Thursday 23 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > 10 mitos y 12 falsedades para acabar lo católico; puritanismo, sufijo ismo


«A lo largo de los tiempos también yo he comprendido que debemos seguir siempre el ejemplo del Señor, que estaba muy abierto incluso hacia las personas marginadas en Israel en aquella época; era un Señor de la misericordia, según muchas autoridades oficiales demasiado abierto hacia los pecadores, a los que acogía o permitía que lo acogieran a él en sus cenas, atrayéndolos hacia sí en su comunión». Las palabras de Benedicto XVI al clero de la diócesis de Bressanone  06 de agosto de 2008


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Confiemos en que el sentido común no deje de asistirnos a la hora de distinguir el blanco del negro y que la civilización se imponga, con las solas armas de la razón, a la barbarie. Porque la verdad, como el agua, sale siempre a flote; de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba ‘siempre triunfante’. Aunque le fastidie a muchos la verdad. Porque no resuelven sus dificultades o necedades, en ellos no confiemos.


Iluministas, biblistas, Jehová ‘jehovistas’, mormones, bautistas, asambleas americanistas, etc. = Varios miles de sectas con tanta engañifa, o sea, engaño artificioso con apariencia de utilidad.


Yo le tengo mucho miedo al sufijo ismo. Hay que ser de una nación, pero no nacionalista, de una raza, pero no racista. El ismo, normalmente, desfigura las cosas. Tiene un significado parecido al del sufijo itis, que quiere decir inflamación. Julián MARÍAS, filósofo español - 2004-07-10 Alfa y Omega.


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«La catolicidad de la Iglesia fue y seguirá siendo ejemplar; mas, el poder trata de destruir a la Iglesia porque no controla su catolicidad y para denigrarla, se asocia a un falso catolicismo».


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Miente, miente, que algo queda...

Para acabar con el Catolicismo:

un antiretrato en 10 mitos


Si el Tíber baja muy caudaloso o el Nilo muy bajo, si el cielo permanece cerrado o la Tierra se mueve, si llegan la peste o la hambruna, el grito es ‘¡Los cristianos al león!’. ¿Todos para un solo león?" Con estas palabras Tertuliano (160-255 d.C.) resumía el problema de las persecuciones anticristianas. Hoy en día el problema es el mismo. Los católicos aparecen como culpables de cualquier desastre o mal en la tierra. Como en los primeros tiempos, hoy la Cristiandad es perseguida y castigada en su carne y espíritu por todas partes. Cómo operan los prejuicios y calumnias sobre los cristianos y cómo responder a las mismas.

 

www.cristiandad.org    


Las palabras del Santo Padre resonaron fuertes y entusiastas al recordar los principios imperecederos del cristianismo. La "Marcha del Orgullo Gay" había tenido el descaro de desfilar en la misma Ciudad Eterna para desairar al corazón mismo de la cristiandad. El Sumo Pontífice renovó en los corazones de los católicos del mundo entero las Enseñanzas salvadoras del Divino Redentor.


Aquellos principios que hacen santos, por los que testimonian los mártires, que impulsan a los misioneros, que consagran viudas y vírgenes, que mueven al heroísmo de confesores y de todos los campeones de la fe, esos mismos principios eran renovados una vez más frente a la Tumba de San Pedro. Las enseñanzas sobre la homosexualidad, el divorcio, el aborto, los totalitarismos, etc. eran repetidas con paternales palabras de S.S. Juan Pablo II.


La reacción del mundo no se hizo esperar. Siempre dispuesto a aplaudir y reconocer con alardes y galardones al Papado cada vez que Sus enseñanzas coinciden con las suyas, esta vez respondería con la saña y violencia virulenta que aplica contra la Iglesia cada vez que las Enseñanzas chocan con su espíritu y deseo. Si unas veces son aplausos, otras serán ladridos, insultos, agravios y ridiculizaciones.


Una orquestada campaña tiñó los medios de comunicación de una acrimonia y purulencia inusuales.


Imágenes trucadas de un Papa "insensato, fanático e inquisidor", ataques contra la doctrina y el pensamiento cristiano, burlas contra los mandamientos, deformaciones de los principios católicos y toda suerte de agresiones poblaron las tiendas de periódicos y revistas y ensuciaron el aire con transmisiones televisivas, radiales y electrónicas de un anticatolicismo revelador.


Era la explosión violenta de una campaña mucho más profunda, destructora e intimidante pero inadvertida. Es una persecución silenciosa y silenciadora. No se trata tan sólo de las masivas maquinaciones cruentas con que se persigue y asesina cristianos en el África, en el Asia o Medio Oriente. No hablamos ste;lo de estos cientos de millones de cristianos perseguidos y masacrados por sus creencias. De estos ya hemos dicho que nadie habla, que nadie mueve un solo dedo en su favor, que nadie organiza conciertos internacionales ni existen estrellas de cine dispuestas ha hacer algo en su favor. Para éstos no hay organismos internacionales que les recuerden y defiendan. Eso ya lo sabemos.


Hablamos de la persecución silenciosa que embriaga los medios de comunicación – ¿o deberíamos decir de difamación? – del mundo entero, del arte "vanguardista", a la política, a la cultura "pop" de la postmodernidad, al pensamiento débil y "políticamente correcto.


Cine y televisión como ejemplo delator

Sin mucho esfuerzo el católico medio ve con dolor cómo se le discrimina y ultraja en películas y series de televisión. Resulta bastante común ver que las apariciones de religiosos modernos siempre estén ligadas a la mafia, a la protección de ilegales, a la represión moral o, mucho más frecuente, a perversiones sexuales o criminales que la Sagrada Jerarquía desea ocultar.


La Iglesia siempre aparece relacionada con fanatismo, represión, intolerancia y oscurantismo. Si acaso las películas son ambientadas en momentos históricos pasados (en el futuro nunca existe Iglesia), personajes recurrentes dentro de la Iglesia serán un obispo avaro y codicioso, algún religioso lujurioso y otro represor. Si acaso se le permite a algún católico ser bueno y hasta héroe, será uno semi-hereje, muy mal mirado por los pacatos ojos inquisidores de las corruptas autoridades.


La semi-hipnotizada opinión pública es conducida así por los derroteros del prejuicio anticatólico, predisponiéndola para relacionar cualquier acción de la Esposa de Cristo en cualquiera de sus hijos, con los mitos y eslóganes anticristianos inoculados abierta y encubiertamente todos los días y por diversos medios.


Si llevásemos hasta un último análisis este problema, comprobaríamos aterrorizados que la Ciudad de Dios con que soñamos se construye en la mente del ciudadano promedio como un imperio de fanatismo, oscurantismo, represión, puritanismo calvinista, hogueras, persecución, empobrecimiento general, asfixia social y surgimiento de movimientos revolucionarios salvadores de este opresivo triunfo general de la Iglesia. ¿Cómo sino de esta manera horrible podría imaginarse el ciudadano común un mundo gobernado por la Iglesia y sus principios?


Lejano de la memoria popular el viejo principio apologético que residía precisamente en el triunfo de la Santa Iglesia y cómo ello no encerraba un peligro para el Estado y sí grandes beneficios para todos.


¿Qué mas se podría esperar si tuviésemos jueces justos y honrados, administradores eficientes y responsables, políticos honestos y compenetrados con sus representados, científicos virtuosos y amantes de la vida, profesores que por coherencia y convicción formasen almas nobles y puras, legisladores que ordenasen las naciones conforme los mandamientos y la recta justicia, un mundo, en fin, donde cada uno recibiese lo que tiene merecido y que no por lucro sino por amor de Dios fueran incentivadas y cultivadas todas las expresiones del alma humana?


En aquellos lejanos días de las persecuciones de las tiranías romanas, el cristianismo era cosa nueva y rechazada. Se decían disparates y calumnias, se deformaba grotescamente la religión de Cristo. El Santo Sacrificio del Altar era relatado como "asesinatos rituales"; por la consumición de las sagradas especies se decía que los cristianos eran caníbales; escuchaban de la "ceremonia de amor" y los acusaban de incesto y orgías rituales. Ridiculizaban la religión porque se adoraba a  un niño, un carpintero, un ignorante. Se dibujaba una burla frecuente: un crucificado con cabeza de burro. Con el tiempo, la gente comentaba como cosa cierta que los cristianos adoraban una cabeza de burro.


Con el florecimiento de eslóganes y mitos sobre los cristianos, deformaciones y prejuicios crecientes en forma e injuria, los emperadores se vieron obligados a aplastar esta temible plaga de locos terroristas e inmorales. Al acusar a los cristianos del incendio de Roma, Nerón decía que lo habían hecho "no tanto por quemar a Roma sino mas bien por el odio irrefrenable que tienen a la humanidad entera".


Hoy no es muy diferente, aún con el agravante de dos mil años de civilización cristiana, de los avances de las comunicaciones, de los aportes de las ciencias y de la historia, de la educación masiva y de la progresiva erradicación del analfabetismo.


No es raro que las mentiras esparcidas por los numerosos enemigos de la Iglesia a lo largo de estos dos milenios, sigan vigentes. Tampoco es raro que se nos vincule con crímenes y aberraciones de otros. Por eso hemos querido condensar en estos breves enunciados, los principales ataques y mitos anticristianos modernos que nunca nadie defiende. Los hemos tomado de diversos textos anticristianos y de la misma prensa. Por su recurrencia –comprobada diariamente por el lector- y virulencia, juzgamos innecesario aumentar el volumen de texto con interminables referencias bibliográficas.


Mito 1: "Los católicos son fanáticamente pro-vida: la quieren a cualquier costo, incluso a costa de la mujer"

¿Puede defenderse la vida con concesiones y excepciones? Para los partidarios de la muerte pareciera ser que sí. Y la regla de medida son sus propios intereses, egoísmos y deseos.


El compromiso con la vida que ha mostrado el cristianismo desde el principio de su historia ha sido el signo distintivo de su estirpe. El concepto mismo de "persona", la abolición de la esclavitud ya en la temprana edad media, la construcción de hospitales, las órdenes religiosas consagradas al cuidado del cuerpo y del alma son pequeñas muestras del amor a los hombres y a la vida que caracteriza a los hijos y discípulos de Cristo.


Coherentes con esta visión de la dignidad humana, los hijos de la Iglesia luchan en la actualidad contra los sofismas y agresiones de los cultores de la muerte.


Para éstos, el compromiso irrenunciable es fanatismo y no poner excepciones para respetar la dignidad y el valor intrínseco de la persona humana es "defender a cualquier costo".


La Iglesia no es una "fanática" defensora de la vida. El fanatismo es ciego, irreflexivo y prejuicioso. La intransigencia en la defensa de la vida nace de la certeza de la verdad, de la comprensión acabada y reflexiva de las cosas. El cristiano ve en cada hombre un hijo de Dios llamado a la bienaventuranza eterna, en cada persona ve a Cristo. ¿Cómo podría consentir el asesinato por simple capricho o comodidad?


Lo que realmente existe detrás de esta acusación es un deseo irrefrenable que exige el fin de toda barrera u oposición a la consumación de sí mismo. Es el liberalismo más arrollador que desea eliminar incluso hasta la más pequeña memoria de su mal, el reproche más liviano. Por eso no ahorra medios ni recursos para aplastar y perseguir a la única institución en la tierra que encierra en sí todo el fundamento de la cultura de la vida. Por esto mismo no extraña ver a líderes cristianos de otras confesiones alinearse en las filas de la muerte con tal de combatir a su Enemiga jurada. Contra la Iglesia todo vale.


Mito 2: "Es escandaloso que la Iglesia condene la homosexualidad y la sexualidad, ¡con la cantidad de sacerdotes homosexuales y monjas inmorales que existen!"

Recurso último cuando ya no se puede argumentar, la falacia ad hominem siempre puede sacar de un apuro a un enemigo de la verdad. Y es que cuando no se quiere oír lo que se dice entonces queda agredir atacando a quien lo dice. Vieja táctica de los sofistas, aún hoy se utiliza descalificar a un expositor fijando en la atención en quien es y cómo es su vida y no en que dice y que puede hacer en mi vida.


La Iglesia es una organización de origen y sustento divino pero compuesta por hombres falibles y pecadores. Por eso los sacramentos son un remedio, un consuelo y una ayuda para vivir plenamente la fe.


Por otra parte, y siguiendo el argumento falaz, la cantidad de casos de pecados que pueden imputarse a los sacerdotes y religiosos es bajísimo. La enorme cantidad restante es un aplastante testimonio de la falsedad de semejante generalización. Si aplicásemos la misma falacia contra los acusadores, la situación se volvería grotesca: ¿qué coherencia podrían contraponer contra la "incoherencia" de la Iglesia? Si nos critican la moralidad y nos enrostran la inmoralidad de algunos, el valor en discusión es la moral, practicada o violada. Ahora bien, para ser coherentes en oposición a la incoherencia de la Iglesia, ¿deberían ellos mostrarse coherentemente inmorales? ¿O acaso deberían demostrar que de su parte no existen faltas o pecados y que todos los enemigos de la Iglesia son un dechado de virtud e impecabilidad?


Discutir por esos caminos sólo conduce a absurdos. La próxima vez que escuche un argumento así, concéntrese en que se discutan los principios. Sólo por ese camino llegaremos a conocer, enseñar y vivir la Verdad cristiana.


Mito 3: "No es posible defender la existencia de monasterios o conventos. Esas monjas y monjes son personas ociosas que nada hacen para construir un mundo más justo"

Materialista hasta la médula, el mundo moderno sólo puede concebir la vida en lo materia y tangible. Le son ajenas las realidades del espíritu. Por este motivo sus construcciones, sus inventos y creaciones, su música y entretenciones y todas las formas de expresión de su cultura son materialistas y consideran sólo al cuerpo. Los hombres se neurotizan por esta inanición espiritual y se vuelven locos, esquizofrénicos, tarados. En respuesta, la cultura ofrecerá pseudoreligiones espiritualistas que requieren el cuerpo para "sentir" experiencialmente las emociones de sus creencias.


En contraste, ¡qué suave y equilibrado es el espíritu cristiano! Urgidos por el amor, los cristianos construyen el reino de Dios cimentando sus bases tanto en el cuerpo como en el alma. Preocupados por las realidades superiores del espíritu, muchos varones y mujeres lo han abandonado todo para seguir al Divino Redentor en la perfección de la pobreza, de la obediencia y de la castidad. Unos siguen el camino de Marta, la hermana hacendosa de Lázaro. Otros el camino de María, la hermana contemplativa y espiritual de Lázaro. El Señor respondió en el reproche de Marta a su hermana que no le ayudaba a poner todo en orden para servir al Invitado, la misma cuestión que hoy relanza la postmodernidad: "En verdad te digo que ella ha escogido la mejor parte"


Las religiosas y religiosos de clausura ganan caudales de gracias que luego aplican los hombres y mujeres de acción en sus obras cotidianas. Los conventos y monasterios son pequeñas ciudades de Dios donde puede ser adorado, servido, consolado y amado como Él se merece, sin atender a nada más que a Él mismo. Gracias a su maravillosa existencia es que el sano árbol de la Iglesia se nutre de savia para dar los dulces frutos que ofrece al hombre.


Si el espíritu es superior a la materia, las actividades del espíritu son superiores a las que se ocupan de la materia. Metafísicamente es más alta y noble la contemplación que la acción, si bien una no anula a la otra. En el espíritu de la Iglesia, vendrán a ser como el cuerpo y el alma que unidos dan vida a los miembros de la Esposa de Cristo.


Bien quisiera el mundo que todos se sumasen a su fiebre materialista. Él no puede comprender otra realidad. A éstos responden los contemplativos: muertos para el mundo, libres de la tiranía de la moda, sólo para Dios por los hombres y la Iglesia, en Ti Señor.


Mito 4: "La Iglesia se enriquece con el dinero de la gente: vive de donaciones"

Crítico para las acciones y para las no acciones de la Iglesia, el espíritu del mundo siempre tiene algo que decir en su contra. Si "el ladrón piensa a todos de su condición", el anticatolicismo no puede menos que ver con ojos viciosos el augusto actual de la Maestra de la Verdad.


Si la Iglesia se aparta de los negocios del mundo y sólo se aplica a la salvación de las almas, debe vivir de las donaciones de los fieles, pues otros recursos no tiene. Si, por el contrario, viviese mezclada con los negocios del mundo, perdería sus miras espirituales y viviría preocupada de las especulaciones y lucros propios de quienes viven de los negocios. Entonces sería criticada por los especuladores como especuladora, por los negociantes como negociante, por los mundanos como mundana. Si, en fin, viviese de los dineros del Estado laico, quedaría sujeta a los vaivenes y deseos del poder político de turno, se vería manchada con política local y avergonzada esclava de las oleadas mundanas de afectos y caprichos de tiranuelos.


Ni la Iglesia se enriquece, pues sostiene innumerables órdenes y obras de caridad (que no son su principal misión), ni puede vivir de otro modo que del deber mínimo del fiel de sostener a su Iglesia.


Lejos del buen cristiano la perversa costumbre mundana de la "hipersensibilidad" del bolsillo. Nosotros no mordemos a quien nos pide dinero para algo distinto a un negocio. La generosidad es una virtud santa que nos desapega de los bienes terrenos y nos prepara magníficamente para el cielo.


Mito 5: "La Iglesia debe preocuparse prioritariamente de la pobreza y problemas sociales. Sólo a esa Iglesia puedo reconocer como auténticamente cristiana"

Más allá de la eterna tentación de encerrar a la Santa Iglesia en funciones y papeles determinados, este eslogan – bastante frecuente, por cierto – presenta dos graves errores.


En primer lugar no es papel del poder espiritual preocuparse por solucionar problemas propios del poder temporal. Está en los gobiernos, administraciones y en las diversas instituciones creadas para tal efecto, el atender y remediar los problemas sociales. Ni siquiera las obras de caridad o de beneficencia pública tienen tal misión, ya que existen desde el momento en que le Estado es insuficiente o ineficiente para el cumplimiento de sus tareas de instauración del bien común. La beneficencia y caridad hacen menos duro el drama y auxilian con sus siempre escasos medios. La Iglesia no está para cumplir estas funciones. Puede, por supuesto, orientar a los hombres para conseguir de mejor forma el bien común. Pero esto pertenece, como es obvio, a la esfera espiritual.


Para no caer en el extremismo mundano que querría denunciar que la Iglesia sostiene que no debe ocuparse de los pobres y sufrientes recalcamos: puede ocuparse y lo hace admirablemente, pero no es su papel principal ni menos la obra exclusiva que la hace al menos "aceptable" para el mundo.


En segundo lugar, siempre siguen vigentes las palabras del Señor para los apóstoles cuando estos reclamaron por el frasco de esencia de nardo que derramaba la Magdalena para agradar y adorar al Redentor. A la protesta de "si lo vendiésemos, con su precio podríamos alimentar a muchos pobres", el Divino Maestro respondió: "pobres siempre tendréis, pero a Mi no me tendréis siempre". Eso puso y pone hoy en orden las cosas. No es la misión prioritaria de la Iglesia así como tampoco debe olvidarse de atender al Cristo sufriente en el prójimo. Es un equilibrio que, por su naturaleza espiritual, da mayor atención a tal aspecto, y colabora en el material en la medida de las necesidades. Pero recordemos siempre que la Iglesia centra el espíritu en lo importante: Dios mismo, Su Palabra, la Redención.


Mito 6: "¡No podemos tolerar la intromisión de la Iglesia en la vida privada de la gente! Ya basta con que reprima con su puritanismo a los católicos. ¡Hay que ver cómo vivía la gente cuando la Iglesia era más importante: rezaban de día, pecaban de noche, veían al demonio en todo, eran supersticiosos. Los puritanos y los victorianos son el mejor ejemplo"

Odiando cualquier límite para sus pasiones, la explosión liberal dirige sus armas contra la Iglesia clamando por la libertad sin límites, hasta volverla el libertinaje más aterrador. El aparataje de prensa y la "construcción del mundo" a través de Hollywood han creado una idea del "mundo antiguo" como una mezcla de superstición, de intolerancia, de obsesión sexual represora, de ver pecado en todo, etc. Los trasgresores siempre serán héroes y "mártires" a un mismo tiempo de una sociedad fanática.


Aquí encontramos tres grandes errores: la libertad sin límite, la privacidad entendida según el liberalismo y el origen del puritanismo.


Comencemos por el último para iluminar a los dos primeros. Recordemos que durante los desgarrantes días de la Pseudo-Reforma iniciada por el heresiarca Lutero, Europa y la Cristiandad entera se vieron divididas. En los jirones de cristiandad "reformada", observamos en clásico ejemplo del imperio discorde y fragmentado del mal: como las pasiones se oponen en impulsos y egoísmos, la eclosión de pasiones desatadas por el orgullo y sensualidad protestante, dio origen a una infinitud de nuevas sectas acomodadas según los deseos de los congregados. Un estilo para cada vicio, podríamos decir.


La interpretación personal, literal y antojadiza de las Sagradas Escrituras, instauró un clima enrarecido en los territorios protestantes. El fanatismo y "literalismo" les llevaba a olvidar los preceptos de Cristo y a reinstaurar preceptos del Antiguo Testamento. La obsesión por encontrar al demonio en cualquier lugar menos en donde se encontraba (sus malas ideas y pasiones dominantes) les volvía supersticiosos. Comienzan las cazas de brujas, se acusaba de hechicería a toda cosa inexplicable. Mientras que la Santa Iglesia ni siquiera consideraba seriamente los cargos por sortilegios y hechizos, en los países protestantes se perseguía, cazaba y quemaba a quienquiera que pudiese coincidir con el "tipo" de bruja o hechicera. La Santa Inquisición ni siquiera procesaba, entre los cientos de casos anuales, a más de una o dos acusaciones cada cinco años. Y generalmente se absolvía por falta de pruebas.


Curiosamente la relación directa entre Inquisición y brujería es directa. Aunque los historiadores serios hayan lanzado por tierra esta estúpida idea, en la mentalidad popular persiste la imagen de la Iglesia cazando brujas. Los protestantes quedan limpios de culpas porque también caen entre las "feroces" garras de la difamada Inquisición.


Así como ocurre esto con las brujas y la superstición, sucede con el puritanismo. El orgullo y los principios gnósticos que encierra la revolución protestante llevan a un odio metafísico a todo lo material y carnal. Y como vulgar parodia, el demonio toma estos bufones suyos para realizar una mueca de castidad. Nace el puritanismo más seco. Inglaterra y algunos países nórdicos engendran en sus senos sectas protestantes del más riguroso y fanático puritanismo. De hecho, una de estas sectas es expulsada de Inglaterra y es embarcada a las tierras salvajes de Norteamérica. Ellos darán origen a los actuales Estados Unidos. En Inglaterra, tras auges y retrocesos, cobra fuerza con el isabelismo y victorianismo: ambos símbolos de obsesión por lo sexual y pecaminoso. La sociedad victoriana, tan puritana y masónica a un mismo tiempo, extiende por todos los dominios del imperio inglés esta forma asfixiante de vida.


En los países católicos no sólo no se vivió esta represión diabólica, sino que veían nacer las formas más nobles y bellas de arte que expresaban la alegría de vivir. Luis XIV encarnó por siglos un ejemplo de sociedad católica y alegre, con pasión por la vida y los dones que Dios había puesto para un recto deleite del hombre. Sin embargo, como en el caso anterior, el protestantismo queda exento de culpas en la mentalidad moderna. Siempre será la Iglesia la puritana y represora. Y si alguno puede argumentar, no ya para defender las falsas ideas, sino para manchar en algo a la Iglesia como falacia ad hominem, recordando la conducta de muchos católicos y aun de no pocos religiosos de fines del siglo pasado, recordaremos al mismo lector que la Iglesia también sufrió internamente los embates del protestantismo bajo formas disimuladas. Tal fue el caso del jansenismo, una suerte de protestantismo que envenenó a una considerable parte de Europa y de América, con sus principios encubiertamente antimarianos y de una sequedad tal espíritu que poco se diferenciaba del puritanismo protestante.


Contra éste, San Luis María Grignion de Montfort y tantos otros santos emprendieron una cruzada para acabar con el error y liberar a los pueblos oprimidos por la misma. No puede por eso confundirse a la Iglesia con este error pasajero de sus hijos.


Quedan así destruidas estas imágenes y acusaciones anticatólicas. Sin embargo la idea es tan fuerte en las mentalidades hijas del liberalismo que sufrimos con dolor la idea de tener que luchar por mucho tiempo más hasta que la Verdad triunfe sobre el error interesado.


Pero no perdamos de vista el asunto que nos ocupa: aquí el centro de la cuestión es generar sentimientos de culpa en los católicos por sostener sus principios y practicar su fe. Corregir al que yerra y enseñar al que no sabe son mandamientos de la caridad. Que la Iglesia enseñe por Divino mandato a sus hijos y al mundo entero el camino de la felicidad temporal es su obligación, no una opción libremente escogida.


Puede molestar al liberal escuchar hablar de mandamientos, de moral, de dominio de sí mismo, de fuerza de voluntad, de principios eternos fundados en un Dios inmutable, infinito Bien. El católico no puede callar su fe. No impone al no creyente sus principios de salvación. Sin embargo, está en el deber de todo ser humano luchar por impedir que se cometa cualquier crimen y delito. Las campañas pro vida, las advertencias sobre la ruina para las naciones que es el divorcio, el libertinaje sexual y la pérdida del sentido de honor y moral, son acciones nobles de cuidado a los hombres. Que el liberalismo vea en el recuerdo de los principios éticos y morales una intromisión en su vida privada es un ejemplo elocuente de sus temores y apegos. ¿Por qué no quiere oír hablar de moral? ¿De qué huye? ¿A qué le teme? Deberemos cambiar nosotros las preguntas cuando se nos censure y acalle violentamente.


Mito 7: "La Iglesia es una amante del pasado, enemiga del progreso"

Hábiles manipuladores de palabras, los enemigos de la Iglesia han sabido vaciar de su contenido algunos términos para inocularles uno muy diverso. Así la palabra "progreso" no significa ya una mejora sustancial para el cuerpo y el alma. No contempla ambas esferas de la vida del hombre.


El progreso, para los enemigos de la Iglesia, significa una cosa muy distinta. En sus términos, "progreso" significa "liberarse" de la influencia de la Iglesia, apartarse de sus principios, construir un estado de cosas que tiene fiebre por negar el pecado original y erigir al individuo como "dios" absoluto. Por eso las eternas – y contradichas en sus resultados - experiencias por eliminar las enfermedades, el trabajo, el dolor, la ignorancia, la muerte y el sufrimiento hasta límites antinaturales. Por eso la creatividad puesta al servicio de las pasiones, del hedonismo, del refinamiento del placer hasta abstraernos de la realidad para construirnos mundos imaginarios donde somos dioses y nada se nos opone.


La Iglesia no es amante del pasado. La Iglesia, a diferencia del espíritu moderno, no tiene una visión de "aquí y ahora", de un presente como referencia absoluta de realidad. Para la Iglesia su historia hunde sus raíces en la creación, continúa con la historia del pueblo elegido, prosigue con el esplendor de la venida del Mesías y se extiende hasta hoy en día para continuar elevando sus ramas en el azul profundo de un futuro lleno de esperanzas.


Por esta razón la Iglesia puede exaltar como ejemplos, todos y cada unos de los momentos de coherencia social, grupal e individual. El católico tiene, como mínimo, 2.000 años de experiencia. Es en la riqueza de su pasado donde encuentra buenos ejemplos y guías firmes, no en febriles quimeras de "progreso". La Iglesia es prudente y sabe que muchas de estas utopías se han vuelto contra sus creadores y los han devorado cruentamente. La Iglesia acompaña a sus hijos como una buena madre: les aconseja, orienta, enseña y anima. Por este motivo la Santa Esposa de Cristo ni es "tradicionalista" ni es "progresista". Es eterna. No se queda anquilosada en recuerdos ni abandona todo por espejismos. Tiene la serena alegría de saberse fundada y sostenida por el mismo Dios, quien la preside y anima.

Ante Ella las puertas del infierno no prevalecerán.


En cuanto al progreso bien entendido, y compréndase en esto el mejoramiento de la vida de los hombres en todos los hámbitos de su existencia en armonía con Dios, la Iglesia siempre ha sido defensora y propulsora hasta darnos el ejemplo de que universidades, hospitales e instituciones de caridad fueron creadas en su seno siempre anhelante de perfección y virtud.


Mito 8: "La Iglesia es muy cerrada, muy intransigente"; "En el fondo, el demonio y el infierno son medios de represión y de control"; "¿Qué me dice del endurecimiento del Vaticano? Yo creo que si pudiera, la Iglesia reestablecería la inquisición y quemaría a medio mundo"; "Sólo el ecumenismo es auténticamente cristiano. De hecho, es la única postura seria, aceptable y tolerable de la Iglesia"

Este grupo de errores tienen como centro común la demanda furiosa de relativismo. Para la mentalidad compulsivamente relativista, no es concebible que existan principios inconmovibles, fundados en una Verdad Eterna.


Para el católico no robar, no matar, no mentir, ser castos, honrar a Dios, cumplir con la palabra empeñada, servir a los superiores son principios que no están o pasan de moda.


La intransigencia de la Iglesia, lo hemos dicho innumerables veces, es precisamente una señal que da seguridad y convierte hombres, porque si la Iglesia no fuese de esta manera con los principios que la fundan y mudase los mismos, perdería validez y sería una caja de repercusión de las modas y pasiones del momento. Un día cree una cosa, otro la niega; un día sostiene que la salvación se encuentra en esto, mañana dirá que se encuentra en esto otro. La Iglesia ha recibido la fe de Cristo y es depositaria y Maestra de la Verdad. No puede callarla ni modificarla para contentar a las masas que claman por permisos para sus vicios.


Una cosa muy distinta es lo que quieren los relativistas. Para ellos la Iglesia nunca debe ser intransigente y debe permitirlo todo para tener así una Iglesia "a escala" de sus pasiones, que no le reproche nada, que lo deje caminar por el blando camino del error, del vicio y del pecado. Una Iglesia, en fin, que pierda completamente de vista la Vida Eterna y su misión salvadora. Tan fuerte es el peso de la Santa Iglesia en la conciencia de las gentes, en fin, que la alegría máxima para los viciosos sería vivir sus pecados al amparo de la Iglesia y merecer así la gloria eterna por ello.


Pero la Iglesia sólo es intransigente con el pecado, el vicio, la maldad y el error. La Esposa de Cristo es Madre y Arca de salvación. Nunca es ni será, por lo tanto, intransigente con el pecador. El mismo Divino Redentor actuó así. Como Puerta del Cielo, ofrece remedios y medios de salvación y santificación no sólo en las supremas enseñanzas que guarda en su santo seno sino también en el tesoro de los sacramentos. Como Dios, la Iglesia no quiere la muerte del pecador sino antes su salvación.


Testimonio de esto es la admirable labor misionera que despliega por la faz de la tierra para llevar la Bienaventuranza eterna a todos los hombres y a todas las naciones. Por ello los contemplativos ofrecen sus vidas como víctimas puras de amor.


¿Qué clase de madre sería si viendo a los asesinos merodeando y el negro abismo al que quieren arrojar a sus hijos, no les advirtiese del peligro? Probablemente los viciosos desearían suprimir de las enseñanzas de la Iglesia palabras tales como "juicio", "pecado", "infierno", "ofensa", "purgatorio", "fuego" o "condenación". Para silenciarla niegan toda la tradición de los pueblos que con diferentes conceptos expresan el recuerdo original del infierno y del cielo. Contra todo sentido común, la acusan de inventar aquello que las Sagradas Escrituras repiten constantemente y que el mismo Señor reitera una y otra vez. Los testimonios de santos y los milagros para multitudes lo reitera y aun el mismo buen sentido lo demuestra. ¿Para qué inventar tan angustiantes realidades? ¿Para aplicarse a sí misma esas preocupaciones a fin de predicar con el ejemplo? No. La Iglesia no gobierna según el mundo sino según la ley del Amor. El mundo puede proyectar en Ella, una vez más, sus vicios y costumbres, pero no por ello sus locuras deben tomarse por verdad.


De hecho, esto es lo que hacen cuando intentan gobernar por el terror a los hombres amenazando con los "terrores" de una Iglesia coherente con su misión. Consiguen, no lo negamos, aterrorizar y cerrar puertas, maldisponer a las personas a la palabra paterna del Santo Padre y de la Iglesia entera que se suma a sus esfuerzos apostólicos.


La Iglesia, lejos de desear condenar, se desvive por convertir y hacer amar a Dios. Sus esfuerzos miran la felicidad de los hombres ya desde la presente vida. La amenaza con esa Inquisición que los propagandistas anticristianos deformaron en las memorias e inventaron para el presente es un vulgar intento de manipular y apartar a las almas del camino de salvación. Culpables en sus conciencias, se adelantan en culpar a la Iglesia de hacer eso con el mundo.


Por esta razón es que una vez más vemos cómo vacían y rellenan palabras. Es lo que sucede con el ecumenismo. En lugar de hablar del verdadero ecumenismo, esto es, del esfuerzo apostólico de la Santa Iglesia que dialoga con el mundo y sus creencias para revelarles la verdad plena que ellos han ido - en el mejor de los casos - desarrollando en partes, para los enemigos de la Iglesia, el ecumenismo viene a ser una suerte de renuncia, una claudicación de todos sus principios. El ecumenismo que aplauden resulta ser una petición de perdón por todo lo que cree y una aceptación sin discusiones de los errores, creencias, visiones y costumbres heréticas o paganas. Si tiene aplausos del anticatolicismo, es porque este "ecumenismo" no es más que el relativismo más traidor y disolvente.


Antes de partir, el Dulce Redentor nos dejó un mandato: "Ite et docentes omnes gentes", id y predicad a todas las naciones. Si Él es el Camino, la Verdad y la Vida; si quien no está con Él está contra Él, si quien con Él no siembra, desparrama... ¿podemos olvidarlo todo para agradar al mundo y obedecer a sus reclamos? Lo auténticamente cristiano es escuchar, seguir y servir a Cristo, Sus mandatos y enseñanzas porque en Él y sólo en Él encontramos la salvación. Lo auténticamente cristiano será arder de amor y caridad y recorrer toda la tierra enseñando con alma y vida la Buena Nueva.


Mito 9: "La Iglesia desprecia a quienes no son parte de Ella, mire nada más eso de extra ecclesia nula salus [fuera de la Iglesia no hay salvación] Esa "exclusividad" es anticristiana pues Cristo no lo dijo"

Desprendida del mito anterior, esta acusación la reservamos aparte por su ridiculez y sin sentido. El principio de San Agustín, "No existe salvación fuera de la Iglesia", ya había sido pronunciado antes por San Cipriano con estas palabras: "Quien no tiene a Dios por Padre no puede tener a la Iglesia por Madre". Si consideramos por un momento que el pecado, el error, el mal o la herejía significan la perdición eterna, veremos cuanta luz y amor arrojan estos dos principios.


El principio de no-contradicción nos dice que una cosa no puede ser y no ser a un mismo tiempo y bajo un mismo punto de vista. Uno no puede salvarse mintiendo tanto como diciendo la verdad, robando como siendo honrado, quebrantando la Ley como cumpliéndola. Es absurdo.


Esta visión de la Iglesia nace de la certeza de haber sido fundada por el Mesías esperado, por el Divino Redentor. En Ella depositó el Señor la Verdad salvadora y a Ella le confió la tarea de enseñar a los hombres Su Amor y Santa Justicia que otorga a cada uno premio eterno o castigo eterno según sus obras.


La Iglesia, en fin, ve en el otro una persona con dignidad, nunca una suerte de animal o de hijo de Satanás como el protestantismo vio en sus colonias.


¿Cómo puede despreciar a quienes no pertenecen a Ella? La Iglesia no es un grupo de "iniciados" esotéricos que desprecian a los "ignorantes" ni peca del orgullo exclusivista de las sectas. La Santa Iglesia envía misioneros por el mundo entero, reza y pide gracias para que todos los hombres conozcan la luz. Si despreciara, no se explica la Nueva Evangelización, el celo misionero, el apostolado cotidiano y extraordinario que le caracteriza y distingue entre cualquiera de los credos con que se le compare.


Mito 10: "Ser tradicionalista es ser cismático"; "Lefebvrismo y tradicionalismo son la misma cosa (...) todos están excomulgados", "Grupos de poder como el Opus Dei son sectas peligrosas"

Anticipándonos al último golpe que pueden dar los enemigos de la Iglesia contra quienes la defiendan sin excepciones, postergamos hasta el final este mito que carece tanto de sentido como de fundamento.

Diremos en primer lugar que hay diferencia entre tradicionalismo e inmovilismo histórico. El tradicionalismo resguarda y protege esas bellas instituciones sociales, costumbres y hábitos de vida que han ido naciendo en el seno del cristianismo y que resultan ser formas de expresión de la fe en los distintos campos de la actividad del hombre. El inmovilismo histórico, en cambio, sólo ve en estas costumbres una suerte de "piezas de museo", descontextualizadas de la fe y mentalidad que las inspiraron. Ama lo antiguo por el sólo hecho de ser antiguo. El tradicionalismo, por lo tanto, no es incompatible con el verdadero progreso. El inmovilismo histórico es paralizante, idealiza el pasado, lo descontextualiza y se queda fijo en éste o aquel aspecto del problema contemporáneo creyendo encontrar la respuesta en éste o aquel otro aspecto del pasado. Corta, así, el flujo de la historia y el desarrollo de la fe que anima la sangre fresca de la Cristiandad y de la humanidad.


Ser tradicionalista, por lo tanto, no tiene nada que ver son ser cismático. De hecho no pocas veces el cisma se produce porque quien se aparta de la Cátedra de Pedro lo hace por inmovilismo histórico.


Sobre las acusaciones de sectas dentro de la Iglesia ejemplificadas por el Opus Dei, no requerimos extendernos tanto. El Opus Dei es una Prelatura personal perfectamente conforme al derecho canónico, con plena unión al Santo Padre. El mismo Papa ha depositado numerosos e importantes cargos y funciones a sus miembros. Muchas de sus costumbres han sido tradición viva de la Iglesia aunque resulten chocantes para muchos que nacieron y crecieron en el abandono de las misas. Otras han sido fruto de la inspiración que el Espíritu Santo otorga a los nuevos carismas. Ni tiene estructura ni comportamiento de secta, por lo que resulta ignorante acusación la que se le lanza.


El igualitarismo extremo desearía que no existiesen carismas ni vocaciones, que todo se fundiese en una sola masa amorfa e indistinguible a suerte de las asambleas protestantes. Pero la Iglesia es como un gigantesco árbol de pimienta. En sus extensas ramas se anidan pájaros de distintas especias, costumbres y plumajes. Ellos construyen sus nidos con alturas, profundidad y formas distintas. Todos ellos caben en el árbol, todos son hijos de la Santa Iglesia. Bien puede un pájaro no desear el nido del otro, ni sus formas ni plumaje, pero no por eso le expulsa del árbol por ser distinto. Esto se aprecia bellamente en la extraordinaria diversidad de carismas de órdenes religiosas nacidas a lo largo de 2.000 años de historia. Es tan rica su diversidad, son tan generosos sus impulsos y visiones, sus fundadores y santos son tan distintos entre sí y a un mismo tiempo tan prototípicamente católicos. Dios se refleja en sus criaturas y en los grupos de criaturas. La infinita magnificencia del creador no puede limitarse a una masa gris y homogénea.


Los gritos del igualitarismo quieren apagar esta riqueza y variedad. Aquí reside la esencia de la agresión junto con la violencia que desatan sus pasiones que claman por la aniquilación de la Santa Iglesia en su espíritu y verdad.


El listado podría continuar enumerando mitos y más mitos. Originalmente nuestro trabajo contempló 163 diferentes mitos lanzados para desfigurar al catolicismo. Hemos tomado sólo los 10 más genéricos y representativos.


Sabemos que el sentido último es, como en las primeras persecuciones, apartar a las personas de la Fe católica y respaldar las acciones cruentas contra la Esposa de Cristo. Por eso es nuestro deber de estado denunciar y trabajar por la construcción del Reino de Dios en la Tierra para que todos los hombres se salven por el conocimiento de la perfecta y viva ortodoxia.


Mientras tanto, sabemos ya que como en el caso del Convento de Carmelitas de Auschwitz, por el que se han hecho movilizaciones internacionales para expulsarlas y obligarlas a retirar la cruz que recuerda a los millares de católicos que padecieron las persecuciones del nazismo y que allí mismo testimoniasen con su muerte su amor a Cristo, como el es el caso de San Maximiliano Kolbe, siempre se culpará a los católicos de las más perversas intenciones. En esta persecución puntual, "es una muestra de la intención católica de intentar deshebraizar el lugar, en palabras de la directora del periódico judío de mayor tirada de Italia, quien aprovechó de anunciar nuevas movilizaciones "para expulsar a las monjas de Auschwitz" que, por cierto, están en ese lugar desde mucho antes de que Hitler azotara esas tierras.



Se cuenta que el ministro de la policía de Napoleón, Joseph Fouché, ante cualquier caso que se le presentaba daba la misma orden a sus investigadores: "Cherchez la femme!", buscad a la mujer.

Estaba completamente convencido de que detrás de cualquier affaire, había una mujer como inspiradora o cómplice. A la simple vista de la leyenda negra que tejen los medios de comunicación, el arte moderno y la cultura postmoderna, parece que las fuerzas del mundo han cambiado la orden: "Cherchez le catholique!" Suceda lo que suceda, la culpa siempre es y será de un "católico".


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Por cierto el Puritanismo esta mas cerca de Calvino que de Lutero, Lutero aun cayendo en visceral error partió de una justa indignación, Calvino simplemente oriento esa justa indignación hacia la justificación de la oligarquía por el método del “racionalismo” y con el arma de la “Gracia”. Calvino fue un “agente político” Lutero solo un hombre indignado y equivocado. La diferencia es abismal, Lutero se indigno y pretendió al principio (después fue una marioneta), arreglar, mejorar o salvar el Catolicismo de espurios intereses, Calvino y los “racionalistas” simplemente pretendían destruirlo al serles un estorbo para sus propios intereses. Lutero fue un señuelo y un muñeco de los “calvinistas” o pre- , como prefieran.


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“Inglaterra fue la cuna del socialismo utópico. Existen dos causas importantes que dan al socialismo utópico inglés su carácter peculiar: la revolución industrial, con su cortejo de miserias para el naciente Proletariado, y el desarrollo de una nueva rama de la ciencia: la economía política. Recordemos entre los socialistas utópicos a Robert Owen (1771-1858), quien fue el primero en considerar al proletariado como clase independiente con intereses comunes”.


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P: Con el Código de Vinci son más los libros que exponen la teoría de paralelos en el cristianismo tomados de religiones anteriores. El tema me preocupa, ¿Cuál es su opinión al respecto?


R: Esa es una teoría ya muy superada de algunos estudiosos de la historia de las religiones en el siglo XIX que decidieron encontrar paralelos no entre el cristianismo y otras religiones sino también entre, por ejemplo, la religión de los vikingos y el budismo. Sinceramente, no deja de ser un disparate colosal aunque, lógicamente, suele usarse no para atacar al budismo –pongo por caso– sino al cristianismo.


P: ¿Por qué una novela sin salida literaria y encima sin fundamento histórico se vende tanto? ¿Vende el morbo? Me refiero al Código da Vinci.


R: La verdad es que es una novela que no me atrae y dado que soy poco seguidor de este tipo de fenómenos no creo que vaya a leerla. En cualquier caso, yo creo que se repite lo que ha sucedido con alguna otra novela que fue sonando, sonando y a pesar de ser bastante floja incluso han hecho una versión cinematográfica.

2004-01-13 – LIBERTAD DIGITAL. ESP. CÉSAR VIDAL. DR. EN HISTORIA ANTIGUA, FILOSOFÍA, TEOLOGÍA. AUTOR DE MAS DE 100 LIBROS, COMENTARISTA, ARTICULISTA.


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María virgen visita a su prima Elizabeth


Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.


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Durante el periodo del luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.


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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.


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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.


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DOCE MITOS RELIGIOSOS CONTEMPORÁNEOS


Los mitos florecen en todo tiempo y lugar. Se expanden y contagian  como la peste, son difíciles de anular y raramente se para nadie a pensar si, como es lo normal,  no son  más que necedades o mentiras interesadas. Una vez que se han repetido mil veces, todo el mundo se considera obligado a pontificar sobre ellos, elevándolos a la categoría de dogmas. 

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En primer lugar, ¿por qué 12 mitos?  Cualquiera puede añadir fácilmente varias docenas más. Comprobará como todos ellos se escapan de la más elemental lógica. En esta materia, una conversación no adquirirá un cierto sentido más que cuando los que intervengan conozcan, poco más o menos, la postura de cada uno. No puede ser  igual la conversación de un católico con un protestante , con un musulmán o con un ateo. Mi religión es la Católica, Apostólica y Romana, y desde esa posición, y de la del sentido común, intentaremos aclarar algunos conceptos, de la forma más sencilla; y repetiremos mil veces los mismos argumentos contra vulgaridades mil veces repetidas.

Estos mitos, vienen del sitio de la revista "crisis magazine" de los USA. Su lectura deja la sensación de que el autor es una persona alejada del cristianismo y con escasa o nula cultura religiosa. Sin embargo, en ocasiones, estas personas son honestas y buscan sinceramente la verdad. Solo por esa posibilidad, merecen respuesta. Casi siempre, no es la verdad lo que suelen buscar, sino su verdad, una verdad que les permita justificar, ante si mismo y ante los demás,  una vida que les desasosiega. En esa búsqueda suelen tropezar con la doctrina de Cristo y su Iglesia, la única que no se amolda ni se deja doblegar por los intereses de nadie ni por las modas de ninguna época.  Motivo más que suficiente para engendrar mitos, provocados por odios y amores encendidos.

Las 12 mitos, numerados,  los escribimos en negrita, y las respuestas en letra normal precedidas por una R.


1.         El cristianismo no es mejor que cualquier otra fe, creencia o filosofía. Todas las religiones llevan al hombre hacia Dios.

R. Da la casualidad de que las tres principales religiones: Cristianismo, Judaísmo  y el Islam se fundan en la Biblia y  adoran al mismo Dios: Al Dios de Abran, de Isaac y de Jacob. Para nuestro Dios estos personajes están vivos para toda la eternidad. Para otros dioses cuando uno muere, se muere y se acabó. No hay esperanza, ni premio ni castigo. Finito, caput. Si hay un solo Dios no puede haber más que una Religión, una verdad. Sólo Cristo dijo que El y el Padre eran la misma cosa. El día de Pentecostés fundo su Iglesia basada en los Apóstoles. Los que presumen de  ateos, niegan a Dios pero son incapaces de desprenderse de El, están a todas horas con su nombre en los labios. El cristianismo es la única religión basada en el AMOR. Amor a Dios y a los hombres. Cualquiera puede libremente entrar y salir de la Iglesia, algo muy difícil en otras religiones y sectas. Todos sabemos a que reglas atenernos: La Biblia, principalmente el Nuevo Testamento y la tradición, interpretados por la Iglesia Católica. Cristo ordenó a los apóstoles: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura, el que crea y se bautice se salvará más, el que no creyere se condenará”. Para ello los revistió de una autoridad insólita con palabras definitivas:

Jesús dijo: Mt 16,18-19 “Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos.” Por tanto, Un católico debe obediencia a su Iglesia o no es católico. Y  El Papa es el representante de Jesús en el mundo y el Jefe de la Iglesia. Hay que obedecerle.  No valen excusas. Como sucede en un partido político o en cualquier otra organización humana.

Fe, creencias y filosofía son tres cosas diferentes que no se deben mezclar. No parece convincente el que “todas las religiones conduzcan a Dios” ¿ A qué Dios?


2.         ¿Por qué hemos de creer en la Biblia? Si el Viejo y el Nuevo Testamento se contradicen continuamente.

R. No tanto hombre, no tanto. Casi siempre dos contradicciones son verdaderas las dos, sólo que referidas a distintas circunstancias. En otras ocasiones los misterios nos nos dejan más que la fe. Y,  desengáñese no hay más misterios en la palabra de Dios que en nuestras ciencias. No matar lógicamente con lleva la excepción de no dejarse matar. La Biblia es un libro con tres mil años que rige y sigue rigiendo la vida de millones de hombres. Algo divino tendrá. Pero no se preocupe, en todos los tiempos muchas personas somos  incapaces de entender algunos aspectos de la Biblia. Cada vez que se lee se encuentra algo nuevo. Tenga en cuenta que sirve para todos los tiempos, todos los hombres y todos los lugares. No cambia con los gobiernos de turno. Además ¿ por qué cree en los periódicos, en la propaganda comercial, en los políticos, en sus hijos o familiares si se están contradiciendo continuamente? ¿Se contradicen, o es que no les entendemos? Si para entender y manejar un ordenador se considera normal valerse de un profesor, ¿Cree Vd que la Biblia la puede entender cualquier analfabeto? Los sacerdotes suelen estudiarla durante diez o doce años. En cualquier país, tras los asesoramientos pertinentes, cuando el Jefe de Gobierno da una orden, se acabó la discusión, aunque aparezcan contradicciones. También, en la Iglesia, cuando el Papa habla, el único camino es obedecer.


3.         No necesitamos confesar nuestros pecados ante un Sacerdote. Podemos acudir directamente a Dios.

R. En las guerras los soldados no pueden andar dándole consejos al general sobre lo que e debe o no se debe hacer, y sobre lo que nos gustaría o no. Lo mismo pasa en cualquier empresa, o actividad, incluso en el fútbol. Cristo dio a Pedro y a los apóstoles el poder de “atar y desatar” o sea de legislar e interpretar la Biblia. La Iglesia ha legislado que confesemos nuestros pecados ante un sacerdote, aunque en casos especiales puede haber confesiones generales. Para un católico aquí se acabó la discusión.  Las palabras de Pablo confirman la acción sacerdotal: « Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: reconciliaos con Dios! » (2 Co 5, 20).

Lo de acudir directamente a Dios no es más que un pretexto cómodo, extensible a cualquier otra ley de la Jerarquía. ¿Quiénes acuden? La confesión es algo muy serio que nos envidian los protestantes y lleva la paz a nuestras almas. No se sabe que ningún sacerdote haya faltado jamás al secreto de la confesión. Es el único tribunal que siempre perdona. Sin olvidar que  los pecados los perdona el sacerdote…¡en el nombre de Dios!, no en el suyo


4.         Los recuerdos que a veces se tienen de nuestras vidas pasadas es una prueba de que esto de la reencarnación es cierto... y de que la visión que tienen los cristianos del cielo y el infierno no lo es.

R. ¡Jo, tio! Con sus recuerdos y las pruebas que aporta deberían hacerle, por lo menos, Obispo. Los Evangelios hablan con frecuencia del cielo y del infierno, y en ellos creemos millones,  pero nada de la reencarnación Para tener una certeza absoluta, matemática, de que esto es  como piensan algunos, tendrá que esperar a morirse. Yo prefiero creer a la Iglesia y seguir sus enseñanzas antes que al primer Juan Lanas que aparezca- y aparecen muchos-  con la pretensión de salvarnos a todos. Difícilmente se encuentran personas más felices en la tierra que las que voluntariamente han entregado a  Dios sus vidas. Quizá le quede una duda : ¿Y si es verdad que hay cielo e infierno?


5.         Interpretada correctamente, la Biblia no condena la homosexualidad.

R. La Iglesia no condena la homosexualidad cuando es una enfermedad como la ceguera, la sordera o una flojera mental,  lo que condena es el uso desordenado de la sexualidad. Claro que, a  la hora de interpretarla, uno siempre encuentra lo que busca. El Papa y los obispos han dicho por activa y por pasiva que un homosexual es un hijo de Dios y hermano nuestro y que merece todo el respeto y dignidad como cualquier otra persona. Lo que la Iglesia condena en ellos es lo mismo que condena en los heterosexuales. Desde luego, condena sin tapujos que se de el nombre de matrimonio a uniones que nunca lo serán. Tener derecho no significa tener todos los derechos, y solo son legítimos los derechos que van acompañados de sus correspondientes obligaciones.

A los políticos demasiado  progres les importa un comino lo que hagan o dejen de hacer los homosexuales, lo único que les mueve es haber descubierto en ellos una fuente de votos, y eso si ¡Eso si, que les importa! ¿De verdad no están siendo utilizados?  La mayoría de la sociedad “pasa del tema”. Por lo que no pasa es porque le quieran “dar gato por liebre” Por muchas leyes absurdas que se den, los homosexuales seguirán siendo homosexuales, pues nos guste o no son diferentes. El respeto que nos merezcan individualmente, será el que se ganen con su conducta social como cualquier otra persona. En su vida privada ya no se mete nadie, así que no creemos problemas donde no los hay y dejemos de enredar con el único objetivo de  destruir- ante la pasividad de las sociedades opulentas- al matrimonio, a la familia, y tras ella a la sociedad occidental, la antes llamada cristiana.


6.         Si la Iglesia católica siguió verdaderamente a Jesús, debería vender todo el valioso arte Vaticano y las propiedades, y dar todo ese dinero a los pobres.

R. Aparentemente, supone bien. Si Dios es nuestro Padre y todos nosotros somos hermanos, tenemos la obligación de ayudar a los más desfavorecidos. La Iglesia, los gobiernos,  y  Vd. y yo. Para empezar, Inscríbase como voluntario en Cáritas, en Manos Unidas o en cualquier otra institución de la Iglesia u ONGs y descubrirá un mundo del que muchos no tienen ni la menor idea. Se lucha contra las drogas, contra el sida, se mantienen hospitales, casas de acogida, comedores, ayudas a los necesitados,…y todo esto, no sólo ahora, sino desde hace dos mil años.

Respecto al dinero y a los tesoros de la Iglesia convendrá, una vez más, aclarar cosas sabidas: Cierto que hay Iglesias con verdaderos tesoros, pero por cada una de estas existen cientos que malviven con serias dificultades. Esos tesoros, donados libremente por los fieles,  están a la vista de todo el mundo. Si la Iglesia no los hubiese conservado ¿Dónde estarían? ¿Dónde están los tesoros de la desamortización de Mendizábal? En manos de los cuatro ricos de entonces. Si hace 500 años se los hubiesen dado a los pobres, ¿No habría pobres hoy? ¿En manos de quienes estarían? El Palacio de la Moncloa, el de las Cortes, el museo del Prado, los grandes sueldos de los políticos, de los futbolistas, esos enormes campos de fútbol, docenas de museos ¿No reúnen inmensas cantidades de tesoros de un valor incalculable? ¿Por qué no se reparten entre los pobres?  Muchos de nosotros tenemos coches y casas mientras millones de personas mueren de hambre o enfermedades ¿Por qué no repartimos, por lo menos, la mitad de lo que nos sobra? ¿O es que sólo la Iglesia tiene que repartir sus tesoros? En realidad la Iglesia mantiene y conserva con grandes gastos esos tesoros sin disfrutarlos ella misma. En el Vaticano nunca hay dinero suficiente para cubrir los gastos más perentorios, y  en nuestras parroquias, tampoco. En verdad, los valiosos y grandes tesoros  de la Iglesia no son los templos, sino: Cristo, los Evangelios,  los sacerdotes, los religiosos, las instituciones, los misioneros, los fieles y esa enorme e impagable labor por los más necesitados. Estos son sus verdaderos tesoros. Pero  no se pueden vender ni comprar con dinero.

Además, Vd. sabe que el dinero no se encuentra hoy en la Iglesia católica, sino en los templos protestantes de los EE.UU, en las Mezquitas de los árabes con petróleo y en algunas Sectas cuyos jefes se han hecho millonarios, negociando con sus prosélitos en el nombre de su Dios particular. ¿Por qué no se dirige a ellos?

Particularmente, cualquiera de nosotros hacemos regalos- a veces muy caros-  a nuestros padres, novias o personas queridas, simplemente porque las queremos y queremos demostrarles nuestro amor. ¿A Dios, nuestro creador,  a quien debemos amar sobre todas las cosas, no le podemos hacer ningún regalito? En Jn 12, 3-8 leemos “… María (la hermana de Lázaro) tomando una libra de ungüento de nardo legítimo, de gran valor, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y la casa se llenó del olor del ungüento. Judas dijo ¿Por qué ese ungüento no se vendió en trescientos denarios (El jornal de un año de un obrero) y se dio a los pobres?…Jesús contestó: “Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mi no me tendréis siempre”.  Hay que ser un poco miserable y un poco Judas para negar a Dios lo que no negamos a los hombres.


7.         Los católicos deben seguir su conciencia en todo momento... no importa si se trata del aborto, el control natal o la ordenación sacerdotal de las mujeres.

R. ¡Pare, hombre, pare! No desvariemos. Hay muchas cosas que “si importan”. Los católicos seguimos nuestra conciencia, pero esta no es la conciencia de los ladrones, criminales, pervertidos, deshonestos, egoístas, ni las de otras religiones aceptables y aceptadas. Nuestra conciencia  está conformada por  los Evangelios y por la Iglesia que nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Esa es  la gran contribución de Jesús,  la de decirnos lo que es bueno y lo que es malo. Sus palabras se dirigen a todos los hombres de todas las épocas. Sus leyes no cambian con cada gobierno de la nación. Y  Tras dos mil años no parece que haya nada mejor. Afortunadamente, la Iglesia es la única institución que desde hace dos mil años sigue defendiendo la libertad, la hermandad  y la dignidad de la vida de todo hombre y mujer.  Pronto nos hemos olvidado del fascismo, del comunismo, del capitalismo salvaje, y no nos acabamos de enterar de esos gobiernos que no gobiernan más que para ellos. Todos tienen algo en común: son partidarios del aborto, matrimonio libre,…. Y todos son enemigos declarados de la Iglesia católica. Por algo será. ¿De qué lado prefiere ponerse?


8.         Disentir es bueno, siempre que mantengamos una mente abierta a las nuevas ideas.

R. Disentir será bueno o malo según los casos,  y nuestras mentes raramente están abiertas a las nuevas ideas, ni aún en  el caso de que estas sean buenas. ¿Se les permite a los militares disentir de lo que manda el capitán en guerra? ¿Se permite a los obreros de una fábrica disentir de lo que ordene el jefe? ¿ Y me quieres decir cuando es bueno o malo disentir? ¿Qué reglas usa Vd.? ¿Aquí todo el mundo cree tener la mente abierta para cualquier idea, siempre que esa idea sea de nuestra conveniencia. Pero Cristo dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.


9. Eso de la verdad absoluta no existe. Lo que resulta cierto para mi no necesariamente será cierto para otros. 

R. ¿Pero   2+2=4 no es una verdad absoluta? La “Nueva Era” con su filosofía del relativismo moral, donde todo  vale, está destruyendo “las buenas costumbres y la moralidad cristiana”  sin ofrecer soluciones alternativas serias. Si Dios no es la verdad absoluta, eterna ¿quién lo va a ser? ¿El Gobernante de turno? ¿El que le siga? Cada uno emitirá sus leyes, y seguirá cambiándolas  cada vez que le convenga. Cuando se quita a Dios de su pedestal siempre es para poner al Cesar. ¿Quiénes son los nuevos césares, los nuevos dioses? ¿El fútbol, el artista de moda, el político de turno, la TV, la nueva amante, el negocio,…? Por otra parte,  hay una contradicción: Si la verdad absoluta no existe, entonces, ¿ por qué damos por cierto que “la verdad absoluta no existe”?: Las verdades absolutas existen y para nosotros son los dogmas de la Iglesia, la vida, la muerte,  el amor, la honradez y otras virtudes humanas que si desaparecen no merecería la pena vivir. Cuando se deja de creer en Dios se empieza a creer en cualquier cosa, hasta en la mala suerte de los gatos negros.

Sería más exacto decir” Lo que es bueno, decente, útil y placentero para mi no tiene que serlo  para otro”. Esta es la pseudo filosofía en boga. La verdad es otro cantar.


10.       No necesitas asistir a la Iglesia, ni hacer vida comunitaria. Mientras te conduzcas como una persona buena, eso es lo que importa.

R. Desde el momento que ser bueno o malo depende de lo que cada uno piense ¿ Qué es comportarse como una persona buena?  ¿Da igual ser fiel a la esposa que liarse con la vecina de al lado? ¿Es lo mismo pagar bien a los obreros que no pagarles? ¿Es bueno que los políticos persistan en esas estafas, llamadas oposiciones, en las que solo aprueban los de su partido? . Los asociados a un club, a un equipo de fútbol, los que van a la universidad, los amigos, los familiares ¿No necesitan reunirse? ¿Basta con ser bueno?


11.       La planificación familiar natural es la versión católica del control natal.

R. Lo que hay hoy no es un control de la natalidad sino un descontrol que nos está llevando a una disminución peligrosa de la natalidad, a la degradación de la mujer, a abortos sin número y a la destrucción de la familia. ¿ A cambio de qué? ¿Cuántos miles o millones de niños son asesinados – este es el nombre: asesinados- antes de nacer? Por supuesto en nombre de la libertad y de la democracia


12.       Una persona puede ser “pro-choice” y católico al mismo tiempo.

R. Mire Vd. Una persona si es católica es católica y nada más, y quien no esté conforme con la doctrina católica lo que tiene que hacer, si es honesto y consecuente con sus ideas,  es marcharse con las maletas a otro sitio. Los católicos se lo agradeceremos. Ser católico hoy requiere un coraje que no tienen todos. Los que quieran una religión a su gusto pueden hallarla entre las más de cuatro mil sectas y pseudo religiones que deambulan por ahí. Cristo, que sigue vivo, no deja a nadie indiferente, se le ama o se le odia; pero ni con Cristo ni con la Iglesia Católica se chalanea.

Mérida (España), 29 julio 2004 - Alejo Fernández Pérez


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el crepúsculo da un aire de misterio al ambiente - Y el hombre se dirige a Dios en la plegaria


San Agustín (354-430) obispo de Hipona, doctor de la Iglesia Católica
Confesiones, X, 27; Edit. Sopena, 1977 Barcelona – ESPAÑA

“El hombre se levantó y lo siguió.” (cf Mc 2,3ss)
       Tarde os amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde os amé. Y he aquí que Vos estabais dentro de mí, y yo de mí mismo estaba fuera. Y por defuera yo os buscaba; y en medio de las hermosuras que creasteis irrumpía yo con toda la insolencia de mi fealdad. Estabais conmigo y yo no estaba con Vos. Manteníanme alejado de Vos aquellas cosas que si en Vos no fuesen, no serían. Pero Vos llamasteis, gritasteis, derrumbasteis mi sordera; centelleasteis, resplandecisteis, ahuyentasteis mi ceguera; derramasteis vuestra fragancia, la inhalé en mi respiro y ya suspiro por Vos; gusté y tengo hambre y sed, me tocasteis y encendíme en el deseo de vuestra paz.
      Cuando me abrazaré con Vos con la totalidad de mi ser en ninguna parte habrá ya para mí ni dolor ni trabajo y viva será i vida, toda llena de Vos. Mas ahora, puesto que Vos a quien llenáis le aligeráis, como no estoy lleno de Vos, soy carga a mí mismo. Están en lucha dentro de mí mismo las alegrías, que debiera llorar, con las tristezas que debieran alegrarme, y no sé de qué lado se inclinará la victoria.
     Señor, ¡tened piedad de mí! Mis tristezas malas lidian con mis goces buenos y no sé de qué parte está la victoria. ¡Ay de mí! Mirad: yo no os escondo mis llagas, médico sois y yo enfermo. Misericordioso sois y yo miserable.


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ANTE S. S. JUAN PABLO II, MAGNO

  

Por OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL

SI todos los tiempos están a la misma distancia de Dios y Dios ofrece a cada generación la medida necesitada de gracia, sin embargo cada generación tiene sus peculiares necesidades y tentaciones. Descubrirlas no es fácil y responderlas adecuadamente es difícil. Pasadas las peculiares circunstancias de nuestra historia hispánica y agotadas las urgencias del posconcilio, posfranquismo, pos-transición y, pos-socialismo, ahora está la Iglesia, en gozosa convivencia y serena diferencia respecto a la sociedad civil, ante las tareas esenciales, simples y sagradas, de su misión. No pocas veces los árboles no nos han dejado ver el bosque y el ruido de los grandes ríos de la historia nos han hecho olvidar las aguas de Siloé que discurren en silencio.

Las circunstancias son sagradas. Ortega y Gasset concluía su frase clásica con una segunda parte casi nunca citada: «Yo soy yo y mi circunstancia: y si no la salvo a ella no me salvo a mí mismo». Lo eterno existe sólo en lo temporal y Dios ya sólo es real como encarnado. Por ello la Iglesia mira con amor al tiempo, pero en una mirada de ida y vuelta; desde su centro, que es Cristo, al mundo y desde el centro del mundo a su propio corazón. ¿Cuáles son las primeras necesidades de la Iglesia en España? ¿Qué primacías deberían guiar su acción? ¿Qué le dirá Juan Pablo II?

La Iglesia está como siempre ante dos imperativos sagrados que la mantienen en una tensión insuperable. Por un lado está religada a la memoria viva, la asimilación teórica y la respuesta histórica a la revelación de Dios en Cristo, que es origen y cimiento de su existencia. Por otro lado está religada y obligada a la comunicación generosa de la salvación que Dios ofrece a todos los hombres y que les llega por su predicación, la celebración sacramental, el testimonio vivido y la colaboración generosa de cada uno de sus miembros. El cultivo de la identidad y el ejercicio de la misión son igualmente sagrados.

Cuando la fidelidad al origen y la preocupación por la identidad son desproporcionadas o se tornan obsesivas, la Iglesia se convierte en secta y sucumbe al fundamentalismo. Cuando la preocupación por su relevancia para la sociedad y su colaboración con las causas comunes de la humanidad es llevada al límite, en el que se olvidan los propios hontanares y recursos, entonces la Iglesia está en el borde de la disolución y finalmente de la insignificancia. Estos dos imperativos son normativos para todos, pero cada hombre o mujer en la Iglesia, cada grupo o minoría, se sentirá especialmente llamado a vivir una u otra de estas acentuaciones. Para ella ha recibido especial gracia de Dios, siente especial gozo en realizarla y logra especiales frutos. Diferenciar medios y conjugar fines se convierte entonces en primera responsabilidad.

Sagrado es para unos y otros grupos el quehacer supremo de la vida cristiana: el descubrimiento y consentimiento a Dios, la relación viva con él, la fe real. La Iglesia es ante todo la «casa de Dios». Hogar vivo (religiosa, moral e intelectualmente habitable) antes que edificio de piedras. Patria donde la identidad de Dios se revela al hombre como vida, potencia, santidad, novedad absoluta, fascinación irresistible. El primer imperativo de cada miembro de la Iglesia es ser creyente, vivir de su raíz que es la relación con Dios. Quien encuentra a Dios en su vida, es como el beduino que descubre un oasis con fuente y sombra en el desierto. El evangelio lo llama una perla y un tesoro. Dios ya se ha religado absolutamente al hombre por su encarnación en Jesucristo. Reconocer a Dios, transparentarle, revivirle desde Cristo y como él, es la primera tarea del cristiano. Descubrir al Dios vivo y verdadero, en Jesucristo y como Jesucristo, es la primera necesidad de la Iglesia. Darle por sabido, dejarlo atrás, confundirlo con los ídolos o cada uno consigo mismo, es la suprema perversión.

La Iglesia no puede cumplir su misión si no refleja en sí misma la unidad de Dios y la unión que Cristo vivió con el Padre y que él quiso para sus discípulos. La Iglesia es una comunión de fe y de esperanza, de acción y de amor. Una Iglesia dividida no puede testimoniar la verdad de Cristo. En España no hay cisma alguno, pero, formalmente mantenida la unión frente a la jerarquía, sin embargo, entre grupos, corrientes y movimientos, se dan tales distancias que equivalen a reales rupturas de comunión y de colaboración. Se han elevado algunos absolutos, que se anteponen al evangelio y al testimonio apostólico. Uno tiene la impresión de que se repite la situación de la Iglesia en Corintio. «Este dice: «Yo soy de Pablo» y aquél «Yo soy de Apolo», «Yo soy de Pedro»». Cuando los métodos prevalecen sobre las metas, cuando la pertenencia al grupo menor cierra la posibilidad de colaborar en común con la Iglesia, cuando la afiliación a un partido político religa más fuertemente a dos católicos que su pertenencia común a la Iglesia, entonces algo hay corrompido en la Iglesia.

Los problemas para ella no vienen casi nunca de fuera sino de dentro: por olvidos mortales o mortales acciones, por internas rupturas o apoderamientos subcutáneos, por absolutizaciones de carismas o excesos de autoridad. Tarea sagrada de ella es llegar a ser realmente una comunidad fraternal llevada en propia mano por los seglares, como reales sujetos en plenitud de gracia, misión y vocación a la santidad; como los reales protagonistas de una interacción entre historia y fe. Eso supone una remodelación interior en los clérigos para compartir protagonismo, suscitar colaboración, acogerla y cualificarla. La Iglesia tiene que inventar formas de vida colectiva coherentes con su esencia y correspondientes a la conciencia histórica. El reto que tiene por delante no es tanto ser una democracia (eso significaría situarla en un orden de poder político, que no es el suyo) cuanto una real comunidad de fe orante, de misión evangelizadora y de colaboración con la sociedad (ése es el orden específico cristiano, desde el único que ella puede vivir y servir).

La cuarta urgencia en la Iglesia española es la surgencia de hombres y mujeres que sientan como un inmenso don de Dios, honor y gozo, el poder entregar su vida entera al servicio del evangelio. El problema de la Iglesia no es que haya menos curas y monjas, sino que haya menos creyentes a fondo, con voluntad incondicional para responder a Dios, para colaborar con él, para acoger su gracia y su promesa. Por otro lado, por dura que suene, hay que recordar para perenne humillación nuestra, la frase de Newman: «El problema no son los curas que no hay sino los que hay». Es verdadera si se la completa con la afirmación paulina: en la debilidad de los hombres se manifiesta la fuerza de Dios. Se cree en Dios, no en la Iglesia ni sólo por la virtud o cultura de la Iglesia, sino por Dios mismo, por su Hijo Jesucristo, por la luz y la gracia que a cada uno nos llegan de él. Y con ellas uno descubre la admirable sabiduría de la cruz de Cristo, de la pobreza de la Iglesia y, sobre todo, los propios pecados.

Péguy tenía razón: los hombres somos todos «unos pobres hombres», pero es a los que Dios ha amado y los ha constituido en puentes para que nos encontremos con Él. «Dios se ha puesto a sí mismo en una situación especialmente mala... porque ha entregado el evangelio a hombres para que ellos se lo presenten a los demás». Y si Dios se ha confiado no a las piedras de los monumentos ni a las letras de los textos sino a la conciencia de los hombres como sus apóstoles y testigos, ¿no confiaremos nosotros también en ellos? No merece crédito ni respeto quien para hablar bien de Dios, habla antes mal de los hombres.

Ante esta situación de la Iglesia me parece a mí que estas son las aportaciones que, desde su destino de heroicidad evangélica mantenida hasta el extremo, Juan Pablo II puede hacer a los españoles: ayudarnos a redescubrir el rostro del Dios vivo y verdadero, desde el cual podamos desenmascarar los ídolos actuales y tantos mitos. ABC. 2003-V-02 – ESP.


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la sangre de mártires cristianos y hasta sufriendo la crucifixión en carne propia, continúa en nuestros días bajo el suplicio impuesto por los seguidores del señor Mahoma; exactamente en noviembre 2009 fueron crucificados varios cristianos en Sudan y Somalia.


Constantinopla – 1453 Las Iglesias profanadas por el mahometano Mohamed II Constantinopla «hoy Estambul», capital del imperio romano de Occidente, fue conquistada después de un largo asedio en el 1453 por los turcos del sultán Mohamed II.

El sultán concede a sus tropas tres días y tres noches de saqueos. Los cronistas de la época cuentan del «río de sangre», ninguna mujer fugó a las violencias y violaciones de los soldados, las iglesias fueron profanadas. Mohamed II entró de triunfador en la iglesia de Santa Sofía, después transformada en mezquita, montado sobre su caballo blanco.

 

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Un informe revela que policía y ejército británicos conspiraron con paramilitares protestantes para matar católicos en el Ulster. 2003-04-17

 

Belfast. Agencias

La Policía norirlandesa y el Ejército británico conspiraron con los paramilitares protestantes para matar a católicos en la década de los ochenta en Irlanda del Norte, según una investigación interna que se dará a conocer hoy.

El jefe de la Policía Metropolitana de Londres, John Stevens, presentará esta tarde un polémico informe que refleja ese "chocante" grado de colaboración, tras cuatro años de pesquisas para aclarar la muerte, en 1989, del abogado católico Pat Funicane. Funicane, de 38 años, fue asesinado por un pistolero de la Asociación para la Defensa del Ulster, paramilitares leales, en su casa de Belfast delante de su familia.

La prensa británica adelanta hoy el contenido del documento, que cae como un chorro de agua fría sobre el Gobierno del Reino Unido y los líderes unionistas del Ulster en un momento en que se intenta reactivar el estancado proceso de paz en la provincia. La conmoción es aún mayor si se tiene en cuenta que ambas partes acusan al partido Sinn Fein -brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA)- de entorpecer el proceso y de falta de compromiso con la paz.

El informe, que también implica a los servicios de inteligencia del Estado, hará aumentar la presión internacional para que, al fin, se lleve a cabo una investigación judicial sobre el caso Funicane. Según la prensa, el fiscal Alasdair Fraser está ya examinando las acusaciones contra unos veinte oficiales de la Policía y el Ejército británico que, de acuerdo con Stevens, estuvieron involucrados en la trama.

Sin embargo, la familia de Funicane, que desde el principio pidió una pesquisa judicial, considera que el nuevo informe es parcial. "Representa un conjunto de compromisos no respetados y promesas rotas. Lleva el sello del trabajo de Stevens en Irlanda del Norte: secretismo y represión", declaró el hijo del asesinado, Michael Funicane, también abogado. En su opinión, este informe del comisario -el tercero- es "papel mojado" porque, pese a sus denuncias, asume que "nada fue mal", sino que las fuerzas del orden actuaron como se esperaba de ellas en esa época de máxima violencia sectaria. "La Policía en Irlanda del Norte existía -y quizás aún sea así- para enfatizar el potencial asesino de los paramilitares leales, proporcionándoles recursos adicionales, como armas e información, y señalándoles a las víctimas, para que el Gobierno quedara libre de sus enemigos", argumentó.

Defensores de los derechos humanos han criticado que sólo se vaya a hacer pública una parte del informe, que tiene 3.000 páginas y ha costado seis millones de euros. Amnistía Internacional, entre otras organizaciones, ha pedido a las autoridades que impulsen de una vez la investigación judicial. Los detectives bajo el mando de Stevens han interrogado a 15.000 personas, catalogado 4.000 pruebas, tomado 5.500 declaraciones y confiscado 6.000 documentos en los últimos catorce años.ABC- 2003-04-17


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Visión objetiva - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.


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"La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño  de la mies que envíe obreros a su mies" (Mt 9, 37-38).


«Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las criaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivos de alabanza y gloria del Creador» (LEON MAGNO, Sermón 7 en la Navidad del Señor, 2.6; LIT HOR VIERNES V T.O.)

 

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Pero el rostro de Dios siempre ha estado velado y sólo Jesús nos ha mostrado su verdadero rostro. El que le ve a Él ve al Padre (cf. Jn 14,9). Así pues, si por una parte al hombre le resulta natural rezar (pedir en el momento de la necesidad y dar las gracias en el momento de la alegría), por la otra, está siempre nuestra incapacidad de rezar y hablar a un Dios escondido. No sabemos pedir como conviene, dice san Pablo (Rm 8, 26). Por eso debemos decirle siempre al Señor, como los discípulos: «Señor, enseñanos a orar» (Lc 11, 1). Del alba al ocaso del sol el hombre ruega a Dios


La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión{la Iglesia Católica fundada por Jesucristo - Dios nuestro}


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Sentándose en esa cátedra improvisada, se pone a enseñar a la muchedumbre desde la barca (cf. Lc 5, 1-3). Así, la barca de Pedro se convierte en la cátedra de Jesús. Cuando acaba de hablar, dice a Simón: "Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar". Simón responde: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes" (Lc 5, 4-5).


1) Atribuir a la Iglesia Católica “la postergación y humillación sistemática de la mujer”. Esta falsedad es todavía más grande, pues una de las causas de la difusión del primitivo cristianismo fue el papel importante que la mujer tuvo en él, muy por encima de la que tenía en el imperio romano. Y fue precisamente en la Edad Media cristiana donde la mujer alcanzó una dignidad y un poder como nunca había tenido.

El señor escritor Vargas Llosa debería leer, al menos, los libros de la medievalista francesa Règine Pernoud para salir de su error. Sin una serie de mujeres descollantes —Genoveva, Juana de Arco, Catalina de Siena, Eloisa, Hildegarda de Bingen, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, etc.—, que eran admiradas y respetadas por las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, incluido el Papa, posiblemente la civilización europea habría sido imposible. Cualquier mujer podía entonces establecer un negocio o adquirir una propiedad sin autorización de su marido. Y fueron las damas del medioevo las que educaron y afinaron a los hombres, crearon el amor cortés, la galantería y el honor de servir el hombre a la mujer. ¿Donde está, pues, la “postergación y humillación sistemática de la mujer”? Fue con el Renacimiento y el nuevo auge del Derecho Romano cuando la mujer perdió los derechos que había ganado en la Edad Media.

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2) Atribuir a la Iglesia Católica el haber mandado a la hoguera a millares de católicos e infieles en la Edad Media. El tema de la Inquisición merece un comentario más detenido y matizado del que es posible aquí. Remito a estudios serios sobre la Inquisición española como los del historiador inglés Henry Kamen o la española Beatriz Comella. Pero sí hay que saber, por lo menos, que su importancia no fue en la Edad Media, que termina en el Siglo XIV, sino en pleno Renacimiento y más allá, hasta el XVII y XVIII, que es cuando pasó del poder eclesiástico al poder civil.

Inquisiciones hubo tantas como religiones había en esos siglos. Para esa época, un ataque a la religión de un país —ya fuera la católica, la luterana, la anglicana o la calvinista— suponía algo tan importante para la estabilidad de su gobierno, como lo que es el terrorismo o la guerrilla para una democracia actual. En cuanto a la Inquisición española, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados. La Revolución Francesa, tan alabada por los laicistas como Vargas Llosa, en pocos días, llevó a la guillotina cifras posiblemente superiores, exterminó a todos los de la región de la Vandeé y además arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos. Y todo eso en nombre de la igualdad, libertad y fraternidad.


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Ella -la Iglesia- es santa porque Cristo es su cabeza. Las fechorías de muchos hijos de la Iglesia católica, pueden dar para una provocativa historia, pero las buenas obras diarias de miles de millones de personas son la verdadera historia de la religión, que ha ido a la par del crecimiento y prosperidad de la humanidad. 


eucologio (devocionario) medieval mostrando algunos monjes enfermos

- ¿cuántas pestes tenemos en nuestros corazones? - y osamos mostrarnos limpios


Los Estados Unidos de América: de la fragmentación a la integración

No por su actual importancia como potencia mundial, sino por haber sido la primera nación independiente del Nuevo Mundo, debemos iniciar con el caso de los Estados Unidos. La colonización inglesa en las costas de Norteamérica fue realizada bajo dos proyectos: el de las “compañías de comercio” y el del protestantismo puritano, ambos presentes en el surgimiento y en la conformación de la identidad de las “Trece colonias”.

La colonización inglesa en Norteamérica dio inicio en 1620, con la llegada a Massachussets del navío Mayflower con los primeros peregrinos puritanos que buscaban poner distancia de por medio entre ellos y la “política de anulación”, con la cual el Rey Carlos I y el Conde de Strafford buscaban anular toda la influencia que los puritanos y los presbiterianos tenían en el Parlamento y en el Ejército.

Aunque en Inglaterra la “política de anulación” no dio los resultados que buscaba (por el contrario, ayudó a las intrigas de Oliverio Cromwell para enviar al cadalso al Rey en 1649) sí dio por resultado el lanzar como inmigrantes hacia América a muchísimos grupos que se oponían al absolutismo de una Corona que, desde Enrique VIII, había asumido también todo el poder eclesiástico. Incluso entre esos inmigrantes vinieron algunos católicos, especialmente perseguidos en la Inglaterra anglicana, los cuales en honor a María Estuardo, fundaron Maryland en 1634.

Por lo que se refiere a las compañías de comercio, éstas fueron creadas para favorecer la colonización a partir de la política mercantilista de la Corte Inglesa “autorizando a unos cuantos favoritos para realizar transacciones internacionales en beneficio personal de un círculo cortesano”3. Así, la compañía “London” fundó la colonia de Virginia, y la compañía Plymouth la colonia de Nueva Inglaterra, pero la acción de las compañías no se limitó a estas dos colonias.

Fuera de una serie de «mercancías enumeradas» que no podían produ­cirse en Inglaterra, tales como el tabaco, el algodón “en rama”, la melaza o las barbas de ballena, todo lo demás, desde el acero hasta los sombreros, debía ser comprado exclusivamente a la Metrópoli por medio de la “Compañía Inglesa de las Indias”, por lo que los colonos de Norteamérica tenían prohibido pasarlos de una colonia a otra, ya fuera “por agua o por tierra”.

Esto nos explica porqué durante todo el período del dominio inglés, las Trece colonias vivieron con muy poca relación entre sí, casi como en «compartimentos estancos» dedicadas exclusivamente a la agricultura, la ganadería y las grandes plantaciones de algodón y tabaco.

Por otra parte, la doctrina calvinista de la predestinación, que los puritanos profesaban con el mismo rigor con el que Calvino la expuso en su “Institutio Christianae Religionis, llevó a los colonos ingleses a segregar completamente a los indígenas. Según Calvino, el influjo del Espíritu Santo supone la elección a priori que Dios hizo de los hombres; unos para ser salvados y otros para la eterna condenación. A los predestinados a la vida eterna los auxilia con medios externos e internos. Quien no tiene los externos, tampoco tiene los internos y está predestinado a la condenación. Dicho de otro modo, las riquezas materiales son signo de elección divina.

Las primitivas condiciones materiales en las que vivían los indígenas de Norteamérica, nómadas o seminómadas, eran, pues, para los puritanos una señal clara de que eran rechazados por Dios y por tanto los colonos debían apartarse de ellos. Consecuencia de esa mentalidad fue el ver el mestizaje como algo totalmente inaceptable, y la razón por la cual en las Trece colonias no hubo mestizaje ni biológico ni cultural. La famosa frase “el mejor indio es el indio muerto” fue también otra consecuencia de esa mentalidad.

Siempre es más fácil y cómodo despreciar al próximo que preocuparse por él y asumir el reto de elevar su nivel de vida. La marginación de los indígenas en las Trece colonias fue el camino fácil que evitó el mestizaje biológico y cultural, y la razón por la cual entre las colonias y la Metrópoli las diferencias quedaron limitadas a dos puntos importantes: las restricciones mercantiles por un lado y la amplitud del espacio físico por el otro. El millón y medio de colonos que habitaban la amplia geografía de las colonias al iniciar el siglo XVIII, hacía del todo innecesarias las leyes e instituciones que en Inglaterra regulaban las herencias y la libre transferencia de la propiedad de la tierra, siempre en beneficio de los grandes terratenientes del partido «whig». Desde luego que los esclavos negros, trasladados desde África en grandes cantidades para trabajar en las plantaciones sureñas no contaban como colonos y la única consideración que recibían era como instrumentos de producción.

Pero, tal como lo expresaba una frase popular, Inglaterra no era tanto un Estado mercantilista como «una isla rodeada de contrabandistas». Los mismos ministros de la Corona, si bien habían jurado defender las leyes, participaban del contrabando (…) Las colonias de Norteamérica también habían perfeccionado el arte del contrabando. Los colonos hacían caso omiso de la Ley de Melazas, atraían las naves inglesas a los bancos de arena, donde encallaban, y entraban y salían de las Antillas, donde compraban ron y azúcar a su antojo. El nivel de vida aumentaba en Norteamérica cada vez que se defraudaba a un agente del rey, cada vez que se evadía un impuesto.”4

Cuando las tropas inglesas vencieron a los franceses en el Canadá, eliminando así probables amenazas sobre las Trece colonias, el Rey Jorge III dispuso que éstas deberían pagar nuevos impuestos para sostener las tropas británicas acantonadas en Norteamérica. Decretó primero un «impuesto del timbre», el cual, aunque era de poca monta, causó mucho malestar. Posteriormente vino el impuesto sobre el té, el cual fue rechazado por los colonos, y de las protestas pasaron a la rebelión.

La Independencia de los Estados Unidos fue causada antes que otra cosa por las interferencias del Rey que afectaban los intereses mercantiles de las Trece colonias, y aunque la Declaración de Independencia del 4 de Julio de 1776 redactada por Jefferson dice: “Todos los hombres son creados iguales, y poseen ciertos derechos inalienables”, por la mentalidad puritana la Nueva nación, continuó la práctica de la esclavitud de los negros a lo largo de todo su primer siglo de vida independiente, incluso incrementándose el número de esclavos hasta alcanzar los dos millones al iniciar el Siglo XIX.

En el aprecio a su libertad política recién conquistada, en los Estados Unidos de América se fueron abriendo paso dos presupuestos tomados de las circunstancias que permitieron su independencia: el primero, que la existencia de grandes extensiones de tierra a disposición era garantía para evitar restricciones a las libertades económicas como las implementadas en Inglaterra, y el segundo… que todo tiene un precio.

Mientras la libertad recién conquistada permitía el establecimiento con singular éxito de industrias antes prohibidas en su suelo, y “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith era leída con avidez, el Gobierno de los Estados Unidos se lanzó a comprar todos los territorios posibles, los fértiles y los desérticos, los habitables y los inhabitables. Empezaron por reclamar a los ingleses los territorios hasta entonces totalmente olvidados de Kentucky (1792) y Tennessee (1796); después, en 1803 compraron a los franceses el inmenso territorio de Louisiana que abarcaba los actuales estados de Montana, Wyoming, las dos Dakotas, Minnesota, Iowa, Nebraska, Kansas, Missouri, Oklahoma, Arkansas, y Lousiana. Poco después, en 1819 compraron a España la Florida y sus, en esa época, inhabitables pantanos.

Las Trece colonias costeras se habían convertido casi de la noche a la mañana en un inmenso territorio vacío que era necesario llenar. Hábilmente establecieron entonces una política que propiciara la inmigración de europeos, ofreciéndoles tierras sin mayores trámites. Los conflictos europeos favorecieron enormemente la inmigración y un río de europeos empezó a arribar a “la tierra de las oportunidades”. Los inmensos territorios ya no estaban tan vacíos y la corriente de inmigrantes europeos, que no cesaba, pronosticaba que los Estados Unidos podían convertirse rápidamente en una potencia.

La estrategia de crecer en territorio y en población de origen europeo, requería ahora de nuevos espacios, y ahí estaba otro gran territorio casi vacío que pertenecía a México, en ese tiempo recién independiente. Pero México se negó reiteradamente a vender.

John Quincy Adams, quien fue Secretario de Estado del Presidente James Monroe, y después el sexto presidente de los EU, escribe en sus memorias: “El primer acto del Gobierno mexicano después de declarar su independencia, fue reclamar los límites como se habían fijado en el tratado de las Floridas y nosotros consentimos en ello. Pero al principio de mi administración nombré al Sr. Poinsett Ministro en México, y Clay le dio instrucciones para la compra de Texas. México declinó la propuesta, que dos años después fue renovada y rechazada entonces con resentimiento. Jackson (se refiere a su sucesor, el presidente Andrés Jackson) sin embargo tenía tal ambición por Texas, que desde el primer año de su administración puso a trabajar una doble máquina: negociar con una mano a fin de comprar Texas; instigar con la otra mano al pueblo de aquella provincia para que hiciera una revolución en contra del gobierno de México. Houston era su agente para la rebelión, y Antohy Buttler, un agiotista originario de Mississipi, para la compra.”5

La independencia de Texas en 1836 con su posterior anexión a los Estados Unidos, y la guerra contra México en 1847 (calificada por el Gral. Ulises S. Grant como “una de las más injustas que alguna vez se ha hecho por una nación fuerte contra otra más débil”6, pero con la cual los EU se apropiaron de los territorios de California y Nuevo México mediante una venta forzada por las bayonetas) son manifestación clara e inequívoca del espíritu de la “Doctrina Monroe” y del “Destino Manifiesto”, otra de las diversas vías que los Estados Unidos siguieron para caminar de la fragmentación a la integración, y transformarse de colonias agrícolas costeras en una potencia económica y militar de primer orden.


…del puritanismo o exagerada escrupulosidad en el proceder…

puritanos o dicho de una persona: que real o afectadamente profesa con rigor las virtudes públicas o privadas y hace alarde de ello.

2. adj. Se dice del individuo de un grupo reformista, inicialmente religioso, formado en Inglaterra en el siglo XVI, que propugnaba purificar la Iglesia anglicana oficial de las adherencias recibidas del catolicismo….

...del puritanismo protestante anti-evangélico…

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«La pureza del hombre ante Dios»


La homilía del papa Benedicto XVI durante la santa misa con sus ex alumnos, en la capilla del Centro de congresos Mariápolis de Castelgandolfo, domingo 30 de agosto de 2009 - 

Queridos hermanos y hermanas: 
      En el Evangelio encontramos uno de los temas fundamentales de la historia religiosa de la humanidad: la cuestión de la pureza del hombre ante Dios. Al dirigir la mirada hacia Dios, el hombre reconoce que está “contaminado” y se encuentra en una condición en la que no puede acceder al Santo. Surge así la pregunta sobre cómo puede llegar a ser puro, liberarse de la “suciedad” que lo separa de Dios. De este modo han nacido, en las distintas religiones, ritos purificatorios, caminos de purificación interior y exterior. En el Evangelio de hoy encontramos ritos de purificación, que están arraigados en la tradición veterotestamentaria, pero que se gestionan de una manera muy unilateral. Por consiguiente, ya no sirven para que el hombre se abra a Dios, ya no son caminos de purificación y salvación, sino que se convierten en elementos de un sistema autónomo de cumplimientos que, para ejecutarlos verdaderamente en plenitud, requiere incluso especialistas. Ya no se llega al corazón del hombre. El hombre que se mueve dentro de este sistema, o se siente esclavizado o cae en la soberbia de creer que se puede justificar a sí mismo. 
     

La exégesis liberal dice que en este Evangelio se revelaría el hecho de que Jesús habría sustituido el culto con la moral. Habría dejado a un lado el culto con todas sus prácticas inútiles. Ahora la relación entre el hombre y Dios se basaría únicamente en la moral. Si esto fuera verdad, significaría que el cristianismo, en su esencia, es moralidad, es decir, que nosotros mismos nos hacemos puros y buenos mediante nuestra conducta moral. Si reflexionamos más profundamente en esta opinión, resulta obvio que no puede ser la respuesta completa de Jesús a la cuestión sobre la pureza. Si queremos oír y comprender plenamente el mensaje del Señor, entonces debemos escuchar también plenamente, no podemos contentarnos con un detalle, sino que debemos prestar atención a todo su mensaje. En otras palabras, tenemos que leer enteramente los Evangelios, todo el Nuevo Testamento y el Antiguo junto con él. 
     

La primera lectura de hoy, tomada del Libro del Deuteronomio, nos ofrece un detalle importante de una respuesta y nos hace dar un paso adelante. Aquí escuchamos algo tal vez sorprendente para nosotros, es decir, que Dios mismo invita a Israel a ser agradecido y a sentir un humilde orgullo por el hecho de conocer la voluntad de Dios y así de ser sabio. Precisamente en ese período la humanidad, tanto en el ambiente griego como en el semita, buscaba la sabiduría: trataba de comprender lo que cuenta. La ciencia nos dice muchas cosas y nos es útil en muchos aspectos, pero la sabiduría es conocimiento de lo esencial, conocimiento del fin de nuestra existencia y de cómo debemos vivir para que la vida se desarrolle del modo justo. 
     

La lectura tomada del Deuteronomio alude al hecho de que la sabiduría, en último término, se identifica con la Torá, con la Palabra de Dios que nos revela qué es lo esencial, para qué fin y de qué manera debemos vivir. Así la Ley no se presenta como una esclavitud sino que es —de modo semejante a lo que se dice en el gran Salmo 119— causa de una gran alegría: nosotros no caminamos a tientas en la oscuridad, no vamos vagando en vano en busca de lo que podría ser recto, no somos como ovejas sin pastor, que no saben dónde está el camino correcto. Dios se ha manifestado. Él mismo nos indica el camino. Conocemos su voluntad y con ello la verdad que cuenta en nuestra vida. Son dos las cosas que se nos dicen acerca de Dios: por una parte, que él se ha manifestado y nos indica el camino correcto; por otra, que Dios es un Dios que escucha, que está cerca de nosotros, nos responde y nos guía. Con ello se toca también el tema de la pureza: su voluntad nos purifica, su cercanía nos guía. 
     

Creo que vale la pena detenerse un momento en la alegría de Israel por el hecho de conocer la voluntad de Dios y haber recibido así en regalo la sabiduría que nos cura y que no podemos hallar solos. ¿Existe entre nosotros, en la Iglesia de hoy, un sentimiento semejante de alegría por la cercanía de Dios y por el don de su Palabra? Quien quisiera mostrar esa alegría en seguida sería acusado de triunfalismo. Pero precisamente no es nuestra habilidad la que nos indica la verdadera voluntad de Dios. Es un don inmerecido que nos hace al mismo tiempo humildes y alegres. Si reflexionamos sobre la perplejidad del mundo ante las grandes cuestiones del presente y del futuro, entonces también dentro de nosotros debería brotar nuevamente la alegría por el hecho de que Dios nos ha mostrado gratuitamente su rostro, su voluntad, a sí mismo. Si esta alegría resurge en nosotros, tocará también el corazón de los no creyentes. Sin esta alegría no somos capaces de convencer. Pero esa alegría, donde está presente, incluso sin pretenderlo, posee una fuerza misionera. En efecto, suscita en los hombres la pregunta de si aquí se halla verdaderamente el camino, si esta alegría guía efectivamente tras las huellas de Dios mismo. 
     

Todo esto se halla más profundizado en el pasaje, tomado de la carta de Santiago, que la Iglesia nos propone hoy. Me gusta mucho la Carta de Santiago sobre todo porque, gracias a ella, podemos hacernos una idea de la devoción de la familia de Jesús. Era una familia observante. Observante en el sentido de que vivía la alegría deuteronómica por la cercanía de Dios, que se nos da en su Palabra y en su Mandamiento. Es un tipo de observancia totalmente distinta de la que encontramos en los fariseos del Evangelio, que habían hecho de ella un sistema exteriorizado y esclavizante. También es un tipo de observancia distinto de la que Pablo, como rabino, había aprendido: era —como vemos en sus cartas— la observancia de un especialista que conocía todo y sabía todo; que estaba orgulloso de su conocimiento y de su justicia, y que, sin embargo, sufría bajo el peso de las prescripciones, de tal forma que la Ley no aparecía ya como guía gozosa hacia Dios, sino más bien como una exigencia que, en definitiva, no se podía cumplir.

      En la carta de Santiago hallamos la observancia que no se mira a sí misma, sino que se dirige gozosamente hacia el Dios cercano, que nos da su cercanía y nos indica el camino correcto. Así la carta de Santiago habla de la Ley perfecta de la libertad y con ello entiende la comprensión nueva y profunda de la Ley que el Señor nos ha dado. Para Santiago la Ley no es una exigencia que pretende demasiado de nosotros, que está ante nosotros desde el exterior y no puede nunca ser satisfecha. Él piensa en la perspectiva que encontramos en una frase de los discursos de despedida de Jesús: “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 15). Aquel a quien se ha revelado todo, pertenece a la familia; ya no es siervo, sino libre, porque precisamente él mismo forma parte de la casa. Una introducción inicial parecida en el pensamiento de Dios mismo sucedió a Israel en el monte Sinaí. Ocurrió luego de modo definitivo y grande en el Cenáculo y, en general, mediante la obra, la vida, la pasión y la resurrección de Jesús: en él Dios nos lo ha dicho todo, se ha manifestado completamente. Ya no somos siervos, sino amigos. Y la Ley ya no es una prescripción para personas no libres, sino que es el contacto con el amor de Dios, es ser introducidos a formar parte de la familia, acto que nos hace libres y “perfectos”. En este sentido nos dice Santiago, en la lectura de hoy, que el Señor nos ha engendrado por medio de su Palabra, que ha plantado su Palabra en nuestro interior como fuerza de vida. 
     

Aquí se habla también de la “religión pura” que consiste en el amor al prójimo —especialmente a los huérfanos y las viudas, a los que tienen más necesidad de nosotros— y en la libertad frente a las modas de este mundo, que nos contaminan. La Ley, como palabra del amor, no es una contradicción a la libertad, sino una renovación desde dentro mediante la amistad con Dios. Algo semejante se manifiesta cuando Jesús, en el discurso sobre la vid, dice a los discípulos: “Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado” (Jn 15, 3). Y otra vez aparece lo mismo en la Oración sacerdotal: Vosotros sois santificados en la verdad (cf. Jn 17, 17-19). Así encontramos ahora la estructura justa del proceso de purificación y de pureza: no somos nosotros quienes creamos lo que es bueno —esto sería un simple moralismo—, sino que es la Verdad la que nos sale al encuentro. Él mismo es la Verdad, la Verdad en persona. La pureza es un acontecimiento dialógico. Comienza con el hecho de que él nos sale al encuentro —él que es la Verdad y el Amor—, nos toma de la mano, se compenetra con nuestro ser. En la medida en que nos dejamos tocar por él, en que el encuentro se convierte en amistad y amor, llegamos a ser nosotros mismos, a partir de su pureza, personas puras y luego personas que aman con su amor, personas que introducen también a otros en su pureza y en su amor. 
     

San Agustín resumió todo este proceso en la hermosa expresión: “Da quod iubes et iube quod vis”, “Concede lo que mandas y luego manda lo que quieras”. En este momento queremos poner ante el Señor esta petición y rogarle: Sí, purifícanos en la verdad. Sé tú la Verdad que nos hace puros. Haz que mediante la amistad contigo seamos libres y así verdaderamente hijos de Dios, haz que seamos capaces de sentarnos a tu mesa y difundir en este mundo la luz de tu pureza y bondad. Amén. 
      
      
     

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«A lo largo de los tiempos también yo he comprendido que debemos seguir siempre el ejemplo del Señor, que estaba muy abierto incluso hacia las personas marginadas en Israel en aquella época; era un Señor de la misericordia, según muchas autoridades oficiales demasiado abierto hacia los pecadores, a los que acogía o permitía que lo acogieran a él en sus cenas, atrayéndolos hacia sí en su comunión». Las palabras de Benedicto XVI al clero de la diócesis de Bressanone  06 de agosto de 2008


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«Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio,sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad.Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras." (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)


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Cristo nos dijo: «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). «Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). «Las puertas del infierno no prevalecerán» (cf. Mt 16, 18). Son estas palabras que las sectas no soportan.

Son palabras de Dios. Son palabras que ningún hombre podrá jamás borrar. Con esta íntima certeza, -en la Iglesia- miremos serenos al futuro, sin dejar de orar y trabajar por un mundo mejor. Ciertamente, en el mundo hay quienes hablan de violencia y de muerte. Pero, juntamente con el Papa, nosotros queremos gritar al mundo: «¡El amor es más fuerte que la muerte! ¡El amor triunfará!».


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La comunidad cristiana de Roma está estrechamente ligada a Pedro, pero ciertamente este apóstol no es su fundador. Generalmente se suele fechar la llegada de Pedro en el año 42, siendo su ‘primer Obispo’.


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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).


La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).


La señal luminosa de la Virgen María elevada al cielo brilla aún más cuando parecen acumularse en el horizonte sombras tristes de dolor y violencia. Tenemos la certeza de que desde lo alto María sigue nuestros pasos con dulce preocupación, nos tranquiliza en los momentos de oscuridad y tempestad, nos serena con su mano maternal. Sostenidos por esta certeza, prosigamos confiados nuestro camino de compromiso cristiano adonde nos lleva la Providencia. Sigamos adelante en nuestra vida guiados por María Madre de nuestro Salvador.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!


Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.


Por la gracia de Dios, en el año del Señor 2007: Anno Domini

"In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!


La Iglesia testimonia el Evangelio por los caminos del mundo, ¡por eso es católica!; desde que Cristo la fundara, hace dos milenios.

El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

Si la presencia de Cristo es la que hace sentirse de veras en casa, es precisamente porque impulsa la libertad del cristiano más allá de los muros de la casa, pues es consciente de que el horizonte de su casa es el mundo-global-universalidad-catolicidad. Por el camino de cada día, vivamos el Evangelio que la Iglesia propone.


Dones y frutos del Espíritu Santo - La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo.

Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf Is 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.

Tu espíritu bueno me guíe por una tierra llana (Sal 143,10).
Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios... Y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo (Rm 8,14.17)

Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: ‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Ga 5,22-23, vg.). †+

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).