Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Un ejemplo de falsa premisa es «A todos se les debe permitir el ingreso a la Universidad». Esto es un error, porque la Uni­versidad debe ser el lugar de los altos estudios, y entonces sólo deben acceder a ella “quienes posean condiciones intelectuales suficientes para llevar adelante altos estudios”. Otro ejemplo de falsa premisa: «La Edad Media fue una época oscura para el intelecto». Este es un prejuicio muy corriente, que se repite porque se lo ha oído decir, y por crasa ignorancia histórica, puesto que en la denominada “Edad Media” europea, que fue un período de más de mil años, hubo en muchos lugares una notable producción filosófica, y además en esa edad histórica nacieron las universidades, con un alto nivel académico y un intenso ejercicio de la discusión filosófica en su seno, para mencionar aquí solamente algunos datos[2].

2 - Cfr. Guillermo Fraile, Historia de la filosofía, v. II 1ª parte, B.A.C., Madrid, 1975, ps. 8-29; E. Bagué, Edad media. Diez siglos de civilización. Miracle, Barcelona, 1942; Gustave Cohen, La gran claridad de la Edad media, Huemul, Bs. As., 1965; Regine Pernoud, A la luz de la Edad media, Granica, Bs. As., 1988; AA.VV., El legado de la Edad media, edic. orig. por la Univ. de Oxford; edic. en castellano por Pegaso, Madrid, 1944.

 

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El valor de una sociedad se define por el de sus instituciones, sobre todo las educativas. Y la Iglesia desde los albores de la edad media, instituye escuelas y universidades, después.

 

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El español vivió su Edad Media poniéndose frente a Dios en la actitud del caballero ante su señor, actitud que conservaría de cara a la hazaña de la conquista de América. Sánchez Albornoz pone en boca del hombre hispano la plegaría del vasallo feudal: ?

«Soy tu espada, Señor, estoy combatiendo a tus enemigos y llevando tu nombre a nuevas tierras. Llevo tu cruz en mis banderas, a Ti consagro mis conquistas. Tu madre es la mía, y ella es también mi Dama, Nuestra Señora. Soy tu siervo, Señor, te rindo pleitesía; ayúdame a extender tu santo nombre ya honrar a Nuestra Señora, a los ángeles ya los santos varones que te sirvieron ayer...»

(P. Alfredo Sáenz

 

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Notre-Dame - Paris.

 

Edad Media - Durante mucho tiempo, la Edad Media se vio como una época de barbarie, oscurantismo e involución, como si fuera una etapa de la que tuviéramos que avergonzarnos. Nada más lejos de la realidad. Occidente es hijo de una sociedad feudal, de una vida monástica cristiana, de unas ciertas tradiciones arquitectónicas, de unas costumbres, de unas instituciones e incluso de unas incipientes fronteras territoriales que florecieron a lo largo de esos siglos.

En tal contexto, las distintas monarquías peninsulares desempeñaron un papel fundamental. Sancho III el Mayor y Alfonso X el Sabio no vivieron en el mismo siglo, pero ambos representaron el poder de los reinos cristianos en el Medievo. Un poder que fue también cultural. En efecto, Sancho III hizo de Navarra el reino más poderoso de su tiempo mediante alianzas y conquistas, pero también fomentó la penetración de las ideas foráneas y protegió a los peregrinos de Santiago. Por su parte, la labor de Alfonso X resulta casi inabarcable: legislador, historiador, astrónomo, poeta...

Ya lo dijo Dante: el amor mueve el Sol y las demás estrellas; y, estamos convencidos, también mueve la Historia.

 

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La ignorancia es la madre del odio.

El odio trastorna, nútrese del falso. 

El demonio es el padre de la mentira.

 

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Casiodoro Magno Aurelio, fue un filósofo, pensador, monje y escritor latino, consultado por los reyes y gobernantes de su época. Nació en el año 468 D.C., en Squillace y murió después de 562. Fue ministro de Teodorico el Grande. En el año 538 se retiró y fundó una orden monacal, precursora de la de San Benito (benedictinos), consagrada sobre todo a la conservación y copia de manuscritos antiguos.

 

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´La arquitectura gótica y la escolástica´

 

de Edwin Panofsky

Las catedrales, como la Summa de Santo Tomás, apuntaban a la totalidad, la síntesis perfecta, y así alcanzaron equilibrios asombrosos.

 

Siruela a reeditado una conferencia dictada por Panofsky en las Wimmer Lectures en diciembre de 1948. Estas conferencias alcanzaron notable relevancia en el mundo cultural anglosajón y desde el principio fueron editadas como libritos.

Para el que no conozca la obra de Panofsky, uno de los mejores historiadores del arte, esta edición es una excusa más que saludable. Por una de esas maravillas del saber, el librito también es válido para el que le guste la arquitectura, especialmente la gótica y la filosofía, especialmente la escolástica.

La conferencia entrelaza magistralmente la exposición para asentar la tesis propuesta: la íntima conexión entre la escolástica y el arte gótico. Aasí, nos dice el historiador:

“Al igual que la Summa de la alta escolástica, la catedral del gótico clásico apuntaba ante todo hacia la totalidad. Por ello, tendía a aproximarse mediante la síntesis y la eliminación a una solución que fuese perfecta y final. Podemos por tanto hablar del plan del gótico pleno o de su sistema con mucha más propiedad de la que sería posible en cualquier otro período”.

Al igual que la escolástica trató de alcanzar y sintetizar todos los saberes, la catedral gótica se nos muestra como un intento de materializar en su imaginería la totalidad del conocimiento cristiano; fuera teológico, moral, natural e histórico. Por eso:

“De un modo similar, su diseño estructural (de la catedral) trataba de sintetizar los motivos más importantes provenientes de cauces diferentes, lo que finalmente le llevó a alcanzar un equilibrio sin paralelo”.

Esta analogía, entre la escolástica y la arquitectura gótica, no es accidental ni casual. Nuestro autor propone que en la medida que la escolástica tomista perdió su ímpetu creador y se vulgarizó o sustituyó por otras escuelas, el arte gótico fue sustituido por tendencias menos sistemáticas. En cierta medida, en los arquitectos de las catedrales se cumplía aquello de que:

“Como todo modus operandi, esta manera de proceder obedece a un modus essendi”.

Por eso, contemplar las catedrales no desvela el auténtico espíritu de su época. Aunque el libro consta de 130 páginas, el texto sólo cubre la mitad, para dejar paso a ilustraciones de las catedrales que cubrieron el suelo europeo durante la Edad Media. Leyendo el libro disfrutará tanto como visitando una catedral gótica.

Alfonso Carlos AMARITRIAIN - 2008-02-18

La arquitectura gótica y la escolástica
Edwin Panofsky
- Traducción: Julia Ramírez Blanco
Siruela, - Madrid, 2007, 130 págs.

 

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Medioevo creador, luminoso y sonoro, cuyos inventos muchos empleamos aún día.  – Lustros antes del 1300 se inventa el clavicémbalo (clavecín): Instrumento musical que consiste en una caja prismática de madera, más estrecha por la parte superior, donde está abierta, y sobre la cual se extienden muchas hileras de cuerdas metálicas que se tocan con un macillo, con un plectro, con uñas de marfil o con las de las manos. Se utilizó hasta finales del 1700 cuando aparece y se impone el piano (forte). El clavecín es muy sensible a la humedad y a las variantes de temperaturas, pudiendo afectar su sonido diáfano y dulce. Su antepasado primero fue ideado por Pitágoras.

En el 1200 los anteojos –sin patillas- fueron inventados. El abotonarse la camisa, antes no existían los botones. El utilizar las gavetas (cajones corredizos) para preservar documentos, guardar ropas, etc. El empleo de la bandera y el utilizo del libro, es decir, el hojear un libro es obra del medioevo; así a la vez el concepto de hemeroteca. El tenedor otro invento medieval. El sentarse a la mesa para consumir los alimentos que ya mencionó GIOVANNI BOCACCIO (escritor Italiano nacido en la Toscana,(1313-1375): habló de las delicias de la pasta (masa), ora el macheroni, ora el raviol, ora el queso Parmiggiano.

La Comuna o Consejo municipal iniciaron en el medioevo conjuntamente con el empleo de los apellidos para facilitar la identificación de las personas. También la Universidad fundadas y auspiciadas por la Iglesia, entre ellas La Soborna de Paris, Salamanca, etc. El banco para las transacciones monetarias o comercios de monedas y valores de curso legal. El juego de ajedrez proveniente desde India o Persia se jugaba en Europa, y no fue traído por los árabes. El juego de los niños de hacer castillos en la arena, pues eran y son fortificaciones de típicas arquitecturas medievales.

Dejando tantas otras creaciones sin mencionar, quepa resaltar una: las maravillas en piedra que son las luminosas Catedrales góticas sembradas por toda la Europa cristiana; testimonio en rocas talladas y que hoy siguen sudando el antaño fervor de tan augustos siglos.

 

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EL TOLOMEO VATICANO - (s. XV-XVI) - Durante la época medieval y el Renacimiento se difundió bajo el nombre de Tolomeo una serie de obras de

geografía del mundo conocido, imprescindibles para viajes y transacciones comerciales, que toman su nombre del famoso geógrafo egipcio Claudio Tolomeo,

que vivió en Alejandría en el siglo II de Cristo. La Biblioteca Apostólica Vaticana cuenta entre sus tesoros bibliográficos con una de estas obras, no en el originario texto griego sino en la traducción latina de Jacopo Angeli da Scarpezia. Este manuscrito perteneció al papa bibliófilo Alejandro VII, según muestran sus armas estampadas en oro en la encuadernación (Sig. Urb. lat. 174). El ejemplar puede catalogarse de obra maestra no sólo por la calidad del texto y rigor en el dibujo de los mapas, sino por el material empleado: pergamino de primera calidad teñido de diversos colores, abundancia de pan de oro para títulos y marcos, representación

de los vientos con cabezas humanas, etc. Está formado por 133 folios de pergamino de 444 x 299 mm., y fue escrito en letra humanística redonda en la ciudad de Florencia en el siglo XV. Aparte del texto explicativo, se incluyen 30 mapas: un planisferio del Viejo Mundo, 13 mapas de Europa (a los que se añadieron tres uevos: España moderna, Europa del Norte, Italia moderna, más precisos y desarrollados de como los hizo Tolomeo), 4 de África y 12 de Asia, advirtiéndose que un mapa suele estar desarrollado en varios folios.  Ya en el siglo XVI se le añadió al códice un segundo planisferio que comprendía las tierras recién descubiertas del Continente americano. Entre las ilustraciones del manuscrito hay que destacar la miniatura que se hace del geógrafo Tolomeo en el interior de una capital del folio 2, donde aparece con un libro y un compás en la mano.

 

 

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UNIVERSIDAD, MEDIOEVO Y LA IGLESIA, HISTORIA

 

Históricamente, la universidad nace al amparo de la Iglesia. Los Estudios Generales promovidos por las autoridades civiles, diócesis u órdenes religiosas necesitaban de la aprobación pontificia para poder expedir sus títulos académicos. Naciente institución universitaria aportaba algo nuevo y especifico, una concepción del saber iluminado por la fe. La idea fundamental era la de unidad, unidad que se veía realizada en diversas Facultades, que incipientemente fueron las de Artes, Filosofía, Teología, Derecho y, poco más tarde y no en todos los sitios, Medicina.


Esa idea de unidad centraba el objetivo de la actividad académica en torno a algo aparentemente obvio, el deseo de saber. Ningún saber es auténtico si, de alguna manera, no permite captar la armonía de las partes y percibir, como un todo ordenado, el flujo de experiencias que el hombre recibe de
la realidad. Que lo propio del sabio es ordenar ya lo había dicho Aristóteles, pero fue después de una larga sedimentación cuando la sociedad se vio capaz para explicitar ese orden y proponerlo, y ése fue el origen de la universidad. Y esa intuición medieval, que se fraguó en el estudio personal y en la vida contemplativa de los monasterios para fructificar en las ciudades, continúa siendo plenamente actual.
La progresiva especialización inconexa en que han venido a caer las distintas disciplinas científicas, no se entiende sino como un proceso paralelo a la fragmentación que vive el hombre actual; esa sensación de ruptura y ese ansia constante de huir de lo que le es dado. De hecho, el drama que se vive en el corazón del hombre es el mismo que se experimenta para integrar la Física o la Biología con
la Ética. No vale la pena dedicarse al estudio de la Historia si, finalmente, no va a conducir a dar un sentido a la vida de los individuos y los pueblos. Tampoco parece adecuado dedicarse a la arquitectura si uno olvida el hombre para quien se construyen las casas o diseñan las plazas de las ciudades. Probablemente, los callejones sin salida a los que conducen algunos posicionamientos en el ámbito de la genética son más herederos de los antiguos alquimistas que buscaban la piedra filosofal, que no de lo que se inició en las primeras universidades. Lo científico, si verdaderamente se puede decir que lo es, es profundamente humano y conduce a una admiración y agradecimiento que distan mucho de la actual soberbia con que se afrontan algunos hallazgos denominados científicos.
Esta reflexión, que he desarrollado brevemente, ha estado presente a lo largo del proceso que ha conducido a la creación de
la Universidad Abat Oliba-CEU. Pero también hay otro aspecto que me parece importante subrayar. La institución universitaria se caracterizó, desde su inicio, por una multiplicidad de maestros que tendían a algo uno. En esto se distinguían notablemente de las antiguas escuelas. Era también su garantía de pervivencia en el tiempo. De hecho, la universidad superó el concepto de escuela cuya vida estaba condicionada a la presencia del maestro, desapareciendo en muchas ocasiones al desaparecer éste. Pero esa convivencia y colaboración intelectual no habría sido posible sin, al menos, dos cosas: una firme convicción en la posibilidad de conocer la verdad y una auténtica amistad. Si no hubieran vivido en la certeza de que conocer la verdad y comunicarla es posible, no habría sido posible la colaboración de unos con otros. Si hay algo específicamente antiuniversitario es el escepticismo, que corroe y esteriliza cualquier actividad intelectual.


Dicha confianza hundía sus raíces en el convencimiento de que Dios ha creado un mundo ordenado y que invita a los hombres a la amistad con Él.
Esta afirmación, que podrá parecer obvia o extravagante, según quien la lea, es la que justifica el abandono de la magia, la pérdida de credibilidad de los brujos y hechiceros y, en definitiva, la creencia en un progreso que no es tanto una creación del hombre cuanto un descubrimiento, hecho a diario y sólo posible desde la humildad, de las maravillosas leyes escritas por Dios en todos las cosas que componen el mundo.
Esa experiencia que dio origen a la universidad se fraguó en el seno de
la Iglesia. Convertir una universidad en un agregado de Facultades es una tentación fácil y, aparentemente, eficaz. Construirla desde el convencimiento de la unidad es una tarea harto difícil y sólo posible desde la visión que otorga la fe. Ése es el reto que tiene planteado la Universidad Abat Oliba. En la medida en que lo vaya cumpliendo, los licenciados que se formen en las diversas especialidades serán más competentes, no sólo porque hayan adquirido unos conocimientos particulares más extensos, sino, y sobre todo, porque habrán percibido con mayor profundidad que ese ámbito reducido sobre el que aplicarán su saber, forma parte de algo mucho más grande y que, de ninguna de las maneras, podrán entenderlo plenamente, si lo separan de él.
Antonio Arcones

 

http://www.alfayomega.es/estatico/anteriores/alfayomega363/aqui_

ahora/aa_reportaje2.html

 

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¿La tierra plana? Sobre el mito de que en la Edad Media creían que la tierra era plana. Pues no, muy pocos eran los que afirmaban tal cosa: “Durante los primeros quince siglos de la era cristiana (solamente) cinco autores parecen haber negado la esfericidad de la Tierra, y unos cuantos más se mostraron ambiguos y poco interesados en el tema. Pero casi toda la opinión académica afirmaba la esfericidad de la Tierra, y en el siglo XV habían desaparecido todas las dudas al respecto”.

 

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HEMEROTECA Lo denuncia el libro «El mito de la Tierra Plana»  

¿Quién creó el bulo de que la Iglesia proclamaba una tierra plana? Un historiador ¡y un novelista! 

 

Quien acuda a las fuentes antiguas y medievales comprobará con cierta facilidad que los antiguos y los medievales creían que la Tierra era esférica. Lo había dicho Aristóteles y su autoridad fue intocable hasta la época de Copérnico. 

 

Esférica pero, ¿visitable?

 

Entre los sabios había cierta discusión sobre si esa tierra esférica estaba poblada en su mitad inferior, e incluso si estuviera poblada, se dudaba si esas regiones podían ser accesibles… ya que el norte era inhabitablemente frío, cabía pensar que el sur también fuese inhabitablemente cálido, que los hombres muriesen al viajar al ecuador igual que morían de frío en el norte. 

 

Hay que recordar que 15 expediciones del príncipe portugués Enrique el Navegante fracasaron en su intento de cruzar el Cabo Bojador en el Sáhara Occidental, hasta que Gil Eanes lo consiguió en 1434, iniciando la era de los grandes descubrimientos. Los portugueses comprobaron que era posible cruzar los trópicos y rodear África. 

 

La idea de un mundo plano era una idea de gente inculta. Entre los marineros del norte se había heredado de la cosmovisión vikinga, de las viejas mitologías escandinavas. Pero entre las clases cultas de toda Europa, prevalecía la imagen de la esfera. 

 

Dos excepciones: Cosmas y Lactancio

 

Durante toda la Edad Media hubo sólo 2 personalidades cultas que defendiesen una tierra plana. Uno fue Cosmas Indicopleustes, en el siglo VI, navegante griego que luego se hizo monje y topógrafo.  

El otro fue Lactancio, uno de los antiguos Padres de la Iglesia, escritor latino del s.II-III. Tanto en la Antigüedad como en la Edad Media su influencia fue poca en temas cosmológicos.  

El caso es que en la época en la que Colón creció las personas cultas tenían claro que la tierra era esférica y los trópicos navegables. No estaban claras, en cambio, sus dimensiones ni la posibilidad de navegar hacia Asia por un Atlántico poco conocido. 

 

El bulo para niños: del s.XIX al XXI 

Sin embargo, en multitud de dibujos animados, libros para niños o historias ilustradas de la ciencia, durante todo el siglo XX y aún en el XXI se presenta a Cristóbal Colón como un firme e ilustrado científico que se encuentra con la hostilidad de fanáticos religiosos y clérigos medievales que no le dejan navegar repitiendo que la Tierra es plana.  

ref.religionenlibertad.08.2016

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Ruere in servitium (cayeron en el servilismo), observó Tácito con tristeza, refiriéndose a los romanos, y poco después llegaron los bárbaros. También entonces comenzarían por quemar París…

 

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Durante en el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

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¿Sabía Usted esto? – Año 1480: Los Reyes Católicos promulgan la primera ley reguladora del libro impreso. Por ella queda libre del pago de todo tipo de tributos la introducción en España de libros extranjeros. Tal reglamentación favoreció el crecimiento de las letras y la propagación de la cultura en el Nuevo Mundo.

 

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La tradición de manuscritos iluminados en España, que es ampliamente impulsada por los monasterios del Reino de León en el siglo X, es continuada durante el XI, XII y XIII, en el periodo románico.

 

Además, en estos siglos, se produce un incremento de la producción como consecuencia de la riqueza económica que se obtiene de las parias de los reinos taifa y también como consecuencia del aumento de riqueza en la nobleza y la secularización del clero.

Es por estas razones que se producirá un aumento en la demanda de libros más pequeños para uso personal, como Breviarios, Misales, Libros de Coro, Libros de Horas y las Hagiografías resumidas (historia de la vida de los Santos).

 

No obstante, se siguen copiando e ilustrando libros de gran tamaño y numerosas ilustraciones como Biblias y los Códices de "Los Comentarios al Apocalipsis de San Juan" de Beato de Liébana (los famosos beatos que tanta importancia tendrían en el periodo mozárabe)

 

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Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

Lo dijo Cicerón: "Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño".

 

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Hechos históricos - Es flaqueza humana querer interpretar hechos históricos sin hacer un esfuerzo leal a fin de llegar a la mayor objetividad alcanzable con soluciones inteligentes y razonables. Aún haciéndolo con rigor, ánimo y vigor, 

nuestra percepción estará siempre condicionada en el marco de los actuales conocimientos y experiencias. Este condicionamiento propio de la aventura humana no nos exime de ser fidedignos, verídicos y fieles en el trato o en el desempeño con el estudio de hechos puntuales que la historia nos muestra. Comprender que otras culturas –en otras épocas, con otros lenguajes, delante de otras cuestiones de otros hombres- han hecho también sus propias afirmaciones.

 

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PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

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La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

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P-Quisiera pedirle consejo sobre algún libro que trate sobre los verdaderos aportes a la civilización árabe, de la India, de Persia y de Bizancio.

 

R-Bernard Lewis tiene un libro sobre el legado del islam que está bastante bien. Con todo, yo cada vez veo más claro que el islam tan sólo absorbió lo que ya existía ya fuera en España o en Persia. Dr. CÉSAR VIDAL. 05.IX.2006-L.D.ESP.

 

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P-No cree que se está fomentando en los medios una falsa idea acerca de la presencia islámica en España durante la Edad Media? ¿Por qué no se estudia en los colegios que los cristianos tenían que hacer sus iglesias en cuevas y que hubo varias insurreciones de cristianos?

 

R-Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice y lo he abordado en libros míos como España frente al islam, España frente a los judíos o El médico de Sefarad. El problema es que si a la cerrilidad de la izquierda le suma usted la del islam el panorama es desolador. Dr. CÉSAR VIDAL. 05.IX.2006-L.D.ESP.

 

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Medioevo - Se podría decir que, en cierto modo, la Edad Media sí estaba sumida en la oscuridad; pero no porque fuese oscura en sí misma, sino por lo poco que de ella se sabía. Entre los siglos XVII y XIX comenzó una lenta pero progresiva valorización del Mundo Medieval, a medida que se publicaban grandes colecciones de fuentes y documentos (las Acta Sanctorum, la Monumenta Germaniae Historica, el Rerum Italicarum Scriptorum, el Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae, o las Patrología Griega y Latina, entre otras).

En los últimos años los estudios históricos de la época que cubre desde el siglo V al XV han hecho progresos notables; aplicando nuevas metodologías de estudio y recurriendo a ciencias auxiliares de la historia (arqueología y filología, entre otras), los estudiosos Marc Bloch, Henri Pirenne, Louis Halphen, Georges Duby, Régine Pernoud, Jacques Le Goff, por nombrar algunos, y, en nuestro país, los trabajos de Héctor Herrera Cajas- han develado ante nuestros ojos un mundo enteramente nuevo, donde no solamente comparecen hechos de carácter político, sino también de índole social o económica, un mundo lleno de matices, aproximándose a la vida cotidiana y a la mentalidad de la época.

Hoy podemos comprender los tiempos medievales como una rica etapa histórica durante la cual se formó nuestra Civilización Cristiana Occidental a partir de diversos aportes culturales del Mundo Antiguo, del judeo-cristianismo y, por cierto, del Mundo Bárbaro (germanos, esteparios, musulmanes, etc.).

El concepto de Edad Media según José Marín - domingo, mayo 07, 2006

Apologética Histórica

"Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio". Beatriz Comella.

 

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Inquisición - “Criticar a la Iglesia actual con el viejo argumento de la Inquisición es igual que atacar a los indígenas de México por sacrificios humanos de hace más de 500 años.

En el caso de la Inquisición hay que decir que instituciones semejantes hubo tantas como religiones había. No sólo hubo una Inquisición católica. Además, para esas épocas, un ataque a la religión de un país -sea católica, luterana, anglicana o calvinista- suponía un acto de desestabilización del gobierno, como hoy pueden serlo el terrorismo o las guerrillas.

En cuanto a la Inquisición española, considerada la más terrible, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados (investigación de Heningsen y Contreras). En cambio,
la Revolución Francesa, tan alabada hasta el día de hoy, en pocos días, llevó a la guillotina cifras muy superiores al período citado; además, por ejemplo, exterminó a prácticamente todos los habitantes de la región de la Vandeé y arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos de enorme valor cultural. Todo eso en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad.

Mi intención con esta carta no es exculpar a la Inquisición de nada y a modo de “empate” condenar la Revolución Francesa; sólo pongo algunos hechos sobre la mesa para hacer ver que fácil es lanzar frases fuera de contexto y condenar ciertas épocas e instituciones; y, al mismo tiempo, pasar por alto otros períodos más afines desde un punto de vista ideológico”.
Gonzalo Verbal Stockmeyer - Estudiante de Licenciatura en Historia
Universidad de los Andes. Lunes, abril 24, 2006

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“La Ilustración procuró entender y definir las normas morales fundamentales desde la afirmación de que tales normas serían válidas «etsi Deus non daretu» aun en el caso de que Dios no existiera... Llevar al extremo nuestro intento de comprender al hombre prescindiendo totalmente de Dios nos conduce cada vez más al borde del abismo, o sea, a prescindir completamente del hombre. Por tanto, tendremos que dar la vuelta al axioma de los ilustrados y afirmar que aun el que no logra encontrar el camino de la libre aceptación de Dios debería tratar de vivir y organizar su vida «veluti si Deus daretur», como si Dios existiera. Que ése es el consejo que da Pascal a su amigo agnóstico: empieza con la locura de la fe, y terminarás en el conocimiento”.

 

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Abadía de POMPOSA – Italia. - Construida junto a una antiquísima iglesia del sc. VI, la abadía de Pomposa en el siglo X pasó de la Santa Sede a bajo la jurisdicción de la Iglesia de Ravenna, que efectuó en tal periodo, numerosos interventos de arreglos y bonificación de la zona paludícola circundante, efectuada por los monjes benedictinos.

Pomposa fue, entonces, elevada por Ottón III, Rey de Alemania y Emperador, a Abadía real, y su abad ejercitó además del poder eclesiástico también aquel de civil, con el título de príncipe del Impero. La Abadía alcanzó, así, gran potencia y llegó a ser un renombrado centro de cultura por la gran Biblioteca compuesta en el silgo XI: allí estuvieron deleitándose en el placer del saber hombre célebres como San Pedro Damiano, Federico I Barbarrosa [1122-1190], Dante, Giotto y Guido ARETINO*, que compaginó la célebre reforma musical, introduciendo el uso de las líneas en las notas y adaptando un sistema mnemonico para la exacta entonación de los grados de la escala (hexacordo).

*Escala para canto llano compuesta de las seis primeras notas usuales, inventada en el siglo XI por Guido Aretino.

 

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Retazos de verdad de un mundo injustamente olvidado - El puñetazo saludable

 

Con El nombre de la rosa y El médico, el orbe occidental ha llegado a un tácito acuerdo: la Edad Media fue una inmensa caverna habitada por el monstruo de la barbarie y de la miseria, como una escena violenta dentro de una comedia inocente. Hemos asociado la mentalidad medieval a la forma más rudimentaria de proceder, a la ausencia de rigor, al subdesarrollo moral, a la exclusión social de la mujer y a la ausencia de una supuesta racionalidad que sólo vendría a conocer el hombre con el siglo de las Luces. Régine Pernoud, en los trabajos que presentamos, echa por tierra este flujo de prejuicios que abarca ese enorme fragmento de mil años de Historia, al tiempo que propone un brindis por la necesidad del rigor en el método histórico y por la honradez en su enseñanza.

Régine Pernoud, una de las máximas autoridades de los estudios medievales franceses, que ronda ya los 90 años, publicó en los años 70 un sabroso librito que ha sido recientemente publicado por Olañeta editor con el título Para acabar con la Edad Media. Pernoud no nos propone una burda revisión de la Historia, porque revisión suena a reinterpretación o manipulación de los datos antiguos desde las categorías de nuestro tiempo, es decir, una excusa para colocar allí aquello que uno pretende desde aquí. Éste es el caso del reciente libro del crítico Harold Bloom Shakespeare, la invención de lo humano, en el que se nos pretende hacer creer que el ilustre dramaturgo inglés fue el pionero del concepto moderno de hombre: lleno de dudas y autónomo frente a Dios. Nada más lejos de la realidad, ya que la densidad de los personajes de Shakespeare revela una atmósfera sólo comprensible desde la fe cristiana. Por el contrario, Régine Pernoud procede con la seriedad del arqueólogo que encuentra un capitel bajo la arena y lo limpia cuidadosamente para hacer resaltar su brillo.

Cuando habla de la importancia de la mujer en la Edad Media, no hace sino beber de las fuentes. Cita documentos judiciales, actas notariales, encuestas y estatutos de las ciudades que muestran cómo las mujeres votaban igual que los hombres en las asambleas urbanas o en las de los municipios rurales. En aquellos documentos es muy frecuente ver a una mujer casada que actúa por sí misma abriendo una tienda o un comercio.

En este contexto, aparece la Iglesia luchando contra las uniones matrimoniales impuestas; los progresos en la libre elección de los esposos acompañaron en todas partes a los progresos de la difusión del cristianismo.

Régine Pernoud no se olvida de los 1.000 años (del siglo IV al XIV) en los que el hombre aportó belleza a la cultura de su tiempo. Esta época vivió la aparición de la novela, la lírica cortés, la difusión del libro en la forma en que aún se presenta en nuestros días (el codex), las grandes catedrales y el canto gregoriano. Mención especial merece el teatro como género que nace del mismo pueblo, en torno a las grandes celebraciones litúrgicas, y que se desnaturaliza a partir del XVI, cuando se transforma en un género exclusivo, sólo para espíritus cultivados y letrados. La autora francesa no escatima epítetos a la hora de valorar a determinadas personalidades medievales, como a san Isidoro de Sevilla, en cuya obra está, en germen, la esencia de la cultura de los siglos románicos y góticos (tal ha sido su aportación intelectual y su sistemática, que ha sido elegido en la actualidad Patrono de los informáticos por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales).

 

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación. Surge una objeción ante la conexión indispensable entre el compromiso por la verdad y la paz: las diferentes convicciones sobre la verdad dan lugar a tensiones, a incomprensiones, a debates, tanto más fuertes cuanto más profundas, son las convicciones mismas. A lo largo de la historia, éstas también han dado lugar a violentas contraposiciones, a conflictos sociales y políticos, e incluso a guerras de religión. Esto es verdad, y no se puede negar; pero esto ha ocurrido siempre por una serie de causas concomitantes, que poco o nada tenían que ver con la verdad y la religión, y siempre porque se quiere sacar provecho de medios realmente irreconciliables con el puro compromiso por la verdad y con el respeto de la libertad requerido por la verdad. Por lo que concierne específicamente a la Iglesia católica, ella condena los graves errores cometidos en el pasado, tanto por parte de sus miembros como de sus instituciones, y no ha dudado en pedir perdón. Lo exige el compromiso por la verdad.

La petición de perdón y el don del perdón, igualmente debido - porque para todos vale la advertencia de Nuestro Señor: “¡el que esté sin pecado, que tire la primera piedra!” (cf. Jn 8,7) - son elementos indispensables para la paz. La memoria queda purificada, el corazón apaciguado, y se vuelve pura la mirada sobre lo que la verdad exige para desarrollar pensamientos de paz. No puedo dejar de recordar las iluminadoras palabras de Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” (01 enero 2002).

El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas. Es como una conclusión lógica de lo que he tratado de ilustrar hasta ahora. ¡Porque el hombre es capaz de verdad! Lo es tanto sobre los grandes problemas del ser, como sobre los grandes problemas del obrar: en la esfera individual y en las relaciones sociales, en el ámbito de un pueblo como de la humanidad entera. La paz, hacia la que debe y puede llevarla su compromiso, no es sólo el silencio de las armas; es, más bien, una paz que favorece la formación de nuevos dinamismos en las relaciones internacionales, dinamismos que a su vez se transforman en factores de conservación de la paz misma. Y sólo lo son si responden a la verdad del hombre y a su dignidad. Y por esto no se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad. Pienso ahora en las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre. Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra. Vienen también espontáneamente a mi mente las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados –en muchas partes del mundo– acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás? Mi pensamiento se dirige también a todos los que, por condiciones de vida indigna, se ven impulsados a emigrar lejos de su País y de sus seres queridos, con la esperanza de una vida más humana. Ni podemos olvidar tampoco la plaga del tráfico de personas, que es una vergüenza para nuestro tiempo. Lunes 9 de enero de 2006 – S.S. Benedicto P.P. XVI

 

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Un libro pone de relieve la aportación católica

NUEVA YORK, sábado, 11 junio 2005 .- Ninguna institución ha hecho más para forjar Occidente como la Iglesia. Ésta es la tesis del libro publicado recientemente, «How the Catholic Church Built Western Civilization» (Cómo construyó
la Iglesia Católica la Civilización Occidental) (Regnery Publishing), de Thomas E. Woods Jr.

La Iglesia católica, observa Woods, ha tenido mala prensa en los últimos años. Y mucha gente sólo conoce las partes más oscuras de la historia de
la Iglesia. Este libro busca cambiar esto, tratando de modo sucinto en una serie de capítulos temáticos algunas de las áreas donde la Iglesia ha jugado un papel crucial.

La civilización occidental, precisa Woods, no deriva exclusivamente del catolicismo. Sin embargo, resulta fácil olvidar cuánto ha contribuido la Iglesia en áreas como el arte, la música, la arquitectura, la ciencia y el derecho.

Todavía persiste una fuerte visión negativa sobre
la Edad Media, aunque Woods afirma que casi todos los historiadores rechazan actualmente el viejo prejuicio ante este periodo que lo calificaba como la «Edad Oscura». Aunque de hecho hubo un periodo de declive en los siglos VI y VII, esto se debió a las invasiones bárbaras y a las constantes guerras. La destrucción habría sido peor si no hubiera sido por los esfuerzos de la Iglesia por mantener el orden.

La civilización moderna tiene una particular deuda con la labor de innumerables monjes durante
la Edad Media, apunta Woods. Fue en los monasterios donde los textos de los grandes romanos se copiaron y conservaron para las futuras generaciones. Y aunque durante siglos se destruyeron muchos monasterios por las sucesivas oleadas de bárbaros, volvían a renacer de nuevo para continuar su tarea.

Los monasterios medievales fueron también vitales para el desarrollo de
la agricultura. En particular, miles de establecimientos benedictinos desempeñaron un papel crucial en la roturación y desarrollo de la tierra. También introdujeron en las poblaciones locales importantes técnicas, como la crianza de ganado, la fabricación de queso, la gestión del agua y la apicultura. Los monasterios cistercienses también desempeñaron un papel vital, añade Woods, en áreas como el desarrollo de la hidráulica y la metalurgia.

Un tiempo de aprendizaje

Lejos de ser un periodo de ignorancia, la Edad Media vio el nacimiento del sistema universitario. La Iglesia estuvo en el meollo de este avance, que surgió en la segunda mitad del siglo XII en los centros establecidos en París, Bolonia, Oxford y Cambridge. El Papado, explica Woods, también desempeñó un papel central en el establecimiento y respaldo a las universidades. En la época de la Reforma, 81 universidades habían recibido el reconocimiento papal.

La ciencia moderna también tiene una gran deuda con la Iglesia católica. La mayoría de la gente recuerda el conflicto de la Iglesia con Galileo, que no fue tan negativo como los mitos populares lo consideran, sostiene Woods. La Iglesia promovió los avances científicos, con muchos clérigos que combinaban su vocación divina con el interés por
la ciencia.

El
dominico del siglo XIII, San Alberto el Grande, por ejemplo, ha sido considerado uno de los precursores de la ciencia moderna. Y Roberto Grosseteste, canciller de la Universidad de Oxford y obispo de Lincoln, es descrito por Woods como uno de los hombres de más conocimientos de la Edad Media. Él fue, entre otras realizaciones suyas, el primero en anotar la serie completa de pasos para realizar un experimento científico.

La implicación de la Iglesia en la ciencia continuaría en los siguientes siglos. En el siglo XVII, está acreditado que el padre Nicolaus Steno de Dinamarca estableció la mayoría de los principios de la geología moderna. Y en los siglos XVII y XVIII, los jesuitas hicieron importantes aportaciones a la ciencia, especialmente en áreas como las matemáticas y
la astronomía.

El
arte y la arquitectura también tienen una gran deuda con la Iglesia católica. Cuando los iconoclastas, que se oponían a las imágenes de figuras religiosas, intentaron destruir el arte religioso en los siglos VIII y IX, fue la Iglesia la que se opuso a esta herejía.

En los siglos siguientes, el patronazgo de la Iglesia, a través de la construcción de grandes catedrales y el encargo de innumerables obras de arte, fue el centro del arte y la arquitectura europeas. Los Papas, en particular, como patrones de muchos de los grandes artistas estuvieron detrás de la producción de muchas obras maestras.

Derecho internacional
El descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo dio la oportunidad a los teólogos católicos de desarrollar lo que serían los principios legales y éticos para regir el trato de los nativos en los nuevos territorios. El más conocido de estos pensadores fue Francisco de Vitoria, un dominico al que se atribuye el haber dado fundamento al derecho internacional moderno. Defendió el principio de que todos los hombres son igualmente libres y tienen el mismo derecho a la vida, la cultura y la propiedad.

Vitoria
, junto con otras figuras como su compañero dominico Bartolomé de las Casas, desempeñaron un importante papel en la defensa de las poblaciones nativas contra quienes buscaban tratarlas como una clase subhumana, legitimando así la esclavitud y otras clases de malos tratos. A pesar de estos esfuerzos se cometieron injusticias, observa Woods, pero los teólogos españoles hicieron importantes aportaciones a conceptos como los derechos naturales y la guerra justa.

Muchos otros aspectos de los sistemas legales occidentales deben su origen a la Iglesia, explica Woods. El código legal desarrollado por la Iglesia para su propio uso, el derecho canónico, fue el primer cuerpo legal sistemático desarrollado en la Europa medieval y conformó la base de los sistemas legales seculares posteriores.

La influencia de la Iglesia fue vital para asegurar, por ejemplo, que un matrimonio válido requiere el libre consentimiento tanto del hombre como de
la mujer. Y la defensa de la vida humana por parte de la Iglesia significó que no se continuara con la práctica del infanticidio de Grecia y Roma. Otras prácticas bárbaras como el juicio por batalla o juicio de sangre fueron perdiendo vigor gracias a la influencia de la Iglesia. Los estudiosos del derecho canónico introdujeron también principios como la reducción de la responsabilidad legal debido a circunstancias atenuantes.

Obras de caridad
Las obras de caridad católicas son otro campo examinado por Woods. Desde los primeros siglos, la Iglesia buscó aliviar los sufrimientos causados por las hambrunas y las enfermedades. Inspirándose en el Evangelio, se animaba al fiel a que donase su dinero a la Iglesia para utilizarlo en ayudar a quienes estaban en necesidad.

En
la primera Iglesia, se organizaron hospicios para cuidar a peregrinos, rescatar esclavos y pobres. Otros grupos, como las viudas y los huérfanos, se beneficiaron de las instituciones puestas en marcha por la Iglesia. El establecimiento de hospitales a gran escala también proviene de iniciativas organizadas por la Iglesia católica desde el siglo IV en adelante. Y, durante la Edad Media, los monasterios se convirtieron en dispensadores de asistencia médica en muchas áreas.

La extensión de estas ayudas fue tal que muchos que eran hostiles a los católicos, desde paganos a reformadores protestantes y figuras de la Ilustración como Voltaire, todos reconocieron la labor caritativa de
la Iglesia.

Woods
también hace notar que cuando Enrique VIII suprimió en Inglaterra los monasterios y confiscó sus propiedades la perdida de ayudas de caridad que se creó como consecuencia llevó a sublevaciones civiles en algunas partes. Y la nacionalización de las propiedades de la Iglesia durante la Revolución Francesa significó que medio siglo después, en 1847, Francia tuviera un 47% menos de hospitales que en 1789.

Woods concluye afirmando: «Tan inculcados están los conceptos que el catolicismo introdujo en el mundo que con mucha frecuencia los movimientos que se oponen a él están, a pesar de todo, imbuidos de ideales cristianos». La Iglesia católica, continúa, «no hizo una aportación digna de mérito a la civilización occidental – la Iglesia ha construido dicha civilización». La civilización contemporánea se está alejando más y más de este fundamento, observa Woods, en muchos casos con consecuencias negativas. ZS05061101 Zenir

 

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«HILDEGARDA DE BINGEN -En esta obra biográfica (Editorial Paidós) de una de las mujeres más interesantes de la Edad Media, Pernoud nos ofrece el perfil de una religiosa del siglo XII, abadesa de un convento a orillas del Rin, que se carteó regularmente con Papas y emperadores de su tiempo, a la vez que legó a la posteridad dos obras extraordinarias: El Scivias (un repaso a la posición del hombre ante la creación y a la luz de Dios), y el Libro de los Méritos de Vida.

Fue, en palabras de Abelardo, prototipo de mujer de inquisición permanente, según lo que inquisición significaba en la época medieval: búsqueda, pregunta, investigación... De hecho, redactó dos trabajos de medicina y compuso 77 sinfonías.

Tenemos la suerte de poder leer en castellano estas dos piezas breves que rescatan retazos de verdad de un mundo que parecía sumido en el desprestigio y la incomprensión. Tiene razón Ginette Guitard-Auviste, periodista del diario Le Monde, cuando dice que después de tantos errores y excesos, el puñetazo de Régine Pernoud es saludable. J. A. S. – 2001.

 

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En la Edad Media se esgrimía una razón religiosa para alimentar el odio contra los judíos. Sin embargo, para el pueblo judío, el mundo moderno aún fue mucho más cruel que la Edad Media».

Hubo dos antisemitismos clásicos, el más benigno fue el religioso (España), el más terrible, el racial (Francia, Alemania, Ucrania, Rusia, Centro Europa...).

Aarón Appelfeld-(judío)  ‘ABC’ 2005-02-08

Y hoy: el islámico iraniano: xenófobo-religioso servilmente calcado al antisemitismo comunista-nacional socialista nazi.

 

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LA BIBLIOTECA AMBROSIANA Y CULTURA EN LA IGLESIA CATÓLICA

 

La Iglesia Católica, celosa de la cultura, hasta el fuego del 1943 que destruyó 55.000 preciosos volúmenes, guardó allí las primeras ediciones de Keplero y de Galileo, los diálogos sobre el arte poética del Tasso, el vocabulario de la Crusca pertenecientes a Federico Borromeo (Cardenal y Arzobispo de Milán 1564 + 1631), varias obras de Cartesio y tantísimos clásicos.

 

La Biblioteca Ambrosiana de Milán-Italia, fue fundada en el 1609 por el Cardenal Federico BORROMEO, primera en Italia abierta al público y una de las más importantes del mundo. Tiene un patrimonio de cerca de 700.000 volúmenes estampados, de los cuales mas de 10.000 del ‘500, poco menos de 3.000 incunables (los libros entre el 1450 y el 1500, cerca de 30.000 manuscritos que van del V al XVIII siglo. Entre estos, está el célebre «Codice Atlantico» de Leonardo, el Virgilio de Tetrarca, autógrafos del Boccacccio, Ariosto, Galileo, Beccaria, Manzini. El bombardeo del 15-16 agosto del 1943 destruyó 55.000 volúmenes editados en buena parte en el XVI y el XVII siglo. El prefecto que la dirige desde el 1989 es Monseñor Gianfranco RAVASI, notísimo biblista y teólogo de la Iglesia Católica.

2005.

 

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Historia, calumnia e ignorancia - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI

 

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"¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu  hermano  en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?" (Lc 6, 41).

 

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SAN ISIDORO - SEVILLA AÑO 560 636

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

  

La transmisión del saber durante la edad media y la labor filológica

 

José Carlos Martín Iglesias

Centro Asociado de la uned de Tudela - Universidad de Salamanca

 

ABSTRACT

La Filología Clásica es una ciencia de un gran valor para el conocimiento del patrimonio cultural de la Antigüedad Clásica, de la Tardo antigüedad y de la Edad Media. Este patrimonio se recupera especialmente mediante la edición crítica de los textos antiguos que consta de los siguientes apartados: a) estudio de la tradición manuscrita (manuscritos conservados, tradición indirecta y catálogos medievales), y b) estudio interno de la obra (literario, de fuentes, lingüístico e histórico). El autor desarrolla brevemente a modo de ejemplo el estudio que ha llevado a cabo de la Crónica de Isidoro de Sevilla (†636).

La Philologie Classique occupe une place d’une grande importance dans l’étude du patrimoine culturel qui procède de l’Antiquité gréco?romaine, de l’Antiquité tardive et du Moyen Âge. L’étude la plus importante dans ce domaine est l’édition critique des textes anciens: a) l’étude de la tradition manuscrite (manuscrits subsistants, tradition indirecte et catalogues médiévaux), b) l’étude littéraire, des sources, linguistique et historique. Dans cet article, l’auteur cite comme exemple de ce genre de recherches l’étude qu’il a effectuée de la Chronique d’Isidore de Séville (†636).

 

Isidoro, nacido hacia 560, fue el hijo menor de una familia importante de la administración de la Hispania visigoda. Hispanorromano, es decir, no godo, vio cómo sus dos hermanos varones mayores ocupaban importantes puestos en la Iglesia visigoda de la segunda mitad del s. VI, principalmente Leandro, obispo de Sevilla desde el año 579 aproximadamente, y con toda seguridad uno de los principales responsables, si no el principal, de la conversión al catolicismo del rey Recaredo (586-601), y con ello de todos los visigodos, hasta entonces arrianos, en el Concilio III de Toledo de 589. Finalmente, el propio Isidoro, a la muerte de su hermano Leandro, en torno al año 600, pasó a ocupar el obispado de Sevilla hasta su propia muerte en el año 636.

Del mismo modo que Leandro fue una de las figuras políticas más influyentes de la segunda mitad del s. VI, así como autor de varias obras religiosas, Isidoro, por su enorme cultura y sus dotes como escritor, se convirtió a partir del reinado de Sisebuto, en el año 612, en el principal consejero del nuevo rey así como, a la muerte de éste en 621, de sus sucesores Suintila (621-631) y Sisenando (631-6).

El reinado de Sisebuto supuso prácticamente el final de las luchas entre visigodos y romanos, pues consiguió unificar toda la Península bajo su reinado con la sola excepción de Cartagena, conquistada definitivamente en 625 por Suintila. La afición del propio Sisebuto a la lectura y a la escritura supuso además un auténtico “reinado de las letras”. En efecto, además de varias cartas, han llegado hasta nosotros un poema sobre la luna debido al propio rey, dedicado a Isidoro, y escrito para corresponder a un tratado isidoriano sobre astronomía, el De natura rerum (Del mundo natural); así como una “Vida de santo”, la Vita uel passio sancti Desiderii (Vida y muerte de San Desiderio), centrada en la figura de un obispo de la ciudad gala de Vienne[2]. La relación entre Sisebuto e Isidoro fue muy provechosa. Aquél admiraba al gran sabio y éste debió de sentirse muy a gusto en su relación con el monarca letrado, un ejemplo rarísimo para la época. Como ya he señalado, además del tratado astronómico De natura rerum, Isidoro escribió a petición de Sisebuto una crónica universal del mundo desde la creación hasta sus días (Chronica) y, sobre todo, pasó aproximadamente los veinte últimos años de su vida elaborando la gran enciclopedia de la Alta Edad Media, las Etimologías (Etymologiae), en las que, en veinte libros en su versión definitiva, dejada inconclusa a su muerte, trataba de todos los saberes de su época, desde la música a la medicina, desde el derecho a la astronomía, desde la gramática a los nombres de los animales o de los vestidos.

Actualmente, un equipo internacional formado por investigadores franceses, españoles, ingleses e italianos, está ocupado en publicar una edición científica de las Etimologías ® de la que ya han aparecido varios volúmenes, cada uno de ellos dedicado a un libro: II, IX, XII, XIII, XVII y XIX ®, empresa inabordable para una sola persona tanto por la extensión de la obra como por el elevadísimo número de manuscritos que la han transmitido[3]

Por mi parte, he pasado estos últimos años (desde mediados de 1996) elaborando una nueva edición crítica de la Crónica universal de Isidoro, publicada por última vez en 1894 por el sabio alemán Theodor Mommsen, uno de los más grandes latinistas de la segunda mitad del s. XIX y Premio Nobel de Literatura[4]. Si nadie hasta ahora se había atrevido a enfrentarse a la Crónica de Isidoro era principalmente debido a dos razones: por un lado, esta obra gozó de un gran éxito entre los siglos VII y X, por lo que el número de manuscritos antiguos que la conservan es muy elevado; por otro lado, y ésta es la razón más importante, los manuscritos presentan varias versiones de esta obra, versiones que varían en el número de noticias que las componen y en las distintas redacciones de una misma noticia. En fin, además la edición de Mommsen estaba considerada una obra maestra de la filología alemana del XIX, lo que daba un gran peso al texto por él editado pese a que no llegaba a distinguirse claramente en qué consistían estas distintas versiones de la Crónica, y pese a que Mommsen había renunciado a establecer las relaciones existentes entre los manuscritos conservados de modo que pudiese explicarse cómo se había difundido la obra desde su redacción primitiva en Sevilla hasta el s. X, por lo menos[5]

Intentaré en las siguientes líneas resumir brevemente la solución del enigma de la transmisión primitiva de la Crónica de Isidoro que Mommsen no pudo resolver. En tanto que obra científica, pues nos hallamos ante un manual de historia, la difusión de esta obra me permitirá mostrar cómo se transmitía el saber en la Edad Media y por qué vías los investigadores actuales podemos reconstruir el texto más próximo posible a la redacción original del autor e imaginar cómo las copias de dicho texto circularon por los monasterios medievales.

Nuestro conocimiento del pasado a través de los textos depende enteramente de la labor filológica. ¿Por qué ésta es necesaria y en qué consiste? El paso previo al estudio de un texto consiste en determinar cuál es la versión de ese texto más próxima a la dada a conocer por su autor. No es éste un trabajo sencillo en muchas ocasiones debido a la complejidad de la llamada “tradición manuscrita” de los textos.

Poniendo el ejemplo de la Crónica de Isidoro, han sobrevivido hasta nuestros días 28 manuscritos anteriores al año 1000® un número bastante elevado®, y un total de 119 conocidos hasta el s. XVII. Hasta ahora ha habido once ediciones impresas de esta obra entre el s. XV y el XIX, que en realidad se reducen a seis debido a que cinco de ellas no hacen sino reproducir una anterior[6]. Pues bien, un estudio de estas seis ediciones originales permite comprobar que en ellas se reproducen cuatro versiones distintas de la Crónica de Isidoro. Así pues, según un historiador o un filólogo tome como referencia de su estudio de dicha obra una u otra edición llegará quizás a conclusiones bastante distintas sobre el trabajo de Isidoro, la estructura de la obra y las intenciones ideológicas de la misma.

¿A qué se debe esta disparidad entre las distintas versiones de la Crónica en las ediciones antiguas? Se debe a que únicamente una de ellas es una edición crítica científica. ¿Qué quiere esto decir? Esto quiere decir que sólo Theodor Mommsen en 1894 llevó a cabo el esfuerzo de consultar varios manuscritos antiguos y, mediante la comparación de las versiones que cada uno de ellos contenía, intentó determinar el texto más cercano a Isidoro. Las otras ediciones antiguas se limitaron a reproducir el texto de un solo manuscrito, aquel que el editor tenía más al alcance de su mano: las ediciones italianas, que son mayoría, se sirvieron principalmente de los manuscritos depositados en la Biblioteca Apostólica Vaticana, mientras que la única edición española original empleó un manuscrito de Toledo porque su autor era obispo de esta ciudad. ¿Pero por qué el resultado de una edición depende tanto del manuscrito consultado? Pues porque cuando los copistas medievales copiaban los manuscritos cometían distintos tipos de errores: omitían palabras y hasta líneas, confundían unas palabras con otras, o añadían fragmentos que no estaban en el original y que ellos tomaban de otras fuentes. Si se tiene en cuenta que esto ocurría siempre que se volvía a hacer una nueva copia del texto, fácilmente se comprenderá que cada nueva copia era bastante peor que la anterior y se alejaba cada vez más del original. Por eso los filólogos preferimos servirnos de los manuscritos más antiguos, principalmente los anteriores al s. X para los autores anteriores a esta fecha, pensando que los más recientes son menos fiables y contienen más errores.

El caso de la Crónica de Isidoro es especialmente complicado por el hecho de que una primera aproximación a los manuscritos revela inmediatamente que, en la mayor parte de ellos, esta obra aparece fechada por Isidoro en el año 615/6 y dedicada al rey Sisebuto, pues las obras históricas eran fechadas al final de las mismas mediante la indicación de los años de reinado del rey del momento. Frente a esto, encontramos en otros manuscritos una versión bastante diferente de la misma crónica fechada en el año 626 y dedicada al rey Suintila. Esta nueva versión es más larga que la anterior: contiene la mayoría de los pasajes de la versión de 615/6 (aunque no siempre en el mismo orden ni con el mismo texto), suprime algunos y añade sobre todo muchos otros. La tradición manuscrita de la Crónica de Isidoro es todavía más compleja si se tiene en cuenta que los manuscritos transmiten otras dos versiones de la misma obra: una versión abreviada y otra larga, mezcla de la versión de 615/6 y de la de 626. La pregunta que debe plantearse un filólogo es: ¿todas estas versiones remontan al propio Isidoro o son fruto más bien de los múltiples cambios sufridos por la obra en el proceso de su transmisión manuscrita? Sea una u otra la respuesta verdadera, el filólogo debe explicar, en la medida de lo posible, cómo se han producido estos cambios, quién es el autor o quiénes son los autores de los mismos, en qué época se han producido éstos y por qué razones.

El procedimiento científico de la edición crítica de los textos es el siguiente: en primer lugar, el filológo debe consultar todos los catálogos posibles de las bibliotecas existentes en la actualidad para determinar cuántos manuscritos se conservan en nuestros días del texto que se quiere editar® esta labor puede llevar meses, y la lista elaborada sigue siempre abierta, pues no es raro que aparezcan más y más manuscritos con el paso del tiempo®; en segundo lugar, debe decidirse cuáles de esos manuscritos se tomarán como base para el estudio del texto® en general, si es imposible consultarlos todos, se escogerán los más antiguos®; en tercer lugar, deben consultarse uno por uno los manuscritos elegidos, anotando cuidadosamente las diferencias existentes entre ellos a fin de ver en qué pasajes los unos difieren de los otros, es lo que se llama técnicamente “la colación de los manuscritos”. Para la Crónica de Isidoro colacioné 31 manuscritos, los 28 existentes anteriores al año 1000 más otros tres posteriores, dos del s. XI y otro del s. XIV, por ser manuscritos hispánicos (no hay muchos) o bien por la rareza de la versión en ellos conservada. Esta ocupación me llevó un año entero de trabajo.

Lo importante a la hora de estudiar el texto de los manuscritos es ver cuáles son los errores significativos comunes a varios de ellos, pues se parte de la idea de que un mismo error significativo no puede ser cometido por dos copistas de forma independiente en distintos monasterios y en distintas épocas. Se cree, por el contrario que si un mismo error significativo aparece en dos o tres o cuatro manuscritos, es porque todos ellos remontan a un mismo original, perdido en nuestros días (aunque no siempre), que contenía este error. Así, gracias al método de los errores comunes, el filólogo establece las familias de los manuscritos existentes y se puede determinar cómo ha sido el proceso de transmisión desde la redacción original del texto hasta nuestros días. Estas familias son representadas gráficamente mediante una especie de árbol genealógico llamado stemma.

En realidad un stemma no es más que un procedimiento cómodo del que nos servimos los filólogos para exponer rápida y económicamente mediante un dibujo cuáles son las familias de los manuscritos y cuál la importancia de un determinado manuscrito o de la versión de un manuscrito en concreto. Este stemma es el resultado, como ya he dicho, del estudio concienzudo de los manuscritos.

En el caso de la Crónica de Isidoro, el estudio de las distintas versiones de los manuscritos pone de manifiesto que el texto sufrió, al menos, los siguientes avatares:

 a) En el año 615/6, la Hispania visigoda había alcanzado un gran equilibrio político y social: en lo político, los visigodos habían arrinconado a los restos del ejército del Imperio Romano en el sur de la Península, dominada por entero por el trono de Toledo; en lo social, la conversión al catolicismo de Recaredo en el año 589 había puesto fin a las luchas intestinas entre católicos y arrianos, cuyo dramático enfrentamiento había provocado que unos años antes el otro hijo del gran rey arriano Leovigildo (hacia 569-586), Hermenegildo, se alzase contra su padre tras convertirse al catolicismo, causando con ello una terrible guerra civil (años 579-84) que acabó con la victoria de Leovigildo y la muerte de Hermenegildo (en 585). En este clima de paz y prosperidad, Sisebuto, de común acuerdo con Isidoro, quiso probablemente emprender una labor de independencia cultural respecto del Imperio Romano y de los restantes autores de la Antigüedad, substituyendo los manuales heredados por la tradición por otros nuevos redactados por los sabios visigodos y principalmente por Isidoro de Sevilla. Debe entenderse así la solicitud del rey a Isidoro de componer un manual de historia universal.

b) En realidad, este manual de historia universal no era más que el paso previo para la redacción en un segundo momento de otro manual, el más importante a los ojos de Sisebuto e Isidoro, dedicado a la historia particular de los godos y especialmente de los visigodos. En efecto, pese a ser de origen hispanorromano, Isidoro se había convencido de que el dominio visigodo de la Península Ibérica era fruto de la providencia divina y de que este pueblo invasor había sido llamado por su dios para substituir al Imperio universal romano. Se trataba entonces de estudiar la historia de la humanidad para rastrear desde los tiempos más remotos los orígenes del pueblo godo y todas sus grandes acciones. Sin embargo, siguiendo un procedimiento habitual en la época, la historia particular debía entenderse dentro de la historia universal ?por ello con frecuencia los manuscritos de la Biblia iban acompañados de historias universales, como la de Jerónimo o la del propio Isidoro, así la historia del pueblo judío podía ser entendida dentro de un contexto más amplio, que era el de la historia de la humanidad?. En el caso de la Hispania visigoda, podemos imaginar que éste era el plan de Sisebuto e Isidoro porque en el año 621, en el que Sisebuto moría repentinamente ?probablemente envenenado, según denuncia el propio Isidoro en su Historia de los Godos?, en los meses que siguieron a la muerte de este rey Isidoro saca a la luz una obra que debía estar ultimando en esos momentos, la citada Historia de los Godos, Suevos y Vándalos, en la que Sisebuto es ensalzado como el gran rey de la historia de los visigodos, tan importante como Leovigildo y Recaredo, los dos reyes ya míticos del s. VI que consiguieron la unidad política y religiosa de Hispania.

c) Sin embargo, la composición de una historia universal no era, en principio, algo necesario, pues Jerónimo en la segunda mitad del s. IV había traducido al latín y puesto al día la Crónica Universal de Eusebio de Cesarea, escrita en griego. Desde entonces, nadie había emprendido la enorme tarea de escribir una nueva historia universal, y los historiadores que vinieron después de Jerónimo se limitaron a continuar la crónica de éste desde el momento en el que ésta acababa hasta sus propios días. Isidoro es el primero que casi 300 años después de Jerónimo emprende la tarea de escribir desde el principio una nueva historia universal. Naturalmente porque el trono de Toledo quería contar con sus propios manuales en los que lo godo ocupase una posición de preeminencia. La situación cultural de la Hispania de comienzos del s. VII era especialmente propicia a ello por cuanto contaba con el gran sabio de la época, a nivel europeo, el gran Isidoro de Sevilla. Un escrito de Isidoro contaba con la seguridad de ser copiado profusamente no sólo dentro de la propia Hispania, sino, lo que era todavía más importante, fuera de ella. Así, el trono de Toledo tenía la certeza de que sus escritos ejercerían una gran influencia en toda Europa, pues la fama de Isidoro había ya trascendido las fronteras, como era el caso por aquellas mismas fechas de la de Gregorio Magno en Italia.

d) Además, un pasaje de la Historia de los Godos de Isidoro nos permite proponer una segunda razón: “Per multa quippe saecula et regno et regibus usi sunt [sc. Scythae], sed quia in chronicis adnotati non sunt, ideo ignorantur”, es decir, “Durante largos siglos los escitas tuvieron un reino y reyes, pero, como en ninguna crónica se dio cuenta de ellos, son por ello desconocidos” (Isidoro HG 2 rec. breuis).

En efecto, Isidoro, o quizás sería más justo decir la sociedad de intelectuales formada por Isidoro y Sisebuto, en tanto que escritores y eruditos, eran conscientes del devenir histórico y del nacimiento y fin de los imperios, como los de los persas, egipcios, griegos o romanos. Sabían también como lectores que la gloria de estos imperios, si ha sido confiada a un texto escrito, perdura más allá del fin de los mismos. Por ello, la Crónica y la Historia de los Godos han podido ser escritas obedeciendo a una razón de orden casi filosófico o de filosofía de la historia: que sean un testimonio para siempre del esplendor y del poder del reino hispano?visigodo de los siglos VI y VII, al menos desde Leovigildo hasta Sisebuto. Isidoro y Sisebuto han tenido así el mérito de ver cómo el tiempo que vivían era una época histórica de primer orden en el nacimiento de la nación visigoda de Hispania en el marco de la Península Ibérica. Así, puede decirse que Isidoro escribe para crear la memoria, para el futuro, en definitiva, para nosotros, los lectores actuales. Y el hecho de que sus dos obras históricas continúen siendo leídas y estudiadas es el mejor testimonio de su éxito, pues, en efecto, ambas constituyen una lectura obligada para cualquier historiador de los siglos VI y VII[7], así como para cualquier filólogo interesado en la cultura visigoda.

e) Sin embargo, la muerte de Sisebuto en el año 621 puso prácticamente fin a la carrera de Isidoro como escritor. Esto puede deducirse del hecho de que la mayor parte de la producción isidoriana está comprendida entre los años 612 y 621, los del reinado de Sisebuto. Después del año 621 Isidoro parece limitarse a escribir una obra de exégesis bíblica y a continuar trabajando en las Etimologías, la gran enciclopedia de la Edad Media, que había sido una petición de su gran amigo Sisebuto. Creo que puede sospecharse que la relación entre Isidoro y el nuevo rey visigodo que conquistó el trono después de Sisebuto, el rey Suintila, no debió de ser muy buena. En primer lugar, en el año 621, cuando Isidoro da a conocer apresuradamente la Historia de los Godos, incluye en esta obra la denuncia del asesinato por envenenamiento de Sisebuto, lo que es una clara acusación contra el nuevo gobierno. En segundo lugar, el hispalense apenas vuelve a escribir nada durante el reinado de Suintila, salvo las dos obras ya citadas y las segundas redacciones de su Crónica Universal y de su Historia de los Godos, ambas del año 626.

f) En efecto, en el año 626 Isidoro se vio sin duda instado por Suintila a celebrar la conquista visigoda de la última posesión del Imperio Romano en Hispania, la ciudad de Cartagena, tomada en el año 625. Suintila quiso entonces que el gran Isidoro ensalzase su figura como había hecho con su predecesor Sisebuto. Así Suintila solicitó al sabio hispalense que revisase sus dos obras históricas para incluir en ellas la noticia de la conquista de Cartagena y substituir el nombre de Sisebuto por el suyo en la dedicatoria de ambas obras. Isidoro no pudo negarse. Esto explica dos de las versiones que encontramos en los manuscritos ?es muy significativo además el hecho de que la noticia sobre el envenenamiento de Sisebuto de la primera redacción de la Historia de los Godos haya sido suprimida de la segunda redacción de esta obra, en la que la muerte de Sisebuto se atribuye simplemente a una sobredosis en el uso de las medicinas?.

g) Pero hemos hablado de otras dos versiones: una abreviada y otra intermedia entre la primera y la segunda redacción de la Crónica. La abreviada, o epítome, tiene una fácil explicación. En la gran enciclopedia de las Etimologías, Isidoro dedica el libro V en su primera parte al Derecho y en su segunda parte a la Historia. En la parte dedicada a la Historia, Isidoro estudia los distintos términos utilizados en esta disciplina, distinguiendo entre sus significados, y cierra el libro V con una pequeña historia universal, que incluyó definitivamente en las Etimologías en torno al año 627 y que se limitó a resumir de la segunda redacción de su Crónica[8]. Este epítome conoció una doble vida, por un lado dentro de libro V de las Etimologías, pero también como obra independiente en muchos manuscritos. Pues bien, además del resumen definitivo, la tradición manuscrita nos ha conservado otras dos versiones: los manuscritos de Colonia (K), Erzbischöfliche Diözesan- und Dombibliothek 83II, de comienzos del s. IX, copiado en la propia ciudad de Colonia, y de Viena (V), Österreichische Nationalbibliothek 89, comienzos del s. IX, copiado en Salzburgo, que testimonian del trabajo de Isidoro. El manuscrito K contiene una versión algo resumida de la segunda redacción de la Crónica, mientras que V transmite una versión con los mismos errores que K y ya muy próxima del epítome citado de las Etimologías (5,39), que contiene algunas peculiaridades que lo emparentan sin ninguna duda con el manuscrito de trabajo de Isidoro del que derivan las versiones de K y V. Es decir, a lo largo del proceso de abreviación de Isidoro, se hicieron copias parciales de su trabajo, hoy perdidas, pero de las que se conservan los manuscritos K y V.

h) Finalmente, las versiones intermedias entre la primera y la segunda redacción conservadas por los manuscritos de Florencia (F), Biblioteca Medicea Laurenziana, Pl. XX.54, del s. XI, copiado en Italia, y París (a), Bibliothèque de l’Arsenal, 982, del s. XIV, copiado en Italia o en el sur de Francia, deben explicarse también como procedentes del trabajo parcial de Isidoro mientras revisaba su primera redacción añadiendo nuevos capítulos y reescribiendo otros. Pese a ser dos manuscritos no demasiado antiguos ni tampoco hispanos, sabemos que la versión que transmiten es muy antigua y de origen hispano gracias al estudio de la llamada “tradición indirecta”. Con este nombre se designan aquellas obras literarias escritas por autores posteriores al estudiado que nos conservan fragmentos de la obra que nos interesa. La tradición indirecta o posteridad literaria de una obra debe ser siempre estudiada, pues ello permite saber qué autores conocieron al escritor objeto de estudio y qué tipo de manuscrito tuvieron éstos en su biblioteca. Pues bien, el estudio de la tradición indirecta de la Crónica de Isidoro de Sevilla me ha permitido descubrir que el autor anónimo de la llamada Crónica Mozárabe del año 754, escrita quizás en Toledo (otras teorías apuntan al sur de Hispania), se sirvió como fuente de la misma versión intermedia de la Crónica de Isidoro que aparece en los manuscritos Fa. Igualmente, el autor de la Crónica de Albelda, escrita en Oviedo en 883, tuvo a su disposición un manuscrito de este mismo tipo. Esto junto con el estudio interno de la versión transmitida por los manuscritos Fa, me lleva a defender que dicha versión remonta al proceso de trabajo de Isidoro. En efecto, es hoy algo generalmente admitido que los autores medievales trabajaban casi siempre sobre dos manuscritos de una misma obra, uno de ellos se quedaba en la biblioteca del monasterio o de la catedral, mientras que el otro, copia del anterior que iba recibiendo todas las modificaciones del original, era el destinado a ser prestado si hacía falta. En el caso de los grandes autores era muy frecuente que, aunque éstos no hubiesen acabado del todo una obra, su renombre hiciese que se les reclamase insistentemente una copia de sus nuevas obras, sobre todo cuando se trataba de revisiones. Por ello no se nos han conservado versiones intermedias de la primera redacción de la Crónica, pues Isidoro no prestó probablemente ninguna versión inacabada de su obra. Sin embargo, en el caso de la revisión, esto era más fácil, pues la obra ya tenía una entidad propia aunque no estuviese del todo terminada. Por ello, podemos suponer que hacia el final de su trabajo, pero antes de haber acabado el mismo, Isidoro prestó una copia de su manuscrito de trabajo a petición de alguien interesado, quizás del propio rey, que quería saber cómo iba el trabajo, pues, como hemos visto, los primeros testimonios de esta versión intermedia se encuentran en Toledo. Pero en la Antigüedad un autor no podía controlar la copia de sus obras, y esta primera copia dio origen a muchas otras que pronto salieron de Hispania, pasaron al sur de la Galia merovingia y de allí al norte de Italia. Curiosamente, de esta versión intermedia no quedan manuscritos antiguos, pues el que lo es más remonta ya al s. XI.

 

 

El filólogo que estudia una obra debe abordar también dos aspectos fundamentales de la misma: las fuentes que manejó su autor y los autores posteriores que se sirvieron a su vez de ella como fuente ?lo que hemos llamado la “tradición indirecta”?. Esto es importante precisamente para conocer mejor cómo se transmitía el saber, pues el estudio de las fuentes nos permite determinar qué autores eran leídos por el nuestro y qué manuscritos se hallaban en su biblioteca. Al mismo tiempo, su empleo como fuente por autores posteriores nos indica que en una fecha y en un lugar concretos un manuscrito de nuestro autor había llegado hasta allí.

En el caso de la Crónica de Isidoro, éste organizó así su trabajo: tomó como base del mismo hasta el s. IV la Crónica de Jerónimo (en su versión de hacia 378), que resumió. Sin embargo, a diferencia de Jerónimo, que comenzaba su historia con los tiempos de Abraham, Isidoro quiso empezar con la creación del mundo según la mitología judeocristiana, para ello tuvo entonces que servirse para el período que iba desde la creación a Abraham de otras fuentes, éstas fueron, naturalmente, el Génesis, pero también la Ciudad de Dios de Agustín de Hipona (escrita entre los años 412 y 426/7), una de las obras más leídas y copiadas de la Antigüedad, y la Crónica de Próspero de Aquitania (escrita hacia 455). Desde Abraham hasta finales del s. IV, la fuente fundamental es, como ya he dicho, la Crónica de Jerónimo, aunque Isidoro sigue utilizando la Ciudad de Dios de Agustín. Otras fuentes también empleadas, aunque en menor medida, son el Breuiarium rerum gestarum populi Romani de Rufio Festo (hacia 370) y el Breuiarium ab urbe condita de Eutropio (hacia 369); y para la historia de la Iglesia, la Historia Eclesiásticade Eusebio en su traducción latina de Rufino de Aquileya (de 402/3), así como la Historia Eclesiástica de Casiodoro (de mediados del s. VI). A continuación, para el período posterior a Jerónimo, Isidoro se sirve de los continuadores de la Crónica de aquél: entre finales del s. IV y mediados del s. V, la fuente principal es la Crónica de Próspero de Aquitania (de hacia 455), que el sevillano completa principalmente con noticias de la ya citada Historia Eclesiástica de Casiodoro. Para los años posteriores a Próspero, Isidoro emplea la continuación de la Crónica de Próspero realizada por Víctor de Tunnuna (de hacia 567), que debía de seguir en el mismo manuscrito consultado por Isidoro a la de Próspero. La escasez de fuentes para este período disponibles en la biblioteca de Sevilla debió de ser muy grande, pues prácticamente Isidoro no se sirve de ninguna otra en esta parte de su trabajo. Para los años posteriores a Víctor de Tunnuna, pese a formar parte de la propia vida de Isidoro, nacido en torno al año 560, y de los que habría debido de hablar a menudo con sus hermanos mayores, principalmente Leandro, Isidoro emplea sobre todo la Crónica de Juan de Bíclaro (de hacia 590), continuación de la de Víctor, pues, efectivamente, Isidoro fue un gran compilador, pero no un espíritu original, por lo que tanto en su Crónica como en su Historia de los Godos, son muy pocas las noticias que le debemos a él y que no han sido tomadas de otros autores. Para los últimos años abarcados por su Crónica, entre 590 y 615/6 y luego 626, Isidoro ha debido de servirse de una crónica italiana hoy perdida, además de incluir noticias redactadas por él mismo. En fin, durante la revisión de su Crónica entre el 625 y el 626, Isidoro no añade nuevas fuentes, sino que se limita a añadir más noticias de las mismas fuentes de las que ya se había servido en el a. 615/6, según el procedimiento general en la Antigüedad de alargar los textos con ocasión de su revisión, nunca de abreviarlos.

Este estudio nos permite, por tanto, concluir que en 615/6 la biblioteca de Sevilla contaba con manuscritos de todos los autores citados. Este estudio de la biblioteca de Sevilla a comienzos del s. VII se ve enriquecido naturalmente por el de las otras obras de Isidoro, así como por el de las de su hermano Leandro, su predecesor en el cargo episcopal de esa ciudad. Y un estudio más general de otras bibliotecas de la misma época en Toledo, en Zaragoza, en Córdoba, y en el resto de Hispania, así como en la Galia merovingia, en Alemania, en Italia o en las Islas Británicas, es lo que revela cuáles fueron los autores más leídos y, gracias a los errores que encontramos en ellos, cómo circulaban los textos. Pues, en efecto, Isidoro, por ejemplo, se sirvió de una versión de la Crónica de Jerónimo que estaba interpolada y contenía noticias que no habían sido escritas por el de Belén, sino por algún copista posterior, pero naturalmente esto el hispalense era incapaz de saberlo.

En segundo lugar, ya he señalado que Isidoro se convirtió rápidamente en uno de los autores europeos más leídos y de mayor prestigio. Ello propició que sus obras fueran rápidamente copiadas y utilizadas. El estudio de la tradición indirecta de la Crónica de Isidoro me ha permitido obtener los siguientes resultados:

 

 

1. Primera redacción de la Crónica

- anónimo, Continuatio Hauniensis Prosperi, hacia 625, norte de Italia (quizás Pavía)

- Pseudo-Fredegario, Crónica, hacia 660, Borgoña

- Anonymus ad Cuimnanum, Bobbio (?), finales del s. VII o comienzos del s. VIII

- Beda, De temporibus liber y De temporum ratione, monasterio doble de Wearmouth-Jarrow (Nortumbria, norte de Inglaterra), respectivamente, años 704 y 725

- anónimo, Collectio canonum Hibernensis, Irlanda (quizás en los monasterios de Munster o de Iona), comienzos del s. VIII (de aquí la toma Sedulio Escoto, Collectaneum miscellaneum, Lieja, tercer cuarto del s. IX)

- anónimo, recensión del año 742 de la Crónica de Juan de Bíclaro, centro o sur de Hispania

- Paulo Diácono, Historia romana e Historia de los Lombardos, Montecasino, respectivamente hacia 770, y entre los años 787 y 797

- (?) Beato de Liébana (junto a Santander), In Apocalipsin libri XII, hacia 786

- anónimo, Historia Brittonum, Gales, hacia 829/30

- anónimo, Chronica beatorum Augustini et Hieronymi, sur de Italia, hacia 849

- Adón, obispo de Vienne, Crónica Universal, año 870

- anónimo, Chronicon Wirziburgense, Würtzburg, hacia 1057

- Marianus Scottus, Crónica Universal, Mainz, entre 1069 y 1082/83

- Frutolf de Michelsberg, Chronicon uniuersale, abadía de Michelsberg en Bamberg, finales del s. XI

- (?) anónimo, Historia Silensis, quizás escrita en León, segundo decenio del s. XII

- (?) Orderico Vital, Historia Eclesiástica, abadía de Saint-Évroult, entre 1123 y 1141

- anónimo, Crónica de Nájera, monasterio de Santa María la Real de Nájera (?), hacia 1180

- Godofredo de Viterbo, Speculum regum, hacia 1183

- anónimo, Crónica de la abadía de Saint-Victor de París, hacia 1190

- Ricobaldo de Ferrara, Pomerium Rauennatis Ecclesie, hacia 1298, Ravena; y Compendium historie Romane, hacia 1316-8, Verona

2. Segunda redacción de la Crónica

- anónimo, Crónica anglo-sajona (traducción en inglés antiguo de una compilación de anales latinos perdidos, de procedencias y fechas diversas), Wessex, hacia 891/2

3. Versiones intermedias

3.1. Familia de los manuscritos abreviados KV

- Freculfo de Lisieux, Crónica, hacia 819 (versión de K)

- anónimo, Annales Hildesheimenses , monasterio de St. Michel en Hildesheim, hacia 994 (versión de V)

- (?) Honorius Augustodunensis, Imago mundi, Francia (quizás París o Laón), entre 1107 y 1110 (versión de V)

3.2. Familia de los manuscritos Fa

- anónimo, Crónica Mozárabe del a. 754, Toledo o sureste de España, hacia 754

- (?) Elipando, arzobispo de Toledo, Epistola ad Carolum Magnum y Epistola ad Alchuinum, finales del s. VIII

- (?) anónimo, Crónica Pseudo-isidoriana (en árabe), territorio mozárabe, s. IX (hay una versión latina del s. XII)

- anónimo, Crónica de Albelda, Oviedo, año 883

- (?) anónimo, Crónica de Alfonso III, Oviedo, entre 883 y 890

- Guido Pisanus, Liber de uariis historiis, Pisa, hacia 1119

- Lucas de Tuy, Chronicon mundi, monasterio de San Isidoro en León, años 1232-36

- Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, Breuiarium Historie Catholice, finales de la primera mitad del s. XIII

4. Versión definitiva

- anónimo, Chronicon Vedastinum, abadía de Saint-Vaast de Arrás, finales del s. XI

5. Versiones sin identificar

- Braulio, obispo de Zaragoza, Renotatio librorum diui Isidori, hacia 636

- Hugo de San-Víctor, De tribus maximis circumstantiis gestorum seu Chronicon, abadía de Saint-Victor de París, hacia 1130

- John Capgrave, Abreviación de crónicas, Ermitaños de San Agustín en Kings Lynn (Norfolk), hacia 1462-3

6. Epítome del libro V de las Etimologías

- Hermann de Reichenau, Chronicon de sex aetatibus mundi, hacia 1054

- Wolfger de Prüfening, De scriptoribus ecclesiasticis, abadía de San Jorge en Prüfening, 1139 - 1165/70 (copia a Hermann de Reichenau)

- Lamberto de Saint-Omer, Liber Floridus, hacia 1120

- Gregorio de Catino, Chronicon Farfense (hacia 1107-1119) y Liber Floriger (hacia 1132), Farfa (junto a Roma), primera mitad del s. XII

- Pierre Béchin, Chronicon Turonense, Tours, hacia 1137

- Mateo París, Chronica maiora, abadía de San Albans (junto a Londres), hacia 1259

- un monje franciscano, Flores temporum, lugar de redacción desconocido, hacia 1292-9

 

En los últimos años, el estudio de los autores antiguos se ha visto enriquecido por las noticias contenidas en los catálogos de las bibliotecas medievales, así como en otros más recientes, o en cartas, diarios de viaje o incluso testamentos. En este tipo de documentos se nos han transmitido los títulos de las obras que se conservaban en un momento determinado en una biblioteca, ya fuese de un monasterio, de una catedral o de un propietario particular. Así, el estudio de los títulos (a veces incluso se añade el comienzo y el final de las obras que se citan) permite conocer la existencia de muchos manuscritos hoy perdidos. Además, en ocasiones, el simple título de un catálogo es bastante significativo como para poder identificar la versión que contenía el manuscrito perdido cuando otros conservados transmiten el mismo título.

El estudio de estos catálogos en el caso de la Crónica de Isidoro me ha permitido establecer la siguiente lista[9]:

1.      Bobbio, catálogo fechado entre el s. VII y comienzos del s. IX

2.      Bobbio, catálogo posterior al año 830

3.      Reichenau, catálogo fechado entre 835 y 842

4.      Lorsch, catálogo redactado hacia el año 860

5.      Inventario del año 882 contenido en el manuscrito El Escorial, Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo, R.II.18, quizás de la biblioteca de un particular de Córdoba

6.      Monasterio de San Cosme y San Damián en Abellar, documento fechado el 5 de noviembre del año 927

7.      Saint-Kilien (Würtzburg), biblioteca de la catedral, inventario fechado en el año 1000

8.      Abadía de Montecasino, catálogo fechado en 1023

9.      Nuestra Señora de Ripoll, inventario fechado en 1047

10.  Cluny, catálogo fechado a mediados del s. XI

11.  Nuestra Señora de Pomposa, inventario fechado entre 1078 y 1093

12.  Abadía de Saint-Rémacle en Stavelot, inventario fechado en 1105

13.  Saint-Amand-en-Pévèle, catálogo de la segunda mitad del s. XII

14.  Saint-Martial de Limoges, inventario del s. XIII

15.  Monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes, según una noticia del Liber priuilegiorum Ecclesiae Toletanae fol. 141v, hacia 1239

16.  Abadía de Saint-Pons de Tomières, catálogo fechado en 1276

17.  Catedral de Osma, catálogo de finales del s. XIII

18.  Abadía de Holy Cross en Holyrood (Midlothian, al norte de las Islas Británicas), según el registro general de los manuscritos de Inglaterra, Escocia y País de Gales fechado a comienzos del s. XIV y conocido como Registrum Anglie de libris doctorum et auctorum ueterum

19.  Monasterio de San Juan de la Peña en Huesca, según una noticia del archivo de la catedral de Valencia fechada el 17 de marzo de 1370

20.  Biblioteca del Papa Benito XIII, muerto en Peñíscola el 23 de mayo del año 1423, según el inventario de sus bienes realizado por Gil Sánchez Muñoz a la muerte del Papa

21.  Montecasino, catálogo fechado entre 1464 y 1471

22.  Biblioteca de Leonardo Mansueti, inventario fechado entre 1474 y 1478

23.  Roma, Biblioteca Vaticana, catálogo realizado en 1481 en tiempos del Papa Sixto IV

24.  Biblioteca de Ambrosius Schwerzenbek en Tegernsee, catálogo de 1483

25.  Mayorca, monasterio de Santa María la Real, catálogo de 1499

26.  Florencia, biblioteca de Pierfilippo Pandolfini, muerto en 1497, inventario ordenado por su hijo en diciembre de ese mismo año

27.  Nuremberg, biblioteca de Hartmann Schedels (muerto en 1485), catálogo de 1498

28.  Florencia, convento de San Marco, catálogo de 1500

29.  Florencia, convento de San Marco, otro catálogo conservado en un manuscrito del s. XVI que se encuentra actualmente en Milán

30.  Canterbury, biblioteca de la catedral, catálogo de 1508

31.  Bolonia, convento de San Domenico, inventario fechado entre 1508 y 1512

32.  Salamanca, biblioteca de la catedral, inventario de 1533

33.  Monasterio de San Juan Bautista en Launde (Leicestershire), noticia fechada en torno a 1536-40.

34.  Bourges, biblioteca de la Santa Capilla, catálogo de 1552

35.  París, inventario de la biblioteca de J. Cujas, de 1574

36.  Biblioteca de Roma de Max-Sittich, cardenal de Altemps, muerto en 1595

37.  Biblioteca de García de Loaisa Girón (1534-1599), arzobispo de Toledo, inventario fechado entre febrero y abril de 1599 a la muerte de Loaisa

38.  Biblioteca del Monasterio del Escorial, catálogo de finales del s. XVI

39.  Biblioteca del Conde-Duque de Olivares Gaspar de Guzmán, según un catálogo de 1627

40.  Biblioteca de Alejandro Petau, catálogo de 1645

41.  Biblioteca de Alejandro Petau, según otro catálogo transmitido por el manuscrito Leiden, Bibliotheek der Rijksuniversiteit, Voss. lat. Q. 76

42.  Saint-Germain-des-Prés, París, catálogo de 1677

43.  Biblioteca de Fernando de Arce y Dávila, inventario de 1677 redactado tras su muerte con ocasión de la venta de sus manuscritos

44.  Abadía de Cîteaux, catálogo del s. XVII conservado por el manuscrito Paris, BNF, lat. 11792

45.  Biblioteca de los manuscritos de la Reina de Suecia, inventario fechado entre 1680 y 1689 y realizado por los benedictinos de la Congregación de San Mauro de Roma

46.  Biblioteca de Manuel Pantoja (†1669), catálogo de 1736

47.  Abadía de Notre-Dame de Belval, catálogo de 1741

48.  Biblioteca de Colbert en París, según una noticia de E. Flórez de 1751

49.  Toledo, biblioteca de la catedral, según una carta de A. Marcos Burriel a D. Pedro de Castro fechada el 30 de diciembre de 1754

50.  Notre-Dame de Ripoll, catálogo de 1800

51.  Biblioteca de Thomas Phillipps, según una noticia de 1828

52.  Londres, catálogo de una subasta celebrada en 1859

53.  Biblioteca de Pedro Caro y Sureda, catálogo de 1865

54.  Archivo de la parroquia de San Juan de Ceneros (Asturias), comienzos del s. XX, según una noticia del paleógrafo español A. Millares Carlo se trataba de un manuscrito del s. XI 

 

 

 

Es evidente que la versión más conocida y copiada de la Crónica de Isidoro fue la de la primera redacción del año 615/6 dedicada a Sisebuto. Un manuscrito de esta familia fue el primero en abandonar en una fecha muy temprana la Península Ibérica, pues gracias a las últimas líneas de la Crónica en algunos manuscritos sabemos que en el año 624 un modelo hoy perdido se encontraba ya en el norte de Francia, en Neustria, y fue dedicado al rey merovingio de la época Clotario II.

Ese mismo texto aparece un año después, en el 625, en el norte de Italia, donde lo utiliza el anónimo autor de la Continuatio Hauniensis Prosperi (un clérigo que vivió quizás en Pavía). Esta versión conoció un gran éxito y aparece por toda Francia, así como en Alemania e Italia: en el norte de Francia, en París (en la Crónica de la abadía de Saint-Victor de París), en Reims, en el centro de Francia: Orléans, Tours y Fleury, en el este de este mismo país; en Alemania en Mainz, en Würtzburg (en el Chronicon Wirziburgense); en Italia, al norte y en el centro, en Montecasino (obras de Paulo Diácono).

Por su parte, otra de las familias de esta primera versión parece transmitir un texto que permaneció durante largo tiempo sin salir de Hispania y que fue mucho menos conocido que el de la citada con anterioridad. Cuando comenzó a ser copiado fuera de nuestras fronteras, circuló principalmente por el noreste de Hispania hacia la Septimania, y desde allí hacia el sur de Francia, pasando por Lyon, para llegar a continuación al norte de Italia, a Luca y luego hasta el sur (Chronica beatorum Augustini et Hieronymi).

Lo más sorprendente es la ausencia de una rama insular, pues con mucha frecuencia los textos hispanos pasaban en primer lugar a las islas británicas y desde allí al norte de Francia y a Alemania. Sin embargo, en el caso de la Crónica de Isidoro ningún manuscrito antiguo tiene un origen insular. A pesar de ello, el estudio de la tradición indirecta nos confirma que copias de esta obra se difundieron en las islas y fueron conocidas y utilizadas como fuente de diversas obras históricas, por ejemplo, por Beda en Nortumbria (año 704), que utilizó un manuscrito de la primera redacción, o por el autor anónimo que escribió en Gales la Historia Brittonum (hacia 829/30), o por el también anónimo autor irlandés de la Collectio canonum Hibernensis (de comienzos del s. VIII).

Por otro lado, frente a la enorme difusión de la primera redacción de la Crónica de Isidoro, la segunda fue mucho menos copiada, sobre todo la versión definitiva del año 626. En efecto, no nos ha llegado ningún manuscrito antiguo de origen hispano que contenga esta versión, que aparece sólo en el norte de Francia, en Reims y en la abadía de Saint-Vaast en Arrás (Chronicon Vedastinum); en el sureste del Imperio Carolingio, en Sankt-Gallen, y en Salzburgo o Wissenburg. Muy diferente es el caso de la versión intermedia transmitida por la familia de los manuscritos Fa, que es la que aparece por todas partes en la tradición indirecta hispánica. Del sur pasó a León (Chronicon mundi de Lucas de Tuy), luego a Oviedo (Crónica de Albelda, Crónica de Alfonso III), a Nájera (Crónica de Nájera), de allí al sur de Francia (a) y finalmente al norte de Italia (F y Liber de uariis historiis de Guido Pisanus, compuesto en Pisa).

Muy interesante es la reducida difusión de la otra versión intermedia de la familia de los manuscritos KV. El único manuscrito antiguo que ha conservado el texto largo de esta redacción fue copiado en Colonia (K), pero remonta probablemente a un modelo de origen insular. Al mismo tiempo, esta versión aparece también al oeste de Francia, en Lisieux, junto a la costa (en la Crónica de Freculfo de Lisieux). Todo ello apunta a que un manuscrito con esta versión abandonó Hispania con destino a las islas y desde allí se difundió por el noroeste de Europa, sin que fuese conocido en ninguna otra región. En cuanto a la versión abreviada de este mismo texto, fue algo más conocida, sobre todo en el este del Imperio Carolingio, tanto al norte como al sur: en Hildesheim (Annales Hildesheimenses) y en Salzburgo (V).

V

 

A modo de conclusión digamos entonces que la edición crítica de los textos es el paso previo imprescindible antes de ocuparse del estudio interno de cualquier obra (ya sea éste literario, lingüístico o histórico), pues sólo el análisis detallado de la tradición manuscrita de un texto nos permite determinar con precisión cuál fue la forma querida para éste por su autor. Naturalmente, la dificultad de establecer qué forma fue ésta no alcanza el mismo grado de complejidad en todos los casos. He expuesto aquí un ejemplo especialmente difícil con el propósito de que la importancia de la labor del filólogo se pusiese claramente de manifiesto. Al mismo tiempo, he intentado presentar al lector poco iniciado en este terreno cuáles son las tendencias actuales dentro de esta disciplina, la ecdótica, que ha experimentado una gran renovación metodológica en los últimos años gracias a los trabajos llevados a cabo sobre los catálogos medievales, por un lado[10], así como a los de la corriente conocida como la “crítica genética” de los textos, por otro[11].

 

En fin, la labor que queda por realizar en el ámbito de la edición crítica de los textos es aún ingente. No sólo por lo que a los textos medievales se refiere, muchos de los cuales siguen aún inéditos, sino también en relación con los autores de la Antigüedad Tardía. Muchas obras de autores de primer orden para nuestra cultura occidental como Agustín de Hipona, Jerónimo o Gregorio Magno, además del propio Isidoro, siguen siendo accesibles únicamente a través de viejas ediciones, o, lo que es peor, de ediciones relativamente recientes que toman como base un solo manuscrito, por considerarlo “el mejor” de los conservados, dejándose así llevar por un error inveterado y difícil de erradicar de que el editor debe elegir entre todos los manuscritos conservados “el mejor” de ellos y limitarse a reproducirlo, corrigiendo simplemente los errores manifiestos del texto. Me pregunto si, en algún caso, más que un error (gravísimo) metodológico, no es una simple excusa (inconfesable claro) para no colacionar de forma exhaustiva durante meses todos los manuscritos más antiguos conservados, estudiando a continuación sus variantes durante otros muchos meses hasta establecer el stemma correspondiente que aclare sus relaciones y la difusión temprana del texto.

Sea como fuere, creo que puede afirmarse que en este terreno sólo a partir de los últimos cincuenta años hemos comenzado a contar con ediciones verdaderamente fiables de la mayor parte de los autores de la Antigüedad Tardía y de la Edad Media. Muchos deben ser editados de nuevo, muchos permanecen inéditos. Ése es el desafío y al mismo tiempo la riqueza de nuestra disciplina.

 

 

 

 

Arévalo, F., S. Isidori Hispalensis episcopi Hispaniarum doctoris opera omnia, t. VII, Roma, 1803

Azzetta, L., “Tradizione latina e volgarizzamento della prima deca di Tito Livio”, Italia Medioevale e Umanistica 36 1993, pp. 175-97

Bartholomaeis, V. de, Storia de’ Normanni di Amato di Montecassino volgarizzata en antico francese, Roma, 1935

Breul, J. du, Sancti Isidori Hispalensis Episcopi, Opera Omnia quae extant, Paris, 16011 (Coloniae Agrippinae, 16172)

Catalogue des Manuscrits français. Tome premier, Ancien Fonds, Paris, 1868

“Compte rendu du Colloque Isidorien tenu à l’Institut d’Etudes Latines de l’Université de Paris le 28 juin 1970”, Revue d’Histoire des Textes 2, 1972, pp. 282-8

Contat, C.?Ferrer, D. (eds.), Pourquoi la critique génétique? Méthodes, théories, Paris, 1998

Díaz y Díaz, M.C., “Introducción general” a San Isidoro de Sevilla. Etimologías. Edición bilingüe, t. 1 (Libros I-X), J. Oroz Reta—M.A. Marcos Casquero (eds.), Madrid, 1982 (reimp., 1993), pp. 1-257

Domínguez del Val, U., Historia de la Antigua Literatura Latina Hispano-cristiana, tomo III Isidoro de Sevilla, Madrid, 1998

Flórez, E., España Sagrada, tomo VI, Madrid, 1751

Fontaine, J., Isidore de Séville. Genèse et originalité de la culture hispanique au temps des Wisigoths, Turnhout, 2001

          . id., “King Sisebut’s Vita Desiderii and the Political Function of Visigothic Hagiography”, en Visigothic Spain: New Approaches, E. James (ed.), Oxford, 1980, pp. 93-129 (reimp. en J. Fontaine, Culture et spiritualité en Espagne du IVe au VIIe siècle. Variorum Reprints, London, 1986, nº VII)

García Moreno, L.A., Historia de España visigoda, Madrid, 1989

. id., “La Andalucía de San Isidoro”, en las Actas del II Congreso de Historia de Andalucía. Historia Antigua (Córdoba, 1991), Córdoba, 1994, pp. 555-79

González Flórez, M., “Edición internacional de las Etimologías de Isidoro de Sevilla. Situación actual del proyecto e instrucciones a los editores”, Studium Legionense  15, 1974, pp. 327-34

Grévy, N.?Ornato, E.—Ouy, G., Jean de Montreuil. Opera, vol. 2: L’oeuvre historique et polémique. Édition critique, Torino, 1975

Grial, J., Diui Isidori Hispalensis episcopi, opera omnia, t. I, Madrid, 1597

Lignamine, J.P. de, Isiodori [sic] opusculum de temporibus, Roma, hacia 1473

Lindsay, W.M., Isidori Hispalensis Episcopi Etymologiarum siue Originum Libri XX, I-II, Oxford, 1911

Loaisa, G. de, Chronicon D. Isidori Archiep. Hisp. Emendatum, scholiisque illustratum, Taurini, 1593

Martín, J.C., “Caracterización de personajes y tópicos del género hagiográfico en la Vita Desiderii de Sisebuto”, Helmantica 48, 1997, pp. 111-33

. id., “El capítulo 39 del libro V de las Etimologías y la Crónica de Isidoro de Sevilla a la luz de la tradición manuscrita de esta última obra”, en las Actas del III Congreso Hispánico de Latín Medieval, M. Pérez González (coord.), Universidad de León, en prensa

. id., La Chronique d’Isidore de Séville. Édition critique et commentaire, I-II, París (École Pratique des Hautes Études. IVe Section), 2000 (Tesis Doctoral inédita dirigida por F. Dolbeau)

. id., “Une nouvelle édition critique de la Vita Desiderii de Sisebut, accompagnée de quelques réflexions concernant la date des Sententiae et du De uiris illustribus d’Isidore de Séville”, Hagiographica, en prensa

. id., “Verdad histórica y verdad hagiográfica en la Vita Desiderii de Sisebuto”, Habis 29, 1998, pp. 291-301

Mommsen, Th., Monumenta Germaniae Historica, Chronica Minora 2 (auct. antiq. 11), Berlin, 1894

Onofrio, M. d’ (dir.), Les Normands peuple d’Europe 1030-1200, Venise, 1994

Ornato, E.?Ouy, G., “Édition génétique de textes médiévaux”, en Les éditions critiques. Problèmes techniques et éditoriaux. Actes de la Table ronde internationale de 1984. Organisée par Nina Catach, Directeur de recherche, Paris, 1988, pp. 27-43

Oroz Reta, J.?Marcos Casquero, M.A., San Isidoro de Sevilla. Etimologías, I-II, Madrid, 1982 (reimp. en 1993),

Patrologia Latina, tomo 83, Paris, 1862

Planck, S., Isidori opusculum: De temporibus, Roma, hacia 1487/88

Recchia, T., Sisebuto di Toledo: il «Carmen de Luna», Bari, 1971

Roncallius, T., Vetustiora Latinorum Scriptorum Chronica ad mss. codices emendata, tomo II, Patauii, 1787

Schelstrate, E. de, Antiquitas Ecclesiae dissertationibus monimentis ac notis illustrata, tomo I, Roma, 1692

Ulloa, B., Diui Isidori Hispalensis episcopi opera, Madrid, 1778, tomo I, pp. 123-53

Vázquez de Parga, L., “Notas sobre la obra histórica de San Isidoro”, en Isidoriana, M.C. Díaz y Díaz (ed.), León, 1961, pp. 99-106

 

[1] Sobre la vida y obra de Isidoro de Sevilla, vid. Díaz y Díaz, Introducción general; García Moreno, La Andalucía; Domínguez del Val, Historia de la Antigua Literatura, tomo III; y Fontaine, Isidore de Séville.

[2] Sobre Sisebuto, vid. Recchia, Sisebuto di Toledo; Fontaine, King Sisebut’s Vita Desiderii; Martín, Caracterización de personajes; id., Verdad histórica; e id., Une nouvelle édition. Sobre la Hispania visigoda, el mejor estudio histórico sigue siendo el de García Moreno, Historia de España visigoda.

[3] La última edición crítica completa data ya de 1911: Lindsay, Isidori Hispalensis Episcopi. Sobre la nueva edición en preparación, vid. el Compte rendu du Colloque Isidorien; y González Flórez, Edición internacionalv

 

[4] Th. Mommsen, MGH, CM 2, pp. 424-81.

 

[5] Vid. Vázquez de Parga, Notas, especialmente la p 99: “Pero queda pendiente la cuestión de hasta qué punto estos textos, de que actualmente disponemos, responden auténticamente al original dictado por el obispo hispalense. Mommsen no pretende haber conseguido, y ni aun siquiera haber intentado, reproducir en sus ediciones este texto original. Por otra parte el aparato crítico de ellas dista mucho de ser claro y sencillo, resultando imprudente utilizarlo sin una lectura detenida y atenta de las observaciones formuladas en cada introducción”; Díaz y Díaz, Introducción general, p. 139: “El problema de las fuentes no está resuelto... La Crónica nos ha llegado en dos recensiones que no aparecen en absoluto delimitadas en la edición de Mommsen”; Domínguez del Val, Historia de la Antigua Literatura, tomo III, p. 119: “Como la edición de Mommsen (sc. de la Crónica de Isidoro) está lejos de habernos dado el texto original salido de la pluma de Isidoro, incumbe a los eruditos descubrir ese texto primigenio para que podamos valorar adecuadamente la Crónica del Hispalense”.

 

[6] La más antigua, la denominada “editio princeps”, es la de J.P. de Lignamine, Isiodori [sic] opusculum de temporibus, Roma, aparecida hacia 1473. Las siguientes son: S. Planck, Isidori opusculum: De temporibus, Roma, hacia los años 1487/88; G. de Loaisa, Chronicon D. Isidori Archiep. Hisp. Emendatum, scholiisque illustratum, Taurini, 1593, pp. 1-96; J. Grial, Diui Isidori Hispalensis episcopi, opera omnia, t. I, Madrid, 1597, pp. 92-117 (que reproduce la anterior); J. du Breul, Sancti Isidori Hispalensis Episcopi, Opera Omnia quae extant, Paris, 1601, pp. 374-97, hay una segunda edición impresa en Coloniae Agrippinae en 1617, pp. 260-73 (reproduce de nuevo la de Loaisa); E. de Schelstrate, en Antiquitas Ecclesiae dissertationibus monimentis ac notis illustrata, t. I, Roma, 1692, pp. 582-94; E. Flórez, España Sagrada, t. VI, Madrid, 1751, pp. 445-68 (que reproduce la de Grial); B. Ulloa, Diui Isidori Hispalensis episcopi opera, Madrid, 1778, t. I, pp. 123-53 (que también reproduce la de Grial); T. Roncallius, Vetustiora Latinorum Scriptorum Chronica ad mss. codices emendata, t. II, Patauii, 1787, pp. 419-62 (que reproduce la de Loaisa); F. Arévalo, en S. Isidori Hispalensis episcopi Hispaniarum doctoris opera omnia, t. VII, Roma, 1803, pp. 63-106 (que, sin decirlo, reproduce la de Grial); Patrologia Latina, tome 83, cols. 1017-58 (que reproduce la de Arévalo); además de la ya citada de Th. Mommsen.

 

[7] En fin, siempre y cuando sepan latín, lo que dado el grado de ignorancia al que están llegando hoy día los historiadores españoles de la Antigüedad y de la Edad Media, del que además muchos se precian, empieza a ser una verdadera rareza. En efecto, no existe ninguna traducción moderna de la Crónica de Isidoro. La única que conozco está en francés antiguo, y nos ha sido conservada por el manuscrito de París, Biblioteca Nacional de Francia, fr. 688, copiado a comienzos del s. XIV en el sur de Italia (quizás en Nápoles). Sobre este manuscrito, vid. el Catalogue des Manuscrits français, pp. 70-1; Bartholomaeis, Storia de’ Normanni, pp. lxxxviii-xcv; Azzetta, Tradizione latina, p. 195; Onofrio, Les Normands, pp. 380-1 nº 54 (noticia de M.T. Gousset). La traducción citada se encuentra en los ff. 1ra-11rb.

 

[8] Se trata del capítulo 39 del libro V de las Etimologías. Quien tenga interés en saber algo más de Isidoro y de esta obra suya puede leer el libro de Oroz Reta y Marcos Casquero, San Isidoro de Sevilla, con una traducción de los veinte libros al español. Me propongo dedicar un estudio detallado a este epítome en el próximo III Congreso Hispánico de Latín Medieval, que se celebrará en León, del 26 al 29 de septiembre de 2001, bajo la dirección de M. Pérez González. Mi contribución se titulará “El capítulo 39 del libro V de las Etimologías y la Crónica de Isidoro de Sevilla a la luz de la tradición manuscrita de esta última obra” y aparecerá publicada naturalmente en las Actas del citado congreso.

 

[9] No me ocupo aquí, por falta de espacio, del problema de la identificación de las distintas recensiones de la Crónica de Isidoro que se hallaban en estas bibliotecas, para lo que remito a mi Tesis Doctoral: La Chronique d’Isidore de Séville. Édition critique et commentaire, París, 2000, dirigida por François Dolbeau (que se puede consultar en la Biblioteca de la École Pratique des Hautes Etudes, IVe Section, Sciences Historiques et Philologiques, de París), “Deuxième partie: Le classement des manuscrits et de la tradition indirecte”, capítulo: “Le classement des manuscrits perdus ou inconnus”. Dicha tesis no habría sido posible sin la Beca postdoctoral del Ministerio de Educación y Cultura que me permitió trabajar en París entre 1997-98 en el Centro Lenain de Tillemont pour le Christianisme Ancien et l’Antiquité Tardive (París IV-Sorbona), donde fui amablemente acogido por Jacques Fontaine.

 

[10] Con figuras como Gregorio de Andrés, Veronika vo  

Büren, Manuel C. Díaz y Díaz, François Dolbeau, B. Munk-Olsen,

 Donatella Nebbiai-Dalla Guarda, o Monique Peyrafort.

 

[11] Vid., por ejemplo, Grévy?Ornato—Ouy, Jean de Montreuil; Ornato?Ouy, Édition génétique; y Contat?Ferrer, Pourquoi la critique génétique?

http://www.uned.es/ca-tudela/revista/n001/art_2.htm

 

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"La multinacional del tópico"

 

José Ramón Ayllón, EN TORNO AL HOMBRE. ED. RIALP. MADRID (7º Ed.)

 

Los tópicos son ideas simples ampliamente difundidas. Son tópicos el trabajo eficiente de los japoneses, la perfección técnica de los alemanes, el buen fútbol brasileño, el humor inglés, la gracia andaluza, y otros muchos.

El éxito de los tópicos consiste en expresar sencillamente una idea sencilla. Sin embargo, las ideas sencillas también pueden ser falsas: para muchos norteamericanos, los españoles somos toreros o guitarristas, y todas las españolas bailan flamenco.

Normalmente la realidad es compleja, difícil de racionalizar en esquemas simples, pero los medios de comunicación y las campañas publicitarias necesitan simplificarla para hacerla comprensible al gran público: así triunfan a veces esas ideas ridículamente caricaturescas.

Cuando se transmiten altos contenidos culturales o éticos, la simplificación a costa de la verdad suele acarrear peligrosas consecuencias. Así, por ejemplo, el marxismo hizo creer que todo obrero era buena persona por el hecho de ser obrero, y que todo empresario era odioso por la misma razón (era la simplificación de la lucha de clases). También simplifica quien equipara el consumo de drogas blandas con el mero hábito de fumar; o el que identifica política y corrupción, deporte de elite y dopping, etc. Como se ve, muchos tópicos se encuentran en los cimientos de la cultura media ambiental, y suponen un alimento intelectual de fácil digestión. Pero en la medida en que expresan errores o medias verdades, su nivel de aceptación es equivalente a su nivel de manipulación. Los tópicos han existido siempre, pero actualmente se diría que su proliferación parece producida por una implacable multinacional. Éstos son algunos de sus mejores productos:

1. El mito del progreso. Decía Miguel Delibes, en su discurso de ingreso a la Real Academia, que nuestra sociedad pretendidamente progresista es, en el fondo, de una mezquindad irrisoria. En primer lugar por el escandaloso contraste entre una parte de la humanidad que vive en el delirio del despilfarro mientras otra parte mayor se muere de hambre.

Afirmaba Delibes que los carriles del progreso se montan sobre la idea de provecho, y que el dinero se antepone a todo. Así, «al teocentrismo medieval y al antropocentrismo renacentista ha sucedido un objeto-centrismo que, al eliminar todo sentido de elevación en el hombre, le ha hecho caer en la abyección y la egolatría». El discurso alcanza quizá su punto álgido en la conclusión: si el progreso debe generar las secuelas inhumanas que observamos en nuestras sociedades más adelantadas, «yo gritaría ahora mismo, con el protagonista de una conocida canción americana: ¡Que paren la Tierra, quiero apearme!».

2. Galileo. Todo el mundo sabe que, en la Edad Media, la Inquisición condenó a Galileo a morir en la hoguera por sostener que la Tierra era redonda. Sin embargo, Galileo no fue jamás condenado a morir, y menos en la hoguera, y mucho menos por una redondez conocida desde los griegos y demostrada por Magallanes y Elcano. Además, Galileo fue contemporáneo de Descartes, es decir, la Edad Media había terminado 200 años antes.

3. La oscura Edad Media. Como se ve, la Edad Media da para mucho. En ella no dejó de salir el sol, pero se dice que era oscura en otros sentidos: por lo poco que sabemos, por lo poco que nos dejó, por lo brutal del sistema feudal, por su incultura...

Sin embargo, la historia medieval es incomparablemente más conocida que la historia antigua, aunque a ésta nadie la llame oscura. Además, sólo por una completa y sospechosa ceguera se puede calificar de inculta a la época que crea la Universidad.

¿No reconocemos como joyas únicas las catedrales góticas? ¿Puede ser producida su belleza por hombres rudos? ¿Se pueden levantar, sin conocimientos de matemática y geometría, bóvedas de piedra por encima de los treinta y cuarenta metros, destinadas a durar cientos de años?

Por otra parte, aunque feudal rime con brutal y bestial, el feudalismo no tiene nada que envidiar a la esclavitud persa, egipcia, griega o romana. Además, los récords de crueldad que se atribuyen a la Edad Media empezaron a ser pulverizados a partir de la Revolución francesa. Es el marxismo quien ha sido calificado como la más grande empresa carcelaria de la humanidad, y Paul Johnson ha escrito en The Times que «desde 1900, y a instancias del Estado, se ha acabado con más vidas humanas que en toda la historia de la humanidad».

4. El dinero público para la escuela pública. Se trata de un tópico apoyado en la fuerza de un buen eslogan, y presenta un claro ejemplo de doble lenguaje. Público significa al principio todos, y al final, algunos. En realidad, se está diciendo que el dinero de todos ayude sólo a algunos. Sin embargo, el dinero público (los impuestos) procede de todos los bolsillos privados. Y la mal llamada enseñanza privada es un servicio público semejante a un hotel, a un supermercado o a una zapatería: tan pública como cualquier escuela pública. Sería mejor una nueva denominación: enseñanza estatal y no estatal, ya que ambas son igualmente públicas. Y el nuevo eslogan debería proponer un reparto entre todos del dinero de todos.-MMI

 

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en el lago de Tiberíades fue donde Pedro todo abandona y sigue el llamado de Jesús

 

Léo Moulin

1998/03/12
es.charla.religion, soc.culture.spain
 

Léo MOULIN, ex-profesor de Historia y Sociología de la Universidad de Bruselas, profundo conocedor de la Edad Media y uno de los intelectuales más prestigiosos de Europa. Masón en su juventud y con más de 80 años -si no se ha muerto en estos meses-, siempre se mantuvo laico, racionalista y agnóstico. Declaraciones al periodista italiano Vittorio Messori (converso al catolicismo desde el comunismo): 
 

«Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que se dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros días han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos o casi todos los males del mundo. Os han paralizado en la autocrítica masoquista para neutralizar la crítica de lo que ha ocupado vuestro lugar. Habéis permitido que todos os pasaran cuentas, a menudo falseadas casi sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. Y vosotros, casi siempre ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo, hasta el punto de respaldarlos. En cambio, yo (agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo) os digo que debéis reaccionar en nombre de la
verdad. De
hecho, a menudo no es cierto. Pero si en algún caso lo es, también es cierto que, tras un balance de veinte siglos de cristianismo, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas. Luego ¿por qué no pedís cuentas a quienes os las piden a vosotros? ¿Acaso han sido mejores los resultados de lo que ha venido después? ¿Desde qué púlpitos escucháis, contritos, ciertos sermones? ¡Aquella vergonzosa mentira de los "siglos oscuros", por estar inspirados en la fe del Evangelio! ¿Por qué entonces todo lo que nos queda de aquellos tiempos es de una belleza y sabiduría tan fascinantes? También en la historia sirve la ley de causa y efecto...».  Miguel Ángel García OLMO. Esp.

 

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P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

 

R:  … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. Dr. historiador César VIDAL. Esp.

 

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A las calumnia solo les basta mucha careta y un poco de apariencia.

 

¿POR QUÉ TODOS LOS MAPAS MEDIEVALES ESTÁN ORIENTADOS AL ESTE?

 

En la Edad Media, la representación del mundo se hacía por medio de los llamados mapas TO. A éstos hay que imaginárselos como si dibujáramos una gran T y desde sus tres esquinas trazáramos una línea que los uniera formando un círculo.

La línea horizontal simboliza la distancia entre el mar Negro y el Nilo, y la línea vertical representa el Meditarráneo. Los mapas estaban orientados al Este porque es por donde sale el sol y por ser la dirección en la que se encuentra el centro del judaísmo: ciudad santa de Jerusalén para judíos y cristianos.

 

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Inquisición significaba en la época medieval: búsqueda, pregunta, investigación...

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

…Pero constatamos que el hombre, en la red de los pecados, con frecuencia abusa de la creación y no ejerce una verdadera realeza. Por eso, para desempeñar una verdadera responsabilidad con respecto a las criaturas, tiene que ser penetrado por Dios y vivir en su luz. En efecto, el hombre es un reflejo de la belleza original que es Dios:  "Todo lo que creó Dios era óptimo", escribe el santo obispo san Gregorio de Nisa 335 † 394. Y añade:  "Lo testimonia el relato de la creación (cf. Gn 1, 31). Entre las cosas óptimas también se encontraba el hombre, dotado de una belleza muy superior a la de todas las cosas bellas. ¿Qué otra cosa podía ser tan bella como quien era semejante a la belleza pura e incorruptible? (...) Al ser reflejo e imagen de la vida eterna, era realmente bello, es más, bellísimo, con el signo radiante de la vida en su rostro" (Homilia in Canticum 12:  PG 44, 1020 C). (29 de agosto de 2007-Benedicto PP. XVI comentado a san Gregorio de Nisa 335ca † 394).

 

 

 

 

 

 

Gracias por elegirnos. Gracias por seguirnos. Gracias por leernos y por sugerirnos ideas y comentarios.

 

 

 

 

Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

Recomendamos vivamente:‘La verdad sobre El Código Da Vinci’.
José Antonio Ullate. LibrosLibres. Madrid, 2004.  189 pp. €13,95

 

 

 

 

 

Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX. 

Laus Deo +

 

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).