Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Pío XII - Judíos y católicos se opusieron juntos al racismo nazi; 700.000 judíos

«No ignoramos las terribles consecuencias de la conquista de gran parte de Alemania por parte del Ejército rojo para las poblaciones locales --puntualizan--. Animados por sus jefes para vengarse por los terribles crímenes de los alemanes contra la población rusa, los soldados soviéticos no se empeñaban sólo en una lucha justa contra Hitler, sino que estaban también al servicio del criminal Stalin». 2005.01.27 – Obispos alemanes.

 

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"Al inicio de la Segunda Guerra, la primera encíclica del Papa Pío XII era tan anti-Hitler que la Fuera Aérea Real de Francia dejó caer sobre Alemania 88 mil copias".

 

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La iglesia Católica al completo recibió –en algunos casos- tácitamente, la autorizacion y orden del Papa de protejer a los que se pudiere. Un sin número de Conventos, colegios catolicos, etc. estaban plenos de perseguiudos y refugiados. Muchos perdieron la vida por estos actos, ya que, por protejer a un judio te fusilaban con toda tu familia. Asi mismo la iglesia armó redes de fuga con diplomaticos que arreglaban las visas, parroquias emitían certificados de baustismo, grupos que orientaban a los judíos. Catolicos más pudientes y menos economicamente, ayudaban y finaciaban estas redes en las cuales habian gastos de alimentacion, salud, transporte y habitación para los perseguidos. Fue a través de esas vías (Génova, por ejemplo), en que se filtraron también algunos altos jerarcas nazis que luego lograron huir hasta Sud-américa. Fueron tantos los casos y la gran confusión que imposibilitan a dar números exhaustivos. Frente a ellos, son los mismos judios quienes han revelado muchas historias, ya que estos rescatadores realizaban estas actividades de manera clandestina y cuando llego el comunismo, los trataban de encontrar por lo cual, el calvario acababa en los gulag soviéticos. Una vez que cayo el Muro de Berlin, se inició la busqueda de los rescatadores que aún vivian para agradecerles publicamente e incluirlos en la lista de los ‘JUSTOS ENTRE LAS NACIONES’.

 

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«Judíos y católicos se opusieron

juntos al racismo nazi»

 

Las calumnias sobre Pío XII ocultan el papel que jugaron los poderes económicos internacionales que se beneficiaron del nazismo. Habla A. Gaspari:
«Judíos y católicos se opusieron juntos al racismo nazi»
Muchos hablan de la supuesta «perfidia» de Pío XII (cuyo proceso de beatificación va muy avanzado). Ahora, gracias al tesón de Antonio Gaspari («Los judíos, Pío XII
  y la leyenda negra». Editorial Planeta-Testimonio), tenemos acceso a la información  sobre aquellos hechos. Y lo que sale a relucir es un Papa santo que fue quien más
ayudó a los judíos durante la persecución nazi

   

 

La mayoría de los jóvenes españoles no han oído hablar de Pío XII, aunque el suyo fue uno de los pontificados más ricos de la era contemporánea. ¿Puede darnos una idea de cómo fue este hombre?

El caso de Pío XII es increíble. Ningún Papa en toda la Historia recibió tantos testimonios de reconocimiento y de gratitud de parte de los he-

breos como el Papa Pacelli. Albert Einstein; Golda Meir; y el rabino de Jerusalén, Isaak Herzog, entre otros, escribieron palabras de encomio por el valor de Pío XII. El historiador hebreo Pinchas Lapide, Cónsul general de Israel en Milán, ha escrito que la Santa Sede, los nuncios de la Iglesia católica, salvaron de la muerte a entre 700.000 y 850.000 hebreos. Y un artista judío, salvado gracias al auxilio de los padres orionistas, esculpió una enorme estatua de la Virgen María bajo la advocación de Salus Populi Romani (salvación del Pueblo de Roma) que ahora domina la ciudad eterna desde la punta del monte Mario. Isaías Leví, senador del Reino de Italia, se salvó de las leyes raciales y de la persecución nazifascista gracias a las Hermanas de María niña que, a indicación de Pío XII, lo escodieron en un convento. Al final de la guerra, Levi regaló a Pío XII la villa Levi, actual sede de la Nunciatura de la Santa Sede en Italia.

 

Éstas son algunas de las miles de historias de judíos salvados por la Iglesia católica. El Papa Pacelli fue un Papa excepcional que guió a la Iglesia en un período trágico. Los soldados, los afligidos, los huérfanos, las viudas, los hambrientos, los prófugos, los sin hogar, todos iban a escuchar su palabra. Los jóvenes se agolpaban en la Plaza de San Pedro para expresar su reconocimiento a quien más había hecho por salvar Roma.

La obra teatral de Rolf Hochhuth, El Vicario, marca el cambio de valoración pública del Papa Pacelli. ¿No cree que tras el ataque a este Papa se oculta un ataque a la misma Iglesia?

Hochhuth confundía fantasía con realidad, y de forma impropia, pues para entonces Pío XII ya no podía defenderse. El uso de estas calumnias contra Pío XII para atacar a la Iglesia católica, probablemente, es un intento de limitar la influencia del Papa y de minar la credibilidad de la Santa Sede enfangándola en acusaciones infamantes. Sin embargo, creo que el objetivo principal de las calumnias es el de levantar una cortina de humo sobre los resultados de la investigación histórica. Cada vez es más evidente que algunas potencias económicas, financieras y políticas, exteriores a Alemania, fueron responsables directos del sostenimiento de Hitler, y utilizaron la política racista del nazismo para obtener pingües beneficios. Por el contrario, emerge cada vez más claramente el papel profético de la Iglesia que, desde el comienzo, denunció las ideologías políticas y las teorías racistas que desecadenaron el Holocausto. Puede que se tema descubrir que algunas instancias, hoy respetadísimas, fueron en realidad cómplices y sostuvieron el régimen nazi.

Miles de judíos fueron salvados por sacerdotes, religiosos y laicos católicos. Muchos testimonios de los supervivientes dan fe de ello. ¿Puede decirse que la Iglesia católica no estuvo a la altura de las circunstancias históricas?

Es muy difícil mirar con los ojos de hoy los sucesos de la segunda guerra mundial. Aún más complicado es intentar juzgar el comportamiento de los hombres que entonces gobernaban las naciones en conflicto. Por eso no puedo decir si el comportamiento de todos los hijos de la Iglesia estuvo a la altura de la situación. Pío XI y Pío XII hicieron todo lo posible por garantizar la paz, por condenar el racismo, por denunciar la violación de los derechos de los hombres, y por ayudar de toda forma a las víctimas de la persecución y de la guerra.

Me ha impresionado que muchos de los heroes desconocidos que arriesgaron sus vidas por salvar a los judíos lo hicieran en total silencio. No lo han ostentado, y sólo con gran reserva han contado los sucesos de aquellos años. Esto demuestra la verdadera caridad.

La difamación de Pío XII y de la Iglesia de su tiempo oculta una forma misteriosa de martirio. La verdad tiene muchos testigos y el error pocos argumentos, pero el error se difunde ampliamente. ¿Se abrirá paso la verdad, o hay demasiados intereses en contra?

Las calumnias se difunden fácilmente en un mundo en el que cuenta más la apariencia que el ser. Hay que darse cuenta que las calumnias se difunden en todos los continentes, apoyadas con las mismas argumentaciones y hasta con las mismas fotos. Es difícil no pensar que se trata de una campaña bien orquestada. Pero la Iglesia ha debido afrontar calumnias y acusaciones durante toda su historia, contraponiendo un mensaje de caridad y de verdad.

En cuanto a las implicaciones políticas, creo que el asunto Pío XII es sólo un pretexto para presionar a la Santa Sede, sobre todo en lo relativo a la intervención de ésta en temas de Oriente Medio y, en particular, sobre el Estatuto de Jerusalén.

A raíz del documento de la Santa Sede Nosotros recordamos, ha renacido la controversia sobre el papel de la Iglesia en la génesis del antijudaísmo, ¿Fue la Iglesia responsable del antisemitismo?

La Iglesia está dispuesta a reconocer los errores de algunos de sus hijos respecto al antijudaísmo. Sin embargo, en lo referente al racismo antisemita del régimen nazi, la Iglesia rechaza toda implicación. A menudo se confunde antisemitismo con antijudaísmo. Es un malentendido que no favorece el diálogo. Antisemitismo es un término ambiguo, que sólo en los tiempos modernos ha adquirido una connotación racial, mientras que antijudaísmo tiene ante todo una connotación religiosa. ¿Y cómo olvidar a tantos sacerdotes y laicos católicos que acabaron en los campos de concentración por haber defendido a los judíos?

¿Fue Pío XII un obstáculo o una ayuda para Hitler?

La Santa Sede no disponía de la fuerza militar, económica o política para obstaculizar de manera decisiva los planes de Hitler, pero era temida por los nazis, por ser una de las pocas instituciones que no habían perdido la credibilidad, y gozaba de gran influencia sobre los pueblos europeos. El día después de la elección de Pío XII, el Berliner Morgenpost, órgano del movimiento nacional-socialista, dijo: La elección del cardenal Pacelli no se acepta favorablemente por Alemania, porque él siempre seha opuesto al nacional-socialismo.

Einstein dió un testimonio a favor de la Iglesia, al escribir en Time, en 1940: Siendo un amante de la libertad, cuando la revolución estalló en Alemania, miré con confianza a las Universidades, sabiendo que éstas se habían siempre enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las Universidades fueron acalladas. Entonces miré hacia los grandes editores de los periódicos que, en fogosos editoriales, proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las Universidades, fueron sofocados en pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció en pie para bloquear el paso a la campaña de Hitler para suprimir la verdad. Nunca antes había tenido un interés particular hacia la Iglesia, pero ahora nutro un gran afecto y una gran admiración hacia ella, porque solo la Iglesia ha tenido el valor y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral. Confieso que ahora alabo incondicionalmente aquello que una vez desprecié.

¿Qué lección saca de esta investigación?

Si se analizaran con serenidad los sucesos históricos, se obtendría una gran enseñanza, porque, no obstante las adversas condiciones políticas y religiosas que separaban a judíos y católicos, entre ellos se realizó una auténtica alianza común contra el racismo. Una alianza que hoy sería igual de necesaria, dado que el racismo resurge en todo el mundo.

J.A.U.

 

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Una «rectificación» sospechosa

El prestigioso periódico New York Times trató de muy diferente
forma a Pío XII cuando éste vivía y cuando, cuarenta años después
de su muerte, ha vuelto a tratar el asunto. Juzguen ustedes mismos.

New York Times, editorial de 25-XII-1941

La voz de Pío XII es una voz solitaria en el silencio y en la oscuridad en la que ha caído Europa en esta Navidad. Él es el único soberano del continente que tiene la valentía de levantar su voz... Sólo el Papa ha pedido el respeto a tratados, el fin de las agresiones, un trato igual para las minorías y el cese de la persecución religiosa. Nadie más que el Papa es capaz de hablar en favor de la paz.

New York Times, editorial de 18-III-1998

Es necesario un serio análisis sobre la actuación de Pío XII... Será misión de Juan Pablo II y de sus sucesores dar los pasos necesarios para reconocer el fallo de la Iglesia frente a la maldad que dominó Europa.

 

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No es bueno confundir la tolerancia con la indiferencia. Pío XII sufrió y toleró horribles calumnias contra su persona y contra la Iglesia, pero en nada fue indiferente con el nacional socialismo nazista ni el nacional socialismo comunista, o el fascismo. Los archivos de los Estados hoy le defienden largamente. 2007.

 

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Y la polarización surge a causa de una deliberada negativa a estudiar con imparcialidad los acontecimientos de las primeras décadas del siglo XX.

 

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El cristianismo es directo responsable de algunos de los conceptos que hoy nos parecen irrenunciables: la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos, y el derecho a la vida de todos y cada uno de ellos, desde el vientre materno a la muerte natural.

 

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S. S. Benedicto XVI nos ha recordado varias veces que, si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo; si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, generaremos así nuevos horizontes.
La dignidad humana es un concepto que engloba no pocas de las características definitorias de lo humano. Pero la dignidad humana también es una pregunta que nos remite a un presupuesto anterior; la pregunta por la dignidad humana, y las consecuencias que se derivan de su respuesta, es hoy una exigencia cultural del catolicismo. Si la acción humana, como nos recordaba el profesor David L. Schindler, «sólo llega a ser dramática penetrando a fondo en la vida hasta llegar al encuentro de la Fuente divina del ser, el eco del
fiat mariano y del canto del Magnificat que brota del centro de la criatura humana es un encuentro que debe desarrollarse como completo modo de vida». 2007

 

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Primero el mal se presenta como menor y tolerable, luego como algo normal, luego como algo deseable y finalmente como algo obligatorio... Veamos si no, fenómenos como el aborto, el activismo gay, asociaciones pro-pedofilía, comunismo nazismo, islamo-fascismo…

 

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…como que los nazis “rechazaron muchos elementos del cristianismo pero conservaron otros”. Difícil papeleta la de delimitar las influencias. Imaginemos el hijo de un hombre de fuertes convicciones políticas que es asesinado por su hijo que ha abrazado la postura ideológica contraria. Es lícito considerar que el acto del hijo es culpa del padre porque ha tomado algunos elementos que le enseñó éste, como por ejemplo acercarse al lugar del crimen andando (se lo enseñó su padre) hablando con su misma lengua, y usando pantalones como él en lugar de vestir un Sari, por ejemplo. ¿Convierte al cristianismo culpable de los crímenes de Hitler el hecho que Hitler hablase bien de la persona de Jesús?

Una vez más nos encontramos frente al uso de la Historia como una arma para la guerra, en este caso, para la guerra contra el cristianismo una vez más. En todo caso, puede haber dolor pero no sorpresa.

 

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Albert Einstein: «Lo que antes despreciaba

ahora lo alabo incondicionalmente»

 

También Albert Einstein expresó su reconocimiento a la Santa Sede. En una entrevista aparecida en el Time Magazine afirmó: «Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas.

 

»Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad.

»Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral.

»Debo confesar que lo que antes despreciaba ahora lo alabo incondicionalmente.»[9]

Acabada la guerra, los judíos quisieron manifestar públicamente al papa su reconocimiento, y solicitaron «el sumo honor de poder agradecer personalmente al Santo Padre su generosidad hacia ellos, perseguidos durante el terrible periodo del nazi-fascismo». La audiencia fue concedida el 29 de noviembre de 1945. Ochenta delegados de los judíos refugiados, provenientes de los campos de concentración, fueron recibidos en una sala del apartamento pontificio. El papa habló, recordando que por la ley del Sinaí y por el Sermón de la Montaña, la Sede Apostólica jamás había admitido en lo más mínimo que se pudieran aceptar las concepciones raciales «reconocidas entre las más deshonrosas desviaciones del sentimiento humano».[10]

Basándose en la documentación recogida, se puede afirmar tranquilamente que ningún pontífice en la historia de la Iglesia ha recibido tantas manifestaciones de afecto por parte de la comunidad judía como Pío XII.

Los méritos del papa Pacelli son tan conocidos que está en curso su causa de beatificación.

Para conocer mejor a un personaje que suscita tanta polémica me he dirigido al padre Peter Gumpel, relator para la beatificación de Pío XII en la Congregación para las Causas de los Santos.

 

El padre Gumpel es una autoridad en el campo de los procesos de beatificación. Hace 37 años que trabaja en ello. Durante diez años ha sido juez de la Congregación para las Causas de los Santos y durante once relator de la misma congregación. Ha sido profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana y en el Pontificio Instituto Oriental, donde, entre otros, ha dado cursos de especialización para preparar a quienes en el futuro deberán trabajar para las Causas de los Santos. Por sus manos han pasado centenares de causas de beatificación y canonización.

Al tener que afrontar la relación entre la Santa Sede y los judíos durante el régimen nazi, a su excelente preparación y competencia, el padre Gumpel añade una experiencia personal. Heredero de una de las familias más importantes de Alemania, Gumpel sufrió lo indecible durante el régimen hitleriano por motivos políticos. Muchos de sus familiares fueron asesinados, su madre encarcelada, y por dos veces él mismo tuvo que huir al extranjero para no caer víctima de los nazis.

El padre Gumpel sostiene que quien «acusa a Pío XII, nunca lo hizo mientras él estaba vivo. Muchos de los que hoy atacan a Pío XII, o eran muy jóvenes o ni siquiera habían nacido cuando el nazismo cometía sus crímenes».

 

Notas

[9] Declaración de Albert Einstein publicada por Time Magazine, 23 de diciembre de 1940, p. 40.

[10] «Confortatrici ed illuminate parole del Sommo Pontefice in risposta all´omaggio riconoscente di ebrei profughi», L´Osservatore Romano, 30 de noviembre de 1945, primera página.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=3967 2007.IV.18

 

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El mito del Papa de Hitler.
Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis.

 

*Por David G. Dalin, intelectual y rabino judío.

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     Según el historiador judío y rabino, David G. Dalin, Pío XII salvó más vidas de judíos que cualquier otra persona y pide que se  le otorgue el título «Justo entre las Naciones» , en reconocimiento por lo que hizo en defensa de los judíos durante la segunda guerra mundial, título que atribuye el Instituto «Yad Vashem» de Jerusalén.    

        La obra demuestra que muchos papas, a lo largo de la historia, defendieron y protegieron a los judíos de acusaciones y persecuciones, relata además muchas historias sobre cómo el Papa Eugenio Pacelli salvó a los judíos de la persecución nazi.

 

Hoy existe una fortísima corriente que se empeña en desacreditar a Pio XII ocultando los grandes esfuerzos que realizó para salvar judíos durante la II Guerra Mundial, esta injusta persecución comienza con la obra de teatro «El Vicario», de Rolf Hochhuth, que carece de cualquier valor histórico y lanza polémicas acusaciones.Luego, en 1999 el católico John Cornwell publicó "El Papa de Hitler"  y Daniel Goldhagen, en 2002, presentó su libro "A Moral Reckoning", ambos con enfoques críticos sobre el papel desempeñado por el Papa.

 

        Los detractores del Papa Pacelli, ignoran o eliminan el estudio iluminador, "Roma y los judíos" de Pinchas Lapide, cónsul general de Israel en Milán, que se había encontrado con muchos judíos italianos que sobrevivieron al Holocausto. Lapide documenta cómo Pío XII favoreció la salvación de al menos 700 mil judíos de manos de los nazis. Otro cálculo eleva la cifra a 860 mil.

        Aporta también Dalin otros autorizadísimos estudios de autores judíos:

        "Pio XII y los judíos», escrito en 1963 por Joseph Lichten, miembro de la Liga Antidifamación.

        "Judaísmo húngaro y papado" de Jenö Levai, el historiador húngaro que, ante las acusaciones de silencio contra el Papa, escribió este trabajo en su defensa. .

        "Informes, documentos y archivos de la Iglesia y el Estado», publicado en inglés en 1968, con una introducción de Robert M.W. Kempner, vicefiscal jefe estadounidense en el proceso de Nüremberg.

        Los más recientes, los trabajos de sir Martin Gilbert, entre los más autorizados historiadores judíos en vida, biógrafo oficial de Wiston Churchill y autor de más de setenta libros sobre la segunda guerra mundial y la Shoá.

        Gilbert relata todo lo que la Iglesia católica hizo en defensa de los judíos, oponiéndose al racismo y al nazismo, y afirma que «Pío XII debería ser elogiado y no censurado».

        Además, los actuales "revisionistas críticos" de Pio XII, manipulan el juicio histórico, es decir, el reconocimiento dado a Pío XII por sus contemporáneos, entre los que se encuentra el Premio Nobel Einstein, el rabino jefe de Israel Isaac Herzog, los primeros ministros Golda Meir y Moshe Sharett, y en Italia personas como Raffaele Cantoni, que en aquella época era presidente de la Unión de las comunidades judías italianas. Pero se pueden hojear también muchos artículos publicados en el «Jewish Advocate» de Boston, en el «London Times» y, en varias ocasiones, en el «New York Times».

 

        Señala Dalin que se tiene mucha documentación que demuestra que no se quedó ni mucho menos en silencio, es más, habló en voz alta contra Hitler y casi todos vieron en él a un opositor del régimen nazi. Durante la ocupación alemana de Roma, Pío XII dio secretamente instrucción al clero católico para que salvara a todas las vidas humanas posibles, con todos los medios. De este modo, salvó a miles de judíos italianos de la deportación. Mientras el 80% de los judíos europeos murieron en aquellos años, el 80% de los judíos italianos fueron salvados. Sólo en Roma, 155 conventos y monasterios ofrecieron refugio a unos 5 mil judíos. En un cierto momento, al menos tres mil se salvaron en la residencia papal de Castelgandolfo, librándose así de la deportación en los campos de concentración alemanes. Sesenta judíos vivieron durante nueve meses con los jesuitas de la Universidad Pontificia Gregoriana, y muchos otros fueron escondidos en los sótanos del Instituto Bíblico. Siguiendo las directas instrucciones de Pío XII, muchos sacerdotes y monjes favorecieron la salvación de centenares de vidas de judíos, poniendo en peligro su misma vida.

        Según el rabino Dalin, el Papa nunca denunció en público las leyes antisemitas y la persecución de los judíos, pues su silencio fue una eficaz estrategia orientada a proteger al mayor número posible de judíos de la deportación. Una denuncia explícita y dura contra los nazis por parte del Papa hubiera sido una invitación a la represalia, y hubiera empeorado las disposiciones hacia los judíos en toda Europa. Ciertamente podría preguntarse: ¿qué podía ser peor que el exterminio de seis millones de judíos? La respuesta es sencilla y terriblemente honesta: el asesinato de otros centenares de miles de judíos.

        Los "críticos revisionistas" de Pío XII saben que tanto líderes judíos como los obispos católicos que procedían de los países ocupados aconsejaron a Pacelli que no protestara públicamente contra las atrocidades cometidas por los nazis. Tenemos pruebas de que, cuando el obispo de Münster quiso pronunciarse en contra de la persecución de los judíos en Alemania, los responsables de las comunidades judías de su diócesis le suplicaron que no lo hiciera, pues hubiera provocado una represión más dura contra ellos».

        Además, continúa Dalin, los documentos sugieren que una excomunión de Hitler y el nazismo se hubieran quedado en un gesto meramente simbólico, es más, la historia enseña que una excomunión formal hubiera podido alcanzar el resultado opuesto. El padre Luigi Sturzo y el ex rabino jefe de Dinamarca, por ejemplo, tenían miedo precisamente de esto. Los mismo nazis interpretaron el famoso discurso de Pío XII de la Navidad de 1942 como una clara condena de su régimen y una instancia a favor de los judíos de Europa. La rabia entre los nazis hubiera podido suscitar reaciones catastróficas para la seguridad y el destino del mismo papado en los años sucesivos a la guerra. Una condena papal contra los nazis comportaba la sospecha fundada, difundida en aquella época, de que Hitler se hubiera vengado en la persona del mismo Papa, atacando el Vaticano. El embajador nazi en Roma, Rudolf Rahn, confirmó la existencia de estos proyectos, que él mismo contribuyó a prevenir.

        Afirma Dalin, que ha llegado la hora, por parte judía, de echar mano a una nueva reconstrucción de la relación entre Pío XII y el Holocausto. Esta reconstrucción, más cercana a los hechos, es decir, de lo que hizo realmente Pío XII por los judíos, llegaría a conclusiones diametralmente opuestas a las gratuitas del libro de John Cornwell, «El Papa de Hitler».

 

 

"Pío XII no fue el Papa de Hitler, sino el defensor más grande que nunca hemos tenido los judíos, y precisamente en el momento en el que lo necesitábamos". Esta nueva obra de historiografía debería basarse en el juicio que sus contemporáneos ofrecieron de los esfuerzos de Pío XII, de sus éxitos y fracasos; así como en la manera en que los judíos que sobrevivieron al Holocausto evaluaron (o reevaluaron) su vida e influencia en las décadas sucesivas. El Papa Pacelli fue un justo entre las naciones a quien hay que reconocer el haber protegido y salvado a centenares de miles de judíos. Es difícil imaginar que tantos líderes mundiales del judaísmo, en continentes tan diferentes, se hayan equivocado o confundido a la hora de alabar la conducta del Papa durante la guerra.

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  Es de sumo interés el capítulo del libro en el que Dalin analiza el comportamiento de varios pontífices con los judíos. La tradición de los papas que tuvieron gran consideración y estima a los hebreos se inicia, según el rabino norteamericano, con Gregorio I, más conocido como Gregorio Magno (590-604), que emitió el histórico decreto «Sicut Judaeis», en defensa de los judíos.

        Calixto II garantizó también su protección a los judíos y reafirmó el contenido de «Sicut Judaeis».

        Durante el siglo XIV, cuando los judíos fueron inculpados de la epidemia de peste ("la muerte negra"), el Papa Clemente VI (1342-1352) fue el único líder europeo que salió en su ayuda.

        Bonifacio IX (1389-1403) amplió la protección papal a los judíos, reconociéndoles la ciudadanía romana en 1402, y fue el primer Papa que dio empleo a judíos en El Vaticano.

        Los papas Martín V (1417-1431) y Eugenio IV (1431-1437) tuvieron como médico personal al judío Elijah ben Shabbetai Be’er que, gracias a la ayuda de los pontífices, fue el primer judío que enseñó en una Universidad europea, la de Pavía.

        Sixto IV (1471-1484), fue el primer Papa que contrató a copistas judíos en la Biblioteca Vaticana y creó la primera cátedra de Hebreo en la Universidad de Roma. Durante su pontificado, la población judía se duplicó.

        Dalin habla también de los pontífices Nicolás V, Julio II, León X, Clemente VII, Paolo III, Benedicto XIV, Clemente XIII y XIV, León XIII y Pío IX, todos los cuales intervinieron en favor de los judíos.

        Del siglo XX, el rabino estadounidense recuerda a Benedicto XV, que publicó una condena del antisemitismo preparada por el joven Eugenio Pacelli, futuro Pío XII.

        Pío XI, cuyo profesor de hebreo era un rabino, es conocido por afirmar: «Espiritualmente todos somos semitas».

        Juan XXIII y Pablo VI fueron cercanos colaboradores de Pío XII en la obra de rescate de los judíos durante la segunda guerra mundial.

        Juan Pablo II, fue el primer Papa que visitó la sinagoga de Roma y que rezó ante el Muro de las Lamentaciones

        Benedicto XVI ha realizado ya una histórica visita a la sinagoga de Colonia, en su Alemania natal, el pasado mes de agosto.

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El gran muftí de Jerusalén colaborador de Hitler

 

Finaliza el libro con la historia y a los hechos relativos al gran muftí de Jerusalén, Hajj Amin al Husseini que, durante la segunda guerra mundial, visitó a Adolf Hitler en numerosas ocasiones; amigo de Adolf Heichmann, visitó el campo de concentración de Auschwitz e intervino en la radio alemana, declarándose de acuerdo con la eliminación de los judíos europeos para evitar el nacimiento de un Estado judío. 

          Frente al actual rebrote de antisemitismo, Dalin propone recuperar la verdad histórica y estudiar las condenas al racismo hechas por el magisterio de la Iglesia católica.

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  * David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado en la Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

        Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América.

 

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P:… ¿Cree usted que la acusación de deicidio es la base histórica de la judeofobia que tradicionalmente hemos tenido en Europa?

 

 

R: … No, el antisemitismo es muy anterior a la aparición del cristianismo y aparece en egipcios como Manetón o autores clásicos como Cicerón, Tácito o Juvenal. A decir verdad, yo sostengo la tesis de que es esa herencia clásica la que acabó tiñendo de antisemitismo a algunos autores cristianos. 2004-03-30. César VIDAL. Esp.

 

 

 

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El abad Antonio-Egipto [298 ca.] escrutaba la profundidad de los juicios de Dios, y preguntó: «Señor, ¿por qué algunos mueren después de una vida corta, mientras otros alcanzan una prolongada ancianidad? ¿Por qué unos carecen de todo y otros nadan en la abundancia? ¿Por qué los malos viven en la opulencia y los justos padecen extrema pobreza?». Y vino una voz que le dijo: «Antonio, ocúpate de ti mismo. Así son los juicios de Dios y no te conviene conocerlos».

 

 

El abad Antonio dijo al abad Pastor. «La gran obra del hombre es poner sobre si mismo su culpa ante Dios, y esperar la tentación hasta el último momento de su vida».

 

Decía el abad Antonio: «He visto tendidos sobre la tierra todos los lazos del enemigo, y gimiendo he dicho: "¿Quién podrá escapar de todos ellos?". Y oí una voz que respondía: "La humildad"».

 

Un día vinieron unos ancianos a ver al abad Antonio. Entre ellos se encontraba el abad José. El abad Antonio quiso ponerles a prueba y les presentó un pasaje de la Escritura. Y empezando por los más jóvenes les preguntaba por el sentido del mismo. Cada uno contestaba lo que podía, pero él les decía: «No, no lo has encontrado todavía». En último lugar se dirigió al abad José y le preguntó: «¿Qué crees tú que significan esas palabras?». El respondió: «No lo sé». Y el abad Antonio le dijo: «Tan sólo el abad José ha encontrado el camino al responder que no lo sabia».

 

Un día los demonios acorralaron al abad Arsenio, que se encontraba en su celda, y le hacían sufrir mucho. Acudieron los hermanos que acostumbraban a servirle y estando fuera de la celda le oyeron gritar al Señor, diciendo: «¡Señor, no me abandones! No he hecho nada bueno a tus ojos, pero por tu bondad, Señor, concédeme empezar a bien vivir».

 

Se decía del abad Arsenio que en palacio nadie usaba mejores vestidos que él. Pero entre los monjes nadie los llevaba peores.

 

Uno vio que un día el abad Arsenio consultaba sobre sus propios pensamientos a un anciano de Egipto y le dijo: «¿Cómo tú, abad Arsenio, que tienes una cultura y una erudición tan elevada en textos latinos y griegos, vienes a consultar a este rústico?». Y él respondió: «Aprendí cultura latina y griega para el mundo, pero todavía no he podido aprender el alfabeto de este rústico ».

 

Los ancianos contaban que un día regalaron a los hermanos de Scitia unos pocos higos. Y como eran tan pocos, no le enviaron nada al abad Arsenio, para que no lo tomase como ofensa. El abad Arsenio lo supo, y no acudió, según la costumbre, a la asamblea de los hermanos, diciendo: «Me habéis excomulgado al no darme nada del regalo que el Señor ha enviado a los hermanos, del cual no fui digno de participar». Al oírle se edificaron todos de la humildad del anciano. Vino el sacerdote y le llevó algunos higos y le acompañó a la reunión rebosante de alegría.

 

Decían los ancianos que nunca nadie pudo hacerse una idea justa de la vida que llevó el abad Arsenio. Cuando vivía en el Bajo Egipto, como era asediado por la muchedumbre, decidió abandonar su celda. No tomó nada consigo, y dijo a sus discípulos, Alejandro y Zoilo: «Tú, Alejandro, toma un barco, y tú, Zoilo, ven conmigo hasta el río y busca una embarcación que vaya a Alejandría, y así irás al encuentro de tu hermano». Zoilo, turbado por estas palabras, no dijo nada y así se separaron. El anciano bajó a la región de Alejandría y allí cayó gravemente enfermo. Mientras tanto, los discípulos se decían el uno al otro: «¿Crees que uno de nosotros ha hecho sufrir al anciano y por eso se ha apartado de nosotros?». Y no encontraban en ellos ninguna cosa desagradable, ni ninguna desobediencia. Cuando el anciano recobró la salud, se dijo: «Volveré con mis Padres». Y regresó a un lugar llamado Petra, donde se encontraban los ya citados discípulos. Y estando junto al río, vino una joven etíope, se acercó y tocó su melota. El anciano la reprendió, pero ella le gritó: «¡Si eres monje, vete al monte!». El anciano se contristó por estas palabras y se repetía a sí mismo: «¡Arsenio, si eres monje, vete al monte!». Y entretanto llegaron Alejandro y Zoilo, sus discípulos. Cayeron a sus pies, el anciano se postró también y los tres se pusieron a llorar. El anciano, dijo: «¿No oísteis que he estado enfermo?». Ellos respondieron: «Sí, ya lo oímos». Y el anciano repuso: «¿Y por qué no habéis venido a yerme?». Alejandro contestó: «No hemos podido soportar la separación. A causa de ella muchos nos han hecho sufrir, diciendo: "Si no hubieran sido desobedientes, el anciano nunca se hubiera separado de ellos". Y el anciano les dijo: «Yo supe que esto se decía de vosotros, pero de ahora en adelante se dirá: "La paloma no hallando donde posar el pie, tomó donde él (Noé) al arca"». (Gén 8,9). Con estas palabras los discípulos se consolaron mucho y permanecieron con él hasta el último día de su vida.

Cuando le vieron a punto de morir, los discípulos se atribularon mucho, pero él les dijo: «Todavía no ha llegado la hora. Cuando llegue ya os lo diré. Os llevaré ante el tribunal de Cristo, si permitís que alguno haga de mi cuerpo una reliquia». Y ellos le dijeron: «¿Qué haremos sí no sabemos amortajar ni enterrar a un muerto?». Y el anciano les dijo: «¿No vais a saber echarme una soga al pie y llevarme arrastrando al monte?». Cuando iba a entregar su espíritu, le vieron llorar y le dijeron: «¿De verdad, Padre, también tú temes la muerte?». Y él les respondió: «En verdad, el temor que siento en este momento no ha dejado de acompañarme desde que me hice monje. Si, tengo mucho miedo». Y así descansó en paz. En los labios de Arsenio siempre estaban estas palabras: «¿Para qué dejaste el mundo?». Y también: «Siempre me he arrepentido de haber hablado, nunca de haber callado». Al conocer la muerte de Arsenio, el abad Pastor, se echó a llorar, diciendo: «Dichoso tú, abad Arsenio, porque has llorado sobre ti mismo en esta vida. El que no llora sobre sí en este mundo, llorará eternamente en el otro. En efecto, sea aquí voluntariamente, sea allí obligados por los tormentos, es imposible no llorar».

 

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“Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar nuestra actividad de decisión. Incluso, cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir.

 

Es, pues, falso decir que en la vida ‘deciden las circunstancias’. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.

 

No es que no se deba hacer lo que le dé a uno la gana: es que no se puede hacer sino lo que cada cual tiene que hacer, tiene que ser. Lo único que cabe es negarse a hacer eso que hay que hacer; pero esto no nos deja en franquía para hacer otra cosa que nos dé la gana. En este punto poseemos sólo una libertad negativa de albedrío –la voluntad-. Podemos perfectamente desertar de nuestro destino más auténtico (hijos de Dios y cristianos que somos), pero es para caer prisioneros en los pisos inferiores de nuestro verdadero destino.”

[Don José Ortega y Gasset]

 

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“El único sentido de nuestra vida cristiana está en Jesucristo; sólo quien asimile su propia vida, su persona, su pensamiento, su sentimiento y su actuar, a la vida, los pensamientos, los sentimientos y las acciones del Señor, podrá ser plenamente cristiano, católico. Por eso, nuestra mayor preocupación ha de ser siempre –meditar la vida y la obra de Jesús de Nazaret.” [La Imitación de Cristo de Tomás de Kempis]

 

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Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos. Mirad: el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste (St 5, 1-6).

2446 San Juan Crisóstomo lo recuerda vigorosamente: ‘No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos’. Es preciso ‘satisfacer ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no se ofrezca como ayuda de caridad lo que ya se debe a título de justicia’ (AA 8):

Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia. (S. Gregorio Magno, past. 3, 21).

2447 Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales socorremos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales (cf. Is 58, 6-7; Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras espirituales de misericordia, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos (cf Mt 25,31-46). Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres (cf Tb 4, 5-11; Si 17, 22) es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios (cf Mt 6, 2-4):

El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo (Lc 3, 11). Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros (Lc 11, 41). Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos o hartaos’, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? (St 2, 15-16).

 

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Quienes promuevan «leyes contra el bien integral de la persona, contra la justicia o contra la ley natural pierden la coherencia eucarística» Sínodo Obispos 2005.10 Vat.

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Pero lo verdaderamente importante es que la Iglesia renueva sin cesar su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Porque de eso estamos hablando: de una persona, de un ser vivo, y no de una cosa o una idea. La Eucaristía es Él. Y todos, en la Iglesia, vivimos por Él, con Él y gracias a Él, y soñando con unirnos algún día plenamente a Él. O al menos, así debería ser.

 

«Sobre el misterio eucarístico se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo».

 

Benedicto XVI animó a los laicos a hacer de la Eucaristía el «motor interior de toda actividad» y recordó que «ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida». 2005-10-23, al cerrar el Sínodo de los Obispos y el año de la Eucaristía.

 

Recomendamos 4 libros : Joseph +cardenal Ratzinger, al día S. S. BENEDICTO XVI P.M.: Fe, verdad y tolerancia; Introducción al cristianismo; La fraternidad de los cristianos; Un canto nuevo para el Señor; Ediciones SIGUEME -

Recomendamos el libro: ‘LO PRIMERO ES EL AMOR’ de Scott HAHN. Ed. Patmos.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).