Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Donación constantiniana - 1º Donatio Constantini; tumba de Pedro vaticano

ADRIANO I – Pontífice – (01 de febrero 772 † 25 de diciembre 795).

Es precisamente entonces, el año 778, cuando encontramos la primera mención de la «Donación de Constantino» como si se tratara de una fuente de derecho.

Este expuesto, cuya falsedad no quedaría oficialmente establecida hasta mediados del siglo XV, cuando Nicolás de Cusa y otros humanistas aportaron pruebas incontrovertibles, permitía a Adriano sostener que Constantino, además de reconocer la superioridad de Roma sobre todos los patriarcados y obispados del orbe, diera a san Pedro «la ciudad de Roma y todas las provincias, las localidades y las ciudades tanto de Italia entera como de todas las regiones occidentales». Los falsificadores del documento, cuyo nombre oficial fue Constitutum Constantini, trataban de demostrar que el Papa reclamaba mucho menos de aquello a lo que tenía derecho.

 

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Lorenzo Valla (Laurentius Valla en su nombre latino; Roma, 1406/1407 - ibídem, 1 de agosto de 1457), humanista, orador, educador y eminente filósofo católico italiano, considerado privilegiado sabio y el pionero de la crítica histórica y filosófica. Fue conocido en su tiempo por su demostración de que la Donación de Constantino, documento mediante el que el papado se arrogaba el dominio de extensos territorios de Occidente, era una falsificación. En el terreno de la filología bíblica su aportación máxima fueron los comentarios al Nuevo Testamento, que serían la base de la crítica textual de humanistas posteriores como Erasmo de Róterdam. Otro aspecto por el que fue relevante es su redacción de una nueva gramática latina, las Elegancias de la lengua latina (De elegantia linguae latinae), que superaba las gramáticas medievales y enseñaba un latín clásico de gran corrección y elegancia. Asimismo, destaca su tratado de lógica aristotélica Disputaciones dialécticas (Dialecticae disputationes), que simplificaba y racionalizaba la escolástica cristiana.

 

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Flavius Valerius Constantius Chlorus

César de 293 a 305 - Emperador de 305 a 306

 

Quinto centenario de la Basílica de San Pedro
La Iglesia, donde está Pedro

 

El 18 de abril pasado 2006- se celebró el V centenario de la colocación, a cargo del Papa Julio II, de la primera piedra de la basílica de San Pedro. Construida sobre la primitiva basílica que mandó erigir Constantino en el siglo IV –a su vez edificada sobre la tumba de san Pedro–, la basílica actual encarna la solidez de la comunión de la Iglesia en torno al Papa donde está Pedro, allí está la Iglesia», decía san Ambrosio. En tiempos de incertidumbre y fugacidad, ninguna institución ofrece tanta solidez, hoy, como la Iglesia, con todos los avatares por los que ha pasado a través de los siglos. Los primeros cristianos solían celebrar la Eucaristía sobre las tumbas de los Apóstoles y los mártires. En Roma, acudían a celebrar la Eucaristía al cementerio situado en la orilla derecha del río Tíber, el lugar donde fue enterrado san Pedro después de sufrir el martirio.
Tras el Edicto de Milán, en el año 313, que instauraba la libertad religiosa en todo el Imperio romano, el emperador Constantino mandó edificar una iglesia con el altar situado justo encima de los restos del Príncipe de los Apóstoles. En 1506, dada la fragilidad de la edificación primitiva, el Papa Julio II mandó poner la primera piedra de la basílica actual, cuya construcción duró 130 años.
Antes de morir, Pío XI dejó escrito en su testamento el deseo de ser sepultado, en las grutas vaticanas, lo más cerca posible del lugar donde la tradición situaba la tumba de Pedro. Al levantar la tierra, se encontraron con restos arqueológicos del siglo I, y se detuvo el empeño. Este descubrimiento es lo que hizo que el Papa Pío XII, en 1939, mandara realizar excavaciones más exhaustivas; así se descubrió la necrópolis sobre la que Constantino, en el año 320, construyó el primer templo vaticano. Un dato extraordinario fue el descubrimiento del muro con la inscripción
Petros eni (Pedro está aquí), que protegía unos huesos envueltos en un paño dorado. Todo ello permite situar la tumba de san Pedro justo bajo la sede del Papa, delante del altar mayor, y exactamente debajo del mismo centro de la cúpula de Miguel Ángel de la basílica vaticana. Todo indica que, cuando ésta fue edificada, se tomó como referencia la tumba de san Pedro.
El fragmento original, con la indicación de la tumba de Pedro, va a ser la pieza estrella de la exposición
Petros eni, que se podrá visitar en el Vaticano del 3 de octubre de 2006 al 8 de marzo de 2007. También se expondrán otros documentos de la época en la que se construyó la actual basílica, entre los que destacan varias cartas de Miguel Ángel dirigidas al Papa Julio II antes de morir, en las que muestra su entrega a la decoración de la basílica. Recientemente, el Papa Benedicto XVI pidió que las celebraciones del quinto centenario de la basílica de San Pedro «despierten en los católicos el deseo de ser piedras vivientes para la construcción de la Iglesia santa en la cual resplandezca la luz de Cristo».

Agradecemos al autor - Juan Luis Vázquez

 

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LA ALIANZA ENTRE EL PAPADO Y REINO FRANCO

1-Situación del papado en la

 primera mitad del siglo VIII

 

Los papas, de hecho, eran obispos pertenecientes al Imperio bizantino; estaban teóricamente bajo la obediencia del emperador bizantino. El último papa en viajar a Constantinopla fue Constantino I (708-715), el cual fue requerido por Justiniano II (710-711) para encontrar una solución a los problemas causados por el concilio Trulano II. Los papas anteriores había rechazado sus determinaciones debido a haber sido un sínodo de fuerte tendencia antirromana. Justiniano II esperó un resultado aceptable de sus coloquios con el papa. Efectivamente se llegó a un compromiso aceptado por el papa, por lo que el emperador reconoció el primado romano. Se consideraba, pues, com oun privilegio que el emperador daba al papa, lo cual era inaceptable para Roma, pero por mantener la paz no se hizo una protesta formal por parte del papa. De todos modos, la Iglesia se fue separando de los bizantinos.

 

Tras el concilio I Trulano (680-681) se fue afirmando el elemento griego-oriental en Roma. Los papas del tardo VII fueron sicilianos o griegos. En este contexto bizantino Roma tomó cuatro fiestas marianas del año litúrgico griego. Uno de los pocos papas de origen romano en este momento fue Gregorio II (715-731), el cual había compañado a Constantino I en su viaje a Constantinopla. Las relaciones de Gregorio II con el emperador León III (717-741) estuvieron presididas por una gran tensión. El emperador encontró una gran resistencia cuanto intentó imponer una nueva tasa a Roma para financiar sus campañas militares. El papa defendió con energía los bienes de su pueblo, lo cual le costó la intención por parte del emperador de atentar contra él. Cuando en el 726 León III haga de la iconoclastia su programa político, las tensiones se recrudecerán. En Italia se pensaba que el Imperio debía volver a Roma y dejar de ser griego. Se retira la obediencia al exarca de Rávena; éste, Eutiquio, se alió con el rey lombardo, Liutprando (727-751), en el asedio de Roma. El papa consiguió cambiar el parecer del rey lombardo.

El papa debía guardar un difícil equilibrio: por una parte se sentía ligado a Bizancio, pero también debí defender del derechos de Roma. En enero del 730 emana León III su primer edicto contra las imágenes. Gregorio II se mantuvo leal en su relación con Bizancio, pues se consideraba como impensable que un papa se pudiera separar del Imperio.

Gregorio III (731-741) era sirio. Trató de resolver los problemas con Bizancio por la vía diplomática, pero fracasó en sus dos intentos: la primera vez por miedo del enviado; la segunda, por la interposición del estratega de Sicilia. El 1 de noviembre del 731 se condena, en un sínodo en Roma, la doctrina iconoclasta de Le´ñon III. Esto no fue aceptado por Constantinopla. Es más, la respuesta vino con medidas administrativas contra Roma. El patrimonio de San Pedro .que se encontraba en Sicilia e Italia meridional. fue gravado hasta tal punto, que prácticamente llegó a la expropiación. Gran parte del sur de Italia, Iliria, Macedonia y Grecia pasó a la administración del patriarcado de Constantinopla. Todo esto supuso el fin de la Iglesia imperial grecolatina, con la separación del elemento latino. El papado se redujo a un obispado más del centro de Italia, que raramente entraría en relaciones con la Iglesia griega. Sin embargo, no dejó de considerarse a Bizancio como el poder legítimo de Italia.


La situación se hizo insostenible cuando Liutprando, rey de los lombardos, sometió el Ducado Romano en el 739, amenazando la misma Roma. Gragorio III, abandonado por Constantinopla, se volvió hacia Carlos Marthel, mayordomo franco. Es el primer contacto mantenido con los francos, con motivo de esta petición de ayuda -88-, en un momento de tensión iconoclasta con Bizancio y la amenaza lombarda. La veneración que los pueblos germánicos tienen hacia Pedro .como portero del cielo. llega a ser un factor notable en la búsqueda de uevas formas de relación entre francos y papado. Sin embargo, en este momento (años 739-740) se ve como lejana la posible alianza: Carlos Marthel estaba aliado a los lombardos; ambos habían luchado juntos contra los sarracenos; además, estaba enfermo, no pudiendo obtenerse de él grandes resultados; por otra parte, el mayordomo no quería mezclarse en asuntos italianos. LA situación del papa era, ciertamente, desesperada. La única solución venía de pactar la paz, por lo que busca la intercesión de los obispos del norte de Italia.

En el 741 muere Gregorio III sin conseguir los resultados apetecidos. Zacarías (741-752) le sustituye. Es el último pontífice de origen griego. Aporta una política hábil, tendente a un acuerdo con lombardos y bizantinos. En un coloquio con Liutprando consigue el acuerdo para una paz ventenal. Cuandoel rey lombardo amenace Rávena, el papa .que había recibido la petición de ayuda por parte del exarca y del obispo de aquella ciudad. llega a impedir el asedio. Esto nos sirve para comprobar cómo el papa se sentía vinculado a Bizancio, a pesar de las tensiones iconoclastas. Él mismo tradujo los Diálogos de san Gregorio Magno al griego, con el fin de conseguir un mayor entendimiento entre griegos y latinos. De todos modos, la política de Zacarías no era progresista para ese momento: en el fondo quería volver al orden clásico de relaciones entre emperador-papa, mientras el curso de la historia apuntaba hacia otra dirección.


II. La elevación de Pipino a rey

Después de la muerte de Carlos Marthel, sus hijos, Carlomán y Pipino el Joven, se dividen el poder. Sin embargo, Carlomán se retira en el 747 a Montecasino, por lo que Pipino llega a ser único mayordomo franco. En el 746 acude al papa sin el trámite de Bonifacio, proponiéndole una serie de preguntas acerca del rango del metropolita, los obispos, el celibato, los votos monásticos, detalles sobre la penitencia, el matrimonio, etc. En el fondo venía a demostrar las preocupaciones de un cristiano que se sentía responsable de su Iglesia. El papa le contestó rápidamente.

Poco después escribió (año 749) otra carta al papa sobre la posición del mayordomo mismo[89]. El rey no tenía, en la realidad, ningún poder. ¿Era justo que reinase en estas condiciones? Zacarías responde que es mejor llamar rey a quien tenga el poder, a fin de que el orden no se resienta; por lo tanto, Pipino debía ser rey. La respuesta del papa es parangonable a una decretal. Fue adoptado como criterio decisivo el principio de idoneidad. No era un problema eclesiástico, sino un asunto político. La sacralidad del rey franco derivaba de la sangre .provenía, según su tradición, de una estirpe mítica.. No era fácil sustituirlo, precisamente por su carácter sacro. Sin embargo, esta sacralidad fue sustituida por otra, fundada sobre la voluntad de Dios expresada a través del papa y sobre la unción .que subrayaba el carácter sacro de la nueva dinastía; este rito de la unción no lo tenían los merovingios.. Pipino es consagrado en Soissons como rey de los francos por Bonifacio. Childerico fue tonsurado e internado en un monaterio.

La unción del rey no había sido inventada por los francos, sino por los visigodos, siendo también practicada por los irlandeses. Es muy posible que los francos siguieran el modelo visigodo. La inspiración la toman del Antiguo Testamento, en concreto del joven David. Así es como Pipino recibe su legitimidad no de la etirpe, sino de la «gracia de Dios». Es la primera vez que aparece esta expresión, la gracia de Dios, para justificar un reinado.

Se discuten en la actualidad muchos detalles concernientes a este hecho. Parece que la datación haya que retrasarla al año 751, en vez del 750. Por otra parte, no parece que fuera Bonifacio el obispo consagrante, puesto que no aparece nada de esto en sus cartas, y esto parece extraño debido a la importancia del hecho. Más bien habría que pensar que fue Crodegando de Metz, confidente de Pipino, quien siguiera este acto de coronación. Con todo, lo más importante es el efecto del acontecimiento. Pipino, por la autoridad del papa, había llegado a rey. Es un hecho importantísimo para toda la historia de Europa y de la Iglesia en el Medievo.


III. Viaje del papa al Reino franco

Entre el 753 y 3l 754 viaja el papa al Reino franco. La ocasión de este primer viaje de un papa al reino de los francos era brindada por la amenaza de los lombardos hacia Roma. Estamos en los tiempos de Astulfo, rey más intransigente que Liutprando. Después de la conquista de Rávena .tras la cual Astulfo pasó a vivir en el palacio del exarca, dato éste de gran importancia simbólica., el rey lombardo se propuso adueñarse de toda Italia. Esteba II (751-757) se dirigió a Constantino V en petición de ayuda, pero el emperador bizantino no envió sino tan sólo una delegación diplomática, la cual tenía el cometido de exigir a Astulfo la restitución de los territorios conquistados. Ante esta situación, el papa se dirigió al rey franco, que tanto debía en su ascensión al trno al apoyo del papa Zacarías. En el último instante llega una última delegación bizantina. Contemporáneamente llegan también dos oficiales francos con el fin de acompañar al papa a la Galia; eran Crodegando de Metz y el duque Autcardo. El 14 de octubre del 753 se acerca el papa a Pavía, junto con un oficial bizantino y los dos delegados francos. Tras la tentativa ante el rey lombardo y el fracaso de la misma, el papa se despide de los bizantinos y prosigue su viaje hasta la Galia.

Parece claro que el papa tenía la intención de provocar la ruptura con Bizancio. En el 754, en la fiesta de la Epifanía, se en cuentra el papa con Pipino en el palacio de Ponthion. El papa fue recibido según el ceremonial bizantino. El rey se postró ante el papa, ofreciéndole su servicio. Tenemos dos fuentes de este acontecimiento: el Liber Pontificalis[90] y los Annales Mettenses Priores[91], texto este último que estaría compuesto hacia el año 805; ésta es la única fuente que refiere la postración del papa ante el rey, lo cual es un signo de cómo querían ver los francos su relación con el papado.

Se concluye con un pacto de amistad, el cual significa la mutua protección. El rey tenía necesidad del consenso de sus grandes para poder llevar una campaña contra los lombardos, la cual sería impopular entre los francos. El 1 de marzo del 754, en el palacio de Berny-Rivière se reúne con su consejo, el cual se niega. El monje Carlomán se acercó a la corte por mandato de su abad de Montcasino, con el fin de impedir la petición del papa. De hecho, Pipino hizo internar a su hermano en un monasterio franco. El 14 de abril de ese mismo año, fiesta de la Pascua, Pipino, sus hijos y los grandes del Reino se reúnen en el palacio de Quiercy para redactar un documento: la famosa Promesa de Quiercy .promissio carissiaca., primer paso para la formación del Estado Pontificio. Contenía la restitución del Exarcado .Rávena, Ferrara, Bolonia, etc.. y de la Pentápolis .Rímini, Pesaro, Fano, Sinigaglia y Ancona., territorios que habían pertenecido a los bizantinos. No se hablaba entonces de .Estados Pontificios., sino de .Patrimonio de San Pedro..

El 28 de julio agradece el papa al rey su empeño, coronándolo y ungiéndolo de nuevo como rey de los francos. ¿Por qué esta segunda unción? La importancia no estaba en la unción en sí, sino en la dignidad del consagrante. El papa nombra Patricio Romano a Pipino, dignidad que sólo poseía el exarca de Rávena, la cual llevaba consigo la obligación de defender Roma de cualquier peligro. Se firma una cláusula[92] de grandes consecuencias, en la cual, mediante pena de excomunión, se prohibe el acceso al trono de cualquiera que no fuese de la estirpe carolingia, consagrada por manos del Pontífice Romano. En agosto se pone Pipino en marcha contra los lombardos, a los que consigue reducir: Astolfo es derrotado en Susa y sitiado en Pavía, por lo que promete la devolución de Rávena y otras veintiuna ciudades con sus tierras. Pipino regresó a la Francia y el papa a Roma. Al poco tiempo Astolfo se arrepintió de su promesa, precipitándose sobre Roma[93]. Esteban II se dirigió de nuevo a Pipino, recordándole la promesa de Quiercy. En el 756 irá de nuevo el rey franco contra los lombardos, forzando a Astolfo a capitular: debía entregar la tercera parte de su tesoro real, pagar un tributo anual a los francos y devolver al papa las ciudades antes prometidas, más la de Comacchio, junto al Po.


III. La donación de Pipino

En Quiercy se habían producido dos hechos muy importantes: por una parte la ayuda militar y, por otra, una donación. Las conquistas del rey franco en Italia concernían a territorios que pertenecieron a Bizancio; no eran, pues, de dominio pontificio. Los bizantinos, de hecho, esperaron su restitución. Pero Pipino declaró lo siguiente al embajador bizantino: «No he salido a campaña sino por amor a san Pedro y remisión de mis pecados, y jamás revocaré la oferta hecha a san Pedro». Con la donación de Pipino comienza la historia de los Estados Pontificios, los cuales estarían constituidos por gran parte del Exarcado y la Pentápolis, además del Ducado Romano, algunas ciudades limítrofes y Córcega. Los papas daban mucha importancia a esta donación de Pipino, porque para ellos suponía la única fuente de ingresos, los cuales servían para la manutención de la numerosa población de Roma y el costoso mantenimiento de las numerosísimas basílicas[94].

Los motivos de esta actitud están, según las fuentes, en la devoción a san Pedro. El culto a san Pedro tenía antiguas raíces en la Iglesia franca, la cual lo había recibido de los misioneros anglosajones. En el caso de Pipino no dependemos de varias hipótesis, sino de un testimonio muy preciso acerca de la fundación que hace, en la propia basílica de San Pedro, de un altar particular junto al Apóstol, con el fin de celebrar continuamente misas en favor de la familia carolingia. El papa accede al traslado de las reliquias de santa Petronila .considerada como hija de san Pedro. desde las catacumbas a una capilla construida al sur de la basílica .mausoleo que se alzaría con Pablo I.. Adquiriría una importancia capital para los Carolingios, de tal manera que santa Petronila se convertía en una auxiliar especial para los francos: para acceder a san Pedro, nada mejor que encontrar la recomendación de su hija.

En los Annales Reges Francorum está reflejado el hecho de que en el 756 Pipino confirma el derecho de san Pedro, redactando .sin atender a los antiguos dueños. un documento de donación territorial en favor del papa. En el Liber Pontificalis aparece, en la Vida de Adriano I, cómo este papa recuerda a Carlomagno la donación de Pipino[95] (en la Pascua del 774). Esta coincidencia en las fuentes demuestra que Pipino, al menos, había regalado algo. Sin embargo, en la concepción papal .la de Adriano I. no estaba del todo cumplida su donación. Parece que el papado no había insistido tanto en el cumplimiento de una promesa cuanto en la ampliación del territorio regalado. La propiedad papal, según el pontífice, añadiría a a la donación de Pipino el Exarcado entero .incluso las ciudades de Imola, Bolonia y Ferrara., Córcega, Venecia, Istria, Espoleto y Benevento[96]. Sin embargo, Pipino no había nunca donado este territorio; era una pretensión que el papado quería obtener de Carlomagno. Los francos no sólo le habían dado protección al papa, sino además, ya en este momento, vastos territorios de Italia. El papa regalaba a Carlomagno la colección de cánones de Dionisio el Exiguo junto con las Decretales pontificias, fuentes del Derecho eclesiástico.

 

La leyenda de la donación constantiniana

 

 

 

Debemos distinguir entre esta última donación y la de Pipino. Buscando los motivos de la donación de Pipino, los estudiosos piensan en un documento apócrifo: el Constitutum Constantini -97-, el cual se habría dado supuestamente cuando Constantino, en el 330, trasladó la capital del Imperio a Constantinopla. Hoy es indiscutible su falsedad.

El falso se divide en dos partes: una confesio de fe de Constantino bautizado; y una donatio .de donde viene el nombre al documento., la cual enumera derechos transferidos por Constantino al papa. El contenido es muy simple, con aspectos netamente jurídicos. Constantino, enfermo de lepra, acude a todos los médicos y sacerdotes paganos del Capitolio. Estos últimos aconsejan abrir una zanja para verter en ella la sangre de niños y, aún caliente esta sangre, bañarse el emperador en ella. La noche anterior recibe Constantino una visión en la que se le aconseja otra cosa: dirigirse al papa Silvestre. Así lo hizo y fue curado. Esto es lo que le movería a tomar varias decisiones: el papa tendría la preeminencia sobre los cuatro patriarcados .Antioquía, Alejandría, Constantinopla y Jerusalén., así como de las demás iglesias del mundo; el papa se trasladaba, desde la clandestinidad, al palacio Lateranense, sumándose a esto la concesión de grandes extensiones territoriales. Para que la dignidad pontificia no desmereciera de la terrena, se le donaría el palacio lateranense, la ciudad de Roma, toda Italia y Occidente. Constantino marchaba a Constantinopla porque no veía conveniente que en el mismo lugar donde era constituido el dominio de Cristo y de los sacerdotes habitara también el emperador. Constantino, pues, habría concedido la potestad temporal sobre Roma, Italia y todo Occidente. No se trataba de una pequeña parte de Italia, sino de todo el Occidente: Constantino, emperador de Oriente, nombraba como responsable de Occidente al papa. Se trata de una compilación de valor hagiográfico, ejemplificativo, madurado en un ambiente italo-franco, entre personas favorables a las buenas relaciones entre los francos y el papado.

¿Dónde, porqué y cómo se ha producido y se ha puesto en circulación? Parece que el testimonio manuscrito más antiguo sobre este Constitutum no es anterior al 850 y está en conexión con las falsas Decretales del Pseudoisidoro-98-


Sobre la datación del mismo, hoy se sigue discutiendo, si bien se tiende a pensar que se habría dado entre la mitad del siglo VIII y la mitad del IX, más precisamente al finales del siglo VIII. Su lugar de origen sería Roma, en concreto la Cancillería Pontificia. Algunos estudiosos ven una relación, un nexo de unión, entre los hechos de Ponthion y la Constitutum: Esteban basaría su derecho de nombrar Patricio de Roma a Pipino precisamente en este falso.

El influjo de este falso sobre el ulterior desarrollo del papado es enorme. Algunos han querido ver en él como una carta magna de las pretensiones del papado, pero esto parece una exageración. Con motivo de la coronación de Otón I (siglo X) se manifiesta el conocimiento que de este documento se tiene en la cancillería pontificia. El cardenal Humberto de Silva Cándida, en 1053, lo usa en confrontación con los griegos .no olvidemos que Constantino era venerado por la Iglesia griega como santo.. La utilización de este documento fue uno de los motivos del cisma de 1054. Los papas del Medievo hicieron de él un argumento central para sus reivindicaciones territoriales. Así lo hicieron Inocencio III y Gregorio IX, si bien fueron muy cautos a la hora utilizar el documento para reivindicar el primado religioso: tenían que evitar que pareciera el primado una donación también de Constantino. Inocencio IV, en su enfrentamiento con Federico II (1248), hace pintar los caracteres más sobresalientes de este documento en la capilla de San Silvestre, apareciendo las escenas de la curación de Constantino y la donación a Silvestre .la intencionalidad de estas pinturas era clamaramente política contra el emperador del momento..

La donación fue considerada como auténtica durante todo el Medievo, aunque no faltaron reservas en cuanto a la validez del documento .no en cuanto a su autenticidad.. Así, or ejemplo, Arnold de Brescia (siglo XII) y algunos grupos heréticos la refutan no por razones de tipo histórico, sino por su rechazo a una Iglesia rica y su deseo de volver a la Iglesia primitiva: la donación sería el gran pecado de la Iglesia .entre estos grupos contestatarios estaban los valdenses.. El primero en intuir su falsedad formal es el cardenal Nicolás Cusano (1433). Lorenzo Valla, en 1440, también documenta su falsedad. Al principio, sin embargo, no se abrió camino esta demostración; habrá que esperar a 1518-1519 cuando en el entorno de Lutero se difunda esta visión revisionista. Se produjo entonces una lucha entre defensores y detractores. El cardenal Baronio (+1607) sostuvo que sí había una donación de Constantino, pero que el documento era falso, hecho or los griegos y traducido al latín[99]. Por fortuna, en nuestros días se ha cerrado esta discusión.


V. La Iglesia franca después del 754

Después de la muerte de san Bonifacio se divide su herencia espiritual. La administración de la abadía de Fulda pasa al abad Sturm, sustituto de Bonifacio que tuvo que defender enérgicamente su independencia frente a otro discípulo de Bonifacio, Lul .anglosajón.. Obispo de Maguncia, el cual extiende el dominio de Maguncia mediente la incorporación de otras pequeñas diócesis[100]. La posición privilegiada que tuviera Bonifacio pasa ahora a Crodegango de Metz, franco, que había servido en la cancillería de Carlos Marthel. En el 753 acompaña a Esteban II al reino franco, lo cual demuestra que era un hombre de confianza de Pipino. Recibe el pallium de manos del papa y sucede a Bonifacio como arzobispo de la Iglesia franca. De su persona estamos bien informados, siendo un promotor de la edificación de la Iglesia y un hombre que mostró comprensión hacia la vida ascética.

En este tiempo se da un hecho muy importante para los clérigos de Metz: la introducción de la vida canónica, a un nivel muy parecido al de los monjes: se trataba de la vida común entre el clero. La Regula Canonicorum, primera que se escribe de este género e inspirada en san Benito, será muy influyente.

Signo de la continuidad de las reformas de Bonifacio es la convocatoria de sínodos, como el de Attigny en el 763, donde se concluye solemnemente con una unión de oración al uso de la Iglesia en Inglaterra. Todos se obligaban por contrato a asistir a la muerte de cada persona con un número determinado de oraciones, lo cual se haría demasiado gravoso en su ejecución. Se reafirmó este uso en el sínodo de Dingolfing.

[88]Codex Carolinus 1-2, MGH, Epp III, 476-479. También encontramos información de este hecho en el Liber Pontificalis I, 420 .a cargo de L. Duchesne.. Además está la Crónica de Fredegario .Fredegario, Cont. 22, MGH Ssrer Mer II, 179., en la cual se sostiene que Gregorio III propuso un pacto a Carlos Marthel, mediante el cual se sometía a la protección de los francos y se separaba de los bizantinos. Asimismo, confería a Carlos el Consulado Romano.

[89]Annales Regni Francorum a. 749, MGH, SsrG, ed. F. Kurze 8.

[90]Vida de Esteban II.

[91]Año 753, en MGH SsrG, ed. B. Simson 45.

[92]MGH SRM 1, 465ss; MGH SS XV 1,1. También en Gasparri, Fonti per la storia medioevale, Firenze 1992.

[93]Llegó a saquear las catacumbas.

[94]Solamente en las candelas de aceite de oliva, que permanentemente estaban luciendo, ya se iba un presupuesto grande.

[95]Gasparri, O.c., p. 278.

[96]Ésta es la relación que hace el Liber Pontificalis, si bien parece lo más verosímil que se incluyeran tan sólo los patrimonios antiguos de la Iglesia en esas regiones.

[97]MGH, Fontes iuris germanici antiqui 10, a cargo de H. Fuhrmann.

[98]Manuscritos Vaticanos Latinos 630.

[99]En el siglo pasado se demostró lo insostenible de esta teoría.

[10]A Lul debemos que recogiera las cartas de san Bonifacio, así como la redacción de su primera biografía. Quedó como obispo de Maguncia, no llegando a arzobispo.

 

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Peregrinos a la tumba de Pietro. Como en la antigua Roma

Diez metros abajo de la basílica es posibles recorrer la misma calle que conduce al sepulcro del apóstol, en medio de filas de tumbas romanas encontradas intactas por las excavaciones. La última restauración es de hace pocos años. Una maravilla de arte, de historia y de fe

por Sandro Magister

ROMA, 3 de junio del 2008 – Imaginemos que sea de noche, como en la foto más arriba. Estamos recorriendo una callecita ladeada por tumbas romanas del II y III siglo después de Cristo. Estamos en al inicio de la pendiente de la colina Vaticano. A poca distancia hay un imponente obelisco que se alzaba al centro del estadio de Calígula y Nerón. Allí fue martirizado el apóstol Pedro. Y a lo largo de esta callecita está el “trofeo” que marca el lugar donde fue sepultado.

Tal cual. La única cosa inesperada es que no es de noche. Y que el cielo oscuro es el pavimento de la basílica de San Pedro, bajo la cual estamos caminando.

Cuando en el IV siglo el emperador Constantino construyó la basílica, quiso que el plano del ábside se reposara precisamente sobre la tumba del apóstol. Y para llevar también al mismo nivel las naves cubrió de tierra todas las tumbas que seguían a las de Pedro en ligero descenso en dirección del río Tíber. En el siglo dieciséis, en el lugar de la basílica constantiniana y a un nivel más alto se construyó una nueva basílica más grande,
la actual. En cada caso, por dieciséis siglos nadie excavó bajo el pavimento de la basílica.

Fue Pío
XII, en el 1939, quien dio inicio a la exploración teológica. Y en pocos años fueron sacadas a la luz no sólo la tumba de Pedro, bajo el altar mayor de la basílica, sino también otras 22 tumbas alineadas a lo largo de la callecita, en una sección de casi 70 metros, unos diez de metros al por debajo de la nave central de la iglesia.

En
el 1988 las autoridades vaticanas ordenaron la restauración y la valorización de la necrópolis excavada bajo la basílica de San Pedro.

La última de las tumbas restauradas ha sido inaugurada hace pocos días, el miércoles 28 de mayo. Es la más grande y suntuosa entre las que se han destapado. Fue edificada poco después de la mitad del II siglo, cuando el emperador Marco Aurelio, por una importante familia romana, la de los Valerii. Aparte de las estatuas de miembros de la familia, de filósofos y de divinidades, sobresalen la elegante cabeza de una joven y la de un niño en yeso dorado con el característico mechón de Iside.


Las 22 tumbas de la necrópolis son casi todas paganas, con trazas de cultos orientales. La única totalmente cristiana es la de los Iulii. En su bóveda resplandece un maravilloso mosaico que representa Cristo como Sol y Apolo, mientras asciende al cielo sobre una cuadrilla de caballos blancos, sosteniendo el globo en la mano izquierda. En las paredes, se distinguen las imágenes de Buen Pastor, de Jonás tragado por el monstruo marino y la de un pescador que tira entre las olas el anzuelo al que un pez come mientras otro fuga, símbolo de las almas que pueden acoger o rechazar
la salvación.

Lo
que más impresiona, de este sepulcro, es que está casi intacto. Está como estaba poco antes que Constantino lo enterrase. Recorriendo se vuelven a pisar los pasos de los antiguos ciudadanos de roma, pero también los de los peregrinos que iban a rezar a la tumba del apóstol Pedro. La prehistoria de la basílica de San Pedro está en los ladrillos, en los mármoles, en las estatuas, en los escritos, en las decoraciones de esta antigua calle entre las tumbas, hasta el lugar de la sepultura del pescador de Galilea que fue hecho apóstol de Cristo y murió mártir en la capital más grande del mundo.

Regresando a la superficie, en la basílica y en la plaza, el peregrino verá que este recorrido de
la antigua Roma al cristianismo sigue siendo una unidad. El nuevo imperio es el del perdón de Jesús a todos los hombres, mediante la Iglesia. De lo alto de la fachada de San Pedro, como de una tribuna, el Salvador y los santos apuntan al terreno oval del nuevo circo determinado por la columnata de Bernini, con el mismo obelisco ante el cual el apóstol fue crucificado. Circo abierto “urbi et orbe”, a la ciudad y al mundo entero.

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La restauración de la tumba de los Valerio ha estado a cargo de la Fábrica de San Pedro y en particular del director de los trabajos de conservación de la necrópolis, Pietro Zander.

Ha durado diez meses y ha sido realizado por Adele Cecchini y Franco Adamo, grandes especialistas en restauraciones de obras antiguas, en Italia, en Egipto y en Jerusalén.

Los gastos han sido cubiertos por
la Fondazione Pro Musica e Arte Sacra, fundada y presidida por Hans-Albert Courtial, la misma que organiza cada otoño, en Roma, espléndidos conciertos de música sacra en las basílicas papales, con los Wiener Philarmoniker como huéspedes fijos:

> Pro Musica e Arte Sacra  - Gracias a las contribuciones de otros benefactores, la Fundación ha permitido en los últimos años la restauración de importantes obras de arte que están en las basílicas romanas. Terminado el de la tumba de los Valerio, las intervenciones en curso son ciborio de mármol del altar mayor de la basílica de San Pablo fuera de los Muros, el coro de leño de la basílica de San Juan de Letrán y el órgano de la iglesia de San Ignacio de Loyola.
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La más fascinante guía ilustrada a las necrópolis bajo la basílica vaticana y la siguiente:
Pietro Zander, "La Necropoli sotto la Basilica di San Pietro in Vaticano", Fábrica de San Pedro y Elio de Rosa editor, Roma, 2007, pp. 136.
Las visitas guiadas a las excavaciones se efectúan todos los días desde las 9 hasta las 18, excepto los domingos y los días festivos en el Vaticano.
Por la particular ubicación del lugar en los subterráneos de la basílica y por sus dimensiones reducidas está permitido el acceso a las excavaciones sólo a un limitado número de personas de edad superior a los quince años.

2008-VI-03

 

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HISTORIA DE LA IGLESIA – 1º

ÉPOCA ANTIGUA SIGLO I – DEL SIGLO I AL III

Cap. I: El judaísmo en Palestina en tiempos de Jesús


Según la visión soteriológica del Nuevo Testamento, Jesús apareció "cuando llegó la plenitud de los tiempos". El anhelo del Mesías estaba muy vivo en el judaísmo del tiempo, por motivos religiosos y políticos:

 

·         Desde hacía medio siglo se vivía el dominio del Imperio Romano.

·         Herodes el Grande había recibido del Senado Romano el título de "rey de los judíos", favoreciendo los intereses romanos, siendo odiado por el pueblo, que organizó una resistencia capitaneada por Asmoneo Antígono. Con la ayuda de los romanos, Herodes destruyó esta resistencia, conquistando Jerusalén el 37 a.C. Repartió el reino entre sus tres hijos: a Arquelao (que asumió la dignidad real), Judea, Samaría e Idumea; a Herodes Antipas, el territorio que confinaba al norte; a Filipo, la Batanea, Traconítide y Auranítide.

 

Arquelao fue depuesto en 6 a.C. por Augusto, quien dio un nuevo régimen a la región: la administración fue dada a procuradores romanos (que residían en Cesarea) y los asuntos internos de los judíos eran resueltos por el Sanedrín.


1.- La situación religiosa del judaísmo palestino.

El mundo judío mantuvo con tenacidad sus peculiaridades características religiosas, cuyo centro era el monoteísmo: tenían una concepción propia de la historia, guiada por el Dios Yahvé, que se había revelado como su Señor. Esta fe conformaba la vida cotidiana de los judíos, fe que venía fortalecida por la esperanza en la venida de un Salvador: el Mesías, que debería erigir en Israel el Reino de Dios. Esta fue la fuerza de resistencia más grande del pueblo en momentos de amenaza para su existencia. La idea mesiánica revistió pronto características demasiado terrenas, aunque nunca faltó una idea de misión esencialmente religiosa.

 

Junto a la fe monoteística y a la esperanza mesiánica, una función decisiva en el mundo religioso judío era la Ley, deber que la vida religiosa cotidiana pone al devoto: el cumplimiento trae la bendición de Dios, la falta, un deber de expiación. La Ley se presenta en la Sagrada Escritura. La observancia de la Ley traerá divisiones doctrinales dentro del judaísmo: asideos (observantes maximalistas), saduceos (racionalistas), fariseos (intérpretes de la Ley, elitistas, recogieron la interpretación de la Ley por escrito en la Mishná y en el Talmud), zelotes (observancia de la Ley unida al combate).


2.- La comunidad de Qumrám.

La fidelidad a la Ley empujó a un grupo, los esenios, a aislarse de la vida pública. Las excavaciones realizadas en Qumram desde 1947 han dado nueva luz sobre su identidad. Sus inicios están en tiempos de los Macabeos, y su apogeo a principios del I siglo a.C. Abominaban el enriquecimiento de los jefes del pueblo con el dinero de los paganos; consideraban el Templo como contaminado, por la relajación de los sacerdotes. Ello trajo consigo que se sintieran un "resto santo" de Israel, separado del resto de los grupos religiosos de la nación. Los esenios se constituyeron en comunidad separada, gobernada por un "Maestro de justicia", siguiendo una observancia radical de la Ley; creían inminente el final de los tiempos, que traería consigo una lucha entre hijos de la luz (=esenios) y de las tinieblas.

 

Dos Mesías deberían sostener el grueso de la lucha final: el "Ungido de Aarón" (Sacerdote del final de los tiempos) y el "Ungido de Israel" (Príncipe del final de los tiempos).

 

Se establecieron en el desierto, adoptando las características de una cofradía de tipo religioso: propiedad común de bienes, vida comunitaria, celibato (aunque también había miembros casados, pertenecientes en un cierto modo a la comunidad monástica). Cultivaron la literatura apocalíptica.

 

El centro monástico de los esenios en Qumram fue destruido por los romanos el 68 d.C., desapareciendo rápidamente la clase esenia.


3.- El judaísmo de la diáspora.

Una importancia decisiva para la difusión del cristianismo tuvo la diáspora judía. Desde el siglo VIII a.C., el judaísmo se había difundido en Asia Menor y mundo mediterráneo. Los grandes centros culturales helenísticos ejercieron una especial fuerza de atracción: importantes colonias judías se encontraban en Antioquía, Roma y Alejandría.

 

La característica más llamativa era el profundo sentimiento de pertenencia al grupo, con su propia organización, cuyo centro era la sinagoga, con un archisinagogo para el culto, y el consejo de ancianos para cuestiones civiles. El principal ligamen era su fe religiosa, que hizo que no quedaran confundidos en el paganismo circundante. La comunidad judía conseguía privilegios y excepciones, que daban ventaja al desarrollo de su religiosidad, de sus particularidades y de su economía. En general, pertenecían a la clase media: agricultores, tejedores, banqueros...

 

La diáspora, abandonada la lengua materna, adoptaba la koiné, que se introdujo en el culto sinagogal: el judaísmo egipcio tradujo al griego el Antiguo Testamento (=la llamada "Versión de los LXX"), que será adoptada como traducción oficial de la Biblia en toda la diáspora. Así, el judaísmo fue expuesto al influjo cultural del helenismo.

 

Este influjo es sensible, sobre todo en el centro intelectual de la diáspora: Alejandría, patria del judío Filón (+ h. 40 d.C.), cuya vasta producción literaria es un eco de las polémicas que el mundo intelectual helenístico podía provocar en un judío culto. Así, nace una lectura de la Biblia judía, descubriendo un sentido más profundo y escondido en ella, sirviéndose de la filosofía platónica para su análisis.

 

El judío de la diáspora mantenía un fuerte lazo de unión ideal y objetivo con la patria palestina: Jerusalén y el Templo estaban en el centro de este sentimiento de unión. Así, cada año ofrecía un tributo financiero al Templo, y su más vivo deseo era peregrinar allí por Pascua. La otra característica de la fidelidad a la religión de los padres, fue el estrecho ligamen entre la comunidad, con exclusión del resto de la población, hecho que influyó mucho en los frecuentes brotes de antisemitismo.

 

El judaísmo de la diáspora produjo una literatura propagandística de su conciencia de pueblo elegido: La carta de Aristea, Oracula Sibyllina y Contra Apión, de Flavio Josefo, de naturaleza apologética, son los escritos más notables. Ello trajo consigo que muchos paganos entraran en relación directa y estrecha con el judaísmo: prosélitos (=que asumían la religión judía completamente) y los temerosos de Dios (acogían diversas prácticas y creencias judías, menos la circuncisión).

 

La diáspora tuvo una gran importancia para la primera misión cristiana: Le aportó la LXX, que será la Biblia del joven cristianismo; las sinagogas serán el punto de partida de la predicación, encontrando "prosélitos" y "temerosos de Dios" abiertos a su mensaje, hecho que fue causa de enfrentamiento entre judaísmo y cristianismo.

 

CAPITULO II: JESÚS DE NAZARETH Y LA IGLESIA

 

La historia de la Iglesia tiene sus raíces en Jesús de Nazaret, nacido en el mundo intelectual y religioso del judaísmo palestino. Su vida y su actividad, que pusieron los fundamentos de la Iglesia, constituyeron la premisa de su historia.

 

Las fuentes que dan noticia de esta vida y de su significado para la Iglesia son de naturaleza muy particular. Por una parte existen algunas noticias de fuente pagana y hebrea, de gran importancia para probar la existencia histórica de Jesús. Por otro, las escrituras del Nuevo Testamento, y especialmente los tres evangelios más antiguos, los Hechos de los Apóstoles y algunas cartas de san Pablo, reproducen la imagen viva en las mentes y en los corazones de sus primeros seguidores, cuando éstos, tras la Ascensión de Jesús, lo predicaron como el Mesías crucificado y resucitado. Esta imagen lleva el sigilo y la forma puestos por la necesidad de la predicación apostólica y de la fe que la sostenía. Pero esto no debe llevar a un escepticismo sobre la posibilidad de conocer el Jesús terreno e histórico. Sin componer una "biografía de Jesús", estas fuentes se refieren a su vida, cuentan hechos, eventos, acciones y palabras particularmente significativos para la predicación sobre él, atestiguando al mismo tiempo que son datos históricos importantes sobre su vida. Los documentos de la predicación apostólica tratan de testimoniar que Jesús es el Cristo; con la cautela que recomienda la crítica histórica, es siempre posible presentar algunos hechos que servirían para realizar un bosquejo biográfico de Jesús.

 

Hacia el 4 ó 5 a.C., Jesús de Nazareth nació en Belén de la Virgen María. Circuncidado, a los 40 días fue presentado en el Templo. A causa de la amenaza de Herodes, José, María y Jesús marcharon a Egipto, donde permanecieron hasta la muerte de dicho rey. En Nazareth creció. Cuando contaba alrededor de los 30 años de edad, Jesús abandonó su casa paterna para comenzar su obra religiosa. Comenzó yendo al Jordán, donde fue bautizado por Juan el Bautista, produciéndose una hierofanía. Consciente de su misión mesiánica y de su filiación divina, que pudo confirmar con muchos milagros, Jesús predicó la llegada del Reino de Dios. La ley suprema de esta religión es el amor absoluto hacia Dios y el hombre. En contra del fariseísmo, afirma que la pureza y la rectitud de intención son las leyes fundamentales de la acción moral, dando a la conciencia personal la función decisiva en el campo religioso. Da un mensaje de preferencia y de esperanza para los últimos de la sociedad, y al mismo tiempo emplea un lenguaje exigente para quien quiera seguirlo.

 

Jesús no predica una religión individual, sino comunitaria: En torno a él se forma una comunidad, que es formada como tal por él, en vista de su crecimiento. Jesús mismo llama a esta comunidad "su Iglesia", y reivindica como propia su fundación (Mt. 16,18). De sus seguidores, Jesús escoge a doce, para darles un rol especial dentro de la comunidad, el de "enviados" (=apóstoles). Su misión es predicar el Reino de Dios. De entre ellos, Pedro será la roca sobre la que se apoyará la fundación de la Iglesia.

Con la muerte y resurrección de Jesús, la Iglesia está fundada; su vida histórica comienza con la venida del Espíritu Santo. La crucifixión de Jesús sucedió el 14 o 15 Nisán de un año entre el 30 y el 33 de la era cristiana. A los tres días resucitó y se apareció a sus discípulos, hasta que ascendió a los cielos.

 

CAPITULO III: LA PRIMITIVA COMUNIDAD DE JERUSALÉN

1.- Las vicisitudes exteriores.

Las noticias más importantes sobre la primitiva comunidad cristiana las tenemos en los siete primeros capítulos de los Hechos, aunque con lagunas, ya que el fin del autor es mostrar cómo el Evangelio se convierte en un mensaje que, de los judíos, pasa a extenderse a los gentiles, con Pablo como primer protagonista de esta misión.

 

La resurrección reunió la primera comunidad de discípulos, unidos por la misma fe y confesión. Tras la resurrección, un grupo de 120 discípulos se reúne para recibir las últimas instrucciones. Tras la ascensión, bajo la dirección de Pedro, se elige un nuevo miembro del colegio apostólico: un testigo, digno de fe, de la vida del Señor: Matías. Tras Pentecostés, Pedro predica públicamente a Cristo, muerto y resucitado, como el Mesías: Unos 3.000 judíos adhieren a la fe en Cristo. Nuevos éxitos llegaron enseguida. Pronto eran ya unos 5.000 creyentes (Hch. 3, 1-4, 4).  

El éxito inquieta a las autoridades judías: Pedro anuncia ante ellos el mensaje de Jesús. Aumenta siempre más el número de fieles. Los apóstoles organizan la atención a la comunidad. Instituyen los diáconos. Empiezan las tensiones entre helenistas y judeo cristianos de Palestina. La muerte de Esteban fue la señal de una persecución que se abatió sobre la comunidad de Jerusalén, golpeando sobre todo a los cristianos helenistas. Mientras que los apóstoles quedaron en Jerusalén, muchos cristianos huyeron, predicando el evangelio en Judea y Samaria: las muchas conversiones allí logradas, hicieron que Pedro y Juan visitaran a estos nuevos cristianos para imponerles las manos, predicando al mismo tiempo en Samaria.

 

Cesada la persecución, vino un corto tiempo de paz; la persecución comienza otra vez: Herodes Agripa hizo arrestar a Pedro y Santiago el Mayor: éste último fue decapitado (42 o 43). Pedro dejó Jerusalén. La guía de la comunidad de Jerusalén pasó a Santiago el Menor, que durante unos 20 años desarrolló allí una gran actividad; fue martirizado en el año 62. La catástrofe que supuso para Jerusalén la sublevación de los años 66-67, hizo que la comunidad cristiana emigrara a oriente del Jordán, estableciéndose en la ciudad de Pella.


2.- Constitución, fe y espiritualidad.

Secta de los nazarenos (é tón nazarión airésis) era llamado por los judíos el grupo de los seguidores de Jesús (Hch. 24,5), por haberse constituido como comunidad en Jerusalén, bajo el nombre de Jesús de Nazareth; comunidad (ekklesía) es el nombre que se dan a sí mismos los judeocristianos: la fe de este grupo les lleva a unirse en una organización de carácter religioso, resultando una comunidad.

 

Se trata de una sociedad organizada, en que no todos los miembros tienen la misma posición: hay diversas personas y diversos órdenes de personas, a los que en la vida de comunidad se les encargan deberes y funciones diversas, que son asignados por una autoridad superior.

 

En primer lugar se encuentra el Colegio Apostólico: la Iglesia primitiva siente como intocable el número de doce para estos hombres, por ello, tras la defección de Judas, siente el deber de completar el número, eligiendo a Matías, dejando a Dios tal elección. El deber del apóstol es dar testimonio de la vida, muerte y resurrección de Jesús; dirigir las celebraciones del culto; administrar el bautismo; presidir la sagrada cena; imponer las manos para consagrar algunos miembros para deberes particulares. 

Entre los miembros del Colegio, Pedro ocupa un puesto de guía: dirige la elección de Matías, es portavoz de los discípulos en Pentecostés, predica con ocasión de la curación del cojo, portavoz del Colegio ante los ancianos y escribas, ante el Sanedrín; es juez en el caso de Ananías y Safira, y en el de Simón Mago; sus visitas a los "santos" fuera de Jerusalén, revisten el carácter de visita canónica. Su decisión de bautizar al pagano Cornelio asume una importancia normativa para el futuro; Pablo va a Jerusalén para consultarlo, tras su conversión, ya que de él dependía la acogida de Pablo en la comunidad. Todos estos aspectos se comprenden a la luz del mandato del Señor (Mt., Lc. y Jn.) a Pedro de confortar a los hermanos y de apacentar la grey de Cristo.

 

Una segunda institución es la de los diáconos, siete hombres que colaboraban con los apóstoles, sirviendo las mesas de los pobres de la comunidad. El conferimiento de la carga sucede por la oración e imposición de manos de los apóstoles. Uno de ellos, Esteban, es protagonista de la controversia cristológica con los judíos; Felipe predica entre los samaritanos. En los Hechos, a estos siete no viene dado un nombre específico, aunque sí a su actividad: diakonéin (=servir) (6,2).  

No tan claramente delimitada aparece la función de los ancianos (presbiterói) (11,30). En la primitiva iglesia de Jerusalén, estos ancianos aparecen continuamente en torno a los apóstoles o a Santiago como cabeza de esta iglesia. Participan en las decisiones del Concilio de los Apóstoles (15, 2 ss.) y son coadjutores de los apóstoles o del pastor de Jerusalén en la administración de la Iglesia primitiva.

 

Sólo una vez aparecen los profetas (profetái) (15,32) en lo que respecta a la iglesia de Jerusalén: son Judas (llamado Bársabas) y Silas, que son elegidos y mandados a Antioquía para que comuniquen a los cristianos las decisiones del concilio de los apóstoles. 

Esto muestra que en la Iglesia primitiva, existe ya una distinción entre miembros de dos categorías: los órdenes de personas consagradas con un rito religioso con especiales funciones dentro de la comunidad, y la gran masa de fieles.

 

El evento que crea la unión de los discípulos de Jesús en una única comunidad, la resurrección, es el elemento base de la fe religiosa de la que vive la Iglesia primitiva y el centro de la predicación apostólica: debe ser recibido con fe por todos aquellos que quieran adherirse al Evangelio. Este hecho de la resurrección viene confirmado, corroborado y profundizado con la bajada del Espíritu Santo el día de Pentecostés: desde este momento, la predicación apostólica adquiere una dirección unívoca y extrema claridad; los apóstoles pondrán de relieve la decisiva novedad que les separa de la fe de los judíos: esa novedad es que el Resucitado es Jesús de Nazareth, resucitado por Dios.  

Jesús es el Mesías, como lo muestra la resurrección. La fe en Jesús se muestra a través de varios títulos: el Cristo, que aparece como segundo nombre, junto a Jesús; el Kyrios (como a Dios), título con el que se dirigen a él en la oración, sobre todo con el Maranathá; es el Santo y Justo, Siervo de Dios, el Salvador (Sotér). El anuncio de la salvación se llamará evangelium (de evangelípseszai) cuyo objeto es el mismo Jesús.

 

La fe de la Iglesia primitiva en la salvación, que viene únicamente de Jesús, viene subrayada con exclusivismo. Esta salvación consiste en el perdón de los pecados y el alejamiento del hombre del pecado. 

La joven Iglesia está convencida de que es el Espíritu Santo quien confiere aquella fuerza singular, íntima y sobrenatural, que anima a los fieles, a los apóstoles y a toda la Iglesia primitiva.

 

Otros dones que la Redención obrada por Jesús ha aportado a los fieles de la Iglesia primitiva son la vida (eterna) y la pertenencia al Reino de Dios: en la conciencia de la Iglesia primitiva, no son realidades aún completas, sino que se cumplirán en la parusía del Señor; por eso, la comunidad pedirá insistentemente su llegada.  

Sobre estas convicciones se construye la vida religiosa de la comunidad primitiva. No abandona las formas de piedad tradicionales: continúan yendo a orar al Templo, se conservan las horas, gestos y textos (salmos) del judaísmo. Pero ya existen prácticas de culto autónomas: bautismo.

 

Los cristianos de Jerusalén "eran perseverantes... en la fracción del pan" (Hch. 2, 42): celebración eucarística en las casas de los fieles, en el primer día de la semana. Día de ayuno, viernes (muerte del Señor) y miércoles. Nace la semana cristiana. 

La carta de Santiago habla de la unción de enfermos, confiada a los "ancianos". La actitud religiosa de la comunidad primitiva, está apoyada por un profundo entusiasmo, pronto al sacrificio, que se exterioriza en una caridad activa (Hch. 4, 32).

 

 

 

CAPITULO IV:

LA SITUACIÓN RELIGIOSA EN EL MUNDO

Greco-romano en su encuentro con el cristianismo

 

1.- El ocaso de la antigua religión de Grecia y Roma.

Al final del I siglo a.C. se devalúa el antiguo politeísmo griego y la específica religión de la antigua Roma. En Grecia influyó negativamente la crítica racionalista de las divinidades, que se afirmó en las diferentes escuelas filosóficas, especialmente la Stoa y los epicúreos. En vez de los dioses de Homero había entrado la doctrina monística de la Stoa, que admitía la providencia divina y el logos como "razón del mundo", que compenetra y ordena todo el universo; pero no aceptaba un dios personal y trascendente. Epicuro creía en un mundo determinado por las leyes físicas, sin dejar puesto a la mitología ni a un Dios que guiase personalmente el mundo. El evemerismo trató de explicar históricamente la fe mítica en los dioses, interpretando la figura de cada dios como eminentes figuras del pasado, a las que poco a poco se fue divinizando: ello contribuyó a deprimir aún más el sentido de divinidad en el mundo griego. Eran movimientos dentro de la clase culta, pero que influían en el pueblo.

 

La decadencia de la religión griega clásica fue agilizada por los desarrollos políticos en el Mediterráneo oriental, al disolverse las ciudades-estado y con ellas sus cultos religiosos. Las ciudades helenistas de oriente atraían a muchos griegos, con lo que la madre patria se empobrecía de gente, y muchos santuarios caían en la ruina. Al mismo tiempo, la helenización de oriente trajo consigo un influjo de las religiones orientales en el culto y las ideas griegas, y viceversa.

 

En este proceso de disolución se vio envuelta también la antigua religión romana. Desde la segunda Guerra Púnica se dio una helenización de los cultos romanos, que se expresó en un aumento de los templos dedicados a divinidades griegas y de sus estatuas en suelo romano. Esta helenización de la religión tuvo lugar a través de la Magna Grecia (=sur de Italia) y del poderoso influjo de la literatura griega en la romana. El teatro se encargó de hacer conocer al pueblo la mitología griega; con ello se produjo un retroceso de los antiguos cultos romanos, retroceso aumentado al entrar en Roma el culto de las divinidades orientales: Cibeles, Mitra, Belona (procedente de Capadocia) e Isis. La filosofía estoica penetró también entre las clases altas de la sociedad, con su crítica destructiva de los dioses y su determinismo, hecho que influyó en detrimento, tanto de las prácticas religiosas públicas como de las familiares.

 

Augusto, una vez alcanzado el fin de asumir en sí todos los poderes, buscó poner un freno a la decadencia religiosa y moral de su pueblo, reconstruyendo la religión de estado y una convicción que la sostuviese. Este intento falló, aunque reorganizó los antiguos colegios sacerdotales y restauró los santuarios y fiestas religiosas casi olvidados. Pero la íntima sustancia religiosa era ya demasiado escasa para que pudiera calar en el corazón de los romanos.


2.- El culto de los emperadores.

Algo que sí tuvo éxito, y que tendrá hondas repercusiones para el cristianismo, será la acogida del culto tributado al soberano en las civilizaciones orientales, y el intento de hacer del culto de los emperadores el pilar de la religión oficial.

 

Ya Alejandro y sus sucesores, con la aportación de elementos del culto griego de los héroes y del estoicismo (con su idea sobre la preeminencia del sabio), impusieron honores cultuales a la monarquía helenista, que pasaron a los Diadocos del Asia anterior, a los Tolomeos de Egipto y a los Seleúcidas, con títulos como "Sóter", "Epífanes" y "Kyrios". Se afirmó la idea cultual de que el soberano era la manifestación visible de la divinidad.

 

En Roma, durante la República, el poder fue venerado en la diosa Roma, honrada con templos y estatuas.

 

Augusto empezó por hacerse erigir estatuas y templos junto con la diosa Roma, en las provincias de Oriente, sin rechazar honores cultuales ofrecidos por ciudades y provincias. Mientras, en Roma, las formas de este culto debían ser más discretas. Aquí, sólo tras su muerte, el Senado decidió proceder a su consecratio, o sea, introducirlo entre las divinidades. Ya había recibido el título de Augusto, con resonancias sacras. En el curso del I siglo a.C., algunos emperadores abandonaron la prudencia de Augusto y pidieron a Roma que se les tributaran honores divinos estando aún vivos, lo que trajo una cierta devaluación de dicho culto.


3.- Los cultos mistéricos orientales

Conservaron siempre su originario carácter privado, aunque su influjo fue sensible a todos los estratos de la población del Imperio. Su éxito consistió en la pretensión de dar al individuo una respuesta sobre su suerte en el más allá, mostrándoles cómo se puede alcanzar la salvación.

 

Los cultos mistéricos comenzaron a conquistar el mundo clásico tras las conquistas de Alejandro. Los más prontos a acogerlos fueron los griegos de la costa del Asia Menor, que los propagaron en Occidente. Estos cultos, por su contenido y forma, no tienen un carácter exclusivo, sino que se compenetran con las formas de religión helena, formando un cierto sincretismo religioso. Tres son los focos de donde las religiones mistéricas pasan a Occidente: Egipto, Asia Menor y Persia.

 

El centro del culto egipcio están Isis y Osiris. Isis era honrada con una procesión anual, se había convertido en la Magna Dea, que había aportado a la humanidad la civilización y la cultura. Su marido, Osiris, era el antiguo dios de la vegetación, que muere y resucita con la siembra y la cosecha de los cereales. En el período tolomaico, Osiris fue suplantado por Serapis, una creación de Tolomeo I, que quería la unidad religiosa de sus súbditos egipcios y griegos: por ello, Serapis viene asociado a Isis, y recibe características propias de Zeus y Asclepio.

 

Asia Menor es la patria del culto a la gran madre Cibeles, la diosa de la fecundidad. Su culto se difundió en el mundo helenístico, y en 204 se introdujo en Roma. El amante de Cibeles, Attis, fue venerado junto con ella, dando lugar a un culto mistérico salvaje y orgiástico, con un cuerpo sacerdotal a su servicio: el de los "Galos". Un culto muy similar es el proveniente de la ciudad de Byblos (Siria), hacia Atargatis (diosa de la naturaleza) y su esposo Adonis, festejado anualmente con motivo de su muerte y vuelta a la vida.

 

Estos tres cultos mistéricos, tan similares (Isis-Osiris, Cibeles-Attis, Atargatis-Adonis) revelan cómo el sentimiento del hombre antiguo se encontraba dominado por la tragedia de la muerte y por el deseo de la resurrección, representado en los tres dioses varones. Fue este aspecto, esta respuesta, lo que hizo que estas religiones tuvieran buena acogida en Roma y Grecia, donde la religión tradicional no ofrecía ninguna respuesta a estos interrogantes.

 

Representaciones del más allá dominaban también el culto mistérico de Mitra, que se manifestó también con mayor fuerza sólo cuando el cristianismo se había consolidado ya externa e internamente. Este culto tiene su origen en Persia, se perfecciona en Capadocia y se propaga por Oriente y Occidente, encontrando una extraordinaria acogida en Roma. Se trataba de un culto masculino, cuyos adeptos eran mayoritariamente soldados romanos. Su figura central era Mitra, dios persa de la luz, el cual rapta un toro puesto bajo la potestad de la luna, y lo mata por mandato de Apolo. El aspirante debía pasar por siete grado de iniciación hasta ser perfecto discípulo de Mitra. Tenían gran importancia los banquetes rituales.


4.- La religión popular.

La gran masa de pueblo se dirigía a las esferas más bajas de la superstición, que siempre habían encontrado una mayor difusión y heterogeneidad.

En la cima estaba la ciencia astrológica, que daba a las estrellas un determinado influjo sobre el destino humano. Gran importancia tuvo la escuela astrológica de Coo, fundada en 280 a.C. Gran importancia tuvo el hecho de que la filosofía estoica se pusiera de parte de la astrología, al considerar el determinismo que pesa sobre el desarrollo del mundo.

 

Poseidonio dio a la astrología el carácter de auténtica ciencia, lo que le dio gran consideración, tanto, que emperadores romanos como Tiberio tenían un cuerpo de astrólogos a su servicio, y otros (Marco Aurelio) hicieron templos-observatorios: los Septizonios. Una gran cantidad de literatura, dirigida a clases altas y bajas, persuadió a los lectores en la creencia en un destino determinado por las estrellas.

 

Una vía de salida para el destino dado por las estrellas era la magia, que por medio de prácticas misteriosas se empeñaba en sujetar el poder de los astros. Estas formas de superstición venían de oriente, en que se mezclaban instintos primordiales del hombre, angustia, odio, morbo y escalofrío. La creencia en la magia tiene como presupuesto el fuerte temor de los demonios, que desde el IV siglo a.C. se difundió por el mundo heleno: el mundo entero estaría lleno de demonios, extraños seres entre los dioses y los hombres, de los cuales son muchos los que quieren perjudicar al hombre, pero cuyo poder puede venir conjurado con la magia.

 

Con la magia se conecta la creencia en un significado misterioso de los sueños, y su interpretación, que llegó a tener gran éxito, sobre todo en Egipto. Dos fenómenos estaban relacionados con este hecho: la consulta a los oráculos de los templos, y la existencia de una literatura sobre el tema (v.g., los Libri Sibillini).

 

General era también la fe en los milagros, sobre todo en recuperar la salud perdida. Así se explica la gran expansión del culto al dios médico ASCLEPIO, cuyos templos eran centros de peregrinaciones.

 

Este panorama ofrecía obstáculos al naciente cristianismo: era demasiado grande el contraste entre el culto al emperador y a un condenado a muerte; era peligroso hacer frente al culto de estado; era "absurdo" contraponer las exigencias del Evangelio al desorden moral de las religiones orientales. Pero también es cierto que facilitó la acogida de la nueva religión el sentido de vacío provocado por la caída de las religiones tradicionales. El nuevo mensaje podía atraer a los disgustados con lo hasta entonces existente. Pero sobre todo fue el descubrimiento de una salvación incomparable, lo que trajo la clave del éxito del cristianismo.

 

 

 

Eran necesario un terremoto para que el judeo-cristianismo reconociese que era necesario anunciar al mundo pagano la salvación obrada por Jesucristo: tan fuerte era aún la conciencia de la elección de los israelitas. La primera aceptación de un pagano en la comunidad de los creyentes, el bautismo del eunuco etíope, administrado por Felipe (Hch. 8, 26-39) no parece haber causado una toma de posición por parte de la comunidad primitiva. Sin embargo, fue fortísimo el eco producido por el bautismo del centurión Cornelio y su familia, en Cesarea (Hch. 10, 1-11). Pedro, que había decidido dar el paso, tuvo que dar cuentas ante la comunidad, y sólo el reclamo a la orden recibida de Dios hizo que los judeo-cristianos aceptaran lo que había sucedido. Sin embargo, esto no hizo que se siguiera inmediatamente una mayor actividad misionera entre los gentiles.

El impulso decisivo en esta dirección vino de un grupo de judeo-cristianos helenistas originarios de Chipre y de la Cirenaica, que abandonaron Jerusalén tras la muerte de Esteban, dirigiéndose a Antioquía, donde convirtieron a un gran número (Hch. 11, 19 ss.). Esta importante nueva comunidad puso alerta a la Iglesia de Jerusalén, que mandó a Bernabé a comprobar la situación. Bernabé, procedente de la diáspora judía de Chipre, estaba libre de prejuicios para poder evaluar: aprobó la acogida de los griegos en la iglesia, y se formó una idea que tendría consecuencias históricas para el mundo: que en este lugar debería predicar Saulo-Pablo de Tarso, que tras su conversión a Cristo se había retirado a su patria. La comunidad antioquena se consolidó; sus miembros recibieron, por primera vez, el nombre de "cristianos" (Hch. 11, 22-26).


1.- El camino religioso del apóstol Pablo.

Pablo era originario de la diáspora judía, natural de Tarso de Cilicia, ciudadano romano. Para su apostolado será importantísimo el hecho de que durante su juventud hubiera conocido el mundo helenístico y el griego de la koiné. Su familia era judía observante, con un rigorismo propio de los fariseos, a los que pertenecía. Pablo vino a Jerusalén, para formarse como doctor de la Ley en la escuela de Gamaliel. Participó ardientemente en la persecución de los seguidores de Cristo en Jerusalén, participando en la lapidación de Esteban.

 

El convertirse de perseguidor en ardiente seguidor de Cristo se debió, según los Hch., a una aparición de Jesús en el camino de Damasco. Tras el bautismo y una breve estancia en la Arabia nabatea, Pablo comenzó a anunciar en las sinagogas de Damasco y más tarde en Jerusalén el mensaje de su vida: "Jesús es el Mesías y el Hijo de Dios" (Hch. 9, 20.22.26-29). En ambos sitios encontró gran oposición, que hizo temer por su vida; se retiró a Tarso, donde reflexionó sobre la predicación que se sentía llamado a realizar. Tras algunos años de silencio, volvió a Antioquía, comprendiendo que su acción debía dirigirse a los paganos, los cuales, como los judíos, podían encontrar su salvación sólo en Jesucristo.


2.- La misión paulina.

Pablo vio ante sí, como campo de misión, el Imperio Romano, con hombres unificados por una misma cultura y una misma lengua (Koiné). Aún guiado por el Espíritu Santo, hay que admitir un plan de misión pensado y seguido por él. Sus viajes misioneros vienen preparados en una misión-base: Antioquía, para el período anterior al Concilio de los Apóstoles, donde fue sostenido por aquella comunidad, llevando como compañeros y colaboradores a Bernabé y Juan Marcos.

 

El método misionero paulino partía de las sinagogas de la ciudad que se tratase, donde se encontraban los judíos de la diáspora, los prosélitos y los temerosos de Dios. La patrulla misionera fue primero a Chipre, misionando en Salamina; después pasó al Asia Menor (Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe de Licaonia y Perge de Panfilia). Pablo suscitaba irremediablemente la discusión, encontrando acogida o rechazo; la mayoría de los judíos de la diáspora rechazó el nuevo mensaje, mientras que la mayoría de las conversiones venía de parte de los prosélitos y de los temerosos de Dios. En la mayoría de las ciudades donde misionaron, surgieron comunidades cristianas, para las que se nombraron jefes. Este era el plan de Pablo: una vez fundadas comunidades en ciudades de cierta importancia, deberían ser ellas las que continuaran en el lugar la tarea de evangelización.

 

Pablo, conforme a su profunda intuición teológica sobre la liberación del vínculo de la Ley, traída por Cristo como Hijo de Dios, no había impuesto a las comunidades del Asia Menor, provenientes del paganismo, ni la circuncisión ni la observancia de otras prescripciones rituales judías. Esto trajo el rechazo de una corriente judeocristiana: los judaizantes, que pretendían que la circuncisión fuera una condición esencial para la salvación. La gran envergadura que alcanzó el problema, motivó el "Concilio de los Apóstoles", aunque siempre tendrá que luchar por esta convicción, y los judaizantes tratarán de marginarlo y de arrebatarle el consenso de las comunidades por él fundadas.

 

La segunda fase del trabajo de Pablo se desarrolla en las provincias de Macedonia, Acaya y Asia Proconsular, en el corazón mismo del helenismo. En vez de Bernabé, ahora le acompañará Silas, y más tarde Timoteo. En Filipos encontraron muy pronto adhesiones, formando un primer núcleo de la que será una comunidad floreciente. Predica en las sinagogas de Tesalónica, Berea, Atenas y Corinto; en esta última ciudad, Pablo se detiene un año y medio, convirtiéndose en centro misionero. Serían los años 51-52 o 52-53. De allí pasó a Éfeso, y de Éfeso a Palestina.

 

En el verano del año 54 Pablo se traslada a Éfeso, donde morará durante dos años; será su nuevo centro de misión. La comunidad efesia se separó rápidamente de la sinagoga. Pablo tuvo graves problemas con los vendedores de imágenes de Diana. En Éfeso escribió las cartas a los Gálatas y 1 Corintios. En el otoño del 57 Pablo marchó a Macedonia y Grecia, después a Tróade y Corintio (donde escribió la carta a los Romanos, anunciando su intención de visitarlos, después de ir a España). Marcha por tierra a Macedonia, pasa por Tróade, Mileto, y llega a Jerusalén. Allí le espera un giro crucial para su misión: en el Templo es reconocido por algunos judíos de la diáspora, que intentan asesinarlo; la guardia romana lo salva, y es trasladado a Cesarea, y de allí a Roma, ya que se había apelado al Cesar: allí, continúa su labor misionera.

 

Los Hechos callan sobre la suerte posterior de Pablo. Muchas razones hacen pensar que su proceso acabó con la absolución, y que pudo realizar su proyecto de viaje a España (como sugiere la 1 Clem., 5,7), e incluso que volviera al oriente helenístico. Una segunda prisión romana le llevó al martirio, bajo Nerón.

 

CAPITULO V: LA OBRA DEL APÓSTOL PABLO

 

3.- La organización de las comunidades paulinas.

Las fuentes de que se dispone hacen imposible al historiador abrazar toda la realidad de la organización de las comunidades paulinas. No hay ningún escrito de estas comunidades que hable de este tema. Los Hechos no tratan el tema. Las cartas de san Pablo ofrecen sólo algunos datos esporádicos.

 

La organización es sui generis, no comparable a los estatutos de una corporación pagana; el orden se basa sobre el fundamento sobrenatural sobre el que la Iglesia sabe que ha sido fundada, o sea, su Señor, que es quien dirige su Iglesia a través de su Espíritu. Es el Espíritu quien hace crecer la joven Iglesia, dirige a Pablo en su camino misionero, da éxito a su actividad, crea el orden de la vida comunitaria, se sirve, como de instrumentos, de algunos miembros de la comunidad que asumen deberes especiales que sirven a este orden y organización.

 

En este orden, su fundador, Pablo, ocupa un puesto único, que tiene su última motivación en su inmediata llamada a ser apóstol de las Gentes. El es consciente de tener autoridad y plenos poderes para ello, tomando decisiones que vinculan a su comunidad; Pablo es para sus comunidades la máxima autoridad como maestro, como juez y legislador: es el vértice de un orden jerárquico.

 

En este orden jerárquico aparecen hombres dedicados a la asistencia de los pobres o a dirigir el culto; a sus disposiciones deben someterse los otros miembros de la comunidad (1Cor. 6,15 s.) Los que tienen estos cargos son llamados "ancianos, presbíteros", "episcopoi" (=que deben regir la Iglesia de Dios como pastores con su rebaño, Hch. 20, 17.28). En Filipenses se nombra también a los diáconos.

 

Junto a los miembros de la jerarquía, se encuentran en las com. paulinas los carismáticos, cuya función es substancialmente diversa: sus dones, especialmente la profecía y la glosolalia, son dados directamente por el Espíritu a cada persona. Los carismáticos intervienen en las reuniones cultuales con sus discursos proféticos y sus acciones de gracias llenas de fervor, infunden entusiasmo a los seguidores de la nueva fe. Esto trae algunos problemas: algunos llegan a sobrevalorar su propia fe, y Pablo tiene que intervenir (1 Cor.14).

 

Las comunidades paulinas no se consideran independientes las unas de las otras; un cierto nexo se había construido ya con la persona de su fundador. Este les había inculcado el fuerte ligamen que les unía con la comunidad de Jerusalén. Pablo era consciente de que todos los bautizados de todas las iglesias constituyen el "único Israel de Dios" (Gal. 6, 16), que son miembros de un único cuerpo (1Cor. 12,27), la iglesia formada por judíos y gentiles (Ef. 2, 13.17).


4.- La vida religiosa en las comunidades paulinas.

La vida religiosa en las comunidades paulinas tiene su centro en la fe en el Señor glorificado, que confiere tanto a su culto como a su vida religiosa cotidiana la impronta decisiva. Esto correspondía a la predicación de Pablo, en cuyo centró está y debe estar Cristo. La predicación relativa a Cristo debe ser aceptada con real fe, de lo que depende la salvación. Esta fe en el Kyrios, incluye el convencimiento de que en él habita corporalmente la plenitud de la divinidad.

 

A la comunión de los creyentes en el Señor se es acogido mediante el bautismo, que hace eficaz la muerte expiatoria que Jesús tomó sobre sí por nuestros pecados (1Cor. 15,3). Con el bautismo se renace a una nueva vida: esta convicción hace que el bautismo tenga un puesto esencial en el culto del cristianismo paulino.

 

Los fieles se reunían en "el primer día de la semana" (Hch. 20,7): se abandona el sábado, se reúnen en sus casas privadas, se produce una separación cultual con el judaísmo. Se cantan himnos de alabanza y salmos, con los que se expresa la alabanza al Padre en el nombre del Señor Jesucristo (Ef. 5, 18).

 

Núcleo central del culto es la celebración eucarística, la cena del Señor. Particulares sobre su celebración no se encuentran en san Pablo: se une a una comida que debe reforzar la íntima cohesión de los fieles, pero en que infelizmente, en algunas ocasiones, se ostentaba la diferencia social entre los miembros de la comunidad. La fractio panis se presenta como la real participación del cuerpo y la sangre del Señor, sacrificio incomparablemente mayor que los del Antiguo Testamento; es prenda de la comunión definitiva con él, que se realizará en la segunda venida, que es ardientemente deseada como muestra la exclamación de la comunidad en el banquete eucarístico: Maranà-tha.

 

La asamblea comunitaria era también la sede en que se predicaba la salvación: los contenidos de esta predicación era una instrucción sobre lo que los apóstoles habían enseñado sobre el Crucificado y Resucitado, el deber de los fieles de alabar al Padre, y perseverar en la espera de la vuelta del Señor, ayudándose mutuamente con la caridad fraterna.

 

El contacto con el mundo pagano, exigía que las comunidades nacientes ejercitaran una ascesis y autodisciplina mayores aún que las del judaísmo de la diáspora. Que hubiera faltas dentro de las comunidades, lo revela el hecho de las continuas amonestaciones de Pablo en sus cartas.

 

A la muerte del apóstol, en el mundo helenístico había una red de células cristianas cuya vitalidad aseguró la ulterior propagación de la fe cristiana.


 

 

CAPITULO VI: El cristianismo en el mundo pagano

de la esfera paulina. El Apóstol Pedro

 

1.- El cristianismo en el mundo pagano fuera de la esfera paulina.

La labor de los otros misioneros que trabajaron en oriente y en el Imperio Romano, comparada con la de Pablo, es menos conocida. El mismo Pablo atestigua esta labor cuando afirma que no quiere edificar sobre los cimientos que otros han edificado (Rom. 15,19). Aún así, Pablo no menciona nombres de fundadores, ni de ciudades. Los Hechos, sólo accidentalmente, mencionan misiones no paulinas, como cuando Bernabé, tras separarse de Pablo, fue a Chipre; en Pozzuoli (cerca de Nápoles) existía otra comunidad cristiana, donde se alojó Pablo; así mismo salieron a su encuentro miembros de la comunidad romana, a su llegada a la Urbe. Otros signos de misiones extrapaulinas: la 1 Pedro, se dirige a los cristianos del Ponto, de la Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia.

 

Las lagunas de las fuentes para la historia del cristianismo en los primerísimos tiempos son particularmente evidentes cuando se buscan noticias sobre la actividad o simplemente sobre la suerte de los apóstoles (exceptuando Pedro, Juan y Santiago el Menor). Sólo en los siglos II y III se ha buscado colmar estas lagunas con los llamados hechos apócrifos, que más o menos exactamente, dan noticias de la vida y muerte de diversos apóstoles. Desde el punto de vista histórico, como fuentes para conocer estos aspectos biográficos de los apóstoles, los datos que proporcionan son incontrolables. Lo más, sí se puede decir que las noticias de carácter geográfico sobre particulares provincias o ciudades en que viene colocada la acción de los apóstoles se basan sobre una tradición con fundamento. Sólo en el caso de Santiago, Pedro y Juan tenemos testimonios de fuentes que permiten adquirir algunas noticias concretas sobre su actividad.


2.- Estancia y muerte de Pedro en Roma.

Los Hechos cierran su narración sobre la actividad de Pedro en la comunidad primitiva de Jerusalén con la noticia de que "se encaminó hacia otro sitio" (Hch. 12,17). La tradición de la estancia y muerte de Pedro en Roma es demasiado fuerte como para poder ser puesta en duda por hipótesis, demasiado débiles, de algunos autores. Sin embargo, no son posibles afirmaciones concretas sobre las etapas del camino que lo condujo a Roma, sobre la fecha de su llegada a la Urbe y sobre la duración de su estancia. Lo que es seguro, es su participación en el "concilio" de los Apóstoles en Jerusalén (poco antes del 50) y su presencia, poco después, en Antioquía (Hch. 15,7).

 

El fundamento de la tradición romana relativa a Pedro está constituido por tres testimonios de fuentes, cronológicamente próximas, que, juntas, adquieren el peso de la certeza histórica. El primer testimonio es de origen romano y se encuentra en la carta de Clemente a los Corintios: Clemente habla de hechos del pasado reciente, en que los cristianos, por "celos y envidias" fueron perseguidos y lucharon hasta la muerte. Entre ellos destacan Pedro y Pablo: "Pedro, que por injusta envidia tuvo que soportar no uno, sino muchos trabajos y después, dejándonos su testimonio de sangre, pasó al lugar que le correspondía en la gloria". Con él sufrió el martirio un gran número de cristianos, entre ellos también mujeres, disfrazadas de Danaides y Dirces, alusión a la persecución de Nerón, lo que permite situar la muerte de Pedro en este contexto, fijándola cronológicamente en la mitad de la década de los sesenta. Sobre el modo y lugar de la ejecución, Clemente no dice nada, presuponiendo, evidentemente, que los lectores conocen los hechos, que han sido conocidos directamente por él, que pertenece a la misma generación y que vive en el mismo lugar.

 

Veinte años más tarde llega una carta a Roma, procedente de Oriente: Ignacio de Antioquía, que más que ninguno podía conocer la suerte de los dos príncipes de los apóstoles, pide a los fieles de Roma que no le impidan sufrir el martirio, que debería sufrir en Roma; usa una frase llena de respeto: "No os mando, como Pedro y Pablo": deja entender que éstos habían tenido dentro de la comunidad romana un puesto de autoridad, y que su presencia no fue ocasional.

El tercer testimonio, contemporáneo del anterior, es la Ascensio Isaiae, cuya reelaboración cristiana se pone alrededor del año 100, y expresa en estilo profético el anuncio de que la obra de los doce apóstoles será perseguida por Beliar, asesino de su propia madre (=Nerón), y que uno de los doce caerá en sus manos. Esta declaración profética viene aclarada por un fragmento del Apocalipsis de Pedro, de principios del s. II, que dice: "A ti, Pedro, he revelado y expuesto todo. Ve por tanto a la ciudad de la fornicación y bebe el cáliz que te he anunciado". A estos tres testimonios hay que añadir otros dos: El redactor del capítulo último del Evangelio de Juan alude claramente al martirio de Pedro y conoce su crucifixión (Jn. 21,18s.) pero calla sobre el lugar de su martirio. Se alude a Roma en la 1ª epístola de Pedro, como lugar de su residencia, cuando se alude a Babilonia.

La tradición romana de Pedro no fue nunca contestada a lo largo del siglo II, y está comprobada en gran cantidad de fuentes, de origen muy diverso (Dionisio de Corinto, Ireneo de Lyon, Tertuliano...) Pero aún más importante es que esta tradición no haya sido reivindicada por ninguna otra iglesia cristiana, ni puesta en duda por nadie. Este aspecto es algo decisivo.


3.- La tumba de Pedro.

Las cosas se complican cuando se quiere precisar el lugar de la tumba del apóstol. Junto a las fuentes literarias, aquí aparece con mayor peso las fuentes arqueológicas.

 

En el curso del tiempo, en Roma la tradición sobre el lugar de la tumba se había dividido. La indicación de la colina vaticana como lugar del martirio de Pedro, según los Annales de Tácito sobre la persecución neroniana, junto con la afirmación de la primera carta de Clemente, viene ampliada por el testimonio de Gayo, miembro culto de la iglesia romana bajo el papa Ceferino (199-217): Gayo se encontró implicado en una controversia con Proclo, jefe de la comunidad montanista de Roma. Se trataba de aducir, como prueba de las propias tradiciones apostólicas, la existencia en Roma de las tumbas de los apóstoles. Gayo dice: "Yo puedo aducir los tropaia de los apóstoles; en efecto, si quieres ir al Vaticano o a la vía Ostiense, encontrarás allí las tumbas gloriosas de los han fundado esta iglesia". Hacia el 200, por lo tanto, existía la persuasión de que la tumba de Pedro estuviese en el Vaticano.

 

En el calendario festivo romano del año 354, que se debe completar con el Martyrologium Hieronymianum (después del 341), se encuentra la noticia de que en el año 258, el 29 de junio, se celebraba la memoria de san Pedro en el Vaticano, y la de san Pablo en la vía Ostiense y la de ambos in catacumbas. Hacia el 260 existía sobre la vía Apia, bajo la más tardía basílica de san Sebastián (que en el siglo IV todavía se llamaba ecclesia apostolorum) un lugar dedicado al culto de los príncipes de los apóstoles. Un Carmen sepulcral compuesto por el papa san Dámaso, dice que allí habían "habitado" los dos apóstoles, y esto quiere decir que allí, en un tiempo, estuvieron sepultados los dos apóstoles. Excavaciones efectuadas en 1917 prueban la existencia, hacia el 260, de un tal lugar de culto, donde los apóstoles venían honrados con refrigeria, como lo atestiguan numerosos grafitti conservados sobre las paredes del ambiente de culto, aunque no se encontró ninguna tumba en que pudieran estar sepultados los apóstoles. Dos hipótesis:

 

1.      Que los apóstoles fueron sepultados allí, y sus cuerpos habrían sido trasladados al Vaticano y a la Ostiense con motivo de la construcción de las basílicas constantinianas.

2.      Que los cuerpos de los apóstoles fueran traídos a este lugar durante la persecución de Valeriano, y que allí permanecieran hasta la construcción de las basílicas.

 

Las importantísimas excavaciones realizadas en los años 1940-1949 bajo la actual basílica de san Pedro, han llevado sobre todo al descubrimiento de una grandiosa necrópolis, en que se abría una calle sepulcral ascendente en dirección oeste y a través de la cual se llegaba a varios mausoleos, muchos de ellos ricos en obras de arte. De éstos sólo uno es netamente cristiano, con mosaicos muy antiguos, entre ellos uno de Cristo-Helios. Los mausoleos surgieron en un período entre los años 130-200, aunque las deposiciones de cuerpos en la zona este, es más antigua.

 

En la zona inmediatamente bajo y ante la confesión de san Pedro, se encontró un sepulcro descubierto de alrededor de 7x4 metros (el sepulcro P), anterior a la basílica constantiniana. Este estaba cerrado hacia el oeste por un muro rojo levantado hacia el 160. Sobre la pared oriental de este muro hay un doble nicho, con dos pequeñas columnas a los lados. Es fácil reconocer que nos encontramos ante una "edicola" sepulcral no muy rica, pero que fue considerada por los constructores de la basílica constantiniana como el monumento hacia el cual la nueva basílica debía ser orientada. En el margen inferior del muro se encontró un nicho con huesos pertenecientes a un hombre anciano.

 

Algunas dificultades, aún no resueltas, hacen que no sea posible por el momento acoger la tesis de que las excavaciones hayan seguramente dado como resultado encontrar la tumba de Pedro o su lugar originario. Sin embargo, estas excavaciones han dado resultados muy importantes: los restos del tropaion de Gayo han sido encontrados, y ciertamente los cristianos que lo hicieron suponían la tumba del apóstol en la colina Vaticana, convencimiento con el que también trabajaron los constructores de la basílica constantiniana.

{Ver al pie una relación sobre la tumba de San Pedro en la colina vaticana}

 

 

 

 

Capítulo VII – El Cristianismo en los escritos joaneos

 

Recorriendo la historia del cristianismo en el primer siglo, al final, se encuentra un grupo de escritos que muy pronto la tradición ha atribuido al apóstol Juan, hijo del Zebedeo y hermano pequeño de Santiago el Mayor. Estos escritos comprenden un Evangelio, una carta larga de exhortación, dos cartas más breves y un Apocalipsis: ofrecen un panorama del cristianismo que representa en su desarrollo un estadio de por sí. Aquí se trata de poner de relieve aquellos rasgos que son relevantes para la historia eclesiástica, sobre todo dos: la imagen de Cristo en el cuarto evangelio y la imagen de la Iglesia en el Apocalipsis.

 

Aunque la cuestión relativa al autor no ha podido encontrar hasta ahora una solución universalmente aceptada, existen dificultades para considerar que el Evangelio y el Apocalipsis sean, en su forma actual, obra de un mismo autor; se los puede situar al final del siglo I, en las comunidades cristianas de la costa occidental del Asia Menor. En este tiempo, la figura dominante en esta región es el apóstol Juan, por lo que estos escritos llevan seguramente su espíritu, aunque puedan haber recibido su forma definitiva de manos de un discípulo. El Evangelio debía existir ya hacia el año 100, porque probablemente Ignacio de Antioquía lo conocía, y un fragmento de papiro con Jn. 18, 31ss., datado hacia el 130, así lo postula. Más o menos del mismo período es la 1 Juan, como lo demuestra la utilización por Papías y el hecho de que la cite Policarpo de Esmirna en su carta a los filipenses. El Apocalipsis, según Ireneo, se habría escrito en los últimos años del emperador. Domiciano; y ciertamente, las cartas a las iglesias hacen pensar en un desarrollo de las comunidades, impensable antes del año 70.

 

El fin de Juan, al escribir su Evangelio es éste: "Estos signos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (20,31). El Evangelio, según su contenido, puede ir dirigido a cristianos, y así se podría leer como un profundizar en la fe en el Mesías y en su condición de Hijo de Dios (los caps. 13-17 parecen dirigidos a personas que no tienen ninguna duda sobre Jesús como Mesías); o bien, iría dirigido a los ambientes en que se ponía en duda tal mesianidad, sobre todo a los judíos de la diáspora, entre lo cuales había quienes decían que el Mesías era Juan el Bautista, por lo que en el Evangelio adquiere gran importancia el testimonio de éste.

 

Sean unos u otros los destinatarios del Evangelio, Juan busca transmitirles una idea de Cristo de singular profundidad y grandeza, cuando lo anuncia como el Logos existente desde toda la eternidad, de naturaleza divina, que desde su preexistencia se ha encarnado en este mundo (cf. prólogo, que podría ser un himno de alguna comunidad cristiana del Asia Menor).

Con esta imagen de Cristo como Logos, el evangelista da a entender una clara conciencia de la misión universal del cristianismo, de su carácter de religión universal. Esto se ve más claramente a la hora de hablar de la muerte de Jesús, como salvación para todos los hombres.

 

Junto a esta imagen de Cristo, aparece una imagen de la Iglesia en los escritos joáneos que ofrece nuevos aspectos: el Evangelio no deja ninguna duda sobre el hecho de que mediante un acto sacramental se es acogido en la comunidad de los que consiguen la vida eterna creyendo en Jesús: "Si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (3,5). El Espíritu que el Señor exaltado mandará, obrará un renacimiento y comunicará la nueva vida divina. Los bautizados constituyen la sociedad de aquellos que tienen la recta fe y que son purificados por la sangre de Jesús. De la comunión con éstos son excluidos los "anticristos", porque no confiesan verazmente a Cristo y no observan el amor fraterno. Sólo en esta comunidad se hace uno partícipe de la Eucaristía, que junto con el Bautismo es la fuente de la vida que da el Espíritu.

 

En la idea del evangelista, la Iglesia está llamada, en medio de un mundo hostil, a dar testimonio del Resucitado y de la salvación que él ha traído; esto significa la lucha con este mundo, y en esto consiste el verdadero martyrium: la iglesia es una iglesia de mártires. Esta es una imagen típica del Apocalipsis, que trata de fortificar la lucha de los que viven en la tierra su condición de cristianos, con la imagen de los que murieron en la lucha, "despreciando su vida hasta morir" y vencieron a Satanás "por medio de la sangre del Cordero y gracias al testimonio de su martirio" (12,11). Se cierra así el arco entre la iglesia del cielo y la de la tierra, que como esposa del Cordero, va en camino hacia las bodas. Cuando haya alcanzado la meta de su peregrinación, ésta continuará viviendo como nueva Jerusalén en el reino de Dios del fin de los tiempos. Es ésta una imagen de Iglesia destinada, como mensaje de ánimo, a los cristianos de finales del siglo I, que vivían bajo la pesadilla de la persecución de Domiciano. 


 

  

CAPITULO VIII: CONFLICTO ENTRE CRISTIANISMO

Y PODER ESTATAL.

 

Las comunidades cristianas, por su imperativo de mantenerse apartadas de los cultos paganos, debían, antes o después, atraer sobre sí la atención de la sociedad. Pero esta atención fue desde el principio negativa, hostil, algo llamativo si tenemos en cuenta el éxito popular que obtenían los cultos orientales que se expandían por el Imperio. Los motivos, por lo tanto, que están en el origen de la persecución contra el cristianismo, se encuentran en esta misma religión, el principal de los cuales es la pretensión absoluta que lleva dentro de sí. Era la primera vez en el Imperio Romano que se presentaba una religión que consideraba a su Dios, no uno entre los demás, sino como el único Dios del mundo y su único Redentor; junto a este culto no podía existir ningún otro. Ya que de esta religión se derivaban consecuencias para la vida práctica cotidiana, poco a poco los cristianos fueron apareciendo al mundo pagano como enemigos declarados de toda la vida civil antigua, que tenía una impronta religiosa. Esta atmósfera hostil fue alimentada por el judaísmo de la diáspora, que no podía perdonar a los judeo-cristianos la apostasía de la fe de sus padres. La segregación de los cristianos daba auge a los rumores sobre degeneraciones y aberraciones de su culto, y sobre su fama como gentuza.

 

Los cristianos vivieron todo esto como una injusticia, aunque también parece que no llegaron a comprender que sus características religiosas ofrecían algún motivo para la persecución. La mayor parte de las fuentes cristianas ofrecen este panorama. Falta un estudio desde el punto de vista pagano. De hecho, la historiografía cristiana ha hecho que se vea el fenómeno de la persecución reducido a una parte, la pagana, cruel, brutal, castigada por Dios, y la cristiana como los elegidos y justos que por su constancia merecen la corona del cielo. La visión de un Lactancio o de un Eusebio han dominado el cuadro de las persecuciones contra los cristianos.

 

Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que es inadmisible ver en cada emperador o gobernador romano en cuyo período se hayan dado persecuciones, a un hombre de ciego furor que los haya perseguido sólo a causa de su fe: hay que examinar caso por caso. En segundo lugar, la iniciativa de las represalias contra los cristianos no venía, generalmente, de la autoridad estatal: era algo contrario a los principios fundamentales de la política religiosa romana el perseguir a los seguidores de un movimiento religioso sólo por motivo de su confesión.  

El culto a los emperadores, nacido bajo Augusto, se fue desarrollando muy poco a poco: por ello, no se puede aducir esta razón como motivo general de las persecuciones contra los cristianos en el siglo I; sólo en algunos casos, como Nerón o Domiciano, que llevaron adelante exageradamente algunas prerrogativas del culto imperial, se dieron algunos desórdenes, que no pueden ser achacados sólo a los cristianos.

 

Fue a causa de enfrentamientos entre judíos y cristianos, o entre cristianos y población pagana por lo que las autoridades se fijaron en el nuevo movimiento religioso, debiendo intervenir para controlar los tumultos. Poco a poco, las autoridades se fueron convenciendo de que la paz religiosa gozada hasta entonces estaba amenazada por el cristianismo, y que por lo tanto constituían una amenaza para la política religiosa llevada hasta entonces adelante. Así, sucesivamente se persuadieron de que los cristianos rechazaban de plano la religión de estado, y que por lo tanto se ponía en peligro, según su óptica, el mismo estado romano. Por todo ello, el poder estatal puede ser citado en las persecuciones con un carácter restringido. 

En primer lugar se encuentra el totalitarismo de la religión cristiana, y en segundo la actitud hostil del paganismo. Sólo en el III siglo, cuando el estado romano llegue a ver en el cristianismo una fuerza que mina su existencia, será cuando el conflicto entre cristianismo y estado se convierta en una oposición de principio. Ello no quita que los mártires cristianos confesaran con gran heroísmo su fe y sostuvieran en todo tiempo y frente a cualquier poder terreno la libertad de decisión de la conciencia en campo religioso.


1.- Las persecuciones bajo Nerón y Domiciano.

El primer caso documentado de que la autoridad estatal romana haya debido ocuparse de un cristiano, ha sido el del apóstol Pablo, que en el año 59, ante el procurador Porcio Festo, valiéndose de la propia ciudadanía romana se apeló al Cesar y fue trasladado a Roma.

 

Sin embargo, en tiempos recientes se ha creído encontrar indicios de una toma de posición del estado romano contra los cristianos, que se remontaría a los primeros años del emperador Claudio: se trata de un papiro, una carta encontrada en 1920, que respondía a una doble delegación judía (¿y griega?) de Alejandría. Prohibe a los judíos de Alejandría que introduzcan gente en el campo, proveniente de Siria o Egipto, "porque lo obligarían a actuar contra ellos, porque difundirían una especie de epidemia en todo el universo". Bajo esta epidemia se ha querido ver la religión cristiana, que venía entonces propagada en Egipto y en todo el Imperio. Sin embargo, no es necesario hacer esta interpretación, sino que es más fácil ver una alusión a las continuas contiendas entre los judíos alejandrinos. Es inverosímil que en un momento así los alejandrinos llevaran una embajada a Roma para protestar contra el cristianismo.

 

Más segura, en relación con el cristianismo en Roma, es una medida adoptada por el mismo emperador, referida por Suetonio y Dión Casio: Claudio habría mandado expulsar a los judíos de Roma a causa de los litigios surgidos entre ellos "a causa de un cierto Chrestos". Una identificación con Cristo es evidente. Por esta expulsión salieron de Roma Aquila y Priscila, que se fueron a Corinto, donde acogieron a Pablo (Hch. 18, 2-4).  

El más antiguo ejemplo de persecución de los seguidores de la fe cristiana es la que se abatió sobre ellos en conexión con el incendio de Roma bajo Nerón, en el año 64. Tacito nos informa de estos hechos en los Annales. Entre la población corría el rumor de que el emperador era el causante del incendio que devastó Roma la noche del 16 de julio del 64. Para librarse de la sospecha, hizo recaer las culpas sobre los cristianos. Estos fueron arrestados en gran número y fueron ajusticiados con los sistemas en uso contra los incendiarios: arrojados a los perros o quemados vivos. Para Tácito no existe la menor duda de que fueran inocentes, aunque no existe tampoco compasión por ellos. Este testimonio nos hace ver que en la década de los setenta los cristianos en Roma no eran un grupito, sino una ingens multitudo. A esta persecución se refieren los escritos de Clemente Romano, aludiendo también a que en esta persecución cayeron Pedro y Pablo (aunque queda abierta la discusión sobre si su muerte se produjo en el año 64).

 

Lactancio es el único que afirma que la persecución de Nerón no se redujo sólo a Roma, sino a todo el Imperio: esto es improbable, porque es el único que lo dice, y además porque no estaba precisamente informado de lo ocurrido bajo Nerón. Sin embargo, es verdad que Tertuliano, hablando de la persecución neroniana, dice que la proscripción del nombre cristiano era el único institutum neronianum que no había sido anulado tras su muerte. En esto se apoyan los que afirman que Nerón promulgó un edicto de persecución general. Sin embargo, es algo más que improbable, por el silencio de las fuentes, que deberían haber conservado alguna memoria, sobre todo en Oriente, y sobre todo porque ninguna actuación estatal posterior contra el cristianismo hace memoria de esta disposición. Sin embargo, sí es cierto que popularmente se difundió el conectar la idea de cristianos con la persecución neroniana en Roma. 

Más parcas son las noticias sobre la persecución de Domiciano, aunque es indudable su realidad. Existe sobre todo el testimonio de un hombre muy próximo a los hechos, Melitón de Sardes, el cual, en su Apología dirigida al emperador. Marco Aurelio, pone junto a Nerón, como enemigo del nombre cristiano, a Domiciano. Junto a esto hay que situar las palabras de Clemente en su primera carta a los Corintios, en que dice que no les ha escrito antes por las calamidades y adversidades vividas por los cristianos, lo que se refiere a una acción del emperador contra los cristianos. Alusiones de escritores no cristianos pueden confirmar los hechos (Epícteto, Plinio el Joven, Dión Casio1), así como algunos pasajes del Apocalipsis.

 

Sobre la extensión de la persecución y sobre algunas víctimas concretas, hay pocos datos concretos: Flavio Clemente y Domitila, Acilio Glabrión (cónsul)...


2.- Los procesos a los cristianos bajo Trajano y Adriano.

Sobre la situación jurídica de los cristianos bajo Trajano (98-117) no sabríamos nada si tuviéramos que contar sólo con fuentes cristianas. La petición oficial de un gobernador de la provincia de Bitinia al emperador, de instrucciones sobre cómo tratar a los cristianos en determinados casos límite, nos hace saber que en esta provincia del Asia Menor muchos cristianos fueron denunciados ante la administración estatal como cristianos, llamados a juicio, interrogados y condenados a muerte. Además de la respuesta del emperador al gobernador, el carteo de Trajano con Plinio el Joven nos da una idea de cómo estaban las cosas a principios del siglo II.

 

Plinio empezó su cargo de gobernador en el año 111 o 112. Allí se encuentra con que el cristianismo se ha difundido tanto en las ciudades como en el campo, entre gente de toda edad y condición social. El problema es que muchos de estos cristianos no se atenían a una orden imperial que prohibía las hetaeriae, sodalicios (=cofradías, corporaciones) no reconocidos por el estado, ni sus reuniones. 

Estos cristianos fueron denunciados al gobernador. Plinio empezó a interrogarlos, preguntándoles si eran cristianos; les intimaba después a apostatar, bajo pena de muerte: si éstos persistían,, eran enviados al suplicio, exceptuando los que eran ciudadanos romanos, que eran trasladados a Roma. Lo que llevó al gobernador a pedir instrucciones fue el hecho de constatar que muchas denuncias estaban dictadas por venganzas personales. Una cosa resulta clara en esta carta: Plinio no conoce una ley que pueda servirle de norma contra los cristianos. Su dilema es: para la persecución, ¿es suficiente probar que son cristianos, o bien que hay otros delitos?

 

La respuesta de Trajano deja ver que, efectivamente, no existía ninguna ley universal al respecto: la situación actual es tal, a juicio del emperador, que no conviene establecer ninguna disposición general al respecto. La solución al problema: no se busque a los cristianos ni se admita ninguna denuncia anónima. Quien es denunciado oficialmente como cristiano, debe ser interrogado: quien lo niega (aunque lo sea) no será castigado; quien lo afirme, es castigado. Por tanto, el simple hecho de ser cristiano es motivo para ser perseguido. 

Por tanto, las palabras de Trajano dejan ver que él ve la cosa como natural, dada la opinión pública sobre los cristianos. Se ha creado, desde Nerón, la conciencia de que no es lícito ser cristianos. Y es obvio que lo que se dice en la carta de Trajano va contra los principios del derecho penal romano. 

Sobre los efectos de la carta de Trajano las fuentes dan poquísimas noticias. De esta época sólo se conocen dos mártires: el obispo Simeón de Jerusalén, crucificado cuando contaba con 120 años de edad, e Ignacio de Antioquía, trasladado a Roma, como ciudadano romano, y allí martirizado, siendo todavía Trajano emperador.

 

Bajo Adriano (117-136) de nuevo un gobernador se dirige a él para pedirle instrucciones. Se trata del procónsul de la provincia del Asia Proconsular, Getulio Serenio Graniano; su carta se ha perdido, pero sí conocemos la carta de Adriano a su sucesor, Minucio Fundano, que se encuentra en la Apología de san Justino. Adriano es más duro que su antecesor contra las denuncias anónimas: sólo si uno responde con su nombre de la denuncia, el cristiano debe ser procesado, y sólo si alguno puede probar que los denunciados han transgredido las leyes, el gobernador puede pronunciar la condena, según la gravedad del reato. 

En realidad, y según la interpretación de Justino, la postura de Adriano supuso una mejora para los cristianos, ya que sólo podían ser castigados si se comprobaba que habían transgredido las leyes del estado. En efecto, Adriano no descarta que se pueda acusar a uno de ser cristiano, pero para que se le condene, se exige que se pruebe un delito contra una ley romana.

 

El principio de que el solo hecho de ser cristiano fuera perseguible siguió vigente durante el siglo II, como lo demuestran algunos martirios bajo Antonino Pío (138-161): datos en la Apología de Justino, en el Pastor de Hermas, actas del martirio de san Policarpo. 

Conclusión: durante el siglo II no existe una ley que regule, con disciplina uniforme en todo el Imperio, la conducta del estado romano hacia los cristianos. La hostilidad del pueblo contra los cristianos forma la idea de que ser cristiano sea inconciliable con los usos del imperio romano, y esta idea da origen a una máxima jurídica que hace posible que las autoridades castiguen el ser cristiano. Las persecuciones que se derivan son sólo locales y esporádicas, y se dirigen contra individuos. Son provocadas por tumultos populares que obligan a la autoridad a intervenir. El número de las víctimas es relativamente bajo.

 

CAPITULO IX: El mundo religioso en la época apostólica,

a través de su literatura.

 

De los escritos del NT a los escritos de esta nueva era, empiezan a ser verdaderamente diferentes, porque diferentes son las necesidades y problemas de las nacientes comunidades cristianas.

 

Entendemos por padres apostólicos, aquellos que todavía se encuentran próximos al tiempo y mundo de los apóstoles, aunque ellos mismos, entiendan con claridad, la diferencia entre ellos y los apóstoles como sin duda alguna lo indica San Ignacio de Antioquía, el más famoso de los padres apostólicos . 

El prestigio de los apóstoles permanecerá intacto, prueba de ello, es la cantidad de escritos, que aparecerán de carácter apócrifo, y esto debido a la atribución a los apóstoles, como la mejor forma de dar prestigio a un texto atrayendo la atención de los posibles lectores.

 

Podemos decir sin lugar a dudas que la literatura de este tiempo se nutre mucho de la herencia de los apóstoles, del recuerdo cercano de sus figuras y de sus influyentes escritos. 

En este capítulo, se tratarán algunos de los más importantes con breves reseñas.


1.- CLEMENTE ROMANO.

Autor de una larga carta, que la comunidad de Roma dirige a la de Corinto a finales del siglo 1º El motivo, es: la lamentable situación de escisión en la que se encuentra esta Iglesia y tanto es así, que se llegará incluso a la deposición, de algunos de los presbíteros dirigentes de dicha comunidad. La carta les invita a restablecer la unidad perdida.

 

En su contenido se ve una apertura hacia lo helenístico especialmente al mundo estoico. Aunque su verdadera proximidad es hacia el mundo del AT y a la mentalidad judía.


2.- IGNACIO DE ANTIOQUÍA.

Obispo de un gran iglesia a Oriente, sufre el martirio en tiempo del emperador Trajano. De camino a Roma, escribe 7 cartas: A Efeso, Magnesia Y Tarles desde la ciudad de Esmirna, también desde aquí una a los romanos . A los filadelfos y esmirnotas y al obispo de estos, Policarpo les escribe desde Troas.

 

Se trata de consideraciones de fe de altísimo contenido espiritual, más que de desarrollos teológicos. Su contenido es interesantísimo cara a la fe y la piedad de este tiempo.


3.- POLICARPO DE ESMIRNA.

Obispo de la ciudad de Esmirna en Asia Menor. Según Ireneo, discípulo suyo, estuvo en directa relación con varios apóstoles. Así pues, es un testigo de excepción de los apóstoles y su tradición, que se prolongan hasta la segunda mitad del siglo II. Sus cartas, casi en su totalidad se han perdido solo se conserva una a la comunidad de Filipos. Después de la muerte de IG.A.


4.- LA DIDAKHÉ.

Algunos de los escritos importantes de esta época, son de carácter anónimo, como en este caso, este documento llamado también doctrina de los Apóstoles es muy interesante, para conocer la vida religiosa de las comunidades de estos primeros momentos. Su intención es dar una guía precisa de ordenación interna de la vida a estás comunidades de reciente nacimiento.


5.- LA CARTA A BERNABÉ.

Polemiza con el judaísmo haciendo una interpretación errónea del AT . Pero su contenido es interesante .


6.- EL PASTOR DE HERMAS.

La figura central de esta obra es: un pastor que anima a su rebaño, eshortándolos a la importancia de la penitencia a través de parábolas. Su importancia es grande, para ver la fundamentación de la penitencia en este momento.


7.- 2ª CARTA DE CLEMENTE.

El ejemplo más antiguo de una homilía pronunciada a mediados del siglo II.

 

Aparte de todo esto hay que recordar, la importancia de las tradiciones orales de los antiguos presbíteros remontadas hasta la edad de los apóstoles. Especialmente atestiguadas por Papías y Clemente Alejandrino.

No cabe duda que ya desde este momento las comunidades cristianas entran en polémica con las judías. Estos últimos afirman su carácter particular de pueblo escogido. Por el contrario, los cristianos afirman ser ellos el pueblo, que recoge la herencia despreciada por los judíos a causa de sus infidelidades. Este es el tema central de mucho de los escritos y dichos de esta época, como lo demuestra por ejemplo la cata a Bernabé o los demás autores mencionados.( Contenido específico en las pp. 227 y 228.)

 

Para terminar este capítulo determinar alguno de los contenidos de la DIDAKHÉ en orden a los sacramentos, especialmente al más importante en aquel momentos el de iniciación o bautismo.

 

En esta obra, importantísima, se dan las pautas de como ha de celebrarse dignamente este sacramento, todos los autores coinciden en definirlo, como el sacramento de la purificación e incorporación a la comunidad de hay ,la insistencia de los autores de este momento, en mostrar y perfilar, con claridad su particular teología.

 

La Eucaristía también será tratada, como sacramento de unión de la comunidad, ya aquí se empieza a plantear el problema d la comunión cuando se ha caído nuevamente en pecado. El apartarse de ella es condena a muerte segura, entendida como falta de salvación

 

( S. Ignacio. A )

 

El referimiento a los mandamientos y a la imitación de Cristo, son datos importantes en estas obras. La importancia de estos mandamientos, de la penitencia, de la vida sencilla, apartándose del deseo de poder, de los puestos importantes etc., será tema usual de alguna de ellas debido, sin duda a los problemas ya existentes en el seno de estas primeras comunidades. (Especialmente el Pastor de Hermas)

 

Continua en parte 2º

Agradecemos al autor - http://www.esteologia.com/TOC10

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Relación sobre la tumba de San Pedro

en la colina vaticana.

 

 

 El lugar del Primado

 

El dos de septiembre ha desaparecido la gran arqueóloga que descubrió la tumba y los huesos de san Pedro en Roma, confirmando así los datos de la tradición. Hace un año moría Federico Zeri, historiador del arte que se contaba entre los más autorizados del mundo. Les recordamos publicando sus intervenciones, inéditas, en una conferencia en el Centro Cultural de Milán en 1990.

 

"Margherita Guarducci es una punta de diamante". Así la definió una vez Federico Zeri, contraponiéndola a los estudiosos, filólogos y arqueólogos que pertenecen a otro tipo de personas: aquellos que someten su propio credo a las intrigas académicas, a las conveniencias ideológicas, al comercio de los cargos y de la clientela. "No es creyente en sentido estricto, pero ama el valor de la verdad". Así, Margherita Guarducci correspondía, a distancia, a las consideraciones de Zeri, sin que ni el uno ni la otra supiesen que se profesaban recíproca estima. Entre los dos había cierta sintonía, pero quizá por discreción lo demostraban sin ostentaciones. Trabajaban en distintos ámbitos de la cultura; Guarducci, insigne epigrafista, había adiestrado a Zeri en la lectura de las lápidas de su muestrario. Zeri, como historiador del arte, había defendido vigorosamente a la señorita Guarducci en lo que se refiere a la estatua de bronce del siglo séptimo de san Pedro en el Vaticano, que otros habían atribuido al escultor del siglo trece Arnolfo di Cambio.

 

Así, desde púlpitos distantes, y sin embargo muy sólidos, los dos habían establecido una alianza, con carácter inoxidable, que les aseguraba prudencia y resultaba vencedora. Una especie de conjunción solidaria en la denuncia de la mezquindad del pequeño mundo de los filólogos sofocados en la estrechez de sus especializaciones, ajenos a cualquier anhelo ideal. Si este cometido, en Guarducci, extraía su vigor del compromiso a defender, también a través de la cultura, la tradición de la Iglesia, en el laico Zeri se traducía en la investigación más densa y variada posible de los estímulos culturales que pudiesen contribuir a comprender el sentido de la vida.

( Marco Bona Castellotti)

 

MARGHERITA GUARDUCCI

 

Qué dice desde hace siglos la tradición de la Iglesia? Dice que Pedro, el pescador de Galilea, que el propio Cristo consideraba protos, el primero de sus discípulos, el príncipe de los apóstoles en aquel momento, vino a Roma a predicar la buena nueva; en Roma murió mártir bajo el mandato de Nerón en el 64, en el Circo Vaticano, fue sepultado a escasa distancia del lugar de martirio y sobre su tumba, a principios del siglo cuarto, el emperador Constantino hizo construir la gran basílica vaticana.

 

Esta tradición secular de la Iglesia comenzó, a partir de cierto momento, a suscitar disensiones por parte de los adversarios de la Iglesia, y los disidentes llegaron hasta el punto de que alguno se creía en la obligación de decir, contra toda veracidad histórica, que Pedro no había ido jamás a Roma, para poder negar así la presencia de la tumba de Pedro en el Vaticano. Esto es de suprema importancia, ya que decir tumba de san Pedro en Roma, en el Vaticano, significa, en cierto sentido, decir primado de la Iglesia de Roma.

 

Es necesario llegar a Pío XII, hombre de altísimo ingenio, de gran cultura, de enorme humanidad y dotado de un espíritu verdaderamente previsor. A penas elegido Papa, en 1939, quiso abrir a la ciencia los subterráneos de la basílica vaticana y buscar respuesta a la pregunta centenaria.

 

Las excavaciones comenzaron, y duraron hasta 1949. Fueron unas extrañas excavaciones, en las cuales muchos hallazgos se destruyeron y se cometieron cosas casi inauditas.

 

 Crucifixión del Obispo de Roma ´San Pedro´ cabeza abajo - 64/67ca. bajo Nerón

Crucifixión de San Pedro en cruz invertida.

XIII y XIV. Gótico - Italia. Escuela de Florencia

Basílica de San Francisco Asis – Italia

Autor: Cenni di Pepo ´Cimabue´ 1240+1302

 

Altares como "matrioscas"*

 

Encontraron una necrópolis, un antiguo y vasto cementerio, que se extendía de este a oeste, paralelo al Circo de Nerón, el mismo circo en el que Pedro había sufrido el martirio. Esta gran necrópolis estaba repleta de tierra, porque Constantino, o alguien en su nombre (el papa Silvestre fue su gran consejero), quería construir la base sobre la cual se debía fundar la primera basílica en honor a Pedro.

 

¿Qué encontraron sobre el altar papal? Una sucesión de monumentos y de altares: unos debajo de otros, unos dentro de otros. Esto significaba que aquel lugar, el lugar de la confesión, había sido ya desde hacía tiempo, desde siglos atrás, objeto del culto a Pedro. Debajo del altar papal, que es el actual altar de Clemente VIII (1594), se encontró uno anterior, el de Calixto II (1123); dentro del altar de Calixto II, se encontró el altar de Gregorio Magno (590-604); el altar de Gregorio Magno, a su vez, se apoyaba sobre el monumento que Constantino, aún antes de construir la basílica, había mandado erigir sobre el lugar de la tumba de Pedro, y este monumento constantiniano puede ser datado entre el 321 y el 326. El monumento de Constantino comprendía otro más antiguo que se remontaba al siglo II, el primer monumento a Pedro. Después ¿qué se incluyó? Se incluyó una parte de un pequeño edificio que se encontraba adosado a un muro revocado en rojo que hacía de fondo al primer monumento de Pedro. En este pequeño edificio, había un muro cubierto de símbolos y de antiguas inscripciones (naturalmente anteriores al monumento de Constantino, ya que fueron incluidas dentro de este), cubiertas de epígrafes que indicaban, por su abundancia, la inmensa devoción de los fieles. Después, detrás de esto, se ve que el primer monumento de san Pedro tenía en el pavimento una tapadera, la cual indicaba la presencia de una antigua tumba en la tierra, sobre la que se habían superpuesto todos estos monumentos. Bajo esta tapa, desgraciadamente, no había nada. Se encontró la tierra devastada y vacía.

 

Mensaje de radio revolucionario

 

Este era el estado de las cosas cuando concluyeron las excavaciones del 1940-49. Pío XII, en su mensaje de radio de la Navidad de 1950, notificó al mundo lo sucedido en las excavaciones y dijo que se había hallado la tumba de Pedro.

 

Comencé a ocuparme de las excavaciones de san Pedro, después de que hubieran terminado y se publicara la relación en 1952.

 

Uno de los excavadores había publicado, si bien no correctamente, uno de los epígrafes que se había encontrado en el lugar donde estaba el muro cubierto de inscripciones del que he hablado antes.

 

Ya había tenido ocasión de ver uno de los epígrafes, en el que había intuido la lectura "Petros eni" ("eni" en el sentido de "enesti": Pedro está dentro).

 

Fue entonces cuando pedí a Pío XII visitar las excavaciones, pues nadie podía acceder a ellas. Pío XII me concedió el permiso. Entonces comencé a buscar la inscripción, este "Petros eni", y no estaba porque uno de los excavadores se lo había llevado a casa.

 

Entrado ya el 1952, trabajé hasta el 1965, han sido años de un trabajo muy intenso.

 

Comencé a estudiar el muro de las inscripciones, que estaba dentro del monumento constantiniano. Ahora, este muro era una selva salvaje, y yo desesperaba de la empresa pero con paciencia, empecé a tratar de descifrarlo.

 

Esta tarea duró meses. Fue una de las más difíciles que había hecho. Después, en un determinado momento, aferré el hilo de la madeja y llegué a comprender. Se había usado una criptografía mística, es decir, se jugaba, en cierto sentido, con las letras del alfabeto. Allí sobreabundaba el nombre de Pedro, expresado con las letras P, PE, PET, vinculado normalmente al nombre de Cristo, con el símbolo de Cristo, con la sigla de Cristo y con el nombre de María, y sobre todo dominaban, en este muro, las aclamaciones a la victoria de Cristo, Pedro y María. También se recordaba a la Trinidad, a Cristo, segunda persona de la Trinidad y así sucesivamente. En fin, toda la teología del momento estaba allí, exhibida en este muro.

 

A golpe de martinete

 

Después empecé a interesarme por los huesos de Pedro. En un primer momento ni se me pasaba por la cabeza la idea de que un día llegaría a encontrar los huesos de Pedro.

 

Sin embargo, mientras aún estaba descifrando las inscripciones (todavía en 1953), me acercaba cada vez más a los huesos de Pedro. Los huesos de Pedro estaban en la tumba, en la tierra, bajo la tapa, como había sostenido siempre la tradición de la Iglesia. Después, cuando Constantino quiso hacer el monumento en honor al Apóstol, los huesos fueron sacados de la tierra y envueltos en un precioso manto de púrpura y oro y depositados en este nicho, y después, se cerró el nicho para siempre. Sucedió que durante las excavaciones, los excavadores, queriendo indagar en este lugar que la tradición indicaba como el lugar de la sepultura de Pedro, no se anduvieron con chiquitas. A golpe de martinete (un instrumento para clavar los palos en el terreno duro) derribaron el altar de Calixto II para llegar, lo antes posible, a la tumba. ¿Y qué pasó? Bajo los fuertes golpes del martinete cayó, del interior del muro, una cantidad de escombros, del interior y del exterior, quiero decir, del antiguo muro revocado en rojo, y todo se volcó en esta cavidad, sobre los desgraciados huesos que Constantino había depositado en el nicho del monumento. Así, aparecieron un montón de deshechos y no se reconocieron los huesos.

 

En aquel momento, el jefe de la Fabrica de San Pedro era un hombre inteligente, muy pío, muy sensible para no dejar al descubierto los huesos de quien fuese, fuesen cristianos o paganos. Monseñor Cas (hombre de confianza de Pío XII) notó que entre los escombros del nicho había unos huesos. Hizo apartar los escombros, guardar los huesos dentro de una caja y la metió en un armario de las grutas vaticanas, donde permanecieron ignorados durante diez años.

 

Había algunos huesos con hilos de oro y minúsculos pedacitos de tejido color púrpura.

 

Un antropólogo de mi confianza, el profesor Correnti, examinó el grupo de huesos de la caja, y me dijo: "Mira, hay algo extraño, porque todos los otros grupos que me han hecho examinar eran de distintos individuos, estos son de uno solo". Le pregunté: "¿De qué sexo?". Me dijo? "Masculino". "¿Edad?". "Avanzada". "¿Complexión?". "Robusta".

 

No por "casualidad"

 

En el 64, las investigaciones habían terminado. En el 65 salió mi libro Las reliquias de san Pedro bajo la confesión de la basílica vaticana, y allí comenzó a desencadenarse la tempestad porque algunos, muchos de hecho, estaban contentos con el resultado; otros no. Después de mi revisión del libro, que salió en el 67, Pablo VI se vio obligado a anunciar que los huesos de Pedro se habían vuelto a encontrar.

 

Nosotros sabemos que Cristo fundó su Iglesia sobre la roca de Pedro y le prometió la victoria sobre las fuerzas del mal. Ahora, creo que no es simple casualidad que los huesos del príncipe de los apóstoles, se hayan - por una excepción milagrosa - conservado y que estén, precisamente, dentro de la basílica vaticana, esto es, en el centro de aquella Iglesia que - por definición - es universal. Ustedes saben que catholicós significa en griego universal.

 

Roma: Vaso vidrio romano del 50/70, contemporáneo a S.Pedro en Roma

 

FEDERICO ZERI

 

Me honra y me alegra hablar junto, y a continuación, de la profesora Margherita Guarducci, de la cual he ad- mirado siempre tanto su saber como su integridad moral. Esto lo digo en voz alta. Por otro lado, hace falta que advierta enseguida de que hablo como outsider, ya que no soy un creyente.

 

Tenía unos veinte años cuando oí hablar de los inicios de esas excavaciones. No me fue posible acceder a ellas. Y después, según fueron saliendo las publicaciones, he seguido con extrema atención, leído y meditado aquello que se escribía, y puedo decir que apenas intervino en las discusiones la profesora Guarducci, quedé profundamente convencido de sus ideas. [...]

 

Cuando salieron las noticias a cerca del nicho, del pequeño agujero, y al final el asunto de los huesos, quedé totalmente convencido y debo decir esto: que lo que más me ha persuadido de que los huesos encontrados en aquel nicho son los que la tradición atribuía a san Pedro, o mejor, que en la época de Constantino eran considerados los huesos de san Pedro, es el hecho de que estaban envueltos en aquel tejido del que acabamos de ver algunas diapositivas, esto es, un tejido de púrpura ( teñido con la concha que venía de la costa de Siria, de la costa libanesa) y entretejido con hilos de oro. Un tejido de este género estaba reservado exclusivamente a la máxima autoridad sagrada del imperio, esto es, al emperador, al augusto; sólo el augusto tenía este atributo de la púrpura y el oro. No existe en absoluto otra posibilidad: el mismo emperador debía de haberlas hecho envolver en aquel tejido preciosísimo, que era el símbolo de su autoridad e incluso de su voluntad. Púrpura y oro, sobre todo en la época constantiniana, son precisamente el emblema del que es la suma autoridad de ese estado universal que era el imperio romano.

 

Sin embargo yo, después, había hecho siempre otro razonamiento, que coincide con los descubrimientos de la profesora Guarducci, y tiene en cuenta la particular posición de Constantino con respecto a la ciudad de Roma. 

La ciudad de Roma era pagana, era en su gran mayoría pagana, y los cristianos, que en el siglo tercero habían tenido la oportunidad de multiplicarse tras los muros de las grandes ciudades e incluso de tener algunos momentos felices, se habían visto rechazados.

 

Los cristianos habían sido totalmente el chivo expiatorio de aquella gran reconstrucción del imperio que inició Aureliano, después llevaron adelante Diocleciano y Maximiliano, y que llevó a término Constantino. [...] 

En la segunda mitad de los años 20 del siglo IV, esto es en torno al 322-323, Constantino inició la construcción de los grandes edificios sagrados, dedicados a la religión cristiana. [...] 

Me ha parecido siempre extraordinario que para hacer esta gran basílica, que era de enormes proporciones (tenía cinco naves y una grandiosidad sólo comparable a la del Santo Sepulcro de Jerusalén. Las máximas iglesias construidas por Constantino son la del Santo Sepulcro - el Martirion, con la añadida Anastasis, esto es, el lugar de la resurrección -, y la gran basílica construida en Roma, en la capital del imperio, edificada sobre la tumba de san Pedro); es algo extraordinario que para hacer este inmenso edificio costosísimo, importantísimo, por el cual se importó mármol de todas las partes del imperio, por el cual se sacrificaron algunos inmensos cedros del Líbano, uno de los cuales todavía existía en el momento de la demolición de la basílica al inicio del 500 bajo Julio II, y en efecto, se encontró una viga, dicen las fuentes, llena de topos y otros animales, pero que llevaba el sello del "Dominus Noster Costantinus Auguster"... para hacer esta basílica Constantino había sacrificado totalmente un edificio muy importante de la Roma pagana, el Circo de Calígula en el Vaticano.

 

Ahora, siempre me ha parecido que para atreverse a un acto tan importante y tan mal visto como meter mano en un circo donde había un obelisco (que permaneció en pie posteriormente hasta que Sixto V a final del 500 no quiso llevarlo a la basílica de san Pedro); que haya metido mano en este circo, que haya enterrado una gran necrópolis, donde había tumbas de importantes familias de la Roma pagana; me parece imposible que hubiese tomado esta decisión si efectivamente debajo, en el lugar donde construía esta basílica, no hubiese algo de extraordinario. No es posible creer que, ante las malignas críticas de los paganos - los cuales criticaron siempre, en los primeros siglos, la religión cristiana, o la obstaculizaron de todas las maneras posibles -, ante las críticas, Constantino no se diera cuenta de que había que edificar la basílica sobre algo concreto. 

A mi entender, que allí estuviese la tumba de san Pedro con los huesos de san Pedro era algo notorio en toda la Roma pagana, bien conocido e irrefutable. [...]

 

Cuando han aparecido las noticias de las excavaciones y después de las investigaciones de la profesora Guarducci, he tenido la certeza de que estas investigaciones no hacían más que convalidar algo que yo, por mi cuenta, siempre había pensado, y esto es, que aquella era verdaderamente la tumba de san Pedro. [...] 

Creo que muchas de las críticas dirigidas contra las investigaciones de la profesora Guarducci, contra las excavaciones, pertenecen a esa clase de crítica que no se basa tanto sobre los datos de hecho, como sobre una especie de prejuicio ideológico. Es decir, no se debían encontrar los huesos de san Pedro, no hacía falta decir que aquella era la tumba de san Pedro. Es algo muy frecuente, sobre todo cuando el asunto tiene que ver con la religión, en el caso específico, el primado de la Iglesia de Roma. [...]

 

Todo lo que ha dicho lo suscribo plenamente, y estoy lleno de admiración por la fuerza, la tenacidad y la constancia con la que ha conducido sus indagaciones y ha llegado a sus conclusiones. Puedo decir que si yo hubiese tenido que afrontar ciertas maldades (porque algunas han sido verdaderamente pérfidas maldades, de una sutileza casi diabólica), quizás hubiese cedido, me hubiese rendido. La profesora Guarducci ha sido un raro ejemplo de constancia, integridad y absoluta dedicación a la búsqueda de la verdad. Os lo repito, la profesora Guarducci habla como creyente, yo no soy creyente. Lo que no me impide expresarle mi alta admiración y suscribir hasta la última palabra todo lo que ha dicho. 

Margherita Guarducci. huellas-cl septiembre de 1999 – Agradecemos la fuente.

 

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San Pedro con dos de sus símbolos: la red y la cruz invertida

donde murió mártir crucificado en el 64ca.bajo Nerón-Roma;

carbón sobre papel-2006-Mosteiro das clarisas-Dist.Santarem-PT.

 

Frente a las gentes ‘pobres y sabios’ del orbe:

La evidencia vaticana: «Pedro está aquí»


La Santa Sede realiza una exposición sobre la basílica de San Pedro

La muestra presenta por primera vez en público la inscripción que permitió localizar la tumba del apóstol

Madrid- Roma, finales de siglo II. Un cristiano venido desde Oriente recorre la inmensa necrópolis situada junto al circo de Nerón, en la colina del Vaticano. Se encuentra cerca del lugar que ha motivado su largo peregrinaje, pero no oculta su desesperación por su infructuosa búsqueda dentro del complejo laberinto de esta ciudad de los muertos. No es de extrañar, pues su meta no es más que un pequeño monumento de apenas un metro de altura apoyado sobre un muro rojo, y que sirve para proteger una fosa excavada en la tierra. Con la ayuda de algún correligionario llega por fin al lugar, que apenas destaca entre las miles de tumbas. Emocionado, se arrodilla ante aquel humilde sepulcro, y no se resiste a testimoniar el motivo que le ha llevado hasta allí. Con un punzón, y en griego, su lengua, escribe sobre el muro: «Petros eni», o sea, «Pedro está aquí».
   Nada hizo pensar entonces a aquel cristiano oriental que su inscripción sobre la tumba del apóstol Pedro, iba a convertirse dieciocho siglos más tarde en la pieza estrella de la exposición con que el Vaticano conmemora el quinto centenario de la construcción de la nueva Basílica de San Pedro. El fragmento, descubierto en 1952, permitió a los arqueólogos ubicar con precisión el lugar que ocupa la tumba original de san Pedro, doce metros por debajo del altar mayor y ahora se muestra al público por primera vez. Precisamente por ello da título -«Petros eni- Pietro è qui»- a la muestra que acoge el «Braccio di Carlo Magno» hasta el 8 de marzo de 2007, y que tiene como objetivo explicar por qué este lugar de culto «ha sido siempre coronado del esplendor del genio artístico humano» .
   La exposición está organizada con una cronología inversa y comienza con la fundación, en 1506, de la actual basílica. En esta primera parte destaca la enorme maqueta en madera de la cúpula diseñada por Miguel Ángel y los planos de Bramante, así como pinturas de Rafael y Tiziano que ilustran los momentos de la construcción. Dando un paso atrás en el tiempo, la exposición sigue con un espacio dedicado a la antigua basílica constantiniana y continúa con la necrópolis vaticana, en la que fue enterrado Pedro.
   La parte final tiene un marcado matiz evangelizador y explica las figuras de los apóstoles Pedro y Pablo, y su labor conjunta para consolidar la Iglesia primitiva desde la capital del imperio romano. Ya en la última sala se reivindica el primado de Pedro en la Iglesia y se recuerda la devoción que ha llevado a los peregrinos hasta Roma, desde los más ilustres -san Francisco de Asís, san Ignacio de Loyola o la beata Madre Teresa-, hasta aquel anónimo oriental que dejó sobre la pared su testimonio: «Pedro está aquí».

‘’ABC’ José R. Navarro Pareja 2006-10-22

 

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¿Cómo es posible imaginar un consejo o una confederación mundial cristiana, en la que cada uno de sus miembros pueda, hasta en materia de fe, conservar su sentir y juicio propio aún estos contradigan al juicio y sentir de los demás?... Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos... De esa diversidad de opiniones es fácil es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o "indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres... Porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual EL mismo la fundó para la salvación de todos... No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia... Vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y al esperanza de que La Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad, abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella...” [“Mortalium Animos”, ¿cómo fomentar la verdadera unidad de los cristianos?, de S.S. Pió XI, 1928]

 

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Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha colocado como Obispos [“episkopos”]: pastoreen la Iglesia del Señor, que ÉL [Jesucristo] adquirió con su propia sangre. 29Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño [y querrán acabar con La Iglesia]. 30De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas [deformarán la sana doctrina cristiana] e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. 31Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.” [San Pablo - Hechos Cap. 20]

 

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«La historia no está en manos de potencias oscuras, del azar o de opciones humanas» S. S. Benedicto XVI P.P.


«Ante el desencadenamiento de energías malvadas, ante la irrupción vehemente de Satanás, ante tantos azotes y males, se eleva el Señor, árbitro supremo de las vicisitudes de la historia».

«Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus "caminos", es decir, sus proyectos y sus "obras" eficaces».


«Esta intervención divina tiene un fin preciso: ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Las naciones deben aprender a "leer" en la historia un mensaje de Dios».

Para S. S. Benedicto XVI «la aventura de la humanidad no es confusa y carente de significado, ni está sometida a la prevaricación de los prepotentes y perversos» y, de hecho, «existe la posibilidad de reconocer la acción de Dios en la historia».

El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la constitución pastoral «Gaudium et spes», invita al creyente «a escrutar, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos para ver en ellos la manifestación de la acción misma de Dios».

«Esta actitud de fe lleva al ser humano a reconocer la potencia de Dios que actúa en la historia, y a abrirse así al temor del nombre del Señor», «temor» que no es «miedo», sino «el reconocimiento del misterio de la trascendencia divina».

«Gracias al temor del Señor no se tiene miedo del mal que irrumpe en la historia y se retoma con vigor el camino de la vida», repitiendo las últimas palabras de Jesús sobre la tierra: «¡Ánimo! yo he vencido al mundo».

Papa Juan XXIII, solía repetir: «el que cree no tiembla, pues el que cree no debe tener miedo del mundo ni del futuro».

S. S. Benedicto XVI P.P. 2005-05-11 – Vat. Roma – Italia

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo – Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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Si camino por la calle y de pronto tropiezo, pierdo el equilibrio e involuntariamente arrojo al suelo a un transeúnte, lo que procede es pedirle una disculpa. Si la víctima de mi accidente se da cuenta de que mi acción ha sido, en efecto, involuntaria, me dis-culpará, es decir, reconocerá que no fui culpable. En cambio, si ese mismo transeúnte, al llegar a su casa, insulta a su esposa, no bastará con que posteriormente solicite ser dis- culpado: deberá pedir perdón, porque ha sido culpable de la ofensa cometida. Por tanto, se disculpa al inocente y se perdona al culpable.

 

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«Cristo es el criterio, base y columna fundamental de verdad, porque Él es la Verdad. No olvidemos que Cristo dijo esto en un momento central de su vida, en el corazón de la realización del misterio pascual, trámite por el cual el Padre dará al hombre su amor que es el Espíritu Santo.
Cristo, siendo el Señor de la Iglesia –y la Iglesia ofreciendo esta verdad que es Cristo–, permite al hombre adherirse a esta verdad, en la cual se realiza en plenitud la libertad, siendo ésta un al amor de Dios. Así, la Iglesia es la instancia por excelencia de la verdadera libertad.»

 

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Dijo Jesús: Quien sacrifica su vida por mí, la ganará para la vida eterna.

 

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La sencillez es el sello de la verdad. No hay mayor verdad que esta. La verdad es uno de los valores fundamentales de la vida y de la convivencia entre los hombres. Para ser auténtico hay que irradiar la luz de la verdad.

 

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En el campo del cristianismo la autenticidad tiene otros ribetes. En su libro ‘‘Camino de mi Fe’’, Louis Evely señala, que hemos entrado en la era de la interrogación. Vivimos en una época en que toda doctrina queda relativizada al ser comparada con las que compiten con ella. Por esto, ser discípulo de Cristo es atreverse a inventar lo adecuado para nuestro tiempo como él se atrevió a inventar lo adecuado para el suyo.

 

De modo, que el compromiso con la verdad nos libera de la hipocresía. Cuando se silencia la verdad nos hacemos cómplices de lo mal hecho, y ese encubrimiento atenta contra nuestra capacidad de llenarnos del amor de Dios.
Hoy día, si algo se valora más que ninguna otra cosa es la sinceridad de las personas, porque el mundo está lleno de simuladores, que no hacen nada que no sea con la atención puesta en la propia persona. La falta de autenticidad que pulula por doquier, que se traduce en insinceridad, demuestra lo poco que interesan los problemas del prójimo. La sinceridad es un imperativo moral; pero es también una manifestación real del verdadero amor. Es un gran error, traicionar la propia verdad, es el gran problema que enfrenta la humanidad en estos momentos.

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.  Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.  La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.  Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

 

 

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Recomendamos vivamente:

1º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -  Editorial: CIUDADELA. 

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2º Recomendamos vivamente: ‘Inquisición’  historia crítica.

Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.

 

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Recomendamos vivamente:

‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).