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Inicio > Leyendas Negras > 2 - sentimiento anticatólico; coraje de ser católico; fe casi clandestina

Nuestra alma tiende al infinito. Pero nosotros nos hallamos limitados en el tiempo y en el espacio en que vivimos. Es por eso que necesitamos aferrar­nos a un conjunto de realidades existenciales para no sufrir lo que hoy se llama «angustia vital», debida a la pérdida de nuestra medida y dimensiones humanas, y a la desorientación con respecto a nuestro origen y nuestro fin.”

 

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«Seréis aborrecidos de todos en mi nombre. Sólo el que persevere hasta el fin será salvo».

 

«El poder trata de destruir a la Iglesia porque no la controla»

 

“Lo único que busco es a Dios en Cristo Jesús por el Espíritu Santo en la Iglesia católica; en obediencia incondicional al Vicario de Cristo en la tierra, el Sumo Pontífice, sirviendo a todos los seres humanos por igual.” [San Ignacio de Loyola]

 

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«Europa ha vivido y sufrido también terribles caminos equivocados. Forman parte de ellos: restricciones ideológicas de la filosofía, de la ciencia e incluso de la fe, el abuso de religión y razón con fines imperialistas, la degradación del hombre mediante un materialismo teórico y práctico y, en fin, la degradación de la tolerancia en una indiferencia privada de referencias y valores permanentes».


Ahora bien, aunque los mismos cristianos en la Historia hayan cometido abusos, esos abusos no son el cristianismo. Se llega a ser cristiano cuando se descubre en Dios la fuente de la vida y a Cristo como el único Salvador. «Esto no significa de ninguna manera que despreciemos a las otras religiones ni que seamos soberbios de pensamiento». Y no duda el Papa en afirmar: «Necesitamos la verdad... Pero tenemos miedo de que la fe en la verdad comporte intolerancia». Por eso, «si este miedo, que tiene sus buenas razones históricas, nos asalta, es tiempo de contemplar a Jesús» hecho niño.
Y al contemplarle -dijo-, se puede descubrir que «la verdad no se afirma mediante un poder externo, sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera». Viena. 07/09-IX.2007- Benedicto PP. XVI. Obispo de Roma

 

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Iglesia Católica - fundada por Cristo- hace más de 2.000 años, entre…

 

1.      Un traidor, diez cobardes y un impetuoso, ¿cuál somos nosotros?

2.      Dos ladrones, ¿cuál somos nosotros?

3.      Un fariseo y un publicano, ¿cuál de los dos?

 

De la riqueza salvífica de la Iglesia, ¿qué hacemos los cristianos y cómo nos comportamos?

 

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Al paso que va el sentimiento anticatólico,

tenemos leyenda negra para rato”

 

 

15/01/2004 11:07

Un libro analiza los mitos creados en torno a la evangelización de América y la Inquisición española

 

 Miguel Ángel García Olmo, filólogo, jurista y estudioso de los siglos XVI y XVII, ha publicado traducciones de documentos eclesiásticos latinos de la época. Es profesor del Curso de Humanidades de la Universidad Católica San Antonio de Murcia. Precisamente como resultado de ese curso, acaba de editarse un libro de varios autores, “Humanidades para un siglo incierto”, en uno de cuyos capítulos García Olmo afronta la cuestión de la leyenda negra creada en torno al pasado de España.
     
     -¿Cómo nace históricamente la Leyenda Negra?
     
     Miguel Ángel García Olmo: La expresión le salió redonda a Julián Juderías, quien la acuñó en 1914, pero los orígenes del fenómeno nada desdeñable de la «leyenda de la España inquisitorial, ignorante, fanática, incapaz de figurar entre los pueblos cultos, lo mismo ahora que antes, dispuesta siempre a las represiones violentas; enemiga del progreso y de las innovaciones» (Juderías) se remontan quizás a la Edad Media, al malestar por la presencia de aragoneses y catalanes en tierras italianas.
     
     Avivada a todo fuelle a partir del siglo XVI, la Leyenda Negra conoce sus momentos de mayor esplendor con la Reforma, el Sacco de Roma, la colonización de América y el repudio interesado de la España imperial que aunó a las emergentes potencias europeas; luego experimentará milagrosas recuperaciones cada vez que lo hispano pase por horas bajas ante cierta consideración internacional (Ilustración, emancipación de las repúblicas americanas, 1898, 1939...).
     
     -¿Cuáles fueron los factores que hicieron propagar esta leyenda por Europa?
     
     Miguel Ángel García Olmo: En su génesis, estuvo muy presente el profundo sentimiento de emulación que la poderosa España de los Austrias despertaba en naciones influyentes como Inglaterra y Francia; por no hablar de las ansias independentistas de los flamencos. Todos supieron amplificar magistralmente la voz hipercrítica de oscuros tránsfugas del catolicismo como González Montano, el resentimiento del ex secretario real Antonio Pérez o las destempladas hipérboles del mejor intencionado obispo Las Casas, autores cuya condición de españoles (y hasta de prelados, si pensamos en fray Bartolomé) aportaba una irresistible impresión de veracidad a las denuncias.
     
     Pero el tiempo pasó y España perdió su imperio, recogiéndose de nuevo en sus dimensiones de nación modesta... mas la leyenda ha seguido casi como si nada en su irracional y gruesa opacidad. Es cierto que desde hace años asistimos a un discreto proceso de desmitificación y desactivación lanzado, curiosamente, en los ámbitos historiográficos británico o galo, pero cinco siglos de intensa maledicencia no pueden erradicarse de la mentalidad colectiva como no sea con un ingente esfuerzo educativo de exposición de la verdad histórica en su contexto, para el que apenas hay voluntad.
     
     Mi opinión es que, una vez superadas las lógicas envidias políticas de los siglos imperiales, hubo un factor que pervivió y todavía pervive como imán que atrae con fuerza la animosidad de élites dirigentes y camarillas selectas de nuestras sociedades occidentales: ese factor permanente es el catolicismo. Hasta que a España no se le perdone el haber sido el pueblo que inundó de fe católica medio mundo, desde las riberas yucatecas hasta la isla de Luzón, no se absolverá su historia. Y al paso que va el sentimiento anticatólico, que lleva camino de convertirse en el nuevo antisemitismo de algunos lugares, me temo que tendremos leyenda negra para rato.
     
     -¿Cuáles han sido los efectos de la Leyenda Negra?
     
     Miguel Ángel García Olmo: Como lleva implícito en el nombre, la tiznadura casi general de lo que hayamos podido ser hasta hoy los españoles; de cuanto hayamos hecho, creado, entregado, logrado o ideado. Y, en especial, de cuanto hemos creído. Aunque a juzgar por la impresionante acogida dispensada al Papa el pasado mes de mayo, me atrevo a decir que de cuanto aún creemos...
     
     Mas si tuviera que entresacar el efecto más perverso, antes que toda la iniquidad falsamente atribuida, yo destacaría el silencio consciente al que es sometido lo más puro y fructífero de nuestro pasado. Un silencio tan mezquino como eficaz, pues realmente ha conseguido hundir en la corriente del olvido realizaciones de nuestros antepasados que, si se conocieran, pasarían por épicas y orientarían a mucha gente como me orientan a mí.
     
     -Pero ¿hay algo de verdad en las acusaciones que se hacen contra la colonización americana por parte de España?
     
     Miguel Ángel García Olmo: Por supuesto que hay verdad. Como la hay en que todo ser humano es falible y prodiga errores –y pecados– en cada empresa grave y duradera que acomete. Los primeros decenios de la conquista fueron duros, crueles; fueron épicos, un adjetivo más realista que mitificador. Pero en el mal que se inflige como en el bien que se dispensa hay gradaciones, matices y escalas. La sangre fue mucha, en efecto, y atroz aquella explotación, aunque los virus causaron todavía más estragos, y desde hace apenas un par de años sabemos que el estado de salud general de las poblaciones indígenas de América era más que deficiente desde bastante antes de la llegada de Colón.
     
     Y bien: ¿autoriza todo aquello a hablar de genocidio con la ligereza y profusión con las que hoy se habla? ¿Cómo explicar entonces las muy variopintas etnias y lenguas autóctonas que conviven ostensiblemente en Iberoamérica –no así en la América anglosajona– y que nos transportan directamente a épocas precolombinas? ¿Qué decir también de su imponente realidad mestiza en un mundo como el nuestro que se llena la boca con los valores del mestizaje?
     
     Cuando se oye hablar de ‘exterminio cometido por nuestros antepasados en América’, ¿qué deben de pensar mis niños, por ejemplo, que viven en la España del siglo XXI y que desde hace algunos años se cruzan a diario con decenas de rostros genuinamente indígenas en el barrio y en la comunidad de vecinos?
     
     ¿En ningún momento cuenta el que no haya habido otro imperio en la Historia que aprendiese tan pronto de sus errores y purgase con tanta sinceridad sus pecados, llegando incluso a protagonizar oleadas de restituciones e indemnizaciones a los indios en el propio siglo XVI? ¿No hablará en favor de España, cuando ésta sea algún día juzgada, el que desde Isabel la Católica se empezase a comprender aquí que la vida, la libertad y la propiedad eran derechos inalienables de los indios y que semejante impacto en las conciencias supuso el inicio de esa otra epopeya del bien que el gran especialista Lewis Hanke denominó “The Spanish struggle for justice in the Conquest of America” (la lucha española por la justicia en la Conquista de América)?
     
     ¿Llamarán a declarar en ese juicio postrero únicamente a tipos como Pedrarias, Nuño de Guzmán o Lope de Aguirre, como se hace hoy, o podrán también comparecer y deponer testimonio gentes como Francisco de Vitoria, Pedro de La Gasca, el virrey Toledo, Rosa de Lima, Motolinía o los indios zapotecas Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles? Y entre las pruebas y piezas de convicción, ¿se admitirá sólo la muy manipulada matanza de Cholula o podrán figurar también las Leyes Nuevas de Carlos V, las utopías vivientes que para miles de indios levantó Vasco de Quiroga en Michoacán, el fin para siempre de los sacrificios humanos o las maravillas de la arquitectura, la música y el arte que allí siguen y que hoy constituyen un catálogo inmenso de bienes declarados patrimonio de la Humanidad?
     
     El ninguneo persistente de esto y mucho más produce anécdotas grotescas, como que todavía hoy, cuando hace siglo y medio que España dejó aquellas tierras aún se dé bombo mediático a las periódicas “querellas criminales” con que se nos exige satisfacción a los españoles por los expolios y crímenes perpetrados contra los nativos de América. Cortinas de humo que cada vez disimulan peor la tremenda responsabilidad histórica que en la inaudita postración actual del indio tienen contraída ciertas élites corruptas latinoamericanas y determinadas ideologías nefastas e insensatas.
     
     -¿En qué medida está condicionada por la Leyenda Negra la visión que tienen los católicos de la Iglesia?
     
     Miguel Ángel García Olmo: La perspectiva del pueblo católico está demasiado lastrada por esta absurda rémora. Podemos recogernos en extática oración contemplando el Cristo de Velázquez, vibrar con la “Llama de amor viva” de San Juan de la Cruz o elevar los corazones al Cielo oyendo entonar motetes de Tomás Luis de Victoria o de Cristóbal de Morales; podemos sobrecogernos ante la vertiginosa profusión decorativa de Santo Domingo de Orihuela, de Oaxaca, de Puebla, o ante la filigrana escultórica de la fachada de San Gregorio en Valladolid... Pero la necesaria conexión mental no se establece. Para la mayoría, la Iglesia española de aquellos mismos siglos siempre será la del cerril oscurantismo autista y criminal. Como si semejante cúmulo de perennes maravillas se hubiese generado “sponte sua” o a contrapelo de la fe de aquellas gentes.
     
     En más de un ambiente cristiano, sostener tímidamente que la Inquisición española no mató a millones —y ni siquiera a miles— o que en América no se perpetró ningún genocidio es tildado ipso facto de “escasamente evangélico”, por más que se sepa que responde a la verdad que, según Jesucristo, libera. Y se ha reservado el calificativo de “tridentino” como equivalente de lo que en la calle significa llamar a alguien “nazi”, “facha” o cosas así.
     
     Doctas instancias de la Iglesia actual, incluso, acaban rindiendo tributo al “politically correct”. Se ve, por ejemplo, en el dudoso intento de rescatar la memoria vapuleada de la evangelización de América contraponiendo las bellas intenciones y evidentes logros de clérigos y misioneros, a la “indefectible avidez y crueldad de los laicos” que marcharon a arraigar allí, siempre mirados despectivamente como colonos, funcionarios o encomenderos indignos hasta del nombre de cristianos. Este nuevo clericalismo reductor no siempre responde a la realidad, y, sin embargo, está en la entraña del hecho de que hoy casi exclusivamente se ensalce la figura de fray Bartolomé de las Casas, quizás por ser la que más alto predicaba, aunque, a mi modo de ver, fuera la que menos trigo dio.
     
     Personalmente, no acierto a saber qué virtudes heroicas pueden hallar en la trayectoria de este, sin duda, gran personaje, quienes han incoado su proceso de beatificación. Sus frutos de santidad palidecen ante los de tantos contemporáneos suyos, tanto eclesiásticos como seglares, que yacen hoy medio olvidados. Sus abandonos y los continuos fracasos prácticos de sus ‘avanzadas’ teorías contrastan rudamente con las perdurables utopías que en las Indias otros muchos pusieron en pie.
     
     Su tardía contrición por haber abierto el postigo que dio paso a la esclavitud de los negros, su incoherencia al obligar a servir como porteadores a los indios de su diócesis, sus desbordadas exageraciones y difamaciones leyendanegristas —que ya provocaron el rechazo de Madariaga y Menéndez Pidal—, sus últimos escritos, en fin, trufados de imprecaciones y tenebrosas profecías contra España, desdicen, a mi modo de ver, de la esperanza cristiana y tampoco hablan mucho de serenidad o equilibrio interior.
     
     -¿Cuál es la mejor forma de conocer lo que es verdadero y falso de esta Leyenda?
     
     Miguel Ángel García Olmo: Recuperar el amor al estudio y a la búsqueda objetiva de la verdad como los genuinos valores cristianos que son, y arrinconar por fin todo el relativismo, el ‘psicologismo’ y el ‘pedagogismo’ que nos invaden. De esto tendrían mucho que enseñarnos los hombres y mujeres del Siglo de Oro. Con una mentalidad como la que ha alumbrado la vigente ley educativa, la LOGSE, es imposible que las generaciones jóvenes accedan al conocimiento. Me atrevería a decir que las ‘logses’ de esta vida lo único que buscan es contener a la gente en la ignorancia historiada: que, desandando el camino, regresen de una vez del sacrificado “logos” al descansado mito, que es de donde, por lo visto, nunca debieron salir.
     
     Por lo que a mí mismo toca, yo —que no soy historiador de profesión— me harté de pagar peaje a quienes en Historia se presentan como sobrios y científicos, dando la de cal, mientras nos cuelan la de arena servida entre anacronismos (me viene a la memoria el último trabajo sobre la Inquisición de un especialista como García Cárcel, donde se insiste en el “nacionalcatolicismo” (sic) de Felipe II; y aquella otra elaborada comparación entre los conquistadores de México y los talibanes destructores de pétreos budas, que tan “felizmente” estableció Henry Kamen).
     
     Así que crucé mi particular Rubicón y empecé leyendo al hispanista francés Jean Dumont, cuya reciente desaparición sentí mucho, quien supo poner su inteligencia y sensibilidad exquisitas y su probado aprecio por la verdad histórica al servicio de una honda y madura fe personal. Y desde entonces ya no he dejado de buscar.

 

Miguel Ángel García Olmo, filólogo, jurista y estudioso de los siglos XVI y XVII

Boletín Diario de noticias de la Agencia Católica Veritas. 15/01/2004

 

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El altar mayor de una catedral ultrajada.

 

P: ¿Qué me ocurriría si me encierro en una mezquita en Marruecos, Argelia o Pakistán para exigir papeles e hiciera mis necesidades, rompiendo mobiliario y fumando? Algunas asociaciones, entre ellas autodenominadas pertenecientes a la iglesia han criticado que la policía los desalojara pacíficamente. ¿Les interesa ayudar a los ilegales o aprovechan para cargar contra lo católico? ¿No se está hartando la gente de tanta chusma?

 

R: Esa misma pregunta me la hice yo ayer. Desde luego, si nos encerráramos en una mezquita para protestar por el genocidio saharaui no me cabe la menor duda de que no saldríamos vivos. En el caso de la iglesia católica se produce un fenómeno que además a mi me preocupa mucho porque tiene paralelos con los años 1931-36 y es que están dando a sus enemigos la confianza en que no va a defenderse de los ultrajes. esto le costó 7000 sacerdotes muertos en el curso de una horrible persecución religiosa la última vez. Veremos ahora. 2004.06.08 – Esp.

 

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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La historia no puede hacerse sin acudir a las fuentes. Estas fuentes son testimonios, y, como tales testimonios, pueden ser parciales. Para el estudio de los tres primeros siglos del cristianismo, las fuentes son escasas. Pero en este período que estudiamos —especialmente en el siglo IV— son muy numerosas. La abundancia de los escritos de este período se debe probablemente al hecho de que en él la educación retórica era tenida en grandísima consideración y permitía subir fácilmente en la escala social. Hablar hoy de retórica presenta una gran carga peyorativa, mas en aquella época no era así. De hecho, la educación que se recibía entonces se dividía en dos grandes momentos: gramática —correspondería a la escuela media— y retórica —estudios ya universitarios—. Había no sólo que decir las cosas, sino decirlas bien. Y para expresarse bien había que tener un buen conocimiento de los clásicos. Los hombres eminentes tenían la posibilidad de llegar muy alto en la escala social. Esto ocurría así hasta que, a causa de las reformas de Diocleciano y de Constantino, se impuso un orden social más estable para garantizar las ganancias fiscales.

Naturalmente las obras de mayor interés para la historia de la Iglesia son aquéllas de carácter religioso. Mas conviene tener presente la importancia que para el mismo propósito revisten también los autores paganos: en primer lugar, ellos nos permiten conocer mejor el contexto histórico-político y cultural en el cual se desarrollan los acontecimientos de la Iglesia; en segundo lugar, a tales acontecimientos los mismos autores hacen a veces referencia, revelando así su punto de vista diverso. Cultura profana y cultura cristiana, en cambio, fueron tal vez muy cercanas entre ellas: el filósofo pagano Temistio, por ejemplo, estuvo al servicio de emperadores cristianos; y Juliano, antes de volverse pagano, había recibido una educación cristiana.

 

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- "Como hubo falsos profetas en el pueblo, también entre vosotros habrá falsos maestros que promoverán sectas perniciosas. Negarán al Señor que los rescató y atraerán sobre sí una ruina inminente. Otros muchos se sumarán a sus desvergüenzas, y por su culpa será difamado el camino de la verdad. En su codicia querrán traficar con vosotros a base de palabras engañosas. Pero hace tiempo que está decretada su condena y a punto de activarse su perdición…" 2ª carta de S. Pedro, cap. 2

 

Las cuatro almas de los católicos

 

    Unos se preocupan por la familia, otros por la solidaridad, otros por el Misterio de la Iglesia, otros por la vida espiritual... El problema se presenta cuando cada tendencia se considera la única válida y menosprecia, cuando no critica, a las demás. (Por Josep Miró i Ardèvol)

 

Unos se preocupan por la familia, otros por la solidaridad, otros por el Misterio de la Iglesia, otros por la vida espiritual... El problema se presenta cuando cada tendencia se considera la única válida y menosprecia, cuando no critica, a las demás.

Nuestro tiempo vive cuatro fracturas que han generado reacciones, respuestas y acomodos de la sociedad. Los católicos, una comunidad viva, no constituyen una excepción a unos efectos, como lo constatan las cuatro respuestas, las cuatro "almas" que han creado.

Ante la ruptura antropológica y su pretensión de alterar la condición y la naturaleza humana a golpe de leyes y tecnología, se ha alzado la Primera Alma, centrada en la defensa de la vida humana desde la concepción hasta su muerte natural; de la familia entendida como lo que es, aquella unidad formada por hombre y mujer, que asume un compromiso público ante la comunidad y que es capaz de dar continuidad al género humano. En definitiva, ahí surgen todas las vocaciones que sitúan en primer plano la protección de la condición humana, partiendo de su naturaleza y realidad antropológica.

 Existe una Segunda Alma que vive apasionadamente la solidaridad como respuesta a la ruptura que entraña la injusticia social en tiempos de abundancia que la globalización muestra cotidianamente. Ser solidario y redistribuir sería, en esta opción, la mejor forma de expresar la fe.

La tercera gran ruptura -decía- es la del hombre y la mujer desvinculados de toda tradición, religión y comunidad. El resultado son gentes incapaces de todo compromiso fuerte. Ante ella se ha construido la Tercera Alma como respuesta, la del sentido de pertenencia a la Iglesia, Una y Santa, y al tiempo encarnada en las miserias y debilidades de la historia, de la vida humana. Ella nos ofrece la Tradición, el Magisterio y la Liturgia; el rito, que nos permite, con Saint-Exupèry, saber que "es bueno que el tiempo que corre no nos produzca la impresión de algo que nos gasta y que nos pierde, en lugar de algo que nos realiza y madura". Contra la desvinculación, el compromiso y la pertenencia a una comunidad y a un pasado, porque con el poeta sabemos "que ningún tiempo se basta por sí solo para explicárnoslo todo".

Contra la idolatría política, la cuarta y más vieja de las rupturas de nuestra época, que antepone la disciplina política y cualquiera de sus categorías, razón de Estado o consigna de partido, a la vida y a la fe, se rebela la Cuarta Alma como respuesta de la fe vivida en su dimensión más religiosa; esto es, más atada íntimamente a Dios, que llena así todo horizonte y toda experiencia, la que quisiera ver expresada en mayor medida en las formas visibles de la Iglesia.

Entendidas como vocación personal, todas y cada una de ellas son magníficas vías de afrontar nuestro mundo. El problema se presenta cuando cada una se considera la única válida y menosprecia, cuando no critica, a las demás. A veces incluso les niega el reconocimiento, proclamando así el escándalo de predicar el amor a grandes categorías (a la vida, a la justicia, al compromiso o a la espiritualidad) y negándoselo a la persona concreta que tiene al lado. Afirma el diálogo interreligioso y ecuménico al tiempo que niega la palabra al compañero católico, simplemente por vivir la fe mediante una vía que no es la suya. Y es que en el fondo subyace un error.

No existen cuatro almas, porque todas ellas son sólo facetas de la única alma de la Iglesia. Por eso debemos acabar con nuestras divisiones. "Amémonos unos a otros ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios "(Jn 4,7).

O si se quiere, en plan sencillo, ¡al menos hablemos! 2004-07-20

 

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CATÓLICOS EN LAS CATACUMBAS

 

Por Juan Manuel DE PRADA/

 

SIEMPRE he mirado con desconfianza la connivencia del poder político con la religión. En primer lugar, porque empaña las creencias de una equívoca connotación ideológica; en segundo, porque el poder político siempre trata de sacar tajada de dicha connivencia, exigiendo a cambio de determinadas concesiones una adhesión lacayuna de las jerarquías eclesiásticas. Por lo demás, la experiencia demuestra que la hostilidad del poder político es el humus fecundo que favorece el aquilatamiento de las convicciones religiosas: probablemente, la religión cristiana no se habría propagado con la pujanza que lo hizo si Roma no hubiese dictaminado su exterminio. No participo, pues, de ese desaliento que parece haberse apoderado de una mayoría de los católicos españoles en los últimos meses, después de que la nueva facción gobernante haya multiplicado sus gestos de displicencia, desdén o declarada beligerancia hacia la religión que nos sirve de sustento. Por el contrario, creo que la coyuntura no puede ser más estimulante, pues nos incita a espantar la camastronería con que habitualmente vivimos nuestra fe. Jesús ya nos anticipó que nos perseguirían en su nombre: «Os entregarán a los sanedrines, y en las sinagogas seréis azotados, y compareceréis ante los gobernadores y los reyes por amor de mí para dar testimonio ante ellos». Y también dejó establecido cuál debía ser nuestra actitud cuando llegase ese día: «No les tengáis miedo. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo a la luz; y lo que os digo al oído, predicadlo sobre los terrados».

 

De eso se trata. Prediquemos nuestra fe en los terrados, sin miedo al vituperio y al aborrecimiento de nuestra época. Quienes dispongan de una tribuna pública, haciendo uso de ella para que sirva de acicate y confortación. Quienes carezcan de ella, manteniéndose firmes en unas convicciones que van a la contra de los tiempos que corren; pues en su capacidad de resistencia se cifra el éxito final de la empresa. Pero no ha de ser ésta una resistencia pasiva y pusilánime, como pretenden quienes postulan una «fe privada» y casi clandestina, sino desvelada y dispuesta a revolverse contra su hostigador. A fin de cuentas, los gestos de displicencia, desdén o declarada beligerancia que nos dispensa la facción gobernante ni siquiera anhelan nuestro exterminio, sino más bien nuestra reclusión en catacumbas de tibieza y acoquinamiento; bastará con que nos neguemos a recular para que los hostigadores aprecien el material del que estamos fabricados. Y quizá sean ellos quienes entonces empiecen a acoquinarse.

 

La defensa de nuestra fe nos impone un deber de activismo. Aprovechemos, en primer lugar, los instrumentos que la ley pone a nuestro servicio: exijamos sin desmayo para nuestros hijos una educación religiosa en las escuelas; contribuyamos con nuestros impuestos al sostenimiento de la Iglesia. Aceptemos, en segundo lugar, que la fe no puede ser vivida en tiempos de tribulación como una rutina heredada, sino como un signo de identidad orgullosa en el que se dirime la supervivencia de nuestra genealogía cultural y espiritual; participemos en las liturgias de nuestra fe con gozo, espantemos ese marasmo de estolidez y hedonismo que han arrojado sobre nuestros hombros llenando las iglesias. Y, en fin, si la defensa de nuestras convicciones lo exige, salgamos a la calle armados de pancartas que nos identifiquen: nunca se habría visto una manifestación más multitudinaria y apabullante como la que congregase a los católicos que cada domingo van a misa. Cualquier cosa, antes que resignarnos a vivir en las catacumbas. Y, sobre todo, perseverancia, aunque la soledad nos incite a la claudicación: «Seréis aborrecidos de todos en mi nombre. Sólo el que persevere hasta el fin será salvo». 2004-07-12 España

 

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Padre Ignacio Acevedo  2004.07.15

 

Padre Ignacio Acevedo y compañeros mártires de Brasil. Con este nombre son venerados cuarenta mártires, representantes de uno de los mayores esfuerzos misioneros de la Iglesia.
De sólo Portugal y España, y de sólo la Compañía de Jesús, salían el 5 de junio de 1570 de la Barra del Tajo 74 misioneros jesuitas, divididos en varias naves.

El superior de todos ellos y de la Misión del Brasil, Padre Ignacio de Acevedo, navegaba con 39 más en la nave Santiago, no lejos de Tazacorte, su última escala en la isla canaria de la Palma. De pronto se ven asaltados por piratas enemigos de la fe católica; y arrojados al mar a golpes de espada y de lanza.

El Padre Ignacio de Acevedo muere, entre los últimos, animándoles a aquel su triunfo, con una imagen de Nuestra Señora que en Roma le había confiado para el Brasil San Pío V.
Eran 32 portugueses y 8 españoles; destacaban por la juventud de casi todos, en su mayoría estudiantes universitarios y técnicos.


Sólo fue perdonado por los piratas el cocinero, para servirse de él. Pero un sobrino del capitán que había pedido ya su admisión en la Compañía de Jesús, toma la sotana de uno de los mártires y vestido con ella, firma con su sangre la admisión. Era el 15 de julio de 1570.Santa Teresa de Jesús, que tenía entre los mártires un sobrino suyo, Francisco Pérez Godoy, de Torrijos, comunicó en Ávila ese mismo día haber participado en su oración de la gloria con que el cielo todo había coronado a aquel invicto escuadrón de mártires misioneros.

 

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*846 – Invasión, saqueo, destrucción, incendios, pillajes, violaciones, etc. por parte de las turbas mahometanas (¿10.000 piratas sarracenos?), en la ciudad santa del cristianismo: ‘Roma’.

El monasterio de Montecasino, tras pillajes, robos, crímenes, había sido destruido por los seguidores de Mahoma.

El fanatismo y la ignorancia de los seguidores de Mahoma, les llevó a robar, destruir e incendiar antiguos papiros y códices de la biblioteca vaticana. Así, parte del patrimonio y memoria escrita de la humanidad, han quedado aniquilados para siempre. 

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S. S. BENEDICTO III – P.P.

— Se desconoce la fecha de su nacimiento.
— Fue elegido Papa el 29 de septiembre del año 855.
— Continuó la reparación de las iglesias de Roma profanadas y dañadas con hurtos, latrocinios e incendios, por la invasión de los Sarracenos el año 846.
— Murió el 17 de abril del año 858. Fue enterrado cerca de la puerta principal de San Pedro.

 

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San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla a finales del siglo IV, cuya celebración litúrgica se celebra el 13 de septiembre:

«Fue definido "boca de oro" por su extraordinaria elocuencia, pero también se le llamaba "doctor eucarístico" por la amplitud y profundidad de su doctrina sobre el santísimo sacramento», recordó.
«La "divina litúrgica" que más se celebra en las Iglesias orientales lleva su nombre y su lema --"basta un hombre lleno de celo para transformar a todo un pueblo"-- manifiesta la eficacia de la acción de Cristo a través de sus sacramentos». 2005.

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En el siglo VII los musulmanes invadieron a griegos, romanos, godos, judíos, iranios, indios. Los consideraban decadentes, como ahora a nosotros. Traían una cultura cerrada y dogmática, una teocracia de guerreros que, si morían, iban al paraíso. 2005.

 

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"En ti he puesto mi esperanza, guárdame Señor del eterno mal y concédeme la redención, por tu gran y profunda bondad que nunca me abandona".

 

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Decía San Juan Damasceno: Si alguien no tiene fe llévalo a la Iglesia y que contemple los sagrados iconos... la verdad no se demuestra sino que se muestra ...

 

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Beata Teresa de Calcuta (1910-1997) fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad - A Simple Path

 

“Os he dicho todo esto, para que podáis encontrar la paz en vuestra unión conmigo.” (Jn 16,33) -       Las obras del amor siempre son obras de la paz. Cada vez que compartís el amor con los demás, acentuáis la paz en vosotros mismos y en los hermanos. Donde hay paz ahí está Dios. Dios nos muestra su amor y se hace presente en nuestras vidas inundando nuestros corazones de su paz y de su alegría.

Condúceme de la muerte a la vida,
Del error a la verdad.
Condúceme de la desesperanza a la esperanza,
Del temor a la confianza.
Condúceme del odio al amor,
De la guerra a la paz.
Haz que la paz colme mi corazón,
Llene el mundo y nuestro universo:
Paz, paz, paz.

 

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¿Por qué no soñar con un país de la verdad?. Un país establecido sobre el fundamento de la verdad. En el que esté prohibido decir mentiras. Que cada cual se ciña el cinturón de la responsabilidad. Que las actuaciones de cada individuo no estén reñidas con las buenas costumbres. Un país que mantenga como estandarte la paz sustentada en la verdad. La verdad, expuesta bajo el manto de la sinceridad. La carta sustantiva de un país con esas características, es el amor a la verdad. El amor a la verdad, que es su mejor defensa contra el relativismo moral y el cómodo conformismo. El amor, que lleva a todos al discernimiento para que abandonen el juicio sumario y temerario contra las personas, las opiniones sectarias y la deformación de los valores morales. En el país de la verdad, siempre están abiertas las puertas, para que cada ciudadano rectifique del falso juicio que se ha formado de los demás, bajo estrictas medidas, que no le haya dado cabida a la calumnia la difamación y la maledicencia. En el país de la verdad se respeta la intimidad de las personas. Sin excepción, todo aquel que viole las reglas establecidas, ya sea que atente contra la integridad moral de las personas o que de alguna manera su opinión o pronunciamiento faltare a la verdad, la pena capital impuesta es el destierro “in situ”, pena que consiste en el descreimiento e indiferencia absoluta a cualquier cosa que haga o diga el inculpado en cuestión. En un país así vale la pena vivir, porque no hay doblez, no hay cabida para la falta de veracidad, que se manifiesta también en la hipocresía o lo que es lo mismo falta de unidad de vida. 2005.05

 

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"La identificación de la conciencia con el conocimiento superficial y la reducción del hombre a la subjetividad no liberan, sino que esclavizan; nos hacen completamente dependientes de las opiniones dominantes y reducen día a día el nivel de las mismas opiniones dominantes." (Ratzinger, Verdad, 55) S.S. Benedicto XVI - P. P.

 

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El valor de una sociedad se define por el de sus instituciones, sobre todo las educativas. Y la Iglesia desde los albores de la edad media, instituye escuelas y universidades, después.

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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El deseo de la contemplación de Dios  - "Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di a Dios: ´Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro.´
Y ahora. Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.
Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré a ella? ¿Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro.
¿Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro.
Señor, tú eres mi Dios, mi dueño, y con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte, y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.
Entonces, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros?
Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.
Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré.
"

Anselmo, obispo de Canterbury, Proslogion, 1.

 

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"No nos van a callar ni vamos a callar: Cristo es el Mesías, el Redentor"

 

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El irracionalismo actual no es otra cosa que el desarrollo de la irracionalidad que lleva en sus entrañas todo racionalismo. El irracionalismo no es la simple irracionalidad, sino la tesis de que en el saber todo da lo mismo. ¡He aquí las sectas!

 

"Erit enim tempus cum sanam doctrinam non sustinebunt sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent ad fabulas autem convertentur" (2 ad Thimoteum 4, 3-4).

 

"Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que de acuerdo con sus pasiones se rodearán de maestros que halaguen sus oídos, y apartarán, por una parte, el oído de la verdad, mientras que, por otra, se volverán a los mitos". San Pablo que, con otros miembros de la Iglesia Católica, también escribió la Biblia.

 

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La Iglesia, desde el inicio, es católica,

esta es su esencia más profunda, dice Pablo.

 

El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

“En la grandeza y hermosura de las criaturas, proporcionalmente se puede contemplar a su Hacedor original… Y si se admiraron del poder y de la fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su plasmador...; si fueron seducidos por su hermosura, ... debieron conocer cuánto mejor es el Señor de ellos, pues es el autor de la belleza quien hizo todas estas cosas”.

 

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

P: Sobre Shakespeare, ¿era católico como algunos afirman?

R:De hecho, si fuera criptocatólico se explicaría, por ejemplo, porque nunca se quiso divorciar de su mujer a pesar de que era consciente de que le era infiel.

 

Recomendamos vivamente: Al caer de la tarde - es un ramillete de reflexiones al hilo de la liturgia de Adviento, que escribe Cristina González Alba para la colección Hablar con Jesús, de la editorial Desclée De Brower. El hilo conductor es despertar y empezar a caminar, con la mirada puesta en Jesús de Nazaret.

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Recomendamos vivamente: MI QUERIDA IGLESIA SANTA Y PECADORA - Decía José Luis Martín Descalzo que «nuestros pecados manchan tan poco la Iglesia como las manchas al sol». En este espíritu ha escrito Mariano Purroy Mi querida Iglesia, santa y pecadora (Edibesa), una mirada positiva y realista sobre los pecados de los cristianos y el perdón de Cristo.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).