Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > España - 1934/6 - 4º matanza de católicos; política, freno a Rusia de Stalin

Recomendamos vivamente:  Historia de la Persecución Religiosa en España (1936-39) de Antonio Montero –Editorial ‘BAC’ excelente e indispensable libro histórico y testimonial.

 

+++

 

Historiadores que mienten sabiendo de mentir... …[…]… Al lado de la entrevista, una historiadora –más o menos– de la Complutense, doña Mirta Núñez, asevera que mis libros "carecen de todo rigor". Lo dice una persona que insiste en que los estalinistas, racistas, golpistas y demás componentes del Frente Popular defendían la libertad y la democracia; y que denigra a los inocentes caídos en la represión equiparándolos a los chequistas y asesinos también fusilados o encarcelados: ¡todos víctimas! Este es el rigor de estos brillantes historiadores. Pues nada, que sigan desacreditándose ellos mismos. Pío MOA. Esp.

http://libertaddigital.com/bitacora/piomoa/ 2007-10-30

 

+++

 

Mártires de la Iglesia Católica, victimas de la República laicista española… 1937  - La importancia de este hallazgo es que Alcalá de Henares fue durante la contienda zona republicana y en esta zona fueron asesinados más de cuatrocientos sacerdotes, seminaristas y seglares.Igualmente, en Alcalá de Henares, en junio de 1937, fue detenido, torturado y asesinado el líder del Partido Obrero de Unificación Marxista (Poum), Andreu Nin, y cuyo paradero se desconoce.

Las primeras impresiones sobre el terreno apuntan a que podría tratarse de una fosa común de la Guerra Civil y que los cuerpos habrían sido arrojados a la fosa y no colocados ordenadamente en el fondo de la misma. Incluso, se baraja la hipótesis de que se trate de una fosa abierta y cerrada sucesivamente varias veces, para acumular en ella nuevos cadáveres.

El silencio oficial sobre el descubrimiento de esta fosa común abre una serie de incógnitas sobre el incumplimiento, por parte del Gobierno socialista, de la Ley de Memoria Histórica, en la que el Ejecutivo de Zapatero se comprometía a facilitar toda la información disponible sobre los terrenos en se localicen restos de víctimas de la Guerra Civil.

El Ministerio de Defensa se ha visto obligado a confirmar a ABC el hallazgo de una fosa común con restos humanos en Alcalá de Henares. …[…]… ‘ABC’. 2008.III.06

 

+++

 

¿de que los franquistas no mataron a los curas nacionalistas vascos? Existe una lista de 15 curas vascos asesinados por las tropas rebeldes o nacionales. Aunque, aun así, el número de esas ejecuciones es mucho menor que el de los miles de clérigos asesinados por los republicanos o rojos durante la guerra civil. Definitivamente fue una guerra civil.

 

+++

 

Relativismo moderno… ya que el problema de la verdad no está en que cada uno tenga "su" verdad, sino que se va al acto de conocimiento que ha ejercido y entonces se le señala su alcance ya que con unos actos de conocimiento se conoce poca verdad y con otros más; así por ejemplo se puede decir hasta dónde da de sí un acto de representación de la imaginación, un acto de abstracción, de conceptualización, de generalización, de juicio y razonamiento lógico, de juicio y razonamiento racional, etc. De manera especial se trata de responder a aquella pregunta tan querida por quienes al seguir una vocación profesional optamos por la Filosofía: ¿Con qué actos de conocimiento alcanzo a Dios? (mientras estamos in via evidentemente), y entonces nos remitimos a un tipo de actos superiores a lo meramente operativos: los hábitos intelectuales: el hábito de los primeros principios, el hábito de la ciencia y el hábito de la sabiduría.

 

+++


Sobre el 18 de julio, reitero la crítica a la célebre frase de Madariaga diciendo que la izquierda,  con su insurrección del 34, se había privado de autoridad moral para condenar el alzamiento del 36. La insurrección del 34 se hizo contra un gobierno plenamente legítimo, y la del 36 contra un gobierno ilegítimo, salido de unas elecciones fraudulentas y destructor de la legalidad republicana. Al destruirse la legalidad se abren las compuertas a la lucha civil, puesto que la ley es precisamente lo que encauza las tensiones y oposiciones de intereses y aspiraciones entre unos sectores sociales y otros. Y ahí radica todo el secreto de la guerra civil. Pío Moa. 18. VII. MMXII.

http://www.intereconomia.com/

 

+++

 

 

 

Comunistas y socialistas destruyendo el patrimonio cultural... bibliotecas, museos, etc.…

Les recordaremos que "memoria histórica" es el brutal cerco al que fue sometido Oviedo en la Revolución del 1934 y en la Guerra del 1936; Los comunistas y socialistas no escapen a la "memoria histórica": son los bombardeos que durante un año asolaron Oviedo; la voladura de la Cámara Santa y la torre de la Catedral; la quema de la Universidad y de su biblioteca, de la Audiencia y de su archivo.

Millares de libros y antiquísimos códices –conservados por la Iglesia Católica- fueron desvastados por el fuego y algunos robados…. Innumerables obras de arte fueron destruidas con los saqueos de iglesias, además de los asesinatos de sacerdotes, religiosos y fieles católicos por el simple hecho de serlo, dentro de la mayor persecución religiosa de la historia; y un largo etcétera que todavía muchos ovetenses, con muy buena "memoria histórica" recuerdan. 2008.V.

 

+++

 

El historiador italiano Andrea Riccardi escribe en el libro "El siglo de los mártires" (Milán, 2000) a propósito de la persecución religiosa en España por parte de anarquistas, socialistas radicales y comunistas.

La escalada de los asesinatos fue impresiónate: desde el 18 de julio hasta el final de ese mes, las víctimas del clero ascendieron a 861; en agosto, a 2.077, con una media de sesenta muertes al día. En el otoño los asesinatos continuaron, a pesar de que su número disminuyó, y a principios de 1937 descendieron sensiblemente. (...) En este contexto los obispos decidieron firmar la carta colectiva redactada por el cardenal Goma -publicada el 1 de julio de 1937-, en la que los prelados denunciaban la persecución sufrida por la Iglesia y se manifestaban abiertamente partidarios de los "nacionales".

Sin embargo, la persecución que sufrió la Iglesia no fue una consecuencia de la carta colectiva. "La verdad -dijo el cardenal Tarancón- es que la gran matanza de sacerdotes se realizó cuando la Iglesia no se había definido, en ningún momento, por alguno de los dos bandos (...) Extrañamente todos aquellos muertos suelen atribuirse a la famosa carta colectiva del episcopado español: los rojos, en definitiva, habrían tomado represalias contra la posición adquirida por la Iglesia, pero es cierto lo contrario: la carta, de hecho, detuvo prácticamente la sangría... en realidad fue la consecuencia de aquellas muertes y no lo contrario".

 

+++

 

Pensar que los socialistas pueden pedir perdón por algo es de una ingenuidad pasmosa. Aún no lo han pedido por el Oro de Moscú y el asalto a las cajas de todos los bancos en tiempos de Largo. Ni por las checas y lo de Paracuellos. Ni por lo del "Vita". Y tantos-miles de crímenes más con innumerables mártires y víctimas. Como la derecha política española no les pide cuentas, ellos no las dan.. 2004.-

 

+++

 

Si el bando republicano hubiese ganado la guerra, ¿Hubiera estado España bajo el yugo soviético hasta el 89? ¿Hubiese permitido EEUU un intruso comunista en su zona de influencia?

 

Que hubiera estado bajo control soviético ofrece poca duda vistos los propios documentos soviéticos. Y la cuestión está en si en esas condiciones Francia e Italia hubieran podido resistir –como en 1945– las maniobras de control por los comunistas. La verdad es que la victoria del Frente Popular hubiera sido la de Stalin y eso lo sabían todos, les guste o no reconocerlo.

Don César VIDAL dr.en historia, y filosofía y teología, es abogado;2005-01-11 L.D.

 

+++


 

Cómo Rusia salvó a Inglaterra

 

Blog II: Naturaleza del poder www.piomoa.es".

 

------------------------------------------

 

Cómo salvó Rusia a Inglaterra

 

La historiografía más extendida suele presentar a Usa como la clave de la derrota del III Reich, incluso como la salvadora de la URSS. Creo que ocurrió más bien lo contrario.

 

  

 

Así como la estrategia de Stalin consistió en procurar que la "guerra imperialista" estallara entre Alemania y las democracias, la de Churchill, una vez derrotado el ejército francoinglés en pocas semanas, consistió en resistir hasta que Usa se volcase con todo su poder en su ayuda. El problema era que la opinión pública useña no deseaba entrar en la contienda y que, entre tanto, Inglaterra podía recibir tales golpes que Washington diese su causa por perdida y desistiese de meterse en una aventura en todo caso muy incierta. Y la disposición de los británicos a soportar cualquier sacrificio ha sido probablemente algo exagerada por su leyenda heroica.

 

Se trataba, en suma, de una carrera contra el tiempo. El éxito británico en la Batalla de Inglaterra no garantizaba otros parecidos, y para asegurarse la protección final useña, Churchill debía mostrar algunas victorias, aunque no fueran decisivas. Y ello no ocurrió. Cuando el eje de la guerra se desplazó al Mediterráneo, los alemanes, en inferioridad material, derrotaron una y otra vez a los ingleses y tuvieron la oportunidad de avanzar hacia el petróleo de Oriente Medio, desechándola al cambiar hacia Rusia su orientación principal. Poco antes, durante unos meses cruciales, Hitler se concentró en Gibraltar como llave del Mediterráneo y de la costa atlántica del Magreb, que debía asegurar su retaguardia. Fue Franco, con su actitud dilatoria, quien impidió una evolución que habría puesto a Inglaterra contra las cuerdas. Para Londres, la neutralidad hispana resultó una verdadera tabla de salvación... que pagaría intimidando y aislando a España cuando se sintió victoriosa, unos años después.

 

Conocido el desenlace de la contienda, es fácil decir que Hitler cometió el gran error de su vida al atacar a la URSS; pero entonces no era tan obvio. Churchill respiró muy aliviado por la Operación Barbarroja, que obligaba a Alemania a emplear casi todo su poderío en Rusia, y buscó la más estrecha alianza con Stalin. Pero ¿cuánto duraría ese respiro? Casi todos los expertos, incluido Churchill, pensaban que la Wehrmacht repetiría sus hazañas desde Noruega a Francia, y los cálculos sobre la capacidad de resistencia soviética oscilaban entre las seis y las diez semanas. Si tales cálculos acertaban, el tiempo ganado por Inglaterra habría sido muy breve, y su situación final mucho peor, pues desde el Cáucaso Hitler amenazaría el Oriente Próximo, con su vital petróleo y hasta la India, con fuerzas muy superiores a las del Afrika Korps, que, siendo pequeñas, tantos disgustos daban al ejército británico en Libia y Egipto.

 

Así, todo el desarrollo de la guerra pasó a depender de la resistencia soviética. Y esta se demostró muy superior a todas las expectativas. Durante unos meses, la Wehrmacht pareció repetir sus brillantes campañas del oeste, pero a un coste en sangre desusado y con lentitud mayor de la prevista. Llegó el otoño y los tres grandes objetivos, Moscú, Leningrado y el Cáucaso, todavía estaban lejanos. Con un último empuje, los alemanes lograron aislar Leningrado, acercarse a Moscú y ocupar Rostof del Don, a las puertas del Cáucaso. Pero allí acabó todo. De forma algo incorrecta se llama "la Batalla de Moscú" al titánico choque de diciembre de 1941, que se extendió por un frente de miles de kilómetros. Los rusos, reforzados por divisiones traídas de Siberia, hicieron retroceder a sus enemigos, a veces entre escenas de pánico, poniéndolos al borde de la catástrofe total. Si esta pudo contenerse, a costa de terribles sacrificios, se debió a que la Wehrmacht era cualitativamente el mejor ejército del mundo.

 

Rusia ganó aquella batalla trascendental con sus propias fuerzas, antes de que Usa entrase en guerra. Ocurrió durante un invierno adelantado, el más crudo del siglo, y suele achacarse a ese General Invierno la causa mayor de la victoria soviética. Pero el frío, que paralizaba los motores y congelaba a los soldados, era el mismo para los dos bandos. La diferencia estaba en la previsión: los soviéticos estaban mucho mejor abrigados y sus armas, al parecer, resistían mejor las gélidas temperaturas. Fue el General Imprevisión el que causó la derrota germana. Imprevisión no solo ante el invierno, sino ante la capacidad industrial del enemigo para producir masivamente armas de buena calidad y ante la actitud de la población, al principio receptiva al invasor por creer que la iba a librar del comunismo. Por el contrario, Stalin dejó en segundo término la ideología y apeló al patriotismo ruso, con excelentes resultados.

 

Colmo de ventura para Churchill fue que, por las mismas fechas, Usa entrase por fin en guerra tras el ataque japonés a Pearl Harbor. Pero sus efectos aún tardarían en notarse, mientras que los de la Batalla de Moscú fueron inmediatos y decisivos. Esta salvó muy directa y literalmente a Inglaterra, pues, de tener el desenlace contrario, Hitler habría podido liberar sus fuerzas para destruir el dominio británico sobre Oriente Medio y Próximo, y en el Mediterráneo. También salvó posiblemente a España, por cuanto es difícil imaginar que un Hitler triunfante perdonase a Franco su ingratitud –no debida a enemistad hacia Alemania, sino a la prioridad dada por el Caudillo en todo momento a los intereses propios españoles–.

 

La consecuencia más decisiva de la Batalla de Moscú fue que Alemania iba a quedar enfangada en Rusia para el resto de la guerra, dedicándole hasta el 90% de su capacidad bélica. Para Churchill y Roosevelt fue un magnífico negocio ayudar con material diverso a sus aliados soviéticos, ya que ello les permitía eludir el encuentro con el grueso de las fuerzas alemanas.

 

(En LD, 15-6-2011)

 

http://www.gaceta.es/pio-moa/rusia-salvo-inglaterra-12042014-1714#sthash.JByEwJzL.dpuf

 

 

 

+++


 

Andrés Nin fue el máximo dirigente del Partido Obrero de Unificación Marxista, el POUM, según los amigos de las siglas, un partido comunista trotskista, opuesto a veces y otras bien aliado del PCE, el partido marxista-leninista oficial, la sucursal de la Unión Soviética. Y tal como lo dice ABC -el jefe del POUM fue asesinado sin más aclaraciones-, cualquiera podría pensar que le mataron los nacionales. Pues no. Permítase aclarar, pues el periódico no lo hace, que a Andrés Nin le secuestraron los comunistas del PCE y de él nunca más se supo. Se supone, o se sabe, que le mataron y le tiraron a cualquier fosa común, como ésta que ha aparecido recientemente. Así actuaron las hordas marxistas ayer; hoy III.2008 certifican sus fosas –en zona militar roja republicana- con restos humanos en Alcalá de Henares (22 de junio 1937?). También tales hordas fueron las que profanaron templos, asesinaron a religiosos, cometieron atrocidades-vilezas sobre cadáveres humanos en Asturias 1931. Los incendios de los templos sevillanos de San José y San Julián, en 1931 y 1932, iniciaron la persecución religiosa en España. En ambos casos asombraron los comportamientos vandálicos de la muchedumbre, llevados por una crueldad ilimitada y atizada por elementos revolucionarios comunistas-bolcheviques (milicias y anarco-sindicatos de izquierdas) en la por ellos llamada ‘Sevilla la roja’. Todo, frente la pasividad de las autoridades civiles. Esp. 2008.III.

-.-

…de cómo el odio ciego llevó a la hueca y retumbante intelectualidad de izquierda, a quemar insignes obras de arte, y destruir para siempre joyas del patrimonio artístico de la humanidad…

 

Capilla de San José-Sevilla. Fue incendiada en la madrugada del 12 de mayo de 1931 y saqueada durante la mañana siguiente. Quedó parcialmente destruida una de las joyas del barroco del siglo XVII. Se perdieron veintiséis obras de arte religioso, algunas atribuidas a Pacheco, Roelas, Murillo y Velásquez, y otras firmadas por Murillo, Valdés Leal, Tobar, Eduardo Cano, Pacheco, Martínez y Esteban Domínguez. Un concejal socialista propuso en el ayuntamiento que se derribara totalmente la capilla. [Existe un informe sobre el incendio y los daños sufridos por la capilla de San José, firmado por el Padre Diego de Valencina y publicado en 1939. Un informe fue leído por el mismo autor, informando de lo ocurrido en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, el 29 de diciembre de 1935, recuperando la memoria histórica de uno de los hechos simbólicos de la persecución religiosa en Sevilla… y de España].

 

Iglesia parroquial de San Julián. En 1932 un templo mudéjar de los años 1300 incendiado por dos conocidos homosexuales: Rafael García AGUILAR (a) ‘La Pinocha’, que también era conocido como ‘Custodia Romero’, y Antonio Lagares VINOT (a) ‘La Bizca’, ambos de Sevilla.

El incendio se produjo en la madrugada del 8 de abril de 1932. Todo su interior y techumbre quedaron destruídos, más el tesoro de la Hermandad de la Hiniesta. Entre las numerosas obras de arte desaparecidas figuran una imagen de la Hiniesta, Patrona del Ayuntamiento, del siglo XIV; una pintura mural de San Cristóbal, del siglo XV, original de Juan Sánchez castro; ocho pinturas en tablas de hacia 1500; otra imagen de la Hiniesta atribuida a Juan Martínez Montañés; una Virgen Dolorosa, de Alonso Cano; el retablo mayor, realizado en el siglo XVII por el arquitecto Felipe de Ribas; otros varios retablos de los siglos XVII y XVIII, más pinturas, esculturas, mobiliario, ornamentos y una excepcional colección de objetos de orfebrería sevillana.   La noche del 8 de abril de 1932, poco después de la Semana Santa sin desfiles procesionales, ardió la iglesia parroquial de San Julián y se perdieron todo el patrimonio de la Hermandad de la Hiniesta y las obras de arte religioso custodiadas en su interior. Además de las imágenes procesionales de la Cofradía de la Hiniesta, ardió totalmente una talla de esta misma advocación datada en el siglo XIV y considerada una de las más antiguas de Sevilla.

Cuando los bomberos llegaron al lugar y buscaron bocas de agua, se las encontraron rellenas de piedras. Además, fueron recibidos con gritos de rechazo. La plebe quería fuego. Todos los periódicos locales recogieron la noticia con alardes tipográficos. Era el primer templo que ardía en Sevilla capital después de mayo de 1931. en los siguientes meses de 1932 ardieron once en la provincia; (la cantidad de obras de arte robadas, incendiadas, destruidas, profanadas, es incalculable y desaparecieron para siempre del Patrimonio artístico de la Humanidad).

La más activa y valiente campaña de denuncia de los ocurrido la hizo Domingo Tejera de Quesada, director del diario ‘La Unión’, quien no dudó en calificar el incendio de provocado por manos criminales, frente a la opinión del gobernador civil quie lo consideraba fortuito. En las Cortes, Manuel Azaña dijo que el fuego había sido casual… Toda la presión oficial se volcó contra el periodista, que fue procesado, pero sin lograr rendir su pluma.

En Julio del mismo año 1932, la policía detuvo a dos presuntos autores del atentado y le dio la razón a Domingo Tejera. Habían sido dos conocidos homosexuales: Rafael García AGUILAR (a) ‘La Pinocha’, que también era conocido como ‘Custodia Romero’, y Antonio Lagares VINOT (a) ‘La Bizca’. Los dos habían sido detenidos en otras ocasiones por intentos de incendios de templos donde residían Hermandades y domicilios de sacerdotes, pero siempre tuvieron testigos a su favor y no pudieron ser condenados.

Como bien escribió Domingo Tejera de Quesada, se habían detenido a los ejecutores del incendio, que además eran reincidentes, pero siempre quedaba sin esclarecer la mano inductora y criminal, que era lo más importante. Nunca se supo quién había pagado a los incendiarios de iglesias. Más de dos años después del atentado, en junio de 1934, se celebró la vista de la causa contra los dos acusados. Un jurado popular los absolvió por falta de pruebas. (Domingo Tejera de Quesada fue un periodista ejemplar, humanista, fue perseguido por sus convicciones cristianas. Domingo Tejera es una de las grandes figuras del periodismo español del siglo XX, victima de la hueca y retumbante intelectualidad de una izquierda totalitaria).

«Perdón, siempre; olvido cobarde, nunca».-

 

Recomendamos vivamente: ‘La otra memoria histórica’. Autor don Nicolás SALAS. Editorial ALMUZARA. Un libro indispensable y riguroso con 500 testimonios gráficos y documentales de la represión marxista en España (1931-1939).

 

+++

 

VERITAS OMNIA VINCIT  - Amnesia histórica – 1936 – 1939- Tal y como era previsible, los medios de comunicación, que últimamente han jaleado con entusiasmo las medidas denominadas de recuperación de memoria histórica, es decir, a recordar exclusivamente los crímenes que el bando franquista cometió durante la guerra civil, han pasado de puntillas sobre el aniversario del inicio de la represión desencadenada en el bando republicano.

El 19 de julio de 1936, sólo en Barcelona fueron incendiadas 20 iglesias, incluyendo Santa Maria del Mar, San Jose Oriol y Nuestra Señora de Belén. En varios puntos de Cataluña los incendios de edificios religiosos se produjeron en los días posteriores, destacando la destrucción de la Catedral de Vic, donde fueron profanadas diversas tumbas, como la de Balmes y Torras y Bages, con cuyo cráneo los milicianos jugaron al fútbol.

El 23 de julio, y por orden expresa de Companys, ERC creó el Comité de Milicias Antifascistas, encargado de administrar la represión a cargo de milicianos de los partidos de izquierdas y que provocó hasta abril de 1939 8.352 asesinatos, el 0,28% de la población, incluyendo 2.039 religiosos. A la violencia del Comité le sustituyó en 1937 el SIM (Servicio de Información Militar) creador de las checas, centros de tortura y represión cuyo mando lo ocupó el militante del PSOE Santiago Garcés.

¿Están legitimados para condenar los crímenes del franquismo los partidos que desde el otro bando también acabaron con las manos manchadas de sangre?

Jorge Ros Enseñat 2005-07.21

 

+++

 

P: Existe un verdadero empeño en identificar como de izquierdas a nuestros ilustrados del XVIII. Pero no sólo a ellos; p. ej. Indalecio Prieto vendría a ser un prototipo de liberal de izquierdas. ¿Qué opina de esto? ¿Lo hacen a propósito para "emborronar" la historia?

 

R: 1. Ni uno solo de los prohombres del s. XVIII fue de izquierdas. Para ser exactos, el intelectual de izquierdas es un desconocido en la cultura española. Los intelectuales o eran de una derecha liberal (Ortega, Marañón. Sanchez Albornoz, Menendez Pidal) o autoritaria (Maeztu, Balmes), pero nunca de izquierdas.

2. Indalecio Prieto era un socialista de tomo y lomo... no hay más que ver como trajo armas para el golpe del PSOE en octubre de 1934.

Este diálogo con César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 23 de enero 2007. España

 

+++

 

«La guerra no es un derecho y, si está dictada por la necesidad de defender al inocente, debe ser sometida a reglas precisas compatibles con la dignidad humana».  2007 Mensaje Vat.

+++

 

 

Mártires cristianos, no héroes de guerra

 

Vicente Cárcel, conocido y apreciado historiador de la Iglesia en la España contemporánea, pretende acabar definitivamente con un obstinado silencio, explicar qué fue aquella persecución y por qué se llegó a ella.

El libro se divide en cinco grandes partes. La primera, titulada 1931-1936: persecución, comienza preguntándose cómo se llegó en 1931 a la Segunda República y cómo recibió la Iglesia a la república. Afirma el autor que la Segunda República española fue esencialmente anticlerical y anticristiana; comenzó quemando iglesias y conventos, y acabó matando curas, frailes, monjas y católicos, después de destruir un ingente patrimonio cultural.

Se hizo una Constitución que invitaba a la guerra civil y, además, se legisló de forma sectaria y antirreligiosa. Tras la revolución comunista de Asturias (1934), la izquierda perdió toda autoridad moral para condenar lo de 1936. En esa revolución murieron muchos sacerdotes y religiosos, entre ellos los santos mártires de Turón, canonizados el 21 de noviembre de 1999. Esto demuestra que antes de 1936 estaba previsto destruir a la Iglesia en España.

La segunda parte titulada: 1936-1939: holocausto, comienza analizando detenidamente cuanto pasó en el verano-otoño de 1936, caracterizado por el odio, la barbarie y la ferocidad. Afirma que la persecución fue premeditada, cruelísima, inhumana y bárbara, pero esencialmente anticristiana. Defiende la Carta colectiva de 1937 como el documento más valiente y polémico del episcopado español, y aunque reconoce que tuvo sus limitaciones, afirma que dio resultados muy positivos, pues a raíz de ella comenzó a decrecer la persecución. Habla después de cómo el ministro Irujo intentó mitigar la persecución sin conseguirlo, de las detenciones y asesinatos de sacerdotes entre 1937 y 1938, de la farsa de la libertad de cultos en Madrid y Barcelona, porque el Gobierno republicano nunca quiso restablecer el culto, de la nueva oleada persecutoria en 1938 y de cómo, al faltar garantías, la Iglesia no permitió el culto público. Explica por qué el cardenal Vidal no quiso regresar a la España republicana; las intervenciones que tuvieron Bernanos, Maritain y Claudel, y la organización de la Iglesia clandestina.

La tercera parte está centrada en los mártires, que Vicente Cárcel calcula en cerca de diez mil. Distingue tres conceptos fundamentales: caídos, víctimas y mártires; explica el concepto actual de martirio, afirma que en España hubo auténticos mártires cristianos en la mayor persecución de su historia; analiza los datos estadísticos, denuncia que los perseguidores torturaron y asesinaron a monjas ancianas y enfermas, y a mujeres católicas, solteras, casadas y viudas. También sucumbieron jóvenes seminaristas en grupos; ultrajaron y sacrificaron a doce obispos y mutilaron sus cadáveres; martirizaron a un gitano (El Pelé) porque era católico; profanaron tumbas de religiosos y expusieron los cadáveres. Habla después de los mártires vivientes y de los procesos de beatificación.

En la cuarta parte, titulada: Hoy nos habría gustado que&, explica que la Iglesia nunca tuvo ingente poder económico, ni escasa sensibilidad; distingue entre guerra civil y cruzada religiosa, entre persecución religiosa y represión política, para concluir afirmando que la Iglesia no tuvo más remedio que ser beligerante, pero trató de impedir y mitigar la represión de los nacionales, aunque no siempre lo consiguió: Su gratitud a Franco no fue colaboracionismo, ya que la Iglesia fue la única voz crítica que tuvo el régimen dentro de España.

Afirma que la Iglesia perdonó y ha pedido perdón por lo de la guerra, y se pregunta: ¿Tiene que pedir perdón también porque Franco la salvó de la persecución? Y ¿quiénes más deberían pedirlo? Por último, se detiene brevemente en la reciente polémica sobre el perdonismo en España y denuncia que todavía en 1999 la Iglesia sigue siendo denigrada, insultada y calumniada.

El colofón del libro explica el sentido ideológico de las guerras del siglo XX; el magisterio de Juan Pablo II sobre los mártires del siglo XX; y lo que ha dicho el Papa de los mártires españoles beatificados, a los que se unirá en los próximos años una multitud inmensa de mártires que camina hacia los altares. Se pregunta también si estos mártires son molestos, marginados u olvidados. Y concluye diciendo que los mártires no fueron héroes de una guerra que nunca hicieron, sino mártires de la persecución religiosa republicana que azotó a España.

Una amplia nota bibliográfica puede ayudar al lector interesado a profundizar ulteriormente en el tema.

Se trata de un libro de gran interés y actualidad, porque acaba de celebrarse el pasado 7 de mayo la conmemoración de los Testigos de la fe del siglo XX, que aporta datos y documentos irrefutables y que desea honrar la memoria de los mártires españoles.

 

Vicente Cárcel Ortí. – www.alfayomega.es   nº 216

 

+++

 

Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

+++

 

PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

+++

 

La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

+++

 

PASADO HISTORIA - La inscripción del templo de Delfos, que inspiró a Sócrates: conócete a ti mismo. Se trata de una verdad fundamental: conocerse a sí mismo es típico del hombre. En efecto, el hombre se distingue de los demás seres creados sobre la tierra por su capacidad de plantearse la cuestión del sentido de su propia existencia. Gracias a lo que conoce del mundo y de sí mismo, el hombre puede responder a otro imperativo que nos ha transmitido también el pensamiento griego: llega a ser lo que eres.

Por tanto, el conocimiento tiene una importancia vital en el camino que el hombre recorre hacia la realización plena de su humanidad: esto es verdad de modo singular por lo que atañe al conocimiento histórico. En efecto, las personas, como también las sociedades, llegan a ser plenamente conscientes de sí mismas cuando saben integrar su pasado.

 

+++

 

Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

+++

 

Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

+++

 

«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999).
S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

+++

 

Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

+++

 

La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

+++

 

El Renacimiento y la Reforma han configurado el individuo occidental moderno, que no se siente agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extrínseca y la tradición. Hay muchos que sienten cada vez menos la necesidad de «pertenecer» a las instituciones (pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones «oficiales» mayor valor que a las suyas propias. Con este culto a la humanidad, la religión se interioriza, de manera que se va preparando el terreno para una celebración de la sacralidad del yo; en el plano del análisis histórico, se cultiva el caldo del relativismo atenuando las responsabilidades importantes. Lo que importa señalar aquí y ahora es que, en ciertas prácticas de algunos grupos protestantes y la masonería en general, gustan recurrir constantemente a la mentira, a la desfiguración de los hechos quitándoles del contexto, o insisten recurrir llana y repetitivamente «sin vergüenza alguna» a las conocidas ‘leyendas negras’.

 

+++

 

DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

+++

 

 

Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

+++

 

España puso el freno a la Rusia

marxista en el momento justo

 

Sr. Director:

 

Le escribo desde la Argentina, desde la ciudad de Buenos Aires, adonde hemos vivido por varias generaciones, y adonde hoy sufrimos también la discriminación por ser católicos, pese a ser la mayoría. La "silenciosa" que le dicen. Compruebo, con horror y simpatía a la vez, que allí en la Península, también se cuecen habas.

 

Me da la impresión - porque al tema viene - que la no inclusión de Dios y la religión Católica, ni como comentario, en la constitución europea, es simplemente una victoria y a la vez, una vindicta, de los enemigos de la Fe.

 

A la vez, no me extraña, porque tal como lo sé y me vienen los recuerdos, se esté o no con Franco, se esté o no con la Monarquía o lo que se quiera, lo que es inamovible es que España puso a tascar el freno a la Rusia marxista y atea en el momento exacto, y los otros países de Europa, esa que hoy se florea de rica y progresista, gozan hoy de una libertad y de unas ínfulas que nacieron del filo de una espada que ni portaron ni envainaron. Porque por supuesto que no es verdad que los "aliados" liberaran algo.

 

Y aunque les pese,  fue esa Iglesia Católica que hoy hipócritamente critican, la que hizo de frontón, la que puso su sangre y sus mártires, la que fundamentó espiritualmente esa lucha, que por lo que se ve, ni terminó. Lo que no tuvo la Iglesia, y no es de lamentar, es a Hollywood.

 

No tengo compromiso con España, más que por el eterno fluir de esa sangre que uno cree que en algún remoto lugar y de extraña forma, lo condiciona a uno, pero debo ser honesto y decir que soy argentino ciento por ciento, y que seguramente de derechos carezco para afirmar lo que afirmo. Que sirva entonces, ojalá, como reflexión.

 

Mario Belmonte - El aviador -2005-01-07 hoy publicado en: HISPANIDAD. Esp.

 

+++

 

 

 


El padre de la mentira siempre es el demonio

 

 

 

Don Vicente Cárcel Ortí, sacerdote valenciano, es uno de los mayores expertos en la persecución religiosa española del 36; ha intervenido como postulador, en Roma, en algunas de las causas de beatificación en curso, y ha publicado un libro sobre este tema en la BAC.
Ésta es una entrevista en exclusiva para «Alfa y Omega»:

 

Cuando se les llama «mártires de la guerra civil», se están manipulando los términos -precisa-. La guerra civil es el contexto sociopolítico en que se produce su muerte; pero ellos son víctimas, no de una guerra civil, sino de una persecución religiosa, que son dos conceptos totalmente distintos. Los beatificados hasta ahora nunca fueron a la guerra: eran personas pacíficas, que estaban en sus conventos, en sus casas, en sus parroquias y comunidades, y los mataron porque eran religiosos, católicos, gente de fe.

 

Porque la persecución religiosa había empezado mucho antes.

Éste es el punto. El próximo año van a ser beatificados unos Hermanos de La Salle de Turón (Asturias), asesinados el año 34 en Oviedo... en 1934 no había guerra civil, sino una República en la que hubo persecución religiosa: quema de conventos, de iglesias, y en esto había una responsabilidad moral de aquel Gobierno. El término mártires de la guerra civil se presta a manipulación.

 

En este caso, ¿quiénes son los nuevos beatos?

Se trata de un grupo de religiosos de la Orden de los Agustinos Recoletos, asesinados en Motril (Granada) durante la persecución religiosa del 36, junto con el párroco del pueblo, don Manuel Martín. El religioso que encabeza el grupo era el padre Soler. No quisieron abandonar su comunidad, porque no tenían nada que esconder, lo mismo que el párroco, y fueron a por ellos, los sacaron y los mataron a poca distancia de donde vivían; a alguno, en las mismas calles del pueblo. Son los primeros mártires de esta parte de Andalucía. En todo el sur hubo muchos; concretamente, Jaén y Almería fueron las ciudades más castigadas. Fueron martirizados tres obispos: los de Almería y Guadix, ya beatificados, monseñores Diego Ventaja y Manuel Medina (los echaron vivos a un horno de cal), y el de Jaén, aún en proceso.

 

Con estas ocho beatificaciones, ¿cuántas hay ya en total?

Según los últimos datos, son ya 230 los mártires españoles beatificados por Juan Pablo II. Las causas pendientes en este momento son más de cien, y agrupan a casi mil mártires. Algunas causas son de un grupo numeroso; en Valencia, por ejemplo, hay una causa que agrupa a 74 mártires, entre los cuales hay 19 mujeres de Acción Católica, y 18 varones, jóvenes de 20 años, viudas, casadas, etc.

En Madrid hay casi 500 sacerdotes, cuyo proceso está siendo estudiado. Fue monseñor Rouco el que decidió abrir el proceso de beatificación de estos sacerdotes. El postulador que trabaja en esta causa vino a Roma a hablar conmigo, y me comentó que habían preparado una lista larguísima (no de todos, porque no hay todavía documentación suficiente, pero sí de muchos de ellos) para abrir el proceso. Eso sólo de sacerdotes diocesanos, porque en el caso de religiosos y religiosas, se encargan las propias Órdenes.

 

Por regiones, ¿cuál es la que ha dado más mártires?

La respuesta es distinta si hablamos en términos absolutos o relativos. En términos absolutos, donde más mataron fue en Madrid, seguido de Valencia, Tortosa, Barcelona...; pero en proporción al clero que existía, la diócesis con más mártires es Barbastro (el 90% de los sacerdotes: tenía entre 110 y 120, y mataron a casi 100, junto al obispo); al acabar la guerra, tenía unos 12 sacerdotes. En otras, como Lérida, se llegó al 70% del clero. En las diócesis más grandes, como Valencia y Madrid, aunque mataron a muchísima gente, se calcula que las cifras relativas están en torno al 30-35%.

 

¿Por qué estas causas se abren después de tantos años?

No; estas causas se abrieron al acabar la guerra en casi todas las diócesis; pero al llegar a Roma hubo, por decirlo así, un intento del régimen de Franco de que hubiera una especie de beatificación colectiva de todos los mártires juntos. Era una maniobra política, una forma de beatificar al régimen. Pablo VI decidió suspender las beatificaciones hasta que pasaran al menos 50 años. Las primeras son en 1987 con Juan Pablo II (exactamente 51 años después del inicio de la guerra), para que nadie pueda interpretarlo como un apoyo político a un régimen determinado.

 

¿Qué ha supuesto esta persecución para la historia de la Iglesia española?

En primer término, el testimonio de fe y de valentía de los católicos. En segundo lugar, de cara al futuro, supone un patrimonio, una riqueza espiritual enorme para nuestra Iglesia, como lo son para las Iglesias alemana y polaca los mártires del nazismo, o los del comunismo en los países del Este. La Iglesia empezó, en el siglo I, con los mártires del Imperio Romano, y el siglo XX acaba con el testimonio de los mártires de los grandes totalitarismos; en el caso de España, del totalitarismo comunista.

 

+++

 

Los Mártires Colombianos

Comunidad San Juan de Dios

 

 

 

 

 

 

 

10 de Abril Los Mártires Colombianos de la Comunidad de San Juan de Dios. (año 1936).

 

 

Desde 1934 estalló en España una horrorosa persecución contra los católicos, por parte de los comunistas y masones y de la extrema izquierda. Por medio del fraude y de toda clase de trampas fueron quitándoles a los católicos todos los puestos públicos.

En las elecciones, tuvo el partido católico medio millón de votos más que los de la extrema izquierda, pero al contabilizar tramposamente los votos, se les concedieron 152 curules menos a los católicos que a los izquierdistas.

La persecución anticatólica se fue volviendo cada vez más feroz y terrorífica. En pocos meses de 1936 fueron destruidos en España más de mil templos católicos y gravemente averiados más de dos mil.

Desde 1936 hasta 1939, los comunistas españoles asesinaron a 4,100 sacerdotes seculares; 2,300 religiosos; 283 religiosas y miles y miles de laicos. Todos por la sola razón de pertenecer a la Iglesia Católica.

Las comunidades que más mártires tuvieron fueron: Padres Claretianos: 270. Padres Franciscanos 226. Hermanos Maristas 176. Hermanos Cristianos 165. Padres Salesianos 100. Hermanos de San Juan de Dios 98.

En 1936 los católicos se levantaron en revolución al mando del General Francisco Franco y después de tres años de terribilísima guerra lograron echar del gobierno a los comunistas y anarquistas anticatólicos, pero estos antes de abandonar las armas y dejar el poder cometieron la más espantosa serie de asesinatos y crueldades que registra la historia. Y unas de sus víctimas fueron los siete jóvenes colombianos, hermanos de la Comunidad de San Juan de Dios, que estaban estudiando y trabajando en España.

Eran de origen campesino o de pueblos religiosos y piadosos. Muchachos que se habían propuesto desgastar su vida en favor de los que padecían enfermedades mentales, en la comunidad que San Juan de Dios fundó para atender a los enfermos más abandonados. La Comunidad los había enviado a España a perfeccionarse en el arte de la enfermería y ellos deseaban emplear el resto de su vida en ayudar de la mejor manera posible a que los enfermos recobraran su salud mental y física y sobre todo su salud espiritual por medio de la conversión y del progreso en virtud y santidad.

Sus nombres eran: Juan Bautista Velásquez, de Jardín (Antioquía) 27 años. Esteban Maya, de Pácora Caldas, 29 años. Melquiades Ramírez de Sonsón (Antioquía) 27 años. Eugenio Ramírez, de La Ceja (Antioquía) 23 años. Rubén de Jesús López, de Concepción (Antioquía) 28 años. Arturo Ayala, de Paipa (Boyacá) 27 años y Gaspar Páez Perdomo de Tello (Huila) 23 años.

Hacía pocos años que habían entrado en la Congregación y en España sólo llevaban dos años de permanencia. Hombre totalmente pacíficos que no buscaban sino hacer el bien a los más necesitados. No había ninguna causa para poderlos perseguir y matar, excepto el que eran seguidores de Cristo y de su Santa Religión. Y por esta causa los mataron.

Estos religiosos atenían una casa para enfermos mentales en Ciempozuelos cerca de Madrid, y de pronto llegaron unos enviados del gobierno comunista español (dirigido por los bolcheviques desde Moscú) y les ordenaron abandonar aquel plantel y dejarlo en manos de unos empleados marxistas que no sabían nada de medicina ni de dirección de hospitales pero que eran unas fieras en anticleralismo.

A los siete religiosos se los llevaron prisioneros a Madrid.
Cuando al embajador colombiano le contaron la noticia, pidió al gobierno que a estos compatriotas suyos por ser extranjeros los dejaran salir en paz del país, y les envió unos pasaportes y unos brazaletes tricolores para que los dejaran salir libremente. Y el Padre Capellán de las Hermanas Clarisas de Madrid les consiguió el dinero para que pagaran el transporte hacia Colombia, y así los envió en un tren a Barcelona avisándole al cónsul colombiano de esa ciudad que saliera a recibirlos. Pero en el tiquete de cada uno los guardas les pusieron una señal especial para que los apresaran.

El Dr. Ignacio Ortiz Lozano, Cónsul colombiano en Barcelona describió así en 1937 al periódico El Pueblo de San
Sebastián cómo fueron aquellas jornadas trágicas: "Este horrible suceso es el recuerdo más doloroso de mi vida. Aquellos siete religiosos no se dedicaban sino al servicio de caridad con los más necesitados. Estaban a 30 kilómetros de Madrid, en Ciempozuelos, cuidando locos. El día 7 de agosto de 1936 me llamó el embajador en Madrid (Dr. Uribe Echeverry) para contarme que viajaban con un pasaporte suyo en un tren y para rogarme que fuera a la estación a recibirlos y que los tratara de la mejor manera posible. Yo tenía ya hasta 60 refugiados católicos en mi consulado, pero estaba resuelto a ayudarles todo lo mejor que fuera posible.

Fui varias veces a la estación del tren pero nadie me daba razón de su llegada. Al fin un hombre me dijo: "¿Usted es el cónsul de Colombia? Pues en la cárcel hay siete paisanos suyos".

Me dirigí a la cárcel pero me dijeron que no podía verlos si no llevaba una recomendación de la FAI (Federación Anarquista Española). Me fui a conseguirla, pero luego me dijeron que no los podían soltar porque llevaban pasaportes falsos. Les dije que el embajador colombiano en persona les había dado los pasaportes. Luego añadieron que no podían ponerlos en libertad porque la cédula de alguno de ellos estaba muy borrosa (Excusas todas al cual más de injustas y mentirosas, para poder ejecutar su crimen. La única causa para matarlos era que pertenecían a la religión católica). Cada vez me decían "venga mañana".

Al fin una mañana me dijeron: "Fueron llevados al Hospital Clínico". Comprendí entonces que los habían asesinado. Fue el 9 de agosto de 1936.
Aterrado, lleno de cólera y de dolor exigí entonces que me llevaran a la morgue o depósito de cadáveres, para identificar a mis compatriotas sacrificados.

En el sótano encontré más de 120 cadáveres, amontonados uno sobre otro en el estado más impresionante que se puede imaginar. Rostros trágicos. Manos crispadas. Vestidos deshechos. Era la macabra cosecha que los comunistas habían recogido ese día.
Me acerqué y con la ayuda de un empleado fui buscando a mis siete paisanos entre aquel montón de cadáveres. Es inimaginable lo horrible que es un oficio así.

Pero con paciencia fui buscando papeles y documentos hasta que logré identificar cada uno de los siete muertos. No puedo decir la impresión de pavor e indignación que experimenté en presencia de este espectáculo. Los ojos estaban desorbitados. Los rostros sangrantes. Los cuerpos mutilados, desfigurados, impresionantes. Por un rato los contemplé en silencio y me puso a pensar hasta qué horrores de crueldad llega la fiera humana cuando pierde la fe y ataca a sus hermanos por el sólo hecho de que ellos pertenecen a la santa religión.

Redacté una carta de protesta y la envié a las autoridades civiles. Después el gobierno colombiano protestó también, pero tímidamente, por temor a disgustar aquel gobierno de extrema izquierda.
En aquellos primero días de agosto de 1936, Colombia y la Comunidad de San Juan de Dios perdieron para esta tierra a siete hermanos, pero todos los ganamos como intercesores en el cielo. En cada uno de ellos cumplió Jesús y seguirá cumpliendo, aquella promesa tan famosa: "Si alguno se declara a mi favor ante la gente de esta tierra, yo me declararé a su favor ante los ángeles del cielo".

Estos son los primeros siete beatos colombianos. Los beatificó el Papa Juan Pablo II en 1992. Y ojalá sean ellos los primeros de una larguísima e interminable serie de amigos de Cristo que lo aclamen con su vida, sus palabras y sus buenas obras en este mundo y vayan a hacerle compañía para siempre en el cielo.

-.-

 

Mártires Colombianos


Oración - . Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y la fortaleza en la debilidad, concédenos, por el ejemplo y los méritos de los Santos Mártires Colombianos, participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.-


Sábado Santo

Himno

Venid al huerto, perfumes,
Enjugad la blanca sábana:
En el tálamo nupcial
El Rey descansa.

Muertos de negros sepulcro,
Venid a la tumba santa:
La Vida espera dormida,
La Iglesia aguarda.

Llegad al jardín, creyentes,
Tened en silencio el alma:
Ya empiezan a ver los justos
La noche clara.

Oh dolientes la tierra,
Verted aquí vuestras lágrimas:
En la gloria de éste cuerpo
Serán bañadas.

Salve, cuerpo cobijado
Bajo las divinas alas;
Salve, casa del Espíritu,
Nuestra morada. Amén

Oración - Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que conceda a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.-

 

 

+++

 

La mala memoria de los verdugos

 

 

Autor: Jesús Sanz Rioja .

 

 

Fuente: piensaunpoco.com  11.04.2003

 

En el verano de 1936, en España, se produce un levantamiento del ejército (repito: del ejército) contra el gobierno. No voy a entrar en las razones: librerías hay. El caso es que el gobierno decide entregar armas a las milicias que con gran rapidez han formado los partidos y los sindicatos. Inmediatamente, esas milicias barren sañudamente Madrid y otras ciudades españolas, sacan de sus casas a cuantos sacerdotes (repito: sacerdotes) encuentran y los fusilan, ahorcan, estrangulan, entierran en vida. Lo mismo sucede con todos aquellas personas que muestren indicios de practicar la religión cristiana; las iglesias, por su parte, sufren incendios y saqueos. La sublevación degenera en guerra civil. Hay dos bandos. En un momento dado, los obispos, con la excepción de dos o tres, dan a conocer un documento donde se viene a decir que la guerra no es sólo una cuestión política, sino que se está ventilando la supervivencia de la fe católica en España: cosa evidente para quien hubiera vivido en Madrid en aquellos meses. No aparece, con todo, la palabra “cruzada”, aunque sí se popularizó en el bando sublevado.

Estos son los hechos. A una conciencia totalmente ajena a la historia de España le puede surgir la pregunta: ¿qué hicieron los sacerdotes, qué los católicos, para provocar aquella matanza? Lo que no sé es qué clase de respuesta puede justificar semejante masacre. Sólo si los curas hubiesen planeado con toda frialdad un exterminio masivo de ateos y de comunistas y lo hubiesen empezado a cometer tendría alguna razón de ser tan cruel y sistemática persecución. O eso, o un empeño diabólico por parte de los perseguidores. No cabe otra respuesta.

Sería de esperar, por eso, que los herederos políticos de los verdugos (que tenían nombres bien conocidos: PSOE, UGT, CNT, FAI, PCE...) hiciesen algún gesto de repulsa de aquel vergonzoso episodio de su historia, y digo repulsa dado que el arrepentimiento no entra en su filosofía. Sobre todo teniendo en cuenta que algunos de esos grupos han accedido a las instituciones, hogaño, como partidos y sindicatos democráticos y, por ende, respetuosos de la legalidad.

Por eso, uno no sabe si romper en risotadas, en furia o en llanto cuando una fantasmal “Asociación para la recuperación de la memoria histórica”, formada, al parecer, por “grupos anticlericales y de izquierda” (ACI, 9-IV-03) insta a los obispos a pedir perdón por su actitud en la guerra civil: “la Iglesia Católica española debe asumir con madurez y responsabilidad las consecuencias de sus pasados actos y, además, hacerlo públicamente”. Uno se pregunta si lo que deberían haber hecho los curas, para tener contenta a esta jauría, hubiera sido, en lugar de esconderse detrás del bando que no los perseguía, salir a las calles y ofrecer el cuello a las partidas de asesinos con carné que los acosaban sin piedad. En otra ocasión comparé esta ocurrencia con lo que sería pedir a Ortega Lara que se disculpase por su actitud durante su estancia en el zulo. Pensé entonces que quien lo decía era un pobre hombre intoxicado por una dosis masiva de cine español. Pero ahora resulta que son ¡los propios verdugos! quienes alzan la voz.

Recuperación de la memoria histórica... Puede dar gracias este hato de cínicos a la capacidad de olvido que tienen sus enemigos. El día en que de verdad se recupere la memoria no harán falta filesas, roldanes ni cifras de paro para hundirlos en el cieno.

 

+++

 

 

 

José Pérez del Arco - Madrid.-  2004-01-30.


Al publicar LA RAZÓN, el pasado 25 de enero, el extenso análisis del libro de próxima aparición «El expolio de la República», de Francisco Olaya, presta un importante servicio a una de las muchas verdades convenientemente olvidadas o tergiversadas por la historiografía «progre» y sus adláteres políticos, tan insistentemente vociferantes, en cambio, a pesar de los setenta años transcurridos, en aquello que de nuestra Guerra Civil les conviene.
   Las cajas particulares existentes en todos los bancos de la llamada «zona republicana» (en realidad, zona estalinista) fueron totalmente expoliadas, obligándose a sus titulares a abrirlas ¬eso sí, en presencia de teóricos «notarios» que levantaban acta, y a entregar sin rechistar, pues eso costaría caro, su contenido.
   No hablo por referencia, sino por experiencia propia. Una muy valiosa colección numismática en oro, integrada por más de mil piezas de las cecas medievales y de los siglos XVI, XVII y XVIII que mi buen padre había ido formando durante más de treinta años, se volatilizó así para siempre. Y cínica y fríamente una instancia que elevamos entonces al ministro de Hacienda solicitando se integrase aquella colección en los fondos de algún Museo, cediéndola «al pueblo», fue contestada como no procedente por nuestra parte.
   Años después, asistí a una reunión convocada por varios titulares de las cajas expoliadas en Madrid. Eran más de quinientas personas, que constituyeron una Comisión al efecto, y que realizó una exposición de objetos acumulados en la frontera hispano-francesa, durante la derrota del ejército republicano en Cataluña. Sólo se habían recuperado miles de pequeños objetos sin valor. Todo lo valioso había volado.
   Los descendientes de algunos capitostes «pro Stalin» de entonces, posiblemente, gozan hoy de sustanciosas fortunas formadas durante aquel vergonzoso expolio.
«La Historia ¬afirmaba Voltaire¬ está con frecuencia desfigurada por la fábula, hasta que alguna vez son derribados los monumentos erigidos para perpetuar la mentira».

 

+++

 

 Mapa geo-político 2004.

 

 

Un coronel llamado Segismundo. Mentiras

 y misterios de la guerra de Stalin en España

 

 

MONTIEL, Francisco-Félix: Un coronel llamado Segismundo. Mentiras y misterios de la guerra de Stalín en España. Ed. Criterio-Libros. Apartado 3.198, Madrid. 1998. 236 págs.

Cuando podía pensarse que se conocía casi todo respecto a nuestra guerra 1936-1939, la obra de Francisco-Félix Montiel descubre facetas desconocidas, particularmente del final.
Mentiras y misterios de la guera de Stalin en España. Tal es el subtítulo acertado y preciso. Y es que por encima no sólo del gobierno de la República, sino del verdadero centro de poder que en los últimos tiempos de la guerra fue el partido comunista, figuraba no la política, sino la metapolítica del partido comunista de la Unión Soviética. Y de su motor y cerebro: Stalin.
Desde 1938, el hoy denominado «ejército republicano», era republicano en una medida cada vez más exigua. Con propiedad su calificación era la de «ejército rojo». En la batalla del Ebro, los mandos de los cuerpos del ejército pertenecían al partido comunista en su totalidad. Y al producirse los sucesos de marzo de 1939 en Madrid, de los cuatro cuerpos de ejército de la zona Centro, tres estaban bajo el mando del partido comunista. Además, las unidades blindadas, las unidades guerrilleras, y la aviación tenían su inequívoco control por el PCE.
La influencia del partido comunista español sobre el gobierno republicano alcanzó una extensión y profundidad inmensas. Dicho gobierno poco o nada podía hacer frente al partido. Si añadimos el colaboracionismo de su presidente Juan Negrín, mucho más util desde su teórica adscripción socialista que si hubiese sido miembros del partido, no ya el colaboracionismo, sino la entrega de ministros como Álvarez del Vayo, de quien en 1998 se sabe ya su papel no sólo al servicio del partido, sino de la simbiosis servicios de información-policía política: N.K.V.D. El control comunista de la República era casi absoluto.
El partido comunista español era una simple correa de trasmisión de la Internacional comunista -la Komintern-. Y ésta, perdido con la derrota trotskysta su papel internacionalista, era un instrumento al servicio del partido comunista de la Unión Soviética, a las ordenes de Stalin.
El profesor Montiel acierta plenamente con el subtítulo de mentiras y misterios de la guerra de Stalin en España. El testimonio es esclarecedor, pues Montiel fue miembro del aparato del partido. Conoce sus entresijos. No la verdad oficial, sino la de los que dirigen la función entre bastidores.
Desmitifica a Casado, rompe los esquemas clásicos, deshace los tópicos sobre el final de nuestra guerra. ¿Podía Segismundo rodeado de fuerzas comunistas enormemente superiores levantarse contra el gobierno, es decir, contra los comunistas sin perder la cabeza en la aventura? pregunta Montiel con considerables dósis de lógica.
Casado fue un mero instrumento, aunque él se creyera bien intencionadamente, héroe. Sin él saberlo, utilizándole, manipulándole, se convirtió en un modo de poner fin a la guerra de acuerdo con el plan comunista. Mas no de un plan pensado por José Díaz, Jesús Hernández, o por esa mujer histérica y delatora de sus propios camaradas -hoy magnificada en la España del PP de 1998-, la Pasionaria, o por otros miembros del buró político.
Casado fué utilizado según las instrucciones dadas sin posibilidad de réplica por Palmiro Togliatti -el cruel y sanguinario Togliatti como también se le ha conocido a finales de los 90, con datos incontrovertibles-. Y naturalmente por encima de Togliatti, el lider supremo: Stalin.
Montiel aporta datos desconocidos: El partido comunista, desde las intenciones de Stalin de llegar a un pacto con Hitler, se encuentra a un coronel llamado Segismundo. Odiado y vilependiado por los comunistas, antes de mayo de 1938, pasa a ser promovido por el verdadero poder -el partido- a jefe fantasma del Ejército del Centro. «Es difícil imaginarse una alimaña más cobarde y escurridiza que el coronel Segismundo Casado», calificaría la Pasionaria. O «masón, politicastro…» Tales son los epítetos que le adjudican.
Francisco Félix Montiel quien ocuparía cargos importantes en el PCE hasta que abandona el comunismo en 1948, analiza desde dentro. Con documentos propios, de primerísima mano, señala las contradicciones en que tal personaje, de repente, sea promovido con la anuencia indispensable del partido a puestos militares de máxima importancia.
Cumplido su papel, mediante la función dirigida e interpretada desde Moscú, Segismundo de nuevo será insultado con mayor fuerza todavía. Montiel, empleando irónicamente la palabra de Calderón, «Segismundo resultará segismundeado».
Obra indispensable para conocer el fin de la guerra española en el lado vencido desde dentro no ya del gobierno, sino desde dentro de las altas esferas del partido, pues el militante de base y los mandos intermedios
serían meras comparsas destinadas a sufrir las durezas de la derrota. Los miembros del buró-político, por el contrario, tienen sus aviones disponibles para desde Monóvar huir de la derrota.
La aportación de documentos confiere un valor extraordinario a la obra de Montiel. No es historia más o menos fidedigna. Es la exposición vivida en primera persona por quien era el director del aparato de propaganda gubernamental de la república. Por tanto del responsable del aparato de propaganda del partido comunista, dueño del gobierno en los días finales de aquel régimen.

A. MAESTRO - 2003-06-09

 

+++

 

La ´paz´ no siempre es sinónimo de justicia y libertad.

 

¿Ganó el Frente popular las elecciones de febrero de 1936? (1º)

 

Por César Vidal

 

La mitología frentepopulista ha insistido durante décadas en el hecho de que en febrero de 1936 las izquierdas agrupadas en el Frente popular obtuvieron una rotunda e innegable victoria electoral y en que, precisamente, la incapacidad de las derechas para aceptar el resultado de las urnas acabó degenerando en una conspiración que cristalizó en el alzamiento de julio de 1936. Sin embargo, ¿ganó verdaderamente el Frente popular las elecciones de febrero de 1936?

 

Tras el alzamiento armado de octubre de 1934 en que el PSOE y los nacionalistas de la Ezquerra —con apoyos no escasos del PNV y los republicanos— pretendieron derribar al gobierno legítimo, la segunda república entró en una deriva que Stanley Payne ha denominado “el desplome de la segunda república” y Pío Moa “los orígenes de la guerra civil española”. Las derechas habían salvado al régimen de su aniquilación revolucionaria pero no quisieron —quizá tampoco supieron— someter al peso de la ley a los que habían deseado acabar con el sistema constitucional. Así, durante 1935, los nacionalistas y la izquierda se dedicaron a propalar rumores sobre las atrocidades cometidas por las fuerzas del orden que habían sofocado la revolución y, a la vez, se emplearon a fondo en aniquilar a las fuerzas de las derechas que podían servir de sostén al régimen republicano.

 

De manera consciente o no, las izquierdas fueron empujando a la radicalización a unas derechas que, paradójicamente para muchos, habían sido las garantes de la legalidad republicana. Pieza clave de esta estrategia fue, ya en septiembre de 1935, el estallido del escándalo del estraperlo. Strauss y Perl, los personajes que le darían nombre, eran dos centroeuropeos que habían inventado un sistema de juego de azar que permitía hacer trampas con relativa facilidad. Su aprobación se debió a la connivencia de algunos personajes vinculados a Lerroux, el dirigente del partido radical. Los sobornos habían alcanzado la cifra de cinco mil pesetas y algunos relojes pero se convertirían en un escándalo que superó con mucho la gravedad del asunto. Strauss amenazó, en primer lugar, con el chantaje a Lerroux y cuando éste no cedió a sus pretensiones, se dirigió a Alcalá Zamora, el presidente de la república. Alcalá Zamora discutió el tema con Indalecio Prieto y Azaña y, finalmente, decidió desencadenar el escándalo para hundir a las derechas. Como señalaría lúcidamente Josep Plá, la administración de justicia no pudo determinar responsabilidad legal alguna —precisamente la que habría resultado interesante— pero en una sesión de Cortes del 28 de octubre se produjo el hundimiento político del partido radical, unas de las fuerzas esenciales en el colapso de la monarquía constitucional y el advenimiento de la república menos de cuatro años antes.

 

De esa manera, la CEDA quedaba prácticamente sola en la derecha frente a unas izquierdas poseídas de una creciente agresividad. Porque no se trataba únicamente de propaganda y demagogia. Durante el verano de 1935, el PSOE y el PCE —que en julio ya había recibido de Moscú la consigna de formación de frentes populares— desarrollaban contactos para una unificación de acciones. En paralelo, republicanos y socialistas discutían la formación de milicias comunes mientras los comunistas se pronunciaban a favor de la constitución de un Ejército rojo. El 14 de noviembre de 1935, Azaña propuso a la ejecutiva del PSOE una coalición electoral de izquierdas. Acababa de nacer el Frente popular.

 

En esos mismos días, Largo Caballero salió de la cárcel —después de negar cínicamente su participación en la revolución de octubre de 1934— y la sindical comunista CGTU entraba en la UGT socialista. Así, el año 1935 concluyó con el desahucio del poder de Gil Robles; con unas izquierdas que creaban milicias y estaban decididas mayoritariamente a ganar las siguientes elecciones para llevar a cabo la continuación de la revolución de octubre de 1934; y con reuniones entre Chapaprieta y Alcalá Zamora para crear un partido de centro en torno a Portela Valladares que atrajera un voto moderado preocupado por la agresividad de las izquierdas y una posible reacción de las derechas. Ésta, de momento, parecía implanteable. La Falange, el partido fascista de mayor alcance, era un grupo minoritario; los carlistas y otros grupos monárquicos carecían de fuerza y en el ejército Franco insistía en rechazar cualquier eventualidad golpista a la espera de la forma en que podría evolucionar la situación política. Así al persistir en la idea de que no era el momento propicio, impidió la salida golpista.

 

Cuando el 14 de diciembre de 1935, Portela Valladares formó gobierno era obvio que se trataba de un gabinete puente para convocar elecciones. Finalmente, Alcalá Zamora, aceptando las presiones de las izquierdas, disolvió las Cortes (la segunda vez durante su mandato, lo que implicaba una violación de la Constitución) y convocó elecciones para el 16 de febrero de 1936 bajo un gobierno presidido por Portela Valladares.

 

El 15 de enero de 1936 se firmó el pacto del Frente popular como una alianza de fuerzas obreras y burguesas cuyas metas no sólo no eran iguales sino que, en realidad, resultaban incompatibles. Los republicanos como Azaña y el socialista Prieto perseguían fundamentalmente regresar al punto de partida de abril de 1931 en el que la hegemonía política estaría en manos de las izquierdas. Para el resto de las fuerzas que formaban el Frente popular, especialmente el PSOE y el PCE, se trataba tan sólo de un paso intermedio en la lucha hacia la aniquilación de la República burguesa y la realización de una revolución que concluyera en una dictadura obrera. Si Luis Araquistain insistía en hallar paralelos entre España y la Rusia de 1917, donde la revolución burguesa sería seguida por una proletaria, Largo Caballero difícilmente podía ser más explícito sobre las intenciones del PSOE. En el curso de una convocatoria electoral que tuvo lugar en Alicante, el político socialista afirmaba:

 

“Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos” (El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936).

 

Tras el anuncio de la voluntad socialista de ir a una guerra civil si perdía las elecciones, el 20 de enero, Largo Caballero decía en un mitin celebrado en Linares: “... la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.

 

El 10 de febrero de 1936, en el Cinema Europa, Largo Caballero volvía a insistir en sus tesis: “... la transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas... estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”.

 

No menos explícito sería el socialista González Peña al indicar la manera en que se comportaría el PSOE en el poder: “... la revolución pasada (la de Asturias) se había malogrado, a mi juicio, porque más pronto de lo que quisimos surgió esa palabra que los técnicos o los juristas llaman “juridicidad”. Para la próxima revolución, es necesario que constituyéramos unos grupos que yo denomino “de las cuestiones previas”. En la formación de esos grupos yo no admitiría a nadie que supiese más de la regla de tres simple, y apartaría de esos grupos a quienes nos dijesen quiénes habían sido Kant, Rousseau y toda esa serie de sabios. Es decir, que esos grupos harían la labor de desmoche, de labor de saneamientos, de quitar las malas hierbas, y cuando esta labor estuviese realizada, cuando estuviesen bien desinfectados los edificios públicos, sería llegado el momento de entregar las llaves a los juristas”.

 

González Peña acababa de anunciar todo un programa que se cumpliría apenas unos meses después con la creación de las checas. Con no menos claridad se expresaban los comunistas. En febrero de 1936, José Díaz dejó inequívocamente de manifiesto que la meta del PCE era “la dictadura del proletariado, los soviets” y que sus miembros no iban a renunciar a ella.

 

De esta manera, aunque los firmantes del pacto del Frente popular (Unión republicana, Izquierda republicana, PSOE, UGT, PCE, FJS, Partido sindicalista y POUM) suscribían un programa cuya aspiración fundamental era la amnistía de los detenidos y condenados por la insurrección de 1934 —reivindicada como un episodio malogrado pero heroico— algunos de ellos lo consideraban como un paso previo, aunque indispensable, al desencadenamiento de una revolución que liquidara a su vez la Segunda República incluso al costo de iniciar una guerra civil contra las derechas.

 

También sus adversarios políticos centraron buena parte de la campaña electoral en la mención del levantamiento armado de octubre de 1934. Desde su punto de vista, el triunfo del Frente popular se traduciría inmediatamente en una repetición, a escala nacional y con posibilidades de éxito, de la revolución. En otras palabras, no sería sino el primer paso hacia la liquidación de la república y la implantación de la dictadura del proletariado. En este clima se celebraron, finalmente, las elecciones.

 

+++

 

  

¿Ganó el Frente popular las elecciones

de febrero de 1936? (Y 2º)

 

Por César Vidal

 

En medio de un clima de violencia, de agresiones, de amenazas y de desafío consciente y contumaz a la legalidad se celebraron las elecciones de febrero de 1936. Éstas no sólo concluyeron con resultados muy parecidos para los dos bloques sino que además estuvieron inficionadas por el fraude en el recuento de los sufragios.

 

Así, sobre un total de 9.716.705 votos emitidos, 4.430.322 fueron para el Frente popular; 4.511.031 para las derechas y 682.825 para el centro. Otros 91.641 votos fueron emitidos en blanco o resultaron destinados a candidatos sin significación política. Sobre estas cifras resulta obvio que la mayoría de la población española se alineaba en contra del Frente popular y, si a ello añadimos los fraudes electorales encaminados a privar de sus actas a diputados de centro y derecha, difícilmente puede decirse que contara con el respaldo de la mayoría de la población. A todo ello hay que añadir la existencia de irregularidades en provincias como Cáceres, La Coruña, Lugo, Pontevedra, Granada, Cuenca, Orense, Salamanca, Burgos, Jaén, Almería, Valencia y Albacete, entre otras, contra las candidaturas de derechas. Con todo, finalmente, este cúmulo de irregularidades se traduciría en una aplastante mayoría de escaños para el Frente popular.

 

En declaraciones al Journal de Geneve, publicadas ya en 1937, sería nada menos que el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, el que reconociera la peligrosa suma de irregularidades electorales: “A pesar de los refuerzos sindicalistas, el "Frente Popular" obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.

 

Primera etapa: Desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el "Frente Popular", sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, lo que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis: algunos Gobernadores Civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.

 

Segunda etapa: Conquistada la mayoría de este modo, fue fácilmente hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el "Frente Popular" eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsaron de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y sujetar el grupo menos exaltado del "Frente Popular". Desde el momento en que la mayoría de izquierdas pudiera prescindir de él, este grupo no era sino el juguete de las peores locuras.

 

Fue así que las Cortes prepararon dos golpes de estado parlamentarios. Con el primero, se declararon a sí mismas indisolubles durante la duración del mandato presidencial. Con el segundo, me revocaron. El último obstáculo estaba descartado en el camino de la anarquía y de todas las violencias de la guerra civil”.

 

En otras palabras, las izquierdas —que ciertamente habían obtenido un importante respaldo en las elecciones— falsearon el resultado electoral para asegurarse una mayoría absoluta a la que no se acercaron ni lejanamente. El uso de la violencia, del fraude, de la falsedad documental y del quebrantamiento de la legalidad electoral fueron considerados aceptables para llegar a esa meta. De esa manera, las elecciones de febrero de 1936 se convirtieron ciertamente en la antesala de un proceso revolucionario que había fracasado en 1917 y 1934 a pesar de su éxito notable en 1931. Así, aunque el gobierno quedó constituido por republicanos de izquierdas bajo la presidencia de Azaña para dar una apariencia de moderación, no tardó en lanzarse a una serie de actos de dudosa legalidad que formarían parte esencial de la denominada “primavera trágica de 1936”.

 

Mientras Lluis Companys, el golpista de octubre de 1934, regresaba en triunfo a Barcelona para hacerse con el gobierno de la Generalidad, los detenidos por la insurrección de Asturias eran puestos en libertad en cuarenta y ocho horas y se obligaba a las empresas en las que, en no pocas ocasiones, habían causado desmanes e incluso homicidios a readmitirlos. En paralelo, las organizaciones sindicales exigían en el campo subidas salariales de un cien por cien, con lo que el paro se disparó. Entre el 1 de mayo y el 18 de julio de 1936 el agro sufrió 192 huelgas. Más grave aún fue que el 3 de marzo los socialistas empujaran a los campesinos a ocupar ilegalmente varias fincas en el pueblo de Cenicientos. Fue el pistoletazo de salida para que la Federación —socialista— de Trabajadores de la Tierra quebrara cualquier vestigio de legalidad en el campo. El 25 del mismo mes, sesenta mil campesinos ocuparon tres mil fincas en Extremadura, un acto legalizado a posteriori por un gobierno incapaz de mantener el orden público.

 

El 5 de marzo, el Mundo Obrero, órgano del PCE, abogaba, pese a lo suscrito en el pacto del Frente popular, por el “reconocimiento de la necesidad del derrocamiento revolucionario de la dominación de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado en la forma de soviets”.

 

En paralelo, el Frente popular desencadenaba una censura de prensa sin precedentes y procedía a una destitución masiva de los ayuntamientos que consideraba hostiles o simplemente neutrales. El 2 de abril, el PSOE llamaba a los socialistas, comunistas y anarquistas a “constituir en todas partes, conjuntamente y a cara descubierta, las milicias del pueblo”. Ese mismo día, Azaña chocó con el presidente de la República, Alcalá Zamora, y decidió derribarlo con el apoyo del Frente popular. Lo consiguió el 7 de abril, alegando que había disuelto inconstitucionalmente las Cortes dos veces y logrando que las Cortes lo destituyeran con solo cinco votos en contra. Por una paradoja de la Historia, Alcalá Zamora se veía expulsado de la vida política por sus compañeros de conspiración de 1930-1931 y sobre la base del acto suyo que, precisamente, les había abierto el camino hacia el poder en febrero de 1936.

 

Las lamentaciones posteriores del presidente de la República no cambiarían en absoluto el juicio que merece por su responsabilidad en todo lo sucedido durante aquellos años. El 10 de mayo de 1936, Azaña era elegido nuevo presidente de la República. A esas alturas, el mito de la victoria electoral del Frente popular no sólo había quedado establecido sino que además se utilizaba como coartada para acabar con el régimen constitucional y entrar abiertamente por la senda de la revolución. No era magro resultado para unas elecciones que, en realidad, no había ganado el Frente popular. 2004-04-09. LIBERTAD DIGITAL. ESP.

 

+++

 

P: ¿Cuál es la principal diferencia entre Marxismo-revolucionario y Marxismo-leninismo?

 

R: El marxismo por definición es revolucionario como sabe cualquiera que haya leído el Manifiesto comunista. Lenin es uno de los grandes referentes de cómo llevar a cabo esa revolución pero, obviamente, no es el único. Por ejemplo, el PSOE’español’ compartió desde su fundación esa misma tesis –y lo demostró en varias ocasiones: 1917, 1930, 1931, 1934, 1936... – sin referencia, al menos en sus primeras décadas, a Lenin.

 

+++

 

De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

 

Stalin y la Iglesia ortodoxa

 

Víctor A. Cheretski

 

Se han cumplido 60 años desde que la Iglesia Ortodoxa Rusa resucitara de las cenizas de la catástrofe de la revolución bolchevique de 1917 para convertirse en un fiel aliado del régimen del “padre” Stalin.


En un país donde ni los árboles tenían derecho a crecer sin la aprobación del “padre”, la resurrección de la fe también fue su obra. Y no fue casual. Eran los tiempos de la segunda guerra mundial y Stalin decidió utilizar la religión como arma en la contienda contra los nazis. También necesitaba más apoyo y más ayuda de los aliados occidentales, Estados Unidos y Gran Bretaña, que estarían complacidos, según el “padre”, de ver la Iglesia rusa reaparecida.


El 4 de septiembre de 1943 es un día histórico para la Iglesia rusa. En esa fecha, Stalin ordenó al alto oficial de la Seguridad del Estado, coronel Gueorgui Kárpov, llevar a su residencia de Kuntsevo, en las afueras de la capital rusa, a tres ciudadanos: al metropolitano de Moscú, Serguy, al de Leningrado (San Petersburgo), Alexy, y al de Kiev, Nikolay. Eran los más fieles a la causa bolchevique porque los detractores estaban en la cárcel o habían sido exterminados en los años 20-30. Así, el metropolitano Serguy proclamó a Stalin en noviembre de 1942 “caudillo elegido por Dios”. No obstante, el religioso decidió acudir a la cita con el “padre” vestido de civil. Al verlo, el “elegido” levantó el dedo al cielo y dijo satisfecho: “No le temes a él (Dios), me temes a mí, camarada Serguy”.


Sin más bromas, Stalin ordenó a los clérigos, en nombre del partido comunista, que convocaran inmediatamente a la Conferencia Episcopal para restablecer el patriarcado de Moscú y elegir al patriarca. Por supuesto, la elección fue rápida. Serguy iba a ser el merecedor de este cargo por su lealtad al régimen. “¿Cuánto tiempo tardarás en cumplir la orden del partido de reunir la Conferencia?”, le preguntó Stalin. “Un mes como poco, porque algunos camaradas obispos deben venir desde Siberia, donde se encuentran por su mala conducta”, contestó el futuro patriarca. “No conviene, es demasiado tiempo. Utilizaremos métodos bolcheviques de aceleración”, dijo Stalin y ordenó a Kárpov liberar inmediatamente a los obispos y llevarles a Moscú en aviones militares.


La Conferencia fue organizada en 4 días. Además de elegir a Serguy, emitió un llamamiento a los creyentes llamándoles a sacrificarse en la “sagrada lucha por la patria bolchevique”. Por otra parte, los obispos agradecieron la “constante preocupación paternal” del camarada Stalin por el bienestar de la Iglesia. La verdad es que había muchas cosas que agradecerle al “padre”. Mientras Serguy le pedía la apertura de unos “cursillos” para preparar sacerdotes, Stalin, en un gesto de grandeza, ordenó crear seminarios y academias superiores, fábricas de velas e imprentas para publicar libros religiosos. El patriarcado fue obsequiado con el edificio de la antigua embajada alemana y con coches oficiales. Los religiosos empezaron a recibir, en vez del pan duro de las cartillas de racionamiento, los mejores productos alimenticios, igual que los jefes del partido.

Por supuesto, Stalin no se fiaba mucho de los clérigos, por muy fieles que parecieran. Por eso creó inmediatamente un organismo del Estado encargado de vigilar las actividades de la Iglesia y censurar sus publicaciones. Karpov, ascendido a general, fue nombrado jefe del nuevo organismo. El patriarca tenía que “coordinar” con él todas sus actividades, incluso los nombramientos de curas y obispos. Por su parte, los párrocos debían informar a los agentes locales de los servicios secretos sobre los pensamientos de los creyentes. Cuando los sacerdotes viajaban al extranjero estaban obligados a redactar informes sobre sus experiencias y contactos profesionales fuera de Rusia. Así fue el acuerdo.


Este sistema sobrevivió a Stalin y se conservó durante toda la época bolchevique hasta los años 90, aunque incluso en nuestros días la iglesia rusa conserva la sumisión completa a la voluntad del poder. Ni siquiera intentó manifestarse contra los crímenes y arbitrariedades de Yeltsin y de sus secuaces. Hoy en día, se encuentra en plena armonía con el régimen del presidente Putin.

2003-09-28 – L.D. ESP.

 

+++

 

Stalin vive - Cincuenta años después de su muerte, Stalin vive. Por lo que se ve, también se logra la inmortalidad a través de la muerte ajena. El crimen político, como vía hacia la inmortalidad histórica. El panteón de la historia no repele a los monstruos. Stalin gozó del triunfo en la vida y lo goza después de su muerte. Su victoria consistió en hacer reales las peores pesadillas de Lenin. Primero aliado, se convirtió luego en vencedor del nazismo. Pero acaso su mayor victoria fue la derrota que infligió a su propio pueblo. También salió vencedor en Yalta, junto a los defensores de la libertad, eso sí, adulterando y pervirtiendo el sentido genuino de la democracia y tomando su nombre en vano. Después de su muerte, proyectó su sombra siniestra sobre la guerra fría.

Pero no quedó ahí su triunfo. Vive hoy en todos los países sometidos a las satrapías comunistas de nuestro tiempo, como China, Cuba, Corea del Norte y tantas otras. Vive también en nuestro País Vasco, en ETA, cuya naturaleza no es fascista sino estalinista. Venció también en la batalla de la propaganda, pues aunque hoy pocos le disputan su condición criminal, la comparación con Hitler sigue siendo odiosa. Baste mencionar el desigual destino que han merecido sus respectivos símbolos. Por no hablar de la actitud de tantos intelectuales occidentales que justificaron sus crímenes, los minimizaron o simplemente miraron hacia otro lado. Su victoria también afectó al ámbito de las conciencias críticas. Desde entonces los mismos crímenes cambian de valoración según las opiniones de sus autores y «matar» es una palabra ambivalente.

 

Acaso su más perdurable triunfo se haya cebado con las mentalidades y los tópicos. Stalin vive en la multitud de sus jóvenes renuevos, en un conjunto de residuos «benignos» que apenas difuminan las huellas de donde proceden. No matan los cuerpos pero aspiran a suprimir ideas y conciencias. Respetan la vida pero destruyen la libertad de la palabra. Vive en las mentalidades y acciones que se plasman en manifiestos y libelos injuriosos y en falsas acusaciones, en las voces e insultos de quienes no dejan hablar a los que no piensan (perdón por el eufemismo) como ellos, en las actitudes de negación y vejación del discrepante, en los desprecios y atentados contra la democracia representativa. Vive en las vidas de quienes piensan que la verdad política y la justicia se encierran en los límites de una ideología o de un partido. Y vive también en el renacido antisemitismo y en toda forma de odio a la libertad y al capitalismo, y en la devoción a las concentraciones masivas que pretenden suplantar a la voluntad popular. También desliza su influjo en las palabras de quienes lo definen como una personalidad compleja y contradictoria, cuando acaso fue un prodigio de linealidad y coherencia. Ha dejado su profunda huella en los estalinistas de todos los partidos, pero especialmente en los de la izquierda radical y en los comunistas, a pesar de camuflajes y reconversiones más o menos sinceras. Vive en todas las actitudes que nacen de la suplantación de la aspiración a la verdad por las mentiras de la ideología, en quienes denigran a los dirigentes, por supuesto falibles, de las democracias, y simpatizan y toleran los desmanes de los tiranos, siempre que sean los de su bando, sobrevive en esos sutiles discernidores de tiranías. No faltan quienes aborrecen sus crímenes pero imitan sus actitudes.

Cincuenta años después de su muerte, y a pesar de las necrológicas y las condenas, vive y goza de buena salud. Su descendencia ha sido numerosa; su semilla, fértil. Acaso haya que concluir que el mal ejerce un poderoso hechizo, una irresistible fascinación.

Ignacio Sánchez Cámara. 15.III.2003

 

+++

 

 

El hombre que mató el futuro

 

 HACE cincuenta años, los hará el cinco de marzo, Stalin cerraba los ojos al mundo, huía entre las sábanas, mientras huía también un tiempo momificado en sangre, tejido y destejido con los jirones de las ilusiones perdidas. La muerte del jerarca soviético señalaba el final de una época de crímenes que ya había comenzado en 1917, cuando Lenin y Trotsky profetizaron el terror elevando la depuración del otro, «del enemigo político o social», a principio de poder y de Estado. Después de medio siglo, las consecuencias siguen sobrecogiéndonos: los fusilamientos y las persecuciones políticas, las torturas, las masacres de campesinos, las deportaciones en masa, los páramos invernales, cubiertos de nieve o de barro, delimitados por barreras de púas y torres de vigilancia, construcciones enteras de alambradas que atenazaban el cielo y la tierra, que se aferraban al paisaje blanco, al horizonte gélido...

 

Hoy, contemplada en su turbia fusión de idealismo y crueldad, el comunismo sigue mostrándose como una lengua dolorosa hecha de paradojas. Como filosofía política atraviesa la Historia desde la Antigüedad. En 1516 Tomás Moro, inspirándose en los griegos y en la tradición cristiana, imaginaba una isla llamada Utopía. La obra del canciller de Enrique VIII de Inglaterra, que esbozaba un mundo aterrador y feliz a la vez, un mundo misterioso y opresivo, suscitó muchas pasiones y dudas y halló suelo fértil en generaciones y generaciones de inconformistas que quisieron hacer realidad lo ilusorio de aquel «no-lugar», desde Campanella, que en 1602, encerrado en los calabozos de la Inquisición, torturado hasta la locura y sin esperanza de libertad, escribiría La ciudad del sol, hasta los socialistas utópicos del siglo XIX o los mismos revolucionarios rusos del final de esa centuria. No se debió al azar el hecho de que los bolcheviques decidieran autodenominarse comunistas ni tampoco fue producto de la casualidad el que en el monumento dedicado a sus precursores reservarían un lugar privilegiado a Moro o Campanella. En las utopías de aquellos escritores humanistas de los tiempos recios de la Reforma y en el siglo de las Luces querían Lenin y, su sucesor, Stalin, mostrar a Occidente su tradición.

 

Es cierto que imputar a Moro la responsabilidad de hechos ocurridos cinco siglos después de haber sido ejecutado por orden de Enrique VIII sería absurdo, como hacer dialogar entre sí a hombres de distintas épocas, a los muertos y los vivos. Tampoco es menos cierto, sin embargo, que las palabras son precursoras de los actos venideros, la chispa de los incendios futuros. Los grandes libros de los maestros del pensamiento como los libros santos son fuente de moralidad y de caos, de caridad y de crimen: el libro no es peligroso, lo peligroso es uno mismo. Tomás Moro, como después Campanella y, más tarde Karl Marx, no comprendieron que bajo aquellos hermosos sueños plasmados en el papel habrían de agitarse siempre hombres, pasiones, intereses. Morirían sin saber que en el siglo XX su anhelo de una sociedad perfecta iba a ser revelado a la ciega y sorda humanidad con una lucidez despiadada y criminal.

 

Tras las jornadas revolucionarias de octubre de 1917, la persecución del bien se confundió con la práctica del mal en tanto que olvidó a los hombres como sus propios beneficiarios, causándoles todo el sufrimiento que fuera necesario para la consecución de la sociedad perfecta. La fanática pretensión de Lenin - perfeccionada luego en la geometría depuradora de Stalin- de llevar a rastras a la humanidad hacia el paraíso terminó trasformando el comunismo en una inmensa colonia penitenciaria. Tiempo después, tras haber vivido el horror de la persecución y los campos de concentración, Vassili Grossman escribiría: «Allí donde se levanta el alba del bien perecen niños y ancianos, corre la sangre».

 

La transformación de la utopía en un régimen opresor y el crimen que iba a cometerse en 1917 ya había sido anunciado por Franz Kafka en sus relatos, como en una exacta profecía. Cuando Lenin todavía no podía imaginarse los frutos que iba a recoger de la Primera Guerra Mundial, el escritor de Praga, atento al murmullo enfermizo de la Historia, había descrito en la ficción, de un modo alucinatorio, más allá del lenguaje, en la frontera misma donde están las alambradas del lenguaje, la maquinaria de un mundo donde todos podían ser acusados y culpables, la estrecha colaboración entre las víctimas y los verdugos, el aburrimiento siniestro de los asesinos, su sadismo furtivo. Franz Kafka moriría en Praga en 1924. En esa fecha, sin embargo, las escenas ya eran reales, como también eran reales los cadáveres y los testimonios de quienes denunciaban la trágica impostura que se ocultaba tras la revolución bolchevique.

En París, en 1921, en un periódico de la emigración rusa se describía Sebastopol como una ciudad de ahorcados. «Las calles», se leía, «tenían un perspectiva de ahorcados». Tres años después se publicaba en Estados Unidos una novela escrita por un antiguo bolchevique: Nosotros. Las páginas de aquel relato encerraban la desilusión del hombre ante las utopías de la modernidad. Quienes leyeron el libro comprendieron que tenían ante sus ojos el atroz mecanismo del Estado que pronto construiría Stalin. La voz de su autor, Zamiatín, apenas escuchada, sería urna de pensamiento muerto. En 1937, exiliado e ignorado en París, nostalgia, hoteles sucios, cucarachas, facturas sin pagar, moría el autor de la primera anti-utopía del siglo XX.

 

Y mientras Zamiatín desaparecía sin dejar casi rastro de su presencia en el mundo y su obra descansaba en los estantes de bibliotecas y librerías de Estados Unidos, cubierta de polvo, conservada no como un pensamiento, no como un hombre, sino tan sólo como un objeto muerto e inútil ... mientras la obra de Zamiatín se pudría anónima, huérfana entre los libros triturados por la censura revolucionaria, y un sinnúmero de ilusos y seres anónimos eran arrastrados a morir «como un perro», igual que Joseph K., el aparato publicitario de la Internacional Comunista, dirigido por el infeliz genio de la propaganda Willi Münzenberg, presentaba en Europa el régimen de Stalin como un ideal humano y progresista, heredero de la isla de Moro y la Ilustración.

 

Y lo cierto es que la propaganda de Münzenberg, que actuaba como un ilusionista mostrando el rostro luminoso de la Unión Soviética para ocultar el otro, el atroz de las ejecuciones en masa y las depuraciones políticas, halló eco en Occidente. En aquellos años de alambradas y listas de futuros ejecutados, como el propio Münzenberg, que caido en desgracia ante Stalin, aparecería ahorcado en la espesura de un bosque de Francia, la izquierda europea dio muestras de una ceguera excepcional. ¿Era esta ceguera consecuencia del profundo convencimiento de que los resultados justifican todos los medios o, como escribió María Zambrano, era una simple cuestión de fe en el hombre y sus grande sueños, una debilidad de creyente que se empeña en ver amor donde hay mandíbulas y garras, egoísmo feroz, hombres que acechan a hombres? Tal vez no lo sepamos nunca. Lo relevante es que la historia de la utopía y su tiniebla soviética no podría entenderse sin la historia de todo este colectivo humano, miles de personas de carne y hueso, de idealistas y arribistas, de hombres de acción y poetas, que creyeron que Stalin estaba construyendo el comunismo, que la utopía se estaba haciendo carne en Moscú. Muchos pagarían con la libertad, incluso con la vida, su idealismo. La avalancha hacia la utopía terminó convirtiéndose, también para ellos, en una pesadilla. Nadie hubiera podido decir que el futuro funcionaba sino que había muerto. ABC. 18.01.2003

 

+++

 

 

   

Transcendencia y responsabilidad del estalinismo

 

Por Fernando José Vaquero Oroquieta

 

El estalinismo parece algo del pasado, sin apenas trascendencia en la actualidad, resultando ajeno a las preocupaciones de nuestros contemporáneos. Sin embargo, la edición de diversos libros que abordan sin complejos esa realidad histórica y sus consecuencias, que nos alcanzan todavía hoy, plantea una serie de interrogantes y cuestiones de no poca relevancia.

 

Estalinistas en España.

Hasta hace algo más de un par de décadas atrás, no era infrecuente toparse, en las entonces multitudinarias manifestaciones conmemorativas del Primero de Mayo, a grupos de comunistas españoles que portaban enormes retratos de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao. Pertenecientes a diversas obediencias del fraccionado campo comunista (trotskistas, pro-chinos, pro-soviéticos, pro-albaneses, anarco-comunistas, comunistas independientes... divididos en cada caso en numerosas fracciones), la extrema izquierda solía servirse de tales concentraciones para intentar hacerse notar. Mucho sorprendían, en España, esas estrafalarias muestras de culto a la personalidad de los grandes Budas del comunismo internacional; más propias del paisaje humano de Moscú o Tirana. Sin embargo, tales exhibiciones no generaban aparentes muestras de rechazo en la ciudadanía testigo, ni se producían tumultos en su entorno (¿se imaginan algo similar si se hubiese tratado de gigantescos retratos de Hitler, por ejemplo?).

Naturalmente, esas demostraciones importadas de otras latitudes dejaron de producirse hace bastantes años, formando, hoy día, parte de la memoria colectiva de aquellos tan celebrados años de la transición española a la democracia.

Ese fenómeno corría parejo con otro. Por entonces, salvo en ambientes de la menguante derecha sin complejos, y de la demonizada extrema derecha, nadie osaba reprochar a los marxistas de cualquier obediencia por sus supuestas responsabilidades en los atroces crímenes que había perpetrado por medio mundo el comunismo. Denunciar las purgas de Stalin, hablar de la hambruna de los años treinta provocada artificialmente en toda la Unión Soviética por criterios ideológicos, exponer los crímenes de la Revolución cultural china, por ejemplo, eran competencia, muy desprestigiada por la intelectualidad progre española, de escasas y aisladas voces. Se les reprochaba, cuanto menos, el hacerse eco de presuntas campañas intoxicadoras, de la CIA naturalmente, que formarían parte de la “guerra psicológica” del imperialismo capitalista contra los países comunistas y los llamados “movimientos de liberación nacional”. De esta forma, se presumía que, si los testimonios de esas presuntas matanzas eran avalados por el “enemigo por excelencia” de todo marxista revolucionario, seguro que se trataban de gruesas mentiras o que, al menos, incurrirían en enormes exageraciones tendenciosas; lejos de un mínimo rigor histórico. Además, en cualquier caso, “el comunismo no podía ser tan malo”, se decía, y lo que se intentaba en España era una experiencia de “nuevo cuño”, democrática y de rostro humano.

En ese contexto, la literatura e historiografía anticomunista, o que simplemente trataba de exponer la realidad del comunismo, carecía de prestigio y de resonancia mediática. Hoy día diríamos, con lenguaje actual, que se trataba de una cuestión “políticamente incorrecta”, incluso en ambientes “liberales”.

En otros países de Europa las cosas eran bastante parecidas. No obstante, poco a poco, esa supuesta unanimidad empezó a resquebrajarse. Así, los contenidos de un grueso volumen, “El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión” (de Stéphane Courtois y otros, Éditions Robert Laffont, París, 1997), generaron una enorme conmoción en Francia. Y no podía ser menos: que autores e historiadores no vinculados con la extrema derecha, o los reaccionarios círculos de exiliados, incluso algunos de ellos excomunistas, expusieran como una realidad incuestionable, con documentación y rigor, semejante suma de crímenes, no podía generar indiferencia.

En España, sin embargo, la edición del libro (Editorial Planeta, S.A., Barcelona, y Espasa Calpe, S.A., Madrid, 1998) apenas tuvo trascendencia y fue ignorada por los historiadores españoles en general: todavía no era pertinente estudiar, desde una perspectiva histórica, los episodios del comunismo que entraban en la categoría de “genocidio”. Y más cuando, también todo ello, “tocaba” a la reciente historia española.

A lo largo del pasado año 2003 se ha abierto, en ese sentido, una brecha en España. Varias obras, de indudable calidad científica y documental, se han publicado abordando diversos episodios históricos del comunismo especialmente dramáticos, centrados en el estalinismo; tal vez su expresión más sangrienta, al menos cuantitativamente.

 

Novedades historiográficas en torno al estalinismo.

Vamos a mencionar algunas de esas novedades bibliográficas.

El de Stanley G. Payne “Unión Soviética, comunismo y revolución en España” (Plaza y Janés, Barcelona, 2003) aborda las complejas relaciones del PCE, Stalin, el PCUS, la Internacional Comunista y la política exterior soviética. Si algo queda claro, después de su lectura, es la completa subordinación del PCE a la política de Stalin, hasta el punto de que sus sumisos dirigentes fueron incapaces de comprender -en diversas ocasiones- el sentido último de determinadas tácticas aplicadas en España por mandato del Komintern. También este organismo revolucionario estaba por completo dirigido por José Stalin, quien adoptaba personalmente las decisiones más relevantes de la política exterior soviética, así como las orientadas a la difusión internacional del movimiento comunista.

 

Walter Laqueur en su libro “Stalin, la estrategia del terror” (Ediciones B, S.A., Barcelona, 2003) no se atreve a realizar un diagnóstico definitivo explicativo de las causas verdaderas que determinaron decenios de sangre, teledirigidos por Stalin, que asolaron a Rusia, a pesar del silencio y la complicidad de los comunistas europeos y la general indiferencia de Occidente. Pero su mérito radica en exponer, como una realidad históricamente incuestionable y como un dato objetivo, que el comunismo, especialmente bajo Stalin, perpetró crímenes masivos contra la humanidad y los derechos humanos. Claro, no lo olvidemos, que para comunistas y demás marxistas, hablar de derechos individuales no tiene sentido. Sólo el partido, la clase obrera, la nueva humanidad, tienen derechos. Otros derechos serían reminiscencias burguesas.

 

La persona de Stalin y su régimen, el estalinismo, son inseparables. Pero, ¿es el estalinismo consecuencia inevitable del leninismo?, ¿y del mismo marxismo?, ¿o es, acaso, producto de la idiosincrasia rusa?, se pregunta Walter Laqueur, sin atreverse a cerrar la cuestión.

En cualquier caso, para este historiador, Stalin, fue un auténtico psicópata que carecía de conciencia y que identificó por completo sus objetivos personales con la ideología del partido.

El autor de “Stalin y los verdugos” (Taurus, Madrid, 2003), Donald Rayfield, está seguro: Stalin ha sido el máximo responsable del régimen genocida más mortífero de la historia. Basándose estrictamente en documentos, este escritor asegura que el terror golpeó a todos los estratos sociales de la Unión Soviética: minorías nacionales, vieja guardia bolchevique, fuerzas armadas, intelectuales y artistas, comunistas extranjeros exiliados en la URSS, campesinado, clases medias urbanas, científicos, burgueses y aristócratas supervivientes de persecuciones anteriores, exmiembros de partidos reaccionarios y de los ejércitos “blanco” y zarista, creyentes de diversas religiones (especialmente católicos y ortodoxos, pero también, musulmanes y budistas). Incluso muchos de los mismísimos miembros de los servicios secretos soviéticos (OGPU, CHEKA, NKVD, KGB), que ejecutaron materialmente esos crímenes, fueron arrastrados por la furia estalinista, costándoles la vida y la de sus propios familiares.

Pero la aplicación fría y planificada de una despiadada violencia   tiene inmediatos antecedentes: no es exclusiva de Stalin y sus verdugos. Así, Rayfield recuerda que ya Lenin incurrió, sin complejos, en crímenes contra los derechos humanos con similares razonamientos marxistas de los esgrimidos por Stalin, quien contó con unos aplicados, incluso en exceso, ejecutores de esta política genocida: Dzierzynsky, Menzhinski, Yagoda, Yezhov y Beria, siendo algunos de ellos también devorados por la bestia que alimentaron.

Respecto al papel de Occidente, afirma, en la página 222 del libro que: ”En 1931 se exportaron cinco millones de toneladas de cereal provenientes de un campo que padecía hambre. Aquel cereal pagaría turbinas, cadenas de montaje y maquinaria para la industria minera y financiaría los Partidos Comunistas de toda Europa, Asia y América.

El silencio de Occidente, que salió de la depresión económica en parte gracias a contratos de exportación procedentes de la Unión soviética costeados por la sangre de millones de campesinos, es una mancha para nuestra civilización”. En definitiva, y siempre según este autor, las responsabilidades alcanzaron dimensiones insopechadas.

De esta manera, sólo puede alcanzarse una conclusión: la aplicación del experimento comunista ha supuesto a la humanidad uno de los mayores sufrimientos colectivos que ha padecido. Desde Etiopía a China, desde Europa Oriental a la Siberia Soviética, desde Cuba a Angola. Millones de hombres, mujeres, niños y ancianos, por hambre o frío, por bala o soga, han pagado con sus vidas el sueño despiadado e irracional de unos ideólogos y activistas que pretendieron, de forma planificada y consciente, implantar un modelo social que exigía la eliminación de clases sociales y grupos étnicos y religiosos completos.

 

¿No es relevante reflexionar en torno al estalinismo?

Pero, pese a ese despliegue de datos, reflexiones y documentos contrastados y autorizados, recogidos en esos y otros muchos textos, no parece que se haya producido un cambio espectacular, en los medios de comunicación, de la percepción común de la realidad del comunismo y del marxismo. Tampoco los partidos, que así se proclaman, han realizado autocríticas de ningún tipo. Pareciera que todo lo descubierto y difundido no les afectara en modo alguno.

Pese a ello, y de manera absolutamente indudable, queda claro que el comunismo en general, y el estalinismo en particular, incurrieron en una larga serie de crímenes colectivos en nombre de su ideología y en aras del paraíso comunista, sin comparación posible a otros semejantes, salvo los cometidos por el nacionalsocialismo: la verdad histórica, pese a algunos, está fijada.

Ya en los años 30, algunos autores exiliados, muchos de ellos rusos, publicaron atroces relatos, generalmente parciales y escasamente documentados (lo que no podía ser de otra manera), en los que se denunciaban matanzas perpetradas, supuestamente, por los revolucionarios comunistas. Se les dio poco crédito: aportaban mínima documentación, eran parte interesada y algunos de ellos se amparaban bajo la protección de ambientes de la -por entonces- potente extrema derecha o de los servicios secretos. Transcurridas varias décadas desde entonces, no pocos historiadores vienen confirmando, con documentos procedentes de los archivos soviéticos, que tales informaciones eran fragmentarias, pero veraces y, en muchas ocasiones, precisas.

Pero, además de un problema de reconocimiento y aceptación de la verdad histórica, existen otras cuestiones pendientes. Así, el autor del tercero de los libros mencionados, realiza algunas reflexiones especialmente pertinentes. En Rusia, afirma, no se ha reparado la memoria de las víctimas del estalinismo. Tampoco se han dado facilidades para investigar, con toda su profundidad, los hechos reales. Persisten, incluso, numerosos nostálgicos del estalinismo que niegan o justifican la oportunidad de ese dramático “experimento” social y político como el necesario precio de la industrialización. Incluso el sucesor de esos servicios secretos, autores de la mayor parte de esas masacres, el actual Presidente de Rusia Vladimir Putin, lanzó una serie de sellos de correos conmemorativos de las “hazañas en el contraespionaje” de sus predecesores en los mismos. El estalinismo, al menos en Rusia, por lo tanto, es una cuestión pendiente de respuestas mínimamente satisfactorias.

La periodista rusa Anna Politkovskaya, en su libro “Terror en Chechenia” (Ediciones del bronce, Barcelona, 2003), es concluyente en sus acusaciones. Asegura que son muchas las reminiscencias totalitarias del estalinismo, fruto de décadas de comunismo, que determinan buena parte de las prácticas del nuevo régimen político ruso. Ello se reflejaría, dramáticamente, en muchas de las expresiones del largo conflicto de Chechenia en el que se manifiesta una falta absoluta de transparencia informativa, se constata la violación de los derechos humanos, y se mantiene artificialmente una guerra como medio para la promoción profesional y el beneficio de los negocios de altos mandos militares y sus conexiones civiles.

En España no hay, parece ser, nostálgicos del estalinismo. Es más, cualquier socialista o comunista sensato se desvincula del mismo, así como de, prácticamente, todas las demás experiencias del denominado “socialismo real”. Consideran tales que, con la crisis levantada por las revelaciones de Kruschev ante el XX Congreso del PCUS (17 a 24 de febrero de 1956), ya se ha realizado toda la autocrítica necesaria. Pero semejante respuesta no parece suficiente: el comunismo no acaba, pero tampoco empieza, con Stalin. Tan breve explicación pretende, más bien, cerrar un necesario debate: informar a la sociedad española, sacando a relucir complicidades y responsabilidades políticas de comunistas y demás marxistas españoles en todo lo ocurrido. Y casi lo logran. De esta forma, para muchos de nuestros contemporáneos el comunismo forma parte del pasado. Es más, tienen claro que Hitler ha pasado a la historia de la ignominia. Pero, frente a Stalin, consideran que se trata de un caso muy distinto: ideas vagas, generalidades infantiles, imprecisiones históricas… Y a la consolidación de esa ambigüedad han contribuido sustancialmente, con sus silencios y justificaciones ideológicas, muchos de nuestros “progres”: periodistas, historiadores, docentes y políticos.

No podemos pasar por alto todo lo ocurrido allí, en Rusia y en otros numerosos países; lo que –también- tuvo dramática expresión en la España de los años treinta del pasado siglo. Es más, podría decirse que todo ello nos alcanza hasta hoy mismo: no en vano, algunas organizaciones terroristas, caso de ETA, se siguen proclamando marxistas.

Aún viven responsables materiales directos de los crímenes del comunismo en medio mundo. Igualmente, existen unos responsables políticos de semejantes crímenes contra la humanidad. Todavía persiste una responsabilidad intelectual y moral por tales hechos. Y una evidente relación de causalidad entre marxismo y crímenes del estalinismo, y del comunismo, que no pueden obviarse.

Para algunos políticos, historiadores y periodistas, autocalificados como progresistas, todo aquello de lo que venimos hablando es cosa del pasado, está poco claro y ha sido manipulado. A lo sumo, no tendría relevancia en la actualidad. Por ello, ante semejantes evasivas, existe un trabajo pendiente. Corresponde realizar un gran esfuerzo para desmontar esas falacias que pretenden escamotear la verdad. Algunos autores en España, al igual que otros muchos en todo el mundo, vienen realizando un gran esfuerzo intelectual para desmontar esos falsos tópicos, silencios y complicidades. La difusión de sus obras puede ser una manera de responder a este reto cultural y moral, prestando un necesario servicio a la verdad y a la justicia; concretas exigencias, ambas, y muy concretas, pese a algunos y a lo determinado como “políticamente correcto”.

·- ·-· -··· ·· ·-·
Fernando José Vaquero Oroquieta – 2004 - ‘ARBIL’ Nº 77

 

+++

 

Frente al totalitarismo y toda forma de dictadura, comprendamos a qué libertad está llamado el hombre.

 

La libertad del hombre. 

 

El concepto de Libertad es muy superior a lo que hoy se entiende por "libertad", circunscrita sólo al campo político. El libre albedrío, la libertad de arbitrio, de los católicos contrasta con la esclavitud espiritual que suponen el predeterminismo protestante (*) y el fatalismo musulmán. En este artículo se incluyen los argumentos de su existencia, lesiones y consolidación de la misma así como su alcance.

 

Se entiendo por libre albedrío, o libertad de arbitrio -que es la que propiamente se atribuye a la voluntad humana-, la facultad de determinarse a obrar, es decir, la facultad de querer o no querer, o querer una cosa más que otra. Sólo hay libertad cuando el hombre no está determinado por una causa o un motivo interno (temor invencible, obcecación, pasión, etc...), ni por una causa o un motivo externo (coacción). Consiste, pues, la libertad en una decisión personal; o, como dicen los filósofos, en un obrar intrínseco, en la capacidad del hombre de decidir por sí mismo.

La libertad es un acto u operación de la voluntad humana. La voluntad es una facultad apetitiva propia del ser inteligente; tiene por objeto y fin el bien. La posibilidad de elegir el mal es un defecto de la voluntad humana, que acoge falsamente como bueno lo que de suyo es un mal. La verdadera libertad consiste en la elección del bien.

La libertad, como enseña León XIII, es

«el bien más noble de la naturaleza, propia solamente de los seres inteligentes, que da al hombre la dignidad de estar "en manos de su propia decisión" y de tener la potestad de sus acciones» (León XIII, Libertas Praestantissimum, DS 3245; CE 63/1; DP-II 225/[1]).

Existencia

Frente a los que niegan la existencia de la libertad humana (deterministas), el Magisterio de la Iglesia enseña que la razón natural puede probar con certeza la existencia de la libertad del hombre (cfr PÍo IX, Decr. de la S. Congr. del Indice, 11-VI-1855, DS 2812 [1650]).

En esa demostración suelen darse tres argumentos.

El primero es de orden psicológico: está basado en el testimonio de la conciencia. La conciencia de cada individuo experimenta que es dueño de muchos de sus actos, queridos de tal modo que se hubieran podido no querer, o querer otros actos diferentes en su lugar. La historia refuerza el testimonio de la conciencia al mostrar que los pueblos han atribuido a los hombres normales la responsabilidad de sus actos y, consiguientemente, castigan o premian a los que hacel el mal u obran el bien.

Otro argumento está basado en el orden moral. Si el hombre no tuviese libertad, carecerían de sentido los mandatos y las prohibiciones morales, el mérito y el demérito, los premiso y las sanciones, pues sin liberta del hombre no sería responsable.

Por último, también se aduce un argumento de orden metafísico. El objeto al que tiende de modo propio la voluntad humana es el bien; en otras palabras, el bien es el objeto formal de la voluntad. Es cierto que el hombre quiere necesariamente lo que se le presenta como bien. Pero los bienes particulares y concretos que se presentan a la voluntad, o sea los bienes creados y los actos que el hombre puede realizar, son bienes finitos, imperfectos. Es decir, se presentan al mismo tiempo como objetos que contienen elementos de bien y elementos de mal; son ambivalentes, sin posibilidad de mover a la voluntad de modo necesario. Por ese aspecto mixto (bien-mal) que presentan, la voluntad puede aceptarlos y puede rechazarlos; en otros términos, los quiere de modo libre.

Propiamente, sólo Dios, bien absoluto, sería capaz de mover necesariamente la voluntad humana; pero el hombre lo conoce tan imperfectamente, que su voluntad puede rechazarlo.

Lesión y consolidación de la libertad

El Magisterio de la Iglesia defendió siempre la existencia de la libertad en el hombre y ha condenado todo atentado a la libertad.

«Dios omnipotente creó recto al hombre, sin pecado, con libre albedrío y lo puso en el paraíso, y quiso que permaneciera en la santidad de la justicia. El hombre, usando mal de su libre albedrío, pecó y cayó... La libertad del albedrío la perdimos en el primer hombre, y la recuperamos por Cristo Señor nuestro; y tenemos libre albedrío para el bien, prevenido y ayudado por la gracia; y tenemos libre albedrío para el mal, abandonado de la gracia, y por la gracia fue sanado de la corrupción» (Conc. de Quiersy, DS 621 y 622 [316 y 317])

Con el pecado original, el libre albedrío del hombre quedó atenuado en sus fuerzas e inclinado, pero no extinguido (cfr Conc. de Trento, «Decreto sobre la justificación», cap. 2, DS 1521 [793]: Cfr DS 378 [181]. Por eso, el hombre permanece en su libertad de hacer el bien con la gracia o de elegir el mal rechazándola (cfr Ibid, DS 1525s [797s]; Conc. Vaticano I, Dei Filius, cap 3, DS 3010 [1791]).

Así, pues, con el pecado original, la libertad del hombre quedó herida, lesionada, inclinada al mal. Pero con la Redención de Jesucristo la libertad del hombre ha adquirido una nueva dimensión.

Por el bautismo el hombre adquiere la libertad de los hijos de Dios (Rom 8, 21-23), pues , como nos enseña Jesucristo,

«si permaneceis en mi doctrina... conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres... Si el Hijo os da la libertas, seréis verdaderamente libres» (Juan 8, 31-36)

Esta libertad es objetiva y germinal; con la gracia de Dios, el hombre debe desarrollarla y aplicarla a todos los campos de su existencia.

La libertad que Cristo nos ha ganado consiste en la liberación del pecado (Rom. 6, 14-18) y, en consecuencia, de la muerte eterna (Apoc. 2, 11; Col 2, 12-14; Rom 5, 12) y del dominio del demonio (Juan 12, 31; Col 2, 15; 1 Juan 3, 8); en fin, Cirsto nos ha reconciliado con Dios y con los demás hombres (Col 1, 19-22)

Alcance de la libertad cristiana

«La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión (cfr Ecles 15, 14) para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a Este, alcance la plena y bienaventurada perfección» (Gaudium et Spes, n. 17)

En esta enseñanza se encuadra perfectamente el concepto y la orientación de la libertad humana, así como su alcance salvífico; pues el constitutivo de la libertad no está en elegir un contenido contrario al fin del hombre, conocido por la razón natural y revelado por Dios, sino en una decisión propia, personal, por la que el hombre busca en todas las cosas de su vida a Dios; una decisión por la que libremente el hombres se adhiere a Dios, y así realiza su ser en la plenitud a la que Dios le llama.

«La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal, y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elección del bien, y procura para ello los medios adecuados, con esfuerzo y eficacia crecientes» (Ibid).

No es, por consiguiente, libre el hombre cuandos se deja llevar por las pasiones y, bajo una concepción falsa de su autonomía, elige contenidos pecaminosos, que le separan de su fin, que es Dios, y, por tanto, de la salvación. Por el contrario, expresa en grado sumo su libertad, cuando, apoyándose en la gracia divina, da fruto a los talentos recibidos y se abandona sin reservas a la Providencia, buscando, consciente y comprometidamente, su identificación con la voluntad divina.

«La vocación divina del hombre exige de él que dé una respuesta libre en Jesucristo. el hombre no puede no ser libre. Pertenece de llno a su dignidad y oficio el observar la ley moral natual y sobrenatural, con un pleno dominio de sus actos, y adherirse al Diso que se revela en Cristo. La libertad del hombre caído ha quedado de tal modo herida, que ni siguiera puede cumplir las obligaciones de la ley natural durante un largo periodo de tiempo, sin la ayuda de la gracia de Dios. Pero con la gracia, de tal manera se eleva y fortalece su libertad, que lo que vive en la carne, lo vive santamente en la fe de Jesucristo (cfr Gál 2, 20)» («Catequesis [Directorio General Catequético]», n 61).

G. Lobo.

(*) El protestantismo oscila entre la esclavitud de la letra y el racionalismo, que evapora la vida de la fe [...] El protestantismo tiene que cumplir su ciclo todo, ir a perderse en el racionalismo que mata toda vida espiritual, para que vuelva a caer en la fe de que salió. ¡Libertad!, ¡libertad! ¿Cuándo un protestante ha llegado a la libertad de los místicos católicos? O caen en la esclavitud de la letra o en el nihilismo de la razón
(Unamuno, Obras Completas [Madrid, Edit.
Escelicer, 1966] v. VIII, 799-800)

http://revista-arbil.iespana.es/revista-arbil/(54)libe.htm

 

+++

 

 

 

 Ntra. Sra. de Kazan

 

 

«Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las criaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivos de alabanza y gloria del Creador» (LEON MAGNO, Sermón 7 en la Navidad del Señor, 2.6; LIT HOR VIERNES V T.O.)

 

+++

 

La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión{la Iglesia Católica fundada por Jesucristo - Dios nuestro}

 

+++

 

1) Atribuir a la Iglesia Católica “la postergación y humillación sistemática de la mujer”. Esta falsedad es todavía más grande, pues una de las causas de la difusión del primitivo cristianismo fue el papel importante que la mujer tuvo en él, muy por encima de la que tenía en el imperio romano. Y fue precisamente en la Edad Media cristiana donde la mujer alcanzó una dignidad y un poder como nunca había tenido.

El señor escritor Vargas Llosa debería leer, al menos, los libros de la medievalista francesa Règine Pernoud para salir de su error. Sin una serie de mujeres descollantes —Genoveva, Juana de Arco, Catalina de Siena, Eloisa, Hildegarda de Bingen, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, etc.—, que eran admiradas y respetadas por las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, incluido el Papa, posiblemente la civilización europea habría sido imposible. Cualquier mujer podía entonces establecer un negocio o adquirir una propiedad sin autorización de su marido. Y fueron las damas del medioevo las que educaron y afinaron a los hombres, crearon el amor cortés, la galantería y el honor de servir el hombre a la mujer. ¿Donde está, pues, la “postergación y humillación sistemática de la mujer”? Fue con el Renacimiento y el nuevo auge del Derecho Romano cuando la mujer perdió los derechos que había ganado en la Edad Media.

-.-

 

2) Atribuir a la Iglesia Católica el haber mandado a la hoguera a millares de católicos e infieles en la Edad Media. El tema de la Inquisición merece un comentario más detenido y matizado del que es posible aquí. Remito a estudios serios sobre la Inquisición española como los del historiador inglés Henry Kamen o la española Beatriz Comella. Pero sí hay que saber, por lo menos, que su importancia no fue en la Edad Media, que termina en el Siglo XIV, sino en pleno Renacimiento y más allá, hasta el XVII y XVIII, que es cuando pasó del poder eclesiástico al poder civil.

Inquisiciones hubo tantas como religiones había en esos siglos. Para esa época, un ataque a la religión de un país —ya fuera la católica, la luterana, la anglicana o la calvinista— suponía algo tan importante para la estabilidad de su gobierno, como lo que es el terrorismo o la guerrilla para una democracia actual. En cuanto a la Inquisición española, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados. La Revolución Francesa, tan alabada por los laicistas como Vargas Llosa, en pocos días, llevó a la guillotina cifras posiblemente superiores, exterminó a todos los de la región de la Vandeé y además arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos. Y todo eso en nombre de la igualdad, libertad y fraternidad.

 

+++

 

"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras".  (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

+++

Glorificación de Dios, Señor y Creador

La procesión continúa con las criaturas de la atmósfera:  rayos, granizo, nieve y bruma, viento huracanado, considerado un mensajero veloz de Dios (cf. Sal 148, 8).  Vienen luego los montes y las sierras, consideradas popularmente como las criaturas más antiguas de la tierra (cf. v. 9). El reino vegetal está representado por los árboles frutales y los cedros (cf. ib.). El mundo animal, en cambio, está presente con las fieras, los animales domésticos, los reptiles y los pájaros (cf. v. 10). Por último, está el hombre, que preside la liturgia de la creación. Es definido según todas las edades y distinciones:  niños, jóvenes y viejos, príncipes, reyes y pueblos (cf. vv. 11-12). 

 

 

 

Gracias por elegirnos. Gracias por seguirnos. Gracias por leernos y por sugerirnos ideas y comentarios.

Recomendamos vivamente:

1º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -  Editorial: CIUDADELA. 

 

Recomendamos: Los signos de los tiempos

El silencio de Dios, las raíces cristianas de Europa, el problema del relativismo, la cultura de la muerte, el fin del mundo, la plenitud de los tiempos, la apostasía, la escatología en la Escritura: sobre éstos y otros temas reflexiona José Orlandis, en Los signos de los tiempos (ed. Rialp: colección Patmos). 2006.

 

 

Recomendamos: ROMA, DULCE HOGAR, Scott Hahn y su esposa Kimberly cuentan el largo viaje que les llevó de evangélicos calvinistas, hasta la casa paterna en la Iglesia Católica. Un camino erizado de dificultades, pero recorrido con gran coherencia y docilidad a la gracia, y cuyo motor era el amor a Jesucristo y a su Palabra en la Sagrada Escritura.

 

 

Recomendamos: DIOS Y EL MUNDO Joseph Ratzinger. Ed. Galaxia Gutemberg-

+

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).