Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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El Holocausto, la Shoá (en hebreo), Auschwitz son elementos centrales de la identidad israelí. Así lo destaca el historiador Tom Seguev, quien apunta que la vuelta de tuerca decisiva se produjo tras el proceso contra el criminal de guerra nazi, Adolf Eichmann, secuestrado por los servicios israelíes en Argentina en 1960 y juzgado y ejecutado en Israel un año después. Fue la única vez en la historia que se cumplió una condena a muerte en este país.

 

  

El sacrificio de los sacerdotes polacos

Surge aquí otra singular e importante dimensión de mi vocación. Los años de la ocupación alemana en Occidente y de la soviética en Oriente supusieron un enorme número de detenciones y deportaciones de sacerdotes polacos hacia los campos de concentración. Sólo en Dachau fueron internados casi tres mil. Hubo otros campos, como por ejemplo el de Auschwitz, donde ofreció la vida por Cristo el primer sacerdote canonizado después de la guerra, San Maximiliano María Kolbe, el franciscano de Niepokalanów. Entre los prisioneros de Dachau se encontraba el Obispo de Wloclawek, Mons. Michal Kozal, que he tenido la dicha de beatificar en Varsovia en 1987. Después de la guerra algunos de entre los sacerdotes ex prisioneros de los campos de concentración fueron elevados a la dignidad episcopal. Actualmente viven aún los Arzobispos Kazimierz Majdanski y Adam Kozlowiecki y el Obispo Ignacy Jez, los tres últimos Prelados testigos de lo que fueron los campos de exterminio. Ellos saben bien lo que aquella experiencia significó en la vida de tantos sacerdotes. Para completar el cuadro, es preciso añadir también a los sacerdotes alemanes de aquella misma época que experimentaron la misma suerte en los lager. He tenido el honor de beatificar a algunos de ellos: primero al P. Rupert Mayer de Munich, y después, durante el reciente viaje apostólico a Alemania, a Mons. Bernhard Lichtenberg, párroco de la Catedral de Berlín, y al P. Karl Leisner de la diócesis de Munster. Este último, ordenado sacerdote en el campo de concentración en 1944, después de su ordenación pudo celebrar sólo una Santa Misa. «DON Y MISTERIO» S.S. Juan Pablo II – Obispo de Roma

 

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Yad Vashem, Jerusalem – el memorial de las víctimas de la Shoah con sus nombres impresos por millones – el Papa Benedicto PP. XVI, ha ilustrado luego el sentido de otra palabra bíblica: el "nombre". Los nombres de todos "están impresos en forma indeleble en la memoria del Dios Todopoderoso". En consecuencia, "jamás se puede extirpar el nombre de otro ser humano", ni siquiera cuando se le quiere quitar todo. El grito de los asesinados se eleva de la tierra como en los tiempos de Abel, contra todo derramamiento de sangre inocente, y Dios escucha a todos, porque "no se extingue su misericordia". Estas últimas palabras, extraídas del libro de las Lamentaciones, el Papa las ha escrito al firmar el libro de honor.  Yad Vashem, lunes 11 de mayo de 2009, primer día de su visita a Israel.

 

"Busquen a Dios y se les dará la paz"  -
por Benedetto XVI – 11.V. 2009

Señor presidente, [...] hoy deseo asegurarle a usted [...] como también a todos los habitantes del Estado de Israel, que mi peregrinación a los Lugares Santos es una peregrinación de oración a favor del don precioso de la unidad y de la paz para el Medio Oriente y para toda la humanidad. En verdad, cada día rezo a fin de que la paz que nace de la justicia retorne a Tierra Santa y a toda la región, llevando seguridad y renovada esperanza para todos.

La paz es antes que nada un don divino. En efecto, la paz es la promesa del Todopoderoso a todo el género humano y custodia la unidad. Leemos en el libro del profeta Jeremías: “Conozco los proyectos que he hecho respecto a ustedes – oráculo del Señor –, proyectos de paz y no de desgracia, para asegurarles un futuro lleno de esperanza”. El profeta nos recuerda la promesa del Todopoderoso que “se dejará encontrar”, que “escuchará”, que “nos reunirá”. Pero hay una condición para que se cumpla esto: debemos “buscarlo”, y “buscarlo con todo el corazón” (Jeremías 29, 11-14).

A los líderes religiosos hoy presentes quiero decirles que la contribución particular de las religiones para la búsqueda de la paz se funda primariamente en la búsqueda apasionada y complaciente de Dios. Nuestra es la tarea de proclamar y testimoniar que el Todopoderoso está presente y es cognoscible también cuando parece haberse ocultado de nuestra mirada, que Él obra en nuestro mundo para nuestro bien y que el futuro de la sociedad está marcado por la esperanza cuando vibra en armonía con el orden divino.

La presencia dinámica de Dios es lo que reúne los corazones y asegura la unidad. De hecho, el fundamento último de la unidad entre las personas está en la perfecta unicidad y universalidad de Dios, que ha creado al hombre y a la mujer a su propia imagen y semejanza, para conducirnos al interior de su vida divina, de tal forma que todos puedan ser una sola cosa.

Por lo tanto, los líderes religiosos deben ser conscientes que cualquier división o tensión, cada tendencia a la introversión o a la sospecha entre los creyentes o entre nuestras comunidades puede conducir fácilmente a una contradicción que oscurece la unicidad del Todopoderoso, traiciona nuestra unidad y contradice al Único que se revela a sí mismo como “rico de amor y de fidelidad” (Éxodo 34, 6; Salmo 138, 2; Salmo 85, 11). Querido amigos, Jerusalén, que desde hace tiempo ha sido un entrecruzamiento de pueblos de diversos orígenes, es una ciudad que permite a judíos, cristianos y musulmanes ya sea asumir el deber o gozar del privilegio de dar juntos testimonio de la coexistencia pacífica, largo tiempo deseada por los adoradores del único Dios; de poner de manifiesto el plan del Todopoderoso, anunciado a Abraham, para la unidad de la familia humana; y de proclamar la verdadera naturaleza del hombre como buscador de Dios. Esforcémonos entonces en asegurar que, mediante la formación y la guía de nuestras respectivas comunidades, las sostendremos para que sean fieles a lo que verdaderamente son como creyentes, siempre conscientes de la infinita bondad de Dios, de la inviolable dignidad de cada ser humano y de la unidad de toda la familia humana.

La Sagrada Escritura nos ofrece también su comprensión de la seguridad. Según el lenguaje hebreo, seguridad – "batah" – deriva de confianza, no se refiere solamente a la ausencia de amenaza, sino también al sentimiento de calma y de confianza. En el libro del profeta Isaías leemos respecto a un tiempo de bendición divina: “Al final se infundirá en nosotros un espíritu desde lo alto; entonces el desierto se convertirá en un jardín y el jardín será considerado una selva. En el desierto habitará el derecho y la justicia reinará en el jardín. Practicar la justicia dará paz, honrar la justicia dará tranquilidad y seguridad para siempre” (32, 15-17). Seguridad, integridad, justicia y paz: en el designio de Dios para el mundo todas estas cosas son inseparables. Lejos de ser simplemente el producto del esfuerzo humano, ellas son valores que provienen de la relación fundamental de Dios con el hombre, y residen como patrimonio común en el corazón de cada individuo.

Sólo hay una vía para proteger y promover tales valores: ¡ejercitarlos! ¡vivirlos! Ningún individuo, ninguna familia, ninguna comunidad o nación está exenta del deber de vivir en la justicia y de obrar para la paz. Naturalmente, aquí se espera que los líderes civiles y políticos aseguren una justa y adecuada seguridad para el pueblo a cuyo servicio ellos han sido elegidos.

Este objetivo constituye una parte de la justa promoción de los de los valores comunes a la humanidad y, por lo tanto, no pueden oponerse a la unidad de la familia humana. Los valores y los fines auténticos de una sociedad, que siempre tutelan la dignidad humana, son indivisibles, universales e interdependientes. Por eso no se pueden realizar cuando son presa de intereses particulares o de políticas fragmentarias. El verdadero interés de una nación es servido siempre mediante la prosecución de la justicia para todos.

Amables señoras y señores, una seguridad duradera es cuestión de confianza, alimentada en la justicia y en la integridad, ratificada por la conversión de los corazones que nos obliga a contemplar al otro a los ojos y a reconocer al "tu" como alguien similar a mí, como un hermano mío, como una hermana mía. De este modo, ¿no se convertirá quizás la sociedad misma en un “jardín colmado de frutos” (cfr. Isaías 32, 15), no signado por bloqueos y obstrucciones, sino por la cohesión y la armonía? ¿No puede quizás convertirse en una comunidad de nobles aspiraciones, donde de buen grado se da acceso a todos a la educación, a la vivienda familiar, a la posibilidad de empleo, una sociedad dispuesta a edificar sobre los fundamentos duraderos de la esperanza?

Para concluir, deseo dirigirme a las familias comunes de esta ciudad y de esta tierra. ¿Qué padres querrán que jamás haya violencia, inseguridad o divisiones para sus hijos y para sus hijas? ¿Qué objetivo político humano puede ser servido jamás a través de conflictos y violencias? Oigo el grito de cuantos viven en este país y que invocan justicia, paz, respeto por su dignidad, seguridad estable, una vida cotidiana libre del miedo a las amenazas externas y a la violencia insensata. Sé que un número considerable de hombres, mujeres y jóvenes están trabajando para la paz y la solidaridad, a través de programas culturales e iniciativas de apoyo práctico y compasivo; lo suficientemente humildes para perdonar, tienen la valentía de tener apretado el sueño que es su derecho.

Señor presidente, le agradezco por la cortesía que me ha demostrado y le aseguro una vez más mis oraciones para el gobierno y para todos los ciudadanos de este Estado. Que una auténtica conversión de los corazones de todos pueda conducir a un compromiso cada vez más decidido por la paz y la seguridad, a través de la justicia para cada uno. ¡Shalom!

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"Sus nombres están impresos en forma indeleble en la memoria de Dios"

por Benedicto XVI


“Dentro de mi casa y dentro de mis muros les entregaré un monumento y un nombre... les daré un nombre eterno que jamás se borrará” (Isaías 56, 5).

Este pasaje, extraído del libro del profeta Isaías, ofrece las dos simples palabras que expresan en forma solemne el significado profundo de este lugar venerado: "yad", memorial, "shem", nombre. He llegado hasta aquí para detenerme en silencio frente a este monumento, erigido para honrar la memoria de millones de judíos asesinados en la horrenda tragedia de la Shoah. Ellos perdieron su vida, pero jamás perderán sus nombres: éstos están impresos en forma permanente en los corazones de sus seres queridos, de sus compañeros de prisión y de cuantos han decidido no permitir jamás que un horror semejante pueda deshonrar de nuevo a la humanidad. Sus nombres, en particular y sobre todo, están impresos en forma indeleble en la memoria de Dios Todopoderoso.

Se puede despojar al vecino de sus posesiones, de las ocasiones favorables o de la libertad. Se puede entramar una insidiosa red de mentiras para convencer a otros que ciertos grupos no merecen respeto. Y sin embargo, por más esfuerzos que se hagan, jamás se puede extirpar el nombre de otro ser humano.

La Sagrada Escritura nos enseña la importancia de los nombres cuando se confía a alguien una misión única o un don especial. A Abram Dios lo llamó “Abraham”, porque debía convertirse en el “padre de muchos pueblos” (Génesis 17, 5). Jacob fue llamado “Israel” porque había “combatido con Dios y con los hombres y había triunfado” (cfr. Génesis 32, 29). Los nombres conservados en este venerado monumento tendrán para siempre un puesto sagrado entre los innumerables descendientes de Abraham.

Como pasó con Abraham, también su fe fue probada. Como pasó con Jacob, también ellos fueron sumergidos en la lucha entre el bien y el mal, mientras luchaban para discernir los designios del Todopoderoso. ¡Que los nombres de estas víctimas no perezcan jamás! ¡Que sus sufrimientos jamás sean negados, menospreciados u olvidados! ¡Y que toda persona de buena voluntad pueda velar para erradicar del corazón del hombre cualquier cosa capaz de llevar a tragedias semejantes a ésta!

Comprometida con las enseñanzas de Jesús y dispuesta a imitar el amor para cada persona, la Iglesia Católica experimenta profunda compasión por las víctimas aquí recordadas. De la misma manera, ella se sitúa junto a cuantos hoy están sometidos a persecuciones a causa de su raza, color, condiciones de vida o religión: sus sufrimientos son los suyos y suya es su esperanza de justicia. Como obispo de Roma y sucesor del apóstol Pedro, destaco – al igual que mis predecesores – el deber de la Iglesia en rezar y en obrar sin cansarse, para asegurar que el odio no reine jamás en el corazón de los hombres. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es el Dios de la paz (cfr. Salmo 85, 9).

Las Escrituras enseñan que es nuestro deber recordar al mundo que este Dios vive, aunque a veces encontremos difícil comprender sus caminos misteriosos e inescrutables. Él se ha revelado a sí mismo y continúa obrando en la historia humana. Él solo gobierna el mundo con justicia y juzga con rectitud a cada pueblo (cfr. Salmo 9, 9).

Fijando la mirada en los rostros reflejados en el espejo de agua que se extiende silenciosamente en el interior de este memorial, no se puede hacer menos que recordar cómo cada uno de ellos lleva un nombre. Solamente puedo imaginar la alegre expectativa de sus padres, mientras esperaban con ansias el nacimiento de sus niños. ¿Qué nombre daremos este hijo? ¿Qué será de él o de ella? ¡Quién habría podido imaginar que habrían de ser condenados a un destino tan lamentable!

Mientras estamos aquí en silencio, su grito resuena todavía en nuestros corazones. Es un grito que se eleva contra todo acto de injusticia y de violencia. Es una condena perenne contra el derramamiento de sangre inocente. Es el grito de Abel que se eleva desde la tierra hacia el Todopoderoso. Al profesar nuestra confianza inquebrantable en Dios, damos voz a ese grito con las palabras de las Lamentaciones, tan cargadas de significado tanto para los judíos como para los cristianos:

“La misericordia del Señor no se extingue ni se agota su compasión; se renuevan cada mañana, grande es su fidelidad. Mi parte es el Señor – yo exclamo –, por eso en él espero. Bueno es el Señor con quien espera en él, con aquél que lo busca. Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor” (3, 22-26).

Queridos amigos, estoy profundamente agradecido a Dios y les agradezco a ustedes por la oportunidad que me ha sido dada de permanecer aquí en silencio: un silencio para recordar, un silencio para esperar.

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Discursos y las homilías del viaje de Benedicto XVI:

> Peregrinación a Tierra Santa, 8-15 de mayo de 2009

 

 

11.V. MMIX. Jerusalen Simon Peres, Presidente y

el Pontífice S.S. Benedicto XVI.
 

 

…como que los nazis “rechazaron muchos elementos del cristianismo pero conservaron otros”. Difícil papeleta la de delimitar las influencias. Imaginemos el hijo de un hombre de fuertes convicciones políticas que es asesinado por su hijo que ha abrazado la postura ideológica contraria. Es lícito considerar que el acto del hijo es culpa del padre porque ha tomado algunos elementos que le enseñó éste, como por ejemplo acercarse al lugar del crimen andando (se lo enseñó su padre) hablando con su misma lengua, y usando pantalones como él en lugar de vestir un Sari, por ejemplo. ¿Convierte al cristianismo culpable de los crímenes de Hitler el hecho que Hitler hablase bien de la persona de Jesús?

Una vez más nos encontramos frente al uso de la Historia como una arma para la guerra, en este caso, para la guerra contra el cristianismo una vez más. En todo caso, puede haber dolor pero no sorpresa.

 

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Primero el mal se presenta como menor y tolerable, luego como algo normal, luego como algo deseable y finalmente como algo obligatorio... Veamos si no, fenómenos como el aborto, el activismo gay, asociaciones pro-pedofilía, comunismo nazismo, islamo-fascismo…

 

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Callar ante la injusticia y la mentira es hacerse cómplice de ellas. Puede entenderse tal postura en una situación en que hablar encierra grandes peligros, pero en la democracia no hay excusa. Los derechos se defienden ejerciéndolos, y la inhibición, precisamente, socava las libertades y ayuda a los demagogos.

Una voz del exterior de gran fuerza moral, sin embargo, en algunas circunstancias bien precisas, frente a totalitarismos, puede y debe callar (que no es ocultar o mentir), para no engendrar más peligro y posible victimas.

 

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Documentadas las acciones vaticanas para salvar judíos desde 1938

La PTWF descubre dos mensajes del cardenal Pacelli antes de la Guerra


NUEVA YORK, viernes 2 de julio de 2010 (ZENIT.org).- La Pave the Way Foundation (PTWF) ha anunciado el descubrimiento de documentos vaticanos de gran importancia.

Gary Krupp, presidente de la Fundación, afirmó que “al perseguir nuestra misión de encontrar y eliminar los obstáculos no teológicos entre las religiones, hemos identificado el pontificado del papa Pío XII como un periodo que tiene un impacto negativo sobre más de mil millones de personas. La PTWF emprendió un proyecto de recuperación de documentos y testimonios oculares posibles para traer la verdad a la luz”.

“Hasta ahora tenermos más de 40.000 páginas de documentos, videos de testimonios oculares y artículos sobre nuestra web www.ptwf.org para ayudar a los historiadores a investigar este periodo”.

El historiador y representante de la PTWF en Alemania Michael Hesemann ha visitado regularmente el Archivo Secreto vaticano abierto recientemente y sigue realizando descubrimientos significativos. Su último estudio de los documentos originales publicados precedentemente revela acciones secretas para salvar a miles de judíos desde 1938, tres semanas después de la Noche de los Cristales Rotos.

El cardenal Eugenio Pacelli (futuro papa Pío XII) envió un telex a las Nunciaturas y a las Delegaciones Apostólicas y una carta a 61 arzobispos del mundo católico pidiendo 200.000 visados para “católicos no arios” tres semanas después de la Noche de los Cristales Rotos. Mandó también otra carta fechada el 9 de enero de 1939.

Michael Hesemann declara que “el hecho de que en esta carta se hable de ´judíos convertidos´ y ´católicos no arios´ parece ser una cobertura. No se podía estar seguro de que los agentes nazis no se enteraran de la iniciativa”.

“Pacelli debía asegurarse de que no hiciesen un uso equivocado de su propaganda, que no pudiesen declarar que ´la Iglesia era un aliado de los judíos´”, añadió.

El Concordato de 1933 firmado con Alemania garantizaba que los judíos convertidos habrían sido tratados como cristianos, y utilizar esta posición legal permitió a Pacelli ayudar a los ´católicos no arios´”.

Una prueba del hecho de que no se estaba refiriendo sólo a los ´judíos convertidos´ es evidente cuando Pacelli pide que los arzobispos se preocupen de “salvaguardar su bienestar espiritual y de defender su culto religioso, sus costumbres y sus tradiciones”.

Otro indicio del intento real de las peticiones del Vaticano deriva de las respuestas originales de los obispos y de los nuncios a la petición de Pacelli. Los prelados se referían a menudo a los “judíos perseguidos”, no a “judíos convertidos” o a “católicos no arios”.

“Aunque es ampliamente reconocida por los historiadores la intercesión de Pacelli para salvar a miles de ´judíos conversos´, muchos basan sus conclusiones en la rápida lectura de cartas y documentos vaticanos”, observa Pave the Way.

“Dado que muchos de los críticos de este pontificado aún no han aceptado la directa y probada amenaza nazi contra el Estado vaticano y la vida del papa Pío XII, parecen no comprender que era necesario usar subterfugios dado que se enviaban sólo directivas criptadas o verbales”.

“En muchos casos, los historiadores ignoran el lenguaje vaticano, que a veces usa el latín para expresar el significado oculto de estas peticiones”.

“La PTWF seguirá difundiendo cuantos más documentos sea posible, porque todo lo que hemos descubierto hasta ahora parece indicar que la difundida percepción negativa del papa Pío XII es errónea”, afirmó Elliot Hershberg, presidente del Consejo de Administración de la Pave the Way Foundation.

“Creemos también también que muchos judíos que consiguieron abandonar Europa pueden no tener ni idea del hecho de que sus visados y documentos de viaje fueron obtenidos a través de estos esfuerzos vaticanos”.

El profesor Ronald Rychlak, conocido investigador y autor del libro “Hitler, the War and the Pope”, afirmó por su parte que los documentos prueban que “los esfuerzos que parecen haber estado dirigidos a defender sólo a los judíos convertidos, en realidad defendieron a todos los judíos, independientemente del hecho de que se hubiesen convertido”.

Para el profesor Matteo Luigi Napolitano, profesor de Historia de las Relaciones Internacionales, las instrucciones de Eugenio Pacelli en la carta del 9 de enero de 1939 no dejan espacio a la duda sobre las intenciones de la Santa Sede y del futuro Pontífice.

“No empeñarse en salvar sólo a los judíos – dice la carta – sino también sinagogas, centros culturales y todo lo que pertenecía a su fe”.

 

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Judíos italianos hacia el campo de concentración de Auschwitz

 

Un rabino revela cómo Pío XII salvó a miles de judíos

G. Dalin prueba en un libro la insistente acción del Papa para librar a este pueblo de los nazis

 

Madrid- Mucho se ha hablado de la relación entre el Papa Pío XII y Adolf Hitler. Se le ha acusado al Pontífice de colaboracionista nazi, pero también de salvador de los judíos. ¿Cuál fue la verdadera cara de este Papa? Las dudas han sido despejadas gracias a la ardua investigación del rabino David G. Dalin, profesor de Ciencias Políticas e Historia en Ave María University en Naples, Florida; y articulista en varias publicaciones. Su investigación la ha resumido en «El mito del Papa de Hitler. Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis», de Ciudadela.
   El mal llamado «Papa de Hitler», Eugenio Pacelli, nació en Roma en 1876 y tras estudiar derecho canónico, se convirtió en uno de los consejeros papales de mayor confianza. «Durante la Primera Guerra Mundial, Pacelli fue nombrado nuncio papal en Baviera» y más tarde «arzobispo», explica el rabino G. Dalin, que destaca además, la amistad que tuvo con el judío Bruno Walter, director de orquesta de la Ópera de Munich, quien «porteriormente se convirtió al catolicismo». Éste «fue uno de los muchos judíos a los que Eugenio Pacelli ayudó a rescatar», explica en el libro.
   Profetas falsos y diabólicos
   Una de los asuntos que más critica el rabino es el «olvido» que algunos detractores de Pío XII parecen tener con respecto a esta clase de hechos. Entre estos destaca John Cornwell, autor de «El Papa de Hitler», publicado en 2000, trata de demostrar que Pacelli fue antisemita. Sin embargo la historia pone a cada uno en su sitio y G. Dalin lo demuestra: «Pacelli fue el primer Papa en asistir, en su juventud, a una comida de sabbat en un hogar judío y en haber discutido de modo informal, con miembros eminentes de la comunidad judía de Roma, sobre temas de teología judaica». «En 1935, en una carta abierta al obispo de Colonia, el ya cardenal Pacelli llamó a los nazis “falsos profetas con la soberbia de Lucifer”». Ese mismo año, «atacó a las ideologías poseídas por la superstición de la superioridad de raza o de sangre», revela el libro. Según confesó a sus amigos, «los nazis eran diabólicos» y «Hitler está completamente obsesionado». «Todo lo que no le resulta útil lo destruye; este hombre es capaz de pisotear cadáveres».
   Además, G. Dalin, subraya unas palabras que Pacelli pronunció en reunión con el antinazi Dietrich von Hildebrand: «No hay reconciliación posible entre el cristianismo y el racismo nazi».
   Durante su purpurado, Pacelli fue conocido por los nazis como un cardenal «amigo de los judíos»; la animadversión nazi creció con su elección papal en 1939. Ya desde el comienzo de su pontificado, «respondió a un decreto antisemita otorgando cargos en la Biblioteca Vaticana a varios de los eruditos judíos rechazados por el régimen», confirma el rabino. Su primera encíclica, «Summi Pontificatus», abogaba por «la paz, rechazaba de forma expresa el nazísmo y mencionaba de manera explícita a los judíos». Más aún: «Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII habló en favor de los judíos europeos y urgió a los obispos a salvar a los judíos y a otras víctimas de la persecución nazi».
   Una de sus mayores acciones en su favor ocurrió «durante la ocupación nazi en Roma, cuando tres mil judíos encontraron refugio al mismo tiempo en la residencia papal de verano de Castel Gandolfo», convirtiéndose «los apartamentos privados de Pío XII en una especie de clínica obstétrica temporal».
   La comunidad judía, no ajena a la labor del pontífice, elogió al Papa en multitud de ocasiones. En 1958,al morir Pío XII, daría comienzo una enorme corriente de organizaciones y periódicos semitas que rendirían tributo al bien llamado, poco más tarde, «justo entre las naciones».

Agradecemos a Álvaro de Juana-L.R.ESP. 2006-11-15

Festividad de San Alberto Magno.

 

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Pío XII salvó más vidas de judíos que

Oskar Schindler

 

 

 

 

 

 

 

 

Entrevista con el rabino de Estados Unidos, David Dalin

 

¿Pío XII? «Durante el siglo XX el pueblo judío no tuvo un amigo más grande». Esta es la opinión del rabino de Nueva York, David Dalin.

 

Según este historiador de profesión, que intervino el pasado 22 de agosto en el Meeting organizado por el Movimiento católico Comunión y Liberación en la localidad costera de Rimini (norte de Italia), «Durante la segunda guerra mundial, Pío XII salvó más vidas de judíos que cualquier otra persona, incluso más que Raoul Wallenberg o Oskar Schindler».

 

--Usted ha calificado de revisionistas a los historiadores que han criticado al Papa Pío XII, ¿por qué?

 

--David Dalin: Hoy día existe una nueva generación de periodistas y expertos empeñada desacreditar los documentados esfuerzos de Pío XII por salvar a los judíos durante el Holocausto. Esta generación se ha inspirado en la obra teatral «El Vicario», de Rolf Hochhuth, que no tiene valor histórico, pero que lanza polémicas acusaciones contra este Papa. Sin embargo, los detractores de Eugenio Pacelli ignoran o eliminan el estudio iluminador de Pinchas Lapide, quien fu cónsul general de Israel en Milán y que había se había encontrado con muchos judíos italianos que sobrevivieron al Holocausto. En esa obra, Lapide documenta cómo Pío XII favoreció la salvación de al menos 700 mil judíos de manos de los nazis. Ahora bien, según otro cálculo, esta cifra se eleva a 860 mil.

 

--¿Por qué entonces este cambio de apreciación?

 

--David Dalin: Llamo revisionistas a estos críticos de hoy porque trastocan el juicio de la historia, es decir, el reconocimiento dado a Pío XII por sus contemporáneos, entre los que se encuentra el Premio Nobel Albert Einstein, el rabino jefe de Israel Isaac Herzog, los primeros ministros Golda Meir y Moshe Sharett, y en Italia personas como Raffaele Cantoni, que en aquella época era presidente de la Unión de las comunidades judías italianas. Pero se pueden hojear también muchos artículos publicados en el «Jewish Advocate» de Boston, en el «London Times» y, en varias ocasiones, en el «New York Times».

 

--¿Qué es lo que hizo el Papa Pacelli a favor de los judíos?

 

--David Dalin: Tenemos mucha documentación que demuestra que no se quedó ni mucho menos en silencio, es más, habló en voz alta contra Hitler y casi todos vieron en él a un opositor del régimen nazi. Durante la ocupación alemana de Roma, Pío XII dio secretamente instrucción al clero católico para que salvara a todas las vidas humanas posibles, con todos los medios. De este modo, salvó a miles de judíos italianos de la deportación. Mientras el 80% de los judíos europeos murieron en aquellos años, el 80% de los judíos italianos fueron salvados. Sólo en Roma, 155 conventos y monasterios ofrecieron refugio a unos 5 mil judíos. En un cierto momento, al menos 3 mil se salvaron en la residencia papal de Castel Gandolfol, librándose así de la deportación en los campos de concentración alemanes. Sesenta judíos vivieron durante nueve meses con los jesuitas de la Universidad Pontificia Gregoriana, y muchos otros fueron escondidos en los sótanos del Instituto Bíblico. Siguiendo las directas instrucciones de Pío XII, muchos sacerdotes y monjes favorecieron la salvación de centenares de vidas de judíos, poniendo en peligro su misma vida.

 

--Pero el Papa nunca denunció en público las leyes antisemitas y la persecución de los judíos...

 

--David Dalin: Su silencio fue una eficaz estrategia orientada a proteger al mayor número posible de judíos de la deportación. Una denuncia explícita y dura contra los nazis por parte del Papa hubiera sido una invitación a la represalia, y hubiera empeorado las disposiciones hacia los judíos en toda Europa. Ciertamente podría preguntarse: ¿qué podía ser peor que el exterminio de seis millones de judíos? La respuesta es sencilla y terriblemente honesta: el asesinato de otros centenares de miles de judíos. Los críticos revisionistas de Pío XII saben que tanto líderes judíos como los obispos católicos que procedían de los países ocupados aconsejaron a Pacelli que no protestara públicamente contras las atrocidades cometidas por los nazis. Tenemos pruebas de que, cuando el obispo de Münster quiso pronunciarse en contra de la persecución de los judíos en Alemania, los responsables de las comunidades judías de su diócesis le suplicaron que no lo hiciera, pues hubiera provocado una represión más dura contra ellos».

 

--¿No cree que una excomunión papal de los nazis hubiera sido de ayuda?

 

--David Dalin: Sí, quisiera creerlo y en el fondo creo que al menos habría que haber intentado pronunciar una excomunión papal. Pero, independientemente de estos sentimientos, los documentos sugieren que una excomunión de Hitler se hubiera quedado en un gesto meramente simbólico.

 

--¿No hubiera sido mejor que el silencio?

 

--David Dalin: Al contrario, la historia enseña que una excomunión formal hubiera podido alcanzar el resultado opuesto. El padre Luigi Sturzo y el ex rabino jefe de Dinamarca, por ejemplo, tenían miedo precisamente de esto. Los mismo nazis interpretaron el famoso discurso de Pío XII de la Navidad de 1942 como una clara condena de su régimen y una instancia a favor de los judíos de Europa. La rabia entre los nazis hubiera podido suscitar reaciones catastróficas para la seguridad y el destino del mismo papado en los años sucesisvos a la guerra. Una condena papal contra los nazis comportaba la sospecha fundada, difundida en aquella época, de que Hiter se hubiera vengado en la persona del mismo Papa, atacando el Vaticano. El embajador nazi en Roma, Rudolf Rahn, confirmó la existencia de estos proyectos, que él mismo contribuyó a prevenir.

 

--En sus escritos, usted propone una nueva historiografía realizada por judíos sobre el «caso Pío XII». ¿A qué se refiere?

 

--Creo que ha llegado la hora, por parte judía, de echar mano a una nueva reconstrucción de la relación entre Pío XII y el Holocausto. Esta reconstrucción, más cercana a los hechos, es decir, de lo que hizo realmente Pío XII por los judíos, llegaría a conclusiones diametralmente opuestas a las gratuitas del libro de John Cornwell, «El Papa de Hitler». Pío XII no fue el Papa de Hitler, sino el defensor más grande que nunca hemos tenido los judíos, y precisamente en el momento en el que lo necesitábamos. Esta nueva obra de historiografía debería basarse en el juicio que sus contemporáneos ofrecieron de los esfuerzos de Pío XII, de sus éxitos y fracasos; así como en la manera en que los judíos que sobrevivieron al Holocausto evaluaron (o reevaluaron) su vida e influencia en las décadas sucesivas. El Papa Pacelli fue un justo entre las naciones a quien hay que reconocer el haber protegido y salvado a centenares de miles de judíos. Es difícil imaginar que tantos líderes mundiales del judaísmo, en continentes tan diferentes, se hayan equivocado o confundido a la hora de alabar la conducta del Papa durante la guerra. Su gratitud a Pío XII duró durante mucho tiempo, y era genuina y profunda.ZENIT. ZS01082711 - 2001

 

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MOSHE BEJSKI, Presidente emérito de la Comisión de los Justos en el Memorial de Yad Vashem: «Irak es el nuevo genocidio»

 

Nacido en Cracovia (Polonia), en 1921, Moshe Bejski, que pasó por seis campos de concentración, hasta llegar a la fábrica de Schindler, reside actualmente en Israel.

 

 

Bejski habla durante la inauguración de la calle de Schindler
el 19 de abril de 2001
 
S.L.S. 2005-01-30

  

-Buscar el bien cuando se ha vivido en el infierno, ¿es una manera de sobrevivir, de salvarse?

-Decir que yo me he «salvado» es exagerado. Los prisioneros de los campos hemos sufrido mucho para «salvarnos». Estar vivo es una suerte...Con mi trabajo he querido buscar a los justos de la Shoah, que son más de 20.000, aunque seguro que habrá más, para mostrar que en cualquier caso, fueran las que fueran las leyes, se podía ayudar a los judíos, salvar a otro ser humano, si la humanidad asume esa responsabilidad. Por eso considero que es muy importante, en primer lugar, dar reconocimiento a todas esas personas y en segundo lugar, demostrar al mundo que se podía ayudar, que se podía hacer algo. De hecho, hubo gente que lo hizo. Hay que dar ejemplos y muestras del horror, pero también del bien.

-En ocasiones se afirma que la sociedad es responsable del maldad del hombre como individuo, pero, a fin de cuentas, la sociedad es un colectivo de individuos.

-No estoy de acuerdo con aquellos que condenan a toda una sociedad porque un conjunto de individuos realiza un crimen. Si se trata de toda una sociedad implicada en el crimen, no queda más posibilidad que condenarla. En Alemania, por ejemplo, es difícil hacer distinciones entre «buenos» y «malos». En mis 30 años como presidente de la Comisión de los Justos, se han encontrado unos centenares de casos de alemanes que han salvado judíos. Como hicieron los franceses, los daneses, los suecos, etc... No se puede hablar, pues, de todos los alemanes. Por otra parte, fue la nación alemana quien creó los campos de concentración, y no un solo individuo, Hitler. Pero aún así, ahí están los casos aislados. Schindler era alemán e hicimos todo lo que pudimos por él después de la guerra. Pero si hablamos de Alemania, toda la nación fue responsable de lo que pasó.

-A usted le salvó de la muerte Oskar Schindler, pero no volvió a verlo hasta veinte años después del fin de la guerra. ¿Por qué lo buscó?

-Yo fui uno de los testigos del caso Eichmann. Después de declarar ante el Tribunal, me di cuanta de que había hablado de todos las atrocidades, pero no había contado que un alemán me salvó. Pensé buscarlo e invitarlo a Israel, para darle muestras de mi gratitud.

-¿Ha perdonado a Spielberg, autor de la película sobre Schindler, que utilizó su documentación y sus investigaciones sin citar su nombre?

-No tengo nada que perdonar porque no hice nada. Fue Schindler quien hizo algo. Lo que sucedió es que Spielberg me llamó cuando estaba en Israel para que participara en la última escena de la película, cuando los miembros de la lista conmemoran a Schindler en su tumba, pero yo no soy un actor y además no quería figurar. Le repito, yo no hice nada. Me molestó que Spielberg no me llamara durante el proceso de creación de la película, porque yo conocía a Oskar mejor que los otros. Estuvo aquí, en mi casa, después de la guerra, diecisiete veces. Si Spielberg no me contactó antes, cuando podía ser útil, ¿de qué servía que apareciera en una escena?

-¿Cuál ha sido el justo que más le ha impresionado?

-Cada caso es especial y singular. Pero si tengo que elegir me inclino por la médico francesa Adelaida Hauval. Le resumiré la historia. Se la conocía como «la amiga de los judíos». Era prisionera en un campo en Francia y, al ver como trataban a los judíos, se quejó a las autoridades de la Gestapo. Como castigo tuvo que permanecer de pie durante varios días y después fue trasladada a Auschwitz en un «tren de judíos». Por su profesión, en este lugar le pidieron que hiciera abortar a las mujeres judías, ya que se les prohibía tener hijos. Ella no sólo se negó, sino que protegió a las mujeres afectadas de tifus que estaban en su barraca, la número 10. La llamaban «el ángel blanco». La conocí años después en Israel y fuimos amigos hasta su muerte. En Francia va a publicarse una enciclopedia que recoge todos los nombres de los justos de la Shoah. Se trata de una buena herencia para las generaciones futuras.

-¿Cuál es la gran lección de Auschwitz?

-Desgraciadamente, el mundo no ha aprendido mucho. El antisemitismo continúa, en toda Europa hay antisemitismo. El odio sigue. Irak, sin ir más lejos, es el nuevo genocidio.

-A sus 84 y después de todo lo que ha vivido, ¿qué piensa de la condición humana?

-Prefiero no contestar a esta pregunta.

‘ABC’ 2005-01-30-ESP.

 

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En Echt, Edith Stein escribirá a toda prisa su ensayo sobre Juan de la Cruz, el místico doctor de la Iglesia, con ocasión del cuatrocientos aniversario de su nacimiento, 1542-1942. En 1941 escribía a una religiosa con quien tenía amistad: "una scientia crucis (la ciencia de la cruz) sólamente puede ser entendida si se lleva todo el peso de la cruz. De ello estaba convencida ya desde el primer instante y de todo corazón he pronunciado: Ave, Crux, Spes unica (te saludo, Cruz, única esperanza nuestra)". Su estudio sobre San Juan de la Cruz lleva como subtítulo: " La ciencia de la Cruz ".

El 2 de agosto de 1942 llega la Gestapo. Edith Stein se encuentra en la capilla con las otras Hermanas. En cinco minutos debe presentarse, junto con su hermana Rosa, que se había bautizado en la Iglesia Católica y prestaba servicio en las Carmelitas de Echt. Las últimas palabras de Edith Stein que se oyen en Echt están dirigidas a Rosa: "Ven, vayamos, por nuestro pueblo".

Junto con otros muchos otros judíos convertidos al cristianismo, las dos mujeres son llevadas al campo de concentración de Westerbork. Se trataba de una venganza contra el comunicado de protesta de los obispos católicos de los Países Bajos por los progromos y las deportaciones de los judíos. "Jamás había pensado que los seres humanos pudieran llegar a ser así, y tampoco podía pensar que mis hermanas y hermanos debieran sufrir así... cada hora rezo por ellos. ¿Oirá Dios mi oración? En todo caso, oye ciertamente sus lamentos". El Prof. Jan Nota, cercano a ella, escribirá más tarde: "para mí, ella es, en un mundo de negación de Dios, una testigo de la presencia de Dios".

Al amanecer del 7 de agosto sale una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas de Auschwitz.

 

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‘El mito del Papa de Hitler’, del rabino David G. Dalin. Su subtítulo: Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis, resume sus 230 sugestivas páginas. El autor demuestra que jamás Pío XII tuvo una alianza con Hitler, y revela que sí hubo un clérigo en alianza con el dictador nazi, el gran Muftí de Jerusalén, Hajj al-Husseini. Son páginas, impactantes por su impresionante documentación, que van desmontando los mitos y falsedades históricas en torno a Pío XII, a la vez que detallan la tradición histórica de los Papas a favor de los judíos desde el año 500. Libro lleno de interés para quien desee conocer la realidad en un momento en el que medios de comunicación en Occidente no dejan de intentar denigrar a Pío XII y a la Iglesia católica, burda campaña que empezó con la propaganda comunista, descalificadora del sólido anticomunismo de aquel gran Pontífice. MMVI.

 

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La investigación histórica de un rabino


«El mito del Papa de Hitler: Cómo Pío XII salvó a judíos de los nazis»
BUENOS AIRES, martes, 29 agosto 2006.- Un nuevo libro, publicado en los Estados Unidos por un rabino, arroja datos históricos significativos sobre la relación del Papa Pío XII con el pueblo judío en plena segunda guerra mundial.


Convocados por la «Fundación Internacional Raoul Wallenberg» y las organizaciones no gubernamentales incluidas en su red «Casa Argentina en Jerusalem,» «Interfe Internacional,» «Instituto Internacional Angelo Roncalli» y el «Instituto Internacional Souza Dantas,» directivos de distintas confesiones se reunieron para analizar este enfoque presentado por David G. Dalin en su libro «El mito del Papa de Hitler: Cómo Pío XII salvó a judíos de los nazis» («The Myth of Hitler’s Pope: how Pius XII rescued Jews from the Nazis»).
El fundador de estos centros interconfesionales, Baruj Tenembaum, hizo un análisis de lo que significa la aparición de un libro que analiza temas tan polémicos y su perspectiva auténticamente judía.
Tenembaum es egresado del Majon Lelimude, Hayahadut, profesor de Biblia y hebreo en distintas casas de estudio y maestro de rabinos, intelectuales, sacerdotes, por lo que su opinión constituye u punto de referencia. Ha sido uno de los pioneros del movimiento interconfesional, por lo que ha sido distinguido y condecorado por el Papa Pablo VI y varios gobiernos.
El autor del libro es David G. Dalin, historiador, profesor en Ave Maria University, ordenado rabino, quien ha dedicado largos años a la investigación del tema.

Para explicar el contexto, Tenembaum recordó que la obra teatral «El Vicario» escrita en 1963 por Ralf Hoch Hunt, sentó las bases de una particular visión de Eugenio Pacelli, quien en 1939 fue elegido Papa con el nombre de Pío XII. Luego, en 1999 el católico John Cornwell publicó «El Papa de Hitler («Hitler’s Pope») y Daniel Goldhagen, en 2002, presentó su libro «A Moral Reckoning», ambos con enfoques críticos sobre el papel desempeñado por el Papa.
Dalin en su obra trata de demostrar que Pío XII salvó muchas vidas judías durante el Holocausto.


Si bien personas como R. P. José Tiso, el líder eslovaco que según fuentes históricas pidió a los alemanes que deportaran a los judíos a Polonia (ocupada por Alemania) y terminando en campos de concentración, era un sacerdote católico, muchos otros sacerdotes, monjas y curas salvaron judíos, especialmente en Polonia, Francia e Italia.

Dalin cita el agradecimiento de Golda Meir, la ministra de Relaciones Exteriores de Israel, a Pío XII, quien envió un cable al Vaticano con motivo de la muerte del Papa, «Lamentamos, hemos perdido un servidor de la paz. La voz del Papa durante el Nazismo fue clara y en defensa de las victimas».
El trágico capítulo de la deportación de los judíos de Roma a Auschwitz en 1943 es analizado y documentado por Dalin, quien aporta un análisis exhaustivo con menciones de fuentes diversas, incluida la princesa italo-católica Enza Aragona Cortes.
El Papa instruyó a su Secretario de Estado, el cardenal Luigi Maglione, quien protestó al embajador alemán ante el Vaticano Ernst von Weizsacker. El cardenal pidió: «traten de salvar a los inocentes que sufren por pertenecer a una raza determinada».
Ante el pedido del cardenal Maglione, el embajador alemán dio órdenes de interrumpir la deportación; y el Papa instruyó abrir el Vaticano para esconder a los judíos de Roma, quienes se ubicaron en conventos y monasterios del Vaticano, según estas fuentes.

Gracias a la labor del Papa, Roma contó con el mayor porcentaje de judíos que sobrevivieron en las ciudades ocupadas por los Nazis.
De los 5.715 judíos de Roma, registrados por Alemania para ser deportados, 4.715 fueron acomodados en 150 instituciones católicos, y de ellos, 477 en santuarios del Vaticano. El embajador británico ante del Vaticano ratifica este hecho.
El Papa tuvo una actitud similar en Hungría a través de su representante, el nuncio apostólico monseñor Angelo Rotta, quien tuvo un papel decisivo a la hora de salvar la vida de 5.000 judíos.
Una lista de hechos históricos mencionados por Dalin, incluye Bulgaria, y en particular la actitud del arzobispo Angelo Roncalli (futuro Juan XXIII), así como de otros personajes católicos que salvaron judíos y aseguraron que lo hicieron por orden del Papa. Documenta hechos curiosos, como el nombramiento de expertos en el Vaticano a judíos despedidos por Benito Mussolini.
Tenembaum aclara que no asume papel alguno en esta discusión, pero «convoca a todos, a buscar y anunciar la verdad. ¡Nada de prejuicios! ¡Sólo la verdad! ¡No aferrarnos a preconceptos, no difundir calumnias! Sigamos el camino de la reconciliación con las mentes abiertas!».
«La reiteración retórica no certifica aciertos ni garantiza verdades, nosotros los judíos deseamos recordar y defender la verdad. Toda la verdad y nada mas que la verdad», concluyó. Zenit-ZS06082901

 

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1) Atribuir a la Iglesia Católica “la postergación y humillación sistemática de la mujer”. Esta falsedad es todavía más grande, pues una de las causas de la difusión del primitivo cristianismo fue el papel importante que la mujer tuvo en él, muy por encima de la que tenía en el imperio romano. Y fue precisamente en la Edad Media cristiana donde la mujer alcanzó una dignidad y un poder como nunca había tenido.
El señor escritor Vargas Llosa debería leer, al menos, los libros de la medievalista francesa Règine Pernoud para salir de su error. Sin una serie de mujeres descollantes —Genoveva, Juana de Arco, Catalina de Siena, Eloisa, Hildegarda de Bingen, Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, etc.—, que eran admiradas y respetadas por las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, incluido el Papa, posiblemente la civilización europea habría sido imposible. Cualquier mujer podía entonces establecer un negocio o adquirir una propiedad sin autorización de su marido. Y fueron las damas del medioevo las que educaron y afinaron a los hombres, crearon el amor cortés, la galantería y el honor de servir el hombre a la mujer. ¿Donde está, pues, la “postergación y humillación sistemática de la mujer”? Fue con el Renacimiento y el nuevo auge del Derecho Romano cuando la mujer perdió los derechos que había ganado en la Edad Media.

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 2) Atribuir a la Iglesia Católica el haber mandado a la hoguera a millares de católicos e infieles en la Edad Media. El tema de la Inquisición merece un comentario más detenido y matizado del que es posible aquí. Remito a estudios serios sobre la Inquisición española como los del historiador inglés Henry Kamen o la española Beatriz Comella. Pero sí hay que saber, por lo menos, que su importancia no fue en la Edad Media, que termina en el Siglo XIV, sino en pleno Renacimiento y más allá, hasta el XVII y XVIII, que es cuando pasó del poder eclesiástico al poder civil.
Inquisiciones hubo tantas como religiones había en esos siglos. Para esa época, un ataque a la religión de un país —ya fuera la católica, la luterana, la anglicana o la calvinista— suponía algo tan importante para la estabilidad de su gobierno, como lo que es el terrorismo o la guerrilla para una democracia actual. En cuanto a la Inquisición española, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados. La Revolución Francesa, tan alabada por los laicistas como Vargas Llosa, en pocos días, llevó a la guillotina cifras posiblemente superiores, exterminó a todos los de la región de la Vandeé y además arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos. Y todo eso en nombre de la igualdad, libertad y fraternidad.

 

 

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Wojtyla - S.S. Juan Pablo II - el justo - 2005.01.30

 

 

 

El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

 

 

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

 

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"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras."(Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó).

 

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«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.»

 

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La Santa Madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima constancia, que los cuatro evangelios, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la Ascensión. Después de este día, los Apóstoles comunicaron a sus oyentes esos dichos y hechos con la mayor comprensión que les daban la resurrección gloriosa de Cristo y la enseñanza del Espíritu de la verdad. Los autores sagrados compusieron los cuatro evangelios escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, adaptándolos a la situación de las diversas Iglesias, conservando el estilo de la proclamación: así nos transmitieron siempre datos auténticos y genuinos acerca de Jesús. Sacándolo de su memoria o del testimonio de los «que asistieron desde el principio y fueron ministros de la Palabra», lo escribieron para que conozcamos la verdad de lo que nos enseñaban.
El canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro evangelios, comprende las cartas de Pablo y otros escritos apostólicos inspirados por el Espíritu Santo. Estos libros, según el sabio plan de Dios, confirman la realidad de Cristo, van explicando su doctrina auténtica, proclaman la fuerza salvadora de la obra divina de Cristo, cuentan los comienzos y la difusión maravillosa de la Iglesia, predicen su consumación gloriosa. El Señor Jesús asistió a sus Apóstoles, como lo había prometido, y les envió el Espíritu Santo, que los fuera introduciendo en la plenitud de la verdad. Concilio VATICANO II - Constitución Dei Verbum, 19-20

 

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Fe y alegría - En la vida de la Iglesia, la fe tiene una importancia fundamental, pues es fundamental el don que Dios hace de sí mismo en la Revelación, y esta autoentrega de Dios es acogida en la fe. Cuando la fe pierde este carácter central, también el tejido de la vida eclesial pierde su vivacidad original y se deteriora, cayendo en un activismo estéril y reduciéndose a habilidad política de estilo mundano. Si la verdad de la fe se pone con sencillez y decisión en el centro de la existencia cristiana, la vida del hombre queda vivificada por un amor que no conoce pausas ni confines, como he podido recordar en mi reciente Carta encíclica Deus caritas est.
Jesús es la estrella polar de la libertad humana: sin Él pierde su orientación, pues sin el conocimiento de la verdad la libertad se degenera, se aísla y se reduce a libre albedrío estéril. Con Él, la libertad recupera su razón de ser, se reconoce como hecha para el bien y se expresa en acciones y comportamientos de caridad. Jesucristo, que es la plenitud de la verdad, atrae hacia sí el corazón de todo hombre, lo dilata, lo llena de alegría. Sólo la verdad es capaz de invadir la mente del hombre y de hacerle gozar plenamente. Esta alegría ensancha las dimensiones del espíritu humano, levantándole de las angustias del egoísmo, haciéndole capaz de amor auténtico.
Por este motivo, el servicio a la fe, que es testimonio de Quien es la verdad entera, es también un servicio a la alegría, y es ésta la alegría que Cristo quiere difundir en el mundo: ¡es la alegría de la fe en Él, de la verdad que, por medio de Él, se comunica, de la salvación que viene de Él! ¡Ésta es la alegría que experimenta el corazón cuando nos arrodillamos para adorar en la fe a Jesús!

(9-II-2006) S.S. Benedicto P.P. XVI -

 

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Eliminar la calumnia de nuestra lengua, evitar toda acción que pueda causar daño a nuestro hermano, no difamar a los que viven a nuestro lado cada día.

 

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Iglesia – “Cada cual mira a la Iglesia según el estado de su propio corazón: Unos ven en la Iglesia solo pecadores y la condenan. Otros miran a sus santos con la esperanza de llegar a ser como ellos. Prefiero mirar a los santos, sabiendo que, de pecadores que eran, Cristo los transformó en hombres nuevos. Esa es la grandeza incomparable de la Iglesia”. Pbro. Jordi Rivero

 

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Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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Durante la reunión que celebramos los capellanes de aeropuertos en Loreto, del 25 al 27 de abril de 1995, una asistente francesa, manifestó que la Iglesia debía de pedir perdón por la pobreza que existe en el tercer mundo. Mons. Sergio Sebastiani, entonces Secretario General del Jubileo 2000, que desarrollaba una ponencia, y que había trabajado muchos años en Mozambique, le contestó: “Usted y yo sí que debemos pedir perdón por lo que no hacemos, pero no la Iglesia. Puedo asegurarle que en Mozambique está el cuarto o el quinto mundo y hay muchísimas zonas a las que no llegan los organismos internacionales ni las ongs. Allí sólo he encontrado sacerdotes, religiosos y religiosas, que comparten la pobreza, el hambre y las enfermedades con los nativos”.

 

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Historia, perdón reconciliación - El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación. Surge una objeción ante la conexión indispensable entre el compromiso por la verdad y la paz: las diferentes convicciones sobre la verdad dan lugar a tensiones, a incomprensiones, a debates, tanto más fuertes cuanto más profundas, son las convicciones mismas. A lo largo de la historia, éstas también han dado lugar a violentas contraposiciones, a conflictos sociales y políticos, e incluso a guerras de religión. Esto es verdad, y no se puede negar; pero esto ha ocurrido siempre por una serie de causas concomitantes, que poco o nada tenían que ver con la verdad y la religión, y siempre porque se quiere sacar provecho de medios realmente irreconciliables con el puro compromiso por la verdad y con el respeto de la libertad requerido por la verdad. Por lo que concierne específicamente a la Iglesia católica, ella condena los graves errores cometidos en el pasado, tanto por parte de sus miembros como de sus instituciones, y no ha dudado en pedir perdón. Lo exige el compromiso por la verdad.

La petición de perdón y el don del perdón, igualmente debido - porque para todos vale la advertencia de Nuestro Señor: “¡el que esté sin pecado, que tire la primera piedra!” (cf. Jn 8,7) - son elementos indispensables para la paz. La memoria queda purificada, el corazón apaciguado, y se vuelve pura la mirada sobre lo que la verdad exige para desarrollar pensamientos de paz. No puedo dejar de recordar las iluminadoras palabras de Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” (01 enero 2002).


El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas. Es como una conclusión lógica de lo que he tratado de ilustrar hasta ahora. ¡Porque el hombre es capaz de verdad! Lo es tanto sobre los grandes problemas del ser, como sobre los grandes problemas del obrar: en la esfera individual y en las relaciones sociales, en el ámbito de un pueblo como de la humanidad entera. La paz, hacia la que debe y puede llevarla su compromiso, no es sólo el silencio de las armas; es, más bien, una paz que favorece la formación de nuevos dinamismos en las relaciones internacionales, dinamismos que a su vez se transforman en factores de conservación de la paz misma. Y sólo lo son si responden a la verdad del hombre y a su dignidad. Y por esto no se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad. Pienso ahora en las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre. Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra. Vienen también espontáneamente a mi mente las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados –en muchas partes del mundo– acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás? Mi pensamiento se dirige también a todos los que, por condiciones de vida indigna, se ven impulsados a emigrar lejos de su País y de sus seres queridos, con la esperanza de una vida más humana. Ni podemos olvidar tampoco la plaga del tráfico de personas, que es una vergüenza para nuestro tiempo. Lunes 9 de enero de 2006 – S.S. Benedicto P.P. XVI

 

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La Iglesia es la Iglesia de Jesucristo, es la Iglesia que él ha querido y fundado y en la cual él está presente.; la historia de 2000 años ininterrumpidos, habla de Él. Y la quiso católica-universal-global para que todos sean salvados por el amor de Dios.
Precisamente en cuanto cada acto humano pertenece a quien lo hace, cada conciencia individual y cada sociedad elige y actúa en el interior de un determinado horizonte de tiempo y espacio.
Para comprender de verdad los actos humanos y los dinamismos a ellos unidos, deberemos entrar, por tanto, en el mundo propio de quienes los han realizado; solamente así podremos llegar a conocer sus motivaciones y sus principios morales. Y esto se afirma sin perjuicio de la solidaridad que vincula a los miembros de una específica comunidad en el discurrir del tiempo. MM.

 

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Historia y pasado - «La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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Historia - I.- Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos.

II.- ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?

III.- Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos?

IV.- Es fructuoso conocer la Historia lo más posible. Pero vemos que no podemos volverla hacia atrás. Vemos, también, que si la Historia hubiera sido distinta -mejor o peor-, el devenir habría sido diferente. Se habrían producido a lo largo de los tiempos otros encuentros, otros enlaces; habrían nacido otras personas, nosotros no. Ninguno de los que hoy tenemos el tesoro de existir, existiríamos. Esto no quiere insinuar en absoluto que los males desencadenados por nuestros antepasados no fueran realmente males. Los censuramos, repudiamos y no hemos de querer repetirlos.

La sorpresa de existir facilitará que los presentes nos esforcemos con alegría para arreglar las consecuencias actuales de los males anteriores a nosotros.

V.- Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.

VI.- Al organizar en la actualidad las nuevas estructuras sociales que se consideran oportunas para construir una sociedad más firme y en paz, es peligroso, muchas veces, basarlas sobre otras estructuras antiguas, aunque en su momento las vieran convenientes. Es más sólido fundamentar las nuevas estructuras sobre unidades geográficas humanas. Sin embargo, evitando el riesgo de que éstas se encierren en sí mismas, ya que ello desemboca, casi siempre, en desavenencias de toda índole y hasta en guerras.

VII.- El ser humano es libre, inteligente y capaz de amar. El amor no se puede obligar ni imponer, tampoco puede existir a ciegas sino con lucidez. Surge libre y claramente o no es auténtico. Siempre que coartemos la libertad de alguien o le privemos de la sabiduría, estaremos impidiendo que esta persona pueda amarnos. Por consiguiente, defender, favorecer, desarrollar la genuina libertad de los individuos -que entraña en sí misma una dimensión social corresponsable- así como su sabiduría, es propiciar el aprecio cordial entre las personas y, por tanto, poder edificar mejor la paz.

 

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Pedro está extenuado, desanimado. Ya ha pasado la noche y el Señor dice a los discípulos, cansados de bregar y decepcionados por no haber pescado nada:  "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis" (Jn 21, 6). Normalmente los peces caen en la red durante la noche, cuando está oscuro, y no por la mañana, cuando el agua ya es transparente. Con todo, los discípulos se fiaron de Jesús y el resultado fue una pesca milagrosamente abundante, hasta el punto de que ya no lograban sacar la red por la gran cantidad de peces recogidos (cf. Jn 21, 6).

 

Vaticano - Situado cerca de la orilla derecha del Tíber, corresponde a la Colina Vaticana, el antiguo Ager Vaticanus, en el que se construyeron residencias veraniegas durante la era republicana. Calígula edificó aquí su circo privado, en el que, así como en lo jardines adyacentes, parecen haber sido martirizados los primeros cristianos.  Al norte del circo, en una carretera secundaria, se encontraba una necrópolis en la que estuvo enterrado San Pedro.  Entre los años 324 y 326, Constantino erigió sobre el lugar de la tumba del primer Papa una imponente basílica que fue reemplazada por la actual construida entre los siglos XVI y XVII.

 

El entero territorio del Estado de la Ciudad del Vaticano se encuentra bajo la protección del Tratado de La Haya, del 14 de marzo de 1954, relativo a la salvaguardia de los bienes culturales en caso de conflicto armado.  La Ciudad del Vaticano está reconocida por lo tanto – también en ámbito de la disciplina internacional – como patrimonio moral, artístico y cultural digno de ser respetado y protegido como un tesoro para toda la humanidad.  Desde 1984 el Estado de la Ciudad del Vaticano forma parte de la lista de lugares reconocidos como Patrimonio de la Humanidad.

 

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El termino "evangélico" es un termino que adoptaron algunos protestantes [metodistas, bautistas, presbiterianos, etc.] al concluir una propia conferencia, en la ciudad de Panamá en el año de 1906, donde se dieron cuenta del escándalo que producía seguir llamándose cada uno por su nombre, «pentecostales, testigos, adventistas, episcopales, metodistas, bautistas, etc., etc., etc.», complicando con ello a los Latino-Americanos en su proyecto de proselitismo, que veían con sospecha la variedad y la diversidad de doctrinas y creencias entre los protestantes que invadían nuestras tierras desde los USA.

Es como decir "gillette" para denominar una navaja de rasurar, "shampoo" para denominar el liquido con el cual nos lavamos el pelo.

  

Autenticidad. La palabra "autenticidad" es una palabra evidentemente de origen helénico – y en griego, otra palabra es estlom. Estlom es una palabra que ha quedado confinada a la lengua: es interesante porque actualmente la palabra está ocupada, diríamos, por la idea de etimología. La etimología es el origen verdadero de las palabras; es naturalmente lo que muestra de dónde proceden las palabras que se usan en una lengua determinada, en el presente. Pero originariamente no es solamente esto: hay textos remotísimos, incluso homéricos, en que aparece la palabra estlom como "lo verdadero". Hace ya muchísimos años, yo encontré unos textos en Hesíodo, en la Teogonía de Hesíodo, en la cual se hace una contraposición: las musas dicen: sabemos decir cosas falsas, pero también cuando queremos podemos decir cosas verdaderas. Y en Homero se habla de palabras falsas semejantes a las verdaderas. Y más: alguna vez he dicho que la ontología se podría llamar etimología; sería el logos, la ciencia, de lo auténtico, de lo verdaderamente auténtico. Pero, claro, la palabra ya está ocupada por la lingüística y no podemos usarla más que, diríamos un poco entre comillas y para explicar simplemente su origen.

 

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La libertad, esto es, la inmunidad de coacción en materia religiosa, que compete a los individuos particulares, debe reconocerse también a estos mismos cuando actúan en común. Pues la naturaleza social, tanto del hombre como de la propia religión, exige comunidades religiosas. Por consiguiente, a estas comunidades, siempre que no se violenten las justas exigencias del orden público, debe reconocérseles el derecho de inmunidad para regirse según sus propias normas, para honrar con culto público a la divinidad, y para promover aquellas instituciones en las que los miembros cooperen con el fin de ordenar su propia vida según sus principios religiosos. Igualmente, corresponde a las comunidades religiosas el derecho a no ser obstaculizadas por medios legales o por la acción administrativa del poder civil, en la selección, educación, nombramiento y traslado de sus propios ministros, en la comunicación con las autoridades y comunidades religiosas que tienen su sede en otros lugares de la tierra, en la construcción de edificios religiosos y en la adquisición y disfrute de los bienes convenientes. Pertenece también a la libertad religiosa el que no se prohíba a las comunidades religiosas manifestar libremente el valor singular de su doctrina para la ordenación de la sociedad y la vitalización de toda la actividad humana. Finalmente, en la naturaleza social del hombre y en el carácter mismo de la religión se funda el derecho por el que los hombres, movidos por su sentimiento religioso, pueden libremente reunirse o constituir asociaciones educativas, culturales, caritativas, sociales.

Declaración Dignitatis humanae, 4 – Concilio VATICANO II.

 

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla"; ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible; ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con absoluta certeza.

 

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“En la verdad, la paz” S. S. Benedicto XVI - lema para el día de la paz: I.I.MMVI

 

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Ministerio del obispo de Roma, símbolo de unidad para la Iglesia universal. ??«Con la unidad, así como con la apostolicidad, está unido el servicio petrino, que reúne visiblemente a la Iglesia en todas las partes y en todos los tiempos, defendiendo de esta manera a cada uno de nosotros para que no resbalemos en falsas autonomías, que demasiado fácilmente se transforman en internos particularismos de la Iglesia y pueden comprometer de esta forma su interna independencia». S. S. Benedicto XVI – P.P.

 

El palio es el signo de la particular unión con la sede de Roma. ??«Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que permanece en multiplicidad», afirmó Benedicto XVI. 2005-06.29

«La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, este único Dios del cielo y de la tierra, se nos ha mostrado», «se ha hecho visible cuando Él se ha mostrado a nosotros y en Jesucristo nos ha hecho ver su rostro, a sí mismo». ??«En esta hora del mundo llena de escepticismo y de dudas, paro también rica de deseo de Dios, reconozcamos nuevamente nuestra misión de testimoniar juntos a Cristo Señor y, sobre la base de esta unidad que ya se nos ha dado, de ayudar al mundo para que crea».  ??«Y suplicamos al Señor con todo el corazón para nos guíe a la unidad plena de manera que el esplendor de la verdad, que solamente puede crear la unidad, se convierta de nuevo visible en el mundo». S. S. Benedicto XVI – PP. 2005.06.29

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

 

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias de vuestra visita.

 

Unos jóvenes de una parroquia escribieron el siguiente manifiesto: «Nosotros que vamos a recibir el sacramento de la Confirmación, denunciamos:
   –Un mundo corrompido por el odio, el egoísmo, la violencia...
   –El racismo y la opresión ejercida por los más fuertes.
   –La melancolía, la tristeza y la apatía que restan calidad de vida.
   –La negatividad y la manipulación de medios de comunicación.
   –La falta de espíritu de sacrificio y de esperanza frente a la comodidad.
   –La carencia de fe, que si se posee puede «mover montañas».
   Por lo tanto, deseamos:
   –Encontrar la verdadera luz... que guíe nuestras vidas.
   –Defender la libertad y nuestros derechos para que lo sean también de otros.
   –Ser alegres y serviciales... para los que están a nuestro lado.
   –Una vida de manos tendidas, corazón abierto y deseos nobles.
   –Queremos una Iglesia amiga que nos dé a Jesús, que ayuda y salva.
   –Amar, compartir, sentirnos útiles... porque ello transmite vida y felicidad.
   –Que las personas vivan la Paz en su interior y que sepan manifestarla en su exterior.
   Para conseguir todo esto, nos comprometemos a:
   – Compartir la alegría, el gran secreto de los cristianos.
   –Escuchar, aceptar y ayudar a quienes nos topamos.
   –Defender la verdad y no dejar que nos laven el cerebro.
   –Aunque tropecemos y caigamos, nos levantaremos.
   –Transmitir el mensaje de Jesús que no es otro que nos amemos, el amor.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).