Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia expone los documentos de época para estudiar y así averiguar, por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.

Las fábulas como las leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de ciencias, letras y noticias.  

 

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Como "muestras" de la supuesta "industria de ejecuciones y tortura" de la Inquisición católica en su lucha oscurantista contra la ciencia mencionas tres casos, ninguno de los cuales es aplicable:

 

Giordano Bruno no era un científico. Lamentablemente, fue condenado a muerte, pero por sus convicciones y enseñanzas heréticas, no por ningún trabajo científico.

 

Miguel Servet fue condenado y ejecutado por los calvinistas, en la ciudad de Ginebra gobernada por Calvino.

 

Galileo Galilei no fue ni torturado ni mucho menos ejecutado. Curiosamente, podría decirse que Galileo tenía razón en teología (la Biblia no fue inspirado por Dios para enseñar ciencias naturales) y sus jueces (Cardenales y teólogos) tenían razón en ciencia: Galileo debería haber presentado su teoría como una hipótesis, porque no tenía pruebas científicas del movimiento de la Tierra. La única prueba que aducía era falsa. Ese movimiento se probó empíricamente muchos años después del célebre caso Galileo.

 

 

Hereje para los católicos, luteranos y calvinistas

 

A las 2:21 PM, por Alberto Royo infocatolica.com XII.MMX

GIORDANO BRUNO, GRAN INTELECTUAL Y COMPLICADO TEÓLOGO

 

No es difícil para un turista que pasea por la ciudad de Roma acabar, antes o después, en la plaza de Campo dei Fiori, la plaza del mercado. No es una plaza de las más hermosas, ni se la puede comparar con las vecinas plaza Farnese o la impresionante plaza Navona con su obelisco, sus fuentes de Bernini, la Iglesia de Santa Inés de Borromini, etc. Sin embargo, la plaza de Campo dei Fiori, a pesar de estar rodeada de casas más bien sobrias y de aspecto austero, es una de las más populares entre los romanos. Y ello, además del mercado al aire libre de flores y alimentación (que causaría horror a los inspectores españoles de sanidad), sobre todo por una estatua que se halla en medio de la plaza.

Se trata de un fraile encapuchado y lo curioso de dicha estatua es que fue erigida por el estado italiano laico en 1889, tras la conquista de Roma, por supuesto no por devoción a la vida religiosa y mucho menos a la Iglesia, sino todo lo contrario, precisamente como provocación a la Iglesia, como bien saben los romanos aún sin tener que leer las inscripción de la estatua en la que se rinde honor a dicho fraile “qui dove il rogo arse”, esto es, donde fue quemado por la inquisición. Y no es extraño ver de vez en cuando a los pies de la estatua coronas o ramos de flores de la gente que rinde homenaje al ajusticiado por la Iglesia.

 

El encapuchado que desde lo alto del monumento mira con cara arrogante hacia el Vaticano, como desafiando, es Giordano Bruno (1548-1600), considerado por muchos un mártir de la cerrazón eclesiástica, pero cuya vida tiene más entresijos de lo que a primera vista parece. Nacido en Nola, población no lejana a Nápoles, ingresó con 17 años en la orden dominicana, en Nápoles, donde años después el mismo escribió que la ciudad tenía en alta consideración a sus hermanos de religión, pero que en realidad eran “burros e ignorantes”. Abandonado el nombre mundano de Filippo, tomó el de Giordano y comenzó la formación religiosa hasta ser ordenado sacerdote en 1572.

Ya un tanto original en sus posturas teológicas durante los años de estudiante, no tardó nada más que cuatro años en ser acusado de herejía, por lo que, después de obetener en 1575 el título de doctor, en 1576 tuvo que viajar a Roma para defenderse de dicha acusación en el convento de Santa Maria sopra Minerva, sede del superior provincial, ante el cual no quiso ceder, por lo que dejó la ciudad y de paso también la orden de Santo Domingo. A partir de ese momento comenzó una peregrinación intelectual por varios países que no parece consiguió hacerle encontrar la paz.

 

Después de viajar por varias ciudades italianas, llegó en 1579 a Ginebra, ciudad en la que Calvino había instaurado una república protestante y a dicha doctrina se adhirió Bruno, pero con la cual también se pronunció en disconformidad. En una ocasión publicó y distribuyó un panfleto acusando a Calvino de cometer 20 errores en una lectura. Por este motivo fue hecho prisionero hasta que se retractó y abandonó el calvinismo bajo la acusación de coartar la libertad intelectual. Se trasladó a Francia donde, luego de varios tropiezos por la guerra religiosa, después de enseñar astronomía y filosofía en Lyon y Tolosa, fue aceptado por Enrique III como profesor de la Universidad de París en 1581.

Hombre de impresionante memoria, hizo famoso en París un método que nemotécnico que llamó “arte de la memoria”. Fascinado por el neoplatonismo y el gnosticismo, y parece ser que llegó a sostener teorías panteístas, afirmando que Dios y la creación fueran idénticas. En 1583 viajó a Inglaterra, tras ser nombrado Secretario del embajador francés Michel de Castelnau. Allí se convirtió en asiduo concurrente a las reuniones del poeta Philip Sydney. Enseñó en la Universidad de Oxford la nueva cosmología copernicana atacando las ideas tradicionales. Después de varias discusiones, fue invitado a abandonar Oxford, por lo que en 1585 regresó a París con el embajador, para luego dirigirse a Marburgo, donde dio a la prensa las obras escritas en Londres. En Marburgo retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai, donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país.

Durante los siguientes 5 años vivió en diversos países protestantes donde escribió muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria (siendo uno de los grandes representantes de la tradición hermética). Llegó a demostrar, aunque por métodos falaces, que el Sol es más grande que la Tierra. En 1586 expuso sus ideas en la Sorbona y en el Colegio de Cambray y enseñó Filosofía en la Universidad de Wittenberg, consiguiendo ser excomulgado por los luteranos.

Volvió este inquieto teólogo, expulsado de los calvinistas y excomulgado por los protestantes, en 1590 a Italia, a instancia de Giovanni Mocenigo, veneciano, que estaba muy interesado en su método nemotécnico. Pero no pudiendo conseguir dicho noble el secreto de labios de Bruno, lo denunció en 1591 a la Inquisición veneciana que lo juzgó y ante la que él se defendió diciendo que sus posibles errores eran filosóficos y no teológicos. Intervino en 1593 la Inquisición Romana, que pidió su extradición, y Giordano Bruno fue encarcelado en Roma, en Castel Sant’Angelo (que Clemente VIII había dedicado a cárcel inquisitorial), durante seis años, sin que los historiadores sepan explicarse bien porqué tardó tantos años en ser juzgado en Roma. Algunos historiadores dicen que se tardó tanto porque se quiso hacer las cosas con detalle y costó mucho tiempo el reunir el “corpus” de las obras de Bruno, No por ello deja de parecer mucho tiempo.

Después de tan larga espera, comenzó en 1599 el juicio romano, dirigido por San Roberto Belarmino, quien posteriormente llevaría el similar proceso contra Galileo, que concluyó de modo muy diferente. En 1599 se expusieron los cargos en contra de Bruno y en un primer momento el ex-dominico aceptó retractarse de algunas tesis suyas referentes a la humanidad de Cristo y a la virginidad de María, pero a la vez exigió al Papa Clemente que declarase herética la transubstanciación. Finalmente, sin que se tenga conocimiento del motivo, Giordano Bruno decidió reafirmarse en sus ideas y el 20 de enero de 1600 el papa Clemente VIII ordenó que fuera llevado ante las autoridades seculares. Desconocemos los detalles del proceso porque en 1808, cuando las tropas napoleónicas invadieron Roma, las actas fueron llevadas a París, pues el emperador quería reunir documentos para justificar su invasión de los estados pontificios. Desde entonces, dichas actas no han vuelto a aparecer.

Antes de la sentencia, se intentó en varias ocasiones hacerle entrar en razón, incluso se pidió a varios antiguos amigos suyos dominicos que le convencieran para aceptar la doctrina de la Iglesia, pero no hubo nada que hacer. El 8 de febrero fue leída la sentencia en donde se le declaraba herético, impenitente, pertinaz y obstinado, por lo que se le excomulgaba. Es famosa la frase que dirigió a sus jueces: “Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla". Según la costumbre del tiempo -que hoy cuesta entender pero que no deberíamos juzgar con nuestros criterios actuales-, fue ejecutado el 17 de febrero de 1600 en la citada plaza de Campo dei Fiori.

Considerado hereje por católicos, luteranos y calvinistas, Giordano Bruno fue un hombre de gran altura intelectual y fuerte voluntad, incluso lo que algunos historiadores han calificado de “cabezonería”, a lo que se añadía una fuerte tendencia a la ironía que solía enfadar a sus contrincantes. Su muerte lo convirtió en héroe para muchos librepensadores y contrarios a la Iglesia, que en su ejecución vieron un acto cruel y despótico de la Iglesia, y que hoy todavía le rinden homenaje en el aniversario de su ejecución.

 

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Por último, ya es hora de que se deje de buscar una confrontación sensacionalista entre ciencia y fe en el caso de Galileo. Estudios históricos rigurosos muestran la complejidad de relaciones personales y rivalidades de orden científico entre los personajes de aquel entonces, sin que haya una dicotomía simplista de buenos y malos. Pero Galileo jamás pasó un minuto en las cárceles de la Inquisición, ni fue sometido a tortura o vejación alguna. Su condena, por no cumplir su compromiso de enseñar el heliocentrismo como una hipótesis (aunque él, equivocadamente, creía poder demostrarlo), fue solamente el imponerle estar en su casa y decir algunas oraciones. Y murió atendido por una hija religiosa, y con la bendición papal, mientras se confesaba hijo fiel de la Iglesia.
Manuel Carreira, S.J. - 2005-05-10

 

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Las tensiones y malentendidos del pasado, ¿están ya olvidados?
Acerca de la teoría de Charles Darwin no hay un verdadero enfrentamiento. La trágica historia de Giordano Bruno no entra en el conflicto ciencia-fe: se limitaba a términos teológicos. Entonces, el único caso de conflicto estaría en torno al heliocentrismo y a Galileo.

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Ilustración del nuevo planeta (1) y de ´Gliese 581´(2),

 la estrella alrededor de la que gira. (Foto: ESO) 2007-04-25

 

 

2007-04-25 - Desde que el dominico Giordano Bruno postuló en el siglo XVII que el Universo rebosaba de mundos similares al nuestro, la ciencia no ha parado de acercarnos cada vez más a esta idea. Por primera vez, los astrónomos acaban de encontrar un planeta fuera del Sistema Solar que, sobre el papel, cumpliría todos los requisitos para albergar vida. Con un radio tan sólo un 50% mayor que el de la Tierra, su tamaño indica que es un cuerpo rocoso, mientras que su temperatura oscilaría entre 0º y 40º C, por lo que podría tener agua líquida en abundancia.

Descubren un planeta muy similar a la Tierra que podría contener agua líquida, ‘que podría contener agua…’ postulaciones aún hoy día, como las de Giordano Bruno, pretenciones no demostradas:  nuevas hipótesis - 2007-04-25

 

Desde que el dominico Giordano Bruno postuló en el siglo XVII que el Universo rebosaba de mundos similares al nuestro, la ciencia no ha parado de acercarnos cada vez más a esta idea. Por primera vez, los astrónomos acaban de encontrar un planeta fuera del Sistema Solar que, sobre el papel, cumpliría todos los requisitos para albergar vida. Con un radio tan sólo un 50% mayor que el de la Tierra, su tamaño indica que es un cuerpo rocoso, mientras que su temperatura oscilaría entre 0º y 40º C, por lo que podría tener agua líquida en abundancia.

El hallazgo se ha realizado desde el telescopio de 3’6 metros de La Silla, situado en lo alto del desierto chileno de Atacama y perteneciente al Observatorio Austral Europea (ESO), del que España acaba de convertirse en miembro de pleno derecho. Los descubridores del planeta, el más pequeño que se ha encontrado hasta la fecha fuera de nuestro sistema, utilizaron el método de la velocidad radial, que detecta el leve tambaleo que sufre una estrella debido a la atracción gravitatoria de los cuerpos que la rodean.

El nuevo planeta, cuya masa es cinco veces mayor a la de la Tierra, gira alrededor de la estrella ´Gliese 581´, que se encuentra a sólo 20’5 años luz de la Tierra y es una de las 100 más cercanas a nosotros. En realidad, este astro tiene poco que ver con el Sol, ya que se trata de un enano rojo, mucho menos brillante que nuestra estrella.

Este exoplaneta es el más pequeño descubierto hasta la actualidad y completa su órbita en 13 días. Está 14 veces más cercano a su estrella de lo que lo está nuestro planeta con respecto al Sol. Sin embargo, la enana roja ´Gliese 581´ es más pequeña y fría que éste, por ello menos luminosa, y el planeta se encuentra en una región alrededor de la estrella en la que el agua podría ser líquida.

Según Stéphane Udry, del Observatorio de Ginebra (Suiza) y uno de los autores principales del estudio, la temperatura media del planeta se encuentra entre los cero y los 40 grados centígrados, lo que podría permitir que el agua estuviera en estado líquido. "Además, su radio debería ser sólo 1,5 veces el de la Tierra y los modelos predicen que el planeta podría ser rocoso, como nuestro planeta, o estar cubierto por océanos", añadió. (El Mundo.Esp.)


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GIORDANO BRUNO – su caso

 

Por JESÚS COLINA -  (alfayomega nº 200)

Su doctrina no era cristiana

Sobró la hoguera


Al igual que todos los años, asociaciones de la masonería italiana y de librepensadores realizan hoy (17 de febrero) un vistoso homenaje a Giordano Bruno en la plaza romana de
Campo dei Fiori, donde una estatua recuerda que, hace exactamente cuatrocientos años, este filósofo fue condenado por el Tribunal de la Inquisición a morir en la hoguera por herejía. Durante estos cuatro siglos, Bruno ha sido para estos grupos «el símbolo de la libertad de pensamiento frente a la intolerancia dogmática de la Iglesia»

El teólogo Rino Fisichella, a quien Juan Pablo II ha nombrado recientemente obispo auxiliar de Roma, después de haberle pedido su ayuda como miembro del Comité vaticano histórico-teológico del Gran Jubileo, ha querido aclarar las implicaciones que se esconden detrás del caso Giordano Bruno.

Está claro que hoy día vivimos en una época separada por años luz de la cultura del siglo XVII dice. La maduración de la conciencia eclesial en relación con la pena de muerte ha quedado, hoy por hoy, codificada en los documentos más significativos de la Iglesia, y lo mismo se puede decir de la libertad religiosa. Nadie puede contestar en conciencia la pasión que el Magisterio actual ha puesto en la lucha contra la pena de muerte y en defensa de la libertad de pensamiento y de religión. A pesar de ello, cargamos con el peso de nuestra historia. Ciertamente, se olvida el pasado de algunos con mucha prisa; sin embargo, en el caso de los hombres de Iglesia, la huella de los propios errores permanece hasta el punto de olvidar lo que se está haciendo en el momento presente.

Giordano Bruno (1548-1600) no sólo fue condenado por la Iglesia católica, sino también por la luterana y la protestante. Era un sacerdote dominico que abandonó la Orden a causa de sus dudas de fe y de sus ganas de explorar los mundos culturales de la Europa renacentista. Sus primeras obras, De umbris idearum o Cantus circaeus, son ya manifestación de un monismo panteísta.

Los cristianos, ¿pueden replantear su posición sobre Giordano Bruno? Desde mi punto de vista tienen que hacerlo responde monseñor Fisichella, pero hay que distinguir. Las tesis del fraile eran y siguen siendo contrarias a la fe. No es una cuestión de libertad o de tolerancia. Cada religión tiene su doctrina, sus propios textos sagrados, sus propias reglas. Cuando la visión personal no está de acuerdo con la de la religión, hay que sacar las consecuencias. Pero no se le puede pedir a la religión que cambie para satisfacer las propias convicciones personales.

Ahora bien, el teólogo italiano considera que lo que sí hay que replantear es el tema de la condena a muerte. En este sentido explica es justo reconocer que una relación demasiado estrecha con la sociedad de la época alejó a la Iglesia de la primacía del amor y de la misericordia, y del justo reconocimiento de la libertad. El deber de la verdad eclipsó el mandamiento del amor. Cuando la Iglesia se alineó con las estructuras civiles y copió sus formas, experimentó aquello por lo que hoy debe pedir perdón. Nosotros, creyentes del 2000, tenemos que sacar lecciones y hacer memoria. Recordar el «caso Giordano Bruno» obliga, por tanto, a purificar la memoria creyente de un pecado grande que fue cometido violando el mandamiento divino.

Palabras semejantes a las de monseñor Fisichella han sido pronunciadas estos días por importantes exponentes de la Iglesia católica, que han afrontado el debate que suscita la ideología de Bruno. En un encuentro organizado por la La Civiltà Cattolica sobre el tema, el cardenal Paul Poupard, Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, aclaró que, a diferencia del caso de Galileo, aquí no se trata de rehabilitación, pues su pensamiento, su filosofía, no eran cristianos. Se trata más bien de analizar la actitud que tuvo la Iglesia con él aclaró el cardenal. Una vez constatada la incompatibilidad de la filosofía de Bruno con el pensamiento cristiano, es necesario confirmar el respeto a la persona y a su dignidad. La hoguera en el Campo dei Fiori es ciertamente uno de esos momentos históricos, de esas acciones que hoy día sólo pueden ser deploradas con claridad.

El teólogo de la Casa Pontificia, quien por cierto es dominico como lo fue Giordano Bruno, confirma: Bruno no puede ser rehabilitado como pensador católico, pues simplemente su pensamiento no lo era: desde el inicio negaba el dogma de la Trinidad, o la unicidad del alma personal... En su caso, la petición de perdón a Dios, por parte de la Iglesia, afecta a los medios que se utilizaron para la defensa de la verdad. La Iglesia siempre debe apoyar la fe, pero no con el poder secular.

Fisichella concluye con gran realismo: A muchos este reconocimiento no les parecerá suficiente y querrán de nosotros algo más. Entonces, todos tendrán que recordar la expresión del gran Montalembert, quien escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

Fisichella toca de lleno el problema del examen de conciencia que Juan Pablo II ha invitado a hacer a la Iglesia sobre el pasado para atravesar el umbral del tercer milenio con la memoria purificada, habiendo examinado episodios que, en ocasiones, pueden ser motivo de reflexión y arrepentimiento.

 

De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

Carta del cardenal Sodano sobre

El filósofo condenado a la hoguera

 

La Iglesia expresa su «profundo pesar»» por la condena a muerte de Giordano Bruno, el filósofo que fue condenado a la hoguera hace exactamente cuatro cientos años. Lo escribe el secretario de Estado vaticano, el cardenal Angelo Sodano, en una carta que envió ayer a los participantes en un congreso sobre este pensador italiano que se celebró en la Facultad Teológica de Italia Meriodinal en Nápoles.

Fue «una muerte atroz», «un triste episodio de la historia cristiana moderna», sigue explicando el cardenal Sodano. Se trata de incoherencias que han marcado el comportamiento de los cristianos a través de los siglos «echando sombras al anuncio del Evangelio». Por este motivo, añade el purpurado italiano, con motivo del Jubileo, el Papa pide «que todos hagan un acto de valentía y de humildad para reconocer las propias faltas y las de quienes han llevado y llevan el nombre de cristianos». El caso Giordano Bruno nos recuerda que «la verdad sólo se impone con la fuerza de la misma verdad» y que, por tanto, la verdad «debe ser testimoniada en el respeto absoluto de la conciencia y de la dignidad de cada persona».

El cardenal Sodano invita a superar «la tentación de la polémica», analizando este acontecimiento con «espíritu abierto a la verdad histórica plena». De hecho, no es posible comprender lo sucedido prescindiendo del contexto histórico y de la mentalidad de la sociedad del año 1600. El Tribunal de la Inquisición, subraya el secretario de Estado, procesó a Bruno «con los métodos de coacción que entonces eran comunes, pronunciando un veredicto en conformidad con el derecho de la época» y es de suponer que «los jueces del pensador estaban animados por el deseo de servir la verdad y de promover el bien común, haciendo lo posible para salvarle la vida».

El documento no pretende por tanto rehabilitar las ideas de Giordano Bruno, que eran «incompatibles con la doctrina cristiana». Pero «en este caso al igual que en otros análogos» es importante reconocer los errores «para orientar la conciencia cristiana hacia un futuro más atento en la fidelidad a Cristo».

El caso Bruno Giordano Bruno nace en Nola, cerca de Náples, a los pies del Vesuvio. Nos encontramos en 1548. La cristiandad estaba en plena crisis. La Iglesia se dividió en pedazos en pocos años: Lutero, Calvino, Enrique VIII separaron naciones enteras de Roma. Estallan las así llamadas guerras de religión. La Iglesia católica responde a la Reforma protestante con el Concilio de Trento, que promovió una profunda renovación espiritual, pero que al mismo tiempo generó una necesaria mentalidad defensiva para defender la unidad.


Bruno nace en este tiempo. Un tiempo en el que el pluralismo de las ideas era con frecuencia sinónimo de guerra entre pueblos. Es un muchacho inteligente, arde en deseos de saber. Su destino está marcado desde el inicio por la soledad: pierde a su padre y a su madre siendo muy pequeño. A los 17 años entra en el convento dominico de Nápoles. Pero ya al año siguiente, tras las primeras dudas sobre la Trinidad y la Encarnación, huye por sospecha de herejía. Comienza su vagabundeo por Europa: se va al norte de Italia, a Suiza, Francia, Inglaterra, Alemania. Donde quiera que llegue es admirado, en un primer momento, después, ridiculizado, odiado, expulsado. Hombre de gran cultura, de extraordinaria memoria, de ingenio fascinante, rompe todos los esquemas de época: no pertenece a ninguna escuela. Rechaza todo principio de autoridad. Genial e irreverente, considera a los monjes como «santos burros». Para él, las religiones no son más que un conjunto de supersticiones útiles para mantener bajo control a los pueblos ignorantes. Considera a Jesús como una especie de mago, la Eucaristía como una blasfemia. Cree en la reencarnación y ve en todas las cosas el latido de un alma universal. Es casi un panteísta: Dios se confunde con la Naturaleza. Bruno abandona el cristianismo. Así, antes de que lo hicieran los católicos, es excomulgado por los calvinistas y los luteranos.


Un ovillo de contradicciones Bruno es un personaje genial, pero al mismo tiempo contradictorio: anticipa en cierto sentido el pensamiento moderno fundado sólo en la razón, pero la mismo tiempo mira al pasado y se entrega a la magia, alejándose de la ciencia experimental de Galileo. Parece presentarse como heraldo del pensamiento libre y de la libertad de conciencia, pero al mismo tiempo es hijo de su tiempo: considera a los luteranos como la peste del mundo por el hecho de que niegan el libre albedrío, la posibilidad de escoger entre el bien y el mal, y desea su represión violenta y el exterminio por parte de los Estados. Ciertamente puede ser considerado como uno de los padres del relativismo: no sólo va más allá del sistema ptolemaico geocéntrico, que entonces imperaba, sino que va más allá del mismo Copérnico y su heliocentrismo. ¡El universo es infinito, grita, y el centro soy yo!

La sed de infinito es quizá uno de los aspectos más fascinantes de Bruno: sus ganas de superar los propios límites para alcanzar lo absoluto, una búsqueda que nunca pudo satisfacer. Fue este «furor heroico» que le llevó a buscar al Infinito en Dios y a ensimismarse en Él en un extremo empuje intuitivo. Expulsado por todos, Bruno acabó cansado y quiere regresar a la Iglesia católica, conservando su pensamiento. Regresa a Italia, donde fue arrestado a Venecia y llevado a Roma. Tras ocho años de prisión y de interminables interrogatorios, tras haber estado en varias ocasiones a punto de abjurar, fue condenado como hereje impenitente. Es famosa la frase que dirigió a sus jueces: «Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla». El 17 de febrero de 1600 murió en la hoguera. Tenía 52 años. Bruno, según dice la crónica de la época, se negó a rezar ante el crucifijo y murió gritando «palabrotas». El inquisidor del proceso fue el teólogo jesuita Roberto Belarmino. XVIII.II.MM

 

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SUMARIO DEL PROCESO CONTRA GIORDANO BRUNO
Roma, 1597

 

1597, Roma

 

 Volumen de papel, 320 x 245 mm., 429 folios (numeración antigua, en parte equivocada y sin incluir muchos folios blancos), encuadernado en pergamino; en el dorso: VARIA. Censurae.

   ASV, Misc., Arm. X, 205, ff. 230v?231r

   En uno de los volúmenes del fondo «Miscellanea Armadi» (Arm.X, 205), quizá compuesto mediante la recopilación de varios escritos del conocido canonista Francisco Peña, auditor y después decano de la Rota (fallecido en 1612), se encuentra un valioso texto que se buscó y se mantuvo secreto durante mucho tiempo y que finalmente fue encontrado en el fondo Pío IX por el prefecto del Archivo Vaticano, Angelo Mercati, el 15 de noviembre de 1940, tras 15 años de investigaciones sin éxito. Se trata del sumario del proceso contra Giordano Bruno. A Mercati se debe también la publicación del sumario con una amplia y consistente introducción, aparecida en 1942.

   Al haberse perdido irremediablemente el volumen o los volúmenes del proceso romano contra Giordano Bruno (1548-1600), que en el pasado se habían conservado en el archivo del Sant’Offizio, el presente texto, que procede de los originales (se citan a menudo, en los márgenes del sumario, las páginas del proceso perdido), se convierte en un testimonio todavía más valioso para el conocimiento del largo y enrevesado proceso inquisitorio al que se sometió al célebre fraile dominicano. En el sumario confluyeron, probablemente para uso del consejero del Sant’Offizio de la época, extractos de las obras de Bruno, sus declaraciones (es decir interrogatorios), algunos actos del proceso veneciano afrontado por el célebre predicador en 1592 y otros escritos copiados también del proceso original.

   El caso humano de Giordano Bruno se concluyó con el proceso romano (1593-1600) y con la sentencia de herejía reconocida, la cual, al perdurar su extrema y resuelta defensa de su inocencia, se convirtió en la aplicación de la pena capital que se ejecutó en Campo dei Fiori el 17 de febrero de 1600. En una de las últimas declaraciones que precedieron a la sentencia (quizá de abril de 1599), el dominicano fue interrogado por los jueces del Sant’Offizio sobre su concepción cosmogónica, propugnada sobre todo en La cena delle ceneri, y en el De l’infinito universo et mondi. Él entonces sostuvo sus teorías y defendió que eran teorías con base científica y en absoluto contrarias a las divinas Escrituras (parte izquierda, a partir de la primera línea: Circa motum terrae, f. 287, sic dicit:Prima generalmente dico ch’il moo et la cosa del moto della terra e della immobilità del firmamento o cielo sono da me prodotte con le sue raggioni et autorità le quali sono certe, e non pregiudicano all’autorità della divina scrittura [...].Quanto al sole dico che niente manco nasce e tramonta, né lo vedemo nascere e tramontare, perché la terra se gira circa il proprio centro, che s’intenda nascere e tramontare [... ]). En esas mismas salas en que se interrogaba a Giordano Bruno, por estos mismos cruciales problemas de la relación entre la ciencia y la fe en los albores de la naciente astronomía y en el crepúsculo de la decadente filosofía aristotélica, dieciséis años después habría sido convocado por el cardenal Bellarmino, que ahora contestaba a Bruno las tesis heréticas, Galileo Galilei, que también fue sometido a un célebre proceso inquisitorio que por suerte, al menos en su caso, se concluyó con una simple abjuración.

 

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La Iglesia expone los documentos de época para estudiar y así averiguar, por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas.

 

CARTA DE FRANCESCO GUICCIARDINI, GOBERNADOR DE BOLONIA,
AL PAPA CLEMENTE VII
01 de septiembre de 1532:

 

1532

 

ASV, Segr. Stato, Principi7, f. 352r

    Carta de Francesco Guicciardini a favor de la comunidad de Parma, con firma autógrafa.

 

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¿Se puede rehabilitar al filósofo que

murió en la hoguera por herejía?

  

Intervienen sobre el caso el cardenal Poupard y el teólogo pontificio

Cuatrocientos años después, la muerte de Giordano Bruno sigue suscitando debate. Él próximo 17 de febrero se cumplirá el aniversario de su ejecución en la hoguera del Campo de las Flores en Roma, tras haber sido condenado por el tribunal eclesiástico que le consideró un hereje. Dentro y fuera de la Iglesia han surgido propuestas para pedir su «rehabilitación». Con este motivo, tuvo lugar ayer en la sede de la revista italiana «La Civiltà Cattolica» un interesante debate en el que participó, entre otros, el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura.

Distinción importante Según el purpurado francés, si se analiza atentamente el «caso Bruno» el problema no es el de su «rehabilitación», pues su pensamiento, su filosofía, no eran cristianas. No constituyen «el objeto inmediato de la atención de la Iglesia, quien deja esta tarea a los historiadores y filósofos».

«Se trata más bien de analizar la actitud que tuvo la Iglesia con él --aclaró el «ministro» de Cultura de la Santa Sede--. Una vez constatada la incompatibilidad de la filosofía de Bruno con el pensamiento cristiano, es necesario confirmar el respeto por la persona y su dignidad. La quema en el Campo de las Flores es ciertamente uno de esos momentos históricos, de esas acciones que hoy día sólo pueden ser deploradas con claridad».

El cardenal reconoció que «la acción de la Iglesia contra la persona de Giordano Bruno es uno de esos antitestimonios de los que se arrepiente hoy la Iglesia, pidiendo el perdón del Señor y de los hermanos».

Giordano Bruno (1548-1600) no sólo fue condenado por la Iglesia católica, sino también por la luterana y la protestante. Era un sacerdote dominico que abandonó la orden a causa de sus dudas de fe y sus ganas de explorar los mundos culturales de la Europa renacentista. Sus primeras obras«De umbris idearum» o «Cantus circaeus» son ya manifestación de un monismo panteísta. Tras haber publicado libros en París, Londres y Frankfurt (escribió desde diálogos hasta poemas latinos), regresó a su país natal, Italia donde fue juzgado por el tribunal eclesiástico, condenado como hereje y quemado vivo.

El teólogo de la Casa Pontificia y secretario de la Comisión Teológica Internacional, Georges Cottier, ha confirmado en declaraciones al diario «Avvenire» la posición del cardenal Poupard. «Bruno no puede ser rehabilitado como pensador católico pues simplemente su pensamiento no lo era: desde el inicio negaba ideas como el dogma de la Trinidad, o la unicidad del alma personal...». En su caso, «la petición de perdón a Dios por parte de la Iglesia afecta a los medios que se utilizaron para la defensa de la verdad. La Iglesia siempre debe apoyar la fe, peor no con el poder secular».

De hecho, el proceso fue jurídicamente regular. «Duró siete años y se hizo según las normas, con la voluntad de salvar al imputado», dice Cottier quien es también dominico al igual que lo fue Bruno. Se trata de un caso muy diferente al de Galileo. «Este último era un creyente y fue acusado por posiciones científicas que en aquella época eran consideradas como incompatibles con la visión cristiana del mundo. Pero con él nunca se afrontaron cuestiones de fe. No se puede decir lo mismo del caso Bruno.

La muerte de Bruno le dio una notoriedad inesperada y se ha convertido en la bandera de corrientes anticlericales e incluso de algunos exponentes cristianos. El teólogo Drewermann, por ejemplo, se identifica con sus tesis. «Bruno pensaba que las religiones eran un hecho social que se equivalían entre sí --comenta el teólogo pontificio--. Pero no se trata de un signo de modernidad. Es mas, hoy la razón se vuelve a encontrar con la fe».

Cottier constata que Bruno tuvo también serios problemas con la Reforma calvinista en Suiza y después con los protestantes en Alemania. Pero, «de todos modos, ahora, los católicos son los únicos que hacen autocrítica».

Por su parte, el historiador italiano Giuseppe Galasso, al intervenir en el debate celebrado en la «La Civiltà Cattolica», reconoció que el caso Bruno ha tomado dimensiones históricas a causa de la manera en que murió. Según el derecho de la época, no tiene sentido discutir sobre la condena --añade--: el derecho canónigo y el civil (la herejía era comparada a alta traición) eran claros y Bruno sabía a lo que se exponía. En este sentido «la determinación heroica con que afrontó la hoguera para defender "su" verdad hizo que se convirtiera en uno de los símbolos de la tradición de la libertad de conciencia europea».

El debate en torno a Bruno ciertamente continuará, pero el cardenal Poupard pidió que se haga «en un clima de absoluta seriedad y objetividad». MM.

 

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Giordano Bruno - Nació en Nola, 1548. Como religioso dominico profesa en Nápoles en 1565, y, desde 1576 prófugo de su orden, inicia una existencia itinerante por diversas ciudades del norte de Italia; vive en Ginebra y Toulouse, en París, donde en 1581 goza del favor de Enrique III; en Oxford y en Londres, recorre las universidades germánicas de Zürich, Praga, Francfort y Wittenberg, hasta que regresa a Venecia donde en 1592 es detenido y transferido a Roma; encarcelado, y tras una tentativa frustrada de reconciliación con la Iglesia, es condenado por apostasía y violación de sus votos religiosos a ser quemado vivo, sentencia que se lleva a efecto el 17 febr. 1600. Fue discípulo de Francesco Patrizzi (1529-97), autor de la Nova de universis philosophia, inspirada en el neoplatonismo y en, los escritos herméticos (cfr. Corpus Hermeticum, ed. Puech, Nock, Festugiere, París 1960); monista, emanatista y panteísta; discípulo indirecto de Telesio (1509- 1588) y, en último término, de Nicolás de Cusa. Además de numerosos escritos menores, algunos de carácter panfletario, son sus obras principales: Vella Causa, Principio ed Uno; Ve l´lnfinito, Universo e Mondi; Ve Monade, Ve Immenso; Ve Minimo; La Cena delle cineri; Vegli eroici Furori (donde toma expresión su concepción ética). Hay trad. cast. de Ve la Causa, Principio y Uno, Buenos Aires 1941.


B. no es mecanicista sino dinamicista, que identifica la realidad total del Universo con la Naturaleza (natura naturans=fuente-fondo de toda realidad, cuya epifanía es la natura naturata, terminología que adoptará Spinoza), concebida como organismo teleológicamente orientado, infinito y uno, en tensión dialéctica entre la unidad y la multiplicidad que emana de ella en forma de una pluralidad de mundos diversos en número infinito, que constituyen otros tantos sistemas reflejando la infinitud del uno. Advirtiendo la cadencia panteísta de sus ideas, B. se plantea el problema de una disolución del Infinito en la infinitud de sus emanaciones, mas sin acertar todavía con la fórmula exacta, lo resuelve en sentido dialéctico diciendo (Ve l´lnfinito, I, 329) que no se trata de «partes del Infinito», sino de «partes en el Infinito». Esta unidad absoluta del cosmos exige la identificación de materia y forma, expresamente contra Aristóteles. La materia sería la realidad misma de las cosas en cuanto observables, y la forma el anima mundi que todo lo vivifica unificándolo y que culmina en el entendimiento: «mens quae universi molem exagitat» (Sigillus Sigillorum, II, 2, 174). Toda su ética se funda en el sentimiento de identidad del hombre con el cosmos, que le embriaga y le hace perderse en el latido universal del Todo, y le potencia en el éxtasis de los heroicos furores del vértigo creador, que resulta cocreador de las fuerzas cosensitivas (concepto inspirado por Telesio) del universo. Es ésta la ética de la acción desbordante y apasionada de tantas personalidades renacentistas y del condottiero.


B. es un precedente, además de Spinoza, de Leibniz y de la teología inmanentista. Su sentido de la infinitud sincategoremática y dinamicista, y la misma terminología de la «mónada», le acercan a Leibniz, así como la transmaterialización de la sustancia cósmica, aunque difiere de él en su panteísmo absoluto. Su concepto de una unidad religiosa de la humanidad a base de la creencia en «Dios interior» garante de la unidad y de la identidad a través de los contrarios, a la que aspiran infinitamente las cosas y los «heroicos furores» del hombre, le convierte en el primer inmanentista y místico-naturalista de los nuevos tiempos.

Bibliografía.

Opera latina, 8 vol. Nápoles-Florencia 1879-91; Opere inedite, ed. Tocco, Nápoles 1891; Opere italiane, 3 vol., ed. GENTILE, Bari 1907-09; A. CORSANO, II pensiero di Giordano Bruno nel suo svolgimento storico, Florencia 1940; I. L. MONTYRE, The life of Giordano Bruno, Londres 1904; A. MERCATI, II sommario del processo di Giordano Bruno, Roma 1942; M. F. SCIACCA, 1 dialoghi italiani di Giordano Bruno, Brescia 1949; E. TROILO, La filosofia di Giordano Brunoi Turín 1907.

Agradecemos a: http://www.conoze.com/marco.php?doc=547  - MMV.XII

 

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La confusión –produce división- y no es católica. Es, en cambio, la nota propia de las comunidades cristianas protestantes. En ellas la confusión y la división son crónicas, congénitas, pues nacen inevitablemente del libre examen y de la carencia de Autoridad apostólica. La desunión entre los «cristianos» es un escándalo muy grave, contrario a la voluntad de Cristo, que quiere que «todos sean uno» (Jn 17,21), y dificulta grandemente la misión ad gentes de la Iglesia.

Desde Lutero, nacieron más 30.000 denominaciones protestantes y/o sectas

que se auto-declaran la ‘verdadera iglesia de Cristo basada en la Biblia’.

El despotismo perfecto parte de convertir la verdad en mentira y la mentira en verdad.

 

¿Cómo se ataca a la Iglesia? - La respuesta salta a la vista: con la mentira, con la propaganda falsa, con la desinformación; con lo que podríamos llamar “propaganda de guerra”. Citemos a este respecto tres botones de muestra:


1) La gran mayoría de la gente cree que Galileo Galilei (1564-1642) murió quemado en la hoguera por el Tribunal del Santo Oficio (conocido como Inquisición). Sin embargo, pocos saben que este científico murió cómodamente en su cama. Galileo nunca renegó de su fe. Galileo tuvo arresto domiciliario, pero no la pena corporal que muchos creen que recibió.

2) Otros piensan que el famoso médico español Miguel de Servet (1511-1553), uno de los padres de la Anatomía moderna, fue otra víctima de la Inquisición católica. Pero esto es completamente falso: Servet fue incinerado por la
Inquisición protestante, concretamente por la instaurada por Calvino (1509-1564) en la ciudad de Ginebra. ¿Inquisición protestante? ¿Existió una Inquisición protestante? La verdad es que casi nadie lo sabe, la mayoría de la gente asocia la palabra Inquisición única y exclusivamente con la Iglesia católica.


3) Se habla de las matanzas propiciadas por los conquistadores españoles en América y amparadas por la Iglesia católica. Y poco o nada se dice respecto de la conquista anglosajona, apoyada por la Iglesia anglicana. La verdad es que, si se examina bien la historia, se puede concluir que la mayoría de los indios de Latinoamérica no murieron en combates militares, sino producto de enfermedades venéreas, del alcoholismo, etc.; y, en todo caso, en muchísima menor cantidad que en la zona angloamericana.

 

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Visión objetiva - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

 

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

 

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Giordano Bruno Filósofo italiano, nació en Nola en Campania en el reino de Nápoles en 1548; murió en Roma en 1600. A los once años fue a Nápoles a estudiar “humanidades, lógica y dialéctica” y cuatro años después, entró a la orden de Santo Domingo, renunciando a su nombre terreno de Filippo y tomando el de Giordano. Hizo su noviciado en Nápoles y continuo estudiando allí. En 1572 fue ordenado sacerdote.

Parece, sin embargo, que aún como novicio, atrajo la atención por la originalidad de sus ideas y por su abierto criticismo a las doctrinas teológicas aceptadas. Luego de su ordenación las cosas llegaron a un punto que, en 1576, fue formalmente acusado de herejía. Así pues fue a Roma, pero, aparentemente, no enmendó su manera de hablar sobre los misterios de la fe, por lo que las acusaciones en su contra se renovaron en el convento de la Minerva. Luego de unos meses de su llegada huyó de la ciudad y renunció a toda lealtad para con su orden.

Desde este momento, la historia de su vida es un constante vagar de un país a otro y de su vano intento de encontrar la paz. Anduvo por varias ciudades italianas y en 1579 fue a Génova donde parece que adoptó el calvinismo, aunque posteriormente, ante el tribunal eclesiástico en Venecia, negó consistentemente haberse unido a la Iglesia Reformada. Sea como fuere, fue excomulgado por el Concilio Calvinista debido a su actitud irrespetuosa hacia los líderes de esa iglesia y fue obligado a abandonar la ciudad. De ahí fue a Toulouse, Lyon y (en 1581) a París.

En Lyon completó su “Clavis Magna,” o “Gran Llave” del arte de recordar. En París publicó muchos trabajos que desarrollaron su arte del entrenamiento de la memoria y reveló la doble influencia de Raimundo Lully y los neo-platónicos. En 1582 publicó un trabajo característico, “Il candelaio,” o “El Portador de la Antorcha,” una sátira en la cual exhibe en un grado superlativo el falso gusto, entonces en boga, de los humanistas, muchos de los cuales confundían la obscenidad con el humor. Mientras en París daba pláticas públicas sobre filosofía, bajo los auspicios, al parecer, del Colegio de Cambrai, el precursor de El Colegio de Francia.


En 1583 pasó a Inglaterra y, al menos por un tiempo, gozó del favor de la reina Isabel y de la amistad de Sir Philip Sydney. A éste último ultimo dedicó el más amargo de sus ataques a la Iglesia Católica, “La Expulsión de la Bestia Triunfante,” publicado en 1584. Visitó Oxford y, al rehusársele el privilegio de dar clases ahí, publicó (1584), su “Cena del Miércoles de Ceniza,” en la cual atacó a los catedráticos de Oxford, diciendo que sabían más sobre cerveza que sobre griego. En 1585 regresó a Francia y durante el año que pasó en París esta vez, hizo varios intentos de reconciliarse con la Iglesia, todos los cuales fallaron debido a que se rehusaba a aceptar la condición impuesta, que era que debía regresar a su orden.

En Alemania, a donde fue en 1587, mostró el mismo espíritu de autosuficiencia insolente que en Oxford. En Helmstadt fue excomulgado por los luteranos. Después de alguna actividad literaria en Frankfort, se dirigió, en 1591 a Venecia, a invitación de Mocenigo, quien profesaba estar interesado en su método de entrenamiento de la memoria. Incapaz de obtener de Bruno el secreto de su “magia natural,” Mocenigo lo denunció a la Inquisición. Bruno fue arrestado y, en su juicio ante los inquisidores venecianos, primero se refugió en el principio de la “verdad doble”, diciendo que los errores imputados a él, le eran sostenidos “como un filósofo y no como un cristiano honesto;” después, sin embargo, solemnemente abjuró de todos sus errores y dudas con respecto a la doctrina y práctica católicas (Berti, Docum., XII, 22 y XII, 45). En este punto la Inquisición de Roma intervino y solicitó su extradición. Después de algunas dudas, las autoridades venecianas estuvieron de acuerdo y en febrero de 1593, Bruno fue enviado a Roma y durante seis años estuvo en la prisión de la Inquisición. Los historiadores han fallado en descubrir la razón de esta larga demora por parte de las autoridades romanas. En la primavera de 1599, el juicio se inició ante una comisión de la Inquisición de Roma y, después de que al acusado se le hubieron otorgado varias oportunidades de retractarse de sus errores, fue finalmente condenado (enero de 1600), entregado al brazo secular (8 de febrero) y quemado en la estaca en el Campo dei Fiori en Roma (17 de febrero). Bruno no fue condenado por su defensa del sistema copernicano de astronomía, ni por su doctrina de la pluralidad de los mundos habitados, sino por sus errores teológicos, entre los cuales estaban: que Cristo no era Dios, sino meramente un inusualmente hábil mago, que el Espíritu Santo es el alma del mundo, que el demonio seria salvado, etc.


A los trabajos de Bruno ya mencionados, se deben añadir los siguientes: “Della causa, principio ed uno;” “Dell’ infinito universo e dei mondi"; "De Compendiosâ Architecturâ"; "De Triplici Minimo"; "De Monade, Numero et Figurâ." En éstos, el nolano expone un sistema de filosofía en el cual los principales elementos son el neo-platonismo, monismo materialista, misticismo racionalista (a la manera de Raimundo Lully) y el concepto naturalista de la unidad del mundo material (inspirado por la astronomía copernicana). Su actitud hacia Aristóteles queda bien ilustrada por su reiterada asersión de que la filosofía natural del estagirita está viciada por la predominancia de la dialéctica sobre el modo matemático de concebir los fenómenos naturales. Hacia los escolásticos en general, sentía un abierto desprecio; exceptuaba, sin embargo, a Alberto el Grande y Santo Tomás, por quienes sentía un profundo respeto. Deseó reformar la filosofía aristotélica y sin embargo, se opuso amargamente a sus contemporáneos Ramus y Patrizzi, cuyos esfuerzos iban dirigidos al mismo objetivo. Estaba familiarizado, si bien solo superficialmente, con los escritos de los filósofos presocráticos griegos y con los trabajos de los neoplatonistas, especialmente los libros falsamente atribuidos a Iamblico y Plotino. De los neoplatonistas, derivó la tendencia a su pensamiento monista. De los presocráticos tomó la interpretación materialista del Único. De la doctrina copernicana, la cual atrajo mucha atención en el siglo en que vivió, aprendió a identificar el Único material con el universo visible, infinito y heliocéntrico.

Como consecuencia, su sistema de pensamiento es un panteísmo materialista incoherente. Dios y el mundo son uno; material y espíritu, cuerpo y alma, son dos fases de la misma sustancia; el universo es infinito; más allá del mundo visible hay un número infinito de otros mundos, cada uno de los cuales está habitado; este globo terráqueo tiene un alma; de hecho, todas y cada una de las partes de él, tanto los minerales, como las plantas y los animales, tienen alma; todo está hecho de los mismos elementos (no distingue entre materia terrenal y celestial); todas las almas son similares (la trasmigración, por lo tanto, no es imposible). Este punto unitario de vista es la justificación de la “magia natural” de Bruno. Sin duda, el intento de establecer una continuidad científica entre todos los fenómenos de la naturaleza es una manifestación importante del espíritu moderno y es interesante, especialmente tomando en cuenta de su aparición en el momento en que el punto de vista medieval estaba siendo abandonado. Y uno puede entender de inmediato como fue que el esfuerzo de Bruno para establecer un concepto unitario de la naturaleza obtuvo la admiración de hombres como Spinoza, Jacobi y Hegel. Por otra parte, las exageraciones, las limitaciones y los errores positivos de su sistema científico; su intolerancia aún hacia aquéllos quienes estaban trabajando por las mismas reformas que el buscaba; las falsas analogías, fantásticas alegorías y razonamientos sofistas que su fervor emocional siempre traicionó, han justificado, a los ojos de muchos, el nombramiento que de él hizo Bayle como “el caballero errante de la filosofía.” Su punto de vista hacia la verdad religiosa fue el de un racionalista. Personalmente nunca pudo sentir la significancia vital de la Cristiandad como sistema religioso. No fue un Inquisidor Romano, sino un Divino Protestante, quien dijo que él fue “un hombre de gran capacidad, con conocimiento infinito, pero sin rastro de religión”.


Obras completas de Bruno por Tocco, Opere latine di G. B. (Florencia, 1889); Opere inedite (Nápoles, 1891); (Leipzig, 1829, 1830). McIntyre, Giordano Bruno (London and New York, 1903); Frith, Life of G. B. (London and Boston, 1887); Adamson in Development of Modern Philosophy (London, 1903), II, 23-44; Höffding, Hist. of Modern Philosophy, tr. Meyer (London, 1900), I, 110 sqq.; Stöckl, Gesch. der Phil. des Mittelalters (Mainz, 1866), III, 106 sqq.; Turner, Hist. of Phil. (Boston, 1903), 429 sqq.

WILLIAM TURNER
Transcrito por Fr. Paul-Dominique Masiclat, O.P.
Traducido por Antonio Hernández Baca

 

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S. S. Benedicto XVI nos ha recordado varias veces que, si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo; si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, generaremos así nuevos horizontes.
La dignidad humana es un concepto que engloba no pocas de las características definitorias de lo humano. Pero la dignidad humana también es una pregunta que nos remite a un presupuesto anterior; la pregunta por la dignidad humana, y las consecuencias que se derivan de su respuesta, es hoy una exigencia cultural del catolicismo. Si la acción humana, como nos recordaba el profesor David L. Schindler, «sólo llega a ser dramática penetrando a fondo en la vida hasta llegar al encuentro de la Fuente divina del ser, el eco del fiat mariano y del canto del Magnificat que brota del centro de la criatura humana es un encuentro que debe desarrollarse como completo modo de vida». 2007

 

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GIORDANO BRUNO y su desafortunado paso por el Calvinismo

 

En Ginebra, JUAN CALVINO había instaurado una república protestante, doctrina a la que adhirió Bruno, pero con la cual también se pronunció en disconformidad.

En una ocasión publicó y distribuyó un panfleto acusando a Calvino de cometer 20 errores en una lectura. Por este motivo fue hecho prisionero hasta que se retractó y abandonó el CALVINISMO bajo la acusación de coartar la libertad intelectual.

Se trasladó a Francia donde, luego de varios tropiezos por la guerra religiosa, fue aceptado por ENRIQUE III como profesor de la UNIVERSIDAD DE PARÍS en 1581.
En esta etapa de su vida publicó sus dos primeras obras: “Las Ideas Humanas” y “Cantos Circenses”.

En el año 1583 viajó a Inglaterra, tras ser nombrado Secretario del embajador francés MICHEL DE CASTENAU. Allí se convirtió en asiduo concurrente a las reuniones del poeta PHILIP SYDNEY.

Enseñó en la UNIVERSIDAD DE OXFORD la nueva ‘cosmología copernicana’ atacando las ideas tradicionales.

Después de varias discusiones abandonó Oxford. Sus escritos más importantes son De umbris idearum, de 1582; La cena de las cenizas, Del universo infinito y los mundos y Sobre la causa, el principio y el uno, las tres últimas escritas en 1584. En 1585 escribió Los furores heroicos donde, en un estilo de ‘diálogo platónico’, describe el camino hacia Dios a través de la sabiduría.

Ese mismo año regresó a París con el embajador, para luego se dirigirse a MARBURGO, donde dio a la prensa las obras escritas en LONDRES. En Marburgo retó a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai, donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país.

Durante los siguientes 5 años vivió en diversos países protestantes donde escribió muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria. Llegó a demostrar, aunque por métodos falaces, que el Sol es más grande que la Tierra.

En el año 1586 expuso sus ideas en la Universidad de la Sorbona y en el Colegio de Cambray y enseñó Filosofía en la Universidad de Wittenberg.

En el año 1588 viajó a Praga donde escribió artículos dedicados al embajador de España y a Rodolfo II. En 1590 se dirigió al Convento de las Carmelitas en Frankfurt an/Main (Alemania) y a Zürich (Suiza); allí escribió sus poemas. Del Convento de las Carmelitas-Frankfurt, solo queda hoy (2007) el claustro que es utilizado para exposiciones).-

 

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«Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las criaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivos de alabanza y gloria del Creador» (LEON MAGNO, Sermón 7 en la Navidad del Señor, 2.6; LIT HOR VIERNES V T.O.)

 

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La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión{la Iglesia Católica fundada por Jesucristo - Dios nuestro}

 

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HECHOS HISTÓRICOS - Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

 

La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época» 

 

La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación 65; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico?crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

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Jesús llama a Pedro a orillas del mar de Galilea

 

ESPAÑA 1492 - Comprendiendo la cultura en que se gestó, llegaremos a una visión más equilibrada para cualificar la gesta hispánica ¡el descubrimiento de América!   

 

Francisco de Vitoria, al tener conocimiento en 1536 de las violencias cometidas durante la conquista de Perú, escribe su relección De indis, en la que declara que los indios no son seres inferiores a los que es legítimo esclavizar y explotar sino seres libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes. De este modo se inició el derecho de gentes.

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

 

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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La historia no puede hacerse sin acudir a las fuentes. Estas fuentes son testimonios, y, como tales testimonios, pueden ser parciales. Para el estudio de los tres primeros siglos del cristianismo, las fuentes son escasas. Pero en este período que estudiamos —especialmente en el siglo IV— son muy numerosas. La abundancia de los escritos de este período se debe probablemente al hecho de que en él la educación retórica era tenida en grandísima consideración y permitía subir fácilmente en la escala social. Hablar hoy de retórica presenta una gran carga peyorativa, mas en aquella época no era así. De hecho, la educación que se recibía entonces se dividía en dos grandes momentos: gramática —correspondería a la escuela media— y retórica —estudios ya universitarios—. Había no sólo que decir las cosas, sino decirlas bien. Y para expresarse bien había que tener un buen conocimiento de los clásicos. Los hombres eminentes tenían la posibilidad de llegar muy alto en la escala social. Esto ocurría así hasta que, a causa de las reformas de Diocleciano y de Constantino, se impuso un orden social más estable para garantizar las ganancias fiscales.

Naturalmente las obras de mayor interés para la historia de la Iglesia son aquéllas de carácter religioso. Mas conviene tener presente la importancia que para el mismo propósito revisten también los autores paganos: en primer lugar, ellos nos permiten conocer mejor el contexto histórico-político y cultural en el cual se desarrollan los acontecimientos de la Iglesia; en segundo lugar, a tales acontecimientos los mismos autores hacen a veces referencia, revelando así su punto de vista diverso. Cultura profana y cultura cristiana, en cambio, fueron tal vez muy cercanas entre ellas: el filósofo pagano Temistio, por ejemplo, estuvo al servicio de emperadores cristianos; y Juliano, antes de volverse pagano, había recibido una educación cristiana.

 

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Eliminar la calumnia de nuestra lengua, evitar toda acción que pueda causar daño a nuestro hermano, no difamar a los que viven a nuestro lado cada día.

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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San Cirilo de Jerusalén (313-350) obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia Catequesis bautismal 10 

 

”No es aquel que nos persiguió?” (cf Hch 9,21)    “No nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo, el Señor, y no somos más que servidores vuestros por amor a Jesús.” (2Cor 4,5)  ¿Quién es este testimonio que anuncia a Cristo? Aquel que antes lo perseguía. ¡Qué gran maravilla! El perseguidor de antes hecho apóstol de Cristo. ¿Por qué, fue comprado? Nadie lo hubiera podido convencer de esta manera. ¿Fue el hecho de haber visto a Cristo en carne mortal que le había cegado de tal manera? Jesús ya había subido al cielo. Saúl había salido de Jerusalén para perseguir a la Iglesia de Cristo y, tres días después, en Damasco, el perseguidor se había transformado en predicador. ¿Bajo qué influencia? Hay quien cita como testimonio en su favor a los amigos, a los de su partido. Yo, en cambio, te doy como testigo a un antiguo enemigo. 


      ¿Todavía dudas? El testimonio de Pedro y de Juan es grande, pero...ellos eran de los de casa. Cuando el testigo es un antiguo enemigo, un hombre que más tarda morirá por la causa de Cristo, ¿quién podría dudar todavía del valor de este testimonio? Me admira el plan del Espíritu Santo...que inspira a Pablo a escribir sus catorce cartas...Como no sería posible refutar su testimonio, acordó a Pablo escribir más cartas que Pedro y Juan. Así, nuestra fe puede estar bien segura. En cuanto a Pablo, en efecto, todo el mundo estaba admirado: “¿No es este el que nos perseguía? ¿No ha venido aquí para llevarlos encadenados ante los jefes de los sacerdotes?” (Hch 9,21) ¡No os extrañéis,-dice Pablo-. Lo sé muy bien. Para mí es duro dar contra el aguijón. (cf Hch 26,14) “No soy digno de ser llamado apóstol porque he perseguido a la Iglesia de Dios.” (1Cor 15,9) “A mí, que primero fui blasfemo, perseguidor y violento, y que hallé misericordia, porque lo hacía por ignorancia estando fuera de la fe... Pero la gracia de nuestro Señor se ha desbordado con la fe y el amor que me ha dado Cristo Jesús.” (1Tim 1,13-4)

 

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«Cuando digo a un joven: mira, allí hay una estrella nueva, una galaxia, una estrella de neutrones, a cien millones de años luz de lejanía. Y, sin embargo, los protones, los electrones, los neutrones, los mesones que hay allí son idénticos a los que están en este micrófono (...). La identidad excluye la probabilidad. Lo que es idéntico no es probable (...). Por tanto, hay una causa, fuera del espacio, fuera del tiempo, dueña del ser, que ha dado al ser, ser así. Y esto es Dios (...). «El ser, hablo científicamente, que ha dado a las cosas la causa de ser idénticas a mil millones de años-luz de distancia, existe. Y partículas idénticas en el universo tenemos 10 elevadas a la 85a potencia... ¿Queremos entonces acoger el canto de las galaxias? Si yo fuera Francisco de Asís proclamaría: ¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!» Por Enrico Medi  2005.

 

 

 

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Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

Recomendamos vivamente:

Título: ‘Históricamente incorrecto. Para acabar con el pasado único’.
Autor: Jean Sévilla - Editorial: Ciudadela

 

Leyendas negras de la Iglesia - Vittorio MESSORI. Editorial PLANETA-TESTIMONIO. Un libro fácil de leer y recomendado como recomandable.

 

Recomendamos vivamente:

1º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007 +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).