Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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BIBLIA: Admitimos que hubo algunos sacerdotes que sobrepasaron el límite de la prudencia al prohibir la lectura de la Biblia, no con intención de disminuir su importancia, sino para protegerla. Martín Lutero tuvo que admitir que sin la Iglesia católica él no hubiera tenido la Biblia (ver su Comentario sobre San Juan, 16).

Por siglos, el idioma universal de la Iglesia y del mundo occidental fue el latín. En todas las misas el sacerdote leía la Biblia en este idioma. Cuando el latín dejó de ser el idioma universal en el occidente, por tradición, las lecturas de la Biblia quedaron en latín pero los feligreses tenían los misales con la traducción en su propio idioma.

 

 

Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia al alemán, la Iglesia tenía ediciones completas o trozos de ella en 26 diferentes lenguas europeas, y en ruso. Por ejemplo, existía la Biblia Héxapla del año 240, la de Jerónimo, La Vulgata, del 390. Había además 30 ediciones de la Biblia completa en alemán antes de la 
versión de Lutero en 1534(2), nueve antes de que él naciera. Había 62 ediciones de la Biblia, autorizadas por la Iglesia en Hebreo, 22 en griego, 20 en italiano, 26 en francés, 19 en flamenco, dos en español: la Biblia ALFONSINA (de "Alfonso el Sabio", año 1280) y la Biblia De la Casa de Alba (año 1430, AT)(3), seis en bohemio y una en eslavo, catalán y checo.(4) 

La primera Biblia impresa, fue producida bajo los auspicios de la Iglesia católica- impresa por el inventor católico de la imprenta: Johannes (Juan) Gutenberg. La primera Biblia con capítulos y versículos numerados fue producida por la Iglesia católica, gracias al trabajo de Esteban Langton, Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. A pesar de esto acusan a la Iglesia de haber intentando la destrucción de la Biblia; si hubiera deseado hacer esto, tuvo 1500 años para hacerlo. 

En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre "Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica.

 

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Traducción de la Biblia antes del 440 - Tras volver a Armenia, Mesrop, con un puñado de alumnos, se consagró a una fecunda labor. Se tradujeron al armenio la  Biblia, en forma casi íntegra, y otros libros religiosos, se abrieron escuelas en distintas zonas del país y Mesrop se dedicó personalmente a predicar entre el pueblo. Realizó actividades culturales en Georgia y Albania. 

[Invención del alfabeto armenio - En esta empresa colaboraron con Mesrop el rey Vramshapuh y el catolicós Sahak Partev, lo que significa que el problema de tener letras propias era una preocupación fundamental para la Iglesia y el Estado. Mesrop inventó los caracteres armenios con tanta perfección y precisión, que no solamente satisfizo los requerimientos del sistema fonético del idioma armenio, sino que hasta hoy no han sufrido modificación fundamental alguna. Posteriormente se agregaron las letras o (o) y fe (efe)]. Mesrop Mashtóts falleció el 17 de febrero del 440 y fue enterrado en la aldea de 0shakán. Después de su muerte el hazarapet Vahán Amatuni hizo erigir sobre su tumba un templo a la memoria del gran maestro, que con el nombre de Santo Traductor ha sido lugar de peregrinación para el pueblo.

El pueblo armenio considera a Mesrop no sólo el inventor del alfabeto armenio, sino el fundador de la cultura armenia escrita, el primer maestro de armenio y el primer traductor, cuya colosal obra dio origen al luminoso renacimiento del siglo V conocido como Siglo de Oro e iluminó toda la historia nacional.

 

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Unknown - German, Regensburg, about 1030 - 1040
Tempera colors, gold leaf, and ink on parchment
9 1/8 x 6 5/16 in. - MS. LUDWIG VII 1, FOL. 28V

 

Que la historia de los miembros de la Iglesia Católica tenga sus periodos negros, y que algunos cometieran crímenes en nombre de la fe, eso lo ha reconocido, y se ha arrepentido públicamente, la propia Iglesia Católica. Las referencias históricas están muy bien, pero a condición de que no se utilicen para ocultar la realidad, y la realidad es que aún hoy la Iglesia Católica sigue siendo insultada y agredida, se incendian o dinamitan iglesias, se asesinan a presbíteros [curas], sin que la Santa Sede exija venganza, ni siquiera recurra ante los tribunales; al contrario, la Iglesia clama por el perdón y la reconciliación. Todos los obispos lamentan incluso las caricaturas danesas sobre el señor Mahoma, en nombre del respeto a todas las religiones y recuerdan el deber de reciprocidad en la libertad de practicar la religión. Porque muchos están interesados en olvidar que, en todos los países musulmanes la práctica-apologética «en libertad total y sin aprehensión» de otra religión está prohibida, y en algunos, la libertad de religión existe solo como ‘etiqueta’ sobre el papel. De nada sirve hablar de libertad cuando el derecho de practicarla públicamente está condicionado por leyes político-mahomentanas que ‘incluso’ llaman a la pena de muerte a quien posee una Biblia (ej.:Arabia Saudita). La tolerancia sin verdad es hipocresía. Al islam lo que lo define es la conquista del poder mezclado con un elemento religioso. Falta coraje en el islam para decir que la raíz de la violencia está en unir política y religiónLa ideología marxista hacía lo mismo, sólo que ésta rechazaba a Dios. El comunismo causó más de cien millones de muertos y todavía es la causa de la opresión de centenares de millones de seres humanos. El islamismo es también opresor y lo malo es que el daño que puede hacer a Occidente no sólo está en el pasado sino también en el futuro.MMVI.II.

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Historia y libertad - “La libertad que Dios al hombre dio, no la quite el hombre en nombre de Dios”.

 

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Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

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Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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Historia - La historia de la Iglesia es una historia de muchos y diversos movimientos de reforma. Ver el libro de san Cipriano, De lapsis, escrito poco después de la persecución de Decio del año 250-251

 

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Historia - La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

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Historia - La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

 

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

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Como tampoco hoy -ni dentro de 500 años- podemos poner en tela juicio el gran valor de la ‘democracia’, porque haya policías corruptos, existan jueces pervertidos, sectas embusteras o hijos que esclavizan a sus padres. De allí, para combatir tales desvíos, la Iglesia promovió siempre el alto saber, educando en las diversas ciencias a sus presbíteros. Luego estos, sea en torno de sus parroquias en medio del y con el pueblo llano o en las escuelas superiores de los monasterios, estudiaban y enseñaban para que sepan lograr todos en común la virtud, ampliar el entendimiento, usar la inteligencia, procurar la justicia, dar testimonio cristiano. MM.

 

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CONTRA LA CONTAMINACIÓN HISTÓRICA - La Inquisición española y americana, -diversamente en forma y medida, a la Inquisición protestante, por ejemplo con respecto a los judíos*-, sí tuvo jurisdicción sobre los ciudadanos cristianos cuyas conductas afectaban los valores básicos de la propia identidad colectiva. La justicia penal ordinaria actuaba bajo conceptos e instrumentos similares. Ambas, derecho civil y derecho religioso, entraban en un comportamiento lógico estructural de la existencia misma del “Tribunal”, que resulta ser en definitiva, formalización en el tiempo de una función sociológica universal y permanente –la función de ‘control social’- ejercida absolutamente por todas las sociedades humanas conocidas para defender los valores que se consideran básicos en el mantenimiento de la propia identidad colectiva.  La justicia siempre necesita una investigación judicial, cuyas estructuras, coyunturas y acontecimientos van modificándose acordes a los tiempos históricos que toca vivir. En cada cabeza departamental, existe hoy un ‘Tribunal’ con un comportamiento lógico estructural a su misma existencia; que podemos mejorar pero nadie atiza fuegos para destruirlo… acontece más bien lo contrario. Caminando se dejan huellas e hilvanan un tejido histórico que suscitará mañosas como hábiles polémicas; con ardid, controversias alimentadas por las deformaciones ideológicas interesadas o, careciendo de conocimientos en las fuentes, muchos faltarán de objetividad. Historiadores artificiosos -contaminados y contaminantes- que confunden en analizar las tensiones, cometen errores de análisis y caen en parcialidades para mostrarlas como un todo. Obvio que todo Tribunal puede caer en excesos, disminuir importancias, descuidar datos y hasta tergiversar la propia investigación con consecuencias desastrosas. Lo esencial contra la contaminación es ubicarse en el contexto histórico, conocer el sistema orgánico del momento y sus reglas sociales; captar la mentalidad de época, sus lenguajes -inexactos a nos como técnicas inapropiadas-. Otrora, el judío converso, es decir, el judío que abandonaba su religión y abrazaba la cristiana, ya fuera por convencimiento, miedo, conveniencia política o por intereses financieros, dejaba de ser judío y a partir de ese momento se le consideraba cristiano.  Si su nuevo credo se deterioraba o practicaba la anterior religión, entonces sí, caía bajo la jurisdicción de la Inquisición. Pero no como judío, sino como ciudadano cristiano. Ahora bien, quien piensa que el judío converso seguía siendo judío por su origen de sangre, entonces ya nos habla de raza. El exclusivismo judío no es una quimera, es una realidad histórica, desde –continuar a finales del segundo milenio- a creerse el pueblo elegido de Dios, «único, exclusivo y excluyente», como si los demás pueblos no fueran hijos de Dios. Y en realidad, la tendencia a no mezclarse con los gentiles por medio de matrimonio, puede denotar –en ciertos casos- una señal con algo de exclusivismo. Conducta esta que también sedujo a ciertos cristianos, pero condenada por el Rey de lo judíos: Cristo Jesús.

CDV. 2006-11-11

*[En la Edad Media se esgrimía una razón religiosa para alimentar el odio contra los judíos. Sin embargo, para el pueblo judío, el mundo moderno –Lenin y Hitler sc.XX- aún fue mucho más cruel que la Edad Media». Hubo dos antisemitismos clásicos, el más benigno fue el religioso (España), el más terrible, el racial (Francia, Alemania bajo Lutero, Ucrania, Rusia, Centro Europa...). Aarón Appelfeld-(judío)  ‘ABC’ 2005-02-08]

 

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Algunos mitos protestantes

 

Sobre la supuesta "ignorancia bíblica" de los tiempos medievales

Autores varios.

www.apologetica.org

La obra Sección I del Griego del Nuevo Testamento, que facilita en sus cursos de lenguas bíblicas la entidad protestante s.e.u.t. (Seminario Evangélico Unido de Teología, ligado a la Iglesia Evangélica Española y a la Iglesia Española Reformada Episcopal), no se centra en la lengua griega, como sería de esperar, sino que incursiona en el terreno de la exégesis y de la historia al exponer algunos de los principios "exegéticos" de la pseudo-reforma protestante, así como al enseñar sin rubor los mitos de la historiografía "reformada". Vamos a ver cómo esta obra maestra de manipulación ideológica carece de base científica y bíblica.

Mito primero

Se trata de la supuesta ignorancia de los pueblos de Europa en materia bíblica antes de la pseudo-reforma protestante, tal y como se afirma en la lección 34 de la Sección I (pág. 5.8), donde se dice a propósito de la Edad Media, la "Edad de las tinieblas", que dicha ignorancia se debía a estar escrita la Biblia "sólo en idiomas antiguos, como el latín y el griego. La Biblia estaba sólo disponible, mayormente, en latín, y el hombre corriente de entonces no estaba más versado en latín que el operario de una fábrica de Ford en la actualidad"; y "un poco antes de la Reforma, algunos comenzaron a traducir la Biblia a lenguas europeas (...) a pesar de la terrible oposición y persecución".

Parece imposible mayor número de falsedades en tan pocas líneas. 

Vamos por partes:

1) La Edad Media comienza en el siglo V d.C., a contar desde el año de la caída de Roma. En dicha época la mitad occidental del antiguo imperio romano, dominada por los bárbaros, hablaba latín y disponía de una excelente versión de la Biblia: la Vulgata de San Jerónimo; la mitad oriental del imperio, que sobrevivió hasta que los turcos conquistaron Constantinopla en el siglo XV, hablaba griego y podía leer en esa lengua tanto en Nuevo Testamento como el Viejo (este último en varias versiones, como la de los LXX); de suerte que en la Edad Media el pueblo tenía un conocimiento amplísimo de las Escrituras.

2) La Biblia se traducía a las lenguas vernáculas muchos siglos antes de la pseudo-reforma de Lutero, Calvino y compañía, pues:

a) Los santos católicos Cirilio y Metodio tradujeron la Biblia al búlgaro antiguo en el siglo IX, ¡en plena Edad Media, la "Edad de las tinieblas"! (cf. Lengua y Literatura Latinas I, autores varios, UNED, Madrid, 1986, pág. 32, e Iniciación a la fonética, fonología y morfología latinas, José Molina Yébenes, Publicacions Universitat de Barcelona: Barcelona 1993, pág. 4); así, los búlgaros podían leer la Biblia en su lengua.

b) El obispo Ulfilas (arriano, no católico), evangelizador de los godos de Dacia y Tracia, tradujo la Biblia al gótico pocos años antes de que San Jerónimo acabara la Vulgata, de suerte que cuando llegaron las "tinieblas" medievales ¡los godos podían leer la Biblia en su lengua materna! (cf. José Molina Yévenes, op. cit., pág. 5; Esteban Torre, Teoría de la traducción literaria, Ed. Síntesis, 1994, pág. 24, y UNED, op. cit., pág. 32).

c) El monje católico Beda el Venerable tradujo al anglosajón o inglés antiguo el Evangelio de San Juan poco antes de su muerte, acaecida en el año 735, o sea: ¡en plena Edad Media, "la Edad de las tinieblas"! (cf. Esteban Torre, op. cit., pág. 24).

d) El gran historiador Giuseppe Riciotti, autor de obras meritísimas como Vida de Jesucristo (Ed. Luis Miracle, Barcelona 1978) e Historia de Israel (Ed. Luis Miracle, Barcelona 1949), nos informa en su introducción a la Sagrada Biblia de que, en Italia, "la Biblia en lengua vulgar era popularísima en los siglos XV y XVI", y de que "desde el siglo XIII se poseen" traducciones italianas de la Biblia, aunque "se trata de traducciones parciales", es decir, aunque se trata de traducciones de los libros sagrados más memorables y accesibles, pues a nadie, excepción hecha de unos cuantos eruditos, le interesaba, p. ej., el elenco interminable y fastidiosísimo de las genealogías del libro de los Números (tomado de sì sì no no, n. 70, abril 1998, pág. 7).

e) La obra Historia de la Literatura I (Antigua y Medieval) (autores varios, UNED, Madrid, 1991, pág. 103) nos informa de lo siguiente tocante a las versiones castellanas de la Biblia: "hallamos en el siglo XIII otro grupo de obras formado por las traducciones de la Biblia que se realizaron en este periodo. Ya en la primera mitad del siglo nos encontramos con el primer texto conservado que se incluye en este grupo: la Fazienda de Ultramar. Pese a que algunos han querido retrasar su redacción hasta mediados del siglo XII, no parece, por su lengua, que fuere escrita en fecha tan temprana. No es una simple versión de la Biblia. Contiene, junto a la propia traducción (realizada, al parecer, no directamente de la Vulgata sino de una traducción latina del siglo XII efectuada sobre los textos hebreos), otra serie de materiales: descripciones geográficas, relatos tomados de la antigüedad clásica... Parece que pretende ser una especie de guía para los peregrinos que viajaban a Tierra Santa. Mediante estas traducciones de la Biblia se consiguió que personas que sabían leer en su propia lengua pudiesen recibir más directamente las enseñanzas religiosas. Las versiones eran también aprovechadas para lectura en voz alta realizada en grupos reducidos. La Iglesia española de la época no era muy partidaria de las Biblias romances, y de hecho en el Concilio de Tarragona de 1233 llegó a prohibir su lectura. Pese a ello la traducción de las Escrituras no fue abandonada, se desarrolló ampliamente a lo largo del siglo XIII y las Biblias romanceadas fueron leídas incluso por los reyes de la época".

Está claro: mucho antes de Calvino y Lutero, el pueblo castellano leía la Biblia en su lengua. La enorme extensión de las traducciones castellanas muestran que el derecho prohibitivo del Concilio Tarraconense o no se aplicó o enseguida cayó en desuso. Dicha decisión conciliar tenía su explicación: antes de autorizar la lectura de una versión había que mirar si acaso estaba bien hecha, sin falseamientos del texto sagrado. La escasa calidad literaria de las versiones junto con el aditamento de otros materiales no era de lo más a propósito para alejar toda sospecha; pero no se persiguió a nadie por traducir la Biblia al castellano, lo cual es muy significativo.

f) "La Edad Media presenció el florecimiento en Francia de un gran número de traducciones de la Sagrada Escritura a todas las lenguas y dialectos de Oc y de Oil [para todas las antiguas versiones francesas nos remitimos a: P. C. Chauvin, La Bible depuis ses origines jusqu´à nos jours]. Se poseen algunas que se remontan al siglo XII e incluso a finales del XI. En el siglo XIII, la Universidad de París presentó una traducción de ambos Testamentos que hizo ley durante mucho tiempo. Con todo, aparecieron otras versiones francesas, particularmente en el siglo XIV. Una de ellas, la de Guyart Desmoulins, de finales del siglo XIII pero actualizada tocante al estilo, se imprimió desde 1478 en cuanto al Nuevo Testamento, y en su totalidad en 1487" (Daniel Raffard de Brienne, Traductor, Traditor.
Les nouvelles traductions de l´Écriture Sainte, en la revista Lecture et Tradition, julio-agosto de 1986).

Lutero se jactaba de haber sido el primero en traducir la Biblia al alemán, pero ya el heresiarca Calvino le recordó que dicho honor no le pertenecía; en efecto, sabemos que el fraile editó en 1522 el Nuevo Testamento, y en 1532 lo restante, y que "se ha dicho de esta versión, con gran falta de verdad histórica, que era la primera versión alemana en lengua vernácula, cuando para entonces sólo en Alemania había catorce versiones en lengua erudita y cinco en lengua corriente. Además había muchas versiones parciales, como del Nuevo Testamento, de los Salmos... (cf. Janssen: Geschichte des deutschen Volkes seit dem Ausgang des Mittelalters, 8 vv., Friburgo, 1883-1893, tomo I, pág. 51)" (Francisco J. Montalbán, S.I., Los Orígenes de la Reforma Protestante, Razón y Fe, Madrid 1942, pág. 129).

g) El gran historiador Ricardo García-Villoslada nos informa también de las versiones germánicas de la Biblia antes de Lutero: "Muchos opinan que la obra principal de Martín Lutero en su vida fue la traducción de la Sagrada Escritura al idioma de su pueblo. No cabe duda que la versión vernácula de la Biblia y la divulgación de la misma, ofreciéndola como única norma de fe, jugó un papel importantísimo en la fundación y establecimiento de la Iglesia luterana. Exagerando sus méritos, por otra parte innegables, solía repetir que en la Iglesia, antes de él, nadie conocía ni leía la Biblia (Tischr. 3795 III 690; ibid., 6044 V 457 y otros muchos lugares). Hoy el lector se ríe de tan injustas aseveraciones, dictadas por la pasión. Recuérdese lo que dijimos de la lectura de la Biblia cuando Fr. Martín era novicio en Erfurt. Francisco Falk ha contado no menos de 156 ediciones desde la invención de la imprenta hasta 1520 (F. Falk, Die Bibel am Ausgange des Mittelalters [Maguncia 1905] 24). Sebastián Brant comienza su conocido poema Nave de los locos (1494) con estos versos: `Todos los países están hoy llenos de Sagrada Escritura -y de cuanto atañe a la salud de las almas-, de la Biblia´, etc. Traducciones alemanas de toda la Sagrada Escritura existían no pocas antes de Lutero, por lo menos catorce en alto alemán y cuatro en bajo alemán, sin contar las versiones parciales, salterios, evangeliarios, etc. En el siglo XIV se hizo en Baviera una traducción total, que el impresor alsaciano Juan Mentelin hizo estampar en Estrasburgo en 1466, y que con algunas modificaciones fue reimpresa trece veces antes de que apareciese la de Lutero, llegando a ser como una Vulgata alemana, según Grisar. (Puede consultarse la gran edición de W. Kurrelmeyer, Die erste deutsche Bibel [Tubinga 1903-15], 10 tomos con el texto primigenio y las correcciones de las 13 ediciones posteriores. Véase también W. Kurrelmeyer, The Genealogy of the Prelutheran Bibles, en The Journal of Germanic Philology, 3,2 [1900] 238-47; W. Walter, Die Deutsche Bibel: übersetzung des Mittelalters, Braunschweig 1889-92)" (García-Villoslada, Martín Lutero, BAC, Madrid 1976, t. II, pág. 399).

h) También se puede mencionar la traducción de la Biblia, en la Edad Media, a otras lenguas indoeuropeas, como el armenio (cf. UNED, op. cit., pág. 30 y Molina Yébenes, op. cit., pág. 4), hecha en el siglo V, ¡el siglo en que comienza la "Edad de las tinieblas"!

Con lo dicho hasta ahora es suficiente para demoler uno de los mitos de la historiografía protestante: la tremenda ignorancia en punto a la Biblia en que la malvada Iglesia Católica mantenía a los pueblos cristianos medievales.

Mito segundo

En la Edad Media "la mayoría de las personas no sabían leer ni escribir. Así que estaban `a oscuras´ por lo que respecta a toda clase de conocimiento, ya que no podía ser comunicado" (Lección 34 de la Sección I, pág. 5.8).

¡Esto es genial! ¿Dónde debió estudiar historia el autor? ¿En un cursillo televisivo de la BBC?

Veamos lo que nos dice sobre este asunto esa ciencia llamada Historia: "En la Edad Media, como en todas las épocas, el niño va a la escuela. Por lo general, es la escuela de su parroquia o del monasterio más cercano. En efecto, todas las iglesias tienen una escuela: a ello obliga el Concilio de Letrán de 1179, y en Inglaterra, país más conservador que el nuestro, todavía puede verse la iglesia junto a la escuela y el cementerio. Muchas veces son fundaciones señoriales las que garantizan la instrucción de los niños; Rosny, una pequeña aldea a orillas del Sena, tenía desde comienzos del siglo XVIII una escuela que había fundado hacia el año 1200 su señor Gui V Mauvoisin. Otras veces se trata de escuelas exclusivamente privadas; los habitantes de un poblado se asocian para mantener a un maestro que toma a su cargo la enseñanza de los niños. (...)También los capítulos de las catedrales estaban sometidos a la obligación de enseñar dictada por el Concilio de Letrán (Nota 1: En cada diócesis, dice Luchaire, aparte de las escuelas rurales o parroquiales que ya existían... los capítulos y los principales monasterios tenían sus escuelas, su personal de profesores y alumnos. La societé française au temps de Philippe Auguste, pág. 68). El niño entraba en ellas [en las escuelas] a los siete u ocho años de edad, y la enseñanza que preparaba para los estudios universitarios se extendía a lo largo de una década, lo mismo que hoy, de acuerdo con los datos que proporciona el abad Gilles el Muisit. Varones y niñas estaban separados; para las niñas había establecimientos particulares, tal vez menos numerosos, pero donde los estudios alcanzaban a veces niveles muy altos. La abadía de Argenteuil, donde se educó Eloísa, proporcionaba el aprendizaje de la Sagrada Escritura, letras, medicina y hasta cirugía, aparte del griego y el hebreo, que introdujo Abelardo. En general, las escuelas daban a sus alumnos nociones de gramática, aritmética, geometría, música y teología, que les permitían acceder a las ciencias que se estudiaban en la Universidad; algunas incluían alguna enseñanza técnica. La Histoire Littéraire menciona como ejemplo la escuela de Vassor en la diócesis de Metz, donde al mismo tiempo que aprendían la Sagrada Escritura y las letras, los alumnos trabajaban el oro, la plata y el cobre (Nota 2: L. VII, c. 29; registrado por J. Guiraud, Histoire partiale, histoire vraie, pág. 348). (...) En esta época los niños de las diferentes clases sociales se educaban juntos, como lo atestigua la conocida anécdota que presenta a Carlomagno irritado contra los hijos de los barones, que eran perezosos, contrariamente a los hijos de los siervos y los pobres. La única distinción que se hacía era la de la retribución, dado que la enseñanza era gratuita para los pobres y de pago para los ricos. Veremos que esa gratuidad podía prolongarse mientras duraran los estudios y también extenderse al acceso al título, puesto que el ya mencionado Concilio de Letrán prohíbe a las personas cuya función era dirigir y controlar las escuelas `que exijan a los candidatos al profesorado una remuneración para que se les otorgue el título´. Por otra parte, en la Edad Media había poca diferencia en la educación que recibían los niños de diferente condición; los hijos de los vasallos más humildes se educaban en la mansión señorial junto a los del señor, los hijos de los burgueses ricos estaban sometidos al mismo aprendizaje que el del más humilde artesano si querían atender a su vez el comercio paterno. Ésta es sin duda la razón por la cual hay tantos grandes de origen humilde: Suger, que gobernó Francia durante la cruzada de Luis VII, era hijo de siervos; Maurice de Sully, el obispo de París que hizo construir la iglesia de Nôtre-Dame, nació de un mendigo; San Pedro Damián fue porquero en su infancia, y Gerbert d´Audrillac, una de las luces más fulgurantes de la ciencia medieval, fue también pastor; el papa Urbano VI era hijo de un zapatero de Troyes, y Gregorio VII, el gran Papa de la Edad Media, de un pobre cabrero. A la inversa, muchos grandes señores son letrados cuya educación no debió diferir en mucho de la de los clérigos: Roberto el Piadoso componía himnos y secuencias latinas; Guillermo IX, príncipe de Aquitania, fue el primero de los trovadores; Ricardo Corazón de León nos dejó poemas, lo mismo que los señores de Ussel, de Baux y muchos otros; para no hablar de casos más excepcionales como el del rey de España Alfonso X" (Régine Pernoud, A la luz de la Edad Media, Ed. Juan Granica, Barcelona 1988, págs. 115-118).

Todo lo anterior, pura historia, nos presenta un cuadro de la Edad Media muy distinto del dibujado por la mitología protestante: la instrucción era vastísima, todo el mundo tenía acceso al conocimiento de las Escrituras, y la cultura era gratuita para los pobres (lo contrario de lo que ocurre en nuestro mundo protestantizado). ¿Dónde están, pues, las "tinieblas" medievales? Tan sólo en la mente de los mitógrafos protestantes.

Luis Fernando Pérez - MMIII  luisfdo@civitasdei.com

 

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«La verdadera libertad se demuestra actuando con responsabilidad. Proclamad la alegría de Cristo en nuestro tiempo» S.S.Benedicto PP XVI. Somos hijos de la Iglesia fundada por Jesús y celebramos a María, la madre de nuestro Salvador. MMVI

 

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…[…]…

 

Javier Paredes. El protagonista del día es Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta en 1450, que falleció el 3 de febrero de 1468. Por lo tanto, hasta 1450 no había otros libros que los manuscritos que hacían los monjes. En la realización de un solo ejemplar podían emplearse hasta diez años. Labor esta no pocas veces ocultada y distorsionada cuando se culpa a la Iglesia de oscurantismo, que sólo puede ser admitida cuando el receptor está troquelado por la ignorancia.

 

En honor a la verdad, hay que decir que la imprenta ya la habían inventado los chinos unos siglos antes. Bien entendido que la imprenta china o xilografía, trabajaba con plantillas de madera, que por el desgaste que sufrían, no podían hacer muchas copias. Por el contrario, Gutemberg confeccionó unos moldes de madera que rellenó con hierro, lo que le permitió hacer tiradas mayores. Y fue así como se imprimieron las primeras 150 Biblias, un negocio económicamente ruinoso para Gutemberg, pero a la vez un paso de gigante para la ciencia y la cultura.

 

Hace años había un programe en televisión, que se titulaba “Todo está en los libros”. Y es verdad, el problema es que hay que leerlos. Y leer, lo que se dice leer libros, eso lo hace muy poca gente. Concretamente, el  30% de los españoles confiesa que no lee ningún libro y otro 15 %, más pudorosamente, manifiesta que casi nunca dedica tiempo  a la lectura, lo que traducido a lenguaje médico equivale a decir que prácticamente la mitad de la población española tiene alergia a los libros. Tanta ignorancia iletrada es la causa de que la sociedad española se haya metido en un laberinto, porque casi la mitad de los españoles sin ser analfabetos, viven como si lo fueran, por lo que con toda propiedad les podemos denominar “abecedetos”. II. 2014

 

http://www.diarioya.es/content/los-“abecedetos”-la-mitad-de-los-españoles-que-sin-ser-analfabetos-viven-como-si-lo-fueran#sthash.M4G1Wb4P.dpuf

 

 

 

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Decapitación de San Pablo - Monasterio de Ripoll - ESPAÑA

Ejemplo del estudio bíblico en el medioevo español

 

 

La Biblia de Ripio - ESPAÑA

 

Las Biblias de Ripoll se escribieron en el primer cuarto del siglo XI en el scriptorium del monasterio de Santa María de Ripoll.

Del scriptorium de Ripoll salieron tres ejemplares de la Biblia. Uno de ellos desapareció en el incendio de 1835. El segundo ejemplar de la Biblia de Ripoll es el que se encuentra actualmente en la Biblioteca Vaticana y que por error se atribuyó al Monasterio de Farfa (Biblia de Farfa). Copiada en Ripoll entre los años 1015 y 1020, los monjes de San Victor la trasladaron a Marsella en el 1170. El formato es de gran infolio. Contiene, además de los libros bíblicos, más de 200 prólogos, sumarios y textos introductorios, que constituyen una especie de enciclopedia de la Sagrada Escritura. La gran cantidad de miniaturas y dibujos que contiene sobre los libros históricos del Antiguo Testamento y los evangelios, la convierten en una de las Biblias con más ilustraciones de la Edad Media. El tercer ejemplar conocido como la Biblia de Roda se copió en el scriptorium de Ripoll entre el 1010 y el 1015 y en el siglo XII fué trasladada al Monasterio de Sant Pere de Rodes, de donde toma su nombre. Fué sacada de aquel monasterio como botín de guerra en 1693 por el mariscal Noailles y actualmente se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.

 

El scriptorium de Ripoll

Además de escribanos, el scriptorium albergaba iluminadores y miniaturistas autores de los dibujos y miniaturas de la Biblia que fueron la fuente iconográfica de la portada del monasterio. La formación de determinadas tendencias artísticas caracterizaron a Ripoll como uno de los centros de pintura y escultura durante el periodo románico.

Del scriptorium de Ripoll, salieron también otras obras capitales de la historiografía catalana como las diversas redacciones de las Gesta comitum Barcinonensium et regum Aragonum iniciadas bajo el reinado de Ramon Berenguer IV.
Los Cronicons Rivipul.lenses, el panegírico latino catalán Carmen Campidoctoris (1098-99) (Canto del Campeador) de 129 versos narrando las gestas del Cid y su enfrentamiento con el conde de Barcelona, la Brevis historia monasterii Rivipul.lensis (1147) y los Carmina Rivipullensia (o cancionero erótico de Ripoll) , que contiene, entre muchas otras poesías, veinte composiciones de tema amoroso y estilo goliárdico, son algunas de las obras producidas.

Anticipándose en más de un siglo al resto de traducciones de la peninsula, del scriptorium de Ripoll surgirían en el siglo X un conjunto de traducciones al latín de obras matemático - astronámicas árabes que más tarde se difundirían por Europa: Geometrias Sphaera, Mensura Astrolabii, etc.

 

Rudimentario mapa de la Península Ibérica - ESPAÑA

Archivo de la Corona de Aragón, Manuscritos de Ripoll 106, fol. 82r.

El mapa ilustra un texto titulado Demostratio artis geometricae ex multis voluminibus digestum, contenido en un manuscrito misceláneo del s. XI procedente del Monasterio de Santa María de Ripoll. Ripoll fue en el siglo XI un centro cultural de singular importancia en los territorios catalanes. De su biblioteca ingresaron en el Archivo de la Corona de Aragón una Aritmética y un De musica de Boecio, del s. XI, un tratado sobre el astrolabio, con la primera traducción de la ciencia árabe, etc. Presenta la Península Ibérica en forma de pentágono invertido. De izquierda hacia abajo y luego hacia la derecha, recoge las ciudades de Narbona, Impurias, Ierunda, Barchinona, Terrachona, Cartago, Gadis, Bracaram y Vrigancia civitas. Su utilidad como información cartográfica es nula. 2005.

http://www.davinci-systems.es/ripoll/biblia.htm 

 

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 16. De Constanza. 1414-1418. (Alemania).

 

 

Papa Gregorio XII Contra el cisma de Martín V Occidente, Wiclef, Juan Huss y Jerónimo de Praga.

Fin del Cisma Occidental. Condénanse los errores de Wickleff sobre los Sacramentos y la constitución de la Iglesia, y también los errores de Juan Huss sobre la Iglesia invisible de los predestinados.

 

Magisterio del C.E de Constanza 

 

XVI ecuménico (contra Wicleff, Hus, etc)

SESION VII (4 de mayo de 1415)

Errores de Juan Wicleff

[Condenados en el Concilio y por las Bulas Inter cunctas e In eminentis de 22 de febrero de 1418

1. La sustancia del pan material e igualmente la sustancia del vino material permanecen en el sacramento del altar.

2. Los accidentes del pan no permanecen sin sujeto en el mismo sacramento.

3. Cristo no está en el mismo sacramento idéntica y realmente por su propia presencia corporal.

4. Si el obispo o el sacerdote está en pecado mortal, no ordena no consagra, no realiza, no bautiza.

5. No está fundado en el Evangelio que Cristo ordenara la misa.

6. Dios debe obedecer al diablo.

7. Si el hombre estuviere debidamente contrito, toda confesión exterior es para él superflua e inútil.

8. Si el Papa es un precito y malo y, por consiguiente, miembro del diablo, no tiene potestad sobre los fieles que le haya sido dada por nadie, sino es acaso por el César.

9. Después de Urbano VI, no ha de ser nadie recibido por Papa, sino que se ha de vivir, a modo de los griegos, bajo leyes propias.

10. Es contra la Sagrada Escritura que los hombres eclesiásticos tengan posesiones.

11. Ningún prelado puede excomulgar a nadie, si no sabe antes que está excomulgado por Dios. Y quien así excomulga, se hace por ello hereje o excomulgado.

12. El prelado que excomulga al clérigo que apeló al rey o al consejo del reino, es por eso mismo traidor al rey y al reino.

13. Aquellos que dejan de predicar o de oír la palabra de Dios por motivo de la excomunión de los hombres, están excomulgados y en el juicio de Dios serán tenidos por traidores a Cristo.

14. Lícito es a un diácono o presbítero predicar la palabra de Dios sin autorización de la Sede Apostólica o de un obispo católico.

15. Nadie es señor civil, nadie es prelado, nadie es obispo, mientras está en pecado mortal.

16. Los señores temporales pueden a su arbitrio quitar los bienes temporales de la Iglesia, cuando los que los poseen delinquen habitualmente, es decir, por hábito, no sólo por acto.

17. El pueblo puede a su arbitrio corregir a los señores que delinquen.

18. Los diezmos son meras limosnas, y los feligreses pueden a su arbitrio suprimirlas por los pecados de sus prelados.

19. Las oraciones especiales, aplicadas a una persona por los prelados o religiosos, no le aprovechan más que las generales, caeteris paribus (en igualdad de las demás circunstancias).

20. El que da limosna a los frailes está ipso facto excomulgado.

21. Si uno entra en una religión privada cualquiera, tanto de los que poseen, como de los mendicantes, se vuelve más inepto e inhábil para la observancia de los mandamientos de Dios.

22. Los santos, que instituyeron religiones privadas, pecaron instituyéndolas así.

23. Los religiosos que viven en las religiones privadas, no son de la religión cristiana.

24. Los frailes están obligados a procurarse el sustento por medio del trabajo de sus manos, y no por la mendicidad.

25. Son simoníacos todos los que se obligan a orar por quienes les socorren en lo temporal.

26. La oración del precito no aprovecha a nadie.

27. Todo sucede por necesidad absoluta.

28. La confirmación de los jóvenes, la ordenación de los clérigos, la consagración de los lugares, se reservan al Papa y a los obispos por codicia de lucro temporal y de honor.

29. Las universidades, estudios, colegios, graduaciones y magisterios en las mismas, han sido introducidas por vana gentilidad, y aprovechan a la Iglesia tanto como el diablo.

30. La excomunión del Papa o de cualquier otro prelado no ha de ser temida por ser censura del anticristo.

31. Pecan los que fundan claustros, y los que entran en ellos son hombres diabólicos.

32. Enriquecer al clero es contra la regla de Cristo.

33. El Papa Silvestre y Constantino erraron al dotar a la Iglesia.

34. Todos los de la orden de mendicantes son herejes, y los que les dan limosna están excomulgados.

35. Los que entran en religión o en alguna orden, son por eso mismo inhábiles para observar los divinos mandamientos y, por consiguiente, para llegar al reino de los cielos, si no se apartaren de las mismas.

36. El Papa con todos sus clérigos que poseen bienes, son herejes por el hecho de poseerlos, y asimismo quienes se lo consienten, es decir, todos los señores seculares y demás laicos.

37. La Iglesia de Roma es la sinagoga de Satanás, y el Papa no es el próximo e inmediato vicario de Cristo y de los Apóstoles.

38. Las Epístolas decretales son apócrifas y apartan de la fe de Cristo, y son necios los clérigos que las estudian.

39. El emperador y los señores seculares fueron seducidos por el diablo para que dotaran a la Iglesia de Cristo con bienes temporales.

40. La elección del Papa por los cardenales fue introducida por el diablo.

41. No es de necesidad de salvación creer que la Iglesia Romana es la suprema entre las otras iglesias.

42. Es fatuo creer en las indulgencias del Papa y de los obispos.

43. Son ilícitos los juramentos que se hacen para corroborar los contratos humanos y los comercios civiles.

44. Agustín, Benito y Bernardo están condenados, si es que no se arrepintieron de haber poseído bienes, de haber instituído religiones y entrado en ellas; y así, desde el Papa hasta el último religioso, todos son herejes.

45. Todas las religiones sin distinción han sido introducidas por el diablo

Las censuras teológicas de estos 45 artículos, v. entre las preguntas que han de proponerse a los wicleffitas y hussitas n. 11 [infra, 661].

 

SESION XIII (15 de junio de 1415)

Definición sobre la comunión bajo una sola especie

Como quiera que en algunas partes del mundo hay quienes temerariamente osan afirmar que el pueblo cristiano debe recibir el sacramento de la Eucaristía bajo las dos especies de pan v de vino, y comulgan corrientemente al pueblo laico no sólo bajo la especie de pan, sino también bajo la especie de vino, aun después de la cena o en otros casos que no se está en ayunas, y como pertinazmente pretenden que ha de comulgarse contra la laudable costumbre de la Iglesia, racionalmente aprobada, que se empeñan en reprobar como sacrílega; de ahí es que este presente Concilio declara, decreta y define que, si bien Cristo instituyó después de la cena y administró a sus discípulos bajo las dos especies de pan y vino este venerable sacramento; sin embargo, no obstante esto, la laudable autoridad de los sagrados cánones y la costumbre aprobada de la Iglesia observó y observa que este sacramento no debe consagrarse después de la cena ni recibirse por los fieles sin estar en ayunas, a no ser en caso de enfermedad o de otra necesidad, concedido o admitido por el derecho o por la Iglesia. Y como se introdujo razonablemente, para evitar algunos peligros y escándalos, la costumbre de que, si bien en la primitiva Iglesia este sacramento era recibido por los fieles bajo las dos especies; sin embargo, luego se recibió sólo por los consagrantes bajo las dos especies y por los laicos sólo bajo la especie de pan [v. 1.: E igualmente, aunque en la primitiva Iglesia este sacramento se recibía bajo las dos especies; sin embargo, para evitar algunos escándalos y peligros se introdujo razonablemente la costumbre de que por los consagrantes se recibiera bajo las dos especies, y por los laicos solamente bajo la especie de pan], como quiera que ha de creerse firmísimamente y en modo alguno ha de dudarse que lo mismo bajo la especie de pan que bajo la especie de vino se contiene verdaderamente el cuerpo entero y la sangre de Cristo... Por tanto, decir que guardar esta costumbre o ley es sacrílego o ilícito, debe tenerse por erróneo, y los que pertinazmente afirmen lo contrario de lo antedicho, han de ser rechazados como herejes y gravemente castigados por medio de los diocesanos u ordinarios de los lugares o por sus oficiales o por los inquisidores de la herética maldad.

 

SESION XV (6 de julio de 1415)

Errores de Juan Hus

[Condenados en el Concilio y en las Bulas antedichas, 1418]

1. Unica es la Santa Iglesia universal, que es la universidad de los predestinados.

2. Pablo no fue nunca miembro del diablo, aunque realizó algunos actos semejantes a la Iglesia de los malignos.

8. Los precitos no son partes de la Iglesia, como quiera que, al final, ninguna parte suya ha de caer de ella, pues la caridad de predestinación que la liga, nunca caerá.

4. Las dos naturalezas, la divinidad y la humanidad, son un soIo Cristo.

5. El precito, aun cuando alguna vez esté en gracia según la presente justicia, nunca, sin embargo, es parte de la Santa Iglesia, y el predestinado siempre permanece miembro de la Iglesia, aun cuando alguna vez caiga de la gracia adventicia, pero no de la gracia de predestinación.

6. Tomando a la Iglesia por la congregación de los predestinados, estuvieren o no en gracia, según la presente justicia, de este modo la Iglesia es artículo de fe.

7. Pedro no es ni fue cabeza de la Santa Iglesia Católica.

8. Los sacerdotes que de cualquier modo viven culpablemente, manchan la potestad del sacerdocio y, como hijos infieles, sienten infielmente sobre los siete sacramentos de la Iglesia, sobre las llaves, los oficios, las censuras, las costumbres, las ceremonias, y las cosas sagradas de la Iglesia, la veneración de las reliquias, las indulgencias y las órdenes.

9. La dignidad papal se derivó del César y la perfección e institución del Papa emanó del poder del César.

10. Nadie, sin una revelación, podría razonablemente afirmar de si o de otro que es cabeza de una Iglesia particular, ni el Romano Pontífice es cabeza de la Iglesia particular de Roma.

11. No es menester creer que éste, quienquiera sea el Romano Pontífice, es cabeza de cualquiera Iglesia Santa particular, si Dios no le hubiere predestinado.

12. Nadie hace las veces de Cristo o de Pedro, si no le sigue en las costumbres; como quiera que ninguna otra obediencia sea más oportuna y de otro modo no reciba de Dios la potestad de procurador, pues para el oficio de vicariato se requiere tanto la conformidad de costumbres, como la autoridad del instituyente.

13. El Papa no es verdadero y claro sucesor de Pedro, principe de los Apóstoles, si vive con costumbres contrarias a Pedro; y si busca la avaricia, entonces es vicario de Judas Iscariote. Y con igual evidencia, los cardenales no son verdaderos y claros sucesores del colegio de los otros Apóstoles de Cristo, si no vivieren al modo de los apóstoles, guardando los mandamientos y consejos de nuestro Señor Jesucristo.

14. Los doctores que asientan que quien ha de ser corregido por censura eclesiástica, si no quisiere corregirse, ha de ser entregado al juicio secular, en esto siguen ciertamente a los pontífices, escribas y fariseos, quienes al no quererlos Cristo obedecer en todo, lo entregaron al juicio secular, diciendo: A nosotros no nos es lícito matar a nadie [Ioh. 18, 81]; y los tales son más graves homicidas que Pilatos.

15. La obediencia eclesiástica es obediencia según invención de los sacerdotes de la Iglesia fuera de la expresada autoridad de la Escritura.

16. La división inmediata de las obras humanas es que son o virtuosas o viciosas; porque si el hombre es vicioso y hace algo, entonces obra viciosamente; y si es virtuoso y hace algo, entonces obra virtuosamente. Porque, al modo que el vicio que se llama culpa o pecado mortal inficiona de modo universal los actos de hombre, así la virtud vivifica todos los actos del hombre virtuoso.

17. Los sacerdotes de Cristo que viven según su ley y tienen conocimiento de la Escritura y afecto para edificar al pueblo, deben predicar, no obstante la pretendida excomunión; y si el Papa u otro prelado manda a un sacerdote, así dispuesto, no predicar, el súbdito no debe obedecer.

18. Quienquiera se acerca al sacerdocio, recibe de mandato el oficio de predicador; y ese mandato ha de cumplirlo, no obstante la pretendida excomunión.

19. Por medio de las censuras de excomunión, suspensión y entredicho, el clero se supedita, para su propia exaltación, al pueblo laico, multiplica la avaricia, protege la malicia, y prepara el camino al anticristo. Y es señal evidente que del anticristo proceden tales censuras que llaman en sus procesos fulminaciones, por las que el clero procede principalísimamente contra los que ponen al desnudo la malicia del anticristo, el cual ganará para sí sobre todo al clero.

20. Si el Papa es malo y, sobre todo, si es precito, entonces, como Judas, es apóstol del diablo, ladrón e hijo de perdición, y no es cabeza de la Santa Iglesia militante, como quiera que no es miembro suyo.

21. La gracia de la predestinación es el vinculo con que el cuerpo de la Iglesia y cualquiera de sus miembros se une indisolublemente con Cristo, su cabeza.

22. El Papa y el prelado malo y precito es equivocadamente pastor y realmente ladrón y salteador.

23. El Papa no debe llamarse "santísimo", ni aun según su oficio; pues en otro caso, también el rey había de llamarse santísimo según su oficio, y los verdugos y pregoneros se llamarían santos, y hasta al mismo diablo habría que llamarle santo, porque es oficial de Dios.

24. Si el Papa vive de modo contrario a Cristo, aun cuando subiera por la debida y legítima elección según la vulgar constitución humana; subiría, sin embargo, por otra parte que por Cristo, aun dado que entrara por una elección hecha principalmente por Dios. Porque Judas Iscariote, debida y legítimamente fue elegido para el episcopado por Cristo Jesús Dios, y sin embargo, subió por otra parte al redil de las ovejas.

25. La condenación de los 45 artículos de Juan Wicleff, hecha por los doctores, es irracional, inicua y mal hecha. La causa por ellos alegada es falsa, a saber, que "ninguno de aquéllos es católico, sino cualquiera de ellos herético o erróneo o escandaloso".

26. No por el mero hecho de que los electores o la mayor parte de ellos consintieren de viva voz según el rito de los hombres sobre una persona, ya por ello solo es persona legítimamente elegida, o por ello solo es verdadero y patente sucesor o vicario de Pedro Apóstol o de otro Apóstol en el oficio eclesiástico; de ahí que, eligieren bien o mal los electores, debemos remitirnos a las obras del elegido. Porque por el hecho mismo de que uno obra con más abundancia meritoriamente en provecho de la Iglesia, con más abundancia tiene de Dios facultad para ello.

27. No tiene una chispa de evidencia la necesidad de que haya una sola cabeza que rija a la Iglesia en lo espiritual, que haya de hallarse y conservarse siempre con la Iglesia militante.

28. Sin tales monstruosas cabezas, Cristo gobernaría mejor a su Iglesia por medio de sus verdaderos discípulos esparcidos por toda la redondez de la tierra.

29. Los Apóstoles y los fieles sacerdotes del Señor gobernaron valerosamente a la Iglesia en las cosas necesarias para la salvación, antes de que fuera introducido el oficio de Papa: así lo harían si, por caso sumamente posible, faltara el Papa, hasta el día del juicio.

30. Nadie es señor civil, nadie es prelado, nadie es obispo, mientras está en pecado mortal [v. 595].

Las censuras teológicas de estos 30 artículos, véanse entre las interrogaciones que han de proponerse a los wicleffitas y hussitas, n. 11 [Infra, 661].

 

Interrogaciones que han de proponerse a los wicleffitas y hussitas

[De la Bula antedicha Inter cunctas, de 22 de febrero de 1418]

[Los artículos 1-4, 9 y 10 tratan de la comunión con dichos herejes.]

5. Asimismo, si cree, mantiene y afirma que cualquier Concilio universal, y también el de Constanza representa la Iglesia universal.

6. Asimismo, si cree que lo que el sagrado Concilio de Constanza, que representa a la Iglesia universal, aprobó y aprueba en favor de la fe y para la salud de las almas, ha de ser aprobado y mantenido por todos los fieles de Cristo; y lo que condenó y condena como contrario a la fe o a las buenas costumbres, ha de ser tenido, creído y afirmado por los mismos fieles como condenado.

7. Asimismo, si cree que las condenaciones de Juan Wicleff, Juan Hus y Jerónimo de Praga, hechas sobre sus personas, libros y documentos por el sagrado Concilio general de Constanza, fueron debida y justamente hechas y como tales han de ser tenidas y firmemente afirmadas por cualquier católico.

8. Asimismo, si cree, mantiene y afirma que Juan Wicleff de lnglaterra, Juan Hus de Bohemia y Jerónimo de Praga fueron herejes y herejes han de ser llamados y considerados, y que sus libros y doctrinas fueron y son perversas, por los cuales y por las cuales y por sus pertinacias, como herejes fueron condenados por el sagrado Concilio de Constanza.

11. Asimismo, pregúntese especialmente al letrado, si cree que la sentencia del sagrado Concilio de Constanza, dada contra los cuarenta y cinco artículos de Juan Wicleff y los treinta de Juan Hus, arriba transcritos, fue verdadera y católica; es decir, que los sobredichos cuarenta y cinco artículos de Juan Wicleff y los treinta de Juan Hus, no son católicos, sino que algunos de ellos son notoriamente heréticos, algunos erróneos, otros temerarios y sediciosos, otros ofensivos de los piadosos oídos.

12. Asimismo, si cree y afirma que en ningún caso es lícito jurar.

13. Asimismo, si el juramento, por mandato del juez, de decir la verdad, o cualquier otro por causa oportuna, aun el que ha de hacerse para justificarse de una infamia, es lícito.

14. Asimismo, si cree que el perjurio cometido a sabiendas, por cualquier causa u ocasión, por la conservación de la vida, propia o ajena, y hasta en favor de la fe, es pecado mortal.

15. Asimismo, si cree que quien con ánimo deliberado desprecia un rito de la Iglesia, las ceremonias del exorcismo y del catecismo, del agua consagrada del bautismo, peca mortalmente.

16. Asimismo, si cree que después de la consagración por el sacerdote en el sacramento del altar, bajo el velo de pan y vino, no hay pan material y vino material, sino, por todo, el mismo Cristo, que padeció en la cruz y está sentado a la diestra del Padre.

17. Asimismo, si cree y afirma que, hecha por el sacerdote la consagración, bajo la sola especie de pan exclusivamente, y aparte la especie de vino, está la verdadera carne de Cristo, y su sangre, alma y divinidad y todo Cristo, y el mismo cuerpo absolutamente y bajo una cualquiera de aquellas especies en particular.

18. Asimismo, si cree que ha de ser conservada la costumbre de dar la comunión a los laicos bajo la sola especie de pan; costumbre observada por la Iglesia universal, y aprobada por el sagrado Concilio de Constanza, de tal modo que no es lícito reprobarla o cambiarla arbitrariamente sin autorización de la Iglesia. Y que los que pertinazmente dicen lo contrario, han de ser rechazados y castigados como herejes o que saben a herejía.

19. Asimismo, si cree que el cristiano que desprecia la recepción de los sacramentos de la confirmación, de la extremaunción, o la solemnización del matrimonio, peca mortalmente.

20. Asimismo, si cree que el cristiano, aparte la contrición del corazón, si tiene facilidad de sacerdote idóneo, está obligado por necesidad de salvación a confesarse con el solo sacerdote y no con un laico o laicos, por buenos y devotos que fueren.

21. Asimismo, si cree que el sacerdote, en los casos que le están permitidos, puede absolver de sus pecados al confesado y contrito y ponerle la penitencia.

22. Asimismo, si cree que un mal sacerdote, con la debida materia y forma, y con intención de hacer lo que hace la Iglesia, verdaderamente consagra, verdaderamente absuelve, verdaderamente bautiza, verdaderamente confiere los demás sacramentos.

28. Asimismo, si cree que el bienaventurado Pedro fue vicario de Cristo, que tenía poder de atar y desatar sobre la tierra.

24. Asimismo, si cree que el Papa, canónicamente elegido, que en cada tiempo fuere, expresado su propio nombre, es sucesor del bienaventurado Pedro y tiene autoridad suprema sobre la Iglesia de Dios.

25. Asimismo, si cree que la autoridad de jurisdicción del Papa, del arzobispo y del obispo en atar y desatar es mayor que la autoridad del simple sacerdote, aunque tenga cura de almas.

26. Asimismo, si cree que el Papa puede, por causa piadosa y justa, conceder indulgencias para la remisión de los pecados a todos los cristianos verdaderamente contritos y confesados, señaladamente a los que visitan los piadosos lugares y Ies tienden sus manos ayudadoras.

27. Asimismo, si cree que los que visitan las iglesias mismas y les tienden sus manos ayudadoras pueden, por tal concesión, ganar tales indulgencias.

28. Asimismo, si cree que cada obispo, dentro de los límites de los sagrados cánones, puede conceder a sus súbditos tales indulgencias.

29. Asimismo, si cree y afirma que es lícito que los fieles de Cristo veneren las reliquias y las imágenes de los Santos.

30. Asimismo, si cree que las religiones aprobadas por la Iglesia, fueron debida y razonablemente introducidas por los santos Padres.

31. Asimismo, si cree que el Papa u otro prelado, expresados los nombres propios del Papa según el tiempo, o sus vicarios, pueden excomulgar a su súbdito eclesiástico o seglar por desobediencia o contumacia, de suerte que ese tal ha de ser tenido por excomulgado.

32. Asimismo, si cree que, caso de crecer la desobediencia o contumacia de los excomulgados, los prelados o sus vicarios en lo espiritual, tienen potestad de agravar y reagravar las penas, de poner entredicho y de invocar el brazo secular; y que los inferiores han de obedecer a aquellas censuras.

33. Asimismo, si cree que el Papa y los otros prelados o sus vicarios en lo espiritual, tienen poder de excomulgar a los sacerdotes y laicos desobedientes y contumaces y de suspenderlos de su oficio, beneficio, entrada en la Iglesia y administración de los sacramentos.

34. Asimismo, si cree que pueden las personas eclesiásticas tener sin pecado posesiones de este mundo y bienes temporales.

35. Asimismo, si cree que no es lícito a los laicos quitárselos por propia autoridad; más aún, que al quitárselos así, llevárselos o invadir los mismos bienes eclesiásticos, han de ser castigados como sacrílegos, aun cuando las personas eclesiásticas que poseen tales bienes, llevaran mala vida.

36. Asimismo, si cree que tal robo e invasión, temeraria o violentamente hecha a cualquier sacerdote, aun cuando viviera mal, lleva consigo sacrilegio.

37. Asimismo, si cree que es licito a los laicos de uno y otro sexo, es decir, a hombres y mujeres, predicar libremente la palabra de Dios.

38. Asimismo, si cree que cada sacerdote puede lícitamente predicar la palabra de Dios, dondequiera, cuando quiera y a quienesquiera le pareciere bien, aun sin tener misión para ello.

39. Asimismo, si cree que todos los pecados mortales, y especialmente los manifiestos, han de ser públicamente corregidos y extirpados.

Es condenada la proposición sobre el tiranicidio

El sagrado Concilio, el 6 de julio de 1415, declaró y definió que la siguiente proposición: "Cualquier tirano puede y debe ser muerto licita y meritoriamente por cualquier vasallo o súbdito suyo, aun por medio de ocultas asechanzas y por sutiles halagos y adulaciones, no obstante cualquier juramento prestado o confederación hecha con él, sin esperar sentencia ni mandato de juez alguno"... es errónea en la fe y costumbres, y la reprueba y condena como herética, escandalosa y que abre el camino a fraudes, engaños, mentiras, traiciones y perjurios. Declara además, decreta y define que quienes pertinazmente afirmen esta doctrina perniciosísima son herejes.

 

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Introducción a las Indulgencias


Seguramente has oído decir muchas veces: "Los católicos solían creer en las indulgencias, pero actualmente ya no creen en ellas." Esta afirmación se oye de labios de muchos católicos, incluso de algunos sacerdotes. Se dice con cierta incomodidad y como deseando cerrar un capítulo de la historia de la Iglesia, con el cual muchos católicos se sienten incómodos.

Los que alegan que las indulgencias ya no son parte de la enseñanza de la Iglesia tienen el admirable deseo de distanciarse de los abusos que ocurrieron alrededor de la época de la Reforma Protestante. También desean remover obstáculos que impiden a los no católicos tener una visión positiva de la Iglesia. Pese a lo admirable que puedan ser estos motivos, la afirmación de que las indulgencias no forman parte de la enseñanza actual de la Iglesia, es falsa.

Esto queda probado por el Catecismo de la Iglesia Católica, que afirma: "Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concebido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados." La Iglesia no hace esto solamente para ayudar al cristiano, sino también para "impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad." (Catecismo de la Iglesia Católica, 1478)

Las indulgencias son parte de la enseñanza infalible de la Iglesia. Esto significa que ningún católico está en libertad de ignorarlas o descreer de ellas. El Concilio de Trento estableció que "sean anatema quienes dicen que las indulgencias son inútiles o que la Iglesia no tiene poder para concederlas". El anatema de Trento coloca a las indulgencias en el campo de la enseñanza infaliblemente definida.

No era ésta la primera vez que un concilio ecuménico discutía el tema de las indulgencias -la primera vez fue en 1415, cuando el Concilio de Constanza afirmó la práctica- pero en Trento la doctrina fue proclamada infaliblemente por primera vez.

El uso piadoso de las indulgencias se remonta a siglos atrás, mucho antes del Concilio de Constanza, hasta los primeros días de la Iglesia. Los principios sobre los que se apoyan las indulgencias se remontan a la Biblia misma. Los católicos que se sienten incómodos con respecto a las indulgencias no se dan cuenta de cuán bíblicas son. Los principios que subyacen tras las indulgencias están tan claros en las Escrituras, como aquellos sobre los que se basan otras doctrinas más familiares, como la Trinidad.

Antes de examinar más de cerca estos principios, deberíamos definir las indulgencias. En su constitución apostólica sobre las indulgencias, el Papa Pablo VI dijo: "Una indulgencia es una remisión ante Dios, de la pena temporal debida por pecados cuya culpa ya ha sido perdonada, que el fiel cristiano debidamente dispuesto obtiene bajo ciertas condiciones definidas a través de la ayuda de la Iglesia, cuando ésta, como ministro de la Redención, dispensa y aplica con autoridad el tesoro de satisfacciones ganado por Cristo y los santos."

Esta definición técnica puede expresarse más simplemente de este modo: "Una indulgencia es lo que recibimos cuando la Iglesia disminuye la pena temporal a la que pudiéramos estar sujetos aunque nuestros pecados hayan sido perdonados." Para entender esta definición, debemos examinar los principios bíblicos subyacentes tras las indulgencias.

Principio 1: El pecado acarrea culpa y castigo.

Cuando una persona peca, esto le acarrea ciertas consecuencias: la consecuencia de la culpa y la consecuencia del castigo. La Escritura habla de la primera cuando describe a la culpa como adhiriéndose a nuestras almas, y haciéndolas descoloridas e impuras ante Dios: "Venid, pues, y disputemos dice Yahveh-: Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el carmesí, cual la lana quedarán" (Isaías 1, 18).

Esta idea de la culpa adhiriéndose a nuestras almas aparece en textos que describen el perdón como una limpieza o lavado y el estado de nuestras almas perdonadas como limpias y blancas: "Lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame... Rocíame con el hisopo, y seré limpio, lávame, y quedaré más blanco que la nieve" (Salmo 51, 4.9).

No sólo incurrimos en culpa, sino también en la pena de castigo cuando pecamos: "Pasaré revista al orbe por su malicia y a los malvados por su culpa. Haré cesar la arrogancia de los insolentes, y la soberbia de los desmandados humillaré" (Isaías 13, 11). El juicio atañe incluso a las cosas más pequeñas: "Porque toda obra la emplazará Dios a juicio, también todo lo oculto, a ver si es bueno o malo." (Eclesiastés 12, 14).

Principio 2: Los castigos son tanto temporales como eternos.

La Biblia enseña que algunos castigos son eternos, durando para siempre, pero otros son temporales, durando sólo un tiempo. El castigo eterno es mencionado en Daniel 12, 2: "Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno."

Normalmente nos centramos en las penas eternas del pecado, porque son las más importantes, pero la Escritura enseña que las penas temporales son reales y se remontan al primer pecado cometido por los seres humanos: "A la mujer le dijo: Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia, y él te dominará.

"Al hombre le dijo: Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá, y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás." (Génesis 3, 16-19).

Principio 3: Las penas temporales pueden permanecer cuando un pecado es perdonado.

Cuando alguien se arrepiente, Dios quita su culpa ("Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquearán. Y así fueren rojos como el carmesí, cual la lana quedarán" [Isaías 1, 18]) y todo castigo eterno ("¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera!" [Romanos 5, 9]), pero las penas temporales pueden permanecer. Un pasaje que demuestra esto es 2 Samuel 12, en el cual el profeta Natán confronta a David con su adulterio. "David dijo a Natán: He pecado contra Yahveh. Respondió Natán a David: También Yahveh perdona tu pecado; no morirás. Pero por haber ultrajado a Yahveh con ese hecho, el hijo que te ha nacido morirá sin remedio." (2 Samuel 12, 13-14). Dios perdonó a David, hasta el punto de salvar su vida, pero David todavía tuvo que sufrir la pérdida de su hijo además de otros castigos temporales.

En Números leemos: "Moisés respondió a Yahveh: ... Si haces perecer a este pueblo como un solo hombre, dirán los pueblos que han oído hablar de ti: Yahveh, como no ha podido introducir a ese pueblo en la tierra que les había prometido con juramento, los ha matado en el desierto... Dijo Yahveh: Le perdono, según tus palabras. Pero, vivo yo ... que ninguno de los que ... no han escuchado mi voz, verá la tierra que prometí con juramento a sus padres." (Números 14, 13-23) Dios afirma que, aunque perdonaba al pueblo, les impondría una pena temporal al impedirles entrar a la tierra prometida.

Más tarde, a Moisés, que es evidentemente uno de los salvados (ver Mateo 17, 1-5), se le dice que sufrirá una pena temporal: "Dijo Yahveh a Moisés y Aarón: Por no haber confiado en mí, honrándome ante los israelitas, os aseguro que no guiaréis a esta asamblea hasta la tierra que les he dado." (Números 20, 12; cf. 27, 12-14).

Los protestantes frecuentemente niegan que las penas temporales permanezcan luego del perdón de los pecados, pero en la práctica lo reconocen por ejemplo, cuando insisten en que la gente devuelva las cosas robadas. Los ladrones pueden ser perdonados, pero deben ocuparse de la restitución.

Los protestantes se dan cuenta de que, si bien Jesús pagó ante Dios el precio por nuestros pecados, no nos relevó de nuestra obligación de reparar lo que hemos hecho. Admiten totalmente que si tú robaste el automóvil de alguien, debes devolverlo; no basta simplemente con arrepentirse. El perdón de Dios (¡y el del hombre!) no incluye el permitirle quedarse con el auto robado.

Los protestantes también admiten el principio en la práctica, al tratar el tema de la muerte. La Escritura dice que el pecado entró en el mundo a causa del pecado original (Génesis 3,22-24; Romanos 5, 12). Cuando venimos a Dios por primera vez somos perdonados, y cuando pecamos más tarde podemos ser perdonados, no obstante lo cual eso no nos libera de la pena de la muerte física. Incluso los perdonados mueren; una pena permanece luego de que nuestros pecados son perdonados. Esta es una pena temporal, ya que la muerte física es temporaria y seremos resucitados (Daniel 12, 2).

Un protestante podría decir que Dios da penas temporales para enseñar una lección al pecador, haciendo que las penas sean una disciplina más bien que un castigo. Hay tres respuestas a esto: 1) nada en los textos anteriores dice que sean disciplinas, 2) un católico también podría llamarlas disciplinas, y 3) no hay nada malo en llamarlas "castigos", ya que "disciplinar" a un niño, en el habla habitual, es sinónimo de castigar a un niño.

Como Greg Krehbiel, un protestante que ha escrito para This Rock, lo indica en un artículo de circulación privada, la idea de que todas las penas temporales se desvanecen cuando uno es perdonado "es el error central del evangelio de la salud y riqueza, es decir Jesús se llevó mi pobreza y enfermedad, de modo que debería estar sano y rico."

El católico tiene buenos fundamentos para sostener que las penas temporales pueden permanecer luego de que un pecado es perdonado. La Iglesia ha mostrado esto desde sus primeros siglos, y por medio de actos de penitencia prescriptos como parte del sacramento de reconciliación.

Principio 4: Dios bendice a determinadas personas como recompensa a otras.

Supongamos que un padre ora por su hijo seriamente enfermo y dice: "¡Amado Señor, si yo te he agradado, por favor sana a mi hijo!" El padre está pidiendo que su hijo sea sanado domo recompensa al hecho de que él (el padre) ha agradado a Dios. Intuitivamente reconocemos que ésta es una oración válida que a veces Dios contesta positivamente. Pero no necesitamos quedarnos en nuestras intuiciones: la Escritura confirma este hecho.
Luego de que Abraham libró una batalla a favor del Señor, Dios le habló en una visión y dijo: "No temas, Abram [Abraham]. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande. Dijo Abram: Mi Señor, Yahveh, ¿qué me vas a dar, si me voy sin hijos...? Dijo Abram: He aquí que no me has dado descendencia, y un criado de mi casa me va a heredar. Mas he aquí que la palabra de Yahveh le dijo: No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas. Y sacándole afuera, le dijo: Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó él en Yahveh, el cual se lo reputó por justicia." (Génesis 15, 1-6). Dios prometió a Abraham una recompensa una multitud de descendientes que de otro modo no hubieran nacido. Estas personas recibieron un gran don el don de la vida porque Dios recompensó al patriarca.
Más adelante dios dijo a Abraham que de él saldrían naciones y reyes, que Dios haría un pacto con sus descendientes, y que ellos heredarían la tierra prometida (Génesis 17, 6-8). Todas estas bendiciones vinieron sobre los descendientes de Abraham como recompensa de Dios a él.
Este principio también está en el Nuevo Testamento. Pablo nos dice que "en cuanto a la elección [los judíos son] amados en atención a sus padres" (Romanos 11, 28); el principio se encuentra también en pasajes en los que una persona se acerca a Jesús pidiendo la curación o el exorcismo de otra, como en la historia de la mujer cananea (Mateo 15, 22-28).

Principio 5: Dios remite las penas temporales de algunos como recompensa a otros.

Cuando Dios bendice a una persona como recompensa a otra, a veces la bendición específica que da es una reducción de las penas temporales a las cuales la primera persona está sujeta. Por ejemplo, el corazón de Salomón fue desviado del Señor hacia el final de su vida, y Dios prometió arrancarle el reino como resultado. "Yahveh dijo a Salomón: Porque de tu parte has hecho esto y no has guardado mi alianza y las leyes que te ordené, voy a arrancar el reino de sobre ti y lo daré a un siervo tuyo. No lo haré sin embargo en vida tuya por causa de David tu padre; lo arrancaré de mano de tu hijo. Tampoco arrancaré todo el reino; daré una tribu a tu hijo, en atención a David, mi siervo, y a causa de Jerusalén que he elegido." (1 Reyes 11, 13-13). Dios disminuyó la pena temporal de dos maneras: difiriendo el retiro del reino hasta los días del hijo de Salomón y dejando una tribu (Benjamín) bajo Judá.

Dios fue claro acerca de por qué hacía esto: no a causa de Salomón, sino "por causa de David tu padre". Si David no hubiera agradado a Dios, y si Dios no le hubiera prometido ciertas cosas en relación con su reino, Dios le hubiera quitado a Salomón el reino entero, y lo hubiera hecho durante la vida de Salomón. Éste es un ejemplo de Dios disminuyendo un castigo en atención a uno de sus santos.

Es fácil pensar en otros ejemplos. Dios prometió a Abraham que, si podía encontrar un cierto número de justos en Sodoma, estaba dispuesto a diferir la destrucción temporal (y eterna) de la ciudad en atención a esos justos. (Génesis 18, 16-33).

Pablo escribió: "En cuanto al Evangelio, [los judíos] son enemigos para vuestro bien; pero en cuanto a la elección amados en atención a sus padres. Que los dones y la vocación de Dios son irrevocables" (Romanos 11, 28-29). Pablo indicaba que sus contemporáneos judíos eran tratados más favorablemente de lo que de otro modo hubieran sido tratados (los dones y la vocación de Dios no fueron quitados de ellos) porque sus antepasados eran amados de Dios, que les dio dones irrevocables (los que son enumerados en Romanos 9, 4-5).

Principio 6: Dios remite castigos temporales a través de la Iglesia.

Dios utiliza a la Iglesia cuando remite penas temporales. Ésta es la esencia de la doctrina de las indulgencias. Antes habíamos definido a las indulgencias como "lo que recibimos cuando la Iglesia disminuye la pena temporal a la que pudiéramos estar sujetos aunque nuestros pecados hayan sido perdonados". Los miembros de la Iglesia tomaron conciencia de este principio a través del sacramento de la penitencia. Desde el comienzo, actos de penitencia fueron asignados como parte del sacramento, porque la Iglesia reconoció que los cristianos tienen que afrontar las penas temporales, como la disciplina de Dios y la necesidad de compensar a aquellos a quienes nuestros pecados han perjudicado.

En la Iglesia primitiva las penitencias a veces eran severas. Por pecados serios, como la apostasía, el asesinato, y el aborto, las penitencias podían extenderse por años, pero la Iglesia reconoció que los pecadores arrepentidos podían acortar sus penitencias agradando a Dios mediante actos piadosos o caritativos que expresaban el arrepentimiento y el deseo de compensar su pecado.

La Iglesia también reconoció que la duración de las penas temporales podía ser acortada mediante la intervención de otras personas que hubieran agradado a Dios (principio 5). A veces un confesor o alguien próximo a ser martirizado intervenía y pedía, como recompensa para el confesor o el mártir, que el penitente viera disminuido su tiempo de disciplina. Fue así como la Iglesia reconoció su función de administrar las penas temporales (principio 6); esta función era simplemente parte del ministerio del perdón que Dios había dado a la Iglesia en general.

La Escritura dice que Dios dio la autoridad de personar los pecados "a los hombres" (Mateo 9, 8) y a los ministros de Cristo en particular. Jesús les dijo: "Como el padre me envió, también yo os envío. ... Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Juan 20, 21-23).

Si Cristo dio a sus ministros la capacidad de perdonar las penas eternas del pecado, ¡cuánto más tendrían la capacidad de remitir las penas temporales del pecado! Cristo también prometió a su Iglesia el poder para atar y desatar en la tierra, diciendo: "Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo" (Mateo 18, 18). Como queda claro por el contexto, el atar y desatar cubren la disciplina de la Iglesia, y la disciplina de la Iglesia involucra el administrar y remover penas temporales (tales como separar de y readmitir a los sacramentos). Por lo tanto, el poder de atar y desatar incluye la administración de las penas temporales.

Principio 7: Dios bendice a los cristianos difuntos como bendición a los cristianos en vida.

Desde el principio la Iglesia reconoció la validez de la oración por los difuntos para que su transición al cielo (a través del purgatorio) fuera rápida y suave. Esto significaba orar para la disminución o remisión de las penas temporales que les impedían la gloria plena del cielo.

Si es razonable pedir que esas penas sean remitidas en general, entonces sería razonable pedir que sean remitidas en un caso particular como una recompensa. Un viudo podría orar a Dios y pedir que, si él ha agradado a Dios, la transición de su esposa a la gloria sea acelerada. Por esta razón la Iglesia enseña que "las indulgencias siempre pueden ser aplicadas a los difuntos por vía de oración".

Un paralelo cercano a esta aplicación se encuentra en 2 Macabeos. Judas Macabeo encuentra los cuerpos de soldados que murieron portando amuletos supersticiosos durante una de las batallas del Señor. Judas y sus hombres "pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido" (2 Macabeos 12, 42). La referencia a que el pecado "quedara completamente borrado" atañe a sus penas temporales. El autor de 2 Macabeos nos relata que para esos hombres Judas "consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente" (v.45); él creía que aquellos hombres dormían piadosamente, lo cual no hubiera sido el caso si estuvieran en pecado mortal. Si no estaban en pecado mortal, entonces no habrían tenido penas eternas a sufrir, y por lo tanto el borrado completo de su pecado tiene que referirse a las penas temporales por sus acciones supersticiosas. Judas, "después de haber reunido entre sus hombres cerca de dos mil dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando ... en favor de los muertos, para que quedaran librados del pecado" (v. 43.45).

Judas no solamente oró por los muertos, sino que proveyó para ellos la entonces apropiada acción eclesial para disminuir sus penas temporales: un sacrificio por el pecado. Concordantemente, podemos tomar la ahora apropiada acción eclesial para disminuir las penas temporales las indulgencias y aplicarlas a los difuntos por vía de oración.

Hay una diferencia entre la manera en la cual obtenemos las indulgencias para nosotros en esta vida y la manera en la cual son aplicadas a los difuntos. Los documentos oficiales de la Iglesia, como la constitución apostólica sobre las indulgencias del Papa Pablo VI, el Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica, todos hacen notar que las indulgencias son aplicadas a los difuntos por vía de oración.

Esto es así, porque los cristianos en el más allá ya no están bajo la jurisdicción de la Iglesia terrena. Ya no pueden recibir sacramentos, incluyendo la penitencia, y la Iglesia no tiene autoridad para liberarlos de sus penas temporales. Todo lo que puede hacer es dirigirse a Dios y orar para que disminuya esas penas. Ésta es una forma válida de oración, como indica 2 Macabeos. Podemos confiar en que Dios aplicará las indulgencias a los difuntos de alguna manera, pero la manera exacta y el grado de aplicación son desconocidos.

Estos siete principios, que como hemos visto son estrictamente bíblicos, son los fundamentos de las indulgencias, pero aún quedan preguntas para formular.

(Publicado en inglés en "This Rock", marzo de 1994, (c) Catholic Answers Inc., P.O.Box 17490, San Diego, CA92177, Estados Unidos. Traducido con el permiso del editor. Toda reproducción del presente artículo debe mencionar la fuente original y ser gratuita o cubrir solamente el costo de impresión).

Por James Akin, apologetica.org
Traducido por Daniel Cotarelo García
www.iglesia.org

 

 

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Más preguntas sobre las indulgencias


¿Quiénes son las partes involucradas? ¿Cuánto puede remitirse de la pena temporal de una persona? Si la Iglesia tiene los recursos y el poder para borrar todas las penas temporales de todas las personas, ¿por qué no lo hace? ¿Cómo se determina qué parte de las penas ha disminuido?¿Las indulgencias no duplican o incluso niegan la obra de Cristo? ¿Pero qué hay de los méritos de los santos? ¿La doctrina de las indulgencias no hace de los santos co-salvadores con Cristo?¿Debiéramos estar considerando todo esto? ¿No es mejor poner todo el énfasis en Cristo solamente?

¿Quiénes son las partes involucradas?

Hay cuatro partes: la primera agradó a Dios y lo movió a dar una recompensa, proveyendo la base para la indulgencia; la segunda pide la indulgencia y la obtiene llevando a cabo el acto prescripto para ella; la tercera concede la indulgencia (ésta es Dios obrando a través de la Iglesia); y la cuarta recibe el beneficio de la indulgencia al ver disminuidas sus penas temporales.

¿Cuánto puede remitirse de la pena temporal de una persona?

Potencialmente, toda. La Iglesia reconoce que Cristo y los santos están interesados en ayudar a los penitentes a afrontar las consecuencias de sus pecados, como queda indicado por el hecho de que siempre oran por nosotros (Hebreos 7, 25; Apocalipsis 5, 8). Llevando a cabo su función en la administración de las penas temporales, la Iglesia se apoya en el rico caudal de recompensas que Dios quiso conceder a los santos, que lo agradaron, y a su Hijo, que lo agradó más que nadie.

Las recompensas en que se apoya la Iglesia son infinitas porque Cristo es Dios, de modo que las recompensas que obtuvo son infinitas y nunca pueden ser agotadas. Sus recompensas solas, sin contar las de los santos, podrían remitir todas las penas temporales de todas las personas, en todos los lugares. Las recompensas de los santos fueron agregadas a las de Cristo no porque les falte nada a las de él, sino porque es conveniente que sean unidas con sus recompensas así como los santos están unidos con él. Aunque inmensas, las recompensas de los santos son finitas, pero las de él son infinitas.

Si la Iglesia tiene los recursos y el poder para borrar todas las penas temporales de todas las personas, ¿por qué no lo hace?

Porque Dios no desea que se haga. Dios mismo instituyó el hecho de que las penas temporales permanecieran. Ellas llevan a cabo funciones válidas, una de ellas disciplinaria. Si un niño nunca fuera disciplinado, nunca aprendería la obediencia. Dios nos disciplina como a niños "pues a quien ama el Señor, le corrige; y azota a todos los hijos que acoge" (Hebreos 12, 6) de modo que algunas penas temporales deben permanecer.

La Iglesia no puede borrar, de un plumazo, por decirlo así, todas las penas temporales porque su remisión depende de las disposiciones de las personas que sufren esas penas temporales. Así como el arrepentimiento y la fe se requieren para la remisión de las penas eternas, también son necesarios para la remisión de las penas temporales. El Papa Paulo VI afirmó: "Las indulgencias no pueden ser ganadas sin una sincera conversión y búsqueda de unidad con Dios" Podríamos decir que el grado de remisión depende de cuán bien el penitente ha aprendido su lección.

¿Cómo se determina qué parte de las penas ha disminuido?

Antes del Vaticano II se decía que cada indulgencia remitía un cierto número de "días" de la disciplina de una persona por ejemplo, un acto podía ganar "300 días de indulgencia" pero el uso del término "días" confundía a la gente, dándoles la impresión errónea de que en el purgatorio sigue existiendo el tiempo y de que podemos calcular nuestro "tiempo de descuento" en una manera mecánica. El número de días asociado con las indulgencias realmente nunca significó que tal cantidad de "tiempo" fuera descontada de la estadía que le correspondiera a alguien en el purgatorio. En lugar de ello, significaba que se concedería un monto de remisión indefinido pero parcial (no completo), proporcionado a lo que los antiguos cristianos hubieran recibido llevando a cabo obras piadosas durante esa cantidad de días. De este modo, alguien que ganaba una indulgencia de 300 días, obtenía aproximadamente lo que un cristiano primitivo hubiera obtenido, por ejemplo, recitando una oración determinada al levantarse, durante 300 días.

Para solucionar esta confusión, Pablo VI emitió una revisión del manual (Enchiridion es el nombre formal) de indulgencias. Hoy ya no se asocian cantidades de días con las indulgencias, que pueden ser plenarias o parciales.

Sólo Dios sabe exactamente cuán eficaz es una indulgencia parcial o si se ha recibido de hecho una indulgencia plenaria. El nuevo sistema de reconocimiento deja a Dios los montos exactos y atribuye a la Iglesia solamente principios generales.

¿Las indulgencias no duplican o incluso niegan la obra de Cristo?

Pese a los fundamentos bíblicos de las indulgencias, algunos son críticos p2unzantes de las mismas, e insisten en que la doctrina suplanta la obra de Cristo y nos hace nuestros propios salvadores. Esta objeción resulta de una confusión acerca de la naturaleza de las indulgencias y acerca de cómo es aplicada a nosotros la obra de Cristo.

Las indulgencias se aplican solamente a penas temporales, no a las eternas. La Biblia indica que estas penas pueden permanecer luego de que un pecado ha sido perdonado y que Dios disminuye estas penas como recompensa a aquellos que lo han agradado. Ya que la Biblia enseña esto, no puede decirse que la obra de Cristo sea suplantada por las indulgencias.

Los méritos de Cristo, siendo infinitos, constituyen la mayor parte del tesoro de los méritos. Aplicándolos a los creyentes, la Iglesia actúa como servidora de Cristo en la aplicación de lo que él ha hecho por nosotros, y sabemos por la Escritura que la obra de Cristo se aplica a nosotros a través del tiempo y no de una sola vez. (Filipenses 2, 12; 1 Pedro 1, 9).

¿Pero qué hay de los méritos de los santos? ¿La doctrina de las indulgencias no hace de los santos co-salvadores con Cristo?

De ninguna manera. En el mejor de los casos sólo estarían salvándonos de calamidades temporales, cosa que todo ser humano puede hacer (¡y debiera hacer!) por otro sin por eso estar blasfemando contra Cristo. Además, los santos tienen la capacidad de agradar a Dios porque el amor de Dios ha sido puesto en sus corazones (Romanos 5, 5). Es la gracia de Dios la que les posibilita agradarlos. Su gracia produce todas sus buenas obras, y su gracia les es dada a ellos a causa de lo que hizo Cristo. Las buenas acciones de los santos son por consiguiente producidas por Cristo obrando a través de ellos, lo que significa que Cristo es en definitiva la causa, incluso de esta "salvación" temporal.

¿Debiéramos estar considerando todo esto? ¿No es mejor poner todo el énfasis en Cristo solamente?

No. Si ignoramos el hecho de las indulgencias, estamos menospreciando lo que Cristo hace a través de nosotros, y dejamos de reconocer el valor de lo que ha hecho en nosotros. Pablo usó este tipo de lenguaje: "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia" (Colosenses 1, 24).

Aunque los padecimientos de Cristo fueron sobreabundantes (mucho más de lo necesario para pagar por cualquier cosa), Pablo hablaba acerca de completar lo que "falta" a los sufrimientos de Cristo. (Como lo expresó Agustín, "el Dios que te creó sin tu cooperación, no te salvará sin tu cooperación.") Si este modo de hablar estaba permitido a Pablo, entonces nos está permitido a nosotros, aunque el lenguaje católico acerca de las indulgencias es mucho menos chocante que el lenguaje de Pablo acerca de su propia función en la salvación.

Los católicos no debieran estar a la defensiva acerca de las indulgencias. Están basadas en principios tomados directamente de la Biblia, y podemos confiar no solamente en que las indulgencias existen, sino en que son útiles y que vale la pena obtenerlas.

El Papa Pablo VI declaró: "La Iglesia invita a todos sus hijos a meditar y sopesar en sus mentes tan bien como puedan, cómo el uso de las indulgencias beneficia a sus vidas y a toda la sociedad cristiana. ... Fundada en estas verdades, la santa Madre Iglesia nuevamente recomienda a los fieles la práctica de las indulgencias. Ella ha sido muy querida al pueblo cristiano durante muchos siglos, al igual que en nuestros días. La experiencia lo demuestra."

(Publicado en inglés en "This Rock", marzo de 1994, (c) Catholic Answers Inc., P.O.Box 17490, San Diego, CA92177, Estados Unidos. Traducido con el permiso del editor. Toda reproducción del presente artículo debe mencionar la fuente original y ser gratuita o cubrir solamente el costo de impresión).

James Akin, apologetica.org Traducido por Daniel Cotarelo García,

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 ¿Qué dice el Catecismo de la Iglesia Católica

acerca de las Indulgencias?


X Las indulgencias

1471. La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la Penitencia.
La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.

La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.
Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias (Código de Derecho Canónico, can.992-994).

1472. Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la "pena eterna" del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la "pena temporal" del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecado, de modo que no subsistiría ninguna pena. (cf. Concilio de Trento: Denzinger-Schönmetzer 1712-1713; 1820).

1473. El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegado el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del "hombre viejo" y a revestirse del "hombre nuevo" (cf. Efesios 4, 24).

1474. El cristiano que quiere purificarse de su pecado y santificarse con ayuda de la gracia de Dios no se encuentra solo. "La vida de cada uno de los hijos de Dios está ligada de una manera admirable, en Cristo y por Cristo, con la vida de todos los otros hermanos cristianos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, como en una persona mística". (Pablo VI, const. ap. "Indulgentarium doctrina", 5).

1478. Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. Por eso la Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad (cf. Pablo VI, ibíd. 8; Concilio de Trento: Denzinger-Schönmetzer 1835).

Tomado del Catecismo de la Iglesia

 

 

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¿Podemos expiar nuestros pecados?

Y en todo caso, ¿Qué significa "expiar"?


Algunos critican a las indulgencias, diciendo que involucran el hecho de que hagamos "expiación" por nuestros pecados, algo que sólo Cristo puede hacer. Si bien esto suena como una noble defensa de la suficiencia de Cristo, esta crítica está infundada, y la mayoría de los que la hacen no saben qué significa la palabra "expiación" o cómo funcionan las indulgencias.

El protestante Leon Morris, especialista en Escritura, comenta acerca de la confusión en lo tocante a la palabra "expiación": "La mayoría de nosotros ... no entendemos muy bien qué es expiación... Expiación es ... el enmendar algo malo ... Expiación es una palabra impersonal; se expía un pecado o un crimen" (The Atonement [Downers Grove: InterVarsity, 1983], 151). La Enciclopedia Bíblica Wycliff da una definición similar: "La idea básica de expiación tiene que ver con la reparación del mal, la satisfacción de las demandas de justicia a través del pago de una pena."

Los términos usados en estas definiciones expiación, satisfacción, enmienda, reparación significan básicamente lo mismo. Hacer expiación o satisfacción por un pecado es hacer enmienda o reparación por él. Cuando alguien hace reparaciones, trata de enmendar la situación causada por su pecado.

Ciertamente cuando se trata de los efectos eternos de nuestros pecados, sólo Cristo puede hacer enmienda o reparación. Sólo él fue capaz de pagar el precio infinito para cubrir nuestros pecados. Somos completamente incapaces de hacerlo no solamente porque somos criaturas finitas incapaces de hacer una satisfacción infinita (o cualquier cosa infinita), sino porque todo lo que tenemos nos fue dado por Dios. Para nosotros, tratar de satisfacer la justicia eterna de Dios sería como usar dinero que le hemos pedido prestado a alguien para restituirle lo que le habíamos robado a esa misma persona. No habría habido ninguna restitución real (cf. Salmo 49, 7-9; Job 41, 11; Romanos 11, 35). Esto no quiere decir que no podamos hacer enmiendas o reparación de los efectos temporales de nuestros pecados. Si alguien roba algo, puede devolverlo. Si alguien daña la reputación de otra persona, puede corregir públicamente la calumnia. Cuando alguien destruye la propiedad de otro, puede compensar al dueño por su pérdida. Todas éstas son maneras en las que se puede hacer enmiendas (expiación) al menos parciales por lo que se ha hecho.

Hay maneras en las que se espera que hagamos compensaciones, como admiten incluso los más acerbos críticos de las indulgencias. Si yo he dañado a otra persona, entonces, además de ponerme en la debida relación con Dios, debo reparar, o al menos tratar de reparar, el daño causado a esa persona. Para una reparación total es necesario no solamente restituir lo que había sido tomado o dañado, sino también compensar al dueño por el tiempo durante el cual fue privado de su propiedad, o ésta fue dañada. En casos financieros esto se lleva a cabo mediante el pago de un interés.

Se nos dan excelentes ilustraciones bíblicas de este principio en Levítico 6, 1-7 y Números 5, 5-8, que nos dicen que en el Antiguo Testamento un penitente tenía que pagar un veinte por ciento adicional al valor de lo que había tomado o dañado. (Esto se aplicaba a un penitente que voluntariamente efectuaba la restitución; un ladrón capturado tenía que pagar el doble del valor de lo robado [Éxodo 22, 1-9]).

(Publicado en inglés en "This Rock", marzo de 1994, (c) Catholic Answers Inc., P.O.Box 17490, San Diego, CA92177, Estados Unidos. Traducido con el permiso del editor. Toda reproducción del presente artículo debe mencionar la fuente original y ser gratuita o cubrir solamente el costo de impresión).

Por James Akin, apologetica.org.
Traducido por Daniel Cotarelo García,
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CÓMO OBTENER UNA INDULGENCIA


Para obtener cualquier indulgencia usted debe ser un católico en estado de gracia. Tiene que ser un católico para estar bajo jurisdicción de la Iglesia, y tiene que estar en estado de gracia porque fuera de la gracia de Dios ninguna de sus acciones son fundamentalmente agradables a Dios (meritorias). También tiene que tener al menos la intención habitual de obtener una indulgencia mediante el acto que lleva a cabo.

Para ganar una indulgencia parcial, debe llevar a cabo con un corazón contrito el acto al cual la indulgencia está asociada.

Para ganar una indulgencia plenaria debe llevar a cabo el acto con un corazón contrito, y además debe confesarse (una confesión puede ser suficiente para varias indulgencias plenarias), recibir la Sagrada Comunión, y orar por las intenciones del Papa. (Son suficientes un Padrenuestro y un Avemaría rezados por las intenciones del Papa, aunque usted es libre de sustituirlos por otras oraciones de su propia elección). La condición final es que debe estar libre de todo apego al pecado, incluso al pecado venial.

A causa de la extrema dificultad para cumplir la última condición, rara vez se obtiene una indulgencia plenaria. Si usted trata de recibir una indulgencia plenaria, pero no es capaz de cumplir la última condición, recibe en su lugar una indulgencia parcial.

Más adelante se citan indulgencias enumeradas en el Manual de Indulgencias (Nueva York: Catholic Book Publishing, 1991). Nótese que hay una indulgencia para la lectura de la Biblia. De modo que, en lugar de desalentar la lectura de la Biblia, ¡la Iglesia Católica la promueve concediéndole indulgencias! (Esto data de mucho antes del Vaticano II).

-Un acto de comunión espiritual, expresado mediante cualquier fórmula devota, es recompensado con una indulgencia parcial.

-Se concede una indulgencia parcial a los fieles cristianos que devotamente pasen tiempo en oración mental.

-Se concede una indulgencia parcial a los fieles cristianos que lean la Sagrada Escritura con la veneración debida a la Palabra de Dios y como una forma de lectura espiritual. La indulgencia será plenaria cuando dicha lectura sea realizada al menos durante media hora [siempre que se cumplan las otras condiciones].

-Se concede una indulgencia parcial a los fieles cristianos que devotamente se hagan la señal de la cruz diciendo al mismo tiempo la fórmula acostumbrada: "En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén."

-Los sacerdotes que administren los sacramentos a los fieles cristianos que estén en situación de peligro de muerte no deben descuidar el impartirles la bendición apostólica, con su indulgencia asociada.

-Pero si un sacerdote no puede estar presente, la Santa Madre Iglesia amorosamente concede a las personas que están debidamente dispuestas una indulgencia plenaria para ser obtenida in articulo mortis, al aproximarse la muerte, siempre que hayan orado habitualmente de alguna manera durante sus vidas. El uso de un crucifijo o una cruz es recomendado para obtener esta indulgencia plenaria. En tales condiciones las tres condiciones habituales requeridas para ganar una indulgencia plenaria son sustituidas por la condición "siempre que hayan orado habitualmente de alguna manera". Los fieles cristianos pueden obtener la indulgencia plenaria mencionada aquí, al aproximarse la muerte (in articulo mortis) aunque ya hayan obtenido otra indulgencia plenaria el mismo día.

(Publicado en inglés en "This Rock", marzo de 1994, (c) Catholic Answers Inc., P.O.Box 17490, San Diego, CA92177, Estados Unidos. Traducido con el permiso del editor. Toda reproducción del presente artículo debe mencionar la fuente original y ser gratuita o cubrir solamente el costo de impresión).

Por James Akin, apologetica.org
Traducido por Daniel Cotarelo García,
www.conoze.com - www.iglesia.org – Agradecemos al autor –

 

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Antecedentes: el perdón y el dinero

 

La obtención de indulgencias, que había surgido como práctica más o menos frecuente ya en los albores del cristianismo, reportaba al principio enormes sacrificios y grandes mortificaciones para quienes deseaban adquirirlas.Para tratar de entender en qué momento y de qué manera se produjo la “degradación” en la práctica de las indulgencias, que terminaría por fracturar a la Iglesia fundada por Cristo, es necesario explicar lo más sucintamente que sea posible el espíritu y la doctrina que subyacen en el fondo de esta práctica.

Para tal efecto, extractamos una breve cita de la Constitución Apostólica “Indulgentiarum Doctrina”, emitida por el Papa Pablo VI, en 1967, que condensa las enseñanzas y la tra-dición de la Iglesia sobre esta materia: “El fin que se propo- ne la autoridad eclesiástica, al otorgar las indulgencias, está no sólo en ayudar a los fieles cristianos a expiar las penas debidas, sino en impulsarlos a practicar obras de piedad, de penitencia y de caridad, mayormente las que sirven al incremento de la fe y del bien común...”En este párrafo se encuentra, casi “escondido”, el porqué de que en cierto momento la obtención de indulgencias se vinculase con cuestiones económicas. Así pues, al proponerse no sólo la búsqueda de la propia salvación, sino también la promoción de la caridad cristiana, la doctrina de las indulgencias incorporó la limosna como una de las prácticas que proporcionaban una remisión o expiación de las penas temporales. Hasta allí, ningún problema...

Sin embargo, el deseo de los fieles de obtener indulgencias, combinado con las acuciantes necesidades económicas de la Iglesia durante la Edad Media, y la crisis moral generalizada de aquella época, dieron pie a una circunstancia fatal, que en 1517 desencadenaría el cisma más importante de la historia del cristianismo.En aquel tiempo, la corrupción había invadido a todos los sectores que detentaban algún tipo de influencia, llegando, incluso, hasta las cúpulas de la Iglesia. Entonces, la acumulación de bienes, riqueza y poder ya no era privativa de los Señores Feudales, la ambición también había contaminado las conciencias de obispos, clérigos y seglares, que comenzaron a cometer una serie de abusos con este asunto.

Probablemente el origen de aquel mal pueda remontarse hasta el siglo XII, cuando algunas autoridades eclesiásticas procuraron, a través del dinero obtenido de limosnas y de la “venta” de indulgencias, el financiamiento para la construcción de templos y la realización de campañas mili-tares (Cruzadas), ante el real peligro que implicaban las invasiones turcas al continente europeo.Inmediatamente, surgieron varios personajes inescrupulosos, que comenzaron a abusar y enriquecerse ilícitamente, al constatar que la concesión de indulgencias podía convertirse en una importante fuente de recursos, dado que ciertos cre-yentes cristianos no escatimaban el dinero ni los esfuerzos con tal de aminorar las penas del purgatorio.

Convencían pues a los fieles, de que era un requisito indispensable para ganar la indulgencia el depositar “en favor de la Iglesia” una suma de dinero que fuera proporcional a la cuantía de sus pecados.En poco tiempo, esta contribución pecuniaria, que jamás debió haber sido más que un accesorio en la obtención de indulgencias, se convirtió muchas veces en el fin principal, y con esto la indulgencia se alejó de su objetivo original de ofrecer perdón y misericordia para el pecador arrepentido y se rebajó hasta convertirse en una simple operación financiera con fines de lucro.

Así lo denunciaría Martín Lutero, promotor de la “Reforma Protestante”: “El elemento financiero adquirió enorme volumen en las indulgencias de cruzada, porque los fondos (diezmos) que de ellas se recaudaban eran tan fuertes, que con ellos les era posible a los reyes y a los papas sostener las guerras contra los infieles.” (Tomado de R. G. Villoslada, “Martín Lutero”. Segunda edición, BAC, Madrid, 1976. pp. 319-351. Edición digital de Apologética.org)Es en ese contexto cuando surge este importante personaje que partiría en dos el corazón mismo de la Iglesia Católica.


1. Martín Lutero

Lutero era un fraile agustino, considerado dentro de su orden como célebre teólogo y uno de los más ilustres profesores de la Universidad de Wittenberg, en la actual Alemania. Entre sus muchos amigos doctos, eruditos y piadosos, tenía fama de sabio y de hombre espiritual, aunque había también quienes criticaban su espíritu arrogante, la temeridad de sus opiniones y su soberbia.Corría el mes de abril del año 1517 cuando llegó a oídos de Fray Martín Lutero la noticia de que a unos treinta kilómetros de Wittenberg, cierto fraile dominico predicaba una nueva indulgencia plenaria concedida por el Papa León X en favor de la basílica de San Pedro. Aquel predicador se llamaba Juan Tetzel.

En realidad, ésta no era una nueva causa de indulgencia, ya que el anterior Pontífice, Julio II, la había promovido durante su gestión con intenciones de otorgar indulgencias plenarias a los fieles que pagaran fuertes sumas de dinero, que se utilizarían para la construcción de la Nueva Basílica de San Pedro.Aparentemente, éste fue el hecho que llevó a Lutero a pu- blicar, en octubre de ese mismo año (1517), un escrito donde cuestionaba la venta de indulgencias y otros abusos perpetrados en el seno de la Iglesia.

En este documento, posteriormente dividido en 95 tesis, se pone en duda la autoridad moral de los altos jerarcas de la iglesia, incluyendo al mismo Papa. Las “95 tesis” fueron concebidas y escritas por el fraile agustino, publicadas y difundidas en las principales iglesias y ciudades alemanas donde se daban con frecuencia estas erróneas prácticas... De este modo se iniciaba la Reforma Protestante.Así como no se pueden negar los abusos que de hecho eran cometidos por varios clérigos, seglares y jerarcas católicos de aquella época, tampoco pueden ocultarse los móviles nacio-nalistas y oportunistas que guiaron a Lutero a producir este documento.

En efecto, ya desde el Siglo XIII se sostenía en diversos ámbitos que, “a causa de las tributaciones a la curia romana, Alemania quedaría empobrecida”. Esta queja sostenida, acompañada de una serie de críticas por los abusos que en esa región de Europa cometían numerosos miembros de la Iglesia, hallarían eco en el monje Lutero y le empujarían a buscar una diferenciación, en términos de “buenos y malos”, (amigos y enemigos), que a su criterio pasaría por una “reforma radical”, aunque siempre dentro del seno de la Iglesia.Lo cierto es que, si bien la crítica luterana tuvo en sus orígenes sólidos, razonables y hasta loables fundamentos, al monje alemán se le cargaron demasiado los húmores y las tintas, perdió la brújula y los estribos, y cometió abusos tan graves en sus denuncias, que después le fue intelectual y éticamente imposible volver atrás.En efecto, no de otro modo puede interpretarse, como ejemplo, lo que expresaba en su Tesis Nº 29: “¿Quién sabe si todas las almas del purgatorio quieren ser liberadas?”
Verdaderamente, parecía como si un espíritu maligno se hubiese apoderado de él y le guiase a escribir una serie de improperios y heregías...


2. Las 95 tesis Luteranas

Lutero no fue el único en protestar por el manejo de las indulgencias. Anteriormente, diversos personajes pertenecientes o ajenos a la Iglesia, habían levantado sus voces en contra de estos abusos. Pero Fray Martín, impugnaba además ciertos dogmas importantes de nuestra religión, como el tesoro espiritual de la Iglesia, el poder Papal para conceder indulgencias y la validez de las mismas... todo esto sin estar conciente de que con ello estaría sentando las bases de una nueva doctrina cristiana, que daría origen al Protestantismo.

Consideramos apropiado publicar algunas de las 95 tesis de Lutero, a fin de que se tenga una idea más clara sobre la posición y las demandas del fraile agustino, y los terribles excesos que terminaron por separarlo de nuestra Iglesia:

20. “Lo que el Papa entiende por indulgencia plenaria no es la remisión de todas las penas en absoluto, sino tan sólo de las impuestas por él”.
21. “Yerran, pues, los predicadores de indulgencias, según los cuales, por las indulgencias papales, queda el hombre libre y salvo de toda pena”.
29. “¿Quién sabe si todas las almas del purgatorio quieren ser liberadas?”
30. “Nadie está absolutamente cierto (securus) de estar verdaderamente contrito (arrepentido); mucho menos de haber obtenido plenaria remisión”.
32. “Se condenarán eternamente, junto con sus maestros, cuantos se crean seguros de su salvación por las letras indulgenciales”.
58. “Esos tesoros no son los méritos de Cristo y de los santos, porque éstos, sin intervención del Papa, siempre obran la gra-cia del hombre interior y tienen por efecto la cruz, la muerte y el infierno del hombre exterior”.
65. “Los tesoros evangélicos son redes con que antiguamente se pescaba a los hombres que tenían riquezas” (divitiarum viros).
66. “Los tesoros de las indulgencias son redes con que hoy día se pescan las riquezas de los hombres” (divitias virorum).
82. “¿Por qué el Papa no vacía el purgatorio, dada su santísima caridad y la suma necesidad de las almas?”
(Tomado de R. G. Villoslada, “Martín Lutero”. Segunda edición, BAC, Madrid, 1976. pp. 319-351. Edición digital de Apologética.org)
Como puede apreciarse claramente, sus escritos llegaron a destilar un letal veneno, que lamentablemente se tornaría en su contra y en contra de millones de almas... almas que, con el paso del tiempo, adherirían a las distintas iglesias tristemente desprendidas de aquella que fundó el mismo Cristo; porque, sin ánimo de presumir, todas las demás fueron fundadas por X, Y o Z hermano, tal vez muy bueno, muy justo, muy “santo”... pero nunca equiparables al Santo de los Santos, que edificó SU Iglesia sobre el Primado de Pedro.

3. Surgimiento del Protentantismo

Después de la publicación del polémico documento, las Tesis de Protesta Luteranas, se desató una serie de réplicas por parte de los predicadores de indulgencias. Uno de los principales oponentes a las tesis luteranas fue el mismo Juan Tetzel, quien se enfrascó con Lutero en una discusión casi académica sobre el manejo de las Indulgencias.Tetzel se oponía a la aceptación de las tesis luteranas porque -según sus argumentos- con ello se despreciarían la autoridad y el poder del Sumo Pontífice y de la santa sede romana; se omitirían las obras de la satisfacción sacramental y cada quien interpretaría la Sagrada Escritura a su antojo (lo que hoy sucede con la doctrina protestante).Por su parte, todos los elementos que en Alemania se hallaban descontentos de la Curia, por motivos políticos, económicos, nacionales o de cualquier otra especie, recibieron con beneplácito el precedente sentado por Lutero, quien, sin preverlo quizás, conduciría a la separación de una gran parte del pueblo devoto alemán. Al principio fue una simple resquebrajadura que pareció de escasa importancia, pero pronto se convirtió en un cisma que afectaría de manera definitiva a la Iglesia Católica Universal y a varios miles de almas.

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¿POR QUÉ TODOS LOS MAPAS MEDIEVALES ESTÁN ORIENTADOS AL ESTE?

 

En la Edad Media, la representación del mundo se hacía por medio de los llamados mapas TO. A éstos hay que imaginárselos como si dibujáramos una gran T y desde sus tres esquinas trazáramos una línea que los uniera formando un círculo.

La línea horizontal simboliza la distancia entre el mar Negro y el Nilo, y la línea vertical representa el Meditarráneo. Los mapas estaban orientados al Este porque es por donde sale el sol y por ser la dirección en la que se encuentra el centro del judaísmo: ciudad santa de Jerusalén para judíos y cristianos.

 

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EL PERDÓN FUENTE DE LIBERTAD

 

 «El descubridor del papel del perdón en la espera de los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret. El hecho de que hiciera este descubrimiento en un contexto religioso no es razón para tomarlo con menos seriedad en un sentido estrictamente secular» (H. Arendt). El perdón se manifiesta en su límite como la tolerancia y la convivencia ofrecidas al que ha sido intolerante. La ley castiga al intolerante, el perdón le perdona. La intolerancia legal frente al intolerante puede engendrar un círculo de venganza. Sin embargo, el perdón es «la única reacción que no reactúa simplemente, sino que actúa de nuevo y de forma inesperada, no condicionada por el acto que la provocó y, por lo tanto, libre de sus consecuencias, lo mismo quien perdona que aquel que es perdonado». Es decir, permite la libertad creando una situación nueva.

 

 

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El peor de los silencios es el que se guarda ante la mentira, pues tiene un enorme poder de disolver la estructura social. Un cristiano no puede callar ante manipulaciones manifiestas. La cesión permanente ante la mentira comporta la deformación progresiva de las conciencias.

 

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¿Es necesario hablar de teología moral, hoy?
No solamente es necesario, es urgente. La moral es el actuar del hombre nuevo, del hombre en verdad, del hombre conforme a la dignidad con la que Dios le ha creado y redimido en Jesucristo. Solamente desde la moral habrá un mundo nuevo. Por eso es urgente y apremiante, sobre todo en un mundo tan deshumanizado donde el hombre vive de espaldas a Dios, como si Dios no existiera.


¿Cómo puede la Iglesia ser luz para el mundo en el campo de la moral, después de haber padecido tantos casos de error moral en su seno?
El que haya pecado en los hombres que formamos la Iglesia no quita para nada el testimonio de los mártires. Sólo en el siglo XX hemos tenido 36 millones de mártires. Son los que expresan el grado más alto de la humanidad y la verdad del hombre, que es sencillamente decir que Dios es el que llena el corazón del hombre. Más allá de los escándalos, está ese testimonio martirial, hombres y mujeres que viven desde Jesucristo el amor de Dios. 2003-12-14 MURCIA. ESP. Alfa y Omega nº280

 

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¿Son necesarios los dogmas? -
—¿Y es necesario que la Iglesia tenga dogmas, una autoridad y un Magisterio? ¿No bastaría que cada uno procurara vivir lo que dijo Jesucristo y lo que viene recogido en la Biblia?

Esa es, en síntesis, la tesis protestante de la sola Scriptura. Sin embargo, si se trata de vivir lo que dice la Sagrada Escritura, habría que decir que en ella se lee con claridad que Jesucristo fundó la Iglesia (por ejemplo, en Mt 16, 16-19; Mt 18, 18; etc.). Y puestos a dar algunas otras razones de orden práctico, cabe añadir que ese planteamiento ha hecho que desde tiempos de Lutero hayan surgido más de 25.000 denominaciones protestantes diferentes, y actualmente surgen una media de cinco nuevas cada semana, en un proceso progresivo de desconcierto y atomización. Una Sagrada Escritura sin Iglesia sería parecido —salvando de nuevo las limitaciones de la comparación— a un país que promulgara una Constitución, pero sin prever un gobierno, un congreso legislativo y un sistema judicial, necesarios para aplicar e interpretar la Constitución. Y si hacer eso es imprescindible para gobernar un país, también lo es para gobernar una Iglesia que abarca el mundo entero. Por eso es de lo más lógico que Jesucristo nos haya dejado su Iglesia, dotada de una jerarquía, con el Papa, los obispos, los Concilios, etc., todo ello necesario para aplicar e interpretar la Escritura.. 
‘La exigencia de la fe católica’ Publicado en Arvo Net, 2003-04-29

 

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Evangelio según San Mateo 11,16-19. - ¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: ´¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!´. Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: ´¡Ha perdido la cabeza!´. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ´Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores´. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras".

 

 

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"No sigas a la muchedumbre para obrar mal, ni el juicio acomodes al parecer del mayor número, si con ello te desvías de la verdad" SAN ATANASIO

 

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“La Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2,19-51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios” (Dei Verbum 8). Estas palabras preparan la afirmación del número siguiente. “...Por eso la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción” (ibid. 9). Concilio Vaticano II

 

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Parecen, éstas, palabras «inocentes» - «María es mucho más bienaventurada porque ha creído en Cristo que por haberlo engendrado físicamente»- y, sin embargo, llevan dentro un carga inmensa de fe, de razón, de vida y de siglos, que bien podría causar un encendimiento de amor en un corazón abierto. S.S. Juan Pablo II – Magno – Vat. 2003-12-08

 

 

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“No podemos callar lo que hemos visto y oído” (He 4, 20)

 

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‘Donde no hay Dios, despunta el infierno, y el infierno persiste sencillamente a través de la ausencia de Dios’. Cardenal  Ratzinger.

 

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“Nunca se puede matar a una persona para que otra pueda vivir mejor”.

Crear vida para después matarla es una “aberración”

 

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El Señor no es indiferente, como un emperador impasible y aislado, a las vicisitudes humanas”.

“Es más, su mirada es fuente de acción, porque interviene y derriba los imperios arrogantes y opresivos, abate a los orgullosos que le desafían, juzga a los que perpetran el mal”.

 

Dios se hace presente en la historia, poniéndose de la parte de los justos y de las víctimas. S. S. JUAN PABLO II – Magno - 2003-12-10

 

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La gran pasión de nuestro tiempo es la utilidad. Todo vale si es útil. He ahí la máxima moral dominante. La utilidad ha situado su trono en medio de la cultura europea y la ha empapado de afán codicioso. 2003.

 

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1. Qué suerte la de las personas sencillas, pues van a conseguir el mayor reconocimiento.

2. Qué suerte la de las personas sin muchas ambiciones, pues llegarán a ser las que se vean aceptadas.

3. Qué suerte la de las personas que sufren, pues serán felices.

4. Qué suerte la de las personas que padecen la desigualdad, pues lograrán sentirse iguales.

5. Qué suerte la de las personas que se sacrifican por las demás, pues alcanzarán el premio merecido.

6. Qué suerte la de las personas que carecen de malicia, pues tendrán el Cielo abierto.

7. Qué suerte la de las personas no conflictivas, pues serán las que dominen.

8. Qué suerte la de las personas maltratadas, pues van a ser las que primero se salven.

 

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La Eucaristía expresa también este sentido de la apostolicidad.
En efecto, como enseña el concilio Vaticano II, los fieles "participan
en la celebración de la Eucaristía en virtud de su sacerdocio real",
pero es el sacerdote ordenado quien "realiza como representante de
Cristo el sacrificio eucarístico y lo ofrece a Dios en nombre de todo
el pueblo". Por eso se prescribe en el Misal Romano que es únicamente
el sacerdote quien pronuncia la plegaria eucarística, mientras
el pueblo de Dios se asocia a ella con fe y en silencio.
Ecclesia de Eucharistia, n. 28

 

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Los hijos no son un derecho

 

Para el padre Martínez Camino, «el ser humano es tratado justamente cuando es íntegra y personalmente engendrado, nunca cuando es producido. Producir seres humanos es un acto de prepotencia técnica. La procreación, sin embargo, habla el lenguaje de la gratuidad, que acoge a los hijos como un don, sin exigirlos como un supuesto derecho patrimonial. Hoy se ha extendido un postulado falso: Los padres tiene derecho a tener hijos; y, además, hijos sanos. Esto no es así: los hijos no deben ser valorados por su calidad vital, como si fueran reses, sino por su cualidad personal. Los padres deben considerar a los hijos como suyos, fruto de su amor, pero no como una pertenencia propia, que los reduce a un simple objeto de posesión. Los progenitores, más que productores, son receptores de una nueva persona igual a ellos». 2003-12-14

 

 

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«Hermanita, no te preocupes, lo que le agrada a Jesús es verte, amar tu pequeñez y tu pobreza, es la esperanza ciega que tienes en su misericordia…; es la confianza, y nada más que la confianza, que debe conducirnos al Amor; y recuerda siempre que el más pequeño movimiento de puro amor, es más útil a la Iglesia que todas las demás obras juntas».
Mitsue Takahara – Carmelita descalza – Sevilla-Dic. 2003–Alfa y Omega. Nº 280

 

 

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Entre muchas sectas, continúa habiendo un evidente propósito de confundir la historia verdadera con la histeria provocada. Se pueden manejar leyendas y supuestos de todas clases. No es esto lo que importa destacar al historiador. Ellos piensan que, distorsionando la historia, es más fácil hacerse creíbles. Sufren entre sus mentiras o caricaturas, porque no agotan a quienes formamos parte del esplendor de la Verdad, la que hace libre al ser humano. Llevamos un camino de cruz hace dos mil años, cuando Cristo fundó su única Iglesia para que, con brazos en cruz -católica y apostólicamente- abrace al mundo. La Cruz, el signo del inefable divino amor. Es el signo que revela que ‘Dios es amor’” (cfr. 1Jn 4,8). La Cruz de Cristo: el Amor que desciende hasta el abismo del mal para salvar al hombre en su raíz, donde su libertad puede rebelarse contra Dios. ¡Que la Humanidad no se olvide de las fábricas de la muerte en las que el régimen nazi trató de eliminar a Dios para tomar su puesto! MMVI.

 

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"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio,sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras."  (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

…El hombre fue honrado por Dios y situado por encima de toda criatura:  "El cielo no fue hecho a imagen de Dios, ni la luna, ni el sol, ni la belleza de las estrellas, ni nada de lo que aparece en la creación. Sólo tú (alma humana) has sido hecha a imagen de la naturaleza que supera toda inteligencia, semejanza de la belleza incorruptible, huella de la verdadera divinidad, receptáculo de vida bienaventurada, imagen de la verdadera luz, al contemplar la cual te conviertes en lo que él es, pues por medio del rayo reflejado que proviene de tu pureza tú imitas a quien brilla en ti. Nada de lo que existe es tan grande que pueda ser comparado a tu grandeza" (Homilia in Canticum 2:  PG 44, 805 D). Meditemos en este elogio del hombre. Veamos también cómo el hombre se ha degradado por el pecado. Y tratemos de volver a la grandeza originaria:  el hombre sólo alcanza su verdadera grandeza si Dios está presente. (29 de agosto de 2007-Benedicto PP. XVI comentado a san Gregorio de Nisa 335ca † 394).

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.

 3ª) AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑA – LA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular. MMII.

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Recomendamos vivamente: La vida cotidiana de los primeros cristianos
Adalbert G. Hamman
Trad. Manuel Morera - Ediciones Palabra, 1999 - Colección Arcaduz - 294 pág.

Iglesia católica, sus casi 300 antes de Constantino - En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos. 2006

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).