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Así Guatemala, en palabras de Ricardo Connelli, representa un caso emblemático en América Latina, donde trata de proliferar un protestantismo pentecostal, atomizado y fragmentado, más fácil de dominar, dotado con abundantes recursos económicos, dando lugar a un panorama variadísimo de denominaciones y tendencias. En la provincia de Sololá, por ejemplo, los lugares de culto católico son 194 mientras que los de denominación evangélica alcanzan la cifra de 498. A esa invasión, la gran mayoría de la población todavía resiste y los resultados no han correspondido a las inversiones económicas y humanas. 2001

 

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Un informe revela que policía y ejército británicos

conspiraron con paramilitares protestantes para

matar católicos en el Ulster. 2003-04-17

 

 

Belfast. Agencias - Irlanda del norte.

La Policía norirlandesa y el Ejército británico conspiraron con los paramilitares protestantes para matar a católicos en la década de los ochenta en Irlanda del Norte, según una investigación interna que se dará a conocer hoy.

 

El jefe de la Policía Metropolitana de Londres, John Stevens, presentará esta tarde un polémico informe que refleja ese "chocante" grado de colaboración, tras cuatro años de pesquisas para aclarar la muerte, en 1989, del abogado católico Pat Funicane. Funicane, de 38 años, fue asesinado por un pistolero de la Asociación para la Defensa del Ulster, paramilitares leales, en su casa de Belfast delante de su familia.

 

La prensa británica adelanta hoy el contenido del documento, que cae como un chorro de agua fría sobre el Gobierno del Reino Unido y los líderes unionistas del Ulster en un momento en que se intenta reactivar el estancado proceso de paz en la provincia. La conmoción es aún mayor si se tiene en cuenta que ambas partes acusan al partido Sinn Fein -brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA)- de entorpecer el proceso y de falta de compromiso con la paz.

 

El informe, que también implica a los servicios de inteligencia del Estado, hará aumentar la presión internacional para que, al fin, se lleve a cabo una investigación judicial sobre el caso Funicane. Según la prensa, el fiscal Alasdair Fraser está ya examinando las acusaciones contra unos veinte oficiales de la Policía y el Ejército británico que, de acuerdo con Stevens, estuvieron involucrados en la trama.

 

Sin embargo, la familia de Funicane, que desde el principio pidió una pesquisa judicial, considera que el nuevo informe es parcial. "Representa un conjunto de compromisos no respetados y promesas rotas.

 

Lleva el sello del trabajo de Stevens en Irlanda del Norte: secretismo y represión", declaró el hijo del asesinado, Michael Funicane, también abogado. En su opinión, este informe del comisario -el tercero- es "papel mojado" porque, pese a sus denuncias, asume que "nada fue mal", sino que las fuerzas del orden actuaron como se esperaba de ellas en esa época de máxima violencia sectaria. "La Policía en Irlanda del Norte existía -y quizás aún sea así- para enfatizar el potencial asesino de los paramilitares leales, proporcionándoles recursos adicionales, como armas e información, y señalándoles a las víctimas, para que el Gobierno quedara libre de sus enemigos", argumentó.

 

Defensores de los derechos humanos han criticado que sólo se vaya a hacer pública una parte del informe, que tiene 3.000 páginas y ha costado seis millones de euros. Amnistía Internacional, entre otras organizaciones, ha pedido a las autoridades que impulsen de una vez la investigación judicial. Los detectives bajo el mando de Stevens han interrogado a 15.000 personas, catalogado 4.000 pruebas, tomado 5.500 declaraciones y confiscado 6.000 documentos en los últimos catorce años.

ABC- 2003-04-17

 

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Una deuda con la Iglesia

 

Santiago Martín.- (9/VII/2003)

Una de las cosas que más me molesta de los demagogos, especialmente de los políticos demagogos, es su obsesión por encontrar la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio. Por ejemplo, cuando atacan a la Iglesia porque justificó las Cruzadas en la Edad Media, o cuando la acusan de torturadora debido a la Inquisición. Lo primero que hacen es sacar las cosas de contexto; lo segundo, fijarse sólo en lo negativo; por último, nunca dicen nada de sus propios errores. Así, poco a poco, la opinión pública va acostumbrándose a la idea de que la Iglesia es la causa de todos los males pasados, presentes y futuros. Me río por no llorar cuando escucho a políticos de izquierda exigir a los obispos españoles que pidan perdón por el comportamiento de la Iglesia durante la Guerra Civil y la posguerra. ¿Han pedido ellos perdón alguna vez por los sacerdotes fusilados, las monjas violadas, los templos incendiados? Su demagogia sólo es comparable a su caradura.
   Por eso me ha parecido magnífica la conferencia pronunciada por monseñor Cañizares en el acto en que fue investido académico de honor de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada. El primado habló de la deuda que los derechos humanos tienen con la herencia cristiana. Algunos, en su ignorancia culpable, llegan a creer que los derechos humanos son un invento de los filósofos de la Ilustración. ¿Y de dónde bebieron ellos? ¿Por qué no surgieron los derechos humanos en los desiertos de Arabia o en los vericuetos intrincados de India o China? Sin Cristo y su Evangelio, sin la Iglesia que lo ha transmitido fielmente, ni siquiera los ateos y comecuras occidentales serían lo que son. Hasta ellos tienen una deuda con aquel que dijo, con toda razón, que Él era el Camino, la Verdad y la Vida.

2003-07-10 LA RAZÓN. ESP.

 

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Nos subscribimos a la recomendación de San Ignacio:  

Tened gran cuidado en predicar la verdad de tal modo que, si acaso hay entre los oyentes un hereje, le sirva de ejemplo de caridad y moderación cristianas. No uséis de palabras duras ni mostréis desprecio por sus errores"

Basados en este principio queremos evitar ofensas personales.  No se encuentra la verdad aludiendo a los pecados de los miembros de un grupo o entidad.  La miseria del pecado se encuentra en todos, aún entre los Apóstoles de Jesús.  Lo que nos interesa es examinar la autenticidad de la doctrina que profesan, su misión y sus fundamentos.

Es por eso que sentimos el deber de examinar, con razones, tanto los errores como las falsas acusaciones. Es necesario analizar estas cosas si se quiere encontrar la verdad y evitar que se propague la confusión que tanto daño hace.

Cuando se está en el error, la verdad duele, como duele someterse a cirugía. Sin embargo, cuando es necesaria, el médico ejerce una obra de amor. Si tiene usted dudas u objeciones sobre algo que presentamos, le ruego que nos lo diga usando razones. En los Corazones de Jesús y Maria - Padre Jordi Rivero

 

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A inicios del siglo XXI estamos en una fase de pensamiento, tal vez sin ilusiones, pero también sin otro horizonte posible que aferrarse a la complejidad. Quizás sea la hora más indicada para pensar amalgamando la osadía y la sensatez, los valores y el realismo. Al límite de la coherencia consigo mismo y su fe, Tomás Moro es interrogado ante el Parlamento, encarcelado en la Torre de Londres y decapitado de un solo tajo. Según era usanza habitual, la cabeza fue puesta en agua hirviendo e hincada en un poste. Siglos más tarde, Chesterton dijo que la cabeza de Moro era como un diamante que un tirano arrojó a una zanja porque no pudo romperla». 2004-06-24 Festividad de San Juan Bautista, decapitado por testimoniar la verdad.

José Francisco Serrano ‘Alfa y Omega’ nº 408 - Esp. 2004.06.

 

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Verdades y mentiras de la historia

 

Luis Fernández Cuervo*

Nuestro colaborador Luis Fernández Cuervo escribe en El Diario de Hoy (El Salvador), sobre el tratamiento de la Iglesia que hace el conocido escritor Mario Vargas Llosa con ocasión de la enseñanza del Magisterio sobre la sexualidad y más en concreto sobre la homosexualidad. Siempre resulta interesante conocer las ideas de fondo de los famosos y sobre todo el grado de consistencia (o inconsistencia) de las mismas.


El artículo “El pecado nefando”, del novelista Mario Vargas Llosa, publicado en este mismo periódico el domingo 24 de agosto, merece una respuesta serena, no en el tono exaltado y panfletario que utiliza el célebre escritor, sino con la mesura y objetividad que requiere tratar un tema importante y delicado que Vargas Llosa se encarga de tergiversar y oscurecer. He demorado la respuesta hasta poder leer el documento que tanto le enfurece a ese escritor.

Se trata de un reciente documento del Vaticano, donde se advierte que “las presentes consideraciones no contienen nuevos elementos doctrinales, sino que pretenden recordar los puntos esenciales inherentes al problema y presentar algunas argumentaciones” (…) “para proteger y promover la dignidad del matrimonio, fundamento de la familia, y la solidez de la sociedad, de la cual esta institución es parte constitutiva”.

El problema, según el documento, es la homosexualidad, “fenómeno moral y social inquietante”, y el hecho de que se le esté dando en varios países una equiparación legal con el matrimonio y, en algunos casos, incluso el derecho legal de adoptar hijos. El documento tiene también la finalidad de “iluminar la actividad de los políticos católicos, a quienes se indican las líneas de conducta coherentes con la conciencia cristiana”. El documento lo ofrecen “no solamente a los creyentes, sino también a todas las personas comprometidas en la promoción y la defensa del bien común de la sociedad”. ¿Por qué esto último? Sencillamente, porque el matrimonio, sus deberes y derechos, son también un asunto de “ley moral natural” que no necesita de la fe católica, sino, simplemente, de una mente honesta, abierta a los argumentos morales inherentes a la naturaleza humana y al sentido jurídico más elemental.

Vargas Llosa dice que lo que más le sorprende no es la doctrina católica en este documento, sino “la vehemencia con la que en él se exhorta a los parlamentarios y funcionarios católicos a actuar”. Vehemencia, según el diccionario, es algo que supone “ímpetu y violencia”.

Nada de eso hay en el documento denostado. No puede decirse lo mismo del libelo panfletario de Vargas Llosa, donde se emplean contra la Iglesia Católica, su doctrina de siempre y su documento actual, las siguientes lindezas: “feroces diatribas”, “doctrina rígida y cavernícola”, “empecinamiento dogmático”, “filípica anti-homosexual”, “doctrina homofóbica anacrónica”, “viril brutalidad” y donde se usa y abusa del verbo “fulminar”. Dado que el verbo fulminar siempre, según el diccionario, significa, en general, “aniquilar”, “deshacer por completo”, “pulverizar” o, más en concreto, “aniquilar mediante rayos o corriente eléctrica”, no se ve nada de eso en el documento vaticano. En cambio, sí se observa un tono un tanto fulminante en los insultos del escritor.

En el documento papal se dice que: “los hombres y mujeres con tendencias homosexuales ‘deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta’. Tales personas están llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad. Pero la inclinación homosexual es ‘objetivamente desordenada’, y las prácticas homosexuales ‘son pecados gravemente contrarios a la castidad’”.

Cuando la Iglesia se opone a que a una pareja de homosexuales se les equipare legalmente con un matrimonio, tiene toda la razón y no hacen falta argumentos de fe religiosa, sino simplemente de sentido común y de sentido jurídico. Con esa equiparación, la injusticia no es para las parejas homosexuales, sino para el matrimonio, sus derechos y su importante rol en la sociedad, ya que matrimonio es la unión de un hombre y una mujer que, por la mutua donación, propia y exclusiva de ellos, se complementan y se perfeccionan y, normalmente, procrean, crían y educan a los hijos nacidos de su unión conyugal, contribuyendo con eso a ser base insustituible de la sociedad, de su estabilidad y bondad y de su prolongación a través de los tiempos.

Nada de eso puede decirse de la convivencia de dos homosexuales. Como comentaba a este respecto un abogado y profesor universitario español, “a nadie se ofende si se trata de modo jurídicamente desigual lo que es distinto; al contrario, se ofendería a la justicia tratando igual lo desigual. Pero el sentido común percibe a simple vista que una unión entre dos personas del mismo sexo no es matrimonio, como no lo es una unión de cinco personas, o de una persona sola (recientemente se publicó un suelto sobre una artista que celebró su boda consigo misma, prometiéndose perpetua e indisoluble fidelidad)”.

Vargas Llosa pretende apoyarse para sus ataques en la autoridad de Sigmund Freud, ignorando tal vez que el creador del psicoanálisis calificaba de perversa “toda actividad sexual que, habiendo renunciado a la procreación, busca el placer como un fin independiente de ella”. Después suscribe la declaración del senador Edward Kennedy, diciendo que “la Iglesia Católica debe ocuparse de religión y no de tomas de posición políticas”. Es decir, que tanto Kennedy como Vargas Llosa pretenden que la Iglesia traicione su mandato divino de difundir su doctrina por toda la sociedad, que reniegue de la autoridad que Jesucristo le dio sobre fe y costumbres, y que se recluya en el interior de las conciencias y de los templos: típica mentalidad del oscurantismo anticristiano del Siglo XVIII.

Vivimos unos tiempos en donde, con la complicidad de algunos periodistas ayunos de verdaderas noticias, personajes que tienen prestigio por su competencia en algún campo cultural (la canción, el fútbol, la escena o la literatura) se atreven a opinar con gran desparpajo y solemnidad sobre asuntos sobre los que no tienen suficientemente conocimiento intelectual y/o poca o nula autoridad moral. Vargas Llosa es un ejemplo.

Que escribe bien, es indudable. Que entiende de literatura, también. Pero en este artículo y en otros anteriores, demuestra un conocimiento muy sectario y erróneo de la historia universal, y una verdadera fobia, difícil de explicar, contra el cristianismo en general y contra la Iglesia Católica en particular. Trataré de mostrárselo a los lectores en mi próximo artículo.
Lunes, 01 de septiembre 2003.

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Contestando a Vargas Llosa

Verdades y mentiras en la historia universal

Los países católicos siempre fueron países alegres,
vitales y muy poco reprimidos, también en lo sexual.

(Primera parte)

Terminaba yo mi artículo anterior diciendo que el escritor peruano Vargas Llosa mostraba “un conocimiento muy sectario y erróneo de la historia universal”. Y así es. La verdad histórica es muy diferente a como la presenta el furibundo escritor. Hoy sólo me referiré a dos de sus falsedades:

1) Atribuir a la Iglesia Católica el haber mandado a la hoguera a millares de católicos e infieles en la Edad Media. El tema de la Inquisición merece un comentario más detenido y matizado del que es posible aquí. Remito a estudios serios sobre la Inquisición española como los del historiador inglés Henry Kamen o la española Beatriz Comella. Pero sí hay que saber, por lo menos, que su importancia no fue en la Edad Media, que termina en el Siglo XIV, sino en pleno Renacimiento y más allá, hasta el XVII y XVIII, que es cuando pasó del poder eclesiástico al poder civil.

Inquisiciones hubo tantas como religiones había en esos siglos. Para esa época, un ataque a la religión de un país —ya fuera la católica, la luterana, la anglicana o la calvinista— suponía algo tan importante para la estabilidad de su gobierno, como lo que es el terrorismo o la guerrilla para una democracia actual. En cuanto a la Inquisición española, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados. La Revolución Francesa, tan alabada por los laicistas como Vargas Llosa, en pocos días, llevó a la guillotina cifras posiblemente superiores, exterminó a todos los de la región de la Vandeé y además arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos. Y todo eso en nombre de la igualdad, libertad y fraternidad.

2) Atribuir a la Iglesia Católica “la postergación y humillación sistemática de la mujer”. Esta falsedad es todavía más grande, pues una de las causas de la difusión del primitivo cristianismo fue el papel importante que la mujer tuvo en él, muy por encima de la que tenía en el imperio romano. Y fue precisamente en la Edad Media cristiana donde la mujer alcanzó una dignidad y un poder como nunca había tenido.

El señor Vargas Llosa debería leer, al menos, los libros de la medievalista francesa Règine Pernoud para salir de su error. Sin una serie de mujeres descollantes —Genoveva, Juana de Arco, Catalina de Siena, Eloisa, Hildegarda de Bingen, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, etc.—, que eran admiradas y respetadas por las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, incluido el Papa, posiblemente la civilización europea habría sido imposible. Cualquier mujer podía entonces establecer un negocio o adquirir una propiedad sin autorización de su marido. Y fueron las damas del medioevo las que educaron y afinaron a los hombres, crearon el amor cortés, la galantería y el honor de servir el hombre a la mujer. ¿Donde está, pues, la “postergación y humillación sistemática de la mujer”? Fue con el Renacimiento y el nuevo auge del Derecho Romano cuando la mujer perdió los derechos que había ganado en la Edad Media.

3) Vargas Llosa acusa también al catolicismo de “distorsiones y represiones de la vida sexual en nombre de una supuesta normalidad”, que sería la relación heterosexual. Pretende ignorar que, mientras la religión y la moral católica fueron fuertes en cualquier país, las anormalidades y delitos sexuales fueron mínimos. Confunde puritanismo con catolicismo. Los países católicos siempre fueron países alegres, vitales y muy poco reprimidos, también en lo sexual.

En cuanto a si lo heterosexual es normal o no, la voz de la historia es muy clara. En las más variadas culturas, lo constante es que, llegada a la edad núbil, y siempre con un cierto sentido religioso, se celebra el matrimonio natural de un hombre y una mujer y con ello se obtiene, como derecho matrimonial, la unión conyugal y se constituye la familia con la crianza y educación de los hijos resultantes de esa unión. Eso no es un invento del cristianismo. Eso ocurre incluso en pueblos muy primitivos, desconocedores de la agricultura, la ganadería y la religión, tal como demostró el antropólogo alemán Gusinder con los fueginos de la Patagonia.

En cualquier tiempo y cultura, cuando la institución matrimonial entra en crisis y crecen el libertinaje y las aberraciones sexuales, todo conocedor de la historia universal puede decretar sin equivocarse que esa cultura está decayendo y, de un modo u otro, desaparecerá. No siempre es bajo un fuego del cielo que los aniquile, como en Sodoma y Gomorra.

Otras veces es por la conquista de un pueblo más austero, así Roma conquistando una Hélade en franca decadencia intelectual y moral. Y Roma, después de su esplendor imperial, ofrecerá esos mismos síntomas que ahora consideran algunos —no sólo Vargas Llosa— progreso cultural: ateísmo, escepticismo y relativismo en el área intelectual; el lujo, el placer y el ocio como metas vitales; la decadencia del matrimonio con el divorcio y los adulterios; la caída de la natalidad con los abortos o el abandono de los recién nacidos y las aberraciones sexuales crecientes, como testimoniaba Pablo de Tarso en su Epístola a los Romanos: “Se envanecieron con sus razonamientos y se oscureció su insensato corazón: presumiendo de sabios se hicieron necios (…) Por eso Dios los abandonó a los malos deseos de sus corazones, a la impureza con que entre ellos deshonran sus propios cuerpos (…) pues sus mujeres hasta cambiaron el uso natural por el que es contrario a la naturaleza, e igualmente los varones, habiendo dejado el uso natural de la mujer, se abrasaron en los deseos impuros de unos por otros: cometiendo torpezas varones con varones y recibiendo en sí mismos el pago merecido por su maldad”.

El pago actual de esos mismos vicios antiguos ahora ha sido peor: el aumento increíble de las enfermedades de transmisión sexual y el SIDA, “hijo de la píldora anticonceptiva”, como dijo el descubridor del virus causante de esa inmunodeficiencia, el Dr. Montagnier. El SIDA entró en EE.UU., en El Salvador, en España y en otros países, por los homosexuales. ¿Buen motivo para el “orgullo gay”?

Lunes 08 de septiembre-2003

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Para entender el presente
Verdades y mentiras de la historia

Si uno estudia el papel del cristianismo sin prejuicios
se observa que sin él no existiría nuestra civilización.

(Segunda parte)

La historia es maestra de vida. No se puede conocer bien el presente ni el mundo que nos ha tocado vivir si no se conoce o se conoce mal el pasado. Por eso la cultura histórica de un pueblo es de suma importancia. Pero ocurre que por ser ésta una ciencia no sujeta a la comprobación físico-matemática, está siempre expuesta a una fácil manipulación con fines sectarios.

A nivel de los cultivadores honestos de esta ciencia, puede haber ciertas divergencias de interpretación de los hechos, pero nuevos estudios y el hallazgo de nuevos documentos van despejando incógnitas y depurando interpretaciones y así, poco a poco, se va haciendo mayor claridad y mejores perfiles de las realidades pasadas. Pero ¿llegan los nuevos descubrimientos y las verdaderas certezas históricas con suficiente información al público en general?

Lamentablemente, no. Con frecuencia, a través de los medios para masas lo que le llega al gran público es una serie de estereotipos hechos con medias verdades abultadas y dejando verdades importantes silenciadas. En nuestro medio, gran parte de los docentes, los estudiantes universitarios y los periodistas tienen visiones muy insuficientes de la historia universal y de la historia de El Salvador.

Los hechos históricos que me ha tocado vivir más directamente, cuando después los he encontrado en versiones para el mundo lejano a esos hechos, casi siempre han estado fuertemente distorsionadas por un raro prejuicio de falsa neutralidad o por un abierto sectarismo. Una vez más, a nivel universal, se cumple en este terreno la sentencia evangélica de que “el diablo es el padre de la mentira” y que “los hijos de las tinieblas son más avisados que los hijos de la luz”.

De la Historia Universal es frecuente en nuestro medio unas simplificaciones donde se valoran la Grecia clásica, la Roma imperial, el Siglo XVIII, la Revolución Francesa y la Independencia de los países latinoamericanos muy positivamente y, en cambio, el “mono de hule” que se gana todos los palos es la Iglesia Católica. Se le echa la culpa de casi todo lo malo y muy en especial del oscurantismo medieval, de la destrucción de espléndidas culturas indoamericanas; se la acusa de ser enemiga de la ciencia y del progreso y se la adorna con las hogueras inquisitoriales e incluso con la mentira absoluta de la tortura y muerte en una de ellas, del astrónomo Galileo. Estos mismos detractores están ahora felices publicando una y otra vez, corregido y aumentado, el escándalo de los curas homosexuales y aplaudiendo en cambio, como un progreso cultural y científico, la homosexualidad de los que no son sacerdotes.

La realidad histórica es más matizada y bastante diferente. A lo largo de la historia, los pueblos y sus culturas, nacen, crecen, llegan a un máximo esplendor y después decaen y desaparecen. Pero hay dos excepciones misteriosas. Una es el pueblo de Israel; otra, la Iglesia Católica.

Por supuesto, en la historia de ambos no sólo hay luces, sino que también sombras y a veces hasta un punto que parecen haber perdido su identidad y que van a desaparecer. Sin embargo, no es así. Han pasado siglos y siglos y ahí están.

Si uno estudia el papel del cristianismo sin prejuicios se observa que sin él no existiría nuestra civilización, ni la ciencia, ni la técnica ni cosas más importantes como son los valores y virtudes morales. El concepto de persona es de origen cristiano y de él se derivan la igualdad esencial de todos los seres humanos y su intrínseca dignidad que hace que no puedan ser considerado como una cosa y eso es lo que permitió que se aboliera la esclavitud y la existencia de la democracia igualitaria —la de Grecia fue exclusivista, sólo para determinados “ciudadanos”, y con Pericles fue una dictadura disfrazada de democracia—.

La dignidad e igualdad de la mujer, como escribí en mi ar-tículo anterior, parte del cristianismo primitivo y tiene su auge en el catolicismo medieval. El oscurantismo con que comenzó la Edad Media no fue, porque los medievales apagaran la luz, sino que lo heredaron del desastre del hundimiento del Imperio Romano causado por su propia corrupción. Y en cambio fueron prendiendo luces, sacando de esos escombros culturales todo lo que pudieron recuperar de la cultura grecolatina con la paciente copia, a mano, de sus escritos en la tranquilidad y perseverancia de los monasterios.

A ella le debemos también la invención del libro y de las universidades, de la burguesía, de los hospitales, de la banca, la maravilla increíble de las catedrales románicas y góticas y un montón de cosas más en una época alegre y vital, de inseguridad física pero de gran seguridad psicológica, pues la vida tenía el sentido claro de terminar en una nueva vida feliz y eterna si cada cual cumplía con su papel social y moral.

Por eso, cuando ahora se trata una vez más, desde distintos puntos, de descristianizar a nuestra cultura, atacando a la Iglesia, al matrimonio, a la natalidad como males sociales y cuando, en cambio, se presenta al laicismo, al escepticismo, al ateísmo, al consumismo y a todos los viejos vicios de la Roma decadente, corregidos y aumentados, como un progreso social, es que se está completamente ciego.

Ernesto Sábato, escritor no cristiano, medio ciego de sus ojos físicos, no lo está en cambio de los ojos del espíritu cuando recientemente ha dicho: “Que estamos frente a una de las crisis más graves por las que ha pasado la humanidad es una evidencia que no necesita demostración. El ser humano siente que todos aquellos valores que albergaron la vida durante generaciones hoy ya no cuentan, como bien vaticinó Nietzsche, y en su lugar sufrimos una sociedad donde lo único que parece contar es la eficiencia y el dinero. ¿Le parece poco abismo? Y, sin embargo, creo, a pesar del como usted bien dice infatigable olor de la guerra, que un tiempo predominantemente espiritual puede estar a las puertas”. Yo también lo creo.
15 de septiembre 2003

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*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. Colaborador de Arvo Net.

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« Pulchritudo habet similitudinem cum propriis Filii » - « La belleza está relacionada con lo que es propio del Hijo » La Iglesia es Esposa amada de Cristo. Tomás de Aquino.

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“Si alguno ha fijado la mirada en Aquel que, dispensando a todos belleza, permanece inmóvil en sí mismo y, ofreciendo todo, no recibe nada para sí…

¿De qué belleza tendrá nunca necesidad?... la Belleza primordial vuelve bellos y amables a sus amantes” Plotino, Enneadi, I,6,1:«Sobre lo bello».

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Dios es el Abierto, es comunicación, es fuente de vida y de donación de cuanto posee. Dios es riqueza a gozar en la vida sacramental de su Esposa la Iglesia.

 

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"En ti he puesto mi esperanza, guárdame Señor del eterno mal y concédeme la redención, por tu gran y profunda bondad que nunca me abandona".

 

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Iglesia:

Es la comunidad, la comunión (koinonia), al mismo tiempo espiritual y visible, de aquellos que acogen con fe la evangelización; comparten la misma esperanza en el Reino y participan a la misma caridad. Se entra a formar parte de la Iglesia a través del Bautismo, que sella la conversión. Principio de la comunión íntima con Dios - conocido y amado como Padre - es el Espíritu Santo: Espíritu filial de Jesucristo. El principio visible de unidad de los fieles de una Iglesia particular es el Obispo; en cambio, sobre el plano universal de la comunión de todos los fieles, el fundamento de unidad es el Romano Pontífice. Éste es el sucesor de Pedro y cabeza de la comunidad cristiana de Roma que "preside en la caridad" (San Ignacio de Antioquía). El principio sacramental de la unidad de la Iglesia es la Eucaristía: celebración memorial del misterio pascual, en donde los bautizados, unidos a sus legítimos pastores, se unen a Cristo y entre ellos, mediante los signos del pan y del vino consagrados. El Credo profesa la Iglesia una, santa, católica y apostólica. El Espíritu de Amor, donado por Cristo a su Iglesia, la transforma necesariamente en una (cf. UR 4,3) y santa (cf. LG 39,1). Así el Espíritu de Verdad la hace católica y apostólica, manteniéndola fiel a la tradición (Parádosis) de los apóstoles y a su misión de difundir, a todos los hombres y en todos los tiempos, toda la plenitud (Plêrôma) de verdad y santidad que se encuentra en Jesucristo. Esta prerrogativa de indefectibilidad se concede a la Iglesia concreta guiada por el Papa y por los Obispos en comunión con Él, en donde subsiste la única Iglesia de Cristo (cf. LG 8,2). No obstante, ésta debe purificarse y convertirse constantemente para hacer brillar, siempre mejor, la gloria de su Señor, para recuperar la plena unidad con los hermanos separados y para adquirir mayor credibilidad en su misión ad gentes (cf. AG 6;  EN 77; RM 50; UUS 23; 98).

 

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“La Imitación de Cristo’, de Tomás de Kempis, en honor a Cristo Crucificado.

Mira en todas las cosas lo que haces y lo que dices, y dirige toda tu intención al fin de agradarme a Mí solo, y no desear ni buscar nada fuera de Mí. Ni juzgues temerariamente de los hechos o dichos ajenos, ni te entremetas en lo que no te han encomendado: con esto podrá ser poco o tarde te turbes. Porque el no sentir alguna tribulación, ni sufrir alguna fatiga en el corazón o en el cuerpo, no es de este siglo, sino propio del eterno descanso. No juzgues, pues, haber hallado la verdadera paz, porque no sientas alguna pesadumbre; ni que ya es todo bueno, porque no tengas ningún adversario; ni que está la perfección en que todo te suceda según tú quieres. Ni entonces te reputes por grande o digno especialmente de amor, porque tengas gran devoción y dulzura; porque en estas cosas no se conoce el verdadero amador de la virtud, ni consiste en ellas el provecho y perfección del hombre.

¿Pues en qué consiste, Señor?

En ofrecerte de todo tu corazón a la divina voluntad, no buscando tu interés en lo poco, ni en lo mucho, ni en lo temporal, ni en lo eterno. De manera que con rostro igual, des gracias a Dios en las cosas prósperas y adversas, pensándolo todo con un mismo peso. Si fueres tan fuerte y firme en la esperanza que, quitándote la consolación interior, aún esté dispuesto tu corazón para padecer mayores penas, y no te justificares, diciendo que no debieras padecer tales ni tantas cosas, sino que me tuvieres por justo y alabares por santo en todo lo que Yo ordenare, cree entonces que andas en el recto camino de la paz, y podrás tener esperanza cierta de ver nuevamente mi rostro con júbilo. Y si llegares al perfecto menosprecio de ti mismo, sábete que entonces gozaras de abundancia de paz, cuanto cabe en este destierro.

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-.- Quién, sino la Iglesia Católica, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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El irracionalismo actual no es otra cosa que el desarrollo de la irracionalidad que lleva en sus entrañas todo racionalismo. El irracionalismo no es la simple irracionalidad, sino la tesis de que en el saber todo da lo mismo. ¡He aquí las sectas!

 

"Erit enim tempus cum sanam doctrinam non sustinebunt sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent ad fabulas autem convertentur" (2 ad Thimoteum 4, 3-4).

 

"Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que de acuerdo con sus pasiones se rodearán de maestros que halaguen sus oídos, y apartarán, por una parte, el oído de la verdad, mientras que, por otra, se volverán a los mitos". San Pablo que, con otros miembros de la Iglesia Católica, también escribió la Biblia.

 

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Isaac de Santa Estela (hacia 1171) monje cisterciense
Sermón 15, 5-8

 

La parábola de la viña -    Confieso que tengo todo el respeto por la explicación que ve en la parábola de la viña a la Iglesia universal, la viña de Cristo. Los sarmientos de los cristianos, el agricultor y padre de familia, el Padre celestial, el día sin ocaso o la vida del hombre, las horas, las edades del mundo o la persona humana, el lugar de la actividad humana misma.
       Sin embargo, personalmente, me gusta considerar mi alma y también mi cuerpo, es decir, toda mi persona como una viña. No debo de abandonarla sino trabajarla, cultivarla para que no la ahoguen los brotes o raíces extraños, ni se vea agobiada por los propios brotes naturales. Tengo que podarla para que no se forme demasiada madera, cortarla para que dé más fruto. Sin falta tengo que rodearla de una valla para que no la pisoteen los viandantes y para que el jabalí no la devore. (cf Sal 80,14) Tengo que cultivarla con mucho cuidado para que el vino no degenere en algo extraño, incapaz de alegrar a Dios y a los hombres o incluso entristecerlos. Tengo que protegerla con mi vigilancia para que el fruto que con tanto trabajo se cultiva no sea robado furtivamente por los que en secreto devoran a los pobres. De la misma manera que el primer hombre recibió en el paraíso, su viña, la orden de trabajarla y de guardarla, tengo que cultivar mi viña.

 

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“Omnia instaurare in Christo”

 

Predicación y fidelidad de la Iglesia Católica a la revelación de Cristo: “No podemos callar lo que hemos visto y oído” (He 4, 20)

 

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"No nos van a callar ni vamos a callar: Cristo es el Mesías, el Redentor"

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

 

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Recomendamos vivamente: Al caer de la tarde - es un ramillete de reflexiones al hilo de la liturgia de Adviento, que escribe Cristina González Alba para la colección Hablar con Jesús, de la editorial Desclée De Brower. El hilo conductor es despertar y empezar a caminar, con la mirada puesta en Jesús de Nazaret.

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Recomendamos vivamente: MI QUERIDA IGLESIA SANTA Y PECADORA - Decía José Luis Martín Descalzo que «nuestros pecados manchan tan poco la Iglesia como las manchas al sol». En este espíritu ha escrito Mariano Purroy Mi querida Iglesia, santa y pecadora (Edibesa), una mirada positiva y realista sobre los pecados de los cristianos y el perdón de Cristo.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).