Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Mientras que Francia aplica la pena de muerte hasta el año 1976 y los EE.UU. Arabia Saudita, Sudán, Irán, Pakistán, Irak,  etc. la siguen aplicando en el 2004…2005...2006...2007...2008...2014...2015

“Un Islam hecho de crucifixiones, decapitaciones, mutilaciones, de esclavitud, de conversiones forzadas y de engaño”. Mons. Cesare Mazzolari, Misionero Comboniano y Obispo de Rumbek, Sudán – Y estamos en 2004-06-03 - 2015

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¿Sabía Usted esto? – Año 1480: Los Reyes Católicos promulgan la primera ley reguladora del libro impreso. Por ella queda libre del pago de todo tipo de tributos la introducción en España de libros extranjeros.

 

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Otro detalle —poco conocido— de tolerancia en Castilla: existió en épocas medievales una inquisición judía que entregaba igualmente al brazo secular.

 

 

 

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Inquisición española -  …«En primer lugar, debemos tomar con cautela las cifras del pasado. Si resulta difícil establecer hoy las cifras de las represiones recientes, pese a contar con la prensa, testimonios inmediatos abundantes (y a menudo contradictorios) y los registros, todo lo cual no impide la frecuente circulación de datos puramente propagandísticos, podemos imaginar qué ocurrirá con respecto al pasado lejano.

Así, la Inquisición española ha sido considerada durante siglos el paradigma de la represión brutal y masiva; pero, sin negar su carácter, hoy casi todos los tratadistas convienen en que la tortura, empleada sin duda por ella, era, con todo, más suave que la de los tribunales civiles; o en que el número de muertos ocasionado está en torno al millar en sus tres siglos de existencia. Como se ha dicho, ese número puede superarlo la policía política de una dictadura “progresista” en cuestión de meses y hasta de semanas. Cabe compararlo también con la quema de brujas en gran parte del resto de Europa occidental, que causó probablemente cien o cientos de veces más víctimas en mucho menos tiempo. La Inquisición, precisamente, salvó a España de ese horror, así como de las terribles guerras religiosas. Téngase en cuenta al hacer el balance.

En cuanto a los crímenes de la guerra civil, no me parecen nada excepcionales en la Europa contemporánea. Aquí, como en todas partes, cuando la ley cae por tierra, surgen las atrocidades, porque sale a flote lo peor de mucha gente y ya no se lucha por un simple triunfo electoral, sino por la supervivencia. Y si en torno a medio millón de personas se exiliaron, ello ¿testimonia un pánico fundado, o la eficacia de la propaganda izquierdista, que presentaba a los nacionales como una horda de asesinos? Por otra parte, más de dos tercios de los exiliados volvieron muy pronto a España, señal del carácter pasajero de aquel pánico….[…]

‘La crueldad española’ - 17 de Enero de 2007 - 17:41:58 - Pío Moa

 

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La Inquisición procurando encuadrarse en el derecho, la razón y la equidad, que desconfiaba de los iluminados, cometió tantos errores y faltas. Pero cuánto bien hizo desconfiando de las adulteradas religiosidades, aduladores y chismorreos, adulzados o veleidosos como desmoderados religiosos. Tal como sucede con la justicia actual, errores y faltas, pero cuánto bien hace. 

 

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No solamente las sectas utilizan y auspician, porque necesitan la manipulación histórica. Las instituciones de la Iglesia ‘sin complejos’ están contra la desmemoria impuesta desde el poder de turno; el periodismo independiente cuando no fundamenta lo que escribe o dice, fomentando embustes y falacias. Deseando, con buena voluntad se puede, asombrosamente, resumir complicadísimos pasajes históricos con toda sencillez. Solo se requiere: amor a la verdad y objetividad histórica. Contra la manipulación histórica, el rigor de los que saben.

 

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"Las fuentes" pueden dar "frases" que hay que interpretar en el contexto y con sus consecuencias a tenor de la Historia que solo años después se pueden ver en contexto.

 

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La claridad es siempre católica. La confusión, no.

 

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La verdad sobre la Inquisición

 

Entreviata con Beatriz Comella, Historiadora

www.arvo.net

 

La Inquisición fue y sigue siendo un tribunal polémico para el gran público. Los historiadores se han ocupado de esta institución de modo científico y sin prejuicios ideológicos, especialmente desde un Congreso internacional celebrado en Cuenca en 1978. Recientemente la Santa Sede ha convocado en Roma a expertos de diversos credos y nacionalidades para clarificar la actuación histórica del Santo Oficio. Sobre este argumento responde para Escritos ARVO, Beatriz Comella, autora del libro La Inquisición española (Rialp, 1988; 3ª edición en noviembre 1999).

¿CUÁNDO Y POR QUÉ NACIÓ EL TRIBUNAL DE LA INQUISICIÓN?
El primer tribunal inquisitorial para juzgar delitos contra la fe nació en el siglo XIII. Fue fundado por el Papa Honorio III en 1220 a petición del emperador alemán Federico II Hohenstaufen, que reinaba además en el sur de Italia y Sicilia. Parece que el emperador solicitó el tribunal para mejorar su deteriorada imagen ante la Santa Sede (personalmente era amigo de musulmanes y no había cumplido con la promesa de realizar una cruzada a Tierra Santa) y pensó que era un buen modo de congraciarse con el Papa, ya que en aquella época el emperador representaba el máximo poder civil y el Papa, el religioso y, era conveniente que las relaciones entre ambos fueran al menos correctas. El romano pontífice exigió que el primer tribunal constituido en Sicilia estuviera formado por teólogos de las órdenes mendicantes (franciscanos y dominicos) para evitar que se desvirtuara su misión, como de hecho intentó Federico II, al utilizar el tribunal eclesiástico contra sus enemigos.

—¿Existía en el siglo XIII alguna razón de justificara la creación de ese tribunal que consideraba la herejía como delito punible?


—Conviene aclarar que los primeros teólogos cristianos de la talla de Tertuliano, San Ambrosio de Milán o San Martín de Tours sostuvieron que la religión y la violencia son incompatibles. Eran más partidarios de la doctrina evangélica que recomienda corregir y amonestar a quien dilapida el bien común de la fe. La represión violenta de la herejía es, como ha señalado Martín de la Hoz, un error teológico de gravísimas consecuencias, implicado en la íntima relación que de hecho se trabó entre el poder civil y la Iglesia en la Edad Media. La herejía pasó a ser un delito comparable al de quien atenta contra la vida del rey, es decir, de lesa majestad, castigado con la muerte en hoguera como en el siglo IV, bajo los emperadores Constantino y Teodosio.
A principios del siglo XIII aparecieron dos herejías (albigense y valdense) en el sur de Francia y norte de Italia. Atacaban algunos pilares de la moral cristiana y de la organización social de
la época. Inicialmente se intentó que sus seguidores abandonaran la heterodoxia a través de la predicación pacífica encomendada a los recién fundados dominicos; después se procuró su desaparición mediante una violenta cruzada. En esas difíciles circunstancias nace el primer tribunal de la Inquisición.


—Es lógico, pues, que la Inquisición resulte una institución polémica.

—Desde luego, porque, afortunadamente, hoy sabemos que es injusto aplicar la pena capital por motivos religiosos. Los católicos de fin del siglo XX conocemos la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa, que coincide, en sus planteamientos básicos con la de muchos teólogos cristianos de los cuatro primeros siglos de nuestra era. Por este motivo, el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica Tertio Milenio Adveniente (10-11-94) ha subrayado la necesidad de revisar algunos pasajes oscuros de la historia de la Iglesia para reconocer ante el mundo los errores de determinados fieles, teniendo en cuenta la unión espiritual que nos vincula con los miembros de la Iglesia de todos los tiempos.

—¿Entonces, la «leyenda negra», más que leyenda es una realidad histórica?


—Es preciso advertir que la polémica sobre la Inquisición se nutre de otra actitud muy distinta a la ya expuesta; me refiero a la ignorancia histórica, la falta de contextualización de los hechos, el desconocimiento de las mentalidades de épocas pasadas, la escasez de estudios comparativos entre la justicia civil y la inquisitorial... Todo esto contribuye a formar no sólo una polémica justificada sino una injusta leyenda negra en torno a la Inquisición.

—¿Qué hay, pues, de verdad sobre la actividad de la Inquisición, concretamente en España?


—Se formaron los primeros tribunales en 1242, a partir de un Concilio provincial de Tarragona. Dependían del obispo de la diócesis y, por regla general, su actuación fue moderada. Con la llegada de los Reyes Católicos al poder, el Santo Oficio cambió de modo notable. Isabel y Fernando consideraron que la unidad religiosa debía ser un factor clave en la unidad territorial de sus reinos. La conversión de las minorías hebrea y morisca era la condición para conseguirlo; algunos se bautizaron con convencimiento, otros no y éstos fueron perseguidos por la Inquisición.

En 1478 los Reyes Católicos consiguen del Papa Sixto IV una serie de privilegios en materia religiosa, entre ellos, el nombramiento del Inquisidor General por la monarquía y el control económico del Santo Oficio. Por otra parte, la actitud de los cristianos ante las comunidades judía y morisca en España fue muy variada a lo largo de
la Historia. Había judíos asentados en España desde el final del Imperio Romano. Durante la etapa visigoda fueron tolerados y perseguidos en distintas épocas. Algunos reyes castellanos y aragoneses supieron crear condiciones de convivencia pacífica, pero el pueblo llano no miraba con buenos ojos a los hebreos prestamistas (el interés anual legal de los préstamos ascendía al 33%); además se les consideraba, de acuerdo con una actitud muy primaria, culpables de la muerte de Jesucristo. El malestar se transformó a finales del siglo XIV en revueltas y matanzas contra los judíos en el sur y levante español.

Los Reyes Católicos no sentían animadversión personal contra los hebreos (el propio rey Fernando tenía sangre judía por parte de madre) y en su corte se hallaban financieros, consejeros, médicos y artesanos hebreos. Los judíos vivían en barrios especiales (aljamas) y entregaban tributos directamente al rey a cambio de protección. El deseo de unión religiosa y de evitar matanzas populares impulsaron a los Reyes a decretar la expulsión de los judíos españoles (unos 110.000) en marzo de 1492. La alternativa era recibir el bautismo o abandonar los reinos, aunque se preveían consecuencias económicas negativas en los territorios españoles. Sólo unos 10.000 hebreos se adhirieron a la fe cristiana y, entre ellos, bastantes por intereses no religiosos. Entonces surgió el criptojudaísmo, la práctica oculta de la religión de Moisés mientras se mantenía externamente el catolicismo. Contra estos falsos cristianos, como se ha dicho, actuó la Inquisición.

Respecto a los moriscos, unos 350.000 en el siglo XV, la política fue similar. Se intentó de modo más o menos adecuado su conversión tras la toma de Granada, pero al comprobar que su asimilación no era satisfactoria se procedió a la expulsión de los no conversos, tras violentos enfrentamientos, en 1609, bajo el reinado de Felipe III. Durante el siglo XVII aparece con fuerza el fenómeno social de la limpieza de sangre: para acceder a determinados cargos u oficios era necesario ser cristiano viejo, es decir, no tener sangre judía o morisca en los antepasados recientes.
—¿Qué delitos juzgaba el Tribunal de la Inquisición y cuáles eran las penas?
—Inicialmente el tribunal fue creado para frenar la heterodoxia entre los bautizados: las causas más frecuentes eran las de falsos conversos del judaísmo y mahometismo; pronto se añadió el luteranismo con focos en Sevilla y Valladolid; y el alumbradismo, movimiento pseudo-místico. También se consideraban delitos contra la fe, la blasfemia, en la medida que podía reflejar la heterodoxia, y la brujería, como subproducto de religiosidad. Además, se perseguían delitos de carácter moral como
la bigamia. Con el tiempo se introdujo el delito de resistencia al Santo Oficio, que trataba de garantizar el trabajo del tribunal.
La pena de muerte en hoguera se aplicaba a hereje contumaz no arrepentido. El resto de los delitos se pagaban con excomunión, confiscación de bienes, multas, cárcel, oraciones y limosnas penitenciales. Las sentencias eran leídas y ejecutadas en público en los denominados autos de fe, instrumento inquisitorial para el control religioso de la población.
Desde el siglo XIII, la Iglesia admitió el uso de la tortura para conseguir la confesión y arrepentimiento de los reos. No hay que olvidar que el tormento era utilizado también en los tribunales civiles; en el de la Inquisición se le dio otra finalidad
: el acusado confeso arrepentido tras la tortura se libraba de la muerte, algo que no ocurría en la justicia civil. Las torturas eran terribles sufrimientos físicos que no llegaban a mutilar o matar al acusado.


—Una figura inevitable en la polémica sobre la Inquisición es Torquemada. ¿Es tan fiero el león como lo pintan? ¿Qué hubo en los juicios contra Carranza y Antonio Pérez?


—Fray Tomás de Torquemada fue Inquisidor General entre 1485 y 1496. Gozó de la confianza de los Reyes Católicos. Lo cierto es que no existe todavía una biografía definitiva sobre este importante personaje. Desde luego sentía animadversión hacia los judíos e influyó decisivamente en el decreto de expulsión de 1492, sin embargo no era sanguinario, como cierta leyenda injustificada pretende hacernos creer, aunque sí es obvio que presidió el tribunal en años de intensa actividad . No obstante, redactó una serie de normas y leyes para garantizar el buen funcionamientos del tribunal y evitar abusos.
Carranza era arzobispo de Toledo y Primado de España. Fue acusado injustamente de luteranismo y condenado a la pena capital por la inquisición española; por tratarse de un prelado, la causa se inició con el permiso de Roma y fue revisada por el Papa que no vio motivos proporcionados para tal veredicto. Aunque éste no llegó a aplicarse, Felipe II destituyó a Carranza para subrayar la autonomía del tribunal español respecto a
la Santa Sede. Antonio Pérez era secretario del rey y fue acusado de asesinato; como consiguió huir de la justicia de Castilla, la Inquisición le imputó de ciertos cargos para poder detenerlo. El reo salió de España y dio a conocer su caso en las cortes de Francia e Inglaterra. Es un claro ejemplo de utilización política del tribunal por parte del rey, que supo airear oportunamente su antiguo secretario. Por otra parte, los casos de Carranza y Pérez ponen de relieve algo característico del Tribunal de la Inquisición: su poder no hacía distinciones a la hora de acusar a prelados, cortesanos , nobles o ministros; fue, en ese sentido, un tribunal democrático con una jurisdicción sólo inferior a
la del Papa.
—¿Cuál fue la actitud del Santo Oficio español ante la brujería?
—En España hubo pocos casos de brujería en comparación al resto de Europa. Fue un fenómeno más destacado entre la población bautizada de los territorios americanos, por el apego a sus ritos y tradiciones seculares. En la Península fueron desgraciadamente famosas las brujas de Zugarramurdi (Navarra) condenadas en 1610. Desde entonces se tuvo en cuenta la acertada observación de un inquisidor, para quien cuanto menos se hablara de ellas, menos casos habría; la Inquisición prefirió considerarlas personas alucinadas o enfermas.


—Otra cuestión espinosa que suscita la Inquisición es el número de víctimas ¿es posible saber cuántas fueron?


La Inquisición tuvo una larga vida en España: se instauró en 1242 y no fue abolida formalmente hasta 1834 durante la regencia de María Cristina. Sin embargo, su actuación más intensa se registra entre 1478 y 1700, es decir, durante el gobierno de los Reyes Católicos y los Austrias. En cierto sentido no se puede calcular el número de personas afectadas por la Inquisición: la migración forzosa de millares de judíos y moriscos; la deshonra familiar que comportaba una acusación del tribunal durante varias generaciones; la obsesión colectiva por la limpieza de sangre, lo hacen imposible.
Respecto al número de ajusticiados no hay datos definitivos porque hasta ahora no se han podido estudiar todas las causas conservadas en archivos. Aunque parciales, son más próximos a la realidad los estudios realizados por los profesores Heningsen y Contreras sobre 50.000 causas abiertas entre 1540 y 1700: concluyen que fueron quemadas
1.346 personas, el 1,9% de los juzgados. Es posible, aunque la cifra no sea definitiva, que los ajusticiados a lo largo de la historia del tribunal fueran unos 5.000. Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio.

Jorge BALVEY

 

 (*) Beatriz Comella es licenciada en Geografía e Historia. Imparte seminarios de Historia y Filosofía en el Colegio Mayor Zurbarán de Madrid. Ha publicado, además del libro indicado, un ensayo sobre el caso Galileo; colabora en la Agencia Aceprensa y con artículos de opinión en unos 60 diarios y revistas.

 

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Y es que al igual que en EEUU, a mediados del siglo pasado (XX), se concebía el comunismo como algo pernicioso que ponía en evidente riesgo la seguridad nacional, dada la influencia negativa que dicha ideología tenía en los individuos; no es arriesgado afirmar que cuando la Santa Inqusición ejercía su labor en España, venía cumpliendo los mismos objetivos.

 

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La Santa Inquisición (una visión griega)

 

 

 

La Santa Inquisición (una visión griega)

 

Ioannis Auxentiou –

 

http://quenotelacuenten.com/2015/01/19/la-santa-inquisicion-una-vision-griega/

 

 

 

Probablemente no hay otra institución en el mundo medieval que haya sido calumniada tanto como la Santa Inquisición. Iluminados, protestantes y judíos lograron durante mucho tiempo difamar a esta importante institución de todas las formas posibles. Incluso en nuestros días, Hollywood continúa produciendo películas de la misma catadura.

 

Pero, como dice el refrán, “las mentiras tienen patas cortas.” La investigación histórica moderna ha demostrado que muchas de las llamadas “verdades” que se cree ampliamente acerca de las acciones de la Inquisición fueron sólo mitos creados por sus enemigos.

 

Importante en este acto de revisión histórica fueron las obras de Henry A. Kamen, miembro de la Royal Historical Society del Reino Unido; Edward Peters, profesor emérito de la Universidad de Pennsylvania; Bartolomé Bennassar, profesor emérito de la Universidad de Toulouse, y muchos más.

 

En este breve artículo, el lector tendrá la oportunidad no solo de entender las causas de las calumnias contra la Santa Inquisición, sino también de aprender sobre algunas sus actividades desconocidas por la mayoría.

 

Defender y justificar la Santa Inquisición es exactamente lo contrario de lo Políticamente Correcto. Pero como no vamos para donde sopla el viento, me complace presentar la verdadera historia de esta institución del medioevo.

 

Incluso el mayor crítico de la Santa Inquisición, el historiador cuáquero estadounidense Henry C. Lea (1825 – 1909), se vio obligado a admitir que “el objetivo de la Santa Inquisición fue el mismo que el de la Civilización.” Inclusive los más fanáticos anticatólicos no niegan que la Santa Inquisición contrarrestó de manera efectiva:

 

         •         las creencias suicidas de los cátaros, que estaban en contra de dar a luz

 

         •         el vandalismo de los anabaptistas, que creían en la destrucción de todas las obras de arte

 

         •         las tendencias asesinas de Fra Dolcino, que quería matar a todos los pecadores

 

         •         los “Hermanos del Espíritu Libre”, que querían eliminar de todos los cargos públicos que no fuera “iluminado”

 

Todas estas victorias de la sensatez se debieron a la Santa Inquisición. Hoy en día, nadie sería tan demente de creer que Dios creó a algunos sólo para condenarlos eternamente. Pero eso fue durante siglos el dogma protestante, y causa de terribles guerras religiosas que desangraron Europa. Es debido a la Santa Inquisición, que España no fue tocada por ellas.

 

También debemos recordar que la famosa Universidad de Salamanca (una de las mejores y más antiguas de Europa), fue fundada por un Inquisidor, y que la discusión sobre los derechos de los indios americanos se llevó a cabo bajo la égida de la Santa Inquisición Española. En esto, podríamos incluso decir que la Santa Inquisición fue una de las fuentes de los actuales derechos humanos internacionales, propiamente entendidos.

 

Para comprender el desarrollo de la Inquisición española hay que entender la historia española. En 1492 el país acababa de terminar su Reconquista nacional, después de ocho siglos de ocupación de una gran parte de su territorio por los moros. Por lo tanto, tenía dos minorías nacionales muy potentes: una de las mayores comunidades judías en el mundo, y los musulmanes. El primer grupo había logrado concentrar en sus manos una gran parte del poder financiero, mientras que el segundo no ocultaba sus sueños de venganza.

 

“Marranos” y “moriscos” eran dos categorías intermedias de pseudo-cristianos, es decir judíos y musulmanes que se habían convertido al cristianismo sólo de nombre. Muchos de ellos habían logrado ocupar altos cargos en la jerarquía española, tanto seculares como eclesiásticos. Esta situación era sumamente peligrosa ya que llevaba a la sumisión de España a dos minorías hostiles, además de causar fricción y enfrentamientos intensos con los verdaderos cristianos, quienes veían que los pseudo-cristianos no sólo usaban sus redes para controlar puestos e instituciones, sino también sacaban ventaja económica de esto. La península estaba en peligro de una guerra civil.

 

La clase dirigente española creyó que era esencial intervenir para que ne cives ad arma veniant (los ciudadanos no tomaran las armas). Por lo tanto instituyó la Santa Inquisición, y con el fin de que fuera imparcial el primer Gran Inquisidor fue Tomás de Torquemada, un hombre de un origen “converso” (auténticos conversos al cristianismo). En el caso de la familia de Torquemada, la conversión había sido del judaísmo.

 

 

 

El objetivo principal de la Santa Inquisición era clarificar las cosas, haciendo declarar a los judíos que eran judíos y a los musulmanes que eran musulmanes. En otras palabras, nadie se metía con los judíos que permanecían como tales, y lo mismo para con los musulmanes. Mucho se ha escrito, dicho y supuesto sobre los métodos de tortura de la Santa Inquisición. No hay historiador, digno de ese título, que no reconozca el hecho de que la Santa Inquisición fue un tribunal moderado y justo, respetuoso de los procedimientos y honestamente interesado en la salvación de los culpables.

 

En cuanto a torturas, se utilizaron raramente, acompañadas de controles médicos, y sólo con el propósito de demostrar la culpabilidad. En cualquier caso, no eran demasiado duras para los estándares de la época. El acusado era levantado con cuerdas y se dejado caer -tres veces como máximo. Si podía soportar el dolor, el procedimiento se detenía allí.

 

Consideremos las cárceles de la Santa Inquisición en Roma. El historiador italiano Luigi Firpo menciona que había cambio de sábanas dos veces por semana, cerveza para los que no podían beber vino, salida de los prisioneros a ver a sus padres, para trabajar, y para atención médica. La frase “prisión permanente” en el lenguaje de los inquisidores significaba en realidad sólo tres años de cárcel.

 

¿Y en Francia? La Santa Inquisición se estableció también en el país galo. Esto se debió a la herejía de los cátaros, que había logrado controlar provincias enteras, e incluso tenía príncipes cátaros. Resumiendo, la verdadera razón de la existencia de la Santa Inquisición en Europa fue contrarrestar a los proto “trotskistas” de aquel entonces, es decir los movimientos gnósticos y pseudo-cristianos, que estaban aplicando, igual que ahora, su técnica favorita de subversión.

 

Antes de terminar, una pequeña mención al caso Galileo Galilei. La Iglesia católica apoyaba la teoría aristotélica/ptolemaica del movimiento de los cuerpos celestes centrada en la tierra, mientras Galileo creía en la teoría heliocéntrica de Copérnico. La Santa Inquisición, no llamó a Galileo para condenarlo, sino para pedirle que demostrara su teoría, y si lo hacía la iglesia lo aceptaría. Lo que ocurrió, y se mantuvo en silencio durante muchos años, fue que Galileo no pudo dar una prueba científica irrefutable. Este no es el lugar adecuado para explayarse sobre Galileo. Basta con leer lo que Arthur Koestler, él mismo judío y nada amigo de la Iglesia Católica, escribió sobre Galileo:

 

“…la teoría de las mareas de Galilei se basaba en un fraude involuntario. Pero no hay dudas que la teoría de las mareas de Galilei fue un esfuerzo deliberado por confundir y engañar… siempre hay académicos propensos a las manías y obsesiones y a falsear datos. Pero estafadores como Galilei son raros inclusive en los anales de la ciencia…” (Arthur Koestler, The Sleepwalkers, Nueva York, 1959).

 

¿Quieren saber la pena con que el tribunal de la Santa Inquisición castigó a Galilei? Cinco meses de detención en la torre de la Gran Duque de Toscana Francesco Niccolini y la recitación de algunos salmos religiosos. Finalmente hubo un “acuerdo” y los Salmos fueron recitados por su hija María Celeste. Más tarde Galilei desobedeció las órdenes de no difundir sus teorías no comprobadas, y entonces se vieron obligados a aislarlo en su villa, (conocido como “La Joya”) en la que vivía con todas las comodidades.

 

Otra gran mentira es la famosa frase que Galilei supuestamente pronunció después de su condena: “Sin embargo, se mueve”. Esta frase no fue dicha por él, sino inventada por Giussepe Baretti, que fabricó el incidente para un panfleto de propaganda anti- católica a consumir por el público británico en una antología publicada en Londres en 1757.

 

Pero alguien va a preguntar: ¿Acaso la Santa Inquisición no llegó a extremos? ¿Acaso no abusó de su poder? Por supuesto que sí, como es el caso en cualquier actividad humana, ya sea religiosa, política o militar. Las penas de muerte que la Santa Inquisición decretó (en realidad, la Santa Inquisición decidía si alguien era culpable o no, la pena de muerte era un problema del Estado y no de la Iglesia) se limitaron a delitos graves y fueron mucho más bajas en cantidad que las penas de muerte decretadas por los tribunales civiles del momento.

 

La historia debe ser juzgada al igual que los remedios. Un medicamento se evalúa sopesando sus capacidades curativas contra sus efectos secundarios negativos. Si juzgamos a la Santa Inquisición con la misma vara entonces tendremos que admitir que si su espíritu se hubiera mantenido en toda Europa de manera constante y durante más tiempo, entonces tal vez hoy no estaríamos viviendo en una verdadera era oscura e hipócrita.

 

Ioannis Auxentiou - Traducción de Enrique de Zwart - 2015-07-12

 

 

 

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La biblioteca del monasterio de Montserrat (1050ca.) - Desde la fundación del monasterio, en el siglo XI, hay constancia de la existencia de obras manuscritas y, desde el siglo XII, Montserrat pasa a tener su propio «scriptorium», muy activo en los siglos XIV y XV.
La inauguración de un taller tipográfico en Montserrat, promovido por el Abad Cisneros en el año 1499, favoreció la difusión cultural del monasterio.
Durante los siglos XVII y XVIII, La Biblioteca creció y diversificó sus fondos hasta llegar a reunir miles de obras en sus estanterías.
El momento más trágico de su historia se produjo durante las guerras napoleónicas, en 1811. El monasterio fue destruido y se perdió la mayor parte de su tesoro bibliográfico.
El fondo de la Biblioteca de Montserrat consta en total de 300.000 libros.

[Cerca de 300.000 volúmenes, 30.000 folletos, 400 incunables y2.000 manuscritos, entre los que destaca el texto catalán más antiguo conocido (de finales del s. XII). De todos los manuscritos destaca el Llibre vermell, que proviene de Scriptorium montserratino del s. XIV. Es una verdadera enciclopedia del Montserrat medieval dado su interés histórico (milagros, cofradía de Montserrat, iglésias de Roma ...), litúrgico (rituales, plegarias, calendario), doctrinal, geográfico, astronómico, teratológico e histórico-literario. Entre las cosas que lo hacen singular destaca la colección de cantos y bailes de los peregrinos del Santuario, dos en catalán y siete en latín].

Un Museo con obras de artistas como el Greco, Picasso o Dalí.

Y hasta tesoros del antiguo Egipto, entre los que destaca una momia. Montserrat es cultura. I.2007

 

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Lutero también escribía: “Los herejes deben ser condenados sin oírlos”… fue el cuerpo y la disposición a la terrible e intolerante inquisición protestante.

 

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Vivimos actualmente el proceso judicial de personas como Oriana Fallaci o Michel Houellebecq, por supuestos ataques al Islam. ¿Estamos asistiendo en Europa a un nuevo tipo de Inquisición democrática dictada por progres pro-islámicos, o qué está ocurriendo con el libre pensamiento característico en Europa? ¿Es que queremos un futuro pensamiento único.......islámico? 2005-07-05

 

No le quepa la menor duda de que esa inquisición existe. En ocasiones se viste de rosa, en otras del verde musulmán y en otras del rojo progre, o cambia de color según la ocasión. 

 

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Toulouse- Francia: 2005-11-05 - Al final de la tarde una turba de jóvenes  mahometanos incendian una biblioteca pública.

 

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1480 - Los Reyes Católicos promulgan la primera ley reguladora del libro impreso. Por ella queda libre del pago de todo tipo de tributos la introducción en España de libros extranjeros.

 

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«La Iglesia busca la verdad histórica para pedir perdón por los pecados de sus hijos». -Juan Pablo PP II, 15 de Junio 2004, al presentarse las «Actas del Simposio Internacional "La Inquisición".

 

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Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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Es incomprensible cómo se puede tergiversar el contenido de unas sentencias históricas, cercenándolas y entresacando frases de las mismas, cuando realmente se dice todo lo contrario. Entendemos que es por mucha mala fe, o sencillamente por falta de recto estudio, límpida dedicación y sin perspectiva histórica.

 

 

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Carta de San Pablo a los Efesios 2,19-22. – «Por lo tanto, ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu».

 

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La Iglesia Católica y con domicilio histórico sobre la tumba del apóstol Pedro en Roma, habiendo sido fundada por Jesucristo Nuestro Señor, inició su labor ‘católica, misionera y pastoral’ el día de Pentecostés. Durante los primeros siglos de su existencia, el cristianismo se extendió por todo el Imperio Romano, a pesar de las sangrientas persecuciones organizadas por el paganismo contra la nueva religión.

Esa es la época de los Padres de la Iglesia y de los mártires, cesando la persecución con el Edicto de Milán (313 d.C.) por el emperador Constantino. A partir de ahí, antes y después de la caída del Imperio Romano de Occidente,
la Iglesia Cristiana aumenta en número de fieles y en influencia sobre la sociedad.
Pero
hubo corrientes paralelas de pensamiento opuestas a las verdades de fe que la Iglesia había defendido y proclamado desde la era apostólica. Más peligrosas que el propio paganismo, por tener cierto tinte cristiano, capaz de atraer a los incautos, la Iglesia se vio en la necesidad de hacer frente a dichas corrientes, denominadas Herejías ,¿Cómo lo hizo?

Es lo que veremos enseguida. Una institución católica, llamada
la Santa Inquisición, asumió la función básica de combatir la herejía, por diversos métodos. Y algunos de esos métodos despiertan el total rechazo de los hombres modernos, muchos de los cuales han elaborado una serie de acusaciones (no todas ciertas) contra la Inquisición. Denostando y recordando a la Inquisición se pretende escandalizar a los fieles católicos actuales, con el único objetivo de generar en ellos rechazo a la Iglesia, y con ella, a su doctrina.

Dentro de la Apologética, se puede hablar de una Apologética Histórica. Ésta no consiste en citar la Biblia y la Tradición para defender doctrinas dogmáticas de la Iglesia, sino en revisar la Historia y poder entender qué ha hecho la Iglesia en siglos pasados, y por qué lo hizo.

 

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Inquisición significaba en la época medieval: búsqueda, pregunta, investigación...

 

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En casa estamos leyendo "Luces y sombras de la España imperial", de M. Fernández Álvarez, y nos hemos sorprendido de lo tarde que entró en España la Inquisición (cuando todo indicaba que era un invento castellano). Entonces, ¿quién, cómo, cuándo, dónde y por qué se inventa la Inquisición?

 

La primera ejecución por razones religiosas se dio ya muy avanzado el siglo IV, pero el sistema inquisitorial no surge hasta la plena Edad Media como una manera de combatir nuevas herejías en Francia. En España es tardía y no castellana, desde luego.

Don César VIDAL dr.en historia, y filosofía y teología, es abogado;2005-01-11 L.D.

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{… y todos los mártires de la Iglesia católica durante las persecuciones romanas…}

 

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La ponencia del eminente profesor Gustav Heningsen sobre la quema de brujas revela que la Inquisición quemó a 4 mujeres en Portugal, 59 en España y 36 en Italia. En esa época de locura, los tribunales civiles de Europa procesaron por brujería a más de 100.000 mujeres, de las que dieron muerte a más de 50.000. El cardenal Georges Cottier no excluyó que la Iglesia tenga que pedir perdón en el futuro por escándalos más recientes, y recordó que «la pena de muerte sólo fue abolida en Francia en 1976». Roger Etchegaray añadió que el Papa pone en práctica la declaración «Dignitatis humanae» del Vaticano II: «La verdad sólo puede imponerse por la fuerza misma de la verdad». 2004-06-15 Roma – Italia

 

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En Zimbabwe como en algunos países africanos, la persecución a las brujas por haber fracasado en sus pronósticos, maléficos consejos, falsas medicinas, etc. etc. se las condena -sin juicio previo- a la desaparición, sea por homicidio, envenenamiento, fuego, u otras formas.  2004. 

 

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El inquisidor se mete conmigo -dice Unamuno- y el mercader no se mete conmigo. El inquisidor es intolerante y el mercader es conmigo de la más exquisita tolerancia. Pero el inquisidor me toma en serio, me toma por algo importante, mi alma por algo inmortal y mi camino por un descamino; en tanto que el mercader no ve más que mi dinero. Los dos me son odiosos; pero prefiero la violencia amante del inquisidor a la cortesía interesada del comerciante.”

 

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Inquisición - “Criticar a la Iglesia actual con el viejo argumento de la Inquisición es igual que atacar a los indígenas de México por sacrificios humanos de hace más de 500 años.

En el caso de la Inquisición hay que decir que instituciones semejantes hubo tantas como religiones había. No sólo hubo una Inquisición católica. Además, para esas épocas, un ataque a la religión de un país -sea católica, luterana, anglicana o calvinista- suponía un acto de desestabilización del gobierno, como hoy pueden serlo el terrorismo o las guerrillas.

En cuanto a la Inquisición española, considerada la más terrible, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados (investigación de Heningsen y Contreras). En cambio, la Revolución Francesa, tan alabada hasta el día de hoy, en pocos días, llevó a la guillotina cifras muy superiores al período citado; además, por ejemplo, exterminó a prácticamente todos los habitantes de la región de la Vandeé y arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos de enorme valor cultural. Todo eso en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad.

Mi intención con esta carta no es exculpar a la Inquisición de nada y a modo de “empate” condenar la Revolución Francesa; sólo pongo algunos hechos sobre la mesa para hacer ver que fácil es lanzar frases fuera de contexto y condenar ciertas épocas e instituciones; y, al mismo tiempo, pasar por alto otros períodos más afines desde un punto de vista ideológico”.
Gonzalo Verbal Stockmeyer - Estudiante de Licenciatura en Historia
Universidad de los Andes. Chile - Lunes, abril 24, 2006

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“La Ilustración procuró entender y definir las normas morales fundamentales desde la afirmación de que tales normas serían válidas «etsi Deus non daretu» aun en el caso de que Dios no existiera... Llevar al extremo nuestro intento de comprender al hombre prescindiendo totalmente de Dios nos conduce cada vez más al borde del abismo, o sea, a prescindir completamente del hombre. Por tanto, tendremos que dar la vuelta al axioma de los ilustrados y afirmar que aun el que no logra encontrar el camino de la libre aceptación de Dios debería tratar de vivir y organizar su vida «veluti si Deus daretur», como si Dios existiera. Que ése es el consejo que da Pascal a su amigo agnóstico: empieza con la locura de la fe, y terminarás en el conocimiento”.

 

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Medioevo - Se podría decir que, en cierto modo, la Edad Media sí estaba sumida en la oscuridad; pero no porque fuese oscura en sí misma, sino por lo poco que de ella se sabía. Entre los siglos XVII y XIX comenzó una lenta pero progresiva valorización del Mundo Medieval, a medida que se publicaban grandes colecciones de fuentes y documentos (las Acta Sanctorum, la Monumenta Germaniae Historica, el Rerum Italicarum Scriptorum, el Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae, o las Patrología Griega y Latina, entre otras).
En los últimos años los estudios históricos de la época que cubre desde el siglo V al XV han hecho progresos notables; aplicando nuevas metodologías de estudio y recurriendo a ciencias auxiliares de la historia (arqueología y filología, entre otras), los estudiosos Marc Bloch, Henri Pirenne, Louis Halphen, Georges Duby, Régine Pernoud, Jacques Le Goff, por nombrar algunos, y, en nuestro país, los trabajos de Héctor Herrera Cajas- han develado ante nuestros ojos un mundo enteramente nuevo, donde no solamente comparecen hechos de carácter político, sino también de índole social o económica, un mundo lleno de matices, aproximándose a la vida cotidiana y a la mentalidad de la época.
Hoy podemos comprender los tiempos medievales como una rica etapa histórica durante la cual se formó nuestra Civilización Cristiana Occidental a partir de diversos aportes culturales del Mundo Antiguo, del judeo-cristianismo y, por cierto, del Mundo Bárbaro (germanos, esteparios, musulmanes, etc.).

El concepto de Edad Media según José Marín - domingo, mayo 07, 2006

Apologética Histórica

"Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio". Beatriz Comella.

 

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Ya en el andamio para la ejecución, Santo Tomás MORO le dijo a la gente allí congregada que el moría como "El buen servidor del rey, pero primero Dios" ("the King´s good servant-but God´s first"). Nos recuerda las palabras de Jesús: "Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios."  Fue decapitado el 6 de julio de 1535, por el poder [inquisición] protestante, Londres-Inglaterra..

 

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El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación. Surge una objeción ante la conexión indispensable entre el compromiso por la verdad y la paz: las diferentes convicciones sobre la verdad dan lugar a tensiones, a incomprensiones, a debates, tanto más fuertes cuanto más profundas, son las convicciones mismas. A lo largo de la historia, éstas también han dado lugar a violentas contraposiciones, a conflictos sociales y políticos, e incluso a guerras de religión. Esto es verdad, y no se puede negar; pero esto ha ocurrido siempre por una serie de causas concomitantes, que poco o nada tenían que ver con la verdad y la religión, y siempre porque se quiere sacar provecho de medios realmente irreconciliables con el puro compromiso por la verdad y con el respeto de la libertad requerido por la verdad. Por lo que concierne específicamente a la Iglesia católica, ella condena los graves errores cometidos en el pasado, tanto por parte de sus miembros como de sus instituciones, y no ha dudado en pedir perdón. Lo exige el compromiso por la verdad.

La petición de perdón y el don del perdón, igualmente debido - porque para todos vale la advertencia de Nuestro Señor: “¡el que esté sin pecado, que tire la primera piedra!” (cf. Jn 8,7) - son elementos indispensables para la paz. La memoria queda purificada, el corazón apaciguado, y se vuelve pura la mirada sobre lo que la verdad exige para desarrollar pensamientos de paz. No puedo dejar de recordar las iluminadoras palabras de Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” (01 enero 2002).

El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas. Es como una conclusión lógica de lo que he tratado de ilustrar hasta ahora. ¡Porque el hombre es capaz de verdad! Lo es tanto sobre los grandes problemas del ser, como sobre los grandes problemas del obrar: en la esfera individual y en las relaciones sociales, en el ámbito de un pueblo como de la humanidad entera. La paz, hacia la que debe y puede llevarla su compromiso, no es sólo el silencio de las armas; es, más bien, una paz que favorece la formación de nuevos dinamismos en las relaciones internacionales, dinamismos que a su vez se transforman en factores de conservación de la paz misma. Y sólo lo son si responden a la verdad del hombre y a su dignidad. Y por esto no se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad. Pienso ahora en las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre. Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra. Vienen también espontáneamente a mi mente las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados –en muchas partes del mundo– acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás? Mi pensamiento se dirige también a todos los que, por condiciones de vida indigna, se ven impulsados a emigrar lejos de su País y de sus seres queridos, con la esperanza de una vida más humana. Ni podemos olvidar tampoco la plaga del tráfico de personas, que es una vergüenza para nuestro tiempo. Lunes 9 de enero de 2006 – S.S. Benedicto P.P. XVI –

 

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Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

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«La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». (VIS, 8.I.2004)) S.S. Juan Pablo II.

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (S. S. Juan Pablo II – P.P.)

 

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Inquisición de izquierda-comunista-En el corto periodo que va del abril de 1931 a julio de 1936, cuando se inició el golpe de estado que dio lugar a la Guerra Civil, la República estuvo sembrada de arbitrariedades por parte de los gobernantes que la  promovieron: asesinatos políticos, insurrecciones, represalias brutales y un discurso continuado sobre la toma violenta del poder y la  proclamación de la dictadura del proletariado…

En buena medida esta masacre, una de las mayores de la historia moderna junto con las cometidas por los comunistas y la revolución mejicana, ayudan a explicar el alineamiento posterior de la Iglesia. Hasta 12 obispos fueron asesinados y otros miles de laicos católicos pasaron por el paredón o fueron “paseados” por el simple hecho de serlo. Más de 20.000 edificios religiosos fueron destruidos y con ellos se perdió un patrimonio artístico de un valor incalculable.

 

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Al estudiar la historia, se suele hacer desde los prejuicios de la mentalidad actual, cosa que esteriliza la  labor principal del historiador. No podemos dar a conocer unos hechos del pasado sin antes reflejar el imaginario colectivo de la época donde tuvieron lugar.

 

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Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.
Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!
Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete». ZS-2005-061001

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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"Sed maestros de la verdad, de la verdad que el Señor quiso confiarnos no para ocultarla o enterrarla, sino para proclamarla con humildad y coraje, para potenciarla, para defenderla cuando está amenazada." [S.S. Juan Pablo II]

 

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P: Inquisición, expulsión de los judíos de casi toda Europa, conversión forzosa o asesinato de millones de indígenas en América, negros en África o aborígenes en Australia, alianza con las monarquías absolutas primero, y con las dictaduras militares y fascistas después... realmente el cristianismo es una religión de paz y amor, ¿no cree?

 

R: La abolición de la esclavitud –herencia clásica– fue realizada por cristianos siglos antes de la revolución francesa; los judíos que huían del islam se refugiaron en países cristianos durante siglos y durante el Holocausto recibieron el apoyo y ayuda de muchos cristianos; el exterminio de indígenas fue condenado por cristianos de distintas confesiones desde De Las Casas a Penn... ¿no le parece a usted que peca de ignorancia y parcialidad? ¿No cree?

 

 

 

Dr. César VIDAL. historiador y filósofo - 2004.06

 

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La nueva inquisición ‘progre’ debe saber que en Grecia y Roma -mal que le pese al lobby gay- la homosexualidad estaba penada.

 

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Saber el origen de la expresión “colgar el sambenito” y si tiene algo que ver con el Papa Benedicto XVI. El nombre del Papa viene de San Benito, el fundador de la orden del mismo nombre (los benedictinos), realmente el patrono y fundador de Europa. El sambenito era una especie de capotillo (capa con caperuza), que la Inquisición ponía sobre los reos para provocar el ridículo. Semejaba al hábito de los benedictinos y más propiamente al traje típico de los sayagueses. Llevar o colgar el sambenito es hoy, por analogía, tener mala fama o descrédito por alguna mala acción, muchas veces simplemente presunta. 2005

 

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En 1184 se reunió en Verona un concilio, convocado y presidido por el Papa Lucio III, a fin de adoptar medidas para combatir la herejía, especialmente la albigense, que trataba de imponerse por la fuerza de las armas. El concilio acordó, entre otros extremos, que se reservara a la Santa Sede los juicios de herejía en los que conocería por medio de delegados y tribunales propios. Los obispos, instituidos en jueces y representantes del Papa, deberían fallar las causas de herejía, imponiendo únicamente penas canónicas, o entregando al reo, en caso de contumacia o reincidencia, al brazo secular. El edicto del Concilio de Verona no fue suficiente para detener el avance de la herejía, e Inocencio III reunió el IV Concilio de Letrán(1215), en el que se decidió la creación de jueces inquisidores especiales, encargados de descubrir y sancionar a los herejes. El primer inquisidor nombrado por el Pontífice fue Domingo de Guzmán, que estableció su tribunal en Tolosa(Francia) hacia 1216. En 1218 la Inquisición funcionaba ya en Alemania, Inglaterra, Italia y España, y se extendía a toda la cristiandad. En 1252 Inocencio IV confió los tribunales del Santo Oficio a los dominicos y franciscanos. Durante la Edad Media la Inquisición alcanzó gran preponderancia no sólo religiosa sino también política, sobre todo en Italia y España. La conducta de algunos inquisidores y su intromisión en las disputas temporales minaron su prestigio. En 1560 fue abolida en Francia. España la implantó en sus colonias en América, los reyes le otorgaron también la potestad civil, y con atribuciones cada vez más restringidas, funcionó hasta 1808, en que fue suprimida por Napoleón; no obstante, tornó a reestablecerse en 1814 y fue abolida definitivamente en 1834.

 

Tribunal eclesiástico establecido para inquirir y castigar los delitos contra la fe. Sus orígenes se encuentran en la persecución de las herejías populares del siglo XII. En 1231 el Papa Gregorio IX la organizó definitivamente, confiando su dirección a los dominicos. Antes de actuar, durante un mes («tiempo de gracia») se efectuaban predicaciones para provocar autodenuncias tras las cuales el arrepentido era perdonado; en caso contrario, se iniciaba el proceso condenándose a los no arrepentidos y a los relapos (reincidentes en la herejía) a diversas penas, hasta la máxima, de muerte en la hoguera. Lo esencial para los jueces era conseguir la confesión de los acusados, lo que condujo, a mediados del siglo XIII, a la utilización de la tortura. Fuera de España, dejó prácticamente de existir en el siglo XV. En España, por el contrario, fue potenciada por los Reyes Católicos, constituyéndose en Sevilla (1480). Abolida por las Cortes de Cádiz(1812), fue reestablecida por Fernando VII, antes de su definitiva extinción en 1834. En América, la Inquisición fue establecida por Felipe II en 1570, y tuvo tribunales en México, Lima y Cartagena de Indias. Sólo tenía jurisdicción sobre criollos y españoles y no sobre los indios.

 

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Los historiadores distinguen tres inquisiciones: la medieval, ejercida por los obispos locales, o por la Santa Sede con carácter puntual y esporádico (por ejemplo, la Cruzada contra los Albigenses); la española (y más tarde, por imitación, la portuguesa), creada a finales de 1400 por los Reyes Católicos con el beneplácito y bulas papales, con actuación restringida al territorio de la Corona española (y Portuguesa), o sea, también en América y en los territorios europeos (en particular italianos) dependientes de ella; y una tercera inquisición, la romana, la más moderna, fundada por el Papa Pablo III en 1542 e inspirada en el modelo centralista español, pero con ámbito teóricamente universal.

Y permanecen todas las otras ‘inquisiciones’ ejercidas por poderes - político como religioso - a ejemplo, la protestante, tan cruel en algunas zonas de Europa.. 

 

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Cómo fue la Inquisición

 

 

 

 

La Inquisición no fue un fenómeno exclusivamente español, a pesar de que es una impresión que a menudo encontramos a nivel popular.

Por Henry Kamen
Publicado en el nº 8 de la Revista Atlántida

¿La Inquisición significó realmente la condena de la libertad y el empleo de una crueldad indiscriminada con los "disidentes religiosos"? Una falsa y distorsionada imagen de este tribunal permanece aún en gran parte de la opinión pública. Ser "inquisitorial" ha llegado a ser sinónimo de intolerante y totalitario. Y sin embargo, esto no parece corresponderse con la verdad histórica. Pocos son los que se plantean un enfoque objetivo de la cuestión, sin apasionamientos, buscando el porqué del tribunal y las circunstancias que lo determinaron. Tal es la inspiración que anima el ensayo del profesor Kamen.

La Inquisición no fue un fenómeno exclusivamente español, a pesar de que es una impresión que a menudo encontramos a nivel popular. Si hojeamos las páginas de la cuantiosa bibliografía publicada en 1983 por Emil van der Vekene
Bibliotheca inquisitionis, podemos observar un listado de 4.808 obras que abarcan la historia de más de 500 años de toda la Europa Occidental, y solamente una parte de su material se refiere a España. Últimamente, se ha venido prestando excesiva atención a la Inquisición española, por ello sería beneficioso para nosotros procurarnos una mas amplia perspectiva y considerar todo el fenómeno de la Inquisición española en su contexto europeo. Así podremos entender uno de los acontecimientos cruciales en la historia de la civilización occidental. Quiero comenzar mi exposición con ciertas preguntas clave que quizás nos ayudarán a pensar en el fenómeno.

La realidad de la Inquisición

En primer lugar, ¿existió la Inquisición? Todos los estudios de Henry Charles Lea, Vacandard y otros hablan libremente de ésta como si fuera un cuerpo con forma y funciones claras. Estudios más reducidos, como el de Turberville, no dejan tampoco duda de que existió. Una "Inquisición" era, esencialmente, una
inquisitio o investigación, para determinar si existía alguna herejía. La fecha habitual que se da para la fundación de la Inquisición de la Edad Media es la de 1233, cuando Gregorio IX distribuyó poderes a los inquisidores dominicos para empezar sus funciones. Si observamos esto más de cerca advertiremos que los historiadores especializados son un poco más precavidos a la hora de dar fechas.

Aunque el papado continuó distribuyendo poderes, principalmente en Francia, Alemania e Italia, tales poderes eran puramente temporales y estrictamente locales; no habla una estructura organizadora que dictara funciones ni había reglas precisas. A pesar de que sobrevive un manual de inquisidores franceses del año 1248, no apareció ningún libro de reglas hasta el manual de Bernard Gui, un siglo más tarde, en 1324. En sentido real no había una Inquisición organizada hasta la española de 1480 y la romana de 1542. Aun entonces, su permanencia no era siempre deseada; parece que el tribunal de Castilla se consideraba temporal, lo cual podría ayudar a explicar por qué no tenía una fuente de ingresos regular y tenía que confiar completamente en las confiscaciones. En resumen, ningún tribunal de la Inquisición puede ser discutido sin tener en cuenta el contexto local que es el que lo desencadena.

La cuestión temporal

Una segunda cuestión fundamental, para la cual no hay una respuesta sencilla, es ésta: ¿Por qué había Inquisiciones en algunos periodos y en otros no? Este problema del tiempo es, quizás, el más interesante de todos. Es importante determinar por qué a lo largo de la historia de la Iglesia no hubo Inquisición hasta el siglo XIII. H. C. Lea, cuyos volúmenes están dominados por el énfasis sobre la importancia de los sistemas legales como una explicación del pasado, afirma que el aumento del estudio del derecho romano desde el siglo XII condujo a un mayor uso de los procedimientos legales y como consecuencia produjo un aumento de las persecuciones. Lea establece de esta manera que fue el aumento de la herejía lo que provocó la persecución. ¿Acaso antes del siglo XIII no hubo herejías? ¿Es que sólo desde el siglo XIII hubo una persecución seria de la herejía? La clave de la respuesta —que ha sido examinada por varios estudiosos, principalmente Jacques Le Goff, Kieckhefer, y Moore— parece estar en que había dos rasgos completamente nuevos que distinguían la represión del siglo XIII de otras persecuciones anteriores:

1) Las autoridades seculares (principalmente las de Alemania y Francia) habían entrado por primera vez en los asuntos religiosos, y consideraban una forma de herejía el catarismo y el valdesianismo, por ser socialmente subversivos;

2) Por primera vez se introdujo la pena de muerte como castigo regular para los casos de herejía.

Asi podemos afirmar categóricamente que, aunque la herejía era conocida y castigada desde bastante tiempo atrás, no existía antes del siglo XIII como ofensa religiosa y social y, por tanto, no había petición de investigación —esto es,
Inquisitio— de la ofensa antes de este momento. Sólo con la determinación de la ofensa como tal se exigió el castigo.

Diferencias nacionales

Esto nos conduce a la tercera pregunta: ¿Por qué algunos países tenían Inquisición y otros no? ¿Por qué la Inquisición estuvo reducida a la Europa del sur, centro y oeste, mientras que la Europa del norte y del este no la conocieron? Quizás hay dos maneras de formular la respuesta. En primer lugar, las Inquisiciones de la Iglesia Católica medieval no eran tanto instituciones como comisiones papales, de modo que la jurisdicción del tribunal coincidí por completo con los limites de la autoridad papal; esto explicaría por qué en la Europa del este, donde se detectaban también herejías, no había Inquisiciones. En consecuencia, la Inquisición sólo tuvo arraigo en aquellos lugares en los que el papado tenía una cooperación estrecha con el poder secular, como en el asunto de los cátaros del sur de Francia. En segundo lugar, las Inquisiciones utilizaban un sistema legal completamente nuevo que era una adaptación de los principios del derecho romano. Éste no podía ser introducido en países como Inglaterra donde el derecho romano no se conocía. Sirva como ejemplo un caso de la Inglaterra del siglo XIV donde los inquisidores, en un juicio frente a la Orden de los Templarios, no pudieron hacer uso del procedimiento de la tortura, porque en las leyes inglesas la tortura no existía. Estas dos explicaciones también nos ayudan a resolver un problema afín: por qué la Inquisición era aceptada en la Corona de Aragón medieval y no en Castilla.

Hostilidad hacia la Inquisición

Un cuarto punto que hallamos en todos los países estudiados es el alto grado de oposición a la Inquisición. ¿Por qué sentir hostilidad hacia la Inquisición, cuando la Inquisición simplemente dirigía su trabajo a la peligrosa pero ínfima minoría de herejes? De hecho, hubo aspectos nuevos de su procedimiento legal que fueron criticados en la Francia del siglo XIII y en la Castilla del siglo XV. Enumeremos algunas de estas innovaciones:

1) El uso de la pena de muerte por el delito de herejía; una novedad a la que muchos se resistían. En Inglaterra, por ejemplo, la pena de muerte por herejía no existió hasta el estatuto
De heretico comburendo de 1400, estatuto que un siglo más tarde fue revocado por el rey Enrique VIII en 1533 y reintroducido por María Tudor en 1553. No es necesario recordarles que cuando la Inquisición introdujo en Castilla la pena de muerte, el secretario real Hernando del Pulgar comentó: "los Inquisidores no harán tan buenos cristianos con su fuego como los obispos antiguos hicieron con su agua". Tradicionalmente los historiadores católicos solían negar cualquier responsabilidad de la Iglesia respecto a la pena de muerte, ya que las autoridades seculares habían sido siempre las encargadas de llevarla a cabo. Hoy en día, nadie se arriesga a mantener este argumento, puesto que es evidente que la Iglesia creó el castigo, aun cuando no lo administrase.

2) Al principiar la Edad Media, el uso de la tortura fue, durante mucho tiempo, desconocido. Sólo a principios del siglo XIII los tribunales seculares empezaron a hacer uso de ella. En 1252 Inocencio IV autorizó, por primera vez, el uso de la tortura en las
inquisitiones, en casos de herejía. Normalmente había sido usada como castigo para confirmar una información. Pero para los inquisidores adquirió un nuevo significado: se usaba como medio de asegurar el arrepentimiento, esto es, era una penitencia más que un castigo.

3) La identidad de los testigos se mantenía en secreto, práctica que contravenía el sistema legal. En realidad, todo el sistema testimonial se alteró. A partir del conflicto con los cátaros, los inquisidores comprendieron que era necesario crear nuevos métodos de interrogación. Las personas acusadas tendrían que denunciarse a si mismas. Una práctica inaceptable en la mayoría de los sistemas legales de Europa.

4) Se pusieron restricciones a una posible defensa y, a menudo, no se permitía un abogado defensor.

5) La humillación del castigo de la vergüenza pública, como por ejemplo, la obligación de llevar vestiduras especiales (San Benito), fue muy impopular, pues significaba un descrédito para la comunidad entera.

Los inquisidores reconocían la novedad de todo esto, y muchos de ellos fueron asesinados a causa de sus actividades. Pero debemos recordar una diferencia básica entre el sistema inquisitorial y el resto de los sistemas legales: los inquisidores no pretendían ser un tribunal de justicia ni ejercer justicia; eran simplemente un cuerpo penitenciario y su propósito —aparte de la
inquisitio—no era el de castigar, sino el de salvar, aun cuando la salvación significara la muerte. Lo que hemos apuntado sobre el uso de la tortura puede ser aplicado a todo el sistema: éste era penitencial y no punitivo.

Ampliando estas observaciones, podemos afirmar —como dice Lea muy claramente en sus estudios— que la Inquisición no intentaba en absoluto administrar justicia. Su procedimiento se hizo absolutamente necesario a los ojos de la Iglesia porque la justicia ordinaria no estaba preparada para tratar con los problemas especiales de la herejía. Como consecuencia de esto, se invirtieron todas las reglas normales. En el siglo IX el papa Nicolás I había condenado el uso de la tortura porque violaba las leyes divinas y humanas; en el siglo XIII, en cambio, el papa Inocencio IV convertía la tortura en un procedimiento contra los herejes.

 

 

¿Un fenómeno aislado?

Habiendo considerado cuatro aspectos centrales del papel de la Inquisición, déjenme pasar a considerar una perspectiva más general.

Hubo un control ideológico en toda Europa que no se limitaba sólo a la Inquisición romana. Christopher Hill nos recuerda que, aunque Inglaterra no tuvo Inquisición, tuvo un sistema de control, especialmente bajo el reinado de Carlos I, que sus oponentes consideraban como una Inquisición. En Inglaterra, como en todos los países, los tribunales episcopales eran el principal mecanismo para la persecución de la herejía; y podemos considerar su trabajo como inquisitorial.

Inevitablemente, los obispos ejercieron de inquisidores. El caso más interesante, que Emmanuel Le Roy Ladurie quiso discutir sin conseguirlo, concernía a la diócesis de Pamiers donde, en el periodo comprendido entre 1318 y 1325, el obispo Jacques Forunier dirigía largas sesiones de investigación sobre los campesinos cátaros en el Ariege.

Tanto si miramos hacia Inglaterra, Francia o hacia otro país cualquiera, con o sin Inquisición, el problema es el mismo: la colaboración entre la Iglesia y el Estado para controlar las ideas sociales subversivas. No estamos considerando los problemas religiosos como tales, sino un problema socio-político en el cual la Iglesia jugaba un papel crucial.

El alcance social de la herejía

Veamos el uso de la palabra "herejía". Es una palabra antigua cuyo significado original griego quería decir "opinión". Fue usada ampliamente por los escritores católicos medievales para describir a los componentes de un partido opuesto, como los arrianos. No adquirió un significado especial hasta el siglo XIII, cuando el catalán Ramón de Penyafort dio quizás una definición más especifica de la palabra en el Concilio de Tarragona el año de 1242. En el mismo periodo, comenzó la legislación secular del emperador Federico II contra la herejía en Alemania (1230). La palabra "herejía", como se observa en los escritores del siglo XIII, no se limitaba a las ideas, sino que en realidad cubrÍa toda una cadena de implicaciones sociales. Desde el siglo XIII hasta el siglo XX las Inquisiciones se ocupaban no tan sólo de las divergencias en las creencias, sino también del significado social y repercusión de estas creencias.

Cualquiera que lea el
Montaillou de Ladurie se dará cuenta de que el problema no era otro que el conflicto entre dos tipos de sociedad bastante diferentes. Por un lado existía una sociedad que se identificaba con las aspiraciones de la Iglesia oficial; por otro, había una sociedad que difería muy poco en cuanto al dogma, pero con aspiraciones que descansaban en otros valores sociales. Esto se puede decir de los cátaros en el Languedoc, de los puritanos en Inglaterra y de los judíos conversos en Castilla. Es la diferencia que más tarde el erudito alemán Troeltsch formuló como estar entre una "iglesia" y una "secta".

Puede decirse que si las autoridades ayudaban a la Inquisición era porque les ofrecía un medio de control social. Sin embargo, el problema está en definir los objetivos y las funciones de este tribunal de la Iglesia, puesto que los tribunales variaban completamente de un país a otro y de una provincia a otra, dependiendo de las condiciones locales. En otras palabras, la función del tribunal no era siempre de sangre y represión. Esto nos sitúa frente al primer gran obstáculo de la historia del fenómeno: su imagen. Todos los estudiosos que han abordado la cuestión saben lo difícil que es cambiar la imagen con la que empezaron su investigación. Por ello quiero decir algunas palabras sobre la imagen de la Inquisición tomando como orientación el reciente libro del historiador americano Edward Peters.

Imagen, leyenda y mito

La Inquisición, nos recuerda Peters, adquirió una imagen constituida por un grupo de leyendas y mitos. Entre los siglos XVI y XVIII se definió el carácter de los tribunales inquisitoriales impidiendo cualquier esfuerzo por recobrar su realidad histórica. Hubo al menos tres factores que ayudaron a crear esta imagen mítica y antihistórica:

1) La Iglesia, al perseguir a los protestantes, provocó una reacción. En Inglaterra los protestantes acusaron al arzobispo Laud de mantener una Inquisición, pues sus tribunales especiales usaban la tortura y obligaban a los testigos a denunciarse a si mismos.

2) El siglo XVI generó una visión protestante de la historia, que identificó las Inquisiciones contemporáneas con los tribunales del pasado medieval, y ambos como parte de una política constante de persecución. En la historiografía protestante, todo el pasado histórico de la Europa católica queda reflejado como una gran Inquisición.

3) Los historiadores asociaron el poderío de España del siglo XVI con la Inquisición española, propagando una imagen en la que ésta era parte natural de la política católica. Este hecho jugó un papel crucial en la rebelión de los Países Bajos.

Esta falsa imagen creó una Inquisición que nunca existió en el tiempo: una Inquisición presente desde la Edad Media en todos los países católicos, dedicada a la destrucción de la libertad. Al comienzo del reinado de María Tudor en 1553, apareció un libro con el titulo
A new Inquisition in the kingdom of England (Una Nueva Inquisición en el Reino de Inglaterra). Y sin embargo, en Inglaterra no existía la Inquisición como tal. En los Países Bajos, cuando surgieron las primeras protestas contra la política de Felipe II, una de las acusaciones más fuertes y falsas contra el rey fue la de que éste estaba intentando introducir en aquellos países la Inquisición española. Como ustedes saben, uno de los trabajos de mayor importancia de este periodo y en el contexto de la revuelta de los Países Bajos fue la obra de Reginaldus Consalvius Montanus, publicada en Heidelberg en 1567 e inmediatamente traducida a varios idiomas. Hoy se conoce a Montamus como Antonio del Corro, uno de los monjes que huyó del monasterio de San Isidoro de Sevilla. El aspecto que me interesa de la obra de Montanus es su crítica a la Inquisición exclusivamente desde la perspectiva de la Reforma protestante. Decía de aquélla que era un monstruo de tiranía y persecución. A Montanus no parecía importarle y, ciertamente ni siquiera lo mencionó, el gran crimen que la Inquisición cometió al eliminar a cientos de miles de judíos conversos. Su enfoque, deliberadamente distorsionado, era el más frecuente entre los que se propagaron sobre la historia de la Inquisición. Montanus ignoró el gran horror del tribunal contra los conversos y prefirió centrarse en lo que fue ciertamente la menos importante de las áreas en donde el Santo Oficio intervino: la supresión del protestantismo.

 

 

 

Control ideológico

Esta misma falta de enfoque ha sido uno de los grandes problemas en el estudio de las Inquisiciones de Europa, y muchos historiadores han contemplado sólo una perspectiva ignorando otras. Recientemente asistí a un congreso internacional sobre la Inquisición donde los participantes parecían pensar que los únicos que sufrieron bajo el tribunal fueron los judíos. Otros historiadores han pensado, creo que equivocadamente, que la Inquisición estaba dedicada a eliminar ideas, como si éstas pudieran existir al margen de la sociedad que las crea. ¿Podemos afirmar, como un historiador contemporáneo, que la Inquisición española ejerció "control de pensamiento" sobre los españoles?

Veamos esta cuestión, ya que la crítica más convincente que se puede hacer contra las tiranías del siglo XX es que han intentado manipular la mente. ¿Se puede mantener que el modo de pensar fuera también controlado?

El problema no tiene una solución fácil. Ningún inquisidor, ya fuera en Francia, Alemania o Roma o aun en Valladolid, afirmó nunca que tratara de controlar el pensamiento. Censurar, quizás; educar, desde luego. El hecho es que no había ningún cuerpo eclesiástico en ningún país que tuviera la maquinaria para intentar imponer un control de pensamiento. Ciertamente, el método menos probable de control de pensamiento era el de la palabra impresa, ya que en la sociedad preindustrial el 90% de la población no sabía leer. Por ello no sorprende que en Inglaterra, por ejemplo, los intentos de control se hicieran a través del púlpito y que sólo a los clérigos con licencia se les permitiera predicar. Un motivo más para protestar contra el sistema del arzobispo Laud. El sistema de las licencias fue en extremo difícil de imponer en los países católicos; en la práctica había mucha más libertad de predicar en la España del siglo XVII que en la Inglaterra del mismo siglo. Así pues, es difícil ver dónde estuvo amenazada la libertad de pensamiento. En cuanto a la facilidad para expresar ideas abiertamente, mi opinión es que España fue uno de los países más libres de Europa en este aspecto. Cuando las leyes de la censura se introdujeron en los países de Occidente, uno de los últimos territorios en ponerlas en vigor fue Castilla, desde 1558, y en la Corona de Aragón no hubo control estatal sobre la prensa hasta finales del siglo XVI.

Hay toda una confusión de criterios sobre la cuestión de la censura y de la Inquisición, que, como ya he dicho, se produce a causa de un fallo de enfoque. El punto de vista que compartÍan los pensadores de la Ilustración francesa era que las Inquisiciones estaban destinadas a reprimir las ideas. Los ilustrados, y principalmente Montesquieu y Voltaire, partiendo de una falta de información, crearon el mito de una Inquisición encasillada en la Edad Media, dirigida por el papado y dedicada al exterminio de la libertad. Se prestó poca o casi ninguna atención al contexto histórico y es significativo que al hablar de España apenas se hiciera mención de los judíos. En realidad, las Inquisiciones estaban destinadas, no a reprimir, sino a corregir. La famosa Inquisición estatal de la Francia de los Valois, la Cámara Ardiente que se estableció en 1547, tenía un limitado y especifico propósito; y lo mismo se podría decir de la Inquisición española. En cada caso y en cada país la capacidad del tribunal para controlar dependía entera y exclusivamente del poder secular. Nunca hubo un sistema de control puramente eclesiástico. Todos los sistemas estaban dictados por los señores seculares, los reyes y las instituciones.

Al decir esto, nos acercamos a una de las consideraciones esenciales para el estudio de la Inquisición: la necesidad de mirar a la sociedad en la que fue creada. El tribunal debía su existencia o no existencia exclusivamente al equilibrio de intereses sociales y políticos. Cuando Lea escribió su historia, tomó como guía el desarrollo de la jurisprudencia y concluyó que el nacimiento de la Inquisición se debía al desarrollo de la misma. Es verdad que la jurisprudencia era un elemento esencial, pero viéndolo en perspectiva parece obvio que la jurisprudencia dependía de quien controlaba los tribunales. La Inquisición papal pudo intervenir porque era un cuerpo externo que no parecía amenazar a los intereses locales: Carlos V, por ejemplo, pudo introducirla en los Países Bajos en 1520 precisamente por esto. En cambio, la Inquisición española nunca hubiera sido aceptada allí (como Felipe II comprobó) porque representaba el poder real. De la misma manera la Inquisición era más débil allí donde su jurisdicción era impugnada por otros tribunales: por ejemplo, en Cataluña, donde tanto el tribunal real —la Audiencia— como las jurisdicciones locales se negaron a aceptar muchas de sus peticiones. No sorprende que en Inglaterra las luchas entre el régimen de Laud y las pretensiones del Parlamento se vieran a menudo como un lucha entre jurisdicciones.

Lo más sobresaliente

Vamos ahora a resumir el contexto general en el cual nacen las Inquisiciones, así como las funciones que realizaban.

1) La Iglesia Católica hacia tiempo que veía la necesidad de reprimir la herejía; sin embargo, nunca había tenido la capacidad para hacerlo y, en cualquier caso, no tenía una idea clara de lo que la herejía significaba. No existió una idea clara de herejía en la Iglesia de Occidente hasta el siglo XIII y en Castilla hasta 1460. Por tanto, podría ser engañoso decir que la represión apareció como consecuencia de la herejía. El mejor ejemplo es la Inquisición de Castilla, introducida en fecha tan tardía como 1480, cuando el problema de los judíos conversos había estado presente al menos desde la conversión en masa de 1391. Sin embargo, ningún tribunal eclesiástico había intentado sistemáticamente identificar ninguna herejía.

2) El temor a la herejía era siempre local y relacionado con la estructura de la sociedad y la política locales. Por ejemplo, el problema de los cátaros era un problema social y local; en España la cuestión de judaizar sólo apareció como un verdadero asunto susceptible de ser tratado por la Inquisición después de los conflictos sociales de Toledo en 1440. Las autoridades foráneas (por ejemplo, el Papado), sólo intervenían por invitación. Aun cuando el Papado intervenía, como en el caso de los nombramientos de los inquisidores de Alemania y Francia, no había Inquisición, sino inquisidores; su deber era sólo investigar y corregir, y sus poderes eran siempre locales y temporales. En resumen, la iniciativa no era esencialmente eclesiástica, sino más bien local.

3) Los tribunales de represión (uso este término para poder incluir los tribunales de los Estuardos y también la Cámara Ardiente), se instituían según el deseo de las autoridades seculares. Esto es así aun hablando de la Inquisición de Roma, ya que el Papado era un poder secular y religioso a la vez. Si el poder secular no tenía una intervención directa en la introducción del tribunal (como en el caso de la Inquisición de Venecia), entonces intentaba ganar control o reducir el poder del tribunal. Los tribunales de represión, tales como los comités locales que controlaban las iglesias calvinistas, estaban destinados ante todo a disciplinar más que a eliminar la herejía directamente.

4) El procedimiento inquisitorial estaba limitado al Sur de Europa porque allí se usaron y adaptaron las formas del derecho romano. Más allá del Sur de Europa donde se extendió el procedimiento inquisitorial, las formas de la ley tenían que ser modificadas y esto provocó la oposición de la elite, como ocurrió en la Inquisición española en 1480 y en la de los Países Bajos en 1520.

5) Dos aspectos clave del procedimiento criminal de la Inquisición —el uso de la tortura y la pena de muerte— eran completamente nuevos y por lo tanto provocaban una fuerte oposición. El uso de la tortura (que, en realidad, parece que se aplicaba raras veces) capturó la imaginación de los escritores populares tardíos y a ellos debemos algunas de las más imaginativas páginas de la ficción romántica que se produjeron durante el siglo XVIII y XIX. Es instructivo recordar la novedad de la pena de muerte, que a voces creemos pacíficamente aceptada. Por el contrario, en Castilla en los años de 1480, habla fuertes objeciones a su empleo (tenemos las bien conocidas quejas del secretario de la reina Hernando del Pulgar) y lo mismo sucedía en los Países Bajos en 1520. Quizás podemos repetir lo que todos los críticos de la persecución han repetido desde el siglo XVI: que las Inquisiciones, directa o indirectamente, eran cuerpos sanguinarios que ejecutaban a miles de personas en nombre de Cristo, con el convencimiento de que matando el cuerpo salvaban el alma.

A pesar de esto, no debemos exagerar el significado de la tortura o de la pena de muerte. Salvo algunas excepciones importantes, la tortura se empleaba poco, y las cifras por muertes inquisitoriales han sido consistentemente exageradas.

6) Con la notable excepción de la Inquisición romana de 1542, que era un cuerpo general con un propósito general, la mayoría de las Inquisiciones se introdujeron, no para tratar con las ideas peligrosas, sino con las consecuencias sociales de la herejía. En el siglo XIII los inquisidores eran enviados contra sectas (valdenses, cátaros) cuya estructura y relaciones sociales diferían del resto de la sociedad. Por el mismo motivo, el tribunal español tenía propósitos específicamente antisemíticos; y en los Países Bajos el objetivo principal eran los anabaptistas, quienes desafiaban la estructura normal de la autoridad. La Inquisición era específicamente un instrumento de control social más que de control teológico y aun secciones de la Inquisición romana —en especial la de Venecia—pasaban la mayor parte de su tiempo persiguiendo judíos más que erradicando ideas equivocadas

7) Aunque es corriente decir que la persecución no tuvo éxito, es preciso tener en cuenta los siguientes hechos: el catarismo, concienzudamente perseguido, fue virtualmente extirpado; los conversos judaizantes fueron exterminados hasta tal punto que hacia principios del siglo XVI se admitía en general en España que la ofensa prácticamente había desaparecido (un proceso al que ayudó la expulsión de 1492); el holocausto de los anabaptistas en los Países Bajos los eliminó como secta religiosa importante.

En Inglaterra la persecución sectaria llevó a miles de personas a arriesgar sus vidas buscando la libertad en América. Por ejemplo, la secta de los menonitas, hoy una rica y floreciente comunidad del Nuevo Mundo. Por lo tanto, no podemos decir que las Inquisiciones fueron un fracaso. Fueron evidentemente un éxito. Tampoco podemos decir que las ideas perseguidas sobreviven: la historia del catarismo demuestra precisamente todo lo contrario.

8) En la Europa histórica es normal culpar al Papado y a la Iglesia Católica de la persecución; pero en realidad cada país y cada ideología tenían alguna forma de disciplina que puede ser calificada de Inquisición. Cuando, a mitad del siglo XVI, Juan Calvino permitió la ejecución de Miguel Servet en Ginebra, los comentaristas no tardaron en señalar que los calvinistas, igual que los católicos, tenían también su propia Inquisición. El irresoluble problema de mantener la libertad sin perder la disciplina es una cuestión ineludible y las respuestas al problema fueron sustancialmente diferentes en cada país.

 

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Junio 2004 - La obra recoge el pensamiento de más de 50 eminentes intelectuales del mundo –algunos ni siquiera ligados directamente al mundo del catolicismo - que, tras reunirse a debatir sobre la Inquisición en un simposio llevado a cabo en 1998 en la Ciudad del Vaticano, llegaron a la conclusión de que la historia oficial nos muestra unos tribunales eclesiásticos mucho más despiadados y agresivos de lo que en realidad fueron. «Durante el siglo XVI, a causa de rumores arrojados desde los círculos protestantes, se difundió en toda Europa la falsa creencia de que los tribunales de la Inquisición fueron despiadados»

 

La documentación apodíctica aportada refleja que, de un total de 100.000 procesos, más de la mitad de los acusados fueron absueltos y perdonados, quedando en libertad. Muchos de ellos, sin embargo, fueron posteriormente condenados por tribunales civiles. En España, uno de los países donde más activamente trabajó la Inquisición, de las cerca de 125.000 acusadas de brujería, un total de 59 fueron ajusticiadas. En Italia, país notablemente más poblado, el número baja hasta 36; mientras que en Portugal se reduce hasta cuatro.

 

 

   El libro hace añicos algunos de los grandes tópicos que pesan sobre la historia de la Inquisición. Así, los autores sostienen que no es cierto que la mayoría de los acusados acabasen en la hoguera, como tampoco lo es el que la mayoría de las acusaciones estuviesen basadas en declaraciones obtenidas sometiendo a los prisioneros a la tortura. Los autores de «Inquisición» coinciden en señalar que, en contra de lo que se suele pensar, la mayor parte de las condenas consistían en peregrinaciones, rezos, plegarias u otras penitencias espirituales. Otra de las grandes novedades historiográficas es el intento de explicar el fenómeno inquisitorial contextualizándolo en su época. Así, aclaran, antes de emitir un juicio moral hay que entender cosas como que durante toda la Edad Media la tortura y la pena de muerte eran prácticas habituales. 2004-06-15 Roma – Italia

 

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Las inquisición post-moderna

 

 

 

Antonio OROZCO

 

Hace algún tiempo abrigaba el deseo de escribir dos palabras sobre una rara -pero frecuente- especie de inquisidores. Me animan ahora a realizarlo unas declaraciones de Christian Chabanis, prolífico escritor francés, Gran Premio católico de Literatura 1985.

Se le plantea al escritor galo la vieja cuestión sobre la posibilidad de una moral sin Dios, así como el reto de un mundo donde el sentido moral parece haberse esfumado. Chabanis reconoce que sin referencia a Dios es imposible mantener el verdadero sentido moral. Pero advierte que -pese a las apariencias- no es exacto decir que "hoy no hay moral".

Al contrario, hay -dice- una moral terrible, violenta, implacable. Una moral que condena, por ejemplo, la virginidad y la castidad en general; proscribe a una mujer que en situación difícil conserva a su hijo negándose a abortar; ridiculiza a una madre de familia de más de dos o tres hijos, etcétera.

Ciertamente, siempre han existido inquisidores (en el sentido inculto del término). Pero hoy prolifera una especie que cabría denominar posmoderna, cuya peculiaridad consiste en que es inquisidora y permisiva a la vez.

El inquisidor posmoderno presume de liberal y tolerante. Todo lo permite, en teoría. De paso justifica siempre -si es preciso- su conducta, que él imagina independiente de toda norma y autoridad. El inquisidor posmoderno tiene algo que sería positivo: valora la independencia. Pero en su modo plano de ver y vivir, se le esfuma la libertad que idolatra.

Obviamente, no es lo mismo libertad que independencia. Baste considerar que -en el orden del ser- la libertad existe, y la independencia no. El hombre es criatura, y no podría dejar de serlo, a no ser retornando a la nada (cosa también imposible sin Dios). La dependencia respecto al Creador es una relación, afortunadamente, indestructible. Y por eso, la vida humana tiene una dimensión esencial, sin la cual no podría existir: la dimensión moral, que resulta de la relación de mi conducta presente con el fin final y eterno que me aguarda.

En mi opinión, el principio supremo del permisivismo, "haz lo que te plazca", tiene un porvenir cada día más oscuro y precario: el permisivista ya no puede escapar de la férrea ley consumista que él mismo teje. El permisivismo es negación de libertad, porque libertad significa ante todo dominio, señorío de sí, y permisivismo supone abandono, sometimiento de la razón a lo irracional y de la voluntad libre a la pasión sin norma y sin cauce.

"Yo hago lo que me gusta, tú haz lo que te guste". Quizás fuera hermoso, pero es inviable, porque: ¿qué podría hacer yo con tus gustos si a mí no me gustasen?. La cuestión se agudiza si me gusta que no me gusten tus gustos (cosa muy probable).

Si admito tus gustos que no me gustan, me niego a mí mismo: no hago lo que me gusta. Y si no los admito, también: niego mis principios permisivos.

¿Podríamos llegar a un término medio? ¿Tú respetarás mis gustos si no resultan de tu agrado? ¿Incluso si se muestran incompatibles?. ¿Qué haremos, judíos y cristianos, si aparece otro Hitler con sus peculiares gustos: lo que le gusta o lo que nos gusta?

Lo que de hecho suele ocurrir es que el pertinaz relativista subjetivo intenta arrollar de un modo u otro a quienes pacíficamente, pero con una conducta más racional y coherente, ponen de manifiesto la incongruencia, la tiranía, la proclividad totalitaria de un permisivismo militante, tanto más aguda cuanto más alta es la esfera de poder en que se instala.

Suele acontecer entonces, que se inculca por todos los medios útiles - lícitos e ilícitos- el caos en las relaciones sexuales y el ateísmo en el campo de la religión. Una y otra vez se demuestra que con frecuencia es verdadero lo que asevera el refrán: "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces".

Convendría al posmoderno inquisidor caer en la cuenta de que la norma justa no es negación de libertad, sino cauce que la hace posible, como las orillas no niegan el río: lo afirman e impiden que se transforme en charca inmunda o pantano pestilente.

¿Alguien llega blasonando "tolerancia"?. Por de pronto, ¡huyamos!: es muy posible que se trate de un inquisidor posmoderno!

 

 

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La triste sombra de la Inquisición

 

 

 

 

Fundamentalismos enmascarados.

José Manuel Otero Novas.

Ed. Ariel 2001. pp. 336-347.

El discurso anterior, acreditativo del esencial antifundamentalismo de la filosofía cristiana, siempre se ve lastrado por el recuerdo de tantas y tantas actuaciones de los cristianos en sentido contrario, y concretamente, dado lo mucho que ha calado en la cono ciencia universal, por la memoria de la Inquisición, y singularmente de la Inquisición española, que parece ser la más conocida y en todo caso la más vituperada.

Nadie, y menos que nadie un cristiano, podrá justificar nunca el fundamentalismo de la Inquisición. Me es igual que el número de ajusticiados haya sido más alto o más bajo. Incluso, a estos efectos del necesario repudio, me sería indiferente que nunca hubiera llegado a promover la muerte de nadie. Me bastaría con que hubieran obligado a comparecer en su presencia a un solo hombre, para hurgar en sus creencias religiosas y censurar coactivamente sus ideas, para reputarla incompatible con los principios cristianos.

Razón por la cual el cristiano debe pedir sinceramente perdón por esos comportamientos de la Inquisición, "fanáticos" y "terribles" en expresiones del escritor católico Joseph Lortz.

Aunque una vez señalada con toda nitidez esa posición condenatoria, no es preciso dar necesariamente por buenas y correctas todas las acusaciones que se hacen a la Inquisición. Por pura higiene mental debe aceptarse todo lo que sea verdad, pero sólo lo que sea verdad. El sistema de aplastar a los culpables, haciéndoles reconocer, junto con sus delitos, otros muchos no cometidos, para provocar su aislamiento y rechazo social, es propio de etapas negras de la historia del hombre.

Se hace necesario entonces, en relación con la Inquisición o con otros temas similares, depurar lo que hay de verdad y de mentira; o exageración, o minusvaloración, en las imputaciones que flotan en el ambiente. Y, asimismo, determinar en qué medida esos comportamientos censurables son propios o consecuencia de las características de las personas que los tienen, o son más bien un modo de actuar típico del pensamiento de la época o de un determinado ambiente, afectante a todo tipo de personas existentes en aquel momento o lugar. Sólo después de hacer esos dos juicios cabe concretar las acusaciones contra personas o grupos singulares.

EL CARÁCTER NO HISTÓRICO DE LA NOVELA EL HEREJE, DE DELIBES

Yo me he formulado los anteriores interrogantes cuando leía la novela de Miguel Delibes El hereje." Siempre es un placer leer las novelas de Delibes.

En este caso, escuché decir al propio Delibes, al presentar su obra, que no es una novela histórica. Expresamente ha querido salir de la polémica sobre la historicidad de los hechos que presenta.

Pero pese a ello, no puede evitarse que sea una novela que informa sobre la historia del reinado de Carlos V y Felipe II en Castilla y Europa. No sólo no puede evitarse, sino que el autor, dentro del libro, no lo evita y narra hechos históricos, datos reales, y emite opiniones sobre el entorno y circunstancias de aquellos hechos y datos. Y luego el editor, en la contraportada, nos la presenta, en primer lugar, precisamente como novela histórica, en segundo lugar como novela de tipo "psicológico", y en tercero, como canto a la libertad y a la tolerancia.

Es por ello que los juicios y datos históricos de esta novela cobran una gran relevancia. Porque están en una novela de Delibes, que habrá tenido la tirada típica de los grandes novelistas, que multiplicará al menos por veinticinco cualquier otra obra que se escriba para precisar los hechos históricos correspondientes.

Tanto más, cuanto que la novela de Delibes se escribe en el contexto intelectual del pensamiento "correcto" e incide sobre otras muchas lecturas que los españoles hemos podido hacer con una presentación similar de los hechos.

Yo ignoro, y carezco de curiosidad especifica por conocer, cuál sea la posición religiosa o filosófica de Delibes. Ni si ha cambiado o no con el paso del tiempo. Lo que sí constato es que cuando yo conocí su persona y su obra en los años 60, Delibes, además de gran novelista, era en España un escritor ilustre y abierto, definidamente "católico", y dentro de lo católico, sintonizando con el Vaticano II, y que hoy, consagrado por un gran prestigio, nos lo encontramos con tesis publicadas críticas hacia lo católico y lo español clásico. Quizá una y otra situación deriven de una misma realidad profunda que haya permanecido inmutable, pero sus manifestaciones externas presentan ciertos desplazamientos. En aquellos tiempos anteriores nadie iba a la cárcel por acatólico, ni hoy tampoco se entra en prisión por ser miembro de la Iglesia; pero entonces, las posiciones de Delibes encajaban muy bien en lo socialmente correcto, y hoy también; cada una de las diferentes manifestaciones, en un tiempo y en otro, son acordes con el ambiente intelectual predominante del respectivo momento. Lo cual es legítimo, no tengo absolutamente ningún motivo para dudar que sea sincero, y hasta puede ocurrir que sean expresiones diferenciadas de un mismo planteamiento interior. Mas, al margen del respeto y admiración hacia la persona de Delibes y a sus muy elevadas cualidades literarias, algo reduce su autoridad cuando, como es prácticamente inevitable en casos como éste, formula y transmite valoraciones sobre la realidad que describe.

Delibes distorsiona el entorno

En cuanto al entorno de tiempo y lugar, el autor describe una España atrasada frente a las novedades intelectuales y religiosas de Europa. No sólo es ése su continuado telón de fondo; no sólo presenta lo avanzado que se incuba en Valladolid como proveniente de más allá de los Pirineos y necesitando vitalmente de la ida a Europa para subsistir, sino que en algún momento dice expresamente que en aquellos tiempos España se "moderniza" merced a las influencias que está recibiendo de Francia.

El complejo de inferioridad español ante Europa, justificado en la realidad de los dos o tres últimos siglos, lo extrapola el novelista a. la España del siglo XVI. El pensamiento correcto, según el cual hoy nos modernizamos gracias a Europa, se convierte en un absoluto intemporal.

Es verdad que la España de Carlos V, como la de Felipe II, recibió magníficas influencias de Francia, de Alemania, muy especialmente de los Países Bajos, de Italia, etc. Pero en el balance de entonces no era España la que se modernizaba gracias a Europa, sino Europa la que se modernizaba gracias a España. Uno de los muchos signos característicos de la superioridad de España en aquellos momentos era precisamente que podía absorber y asumir cuanto de bueno veía en el mundo. Y España veía mucho en el mundo, porque el mundo era en buena medida hispánico. El juicio de Delibes es tan inadecuado, como si ahora, porque vemos que los americanos van a París a aprender a servir la mesa y a estudiar sus modas en Saint Honoré, dijéramos que Estados Unidos recibe de Francia la modernización. Estados Unidos es hoy el imperio que admite gentes e influencias de todo el mundo, precisamente porque es el Imperio, y es Estados Unidos quien moderniza a Europa, aunque aprenda muchas cosas de Europa, o de Asia, o de Latinoamérica... En la propia ciudad de residencia de Delibes, Valladolid, hay un espléndido Museo Nacional de Escultura, y allí se pueden encontrar los ejemplos de personajes como Juan de Juni (francés) o Pompeyo Leoni (italiano), que a mitad del siglo XVI, es decir, justamente en la época en que se desarrollan los hechos de la novela de Delibes, se vienen a España, porque aquí hay un gran movimiento artístico en el que pueden desarrollar su talento. Cuando en el siglo XX nuestro Severo Ochoa decide marchar a América para poder desarrollar los trabajos que le valieron el Nobel, no es porque América reciba la modernización de España, sino porque es el lugar moderno adonde han de ir los españoles que quieran tener más facilidades para descollar.

En el historiador Domínguez Ortiz leemos el siguiente párrafo, que es suficientemente expresivo y no necesita más apostillas: "... el prestigio de España y de todo lo español siguió siendo muy grande hasta mediados del siglo XVII. España seduce e inquieta a los franceses, ha escrito Joseph Pérez: "Nunca ha estado tan presente en Francia como en el reinado de Luis XIII,- se aprendía entonces el español, como hoy el inglés; se leían y traducían los grandes autores de la literatura española, empezando por El Quijote; se admiraba el teatro español; se hacen llegar de Madrid los guantes, los perfumes, los artículos de lujo que imponía la moda. Y al mismo tiempo se criticaban las baladronadas de los españoles, su orgullo y su hipocresía"."

 

 

Dentro de esa línea de pensamiento "correcto", la novela de Delibes nos dibuja un ambiente católico integrista, reaccionario, formalista, ridículo, intolerante, en contraste con el pensamiento protestante, y especialmente luterano, libre, avanzado, tolerante, fraterno espiritual. Destaca un talante español persecutorio de las ideas, que se plasma en las frecuentes quemas de libros, lo cual señala que ocurre incluso en ciudades universitarias del prestigio de Salamanca ofreciendo como contrapunto la descripción de una espléndida Primavera intelectual en Europa, con la multiplicación de más y más libros, por ejemplo, en la ciudad de Wittemberg; y como concesión a la objetividad, advierte que las quemas de libros no eran exclusivas de España, sino que también se produjeron en Amberes, ciudad casualmente estaba entonces bajo control español, con lo cual, lejos de matizar, confirma el contraste. Incluso se hacen exposiciones de simpática presentación de los principios de la reforma protestante y de sus "dogmas", mientras que ninguna explicación se hace de las tesis católicas adversas, como si las adversas fueran irracionales, supersticiosas y sólo mantenidas por la fuerza.

Y, naturalmente, el elemento católico aparece en la obra aplastando, hasta el exterminio y la hoguera, al protestante. El autor centra su novela en el episodio histórico probablemente más duro de represión española contra los protestantes, pero, seguramente, porque no pretende que sea una novela histórica, no dice que está contando algo de lo más llamativo que aquí ocurrió; ni tampoco da trascendencia ni significado al hecho de que esos protestantes que en España son víctimas y esos Estados europeos que al parecer significan la libertad y la tolerancia y el progreso, están en esas épocas protagonizando en sentido inverso unas persecuciones y derramamientos de sangre mucho más intensos que los españoles.

Los españoles que hicimos el bachillerato en las décadas de los 40 y 50 del siglo XX, hemos estudiado en nuestros libros de texto la biografía y significado de Miguel Servet. Un navarro aragonés, heterodoxo respecto del catolicismo, que además de su afición por la teología fue una autoridad de las ciencias geográfica y médica, habiendo sido el descubridor de la circulación pulmonar. En la etapa madura de su vida vivió fuera de España, y como era un prolífico escritor, a pesar de ser un "heresiarca", según Menéndez Pelayo, polemizó con Zuinglio, Ecolampadio y Calvino (no estaba muy convencido del carácter "trino" de la Divinidad), por lo que en la Europa supuestamente tolerante de entonces (según Delibes) tuvo que huir, primero a Basilea, y después de Basilea a Francia, donde vivió bajo nombre supuesto, lo cual no impidió que Calvino le denunciara al inquisidor de Lyon, quien le tomó preso; evadido de Francia, huyó a Ginebra, donde Calvino le reconoció y llevó al Tribunal de la ciudad, conocido como el Pequeño Consejo, Tribunal que hostigado por Calvino acabó condenando a muerte a Servet, sentencia que fue ejecutada haciéndole morir en la hoguera en la colina de Champel, junto al lago Leman, donde hoy existe un monumento en honor del ajusticiado. Era el año 1553, es decir, 6 y 7 años antes de los autos de fe que refleja Delibes en su novela.

Y Miguel Servet era conocido de Sebastien Castellion, un teólogo calvinista que también tuvo algunas diferencias de criterio teológico con Calvino, como consecuencia de las cuales hubo de abandonar Ginebra e ir a refugiarse a Basilea, en cuya Universidad consiguió empleo de profesor de griego. Castellion, cuando conoció el trágico final de Servet causado por su líder religioso, se consideró obligado en conciencia a publicar un libro sobre la tolerancia, como exigencia derivada de la fe cristiana, pero en aquel ambiente europeo pretendidamente (por Delibes) "liberal", tuvo la "precaución" de publicar su tratado sobre la tolerancia bajo el seudónimo de Martín Bellus, lo cual no impidió que fuera llevado a prisión por sus correligionarios calvinistas, prisión en la que murió.

Servet fue condenado por las opiniones vertidas en sus libros, y por ello fue quemado junto con sus libros. Castellion murió en prisión por libros que tuvo que publicar con seudónimo. Décadas después, la Universidad de París quema oficialmente los libros de Suárez, y el Parlamento de Inglaterra los del mismo Suárez más los de Mariana. Sin que tampoco las quemas de libros "molestos" al poder fuera "propio" de los movimientos cristianos (católicos o protestantes); ya antes lo practicaron en España los musulmanes, y no sólo respecto de publicaciones cristianas, sino de su propia fe; así se hizo, por ejemplo, con Averroes cuando el califa le destierra a Lucena, momento en el que se prohíbe la difusión de sus ideas y se queman sus obras... (véase Apéndice II de este capítulo).

Desgraciadamente, los autos de fe de Valladolid, los episodios de Servet o Castellion, o los de los libros de Suárez y Mariana, son simples botones de muestra de unas conductas que fueron abundantes y normales en la Europa de los siglos XVI y XVII, en España, en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en Suiza, en Italia, en Holanda y Flandes..., y protagonizadas tanto por católicos como por protestantes.

En la Dieta de Augsburgo de 1555, que adoptó una "paz", se reconoció a instancia de los poderes protestantes el derecho de cada príncipe para decidir la religión que pudiera practicarse en su territorio, sin más requisito que el de permitir emigrar a quienes no quisieran aceptar el cambio forzoso de creencias. Con base a ello se provocaron expulsiones o emigraciones en masa de quienes no aceptaban la fe oficial del país. Por parte protestante, además de las alemanas, son famosas las inglesas contra los católicos, y especialmente contra los puritanos que fueron elemento decisivo en la colonización de las zonas anglófilas de Estados Unidos y las promovidas por el calvinismo en Ginebra. Por parte católica, fueron muy notables las practicadas en Francia respecto de los hugonotes hasta el edicto de Nantes, y desde que Luis XIV suspendió dicho edicto en 1685 hasta mediados del siglo XVIII, como también dentro de Alemania, y ya en el siglo XVIII (1731-1732), las de Baviera.

Conocemos bastante bien los ajusticiamientos de católicos que no quisieron dejar de serlo a manos de príncipes protestantes. Es muy famoso el del político y escritor santo Tomás Moro en la Inglaterra de Enrique VIII, que naturalmente fue acompañado en las Islas Británicas de muchísimos más, sin que se libraran de esas furias los fríos países nórdicos; en el área escandinava, los católicos que se negaban a aceptar la reforma protestante eran declarados proscritos por el poder civil, y así podemos encontrarnos en las crónicas con el obispo católico de Hólar en Islandia, que fue declarado fuera de la ley por Christian III por rechazar la "conversión" al protestantismo, y como se rebeló ante ello, fue ajusticiado, junto con sus hijos en 1550.

Pero no pensemos que las persecuciones "europeas" sólo se dieron recíprocamente entre católicos y protestantes. La reforma protestante, precisamente por su base en el "libre examen", generó inmediatamente numerosos heterodoxos y sectas infractoras de la línea fundacional dentro de cada una de sus ramas. Y la posición protestante respecto de sus hermanos desviados fue todo lo intolerante que podamos suponer. No se libró de ese duro espíritu persecutorio el mismo Lutero, que aprobó los intentos de aniquilación y matanzas de sus "hijos" anabaptistas en Alemania (que alcanzaron cifras enormes). Tampoco Calvino, para quien los episodios ya relatados de Servet y Castellion no fueron una excepción, sino más bien la regla, exigió expresamente, caso de que fuere necesaria, la represión por la violencia de toda doctrina no calvinista, y contando sólo el período 1541-1546, intervino personalmente en 58 condenas a muerte por razones de ideas religiosas, amén de promover la expulsión de Ginebra de los disidentes religiosos.

Y no deja de ser sintomático que uno de los luteranos juzgados en los autos de fe de Sevilla del siglo XVI, el "jerónimo" Antonio del Corro, habiéndose exiliado después Pirineos arriba en busca de respeto para su libertad de conciencia, volvió a sufrir persecución por parte de los protestantes en su país de exilio.

Sin que esta violencia religiosa europea transpirenaica fuera sólo producto de unos difíciles momentos iniciales de la "Reforma" o "Contrarreforma". Porque cuando el siglo XVII está ya en su crepúsculo, el protestantismo calvinista inglés, a través de Cromwell, genera "el reinado de los santos", que produce unas feroces y brutales persecuciones religiosas en las islas, especialmente contra los católicos, y más aún en Irlanda. Y ya hemos visto que en el siglo XVIII se sigue practicando la expulsión de disidentes religiosos en Francia y en Baviera.

¿Cómo esta realidad puede ser marginada por Delibes, cuando bastantes de sus hitos más significativos ocurren en Europa antes y en los mismos años de los hechos que narra? Y si no la ignora, ¿cómo puede construir un relato en el que se atribuya la intolerancia al catolicismo español de la. época, como característica singular suya, y en contraste con un supuesto espíritu amplio y de coexistencia religiosa de allende nuestras fronteras?

Von Ranke, precisamente luterano, y uno de las más destacados historiadores de la Edad Contemporánea sostiene las tesis que aquí voy exponiendo: España factor de modernidad de Europa; represión protestante muy dura en Europa; ligazón entre trono y altar como consecuencia de la Reforma protestante...

Y J. H. Elliot tampoco duda en destacar la superioridad de la España de los primeros Austrias respecto del resto de Europa. Dice que "cualquiera que haya dedicado algún tiempo al gran Archivo Nacional de Simancas (tan próximo al Valladolid de Delibes), no puede por menos que quedar impresionado por la aplastante masa de documentación generada por la máquina administrativa española en los siglos XVI .y XVII. La España de los Habsburgo fue pionera del moderno Estado burocrático... La medida que España aplicaba un año (en aquellos siglos), se convertía con frecuencia en las de Europa al siguiente".

Delibes no ignora lo que yo aquí digo; lo conoce por su formación anterior y por la investigación que es evidente que realizó para acometer su novela; y como es hombre de fina sensibilidad, muy posiblemente comprendió que la imagen que su novela daba sobre el catolicismo español era injusta; acaso fue por ello por lo que salió a televisión a proclamar que no tenía pretensiones históricas; quizá se sintió obligado a encabezar su trabajo con una cita de Juan Pablo II sobre la necesidad de reconocer los atropellos perpetrados por la Inquisición.

También es probable que, por lo mismo, ya en el preludio de la novela hay unos personajes protestantes que, dialogando entre sí, anotan aspectos negativos y violentos de Lutero, coacciones de Calvino y las matanzas alemanas relacionadas con Müntzer (más de 100.000 muertos dice Delibes). Pero si con ello la buscaba, en modo alguno restableció la equidad; porque toda su novela se recrea en la descripción del catolicismo español de la época como intolerante y violento (de lo que es prueba la carta de Carlos V desde Yuste: no la reproduce en conjunto, ni siquiera en párrafos completos, sino que la va desmenuzando por frases sueltas, por goteo, con lo cual magnifica y "normaliza" aquella postura); mientras que, tras las pocas frases dedicadas por sus personajes a reconocer puntos negros del protestantismo europeo, los equilibra a continuación; en cuanto a Lutero, puntualizando su amor a la música y a la imprenta así como su condición de fiel esposo y padre amantísimo; en lo que toca a Calvino, destacando que, pese a todo, el pueblo aceptó de grado su autoridad, y la ciudad parecía un templo. Y por lo que respecta a los problemas con los anabaptistas, se dicen frases como que "en toda revolución hay excesos... No debe juzgarse la Reforma por ellos... Para los campesinos, un cambio religioso sin dinero carece de interés... Eran humanos, aspiraban a que la religión les redimiera; luchaban por una religión práctica... Lutero pudo más y los derrotó..."; con ello, salda con balanceada neutralidad algunos de los puntos negros del comportamiento europeo protestante del tiempo, y describe a continuación la Europa protestante, detalladamente y sin cortapisas ni reservas, como un supuesto paraíso de libertad y humanismo, del que dependían para subsistir espiritualmente, los pocos españoles esforzados que querían una vida humana, moderna y cristiana; españoles que se presentan masacrados por el catolicismo español del siglo, un catolicismo del que sólo se reflejan los elementos execrables.

Leyendo a Delibes en esta novela, se recuerda que la doctrina esencial que motiva la Reforma protestante junto a otras cuestiones realmente nimias, como la comunión bajo las dos especies- es el tema de la justificación luterana por la fe. La encarnación y pasión de Cristo para redimir a los hombres es tan importante que por sí misma justifica la salvación de los humanos. No importan las "obras" de los hombres, sino que la "gracia" obtenida por Cristo es "superabundante". Y según los Evangelios, el "que creyere en Mí se salvará", lo único decisivo es la fe en Cristo, y no las obras humanas.

Importa poco -para el negocio de la salvación- que el hombre se esfuerce por sacrificarse, por ser generoso...

Desde un punto de vista religioso y evangélico, cabe pensar en otros pasajes de las Escrituras marginados por Lutero, como el del juicio universal, donde la salvación se vincula a las obras, y concretamente a las obras de caridad. Pero no nos importa ahora el estudio religioso del asunto, sino el humano-sociológico.

Porque muy posiblemente, ese planteamiento protestante ha inducido al abandono de la preocupación moral por el actuar humano, al no ser condicionante de la salvación. No es que los protestantes declaren la indiferencia del obrar; pero al desconectarlo del negocio de la salvación, contribuyen a eliminar la moral heterónoma. Por ello, poco después de la Reforma, surgen en Europa las filosofías que buscan una moral autónoma, como la de Kant. Moral autónoma que, en teoría, puede ser suficiente para la vida social, pero no en la práctica, ya que las masas necesitan moral heterónoma, bien religiosa, o bien de otro tipo.

Es muy posible que la doctrina luterana de la justificación haya contribuido a la "desmoralización" de Occidente. Pues si bien Occidente no es hoy un mundo protestante, sin embargo, nuestra cultura, en buena medida es cristiana, pero con gran dosis de protestantismo, por el predominio anglosajón de las últimas centurias.

En algún momento se ha pensado que la sociedad puede perfectamente vivir sólo con las reglas del Derecho, sin necesidad de una moral. Pero esa idea se ha ido abandonando a lo largo del siglo XX. Y al constatar que la moral, al menos la moral con trascendencia "social", estaba en crisis en una sociedad secularizada, hemos montado ese espectáculo pintoresco en el que las autoridades de los Estados presionan o semicoaccionan a los grupos sociales para que aprueben códigos deontológicos (no son sólo los colegios profesionales; últimamente el mundo de las sociedades anónimas vive sometido a esa fiebre); en teoría, lo que se monta es una moral heterónama laica; en la práctica, es Derecho vergonzante y carente de la nota de "seguridad", porque los poderes públicos de este tiempo dicen no querer interferir en el campo de lo privado.

Hay quien piensa que es "pesimismo" creer que cuando el hombre ha de buscar una moral autónoma, llegará a la inmoralidad, en su conjunto. Otros creen que es realismo, pues la autonomía moral sólo es alcanzable por minorías. Y no faltan quienes son optimistas

precisamente por ello, porque tienen una concepción " fundamentalista", y creen que el vacío social que esa situación crea, será llenado por otras culturas -por ejemplo, ahora, la musulmana, u otras que puedan resucitar, como la marxista- que aprovecharán la situación para dominar a Occidente e imponer su concepción de moral heterónoma, más exigente, como en otros tiempos ocurrió con Roma, o Grecia, o Egipto...

 

 

 

 

2004-01-13 – fuente www.arvo.net

 

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La Congregación para la Doctrina de la Fe, originalmente llamada Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, fue fundada por Pablo III en 1542 con la Constitución "Licet ab initio", para defender a la Iglesia de las herejías. Es la más antigua de las nueve Congregaciones de la Curia.

En 1908, el Papa San Pío X cambió su nombre por el de Sagrada Congregación del Santo Oficio. Finalmente, en 1965, recibió el nombre actual bajo el Pontificado de Pablo VI. Hoy, según el Artículo 48 de la Constitución Apostólica sobre la Curia Romana "Pastor bonus", promulgada por el Santo Padre Juan Pablo II el 28 de junio de 1988, «la tarea propia de la Congregación para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la doctrina de la fe y la moral en todo el mundo católico. Por esta razón, todo aquello que, de alguna manera toca este tema, cae bajo su competencia».

La Congregación está formada actualmente por 25 Miembros Cardenales y Arzobisposy está presidida por el Cardenal alemán Joseph Ratzinger. Cada dos años la Congregación celebra su Asamblea Plenaria.

El Secretario del Dicasterio es S.E. Mons. Angelo Amato, S.D.B., el Subsecretario el P. Joseph Augustine Di Noia, O.P. y el Promotor de Justicia Mons. Charles Scicluna. De acuerdo con sus diversas competencias, la Congregación tiene tres secciones distintas: la sección doctrinal, la disciplinar y la matrimonial; en ellas presta servicio un equipo de 33 personas, según los datos del Anuario Pontificio 2002. El Dicasterio dispone además de un Colegio de 28 Consultores. Todas las semanas normalmente los viernes se celebran reuniones en las que participan sus Oficiales y Consultores.

La Congregación, en conformidad con su razón de ser, promueve colegialmente encuentros e iniciativas para «difundir la sólida doctrina y defender aquellos puntos de la tradición cristiana que parecen estar en peligro, como consecuencia de doctrinas nuevas no aceptables».

Cuando los Obispos vienen a Roma para realizar su visita "ad limina" cada cinco años, pasan por la Congregación para la Doctrina de la Fe, y también por otros dicasterios de la Curia Romana, «para intercambiar información y preocupaciones recíprocas».

Se da también una amplia colaboración con la Pontificia Comisión Bíblica y la Comisión Teológica Internacional, ambas presididas por el Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En las oficinas del Dicasterio tiene su sede también la Secretaría de la Comisión Interdicasterial para el Catecismo de la Iglesia Católica, cuyo Presidente es el Cardenal Prefecto de la misma Congregación.

Desde hace unos años, la Congregación, en colaboración con la Librería Editora Vaticana, publica sus documentos en la Colección "Documenti e Studi". 2004.

 

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Un congreso desmiente la leyenda negra

de la inquisición en España

 

Marta Borcha - Madrid.-
«La inquisición se ha visto afectada históricamente por esa visión simplista de que la España de finales del siglo XV era un país de convivencia idílica entre judíos, moros y cristianos, y en el que la Inquisición se impuso de repente», señaló el profesor José Antonio Escudero, que ha coordinado el III Congreso Internacional sobre la Inquisición, «Los problemas de la intolerancia: Orígenes y etapa fundacional», en el que han participado 60 historiadores de universidades de todo el mundo, y que se ha celebrado este fin de semana en Madrid y Segovia. «Con independencia del rechazo de la sociedad hacia lo herético, o los graves problemas entre los judíos y cristianos», mantiene Escudero, la inquisición no irrumpió como una fenómeno nuevo en la época de los Reyes Católicos: «La Inquisición española hay que inscribirla dentro de un proceso histórico que ya tenía sus antecedentes». Escudero insiste en defender que «es necesario entender la inquisición española dentro del contexto en que existió» y añade como datos de interés
y a modo de ejemplo que frente a las 600 personas que murieron en la hoguera en España durante los siglos XVI y XVII, «en Alemania fueron quemadas más de 70.000 mujeres acusadas de brujería».  

2004-02-23 – LA RAZÓN. ESP.

 

 

 

 

 

 

Las condenadas por brujería en Alemania fue la mayoría en la zona practicamente toda protestante.

 

 

 

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«Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las criaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivos de alabanza y gloria del Creador» (LEON MAGNO, Sermón 7 en la Navidad del Señor, 2.6; LIT HOR VIERNES V T.O.)

 

 

 

 

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La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión{la Iglesia Católica fundada por Jesucristo - Dios nuestro}

 

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Cristianismo, ¿religión europea?

 

Valores para tiempos de crisis. Aceptar el desafío del futuro es el título del último libro de Benedicto XVI, publicado en Alemania en enero de 2005, y en Francia el 23 de junio, por la editorial Parole et silence. Ofrecemos un fragmento del mismo

 

En las discusiones sobre la historia de la misión cristiana, es corriente hoy en día decir que, por medio de la misión, Europa (Occidente) impuso su religión al mundo: habría ejercido un colonialismo religioso, parte del sistema colonial en general. La renuncia al eurocentrismo debería implicar, entonces, renunciar a la actividad misionera.
Esta tesis merece, para empezar, algunas observaciones de orden histórico. Como sabemos, el cristianismo no nació en Europa, sino en Asia, en el Próximo Oriente, punto de contacto de los tres grandes continentes que son Asia, África y Europa. Un contacto que nunca fue exclusivamente geográfico; Asia Menor fue el lugar de encuentro de las corrientes de pensamiento de los tres continentes. En ese sentido, la
interculturalidad forma parte del cristianismo desde sus propios orígenes. Durante varios siglos, la actividad misionera se extendió tanto hacia el Este como hacia el Oeste. El cristianismo, que tenía su cuna en el Próximo Oriente, en seguida penetró en la India; la misión nestoriana llegó hasta China, y en cuanto al número de fieles el cristianismo asiático y el europeo iban más o menos a la par. Fue la expansión del Islam la que, en gran medida, redujo la vitalidad del cristianismo en el Próximo Oriente y aisló a las comunidades cristianas de India y Asia de los centros de Siria, Palestina y Asia Menor, contribuyendo así de forma decisiva a su desaparición.
¿Puede decirse que el cristianismo se hizo europeo a partir de entonces? La respuesta es, a la vez, sí y no. En efecto, la herencia de los orígenes, que se había constituido fuera de Europa, seguía siendo la raíz vital del conjunto, y por ello seguía constituyendo la crisis y la crítica de lo puramente particular, de lo europeo. Lo que llamamos
europeo no es una masa monolítica, sino que forma temporalmente y culturalmente un conjunto muy complejo y heterogéneo.
En primer lugar, hubo un proceso de inculturación en el mundo griego y romano, seguido por la inculturación en el mundo germánico, en el mundo eslavo y en los nuevos pueblos latinos. Todas esas culturas han recorrido un largo camino desde la antigüedad, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna, hasta la Edad contemporánea. En cada etapa de la Historia, el cristianismo tenía que nacer de nuevo; y no era cada vez más que sí mismo. Puede resultar útil observar algunos ejemplos.
Podemos recordar la historia de la conversión de san Agustín: la lectura del libro
Hortensius, de Cicerón, había abierto en él como una brecha de nostalgia de la belleza eterna, nostalgia del encuentro y del contacto con Dios. A causa de la educación que había recibido, estaba claro para él que la respuesta a esa nostalgia despertada por la filosofía había de encontrarse en el cristianismo. Pasó, pues, del Hortensius a la Biblia, y sufrió un choque cultural. Cicerón y la Biblia –dos mundos tan diferentes– entraron en colisión, dos culturas chocaron. «No, no puede ser eso», tal fue la experiencia de san Agustín. La Biblia le pareció pura barbarie que no podía llegar a la altura de las exigencias espirituales derivadas de la filosofía romana. Podemos considerar el choque cultural sufrido por san Agustín como la expresión sintomática de la novedad y de la alteridad del cristianismo: este último no surgió de lo propio del espíritu latino, que no obstante manifestaba una espera latente de Cristo. Para hacerse cristiano, san Agustín –el mundo grecorromano– tuvo que proceder a un éxodo, durante el cual, finalmente, le fue dado de nuevo lo que había perdido.
El éxodo, la ruptura cultural, el
muere y transfórmate que implica, es el esquema fundamental del cristianismo. Su historia comienza con Abraham, que recibe esta llamada de Dios: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre» (Gen 12,1). El éxodo de Israel al salir de Egipto, auténtico acontecimiento fundador del pueblo de Israel, estaba anticipado en el éxodo de Abraham, que fue también una ruptura cultural. En la línea de la fe de Abraham, podemos decir de la fe cristiana que nadie la encuentra sencillamente como se encuentra algo que ya nos pertenecía. Es algo que irrumpe desde fuera. Y siempre será así. La venida al cristianismo no puede ser cada vez sino un nacer de nuevo.
Romano Guardini ha subrayado un aspecto importante de este esquema fundamental del cristianismo y de la fe cristiana, que no brota de nuestra propia interioridad, sino que nos llega desde fuera. El cristianismo, la fe cristiana –dice–, no son un producto de nuestra experiencia íntima, sino un acontecimiento que, desde fuera, viene a nuestro encuentro. La fe reposa sobre la irrupción de algo –o de alguien– que nuestra experiencia nunca podría alcanzar por sí misma. Tal es el sentido de la noción de Revelación: algo que no es mío, algo que no existe en mí, viene hacia mí y me arranca a mí mismo, me arrastra más allá de mí mismo, crea algo nuevo. Este movimiento implica también la historicidad del cristianismo, que se funda en acontecimientos, no en una percepción de las profundidades de mi propio mundo interior a la que después llamaríamos
iluminación. La Trinidad no es objeto de nuestra experiencia; es algo que se nos dice desde fuera y viene a nosotros como Revelación. De igual forma, la encarnación del Verbo es un acontecimiento cuya noticia no procede de una experiencia íntima. Esta venida desde fuera escandaliza al hombre en busca de autonomía y autosuficiencia; es, para todas las culturas, un escándalo. Cuando san Pablo dice que el cristianismo es un escándalo para los judíos, una locura para las naciones paganas, quiere expresar así la particularidad de la fe cristiana que, a todos, llega desde fuera. Pero precisamente esa irrupción novedosa, al atravesar el ámbito de nuestra experiencia, al sobrepasar nuestra conciencia de la identidad de las cosas, nos hace remar mar adentro, en una realidad dilatada, y nos abre de esa manera la posibilidad de unirnos unos con otros, más allá del pluralismo.

Joseph Cardenal Ratzinger, traducción del francés de Teresa Martín- 2005-10-21

 

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«Apelar a la tolerancia para desacreditar la posibilidad de convicciones fuertes es un error de bulto, pues la tolerancia se apoya y alimenta de una convicción. La tolerancia no implica relativismo, más bien al contrario.» 2005

 

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El problema de la convivencia cívica, y el de la convivencia entre personas de diferentes creencias religiosas, tradiciones culturales, etc., es un problema real, en todo tiempo y de modo especial en la época contemporánea. Pretender resolverlo postulando la separación programática entre política y religión es condenarse a hacerlo insoluble, ya que es .precisamente el reconocimiento de la dimensión religiosa del hombre lo que lleva a fundamentar radicalmente la trascendencia de la persona y, por tanto, a poner de relieve la necesidad del respeto a la intimidad de las conciencias y los consiguientes límites de toda autoridad estatal (cfr. Conc. Vaticano II, Declaración Dignitatis humanae, 1-3).´

 

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Descartemos cualquier tentación de pura autodefensa, porque la comunicación de la fe se dirige “no sólo a los que escuchan al mensajero, sino también a los que lo ignoran o rechazan”.

 

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Un cristiano que vive y se alimenta del anuncio evangélico dentro de la Iglesia fundada por Cristo, debe saber siempre que el otro, aunque sea un adversario temible, lo es sólo coyunturalmente, porque es destinatario del mismo tesoro de vida que él ya ha encontrado. Y por eso Benedicto XVI subraya la profunda unidad entre la fe y el amor, porque sin éste, cualquier apostolado se vuelve estéril y vacío. 2005.

 

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Visión objetiva:Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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P: ¿De verdad nos quiere hacer creer que el anticlericalismo surge por generación espontánea?¿No tendrá algo que ver la Inquisición, las matanzas de indígenas americanos, la obligación a aceptar sus creencias o lo que le hicieron a científicos como Kepler o Galileo?

 

R: Yo no creo que nada surja por generación espontánea. Ahora bien, los indígenas americanos fueron defendidos por cristianos y no por una izquierda que no existía y la Inquisición - a la que he dedicado alguna novela - a pesar de que me repugna profundamente fue una excursión de jesuitinas comparada con las matanzas perpetradas por la Revolución francesa en la Vendée, las realizadas por Lenin y sus acólitos en Rusia o las del Frente Popular en España. El anticlericalismo fundamentalmente nace del odio a un adversario al que se desea aniquilar y para ello se recurre a mentiras como las de decir que daban caramelos envenenados a los niños, que envenenaban las fuentes o que disparaban desde los conventos. A fin de cuentas es una muestra más del espíritu ilustrado de la izquierda... DR. (en historia, filosofía, teología) CESAR VIDAL. 2004-07-13. ESPAÑA.

 

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El Corazón de Cristoes la fuente inagotabledonde encontramosamor, verdad y misericordia.

 

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"Fiat mihi secundum verbum tuum: Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38)

 

Se puede decir que en aquel momento fue concebida la Iglesia. Volvemos así al comienzo del misterio. En él abrazamos todo el pasado de la cristiandad y de la Iglesia, la cual aquí, en Roma, ha encontrado su centro. En él tratamos de abrazar todo el futuro del pontificado, del Pueblo de Dios y de toda la familia humana, porque la familia tiene su comienzo en la voluntad del Padre, pero siempre es concebida con el corazón de la Madre. Con esta fe y esta esperanza, recemos: ‘Creo en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica.’

 

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--¿En que consiste el derecho a la libertad religiosa?

--Villagrasa: En el derecho a la inmunidad de coacción exterior, en materia religiosa, por parte del poder político, en los justos límites. Este derecho tiene una dimensión individual y comunitaria, privada y pública. No significa «derecho al error», ni implica relativismo, agnosticismo o escepticismo, ni «promoción» del pluralismo religioso, ni mera «tolerancia» del hecho religioso. Es un derecho civil que se sigue de la obligación moral que el hombre tiene de buscar la verdad, «sobre todo la que se refiere a la religión», de adherirse a ella y de «ordenar toda su vida según las exigencias de la verdad».

 

--El Papa dice «en cierto sentido»; ¿en qué sentido es fuente y síntesis de los derechos humanos?

--Villagrasa: En el sentido de que garantiza que el hombre pueda realizarse en plenitud y alcanzar su fin último. La religión toca la esfera más íntima de la persona --su conciencia y su relación personal con Dios-- aquella que da sentido último a la vida entera y a las elecciones y decisiones particulares. La persona es capaz de conocer el bien y de buscarlo libremente, de reconocer el mal y rechazarlo, de escoger la verdad y oponerse al error. La dignidad del hombre consiste en que ha sido creado persona, capaz de obrar por sí, libremente, para alcanzar su perfección última a través de sus acciones, para ordenarse por sí mismo al fin último, al que naturalmente tiende; por eso es capaz de conocer y amar explícitamente a Dios, de acoger la revelación divina y de responder a ella, capaz de participar, por la gracia, a la Vida eterna. Este camino de la vida lo debe recorrer por sí mismo. Su guía es la conciencia, que es la capacidad de discernir y obrar según una ley que Dios ha inscrito en el corazón del hombre, y en cuya obediencia se encuentra su dignidad moral (cf. «Gaudium et spes», n. 16). Ninguna autoridad humana tiene el derecho de violentar la conciencia de ningún hombre. La verdad no se impone sino en virtud de sí misma. Como la búsqueda de la verdad se identifica, en el plano objetivo, con la búsqueda de Dios es clara la estrecha relación que hay entre libertad de conciencia y libertad religiosa.

 

--Pero, parece obvio que el derecho a la vida es más fundamental. Así lo decía el Papa en la primera audiencia a Bush

--Villagrasa: Debería ser obvio. Si la existencia del sujeto de derechos no se garantiza, ningún otro derecho está a salvo. Por eso el Magisterio de la Iglesia dice que es un derecho primario, incondicional, inalienable y fundamental, raíz y fuente de todo otro derecho. Pero hasta lo más obvio parece obscurecerse. En aquella audiencia el Papa decía a Bush que la experiencia muestra que un «trágico embotamiento de las conciencias» acompaña el aborto, llevando a la acomodación y a la aquiescencia frente a otros males como la eutanasia, el infanticidio y la creación, con vistas a la investigación, de embriones humanos destinados a la destrucción en ese proceso.

 

El hombre «vive» de dos modos su relación con Dios: uno, de un modo fáctico pues, como creatura, existe y vive porque Dios Creador lo conserva en el ser; otro, de un modo moral o religioso, en cuanto el hombre libremente ordena sus actos a Dios. A estos dos modos de relacionarse a Dios-fundamento corresponden los dos derechos: a la vida que es sagrada, un don que Dios da y conserva; y a la libertad religiosa para vivir como persona en camino hacia la Vida.

 

--¿Podría entonces hablarse de dos sentidos de derecho a la vida?

--Villagrasa: En cierto modo sí. Para Aristóteles «vida» era el ser del viviente y la operación del viviente; en el caso del hombre, el fin último alcanzado gracias a sus acciones, que es la visión de Dios y la comunión con El. Viene a la mente la famosa frase de san Ireneo: «La gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios». Se entiende, por tanto, la grave ofensa que se hace a la persona humana cuando se le quita la vida o cuando se le impide, por coacción, los actos de religión con los que el hombre se ordena libremente a su fin último. La violación del derecho a la vida deja sin amparo la existencia del sujeto de los derechos. Legitimar algún tipo de asesinato significa desfondar el ordenamiento jurídico que está finalizado al bien de la persona. La violación del derecho a la libertad religiosa pone un impedimento a aquellas acciones por las que el hombre se ordena a su fin último y da sentido último a su vida.  2004.06

 

«Posturas morales ambiguas, la distorsión de la razón por intereses particulares de grupo y la absolutización de lo subjetivo, son sólo algunos ejemplos de una perspectiva de vida que no persigue la verdad y abandona la búsqueda del objetivo y el sentido último de la existencia humana» 2004.06

 

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El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

En la mayor parte de los países, «son los pobres y los que no tienen ningún poder los que deben sostener de modo más directo el impacto de la degradación medioambiental». «Imposibilitados de hacer otra cosa, viven en tierras contaminadas, cerca de descargas de residuos tóxicos»; «los agricultores de subsistencia eliminan bosques y forestas para sobrevivir. Sus esfuerzos para llegar a fin de mes, perpetúan el círculo vicioso de pobreza y degradación medioambiental». La necesidad extrema es «la peor de todas las contaminaciones», observó.
«La crisis medioambiental es un desafío moral». Arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas. 2007.X.31

  

 

 

 

 

 

 

Gracias por elegirnos. Gracias por seguirnos. Gracias por leernos y por sugerirnos ideas y comentarios. Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.

 

 

Si algún contenido de esta página web vulnera los derechos de autor, rogamos se pongan en comunicación con nosotros para tener conocimiento de ello y retirarlo. Indíquenos el lugar exacto, por favor y mil gracias- CDV

Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX. 

 

«La obediencia a la verdad no significa renunciar a la búsqueda y a la fatiga de pensar». Pont. Max. Benedicto XVI.  Obispo de Roma - 01 Dic. MMVIII

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).