Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > España - 1492 - 22º colonización, explotación escuela o civilización qué es?

Los indios precolombinos practicaban el canibalismo.

Los niños esclavos eran cebados para ser comidos. Aztecas y mayas hacían sacrificios humanos, con matanzas de millares en sus ceremonia.

 

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«La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». (VIS, 8.I.2004)) S.S. Juan Pablo II.

 

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El compromiso del cristianismo en el mundo, en dos mil años de historia, se ha expresado de diferentes modos. Uno de ellos ha sido el de loa participación en la acción política: los cristianos, afirmaba un escritor eclesiástico de los primeros siglos ‹‹cumplen todos sus deberes de ciudadanos. [1]  La Iglesia venera entre sus Santos a numerosos hombres y mujeres que han servido a dios a través de su generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno. Entre ellos, Santo Tomas Moro, proclamado Patrón de los gobernantes y políticos, que supo testimoniar hasta el matrimonio la ‹‹inalienable dignidad de la conciencia ›› [2]. Aunque sometido a diversas formas de presión psicológica, rechazó toda componenda, y sin abandonar ‹‹la constante fidelidad a la autoridad y a las instituciones ›› que lo distinguía, afirmó con su vida y su muerte que ‹‹el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral…

 

 

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UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas pontificias. Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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ESPAÑA 1492 - Comprendiendo la cultura en que se gestó, llegaremos a una visión más equilibrada para cualificar la gesta hispánica ¡el descubrimiento de América!   

 

Francisco de Vitoria , al tener conocimiento en 1536 de las violencias cometidas durante la conquista de Perú, escribe su relección De indis, en la que declara que los indios no son seres inferiores a los que es legítimo esclavizar y explotar sino seres libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes. De este modo se inició el derecho de gentes.

 

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06.IX.1492 – Colón emprende desde la isla de Gomera la última etapa de su primer viaje hacia el descubrimiento de América.

 

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06.IX.1522 – Tras dar la primera vuelta al mundo en barco, llegan a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) Juan Sebastián Elcano y 16 hombres más, únicos supervivientes de la expedición de Magallanes.

 

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06.IX.1593Desembarca en Corea el sacerdote español Gregorio Céspedes, cuyas cartas son el primer testimonio occidental en ese país.

 

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ONU - Más de 450.000.000 de personas hablan español o castellano en el mundo actualmente. 2007.

 

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La Iglesia no puede quedar indiferente ante las conquistas de la ciencia, que ha surgido y se ha desarrollado en el ámbito de las influencias culturales de la cristiandad. También es necesario recordar que la verdad y la libertad están inseparablemente unidas en la gran obra de edificación de la cultura al servicio del pleno desarrollo de la persona humana. Recordando las palabras de Cristo, "la verdad os hará libres" (Jn 8, 32), queremos edificar la cultura evangélica libre de las ilusiones y de las utopías que causaron tantos sufrimientos en el siglo XX.

 

 

DE LAS UNIVERSIDADES A LA JAE

Iglesia Católica y el desarrollo de la ciencia

 

Por Alfonso V. Carrascosa

 

Se cumplen cien años de la fundación de la Junta para Ampliación de Estudios e investigaciones científicas (JAE), en pleno Año de la Ciencia. Es un buen momento para examinar la dificultad que tiene entender la historia de la ciencia española sin la intervención, por activa o por pasiva, de la Iglesia Católica, tan difícil al menos como separar la levadura de la masa de pan fermentada.

 

En el Real Decreto de su fundación, llevada a cabo bajo el reinado de Alfonso XIII, en plena monarquía parlamentaria, se recogía el interés por la puesta en marcha de la JAE, y por lo que inspiraba la misma:

 

Y sin embargo, no falta entre nosotros gloriosa tradición en esta materia. La comunicación con moros y judíos y la mantenida en plena Edad Media con Francia, Italia y Oriente; la venida de los monjes de Cluny; la visita a las Universidades de Bolonia, París, Montpellier y Tolosa; los premios y estímulos ofrecidos a los clérigos por los Cabildos para ir a estudiar al extranjero, y la fundación del Colegio de San Clemente en Bolonia, son testimonio de la relación que en tiempos remotos mantuvimos con la cultura universal. La labor intelectual de los reinados de Carlos III y Carlos IV, que produjo la mayor parte de nuestros actuales centros de cultura, tuvo como punto de partida la terminación del aislamiento en que antes habíamos caído, olvidando nuestra tradición envidiable, y restableció la comunicación con la ciencia europea que, interrumpida luego por diversas causas, no conserva ahora sino manifestaciones aisladas, como las pensiones para viajes concedidas a los becarios de Salamanca y el Colegio de Bolonia. (Gaceta de Madrid Año CCXLVI Num. 15, Martes 15 de enero de 1907, Tomo I.- Pág. 165-167).

 

Dado que explicar el origen y evolución de todas las instituciones mencionadas en dicho decreto constitucional sería demasiado prolijo, me limitaré a comentar brevemente algo sobre los cabildos, que originaron las universidades modernas, fundadas por la Iglesia Católica, y sobre el Colegio San Clemente en Bolonia.

 

Los cabildos eran instituciones católicas, compuestas por presbíteros en torno al obispo, físicamente localizadas en las catedrales. Además de litúrgicas, tenían tareas docentes y benéficas, dando formación académica a los sacerdotes y a quien no tenía medios económicos. Se practicaba el envío al extranjero de estudiantes para ampliar conocimientos e idiomas, o la invitación de profesores foráneos, mediante un sistema de pensiones económicas.

 

A partir de los cabildos se originaron en el siglo XIII, los Studium generale, abiertos a alumnos de cualquier comarca o nacionalidad. Éstos, poco a poco, pasaron a denominarse Universidad, siendo desarrolladas y amparadas por la Iglesia católica. Las primeras fueron la Universidad de Bolonia (1158), la de París (1200), la de Oxford (1214), la de Cambridge (1318)... En total, a lo largo de los siglos XIII y XIV los papas fundaron 29 universidades.

 

La progresiva apertura e incorporación de las ciencias al ámbito docente universitario corrió de la mano también de católicos, pertenecientes a órdenes religiosas creadas en el siglo XII. Así por ejemplo, los franciscanos nutrieron y desarrollaron la enseñanza de las ciencias en la Universidad de Oxford, mientras que los dominicos lo hicieron en la de París.

 

En la Universidad de Bolonia dio clase la que sería primera profesora universitaria de la historia de la humanidad, y a lo que se ve nada discriminada en el ámbito universitario católico, Laura Bassi, que compaginó las tareas docentes y científicas con el cuidado de sus doce hijos, de los cuales ocho fueron bautizados y cinco llegaron a la edad adulta, siendo tres de ellos canónigos y uno profesor del Instituto de las Ciencias de Bolonia.

 

En España son un ejemplo de la actividad fundacional de universidades por parte de la Iglesia Católica las de Palencia (1221) y Salamanca (1255), dándose la circunstancia típicamente española de que, a partir del siglo XIII, se generó un carácter altruista y caritativo, que cristalizó en los Colegios Mayores, que tenían como fin dar acceso al estudio a los pobres.

 

Además, la Iglesia Católica española pasó a fundar las universidades americanas, según fueron llegando a ellas como catedráticos gentes formadas en las Universidades peninsulares. En el mundo hispano los Reyes, bajo la sugerencia de la Iglesia, crearon inmediatamente universidades, incluso en Filipinas (la Universidad de Santo Tomás de Manila), a diferencia de lo que sucedió en el Brasil portugués o en la América anglosajona o francesa, donde a lo sumo se fundaron colegios universitarios. Creadas en una época en que las sociedades eran orgánicas, las universidades eran un órgano más, independientes del poder temporal, con estatutos y patrimonio propio.

 

En cuanto al Colegio de San Clemente, al que hace referencia el Real Decreto de la fundación de la JAE, fue fundado en 1364 en Bolonia por el cardenal don Gil de Albornoz, para que jóvenes españoles pudieran formarse en la Universidad de Bolonia, y sigue funcionando todavía.

 

La JAE incorporó además instituciones precedentes tales como el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, el Real Jardín Botánico, o el Museo Nacional de Ciencias Naturales, pero sobre todo contó entre sus filas para el gobierno de sus actividades con católicos fervientes tales como el destacado intelectual del momento, don Marcelino Menéndez-Pelayo o el ingeniero y científico don Leonardo Torres Quevedo. El no menos famoso don Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de medicina en 1906, presidió la JAE hasta su fallecimiento en 1934, y aunque no era católico practicante, sí creía en Dios creador y en el alma inmortal. ¡Para que luego digan, e incluso algunos católicos estén convencidos, que Iglesia y ciencia, o razón y fe, se oponen!

 

Dicho sea de paso, don Santiago nunca fue presidente del CSIC (fundado en 1939), aunque en nuestra página web figure como tal, dato este de ningún rigor científico que lógicamente debilita la credibilidad de dicha institución.

 

Decía Menéndez-Pelayo, refiriéndose a la valoración que los españoles hacemos de nuestros logros científicos, que "fuerte cosa es que los españoles seamos tan despreciadores de lo propio". A lo largo del análisis que realiza al respecto en su obra La ciencia española: polémicas, indicaciones y proyectos, llega explícitamente a afirmar que "desprecian a los antiguos sabios porque fueron católicos y escribieron bajo un gobierno de unidad religiosa y monárquica". Como católico y científico, creo que algo de verdad hay en tal afirmación, y también mucha actualidad.

Puesto que "la fe y la razón son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad" y "la historia es el lugar donde podemos constatar la acción de Dios a favor de la humanidad" (Fides et Ratio, Introducción), seamos conscientes de la contribución del catolicismo a la ciencia, en plena España del siglo XX.

Alfonso V. Carrascosa es doctor en Ciencias Biológicas y científico del CSIC.

2007-03-22

 

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

 

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. 2005.

 

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¿En que momento concreto de la historiografía se empezó a designar a los reyes de España mediante el numero ordinal que acompaña actualmente a su nombre?. ¿Qué criterios se siguieron para designar a posteriori a los reyes anteriores a dicho momento?

 

Con los reyes católicos que se restaura la unidad nacional. A partir de ese momento, todos los reyes usan el numeral que permite, por ejemplo, que Felipe II tenga un Felipe I anterior que fue el Hermoso casado con Juana la loca. Las numeraciones anteriores hacen referencia a los distintos reinos.

 

¿Podría resumir en una escueta frase por qué la unidad de España es incuestionable?

 

Por razones históricas, políticas, sociales, económicas y constitucionales. Dicho esto, ¿podría usted resumir en una escueta frase porque es cuestionable? Dr. César VIDAL. 2005-07-05 L.D. ESP.

 

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Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

 

«Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

 

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«Apelar a la tolerancia para desacreditar la posibilidad de convicciones fuertes es un error de bulto, pues la tolerancia se apoya y alimenta de una convicción. La tolerancia no implica relativismo, más bien al contrario.» 2005

 

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El problema de la convivencia cívica, y el de la convivencia entre personas de diferentes creencias religiosas, tradiciones culturales, etc., es un problema real, en todo tiempo y de modo especial en la época contemporánea. Pretender resolverlo postulando la separación programática entre política y religión es condenarse a hacerlo insoluble, ya que es .precisamente el reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre lo que lleva a fundamentar radicalmente la trascendencia de la persona y, por tanto, a poner de relieve la necesidad del respeto a la intimidad de las conciencias y los consiguientes límites de toda autoridad estatal (cfr. Conc. Vaticano II, Declaración Dignitatis humanae, 1-3).´

 

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"El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ‘crítica de la cultura puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr. 2000.

 

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1480 - Los Reyes Católicos promulgan la primera ley reguladora del libro impreso. Por ella queda libre del pago de todo tipo de tributos la introducción en España de libros extranjeros.

 

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«La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». (VIS, 8.I.2004)) S.S. Juan Pablo II.

 

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Se escuchan voces que se auto-llaman ‘progresistas’ y piden que se olvide lo que Colón logró hacer porque a esta conquista le siguieron las acciones feroces de algunos conquistadores; como siempre, los hombres son capaces de lo mejor y lo peor. No puede negarse y es verdad que algunos comportamientos fueron deplorables, pero tampoco puede negarse la grandeza de la Roma antigua y la necesidad que tenemos de la Grecia clásica. La espléndida aventura de Colón tuvo su saldo altamente positivo: rompió una lanza en favor de nuestra autoestima. Ya está bien de que nos flagelemos y de que siempre tengamos que pedir perdón. Podemos avergonzarnos de algunos excesos-comportamientos de la justicia de la Inquisición como de la Justicia de nuestros días y en todos los países del mundo, pero no de lo que logró Colón. La acertada y gran aventura de Cristóbal Colón enciende luces y alarga sombras: Colón fue un magnífico navegante y un pésimo gobernante, pero ahí estaba la Reina Isabel para frenar sus intentos de sometimientos exagerados o esclavitud. Fue la gran Reina Isabel la Católica su protectora al cien por cien. Colón es el primer navegante que se atreve a penetrar en el mar ignoto, en el mar Tenebroso para alcanzar las Indias Orientales, que resultan ser las tierras del Nuevo Continente. Esa es la magnífica aventura de Colón de la que nadie puede negar y enorgullece el coraje de las generaciones futuras, hace suntuoso el anhelo de descubrir respetando la vida. Como decía Séneca: ««No se descubrirá nunca nada, si se considera satisfecho de lo ya descubierto».

 

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Los cuatro traslados en cuatro siglos de los restos de Colón. Enterrado en 1506 en la iglesia de San Francisco de Valladolid, tres años después su hijo don Diego dispone que sus restos pasaran a la Cartuja de las Cuevas de Sevilla. Y treinta y cinco años más tarde, en 1544, muerto ya don Diego, su viuda doña María de Toledo consigue el permiso del emperador Carlos V y lleva los restos del Almirante y de su hijo a la catedral primada de las Américas, a Santo Domingo: «Parecía un sitio digno del Almirante. Era como un desagravio: que sus restos reposaran en aquella isla que descubrió y de la que fue el primer Gobernador».

Y pasaron los siglos sin que nada alterase esa paz. Hasta que a finales del XVIII la Monarquía de Carlos IV considera que no debe dejar bajo autoridad extranjera los restos del Almirante: «Así se decide su traslado a otro dominio español en ultramar: La Habana, isla descubierta por Colón. Un siglo después España perdía Cuba. La Patria reclamó aquellos gloriosos restos. Y se produjo el último traslado a la catedral de Sevilla».

 

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Este grabado, de Theodore de Bry, muestra el desembarco

de Colón en las islas Bahamas, que él llamó San Salvador

 

Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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La historia no puede hacerse sin acudir a las fuentes. Estas fuentes son testimonios, y, como tales testimonios, pueden ser parciales. Para el estudio de los tres primeros siglos del cristianismo, las fuentes son escasas. Pero en este período que estudiamos —especialmente en el siglo IV— son muy numerosas. La abundancia de los escritos de este período se debe probablemente al hecho de que en él la educación retórica era tenida en grandísima consideración y permitía subir fácilmente en la escala social. Hablar hoy de retórica presenta una gran carga peyorativa, mas en aquella época no era así. De hecho, la educación que se recibía entonces se dividía en dos grandes momentos: gramática —correspondería a la escuela media— y retórica —estudios ya universitarios—. Había no sólo que decir las cosas, sino decirlas bien. Y para expresarse bien había que tener un buen conocimiento de los clásicos. Los hombres eminentes tenían la posibilidad de llegar muy alto en la escala social. Esto ocurría así hasta que, a causa de las reformas de Diocleciano y de Constantino, se impuso un orden social más estable para garantizar las ganancias fiscales.

Naturalmente las obras de mayor interés para la historia de la Iglesia son aquéllas de carácter religioso. Mas conviene tener presente la importancia que para el mismo propósito revisten también los autores paganos: en primer lugar, ellos nos permiten conocer mejor el contexto histórico-político y cultural en el cual se desarrollan los acontecimientos de la Iglesia; en segundo lugar, a tales acontecimientos los mismos autores hacen a veces referencia, revelando así su punto de vista diverso. Cultura profana y cultura cristiana, en cambio, fueron tal vez muy cercanas entre ellas: el filósofo pagano Temistio, por ejemplo, estuvo al servicio de emperadores cristianos; y Juliano, antes de volverse pagano, había recibido una educación cristiana.

 

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Origen de la Universidad de París – 1231 - La Universidad de París vio la luz casi al mismo tiempo que la Universidad de Bolonia pero con características muy diferentes. Desde fines del siglo XI encontramos en esa ciudad un florecimiento de escuelas privadas regenteadas por diversos maestros independientes. Junto a ellas existía la escuela catedralicia de Notre-Dame con maestros a lo largo del siglo XII de la talla de Pedro Lombardo, Pedro Comestor y Pedro el Chantre, que compusieron los manuales que habrían de usarse hasta finales de la Edad Media  Estas escuelas y sobre todo el singular crecimiento que tuvieron por la llegada de estudiantes de los lugares mas remotos serán el ámbito y el soporte de la nueva institución.

"El nacimiento de la Universidad de París se puede interpretar como un tipo de compomiso entre las partes implicadas (maestros, alumnos, autoridades civiles y religiosas). Permitió a los maestaros y en particular a los maestros en artes, reunisrse en una corporación autónoma, con certeza hacia 1208-10, dotarse de estatutos, reclutar a sus nuevos colegas y eludir el control directo y los abusos del canciller de Notre-Dame... Por otra parte, las autoridades eclesiásticas, junto con los mestros ya establecidos, en particular los maestros de teología, se beneficiaban de la institución de compendios obligatorios, curricula detallados, exámenes rigurosos y garantías válidas contra la proliferacón de nuesvas escuelas y la anárquica "confusión" de disciplinas... Este compromiso no se logró sin luchas, que duraron hasta 1231."

La bula de la creación de la Universidad que aquí presentamos proviene de la Cancillería del Papa Gregorio IX (1227-1241) y está fechada el 13 de abril de 1231. El Papa establece los principales privilegios que darán la independencia jurisdiccional e intelectual a la Universidad. En este momento el término "Universitas" designa a un grupo de maestros que tienen lazos orgánicos y una común pertenencia.

 

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Eliminar la calumnia de nuestra lengua, evitar toda acción que pueda causar daño a nuestro hermano, no difamar a los que viven a nuestro lado cada día.

 

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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«La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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Una democracia sin valores degenera en dictadura encubierta. S. S. Benedicto  PP XVI – MMV

 

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La Iglesia Católica es «santa» en su doctrina, en su moral, en sus medios de santificación -los sacramentos- y en sus frutos. No quiere esto decir que todos los católicos sean santos. Esto es imposible dado la libertad humana.

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo», S. S. Benedicto XVI – 29 Junio 2005 Festividad de San Pedro y Pablo; ambos mártires de la Iglesia católica, 64/7ca. en Roma. ITALIA.

 

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La Iglesia una, santa, católica y apostólica». «Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que sin embargo sigue siendo multiplicidad».Que Dios nos guíe hacia la plena unidad de modo que el esplendor de la verdad, que sólo puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo». S. S. BENEDICTO XVI - 2005-06-29.

 

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En los siglos IX y X hay innumerables fuentes que constatan la existencia del Reino de Galicia y no de Asturias, muchos reyes se denominaban a si mismos como Reyes o Príncipes de Gallaecia. En que fuentes se apoya el Reino Asturiano?, yo creo que solo lo fue temporalmente, porque a Ordoño II o Fernando II la historiografía no dice de ellos que fueron Reyes de Galicia?

 

Temo desilusionarle pero la verdad es que desde Pelayo hay toda una línea que habla del reino de Asturias, bien es verdad que al cabo de un tiempo la capitalidad pasó a León. También es cierto que esos reyes de Asturias se consideraban reyes sobre Galicia pero no creo que pueda hablarse propiamente de un reino de Galicia.

 

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Pocos países pueden compararse al patrimonio español de figuras históricas, hazañas y literatura.

 

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ESPAÑA INVADIDA - La invasión propiamente dicha, inicia al romper el alba del 28 de abril de 711. Así comienza la inédita historia de la mozarabía hispana, grupo social de cristianos, que durante la invasión musulmana de la Península Ibérica, no abandonaron sus tierras cristianas. Por su permanencia histórica en sus lares durante siglos, recibieron el mote de ‘mozárabes’. Estos antepasados nuestros, en total soledad e indefensión, afrontaron el riesgo que tal determinación supuso, y al precio de la sangre y el fuego, pagaron. A la mujer le correspondió la peor parte desde el primer momento, agravándose su suerte un siglo más tarde, cuando un buen número de mozárabes «bajo la presión de extorsión, usurpación y vituperios mahometanos», había abrazado forzadamente el islam. Si la ofensiva militar, capitaneada por don Pelayo en defensa de Hispania, fue la réplica simultánea a la invasión sarracena, iniciándose así la Reconquista de nuestro suelo, en Córdoba, más tarde, en el siglo IX, tendrá lugar otra réplica, pero en el campo de las ideas.

 

Ante el peligro evidente de un sistemático proyecto de siembra de ambigüedades en el terreno metafísico, doctrinal o filosófico, dio mucho que hablar la manifestación cristiana, alentada principalmente por monjes y monjas de los numerosos monasterios cordobeses, cuyo entusiasmo prendió también entre los sacerdotes y fieles comprometidos. La cabeza de esta contestación en defensa de la fe y de la filosofía cristiana, fue san Eulogio. Así, la página martirial cordobesa, es un precioso legado mozárabe de fe cristiana. Una luminosa página de la Iglesia Católica que bajo el martirio y acoso de las fuerzas aterradoras del mahometismo, quedó escrita con sangre y fuego para ejemplo de todos. Y, las tropas sirias comandadas por el jefe Balch Ibn Birhr, fueron entre las más crueles y sanguinarias, como las de Abderramán II, causando millares de mártires entre las vírgenes consagradas; precisamente ellas y los monjes que, en silencio claustral vivían en loas a Dios.

 

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La colonización, a examen

 

Título: Los grandes imperios coloniales

Autor: José Luis Comellas - Editorial: RIALP

 

No es políticamente correcto sentirse orgulloso de haber exportado a las tierras colonizadas la cultura occidental, mucho menos la religión católica. Eso hay que silenciarlo..., y vaya que si lo silencian los negros que escriben los discursos de nuestros mandatarios cuando viajan al otro lado del Atlántico: la religión ni se menciona en los viajes oficiales. Por un complejo de inferioridad, Occidente se siente avergonzado de su cultura y de su religión y ha dejado de creer en ellas. Así es que, negados los principios del bien y la verdad, para el relativismo ético, cultural y estético todo es igual. Todo son manifestaciones culturales: el tam-tam y la Novena Sinfonía, el tótem africano y la Venus de Milo... ¿Que exagero...? Recientemente una antropóloga americana ha escrito textualmente: El canibalismo es una manifestación intrínseca y auténtica de una cultura, y por tanto digno de nuestro absoluto respeto.

 

Y, como la manipulación donde mejor arraiga es en la ignorancia, los imperios coloniales se pasan por alto en los programas de Historia, y ya casi nadie sabe qué hicieron nuestros antepasados durante el siglo pasado en África, Asia o Australia. Por eso la publicación del libro de Comellas, por la editorial Rialp, es todo un acierto. Primero, porque Comellas es uno de los grandes historiadores –sus últimos libros son todos obras maestras–; y, segundo, por el enfoque que hace este mismo autor, pues, a la a vez que describe lo sucedido, es capaz de realizar todo un certero diagnóstico de la crisis cultural en la que nos ha hecho embarrancar el relativismo. Javier Paredes-MMI -España

 

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Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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P.¿Cuáles son los tres mejores clásicos de la literatura mundial?

 

No es fácil reducirlo a tres. Por supuesto, Cervantes, Shakespeare y Homero están en la lista, pero no me atrevería a omitir la Biblia como obra de conjunto o a Dante.

 

 

P.¿Por qué se empeñan en igualar Islam y Cristiandad, y Cristo y Mahoma, diciendo que el problema son los "radicales"? ¿Por qué no se desvela de una vez que el Corán promueve el asesinato y que Mahoma era un asesino, saqueador?

 

La verdad es que resulta imposible comparar a alguien que murió en la cruz perdonando a sus enemigos con alguien que impuso el islam con la espada y que además exterminó, por ejemplo, a tribus judías, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Del 24 de enero 2006 con César Vidal –L-D-Esp.

 

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EUROPA, EUROPEO YA APARECE EN EL SIGLO VIII

 

Los que mejor curan los males del nacionalismo son los libros de Historia escritos por hombres sabios y veraces, no, naturalmente, los que propalan las falacias de las que él se nutre. Libros donde recordamos viejas verdades. Así, que España tiene unos tres mil años de existencia y no quinientos (entre otros, España, tres milenios de historia, del gran Antonio Domínguez Ortiz). Si no, carecería de sentido que las crónicas medievales se refieran a la recuperación de Hispania frente al Islam. España no nace del imperialismo de Castilla, y los pueblos y reinos medievales no preexistieron a la realidad nacional de España sino que fueron formas particulares de una empresa común. Desde la perspectiva histórica, tiene mucho más sentido la reunificación de España y Portugal que el desmenuzamiento de España a que nos invitan los nacionalistas y sus virreyes complacientes.

EL problema es que España y el cristianismo son realidades que a algunos les ponen de los nervios. Y no contentos con intentar borrarlas de sus vidas, cosa a la que tienen derecho, quisieran verlas borradas de la Historia, cosa mucho más trabajosa. Y ahí andan empeñados no ya en suprimir las huellas cristianas de España, quizá bajo el manto ideológico del multiculturalismo, sino de Europa toda. Y, mientras tanto, podemos leer en el libro de José Orlandis, Europa y sus raíces cristianas, que la primera vez que aparece escrito el término «europeo» («europeense») es en una crónica mozárabe del siglo VIII para designar a los soldados cristianos de Carlos Martel que combatieron en la batalla de Poitiers y detuvieron el avance islámico hacia el corazón de Europa. Así que no sólo España sino también Europa. Por cierto, que hay quien cree que Europa tiene unos cincuenta años de existencia.

También se encuentran libros que nos cuentan la participación de gallegos, vascos y catalanes -los ejemplos no son casuales- en la empresa de la conquista de América, ya desde el primer viaje de Colón. Por supuesto, la Historia no tiene por qué determinar el futuro. Podemos romper la vieja unidad de España o entregar Europa al islamismo. Eso no quiere decir que debamos hacerlo. Pero lo que no podemos, ni debemos, permitir es que haya quienes se vistan de mentira o ignorancia para cubrir las vergüenzas separatistas. 2004-07.24 - ‘ABC.’ España

 

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ESPAÑA – 1492 (1412 – 1414)

 

El Concilio de Constanza, reunido entre 1412 y 1414 para poner remedio a la primera de las grandes divisiones entre europeos, definió que éstos se encuentran distribuidos entre cinco naciones: Italia, Alemania, Francia, España e Inglaterra. Nación no era entonces un término político, sino que aludía al patrimonio cultural que cada una de ellas significaba. Y, desde luego, los padres conciliares no se equivocaban: basta con traer aquí cinco nombres: Dante, Goethe, Moliére, Cervantes y Shakespeare, para descubrir los signos de identidad. Pero se referían también a esa plataforma común, Cristiandad, que, en todos esos autores, se halla presente. No podemos prescindir de ella: el cristianismo, presentando a la persona humana racional y libre, como una criatura trascendente, ha sido capaz de establecer los rasgos esenciales de aquel que reconocemos como hombre europeo, el cual, en un pasado todavía reciente, llegó a convertirse en educador del mundo. Escribe el catedrático y académico de la Historia don Luis Suárez

 

Es fácil detectar el origen romano: Italia, Hispania, Galias, Britannia y Germania ya existían en los esquemas administrativos del final del Imperio. Sucede, sin embargo, que sólo dos de ellas conservaron su nombre sin someterse a la primacía de los ocupantes germánicos. España demostró de este modo su absoluta latinidad (no se encuentran inscripciones que no sean latinas en ningún lugar). La consecuencia fue que, desde el 589, alcanzada la unidad disciplinaria católica, España se convierte en el primer lugar de Occidente en que se logra la síntesis completa entre romanidad y cristianismo. Lo llamamos cultura isidoriana. Este movimiento cobraría enorme importancia en el llamado renacimiento carlovingio, en la creación de escuelas y en la formación de bibliotecas. Las divisiones políticas que, por necesidades de tiempos muy duros, llegarían a producirse, no alterarían la conciencia de unidad. España llegará a ser una suma de reinos dentro de una misma nación, y no, como ahora se pretende, una suma de naciones dentro del reino.


Sucedió que, en 711, la monarquía visigoda sucumbió a una invasión musulmana. Un anónimo cronista mozárabe, que continuaba a san Isidoro, la llamó pérdida de España. Pues los árabes no se proponían conservar ese patrimonio, sino destruirlo, cambiando la lengua, olvidando el nombre que pasó a ser al-Andalus, y renunciando incluso a ocupar el espacio peninsular. Una tercera parte del mismo quedó más allá de la frontera. Sin embargo, ahí se organizaron núcleos de resistencia, envueltos en curiosas leyendas que apelaban a milagrosas intervenciones de la Virgen María o del apóstol Santiago, afirmando así la pervivencia cris-tiana. A principios del siglo X ya detectamos una conciencia de que Hispania no se había perdido del todo, y que, en breve tiempo, sería restaurada.
Las características esenciales de esta España que resucitaba eran una jurisprudencia emanada de Roma y que iba tomando forma en las versiones regionales, desde el Fuero de León a los Usatges; un cristianismo que buscaba raíces más profundas en el sepulcro de Santiago, y una forma lingüística neolatina, que adoptaba usos distintos según las regiones. Entre 1085 y 1140, se hizo el primer ensayo de unidad política, asumiendo los reyes Alfonso VI y Alfonso VII esa calidad de regir la tota Hispania, aunque sobreviviesen Administraciones distintas. Las fuertes reacciones africanas, almorávide y almohade, inclinadas cada vez más rigurosamente al fundamentalismo musulmán, lo impidieron. La guerra imponía la división en cinco sectores que pudieran resistir la acometida, sin que pudiera librarse esa batalla resolutiva. Sin embargo, la conciencia hispana se mantuvo: el autor del Poema de Fernán González diría que, «de toda España, Castilla es lo mejor», mientras que la Crónica de Pedro el Ceremonioso insistiría en llamar a Cataluña la mejor tierra de España. Y los cinco reinos consideraban que su unidad de destino les empujaba a una recuperación de la España perdida, fijando sobre el mapa los límites del espacio que, a cada uno, debía corresponder.
Esta tarea se concluyó a mediados del siglo XIII. Y entonces se planteó a los monarcas peninsulares la ardua pregunta de cómo hacer compatible la unidad deseada con la conservación de estructuras de gobierno que afectaban a los intereses de muchas personas. Nunca han faltado, tampoco, minorías que, por egoísmo posesivo, preferían renunciar a las ventajas de la unidad que establece comunicación y mayores dosis de libertad. Tampoco faltaron respuestas equivocadas: Alfonso X pensó en adoptar el sistema europeo del Imperio, y un descendiente suyo, Pedro I, que no andaba muy bien de la cabeza, quiso recurrir a las armas para doblegar resistencias. Esto no podía conducir a libertad, sino a odio. Fue Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso, antes mencionado, quien dio el primer paso decisivo, descubriendo la diferencia que existe entre soberanía y administración. La primera pertenece en exclusiva a la Corona, y en ella están la suprema justicia, la diplomacia, la economía y todas aquellas funciones que corresponden al bien común de la república. La segunda permite a cada reino conservar sus fueros, usos y costumbres, que en aquel tiempo eran llamadas libertades. Cuando en 1410 se produjo una vacante difícil en la Corona de Aragón, los reinos dijeron que la unidad, superior, debía ser a toda costa conservada.


Después de 1368, los Trastámara, que utilizaron el Ordenamiento de Pedro IV para sus propias reformas, añadieron dos principios: cesar en cualquier apetencia territorial y establecer matrimonios recíprocos, de tal manera que los reinos se rigiesen todos por una sola dinastía. De este modo, y como una consecuencia natural, un día habría de llegar en que un castellano, Fernando el de Antequera, se sentase en el trono de Aragón, y en que otro aragonés del mismo nombre ciñera con su esposa la corona de Castilla, y luego la de Navarra.
Pero esta unidad política sin traumas no se presentaba como destrucción del pasado, sino como término de llegada de una comunidad que, por ser esencialmente cristiana, garantizaba a todos –leyes de Guadalupe– la libertad sin servidumbres, la comunicación económica interna y lo que los pensadores de la Escuela de Salamanca llamaron derechos de gentes, aunque es preferible referirse a ellos como derechos naturales humanos. La clave fundamental, que hacía compatible esa pluralidad de base con la unidad esencial de la nación, estaba precisamente en el cristianismo, que reclamaba el sometimiento de las leyes a un orden moral objetivo y preexistente.
No debe extrañarnos que la pérdida de unidad, en la conciencia se vaya traduciendo, también, en las desgarraduras que algunos lamentamos. Aquella nación española que alcanzó madurez en el siglo XVI ha perdido, entre nosotros, una dimensión esencial. Y, naturalmente, los errores acaban pasando factura.
Luis Suárez Fernández - 2004-02-20 – ALFA Y OMEGA. ESP.

 

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2. La Edad Moderna: Universidades de la

Monarquía Católica. Plétora y diversidad

 

Con el advenimiento del Estado Moderno de los Reyes Católicos y de los Austrias las universidades medievales peninsulares van a convertirse, progresivamente, en universidades de la Monarquía Hispánica en expansión, verdaderas universidades del Imperio, vivero de profesionales de la administración y la política en la Península, en las Indias y en los territorios hispanos de Europa. Al mismo tiempo, tras los conflictos religiosos de las Reformas, se transforman en bastiones del catolicismo militante, con una proyección internacional que desbordaba sus viejos orígenes regionales. 

Por ello, entre 1475 y 1625 asistimos a una verdadera plétora de nuevas fundaciones universitarias en la Península Ibérica. Las causas resultan complejas, pero, como hemos dicho, cabe asignar un importante papel a la necesidad de formación de un funcionariado eclesiástico y una burocracia estatal, sobre todo en relación con los estudios jurídicos. Asimismo, hay que contar con los proyectos de defensa y expansión de la fe católica, vinculados a la formación sacerdotal y a los estudios de teología. A ello se añaden los beneficios que al conjunto social podía aportar la educación en general y ciertas enseñanzas como la medicina en particular. Los sentimientos de promoción regional-localista y el de fama póstuma contribuyen a desarrollar un espíritu emulador por parte de los fundadores. De este modo se despliega un abanico de instituciones con patronazgo mayoritario de prelados o eclesiásticos influyentes, seguidas de otras de patronato real directo o incluso debidas a la aristocracia laica. 

Estos nuevos estudios (studia) surgidos entre 1475 y 1625 se acercan más a la tradición parisina que a la boloñesa de las universidades medievales. El modelo que adoptan es el de colegio-universidad o convento-universidad, es decir, consistente en organizar la enseñanza universitaria en el seno de una comunidad de estudiantes escogidos y becados, cortos en número, austeramente gobernados y sujetos a determinados estatutos fundacionales; o bien en el seno de una comunidad religiosa previamente existente. 

De la expansión universitaria del siglo XVI peninsular da idea el hecho de que las aproximadamente ocho universidades con grados reconocidos existentes en 1475 se hubieran convertido en 32 hacia 1625. En dicha fecha, los reinos de la Corona de Castilla totalizan 18 de ellas, entre las que se cuentan las tres llamadas mayores de Salamanca, Valladolid y Alcalá (bula pontificia de erección en 1499 y confirmación real de 1512), además de ocho colegios-universidad y cinco conventos-universidad, correspondiendo a las dos Mesetas (las Castillas) la mitad del monto global. Por su parte, la Corona de Aragón cuenta con once universidades, y de ellas cuatro son conventos-universidad. En el Reino de Portugal existen, por esta época, dos universidades, una de ellas convento. Puede observarse claramente una concentración universitaria en el ámbito meseteño, entre el Duero y el Tajo (corazón de las Castillas), así como en el principado de Cataluña. Además, las proporciones de universidades de orígenes medievales, y de control municipal, son mayores en el caso de la Corona aragonesa, frente a la plétora de las nuevas fundaciones castellanas, muy vinculadas al tipo de colegio-universidad.

Más concretamente, la expansión universitaria de que venimos hablando registra su plétora entre 1540/45 y 1570/75, ámbito de ebullición religiosa y política en los territorios de la Corona de Castilla. En este breve período se erigen no menos de seis conventos-universidad y cinco colegios-universidad, así como un seminario-universidad y una universidad propiamente dicha. Por el contrario, entre 1475 y 1500 las fundaciones peninsulares habían sido tan sólo una, y de 1500 a 1540 unas seis, centradas en el primer cuarto del siglo, con el mencionado predominio de los colegios-universidades. Decae la expansión entre 1575 y 1600, con el convento-universidad de San Lorenzo del Escorial como única excepción, y de 1600 a 1625 vuelven a erigirse dos conventos-universidad, junto al espaldarazo definitivo de la Universidad de Oviedo, la cual venía gestándose desde 1575. A partir de aquí, y por saturación de la oferta, las nuevas fundaciones decaen considerablemente hasta finales de la siguiente centuria. 

Utilizando como referencia las fechas de aprobación pontificia y regia, podemos esbozar la siguiente periodización universitaria peninsular en la Edad Moderna: 

Universidades fundadas antes de 1475: Barcelona, Lisboa/Coimbra, Gerona, Huesca, Lérida, Perpiñán, Salamanca y Valladolid; además de la extinta de Palencia.

Universidades fundadas entre 1475 y 1600: Alcalá, Almagro, Ávila, Baeza, Évora, El Escorial, Gandía, Granada, Irache, Oñate, Orihuela, Burgo de Osma, Osuna, Santiago de Compostela, Sevilla, Sigüenza, Tarragona, Toledo, Valencia, Vich y Zaragoza.

Fundadas entre 1600 y 1700: Mallorca, Oviedo, Pamplona, Solsona, Tortosa.

Fundadas entre 1700 y 1800: Cervera y La Laguna (Canarias).

Universidades peninsulares hacia 1625

 

En este contexto de expansión y diversidad, las tres universidades mayores castellanas de Salamanca, Valladolid y Alcalá adquirieron la categoría de verdaderas universidades de la Monarquía, y actuaron como centros dinámicos de atracción y proyección, atenuando la incidencia de las fuerzas centrípetas, territoriales y locales. Fue en estas circunstancias cuando se configuró el estereotipo de Salamanca, que, a partir de los siglos XVI y XVII, constituirá (en la imaginación colectiva) una de las más famosas referencias simbólicas de la cultura española. 

Por su parte, el resto de los conventos-universidades y colegios-universidades dieron origen a las que convencionalmente se llamarían «universidades menores». Tendieron éstas a atender las necesidades culturales y religiosas de entornos locales, y fueron por ello apoyadas por prohombres y notables destacados. Fueron creadas, en su mayoría, por mecenas eclesiásticos, y algunos seculares, que las dotaron con rentas del diezmo, deuda pública o patrimonios personales. Las cátedras lo fueron en número reducido, limitándose a unas cuantas de gramática latina, derecho o medicina, así como de artes liberales y teología en el caso de los conventos. No obstante, la posibilidad que brindaban para realizar estudios locales, sin los costes de desplazamiento y estancias, al tiempo que las menores exigencias y mayor facilidad y baratura de los grados, contribuirían a mermar la clientela de las grandes universidades imperiales, conforme nos adentremos en los siglos XVII y XVIII. 

En medio de esta plétora, conviene distinguir, también, los colegios-universidades, con enseñanza propia y otorgamiento de grados, de otro tipo de colegios, vinculados a universidades preexistentes. La mayoría de sus fundadores fueron jerarcas de la Iglesia, y destinaron sus instituciones a la acogida de estudiantes pobres, preferentemente clérigos, posibilitándoles, de este modo, protección y cobijo. Con el tiempo, muchos de ellos se desviaron de las intenciones fundacionales y fueron dando cabida a grupos privilegiados y oligarquías de letrados. En contraste con sus homónimos de París u Oxford, se trata mayoritariamente de estudiantes residentes, que acuden a las aulas públicas de la universidad central. Únicamente los llamados colegios mayores (seis en total, San Bartolomé, Cuenca, Oviedo y Arzobispo, todos ellos en Salamanca, Santa Cruz de Valladolid y San Ildefonso de Alcalá) se constituyen como comunidades de licenciados o graduados expectantes y pretendientes de cátedras y cargos burocráticos, y tan sólo en el caso del mayor de Alcalá coinciden con un colegio-universidad. De este modo, en la morfología urbana, y a lo largo de los siglos modernos, un cinturón de colegios seculares y de conventos regulares fue ciñendo los recintos universitarios de mayor prestigio. 

Por su parte, las Américas de los siglos XVI y XVII constituían territorios periféricos dentro del ámbito general de la Monarquía Hispánica. Las iniciativas académicas que se plantearon en ellos tomaron como referencia las soluciones peninsulares de la metrópoli: el modelo de convento-universidad vinculado a órdenes religiosas concretas, o el modelo corporativo claustral, más complejo, significado en Salamanca, y aplicado en los centros administrativos virreinales de Lima y México a las universidades de patronato regio allí fundadas. Sin embargo, el modelo de colegio-universidad no parece que contó con patronos privados de suficiente garantía y estabilidad económica. Pues bien, las universidades hispanoamericanas fueron evolucionando al calor de fuertes intereses locales, vinculadas a sus clerecías y a los oficios medios de la administración colonial. Salamanca, universidad prototípica del modelo claustral corporativo en el ámbito cultural hispano, estuvo más presente en Lima o México que en las restantes universidades conventuales de la América Hispana; pero el patrón salmantino se readaptaría posteriormente, y se iría acomodando a las condiciones concretas de los nuevos territorios ultramarinos.

 

3. Etapa contemporánea: Centralismo liberal. Universidades de distrito

Las reformas ilustradas del siglo XVIII, que parten de lo particular (planes de estudios universitarios establecidos entre 1769 y 1786), culminan en el llamado Plan Caballero de 1807, que pretendía aplicar un modelo uniforme a todas las universidades de la Monarquía. Además del control estatal, quedaba reforzada la figura del rector y se concentraban poderes en los claustros de catedráticos. Ese mismo año se suprimieron muchas de las llamadas universidades menores, es decir, las instituciones académicas de proyección más localista; en parte por su excesivo número, y por el deterioro académico y la penuria económica de muchas de ellas. Y la función anteriormente cumplida por estas universidades menores, en el ámbito regional, sería transferida y multiplicada con la consolidación de los llamados institutos de segunda enseñanza. Simbólicamente, entre 1836 y 1841, los edificios y bienes de aquellas universidades pasaron a éstos.

Mientras tanto, se suceden alternativas de reformas liberales y restauraciones absolutistas, al ritmo de las oscilaciones políticas generales. Y en medio de este tejer y destejer se van desmoronando, progresivamente, las bases estructurales de las universidades tradicionales. En 1837 desaparecen los diezmos eclesiásticos, que constituían su fuente de financiación; y, por el plan de 1838, quedaba establecido que dichas universidades se financiasen a partir de los derechos de matrícula y académicos, así como de cantidades otorgadas por los presupuestos generales del Estado. Desaparecen, también, los privilegios jurisdiccionales, y, en general, se va imponiendo paulatinamente la política educativa liberal, según normas centralizadas, emanadas y difundidas desde Madrid. De este modo, pasamos de la universidad del Antiguo Régimen, autónoma en lo financiero y organizativo, a la universidad liberal, centralizada, uniforme y jerarquizada, financiada y controlada por el Estado, rama de la administración del Estado y con un profesorado funcionario. Los estudios eclesiásticos se diluyen, y el alumnado pasa del manteo a la levita.

Esta nueva universidad contemporánea va a construirse sobre proyectos liberales moderados: sobre todo el plan Moyano (1857), que ya se prefijaba en el Plan Pidal (Gil de Zárate) de 1845. En estos planes, como ha sido señalado, se separaba una enseñanza, llamada media, de la propiamente universitaria. Como consecuencia, se crearán institutos provinciales de segunda enseñanza. Surgen como consecuencia de la Ley Pidal, y se estructuran a partir de esquemas y asignaturas de la antigua facultad universitaria de Artes. Y en medio de estos cambios, la facultad de Teología era suprimida por decreto de mayo de 1852; aunque esta disposición no fuera aplicada hasta la supresión definitiva de 1868, tras la «Gloriosa» revolución.

La universidad liberal quedó definitivamente asentada con las leyes de Claudio Moyano (1857), ministro que había sido anteriormente profesor y rector de la Universidad de Valladolid. Podemos considerar algunas peculiaridades del nuevo marco legal. En principio, las universidades quedaban dependientes del Ministerio de Fomento, a través de una Dirección General y un Real Consejo de Instrucción Pública. El rector pasa a convertirse en una figura política de designación ministerial. Se consolida, asimismo, un cuerpo de catedráticos funcionarios, de rango nacional y a partir de oposiciones centralizadas. Se ratifican los institutos de segunda enseñanza, los cuales otorgarían el título de bachiller en Artes, tradicionalmente concedido por la facultad de este nombre. Quedan establecidas, además, seis facultades superiores: filosofía y letras; ciencias exactas; físicas y naturales; farmacia; medicina; derecho; y teología.

Otra peculiaridad de la Ley Moyano, que posee una directa incidencia en el tema que nos ocupa, fue la organización de las universidades en diez distritos o ámbitos territoriales propios. Un distrito central (Madrid) predominante, en el que se impartirían todos los estudios hasta el grado de doctor, y que serviría de modelo y atracción para las restantes universidades de provincias. Los otros distritos correspondían a las universidades de Barcelona, Granada, Oviedo, Salamanca, Santiago, Sevilla, Valencia, Valladolid y Zaragoza. Como puede observarse, el papel hegemónico tradicional de Salamanca, Valladolid y Alcalá, ha pasado a concentrarse en Madrid que, sustituyendo a Alcalá (a partir del año 1836), mantiene también la influencia de ésta sobre Castilla la Nueva. No obstante, las universidades de Valladolid y Salamanca mantienen una cierta importancia relativa, situadas en una región (Castilla/León) que hacia 1900 suponía el 12,4% de la población española.

Estos marcos jurídicos uniformes intentarán renovarse con la ley César Silió de 1919, que suponía el reconocimiento de mayor autonomía administrativa para las universidades. Se trataba de modificar el modelo centralista decimonónico; pero el proyecto quedó suspendido con el advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera.

2003-08-18

 

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Desde la epidemia de la peste negra del s.XIV, el aborto es la mayor causa de muerte en España

 

Son muy pocos los datos que tenemos de la epidemia de peste bubónica que asoló Europa en el siglo XIV pero los historiadores dan la cifra de 25 millones de muertos en toda Europa y entre 1 y 2 millones en España. Del número de muertes producidas por el aborto sí tenemos datos: son casi un millón desde su despenalización aquel fatídico 5 de Julio de 1985. Si repasamos la historia de España no hay ningún otro hecho histórico: ninguna guerra, ninguna otra epidemia que haya producido más muertos.

 

Hay dos cosas que duelen especialmente un día como hoy. Una es saber que lo más probable es que el año que viene tendremos que dolernos de más muertes y que si no lo remediamos pronto, en muy poco tiempo el aborto habrá sobrepasado a la peste bubónica en el ranking de la desgracia. La otra cosa que nos llena de tristeza, y porqué no decirlo, también de rabia, de este fatídico aniversario es comprobar que hay desalmados que celebran la bienvenida de este quinto jinete del Apocalipsis con absoluto desprecio por tanta víctima y tanta muerte. 2004-07-05

 

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Los comienzos de España

 

Por gentil deferencia de la editorial EUNSA, que agradecemos, recogemos en esta página, por su evidente interés y actualidad, algunos fragmentos del libro que el profesor Luis Suárez Fernández acaba de publicar bajo el título Los creadores de Europa. Benito, Gregorio, Isidoro y Bonifacio

 

Es sintomático que el anónimo monje mozárabe que, en torno al 748, se empeñaba en continuar con nuevas noticias la Crónica de san Isidoro, acudiese a dos expresiones que hemos recogido para definir los profundos cambios que su generación hubo de presenciar. En primer término, la pérdida de España; se refería tanto al derrumbamiento del reino de los godos –según el cronista tenían méritos más que suficientes para este castigo– como a la destrucción de aquella Cristiandad que un siglo antes diera muestras de tanta madurez. Pues los musulmanes, que relegaron la Cristiandad a la sumisión, destruyeron en la práctica cuanto pudieron de las antiguas estructuras, incluyendo el espacio y el nombre mismo de España. Lo que se ha producido no es únicamente la ruina de la monarquía goda, sino la de algo más importante, Spaniae, para decirlo con el nombre que escoge después la Crónica de Alfonso III.
Se abría paso la conciencia de que el pacto del año 418 no había sido un simple contrato de servicios, sino una transmisión de legitimidad. Por eso no había cambiado de nombre. Algunas veces se emplean los términos de Hesperia o de Iberia, nunca el de Gotia. La desaparición de la monarquía visigoda, que no fue tan completa como las primeras generaciones imaginaran, estuvo acompañada, primero, de la sumisión y, luego, del aniquilamiento de la comunidad cristiana.
La conquista musulmana fue consecuencia de una falta de decisión por parte de la población cristiana. Algunos potentes como Oppas, obispo de Toledo, los hijos de Witiza, Teodomiro que gobernaba el sudeste, o los descendientes de Casio en el Ebro, optaron por la sumisión. Y, sin embargo, la nación española no desapareció. Desde una fecha que podemos situar en torno al año 740, a causa principalmente de una rebelión berberisca, los musulmanes renunciaron ya a la idea de dominar y someter toda la Península y fijaron sus fronteras.
Al otro lado de la vasta línea estaban ya los núcleos de resistencia consolidados, todo lo largo del litoral cantábrico y algunos valles del Pirineo. No es extraño que una escaramuza despertara, de pronto, ecos de epopeya. Eso es Covadonga. En el lado de acá estaba al-Ándalus, lejano oeste para una sociedad que se vinculaba al olivo, la vid y el naranjo. En el otro comenzaba Europa. Así lo afirmaban Beda y el anónimo monje mozárabe que escribía en algún lugar de las afueras de Córdoba.

Luis Suárez Fernández – MMV. XI. XI. ESP.

 

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El fundador de esta escuela española y, por tanto, del derecho internacional moderno fue el dominico Francisco de Vitoria (1480-1546). Los asuntos internacionales habían despertado en él gran interés, pero con singular importancia los procedimientos arbitrarios que España estaba empezando a llevar en América. Las voces contestatarias de hermanos de su orden; como Antonio de Montesinos, en 1511 y el más famoso Bartolomé de las Casas, en 1520; llevaron a Francisco de Vitoria a abandonar los viejos métodos teóricos escolásticos para transmitir en sus clases a la juventud los derechos y deberes de los nativos respecto de los visitantes extranjeros y los de España para con los nativos americanos.

Desde 1511, los derechos de los indios por una parte y los de los españoles por otra, fueron estudiados por funcionarios competentes del gobierno y debatidos por asambleas, que dieron lugar a las leyes de Burgos de 1513. Los polemistas que se hicieron más famosos fueron el destacado Bartolomé de las Casas, que defendía que los indios eran seres racionales y libres con los mismos derechos que los súbditos peninsulares del emperador. Por el lado contrario, Juan Ginés de Sepúlveda creía que los nativos no tenían derechos para obstruir la dominación española. El capellán de Carlos I legitimaba la conquista de América por los pecados y la idolatría de sus habitantes; por su naturaleza servil y ruda, que los hacía inferiores a los europeos; por la facilidad de convertirlos después de la conquista y no antes, y para evitar males como la antropofagia.

Sin embargo, fue Francisco de Vitoria quien aportó la base del derecho de Gentes.

 

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En el siglo XVI, mientras los colonos franceses e ingleses intentaban comprar pieles a los indios norteamericanos, en América Latina se edificaban universidades: Santo Domingo (1538), San Marcos de LIma (1551), México (1551), La Plata (1552), Santiago de la Paz (1558), Santa Fe de Bogotá (1580), San Fulgencio de Quito (1586)... En el siglo XVII, una mexicana como sor Juana Inés de la Cruz o el obispo Palafox de Puebla tenían bibliotecas con más de 4.000 volúmenes. Gramáticas, evangelios y otros libros se editaban e imprimían en latín, español o lenguas indígenas y las órdenes religiosas se planteaban una y otra vez el aislar a los indígenas de los colonos, considerados un mal ejemplo que impedían la evangelización. Es la historia de un Nuevo Mundo que nace con imparable originalidad en el periodo llamado "del Imperio Hispánico" aunque las autoras prefieren la denominación, más exacta, de Monarquía Hispánica, de 1474 a 1700.

 

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Entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas pontificias. Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.1

 

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dió origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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CIVILIZACIÓN - CRISTIANISMO

 

 

Civilizaciones... Occidente no se libra de defectos. Pero sus señas de identidad (filosofía griega, derecho romano, religión cristiana, ciencia moderna) ofrecen signos de alta calidad humana. Por eso sabemos que la democracia constitucional es mejor que el despotismo...

 

Por Benigno Pendás Profesor de Historia de las Ideas Políticas

la verdad irrita sin remedio a los espíritus sensibles. 2005-08-08-ABC.ESP.

… Tras el análisis, las objeciones. La primera es de naturaleza conceptual. Las civilizaciones actúan como organismos que nacen, crecen, se desarrollan y -no se olvide- también mueren. Funcionan como átomos, a veces coexisten o se yuxtaponen, viven vidas paralelas. Nunca se mezclan, porque su principio vital es singular e irreductible. Hay bibliografía abundante, pero esta impresión general no conoce excepciones relevantes. Convivencia, quizá. Alianza, imposible. La segunda, y tal vez la principal, resulta ser una objeción de orden moral. No todas las civilizaciones son igualmente valiosas ni cabe mantener ante ellas un relativismo indolente. La nuestra es menos injusta que las demás. Otras han admitido o admiten el canibalismo, la esclavitud o la inferioridad de la mujer. Injusticia universal, quizás, aunque en grados diferentes. Occidente no se libra de defectos. Pero sus señas de identidad (filosofía griega, derecho romano, religión cristiana, ciencia moderna) ofrecen signos de alta calidad humana. Por eso sabemos que la democracia constitucional es mejor que el despotismo y que los derechos de la persona valen más que las arbitrariedades del poder. Crisis, por supuesto. Fiebre helenística, que paraliza las ideas. Escépticos, cínicos y epicureos (con algunos falsos neoestoicos) apenas alcanzan el nivel de los epígonos. Viejo orden mundial que se resiste a desaparecer. Naciones Unidas, hija de la paz imperfecta, instrumento de la guerra fría, motor de la descolonización, es incapaz hoy día de encauzar su propia reforma. Es lógico el interés de la burocracia internacional hacia la sugerencia española: prolonga su discurso fragmentario y aséptico, cuajado de lugares comunes en forma de tolerancia, diálogo o solidaridad. Anuncia más comités de expertos, congresos y exposiciones, libros colectivos y jornadas de reflexión. He aquí el hábitat natural de la clase ociosa contemporánea: intelectuales, ex mandatarios, sedicentes líderes de opinión. Siempre los mismos, por cierto. Defectos, en fin, hay en Occidente por todas partes. Pero al menos la gente come, vota y vive a medias en paz -si así lo quiere- con Dios y con los hombres. No es poca cosa, vista la condición humana y consultada la experiencia, «el guía menos engañoso de cualquier opinión», como decia Jefferson…

… Son las personas (no las ideas, ni las religiones, ni siquiera las civilizaciones) las que ponen las bombas, odian a sus víctimas, siembran daños y terror. No pretenden ganar. Saben, porque son inteligentes, que nunca van a ganar. Pero utilizan el fanatismo para dar rienda suelta a esa superstición que no sabe convivir con la libertad, ni siquiera con esta libertad ingrávida y farragosa que nos otorga una sociedad subyugada por la estadística…

 

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EN TORNO A  LA COLONIZACIÓN......

 

¿Explotación..., o civilización?

 

 

 

 

En el programa Las artes y las letras, de Radio Intereconomía, conté recientemente la siguiente anécdota: hará varios meses se me acercó, en la calle, bajándose de un taxi, una señora que me preguntó dónde se encontraba una determinada librería de Madrid, que no había podido localizar ni siquiera con la ayuda del taxista. Como yo me dirigía, en ese momento, a un lugar cercano a la librería mencionada, le pedí que me acompañara y fuimos charlando durante el camino. Era negra, y me dijo provenir de la República Dominicana. Durante la conversación se manifestó indignada con la colonización española en América, acusándonos con virulencia a los españoles de haber realizado allí las mayores barbaridades. Le respondí lo siguiente: Señora, si sus antepasados africanos hubiesen permanecido en África, podría ser que usted estuviese ahora muriéndose de cualquier violencia o enfermedad, en cualquier tribu misérrima, sin que tantos falsos indigenistas de todo el mundo se preocupasen lo más mínimo por su situación; si sus antepasados hubiesen sido llevados en un barco negrero a Norteamérica, es muy posible que usted se encontrase hoy en un pobre barrio de un suburbio neoyorquino, viviendo en unas ínfimas condiciones sociales y económicas; porque sus antepasados fueron llevados como esclavos –probablemente por un barco inglés, porque en negrería y piratería ningún país actuó con mayor eficacia– a un territorio hispano-americano, ha tenido usted la suerte de estar ahora en Madrid, viajando en un taxi y permitiéndose insultar, porque sabe que yo la voy a escuchar educadamente, a los colonizadores españoles.

 

La anécdota se queda aquí. Lo que no se queda aquí es el tema que detrás de ella se esconde. No me avergüenzo, sino que más bien me enorgullezco, de lo que los españoles que fueron a América llevaron a cabo durante la colonización. Ciertamente, se dieron barbaridades: el choque de mentalidades y culturas las ha hecho muchas veces casi inevitables, ante la incapacidad histórica del ser humano para comprender a otros pueblos; tanto más cuando el hombre del Renacimiento tuvo una fuerte conciencia de su grandeza, que se exacerbó al afrontar otras civilizaciones mucho más primitivas y muy lejanas a su mentalidad. Pero aún han sido mayores los crímenes históricos –cuyas huellas dolorosamente perviven– de otros pueblos europeos en tierras africanas o asiáticas, crímenes que, en cambio, nadie parece recordar. Y me gustaría escuchar a los sociólogos del siglo XXII cuando describan las barbaridades del siglo XX, y comprueben que han superado, con mucho, a las de cualquier época colonizadora, sin reacción alguna por parte de tantos interesados críticos de la gran empresa española.

 

  

 

Escándalos fingidos

 

 

Y, junto a ese argumento negativo, el mucho más importante de carácter positivo. Si miramos el pasado, todos somos hijos de una colonización, y ¡ay de los pueblos que no lo son! Roma colonizó al actual mundo latino; España colonizó a buena parte de América. La palabra colonizar puede tener dos sentidos: colonizar o tener colonias, civilizar o explotar. En su primer y mejor sentido, supone rescatar pueblos que habían conseguido apenas salir de la Prehistoria e incorporarlos, en un tiempo muy corto, a unas condiciones de vida cultural, intelectual, física y social, mucho más desarrolladas y humanas; a una lengua con mucha más riqueza; a una situación abierta a muchas más posibilidades de evolución positiva. Así les ha sido posible a muchos pueblos encontrarse hoy en condiciones de desarrollar relaciones sociales, lingüísticas, religiosas, humanas y culturales muy superiores a aquellas a las que hubiesen podido llegar como pueblos colonizados –explotados– en tantas otras zonas del planeta que están en la mente de todos. Hay mucho escándalo fingido y mucha ignorancia detrás de las impresentables críticas, falseamiento de la Historia, y ocultación de la verdad, que se esconden en toda esta problemática. Hay muchos sedicentes intelectuales, a los que no les preocupa lo más mínimo la defensa de tantos pueblos verdaderamente rotos –en la Historia y en el presente– por un inmisericorde abandono, cuando no por una feroz explotación, dado que tales abandono y explotación son hijos de una política capitalista que ahonda cada día las injusticias  y las diferencias económicas y sociales; pero que sí que se escandalizan por la que consideran gravísima destrucción histórica de determinadas peculiaridades autóctonas –que en el fondo les son indiferentes– allí donde tuvo lugar una labor regeneradora en los planos religioso, moral y cultural, y donde nacieron pueblos nuevos dotados de una fuerza espiritual que se quiere a toda costa destruir.

 

Que se trata, por supuesto, de destrozar un mundo de contenido cultural y religioso determinado, eso ya lo sabemos. Que se trata de desmitificar principios de convivencia intelectual y social, principios que no predican ni permiten la manipulación egoísta del ser humano, eso ya lo conocemos. Que no interesa el bien del hombre inerme, sino la destrucción de la verdad, eso no se nos oculta. Que se nos pide que guardemos silencio frente a toda manipulación y toda mentira, eso es evidente. Pero no lo van a conseguir. - Alberto de la Hera «ALFA Y OMEGA» 2001

 

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¿QUÉ SIGNIFICA CIVILIZACIÓN?

 CIVILIZACIÓN UNIVERSAL

 

El sentido moral del hombre ha ido cristalizando en una serie de consensos sobre aquello que se debe y no se debe hacer, las instituciones que se adaptan mejor a su naturaleza, los derechos que nadie debe violar. Ese camino no ha terminado aún de recorrerse, pero no es difícil discernir donde se ha caminado más lejos. La civilización occidental, con sus problemas y oportunidades para avanzar aún más, representa la cumbre más alta a la que el hombre ha llegado. Es una realidad que, si hiciera falta hacerlo, se demuestra en un hecho sencillo: son los países occidentales los que reciben a los refugiados de las naciones que los oprimen, económica o políticamente.

 

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Aconsejaba Kant no discutir con estultos, porque fácilmente pueden confundirnos con ellos. Supongo que quien discute frases absurdas corre los mismos riesgos que el que discute con estúpidos

 

La “alianza de civilizaciones” es un absurdo en los términos, un imposible, porque sólo pueden llevar a cabo pactos, contratos y alianzas sujetos con responsabilidades, con derechos y deberes, pero no las “civilizaciones”, que es un termino que, en sentido estricto, sólo puede utilizarse en singular. Sí, no hay civilizaciones, sino civilización, que es, al menos etimológicamente, lo que nos hace civilizados, civiles.

 

La civilización tiene como principal objetivo civilizar, es decir, sacar a los individuos de un estado salvaje hasta hacerlos sujetos, individuos autónomos, capaces de problematizar todo, incluida nuestra propia existencia privada. Quizá la civilización no tiene soluciones, pero, al menos, hemos conseguido orientarnos.

 

El resultado final, pues, de la civilización es la ciudadanía, que es algo, dicho sea de paso, que sólo ha realizado nuestra civilización. La civilización, paradójicamente llamada occidental, es genuina civilización, o sea, universal, porque tiene el don de la ubicuidad. Está en todas partes. Hablamos de civilización occidental, incluso utilizamos un adjetivo geográfico donde otros usan un adjetivo religioso, pero, de hecho, nuestra civilización está en cualquier parte y lugar. Es verdadera civilización porque no se restringe a un territorio determinado. Es universal. Tienen razón, pues, quienes al utilizar con rigor el término “civilización” mantienen que no habría civilizaciones sino una única civilización. Kant en esto es preciso, pues, al final, la civilización o tiende a agruparse en un gobierno universal, algo parecido a una ONU tomada en serio, o desaparece.

 

En otras palabras, si la ONU consiguiera alcanzar algo parecido a un “pacto” de civilizaciones, correría el serio peligro de desaparecer. La nación que es una manera ejemplar de civilización desaparecería por algo tan “nebuloso” como las “civilizaciones”. Una especie de etnología salvaje haría desaparecer la política ciudadana. Las naciones, en efecto, son sujetos jurídicos y por ello pueden unirse, eso es la ONU, pero las “civilizaciones” no existen nada más que como Civilización. Esto sería un argumento suficiente para desechar la expresión “alianza de civilizaciones”, pero, como la expresión tiene tan buena receptividad en públicos analfabetos, otro día les comentaré la perversidad “buenista”, de “buena voluntad” y peor mala fe, que soporta la expresión: “alianza de civilizaciones”. La propuesta es tan cruel y obtusa como el “buenismo” que la soporta. Agapito MESTRE-2005. 07

 

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Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio de valor de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en el período analizado, pero sin rasgar vestiduras. ¿En tal momento histórico, qué hubiera sido posible que yo hiciera – ayer no hoy-?

 

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…Está ya superado que la ciencia sea incompatible con la religión. El  racionalismo nació en el XVI. Después de cinco siglos, sabemos que el  hombre no es tan racional como parecía y que la ciencia no es más que un  instrumento. "Que la razón no lleva, sin más, a la libertad; ni la libertad  escoge siempre lo racional". A pesar del racionalismo, han existido  Robespierre y el Terror, la matanza del 1914 1918, Lenin, Hitler, Stalin,  Hiroshima, Vietnam y millones de crueldades cotidianas y privadas.

Zapatero ignora cómo era el mundo pre-cristiano. La crucifixión, arrancar  los ojos, mutilar, tirar a las fieras y arrancar la piel eran métodos  habituales de tortura. Los indios precolombinos practicaban el canibalismo.

Los niños esclavos eran cebados para ser comidos. Aztecas y mayas  hacían sacrificios humanos, con matanzas de millares en cada ceremonia. Zapatero no sabe que, siendo las cosas como han sido, seguramente está  vivo gracias a la Iglesia. Desde que los políticos implantaron el aborto, a lo  peor alguno de sus nietos no podrá librarse. 2005-08-08 hispanidad.com

JAVIER PÉREZ

 

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Cusco: ¿entre buenos y malos?


Manuel Almendro
Yo no sé si hoy día podría considerarse que la historia humana discurre por uncamino de evolución o de degradación entre todas las posibles variantes que se hubiesen conformado de haber sucedido posibles hechos históricos que no sucedieron y viceversa. Este pensamiento rondaba por mi cabeza en el centro de la plaza admirando el sello español en el rojo de los tejados sintiendo la sabiduría perenne de aquella civilización incaica; en fin, el encuentro. Y en este preciso momento de nuevo sucede otro tanto mientras corrijo este artículo imbuido de esa energía especial del Zócalo de la ciudad mexicana de Oaxaca, en camino ya hacia Lima.
   Cusco te empuja a andar pausado, con las suelas pegadas al suelo por el efecto de la altura. Paseas una y otra vez entre la piedra colonial de los monumentos y el diseño popular de las casas de raigambre hispánica y grecorromana entre los monumentos de roca de ese enigma precolombino que se ajusta a la Naturaleza, un enigma que se palpa en el aire. Todas las grandes culturas como la incaica en su momento fueron capaces de construir un cosmos: ésa fue su grandeza perecedera.
   Aun dudo de acabar este artículo pues tengo la impresión de que todo esto que voy a desarrollar ya lo sabemos, siento que es inútil puesto que si lo olvidamos es simplemente porque pesan otros intereses. A eso voy e incluso admitiendo la posibilidad de discutir el que este encuentro entre esas dos tradiciones: la precolombina y la cristiano-romana respondan a la historia humana concebida como una degradación, me preocupa el por qué aún sigue dominando el encuentro entre guías y visitantes esa especie de enfrentamiento entre estas dos culturas quinientos años después. ¿A qué intereses responde? Sobre todo cuando estas dos culturas representan la síntesis y el componente base del ser peruano. A nadie, a ningún guía se le ocurre montar semejante aparataje por la invasión francesa sobre España ni la reciente y cruel por los alemanes siendo este un hecho reciente. Yo no he visto ahondar tanto en la fisura como en Cusco.
   Los guías turísticos ¬en absoluto indígenas¬ amenizan sus discursos con un Santiago mataindios y Jesuitas embaucadores tanto en la Catedral como en Machu Pichu en una diatriba oscurantista contra los cristianos que se desarrolla en un país de raigambre católica y que puede infundir posibles vías al rencor y ofrecer oportunidad a los necesitados de expresarse en el lenguaje de la violencia y de dar rienda suelta a sus frustraciones personales variopintas y muchas de ellas comprensibles. Todas las descripciones de esta escuela de guías se desarrollan en base a juicios de valor en un 80%, sólo el resto es de información. Aparece una de vaqueros de buenos y malos de una forma poco historiográfica, mínimamente rigurosa y básicamente populista.
   No me siento identificado con defender ninguna conquista, tampoco frecuento las iglesias, pero entiendo el respeto al derecho ajeno de Benito Juárez. Y, por ello, siento que ese pretendido enfrentamiento entre dos culturas hoy peruanas sólo puede decantarse en la balanza por el plato de la degradación o por la irresponsabilidad de la propaganda que sigue un determinismo en boga en Occidente y en muchos órdenes y que se regodea en la contradicción y no en la riqueza de la complementariedad. A veces al español se le sorprende haciéndose eco de estas culpas porque como un vicio de esa cultura entiende que degradándose será ensalzado. Precisamente sorprendí en una de estas conversaciones a un comedido hombre hispanoamericano elevando la moral de un español culposo con el dato de que sólo en la ciudad de México había más indígenas que en todo EE UU. De todas formas, creo que nunca se ha abordado de forma abierta «eso» que fue un encuentro: el de Europa y América, pues las ceremonias de los 500 años fueron sólo una ceremonia política. El anhelo del indígena que busca el espíritu en la selva o en la montaña no está para mi lejos del «conquistador» que buscaba el dorado siguiendo los libros de caballerías, soñando la California de la libertad, la fuente de la salud eterna de Florida, surcando los istmos y la selvas siendo diezmados por las cerbatanas, la disenterías, las serpientes, el agotamiento. Vivekananda ¬maestro de la cultura hindú¬ a principios de siglo argumentaba que la Shakti ¬divinidad hindú¬ también está detrás de esos ejecutivos occidentales que víctimas del estrés caen de un infarto en los andenes del metro.
   Llevo más de dos décadas surcando los mundos indígenas: Mazatecos, Guicholes, en México, Shipibos-Conibos, Asheninkas, Mestizos en el Amazonas. Jamás me encontré con ninguno de ellos que me considerara como un adversario. En una ocasión unos miembros del INI ¬el Instituto Indigenista de México¬ me preguntaron sobre cuál era mi interés de perderme en las montañas entre los indios, les contesté: aprender.
   A partir de ahí uno de ellos me regaló una colección de discos de las tradiciones y unos libros publicados por ellos. No hay, pues, guerra. Sin embargo sí que es verdad que a veces cierto poder intelectual, cierto interés blanco se desgañita por presentar ese mundo como una fisura insalvable poblado por enemigos irreconciliables bajo la necesidad de opresores y oprimidos, de mártires y héroes. Ya Trungpa ¬lama tibetano¬ decía que la mitad de los caparazones del ser humano son miedos y el resto armas.
   Es peligrosa la estrategia astuta de algunos políticos para colocar los demonios y las culpabilidades fuera de su gobierno y tener ya el cesto de la basura repleto con alguna nación, etnia, etc. La estrategia de este tipo es planetaria. Precisamente me preocupa que el interés actual suscitado por el enigma y el legado de conocimiento de la cultura indígena caiga en la rentabilidad del victimismo desde una posición de astucia para acceder a mayores cotas de poder no ajeno a la cultura de la imagen, y buscar la lástima, y quién sabe si el odio, entre los habitantes de la tierra peruana.
   No olvidemos que si hablamos de invasiones en la historia, los modelos de opresión también se extendieron a Incas y Aztecas sobre los pueblos circundantes y fue ése el talón de Aquiles sobre el que se fraguó la estrategia de los llamados conquistadores. De hecho, los españoles pudieron entrar porque se encontraron ya con una civilización decadente. Parece que esa opresión ha constituido un «modelo de desarrollo» en Oriente y Occidente que sigue vigente y que están en la balanza de la dualidad planteada al comienzo de este escrito.
   No quisiera concluir este artículo sin dejar claros algunos de los aspectos planteados:
   ¬La sabiduría silenciosa del legado indígena está en manos de algunos chamanes, siendo este conocimiento reconocido por la propia población indígena, sobre todo rural.
   Mi conexión con los indígenas durante los últimos 22 años, tanto con los Mazatecos de México y etnias amazónicas, muestran esa conexión con el cristianismo. Algo a lo que fui reticente en un principio pero que en su momento comprendí como el verdadero significado del sincretismo, no como forma de explicación intelectualista sino como reconocimiento de un mismo territorio allá en el lado del espíritu por parte de la sabiduría ancestral de los indígenas, puesto que en el lado de acá pocos curas comprendieron este encuentro. Basta alguna experiencia de tipo chamánico y leer a Juan de la Cruz o a Teresa de Jesús para conocer el sincretismo indígena.
   No puedo olvidar a don Patricio, indio mazateco, y su letanía sibilante; ni las oraciones de los Queros ante la atención devocional de sus admiradores entre los que me encontraba en una ceremonia desarrollada en una Waca de Lima cuando, pensando que estábamos ante la oración secreta de los Incas, en realidad resultó ser el Ave María en quechua, expresado con fervor cien por cien. Y no cabe duda de que si el comercio respeta la sabiduría ancestral, perenne, indígena, es necesaria como gran superadora del racionalismo materialista occidental. Esperando que esta oposición constructiva no se escurra por esos mitos artificiales que crea la «New Age» con la lucha por el puesto número 1 en la carrera por la reencarnación del Inca tal o cual.
   ¬Otro aspecto es el problema del reconocimiento y aceptación de lo indio. Un indio en la ciudad vestido de occidental pasa a las últimas escalas sociales. Desgraciadamente la tez india no es bien vista en la sociedad. No aceptado el indio, se le usurpa su palabra para negociarlos como víctimas frente a unos turistas dispuestos a la emoción y soltar metal. En nuestras sociedades desestabilizadas todo se compra porque esa ley fáctica la impuso el poder blanco. Leyes restrictivas sí, pero para quien no tenga plata. Si este es el meollo del problema éste debería de ser el meollo de la solución. La aceptación del indio pasa por su propia valoración.
   Creo que es imprescindible la aceptación del indio, del mestizo, del negro, del blanco hacia una unidad de ser: en este caso, el ser peruano, pero bien podría ser extensible esta vía de unidad respetuosa y rica en las diferencias a toda América. Vía posible que ha de ser a través de la palabra, de las palabras castellanas, quechuas, náhuatl, aimará... uniendo las esencias como hacen los indios: la esencia de la cultura cristiana, de las culturas precolombinas en esa vía de unidad transpersonal que apunta no hoy día hacia la raza inca o la raza blanca, sino hacia la raza humana sin perder las diferencias de cada color del caleidoscopio que son imprescindibles para la riqueza del encuentro.

2004-04-16 LA RAZÓN. ESP.

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Hallan un centro ceremonial junto a la ciudad inca de Machu Picchu

 

DAVID KEYS

LONDRES. Una expedición anglo-estadounidense, financiada por la Real Sociedad Geográfica Británica, ha descubierto una complejo de grandes edificios ceremoniales y de observación del sol que hasta ahora eran desconocidos y que se encuentran dispersos y ocultos en un kilómetro y medio cuadrado por la impenetrable selva. El hallazgo se produjo mientras se exploraba una cordillera situada frente a la famosa «ciudad perdida» de los incas. Se da la circunstancia de que varias de sus estructuras se hallan alineadas directamente con la ciudad inca o con el monte Machu Picchu, que domina tan espectaculares ruinas.
Por el momento, mediante el reconocimiento mediante infrarrojos desde el aire y la exploración de la selva, el equipo -dirigido por el británico Hugo Thomson y por el estadounidense Gary Ziegler- ha encontrado 33 edificios. También se han hallado otros siete, que originalmente ya habían sido localizados por el explorador norteamericano Hiram Bingham en 1912, pero cuya ubicación no se conocía, ya que Bingham no había dejado reseñadas las coordenadas geográficas de su exacto emplazamiento.
Comentando este hallazgo, uno de los codirectores de la expedición, el arqueólogo estadounidense Gary Ziegler, declara que «se trata de un descubrimiento importante que podría cambiar el conocimiento que tenemos de Machu Picchu, ya que el yacimiento de Llactapata está estrechamente relacionado con la ciudad». Bien es cierto que Machu Picchu, como cualquier importante ciudad, estaba rodeada de otras poblaciones menores, que la avituallaban, y de centros ceremoniales.
El británico Hugh Thomson, que acaba de regresar tras cuatro meses en Perú, añade que «éste debe de ser uno de los últimos lugares que quedan en el planeta donde todavía se están localizando monumentos arqueológicos que no se encuentran enterrados. Estamos entusiasmados por este nuevo y feliz hallazgo», concluyó.
El examen preliminar de los edificios sugiere que el complejo era un gran centro religioso y ceremonial utilizado por los incas para sus rituales litúrgicos y para hacer observaciones astronómicas. En el área explorada, que está situada a unos 6.5 kilómetros de Machu Picchu, la expedición anglo-estadounidense ha identificado, además de los edificios, ocho plazas y siete plataformas ceremoniales de tres metros de altura, y un conjunto de caminos amurallados que conectan las estructuras más importantes.
Entre estas construcciones se incluyen un gran almacén, un templo dedicado al sol (semejante en varios aspectos al gran templo del sol de Cuzco, la capital inca), y un observatorio de dos plantas, erigido para estudiar los equinoccios y los solsticios.
Los arqueólogos creen que el conjunto ceremonial fue construido al mismo tiempo que Machu Picchu por el emperador inca Pachacuti, a mediados del siglo XV. El complejo, bautizado como Llactapata (que en inca significa «pueblo llano»), parece haber sido erigido al mismo tiempo que la «ciudad perdida» como parte de un mismo plan urbanístico, lo que explica que los edificios de Machu Picchu tanto como los de Llactapata están alineados entre sí y con el monte que domina la urbe inca. La propia ciudad -cuyas ruinas visitan 500.000 turistas al año- se utilizaba, casi con toda seguridad, para proporcionar una cómoda residencia estacional al emperador y a su séquito, lo mismo que centros para sus actividades religiosas, y posiblemente se utilizaba durante el invierno, cuando Cuzco, la capital inca, padece los rigores de un clima extremedamente frío. Llactapata, por su parte, parece haber cumplido sólo una función de naturaleza litúrgica. Los dos emplazamientos, por consiguiente, se complementaban, formando un gran todo enfrentado, que estaba dividido por el río Aobamba.
Los arqueólogos afirman que el nuevo hallazgo reafirma la necesidad de ampliar los límites del Santuario Histórico de Machu Picchu, para acoger y dar protección a un territorio más amplio. En la actualidad, el yacimiento de Llactapata no se encuentra dentro de las áreas que controla el Servicio de Parques Nacionales peruano, por lo que resulta muy vulnerable a la acción de los saqueadores, cuya presencia ha sido detectada por indicios hallados y que sugieren que el emplazamiento pudo haber sufrido su visita en el pasado, mucho antes de que se tuviera noticia alguna de su existencia. . 2003-11-07 – ESP.

 

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V

isión objetiva - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en el período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. La civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

 

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De hombres, hechos y acontecimientos de la época para comprender el contexto:

 

 

 

 Pedro Cieza de León (1518?-1560)

 

Tratamiento con los indios

 

Extremeño de Llerena, en las Indias desde 1535, Cieza luchó en las guerras civiles del Perú, y fue cronista de La Gasca. También este soldado escritor, la mejor fuente de la historia de los incas y de la conquista del Perú, se nos muestra en la Crónica de la conquista del Perú y en El señorío de los incas como hombre cristiano empeñado en una empresa evangelizadora. Así expresa en el Proemio de su Crónica su inesperada vocación de escritor:

«Como notase tan grandes y peregrinas cosas como en este Nuevo Mundo de Indias hay, vínome gran deseo de escribir algunas de ellas, de lo que yo por mis propios ojos había visto... Más como mirase mi poco saber, desechaba de mí este deseo, teniéndolo por vano... Hasta que el todopoderoso Dios, que lo puede todo, favoreciéndome con su divina gracia, tornó a despertar en mí lo que ya yo tenía olvidado. Y cobrando ánimo, con mayor confianza determiné de gastar algún tiempo de mi vida en escribir esta historia. Y para ello me movieron las causas siguientes:

«La primera, ver que en todas las partes por donde yo andaba ninguno se ocupaba en escribir nada de lo que pasaba. Y que el tiempo consume la memoria de las cosas de tal manera, que si no es por rastros y vías exquisitas, en lo venidero no se sabe con verdadera noticia lo que pasó.

«La segunda, considerando que, pues nosotros y estos indios todos, todos traemos origen de nuestros antiguos padres Adán y Eva, y que por todos los hombres el Hijo de Dios descendió de los cielos a la tierra, y vestido de nuestra humanidad recibió cruel muerte de cruz para nos redimir y hacer libres del poder del demonio, el cual demonio tenía estas gentes, por la permisión de Dios, opresas y cautivas tantos tiempos había, era justo que por el mundo se supiese en qué manera tanta multitud de gentes como de estos indios había fue reducida al gremio de la santa madre Iglesia con trabajo de españoles; que fue tanto, que otra nación alguna de todo el universo no lo pudiera sufrir. Y así, los eligió Dios para una cosa tan grande más que a otra nación alguna».

Cieza de León reconoce que en aquella empresa hubo crueldades, pero asegura que no todos actuaron así, «porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios, que curaban a los enfermos». Sus escritos denotan un hombre de religiosidad profunda, compadecido de los indios al verlos sujetos a los engaños y esclavitudes del demonio...

«hasta que la luz de la palabra del sacro Evangelio entre en los corazones de ellos; y los cristianos que en estas Indias anduvieren procuren siempre de aprovechar con doctrina a estas gentes, porque haciéndolo de otra manera no sé como les irá cuando los indios y ellos aparezcan en el juicio universal ante el acatamiento divino» (Crónica cp.23).

 

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Su Santidad Juan Pablo II ´Magno´: «heraldo del Evangelio de Cristo en el corazón de las culturas». 2004

 

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La vida cristiana no es solamente una vida entre cristianos. Hace falta un profundo respeto hacia todas las personas, cualquiera que sea su creencia o ideología. Un "discípulo" de Cristo es uno que aprende continuamente, como el propio nombre indica. Es uno que está dispuesto a dialogar en serio con los demás, y a descubrir los elementos de verdad que cada planteamiento contiene.

Jutta Burggraf

 

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«La mentalidad fundamentalista se reconoce en la propensión a meter en el mismo plano lo principal y lo secundario, dando una importancia desproporcionada a elementos marginales. El mal que los fundamentalistas sienten el deber de combatir es siempre un mal cuyos culpables son siempre los otros». Card. Cottier. 2004.

 

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«Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las criaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivos de alabanza y gloria del Creador» (LEON MAGNO, Sermón 7 en la Navidad del Señor, 2.6; LIT HOR VIERNES V T.O.)

 

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La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión{la Iglesia Católica fundada por Jesucristo - Dios nuestro}

 

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"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras."  (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

Comentando la creación del hombre, ‘Gregorio De Nisa’ (doctor de la Iglesia del siglo IV) subraya que Dios, «el mejor de los artistas, forja nuestra naturaleza de manera que sea capaz del ejercicio de la realeza. A causa de la superioridad del alma, y gracias a la misma conformación del cuerpo, hace que el hombre sea realmente idóneo para desempeñar el poder regio» («De hominis opificio» 4: PG 44,136B).

Pero vemos cómo el hombre, en la red de los pecados, con frecuencia abusa de la creación y no ejerce la verdadera realeza. Por este motivo, para desempeñar una verdadera responsabilidad ante las criaturas, tiene que ser penetrado por Dios y vivir en su luz. El hombre, de hecho, es un reflejo de esa belleza original que es Dios: «Todo lo que creó Dios era óptimo», escribe el santo obispo. Y añade: «Lo testimonia la narración de la creación (Cf. Génesis 1, 31). Entre las cosas óptimas también se encontraba el hombre, dotado de una belleza muy superior a la de todas las cosas bellas. ¿Qué otra cosa podía ser tan bella como la que era semejante a la belleza pura e incorruptible?... Reflejo e imagen de la vida eterna, él era realmente bello, es más, bellísimo, con el signo radiante de la vida en su rostro» («Homilia in Canticum» 12: PG 44,1020C).

El hombre fue honrado por Dios y colocado por encima de toda criatura: «El cielo no fue hecho a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni nada de lo que aparece en la creación. Sólo tú (alma humana) has sido hecha a imagen de la naturaleza que supera toda inteligencia, semejante a la belleza incorruptible, huella de la verdadera divinidad, espacio de vida bienaventurada, imagen de la verdadera luz, y al contemplarte te conviertes en lo que Él es, pues por medio del rayo reflejado que proviene de tu pureza tú imitas a quien brilla en ti. Nada de lo que existe es tan grande que pueda ser comparado a tu grandeza» («Homilia in Canticum 2»: PG 44,805D).  San Gregorio de Nisa - Dos grandes doctores de la Iglesia del siglo IV, Basilio y Gregorio Nacianceno, obispo en Capadocia, en la actual Turquía. El hermano de Basilio, san Gregorio de Nisa, hombre de carácter meditativo, con gran capacidad de reflexión y una inteligencia despierta, abierta a la cultura de su tiempo. Se convirtió así en un pensador original y profundo de la historia del cristianismo.

 

 

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El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

Las estampas, grabados o dibujos que adornan o documentan esta página, no corresponden ‘necesaria e ineludiblemente’ al texto presentado; tienen por finalidad –a través del arte- hacer agradable la presentación. Gracias.

 

 

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).