Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Grossman no sólo fue el primer escritor que entró en el campo de concentración de Treblinka en septiembre del año 1944. Su vida simboliza como pocas otras el curso del pasado siglo. François Furet escribió que «ningún escritor soviético ha sido capaz de imaginar como él la desgracia judía ni tenido el valor de hablar de ella». Fue este coraje el que le llevó a dirigir, junto con Ilya Ehrenburg, la redacción de un «libro negro» sobre el exterminio de los judíos por los invasores alemanes en las regiones de la Unión Soviética ocupadas. Baste decir, por ejemplo, que su artículo «El infierno de Treblinka», escrito en 1944, sirvió como una de las pruebas decisivas para el conocido Proceso de Núremberg.-  19 Noviembre 2008

 

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Los nazis ocultaron las fosas comunes rastrillando el terreno e instalando cultivos y granjas en la zona. – 

 

Los nazis nunca dejaron pruebas físicas de la matanza de cientos de miles de personas en Treblinka (Polonia). Los testimonios hablaban de un campo de exterminio próximo a Varsovia, en un terreno boscoso con granjas y cultivos, pero jamás se encontraron cámaras de gas o fosas comunes como las que existían en Auschwitz. Sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad Staffordshire, en Inglaterra, ha puesto fin al desconocimiento que rodeaba a Treblinka tras hallar la evidencia que los alemanes trataron de ocultar en 1943: huesos en fosas comunes, cámaras de gas e, incluso, azulejos con la estrella de David para engañar a los judíos haciéndoles creer que habían llegado a un refugio, según revela el diario israelí Haaretz.

 

La matanza de alrededor de 900.000 judíos y un número indeterminado de gitanos en el campo de exterminio de Treblinka fue enterrada y tapiada para que el terreno tuviera una inocente apariencia de cultivo. Después de la guerra, el lugar pasó a convertirse en un memorial con la prohibición de llevar a cabo excavaciones arqueológicas y la historia de Treblinka pasó a convertirse en un mito. Sin embargo, el equipo de investigadores británicos, liderados por Caroline Strudy Collins, consiguió hace seis años el permiso que les daba luz verde para llevar a cabo una exploración -siempre que no fuera invasiva en el terreno- mediante fotografías aéreas, tecnología GPS y láser o radares que penetran en el suelo. 

 

La avanzada tecnología ha puesto punto final a las dudas que rodeaban a Treblinka tras el hallazgo de las fosas comunes, cimientos, losas y cámaras de gas usadas en el Holocausto. "Sin esa tecnología nunca podría haber hecho este trabajo porque nadie quería que se hagan excavaciones allí. Nadie quería perturbar el suelo de manera innecesaria", explica Collins. "Lo que estamos haciendo es cerrar la tapa de esa tumba. Nunca pensé que sería yo la que volviese a enterrar los restos", concluye.  

http://www.gaceta.es/noticias/exterminio-treblinka-deja-mito-02042014-1205#sthash.1PTJ1Z7y.dpuf 

02. IV. 2014 

 

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Biógrafo de Churchill elogia actitud del

Papa Pío XII durante el Holocausto

 

 

LONDRES, 11 Ago. 2003 (ACI).-El historiador judío y biógrafo oficial de Winston Churchill, Sir Martin Gilbert, alabó en una entrevista concedida a la revista Inside the Vatican, la labor del Papa Pío XII para salvar a muchos judíos en la Segunda Guerra Mundial.

 

Gilbert ha publicado en Nueva York libro número 72 titulado “The Righteous: The Unsung Heroes of the Holocaust” (Los Justos: Héroes anónimos del Holocausto).

Al ser entrevistado sobre la publicación, Gilbert aseguró que muchos cristianos, y católicos en particular, arriesgaron sus vidas y las de sus familias para rescatar judíos durante las persecuciones nazis.

"Es especialmente importante para el pueblo judío –y yo mismo soy judío–, comprender cuántos libertadores cristianos hubo. El número de los qu! e han sido identificados como Justos por Israel asciende en la actualidad a 20 mil. Hay por supuesto muchos más que fueron asesinados tras ser capturados junto con aquellos a quienes intentaban salvar, y cuyas historias aún no han visto la luz del día", declaró Gilbert.

El historiador menciona en su libro a los numerosos "héroes no católicos" de distintas confesiones protestantes y obediencias ortodoxas pero recuerda que "la Iglesia predominante en Europa era la Iglesia Católica, y el clero predominante era el clero católico, bajo el liderazgo del Papa Pío XII".

Sobre este Pontífice y las calumnias que ha sufrido en los últimos años, aclaró que "afirmar que Pío XII mantuvo ‘silencio’ sobre los asesinatos de masas de los nazis, es un serio error histórico".

Gilbert recordó las múltiples intervenciones de toda clase que hizo el Pontífice: verbales, como el mensaje de Navidad de 1942; y prácticas, mediante instrucciones cursadas a las jerarquías eclesiásticas correspondientes, en especial durante la ocupación de Roma.

"A la vista de todos los hechos, creo que moral y políticamente Pío XII actuó de forma adecuada y tomó la decisión correcta", sostuvo Gilbert y señaló que debido a las circunstancias y los múltiples intereses en juego, habría sido "altamente irresponsable" si hubiese actuado "de forma provocativa".

"Creo que los católicos deberían dar más publicidad a estos hechos y elevar esta bandera con orgullo hasta el lugar más alto", indicó el historiador.

Gilbert ha basado su libro en el cuidadoso análisis de miles de testimonios y un amplio elenco de pruebas documentales.

Según el experto, de los 20 mil “justos” identificados, casi todos salvaron a más de una persona y "podemos estar hablando de hasta 100 mil judíos salvados", pero son tantos los todavía tantos los desconocidos que "medio millón de judío! s salvados no constituiría una cifra exagerada".

 

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Martin Gilbert: «La ayuda católica fue crucial

 para salvar a miles de judíos»

El historiador sostiene que la Iglesia lideró «una obra santa» durante la Segunda Guerra Mundial - Sir Martin Gilbert es considerado uno de los máximos expertos en la Segunda Guerra Mundial.

 

MADRID- Profesor de Historia del Holocausto en Londres, biógrafo de Winston Churchill y autor de más de setenta libros, Sir Martin Gilbert es considerado uno de los máximos expertos en la Segunda Guerra Mundial. Gilbert, de origen judío, ha dedicado gran parte de su vida a desclasificar documentos y verificar testimonios sobre la historia judía y acaba de publicar en Italia un libro dedicado a todos aquellos que colaboraron al salvamento de los judíos perseguidos por el terror nazi. En una entrevista concedida recientemente al rotativo italiano «Il giornale», Gilbert afronta el papel clave de la Iglesia católica durante el nazismo.
   Una decisión correcta
   «Como historiador judío, durante mucho tiempo he sentido la necesidad de dar a conocer plenamente el hecho de la ayuda cristiana a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial y la historia de los hombres que estuvieron implicados en el salvamento», sostiene. El historiador asegura que el papel del Vaticano, a través de sus representantes, fue crucial: «Al principio estaban preocupados sobre todo por el destino de los judíos que se habían convertido al cristianismo, pero que los alemanes seguían tratando como judíos y deportándolos. Cuando el delito fue evidente, el Vaticano no solo expresó su preocupación por la masacre sino que alentó a los representantes pontificios en toda Europa para que hicieran todo lo posible en favor de los perseguidos», defiende, mientras sale al paso de la campaña de acusaciones contra el Papa Pacelli: «Pío XII pensó -a mi parecer, correctamente- que su intervención directa habría tenido consecuencias desastrosas en las formas de represalia e intensificación de la persecución. Excomulgar a Hitler no habría no habría logrado más que acrecentar la persecución contra los católicos en su esfera de dominio», asegura.


   Una familia heroica
   Los sacerdotes y obispos católicos trabajaron para salvar a los judíos en cada país en el que estaban amenazados, incluidos Francia, Italia o Polonia, el único país en el que estaba vigente la pena de muerte para quien ayudara a los judíos». Y recuerda el caso de la familia Ulma, en proceso de beatificación: «Jozef Ulma, junto a su mujer Wiktoria, embarazada, y sus seis hijos, fueron masacrados en 1944 por los alemanes en Markowa por haber escondido en su casa a ocho judíos». La salvación de muchos de ellos fue posible, en gran parte, gracias a las heroicas individualidades como la de los Ulma. «En Hungría, el nuncio pontificio Angelo Rotta lideró un esfuerzo diplomático que salvó a más de cien mil judíos. En Francia, la Iglesia católica fue muy activa a la hora de salvar a decenas de miles y en Italia, iglesias y monasterios fueron los primeros a la hora de salvar vidas. Cuando las SS llegaron a Roma, la Santa Sede tomó bajo su protección a centenares de miles de judíos y los acogió en el Vaticano, a la vez que alentaba a todas las instituciones católicas de Roma a protegerlos. Gracias a estas iniciativas, menos de un cuarto de todos los judíos romanos fueron presos o deportados. La Iglesia católica estuvo en el centro de esta gran operación de salvamento. Lo definiría como una obra santa. La última vez que estuve en Roma pensaba que ya va siendo hora de poner placas explicativas sobre los edificios donde tantos judíos se ocultaron y pudieron salvarse...». Mar Velasco – La Razón – España 2007-02-14

 

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Pío XII Pont.Max. Su vida fue austera y santa, aunque siempre en el marco fastuoso de la corte pontificia, que difuminó no poco la silueta elegante y sencilla de Su Santidad. De esa forma le tocó servir a Dios y lo hizo con una entrega irreprochable. Su doctrina sobre el personalismo cristiano es absolutamente moderna, no ha sido superada, y en este sentido fue uno de los pilares esenciales del Concilio Vaticano II, el del diálogo y la apertura; el Concilio que abrió al mundo las puertas de la Iglesia y le mostró sus valores, que no han cesado de dar frutos excelentes , gracias a la práctica constante del amor al prójimo y a la sincera búsqueda de Verdad Inefable. Fue autoritario, sí, a veces en exceso, pues no dejaba que otros le ayudaran con sus luces en su difícil empresa de guiar con acierto la nave de San Pedro, pero hay que tener muy presente que le tocaron tiempos bárbaros, salvajes, manipuladores, mentirosos, nada serenos, que hicieron inaudibles sus claras acciones a favor de la paz y la justicia, en correspondencia absoluta con su defensa de los derechos de la persona humana.

 

 

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Publicado por: Jorge
Argentina 06/03/2009 02:09 PM EST

Queridos hermanos y no creyentes y Difamadores.
Que debemos hacer para que el resto del mundo nos crea, ya que los católicos tenemos bien claro que es lo que hizo S.S. PIO XII, durante esos años tan oscuros para la humanidad. En definitiva si nosotros tenemos en paz nuestras conciencias por lo que hizo el Santo Padre, con eso alcanza. Pero aquí se esta faltando a la verdad con respecto a la actitud tomada por nuestro Papa, aquí se esta difamando a un icono del siglo pasado no solo para nosotros, también para personajes hebreos, presidentes de EEUU, primer ministros del Reino Unido, contemporáneos de la persona a quien se está difamando. Señores basta de calumnias, o me van a decir que IGNORAN QUE el presidente de EEUU y en la posguerra muchos judíos famosos - ALBERT EINSTEIN, GOLDA MEIR, MOSHE SHARETT, RABÍ ISAAC HERZOG Y MUCHOS OTROS - EXPRESARON PÚBLICAMENTE SU GRATITUD HACIA PÍO XII. EN SU LIBRO DE 1967, THREE POPES AND THE JEWS, EL DIPLOMÁTICO PINCHAS LAPIDE (QUE PRESTÓ SERVICIO COMO CÓNSUL DE ISRAEL EN MILÁN Y ENTREVISTÓ A LOS ITALIANOS SUPERVIVIENTES DEL HOLOCAUSTO), DECLARÓ QUE PÍO XII «CONTRIBUYÓ SUSTANCIALMENTE A SALVAR A 700.000 JUDÍOS, Y TAL VEZ A OTROS 860.000, DE LA MUERTE SEGURA A MANOS DE LOS NAZIS». ESTO NO DIGO YO QUE SOY CATÓLICO SON PALABRAS DE ALGUIEN QUE TUVO QUE VIVIR ESA HORRENDA PARTE DE NUESTRA HISTORIA. Saludos Católicos.-

 

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Publicado por: Roberto Alvarez-Perez
USA 06/03/2009 12:01 PM EST
Calificación: Excelente

"Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos." San Mateo 5:10.

No hay duda de la persecusión que ha sufrido S.S. Pío XII por los que lo han acusado de dar la espalda a los judíos durante el nazismo.
Esa persecusión ha llegado al extremo de pedir pruebas materiales. No bastó con el destimonio de los que se beneficiaron directamente con la orden de S.S. Pío XII. La Justicia Divina se está encargado de limpiar el lodo que los perseguidores de S.S. Pío XII han querido derramar sobre él. Parece que ya tenemos la pruebas materiales que exigieron los enemigos de la Iglesia, quienes vieron en S.S. Pío XII la oportunidad de agresión.

Continúo pidiendo al Espíritu Santo para que ilumine el corazón de los encargados de la beatificación y posterior canonización de S.S. Pío XII, y que les dé el valor y las fuerzas necesarias para que no permitan que los enemigos acérrimos de la Iglesia (en general) y del papa Pacelli (en particular) influencien sus decisiones.
¡Viva Cristo Rey!

 

http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=24566

 

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El Vaticano no apoyó la elección de Hitler,

según sus Archivos Secretos

 

 

 

Artículo de la «Civiltà Cattolica»

CIUDAD DEL VATICANO, 19 diciembre 2003 -La apertura de documentos ligados a las primeras décadas de la historia alemana, conservados en el Archivo Secreto Vaticano, permite excluir todo apoyo de la Santa Sede al nombramiento de Adolf Hitler como canciller del Reich.

Lo constata la revista quincenal «Civiltà Cattolica», dirigida por la Compañía de Jesús, que en su última edición ha reconstruido las relaciones entre el nacionalsocialismo y la Iglesia católica. El artículo está firmado por el padre Giovanni Sale.

El Archivo secreto, abierto a inicios de este año por indicación de Juan Pablo II, afirma el experto, ha permitido «deshacer algunos lugares comunes, según los cuales, la Santa Sede habría hecho posible, a través del partido católico Zentrum, la llegada al poder del nazismo en Alemania».

«De las fuentes de archivo resulta, por el contrario, que el Vaticano no fue informado previamente sobre las negociaciones que tuvieron lugar entre Hitler y los líderes del Zentrum sobre la cuestión de la ley de plenos poderes», añade.

«Estos, de hecho --concluye el artículo--, actuaron de manera autónoma con la intención de preservar la paz social y política y salvar la Constitución».
ZS03121905 - 2003-12-20

 

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CARTA APOSTÓLICA DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II PONT. MAX.
CON OCASIÓN DEL 50º ANIVERSARIO
DEL COMIENZO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

 

A mis hermanos en el episcopado,
a los sacerdotes y a las familias religiosas,
a los hijos e hijas de la Iglesia,
a los gobernantes,
a todos los hombres de buena voluntad.

 

La hora de las tinieblas

1. «ME HAS ECHADO EN LO PROFUNDO de la fosa, en las tinieblas, en los abismos» (Sal 88 [87], 7). ¡Cuántas veces este grito de dolor ha surgido del corazón de millones de mujeres y de hombres que, desde el 1° de septiembre de 1939 hasta el final del verano de 1945, se enfrentaron con una de las tragedias más destructoras e inhumanas de nuestra historia!

Mientras Europa se encontraba aún bajo el impacto de los actos de fuerza realizados por el Reich, que habían llevado a la anexión de Austria, al desmembramiento de Checoslovaquia y a la conquista de Albania, el primer día del mes de septiembre de 1939, las tropas alemanas invadían Polonia por el Oeste y, el 17 del mismo mes, la Armada roja lo hacía por el Este. La derrota del ejército polaco y el martirio de un pueblo entero iban a ser preludio de la suerte que muy pronto tocaría a numerosos pueblos europeos y, a continuación, a muchos otros en la mayor parte de los cinco continentes.

En efecto, desde 1940, los Alemanes ocuparon Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica y la mitad de Francia. Durante este período, la Unión soviética, agrandada ya por una parte de Polonia, realizó la anexión de Estonia, Letonia y Lituania y quitó Besarabia a Rumania y algunos territorios a Finlandia.

Después, como un fuego destructor que se propaga, la guerra y los dramas humanos, que la acompañan inexorablemente, iban rápidamente a desbordar las fronteras del «viejo Continente» para llegar a ser «mundiales». Por un lado, Alemania e Italia llevaron los combates más allá de los Balcanes y en África mediterránea y, por otro lado, el Reich invadió bruscamente Rusia. Los Japoneses, por fin, destruyendo Pearl-Harbour, empujaron a los Estados Unidos de América a la guerra al lado de Inglaterra. Terminaba el año 1941.

Hubo que esperar el año 1943, con el éxito de la contraofensiva que liberó la ciudad de Stalingrado del yugo alemán, para que se produjera un cambio en la historia de la guerra. Las fuerzas aliadas por un lado y la tropas soviéticas por el otro lograron derrotar a Alemania, a costa de encarnizados combates que, desde Egipto hasta Moscú, provocaron horribles sufrimientos a millones de civiles indefensos. El 8 de mayo de 1945 Alemania se rindió sin condiciones.

Pero la lucha continuó en el Pacífico. Para acelerar el final, a primeros de agosto del mismo año se lanzaron dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Al día siguiente de este hecho espantoso Japón se rindió a su vez. Es el 10 de agosto de 1945.

Ninguna guerra ha merecido tanto el apelativo de «guerra mundial». Además fue total, pues no podemos olvidar que a las operaciones terrestres se sumaron combates aéreos y combates navales en todos los mares del mundo. Ciudades enteras fueron objeto de destrucciones despiadadas, sumiendo a poblaciones aterrorizadas en la angustia y la miseria. Roma misma estuvo amenazada. La intervención del Papa Pío XII evitó que la Ciudad fuera un campo de batalla.

Este es el cuadro sombrío de los hechos que recordamos hoy. Provocaron la muerte de cincuenta y cinco millones de personas, dejando divididos a los vencedores y una Europa para reconstruir.


Acordarse

2. Cincuenta años después, tenemos el deber de acordarnos ante de Dios de aquellos hechos dramáticos, para honrar a los muertos y compadecer a todos aquellos que este despliegue de crueldad hirió en el corazón y en el cuerpo, perdonando del todo las ofensas.

En mi solicitud pastoral por toda la Iglesia y preocupado por el bien de toda la humanidad, no podía dejar pasar este aniversario sin invitar a mis hermanos en el episcopado, a los sacerdotes y los fieles, así como a todos los hombres de buena voluntad, a una reflexión sobre el proceso que llevó este conflicto hasta los límites de lo inhumano y de la aflicción.

En efecto, tenemos el deber de sacar una lección de este pasado, para que jamás pueda repetirse el conjunto de causas capaz de desencadenar un conflicto semejante.

Ya sabemos por experiencia que la división arbitraria de las naciones, los desplazamientos forzosos de las poblaciones, el rearme sin límites, el uso incontrolable de armas sofisticadas, la violación de los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos, la inobservancia de las reglas de conducta internacional, así como la imposición de ideologías totalitarias no pueden llevar más que a la destrucción de la humanidad.


Acción de la Santa Sede

3. El Papa Pío XII, desde su comienzo, el 2 de marzo de 1939, lanzó un llamamiento a la paz, que todos consideraban seriamente amenazada. Algunos días antes de desencadenarse las hostilidades, el 24 de agosto de 1939, el mismo Papa pronunció unas palabras premonitorias cuyo eco resuena todavía: «He aquí que vuelve a sonar una vez más una grave hora para la gran familia humana (...). El peligro es inminente, pero todavía hay tiempo. Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra [1].

Por desgracia, la advertencia de este gran Pontífice no fue escuchada absolutamente y llegó el desastre. La Santa Sede, no habiendo podido contribuir a evitar la guerra, intentó —en la medida de sus posibilidades— limitar su extensión. El Papa y sus colaboradores trabajaron en ello sin descanso, tanto a nivel diplomático como en el campo humanitario, evitando tomar partido en el conflicto que oponía a pueblos de ideologías y religiones diferentes. En este cometido, su preocupación fue también la de no agravar la situación y no comprometer la seguridad de las poblaciones sometidas a pruebas poco comunes. Escuchemos una vez más a Pío XII cuando, a propósito de lo que sucedía en Polonia, declaró: «Tendríamos que pronunciar palabras de fuego contra tales hechos y lo único que nos lo impide es saber que, si habláramos, haríamos todavía más difícil la situación de esos desdichados» [2].

Algunos meses después de la Conferencia de Yalta (4-11 de febrero de 1945) y recién acabada la guerra en Europa, el mismo Papa, dirigiéndose al Sacro Colegio Cardenalicio, el 2 de junio de 1945, no dejó de preocuparse sobre el futuro del mundo y abogar por la victoria del derecho: «Las naciones, las pequeñas y las medianas particularmente, piden que se les permita tomar las riendas de sus propios destinos. Se les puede llevar a contraer, con su pleno acuerdo y en el interés del progreso común, obligaciones que modifiquen sus derechos soberanos. Pero después de haber soportado su parte, su parte tan grande, de sacrificios para destruir el sistema de la violencia brutal, están ahora en condiciones de no aceptar que se les imponga un nuevo sistema político o cultural que la gran mayoría de sus pueblos rechazan resueltamente (...). En el fondo de su conciencia los pueblos sienten que sus dirigentes se desacreditarían si, por el delirio de una hegemonía de la fuerza, no hicieran seguir la victoria del derecho» [3].


El hombre menospreciado

4. Esta «victoria del derecho» sigue siendo la mejor garantía del respeto de las personas. Ahora justamente, cuando se piensa en la historia de estos seis años terribles, uno no puede menos que horrorizarse por el menosprecio de que ha sido objeto el hombre.

A las ruinas materiales, a la aniquilación de los recursos agrícolas e industriales de los países asolados por los combates y las destrucciones que llegaron hasta el holocausto nuclear de dos ciudades japonesas, se añadieron masacres y miseria.

Pienso particularmente en el destino cruel ocasionado a las poblaciones de las grandes planicies del Este. Yo mismo fui testigo horrorizado de ello al lado del Arzobispo de Cracovia, Monseñor Adam Stefan Sapieha. Las exigencias inhumanas del invasor de entonces afectaron de manera brutal a los opositores y a los sospechosos, mientras que las mujeres, los niños y los ancianos fueron sometidos a constantes humillaciones.

No podemos olvidar el drama causado por el desplazamiento forzado de las poblaciones que fueron echadas por los caminos de Europa, expuestas a todos los peligros, en busca de un refugio y de medios para sobrevivir.

Debe hacerse una mención especial de los prisioneros de guerra que, aislados, ofendidos y humillados, pagaron también, después de las asperezas de los combates, otro pesado tributo. Hay que recordar, por fin, que la creación de gobiernos impuestos por los invasores en los Estados de la Europa central y oriental estuvo acompañada por medidas represivas y también por una multitud de ejecuciones para someter a las poblaciones reacias.


Las persecuciones contra los judíos

5. Pero de todas estas medidas antihumanas, una de ellas constituye para siempre una vergüenza para la humanidad: la barbarie planificada que se ensañó contra el pueblo judío.

Objeto de la «solución final», imaginada por una ideología aberrante, los judíos fueron sometidos a privaciones y brutalidades indescriptibles. Perseguidos primero con medidas vejatorias o discriminatorias, más tarde acabaron a millones en campos de exterminio.

Los judíos de Polonia, más que otros, vivieron este calvario: las imágenes del cerco de la judería de Varsovia, como lo que se supo sobre los campos de Auschwitz, de Majdanek o de Treblinka superan en horror lo que humanamente se pueda imaginar.

Hay que recordar también que esta locura homicida se abatió sobre otros muchos grupos que tenían la culpa de ser «diferentes» o rebeldes a la tiranía del invasor.

Con ocasión de este doloroso aniversario, me dirijo una vez más a todos los hombres, invitándolos a superar sus prejuicios y a combatir todas las formas de racismo, aceptando reconocer en cada persona humana la dignidad fundamental y el bien que hay en la misma, a tomar cada vez mayor conciencia de pertenecer a una única familia humana querida y congregada por Dios.

Deseo repetir aquí con fuerza que la hostilidad o el odio hacia el judaísmo están en total contradicción con la visión cristiana de la dignidad de la persona humana.


Las pruebas de la Iglesia católica

6. El nuevo paganismo y los sistemas afines se ensañaban, ciertamente, contra los judíos, pero atentaban igualmente contra el cristianismo, cuyas enseñanzas habían formado el alma de Europa. A través del pueblo del cual «también procede Cristo según la carne» (Rm 9, 5), llega el mensaje evangélico sobre la igual dignidad de todos los hijos de Dios, que era menospreciada.

Mi predecesor, el Papa Pío XI, había sido claro en su encíclica «Mit brennender Sorge», al decir:

«Quien eleva la raza o el pueblo, el Estado o una forma determinada del mismo, los representantes del poder o de otros elementos fundamentales de la sociedad humana (...) como suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y los diviniza con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado y querido por Dios» [4].

Esta pretensión de la ideología del sistema nacionalsocialista no exceptuaba a las Iglesias y a la Iglesia católica en particular que, antes y durante el conflicto, conoció, también ella, su pasión. Su suerte no fue seguramente mejor en las regiones donde se impuso la ideología marxista del materialismo dialéctico.

No obstante, hemos de dar gracias a Dios por los numerosos testigos, conocidos y desconocidos, que —en aquellas horas de tribulación— tuvieron la valentía de profesar intrépidamente su fe, supieron levantarse contra la arbitrariedad atea y no se plegaron ante la fuerza.


Totalitarismo y religión

7. En el fondo, el paganismo nazi así como el dogma marxista tienen en común el ser ideologías totalitarias, con tendencia a trasformarse en religiones substitutivas.

Ya mucho antes de 1939, en algunos sectores de la cultura europea, aparecía una voluntad de borrar a Dios y su imagen del horizonte del hombre. Se empezaba a adoctrinar en este sentido a los niños, desde su más tierna edad.

La experiencia ha demostrado desgraciadamente que el hombre dejado al solo poder del hombre, mutilado de sus aspiraciones religiosas, se transforma rápidamente en un número o en un objeto. Por otra parte, ninguna época de la humanidad ha escapado al riesgo de que el hombre se encerrara en sí mismo, con una actitud de orgullosa suficiencia. Pero este riesgo se ha acentuado en este siglo en la medida en que la fuerza armada, la ciencia y la técnica han podido dar al hombre contemporáneo la ilusión de ser el único señor de la naturaleza y de la historia. Esta es la presunción que encontramos en la base de los excesos que deploramos.

El abismo moral en el que el desprecio de Dios, y también del hombre, ha precipitado al mundo hace cincuenta años nos ha llevado a experimentar el poder del «Príncipe de este mundo» (Jn 14, 30) que puede seducir las conciencias con la mentira, con el desprecio del hombre y del derecho, con el culto del poder y del dominio.

Hoy nos acordamos de todo esto y meditamos sobre los límites a los que puede llevar el abandono de toda referencia a Dios y de toda ley moral trascendente.


Respetar el derecho de los pueblos

8. Pero lo que es verdad para el hombre lo es también para los pueblos. Conmemorar los acontecimientos de 1939 es recordar además que el último conflicto mundial tuvo por causa la destrucción de los derechos de los pueblos así como de las personas. Lo recordaba ayer, al dirigirme a la Conferencia episcopal polaca.

¡No hay paz si los derechos de todos los pueblos —y particularmente de los más vulnerables— no son respetados! Todo el edificio del derecho internacional se basa sobre el principio del igual respeto, por parte de los Estados, del derecho a la autodeterminación de cada pueblo y de su libre cooperación en vista del bien común superior de la humanidad.

Hoy es esencial que situaciones como la de Polonia de 1939, asolada y dividida según las preferencias de invasores sin escrúpulos, no vuelvan a producirse más. No se puede evitar, a este respecto, pensar en los países que todavía no han obtenido su plena independencia, así como en aquellos que corren el riesgo de perderla. En este contexto y en estos días hay que recordar el caso del Líbano, donde fuerzas aliadas, siguiendo sus propios intereses, no dudan en poner en peligro la existencia misma de una nación.

No olvidemos que la Organización de las Naciones Unidas nació, después del segundo conflicto mundial, como un instrumento de diálogo y de paz, fundado sobre el respeto de la igualdad de los derechos de los pueblos.


El desarme

9. Pero una de las condiciones esenciales para «vivir unidos» es el desarme.

Las terribles pruebas sufridas por los combatientes y las poblaciones civiles, durante el segundo conflicto mundial, deben apremiar a los responsables de las naciones a procurar que se pueda llegar sin tardar a la elaboración de procesos de cooperación, de control y de desarme que hagan impensable la guerra. ¿Quién osaría justificar todavía el uso de las armas más crueles, que matan a los hombres y destruyen sus obras, para resolver las discrepancias entre Estados? Como ya tuve ocasión de decir «la guerra es en sí irracional y [...] el principio ético de la solución pacífica de los conflictos es la única vía digna del hombre» [5].

Por esto hemos de aceptar favorablemente las negociaciones en curso para el desarme nuclear y convencional, así como la total prohibición de armas químicas y otras. La Santa Sede ha declarado repetidas veces que considera necesario que las partes lleguen por lo menos a un nivel mínimo de armamento, compatible con sus exigencias de seguridad y defensa.

Estos pasos prometedores no tendrán, sin embargo, posibilidad de éxito si no están apoyados y acompañados por una voluntad de intensificar igualmente la cooperación en otros campos, especialmente los económicos y culturales. La última reunión de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa, celebrada recientemente en París sobre el tema de la «dimensión humana», ha registrado el deseo, expresado por países de las dos partes de Europa, de ver instaurado en todas partes el régimen del Estado de derecho. Esta forma de Estado se muestra, efectivamente, como la mejor garantía de los derechos de la persona, incluidos el derecho a la libertad religiosa, cuyo respeto es un factor insustituible de paz social e internacional.


Educar a las jóvenes generaciones

10. Aleccionados por los errores y las desviaciones del pasado, los Europeos de hoy tienen ya el deber de transmitir a las jóvenes generaciones un estilo de vida y una cultura inspiradas por la solidaridad y la estima del prójimo. A este respecto, el Cristianismo, que ha forjado tan profundamente los valores espirituales de este Continente, debería ser una fuente de inspiración constante: su doctrina sobre la persona, creada a imagen de Dios, ha de contribuir al nacimiento de un humanismo renovado.

En el inevitable debate social, en que se enfrentan concepciones distintas de la sociedad, los adultos deben darse ejemplo de respeto recíproco, sabiendo reconocer siempre la parte de verdad que hay en el otro.

En un Continente de tantos contrastes, es necesario que las personas, las etnias y los países de cultura, creencia o sistema social diferentes, aprendan a aceptarse mutuamente.

Los educadores y los medios de comunicación social juegan a este respecto un papel primordial. Desgraciadamente, hemos de constatar que la educación sobre la dignidad de la persona, creada a imagen de Dios, no está ciertamente favorecida por los espectáculos de violencia o depravación difundidos muy a menudo por dichos medios de comunicación social: las jóvenes conciencias en formación son desorientadas y el sentido moral de los adultos queda embotado.


Moralizar la vida pública

11. La vida pública, ciertamente, no puede prescindir de los criterios éticos. La paz se consigue ante todo en el terreno de los valores humanos, vividos y transmitidos por los ciudadanos y los pueblos. Cuando se disgrega el tejido moral de una nación hay que temer cualquier cosa.

La memoria vigilante del pasado debería conseguir que nuestros contemporáneos estuvieran atentos a los abusos siempre posibles en el uso de la libertad, que la generación de esta época ha conquistado a costa de tantos sacrificios. El frágil equilibrio de la paz podría verse comprometido si en las conciencias se despertaran males como el odio racial, el menosprecio de los extranjeros, la segregación de los enfermos o de los ancianos, la exclusión de los pobres, el recurso a la violencia privada y colectiva.

A los ciudadanos les toca saber distinguir entre las proposiciones políticas que se inspiran en la razón y en los valores morales. A los Estados corresponde velar para que se eviten las causas de exasperación o de impaciencia de tal o cual grupo desfavorecido de la sociedad.


Llamamiento a Europa

12. A vosotros, hombres de Estado y responsables de las naciones, os repito una vez más mi profunda convicción de que el respeto de Dios y el respeto del hombre son inseparables. Constituyen el principio absoluto que permitirá a los Estados y a los Bloques políticos superar sus antagonismos.

No podemos olvidar, en particular, a Europa donde ha surgido este terrible conflicto y que, durante seis años, ha vivido una verdadera «pasión» que la ha arruinado y dejado desamparada. Desde 1945 somos testigos y operadores de loables esfuerzos encaminados a su reconstrucción material y espiritual.

Ayer, este Continente exportó la guerra: hoy, le toca ser «artesano de paz». Confío en que el mensaje de humanismo y de liberación, herencia de su historia cristiana, pueda fecundar todavía a sus pueblos y siga resplandeciendo en el mundo.

¡Sí, Europa, todos te miran, conscientes de que siempre tienes algo que decir, después del naufragio de aquellos años de fuego: la verdadera civilización no está en la fuerza, sino que es fruto de la victoria sobre nosotros mismos, sobre las potencias de la injusticia, del egoísmo y del odio, que pueden llegar a desfigurar al hombre!


Exhortación a los católicos

13. Al concluir, deseo dirigirme muy particularmente a los pastores y a los fieles de la Iglesia católica.

Acabamos de recordar una de las guerras más sangrientas de la historia, nacida en un Continente de tradición cristiana.

Esta constatación debe estimularnos a un examen de conciencia para ver cómo es la evangelización de Europa. El hundimiento de los valores cristianos, que favoreció los errores de ayer, tiene que hacernos estar atentos sobre la manera en que hoy se anuncia y se vive el Evangelio.

Observamos, por desgracia, que en muchos campos de su existencia el hombre moderno piensa, vive y trabaja como si Dios no existiera. Ahí está el mismo peligro que ayer: el hombre dejado en poder del hombre.

Mientras Europa se prepara para recibir un nuevo semblante, ya que ha habido un desarrollo positivo en algunos países de su parte central y oriental, y los responsables de las naciones colaboran cada vez más para la solución de los grandes problemas de la humanidad, Dios llama a su Iglesia a dar su propia contribución para la llegada de un mundo más fraterno.

Junto con las otras Iglesias cristianas, a pesar de nuestra unidad imperfecta, queremos repetir a la humanidad de hoy que el hombre no es auténtico si no se acepta ante Dios como criatura; que el hombre no es consciente de su dignidad si no reconoce en sí mismo y en los demás la señal de Dios que lo ha creado a su imagen; que no es grande sino en la medida en que su vida es una respuesta al amor de Dios y se pone al servicio de sus hermanos.

Dios no desconfía del hombre. Cristianos, tampoco nosotros podemos desconfiar del hombre, porque sabemos que es siempre más grande que sus errores o sus faltas.

Al recordar la bienaventuranza pronunciada en otro tiempo por el Señor: ¡«Bienaventurados los que trabajan por la paz»! (Mt 5, 9), queremos invitar a todos los hombres a perdonar y a ponerse al servicio los unos de los otros, por Aquel que, en su carne, una vez ha dado en sí mismo «muerte a la Enemistad» (Ef 2, 16).

A María, Reina de la Paz, confío a esta humanidad, encomendando a su materna intercesión la historia de la que somos actores.

¡Para que el mundo no conozca nunca más la inhumanidad y la barbarie que lo ha asolado hace cincuenta años, anunciamos sin cansarnos a «nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación» (Rm 5, 11), prenda de la reconciliación de todos los hombres entre sí!

¡Que su Paz y su Bendición estén con todos vosotros!

Vaticano, 27 de agosto de 1989, undécimo de mi Pontificado

IOANNES PAULUS PP. II

Notas

[1] Radiomensaje, 24 de agosto de 1939: AAS 31 (1939), pp. 333-334.

[2] Actes et Documents du Saint Siège à la seconde guerre mondiale, Librería Edittrice Vatiicana, 1970, vol. 1, p. 455.

[3] AAS 37 (1945), p. 166.

[4] 14 de marzo de 1937: AAS 29 (1937), pp. 149 y 171.

[5] Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 8 de diciembre de 1983, n. 4: AAS 76 (1984), p. 295.

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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Fe y esperanza


Card. Ricardo Mª CARLES – Barcelona - ESPAÑA

Pienso que, si la esperanza se simboliza con un áncora, la fe podría ser como una cruz de madera que flota sobre el abismo del mar, que puede ser fruto de los ataques a nuestra fe desde el ambiente o desde nuestras flaquezas.
   Así pensaba el cardenal Joseph Ratzinger en 1969: «Clavado en la cruz sobre el abismo». Es imposible describir con más exactitud y precisión más incisiva la situación -de la fe- del creyente hoy. Lo único que lo sujeta es un madero desnudo que pende sobre un abismo, y parece que está a punto de hundirse para siempre. Sólo un madero le amarra a Dios, inexorablemente y él sabe que, al fin y al cabo, el madero es más fuerte que la nada, que está a sus pies.
   Teresa de Lisieux conoce, al fin de una vida llena de amor a Dios y de seguridades, de qué manera «Dios permitió que mi alma fuera invadida por las tinieblas más espesas, y que el pensamiento del cielo, tan dulce para mí, no fuera sino un motivo de lucha. ¡Qué extraño es y qué incoherente!».
   Intenta explicar su estado: «Supongamos que he nacido en un país rodeado de una espesa niebla; nunca he contemplado el aspecto risueño de la naturaleza. Pero hay una realidad cierta, porque el Rey de la patria del sol brillante vino a vivir treinta y tres años al país de las tinieblas». Brilla la fe.
   En una carta describe de modo sugerente esa situación, poniéndose en lugar de «un pajarillo sacudido por la tormenta. Le parece creer que no existe otra cosa fuera de las nubes que lo envuelven, pero sabe que al otro lado de las nubes su Sol continúa brillando».
   Se mantiene la esperanza. Y Cristo «su Sol», en su último día, le ayuda a unir su sufrimiento al suyo. Con estas palabras lo expresa Teresa de Lisieux: «¡Dios mío!... El cáliz está lleno… Lleno hasta rebosar». Poco tiempo después, sosteniendo su crucifijo, pronunció claramente: «¡Oh, le amo…! Y luego: ¡Dios mío… te amo!».
   De pronto abre los ojos y su rostro se torna muy bello «el tiempo de un credo», mira por encima de la estatua de la Virgen, y después se inclina hacia un lado con los ojos cerrados y una misteriosa sonrisa en los labios, que trasparenta el amor, y exhala su último suspiro. 22.02.2006.

 

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…como Pedro y Pablo, afrontar mares y romper confines anunciando a Cristo.

Libertad religiosa y libertad de expresión son derechos humanos fundamentales. Esto implica que en la sociedad deben existir espacios para expresiones fundamentalistas de fe, aunque esto lleve a sectarismos y divisiones.

Ahora bien, el terrorismo en nombre de Dios es una ofensa a todos los credos, porque es violencia contra Dios. El antídoto al fundamentalismo puede ser solamente una interpretación más auténtica de las Sagradas Escrituras. La Iglesia debe seguir manteniendo el equilibrio entre tolerancia y verdad.  La globalización del desasosiego y de la desesperación requiere la globalización de la salvación y de la esperanza. Los líderes religiosos están llamados a un ministerio de paz y de reconciliación. MMVIII

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

 

La Iglesia católica –que también es de este mundo– puede y debe muchas veces  proclamar su punto de vista a un asunto que no es dogmático, ni tampoco afecta al Depósito de la Fe; pero a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, considera que puede ofrecer un juicio sobre una cuestión que afecta para bien o para mal a millones de personas. En tales casos, no emite la Iglesia una declaración dogmática, ni tan siquiera un magisterio vinculante para el pueblo católico –en el que legítimamente se puede discrepar–, pero argumenta los bienes que resultan de una convivencia conjunta ante ciertas leyes discriminatorias, injustas, amorales y éticamente perversas, o impregnadas de fanatismo sea este religioso, político o militar. Leyes que son capaces de tener a las personas, las sociedades o al mundo en estado de ansiedad e inseguridad; leyes tejidas de un nihilismo que corrompe las costumbres buenas, sobornan el orden, la paz y sano estado habitual de las cosas

 

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La unión de la familia humana se fortalece mucho y se completa con la unidad, fundada en Cristo, de la familia de los hijos de Dios. Ciertamente, la misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social, pues el fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa fluyen tareas, luz y fuerzas que pueden servir para constituir y fortalecer la comunidad de los hombres según la ley divina.
Además, en virtud de su misión y su naturaleza, no está ligada a ninguna forma particular de cultura humana o sistema político, económico o social. Por ello, la Iglesia, desde esta su universalidad, puede ser un vínculo muy estrecho entre las diferentes comunidades humanas y naciones, a condición de que éstas confíen en ella y reconozcan realmente su verdadera libertad para cumplir esta misión suya. Por esta razón, la Iglesia aconseja a sus hijos, pero también a todos los hombres, que, en este espíritu familiar de hijos de Dios, superen todas las desavenencias entre naciones y razas, y den firmeza interior a las asociaciones humanas justas. El Concilio considera con gran respeto todo lo verdadero, bueno y justo que se encuentra en las variadísimas instituciones que el género humano ha fundado para sí y continúa fundando sin cesar. Declara, además, que la Iglesia quiere ayudar y promover todas estas instituciones, en la medida que esto dependa de ella y pueda conciliarse con su misión. Nada desea más ardientemente que poder desarrollarse libremente al servicio del bien de todos bajo cualquier régimen que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común.

Constitución Gaudium et spes, 42 – VATICANO II

 

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Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida (EV 105).

Juan Pablo II cierra así su encíclica Evangelium Vitae 1995

 

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Para poder amar a alguien es necesario conocerlo y para poder conocerlo hay que amarlo.

 

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La Biblia, el segundo libro de Dios, fue escrito para ayudarnos a descifrar el mundo, para devolvernos la mirada de la fe y de la contemplación y para transformar toda la realidad del hombre en una gran revelación de Dios.” [San Agustín]

 

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“A la valentía de la fe, debe corresponder la audacia de la razón” Juan Pablo Magno {Juan Pablo II} 2004

 

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 La Iglesia no se edifica sobre comités, juntas o asambleas. La palabra y la acción de sus miembros salvarán al mundo en la medida en que estén conectados con el sacrificio redentor de Cristo, actualizado en el misterio eucarístico, que aplica toda su fuerza salvífica. Toda palabra que se oye en la Iglesia, sea docente, exhortativa, autoritativa o sacramental, sólo tiene sentido salvífico, y edifica la Iglesia, en la medida en que es preparación, resonancia, aplicación o interpretación de la "protopalabra" [48]: la palabra de la “anamnesis” ("hoc est enim corpus meum...") que hace sacramentalmente presente al mismo Cristo y su acción redentora eternamente actual, al actualizar el sacrificio del Calvario para que se realice la obra de la salvación con la cooperación de la Iglesia, su esposa.

 

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“El gran problema de nuestro tiempo es que el hombre quiere experimentar la salvación y la plenitud pasando por encima de la verdad y queriendo realizarse a sí mismo a través de una libertad desconectada de esa verdad”. 2004

 

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“Lo único que busco es a Dios en Cristo Jesús por el Espíritu Santo en la Iglesia católica; en obediencia incondicional al Vicario de Cristo en la tierra, el Sumo Pontífice, sirviendo a todos los seres humanos por igual.” [San Ignacio de Loyola]

 

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"Sed maestros de la verdad, de la verdad que el Señor quiso confiarnos no para ocultarla o enterrarla, sino para proclamarla con humildad y coraje, para potenciarla, para defenderla cuando está amenazada." [S.S. Juan Pablo II]

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (Juan Pablo II)

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Toda criatura posee su bondad y su perfección propias. Para cada una de las obras de los "seis días" se dice: "Y vio Dios que era bueno". "Por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden" (GS 36, 2). Las distintas criaturas, queridas en su ser propio, reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad Infinitas de Dios. Por esto, el hombre debe respetar la bondad propia de cada criatura para evitar un uso desordenado de las cosas, que desprecie al Creador y acarree consecuencias nefastas para los hombres y para su ambiente. ¡El aborto es crimen! Defendamos la vida humana. Ad maiorem Dei gloriam.

 

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’.

 

 

«Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»; esta frase pertenece a Lenin y es citada por el doctor JOSEPH GOEBBELS que siempre ha admirado el nacional- socialismo comunista, hasta el final de su vida.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).