de las más célebres y admiradas en el mundo. Es la "Vocación de Mateo" de Caravaggio, 1599-1600, situada en la pared izquierda, al lado del altar, de una capilla de la iglesia romana de San Luis de los Franceses.

¿Quién es Mateo en el cuadro? La interpretación corriente – también la que el visitante encuentra indicada en San Luis de los Franceses – lo identifica con el hombre barbudo en el centro del grupo.

Pero el sábado 14 de julio, la televisión de los obispos italianos, TV 2000, presentando esta obra en una de sus transmisiones más seguidas ha dado una lectura completamente distinta, que a muchos les habrá parecido nueva y sorprendente.

Según dicha lectura, el Mateo llamado por Jesús no es el hombre barbudo, sino el joven sentado en el extremo de la mesa, con la cabeza inclinada, que está ocupado recaudando dinero.

Esta identificación quizá puede sorprender, pero una vez comprendida, es mucho más persuasiva que la otra. Incluso más "caravaggesca" y, también, más vinculada al Evangelio.

La transmisión de TV 2000 que ha propuesto esta interpretación del cuadro se titula "La Domenica con Benedetto XVI" (El Domingo con Benedicto XVI). Se emite cada sábado y se articula en tres momentos: arte, palabra y música.

La palabra es la del papa Joseph Ratzinger. Del magnífico tesoro de sus homilías se extraen, cada vez, esos pasajes que directamente ilustran el Evangelio de la misa del día siguiente.

Pero antes de escuchar al papa, los mismos temas se ofrecen al placer de la vista a través de dos o tres obras maestras del arte figurativo, comentadas por un experto.

Inmediatamente después de escuchar al papa, los mismos temas, de nuevo, se difunden en un espacio musical, con piezas de canto gregoriano y polifónico, seleccionadas y ejecutadas para la ocasión.

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Pero volvamos al Mateo de Caravaggio. Y demos la palabra a Sara Magister, la historiadora del arte que así lo comentó en TV 2000:

"La escena tiene lugar en la oscuridad de un patio o, quizá, de un interior. Alrededor de la mesa donde Mateo está recaudando los impuestos imperiales están también los que tienen que pagar lo que deben.
 
"De repente, Jesús entra en escena junto a Pedro. Su mano indica recto delante de él. Es la llamada. Alguien se da cuenta. El joven Mateo, no; aún está concentrado, contando ávidamente el dinero. Pero la luz inicia a iluminar su rostro. Pronto alzará los ojos y acogerá la llamada de su nuevo maestro.

"Muchos historiadores de arte identifican a Mateo con el personaje barbudo que con la mano parece señalarse a sí mismo, mirando a Jesús. Pero análisis recientes y más atentos del cuadro se han dado cuenta que él es uno de los prestamistas – con la otra mano está dando monedas a quien las recoge – y que el suyo es un gesto escandalizado referido al joven que está a su lado, como si dijera: "¿Justamente él, el pecador inmundo?".

"El papa nos dice en su homilía: ´Los doce apóstoles no eran hombres perfectos. Así pues, Jesús no los llamó por ser ya santos, completos, perfectos, sino para que lo fueran, para que se transformaran a fin de transformar así la historia´. Y esto es lo que el cuadro hace entender.
 
"El poder santificador de Cristo que llega a toda situación de vida de todos los tiempos está muy bien indicado por las vestiduras de los personajes alrededor de la mesa. Siguen la moda de principios del siglo XVII, al contrario de las túnicas con las cuales están vestidos el Salvador y Pedro. También está bien reflejado el contraste entre la riqueza de sus vestiduras y la pobreza de Jesús y Pedro, descalzos y vestidos con colores apagados".

"La luz que nos guía en la lectura del acontecimiento no es la débil que proviene de arriba, y que corresponde a la luz natural que ilumina efectivamente la capilla en la que está ubicada la obra. Hay, de hecho, otra luz en el cuadro, un verdadero y propio rayo que irrumpe poderoso en la oscuridad, desde el exterior, desde abajo, desde la derecha; es decir, desde donde se encuentra el altar de la capilla, en el cual Jesús se hace presente en la misa.
 
"Como siempre en las obras religiosas de Caravaggio, esta luz indica la gracia de Dios que entra repentinamente en la vida de los hombres, y que es capaz de transformarla contra toda lógica humana.

"La mano de Cristo, tomada de Miguel Ángel, indica que la llamada es una nueva creación: de un hombre viejo nace, literalmente, un hombre nuevo. Repitiendo el gesto, Pedro es la figura de la Iglesia que es el eco de la voluntad de Jesús".

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Entre los historiadores de arte que han dado esta nueva interpretación a la "Vocación de Mateo" de Caravaggio se puede indicar a Angela Hass, en un ensayo publicado en 1988 en el "Journal of the Warburg and Courtauld Institutes":

> Caravaggio´s "Calling of St Matthew" Reconsidered


Antes de ella, habían dado una interpretación análoga Nicholas De Marco en 1982 en "Iris. Notes on the History of Art" y Andreas Prater en 1985 en "Pantheon. Internationale Zeitschrift für Kunst".

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La misa a la cual, en la transmisión de TV 2000, ha sido asociada la "Vocación de Mateo" de Caravaggio es la del XV domingo del tiempo ordinario, del ciclo B, en la cual se lee el pasaje del Evangelio de Marco, capítulo 6, con la llamada de los apóstoles por parte de Jesús y su envío a misión.

Los pasajes de Benedicto XVI emitidos en la transmisión han sido sacados de la homilía que pronunció en Bríndisi el 15 de junio de 2008:


MISA EN EL MUELLE DE SAN APOLINAR EN EL PUERTO BRINDISI

HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI

Domingo 15 de junio de 2008

 

Queridos hermanos y hermanas: 

En el centro de mi visita a Brindisi celebramos, en el día del Señor, el misterio que es fuente y cumbre de toda la vida de la Iglesia. Celebramos a Cristo en la Eucaristía, el mayor don que ha brotado de su Corazón divino y humano, el Pan de vida partido y compartido, para que lleguemos a ser uno con él y entre nosotros.

Os saludo con afecto a todos los que os habéis dado cita en este lugar tan simbólico, el puerto, que evoca los viajes misioneros de san Pedro y san Pablo. Veo con alegría a numerosos jóvenes, que han animado la vigilia esta noche, preparándose a la celebración eucarística. También os saludo a vosotros, que participáis espiritualmente a través de la radio y la televisión.

Dirijo un saludo particular al pastor de esta amada Iglesia, mons. Rocco Talucci, agradeciéndole las palabras que ha pronunciado al inicio de la santa misa. Saludo asimismo a los demás obispos de Puglia, que han querido estar aquí con nosotros en comunión fraterna de sentimientos. Me alegra en especial la presencia del metropolita Gennadios, al que expreso mi cordial saludo, extendiéndolo a todos los hermanos ortodoxos y de las demás confesiones, desde esta Iglesia de Brindisi que, por su vocación ecuménica, nos invita a orar y comprometernos en favor de la unidad plena de todos los cristianos.

Saludo con gratitud a las autoridades civiles y militares que participan en esta liturgia, con los mejores deseos para su servicio. Mi saludo afectuoso va también a los presbíteros y a los diáconos, a las religiosas y a los religiosos, así como a todos los fieles. Dirijo un saludo especial a los enfermos del hospital y a los reclusos de la cárcel, a los que aseguro un recuerdo en mi oración. ¡Gracia y paz de parte del Señor a cada uno y a toda la ciudad de Brindisi!

 

Los textos bíblicos que hemos escuchado en este undécimo domingo del tiempo ordinario nos ayudan a comprender la realidad de la Iglesia:  la primera lectura (cf. Ex 19, 2-6) evoca la alianza establecida en el monte Sinaí durante el éxodo de Egipto; el pasaje evangélico (cf. Mt 9, 3610, 8) recoge la llamada y la misión de los doce Apóstoles. Aquí se nos presenta la "constitución" de la Iglesia. ¿Cómo no percibir la invitación implícita que se dirige a cada comunidad a renovarse en su vocación y en su impulso misionero?

 

En la primera lectura, el autor sagrado narra el pacto de Dios con Moisés y con Israel en el Sinaí. Es una de las grandes etapas de la historia de la salvación, uno de los momentos que trascienden la historia misma, en los que el confín entre Antiguo y Nuevo Testamento desaparece y se manifiesta el plan perenne del Dios de la alianza:  el plan de salvar  a  todos  los  hombres mediante la santificación de un pueblo, al que Dios propone convertirse en "su propiedad personal entre todos los pueblos" (Ex 19, 5).

 

En esta perspectiva el pueblo está llamado a ser una "nación santa", no sólo en sentido moral, sino antes aún y sobre todo en su misma realidad ontológica, en su ser de pueblo. Ya en el Antiguo Testamento, a través de los acontecimientos salvíficos, se fue manifestando poco a poco cómo se debía entender la identidad de este pueblo; y luego se reveló plenamente con la venida de Jesucristo.

El pasaje evangélico de hoy nos presenta un momento decisivo de esa revelación. Cuando Jesús llamó a los Doce, quería referirse simbólicamente a las tribus de Israel, que se remontan a los doce hijos de Jacob. Por eso, al poner en el centro de su nueva comunidad a los Doce, dio a entender que vino a cumplir el plan del Padre celestial, aunque solamente en Pentecostés aparecerá el rostro nuevo de la Iglesia:  cuando los Doce, "llenos del Espíritu Santo" (Hch 2, 3-4), proclamarán el Evangelio hablando en todas las lenguas. Entonces se manifestará la Iglesia universal, reunida en un solo Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo resucitado, y al mismo tiempo enviada por él a todas las naciones, hasta los últimos confines de la tierra (cf. Mt 28, 20).

 

El estilo de Jesús es inconfundible:  es el estilo característico de Dios, que suele realizar las cosas más grandes de modo pobre y humilde. Frente a la solemnidad de los relatos de alianza del libro del Éxodo, en los Evangelios se encuentran gestos humildes y discretos, pero que contienen una gran fuerza de renovación. Es la lógica del reino de Dios, representada —no casualmente— por la pequeña semilla que se transforma en un gran árbol (cf. Mt 13, 31-32). El pacto del Sinaí estuvo acompañado de señales cósmicas que aterraban a los israelitas; en cambio, los inicios de la Iglesia en Galilea carecen de esas manifestaciones, reflejan la mansedumbre y la compasión del corazón de Cristo, pero anuncian otra lucha, otra convulsión, la que suscitan las potencias del mal.

 

Como hemos escuchado, a los Doce "les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia" (Mt 10, 1). Los Doce deberán cooperar con Jesús en la instauración del reino de Dios, es decir, en su señorío benéfico, portador de vida, y de vida en abundancia, para la humanidad entera. En definitiva, la Iglesia, como Cristo y juntamente con él, está llamada y ha sido enviada a instaurar el Reino de vida y a destruir el dominio de la muerte, para que triunfe en el mundo la vida de Dios, para que triunfe Dios, que es Amor.

Esta obra de Cristo siempre es silenciosa; no es espectacular. Precisamente en la humildad de ser Iglesia, de vivir cada día el Evangelio, crece el gran árbol de la vida verdadera. Con estos inicios humildes, el Señor nos anima para que, también en la humildad de la Iglesia de hoy, en la pobreza de nuestra vida cristiana, podamos ver su presencia y tener así la valentía de salir a su encuentro y de hacer presente en esta tierra su amor, que es una fuerza de paz y de vida verdadera.

 

Así pues, el plan de Dios consiste en difundir en la humanidad y en todo el cosmos su amor, fuente de vida. No es un proceso espectacular; es un proceso humilde, pero que entraña la verdadera fuerza del futuro y de la historia. Por consiguiente, es un proyecto que el Señor quiere realizar respetando nuestra libertad, porque el amor, por su propia naturaleza, no se puede imponer. Por tanto, la Iglesia es, en Cristo, el espacio de acogida y de mediación del amor de Dios. Desde esta perspectiva se ve claramente cómo la santidad y el carácter misionero de la Iglesia constituyen dos caras de la misma medalla:  sólo en cuanto santa, es decir, en cuanto llena del amor divino, la Iglesia puede cumplir su misión; y precisamente en función de esa tarea Dios la eligió y santificó como su propiedad personal.

 

Por tanto, nuestro primer deber, precisamente para sanar a este mundo, es ser santos, conformes a Dios. De este modo obra en nosotros una fuerza santificadora y transformadora que actúa también sobre los demás, sobre la historia. En el binomio "santidad-misión" —la santidad siempre es fuerza que transforma a los demás— se está centrando vuestra comunidad eclesial, queridos hermanos y hermanas, durante este tiempo del Sínodo diocesano.

 

Al respecto, es útil tener presente que los doce Apóstoles no eran hombres perfectos, elegidos por su vida moral y religiosa irreprensible. Ciertamente, eran creyentes, llenos de entusiasmo y de celo, pero al mismo tiempo estaban marcados por sus límites humanos, a veces incluso graves. Así pues, Jesús no los llamó por ser ya santos, completos, perfectos, sino para que lo fueran, para que se transformaran a fin de transformar así la historia. Lo mismo sucede con nosotros y con todos los cristianos.

 

En la segunda lectura hemos escuchado la síntesis del apóstol san Pablo:  "La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Rm 5, 8). La Iglesia es la comunidad de los pecadores que creen en el amor de Dios y se dejan transformar por él; así llegan a ser santos y santifican el mundo.

 

A la luz de esta providencial palabra de Dios, tengo hoy la alegría de confirmar el camino de vuestra Iglesia. Es un camino de santidad y de misión, sobre el que vuestro arzobispo os ha invitado a reflexionar en su reciente carta pastoral; es un camino que él ha verificado ampliamente en el transcurso de la visita pastoral y que ahora quiere promover mediante el Sínodo diocesano.

 

El pasaje evangélico de hoy nos sugiere el estilo de la misión, es decir, la actitud interior que se traduce en vida real. No puede menos de ser el estilo de Jesús:  el estilo de la "compasión". El evangelista lo pone de relieve atrayendo la atención hacia el modo como Cristo mira a la muchedumbre:  "Al verla, sintió compasión de ella, porque estaban fatigados y decaídos como ovejas sin pastor" (Mt 9, 36). Y, después de la llamada de los Doce, vuelve esta actitud en el mandato que les da de dirigirse "a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 10, 6).

 

En esas expresiones se refleja el amor de Cristo por los hombres, especialmente por los pequeños y los pobres. La compasión cristiana no tiene nada que ver con el pietismo, con el asistencialismo. Más bien, es sinónimo de solidaridad, de compartir, y está animada por la esperanza. ¿No nacen de la esperanza las palabras que Jesús dice a los Apóstoles:  "Id proclamando que el reino de los cielos está cerca"? (Mt 10, 7). Esta esperanza se funda en la venida de Cristo y, en definitiva, coincide con su Persona y con su misterio de salvación —donde está él está el reino de Dios, está la novedad del mundo—, como lo recordaba bien en su título la cuarta Asamblea eclesial italiana, celebrada en Verona:  Cristo resucitado es la "esperanza del mundo".

 

También vosotros, queridos hermanos y hermanas de esta antigua Iglesia de Brindisi, animados por la esperanza en la que habéis sido salvados, sed signos e instrumentos de la compasión, de la misericordia de Cristo. Al obispo y a los presbíteros les repito con fervor las palabras del Maestro divino:  "Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis" (Mt 10, 8). Este mandato se dirige también hoy en primer lugar a vosotros. El Espíritu que actuaba en Cristo y en los Doce es el mismo que actúa en vosotros y que os permite realizar entre vuestra gente, en este territorio, los signos del reino de amor, de justicia y de paz que viene, más aún, que ya está en el mundo.

 

Pero, por la gracia del Bautismo y de la Confirmación, todos los miembros del pueblo de Dios participan, de maneras diversas, en la misión de Jesús. Pienso en las personas consagradas, que han hecho los votos de pobreza, virginidad y obediencia; pienso en los cónyuges cristianos y en vosotros, fieles laicos, comprometidos en la comunidad eclesial y en  la sociedad tanto de forma individual como en asociaciones. Queridos hermanos  y  hermanas,  todos sois destinatarios  del deseo de Jesús de multiplicar los obreros de la mies del Señor (cf. Mt 9, 38).

 

Este deseo, que debe convertirse en oración, nos lleva a pensar, en primer lugar, en los seminaristas y en el nuevo seminario de esta archidiócesis; nos hace considerar que la Iglesia es, en sentido amplio, un gran "seminario", comenzando por la familia, hasta las comunidades parroquiales, las asociaciones y los movimientos de compromiso apostólico. Todos, en la variedad de los carismas y de los ministerios, estamos llamados a trabajar en la viña del Señor.

 

Queridos hermanos y hermanas de Brindisi, seguid por el camino emprendido con este espíritu. Que velen sobre vosotros vuestros patronos, san Leucio y san Oroncio, que llegaron de Oriente en el siglo II para regar esta tierra con el agua viva de la palabra de Dios. Las reliquias de san Teodoro de Amasea, veneradas en la catedral de Brindisi, os recuerden que dar la vida por Cristo es la predicación más eficaz. San Lorenzo, hijo de esta ciudad, que siguiendo las huellas de san Francisco de Asís se convirtió en apóstol de paz en una Europa desgarrada por guerras y discordias, os obtenga el don de una auténtica fraternidad.

Os encomiendo a todos a la protección de la Virgen María, Madre de la esperanza y Estrella de la evangelización. Que os ayude la Virgen santísima a permanecer en el amor de Cristo, para que podáis dar frutos abundantes para gloria de Dios Padre y para la salvación del mundo. Amén.

 

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Caravaggio - Crucifixión de San Pedro en cruz invertida


Caravaggio - San Jerónimo penitente.

 

Los productores de basura no pueden diluir su responsabilidad apelando al ilegítimo tribunal de la audiencia. Ésta no hace sino incrementar las proporciones de su indignidad. Pero el espectador nunca es inocente, pues sin su anuencia no sería posible perpetrar el mal.

 

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El escritor que busca el éxito y la risa halagadora mediante la reducción de una persona a la condición de objeto de escarnio, por más que ésta pueda dar motivos para ello, incurre en la misma inmoralidad. Toda burla incluye la deshumanización del burlado, su cosificación. Estos comportamientos entrañan la vulneración de la moral y, en muchos casos, también del Derecho. Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA
En ABC, 19.08.2002

 

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denigrar.(Del lat. denigrāre, poner negro, manchar).1. tr. Deslustrar, ofender la opinión o fama de alguien.2. tr. injuriar (ǁ agraviar, ultrajar).

 

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calumnia.(Del lat. calumnĭa).1. f. Acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño.2. f. Der. Imputación de un delito hecha a sabiendas de su falsedad.

 

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"Los diáconos – enseña San Policarpo – son servidores de Dios y de Cristo y no de los hombres: ni calumnia, ni doblez, ni amor por el dinero; che sean castos en todo, compasivos, siempre diligentes según la verdad del Señor, que se ha hecho servidor de todos" (Ad Philipp., V,2).

 

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Puesto que sois cristianos, sed los primeros en vivir el sentido de las bienaventuranzas, haciéndoos en vuestra vida promotores decididos de misericordia, de justicia, de moralidad, de obras en favor de la paz.

 

Que nadie os pueda recriminar por vuestra conducta, por falta de honestidad, por abuso de los demás, por despreocupación en vuestros deberes individuales, familiares o sociales; pero si se os calumnia mientras obráis el bien, por encima de la defensa de vuestros legítimos derechos con todo medio honesto, estad seguros de que grande será vuestra recompensa en el cielo. Es la palabra de Cristo que hemos escuchado en el evangelio de hoy la que nos da la certeza. S.S. Juan Pablo II – Magno; Bata (Guinea Ecuatorial), 18 de febrero de 1982

 

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 El ´Bautista´ pintado por el Caravaggio

 

SAN CLEMENTE ROMANO - Los primeros sucesores de San Pedro en la sede de Roma fueron, según testimonia la Tradición, Lino (hasta el año 80) y Anacleto, también llamado Cleto (80-92) «Después de ellos, cuenta San Ireneo, en tercer lugar desde los Apóstoles, accedió al episcopado Clemente, que no sólo vio a los propios Apóstoles, sino que con ellos conversó y pudo valorar detenidamente tanto la predicación como la tradición apostólica». Fue San Clemente, por tanto, el cuarto de los Papas. Como parece querer indicar San Ireneo, este santo Vicario de Cristo fue un eslabón muy importante en la cadena de la continuidad, por su conocimiento y por su fidelidad a la doctrina recibida de los Apóstoles. Nada dicen los más antiguos escritores eclesiásticos sobre su muerte, aunque el Martyrium Sancti Clementis, redactado entre los siglos IV y VI, refiere que murió mártir en el Mar Negro, entre los años 99 y 101. Poco antes debió de redactar su Carta a los Corintios, que es uno de los escritos mejor testimoniados en la antigüedad cristiana, pues fue muy célebre y citado en los primeros siglos.


El motivo fue una disputa surgida entre los fieles de Corinto, en la que se llegó incluso a deponer a varios presbíteros. La carta pretende llamar a la paz a los cristianos de Corinto; y quiere inducir a la penitencia y al arrepentimiento de aquellos desconsiderados que injustamente se habían rebelado contra la legitima autoridad, fundada sobre la tradición de los Apóstoles. Además, constituye un documento de capital importancia para el conocimiento de la Teología y de la Liturgia romana.


Grave debía de ser la situación creada en aquella antigua iglesia a la que San Pablo dedicó sus mayores cuidados y reprensiones paternales con motivo de otros desórdenes, que años después parecían volver a reproducirse. El tono de la carta combina la dulzura y energía de un padre; pero es preciso subrayar que San Clemente no escribe como si fuera una voz autorizada cualquiera, sino como quien es consciente de tener una especial responsabilidad en la Iglesia. Incluso comienza disculpándose por no haber intervenido con la prontitud debida, a causa de «las repentinas y sucesivas desgracias y contratiempos» que habían afectado a la Iglesia de Roma: muy probablemente se refiere a la cruel persecución de Domiciano. Se trata de un testimonio antiquísimo sobre la primacía de Roma como Cabeza de la Iglesia universal. (J.A.LOARTE).


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Según la tradición, san Clemente fue el tercer sucesor de san Pedro en Roma, después de Lino y Cleto. Ocupó la sede romana en los últimos años del siglo primero. De él se conserva una carta a la Iglesia de Corinto, en la que exhorta a aquella comunidad, amenazada de graves disensiones internas, a mantenerse en la unidad y la caridad. Nos han llegado, además, bajo el nombre de Clemente otros escritos: una segunda carta a los Corintios, dos cartas a las Vírgenes, y diversos escritos homiléticos y narrativos (Homilías y Recognitiones clementinas), que pretenden presentar la predicación y las andanzas de Clemente. Pero todos estos escritos, de carácter y valor muy desigual, no pueden considerarse como auténticos y pertenecen a diversas épocas posteriores.


La primera carta a los Corintios es de gran interés como documento que nos permite conocer directamente la Iglesia romana primitiva. Vemos cómo la Iglesia aparece como modelada todavía en buena parte sobre la sinagoga de la diáspora y sobre las instituciones del Antiguo Testamento, que constituye todavía la base ideológica de aquellos cristianos recién convertidos del judaísmo. En cambio, los escritos del Nuevo Testamento no parecen haber adquirido aún el carácter de autoridad primaria y definitiva. Se afirma ya por primera vez el principio de la sucesión apostólica como garantía de fidelidad a la doctrina de Cristo.


Se proclama el principio paulino de la salvación por la fe y no por los méritos propios, pero al mismo tiempo se insiste en la necesidad de practicar obras de santidad y de obedecer a los mandamientos de Dios, con formulas de corte veterotestamentario. Los capítulos finales reproducen las formas de oración que se usaban en aquellas comunidades, sin duda calcadas en buena parte sobre las que se usaban en la sinagoga. Es curiosa la oración por los gobernantes. (J. VIVES)


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1. La situación de la Iglesia de Corinto - A causa de las inesperadas y sucesivas calamidades que nos han sobrevenido... hemos tardado algo en prestar atención al asunto discutido entre vosotros, esa sedición extraña e impropia de los elegidos de Dios, detestable y sacrílega, que unos cuantos sujetos audaces y arrogantes, han encendido hasta tal punto de insensatez, que vuestro nombre honorable y celebradísimo, digno del amor de todos los hombres, ha venido a ser objeto de grave ultraje...


3, 2-3. Surgieron la emulación y la envidia, la contienda y la sedición... se levantaron los sin honor contra los honorables, los sin gloria contra los dignos de gloria, los insensatos contra los sensatos, los jóvenes contra los ancianos..


44, 3-6. A hombres establecidos por los apóstoles o por otros preclaros varones con la aprobación de la Iglesia entera, hombres que han servido irreprochablemente al rebaño de Cristo con espíritu de humildad, pacífica y desinteresadamente, que han dado buena cuenta de sí durante mucho tiempo a los ojos de todos; a tales hombres, decimos, no creemos que se pueda excluir en justicia de su ministerio. Cometemos un pecado no pequeño si destituimos de su puesto a obispos que de manera religiosa e intachable solían ofrecer los dones. Felices aquellos ancianos que ya nos han precedido en el viaje a la eternidad, que tuvieron un fin fructuoso y cumplido, pues no tienen que temer ya que nadie los eche del lugar que ocupaban. Decimos esto porque vemos que vosotros habéis depuesto de su ministerio a algunos que lo ejercían perfectamente con conducta irreprochable y honorable...


14, 2-4. No será un daño cualquiera, sino más bien un grave peligro el que sufriremos si temerariamente nos entregamos a los designios de esos hombres que sólo buscan disputas y sediciones, con la voluntad de apartarnos del bien. Tratémonos mutuamente con bondad, según las entrañas de benevolencia y de suavidad de aquel que nos creó, pues está escrito: "Los benévolos habitarán la tierra, y los que no conocen el mal serán dejados sobre ella, mientras que los inicuos serán exterminados de ella» (cf. Prov 2, 21; Sal 36, 9.38)...


46, 5-9. CARIDAD/CUERPO-XTO: ¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, partidos, escisiones y luchas? ¿Acaso no tenemos un solo Dios, un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia, el que ha sido derramado sobre nosotros, así como también una misma vocación en Cristo? ¿Por qué desgarramos y descoyuntamos los miembros de Cristo, y nos ponemos en guerra civil dentro de nuestro propio cuerpo, llegando a tal insensatez que olvidamos que somos unos miembros de los otros?... Vuestra división extravió a muchos, desalentó a muchos, hizo vacilar a muchos y nos llenó de tristeza a todos nosotros. Y, con todo, vuestra división continúa...


47, 6-7. Cosa vergonzosa es, carísimos, en extremo vergonzosa e indigna de vuestra profesión cristiana, que tenga que oírse que la firmísima y antigua Iglesia de Corinto está en rebelión contra sus ancianos por culpa de una o dos personas. Es ésta una noticia que no sólo ha llegado hasta nosotros, sino también hasta los que no sienten como nosotros, de suerte que el nombre del Señor es blasfemado a causa de vuestra insensatez, mientras vosotros os ponéis en grave peligro.


48, 5-6 Enhorabuena que uno tenga el carisma de fe, que otro sea capaz de explicar con conocimiento, que otro tenga la sabiduría del discernimiento en las palabras y otro sea puro en sus obras. Pero cuanto mejor se crea cada uno, tanto más debe humillarse y buscar, no su propio interés, sino el de la comunidad.

 

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 "Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

Deberíamos acostumbrarnos a bendecir al Creador por cada cosa. A sus discípulos, Jesús les enseñó a orar pidiendo al Padre celestial no mi, sino nuestro pan de cada día. Quiso así que cada hombre se sienta corresponsable de sus hermanos, a fin de que a ninguno le falte lo necesario para vivir. Los productos de la tierra son un don destinado por Dios para toda la familia humana.

 

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“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).  

 

El ser humano, varón y mujer, excelsa criatura de Dios, ha sido “coronado” por Dios con su amor. La grandeza, la dignidad y el valor de su humanidad radican en el ser partícipe del misterio de Dios, que es “amor”. El amor del “Padre por siempre” (Is 9,5) es la “corona” del hombre, pues lo reviste de trascendencia. Sin embargo, frente a tal grandeza, gloria y honor, no dejamos de experimentar dolores, males y límites. Uno de los límites, con todas las preguntas que suscita, lo presenta la discapacidad mental y física, o la combinación de ambas. 

Esto contrasta ampliamente con el dato bíblico que revela el misterio de los orígenes: El ser humano, todo ser humano, es criatura de Dios y es un ser viviente a imagen y semejanza de Dios.   

“Y dijo Dios: ‘Hagamos al ser humano a nuestra imagen y como semejanza nuestra’… Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó: macho y hembra los creó”(Gen 1,26-27).   

“El día en que hizo Yahveh Dios la tierra y los cielos, no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna hierba del campo había germinado todavía, pues Yahveh Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que labrara el suelo. Pero un manantial brotaba de la tierra, y regaba toda la superficie del suelo. Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente”(Gen 2,4-7).   

 

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La dignidad regia del hombre - "A la manera que, en las cosas humanas, los artífices dan a los instrumentos que fabrican aquella forma que parece ser la más idónea al uso a que se destinan, así el Artífice sumo fabricó nuestra naturaleza como una especie de instrumento, apto para el ejercicio de la realeza; y para que el hombre fuera completamente idóneo para ello, le dotó no sólo de excelencias en cuanto al alma, sino en la misma figura del cuerpo. Y es así que el alma pone de manifiesto su excelsa dignidad regia, muy ajena a la bajeza privada, por el hecho de no reconocer a nadie por señor y hacerlo todo por su propio arbitrio. Ella, por su propio querer, como dueña de sí, se gobierna a sí misma. .¿Y de quién otro, fuera del rey, es propio semejante atributo?

Según la costumbre humana, los que labran las imágenes de los emperadores tratan primeramente de reproducir su figura y, revistiéndola de púrpura, expresan juntamente la dignidad imperial. Es ya uso y costumbre que a la estatua del emperador se le llame emperador; así, la naturaleza humana, creada para ser señora de todas las otras criaturas, por la semejanza que en sí lleva del Rey del universo, fue levantada como una estatua viviente y participa de la dignidad y del nombre del original primero. No se viste de púrpura, ni ostenta su dignidad por el cetro y la diadema, pues tampoco el original lleva esos signos. En vez de púrpura se reviste de virtud, que es la más regia de las vestiduras; en lugar de cetro se apoya y estriba sobre la bienaventuranza de la inmortalidad; y en el puesto de la diadema se ciñe la corona de la justicia; de suerte que, reproduciendo puntualmente la belleza del original, el alma ostenta en todo la dignidad regia."

San Gregorio de Nisa, La creación del hombre, 4

 

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Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cuál es Jesucristo"  (1° Corintios 3:11) Así siempre nos enseña la Iglesia.

 

“Por consiguiente, la fe proviene de la predicación, y la predicación es el mensaje de Cristo”. San Pablo en ‘Romanos 10:17’. “El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros rechaza a mí; y el que rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado” Dice Jesús en el evangelio según San Lucas 10,16. La Iglesia –solo ella- en la sucesión apostólica predica a Jesucristo hace 2000 años.

 

Recomendamos: ROMA, DULCE HOGAR, Scott Hahn y su esposa Kimberly cuentan el largo viaje que les llevó de evangélicos calvinistas, hasta la casa paterna en la Iglesia Católica. Un camino erizado de dificultades, pero recorrido con gran coherencia y docilidad a la gracia, y cuyo motor era el amor a Jesucristo y a su Palabra en la Sagrada Escritura.

 

Recomendamos: LO PRIMERO ES EL AMOR”, Scott Hahn muestra de nuevo una de sus mejores cualidades como autor: su gran capacidad para explicar las verdades esenciales de la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, de un modo accesible y atrayente. En esta obra el incentivo es esta pregunta: ¿Qué clase de amor y qué clase de familia satisfacen nuestros más íntimos anhelos?. Con su clara prosa desarrolla una idea central de la fe cristiana: Dios, la Trinidad de Personas Divinas, es una familia que vive en una comunión de amor. Expone también Hahn la íntima conexión entre la familia divina, la familia de la fe, que es la Iglesia, y las familias de la tierra formadas por un hombre y una mujer. Ed. Patmos – Libros de espiritualidad-225.-

 

Recomendamos: DIOS Y EL MUNDO Joseph Ratzinger. Ed. Galaxia Gutemberg-


El tiempo que dedicamos al trabajo debe ir armonioso con el tiempo dedicado a la cultura para conocer y -muchas veces- manifestar menos idiotismo. †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).