Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Cruzadas - 8º historia y jihad Yihad (guerra); mitos que caen Jerusalen

El profeta Sofonías, al final del siglo VII antes de Cristo, se dirige a la ciudad de Jerusalén y a su población con estas palabras:  "Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, hija de Jerusalén. (...) El Señor tu Dios está en medio de ti como poderoso salvador" (So 3, 14. 17). A Dios mismo lo representa el profeta con sentimientos análogos:  "Él se goza y se complace en ti, te renovará con su amor, exultará sobre ti con júbilo, como en los días de fiesta" (So 3, 17-18). Esta promesa se realizó plenamente en el misterio de la Navidad.

 

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Para tratar de evitar tonterías y errores, el historiador Franco Cardini, profundo conocedor de los acontecimientos medievales, ha escrito un artículo en «Avvenire» de hoy con el título «Cruzadas, no guerras de religión».

 

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Un historiador, si quiere serlo en serio, no se dedica a recoger especulaciones gratuitas, ni a citar sin ton ni son, sino que procura contrastar unas informaciones con otras y discriminar la fiabilidad de las fuentes. Muchas abadías fueron fuentes de investigación y confronto con las fuentes, sobre todo en el orden del Magisterio, la filosofía, moral y el derecho.


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¡La Iglesia fundada por Jesucristo, lleva 2.000 años siendo Madre y Maestra!“. Desde el Gólgota en Jerusalem como desde la crucifixión en cruz invertida de San Pedro en el gólgota vaticano -esa admirable colina romana-, somos trayectoria evangélica y evangelizante.

 

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No dominio, sino servicio «gratuito» es la jerarquía en la santa Iglesia Católica, apostólica y con sede romana desde Pedro muerto mártir bajo Nerón, crucificado cabeza abajo y Pablo decapitado, ambos en Roma.

 

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El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005

 

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diseño del 1320 ca.

 

La Cristiandad. La caballería medieval

 

A las 5:39 PM, por José María Iraburu 05. VII. 2012 – infocatolica.com

–O sea que en la Edad Media los cristianos iban a caballo… ¿Es eso, no?

–Más o menos. Ahora le cuento.

La semejanza entre la vida religiosa y la vida laical se mantiene a lo largo de todo el milenio de la Cristiandad, más o menos del 500 al 1500. En estos siglos el hogar verdaderamente cristiano guarda una relativa homogeneidad con el monasterio, y a veces parece un convento por la piedad y la austeridad de las costum­bres. Nada tiene esto de extraño si sabemos que con frecuencia los hijos, especialmente los de los nobles, son encomendados a monjes, frailes o religiosas para que reciban una edu­cación in­tegral. La vida de los religiosos y la vida de los laicos es la misma, la vida en Cristo, vivida en modalidades diferentes. Y no es raro que algunos laicos, al tener ya cria­dos los hijos o al quedar viudos, se hagan religiosos o terciarios, o se retiren a un mo­nasterio al final de sus vidas –como todavía lo hace Carlos I de España a mediados del XVI–.

 

Pero no sólo es religioso el cuadro de vida del hogar. La Cristiandad medieval produce muchas formas vitales de intensa significación religiosa, evangeliza progresivamente todas las realidades temporales –fiestas y funerales, celebraciones gremiales y populares, iniciación de caballeros, unción de reyes y reinas, esponsales y bo­das, diezmos y bendiciones, campanas y procesiones–, y configura así un mundo suma­mente variado y colorido, envuelto en una atmós­fera sagrada.

 

La caballería cristiana se forma así en la baja Edad Media (XI-XV), impulsada en sus ideales por ese espíritu propio de la época, que tiende a dar formas visibles a las reali­dades espirituales. El per­fecto caballero es devoto de la Virgen y de la mujer, defensor de pobres y oprimidos, leal a su rey o señor, tan valiente como pia­doso, austero y frugal en su vida per­sonal, despreciador de las riquezas y cultivador de la virtud, cortés y celoso de las formas, es­trictamente sujeto a un código de honor con­suetudinario, defensor de la justicia e impugnador de toda injusticia, amigo del libro y de la espada, deseoso de realizar hazañas me­morables, para su propia gloria y la de Dios. Éste era el ideal de la caballería cristiana, que no afectaba sólo a nobles y caballeros, sino que extendía su influjo también sobre los bur­gueses y el pueblo llano.

El ritual para ser armado caballero da una buena idea de la profunda religiosidad del ideal caballeresco. Se compone de una serie de oraciones y bendiciones, que evocan la consagración personal y la entrega de una profesión reli­giosa o de una toma de hábito (De benedic­tione novi militis, en M. Andrieu, Le Ponti­fical Ro­main au moyen-âge, Città del Vaticano 1938-43, pgs. 447-450). La bendición de las armas, de la bandera, la entrega de ellas al nuevo caballero, con antí­fonas, lecturas y oraciones, expresan bellamente lo que el sacerdote exhorta, cuando da al caballero el beso de la paz: «Sé un soldado pacífico y valiente, fiel y devoto a Dios»... Todavía en 1522, cuando Ignacio de Loyola pasa del mundo al Reino, decide «velar sus armas toda una noche, sin sentarse ni acos­tarse, mas a ratos en pie y a ratos de rodi­llas, delante el altar de Nuestra Señora de Montserrat, adonde tenía determinado dejar sus vestidos y vestirse las armas de Cristo» (Autobiografía 17).

 

En opinión de Huizinga, «esta primitiva animación ascética es la base sobre la cual se construyó con el ideal caballeresco una noble fantasía de perfección viril, una esfor­zada as­piración a una vida bella, enérgico motor de una serie de siglos… y también máscara tras de la cual podía ocultarse un mundo de codicia y de violencia» (La crisis de la conciencia europea, Alianza 220, Madrid 1990, p.106). Sin duda en la caba­llería medieval hubo violen­cias y groseras rapiñas, mucha soberbia y no poca vanidad. Pero no sería lícito ignorar la fuerza de los ideales que la caballería medieval tuvo en la configuración concreta de la vida de los pueblos. Desde luego hay mucha más violencia, codicia y soberbia cuando «los ideales» que se propo­nen son el dinero y el sexo, el po­der y el placer desenfrenado, ajeno a toda norma. Esto es evidente.

 

Los arquetipos por los que una sociedad se guía tienen en su vida una importancia decisiva. El P. Alfredo Sáenz, S. J., argentino, expone esta idea de forma excelente en el capítulo Los arquetipos y la admiración de su libro Arquetipos cristianos (Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2005, 5-16). Cuando los arquetipos vigentes, ampliamente expuestos por los medios de difusión, son hombres y mujeres muy atractivos, pero corruptos, sin Dios y sin esperanza de vida eterna, idólatras del dinero, del sexo y de la popularidad, el pueblo se va hundiendo en estos males. Cuando, por el contrario, los modelos socialmente predominantes son Cristo, la Virgen y los Santos, los más sabios y los mejores artistas, los caballeros celosos del honor de Dios y de su propia honra, el pueblo no queda, por supuesto, exento de pecados, pero sí reconoce a éstos como males, y su vida tiende hacia lo verdadero, bueno y bello. Es la situación propia del tiempo de Cristiandad.

 

Vidas de santos y libros de caballería. Las vidas de santos fueron muy apreciadas en la Edad Media, y en todas las épocas han sido siempre muy poderosas para iluminar la mentes y estimular los ánimos hacia la vida plenamente cristiana. Junto a ellas, en la baja Edad Media, los libros de caballería cumplieron un servicio al pueblo predominantemente positivo. Es cierto que había también en ellos crueldades y vanidades, y que en ocasiones, podían ser perjudiciales. Más tarde, en 1562, todavía Santa Teresa de Jesús, lamentaba que su madre le hubiera contagiado la «afición a los libros de caballería», que, llenándole el corazón de fantasías y ensoñaciones, le hicieron durante un tiempo «mucho daño» (Vida 2,1). Pero en general su influjo era benéfico, pues con frecuencia sus héroes eran cristianos de altos ideales.

 

Muchos caballeros medievales, y también hombres del pueblo, forjaron sus ideales y fantasías heroicas le­yendo, por ejemplo, las formidables hazañas del Maréchal Boici­caut, es decir, de Jean le Meingre (+1421), espejo de caballeros, cu­yas gestas se escribieron en 1409, viviendo él todavía. Pues bien, se describe a Boicicaut como a un hombre sumamente piadoso: «se levanta muy temprano y pasa tres horas en oración. Por prisa y ocupaciones que tenga, oye de rodillas dos misas todos los días. Los viernes va de negro; los domingos y los días de fiesta hace a pie una peregri­nación, o se hace leer vidas de santos o historias de héroes antiguos, romanos o no, y sos­tiene piadosos coloquios con otras personas. Es mo­derado y sencillo; habla poco y las más de las veces sobre Dios, los santos, la virtud o la caballería. También ha inculcado a todos sus servidores la devo­ción y la decencia y les ha quitado la costumbre de maldecir. Es un celoso defensor del noble y casto culto a la mujer… Con tales colores de piedad y con­tinencia, sencillez y fidelidad se pintaba entonces la bella imagen del caballero ideal» (Huizinga 103).

Las Órdenes de caballería realizaron en forma comunitaria y bajo reglas los ideales de la caballería medieval, con una especial profundización de sus motivaciones religiosas. Así nace, por ejemplo, la Orden de Santiago, en la que los caballe­ros-monjes, con sus mujeres e hijos, unen la vida laical y religiosa, profesan una Regla de vida, y se vin­culan por votos a guardar obediencia, pobreza y castidad conyugal –rasgo éste peculiar de la Orden de San­tiago, pues las otras Órdenes no admitían casados– (Derek W. Lomax, La Orden de Santiago [1170-1275], CSIC, Madrid 1965, 90-100).

 

La Orden militar de los Templarios nace en Francia, y poco después es aprobada por la Santa Sede en el concilio de Troyes (1128), en buena parte por la recomendación de San Bernardo. A ruegos del primer gran maestre de la Orden, escribe San Bernardo un tratadito De la excelencia de la Nueva Milicia (1132-1136 ?). «Éste es el nuevo género de milicia no conocido en los siglos pasados, en el que se dan a un mismo tiempo dos combates con un valor invencible: contra la carne y la sangre [por la vía ascética y sacramental] y contra los espíritus malignos que están esparcidos por el aire» [mediante las armas que impugnan a quienes oprimen en Tierra Santa a los cristianos]. Estos caballeros son dichosos en la vida y en la muerte. Son felices entregando su vida por el honor de Cristo y el bien de los cristianos. Y aún son más dichosos si en este empeño heroico mueren por Cristo.

 

Los grandes teólogos medievales aprueban con entu­siasmo este género de vida. Santo Tomás, por ejemplo, enseña que «muy bien puede fundarse una Orden religiosa para la vida militar, no con un fin temporal, sino para la de­fensa del culto divino, de la salud pública o de los pobres y oprimidos» (STh II-II, 188,3.

La crisis, sin embargo, que afecta el final de la Edad Media oscurece un tanto el ideal caballeresco, que va perdiendo la nobleza del ascetismo cristiano, y adquiere a veces ciertos rasgos un tanto paga­nos, que anticipan en cierto modo el estilo del caba­llero renacentista. De esta época del ideal caballeresco en decadencia eran aquellos libros de caballería que hicieron «mucho daño» a Santa Teresa.

 

Existió la Cristiandad. He dedicado varios artículos (178-184)a considerar en la Edad Media la vida cristiana en su relación con el mundo secular, una relación semejante y al mismo tiempo diversa en los religiosos y los laicos, pero que logra establecer una cultura cristiana, un mundo evangelizado, unas coordenadas mentales, sociales y espirituales inspiradas en el Evangelio de Cristo, el Panto-crator de las grandiosas catedrales medievales. También aquí podrá ayudarnos mucho el P. Sáenz, con su libro La Cristiandad. Una realidad histórica (Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2005, 219 pgs.)

 

Aunque recientemente, al elaborarse la nueva Constitución Europea, fuerzas laicistas y masónicas hayan puesto todo su empeño en negar las raíces cristianas de Europa, es un dato histórico evidente que el Evangelio impregnó profundamente el mundo secular de Europa durante un milenio de Cristiandad. Como también es evidente que de las huellas formidables de aquel mundo procede la mayor parte de la verdad, bondad y belleza que aún existen en Occidente, sin que los muchos horrores culturales, sociales y estéticos traídos por la apostasía moderna hayan logrado su destrucción total. Éste ha sido el juicio histórico de los Papas.

 

León XIII: «Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad. La religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde, y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. El sacerdocio y el imperio vivían unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado de este modo, el Estado produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de estos beneficios, y quedará vigente en innumerables monumentos históricos, que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer» (enc. Inmortale Dei, 1-XI-1885, 9).

 

San Pío X: «No, la civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe, es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos, contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad» (Cta. apt. Notre Charge Apostolique, 25-VIII-1910, 11).

 

Pablo VI, concretamente, sobre la Italia medieval: «No olvidamos los siglos durante los cuales el Papado vivió su historia, defendió sus fronteras, guardó su patrimonio cultural y espiritual, educó a sus generaciones en la civilización, en las buenas costumbres, en la virtud moral y social, y asoció su conciencia romana y sus mejores hijos a la propia misión universal [del Pontificado]» (Disc. al Presid. Rep. Italia, 11-I-1964).

 

Benedicto XVI, lo mismo que Juan Pablo II, ya desde antes de ser elegido Papa, ha hecho grandes esfuerzos para preservar en la conciencia de los europeos, y también en los textos de la nueva Constitución Europea, el reconocimiento del Cristianismo en la fisonomía verdadera de su identidad histórica. Siendo todavía Cardenal Ratzinger, en el libro Una mirada a Europa (1991), en el estudio Libertad y verdad (1995), en la conferencia Europa, política y religión (Berlín 2000 y Roma 2004), como también en una conferencia en Subiaco (2005), mostró claramente que la pretensión de fundamentar Europa únicamente sobre la Ilustración, negando sus raíces cristianas, era una desfiguración de la identidad histórica europea. La filosofía racionalista y positivista de la Ilustración es una mutilación de la razón humana. Y la afirmación de una libertad desvinculada de la verdad acaba anulando la libertad personal y colectiva. Pero, en fin, ya trataremos del tema en su momento. Ahora estamos examinando la Cristiandad, y concretamente la Edad Media.

 

José María Iraburu, sacerdote

 

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«Yihad» y «cruzada»: Guerras santas asimétricas

 

Entrevista con Marco Meschini, historiador medievalista

MILÁN, miércoles, 13 junio 2007.- No puede confundirse «yihad» con cruzada. Son guerras «santas» pero no son lo mismo. Lo explica el historiador Marco Meschini en su nuevo libro en italiano, publicado tras el famoso discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, «La yihad y la cruzada» («Il yihad e la crociata» Ares).

Marco Meschini es historiador medievalista y profesor de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán. En esta entrevista concedida a Zenit, aclara conceptos fundamentales para comprender la diferencia entre «yihad» y «cruzada»: mientras la «yihad» es esencial para el Islam, la cruzada no lo es para el cristianismo.

--¿En qué sentido la «yihad» y la cruzada son «guerras santas»?

--Meschini: Por «guerra santa» entendemos una guerra con dos elementos característicos: para quien se adhiere a ella, es una guerra dirigida por Dios y promovida por sus legítimos representantes; en segundo lugar, participar en ella abre las puertas del Paraíso.

En el caso de la «yihad» se debe recordar un pasaje coránico fundamental: «¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!» (9, 29). Es Alá quien quiere la «yihad», Alá es santo, por tanto la «yihad» es santa, una guerra santa.

Por lo que se refiere al segundo aspecto --la entrada en el Paraíso--, hay que recordar un «hadit» (un dicho de Mahoma con valor normativo): «Sabed que el Paraíso está a la sombra de las espadas».

Además, el «muyahid», el «combatiente de la yihad», en caso de muerte es considerado un «mártir», «shahid», «testigo», el mismo sentido literal de la palabra griega «martyr», «mártir». Es considerado tan santo que su cuerpo no debe ser lavado antes de la inhumación, como prescribiría la ley islámica, y puede incluso traspasar parte de la propia santidad a los parientes.

--Usted sin embargo considera que «cruzada» y «yihad» son «asimétricas». ¿Qué las distingue?

--Meschini: También la cruzada --para los cristianos de la Edad Media-- era querida por Dios, en el sentido de que los Papas la predicaron, ligándola a la remisión de las penas y los pecados cometidos por los participantes. Y el grito de batalla de los cruzados era: «¡Dios lo quiere!».

Una primera asimetría es sin embargo justamente ésta: la «yihad» abre directamente las puertas del Paraíso, la cruzada no, porque se entiende como parte del proceso que puede conducir al hombre pecador a Paraíso.

Pero hay sin embargo otras asimetrías más grandes.

Sobre todo, la «yihad» es tanto defensiva como agresiva, es decir, instrumento de difusión de la religión islámica que –recordémoslo-- significa «sumisión» a Alá.

La cruzada en cambio nació sólo después de más de un milenio de cristianismo y con un objetivo limitado: recuperar Jerusalén y la Tierra Santa, injustamente ocupadas por los musulmanes.

Pero hay que añadir que, en el curso de una historia plurisecular, hubo también cruzadas de expansión, aunque sin que la idea original se perdiera completamente.

--Usted, además, considera que la «yihad» es coesencial al Islam, y afirma que la «cruzada» no lo es para el cristianismo.

--Meschini: Es la asimetría más radical. Como he dicho, la guerra santa es una prescripción coránica --y el Corán es la Palabra de Alá, eterna e inmutable-- practicada por Mahoma y dotada de toda una serie de reglas accesorias.

Todavía hoy, para todos los islámicos, la «yihad» es el «sexto pilar» del Islam, es decir uno de los preceptos que constituyen la identidad de su religión.

Viceversa, no existe ningún texto sagrado cristiano que hable de una guerra semejante, ni el modelo que es Cristo la prevé, ¡al contrario! Por esto la cruzada, ciertamente surgida en un contexto cristiano, no es necesario que se repita en otros contextos cristianos; ni, sobre todo, tiene nada que ver con el «kerigma», el «núcleo» de la revelación cristiana.

--¿Hablar de «yihad» y cruzadas hoy no entraña el riesgo de hacer más difícil el diálogo entre cristianismo e islam?

--Meschini: ¿Cuál es objetivo del diálogo? Yo pienso que conocerse mejor y, si es posible, llegar a un nivel superior de verdad. Por tanto, la verdad o al menos la honestidad intelectual es una premisa, o más bien una condición irrenunciable del diálogo.

Por esto he querido desenmascarar a algunos comentaristas que, tras contorsiones verbales, tratan de camuflar la verdad histórica, jurídica y teológica ligada al tema de la «yihad».

--¿Qué quería decir el Papa en Ratisbona cuando habló del discurso de Manuel II Paleólogo sobre estos temas?

--Meschini: Benedicto XVI fue muy claro: la fe y la verdad se pueden proponer y difundir sólo de intelecto a intelecto y de corazón a corazón, en un mutuo intercambio de razón y credo.

Y por tanto expandir la propia religión «con la espada» es una monstruosidad antitética al «Logos», a la Razón, es decir a Dios. Y la violenta reacción de tantos a sus palabras fue --dramáticamente-- una involuntaria pero «perfecta» respuesta de confirmación a su discurso.

 

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Viviendo en un mundo en el que la mayoría tiene razón, bueno, pues si conseguimos que la mayoría vote que ahora es de noche, pues es de noche, es un absurdo, claro. Nunca la mayoría ha tenido razón, es absolutamente imposible que las mayorías tengan razón. Las mayorías son las beneficiarias de lo que minorías crean. ¿Cuántos santos hay?, pocos. ¿Y cuántos sabios? Muy pocos. Pero ellos son los que tienen el deber de trabajar en beneficio de la sociedad y la sociedad recoge los buenos resultados de ello. Ahora, eso se niega: “No, la mayoría tiene razón”, bueno, pues la mayoría quiere que ahorquen al árbitro de fútbol porque ha perdido su equipo.

 

La regla de mayoría no es razón.  La mayoría no sustituye la razón.

 

El apoyo mayoritario, momentáneo, a opciones políticas que apoyan el asesinato por aborto, la manipulación genética, el reconocimiento y la potenciación de las aberraciones sexuales, la ruptura familiar y la explotación laboral, que cercena la libertad educativa y favorece la desintegración social y nacional, dentro de un marco de totalitarismo legal con ilimitación jurídica, no legitima sus acciones, aunque éstas sigan cauces legales.

 

«No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad». Aristóteles

 

Contra la manipulación histórica, el rigor de los que saben.

 

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P. Maurice Borrmans, M.Afr., Profesor emérito del Pontificio Instituto de Estudios Árabes y de Islamística, presentó un cuadro completo (numérica y geográficamente) y detallado (estadísticamente) de las dimensiones actuales “de la ‘convivencia’ en los países con una población musulmana mayoritaria y presencias cristianas minoritarias, antiguas o recientes”. Según el P. Borrmans, para el futuro, la posibilidad de tal ‘convivencia’ se hace precaria por los choques entre las distintas facciones y por los atentados terroristas de los últimos años. De hecho, – afirmó él – “las minorías son siempre las que corren el riesgo de volverse ‘chivos expiatorios’ debido a las fáciles generalizaciones y a las amalgamas simplistas que hacen revivir antiguos prejuicios y sueños de cruzadas o de jihâd”. El mundo islámico no es monolítico. La movilidad humana ha renovado las problemáticas de las convivencias. De ello se desprende una relación original, y a veces contradictoria, entre religión, cultura, Estado y ordenamiento jurídico, tanto más en cuanto que al acoger la modernidad, la democracia y la laicidad, cada país realiza una síntesis completamente contextualizada. V.2006

 

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Batalla de: Najera

 

AFIRMAN algunos filósofos que siempre han sabido de casi todo, que el pasado únicamente existe en la memoria de cada uno. Y que es la propia memoria, asistida por gozos o desgracias, la que de pronto y sin pedir permiso alguno, nos presenta el ayer, cercano o lejano, dibujado con rasgos positivos o negativos. Y es bastante probable que de ahí provenga el absoluto aserto sobre lo mejor o peor de «cualquier tiempo pasado», que aparece tan bien pronto hasta en nuestra literatura y como conclusiones avaladas por prestigiosas plumas. Bien puede que todo sea así. Lejos de la pretensión de entrar en estos párrafos, no escritos precisamente para la discusión filosófica, en tema de tan alto rango. Desde una posición mucho más modesta, lo único que me atrevo a afirmar es que, en este asunto, algo tiene que ver también lo posterior. Lo que a cada uno ha acaecido después del pasado ayer. Y en el terreno de la historia y de la política, sobre todo, la forma, objetiva o manipulada, como se nos ofrezca «lo que pasó». Aquí las manos y los intereses de los humanos campean como quieren. Por ello, la insoslayable necesidad de buen guía cuando uno aspira a adentrarse en el infierno, purgatorio o paraíso de cualquier país. Ya se sabe lo de contar la feria...

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Por cierto y pese a los cambios, la gran imagen del Padre-Dictador Mao sigue estando, para veneración y recuerdo, en la famosa Plaza por la que tanta sangre había corrido. Y es «curioso»: cuando ahora se quieren recordar víctimas del siglo XX, ni Mao, ni Stalin merecen castigo. Los «eliminados» por el primero y el Archipiélago Gulag obra del segundo no han debido de existir nunca. MMVIII

 

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HISTORIADORES QUE HACEN CAER MITOS

El historiador Franco Cardini

sale al paso de algunos errores

 


La polémica sobre las Cruzadas no se aplaca. Que en este año se celebre el 900 aniversario de la primera Cruzada se ha convertido a los ojos de una cierta publicística anticatólica un argumento para desacreditar a la Iglesia y sus enseñanzas.

Han aparecido artículos en los que las Cruzadas se describen como guerras santas, las masacres de los judíos que tuvieron lugar en aquella ocasión, como la antesala del holocausto. La Iglesia ha sido acusada de haber siempre tratado de eliminar a los adversarios en nombre de la ortodoxia. «La Repubblica», el segundo periódico por difusión en Italia, ha escrito que «los francos masacraron a setenta mil personas en una mezquita», lo que debería hacer suponer que la mezquita era tan grande como un moderno estadio de fútbol.

Para tratar de evitar tonterías y errores, el historiador Franco Cardini, profundo conocedor de los acontecimientos medievales, ha escrito un artículo en «Avvenire» de hoy con el título «Cruzadas, no guerras de religión».

El profesor Cardini explica que la interpretación de las Cruzadas como antecedentes de las guerras de religión y de las guerras ideológicas, ha sido sostenida en los ambientes iluministas. Se trata de una polémica ampliamente malentendida y de pretexto.

Según el profesor Cardini, «las Cruzadas no han sido nunca "guerras de religión", no han buscado nunca la conversión forzada o la supresión de los infieles. Los excesos y violencias realizados en el curso de las expediciones --que han existido y no se deben olvidar-- deben ser evaluados en el marco de la normal aunque dolorosa fenomenología de los hechos militares y siempre teniendo presente que alguna razón teológica los ha justificado. La Cruzada corresponde a un movimiento de peregrinación armado que se afirmó lentamente y se desarrolló en el tiempo --entre el siglo XI y el XIII-- que debe ser entendido insertándolo en el contexto del largo encuentro entre Cristiandad e Islam que ha producido resultados positivos culturales y económicos. ¿Cómo se justifica si no el dato de frecuentes amistades e incluso alianzas militares entre cristianos y musulmanes en la historia de las Cruzadas?».

Para confirmar sus tesis el profesor Cardini recuerda la contribución de San Bernardo de Claraval (1090-1153) que contra la caballería laica, como aquella del siglo XII formada por gente ávida, violenta y amoral, propuso la constitución de «una nueva caballería» al servicio de los pobres y de los peregrinos. La propuesta de San Bernardo era revolucionaria, una nueva caballería hecha de monjes que renunciase a toda forma de riqueza y de poder personal y que incluso en la guerra aprendiese que al enemigo se lo puede incluso matar, cuando no haya otra opción, pero que no se le debe odiar. De aquí la enseñanza de no odiar ni siquiera en la batalla.

La Cruzada entendida como «guerra santa» contra los musulmanes, también sería según Cardini una exageración. «En realidad --subraya el profesor-- lo que interesaba en las expediciones al servicio de los hermanos en Cristo, amenazados por los musulmanes, era la recuperación de la paz en Occidente y la puesta en marcha de la idea de socorro a los correligionarios lejanos. La Cruzada significaba reconciliarse con el adversario antes de partir, renunciar a la disputa y a la venganza, aceptar la idea del martirio, ponerse a sí mismos y los propios haberes a disposición de la comunidad de los creyentes, proyectarse en un experiencia a la luz de la cual, por un cierto número de meses y quizá de años, se pondría el seguimiento de Cristo y la memoria del Cristo viviente en la tierra que había sido el teatro de su existencia terrena en el culmen de la propia experiencia». Zenit org.

 

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Jerusalén no es una ciudad cualquiera. Para judíos, cristianos y musulmanes tiene un significado especial. De ahí que la Santa Sede haya luchado siempre porque se le conceda un estatuto especial y la negativa de la ONU, cuando la constitución del moderno estado de Israel, a que la convirtieran en capital.

 

Esa importancia, porque ahí estaba el Templo de la religión judía, es donde murió y resucitó Jesucristo y donde dicen los musulmanes* que Mahoma fue elevado al cielo, hace de Jerusalén una ciudad totalmente especial.

 

*La relación judía y cristiana con Jerusalén es histórica y documentada, la mahometana es cuestión de una creencia. [La ocupación violenta con injurias, desprecios y los ultrajos a los lugares más santos de los cristianos, fueron algunas de las motivaciones por liberar Jerusalén del ocupante musulmano]. MMVI.

 

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas, en cumplimiento de un solemne voto, para liberar los Lugares Santos de la dominación mahometana. El origen de la palabra remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas.

 

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Es sabido que quien manipula las palabras busca manipular el pensamiento.

 

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El problema de la convivencia cívica, y el de la convivencia entre personas de diferentes creencias religiosas, tradiciones culturales, etc., es un problema real, en todo tiempo y de modo especial en la época contemporánea. Pretender resolverlo postulando la separación programática entre política y religión es condenarse a hacerlo insoluble, ya que es .precisamente el reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre lo que lleva a fundamentar radicalmente la trascendencia de la persona y, por tanto, a poner de relieve la necesidad del respeto a la intimidad de las conciencias y los consiguientes límites de toda autoridad estatal (cfr. Conc. Vaticano II, Declaración Dignitatis humanae, 1-3).´

 

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Descartemos cualquier tentación de pura autodefensa, porque la comunicación de la fe se dirige “no sólo a los que escuchan al mensajero, sino también a los que lo ignoran o rechazan”. MMVI

 

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ISLAM: lo que lo define es la conquista del poder mezclado con un elemento religioso. La ideología marxista hacía lo mismo, sólo que ésta rechazaba a Dios.

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Sabios no tan sabios. Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Los historiadores distinguen tres inquisiciones: la medieval, ejercida por los obispos locales, o por la Santa Sede con carácter puntual y esporádico (por ejemplo, la Cruzada contra los Albigenses); la española (y más tarde, por imitación, la portuguesa), creada a finales de 1400 por los Reyes Católicos con el beneplácito y bulas papales, con actuación restringida al territorio de la Corona española (y Portuguesa), o sea, también en América y en los territorios europeos (en particular italianos) dependientes de ella; y una tercera inquisición, la romana, la más moderna, fundada por el Papa Pablo III en 1542 e inspirada en el modelo centralista español, pero con ámbito teóricamente universal.

Y permanecen todas las otras ‘inquisiciones’ ejercidas por poderes - político como religioso - a ejemplo, la protestante, tan cruel en algunas zonas de Europa.. 

 

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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TOLERANCIA CERO.

 

La tolerancia consiste en permitir la discrepancia, no en castigar al discrepante.  -  Y es que no andan muy claras las ideas sobre lo que significa la tolerancia. Consiste en permitir y respetar las opiniones, ideas, creencias y formas de vida distintas de las nuestras. De hecho, surgió en el Occidente moderno para detener los desastrosos efectos de las luchas de religión, de manera que se permitiría que cada cual profesara la que tuviera por conveniente o propia, sin interferencias o imposiciones. Por ejemplo, cabe discutir si hay que tolerar o no la publicación de opiniones o ideas racistas, pero no cabe ni siquiera hablar de tolerancia sobre la práctica del descuartizamiento de semejantes o los asesinatos en serie. No tolerar la quema de bosques suena un poco ridículo, más que nada porque es imposible tolerarla.

Nadie atenta contra el derecho de los demás al discrepar. La tolerancia consiste en permitir la discrepancia, no en castigar al discrepante. Quizá haya que tener «tolerancia cero» con la intolerancia. 2004.

 

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Thomas Madden, historiador estadounidense, desenmascara los mitos 


SAN LUIS (Missouri) , lunes, 25 octubre 2004 -Los cruzados no eran ávidos depredadores o colonizadores medievales, como afirman algunos libros de historia, afirma un experto al concluir un estudio con nuevas revelaciones.

Thomas Madden, profesor asociado de la Facultad de Historia de la Universidad de San Luis (Estados Unidos) y autor de «A Concise History of the Crusades» («Breve Historia de las Cruzadas»), sostiene que los cruzados representaban una fuerza defensiva que no aprovechaba las propias empresas para ganar con ello riquezas terrenas o territorios.

Madden ha recorrido con Zenit los mitos más difundidos sobre los cruzados y los nuevos descubrimientos históricos que los privan de fundamento.

--¿Cuáles son los errores historiográficos más comunes sobre las cruzadas y sobre los cruzados?

--Madden: Algunos de los mitos más comunes y las razones de su falta de fundamento son los siguientes:

Mito número 1: Las cruzadas eran guerras de agresión no provocadas contra un mundo musulmán pacífico.

Esta afirmación es completamente errónea. Desde los tiempos de Mahoma, los musulmanes habían intentado conquistar el mundo cristiano. E incluso habían obtenido éxitos notables. Tras varios siglos de continuas conquistas, los ejércitos musulmanes dominaban todo el norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y gran parte de España.

En otras palabras, a finales del siglo XI, las fuerzas islámicas habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano. Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, donde nace el cristianismo monástico; Asia Menor, donde san Pablo había plantado las semillas de las primeras comunidades cristianas. Estos lugares no estaban en la periferia de la cristiandad sino que eran su verdadero centro.

Y los imperios musulmanes no acababan allí. Siguieron expandiéndose hacia Occidente, hacia Constantinopla y más allá llegando hasta los mismos confines de Europa. Las agresiones provenían por tanto de la parte musulmana. Llegados a un cierto punto, la parte que quedaba del mundo cristiano no tenía más remedio que defenderse, si no quería sucumbir bajo la conquista islámica.

Mito número 2: Los cruzados llevaban crucifijos pero lo único que les interesaba era conquistar riquezas y tierras. Sus intenciones piadosas eran sólo una cobertura bajo la que se escondía una avidez rapaz.

Hace tiempo, los historiadores afirmaban que en Europa se había producido un aumento demográfico que llevó a un número excesivo de nobles segundones, adiestrados en las artes de la guerra caballeresca pero privados de la herencia de tierras feudales. Las cruzadas por tanto eran vistas como una válvula de escape que impulsaba a estos hombres guerreros a salir de Europa, hacia tierras por conquistar a expensas de otros.

La historiografía moderna, con la ayuda de la llegada de las bases de datos computerizadas, ha destruido este mito. Hoy sabemos que eran más bien los primogénitos de Europa los que respondieron al llamamiento del Papa en 1095 y a la consiguiente Cruzada.

Ir a una cruzada era una operación muy costosa. Los señores se veían obligados a vender o hipotecar las propias tierras para conseguir los fondos necesarios. Muchos de ellos, además, no tenían interés en constituir un reino de ultramar. Más o menos como los soldados de hoy, los cruzados medievales se sentían orgullosos de cumplir con su deber, pero al mismo tiempo deseaban volver a casa.

Tras los éxitos espectaculares de la primera cruzada, con la conquista de Jerusalén y de gran parte de Palestina, prácticamente todos los cruzados volvieron a casa. Sólo una mínima parte se quedó para consolidar y gobernar los nuevos territorios.

Asimismo el botín era escaso. Aunque los cruzados hubieran soñado con grandes riquezas en las opulentas ciudades orientales, prácticamente casi ninguno logró ni siquiera recuperar los gastos. Sin embargo, el dinero y la tierra no eran el motivo para lanzarse a la aventura de una cruzada. Iban a expiar los pecados y ganarse la salvación mediante las buenas obras en una tierra lejana.

Afrontaban gastos y fatigas porque creían que, yendo a socorrer a sus hermanas y hermanos cristianos en Oriente, habrían acumulado riquezas donde ni el orín ni la polilla las corroen.

Eran bien conscientes de la exhortación de Cristo, según la cual, quien no toma su cruz no es digno de Él. Recordaban también que «nadie tiene un amor más grande que quien da la vida por los amigos».

Mito número 3: Cuando los cruzados conquistaron Jerusalén, en 1099, masacraron a todos los hombres, mujeres y niños de la ciudad, hasta inundar las calles de sangre.

Esta es una de las historias preferidas por quien quiere demostrar la naturaleza malvada de las cruzadas.

Ciertamente es verdad que muchas personas en Jerusalén encontraron la muerte después que los cruzados conquistaran la ciudad. Pero este aspecto se debe considerar en el contexto histórico.

El principio moral aceptado en todas las civilizaciones europeas o asiáticas premodernas era que una ciudad que se había resistido a la captura y había sido tomada por la fuerza, pertenecía a los vencedores. Y esto no incluía sólo los edificios y los bienes, sino los habitantes. Por esta razón, cada ciudad o fortaleza tenía que sopesar cuidadosamente si podía permitirse resistir a los sitiadores. Si no, era más sabio negociar los términos de la rendición.

En el caso de Jerusalén, se intentó la defensa hasta el último momento. Se calculaba que las formidables murallas de la ciudad habrían detenido a los cruzados hasta la llegada de una fuerza proveniente de Egipto. Pero estaban en un error. Y cuando la ciudad cayó, fue saqueada. Se dio muerte a muchos habitantes pero otros muchos fueron rescatados o liberados.

Según el criterio moderno, esto puede parecer brutal. Pero un caballero medieval podría hacer notar que un número mucho mayor de hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada día mediante las modernas técnicas de guerra, comparados con el número de personas que podían caer bajo la espada durante uno o dos días. Hay que observar que en las ciudades musulmanas que se rindieron a los cruzados, la gente no fue atacada. Se incautaban sus propiedades y se les dejaba libres de profesar la propia fe.

Mito número 4: Las cruzadas eran una forma de colonialismo medieval revestido de oropeles religiosos.

Es importante recordar que, en la Edad Media, Occidente no era una cultura poderosa y dominante que se aventuraba en una región primitiva y retrasada. En realidad quien era potente, acomodado y opulento era el Oriente musulmán. Europa era el Tercer Mundo.

Los Estados Cruzados, fundados tras la primera cruzada, no eran nuevos asentamientos de católicos en un mundo musulmán, semejantes a las colonizaciones británicas en América. La presencia católica en los estados cruzados era siempre muy reducida, en general inferior al 10% de la población. Eran gobernantes y magistrados, comerciantes italianos y miembros de las órdenes militares. La gran mayoría de la población de los estados cruzados era musulmana.

No eran por tanto colonias en el sentido de plantaciones o fábricas, como en el caso de la India. Eran puestos de avanzadilla. La finalidad última de los estados cruzados era defender los santos lugares en Palestina, especialmente Jerusalén, y proporcionar un ambiente seguro para los peregrinos cristianos que visitaban aquellos lugares.

No había un país de referencia de los Estados cruzados con el que pudieran mantener relaciones económicas, ni los europeos obtenían beneficios económicos de estos estados. Por el contrario, los gastos de las cruzadas para mantener el Oriente latino gravaban fuertemente sobre los recursos europeos. Como posiciones de vanguardia, los Estados cruzados tenían un carácter militar.

Mientras los musulmanes combatían entre ellos, los estados cruzados estaban a salvo pero, cuando los musulmanes se unieron, fueron capaces de derrumbar las fortificaciones, tomar las ciudades, y en 1291 expulsar completamente a los cristianos.

Mito número 5: Las cruzadas se hicieron también contra los judíos.

Ningún Papa ha lanzado jamás una cruzada contra los judíos. Durante la primera cruzada, una numerosa banda de malhechores, no pertenecientes al ejército principal, invadieron las ciudades de Renania y decidieron depredar y asesinar a los judíos que allí residían. Esto se produjo en parte por pura avidez y en parte por una errónea concepción por la que los judíos, en cuanto responsables de la crucifixión de Cristo, eran objetivos legítimos de la guerra.

El Papa Urbano II y los Papas sucesivos condenaron enérgicamente estos ataques contra los judíos. Los obispos locales y los otros eclesiásticos y laicos trataron de defender a los judíos aunque con poco éxito. De modo parecido, durante la fase inicial de la segunda cruzada, un grupo de renegados asesinó a muchos judíos en Alemania, antes de que San Bernardo lograra alcanzarlos y detenerlos.

Estas desviaciones del movimiento eran un indeseado subproducto del entusiasmo de las cruzadas pero no eran el objetivo de las cruzadas. Para usar una analogía moderna, durante la segunda guerra mundial algunos soldados estadounidenses cometieron crímenes mientras se encontraban en ultramar. Fueron arrestados y castigados por tales crímenes pero el motivo por el que habían entrado en guerra no era el de cometer crímenes. ZS04102509

 

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Habla el historiador estadounidense Thomas Madden

SAN LUIS (Missouri), martes, 26 octubre 2004 - La actual tensión entre Occidente y los países musulmanes tiene muy poco que ver con las Cruzadas, dice el historiador Thomas Madden, profesor asociado de la Facultad de Historia de la Universidad de San Luis (Estados Unidos) y autor de «A Concise History of the Crusades» («Breve Historia de las Cruzadas»).

Afirma que, desde la perspectiva musulmana, a las Cruzadas no se les dió tanta importancia. La cosa cambió cuando, en el siglo XIX, los revisionistas empezaron a reconsiderar las Cruzadas como guerras imperialistas

--¿Piensa que la lucha entre Occidente y el mundo musulmán es en cierto modo una reacción a las Cruzadas?

--Madden: No. Puede parecer una extraña respuesta si consideramos que Osama Bin Laden y otros islamistas a menudo se refieren a los estadounidenses como «Cruzados».

Es importante recordar que durante la Edad Media, en realidad hasta finales del siglo XVI, la superpotencia del mundo occidental era el Islam. Las civilizaciones musulmanas gozaban de gran bienestar, eran sofisticadas e inmensamente poderosas. Lo que hoy llamamos Occidente era atrasado y relativamente débil.

Hay que hacer notar que, con la excepción de la Primera Cruzada, prácticamente el resto de las Cruzadas lanzadas por Occidente --y hubo centenares-- no tuvieron éxito.

Las Cruzadas pueden haber frenado el expansionismo musulmán pero de ningún modo lo detuvieron. El imperio musulmán continuó expandiéndose hacia territorios cristianos, conquistando los Balcanes, gran parte de la Europa del Este e incluso la mayor ciudad cristiana del mundo, Constantinopla.

Desde la perspectiva musulmana, no tuvieron tanta importancia. Si usted le hubiera preguntado a alguien del mundo musulmán por las Cruzadas en el siglo XVIII, no sabría nada del tema. Eran importantes para los europeos porque fueron esfuerzos masivos que fracasaron.

Sin embargo, durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a conquistar y colonizar países de Oriente Medio, muchos historiadores --especialmente escritores franceses nacionalistas o monárquicos-- empezaron a denominar a las Cruzadas como el primer intento de Europa por llevar los frutos de la civilización occidental al mundo musulmán atrasado. En otras palabras, las Cruzadas fueron transformadas en guerras imperialistas.

Estas historias se enseñaban en las escuelas coloniales y se convirtieron en el punto de vista normalmente aceptado en Oriente Medio y más allá. En el siglo XX, el imperialismo fue desacreditado. Islamistas y algunos nacionalistas árabes asumieron la visión colonial de las Cruzadas, denunciando que Occidente era responsable de su miseria porque había depredado a los musulmanes desde las Cruzadas.

Se dice a menudo que la gente en Oriente Medio tiene una memoria duradera; es verdad. Pero en el caso de las Cruzadas, tiene una memoria reconstruida, fabricada por sus conquistadores europeos.

--¿Hay semejanzas entre las Cruzadas y la actual guerra contra el terrorismo?

--Madden: Junto al hecho de que los soldados de ambas guerras deseaban servir a alguien más grande que ellos mismos y que deseaban volver a casa en cuanto acabaran, no veo otras semejanzas entre los cruzados medievales y la guerra contra el terror. Las motivaciones de la sociedad secular de después de la Ilustración son muy diferentes a las del mundo medieval.


--¿En qué se diferencias las Cruzadas de la yihad islámica o de otras guerras de religión?

--Madden: El objetivo fundamental de la yihad (guerra santa) es extender el «Dar al-Islam» (la Morada del Islam). En otras palabras, la yihad es expansionista, busca conquistar a los no musulmanes e imponerles el régimen musulmán.

A quienes son conquistados se les da una sola posibilidad. Para los que no son del Pueblo del Libro --en otras palabras, los que no son cristianos o judíos-- la única opción es convertirse al Islam o morir. Para los que pertenecen al Pueblo del Libro, la opción es someterse al régimen musulmán y a la ley islámica o morir. La expansión del Islam, por tanto, estaba directamente ligada al éxito militar de la yihad.

Los cruzados eran otra cosa. Desde sus inicios la Cristiandad ha siempre prohibido la conversión forzada de cualquier tipo. La conversión por la espada, por consiguiente, no era posible para la Cristiandad. Al contrario de la yihad, el objetivo de los Cruzados no era extender el mundo cristiano ni ensanchar la Cristiandad mediante conversiones forzadas.

Los cruzados eran una respuesta directa y relacionada con los siglos de conquistas musulmanas de tierras cristianas. El acontecimiento que hizo estallar la Primera Cruzada fue la conquista turca de toda Asia Menor de 1070 a 1090.

La Primera Cruzada fue convocada por el Papa Urbano II en 1095 en respuesta a una urgente petición de ayuda del emperador bizantino de Constantinopla. Urbano hizo un llamamiento a los caballeros de la Cristiandad para que acudieran a ayudar a sus hermanos de Oriente.

Asia Menor era cristiana. Formaba parte del imperio bizantino y fue en primer lugar evangelizada por San Pablo. San Pedro fue el primer obispo de Antioquia. Pablo escribió su famosa carta a los cristianos de Éfeso. El credo de la Iglesia fue redactado en Nicea. Todos estos lugares están en Asia Menor.

El emperador bizantino suplicó a los cristianos de Occidente ayuda para recuperar estas tierras y expulsar a los turcos. Las Cruzadas fueron esta ayuda. Su objetivo, sin embargo, no era sólo reconquistar Asia Menor sino recuperar otras tierras antiguamente cristianas perdidas a causa de las yihads islámicas. Incluida la Tierra Santa.

En pocas palabras, por tanto, la mayor diferencia entre Cruzada y yihad es que la primera fue una defensa contra la segunda. Toda la historia de las Cruzadas en Oriente es una respuesta a la agresión musulmana.

--¿Tuvieron algún éxito los cruzados en convertir al mundo musulmán?

--Madden: Quiero hacer notar que en el siglo XIII algunos franciscanos iniciaron una misión en Oriente Medio para tratar de convertir a los musulmanes. No tuvieron éxito, en gran parte porque la ley islámica castiga la conversión a otra religión con la pena capital.

Este intento, sin embargo, era una cosa distinta de las Cruzadas que no tenían nada que ver con la conversión. Y fue un intento de persuasión pacífico.

--¿Cómo asimiló la Cristiandad su derrota en las Cruzadas?

--Madden: De la misma manera que los judíos del Antiguo Testamento. Dios negó la victoria a su pueblo porque era pecador. Esto llevó a un movimiento devocionista de gran escala en Europa, cuyo objetivo era purificar totalmente la sociedad cristiana. ]ZS04102620

 

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Jihad, y las cruzadas

 

Entrevista con el historiador Jean Flori


CARNAC, jueves, 13 mayo 2004 - Aunque aparentemente no se vean las diferencias, no es lo mismo ni mucho menos las cruzadas medievales, o la guerra santa o jihad islámica, constata un historiador.

Jean Flori (Lillebonne, 1936), medievalista, director de investigación en el CNRS (Centro Nacional de Investigación Sociológica) y del Centro de Estudios Superiores de Civilización Medieval de Poitiers (Francia), es autor de «La Guerra santa. La formación de la idea de cruzada en el Occidente Cristiano», editado por
Editorial Trotta y por la Universidad de Granada.

Ante la pregunta sobre si es posible comparar las cruzadas con la jihad islámica, el profesor Flori responde en declaraciones a Zenit: «Es una cuestión difícil de tratar en pocas palabras. Podría responder que, no si se trata de la jihad contemporánea tal y como es predicada y lamentablemente practicada por los musulmanes fanáticos que nosotros llamamos "islamistas"».

«En efecto, estos asumen una política de terror ciego y golpean indiscriminadamente poblaciones occidentales, sin otro objetivo que la venganza, el odio racial o religioso», reconoce el historiador.

Ahora bien, aclara, «una cruzada, por horrible y condenable que fuera, tenía como objetivo la recuperación y defensa del Santo Sepulcro de Jerusalén, primer lugar santo de la cristiandad, que estaba en manos musulmanas desde el 738 dc.», recuerda.

En cierto sentido, opina, «se puede comparar la cruzada con la jihad» en la Edad Meda, «ya que una y otra dieron lugar a masacres y atrocidades. Una y otra fueron consideradas como guerras santas que procuraban el paraíso a los guerreros en combate».

«Sin embargo, existen diferencias notables --reconoce--.
La jihad ha sido practicada desde el origen por Mahoma, el fundador del islam. Jesús, al contrario, rechaza en sus actos y en su predicación todo recurso a las armas y a la violencia».

«La jihad, en su forma guerrera, se admite desde el origen, en el islam. Fue anterior a la guerra santa cristiana, que fue una desviación doctrinal. La jihad tenía como objetivo la conquista de territorios que no habían sido poblados por el islam, los llamados territorios de la guerra, con el fin de establecer la ley del islam, y no para convertir a sus habitantes».

«La cruzada, en cambio, tenía como fin la reconquista de los lugares santos y de los antiguos territorios cristianos, habitados todavía por numerosas poblaciones cristianas --explica el historiador--. Se podría decir, de manera genérica, que la cruzada sería lo equivalente a una jihad que tuviera como objetivo la liberación de la Meca o de Medina, en caso que estos lugares santos musulmanes hubieran caído en manos de los cristianos».

Hoy, constata Flori, algunos quieren disfrazar la guerra promovida por el presidente George W. Bush con el término de «cruzada» y los islamistas están muy contentos, ya que definen sus objetivos con términos como judíos --denominación racial--, cruzadas --denominación religiosa-- o traidores y tiranos --denominación política--».

«Si en la reacción bélica de la administración Bush hay dimensiones de integrismo religioso, esto es lamentable, pero no se puede asimilar esta guerra a una cruzada, ni a una guerra santa», aclara.

«Esta guerra no se ha predicado en nombre de una religión, ni promete ninguna recompensa espiritual a los que se comprometen en ella. Y estos serían elementos definitorios de guerra santa», subraya.

«Sólo las autoridades religiosas podrían proclamar una guerra santa --concluye--. Una proclamación de este tipo sólo es posible en una sociedad controlada y dirigida por religiosos, como fue el caso de la sociedad cristiana medieval, y como es el caso todavía hoy en estados musulmanes cada vez más numerosos». ZS04051309

 

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Las cruzadas, entre la realidad y la leyenda negra

 

No se aplaca el debate sobre el significado de las Cruzadas. También porque la distancia de final de milenio entre el Occidente y el Islam evoca escenarios sugestivos.

Según el conocido escritor católico Vittorio Messori, sobre las Cruzadas ha sido contruida por los iluministas una «leyenda negra» «como arma de la guerra psicológica contra la Iglesia romana». Messori ha escrito en el «Corriere della Sera», el principal diario italiano, que «es, en efecto, en el siglo XVIII europeo cuando, completando la obra de la Reforma, se establece el rosario de las "infamias romanas", convertido en canónico».

«Por lo que se refiere a las Cruzadas, la propaganda anticatólica inventó incluso el nombre: igual que el término Edad Media, elegido por la historiografía "iluminada" para indicar el paréntesis de oscuridad y fanatismo entre los esplendores de la Antigüedad y los del Renacimiento. Por descontado que quienes, hace novecientos años, asaltaron Jerusalén, se habrían sorprendido bastante si alguno les hubiera dicho que estaban realizando lo que se llamaría "primera Cruzada". Aquello para ellos era itinerario, "peregrinación", recorrido, pasaje. Aquellos mismos «peregrinos armados» se habrían sorprendió aún más si hubieran previsto que les sería atribuida la intención de convertir a los "infieles" o de asegurar vías comerciales a Occidente o de crear "colonias" europeas en Medio Oriente...».

Messori revela que, lamentablemente, «en Occidente, la oscura invención "cruzada" ha acabado por apresar en el sentimiento de culpa a algunos hombres de la misma Iglesia, que no conocen como sucedieron de verdad las cosas». Además, explica Messori, «en Oriente, la leyenda se ha vuelto contra el entero Occidente: pagamos todos --y pagaremos todavía más-- las consecuencias, con el deseo de revancha de las multitudes musulmanas que piden venganza contra el «Gran Satanás». Que no es sólo Estados Unidos, sino la entera cristiandad; aquella, justo, de las "Cruzadas": ¿No son quizá los occidentales mismos quienes insisten en decir que ha sido una terrible, imperdonable agresión contra los píos, devotos, mansos seguidores del Corán?».

«Y sin embargo --revela el conocido escritor-- hay una pregunta que deberemos hacernos: en el marco más que milenario de las relaciones entre Cristiandad e Islam, ¿quién fue el agredido y quién el agresor? Cuando, en el 638, el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era ya desde hacía más de tres siglos cristiana. Poco después, los seguidores del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias primero de Egipto y luego del norte de Africa, llevando a la extinción del cristianismo en los lugares que habían tenido obispos como San Agustín. Toca luego a España, a Sicilia, a Grecia, a la que luego se llamará Turquía y donde las comunidades fundadas por San Pablo mismo se convierten en cúmulos de ruinas. En 1453, tras siete siglos de asedio, capitula y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El rodillo islámico alcanza los Balcanes, y como por milagro es detenido y obligado a retroceder ante los muros de Viena. Si se execra justamente la masacre de Jerusalén en el 1099, no se debe olvidar a Mahoma II en 1480 en Otranto, simple ejemplo de un cortejo sangriento de sufrimientos».

Messori concluye su reflexión haciendo algunas preguntas: «Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está dividido en "territorio del Islam" y "territorio de la guerra", esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».

«Un simple repaso a la historia --escribe Messori-- incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en Africa, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo). Admitido --y probablemente no concedido-- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo de las Cruzadas?».  Zenit. ZS99072705

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CRUZADAS. LEYENDAS NEGRAS- apuntes - Para confirmar sus tesis el profesor Cardini recuerda la contribución de San Bernardo de Claraval (1090-1153) que contra la caballería laica, como aquella del siglo XII formada por gente ávida, violenta y amoral, propuso la constitución de «una nueva caballería» al servicio de los pobres y de los peregrinos. La propuesta de San Bernardo era revolucionaria, una nueva caballería hecha de monjes que renunciase a toda forma de riqueza y de poder personal y que incluso en la guerra aprendiese que al enemigo se lo puede incluso matar, cuando no haya otra opción, pero que no se le debe odiar. De aquí la enseñanza de no odiar ni siquiera en la batalla.

 

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La vida cristiana no es solamente una vida entre cristianos. Hace falta un profundo respeto hacia todas las personas, cualquiera que sea su creencia o ideología. Un "discípulo" de Cristo es uno que aprende continuamente, como el propio nombre indica. Es uno que está dispuesto a dialogar en serio con los demás, y a descubrir los elementos de verdad que cada planteamiento contiene.

Jutta Burggraf

 

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«La mentalidad fundamentalista se reconoce en la propensión a meter en el mismo plano lo principal y lo secundario, dando una importancia desproporcionada a elementos marginales. El mal que los fundamentalistas sienten el deber de combatir es siempre un mal cuyos culpables son siempre los otros». Card. Cottier. 2004.

 

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"No nos van a callar ni vamos a callar: Cristo es el Mesías, el Redentor"

 

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TODAS LAS ESCUELAS SON PÚBLICAS, ESTÁN LAS ESTATALES Y LAS NO ESTATALES. SIEMPRE Y CUANDO LAS NO ESTATALES ESTÉN ABIERTAS A TODOS LOS CIUDADANOS. EN ESTA CATEGORÍA NO ENTRAN LAS ‘ESCUELAS ISLÁMICAS’ O MADRAZAS DONDE, POR RACISMO RELIGIOSO, SON EXCLUSIVAS A TOTAL PRIVILEGIO DE LOS MAHOMETANOS. SE ENTIENDE POR ESCUELA: establecimiento público donde se da a los niños la instrucción primaria.

 

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“La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en el sentido de tremenda responsabilidad.” (Gabriela Mistral) Hoy no; hoy es una profesión

 

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De la obediencia del súbdito humilde a ejemplo de Jesucristo.

Jesucristo:
1. Hijo, el que procura sustraerse de la obediencia, él mismo se aparta de la gracia; y el que quiere tener cosas propias, pierde las comunes. El que no se sujeta de buena gana a su superior, señal es que su carne aún no le obedece perfectamente, sino que muchas veces se resiste y murmura. Aprende, pues, a sujetarte prontamente a tu superior, si deseas tener tu carne sujeta. Porque tanto más presto se vence el enemigo exterior, cuanto no estuviere debilitado el hombre interior. No hay enemigo peor ni más dañoso para el alma que tú mismo, si no estás bien avenido con el espíritu. Necesario es que tengas verdadero desprecio de ti mismo, si quieres vencer la carne y la sangre. Porque aún te amas muy desordenadamente, por eso temes sujetarte del todo a la voluntad de otros.

2. Pero ¿qué mucho es que tú, polvo y nada, te sujetes al hombre por Dios, cuando Yo, Omnipotente y Altísimo, que crié todas las cosas de la nada, me sujeté al hombre humildemente por ti? Me hice el más humilde y abatido de todos, para que vencieses tu soberbia con mi humildad. Aprende, polvo, a obedecer; aprende, tierra y lodo, a humillarte y postrarte a los pies de todos. Aprende a quebrantar tus inclinaciones, y rendirte a toda sujeción.

3. Enójate contra ti; y no sufras que viva en ti el orgullo; sino hazte tan sumiso y pequeño, que puedan todos ponerse sobre ti, y pisarte como el lodo de las calles. ¿Qué tienes, hombre despreciable, de qué quejarte? ¿Qué puedes contradecir, sórdido pecador, a los que te maltratan, pues tantas veces ofendiste a tu Criador, y muchas mereciste el infierno? Pero te perdonaron mis ojos, porque tu alma fue preciosa delante de Mí, para que conocieses mi amor, y fueses siempre agradable a mis beneficios. Y para que te dieses continuamente a la verdadera humildad y sujeción, y sufrieses con paciencia tu propio menosprecio.

 

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“La gente se asombra de que seamos capaces de hacer lo que hacemos, pero lo asombroso es que, al hacerlo, somos felices” santa Luisa de Marillac [mujer de continua oración].

 

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Cuando por Cristo se trabaja, la felicidad es total porque el trabajo en nos lo hace Cristo.  

 

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La pobreza es una forma de tortura que viola los derechos del hombre. El alimento es un derecho natural del ser humano. No es caridad, como muchos creen, pero sí es justicia. Desde el punto de vista sociológico, cultura es un sistema bien ordenado de intuiciones, leyes y valores. Cultura es el equilibrio psíquico del individuo y del grupo, es el humanismo integral del que nos hablaba Maritain.
Todos los seres humanos son iguales y dignos del mayor respeto; por ello [los veros cristianos], con sus vidas han intentado construir un mundo nuevo, entregando su vida de servicio a Cristo a través de los pobres.
Reflexionando en voz alta, pienso que todos y cada uno de nosotros puede ayudar a las Hijas de la Caridad y a los sacerdotes de san Vicente de Paúl. Como ellos, veamos en cada pobre al ser humano, que tiene derecho al afecto, al cariño, a ser tratado dignamente, y al enfermo que reclama el primero de sus derechos, un trato digno y humano. La vida, como afirmaba la Beata Madre Teresa de Calcuta, es una oportunidad única: aprovechémosla. Soledad Porras Castro – 2005.11.11

 

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“Lo que necesita La Iglesia hoy no son panegiristas de lo existente, sino hombres y mujeres en quienes la humildad y la obediencia no sean menores que la pasión por La Verdad; hombres y mujeres que den testimonio a desprecio de todo desconocimiento y ataque; hombres y mujeres –en una palabra- que amen a La Iglesia más que a la comodidad e intangibilidad de su propio destino.” [S.S. Benedicto XVI] 2005

 

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En ella se encuentra un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, ágil, móvil, penetrante, puro, límpido, no puede corromperse, orientado al bien y eficaz. Es un espíritu irresistible, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, apacible, que lo puede todo y que vela por todo, impregna a todos los otros espíritus por inteligentes, puros y sutiles que sean. La sabiduría es más movible que cualquier cosa, gracias a su fuerza atraviesa y lo penetra todo. Se desprende, como un vapor, del poder de Dios, es una emanación muy pura de su Gloria; por eso, nada de sucio se introduce en ella. Es la irradiación de la luz eterna, el espejo sin tacha de la actividad de Dios y la imagen de su perfección. Es una, pero lo puede todo; sin salir de sí misma, lo renueva todo. De generación en generación pasa a las almas santas de las cuales hace amigos de Dios y profetas. Porque Dios sólo ama al que vive con la Sabiduría. Es más bella que el sol y supera a cualquier constelación; comparada con la luz, le gana, porque la noche sucede al día, mientras que el mal jamás vencerá a la sabiduría. Sí, la sabiduría se extiende de un extremo al otro de la tierra, y en todas partes pone orden.” [Sabiduría VII, 22- VIII, 1]

 

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La Iglesia Católica está donde la medicina no es negocio.

 

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La regla de mayoría no es razón.  La mayoría no sustituye la razón.

 

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ORIONE como nunca jamás se había visto. 2006-01-12 [Orione y su nebulosa la más cercana a la tierra. Fotografía obtenida por el telescopio orbitante Hubble muestra más de 3000 estrellas, algunas de las cuales nunca antes habían sido vistas]. Nasa/Esa.

 

“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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¡Que tu conducta nunca dé motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Es vuestra visita la que nos honora y agradecemos.

Quepa claro: "hablamos no solo para comunicarnos, sino para distinguirnos". Por lo mismo, nos vestimos no solo para evitar el frío, sino para reafirmar nuestra personalidad. Publicamos porque creemos en la verdad y solo ella nos hace libres.

Pedimos disculpas por los errores que tantas veces cometemos. No son por mala voluntad, ni por ignorancia, sino por no saber. No está mal recordar que una cosa es la ignorancia (= no saber lo que a uno no se le alcanza) y la nescencia (= no saber lo que uno debería saber).

Dice un bello espiritual negro: ‘You can have all this world, but give me Jesus’ (‘puedes tener el mundo entero, pero dame a Jesús’).

Jesús misericordia : Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison.

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¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca.

Recomendamos vivamente:

1º Título: ‘La inmortalidad del alma humana’ – autor: Antonio Millán-Puelles Editorial Rialp - Madrid 2008  - 204 páginas

2º Título: ‘LAS MUJERES Y JESÚS’

Henry Froment-Meurice - Monte Carmelo - Burgos 2007 - 172 páginas

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Recomendaciones para conocer y saber defenderse frente a la ignorancia o ataque de las sectas:

Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe, por P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá: Libro de apologética católica muy recomendable y en formato word.

Verdades de la fe católica, por Guido Adolfo Rojas Zamorano: Libro de apologética católica muy recomendable y en formato word.

Verdades de la fe católica II, por Guido Adolfo Rojas Zamorano: Segundo libro de apologética católica muy recomendable y en formato word.

Catecismo de la Iglesia Católica (doc): Catecismo oficial de nuestra santa Iglesia en formato .doc (Word para Windows)

Catecismo de la Iglesia Católica (lit): Catecismo oficial de nuestra santa Iglesia en formato Microsoft Reader (Para Pocket PC y Palms)

Vivir amando... para encontrar el Tesoro.





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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).